Francisco Ayala, sacerdote secularizado, hombre sabio, genetista.

Francisco Ayala, sacerdote secularizado, hombre sabio, genetista
14.09.10 | 10:59.

Francisco Ayala nació en Madrid, 1934. Se licenció en Física antes de entrar en el seminario. Estudió Teología en Salamanca y se ordenó dentro de los dominicos. Después se doctoró en Genética en la Universidad de Columbia. Hoy es doctor honoris causa en quince universidades. Se le debe el descubrimiento de la enfermedad de Chagas y de la malaria y del reloj molecular de la evolución. Influyó mucho en él Teilhard de Chardin.

Ha trabajado como asesor del presidente Clinton, y ha mantenido contactos con Juan Pablo II y Benedicto XVI. De ellos ha sido el científico de su confianza.

De sus declaraciones extraemos estas afirmaciones: “El avance científico que más me inquieta es clonar seres humanos, me recuerda la eugenesia de principios del siglo XX”. — “Decir que solo la ciencia tiene sentido es tan extraño como afirmar que todas las respuestas están en la Biblia”. — “España tiene mucho nivel científico, pero un gran problema de nepotismo en las universidades. Es una pena que se desangre así”.

Francisco Ayala, madrileño, está nacionalizado en EE.UU. como ocurre a muchos científicos. Pronto, después de ordenado sacerdote. marchó a EE.UU. com permiso de sus superiores y permaneciendo en la Orden. Después pidió las dispensas. Contrajo matrimonio en 1985 con la Dra. ecologista, Ana Ayala, estadounidense. Tienen dos hijos.

Se mantiene el Dr. Ayala muy bien físicamente y en plena actividad a pesar de sus setenta y seis años. No se jubila, aun cuando el sueldo sería íntegro. Allí no existe la jubilación obligatoria. Sigue en contacto con sus amigos dominicos.

Ha defendido a los darwinistas contra quienes sostienen el diseño inteligente y la versión moderna del creacionismo.

Obtuvo el premio Templeton, el mejor dotado del mundo, un millón de euros; dice que lo donará. Afirma que se puede aceptar la presencia de Dios y no aceptar el creacionismo.

Datos tomados de la revista Semana, 12 septiembre 2010. pág. 54

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Capítulo 8. LA SELECCIÓN NATURAL DE DARWIN

Capítulo 8. LA SELECCIÓN NATURAL DE DARWIN

La teoría que Darwin propuso constaba de tres premisas y una conclusión. La primera se refería a “la variación existente en los seres vivos”. Cada individuo, fuera de la especie que fuera, presentaba unas variaciones propias que lo distinguían del resto de sus congéneres. Hoy diríamos que la estructura genética de cada organismo es individual y distinta a la de los demás.

Precisamente estas diferencias individuales eran las que utilizaban los agricultores y ganaderos para formar razas o variedades concretas que eran diferentes al tipo original.

La segunda premisa darwinista afirmaba que “todas las especies eran capaces de engendrar más descendientes de los que el medio podía sustentar”. No todas las crías llegaban a adultas. Muchas eran devoradas por los depredadores o eliminadas por la escasez de alimento.

Darwin halló un mecanismo natural que actuaba entre la ilimitada fecundidad de los seres vivos y los limitados recursos disponibles para alimentarlos. Tal mecanismo debía actuar eliminando la mayoría de las variaciones y conservando sólo aquellas de los individuos que sobrevivían y lograban reproducirse.

“La supervivencia del más apto, es la tautología más hipócrita en toda la historia de la ciencia. Es el mismo argumento circular o petición de principio de la preservación de las razas favorecidas aunque más insidioso, oscurecido por uno de los conceptos más capciosos de la biología, el de adaptación, que pretende, por ejemplo que el pez está adaptado al agua porque puede vivir en ella. Por supuesto que puede. Y por supuesto que el más apto sobrevive. Pero el menos apto también. Y es que hablar del más apto y el menos no tiene sentido porque no hay manera de medirles la “aptitud”(fitness), como no sea por su descendencia. Pero resulta que en los organismos que se reproducen sexualmente, que son los que trata Darwin, cuando el más apto se cruza con el menos apto los hijos son de ambos, es común la descendencia. El menos apto perdura en la descendencia que tiene con el más apto.

Darwin en el fondo, por más plantas que cultivó y por más que escribió sobre percebes y gusanos, no era biólogo, era un filósofo: un lobo disfrazado de cordero. Desde la escolástica, desde las discusiones de Tomás de Aquino con Duns Escoto sobre el radio de acción de un arcángel, la mente humana no ha conocido otra aberración más grande ni más exitosa que la selección natural de Darwin. O sí, la de Freud, quien construyó todo un edificio especulativo, un rascacielos, sobre el supuesto de que todo el mundo quería acostarse con su propia madre.” [1]

LA SELECCIÓN NATURAL
Esto le llevó a formular su tercera premisa: el misterioso mecanismo era lo que Darwin llamó la “selección natural”.

Las diferencias entre los individuos unidas a las presiones del ambiente provocaban el que unos sobrevivieran lo suficiente como para dejar descendientes, mientras que otros desaparecieran prematuramente sin haber tenido hijos.

En este proceso siempre perdurarían los más aptos, no por ser superiores sino por estar mejor adaptados a su ambiente. Cuando las condiciones de éste cambiaran, entonces serían otros con diferentes características los herederos del futuro.

Por tanto, la conclusión a la que llegó Darwin era que la selección natural constituía la causa que originaba nuevas especies.

El cambio evolutivo que provocaba la aparición de nuevos organismos debía ser lento y gradual ya que dependía de las transformaciones geológicas ocurridas a lo largo de millones de años. Unas especies se extinguían mientras otras surgían de manera incesante.

Como se ha señalado antes, en aquella época no se conocían los mecanismos de la herencia. Sólo después de más de cincuenta años de investigación, se pudo disponer de una teoría satisfactoria sobre la herencia y conocer la existencia de las mutaciones en los genes, en su tiempo y con sus limitados conocimientos.

Darwin era consciente de que a la teoría de la evolución le faltaba algo importante e intentó explicar los fenómenos hereditarios mediante unas hipotéticas partículas que procedían de los distintos tejidos del organismo y eran transportadas a través de la sangre hasta los órganos reproductores o allí donde fueran necesarias; era la teoría de la pangénesis, que Darwin presentó hacia el final de sus días, y que resultó ser un planteamiento totalmente equivocado.

Hoy se sabe que la teoría de la pangénesis no era cierta, pero el mérito de Darwin, según sus más fervientes seguidores, los neodarwinistas, consistió en aferrarse a la selección natural y rechazar los principios del lamarkismo. [2]

“Para CH. DARWIN (1809-1882) el descubrimiento, en su largo viaje, de la diversidad de formas vivientes, le llevó a modificar la teoría de LAMARCK y plantear la teoría de la evolución como un proceso de selección natural.

La teoría de DARWIN, que fue acompañada de cantidad de datos y material bibliográfico, se puede resumir en los siguientes puntos:

1. El mundo no es estático, sino que cambia y evoluciona.
2. La evolución no se produce por saltos, sino de una forma gradual y continua.
3. La línea evolutiva común, no se debe a la generación espontánea, sino a una comunidad de descendientes.
4. Por tanto, la evolución no se debe a un impulso interno o al azar, sino a la selección natural.

¿Qué entendía DARWIN por selección natural?
En todas las especies se plantea una lucha por la existencia. Al aparecer más individuos que recursos energéticos se establecerá una lucha por la supervivencia, en la que sobrevivirán los más aptos, lográndose un equilibrio ecológico.

Los mejor adaptados serán aquellos organismos que presenten un conjunto de variaciones que les hagan más capaces de sobrevivir en ese medio ambiente. Estas variaciones «útiles» se transmiten a los descendientes, estableciéndose en la especie al paso de varias generaciones, con lo que se produce una evolución gradual y continua. Cuando aparecen individuos con variaciones útiles, al no poder adaptarse al medio, perecerán sin dejar descendencia.

Darwin quiso dejar claro que la selección natural no produce las variaciones, sino sólo la conservación de aquellas que son beneficiosas al ser vivo en sus condiciones de vida.

Teorías científicas actuales

A las teorías darwinistas les faltaba la explicación de cómo se transmitían s variaciones a los descendientes. Los estudios de G. Mendel (1866) sobre s unidades de herencia (genes) y las investigaciones posteriores de Morgan (1910) mostraban que los genes estaban en los cromosomas y que las variaciones se producían por cambios o mutaciones en los mismos.

Posteriormente los trabajos de Watson y Crick sobre la estructura del ADN (ácido desoxirribonucleico) como constitutivo de los cromosomas y, por tanto, de los genes, permitieron precisar que las mutaciones se daban en el mismo y que al afectar a las líneas germinales eran heredables.

El ADN tiene un mecanismo de replicación que permite la estabilidad de especie. Las mutaciones en el ADN producirán la variabilidad, que en la mayor parte de los seres serán desventajosas y perjudiciales, porque hacen inviables a los nuevos individuos. En el caso de supervivencia de algunos de individuos mutados, esa variabilidad quedará como reserva hasta que en un momento pueda ser beneficiosa.

Sintetizando las teorías científicas actuales se puede afirmar que el hecho evolutivo queda explicado por dos mecanismos: intrínseco y extrínseco.

Los mecanismos intrínsecos están compuestos por:

La mutación génica: cambio en el programa del ADN, transmitiéndose a descendencia el gen modificado.

Recombinación génica: cruce entre los individuos con esa mutación.

La conjunción de ambos determinará la aparición de individuos diferentes sus padres.
Los mecanismos extrínsecos se deben a cambios en el clima, relieve, ecología… Estos mecanismos condicionan la selección de nuevos grupos.

Mutaciones
a. Puntuales o génicas: Se altera de alguna forma la secuencia de bases de un gen.

b. Cromosómicas: Cambio en la estructura de los cromosomas.

c. Genómicas: Alteraciones del número de cromosomas.

El hecho evolutivo se explica por:

Mutación génica
+
Recombinación génica
+
Cambios ambientales

La interacción entre ambos mecanismos producirá una adaptación al medio ambiente, que lentamente se extenderá a toda la especie, produciendo su transformación.
Para la ciencia actual, las teorías sobre la evolución explican con suficiente claridad el origen biológico de la especie humana.” extr. de Libro de Filosofia

Cuando desde ambientes evolucionistas se hacen alusiones a los partidarios de la creación, generalmente se les acusa de fundamentalismo fanático y anticientífico, ya que si Dios creó de manera inmediata o mediante procesos especiales que actualmente no se dan en la naturaleza, entonces quedaría automáticamente cerrada la puerta a cualquier posible investigación científica del origen de la vida. El creacionismo sería, por tanto, religión y no ciencia.

Sin embargo, la misma crítica puede hacerse al darwinismo. ¿No es éste también una forma de religiosidad atea y materialista? En realidad, tampoco se trata de una teoría científica sino metafísica, como señaló acertadamente el filósofo Karl Popper en Búsqueda sin término (1977: 230).

La selección natural, que es el corazón del darwinismo, pretende explicar casi todo lo que ocurre en la naturaleza, pero lo cierto es que sólo explica unas pocas cosas. Ni la adaptación de los organismos al entorno ni la pretendida selección natural de los mismos son acontecimientos que puedan ser medidos objetivamente, como más adelante se verá. Por tanto, no es posible verificar o desmentir las predicciones del evolucionismo mediante el método científico. Pero para que una teoría pueda ser considerada como científica tiene que ser susceptible de verificación y el darwinismo no lo es. ¿Qué es entonces? Pues un mito naturalista y transformista que se opone frontalmente a la creencia en un Dios Creador inteligente que intervino activamente en el universo. Aunque se presente como ciencia y se le intente arropar con datos y cifras, en realidad es la antigua filosofía del naturalismo.

Como bien señala Charles Colson: “La batalla real se libra entre visión del mundo y visión del mundo, entre religión y religión. De un lado está la visión naturalista del mundo, declarando que el universo es el producto de fuerzas ciegas y sin fin determinado. Del otro lado está la visión cristiana del mundo, diciéndonos que fuimos creados por un Dios trascendente que nos ama y tiene un propósito para nosotros” (Colson, Y ahora…¿cómo viviremos? 1999: 60).

La oposición entre darwinistas y antidarwinistas es en el fondo de carácter teológico. Hay que ser sinceros y reconocer que detrás de unos y otros se esconde una ideología de naturaleza religiosa. Es el viejo enfrentamiento entre la increencia y la fe en Dios, entre el materialismo y el espiritualismo. De ahí que los debates se vuelvan en ocasiones tan agrios porque despiertan sentimientos y creencias muy arraigadas.

Esto se comprueba, por ejemplo, en las actitudes de personajes como el biólogo evolucionista Richard Dawkins, uno de los defensores de la sociobiología, que pregunta siempre a quienes desean hablar con él acerca de la evolución: “¿Cree Ud. en Dios?” Si se le responde con una afirmación, da la espalda a su interlocutor y se marcha de forma grosera. En una entrevista realizada para el periódico La Vanguardia en Barcelona (España), al ser interrogado sobre el tema de la religión dijo: “Estoy en contra de la religión porque nos enseña a estar satisfechos con no entender el mundo”. Y acerca de la fe pensaba que “es la gran excusa para evadir la necesidad de pensar y juzgar las pruebas” (27.02.00).

LAS ESPECIES CAMBIAN, PERO NO TANTO
Después de más de un siglo de estudios de campo y de investigaciones ecológicas son muchos los científicos que han llegado a la determinación de que ni la adaptación de las especies al medio ambiente, ni la selección natural pueden ser medidas de forma satisfactoria, tal como requiere el darwinismo.

En este sentido el Dr. Richard E. Laekey admite que: “Tanto la adaptación como la selección natural, aunque intuitivamente son fáciles de entender, con frecuencia resultan difíciles de estudiar rigurosamente: su investigación supone no sólo relaciones ecológicas muy complicadas, sino también las matemáticas avanzadas de la genética de poblaciones. Los críticos de la selección natural pueden estar en lo cierto al poner en duda su universalidad, pero todavía se desconoce el significado de otros mecanismos, como las mutaciones neutras y la deriva genética” (Laekey, Darwin, 1994: 49).

A pesar de la gran cantidad de datos que se posee en la actualidad acerca del funcionamiento de los ecosistemas naturales, lo cierto es que el mecanismo de la evolución continúa todavía sumido en la más misteriosa oscuridad. Los ejemplos a los que habitualmente se recurre para ilustrar la selección natural se basan siempre en suposiciones no demostradas o en la confusión entre dos conceptos muy diferentes, el de microevolución con el de macroevolución.

¿Qué es microevolución? Es verdad que mediante selección artificial los ganaderos han obtenido ovejas con más lana, gallinas que ponen más huevos o caballos bastante más veloces, pero en toda esta manipulación conviene tener en cuenta dos cosas. La primera es que se ha llevado a cabo mediante cruces realizados por criadores inteligentes y no por el azar o el capricho de la naturaleza. Tanto los agricultores como los ganaderos han usado sus conocimientos previos con una finalidad determinada. Han escogido individuos con ciertas mutaciones o han mezclado otros para conseguir aquello que respondía a sus intereses.

Sin embargo, nada de esto se da en una naturaleza sin propósito. Cuando las razas domesticadas por el hombre se abandonan y pasan al estado silvestre, pronto se pierden sus características adquiridas y revierten al tipo original. La selección natural se manifiesta más bien, en esos casos, como una tendencia conservadora que elimina las modificaciones realizadas por el hombre. Por tanto, la analogía hecha por Darwin entre la selección artificial practicada por el ser humano durante siglos y la selección natural resulta infundada.

La segunda cuestión a tener en cuenta es que la selección artificial no ha producido jamás una nueva especie con características propias que fuera incapaz de reproducirse con la forma original. Esto parece evidenciar que existen unos límites al grado de variabilidad de las especies. Todas las razas de perros, por ejemplo, provienen mediante selección artificial de un antepasado común. Los criadores han sido capaces de originar variedades morfológicamente tan diferentes entre sí como el chihuahua, que puede llegar a pesar tan sólo un kilogramo en estado adulto, y el san Bernardo de más de ochenta. No obstante, a pesar de las disparidades anatómicas continúan siendo fértiles entre sí y dan lugar a individuos que también son fértiles. El semen de una variedad puede fecundar a los óvulos de la otra y viceversa, porque ambas siguen perteneciendo a la misma especie.

Como escribe el eminente zoólogo francés, Pierre P. Grassé: “De todo esto se deduce claramente que los perros, seleccionados y mantenidos por el hombre en estado doméstico no salen del marco de la especie. Los animales domésticos falsos (animales que se vuelven salvajes) pierden los caracteres imputables a las mutaciones y con bastante rapidez, adquieren el tipo salvaje original. Se desembarazan de los caracteres seleccionados por el hombre. Lo que muestra […] que la selección natural y la artificial no trabajan en el mismo sentido. […] La selección artificial a pesar de su intensa presión (eliminación de todo progenitor que no responda a los criterios de elección) no ha conseguido hacer nacer nuevas especies después de prácticas milenarias. El estudio comparado de los sueros, las hemoglobinas, las proteínas de la sangre, de la interfecundidad, etc., atestigua que las razas permanecen en el mismo cuadro específico. No se trata de una opinión, de una clasificación subjetiva, sino de una realidad medible. Y es que la selección, concreta, reúne las variedades de las que es capaz un genoma, pero no representa un proceso evolutivo innovador” (Grassé, La evolución de lo viviente, 1977: 158,159).

Las posibilidades de cambio o transformación de los seres vivos parecen estar limitadas por la variabilidad existente en los cromosomas de cada especie. Cuando, después de un determinado número de generaciones, se agota tal capacidad de variación ya no puede surgir nada nuevo. De manera que la microevolución, es decir la transformación observada dentro de las diversas especies animales y vegetales, no puede explicar los mecanismos que requiere la teoría de la macroevolución o evolución general de la ameba al hombre.

La naturaleza, más o menos dirigida por la intervención humana, es capaz de hacer de un caballo salvaje, un pequeño pony o un pesado percherón, pero no puede convertir un perro en oso o un mono en hombre. Los pequeños pasos de la microevolución permiten que, por ejemplo, un virus como el del SIDA modifique su capa externa para escapar al sistema inmunológico humano o que determinadas bacterias desarrollen su capacidad defensiva frente a ciertos antibióticos.

La macroevolución, sin embargo, apela a los grandes cambios que, como el salto de una bacteria a una célula con núcleo (eucariota) o el de ésta a un organismo pluricelular, requieren procesos que no se observan en la naturaleza. “Mucha gente sigue la proposición darwiniana de que los grandes cambios se pueden descomponer en pasos plausibles y pequeños que se despliegan en largos períodos. No existen, sin embargo, pruebas convincentes que respalden esta postura” (Behe, 1999: 33). Es más, la bioquímica moderna ha descubierto que estos grandes saltos de la macroevolución no se han podido producir por microevolución.

Ante esta situación la única alternativa que le queda al evolucionismo es apelar a las hipotéticas mutaciones beneficiosas que aportarían algo que antes no existía. Sin embargo, lo cierto es que no se sabe si tales mutaciones se producen realmente ni, por supuesto, con qué frecuencia lo hacen. A pesar de todo ello el darwinismo sigue creyendo en ellas porque evidentemente las necesita. Este es quizás el mayor acto de fe del transformismo. [3]

La teoría jerárquica de la evolución
A diferencia de la teoría del equilibrio puntuado, la teoría jerárquica tiene un alcance causal, no sólo fenomenológico. La teoría jerárquica de la evolución generaliza la teoría de la selección natural a unidades evolutivas distintas del organismo: la selección de linajes celulares (Buss), la clásica selección organísmica, la selección de grupos o demes (Williams), de especies e incluso de clados. En este sentido, Gould sostiene que la teoría jerárquica no trata de reemplazar sino de extender la teoría darwiniana. No obstante, la estructura teórica de la teoría jerárquica es muy distinta de la teoría clásica y, en este sentido, no ha de entenderse meramente como una extrapolación más inclusiva de la teoría de la selección natural. Según la teoría jerárquica, la evolución es el resultado de la interacción simultánea de distintos niveles que pueden coincidir pero también entrar en conflicto.
Para que un objeto biológico sea una unidad de selección ha de tener cinco propiedades fundamentales: puntos de nacimiento y de muerte, estabilidad suficiente a lo largo de su existencia, reproducción y herencia de rasgos parentales por descendencia. Las tres primeras propiedades son necesarias para distinguir a las unidades dentro de un continuo, mientras que las dos últimas son necesarias para que sean consideradas agentes de la selección natural, definida como éxito reproductivo diferencial.
La consideración de un individuo como individuo evolutivo es relativa, dependiendo del nivel de análisis en el que nos situemos en cada caso:
La teoría jerárquica de la selección reconoce muchas clases de individuos evolutivos, ordenados en una serie de inclusión creciente (genes en células, células en organismos, organismos en demes, demes en especies, especies en clados). La unidad focal de cada nivel es un individuo, y podemos dirigir nuestra atención a cualquiera de estos niveles. Una vez designamos un nivel focal como primario para un estudio concreto, entonces la unidad a ese nivel (el gen, el organismo, la especie, etcétera) se convierte en nuestro individuo focal o relevante, y sus unidades constituyentes se convierten en partes mientras que el nivel superior se convierte en colectividad. Así, si nos centramos en el nivel organísmico convencional, genes y células se convierten en colectividades. Pero si nuestro estudio requiere considerar a las especies como individuos, entonces los organismos se convierten en partes y los clados en colectividades. En otras palabras, la tríada parte—individuo—colectividad se desplazará, como un todo, arriba y debajo de la jerarquía en función de los sujetos y objetos de cualquier estudio particular.[4]

NOTAS

1. http://evolucion-y-darwinismo.blogspot.com/2009/06/la-aberracion-mas-grande-y-exitosa-que.html

2.http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=221&n=9376

3. http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=224&n=9606

4. Gould, La Estructura de la Teoría de la Evolución, p. 705, Wikipedia,Stephen Jay Gould

Argumento paleontologico parte 6

Argumento paleontologico parte 6

“Muchas personas creen que la llamada Teoría de la Evolución, es ya un hecho científico. Aunque la mayoría de los científicos defienden la teoria de la evolución, es un secreto a voces que dicha teoría está plagada de inconsistencias y que las faltas de evidencia que la sostengan es considerable.”

