Teología de Lucas

Teología de Lucas

Dr. Matthew C. Williams

Profesor de Nuevo Testamento

Biola University

Las ideas dominantes en la teología de Lucas incluyen: Dios soberanamente lleva a cabo su plan salvador en la historia, Jesucristo es el agente y el Espíritu Santo es el instrumento de ese plan, y los discípulos continúan la obra de Jesús en el poder del Espíritu. La influencia de esta teología se observa, por ejemplo, en los relatos de la tentación de Jesús (Lc. 4:9-11) y su aparición a los discípulos después de su resurrección (Lc. 24:33-36), y especialmente de su sermón en Nazaret (Lc. 4:16-30).

The dominant ideas in Luke’s theology include: God sovereignly carries out in history his salvation plan, Jesus Christ is the agent and the Holy Spirit is the instrument of that plan, and the disciples continue Jesus’ work in the power of the Spirit. The influence of this theology may be observed, for example, in the accounts of Jesus’ temptation (Lk. 4:9-11) and his post-resurrection appearance to the disciples (Lk. 24:33-36), and especially of his sermon in Nazareth (Lk. 4:16-30).

Cada autor tiene sus propios énfasis y temas. En los Evangelios Sinópticos se puede encontrar estos temas de dos modos: 1) leyendo cada Evangelio para anotar sus énfasis, y 2) leyéndolos todos juntos, comparando las semejanzas y las diferencias que hay entre ellos. En este segundo método es preciso usar una sinopsis de los Evangelios.[1] Si asumimos, como es probable, que Lucas usó Marcos como una fuente,[2] podemos notar los cambios que hizo a partir de Marcos; el análisis de este proceso es lo que estudia la crítica de la redacción. De esta manera se puede observar no solo los propios temas de cada autor, sino también las diferencias que los distinguen.

La teología de Lucas se descubre no solo en los cambios que él ha hecho en los contenidos del Evangelio de Marcos, sino también en el material tomado de Marcos sin cambios y, por supuesto, en el aporte original del propio Lucas. Hablaremos, pues, de todos los temas importantes de Lucas, independientemente de que sean o no compartidos por los demás autores.

LA SOBERANÍA DE DIOS EN LA HISTORIA

Lucas relató los hechos como historias específicas no porque él fuera un historiador, sino porque quería reflejar la actuación soberana de Dios en la Historia.

Continuidad del plan salvador de Dios

Para Lucas es primordial mostrar que el plan de Dios no ha cambiado con la venida de Jesús y de la Iglesia. No hay dos dioses, uno del Antiguo Testamento y otro del Nuevo Testamento, y tampoco hay dos planes, uno para Israel y otro para la Iglesia. Lucas muestra la continuidad mediante dos temas: 1) el ministerio de Jesús y el de la Iglesia cumplen las profecías del Antiguo Testamento, y 2) la salvación de los gentiles estaba predestinada.

Profecías cumplidas

No hay duda de que, para Lucas, el ministerio de Jesús cumple las profecías del Antiguo Testamento. Así Zacarías, el padre de Juan el Bautista, profetizó:

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque nos ha visitado y ha efectuado redención para su pueblo, y nos ha levantado un cuerno de salvación en la casa de David su siervo, tal como lo anunció por boca de sus santos profetas desde los tiempos antiguos (1:68-70).[3]

Lucas empieza su narración del ministerio de Jesús con el relato de su lectura del libro del profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret (4:16-20). Jesús concluyó esa lectura anunciando: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis oído” (4:21). De este modo Lucas deja claro que Jesús entendía que había venido para cumplir el plan de Dios. Incluso, registra Hechos, el otro escrito lucano, la muerte de Jesús fue decretada como parte de ese plan divino: “A éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis” (Hch. 2:22-23). Lucas no señala tantas profecías cumplidas como Mateo,[4] pero, aún así, este tema es importante para él.

Misión a los gentiles

La misión a los gentiles también formaba parte del plan de Dios desde el principio. La genealogía de Jesús en Lucas 3:23-38 insinúa que la oferta de salvación se dirige a todos, dado que no empieza con Abraham, como la genealogía en Mateo 1:1-17, sino con “Adán, de Dios” (Lc. 3:38). Es decir, Lucas tiene en mente no solo a Israel, los descendientes de Abraham, sino a todos los pueblos del mundo, los descendientes del primer hombre Adán. Este hilo universal se resalta en dos citas del Antiguo Testamento, uno en labios de Simeón en 2:32 –”luz de revelación a los gentiles”– y la otra en 3:6 –”y toda carne verá la salvación de Dios”.

La misión a los gentiles se aprecia con más claridad después de la muerte y la resurrección de Jesús. En Lucas 24:46-47 el Jesús resucitado explica a sus discípulos:

Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

De manera similar, en Hechos 1:8 les dice que serán “testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”. En Hechos una y otra vez los sermones predicados en la evangelización de los gentiles por Pedro y Pablo se basan en las profecías del Antiguo Testamento. Por ejemplo, Hechos 13:47 cita Isaías 49:6: “Te he puesto como luz para los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra”. El llamamiento de Saulo (Pablo) para ser apóstol a los gentiles confirmó la aceptación de ellos: “él me es un instrumento escogido, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles” (9:15).

En Hechos la salvación de los gentiles fue iniciada directamente por Dios. Las conversiones del eunuco etíope (8:26-40) y del centurión Cornelio (10:1-48) empezaron por la voz de un ángel del Señor (8:26; 10:3). La aceptación de los gentiles por Dios fue manifestada por la llegada del Espíritu Santo en casa de Cornelio: “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto” (10:34-35), y después: “Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje” (10:44), a lo que Pedro reaccionó diciendo: “han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros” (10:47).

De allí en adelante la misión consiste no solamente en ser luz entre los gentiles, sino en ir a ellos con las Buenas Nuevas.

Acción soberana del plan de Dios

Se puede ver un desplazamiento geográfico tanto en Lucas como en Hechos. En Lucas la mayor parte de la narración se centra en el viaje de Jesús a Jerusalén, la ciudad de destino (9:51-19:27). Jesús “con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (9:51; cp. 13:22; 17:11; 18:31; 19:28). Lucas usa dei/ “es necesario, se debe” 18 veces en el Evangelio y 22 veces en Hechos (aparece solo ocho veces en Mateo y seis en Marcos) para aludir a los planes predeterminados por Dios, que incluyen las acciones de Jesús y los demás. Un ejemplo lo hallamos en Lucas 9:22: “El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Jesús tiene que ir a Jerusalén porque es en esa ciudad donde consigue ser sacrificado a través de su muerte.

En Hechos, el mensaje del Evangelio se desplaza de Jerusalén a Judea y a Samaria “hasta los confines de la tierra”. Es decir, después del sacrificio de Jesús el mensaje se transmite a todo el mundo. La conclusión de Hechos muestra que la meta se ha cumplido: Pablo está en Roma (“el fin del mundo”) predicando el Evangelio con toda libertad (28:30-31). La última palabra del libro es una señal de esa situación: avkwlu,twj “sin estorbo”.

Lucas deja claro, además, que no solamente el desarrollo del plan de salvación está en las manos de Dios, sino también la historia del mundo en general (cp., por ejemplo, Hch. 17:26, 31).

El “hoy” en el plan escatológico de Dios

Aunque hay elementos del reino de Dios tanto del presente (Lc. 10:11; 21:31) como del futuro (12:38, 45; 13:8), el énfasis de Lucas recae en el día de “hoy”, sh,meron. Esta palabra aparece 20 veces en Lucas-Hechos; las más importantes son Lucas 4:21; 5:26; 19:5, 9; 23:43; Hechos 4:9; 20:26. Es muy probable que haya un mensaje en esa repetición del vocablo “hoy”. Había de haber cristianos para quienes la tardanza de la segunda venida de Jesús representaba un problema. No sabían cómo vivir en el presente. Por eso, Lucas dice: “aunque Jesús va a volver, el ‘hoy’ también tiene un propósito en el plan de Dios; tenemos que conducirnos como cristianos en el presente”. No hay por qué perder la esperanza “hoy” mientras se aguarda el retorno de Jesús.

JESUCRISTO, AGENTE DE LA SALVACIÓN

Jesús es representado en Lucas-Hechos como el agente de la salvación: “Y en ningún otro nombre hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Las señales y los milagros que Jesús efectúa señalan que él es el escogido de Dios para ser su agente de salvación (Lc. 4:18-21; Hch. 2:22).

Trascendencia de Jesús

Lucas pone énfasis en la cristología con el fin de dejar claro que Jesús trasciende la mera humanidad. Esto lo entendemos desde el principio de su Evangelio, donde leemos que Jesús nacerá de la virgen María, por el Espíritu Santo, y “será grande, y será llamado el Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre; y su reino no tendrá fin” (1:32-33). Cuando María visita a Elisabet, Juan el Bautista, lleno él mismo del Espíritu Santo, salta en su vientre (1:15, 41). Los pastores y los ángeles anuncian la importancia de Jesús (2:8-20), y tanto Simeón como Ana entienden que, con él, el día de la redención ha llegado (2:22-40). Lucas nos muestra que Jesús tiene una relación muy especial con Dios el Padre (2:49; 3:22; 9:35; 10:21-22; 23:46). Sin embargo, el mayor ejemplo de la trascendencia de Jesús se manifiesta en su resurrección (24:6-7; Hch. 2:24, 32; 3:15, etc.), ascensión (24:51; Hch. 1:9) y exaltación a la diestra del Padre (Hch. 2:33; 5:31).

Títulos de Jesús

En los dos escritos de Lucas varios títulos se aplican a Jesús: Mesías o Cristo (Lucas, 12 veces: 2:11, 26; 3:15; 4:41; 9:20; 20:41, etc.; Hechos, 24 veces: 2:31, 36; 3:18, 20; 4:26; 5:42, etc.), Hijo de Dios (Lucas, 6 veces: 1:35; 4:3, 9, 41; 8:28; 22:70; Hechos, 2 veces: 8:37; 9:20), Hijo del Hombre (Lucas, 25 veces: 5:24; 6:5, 22; 7:34; 9:22, 26, 38, 44, 56, 58, etc.; Hechos, 1 vez: 7:56), Hijo de David (Lucas, 3 veces: 18:38, 39; 20:41), Rey (Lucas, 5 veces: 19:38; 23:2, 3, 37, 38; Hechos, 1 vez: 17:7), Señor (Lucas, 38 veces: 1:43; 2:11; 3:4; 5:8, 12; 6:46; 7:6, 13, 19; 9:54, 59, 61; etc.; Hechos, 107 veces: 1:6, 21, 24; 2:21, 25, 34, 36; etc.), Salvador (Lc. 2:11; Hch. 5:31; 13:23), Siervo (Hch. 3:13, 26; 4:27, 30), Profeta (Lc. 4:24; 7:16, 39; 9:8, 19; Hch. 3:22; 7:37).[5] Otros títulos de menos importancia incluyen el Santo de Dios (Lc. 4:34), Líder (Hch 5:31), Maestro (Lc 3:12; 7:40; 9:38; 10:25; 11:45; etc.), y Juez (Hch. 10:42).

Salvación por medio de Jesús

Como Jesús es todo lo que hemos indicado en los dos apartados anteriores, es el centro del kerigma (proclamación del Evangelio) de Lucas: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12:). Lucas usa el verbo sw,zw “salvar” en un sentido más “espiritual” que los otros evangelistas.[6] Además, usa otros tres términos de la misma raíz griega que no aparecen en los otros Sinópticos,[7] reflejando así la relevancia que el tema de la salvación tiene para él: swth/r “Salvador” (Lc. 1:47; 2:11; Hch. 5:31; 13:23), swthri,a “salvación” (Lc. 1:69, 71, 77; 19:9; Hch. 4:12; 7:25 [traducido “libertad”]; 13:26, 47; 16:17; 27:34 [traducido “supervivencia”]), y swth,rion “salvación” (2:30; 3:6; Hch. 28:28). Como ha dicho I. H. Marshall: “El concepto clave en la teología de Lucas es ‘la salvación’”.[8]

Lucas retrata a Jesús como uno que extiende la mano del perdón a los que están perdidos, y se alegra del arrepentimiento, “porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10; ver también las parábolas de Lucas 15: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo).

Salvación para los marginados

La extensión de la salvación a quienes antes no se incluían entre los “elegidos” de Dios es otro tema relevante en Lucas. Ya hemos comentado cómo Lucas destaca que la salvación traspasó la frontera cultural de Israel para alcanzar a los gentiles. Del mismo modo, la salvación ha cruzado las fronteras sociales para incluir a los pastores (Lc. 2:8-10), los samaritanos (Lc. 10:33; 17:16; Hch. 8:5-13), los recaudadores de impuestos (Leví, Lc. 5:27; Zaqueo, 19:2-10), los “pecadores” (cp. Lc. 5:29-32, sobre los recaudadores de impuestos colegas de Leví, con quienes Jesús comió, con mucho gusto y a propósito, para mostrar que ellos también pueden beneficiarse de la aceptación y perdón de Dios; 7:36-50, sobre la mujer pecadora que ungió los pies de Jesús; 15:11-32, sobre el hijo pródigo; Hch. 8:9-13, 18-24, sobre Simón el mago), las mujeres (Lc. 7:36-50; 8:2-3; 10:38-42; Hch. 8:12; 9:36-43), los niños (Lc. 18:15), los pobres (Lc. 4:18; 6:20; 16:20; Hch. 2:44-45; 11:28-30) e incluso el malhechor que fue crucificado a la par de Jesús (Lc. 23:43).

El espíritu santo,

instrumento de la salvación

Lucas dice más acerca del Espíritu Santo que cualquier otro autor del Nuevo Testamento, salvo, quizás, Juan. Aunque todos los Evangelios se refieren al Espíritu, solo Lucas se preocupa de iniciar las distintas etapas de su narración señalando la influencia del Espíritu: Lo menciona 36 veces en total, 10 veces en el relato de la infancia de Jesús, 7 veces en los capítulos sobre el inicio de su ministerio y 7 veces al comenzar la narración del viaje hacia Jerusalén (caps. 10-12).

Después de esto, Lucas no usa mucho la palabra “Espíritu” en su Evangelio. Parece que le era muy importante mostrar que el Espíritu Santo actuaba en cada etapa del proceso de la salvación. Podemos entender mejor esta importancia si nos acordamos de la historia judía. Después del último profeta del Antiguo Testamento, Malaquías, los judíos pensaban que el Espíritu se había marchado del pueblo de Israel. Entonces, durante unos 400 años, Dios no habló a través de su Espíritu a Israel; fueron “siglos de silencio”. Ahora, su Espíritu ha vuelto.

