LA COSMOVISION Y El DESARROLLO DE LOS PUEBLOS


LA COSMOVISION Y El DESARROLLO DE LOS PUEBLOS

Autor:Paulo Arieu

Cosmovisión

Uno de los instrumentos más importantes del conocimiento humano es la analogía. Amplía enormemente nuestras capacidades y da una increible plasticidad a nuestra inteligencia. Se utiliza espontáneamente en todos los ámbitos del conocimiento. Tendemos a trasladar nuestra experiencia de un campo a otros, y así podemos afrontar situaciones y problemas nuevos, aplicando analógicamente lo que sabemos. La aplicación de analogías es un formidable instrumento intelectual, aunque también es el origen de algunos espejismos.

Todos los hombres tendemos a hacernos una idea global del mundo, partiendo de nuestra experiencia particular. Es una aspiración natural. Y en los espíritus más poderosos y atrevidos, es casi una necesidad la que conduce a formular las grandes cosmovisiones teóricas. Simplificando un poco, se puede afirmar que cada cosmovisión está construida desde una perspectiva, desde una experiencia básica. Desde ella, se intenta contemplar y explicar toda la realidad. Se le puede llamar, en términos clásicos, el analogatum princeps; es decir, el analogado principal, el punto de partida o referencia de la analogía.

 

Si preguntas a alguien, “¿Cuál es tu cosmovisión?”, es probable que no pueda responder. Eso se debe a que la cosmovisión funciona a nivel de presupuestos. Para usar el lenguaje informático, la cosmovisión es el sistema operativo, y todo el mundo usa programas que dependen del sistema sin saber nada sobre el sistema mismo. ¿Quién entiende el código de Microsoft Windows? Los especialistas. De la misma manera los especialistas académicos reflexionan sobre la cosmovisión conscientemente, pero la mayoría usa el sistema sin pensar en ello.

La COSMOVISION

Una cosmovisión provee un modelo del mundo que guía a sus adherentes en el mundo, es la lente de lectura de nuestra interpretación de la realidad. Afecta a cómo percibimos y cómo interpretamos nuestras experiencias y la realidad que nos rodea. Es imprescindible que comprendamos lo que es y cómo funciona la cosmovisión, porque la misma fe cristiana es una determinada cosmovisión. Una lectura consciente de la cosmovisión nos ayuda comprender mejor a los demás, clarificar la lectura bíblica, orientar y sacar sentido del culto y proclamar el Evangelio más efectivamente

La cosmovisión de una sociedad o cultura ofrece su visión de los asuntos esenciales de la existencia humana y responde a cuatro preguntas fundamentales:

  1. ¿Quiénes somos?
  2. ¿Dónde estamos?
  3. ¿Cuáles son los problemas con nuestra existencia?
  4. y ¿Cuál es la solución

Es decir, la cosmovisión trata del sentido de la identidad, del entorno o del sentido de la ubicación social, de la comprensión de los problemas de la vida, y una idea de cómo tratar con estos problemas. Todos nosotros tenemos una idea de quiénes somos. En parte sacamos esta idea del entorno y de la red de relaciones, como la familia, la etnia, la nacionalidad, etc. Por nuestro estar en el mundo encontramos obstáculos y observamos problemas. Además tenemos una idea, o quizás, mejor dicho, una esperanza, de cómo afrontar estos problemas y salir adelante.

Aunque la cosmovisión funciona a nivel de los presupuestos y es generalmente inconsciente, tiene expresiones visibles. La cosmovisión se expresa con relatos y símbolos, e incluye una praxis (una práctica).

Por ejemplo, la cosmovisión cristiana tiene su gran relato. La cosmovisión cristiana considera la humanidad como criatura especial, creada a imagen de Dios. Vive en un mundo creado por Dios y declarado bueno, pero está afligido por una rebelión generalizada que funciona casi como un defecto genético, es decir, toda la humanidad es pecadora y está separada de su creador. Dios mismo ha proporcionado una solución al problema del pecado enviando a su hijo, quien murió vicariamente por los pecados y resucitó de los muertos, y así ofrecer la reconciliación con Dios. Este es el gran relato del cristianismo en una forma muy breve. Expresa la cosmovisión y funciona como lente de lectura de la realidad. Responde a las cuatro preguntas esenciales de la identidad, el entorno, el problema con la vida y la solución.

Una cosmovisión, también se podría decir que es el conjunto de opiniones y creencias que conforman la imagen o concepto general del mundo que tiene una persona, época o cultura, a partir del cual interpreta su propia naturaleza y la de todo lo existente. Una cosmovisión define nociones comunes que se aplican a todos los campos de la vida, desde la política, la economía o la ciencia hasta la religión, la moral o la filosofía.

El término “cosmovisión” es una adaptación del alemán Weltanschauung (Welt, “mundo”, y anschauen, “observar”), una expresión introducida por el filósofo Wilhelm Dilthey en su obra Einleitung in die Geisteswissenschaften (“Introducción a las Ciencias de la Cultura”, 1914).

Dilthey, un miembro de la escuela hermenéutica, sostenía que la experiencia vital estaba fundada —no sólo intelectual, sino también emocional y moralmente— en el conjunto de principios de la sociedad y de la cultura en la que se había formado. Las relaciones, sensaciones y emociones producidas por la experiencia peculiar del mundo en el seno de un ambiente determinado contribuirían a conformar una cosmovisión individual.

Todos los productos culturales o artísticos serían a su vez expresiones de la cosmovisión que los crease; la tarea hermenéutica consistiría en recrear el mundo del autor en la mente del lector. El término fue rápidamente adoptado en las ciencias sociales y en la filosofía, donde se emplea tanto traducido como en la forma alemana original.

Una cosmovisión no sería una teoría particular acerca del funcionamiento de alguna entidad particular, sino una serie de principios comunes que inspirarían teorías o modelos en todos los niveles: una idea de la estructura del mundo, que crea el marco o paradigma para las restantes ideas. De este modo, pertenece al ámbito de la filosofía tradicionalmente llamado metafísica (aunque doctrinas tradicionalmente antimetafísicas, como el positivismo o el marxismo puedan constituir una cosmovisión para sus adherentes). Sin embargo, una cosmovisión no es una elaboración filosófica explícita ni depende de una; puede ser más o menos rigurosa, acabada e intelectualmente coherente.

Los sistemas filosóficos, religiones o sistemas políticos pueden constituir cosmovisiones, puesto que proveen un marco interpretativo a partir del cual sus adherentes y seguidores elaboran doctrinas intelectuales y éticas. Ejemplos son el judaísmo, el cristianismo, el Islam, el socialismo, el marxismo, el cientificismo, el humanismo o el nacionalismo. Las cosmovisiones son complejas y resistentes al cambio; pueden, por lo tanto, integrar elementos divergentes y aún contradictorios. La afirmación intransigente y autoritaria de la propia cosmovisión es el fundamentalismo.

Una cosmovisión se definirá como “el marco global de las creencias básicas de uno con respecto a las cosas.” Examinemos con mayor detalle los elementos de esta definición.

Primero que todo, “cosas” es un término deliberadamente impreciso que se refiere a cualquier cosa acerca de la cual es posible tener una creencia. La estoy tomando en el sentido más general imaginable, de modo que abarca el mundo, la vida humana en general, el significado del sufrimiento, el valor de la educación, la moralidad social y la importancia de la familia. En este sentido incluso se puede decir que Dios estará incluido entre las “cosas” sobre las cuales tenemos creencias básicas.

Segundo, una cosmovisión es un asunto de las creencias de uno. Las creencias son diferentes de los sentimientos u opiniones porque estas presentan una “afirmación cognoscitiva” – es decir, una afirmación de algún tipo de conocimiento. Puede que diga, por ejemplo, que “creo” que la educación es el camino para la felicidad humana. Eso quiere decir que estoy aseverando algo con respecto a la manera en que son las cosas, cuál es el caso. Estoy dispuesto a defender esa creencia con argumentos. Los sentimientos no establecen una afirmación de conocimiento, ni pueden ser discutidos con argumentos.

Las creencias tampoco son opiniones o hipótesis. Es verdad que algunas veces usamos la palabra creencia con aquel tipo de sentido más bien débil (“Creo que Juan vendrá a casa hoy un poco tarde otra vez”), pero uso aquí la palabra creencia en el sentido de “credo,” una creencia con compromiso, algo que no solamente estoy dispuesto a respaldar con argumentos, sino también a defender o promover con la inversión de dinero o soportando las dificultades asociadas con ella. Por ejemplo, puede que sea mi creencia que la libertad de expresión es un derecho inalienable en la sociedad humana, o que nadie debiese imponer su religión sobre alguien más. Sostener una creencia puede que requiera sacrificio de mi parte, o soportar el desprecio y el abuso si es una creencia poco popular o no ortodoxa – digamos, que las prisiones debiesen castigar lo mismo que rehabilitar, o que la libre empresa es el azote de nuestra sociedad. Todas esas creencias son ejemplos de lo que incluye una cosmovisión. Tiene que ver con las convicciones de uno.

Tercero, es importante notar que las cosmovisiones tienen que ver con las creencias básicas acerca de las cosas. Tienen que ver con las cuestiones últimas con las que nos vemos confrontados; involucran asuntos de principio general. Yo podría decir que tengo una creencia segura de que los Yankees ganaron la Serie Mundial de 1965, seguro hasta el punto de estar dispuesto a hacer una gran apuesta por ello, pero ese tipo de creencia no es del tipo que constituye una cosmovisión. Es diferente en el caso de profundos asuntos morales: ¿Puede la violencia en alguna circunstancia ser justa? ¿Existen normas constantes para la vida humana? ¿Tiene sentido el sufrimiento? ¿Sobrevivimos a la muerte?

Finalmente, las creencias básicas que uno tiene con respecto a las cosas tienden a formar un armazón, esquema o patrón; se arreglan de una determinada manera. Esa es la razón por la cual los humanistas a menudo hablan de un “sistema de valores.” Todos nosotros reconocemos, al menos en algún grado, que debemos ser consistentes en nuestras perspectivas si queremos ser tomados con seriedad. No adoptamos un conjunto arbitrario de creencias básicas que no tenga coherencia o apariencia de consistencia.

Se ha asumido hasta aquí en nuestra discusión que todos tienen una cosmovisión de algún tipo. ¿Es este, de hecho, el caso? Ciertamente es verdad que la mayor parte de la gente no tendría una respuesta si se les preguntase cuál es su cosmovisión, y las cosas solo se pondrían peores si se les preguntara acerca de la estructura de sus creencias básicas acerca de las cosas.

No obstante, sus creencias básicas emergen lo suficientemente rápido cuando se enfrentan con emergencias prácticas, asuntos políticos de actualidad, o convicciones que chocan con las propias. ¿Cómo reaccionan frente al reclutamiento para el servicio militar obligatorio, por ejemplo? ¿Cuál es su respuesta frente al evangelismo o a la contra-cultura, al pacifismo o al comunismo? ¿Qué palabras de condolencia ofrecen junto a una tumba? ¿A quién culpan por la inflación? ¿Cuáles son sus opiniones con respecto al aborto, la pena capital, la disciplina en la crianza de los niños, la homosexualidad, la segregación racial, la inseminación artificial, la censura de las películas, el sexo extramarital y cosas similares? Todos estos asuntos desencadenan respuestas que proveen indicativos de la cosmovisión de una persona al dejar entrever ciertos patrones (siendo los patrones “conservador” y “progresista” los patrones bastos e informales que la mayor parte de la gente reconoce.)

Por lo tanto, en general, todos tienen una cosmovisión, no importa cuán inarticulada él o ella la puedan estar expresando. El tener una cosmovisión es simplemente parte de ser un ser humano adulto.

¿Qué papel juega una cosmovisión en nuestras vidas?

La respuesta a esto, es que nuestra cosmovisión funciona como una guía para nuestra vida. Aún cuando sea medio inconsciente y poco articulada, funciona como una brújula o como un mapa de carreteras. Nos orienta en el mundo en general, nos da un sentido de lo que está arriba y de lo que está abajo, de lo que es correcto y de lo que es incorrecto en la confusión de eventos y fenómenos que nos confrontan. Nuestra cosmovisión moldea, en un grado significativo, la manera como evaluamos los eventos, asuntos y estructuras de nuestra civilización y nuestros tiempos. Nos permite “ubicar” o “situar” los varios fenómenos que aparecen en nuestro ámbito de acción. Claro que otros factores juegan un papel en este proceso de orientación (el interés propio psicológico o económico, por ejemplo), pero estos otros factores no eliminan el rol rector de la cosmovisión propia; a menudo precisamente ejercen su influencia a través de nuestra perspectiva de la vida

Una de las características únicas de los seres humanos es que no podemos funcionar sin el tipo de orientación y guía que ofrece una cosmovisión. Necesitamos orientación porque somos, ineludiblemente, criaturas con responsabilidad, quienes por naturaleza somos incapaces de tener opiniones puramente arbitrarias o de tomar decisiones totalmente carentes de principios. Necesitamos algún credo por el cual vivir, algún mapa por el cual trazar nuestro curso. La necesidad de una perspectiva de dirección es básica para la vida humana, quizás más básica que el alimento o el sexo.

