Pedro (San)


Pedro (San)

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PEDRO

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I. Primeros años

«Pedro es la forma masculina de “petra”, traducción griega del arameo “kefa” que significa piedra, roca.Apóstolde Jesucristo que fue uno de los pilares de la iglesia primitiva.» (1)

Etimología

El nombre de Pedro en arameo fue Kefás כיפא (Roca) traducido al griego como πέτρος (Petro).3

Fragmentos del Codex Sinaiticus de Mateo 16:18

Cabe resaltar que se que menciona a Pedro (Petro-πέτρος)4 como la masculinización de Petra (πέτρα) es decir Roca, no realizan la traducción a lithos (λίϑος) que vendría siendo piedra del camino y con lo cual pudiera interpretarse que seria una piedra pequeña.5

Griego Original del Códice Sinaiticus: καγω δε ϲοι λεγω οτι ϲυ ει πετροϲ και επι ταυτη τη πετρα οικοδομηϲω μου την εκ κληϲιαν και πυλαι αδου ου κατιϲχυϲου’ Mateo 16:18

6

πέτρος: Petro7
πέτρα: Petra (Roca)8

El nombre original de Pedro era, al parecer, el heb. Simeón (Hch. 15.14; 2 P. 1.1); quizás, como muchos judíos, también adoptó “Simón”, usual en el Nuevo Testamento, como nombre gr.de sonido similar. Su padre se llamaba Jonás (Mt. 16.17); él mismo era casado (Mr. 1.30), y cuando viajaba como misionero su esposa lo acompañaba (1 Co. 9.5). El cuarto evangelio indica que *Betsaida, apenas dentro de la provincia de Gaulanitis, y mayormente ciudad griega, fue su lugar de origen (Jn. 1.44), pero también tenía casa en Capernaum, Galilea (Mr. 1.21ss). Ambos lugares estaban situados en la orilla del lago, donde se ocupaba de la pesca, y en ambos lugares tendría, indudablemente, abundantes contactos con gentiles. (El nombre de su hermano es griego.) Simón hablaba el arameo con fuerte acento norteño (Mr. 14.70), y conservaba la piedad y las perspectivas de su gente (compárese Hch. 10.14), aunque no había sido instruido en la ley (Hch. 4.13; no cabe duda de que sabía leer y escribir). Es probable que haya recibido el influjo del movimiento de Juan el Bautista (compárese Hch. 1.22): su hermano Andrés fue discípulo de Juan (Jn. 1.39s).

El Nuevo Testamento lo llama dos veces por el antiguo nombre hebreo “Simeón” (Hch 15.14; 2 P 1.1 Biblia de Jerusalén), cuarenta y ocho veces por el griego “SIMÓN”, veinte veces (casi todas en Juan) por el compuesto “Simón Pedro”, y ciento cincuenta y tres veces lo llama “Pedro” (equivalente al arameo Cefas, que aparece nueve veces).Test Dicc. Nelson 10-6

En el portal de la fe católica iglesia.org, en una nota titulada “Pedro el pescador”, dice que Pedro era «Hijo de Juan (Jn 1:42) o, en la forma aramea, «bar-Jona», hijo de Jonás (Mat. 16:17), Simón era de Betsaida, (Jn 1:44), localidad que se encontraba a oriente del mar de Galilea, de la que venía también Felipe y, claro está, Andrés, hermano de Simón, «o de Capernaum, Mar 1.21-29» (2)

.«Quizás había tenido contactos con la cultura helénica y había aprendido el griego, pero conservaba el acento galileo de su arameo materno (Mar 14.70). Se le consideraba un hombre sin instrucción especial (Hch 4.13), aunque no hay por qué dudar de que supiera leer y escribir.»(3)

«Como su hermano, era pescador: con la familia de Zebedeo, padre de Santiago y de Juan, dirigía una pequeña empresa de pesca en el lago de Genesaret (Luc 5:10).

Por este motivo, debía disfrutar de un cierto desahogo económico y estaba animado por un sincero interés religioso, por un deseo de Dios -deseaba que Dios interviniera en el mundo-, un deseo que le llevó a dirigirse con su hermano hasta Judea para seguir la predicación de Juan el Bautista (Jn 1:35-42).En otro párrafo dice que Pedro era un judío creyente y observante, confiado en la presencia activa de Dios en la historia de su pueblo, y a quien le dolía el no ver la acción poderosa en las vicisitudes de las que en ese momento era testigo. Estaba casado y su suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaúm, en la casa en la que también se alojaba Simón, cuando se encontraba en esa ciudad (Mat. 8:14s; Mar. 1: 29ss; Luc. 4, 38s).»(4)

Icono de San Pedro en el Sinaí, s. VI

II. Llamado

El cuarto evangelio describe un período anterior al comienzo del ministerio de Cristo en Galilea, y a este ministerio se puede atribuir el primer contacto de Pedro con el Señor, por mediación de Andrés (Jn. 1.41). Esto hace más comprensible el posterior llamado a la orilla del lago (Mr. 1.16s). Después vino el llamado al grupo íntimo de los Doce (Mr. 3.16ss).

Fue en calidad de discípulo que Simón recibió su nuevo título, el arameo Kefa (“Cefas”), “roca” o “piedra” (1 Co. 1.12; 15.5; Gá. 2.9), que generalmente aparece en el NT en la forma gr. Petros. Según Jn. 1.42, Jesús le confirió este título (que no se conocía como nombre de persona) en su primer encuentro. La designación usual de Juan es “Simón Pedro”. Marcos lo llama Simón hasta 3.16, y Pedro casi invariablemente después. De todos modos, no hay nada que sugiera que las solemnes palabras de Mt. 16.18 representen el primer otorgamiento de dicho nombre.

III Preparación para el minsiterio por medio del bautismo:

No tenemos registro ni biblico ni historico de cuando Pedro fue bautizado.Se desconoce la fecha.

III. Pedro en el ministerio de Jesús

Pedro fue uno de los primeros discípulos en ser llamado; aparece siempre en primer lugar en las listas de discípulos; fue también uno de los tres que formaron un círculo íntimo alrededor del Maestro (Mr. 5.37; 9.2; 14.33; compárese 13.3). Con frecuencia se describe su impulsiva devoción (compárese Mt. 14.28; Mr. 14.29; Lc. 5.8; Jn. 21.7), y era el que hablaba en nombre de los Doce (Mt. 15.15; 18.21; Mr. 1.36s; 8.29; 9.5; 10.28; 11.21; 14.29ss; Lc. 5.5; 12.41). En la crisis ocurrida cerca de Cesarea de Filipos representa a todo el grupo, porque la pregunta está dirigida a todos (Mr. 8.27, 29), y todos ellos están incluidos en la mirada que acompaña la subsiguiente reprimenda (8.33).