No obstante, en Hechos el Espíritu se encuentra por todas partes (la palabra se repite 70 veces), empezando con el día de Pentecostés, cuando descendió sobre los discípulos. De hecho, en vez del título “Los Hechos de los Apóstoles” muchos prefieren “Los Hechos del Espíritu”. El énfasis en el Espíritu se debe a que en esta nueva etapa el Espíritu se da a todos los creyentes, sin importar la raza, género u ocupación, en contraste con la situación en el Antiguo Testamento (Hch. 2:17-18, citando Jl. 2:28-29). En el Antiguo Testamento solo ciertas personas privilegiadas, como los reyes y profetas, recibieron el Espíritu de Dios.[9] Después del día de Pentecostés, sin embargo, el Espíritu está disponible para todos los creyentes: varón y mujer, rey y siervo, judío y gentil.

En Hechos el Espíritu guía a individuos (19:21; 20:22) y a la Iglesia (15:28), llama a misioneros (13:3-4) y llena a creyentes (2:4; 4:8, 31; 6:3, 5; 7:55; 9:17; 11:24; 13:9, 52).[10] Es precisamente a través del Espíritu que los discípulos pueden continuar el ministerio de Jesús, quien también fue lleno del Espíritu y guiado por él (Lc. 3:22; 4:1).

los discípulos,

continUADORES DE la obra de JESÚS

Los que tienen el poder del Espíritu pueden continuar la obra que Dios empezó en su Hijo Jesús.

Paralelos entre Jesús y los discípulos

Algunas investigaciones literarias sobre Lucas-Hechos han descubierto numerosos paralelos entre la descripción del ministerio de Jesús y la descripción del ministerio posterior de sus discípulos.[11] Estos paralelos sirven para mostrar que los discípulos siguieron haciendo la obra de Jesús.

He aquí un ejemplo. Hechos 2:22 habla de “Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio de vosotros a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis”. Luego, Hechos 2:43 cuenta que “muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles”; 5:15 agrega: “a tal punto que aun sacaban los enfermos a las calles, y los tendían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellos”; y 19:11-12 acota: “Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que incluso llevaban pañuelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban y los malos espíritus se iban de ellos”.

Lucas traza muchos paralelos entre Jesús y Esteban (Hechos 6-7)[12] y también Pedro (cp., por ejemplo, Lc. 9:58 con Hch. 3:6), pero el paralelo principal se establece entre Jesús y Pablo.[13] Los paralelos con Pablo dan a entender que “Cristo, en la persona de Pablo, lleva la salvación tanto a su pueblo como a los gentiles”.[14] De esta manera, Jesús, aunque concentró su obra entre los judíos, puede cumplir la meta más amplia de su venida: ser luz a los gentiles.

La conversión del discípulo

¿Cómo se puede ser discípulo según Lucas? En primer lugar es imprescindible responder con fe al kerigma, o sea, creer en Jesús (Lc. 7:50; 8:48; 17:19; Hch. 13:38-39; 16:31). Es necesario no solo el asentimiento mental, sino también la obediencia (cp., por ejemplo, Lc. 6:46-49, que empieza con: “¿Y por qué me llamáis ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que yo digo?”). Segundo, hay que arrepentirse (metanoe,w “arrepentirse” aparece 14 veces en Lucas-Hechos, mientras meta,noia “arrepentimiento” aparece 11 veces). Arrepentirse quiere decir cambiar la dirección de la antigua forma de vida y encaminarla hacia Dios.[15] Por último, los que creen son bautizados en el nombre de Jesús (Hch 2:38, 41; 8:12, 13, 16, 36, 38; 9:18; 10:47, 48; 16:15, 33; 18:8; 19:5; 22:16).

Las demandas del discipulado

El discipulado es más que un paso inicial hacia Jesús en fe o en bautismo. Implica un estilo de vida que incluye el seguimiento y la imitación de Jesús (Lc. 5:11). Para Lucas no hay dos niveles de discipulado, sino que cada creyente es también un discípulo. Lucas transmite dos pasajes acerca de las exigencias del discipulado que no tienen paralelo en los otros Evangelios: uno que relata las respuestas de Jesús a tres potenciales seguidores suyos (Lc. 9:57-62), y otro que advierte del alto cos­to de ser discípulo de Jesús (Lc. 14:25-35). De alguna manera el tema también se percibe en Hechos 5:1-11; 8:4-25.

Lucas menciona bastantes acciones específicas que deberían caracterizar la vida de un discípulo, incluyendo las siguientes. (1) El discípulo debe ser testigo o proclamar el Evangelio: “me seréis testigos…hasta los confines de la tierra” (Hch. 1:8). (2) El discípulo debe orar. Lucas tiene 21 referencias a la oración en su Evangelio y otras 25 en Hechos. (3) El discípulo debe hacer uso adecuado de las posesiones: “Vended vuestras posesiones y dad limosnas” (Lc. 12:33); “cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14:33); “vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme” (Lc. 18:22). En Hechos, la generosidad de Bernabé (4:36-37), Tabita (9:36, 39) y Cornelio (10:2) muestra que “más bienaventurado es dar que recibir” (20:35). Sin embargo, Lucas no quiere decir que sea un pecado tener posesiones, sino que estas pueden llegar a tener más relevancia en el corazón de sus discípulos que las cosas de Dios (Lc. 12:33-34; 20:25). El discípulo puede poseer bienes, pero tiene que entender el peligro mencionado y saber cómo usarlos.[16]

EJEMPLOS DE LA INFLUENCIA DE

LA TEOLOGÍA DE LUCAS EN SU EVANGELIO

Concluimos este ensayo examinando la influencia de la teología de Lucas en tres pasajes de su Evangelio. En Lucas el relato de las tres tentaciones de Jesús termina con la tentación de lanzarse del pináculo del templo en Jerusalén (Lc. 4:9-11), mientras que en la versión mateana esta tentación es la segunda (Mt. 4:5-7). Esta diferencia en el orden de las tentaciones se debe a la importancia que Lucas atribuye a Jerusalén como la ciudad de destino.

Una motivación similar se percibe detrás de la ubicación de la aparición del Jesús resucitado a los discípulos. En Mateo, Jesús se manifiesta a ellos en Galilea (Mt. 28:7, 10, 16-17; cp. también Mr. 16:7), mientras que en Lucas lo hace en Jerusalén (Lc. 24:33-36).

Un texto donde se observas múltiples influencias de la teología lucana es Lucas 4:16-30. Mientras que Mateo y Marcos comienzan sus relatos del ministerio de Jesús resumiendo un tiempo de predicación en Galilea y luego contando el llamado de los primeros discípulos (Mt. 4:12-22; Mr. 1:14-20), Lucas principia con el sermón de Jesús en Nazaret (Lc. 4:16-30). Mateo y Marcos colocan su narración de este evento bastante más adelante (Mt. 13:53-58; Mr. 6:1-7). Lucas sitúa el sermón en Nazaret al inicio del ministerio de Jesús para presentar los temas principales que se desarrollarán a lo largo de su escrito. De modo que, este pasaje resulta siendo “programático” para el Evangelio entero. Observemos, por ejemplo, varios elementos de la teología lucana en estos versículos: v. 17, cumplimiento de profecía del Antiguo Testamento; v. 18, Jesús es el Mesías (cp. Is. 61:1 en su contexto); v. 18, la obra del Espíritu en el ministerio de Jesús; vv. 18-19, el anuncio del Evangelio a los marginados: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos; v. 21, profecía cumplida; v. 21, el “hoy” en el plan escatológico de Dios; v. 24, el título de profeta aplicado a Jesús.

Ahora bien, ¿cuál fue la reacción inicial al mensaje de Jesús según 4:22: buena o mala? Generalmente se interpreta que fue positiva: “todos hablaban bien de El y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca”. Parece que estaban orgullosos del joven de su pueblo. Sin embargo, el v. 22 también puede entenderse de otra manera. “Hablaban bien” es una interpretación del verbo evmartu,roun, literalmente “testificaban”. Esta palabra griega puede entenderse en sentido positivo o negativo, y el pronombre auvtw/| que le sigue puede ser un dativo de ventaja (“a favor de él”) o de desventaja (“en contra de él”, como en Mt. 23:31; ver también Jn. 7:7; 18:23).[17] También evqau,mazon “se maravillaban” puede interpretarse en los dos sentidos. Es decir, el texto griego no deja claro si la reacción inicial fue buena o mala, de modo que hay que acudir al contexto para resolver esta cuestión.

Creo que la reacción es negativa desde el principio, porque Jesús predicó algo que no concordaba con la expectativa judía: la compasión por los gentiles. Si comparamos el v. 19 con Isaías 61:2, el texto citado por Jesús, notaremos que él omitió “y el día de venganza de nuestro Dios”.[18] Mientras que los judíos esperaban el día de la venganza, Jesús llegó con palabras de gracia para con los gentiles. Luego él cita dos ejemplos de una misión a los gentiles en el Antiguo Testamento (4:25-27).

La clave para interpretar la reacción en el v. 22 es la frase “palabras llenas de gracia”. No significa que las palabras de Jesús eran elocuentes, sino que él llevaría gracia al mundo, a los judíos, por cierto, pero también a los gentiles. En el primer siglo los judíos esperaban un Mesías lleno de poder para liberarlos de los romanos. Sin embargo, Jesús no habla de venganza hacia los enemigos de Israel, lo cual claramente era la expectativa, sino de “gracia” para los gentiles; habla “palabras llenas de gracia”. La reacción negativa en el v. 22 de parte de los judíos de Nazaret explica por qué Jesús a continuación señala dos ejemplos del ministerio a los gentiles en el Antiguo Testamento: para enseñar que la salvación de los gentiles formaba parte del plan de Dios desde el principio.

conclusión

Sea que aceptamos la interpretación de una reaccion negativa desde el principio en Lucas 4:16-30 o no, lo importante es que Jesús sí habla claramente de una misión a los gentiles en este pasaje. Como ya se ha mostrado, la teología de Lucas enfatiza la misión a los gentiles. Si Jesús y Lucas hicieron tanto hincapié en esta misión al mundo entero, ¿cómo podemos nosotros no hacerlo en nuestras iglesias? Cambiemos el enfoque de nuestra iglesia, si fuera necesario, para alinearnos con la misión de Jesús a todo el mundo.

A la vez, volvamos al énfasis de Jesús en un discipulado verdadero. Sigamos al Mesías con todo el corazón y con obediencia.


[1] Para una sinopsis del texto griego, véase Kurt Aland, ed., Synopsis quattuor Evangeliorum, 15a. ed. (Stuttgart, Alemania: Deutsche Bibelgesellschaft, 1996). Dos sinopsis del texto en español son P. Benoit; M.-E. Boismard; J. L. Malillos, Sinopsis de los cuatro Evangelios, con paralelos de los apócrifos y de los Padres (Bilbao: Desclée de Brouwer, 1987); y José Alonso Díaz y Antonio Vargas-Machuca, Sinopsis de los Evangelios: Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas con los textos paralelos del Evangelio de Juan, los pasajes concordantes de los evangelios apócrifos y de los Padres Apostólicos, aparato crítico y notas (Madrid: Universidad Pontificia Comillas, 1996).

[2] Véase Grant R. Osborne y Matthew C. Williams, “The Case for Markan Priority”, en Robert L. Thomas, ed., Three Views on the Origins of the Synoptic Gospels (Grand Rapids: Kregel Publications, 2002): 19-96.

[3] Los textos bíblicos citados en este artículo se han tomado de La Biblia de las Américas.

[4] Ver Matthew C. Williams, “Teología de Mateo”, Kairós 36 (enero-junio 2005): 41-42.

[5] Para una definición de los primeros cinco de estos títulos, ver ibid., 43-45. La mayoría de los títulos se explican en George Eldon Ladd, Teología del Nuevo Testamento (Colección Teológica Contemporánea 2; Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 2002): 181-224.

[6] Por ejemplo, solamente en Lucas dijo Jesús a la mujer que ungía sus pies con perfume: “Tus pecados han sido perdonados… Tu fe te ha salvado” (Lc. 7:48, 50).

[7] Y que se hallan solamente dos veces en Juan.

[8] I. Howard Marshall, Luke: Historian and Theologian, 3a. ed. (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1998): 9.

[9] Por ejemplo, los profetas Moisés (Ex. 31:1) y Samuel (1 S. 10:6); los setenta ancianos que ayudaban a Moisés (Nm. 11:25); los jueces Otoniel (Jue. 3:9-10); Gedeón (Jue. 6:34); Jefté (Jue. 11:39) y Sansón (Jue. 13:25; 14:6, 19; 15:14); los reyes Saúl (1 S. 11:6) y David (Sal. 51:12).

[10] Ver Carlos Calderón, “¿Qué es la llenura del Espíritu Santo en Hechos?”, Kairós 34 (enero-junio 2004): 27-41.

[11] Ver Robert C. Tannehill, The Narrative Unity of Luke-Acts: A Literary Interpretation, 2 vols. (Filadelfia: Fortress Press, 1991, 1994).

[12] Por ejemplo, Hechos 6:8, “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo”, hace eco de la descripción del ministerio de Jesús en Hechos 2:22: “Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de El”. Para otros paralelos entre Esteban y Jesús, ver Hechos 6:11, 13 (“testigos falsos”); 7:58 (“echándolo fuera de la ciudad”), 60.

[13] De los numerosos paralelos entre Jesús y Pablo, los más obvios son las correspondencias a) entre el encarcelamiento de Pablo al final de su ministerio y la muerte de Jesús, y b) entre Hechos 19:10-11 (“Y Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que incluso llevaban pañuelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban y los malos espíritus se iban de ellos”) y Marcos 5:28; Lucas 8:44.

[14] Robert F. O’Toole, The Unity of Luke’s Theology: An Analysis of Luke-Acts (Wilmington, Delaware: Michael Glazier Books, 1984): 68.

[15] Dos ejemplos que muestran la importancia del arrepentimiento son Hechos 3:19 (“arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que haya tiempos de refrigerio que vengan de la presencia del Señor”) y 8:22 (“Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón”).

[16] No podemos desarrollar este tema complejo en este articulo, pero ver Craig L. Blomberg, Ni pobreza ni riquezas: Una teología bíblica de las posesiones materiales (Terrassa: Editorial Clie, 2004): 171-72, 197-202, 230-52; ídem, “Las posesiones materiales en la enseñanza de Jesús según los Evangelios Sinópticos”, Kairós 24 (enero-junio 1999): 13, 24-26; ídem, “Las posesiones materiales en el cristianismo primitivo”, Kairós 25 (julio-diciembre 1999): 7-18.

[17] Ver F. Blass y A. Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago: University of Chicago Press, 1961) § 188 (1).

[18] Otros que piensan que la reacción es negativa desde el principio incluyen B. Violet, “Zum rechten Verständnis der Nazareth-Perikope”, Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft 37 (1938): 251-71; y Joachim Jeremias, Jesus’ Promise to the Nations (Naperville, Illinois: Allenson, 1958): 44-46. Ver I. Howard Marshall, The Gospel of Luke: A Commentary on the Greek Text (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1978): 185-86.

