LA CAUSA DE LA CIENCIA


LA CAUSA DE LA CIENCIA Y LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO

Autor:Ladislao Vadas |  periodicotribuna.com.ar 

Después de largo filosofar, el hombre sabio se dio cuenta cabal de que sólo el conocimiento basado en la experiencia podía dilucidar el enigma del mundo y la vida.

De a poco y a escondidas (por hallarse rodeada de un mar de prejuicios y supersticiones al principio) la Reina del conocimiento (léase Ciencia Experimental ) comenzó a avanzar y a expandirse tímidamente al comienzo, pero valientemente después… enfrentando a la colosal mole de prejuicios y creencias tanto religiosas y supersticiosas, como filosóficas de corte espiritualista de toda laya.

Tuvo que afrontar a estos ogros inconscientes nadando en el mar del espiritualismo que la trataba despectivamente de mero materialismo .

¡Le costó emerger! ¡Ya lo creo que sí! Los prejuicios fueron tremebundos, siempre amenazantes, de carácter absoluto por parte de los antaño “dueños de la verdad absoluta”. (Léase prejuicios filosóficos y religiosos).
Le costó emerger y sostenerse, hay que reconocerlo, ¡y contra viento y marea!, pero… a pesar de todos los prejuicios y tenaces oposiciones ¡bendito sea!, ¡aquí estamos!: en el mundo moderno con sus altibajos (por supuesto, inevitables), pero estos últimos no por causa de la noble y sabia ciencia misma, sino por la índole malsana del autoclasificado Homo sapiens en su faceta negativa.

Repito (y repetiré siempre) una vez más como adicto apasionado al conocimiento (y me enorgullezco de serlo), que lo mejor que produjo la mente humana en este, su planeta Tierra, ha sido el “invento” de la Ciencia basada en la noble, “sacrosanta” y sana experiencia, con fines al progreso y bienestar para toda la humanidad.

¿Sus detractores? ¡Allá ellos! Algún día desaparecerán rendidos ante la evidencia de un mundo mejor pregonado por este detractor del oscurantismo y de las pseudociencias que escribe el presente artículo. (También ellos, los detractores, acuden a la ciencia médica cuando se sienten enfermos o perdidos).

El mundo fue y aún continúa siendo, en buena parte, un mayúsculo enigma. Sin embargo, nadie, pero nadie, me puede negar que la Ciencia Empírica no haya sido y es una luz en el camino que apartó y continúa apartando las “diabólicas” tinieblas de la ignorancia con sus pobres víctimas inocentes.

Ya no estamos ubicados en un pozo tan profundo y oscuro como en los albores y avances de las filosofías de antaño. Estamos ciertamente a años luz de los presocráticos, de Sócrates, Platón, Aristóteles y… la legión que vino después con ansias de “esclarecer el mundo” y… no sólo eso, a distancias siderales de las religiones que pretendían (y aún pretenden a su manera) dar una explicación del mundo, la vida y la conciencia.

Si historiamos un poco, comprobamos que la Tierra, como niña mimada, reina del Universo, fue destronada, para ser reducida a un “simple” planeta más, entre los ocho restantes orbitando al “rey” Sol. Entonces claro (pensaron muchos), tenía que ser el Sol el centro de todo el sistema planetario y del universo entero. Sin embargo, más tarde, el mismísimo Sol fue “pateado” de su privilegiado sitial para ser colocado a un costado cualquiera de la colosal Vía Láctea, nuestra verdadera patria “celeste”. Pero a su vez nuestra propia “lechosa” galaxia, fue desalojada de su privilegiado sitial en el Universo, para transformarse en un puntito más “del montón” en el concierto universal.

Así también en el futuro, cuando mediante observaciones de mayor amplitud, se avance más en el conocimiento astronómico, nuestro Universo tenido por único quizás se transforme en un universo más (con minúscula) “del montón”, según mi audaz hipótesis.

Sabemos que hoy por hoy, la montaña de prejuicios contra la Ciencia es colosal, casi aplastante, si no fuera por el estoicismo científico. Más que montaña, se constituye en una verdadera cordillera como muro de contención a los avances del conocimiento empírico. Mitos, religiones, filosofías extraviadas y molestas pseudociencias y otras yerbas, siempre se opusieron al avance de la claridad (léase Ciencia Empírica), al punto de condenar a muerte a los adalides de la verdad.

Reparemos en la historia para caer de bruces en la tristemente célebre Inquisición, inventada por el clero católico de antaño, para tener una idea del horror anticientífico. Las persecuciones, anatemas, hogueras, torturas para retractarse y ejecuciones, por pretender iluminar la realidad del mundo, fueron tristemente célebres en la historia del fanatismo religioso encabezado por los jefes “infalibles” de turno (léase Papas).

¡Pobre de aquel que osara contradecir la “verdad” dogmática afirmando que ¡la Tierra se mueve! (Galieo). O que se atreviera a abrir el vientre de un hombre vivo con fines de estudio, para ver qué había adentro! (Vesalio) o al que se arriesgara a informar al mundo que: ¡existen otros mundos! (Giordano Bruno).

