Dietrich Bonhoeffer – Defensor de La Justicia y La Paz

View this document on Scribd

¿Se puede conocer a Dios? parte 7

¿Se puede conocer a Dios? parte 7 

Autor: Paulo Arieu


Estamos hablando  desde los dos ultimos artículos sobre conocer a Dios mediante el hecho de conocer a Jesús.  Algunas preguntas interesantes que podemos hacernos, (que no todas van a  ser contestadas en esta serie), podrían ser: 

  • Conocer a Jesús estudiando sus cualidades y atributos.
  • Reflexionar sobre el significado que las cualidades divinas de Jesús tienen para la vida espiritual del ser humano.
  • Responder el dilema de la Salvación y la obra de Cristo en la cruz.
  • La preexistencia de Cristo
  • El sufrimiento humano y la Misericordia del Señor Jesús
  • El mal en el mundo y la Omnipotencia Divina en la Tentación.
  • El Logos y la razón humana.

Prosigamos con nuestro análisis

Parafrasis del pasaje,por John Pollock

«El gran Via Maris (camino del mar) soportaba un pesado tránsito en los dos sentidos: caravanas de camellos y recuas de asnos, destacamentos militares que marchaban en el polvo, esclavos, prisioneros y filas de caballos que eran llevados para la venta. Éste fue el camino por el cual viajó Saulo de Tarso unos años más tarde hacia Damasco, respirando amenazas y muerte contra los discípulos de Jesús. Tal viaje tendría un inesperado fin.

En el verano del año 29 d.C., Jesús, los Doce y otros pocos de sus seguidores caminaban hacia el norte por el Via Maris. Podían ver las alturas de Golán a su derecha y el monte Hermón al frente, todavía con nieve encajada más abajo de la cúspide, a pesar del sol veraniego. Su frescura los invitaba a que salieran del calor que había fijado sus reales en torno al mar de Galilea.

En el vado de las Hijas de Jacob, donde el Via Maris cruzaba el Jordán, Jesús se apartó del camino de Damasco, hacia una ruta más tranquila de la alta Galilea. Siguieron caminando, kilómetro tras kilómetro, a paso firme; pasaron por una ciudad y rodearon las costas occidentales de un pequeño lago en el cual desemboca el río Jordán después de abrirse paso a través de los pantanos y recorrer la primera parte de su curso.

Cuando estuvieron bien metidos en las montañas, Jesús abandonó el camino principal y continuaron subiendo. Si alguno se cansaba después de viajar a través del calor del día, Jesús se ofrecía con insistencia para llevarle la carga, aunque Pedro trataba de impedirle eso o él mismo la llevaba. El sendero se tornó empinado, pero Jesús continuó subiendo hasta que al fin, al caer la noche, llegaron al sitio donde brota de la superficie de la roca uno de los manantiales del Jordán que los griegos llamaban “la fuente de Pan”, en honor al dios de los pastores.

Durmieron allí, pues la noche veraniega era cálida, aun a esa altura. En la madrugada, cuando despertaron, un pastor pagano se acercó a la fuente de Pan y lanzó una ofrenda votiva. Cuando el sol ascendió, captaron a la distancia una magnífica vista de la ciudad de Cesárea de Filipo, la que Heredes el Grande había construido y Felipe el Tetrarca había ampliado para convertirla en su capital. Su novedad era casi deslumbrante. En la parte de arriba estaba el monte Hermón. Más cerca, sobre una roca que sobresalía a la izquierda, vieron el templo de mármol blanco que Heredes el Grande había construido para exaltar la divinidad de César Augusto, aunque esa región estaba ubicada dentro del antiguo Israel.

En ese lugar, donde el mito pagano, el poder romano, y las glorias perdidas de Israel quedaban igualmente empequeñecidas por el Hermón, Jesús enseñó en privado a los Doce. A medida que las horas pasaban rápidamente, Juan oía y sentía que Jesús deseaba sondearlos y que ellos se enfrentaran a las más profundas implicaciones del discipulado; pero, antes que Juan pudiera expresar sus pensamientos, Jesús comenzó a orar. Juan pensaba que el hecho de estar presente cuando Jesús oraba en aquella manera íntima y natural que ellos conocían muy bien, era el más grande de todos los privilegios. Cuando terminaba la oración, una gran paz se apoderaba del corazón y de la mente. Pero Jesús no reanudó su enseñanza. Más bien les hizo una pregunta:

 ¿Quién dicen los hombres que soy?

Juan estaba seguro de que Jesús sabía las exaltadas y perplejas suposiciones, llenas de admiración, que de El tenían las multitudes de la costa marítima, pero varios discípulos las repitieron.

 Algunos dicen que eres Juan el Bautista.

Este rumor se debía a que Herodes Antipas, perturbado por su conciencia culpable, cuando oyó acerca de los milagros realizados por Jesús, había declarado que el Bautista había resucitado de entre los muertos.

 ¡Otros dicen que eres Elias!

 ¡O el profeta Jeremías!

Esta explicación popular siempre envolvía el regreso de un héroe muerto a la tierra.

¿Y qué de ustedes? — preguntó Jesús — ¿Quién dicen ustedes que soy?

En el bote pesquero, después que El caminara sobre el agua, ellos habían expresado abruptamente que El era el Hijo de Dios. En Capernaúm, cuando muchos lo abandonaron, Pedro lo había llamado el “Santo de Dios”, pero ésas habían sido respuestas emocionales expresadas en momentos de crisis. En ese momento Jesús quería una clara afirmación de la cual no pudiera haber retroceso; y puesto que era imposible sostener mentiras y medias verdades en su presencia, ellos tenían que expresar lo que creían, sin importar lo absurdo que pareciera en ese ordinario mundo de hombres, botes y mercados pesqueros.

Antes que Juan pudiera organizar sus palabras para expresar su certidumbre personal, Pedro saltó hacia Jesús. Como si una visión instantánea hubiera hecho resplandecer la verdad en su mente, exclamó:

¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!

Jesús miró a Pedro con absoluta seriedad y autoridad.

Simón, hijo de Jonas — le dijo —, eres en verdad bienaventurado. Porque esto no te lo reveló ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos. Y tú eres Pedro, la roca, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, que el infierno mismo nunca vencerá.

En el lado opuesto del valle, la otra roca, con su magnífico templo dedicado a César, parecía burlarse de tal profecía; pero Jesús pasó a prometer, de manera muy solemne, que le daría a Pedro las llaves del reino de los cielos. Los Doce sabían que en un palacio real el más responsable de los sirvientes tenía las llaves como símbolo de la autoridad del rey. Pedro, en cumplimiento de las instrucciones de Dios, declararía el evangelio, el cual libraría de pecados a algunos, mientras que otros permanecerían atados. Luego Jesús se volvió a los demás y, para asombro de ellos, les advirtió que no declararan quién era El.

Luego los llevó fuera de la fuente de Pan y de la roca de Augusto» [0]

A. La primer pregunta era

  • “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”
Podemos agregar algunos comentarios mas acerca de esta pregunta, a  modo de ilustración edificante:
1. Que es el hijo del hombre 

«¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre (el HH)? ¿Ha habido alguien que haya traspasado descaradamente el maquillaje? Entre tanto público, ¿ha aparecido algún entendido? No abunda la agudeza. Lo nuevo se interpreta desde lo viejo. Siempre sucede así. Lo “viejo” próximo es Juan, el bautizador. Y de él hablan los tres (Mateo, Marcos y Lucas) en sus recortes de prensa. En Elias también se han puesto de acuerdo. Es lo “viejo” remoto: un hombre de espíritu con mucho predicamento. Mateo, en solitario, se permite mencionar luego a Jeremías, otro de los grandes. Está claro que lo viejo remoto pesa mucho, tanto, que, a renglón seguido, donde Mateo y Marcos utilizan el semitismo «uno de los profetas» (para decir llanamente un profeta), Lucas dice un profeta «de los antiguos» (Le 9,19). ¡Lástima que el de Nazaret no quiera subirse al carro de estos prohombres! El quién, por el momento, queda en penumbra. El público, además de poco penetrante, se muestra impreparado para el teatro de vanguardia. Así, al menos, indica el sondeo hecho por los actores en sus cuchicheos de pasillo.» [1]

2.La gente y vosotros

«El público, ¿quién es el público? La respuesta, de puro obvia, acaba siendo misteriosa. El público son “los hombres” (¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre?). Es la respuesta de Mateo y de Marcos. Lucas, más sociologizado, prefiere hablar de “hoi ókhloi” (o sea. las muchedumbres, la gente, el personal). En cualquier caso, sorprende el contraste. Primero se piensa en los “otros”, llámense hombres o gente. A la altura del versículo 15 la pregunta se dirigirá a los del escenario. No es lo mismo decir la gente, el público que asiste a la representación, que decir vosotros, los actores que se están dejando la piel en el escenario. Las respuestas tampoco son iguales. Las mejores nunca llegan de los sondeos colectivos de opinión. La verdad tiene siempre un carácter personal, se resiste al anonimato estadístico. Jesús, después de esta experiencia de Mt 16, no volvió a realizar ninguna encuesta sociológica con ayuda de los suyos. Al público no se le puede preguntar a voleo, a ver qué pasa, porque entonces se alza lo viejo como paradigma. El público -ya se sabe- prefiere siempre lo viejo. No por noble, sino por seguro.»[2]

3.Un nombre con cartel

«El tercer miembro de la pregunta se las trae. ¿Por qué a Jesús, el Actor de Nazaret, le gusta tanto llamarse hijo del hombre como mote artístico? Y, ¿por qué su comunidad, su vieja caravana de cómicos, no usa después este título apocalíptico? El muy posible empalme con Daniel 7,13 explica algo, pero no todo. El profeta habla en ese versículo de una figura que aparece en las nubes del cielo y que se dirige al Anciano. A este “hijo del hombre” (título que, en este caso, parece indicar algo más que una forma de decir “hombre”, algo más que una referencia corporativa) “se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron” (Dan 7,14). Aunque no se sepa bien de quién se trata, teatral sí resulta. Y aquí estamos -no se olvide-ante una gran representación (comedia y drama a un tiempo).

En la apocalíptica extracanónica (en el libro de Henoc. por ejemplo), el hijo del hombre aparece como una figura individual con acusados rasgos escatológicos y soteriológicos. Se gana en concreción sin perder misterio.

Este horizonte debía ser conocido por el Nazareno, atento siempre a los símbolos y expectativas de la gente. Al fin y al cabo, era el último horizonte del Antiguo Testamento. El Nazareno, como siempre, empalma y desborda. Él nunca se autodenomina mesías, aunque otros sí le atribuyen el apellido. ¡Hubiera resultado tan difícil darse a entender en el supermercado de esperanzas mesiánicas de su pueblo, que resultaba mejor no correr el riesgo! Él prefiere llamarse hijo del hombre. Es el apellido/empleo que figura en su carné de identidad y en los carteles en los que se anuncia su función: Jesús, el nazareno, el hijo del hombre. Y los evangelios sinópticos registran hasta unas 80 veces este apellido, que, en realidad, es más bien un mote artístico.

El hecho de que no tuviera contornos precisos hacía de él un nombre muy apropiado para revelar una dimensión y para ocultar otra, para provocar la expectación de lo nuevo y para defraudar viejas esperanzas, para acentuar su densa humanidad (la de Él) y para sugerir su condición divina (también la de Él). En lenguaje eclesiástico, se puede decir que era un nombre a salvo de reduccionismos espiritualistas y políticos: un verdadero logro. Por eso Jesús usa y abusa del hallazgo.

En los sinópticos la expresión hijo del hombre se aplica a su actividad terrena, que tiene mucho de maravillosa comedia (cf Me 2,10; Me 2,28; Mt 8,20; Le 11,30), a su pasión, que es un verdadero drama (cf Me 8,31; 9,31) y a la venida final sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad, que es un golpe de efecto increíble (cf Me 13,26): tres situaciones distintas y un solo sujeto verdadero. Pero siempre con la nube del misterio cerniéndose sobre ellas, para que nadie pueda encerrar en conceptos el genio del Artista. Como debe ser.»[3]

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, comenta que esta expresión parece un poco “enigmática”. «Los mismos eruditos luchan por encontrar el verdadero significado del término. Es posible, sin embargo, que Jesús usara esta frase poco comprensible para indicar su mesiandad, y a la vez evitar el término «Mesías» que solía interpretarse en sentido militar. Jesús no quería que lo confundieran con un Mesías militar que libertaría a Israel del dominio de Roma. Por eso, escogió un título que manifestaba su mesiandad sin el peligro de ser entendido mal[4]

Esto aclararía el porque de esta expresión.