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LA CIENCIA…Y NUESTRA VERSIÓN DEL MUNDO PRECIENTÍFICO

LA CIENCIA…
Y NUESTRA VERSIÓN DEL MUNDO PRECIENTÍFICO

Existe un detalle de fondo que creo necesario clarificar con el fin de prevenirme de los suspicaces que pueden argumentar en mi contra, afirmando que es imposible deslindar nítidamente mundos de cualquier clase, ya que la misma ciencia parece pertenecer a un mundo diferente del únicamente físico, puesto que se aplica el pensamiento y el raciocinio que muchas veces no va paralelo con la realidad por ser esta oscura. De ahí nacen entonces las distintas hipótesis y teorías que pueden ser luego aceptadas o rechazadas y pertenecer por tanto mas bien a mundo de ficción de las pseudociencias creadas por la mente, que al mundo real.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que esto sucede en los límites de la investigación; límites que van cediendo. Luego, cuando una teoría se afirma y no se admite ninguna contradicción, pasa del  mundo mental al mundo real porque coincide con la realidad. Esto ha sucedido innumerables veces, y como ejemplo tenemos a la teoría de la evolución de las especies vivientes que, otrora se consideraba como una locura desde el punto de vista creacionista y hoy es una realidad porque ha sido demostrada. Recordemos al teórico Spencer y al práctico Darwin.
No obstante, tal como expresé al principio hay un detalle que parece dejarnos siempre confinados sólo al mundo de la fantasía sin poder alcanzar nunca en plenitud al mundo real.
Nosotros vivimos conectados al mundo a través de nuestros sentidos. Con ellos y nuestro cerebro elaboramos una versión del mundo. Una entre muchas otras posibles. Puesto que percibimos nuestro entorno a través de una ínfima ventanita que son nuestros limitados sentidos, no podemos poseer nunca una visión total de la realidad.
Si ponemos al vuelo nuestra imaginación y nos representamos a ciertos hipotéticos seres extraterrestres inteligentes de alguna lejana galaxia provistos de sentidos diferentes a los nuestros, ¿cómo percibirían el mundo que los rodea?
Supongamos que poseyeran órganos visuales para ver con una gama del espectro electromagnético muy diferente de la que nos permite observar las cosas con “nuestros colores”.  Una gama más amplia con otras longitudes de onda situadas más allá del infrarrojo o más allá del ultravioleta les mostraría otra realidad. Supongamos que “olieran” nuestra luz en lugar de ver con ella; que  “oyeran” los colores, esto es, que los interpretaran como sonidos, que siendo de otra constitución pudiesen penetrar en los sólidos y acomodar su visión a gusto, de modo de percibir objetos lejanos como si estuvieran cerca (especie de zoom) y cosas ultramicroscópicas sin necesidad de artificios, penetrar con la vista la materia haciéndola transparente, ver el aire, y otras, para nosotros, extravagancias, ¿cómo sería el mundo para ellos?
Y si no necesitaran siguiera comer para vivir, como los vegetales que no poseen boca, ni dientes, ni aparato digestivo, ¿cómo sería “su economía” planetaria?
Nosotros vemos con una gama de ondas ínfima del espectro electromagnético, nuestro oído igualmente capta un segmento pequeño de ondas sonoras (nos superan el perro y el murciélago), no podemos ver los microbios, ni el interior de los átomos, ni los quarks, ni los astros lejanos sin aparatos apropiados. Está claro entonces que los humanos sólo extraemos una versión del mundo real que nos rodea, una versión entre infinidad de otras posibles (Véase del autor de esta nota: La esencia del universo, Editorial Reflexión, Buenos Aires, capítulo 1º) y por lo tanto habría que adaptar a la ciencia a “su mundo”, en el ficticio mundo irreal, esto es el producido por la mente, en este caso por el sistema mente -sentidos. Sin embargo no es así. Si tenemos ante nosotros un objeto cualquiera, una figurilla blanca, por ejemplo, y hacemos que la observen diez personas provistas cada una de ellas de anteojos de cristal de colores diferentes, una las verá verde, otra roja, otra añil, otra violeta, etc. Se obtendrán así cuatro colores distintos para el objeto blanco y algo aproximado ocurre con la percepción del mundo, nuestra versión humana es una de ellas, pero el mundo está allí, no es un fantasma, no se trata de una creación como los ángeles, demonios, dioses, devas y avatares, la precognición, los milagros, las brujas la telequinesia, el elan vital o el éter. No, por el contrario, la otra cara de la  Luna fotografiada está allí, con sus cráteres, del otro lado del astro y no es fantasía, y aunque la fotografiemos con placas sensibles a la luz ultravioleta o infrarroja, continuará estando allí. La Tierra es redonda y no cabe duda porque ha sido avistada así desde el espacio y ya no es admisible otra hipótesis como que quizás sea plana, cuadrada o cilíndrica. Los microbios existen, han sido vistos con aumentos y se los puede clasificar pues aparecen siempre bajo el microscopio si se los busca, no son creaciones mentales, ilusiones, fantasías como las almas errantes que según dicen aparecen en los cementerios.
Por lo tanto volvemos a considerar a la ciencia como la actividad humana que más cerca está del mundo real contando con los mencionados límites que se pulverizan en diversas teorías de carácter provisorio y barren con todas las pseudociencias tanto del pasado como del presente.

Lo que aún falta conocer

Los límites mayúsculos para la ciencia están dados sin duda principalmente en dos dimensiones contrapuestas, esto es en lo microscópico en un extremo, y en el otro por lo macroscópico. Es decir la naturaleza íntima de la materia-energía, y los límites del universo hasta la última galaxia.
Física de partículas por una parte y cosmología por otra, encaran los enigmas mayores del momento, y es natural que así sea, ya que el hombre intercalado entre lo infinitamente pequeño y lo inconmensurablemente grande, se ve como navegando en una versión de mundo real muy estrecha. Se halla como encapsulado con su mente relativa, limitada para comprenderlo todo, no obstante lo cual continúa hurgando, tentando salir del encierro y abarcar lo más posible el conocimiento acerca de aquello de lo que está hecho, y sobre el proceso universal que lo rodea.
La física cuántica una vez encarada, fue una verdadera sorpresa tanto para el investigador como para el especulador intelectual, además de un “dolor de cabeza” para el teólogo. Aquello que se creía determinado, fijo, asible, mecánico, que obedecía a leyes rigurosas en un supuesto mundo perfecto, especie de “aparato de relojería”, newtoniano e intransgredible, de pronto se desmoronó. Este efecto demoledor fue percibido cuado se comenzó a estudiar el comportamiento de las partículas subatómicas.
En el ámbito molecular y hasta la dimensión atómica, todo parecía marchar bien, de acuerdo con la física clásica, según las ideas de Newton y Maxwell, pero más allá del átomo, en el reino de las subpartículas y de lo cuantos de energía, las cosas resultaron ser caóticas. Se demostró que las partículas, desafiando toda ley, se comportaban indeterminada e imprevistamente, al punto que el famoso sabio Einstein, en rebeldía ante lo evidente, se vio obligado a pronunciar la célebre frase: Dios no juega a los dados, a lo que Niels Bohr, su polémico interlocutor replicó: No podemos decirle a Dios lo que tiene que hacer! (Véase: Alastair Rae Física cuántica: ¿Ilusión o realidad? Ed. Alianza Madrid, 1988, cap. 4.
Quizás sea dudosa la exactitud histórica de estas frases, pero sin duda, resumen la diferencia entre las posiciones de ambos científicos.
El comportamiento de los elementos subatómicos como los fotones y electrones, por ejemplo, nos indica la incidencia del azar en el fenómeno. Cuando se realizan las experiencias, solo se puede hablar de conductas promedios, de modo que si existiera un dios, como lo pensaron Einstein y Bohr, este, con toda seguridad no haría más que tirar los dados para mantener el mundo tal como se encuentra y esto contradice su cualidad de omnipotente y perfecto, a la par que refuta su misma existencia.
De acuerdo con la ley de Boltzmann, los sistemas evolucionan tendiendo hacia los estados más probables, es decir hacia los estados con distribución homogénea de masa y energía, sin estructuras ni organización. En otras palabras, el sentido de la evolución de los sistemas coincide, en general, con el crecimiento del desorden.
En estas palabras podemos apreciar el contrasentido entre un cosmos sinónimo de orden y el crecimiento del desorden o entropía (según la segunda ley de la termodinámica).
De las experiencias como la interferencia de las dos ranuras (Véase: física cuántica ) se desprende que la luz manifiesta propiedades corpusculares y además ondulatorias, y esto en física se conoce como dualidad onda-partícula, pues cuando la luz atraviesa un par de rendijas es una onda, en cambio cuando incide sobre un detector o una película fotográfica, es un chorro de fotones. (Véase: Alastair Rae, Física cuántica: ¿Ilusión o realidad?).
A esta experiencia debemos añadir otro de los hechos que  van en favor del relativismo cuántico, y es el llamado principio de incertidumbre de Heisenberg, como una de las consecuencias de la dualidad onda-partícula, que consiste en la imposibilidad de medir simultáneamente la posición y la cantidad de movimiento de un objeto cuántico tal como un fotón. Es decir que podemos elegir o bien medir las propiedades ondulatorias de la luz -permitiendo que pase a través de una doble ranura sin determinar por qué rendija pasa el fotón- o bien observar los fotones cuando cruzan las rendijas- sacrificando toda posibilidad de realizar un experimento de interferencia-; pero jamás podremos hacer ambas cosas al mismo tiempo.
Por otra parte, con los aceleradores de partículas se está tratando de arribar a los últimos elementos componentes de la materia. Los gigantescos artefactos para este fin como el LEP (Large Electron Positron o Gran Colisionador de Electrones y Positrones) que consta de un anillo subterráneo de hormigón de unos 27 kilómetros de circunferencia, sirven para acelerar partículas y hacerlas colisionar. Se ha dicho que “el LEP es la herramienta más reciente y más potente que el hombre posee, puesto en marcha en 1989, para comprender el mundo en que vive, cómo fue creado y cómo se mantiene en pie” según palabras de Neil Calder, vocero del CRN
(diario La Nación, Buenos Aires, 14-11-89, pág. 2).
Hasta el presente se ha arribado al quark como supuesta última partícula. No sabemos aún si es divisible. Este es uno de los límites provisorios de la ciencia. Existen proyectos más ambiciosos para conocer de qué está hecho el universo. El entendido sobre estas cosas está ávido por conocer algo más de nuestra composición y se hace necesario esperar mayores resultados.
Estas son cosas del micromundo. En el otro extremo, en lo inmenso que involucra todo el universo, con su origen, desarrollo y destino, que corresponde al estudio de la cosmología, nos encontramos de cara con otras limitaciones dada nuestra pequeñez y corta vida.
De algunos conocimientos falseados se aferran los pseudocientíficos y los charlatanes para “engrupir” a la gente, por ejemplo con una pseudociencia cuántica que curaría ciertas dolencias, apartándose así de toda la seriedad de los auténticos hombres de  ciencia. Sin escrúpulo alguno, estos charlatanes prometen curaciones con la mira en el signo pesos y ante el fracaso recurren a la remanida frase: “lamentablemente, el tratamiento no ha respondido ante el cuadro clínico del paciente” y… punto.
¡Cuidado con las pseudociencias! Vivamos en el mundo real, nos irá mucho mejor que en manos de los sinvergüenzas que nos pretenden sumergir en un mundo ilusorio.

Ladislao Vadas

LA CAUSA DE LA CIENCIA

LA CAUSA DE LA CIENCIA Y LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO

Autor:Ladislao Vadas |  periodicotribuna.com.ar 

Después de largo filosofar, el hombre sabio se dio cuenta cabal de que sólo el conocimiento basado en la experiencia podía dilucidar el enigma del mundo y la vida.

De a poco y a escondidas (por hallarse rodeada de un mar de prejuicios y supersticiones al principio) la Reina del conocimiento (léase Ciencia Experimental ) comenzó a avanzar y a expandirse tímidamente al comienzo, pero valientemente después… enfrentando a la colosal mole de prejuicios y creencias tanto religiosas y supersticiosas, como filosóficas de corte espiritualista de toda laya.

Tuvo que afrontar a estos ogros inconscientes nadando en el mar del espiritualismo que la trataba despectivamente de mero materialismo .

¡Le costó emerger! ¡Ya lo creo que sí! Los prejuicios fueron tremebundos, siempre amenazantes, de carácter absoluto por parte de los antaño “dueños de la verdad absoluta”. (Léase prejuicios filosóficos y religiosos).
Le costó emerger y sostenerse, hay que reconocerlo, ¡y contra viento y marea!, pero… a pesar de todos los prejuicios y tenaces oposiciones ¡bendito sea!, ¡aquí estamos!: en el mundo moderno con sus altibajos (por supuesto, inevitables), pero estos últimos no por causa de la noble y sabia ciencia misma, sino por la índole malsana del autoclasificado Homo sapiens en su faceta negativa.

Repito (y repetiré siempre) una vez más como adicto apasionado al conocimiento (y me enorgullezco de serlo), que lo mejor que produjo la mente humana en este, su planeta Tierra, ha sido el “invento” de la Ciencia basada en la noble, “sacrosanta” y sana experiencia, con fines al progreso y bienestar para toda la humanidad.

¿Sus detractores? ¡Allá ellos! Algún día desaparecerán rendidos ante la evidencia de un mundo mejor pregonado por este detractor del oscurantismo y de las pseudociencias que escribe el presente artículo. (También ellos, los detractores, acuden a la ciencia médica cuando se sienten enfermos o perdidos).

El mundo fue y aún continúa siendo, en buena parte, un mayúsculo enigma. Sin embargo, nadie, pero nadie, me puede negar que la Ciencia Empírica no haya sido y es una luz en el camino que apartó y continúa apartando las “diabólicas” tinieblas de la ignorancia con sus pobres víctimas inocentes.

Ya no estamos ubicados en un pozo tan profundo y oscuro como en los albores y avances de las filosofías de antaño. Estamos ciertamente a años luz de los presocráticos, de Sócrates, Platón, Aristóteles y… la legión que vino después con ansias de “esclarecer el mundo” y… no sólo eso, a distancias siderales de las religiones que pretendían (y aún pretenden a su manera) dar una explicación del mundo, la vida y la conciencia.

Si historiamos un poco, comprobamos que la Tierra, como niña mimada, reina del Universo, fue destronada, para ser reducida a un “simple” planeta más, entre los ocho restantes orbitando al “rey” Sol. Entonces claro (pensaron muchos), tenía que ser el Sol el centro de todo el sistema planetario y del universo entero. Sin embargo, más tarde, el mismísimo Sol fue “pateado” de su privilegiado sitial para ser colocado a un costado cualquiera de la colosal Vía Láctea, nuestra verdadera patria “celeste”. Pero a su vez nuestra propia “lechosa” galaxia, fue desalojada de su privilegiado sitial en el Universo, para transformarse en un puntito más “del montón” en el concierto universal.