Las cosmovisiones actuales

Con el objeto de ilustrar la influencia de los poderes la cultura (cosmovisión), incluyo la gráfica siguiente. E gráfica muestra que la cosmovisión se moldea dependiendo de los poderes (espirituales) imperantes sobre una región; lo que tiene a su vez, un impacto directo en el desarrollo de pueblos.

 

Existen muchas diferentes cosmovisiones en el mundo pero básicamente todas pueden clasificarse dentro de grandes temas inclusivos: el animismo, el teísmo y el humanismo secular.

El secularismo ve la realidad como una fundamentalmente física. Para ellos la verdad es empírica. El método científico es su heredero natural. Sólo existe aquello que se puede percibir por medio de los sentidos. No existen los absolutos, por lo tanto, la moral es relativa. El modernismo logró que estas ideas se convirtieran en lo que ahora se llama «humanismo secular». Aquí, la medida del universo es el hombre; el centro del universo es el hombre, el hombre es dios.

El teísmo cristiano proviene de la cosmovisión Judeo-Cristiana. Nace en el Medio Oriente y percibe la realidad como una relación personal con Dios, el Creador de los cielos y la tierra a través de Jesucristo. El cristianismo es el fruto de esa relación personal. Dios existe. Dios tiene un plan que incluye el universo que un día creó y continúa hoy unido a Su creación, pendiente de Su plan, y pendiente de las acciones de Sus «embajadores» en el mundo. La Verdad es una Persona, no un concepto; Su nombre es Jesucristo. Dios, como Creador y poseedor del universo, ha dejado establecidos unos valores morales absolutos.

El animismo, cuya expresión moderna se llama la Nueva Era-y que, a propósito, no tiene nada de nueva-tiene sus raíces en el lejano oriente y se esparció por toda la Tierra a raíz de la salida de Babel. Una salida tan traumática, que forzó al hombre a atravesar montañas, abismos, lagos, ríos y mares, y a enfrentar fenómenos naturales desconocidos, que lo llevaron «pactar» con los poderes con el objetivo de «apaciguarlos»

De allí que todas las culturas antiguas coincidan en el culto a los elementos básicos como el fuego y la lluvia, el rayo, entre otros. Para el animista el mundo depende de los espíritus. La verdad está escondida y es irracional.

Si le preguntamos al animista, ¿Hay un Dios?, podría contestarnos algo así, «Un Dios no… Un millón de dioses».

Si se lo preguntamos al creyente cristiano, nos contestará, «Por supuesto que sí. Hay un Dios: Jehová, el Creador de los cielos y la Tierra».

Y si se lo preguntamos a un humanista secular, nos contestaría algo como esto, «No hay Dios; el hombre es dios.

Y estas posibles respuestas me hacen llegar a la segunda gráfica, en la que ilustramos a los poderes en base al politeísmo, monoteísmo y humanismo. Es decir, muchos dioses, un solo Dios, y ningún dios.

cosmovision

Ahora, si hacemos coincidir las dos gráfica anteriores, y pensamos en el estado de desarrollo de las naciones del mundo, nos encontraremos con algunos descubrimientos interesantes.

En una gráfica de campana, pondremos en el extremo superior a las naciones desarrolladas y veremos que coinciden con la cosmovisión teísta cristiana; las que poseen una cosmovisión donde hay una multitud de dioses o una ausencia de Dios, caen en la lista de naciones subdesarrolladas.

A) Naciones como EE.UU., Alemania, Suiza, Inglaterra, Corea del Sur, los países escandinavos, etc.

B) América Latina y naciones como India, Pakistán,Bangladesh, Tailandia.

C) Naciones como las que se llamaban antiguamente la «cortina de hierro»: Rusia, Chechenia, la antigua Yugoslavia, y tantos países donde el comunismo propagó las ideas humanistas.

Está gráfica indica un proceso, no algo estático. Las culturas son dinámicas y van cambiando, y esos cambios culturales seguramente producirán cambios en su situación natural. Países que comenzaron de una forma, pueden ir variando su cosmovisión y avanzando hacia una cultura y cosmovisión teísta cristiana, o bien, pueden también retroceder, cuando abandonan los valores absolutos.

Naciones desarrolladas como Japón, Taiwán, y Singapur figuran en la lista de naciones desarrolladas” pero no han tenido un gran desarrollo de la religión cristiana. ¿Cómo consiguieron entonces llegar al desarrollo?

El Dr. Harold Caballeros, abogado y pastor principal de la iglesia El Shaddai, de Guatemala C.A., nos cuenta su experiencia: “Me tocó ir a predicar a Japón y Cecilia, mi esposa, me acompañó. Tuvimos una experiencia maravillosa con los creyentes de ese país, que si bien no son numerosos, están profundamente comprometidos con el Señor. Al terminar nuestra conferencia, tuvimos un día libre. Así que decidimos realizar un viaje turístico por la ciudad de Tokio. A medida que conocíamos la ciudad más nos sorprendíamos del nivel de desarrollo de ese país ; mas crecía dentro de mí la inquietud. Súbitamente e inesperadamente encontré la respuesta en los labios de la conductora del viaje turístico. Nos llevó a la torre de Tokio y allí comenzó a explicarnos acerca del Confucionismo y Shintoismo.

Me impresionó cuando dijo que el Confucionismo tiene tres mandamientos: no mentir, no robar y no matar. Y luego dijo, el Shintoismo le añadió dos mas: no beber (licor) y hacer al prójimo lo que el haga contigo. Estas breves frases fueron suficientes para que yo captara que fueron los principios y valores culturales provenientes de la Palabra de Dios, los que levaron a esas naciones orientales al desarrollo.”

Encuentro de cosmovisiones distintas

¿Qué pasa cuando una persona con una determinada cosmovisión entra en contacto con personas de otra cosmovisión? Por ejemplo, cuando un español viaja a la India, se encuentra en otro mundo. La arquitectura, el modo de conducir, la comida, los templos religiosos y la ropa entre muchísimas más cosas son diferentes. ¿Cómo pueden entenderse un español y un indio?

Los dos representan cosmovisiones distintas. La cultura es una expresión social de la cosmovisión. Tiene sus propios relatos, símbolos, respuestas a las preguntas fundamentales y praxis. Además, la cultura actual es resultado de un largo proceso histórico, y es un proceso dinámico. Por ejemplo, la España del 2006 no es la misma que la España del 1976, pero no se puede entender la del 2006 sin una perspectiva histórica de los eventos formativos, como la transición de la dictadura en 1976.

Al principio la persona confrontada por una cosmovisión distinta busca puntos de contacto en común; busca lo familiar. Al fin de cuentas el español y el indio son seres humanos con las mismas necesidades básicas de cobijo, comida, etc. Pero yendo más allá de estos puntos esenciales, hay que estudiar la cosmovisión del otro para descubrir algunos de los relatos fundacionales, para descifrar los símbolos e interpretar la práctica. Comenzando por los puntos de contacto en común se buscan equivalencias entre cosmovisiones, es decir, se procura una fusión de horizontes, como en nuestro ejemplo entre el español y el indio. La comprensión resulta de tal fusión.

La dinámica del encuentro de cosmovisiones diversas no termina con la comprensión. Cuando uno llega a comprender algo del mundo del otro, eso abre la puerta a muchas otras posibilidades. Puede haber un intercambio de perspectivas y valores. Uno puede adoptar elementos de la cosmovisión del otro. A veces es posible elegir elementos sueltos del otro para adoptar y adaptar a su propia cosmovisión, pero en otras ocasiones el conflicto de premisas es tanto que uno tiene que rechazar su propia perspectiva para adoptar la otra. Por ejemplo, cuando una persona acepta la fe cristiana, eso implica un cambio de cosmovisión importante. Según sea su procedencia, podría pasa de una vida egocéntrica a una vida teocéntrica, de una vida cuya prioridad era uno mismo, a una vida comprometida con el prójimo. Uno comienza a orientar su vida conforme a los relatos cristianos fundacionales.

Quizás una experiencia personal esclarezca el encuentro de cosmovisiones distintas. Yo soy de la parte noroeste de Texas. En la época de mi infancia y juventud la mayoría de la población era blanca y anglosajona, con una minoría de 20-25% hispana (casi todos de etnia mexicana) y una población negra escasa. Hubo un racismo anti-mexicano penetrante entre la población anglosajona que se caracterizaba por algunos estereotipos: que los mexicanos eran perezosos, que no querían trabajar, que eran dados a la bebida y no se podía confiar en ellos. Por supuesto estos estereotipos no tomaban en cuenta el hecho de que los anglosajones eran dueños de toda la tierra y casi todas las empresas. Eran los patrones de los trabajadores mexicanos. ¿Está motivado uno a trabajar duro si no hay posibilidad de mejorar? Los anglosajones eran causa de muchas de las presiones sociales que suelen contribuir al alcoholismo.

Ciertas creencias básicas chocan con otras. Por ejemplo, la creencia en el matrimonio como una ordenanza de Dios no está en conformidad con la idea del divorcio fácil. Una convicción de que las películas y el teatro son esencialmente “entretenimientos mundanos” no es muy consonante con el ideal de una reforma Cristiana de las artes. Una creencia optimista en el progreso histórico es difícil de armonizar con una creencia en la depravación del hombre. Esto no quiere decir que las cosmovisiones nunca sean internamente inconsistentes –muchos lo son (de hecho, una inconsistencia puede ser una de las cosas más interesantes acerca de una cosmovisión) – pero sigue siendo cierto que la característica más significativa de las cosmovisiones es su tendencia a ubicarse en patrones claramente reconocibles. Además, la mayor parte de la gente no admitirá una inconsistencia en su propia cosmovisión aún cuando sea muy obvia para otros.

No son solamente nuestras opiniones y argumentos los que son decisivamente afectados por nuestra cosmovisión, sino también todas las decisiones específicas que estamos llamados a tomar. Cuando las cosas se ponen difíciles en un matrimonio, ¿es el divorcio una opción? Cuando el sistema de impuestos es injusto, ¿estafa en sus reportes tributarios?

¿Debiese ser castigado el crimen? ¿Despedirá usted a un empleado tan pronto como sea económicamente ventajoso para usted hacerlo? ¿Se involucrará en la política? ¿Desalentará a su hijo o hija para que no lleguen a convertirse en artistas? Las decisiones que toma sobre estos y muchos otros asuntos son guiadas por su cosmovisión. Las disputas con respecto a ellos a menudo involucran un choque entre perspectivas básicas de la vida.

Una vez más, tenemos que admitir que puede que haya aquí inconsistencia: no solamente podríamos adoptar creencias en conflicto, sino que algunas veces podríamos no actuar en armonía con las creencias que tenemos. Este es un hecho con respecto a nuestra experiencia de todos los días que todos debemos reconocer. ¿Pero quiere decir esto que nuestra cosmovisión no tiene el rol guiador que le estamos atribuyendo? No necesariamente. Una nave puede ser desviada de su curso por una tormenta y aún así hallarse aún rumbo a su destino. Lo que cuenta es el patrón general, el hecho de que el timonel hace todo lo posible para mantener la nave en su rumbo. Si su acción está fuera de tono con sus creencias, tiende a cambiar o sus acciones o sus creencias. Usted no puede mantener su integridad (o su salud mental) por mucho tiempo si no hace ningún esfuerzo por resolver el conflicto.

Esta visión de la relación de nuestra cosmovisión con nuestra conducta es cuestionada por muchos pensadores. Los Marxistas, por ejemplo, sostienen que lo que realmente guía nuestra conducta no son las creencias sino los intereses de clase. Muchos psicólogos miran las cosmovisiones más como dirigidas que como guiadoras, como racionalizaciones para la conducta la que es realmente controlada por la dinámica de nuestra vida emocional. Otros psicólogos sostienen que nuestras acciones son básicamente condicionadas por el estímulo físico que proviene de nuestro ambiente. Sería insensato descartar la evidencia que estos pensadores aducen para confirmar sus perspectivas. De hecho es cierto que la conducta humana es muy compleja y que incluye asuntos tales como los intereses de clase, el condicionamiento y las influencias de los sentimientos reprimidos. La cuestión es qué constituye el factor primordial y decisivo para explicar el patrón de las acciones humanas.

La manera en que contestemos esa pregunta depende de nuestra visión de la naturaleza esencial de la humanidad: es, en sí mismo, un asunto de nuestra cosmovisión.