Que es el “CONOCIMIENTO DE JESÚS”

«En una primera acepción, la expresión «conocimiento de Jesús» se refiere a las noticias que se pueden conseguir en una investigación histórica que tenga como objeto a la persona de Jesús de Nazaret.En una segunda acepción, conocimiento de Jesús indica cuál era el conocimiento que Jesús tenía de sí mismo, de su misión, del Padre y de las personas con las que se encontraba[5]

Pilato le hizo una pregunta bastante importante a Jesús, “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). El hombre sigue buscando la respuesta a esta pregunta importantísima, y el hecho es justificado. Jesús mismo una vez proclamó, “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

De aqui la importancia de conocerlo a Jesús, ya que el dijo que “Él era la verdad y la vida.”

¿A que vino  Jesús al mundo?

  • ” Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Jn. 3:16 RV 1960)
En Lucas 4:43 Jesús dijo:
  • “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado

El teólogo George Eldon Ladd nos dice en su prólogo de su libro “El Reino de Dios”, lo siguiente: “Nuestro Señor Jesús dedicó gran parte de su ministerio público a la enseñanza del reino de los cielos. Este tema es aún hoy día un mensaje importante para el hombre dondequiera que éste se encuentre”.También nos dice en la página 13 del mismo libro, lo siguiente: “El tema de la venida del Reino de Dios fue lo centralde la misión de Jesús.”[6]

¡Jesus vino a anunciar el reino de Dios y su justicia! 

¿El Reino de Dios ya esta aquí o vendrá?

  • Lucas 9:27 dice: “Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios” 
  • Luego en Lucas 9:60 dice: Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios 
  • En Lucas 10:9 dice: “y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.”

Pero mas adelante en Lucas 11:2 dice: Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

La pregunta es ¿Ya vino el reino o no?

El Reino de los Cielos (o el Reino de Diosgriego βασιλεία τοῦ θεοῦ basileia tou theou) es el concepto principal en el judaísmo y en el cristianismo. Se refiere al reinado o soberanía de Dios por sobre todas las cosas, y es opuesto al reinado de los poderes terrenales».[7]

Miremos un poco la Expectativa de los Judíos del Primer siglo[8]

Dice así el relato de Marcos: 

  • Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,  y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.  Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.  Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?  Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.  Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.  También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.  Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡BENDITO EL REINO DEL PADRE DAVID QUE VIENE! Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce”.

Aca podemos ver como el pueblo se emocionó mucho, pues veían a su rey entrar en la ciudad capital del reino davídico, y ellos pensaron que el reino se manifestaría inmediatamente en Jerusalén. Por eso su exclamación fervorosa: “Bendito el reino del padre David que viene”. En Lucas,Jesús precisamente da una parábola (de las Diez Minas) por la misma razón:

  • …por cuanto estaba CERCA DE JERUSALÉN, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Luc. 19:11)

Cristo vino a confirmar las promesas hechas a los padres del pueblo Hebreo 

José de Arimatea:

  • José de Arimatea, senador noble, que también esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

Los Apóstoles:

  • “En aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” (Mat. 18:1).
  • “Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo? ” (Hch. 1:6,7)

La Madre de los hijos de Zebedeo:

  • “Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándo le, y pidiéndole algo. Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino” (Mat. 20:19,20).

El pueblo Judío:

  • “Bendito el reino de nuestro padre David que viene: ¡Hosanna en las alturas!”  (Marcos 11:10).

Los fariseos:

  • “Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia” (Luc. 17:20).

El “buen ladrón” de la Cruz:

  • “Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino “(Luc. 23:42).

Jesús llamó a los hombres a predicar el reino  

  • “Jesús le dijo: ‘Dejen que los muertos entierren a sus propios muertos, y tu ve y predicar el reino de Dios” (Luc. 9:60).  

Jesús previó la continuación de la Predicación de este evangelio del reino hasta Su Segunda Venida  

  • Marcos 16:15,16: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio (del reino, Mar. 1:14,15)  a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.
  • Lucas 9:60: “Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios”.  
  • Lucas 9:1,2: “Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos”.
  • Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
  • Mateo 10:7: “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de Dios se ha acercado.”
  • Mateo 24:14: “Y este evangelio del reino será predicado como testimonio en todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.

El ministerio de Felipe: el bautismo y el reino 

  • Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristose bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón (el mago) mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito”. (Hch. 8:12-13)

Pablo y el evangelio primitivo

A continuación veremos qué evangelio original predicaba el apóstol de los gentiles:

  • “Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios “(Hechos 19:8).
  • “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:25).
  • “Y habiéndole señalado un día, vinieron á él muchos á la posada, á los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles lo concerniente á Jesús, por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde (Hechos 28:23).
  • “Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento “(Hechos 28:31).
  • “¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones. Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios “(1 Cor.6:9,10).
  • “Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción “(1 Cor. 15:50).
  • “Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes á éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios “(Gál. 5:21).
  • “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, ó inmundo, ó avaro, que es servidor de ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios “(Ef. 5:5).
  • “Y os protestábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó á su reino y gloria” (1 Tes. 2:12).
  • “Una demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis” ( 2 Tes.1:5)
  • “REQUIERO yo pues delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar á los vivos y los muertos en su manifestación y en su reino (2 Tim. 4:1).

Leamos la opinion de Dietrich Bonhoeffer, martir protestante durante la segudna guerra mundial.

«Según el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer el Reino de Dios en la tierra se configura en dos aspectos, en los que se manifiesta escindido: milagro y orden. «El aspecto bajo el cual el Reino de Dios se manifiesta como milagro lo llamamos iglesia; y el aspecto bajo el cual el Reino de Dios se manifiesta como orden lo llamamos estado. El Reino de Dios en nuestro mundo no es otra cosa que la dualidad de iglesia y estado… El Reino de Dios se configura en la iglesia en la medida en que ésta da testimonio del milagro de Dios… El Reino de Dios se configura en el estado en la medida en que éste reconoce y preserva el orden del mantenimiento de la vida…» [9]

En el resto del Nuevo Testamento

«De concepto central en el mensaje de Jesús, el Reino de Dios pasa a ser un tema marginal en el resto del Nuevo Testamento. Más bien se recalca la  Iglesia. Este cambio se debe, no a la poca importancia del reino, sino a la labor de traducción realizada por los predicadores, una vez que el mensaje evangélico alcanzara a las masas de habla griega. Expresiones como «Hijo del Hombre» y «Reino de Dios», muy comprensibles en el ambiente palestinense, causaban malos entendidos entre los gentiles (Roma, Imperio) y tuvieron que ser reemplazadas.

En los Hechos la iglesia predica el Reino de Dios (8.12; 20.25; 28.23, 31) como realidad presente y futura (14.22). Pablo habla del aspecto presente del Reino (Ro 14.17; 1 Co 4.20; Col 1.13), pero recalca el aspecto futuro: los malos no heredarán el Reino (1 Co 6.9s; Gl 5.21; Ef 5.5); el Reino vendrá con la manifestación de Jesús en su Segunda Venida (2 Ti 4.1, 18); después de dominar a todos sus enemigos, el Señor Jesús entregará el Reino al Padre para que Dios sea todo en todos (1 Co 15.23–28). La palabra final del Reino se encuentra en el Apocalipsis que relata cómo los reinos de este mundo llegan a ser el Reino de nuestro Señor (11.15; 12.10), a quien se llama Señor de señores y Rey de reyes (17.14; 19.16). Pero Él no reina solo, sino junto con los suyos durante mil años (20.1–10). Después del juicio del gran trono blanco sigue el aspecto eterno del Reino, cuando aparece un cielo nuevo y una tierra nueva (21.1); una existencia en la cual no cabe el mal de ninguna especie (21.27). Este Reino eterno representa la victoria final de la justicia.»[10]

El Reino Y La Iglesia

«Aunque generalmente el magisterio de la iglesia católica romana define como idénticos estos dos conceptos, algunos eruditos católicos los distinguen. El sentido abstracto del Reino, o sea la autoridad soberana de Dios y de Cristo, nunca puede identificarse con la Iglesia. Cuando una persona se somete a la autoridad de Dios en el Reino, llega a ser hijo del Reino y forma parte del pueblo de Dios. Los súbditos del Reino forman la Iglesia, pero no pueden ser identificados con el Reino en su totalidad. El Reino crea la Iglesia, la cual a su vez predica el evangelio del Reino; de tal modo que la Iglesia es el instrumento y custodio del Reino de la tierra. El Reino es la esfera de la salvación; la Iglesia es la esfera de la comunión, del testimonio y del goce de las bendiciones del Reino. Aunque los dos están inseparablemente ligados, no pueden ser identificados.»[11]

Conclución:

Pedro Trigo, un teólogo católico, director del Centro Gumilla (Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús en Venezuela) , escribe asi:

«No por casualidad la teología latinoamericana gira en torno al tema del reino de Dios: Significa que su propuesta es pública, aunque no política; no privada, aunque sí personalizada. Significa que la religión no está separada de la vida sino que el cristianismo concierne a toda la existencia, a la historia y a la creación. Significa que la voluntad irrevocable de Dios es la constitución del mundo fraterno de los hijos de Dios. Jesús es el Hijo de Dios y el Hermano universal. Él es, pues, el camino y la matriz de este proyecto histórico. Ser cristiano es seguir a Jesús, entregarse desde su Espíritu a este proyecto. Pero como la historia es siempre ambivalente, el reino de Dios se consumará en la transhistoria. Aunque sólo lo que se siembre acá se cosechará allá. Si acá no vivimos la vida fraterna de los hijos de Dios, es decir, la vida eterna, no la viviremos después de morir. Una concreción inevitable de este apego al Jesús de los evangelios es aceptar en la práctica que los destinatarios privilegiados son los pobres: de ellos ante todo tenemos que hacernos hermanos, si pretendemos vivir la fraternidad de los hijos de Dios.

Sin el reino de Dios el cristianismo pierde sentido y trascendencia. Pero si admitimos el reino siempre nos toparemos con algún género de muerte. Ésa es la paradoja y la elección que tenemos que hacer. Sin conversión y muerte no hay resurrección. Feliz el que se siente en el banquete del reino (Lc 14,15; Apocalipsis 19,6-9)[12]

La respuesta está en sus manos. Recuerde:

«Dios espera gobernar en su corazón, pero no lo hará por imposición. Él desea que usted le abra las puertas… Y que, sin sentir que constituye una carga para su existencia, comience a vivir conforme a Su voluntad divina, que es la forma de asentar el Reino en nosotros.»[13]

«El reino de Dios en contraposición al reino de este mundo, es la condición óptima en la cual el ser humano puede habitar disfrutando de toda clase de bendición espiritual y bajo la protección efectiva de Dios. Si nosotros encontramos el reino de Dios, en donde El es el Rey por supuesto, entonces tenemos todas las cosas que deseamos. “

  • “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mat. 6:33)»[14]  

Recuerda que 

  • “La paga del pecado es la muerte” (Ro. 6:23)

«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Dios siendo amor, amó al mundo a pesar del pecado y para hacerlo acepto en el amado, entregó su hijo para que muriera y el mundo fuese salvo. (Juan 3:23) … Jesús murió en la cruz y ahora todos somos invitados a entrar al cielo de Dios. Pasar del atrio al lugar santo solo es por medio de la puerta que es Jesús. La muralla de separación entre el mundo y el cielo siempre existe pero ahora hay una puerta de entrada abierta la cual es Jesucristo quien nos invita a entrar y disfrutar de las maravillosas riquezas del Señor.

Al entrar al cielo debemos ir vestidos de Cristo…
  • “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” Jn. 10:9) »[15]

Un arrepentimiento previo, creer en el Evangelio y ser bautizado.

  • Marcos 1:15: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. 
  • Marcos 16:16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

 jehova72132627_std

«La manifestación presente del Reino fue expresada por Jesús como evidencia provisional de una realidad más amplia en un futuro inminente.

Este aspecto futuro del Reino es la creencia en una implementación post-apocalíptica del gobierno de Dios, (teocracia), especialmente en la interpretación premilenialista del protestantismo fundamentalista.

La tensión entre los aspectos futuros y presentes del Reino se han llamado “el ahora y el no todavía” del Reino de Dios.»[16]

¿Has considerado creer en Jesús como Señor de tu vida, de todo corazón? Si aún no lo has hecho, te invito a reflexionar y a considerarlo…

  • ” Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. ” Jn. 17:3 (RV 1960)

Dios te bendiga.

Continúa…

Fuentes: 

0. John Pollock, “El Maestro”, edit. Vida,p.84-85

1. Gonzalo Fernandez Sanz cmf (Revista Vida Religiosa), El espacio y el tiempo,  http://www.ciudadredonda.org/subsecc_ma_d.php?sscd=204&scd=3&id=774

2. Ibid

3. Ibid

4. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

5. http://www.mercaba.org/DicTEO/conocimiento.htm

6.http://apologista.wordpress.com/2008/12/23/el-primitivo-evangelio-perdido-de-jesus—¿lo-conoce-usted/

7.reino de Dios,Wikipedia 

8. Ibid

9. Bonhoeffer, Dietrich. Venga a nosotros tu reino / Creer y Vivir, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1985, p. 110-111., citado en reino de Dios,Wikipedia.

10. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

11. Ibid

12. http://www.servicioskoinonia.org/relat/226.htm

13. http://www.conpoder.com/estudios/reino.html

14. http://www.monografias.com/trabajos16/reino-de-dios/reino-de-dios.shtml

15. ibid

16. reino de Dios, Wikipedia

Bibliografía

El Teólogo que Conspiró Contra Hitler

El Teólogo que Conspiró Contra Hitler

Enviado por: Creencias el Sábado, 17 de Noviembre de 2007 – 05:21 PM AT

Muerto cuatro semanas antes del término de la II Guerra Mundial en mayo de 1945, el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer inspira, con la posición ética por la paz que defendió en vida, a pacifistas, estudiantes, teólogos, religiosos y militantes de derechos humanos mundo afuera. Sus cartas desde la prisión constituyen un tesoro teológico para nuestros días.

Entrevista a Harald Malschitzky por Edelberto Behs (ALC) Si estuviese vivo, habría cumplido 100 años el 4 de febrero último. Recordando la fecha, la Editora Sinodal lanzó el libro “Dietrich Bonhoeffer – Vida y Pensamiento”, de Werner Milstein. El año pasado, la Sinodal editó un compendio de meditaciones y escritos del teólogo alemán, comentados por el pastor Harald Malchitzky, de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil (IECLB).
Bonhoeffer esbozaba su pensamiento teológico navegando por la dialéctica luterana. “El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona”, decía el mártir asesinado por los nazis. En esa perspectiva, el cristiano precisa trabajar como si Dios no existiese, y al mismo tiempo, confiar en Él como si Dios hiciese todo.
De acuerdo con Bonhoeffer, la Iglesia sólo es tal cuando ella está ahí para los otros. Junto con otros teólogos luteranos y reformados, Bonhoeffer fue uno de los mentores y firmantes de la Declaración de Barmen, de 1934, cuando fue constituida la Iglesia Confesante, que tomó posición con coraje contra el Nazismo. “Jesúcristo, y no ningún hombre o el Estado, es nuestro único Salvador”, proclamaba la Declaración de Barmen.
Para hablar de Bonhoeffer, ALC entrevistó a Harald Malschitzky, ex-pastor regional y ex-secretario de Formación de la IECLB, orientador de estudios en la antigua Facultad de Teología, hoy Escuela Superior de Teología (EST), de São Leopoldo, y secretario ejecutivo del Programa de Becas de Estudio de la Iglesia. Malschitzky enfoca el Bonhoeffer que adoraba vivir, pero que no dudó en arriesgar la vida conspirando contra Adolf Hitler.

ALC – ¿De dónde viene su pasión por Dietrich Bonhoeffer?

Malschitzky – Desde mis tiempos de estudiante, en 1962, 1963. Viví en la Facultad de Teología uno de sus momentos “abrasileñamiento” (en Brasil, estudiantes de esa escuela recibían, entonces, influencia de la teología alemana). Uno de los temas que nos intrigaba era la relación de nuestra iglesia (Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil – IECLB) con el germanismo, en los años 30 y 40 del siglo pasado, y la relación de los líderes con los teuto-cristianos en Alemania (que apoyaron el régimen nazi).
La Semana Académica de 1961 versó sobre Iglesia y Germanidad, cuando me interesé por el papel de la Iglesia en el III Reich y me puse a leer biografías. También leíamos a Karl Barth (teólogo reformado suizo que enseñó en Alemania, de donde tuvo que salir por no apoyar al régimen nazi) y ahí el nombre de Bonhoeffer también aparecía.
Después, ya en la parroquia, recibí el libro Encuentros con Dietrich Bonhoeffer como regalo. No hubo, pues, una pasión a primera vista, sino fue un proceso.

ALC – ¿LLegaste a realizar algún trabajo en la Facultad de Teología sobre Bonhoeffer?

Malschitzky – Cuando yo trabajaba en la Facultad de Teología, hoy Escuela Superior de Teología (EST), en São Leopoldo, estaba en agenda la pregunta sobre la seculoarización, cómo se ubica la Iglesia en un mundo secularizado. Bonhoeffer decía que tenemos que ser iglesia dentro de ese mundo secularizado.
Mas también es preciso decir que Bonhoeffer se equivocó. El habló de una época a-religiosa. Si miramos la sociedad brasileña y latinoamericana, veremos que somos bastante religiosos y no a-religiosos.
Ese proceso de secularización, esa distancia con la religión no sucedió en verdad. Lo que aconteció fue una pulverización religiosa. Mientras Bonhoeffer se preocupaba en cómo ser iglesia en un mundo secularizado, hoy la pregunta es cómo podemos tener una iglesia, con cierta identidad, dentro de un mundo lleno de religiosidades, mas no necesariamente ligada a una institución, cuadro típico de la pos-modernidad.

ALC – Esa sería, seguramente, la pregunta de Bonhoeffer hoy

Malschitzky – Seguramente se preguntaría cómo ser una iglesia que asume, o cuya teología también nos remite a un mundo concreto, cómo hacer eso cuando la religión hoy es casi siempre esa fuga del mundo. Siguiendo esa determinada religión yo permanezco en mi esfera privada y quedo en paz conmigo mismo y con mi Dios.
La pregunta de Bonhoeffer, hoy, enfocaría la cuestión de cómo ser iglesia. No una iglesia cerrada, sino una iglesia abierta. Bonhoeffer nunca quería la iglesia cerrada, tan to que él participó de los primeros pasos del movimiento ecuménico. Fue secretario de la Juventud Ecuménica, como jovem pastor.

ALC – Era el período de la ascensión del nazismo…

Malschitzky – Desde el inicio, la teología y acción que emprendió eran a favor de la paz. Eso queda claro cuando se dio cuenta de la necesidad de buscar ayuda en el mundo ecuméico para hallar fórmulas para aislar a Adolf Hitler y sacarlo del poder. Pero sin la utilización de la fuerza. Más tarde, entonces, con golpes de Estado, que también no tenían la idea de matarlo. Mas todos esos golpes fallaron.

ALC – ¿Bonhoeffer participó en todo eso?

Malschitzky – Él participó como consejero y en tercera etapa, cuando quedó claro que era preciso arrancar al malo del timón, ahí se involucra completamente. Bonhoeffer participó en el planeamiento de atentados contra Hitler. Decía que la Iglesia no podía quedar mirando a un conductor dirigir el carro a toda velocidad, matando gente. La Iglesia no podía limitarse a consolar a las familias y a los enfermos, los afectados por esa locura.

ALC – ¿Debido a eso fue apresado?

Malschitzky – Sí. Él fue apresado. Fue todo un proceso. Primero le prohibieron publicar sus libros, de ser profesor y después de ser pastor. Bonhoeffer se hizo conocido a través de las manifestaciones, y también en el exterior. Estuvo en Nueva, Barcelona, Londres, y en otros lugares, donde fue pastor de congregación, profesor, conferencista y participante en reuniones.
Cuando regresó de una de esas reuniones, simplemente le quitaron la cátedra. Estaba marcado. Su involucramiento con la resistencia continuó también cuando él estaba en la prisión. Ejemplo de eso es que del campo de concentración él avisó a la novia para que no estuviese en Berlín el 20 de julio de 1944 (aquel día sería perpetrado un atentado contra Hitler).

ALC – Pero ese atentado falló…

Malschitzky – Sí, y después de eso Hitler mandó matar a los que conspiraron contra su vida. Algunos se suicidaron, otros fueron asesinados, y Bonhoeffer fue transferido, a pedido del propio Hitler, a otra prisión. Ni la familia ni los amigos sabían dónde estaba preso. Perdieron contacto. La novia fue de prisión en prisión para saber de su paradero, mas no lo desubrió nunca. La muerte de Bonhoeffer fue descubierto sólo después. Murió el 9 de abril de 1945, en Flossenburg, al sur de Alemania.

ALC – En ese período pos-julio hasta su muerte, ¿Bonhoeffer escribió algún texto?

Malschitzky – Sí, Algunos borradores fueron encontrados escondidos entre las tejas de la prisión. Otros fueron mandados para fuera de la prisión, a través de otras pessoas.

ALC – Esa valorización de Bonhoeffer, hoy, no tiene que ver con un pensamiento tipo “gracias a Dios que ese hombre existió”, caso contrario la iglesia alemana estaría totalmente vinculada al Reich?

Malschitzky – Sin duda, pero la gente no debe olvidar que no fue Bonhoeffer solo. Bonhoeffer fue un exponente. Acabó siendo un mártir y eso le da un carácter especial. Martín Niemöller (pastor luterano) y tantos otros estuvieron presos en campos de concentración. Apenas para citar un otro ejmplo: Eberhardt Bethge, casado com un sobrina de Bonhoeffer y se convirtiera en su gran biógrafo, también estuvo preso.

ALC – ¿Esas personas no fueron convocadas para servir en el Ejército?

Malschitzky – Muchos fueron convocados. Un hermano de Bonhoeffer murió en la guerra. El  mismo tenía mucho miedo. No fue convocado porque tenía parientes en el Ministerio del Ejército. El gran miedo de él era ser convocado para la guerra.

ALC – ¿Miedo de quê? ¿De morir?

Malschitzky – Él decía: “Dios me libre de ir a ese ejército! Cómo voy balo el mando de un maluco disparar a alguien?” Tanto que en otro momento manifestó la idea de que la única salvación para Alemania sería perder la guerra.

ALC – ¿Cólmo se trabaja ese Bonhoeffer que dice”Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona”?

Malschitzky – Justamente esa es una parte que escandalizó a mucha gente: “El Dios que te abandona”. La idea motriz es que aquel Dios que, en un momento en que todo está perdido, desciende en una nube y pone orden en ese caos. Bonhoeffer decía: : “Nosotros tenemos que trabajar como si Dios no existiese”. Y tenemos que parar cuando no des más. Y al mismo tiempo tenemos que confiar como si Dios hiciese todo. Dentro de esa dialéctica se movió él.

ALC – ¿Que diría Bonhoeffer a esta sociedad multireligiosa de hoy?

Malschitzky – En este supermercado religioso que tenemos hoy lo que Bonhoeffer diria es lo que la gente es. La gente sólo es cuando lo es para los otros. Y ahí la gente se confronta, por ejemplo, con una Teología de la Prosperidad, que habla de los intercambios con Dios. El mostraría, que ese no es el camino del cristianismo. Eso de fomentar el narcisismo no es el camino.
Insistiría que la Iglesia sólo sirve si ella estuviera ahí para los otros y no se cierra en sí misma. Eso puede ser ilustrado con la célebre frase que él acuñó: “Quien no asume la causa de los judíos no tiene derecho de cantar gregoriano”. Eso es pesado, ¿no es? Hoy, tal vez diría que quien no asume las causas del mundo tampoco puede celebrar. Y al contrario, después de celebrar usted se pregunta qué hacer nuestra tarea en el mundo podemos celebrar.
La religión no puede ser instrumentalizada de forma utilitarista. Ella no se restringe a celebraciones, mas tiene que ver con la vida. Es una cuestión de ética, en un mundo u en un país donde la cuestión de la ética viene perdiendo espacio.

ALC – Pero iglesias trabajan en la perspectiva del éxito y buscan ampliar el número de fieles...

Malschitzky – Esa cuestión del éxito es complicada. Las iglesias históricas sufren presión porque los pentecostales crecen y los neopentecostales está ahí y van a ser mayoría en el mundo evangélico, o ya son. Es una presión que lleva a las iglesias históricas a la tentación de también ceder en su propuesta, en su proyecto y teología, y encaminarse por senderos más carismáticos. Entonces, esa es la dificultad mas grande.
Pero yo creo que Bonhoeffer no cedería. Si él tiene una lección que darnos, esa sería la cuestión de la paz, la cuestión de la responsabilidad del cristiano por la vida y por el mundo; temas que transcienden los límites de la Iglesia como tal.

ALC- Pensando en la Teología luterana, que enfatiza la teología de la gracia, que es un contrapunto extraordinario a ese espíritu consumista neoliberal, ¿por qué ese mensaje de la gracia no convoca?