Así también en el futuro, cuando mediante observaciones de mayor amplitud, se avance más en el conocimiento astronómico, nuestro Universo tenido por único quizás se transforme en un universo más (con minúscula) “del montón”, según mi audaz hipótesis.

Sabemos que hoy por hoy, la montaña de prejuicios contra la Ciencia es colosal, casi aplastante, si no fuera por el estoicismo científico. Más que montaña, se constituye en una verdadera cordillera como muro de contención a los avances del conocimiento empírico. Mitos, religiones, filosofías extraviadas y molestas pseudociencias y otras yerbas, siempre se opusieron al avance de la claridad (léase Ciencia Empírica), al punto de condenar a muerte a los adalides de la verdad.

Reparemos en la historia para caer de bruces en la tristemente célebre Inquisición, inventada por el clero católico de antaño, para tener una idea del horror anticientífico. Las persecuciones, anatemas, hogueras, torturas para retractarse y ejecuciones, por pretender iluminar la realidad del mundo, fueron tristemente célebres en la historia del fanatismo religioso encabezado por los jefes “infalibles” de turno (léase Papas).

¡Pobre de aquel que osara contradecir la “verdad” dogmática afirmando que ¡la Tierra se mueve! (Galieo). O que se atreviera a abrir el vientre de un hombre vivo con fines de estudio, para ver qué había adentro! (Vesalio) o al que se arriesgara a informar al mundo que: ¡existen otros mundos! (Giordano Bruno).

¡Sí! Religiones e ignorancia por ausencia de conocimientos científicos, desde los tiempos más remotos siempre fueron de la mano junto con las pseudociencias ¡como buenos, alegres e inseparables camaradas!
Los detractores de la verdad, son legión. En efecto, vemos cómo los parapsicólogos se dedican al estudio de lo que no existe, a saber: telepatía, levitación, premoniciones, telequinesia y otras fantasías. También tuvimos entre nosotros los alucinados “ovnílogos” (alias platillistas) persiguiendo tenazmente y por todas partes a los escurridizos platos voladores y a sus fantasmagóricos tripulantes alienígenas; mientras que los tramposos espiritistas tratan aún de comunicarse con las almas errantes de sus parientes difuntos, mientras que los cartománticos tarotistas y los “sabios” astrólogos obtienen sus pingües ganancias a costa de los incautos.

Será mejor que nos detengamos aquí, pues la mole de prejuicios y falsedades es inconmensurable, y ocuparse de todos estos temas sería perder vanamente el tiempo y gastar tinta al divino botón. Sólo conviene replicar racionalmente a los detractores de la Ciencia Experimental y sus resultados.

Existen por desgracia muchas corrientes contrarias al avance de la ciencia y la sana tecnología. ¡Con la ciencia y la tecnología están destruyendo el planeta! gritan unos. ¡Rompen el equilibrio biológico! vociferan otros. ¡Nos están ahogando con emanaciones tóxicas braman aún otros y… así por el estilo
No obstante, aquí se hace imprescindible bajar los decibeles al mismo tiempo que poner los puntos sobre las íes.

Para rescatar a la sana ciencia de este marasmo y elevarla victoriosamente al pedestal de la salvación, progreso y futuro dichoso de la humanidad, se hace imprescindible poner de una vez por todas, las cosas en su lugar.

Comencemos: no es lo mismo un científico con sana vocación, que se quema las pestañas investigando en las retortas durante toda su vida para el bien de sus semejantes, que un ambicioso aprovechado, quién sólo desea obtener pingües ganancias empleando malsanamente los descubrimientos de otros.
Tampoco es lo mismo la buena tecnología, hija de la ciencia experimental, que trata de lograr una vida mejor sobre el planeta, que un industrial codicioso y falto de escrúpulos, quien envenena con sus productos el ambiente ecológico.

Sepamos entonces distinguir separando la paja del trigo. Los malos de la película, no son la ciencia y su resultado: la tecnología , que tienden a hacer un mundo mejor en todos los aspectos, sino la ambición desmedida, léase intereses económicos, cuya incidencia en las poblaciones es bárbara.

Aquí no yerra la ciencia, señores, lo que falla es la índole polifacética del Homo sapiens, especie viviente que ahora divido en dos o tres (aunque protesten lo antropólogos y los taxonomistas), a saber: el Homo sapiens prudens (hombre sabio prudente), y el Homo malignus barbarus (hombre malo, fiero y cruel). En el intermedio podríamos ubicar también a la subespecie Homo sapiens imprudens entis (hombre sabio imprudente)… entre muchísimas otras posibles reclasificaciones.

Los alcances de la santa Ciencia Empírica, junto con su aliada, la Tecnología sana, son fabulosos Ambas están destinadas a cambiar radicalmente el mundo, y ¡no solo eso!, también al mismísimo Homo, sea de la “especie” que fuera (según mi reciente reclasificación).

Es de señalar que el huracán del conocimiento científico, barrió con todo un mundo de supersticiones y vanas lucubraciones y toda clase de prejuicios. Equivalió ciertamente a pasar una máquina barredera arrollando todo el colosal mundo de ficción salido de la mente humana, dentro del cual, no obstante, aún se halla sumida la mayor parte de la humanidad nesciente y supersticiosa.

Se hace imperioso difundirla, pero por desgracia, los medios prestan más atención a los chismes, a los personaje de la farándula y a los vaivenes de la politiquería, que a la sacrosanta ilustración.
Hoy se han vencido y se continúa paliando infinidad de enfermedades y somos más longevos. Hoy vivimos más cómodamente en nuestros hogares y podemos viajar por el orbe si disponemos de dinero para ello Hoy nos comunicamos con todo el mundo y tenemos noticias de todas partes de la Tierra e incluso de otros planetas y lunas. Hoy tenemos mayor acceso a la educación y la cultura. Las máquinas nos ahorran múltiples tediosas y pesadas tareas… y la ciencia genética está avanzando a pasos agigantados para el bien de nuestra salud y longevidad…

Soy consciente de que aún falta mucho. Hay regiones del Globo donde aún se vive en pleno atraso, pero es indudable que el avance científico-tecnológico es imparable.
Podemos mejorar nuestro planeta, incluso su clima Nos esperan otros mundos: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. ¿También otros sistemas solares? ¿quién puede expresar un no rotundo?

Y esto aún no es todo, pues finalmente, cual “augur”, pienso que en un futuro, incluso el propio hombre podrá mejorarse genéticamente gracias a la ciencia de avanzada, para dejar atrás terribles dolencias e instintos criminales y todo gracias a la sana Ciencia a años luz de todas las pseudociencias tenidas falsamente por auténticos conocimientos.

CIENCIA Y SUPERSTICIÓN

CIENCIA Y SUPERSTICIÓN
ASÍ HA SIDO EL AVANCE DEL MUNDO

El mundo mágico precientífico, ha tenido un tremendo poder de sugestión para el ser humano. Como producto neto de su mecanismo cerebral, obligado éste a elaborarlo con el recurso de la fantasía para darse explicaciones de las cosas y hechos que acompañan al individuo desde su nacimiento hasta su muerte, estaba plasmado en la vida humana, con tanta intensidad inveterado, que todo acto, aun el descubrimiento accidental por experiencia pura, era atribuido a la intervención de algún hado o a la iluminación “posibilitadora” de alguna deidad. De manera que resultaría harto difícil separar netamente lo que pertenecía a una inquietud puramente científica, de aquello que estaba motivado por tendencias mágicas o asimilado a la superstición, si nos situamos muy atrás en el tiempo.

El concepto mágico sobre el mundo estaba extendido por todas las mentes que se formaban en esa atmósfera densa, de gran peso, que dominaba todos los actos. Cada paso, era dado como aprisionado en un marco sobrenatural; cada sonido, cada movimiento, cada fenómeno de dudosa naturaleza u origen, eran tomados como señales de bienaventuranza, si no como anuncios de inevitables catástrofes que se avecinaban.

Pero la humanidad es un abanico. En la constelación humana podemos ver un muestrario de la más variada gama de tipos o personalidades que son heredables; se hallan en los genes apuntadores de derroteros que también en la parte psíquica se identifican con las tendencias innatas, las vocaciones, inclinaciones naturales que sólo esperan ser desencadenadas por el ambiente social en que se desarrolla el individuo. No siempre se desencadenan, claro está, y el individuo puede ser un dibujante eclipsado, un místico frustrado, un actor fracasado…, pero es indudable que cuando la coincidencia se da, la personalidad aflora con toda su fuerza y se puede manifestar contra viento y marea, aun bajo el influjo aplastante de una atmósfera contraria a la índole de dichas manifestaciones.

Así es como a pesar de todo, la espesa bruma del sobrenaturalismo que lo oscurecía todo, comenzó a brillar la tenue lucecita de la ciencia, fundada en el empirismo gracias a esas personalidades típicas que sentían en su interior ardientes deseos de conocer qué es lo que se halla encerrado detrás de las apariencias.

El avance ha sido muy lento y en algunos pueblos, apenas perceptible. Esa tenue lucecita se ha visto palidecer (si no eclipsarse totalmente a veces), frente a la montaña de supersticiones, porque no debemos considerar a la humanidad como un conjunto donde siempre ocurre algo para afianzarse en general, sino que debemos tener clara la idea de que el género humano ha estado fraccionado en diversos pueblos, que algunos de los cuales han progresado hasta cierto nivel para luego decaer; por ello los conocimientos científicos han estado dispersos en las distintas poblaciones, muchas de las cuales no tenían noticias de las otras y se han perdido irremisiblemente como en los casos de los pueblos americanos.

Pero, sin embargo, en virtud del nomadismo propio del hombre, muchas culturas han tenido contactos entre sí, reforzándose mutuamente sus conocimientos.

Pero aún así y todo, en muchos casos, los primeros conocimientos empíricos han estado fuertemente entremezclados con la superstición y era la superstición la que movilizaba la investigación.

Tenemos un ejemplo de ello en la superstición astrológica. La natural inquietud del hombre por conocer el futuro, y convencidos los antiguos caldeos y asirios de que los astros influían en él, por razones supersticiosas se lanzaron al estudio del cielo donde creyeron ver el Zodíaco, conjunto de constelaciones situadas en la línea del desplazamiento solar aparente y así nació realmente la Ciencia Astronómica que, una vez independizada del mito, alcanzó dimensiones colosales que cambiaron revolucionariamente todos los conceptos que sobre el universo se tenían por clásicos.

En América, los aztecas confeccionaron un complicado pero bien pensado calendario astronómico, inspirados por sus creencias sobrenaturales. Ese calendario fue la médula de la religión y cada período estaba íntimamente ligado a los acontecimientos, fuerzas naturales o animales propios del lugar o a los beneficios que se podían obtener de cierto conocimientos, como los de la agricultura que predominaba en la región.

Pero lo esencial era la ingeniosidad puesta de manifiesto en su confección, de manera tal que llegaron al año de 365 días y, según pruebas, en la zona de Mixteca-Puebla, los sacerdotes observaban al planeta Venus y registraron un año venusino de 584 días ( Véase: George C. Vaillant: La civilización azteca, México, Fondo de Cultura Económica, 1973, págs. 166 y 167) que, si bien no coincide con los registros actuales, este hecho pone en relieve las inquietudes observacionales de seres humanos de todos los pueblos del orbe.

Todo acontecimiento astronómico como lo solsticios, las estaciones del mal tiempo, la caída de los frutos o la caída de las aguas, los relacionaban con sus deidades, pero indudablemente ¡hacían ciencia!. Una ciencia muy mezclada con la superstición, pero… ¡ciencia al fin! si se la separa del mito, igual como aconteció con los asirio-caldeos y la astrología.

Lenta salida de las tinieblas de la superstición

Pero a pesar de la influencia del desvariante mundo sobrenatural como exclusiva creación mental, sobre la misma mente, creadora de mitos, la Ciencia se fue afirmando.

Penosamente al principio, firmemente después, por la ventaja de convencer mejor a causa de la “repetibilidad” de sus resultados en las experiencias.

En efecto, los aventurados vaticinios de los chamanes y brujos acerca de los fenómenos naturales como las lluvias, sequías, erupciones volcánicas, terremotos, tempestades, o sobre el curso de una enfermedad, podían fallar y fallaban realmente a veces, si no en todas.

En cambio la determinación de las estaciones del año y de los períodos aptos para la siembra solían ofrecer mayor seguridad a los pueblos agrícolas, así como ciertos brebajes preparados con hierbas conocidas demostraban su efectividad para las enfermedades en ciertas ocasiones, de manera que la fe se fue volcando más hacia los hechos positivos repetibles con resultados más seguros.

Así se fue afianzando la confianza en el conocimiento práctico.

Los valores “creenciales” se fueron depurando al desgajarse los elementos con los que la sola fantasía adornaba las comprobaciones sensitivas.

La seguridad que emanaba del fantaseo acerca del mundo ofrecido a los sentidos para conformar precientificamente a la mente, se fue desplazando hacia la comprobación de hechos fehacientes que no necesitaban lo mágico para su producción, sino que al revelarse los principios de causa y efecto, siempre era posible ubicar una causa natural ante un fenómeno intrigante, aunque la pugna entre los mutantes positivistas que se atenían a esos principios, con los mutantes místicos que seguían encerrados en el ámbito del sobrenaturalismo, eran lógicas y persistentes, con amplio predominio de estos últimos por sus influencias en las mentes ignorantes, que siempre han sido y son mayoría en la población humana y esto explica el hecho paradójico de que aún hoy, cuando el avance científico se ha vuelto colosal, subsistan las supersticiones en la mayor parte de la masa humana del globo.

No obstante, la diferencia con el pasado es abismal, porque hoy, aquel que desea conocer la realidad de las cosas en su pureza, no tiene más que recurrir a los tratados científicos, libres de toda influencia del sobrenaturalismo; en cambio los científicos del pasado tropezaban siempre con una mezcla de ciencia y superstición, que les hacía difícil ubicarse en la verdadera senda del empirismo emancipado de esas influencias. Fueron siglos de adormilamiento en los que debemos incluir el largo periodo de la Edad Media, llena de brujos y demonios por todas partes que interferían en la vida de todos y la creencia en el valor de los resultados experimentales para la humanidad estaba desprestigiada por la creencia en que, en última instancia, era la mano divina o los demonios lo que podía torcer los acontecimientos, de modo que de nada valía el descubrimiento de una causa o la realidad de un fenómeno repetible, desnudado de su presunto carácter milagroso, tal vez útil si en última instancia su aparición estaba supeditada al capricho de voluntades sobrenaturales dominadoras de los acontecimientos.

Detrás de todo conocimiento, detrás de todo descubrimiento, afloraba la creencia supersticiosa y hasta se tildaba de pactado con los demonios o de brujo a todo investigador que iba más allá de lo que se podía considerar tolerable. Aquel que manipulaba huesos humanos o que se atrevía a disecar cadáveres, era mirado con recelo como un sacrílego que osaba pretender hurgar en aquello que solo competía a un ente creador y conservador del mundo y la vida. Ello era considerado como una verdadera profanación de lo sagrado de la vida, “sabiamente ideado e intocable por su perfección”.