La cosmovisión del animismo

Desde Génesis al presente, la cosmovisión bíblica ha chocado con la cosmovisión del animismo. El animismo (o religión popular) es una religión que ve un espíritu o una fuerza espiritual detrás de cada suceso, y considera que muchos objetos del mundo físico tienen algún significado espiritual.

En la mayor parte del mundo, el animismo se mezcla con las religiones formales. Entre los seguidores de las principales religiones se encuentran muchas creencias y prácticas animistas. En realidad, las creencias animistas dominan el mundo. La mayoría de los taiwaneses creen en las religiones populares chinas. La mayoría de los hindúes y los musulmanes del centro y sudeste asiático, y la mayoría de los budistas de China y Japón combinan su religión con varias creencias y prácticas animistas. En muchas partes del mundo, el cristianismo no ha desplazado la religión popular local, sino que coexiste con ella en una incómoda tensión.

La cosmovisión animista contiene tanto el mundo observado, o físico, como el no observado, o espiritual. No hay ninguna distinción marcada entre las dos realidades; lo que ocurre en una afecta a la otra. El mundo visible o físico consiste en lo que podemos ver, sentir y experimentar. Incluye las fuerzas de la naturaleza y los seres físicos. En el mundo visible, la tierra juega un papel destacado porque es considerada como una entidad viva, y suele ser adorada como la Madre Tierra. Se considera que la naturaleza está viva. Los montes, las cuevas, las montañas y los lagos suelen ser venerados como lugares sagrados. Los animales pueden ser encarnaciones de espíritus. Muchos son adorados como sagrados, como la vaca y el mono en India.

Las plantas también contienen espíritus, y algunas son adoradas. Los bosques son considerados como lugares donde moran los espíritus. Árboles como el roble, el cedro o el fresno son adorados en Europa. En muchas partes del mundo, existen muchos seres subhumanos que supuestamente viven en lagos, bosques y cuevas. En Europa, por ejemplo, incluyen seres míticos como los duendes, los gnomos y las hadas.

El mundo invisible del animismo comienza por el concepto del “mana”, la fuerza vital que permea todo el universo. Este poder es impersonal y no es adorado. Este poder sagrado se concentra más fuertemente en las deidades y las personas, lugares u objetos sagrados. Este mana gobierna toda la creación y no es controlado por los dioses o el hombre.

También forma parte del mundo invisible el Dios Supremo. Después de él hay una multitud de dioses menores que moran en regiones específicas. Luego de los dioses vienen los espíritus, que suelen morar en la naturaleza y están confinados a una zona específica. Luego están los espíritus de los ancestros, que siguen cumpliendo un papel con los vivos.

Existen, también, fuerzas invisibles que incluyen poderes sobrenaturales como el destino, el orden moral cósmico, el mal de ojo, la magia y la hechicería. Hay, además, fuerzas de energía impersonal en los objetos que dan a esos objetos poder. Se cree que estos objetos dan a una persona poder para hacer el bien o el mal.

En la Biblia, Dios transforma las perspectivas animistas de Israel en una perspectiva bíblica. Les enseña que los otros dioses no son dioses, en realidad (Isaías 43:10). Condena el uso de la magia, la hechicería y la adivinación. Muestra que el sufrimiento no es producto de los espíritus o los dioses sino su acción soberana para traer al pueblo de vuelta hacia Él.

Temas del animismo

¿Alguna vez se preguntó por qué algunos cristianos adoran a sus ancestros? Esto surge del primero de los diversos temas dentro de la antigua religión del animismo.

El primero de estos temas es una vida centrada en la comunidad. Los ancestros, los vivos, y los no nacidos son el centro de la existencia. La vida en el clan es la entidad más importante, porque un individuo tiene significado solo dentro del contexto de una comunidad.

El segundo tema es el papel del mundo espiritual. Los humanos viven en un mundo rodeado de seres y fuerzas sobrenaturales, la mayoría de los cuales son hostiles a los humanos. El mundo de lo visible y el mundo de lo invisible están interconectados. Por esta razón, la gente dedica su tiempo a apaciguar a los dioses, los espíritus y a los ancestros con ofrendas o sobornos. Se tiene sumo cuidado de mantener la armonía entre los dos mundos. Dado que todas las cosas creadas están vinculadas, una simple acción, como comer una fruta del árbol erróneo, puede ocasionar un desastre.

Tercero, está el enfoque en el presente. La principal preocupación es con el aquí y el ahora. Las personas intentan tratar con el éxito y el fracaso, el poder y el conocimiento necesario para controlar la vida.

Cuarto, está el enfoque en el poder. Las personas se ven a sí mismas como luchando constantemente contra espíritus, otros humanos y fuerzas sobrenaturales. Todo lo que ocurre puede ser explicado por los poderes en pugna. La meta es lograr poder para controlar las fuerzas que las rodean.

Quinto, tenemos el pragmatismo. Los animistas no están interesados en la comprensión académica de la verdad espiritual y científica sino en lograr una vida buena y significativa, así como la protección del mal. La prueba de una religión popular es: “¿Funciona?”. Para lograr sus metas, la mayoría de las personas se vuelcan a varios métodos que pueden ser contradictorios, en la esperanza de que uno funcione. Una vez hablaba con una mujer china que sufría de cáncer del pulmón. Si bien ella asistía a la iglesia y oraba al Señor pidiendo sanidad, también acudía al templo budista chino para pedir oraciones de sanidad a los sacerdotes. Los que están en culturas animistas, en tiempos de necesidad, buscarán ayuda de diversas religiones o dioses para lograr un método que funcione.

Sexto, está la transformación y la transportación. Las cosas tal vez no sean lo que parecen ser. Los espíritus pueden asumir la forma de animales o plantas. Los chamanes en trance creen que pueden viajar a lugares distantes y dañar al enemigo. También creen que pueden viajar al mundo espiritual, encontrar información o recuperar almas perdidas.

Séptimo, el animismo asume una visión holística de la vida. La obsesión con invocar la buena suerte y evitar la mala suerte involucra cada aspecto de la vida, desde lo que uno come, dónde uno coloca los muebles (como la moda actual del Feng Shui), o cómo uno duerme. En Al Hambra, Los Angeles, donde hay una gran población de chinos, las casas con el número “4″ en la dirección no se venden. El número cuatro, que se pronuncia “shi” en chino, es la primera letra de la palabra para “muerte”, así que se considera que el número trae mucha mala suerte.

En octavo lugar, está el particularismo. Las personas están atadas a su tierra. Cada comunidad tiene su propio conjunto de dioses y espíritus. Los dioses dieron al pueblo su tierra, y es ahí donde residen sus ancestros. En las batallas, las victorias y las derrotas se atribuyen al poder de los dioses territoriales.

Finalmente, el temor juega un papel importante. En un mundo lleno de espíritus, presagios y hechizos, raramente la vida es segura. Muchos ven el mundo como un lugar hostil y peligroso, lleno de espíritus y fuerzas antagónicos a las personas. Actividades aparentemente comunes, como mover la roca incorrecta, puede traer un desastre potencial. Las personas se vuelven a sus ancestros, dioses y espíritus en busca de protección.

Los dioses en el animismo

Tal vez le sorprenda saber que la mayoría de las religiones animistas enseñan que existe un Ser Supremo. Suele ser descrito como omnisciente, eterno, benéfico, omnipotente y justo. Él es el creador, el dador de la moral, el que castiga al que hace el mal y bendice al que hace el bien.

Sin embargo, este ser se ha distanciado del hombre y no puede ser conocido personalmente. Abundan las leyendas de que una vez estuvo cerca para se enojó con el hombre y se alejó. Dejó a los hombres a sus propios recursos y usó a dioses y espíritus menores para hacer su voluntad y servir como sus embajadores.

Por lo tanto, la mayor parte de la adoración está dirigida a los dioses y espíritus inferiores que están en contacto directo con los humanos. El antropólogo Wilhelm Schmidt estudió numerosas culturas y concluyó que la primera religión del hombre fue el monoteísmo, que luego se corrompió hacia el politeísmo. Esto coincidiría con la secuencia de Pablo del rechazo de Dios que establece en Romanos cap. 1.

Un ejemplo surge de la religión popular de China. Mucho antes que el confucionismo, el taoísmo o el budismo, los chinos adoraban a Shang Ti, el Señor del cielo. Él solo era adorado hasta la dinastía Zhou, que comenzó en 1000 a.C. A partir de entonces, solo se le permitía al emperador rendir homenaje a Shang Ti, y el conocimiento de Shang Ti entre la gente común se perdió. Los chinos, hambrientos de adoración, finalmente abrazaron las religiones del confucionismo, el taoísmo y el budismo, que brindaban conocimiento espiritual y adoración. Abundan numerosas historias como éstas en todo el mundo. En Corea, el Dios supremo se denomina Hananim. El pueblo gedeo, de Etiopía, lo llama Magano. Los misioneros usan esta creencia de un Dios supremo para señalar a la gente el Dios de la Biblia.

Luego del Dios Supremo viene una hueste de dioses menores. Estos seres median entre el hombre y el Ser Supremo, pero primero se les debe rendir homenaje. Los dioses poseen poderes específicos que están localizados en una zona geográfica. Los dioses habitan lugares como ríos, montañas, bosques, océanos, etc. Algunos dioses ejercen poder sobre asuntos humanos (negocios, matrimonio, muerte, etc.), otros ejercen poderes sobre la naturaleza (tormentas, lluvia, etc.). Entre los hawaianos, Lono es el dios de los océanos y controla las nubes y las tormentas. Pele, la diosa del fuego, mora en los volcanes. Muchos todavía honran a estos dioses en Hawai hoy.

La cosmovisión bíblica enseña que un Dios personal, omnisciente, omnipotente y omnipresente gobierna el universo (Colosenses 1:16, 17). Él solo gobierna la creación y no hay otro dios aparte de Él (Isaías 43:10). El Dios de la Biblia no está distante del hombre, pero la humanidad se ha distanciado de Dios. Dios sigue estando involucrado en los asuntos de su mundo, constantemente buscando que los hombres y mujeres reciban su gracia y perdón a través de Jesucristo.

Espíritus y ancestros

¿Alguna vez se preguntó si existen espíritus en los bosques u otros lugares oscuros? ¿Pueden los muertos comunicarse con los vivos? El animismo sostiene la creencia de que numerosos espíritus ejercen su poder sobre lugares donde moran, como montañas, arroyos y ríos. Los espíritus nunca han habitado cuerpos humanos y, dado que pueden ser buenos o malos, deben ser apaciguados constantemente. Por ejemplo, los isleños del Mar del Sur piden perdón por los árboles que cortan para sus canoas, para que los espíritus de los árboles no los dañen.

También existen seres legendarios semidivinos. Algunos son humanos que se convirtieron en dioses. Se considera que algunos dioses se han vuelto humanos. Por ejemplo se creía que el faraón de Egipto y el emperador de Japón eran descendientes del dios sol. Muchos enseñan que estos seres tuvieron un nacimiento sobrenatural y no murieron, sino desaparecieron en el cielo. Se cree que muchos enseñaron a los seres humanos habilidades valiosas como hacer fuego, canoas, casas, plantar frutas, etc.

Es importante, en el animismo, la rememoración de los ancestros. El animismo enseña que las personas tienen almas inmortales. Al morir, el alma está libre para vagar cerca de la tumba, viajar a la tierra o ingresar al mundo de los espíritus. Los espíritus de los ancestros participan en las vidas cotidianas de los familiares. No ocuparse de honrarlos tiene severas consecuencias. Las almas de los que han partido que no vivieron vidas satisfactorias o murieron trágicamente se convierten en fantasmas. Los fantasmas buscan cuerpos para habitar, y suelen provocar daños.

Al morir, uno ingresa en el mundo de los ancestros, que mantienen una relación con la familia. Los ancestros permanecen profundamente interesados en la familia que iniciaron. Se ocupan de ella, la protegen y castigan a quienes quieren dañarla.

Los ancestros son venerados por varias razones. Primero, como fundadores de la familia, permanecen interesados en el cuidado de la familia. Segundo, han contestado la pregunta de lo que viene después de la muerte, así que pueden ayudar a los vivos mediante sueños, nigromantes y visiones. Tercero, algunos han tenido grandes logros, que deben ser celebrados. Cuarto, los animistas creen que ellos protegen a la familia. Quinto, funcionan como mediadores entre Dios y la familia.

La felicidad de uno en la vida después de la muerte depende del cuidado recibido por sus descendientes. Todo el que ha sido proscrito de una familia o tribu se convierte esencialmente en extinto, sin nadie que lo recuerde o que lo cuide.