Malschitzky – El ser humano precisa conquistar méritos, parece que nosotros somos construidos así. Teológicamente, eso debe estar vinculado a toda la cuestión del pecado, pero el ser humano precisa hacer méritos. Y esa libertad de hacerlo libremente, sin con eso tener mérito alguno, eso es muy difícil para nosotros.
Así somos nosotros y eso se refleja también en la iglesia. Y en la iglesia inclusive entre pastores, entre teólogos, también tiene que producirse esa misma cosa. La gracia no es sinónimo de pereza, pero nosotros invertimos el juego y creemos que tenemos que producir para poder mostrar resultados.

ALC – Pero la Iglesia Universal del Reino de Dios casi no trabaja con el pecado; el pecado no existe? No es un mensaje más agradable para los oídos sacar el pecado de la vida?

Malschitzky – La Iglesia Universal del Reino de Dios tiene objetivos diferentes. Ella tiene la dificultad de lidiar, por ejemplo, con la derrota del ser humano. Yo nunca vi un entierro realizado por alguien de ellos. Ahí los otros hacen, porque allí es el lugar de la gran derrota.
Si tú miras lo que las personas que frecuentan la Iglesia Universal del Reino de Dios quieren no es tanto la comunión, sino la experiencia religiosa individual, la cura, es salir con esa bendición de la prosperidad. Para la Universal, el pecado es el demonio que tiene que ser expulsado y ellos lo hacen a través del exorcismo. O sea, ellos liquidan el asunto de inmediato. Tú sales aliviado.
Tal vez nosotros no sepamos lidiar con esa cosa de manera correcta, pero yo no creo que la receta sería ir por ese camino de una Iglesia o de tantas otras.

___________________________________________________
Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)
http://www.alcnoticias.org

Fuente: http://www.creencias.com.ar/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=110&mode=thread&order=0&thold=0

Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer

Jaime Mazurek (Año: 2006 – Num.: 1) 

La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Hoy combatimos en favor de la gracia cara. Estas palabras, tan frecuentemente citadas, son las primeras expresiones de El precio de la gracia, escrito en 1937 por el joven teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, como una crítica de la iglesia luterana alemana que brindaba su apoyo al régimen de Hitler.

Indudablemente Bonhoeffer fue uno de los teólogos mas destacados del siglo xx, tanto por sus escritos como por sus acciones y su martirio. A pesar de solo vivir treinta y nueve años, dejó un legado teológico y ético que se estudia en todo el mundo hasta hoy.

RESEÑA BIOGRAFICA
En su obra The Theology of Dietrich Bonhoeffer (La teología de Dietrich Bonhoeffer), John Godsey afirma que se pueden reconocer tres etapas en la vida de Bonhoeffer, las que él ha rotulado de la siguiente manera: Fundamento teológico 1906-1931; Aplicación teológica (1932-1939); y Fragmentación teológica (1940-1945). Es un criterio acertado y útil.

Dietrich Bonhoeffer nació el 6 de febrero de 1906, hijo de un destacado profesor de psiquiatría de la Universidad de Berlín. Desde la niñez mostró una gran capacidad intelectual y a los 17 años comenzó sus estudios de teología en las universidades de Berlín y Tubinga (1923-1927). Después de un periodo de práctica ministerial en España, regresó para completar sus estudios postgrado en Berlín, donde cayó bajo la influencia profunda de Kart Barth y su teología de revelación.
A los veintiún años de edad completó su disertación doctoral, titulada Sanctorum Communio (La comunidad de los santos). Después de una jornada de ministerio en Barcelona, viajó en 1930 a Norteamérica donde estudió un año en la Union Theological Seminary de Nueva York, bajo los profesores Reinhold y Richard Niebuhr. Ahí se hizo amigo de numerosos teólogos sobresalientes, entre los cuales estuvo Frank Fisher, un africano-americano, quien le llevó a conocer las iglesias negras en el barrio de Harlem de Nueva York. Ahí Bonhoeffer se hizo muy amante de la música espiritual negra. Algunos piensan que su experiencia con los negros de Nueva York aportó a su decisión de defender a los judíos alemanes frente a los ultrajes nazis.
La segunda etapa de la vida de Bonhoeffer (1932-1939), fue marcada por su activismo en el movimiento ecuménico y en la lucha interna de la iglesia alemana. Al regresar a Alemania, Bonhoeffer comenzó su carrera docente en la Universidad de Berlín y participó en grupos ecuménicos que buscaban mayor interacción entre las iglesias de Europa.

La llegada de Hitler al poder en 1933 complicó las cosas para Bonhoeffer, ya que muchas de las iglesias alemanas se sumaron a los ideales nazis, cosa que él rehusaba hacer. Dos días después del acenso de Hitler a la cancillería alemana, Bonhoeffer habló por la radio expresando su oposición. Advirtió al pueblo del peligro de entregar sus almas a un hombre que buscaba ser adorado. Junto a Martín Niemoller y otros jóvenes pastores contrarios al nazismo, participó en la fundación de la Iglesia Confesante, una congregación de ministros alemanes contrarios a la política racista pro-arriana de la iglesia estatal.

En 1935 Bonhoeffer participó en la fundación del seminario de Finkenwald, en el norte de Alemania. Aunque la Gestapo nazi clausuró el seminario en 1937, él siguió dirigiéndola clandestinamente hasta 1940. Durante sus años con los alumnos de Finkenwald, Bonhoeffer produjo escritos sobresalientes como Nachfolge (El precio de la gracia, 1937) y Gemeinsames (La vida juntos),

En 1939, a los comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Bonhoeffer aprovechó una oportunidad para regresar a Nueva York bajo la tutela de Reinhold Niebuhr. Sin embargo, después de pasar unas pocas semanas ahí, se dio cuenta más que nunca que su destino estaba con su pueblo, y regresó a Alemania para acompañar a la iglesia alemana que resistía a Hitler, y para iniciar la tercera, y última etapa de su vida.

En el verano de 1940, la Gestapo le prohibió hablar en público y declararon a sus libros ilegales. Para evitar que Dietrich fuere conscripto al ejército, su cuñado hizo arreglos para que obtuviera trabajo en la Abwehr, la agencia de inteligencia militar dirigida por el Coronel Von Stauffernberg. La verdad es que muchos miembros de la Abwehr se oponían al régimen nazi. Aprovechando su posición dentro del sistema gubernamental, Bonhoeffer contribuyó a la huida de catorces judíos hacia Suiza. La Gestapo empezó a sospechar y en 1943 Bonhoeffer fue arrestado y encarcelado por aquella acción.

El 20 de julio de 1944 hubo un fallido intento de asesinato contra Adolfo Hitler. Temprano en 1945, con el ejército alemán en plena retirada frente al avance las fuerzas aliadas, la Gestapo descubrió que el Coronel Von Stauffenberg y miembros de su departamento militar habían sido los responsables del malogrado intento.

Hitler dio la orden para la ejecución del liderazgo Abwehr, y el 9 de abril, apenas 21 días antes de que el mismo Hitler se suicidara, Dietrich Bonhoeffer, acusado de ser parte de la conspiración, murió ahorcado en la prisión de Flossenburg.

Las cartas que Bonhoeffer escribió durante sus años de encarcelamiento han sido publicadas bajo el título Cartas y papeles desde la prisión, y sus cartas dirigidas a su novia, Maria von Wedemeyer, han sido publicadas como Cartas de amor desde la celda numero 92.

PENSAMIENTO TEOLOGICO
El área de la teología que más le interesaba a Bonhoeffer era la ecclesiología  la doctrina de la Iglesia. Este fue el tema de su disertación doctoral, Sanctorum Communio y de la mayor parte de sus otras obras. El problema de la Iglesia y su papel dentro de un mundo contrario al evangelio, tal como la situación sufrida bajo el Tercer Reich de Adolfo Hitler, impulsó al joven teólogo a concentrar sus fuerzas en meditar bien este tema.

Una de las ideas centrales de Bonhoeffer fue que la Iglesia es, ante todas las cosas, una comunidad. Se puede apreciar esto en su monografía ¿Qué es la iglesia? escrita en 1932.
La iglesia es comunidad, la comunión de los santos, aquellos liberados por Dios de la soledad. Es uno escuchando al otro, entregándose, reconociéndose responsable porque Dios le ha unido al otro. Comunidad a través de sacrificio, oración y perdón. El quebrantamiento de las cadenas de la soledad, la realidad de estar unos con otros, por los otros, amor, hermandad. Y todo esto viene de Dios. Dios, el Cristo presente, echa la base de la comunidad, es su pueblo llamado a salir del mundo por su Palabra, atado a El, su único Señor en fe, atados a sus hermanos en amor. (No Rusty Swords (Ninguna espada oxidada), pág. 150, 151)

Continúa explorando el tema de la iglesia en El precio de la gracia:
La Iglesia de los santos no es la Iglesia ideal de los que carecen de pecado, de los perfectos. No es la comunidad de los puros, que no dejaría lugar al pecador para arrepentirse. Es, más bien la Iglesia que se muestra digna del evangelio del perdón de los pecados, en la medida en que anuncia verdaderamente el perdón de Dios. . . Es la Iglesia de los que han experimentado la gracia cara de Dios, y obran de forma digna del evangelio, sin malbaratarlo ni rechazarlo. . . . Una Iglesia que no llama pecado al pecado no puede encontrar la fe cuando quiere perdonar el pecado. (El precio de la gracia, pag. 200).

Aunque a Bonhoeffer le preocupaba mucho el tema de la unidad del cuerpo de Cristo, y fue un líder en el movimiento ecuménico internacional de sus días, no estrechaba lazos con la iglesia luterana que se había unido al nazismo. Para Bonhoeffer, los alemanes tenían una sola alternativa viable de iglesia, la Confesante.

Extra ecclesiam nulla salus. La cuestión de la membresía en la iglesia es la cuestión de la salvación. La extensión de la iglesia es la extensión de la salvación. Cualquiera que conscientemente se separa de la Iglesia Confesante en Alemania se separa de la salvación. (El camino a la libertad, pag. 93,94)

Pedimos una teología responsable del movimiento ecuménico por amor a la verdad por la certidumbre de nuestra causa. (Ninguna espada oxidada, pag. 156).

En medio de sus reflexiones profundas, Bonhoeffer también tuvo sus momentos de buen humor. En su obra Creación y caída, tentación menciona una instancia anecdótica cuando a Martín Lutero se le preguntó qué cosas hacía Dios antes de crear al universo y al mundo; y Lutero respondió, Pues, cortaba cañas para dar golpes a personas que hacen preguntas inútiles. (Creación y caída, tentación, pag. 17).

Hay que reconocer que Bonhoeffer fue absolutamente un producto de la teología neo-ortodoxa de Karl Barth. Su perspectiva de la Biblia era que, en vez de ser en sí misma la Palabra de Dios, es el instrumento por medio del cual se puede hoy escuchar la voz de Dios. No tenía una visión de Biblia como inerrante o infalible, sino como un documento imperfecto con errores y mitos. Al comentar sobre el relato de Adán y Eva en el huerto del Edén, afirma, ¿Cómo hablar acerca de la Tierra joven, salvo con lenguaje de cuentos de hadas? (Creation and Fall, Temptation, [Creación y caída, tentación], pag. 49). Aunque reconoce valiosas verdades reveladas en la narración, estima que la narración en sí es mitológica más que histórica.

EVALUACION DE SU PENSAMIENTO
Un repaso de las diversas evaluaciones de la teología de Bonhoeffer revela que hay una buena variedad de opinión sobre sus ideas. Es uno de los pocos teólogos que es celebrado tanto por conservadores como por liberales. Muchos autores evangélicos contemporáneos como Charles Colson citan favorablemente de las obras de Bonhoeffer, mientras que otros evangélicos fundamentalistas lo consideran un liberal cuyas obras forman la base de la moderna teología de liberación.

Se dificulta la evaluación de la teología de Bonhoeffer por dos razones. En primer lugar, murió antes de poder producir una obra definitiva sobre su teología sistemática. Mucho de lo que dejó existe en forma de cartas personales, sermones y ensayos. En segundo lugar, como ya se ha señalado, Bonhoeffer vivió diferentes etapas, y es aparente que durante su encarcelamiento, esperando la hora de su muerte, su pensamiento teológico estaba en un proceso de cambio.
Los escritos tempranos de Bonhoeffer  ejemplificado con El precio de la gracia  son de corte evangélico y más conservadores. En sus escritos tardíos se aprecia más el pensamiento existencialista y liberal. Lo cuestionaba todo. Se preguntaba, ¿qué es el cristianismo, y quién es Cristo para nosotros hoy, en verdad? ¿Cómo puede ser Cristo el Señor del mundo no-religioso? Llegó a hablar de la necesidad de ser cristiano sin religión.