También aquel estudioso que se las había con las especies animales, tenidas por seres de mal agüero por su aspecto repelente o su rareza, era sospechado de alianza con el mal para causar daños.

Pero, no obstante todos los escollos y prejuicios, el mutante investigador, es decir, el tipo humano para quien el principal valor es el resultado de la investigación experimental, se ha destacado y su método ha resistido a los siglos oscuros para proyectarse luego una pléyade de ellos no ya como una tenue lucecita entre la bruma de la ignorancia llena de supersticiones, sino como una poderosa luminaria que lo baña todo con su clara luz, para hacer más comprensible el Universo y la Vida, que durante tanto tiempo permanecieran en la penumbra.

Pero la creencia, como convencimiento fundado en el acto mismo de creer, que consiste en tomar por cierta una cosa que el entendido no alcanza a explicar, que no está comprobada o demostrada, deja de ser tal en el caso de la “creencia” científica, para convertirse en completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos, todo fundado en la repetibilidad de las experiencias, al punto de que ya nadie puede dudar de que las estaciones del año se repetirán y que de la aleación del cobre con el estaño se obtendrá el bronce.

A este artículo lo he denominado como creencia en la Ciencia en el sentido trascendental, es decir, con proyecciones hacia el futuro, porque la convicción de que un hecho experimental daría resultados siempre iguales, aunque se repita millones de veces bajo las mismas condiciones es firme, y en realidad así ocurre, pero no puede hablarse de creencia en cuanto ésta involucra incertidumbre, duda o inseguridad para ciertas mentalidades que no se consubstancian con las creencias que otros abrazan. No obstante, hubo en su tiempo una creencia en el conocimiento científico antes de haberse arribado a los resultados positivos que hoy conocemos en todos los terrenos, a saber: físico-químico-biológicos. A su vez, también hoy existe una creencia en la ciencia, por lo que aun ésta no ha descubierto ni realizado y es posible asegurar, entonces, que se trata de la única “creencia” que está dejando tras de sí, mediante su método experimental, datos, hechos y conocimientos reales y evidentes, palpables, sólidos, repetibles, que ofrecen seguridad y es la misma creencia que va dejando de serlo en la medida en que se van cristalizando sus hipótesis y teorías. Será una teoría entre cien, pero una vez confirmados los hechos ya irrefutables, deja de ser tal para convertirse en una realidad demostrable en todo momento.

Esta fuerza contundente que fluyó desde la oscura ignorancia del hombre del pasado, que comenzó a destellar como una débil lucecita en la penumbra de la superstición, para transformarse en poderoso foco que fue iluminando el mundo, para el ser consciente que lo habita, no podía tener menos éxito que el que tuvo, dado que en su avance ha ido dejando atrás realidades descubiertas, a las que siempre se puede arribar por el método experimental.

Los errores han sido múltiples. Hubo innumerables creencias científicas superpuestas a las creencias supersticiosas, que se desvanecieron por el aporte de nuevos descubrimientos; unas teorías han sido substituidas por otras, pero… este hecho se ve multiplicado en razón directa con la proyección hacia el pasado.

El signo positivo que hoy se revela con evidencia, es que cada vez son menos los errores de apreciación de las cosas en el terreno científico. Otro hecho positivo es que cada yerro acerca más a la realidad, no cunde la desorientación desmoralizante que invade cuando un dogma tambalea frente a argumentos que lo invalidan.

Una vez abandonada una creencia identificada con cierta teoría, ésta nos puede dejar un remanente de nuevas variables teórica que nos acercan aún más hacia la meta fijada, las que a su vez depuradas, nos permiten escoger las más lógicas, las que más se aproximan a los hechos. El desvanecimiento teórico, lejos de constituirse en un fracaso, ve cómo el sabio se reorienta en su búsqueda, apuntando hacia nuevos derroteros, hasta convergir en la máxima positividad posible.

El abandono de las creencias científicas (teorías) en la generación espontánea de los seres vivos; en la existencia de cierto éter como fluido sutil, invisible e imponderable, pero necesario, que llena todo el espacio; en la posición central y fija de nuestro planeta con respecto a los demás astros; en la fijeza de las especies animales y vegetales vivientes y el origen divino del hombre (con un pecadillo a cuestas); en el vitalismo con su principio necesario para sostener la vida, y otras alucinaciones, no han hecho otra cosa que abrir el camino para demostrar fehacientemente que todo ser vivo necesita imperiosamente de otro ser viviente para existir, que la luz no ha menester de un medio para transmitirse por el espacio vacío, que la Tierra no ocupa ningún sitial privilegiado en la galaxia Vía Láctea ni en el universo entero, que las especies y el hombre anexo derivan por transformación evolutiva del primer plasma viviente y que a la luz de la ciencia bioquímica se esfuma el creído principio vital.

Ladislao Vadas

http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=3397

Citas de la Biblia en “Del sentimiento trágico de la vida”

Citas de la Biblia en “Del sentimiento trágico de la vida”

de Miguel de Unamuno
Fernando Blanco Cendón

1. Introducción

Del sentimiento trágico de la vida es una obra que está plagada de pasajes de la Biblia. Esto es un hecho que, dada la problemática tratada en el libro, no puede ni debe sorprender.
Sí sorprende, empero, la diversidad de modos de aparecer dichos textos a lo largo de la obra. Así, algunos textos están debidamente entrecomillados, pero los más de ellos aparecen sin comillas y no pocos se encuentran como fundidos en el texto unamuniano, como si pertenecieran al lenguaje corriente o fueran del dominio público. Por otra parte, algunas citas van acompañadas de la referencia exacta del lugar de donde son tomadas, algunas tienen solo una referencia genérica (se señala solo el libro sagrado a que pertenecen), hay muchas que vienen sin la debida referencia y, finalmente, algunas tienen una referencia equivocada.
En este trabajo se recogen todos los pasajes de los que no consta la referencia exacta y aquellos cuyas referencias son erróneas.
Con ello pretendo ofrecer a los lectores no familiarizados con el tema y a aquellos que proceden de otras coordenadas culturales, una herramienta útil para sus investigaciones a fin de facilitar una comprensión más exhaustiva de la obra filosófica mayor de Unamuno.

En las páginas que siguen el lector encontrará indicado el título del capítulo de Del sentimiento trágico de la vida, dentro de cada capítulo aparece en primer lugar el número de la página, seguido de la cita -más o menos extensa- de Unamuno y, en letra negrita, las referencias bíblicas correspondientes.1)

2. Citas bíblicas en “Del sentimiento trágico de la vida”

CAPÍTULO I: El hombre de carne y hueso

116: “El que quiera salvar su vida la perderá”, dice el Evangelio… Mt 16, 25; Mc 8, 35; Lc 9, 24;17, 33
117: ¿Quién no recuerda aquellas palabras del Evangelio: “¡Señor, creo; ayuda a mi incredulidad!”?…Mc 9, 24
119: ni dar coces contra el aguijón… Hch 26, 14

CAPíTULO II : El punto de partida

120: ¿Quién no conoce la mítica tragedia del Paraíso?… Gn 2, 4b-3, 24
tentados por la serpiente, modelo de prudencia para el Cristo… Mt 10, 16
121: Y Jahvé la condenó, por haber pecado, a parir con dolor sus hijos… Gn 3, 16

CAPíTULO III: El hambre de inmortalidad

132: de los que han gustado del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal… Gn 3, 6; 2, 17
134: ¡Vanidad de vanidades!… Qo 1, 2
136: “¡Ama a tu prójimo como a ti mismo!”, se nos dijo… Lv 19, 18; Mt 22, 39; Mc 12, 31; Lc 10, 27; Rm 13, 9; Gal 5, 15; Stgo. 2, 8
137: Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que adondequiera que fuese Pablo se concitaban contra él los celosos judíos para perseguirle. Apedreáronle en Iconio y en Listra, ciudades de Licaonia… Hch 14, 5-6.19 3), le azotaron en Filipos de Macedonia… Hch 16, 22-23 4) y le persiguieron sus hermanos de raza en Tesalónica y en Berea… Hch 17, 5-14
Pero llegó a Atenas… Hch 17, 15
138: y unos se burlan de él y otros le dicen: “¡Ya oiremos otra vez de esto!”… Hch 17, 32
139: y dar coces contra el aguijón… Hch 26, 14
142: De ella arranca la envidia, a la que se debe, según el relato bíblico, el crimen que abrió la
historia humana: el asesinato de Abel por su hermano Caín… Gn 4, 1-16

CAPÍTULO IV : La esencia del catolicismo
143: Sin duda que todo aquello de la segunda venida del Cristo, con gran poder, rodeado de majestad y entre nubes, para juzgar a muertos y a vivos, abrir a los unos el reino de los cielos y echar a los otros a la geena, donde será el lloro y el crujir de dientes… Mt 24, 30. 51
144: Véase en… en Juan … XI, 25. 56… Jn 11, 25-26
el dios del pueblo de Israel, revelado entre el fragor de la tormenta en el monte Sinaí… Ex 19, 16-25
Pero era tan celoso, que exigía se le rindiese culto a él solo… Ex 20, 3-6
y era el dios de las batallas… 1S1,3-1
146: y pudo decir aquello de “no vivo en mí, sino en Cristo”… Ga 2, 20
151: Y el Cristo dijo: “Padre, perdónalos, pues no saben lo que se hacen”… Lc 23, 34
El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión… Mt 12, 31-32; Lc 12, 10
152: y nosotros, como los judíos, queremos señales… 1 Cor 1, 22; Mt 12, 38-39; 16, 1-4; Mc 8,11-12; Lc 11, 29; Jn 2, 18; 4, 48; 6, 30

CAPÍTULO V: La disolución racional

166: “comamos y bebamos que mañana moriremos”… Is 22, 13; 1 Cor 5, 32 6)

CAPÍTULO VI: En el fondo del abismo

172: Initium sapientiae timor Domini, se dijo… Pr 1, 7; 9, 10; Sal 111, 10; Si 1, 14
178: Y es que no cabe servir a dos señores… Mt 6, 24; Lc 16, 13
180: En el capítulo IX del Evangelio, según Marcos, se nos cuenta … Y entonces el padre del epiléptico o endemoniado contestó con estas preñadas y eternas palabras: “¡Creo, Señor, ayuda mi incredulidad!” (v. 23)… Mc 9, 16-24)
184: El que, haciéndose propio el vanidad de vanidades del Eclesiastés, o las quejas de Job… Qo 1, 2; Jb 29-31)

CAPÍTULO VII: Amor, dolor, compasión y personalidad

191: al pozo del vanidad de vanidades… Qo 1, 2
199: “¿Y qué es verdad?”, preguntaré a mi vez como preguntó Pilato. Pero no para volver a lavarme las manos sin esperar respuesta… Jn 18, 38; Mt 27, 24 9)
200: Solo así se comprende lo de que en Dios seamos, nos movamos y vivamos… Hch 17, 28

¿No se dice en la Escritura que Dios crea con su palabra, es decir, con su pensamiento, y que por este, por su Verbo, se hizo cuanto existe?… Gn 1; Jn 1, 3

CAPíTULO VIII: De Dios a Dios

208: Dios es Amor… 1 Jn 4, 8
214: y nosotros vivimos, nos movemos y somos en Él… Hch 17, 28
215: La razón repite: “¡Vanidad de vanidades, y todo vanidad!”… Qo 1, 2 el Dios a quien pedimos que sea santificado su nombre y que se haga su voluntad -su voluntad, no su razón- así en la tierra como en el cielo… Mt 6, 9-10
el anhelo del hombre Jacob, cuando luchando la noche toda, hasta el rayar del alba, con aquella fuerza divina decía: “¡Dime, te lo ruego, tu nombre” (Gén. XXXII, 29)… Gen 32,30)
216: Y solo hay un nombre que satisfaga a nuestro anhelo, y este nombre es Salvador, Jesús… Mt 1, 21 12)
218: “Dijo el malvado en su corazón: no hay Dios”… Sal 14, 1; 53, 1

CAPÍTULO IX : Fe, esperanza y caridad

224: ¡Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios!… Mt 5, 8
oír en su interior su voz sin palabras que le dice: “¡Ve y predica a los pueblos todos!”… Mc 16, 15
225: pidiéndonos pruebas de la verdad objetiva de la existencia de Dios, pues que pedimos señales… 1 Cor 1, 22; Mt 12, 38-39; 16, 1-4; Mc 8, 11-12; Lc 11, 29; Jn 2, 18; 4, 48; 6, 30
Y tendremos que preguntar con Pilato: “¿Qué es la verdad?”
Así preguntó, en efecto, y sin esperar respuesta, volviose a lavar las manos para sincerarse…
Jn 18, 38; Mt 27, 24 13)
226: Y de esta, de la razón, puede decirse lo que del Cristo, y es que quien no está con ella, está contra ella… Mt 12, 30; Lc 11, 23
230: Este fue el escándalo del cristianismo entre judíos y helenos, entre fariseos y estoicos, y este, que fue su escándalo, el escándalo de la cruz, sigue siéndolo y lo seguirá aún entre cristianos… 1 Cor 1, 23
Quien no conozca al Hijo jamás conocerá al Padre, y al Padre solo por el Hijo se le conoce… Mt 11, 27; Lc 10, 22; Jn 8, 19; 14, 7
233: hasta llegar a ser Él todo en todos, según la expresión de San Pablo… 1 Cor 15, 28

CAPÍTULO X : Religión, mitología de ultratumba y apocatástasis

237: ya que la fe cristiana dice que Dios acabará siendo todo en todos… 1 Cor 15, 28
238: Cuando, en vista de la imposibilidad humana de entrar un rico en el reino de los cielos, le preguntaban a Jesús sus discípulos quién podrá salvarse, respondiéndoles el Maestro que para con los hombres era ello imposible, mas no para con Dios, Pedro le dijo: “He aquí que nosotros lo hemos dejado todo siguiéndote; ¿qué, pues, tendremos?” Y Jesús le contestó, no que se anegarían en el Padre, sino que se sentarían en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Mat. XIX, 23-26)… Mt 19, 23-28 14)
239: la concupiscencia terminó en lo que era ya en su fondo: en curiosidad, en ansia de probar el fruto del árbol del bien y del mal… Gn 3, 6; 2, 17
241-242: Cuando Jesús, habiendo llevado a Pedro, Jacobo y Juan a un alto monte, se transfiguró ante ellos …Y al bajar del monte les mandó Jesús que a nadie dijesen lo que habían visto sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos. Y ellos, reteniendo este dicho, altercaban sobre qué sería aquello de resucitar de los muertos, como quienes no lo entendían… Mc 9, 2-10; Mt 17, 1-9; Lc 9, 28-36
Y fue después de esto cuando encontró Jesús al padre del chico preso de espíritu mudo, el que le dijo: “¡Creo, ayuda mi incredulidad!” (Marcos IX)… Mc 9, 24