¡Sí! Religiones e ignorancia por ausencia de conocimientos científicos, desde los tiempos más remotos siempre fueron de la mano junto con las pseudociencias ¡como buenos, alegres e inseparables camaradas!
Los detractores de la verdad, son legión. En efecto, vemos cómo los parapsicólogos se dedican al estudio de lo que no existe, a saber: telepatía, levitación, premoniciones, telequinesia y otras fantasías. También tuvimos entre nosotros los alucinados “ovnílogos” (alias platillistas) persiguiendo tenazmente y por todas partes a los escurridizos platos voladores y a sus fantasmagóricos tripulantes alienígenas; mientras que los tramposos espiritistas tratan aún de comunicarse con las almas errantes de sus parientes difuntos, mientras que los cartománticos tarotistas y los “sabios” astrólogos obtienen sus pingües ganancias a costa de los incautos.

Será mejor que nos detengamos aquí, pues la mole de prejuicios y falsedades es inconmensurable, y ocuparse de todos estos temas sería perder vanamente el tiempo y gastar tinta al divino botón. Sólo conviene replicar racionalmente a los detractores de la Ciencia Experimental y sus resultados.

Existen por desgracia muchas corrientes contrarias al avance de la ciencia y la sana tecnología. ¡Con la ciencia y la tecnología están destruyendo el planeta! gritan unos. ¡Rompen el equilibrio biológico! vociferan otros. ¡Nos están ahogando con emanaciones tóxicas braman aún otros y… así por el estilo
No obstante, aquí se hace imprescindible bajar los decibeles al mismo tiempo que poner los puntos sobre las íes.

Para rescatar a la sana ciencia de este marasmo y elevarla victoriosamente al pedestal de la salvación, progreso y futuro dichoso de la humanidad, se hace imprescindible poner de una vez por todas, las cosas en su lugar.

Comencemos: no es lo mismo un científico con sana vocación, que se quema las pestañas investigando en las retortas durante toda su vida para el bien de sus semejantes, que un ambicioso aprovechado, quién sólo desea obtener pingües ganancias empleando malsanamente los descubrimientos de otros.
Tampoco es lo mismo la buena tecnología, hija de la ciencia experimental, que trata de lograr una vida mejor sobre el planeta, que un industrial codicioso y falto de escrúpulos, quien envenena con sus productos el ambiente ecológico.

Sepamos entonces distinguir separando la paja del trigo. Los malos de la película, no son la ciencia y su resultado: la tecnología , que tienden a hacer un mundo mejor en todos los aspectos, sino la ambición desmedida, léase intereses económicos, cuya incidencia en las poblaciones es bárbara.

Aquí no yerra la ciencia, señores, lo que falla es la índole polifacética del Homo sapiens, especie viviente que ahora divido en dos o tres (aunque protesten lo antropólogos y los taxonomistas), a saber: el Homo sapiens prudens (hombre sabio prudente), y el Homo malignus barbarus (hombre malo, fiero y cruel). En el intermedio podríamos ubicar también a la subespecie Homo sapiens imprudens entis (hombre sabio imprudente)… entre muchísimas otras posibles reclasificaciones.

Los alcances de la santa Ciencia Empírica, junto con su aliada, la Tecnología sana, son fabulosos Ambas están destinadas a cambiar radicalmente el mundo, y ¡no solo eso!, también al mismísimo Homo, sea de la “especie” que fuera (según mi reciente reclasificación).

Es de señalar que el huracán del conocimiento científico, barrió con todo un mundo de supersticiones y vanas lucubraciones y toda clase de prejuicios. Equivalió ciertamente a pasar una máquina barredera arrollando todo el colosal mundo de ficción salido de la mente humana, dentro del cual, no obstante, aún se halla sumida la mayor parte de la humanidad nesciente y supersticiosa.

Se hace imperioso difundirla, pero por desgracia, los medios prestan más atención a los chismes, a los personaje de la farándula y a los vaivenes de la politiquería, que a la sacrosanta ilustración.
Hoy se han vencido y se continúa paliando infinidad de enfermedades y somos más longevos. Hoy vivimos más cómodamente en nuestros hogares y podemos viajar por el orbe si disponemos de dinero para ello Hoy nos comunicamos con todo el mundo y tenemos noticias de todas partes de la Tierra e incluso de otros planetas y lunas. Hoy tenemos mayor acceso a la educación y la cultura. Las máquinas nos ahorran múltiples tediosas y pesadas tareas… y la ciencia genética está avanzando a pasos agigantados para el bien de nuestra salud y longevidad…

Soy consciente de que aún falta mucho. Hay regiones del Globo donde aún se vive en pleno atraso, pero es indudable que el avance científico-tecnológico es imparable.
Podemos mejorar nuestro planeta, incluso su clima Nos esperan otros mundos: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. ¿También otros sistemas solares? ¿quién puede expresar un no rotundo?

Y esto aún no es todo, pues finalmente, cual “augur”, pienso que en un futuro, incluso el propio hombre podrá mejorarse genéticamente gracias a la ciencia de avanzada, para dejar atrás terribles dolencias e instintos criminales y todo gracias a la sana Ciencia a años luz de todas las pseudociencias tenidas falsamente por auténticos conocimientos.

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