La `nueva genética´ confirma la evolución

Grupo F&C
La `nueva genética´ confirma la evolución

El pasado domingo, el Dr. Cruz volvió otra vez a cargar contra Darwin y contra mí mismo.
22 de mayo de 2011
Y todo en nombre de la “nueva genética”.

¡Y yo que creía que iba a dejar el tema tranquilo! Al menos, en este caso parece que ya no se centra en el tema de la integración de los elementos móviles/retrovirus y se adentra en nuevos campos (sobre los que me gustaría hacer algunos comentarios). Eso sí, no sin acusarme primero de no haber respondido a sus argumentos, diciendo que “simplemente, se adopta una postura de autoridad.” [1]

Pues sí, la autoridad que da el haber dedicado mi vida profesional a estos tema y haber trabajado con aquello sobre lo que se discute (elementos móviles/retrovirus), frente a recopilaciones de segunda mano. Creo que no tendré que recordar la penosa historia del 7/30.000 como ejemplo de la irrelevancia total del trabajo del compilador Jonathan M., de quien provenía aquella recopilación de citas tan apreciada por el Dr. Cruz. [2] En fin, creo haber dejado suficientemente claro que a lo que se refieren esas citas es en gran medida a la existencia de “puntos calientes” de inserción preferente de elementos móviles/retrovirus, y que ese tema es irrelevante para lo que debatíamos: su uso como testigos del proceso evolutivo. Y eso porque cuando en toda una serie de especies se encuentra un mismo retrovirus insertado en el mismo sitio con el mayor grado de resolución posible (el del nucleótido individual), no cabe pensar que eso ocurre porque sí (Fig. 1). Y eso porque he mostrado hasta la extenuación que los retrovirus no se integran con semejante especificidad de manera repetible .

En cuanto a que las “similitudes morfológicas, genéticas o moleculares” no suponen un antecesor común, sino que eso es “un prejuicio materialista y evolucionista”, deseo que el Dr. Cruz no se vea nunca envuelto en la discusión de pruebas de paternidad o de identificación de criminales por ADN ante un juez y saque a relucir ese pobre argumento. Está claro que las cosas no se pueden juzgar por las apariencias, pero la comparación genómica es algo más serio que la caricatura del “prejuicio materialista y evolucionista”.

En cualquier caso, el grueso del artículo del Dr. Cruz se centra en un nuevo terreno. En muchos casos es difícil de entender por dónde va y qué pretende por su sistemática confusión (deliberada o no, ¡no lo sé!) de los conceptos “evolución” y “darwinismo”. Es algo a lo que el creacionismo nos ha acostumbrados durante décadas. Cuando surgió el Diseño Inteligente (DI) en los noventa pensé que las cosas cambiarían y que la discusión sería más seria. Pero el DI vuelve a las mismas tácticas. El decir que los evolucionistas tienen a Darwin en un altar es sólo un argumento retórico para poder después “quemar el ídolo” con gran fanfarria. Eso es lo que lleva a la obsesión con Darwin y títulos como el de aquellas conferencias del 2008: “Lo que Darwin no sabía”. Me pregunto por qué no hacen otra que sea “Lo que Newton no sabía” o “Lo que Pasteur no sabía”… ¡incluso podríamos hoy hablar de “Lo que Einstein no sabía”! ¡Como si lo que no se sabía hace 150 años fuera a dar la razón automáticamente al Creacionismo/DI!

Frente a esa confusión, hay que volver a recalcar (aunque uno se aburre un poco ya) que el darwinismo no es igual a evolución . La idea de evolución existía antes de que Darwin naciera y puede existir con independencia del legado de Darwin. Margulis, Sandín e incluso hasta cierto punto Behe, son evolucionistas no darwinistas, o evolucionistas críticos con el darwinismo/neo-darwinismo. Nuevamente hay que diferenciar entre el debate sobre (1) el “hecho de la evolución” y (2) el “mecanismo de la evolución”. Ninguno de estos tres autores parece tener dudas sobre el “hecho de la evolución”, que es lo que vengo exponiendo en estos artículos. Como ya quedó claro con las citas que aporté de Behe (uno de los padres más notables del DI), no se discute la evolución como hecho histórico, y Behe deja claro que no tiene dudas sobre que el ser humano y el chimpancé tengan un antepasado común. Estos autores defienden también la evolución como hecho histórico (y en ese punto están en el mismo barco que Darwin); pero discrepan del darwinismo y neo-darwinismo sobre el “mecanismo de la evolución”.

Margulis [3] es famosa mundialmente por su propuesta de la teoría de la endosimbiosis (aunque ella reconoce como su fundador al olvidado científico ruso de los años veinte, Boris Mihailovich Kozo-Polyansky, que la denominaba simbiogénesis), es decir, que nuestras células derivan de la unión de otras células más simples anteriores. La endosimbiosis o simbiogénesis sería así un motor de la evolución de primera magnitud, especialmente en sus etapas históricas más tempranas , antes de la aparición de organismos pluricelulares como animales o plantas. Estas ideas, que resultaron revolucionarias en los sesenta, son ahora parte de la “ortodoxia” científica, en especial el origen bacteriano de mitocondrias y el de los cloroplastos en las algas verde-azuladas (como se puede ver en cualquier libro de biología).

Muy diferente es el caso de Sandín , un profesor universitario de la Universidad Autónoma de Madrid, recientemente jubilado, y poco conocido (como puede comprobar quien intente buscar sus publicaciones profesionales en cualquier buscador especializado de internet [4] ) que defiende con gran vehemencia verbal el papel de los virus como motores de la evolución. Esta no es una idea que él haya propuesto, ni siquiera un campo en el que él sea un investigador activo. Es simplemente un divulgador de esas ideas (algo que me parece muy bien), en las que se trabaja activamente en numerosos lugares alrededor del mundo (así que no se trata de ideas revolucionarias ocultas ni nada de eso – los tiempos en los que se consideraba a los elementos móviles y retrovirus como simples “basuras” o genes “egoístas” -básicamente los años setenta- pasaron hace ya bastante tiempo [5] ).

El carácter polémico de Sandín no se debe a niegue la evolución , ni siquiera por proponer mecanismos evolutivos misteriosos (tanto la endosimbiosis como el papel de los virus son temas conocidos y frecuentemente estudiados en las revistas científicas especializadas y en los libros de texto). Su carácter un tanto polémico proviene de la vehemencia de sus críticas al darwinismo; pero mucho más de otros temas que no tienen nada que ver con ello, como su peculiar combinación de biología, política y anti-capitalismo. Desgraciadamente, elementos científicos válidos han acabado mezclados con ideas extra-científicas, como el eco-panteísmo de la Tierra como Diosa Madre. [6]

Volviendo a Margulis, en una reciente entrevista (2009) publicada en la Revista de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (lo que muestra otra vez más el interés de sus ideas y el respeto que se le tiene en los medios de la ciencia “oficial”), dice lo siguiente:
“Sus predecesores [hablando de Boris Mihailovich Kozo-Polyansky], que ya animaban esta teoría, rechazaban a Darwin. Pero Kozo-Polyansky no. Decía que la innovación en la evolución emerge de la simbiogénesis. Pero añadía que las asociaciones estaban seleccionadas por selección natural. Se necesitan las dos teorías.
La simbiosis es un concepto importante en evolución, aunque muy pocos lo creen.
Pero ahora, insisto, hay consenso internacional sobre la validez de sus ideas.
Mi teoría se ha rechazado muchísimas veces. Pero tiene su lógica, es lo que ocurre a menudo con las nuevas ideas. Hoy todo el mundo acepta que las mitocondrias proceden de bacterias y los plástidos de algas verdes y azules. La idea es perfectamente compatible con que toda la vida que vemos hoy en la superficie de la Tierra procede del mismo tronco. Eso es darwinismo y la biología molecular se ha encargado de demostrarlo. En eso estamos todos de acuerdo.
¿Y dónde está el problema?
Cuando se dibuja un árbol lo que vemos es simplemente diversificación, ramificación. Pero no todo es mutación al azar. Estoy totalmente en contra de esta idea. No se puede ir de una especie a otra simplemente por acumulación de errores al azar.
¿En alguna ocasión la han tildado de creacionista por ese comentario, no es verdad?
Sí, pero es absurdo. Pensemos en un escarabajo antecesor de los actuales. En un momento dado gana una bacteria de modo que surge un linaje en el que existe un genoma bacteriano. Eso es lo que explica el fenómeno de especiación. Por otro lado, el 99,9 % de las mutaciones son deletéreas. No creo que la acumulación de tan poco porcentaje, salvo excepciones, genere nuevos linajes, nuevas especies.” [7]

Resulta interesante que en esa misma entrevista se le hace directamente la pregunta “¿Merece la pena preguntarle qué opina del creacionismo?”, a lo que Margulis responde: “Es una locura cultural. Es muy peligroso porque es pura ignorancia. Bloquea la entrada de la lógica y la evidencia, algo que para un científico es esencial. Y más aún en evolución, de la que no se puede hablar sin disciplinas como la paleontología, estratigrafía, geocronografía, ecología, limnología…” [8] Y eso que, a continuación, dice que no se puede pensar que “ser evolucionista se contrapone a creacionista. Esta dicotomía no existe.” (entendiendo “creacionista” en un sentido diferente al de arriba, pues afirma: “Una cosa es discutir sobre hechos y evidencias científicas. Otra, sobre fe o religión, cuando no de posiciones morales o políticas.”) En eso también estará de acuerdo cualquier evolucionista cristiano, que no considerará que los términos “creación” y “creacionismo” deban ser secuestrados y parasitados por el movimiento del así autoproclamado “creacionismo científico” (creación en 6 días de 24 horas, universo de 6000 años, diluvio universal hace unos 4000 años, hombres y dinosaurios compartiendo el mundo primitivo, etc.).

En fin, creo que queda claro que lo que se discute por parte de Margulis (y lo mismo podríamos decir con Sandín y hasta con Behe) no tiene nada que ver con el “hecho de la evolución” sino con su “mecanismo”. Esa discusión es ya un viejo debate (que empezó antes de Darwin, una vez que el hecho de la evolución empezó a vislumbrarse con claridad) y supongo que seguirá durante mucho tiempo, dada la gran complejidad de la vida presente, y la aún mayor complejidad de la historia de la vida.

Al final de su artículo, el Dr. Cruz parece que se incorpora finalmente a ese debate al afirmar que:
“ Si Sandín, Margulis, Behe, Goodwin y otros muchos científicos están en lo cierto en sus hipótesis, se debería pensar que determinados microorganismos y virus habrían permanecido inertes durante millones de años, esperando que en un determinado instante de la historia de la vida en la biosfera su información genética fuera necesaria para modificar radicalmente el genoma de ciertas especies en peligro de extinción, que aparecerían millones de años después, y rescatarlas así de la desaparición inminente. Los virus habrían estado esperando durante mucho tiempo la aparición de las diversas adversidades ambientales capaces de poner en peligro la subsistencia de las especies para pasarles la información necesaria que las haría salir airosas de los problemas.” [9]

Bueno, no es exactamente lo que Margulis o Sandín piensan, porque la idea de que las bacterias o virus estén “esperando” suena un poco raro y es un tanto una personificación [10] , y en cualquier caso su actuación no se rige en función del beneficio o perjuicio de otros seres, por lo que no tiene sentido atribuirles calificativos de “previsión”, “colaboración”, ni de “egoísmo” o “lucha por la supervivencia”. Pero, en cualquier caso, esto muestra que tal vez el Dr. Cruz y yo no estamos completamente “en las antípodas”. Al menos parece que los dos reconocemos que la vida tiene millones de años (como Behe, y no los pocos milenios del creacionismo) e incluso que las bacterias y los virus han tenido un papel fundamental en la historia de la vida, dado que su información genética ha servido para “modificar radicalmente el genoma de ciertas especies”. Si el Dr. Cruz sigue pensando en los detalles concretos de esas ideas, me temo que se topará de bruces con que esas modificaciones radicales de los genomas llevan de manera lógica y natural a la idea de la evolución de las especies… Una vez reconocidos estos hechos básicos y fundamentales, podremos empezar a disfrutar juntos del interesante debate contemporáneo sobre los mecanismos concretos que han producido esa fascinante evolución.

Autor: Pablo de Felipe es doctor en Bioquímica y Biología Molecular, presidente de Cristianos en Ciencias y profesor de Ciencia y Fe en el Seminario SEUT

[1] A. Cruz (2011). La nueva genética contradice a Darwin . Protestante Digital (15 de mayo de 2011)..

[2] Véase mi exposición en P. de Felipe (2011). No hay truco con los genes saltarines . Protestante Digital (17 de abril de 2011)..

[3] Véase su biografía .

[4] Como PubMed

[5] Una crítica a esta visión un tanto reduccionista se puede encontrar ya en un largo y documentado artículo de 2003 por uno de los más destacados defensores del neodarwinismo (Francisco J. Ayala) en relación con los pseudogenes (que también han sido a veces denominados como simple “basura”): E.S. Balakirev y F.J. Ayala (2003). Pseudogenes: are they “junk” or functional DNA? Annu. Rev. Genet. 37 :123-151. Más antiguo es un artículo por el “padre” del equilibrio puntuado (Stephen Jay Gould) en el que defiende vehementemente el abandono del concepto de “basura”: J. Brosius y S.J. Gould (1992). On “genomenclature”: a comprehensive (and respectful) taxonomy for pseudogenes and other “junk DNA”. PNAS 89 :10706-10710. En realidad, su interés por las potenciales funciones de esa “basura” genética se remonta otra década más, al menos al artículo: S.J. Gould y E.S. Vrba (1982). Exaptation; a missing term in the science of form. Paleobiology 8 :4-15. En ningún caso he pretendido hacer una historia exhaustiva de este tema, y es posible que haya más referencias similares, e incluso más antiguas… que ilustran el temprano interés que despertaron hace ya décadas los elementos móviles, retrovirus, pseudogenes y otros elementos cuya función no era muy obvia en un principio.

[6] Sandín, M. (2010). De Ayllukuna a la Teoría de Sistemas: Cuidando la Madre Naturaleza .

[7] X. P. Gebellí (2009). « La simbiogénesis es la fuente de innovación en la evolución » (entrevista a Lynn Margulis). Revista de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular 160 :26-29.

[8] Idem , p. 27

[9] A. Cruz (2011). Véase ref. 1.

[10] Se asoma ahí la vieja idea de la teolología, que los organismos hacen cosas con una “finalidad”. Esta vieja idea aristotélica fue abandonada hace ya mucho tiempo. No es una forma fructífera de explicar el comportamiento de los seres vivos a menos que tengan una inteligencia más que notable que les permita hacer planes, etc (como en el caso humano y algunas otras especies).

Autores: Grupo F&C
© Protestante Digital 2011

Científicos que ven a Hawking y su negación de Dios `una falacia´

BARCELONA, 28/09/2010 (The Times, El País, P+D / Joel Forster, Protestantedigital.com)


La ciencia ha matado a Dios, esta vez sí. Este argumento cíclico es el que volvió resonar en los medios de comunicación a principios de septiembre, cuando Stephen Hawking presentaba su nuevo libro: “The Grand Design”. El título ha creado furor en el Reino Unido entre otras cosas porque nunca este mediático científico había excluido a Dios de la ecuación de una forma tan clara. Antonio Cruz reflexiona sobre los argumentos de Hawking, y cuestiona la validez de sus conclusiones.

En el Reino Unido, la publicación del nuevo libro del astrofísico de Oxford creó un revuelo especial. “The Grand Design” surgía al público poco antes de que el Papa llegara a Inglaterra en su esperada visita oficial. Los tabloides ya habían sacado suficientes trapos sucios sobre la llegada del Jefe de Estado del Vaticano (costes económicos del viaje, problemas diplomáticos, críticas de varios grupos de presión), y las conclusiones de Hawking sobre Dios eran la guinda del pudding de religión, política y ciencia que se había preparado.

Más allá del amarillismo, sin embargo, el libro de Hawking ha destacado también por otro aspecto. Es el primero del autor que afirma estar en condiciones de poder demostrar que Dios ni siquiera sería necesario para el origen del universo. En sus palabras, la gran explosión inicial del universo (según la teoría del Big Bang) fue “una consecuencia inevitable” de las leyes de la física y el cosmos “se creó de la nada”. Según el catedrático de Oxford, la gravedad y las leyes de la física conducen casi irremediablemente a una “creación espontánea”, y por tanto, el hablar de Dios pasa a ser “redundante”.

Sus conclusiones han levantado una vez más, pues, la pregunta: “¿Podemos ahora enterrar científicamente a Dios?”. Richard Dawkins, el publicista del ateísmo con más facilidad por vender libros ya ha salido a celebrar la nueva teoría de Hawking, mientras que George Ellis, presidente de la Sociedad Internacional para la Ciencia y la Religión criticaba una vez más que algunos tuvieran tanta obsesión por enfrentar ciencia y fe, un dilema que es falso en su planteamiento, opina.

SI LO DICE HAWKING…
Entre las reacciones en España a la publicación del libro de Hawking, destaca la de un artículo en el diario El País, firmado por Mónica Salomone. Bajo el título “Si lo dice un científico, va a misa”, Salomone lanza algunas reflexiones sobre cómo la ciencia ha buscado su propio camino pero nunca ha dejado de dialogar (aunque lo haya intentando) con la fe. Plantea que -al contrario de lo que el nuevo ateísmo se esfuerza en demostrar-, es más que usual que los investigadores dejen abierta la puerta a la existencia de Dios en muchas áreas de la ciencia, y que una gran parte creen que religión y estudios científicos deben respetarse porque dan respuestas desde perspectivas que interactúan pese a avanzar en contextos diferentes.

Salomone recuerda también el estudio de la revista Nature, que en 1997 afirmaba que el 40% de los científicos creían en un Dios con el que se puede interactuar personalmente. El artículo también cita a José Ferreirós, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla, que considera que Dios se deja de mencionar en la ciencia por una razón puramente socio-histórica: “En época de Newton no se podía pensar en cuestiones científicas sin, tarde o temprano, llegar a la cuestión de Dios”. La cosa cambió en el siglo XIX, cuando ciencia y filosofía moderna declararon con Nietzsche la muerte de Dios.

El reportaje de Salomone, tras recolectar varias voces de científicos españoles, concluye lanzando una reflexión irónica: “¿Qué pasa cuando los científicos ocupan en la sociedad el papel de… sacerdotes? O sea: ¿Por qué lo que dice Hawking va a misa?” Y termina con la opinión de Evencio Mediavilla, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias: “La opinión de un científico acerca de este tema no tiene por qué ser a priori más interesante que la de cualquier otra persona. Sería infantil crear una iglesia de científicos no creyentes”.

A. CRUZ: “INTENTO DE HACER INNECESARIO A DIOS”
Sobre el nuevo libro de Hawking ha opinado también, en este magazine, Antonio Cruz, Doctor en Biología por la Universidad Autónoma de Barcelona. En “Dios, Hawking y la gravedad”, Cruz defiende que para intentar expulsar a Dios de la creación del universo, Hawking se ha visto obligado a hacerlo “desde su filosofía personal, ya que los planteamientos de la verdadera ciencia no le ayudaban en nada a ello”.

Para Cruz, las propuestas de Hawking apuntan normalmente a “confeccionar un modelo matemático de universo que haga innecesario a Dios”, y por ello el astrofísico ha intentado incluso “desacreditar la teoría del Big Bang, que requiere un acto creador inicial”.

Las teorías de Hawking, dice Cruz, “pecan de cientifismo, no hacen buena filosofía, carecen de la suficiente información teológica y, por último, se basan en una falacia”. Cree que el autor mezcla “los niveles físico y metafísico sin aclarar nunca de cuál de los dos se está hablando”.

Sobre el intento de probar el origen del universo a partir de la nada (argumento de “The Grand Design”), Antonio Cruz denuncia que se juega con facilidad con términos que varían su significado según el terreno en el que se utilicen: “Cuando se dice que en experimentos de mecánica cuántica ciertas partículas parecen salir de la nada, ¿qué se entiende por nada? ¿Es esta nada la misma nada original?”. Advierte que no es serio “mezclar deliberadamente la nada cuántica de las partículas elementales de la física con la nada primigenia metafísica a partir de la cual Dios creó el cosmos”. Es decir, “el vacío cuántico a que se refiere la física nunca será la nada ontológica de la metafísica y la teología”. Defiende que no se puede mezclar indiscriminadamente dos disciplinas diferentes: “A las preguntas de la física no se puede responder mediante soluciones metafísicas y viceversa”.

Por otro lado, argumenta Cruz, “si toda la materia del cosmos hubiera surgido de una fluctuación natural de la ley gravitacional sin necesidad de Dios, lo habría hecho siguiendo ciertas leyes que por definición serían anteriores a la materia”. La pregunta seguiría abierta, ¿de dónde habrían surgido esas leyes tan perfectas? Cree Cruz, pues, que la falacia de Hawking está en “suponer que las leyes de la física son tan perfectas que precisamente por esa perfección deben existir”. Pero “necesidad lógica no implica necesidad real o física”, y por tanto el argumento se basa en la misma lógica que en su momento intentó utilizar equivocadamente San Anselmo para demostrar la existencia de Dios.

Finaliza Cruz diciendo que “aunque el último libro de Hawking llegue a ser un éxito de ventas, sus argumentos contra la existencia de Dios ni son nuevos ni, por supuesto, determinantes”. Y que la ciencia apuntará más y más hacia la existencia de un Creador, “porque descubre que el mundo está bien hecho y que la inteligencia del hombre está también diseñada para comprenderlo”.

Fuentes: The Times, El País, P+D. Redacción: Joel Forster.

Francisco Ayala, sacerdote secularizado, hombre sabio, genetista.

Francisco Ayala, sacerdote secularizado, hombre sabio, genetista
14.09.10 | 10:59.

Francisco Ayala nació en Madrid, 1934. Se licenció en Física antes de entrar en el seminario. Estudió Teología en Salamanca y se ordenó dentro de los dominicos. Después se doctoró en Genética en la Universidad de Columbia. Hoy es doctor honoris causa en quince universidades. Se le debe el descubrimiento de la enfermedad de Chagas y de la malaria y del reloj molecular de la evolución. Influyó mucho en él Teilhard de Chardin.

Ha trabajado como asesor del presidente Clinton, y ha mantenido contactos con Juan Pablo II y Benedicto XVI. De ellos ha sido el científico de su confianza.

