CUENTOS ULTRADARWINISTAS

CUENTOS ULTRADARWINISTAS


El cuento del antepasado. Un viaje a los albores de la evolución. Dawkins, Richard. Antoni Bosch Editor. Barcelona, 2008. 880 páginas.

Richard Dawkins, zoólogo evolutivo y escritor prolífico, nos tiene acostumbrados a un estilo arrogante en libros de marcado carácter darwinista. En alguna página de éste que aquí comentaré, indica que alguien le ha llamado ultradarwinista y que el adjetivo, lejos de molestarle, le complace. La saga continúa aquí con paso firme.
“El cuento del antepasado” presenta un viaje lúdico hacia atrás en el tiempo mediante el cual, a través de capítulos sucesivos ilustrados con varios “cuentos menores” nos vamos encontrando con nuestros probables antepasados en la Escala Naturae. Desde el principio, en un capítulo titulado “La vanidad retrospectiva”, el autor deja firmemente asentados sus fundamentos de partida. En primer lugar y para no variar, el darwinismo. Ya en la primera página de este capítulo dice:
La evolución rima, las pautas se repiten, y esto no ocurre por casualidad, sino por razones perfectamente comprensibles y en su mayor parte darvinianas, pues la biología, al contrario que la historia o que la física, cuenta ya con su gran teoría unificada, aceptada por todos los profesionales informados,…
Insulta así a quienes vemos claramente que la biología carece de una gran teoría unificada (¿querrá decir unificadora?). Pero no se molesta en explicar cuál es esa panacea. ¿Para qué, si todo el mundo lo sabe? Dawkins se refiere a la Teoría Darwinista de Evolución por Selección Natural (llamaré SN, ver más adelante su párrafo tomado de la p 233), pero la SN no explica ni unifica nada en biología. Si así fuese, el autor dedicaría algún párrafo cuidadoso y detallado a su descripción y a su demostración, porque las teorías hay que demostrarlas. No sólo no lo hace, sino que emplea a menudo el adjetivo darwiniano aplicado a giros, argumentos y razones, sin indicar su significado. Si por razones darwinianas hemos de entender la SN, el autor debería haberlo dicho así de claro explicando desde un principio en qué consiste en lugar de soltar letanías dirigidas a la tan omnipotente (literalmente en la p 599), oportunista (p 299), capaz de ordenar (p 107), fuerte para llevar a los genes por buen camino (195) en definitiva, omnipresente SN cuya actuación el autor no sabe explicar:
De realizar la modificación se encargó, hace miles de años, la selección natural, aunque exactamente no se de que modo logró producir la tolerancia a la lactosa en individuos adultos (p 62)
No obstante, se permite decir
Ahora que la ciencia ya no tiene que convencer a nadie de que la selección natural es verdadera y la teoría se halla plenamente consolidada… (p 233):
Para defender su dogma (SN), combate con fantasmas porque nadie discute si la SN es verdadera o no, que no nos importa. Lo que discutimos es su validez como teoría científica, porque la ciencia no se alimenta de verdades absolutas sino de teorías que puedan ser sometidas a experimentación y contrastadas, antes de ser aceptadas (si son demostradas) o rechazadas (en caso contrario). En este y otros sentidos, el libro es prueba de una gran confusión mental que se manifiesta, por ejemplo, cuando se refiere a darwinismo cósmico o en frases como estas:
Lógicamente nosotros que reflexionamos sobre estas cuestiones, hemos de encontrarnos en uno de esos universos, por raros que sean, cuyas leyes y constantes sean capaz de generarnos (p 24)
Desde el punto de vista evolutivo, lo lógico es que exista una gama continua de estadios intermedios (p 102)
Todos los estadios intermedios formarán un continuo gradual dentro del cual cada generación habrá podido procrear con su padre o su hijo del sexo opuesto (p 419)
Con el paso del tiempo evolutivo, la carrera armamentística progresa (p 789)
A lo largo de casi setecientas páginas, se describe un viaje hacia atrás en el tiempo en el que, mediante treinta y nueve encuentros consecutivos que comienzan en el que tiene lugar entre homínidos y chimpancés y terminan en las eubacterias, se recorre la historia evolutiva. Para ello, el prólogo general explica los argumentos de que se dispone para investigar el pasado. Aunque indica tres argumentos, en realidad son dos (el primero basado en los fósiles, el segundo en comparaciones de secuencias de DNA). Por los fósiles, el autor no siente demasiado respeto (Los fósiles son un extra; un extra muy de agradecer, por supuesto, pero no imprescindible, dice en la p 36). Tampoco resuelve un viejo argumento que el mismo indica como circular (p 38): La roca devoniana se reconoce porque tiene los fósiles devonianos.
En cuanto a la comparación de secuencias de DNA, reconoce (p124) que no se le dan muy bien las matemáticas y se toma muy poca molestia en explicar los fundamentos para la construcción de los árboles filogenéticos que son la clave del libro. Hasta la página 597 no dice: ha llegado el momento de explicarla detalladamente. Se refiere a la técnica del reloj molecular, pero tampoco entonces la explica, ni en general; ni en particular, para cada encuentro. Quizás porque alguien debe haberle hecho ver el fracaso del libro en este sentido, en un apéndice (pp 809-816), Yan Wong que es coautor de algunos capítulos, escribe unas breves notas a las filogenias que aún así siguen inexplicadas, porque decir que una filogenia se ha obtenido a partir de estudios, datos o diagramas moleculares e indicar la respectiva referencia original es insuficiente.
Las comparaciones de secuencias aportan datos acerca de la divergencia de las moléculas de DNA en el tiempo (reloj molecular), pero si su aplicación no está libre de controversia (p 438), el salto arbitrario de una hipotética escala temporal al número de generaciones que se hace en los sucesivos encuentros no solamente es incierto, sino que conduce a un grave error: El de pensar que el DNA solo se transmite mediante la generación (reproducción). El libro ignora completamente toda posible transferencia horizontal de DNA (entre distintas especies), algo que no solamente está más que demostrado en la actualidad, sino que se utiliza en múltiples protocolos en biotecnología. Los relojes moleculares, dice en la p 606, son eficaces si están calibrados con fósiles, pero eso trae problemas porque el calibrado adecuado requeriría la verificación con DNA extraído del fósil, lo cual es más que excepcional, ultra-excepcional.
Con las bases sentadas de manera tan vulnerable, comienza la peregrinación, guiada por un líder que sostiene, no obstante con mano firme, el báculo de su autoridad, propia del autor consagrado. La genealogía de la especie humana, se expresa en una serie de árboles filogenéticos en los que no cree ni el propio autor (p 250: la historia aparentemente clara y metódica de los contepasados, los puntos de encuentro y los peregrinos se nos van sumando en realidad es objeto de encendidos debates y sufre modificaciones cada vez que se lleva a cabo una nueva investigación).
Porque: ¿cuáles y cuántos son realmente los ejemplares representativos de cada especie, de cada nombre? ¿Qué define a un Orrorin o sirve para identificar a una Lucy (p 144)?. No estoy en absoluto de acuerdo cuando dice: Podemos dejar de lado el tema de los nombres (p 119). El tema de los nombres es fundamental, no podemos dejarlo de lado porque en cada momento debemos saber qué significa cada nombre. ¿Qué sabemos, por ejemplo, de Homo rudolfensis? ¿O, es que, acaso se están poniendo nombres a objetos que se van encontrando por el campo con motivos publicitarios o simplemente por satisfacer el ego de sus descubridores?
Cualquiera que haya comenzado a realizar su árbol genealógico familiar se habrá dado cuenta de dos cosas: Primera, lo difícil que es avanzar a partir de un momento dado (normalmente la cuarta o la quinta generación) y segunda (y más importante), que las sorpresas aparecen en mayor grado cuanto más difícil es el avance. En el estudio de la evolución el avance es también muy lento y difícil como habrá notado quien haya leído algo de paleontología clásica, algo anterior a este boom darwinista que permite, por lo que se ve, un avance no rápido sino supersónico. Cuando en el tercer encuentro, en el capítulo dedicado a los orangutanes se nos indica que vamos por nuestro tatarabuelo número 650000 uno no puede disimular una sonrisa. En capítulos sucesivos, este tipo de información sobra.
Afortunadamente, de las casi novecientas páginas del libro, pocas se dedican a justificar la vieja hipótesis del gen egoísta. Estas y algunas otras se pueden pasar por alto. Recomendaría borrar el contenido de las páginas 80 y 81. Si alguien pretende entenderlas, la jaqueca está garantizada.
El libro falla por la arrogancia de su autor. Si la supuesta teoría unificadora, la SN, no aporta nada en biología, su visión dogmática de la evolución hace un flaco favor a la percepción de la ciencia. ¿Qué nos queda entonces? Lo de siempre: el rancio poso del darwinismo, lacra y rémora de la biología actual intentando imponer su vía única de pensamiento basada en la tautología de la SN. La autopista supersónica en la que la se intenta que todos viajemos con la imaginación y el rigor científico encerrados en el maletero del dogma antiguo y arrogante. Pero, como dice Andrés Rábago, “El Roto” en una de sus viñetas: si todos vamos en una dirección, entonces,………¿cómo sabremos que no hay otra?
Emilio Cervantes
IRNASA-CSIC