El Problema del Árbol Evolutivo

Cuando los científicos clasifican grupos, ellos pueden hacerlo tomando en cuenta varias características —por ejemplo, por características de campo, patrones óseos, órganos internos, u otros métodos. Pero estos diferentes métodos llevan a diferentes conclusiones sobre la taxonomía, sugiriendo que las formas de vida no son ramificadas —un problema para los evolucionistas. Por ejemplo, Parker explica que cuando sus estudiantes clasificaron lagartijas usando diferentes sistemas, ellos notaron que “el patrón no es uno ramificado, que sugeriría la descendencia evolutiva desde un ancestro común; más bien, es un patrón de mosaico o modular . . . que sugiere la creación”. (14, Págs. 41-42)

A cada estudiante le ha sido mostrado el “árbol evolutivo”, con una bonita secuencia de la vida, desde la sopa hasta la foca y hasta usted. Ese árbol no existe en el mundo real, como esas simples ilustraciones pretenden hacernos creer. Denton dedica un capítulo completo (2, Págs. 119-141) a demostrar los numerosos problemas con el famoso árbol evolutivo de Haeckel. Algunos de sus comentarios son: “… muchos grupos son tan aislados y únicos, y con tan dudosas afinidades, que hay desacuerdo completo en cuánto a dónde deberían ser colocadas en el árbol”. Y, dice él, “la evidencia directa para la evolución sólo reside en la existencia de medidas secuenciales inequívocas, y éstas no están nunca presentes en esquemas jerárquicos ordenados.” Él cita a Patterson en cuanto a los ancestros, “ellos no existen en la naturaleza sino en la mente del taxonomista, como abstracciones . . . aunque siempre se discute sobre ellos como si fueran realidad”.

El Problema de la Aparición Imprevista en el Registro Fósil

Si la evolución fuera verdad, deberíamos encontrar unas pocas formas de vida simples en el nivel más bajo del estrato geológico, con una consistente progresión ascendente hacia formas de vida de una naturaleza más avanzada en el siguiente estrato ascendente, etc. Pero no encontramos nada de eso. En cambio, lo que sí hallamos es la “Explosión Cámbrica”, la existencia de muchas y variadas formas de vida encontradas juntas cerca del fondo de la columna geológica. Es bien sabido por los paleontólogos que virtualmente todos los philum de las plantas y animales (planos básicos del cuerpo) aparecen de manera súbita en las rocas de la era Cambriana. (7, Pág.. 87, 3, Pág. 123)

El evolucionista Stephen J. Gould reconoce este severo problema para la evolución. Él dijo, “En cualquier área local, una especie no surge gradualmente por la transformación continua de sus ancestros; aparece de repente y ‘completamente formada’”. (5, Pág. 50) Gould está admitiendo aquí que el registro fósil no muestra evolución gradual. La columna geológica como se muestra en los libros de texto es un ejemplo de especulación artística.

Cuando se les pregunta por qué creen en la evolución, muchas personas simplemente dicen “dinosaurios”, sin haber realmente pensado bien por qué creen que los dinosaurios indican la evolución. Es importante ver a los dinosaurios por lo que fueron —parte del proceso de deterioramiento (incluyendo las extinciones) que ha estado ocurriendo desde la creación. La Biblia traza un proceso que comienza con la creación como un evento completo en el pasado, luego entonces el deterioro se inicia.

En lugar de tener un número expandido de organismos con el tiempo, como lo predice la evolución, encontramos los fósiles substancialmente presentes temprano en el registro fósil, luego un deterioro en el número de organismos con el tiempo (extinción.) La evidencia fósil encaja mejor en el modelo bíblico que en el evolutivo.

El Problema de los Eslabones Perdidos

¿Dónde están los eslabones perdidos? Darwin reconoció que su teoría implicaba que “el número de intermediarios y eslabones transicionales, entre todas las especies vivientes y extintas, debería haber sido inconcebiblemente grande”. E incluso él reconoció que los eslabones perdidos no fueron encontrados. Darwin mismo vaciló sobre su teoría y preguntó, “¿Por qué si las especies han descendido de otras especies por gradaciones leves e insensibles, nosotros no vemos por todas partes innumerables formas transicionales? ¿Por qué no está toda la naturaleza en confusión en lugar de estar las especies, como las vemos, bien definidas?”. (5, Pág. 46)

Darwin sólo podía asumir que con el tiempo, encontraríamos los eslabones perdidos en la forma de fósiles. Pero, un siglo y medio después, el registro fósil está vacío de tales eslabones perdidos —no sólo entre el hombre y los monos, sino también entre todos los otros grupos.

Éste no es sólo un punto de vista de los creacionistas, sino que es ampliamente reconocido por los evolucionistas. El evolucionista R. B. Goldschmidt dijo “… prácticamente todos los órdenes o familias conocidas, aparecen súbitamente y sin ninguna transición aparente”. (3, Pág. 377) El evolucionista David B. Kitts dijo, “la evolución requiere formas intermedias entre especies, y la paleontología no las provee”. (3, Pág. 378) El evolucionista Stephen J. Gould, describió “la rareza extrema de las formas transicionales en el registro fósil” como “el secreto de profesión de la paleontología”. (5, Pág. 59) Un paleontólogo de la universidad de Texas le admitió espontáneamente al autor de este ensayo que no sólo no hay eslabones perdidos encontrados en el registro fósil sino que, “Abandonamos su búsqueda hace años”.

Ningún eslabón ha sido hallado de los peces a los anfibios, de los anfibios a los reptiles, de los reptiles a los mamíferos, etc. De acuerdo con el científico de la creación Duane Gish, las dos brechas más notables en el registro fósil son (1) la brecha entre los organismos microscópicos unicelulares y los invertebrados multicelulares complejos, y (2) la enorme brecha entre esos invertebrados y los peces. Esas brechas “son tan inmensas e incuestionables que cualquier discusión más allá del registro fósil llega a ser superflua”. (3, Pág. 115) Aún más, esas brechas establecen “más allá de la duda que la evolución no ha ocurrido”. (3, Pág. 127)

Gish explica que, si la evolución fuera cierta, debieron de haber billones de billones de intermediarios entre estos grupos mayores. ¡Pero no hay ni uno! Es imposible, dada la escala de tiempo de los evolucionistas de millones de años, que ni un sólo intermediario pudiera ser hallado.

El evolucionista Steven Stanley lo puso de esta manera, “El registro fósil conocido falla al documentar un sólo ejemplo de evolución filética (gradual) que logre una transición morfológica mayor, y en consecuencia no ofrece evidencia alguna de que el modelo gradualista pueda ser válido”. (2, Pág. 182)

Ejemplos de animales que alguna vez fueron considerados como intermediarios han sido descartados sistemáticamente. Uno podría preguntar, “¿Qué de aquellos ejemplos como el Archaeopteryx, el animal volador con algunas características de reptil?” Se admite ahora ampliamente que el Archaeopteryx es un pájaro, simple y llanamente, lleno de plumas. (14, Págs. 148-150 y 2, Págs. 175-178)

Usando al Archaeopteryx como ejemplo, los científicos ahora saben que el lograr que un reptil evolucione en un pájaro es horriblemente problemático. Aquí están algunas de las dificultades: (1) Las plumas son estructuras fundamentalmente diferentes a las escamas, surgen de diferentes capas de piel. Las escamas son simplemente pliegues en la epidermis, mientras que las plumas y los cabellos se desarrollan en los folículos. (3, Pág. 323) (2) En teoría, las plumas pueden haber surgido de ejes externos desgastados de escamas, pero es difícil entender la gran adaptación de las escamas desgastadas para que puedan llegar a ser un organismo. (3) Para pasar de reptil a pájaro se necesitan más que plumas. Un pájaro tiene sistemas respiratorio, cardiovascular, muscular y gastrointestinal muy diferentes a los de un reptil. En este punto nos hemos metido en el problema de sistemas complejos irreducibles.

Pero el problema es más que sólo unos pocos animales en el registro fósil que no parecen encajar cuidadosamente en las bien definidas clasificaciones. La teoría de Darwin implicó no solamente que los fósiles de transición serían encontrados, sino que predijo que un registro fósil verdaderamente completo estaría mayormente compuesto de transiciones. Los museos del mundo deberían estar rebosando de fósiles transicionales. En lugar de fósiles transicionales, el registro fósil muestra organismos completamente formados, bien adaptados a sus ambientes – tal y como lo encontramos ahora.

La conclusión más lógica es que los supuestos eslabones perdidos fueron criaturas imposibles que nunca existieron.

Especiación:

Es el proceso por el cual surge una nueva especie. Darwin no llegó a explciar por completo este concepto en que se origina una nueva especie.Si bien resulta muy dificil determinar el momento en que se origina una nueva especie,la mayoría de los científicos coincide en que una especie ha dado origen a otra cuando las poblaciónes resultantes no pueden cruzarse entre si,viviendo en el mismo territorio. En ese momento se considera que el genotipo de ambas poblaciones ha cambiado al punto de ser incompatibles:se originó una nueva especie.BiologiaES6.pag.326

El Problema de la Estasis

Cuando se analiza el registro fosil se advierte que hay largos periódos de pequeños cambios,irelevantes, a los que se denomina periodos de estasis (o de quietuid) y otros periodos muy cortos,en lso que hay grandes cambios.Para la teoria de los equilibris punteados, es justamente en estos cortos períodos deonde aparecen neuvas especies (Biol. pag. 327)

La pregunta es, ¿por qué tanta estabilidad? En otras palabras, ¿qué causa la estasis?

Los ecologistas y los biólogos evolucionistas se han unido recientemente para buscar explicaciones a la estasis. Actualmente, dos explicaciones generales sobre este fenómeno evolutivo son favorecidas:

Perspectiva No. 1

En vez de promover el cambio adaptativo a través de la selección natural, el cambio ambiental hace que los organismos busquen hábitats familiares a los cuales ya están adaptados. En otras palabras, la reacción biológica esperada más frecuentemente al inevitable cambio ambiental es el “seguimiento del hábitat” en vez del “seguimiento de la adaptación.” Por ejemplo:

Durante los últimos 1.65 millones de años, han ocurrido cuatro episodios mayores (y numerosos episodios menores) de enfriamiento global, resultando en el movimiento hacia el Sur de enormes campos de hielo glacial, tanto en Norteamérica como en Eurasia.

Sin embargo, a pesar de este patrón rítmicamente cíclico de profundo cambio climático, la extinción y la evolución a lo largo del Pleistoceno fue sorprendentemente insignificante.

En vez, los ecosistemas (como por ejemplo, la tundra, los bosques boreales y los bosques de maderas duras mixtas) migraron hacia el Sur al frente del avance de los glaciares.

A pesar de que hubo mucha perturbación, la mayoría de las especies de plantas (a través de sus semillas) y de las especies animales fueron capaces de migrar, encontrando hábitats “reconocibles” y sobrevivir prácticamente sin cambios a lo largo de la Época del Pleistoceno.

La botánica Margaret Davis6 y sus colegas y el entomólogo G. R. Coope7 han proporcionado ejemplos especialmente bien documentados y gráficos del seguimiento del hábitat como una fuente para la supervivencia de las especies a lo largo del Pleistoceno.

Perspectiva No. 2

Las especies también permanecen estables por la misma naturaleza de su organización estructural interna. Todas las especies están divididas en poblaciones locales que están integradas a los ecosistemas locales. esto significa que:

Una población del Tordo Norteamericano (Turdus migratorius) se enfrenta a una existencia muy diferente en, digamos, los bosques húmedos de las Montañas del Adirondack en el Noroeste de los Estados Unidos, que la que experimentan las poblaciones locales de la misma especie en Santa Fe, Nuevo México.

Estas poblaciones disjuntas encuentran grandes diferencias en la comida, la disponibilidad de agua, las temperaturas ambientales, los depredadores potenciales y hasta posiblemente en los vectores de enfermedades.

Esto, por supuesto, implica que la selección natural (tal y como fue observada inicialmente por Sewall Wright 8,9) actuará muy diferentemente en estas poblaciones tan disjuntas.

Muchas especies poseen rangos geográficos sumamente extensos y similares al del Tordo Norteamericano. Bajo estas circunstancias, es difícil imaginarse como puede la selección natural “empujar” a una especie entera en una dirección evolutiva singular sobre una extensión larga de tiempo geológico.

En vez de esto, las parcialmente separadas historias evolutivas de las poblaciones locales implican que, sobre el tiempo geológico, no se acumularán cambios netos en la especie como un todo.

El fenómeno de la estasis, ahora documentado empíricamente como típico en la mayoría de las especies de Metazoa y de Plantae por lo menos por los últimos quinientos millones de años, significa que la mayor parte del cambio evolucionario adaptativo ocurre en conjunción con la especiación. Este es un resultado realmente sorprendente, y ciertamente no es un resultado que fue anticipado por Dobzhansky, Mayr o por los otros biólogos que inicialmente establecieron la importancia de las especies y de la especiación en el proceso evolutivo. Pues ¿por qué debería ser que el origen de las especies, es decir, las nuevas comunidades reproductivas, debería también incorporar como regla general al cambio evolutivo más adaptativo en general? Sin embargo, esto es lo que el registro fósil de la evolución de la vida nos parece estar diciendo. http://www.actionbioscience.org/esp/evolucion/eldredge.html

“No deberíamos hablar de evolución de especies sino entender que toda especie en realidad coevoluciona con un número variable de otras especies. Pensemos en una planta típica, con su núcleo (1er genoma), sus mitocondrias (endosimbiontes, 2º genoma), sus cloroplastos (otros endosimbiontes, 3er genoma). ¿Por qué nos paramos ahí? Al igual que cada planta individual necesita de sus orgánulos celulares para sobrevivir, sucede que en la mayoría de los casos también necesita de otros organismos para reproducirse con éxito, de modo que su fitness no sólo dependerá de los genomas que alberga en el interior de sus células, sino también de los genomas de aquellas especies que sirven de polinizadores o dispersores de semillas. Pero al igual que la eficacia biológica de un organismo puede depender de las relaciones beneficiosas con otros organismos, más radicalmente lo hace de las relaciones antagonistas con sus depredadores y parásitos. Sumen ustedes, que yo ya he perdido la cuenta, cuántos genomas pueden estar implicados en la eficacia biológica de eso que llamamos una planta y verán que lo que evoluciona no es un ente (población biológica, ojo) aislado, sino una red de entes interconectados por las interacciones que mantienen entre sí.

Y el caso es que si pensamos en la evolución de una especie como la coevolución de todos los componentes de este tipo de redes ecológicas, entonces es muy fácil encontrar una explicación al dilema de la aparente stasis, la ausencia de cambio evolutivo, en que viven las especies la mayor parte del tiempo. Cualquier cambio que experimente un nodo de esta red afectará indirectamente a todos los demás nodos conectados a éste, en mayor o menor medida dependiendo de la intensidad de las interacciones mutuas. Como cualquiera que se haya enfrentado a un reloj desmontado y trate de montarlo de nuevo alterando una de las piezas, es fácil observar que el más pequeño de los cambios puede afectar gravemente al funcionamiento del conjunto. Efectivamente, una de las propiedades de las redes complejas es su resistencia a los cambios. En términos biológicos, cualquier cambio que altere el status quo es seleccionado en contra y es esta selección estabilizante la que explica la ausencia de evolución en las poblaciones. La coevolución de las redes ecológicas supone un freno (en la mayor parte de los casos) para la evolución de los componentes individuales.

¿Cómo es posible el cambio evolutivo entonces? Pues porque el ambiente no es homogéneo. Nuevas especies pueden aparecer en el panorama, estableciendo nuevas interacciones que fuerzan presiones selectivas direccionales nuevas que compensan la fuerza estabilizante. O la propia especie centro de nuestro estudio puede ser la que colonice un nuevo hábitat, donde no tienen por qué existir todas aquellas otras especies con las que ha coevolucionado hasta la fecha y por lo tanto hay sitio para nuevas adaptaciones.

Dicho de otro modo, el mosaicismo de hábitats presente en la realidad crea nichos que diferentes poblaciones de una misma especie pueden ocupar desarrollando adaptaciones específicas. Cada población local será más o menos estática, pero la especie en su conjunto posee suficiente diversidad como para explorar nuevos hábitats y desarrollar nuevas adaptaciones coevolutivas. Ni que decir tiene que esto encaja a la perfección con el modelo de especiación parapátrico de Mayr que explica tan razonablemente bien el fenómeno de la súbita aparición en el registro geológico de nuevas especies. De hecho se observa que cuando dos variedades de una especie han coevolucionado de manera diferente en hábitats ligeramente distintos, cuando sus distribuciones solapan se producen organismos con evidentes síntomas de maladaptación.

Coevolución en la estasis del núcleo poblacional, coevolución en la aparición de nueva variabilidad en nuevos ambientes, coevolución en la especiación. En resumen, coevolución en el seno de la teoría de los equilibrios puntuados.

http://evolucionarios.blogalia.com/historias/33053

Criticas al respecto

Como es reconocido por el evolucionista Gould, “La mayoría de las especies exhiben cambios no direccionales durante su permanencia en la tierra. Ellas aparecen en el registro fósil viéndose casi iguales que cuando desaparecen; el cambio morfológico es usualmente limitado y sin dirección”. (5, Pág. 50) El registro fósil muestra estabilidad, no cambio.El problema de la estasis en el registro fósil es particularmente evidente en las plantas. Sin embargo, renuente a rendirse en cuanto a la evolución, el profesor de botánica, E. J. H. Corner de la universidad de Cambridge, admite, “…para los que no tienen prejuicios, el registro fósil de las plantas está a favor de la creación especial”. (14, Pág. 148) menteabierta

TABLA DE LA CREACIÓN SEGÚN LA BIBLIA Y LA GEOLOGÍA
Días
y épocas
Edades geológicas Períodos geológicos Principales acontecimientos
Período inicial: Gen. 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Período llamado Universal por el geólogo Marcel Creación de la materia del Universo, o sea, formación de los átomos.
1.er Día: vers. 2-5 Edad primitiva. Formación del Sistema Solar y de la Tierra procedente de la nebulosa primitiva. Primitivo.
Creación de la luz por ignición de la materia, y formación de soles.La Tierra, un pequeño planeta del Sistema Solar, desordenado
y vacío, es objeto especial de la atención del

Creador.

2.° Día: vers.6-8 Edad antecriptozoica. Pantalásico. La Tierra, constituida ya como planeta, totalmente cubierta de aguas en ebullición y del vapor procedente de las mismas.

La formación de la atmósfera, de mayor peso específico,

separa el agua líquida del agua- vapor, que continúa

envolviendo totalmente el planeta.

3.er Día: vers. 9-13 Edad primaria precámbrica. Período arcaico. Llamado también Algonquiano por los geólogos, así como Protozoario. Primeros movimientos volcánicos que levantan la corteza de la Tierra, formando los primitivos continentes.

Aparecen los protozoarios acuáticos y la vida vegetal sobre

la Tierra.

4º Día:vers 14-19 Edad paleozoica. Cámbrico. Ordovicense,subdividido por Silúrico,Devónico,Carbonífero y Pérmico. Limpieza parcial de nubes alrededor del planeta,con la consiguiente
aparición del Sol, la Luna

y las estrellas.

Arboles gigantescos son incendiados y se transforman en hulla o carbón

de piedra; aumenta el oxígeno y

disminuye el carbono.

5º Día : vers
20-21
Edad secundaria o mesozoica. Período triásico,jurásico y cretáceo. Creación de la vida animal en el mar.Rápido desarrollo de los vertebrados gigantescos e inicio de los vertebrados volátiles (pterodáctilos
y aves).
6º Día : vers 24-31 Edad terciaria o
cenozoica.

Principia la Edad cuaternaria.

  • Numalitico
  • Eoceno.
  • Neogeno.
  • Oligoceno.
  • Piloceno.
Aparición de la fauna contemporánea de proporciones más reducidas que los antiguos monstruos.

Creación del hombre.

7º Día: Gen.cap. 2:1 a Apoc. 19 Edad cuaternaria. Período pleistoceno. 1.° Tiempos prehistóricos (antes de que los hombres aprendieran
a escribir).

2° Edad histórica
(reseñada en escritos

y jeroglíficos).

Subdividida en:

a) A.C. Antigua, o sea, anterior a Jesucristo.

b) D.C. Después de la Venida de Cristo, llamada en el mundo

occidental Era Cristiana.

“Muchos de los prominentes evolucionistas admiten francamente el carácter hipotético de teoría. Hasta se permiten ser creyentes firmes en la doctrina del origen sucesiva pero no vacilan en decir que no pueden hablar con alguna seguridad del método con que opera. Cuando, Darwin publicó sus obras, se pensó que por fin había encontrado la llave del proceso, pero en el transcurso del tiempo descubrió que la llave no le venía a la cerradura.