De sus declaraciones extraemos estas afirmaciones: “El avance científico que más me inquieta es clonar seres humanos, me recuerda la eugenesia de principios del siglo XX”. — “Decir que solo la ciencia tiene sentido es tan extraño como afirmar que todas las respuestas están en la Biblia”. — “España tiene mucho nivel científico, pero un gran problema de nepotismo en las universidades. Es una pena que se desangre así”.

Francisco Ayala, madrileño, está nacionalizado en EE.UU. como ocurre a muchos científicos. Pronto, después de ordenado sacerdote. marchó a EE.UU. com permiso de sus superiores y permaneciendo en la Orden. Después pidió las dispensas. Contrajo matrimonio en 1985 con la Dra. ecologista, Ana Ayala, estadounidense. Tienen dos hijos.

Se mantiene el Dr. Ayala muy bien físicamente y en plena actividad a pesar de sus setenta y seis años. No se jubila, aun cuando el sueldo sería íntegro. Allí no existe la jubilación obligatoria. Sigue en contacto con sus amigos dominicos.

Ha defendido a los darwinistas contra quienes sostienen el diseño inteligente y la versión moderna del creacionismo.

Obtuvo el premio Templeton, el mejor dotado del mundo, un millón de euros; dice que lo donará. Afirma que se puede aceptar la presencia de Dios y no aceptar el creacionismo.

Datos tomados de la revista Semana, 12 septiembre 2010. pág. 54

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Capítulo 8. LA SELECCIÓN NATURAL DE DARWIN

Capítulo 8. LA SELECCIÓN NATURAL DE DARWIN

La teoría que Darwin propuso constaba de tres premisas y una conclusión. La primera se refería a “la variación existente en los seres vivos”. Cada individuo, fuera de la especie que fuera, presentaba unas variaciones propias que lo distinguían del resto de sus congéneres. Hoy diríamos que la estructura genética de cada organismo es individual y distinta a la de los demás.

Precisamente estas diferencias individuales eran las que utilizaban los agricultores y ganaderos para formar razas o variedades concretas que eran diferentes al tipo original.

La segunda premisa darwinista afirmaba que “todas las especies eran capaces de engendrar más descendientes de los que el medio podía sustentar”. No todas las crías llegaban a adultas. Muchas eran devoradas por los depredadores o eliminadas por la escasez de alimento.

Darwin halló un mecanismo natural que actuaba entre la ilimitada fecundidad de los seres vivos y los limitados recursos disponibles para alimentarlos. Tal mecanismo debía actuar eliminando la mayoría de las variaciones y conservando sólo aquellas de los individuos que sobrevivían y lograban reproducirse.

“La supervivencia del más apto, es la tautología más hipócrita en toda la historia de la ciencia. Es el mismo argumento circular o petición de principio de la preservación de las razas favorecidas aunque más insidioso, oscurecido por uno de los conceptos más capciosos de la biología, el de adaptación, que pretende, por ejemplo que el pez está adaptado al agua porque puede vivir en ella. Por supuesto que puede. Y por supuesto que el más apto sobrevive. Pero el menos apto también. Y es que hablar del más apto y el menos no tiene sentido porque no hay manera de medirles la “aptitud”(fitness), como no sea por su descendencia. Pero resulta que en los organismos que se reproducen sexualmente, que son los que trata Darwin, cuando el más apto se cruza con el menos apto los hijos son de ambos, es común la descendencia. El menos apto perdura en la descendencia que tiene con el más apto.

Darwin en el fondo, por más plantas que cultivó y por más que escribió sobre percebes y gusanos, no era biólogo, era un filósofo: un lobo disfrazado de cordero. Desde la escolástica, desde las discusiones de Tomás de Aquino con Duns Escoto sobre el radio de acción de un arcángel, la mente humana no ha conocido otra aberración más grande ni más exitosa que la selección natural de Darwin. O sí, la de Freud, quien construyó todo un edificio especulativo, un rascacielos, sobre el supuesto de que todo el mundo quería acostarse con su propia madre.” [1]

LA SELECCIÓN NATURAL
Esto le llevó a formular su tercera premisa: el misterioso mecanismo era lo que Darwin llamó la “selección natural”.

Las diferencias entre los individuos unidas a las presiones del ambiente provocaban el que unos sobrevivieran lo suficiente como para dejar descendientes, mientras que otros desaparecieran prematuramente sin haber tenido hijos.

En este proceso siempre perdurarían los más aptos, no por ser superiores sino por estar mejor adaptados a su ambiente. Cuando las condiciones de éste cambiaran, entonces serían otros con diferentes características los herederos del futuro.

Por tanto, la conclusión a la que llegó Darwin era que la selección natural constituía la causa que originaba nuevas especies.

El cambio evolutivo que provocaba la aparición de nuevos organismos debía ser lento y gradual ya que dependía de las transformaciones geológicas ocurridas a lo largo de millones de años. Unas especies se extinguían mientras otras surgían de manera incesante.

Como se ha señalado antes, en aquella época no se conocían los mecanismos de la herencia. Sólo después de más de cincuenta años de investigación, se pudo disponer de una teoría satisfactoria sobre la herencia y conocer la existencia de las mutaciones en los genes, en su tiempo y con sus limitados conocimientos.

Darwin era consciente de que a la teoría de la evolución le faltaba algo importante e intentó explicar los fenómenos hereditarios mediante unas hipotéticas partículas que procedían de los distintos tejidos del organismo y eran transportadas a través de la sangre hasta los órganos reproductores o allí donde fueran necesarias; era la teoría de la pangénesis, que Darwin presentó hacia el final de sus días, y que resultó ser un planteamiento totalmente equivocado.

Hoy se sabe que la teoría de la pangénesis no era cierta, pero el mérito de Darwin, según sus más fervientes seguidores, los neodarwinistas, consistió en aferrarse a la selección natural y rechazar los principios del lamarkismo. [2]

“Para CH. DARWIN (1809-1882) el descubrimiento, en su largo viaje, de la diversidad de formas vivientes, le llevó a modificar la teoría de LAMARCK y plantear la teoría de la evolución como un proceso de selección natural.

La teoría de DARWIN, que fue acompañada de cantidad de datos y material bibliográfico, se puede resumir en los siguientes puntos:

1. El mundo no es estático, sino que cambia y evoluciona.
2. La evolución no se produce por saltos, sino de una forma gradual y continua.
3. La línea evolutiva común, no se debe a la generación espontánea, sino a una comunidad de descendientes.
4. Por tanto, la evolución no se debe a un impulso interno o al azar, sino a la selección natural.

¿Qué entendía DARWIN por selección natural?
En todas las especies se plantea una lucha por la existencia. Al aparecer más individuos que recursos energéticos se establecerá una lucha por la supervivencia, en la que sobrevivirán los más aptos, lográndose un equilibrio ecológico.

Los mejor adaptados serán aquellos organismos que presenten un conjunto de variaciones que les hagan más capaces de sobrevivir en ese medio ambiente. Estas variaciones «útiles» se transmiten a los descendientes, estableciéndose en la especie al paso de varias generaciones, con lo que se produce una evolución gradual y continua. Cuando aparecen individuos con variaciones útiles, al no poder adaptarse al medio, perecerán sin dejar descendencia.

Darwin quiso dejar claro que la selección natural no produce las variaciones, sino sólo la conservación de aquellas que son beneficiosas al ser vivo en sus condiciones de vida.

Teorías científicas actuales

A las teorías darwinistas les faltaba la explicación de cómo se transmitían s variaciones a los descendientes. Los estudios de G. Mendel (1866) sobre s unidades de herencia (genes) y las investigaciones posteriores de Morgan (1910) mostraban que los genes estaban en los cromosomas y que las variaciones se producían por cambios o mutaciones en los mismos.

Posteriormente los trabajos de Watson y Crick sobre la estructura del ADN (ácido desoxirribonucleico) como constitutivo de los cromosomas y, por tanto, de los genes, permitieron precisar que las mutaciones se daban en el mismo y que al afectar a las líneas germinales eran heredables.

El ADN tiene un mecanismo de replicación que permite la estabilidad de especie. Las mutaciones en el ADN producirán la variabilidad, que en la mayor parte de los seres serán desventajosas y perjudiciales, porque hacen inviables a los nuevos individuos. En el caso de supervivencia de algunos de individuos mutados, esa variabilidad quedará como reserva hasta que en un momento pueda ser beneficiosa.

Sintetizando las teorías científicas actuales se puede afirmar que el hecho evolutivo queda explicado por dos mecanismos: intrínseco y extrínseco.

Los mecanismos intrínsecos están compuestos por:

La mutación génica: cambio en el programa del ADN, transmitiéndose a descendencia el gen modificado.

Recombinación génica: cruce entre los individuos con esa mutación.

La conjunción de ambos determinará la aparición de individuos diferentes sus padres.
Los mecanismos extrínsecos se deben a cambios en el clima, relieve, ecología… Estos mecanismos condicionan la selección de nuevos grupos.

Mutaciones
a. Puntuales o génicas: Se altera de alguna forma la secuencia de bases de un gen.

b. Cromosómicas: Cambio en la estructura de los cromosomas.

c. Genómicas: Alteraciones del número de cromosomas.

El hecho evolutivo se explica por:

Mutación génica
+
Recombinación génica
+
Cambios ambientales

La interacción entre ambos mecanismos producirá una adaptación al medio ambiente, que lentamente se extenderá a toda la especie, produciendo su transformación.
Para la ciencia actual, las teorías sobre la evolución explican con suficiente claridad el origen biológico de la especie humana.” extr. de Libro de Filosofia

Cuando desde ambientes evolucionistas se hacen alusiones a los partidarios de la creación, generalmente se les acusa de fundamentalismo fanático y anticientífico, ya que si Dios creó de manera inmediata o mediante procesos especiales que actualmente no se dan en la naturaleza, entonces quedaría automáticamente cerrada la puerta a cualquier posible investigación científica del origen de la vida. El creacionismo sería, por tanto, religión y no ciencia.

Sin embargo, la misma crítica puede hacerse al darwinismo. ¿No es éste también una forma de religiosidad atea y materialista? En realidad, tampoco se trata de una teoría científica sino metafísica, como señaló acertadamente el filósofo Karl Popper en Búsqueda sin término (1977: 230).

La selección natural, que es el corazón del darwinismo, pretende explicar casi todo lo que ocurre en la naturaleza, pero lo cierto es que sólo explica unas pocas cosas. Ni la adaptación de los organismos al entorno ni la pretendida selección natural de los mismos son acontecimientos que puedan ser medidos objetivamente, como más adelante se verá. Por tanto, no es posible verificar o desmentir las predicciones del evolucionismo mediante el método científico. Pero para que una teoría pueda ser considerada como científica tiene que ser susceptible de verificación y el darwinismo no lo es. ¿Qué es entonces? Pues un mito naturalista y transformista que se opone frontalmente a la creencia en un Dios Creador inteligente que intervino activamente en el universo. Aunque se presente como ciencia y se le intente arropar con datos y cifras, en realidad es la antigua filosofía del naturalismo.

Como bien señala Charles Colson: “La batalla real se libra entre visión del mundo y visión del mundo, entre religión y religión. De un lado está la visión naturalista del mundo, declarando que el universo es el producto de fuerzas ciegas y sin fin determinado. Del otro lado está la visión cristiana del mundo, diciéndonos que fuimos creados por un Dios trascendente que nos ama y tiene un propósito para nosotros” (Colson, Y ahora…¿cómo viviremos? 1999: 60).

La oposición entre darwinistas y antidarwinistas es en el fondo de carácter teológico. Hay que ser sinceros y reconocer que detrás de unos y otros se esconde una ideología de naturaleza religiosa. Es el viejo enfrentamiento entre la increencia y la fe en Dios, entre el materialismo y el espiritualismo. De ahí que los debates se vuelvan en ocasiones tan agrios porque despiertan sentimientos y creencias muy arraigadas.

Esto se comprueba, por ejemplo, en las actitudes de personajes como el biólogo evolucionista Richard Dawkins, uno de los defensores de la sociobiología, que pregunta siempre a quienes desean hablar con él acerca de la evolución: “¿Cree Ud. en Dios?” Si se le responde con una afirmación, da la espalda a su interlocutor y se marcha de forma grosera. En una entrevista realizada para el periódico La Vanguardia en Barcelona (España), al ser interrogado sobre el tema de la religión dijo: “Estoy en contra de la religión porque nos enseña a estar satisfechos con no entender el mundo”. Y acerca de la fe pensaba que “es la gran excusa para evadir la necesidad de pensar y juzgar las pruebas” (27.02.00).

LAS ESPECIES CAMBIAN, PERO NO TANTO
Después de más de un siglo de estudios de campo y de investigaciones ecológicas son muchos los científicos que han llegado a la determinación de que ni la adaptación de las especies al medio ambiente, ni la selección natural pueden ser medidas de forma satisfactoria, tal como requiere el darwinismo.

En este sentido el Dr. Richard E. Laekey admite que: “Tanto la adaptación como la selección natural, aunque intuitivamente son fáciles de entender, con frecuencia resultan difíciles de estudiar rigurosamente: su investigación supone no sólo relaciones ecológicas muy complicadas, sino también las matemáticas avanzadas de la genética de poblaciones. Los críticos de la selección natural pueden estar en lo cierto al poner en duda su universalidad, pero todavía se desconoce el significado de otros mecanismos, como las mutaciones neutras y la deriva genética” (Laekey, Darwin, 1994: 49).

A pesar de la gran cantidad de datos que se posee en la actualidad acerca del funcionamiento de los ecosistemas naturales, lo cierto es que el mecanismo de la evolución continúa todavía sumido en la más misteriosa oscuridad. Los ejemplos a los que habitualmente se recurre para ilustrar la selección natural se basan siempre en suposiciones no demostradas o en la confusión entre dos conceptos muy diferentes, el de microevolución con el de macroevolución.

¿Qué es microevolución? Es verdad que mediante selección artificial los ganaderos han obtenido ovejas con más lana, gallinas que ponen más huevos o caballos bastante más veloces, pero en toda esta manipulación conviene tener en cuenta dos cosas. La primera es que se ha llevado a cabo mediante cruces realizados por criadores inteligentes y no por el azar o el capricho de la naturaleza. Tanto los agricultores como los ganaderos han usado sus conocimientos previos con una finalidad determinada. Han escogido individuos con ciertas mutaciones o han mezclado otros para conseguir aquello que respondía a sus intereses.

Sin embargo, nada de esto se da en una naturaleza sin propósito. Cuando las razas domesticadas por el hombre se abandonan y pasan al estado silvestre, pronto se pierden sus características adquiridas y revierten al tipo original. La selección natural se manifiesta más bien, en esos casos, como una tendencia conservadora que elimina las modificaciones realizadas por el hombre. Por tanto, la analogía hecha por Darwin entre la selección artificial practicada por el ser humano durante siglos y la selección natural resulta infundada.

La segunda cuestión a tener en cuenta es que la selección artificial no ha producido jamás una nueva especie con características propias que fuera incapaz de reproducirse con la forma original. Esto parece evidenciar que existen unos límites al grado de variabilidad de las especies. Todas las razas de perros, por ejemplo, provienen mediante selección artificial de un antepasado común. Los criadores han sido capaces de originar variedades morfológicamente tan diferentes entre sí como el chihuahua, que puede llegar a pesar tan sólo un kilogramo en estado adulto, y el san Bernardo de más de ochenta. No obstante, a pesar de las disparidades anatómicas continúan siendo fértiles entre sí y dan lugar a individuos que también son fértiles. El semen de una variedad puede fecundar a los óvulos de la otra y viceversa, porque ambas siguen perteneciendo a la misma especie.

Como escribe el eminente zoólogo francés, Pierre P. Grassé: “De todo esto se deduce claramente que los perros, seleccionados y mantenidos por el hombre en estado doméstico no salen del marco de la especie. Los animales domésticos falsos (animales que se vuelven salvajes) pierden los caracteres imputables a las mutaciones y con bastante rapidez, adquieren el tipo salvaje original. Se desembarazan de los caracteres seleccionados por el hombre. Lo que muestra [...] que la selección natural y la artificial no trabajan en el mismo sentido. [...] La selección artificial a pesar de su intensa presión (eliminación de todo progenitor que no responda a los criterios de elección) no ha conseguido hacer nacer nuevas especies después de prácticas milenarias. El estudio comparado de los sueros, las hemoglobinas, las proteínas de la sangre, de la interfecundidad, etc., atestigua que las razas permanecen en el mismo cuadro específico. No se trata de una opinión, de una clasificación subjetiva, sino de una realidad medible. Y es que la selección, concreta, reúne las variedades de las que es capaz un genoma, pero no representa un proceso evolutivo innovador” (Grassé, La evolución de lo viviente, 1977: 158,159).

Las posibilidades de cambio o transformación de los seres vivos parecen estar limitadas por la variabilidad existente en los cromosomas de cada especie. Cuando, después de un determinado número de generaciones, se agota tal capacidad de variación ya no puede surgir nada nuevo. De manera que la microevolución, es decir la transformación observada dentro de las diversas especies animales y vegetales, no puede explicar los mecanismos que requiere la teoría de la macroevolución o evolución general de la ameba al hombre.

La naturaleza, más o menos dirigida por la intervención humana, es capaz de hacer de un caballo salvaje, un pequeño pony o un pesado percherón, pero no puede convertir un perro en oso o un mono en hombre. Los pequeños pasos de la microevolución permiten que, por ejemplo, un virus como el del SIDA modifique su capa externa para escapar al sistema inmunológico humano o que determinadas bacterias desarrollen su capacidad defensiva frente a ciertos antibióticos.

La macroevolución, sin embargo, apela a los grandes cambios que, como el salto de una bacteria a una célula con núcleo (eucariota) o el de ésta a un organismo pluricelular, requieren procesos que no se observan en la naturaleza. “Mucha gente sigue la proposición darwiniana de que los grandes cambios se pueden descomponer en pasos plausibles y pequeños que se despliegan en largos períodos. No existen, sin embargo, pruebas convincentes que respalden esta postura” (Behe, 1999: 33). Es más, la bioquímica moderna ha descubierto que estos grandes saltos de la macroevolución no se han podido producir por microevolución.

Ante esta situación la única alternativa que le queda al evolucionismo es apelar a las hipotéticas mutaciones beneficiosas que aportarían algo que antes no existía. Sin embargo, lo cierto es que no se sabe si tales mutaciones se producen realmente ni, por supuesto, con qué frecuencia lo hacen. A pesar de todo ello el darwinismo sigue creyendo en ellas porque evidentemente las necesita. Este es quizás el mayor acto de fe del transformismo. [3]

La teoría jerárquica de la evolución
A diferencia de la teoría del equilibrio puntuado, la teoría jerárquica tiene un alcance causal, no sólo fenomenológico. La teoría jerárquica de la evolución generaliza la teoría de la selección natural a unidades evolutivas distintas del organismo: la selección de linajes celulares (Buss), la clásica selección organísmica, la selección de grupos o demes (Williams), de especies e incluso de clados. En este sentido, Gould sostiene que la teoría jerárquica no trata de reemplazar sino de extender la teoría darwiniana. No obstante, la estructura teórica de la teoría jerárquica es muy distinta de la teoría clásica y, en este sentido, no ha de entenderse meramente como una extrapolación más inclusiva de la teoría de la selección natural. Según la teoría jerárquica, la evolución es el resultado de la interacción simultánea de distintos niveles que pueden coincidir pero también entrar en conflicto.
Para que un objeto biológico sea una unidad de selección ha de tener cinco propiedades fundamentales: puntos de nacimiento y de muerte, estabilidad suficiente a lo largo de su existencia, reproducción y herencia de rasgos parentales por descendencia. Las tres primeras propiedades son necesarias para distinguir a las unidades dentro de un continuo, mientras que las dos últimas son necesarias para que sean consideradas agentes de la selección natural, definida como éxito reproductivo diferencial.
La consideración de un individuo como individuo evolutivo es relativa, dependiendo del nivel de análisis en el que nos situemos en cada caso:
La teoría jerárquica de la selección reconoce muchas clases de individuos evolutivos, ordenados en una serie de inclusión creciente (genes en células, células en organismos, organismos en demes, demes en especies, especies en clados). La unidad focal de cada nivel es un individuo, y podemos dirigir nuestra atención a cualquiera de estos niveles. Una vez designamos un nivel focal como primario para un estudio concreto, entonces la unidad a ese nivel (el gen, el organismo, la especie, etcétera) se convierte en nuestro individuo focal o relevante, y sus unidades constituyentes se convierten en partes mientras que el nivel superior se convierte en colectividad. Así, si nos centramos en el nivel organísmico convencional, genes y células se convierten en colectividades. Pero si nuestro estudio requiere considerar a las especies como individuos, entonces los organismos se convierten en partes y los clados en colectividades. En otras palabras, la tríada parte—individuo—colectividad se desplazará, como un todo, arriba y debajo de la jerarquía en función de los sujetos y objetos de cualquier estudio particular.[4]

NOTAS

1. http://evolucion-y-darwinismo.blogspot.com/2009/06/la-aberracion-mas-grande-y-exitosa-que.html

2.http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=221&n=9376

3. http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=224&n=9606

4. Gould, La Estructura de la Teoría de la Evolución, p. 705, Wikipedia,Stephen Jay Gould

Argumento paleontologico parte 6

Argumento paleontologico parte 6

“Muchas personas creen que la llamada Teoría de la Evolución, es ya un hecho científico. Aunque la mayoría de los científicos defienden la teoria de la evolución, es un secreto a voces que dicha teoría está plagada de inconsistencias y que las faltas de evidencia que la sostengan es considerable.”

El Problema del Árbol Evolutivo

Cuando los científicos clasifican grupos, ellos pueden hacerlo tomando en cuenta varias características —por ejemplo, por características de campo, patrones óseos, órganos internos, u otros métodos. Pero estos diferentes métodos llevan a diferentes conclusiones sobre la taxonomía, sugiriendo que las formas de vida no son ramificadas —un problema para los evolucionistas. Por ejemplo, Parker explica que cuando sus estudiantes clasificaron lagartijas usando diferentes sistemas, ellos notaron que “el patrón no es uno ramificado, que sugeriría la descendencia evolutiva desde un ancestro común; más bien, es un patrón de mosaico o modular . . . que sugiere la creación”. (14, Págs. 41-42)

A cada estudiante le ha sido mostrado el “árbol evolutivo”, con una bonita secuencia de la vida, desde la sopa hasta la foca y hasta usted. Ese árbol no existe en el mundo real, como esas simples ilustraciones pretenden hacernos creer. Denton dedica un capítulo completo (2, Págs. 119-141) a demostrar los numerosos problemas con el famoso árbol evolutivo de Haeckel. Algunos de sus comentarios son: “… muchos grupos son tan aislados y únicos, y con tan dudosas afinidades, que hay desacuerdo completo en cuánto a dónde deberían ser colocadas en el árbol”. Y, dice él, “la evidencia directa para la evolución sólo reside en la existencia de medidas secuenciales inequívocas, y éstas no están nunca presentes en esquemas jerárquicos ordenados.” Él cita a Patterson en cuanto a los ancestros, “ellos no existen en la naturaleza sino en la mente del taxonomista, como abstracciones . . . aunque siempre se discute sobre ellos como si fueran realidad”.

