AUSTRALOPITHECUS AFARENSIS Y LOS CREACIONISTAS.

AUSTRALOPITHECUS AFARENSIS Y LOS CREACIONISTAS.

por Lenny Flank | (c) 1995 | 

Traducción: Hernán Toro

http://www.geocities.com/torosaurio/crdebunk/afarensis.html

Desde el punto de vista creacionista, la transición evolutiva más importante de todas es la aparición evolutiva de los seres humanos. Morris dice, “La cuestión de los orígenes se vuelve la más crítica de todas cuando trara con el problema del origen del hombre. ¿Es el hombre simplemente el producto de un proceso evolutivo naturalista o es una creación especial, preparada por el Creador para ejercer dominio sobre la toda la creación?” (Morris, Scientific Creationism, 1974, p. 171) Como plantea Strahler, “Esta brecha es la última línea de defensa de los creacionistas; es el foso que rodea el castillo creacionista. Nada tiene mayor significado para ellos que la creencia de que Dios creó al ser humano a Su Propia Imagen” (Strahler, 1987, p. 479)

Zoológicamente, los humanos se clasifican como Homo sapiens sapiens, un miembro de la familia primate de los mamíferos. Aunque el registro fósil de la evolución humana temprana es episódico, se ha recuperado suficiente material de homínidos como para formar, por lo menos a grandes rasgos, una bosquejo de linaje. De acuerdo con los últimos hallazgos de los paleoantropólogos, los predecesores evolutivos inmediatos del Homo sapiens se conocen como Homo erectus, cuyos restos se han encontrados en varios continentes y son conocidos por varios nombres populares como “Hombre de Java” y “Hombre de Pekín”. Aunque el Homo erectus caminaba erguido como los humanos, usaba el fuego y construía burdas herramientas de piedra, su capacidad cerebral era algo menor que la de un humano moderno y poseía características mucho más primitivas en su cara, como arcos superciliares prominentes y un mentón que se proyectaba hacia atrás.

Generalmente se cree que el Homo erectus se desarrolló del Homo habilis, una forma erguida con características faciales aún más primitivas y un tamaño cerebral aún más pequeño. Aparentemente Homo habilis fue el primer fabricante de herramientas y se han encontrado miles de lascas de lava golpeada cerca de sus restos. Dado que Homo habilis fabricaba herramientas, se considera generalmente que fue el primero de la verdadera familia humana y es la más primitiva de las especies que se clasifican como Homo, es decir, en el mismo género de los humanos modernos.

Los miembros más primitivos del linaje humano se clasifican en el género Australopithecus. Se han encontrado varias especies de Australopitecinos y es una opinión general que varios de ellos son retoños divergentes de la línea humana que se especializaron en una dieta de vegetación dura y que se extinguieron hace aproximadamente un millón de años. Sinembargo, se piensa que dos especies de australopitecinos están directamente en la línea humana. El más reciente de éstos es Australopithecus africanus, al cual, la mayoría de los paleoantropólogos lo consideran un ancestro evolutivo del Homo habilis. (Esta interpretación está siendo debatida por algunas autoridades que argumentan que H. habilis derivó directamente de australopitecinos más primitivos. De otro lado, algunas autoridades no consideran a H. habilis como una especie válida y la engloban en una sóla junto con A. africanus.

El homínido más primitivo ampliamente estudiado es Australopithecus afarensis, mejor conocido como “Lucy”. La relación

exacta entre todas estas especies es aún una cuestión de debate, pero la mayoría de las autoridades han concluído que los australopitecinos tipo “Lucy” fueron ancestros tanto de la variedad africanus como de las demás ramificaciones evolutivas. Prácticamente todas las autoridades están de acuerdo en que Australopithecus afarensis era el miembro más primitivo de la línea erguida que condujo, unos cuatro millones de años más tarde, a los modernos humanos. Y, como veremos a continuación, los homínidos “Lucy” compartían una mezcla de características que los pone exactamente en la brecha entre primates y humanos.
 En este punto, se debe corregir un malentendido muy difundido. El que los “humanos descendieron de los simios” se ha convertido en casi un axioma entre los no antropólogos. De hecho, esto no es estrictamente cierto, aunque los creacionistas hacen lo máximo posible para sacar provecho de este malentendido popular. Los homínidos no descendieron de ninguno de los monos o simios existentes actualmente. En cambio, los paleoantropólogos han concluido que hace 5 millones de años aproximadamente, la línea humana y la línea de los simios compartía un ancestro común, del cual los simios partieron por su propio camino separado, que conducía a los gorilas, chimpancés y orangutanes modernos, mientras que la línea homínida siguió en otra dirección, produciendo los más encefalizados australopitecinos y finalmente, a Ud. y a mi. Los simios modernos son por lo tanto, nuestros parientes evolutivos, no nuestros ancestros; no descendemos de los monos y simios al igual que Ud. no puede descender de su hermana o su prima.

