Torres Gemelas: ¿Quién las tiró?


13 Abr 2008

Nos contaron que el 11 de septiembre de 2001 unos “islamistas” extranjeros secuestraron dos aviones, desviaron sus rutas y acabaron estrellándolos contra dos de los edificios más emblemáticos de la “capital del mundo”. Semejante humillación a la superpotencia política, económica y militar del planeta daría lugar al comienzo de la “Justicia Infinita”, luego renombrada como “Libertad Duradera” y que finalmente se quedó en “Guerra contra el Terrorismo” (tres nombres a cual más orwelliano).

El 11-S, como se conoció desde entonces al tremendo acontecimiento (que incluyó también un extraño ataque al Pentágono y una no menos extraña caída de un avión en Pennsylvania), marcó un decisivo acelerón histórico. Secuelas del mismo fueron las salvajes agresiones bélicas a Afganistán (legalizada por la ONU pero criminal a fin de cuentas) y a Irak (ilegal pero al Imperio poco le importó). Asimismo, buen número de macroatentados atribuidos a la red Al Qaeda, supuesta autora del 11-S, destacando por su repercusión mediática los de Madrid (11-M) y Londres (7-J). Además de ellos hubo no pocos amagos y/o “atentados frustrados”. Al día de hoy, aparte de la permanente sombra de nuevas masacres de ese tipo, se yergue la amenaza de agresión contra el pueblo iraní, a cuyo régimen, inevitablemente, se le atribuyen simpatías por las armas de destrucción masiva y vínculos con Al Qaeda.

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El rápido impacto mediático del 11-S (todos pudimos presenciar en directo el choque del segundo avión contra la Torre Sur) dejó helado al mundo y temblando acerca de qué pasaría entonces. El país más poderoso y no siempre el más pacífico había sido golpeado brutalmente, así que el cabreo de sus gobernantes tenía que ser monumental. Con toda la atención concentrada en Nueva York y Washington, desde donde llegaban, aunque filtradas, escenas desoladoras, la mala conciencia te invadía si osabas hacer uso de tu espíritu crítico en aquellos momentos e incluso en los días y semanas sucesivos (no obstante, algunos sí lo hicieron, p. ej. 1 y 2). Era como si, de algún modo, todos fuéramos culpables, o algo parecido, de aquella vil agresión múltiple. El Imperio “tenía derecho” no sólo a sentirse airado, sino a manifestarlo en forma de represalias bélicas, y en cambio nadie lo tenía a contrariarle.

La hipnosis siempre se ha entendido como un estado alterado de conciencia y, por tanto, de conducta. O, al menos, como una sugestión (influencia manipuladora) que adormece las instancias críticas.

El hipnotista inglés Harry Cannon define la hipnosis como «un mecanismo fisiológico por el cual una sugestión va directamente al subconsciente y es aceptada por él. Para que esto ocurra se necesitan cuatro cosas: un foco de atención, un sobresalto, la propia sugestión y que no haya crítica sobre la sugestión por el intelecto consciente». Cuando se cumplen estos requisitos, la sugestión arraiga en el subconsciente y se convierte en acción. «Esto simplemente quiere decir que la sugestión se ha sobrepuesto a la mente.»

El 11-S fue seguramente el episodio de hipnosis colectiva más abarcante y espectacular de la historia (al menos, no se me ocurre otro comparable). Naturalmente, fue así gracias a las modernas tecnologías: televisión, Internet y otros medios de propaganda.

Así, en el 11-S tenemos los requisitos que da Cannon para la hipnosis:

–El foco de atención: las torres neoyorquinas impactadas por los aviones.
–Un sobresalto: la noticia misma, tan espectacular, con todo lo que implicaba.
–La propia sugestión: desde el principio ya se nos dirigió la atención en un determinado sentido (versión oficial; autocensura de los medios).
–Ausencia de crítica sobre la sugestión: cosa que ocurrió debido a lo espectacular de la noticia y las imágenes; he aquí la clave de la hipnosis, que adormece nuestras instancias críticas.

Pero es que junto con la impresión en nuestras retinas, entraba también una ampia información adjunta: la de la versión oficial del 11-S en todos sus detalles. Que nos hizo creer, por ejemplo, y desde un primer momento, que la represalia de la superpotencia humillada era legítima; y que lo era, concretamente, contra Bin Laden y los talibanes, lo que justificaba la agresión a Afganistán (aún en curso). Esa legitimidad al día de hoy no ha sido probada, pero da igual: fuimos hipnotizados desde el principio.

Lo cierto es que desde el 11-S, la mayoría de los que hoy cuestionan la versión oficial han tardado mucho en liberarse de la hipnosis. Sólo cinco o seis años después empezó a haber una masiva y creciente conciencia crítica. Desde entonces, a aislados cuestionamientos previos (ver también) se han ido agregando serias dudas en voz alta e incluso impugnaciones cada vez más numerosas que quizá a algunos les lleven a pensar en el estallido de un clamor generalizado. Políticos como Chávez, Castro, Cosssiga, el parlamento japonés, los actores y actrices Charlie Sheen, Marion Cotillard, Sharon Stone, científicos, arquitectos e ingenieros… y un gran número de asociaciones y otras iniciativas presentes en muchos países (ver, p. ej., 1, 2, 3, 4 y 5), todos ellos, mediante sus intervenciones públicas, han estimulado al movimiento existente para esclarecer la verdad desnuda sobre el 11-S. Pero todavía es en muchos círculos (medios del Sistema) un tabú cuasirreligioso cuestionar la versión oficial (y, quizá, un riesgo nada desdeñable hacerlo).

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A la vista de vídeos informativos como el que adjuntamos (breve grabación de cómo se desmoronaron las torres), considerando hechos como la caída ese mismo día del llamado Edificio 7 (perteneciente también al World Trade Center, no impactado por ningún avión y ubicado a relativa distancia de las Torres; ver vídeo sobre su hundimiento), y teniendo en cuenta que el territorio y el espacio aéreo estadounidense ya eran entonces los más protegidos del mundo, la pregunta sigue siendo: ¿Quién tiró las Torres Gemelas?

Torres Gemelas: ¿Quién las tiró?

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