Como cristianos, estamos de acuerdo con los animistas en que hay un alma inmaterial que existe más allá de la tumba. También otorgamos una importante prioridad a la familia. Uno de los Diez Mandamientos dice que los hijos deben honrar a su padre y a su madre. Sin embargo, no permanece en la tierra ningún alma que ha partido. Según Hebreos 9:27, al morir uno está inmediatamente en el cielo o en el infierno. Segundo, los muertos no tienen contacto con los vivos. En Lucas 16, el rico que sufría en el infierno buscó una forma de comunicarse con su familia viva para advertirle de su destino. Sin embargo, no pudo comunicarse de ninguna forma, ni pudieron los vivos comunicarse con él. Los cristianos celebran y honran la memoria de sus seres queridos, pero no los adoramos ni buscamos apaciguar sus espíritus. Esperamos con gozo y anticipación, sabiendo que seremos reunidos nuevamente en el reino de nuestro Señor Jesucristo.

Prácticas básicas del animismo

En el animismo hay numerosos tabúes y prohibiciones. Las prohibiciones se hacen para preservar la armonía entre el mundo espiritual y el mundo físico. Los lugares o las personas donde está concentrada la fuerza vital están protegidos. Existe una miríada de tabúes, y el violarlos puede producir la maldición de una comunidad, y debe ser expiada mediante sacrificios.

Segundo, hay lugares sagrados. Existen lugares de adoración sagrados para tener comunión con el mundo espiritual. Hay lugares donde se concentra el poder sagrado. En Haití hay un árbol sagrado donde brujos animistas firmaron un pacto con el diablo más de 200 años atrás. A estos brujos les desagradó sumamente que pastores cristianos oraran recientemente sobre el árbol y ordenaran exitosamente que los espíritus lo dejaran.

Tercero, hay cosas sagradas. Hay toda una multitud de objetos que poseen poder y son potencialmente peligrosos. Se considera a menudo que hay piedras que poseen un poder sagrado. Esta es una razón por la que uno puede encontrar fácilmente joyas de cristal y otras piedras semipreciosas a la venta en catálogos y tiendas. Se cree que ciertas plantas e insectos son sagrados y tabú. Se considera que hay imágenes talladas que poseen el espíritu de divinidades.

Cuarto, hay acciones sagradas. La adoración incluye el sacrificio de animales o plantas a las deidades. Los sacerdotes o chamanes realizan los ritos sagrados. Los presagios cumplen un papel esencial; este es el origen de que se diga “¡Salud!” cuando alguien estornuda, para impedir que los espíritus salten dentro de la persona que se encuentra vulnerable de pronto. Las señales en el cielo y ciertos reptiles o animales que se encuentran durante el día (como un gato negro que se cruza en el camino y que augura mala suerte) pueden predecir el futuro de una persona.

Quinto, hay palabras sagradas. Hay muchos juramentos, maldiciones y bendiciones. Los hechizos, tanto de la magia blanca como de la hechicería, son palabras sagradas. Las palabras están cargadas de poder sagrado si son pronunciadas por un sacerdote. Estas palabras poseen el poder sagrado, o mana.

Sexto, hay personas sagradas. Las brujas usan sus poderes para el bien y para el mal. Pueden usar sus poderes para proteger comunidades de sus enemigos. Pueden usar su poder para comunicarse con los dioses y los espíritus. En la mayoría de las sociedades, la brujería y la hechicería son muy temidas. Se cree que las brujas viajan grandes distancias en períodos cortos, matan a la distancia y dominan demonios. Las brujas tienen poderes sobrenaturales para hacer daño a otros. Pueden echar un hechizo sobre otras personas. Pueden inyectar cuerpos extraños en una víctima, causando una enfermedad. Las brujas tienen la capacidad de comunicarse con espíritus de muertos. Muchas sociedades creen que pueden transformarse en animales.

Luego está el chamán o hechicero. Puede curar enfermedades. Dirige ritos con sacrificios y escolta a las almas al otro mundo. Hay momentos en que puede dejar su cuerpo y observar sucesos a la distancia. Hereda el trabajo o lo gana pasando por pruebas y ritos. Está, también, el rey sagrado. Y están los subhumanos, como los duendes y espíritus del agua. Finalmente están los “hombrecitos”, como los leprechaun.

Séptimo, hay ritos sagrados que deben realizarse regularmente. La cabeza de la familia realiza algunos; otros requieren la pericia de los sacerdotes.

Octavo, está la práctica de la magia y la adivinación. El arte de echar hechizos y comunicarse con el mundo espiritual está reservado a los sacerdotes.

El cristiano debe estar consciente de cuándo sus prácticas están influidas por el animismo. A menudo, muchos sienten que decir “amén” o usar una cruz les da protección. Otros usan piedras sagradas o creen que realizar un ritual les traerá fortuna. Un cristiano tiene acceso directo a Dios a través de Cristo, y no necesita confiar en otra persona o en un oficio sagrado. Además, los cristianos tenemos todo lo que necesitamos en Cristo, y no necesitamos poderes del mundo espiritual. Cristo nos ha dado todo lo que necesitamos para vencer.

Cómo vencer el animismo

Como ha revelado nuestro estudio, el temor es la actitud dominante entre los que están en religiones animistas. Hay varias razones para esto. Primero, uno nunca está seguro de si un tabú ha sido roto y si los dioses, los espíritus o los ancestros han sido movidos a ira. Si algunos de estos seres se ha enojado, podrían infligir castigos horribles. En Hawai, hay varias historias aterradoras acerca de los “marchadores nocturnos”, los espíritus de antiguos guerreros que marchan por una senda sagrada cada noche. Se cree que ciertas personas han sido muertas porque estaban en el camino de los marchadores nocturnos.

Una segunda razón para la prevalencia del temor es que el animismo incluye algunas de las prácticas más temidas conocidas por el hombre. La hechicería, la magia y el vudú son algunas de las antiguas artes que aterrorizan el corazón de las personas. Es aterrador saber que un sacerdote o una bruja ha echado un hechizo sobre usted.

A lo largo de la Biblia, y aun hoy, los creyentes se encuentran continuamente con prácticas y pensamientos animistas. En tiempos de crisis, muchos jóvenes cristianos oran a Dios pero también buscan ayuda de su religión animista.

Entre cristianos, las creencias animistas serán desplazadas solo cuando los cristianos transformen sus mentes con la palabra de Dios y se liberen de la vida de temor en el animismo. La transformación tiene lugar cuando los cristianos entienden que la Biblia explica la verdadera naturaleza del universo.

Primero, en contraste con muchos dioses temperamentales del animismo, la Biblia enseña que hay un solo Dios. Isaías 43:10 dice: “Ustedes son mis testigos afirma el Señor, son mis siervos escogidos, para que me conozcan y crean en mí, y entiendan que yo soy. Antes de mí no hubo ningún otro dios, ni habrá ninguno después de mí”. No existe ningún panteón de dioses; solo un Dios verdadero, y todos los demás son dioses falsos.

Segundo, en la Biblia Dios prohíbe las prácticas animistas de la hechicería, la necromancia, la magia y el culto a espíritus extraños. Deuteronomio 18:10 y 11 ordena: “Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos”. Quienes practican estas artes están tratando con espíritus que se oponen a Dios y buscan la destrucción de todo el pueblo

Tercero, los cristianos no tienen que vivir atemorizados por seres espirituales hostiles y hechizos. Cristo, que ama a su pueblo, ha triunfado sobre todos. Colosenses 2:15 dice que “Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal”.

Cristo ha sometido a todas las autoridades bajo su gobierno. No solo eso, sino que nada entra a nuestra vida sin que haya sido filtrado por su mano amorosa. La mano de protección de Dios guarda a su pueblo. David escribió en los Salmos: “El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: ‘Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío’” (Salmos 91:1, 2). Cuando ocurre una tragedia, los cristianos entienden que su propósito no es castigar a los incrédulos sino enseñarnos nuevas cosas acerca de Dios y nosotros, refinando nuestro carácter para hacernos más como Él. Los cristianos pueden ser liberados de una vida de temor y encontrar gozo en una vida de fe en Cristo.

El Panteísmo:

Frente a estas cosmovisiones tristes, en la medida en que son inhumanas, existe otra forma muy antigua de concebir el universo que proviene de las religiones orientales. Está presente en el hinduismo y, de una manera casi filosófica, caracteriza el budismo y el taoísmo. La experiencia básica de esta cosmovisión es la meditación trascendental. Es decir, la penetración en las profundidades de la conciencia.

Cuando se vive esta experiencia, se perciben, de alguna manera, las dimensiones inmensas del universo espiritual, especialmente en la esfera cognoscitiva. Y se cree entrar en contacto con el sustrato más profundo de la realidad. Se percibe un fondo espiritual, que parece común a todas las conciencias y a toda la realidad. Se tiende a afirmar que ese todo (Atmen) es la conciencia universal, presente en todas las conciencias; y la vida presente en todas las formas de vida. Toda la realidad es presencia, emanación, degradación o división del todo espiritual. Y anhela integrarse, de nuevo, en él. Todo es, en el fondo lo mismo: procede de lo mismo y vuelve a lo mismo. Pero aquí se trata de un todo espiritual. Es un panteísmo espiritualista.

Esta intuición llega hasta la filosofía griega a través del orfismo e influye en la filosofía de Platón. Y, posteriormente, en toda la tradición platónica, donde toma muchas formas, especialmente en la medida en que entra en contacto con la revelación bíblica (Filón de Alejandría).

Presenta algunas semejanzas con las religiones telúricas ya mencionadas, que piensan la tierra como la diosa madre. En ambas cosmovisiones podría hablarse de un “alma” del mundo. Pero la diferencia es notable. En las religiones telúricas, la experiencia básica es la de las fuerzas de la vida (el psiquismo inferior), mientras que, en el panteísmo espiritualista, la experiencia básica es la de la autoconciencia (psiquismo superior). En las religiones telúricas el alma es sólo vida, impulso y animación ciega, mientras que en el panteísmo espiritualista, es, sobre todo, conciencia.

Esta cosmovisión recuerda también la filosofía hegeliana, cuando habla del espíritu absoluto. Pero la filosofía hegeliana no parte propiamente de una experiencia de la meditación trascendental. Es un espiritualismo totalmente teórico. Su experiencia básica es el dinamismo de la cultura como saber objetivado; interpretado con las formas de una teología cristiana secularizada. En Hegel no hay meditación trascendental, sino sólo especulación. Su espíritu es el espíritu objetivo de la cultura no el de la conciencia.

Hoy la cosmovisión espiritualista se sigue expresando principalmente en las religiones orientales y en sus derivados. Y están más presentes que nunca en Occidente. Desde hace un siglo, pero con más intensidad en las últimas décadas, el budismo llega con nueva vitalidad y se presenta como alternativa real para satisfacer las necesidades y anhelos espirituales. Aunque se trata de un budismo, o de un hinduismo, fuertemente depurado por su contacto con la tradición cristiana, como sucede, por ejemplo, en la religiosidad hindú de Gandhi, Tagore y también Krishnamurti.

Al acercarse a Occidente, estas religiones pierden en mucha parte la carga supersticiosa y mitológica con que han sido revestidas por la historia. Y tienden a convertirse en técnicas de autoayuda y concentración, con una especie de metafísica panteísta, pero sin una divinidad personal. Hay una conciencia, pero no una persona; es un todo pero no un alguien; en el fondo, son panteísmos sin Dios. No puede haber un interlocutor personal y un diálogo, cuando todo es lo mismo y está llamado a confundirse.

Estas religiones impregnan la mentalidad de muchos nuevos movimientos religiosos, que acogen la inspiración oriental. De manera destacada, el movimiento New Age, que desea hacer una síntesis superadora y ecuménica de todas las religiones, y pierde, por eso, la referencia a un Dios personal. También está presente, de algún modo, en algunas expresiones de la religión islámica que se reciben en occidente, como la espiritualidad sufí. Y, en general, impregna las diversas formas del misticismo natural, que no perciben la alteridad de lo divino, es decir la distinción entre Dios y el mundo.

La cosmovisión espiritualista -el panteísmo espiritual- expresa una verdad, que es la profunda impregnación de inteligencia que tiene el cosmos. Reconoce la misteriosa comunión de todo lo que existe. Y sabe descubrir la hondura de la conciencia humana. Pero, al diluirla en el todo común, destruye el universo personal. Cada hombre es sólo una partícula provisional llamada a disolverse en el todo. Por eso, la historia carece de sentido y de relieve. No tienen interés las personas ni las relaciones entre ellas. No permanecen las distancias ni las diferencias, no destacan las personalidades. Todo está llamado a juntarse. La aspiración final es la confusión: que todo sea lo mismo.

El Panteísmo de la Nueva Era

Se han destacado varias formas de Panteísmo en las culturas orientales durante miles de años. Pero comenzó a tener efecto en nuestra cultura en la década de 1950. Han habido varios intentos de introducir sus enseñanzas con anterioridad, pero esos intentos no despertaron el interés que surgió en esa década. Se lo observa más fácilmente ahora en lo que se denomina el Movimiento de la Nueva Era.

