¿Cual es la ocasión?

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viernes 9 de mayo de 2008

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Qué habría pasado si él no hubiese nacido?

Qué habría pasado si él no hubiese nacido?

por Efrén Pagán Irizarry


Tomado de El Centinela®
de Diciembre 2006

La humanidad en general, y la ciencia en particular, se enorgullecen de los numerosos adelantos científicos de esta era. Sin embargo, el ego, el orgullo propio que esto suele alimentar, pronto queda frustrado a causa de desafíos siempre crecientes. Por ejemplo, a pesar de los progresos en el conocimiento y en las destrezas en beneficio de la procreación/concepción, cuidado prenatal y neonatal, siguen muriendo miles de fetos y bebitos en todos los países del mundo, incluyendo los llamados países más desarrollados.

Recientemente sufrimos la tristeza de perder un nuevo miembro de nuestra familia. Nació prematuramente y sus pulmones no estaban lo suficientemente desarrollados como para hacer frente a la vida fuera del benigno vientre materno. Moisés Muñiz Pagán falleció unas pocas horas después de nacer. Pensar en lo que esta amada y esperada criatura pudo haber sido si hubiese tenido la oportunidad de seguir viviendo, es pura especulación.

Nadie parece indispensable

Si los hermanos Wright no hubiesen nacido, de todas maneras tendríamos innumerables aviones surcando los cielos. Otros hombres y mujeres, en diversas partes del mundo, estaban buscando maneras en que los seres humanos pudiésemos usar el aire como vía para la transportación. Lo mismo pudiéramos decir de aquellos a quienes se les acredita el comienzo de la comunicación inalámbrica, de la tecnología digital, etc. Si no hubiesen sido ellos, otros hubiesen recibido el crédito.

De paso, si yo no estuviese escribiendo este artículo, otro lo estaría haciendo o podría haberlo hecho ya. Bien dijo Salomón, el rey sabio: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después” (Eclesiatés 1:9-11).

Un caso único

Para lo que acabamos de postular, sólo hay una excepción: Jesús. Piense, ¿qué hubiese pasado si Jesús no hubiese nacido?

El caso de Jesús es una excepción, porque él no era un simple ser humano. Su nacimiento fue predicho, pero esto no lo hace una excepción. El nacimiento de Josías, rey de Judá, también fue predicho, tres siglos antes de que ocurriese (ver 1 Reyes 13:2).

El caso de Jesús es excepcional porque es el único ser que existía antes de nacer (Hebreos 10:5, 7). Su nacimiento no marcó, como en todos los demás casos, el inicio de su existencia; sólo marcó el inicio de su existencia como ser humano. Él mismo indicó que era anterior a Abraham (Juan 8:57,58). Declaró ser uno con el Padre Celestial (Juan 10:30-33; 17:10, 11). Señaló su unidad con el Padre metafóricamente como algo que existía a todo lo largo del pasado (Proverbios 8:22-30).

Un evento ansiosamente esperado por cuatro mil años

La venida de Jesús en carne humana fue anunciada a Satanás en el Edén, en presencia de nuestros primeros padres: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Eso ocurrió cuatro mil años antes del nacimiento de Jesús. A lo largo de ese período, se dieron otros claros detalles.

A través del profeta Miqueas, se anticipó que Jesús nacería en Belén: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2). Esa aldea había cobrado renombre entre los israelitas por ser el lugar en donde murió y fue enterrada Raquel, esposa de Israel (Génesis 35:19; 48:7); y por ser el lugar en donde nació Obed, el abuelo del rey David, de una moabita convertida al Dios de Israel (Rut 4:11-17).

A través del profeta Isaías se dio como un hecho el nacimiento de un niño destinado a ser rey: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6, 7).

No sólo estaba destinado a ser rey (“el gobierno estará sobre su hombro”); también sería reconocido y llamado “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”, todos estos, títulos de la Divinidad. El que iba a nacer en Belén de Judá era Dios: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel [Dios con nosotros]” (Isaías 7:14).

Si Jesús no hubiese nacido

¿Si Jesús no hubiese nacido?… Si Jesús no hubiese nacido, los pastores no hubiesen escuchado el canto de las huestes angelicales sobre las colinas de Belén, el canto más glorioso jamás escuchado por oídos mortales: “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (S. Lucas 2:13, 14).

Si Jesús no hubiese nacido, el justo y piadoso Simeón, un hombre de quien se dice que “el Espíritu Santo estaba sobre él” (S. Lucas 2:25), hubiese muerto sin consuelo, porque “le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (vers. 26). Pero Jesús nació y Simeón lo vio y lo reconoció y, profundamente emocionado, tomándolo en sus brazos, alabó a Dios y, después de los pastores de Belén, fue el primer ser humano que honró al recién nacido: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (vers. 29-32).

Si Jesús no hubiese nacido, la raza humana no tendría Salvador, ni salvación, porque sólo había uno, en todo el vasto universo, que podía satisfacer las demandas de la ley de Dios, rechazada por los pecadores: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Si Jesús no hubiese nacido, tampoco hubiese muerto y resucitado y todos los que han muerto estarían perdidos para siempre: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:14-19).

¡Jesús nació!