http://www.oiacdi.org/blog/?p=1

La Alianza de ateos declara que la religión debe ser destruida

La Alianza de ateos declara que la religión debe ser destruida
Font size: 04/10/2007 07:00:00

Crystal City, VA (Cristianos.com) – El pasado 28 y 30 de Septiembre se llevó acabo en Crystal City, Virginia, la conferencia ateísta titulada “Crystal Clear Atheism”, un evento auspiciado por la Alianza Ateo Internacional, de los Estados Unidos.

La conferencia se realizó en el Crown Royal Hotel, en donde algunos de los autores, científicos y periodistas ateos, declararon que la ciencia debe destruir la religión organizada. Según ellos, Dios es un mito, y por tanto los niños no deben ser educados bajo ninguna doctrina religiosa.

Entre los expositores se encontraba el profesor de Oxford, Richard Dawkins; el autor Sam Harris y el periodista Christopher Hitchens, quien recientemente publicó el libro «God Is Not Great: How Religion Poisons Everything» [Dios no es marvilloso: Cómo la religión envenena todo].

Según un artículo publicado por CNSNews.com, Richard Dawkins, en su discurso comparó a la religión con el racismo, afirmando que “las costumbres religiosas son absurdas” y que “la llamada cristiandad moderada es simplemente un pretexto”. Y cuándo se le preguntó sobre la diferencia principal entre creyentes y ateos, Dawkins rápidamente contestó: “Bueno, nosotros somos brillantes”.

Con respecto a los argumentos dados en la conferencia, el autor del blog Jesus is Lord, A Worshipping Christian’s Blog, afirmó: “Me podría pasar horas hablando del ateísmo -que de igual modo es una religión-, pero no lo haré. Pero si diré que estoy de acuerdo en que la religión debe ser destruida, ya que la religión no tiene nada que ver con Jesucristo. Jesús denunció la religión. Seguir a Jesús tiene que ver con mantener una relación con el Dios verdadero y Su Hijo, que murió para salvarnos del pecado, la muerte y el infierno. Así, que como el ateísmo es una forma de la religión, yo apruebo incondicionalmente la afirmación de la alianza ateísta… ¡Destruyamos la religión!”.

Los ateos siguen siendo una minoría en los Estados Unidos. Según un sondeo realizado, el 91 por ciento de Americanos creen en Dios y otra encuesta más reciente, realizada por el Banco de encuesta y Centro de investigación, el 53 por ciento de los americanos afirmaron que tenían una opinión desfavorable de los ateos, a quienes catalogaron como las personas menos confiables.

Foto: Richard Dawkins

Por Fayra Castro

fuente bibl: http://www.noticiascristianas.org/noticia/sociedad/951.html

Richard Dawkins vs Ray Comfort, Richard Dawkins habla del Diseño Inteligente

Según las encuestas, Darwin no acaba de convencer

Según las encuestas, Darwin no acaba de convencer

4 febrero 2009 — Richard Dawkins, el defensor británico de Darwin, no está nada feliz por lo que respecta a la última encuesta en Gran Bretaña, con el resultado de que «Más de la mitad del público cree que la teoría de la evolución no puede explicar toda la complejidad de la vida en la tiera, y que un “diseñador” tiene que haber intervenido», según los diarios UK GuardianUK Telegraph. Dawkins dice que este resultado indica un índice preocupante de ignorancia científica entre los británicos. En palabras suyas, mucha parte de la población son unos «brutos ignorantes» acerca de la ciencia. Pero, ¿qué significa realmente esta encuesta?

En «El problema acerca de las encuestas sobre evolución» en Live Science, Robert Roy Britt decía que esta comunicación no debería preocupar tanto «a los que saben que la evolución es una teoría científica sólida». Observa él que sólo el 10% se adhieren al creacionismo bíblico y a una tierra reciente. Otro 12% se adhieren al diseño inteligente que, según Britt, «no es una teoría» (como la evolución, desde su punto de vista, sí lo es). Britt dice que esto significa que «sólo un 22 por ciento rechazan la evolución de forma directa». A partir de aquí, Britt pasa a analizar la forma en que se presentan las preguntas en las encuestas y las complejas interrelaciones entre ciencia y religión en las opiniones del público. También atribuía los resultados a la ignorancia acerca de lo que es la evolución. Dice él que «la teoría de la evolución es una de las teorías más bien respaldadas de la ciencia, y que los científicos y la mayoría de los enseñantes de ciencia creen que se debería enseñar en las clases de ciencia sin ideas religiosas como el creacionismo y el diseño inteligente».

Una interpretación diferente es la que daba el Dr. Michael Egnor en Evolution News, un blog sobre Diseño Inteligente del Instituto Discovery. Él observa que hay más personas que dudan del Darwinismo que las que asisten a la iglesia. El significado, para él, es evidente: «El apoyo al diseño inteligente se extiende mucho más allá del segmento de población tradicionalmente religioso». En América se da una proporción parecida. Además, observaba lo sorprendente que era esta encuesta en un país en el que Darwin vivió y escribió —el país que le honra como uno de sus más célebres hijos. «Después de generaciones de adoctrinamiento darwinista en las escuelas públicas, más de la mitad del público británico duda del darwinismo como explicación adecuada para la vida.»

Egnor se considera ofendido ante la arrogancia de Dawkins al calificar a sus conciudadanos como «brutos ignorantes».

www.sedin.org

La existencia de Dios enfrenta a Dawkins y Lennox

La existencia de Dios enfrenta a Dawkins y Lennox

Un nuevo debate entre ateísmo y religiosidad confirma que son irreconciliables

Dos pensadores, uno ateo y otro cristiano, se enfrentaron recientemente en un debate desarrollado en la universidad de Birmingham-Alabama para discutir la existencia de Dios. Los protagonistas fueron Richard Dawkins, autor de El Espejismo de Dios, y John Lennox, del Whitefield Institute de Oxford. Sin llegar a ningún acuerdo final, uno y otro defendieron sus posturas sobre Dios y su necesidad o, en el caso de Dawkins, sobre Dios como falsa ilusión. Seguido por cientos de personas y varios medios de comunicación, el debate reflejó dos líneas paralelas de pensamiento que no parecen destinadas a cruzarse nunca. Por Olga Castro-Perea.

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A principios del mes de octubre, dos conocidos pensadores contemporáneos establecieron un amistoso debate en la Universidad de Alabama-Birmingham (Estados Unidos), para exponer sus argumentos acerca de la existencia o no de Dios.