¿Cuáles son las doctrinas básicas de esta cosmovisión? Primero, todo es uno. No hay distinciones últimas entre los humanos, los animales o el resto de la creación. Segundo, como todo es uno, todo es dios. Toda vida tiene una chispa de la divinidad. Tercero, si todo es uno y todo es dios, entonces cada uno de nosotros es dios. Cuarto, los humanos deben descubrir su propia divinidad experimentando un cambio de conciencia. Padecemos de un tipo de amnesia metafísica colectiva. Quinto, los humanos transitan a través de ciclos indefinidos de nacimiento, muerte y reencarnación a fin de sacarse de encima lo que se denomina el “karma malo.” Sexto, los discípulos de la Nueva Era piensan en términos de gris, y no de blanco y negro. Por lo tanto, creen que dos declaraciones contradictorias pueden ser ambas verdaderas.

A nivel popular, estas doctrinas son afirmadas actualmente a través de distintos medios, tales como libros, revistas, la televisión y las películas. Tal vez la maestra más visible sea Shirley MacLaine. Pero estas creencias pueden encontrarse también, cada vez más, entre intelectuales en campos tales como la medicina, la psicología, la sociología y la educación.

El Naturalismo

Si bien el Naturalismo en sus distintas formas es antiguo, usaremos el término para referirnos a una cosmovisión que ha tenido una influencia considerable durante un tiempo relativamente corto dentro de la cultura occidental. Las semillas fueron sembradas en el siglo diecisiete y comenzaron a florecer en el siglo dieciocho. Muchos de nosotros hemos estado expuestos al Naturalismo mediante el Marxismo y lo que se denomina Humanismo Secular.

¿Cuáles son las doctrinas básicas de esta cosmovisión?

Primero, Dios es irrelevante. Esta doctrina nos ayuda a entender mejor el término Naturalismo; está en contraste directo con el Teísmo Cristiano, que está basado en el sobrenaturalismo. Segundo, el progreso y el cambio evolucionista son inevitables. Tercero, el hombre es autónomo, centrado en sí mismo y se salvará a sí mismo. Cuarto, la educación es la guía para la vida; la inteligencia y la libertad garantizan todo el potencial humano. Quinto, la ciencia es el proveedor último tanto del conocimiento como de la moral. Estas doctrinas han impregnado nuestras vidas. Son aparentes, por ejemplo, en los medios, el gobierno y la educación. Debemos estar alertas constantemente a su influencia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el “Postmodernismo” comenzó a reemplazar la confianza del Naturalismo. Con él, llegó la conclusión que no existía la verdad en ningún sentido real. Esta puede ser la próxima cosmovisión principal, o anti-cosmovisión, que infectará la cultura. Actualmente está de moda en muchas de nuestras universidades. Mientras tanto, sin embargo, las últimas décadas nos han traído otra antigua cosmovisión vestida de ropas occidentales

Humanista secular:

. El materialismo constructivista

Se puede considerar que esta cosmovisión está muy extendida entre las personas que tienen una formación científica. Consiste en ver toda la realidad desde la experiencia de la bioquímica y la física atómicas.

Casi todas las personas que tienen una formación científica contemplan el mundo como si fuera una inmensa construcción: un conglomerado material íntimamente ordenado. Existía -y todavía existe- un juego muy popular que se llama “Mecano”. Es un juego de construcción con piezas metálicas, que permite hacer grúas, coches, puentes, etc. Muchas personas con mentalidad científica tienden a contemplar el mundo como si fuera un enorme “Mecano”: un artefacto muy complicado construido con piezas muy sencillas. Todo lo que se construye con él depende absolutamente de las piezas con que se construye. No hay más.

Desde hace dos siglos, las ciencias modernas han descubierto, en sucesivos pasos, la composición del mundo material: tanto de la materia inerte como de la materia viva. Y han llegado a la conclusión de que todo está compuesto de lo mismo. Esta idea ha sido reforzada por la teoría del Big Bang, que habla de un origen común del universo, y de un despliegue de toda la realidad visible a partir de una enorme concentración de energía primitiva (S. Weinberg, Los tres primeros minutos del universo).

Gracias a un formidable empeño científico, sabemos cómo está compuesto casi todo el cosmos visible. Y es muy fácil caer en la tentación de decir que el universo es sólo una inmensa construcción hecha con las piezas elementales que conocemos. Y que todo se puede explicar por las propiedades de esas “piezas” elementales. Exáctamente lo mismo que diríamos sobre un coche construido con el juego del “Mecano”. Podríamos asegurar que sólo es un conjunto de piezas, y que las propiedades del coche se explican por las propiedades de las piezas que lo componen. Pero conviene advertir ya, de pasada, que esto supone una reducción sutil, porque un coche no está hecho sólo con las “piezas” del Mecano, sino también con una “idea” de lo que es un coche. Un coche no es sólo un conjunto de piezas, por la misma razón que el Quijote no es sólo un conjunto ordenado de letras. Pero vayamos por partes.

En esta cosmovisión materialista, el analogatum princeps desde el que se contempla toda la realidad, es decir el punto de partida, son las partículas subatómicas que componen los átomos y las moléculas, tal como nos las describe la física. Se quiere ver toda la realidad desde la física y se da por supuesto que todo se puede explicar acudiendo a las propiedades elementales con las que trabajamos en la física. Una roca, una planta, un perro o un hombre son sólo, en definitiva, un enorme compuesto físico-químico. Y las propiedades del conjunto deben depender de las propiedades elementales.

Esta es la tesis de algunos conocidos científicos que han divulgado sus ideas, como los premios nobel Erwin Schrödinger (Qué es la vida) y Jacques Monod (Azar y necesidad), y los astrofísicos Stephen Hawking (Historia del tiempo) y Carl Sagan (Cosmos). Aplican a todo el universo su conocimiento de la composición de la materia, y lo reducen a lo que les resulta más familiar. Todo lo ven desde algunas propiedades de la materia.

Ciertamente, aportan algo cuando afirman que todo lo visible está compuesto de lo mismo. Es una verdad llena de interés. En cambio, son reductivistas cuando dicen que toda la realidad es “sólo” una composición material compleja.

Primero, olvidan la complejidad de la realidad y, en particular, las ideas que dan la posibilidad y forma de las cosas: “ideas” como la del “coche”, sin la cual no se puede explicar la posibilidad de la construcción. Se conforman con una explicación “material”, pero también la forma de las cosas necesita una explicación. Es evidente que falta algo cuando decimos que el Quijote es sólo un conjunto de letras. También falta algo cuando decimos que un animal es un compuesto físico-químico. Hoy tenemos, además, otro acercamiento al problema, a medida que conocemos mejor la composición de los códigos genéticos. Es evidente que hay en ellos algún tipo de leyes de reordenación; si no la evolución no hubiera podido progresar de manera creciente. Con un Mecano se puede hacer un coche, pero no un caballo, por más piezas que se reúnan. Las piezas del Mecano no tienen las propiedades necesarias para hacer un caballo. El coche está ya en unas piezas que han sido preparadas pensando en el coche, pero el caballo no.

En segundo lugar, al negar que pueda haber algo no material en el universo, reducen todas las dimensiones de la persona humana a fenómenos físicos, aunque todavía -dicen- no podamos explicarlas. Una versión particular de esta tendencia es el intenso debate sobre la inteligencia artificial. Algunos científicos piensan que la inteligencia humana es como la de un procesador complejo (Marvin Mynsky), y que muy pronto todas sus funciones podrán ser imitadas, aunque hoy aparezcan dificultades notables. Esto les lleva a ver al hombre como un mecanismo complejo y a desconocer, de hecho, las complejas funciones intelectuales que se manifiestan en la conciencia. Dan por supuesto que dependen, en definitiva, de la composición, aunque no puedan demostrarlo.

Hay que decir que los ideales materialistas y mecanicistas se han difuminado un poco en los últimos veinte años por las consecuencias epistemológicas del principio de indeterminación de Heisemberg; por el problema de las condiciones de partida (Arecchi); y por la aparición de la problemática del caos (Ilya Prygoguine), que afecta a muchas disciplinas científicas. Somos más conscientes que nunca de los límites de nuestro conocimiento científico. Y ha desaparecido la utopía mecanicista que pensaba que un día podríamos conocer y controlar todo el universo como si fuera un inmenso mecanismo. Basta pensar en las dificultades habituales de los partes metereológicos raya,

El Humanismo Secular es un término que ha sido usado en los últimos treinta años para describir una visión del mundo con los siguientes elementos y principios:

  • Una convicción de que los dogmas, ideologías y tradiciones religiosas, sociales o políticas, deben ser avalados y probados por cada persona de manera individual en lugar de ser aceptados simplemente por cuestión de fe.
  • El compromiso con el uso de la razón crítica, la evidencia factual y el método científico, en lugar de la fe y el misticismo, en la búsqueda de soluciones para los problemas de los humanos y las respuestas para las cuestiones humanas más importantes.
  • Una preocupación primaria con la satisfacción, el desarrollo y la creatividad tanto para el individuo como para la humanidad en general.
  • Una búsqueda constante por la verdad objetiva, teniendo entendido que nuestra imperfecta percepción de esa verdad es constantemente alterada por nuevos conocimientos y experiencias. (N. del T. En realidad los Humanistas Seculares reconocen que “conocer la verdad objetiva” es en si utópico. Sin embargo, es posible realizar una considerable aproximación al conocimiento objetivo, aunque sabemos que éste nunca podrá ser plenamente alcanzado.)
  • Una preocupación con esta vida y un compromiso de dotarla de sentido a través de un mejor conocimiento de nosotros mismos, nuestra historia, nuestras conquistas intelectuales y artísticas, y las perspectivas de aquellas que difieren de nosotros.
  • Una búsqueda de principios viables de conducta ética (tanto individuales, como sociales y políticos), juzgándolos por su capacidad de mejorar el bienestar humano y la responsabilidad individual.
  • Una convicción de que con la razón, un mercado abierto de ideas, buena voluntad y tolerancia, se puede obtener el progreso en la construcción de un mundo mejor para nosotros y nuestros hijos.

Los humanistas seculares siguen una perspectiva o filosofía llamada Naturalismo, en la cual las leyes físicas del universo no están subordinadas a entidades inmateriales o sobrenaturales como demonios, dioses u otros seres “sobrenaturales” fuera del dominio del universo natural. Los eventos sobrenaturales como los milagros (que contradicen las leyes físicas) y los fenómenos psíquicos, como la percepción extrasensorial, la telekinesia, etc., no son descartados automáticamente, mas son vistos con un alto grado de escepticismo.

Los Humanistas Seculares consideran que quienes hacen afirmaciones extraordinarias deben mostrar evidencias extraordinarias. Son quienes afirman la existencia de algo los que deben mostrar claras y contundentes evidencias.

Los Humanistas Seculares típicamente se describen como ateístas (sin la creencia en un dios y son bastante escépticos en cuanto a la posibilidad de que exista uno) o agnósticos (sin la creencia en un dios y dudan en cuanto a su posibilidad). Los Humanistas Seculares tienen orígenes filosóficos y religiosos bastante diversos, desde el fundamentalismo cristiano ante el sistema de creencias liberales y el ateísmo. Algunas personas encontraron bienestar en una posición humanista secular después de haber pasado un período de deísmo. Los deístas son aquellos que expresan un sentimiento vago o místico de que una inteligencia creativa puede estar, o que estuvo en algún momento, conectada al Universo o involucrada en su creación, más ahora no existe, o no se encuentra más ocupada con su operación.

Los Humanistas Seculares no dependen de dioses o de otras fuerzas sobrenaturales para resolver sus problemas u ofrecer orientación para sus conductas. En lugar de eso, dependen de la aplicación de la razón, de las lecciones de la historia y la experiencia personal para formar un fundamento moral y ético y crear sentido en la vida. Los Humanistas Seculares ven en la metodología de la ciencia como la fuente más confiable de información para poder saber qué es lo falso o lo verdadero sobre el Universo que todos compartimos, reconociendo que nuevos descubrimientos siempre estarán alterando y expandiendo nuestra comprensión de este y, posiblemente, cambiará nuestro abordaje de los asuntos éticos.

El Humanismo Secular como sistema filosófico organizado es relativamente nuevo, mas sus fundamentos pueden ser encontrados en las ideas de los filósofos griegos clásicos como los Estoicos e Epicurianos, y también en el Confucionismo chino. Estas posiciones filosóficas buscaban las soluciones de los problemas humanos en los seres humanos en lugar de los dioses.

Durante la edad de las tinieblas de la Europa Occidental, las filosofías humanistas fueron suprimidas por el poder político de la Iglesia. Aquellos que se atrevían a expresar opiniones en oposición a los dogmas religiosos dominantes eran desterrados, torturados o ejecutados. Fue tan solo en el Renacimiento de los siglos XIV al XVII, con el desarrollo del arte, la música, la literatura y los grandes viajes de navegación, que se pasó a considerar la alternativa de pasar de una existencia centrada en “Dios” a una alternativa humanista. Durante el iluminismo del siglo XVIII, con el desarrollo de la ciencia, los filósofos finalmente comenzaron a criticar abiertamente la autoridad de la Iglesia y a engranar lo que hoy se conoce con el nombre de “Librepensamiento”.