Darwin dijo, en efecto, que su teoría dependería enteramente de la posibilidad de transmitir las características adquiridas, y eso se convirtió de inmediato en una de las piedras fundamentales de la teoría biológica de Weismann en cuanto a que las características adquiridas no son hereditarias. Su opinión recibió confirmación abundante por medio del estudio posterior de la genética. Sobre la base de transmisión aceptada de las características adquiridas, Darwin habló con gran seguridad de las transmutaciones de las especies y previo una línea continua de desarrollo desde la célula primitiva hasta el hombre; sin embargo, los experimentos de De Vries, Mendel, y otros sirvieron para desacreditar su opinión

Los cambios graduales e imperceptibles de que habló Darwin dejaron sitio para las mutaciones repentinas y los inesperados cambios de De Vries tanto que Darwin aceptó como un hecho las interminables variaciones diferentes direcciones, Mendel indicó que las variaciones o mutaciones nunca hacen que el organismo salga de su especie y están sujetas a una ley definid Esta idea quedó confirmada por la citología moderna con su estudio de célula, con sus genes y cromosomas considerados como los portadores de características heredadas.

Quedó probado que las llamadas nuevas especies de los evolucionistas no son para nada nuevas especies, sino solamente variaciones de la forma típica, es decir, variedades de las mismas especies. Nordenskioeld en su History of Biology cita la siguiente frase tornada de un informe popular que se refiere a los resultados de una investigación sobre la herencia, en los que se refleja el verdadero estado de la situación: “Debido al gran número de hechos que ha sacado a luz la investigación moderna solo la herencia, prevalece actualmente el caos entre las opiniones acerca de la formación de las especies”, p. 613.

Actualmente los evolucionistas sobresalientes admiten con franqueza que el origen de las especies es para ellos un completo misterio. En tanto que esto sea así, no hay mucha esperanza de que explique el origen del hombre.(Berkhof,pag.218)

Las palabras de Martín Lutero en su introducción del Antiguo Testamento, pero particularmente aplicable a Génesis, resuenan a través de los siglos como una potente advertencia:

Ruego y fielmente advierto a cada cristiano piadoso, que no tropiece con la simplicidad del lenguaje y las historias que a menudo encontrará. El no debe dudar de que, no importa cuán simple puedan parecer, estas son las palabras, obras, juicios, y actos de la gran majestad, poder y sabiduría de Dios.”

notas

http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_probldarwin2.htm

Ibid

Ibid

Ibid

Ibid

Argumento paleontologico parte 5

Argumento paleontologico parte 5

El registro fósil debería permitir una elección entre los dos modelos. [94]

PRESENTACIÓN DE LOS DOS MODELOS

Nuestros dos modelos se podrían construir como sigue:

MODELO «CREACIÓN» MODELO «EVOLUCIÓN»

Por Actos de un Creador Por procesos naturales mecanicistas debidos a propiedades inherentes a la materia inanimada.

Creación de géneros básicos de vegetales y animales con características ordinales completas en los primeros representantes. Origen de todo lo viviente a partir de una sola fuente de vida que surgió por si misma de la materia inanimada.

Variación y especiación limitada dentro de cada género. Variación ilimitada. Todas las formas están relacionadas genéticamente.

Estos dos modelos nos permitirían, a su vez, emitir las siguientes predicciones concernientes al registro fósil:

MODELO «CREACIÓN» MODELO «EVOLUCIÓN»

Aparición repentina de una gran variedad de formas altamente complejas. Cambio gradual de las formas más simples a formas más y más complejas.

Aparición repentina de todos los géneros creados con características ordinales completas. Discontinuidades bruscas separando grupos taxonómicos principales, sin formas transicionales entre categorías principales de transición Series transicionales conectando todas las categorías. No debe haber discontinuidades sistemáticas.

COMPARACIÓN DEL REGISTRO FÓSIL CON LAS PREDICCIONES DE LOS DOS MODELOS [75]

1. Del Precámbrico al Cámbrico:

Las rocas más antiguas en las cuales se encuentran fósiles indiscutibles son las del período Cámbrico. En estos depósitos sedimentarios se encuentran miles y miles de millones de fósiles de formas altamente complejas de vida. Esta incluyen esponjas, corales, calamares, gusanos, moluscos, crustáceos. De hecho. se han encontrado todas las clasificaciones principales de formas invertebradas de vida en las rocas Cámbricas. Estos animales son tan altamente complejos que se estima que precisaron de 1.500 millones de años para evolucionar.

Y, ¿qué es lo que en contramos en las rocas Precámbricas, de mayor antigüedad que las Cámbricas? ¡No se ha encontrado ni un solo fósil indiscutible en ellas! Se puede decir con toda certeza que los antepasados de la fauna Cámbrica, si han existido alguna vez, jamás han sido hallados. [76] , [77] , [78]

A pesar de las afirmaciones en contra, los reportajes concerniendo el descubrimiento de microfósiles (bacterias y algas unicelulares microscópicas) en rocas Precámbricas, a las que se las ha asignado una edad de 1.000 a 2.000 millones más de años que a las del Cámbrico, son cuestionables, y desde luego están abiertos a discusión. Algunos artículos recientes tienden a exponer las incertidumbres involucradas en tales identificaciones. [79] , [80] , [81]

Por ejemplo, a pesar de que aceptan la probabilidad de que alguno de estos pretendidos microfósiles de la era Precámbrica sea de origen biológico, Engel, et al, han advertido que:

«Establecer la presencia de una actividad biológica durante el primitivo Precámbrico plantea problemas muy difíciles… es apropiado el escepticismo sobre esta clase de evidencias de una primitiva vida Precámbrica». [82]

Aun si estos pretendidos microfósiles representan restos de formas genuinamente Precámbricas, nos encontramos de todas maneras con una discontinuidad tremenda entre las formas unicelulares microscópicas de vida, y las muy diversificadas y altamente complejas formas de vida encontradas en el Cámbrico, una discontinuidad que se extiende supuestamente sobre mil o dos mil millones de años en las eras geológicas.

Axelrod afirma, refiriéndose a este problema:

«Uno de los principales problemas no resueltos de Geología y Evolución es la presencia de invertebrados marinos multicelulares diversificados en rocas Cámbricas Anteriores en todos los continentes, y su ausencia en rocas de mayor antigüedad.»

Después de considerar los varios tipos que se hallan en el Cámbrico, Axelrod prosigue:

«No obstante, cuando vamos a las rocas Precámbricas para hallar los antecesores de estos fósiles Cámbricos, no se encuentran por ninguna parte. Se conoce, ahora, que muchas secciones de rocas sedimentarias (de unos 1.600 m.) descansan en sucesión ininterrumpida bajo estratos que contienen los más primitivos fósiles Cámbricos. Aparentemente, estos sedimentos fueron adecuados para la preservación de fósiles, a causa de que a menudo son idénticas a los de las formaciones fosilíferas que descansan encima de ellos y, a pesar de ello, no se encuentran fósiles en ellos»[83]

Según todas las apariencias, basados en los hechos conocidos del registro fósil, hubo una repentina explosión de vida con un alto nivel de complejidad. El registro fósil no nos da ninguna evidencia de que estos animales Cámbricos se desarrollaran a partir de precedentes formas ancestrales. Aun más, no se ha encontrado ningún fósil que pueda ser considerado como forma de transición entre los grupos principales de clasificación que lo forman. En su aparición más primitiva, estas categorías de vida invertebrada eran ya tan «divergentes» con tanta claridad como hoy en día.

¿Cómo queda el modelo evolucionista a la luz de estos hechos?

Obviamente, están en completa contradicción con sus afirmaciones.

Esto lo ha admitido el mismo George Gaylord Simpson, que declaró:

«Garantizado el origen evolutivo de los principales grupos taxonómicos de animales, y no por un acto de creación especial, la ausencia de cualquier registro de cualquier miembro de algunos de los phylums en las rocas precámbricas permanece tan inexplicable en el terreno de la ortodoxia (evolucionista) como lo era para Darwin». [84]

Simpson ha luchado valientemente, pero no fructuosamente, con este problema, habiéndose visto obligado a conceder que la ausencia de fósiles Precámbricos (aparte de los pretendidos microfósiles) es «El mayor misterio de la historia de la vida». [85]

No obstante, estos hechos están totalmente de acuerdo con, el modelo «creación». El registro fósil revela una aparición repentina de gran variedad de formas altamente especializadas y complejas, sin antecesores evolutivos y sin formas de transición que conecten los grupos taxonómicos mayores, tal como queda postulado en el modelo creacionista, pero contradicen incuestionablemente las predicciones del modelo evolucionista.

El resto de la historia de la vida revela una ausencia destacable de las muchas formas de transición exigidas por la teoría. De hecho, hay una deficiencia sistemática de formas de transición entre las categorías mayores de clasificación, tal como está predicho en el modelo creacionista.

2. De los Invertebrados a los Vertebrados:

La idea de que los vertebrados derivaron de los invertebrados es una pura conjetura que no puede ser documentada por el registro fósil. Se ha propuesto, en base de la anatomía comparativa y de la embriología de las formas vivientes, casi cada uno de los grupos invertebrados en ocasiones diferentes. [86] , [87] Supuestamente, la forma de transición de invertebrado a vertebrado pasó por una etapa cordada sencilla.

¿Posee el registro fósil de evidencias de tal transición?

La respuesta a esta pregunta tiene que ser un NO absoluto.

Ommaney ha afirmado:

«Desconocemos como evolucionó este primer cordado, cuáles fueron las etapas que, recorrió en su desarrollo hasta dar finalmente verdaderos peces tal como ahora los conocemos. Entre el período Cámbrico, en que es probable que apareciera, y el Ordovícico, en el que se encuentran los primeros fósiles con características de pez, existe un lapso de unos 100 millones de años que, probablemente, nunca podremos llenar». [88]

¡Increíble! ¡Cien millones de años de evolución, y ninguna forma de transición! Todas las hipótesis combinadas, no importa lo ingeniosas que sean, nunca pueden pretender, basándose en, la teoría de la evolución, explicar una discontinuidad de tal magnitud. Por otra parte, están de completo acuerdo con el modelo creacionista.

3. El problema del origen de las diversas clases de Peces:

Una lectura cuidadosa del libro de Romer, Paleontología Vertebrada,parece no permitir otra conclusión sino la de que las clasificaciones principales de peces son ya clara y distintamente «divergentes», sin formas de transición que las conecten. La primera en aparecer en el registro fósil es la clase Agnatha. Los más antiguos de estos vertebrados, representantes de los dos órdenes Osteostraci y Heterostraci, han quedado casi siempre incrustados en material óseo u otro material duro.

En lo que concierne a su origen, Romer escribe:

«En los sedimentos de la época Silúrica posterior y Devónica anterior están presentes muchos vertebrados de características ictíneas de varios tipos, y es obvio que ha tenido que existir una larga historia evolutiva antes de este tiempo. Pero en lo que se trata de esta historia, la ignoramos mayormente» (p. 15, edición inglesa).[89]

En cuanto a los Ostracodermos (Osteostraci), Romer escribe así:[90]

«Cuando primeramente aparecen estos Ostrocodermos, ya tienen una larga historia a sus espaldas y están divididos en varios grupos distintos» (p. 16).

De los Heterostraci, dice Romer que desde luego no están relacionados de cerca con las otras formas de la clase Agnatha. Si evolucionaron, también deben tener una historia evolutiva muy larga. Pero, igual que los Ostracodermos, aparecen repentinamente en el registro fósil sin ninguna evidencia de antecesores evolutivos.

Los Placodermos son causantes de buenos dolores de cabeza. Existían dentro de los Placodermos sobre unas seis clasificaciones mayores de peces monstruo.

De ellos dice Romer:

«Hay pocos caracteres comunes uniendo estos grupos, aparte de que todos ellos, sin excepción, son peculiares» (p. 24 ).

Después de esto, sigue diciendo:

«Aparecen en un momento –más o menos sobre la frontera Siluriano-Devónica– en que esperaríamos la aparición de los antecesores apropiados de los tiburones y de los grupos superiores de peces óseos. Serían de esperar formas «generalizadas» que encajaran limpiamente en nuestra preconcebida secuencia evolutiva. ¿Las conseguimos en los Placodermos? No, en absoluto. En su lugar encontramos una serie de tipos brutalmente imposibles que no encajan en ningún esquema apropiado, que no parecen venir de ninguna fuente anterior –a primera vista–, ni ser antecesores apro piados para ningún tipo posterior más avanzado. De hecho, lo que uno tiende a sentir es que la presencia de estos Placodermos, que forman una parte tan importante de la historia Devónica, es un episodio incongruente. ¡La situación se habría simplificado si nunca hubieran existido!» (p. 33).[91]

Pero existieron, y su registro no apoya, sino que contradice fuertemente él modelo evolucionista.

“Los tipos superiores de peces, los «ortodoxos», estructurados bajo planes bien reconocidos, con aletas apareadas y mandíbulas bien desarrolladas, están colocados dentro de las dos clases, los Chondrichthyes o peces cartilaginosos, y los Osteichthyes, o peces óseos superiores.

Algunos, en el pasado, han argumentado que la ausencia de huesos en los peces cartilaginosos representa una condición primitiva, y que los Chondrichthyes fueron una etapa evolutiva precediendo a los peces óseos. Romer argumenta con fuerza contra esta línea de pensamiento, señalando el hecho de que los tiburones son unos de los últimos grupos de clasificación taxonómica mayores en aparecer en el registro fósil.” [92]

Así, Romer continúa:

«El registro, de hecho, encaja mejor en la conjetura opuesta: que los tiburones son degenerados en lugar de primitivos en sus caracteres esqueléticos; que su evolución ha sido paralela a la de otros varios tipos de peces en su tendencia hacia la reducción ósea; y que se tiene que buscar a sus antecesores entre los peces óseos primitivos con mandíbulas, del tipo general de los Placodermos. Ningún Placodermo conocido puede ser identificado como antecesor verdadero de los Chondrichthyes, pero nos hemos dado cuenta de que algunos de los peculiares Petalichthydeos parecen mostrar etapas morfológicas de reducción esqueletal. El conocimiento creciente de los Placodermos Devónicos anteriores puede algún día atar cabos» (p. 38). [93]

Antes, y refiriéndose a los Placodermos, Romer había declarado:[94]

«Debemos considerar seriamente que al menos los Tiburones y Quimeras puedan haber descendido de tales imposibles antepasados» (p. 34). Una consideración al modelo Creacionista, ¿no sería aquí mucho más razonable que una apelación a imposibles antepasados?

Sobre los peces típicamente óseos, Romer registra el hecho de que su aparición en el registro fósil es «dramáticamente repentina» (p. 52). Más adelante (p. 53), afirma:

«El antecesor común de los grupos de peces óseos es desconocido.» «Hay varios caracteres, muchos de ellos descritos anteriormente, en los cuales las dos típicas subclases de peces óseos ya son claramente divergentes cuando las contemplamos en su principio.»[95]

Así, el registro fósil no muestra antecesores ni formas de transición de los grupos mayores de clasificación de peces. Basándonos en el registro conocido, tales antecesores hipotéticos y las formas de transición necesarias son tan sólo el producto de la especulación. ¿Cómo pues se puede presentar el argumento de que la explicación ofrecida por el modelo evolucionista es más científica que la ofrecida por el modelo creacionista? Y, ¿no está de acuerdo esta evidencia con el modelo creacionista, siendo a la vez un embarazo para el modelo evolucionista?[96]

4. De los Peces a los Anfibios:[97]

Se ha investigado cuidadosamente el registro fósil, buscando series de transición que conectasen los peces con los anfibios, pero no se han hallado. La conexión más «próxima» que se ha propuesto ha sido la que pretendidamente existe entre el Crosopterigio Ripidistio (pez) y los anfibios del género Ichthyostega.

Existe, no, obstante, una tremenda discontinuidad entre los Crosopterigios y los Ichthyostegas, una discontinuidad que se habría extendido durante muchos millones de años, y durante los cuales hubieran debido existir innumerables formas de transición. Estas formas de transición deberían mostrar un cambio lento y gradual de las aletas pélvicas y pectorales del Crosopterigio, transformándose en los pies y piernas del anfibio, juntamente con la pérdida de otras aletas, y la concurrencia de otras transformaciones requeridas para su adaptación al habitat terrestre.

¿Cuáles son los hechos? No se ha encontrado ni una forma de transición entre la aleta del Crosopterigio y el pie del Ichthyostega. Los miembros del Ichthyostega eran ya del tipo anfibio básico, no mostrando ningún vestigio de descendencia de aletas.

¿Por qué se eligió el Crosopterigio Ripidistio como el supuesto antepasado de los anfibios? Ante todo, no hay ninguno mejor a mano. Echando a faltar un candidato a intermediario entre peces y anfibios, se investigaron los varios grupos de peces. Entonces se adoptó el Crosopterigio como el grupo más aproximado antepasado de los anfibios. Esta elección se debió mayormente a unos diseños de cerebro similares al del Ichthyostega, a la posesión de la vértebra en «arco» encontrada en el Ichthyostega y en otros Labirintodontos, y la presencia de huesos en las aletas, por lo cual, en algunos aspectos, se podría construir una ruda homología con los huesos del cuadrúpedo.[98]

Reconstrucciones de un anfibio Ichthyostega y su supuesto antepasado Crosopterigio.

Según Romer, la presión selectiva que permitió el origen de los anfibios cuadrúpedos a partir de sus antecesores los peces fue el hecho de que en el período Devónico fueron características unas sequías periódicas, durante las cuales se supone que evolucionaron los anfibios. Esto obligó al Crosopterigio a salir de los lagos y ríos que se secaban (se cree que poseía pulmones) para buscar otros parajes acuáticos. Aquellas formas que habían heredado cambios por mutaciones que permitiesen una locomoción más eficiente por tierra habrían sobrevivido en números mayores que formas menos bien equipadas. Un gran número de episodios de estos dieron origen, después de millones de años, a un verdadero anfibio. [99]

Esta historia, atractiva a primera vista, pierde su plausibilidad cuando se consideran los siguientes hechos: Ya que los anfibios se encuentran en el Devónico posterior, hubieran debido evolucionar bien dentro del Devónico cuando sus supuestos antepasados Crosopterigios estaban aún florecientes. Si la historia de Romer es cierta, en lugar de ello, él Devónico debería mostrar extinciones en masa de los Crosopterigios, así como de otras formas de agua dulce. Lo cierto es precisamente lo contrario.

En el Carbonífero Primitivo anterior se encuentran otros tres órdenes anfibios. Ya que estos anfibios altamente diversificados aparecen primeramente en el Carbonífero Primitivo anterior con sus características ordinales completas, tendrían que haber empezado a evolucionar bien atrás, en el Devónico, tal como supuestamente hicieron los Ichthyostégidos. Las mismas presiones selectivas debieron haber sido ejercidas sobre estos tres órdenes como sobre los Ichthyostégidos y deben haber evolucionado a partir de los Crosopterigios o de los Ichthyostégidos. Pero ninguno de estos tres órdenes tiene la vértebra en forma de «arco» que poseen los Crosopterígidos y los Ichthyostégidos, sino que poseen la vértebra «más primitiva», la del tipo «Lepospondilos» o vaina. ¿Cómo, pues, se puede utilizar la vértebra en «arco» para conectar el Crosopterigio con los anfibios?

Aún más, de estos tres órdenes, el Aistopoda poseía un cuerpo largo, como de serpiente, con unas 200 vértebras. En todas estas formas los pies eran pequeños, y muchas ni siquiera los poseían, ¡ni aun siquiera trazas de la cintura escapular o pélvica! En algunas formas del orden Nectridea los cuerpos eran también largos como los de los Aistópodos, faltando asimismo los pies. Si el Ichthyostega o una forma similar fue el antecesor de todos los anfibios, entonces tenemos que mientras que él estaba en el proceso de derivar cuatro pies a partir de las aletas pectorales y pélvicas de su antecesor Crosopterigio, ¡su descendencia estaba igual de ocupada intentando desembarazarse de ellos!

¿Qué presiones selectivas dieron lugar a los cuatro pies en los Ichthyostégidos mientras que causaban simultáneamente su reducción y pérdida entre los Aistópodos y Nectrídeos? ¿Por qué estas formas tan diversas aparecen en el registro fósil con una «divergencia» ya completa en su primera aparición, sin evidencia de formas de transición?

Los tres órdenes existentes de anfibios incluyen las salamandras y lagartijas (Urodelata o Caudata); los ápodos (Apoda o Caecilia), parecidos a los gusanos, sin órganos de locomoción; y las ranas y sapos (Anura o Salientia) que están entre los vertebrados terrestres, más especializados, con extremidades posteriores largas y sin cola. Todos estos modernos anfibios poseen la vértebra más «primitiva» del tipo Lepospondilos, en lugar de la. vértebra en «arco» que supuestamente conecta a los anfibios con sus, antecesores Crosopterigios. Aun más, no hay formas de transición conectando estos tres órdenes modernos que constituyen la subclase Lissamphibia, con los anfibios hallados en el Paleozoico. [100]

Refiriéndose a ellos, Romer afirma:

«Entre ellos y el grupo del Paleozoico hay una amplia discontinuidad no cubierta por material fósil». [101]

La discontinuidad extremadamente amplia entre pez y anfibio, como se ha observado entre los Crosopterigios Ripidistios y los Ichthyostégidos, la aparición repentina –de hecho– de todos los órdenes anfibios del Paleozoico con sus diversas características ordinales completas en los primeros representantes, la ausencia de cualquier forma de transición entre estos órdenes del Paleozoico, y la ausencia de formas de transición entre ellas y las que existen actualmente, es, todo ello, contradictorio a las predicciones del modelo evolucionista. No obstante, estos hechos son tal como los predichos por el modelo creacionista.

5. De los Anfibios a los Reptiles y Mamíferos: [102]

Es en la frontera anfibiana-reptiliana y reptiliana-mamífera donde se han hecho las más fuertes reivindicaciones de tipos de transición que conecten clases. Pero al examinarlos con atención, vemos que son simplemente aquellos que, en el registro fósil, más se parecen en estructura esqueletal.