El Problema de la Aparición Imprevista en el Registro Fósil

Si la evolución fuera verdad, deberíamos encontrar unas pocas formas de vida simples en el nivel más bajo del estrato geológico, con una consistente progresión ascendente hacia formas de vida de una naturaleza más avanzada en el siguiente estrato ascendente, etc. Pero no encontramos nada de eso. En cambio, lo que sí hallamos es la “Explosión Cámbrica”, la existencia de muchas y variadas formas de vida encontradas juntas cerca del fondo de la columna geológica. Es bien sabido por los paleontólogos que virtualmente todos los philum de las plantas y animales (planos básicos del cuerpo) aparecen de manera súbita en las rocas de la era Cambriana. (7, Pág.. 87, 3, Pág. 123)

El evolucionista Stephen J. Gould reconoce este severo problema para la evolución. Él dijo, “En cualquier área local, una especie no surge gradualmente por la transformación continua de sus ancestros; aparece de repente y ‘completamente formada’”. (5, Pág. 50) Gould está admitiendo aquí que el registro fósil no muestra evolución gradual. La columna geológica como se muestra en los libros de texto es un ejemplo de especulación artística.

Cuando se les pregunta por qué creen en la evolución, muchas personas simplemente dicen “dinosaurios”, sin haber realmente pensado bien por qué creen que los dinosaurios indican la evolución. Es importante ver a los dinosaurios por lo que fueron —parte del proceso de deterioramiento (incluyendo las extinciones) que ha estado ocurriendo desde la creación. La Biblia traza un proceso que comienza con la creación como un evento completo en el pasado, luego entonces el deterioro se inicia.

En lugar de tener un número expandido de organismos con el tiempo, como lo predice la evolución, encontramos los fósiles substancialmente presentes temprano en el registro fósil, luego un deterioro en el número de organismos con el tiempo (extinción.) La evidencia fósil encaja mejor en el modelo bíblico que en el evolutivo.

El Problema de los Eslabones Perdidos

¿Dónde están los eslabones perdidos? Darwin reconoció que su teoría implicaba que “el número de intermediarios y eslabones transicionales, entre todas las especies vivientes y extintas, debería haber sido inconcebiblemente grande”. E incluso él reconoció que los eslabones perdidos no fueron encontrados. Darwin mismo vaciló sobre su teoría y preguntó, “¿Por qué si las especies han descendido de otras especies por gradaciones leves e insensibles, nosotros no vemos por todas partes innumerables formas transicionales? ¿Por qué no está toda la naturaleza en confusión en lugar de estar las especies, como las vemos, bien definidas?”. (5, Pág. 46)

Darwin sólo podía asumir que con el tiempo, encontraríamos los eslabones perdidos en la forma de fósiles. Pero, un siglo y medio después, el registro fósil está vacío de tales eslabones perdidos —no sólo entre el hombre y los monos, sino también entre todos los otros grupos.

Éste no es sólo un punto de vista de los creacionistas, sino que es ampliamente reconocido por los evolucionistas. El evolucionista R. B. Goldschmidt dijo “… prácticamente todos los órdenes o familias conocidas, aparecen súbitamente y sin ninguna transición aparente”. (3, Pág. 377) El evolucionista David B. Kitts dijo, “la evolución requiere formas intermedias entre especies, y la paleontología no las provee”. (3, Pág. 378) El evolucionista Stephen J. Gould, describió “la rareza extrema de las formas transicionales en el registro fósil” como “el secreto de profesión de la paleontología”. (5, Pág. 59) Un paleontólogo de la universidad de Texas le admitió espontáneamente al autor de este ensayo que no sólo no hay eslabones perdidos encontrados en el registro fósil sino que, “Abandonamos su búsqueda hace años”.

Ningún eslabón ha sido hallado de los peces a los anfibios, de los anfibios a los reptiles, de los reptiles a los mamíferos, etc. De acuerdo con el científico de la creación Duane Gish, las dos brechas más notables en el registro fósil son (1) la brecha entre los organismos microscópicos unicelulares y los invertebrados multicelulares complejos, y (2) la enorme brecha entre esos invertebrados y los peces. Esas brechas “son tan inmensas e incuestionables que cualquier discusión más allá del registro fósil llega a ser superflua”. (3, Pág. 115) Aún más, esas brechas establecen “más allá de la duda que la evolución no ha ocurrido”. (3, Pág. 127)

Gish explica que, si la evolución fuera cierta, debieron de haber billones de billones de intermediarios entre estos grupos mayores. ¡Pero no hay ni uno! Es imposible, dada la escala de tiempo de los evolucionistas de millones de años, que ni un sólo intermediario pudiera ser hallado.

El evolucionista Steven Stanley lo puso de esta manera, “El registro fósil conocido falla al documentar un sólo ejemplo de evolución filética (gradual) que logre una transición morfológica mayor, y en consecuencia no ofrece evidencia alguna de que el modelo gradualista pueda ser válido”. (2, Pág. 182)

Ejemplos de animales que alguna vez fueron considerados como intermediarios han sido descartados sistemáticamente. Uno podría preguntar, “¿Qué de aquellos ejemplos como el Archaeopteryx, el animal volador con algunas características de reptil?” Se admite ahora ampliamente que el Archaeopteryx es un pájaro, simple y llanamente, lleno de plumas. (14, Págs. 148-150 y 2, Págs. 175-178)

Usando al Archaeopteryx como ejemplo, los científicos ahora saben que el lograr que un reptil evolucione en un pájaro es horriblemente problemático. Aquí están algunas de las dificultades: (1) Las plumas son estructuras fundamentalmente diferentes a las escamas, surgen de diferentes capas de piel. Las escamas son simplemente pliegues en la epidermis, mientras que las plumas y los cabellos se desarrollan en los folículos. (3, Pág. 323) (2) En teoría, las plumas pueden haber surgido de ejes externos desgastados de escamas, pero es difícil entender la gran adaptación de las escamas desgastadas para que puedan llegar a ser un organismo. (3) Para pasar de reptil a pájaro se necesitan más que plumas. Un pájaro tiene sistemas respiratorio, cardiovascular, muscular y gastrointestinal muy diferentes a los de un reptil. En este punto nos hemos metido en el problema de sistemas complejos irreducibles.

Pero el problema es más que sólo unos pocos animales en el registro fósil que no parecen encajar cuidadosamente en las bien definidas clasificaciones. La teoría de Darwin implicó no solamente que los fósiles de transición serían encontrados, sino que predijo que un registro fósil verdaderamente completo estaría mayormente compuesto de transiciones. Los museos del mundo deberían estar rebosando de fósiles transicionales. En lugar de fósiles transicionales, el registro fósil muestra organismos completamente formados, bien adaptados a sus ambientes – tal y como lo encontramos ahora.

La conclusión más lógica es que los supuestos eslabones perdidos fueron criaturas imposibles que nunca existieron.

Especiación:

Es el proceso por el cual surge una nueva especie. Darwin no llegó a explciar por completo este concepto en que se origina una nueva especie.Si bien resulta muy dificil determinar el momento en que se origina una nueva especie,la mayoría de los científicos coincide en que una especie ha dado origen a otra cuando las poblaciónes resultantes no pueden cruzarse entre si,viviendo en el mismo territorio. En ese momento se considera que el genotipo de ambas poblaciones ha cambiado al punto de ser incompatibles:se originó una nueva especie.BiologiaES6.pag.326

El Problema de la Estasis

Cuando se analiza el registro fosil se advierte que hay largos periódos de pequeños cambios,irelevantes, a los que se denomina periodos de estasis (o de quietuid) y otros periodos muy cortos,en lso que hay grandes cambios.Para la teoria de los equilibris punteados, es justamente en estos cortos períodos deonde aparecen neuvas especies (Biol. pag. 327)

La pregunta es, ¿por qué tanta estabilidad? En otras palabras, ¿qué causa la estasis?

Los ecologistas y los biólogos evolucionistas se han unido recientemente para buscar explicaciones a la estasis. Actualmente, dos explicaciones generales sobre este fenómeno evolutivo son favorecidas:

Perspectiva No. 1

En vez de promover el cambio adaptativo a través de la selección natural, el cambio ambiental hace que los organismos busquen hábitats familiares a los cuales ya están adaptados. En otras palabras, la reacción biológica esperada más frecuentemente al inevitable cambio ambiental es el “seguimiento del hábitat” en vez del “seguimiento de la adaptación.” Por ejemplo:

Durante los últimos 1.65 millones de años, han ocurrido cuatro episodios mayores (y numerosos episodios menores) de enfriamiento global, resultando en el movimiento hacia el Sur de enormes campos de hielo glacial, tanto en Norteamérica como en Eurasia.

Sin embargo, a pesar de este patrón rítmicamente cíclico de profundo cambio climático, la extinción y la evolución a lo largo del Pleistoceno fue sorprendentemente insignificante.

En vez, los ecosistemas (como por ejemplo, la tundra, los bosques boreales y los bosques de maderas duras mixtas) migraron hacia el Sur al frente del avance de los glaciares.

A pesar de que hubo mucha perturbación, la mayoría de las especies de plantas (a través de sus semillas) y de las especies animales fueron capaces de migrar, encontrando hábitats “reconocibles” y sobrevivir prácticamente sin cambios a lo largo de la Época del Pleistoceno.

La botánica Margaret Davis6 y sus colegas y el entomólogo G. R. Coope7 han proporcionado ejemplos especialmente bien documentados y gráficos del seguimiento del hábitat como una fuente para la supervivencia de las especies a lo largo del Pleistoceno.

Perspectiva No. 2

Las especies también permanecen estables por la misma naturaleza de su organización estructural interna. Todas las especies están divididas en poblaciones locales que están integradas a los ecosistemas locales. esto significa que:

Una población del Tordo Norteamericano (Turdus migratorius) se enfrenta a una existencia muy diferente en, digamos, los bosques húmedos de las Montañas del Adirondack en el Noroeste de los Estados Unidos, que la que experimentan las poblaciones locales de la misma especie en Santa Fe, Nuevo México.

Estas poblaciones disjuntas encuentran grandes diferencias en la comida, la disponibilidad de agua, las temperaturas ambientales, los depredadores potenciales y hasta posiblemente en los vectores de enfermedades.

Esto, por supuesto, implica que la selección natural (tal y como fue observada inicialmente por Sewall Wright 8,9) actuará muy diferentemente en estas poblaciones tan disjuntas.

Muchas especies poseen rangos geográficos sumamente extensos y similares al del Tordo Norteamericano. Bajo estas circunstancias, es difícil imaginarse como puede la selección natural “empujar” a una especie entera en una dirección evolutiva singular sobre una extensión larga de tiempo geológico.

En vez de esto, las parcialmente separadas historias evolutivas de las poblaciones locales implican que, sobre el tiempo geológico, no se acumularán cambios netos en la especie como un todo.

El fenómeno de la estasis, ahora documentado empíricamente como típico en la mayoría de las especies de Metazoa y de Plantae por lo menos por los últimos quinientos millones de años, significa que la mayor parte del cambio evolucionario adaptativo ocurre en conjunción con la especiación. Este es un resultado realmente sorprendente, y ciertamente no es un resultado que fue anticipado por Dobzhansky, Mayr o por los otros biólogos que inicialmente establecieron la importancia de las especies y de la especiación en el proceso evolutivo. Pues ¿por qué debería ser que el origen de las especies, es decir, las nuevas comunidades reproductivas, debería también incorporar como regla general al cambio evolutivo más adaptativo en general? Sin embargo, esto es lo que el registro fósil de la evolución de la vida nos parece estar diciendo. http://www.actionbioscience.org/esp/evolucion/eldredge.html

“No deberíamos hablar de evolución de especies sino entender que toda especie en realidad coevoluciona con un número variable de otras especies. Pensemos en una planta típica, con su núcleo (1er genoma), sus mitocondrias (endosimbiontes, 2º genoma), sus cloroplastos (otros endosimbiontes, 3er genoma). ¿Por qué nos paramos ahí? Al igual que cada planta individual necesita de sus orgánulos celulares para sobrevivir, sucede que en la mayoría de los casos también necesita de otros organismos para reproducirse con éxito, de modo que su fitness no sólo dependerá de los genomas que alberga en el interior de sus células, sino también de los genomas de aquellas especies que sirven de polinizadores o dispersores de semillas. Pero al igual que la eficacia biológica de un organismo puede depender de las relaciones beneficiosas con otros organismos, más radicalmente lo hace de las relaciones antagonistas con sus depredadores y parásitos. Sumen ustedes, que yo ya he perdido la cuenta, cuántos genomas pueden estar implicados en la eficacia biológica de eso que llamamos una planta y verán que lo que evoluciona no es un ente (población biológica, ojo) aislado, sino una red de entes interconectados por las interacciones que mantienen entre sí.

Y el caso es que si pensamos en la evolución de una especie como la coevolución de todos los componentes de este tipo de redes ecológicas, entonces es muy fácil encontrar una explicación al dilema de la aparente stasis, la ausencia de cambio evolutivo, en que viven las especies la mayor parte del tiempo. Cualquier cambio que experimente un nodo de esta red afectará indirectamente a todos los demás nodos conectados a éste, en mayor o menor medida dependiendo de la intensidad de las interacciones mutuas. Como cualquiera que se haya enfrentado a un reloj desmontado y trate de montarlo de nuevo alterando una de las piezas, es fácil observar que el más pequeño de los cambios puede afectar gravemente al funcionamiento del conjunto. Efectivamente, una de las propiedades de las redes complejas es su resistencia a los cambios. En términos biológicos, cualquier cambio que altere el status quo es seleccionado en contra y es esta selección estabilizante la que explica la ausencia de evolución en las poblaciones. La coevolución de las redes ecológicas supone un freno (en la mayor parte de los casos) para la evolución de los componentes individuales.

¿Cómo es posible el cambio evolutivo entonces? Pues porque el ambiente no es homogéneo. Nuevas especies pueden aparecer en el panorama, estableciendo nuevas interacciones que fuerzan presiones selectivas direccionales nuevas que compensan la fuerza estabilizante. O la propia especie centro de nuestro estudio puede ser la que colonice un nuevo hábitat, donde no tienen por qué existir todas aquellas otras especies con las que ha coevolucionado hasta la fecha y por lo tanto hay sitio para nuevas adaptaciones.

Dicho de otro modo, el mosaicismo de hábitats presente en la realidad crea nichos que diferentes poblaciones de una misma especie pueden ocupar desarrollando adaptaciones específicas. Cada población local será más o menos estática, pero la especie en su conjunto posee suficiente diversidad como para explorar nuevos hábitats y desarrollar nuevas adaptaciones coevolutivas. Ni que decir tiene que esto encaja a la perfección con el modelo de especiación parapátrico de Mayr que explica tan razonablemente bien el fenómeno de la súbita aparición en el registro geológico de nuevas especies. De hecho se observa que cuando dos variedades de una especie han coevolucionado de manera diferente en hábitats ligeramente distintos, cuando sus distribuciones solapan se producen organismos con evidentes síntomas de maladaptación.

Coevolución en la estasis del núcleo poblacional, coevolución en la aparición de nueva variabilidad en nuevos ambientes, coevolución en la especiación. En resumen, coevolución en el seno de la teoría de los equilibrios puntuados.

http://evolucionarios.blogalia.com/historias/33053

Criticas al respecto

Como es reconocido por el evolucionista Gould, “La mayoría de las especies exhiben cambios no direccionales durante su permanencia en la tierra. Ellas aparecen en el registro fósil viéndose casi iguales que cuando desaparecen; el cambio morfológico es usualmente limitado y sin dirección”. (5, Pág. 50) El registro fósil muestra estabilidad, no cambio.El problema de la estasis en el registro fósil es particularmente evidente en las plantas. Sin embargo, renuente a rendirse en cuanto a la evolución, el profesor de botánica, E. J. H. Corner de la universidad de Cambridge, admite, “…para los que no tienen prejuicios, el registro fósil de las plantas está a favor de la creación especial”. (14, Pág. 148) menteabierta

TABLA DE LA CREACIÓN SEGÚN LA BIBLIA Y LA GEOLOGÍA
Días
y épocas
Edades geológicas Períodos geológicos Principales acontecimientos
Período inicial: Gen. 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Período llamado Universal por el geólogo Marcel Creación de la materia del Universo, o sea, formación de los átomos.
1.er Día: vers. 2-5 Edad primitiva. Formación del Sistema Solar y de la Tierra procedente de la nebulosa primitiva. Primitivo.
Creación de la luz por ignición de la materia, y formación de soles.La Tierra, un pequeño planeta del Sistema Solar, desordenado
y vacío, es objeto especial de la atención del

Creador.

2.° Día: vers.6-8 Edad antecriptozoica. Pantalásico. La Tierra, constituida ya como planeta, totalmente cubierta de aguas en ebullición y del vapor procedente de las mismas.

La formación de la atmósfera, de mayor peso específico,

separa el agua líquida del agua- vapor, que continúa

envolviendo totalmente el planeta.

3.er Día: vers. 9-13 Edad primaria precámbrica. Período arcaico. Llamado también Algonquiano por los geólogos, así como Protozoario. Primeros movimientos volcánicos que levantan la corteza de la Tierra, formando los primitivos continentes.

Aparecen los protozoarios acuáticos y la vida vegetal sobre

la Tierra.

4º Día:vers 14-19 Edad paleozoica. Cámbrico. Ordovicense,subdividido por Silúrico,Devónico,Carbonífero y Pérmico. Limpieza parcial de nubes alrededor del planeta,con la consiguiente
aparición del Sol, la Luna

y las estrellas.

Arboles gigantescos son incendiados y se transforman en hulla o carbón

de piedra; aumenta el oxígeno y

disminuye el carbono.

5º Día : vers
20-21
Edad secundaria o mesozoica. Período triásico,jurásico y cretáceo. Creación de la vida animal en el mar.Rápido desarrollo de los vertebrados gigantescos e inicio de los vertebrados volátiles (pterodáctilos
y aves).
6º Día : vers 24-31 Edad terciaria o
cenozoica.

Principia la Edad cuaternaria.

  • Numalitico
  • Eoceno.
  • Neogeno.
  • Oligoceno.
  • Piloceno.
Aparición de la fauna contemporánea de proporciones más reducidas que los antiguos monstruos.

Creación del hombre.

7º Día: Gen.cap. 2:1 a Apoc. 19 Edad cuaternaria. Período pleistoceno. 1.° Tiempos prehistóricos (antes de que los hombres aprendieran
a escribir).

2° Edad histórica
(reseñada en escritos

y jeroglíficos).

Subdividida en:

a) A.C. Antigua, o sea, anterior a Jesucristo.

b) D.C. Después de la Venida de Cristo, llamada en el mundo

occidental Era Cristiana.

“Muchos de los prominentes evolucionistas admiten francamente el carácter hipotético de teoría. Hasta se permiten ser creyentes firmes en la doctrina del origen sucesiva pero no vacilan en decir que no pueden hablar con alguna seguridad del método con que opera. Cuando, Darwin publicó sus obras, se pensó que por fin había encontrado la llave del proceso, pero en el transcurso del tiempo descubrió que la llave no le venía a la cerradura.

Darwin dijo, en efecto, que su teoría dependería enteramente de la posibilidad de transmitir las características adquiridas, y eso se convirtió de inmediato en una de las piedras fundamentales de la teoría biológica de Weismann en cuanto a que las características adquiridas no son hereditarias. Su opinión recibió confirmación abundante por medio del estudio posterior de la genética. Sobre la base de transmisión aceptada de las características adquiridas, Darwin habló con gran seguridad de las transmutaciones de las especies y previo una línea continua de desarrollo desde la célula primitiva hasta el hombre; sin embargo, los experimentos de De Vries, Mendel, y otros sirvieron para desacreditar su opinión

Los cambios graduales e imperceptibles de que habló Darwin dejaron sitio para las mutaciones repentinas y los inesperados cambios de De Vries tanto que Darwin aceptó como un hecho las interminables variaciones diferentes direcciones, Mendel indicó que las variaciones o mutaciones nunca hacen que el organismo salga de su especie y están sujetas a una ley definid Esta idea quedó confirmada por la citología moderna con su estudio de célula, con sus genes y cromosomas considerados como los portadores de características heredadas.

Quedó probado que las llamadas nuevas especies de los evolucionistas no son para nada nuevas especies, sino solamente variaciones de la forma típica, es decir, variedades de las mismas especies. Nordenskioeld en su History of Biology cita la siguiente frase tornada de un informe popular que se refiere a los resultados de una investigación sobre la herencia, en los que se refleja el verdadero estado de la situación: “Debido al gran número de hechos que ha sacado a luz la investigación moderna solo la herencia, prevalece actualmente el caos entre las opiniones acerca de la formación de las especies”, p. 613.

Actualmente los evolucionistas sobresalientes admiten con franqueza que el origen de las especies es para ellos un completo misterio. En tanto que esto sea así, no hay mucha esperanza de que explique el origen del hombre.(Berkhof,pag.218)

Las palabras de Martín Lutero en su introducción del Antiguo Testamento, pero particularmente aplicable a Génesis, resuenan a través de los siglos como una potente advertencia:

Ruego y fielmente advierto a cada cristiano piadoso, que no tropiece con la simplicidad del lenguaje y las historias que a menudo encontrará. El no debe dudar de que, no importa cuán simple puedan parecer, estas son las palabras, obras, juicios, y actos de la gran majestad, poder y sabiduría de Dios.”

notas

http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_probldarwin2.htm

Ibid

Ibid

Ibid

Ibid

Argumento paleontologico parte 5

Argumento paleontologico parte 5

El registro fósil debería permitir una elección entre los dos modelos. [94]

PRESENTACIÓN DE LOS DOS MODELOS

Nuestros dos modelos se podrían construir como sigue:

MODELO «CREACIÓN» MODELO «EVOLUCIÓN»

Por Actos de un Creador Por procesos naturales mecanicistas debidos a propiedades inherentes a la materia inanimada.

Creación de géneros básicos de vegetales y animales con características ordinales completas en los primeros representantes. Origen de todo lo viviente a partir de una sola fuente de vida que surgió por si misma de la materia inanimada.