El movimiento librepensador del siglo XIX en América del Norte y Europa Occidental, finalmente volvió posible la renuncia de la fe ciega y la superstición, sin el riesgo de la persecución. La influencia de la ciencia y la tecnología, conjuntamente con los desafíos a la ortodoxia religiosa hecha por célebres pensadores como Mark Twain y Robert G. Ingersoll trazaron los elementos de la filosofía humanista, así mismo para las iglesias cristianas que se tornaban más preocupadas con este mundo y menos con el prójimo.

En el siglo XX los científicos, los filósofos y los teólogos progresistas comenzaron a organizarse en un esfuerzo por la alternativa humanista a las tradiciones y perspectivas puestas en la fe. Esos primeros organizadores clasificaron el humanismo como una religión no-teísta que atendía la necesidad humana de un sistema ético y filosófico organizado para orientar nuestras vidas, una “espiritualidad” sin lo sobrenatural. En los últimos treinta años aquellos que rechazaban el sobrenaturalismo como opción filosófica viable, adoptaron el término “Humanismo secular” para describir su postura de vida no-religiosa.

El Humanismo Secular, es por lo tanto, una filosofía y perspectiva que se centra en los asuntos humanos y emplea los métodos científicos y racionales para lidiar con una gran variedad de asuntos importantes para todos nosotros. Al mismo tiempo que el Humanismo Secular es adverso en muchos puntos a los sistemas religiosos basados en la fe, este se dedica al desarrollo del individuo y de la humanidad en general. Para alcanzar esta meta el Humanismo Secular alienta todo un conjunto de principios que promueven el desarrollo de la tolerancia, la compasión y una comprensión de los métodos de la ciencia, el análisis crítico y la reflexión filosófica.

Pero las posiciones intelectuales no se definen sólo por las adhesiones, sino también por los prejuicios y aversiones. Por eso, si queremos tener en cuenta las opciones intelectuales vigentes en Occidente, es preciso decir algo más. Desde hace tres siglos, existe una fuerte corriente de reacción y emancipación frente al mensaje cristiano, especialmente en los países sociológicamente católicos. Es el movimiento ilustrado o, por lo menos, una parte de él. Sería necesario hacer delicados análisis para advertir hasta qué punto sus quejas y también sus logros pueden ser admitidos. También habría que hacer muchas distinciones para identificar la multiplicidad de sus manifestaciones. Pero no es el momento de intentar un juicio tan complejo. Bastan unas breves pinceladas históricas.

En su inicio, la tradición ilustrada asumió el universo personal creado por la fe cristiana, convirtiéndolo, hasta donde era posible, en filosofía. Era el proyecto racionalista: quería apoyarse en la razón y en la ciencia que parecía el fruto mejor de la razón. De la cultura política inglesa, incorporó los ideales de la democracia parlamentaria y de tolerancia cívica. De la francesa, su amor por el derecho. Desde Kant, una parte considerable de las élites ilustradas asumió el agnosticismo como postura vital, perdió la metafísica, y se sintió liberada de la necesidad de optar por las diversas cosmovisiones. Entonces, se redefinió como una cultura laica, ética y política, sosteniendo todavía valores cristianos, sobre todo éticos, como la dignidad de la persona, la igualdad fundamental de los hombres, la libertad personal, la racionalidad de la ética y de las relaciones de justicia, y la noción de bien común. En los países de tradición católica, sobre todo en Francia, ha tenido una veta laicista y fuertemente crítica frente a la Iglesia. En otros, se ha mantenido en un agnosticismo moderado.

Desde finales del siglo pasado, perdió la iniciativa cultural y fue en parte subsumida por las utopías políticas socialistas, especialmente el marxismo, que también representaba una alternativa fuerte frente al cristianismo. En este final de siglo, al desaparecer el marxismo, se advierte, en todo el Occidente, una curiosa regresión hacia las formas de pensamiento ilustrado. La ilustración de corte laicista es la mentalidad más extendida entre las élites cultas que se resisten a ser cristianas. Se expresa a través de importantes órganos de opinión pública en todos los países de Europa, especialmente en los de mayoría católica. Frente al cristianismo, sostiene una crítica histórica y una ridiculización de su moral, especialmente de la moral sexual. Mientras intenta recuperar, por todos los medios, una ética civil y laica, que sea capaz de sustituir a la cristiana, para configurar la vida ciudadana y dar sentido a las viejas abstracciones (libertad, tolerancia, igualdad, etc.).

Pero no es fácil dar marcha atrás en la historia. El movimiento ilustrado tropieza hoy con la fuerza del reduccionismo materialista o naturalista. Muchos ilustrados con mentalidad científica han optado por alguna de las dos primeras cosmovisiones, materialismo constructivista o naturalismo biológico, y ya no pueden sostener intelectualmente los valores éticos que mantenía la ilustración. Aunque son una minoría, porque es difícil vivir de una manera coherente con esas cosmovisiones.

En cambio, los ilustrados con mentalidad humanista, después de la desaparición del marxismo, parecen haber perdido el vigor de su racionalismo crítico y de su laicismo, y se acercan a la visión espiritualista de las religiones orientales. El budismo o el hinduísmo depurados pueden ser la tentación intelectual del porvenir para las élites de la cultura occidental que son críticas frente al cristianismo. Aparte de otras alternativas folclóricas, como el politeísmo pagano; o religiosas, como el Islam, que son minoritarias.

Florece también, muy debilitado, un nuevo agnosticismo, que no se atreve a afirmar ni a negar nada. Está cansado de los “grandes relatos” y de las utopías; es decir de toda teoría general sobre el mundo, y también de todo proyecto demasiado grande para cambiarlo. Se conforma con observaciones parciales y con pequeños experimentos entretenidos. Se define como “pensamiento débil” y es una de las expresiones de lo que se ha dado en llamar “posmodernidad”. Pero su misma debilidad hace que su vida sea lánguida. No puede suscitar entusiasmos, ni sumar consensos porque no está claro, ni es constante en lo que afirma y lo que niega. Resulta demasiado dependiente de algunas figuras indecisas.

En este contexto cultural, se ofrece la oportunidad de presentar con nuevo vigor la cosmovisión cristiana, que es profundamente coherente con el universo personal que consideramos uno de los grandes tesoros de Occidente. No tiene sentido presentarla en polémica con otras opciones, porque la desgastaría inútilmente. Debe presentarse como plenitud de lo que en otros lugares está incoado. El cristianismo como fe religiosa es capaz de asumir lo que hay de verdadero en otras cosmovisiones y en otras visiones parciales de la realidad. Éste es el enfoque que conviene a una apologética moderna, que ha asumido en profundidad la idea de un Dios creador y redentor para todo el universo. Todo lo naturalmente valioso tiene un lugar en la obra de la redención y consumación en Cristo. Por eso, frente a cada cosmovisión, plena o parcial, es necesario discernir para poner de manifiesto sus reduccionismos y aceptar lo que tiene de válido.

La fuerza de la oferta cristiana se basa en la belleza del universo personal: en su idea de persona y de intimidad, de libertad y de realización humana, de las relaciones personales, de entrega y del amor, de la felicidad y de Dios. Todo este universo no tiene dónde apoyarse en las demás cosmovisiones. Ha nacido de la cultura cristiana y se sostiene sólo dentro de ella. Hay que esforzarse en mostrar su atractivo, que es un signo de su verdad. Pero, como hemos dicho antes, la belleza es sólo un indicio para vencer prejuicios; la puerta de entrada a esta cosmovisión es la fe en Cristo resucitado.

Cosmovisión cristiana:

Desde un punto de vista Cristiano, debemos decir que la creencia es un factor decisivo en nuestras vidas aún cuando nuestras creencias profesadas puedan discrepar con las creencias que son realmente operativas en nuestras vidas. Es mandato del evangelio que vivamos nuestras vidas en conformidad con las creencias enseñadas en las Escrituras. El hecho de que a menudo dejamos de vivir a la altura de este mandamiento no invalida el hecho de que podemos y deberíamos vivir de acuerdo con nuestras creencias. Entonces, ¿cuál es la relación de la cosmovisión con la Escritura? La respuesta Cristiana a esta pregunta es clara: nuestra cosmovisión debe ser moldeada y probada por la Escritura.

Puede guiar nuestras vidas legítimamente solamente si es escritural. Esto significa que en el asunto de la cosmovisión existe una brecha significativa entre aquellos que aceptan esta Escritura como la palabra de Dios y aquellos que no la aceptan así. También quiere decir que los Cristianos deben examinar constantemente sus creencias y cosmovisión verificándolas con las Escrituras, porque dejar de hacerlo será una inclinación poderosa para apropiarnos de muchas de nuestras creencias, incluso las más básicas, tomándolas de una cultura que se ha venido secularizando a un ritmo acelerado por generaciones. Una buena parte del propósito de este libro es ofrecer ayuda en el proceso de reformar nuestra cosmovisión para conformarla cada vez más a la enseñanza de la Escritura.

Como Cristianos confesamos que las Escrituras tienen la autoridad de Dios, que es suprema sobre todo lo demás – sobre la opinión pública, sobre la educación, sobre la crianza de los hijos, sobre los medios de comunicación, y en resumen, sobre todas las poderosas agencias en nuestra cultura por las cuales nuestra cosmovisión está siendo moldeada constantemente. Sin embargo, puesto que todas estas agencias en nuestra cultura deliberadamente ignoran, y de hecho generalmente rechazan de manera rotunda, la autoridad suprema de la Escritura, existe una considerable presión sobre los Cristianos para restringir su reconocimiento de la autoridad de la Escritura al área de la iglesia, la teología y la moralidad privada – un área que ha llegado a ser básicamente irrelevante en cuanto a la dirección de la cultura y la sociedad como un todo. Sin embargo, esa presión es, en sí misma, el fruto de una cosmovisión secular, y debe ser resistida por los Cristianos con todos los recursos a su disposición. Los recursos primordiales son las mismas Escrituras.

Las Escrituras son muchas cosas para el Cristiano, pero la instrucción es algo fundamental a su propósito. No hay ningún pasaje en la Escritura que no pueda enseñarnos algo acerca de Dios y su relación con nosotros. Debemos aproximarnos a las Escrituras como estudiantes, particularmente cuando comenzamos a pensar críticamente sobre nuestra propia cosmovisión. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron,” dice Pablo de las Escrituras del Antiguo Testamento (Rom. 15:4), y lo mismo se aplica al Nuevo Testamento. Esta es la razón por la cual el concepto de “sana doctrina” es tan fundamental en el testimonio apostólico – no doctrina en el sentido de teología académica, sino como instrucción práctica en las realidades de vida o muerte de nuestro caminar en el pacto con Dios. Es por medio de ese tipo de enseñanza que la firmeza y el ánimo que las Escrituras traen nos capacitarán, como Pablo continúa señalando en el mismo pasaje, a no desesperarnos sino a aferrarnos a nuestra esperanza en Cristo. Eso también está involucrado en lo que Pablo llama la “renovación de nuestras mentes” (Rom. 12:2).

Necesitamos esa renovación si hemos de discernir cuál es la voluntad de Dios en el ámbito completo de nuestras vidas – “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta..” El verificar nuestra cosmovisión comparándola y revisándola con la Escritura es parte de la renovación de la mente.

Claro, este énfasis en la enseñanza escritural es un aspecto fundamental de la religión Cristiana. Todas las variedades de Cristianos, a pesar de todas sus diferencias, están de acuerdo en este punto en alguna forma u otra. No obstante es necesario enfatizarla una vez más con referencia a la cuestión de nuestra cosmovisión porque casi todas las ramas de la iglesia Cristiana también concuerdan en que la enseñanza de la Escritura es básicamente a asunto de teología y moralidad personal, un sector privado catalogado como “sagrado” y “religioso,” demarcado del ámbito más amplio de los asuntos humanos catalogado como “secular.” Las Escrituras, según esta visión, ciertamente debiese moldear nuestra teología (incluyendo nuestra “ética teológica”) pero están, en el mejor de los casos, indirecta y tangencialmente relacionadas con asuntos seculares tales como la política, el arte y la erudición: la Biblia nos enseña una visión de la iglesia y una visión de Dios, no una cosmovisión.

