ACCIDENTE ESCOLAR EN UN CENTRO DE MONTGAT


ACCIDENTE ESCOLAR EN UN CENTRO DE MONTGAT

Varios padres del colegio dicen que el juego de la asfixia era habitual

  1. La dirección afirma que desconocía que los alumnos competían a cortarse la respiración
  2. El niño ha recuperado la función pulmonar pero no ha trascendido si sufre alguna secuela
JOAN CORTADELLAS
Varios niños se dirigen a la escuela Mireia Marina de Montgat, ayer por la mañana. Foto: JOAN CORTADELLAS

Varios padres de alumnos de la escuela concertada Mireia Marina de Montgat (Maresme), el centro donde el martes por la tarde encontraron en el lavabo a un niño de 9 años en situación de asfixia completa, afirmaron ayer que sabían, por sus hijos, que algunos menores jugaban a la toalla, una peligrosa competición que consiste en ver quién es capaz de pasar más tiempo sin respirar, mediante la estrangulación con dicha prenda. El menor, que permanece en una unidad de cuidados intensivos del Hospital de Vall d’Hebron de Barcelona, recuperó ayer al mediodía la respiración espontánea.

Fuentes médicas indicaron que el pequeño restableció la consciencia y la capacidad de orientación. No se indicó si sufre algún tipo de secuela neurológica debida al tiempo que permaneció sin que el cerebro recibiera oxígeno. Ese lapso –el que transcurrió entre el accidente y la llegada de la ambulancia que le facilitó respiración artificial– definirá el futuro fisiológico del menor.

MUTISMO OFICIAL
Oficiosamente, la dirección del colegio negó tener constancia alguna de que el alumnado practicara el juego de interrumpirse la respiración cronometrando el aguante pulmonar. “¿Cómo es posible que los profesores de la escuela no se hayan enterado de nada?”, se preguntaba ayer una madre a la entrada del centro.
Las familias expusieron opiniones divergentes sobre este punto: unas aseguraron desconocer el juego y otras reconocieron lo contrario. La escuela no se ha manifestado públicamente para dar una explicación de lo sucedido. Algún profesor también sostuvo que “el equipo docente no se había percatado en ningún momento” de que los alumnos se entretuvieran con esta peligrosa práctica. Aun así, según explicó una de las madres que conocían el juego, los alumnos del ciclo superior de Primaria ya tenían prohibido ir al lavabo en grupo precisamente para evitar que compitieran con la toalla que está sujeta a una barra junto a la puerta de dicho servicio.
“Son niños y no tienen conciencia de que son juegos peligrosos”, afir-
mó otra madre. Aunque muchos de los progenitores defendieron que se trata de una “buena escuela” y que lo sucedido “ha sido un accidente que podría haber pasado en cualquier otro colegio”, sí consideran necesario que la dirección dé una explicación de lo sucedido, para tranquilizar a los padres y “por la propia imagen de la escuela”, indicaron.
Si este grave accidente hubiera sucedido en una escuela pública –el Mireia Marina es concertado–, el episodio, y la práctica anterior del juego, hubieran sido comunicados a la inspección de Educació, aseguraban ayer fuentes educativas. Al tratarse de un centro privado, esa eventual información solo se producirá si la dirección del centro lo cree conveniente, ya que se trata de una empresa a la que la Generalitat financia el sueldo del profesorado.

De ahí que, indicaron, es muy probable que la conselleria no llegue a disponer de más información que la que proporcionen las investigaciones que están desarrollando los Mossos d’Esquadra y la Direcció General d’Atenció a la In-
fància i l’Adolescència. De momento, no ha trascendido en qué circunstancias ocurrió el accidente, cuantos niños estuvieron implicados y qué tiempo pudo estar inconsciente el pequeño lesionado. La escuela Mireia Marina percibe una cuota de las familias a cambio de asegurar que el alumnado estará seguro fuera de las horas lectivas.

Una célula cerebral sana, una neurona, puede permanecer entre cinco y 10 minutos sin recibir oxígeno. Pasado ese tiempo, empieza a sufrir lesiones que serán irreversibles, explicó ayer el neurólogo Jordi Pascual, del Hospital del Mar de Barcelona. La gravedad de esas secuelas depende de la edad del afectado: los niños resisten más, dijo.

La anoxia –falta absoluta de oxigeno– y la hipoxia –disminución de la oxigenación necesaria– alteran en primer lugar las funciones intelectuales, afirmó. En su grado más elevado, provoca que el individuo quede en estado vegetativo: corazón, pulmones y riñones funcionan, pero no hay actividad neuronal.

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