En cualquier interpretación satisfactoria de Mr. 9.1 la transfiguración está íntimamente ligada a la confesión apostólica que la precede. Esta experiencia hizo una perdurable impresión en Pedro: 1 P. 5.1; 2 P. 1.16ss se interpretan naturalmente como referentes a la transfiguración, y, por lo que puedan valer, el Apocalipsis y Hechos de Pedro (Apócrifos del Nuevo Testamento) muestran que sus autores asociaban la predicación de este tema con Pedro.

En cierta medida, el desastroso alarde de Mr. 14.29ss es también representativo de los discípulos; y, como las declaraciones de Pedro respecto a su lealtad son las más enfáticas, así también su negación del Señor es la más explícita (Mr. 14.66ss). Sin embargo, se lo destaca en forma especial en el mensaje de la resurrección (Mr. 16.7), y recibe una visita personal por parte del Señor resucitado (Lc. 24.34; 1 Co. 15.5).

IV. La comisión de Pedro

Mt. 16.18ss es uno de los pasajes más discutidos del NT. El rechazo de la genuinidad de la declaración es arbitrario, y se basa generalmente en supuestos dogmáticos (a veces la suposición de que Jesús nunca tuvo la intención de fundar la iglesia). Otros han sostenido que la declaración es genuina pero que está mal ubicada. Stauffer la ve como una comisión relacionada con la resurrección, como Jn. 21.15; Cullmann la coloca en el contexto de la pasión, como Lc. 22.31s. Tales reconstrucciones difícilmente hacen justicia a la claridad de Mt. 16.18ss. Se trata de una bendición y una promesa; los otros pasajes son mandamientos. No es necesario desmerecer el gráfico relato que hace Marcos del incidente de Cesarea de Filipos, que concentra la atención en la incapacidad de los discípulos de comprender la naturaleza del hecho mesiánico que acaban de confesar, para reconocer que la declaración referente a la “roca” pertenece a la ocasión de la confesión.

Aun perdura la falta de unanimidad en cuanto a la interpretación del pasaje. La sugerencia de que “roca” es sencillamente una interpretación errónea de un “Pedro” vocativo en la lengua aramea originaria (SBSB H. L. Strack y P. Billerbeck, Komentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch, 6 tt, 1926-61, 1, pp.pp. página(s) 732) es demasiado superficial: el pasaje obviamente tiene algo que ver con la significación del nombre de Pedro, que según diversas fuentes en los evangelios indican le fue conferido solemnemente por Jesús. Desde los primeros tiempos se han sostenido dos interpretaciones principales, con muchas variantes.

1. Que la roca es sustancialmente lo que Pedro ha dicho: o la fe de Pedro o la confesión del mesiazgo de Jesús. Esta es una interpretación muy temprana (cf.cf. confer (lat.), compárese Orígenes, in loc., “Roca significa todo discípulo de Cristo”). Tiene el gran mérito de tomar en serio el contexto del Evangelio de Mateo, y de destacar, como lo hace Mr. 8 de manera distinta, la inmensa significación de la confesión de Cesarea de Filipos. En la perspectiva histórica deberíamos probablemente ver la roca, no simplemente como la fe en Cristo, sino la confesión apostólica de Cristo, que se indica en otros lugares como el fundamento de la iglesia (compárese Ef. 2.20). La declaración de la “roca” toca la esencia de la función apostólica, y Pedro, primero entre los apóstoles, tiene un nombre que la proclama. El hecho de que su propia fe y comprensión están, hasta ese momento, lejos de ser ejemplares no viene al caso: la iglesia ha de ser edificada sobre la confesión de los apóstoles.

2. Que la roca es Pedro mismo. Esta interpretación es casi tan antigua como la anterior, porque Tertuliano y el obispo, ya sea romano o cartaginés, contra el cual escribió en forma fulminante en De Pudicitia suponen esto, aunque con inferencias distintas. Su fuerza radica en el hecho de que Mt. 16.19 está en singular, y debe ser dirigida directamente a Pedro, aun cuando, lo mismo que Orígenes, luego digamos que tener la fe de Pedro y sus virtudes significa tener también las llaves de Pedro. Se podría, también, hacer una comparación con el Midrás sobre Is. 51.1. Cuando Dios puso sus ojos en Abraham, que estaba por aparecer, dijo: “He aquí, he hallado una roca sobre la cual podré edificar y basar el mundo. Por lo tanto, llamo roca a Abraham” (SBSB H. L. Strack y P. Billerbeck, Komentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch, 6 tt, 1926-61, 1, pp.pp. página(s) 733).

La segunda interpretación es más simple y adecuada a la letra del pasaje (Mt 16.19 aparece en singular y tiene que haber sido dirigida al mismo Pedro). Debe quedar absolutamente claro, sin embargo, que esta interpretación (y el pasaje en cuestión) no tiene ninguna relación con la idea de una sucesión apostólica (la función que Pedro recibe es en pro de la fundación de la iglesia y por tanto irrepetible), ni con una autoridad absoluta (“el poder de las [Ver=] LLAVES” se le atribuye a los doce, Mt 18.18) y reside en el anuncio de Jesucristo como el Hijo de Dios; no en una autoridad jurisdiccional (cf. Is 22.22; Mt 23.13; Ap 1.18; 3-7; 21.25). Pero no hay duda de un cierto primado de Pedro entre los apóstoles. Dicc. Nelson 10-6

Muchos intérpretes protestantes, entre ellos Cullmann en especial, adoptan este último punto de vista; pero resulta significativo, quizás, que elimina el dicho del Evangelio de Mateo. Leerlo donde lo coloca Mateo es sin duda más seguro que tratarlo como un dicho aislado.

Sin embargo, es preciso destacar que la exégesis de este punto nada tiene que ver con las afirmaciones de primacía de la iglesia romana o su obispo, en las que se ha visto envuelto debido a circunstancias históricas. Aun cuando pudiera demostrarse que los obispos romanos fueran, en algún sentido significativo, los sucesores de Pedro (lo cual no es posible), el pasaje no permite transferir las estipulaciones a ningún sucesor. El pasaje se refiere a la fundación de la iglesia, lo cual no puede repetirse.