No sería impreciso describir a los fósiles de Australopithecus afarensis como seres que presentaban una cabeza simiesca primitiva empotrada en un cuerpo humanoide. Con sus 1.20 m de estatura aproximadamente, los australopitecinos eran mucho más pequeños que sus descendientes evolutivos (los A. afarensis machos eran mucho mayores que las hembras, una característica que comparten con la mayoría de los simios modernos pero no con los homanos modernos.) El cráneo era relativamente pequeño y el cerebro era aproximadamente del tamaño del de un chimpancé. El cráneo presentaba muchas características distintivas de los simios, incluyendo fuertes arcos superciliares y un menton proyectado hacia atrás. Los dientes de la mandíbula superior tenían forma de una U estrecha con los lados de cada hilera de dientes casi paralelos a los otros, justo como en los simios. También había un notable espaciamiento en la hilera de dientes, conocido como diastema, para acomodar los largos caninos, el cual es también un rasgo exhibido por los simios pero no por los humanos. Los dientes caninos del A. afarensis tenían grandes y profundas raíces que hacían un notorio abultamiento en el maxilar, como en los simios – pero de otro lado, las coronas de los dientes eran pequeñas con las de los humanos.

Los brazos de Lucy eran intermedios entre los de los humanos y los de los simios. El hueso superior del brazo o húmero era proporcionalmente un poco más largo que el de un humano pero no tan largo como el de un simio. Los dedos eran un poquito más largos y eran un poco más curvados que los de un humano pero no tanto como lo serían los de un simio.

Sinembargo, en contraste con las características simiescas de la cabeza y los brazos, las extremidades inferiores de A. afarensis eran no simiescas y son virtualmente indistinguibles de las de los humanos. Por ejemplo, en los humanos, los huesos del talón tienen una almohadilla alargada compuesta de hueso esponjoso que absorbe el impacto generado por nuestro modo bípedo de locomoción. Los simios, que no caminan en dos piernas sino que se movilizan sobre sus nudillos, no tienen dicha almohadilla ósea, pero los huesos del talón del esqueleto de Lucy exhiben el mismo hueso esponjoso. Aunque el fémur de Lucy, en proporción, era escasamente más largo que en los humanos, exhibía una serie de características claramente humanas. En los humanos, el cuello del fémur en la parte que encaja en la articulación de la cadera, tiene un ancho centro esponjoso a manera de cojín, para absorber el impacto del caminar y tiene una capa más gruesa de hueso endurecido en la porción superior de la articulación para soportar el esfuerzo. Sinembargo, en los simios, el arreglo es totalmente distinto; el cuello del fémur es casi completamente sólido con sólo un pequeño núcleo central de hueso esponjoso. Los fémures de simio también tienen una “quilla” o cresta que va a lo largo de la parte superior del cuello donde se une con el receptáculo en la cadera. El fémur de A. afarensis es idéntico en su arreglo al fémur humano.

En los simios, la articulación de la rodilla forma una línea vertical recta desde el hueso de la cadera hasta la rodilla y continuando hasta la tibia y el peroné. (¿¿¿???). Sinembargo, en los humanos con su modo erguido de locomoción, el centro de gravedad debe desplazarse dentro de la cintura pélvica y esto se hace juntando las rodillas de tal forma que queden directamente debajo de la pelvis. Así, el hueso del muslo en un humano se aproxima a la articulación de la rodilla desde un ángulo externo y las extremidades no tienen la configuración en línea recta que se encuentra en los simios. Y de nuevo, el tipo de australopitecino “Lucy” demuestra un tipo de estructura semejante a la humana en vez de una simiesca. Las extremidades de A. afarensis se encuentran formando un ángulo agudo entre el segmento final del fémur y la articulación de la rodilla, justo como en los humanos.