Los protagonistas fueron Richard Dawkins, conocido defensor del ateísmo y autor de El gen egoísta o El Espejismo de Dios, y el capellán, filósofo y matemático John Lennox, del Whitefield Institute de Oxford. El encuentro estuvo patrocinado por la Fundación cristiana Fixed Point

Lennox comenzó su comentario señalando que nadie desea basar su vida en una falsa ilusión pero, se preguntaba, ¿cuál es la falsa ilusión en realidad, el cristianismo o el ateísmo? 

La argumentación de Dawkins, por el contrario, comenzó en la línea del cientificismo ateo que ya ha reflejado en sus obras: la fe es ciega, pero la ciencia está basada en evidencias, que son utilizadas para conocer el universo y la realidad. La fe, según él, nos exige conformarnos con el desconocimiento, informa al respecto The Christian Post .

Falsa ilusión

Por otro lado, Dawkins defendió que la religión proporciona una respuesta demasiado sencilla a las cuestiones existenciales, puesto que atribuye la existencia del cosmos a un hacedor, un impulso del que la ciencia se ha emancipado.

Lennox, por su parte, argumentó que algunas creencias religiosas sí son ciegas, pero no todas: se refirió a la fe en ídolos o dioses falsos, una fe que la misma Biblia condena. Para Lennox, su fe en Dios y en Cristo como Hijo de Dios se deriva, sin embargo, del raciocinio y está basada en evidencias objetivas (procedentes de la ciencia y de la historia) y subjetivas, derivadas de su propia experiencia.

En cuanto al Creador o hacedor, Dawkins afirmaba que la ciencia no tiene una respuesta definitiva al origen del universo, aunque el darwinismo sí que explica cómo la vida se ha ido desarrollando. De cualquier forma, un Creador no puede ser una explicación satisfactoria, según él, porque ¿quién habría creado entonces a ese Creador? Siempre quedaría pendiente una pregunta anterior que ni la religión ni la ciencia podrían contestar.

Para Lennox la cuestión sin embargo está tan clara: a Dios no se le ha creado porque Él es eterno. Según él, ni judíos ni musulmanes ni cristianos podrían creer en un Dios creado porque un dios así sería, por definición, una decepción.

Terreno social

En el terreno social, los pensadores hablaron acerca de la influencia del ateísmo en la sociedad y, especialmente, en la educación. Los ateos suelen creer que enseñar cualquier tipo de fe a los niños podría entrañar el peligro del extremismo o del desarrollo de actitudes fanáticas en la edad adulta.

Según Dawkins, enseñar a los niños que la fe es una virtud significaría enseñarles que no tienen por qué justificar lo que hacen en nombre de ella y que, de hecho, la fe ha servido siempre para justificar actos terribles.

A esto Lennox añadiría que estaba de acuerdo en lo que se refiere al peligro de no enseñar a los jóvenes a cuestionar sus propios actos, pero que también es cierto que ateos como Stalin o Mao Zedong han hecho barbaridades.

En defensa del ateísmo, Dawkins argumentó que dichas barbaridades, aunque estuvieran perpetradas por ateos, no se hicieron en el nombre del ateísmo y que, por el contrario, en nombre de la religión sí se han cometido atrocidades.

Según él, la promesa del cielo o del paraíso, de una vida mejor después de la muerte, puede incitar a cualquier cosa. Lennox señaló que, de cualquier manera, el ateísmo también es un tipo de fe, lo que Dawkins negó.

¿Sólo existe lo demostrable?

Por otro lado, en cuanto a la moral, según Dawkins, las personas son capaces de discernir entre lo que está bien o lo que está mal sin necesidad de acudir a la Biblia. Para Lennox, la especie humana comparte un sentido común de la moralidad porque somos seres morales, a imagen de Dios.

El ponente cristiano, asimismo, rebatió la negación científica de la existencia de Dios en base a su imposibilidad de demostración, dirigiéndose directamente a Dawkins con una referencia personal: Dawkins creía que su esposa le amaba, a pesar de que ese hecho no estuviera probado científicamente ni se pudiera llegar a probar.

Por otra parte, Lennox señaló que la ciencia no ha conseguido explicar una cosa: el origen de la vida, cuestión a la que no ha dado respuesta la teoría darviniana. Para él, de hecho se debe creer en una inteligencia racional originaria en el universo antes de poder hacer algún tipo de ciencia.

Este debate fue seguido por el canal Fox News, la BBC, y la National Public Radio, y desarrollado ante un público de más de 1.000 personas, según informa la revista The Birmingham News. El debate reflejó dos líneas paralelas de pensamiento que no parecen destinadas a cruzarse nunca.

Jueves 01 Noviembre 2007
Olga Castro-Perea

fuente: http://www.tendencias21.net/La-existencia-de-Dios-enfrenta-a-Dawkins-y-Lennox_a1875.html

Las cinco crisis de la teoría evolucionista

Las cinco crisis de la teoría evolucionista

Dr. Ray Bohlin


El caso del mecanismo faltante

La creciente crisis de la teoría darwiniana se está volviendo cada vez más aparente. El trabajo de los creacionistas y otros no darwinianos está creciendo y encontrando un oído más receptivo que nunca antes. En esta discusión quiero explayarme sobre lo que considero son las cinco áreas críticas en las que el darwinismo y la teoría evolucionista en general están fallando. Son:

  1. La falta de confirmación del mecanismo de evolución del darwinismo.
  2. El fracaso total de los estudios del origen de la vida en producir un modelo viable.
  3. La incapacidad del mecanismo evolucionista para explicar el origen de las adaptaciones complejas.
  4. La bancarrota de la hipótesis del relojero ciego.
  5. La evidencia biológica de que la regla en la naturaleza es la estabilidad morfológica a lo largo del tiempo y no el cambio constante.

Gran parte de la razón de la posición privilegiada de la evolución se ha debido a la confusión sobre a qué se refiere exactamente la gente cuando usa la palabra “evolución”. Este es un término escurridizo. Si “evolución” simplemente significa “cambio a lo largo del tiempo”, no es polémico. Las polillas moteadas, las moscas de la fruta Drosophila hawaianas y aun los pinzones de las Galápagos son claros ejemplos de cambios a lo largo del tiempo. Si usted dice que esta forma de evolución es un hecho, bueno, así sea. Pero muchos científicos extrapolan más allá de este significado. Dado que el “cambio a lo largo del tiempo” es un hecho–según el argumento–, también es un hecho que las polillas, las moscas de la fruta y los pinzones han evolucionado, todos, de un ancestro remoto común. Pero esto no deja de ser un razonamiento circular.

La verdadera pregunta, sin embargo, es de dónde vienen las polillas, las moscas y los pinzones, en primer lugar. Los ejemplos comunes de la selección natural que actúa sobre la variación genética actual no nos dicen cómo hemos llegado a tener caballos, avispas y pájaros carpinteros, así como las enormes variedades de animales vivientes. Los evolucionistas le dirán que aquí es donde entran en escena las mutaciones. Pero las mutaciones no mejoran el escenario tampoco.

Al hablar de todo el trabajo de mutación hecho con bacterias a lo largo de varias décadas, el gran zoólogo y evolucionista francés Pierre-Paul Grasse dijo:

“¿De qué sirven sus incesantes mutaciones si no cambian? En resumen, la mutaciones de bacterias y virus son meramente fluctuaciones hereditarias alrededor de una posición central; un movimiento a la derecha, un movimiento a la izquierda, pero ningún efecto evolutivo final”.

Cuando hablo de la evolución o del darwinismo, me estoy refiriendo al origen de nuevas formas biológicas, nuevas estructuras adaptables, novedades morfológicas y bioquímicas. Esto es precisamente lo que aún no se ha explicado. Cuando la gente cuestiona las explicaciones populares de las adaptaciones complejas, como la extremidad de los vertebrados, o la reproducción sexual, o la lengua del pájaro carpintero, o el huevo de cáscara dura del reptil, suelen recibir una letanía de razones por las que estas estructuras son benéficas para los organismos. Más precisamente, la ventaja selectiva de estas estructuras se ofrece como la razón por la que evolucionaron. Pero esto vuelve a ser un razonamiento circular. No es suficiente que un evolucionista explique la función de una estructura específica. ¡Lo que se necesita es explicar el origen mecanicista de estas estructuras!