Las palabras que siguen acerca de las llaves del reino deben ser contrastadas con Mt. 23.13. Los fariseos, a pesar de toda su propaganda misionera, cerraron la puerta del reino; Pedro, reconociendo al Hijo que está sobre la casa y tiene en su poder las llaves (compárese Ap. 1.18; 3.7; 21.25), descubre que ellas le han sido entregadas (compárese Is. 22.22) para abrir el reino (Llaves del reino). El “atar y desatar”, frase para la cual existen paralelos rabínicos ilustrativos, está aquí dirigido a Pedro, pero en otro pasaje abarca a todos los apóstoles compárese Mt. 18.18). “El apóstol sería, en el reino venidero, semejante a un gran escriba o rabino, que produciría decisiones sobre la base, no de la ley judaica, sino de las enseñanzas de Jesús que la ‘cumplían'” (A. H. McNeile, in loc.).

Pero aquí y en otras partes no hay ninguna duda de que se le atribuye a Pedro la primacía entre los apóstoles. Lc. 22.31ss indica la posición estratégica de Pedro como la vieron tanto el Señor como el diablo y, en pleno conocimiento de la deserción que se aproximaba, señala su futura función pastoral. El Señor resucitado vuelve a confirmar esta comisión (Jn. 21.15ss), y es el cuarto evangelio, que justamente señala la relación especial entre el apóstol Juan y Cristo, el que lo registra.

Pedro, pintura de El Greco

Preparación mediante el recibimiento del Espíritu Santo (Hch. 1:10-11).

a. En un lugar donde ellos estaban reunidos

«Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos “(Jn 20:19-23 RVA 1960) »

b. Pentecostés

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo…. Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. (Hch. 2:1-21,37-42 RVA 1960)»

«En un principio se dice que residía en Betsaida (Jn 1:44), y, más adelante, en Capernaum (Lc 4:31, 38), ambas ciudades situadas en la orilla septentrional del mar de Galilea. Pedro y su hermano Andrés se dedicaban al negocio de la pesca, junto con Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, “que eran partícipes con Simón”. (Lc 5:7, 10; Mt 4:18-22; Mr 1:16-21.).Por consiguiente, Pedro no era un pescador independiente, sino parte de una empresa de cierta envergadura. Aunque los líderes judíos consideraban a Pedro y a Juan “hombres iletrados y del vulgo”, esto no significa que fuesen analfabetos o ignorantes. El Nuevo Testamento Interlineal (de Francisco Lacueva, 1984, pág. 477) comenta en una nota a este texto que el término que se les aplicó, el plural de agrámmatos, en este contexto significa “que no habían estudiado en ninguna escuela rabínica”. (Compárese con Jn 7:14, 15; Hch 4:13.) Como indica el registro bíblico, Pedro estaba casado, y parece que, al menos en los últimos años, su esposa le acompañó en algunos viajes misionales, si no en todos, como hicieron las esposas de otros apóstoles. (1Co 9:5.) Su suegra vivía en la casa que él y su hermano Andrés compartían. (Mr 1:29-31.) Su hermano Andrés -discípulo de Juan el Bautista- fue quien lo dirigió a Jesús, y Pedro fue uno de sus primeros discípulos. (Jn 1:35-42.). Precisamente en esta ocasión Jesús le dio el nombre Cefas (Pedro) (Jn 1:42; Mr 3:16), y es probable que este nombre fuera profético. Jesús, que pudo percibir que Natanael era un hombre ‘en quien no había engaño’, también pudo discernir el carácter de Pedro. Este, en efecto, manifestó cualidades comparables a las de una roca, en especial después de la muerte y resurrección de Jesús, al convertirse en una influencia fortalecedora para sus compañeros cristianos. (Jn 1:47, 48; 2:25; Luc 22:32.)

Más tarde, en Galilea, Pedro, su hermano Andrés y sus socios Santiago y Juan, recibieron la llamada de Jesús para ser “pescadores de hombres”. (Jn 1:35-42; Mt 4:18-22; Mr 1:16-18.) Jesús había escogido la barca de Pedro para hablar desde ella a la multitud que se encontraba en la orilla, y después hizo que se produjera una pesca milagrosa que impulsó a Pedro, quien al principio se había mostrado escéptico, a caer ante Jesús con temor. Tras este suceso, él y sus tres compañeros no vacilaron en abandonar su negocio para seguir a Jesús. (Lc 5:1-11.) Cuando Jesús escogió a sus doce “apóstoles“, o ‘enviados’, entre los que se hallaba Pedro, este ya llevaba aproximadamente un año de discipulado. (Mr 3:13-19.) Jesús eligió de entre los apóstoles a Pedro, a Santiago y a Juan para que le acompañaran en varias ocasiones especiales, como la transfiguración (Mat 17:1, 2; Mar 9:2; Luc 9:28, 29), la resurrección de la hija de Jairo (Mr 5:22-24, 35-42) y durante su propia prueba en el jardín de Getsemaní (Mt 26:36-46; Mr 14:32-42). Estos apóstoles, junto con Andrés, fueron los que de modo personal le preguntaron a Jesús en cuanto a la destrucción de Jerusalén, su futura presencia y la conclusión del sistema de cosas. (Mr 13:1-3; Mt 24:3.) A pesar de que Pedro aparece junto a su hermano Andrés cuando se hace una relación de los apóstoles, en el registro de los acontecimientos anteriores y posteriores a la muerte y resurrección de Jesús, se le menciona con más frecuencia junto al apóstol Juan. (Lc 22:8; Jn 13:24; 20:2; 21:7; Hch 3:1; 8:14; compárese con Hch 1:13; Gál 2:9.)

No se conoce la razón, si fue por afinidad natural entre ellos o porque Jesús los comisionó a trabajar juntos. (Compárese con Mr 6:7.) Los evangelios recogen más declaraciones de Pedro que de cualquiera de los otros once apóstoles. Se ve con claridad que no era tímido ni indeciso, sino de carácter extravertido. Este hecho hizo que hablara antes que los demás y que expresara su parecer cuando otros permanecían en silencio. Asimismo, planteó preguntas que hicieron que Jesús aclarase y ampliase sus ilustraciones. (Mat 15:15; 18:21; 19:27-29; Lc 12:41; Jn 13:36-38; compárese con Mr. 11:21-25.) A veces fue impulsivo e impetuoso al hablar. Por ejemplo, fue él quien sintió la necesidad de decir algo al presenciar la transfiguración. (Mar 9:1-6; Lc 9:33.) Su comentario, un tanto irreflexivo, sobre lo provechoso de estar allí y su proposición de edificar tres tiendas, parecen indicar que no quería que terminara la visión (en la que Moisés y Elías ya se estaban separando de Jesús), sino que continuara. La noche de la última Pascua en un principio se negó enérgicamente a que Jesús le lavase los pies, pero al ser reprendido quiso también que le lavase la cabeza y las manos. (Jn 13:5-10.).Sin embargo, se puede ver que en el fondo las expresiones de Pedro nacían de sus buenos deseos e intenciones, así como de sus fuertes sentimientos.El hecho de que se hayan incluido en el registro bíblico pone de manifiesto su valor, aunque a veces revelan ciertas flaquezas humanas de quien las pronunció. Por ejemplo, cuando muchos discípulos tropezaron por la enseñanza de Jesús y lo abandonaron, Pedro, en nombre de todos los apóstoles, manifestó su determinación de permanecer con su Señor, quien tenía “dichos de vida eterna […], el Santo de Dios”. (Jn 6:66-69.) Después que los apóstoles respondieron a la pregunta de Jesús acerca de lo que opinaba la gente sobre su identidad, de nuevo fue Pedro quien expresó la firme convicción: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, por lo que Jesús lo pronunció bienaventurado o “feliz”. (Mt 16:13-17.) Pedro fue quien más veces habló, pero también fue a quien con más frecuencia se corrigió, reprendió o censuró.»(11)