Ni tampoco aquellos saduceos que le preguntaron al Maestro de quién será mujer en la resurrección la que en esta vida hubiese tenido varios maridos (Mat. XXII), que es cuando Él dijo que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos… Mt 22, 23-32
Ni aclara nada el misterio todo aquello del grano y el trigo que de él sale con que el apóstol Pablo se contesta a la pregunta de: “¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (I Cor. XV, 35)… 1 Cor 15, 35. 37 15)
247-248: ¿No cayeron, según el relato bíblico nuestros primeros padres por el ansia de probar el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, y ser como dioses, conocedores de esa ciencia?…Gn 3, 1-7
251: aquel que fue arrebatado al tercer cielo, donde vio secretos inefables (II Cor. XIII)… 2 Cor 12,24
253: “Será todo en todos”, dice el Apóstol… 1 Cor 15, 28
254: Lo que aquí cabría aplicar son aquellas palabras del Cristo, dirigiéndose a su Padre: “¡Padre,perdónalos, porque no saben lo que se hacen!”… Lc 23, 34
Y recordemos aquello de: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”… Mt 27,46; Mc 15, 34; Sal 22, 2
255: Y no es injusticia no darle lo que no sabe desear, porque pedid y se os dará… Mt 7, 7;Lc 11, 9
Y acaso el pecado aquel contra el Espíritu Santo, para el que no hay, según el Evangelio, remisión, no sea otro que no desear a Dios… Mt 12, 31-32; Lc 12, 10
257: que se abroquela a las veces en aquello de que son muchos los llamados y pocos los elegidos… Mt 22, 14
258: y la sujeción luego de todo ello a Dios, para que Dios, la Conciencia, lo sea todo en todos… 1 Cor 15,28
A ello responde la anacefaleosis, la recapitulación de todo, todo lo de la tierra y el cielo, lo visible y lo invisible, en Cristo, y la apocatástasis, la vuelta de todo a Dios, a la conciencia, para que Dios sea todo en todo… Ef 1, 10; Col 1, 16; 1 Cor 15, 28
259: y el Cristo nos dejó dicho que donde se reúnan dos en su nombre, ahí está Él… Mt 18,20
cuando Dios sea todo en todos… 1 Cor 15, 28
“Somos los cristianos , decía el Apóstol (I Cor. XII, 27), el cuerpo de Cristo, miembros de él, carne de su carne y hueso de sus huesos (Efesios V, 30), sarmientos de la vid.”… 1 Cor 12,27; Ef 5, 30; Jn 15, 5 16)

CAPÍTULO XI : El problema práctico
262: un hombre de contradicción y de pelea, como de sí mismo decía Job: uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza… Jb 9-10 17)
266: y no en su cabeza, sino en su corazón, dice el impío que no hay Dios… Sal 14, 1; 53, 1
268: el Apóstol exclamó: “¡Soy ciudadano romano!”… Hch 16, 37; 22, 25-28
271: “comerás el pan con el sudor de tu frente”… Gn 3, 19
272: Que no nos dijo el Cristo: “Toma mi cruz y sígueme”, sino “Toma tu cruz y sígueme”… Mt 10, 38; 16, 24; Mc 8, 34; Lc 9, 23
como es perfecto nuestro Padre celestial… Mt 5, 48

Ante todo, cambiar en positivos los mandamientos que en forma negativa nos legó la Ley Antigua. Y así, donde se nos dijo: “¡No mentirás!”, entender que nos dice: “¡Dirás siempre la verdad, oportuna o inoportunamente!”, aunque sea cada uno de nosotros, y no los demás, quien juzgue en cada caso de esa oportunidad. Y donde se nos dijo: “¡No matarás!”, entender:”¡Darás vida y la acrecentarás!”. Y donde: “¡No hurtarás!”, que dice: “¡Acrecentarás la riqueza pública!”. Y donde: “No cometerás adulterio!”, esto: “¡Darás a tu tierra y al cielo hijos sanos, fuertes y buenos!”. Y así todo lo demás… Ex 20, 1-17
El que no pierda su vida, no la logrará… Mt 10, 39; 16, 25; Mc 8, 35; Lc 9, 24
273: Y si Caín no hubiese matado a su hermano Abel… Gn 4, 8
empezó siendo el Dios de los ejércitos… 1S1,3
274: El “no hagas a otro lo que para ti no quieras”… Mt 7, 12; Lc 6, 31 18)
y le ocurre lo que al que recibió un solo talento: lo enterró para no perderlo, y se quedó sin él. Porque al que tiene, se le dará; pero al que no tiene sino poco, hasta ese poco le será quitado… Mt 25, 14-30
“Sed perfectos como vuestro Padre celestial lo es” , se nos dijo… Mt 5, 48
275: pues dejemos que los muertos entierren a sus muertos… Mt 8, 22
276: “Sed perfectos como vuestro Padre”, se nos dijo… Mt 5, 48
276-277: y nuestro Padre es perfecto porque es Él, y es cada uno de sus hijos que en él viven, son
y se mueven… Hch 17, 28
y que, al cabo, sujetas todas las cosas al Hijo, el Hijo mismo se sujete a su vez a quien lo sujetó todo para que Dios sea todo en todos… 1 Cor 15, 28
278: “Venga a nos el tu reino”, nos enseñó el Cristo a pedir a su Padre… Mt 6, 10; Lc 11, 2
279: La libertad hay que buscarla en medio del mundo, que es donde vive la ley, y con la ley la culpa, su hija… Rm 5, 13
282: El pueblo, cuando Pilato, el señorito, el distinguido, el esteta, el racionalista si queréis, quiere darle comedia y le presenta al Cristo en irrisión diciéndole: “¡He aquí el hombre!”, se amotina y grita: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”… Jn 19, 5-6

CAPÍTULOX II: Conclusión: Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea
283: ¡Voz que clama en el desierto! (Isaías XL, 3)… Is 40, 3 19)
284: Y tampoco yo, como este Quijote del pensamiento alemán, quiero resistir al Espíritu… Hch 7, 51
Y por esto lanzo mi voz, que clamará en el desierto… Is 40, 3
285: Creo más bien que esa Helena de Fausto era otra, la que acompañaba a Simón Mago, y que este decía ser la inteligencia divina… Hch 8, 9-25
287: Y queda flotando sobre las civilizaciones todas el Eclesiastés, y aquello de “así muere el sabio como el necio” (II, 3)… Qo 2, 16
292: Así es: todo lo hecho se hizo por la palabra y la palabra fue en un principio… Jn 1, 3; 1, 1
293: La tragedia de Cristo, la tragedia divina, es la de la cruz. Pilato, el escéptico, el cultural, quiso convertirla por la burla en sainete, e ideó aquella farsa del rey de cetro de caña y corona de espinas, diciendo: “¡He aquí el hombre!”; pero el pueblo, más humano que él, el pueblo que busca tragedia, gritó: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”… Jn 19, 1-6 20)
298: Su muerte fue su última aventura caballeresca; con ella forzó el cielo, que padece fuerza…Mt 11, 12; Lc 16, 16
301: Pero él no las acepta así, y pide señales… 1 Cor 1, 22; Mt 12, 38-39; 16, 1-4; Mc 8, 11-12; Lc 11, 29; Jn 2, 18; 4, 48; 6, 30
Y si le quisieran hacer a Don Quijote rey, se retiraría solo al monte, huyendo de las turbas regificientes y regicidas, como se retiró solo al monte el Cristo cuando, después del milagro de los peces y los panes, le quisieron proclamar rey… Jn 6, 15

Dejó el título de rey para encima de la Cruz… Jn 19, 19; Mt 27, 37; Mc 15, 26; Lc 23, 38

Clamar, clamar en el desierto… Is 40, 3

3. Observaciones finales
El lector que haya cotejado las referencias bíblicas con las palabras de Unamuno habrá comprobado con harta frecuencia la divergencia de expresión. Ello se debe, en primer lugar, a que está utilizando una versión de la Biblia distinta de la utilizada por Unamuno; pero también a que, en algunos casos, Unamuno adapta la cita al lenguaje en que está escribiendo.

Téngase en cuenta, además, que han transcurrido cien años de fecundas investigaciones bíblicas, que además de haber llegado a una más estricta precisión en la traducción, han contribuido a clarificar la autoría de muchos de los libros de la Sagrada Escritura. Y así, en la página 219, Unamuno, siguiendo la opinión común en su tiempo, atribuye la Epístola a los Hebreos al Apóstol S. Pablo, mientras que actualmente es opinión comúnmente admitida que S. Pablo no es su autor.21)
Finalmente, aunque las referencias bíblicas que aparecen en Del sentimiento trágico de la vida son abundantes, Unamuno se cuida poco de presentar un aparato crítico exhaustivo.

Primero porque no se trata de una obra de teología ni de exégesis bíblica; pero, principalmente, porque está convencido de que en una civilización cristiana, dentro de la cual y para la cual escribe, los lectores saben de qué habla, saben que se trata de pasajes bíblicos aun cuando no conozcan exactamente su procedencia. De donde podemos colegir que el cristianismo ha permeado toda la civilización occidental hasta convertirse, según Unamuno, en “un río soterraño en el espíritu, una fresca corriente de antiguas creencias infantiles, de esperanzas de ultratumba”(p. 281).

NOTAS
(1) La paginación y las citas de Del sentimiento trágico de la vida corresponden a la edición de Manuel García Blanco, Obras completas de Don Miguel de Unamuno, VII Meditaciones y Ensayos espirituales, Editorial Escélicer, Madrid, 1967.
(2) Las abreviaturas que designan los libros bíblicos son las siguientes:

ANTIGUO TESTAMENTO

  • Génesis Gn
  • Éxodo Ex
  • Levítico Lv
  • 1 Samuel 1 S
  • Job Jb
  • Salmos Sal
  • Proverbios Pr
  • Eclesiastés (Qohélet) Qo
  • Eclesiástico (Sirácida) Si
  • Isaías Is

NUEVO TESTAMENTO

  • Mateo Mt
  • Marcos Mc
  • Lucas Lc
  • Juan Jn
  • Hechos de los Apóstoles
  • Romanos
  • 1 Corintios
  • II Corintios
  • Gálatas
  • Efesios
  • Colosenses
  • Epístola de Santiago
  • 1 Epístola de Juan
  • Hch
  • Rm
  • 1 Cor
  • 2 Cor
  • Ga
  • Ef
  • Col
  • St
  • 1 Jn

El punto y coma indica separación de libros o de capítulos de un mismo libro. La coma indica separación
entre capítulo y versículo. El punto indica separación de versículos.

(3) En Iconio no le apedrean (vv. 4-5). En Listra sí (v. 19); lapidación promovida por judíos venidos de Iconio.
(4) No fueron los judíos.
(5) En realidad es el dios de los ejércitos: Yahvéh Sebaot (cf. Nota de la Biblia de Jerusalén). Véase la página
273.
(6) Isaías es un profeta del siglo VIII a.C. Mientras que Epicuro, a quien alude Unamuno es del 341-270
a.C.
(7) La última frase es el versículo 24, y no el 23 como señala Unamuno.
(8) En realidad, todo el libro de Job, pero especialmente estos dos capítulos.
(9) Unamuno aquí funde en una dos escenas: la de Juan y la de Mateo.
(10) Frase que está inspirada en el poeta Epiménides de Cnosos, del siglo VI a. C. (Nota de la Biblia de Jerusalén).
(11) Unamuno usa la numeración de la Vulgata.
(12) “Jesús” (hebreo Yehosúa) quiere decir “Yahvéh salva” (Nota de la Biblia de Jerusalén).
(13) Véase nota 9.
(14) La frase de Pedro es el v. 27, y lo referente a las tribus de Israel el v. 28.
(15) La respuesta del grano de trigo es el v. 37.
(16) Lo relativo a la carne y los huesos es adición de la Vulgata (cf. Nota de la Biblia de Jerusalén).
(17) Todo el libro de Job, en especial los capítulos señalados.
(18) En realidad es una versión negativa de la llamada Regla de oro, que en los Evangelios aparece en forma
afirmativa.
(19) El texto de Isaías es: “Una voz clama: en el desierto…”. La de Unamuno es la versión de los LXX que
es la que citan los evangelistas (Mt 3, 3; Mc 1, 3; Lc 3, 4; Jn 1, 23).
(20) La caña en lugar de cetro no es de Juan sino de Mateo (Mt 27, 29).
(21) No es el caso de cuando en la página 251 dice “San Pablo de Éfeso”, pues sabemos por Hch 9, 11; 21,
39; 22, 3 que S. Pablo era de Tarso. Se trata de un “despiste” que ha pasado desapercibido también a
los editores. De hecho, en la página 145 Unamuno le llama correctamente: Pablo de Tarso.

BIBLIOGRAFÍA

  • ESCUELA BÍBLICA DE JERUSALÉN (Dir.)
  • Biblia de Jerusalén, Editorial Española Desclée de Brouwer, Bilbao, 1969.
  • UNAMUNO, MIGUEL DE, Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, Madrid, 1913 edición de Manuel García Blanco, Obras completas de Don Miguel de Unamuno, VII Meditaciones y Ensayos espirituales, Editorial Escélicer, Madrid, 1967, 109-302.

Obtenido de: http://opac.kansaigaidai.ac.jp:8080/cgi-bin/retrieve/sr_bookview.cgi/DB00000167/Body/link/r083_10.pdf

DE LA FANTASÍA CREADORA…

Este artículo explica el origen de las creencias desde un punto de vista de la teoría de la evolución. Obviamente,no estoy de acuerdo en absoluto,ya he visto el espíritu racionalista de este autor. Pero fiel a mis principios de no amargarme la vida con los racionalistas, lo publico, no porque me parezca correcta la interpretación que hace este comentarista de las creencias de los hombres, sino proque es la explicación racionalista de la vida que muchos,hoy en dia están creyendo.

Ahora, cuando los problemas los superen, cuando vivan vidas tan amargadas y fracasadas por haber quitado a DIos de sus vidas, quiero ver que nueva teoría inventan para ayudar a una humanidad que lo que mas le hace falta es “El pan de Vida”

San Juan 6:35-40 “ Y Jesús les dijo: Yo soy el PAN QUE DA VIDA. El que viene a mi, nunca tendrá hambre; y el que cree en mi, nunca tendrá sed. Pero como ya les dije, ustedes no creen aunque me han visto . Todos los que el Padre me da vienen a mi; y a los que vienen a mi, no los echare fuera. Porque yo no he venido del cielo para hacer mi propia voluntad sino para hacer la voluntad de mi Padre que me ha envidado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el día ultimo. Porque la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y CREEN en el, tengan vida eterna y yo los resucitare en el día ultimo.”