La selección natural no explica cómo los organismos se adaptan a cambios menores en su entorno. La selección natural permite a los organismos hacer lo que Dios les ordenó que hicieran. Es decir, fructificar y multiplicarse. Sin embargo, la selección natural no contesta la pregunta crítica de cómo las adaptaciones complejas surgieron en primer lugar.

El origen de la vida

Hemos sido llevados a creer que no es difícil concebir un mecanismo mediante el cual moléculas orgánicas pueden ser fabricadas en una tierra primitiva y organizarse en una célula viva que se reproduzca. En realidad, la facilidad con la cual esto puede (supuestamente) ocurrir es el fundamento de la creencia popular de que hay numerosos planetas en el universo que contienen vida. Nada podría estar más lejos de la verdad.

Experimentos primitivos dieron a entender que era relativamente sencillo producir algunos de los bloques constructivos de la vida, como los aminoácidos, los componentes de las proteínas. Sin embargo, la euforia del experimento de Miller-Urey de 1953 ha dado lugar a una crisis del paradigma en 1993 en la investigación del origen de la vida. La anhelada pero viable atmósfera de amoníaco, hidrógeno, metano y vapor de agua ha sido reemplazada por una atmósfera más realista pero mezquina de nitrógeno, dióxido de carbono, monóxido de carbono, sulfuro de hidrógeno y cianuro de hidrógeno. Esto es lo que vomitan los volcanes. Esta atmósfera plantea un desafío mucho más difícil. Las moléculas relevantes para la vida serían mucho más escasas. Aun más dañina es la posibilidad de la presencia de oxígeno molecular en la atmósfera, como resultado de la descomposición del vapor de agua. El oxígeno molecular contaminaría cualquier reacción que produjera moléculas biológicamente significativas.

Los coacervados, las microesferas, el “mundo del ARN”, y otros escenarios tienen, todos, serias fallas, que son obvias para todos en el campo, salvo para quienes continúan trabajando con ese escenario específico. Algunos han llamado a este aprieto, en privado, una crisis del paradigma. No existe ningún modelo central competidor, sino solo numerosos escenarios impulsados por el ego. Aun los experimentos en los que los investigadores intentan simular la tierra primitiva han sido criticados severamente. Estos experimentos suelen cubrirse del fracaso usando reactivos purificados, fuentes de energía aisladas, niveles de energía exagerados, procedimientos que impulsan de forma poco realista la reacción hacia el producto deseado y protegen a los productos de los efectos destructores de las fuentes de energía que los produjeron en primer lugar.

La verdadera situación fue resumida bastante bien por Klaus Dose:

“Más de 30 años de experimentación sobre el origen de la vida en los campos de la evolución química y molecular han llevado a una mejor percepción de la inmensidad del problema del origen de la vida en la tierra, más que a su solución. Al presente, todas las discusiones sobre las principales teorías y experimentos en el campo finalizan en un punto muerto o en una confesión de ignorancia”. [De Interdisciplinary Science Review13(1988):348-56.]

Pero todas estas dificultades en conjunto, por apabullantes que sean, no son el verdadero problema. La mayor dificultad en los escenarios de la evolución química es cómo justificar el código de información del ADN sin que una inteligencia forme parte de la ecuación. El ADN lleva el código genético: el anteproyecto genético para construir y mantener un organismo biológico. Solemos usar los términos del lenguaje para describir la actividad del ADN: El ADN es “transcrito” al ARN: El ARN es “traducido” a la proteína; los geneticistas hablan del “código genético”. Todas estas palabras implican inteligencia, y el código de información del ADN requiere una programación previa inteligente, pero un comienzo puramente naturalista no brinda este aporte. Los experimentos químicos podrán ser capaces de construir pequeñas secuencias de nucleótidos para formar pequeñas moléculas de ADN, pero esto no hace que signifiquen nada. No existe ninguna fuente para el código de información en un origen de la vida estrictamente naturalista.

La incapacidad de justificar las adaptaciones complejas

Tal vez el mayor problema para los biólogos evolucionistas es el problema irresuelto de la novedad morfológica y bioquímica. En otras palabras, algunos aspectos de la teoría evolucionista describen precisamente cómo los organismos existentes están bien adaptados a sus entornos, pero hacen un trabajo muy pobre en explicar exactamente cómo las estructuras adaptables necesarias llegaron a existir en primer lugar.

Las explicaciones darwinianas de las estructuras complejas, como el ojo o la increíble lengua del pájaro carpintero, no llegan a intentar explicar de manera realista cómo esas estructuras surgieron mediante la mutación y la selección natural. El origen del ojo, en particular, le causó a Darwin un problema no menor. Su única sugerencia fue considerar la variedad de ojos en la naturaleza, algunos más complejos y versátiles que otros, e imaginar una secuencia gradual que vaya de los ojos más simples a los más complejos. Sin embargo, el gran evolucionista de Harvard, Ernst Mayr, reconoce que los diferentes ojos en la naturaleza no están en realidad relacionados entre sí por alguna secuencia de lo simple a lo complejo. Más bien, él sugiere que los ojos probablemente tuvieron que evolucionar más de cuarenta veces en la naturaleza. La pesadilla de Darwin nunca ha sido resuelta. Solo se ha vuelto cuarenta veces más aterrador para el evolucionista.

En su libro de 1987, Theories of Life (Teorías de la vida), Wallace Arthur dijo:

“Uno puede sostener que no hay ninguna evidencia directa del origen darwiniano de un diseño del cuerpo, ¡pero la [polilla] negra Biston Betularia ciertamente no es un ejemplo! Así que finalmente debemos admitir que en realidad no sabemos cómo se originan los diseños del cuerpo”.

En 1992, Keith Stewart Thomson escribió en American Zoologist:

“Mientras que los orígenes de las principales novedades morfológicas permanecen sin resolverse, uno puede ver también la obstinada persistencia del cuestionamiento macroevolucionista… como un desafío a la ortodoxia: la resistencia al punto de vista de que la teoría sintética nos dice todo lo que necesitamos saber acerca de los procesos evolucionistas”.

La capacidad de explicar importantes novedades morfológicas no es la única falla de la teoría evolucionista. Hay quienes sostienen que las estructuras moleculares son todavía más difíciles de explicar. La arquitectura molecular de la célula ha sido descrita recientemente por el biólogo molecular Michael Behe como consistente en sistemas irreduciblemente complejos que deben contar con todos los componentes presentes a fin de ser funcionales. El funcionamiento molecular de las cilias, el transporte de electrones, la síntesis de proteínas, la identificación celular vienen inmediatamente a la mente. Si los sistemas son irreduciblemente complejos, ¿cómo surgen lentamente a lo largo de extensos períodos de tiempo a partir de sistemas que originalmente están haciendo otra cosa?

Mientras publicó cientos de artículos relacionados con la homología y filogenia moleculares de diversas proteínas y ácidos nucleicos a lo largo de los últimos diez años, el Journal of Molecular Evolution no publicó un solo artículo que intentara explicar el origen de un solo sistema biomolecular. Quienes hacen de la evolución molecular el trabajo de su vida están demasiado ocupados estudiando la relación de la molécula del citocromo c en el hombre con la molécula del citocromo c en las bacterias, en vez de tratar la cuestión más fundamental: ¡de dónde vino el citocromo c en primer lugar!

Claramente, entonces, sea que estemos hablando de importantes novedades morfológicas, como el ala de los murciélagos o las aves, las adaptaciones para el nado de los peces y las ballenas, el ojo humano o el funcionamiento molecular submicroscópico de las mitocondrias, los ribosomas o las cilias, la teoría evolucionista no ha logrado explicar cómo estas estructuras podrían surgir mediante procesos naturales exclusivamente.