La conversión de un invertebrado a vertebrado, de pez a cuadrúpedo con pies y piernas, o de animal terrestre a volátil son unos pocos ejemplos de cambios que requerirían una revolución en toda la estructura del animal. Tales transformaciones deberían proveer una serie de transición claramente reconocible como tal en el registro fósil si hubieran ocurrido por medio de un proceso evolutivo. Por otra parte, si el modelo creacionista es el verdadero, es en estas fronteras donde la ausencia de formas de transición será más evidente.

Pero vemos que lo cierto es lo contrario en la frontera anfibio-reptiliana y en la reptiliano-mamífera, particularmente en la primera. Siendo posible distinguir entre los reptiles y anfibios actuales, vivientes, en base de sus características esqueletales, son –no obstante– mucho más distinguibles por medio de sus partes blandas y, de hecho, la característica definitiva que separa a los reptiles de los anfibios es la posesión por parte de los reptiles, en contraste con los anfibios, del huevo amniótico.

Muchas de las características para determinar un mamífero residen en su anatomía o fisiología «blanda». Esto incluye su manera de reproducirse, la temperatura caliente de la sangre, respiración por medio de la posesión de un diafragma, la posesión de glándulas mamarias y la posesión de pelo.

Con todo esto, las dos diferencias más fácilmente distinguibles entre reptiles y mamíferos no han sido nunca conectadas por series de transición. Todos los mamíferos, existentes o fósiles, tienen un solo hueso, el dentario, a cada lado de la mandíbula inferior, y todos los mamíferos, existentes o fósiles, tienen tres osículos auditivos (que forman el oído medio), el martillo, el yunque y el estribo. En algunos reptiles fósiles, el número y tamaño de los huesos de la mandíbula inferior es reducido en comparación con los reptiles vivientes. Aun así, todos los reptiles, vivientes o fósiles, tienen como mínimo cuatro huesos en la mandíbula inferior, y todos poseen un solo osículo auditivo, el estribo.

No hay, por ejemplo, formas de transición que muestren dos o tres huesos en la mandíbula, o dos osículos auditivos, y tampoco no ha explicado nadie como se las arreglaba la forma de transición para masticar mientras su mandíbula se tenía que dislocar y rearticular, o como podía oír mientras se le iban formando los otros dos huesos en el oído medio.

Aún hay más. Para que los hechos del registro fósil puedan encajar en las predicciones del modelo evolucionista se tiene que establecer una secuencia cierta de ti empo que encaje con estas predicciones. Esto no ha sido posible con la secuencia Anfibios-Reptiles-Mamíferos a base del material fósil descubierto hasta ahora.

Las conocidas formas Seymuria y Didactes, de las cuales se dice que están en la línea de división entre reptiles y anfibios, son del Pérmico anterior. O sea, que han llegado 20 millones de años demasiado tarde para ser los antecesores de los reptiles, si es que hemos de seguir la cronología evolucionista. Los pretendidos reptiles-base del orden Cotilosauria, se encuentran no en el Pérmico posterior a ellos, sino en el período precedente, el Carbonífero tardío (Pensilvánico).

De hecho, los reptiles «mamiferoides» del suborden Sinápsida, que supuestamente dieron origen a los mamíferos, se hallan en el Pensilvánico (Carbonífero tardío), y posiblemente en el Pensilvánico anterior. Así, el Seymuria y el Didactes, «antecesores» de los reptiles, no solamente postdatan a los mismos reptiles por decenas de millones de años, sino que también postdatan a los mismos antecesores de los mamíferos por un lapso de tiempo igual.

Según el modelo evolucionista, los mamíferos asumieron la supremacía sobre los reptiles en un período relativamente tardío de la historia de los reptiles. Si esto es cierto, se podría asumir razonablemente que la rama de reptiles de que tuvo su origen se desarrolló tardíamente en la historia de los reptiles. Pero aquí también vemos que lo cierto es lo contrario, si es que fueron los Sinápsidos los que antecedieron a los mamíferos. La subclase Sinápsida está fechada entre los más primitivos de los reptiles conocidos, no los últimos, y se supone que pasaron su apogeo aún antes de la aparición de los Dinosaurios.

Según Romer, los reptiles sinápsidos fueron disminuyendo en número durante el Triásico, quedando esencialmente extintos hacia el final de aquel período, y pasaron muchos millones de años antes de que sus «descendientes» llegaran a una posición de dominio. [103]

“Si la selección natural es el proceso que rige la evolución (y la definición de la Selección Natural es que es un proceso por el que el organismo más capacitado para la lucha por la vida es el que produce mayor descendencia), entonces, si la anterior historia de Romer es cierta, tendremos que concluir en que la transición del reptil al mamífero triunfó a pesar de la Selección Natural, en lugar de triunfar a causa de ella.”[104]

6) El Origen del Vuelo:[105]

El origen del vuelo debería suministrarnos casos excelentes para presentar evidencias evolucionistas en contra de las tesis creacionistas, si lo primero fuera lo cierto. Para llegar a volar, casi todas las estructuras de un animal no volador requerirían un cambio de estructura, y las formas de transición resultant es deberían ser fácilmente detectables en el registro fósil. Se supone que el vuelo ha evolucionado separada e independientemente en cuatro ocasiones: en los insectos, aves, mamíferos (los quirópteros), y reptiles (los pterosaurios, ya extinguidos). En cada caso se supone que se precisaron muchos millones de años para llegar al vuelo, y en cada caso se hubieran visto envueltas en ello formas casi innumerables de transición. Pero aun así, no se encuentra nada, ni un solo caso, que se aproxime a una serie de transición.

E. C. Olson, un evolucionista y geólogo, afirma en su libro La Evolución de la Vida, [106] que «en lo que concierne al vuelo, hay algunas discontinuidades muy grandes en el registro fósil» (p. 180).[107]

En lo que concierne a los insectos, dice Olson: «No hay prácticamente nada que nos informe sobre la historia del origen del vuelo en los insectos» (p. 180).

En lo que trata de los reptiles voladores, Olson nos informa que «El vuelo verdadero está primeramente registrado entre los reptiles en las Pterosaurios del período Jurásico. Aunque los más primitivos de ellos estaban algo menos especializados para el vuelo que los últimos, no hay en absoluto ningún tipo o señal de etapas intermedias» (p. 181).

Referente a las aves, Olson nos informa que «El vuelo verdadero está primeramente registrado entre los reptiles en los Pterosaurios del período Jurásico. Aunque los más primitivos de ellos estaban algo menos especializados para el vuelo que los últimos, no hay en absoluto ningún tipo o señal de etapas intermedias» (p. 181).

Referente a las aves, Olson habla del Archaeopteryx como «reptiloide», pero afirma que por su posesión de plumas «muestra que es un ave» (p. 182). Finalmente, con referencia a los mamíferos, Olson afirma que «La primera evidencia de vuelo en los mamíferos es en los murciélagos ya completamente desarrollados del Eoceno» (p. 182).[108]

El caso del Archaeopteryx: [109]

Así, pues, no se puede documentar ninguna serie de transición en ningún momento de la pretendida transición al vuelo y, tan sólo en un caso, se ha alegado la presencia de una forma de transición. En este último caso, el así llamado intermedio no es intermedio en absoluto, porque, tal y como los paleontólogos reconocen hoy en día, el Archaeopteryx era un ave verdadera –poseía alas, estaba dotada completamente de plumas, volaba. No era medio-ave. Era un ave. Jamás se ha encontrado una forma de transición con sólo parte de plumas y sólo parte de alas.[109]

Las características que se alegan del Archaeopteryx consisten en los apéndices garróideos en los ejes-guía de las alas, la posesión de dientes, y vértebras que se extendían hacia afuera, formando una cola. Se cree qu e, poseyendo una quilla pequeña, era un volador más bien torpe. Mientras que tales características podrían ser de esperar si las aves evolucionaron de los reptiles, no constituyen por sí mismas una prueba en absoluto de que así haya sucedido, ni demuestran que el Archaeopteryx sea un intermedio entre los reptiles y las aves.

Por ejemplo, en Sudamérica existe hoy en día un ave, el Hoatzin (Opisthocomus Hoatzin), el cual posee dos garras en su etapa juvenil. Aun más, es un volador torpe, con una quilla asombrosamente pequeña. [110]

Esta ave es –sin duda alguna– cien por cien ave, aun poseyendo dos de las características por las cuales se le imputa una ascendencia reptiliana al Archaeopteryx.

Mientras que las aves modernas no poseen dientes, otras aves más antiguas, aves cien por cien sin sombra de duda, los poseían. ¿Demuestra ello que los antepasados de las aves fueron los reptiles, o simplemente demuestra que algunas aves antiguas tenían dientes, mientras que otras no los tenían? Algunos reptiles tienen dientes y otros no los tienen. Algunos anfibios poseen dientes, otros no. De hecho, esto es cierto a través de todas las categorías de subphylums –peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos incluidos.

Siguiendo la analogía de que las aves dentadas son primitivas mientras que las desdentadas son más avanzadas, los monotremas (por ejemplo, el Ornitorrinco y el Equidna), ambos mamíferos, desdentados, ¡deberían ser considerados más avanzados que los humanos! Y a pesar de ello, estos mamíferos son considerados como los más «primitivos» de todos los mamíferos (Por cierto que se da la curiosa circunstancia de que ¡son los últimos en aparecer en el registro fósil!). ¿Qué valor filogenético se le puede dar a la posesión o no posesión de dientes?”

En lo que se refiere a la posición del Archaeopteryx, DuNouy afirmó:

«Desafortunadamente, la mayor parte de los tipos fundamentales del reino animal están, desde el punto de vista paleontológico, desconectados. A pesar del hecho de que está innegablemente relacionado a la vez con los reptiles y con las aves (relación que la anatomía y la fisiología de los especímenes verdaderamente vivientes demuestra), no estamos autorizados a considerar el caso excepcional del Archaeopteryx como una verdadera conexión. Por conexión queremos decir una etapa de transición necesaria entre tales clases como reptiles y aves, o entre grupos menores. Un animal, por el hecho de que muestre características pertenecientes a dos grupos diferentes, no puede ser tratado como una verdadera conexión en tanto que no se hayan hallado las etapas intermedias, y en tanto que los mecanismos de transición permanecen desconocidos». [111]

¿Cuál, pues, parece ser la conclusión más razonable?

Creemos que el registro fósil no permite mejor secuela que la que Marshall ha publicado recientemente: «El origen de las aves es mayormente asunto de deducción. No hay fósiles de las etapas a través de las cuales se logró el asombroso cambia de reptil a ave». [112]

Objeciones contestadas:

En vista de todo lo anterior, se presentan muchas excusas alegando que las estructuras delicadas generalmente no se preservan en forma fósil, para presentar una explicación al hecho de que no haya ninguna indicación, en el registro fósil, de la evolución de las plumas. Pero esta objeción no es posible en el caso de la pretendida evolución del vuelo en los reptiles voladores y los murciélagos.

Hay muchas diferencias, y muy significativas, entre reptiles voladores y no voladores. Otra vez nos remitimos a la obra de Romer, «Paleontología Vertebrada» [113].

“Se muestra en la página 140 la reproducción del Saltoposuchus, un representante de los Teocodontes del Triásico, que Romer cree dieron lugar a los reptiles voladores (Pterosaurios), dinosaurios y aves. La comparación de esta forma con las reconstrucciones de los más primitivos representantes entre los dos subórdenes de los Pterosaurios (pp. 144 y 146) revelan la vasta discontinuidad entre ellos, una discontinuidad no conectada por intermediarios fósiles. Desde luego, también existe una discontinuidad similar entre esta criatura y el Archaeopteryx.

El Saltoposuchus, teocodonte del que Romer y otros creen tuvieron su origen en los dinosaurios, las aves, y los reptiles. Tomado de Paleontología Vertebrada, de Romer.

Casi todas las estructuras en el Rhamphorhyncus, pterosaurio de cola larga (Fig. 222, p. 144) le eran peculiares. Es esencialmente obvia (como en todos los pterosaurios) la gran longitud de su cuarto dedo, en contraste con los otros tres dedos que este reptil poseía. Este cuarto dedo proveía todo el apoyo para la membrana que actuaba de ala. Por cierto que no era una estructura delicada, y si los pterosaurios, tuvieron su origen, en la evolución de los Tecodontes o de algún otro reptil terrestre, se deberían haber hallado formas de transición mostrando un alargamiento gradual de este cuarto dedo. No obstante, no se ha descubierto ni una señal de tales formas de transición.

Rhamphorhyncus, un Pterosaurio de cola larga. Tomado de The Osteology of the Reptiles de Williston.

Aún más especial era el grupo Pterodactiloide de los pterosaurios (Fig. 225, p. 146). El Pteranodonte no solo tenía un pico largo y desdentado y un penacho óseo largo extendiéndose hacia atrás, sino que sus cuatro dedos sostenían ¡un ala de 8 metros de envergadura! “[114]

¿Dónde están las formas de transición documentando el origen evolutivo de estas y otras estructuras especiales de los Pterosaurios?

En cuanto al murciélago, se, supone que evolucionó de insectívoros terrestres, a pesar de que, como se ha afirmado anteriormente, el murciélago más antiguo conocido en el registro fósil [115] es cien por ciento murciélago, y no se puede encontrar ni traza de formas de transición. En el murciélago, cuatro de los cinco dedos sostienen la membrana del ala y son extremadamente largos comparados con una mano normal. Estas y otras estructuras únicas, como el radio y el cúbito, que se unen en la mitad distal para formar un hueso simple en el Palaeochiropteryx (Romer, Fig. 322, p. 213), son huesos sólidos, y no estructuras delicadas.

Si las formas de transición existieron, ciertamente que hubieran debido quedar preservadas. La completa ausencia de las tales deja sin respuesta, tomando como base el modelo evolucionista, preguntas tales como: ¿Cuándo, de qué, dónde y cómo tuvieron su origen los murciélagos?

Pteronodonte, un reptil gigante que tenía una longitud total de alas de más de ocho metros. Tomado de Paleontología Vertebrada de Romer.

Ahora queremos plantear la pregunta: En lo que concierne al origen del vuelo. ¿Qué modelo, el de la creación, o el de la evolución, tiene mayor apoyo del registro fósil?

A nosotros la respuesta nos parece clara. Ni un solo hecho contradice las predicciones del modelo creacionista: la verdadera evidencia falla en apoyar las predicciones del modelo evolucionista. Aquí, donde sería más fácil y obvio el hallar formas de transición si la evolución fuera realmente la causa de estas criaturas tan altamente desarrolladas y especializadas, no se encuentra ni una. ¿Podría ser más cruel y caprichoso el registro fósil para los paleontólogos evolucionistas? El registro histórico inscrito en las rocas está gritando literalmente: ¡CREACIÓN!

Palaeochiropteryx, el más antiguo de los murciélago conocidos, fósil del Eoceno.

Los ejemplos citados en este artículo no son en ninguna manera excepciones, sino que sirven para ilustrar lo que es característico del registro fósil. Mientras que se puede observar una transición en el nivel de las subespecies, y se puede inferir en el de las especies, la ausencia de las formas de transición entre las categorías más elevadas de clasificación (los géneros creados del modelo creacionista) es regular y sistemática. Nos proponemos documentar esta afirmación citando afirmaciones públicas de evolucionistas.” [116]

AFIRMACIONES PUBLICAS DE AUTORIDADES EVOLUCIONISTAS

(Referentes a la naturaleza del registro fósil)

Deseamos citar primeramente al mundialmente famosísimo George Gaylord Simpson, paleontólogo evolucionista de primera fila.

En su libro Tempo and Mode in Evolution (Ritmo y Método en la Evolución), afirma en la sección dedicada a «Discontinuidades Principales en el Registro (Fósil)» que no hay ni trazas en ninguna parte del mundo de ningún fósil que cubra la discontinuidad que existe entre el Hyracotherium y su pretendida forma ancestral Condylarthra. Después sigue diciendo: «Esto es cierto de todos los treinta y dos órdenes de mamíferos… Los miembros más antiguos conocidos de cada orden ya tienen sus características ordinales básicas, y no hay, en ningún caso, una secuencia aproximadamente continua de un orden conocido a otro. En la mayoría de los casos, la rotura de conexión es tan brusca, y la discontinuidad tan grande, que el origen del orden es especulativo, y muy disputado». [117]

Después (p. 107), Simpson afirma:

«Esta ausencia regular de formas de transición no está limitada a los mamíferos, sino que es un fenómeno casi universal, y que ha sido notado desde hace mucho tiempo por los paleontólogos. Es cierto de casi todos los órdenes de todas las clases de animales, vertebrados e invertebrados. También es cierto de las clases, de los principales Phylums y, aparentemente, también es cierto de las categorías análogas de las plantas.»[118]

En su libro The Meaning of Evolution (El Significado de la Evolución) Simpson afirma, refiriéndose a la aparición de nuevos phylums, clases y otros grupos principales:

«El proceso por el cual ocurrieron en la evolución unos sucesos tan radicales es causa de una disputa de las más serias que quedan entre los estudiosos profesionales de la evolución. La cuestión es si tales sucesos principales tuvieron lugar instantáneamente por algún proceso diferente en esencia de los que formarían parte en un cambio evolutivo más o menos gradual, o si toda la evolución, incluyendo estos cambios principales, queda explicada por los mismos procesos y principios directivos, siendo sus resultados mayores o menores en función del tiempo implicado, de la intensidad relativa de la selección y de otras variables en cualquier situación dada.

La posibilidad de tal disputa existe porque las transiciones entre los principales grados de organización apenas quedan registradas por fosilización. Hay una tendencia a este respecto hacia una deficiencia sistemática en el registro de la historia de la vida. Así, es posible afirmar que tales transformaciones no están registradas porque no existieron; que los cambios no fueron por transición, sino por saltos repentinos en la evolución.» [119]

Si los phylums, clases, órdenes y otros grupos principales fueran conectados por formas de transición en l ugar de aparecer repentinamente en el registro fósil con sus características básicas completas, no habría necesidad, desde luego, de referirse a su aparición en el registro fósil como «sucesos radicales». Además ¡es imposible enfatizar con suficiente intensidad el que aun los mismísimos evolucionistas estén discutiendo entre ellos si estas categorías principales aparecieron instantáneamente o no! ¡Precisamente, el argumento de los creacionistas es que estas formas sí que se formaron instantáneamente, y que las formas de transición no están registradas en el registro fósil porque nunca existieron! [120]

Así, los creacionistas desearíamos reformar la afirmación de Simpson para que se leyese:

«Es así posible afirmar que tales transformaciones no están registradas porque no existieron, y que estos tipos principales se originaron por creación en lugar de por un proceso de evolución gradual.»[121]

En un trabajo más reciente, Simpson afirmó que:

«Es una característica del registro fósil el que la mayoría de los grupos taxonómicos aparecen bruscamente.»[122]

En el mismo párrafo, además, afirma que:

«Las discontinuidades entre las especies conocidas son esporádicas y a menudo pequeñas. Entre los órdenes, clases y phylums conocidos son sistemáticas y casi siempre grandes.» [123]

A pesar de que es nuestro propósito hacerlo, apenas si es necesario documentar ya más la naturaleza del registro fósil. Parece obvio que si las afirmaciones anteriores de Simpson se desnudasen de todas las presuposiciones y de los supuestos mecanismos evolutivos para quedar simplemente el registro del hecho, describen exactamente lo que demanda el modelo creacionista. Este registro es, no obstante, terriblemente deficiente a la luz de las presuposiciones y predicciones del modelo evolucionista.

Nadie se ha entregado más de corazón que Simpson a la «Filosofía materialista mecanicista compartida por la mayor parte del Establecimiento actual en las ciencias biológicas. Así, como él mismo lo ha expresado, «Encuentra lógico, si no exigido científicamente, suponer que la aparición de un nuevo grupo sistemático no es evidencia de creación …». [124]

Así, Simpson ha gastado un tiempo y un esfuerzo considerable en sus intentos de doblar y retorcer cada faceta de la teoría de la evolución para explicar las deficiencias del registro fósil, intentándolo acomodar a la hipótesis evolutiva. [125] , [126] , [127]

Pero tenemos que hacer observar que, si se adopta la evolución a priori, siempre es posible adoptar hipótesis auxiliares –no probadas, y por su misma naturaleza imposibles de probar– para hacer que funcione en cualquier caso específico. Por este proceso, la evolución desemboca en lo que Thorpe llama uno de sus “Cuatro Pilares de la Ignorancia» –una evolución mental que es el resultado de tentativas casuales preservadas por apuntalamientos.” [128]

Con referencia a la naturaleza del registro fósil, Arnold ha dicho:

«Se tuvo por mucho tiempo la esperanza de que las plantas extintas revelarían al fin algunas de las etapas a través de las cuales han pasado los grupos existentes durante el curso de su desarrollo, pero se puede admitir libremente que esta aspiración se ha cumplido en una extensión muy insignificante, a pesar de que la investigación paleobotánica ha estado en desarrollo por más de cien años». [129]

Las siguientes afirmaciones del profesor E. J. H. Corner, de la Escuela Botánica de Cambridge (Universidad de Cambridge), fueron refrescantemente cándidas:

«Se puede aducir mucha evidencia en favor de la teoría de la evolución –de la biología, biogeografía y paleontología–, pero pienso que para las personas sin prejuicios, el registro fósil de las plantas está todavía en favor de la creación especial» . [130]

Olson ha dicho:

«Un tercer aspecto fundamental del registro fósil es algo diferente. Repentinamente aparecen muchos grupos de plantas y animales, aparentemente sin ningún antecesor cercano. La mayoría d e los grupos de organismos –Phylums, Subhylums, y aún las mismas clases, han aparecido de esta manera… El registro fósil, que ha producido el problema, no da mucha ayuda para su solución… La mayoría de los zoólogos y la mayoría de los paleontólogos sienten que las interrupciones y bruscas apariciones de nuevos grupos pueden ser explicadas por el que el registro fósil esté incompleto. Algunos paleontólogos están en desacuerdo y creen que estos eventos cuentan una historia que contradice a la teoría, y que no se registra en los organismos vivos». [131]

En relación con lo que algunos afirman sobre que el registro fósil esté (¡después de 150 años de búsqueda!) incompleto, nos remitimos a la afirmación de George ya citada al principio de este artículo sobre la gran riqueza del registro, y al hecho de que las discontinuidades, según el propio G. G. Simpson, son sistemáticas. Aun se puede citar a otro autor para otra refutación a esta superficial «explicación» de las discontinuidades en el registro fósil.