Variación y especiación limitada dentro de cada género. Variación ilimitada. Todas las formas están relacionadas genéticamente.

Estos dos modelos nos permitirían, a su vez, emitir las siguientes predicciones concernientes al registro fósil:

MODELO «CREACIÓN» MODELO «EVOLUCIÓN»

Aparición repentina de una gran variedad de formas altamente complejas. Cambio gradual de las formas más simples a formas más y más complejas.

Aparición repentina de todos los géneros creados con características ordinales completas. Discontinuidades bruscas separando grupos taxonómicos principales, sin formas transicionales entre categorías principales de transición Series transicionales conectando todas las categorías. No debe haber discontinuidades sistemáticas.

COMPARACIÓN DEL REGISTRO FÓSIL CON LAS PREDICCIONES DE LOS DOS MODELOS [75]

1. Del Precámbrico al Cámbrico:

Las rocas más antiguas en las cuales se encuentran fósiles indiscutibles son las del período Cámbrico. En estos depósitos sedimentarios se encuentran miles y miles de millones de fósiles de formas altamente complejas de vida. Esta incluyen esponjas, corales, calamares, gusanos, moluscos, crustáceos. De hecho. se han encontrado todas las clasificaciones principales de formas invertebradas de vida en las rocas Cámbricas. Estos animales son tan altamente complejos que se estima que precisaron de 1.500 millones de años para evolucionar.

Y, ¿qué es lo que en contramos en las rocas Precámbricas, de mayor antigüedad que las Cámbricas? ¡No se ha encontrado ni un solo fósil indiscutible en ellas! Se puede decir con toda certeza que los antepasados de la fauna Cámbrica, si han existido alguna vez, jamás han sido hallados. [76] , [77] , [78]

A pesar de las afirmaciones en contra, los reportajes concerniendo el descubrimiento de microfósiles (bacterias y algas unicelulares microscópicas) en rocas Precámbricas, a las que se las ha asignado una edad de 1.000 a 2.000 millones más de años que a las del Cámbrico, son cuestionables, y desde luego están abiertos a discusión. Algunos artículos recientes tienden a exponer las incertidumbres involucradas en tales identificaciones. [79] , [80] , [81]

Por ejemplo, a pesar de que aceptan la probabilidad de que alguno de estos pretendidos microfósiles de la era Precámbrica sea de origen biológico, Engel, et al, han advertido que:

«Establecer la presencia de una actividad biológica durante el primitivo Precámbrico plantea problemas muy difíciles… es apropiado el escepticismo sobre esta clase de evidencias de una primitiva vida Precámbrica». [82]

Aun si estos pretendidos microfósiles representan restos de formas genuinamente Precámbricas, nos encontramos de todas maneras con una discontinuidad tremenda entre las formas unicelulares microscópicas de vida, y las muy diversificadas y altamente complejas formas de vida encontradas en el Cámbrico, una discontinuidad que se extiende supuestamente sobre mil o dos mil millones de años en las eras geológicas.

Axelrod afirma, refiriéndose a este problema:

«Uno de los principales problemas no resueltos de Geología y Evolución es la presencia de invertebrados marinos multicelulares diversificados en rocas Cámbricas Anteriores en todos los continentes, y su ausencia en rocas de mayor antigüedad.»

Después de considerar los varios tipos que se hallan en el Cámbrico, Axelrod prosigue:

«No obstante, cuando vamos a las rocas Precámbricas para hallar los antecesores de estos fósiles Cámbricos, no se encuentran por ninguna parte. Se conoce, ahora, que muchas secciones de rocas sedimentarias (de unos 1.600 m.) descansan en sucesión ininterrumpida bajo estratos que contienen los más primitivos fósiles Cámbricos. Aparentemente, estos sedimentos fueron adecuados para la preservación de fósiles, a causa de que a menudo son idénticas a los de las formaciones fosilíferas que descansan encima de ellos y, a pesar de ello, no se encuentran fósiles en ellos»[83]

Según todas las apariencias, basados en los hechos conocidos del registro fósil, hubo una repentina explosión de vida con un alto nivel de complejidad. El registro fósil no nos da ninguna evidencia de que estos animales Cámbricos se desarrollaran a partir de precedentes formas ancestrales. Aun más, no se ha encontrado ningún fósil que pueda ser considerado como forma de transición entre los grupos principales de clasificación que lo forman. En su aparición más primitiva, estas categorías de vida invertebrada eran ya tan «divergentes» con tanta claridad como hoy en día.

¿Cómo queda el modelo evolucionista a la luz de estos hechos?

Obviamente, están en completa contradicción con sus afirmaciones.

Esto lo ha admitido el mismo George Gaylord Simpson, que declaró:

«Garantizado el origen evolutivo de los principales grupos taxonómicos de animales, y no por un acto de creación especial, la ausencia de cualquier registro de cualquier miembro de algunos de los phylums en las rocas precámbricas permanece tan inexplicable en el terreno de la ortodoxia (evolucionista) como lo era para Darwin». [84]

Simpson ha luchado valientemente, pero no fructuosamente, con este problema, habiéndose visto obligado a conceder que la ausencia de fósiles Precámbricos (aparte de los pretendidos microfósiles) es «El mayor misterio de la historia de la vida». [85]

No obstante, estos hechos están totalmente de acuerdo con, el modelo «creación». El registro fósil revela una aparición repentina de gran variedad de formas altamente especializadas y complejas, sin antecesores evolutivos y sin formas de transición que conecten los grupos taxonómicos mayores, tal como queda postulado en el modelo creacionista, pero contradicen incuestionablemente las predicciones del modelo evolucionista.

El resto de la historia de la vida revela una ausencia destacable de las muchas formas de transición exigidas por la teoría. De hecho, hay una deficiencia sistemática de formas de transición entre las categorías mayores de clasificación, tal como está predicho en el modelo creacionista.

2. De los Invertebrados a los Vertebrados:

La idea de que los vertebrados derivaron de los invertebrados es una pura conjetura que no puede ser documentada por el registro fósil. Se ha propuesto, en base de la anatomía comparativa y de la embriología de las formas vivientes, casi cada uno de los grupos invertebrados en ocasiones diferentes. [86] , [87] Supuestamente, la forma de transición de invertebrado a vertebrado pasó por una etapa cordada sencilla.

¿Posee el registro fósil de evidencias de tal transición?

La respuesta a esta pregunta tiene que ser un NO absoluto.

Ommaney ha afirmado:

«Desconocemos como evolucionó este primer cordado, cuáles fueron las etapas que, recorrió en su desarrollo hasta dar finalmente verdaderos peces tal como ahora los conocemos. Entre el período Cámbrico, en que es probable que apareciera, y el Ordovícico, en el que se encuentran los primeros fósiles con características de pez, existe un lapso de unos 100 millones de años que, probablemente, nunca podremos llenar». [88]

¡Increíble! ¡Cien millones de años de evolución, y ninguna forma de transición! Todas las hipótesis combinadas, no importa lo ingeniosas que sean, nunca pueden pretender, basándose en, la teoría de la evolución, explicar una discontinuidad de tal magnitud. Por otra parte, están de completo acuerdo con el modelo creacionista.

3. El problema del origen de las diversas clases de Peces:

Una lectura cuidadosa del libro de Romer, Paleontología Vertebrada,parece no permitir otra conclusión sino la de que las clasificaciones principales de peces son ya clara y distintamente «divergentes», sin formas de transición que las conecten. La primera en aparecer en el registro fósil es la clase Agnatha. Los más antiguos de estos vertebrados, representantes de los dos órdenes Osteostraci y Heterostraci, han quedado casi siempre incrustados en material óseo u otro material duro.

En lo que concierne a su origen, Romer escribe:

«En los sedimentos de la época Silúrica posterior y Devónica anterior están presentes muchos vertebrados de características ictíneas de varios tipos, y es obvio que ha tenido que existir una larga historia evolutiva antes de este tiempo. Pero en lo que se trata de esta historia, la ignoramos mayormente» (p. 15, edición inglesa).[89]

En cuanto a los Ostracodermos (Osteostraci), Romer escribe así:[90]

«Cuando primeramente aparecen estos Ostrocodermos, ya tienen una larga historia a sus espaldas y están divididos en varios grupos distintos» (p. 16).

De los Heterostraci, dice Romer que desde luego no están relacionados de cerca con las otras formas de la clase Agnatha. Si evolucionaron, también deben tener una historia evolutiva muy larga. Pero, igual que los Ostracodermos, aparecen repentinamente en el registro fósil sin ninguna evidencia de antecesores evolutivos.

Los Placodermos son causantes de buenos dolores de cabeza. Existían dentro de los Placodermos sobre unas seis clasificaciones mayores de peces monstruo.

De ellos dice Romer:

«Hay pocos caracteres comunes uniendo estos grupos, aparte de que todos ellos, sin excepción, son peculiares» (p. 24 ).

Después de esto, sigue diciendo:

«Aparecen en un momento –más o menos sobre la frontera Siluriano-Devónica– en que esperaríamos la aparición de los antecesores apropiados de los tiburones y de los grupos superiores de peces óseos. Serían de esperar formas «generalizadas» que encajaran limpiamente en nuestra preconcebida secuencia evolutiva. ¿Las conseguimos en los Placodermos? No, en absoluto. En su lugar encontramos una serie de tipos brutalmente imposibles que no encajan en ningún esquema apropiado, que no parecen venir de ninguna fuente anterior –a primera vista–, ni ser antecesores apro piados para ningún tipo posterior más avanzado. De hecho, lo que uno tiende a sentir es que la presencia de estos Placodermos, que forman una parte tan importante de la historia Devónica, es un episodio incongruente. ¡La situación se habría simplificado si nunca hubieran existido!» (p. 33).[91]

Pero existieron, y su registro no apoya, sino que contradice fuertemente él modelo evolucionista.

“Los tipos superiores de peces, los «ortodoxos», estructurados bajo planes bien reconocidos, con aletas apareadas y mandíbulas bien desarrolladas, están colocados dentro de las dos clases, los Chondrichthyes o peces cartilaginosos, y los Osteichthyes, o peces óseos superiores.

Algunos, en el pasado, han argumentado que la ausencia de huesos en los peces cartilaginosos representa una condición primitiva, y que los Chondrichthyes fueron una etapa evolutiva precediendo a los peces óseos. Romer argumenta con fuerza contra esta línea de pensamiento, señalando el hecho de que los tiburones son unos de los últimos grupos de clasificación taxonómica mayores en aparecer en el registro fósil.” [92]

Así, Romer continúa:

«El registro, de hecho, encaja mejor en la conjetura opuesta: que los tiburones son degenerados en lugar de primitivos en sus caracteres esqueléticos; que su evolución ha sido paralela a la de otros varios tipos de peces en su tendencia hacia la reducción ósea; y que se tiene que buscar a sus antecesores entre los peces óseos primitivos con mandíbulas, del tipo general de los Placodermos. Ningún Placodermo conocido puede ser identificado como antecesor verdadero de los Chondrichthyes, pero nos hemos dado cuenta de que algunos de los peculiares Petalichthydeos parecen mostrar etapas morfológicas de reducción esqueletal. El conocimiento creciente de los Placodermos Devónicos anteriores puede algún día atar cabos» (p. 38). [93]

Antes, y refiriéndose a los Placodermos, Romer había declarado:[94]

«Debemos considerar seriamente que al menos los Tiburones y Quimeras puedan haber descendido de tales imposibles antepasados» (p. 34). Una consideración al modelo Creacionista, ¿no sería aquí mucho más razonable que una apelación a imposibles antepasados?

Sobre los peces típicamente óseos, Romer registra el hecho de que su aparición en el registro fósil es «dramáticamente repentina» (p. 52). Más adelante (p. 53), afirma:

«El antecesor común de los grupos de peces óseos es desconocido.» «Hay varios caracteres, muchos de ellos descritos anteriormente, en los cuales las dos típicas subclases de peces óseos ya son claramente divergentes cuando las contemplamos en su principio.»[95]

Así, el registro fósil no muestra antecesores ni formas de transición de los grupos mayores de clasificación de peces. Basándonos en el registro conocido, tales antecesores hipotéticos y las formas de transición necesarias son tan sólo el producto de la especulación. ¿Cómo pues se puede presentar el argumento de que la explicación ofrecida por el modelo evolucionista es más científica que la ofrecida por el modelo creacionista? Y, ¿no está de acuerdo esta evidencia con el modelo creacionista, siendo a la vez un embarazo para el modelo evolucionista?[96]

4. De los Peces a los Anfibios:[97]

Se ha investigado cuidadosamente el registro fósil, buscando series de transición que conectasen los peces con los anfibios, pero no se han hallado. La conexión más «próxima» que se ha propuesto ha sido la que pretendidamente existe entre el Crosopterigio Ripidistio (pez) y los anfibios del género Ichthyostega.

Existe, no, obstante, una tremenda discontinuidad entre los Crosopterigios y los Ichthyostegas, una discontinuidad que se habría extendido durante muchos millones de años, y durante los cuales hubieran debido existir innumerables formas de transición. Estas formas de transición deberían mostrar un cambio lento y gradual de las aletas pélvicas y pectorales del Crosopterigio, transformándose en los pies y piernas del anfibio, juntamente con la pérdida de otras aletas, y la concurrencia de otras transformaciones requeridas para su adaptación al habitat terrestre.

¿Cuáles son los hechos? No se ha encontrado ni una forma de transición entre la aleta del Crosopterigio y el pie del Ichthyostega. Los miembros del Ichthyostega eran ya del tipo anfibio básico, no mostrando ningún vestigio de descendencia de aletas.

¿Por qué se eligió el Crosopterigio Ripidistio como el supuesto antepasado de los anfibios? Ante todo, no hay ninguno mejor a mano. Echando a faltar un candidato a intermediario entre peces y anfibios, se investigaron los varios grupos de peces. Entonces se adoptó el Crosopterigio como el grupo más aproximado antepasado de los anfibios. Esta elección se debió mayormente a unos diseños de cerebro similares al del Ichthyostega, a la posesión de la vértebra en «arco» encontrada en el Ichthyostega y en otros Labirintodontos, y la presencia de huesos en las aletas, por lo cual, en algunos aspectos, se podría construir una ruda homología con los huesos del cuadrúpedo.[98]

Reconstrucciones de un anfibio Ichthyostega y su supuesto antepasado Crosopterigio.

Según Romer, la presión selectiva que permitió el origen de los anfibios cuadrúpedos a partir de sus antecesores los peces fue el hecho de que en el período Devónico fueron características unas sequías periódicas, durante las cuales se supone que evolucionaron los anfibios. Esto obligó al Crosopterigio a salir de los lagos y ríos que se secaban (se cree que poseía pulmones) para buscar otros parajes acuáticos. Aquellas formas que habían heredado cambios por mutaciones que permitiesen una locomoción más eficiente por tierra habrían sobrevivido en números mayores que formas menos bien equipadas. Un gran número de episodios de estos dieron origen, después de millones de años, a un verdadero anfibio. [99]

Esta historia, atractiva a primera vista, pierde su plausibilidad cuando se consideran los siguientes hechos: Ya que los anfibios se encuentran en el Devónico posterior, hubieran debido evolucionar bien dentro del Devónico cuando sus supuestos antepasados Crosopterigios estaban aún florecientes. Si la historia de Romer es cierta, en lugar de ello, él Devónico debería mostrar extinciones en masa de los Crosopterigios, así como de otras formas de agua dulce. Lo cierto es precisamente lo contrario.

En el Carbonífero Primitivo anterior se encuentran otros tres órdenes anfibios. Ya que estos anfibios altamente diversificados aparecen primeramente en el Carbonífero Primitivo anterior con sus características ordinales completas, tendrían que haber empezado a evolucionar bien atrás, en el Devónico, tal como supuestamente hicieron los Ichthyostégidos. Las mismas presiones selectivas debieron haber sido ejercidas sobre estos tres órdenes como sobre los Ichthyostégidos y deben haber evolucionado a partir de los Crosopterigios o de los Ichthyostégidos. Pero ninguno de estos tres órdenes tiene la vértebra en forma de «arco» que poseen los Crosopterígidos y los Ichthyostégidos, sino que poseen la vértebra «más primitiva», la del tipo «Lepospondilos» o vaina. ¿Cómo, pues, se puede utilizar la vértebra en «arco» para conectar el Crosopterigio con los anfibios?

Aún más, de estos tres órdenes, el Aistopoda poseía un cuerpo largo, como de serpiente, con unas 200 vértebras. En todas estas formas los pies eran pequeños, y muchas ni siquiera los poseían, ¡ni aun siquiera trazas de la cintura escapular o pélvica! En algunas formas del orden Nectridea los cuerpos eran también largos como los de los Aistópodos, faltando asimismo los pies. Si el Ichthyostega o una forma similar fue el antecesor de todos los anfibios, entonces tenemos que mientras que él estaba en el proceso de derivar cuatro pies a partir de las aletas pectorales y pélvicas de su antecesor Crosopterigio, ¡su descendencia estaba igual de ocupada intentando desembarazarse de ellos!

¿Qué presiones selectivas dieron lugar a los cuatro pies en los Ichthyostégidos mientras que causaban simultáneamente su reducción y pérdida entre los Aistópodos y Nectrídeos? ¿Por qué estas formas tan diversas aparecen en el registro fósil con una «divergencia» ya completa en su primera aparición, sin evidencia de formas de transición?

Los tres órdenes existentes de anfibios incluyen las salamandras y lagartijas (Urodelata o Caudata); los ápodos (Apoda o Caecilia), parecidos a los gusanos, sin órganos de locomoción; y las ranas y sapos (Anura o Salientia) que están entre los vertebrados terrestres, más especializados, con extremidades posteriores largas y sin cola. Todos estos modernos anfibios poseen la vértebra más «primitiva» del tipo Lepospondilos, en lugar de la. vértebra en «arco» que supuestamente conecta a los anfibios con sus, antecesores Crosopterigios. Aun más, no hay formas de transición conectando estos tres órdenes modernos que constituyen la subclase Lissamphibia, con los anfibios hallados en el Paleozoico. [100]

Refiriéndose a ellos, Romer afirma:

«Entre ellos y el grupo del Paleozoico hay una amplia discontinuidad no cubierta por material fósil». [101]

La discontinuidad extremadamente amplia entre pez y anfibio, como se ha observado entre los Crosopterigios Ripidistios y los Ichthyostégidos, la aparición repentina –de hecho– de todos los órdenes anfibios del Paleozoico con sus diversas características ordinales completas en los primeros representantes, la ausencia de cualquier forma de transición entre estos órdenes del Paleozoico, y la ausencia de formas de transición entre ellas y las que existen actualmente, es, todo ello, contradictorio a las predicciones del modelo evolucionista. No obstante, estos hechos son tal como los predichos por el modelo creacionista.

5. De los Anfibios a los Reptiles y Mamíferos: [102]

Es en la frontera anfibiana-reptiliana y reptiliana-mamífera donde se han hecho las más fuertes reivindicaciones de tipos de transición que conecten clases. Pero al examinarlos con atención, vemos que son simplemente aquellos que, en el registro fósil, más se parecen en estructura esqueletal.

La conversión de un invertebrado a vertebrado, de pez a cuadrúpedo con pies y piernas, o de animal terrestre a volátil son unos pocos ejemplos de cambios que requerirían una revolución en toda la estructura del animal. Tales transformaciones deberían proveer una serie de transición claramente reconocible como tal en el registro fósil si hubieran ocurrido por medio de un proceso evolutivo. Por otra parte, si el modelo creacionista es el verdadero, es en estas fronteras donde la ausencia de formas de transición será más evidente.

Pero vemos que lo cierto es lo contrario en la frontera anfibio-reptiliana y en la reptiliano-mamífera, particularmente en la primera. Siendo posible distinguir entre los reptiles y anfibios actuales, vivientes, en base de sus características esqueletales, son –no obstante– mucho más distinguibles por medio de sus partes blandas y, de hecho, la característica definitiva que separa a los reptiles de los anfibios es la posesión por parte de los reptiles, en contraste con los anfibios, del huevo amniótico.

Muchas de las características para determinar un mamífero residen en su anatomía o fisiología «blanda». Esto incluye su manera de reproducirse, la temperatura caliente de la sangre, respiración por medio de la posesión de un diafragma, la posesión de glándulas mamarias y la posesión de pelo.

Con todo esto, las dos diferencias más fácilmente distinguibles entre reptiles y mamíferos no han sido nunca conectadas por series de transición. Todos los mamíferos, existentes o fósiles, tienen un solo hueso, el dentario, a cada lado de la mandíbula inferior, y todos los mamíferos, existentes o fósiles, tienen tres osículos auditivos (que forman el oído medio), el martillo, el yunque y el estribo. En algunos reptiles fósiles, el número y tamaño de los huesos de la mandíbula inferior es reducido en comparación con los reptiles vivientes. Aun así, todos los reptiles, vivientes o fósiles, tienen como mínimo cuatro huesos en la mandíbula inferior, y todos poseen un solo osículo auditivo, el estribo.

No hay, por ejemplo, formas de transición que muestren dos o tres huesos en la mandíbula, o dos osículos auditivos, y tampoco no ha explicado nadie como se las arreglaba la forma de transición para masticar mientras su mandíbula se tenía que dislocar y rearticular, o como podía oír mientras se le iban formando los otros dos huesos en el oído medio.

Aún hay más. Para que los hechos del registro fósil puedan encajar en las predicciones del modelo evolucionista se tiene que establecer una secuencia cierta de ti empo que encaje con estas predicciones. Esto no ha sido posible con la secuencia Anfibios-Reptiles-Mamíferos a base del material fósil descubierto hasta ahora.

Las conocidas formas Seymuria y Didactes, de las cuales se dice que están en la línea de división entre reptiles y anfibios, son del Pérmico anterior. O sea, que han llegado 20 millones de años demasiado tarde para ser los antecesores de los reptiles, si es que hemos de seguir la cronología evolucionista. Los pretendidos reptiles-base del orden Cotilosauria, se encuentran no en el Pérmico posterior a ellos, sino en el período precedente, el Carbonífero tardío (Pensilvánico).

De hecho, los reptiles «mamiferoides» del suborden Sinápsida, que supuestamente dieron origen a los mamíferos, se hallan en el Pensilvánico (Carbonífero tardío), y posiblemente en el Pensilvánico anterior. Así, el Seymuria y el Didactes, «antecesores» de los reptiles, no solamente postdatan a los mismos reptiles por decenas de millones de años, sino que también postdatan a los mismos antecesores de los mamíferos por un lapso de tiempo igual.