La bancarrota de la hipótesis del relojero ciego

En su libro de 1986, The Blind Watchmaker (El relojero ciego), Richard Dawkins afirma: “La biología es el estudio de cosas complicadas que tienen la apariencia de haber sido diseñadas con un propósito”. Explica:

“La selección natural es el relojero ciego; ciego, porque no ve hacia adelante, no planea las consecuencias, no tiene propósitos en mente. Sin embargo, los resultados vivientes de la selección natural nos impresionan abrumadoramente con la apariencia de diseño, como de un maestro relojero; nos impresionan con la ilusión de diseño y planificación”.

El crítico del darwinismo Philip Johnson ha dicho, en tono de broma, ¡que el relojero no solo es ciego sino inconsciente!

Dawkins luego sugiere cómo este proceso podría haber ocasionado el desarrollo de las alas en los mamíferos. Dice:

“¿Cómo se originaron las alas? Muchos animales saltan de rama en rama, y a veces caen al suelo. Especialmente en un animal pequeño, toda la superficie del cuerpo atrapa el aire y ayuda en el salto, o amortigua la caída, y actúa como un burdo alerón. Toda tendencia de aumentar la proporción entre la superficie del área y el peso ayudaría. Por ejemplo, aletas de piel que crecieran en los ángulos de las coyunturas… No importa cuán pequeña o cuán poca parecida a un ala fueran las primeras aletas. Debe haber alguna altura–llamémosla “h”–a la que dicho animal se rompería el cuello si cayera de esa altura. En esta zona crítica, toda mejora en la capacidad de la superficie del cuerpo para atrapar el aire e interrumpir la caída, por más leve que fuera la mejora, significará la diferencia entre la vida y la muerte. La selección natural, entonces, favorecerá los leves prototipos de aletas. Cuando estas aletas se conviertan en la norma, la altura crítica “h” se volverá algo mayor. Ahora, un leve aumento adicional en las aletas hará la diferencia entre la vida y la muerte. Y así sucesivamente, hasta llegar a tener alas propiamente dichas.”

Esto puede sonar bastante seductor y convincente inicialmente. Sin embargo, se están usando tres supuestos falsos.

La primera suposición dudosa es que la naturaleza puede brindar toda una cadena de mutaciones favorables de la clase precisamente necesaria para cambiar extremidades delanteras en alas en una línea de desarrollo continuo. ¿Cuál es el milagro mayor, un cambio instantáneo o toda una serie de miles de diminutos cambios en la secuencia apropiada?

La otra suposición es que ocurra “en igualdad de circunstancias”. Estas mutaciones no deben tener efectos secundarios dañinos. ¿Cómo se ve afectada la capacidad prensil de la criatura mientras crecen estas aletas? Estos pequeños animales, del tipo de la musaraña, podrían verse atrapados lentamente entre perder su adaptabilidad a los árboles antes de que puedan usar plenamente sus alas “en desarrollo”. O podría haber algún efecto aparentemente no relacionado o no previsto que ponga en peligro su capacidad de supervivencia.

Una tercera suposición errónea es la frecuentemente usada analogía con la selección artificial. “Si la selección artificial puede lograr tanto en solo unos pocos años”, dice el argumento”, solo piense en lo que la selección natural puede hacer en millones de años”. Pero la selección artificial funciona porque incorpora la previsión y el propósito consciente, cuyas ausencias son las cualidades definidoras del relojero ciego. Además, la selección artificial en realidad demuestra los límites del cambio, ya que suele llegarse a un punto límite en el proceso de selección muy rápidamente.

La hipótesis del relojero ciego, cuando se la analiza cuidadosamente, cae en la categoría de las historias fantasiosas y entretenidas, pero que no guardan ningún parecido con la realidad.

El predominios de la estasis por sobre la mutabilidad

Más que observar organismos que evolucionan gradualmente hacia otras formas, el registro fósil habla de “apariciones repentinas” y de “estasis”. Nuevos tipos aparecen repentinamente y cambian muy poco luego de su aparición. La rareza de ejemplos de cambio gradual en el registro fósil fue revelada como el secreto profesional de la paleontología por Steven J. Gould, de Harvard. Gould también se refiere a la estasis como un “dato” en el sentido paleontológico. Estas son observaciones significativas.

Darwin predijo que habría innumerables formas transicionales entre las especies. Pero la realidad de la paleontología (el estudio de los fósiles) es que nuevas formas aparecen repentinamente sin ningún indicio del cambio “gradual” predicho por la evolución. No solo eso, sino que, una vez que han aparecido estas nuevas formas, permanecen relativamente sin cambios hasta la actualidad, o hasta que se extinguen.

Algunos animales y plantas han permanecido sin cambio durante literalmente millones de años. Estos “fósiles vivientes” pueden ser más embarazosos para los evolucionistas de lo que suelen admitir. Una criatura en particular, el coelacanto, es muy aleccionador. El primer coelacanto vivo se encontró frente a la costa de Madagascar en 1938. Se creía que los coelacantos habían estado extintos durante 100 millones de años. Pero la mayoría de los evolucionistas consideró que este descubrimiento era una gran oportunidad para estudiar el funcionamiento de un ancestro del tetrapodo. Los coelacantos se parecen a los ancestros propuestos para los anfibios. Se esperaba que algunas pistas podrían derivarse del moderno coelacanto, con relación a exactamente cómo un pez se volvió preadaptado a la vida terrestre, porque no solo había un esqueleto completo sino todo un conjunto de órganos internos por añadidura. Los resultados del estudio fueron muy desalentadores. El moderno coelacanto no mostró ninguna evidencia de órganos internos preadaptados para el uso en un entorno terrestre. El coelacanto es un pez; ni más, ni menos. Sus aletas huesudas se usan excepcionalmente como remos bien diseñados para cambiar de dirección en un entorno de mar profundo, y no son las protoextremidades de futuros anfibios.

En ningún lado aparece demostrado mejor el problema de la aparición repentina que en el esquisto de Burgess, en las Rocallosas Canadienses. El esquisto de Burgess ilustra que en el período del Cámbrico (que los evolucionistas estiman corresponde a unos 500 millones de años atrás), casi todos los diseños de cuerpos básicos (phyla) de los animales existentes en la tierra comenzaron a existir en un instante geológico (definido como de solo 20 a 30 millones de años), y nada tan nuevo como esto ha aparecido desde entonces. La “explosión del Cámbrico”, como se lo suele llamar, es algo asombroso. Esponjas, medusas, gusanos, artrópodos, moluscos, equinodermos y muchas otras criaturas más extrañas que la ficción aparecen todos en el Cámbrico, sin un indicio de sus antecesores o aun cómo podrían estar relacionadas entre sí. Esta es la expectación opuesta del darwinismo, que habría predicho que cada diseño del cuerpo emergería de phylapreexistentes a lo largo de extensos períodos de tiempo. La explosión del Cámbrico contradice directamente la evolución darwiniana.

Si Darwin estuviera vivo hoy, creo que estaría tremendamente desilusionado. Hay menos evidencia a favor de su teoría hoy que en su propio tiempo. La posibilidad de que el ojo humano evolucionara podría haberlo hecho estremecerse, pero la organización de la célula más simple es infinitamente más compleja. ¡Tal vez lo llevaría más cerca de una crisis nerviosa!

© 2003 Probe Ministries. Todos los derechos reservados.

Traducción: Alejandro Field


Autor: Raymond G. Bohlin

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Teoria del gen egoísta Richard Dawkins

Teoria del gen egoísta Richard Dawkins

Contexto histórico:

Para ver el contexto histórico visualizar:http://www.teacuerdas.com/nostalgia-1976.htm

El autor: Richard Dawkins

Clinton Richard Dawkins (conocido como Richard Dawkins; nacido el 26 de marzo de 1941) es un eminente etólogo británico, teórico evolutivo y escritor de divulgación científica que tiene la cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia en la Universidad de Oxford.

Nació en Nairobi en 1941 de padres británicos. Su familia volvió a Inglaterra en 1949. Fue educado en Oxford y realizó su doctorado bajo la tutela del Premio Nobel Nikolaas Tinbergen. Desde 1967 hasta 1969 fue profesor adjunto en la Universidad de California en Berkeley.