Newell ha dicho:

«Muchas de las discontinuidades tienden a ser más y más enfatizadas con el aumento de las colecciones». [132]

En su reciente libro sobre los principios de la Paleontología, Raup y Stanley han afirmado:

«Desafortunadamente, los orígenes de las categorías taxonómicas superiores están cubiertas de misterio; comúnmente, nuevas categorías más elevadas aparecen abruptamente en el registro fósil sin evidencia de formas de transición». [133]

DuNouy ha descrito la evidencia de esta manera:

«Brevemente, cada grupo, orden, o familia, parece haber nacido repentinamente, y a duras penas, si jamás, encontraremos las formas que las unen al grupo precedente. Cuando las descubrimos, están ya diferenciadas. No solamente no encontramos prácticamente ninguna forma de transición, sino que en general es imposible conectar un grupo nuevo con uno más antiguo». [134]

Khun ha enfatizado:

«El hecho de la descendencia persiste. De todas formas, no se puede demostrar en ninguna parte la descendencia traspasando los límites circunscritos tipológicamente. Por tanto, podemos hablar de descendencia dentro de los tipos, pero no de descendencia de tipos». [135]

Tratando de los principales grupos, o Pylums, Clark ha afirmado:

«No importa lo lejos que lleguemos en el registro fósil de la vida animal previa sobre la tierra, no encontramos ni traza de cualquier forma animal que sea intermedio entre cualquiera de los principales grupos, o Phyla»[136]

Más adelante de este mismo volumen dice:

«Ya que no tenemos evidencia, ni la más mínima, sea entre animales vivientes o fósiles, de tales tipos de intergradación siguiendo a los grupos principales, es una recta suposición suponer que tales tipos jamás han existido». [137]

Aun en las famosas series equinas que tantas veces han sido alzadas en pendón como «prueba» de la evolución dentro de los órdenes, encontramos que las formas de transición entre los tipos principales faltan. Así, DuNouy ha afirmado en referencia a los caballos:

«Pero cada uno de estos intermediarios aparece “repentinamente” y no ha sido aun posible, por falta de fósiles, reconstruir estos pasos entre estos intermediarios. Aun así, tienen que haber existido. Las formas conocidas permanecen separadas como los pilares de un puente en ruinas. Sabemos que se construyó el puente, pero solo quedan vestigios de los apoyos estables. La continuidad que asumimos puede nunca quedar establecida por los hechos». [138]

Goldschmidt dice en cuanto a esto mismo:

«Aun más, dentro de las series de evolución lenta, co mo la famosa del caballo, las etapas decisivas son abruptas». [139]

Goldschmidt, en contraste con Simpson y la mayoría de los evolucionistas, aceptó las discontinuidades en el registro fósil en su verdadero valor. Rechazó la interpretación Neodarwiniana de la evolución (la síntesis moderna en términos actuales de micromutación y Selección Natural) que es aceptada por casi todos los evolucionistas, por lo menos por aquellos que aceptan alguna teoría que implique algún mecanismo. Goldschmidt propuso, por su parte, que las categorías más importantes (Phylums, clases, órdenes, familias) se originaron instantáneamente por saltos bruscos o «systemic mutations» (mutaciones sistémicas). [140] , [141]

Goldschmidt bautizó a su mecanismo con el nombre de «Hopeful Monster» (Monstruo Viable). Propuso, por ejemplo, que un día un reptil puso un huevo, y que lo que salió del huevo fue ¡un ave! Según Goldschmidt, esta es la manera en que han de ser explicadas las principales discontinuidades del registro fósil, por sucesos similares. Algo puso un huevo, ¡y algo diferente nació! Los Neodarwinistas prefieren creer que el que puso el huevo es Goldschmidt, manteniendo que no hay ninguna evidencia que apoye el mecanismo del Monstruo Viable. Goldschmidt arguye con la misma intensidad en que no hay ninguna evidencia para el mecanismo Neodarwinista que se postula (grandes transformaciones por acumulación de micromutaciones). Los creacionistas estamos de acuerdo tanto con Goldschmidt como con los Neodarwinistas: ¡Ambos están completamente equivocados! Las publicaciones de Goldschmidt ofrecen argumentos convincentes en contra del punto de vista Neodarwinista de la evolución, desde el campo de la genética y de la paleontología.

Nadie estaba más verdaderamente entregado a la filosofía evolucionista que Goldschmidt. Si alguien deseaba encontrar formas de transición, él más. Si alguien hubiera tenido que admitir que una forma de transición lo fuera, él hubiera sido el primero.

Pero en cuanto al registro fósil, he aquí lo que Goldschmidt tuvo que decir:

«Los hechos de mayor importancia general son los siguientes. Cuando aparece un nuevo phylum, clase u orden, entonces sigue una rápida y explosiva diversificación –en términos de tiempo geológico–, con lo que prácticamente todos los órdenes y familias conocidas aparecen repentinamente y sin ninguna transición aparente» .[142]

Ahora preguntamos: ¿Qué mejor descripción del registro fósil se podría esperar, en base de las predicciones del modelo de la creación? Por otra parte, a no ser que se acepte el mecanismo evolutivo de Goldschmidt –el «Monstruo Viable»– esta descripción contradice la predicción más crítica del modelo de la evolución: la presencia de los intermediarios exigidos por la teoría en el registro fósil.

Kerkut, a pesar de no ser un creacionista, escribió un pequeño pero notable volumen para exponer la debilidad y las falacias en la evidencia generalmente utilizada para apoyar la teoría de la evolución.

En la fase final de su libro Kerkut afirmó que:

«Existe la teoría de que todas las formas de vida del mundo se han desarrollado a partir de una sola fuente de vida que emergió por sí sola de lo inorgánico. Esta teoría puede ser llamada «Teoría general de la evolución», y la evidencia que la apoya no es lo suficientemente fuerte como para que la podamos considerar algo más que una hipótesis de trabajo». [143]

Hay mundos de diferencia, desde luego, entre una hipótesis de trabajo y un hecho científico establecido. Si las presuposiciones filosóficas le guían a uno a aceptar la evolución como su hipótesis de trabajo, la debería restringir a este uso, y no obligar a su aceptación como hecho establecido.

Sí, dejando aparte cualquier presuposición filosófica, sea materialista, o teísta, se utilizan la creación y la evolución como modelos para predecir la naturaleza de la evidencia histórica que se espera ha de coincidir con uno de ellos, podemos ver que el modelo de la creación es tan creíble (y nosotros creemos que mucho más) como el modelo de la evolución. Reiteramos que ningún modelo es más religioso ni menos científico que el otro.

Nadie menos que un evolucionista convencido como Thomas H. Huxley reconoció que:

«… “Creación”, en el sentido ordinario de la palabra, es perfectamente concebible. No encuentro ninguna dificultad en creer que, en algún período preexistente, el universo no estaba en existencia, y que hizo su aparición en seis días (o instantáneamente, si se prefiere), como consecuencia de la voluntad de un Ser preexistente. Tanto entonces como ahora, los argumentos a priori contra el Teísmo, y dada una Deidad, contra la posibilidad de actos creativos, me parecieron vacíos de un fundamento razonable». [144]

La evolución del caballo[145]

El supuesto linaje evolutivo del caballo es el más famoso de todos. En cualquier discusión sobre la evolución del caballo, con frecuencia se presentan cinco etapas claramente trazadas.

Hace unos 50 millones de años, la evolución del caballo comenzó con una criatura llamada Eohippus, que se parecía más a un hiráceo (N. del E. en castellano: especie de liebre) que a un caballo. Se cree que el Eohippus evolucionó en el Oligoceno hacia una criatura llamada Mesohippus. Este evolucionó hasta el Merychippus, que evolucionó hasta el Pliohippus en el Plioceno, hace cinco millones de años. El Pliohippus se convirtió en el caballo de nuestros días, según se nos dice.

Este relato presenta varios problemas. Primero, sólo se presentan cinco especimenes. Al aumentar gradualmente su tamaño, los dedos disminuyen en número hasta que el último caballo tiene sólo un dedo, el casco. Se escogen estos cinco especimenes de entre muchas posibilidades. J. Z. Young dice:

“Los tipos de caballos que se conocen se dividen en 350 especies, pero sólo una pequeña porción de éstos se puede colocar con confianza junto a la línea de evolución del Equus (caballo).”

En otras palabras, se han sacado cinco especimenes de entre 350 que hay, para ponerlos en la línea evolutiva directa, mientras que los nii os 345 nunca se ven en ella.

¿(Como se escogieron esos cinco especimenes? En 1874, V. C. Kowalevsky propuso inicialmente el linaje evolutivo del caballo. Trazó una linea evolutiva que incluía tres “caballos” fósiles del hemisferio oriental y el caballo moderno. Esta se reemplazó cuando H. F. Osborn, exdirector del Museo Americano de Historia Natural, publicó sus opiniones sobre la línea evolutiva del caballo. Ninguno de los especímenes de Kowalevsky se incluye en la obra de Osborn y los cuatro especímenes fósiles propuestos por Osborn son los aceptados ahora.

Uno se pregunta si la línea propuesta por Kowalevsky no sería la aceptada todavía, si no fuera por Osborn. También es probable que se puedan reconstruir líneas completamente diferentes con las 350 especies que hay disponibles.

Acerca de la obra de Osborn, Dott y Batten anotaron:

“Hasta muy recientemente estábamos bajo la ilusión de que los datos (de Osborn) eran correctos y completamente desarrollados. La recolección intensa de datos durante los últimos 30 años ha demostrado que el cuadro ortogenético trazado por Osborn es una simplificación exagerada. Como nuestro estudio debe ser breve, seguiremos su sencillo cuadro, reconociendo que las tendencias no son siempre las mismas dentro de los grupos.”

Los maestros admiten que Osborn simplifica el cuadro demasiado, pero lo presentan a sus estudiantes como la realidad. El grado de simplificación es obvio cuando leemos la explicación de Young sobre la manera de acomodar una especie fósil dentro de una línea de evolución.

Dice así:

“Los restos de fósiles usualmente no están en series largas de lechos estratificados, de manera que podamos estar seguros de que una población evolucionó hacia la siguiente. Sin embargo, las fechas de los fósiles a menudo se pueden calcular con precisión considerable por medio de los animales asociados, y así se puede producir una serie como la que se podría esperar en el progreso del Hiracoterio al Equus. Hay, no obstante, muchos fósiles que muestran un desarrollo especial y no se pueden acomodar dentro de la serie directa. Se supone que son líneas divergentes. Hay que hacer resaltar que este es un proceso arbitrario, aunque probablemente justificado. Estas líneas laterales son tan numerosas, que inmediatamente arrojan una sombra de duda sobre la idea de que haya habido una sola ‘tendencia’ en la evolución del caballo. Se conocen por lo menos doce tipos suficientemente marcados para clasificarlos como géneros, además de los que están en la línea que va directamente al Equus; por supuesto, hay un número mucho más grande de líneas evolutivas independientes más cortas dentro de estos géneros.”

El primer problema presentado por Young es que estos fósiles están tan esparcidos por todo el mundo, que nadie tiene pruebas de que un grupo pudiera haber evolucionado hacia otro. El segundo problema se presenta cuando se trata de acomodar un espécimen en la línea. No hay prueba de que los que no “se acomodan” sean “líneas laterales” de la línea principal. ¿No podrían los cinco especimenes que siempre se muestran, ser las “líneas laterales” y algún otro conjunto ser la línea principal? Finalmente, Young admite que es dudoso que haya habido una “tendencia” uniforme en la evolución del caballo. Si no existe tal tendencia, ¿por qué siempre se nos muestra la exagerada simplificación uniforme de Osborn?

El autoritarismo de la Iglesia Medieval ha sido reemplazado por el autoritarismo del Materialismo Racionalista.

La mayoría en la comunidad científica y en los círculos educativos están usando la excusa de la «ciencia» para forzar la enseñanza de su punto de vista sobre la vida sobre todo el mundo. El autoritarismo de la Iglesia Medieval ha sido reemplazado por el autoritarismo del Materialismo Racionalista. Se viola el respeto mutuo, y la libre investigación queda ahogada bajo esta capa de dogmatismo. Es hora ya de cambiar.

“El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, que establece sus aposentos entre las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; el que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros.El fundó la tierra sobre sus cimientos; jamás será removida. Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundastes. Les pusiste término, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra.¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios.¡A tí sea todo el honor y toda la gloria.! (Sal 104 RV 1960)

Notas

0. Scott M.Huse, El Colapso de la Evolución, p.23, Chick Publicaciones, 1996

1. La Importancia de la Ciencia, Ed. Labor, Nueva Colección Labor, nº 27, p. 125 (Barcelona, 1972), cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

2. http://www.davidcox.com.mx/libros/g/Gish%20-%20Creacion,%20Evolucion%20y%20el%20registro%20fosil.pdf

3 Ibid

4. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

5. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

5. La Importancia de la Ciencia, Ed. Labor, Nueva Colección Labor, nº 27, p. 125 (Barcelona, 1972), cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

6. Biología ES.6, Gabriela Caro, La Plata: Dirección general de Cultura y educación de la prov. de Buenos Aires. Programa textos Escolares para Todos Diagonal 73 Nº 1910, La Plata pcia. Bs.As. Argentina, 1º ed. Julio del 2007, ISBN 978-987-1417-07-0

7. http://www.davidcox.com.mx/libros/g/Gish%20-%20Creacion,%20Evolucion%20y%20el%20registro%20fosil.pdf

8. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

9. Ibid

10. Wikipedia

11. http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

12. Ibid, p.30

13. Ibid p.22

14 http://www.paleontologia.co.uk/paleopag/sections_frame.php

15. Ibid

16. http://arkano-nephilim.blogspot.com/2009/03/contra-las-mentiras-creacionistas.html

17. El Colapso de la Evolución,op. cit.

18. http://html.rincondelvago.com/geologia_2.html

19.El Colapso de la Evolución,op. cit., p.30

20. Biología Es.6

21 El Colapso de la Evolución,op. cit., p. 23

22. Biología Es.6

23 Biología Es.6

24. Biología Es.6

25 Antonio Cruz, http://www.protestantedigital.com/new/leernoticiaDom.php?12904

26. El Colapso de la Evolución,op. cit., p.31

27 http://www.ministeriosprobe.org/docs/cinco-crisis.html

28 Wikipedia, Fijismo

29 Ibíd.

30 Ibíd.

31 “La vis plastica es la fuerza moldeadora con la que se supuso que la naturaleza creaba los fósiles.En el siglo XIX, las teorías evolucionistas predarwinianas aportaban pruebas sólidas frente a los defensores del creacionismo y el fijismo: los fósiles. Ante esto se propusieron diversas teorías, la más elaborada tal vez el catastrofismo de Georges Cuvier.La teoría de la vis plastica es mucho más ingenua, simplemente suponía que los fósiles eran caprichos de la naturaleza (ludus naturæ), piedras que simulaban seres vivos, quimeras imposibles. La teoría no tuvo muchos defensores en el ámbito científico, pues era fácilmente refutable, aunque algunos intentaron sostenerla creando fósiles que representaban objetos modernos para demostrar el capricho de la naturaleza, patraña rápidamente puesta al descubierto.” (vis plastica, wikipedia), cit. en Wikipedia, Fijismo

32 Wikipedia, Fijismo

33 http://centros5.pntic.mec.es/ies.rodriguez.fabres/trabajosss/grupo1/fijismo.htm

34 http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

35. http://centros5.pntic.mec.es/ies.rodriguez.fabres/trabajosss/grupo1/fijismo.htm

36. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

37. http://centros5.pntic.mec.es/ies.rodriguez.fabres/trabajosss/grupo1/fijismo.htm

38 http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

39 http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=4296&cat=ciencia

40 Biología Es.6

41 http://www.sedin.org/propesp/X0007_Bi.htm

42 creationwiki.org, catastrofismo

43 http://www.antesdelfin.com/diluvio2.html

44. http://1abvilladevallecas08.blogspot.com/2008/10/neocatastrofismo.html

45 http://www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/estructura/rocasymin/rocas/sedimen/estratos/index.html

46 http://www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/estructura/rocasymin/rocas/sedimen/estratos/index.html

47. http://dialogue.adventist.org/articles/10_2_roth_s.htm

48. http://www.antesdelfin.com/columna.html

49. El Colapso de la Evolución,op. cit.

50. wikipedia, Estrato

51. http://www.practiciencia.com.ar/ctierrayesp/tierra/estructura/rocasymin/rocas/sedimen/estratos/index.html

52 Ibíd.

53 wikipedia,Estrato

54 Ibid

55 Ibid

56 Ibid

57 El Colapso de la Evolución,op. cit., p.31-32

58. Ingersole, Zobel, e Ingersoll, Heat conduction with Engeneering, Geological and other applications, University of Wisconsins Press, 1954, pp. 99-107, cit en Ibíd., p. 32, nº. 7

59 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

60 http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_probldarwin2.htm

61 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

62 http://jmjm.blogspot.es/1232888520/

63 Josh Mc Dowell; Don Stewart, Razones, “Tiene sentido la fe cristiana para el hombre de hoy” p. 151-156, ed. Vida, 4º impr. 1992

64 El Colapso de la Evolución, op. cit., p. 30

65 http://es.geocities.com/picolobo2002/cientificos.html

66 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

67 http://www.fcen.uba.ar/prensa/noticias/2002/noticias_24may_2002_03.html

68 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

69 Ibid

70 http://www.razones.org/articulo-39.htm

71 C. Darwin, Origin of Species, J. M. Dent and Sons, 1956, p. 294. Hay varias ediciones españolas: damos una de ellas: Ediciones Zeus, Barcelona 1970, p. 306.cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 21

72 T. N. George, Science Progress, 48, 1 (1960).,cit en cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 22

73 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

74 Ibid

75 Ibid

76 G. G. Simpson, en The Evolution of Life, Ref. 5, p. 143.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

77 P. Cloud, Science, 160, 734 (1968). cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

78 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958).cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

79 M. N. Bramlette, Science, 158, 673 (1967),cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

80 W. H. Bradley, Science, 160, 437 (1968),cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

81 A. E. J. Engel, B. Nagy, L. A. Nagy, C. G. Engel, G. O. W. Kremp y C. M. Drew, Science, 161, 1005 (1968).,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

82 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

83 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958). cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 25

84 cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 29

85 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

86 E. G. Conklin, citado por G. E. Allen, The Quarterly Review of Biology, 44, 173 (1969). . cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 31

87 A. S. Romer, Vertebrate Paleontology, 3a. Edición, University of Chicago Press, 1966, cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 32

88 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

89 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

90 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

91 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

92 Ibid

93 Ibid

94 Ibid

95 Ibid

96 Ibid

97 Ibid

98 Ibid

99 A. S. Romer, Ref. 32, p. 86., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

100 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 34

101 Idem, p. 98.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 35

102 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

103 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

104 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

105 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

106 E. C. Olson, The Evolution of Life, The New American Library, New York, 1965.

cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 37

107 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

108 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

109 Además de todas las consideraciones que se apuntan sobre el Archaeopteryx en el cuerpo del texto, se debe señalar aquí un hecho muy significativo y que confirma de una forma decisiva que el Archaeopteryx no puede ser una forma de transición. Este hecho es el descubrimiento, anunciado por Science News (vol. 112, 24 de sept. de 1977, p. 198), de los restos de un ave indudable unos «60 millones de años más antigua» que el Archaeopteryx.El profesor John H. Ostrom, de la Universidad de Yale, afirma que «es evidente que debemos ahora buscar los antecesores de las aves voladoras en un período de tiempo mucho más antiguo que aquel en el que vivió el Archaeopteryx». Así, Ostrom concluye que el Archaeopteryx no fue el antecesor de las aves. Con esto se reafirman las palabras de Newell: «Muchas de las discontinuidades tienden a ser más y más enfatizadas con el aumento de las colecciones» (Nota del Traductor), cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

110 J. L. Grimmer, National Geographic, Sept., 1962, p. 391.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 38

111 L. du Nouy, Human Destiny, The New American Library, New York, 1947, p. 58., cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref. 39

112 A. J. Marshall, Ed., Biology and Comparative Phisiology of Birds, Academic Press, New York, 1960, p. 1.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref.40.