Paulo Arieu

DE LA FANTASÍA CREADORA…

AL NACIMIENTO DE LAS CREENCIAS

La inmersión del cerebro humano en un mundo de fantasía, evadido de la, a veces ,insoportable realidad, fue un evento comparable en su importancia a la aparición de la función reproductora en nuestros ancestros, pues, gracias a esa facultad, el hombre pudo continuar evolucionando mentalmente; de lo contrario todas las formas psíquicas nuevas hubiesen fenecido, para quedar estanco el proceso en la etapa hominizante primitiva y hoy el planeta quizás estaría poblado sólo de toscos pitecántropos.
Igual que la ostra marina que no ha experimentado cambios evolutivos en las profundidades de los océanos por no encajar ningún mutante derivado de ella en ese medio en que vive y a la cual sólo ella está adaptada en su especie, también el pitecántropo vagaría por el ambiente telúrico mutando continuamente sí, pero también manteniéndose invariable durante todas las generaciones futuras, porque todas las nuevas formas psíquicas más lúcidas estarían destinadas al fracaso al chocar con una realidad procelosa, amenazante y enervante de la voluntad de vivir.

Pero es necesario volver a advertir que la sola posibilidad de fantasear vanamente, no basta para sobrevivir. La mente puede crear seres inexistentes, torcer los acontecimientos desencajándolos de la realidad; idear escapes de la fatalidad; tornar posible lo imposible; triunfar de la idea de las desgracias y de la muerte poniendo al vuelo su imaginación creadora de nuevas posibilidades, pero todo esto no es suficiente. Se hace imperiosamente necesaria otra facultad que se sume a la anterior, que la complemente, que la haga valedera, y este factor es la creencia.

La creencia fue casi unida a la fantasía, pues su nacimiento estuvo fijado en una etapa muy próxima a la mutación que originó la fantasía. Es decir, pudo haber aparecido un poco después, pero no muy distante o quizás en forma simultánea. Resulta ser muy aventurada una recapitulación psicogenética minuciosa. Sólo nos queda el recurso de la especulación, pero lo positivo, lo que fuerza a la razón es la evidencia de una necesidad de creer cuando se trata de un psiquismo elevado, necesidad extensiva incluso a otras posibles formas de vida de aquellas lejanas galaxias, donde según algunos cosmólogos, se debe dar por descontado que existen las mismas condiciones azarosas, fatales, accidentadas, adversas e inseguras, que las que detectamos en nuestro planeta y en sus alrededores, incluidas nuestra galaxia y otras cercanas, cuyo estudio es posible realizar. Dudo que pueda haber psiquismo consciente elevado en condiciones ambientales amenazantes como las que nos rodean, sin la facultad de creer en algo o en alguien protector. Si ese algo o alguien necesario para otorgar seguridad existencial no existe en la realidad, entonces se lo crea mentalmente mediante la posibilidad que da la fantasía, es decir la facultad de combinar vivencias pasadas, abstraerlas de la realidad, proyectarlas mentalmente luego, para creer en ellas como si fuesen otras tantas vivencias con realidad exterior a la psique.

Pienso que si este fenómeno no ocurre en cualquier forma de vida de lejanos mundos, donde faltara una armonía en las relaciones individuo-naturaleza, no puede haber psiquismo elevado frente a lo tenebroso. Creo también que el arribar a esta etapa, es una condición sine qua non para lograr una inteligencia superior en esas condiciones.

Pero es una condición que no implica ninguna ley necesaria desde el punto de vista determinista. Es decir que, según creo, no existe en el Universo tendencia alguna por parte de los procesos llamados vivientes a lograr como corolario de su evolución un ser con inteligencia superior, sino que pueden existir incontables mundos lejanos poblados de seres vivientes, sin que necesariamente sean inteligentes Incluso la vida en muchos de estos mundos puede estar ya extinguida sin haberse alcanzado jamás un ser inteligente. Primero por no haber tendencia hacia ello y segundo porque no hubo formas derivadas de las anteriores que apuntaran casualmente hacia un perfeccionamiento intelectivo, porque se necesita de un azar muy grande para que un ser mute hacia un psiquismo elevado.

Veamos si no, los vegetales de nuestro planeta, formas de vida tan distanciadas de los animales y que, sin embargo, se dieron como episodio viviente terráqueo. Formas que muy difícilmente puedan arribar a una etapa psicógena, a pesar de la existencia de algunas pocas plantas sensitivas (Poseo en mi jardín varias plantitas de la sensitiva Mimosa pudica, cuyos folios se marchitan al menor contacto, para recuperarse al cabo de algunos minutos), que aún así y todo, se hallan abismalmente distanciadas del psiquismo animal.
De tal modo, resulta que lo acaecido en la biosfera de la Tierra debe ser un episodio muy poco probable en el Cosmos y por ende difícilmente repetible, pero, dada la dimensión colosal del Universo, algunos cosmólogos aceptan que hay más inteligencias en lejanas galaxias (uno de ellos fue el extraordinario Carl Sagan), mas lo sin duda imposible, es que un psiquismo en evolución precientífica logre una inteligencia superior, acompañando paralelamente a la realidad que se va revelando cada vez más cruda, como le ocurre al niño que va entrando en la pubertad dejando atrás el mundo de ensueños de la infancia.

Realidad cósmica y psiquismo elevado sin ciencia, son incompatibles porque la insoportabilidad generada conduce al desequilibrio psíquico que termina en locura o arrastra directamente al suicidio. Pero la creencia en algo irreal elaborado por la mente, salva a ésta del descalabro y el psiquismo puede continuar evolucionando por desgajamiento de formas inviables, unas de las cuales son precisamente las carentes de fantasías y creencias. Sólo podrán sobrevivir en esta última condición, supuestos seres inteligentes sin conciencia real del peligro, con mentes inocentes, habitantes de un planeta con superabundancia de recursos y donde se hayan conjugado varios factores que garanticen una protección completa contra los embates de la fatalidad.

El aferramiento a causas y hechos reales o imaginarios supuestamente sólidos que convienen al sostenimiento de la existencia

La creencia supone una adhesión a una idea. El grado de acercamiento hacia la realidad por parte de una idea depende del caudal de conocimientos que posee el individuo; así, de este modo es posible una depuración de las ideas falsas a medida que se sabe más acerca de cómo las creencias cabalgan sobre las ideas, aquellas se van aproximando cada vez más hacia la realidad, a esa realidad que fue abandonada por revelarse insoportable durante el proceso de hominización (transformación del animal primitivo en hombre).
Esto parece ser una paradoja. Primero, el ser consciente huye de la realidad hacia un mundo fantasioso más seguro, luego ese ser a medida que va adquiriendo conocimientos, se aproxima otra vez a la realidad, describiéndose como un arco si trasladamos estos hechos psíquicos a un sistema de coordenadas.

Por ahora voy a hablar de la primera etapa de la evolución psíquica, es decir, de la que ha exigido una huida de la realidad mediante creencias adheridas a ideas fantasiosas muy alejadas de aquélla.

Primero está la elaboración mental, que luego se toma igualmente como objeto. Después está la adhesión a esa idea objetivada, la creencia en ella.

Si esa idea sobre el objeto es saludable, sirve de asidero ante el naufragio psíquico; si la idea que se forma sobre el objeto es de peligrosidad, de posibilidad de causar daño, también surge una creencia saludable de ello, aunque el objeto esté muy lejos de ofrecer peligrosidad alguna, pero desde el momento en que se cree conocer las propiedades de un objeto para no sufrir daño esto ofrece seguridad. Esto viene dado por experiencias anteriores con cosas verdaderamente dañinas que provocaron sufrimiento. Las experiencias de este tipo acumuladas son trasladadas a ideas imaginarias y a su vez a cada hecho nefasto se le opone imaginariamente un antídoto, una creación mental que puede aniquilar el mal como si éste fuera una entidad real palpable, o por lo menos ahuyentarlo. La idea sobre el mal es otra creación mental junto a la idea del bien y el dualismo aparece como una consecuencia lógica de estas tres cosas: primero del daño real experimentado por el ser consciente, luego por la oposición natural de éste, por una rebeldía frente al sufrimiento, y finalmente por la experimentación de bienestar en los momentos felices.

Estas dos elaboraciones mentales, el “bien” y el “mal”, constituyeron las piezas claves de toda creencia primitiva, y la principal preocupación de nuestros lejanos ancestros ha sido el ahuyentar el mal y atraer el bien frente al proceloso y enigmático mundo que los rodeaba.

Toda la ocupación mental en el terreno de la fantasía-creencia se hallaba abocada al aferramiento a causas, hechos y cosas tenidos por sólidos, por seguros, en cuanto a su conveniencia para el sostenimiento existencial.

Así, frente a los peligros que acechaban desde las sombras al primitivo que salía de cacería por la selva, aparece, por ejemplo, el amuleto que le protege. Una piedra, un hueso, una pluma de ave, una ramita de forma caprichosa… todo puede servir de protección frente a las fieras, a los enemigos congéneres, a las enfermedades y accidentes.

Ese aferramiento a cosas diversas implica creencia, no en el objeto en cuanto tal, sino en cuanto se le atribuyen propiedades mágicas, una especie de mana (del lenguaje de los melanesios, palabra adoptada por los antropólogos), algo que está allí contenido, que posee poder.

De esta manera, provistos de objetos con poderes extraordinarios, capaces de realizar cosas fuera de lo común, la rama hominizante pudo afrontar temerariamente los peligros de la naturaleza y luchar con más confianza contra sus propios congéneres enemigos.

Detrás de lo amuletos y talismanes campeaba, como telón de fondo, la idea de un mundo mágico donde todo era posible. Los objetos protectores constituían los poderes para torcer favorablemente los acontecimientos de ese mundo plástico, donde las posibilidades siempre se multiplicaban mediante la fantasía.

Además de ahuyentar los males portando consigo un amuleto, era necesario también conocer las causas de los daños; entonces nacían ideas sobre causas supuestas en las que se creía y de esta manera se podían invocar esas causas casi siempre personificadas por el natural antropomorfismo y aplacar sus iras como si se tratara de entes con voluntad o de lo contrario tratar de destruir o evitar esas supuestas causas tenidas por auténticas, para de esta manera vivir en seguridad. Ejemplos: palabras mágicas como causas de enfermedad o muerte; un animal inofensivo, pero repulsivo por su aspecto, cuya sola presencia podía ser causa de daño; figuras formadas por objetos capaces de atraer desgracias y otras imaginaciones.
También ciertos hechos pueden significar malos augurios y ser tomados como señales de futuros acontecimientos (presencia de aves de mal agüero, mariposas que auguran desgracias, murciélagos que personifican al demonio, como ejemplos de la actualidad).

Ese mundo mágico poblado de existencias fantásticas con posibilidades infinitas también daba lugar a cosas y hechos malignos desconectados de los que necesariamente tenían que ser aceptados para explicar la injusticia. Es decir, que la mente creaba también elementos nocivos gratuitamente, para temerles luego sin necesidad alguna.

Esto se explica por la común y continua deriva de los hechos físicos del Cosmos, que varían sin cesar, apuntando en todo sentido, sin ordenamiento.

También la mente, que es un conjunto de hechos físicos, desvaría en todo sentido, creándose incluso enemigos imaginarios que nunca existieron ni existen, para padecer luego bajo sus influjos.
Pero esto no agrava ni mejora las relaciones psicoambientales del individuo, porque siempre se encuentra actuando la panacea preelaborada: el mundo mágico donde todo es posible; por cuanto aún aquellos enemigos imaginarios pueden ser dominados mediante influyentes palabras, signos, danzas u objetos mágicos que poseen ciertas virtudes.

Pero todas estas cosas son creídas porque existe en el homínido una constante necesidad de creer en algo, aunque este algo sea dañino, porque permite el reaseguramiento frente a lo incierto mediante un conocimiento aunque sea falso, a fin de dar forma a lo tenebroso, a lo desconocido.
Una vez supuestamente conocida la causa del mal, el origen de los hechos, las señales del mal agüero, la psique ya sabe a qué atenerse, porque su mundo es mágico y todo puede ser posible por cuanto la inseguridad cede.

Todo lo dañino puede ser dominado, los acontecimientos futuros, ese destino incierto creador de angustia, enervante para una psique desprovista del mecanismo fantasía-creencia, puede ser previsto mediante señales que permiten evitarlo o puede se desviado mediante poderes desatados por amuletos, palabras o ritos.

Entre las creaciones mentales más eficaces para paliar una de las más martirizantes realidades en que consiste la muerte, es el alma inmortal como ente separado del cuerpo, de lo físico.
Esta idea tuvo que haber nacido en los tiempos primitivos en el homínido, ya que en virtud de la creencia en ella se triunfa de la atroz muerte.

La salida mental de ese inevitable trance se puede considerar un hecho ingenioso si se quiere, en el ciego desarrollo psicogenético. Ingenioso en cuanto apreciado hoy por el hombre, pero que en sí fue un acaecer físico más, como la probóscide de los proboscidios que tuvo éxito, dada su utilidad.

La muerte como transición hacia la nada es una idea atroz, decepcionante, como una posibilidad de caer en el vacío que provoca desesperanza. En cambio la vida futura es un bálsamo que atenúa el horror a la muerte; por ello todos aquellos individuos que poseían la tendencia hacia la creencia en esa creación mental se aferraron a ella, constituyendo esto un común denominador de todos los pueblos de los diversos continentes.

Creyeron desde tiempos remotos en el alma inmortal, tanto los euroasiáticos, como los africanos, amerindios y oceánicos.

Tenemos entonces varias creaciones psíquicas, a las que se ha aferrado el hombre, tomadas como unos objetos más, convenientes a la existencia, cuyas causas surgen en la mente como necesidades para la fuga de la realidad enervante; entre ellos tenemos como relevantes el bien, el “mal” y el “alma”, cuyas representaciones son antropomórficas, es decir se las imagina como seres con figura humana (ángeles, demonios, aparecidos, etc.).

Luego tenemos a los objetos inanimados, los animales y las plantas, a los que se atribuyen poderes para influir en ese mundo mágico maleable, preconcebido.

El afianzamiento en las creencias escogidas por selección de causas y hechos que se adecuan a ellas

De la heterogeneidad de cosas, causas y hechos reales que rodearon al Homo incipiente, junto con las elaboraciones mentales de cosas, causas y hechos de la ficción, fueron elegidos sólo algunos elementos adecuados a las creencias necesarias.

En cada pueblo se fueron seleccionando diversos elementos, cuyas creencias en ellos se fueron incorporando a la tradición, afianzándose de esta manera.

Una vez arraigada una creencia, ya era aceptada luego, sin más, como algo sólido, de existencia indiscutible como el Sol, la Luna, las estrellas, las montañas y los ríos.

Poco a poco fueron naciendo conjuntos de creencias que iban pasando de generación en generación, aunque a través del tiempo se iban sumando nuevos elementos, mientras se perdían otros en el pasado remoto, dado el dinamismo transformativo de todo lo relativo el mundo humano, como la inmortalidad del alma, la magia y los seres representantes del bien y del mal.