“En poco tiempo, Pedro llegó a ocupar un lugar destacado dentro del grupo, ya que actúa como vocero de los doce en varias ocasiones. El es el que pregunta en nombre de todo el grupo, por ejemplo, el significado de una parábola difícil (Mt 15:15), los detalles sobre el fin del mundo (Lc 12:41), cuántas veces hay que perdonar Mat. 18:21), qué recompensa les corresponde a ellos por dejarlo todo y seguir a Jesús (Mt 19,2), o por qué una extraña higuera se había secado (Mc 11:21). Pedro es también quien responde por todos, cuando Jesús quiere saber la opinión de la gente sobre él (Mt 16,16), o si el grupo quiere marcharse y abandonarlo (Jn 6,68). “» (12)

En el portal de la fe católico iglesia.org se explica bien el tema del llamamiento de Pedro y nos dice que el llamado de Pedro por Jesús «tuvo lugar en un día como cualquier otro, mientras Pedro realizaba su trabajo depescador. Jesús se encuentra en el lago de Genesaret y la muchedumbre le rodea para escucharle. El número de los que le oían creaba ciertas dificultades. El maestro ve dos barcas amarradas a la orilla. Los pescadores han bajado de ellas y están lavando las redes. Les pide poder subir a una barca, la de Simón, y le pide que se aleje un poco de tierra. Sentado en esa cátedra improvisada, enseña desde la barca a la muchedumbre (Luc. 5:1-3). De este modo, la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús. Cuando terminó de hablar, le dice a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón responde: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes» (Lucas 5, 4-5). Jesús, que era un carpintero, no era un experto de pesca y, sin embargo, Simón el pescador se fía de este Rabí, que no le da respuestas sino que le invita a fiarse. Su reacción ante la pesca milagrosa es de asombro y estremecimiento: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lucas 5, 8). Jesús responde invitándole a tener confianza y a abrirse a un proyecto que supera toda expectativa: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres» (Luc. 5,10). Pedro no se podía imaginar todavía que un día llegaría a Roma y que aquí sería «pescador de hombres» para el Señor. Acepta esta llamada sorprendente a dejarse involucrar en esta gran aventura: es generoso, reconoce sus límites, pero cree en quien le llama y sigue el sueño de su corazón. Dice «sí», un «sí» valiente y generoso, y se convierte en discípulo de Jesús.»(13)

Preparación mediante la prueba:

«Pedro no solo era un hombre de palabras, sino de acción: demostró iniciativa, valor y un fuerte apego a su Señor. Cuando Jesús se retiró a un lugar solitario antes del amanecer, para orar, Simón no tardó mucho en ‘ir en su busca’ con un grupo de acompañantes. (Mr 1:35-37.) También fue Pedro quien pidió a Jesús que le ordenase andar sobre las aguas azotadas por la tormenta para llegar hasta donde él se hallaba, y anduvo cierta distancia antes de ceder a la duda y empezar a hundirse»(14)

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento”(Mt 14:25-32. RVA 1960)

«Durante la última noche de la vida terrestre de Jesús, Pedro, Santiago y Juan tuvieron el privilegio de acompañarlo al jardín de Getsemaní, donde Jesús se ocupó en orar con fervor. Al igual que los demás apóstoles, Pedro se durmió debido al cansancio y la tensión producida por la tristeza. Quizás debido a que Pedro había expresado reiteradamente su determinación de seguir a Jesús, fue a él en particular a quien se dirigió cuando dijo: “¿No pudieron siquiera mantenerse alerta una hora conmigo?”.» (15)

Sin embargo, a pesar de todo ese empuje, Pedro, en un momento de pánico ante el temor a la persecución, fue usado por Satanás y también negó al Señor!

a. Fue usado por Satanás

En una ocasión, movido por la compasión, cometió el error de atreverse a llevar a Jesús aparte y reprenderlo por haber predicho sus propios sufrimientos y su muerte como Mesías. Jesús le dio la espalda y le dijo que era un opositor, o Satanás, que ponía los razonamientos humanos por delante del propósito de Dios registrado en la profecía. (Mt 16:21-23.)

b. Lo negó al Señor Jesús

Pedro manifestó exceso de confianza y cierto sentimiento de superioridad sobre los otros once cuando afirmó que aunque ellos tropezaran con relación a Jesús, él nunca lo haría, y estaría dispuesto a ir a prisión e incluso morir con Jesús. Es cierto que todos los demás respaldaron esta afirmación, pero Pedro fue el primero en decirlo y reafirmarlo “con insistencia”. Fue entonces cuando Jesús predijo que Pedro negaría a su Señor tres veces. (Mt. 26:31-35; Mr. 14:30, 31; Lc. 22:33, 34.)

“Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. “(Mt 26:31-35 RVA 1960)

“Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. ” (Mr 14:30, 31 RVA 1960)

“El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces “(Lc 22:33, 34. RVA 1960)

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” (Lc. 22:31-32 RVA 1960)

«Cuando los discípulos vieron que la chusma estaba a punto de prender a Jesús, preguntaron si deberían luchar, pero Pedro, sin esperar respuesta, intervino cortando con la espada la oreja de un hombre (acción con la que posiblemente pretendía causar un daño mayor), para luego ser censurado por Jesús.

“Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. “(Mt 26:51, 52 RVA 1960)

“Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó”(Lc 22:49-51 RVA 1960)

“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? “(Jn 18:10-11 RVA 1960)

Aunque Pedro abandonó a Jesús, al igual que los otros discípulos, luego siguió “de lejos” a la chusma que fue a detenerle, tal vez debatiéndose entre el temor por su propia vida y su profunda preocupación respecto a lo que le sucedería a Jesús.

“Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. Más Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. “(Mt 26:57, 58.)

Una vez que Pedro llegó a la casa del sumo sacerdote, otro discípulo que debía haberle seguido o acompañado le ayudó para que pudiese entrar hasta el mismo patio.

“Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro “(Jn 18:15, 16.)

Una vez allí, no permaneció discretamente callado en algún rincón oscuro, sino que fue y se calentó en el fuego. El resplandor hizo posible que se le reconociese como compañero de Jesús, y su acento galileo dio pábulo a las sospechas. Al ser acusado, Pedro negó por tres veces que conociese a Jesús, y, finalmente, llevado por la vehemencia de su negación, llegó a echar maldiciones. Desde alguna parte de la ciudad se oyó a un gallo cantar por segunda vez, y Jesús “se volvió y miró a Pedro”. Este, abatido, salió fuera y lloró amargamente.

“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. ” (Mt 26:69-75 RVA 1960)

“Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos. Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba. “(Mr 14:66-72)

“Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él. Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy. Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente. “(Lc 22:54-62 RVA 1960)

“Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose. “(Jn 18:17-18)

Sin embargo, la súplica que Jesús había hecho a favor de Pedro con anterioridad recibió respuesta, y su fe no desfalleció por completo.

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos ” (Lc 22:31, 32 RVA 1960) »(16)

«El portal de la fe católica iglesia.org hace un buen comentario al respecto de la negación de Pedro a Jesús, diciendo que “la escuela de la fe no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor, de pruebas y fidelidad que hay que renovar todos los días. Pedro, que había prometido fe absoluta, experimenta la amargura y la humillación del que reniega: el orgulloso aprende, a costa suya, la humildad. También Pedro tiene que aprender que es débil y que necesita perdón. Cuando finalmente se le cae la máscara y entiende la verdad de su corazón débil de pecador creyente, estalla en un llanto de arrepentimiento liberador. Tras este llanto ya está listo para su misión.»(17)

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. “(Mt. 26:36-45)

“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación. ” (Lc 22:39-46. RVA 1960)

«Pedro no se ‘ocupó en orar’, y sufrió las consecuencias. Después de la muerte y resurrección de Jesús, el ángel les dijo a las mujeres que fueron a la tumba que llevaran un mensaje a “sus discípulos y a Pedro”. (Mr 16:1-7; Mt 28:1-10.) Cuando María Magdalena comunicó el mensaje a Pedro y a Juan, los dos salieron corriendo hacia la tumba y Juan llegó primero. Mientras que este se detuvo frente a la tumba y tan solo miró al interior, Pedro entró hasta dentro, seguido luego por Juan. (Jn 20:1-8.) El que Jesús se le apareciera antes que al grupo de discípulos y el que el ángel le hubiese nombrado específicamente a él, debió confirmar al arrepentido Pedro que su triple negación no había cortado para siempre su relación con el Señor. (Lc 24:34; 1Co 15:5.) Antes que Jesús se manifestara a los discípulos en el mar de Galilea (Tiberíades), Pedro, con su característico dinamismo, dijo a los demás que se iba a pescar, y ellos decidieron acompañarlo. Más tarde, cuando Juan reconoció a Jesús en la playa, Pedro se echó al agua impulsivamente y nadó a tierra, dejando que los demás llevaran la barca. No obstante, fue Pedro quien luego, al pedir Jesús unos peces, se fue y llevó la red a la orilla. (Jn 21:1-13.) En esta ocasión Jesús le preguntó tres veces a Pedro (quien había negado tres veces a su Señor) si le amaba, dándole la comisión de ‘pastorear sus ovejas’. Jesús también predijo cómo moriría Pedro, quien al ver al apóstol Juan, preguntó: “Señor, ¿qué hará este?”. Una vez más, Jesús corrigió su punto de vista y le señaló la necesidad de que ‘fuera su seguidor’, sin preocuparse por lo que los demás pudieran hacer. (Jn 21:15-22.) »(18)

En el portal de la fe católica iglesia.org en la nota titulada “Pedro, el apóstol”, nos cuenta que «el evangelista Juan nos narra el diálogo que en aquella circunstancia tuvo lugar entre Jesús y Pedro. Se puede constatar un juego de verbos muy significativo. En griego, el verbo filéo expresa el amor de amistad, terno pero no total, mientras que el verbo agapáo significa el amor sin reservas, total e incondicional. La primera vez, Jesús le pregunta a Pedro: “Simón…, me amas más que éstos (agapâs-me)?”, ¿con ese amor total e incondicional? (Cf. Juan 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo (agapô-se) incondicionalmente». Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: “Señor, te quiero (filô-se)”, es decir, «te amo con mi pobre amor humano”. Cristo insiste: “Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?”. Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: “Kyrie, filô-se”, «Señor, te quiero como sé querer”. A la tercera vez, Jesús sólo le dice a Simón: “Fileîs-me?”, ” ¿me quieres?”. Simón comprende que a Jesús le es suficiente su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo está triste por el hecho de que el Señor se lo haya tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: “Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero (filô-se)”. ¡Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptará a Jesús! Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo, que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que le hace ser capaz de seguirle hasta el final: «Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme” (Juan 21, 19).»(19)

«Jesús también predijo cómo moriría Pedro, quien al ver al apóstol Juan, preguntó: “Señor, ¿qué hará este?”. Una vez más, Jesús corrigió su punto de vista y le señaló la necesidad de que ‘fuera su seguidor’, sin preocuparse por lo que los demás pudieran hacer. (Jn 21:15-22.) » (20)

V. Pedro en la iglesia apostólica

En el libro de Hechos vemos la comisión en funcionamiento. Antes de Pentecostés es Pedro quien asume la dirección en la comunidad (Hch. 1.15ss); después, es el principal predicador (2.14ss; 3.12ss), el que habla en nombre de los demás ante las autoridades judías (4.8ss), el que preside cuando se trata de administrar disciplina (5.3ss). Aunque la iglesia en su conjunto hizo una profunda impresión sobre la comunidad, fue a Pedro en particular a quien se le atribuyeron poderes sobrenaturales (5.15). En Samaria, primer campo misionero de la iglesia, se ejercita el mismo liderazgo (8.14ss).