113 en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

114 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

115 G. L. Jepsen, Science, 154, 1333 (1966),cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref. 41

116. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

117 G. G. Simpson, Tempo and Mode in Evolution, Columbia University Press, New York, 1944, p. 105.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

118. http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

119 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale University Press, New Haven, 1949, p. 231.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, ref.43

120 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

121 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

122 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

123 G. G. Simpson, Ref. 5, p. 149.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 44

124 G. G. Simpson, The Major Features of Evolution, Columbia University Press, New York, 1953, p. 360,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref. 45

125 Ref. 45, pp. 360-376., cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 46

126 Ref. 42, pp. 105 124. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 47

127 Ref. 44, pp. 149 152. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref. 48

128 E. C. Olson, Ref. 3 7, p. 94.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm

Ref 49

129 C. A. Arnold, An Introduction to Paleobotany, McGraw-Hill Pub. Co., New York, 1947, p. 7.,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm Ref 50

130 E. J. H. Corner, en Contemporary Botanical Thought, A. M. Macleod y L. S. Cobley, Eds. Quadrangle Books, Chicago, 1961.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 51

131 E. C. Olson, Ref. 3 7, p. 94.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.htm ref 52

132 N. D. Newell, Proc. Amer. Phil. Soc., April 1959, p. 267.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 53

133 D. M. Raup y S. M. Stanley, Principles of Paleontology, H. W. Freeman and Co.

Cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 54

134 L. du Nouy, Ref. 39, p. 63. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 55

135 O. Kuhn, Acta Biotheoretica, 6, 55 (1942)., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 56

136 A. H. Clark, en The New Evolution: Zoogenesis, A. H. Clark, Ed. Williams and

Wilkins, Baltimore, 1930, p. 196., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 57

137 A. H. Clark, Ref. 57, p. 196., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 58

138 L. du Nouy, Ref. 39, p. 74., cit en en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 59

139 R. B. Goldschmidt, Ref. 3, p. 97., cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, ref 61

140 R. B. Goldschmidt. Ref. 3, pp. 84 98. cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 62

141 G. A. Kerkut, Implications of Evolution, Pergamon Press, New York, 1960, p. 157.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 63

142 T. H. Huxley, citado en Life and Letters of Thomas Henry Huxley, Vol. 11, L. Huxley, Ed. 1903, p. 439.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html ref 64

145 razones,p.162-164

Argumento paleontologico parte 4

Argumento paleontologico parte 4

Declaraciones de diversos paleontólogos en cuanto a las deficiencia del registro de fósiles[66]

Para que el lector pueda juzgar por sí mismo si el registro de fósiles es la mejor evidencia de la evolución, presentamos a continuación las declaraciones de diversos paleontólogos en cuanto a las deficiencia del registro de fósiles:

“Los fósiles constituyen una de las pruebas más fuertes en apoyo de la teoría de la evolución orgánica. Esta teoría dice que las formas más avanzadas de vida moderna han evolucionado de formas ancestrales más sencillas y más primitivas del pasado geológico. La transformación ha sido gradual y se ha llevado a cabo mediante factores tales como la herencia, los cambios del ambiente, la lucha por la supervivencia y la adaptabilidad de las especies.(William H. Matthews III) “

“Ninguna evidencia apoya con más claridad y fuerza el principio fundamental de la evolución —’descendencia con acumulación de modificaciones’— que la que dan los fósiles. (Twenhofel y Shrock)

“Un tercer aspecto fundamental del registro es algo diferente. Muchos grupos nuevos de plantas y animales se presentan de repente, aparentemente sin ancestros cercanos. La mayoría de los grupos principales de organismos — fílumes, subfílumes y hasta clases — han aparecido de este modo. Este aspecto del registro es real, no meramente resultado de una recolección deficiente o prejuiciada de los datos. Una teoría satisfactoria de la evolución debe tenerlo en cuenta y explicarlo.” (E. C. Olson)

Plantas

Algas:“Se supone que en algún lugar dentro del grupo de las algas están las fuentes de las plantas superiores, los grupos vasculares. Esos desconocidos ancestros parecen estar inevitablemente perdidos en la vastedad del tiempo.”

Plantas terrestres: “Como hay dudas en cuanto a la época en que las plantas pasaron del agua a la tierra — las fechas aproximadas van desde el Cámbrico inferior hasta el Silúrico — queda claro que nadie sabe en realidad mucho acerca de los hechos mismos. No hay evidencias tangibles en absoluto en el registro de fósiles.”

“Los otros tres subfílumes de las plantas sin semillas aparecen en el registro de fósiles sólo poco después de los psilópsidos; la estructura sencillísima de éstos sugiere que fueron ancestros de los otros, aunque no se conocen fósiles de transición.”

“Tanto las cicadáceas como los guinjos probablemente surgieran de un ancestro de semilla-espora, pero el origen del grupo gimnospérmeo restante, las conocidas coniferas con sus pinas y hojas como agujas, es incierto.”

“En alguna parte, un poco antes del fin de la edad de los reptiles, ocurrió una explosión violenta, pero sin ruido. Duró millones de años pero de todos modos fue una explosión. Marcó el surgimiento de las angiospermas, las plantas que producen flores. Aun el gran evolucionista Charles Darwin las llamó ‘misterio abominable’, pues aparecieron muy de repente y se esparcieron muy rápido.”

Animales:

“Ocho géneros de animales invertebrados tienen muchos representantes con esqueletos mineralizados.. . Lamentablemente, no hay registro fósil del origen de estos fílumes, pues ya estaban claramente separados y distintos cuando aparecieron por primera vez como fósiles.”

Las arañas: “Queda mucho por aprender de los aracnoides primitivos y del grupo arácnido que los originó, puesto que no tenemos evidencias para demostrar que las arañas se hayan derivado de ningún otro grupo de arácnidos vivos o extintos. Tampoco tenemos pruebas concluyentes de que los arácnidos hayan evolucionado de ningún grupo de artrópodos.”

Crinoideos: “De nuevo, el registro de los fósiles tiene un vacío en este punto. El crinoideo más antiguo que se conoce, del Ordovícico inferior de Europa, tiene una copa de dos anillos, es relativamente avanzado en muchas características y difícilmente pudo ser ancestro de muchos de los crinoideos posteriores.”

Coral: “Los tetracorales se consideran como ancestros de los hexacorales, pero los grupos exactos que produjeron los ancestros, lo mismo que el tiempo en que comenzó la transición de unos a otros, todavía son motivo de especulación.”

Insectos: “El período Carbonífero superior, que fue testigo de la aparición de los reptiles y la degeneración de los estegocéfalos (anfibios), también dio a luz una población considerable de insectos. Se han identificado unas mil especies, pero no se sabe nada de su pasado. Si tienen un origen común, no tenemos ni idea de cuándo se separaron para evolucionar a su modo.”

Al hablar del origen de los vertebrados (animales con columna vertebral):

“casi todos los fílumes del reino animal han sido sugeridos, incluso los gusanos llamados Nemertínidos.”

“No tenemos un registro seguro de fósiles para los cordados inferiores ni sus ancestros y es muy posible que nunca lo tengamos.”

Entre los cordados están los vertebrados.

“Una de las transiciones mejor documentadas entre las clases superiores de animales es la evolución de los anfibios a partir de los peces crosopterigios.” Joseph T. Gregory

J. Z. Young no está de acuerdo y dice: “Hay semejanzas tan cercanas entre los cráneos de los anfibios primitivos y los de los peces crosopterigios devonianos, que no cabe duda de la relación. Sin embargo, actualmente no hay ninguna evidencia fósil detallada de las etapas de transición de un tipo al otro.”

Salamandras (urodelos): “La salamandra más antigua que se conoce es un género del Jurásico. Nos desanima saber que aun las salamandras fósiles más antiguas no muestran características primitivas. La pauta estructural moderna de los urodelos se estableció al parecer en el período Jurásico; desde entonces ha habido poco avance evolutivo de importancia.”

Ranas: “No se tiene noticia de tipos en transición”.

Reptiles: “Un animal conocido como seimurio, encontrado en el Pérmico inferior de Texas (tal vez 250 millones de años), es de suma importancia para nuestra comprensión de los orígenes de los reptiles… Sus características son tan exactamente intermedias entre las de los anfibios y los reptiles, que no es posible colocarlo con seguridad en ninguno de los dos grupos…”

El seimurio:”Parece ser un eslabón entre estos dos grupos de animales.” Sin embargo, el seimurio vivió en un período geológico posterior al de los reptiles primitivos, por lo cual no puede ser su ancestro.”(William Matthew)

Ictiosaurios (reptiles extintos): “El ictiosaurio apareció de repente en medio del Triásico y no se conocen formas intermedias entre él y sus posibles ancestros, los cotilosauros o reptiles con cola.”

Lagartos: “Nuestro conocimiento de la distribución primitiva de los lacértidos es todavía incompleto; no se conoce ninguna de las familias de lagartos existentes que haya aparecido antes del Cretáceo.”

Serpientes: “Es obvio que las serpientes descienden de algún tipo de lagarto, pero su origen preciso es oscuro.”

Reptiles voladores: “No está clara la razón de la pérdida de la capacidad para caminar. Si alguna vez se encuentran fósiles de los eslabones perdidos, que deben haber existido en el Triásico, podríamos tener más información sobre este y otros problemas.”

Tortugas: “La línea de descendencia exacta de las tortugas partiendo de los reptiles con cola no es segura.”

Reptiles marinos: “La mayoría de los últimos euriápsidos desde la mitad del Triásico, son miembros de conocidos y bien estudiados grupos acuáticos: notosaurios, plesiosaurios, placodontes, lógicamente considerados como relacionados entre sí, pero de ascendencia desconocida.”

Dinosaurios: “Los dinosaurios no eran un solo grupo, sino que ya estaban divididos en dos grupos distintos cuando aparecieron por primera vez.”

Aves y pterodáctilos: “Los reptiles arcosaurios del Triásico originaron dos grupos independientes que volaban, los pterodáctilos y las aves. Ambos aparecieron por primera vez en el Jurásico como animales ya bien equipados para volar, aunque fundamentalmente de estructura arcosauria. Por lo tanto, no podemos decir nada sobre las etapas de evolución de su vuelo y sólo se puede especular sobre las causas que los impulsaron a trasladarse al aire.”

Monotremas (mamíferos que ponen huevos): “Los monotremas son misteriosos porque no existen fósiles de sus ancestros.”

Murciélagos: “Excepto unos pocos especímenes del Oligoce-no y del Mioceno europeo, no tenemos información de su historia.”

Roedores: “Todo intento de relacionar los ancestros de los roedores con otros grupos ha sido en vano.”

Artiodáctilos (animales herbívoros con dedos pares en las patas): Aunque se tienen materiales fósiles abundantes, no están bien claras las líneas de evolución dentro de los artiodáctilos y se han sugerido numerosas clasificaciones.”

Perisodáctilos (herbívoros de dedos impares): “Las familias de los perisodáctilos fueron reconocibles desde el mismo principio de lo que se conoce de la historia de los mamíferos. Se supone que haya habido cierta diferenciación entre las distintas líneas de especies antes de que el primer fósil conocido apareciera en la roca.”

Marsupiales: “Sabemos poco de la historia fósil de estos animales australianos…”

Antílopes y ganado vacuno: “Lamentablemente, todavía no es posible presentar un relato coherente de la historia de los antílopes y el ganado vacuno.”

Ballenas y delfines: “Como los murciélagos, las ballenas (en sentido general) aparecieron completamente adaptadas en el Terciario primitivo. . .”

Oso hormiguero: “Sabemos poco de su historia fósil. . .”

Antilocapra: “Parece que no hay ancestros de los antilocapras en el Oligoceno ni el Mioceno superior de Norteamérica.”

Focas: “Como pasa con los otros dos tipos, se pueden investigar las focas sin orejas hasta el Mioceno, pero no más allá, pues no hay registro de ancestros de los pinnipedos.” Manatíes: “No se sabe casi nada de la historia de los manatíes.”

Arsinoiterio (mamífero fósil con cuernos de Egipto): “Esta curiosa criatura está muy aislada; no sabemos nada de sus ancestros, ni de sus posibles descendientes.”

Jirafas: “El origen exacto y las afinidades de la familia permanecen inciertos.”

Monos del Nuevo Mundo: “Se sabe poco de la historia fósil de los monos americanos.”

Monos del Viejo Mundo: “Pero ellos también se remontan a ancestros desconocidos del Eoceno.”

Orangután: “Los ancestros fósiles del orangután que vive en Asia, ni se conocen ni se reconocen.”

Ante estas explicaciones, es bueno recordar el principio filosófico de la navaja de Ockham. Es decir, cuando nos encontramos ante dos análisis contradictorios de la misma cosa, se debe elegir el menos complejo.En teología, Guillermo de Occam, afirmó que no es necesario postular más entes de los necesarios. Creo que ante estos testimonios, podemos citar a Scott M.Huse quien entiende que:

“Puesto que la distribución de los fósiles es completamente arbitraria (es decir, se basa en la suposición de la evolución), la columna geológica no puede ser usada para probar la evolución ni una vasta edad geológica.” [67]

Stephen Jay Gould.

Considero de gran importancia el citar el trabajo investigativo de este notable cientifico. Aunque su ideologia atea y un ferreo opositor del creacionismo en los Estados Unidos lo convierte en alguien controversial, sin duda este hombre desafio las estructuras de pensamiento del neodarwinsimo.

La ortodoxia darwinista contemporánea ha quemado a Gould en sus hogueras académicas. ¿Por qué? No porque Gould sea un creacionista, ciertamente. En 1980, cuando el Estado de Arkansas aprobó una ley para que la lectura literal de la Biblia se enseñara en las escuelas en pie de igualdad con el darwinismo, Gould fue uno de los testigos llamados a juicio por la Unión Americana por las Libertades Civiles, que había recurrido el texto por inconstitucional. Pero ese mismo año, Gould incurrió en la herejía de publicar un artículo técnico titulado ¿Está emergiendo una nueva teoría general de la evolución?, que constituía nada menos que una revisión científica de la sagrada teoría de Darwin. Y la jerarquía evolucionista no le perdonó jamás.

Ni Gould ni ningún otro científico contemporáneo han dudado jamás de la realidad de la evolución biológica: que todos los seres vivos de este planeta, incluidos los humanos, se han generado en el tiempo a partir de un solo organismo primitivo, o como mucho de unos pocos.

Stephen Jay Gould.

A principios de los años ’80 comenzaron a circular por ese entonces los escritos de un paleontólogo norteamericano que renovó el pensamiento evolucionista, en particular porque desafiaba el paradigma evolutivo establecido a principios de los años ´40, consagrado en una memorable reunión en la Universidad de Princeton por notables evolucionistas, como Dobzhansky, Mayr, Stebbins, Haldane, Huxley, Fisher, Wright, Simpson, constituye lo que hoy se conoce como Teoría Sintética de la Evolución. Esta teoria venía a ser como la integración en una teoría del Darwinismo original, que consagraba a la selección natural como el mecanismo principal que rige la evolución, con los principios de la Herencia descubiertos por Mendel dados a conocer a principios del siglo XX, junto con modelos matemáticos desarrollados para describir los cambios de las frecuencias de los genes por selección natural. Este conjunto de ingredientes se cristalizó en un paradigma que se transformó en hegemónico: el de la evolución gradual por cambios adaptativos, en que la selección natural resulta el principio fundamental y casi excluyente para interpretar la evolución de la vida.

“Este núcleo conceptual fue el objeto del primer desafío al que apuntó el pensamiento de Gould (en ese entonces un estudiante de grado), cuando propuso junto con el también paleontólogo Niles Eldredge, una reinterpretación crítica del registro fósil. La ausencia de formas intermedias en la secuencia fósil, que ya preocupaba a Darwin y es desde entonces interpretada como una expresión de la imperfección del registro, pasó a ser tomada como un dato de la realidad, como una evidencia de que la naturaleza puede dar saltos, especialmente en lo que se refiere al origen de nuevas especies. Más revolucionario aún resultaba otro aspecto de su interpretación: las especies, una vez que se originan se mantienen prácticamente inalteradas durante largos periodos de tiempo geológico, sin cambios, hasta que nuevas especies se originan en eventos de cambio cortos y rápidos. Así, la regla sería el “no cambio” (estásis) mientras que el cambio significativo para la evolución se concentraría en breves periodos asociados al origen de nuevas especies. Esta nueva visión se plasmó en el modelo de los “Equilibrios discontinuos” (Punctuated Equilibria), que desafío a la idea excluyente del gradualismo, contribuyendo a la incorporación de una diversidad de nuevos modelos para explicar los procesos evolutivos que destacaban, por ejemplo, la importancia del azar en la modelación de los patrones observados en la historia de la vida.

Si bien en una primera etapa el modelo discontinuista fue duramente resistido por la ortodoxia neodarwinista, la creciente cantidad de casos exhaustivamente documentados de registros fósiles compatibles con el modelo de Gould, hizo que esta hipótesis se vaya incorporando al cuerpo de la teoría evolutiva y actualmente esté presente en todos los textos serios de Evolución.

Más tarde, conjuntamente con otro destacado biólogo evolutivo, el genetista de poblaciones Richard Lewontin, profundizó su crítica al papel excluyente que la selección natural juega conforme al argumento neodarwinista. En su “Crítica al Programa adaptacionista”, propone la necesidad de la expansión de la teoría darwinista hacia una visión más integral y plural de la evolución en que los organismos sean concebidos como el resultado de la interacción entre los procesos y accidentes experimentados en su historia evolutiva (filogenética) con las restricciones y potencialidades que imponen su desarrollo ontogenético. Este reclamo que alertó sobre la necesidad de restablecer la mirada sobre el organismo como un todo, en contraste con la fragmentación que supone el enfoque adaptacionista, permitió revalorizar y dar nuevos bríos a la investigación en campos soslayados por el neodarwinismo como el de la embriología. Esto último constituye quizás una de las fronteras actuales del conocimiento en biología: la representada por el desafío evo-devo (Evolution and Development).

En este marco, un aporte de gran fertilidad fue la revisión del concepto de adaptación, la erradicación del concepto de preadaptación y su tácita concepción finalista y la introducción de la idea de que una característica que resulta adaptativa bajo ciertas condiciones, puede, bajo nuevas circunstancias ser incorporada como una adaptación para nuevas funciones. Así, es posible concebir, la incorporación súbita y no gradual de estructuras y funciones complejas que constituyen novedades adaptativas. Este importante concepto es lo que Gould denominó “exaptación”.

Particularmente irritante para los representantes del pensamiento hegemónico fue un artículo en el que Gould preguntaba “¿Está emergiendo una nueva teoría general de la Evolución?… En él Gould sintetiza muchas de sus críticas y señala la importancia de reconocer diferentes niveles jerárquicos en los que ocurre evolución. Introduce así el desafío de analizar los diversos mecanismos que operan en los diferentes niveles: genes, individuos, poblaciones, especies, clados, ampliando enormemente la diversidad de las preguntas abiertas para los evolucionistas.

Son especialmente destacables los artículos en que desarrolla su pensamiento crítico sobre la idea de complejidad creciente y de progreso que enmarcan las interpretaciones de la mayoría de los evolucionistas. Asimismo, nos estimulan sus innumerables contribuciones acerca de la evolución humana, que dieron por tierra los últimos resabios de una visión finalista del origen del hombre redimensionando su papel en la naturaleza, al situarlo como una especie más cuya evolución no es lineal sino que es fruto de un proceso que puede ser interpretado en términos de los mismos patrones y procesos del resto de la biota. Asimismo, sus aportes contribuyeron a erradicar la visión tipológica, desnudando los prejuicios y argumentos no científicos en los que se sustentan justificaciones biologicistas acerca de las supuestas desigualdades entre grupos humanos.

Su permanente inquietud por situar las discusiones científicas, y en particular las de la biología evolutiva, en un contexto histórico y filosófico constituye un inestimable aporte al pensamiento crítico. Esta manera de abordar su tarea científica y de divulgación hizo que su obra trascendiera las fronteras de los “especialistas” y despertara el interés de profesionales de distintas especialidades y del público en general, permitiendo tender puentes interdisciplinares y abordar temas de central relevancia tales como el lugar del hombre en la naturaleza. Su obra es por ello una valiosísima contribución a la democratización del conocimiento, problema sobre el que la comunidad científica debería reflexionar profundamente.”[68]

La idea fundamental de Darwin es que los seres vivos han evolucionado por selección natural, y consiste en lo siguiente:

Si los seres vivos tienen una gran capacidad de reproducirse, pero los recursos son limitados, sólo las variantes más aptas de cada generación sobrevivirán lo suficiente como para reproducirse y transmitir sus cualidades a la siguiente generación. La repetición de este proceso ciego una generación tras otra durante miles o millones de años provoca inevitablemente que las especies vayan cambiando y haciéndose más aptas para vivir en su particular entorno. La evolución, según la ortodoxia darwiniana, se debe esencialmente, si no por completo, a ese mecanismo gradual, continuo y competitivo.

Esa idea -que la selección natural constituye el principal motor de la evolución- es la que Gould ha desafiado hasta el final de sus días.

Sus argumentos se pueden resumir en dos (como los mandamientos, por supuesto).

El primero es que el registro fósil no siempre responde a las predicciones de Darwin, como muy bien sabía el propio Darwin. La teoría de la selección natural parece requerir una permanente y continua transición gradual de las especies biológicas, y los estratos fosilíferos se empeñan en mostrar a menudo unas sustituciones bruscas: las especies permanecen estables durante millones de años, y son sustituidas por otras nuevas en poco tiempo (en paleontología, ‘poco tiempo’ puede significar unos cuantos miles de años). Esta mera constatación es lo que Gould y su colega Niles Eldredge denominaron equilibrio puntuado en un artículo científico clásico de 1972.

“Uno de sus libros, “Wonderful life” (“La vida maravillosa”), publicado en 1989, se convirtió en todo un clásico de la paleontología, divulgando una visión diferente sobre la clasificación de los fósiles del famoso yacimiento de Burguess Shale; descartó la idea de Walcott —descubridor del yacimiento— de que cada especimen encontrado era un mero antepasado de organismos que han llegado hasta nuestros días. Para Gould, la variedad de diseños anatómicos presentes en Burguess Shale (todos ellos pertenencientes al Cámbrico) es mucho mayor que la que aparece en los actuales mares. Aunque estas teorías fueron cuestionadas por otros especialistas, nadie dejó nunca de alabar la espléndida prosa con la que Gould escribió sus artículos, convirtiéndose en uno de los más lúcidos divulgadores científicos del final de siglo, de cita obligada en la mayoría de los trabajos sobre paleontología, evolución, historia de la vida o filosofía.”[69]

Stephen Jay Gould (1941-2002), paleontólogo de profesión y profesor en la Universidad de Harvard desde 1967, es un pensador polifacético. No sólo la paleontología constituye su pasión, también la geología, la biología, la astronomía, la historia, la filosofía, la música y el béisbol.La obra científica de Gould parte, reafirmándola pero alterándola, de la teoría evolutiva de Darwin. Desde la publicación al 1927, junto con el paleontólogo también norteamericano, Niles Eldredge, del artículo Equilibrio discontinuo: una alternativa al gradualismo filético, ha llegado a ser una figura central en el ámbito del darwinismo. De su numerosa bibliografía podemos destacar: Desde Darwin(Ever Since Darwin: Reflections in Natural History), 1977; Ontogeny and Phylogeny, 1977; El pulgar del panda. Ensayos sobre evolución (Panda’s Thumb: More Reflections in Natural History), 1980; La falsa medida del hombre (The Mismeasure of Man), 1981, La sonrisa del flamenco. Reflexionas sobre historia natural (The Flamingo’s Smile), 1985; y La vida maravillosa. Burgess Shale y la naturaleza de la historia (Wonderful Life), 1989.