Este es un error peligroso. Es cierto que debemos ser enseñados por la Escritura sobre temas tales como el bautismo, la oración, la elección y la iglesia, pero la Escritura le habla fundamentalmente a todo en nuestra vida y mundo, incluyendo la tecnología, la economía y la ciencia. El alcance de la enseñanza bíblica incluye asuntos “seculares” ordinarios como el trabajo, los grupos sociales y la educación. A menos que tales tópicos sean abordados en términos de una cosmovisión basada directamente en categorías primordiales escriturales como la creación, el pecado y la redención, en lugar de eso, nuestra evaluación y valoración de estas dimensiones supuestamente no religiosas en nuestras vidas probablemente se vea dominada por una de las cosmovisiones en competencia en el Occidente secularizado. Por consiguiente, es esencial relacionar los conceptos básicos de la “teología bíblica” con nuestra cosmovisión – o más bien entender estos conceptos básicos como constituyentes de la cosmovisión. En cierto sentido la súplica que aquí se hace por una cosmovisión bíblica es simplemente una apelación al creyente para que tome seriamente la Biblia y su enseñanza para la totalidad de nuestra civilización ahora mismo y no relegarla a alguna área opcional llamada “religión.”

Mientras que las dos primeras cosmovisiones reducen el ser del hombre a sustratos inferiores de la naturaleza, la cosmovisión espiritualista lo difumina en la totalidad espiritual. Para entender la idea de hombre que transmite la cultura occidental es necesario recurrir a otra cosmovisión que la ha inspirado y que todavía está presente como una alternativa real: la cosmovisión cristiana, que es una cosmovisión profundamente personalista.

La cosmovisión cristiana no se basa directamente en una experiencia, sino, según se presenta, en una revelación divina. Se acepte o no la existencia de esa revelación, hay que reconocer que ha permitido mirar las realidades del universo con ojos nuevos. Y que nuestra idea del universo personal, de lo que es el hombre y su dignidad, y de lo que son las relaciones humanas se basa en ella. Es la única cosmovisión -entre las que hemos visto- que permite fundamentar la personalidad humana y el universo de las realidades personales. No hay que olvidar que la palabra “persona” procede de la teología cristiana.

El centro de la vida cristiana, en contraste, es la relación que tienen los creyentes con Dios. La relación de Dios con la humanidad está basada en la gracia y el amor. Dado que Dios muestra su gracia, no necesita ser apaciguado constantemente por los creyentes. Sus leyes están reveladas claramente para nosotros en la Biblia. Cuando desobedecemos, podemos sufrir las consecuencias de nuestro pecado o experimentar su disciplina, que siempre está motivada por su amor y busca llevarnos a una relación correcta con Él. En tiempos de dificultad, no tememos su ira sino que Él nos invita a acercarnos aún más a Él. En 1 Juan 4:16-18 dice: “Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor . . .”. Si bien los creyentes encuentran tragedias y sufrimiento, no vivimos en temor sino en fe, confiando en el carácter de Dios.

La cosmovisión cristiana se basa en tres puntos fundamentales:

a) que Dios es creador, y que ha hecho el mundo cuando ha querido

b) que Dios es Trino, es decir una comunión vital de tres personas

c) que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

a) Que Dios es creador significa que Dios es un ser personal, alguien y no algo que ha creado el mundo libremente, y que no se confunde con el mundo sino que lo trasciende. Por eso puede actuar en el mundo y en la historia, cuando quiere y como quiere. Dios es el fundamento de todo, pero no se confunde con el todo. Está en el fondo de todo lo que existe, pero no es el fondo de todo lo que existe. Las cosas no son parte de Dios y Dios no es una parte de las cosas. Entre Dios y las cosas creadas hay una distancia, porque las ha creado con su voluntad, no proceden de Él como si fueran los efluvios de un gas caliente.

b) Que Dios es Trino es la gran revelación que nos ha transmitido Jesucristo, al presentarse como Hijo de Dios, lleno de su Espíritu Santo. Por Jesucristo sabemos que en el misterio de Dios hay una comunión de tres Personas. Esta verdad ilumina toda nuestra idea del cosmos y especialmente nuestra idea del hombre, de su capacidad de relación y de la vida social. En la entraña de la realidad, el ser más importante de todos los seres, Dios, resulta que contiene, que es, una comunión de tres personas. Dios no es un ser inerte, ni un espíritu gaseoso con una inteligencia inmutable y perpleja. En el núcleo del misterio de Dios -lo sabemos por Jesucristo- hay una comunión de tres personas.

c) La tercera gran afirmación es que el hombre es imagen de Dios. Hecho a semejanza de Dios y con una huella y parecido de Dios. Esto significa, entre otras cosas, que podemos buscar en el hombre el reflejo de las dos afirmaciones anteriores: que Dios es Creador y que es Trino. Si es verdad que el hombre es imagen de Dios, es la imagen de un Dios creador y de un Dios Trino. Esto tiene consecuencias antropológicas importantísimas, que vamos a intentar mostrar.

- Que el hombre es imagen de un Dios creador y trascendente significa que, a semejanza de Dios, es un sujeto creador. Por un lado, un sujeto, es decir un actor. Por otro, creador, con capacidad de hacer algo nuevo, con capacidades creativas, en definitiva con libertad para poner en la realidad los frutos de su inteligencia. Y precisamente porque hay algo de Dios en cada hombre, los hombres, aunque están dentro del mundo, no se reducen al mundo, lo trascienden. Hay en ellos algo que no viene del mundo, que no es parte del mundo, que no se reduce al mundo. Este es el fundamento de la peculiar dignidad del hombre, de todo hombre, de todo lo que sea hombre.

- La comunión de personas de la Trinidad tiene también una imagen. Se refleja, de algún modo en las comunidades humanas. Es el modelo de las comunidades humanas. Y el hecho de que cada persona divina -el Padre, el Hijo, el Espíritu- exista en relación a las otras, nos da una idea de lo que significa ser persona en Dios. Cada persona de la Trinidad, en cuanto relación subsistente, expresa la máxima realización personal. Y es el modelo de realización de las personas creadas. Por eso, la realización humana consiste “en la entrega sincera de sí mismo a los demás”, como ha querido recordar la constitución Gaudium et Spes. La entrega mutua de las personas divinas es el modelo de comportamiento de la persona humana.

Cada hombre ha sido creado por Dios y para Dios. Por eso, tiene, con respecto al creador, una relación original que lo funda como persona, como ser abierto al diálogo. Y en esa apertura funda su capacidad de relación, de comunicación y amor con otras personas, con otros hombres. A imitación de la Trinidad, los hombres, son naturalmente sociables, y están llamados a comprenderse y amarse.

De Dios se dice que “es amor” (1 Jn 4,8). Por eso, la palabra “amor” es la más importante del universo personal: expresa lo que tiene que ser la comunión entre personas. Las comunidades humanas están llamadas a reflejar la comunión divina. Y, para eso, necesitan participar de algún modo en el Misterio de la Trinidad. La idea cristiana del amor no parte de la experiencia de la amistad o del amor conyugal, sino de la revelación del amor divino.

De esta manera la revelación cristiana permite fundamentar el universo personal: sustentar auténticamente la personalidad de cada hombre, con su propia intimidad y creatividad, y expresar en qué consiste la plenitud de sus relaciones. Esta cosmovisión aporta un ideal de realización y responde a los anhelos de trascendencia y plenitud (plenitud de realización y de amor), del ser humano. La connaturalidad de esos ideales con los anhelos humanos es un indicio de su verdad, pero no es suficiente para demostrarla.

La cosmovisión cristiana parte de la fe y sólo se entra en ella cuando se acepta a Jesucristo como Hijo y revelador de Dios Padre, y redentor del hombre, porque nos ha dado su Espíritu.

Ahora que tenemos una idea general de qué es una cosmovisión, nos resta abordar la pregunta de qué es distintivamente característico en la cosmovisión arraigada en la Reforma. ¿Qué rasgos característicos la distinguen de otras cosmovisiones, tanto aquellas paganas o humanistas como de algunas Cristianas?

Debemos comenzar aceptando el hecho de que existen diferentes cosmovisiones Cristianas, aún dentro de la corriente principal de la ortodoxia Cristiana histórica. Claro, hay un sentido en el que todas las iglesias Cristianas ortodoxas (las cuales, en este contexto entenderemos como aquellas iglesias Cristianas que aceptan los así llamados credos ecuménicos de la primera iglesia) comparten una buena parte de la enseñanza bíblica básica. Todas aceptan la Biblia como Palabra de Dios, creen en un Creador trascendente que hizo todas las cosas, confiesan que el aprieto humano es debido al pecado y que Jesucristo ha venido a ofrecer expiación por ese pecado y redimir a la humanidad de su maldición, afirman que Dios es personal y trino, que Cristo es tanto divino como humano, y así sucesivamente. No debemos minimizar la medida en que la tradición Ortodoxa Oriental, la Católica Romana y los varios tipos de tradiciones Protestantes comparten la misma herencia y confesión.

Sin embargo, somos muy conscientes de las profundas divisiones dentro de la iglesia Cristiana. Estas divisiones reflejan diferencias de cosmovisión lo mismo que diferencias de teología en el estricto sentido de la palabra. Me gustaría identificar brevemente la diferencia básica entre una cosmovisión arraigada en la Reforma y otras cosmovisiones Cristianas. Una manera de ver esta diferencia es usar la definición básica de la fe Cristiana dada por Herman Bavinck: “Dios el Padre ha reconciliado al mundo creado, pero caído, por medio de la muerte de Su Hijo, y lo renueva transformándolo en el Reino de Dios por Su Espíritu.” La cosmovisión arraigada en la Reforma toma todos los elementos clave en esta confesión ecuménica trinitaria en un sentido universal y que lo abarca todo. Los términos “reconcilió,” “creado,” “caído,” “mundo,” “renueva” y “Reino de Dios” son concebidos y sostenidos como cósmicos en alcance. En principio, nada aparte de Dios mismo se ubica fuera del rango de estas realidades fundamentales de la religión bíblica. En contraste, todas las otras cosmovisiones Cristianas restringen el alcance de cada uno de estos términos de una forma u otra. Se entiende que cada uno se aplica solamente a un área delimitada del universo de nuestra experiencia, generalmente llamada la esfera “religiosa” o “sagrada.” Cualquier cosa que se ubique fuera de esta área delimitada es llamada una esfera “mundana,” o “secular,” o “natural” o “profana.” Todas estas teorías de los “dos ámbitos,” como son llamadas, son variaciones de una cosmovisión básicamente dualista, opuesta a la perspectiva integral de la cosmovisión arraigada en la Reforma, que no acepta una distinción entre los “ámbitos” sagrado y secular en el cosmos. Esta es una manera de explicar el carácter distintivo de la cosmovisión arraigada en la Reforma. Otra manera es decir que sus rasgos característicos están organizados alrededor del entendimiento central de que “la gracia restaura la naturaleza” – es decir, la redención en Jesucristo significa la restauración de una creación originalmente buena. (Por el término naturaleza quiero dar a entender, en estos contextos, la “realidad creada.”) En otras palabras, la redención es re-creación. Si examinamos esto más de cerca podemos ver que esta afirmación básica realmente implica tres dimensiones fundamentales: la creación originalmente buena, la perversión de esa creación por medio del pecado y la restauración de esa creación en Cristo. Es claro cuán fundamental llega a ser la doctrina de la creación en tal perspectiva, puesto que el punto total de la salvación es entonces el rescate de una

creación afectada por el pecado. Sin embargo, en las cosmovisiones no arraigadas en la Reforma, la gracia incluye algo añadido a la naturaleza, con el resultado que la salvación es algo básicamente “no-creacional,” súper-creacional o incluso anti-creacional. En tales perspectivas, cualquiera que sea lo que Cristo trae sobre y por encima de la creación pertenece al ámbito sagrado, mientras que la creación original constituye el ámbito secular. En los siguientes tres capítulos examinaremos las tres categorías bíblicas básicas de creación, caída y redención. Hasta aquí hemos hablado más bien de manera abstracta sobre la cosmovisión arraigada en la Reforma con el propósito de ubicarla en el contexto más amplio de las cosmovisiones Cristianas como un todo. Ahora es momento de volvernos más específicos relacionando la cosmovisión arraigada en la Reforma tanto con los temas centrales de la Escritura como con las realidades básicas de nuestra experiencia cultural y social.

Cosmovisión y lectura bíblica

El encuentro de cosmovisiones distintas ocurre, también, cuando leemos la Biblia. La Biblia es un libro con una enorme diversidad. Su elaboración se extiende a través de muchos siglos e involucra muchas culturas distintas. Cuando leemos la Biblia nos encontramos con una miríada de cosmovisiones y no con una sola.

Sin embargo, solemos leer la Biblia conforme a nuestra propia cosmovisión y la manejamos como si tratara de una sola cosmovisión. Es decir, pasamos la Biblia por el filtro de nuestra perspectiva de la realidad, sin prestar atención a las particularidades del texto mismo. Hacemos que el texto quepa dentro de nuestra caja. Por consiguiente, la lectura no es un ejercicio de escucha del texto, sino de forzarlo a encajar. En este caso el texto sirve para legitimar nuestra propia perspectiva y no para transformarnos.