Según el modelo evolucionista, los mamíferos asumieron la supremacía sobre los reptiles en un período relativamente tardío de la historia de los reptiles. Si esto es cierto, se podría asumir razonablemente que la rama de reptiles de que tuvo su origen se desarrolló tardíamente en la historia de los reptiles. Pero aquí también vemos que lo cierto es lo contrario, si es que fueron los Sinápsidos los que antecedieron a los mamíferos. La subclase Sinápsida está fechada entre los más primitivos de los reptiles conocidos, no los últimos, y se supone que pasaron su apogeo aún antes de la aparición de los Dinosaurios.

Según Romer, los reptiles sinápsidos fueron disminuyendo en número durante el Triásico, quedando esencialmente extintos hacia el final de aquel período, y pasaron muchos millones de años antes de que sus «descendientes» llegaran a una posición de dominio. [103]

“Si la selección natural es el proceso que rige la evolución (y la definición de la Selección Natural es que es un proceso por el que el organismo más capacitado para la lucha por la vida es el que produce mayor descendencia), entonces, si la anterior historia de Romer es cierta, tendremos que concluir en que la transición del reptil al mamífero triunfó a pesar de la Selección Natural, en lugar de triunfar a causa de ella.”[104]

6) El Origen del Vuelo:[105]

El origen del vuelo debería suministrarnos casos excelentes para presentar evidencias evolucionistas en contra de las tesis creacionistas, si lo primero fuera lo cierto. Para llegar a volar, casi todas las estructuras de un animal no volador requerirían un cambio de estructura, y las formas de transición resultant es deberían ser fácilmente detectables en el registro fósil. Se supone que el vuelo ha evolucionado separada e independientemente en cuatro ocasiones: en los insectos, aves, mamíferos (los quirópteros), y reptiles (los pterosaurios, ya extinguidos). En cada caso se supone que se precisaron muchos millones de años para llegar al vuelo, y en cada caso se hubieran visto envueltas en ello formas casi innumerables de transición. Pero aun así, no se encuentra nada, ni un solo caso, que se aproxime a una serie de transición.

E. C. Olson, un evolucionista y geólogo, afirma en su libro La Evolución de la Vida, [106] que «en lo que concierne al vuelo, hay algunas discontinuidades muy grandes en el registro fósil» (p. 180).[107]

En lo que concierne a los insectos, dice Olson: «No hay prácticamente nada que nos informe sobre la historia del origen del vuelo en los insectos» (p. 180).

En lo que trata de los reptiles voladores, Olson nos informa que «El vuelo verdadero está primeramente registrado entre los reptiles en las Pterosaurios del período Jurásico. Aunque los más primitivos de ellos estaban algo menos especializados para el vuelo que los últimos, no hay en absoluto ningún tipo o señal de etapas intermedias» (p. 181).

Referente a las aves, Olson nos informa que «El vuelo verdadero está primeramente registrado entre los reptiles en los Pterosaurios del período Jurásico. Aunque los más primitivos de ellos estaban algo menos especializados para el vuelo que los últimos, no hay en absoluto ningún tipo o señal de etapas intermedias» (p. 181).

Referente a las aves, Olson habla del Archaeopteryx como «reptiloide», pero afirma que por su posesión de plumas «muestra que es un ave» (p. 182). Finalmente, con referencia a los mamíferos, Olson afirma que «La primera evidencia de vuelo en los mamíferos es en los murciélagos ya completamente desarrollados del Eoceno» (p. 182).[108]

El caso del Archaeopteryx: [109]

Así, pues, no se puede documentar ninguna serie de transición en ningún momento de la pretendida transición al vuelo y, tan sólo en un caso, se ha alegado la presencia de una forma de transición. En este último caso, el así llamado intermedio no es intermedio en absoluto, porque, tal y como los paleontólogos reconocen hoy en día, el Archaeopteryx era un ave verdadera –poseía alas, estaba dotada completamente de plumas, volaba. No era medio-ave. Era un ave. Jamás se ha encontrado una forma de transición con sólo parte de plumas y sólo parte de alas.[109]

Las características que se alegan del Archaeopteryx consisten en los apéndices garróideos en los ejes-guía de las alas, la posesión de dientes, y vértebras que se extendían hacia afuera, formando una cola. Se cree qu e, poseyendo una quilla pequeña, era un volador más bien torpe. Mientras que tales características podrían ser de esperar si las aves evolucionaron de los reptiles, no constituyen por sí mismas una prueba en absoluto de que así haya sucedido, ni demuestran que el Archaeopteryx sea un intermedio entre los reptiles y las aves.

Por ejemplo, en Sudamérica existe hoy en día un ave, el Hoatzin (Opisthocomus Hoatzin), el cual posee dos garras en su etapa juvenil. Aun más, es un volador torpe, con una quilla asombrosamente pequeña. [110]

Esta ave es –sin duda alguna– cien por cien ave, aun poseyendo dos de las características por las cuales se le imputa una ascendencia reptiliana al Archaeopteryx.

Mientras que las aves modernas no poseen dientes, otras aves más antiguas, aves cien por cien sin sombra de duda, los poseían. ¿Demuestra ello que los antepasados de las aves fueron los reptiles, o simplemente demuestra que algunas aves antiguas tenían dientes, mientras que otras no los tenían? Algunos reptiles tienen dientes y otros no los tienen. Algunos anfibios poseen dientes, otros no. De hecho, esto es cierto a través de todas las categorías de subphylums –peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos incluidos.

Siguiendo la analogía de que las aves dentadas son primitivas mientras que las desdentadas son más avanzadas, los monotremas (por ejemplo, el Ornitorrinco y el Equidna), ambos mamíferos, desdentados, ¡deberían ser considerados más avanzados que los humanos! Y a pesar de ello, estos mamíferos son considerados como los más «primitivos» de todos los mamíferos (Por cierto que se da la curiosa circunstancia de que ¡son los últimos en aparecer en el registro fósil!). ¿Qué valor filogenético se le puede dar a la posesión o no posesión de dientes?”

En lo que se refiere a la posición del Archaeopteryx, DuNouy afirmó:

«Desafortunadamente, la mayor parte de los tipos fundamentales del reino animal están, desde el punto de vista paleontológico, desconectados. A pesar del hecho de que está innegablemente relacionado a la vez con los reptiles y con las aves (relación que la anatomía y la fisiología de los especímenes verdaderamente vivientes demuestra), no estamos autorizados a considerar el caso excepcional del Archaeopteryx como una verdadera conexión. Por conexión queremos decir una etapa de transición necesaria entre tales clases como reptiles y aves, o entre grupos menores. Un animal, por el hecho de que muestre características pertenecientes a dos grupos diferentes, no puede ser tratado como una verdadera conexión en tanto que no se hayan hallado las etapas intermedias, y en tanto que los mecanismos de transición permanecen desconocidos». [111]

¿Cuál, pues, parece ser la conclusión más razonable?

Creemos que el registro fósil no permite mejor secuela que la que Marshall ha publicado recientemente: «El origen de las aves es mayormente asunto de deducción. No hay fósiles de las etapas a través de las cuales se logró el asombroso cambia de reptil a ave». [112]

Objeciones contestadas:

En vista de todo lo anterior, se presentan muchas excusas alegando que las estructuras delicadas generalmente no se preservan en forma fósil, para presentar una explicación al hecho de que no haya ninguna indicación, en el registro fósil, de la evolución de las plumas. Pero esta objeción no es posible en el caso de la pretendida evolución del vuelo en los reptiles voladores y los murciélagos.

Hay muchas diferencias, y muy significativas, entre reptiles voladores y no voladores. Otra vez nos remitimos a la obra de Romer, «Paleontología Vertebrada» [113].

“Se muestra en la página 140 la reproducción del Saltoposuchus, un representante de los Teocodontes del Triásico, que Romer cree dieron lugar a los reptiles voladores (Pterosaurios), dinosaurios y aves. La comparación de esta forma con las reconstrucciones de los más primitivos representantes entre los dos subórdenes de los Pterosaurios (pp. 144 y 146) revelan la vasta discontinuidad entre ellos, una discontinuidad no conectada por intermediarios fósiles. Desde luego, también existe una discontinuidad similar entre esta criatura y el Archaeopteryx.

El Saltoposuchus, teocodonte del que Romer y otros creen tuvieron su origen en los dinosaurios, las aves, y los reptiles. Tomado de Paleontología Vertebrada, de Romer.

Casi todas las estructuras en el Rhamphorhyncus, pterosaurio de cola larga (Fig. 222, p. 144) le eran peculiares. Es esencialmente obvia (como en todos los pterosaurios) la gran longitud de su cuarto dedo, en contraste con los otros tres dedos que este reptil poseía. Este cuarto dedo proveía todo el apoyo para la membrana que actuaba de ala. Por cierto que no era una estructura delicada, y si los pterosaurios, tuvieron su origen, en la evolución de los Tecodontes o de algún otro reptil terrestre, se deberían haber hallado formas de transición mostrando un alargamiento gradual de este cuarto dedo. No obstante, no se ha descubierto ni una señal de tales formas de transición.

Rhamphorhyncus, un Pterosaurio de cola larga. Tomado de The Osteology of the Reptiles de Williston.

Aún más especial era el grupo Pterodactiloide de los pterosaurios (Fig. 225, p. 146). El Pteranodonte no solo tenía un pico largo y desdentado y un penacho óseo largo extendiéndose hacia atrás, sino que sus cuatro dedos sostenían ¡un ala de 8 metros de envergadura! “[114]

¿Dónde están las formas de transición documentando el origen evolutivo de estas y otras estructuras especiales de los Pterosaurios?

En cuanto al murciélago, se, supone que evolucionó de insectívoros terrestres, a pesar de que, como se ha afirmado anteriormente, el murciélago más antiguo conocido en el registro fósil [115] es cien por ciento murciélago, y no se puede encontrar ni traza de formas de transición. En el murciélago, cuatro de los cinco dedos sostienen la membrana del ala y son extremadamente largos comparados con una mano normal. Estas y otras estructuras únicas, como el radio y el cúbito, que se unen en la mitad distal para formar un hueso simple en el Palaeochiropteryx (Romer, Fig. 322, p. 213), son huesos sólidos, y no estructuras delicadas.

Si las formas de transición existieron, ciertamente que hubieran debido quedar preservadas. La completa ausencia de las tales deja sin respuesta, tomando como base el modelo evolucionista, preguntas tales como: ¿Cuándo, de qué, dónde y cómo tuvieron su origen los murciélagos?

Pteronodonte, un reptil gigante que tenía una longitud total de alas de más de ocho metros. Tomado de Paleontología Vertebrada de Romer.

Ahora queremos plantear la pregunta: En lo que concierne al origen del vuelo. ¿Qué modelo, el de la creación, o el de la evolución, tiene mayor apoyo del registro fósil?

A nosotros la respuesta nos parece clara. Ni un solo hecho contradice las predicciones del modelo creacionista: la verdadera evidencia falla en apoyar las predicciones del modelo evolucionista. Aquí, donde sería más fácil y obvio el hallar formas de transición si la evolución fuera realmente la causa de estas criaturas tan altamente desarrolladas y especializadas, no se encuentra ni una. ¿Podría ser más cruel y caprichoso el registro fósil para los paleontólogos evolucionistas? El registro histórico inscrito en las rocas está gritando literalmente: ¡CREACIÓN!

Palaeochiropteryx, el más antiguo de los murciélago conocidos, fósil del Eoceno.

Los ejemplos citados en este artículo no son en ninguna manera excepciones, sino que sirven para ilustrar lo que es característico del registro fósil. Mientras que se puede observar una transición en el nivel de las subespecies, y se puede inferir en el de las especies, la ausencia de las formas de transición entre las categorías más elevadas de clasificación (los géneros creados del modelo creacionista) es regular y sistemática. Nos proponemos documentar esta afirmación citando afirmaciones públicas de evolucionistas.” [116]

AFIRMACIONES PUBLICAS DE AUTORIDADES EVOLUCIONISTAS

(Referentes a la naturaleza del registro fósil)

Deseamos citar primeramente al mundialmente famosísimo George Gaylord Simpson, paleontólogo evolucionista de primera fila.

En su libro Tempo and Mode in Evolution (Ritmo y Método en la Evolución), afirma en la sección dedicada a «Discontinuidades Principales en el Registro (Fósil)» que no hay ni trazas en ninguna parte del mundo de ningún fósil que cubra la discontinuidad que existe entre el Hyracotherium y su pretendida forma ancestral Condylarthra. Después sigue diciendo: «Esto es cierto de todos los treinta y dos órdenes de mamíferos… Los miembros más antiguos conocidos de cada orden ya tienen sus características ordinales básicas, y no hay, en ningún caso, una secuencia aproximadamente continua de un orden conocido a otro. En la mayoría de los casos, la rotura de conexión es tan brusca, y la discontinuidad tan grande, que el origen del orden es especulativo, y muy disputado». [117]

Después (p. 107), Simpson afirma:

«Esta ausencia regular de formas de transición no está limitada a los mamíferos, sino que es un fenómeno casi universal, y que ha sido notado desde hace mucho tiempo por los paleontólogos. Es cierto de casi todos los órdenes de todas las clases de animales, vertebrados e invertebrados. También es cierto de las clases, de los principales Phylums y, aparentemente, también es cierto de las categorías análogas de las plantas.»[118]

En su libro The Meaning of Evolution (El Significado de la Evolución) Simpson afirma, refiriéndose a la aparición de nuevos phylums, clases y otros grupos principales:

«El proceso por el cual ocurrieron en la evolución unos sucesos tan radicales es causa de una disputa de las más serias que quedan entre los estudiosos profesionales de la evolución. La cuestión es si tales sucesos principales tuvieron lugar instantáneamente por algún proceso diferente en esencia de los que formarían parte en un cambio evolutivo más o menos gradual, o si toda la evolución, incluyendo estos cambios principales, queda explicada por los mismos procesos y principios directivos, siendo sus resultados mayores o menores en función del tiempo implicado, de la intensidad relativa de la selección y de otras variables en cualquier situación dada.

La posibilidad de tal disputa existe porque las transiciones entre los principales grados de organización apenas quedan registradas por fosilización. Hay una tendencia a este respecto hacia una deficiencia sistemática en el registro de la historia de la vida. Así, es posible afirmar que tales transformaciones no están registradas porque no existieron; que los cambios no fueron por transición, sino por saltos repentinos en la evolución.» [119]

Si los phylums, clases, órdenes y otros grupos principales fueran conectados por formas de transición en l ugar de aparecer repentinamente en el registro fósil con sus características básicas completas, no habría necesidad, desde luego, de referirse a su aparición en el registro fósil como «sucesos radicales». Además ¡es imposible enfatizar con suficiente intensidad el que aun los mismísimos evolucionistas estén discutiendo entre ellos si estas categorías principales aparecieron instantáneamente o no! ¡Precisamente, el argumento de los creacionistas es que estas formas sí que se formaron instantáneamente, y que las formas de transición no están registradas en el registro fósil porque nunca existieron! [120]

Así, los creacionistas desearíamos reformar la afirmación de Simpson para que se leyese:

«Es así posible afirmar que tales transformaciones no están registradas porque no existieron, y que estos tipos principales se originaron por creación en lugar de por un proceso de evolución gradual.»[121]

En un trabajo más reciente, Simpson afirmó que:

«Es una característica del registro fósil el que la mayoría de los grupos taxonómicos aparecen bruscamente.»[122]

En el mismo párrafo, además, afirma que:

«Las discontinuidades entre las especies conocidas son esporádicas y a menudo pequeñas. Entre los órdenes, clases y phylums conocidos son sistemáticas y casi siempre grandes.» [123]

A pesar de que es nuestro propósito hacerlo, apenas si es necesario documentar ya más la naturaleza del registro fósil. Parece obvio que si las afirmaciones anteriores de Simpson se desnudasen de todas las presuposiciones y de los supuestos mecanismos evolutivos para quedar simplemente el registro del hecho, describen exactamente lo que demanda el modelo creacionista. Este registro es, no obstante, terriblemente deficiente a la luz de las presuposiciones y predicciones del modelo evolucionista.

Nadie se ha entregado más de corazón que Simpson a la «Filosofía materialista mecanicista compartida por la mayor parte del Establecimiento actual en las ciencias biológicas. Así, como él mismo lo ha expresado, «Encuentra lógico, si no exigido científicamente, suponer que la aparición de un nuevo grupo sistemático no es evidencia de creación …». [124]

Así, Simpson ha gastado un tiempo y un esfuerzo considerable en sus intentos de doblar y retorcer cada faceta de la teoría de la evolución para explicar las deficiencias del registro fósil, intentándolo acomodar a la hipótesis evolutiva. [125] , [126] , [127]

Pero tenemos que hacer observar que, si se adopta la evolución a priori, siempre es posible adoptar hipótesis auxiliares –no probadas, y por su misma naturaleza imposibles de probar– para hacer que funcione en cualquier caso específico. Por este proceso, la evolución desemboca en lo que Thorpe llama uno de sus “Cuatro Pilares de la Ignorancia» –una evolución mental que es el resultado de tentativas casuales preservadas por apuntalamientos.” [128]

Con referencia a la naturaleza del registro fósil, Arnold ha dicho:

«Se tuvo por mucho tiempo la esperanza de que las plantas extintas revelarían al fin algunas de las etapas a través de las cuales han pasado los grupos existentes durante el curso de su desarrollo, pero se puede admitir libremente que esta aspiración se ha cumplido en una extensión muy insignificante, a pesar de que la investigación paleobotánica ha estado en desarrollo por más de cien años». [129]

Las siguientes afirmaciones del profesor E. J. H. Corner, de la Escuela Botánica de Cambridge (Universidad de Cambridge), fueron refrescantemente cándidas:

«Se puede aducir mucha evidencia en favor de la teoría de la evolución –de la biología, biogeografía y paleontología–, pero pienso que para las personas sin prejuicios, el registro fósil de las plantas está todavía en favor de la creación especial» . [130]

Olson ha dicho:

«Un tercer aspecto fundamental del registro fósil es algo diferente. Repentinamente aparecen muchos grupos de plantas y animales, aparentemente sin ningún antecesor cercano. La mayoría d e los grupos de organismos –Phylums, Subhylums, y aún las mismas clases, han aparecido de esta manera… El registro fósil, que ha producido el problema, no da mucha ayuda para su solución… La mayoría de los zoólogos y la mayoría de los paleontólogos sienten que las interrupciones y bruscas apariciones de nuevos grupos pueden ser explicadas por el que el registro fósil esté incompleto. Algunos paleontólogos están en desacuerdo y creen que estos eventos cuentan una historia que contradice a la teoría, y que no se registra en los organismos vivos». [131]

En relación con lo que algunos afirman sobre que el registro fósil esté (¡después de 150 años de búsqueda!) incompleto, nos remitimos a la afirmación de George ya citada al principio de este artículo sobre la gran riqueza del registro, y al hecho de que las discontinuidades, según el propio G. G. Simpson, son sistemáticas. Aun se puede citar a otro autor para otra refutación a esta superficial «explicación» de las discontinuidades en el registro fósil.

Newell ha dicho:

«Muchas de las discontinuidades tienden a ser más y más enfatizadas con el aumento de las colecciones». [132]

En su reciente libro sobre los principios de la Paleontología, Raup y Stanley han afirmado:

«Desafortunadamente, los orígenes de las categorías taxonómicas superiores están cubiertas de misterio; comúnmente, nuevas categorías más elevadas aparecen abruptamente en el registro fósil sin evidencia de formas de transición». [133]

DuNouy ha descrito la evidencia de esta manera:

«Brevemente, cada grupo, orden, o familia, parece haber nacido repentinamente, y a duras penas, si jamás, encontraremos las formas que las unen al grupo precedente. Cuando las descubrimos, están ya diferenciadas. No solamente no encontramos prácticamente ninguna forma de transición, sino que en general es imposible conectar un grupo nuevo con uno más antiguo». [134]

Khun ha enfatizado:

«El hecho de la descendencia persiste. De todas formas, no se puede demostrar en ninguna parte la descendencia traspasando los límites circunscritos tipológicamente. Por tanto, podemos hablar de descendencia dentro de los tipos, pero no de descendencia de tipos». [135]

Tratando de los principales grupos, o Pylums, Clark ha afirmado:

«No importa lo lejos que lleguemos en el registro fósil de la vida animal previa sobre la tierra, no encontramos ni traza de cualquier forma animal que sea intermedio entre cualquiera de los principales grupos, o Phyla»[136]

Más adelante de este mismo volumen dice:

«Ya que no tenemos evidencia, ni la más mínima, sea entre animales vivientes o fósiles, de tales tipos de intergradación siguiendo a los grupos principales, es una recta suposición suponer que tales tipos jamás han existido». [137]

Aun en las famosas series equinas que tantas veces han sido alzadas en pendón como «prueba» de la evolución dentro de los órdenes, encontramos que las formas de transición entre los tipos principales faltan. Así, DuNouy ha afirmado en referencia a los caballos:

«Pero cada uno de estos intermediarios aparece “repentinamente” y no ha sido aun posible, por falta de fósiles, reconstruir estos pasos entre estos intermediarios. Aun así, tienen que haber existido. Las formas conocidas permanecen separadas como los pilares de un puente en ruinas. Sabemos que se construyó el puente, pero solo quedan vestigios de los apoyos estables. La continuidad que asumimos puede nunca quedar establecida por los hechos». [138]

Goldschmidt dice en cuanto a esto mismo:

«Aun más, dentro de las series de evolución lenta, co mo la famosa del caballo, las etapas decisivas son abruptas». [139]

Goldschmidt, en contraste con Simpson y la mayoría de los evolucionistas, aceptó las discontinuidades en el registro fósil en su verdadero valor. Rechazó la interpretación Neodarwiniana de la evolución (la síntesis moderna en términos actuales de micromutación y Selección Natural) que es aceptada por casi todos los evolucionistas, por lo menos por aquellos que aceptan alguna teoría que implique algún mecanismo. Goldschmidt propuso, por su parte, que las categorías más importantes (Phylums, clases, órdenes, familias) se originaron instantáneamente por saltos bruscos o «systemic mutations» (mutaciones sistémicas). [140] , [141]

Goldschmidt bautizó a su mecanismo con el nombre de «Hopeful Monster» (Monstruo Viable). Propuso, por ejemplo, que un día un reptil puso un huevo, y que lo que salió del huevo fue ¡un ave! Según Goldschmidt, esta es la manera en que han de ser explicadas las principales discontinuidades del registro fósil, por sucesos similares. Algo puso un huevo, ¡y algo diferente nació! Los Neodarwinistas prefieren creer que el que puso el huevo es Goldschmidt, manteniendo que no hay ninguna evidencia que apoye el mecanismo del Monstruo Viable. Goldschmidt arguye con la misma intensidad en que no hay ninguna evidencia para el mecanismo Neodarwinista que se postula (grandes transformaciones por acumulación de micromutaciones). Los creacionistas estamos de acuerdo tanto con Goldschmidt como con los Neodarwinistas: ¡Ambos están completamente equivocados! Las publicaciones de Goldschmidt ofrecen argumentos convincentes en contra del punto de vista Neodarwinista de la evolución, desde el campo de la genética y de la paleontología.

