¿Es válida la teomática (el uso de los números para verificar la Biblia) como defensa de las Escrituras?


¿Es válida la teomática (el uso de los números para verificar la Biblia) como defensa de las Escrituras?

Una pregunta que se nos ha hecho a menudo durante los últimos años tiene que ver con la teomática, el uso “místico” de los números que aparecen en las Escrituras. Muchas personas ven una estructura, abierta y oculta a la vez, en el uso de números en la Biblia. En consecuencia, les dan significado místico a esas estructuras. Algunos se han aventurado a decir que esos esquemas numéricos son la prueba definitiva de la existencia de Dios y la inspiración divina de las Escrituras. Así los usan como una apologética, un medio para demostrar que la Biblia es veraz.

Para comenzar, afirmamos nuestra creencia en que la Biblia es verdaderamente la Palabra inspirada de Dios y su revelación única a la humanidad. Exponemos en público las pruebas al respecto y estamos completamente comprometidos con esa creencia. No obstan­te, como en el caso de la pregunta sobre el Sudario de Turín (véase Respuestas a preguntas, difíciles), consideramos nuestro deber descubrir toda supuesta evidencia del cristianismo que no nos parece legítima. Lo mismo se aplica aquí al estudio de la “gematría” (proceso de creación de equivalentes a partir del valor numérico de las palabras) o la “teomática” que se atribuye el descubrimiento de esta maravillosa información.

Aunque el estudio de la numerología se remonta hasta los babilo­nios, se ha popularizado en los últimos 100 años, con las obras de Ivan Panin y E. W. Bullinger. Panin, nacido en Rusia, se graduó en la Universidad de Harvard, considerándose agnóstico. Posteriormente descubrió lo que creyó que era la prueba irrefutable de que la Biblia era inspirada. La base de esta prueba era su estudio de los números.

El dice que su descubrimiento es “.. .un secreto que estaba velado para todos los demás hombres, quizá incluyendo los escritores de los libros del Antiguo Testamento y del Nuevo” (Things to Come, Las cosas futuras, VII, enero 1911). Simplemente, las afirmaciones de Panin, Bullinger y otros no son verdaderas.

John J. Davis dice lo siguiente al respecto: “Parece que por pura honradez intelectual, estos hombres deberían por lo menos hablar sobre el desarrollo de los sistemas numéricos por los discípulos de Pitágoras, las exégesis primitivas de judíos y gnósticos y los escritos de los Padres de la Iglesia. Lo que esos escritores proponen no es nada nuevo y dan la impresión de que tratan de ocultar completamente el origen de su método, por temor de caer bajo la misma condenación de los gnósticos que todo lo convertían en alegorías en los tiempos de Ireneo. Sus procedimientos matemáticos son exactamente los mismos de los pitagóricos y los gnósticos. La única diferencia es que se cambian las conclusiones para conformarlas a la teología cristiana” (Davis, Biblical Numerology, Numerología bíblica, p. 134).

Entre los métodos de los numerólogos están el recuento de las letras de un versículo, el número de palabras en una oración y el número de las palabras importantes. Panin, por ejemplo, se basa en Génesis 1:1 y en la importancia que se le da al número siete, para fundamentar su inspiración divina.

Sin embargo, Oswald T. Allis, al considerar esta línea de pensa­miento dijo: “Si el hecho de que el versículo uno sea un ejemplo perfecto de los sietes que aparecen en las palabras y las letras, significa que este texto ha sido conservado perfectamente, ¿debemos deducir que el versículo dos se nos ha transmitido imperfectamente porque tiene 52 letras? ¿O tiene este versículo una estructura numérica diferente?” (Oswald T. Allis, Biblical Númenes, Numérica bíblica, Filadelfia: Compañía Editorial Presbiteriana y Reformada, 1961, p. 7).

También se pueden observar múltiplos de siete y otros esquemas numéricos claros en cualquier documento, si se tiene la paciencia necesaria para buscarlos. Oswald Allis señala esto al usar el número 1776, que contiene dos sietes. Si se suman el primer número y el último, se tiene otro siete. Como 1776 fue el año en que se firmó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, se podrían encontrar toda clase de significados en esto (véase Oswald T. Allis, Bible Númenes, Numérica bíblica, pp. 3, 4).

Como bien afirma John Warwick Montgomery: “De nada les sirve a los argumentos legítimos sobre la infalibilidad de las Sagradas Escrituras asociarse con unas técnicas estrafalarias que bien podrían ‘probar’ la infalibilidad de un periódico” (Principalities and Powers,Principados y potestades, Bethany Fellowship, 1973, p. 92).

El uso místico de los números no lleva a nadie a Jesucristo. Aunque no se niegue la posibilidad de que alguien venga a Cristo por medio de alguien que le muestre la supuesta maravillosa unidad de los números en las Escrituras, esto no le da validez al argumento. No creemos que el fin justifique los medios.

Hay suficientes pruebas de la inspiración divina de las Escrituras y de la presencia de la mano de Dios en su composición, como lo hemos señalado antes (Answers to Tough Questions, Respuestas a preguntas difíciles, pp. 1-3; Evidencia que exige un veredicto, capítulos 1 y 4). Por lo tanto, creemos que este es un método insuficiente para argüir a favor de la inspiración de la Biblia.

Josh Mc Dowell, Don Stewart, Razones. ¿Tiene sentido la fe cristiana para el hombre de hoy?, pp.56-58,edit.Vida,4ta.impresión, 1992,Fl. E.U.

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