Dawkins ganó fama con su libro El gen egoísta, publicado en 1976, que popularizó la visión de la evolución enfocada desde los genes, e introdujo los términos meme y memética en el vocabulario. En 1982 hizo una contribución original a la ciencia de la evolución con la teoría presentada en su libro El fenotipo extendido, que dice que los efectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse más allá en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Desde entonces ha escrito varios libros muy populares sobre la evolución, y ha aparecido en varios programas de la televisión británica sobre biología evolutiva, creacionismo y religión.

Dawkins es ateo, humanista, escéptico, prominente miembro del movimiento bright y –como comentarista de ciencia, religión y política– está entre los intelectuales públicos más conocidos del mundo en lengua inglesa. En referencia al epíteto de “bulldog de Darwin” que se le daba a Thomas Huxley, la defensa apasionada de Dawkins de la evolución le ha ganado el apelativo de “rottweiler de Darwin”.

Resumen de la teoría:

En 1976, el etólogo Richard Dawkins publicó un revolucionario libro, “El gen egoísta”, en el que se divulgaban las tesis de la sociobiología sentadas anteriormente por E. O. Wilson en su “Sociobiología” de 1975.

En 1989, Dawkins sacó de nuevo su libro, con dos nuevos capítulos y notas finales a los capítulos originales, en las que se hace pequeñas autocorrecciones y se defiende de los ataques sufridos tras la primera edición. Vamos a pasar a ver, agrandes rasgos, qué supone esta nueva aportación a la teoría moderna de la evolución.

El propósito de Dawkins es examinar la biología del altruismo y del egoísmo. Demuestra que el factor importante en la evolución no es el bien de la especie o grupo, como tradicionalmente se entiende, sino el bien del individuo o gen. Para él y sus seguidores, los individuos no son más que máquinas creadas por los genes para su supervivencia. En palabras del biólogo americano Butler , la gallina no es más que un invento del huevo para poder producir más huevos”.

Existe, siempre según Dawkins, una interpretación errónea del altruismo: este se da, según las ideas tradicionales, por el bien de la especie, lo que se conoce como teoría de selección de grupos, que viene a decir que la selección natural actúa sobre la especie. Un individuo no sería más que un “peón” que se sacrificaría por el bien de la especie.

La alternativa es la selección de genes (o selección de individuo): los individuos altruistas llegan a extinguirse en beneficio de los egoístas, que predominarán en el grupo. Los genes han construido una gran variedad de “máquinas” para prosperar explotándolas, de modo que un gen puede ser considerado como una unidad que sobrevive a través de un gran número de cuerpos sucesivos e individuales. Así, un gen es definido como una porción de material cromosómico que, potencialmente, permanece durante suficientes generaciones como para servir como una unidad de selección natural. El individuo es demasiado grande y efímero como para ser considerado unidad de selección. Un gen es considerado bueno, es decir, que permanece muchas generaciones, si vela por sí mismo, si es egoísta. La evolución será el proceso por el que algunos genes se hacen más numerosos y otros disminuyen en el acervo genético.

Todos los genes controlan el comportamiento de su máquina de supervivencia, no de manera directa, sino indirectamente. Los genes preparan la máquina con antelación, y luego esta se haya bajo su propia responsabilidad. Los genes obran a largo plazo mediante la síntesis proteica, pero se trata de un proceso lento. Por tanto, los genes construyen su máquina por anticipado, de la mejor forma posible y programándola con antelación.

Por tanto, el comportamiento está regido por el egoísmo de los genes de cada organismo, y no por el altruismo de cada individuo con respecto a los demás miembros de su especie. Dawkins se encarga de demostrar esto a lo largo de todo el libro con numerosos comportamientos particulares.

En cuanto al hombre, para él es el único organismo capaz de hacer frente y llevar la contraria a los dictados de los genes egoístas, gracias a nuestra consciencia: “sólo el hombre puede revelarse contra la tiranía de los replicadores egoístas”. La mayoría de las características que resultan inusitadas en el hombre se deben a la cultura, que Dawkins también pretende tratar como una unidad de transmisión, aunque con unos mecanismos particulares.

En sus propias palabras, para una comprensión del hombre moderno se debe descartar al gen como única base de nuestras ideas sobre la evolución, también estaría la cultura; el darwinismo es una teoría demasiado amplia como para ser confinada en el estrecho contexto del gen. La cultura actúa como un replicador que se instaura en el cerebro y persiste generación tras generación parasitándolo.

En uno de los nuevos capítulos de su libro, resume su posterior obra, “The Extended Phenotype”. Desde su punto de vista, la selección darwiniana no actúa directamente sobre los genes. Aquí es donde entra el concepto de fenotipo ampliado: los efectos fenotípicos de un gen deben considerarse como todos los efectos que tiene sobre el mundo, efectos sobre sí mismo, sobre otros genes, sobre la maquinaria que los porta, sobre otros organismos e, incluso, sobre el mundo inerte, como Dawkins se encarga de ilustrar en múltiples casos reales. El efecto de un gen depende de una cascada determinada de síntesis de proteínas que, al final, desemboca en el fenotipo deseado.

Fuente: Teoria del gen egoísta Richard Dawkins

Richard Dawkins dice que el Islam está importando el creacionismo

Queja

Richard Dawkins dice que el Islam está importando el creacionismo

El conocido científico británico Richard Dawkins se ha quejado de que el Islam esté “importando el creacionismo” en las escuelas del Reino Unido.

EFE Dawkins, etólogo y biólogo evolutivo británico, además de declarado ateo y humanista, critica también al Gobierno británico por permitir que se enseñen esas teorías, contrarias a la ciencia, en las aulas de este país.

“La mayoría de los musulmanes devotos son creacionistas así que en las escuelas, muchos hijos de padres musulmanes se limitan a repetir lo que les han enseñado”, denuncia el científico, citado hoy por el diario “The Daily Telegraph”.

Según el profesor de la Universidad de Oxford, el Gobierno laborista “podría hacer más” contra ese fenómeno, pero no lo hace por su defensa “fanática del multiculturalismo y de la necesidad de respetar las diferentes tradiciones de las que proceden esos niños”.

Para Dawkins, autor de libros como “El espejismo de Dios”, “El relojero ciego” o “El gen egoísta”, la ciencia está amenazada en las escuelas porque el Gobierno acepta que se discutan en ellas las teorías nada científicas sobre el “diseño inteligente” como “uno entre varios puntos de vista sobre la evolución”.

“El Gobierno considera estupendo que los niños se eduquen de acuerdo con sus religiones tradicionales, pero yo llamo a esto lavado de cerebro. Parece que a los profesores les da miedo que los tachen de racistas” si lo critican, señala el científico.

“Es prácticamente imposible decir nada contra el Islam en este país porque si uno lo hace se ve inmediatamente acusado de racista o de fobia antiislámica”, se lamenta el biólogo, que acaba de realizar un programa de televisión sobre el tema para el cual entrevistó a escolares de quince años en una escuela secundaria de Londres.

“Me asustaron las barreras que encontré al aprendizaje. Yo les mostraba las pruebas (a favor de la teoría de la evolución), pero los muchachos me respondían que no era eso lo que enseñaba el libro sagrado”, explica el científico.

Dawkins cree que todo eso facilita la labor de los fanáticos: “Creo que nos enseñan a respetar demasiado la religión frente a otro tipo de opiniones”, reflexiona.

El biólogo critica también el creacionismo de base cristiana: “No basta con decir que se trata de dos teorías: una llamada evolución, y la otra, génesis”.