Nadie estaba más verdaderamente entregado a la filosofía evolucionista que Goldschmidt. Si alguien deseaba encontrar formas de transición, él más. Si alguien hubiera tenido que admitir que una forma de transición lo fuera, él hubiera sido el primero.

Pero en cuanto al registro fósil, he aquí lo que Goldschmidt tuvo que decir:

«Los hechos de mayor importancia general son los siguientes. Cuando aparece un nuevo phylum, clase u orden, entonces sigue una rápida y explosiva diversificación –en términos de tiempo geológico–, con lo que prácticamente todos los órdenes y familias conocidas aparecen repentinamente y sin ninguna transición aparente» .[142]

Ahora preguntamos: ¿Qué mejor descripción del registro fósil se podría esperar, en base de las predicciones del modelo de la creación? Por otra parte, a no ser que se acepte el mecanismo evolutivo de Goldschmidt –el «Monstruo Viable»– esta descripción contradice la predicción más crítica del modelo de la evolución: la presencia de los intermediarios exigidos por la teoría en el registro fósil.

Kerkut, a pesar de no ser un creacionista, escribió un pequeño pero notable volumen para exponer la debilidad y las falacias en la evidencia generalmente utilizada para apoyar la teoría de la evolución.

En la fase final de su libro Kerkut afirmó que:

«Existe la teoría de que todas las formas de vida del mundo se han desarrollado a partir de una sola fuente de vida que emergió por sí sola de lo inorgánico. Esta teoría puede ser llamada «Teoría general de la evolución», y la evidencia que la apoya no es lo suficientemente fuerte como para que la podamos considerar algo más que una hipótesis de trabajo». [143]

Hay mundos de diferencia, desde luego, entre una hipótesis de trabajo y un hecho científico establecido. Si las presuposiciones filosóficas le guían a uno a aceptar la evolución como su hipótesis de trabajo, la debería restringir a este uso, y no obligar a su aceptación como hecho establecido.

Sí, dejando aparte cualquier presuposición filosófica, sea materialista, o teísta, se utilizan la creación y la evolución como modelos para predecir la naturaleza de la evidencia histórica que se espera ha de coincidir con uno de ellos, podemos ver que el modelo de la creación es tan creíble (y nosotros creemos que mucho más) como el modelo de la evolución. Reiteramos que ningún modelo es más religioso ni menos científico que el otro.

Nadie menos que un evolucionista convencido como Thomas H. Huxley reconoció que:

«… “Creación”, en el sentido ordinario de la palabra, es perfectamente concebible. No encuentro ninguna dificultad en creer que, en algún período preexistente, el universo no estaba en existencia, y que hizo su aparición en seis días (o instantáneamente, si se prefiere), como consecuencia de la voluntad de un Ser preexistente. Tanto entonces como ahora, los argumentos a priori contra el Teísmo, y dada una Deidad, contra la posibilidad de actos creativos, me parecieron vacíos de un fundamento razonable». [144]

La evolución del caballo[145]

El supuesto linaje evolutivo del caballo es el más famoso de todos. En cualquier discusión sobre la evolución del caballo, con frecuencia se presentan cinco etapas claramente trazadas.

Hace unos 50 millones de años, la evolución del caballo comenzó con una criatura llamada Eohippus, que se parecía más a un hiráceo (N. del E. en castellano: especie de liebre) que a un caballo. Se cree que el Eohippus evolucionó en el Oligoceno hacia una criatura llamada Mesohippus. Este evolucionó hasta el Merychippus, que evolucionó hasta el Pliohippus en el Plioceno, hace cinco millones de años. El Pliohippus se convirtió en el caballo de nuestros días, según se nos dice.

Este relato presenta varios problemas. Primero, sólo se presentan cinco especimenes. Al aumentar gradualmente su tamaño, los dedos disminuyen en número hasta que el último caballo tiene sólo un dedo, el casco. Se escogen estos cinco especimenes de entre muchas posibilidades. J. Z. Young dice:

“Los tipos de caballos que se conocen se dividen en 350 especies, pero sólo una pequeña porción de éstos se puede colocar con confianza junto a la línea de evolución del Equus (caballo).”

En otras palabras, se han sacado cinco especimenes de entre 350 que hay, para ponerlos en la línea evolutiva directa, mientras que los nii os 345 nunca se ven en ella.

¿(Como se escogieron esos cinco especimenes? En 1874, V. C. Kowalevsky propuso inicialmente el linaje evolutivo del caballo. Trazó una linea evolutiva que incluía tres “caballos” fósiles del hemisferio oriental y el caballo moderno. Esta se reemplazó cuando H. F. Osborn, exdirector del Museo Americano de Historia Natural, publicó sus opiniones sobre la línea evolutiva del caballo. Ninguno de los especímenes de Kowalevsky se incluye en la obra de Osborn y los cuatro especímenes fósiles propuestos por Osborn son los aceptados ahora.

Uno se pregunta si la línea propuesta por Kowalevsky no sería la aceptada todavía, si no fuera por Osborn. También es probable que se puedan reconstruir líneas completamente diferentes con las 350 especies que hay disponibles.

Acerca de la obra de Osborn, Dott y Batten anotaron:

“Hasta muy recientemente estábamos bajo la ilusión de que los datos (de Osborn) eran correctos y completamente desarrollados. La recolección intensa de datos durante los últimos 30 años ha demostrado que el cuadro ortogenético trazado por Osborn es una simplificación exagerada. Como nuestro estudio debe ser breve, seguiremos su sencillo cuadro, reconociendo que las tendencias no son siempre las mismas dentro de los grupos.”

Los maestros admiten que Osborn simplifica el cuadro demasiado, pero lo presentan a sus estudiantes como la realidad. El grado de simplificación es obvio cuando leemos la explicación de Young sobre la manera de acomodar una especie fósil dentro de una línea de evolución.

Dice así:

“Los restos de fósiles usualmente no están en series largas de lechos estratificados, de manera que podamos estar seguros de que una población evolucionó hacia la siguiente. Sin embargo, las fechas de los fósiles a menudo se pueden calcular con precisión considerable por medio de los animales asociados, y así se puede producir una serie como la que se podría esperar en el progreso del Hiracoterio al Equus. Hay, no obstante, muchos fósiles que muestran un desarrollo especial y no se pueden acomodar dentro de la serie directa. Se supone que son líneas divergentes. Hay que hacer resaltar que este es un proceso arbitrario, aunque probablemente justificado. Estas líneas laterales son tan numerosas, que inmediatamente arrojan una sombra de duda sobre la idea de que haya habido una sola ‘tendencia’ en la evolución del caballo. Se conocen por lo menos doce tipos suficientemente marcados para clasificarlos como géneros, además de los que están en la línea que va directamente al Equus; por supuesto, hay un número mucho más grande de líneas evolutivas independientes más cortas dentro de estos géneros.”

El primer problema presentado por Young es que estos fósiles están tan esparcidos por todo el mundo, que nadie tiene pruebas de que un grupo pudiera haber evolucionado hacia otro. El segundo problema se presenta cuando se trata de acomodar un espécimen en la línea. No hay prueba de que los que no “se acomodan” sean “líneas laterales” de la línea principal. ¿No podrían los cinco especimenes que siempre se muestran, ser las “líneas laterales” y algún otro conjunto ser la línea principal? Finalmente, Young admite que es dudoso que haya habido una “tendencia” uniforme en la evolución del caballo. Si no existe tal tendencia, ¿por qué siempre se nos muestra la exagerada simplificación uniforme de Osborn?

El autoritarismo de la Iglesia Medieval ha sido reemplazado por el autoritarismo del Materialismo Racionalista.

La mayoría en la comunidad científica y en los círculos educativos están usando la excusa de la «ciencia» para forzar la enseñanza de su punto de vista sobre la vida sobre todo el mundo. El autoritarismo de la Iglesia Medieval ha sido reemplazado por el autoritarismo del Materialismo Racionalista. Se viola el respeto mutuo, y la libre investigación queda ahogada bajo esta capa de dogmatismo. Es hora ya de cambiar.

“El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; el que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros.El fundó la tierra sobre sus cimientos; jamás será removida. Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundastes. Les pusiste término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra.¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.¡A tí sea todo el honor y toda la gloria.! (Sal 104 RV 1960)

Notas

0. Scott M.Huse, El Colapso de la Evolución, p.23, Chick Publicaciones, 1996

1. La Importancia de la Ciencia, Ed. Labor, Nueva Colección Labor, nº 27, p. 125 (Barcelona, 1972), cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

2. http://www.davidcox.com.mx/libros/g/Gish%20-%20Creacion,%20Evolucion%20y%20el%20registro%20fosil.pdf

3 Ibid

4. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

5. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

5. La Importancia de la Ciencia, Ed. Labor, Nueva Colección Labor, nº 27, p. 125 (Barcelona, 1972), cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

6. Biología ES.6, Gabriela Caro, La Plata: Dirección general de Cultura y educación de la prov. de Buenos Aires. Programa textos Escolares para Todos Diagonal 73 Nº 1910, La Plata pcia. Bs.As. Argentina, 1º ed. Julio del 2007, ISBN 978-987-1417-07-0

7. http://www.davidcox.com.mx/libros/g/Gish%20-%20Creacion,%20Evolucion%20y%20el%20registro%20fosil.pdf

8. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

9. Ibid

10. Wikipedia

11. http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

12. Ibid, p.30

13. Ibid p.22

14 http://www.paleontologia.co.uk/paleopag/sections_frame.php

15. Ibid

16. http://arkano-nephilim.blogspot.com/2009/03/contra-las-mentiras-creacionistas.html

17. El Colapso de la Evolución,op. cit.

18. http://html.rincondelvago.com/geologia_2.html

19.El Colapso de la Evolución,op. cit., p.30

20. Biología Es.6

21 El Colapso de la Evolución,op. cit., p. 23

22. Biología Es.6

23 Biología Es.6

24. Biología Es.6

25 Antonio Cruz, http://www.protestantedigital.com/new/leernoticiaDom.php?12904

26. El Colapso de la Evolución,op. cit., p.31

27 http://www.ministeriosprobe.org/docs/cinco-crisis.html

28 Wikipedia, Fijismo

29 Ibíd.

30 Ibíd.

31 “La vis plastica es la fuerza moldeadora con la que se supuso que la naturaleza creaba los fósiles.En el siglo XIX, las teorías evolucionistas predarwinianas aportaban pruebas sólidas frente a los defensores del creacionismo y el fijismo: los fósiles. Ante esto se propusieron diversas teorías, la más elaborada tal vez el catastrofismo de Georges Cuvier.La teoría de la vis plastica es mucho más ingenua, simplemente suponía que los fósiles eran caprichos de la naturaleza (ludus naturæ), piedras que simulaban seres vivos, quimeras imposibles. La teoría no tuvo muchos defensores en el ámbito científico, pues era fácilmente refutable, aunque algunos intentaron sostenerla creando fósiles que representaban objetos modernos para demostrar el capricho de la naturaleza, patraña rápidamente puesta al descubierto.” (vis plastica, wikipedia), cit. en Wikipedia, Fijismo

32 Wikipedia, Fijismo

33 http://centros5.pntic.mec.es/ies.rodriguez.fabres/trabajosss/grupo1/fijismo.htm

34 http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

35. http://centros5.pntic.mec.es/ies.rodriguez.fabres/trabajosss/grupo1/fijismo.htm

36. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

37. http://centros5.pntic.mec.es/ies.rodriguez.fabres/trabajosss/grupo1/fijismo.htm

38 http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

39 http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

40 Biología Es.6

41 http://www.sedin.org/propesp/X0007_Bi.htm

42 creationwiki.org, catastrofismo

43 http://www.antesdelfin.com/diluvio2.html

44. http://1abvilladevallecas08.blogspot.com/2008/10/neocatastrofismo.html

45 http://www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/estructura/rocasymin/rocas/sedimen/estratos/index.html

46 http://www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/estructura/rocasymin/rocas/sedimen/estratos/index.html

47. http://dialogue.adventist.org/articles/10_2_roth_s.htm

48. http://www.antesdelfin.com/columna.html

49. El Colapso de la Evolución,op. cit.

50. wikipedia, Estrato

51. http://www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/estructura/rocasymin/rocas/sedimen/estratos/index.html

52 Ibíd.

53 wikipedia,Estrato

54 Ibid

55 Ibid

56 Ibid

57 El Colapso de la Evolución,op. cit., p.31-32

58. Ingersole, Zobel, e Ingersoll, Heat conduction with Engeneering, Geological and other applications, University of Wisconsins Press, 1954, pp. 99-107, cit en Ibíd., p. 32, nº. 7

59 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

60 http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_probldarwin2.htm

61 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

62 http://jmjm.blogspot.es/1232888520/

63 Josh Mc Dowell; Don Stewart, Razones, “Tiene sentido la fe cristiana para el hombre de hoy” p. 151-156, ed. Vida, 4º impr. 1992

64 El Colapso de la Evolución, op. cit., p. 30

65 http://es.geocities.com/picolobo2002/cientificos.html

66 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

67 http://www.fcen.uba.ar/prensa/noticias/2002/noticias_24may_2002_03.html

68 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

69 Ibid

70 http://www.razones.org/articulo-39.htm

71 C. Darwin, Origin of Species, J. M. Dent and Sons, 1956, p. 294. Hay varias ediciones españolas: damos una de ellas: Ediciones Zeus, Barcelona 1970, p. 306.cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 21

72 T. N. George, Science Progress, 48, 1 (1960).,cit en cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 22

73 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

74 Ibid

75 Ibid

76 G. G. Simpson, en The Evolution of Life, Ref. 5, p. 143.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

77 P. Cloud, Science, 160, 734 (1968). cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

78 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958).cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

79 M. N. Bramlette, Science, 158, 673 (1967),cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

80 W. H. Bradley, Science, 160, 437 (1968),cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

81 A. E. J. Engel, B. Nagy, L. A. Nagy, C. G. Engel, G. O. W. Kremp y C. M. Drew, Science, 161, 1005 (1968).,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

82 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

83 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958). cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 25

84 cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 29

85 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

86 E. G. Conklin, citado por G. E. Allen, The Quarterly Review of Biology, 44, 173 (1969). . cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 31

87 A. S. Romer, Vertebrate Paleontology, 3a. Edición, University of Chicago Press, 1966, cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 32

88 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

89 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

90 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

91 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

92 Ibid

93 Ibid

94 Ibid

95 Ibid

96 Ibid

97 Ibid

98 Ibid

99 A. S. Romer, Ref. 32, p. 86., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

100 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 34

101 Idem, p. 98.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 35

102 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

103 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

104 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

105 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

106 E. C. Olson, The Evolution of Life, The New American Library, New York, 1965.

cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 37

107 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

108 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

109 Además de todas las consideraciones que se apuntan sobre el Archaeopteryx en el cuerpo del texto, se debe señalar aquí un hecho muy significativo y que confirma de una forma decisiva que el Archaeopteryx no puede ser una forma de transición. Este hecho es el descubrimiento, anunciado por Science News (vol. 112, 24 de sept. de 1977, p. 198), de los restos de un ave indudable unos «60 millones de años más antigua» que el Archaeopteryx.El profesor John H. Ostrom, de la Universidad de Yale, afirma que «es evidente que debemos ahora buscar los antecesores de las aves voladoras en un período de tiempo mucho más antiguo que aquel en el que vivió el Archaeopteryx». Así, Ostrom concluye que el Archaeopteryx no fue el antecesor de las aves. Con esto se reafirman las palabras de Newell: «Muchas de las discontinuidades tienden a ser más y más enfatizadas con el aumento de las colecciones» (Nota del Traductor), cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

110 J. L. Grimmer, National Geographic, Sept., 1962, p. 391.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 38

111 L. du Nouy, Human Destiny, The New American Library, New York, 1947, p. 58., cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref. 39

112 A. J. Marshall, Ed., Biology and Comparative Phisiology of Birds, Academic Press, New York, 1960, p. 1.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref.40.

113 en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

114 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

115 G. L. Jepsen, Science, 154, 1333 (1966),cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref. 41

116. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

117 G. G. Simpson, Tempo and Mode in Evolution, Columbia University Press, New York, 1944, p. 105.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

118. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

119 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale University Press, New Haven, 1949, p. 231.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, ref.43

120 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

121 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

122 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

123 G. G. Simpson, Ref. 5, p. 149.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 44

124 G. G. Simpson, The Major Features of Evolution, Columbia University Press, New York, 1953, p. 360,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref. 45

125 Ref. 45, pp. 360-376., cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 46

126 Ref. 42, pp. 105 124. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 47

127 Ref. 44, pp. 149 152. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref. 48

128 E. C. Olson, Ref. 3 7, p. 94.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

Ref 49

129 C. A. Arnold, An Introduction to Paleobotany, McGraw-Hill Pub. Co., New York, 1947, p. 7.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm Ref 50

130 E. J. H. Corner, en Contemporary Botanical Thought, A. M. Macleod y L. S. Cobley, Eds. Quadrangle Books, Chicago, 1961.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 51

131 E. C. Olson, Ref. 3 7, p. 94.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 52

132 N. D. Newell, Proc. Amer. Phil. Soc., April 1959, p. 267.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 53

133 D. M. Raup y S. M. Stanley, Principles of Paleontology, H. W. Freeman and Co.

Cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 54

134 L. du Nouy, Ref. 39, p. 63. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 55

135 O. Kuhn, Acta Biotheoretica, 6, 55 (1942)., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 56

136 A. H. Clark, en The New Evolution: Zoogenesis, A. H. Clark, Ed. Williams and

Wilkins, Baltimore, 1930, p. 196., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 57

137 A. H. Clark, Ref. 57, p. 196., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 58

138 L. du Nouy, Ref. 39, p. 74., cit en en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 59

139 R. B. Goldschmidt, Ref. 3, p. 97., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, ref 61

140 R. B. Goldschmidt. Ref. 3, pp. 84 98. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 62

141 G. A. Kerkut, Implications of Evolution, Pergamon Press, New York, 1960, p. 157.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 63

142 T. H. Huxley, citado en Life and Letters of Thomas Henry Huxley, Vol. 11, L. Huxley, Ed. 1903, p. 439.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 64

145 razones,p.162-164

Argumento paleontologico parte 4

Argumento paleontologico parte 4

Declaraciones de diversos paleontólogos en cuanto a las deficiencia del registro de fósiles[66]

Para que el lector pueda juzgar por sí mismo si el registro de fósiles es la mejor evidencia de la evolución, presentamos a continuación las declaraciones de diversos paleontólogos en cuanto a las deficiencia del registro de fósiles:

“Los fósiles constituyen una de las pruebas más fuertes en apoyo de la teoría de la evolución orgánica. Esta teoría dice que las formas más avanzadas de vida moderna han evolucionado de formas ancestrales más sencillas y más primitivas del pasado geológico. La transformación ha sido gradual y se ha llevado a cabo mediante factores tales como la herencia, los cambios del ambiente, la lucha por la supervivencia y la adaptabilidad de las especies.(William H. Matthews III) “

“Ninguna evidencia apoya con más claridad y fuerza el principio fundamental de la evolución —’descendencia con acumulación de modificaciones’— que la que dan los fósiles. (Twenhofel y Shrock)

“Un tercer aspecto fundamental del registro es algo diferente. Muchos grupos nuevos de plantas y animales se presentan de repente, aparentemente sin ancestros cercanos. La mayoría de los grupos principales de organismos — fílumes, subfílumes y hasta clases — han aparecido de este modo. Este aspecto del registro es real, no meramente resultado de una recolección deficiente o prejuiciada de los datos. Una teoría satisfactoria de la evolución debe tenerlo en cuenta y explicarlo.” (E. C. Olson)

Plantas

Algas:“Se supone que en algún lugar dentro del grupo de las algas están las fuentes de las plantas superiores, los grupos vasculares. Esos desconocidos ancestros parecen estar inevitablemente perdidos en la vastedad del tiempo.”

Plantas terrestres: “Como hay dudas en cuanto a la época en que las plantas pasaron del agua a la tierra — las fechas aproximadas van desde el Cámbrico inferior hasta el Silúrico — queda claro que nadie sabe en realidad mucho acerca de los hechos mismos. No hay evidencias tangibles en absoluto en el registro de fósiles.”

“Los otros tres subfílumes de las plantas sin semillas aparecen en el registro de fósiles sólo poco después de los psilópsidos; la estructura sencillísima de éstos sugiere que fueron ancestros de los otros, aunque no se conocen fósiles de transición.”

“Tanto las cicadáceas como los guinjos probablemente surgieran de un ancestro de semilla-espora, pero el origen del grupo gimnospérmeo restante, las conocidas coniferas con sus pinas y hojas como agujas, es incierto.”

“En alguna parte, un poco antes del fin de la edad de los reptiles, ocurrió una explosión violenta, pero sin ruido. Duró millones de años pero de todos modos fue una explosión. Marcó el surgimiento de las angiospermas, las plantas que producen flores. Aun el gran evolucionista Charles Darwin las llamó ‘misterio abominable’, pues aparecieron muy de repente y se esparcieron muy rápido.”

Animales:

“Ocho géneros de animales invertebrados tienen muchos representantes con esqueletos mineralizados.. . Lamentablemente, no hay registro fósil del origen de estos fílumes, pues ya estaban claramente separados y distintos cuando aparecieron por primera vez como fósiles.”

Las arañas: “Queda mucho por aprender de los aracnoides primitivos y del grupo arácnido que los originó, puesto que no tenemos evidencias para demostrar que las arañas se hayan derivado de ningún otro grupo de arácnidos vivos o extintos. Tampoco tenemos pruebas concluyentes de que los arácnidos hayan evolucionado de ningún grupo de artrópodos.”

Crinoideos: “De nuevo, el registro de los fósiles tiene un vacío en este punto. El crinoideo más antiguo que se conoce, del Ordovícico inferior de Europa, tiene una copa de dos anillos, es relativamente avanzado en muchas características y difícilmente pudo ser ancestro de muchos de los crinoideos posteriores.”