Significativamente, también, Pedro es el primer apóstol a quien se asocia con la misión a los gentiles, y eso por medio de conductos claramente providenciales (10.1ss; compárese 15.7ss). Esto inmediatamente da lugar a críticas hacia su persona (11.2ss); y no por última vez. Gá. 2.11ss nos ofrece un vistazo de Pedro en Antioquía, la primera iglesia con un número significativo de ex paganos, compartiendo la mesa con los gentiles convertidos, enfrentando luego fuerte oposición por parte de los judeocristianos, frente a la cual opta por retirarse. Esta deserción fue vigorosamente denunciada por Pablo; pero no hay la menor sugerencia de que hubiese alguna diferencia teológica entre ellos, y la queja de Pablo radica más bien en la incompatibilidad entre la práctica de Pedro y su posición teórica. La vieja teoría (reanimada por S. G. F. Brandon, The Fall of Jerusalem and the Christian Church, 1951), de una persistente rivalidad entre Pablo y Pedro, poca base tiene en los documentos.

A pesar de este error, la misión gentil no tuvo amigo más leal que Pedro. El evangelio de Pablo y el suyo tenían un mismo contenido, aunque expresado de manera algo diferente: los discursos petrinos en Hechos, el Evangelio de Marcos, y 1 Pedro, contienen la misma teología de la cruz, arraigada en el concepto de Cristo como Siervo sufriente. Estaba listo con la diestra de comunión, reconociendo su propia misión a los judíos, y la de Pablo a los gentiles, como parte de un solo ministerio (Gá. 2.7ss); y en el concilio de Jerusalén se registra que fue el primero en recomendar la plena aceptación de los gentiles sobre la base de la fe únicamente (Hch. 15.7ss).

La carrera de Pedro después de la muerte de Esteban es de difícil determinación. Las referencias a él en Jope, Cesarea, y otros lugares sugieren que se dedicó a la obra misionera en Palestina (es indudable que Jacobo se hizo cargo del liderazgo en Jerusalén). Fue encarcelado en Jerusalén, y después de escapar milagrosamente se dirigió a “otro lugar” (Hch. 12.17). Es inútil toda tentativa de identificar dicho lugar. Sabemos que fue a Antioquía (Gá. 2.11ss); puede haber ido a Corinto, aunque probablemente no por mucho tiempo (1 Co. 1.12). Está íntimamente relacionado con cristianos residentes en el norte del Asia Menor (1 P. 1.1), y posiblemente la prohibición cuando Pablo quiso ir a Bitinia (Hch. 16.7) se debió al hecho de que Pedro estaba trabajando en esa zona.

La residencia de Pedro en Roma ha sido discutida, aunque no con bases suficientes. Es casi seguro que 1 Pedro fue escrita desde allí (1 P. 5.13; Pedro, Primera epístola de). Dicho libro muestra señales de haber sido escrito poco antes o durante la persecución de Nerón, y 1 Clemente 5 insinúa que, lo mismo que Pablo, Pedro murió durante esa erupción. Poco fundamento tienen las dudas con respecto a la interpretación de 1 Clemente (compárese M. Smith, New Testament Studies 9, 1960, pág 86ss). Por otro lado, la sugerencia de Cullmann, basada en el contexto en 1 Clemente y las insinuaciones de Pablo en Filipenses en cuanto a la existencia de ciertas tensiones en la iglesia en Roma, de que Pedro, quizás a pedido de Pablo, acudió específicamente a sanar la brecha, y que la encarnización existente entre los creyentes condujo a la muerte de ambos, vale la pena tenerse en cuenta seriamente. El relato en los Hechos de Pedro, acerca de su martirio por crucifixión (compárese Jn. 21.18ss) con la cabeza hacia abajo, no puede aceptarse como fidedigno, pero es posible que esta obra (Pedro, Primera epístola de) conserve algunas tradiciones de valor. Es indudable que estos Hechos, así como otros testimonios del siglo(s) II, destacan la cooperación de los apóstoles en Roma.

Excavaciones efectuadas en Roma han revelado debajo de la basílica de San Pedro indicios de un primitivo culto de Pedro (compárese Eusebio, HEHE Eusebio, Historia eclesiástica 2.25); no es aconsejable aceptar más que esto (Pedro, Primera y segunda epístolas de).

Pedro es Probado en su fe:

Los discípulos padecieron persecución. Jesús ya lo había profetizado:

«Lucas (21:12) cuenta como Jesús les predijo a los apóstoles las persecuciones que sufrirían: “Pero antes de todo esto, os echarán mano, os perseguirán, os llevarán a las sinagogas y a las cárceles, y os harán comparecer ante los reyes y los gobernantes por causa mía.” Es más, en Juan (16:4) leemos como Jesús les dice: “Pero yo os digo de antemano, para que cuando llegue el momento os acordéis que ya os lo había anunciado. No os los dije al principio porque estaba con vosotros”. En los Hechos de los Apóstoles vemos como estos fueron perseguidos. Hechos (4:31) nos cuenta como Pedro y a Juan “los detuvieron y los metieron en la cárcel”. En Hechos (5:18) “detuvieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel publica”.» (23)

Habla ante el concilio:

“Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años” (Hch. 4:1-22 RVA 1960)

Es perseguido con Juan:

“Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo. Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.” (Hch. 5:17-42 RVA 1960):

Pedro es encarcelado y libertado:

“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba. Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: !!Es su ángel! Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar. Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro. Más Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí. “(Hechos 12:1-19 RVA 1960)

Es reprendido por Pablo:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? “(Gál 2:11-14 RVA 1960)

Su prueba final:

La prueba final que tuvo que atravesar Pedro fue la crucifixión y cabeza abajo, según la tradición.

Ya Jesús le había profetizado de que muerte iba a morir:

Juan (21:18) nos cuenta que una vez resucitado Jesús y en su aparición en la ribera del lago Tiberiades le dice a Pedro:

“De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”(Juan 21:18 RVA 1960).