¿Para dónde iba el pensamiento de Bonhoeffer? ¿Será que estando encarcelado él temía el triunfo del nazismo y escribía para preparar la iglesia para un nuevo modo de existencia como pueblo perseguido? De haber sobrevivido la guerra y visto la ruina total del tercer reich, ¿hubiera cambiado su pensamiento? Es imposible saberlo. Ya antes de la llegada de Hitler al poder, Bonhoeffer veía el futuro de la iglesia alemana con mal augurio. En octubre del 1931 escribió a un amigo: Podrá nuestra iglesia sobrevivir otra catástrofe? Uno se pregunta, ¿no será eso verdaderamente el fin a menos que nos convirtamos en algo completamente diferente? ¿Hablar y vivir de manera diferente? Pero ¿cómo? (Ninguna espada oxidada, pag. 119). Hasta qué punto influyó la situación política y social alemana en la formulación teológica de Bonhoeffer (especialmente la tardía) es un tema que amerita mayor discusión.
Como quiera uno estime ese asunto, la verdad es que cualquier ministro que estudie a Bonhoeffer se dará cuenta que este hermano escribía con elocuencia, profundidad, devoción y convicción. No cabe duda que amaba a Cristo con un amor genuino y profundo, tal como nos exhorta en El precio de la gracia:

La vida del discípulo se acredita en el hecho de que nada se interponga entre Cristo y él, ni la ley, ni la piedad personal, ni el mundo. El seguidor no mira más que a Cristo. No ve a Cristo y al mundo. No entra en este género de reflexiones, sino que sigue sólo a Cristo en todo. Su ojo es sencillo. Descansa completamente en la luz que le viene de Cristo; en él no hay ni tinieblas ni equívocos.

Fuente: http://www.conozca.org/articulo.cfm?art_id=1326&rev_id=A2006N1

Cristo, Señor de los no-religiosos

Dietrich Bonhoeffer:
Cristo, Señor de los no-religiosos

Arnaud CORBIC


“¿Cómo puede Cristo llegar a ser también Señor de los no-religiosos” en un “mundo adulto”, para el que “la hipótesis de Dios” resulta ya superflua? Ésta era la preocupación, a la vez existencial y teológica, del último Bonhoeffer en sus cartas de la cautividad. El autor del presente artículo, que ha publicado recientemente un opúsculo que lleva como subtítulo “Del penúltimo al último Bonhoeffer”, nos acerca a la última etapa de su vida y al testimonio de su muerte como discípulo de Jesús.

Publicación original: Dietrich Bonhoeffer, Seigneur des non-religieux, Études 3943(2001)371-382.

Edición en papel de esta edición electrónica: Revista “Selecciones de Teología” 161(2002)51-58

A partir del 5 de abril de 1943, en que fue encarcelado, Bonhoeffer no se encuentra en medio de universitarios y seminaristas, sino con prisioneros, hombres “no-religiosos” que pasan de Dios. La carta del 30.04.1944 marca un corte en su vida y en su pensamiento: ya no espera para él un cambio de situación. Las bombas amenazan con destruir la prisión de Tegel. Sabe por experiencia que “el mundo está determinado por poderes contra los que la razón no puede nada”. Sin embargo, se encara con el porvenir, no tanto el suyo como el de la humanidad y el del cristianismo. Es en este contexto en el que se pregunta teológicamente y de forma programática: “Cómo hablar del cristianismo al margen de todo lenguaje religioso? ¿Cómo hablar de Dios sin religión?”

Un lenguaje renovado

Si en la carta del 30.04.1944 formulaba Bonhoeffer estas preguntas, en la del 5.05. 1944 esboza una respuesta: hay que hablar de Dios “en la mundanidad” (weltlich: en la realidad de este mundo), tal como habla de Dios el AT, o sea, en la finitud y en las pasiones humanas, en el límite y en la realidad de las cosas, como lo que hace que el mundo sea mundo, mientras que el a priori metafísico impone al mundo hablar de Dios como fuera y más allá de los límites. EscribeBonhoeffer: “En este momento, mi reflexión se centra en cómo se podría renovar “laicamente” (weltlich: en la mundanidad) -en el sentido del AT y de Jn 1, 14- la interpretación de conceptos como arrepentimiento, fe, justificación, nuevo nacimiento, santificación”. Para él, en el AT, el más allá y la victoria sobre la muerte se viven siempre “en el más acá” (Diesseitigkeit) y remiten al hombre a la finitud en la historia.

En el Esbozo de un estudio, redactado en prisión, a propósito del tema mundanidad (Weltlichkeit) y Dios escribía Bonhoeffer que “nuestra relación con Dios no es una relación “religiosa” con el ser mas elevado, más poderoso, que se pueda imaginar -ahí no está la verdadera trascendencia-, sino que consiste en una nueva vida “para los demás”, en la participación en la existencia de Jesús. No son las tareas infinitas e inaccesibles las que constituyen la trascendencia, sino el prójimo que hallamos en nuestro camino”.

“El mundo, mayor de edad”

Entre el 30 de abril y el 18 de julio de 1944 toma Bonhoeffer una conciencia cada vez más aguda de que, a consecuencia de una evolución histórica producida principalmente por el siglo de las Luces, el mundo ha llegado a su mayoría de edad, ha adquirido una cierta autonomía, una autosuficiencia en numerosos ámbitos, y esto de manera irreversible.

El mundo ha aprendido a resolver todas las cuestiones importantes sin apelar a la “hipótesis Dios”. Y esto vale -para Bonhoeffer- no sólo para las cuestiones científicas y artísticas, sino también para las éticas e incluso para las religiosas. Corno en el ámbito científico, también en el humano, Dios es empujado cada vez más lejos, fuera de la vida: él pierde terreno.

Bonhoeffer analiza esta nueva forma que adopta el ateísmo en la modernidad. Hay en él un desplazamiento significativo: no se trata tanto de la negación de la existencia de Dios como de la afirmación de su inutilidad. Cuando el mundo era “menor de edad”, la “hipótesis Dios” poseía todavía su utilidad. Pero, alcanzada la mayoría de edad, el mundo pasa fácilmente de Dios. Es lo que Bonhoeffer constata en el contexto arreligioso de la prisión, sensible a este ateísmo práctico. Y da su diagnóstico:

“Las personas religiosas hablan de Dios cuando los conocimientos humanos (a veces por pereza) chocan con sus límites o cuando las fuerzas humanas fallan. En el fondo se trata de un deus ex machina que ellos hacen salir a escena para resolver problemas aparentemente insolubles o para intervenir en ayuda de la impotencia humana. En una palabra: explotan siempre la debilidad y los límites de los seres humanos. Evidentemente, esta manera de actuar sólo puede durar hasta el día en que los seres humanos, con sus propias fuerzas, harán retroceder un poco sus límites y en que el deus ex machina resultará superfluo”.

Y prosigue:

“Me gustaría hablar de Dios, no en los límites, sino en el centro, no en la debilidad, sino en la fuerza, no a propósito de la muerte y de la falta, sino en la vida y la bondad del ser humano. En los límites, me parece preferible callarse y dejar sin resolver lo que no tiene solución (…). Dios está en el centro de nuestra vida, estando más allá de ella”.

Bonhoeffer piensa a Dios en la positividad, en el centro de la realidad. El Dios viviente ha creado y crea el mundo. Éste posee su autonomía. Reposa en la mano de Dios. Y por esto Dios no tiene necesidad de intervenir en él de modo visible o milagroso. Pues, como Creador que es, constituye el centro absoluto de la realidad.

Bonhoeffer pone en guardia al teólogo contra toda apologético que intente probar a este mundo adulto que no puede vivir sin el “tutor Dios”. “Desearía llegar -escribe- a que Dios no sea introducido fraudulentamente por un vericueto hábilmente disimulado, sino que se reconozca simplemente el carácter adulto del mundo y del ser humano.” La mayoría de edad hay que comprenderla positivamente, “mejor de lo que ella misma se comprende, mediante Cristo y el Evangelio”.Y esto sin intentar “camuflar el ateísmo del mundo; por el contrario, es preciso quitarle el velo. Y es justamente así como cae sobre el mundo una luz sorprendente. El mundo adulto es un mundo sin Dios y por esto acaso está más cerca de Dios de lo que lo estaba el mundo menor de edad”.

“Etsi Deus non daretur”

Partiendo de la constatación empírica de la mayoría de edad del mundo, le dio Bonhoeffer una interpretación teológica con miras no sólo a la humanidad, sino también a la cristología, invitando a una nueva comprensión del ser humano y de Dios, que encuentra su fundamento en la cristología:

“No podemos ser honestos sin reconocer que es necesario que vivamos en el mundo etsi Deus non daretur.(…). Llegados a la mayoría de edad, hemos de reconocer de forma más verdadera nuestra situación ante Dios. Dios nos hace saber que es preciso que vivamos como seres humanos que llegan a vivir sin Dios. ¡El Dios que está con nosotros es el que nos abandona (Mc 15,34)! El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo “Dios” es aquél ante el cual estamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios se deja desalojar del mundo y clavar en cruz. Dios es impotente y débil en el mundo y sólo así está con nosotros y nos ayuda. Mt 8,17 nos indica claramente que Cristo nos ayuda, no por su omnipotencia, sino por su debilidad y sus sufrimientos.”

“He aquí la diferencia decisiva con todas las demás religiones. La religiosidad del ser humano le remite en su miseria al poder de Dios en el mundo: Dios es el deus ex machina. La Biblia le remite al sufrimiento y a la debilidad de Dios. Sólo el Dios sufriente puede ayudar. En este sentido, se puede decir que la evolución del mundo hacia la edad adulta, haciendo tabla rasa de una falsa imagen de Dios, libera la mirada del ser humano para dirigirla hacia el Dios de la Biblia, que adquiere su poder y su lugar en el mundo por su impotencia.”

Esta es la radicalización cristológica operada por el último Bonhoeffer. El argumento cristológico es el de la redención en la pasión y crucifixión de Cristo. Dios ya no es el deus ex machine pretendidamente todopoderoso, hecho a medida de nuestras concepciones del poder, al que se puede apelar cuando uno está escaso de soluciones, sino que el Dios de la Revelación es el que nos abandona, el que nos salva por su receso y su impotencia en este mundo. Este es el Dios revelado, el Dios que ninguna sabiduría humana, ninguna religión, se ha atrevido a proponer. Pero hay que pesar las palabras: “Dios nos hace saber que es preciso vivir como seres humanos que llegan a vivir sin Dios. El Dios que está con nosotros es el que nos abandona. El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios, es aquél delante del cual estamos constantemente”.

Advirtamos que Dios continúa siendo el sujeto de todas las frases. Ni el cristianismo se convierte en ateísmo ni el ateísmo en cristianismo. Es la experiencia del ateísmo del mundo, llegado a su mayoría de edad, la que alcanza aquello que la Revelación cristiana tiene de único y que acontece en la cruz: es en la experiencia del receso de Dios como el ser humano se deja alcanzar por Dios. Igualmente, “vivir en el mundo etsi Deus non daretur”, o sea, como si Dios no fuese dado (se sobreentiende: como “hipótesis”), para el último Bonhoeffer, significa, no “como si Dios no existiese”, sino que Dios no puede ya ser presupuesto, precisamente en un “mundo llegado a la mayoría de edad” y arreligioso, para el cual “la hipótesis de Dios” resulta, en lo sucesivo, superflua.

“La disciplina del arcano”

Hasta tres veces menciona Bonhoeffer la “disciplina del arcano” . “Es necesario -escribe- restablecer una disciplina del arcano, por la que los misterios de la fe cristiana deben ser protegidos de la profanación”. Por analogía con la Iglesia antigua que no presentaba los misterios cristianos sin una larga iniciación, es preciso no mezclar la consolación de Dios con las realidades dramáticas del ser humano ni separar el cristianismo de la realidad.

Para el último Bonhoeffer, el cristianismo y la Iglesia no se diluye en el mundo, sino que la Iglesia sigue siendo una Iglesia de bautizados en Cristo, cuyo testimonio será precisamente oculto: “Nuestro ser cristiano no puede tener hoy sino dos aspectos: la plegaria y la acción por los seres humanos según la justicia.(…). La vida de los cristianos será silenciosa y oculta. Pero habrá seres humanos que orarán, actuarán con justicia y esperarán el tiempo de Dios”. La Iglesia es siempre Cristo bajo forma de comunidad, escondido entre los seres humanos, existiendo “para los demás”. Y viviendo de la sola gracia.
Para Bonhoeffer, hay asimismo una necesario pudor o interioridad de la fe, que no tiene nada que ver con la ostentación religiosa y que, por el contrario permite una presencia en el mundo más profunda y respetuosa de su autonomía. En una carta expresa así su malestar en presencia de los que hablan en una “terminología religiosa”:

“Me pregunto a menudo por qué un instinto cristiano me inclina con frecuencia hacia las personas que no son religiosas, más bien que hacia las que lo son. Y esto no con una intención misionera, sino casi fraternalmente. Mientras que, frente a personas religiosas, con frecuencia no me atrevo a pronunciar el nombre de Dios -porque tengo la impresión de que produzco un sonido falso y de que no soy honesto- (…) frente a personas no religiosas puedo ocasionalmente nombrar a Dios con toda tranquilidad y como algo que cae por su peso”.