Darwin siempre aceptó el lema «Natura non facit saltum» y consecuentemente, pero en contra de otros evolucionistas, defendió que el proceso evolutivo iba a ritmo lento, sin saltos súbitos, gradualmente. El registro fósil, ciertamente, no apoyaba éste gradualismo, más bien daba testimonio de saltos y de discontinuidad. Pero Darwin argumentaba que el registro eraincompleto e imperfecto, era como un libro que sólo le quedan escasas páginas, pocas líneas por página, pocas palabras por línea y pocas letras por palabra.Stephen Jay Gould y Niles Eldredge plantean un modelo evolutivo que cuestiona éste gradualismo de Darwin: el modelo de equilibrios puntuados o de equilibrios discontinuos. Un modelo que sí encaja y explica el actual y voluminoso registro fósil, un registro que no da testimonio de cambios morfológicos graduales, sino de abruptas discontinuidades.

El modelo de equilibrios puntuados establece que las especies viven largos periodos de estabilidad, periodos de equilibrio de millones de años, que se ven cortados bruscamente por fases breves de cambios (miles de años) en las cuales aparecen nuevas especies. «La historia de cualquier parte aislada de la tierra, como la de cualquier soldado, consiste -ilustra un colega de Gould- en largos periodos de aburrimiento y breves periodos de terror». El registro fósil muestra la estabilidad de las especies durante «largos periodos de aburrimiento», tiempo que se va repitiendo tras «breves periodos de terror» en los cuales se da, súbitamente, una gran diversificación pero también una gran extinción.

En tiempo de Darwin estaba ya vivo el debate sobre la naturaleza rápida o lenta de los cambios geológicos: cataclismos naturales o gradualismo. Gould considera que la opción de Darwin por el gradualismo no se explica en base a datos empíricas sino por las influencias culturales y metodológicas. (Culturales: se había asumido el cambio en las sociedades, pero, tal y como defendía el pensamiento liberal, las transformaciones sociales duraderas eran lentas, graduales y ordenadas.

Metodológicas:

“Stephen Jay Gould, el teórico de la Universidad de Harvard cuyas investigaciones, conferencias y prolífica producción científica ayudaron a revalorizar la paleontología. Gould alcanzó una fama sin precedente entre los biólogos evolucionistas modernos y se transformó en parte de la iconografía popular cuando fue retratado en un dibujo animado de la serie Los Simpsons. Las renovaciones de su loft del barrio del SoHo, en Manhattan, fueron retratadas en un notable artículo de The Architectural Digest.

Famoso tanto por su brillantez como por su arrogancia, Gould era objeto de admiración y envidia, reverenciado y criticado a la vez por sus colegas. Fuera de la academia, era adorado casi universalmente. En su columna de la Revista de Historia Natural, empleaba una voz que combinaba el tono de un profesor de Harvard con el del hombre común amante del béisbol. Escribió numerosos libros, entre ellos, El pulgar del panda .Junto con el doctor Niles Eldredge, propuso la teoría de que hay largos períodos -a veces de millones de años- en los que las especies cambian muy poco o nada. Intermitentemente, surgen nuevas especies y hay un cambio revolucionario en escalas de tiempo geológicas. Esto determinaría cambios rápidos sobre un fondo de equilibrio en la cadena evolutiva. Treinta años más tarde, los paleontólogos aún discuten acerca de qué tan frecuentemente el registro fósil muestra un patrón con estas oscilaciones y por qué. Algunos opinan que “Gould les dio a los biólogos una nueva manera de ver los organismos que estudian”. Sin embargo, otros tienden a considerar que “sus ideas son tan confusas que no es necesario tomarlas en serio”.”[70]

1.Darwin había aprendido de Lyell que no se debe dar preferencia a la apariencia inmediata sino a la realidad escondida, el gradualismo estaba escondido debajo el imperfecto apariencia).

2.Gould, al contrario, opta por el cambio rápido: diferentes catástrofes han marcado profundamente el proceso evolutivo. No sólo la catástrofe que supuso la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años, también la de finales del permiano, que barrió el 95% de las especies de la superficie de la Tierra. Unos apocalipsis que se han repetido, imprevisiblemente, a lo largo de la marcha de la vida.

Diversidad de caminos posibles

No es el típico árbol de Navidades invertido lo que representa mejor la marcha de la vida, pasante de menos a más complejidad. En todo caso, la iconografía de un árbol no invertido, en el cual la disparidad y la diversidad se hallan en la base y en el que sólo unas ramas han sobrevivido, con vacíos inmensos entre ellas.

No un árbol de Navidades invertido, sino un árbol no invertido con diversidad inicial

Si se rebobinara la película de la vida, borrando todo cuanto ha acontecido y volviese a comenzar su historia, los nuevos acontecimientos serían sorprendentemente diferentes.Diversidad de itinerarios eran posibles; los resultados, no se podían predecir de entrada. La historia de la vida es una historia contingente: el azar y las circunstancias deciden de qué manera se desplegarán las formas vivas en nuestro planeta. Así, los hombres debemos nuestra existencia a una serie de casualidades que se han producido en la historia de la vida desde su origen. La vida no conduce necesariamente a la aparición del hombre.

Ciencia y sociedad

Gould, como filósofo de la ciencia, no ha dejado de hablar de «falsa ciencia», aquella ciencia incapaz de superar los prejuicios de la sociedad en la cual surge. El lamarkismo, por ejemplo, es falsa ciencia. Pese a que sabemos que una célula no puede retener y transmitir un carácter adquirido por un ser vivo, a menudo se defiende esta concepción. ¿Por qué? Porque es socialmente tranquilizadora. El esfuerzo queda compensado: el carácter o hábito adquirido se transmite.

En La falsa medida del hombre, centrado en los intentos de medir la inteligencia humana mediante los tests, Gould muestra y critica los abusos de la ciencia. Por un lado, muestra como la sociedad invoca la ciencia para justificar sus prejuicios; por otro, el científico, como le pasa a cualquier persona, no puede desvincularse por completo de su entorno social, que condiciona su metodología o sus resultados. El científico tiene que desprenderse de la aureola de falsa objetividad y asumir, de forma vigilante, el componente ideológico y social que afecta su trabajo.

«La iconografía convencional se ha sumado a un modelo primario, el “cono de diversidad creciente”, un árbol de Navidades invertido. La vida comienza de un modo restringido y simple, y progresa siempre hacia lo alto, yendo a más y más y, implícitamente, a mejor y mejor. El tronco se escinde en unas pocas ramas básicas; ninguna de ellas se extingue; y cada una de ellas se diversifica aún, en un número de subgrupos que aumenta de forma continúa. Pero los datos de Burgess Shale refutan esta interpretación central de la evolución como proceso continuo de diversificación creciente.

Las reconstrucciones radicales de la anatomía de los animales de Burgess Shale que presentaron Whittington y sus colegas revolucionaron, invirtiendola, la interpretación tradicional de la vida. Al reconocer tantas anatomías únicas en Burgess Shale, y al demostrar que los grupos familiares estaban experimentando con diseños tan alejados de la gamma actual, invirtieron el cono. La extensión de variedad anatómica llegó a un máximo inmediatamente tras la diversificación inicial de los animales pluricelulares. La historia posterior de la vida procede por eliminación, no por expansión. La Tierra actual puede contener más especies que nunca, pero la mayoría son iteraciones sobre unos pocos diseños anatómicos básicos. Comparados con los mares de Burgess Shale, los océanos de hoy contienen muchas más especies basadas en muchos menos planos anatómicos. Burgess Shale nos enseña que la máxima gamma de posibilidades anatómicas surge en el primer ímpetu de diversificación. La historia posterior es un relato de restricción»

Para Gould, la evolución no es un rio largo y tranquilo:

«Y, finalmente, la razón por la que estamos aquí es que un asteroide impactó contra la Tierra, exterminó los dinosaurios, y perdonó algunos pequeños mamíferos. Darwin creía que las extinciones masivas eran artilugios causados por la insuficiencia de los registros fósiles. Hoy sabemos que son muy reales: la historia de la vida ha estado marcada por numerosas extinciones masivas y brutales. ¡La evolución no es un río largo y tranquilo! Podemos citar la extinción en masa del finales del ordoviciano, hace 438 millones de años; la del final del devoniano, hace 367 millones de años… Pero la más terrible es la del final del permiano, hace 250 millones de años: borró de golpe cerca del 95% de especies marinas invertebradas. La última provocó la extinción de los dinosaurios, en la frontera entre el cretáceo y el terciario, hace 65 millones de años, activada por el impacto de un objeto extraterrestre que contenía iridio». [71]

«La historia de la mayor parte de las especies fósiles incluye dos características particularmente incongruentes con el gradualismo:

1. Estasis. La mayor parte de las especies no exhiben cambio direccional de ningún tipo en el transcurso de su estancia sobre la tierra. Aparecen en el registro fósil con un aspecto muy similar al que tienen cuando desaparecen; el cambio morfológico es normalmente limitado y carente de orientación.

2. Aparición repentina. En cualquier área local, una especie no surge gradualmente por una continúa transformación de sus antecesores; aparece de golpe y “totalmente formada”». [72]

El equilibrio puntuado no supone en sí mismo una refutación del darwinismo. La transición entre una especie y la siguiente, por muy brusca que parezca en el registro fósil, puede ocurrir por el muy convencional mecanismo de la selección natural, siempre que ese mecanismo sólo opere en una zona pequeña y en un tiempo corto. La ortodoxia darwinista, que se ha visto forzada a aceptar que la evolución no es siempre gradual, parece de momento contenta con ese esquema.

Pero la gran contribución de Gould al evolucionismo no es el probablemente el equilibrio puntuado, sino su aún más hereje recuperación de la Naturphilosophie, la gran tradición de la morfología alemana, iniciada con su magnífico tratado técnico Ontogenia y filogenia, de 1977. La cuestión central aquí es la siguiente: en el darwinismo ortodoxo, son las variaciones del medio ambiente las que dirigen los cambios evolutivos, al seleccionar entre la gama de pequeñas variaciones que le ofrece cada especie aquéllas que mejor se adaptan a las condiciones cambiantes. En la Naturphilosophie, y en el evolucionismo de Gould, los cambios que el genoma genera desde dentro son la clave, y el ambiente -y por lo tanto la selección natural darwiniana- queda relegado a un infamante papel secundario.

Los darwinistas conservadores tampoco le han agradecido a Gould su inmensa y encomiable labor como divulgador científico y ensayista. Vean este ejemplo del ortodoxo John Maynard Smith: ‘Gould ocupa una posición bastante curiosa. Dada la excelencia de sus ensayos divulgativos, ha acabado siendo considerado por los no biólogos como el teórico evolucionista más destacado. Por el contrario, los biólogos evolucionistas tienden a verle como un hombre cuyas ideas son tan confusas que apenas merece la pena preocuparse por ellas […]. Todo esto carecería de importancia si no fuera porque está dando a los no biólogos una imagen en gran medida falsa del estado de la biología evolutiva’.

CREACIÓN EVOLUCIÓN Y LA EVIDENCIA HISTÓRICA

«La extrema rareza de las formas de transición en el registro fósil persiste como el secreto profesional de la paleontología. … Nos imaginamos ser los únicos verdaderos estudiosos de la historia de la vida, y sin embargo para preservar nuestro favorito relato de evolución por selección natural consideramos que nuestros datos son tan deficientes que nunca vemos el mismo proceso que profesamos estudiar.»[73]

CRITERIOS QUE DETERMINAN LA CONDICIÓN DE TEORÍA CIENTÍFICA

¿Cuál es el criterio que debe cumplir una teoría para ser considerada científica en el sentido generalmente aceptado?

George Gaylord Simpson ha afirmado que «es inherente en cualquier definición de ciencia que las afirmaciones que no puedan ser comprobadas por observación no son gran cosa… o, por lo menos, no son ciencia». [74]

Una definición de Ciencia, dada en el Diccionario de Oxford, es:

«Una rama de estudio que concierne a un cuerpo coordinado de verdades demostradas, o de hechos observados, clasificados y más o menos coordinados por su interrelación bajo leyes generales, y que incluye métodos fiables para el descubrimiento de nuevas verdades en su dominio.»

Así, para que una teoría pueda ser calificada de científica, debe ser apoyada por sucesos o procesos que puedan ser observados cuando ocurren, y la teoría debe ser útil prediciendo el comportamiento y resultados de futuros fenómenos naturales o experimentos de laboratorio. Una limitación adicional impuesta es que la teoría debe ser capaz de «falsación». Esto significa que debe ser posible concebir algún experimento cuyo fallo probaría la falsedad de la teoría.

CREACIÓN Y EVOLUCIÓN FRENTE AL CRITERIO ACEPTADO

Es en base de tal criterio que la mayor parte de los evolucionistas insisten en que la creación no debe ser considerada como una posible explicación de los orígenes. La creación no ha sido testificada por observadores humanos, no puede ser comprobada científicamente, y como teoría no es «falsable».

Con todo esto, la teoría general de la evolución (teoría de la molécula al hombre) también falla, incumpliendo estos tres criterios: Dobzhansky, tratando de afirmar la evolución como hecho, en realidad, admitió que no cumplía el criterio de teoría científica cuando dijo:

«… el acontecimiento de la evolución de la vida en la historia de la tierra está tan bien establecido como ningún suceso nunca testificado por observadores humanos lo pueda ser». [75]

Goldschmidt, que insistió en que la evolución es un hecho para el cual ya no se necesita de más pruebas, también reveló su fracaso en cumplir el criterio generalmente aceptado para establecer una teoría como científica. Después de describir las etapas de su mecanismo evolutivo, al que bautizó con el nombre de «Systemic mutation» (Mutación sistémica) o «Hopeful Monster» (Monstruo Viable), Goldschmidt afirmó:

«A esta suposición se oponen violentamente la mayoría de los genéticos que pretenden que los hechos hallados al nivel subespecífico se tienen que aplicar también a las categorías superiores. El repetir incansablemente esta pretensión no probada, el pasar de ligero sobre las dificultades y el adoptar una actitud arrogante frente a los que no se dejan influir tan fácilmente por las modas en la Ciencia, se considera que proporciona una prueba científica de su doctrina. Es verdad que nadie hasta ahora ha producido una nueva especie, género, etc., por macromutación; pero es igualmente cierto que nadie ha producido ni una sola especie por selección de micromutaciones ». [76]

Más adelante, en el mismo artículo declaró:

«Tampoco nadie ha presenciado nunca la producción de un nuevo individuo de categoría taxonómica superior por selección de micromutaciones.» [77]

Goldschmidt ha afirmado, pues, que en el contexto de «las moléculas al hombre» solamente se ha observado el cambio más trivial, al nivel de las subespecies.

Aún más, los arquitectos de la moderna teoría sintética de la evolución la han construido tan cuidadosamente, que no es posible su «falsación»: La teoría es tan plástica que es capaz de explicar cualquier cosa. Esta fue la queja de Olson [75] y de varios participantes en el «Wistar Symposium on Mathematical Challenges to the Neo-Darwinian Interpretation of Evolution» (Simposium Wistar de Desafíos Matemáticos a la Interpretación Neodarwinista de la Evolución), incluyendo incluso a Mayr, uno de los principales exponentes de esta teoría. [78]

Eden, uno de los matemáticos, lo expresó de esta manera, con referencia a la «falsabilidad»:

«Esto no se puede hacer en evolución, tomándola en su sentido general, y esto es lo que quise decir cuando la califiqué de tautológica. Porque, desde luego, puede explicar cualquier cosa. Se puede ser, o no, ingenioso al proponer un mecanismo que parece razonable a los seres humanos, incluso mecanismos que sean coherentes con otros mecanismos que se hayan descubierto, pero no deja de ser una teoría “no falsable”». [79]

Aun más, aparte de los científicos creacionistas, un creciente número de otros científicos han expresado dudas de que la moderna teoría de la evolución pueda explicar algo más que cambios triviales. Eden quedó tan desanimado después de una consideración completa de la teoría desde el punto de vista probabilístico, que proclamó:

«Una teoría científica y adecuada debe esperar el descubrimiento y elucidación de nuevas leyes físicas, fisicoquímicas y biológicas». [80]

Salisbury ha expresado similarmente sus dudas, basadas en consideraciones probabilísticas. [81]

El ataque a la teoría por parte de científicos franceses ha sido intenso en años recientes. Dice un reportaje sobre la situación en Francia: «Este año se vio crecer rápidamente la controversia, hasta que recientemente culminó con un artículo aparecido recientemente en la revista Science et Vie titulado «¿Deberíamos quemar a Darwin?» con una extensión de unas dos páginas.

El artículo, escrito por el divulgador Aimé Michel, estaba basado en las entrevistas del autor con especialistas tales como la señora Andrée Tetry, profesora en la famosa Ecôle de Hautes Etudes –y autoridad mundial en problemas de la evolución–, el profesor Rémy Chauvin, [82] y otros biólogos franceses de nota; y en un estudio a fondo de unas 600 páginas de compilación de datos biológicos reunidos, en colaboración con la señora Tetry, por el difunto Michael Cuenot, biólogo de fama mundial.

La conclusión de Aimé Michael es significativa: la clásica teoría de la evolución, en su sentido estricto, pertenece al pasado. Aunque no tomen una posición definida, hoy en día prácticamente todos los especialistas franceses mantienen fuertes reservas mentales en cuanto a la validez de la selección natural». [83]

E. C. Olson, uno de los oradores en la celebración del Centenario Darwiniano, hizo en aquella ocasión la siguiente afirmación:

Existe, asimismo, un grupo generalmente silencioso de estudiosos dedicados a investigaciones biológicas, que tienden a disentir con mucha parte del pensamiento actual, pero dicen y publican poco a causa de que no están particularmente interesados, o no ven que la controversia sobre la evolución sea de alguna importancia particular, o están tan totalmente en desacuerdo que les parece inútil dedicarse al monumental trabajo de controvertir el inmenso edificio de información y teoría que existe en la formulación del pensamiento moderno. Desde luego es difícil juzgar el tamaño y la composición de este silencioso sector, pero no hay duda de que los números no son despreciables». [84]

Fothergill se refiere a lo que él llama «la poquedad de la teoría como un todo». [85]

Erhlich y Holm han afirmado sus reservas de la siguiente manera:

«Finalmente, consideremos la cuestión presentada anteriormente: “¿Cuál es la explicación de lo que observamos en la naturaleza?” Ha llegado a ser moda el contemplar la moderna teoría de la evolución corno la única explicación posible, en lugar de decir que es la mejor conseguida hasta ahora. Es concebible, y hasta lo más posible, que lo que podríamos llamar chistosamente una teoría No-Euclideana de la evolución apunte en el horizonte. La perpetuación de la teoría actual como dogma no animará el progreso hacia una explicación más satisfactoria de los hechos observados». [86]

Algunos ataques son abiertamente críticos, tales como la carta de Danson que apareció recientemente en New Scientist y en la que, entre otras cosas, afirmaba:

«La teoría de la evolución ya no está más con nosotros, a causa de que hoy en día se reconoce al Neodarwinismo como incapaz de explicar cualquier otra cosa que no sean cambios triviales, y, a falta de otra teoría, no tenemos ninguna … a pesar de la hostilidad de los testimonios ofrecidos por el registro fósil, a pesar de las dificultades innumerables, y a pesar de la falta de una teoría creíble, la evolución sobrevive … ¿Puede haber, por ejemplo, otra área de la ciencia en la que se utilice un concepto intelectualmente tan estéril como el de la recapitulación embriológica como evidencia de una teoría?». [87]

Macbeth ha publicado recientemente una crítica especialmente incisiva de la teoría de la evolución. [88] Apunta al hecho de que a pesar de que los evolucionistas han abandonado el evolucionismo clásico, la moderna teoría sintética de la evolución que han propuesto como sustitución es igualmente inadecuada para explicar el cambio progresivo como resultado de la selección natural y, de hecho, no pueden ni siquiera definir Selección Natural en términos que no sean tautólogos. La incapacidad de la teoría actual, y el fracaso del registro fósil en cumplir las predicciones que le son propias, dejan a la macroevolución, y aún a la misma microevolución, como misterios intratables, según Macbeth. No obstante, Macbeth sugiere que no hay ninguna teoría –por el presente– preferible a ésta.

En vista de las consideraciones expuestas, es increíble que científicos líderes, insistan dogmáticamente en que la teoría de la evolución de la molécula al hombre se enseñe con exclusión de todo otro postulado. La evolución en este amplio sentido no está demostrada y no se puede demostrar, y, por lo tanto, no puede ser considerada como un hecho. No está sujeta a prueba por los métodos normales de la ciencia experimental: Observación y falsación. Así, en el sentido estricto, no puede ser ni siquiera calificada de teoría científica. Es un postulado, y puede servir de modelo con el cual se puede intentar explicar y correlacionar los datos que tenemos en el registro fósil, y hacer predicciones respecto a la naturaleza de descubrimientos futuros.