Sinembargo, es en la cintura pélvica en donde las características humanoides de A. afarensis són más claramente evidentes. En los humanos, la cintura pélvica es amplia y está aplanada en una forma de de plato poco profundo para sostener el peso de la parte superior del cuerpo al caminar. En contraste, los simios distribuyen la mayoría del peso del cuerpo en los nudillos cuando caminan y la pelvis es larga y angosta. La pelvis de Lucy era prácticamente idéntica a la humana. La única diferencia estaba en los huesos del sacro, en la pared posterior de la pelvis. En los simios el sacro es estrecho. En los humanos, el sacro debe ser lo suficientemente amplio para mantener separadas las articulaciones de la cadera para caminar. El sacro del Australopithecus afarensis no sólo era amplio como el de los humanos en vez de estrecho como el de los simios, sino que en realidad era más amplio proporcionalmente que el de los humanos modernos. A la gente moderna le hubiera resultado imposible tener un sacro proporcionalmente tan grande como el de Lucy, puesto que esto a su vez hubiera estrechado la abertura del canal del parto. En los humanos, el canal del parto debe ser lo más amplio posible para permitir el paso del bebé humano y su cabeza relativamente grande pero en A. afarensis, por su pequeña cabeza y cerebro no había ningún problema con ésto. Por lo tanto, la cintura pélvica de A. afarensis en realidad era más adecuada para la bipedestración que la nuestra.

La confirmación de que los primitivos australopitecinos caminaban con una eficiente bipedestración llegó cuando Mary Leakey descubrió un conjunto de huellas de homínidos impresas sobre una capa de ceniza volcánica húmeda de unos tres y medio millones de años de edad, cerca de Laetoli en África. Dejaron sus huellas tres individuos bípedos, aparentemente un macho, una hembra y un juvenil.

Los contornos de sus huellas, nítidamente preservadas en la ceniza endurecida, mostraron claramente que el animal que dejó estas impresiones caminaba en forma bípeda eficientemente, como un humano – no había evidencia de que el pulgar fuera divergente como el de los simios, y se encontró un arco plantar muy similar al humano. Un pie de A. afarensis reconstruído con la composición de huesos fósiles recuperados encaja perfectamente con las huellas de Laetoli.

Así, aunque los expertos discuten acerca de los detalles, la secuencia básica de la evolución humana es clara. La línea homínida comenzó con el pequeño Australopithecus afarensis, con su simiesca cabeza de apariencia primitiva y de pequeño cerebro, colocada sobre un cuerpo que difícilmente se distingue del de un moderno corredor de fondo. Desde ese punto se fijó el plan corporal básico y prácticamente toda la evolución subsiguiente en la línea humana ocurrió únicamente del cuello hacia arriba. Aunque algunos de los descendientes evolutivos de Lucy terminaron finalmente en un callejón sin salida volviéndose más y más especializados como vegetarianos, una línea de descendientes aumentó continuamente su capacidad cerebral y modificó su estructura facial y dental, lo que gradualmente llevó al Australopithecus africanus, Homo habilis, Homo erectus y finalmente, hace cerca de 200.000 años, a los humanos anatómicamente modernos. Aunque Lucy no fué el último ancestro común entre simios y humanos (Parece que una especie descubierta recientemente y llamada tentativamente Ardipithecus Ramidus fue el último ancestro común), ella y su especie fue transicional entre los primates simiescos arbóreos  y los modernos humanos de marcha erguida.

Por supuesto, los creacionistas consideran dicha conclusión no sólo errónea sino herética. Las concepciones religiosas Creacionistas de la creación de los humanos no los deja con otra elección que la de afirmar, “Aunque los evolucionistas han reconstruído varias “formas transicionales” altamente imaginativas basados en evidencia muy fragmentaria, el registro fósil realmente documenta el origen separado de los primates en general, monos, simios y hombres.” (ICR Impact, “Summary of Scientific Evidence for Creation”, May/June 1981)

Por supuesto, el registro fósil no “documenta” dicha afirmación. Típicamente, los creacionistas tratan de denegar el estatus transicional de Australopithecus afarensis negando todas sus características humanas. Ellos dicen que Lucy fue “sólo un simio”:

…”Los Creacionistas, de otro lado, insisten que estos fósiles son ya sea de simios o de hombres, no de animales intermedios … entre simios y hombres.” (Morris, Scientific Creationism, 1974, p. 171)

…”Lucy simplemente es un simio extinguido sin ninguna conexión clara con los humanos.” (Ray Bohlin, “Human Fossils; ‘Just So’ Stories     of Apes and Humans, Probe Ministries, Richardson, Texas, 1994)