El mecanismo de salvación del naufragio psíquico frente a la, a veces, insoportable realidad, consistió entonces en la facultad de crear imaginariamente, mediante combinaciones de vivencia pasadas, un mundo de fantasías donde todo era posible, primer paso de la evasión de la realidad. Luego surge casi concomitantemente a eso, la creencia en esas fantasías mentales, en especial en aquellas que convenían a la seguridad frente a las posibles desgracias.

Estas son las razones de la existencia de tantas pseudociencias del pasado que hasta hoy se arrastran y otras nuevas que se inventan continuamente hoy ya con picardía, para vender libros y revistas, realizar conferencias pagas sobre esos temas y otras “estrategias” con el fin de obtener ganancias monetarias a costa de los creyentes; dinero que, mediante colectas, más valdría otorgárselos directamente a los pobres y enfermos antes de quedar en los bolsillos de los charlatanes.

Ladislao Vadas

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EL SUDARIO DE TURIN

EL SUDARIO DE TURIN
UNA FALSA CREENCIA DESENMASCARADA POR LA CIENCIA

Uno de los “misterios” o “milagro” más famoso y controvertido, ha sido sin duda la imagen del sudario de Turín. La imagen desvaída de un crucificado se halla en una tela de lino de 4,40 por l,40 metros (se citan distintas medidas que varían en centimetraje). Se puede apreciar allí la imagen “siamesa” de dos formas humanas, una frontal y la otra dorsal Se trata de un hombre de 1,80 metros de alto, de unos 30 años de dad -se dijo-, con heridas en las muñecas, pies, frente y costado, con marcas de latigazos en la espalda y piernas. Los entendidos afirman que esas marcas de las heridas se hallan precisamente en los lugares correspondientes a las crucifixiones practicadas por los romanos. ¡No podía tratarse de otra cosa entonces. que de la sábana que envolvió a Jesucristo en el sepulcro de José de Arimatea, el amigo de Jesús, según consta en los evangelios!
Como todas las cosas relacionadas con la religión, el santo sudario está rodeado de misterio.
Parece ser que fue el caballero francés, Godofredo de Charny quien primero lo poseyó. Fue expuesto por primera vez en el año 1357. Luego fue trasladado a Italia para ser también exhibido allí y más tarde vovió a Francia. A raíz de un incendio en 1532 en una capilla de Chambéry, la tela sufrió un ligero daño.
Finalmente fue enviada a Turín donde quedó depositada permanentemente.
Una legión de estudiosos -se calculan unos trescientos- se ocupó de comprobar la autenticidad de esta famosa reliquia. Incluso se realizó en 1951 nada más ni nada menos, que un primer congreso internacional con sede en Turín y Roma para confirmar el relato evangélico sobre la Pasión de Cristo a través de las huellas impresas en la “Sábana Santa”. ¡Bueno… cosas de religiosos de “raza”!
La ciencia no estuvo ausente: químicos, médicos, arqueólogos, sin faltar los fotógrafos, acudieron para develar el “misterio”.
Esta “ciencia” (pseudociencia) investigadora de lo sagrado, se denomina sindonismo.
Pero no sólo eso. Incluso un criminólogo y politólogo suizo (Max Frei) se interesó en el tema y estudió el polen en la tela ( Diario La Nación, Buenos Aires, 23/3/86, 4a. sección, pág. 2) hallando pólenes de Palestina y Turquía. También intervinieron luego técnicos nada menos que de la NASA desde 1978. La imagen fue fotografiada y uno de los trabajos consistió en mediciones biométricas que se emplean para la confección de los trajes espaciales, técnica con la que se obtuvo una vista tridimensional “del Cristo” en la sábana, mediante un barrido con un haz de luz del negativo, línea por línea (como lo hace el haz electrónico en un tubo de televisión) y otras técnicas complejas con intervención de una computadora. De este modo se pudo saber que ¡No existió pincelada alguna que pudiera interpretarse como la obra de un falsificador! (Duda).
En el mes de octubre de 1978, luego de haber sido exhibida la amarillenta sábana, las autoridades del Vaticano la pusieron a disposición de treinta hombres de ciencia y técnicos estadounidenses, quienes la estudiaron durante cinco días llegando a la siguiente conclusión: la imagen era insustancial y se había formado de la degradación de la celulosa de la fibra de lino probablemente por oxidación y deshidratación. (Diario Clarín, Buenos Aires 16-3-82, pág. 23 sección Ciencia y técnica). Las manchas de sangre -Scott Rogo dice en su libro (ob. cit. pág 100), que “no existen manchas de sangre auténtica en el sudario”, y esto es importante para confrontar aquí las distintas versiones que confunden a los lectores-, observan restos de porfirina, sustancia que integra la hemoglobina. Se encontraron además partículas de polen, también óxido de hierro, fragmentos de pintura y seda, vestigios de ropa y carbonato de sodio que ha sido empleado en el Mediterráneo para desecar cadáveres. Es de señalar que no se hicieron pruebas de antigüedad de la pieza con el método del carbono 14 (con un margen de error de 100 años) para no dañar el lienzo.
Bien, hasta aquí, y con el beneplácito de sus adoradores, todo parecía confirmar el milagro del santo “sindón” que permanecía envuelto en el halo del misterio a pesar de las investigaciones científicas. Mas ahora peguemos un salto y pasemos a octubre de 1988. Según un informe procedente de Turín, Italia, “El santo sudario, mencionado por muchos cristianos como el auténtico lienzo con que Jesús fue envuelto después de su crucifixión y muerte, demostró, por pruebas con carbono 14, que data (nada más ni nada menos ) que del siglo XIV, informó hoy la Iglesia” (Diario La Nación, Buenos Aires. 14/10/88, pág. 4)
Esto es, ¡se demostró que no era auténtico!
¡Por fin la prueba del carbono radiactivo! ¡Y se acabó el milagro!
Como todos los casos atribuidos a lo sobrenatural (pura falsedad), la demostración de la “autenticidad” de la imagen de Cristo terminó en un rotundo fracaso.

Lo paradójico clama a gritos: luego de haber sido comprobada para muchos su autenticidad, incluso por la presencia de polen palestino en el lienzo ¡prueba entonces irrebatible!. pues se confirmaba que la pieza había estado en la patria de Jesucristo; y después de haberse especulado sobre el modo sobrenatural en que se habría fijado la imagen del dios “cocreador” del universo hecho hombre, ¡todo resultó ser una falsificación! ¡El “santo” sudario no es auténtico! ¡El presunto milagro, una mentira!
Viene al caso mencionar que, gracias a las corridas de sangre estampadas, también se ha querido ver allí, como en una película, incluso los movimientos del cuerpo expirando en la cruz con sus convulsiones. Se dice que Jesús murió de asfixia porque el peso de su cuerpo suspendido cerró poco a poco sus pulmones (aunque no se explica por qué durante el breve tiempo del suplicio que padecieron las tres personas, no murieron también los dos ladrones crucificados con Cristo), y las impresiones de las corridas de sangre del sudario mostraron que varias veces se irguió para recuperar aliento. Esto dijeron los especialistas anteriormente al análisis con carbono radiactivo. ¡Qué golpe para ellos habrá sido el resultado del análisis! ¡Qué hábil tuvo que haber sido el fraguador del lienzo! ¡En qué ridiculeces caen los devotos por causa de la fe ciega!
¡Pero los místicos no dan brazo a torcer! ¿Saben amigos lectores escépticos, qué dicen ahora los creyentes?
Que a pesar de todo existe un misterio, pues el problema es el origen de la imagen y su conservación. Incluso se ha sugerido que, aunque la impresión date del siglo XIV. no importa ¡hay que aceptar el milagro de su aparición en la tela por causas naturales! Es como si alguien se preguntara por el origen de las pinturas de Rubens o las fotografías del planeta Marte, sin conocer a los autores, para concluir que fue algo sobrenatural.
Si bien los exámenes de tres laboratorios -de Inglaterra, Estados Unidos y Suiza- demostraron con una certeza del 95% que el paño databa de entre los años 1260 y 1390, los funcionarios del Vaticano dijeron que era digno de veneración: “Esencialmente tenemos un objeto incomprensible, extraordinario Ahora conocemos su antigüedad pero no su origen” dijo el profesor Luigi Gonnella, consejero del cardenal de Turín, Anastasio Ballestrero custodio de la famosa reliquia. Estas expresiones llevan implícita la idea de que la existencia de la imagen impresa continúa siendo un milagro, un hecho sobrenatural obrado por el mismo dios judeocristiano. De todos modos ¡el prodigio está ahí, a la vista: sólo las generaciones futuras, después de XIV siglos de la Pasión, tuvieron el privilegio de conocer la imagen de Cristo sepultado en Jerusalén antes de resucitar, y esto por obra y gracia de “los poderes superiores”.
Pero hay más. Ante el fracaso de las prueba de su autenticidad, no ha faltado quien comparara este “milagro” con la teoría del origen del universo en un big-bang, para preguntarse sobrecogido: “¿Habrá estado expuesto el Síndrome de Turín a una especie de moderno big-bang hace unos 2000 años? Este big-bang pudo haber tenido características energéticas únicas, no entrando acá a discutir consideraciones religiosas o teológicas”. (Véase: diario La Nación, Buenos Aires 7-12-88 “Cartas de lectores”, con el titulo: “Impresión enigmática”.
También se ha insinuado que el “fenómeno” de la impresión de la imagen, sin bien una obra divina, ha sido producida por un proceso natural, de tipo radiactivo que ha cambiado la naturaleza de las fibras de lino.
En un artículo de Claude Pierre-Utard, aparecido en el diario La Nación, de Buenos Aires el 23/3/86 (4a. sección, pág. 2) titulado La ciencia examina el Santo Sudario, se dice: “El padre Mosé, en una de sus emisiones: Entre la fe y la duda, evocó las características de la explosión atómica cuyas imágenes están grabadas en nuestra mente tanto como en las paredes y veredas de Hiroshima. Después del Congreso del 78. en Pasadena. en la NASA siguieron las investigaciones y llegaron a la conclusión de que todas las marcas del Sudario son superficiales, son unas quemaduras ligeras como el resultado de una chispa intensísima de una duración infinitesimal, una explosión de vitalidad sobrehumana que desplazó la piedra de la entrada del sepulcro, mientras el cuerpo del Señor se ‘deslizaba’ a través de las telas, recuperando íntegramente su Ser, hasta el más mínimo coágulo de sangre -no se encontró ninguno- dejando toda su mortaja ‘en el lugar anterior’…
“El profesor Hovelacque que había dicho a su discípulo, el doctor Barbet manifestó: ‘… pero entonces, en rigor de verdad, Cristo resucitó… ‘Después de oir en Pasadena a los técnicos Jackson y Jumper, un periodista, un tal Volpe, miró a los sabios que callaban, miró el rostro del lienzo y preguntó si entonces estas marcas eran resultado de una explosión de energía atómica, de tanta fuerza que había transferido al lienzo la imagen del cuerpo. Contestaron que sí. Entonces Volpe concluyó: “Este sudario testimonia un acontecimiento de porte increíble, pues aquel hombre era Dios y resucitó: aquí está la prueba’…”. (La bastardilla me pertenece).
¡En fin! Repetimos: ¡hay de todo en la viña del “Señor”! Y cuando lo sobrenatural ya deja de convencer, se echa mano de la ciencia para explicar infructuosamente los “milagros”.
Lástima que, la alianza entre religión y ciencia represente un peligro de naufragio de aquella, pues el peor enemigo de la religión es precisamente ¡la ciencia! que se distancia cada vez más de ella y el resultado final ha sido la desmitificación del Santo Sudario.
Si bien algunos sostienen que en nuestros días religión y ciencia se aproximan apelando a las modernas teorías del big-bang que nos hablan de una creación de la nada, y a ciertos hechos desconcertantes en el micromundo de la física cuántica, no parecen advertir que en estos casos, lejos de constituir hechos demostrados – quizás para quedar bien con el Génesis bíblico – que mañana pueden desaparecer reemplazadas por otras interpretaciones del universo, la materia y la energía, de acuerdo con el avance de las observaciones.
Pero a pesar de todo, la Iglesia dice que: “así y todo es incomprensible cómo pudo haber aparecido en el lienzo una imagen que no es pintura, ni tiene pigmento. Sabemos que las manchas rojas son de sangre, pero no conocemos ningún mecanismo de la Edad Media con el que se pueda poner sangre en una tela y simular tan complejos detalles” (Según Luigi Gonnella, asesor científico del arzobispado de Turín). (Diario La Nación, Buenos Aires, 14-10-88).
Ante esta intrigante aseveración, ¿qué tal si yo propongo la explicación que sigue?: Algún fanático de la Edad Media, con deseos fervientes de demostrar fraudulentamente que la resurrección de Cristo fue auténtica, decidió allá por en los tiempos del caballero francés Godofredo de Charny, impregnar su propio cuerpo con algún ungüento y manchar sus manos, pies, costado, cara y espalda con sangre, para simular las heridas de Cristo, envolverse en una sábana, transpirar allí, y desenvolver el lienzo para obtener de este modo las marcas que durante casi 700 años mantuvieron intrigados a los fieles judeocristianos.
Existen libros editados hace muchas décadas, que en sus hojas amarillentas presentan toda clase de manchas, efectos acentuados del manoseo. Tengo en mi poder una Biblia editada en 1917 que presenta esas particularidades. También es sabido que los velos de novia, al cabo de los años muestran marcas marrones en las partes que tocaron las manos, la frente y la nariz de la desposada. La transpiración, la grasitud del cuerpo, los ungüentos y lociones, pueden imprimir marcas indelebles en los objetos, sobre todo si son de origen celulósico, que se va acentuando con el tiempo ¡Y esto es todo el milagro!

Nota:

El autor de este artículo, opina que «El milagro es un imposible, no existe ni aquí en la Tierra, ni en rincón alguno de la Vía Láctea, ni puede existir en ninguna parte de ninguna otra galaxia a millones de años luz de nuestro planeta. Todo es natural en el Universo, lo confirman la astronomía y la cosmología. » Entiendo que este hombre es un ultrafundamentalista ateo, incrédulo acérrimo, antisobrenatural al máximo!!!

El culto a las reliquias de verdad que es un absurdo, formo parte de las creencias del catolicimso del medioveo y sigue hasta nuestros días.

Pero todos esos excesos, fruto de la ignorancia y del abandono del estudio de las sagradas escrituras, no deben hacernos dudar de la autenticidad de Cristo. El culto a las reliquias, no esta decretado por el Señor en ninguna parte de las escrituras, y  no nos hablan de Cristo para nada, solo de la superstición del hombre, que en su ignorancia, adora lo que no conoce.

Me alegro que se haya descubierto el fraude de la sabana santa, asi la  gente no cree en estupideces.

Paulo Arieu

Autor del Artículo: Ladislao Vadas,

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