Las realidades “últimas” y “penúltimas”

Por “realidades últimas” entiende Bonhoeffer el acontecimiento de la Revelación en Cristo y por “realidades penúltimas”, el mundo en que vivimos. Ahora bien, Cristo, la última Palabra que no pasará jamás y que pone su sello en todas las cosas, no sólo hace que “lo penúltimo” -las realidades humanas ordinarias y banales de la existencia- se presente, sino que se remite continuamente a ello. Para él, la fe nos remite, no a unos problemas religiosos, sino a nuestras tareas humanas: “Nuestra mirada se dirige hacia las realidades últimas, pero tenemos todavía nuestras tareas, nuestras alegrías y nuestros sufrimientos en esta tierra”.

“Sólo si se ama la vida y la tierra lo bastante para que todo parezca acabado cuando ellas están perdidas, se tiene el derecho de creer en la resurrección de los muertos y en un mundo nuevo (…). El que quiere pasar inmediatamente al NT, a mi juicio, no es cristiano (…). La última palabra no debe preceder a lo penúltimo. Vivimos en las realidades penúltimas y esperamos, en la fe, las últimas.”

Bonhoeffer utiliza aquí un argumento a fortiori -“Sólo si… “para significar que Cristo, con su santidad, no arrasa lo que precede, sino que asume y culmina infinitamente lo que ya era “bueno”, y en lo que él se apoya, superándolo, revelando así de nuevo el “precio”. Lo que hay de último y definitivo en la Revelación de Dios, precisamente en el hombre Jesús, no anula ni la realidad ni el valor -únicos- de lo que es “penúltimo”, terrestre, provisional y frágil, sino que lo eleva y lo “salva” para darle gratuitamente todo su valor. En este sentido, ya que lo “último”, que es Cristo, remite a lo “penúltimo”, que es el mundo con sus tareas humanas, “Cristo puede llegar a ser también el Señor de los no-religiosos”.

Llegar a ser “un ser humano y un cristiano”

Antes de desentrañar el contenido de la carta del 21.07.1944, conviene recordar el contexto: desde la prisión de Tegel, Bonhoeffer escribe a su amigo Bethge, el día siguiente del complot abortado contra Hitler, en el que él estaba implicado. Sabe que apenas queda esperanza para él, no sólo de salir en libertad, sino también en vida. Ahora bien, durante su cautividad encuentra personas que, sin invocar a Dios, permanecen profundamente humanas hasta el fin. Es en este contexto en el que él prolonga su cuestionamiento teológico: “¿Cómo puede Cristo llegar a ser también Señor de los no-religiosos?”.

En esta carta Bonhoeffer constata positivamente el proyecto del hombre moderno de llegar a ser humano sin “Dios”, sin un “Dios” que deshumanizaría, indicando al mismo tiempo el camino de humanización al que conduce el proyecto de llegar a ser más humano con el Dios revelado en el hombre Jesús. Recuerda que “el cristiano no es un homo religiosus, sino simplemente un hombre, como Jesús era un hombre por contraposición a Juan Bautista”.

Conviene evitar un malentendido. Sería un contrasentido tomar al Bonhoeffer de 1944-45 por un teólogo que anunciase un cristianismo secularizado, un humanismo modelado sobre el ateísmo, en que Jesús sería una referencia histórica entre otras. Bonhoeffer no se convierte en ateo. Hay que pesar todas las palabras de la carta del 21.07.1944:

“El cristiano es terrestre, no de manera anodina y banal, como la gente ilustrada, eficaces, indolentes o lascivos, sino que es disciplinado y el conocimiento de la muerte y de la resurrección está siempre presente en él. Creo que Lutero vivió de esta forma”.

Afirmar que “el cristianismo no es de este mundo” significa -para Bonhoeffer- que no es una religión, la cual:

1) apoyándose sobre un presupuesto metafísico, apunta a un más allá del mundo para huir de la realidad de este mundo;

2) apoyándose sobre el presupuesto de la interioridad o “alma”, por oposición a la exterioridad y a la historia, conduce al individualismo y a la autosatisfacción por las propias obras;

3) apoyándose sobre el presupuesto de la parcialidad, la religión se reserva un ámbito separado de lo profano: lo sagrado.

Pues bien, para Bonhoeffer, es ahí todavía donde la experiencia del ateísmo del “mundo que ha llegado a su mayoría de edad” alcanza el culmen de la Revelación divina. Pues, paradójicamente, Dios no se ha revelado en un hombre religioso en el triple sentido mencionado, sino en, por y como un ser humano (Mensch); no en un sacerdote, sino en, “ser humano sin más”; no en lo sagrado, sino simplemente en la vida humana. Jesús no es Juan Bautista: “Vino Juan Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Está endemoniado. Vino el Hijo del hombre que come y bebe, y decís: Mirad qué comilón y bebedor, amigo de recaudadores y pecadores”(Lc 7,33.34), o sea, de los “no-religiosos”.

Para Bonhoeffer, Cristo no es un hombre de lo sagrado, sino un homo humanus: un humano que vive lo humano con cada ser humano, revelando así la profundidad de gracia en lo interior mismo de lo humano. Para él, si Dios ha asumido plenamente nuestra humanidad en su Hijo, es bueno para el hombre ser hombre, llegar a serlo y seguir siéndolo, para ser, tras las huellas de Cristo, un hombre con y para los demás.

De la misma manera, si Dios lo ha creado todo y lo ha querido salvar todo en su Verbo hecho carne, todo lo que es carne, “la vida humana entera”, debe ser también el lugar de su presencia y no sólo el ámbito litúrgico. Es en este sentido como hay que comprender que “el cristiano es terrestre”. Consiguientemente, no es que el cristianismo esté reservado a una élite piadosa que crece al socaire de lo sagrado, si que el cristiano sigue a Cristo convirtiéndose radicalmente en hombre, y no con las prácticas religiosas. En este sentido, “Cristo puede llegar a ser también Señor de los no-religiosos”. El “ser cristiano” recibe de la Encarnación su significado último: es llegar a ser humano en el sentido pleno de la palabra, y seguir siéndolo en el contexto deshumanizante de la prisión. En la misma carta escribe Bonhoeffer:

“Sigo aprendiendo que es viviendo plenamente la vida terrestre como uno llega a creer. Cuando se ha renunciado completamente a llegar a ser alguien -un santo o un pecador convertido o un hombre de Iglesia- (…), a fin de vivir en la multitud de tareas, de cuestiones (…), de experiencias y de perplejidades(…), entonces uno se pone plenamente en manos de Dios, uno toma en serio, no sus propios sufrimientos, sino los de Dios en el mundo, donde vela con Cristo en Getsemaní (…); es así como uno llega a ser un ser humano, un cristiano”.

Tal es la radicalización cristológica operada desde el ángulo de la humanidad de Dios por el últimoBonhoeffer: llegar a ser un ser humano, y no sólo un “cristiano”, porque Dios mismo se ha revelado absolutamente en un ser humano -en Jesús- “con” y “por los demás”.

La muerte de Bonhoeffer, un lugar teológico privilegiado

Hasta septiembre de 1944, en la prisión disponía Bonhoeffer de libros, de posibilidad de escribir y de fumar. Después que el 22 deseptiembre la Gestapo descubrió papeles comprometedores para el grupo de Resistencia al que pertenecía, el 8 de octubre es trasladado de Tegel a la prisión de la Gestapo en Berlín y de allí a Buchenwald y finalmente a Flossenbürg. En adelante cesan las cartas y se rompen los contactos con el mundo exterior. Bonhoeffer sabe que va a morir. Podríamos terminar donde acaban sus cartas. Pero su muerte nos parece un lugar teológico privilegiado para meditar y orar, como lo muestra el relato de quienes pudieron tener algún contacto con él. Un oficial se expresa así:

“Bonhoeffer era todo humildad y serenidad. Me parecía siempre que irradiaba una atmósfera de bondad, de gozo, a propósito de los más pequeños acontecimientos de la vida, así como de profunda gratitud por el simple hecho de estar en vida (…). Fue uno de los raros seres humanos que he encontrado para el que Dios era una realidad, y siempre cercana.”

Un rabino, que no había conocido a Bonhoeffer, escribió a E.Bethge, después de la publicación de Resistencia y sumisión que Bonhoeffer le había hecho comprender por primera vez que se puede amar a Jesucristo. El médico del campo, al que Bonhoeffer fue conducido para ser ejecutado, relata así su muerte:

“He visto al pastor Bonhoeffer de rodillas delante de su Dios en intensa plegaria. La manera perfectamente sumisa y segura de ser escuchado, con la que este hombre extraordinariamente simpático oraba, me conmovió profundamente. En el lugar de la ejecución todavía oró, luego subió al cadalso. La muerte tuvo lugar en pocos segundos. Durante los cincuenta años que llevo de práctica médica no he visto morir a un ser humano tan totalmente abandonado en las manos de Dios”.

La muerte de Dietrich Bonhoeffer nos parece un lugar teológico privilegiado por cuanto, última y radicalmente, da testimonio de la unidad de la vida y del pensamiento de un ser humano, de un cristiano, de un teólogo: él realiza en su existencia lo que él ha pensado teológicamente. La inscripción grabada sobre la placa conmemorativa de la iglesia de Flossenbürg, donde fue ejecutado, -“Testigo de Jesucristo entre sus hermanos”- nos parece que expresa bien lo que Bonhoeffer no ha cesado jamás de ser durante su vida: un compañero de humanidad, el ser humano y el pastor que confiesa hasta el fin a Cristo, Señor.

Tradujo y condensó: Márius SALA 

Relat 292

http://www.mercaba.org/FICHAS/Relat/dietrich_bonhoeffer_cristo.htm 

 

GRACIA COSTOSA

GRACIA COSTOSA

EN UN ARTICULO DE CHARLES G FINNEY,  EL TEOLOGO DEL SIGLO XIX ENNUMERA UNA SERIE DE CRITERIOS BIBLICOS PARA DIFERENCIAR LA GENUINA JUSTIFICACION POR FE DE LA CONVERSION SUPERFICIAL.

EL EPIGRAFE PROVOCO UN AMPLIO DEBATE QUE MUESTRA QUE EXISTE UNA CONFUSION BASICA EN ALGUNAS PERSONAS ENTRE EL CONCEPTO DE LA JUSTIFICACION POR GRACIA POR MEDIO DE LA FE, Y LOS FRUTOS O EVIDENCIAS DE LA MISMA.

ME ACABO DE TOPAR ESTE ARTICULO DEL TEOLOGO ALEMAN DIETRICH BONHOEFFER EN LA PAGINA DE AVIVAMIENTO.ORG. 

ME SORPRENDIO SU PROFUNDIDAD CRISTOLOGICA SU, ERUDICION Y CLARIDAD SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA VERDADERA GRACIA EN CONTRASTE CON LA FALSA GRACIA Y LO QUE REPRESENTA LA JUSTIFICACION POR FE Y EL DISCIPULADO.

LO PONGO A CONSIDERACION DE LOS FORISTAS Y ESTUDIOSOS DE ESTE TEMA CON EL FIN DE ANALIZARLO Y EDIFICARNOS. 

PARA QUIENES NO ESTAN FAMILIARIZADOS CON BONHOEFFER, RECOMIENDO LEER EL BREVE EDITORIAL QUE PRECEDE ESTE ARTICULO PARA TENER ALGUN CONTEXTO BASICO. SE TITULA :

“BONHOEFFER: LA TEOLOGÍA DE UN MÁRTIR CONTEMPORÁNEO” Y ESTA EN EL SITIO DE LA REVISTA AVIVAMIENTO

A CONTINUACION REPRODUZCO EL ARTICULO, QDLB.

GRACIA COSTOSA

Por Dietrich Bonhoeffer

La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Hoy en día estamos luchando por la gracia que cuesta.

Gracia barata significa gracia vendida en el mercado como baratijas de segunda mano. Los sacramentos, el perdón de pecados, y los consuelos de la religión se malbaratan a precios rebajados. La gracia es representada como la inexhaustible tesorería de la Iglesia, de la cual ella hace llover bendiciones con manos generosas, sin hacer preguntas o fijar límites. ¡Gracia sin precio; gracia sin costo! La esencia de la gracia, suponemos, es que la cuenta ha sido pagada por adelantado; y que, por cuanto ha sido pagada, todo puede ser obtenido por nada. Por cuanto el costo fue infinito, las posibilidades de usarla y gastarla también son infinitas. ¿Qué sería la gracia si no fuera barata?