…”Obviamente este también era simplemente un “simio” ” (Watchtower Bible and Tract Society, 1985, p. 94)

El mayor esfuerzo en los ataques creacionistas hacia Lucy viene, sorprendentemente, de las características mejor establecidas de los australopitecinos – su modo de locomoción. El creacionista M. Bowden afirma crasamente que Lucy “no caminaba erguida”.(Weinberg, 1984, p. 20) Con respecto a las articulaciones de la rodilla de los australopitecinos que se han encontrado en Etiopía y en muchos otros sitios, afirma “no puedo encontrar ninguna evidencia en las publicaciones que pruebe que esta articulación de rodilla hubiera exhibido bipedestración.” (Weinberg, 1984, p. 20) Evidentemente, Bowden es incapaz de darse cuenta de que la rodilla de Lucy es idéntica a la suya y a la mía en todos los aspectos (excepto en el tamaño). Ningún animal cuadrúpedo de la tierra exhibe una articulación de la rodilla remotamente parecida a la de Lucy. De hecho, sólo una familia en la tierra posee una estructura de rodilla que sea similar a la de Australopithecus afarensis: los homínidos.

El ICR también trata de argumentar que Lucy no podía caminar a la manera de los humanos y que por lo tanto era sólo un simio. “Australopithecus, desde el punto de vista de algunos prominentes evolucionistas,” afirma el ICR, “no era intermedio entre simios y hombres y no caminaba erguida”. (ICR Impact, “Summary of Scientific Evidence for Creation”, May/June 1981) El que el ICR no dé los nombres de estos “prominentes evolucionistas” no es para sorprenderse, puesto que ningún paleoantropólogo con algo de experiencia niega que Lucy fuera perfectamente bípeda y capaz de marchar erguida como Ud. y yo.

Gish, en su libro: ¿Evolución? ¡Los fósiles Dicen No!, no menciona específicamente a Lucy, pero dice de los australopitecinos en general que “Se han recuperado algunos fragmentos de la pelvis, piernas y huesos del pie de estos animales y basados en estudios de estos fragmentos, ha sido el consenso entre los evolucionistas que los australopitecinos caminaban erguidos habitualmente… Sinembargo, en años recientes, este punto de vista ha entrado en controversia…” (Gish, 1978, p. 109)

Esto simplemente no es cierto. Los fósiles de australopitecinos no son “fragmentos” sino que consisten de varios esqueletos prácticamente completos, incluyendo a Lucy. Estos fósiles muestran clara y convincentemente que Lucy tenía una marcha erecta, más eficiente que la nuestra en algunos aspectos.

La última crítica acerca de la forma de desplazarse de Lucy viene de parte del creacionista Ray Bohlin, quien afirma que, “Si Lucy caminaba erguida, era distina de los simios y de los humanos. No exactamente lo que Ud. esperaría de una forma transicional.” (Bohlin, “Human Fossils; ‘Just So’ Stories of Apes and Humans”, Probe Ministries, Richardson, Texas, 1994) Debo confesar que la lógica de Bohlin se me escapa. Lucy poseía una cabeza simiesca con un pequeño cerebro sobre un cuerpo bípedo que es prácticamente indistinguible del de los humanos modernos. Si eso no es “exactamente lo que Ud. esperaría de una forma transicional” , entonces quedo totalmente intrigado y perplejo acerca de lo que Boulin ESPERARÍA en dicha transición.

LUCY (Australopithecus afarensis)

LUCY (Australopithecus afarensis)

Por Ferney Yesyd Rodríguez | sindioses.org

En una polvorienta región de Hadar, Etiopía, el paleoantropólogo Donald Johanson encontró en 1974 los restos de un homínido bípedo al que cariñosamente apodó Lucy. Lucy perteneció a la especie Australopithecus afarensis, si bien ya no es el australopiteco más antiguo, es de lejos la especie mejor conocida del género Australopithecus.

Las publicaciones creacionistas con frecuencia subestiman la importancia de este fósil. Por ejemplo, la propaganda de CHICK PUBLICATIONS dice sobre LUCY: “Casi todos los expertos concuerdan en que Lucy fue solo un chimpancé que midió 90 cms.”

La afirmación “casi todos los expertos” es rotundamente falsa. Los paleoantropólogos (paleontólogos que estudian el registro fósil de la humanidad) saben que los australopitecos no eran simples chimpancés. De hecho los australopitecos son la mejor prueba que los humanos descienden de seres con aspecto simiesco.