La observación que hace el evangelio de Juan “indicar con que muerte iba a glorificar al Señor”, parece presuponer que los lectores conocen el modo de la muerte de Pedro… Durante las persecuciones desatadas por Nerón contra los cristianos fue crucificado, según la tradición boca abajo, a petición suya para no morir como el Señor. Esto ocurrió probablemente en el año 64, es decir cuando Pedro era ya viejo» (24)

La Crucifixión de Pedro, de Caravaggio, lo representa con la cabeza hacia abajo, de acuerdo con la tradición

La tradición católica narra que Pedro acabó sus días en Roma, donde habría sido obispo, y que allí murió martirizado bajo el mandato de Nerón en el Circo Vaticano, sepultado a poca distancia del lugar de su martirio y que a principios del siglo IV el emperador Constantino mandó construir la gran basílica vaticana.
Clemente Romano, en su carta a los corintios, data su muerte en la época de las persecuciones de Nerón. El evangelio de Juan sugiere, en su característico estilo alegórico, que Pedro fue crucificado. Algunos retrasan la redacción de este Evangelio hasta el siglo II, por lo que consideran su testimonio de menor relevancia. Pedro de Alejandría, que fue obispo de esa ciudad y falleció en torno a 311, escribió un tratado llamado Penitencia, en el que dice: “Pedro, el primero de los apóstoles, habiendo sido apresado a menudo y arrojado a la prisión y tratado con ignominia, fue finalmente crucificado en Roma”. Orígenes en su Comentario al libro del Génesis III, citado por Eusebio de Cesarea, dice que Pedro pidió ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que Jesús. Lo mismo relata Jerónimo de Estridón en su obra Vidas de hombres ilustres.
Flavio Josefo relata que la práctica de crucificar criminales en posiciones distintas era común entre los soldados. El texto de 1Pedro 5:13, que envía saludos desde “la Iglesia que está en Babilonia” ha sido entendido por algunos en sentido figurativo, como señal de que Pedro escribía desde Roma por el hecho que la antigua Babilonia sobre el Eufrates estaba en ruinas y el término “Babilonia” habría sido usado por la antigua comunidad cristiana para referirse a la Roma de los emperadores (Apocalipsis 17:5). No obstante, otros estudiosos alegan que no había razón alguna para utilizar términos crípticos para referirse a Roma en un simple saludo y suponen que Babilonia se refería efectivamente a una comunidad cristiana asentada en las ruinas de esa ciudad, por lo demás, densamente habitada.(Wikipedia)

Conceptos emitidos desde la tradición cristiana (25)

Eusebio de Cesárea enseñó: «Pedro parece que predicó en el Ponto, en Galacia, en Bitinia, en Capadocia y en Asia a los judíos en la dispersión y, finalmente, cuando llegó a Roma, fue crucificado invertido, como él mismo había creído conveniente padecer”.

Los apócrifos añadieron detalles provenientes tal vez de auténticas tradiciones históricas:

“En los Hechos de Pedro, escrito en los últimos años del siglo II, su autor afirma que fue voluntad de Pedro el ser crucificado cabeza abajo, ya que no se consideraba digno de sufrir el mismo tormento que sufrió el Señor (cfr.cap. 37)

Orígenes testimonió de manera parecida:“Finalmente [Pedro], habiendo venido a Roma, fue crucificado cabeza abajo; porque él mismo solicitó que quería sufrir de esa manera”.

San Jerónimo escribió:“[De manos de Nerón, Pedro] recibió la corona del martirio, siendo clavado a la cruz, con su cabeza hacia el suelo y sus pies hacia arriba, asegurando que él no era digno de ser crucificado del mismo modo que lo había sido su Señor”.

San Juan Crisóstomo dijo: “Gózate, Pedro, a quien fue concedido saborear el madero de la cruz de Cristo. Y a semejanza del maestro tu quisiste ser crucificado, mas no en forma recta como Cristo el Señor, sino con la cabeza vuelta hacia la tierra, casi como mostrándote encaminado de la tierra al cielo”.

San Pedro quiere ser crucificado cabeza abajo para mostrar la condición del hombre tras el pecado: en esa posición todo está al revés, y en eso consiste el pecado, en confundir a las criaturas con el Creador… La conclusión del discurso quiere explicar la unión de la humanidad en general con la naturaleza humana de Cristo en el momento de la redención por la cruz, y el elemento de unión es la penitencia: el clavo. La leyenda posterior perderá este sentido teológico profundo de la crucifixión de Pedro y achacará su gesto a un acto de humildad: El Pescador se sentía indigno de morir en la misma posición que Cristo.

Eusebio de Cesarea también enseñó que: “Pedro parece que predicó en el Ponto, en Galacia, en Bitinia, en Capadocia y en Asia a los judíos en la dispersión y, finalmente, cuando llegó a Roma, fue crucificado invertido, como él mismo había creído conveniente padecer”. Los apócrifos añadieron detalles provenientes tal vez de auténticas tradiciones históricas. En los Hechos de Pedro, escrito en los últimos años del siglo II, su autor afirma que fue voluntad de Pedro el ser crucificado cabeza abajo, ya que no se consideraba digno de sufrir el mismo tormento que sufrió el Señor (cfr. cap. 37).

«Aunque sin mucha razón, se ha discutido la antigua tradición de la estadía de Pedro en Roma. Casi no cabe dudas que 1 Pedro se escribió desde allí (1 Pe 5.13). Es fuerte la tradición que afirma que Pedro ofreció información para el Evangelio de Marcos, publicado allí, 1 Clemente (ca. 96 d.C.) lo da por muerto bajo la persecución de Nerón… no hay razón para dudar que sea verdadera la tradición de su estadía y posible martirio en Roma. En tal caso, habría ido allí hacia el final de su carrera (no estaba cuando Pablo escribe a Roma o llega allí) y habría estado poco tiempo. Quizás pronto hallara allí el martirio» (25)

Escritos .(Wikipedia)

Entre los escritos del Nuevo Testamento, se considera habitualmente que el evangelio de Marcos recoge las enseñanzas de Pedro por parte de uno de sus discípulos. Además, dos epístolas se atribuyen tradicionalmente a Pedro. Sin embargo, los originales griegos son muy superiores en su redacción a lo esperable en un rústico pescador cuyo primer idioma era el arameo y que no habría estudiado griego ni retórica (Hechos 4:13). La explicación tradicional es que, al menos la primera de las epístolas fue redactada por un amanuense que, si no recogió directamente de boca de Pedro sus opiniones, lo conocía lo suficientemente bien como para hablar en su nombre.
Sin embargo, la autoría por San Pedro de la segunda epístola está muy discutida. El comentario de la Biblia de Jerusalén dice que “muchos críticos modernos se niegan por su parte a atribuirla a San Pedro, y es difícil acusarles de estar equivocados”. De acuerdo con los estudios de Raymond E. Brown, su texto era desconocido en Occidente hasta alrededor del año 350 y luego fue rechazada por muchos cristianos. En Oriente su aceptación llegó aún más tarde, en el siglo VI en algunos casos. En cualquier caso, la primera mención del texto es una referencia a Orígenes recogida por Eusebio alrededor de 250. Numerosos autores han señalado que el estilo es muy similar al de una carta apócrifa antiguamente atribuida a Clemente Romano (la segunda epístola de Clemente), por lo que es posible que su autor fuese el mismo. Razones argumentales han demostrado que su redactor conocía la epístola de Judas.
Otras obras apócrifas han circulado con la pretensión de recoger las palabras o los hechos de Pedro. Desde la antigüedad, sin embargo, se ha cuestionado su autenticidad.

