Reflexiones sobre el Anticristo


Reflexiones sobre el Anticristo

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Tomado de Los Signos del Anticristo de Ricardo de la Cierva.

En estos últimos días, muchos me han preguntado si Barack Obama es el anticristo, ya que hace un tiempo atrás publiqué un artículo obtenido de una noticia cristiana, donde se decía que el era el anticristo, en una campaña de difamación política surgida como consecuencia de su lucha por la candidatura del partido demócrata para ser elegido presidente de los Estados Unidos.

Aquí reproduzco un interesante artículo al respecto:

«La existencia futura del Anticristo es, para los cristianos, un asunto de fe; en las cartas de San Juan, en las de San Pablo y en el Apocalipsis se anuncia la presencia y la venida del Anticristo, un ser diabólico, pero totalmente diferente de Satanás, un ser del que sabemos algunas cosas seguras, más de las que suelen creerse. Sabemos que -como nos revela la carta de San Juan- han existido varios anticristos; la serie empezó en el mismo tiempo de los Apóstoles y se cerrará con los Anticristos principales, las que denomina el Apocalipsis Bestia de la Tierra y Bestia del Mar, sin llamarles anticristos; pero toda la tradición cristiana les ha dado siempre ese nombre. Si por tanto hubo algunos anticristos al principio de la Era Cristiana y los dos principales aparecerán al fin de los tiempos, me parece no solamente lícito, sino obvio, deducir que la sucesión de anticristos ha sido prácticamente continua desde los Apóstoles hasta nosotros; y continuará «hasta el día final» como le llama el Concilio Vaticano II.

El nombre de Anticristo es terrorífico, pero el terror no debe clausurar la inteligencia. Anticristo significa etimológicamente dos cosas: primera, alguien que va contra Cristo; segunda, alguien que trata de suplantar a Cristo. Como ejemplo de alguien que va contra Cristo he citado a algunos heresiarcas encabezados por Arrio en los estertores de la Edad Antigua; porque el presbítero de Alejandría negaba el rasgo más esencial de Cristo, que es su persona divina. Uno de los anticristos en que aparece con mayor claridad su carácter de enemigo personal de Cristo es el filósofo Friedrich Nietzsche, uno de los que han configurado, por desgracia, la mentalidad de nuestro tiempo en cuanto a sus más oscuros rebordes anticristianos. He citado muchos más casos. El Anticristo final, la Bestia del Apocalipsis, será un anticristo de odio contra Cristo y también de sustitución; porque su objetivo máximo consistirá en suplantar a Cristo, en borrar la imagen de Cristo en el corazón y la mente de los hombres. Uno de sus predecesores en el intento de suplantación puede ser Maitreya, el anticristo de la secta New Age que se quiere llamar Cristo, en el sentido pleno de anticristo.

En figuras de la tradición intelectual católica, tan importantes y significativas como el gran jesuita Agustín Barruel, aparece la hipótesis (que él prueba en parte sustancial) de que la secuencia de los enemigos de Cristo y, por tanto de los anticristos, se ha desarrollado continuamente a lo largo de la Historia de la era cristiana. Precisamente este profundo historiador e intuitivo escritor, autor del libro más vendido entre los siglos XVIII y XIX, ha sido insultado hasta el intento de acabar con su doctrina y su memoria por quienes, curiosamente, se adscriben a los enemigos de Cristo; y considera a éstos a veces como personas individuales, a veces como agrupaciones o entidades colectivas. Por eso he incluido dentro de la serie de anticristos a la cadena gnóstica, detectada ya certeramente por Barruel, y dentro de ella a los cataros y a la Masonería, por motivos que he explicado detalladamente en el texto. En cuanto a los ilustrados de la Enciclopedia, desde su agresivo patrón Holbach a los grandes santones como Voltaire y Rousseau, es evidente que configuran un conjunto anticristiano y por tanto un anticristo colectivo. Más cerca de nosotros la figura de Carlos Marx es formal y expresamente anticristiana y su creación universal, el marxismo en sus diversas formas, ha merecido al Papa Juan Pablo II la consideración de pecado contra el Espíritu Santo y por tanto no puede eludir ante la Historia la calificación de anticristo colectivo.