Coral: “Los tetracorales se consideran como ancestros de los hexacorales, pero los grupos exactos que produjeron los ancestros, lo mismo que el tiempo en que comenzó la transición de unos a otros, todavía son motivo de especulación.”

Insectos: “El período Carbonífero superior, que fue testigo de la aparición de los reptiles y la degeneración de los estegocéfalos (anfibios), también dio a luz una población considerable de insectos. Se han identificado unas mil especies, pero no se sabe nada de su pasado. Si tienen un origen común, no tenemos ni idea de cuándo se separaron para evolucionar a su modo.”

Al hablar del origen de los vertebrados (animales con columna vertebral):

“casi todos los fílumes del reino animal han sido sugeridos, incluso los gusanos llamados Nemertínidos.”

“No tenemos un registro seguro de fósiles para los cordados inferiores ni sus ancestros y es muy posible que nunca lo tengamos.”

Entre los cordados están los vertebrados.

“Una de las transiciones mejor documentadas entre las clases superiores de animales es la evolución de los anfibios a partir de los peces crosopterigios.” Joseph T. Gregory

J. Z. Young no está de acuerdo y dice: “Hay semejanzas tan cercanas entre los cráneos de los anfibios primitivos y los de los peces crosopterigios devonianos, que no cabe duda de la relación. Sin embargo, actualmente no hay ninguna evidencia fósil detallada de las etapas de transición de un tipo al otro.”

Salamandras (urodelos): “La salamandra más antigua que se conoce es un género del Jurásico. Nos desanima saber que aun las salamandras fósiles más antiguas no muestran características primitivas. La pauta estructural moderna de los urodelos se estableció al parecer en el período Jurásico; desde entonces ha habido poco avance evolutivo de importancia.”

Ranas: “No se tiene noticia de tipos en transición”.

Reptiles: “Un animal conocido como seimurio, encontrado en el Pérmico inferior de Texas (tal vez 250 millones de años), es de suma importancia para nuestra comprensión de los orígenes de los reptiles… Sus características son tan exactamente intermedias entre las de los anfibios y los reptiles, que no es posible colocarlo con seguridad en ninguno de los dos grupos…”

El seimurio:”Parece ser un eslabón entre estos dos grupos de animales.” Sin embargo, el seimurio vivió en un período geológico posterior al de los reptiles primitivos, por lo cual no puede ser su ancestro.”(William Matthew)

Ictiosaurios (reptiles extintos): “El ictiosaurio apareció de repente en medio del Triásico y no se conocen formas intermedias entre él y sus posibles ancestros, los cotilosauros o reptiles con cola.”

Lagartos: “Nuestro conocimiento de la distribución primitiva de los lacértidos es todavía incompleto; no se conoce ninguna de las familias de lagartos existentes que haya aparecido antes del Cretáceo.”

Serpientes: “Es obvio que las serpientes descienden de algún tipo de lagarto, pero su origen preciso es oscuro.”

Reptiles voladores: “No está clara la razón de la pérdida de la capacidad para caminar. Si alguna vez se encuentran fósiles de los eslabones perdidos, que deben haber existido en el Triásico, podríamos tener más información sobre este y otros problemas.”

Tortugas: “La línea de descendencia exacta de las tortugas partiendo de los reptiles con cola no es segura.”

Reptiles marinos: “La mayoría de los últimos euriápsidos desde la mitad del Triásico, son miembros de conocidos y bien estudiados grupos acuáticos: notosaurios, plesiosaurios, placodontes, lógicamente considerados como relacionados entre sí, pero de ascendencia desconocida.”

Dinosaurios: “Los dinosaurios no eran un solo grupo, sino que ya estaban divididos en dos grupos distintos cuando aparecieron por primera vez.”

Aves y pterodáctilos: “Los reptiles arcosaurios del Triásico originaron dos grupos independientes que volaban, los pterodáctilos y las aves. Ambos aparecieron por primera vez en el Jurásico como animales ya bien equipados para volar, aunque fundamentalmente de estructura arcosauria. Por lo tanto, no podemos decir nada sobre las etapas de evolución de su vuelo y sólo se puede especular sobre las causas que los impulsaron a trasladarse al aire.”

Monotremas (mamíferos que ponen huevos): “Los monotremas son misteriosos porque no existen fósiles de sus ancestros.”

Murciélagos: “Excepto unos pocos especímenes del Oligoce-no y del Mioceno europeo, no tenemos información de su historia.”

Roedores: “Todo intento de relacionar los ancestros de los roedores con otros grupos ha sido en vano.”

Artiodáctilos (animales herbívoros con dedos pares en las patas): Aunque se tienen materiales fósiles abundantes, no están bien claras las líneas de evolución dentro de los artiodáctilos y se han sugerido numerosas clasificaciones.”

Perisodáctilos (herbívoros de dedos impares): “Las familias de los perisodáctilos fueron reconocibles desde el mismo principio de lo que se conoce de la historia de los mamíferos. Se supone que haya habido cierta diferenciación entre las distintas líneas de especies antes de que el primer fósil conocido apareciera en la roca.”

Marsupiales: “Sabemos poco de la historia fósil de estos animales australianos…”

Antílopes y ganado vacuno: “Lamentablemente, todavía no es posible presentar un relato coherente de la historia de los antílopes y el ganado vacuno.”

Ballenas y delfines: “Como los murciélagos, las ballenas (en sentido general) aparecieron completamente adaptadas en el Terciario primitivo. . .”

Oso hormiguero: “Sabemos poco de su historia fósil. . .”

Antilocapra: “Parece que no hay ancestros de los antilocapras en el Oligoceno ni el Mioceno superior de Norteamérica.”

Focas: “Como pasa con los otros dos tipos, se pueden investigar las focas sin orejas hasta el Mioceno, pero no más allá, pues no hay registro de ancestros de los pinnipedos.” Manatíes: “No se sabe casi nada de la historia de los manatíes.”

Arsinoiterio (mamífero fósil con cuernos de Egipto): “Esta curiosa criatura está muy aislada; no sabemos nada de sus ancestros, ni de sus posibles descendientes.”

Jirafas: “El origen exacto y las afinidades de la familia permanecen inciertos.”

Monos del Nuevo Mundo: “Se sabe poco de la historia fósil de los monos americanos.”

Monos del Viejo Mundo: “Pero ellos también se remontan a ancestros desconocidos del Eoceno.”

Orangután: “Los ancestros fósiles del orangután que vive en Asia, ni se conocen ni se reconocen.”

Ante estas explicaciones, es bueno recordar el principio filosófico de la navaja de Ockham. Es decir, cuando nos encontramos ante dos análisis contradictorios de la misma cosa, se debe elegir el menos complejo.En teología, Guillermo de Occam, afirmó que no es necesario postular más entes de los necesarios. Creo que ante estos testimonios, podemos citar a Scott M.Huse quien entiende que:

“Puesto que la distribución de los fósiles es completamente arbitraria (es decir, se basa en la suposición de la evolución), la columna geológica no puede ser usada para probar la evolución ni una vasta edad geológica.” [67]

Stephen Jay Gould.

Considero de gran importancia el citar el trabajo investigativo de este notable cientifico. Aunque su ideologia atea y un ferreo opositor del creacionismo en los Estados Unidos lo convierte en alguien controversial, sin duda este hombre desafio las estructuras de pensamiento del neodarwinsimo.

La ortodoxia darwinista contemporánea ha quemado a Gould en sus hogueras académicas. ¿Por qué? No porque Gould sea un creacionista, ciertamente. En 1980, cuando el Estado de Arkansas aprobó una ley para que la lectura literal de la Biblia se enseñara en las escuelas en pie de igualdad con el darwinismo, Gould fue uno de los testigos llamados a juicio por la Unión Americana por las Libertades Civiles, que había recurrido el texto por inconstitucional. Pero ese mismo año, Gould incurrió en la herejía de publicar un artículo técnico titulado ¿Está emergiendo una nueva teoría general de la evolución?, que constituía nada menos que una revisión científica de la sagrada teoría de Darwin. Y la jerarquía evolucionista no le perdonó jamás.

Ni Gould ni ningún otro científico contemporáneo han dudado jamás de la realidad de la evolución biológica: que todos los seres vivos de este planeta, incluidos los humanos, se han generado en el tiempo a partir de un solo organismo primitivo, o como mucho de unos pocos.

Stephen Jay Gould.

A principios de los años ’80 comenzaron a circular por ese entonces los escritos de un paleontólogo norteamericano que renovó el pensamiento evolucionista, en particular porque desafiaba el paradigma evolutivo establecido a principios de los años ´40, consagrado en una memorable reunión en la Universidad de Princeton por notables evolucionistas, como Dobzhansky, Mayr, Stebbins, Haldane, Huxley, Fisher, Wright, Simpson, constituye lo que hoy se conoce como Teoría Sintética de la Evolución. Esta teoria venía a ser como la integración en una teoría del Darwinismo original, que consagraba a la selección natural como el mecanismo principal que rige la evolución, con los principios de la Herencia descubiertos por Mendel dados a conocer a principios del siglo XX, junto con modelos matemáticos desarrollados para describir los cambios de las frecuencias de los genes por selección natural. Este conjunto de ingredientes se cristalizó en un paradigma que se transformó en hegemónico: el de la evolución gradual por cambios adaptativos, en que la selección natural resulta el principio fundamental y casi excluyente para interpretar la evolución de la vida.

“Este núcleo conceptual fue el objeto del primer desafío al que apuntó el pensamiento de Gould (en ese entonces un estudiante de grado), cuando propuso junto con el también paleontólogo Niles Eldredge, una reinterpretación crítica del registro fósil. La ausencia de formas intermedias en la secuencia fósil, que ya preocupaba a Darwin y es desde entonces interpretada como una expresión de la imperfección del registro, pasó a ser tomada como un dato de la realidad, como una evidencia de que la naturaleza puede dar saltos, especialmente en lo que se refiere al origen de nuevas especies. Más revolucionario aún resultaba otro aspecto de su interpretación: las especies, una vez que se originan se mantienen prácticamente inalteradas durante largos periodos de tiempo geológico, sin cambios, hasta que nuevas especies se originan en eventos de cambio cortos y rápidos. Así, la regla sería el “no cambio” (estásis) mientras que el cambio significativo para la evolución se concentraría en breves periodos asociados al origen de nuevas especies. Esta nueva visión se plasmó en el modelo de los “Equilibrios discontinuos” (Punctuated Equilibria), que desafío a la idea excluyente del gradualismo, contribuyendo a la incorporación de una diversidad de nuevos modelos para explicar los procesos evolutivos que destacaban, por ejemplo, la importancia del azar en la modelación de los patrones observados en la historia de la vida.

Si bien en una primera etapa el modelo discontinuista fue duramente resistido por la ortodoxia neodarwinista, la creciente cantidad de casos exhaustivamente documentados de registros fósiles compatibles con el modelo de Gould, hizo que esta hipótesis se vaya incorporando al cuerpo de la teoría evolutiva y actualmente esté presente en todos los textos serios de Evolución.

Más tarde, conjuntamente con otro destacado biólogo evolutivo, el genetista de poblaciones Richard Lewontin, profundizó su crítica al papel excluyente que la selección natural juega conforme al argumento neodarwinista. En su “Crítica al Programa adaptacionista”, propone la necesidad de la expansión de la teoría darwinista hacia una visión más integral y plural de la evolución en que los organismos sean concebidos como el resultado de la interacción entre los procesos y accidentes experimentados en su historia evolutiva (filogenética) con las restricciones y potencialidades que imponen su desarrollo ontogenético. Este reclamo que alertó sobre la necesidad de restablecer la mirada sobre el organismo como un todo, en contraste con la fragmentación que supone el enfoque adaptacionista, permitió revalorizar y dar nuevos bríos a la investigación en campos soslayados por el neodarwinismo como el de la embriología. Esto último constituye quizás una de las fronteras actuales del conocimiento en biología: la representada por el desafío evo-devo (Evolution and Development).

En este marco, un aporte de gran fertilidad fue la revisión del concepto de adaptación, la erradicación del concepto de preadaptación y su tácita concepción finalista y la introducción de la idea de que una característica que resulta adaptativa bajo ciertas condiciones, puede, bajo nuevas circunstancias ser incorporada como una adaptación para nuevas funciones. Así, es posible concebir, la incorporación súbita y no gradual de estructuras y funciones complejas que constituyen novedades adaptativas. Este importante concepto es lo que Gould denominó “exaptación”.

Particularmente irritante para los representantes del pensamiento hegemónico fue un artículo en el que Gould preguntaba “¿Está emergiendo una nueva teoría general de la Evolución?… En él Gould sintetiza muchas de sus críticas y señala la importancia de reconocer diferentes niveles jerárquicos en los que ocurre evolución. Introduce así el desafío de analizar los diversos mecanismos que operan en los diferentes niveles: genes, individuos, poblaciones, especies, clados, ampliando enormemente la diversidad de las preguntas abiertas para los evolucionistas.

Son especialmente destacables los artículos en que desarrolla su pensamiento crítico sobre la idea de complejidad creciente y de progreso que enmarcan las interpretaciones de la mayoría de los evolucionistas. Asimismo, nos estimulan sus innumerables contribuciones acerca de la evolución humana, que dieron por tierra los últimos resabios de una visión finalista del origen del hombre redimensionando su papel en la naturaleza, al situarlo como una especie más cuya evolución no es lineal sino que es fruto de un proceso que puede ser interpretado en términos de los mismos patrones y procesos del resto de la biota. Asimismo, sus aportes contribuyeron a erradicar la visión tipológica, desnudando los prejuicios y argumentos no científicos en los que se sustentan justificaciones biologicistas acerca de las supuestas desigualdades entre grupos humanos.

Su permanente inquietud por situar las discusiones científicas, y en particular las de la biología evolutiva, en un contexto histórico y filosófico constituye un inestimable aporte al pensamiento crítico. Esta manera de abordar su tarea científica y de divulgación hizo que su obra trascendiera las fronteras de los “especialistas” y despertara el interés de profesionales de distintas especialidades y del público en general, permitiendo tender puentes interdisciplinares y abordar temas de central relevancia tales como el lugar del hombre en la naturaleza. Su obra es por ello una valiosísima contribución a la democratización del conocimiento, problema sobre el que la comunidad científica debería reflexionar profundamente.”[68]

La idea fundamental de Darwin es que los seres vivos han evolucionado por selección natural, y consiste en lo siguiente:

Si los seres vivos tienen una gran capacidad de reproducirse, pero los recursos son limitados, sólo las variantes más aptas de cada generación sobrevivirán lo suficiente como para reproducirse y transmitir sus cualidades a la siguiente generación. La repetición de este proceso ciego una generación tras otra durante miles o millones de años provoca inevitablemente que las especies vayan cambiando y haciéndose más aptas para vivir en su particular entorno. La evolución, según la ortodoxia darwiniana, se debe esencialmente, si no por completo, a ese mecanismo gradual, continuo y competitivo.

Esa idea -que la selección natural constituye el principal motor de la evolución- es la que Gould ha desafiado hasta el final de sus días.

Sus argumentos se pueden resumir en dos (como los mandamientos, por supuesto).

El primero es que el registro fósil no siempre responde a las predicciones de Darwin, como muy bien sabía el propio Darwin. La teoría de la selección natural parece requerir una permanente y continua transición gradual de las especies biológicas, y los estratos fosilíferos se empeñan en mostrar a menudo unas sustituciones bruscas: las especies permanecen estables durante millones de años, y son sustituidas por otras nuevas en poco tiempo (en paleontología, ‘poco tiempo’ puede significar unos cuantos miles de años). Esta mera constatación es lo que Gould y su colega Niles Eldredge denominaron equilibrio puntuado en un artículo científico clásico de 1972.

“Uno de sus libros, “Wonderful life” (“La vida maravillosa”), publicado en 1989, se convirtió en todo un clásico de la paleontología, divulgando una visión diferente sobre la clasificación de los fósiles del famoso yacimiento de Burguess Shale; descartó la idea de Walcott —descubridor del yacimiento— de que cada especimen encontrado era un mero antepasado de organismos que han llegado hasta nuestros días. Para Gould, la variedad de diseños anatómicos presentes en Burguess Shale (todos ellos pertenencientes al Cámbrico) es mucho mayor que la que aparece en los actuales mares. Aunque estas teorías fueron cuestionadas por otros especialistas, nadie dejó nunca de alabar la espléndida prosa con la que Gould escribió sus artículos, convirtiéndose en uno de los más lúcidos divulgadores científicos del final de siglo, de cita obligada en la mayoría de los trabajos sobre paleontología, evolución, historia de la vida o filosofía.”[69]

Stephen Jay Gould (1941-2002), paleontólogo de profesión y profesor en la Universidad de Harvard desde 1967, es un pensador polifacético. No sólo la paleontología constituye su pasión, también la geología, la biología, la astronomía, la historia, la filosofía, la música y el béisbol.La obra científica de Gould parte, reafirmándola pero alterándola, de la teoría evolutiva de Darwin. Desde la publicación al 1927, junto con el paleontólogo también norteamericano, Niles Eldredge, del artículo Equilibrio discontinuo: una alternativa al gradualismo filético, ha llegado a ser una figura central en el ámbito del darwinismo. De su numerosa bibliografía podemos destacar: Desde Darwin(Ever Since Darwin: Reflections in Natural History), 1977; Ontogeny and Phylogeny, 1977; El pulgar del panda. Ensayos sobre evolución (Panda’s Thumb: More Reflections in Natural History), 1980; La falsa medida del hombre (The Mismeasure of Man), 1981, La sonrisa del flamenco. Reflexionas sobre historia natural (The Flamingo’s Smile), 1985; y La vida maravillosa. Burgess Shale y la naturaleza de la historia (Wonderful Life), 1989.

Darwin siempre aceptó el lema «Natura non facit saltum» y consecuentemente, pero en contra de otros evolucionistas, defendió que el proceso evolutivo iba a ritmo lento, sin saltos súbitos, gradualmente. El registro fósil, ciertamente, no apoyaba éste gradualismo, más bien daba testimonio de saltos y de discontinuidad. Pero Darwin argumentaba que el registro eraincompleto e imperfecto, era como un libro que sólo le quedan escasas páginas, pocas líneas por página, pocas palabras por línea y pocas letras por palabra.Stephen Jay Gould y Niles Eldredge plantean un modelo evolutivo que cuestiona éste gradualismo de Darwin: el modelo de equilibrios puntuados o de equilibrios discontinuos. Un modelo que sí encaja y explica el actual y voluminoso registro fósil, un registro que no da testimonio de cambios morfológicos graduales, sino de abruptas discontinuidades.

El modelo de equilibrios puntuados establece que las especies viven largos periodos de estabilidad, periodos de equilibrio de millones de años, que se ven cortados bruscamente por fases breves de cambios (miles de años) en las cuales aparecen nuevas especies. «La historia de cualquier parte aislada de la tierra, como la de cualquier soldado, consiste -ilustra un colega de Gould- en largos periodos de aburrimiento y breves periodos de terror». El registro fósil muestra la estabilidad de las especies durante «largos periodos de aburrimiento», tiempo que se va repitiendo tras «breves periodos de terror» en los cuales se da, súbitamente, una gran diversificación pero también una gran extinción.

En tiempo de Darwin estaba ya vivo el debate sobre la naturaleza rápida o lenta de los cambios geológicos: cataclismos naturales o gradualismo. Gould considera que la opción de Darwin por el gradualismo no se explica en base a datos empíricas sino por las influencias culturales y metodológicas. (Culturales: se había asumido el cambio en las sociedades, pero, tal y como defendía el pensamiento liberal, las transformaciones sociales duraderas eran lentas, graduales y ordenadas.

Metodológicas:

“Stephen Jay Gould, el teórico de la Universidad de Harvard cuyas investigaciones, conferencias y prolífica producción científica ayudaron a revalorizar la paleontología. Gould alcanzó una fama sin precedente entre los biólogos evolucionistas modernos y se transformó en parte de la iconografía popular cuando fue retratado en un dibujo animado de la serie Los Simpsons. Las renovaciones de su loft del barrio del SoHo, en Manhattan, fueron retratadas en un notable artículo de The Architectural Digest.

Famoso tanto por su brillantez como por su arrogancia, Gould era objeto de admiración y envidia, reverenciado y criticado a la vez por sus colegas. Fuera de la academia, era adorado casi universalmente. En su columna de la Revista de Historia Natural, empleaba una voz que combinaba el tono de un profesor de Harvard con el del hombre común amante del béisbol. Escribió numerosos libros, entre ellos, El pulgar del panda .Junto con el doctor Niles Eldredge, propuso la teoría de que hay largos períodos -a veces de millones de años- en los que las especies cambian muy poco o nada. Intermitentemente, surgen nuevas especies y hay un cambio revolucionario en escalas de tiempo geológicas. Esto determinaría cambios rápidos sobre un fondo de equilibrio en la cadena evolutiva. Treinta años más tarde, los paleontólogos aún discuten acerca de qué tan frecuentemente el registro fósil muestra un patrón con estas oscilaciones y por qué. Algunos opinan que “Gould les dio a los biólogos una nueva manera de ver los organismos que estudian”. Sin embargo, otros tienden a considerar que “sus ideas son tan confusas que no es necesario tomarlas en serio”.”[70]

1.Darwin había aprendido de Lyell que no se debe dar preferencia a la apariencia inmediata sino a la realidad escondida, el gradualismo estaba escondido debajo el imperfecto apariencia).

2.Gould, al contrario, opta por el cambio rápido: diferentes catástrofes han marcado profundamente el proceso evolutivo. No sólo la catástrofe que supuso la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años, también la de finales del permiano, que barrió el 95% de las especies de la superficie de la Tierra. Unos apocalipsis que se han repetido, imprevisiblemente, a lo largo de la marcha de la vida.

Diversidad de caminos posibles

No es el típico árbol de Navidades invertido lo que representa mejor la marcha de la vida, pasante de menos a más complejidad. En todo caso, la iconografía de un árbol no invertido, en el cual la disparidad y la diversidad se hallan en la base y en el que sólo unas ramas han sobrevivido, con vacíos inmensos entre ellas.

No un árbol de Navidades invertido, sino un árbol no invertido con diversidad inicial

Si se rebobinara la película de la vida, borrando todo cuanto ha acontecido y volviese a comenzar su historia, los nuevos acontecimientos serían sorprendentemente diferentes.Diversidad de itinerarios eran posibles; los resultados, no se podían predecir de entrada. La historia de la vida es una historia contingente: el azar y las circunstancias deciden de qué manera se desplegarán las formas vivas en nuestro planeta. Así, los hombres debemos nuestra existencia a una serie de casualidades que se han producido en la historia de la vida desde su origen. La vida no conduce necesariamente a la aparición del hombre.