Hay muchas características que permiten afirmar que los Australopithecus afarensis NO eran chimpancés. Al comparar los maxilares superiores y las mandíbulas de un chimpancé (Pan troglodytes), A. afarensis y H. sapiens, se puede observar en las series de dientes de los primeros una forma de “U”, en los humanos la forma es de “V” y en los A. afarensis la forma es intermedia entre “U” y “V”. A parte de la forma de la serie dental es importante observar el tamaño de los caninos. En los chimpancés los caninos son grandes y cónicos, en los humanos son pequeños y en forma de espátula, mientras que en Australopithecus afarensis presentan un tamaño intermedio y ya son espatulados.

Es importante aclarar que al hacer la comparación entre humanos, afarensis y chimpancés no se está afirmando que los ancestros más remotos de la humanidad fueron los chimpancés actuales. Sin embargo, al retroceder en el tiempo se ve que las características anatómicas de los fósiles del árbol filogenético humano se parecen más a las del chimpancé, razón que lleva a los biólogos a pensar que el simio que dio origen a los primeros homínidos bípedos era parecido a un chimpancé.

Continuando con las diferencias entre chimpancés y australopitecos cabe resaltar la estructura de la pelvis y las extremidades inferiores. El estudio anatómico revela que los australopitecos tenían la capacidad de caminar en dos pies. Esto se puede saber examinando la longitud de la pelvis y el ángulo que forma el eje vertical del fémur con la superficie articular. A posturas cuadrúpedas le corresponden una pelvis larga además muestran un ángulo recto entre el eje vertical del fémur y la superficie articular, mientras que las posturas bípedas tienen pelvis cortas y ángulos cerrados. Este último caso es el de Australopithecus afarensis.

Uno de los parecidos entre los chimpancés y los Australopithecus afarensis (especie a la que pertenece el fósil “Lucy”) está en su capacidad cerebral, que en estos últimos se encuentra entre 400 y 500 c.c. Sin embargo, en el cráneo también se hallan diferencias anatómicas que revelan que los australopitecos no son chimpancés. Una de las diferencias craneales entre los Australopithecus afarensis y los chimpancés es la ubicación del foramen mágnum (el agujero por el cual sale la médula espinal), pues en los australopitecinos apunta hacía abajo, característica que además refuerza la idea de la postura bípeda de estos organismos.

Cuando los creacionistas afirman que Australopithecus afarensis es “solo un chimpancé que midió 90 cms,” están mintiendo, pues pasan por alto sus valiosos caracteres anatómicos. Por otra parte los restos fósiles de esta especie hallados en Laetoli (Tanzania) y Hadar (Etiopía) están datados en 3,18-3,4 millones de años, y los de Maka y Belohdelie (Etiopía) en 3,9 millones años, lo que ubica cronológicamente a los australopitecos como un grupo importante en la evolución humana.

El enajenamiento de los creacionistas es tal que no comprenden que las características intermedias de los australopitecinos y su ubicación cronológica son pruebas contundentes de la evolución humana. El libro “En busca de los orígenes: ¿Evolución o creación?” de los adventistas es prueba de ello. En este texto se puede leer sobre los australopitecos:

C. E. Oxnard, profesor de anatomía de la Universidad del Oeste de Australia, ha dicho al respecto: “Estos fósiles difieren claramente más de ambos, humanos y antropomorfos africanos, de lo que difieren estos dos grupos entre sí. Los australopitecinos son únicos.” Este investigador no ha hecho sino seguir una tradición de duda en cuanto a las características humanas de los australopitecinos…

Nótese como los creacionistas sacan de contexto la frase de Oxnard. El profesor australiano está afirmando que los australopitecinos son únicos, lo cual es obvio, pues si fueran chimpancés o humanos no tendrían un nombre aparte. Sin embargo, los señores Flori y Rasolofomasoandro no se dan cuenta que el anatomista no está echando por tierra la idea de que los australopitecinos son bípedos o que poseen caninos reducidos respecto a los chimpancés.

La estrategia de los evangélicos de CHICK PUBLICATIONS es diferente, ellos optaron por afirmar que “casi todos los expertos concuerdan en que Lucy solo fue un chimpancé”. Aquí vale la pena preguntarse ¿A que tipo de expertos se están refiriendo los creacionistas?, pues es muy probable que estén haciendo alusión a expertos en ocultar información.

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