Creo que a lo largo del libro, en el que se tocan con la profundidad posible algunos problemas que hasta ahora prácticamente nadie se había atrevido a tratar, se insinúan con fuerza suficiente dos de ellos: la relación entre la Masonería y un sector de los judíos y la generalmente aceptada intangibilidad de la Masonería en los Estados Unidos. He utilizado el verbo insinuar porque es muy difícil profundizar más; los dos problemas parecen estar sometidos a una censura implacable que impide no ya un dictamen sobre ellos, sino incluso el intento de tratarlos. El ejemplo clásico es la Masonería específicamente judaica de los Hijos de la Alianza, el B’nai B’rith, que no puede ni consultarse en Internet, porque la Red de Redes descarta, casi con violencia, cualquier intento de conexión al asunto, que por lo demás me parece del máximo interés social e histórico. La cuestión es que cuando alguien trata de ocuparse seriamente de cualquier problema relacionado con la conexión entre judaísmo y Masonería, inmediatamente se echan sobre el imprudente voces airadas que decretan materia reservada a tal conspiración, y califican al tratamiento de «revisionista» cuando no lisa y llanamente de antisemita. Luego los poderosos órganos judíos e israelitas de defensa en los medios de comunicación ahogan el asunto con su proverbial eficacia.

No acepto por supuesto los métodos de la Inquisición si alguien se atreve a utilizarlos hoy en la Iglesia católica, pero tampoco acepto que Juan Calvino queme en la hoguera ginebrina al sabio español Miguel Servet, ni que Isabel de Inglaterra decapite o ahorque a los mártires católicos de Inglaterra (bajo acusaciones falsas de conspiración en muchas ocasiones), ni que otras respetables instituciones no cristianas adopten en nuestros días, perfeccionados, los métodos de la Inquisición. No digo ni por un momento que toda la Masonería dependa histórica y actualmente de las instituciones judías, pero me parece evidente que en diversos momentos de la Historia un sector masónico se ha visto influido por un sector judío y merece la pena, científicamente hablando, investigar la relación. Sobre ella hemos dicho algunas cosas en el curso del libro. Una de las más sorprendentes y esclarecedoras es la intervención de un padre del Vaticano II, tan prestigioso como el cardenal Ruffini, que favorecía la reconciliación de la Iglesia católica con los judíos, pero añadía, irónicamente, que dentro del nuevo clima de comprensión la Iglesia podría pedir a sus nuevos amigos que dejasen de apoyar las actividades masónicas como generalmente hacen, dada la hostilidad de la Masonería contra la Iglesia. Esta sugerencia motivó precisamente una de las intervenciones del obispo mexicano don Sergio Méndez Arceo a favor de la Masonería. Hemos visto en el capítulo correspondiente, dentro de la breve historia de la Masonería, cómo un eminente sacerdote y periodista español, monseñor Iribarren, se hacía eco, con bastante sorpresa y sin acabar de pronunciarse, de esta intervención de monseñor Ruffini. En esta línea seria conveniente investigar cómo se realizó verdaderamente la aproximación de la Iglesia católica a los judíos de hoy, al exonerarles de toda culpa de deicidio a precio de una importante modificación en la liturgia de la Semana Santa. Recientemente he visto que personas cualificadas están revisando este asunto, en dos libros publicados por una interesante editorial, Criterio, sobre los aspectos jurídicos e históricos del proceso de Jesús ante el Sanedrín dentro del relato evangélico de la Pasión. Hay que clarificar la actitud del cardenal jesuita Agustín Bea, uno de cuyos colaboradores más próximos, el jesuíta –luego expulsado- Malachi Martin acaba de fallecer cuando se escriben estas líneas en agosto de 1999. El padre Martin es una de las personas que conocían más secretos intocables de la Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XX. El primer libro de la editorial Criterio, que acabo de leer, se debe a dos judíos conversos, los hermanos Lémann, luego religiosos e historiadores notabilísimos sobre el pueblo de Israel. El título del libro es La Asamblea que condenó a Jesucristo y resulta escalofriante, pero irreprochable en su fundamento histórico. En fin, que en el curso de este libro hemos subrayado coincidencias englobadas bajo el epígrafe conjunción judeo-masónica que merecen una reposada investigación, sin espíritu revisionista ni mucho menos antisemita.