Ciencia y sociedad

Gould, como filósofo de la ciencia, no ha dejado de hablar de «falsa ciencia», aquella ciencia incapaz de superar los prejuicios de la sociedad en la cual surge. El lamarkismo, por ejemplo, es falsa ciencia. Pese a que sabemos que una célula no puede retener y transmitir un carácter adquirido por un ser vivo, a menudo se defiende esta concepción. ¿Por qué? Porque es socialmente tranquilizadora. El esfuerzo queda compensado: el carácter o hábito adquirido se transmite.

En La falsa medida del hombre, centrado en los intentos de medir la inteligencia humana mediante los tests, Gould muestra y critica los abusos de la ciencia. Por un lado, muestra como la sociedad invoca la ciencia para justificar sus prejuicios; por otro, el científico, como le pasa a cualquier persona, no puede desvincularse por completo de su entorno social, que condiciona su metodología o sus resultados. El científico tiene que desprenderse de la aureola de falsa objetividad y asumir, de forma vigilante, el componente ideológico y social que afecta su trabajo.

«La iconografía convencional se ha sumado a un modelo primario, el “cono de diversidad creciente”, un árbol de Navidades invertido. La vida comienza de un modo restringido y simple, y progresa siempre hacia lo alto, yendo a más y más y, implícitamente, a mejor y mejor. El tronco se escinde en unas pocas ramas básicas; ninguna de ellas se extingue; y cada una de ellas se diversifica aún, en un número de subgrupos que aumenta de forma continúa. Pero los datos de Burgess Shale refutan esta interpretación central de la evolución como proceso continuo de diversificación creciente.

Las reconstrucciones radicales de la anatomía de los animales de Burgess Shale que presentaron Whittington y sus colegas revolucionaron, invirtiendola, la interpretación tradicional de la vida. Al reconocer tantas anatomías únicas en Burgess Shale, y al demostrar que los grupos familiares estaban experimentando con diseños tan alejados de la gamma actual, invirtieron el cono. La extensión de variedad anatómica llegó a un máximo inmediatamente tras la diversificación inicial de los animales pluricelulares. La historia posterior de la vida procede por eliminación, no por expansión. La Tierra actual puede contener más especies que nunca, pero la mayoría son iteraciones sobre unos pocos diseños anatómicos básicos. Comparados con los mares de Burgess Shale, los océanos de hoy contienen muchas más especies basadas en muchos menos planos anatómicos. Burgess Shale nos enseña que la máxima gamma de posibilidades anatómicas surge en el primer ímpetu de diversificación. La historia posterior es un relato de restricción»

Para Gould, la evolución no es un rio largo y tranquilo:

«Y, finalmente, la razón por la que estamos aquí es que un asteroide impactó contra la Tierra, exterminó los dinosaurios, y perdonó algunos pequeños mamíferos. Darwin creía que las extinciones masivas eran artilugios causados por la insuficiencia de los registros fósiles. Hoy sabemos que son muy reales: la historia de la vida ha estado marcada por numerosas extinciones masivas y brutales. ¡La evolución no es un río largo y tranquilo! Podemos citar la extinción en masa del finales del ordoviciano, hace 438 millones de años; la del final del devoniano, hace 367 millones de años… Pero la más terrible es la del final del permiano, hace 250 millones de años: borró de golpe cerca del 95% de especies marinas invertebradas. La última provocó la extinción de los dinosaurios, en la frontera entre el cretáceo y el terciario, hace 65 millones de años, activada por el impacto de un objeto extraterrestre que contenía iridio». [71]

«La historia de la mayor parte de las especies fósiles incluye dos características particularmente incongruentes con el gradualismo:

1. Estasis. La mayor parte de las especies no exhiben cambio direccional de ningún tipo en el transcurso de su estancia sobre la tierra. Aparecen en el registro fósil con un aspecto muy similar al que tienen cuando desaparecen; el cambio morfológico es normalmente limitado y carente de orientación.

2. Aparición repentina. En cualquier área local, una especie no surge gradualmente por una continúa transformación de sus antecesores; aparece de golpe y “totalmente formada”». [72]

El equilibrio puntuado no supone en sí mismo una refutación del darwinismo. La transición entre una especie y la siguiente, por muy brusca que parezca en el registro fósil, puede ocurrir por el muy convencional mecanismo de la selección natural, siempre que ese mecanismo sólo opere en una zona pequeña y en un tiempo corto. La ortodoxia darwinista, que se ha visto forzada a aceptar que la evolución no es siempre gradual, parece de momento contenta con ese esquema.

Pero la gran contribución de Gould al evolucionismo no es el probablemente el equilibrio puntuado, sino su aún más hereje recuperación de la Naturphilosophie, la gran tradición de la morfología alemana, iniciada con su magnífico tratado técnico Ontogenia y filogenia, de 1977. La cuestión central aquí es la siguiente: en el darwinismo ortodoxo, son las variaciones del medio ambiente las que dirigen los cambios evolutivos, al seleccionar entre la gama de pequeñas variaciones que le ofrece cada especie aquéllas que mejor se adaptan a las condiciones cambiantes. En la Naturphilosophie, y en el evolucionismo de Gould, los cambios que el genoma genera desde dentro son la clave, y el ambiente -y por lo tanto la selección natural darwiniana- queda relegado a un infamante papel secundario.

Los darwinistas conservadores tampoco le han agradecido a Gould su inmensa y encomiable labor como divulgador científico y ensayista. Vean este ejemplo del ortodoxo John Maynard Smith: ‘Gould ocupa una posición bastante curiosa. Dada la excelencia de sus ensayos divulgativos, ha acabado siendo considerado por los no biólogos como el teórico evolucionista más destacado. Por el contrario, los biólogos evolucionistas tienden a verle como un hombre cuyas ideas son tan confusas que apenas merece la pena preocuparse por ellas [...]. Todo esto carecería de importancia si no fuera porque está dando a los no biólogos una imagen en gran medida falsa del estado de la biología evolutiva’.

CREACIÓN EVOLUCIÓN Y LA EVIDENCIA HISTÓRICA

«La extrema rareza de las formas de transición en el registro fósil persiste como el secreto profesional de la paleontología. … Nos imaginamos ser los únicos verdaderos estudiosos de la historia de la vida, y sin embargo para preservar nuestro favorito relato de evolución por selección natural consideramos que nuestros datos son tan deficientes que nunca vemos el mismo proceso que profesamos estudiar.»[73]

CRITERIOS QUE DETERMINAN LA CONDICIÓN DE TEORÍA CIENTÍFICA

¿Cuál es el criterio que debe cumplir una teoría para ser considerada científica en el sentido generalmente aceptado?

George Gaylord Simpson ha afirmado que «es inherente en cualquier definición de ciencia que las afirmaciones que no puedan ser comprobadas por observación no son gran cosa… o, por lo menos, no son ciencia». [74]

Una definición de Ciencia, dada en el Diccionario de Oxford, es:

«Una rama de estudio que concierne a un cuerpo coordinado de verdades demostradas, o de hechos observados, clasificados y más o menos coordinados por su interrelación bajo leyes generales, y que incluye métodos fiables para el descubrimiento de nuevas verdades en su dominio.»

Así, para que una teoría pueda ser calificada de científica, debe ser apoyada por sucesos o procesos que puedan ser observados cuando ocurren, y la teoría debe ser útil prediciendo el comportamiento y resultados de futuros fenómenos naturales o experimentos de laboratorio. Una limitación adicional impuesta es que la teoría debe ser capaz de «falsación». Esto significa que debe ser posible concebir algún experimento cuyo fallo probaría la falsedad de la teoría.

CREACIÓN Y EVOLUCIÓN FRENTE AL CRITERIO ACEPTADO

Es en base de tal criterio que la mayor parte de los evolucionistas insisten en que la creación no debe ser considerada como una posible explicación de los orígenes. La creación no ha sido testificada por observadores humanos, no puede ser comprobada científicamente, y como teoría no es «falsable».

Con todo esto, la teoría general de la evolución (teoría de la molécula al hombre) también falla, incumpliendo estos tres criterios: Dobzhansky, tratando de afirmar la evolución como hecho, en realidad, admitió que no cumplía el criterio de teoría científica cuando dijo:

«… el acontecimiento de la evolución de la vida en la historia de la tierra está tan bien establecido como ningún suceso nunca testificado por observadores humanos lo pueda ser». [75]

Goldschmidt, que insistió en que la evolución es un hecho para el cual ya no se necesita de más pruebas, también reveló su fracaso en cumplir el criterio generalmente aceptado para establecer una teoría como científica. Después de describir las etapas de su mecanismo evolutivo, al que bautizó con el nombre de «Systemic mutation» (Mutación sistémica) o «Hopeful Monster» (Monstruo Viable), Goldschmidt afirmó:

«A esta suposición se oponen violentamente la mayoría de los genéticos que pretenden que los hechos hallados al nivel subespecífico se tienen que aplicar también a las categorías superiores. El repetir incansablemente esta pretensión no probada, el pasar de ligero sobre las dificultades y el adoptar una actitud arrogante frente a los que no se dejan influir tan fácilmente por las modas en la Ciencia, se considera que proporciona una prueba científica de su doctrina. Es verdad que nadie hasta ahora ha producido una nueva especie, género, etc., por macromutación; pero es igualmente cierto que nadie ha producido ni una sola especie por selección de micromutaciones ». [76]

Más adelante, en el mismo artículo declaró:

«Tampoco nadie ha presenciado nunca la producción de un nuevo individuo de categoría taxonómica superior por selección de micromutaciones.» [77]

Goldschmidt ha afirmado, pues, que en el contexto de «las moléculas al hombre» solamente se ha observado el cambio más trivial, al nivel de las subespecies.

Aún más, los arquitectos de la moderna teoría sintética de la evolución la han construido tan cuidadosamente, que no es posible su «falsación»: La teoría es tan plástica que es capaz de explicar cualquier cosa. Esta fue la queja de Olson [75] y de varios participantes en el «Wistar Symposium on Mathematical Challenges to the Neo-Darwinian Interpretation of Evolution» (Simposium Wistar de Desafíos Matemáticos a la Interpretación Neodarwinista de la Evolución), incluyendo incluso a Mayr, uno de los principales exponentes de esta teoría. [78]

Eden, uno de los matemáticos, lo expresó de esta manera, con referencia a la «falsabilidad»:

«Esto no se puede hacer en evolución, tomándola en su sentido general, y esto es lo que quise decir cuando la califiqué de tautológica. Porque, desde luego, puede explicar cualquier cosa. Se puede ser, o no, ingenioso al proponer un mecanismo que parece razonable a los seres humanos, incluso mecanismos que sean coherentes con otros mecanismos que se hayan descubierto, pero no deja de ser una teoría “no falsable”». [79]

Aun más, aparte de los científicos creacionistas, un creciente número de otros científicos han expresado dudas de que la moderna teoría de la evolución pueda explicar algo más que cambios triviales. Eden quedó tan desanimado después de una consideración completa de la teoría desde el punto de vista probabilístico, que proclamó:

«Una teoría científica y adecuada debe esperar el descubrimiento y elucidación de nuevas leyes físicas, fisicoquímicas y biológicas». [80]

Salisbury ha expresado similarmente sus dudas, basadas en consideraciones probabilísticas. [81]

El ataque a la teoría por parte de científicos franceses ha sido intenso en años recientes. Dice un reportaje sobre la situación en Francia: «Este año se vio crecer rápidamente la controversia, hasta que recientemente culminó con un artículo aparecido recientemente en la revista Science et Vie titulado «¿Deberíamos quemar a Darwin?» con una extensión de unas dos páginas.

El artículo, escrito por el divulgador Aimé Michel, estaba basado en las entrevistas del autor con especialistas tales como la señora Andrée Tetry, profesora en la famosa Ecôle de Hautes Etudes –y autoridad mundial en problemas de la evolución–, el profesor Rémy Chauvin, [82] y otros biólogos franceses de nota; y en un estudio a fondo de unas 600 páginas de compilación de datos biológicos reunidos, en colaboración con la señora Tetry, por el difunto Michael Cuenot, biólogo de fama mundial.

La conclusión de Aimé Michael es significativa: la clásica teoría de la evolución, en su sentido estricto, pertenece al pasado. Aunque no tomen una posición definida, hoy en día prácticamente todos los especialistas franceses mantienen fuertes reservas mentales en cuanto a la validez de la selección natural». [83]

E. C. Olson, uno de los oradores en la celebración del Centenario Darwiniano, hizo en aquella ocasión la siguiente afirmación:

Existe, asimismo, un grupo generalmente silencioso de estudiosos dedicados a investigaciones biológicas, que tienden a disentir con mucha parte del pensamiento actual, pero dicen y publican poco a causa de que no están particularmente interesados, o no ven que la controversia sobre la evolución sea de alguna importancia particular, o están tan totalmente en desacuerdo que les parece inútil dedicarse al monumental trabajo de controvertir el inmenso edificio de información y teoría que existe en la formulación del pensamiento moderno. Desde luego es difícil juzgar el tamaño y la composición de este silencioso sector, pero no hay duda de que los números no son despreciables». [84]

Fothergill se refiere a lo que él llama «la poquedad de la teoría como un todo». [85]

Erhlich y Holm han afirmado sus reservas de la siguiente manera:

«Finalmente, consideremos la cuestión presentada anteriormente: “¿Cuál es la explicación de lo que observamos en la naturaleza?” Ha llegado a ser moda el contemplar la moderna teoría de la evolución corno la única explicación posible, en lugar de decir que es la mejor conseguida hasta ahora. Es concebible, y hasta lo más posible, que lo que podríamos llamar chistosamente una teoría No-Euclideana de la evolución apunte en el horizonte. La perpetuación de la teoría actual como dogma no animará el progreso hacia una explicación más satisfactoria de los hechos observados». [86]

Algunos ataques son abiertamente críticos, tales como la carta de Danson que apareció recientemente en New Scientist y en la que, entre otras cosas, afirmaba:

«La teoría de la evolución ya no está más con nosotros, a causa de que hoy en día se reconoce al Neodarwinismo como incapaz de explicar cualquier otra cosa que no sean cambios triviales, y, a falta de otra teoría, no tenemos ninguna … a pesar de la hostilidad de los testimonios ofrecidos por el registro fósil, a pesar de las dificultades innumerables, y a pesar de la falta de una teoría creíble, la evolución sobrevive … ¿Puede haber, por ejemplo, otra área de la ciencia en la que se utilice un concepto intelectualmente tan estéril como el de la recapitulación embriológica como evidencia de una teoría?». [87]

Macbeth ha publicado recientemente una crítica especialmente incisiva de la teoría de la evolución. [88] Apunta al hecho de que a pesar de que los evolucionistas han abandonado el evolucionismo clásico, la moderna teoría sintética de la evolución que han propuesto como sustitución es igualmente inadecuada para explicar el cambio progresivo como resultado de la selección natural y, de hecho, no pueden ni siquiera definir Selección Natural en términos que no sean tautólogos. La incapacidad de la teoría actual, y el fracaso del registro fósil en cumplir las predicciones que le son propias, dejan a la macroevolución, y aún a la misma microevolución, como misterios intratables, según Macbeth. No obstante, Macbeth sugiere que no hay ninguna teoría –por el presente– preferible a ésta.

En vista de las consideraciones expuestas, es increíble que científicos líderes, insistan dogmáticamente en que la teoría de la evolución de la molécula al hombre se enseñe con exclusión de todo otro postulado. La evolución en este amplio sentido no está demostrada y no se puede demostrar, y, por lo tanto, no puede ser considerada como un hecho. No está sujeta a prueba por los métodos normales de la ciencia experimental: Observación y falsación. Así, en el sentido estricto, no puede ser ni siquiera calificada de teoría científica. Es un postulado, y puede servir de modelo con el cual se puede intentar explicar y correlacionar los datos que tenemos en el registro fósil, y hacer predicciones respecto a la naturaleza de descubrimientos futuros.

La creación, desde luego, no está probada, y no se puede probar por los métodos de la ciencia experimental. Según el criterio expresado anteriormente, tampoco la podemos calificar de teoría científica, ya que la creación habría sido inobservable y, como teoría, sería no-falsable. La creación es, por tanto, como la evolución, un postulado que puede servir como modelo para explicar y correlacionar la evidencia relacionada con los orígenes. La creación no es, en este punto, ni más religiosa ni menos científica que la evolución. De hecho, a muchos científicos bien informados les parece que la creación es muy superior al modelo evolucionista como explicación de los orígenes.

Tenemos la fuerte sospecha de que la aceptación de la evolución no se debe principalmente a la naturaleza de la evidencia, sino al prejuicio filosófico de nuestros tiempos. Watson, por ejemplo, ha dicho:

«La teoría de la evolución misma es una teoría universalmente aceptada no a causa de que pueda ser probada cierta por evidencia lógicamente coherente, sino porque la única alternativa, la Creación especial, es claramente increíble». [89]

Que ésta es la teoría sostenida por la mayoría de los biólogos lo ha enfatizado recientemente Dobzhansky. En su comentario del libro de Monod, Azar y Necesidad, Dobzhansky declaró:

«Ha señalado con admirable claridad, a menudo lindando en lo sublime, la filosofía materialista mecanicista compartida por la mayor parte del Establecimiento en las Ciencias Biológicas». [90]

La exclusión de la creación en la enseñanza científica es innecesaria e indeseable, sea en base científica o filosófica. Bajo el sistema presente, en el cual la evolución se presenta como un hecho, con exclusión de la creación, el estudiante es adoctrinado en una filosofía de humanismo secular, en lugar de beneficiarse de una presentación objetiva de la evidencia.

Se podría remediar esta situación presentando la creación y la evolución en forma de modelos, haciendo predicciones basadas en cada modelo, y entonces comparar la evidencia científica real con las predicciones de cada modelo. Así, los estudiantes podrían decidirse en base de esta presentación objetiva. Esto es lo que desearíamos hacer en el resto de este trabajo, ciñendo nuestras consideraciones a un examen del registro fósil.

LA EVIDENCIA PALEONTOLÓGICA , CRUCIAL

Aunque , se podrían investigar varios campos de la ciencia para intentar determinar cual es el modelo que aparece más plausible de los dos, el registro fósil es la única fuente de evidencia científica que permitiría una determinación de si realmente los organismos vivientes vinieron a existir por creación o por evolución. El caso fue bien planteado por LeGros Clark cuando dijo:

«Que la evolución haya realmente ocurrido se puede establecer científicamente solo por el descubrimiento de restos fósiles de muestras de los tipos intermedios representativos que han sido postulados basándose en la evidencia indirecta. En otras palabras, la evidencia realmente crucial en cuanto a la evolución debe ser proveída por el paleontólogo, cuyo trabajo es estudiar la evidencia del registro fósil». [91]

Sir Gavin de Beer se hizo eco de este último punto de vista, cuando afirmó:

«La última palabra en cuanto a la credibilidad y curso de la evolución está en manos de los paleontólogos». [92]

En su revolucionaria obra «El Origen de las Especies», Darwin afirmó:

« . . . El número de formas intermedias y de transición entre todas las especies vivientes y extinguidas debe haber sido inconcebiblemente grande» [93] .

Esta conclusión parece inevitable, sea en base de los conceptos de Darwinismo clásico o de los de la moderna teoría sintética de la evolución. Por cuanto el número de formas de transición predichas por la teoría general de la evolución es inconcebiblemente grande, el número de tales formas que debieron haber quedado fosilizadas, de acuerdo con esta teoría, es inconcebiblemente grande aunque sólo una fracción muy pequeña de todas las plantas y animales que han existido hubieran quedado fosilizadas.

El muestreo del registro fósil ya ha sido suficiente, por lo que ya no es válido afirmar que el muestreo es aun imperfecto.

Así, George ha afirmado:

«Ya no hay ninguna necesidad de excusarse más con la pobreza del registro fósil, pues ha llegado a ser difícil de manejar debido a su riqueza, y los descubrimientos están saturando la integración [de datos]». [94]

Parece claro que después de 150 años de búsqueda intensiva se hubiera debido descubrir un gran número de formas transicionales, si las predicciones de la teoría de la evolución fueran válidas.

Por otra parte, si nos basamos en el modelo de la creación, deberíamos predecir la ausencia virtual de formas de transición entre las principales categorías de clasificación (los géneros creados).

No obstante, no se podría excluir la presencia de alguna aparente forma de transición por dos razones: [95]

a) La tremenda diversidad exhibida dentro de cada categoría mayor de clasificación y

b) La posesión de características similares de existencia o actividad requerirían estructuras o funciones similares. No obstante, en base del modelo «creación», tales formas pseudotransicionales serían raras y no estarían conectadas por tipos intermedios.

Las discontinuidades en el registro fósil, por lo tanto, serían sistemáticas y casi universales entre las categorías mayores de clasificación (géneros).

Notas

67 Josh Mc Dowell; Don Stewart, Razones, “Tiene sentido la fe cristiana para el hombre de hoy” p. 151-156, ed. Vida, 4º impr. 1992

68 El Colapso de la Evolución, op. cit., p. 30

69 http://es.geocities.com/picolobo2002/cientificos.html

70 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

71 http://www.fcen.uba.ar/prensa/noticias/2002/noticias_24may_2002_03.html

72 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

73 Ibid

74 http://www.razones.org/articulo-39.htm

75 C. Darwin, Origin of Species, J. M. Dent and Sons, 1956, p. 294. Hay varias ediciones españolas: damos una de ellas: Ediciones Zeus, Barcelona 1970, p. 306.cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 21

76 T. N. George, Science Progress, 48, 1 (1960).,cit en cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 22

77 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

78 Ibid

79 Ibid

80 G. G. Simpson, en The Evolution of Life, Ref. 5, p. 143.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

81 P. Cloud, Science, 160, 734 (1968). cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

82 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958).cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

83 M. N. Bramlette, Science, 158, 673 (1967),cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

84 W. H. Bradley, Science, 160, 437 (1968),cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

85 A. E. J. Engel, B. Nagy, L. A. Nagy, C. G. Engel, G. O. W. Kremp y C. M. Drew, Science, 161, 1005 (1968).,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

86 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

87 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958). cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 25

88 cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 29

89 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

90 E. G. Conklin, citado por G. E. Allen, The Quarterly Review of Biology, 44, 173 (1969). . cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 31

91 A. S. Romer, Vertebrate Paleontology, 3a. Edición, University of Chicago Press, 1966, cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 32

92 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

93 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

94 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

95 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

96 Ibid

97 Ibid

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