Gracia barata significa gracia como una doctrina, un principio, un sistema. Significa el perdón de pecados proclamado como una verdad general, el amor de Dios enseñado como la concepción “cristiana” de Dios. Un asentimiento intelectual a esa idea se considera, por sí mismo, suficiente para asegurar la remisión de pecados. La Iglesia que tiene la doctrina correcta de la gracia participa ipso facto, se supone, de esa gracia. En tal Iglesia, el mundo halla una cubierta barata para sus pecados; no se requiere ninguna contrición, y mucho menos el deseo real de ser libertado del pecado. La gracia barata, por lo tanto, se reduce a una negación de la Palabra viva de Dios. Es, de hecho, una negación de la Encarnación de la Palabra.

Gracia barata significa la justificación del pecado sin la justificación del pecador. La gracia sola hace todo, dicen ellos, y así todo puede permanecer como era antes. El mundo continúa en el mismo viejo camino, y nosotros todavía somos pecadores “aún en la mejor vida,” como dijo Lutero. Bueno, entonces que el cristiano viva como el resto del mundo, que se moldee a los estándares del mundo en cada área de la vida y que no aspire presuntuosamente a vivir una vida bajo la gracia, diferente a su antigua vida bajo el pecado. Esa era la herejía de los entusiastas, los anabaptistas y los de ese tipo. Que el cristiano se cuide de rebelarse contra la gratuita e ilimitada gracia de Dios y de profanarla. ¡Qué no intente erigir una nueva religión de la letra procurando vivir una vida de obediencia a los mandamientos de Jesucristo! El mundo ha sido justificado por gracia. El cristiano sabe eso, y se lo toma en serio. Él sabe que no debe luchar contra esta gracia indispensable. Por lo tanto: ¡Qué viva como el resto del mundo! Por supuesto que le gustaría ir y hacer algo extraordinario, y se requiere de bastante dominio propio para refrenarse del intento, y para contentarse con vivir como vive el mundo. Sin embargo, es imperativo que el cristiano niegue sus deseos, y practique la modestia para que su vida no se distinga de la forma de vivir del mundo. Debe dejar a la gracia ser verdaderamente gracia, de otro modo destruirá la fe del mundo en el don gratuito de la gracia. Que el cristiano descanse satisfecho con su mundanalidad y con su renuncia a alcanzar ningún estándar mas alto que el mundo. Lo está haciendo por causa del mundo, más que por causa de la gracia. Que permanezca confortado y descanse seguro en su posesión de esta gracia pues la sola gracia todo lo hace. ¡Qué el cristiano disfrute las consolaciones de su gracia en vez de seguir a Cristo! Eso es lo que queremos decir con gracia barata, la gracia que es a fin de cuentas la justificación del pecado sin la justificación del pecador arrepentido que se aparta del pecado, y de quien el pecado se aparta. La gracia barata no es el tipo de perdón de pecados que nos liberta de las fatigas y afanes del pecado. La gracia barata es la gracia que nos otorgamos a nosotros mismos.

Gracia barata es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, bautismo sin disciplina eclesiástica, comunión sin confesión; absolución sin confesión personal. Gracia barata es gracia sin discipulado, gracia sin la cruz, gracia sin Jesucristo vivo y encarnado.

La gracia costosa es el tesoro escondido en el campo, por causa de él un hombre irá felizmente y venderá todo lo que posee. Es la perla de gran precio por lo cual, el mercader venderá todos sus bienes. Es la regla majestuosa de Cristo, por la cual un hombre se sacará el ojo que lo hace tropezar. Es el llamado de Jesucristo, al cual el discípulo deja sus redes y lo sigue. Gracia costosa es el evangelio que debe ser buscado vez tras vez, el regalo que debe ser pedido, la puerta a la cual un hombre debe llamar. 

Tal gracia es costosa porque nos llama a seguir, y es gracia porque nos llama a seguir a Jesucristo. Es costosa porque le cuesta a un hombre su vida y es gracia porque le da a un hombre la única vida verdadera. Es costosa porque condena el pecado y es gracia porque justifica al pecador. Sobre todo, es costosa porque le costó a Dios la vida de su Hijo: “Porque habéis sido comprados por precio;” y lo que le ha costado mucho a Dios no puede ser barato para nosotros. Sobre todo, es gracia porque Dios no estimó a su Hijo como un precio muy caro que pagar por nuestra vida, sino que lo entregó por nosotros. La gracia costosa es la Encarnación de Dios.

La gracia costosa es el santuario de Dios; tiene que ser protegida del mundo y no echada a los perros. Es por lo tanto, la palabra viviente, la Palabra de Dios que Él habla como le place. La gracia costosa nos confronta como un bondadoso llamado a seguir a Jesús, viene como una palabra de perdón al espíritu quebrantado y al corazón contrito. La gracia es costosa porque obliga a un hombre a someterse al yugo de Cristo y a seguirlo; es gracia porque Jesús dice “mi yugo es fácil y ligera mi carga”.

En dos ocasiones separadas Pedro recibió el llamado “Sígueme”. Esta fue la primera y última palabra que Jesús habló a su discípulo (Marcos 1:17; Juan 21:22). Hay toda una vida entre estos dos llamados. La primera ocasión ocurrió junto al lago de Genesaret, cuando Pedro dejó sus redes y su oficio y siguió a Jesús a su indicación. La segunda vez es cuando el Señor Resucitado lo encuentra de nuevo en su antiguo oficio. Una vez mas ocurre junto al lago de Genesaret, y una vez mas el llamado es: “Sígueme”. Entre los dos llamados, hay toda una vida de discipulado siguiendo a Cristo. A la mitad, entre ellos, viene la confesión de Pedro, cuando reconoció a Jesús como el Cristo de Dios. Tres veces Pedro escucha la misma proclamación que Cristo es su Señor y Dios: al principio, al final y en Cesárea de Filipo. En cada ocasión es la misma gracia de Cristo la que le dice: “Sígueme” y que se revela a sí misma a Pedro en su confesión del Hijo de Dios. Tres veces en el caminar de Pedro lo atrajo la gracia. La misma gracia proclamada de tres maneras diferentes. Esta gracia ciertamente no era auto-otorgada. Era la gracia de Cristo mismo ahora prevaleciendo sobre el discípulo para que lo dejara todo y para seguirlo a Él. Luego operando en él esa confesión que para el mundo debe sonar como la máxima blasfemia. Después, invitando a Pedro al supremo seguimiento del martirio por el Señor que había negado y por la misma gracia perdonándole todos sus pecados. En la vida de Pedro la gracia y el discipulado son inseparables. Él había recibido la gracia costosa.

Conforme el cristianismo se extendió y la Iglesia se volvió más secularizada, esta consciencia de lo costoso de la gracia se desvaneció gradualmente, el mundo fue cristianizado y la gracia vino a ser su propiedad común. Tenía que ser obtenida a un bajo costo; sin embargo, la Iglesia de Roma no perdió del todo la visión inicial. Es altamente significativo que la Iglesia fue lo suficientemente astuta para abrirle lugar al movimiento monástico y para prevenir que se deslizase hacia el cisma. Aquí, en el margen exterior de la Iglesia, había un lugar en donde la antigua visión se mantuvo viva. Allí, hombres recordaban aun que la gracia cuesta, que la gracia significa seguir a Cristo. Allí dejaron ellos todo lo que tenían por causa de Cristo y se esforzaban diario para practicar sus rigurosos mandamientos.

De esta manera, el monasticismo vino a ser una protesta viviente contra la secularización del cristianismo y el abaratamiento de la gracia, pero la Iglesia fue suficientemente sabia para tolerar esta protesta y para prevenir que se desarrollara hasta sus conclusiones lógicas. Y de esta manera tuvo éxito en relativizarla, usándola aún para justificar la secularización de su propia vida. El monasticismo era representado como un logro personal que la masa de los laicos no podía esperarse que imitara. Al limitar así la aplicación de los mandamientos de Jesús a un grupo restringido de especialistas, la Iglesia formuló la concepción fatal del doble estándar—un estándar máximo y otro mínimo de obediencia cristiana. Cada vez que la iglesia era acusada de estar demasiado secularizada, siempre podía apuntar al monasticismo como una oportunidad de vivir una vida más alta dentro del redil, y de esta manera justificar la otra posibilidad de un estándar de vida más bajo para otros; y así obtenemos el paradójico resultado de que el monasticismo, cuya misión era preservar en la Iglesia de Roma el concepto original cristiano de la gracia costosa, proporcionó una justificación conclusiva para la secularización de la Iglesia. A fin de cuentas, el error fatal del monasticismo no estaba tanto en su rigorismo (aunque aún aquí había bastante malinterpretación del contenido preciso de la voluntad de Jesús) sino en el extremo en que se apartó del cristianismo genuino. De esta manera, el monasticismo se estableció a sí mismo como el logro individual de unos pocos elegidos, reclamando así un mérito especial propio.
Cuando vino la Reforma, la providencia de Dios levantó a Lutero para restaurar el Evangelio de la gracia pura y costosa. Lutero pasó por el claustro; él era un monje y todo esto era parte del plan divino. Lutero había dejado todo para seguir a Cristo en el camino de la obediencia absoluta. Había renunciado al mundo con tal de vivir la vida cristiana, había aprendido la obediencia a Cristo y a su Iglesia, porque solamente el que es obediente puede creer. El llamado al monasterio exigía de Lutero la entrega completa de su vida, pero Dios destruyó sus esperanzas. Le enseñó a través de las Escrituras que el seguir a Cristo no es el logro o mérito de algunos pocos selectos, sino el mandamiento divino a todos los cristianos sin distinción. El monasticismo había transformado el humilde trabajo del discipulado en la actividad meritoria de los santos y la negación personal del discipulado en flagrante autosuficiencia espiritual de lo “religioso”. El mundo había penetrado subterticiamente el corazón mismo de la vida monástica y una vez más, estaba haciendo estragos. El intento de los monjes por escapar del mundo resultó ser una sutil forma de amor al mundo. Estando así borrada la esencia de la vida religiosa, Lutero se asió de la gracia. Justo cuando el mundo entero del monasticismo se desplomaba en ruinas alrededor de él, él vio a Dios en Cristo extendiendo su mano para salvar. Él se asió de esa mano en fe, creyendo que “después de todo, nada de lo que podemos hacer sirve para nada, independientemente de la vida buena que llevamos”. La gracia que se le otorgó a él, fue una gracia costosa e hizo pedazos toda su existencia. Una vez más, Lutero debía dejar sus redes y seguir a Jesús. La primera vez, fue cuando entró en el monasterio, cuando había dejado atrás todo excepto su piadosa persona. En esta ocasión aún eso le fue quitado. Él obedeció el llamado, no a través de ningún merito propio, sino simplemente a través de la gracia de Dios. Lutero no oyó la palabra: “Por supuesto que has pecado pero ahora todo te ha sido perdonado, así que puedes quedarte como estás y disfrutar los consuelos del perdón”. No, Lutero tuvo que dejar el claustro y regresar al mundo, no porque el mundo era bueno y santo en si mismo, sino porque aún el monasterio era solamente una parte del mundo. 

El regreso de Lutero del monasterio al mundo fue el peor golpe que el mundo ha sufrido desde los inicios del cristianismo. La renuncia que él hizo cuando se volvió monje fue un juego de niños, comparada con la que tuvo que hacer cuando regresó al mundo. Ahora venía el asalto frontal. La única manera de seguir a Jesús era viviendo en el mundo. Hasta aquí la vida cristiana había consistido en el logro de unas cuantas almas selectas bajo las condiciones excepcionalmente favorables del monasticismo, pero ahora, era una obligación para cada cristiano viviendo en el mundo. Al mandamiento de Jesús se le debía conferir perfecta obediencia en la diaria vocación de la vida personal. El conflicto entre la vida del cristiano y la vida del mundo fue, de esta manera, catapultado a la mayor notoriedad posible. Era un conflicto mano a mano entre el cristiano y el mundo. Es una malinterpretación fatal el suponer que el redescubrimiento de Lutero del Evangelio de la gracia pura ofrecía una dispensa general de la obediencia al mandamiento de Jesús o que el gran descubrimiento de la Reforma fue que la gracia perdonadora de Dios confería automáticamente sobre el mundo tanto rectitud como santidad. Al contrario, para Lutero el llamado terrenal de los cristianos es santificado sólo en tanto que ese llamado, registre la oposición final y radical contra el mundo. Sólo mientras que el llamado secular de los cristianos se ejercita en el seguir a Jesús, recibe nueva autorización y justificación del Evangelio. No fue la justificación del pecado, sino la justificación del pecador lo que empujó a Lutero del monasterio de regreso al mundo. La gracia que había recibido, era gracia costosa. Era gracia, porque era como agua en tierra seca, consuelo en la tribulación, libertad de la esclavitud de un camino escogido por iniciativa propia, y perdón de todos sus pecados; y era costosa, pues muy lejos de exentarlo de hacer buenas obras, significaba que debía tomar el llamado al discipulado más en serio que nunca. Era gracia porque costó tanto, y costó tanto porque era gracia. Ese era el secreto del evangelio de la Reforma: la justificación del pecador.