Este estilo de lectura ejerce una violencia tremenda sobre el texto porque hace caso omiso a sus diferencias. En vez de escuchar el texto, uno lo utiliza para apoyar su propia perspectiva. Así que es necesario aplicar algunas técnicas de estudio que faciliten una fusión de horizontes entre el texto y el lector. Estas técnicas tienen que ser coherentes con la naturaleza misma del texto. Como la Biblia es un documento literario, histórico y teológico, hay que llegar a conocer su historia, sus formas literarias y su función dentro de su contexto, y su perspectiva teológica, que es una expresión determinada de la cosmovisión subyacente. Con estas técnicas comenzamos a construir un puente entre el pasado y el presente.

Al principio nos choca la gran diferencia entre el texto y nosotros. Hay un abismo real entre el pasado y el presente, entre el texto bíblico y el creyente actual. Es muy importante prestar atención a estas diferencias, porque a veces la relevancia se encuentra en la diferencia más que en la semejanza. Además, la observación de los contrastes nos ayuda a escuchar el texto por sí mismo, con una aproximación a su contexto. El mensaje del texto está vinculado a su propio contexto antes de conectarse al nuestro. Así que el análisis literario, histórico y teológico nos ayuda a escuchar con más precisión al texto sin imponerle primero nuestra cosmovisión.

Aunque hemos recalcado las diferencias entre el texto y el presente, hay puntos en común. El lector cristiano comparte un par de elementos esenciales en común con el texto. La experiencia humana es un aspecto que comparten el lector y el texto. A un nivel fundamental la experiencia humana traspasa las barreras del tiempo y de la cultura. Además, el Dios del texto es el mismo Dios del lector. Dios, que no está limitado por el tiempo, está presente y vincula el pasado y el presente. Estos dos elementos—la experiencia humana y Dios—son clave para construir el puente entre el texto y el lector, para conseguir una fusión de horizontes.

Hay otro elemento a tomar en consideración. La lectura del texto es de doble sentido. El lector lee el texto, pero también es vital que el texto interpele al lector. Como en el caso del español en la India, que puede modificar su perspectiva basada en su diálogo con el otro, es importante que nos abramos a la cosmovisión del texto y que consideremos nuestra vida a la luz de este filtro. De esta manera el texto puede provocar una modificación de nuestra cosmovisión, que luego afecta nuestra relación a la realidad y nuestra práctica.

No quiero decir que simplemente adoptemos la cosmovisión del texto. ¡Hay muchas cosmovisiones distintas en la Biblia! Entramos en diálogo con el texto para discernir la Palabra viva que nos encuentra. No podemos ni debemos procurar ignorar nuestra propia historia, cultura y actualidad, pero desarrollamos nuestra cosmovisión cristiana actual en conversación con la Palabra que nos viene a través de las Escrituras.

Cosmovisión, culto y proclamación

El culto es otro lugar donde entran en contacto diferentes cosmovisiones. En realidad es una experiencia muy parecida a la lectura de la Biblia. El local, los símbolos y los ritos están basados en unos relatos que expresan la cosmovisión cristiana. Además, cada congregación tiene su propia historia y peculiaridades. Hay que tomar en cuenta también que la cosmovisión cristiana está arropada en una cultura y un contexto concretos también. Por eso, se encuentran diferencias entre iglesias incluso de la misma denominación. Por ejemplo, un culto de la Iglesia Metodista en Inglaterra será diferente de uno de la misma iglesia en las islas Fiji. Las distintas culturas filtran la cosmovisión y le dan un ropaje distinto, sin necesariamente cambiar la esencia.

Es vital que las iglesias edifiquen puentes entre la cultura imperante, la cosmovisión popular, y la cosmovisión cristiana. El culto mismo sirve como un diálogo continuo entre el Evangelio de Jesucristo y el mundo. Un culto tradicionalista que no cambia en décadas destruye enlaces de comunicación y se reduce a una especie de club. Sólo los adeptos podrán descifrar su lenguaje, sus símbolos y comprender sus relatos. Luego si invitamos a un vecino al culto, pensará que está entrando en un universo alternativo desvinculado de su realidad o peor, que es una secta rara. Por eso la Iglesia necesita actualizar el ropaje de su cosmovisión para que sea accesible a la sociedad.

Lo mismo se puede decir de la proclamación. La tarea de la predicación es de interpretar la realidad a la luz de la cosmovisión cristiana, de ayudar a los oyentes orientar sus vidas para que haya coherencia con el Evangelio de Jesucristo. La predicación es una constructora de puentes de enlace. Una buena predicación observa la sociedad y la analiza a través del filtro de la cosmovisión cristiana. Potencia el diálogo necesario para procurar vivir fielmente como un cristiano en el mundo. Además, facilita que el texto sea escuchado, que el texto interpele al oyente y no simplemente pase por el filtro de la acomodación. La proclamación es la edificación de puentes.

El Teísmo Cristiano

Pregunta: ¿Por qué hay algo en vez de nada? Respuesta: Hay un Dios infinito-personal que ha creado el universo de la nada.

Pregunta: ¿Cómo se explica la naturaleza humana? Respuesta: El hombre fue creado originalmente bueno, a la imagen de Dios, pero escogió pecar y, por lo tanto, infectó a toda la humanidad con lo que se llama “naturaleza pecaminosa.” Así que el hombre fue dotado de valor por su creador, pero su comportamiento negativo está asociado con su naturaleza.

Pregunta: ¿Qué le pasa a una persona cuando muere? Respuesta: La muerte es la puerta a la vida con Dios o a la separación eterna de Él. El destino depende de la respuesta que damos a la provisión de Dios por nuestro pecado.

Pregunta: ¿Cómo se determina lo que está bien y lo que está mal? Respuesta: Las pautas para la conducta son reveladas por Dios.

Pregunta: ¿Cómo saber que uno sabe? Respuesta: La razón y la experiencia pueden ser maestras legítimas, pero es necesaria una fuente trascendente. Sabemos algunas cosas sólo porque Dios nos las dice a través de la Biblia.

Pregunta: ¿Cuál es el significado de la historia? Respuesta: La historia es una secuencia lineal y con significado de eventos que conducen a la realización de los propósitos de Dios para el hombre.

El Teísmo Cristiano tuvo una larga historia en la cultura occidental. Esto no significa que todos los individuos que han vivido en la cultura occidental hayan sido cristianos. Simplemente significa que esta cosmovisión fue dominante; fue la más influyente. Y esto fue cierto aun entre los no cristianos. Esto ya no es válido. La cultura occidental ha experimentado una transición hacia lo que se denomina Naturalismo.

Conclusión

En realidad todos los días tenemos experiencias de encuentro de cosmovisiones diferentes. En una sociedad globalizada que incluye grandes movimientos de pueblos, el vecino de al lado muy posiblemente es de otra cosmovisión. Sólo por mencionar mi propio edificiol, hay una viuda de la tercera edad, nosotros, los norteamericanos, y una pareja gay. ¿Compartimos cosmovisiones?

Si yo quiero comunicar el Evangelio a mis vecinos, tengo que entrar en su mundo, dialogar y construir puentes. Ellos ya están leyendo mi cosmovisión en el trato con ellos y cómo me muevo en la comunidad de vecinos. ¿Están viendo a Cristo en mí? Pero puedo invertir eso. ¿Estoy percibiendo a Cristo en ellos?

La cosmovisión es nuestro sistema operativo, y es dinámica. Sin abandonar los fundamentos de la cosmovisión cristiana, estamos en diálogo con nuestro entorno. Necesitamos reconocer que la experiencia de leer la Biblia es una experiencia fluida y abierta que filtramos por nuestra perspectiva, es decir, la interpretamos conforme a nuestra cosmovisión, pero que también la Biblia nos interpreta a nosotros. Nos invita a un encuentro con el Otro.

Marcos Abbott, autor del artículoCosmovisión: Nuestro sistema operativo“, de la Facultad Abierta de Teología, hace la pregunta: ¿mis vecinos están viendo a Cristo en mí.?

Aunque Abott  también entiende que la pregunta puede ser invertida. ¿Estoy percibiendo a Cristo en mis vecinos, aunque tengan cosmovisiones distintas? Si no estoy abierto a descubrir a Dios en mis vecinos, entonces eso es lo mismo que leer la Biblia solamente a través de mi filtro interpretativo. Convierte a la Biblia en herramienta de legitimación propia y deja de ser vehículo de Palabra de Dios que me confronta y me interpela. Dios me puede venir a través de quien es diferente. En el encuentro diario de cosmovisiones distintas, hay oportunidad para descubrir y para compartir a Dios.

Para concluir, cito a Abott, quien ilustra el tema de las cosmovisiones con un ejemplo relacionado con su hijo: “Hace poco mi hijo tuvo que leer un relato corto sobre la llegada de los europeos a Norteamérica. Incluía un dibujo que representaba las diferentes maneras en que los indígenas y los europeos veían los barcos. Para los indígenas los barcos eran como islas flotantes, pero los europeos percibían los barcos tal como los lectores de este artículo los verían. Además, los europeos consideraban a los indígenas como gente salvaje, sin educación.”

Abott, escribe “Ahora sabemos por los estudios antropológicos y arqueológicos que los indígenas tenían una cultura muy desarrollada, y en muchos aspectos hubieran visto a los europeos como maleducados y salvajes. Cada uno interpretaba al otro a través de su cosmovisión respectiva. Veían el mismo objeto, el barco, pero lo interpretaban de maneras distintas conforme a la lente que filtraba la información recibida por los sentidos.” Asi es el tema de las cosmovisiones; es la lente de lectura de nuestra interpretación de la realidad.

Fuentes:

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Phosphoros
    abr 30, 2008 @ 15:56:48

    Muy buena recopilación de datos…

  2. pauloarieu
    abr 30, 2008 @ 16:45:17

    Phosphoros
    Que bueno que algo te gustó. ¡Por fin… mi perro cazó una mosca.!
    Dios te bendiga,Phosphoros.
    Paulo

  3. Phosphoros
    may 07, 2008 @ 22:59:00

    ¡¡¡JÀ,Jà,jà!!!…estubo buena la del Perro.

  4. Paulo Arieu
    may 08, 2008 @ 03:09:56

    Yo te aprecio Phosphoros, se en mi corazón que no sos mal muchacho, se que estas rebelde y tendrás tus razones.

    Yo quiero pedirte perdón de corazón por aquellas personas que te ofendieron, no se como podría hacer para que tus heridas sanen, y puedas perdonar a aquellos que te ofendieron y entender que los cristianos somos personas, no ángeles.

    Muchas veces somos cretinos, y no cristianos, pero te pido perdón de corazón, en el nombre del Señor, por todas aquellas personas que te han herido usando el nombre de Jesús.

    Eso es lo que pasa cuando un “cristiano” no vive de acuerdo a lo que el Señor enseña. La gente lo odia y odia al cristianismo, y a Cristo también, pero no es esa la enseñanza de Cristo.

    Por esto debemos evitar el sincretismo o la paganización de la iglesia. Bien digo Mao Tse tsung, “la religión es el opio de los pueblos”. Es verdad, la religión es buena hasta cierto punto, pero depende de la bondad intrínseca del que lo practica.En el evangelio, depende de Cristo y de su vida,nosotros somos vasos de barro y “El es El Lirio de Los Valles”

    Yo he pasado muchas cosas en 20 años, muchísimas veces llore de dolor, de tristeza,por cosas que me han hecho, pero mi mirada esta puesta en el Señor Jesús, porque El es mi esperanza.Crees que nunca me paso nada en el evangelio? Te equivocás, si he pasado muchas cosas, pero yo sigo a Cristo,no al hombre..

    Si la sal pierde su esencia, dijo Cristo, no sirve ya para nada, solo para que la pisoteen los puercos.

    Aunque la higuera no florezca,Ni en las vides haya frutos,Aunque falte el producto del olivo,Y los labrados no den mantenimiento,Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales;18 Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.19 Jehová el Señor es mi fortaleza,El cual hace mis pies como de ciervas,Y en mis alturas me hace andar.
    Habacuc 3:17-19

  5. Phosphoros
    may 08, 2008 @ 10:10:34

    Hola, Paulo:
    Vos NO tenés que disculparte por NADA, ya que NO tenés la culpa de NADA…Saludos.

  6. JTOLIVAM
    oct 27, 2008 @ 18:28:35

    muy buen articulo.
    el mundo es un mar de cosmogonias o lo que es lo mismo de formas de pensar.
    El modelo para ser correcto, para ser apetecible u obedecido, debe encontrarse en concordancia con la vida, con lo natural.
    Luego de multiples instantes vividosllegamos a la comprension o entendimiento que lo perfecto existe pero es efimero.
    La mejor cosmogonia es desear que algo se repita , que vuelva a la vida.

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