Precisamente cuando estaba escribiendo esta conclusión del libro me he topado en una de mis habituales incursiones por Internet con un nuevo artículo sobre Masonería en Israel (WWW 2 sept. 1999), titulado «Jerusalén, cuna legendaria de la Francmasonería», en que se repasa cumplidamente por medios del Supremo Consejo del Rito Escocés del Estado de Israel (nombre del autor, Leo Zeldis) el conjunto de la relación judeomasónica en la Ciudad Santa. El autor recuerda la obsesiva presencia del Templo de Salomón (y del Segundo Templo) en los rituales de la Masonería y evoca la primera ceremonia de la Nueva Masonería de Israel en Tierra Santa, el 13 de mayo de 1868, en los subterráneos conocidos como Canteras del Rey Salomón. Las Grandes Logias de Estados Unidos, Francia y otros países como Italia mantienen comunicación fraterna con la Gran Logia de Israel. En mi libro La palabra perdida, que contiene los rituales masónicos de los cuatro primeros grados, seleccioné como portada un precioso mosaico comprado por mí durante un reciente viaje a Jerusalén con los principales emblemas masónicos enmarcando el nombre de la Ciudad Santa. Queda, por tanto, mucho que investigar en un campo que, por lo que se ve, interesa también a la Masonería israelí.

En el centro del segundo problema que hemos apuntado, pero que requiere mucha mayor investigación, figura la Masonería en Estados Unidos. Muchos católicos norteamericanos niegan toda truculencia y todo misterio en una obediencia masónica que se separó de la Gran Logia de Inglaterra con motivo de la Revolución Americana, cuyos prohombres como Washington y Franklin eran masones y no persiguieron a las Iglesias cristianas. Es verdad, pero el cardenal Ratzinger tiene toda la razón al señalar en su Instrucción de 1983 que todas las obediencias masónicas sin excepción alguna participan en los principios gnósticos, anticristianos y por tanto neopaganos que de ninguna manera son exclusivos de las Masonerías europeas. La editorial norteamericana Acacia Press está publicando ahora en Internet interesantísimos extractos sobre sus publicaciones acerca de la historia de la Masonería norteamericana, que en lo esencial es casi idéntica a la primordial Masonería inglesa de la que nació y comparte con ella y con las demás obediencias las notas de gnosticismo, neopaganismo y anticristianismo que hemos señalado en ellas (ver Internet Crooker.com, sept. 1999). La tesis de estas publicaciones es que la Francmasonería norteamericana es «una fundación cultural para el control represivo de la sociedad»; curiosamente, la misma descripción que los mejores especialistas actuales en la Inquisición reservan para la institución creada para la lucha contra los cataros y luego adaptada por la Iglesia para la represión contra herejes y relapsos en la España de los Reyes Católicos.

Para terminar estas breves conclusiones quisiera añadir un punto fundamental, que espero haber dejado establecido con la suficiente claridad en este libro. Hemos visto que hay dos Masonerías, la Masonería de las logias y los rituales y la Masonería, a la vez extensiva y profunda, que se despliega en instituciones de origen y base masónica, pero que no se presentan formalmente como masónicas; casos claros de la Sociedad Teosófica y la Internacional Socialista, tan identificada hoy en todo el mundo con el fundamental ideal masónico de la secularización absoluta. Esta segunda Masonería, menos aparente como tal, es la que hoy se alinea como un solo hombre en las instituciones tendentes a la gestación de un Gobierno Mundial, como el CFR americano, el Club de Bilderberg y la Comisión Trilateral, en las que la presencia masónica (y a veces también judeomasónica) es patente para los que quieren ver detrás de los secretos y las apariencias investigaciones.» [1]

Fuente bibliográfica:

[1] http://conviccionradio.cl/es/Formacion/NeoMarxismo/Reflexiones-sobre-el-Anticristo.html

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9 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. gabriel
    Jun 26, 2008 @ 22:58:50

    la masoneria es la misma en cualquiera de sus manifestaciones y junto con la internacional lo unico que buscan es subyugar a la humanidad. Los secretos que ellos poseen fueron asimilados de conocimientos que ensalzaron a antiguas civilizaciones pero el personaje del que hablan sus enseñanzas no saldra de entre ellos sino que se les opondra y los destruira… El ANTICRISTO aun no se ha dejado ver ya que debe permitir que LA LUNA cumpla su ciclo, esto es: 21 X 5 = 105, 105 + 18 = 123… El cuadro numerologico de LA LUNA es 5 X 123 = 615, por lo tenemos libre al 73 (EL o DIOS). 73 X 55 = 4015, 4015 – 2007 = 2008… LA LUNA nace el 18 de julio y 105 dias despues nace EL SOL…. Existen incontables maneras de llegar al conocimiento Divino, lo importante despues de todo es que el designado llegue a la plena comprension….

  2. pauloarieu
    Jun 27, 2008 @ 03:01:36

    gabriel:Gracias por tu reflexion.
    Bendiciones
    Decis que “Existen incontables maneras de llegar al conocimiento Divino, lo importante despues de todo es que el designado llegue a la plena comprension….”
    Es un error.
    La Biblia dice que hay un solo camino al Padre y es por medio de la fe en Jesus.
    saludos

  3. Lucas
    Jun 27, 2008 @ 04:50:21

    O sea q las millones de personas ateas, agnósticas, huinduístas, budistas, musulmanas, judías y demás que entre todos superan en demasía a los cristianos, están errados y…irán al infierno???

    ¿A pesar que no crean en Cristo pero cumplan su mandamiento de amor, como hizo Siddarta Gautama o Mahatma Gandhi?

  4. Phosphoros
    Jun 27, 2008 @ 11:48:27

    La Masonería no es como la pintan, más bien es decepcionante.

  5. Paulo Arieu
    Jun 30, 2008 @ 05:02:19

    Lucas : cada uno va a ser juzgado de acuerdo a la luz de sus conciencias,por la ley moral de su religion, pero estamos en lo mismo, ya que nadie la cumple.
    Por eso es que necesitan a Jesus.
    DIos te bendiga
    Paulo

  6. MAURO
    Nov 05, 2008 @ 18:13:40

    LA SALVACION NO ES POR OBRA PARA QUE NADIE SE GLORIE POR ABERLA ALCANSADO POR MERITO PROPIO SINO POR GRACIA Y EL UNICO CAMINO AL PADRE ES JESUCRISTO POR TANTO PUEDE SER EL HOMBRE MAS BUENO QUE HAYA PISADO LA TIERRA PERO SI NO ACEPTO A JESUS ESTA PERDIDO

    MAURO….

  7. pauloarieu
    Nov 13, 2008 @ 09:48:30

  8. GOROSTIZA
    May 29, 2009 @ 21:07:11

    La situación imperante hoy en el mundo -y particularmente en España- denota, a mi humilde juicio, que el anticristo y la bestia del Apocalipsis están muy cerca. Por ello, convirtámonos y arrepintámonos de nuestros pecados, y recemos por las masas ingentes de almas que vagan erráticas y engañadas por el mundo a causa del maligno, a través del acaso tópico pero no por ello menos real contubernio judeo-maxista-masónico.

  9. annat
    Jun 05, 2009 @ 05:26:26

    jesucristo dijo yo soy el camino la verdad y la vida nadie viene al padre sino es por mi esto quiere decir que asi seas la persona mas buena del mundo y no aceptas y buscas a jesucristo estas perdido es decir te vas al infierno y asi hagas las obras buenas y mejores del todo el mundo tambien te vas ya que la salvacion no es por obra sino por gracia esto es para que ninguno se glorie asi mismo recuerda jesus es el camino la verdad y la vida AMENNNNNNNNNNNNN

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