Éstas incluyen:

  • El evangelio de Pedro.
  • Los Hechos de Pedro.
  • Una carta de Pedro a Felipe, conservada en la biblioteca Nag Hammadi.
  • Un Apocalipsis de Pedro, considerado auténtico hasta entrado el siglo IV.
  • La epistola Petri, una carta que consta al inicio de algunas versiones de las obras de Clemente

Iconografía

Símbolos tradicionales de San Pedro, las llaves y el gallo

Símbolos tradicionales de San Pedro, las llaves y el gallo.
Por considerarse a sí mismos herederos de la que llaman profesión petrina, los papas de la Iglesia católica romana llevan un anillo con la imagen del santo echando las redes al mar, llamado Anillo del Pescador.
En el pasaje de Mateo 16 de acuerdo a la interpretación patrística, Jesús habría nombrado piedra o roca a Pedro cuando reconoció a Cristo como Dios y Señor. El evangelista añade que el Apóstol recibirá las llaves del cielo y de la tierra. Éste es el fundamento de la representación habitual de Pedro en la iconografía como portador de un par de llaves, como suele verse en las imágenes del Apóstol Pedro como fundador de la sede de Antioquia. Estos elementos también están presentes en la heráldica vaticana en cuanto que los Papas se consideran los sucesores de Pedro.
La tradición de la Iglesia católica apostólica ortodoxa reconoce como primer obispo de Roma a Lino, designado por el Apóstol Pablo primer fundador y misionero de la primitiva comunidad cristiana de Roma, en tanto que reserva para el Apóstol Pedro el título de Corifeo(director del coro)de los apóstoles.
La representación convencional de Pedro lo presenta ya anciano, portando las llaves. Entre sus atributos se cuentan también el barco (por su profesión), el libro y el gallo (por su negación). Ocasionalmente se lo reviste de los atributos de un obispo o de un papa, si bien las tradiciones relativas a éstos no se fijaron hasta mucho más tarde. Las escenas de su martirio lo presentan por lo general cabeza abajo.

Búsqueda de sus restos (Wikipedia)

En 1939 el Papa Pío XII ordenó la excavación en los subterráneos del Vaticano para tratar de hallar una respuesta a la tradición que en aquel tiempo se ponía en duda (ante el desmentido de otras tradiciones): que el Vaticano era la auténtica tumba del apóstol Pedro. Las excavaciones duraron hasta 1949. Se encontró una necrópolis que se extendía de oeste a este en paralelo al Circo de Nerón. La necrópolis estaba inundada de tierra, posiblemente por ser la base de la basílica primigenia. Se encontraron cinco monumentos, el más antiguo databa del siglo II. Se incluía una parte de un edificio adosado a un muro revocado en rojo que servía de fondo para el más antiguo de los monumentos. En este edificio pequeño se encontraron unas inscripciones que datan de antes de Constantino, muestra de la devoción de los fieles. Una de las inscripciones señalaba “Petrus Eni” (Pedro está aquí). Asimismo, se encontró un lugar donde debería encontrarse la tumba pero no se halló nada. Por la evidencia dada, Pío XII suspendió las excavaciones y anunció que se había encontrado la tumba de Pedro.
Margherita Guarducci, arqueóloga, prosiguió las investigaciones en 1952. Estudió y descifró el famoso muro de las inscripciones y descubrió el uso de una criptografía de tinte místico: el uso repetitivo de las letras “P”, “PE” y “PET” como abreviatura del nombre de Pedro, aunque normalmente era vinculado al nombre de Cristo. Asimismo hay aclamaciones a Cristo, María, Pedro, a Cristo como segunda persona de la trinidad y a la trinidad.
Los restos físicos de Pedro habrían sido encontrados años después. La arqueóloga elaboró la siguiente teoría: cuando Constantino quiso hacer la Basílica los huesos fueron desenterrados y envueltos en un manto de púrpura y oro y depositados en el nicho donde debían de haber estado, pero durante las excavaciones los obreros usaron el martinete para derribar muros y, deseando llegar rápidamente a la tumba, provocaron un derrumbe sobre los restos. Todo mezclado tomó la apariencia de desechos. Monseñor Cas, jefe de la Fábrica de San Pedro, guardó todo resto humano que se encontraba y los restos estuvieron así guardados diez años sin conocerse su procedencia.
El antropólogo Venerando Correnti estudió los huesos y señaló que había huesos humanos y de ratón, un ratón que debió de haber quedado atrapado tiempo después de producido el entierro. Los huesos humanos presentaban las siguientes características:
Tenían adherida tierra, mientras que los huesos de ratón estaban limpios. Se analizó la tierra adherida a los huesos humanos y es la misma tierra de la tumba abierta y que fue encontrada vacía, identificada por Pío XII como la de Pedro, las tumbas colindantes tenían otra clase de tierra.
Los huesos están coloreados de rojo por haber estado envueltos en un paño de púrpu ra y oro. Hay hilos de oro y de la tela incluso adheridos a algunos huesos. Debían de ser huesos de una persona muy venerada, pues los envolvieron en un rico paño de púrpura y oro, para guardarlos en ese nicho. Parece que estos huesos fueron retirados de la tumba de tierra y guardados para protegerlos de la humedad del terreno. Este nicho ha permanecido intacto desde Constantino hasta hoy.
Los huesos humanos son de la misma persona: varón, de complexión robusta, que murió a una edad avanzada y vivió en el siglo I.
En 1964 las investigaciones de Guarducci terminaron y un año después se publicó su libro Reliquie Di Pietro Sotto La Confossione della Basílica Vaticana (“Las reliquias de Pedro bajo la confesión de la Basílica Vaticana”), libro muy discutido por la comunidad científica. En 1968 Pablo VI anunció que, según los estudios científicos realizados, había la suficiente certeza de que se habían encontrado los restos del apóstol.

Bibliografía

1 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

2 Ibid

3 Ibid

4 http://www.iglesia.org/articulos/iglesia_cate7.php

5 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

6 ¿Cuántos eran los apóstoles de Jesús?”, www.canalcatolico.tk

7 http://iglesiadelnazarenohagerstown.org/comunidad/viewtopic.php?p=68&sid=56064bcba1ca5685c06494f194c53883

8 http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20070914020009AAtwsaM

9ibid

10 ibid

11 http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20070418144026AA6gJ6T

12 ¿Cuántos eran los apóstoles de Jesús?”, www.canalcatolico.tk

13 http://www.iglesia.org/articulos/iglesia_cate7.php

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