“Si nos ponemos así, ¿por qué no hablar entonces de la tribu nigeriana según la cual el mundo se creó a partir del excremento de las hormigas?”, se pregunta Dawkins.

http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008080400_18_163056__CienciayTecnologia-Richard-Dawkins-dice-Islam-esta-importando-creacionismo

Un grupo de pensadores anglosajones se ha propuesto “demoler” los principios que sustentan la fe

Un grupo de pensadores anglosajones se ha propuesto “demoler” los principios que sustentan la fe
Jueves 29 de Mayo de 2008
Sociedad
Estados Unidos

ver Artículos relacionados con el ateísmo

(NoticiaCristiana.com) A Dios se le multiplican los enemigos en los estantes de las librerías. Un grupo de pensadores anglosajones se ha propuesto demoler los principios que sustentan la fe. Es, quizás, la generación más fructífera y cohesionada de divulgadores del pensamiento ateo. Emplean un lenguaje sencillo para atacar a las religiones con fundamentos científicos, filósoficos, éticos y sociales. No critican la hipocresía de los sacerdotes o el abandono de los valores fundacionales de las religiones. Sencillamente, niegan a Dios.

¿Agnosticismo? No, gracias. Ateismo, sin más miramientos. Su credo dice que Dios es una invención humana y además es una invención dañina. Son iconoclastas de profesión y han convertido su descreimiento en un fenómeno editorial. Nutren de argumentos a los que alguna vez intuyeron que podría existir una ética que prescinda de Dios. Es más: “Violenta, irracional, intolerante, aliada del racismo, el tribalismo y el fanatismo, investida de ignorancia y hostil hacia la libre indagación, despectiva con las mujeres y coactiva con los niños. La religión organizada debería llevar sobre su conciencia muchas cosas”. La cita es de Christopher Hitchens y el libro del que está extraída, Dios no es bueno (God is not great), acaba de ser publicado en España. Hitchens es uno de los exponentes del “nuevo ateísmo”, como ha sido bautizado por la prensa estadounidense, junto al científico Richard Dawkins, Sam Harris o Danniel Dennet.

Los representantes de grupos religiosos los consideran algo así como los cuatro jinetes del apocalipsis. Pero, paradojas de la vida, he aquí uno de los atractivos editoriales de este grupo de pensadores. Sus editores se dirigen también a los creyentes y comercian con la idea de que la lectura de este corpus teórico ateo puede suponer una estimulante prueba de la fortaleza de la fe del lector. Es un buen regalo para Dios mantener la fidelidad después de 300 páginas de argumentario darwinista y además -Know your enemy- si quieres combatir al ateo has de conocer sus razones.

Parece que el reclamo ha funcionado: según un artículo publicado en The Wall Street Journal, en 2007 se llegaron a vender 1 millón de libros de lo que ya se conoce como “nuevo ateismo”. Y los “cuatro jinetes” venden incluso DVD´s con sus conversaciones de salón.

Christopher Hitchens es un eficiente divulgador, comentarista cultural en Vanity Fair o The New York Times, experto en literatura inglesa, conocedor del hecho religioso en sus diversas manifestaciones y recopilador de experiencias en Libano, Irlanda del Norte, India y demás países castigados por el enfrentamiento entre fieles de distintos credos. En una mesa redonda el periodista religioso estadounidense Dennis Prager pidió a Hitchens que se imaginara a un grupo de hombres acercándose en una calle solitaria de una ciudad extraña al caer la noche. ¿Se sentiría más seguro si supiera que esos hombres vienen de cumplir un rito religioso o no?. La respuesta de Hitchens fue inesperada para Prager: “He tenido esa experiencia en Beirut, Belfast, Belgrado, Bombay, Belén y Bagdad”, y en ninguno de esos casos, asegura, se sintió reconfortado al ver acercarse a un grupo de religiosos.

El autor británico resume en pocas palabras el ideario de este grupo de divulgadores: “Nuestros principios no son una fe. No confiamos exclusivamente en la ciencia y en la razón, ya que estos son elementos necesarios en lugar de suficientes, pero desconfiamos de todo aquello que contradiga a la ciencia o atente contra la razón”.

A pesar de las divergencias, que las hay, la principal referencia de Hitchens es Richard Dawkins, el de perfil más científico de los citados. Jorge Volpi en un artículo publicado en la revista Claves de Razón Práctica consideraba que Dawkins es quizás quien le ha conferido mayor legitimidad al pensamiento ateo.

El Gen Egoista es la obra más citada e influyente de este etólogo británico que pertenece, con el filósofo Danniel Dennet, al movimiento Bright para la difusión de una visión naturalista del mundo. La obra que resume el argumentario ateo de Dawkins ha sido también traducida al español, con el título El Espejismo de Dios (The God Delusion). Aunque esa no era su intención, el teólogo irlandés Alister Mcgrath en realidad le hizo una buena campaña de imagen cuando le apodó “El Rottweiler de Darwin”.

A pesar de que Dawkins sabe que es metafísicamente imposible demostrar la inexistencia de algo, él se atreve a titular un artículo: ¿Por qué es prácticamente seguro que Dios no existe?. La conclusión es tan atrevida como el título: “Por supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti Volador. Pero, al igual que ocurre con esas otras fantasías que no podemos desmentir, podemos decir que Dios es muy, muy improbable”.

Sam Harris es otro exponente del grupo. Este intelectual norteamericano centra sus desvelos en la creciente injerencia de la religión en la política estadounidense. Su Letter to a Christian Nation lamenta el abandono de los valores laicos con los que se fundó la democracia de su país: “Imagínense las consecuencias si una parte significativa del gobierno de Estados Unidos realmente pensara que el mundo está a punto de acabarse y que el fin va a ser glorioso. El hecho de que casi la mitad de la población estadounidense aparentemente se lo cree, basándose simplemente en el dogma religioso, debería considerarse una emergencia moral e intelectual”. Con esta vehemencia expresa Harris sus inquietudes acerca de la evangelización de la vida política estadounidense mostrada de forma tan elocuente en el documental Jesus Camp, de Heidi Ewing y Rachel Grady.

El ejemplo de Albert Einstein era el más recurrente e incómodo argumento de autoridad con el que desde hace décadas se topaban aquellos que defienden una explicación del mundo ajena a Dios. Una mente privilegiada y destinada a la ciencia que sin embargo mostraba una especial condescendencia con la idea de la divinidad, es francamente un difícil oponente. Puede que las tornas hayan cambiado. En ayuda de los que quieren desterrar de la vida pública a la religión ha llegado la ya conocida carta del físico austriaco con referencias a lo infantil de la religión. Y de ello se aprovechará, sin duda, la más fructífera generación de divulgadores del pensamiento ateo, publica Soitu.

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El gran provocador

Obtenido de:

http://www.noticiacristiana.com/news/newDetails.php?click_id=0&id_bol=20080529&idnew=83919

Teoría del gen egoísta Richard Dawkins

Teoria del gen egoísta Richard Dawkins

Contexto histórico:

Para ver el contexto histórico visualizar:http://www.teacuerdas.com/nostalgia-1976.htm

El autor: Richard Dawkins

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Clinton Richard Dawkins (conocido como Richard Dawkins; nacido el 26 de marzo de 1941) es un eminente etólogo británico, teórico evolutivo y escritor de divulgación científica que tiene la cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia en la Universidad de Oxford.

Nació en Nairobi en 1941 de padres británicos. Su familia volvió a Inglaterra en 1949. Fue educado en Oxford y realizó su doctorado bajo la tutela del Premio Nobel Nikolaas Tinbergen. Desde 1967 hasta 1969 fue profesor adjunto en la Universidad de California en Berkeley.

Dawkins ganó fama con su libro El gen egoísta, publicado en 1976, que popularizó la visión de la evolución enfocada desde los genes, e introdujo los términos meme y memética en el vocabulario. En 1982 hizo una contribución original a la ciencia de la evolución con la teoría presentada en su libro El fenotipo extendido, que dice que los efectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse más allá en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Desde entonces ha escrito varios libros muy populares sobre la evolución, y ha aparecido en varios programas de la televisión británica sobre biología evolutiva, creacionismo y religión.

Dawkins es ateo, humanista, escéptico, prominente miembro del movimiento bright y –como comentarista de ciencia, religión y política– está entre los intelectuales públicos más conocidos del mundo en lengua inglesa. En referencia al epíteto de “bulldog de Darwin” que se le daba a Thomas Huxley, la defensa apasionada de Dawkins de la evolución le ha ganado el apelativo de “rottweiler de Darwin”.