¿Si Cristo no hubiese nacido?… ¡Dése palmadas en las mejillas, felicítese usted mismo! ¡Cristo nació! ¡Cristo nació! ¡Cristo nació! ¡Diga conmigo y con los ángeles: “Al mundo paz, nació Jesús”! Repose tranquilo, mientras entona el himno: “Noche de paz, noche de amor…” Dios lo bendiga mucho!!


El autor es pastor y tiene un doctorado en Ministerio. Actualmente desempeña la función de secretario de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Puerto Rico.

¿Qué es biodiversidad?

¿Qué es biodiversidad?

López Vega era parte de un proyecto internacional, gestado durante dos décadas, que tenía como objetivo principal conservar la mayor diversidad posible de seres vivos. Aunque fantástico, el relato anterior refleja algo que es parte de nuestra realidad cotidiana de finales del siglo XX, y que resulta de gran importancia: la crisis de la BIODIVERSIDAD. Pero, ¿qué quiere decir biodiversidad? Los científicos, que tienen la obsesión de dar nombres extraños incluso a las cosas más simples, crearon esta palabra para referirse a la totalidad de seres vivos que habitan y habitaron el planeta. Claro que no sólo le dieron un nombre, sino además la definieron: biodiversidad es la variedad y variabilidad de los seres vivos y de los complejos ecológicos que ellos integran. Entre nosotros, biodiversidad es sinónimo de “diversidad de la vida” o “diversidad biológica”.

El Valor de la Biodiversidad

El valor esencial de la biodiversidad reside en que es resultado de un proceso histórico natural de gran antigüedad. Por esta sola razón, la diversidad biológica tiene el inalienable derecho de continuar su existencia. El hombre y su cultura, como producto y parte de esta diversidad, debe velar por protegerla y respetarla.

Además la biodiversidad es garante de bienestar y equilibrio en la biosfera. Los elementos diversos que componen la biodiversidad conforman verdaderas unidades funcionales, que aportan y aseguran muchos de los “servicios” básicos para nuestra supervivencia.

Finalmente desde nuestra condición humana, la diversidad también representa un capital natural [7]. El uso y beneficio de la biodiversidad ha contribuido de muchas maneras al desarrollo de la cultura humana, y representa una fuente potencial para subvenir a necesidades futuras.

Considerando que la diversidad biológica desde el punto de vista de sus usos presentes y potenciales y sus beneficios, es posible agrupar los argumentos en tres categorías principales.

La evaluación de la biodiversidad
Parámetros

La diversidad es una propiedad fenomenológica que pretende expresar la variedad de elementos distintos. Como cualidad fundamental de nuestra percepción, sentimos la necesidad de cuantificarla. El desarrollo de una medida que permita expresar de manera clara y comparable la diversidad biológica presenta dificultades y limitaciones. No se trata simplemente de medir una variación de uno o varios elementos comunes, sino de cuantificar y ponderar cuantos elementos o grupos de elementos diferentes existen. Las medidas de diversidad existentes pues, no son más que modelos cuantitativos o semi-cuantitativos de una realidad cualitativa con límites muy claros en cuanto a sus aplicaciones y alcances. El desarrollo de un concepto matemático lógico y coherente para la modelación de la diversidad biológica a nivel específico y genético ha sido bastante explorada y presenta un cuerpo sintético y robusto. La modelación de la diversidad a nivel de ecosistemas es más reciente, y se ha visto beneficiada por los adelantos tecnológicos (como los SIG [9]. Las medidas de diversidad más sencillas consisten en índices matemáticos que expresan la cantidad de información y el grado de organización de la misma. Básicamente las expresiones métricas de diversidad tienen en cuenta tres aspectos:

  • Riqueza: Es el número de elementos. Según el nivel, se trata del número de alelos o heterocigosis (nivel genético), número de especies (nivel específico), o del número de habitats o unidades ambientales diferentes (nivel ecosistémico).
  • Abundancia relativa: Es la incidencia relativa de cada uno de los elementos en relación a los demás.
  • Diferenciación: Es el grado de diferenciación genética, taxonómica o funcional de los elementos.

Cada una de estos índices de la diversidad es unidimensional y de lectura limitada. Las comparaciones y valoraciones de la diversidad biológica son forzosamente incompletas en estos términos. Se usan por su carácter práctico y sintético, pero insuficiente frente a modelos analíticos alternativos multiescalares y multidimensionales que responden mejor a las necesidades específicas de conservación y manejo. Así, la modelación bidimensional (riqueza y abundancia relativa) puede considerarse como el estándar “clásico” de medida y expresión de la diversidad. De acuerdo a la escala espacial en la que se mide la diversidad biológica, se habla de diversidad alpha (diversidad puntual, representada por α), beta (diversidad entre habitats, representada por β) y gamma (diversidad a escala regional, representada por γ). Estos términos fueron acuñados por Robert Whittaker en 1960 y gozan en general de una gran aceptación.

Dinámica

La biodiversidad no es estática: es un sistema en la evolución constante, tanto en cada especie, así como en cada organismo individual. Una especie actual puede haberse iniciado hace uno a cuatro millones de años, y el 99% de las especies que alguna vez han existido en la Tierra se han extinguido.

La biodiversidad no se distribuye uniformemente en la tierra. Es más rica en los trópicos, y conforme uno se acerca a las regiones polares se encuentran poblaciones más grandes y menos especies. La flora y fauna varían, dependiendo del clima, altitud, suelo y la presencia de otras especies.

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