Sin embargo, el resultado de la Reforma no fue la victoria de la percepción de Lutero de la gracia en toda su pureza y elevado costo. Mas bien triunfó el instinto del humano religioso y vigilante que buscaba un lugar donde la gracia puede ser obtenida al precio más barato. Todo lo que se necesitaba, era un cambio sutil, casi imperceptible de énfasis, y el daño estaba hecho. Lutero había enseñado que el hombre no puede estar delante de Dios independientemente de qué tan religiosas sean sus obras y caminos, porque en el fondo siempre está buscando sus propios intereses. Desde lo profundo de su miseria, Lutero se había asido por fe del perdón gratuito e incondicional de todos sus pecados. Esa experiencia le enseñó que esta gracia le había costado su misma vida, y que le debería seguir costando el mismo precio día tras día. Lejos de dispensarlo del discipulado, esta gracia solo lo hacía un discípulo más comprometido. Cuando hablaba de la gracia, Lutero siempre señalaba como corolario que le había costado su propia vida, la vida que ahora estaba sujeta a la obediencia absoluta a Cristo. Sólo así podía él hablar de gracia. Lutero había dicho que sólo la gracia por sí misma puede salvar; sus seguidores tomaron su doctrina y la repitieron palabra por palabra, pero dejaron fuera su invariable implicación: la obligación del discipulado. No había necesidad de que Lutero mencionara siempre explícitamente ese corolario, porque él siempre hablaba como uno que había sido guiado por gracia a seguir a Cristo de la manera más estricta. Juzgada por los estándares de la doctrina de Lutero, la de sus seguidores era inexpugnable y sin embargo su ortodoxia anunciaba el fin y la destrucción de la Reforma como la revelación de la gracia costosa de Dios. La justificación del pecador en el mundo degeneró en la justificación del pecado y del mundo. La gracia costosa se convirtió en gracia barata sin discipulado.

Lutero había dicho que todo lo que podemos hacer es en vano, independientemente de la vida de bondad que llevemos. Él había dicho que nada nos puede ser útil delante de Dios sino “la gracia y el favor que confieren el perdón del pecado”. Pero él hablaba como alguien que sabía que en el momento mismo de su crisis estaba llamado a dejar por segunda vez todo lo que tenia y seguir a Jesús. El reconocimiento de la gracia fue su ruptura final y radical, con el pecado que le asediaba, pero nunca fue la justificación de ese pecado. Al asirse del perdón de Dios, renunció de forma final y radical a una vida voluntariosa, y esta ruptura fue tal que le llevó inevitablemente a seguir a Cristo. Él siempre vio esto como la respuesta integral, pero una respuesta a la que él había llegado por medio de Dios, no por medio del hombre. Pero entonces sus seguidores convirtieron la “respuesta” en meros datos para hacer sus propios cálculos. Esa era la raíz del problema, si la gracia, el don gratuito de la vida cristiana es la respuesta de Dios, entonces nosotros no podemos ni por un momento, prescindir de seguir a Cristo. Pero si la gracia consiste en mera información para mi vida cristiana, significa que entonces yo salí a vivir la vida cristiana en el mundo con todos mis pecados justificados de antemano. Puedo ir y pecar todo lo que me dé la gana y fiarme de esta gracia para que me perdone porque, al fin y al cabo, el mundo se justifica en principio por gracia. Yo puedo, por lo tanto, asirme a mi vida secular burguesa y permanecer como estaba antes, pero con la garantía agregada de que la gracia de Dios me cubrirá. Es bajo la influencia de este tipo de “gracia” que el mundo ha sido hecho “cristiano”, pero al costo de secularizar la religión cristiana como nunca antes. La antítesis entre la vida cristiana y la vida de la respetabilidad burguesa ha terminado. La vida cristiana viene a convertirse en nada más que vivir en el mundo y como el mundo, en no ser diferentes del mundo. De hecho, viene a convertirse en prohibición de ser diferente al mundo por causa de la gracia. El resultado final de todo esto es que mi único deber como cristiano es dejar el mundo durante más o menos una hora un domingo en la mañana e ir a la iglesia para estar seguro de que mis pecados están todos perdonados. Ya no necesito intentar más seguir a Cristo pues la gracia barata, el enemigo más acérrimo del discipulado, que el verdadero discipulado debe aborrecer y detestar, me ha liberado de eso. La gracia como información para nuestros cálculos, significa gracia al precio más barato, pero la gracia como respuesta integral, significa gracia costosa. Es aterrador darse cuenta del uso que se le puede dar a una genuina doctrina evangélica. En ambos casos tenemos una fórmula idéntica: “justificación sólo por fe”; sin embargo, el uso indebido de esta fórmula lleva a la completa destrucción de su misma esencia. Al fin de una vida consumida en la búsqueda del conocimiento, Fausto tiene que confesar:

“Ahora veo que nada podemos saber”.

Esa es la respuesta a un total, es el resultado de una larga experiencia. Pero como Kierkegaard observó, es una cosa bastante diferente cuando un novato llega a la universidad y usa esa misma mentalidad para justificar su indolencia. Como la respuesta a una suma, es perfectamente verdadera, pero como información inicial, es un fragmento de autoengaño. Pues el conocimiento adquirido no puede divorciarse de la existencia en la cual se adquiere. El único hombre que tiene el derecho a decir que ha sido justificado sólo por gracia es el hombre que ha dejado todo para seguir a Cristo. Tal persona sabe que el llamado al discipulado es un regalo de gracia y que el llamado es inseparable de la gracia. Pero aquellos que intentan usar esta gracia como un permiso para no imitar la vida de Cristo, están simplemente engañándose a sí mismos. 

Nosotros los luteranos, nos hemos reunido como águilas alrededor del cadáver de la gracia barata y hemos bebido ahí del veneno que ha matado la vida del seguir a Cristo. Es verdad, por supuesto, que en la cristiandad hemos brindado divinos honores sin igual a la doctrina de la gracia. Es más hemos exaltado esa doctrina hasta la posición de Dios mismo. En todos lados, la fórmula de Lutero ha sido repetida, pero su verdad pervertida en un auto-engaño. ¡Mientras nuestra iglesia tenga la doctrina correcta de la justificación, no hay duda alguna de que es una Iglesia justificada! Eso dijeron, pensando que debemos vindicar nuestra herencia luterana haciendo dicha gracia disponible en los términos más baratos y fáciles posibles. El ser “luterano” debe significar que dejamos el imitar la vida de Cristo a los legalistas, los calvinistas y los entusiastas y todo esto por amor a la gracia. Nosotros justificamos al mundo, y condenamos como heréticos a aquellos que trataron de seguir a Cristo. El resultado fue que una nación vino a ser cristiana y luterana, pero a precio del verdadero discipulado. El precio que había sido llamado a pagar la nación era demasiado barato. A final de cuentas, la gracia barata había ganado.

Pero, ¿nos damos cuenta de que esta gracia barata se ha vuelto contra nosotros mismos como un bumerang? El precio que estamos teniendo que pagar hoy en día en términos del colapso de la Iglesia organizada, es solamente la consecuencia inevitable de nuestra política de hacer disponible la gracia a todos a un precio demasiado bajo. Regalamos la Palabra y los sacramentos al por mayor; bautizamos, confirmamos y absolvimos a toda una nación sin que nos lo pidieran y sin condición alguna. Nuestro sentimiento humanitario nos hizo dar lo santo a los escarnecedores e incrédulos. Derramamos oleadas de gracia interminables. Pero el llamado a seguir a Jesús en el camino angosto casi nunca era oído. ¿Dónde estaban esas verdades que impulsaron a la primera iglesia a instituir el catecumenado, el cual permitió que se mantuviera una supervisión estricta sobre los límites entre la Iglesia y el mundo, y permitió una protección adecuada para la gracia costosa? ¿Qué le había pasado a todas esas advertencias de Lutero contra predicar el evangelio en una manera tal que hiciere descansar seguros a los hombres en su forma impía de vivir? ¿Hubo alguna vez alguna instancia más terrible o desastrosa de la cristianización del mundo que ésta? ¿Qué son esos tres mil sajones ejecutados por Carlomagno, comparados con los millones de cadáveres espirituales en nuestro país hoy en día? Ha sido abundantemente comprobado en nosotros que los pecados de los padres son visitados sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación. La gracia barata ha resultado ser absolutamente despiadada hacia nuestra Iglesia Evangélica. 

Esta gracia barata no ha sido menos desastrosa para nuestras propias vidas espirituales. En lugar de abrir el camino hacia Cristo, lo ha cerrado. En lugar de llamarnos a seguir a Cristo, nos ha endurecido en nuestra desobediencia. Tal vez habíamos oído alguna vez el llamado de gracia a seguirlo a Él, y aún a causa de este mandato incluso tomado los primeros pasos del camino del discipulado, en la disciplina de la obediencia, sólo para encontrarnos confrontados por el mensaje de la gracia barata. ¿Acaso no fue eso despiadado y cruel? El único efecto que tal mensaje pudo haber tenido era el de bloquear nuestro camino hacia el progreso, y seducirnos al nivel mediocre del mundo, apagando el gozo del discipulado al decirnos que estábamos siguiendo un camino escogido por nosotros, que estábamos gastando nuestra fuerza y disciplinándonos en vano todo lo cuál no era solamente inútil, sino peligroso en extremo. Después de todo, se nos dijo que nuestra salvación ya había sido efectuada por la gracia de Dios. El pabilo que humea fue apagado despiadadamente. Era cruel hablarle así a las personas, pues una oferta tan barata sólo podía dejarlos confundidos y tentarlos a apartarse del camino al cual habían sido llamados por Cristo. Habiéndose asido de la gracia barata, fueron impedidos para siempre del conocimiento de la gracia costosa. Engañadas y debilitadas, las personas sentían que eran fuertes ahora que estaban en posesión de esta gracia barata mientras que en realidad habían perdido el poder para vivir la vida de discipulado y obediencia. El mensaje de la gracia barata ha provocado la ruina de más cristianos que cualquier mandamiento de obras.

En nuestros capítulos subsecuentes, trataremos de encontrar un mensaje para aquellos que están siendo inquietados por este problema y para quienes el mundo de la gracia ha sido vaciado de todo su significado. Este mensaje debe de ser expuesto por causa de la verdad, por causa de aquellos entre nosotros que confiesan que a través de la gracia barata han perdido el seguir a Cristo, y más aún, con el seguir a Cristo, han perdido el entendimiento de la gracia costosa. Para simplificarlo, debemos emprender este trabajo porque ahora estamos listos para admitir que ya no estamos en el camino del verdadero discipulado. Confesamos que, aunque nuestra Iglesia es ortodoxa, en cuanto respecta a su doctrina de la gracia, ya no estamos seguros de que somos miembros de una Iglesia que sigue a su Señor. Debemos, por lo tanto, intentar recuperar un verdadero entendimiento de la relación recíproca entre la gracia y el discipulado. El asunto ya no puede ser evadido. Se está haciendo más claro cada día que el problema más urgente que asedia a nuestra Iglesia es éste: ¿Cómo podemos vivir la vida cristiana en el mundo moderno?

Bienaventurados aquellos que han llegado al fin del camino que buscamos andar, los que se asombran al descubrir la nada obvia verdad que la gracia es costosa, sólo porque es la gracia de Dios en Jesucristo. Bienaventurados los sencillos seguidores de Jesucristo que han sido conquistados por su gracia, los que pueden cantar las alabanzas de la autosuficiente gracia de Cristo con humildad de corazón. Bienaventurados los que, conociendo esa gracia, pueden vivir en el mundo sin ser del mundo, aquellos que, siguiendo a Jesucristo, están tan seguros de su ciudadanía celestial que están verdaderamente libres para vivir sus vidas en este mundo. Bienaventurados los que saben que el discipulado significa simplemente la vida que brota de la gracia, y que gracia simplemente significa discipulado. Bienaventurados los que han venido a ser cristianos en este sentido de la palabra. Para ellos, el mensaje de la gracia ha demostrado ser una fuente de misericordia. 

TOMADO DE Revista Avivamiento/ Numero de SEPIEMBRE DE 2004.

www.avivamiento.org

Tiitulo 

BONHOEFFER: LA TEOLOGÍA DE UN MÁRTIR CONTEMPORÁNEO

Anteriores Entradas antiguas

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.121 seguidores