Resumen de la teoría:

En 1976, el etólogo Richard Dawkins publicó un revolucionario libro, “El gen egoísta”, en el que se divulgaban las tesis de la sociobiología sentadas anteriormente por E. O. Wilson en su “Sociobiología” de 1975.

En 1989, Dawkins sacó de nuevo su libro, con dos nuevos capítulos y notas finales a los capítulos originales, en las que se hace pequeñas autocorrecciones y se defiende de los ataques sufridos tras la primera edición. Vamos a pasar a ver, agrandes rasgos, qué supone esta nueva aportación a la teoría moderna de la evolución.

El propósito de Dawkins es examinar la biología del altruismo y del egoísmo. Demuestra que el factor importante en la evolución no es el bien de la especie o grupo, como tradicionalmente se entiende, sino el bien del individuo o gen. Para él y sus seguidores, los individuos no son más que máquinas creadas por los genes para su supervivencia. En palabras del biólogo americano Butler , la gallina no es más que un invento del huevo para poder producir más huevos”.

Existe, siempre según Dawkins, una interpretación errónea del altruismo: este se da, según las ideas tradicionales, por el bien de la especie, lo que se conoce como teoría de selección de grupos, que viene a decir que la selección natural actúa sobre la especie. Un individuo no sería más que un “peón” que se sacrificaría por el bien de la especie.

La alternativa es la selección de genes (o selección de individuo): los individuos altruistas llegan a extinguirse en beneficio de los egoístas, que predominarán en el grupo. Los genes han construido una gran variedad de “máquinas” para prosperar explotándolas, de modo que un gen puede ser considerado como una unidad que sobrevive a través de un gran número de cuerpos sucesivos e individuales. Así, un gen es definido como una porción de material cromosómico que, potencialmente, permanece durante suficientes generaciones como para servir como una unidad de selección natural. El individuo es demasiado grande y efímero como para ser considerado unidad de selección. Un gen es considerado bueno, es decir, que permanece muchas generaciones, si vela por sí mismo, si es egoísta. La evolución será el proceso por el que algunos genes se hacen más numerosos y otros disminuyen en el acervo genético.

Todos los genes controlan el comportamiento de su máquina de supervivencia, no de manera directa, sino indirectamente. Los genes preparan la máquina con antelación, y luego esta se haya bajo su propia responsabilidad. Los genes obran a largo plazo mediante la síntesis proteica, pero se trata de un proceso lento. Por tanto, los genes construyen su máquina por anticipado, de la mejor forma posible y programándola con antelación.

Por tanto, el comportamiento está regido por el egoísmo de los genes de cada organismo, y no por el altruismo de cada individuo con respecto a los demás miembros de su especie. Dawkins se encarga de demostrar esto a lo largo de todo el libro con numerosos comportamientos particulares.
En cuanto al hombre, para él es el único organismo capaz de hacer frente y llevar la contraria a los dictados de los genes egoístas, gracias a nuestra consciencia: “sólo el hombre puede revelarse contra la tiranía de los replicadores egoístas”. La mayoría de las características que resultan inusitadas en el hombre se deben a la cultura, que Dawkins también pretende tratar como una unidad de transmisión, aunque con unos mecanismos particulares.

En sus propias palabras, para una comprensión del hombre moderno se debe descartar al gen como única base de nuestras ideas sobre la evolución, también estaría la cultura; el darwinismo es una teoría demasiado amplia como para ser confinada en el estrecho contexto del gen. La cultura actúa como un replicador que se instaura en el cerebro y persiste generación tras generación parasitándolo.

En uno de los nuevos capítulos de su libro, resume su posterior obra, “The Extended Phenotype”. Desde su punto de vista, la selección darwiniana no actúa directamente sobre los genes. Aquí es donde entra el concepto de fenotipo ampliado: los efectos fenotípicos de un gen deben considerarse como todos los efectos que tiene sobre el mundo, efectos sobre sí mismo, sobre otros genes, sobre la maquinaria que los porta, sobre otros organismos e, incluso, sobre el mundo inerte, como Dawkins se encarga de ilustrar en múltiples casos reales. El efecto de un gen depende de una cascada determinada de síntesis de proteínas que, al final, desemboca en el fenotipo deseado.

Fuente: Teoria del gen egoísta Richard Dawkins

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Adaptacionismo

Adaptacionismo

En biología, el adaptacionismo es la perspectiva que considera que la mayoría de rasgos son adaptaciones óptimas. Entre sus defensores más célebres se encuentran John Maynard Smith, W.D. Hamilton y Richard Dawkins y entre sus críticos, Stephen Jay Gould y Richard Lewontin.

Stephen J. Gould resume el “programa adaptacionista” en los siguientes argumentos:

  • La adaptación es el fenónemo central de la evolución, y la clave para la comprensión de sus mecanismos.
  • La selección natural construye la adaptación
  • La selección natural mantiene una abrumadoramente predominante frecuencia relativa como causa de la adaptación. La variación sólo proporciona materia prima y no puede hacer el trabajo sin ayuda.
    2002/2004

Características del adaptacionismo

Gould y Lewontin (1979) resumen del siguiente modo el modo de proceder del programa adaptacionista:

  1. Atomización del organismo: división del organismo en rasgos discretos y desconectados
  2. Optimización de las partes por selección natural
  3. Explicación de las adaptaciones

Críticas al adaptacionismo

D’Arcy Thompson en su obra El crecimiento y la forma fue uno de los primeros críticos del programa adaptacionista darwinista. Recientemente, los críticos más beligerantes del adaptacionismo han sido Richard Lewontin y Stephen J. Gould, para quienes los adaptacionistas han sobredimensionado el poder de la selección natural, ignorando la importancia de las constricciones del desarrollo y otros factores en la explicación de la existencia de rasgos morfológicos y comportamentales. Gould y Lewontin denominaron al adaptacionismo “paradigma panglossiano”, en alusión al Doctor Pangloss, personaje con el que Voltaire caricaturizó a la filosofía de Leibniz en su novela Cándido y según el cual “todo existe necesariamente para el mejor de los fines”.

La principal crítica que realizan Gould y Lewontin al programa adaptacionista se dirige a la no consideración de la diferencia entre la utilidad actual de un rasgo y la causa de su origen. Del hecho de que un rasgo sea adaptativo actualmente -argumentan- no puede inferirse que haya sido resultado de la acción de la selección natural porque también fuera adaptativo en su origen. El caso más ilustrativo es el de los rasgos que Gould y Vrba denominaron “exaptaciones“.[1]

La historia de esta polémica ha sido profusamente estudiada por Cronin (1992) y Segerstråle (2000).

Referencias

  1. Gould y Vrba (1982)
  • Cronin, H. (1992). The Ant and the Peacock: Altruism and Sexual Selection from Darwin to Today. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Gould, S.J. & Lewontin, R.C. (1979). The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: A critique of the adaptationist programme. Proceedings of the Royal Society London B. 205: 581—598.
  • Lewontin, R.C. 1979. Sociobiology as an adaptationist program. Behavioral Science 24: 5—14.
  • Lewontin, R.C. 1991. Biology as Ideology: The Doctrine of DNA. New York: Harper Collins
  • Maynard Smith, J. (1988). Did Darwin get it right? Essays on games, sex and evolution London:Penguin books. ISBN 0-14-023013-0.
  • Orzack, S.H. & Sober, E.R., eds. (2001). Adaptationism and Optimality. Cambridge: Cambridge University Press
  • Segerstråle, U. 2000. Defenders of the Truth: The Battle for Science in the Sociobiology Debate and Beyond. Oxford: Oxford University Press.
  • Sober, E. (1998) Six Sayings about Adaptationism in D. Hull and M. Ruse (eds) The Philosophy of Biology Oxford: Oxford University Press.

Enlaces externos

http://es.wikipedia.org/wiki/Adaptacionismo

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