La creación, desde luego, no está probada, y no se puede probar por los métodos de la ciencia experimental. Según el criterio expresado anteriormente, tampoco la podemos calificar de teoría científica, ya que la creación habría sido inobservable y, como teoría, sería no-falsable. La creación es, por tanto, como la evolución, un postulado que puede servir como modelo para explicar y correlacionar la evidencia relacionada con los orígenes. La creación no es, en este punto, ni más religiosa ni menos científica que la evolución. De hecho, a muchos científicos bien informados les parece que la creación es muy superior al modelo evolucionista como explicación de los orígenes.

Tenemos la fuerte sospecha de que la aceptación de la evolución no se debe principalmente a la naturaleza de la evidencia, sino al prejuicio filosófico de nuestros tiempos. Watson, por ejemplo, ha dicho:

«La teoría de la evolución misma es una teoría universalmente aceptada no a causa de que pueda ser probada cierta por evidencia lógicamente coherente, sino porque la única alternativa, la Creación especial, es claramente increíble». [89]

Que ésta es la teoría sostenida por la mayoría de los biólogos lo ha enfatizado recientemente Dobzhansky. En su comentario del libro de Monod, Azar y Necesidad, Dobzhansky declaró:

«Ha señalado con admirable claridad, a menudo lindando en lo sublime, la filosofía materialista mecanicista compartida por la mayor parte del Establecimiento en las Ciencias Biológicas». [90]

La exclusión de la creación en la enseñanza científica es innecesaria e indeseable, sea en base científica o filosófica. Bajo el sistema presente, en el cual la evolución se presenta como un hecho, con exclusión de la creación, el estudiante es adoctrinado en una filosofía de humanismo secular, en lugar de beneficiarse de una presentación objetiva de la evidencia.

Se podría remediar esta situación presentando la creación y la evolución en forma de modelos, haciendo predicciones basadas en cada modelo, y entonces comparar la evidencia científica real con las predicciones de cada modelo. Así, los estudiantes podrían decidirse en base de esta presentación objetiva. Esto es lo que desearíamos hacer en el resto de este trabajo, ciñendo nuestras consideraciones a un examen del registro fósil.

LA EVIDENCIA PALEONTOLÓGICA , CRUCIAL

Aunque , se podrían investigar varios campos de la ciencia para intentar determinar cual es el modelo que aparece más plausible de los dos, el registro fósil es la única fuente de evidencia científica que permitiría una determinación de si realmente los organismos vivientes vinieron a existir por creación o por evolución. El caso fue bien planteado por LeGros Clark cuando dijo:

«Que la evolución haya realmente ocurrido se puede establecer científicamente solo por el descubrimiento de restos fósiles de muestras de los tipos intermedios representativos que han sido postulados basándose en la evidencia indirecta. En otras palabras, la evidencia realmente crucial en cuanto a la evolución debe ser proveída por el paleontólogo, cuyo trabajo es estudiar la evidencia del registro fósil». [91]

Sir Gavin de Beer se hizo eco de este último punto de vista, cuando afirmó:

«La última palabra en cuanto a la credibilidad y curso de la evolución está en manos de los paleontólogos». [92]

En su revolucionaria obra «El Origen de las Especies», Darwin afirmó:

« . . . El número de formas intermedias y de transición entre todas las especies vivientes y extinguidas debe haber sido inconcebiblemente grande» [93] .

Esta conclusión parece inevitable, sea en base de los conceptos de Darwinismo clásico o de los de la moderna teoría sintética de la evolución. Por cuanto el número de formas de transición predichas por la teoría general de la evolución es inconcebiblemente grande, el número de tales formas que debieron haber quedado fosilizadas, de acuerdo con esta teoría, es inconcebiblemente grande aunque sólo una fracción muy pequeña de todas las plantas y animales que han existido hubieran quedado fosilizadas.

El muestreo del registro fósil ya ha sido suficiente, por lo que ya no es válido afirmar que el muestreo es aun imperfecto.

Así, George ha afirmado:

«Ya no hay ninguna necesidad de excusarse más con la pobreza del registro fósil, pues ha llegado a ser difícil de manejar debido a su riqueza, y los descubrimientos están saturando la integración [de datos]». [94]

Parece claro que después de 150 años de búsqueda intensiva se hubiera debido descubrir un gran número de formas transicionales, si las predicciones de la teoría de la evolución fueran válidas.

Por otra parte, si nos basamos en el modelo de la creación, deberíamos predecir la ausencia virtual de formas de transición entre las principales categorías de clasificación (los géneros creados).

No obstante, no se podría excluir la presencia de alguna aparente forma de transición por dos razones: [95]

a) La tremenda diversidad exhibida dentro de cada categoría mayor de clasificación y

b) La posesión de características similares de existencia o actividad requerirían estructuras o funciones similares. No obstante, en base del modelo «creación», tales formas pseudotransicionales serían raras y no estarían conectadas por tipos intermedios.

Las discontinuidades en el registro fósil, por lo tanto, serían sistemáticas y casi universales entre las categorías mayores de clasificación (géneros).

Notas

67 Josh Mc Dowell; Don Stewart, Razones, “Tiene sentido la fe cristiana para el hombre de hoy” p. 151-156, ed. Vida, 4º impr. 1992

68 El Colapso de la Evolución, op. cit., p. 30

69 http://es.geocities.com/picolobo2002/cientificos.html

70 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

71 http://www.fcen.uba.ar/prensa/noticias/2002/noticias_24may_2002_03.html

72 Gould, La vida maravillosa Cap.1 (adaptado), cit en http://www.xtec.es/~lvallmaj/academia/gould2.htm

73 Ibid

74 http://www.razones.org/articulo-39.htm

75 C. Darwin, Origin of Species, J. M. Dent and Sons, 1956, p. 294. Hay varias ediciones españolas: damos una de ellas: Ediciones Zeus, Barcelona 1970, p. 306.cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 21

76 T. N. George, Science Progress, 48, 1 (1960).,cit en cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html, nota pp. Nº 22

77 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

78 Ibid

79 Ibid

80 G. G. Simpson, en The Evolution of Life, Ref. 5, p. 143.,cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html,

81 P. Cloud, Science, 160, 734 (1968). cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

82 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958).cit en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

83 M. N. Bramlette, Science, 158, 673 (1967),cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

84 W. H. Bradley, Science, 160, 437 (1968),cit.en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

85 A. E. J. Engel, B. Nagy, L. A. Nagy, C. G. Engel, G. O. W. Kremp y C. M. Drew, Science, 161, 1005 (1968).,cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

86 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

87 D. Axelrod, Science, 128, 7 (1958). cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 25

88 cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 29

89 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

90 E. G. Conklin, citado por G. E. Allen, The Quarterly Review of Biology, 44, 173 (1969). . cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 31

91 A. S. Romer, Vertebrate Paleontology, 3a. Edición, University of Chicago Press, 1966, cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 32

92 G. G. Simpson, The Meaning of Evolution, Yale Universiy Press, New Haven, 1949, p. 18. cit. en http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html nota nº 30

93 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

94 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

95 http://www.sedin.org/CC01RF/cc-01A.html

96 Ibid

97 Ibid

Capítulo 7. El argumento de la similitud estructural que hay entre el hombre y los animales superiores parte 2

Capítulo 7. El argumento de la similitud estructural que hay entre el hombre y los animales superiores parte 2

Antecesor común

El proceso de humanización

Como recientemente concluía el doctor Aguirre, S. I., en el magisterio de la Iglesia católica no hay «nada que, por razón dogmática, se oponga a la moderna teoría biológica de la evolución… El fixismo, en estos últimos años, no ha aportado un solo argumento filosófico positivamente a su favor, ni un solo hecho experimental que lo confirme, ni una idea fecunda en biología teórica, ni un avance provechoso en biología práctica: es fuerza reconocerlo» [0]

Entendemos como “proceso de humanización” el lento proceso del que surge y se desarrolla la cultura, a partir de la base biológica que la hace posible.

Éste es un proceso que debe entenderse como paralelo al de hominización. La separación que de ambos procesos se realiza en las explicaciones de la evolución del hombre, se debe a la necesidad de simplificar la exposición, pero es equívoco, porque pueden entenderse como dos procesos consecutivos, cuando en realidad son simultáneos y de influencia recíproca.

En suma, el hombre es producto de un largo y complejo proceso de relaciones y mutuas influencias entre factores biológicos y culturales.

El nacimiento de las teorías evolucionistas ha hecho que, en la actualidad, se acepte que todos los seres vivos son fruto de la evolución de especies anteriores, incluído el ser humano. Al proceso a través del cual ha aparecido el hombre como resultado de la evolución a partir de otras especies, en concreto, a partir de los primates de la familia de los homínidos, se le llama hominización.[1]

El desarrollo del cerebro y en consecuencia de la inteligencia, posibilitó la creación de nuevas y mejores herramientas, y eso permitió dar respuestas más eficaces a los retos de la supervivencia como fueron la vida social, el aprendizaje, la cooperación etc.

Estas capacidades son a su vez favorecidas por la selección natural, pues los individuos más capacitados logran sobrevivir y dejar más descendencia. La cultura se convierte en un factor positivo para la supervivencia. Y este proceso da como resultado, a la larga, homínidos cada vez más cerebrados y simultáneamente, mas culturizados. Hasta llegar al humano actual que es un homínido esencialmente cultural.

En este sentido, por cultura debemos entender, de forma amplia, todo un conjunto de capacidades y de costumbres, que no se adquieren por herencia genética, sino por el aprendizaje, gracias a la relación social con los otros congéneres.

Probablemente, los restos de los primeros microorganismos que aparecieron en el planeta han desaparecido para siempre. La carencia de partes duras en esos primeros seres vivos y la metamorfosis de las rocas del período arcaico permiten augurar que la historia de los primeros pasos de la vida en nuestro planeta permanecerá desconocida para siempre.

Se supone que los primeros aglomerados orgánicos se origi naron en las aguas cálidas de los océanos de hace más de 2.000 millones de años. De esta primera fase de la evolución de la vida se conservan algunos trozos de pizarra donde aparecen fosilizados res tos gelatinosos, dotados de función clorofílica y capaces, por tanto, de producir el alimento básico de todo ser vivo; a saber, los hidratos de carbono.

En estos primeros conglomerados orgánicos, se supone que fueron diferenciándose gradualmente algunos órganos elementales, como los orificios bucales y excretorios o los flagelos de las algas, que fueron posiblemente los primeros antecedentes de los órganos de locomoción autónoma de los seres vivos.

Por supuesto, aquí no vamos a intentar hacer un mal resumen de lo que se encuentra bien expuesto en cualquier manual de his toria natural. Bástanos indicar que desde que, en el Precámbrico inferior, aparecieron los primeros conglomerados de prótidos y las primeras macromoléculas y las bacterias, hasta que los primeros prehomínidos — el Oreopithecus, por ejemplo — hicieron su aparicion en el Mioceno , transcurrieron mas de 2000 años de filogénesis.

La cultura tiene dos polos claramente establecidos:
1º La relación del homínido con el medio, esto es, el desarrollo de la técnica, que se concreta en la creación de herramientas, vivienda, etc., que le permite sobrevivir más eficazmente en el medio.
2° La relación social con sus propios congéneres, que se concreta en la organización social, la cooperación, el aprendizaje, etc. Y en este polo adquiere especial importancia la comunicación y el lenguaje.

Entendiéndolo así, el grado de evolución de los homínidos se corresponde con el grado de evolución de su cultura, que consiste en una mayor cooperación e interacción social. Como en su lugar hemos señalado es, posiblemente, en el Horno Habilis donde se produce el salto a la evolución cultural. En esta especie el proceso de aprendizaje de las crías, y lo que, de manera muy genérica, podemos denominar “conducta inteligente” comienza a resultar muy eficaz para la adaptación al medio y para la supervivencia, no dependiendo ya exclusivamente de las capacidades heredadas genéticamente.

Este proceso se acelera en las especies posteriores y el aprendizaje cultural se convierte en un mecanismo de selección cada vez mas importante, pues los individuos intelectualmente más capaces son favorecidos por la selección natural, a la que hay que añadirle otro factor esencial que se superpone, la selección cultural. Esta consiste en la selección por parte del grupo (de manera consciente o no) de aquellos individuos más capaces intelectualmente en detrimento de los menos capaces. Acelerándose, así, la selección y la evolución.

Vida en grupo y cooperación
Las transformaciones biológicas que hemos visto provocarán el nacimiento inmaduro de crías y, por tanto, una prolongación del periodo de crianza, y del periodo de aprendizaje. La prolongación de la infancia significa una mayor dependencia de las crías y por tanto un mayor cuidado de los adultos que han de mantener grupos más estables.

El aprendizaje está menos vinculado a la maduración física y más a la transmisión de los conocimientos acumulados por la horda. Esta transmisión seguramente se realizaba tanto por reiterada observación e imitación, como la realizan los simios actuales, como de manera directa, con lo que la función del instinto va dejando paso a la del aprendizaje cultural.

Esta nueva realidad favoreció y a su vez se vio favorecida por una agudización de los hábitos sociales, desarrollándose un comportamiento que sería esencial para el éxito evolutivo, nos referimos a la cooperación estrecha y permanente del grupo, lo cual permitió una mayor explotación del medio, una más abundante recolección, mas fácil localización y obtención de carne, ya por la carroña que había que disputar a los competidores, ya por la caza de algunos animales. La cooperación aumentó, también, la capacidad de defensa frente a los depredadores. Todas éstas eran conductas muy elaboradas y complejas que exigían una mayor coordinación social.

La alimentación se realizaba en grupo, lo que estrechó los lazos sociales, el desarrollo de la afectividad, favoreció la comunicación de la experiencia social, etc. Y el manejo de nuevos útiles necesitaba de un adiestramiento que supuso el fomento de relaciones de aprendizaje entre los individuos del grupo, a la vez que produjo un aumento de la densidad de población.

Comunicación y lenguaje
El homínido evoluciona más rápidamente al aumentar la complejidad de su medio.

A mayor diversidad de experiencias, mayor número de diferentes estímulos a los que el individuo ha de aprender a responder adecuadamente. Todo lo que hemos visto exigía conductas más complejas y con ellas el desarrollo de la capacidad de emitir y distinguir mayor número de voces. El homínido empieza a dirigir sus gritos al servicio de esa vida social. El grito deja de ser exclusivamente una respuesta a estímulos externos, como expresión de dolor, temor o amenaza, y adquiere una función nueva, anunciar lo que se va a hacer en presencia de otros para enseñarles o para pedir su colaboración. Es éste un progreso fundamental para la posterior culminación en la palabra.

Así, parece que el manejo de útiles y la actividad cooperante fueron decisivos en el paso del mero grito animal al primer esbozo de lenguaje articulado.

Por su parte, la selección natural actuaría en favor de aquellos individuos con gran capacidad manual, y de emitir y percibir un mayor numero de voces. Esto produciría un notable cambio somático: cambios en la laringe para poder articular los nuevos sonidos y, en las últimas etapas de la hominización, el desarrollo del cerebro.

La progresiva implantación y perfeccionamiento del lenguaje tuvo consecuencias evolutivas trascendentales, en cuanto que permitió transmitir oralmente la propia experiencia desvinculada espacio-temporalmente de los hechos. El lenguaje es el instrumento más adecuado para adquirir y transmitir experiencia sobre todos y cada uno de los seres y procesos del universo, naciendo así la experiencia social. En definitiva, la realidad ha podido someterse progresivamente a la acción humana desde que fue expresándose en lengua.

El lenguaje es el último paso que permite al homínido desprenderse de su medio animal y sustituirlo por un medio social humano. Este importante cambio cualitativo de medio significa romper el equilibrio en el que se encontraba frente a las demás especies.

Ahora, el hombre primitivo se adelanta en su acción a las otras especies, interfiere en sus recursos alimentarios, y utiliza nuevas especies como alimento, convirtiéndose poco a poco en el animal hegemónico.

En cualquier caso, lo dicho no debe entenderse como una sucesión de fases, sino como una interrelación múltiple de factores en la que se da influencia recíproca constante entre ellos. Las transformaciones anatómicas, como la liberación de las manos y sus responsabilidades manipuladoras eran un reto al cerebro que debió dar órdenes cada vez más complejas y sutiles que forzaban a las manos a incrementar su habilidad y precisión para construir instrumentos cada vez más complejos y perfectos. Esto a su vez exigía un cerebro cada vez más voluminoso y complejo en sus conexiones, y por tanto exigía la posibilidad de crecimiento del cráneo. El aumento del cerebro implica más inteligencia y comportamientos depredatorios, sociales, etc., más refinados. El éxito de este proceso posibilitó la supervivencia y prosperidad en el nuevo hábitat dando una respuesta adecuada tanto en cuanto a las ventajas como a los peligros.”[3]

“Tan sólo desde el Silúrico inferiór, en que aparecen los vertebrados ancestrales, fluviales, hasta el momento en que emergen los primeros antropoídes hominoideos, transcurre nada menos que un lapso de cerca de 500 millones de años,

Restos de criaturas hominoideas jalonan luego un largo período de millones de años, durante los cuales se van separando de varias familias una de las cuales está representada por los actuales orangutanes,gorilas, chimpancés, y otra por la especie humana.

En efecto, de una rama del mismo tronco del que proceden los actuales póngidos descienden también nuestros remotos antepasados,los australopitecus o parántropos, pequeñas criaturas de una talla menor que la del gorila, pero mayor que la del chimpancé o el orangután, con un peso que se calcula entre los 25 y 50 kilogramos, y que ya caminaban erguidos pese a lo exiguo de su cerebro. Todavía muy semejantes a los actuales antropomorfos, estos australopitecus poseían una faz hocicada y una frente huidiza,con un cráneo hundido cuya capacidad normal oscilaba entre los 500 y los 600 centímetros cúbicos (en algún caso no llegaban siquiera a los 400 c.c.). No está demostrado que estos prehomínidos poseyeran una cultura, pues los pretendidos instrumentos encontrados junto a los restos de los australopitecus eran posiblemente restos anturales de guijarros tallados caprichosamente por la propia naturaleza. A pesar de todo, estas pequeñas criaturas, que vivieron hace un millón de años en el África del Sur, representan un evidente paso en el camino hacia la hominización, por cuanto su postura erecta y la liberación consiguiente de las manos, así como su vida no arbórea, hubieron de exigirles enormes esfuerzos adaptativos que abrieron el camino hacia escalones filogenéticos superiores.

No está muy claro, sin embargo, que los australopitecus fueran un precedente directo de los posteriores pitecántropos. Más bien parece que representaron simplemente una línea divergente, una especie a extinguir que, aunque procedente del mismo tronco básico de los primates, siguió una dirección distinta de la que condujo a a los genuinos hominidos. Ya en esa línea y hacia la misma época en que vivió el australopiteco, aparece el homo habilis, posible antecesor del homo erectas.

En cualquier caso, se sabe que el Pithecanthropus erectlus, descubierto en Java portel médico holandés Eugéne Dubois en 1891, vivió unos cuantos cientos de miles de años después que los austraIopitecos y el homo habilis — hace aproximadamente medio millón de años —, y que representa un paso ya más definido en el proceso de hominizcación. Claramente, los pitecántropos representan uno de los «eslabones perdidos» profetizados por Darwin, y aun cuando su mentón rudimentario, su coronilla plana, sus grandes arcos superciliares y su faz hocicada manifestaran características todavía muy alejadas de las del hombre actual, su capacidad craneal — decisiva a la hora de juzgar la capacidad adaptativa de una especie— se acercaba a los 1.000 c.c. y superaba con mucho a la de sus predecesores los australopitecus, y también a la de los simios actuales. Este grupo hominoideo, que aparece en el Pleistoceno medio y al cual pertenecen también muchos ejemplares del Smanthropus (cuya capacidad craneal oscila entre los 1.000 y los 1.100 ce), corresponde. a una fase de hominización rudimentaria, pero de hominización, al fin y al cabo.

A juzgar por lo que se ha podido reconstruir de su vida, habitaban en cavernas, utilizaban el fuego, tallaban útiles de piedra, martillos, también con trampas, conseguían, al parecer, cazar animales físicamente muy poderosos (elefantes, rinocerontes, bisontes, búfalos, osos, antílopes, tigres y leopardos); pero les faltaban dos ingredientes básicos: un cerebro más desarrollado y cultura.

Posiblemente, esos alardes venatorios de los pitecántropos suponían una labor de equipo y un lenguaje elemental capaz de mantener una organización social mínima. Con todo, el nivel de hominización de los pitecántropos parece haber sido muy rudimentario. A lo que se sabe, practicaban el canibalismo y gustaban, como los actuales antrpófagos melanesios, de extraer los cerebros de los muertos para saborearlos como exquisitas golosinas. Sus huesos aparecen, efectivamente, mezclados con los de la caza, y nada indica en ellos que enterraran a sus muertos ni que practicaran ritos o poseyeran un arte ornamental. Su cultura fue, por consiguiente, más bien una precultura; es decir, una organización social mínima en que unas técnicas subsistenciales rudimentarias estaban al servicio de fines vitales de pura supervivencia.

Hacia la mitad del segundo interglacial (hace unos 350.000 años), los pitecántropos se extinguieron y fueron sustituidos por grupos ya muy cercanos al homo sapiens de Neanderthal, esto es, muy cercanos al paleoántropo u hombre arcaico. Se sabe que este hombre presapiens poseía una cultura elemental; sus hachas bifaces eran ya muy superiores a las de los pitecántropos; su alimentación se componía de caza y granos, eran nómadas y que frecuentaban sobre todo las orillas de los ríos y los lagos. Cuando este grupo, que dura unos 100.000 años, se extingue, ya han aparecido los primeros ejemplares del género humano propiamente dichos, esto es, los paleántropos de Neanderthal, de Rodesia y de Solo, que poseen ya una frente recta, una dentición que demuestra que las manos han sustituido al hocico en muchas funciones adaptativas, una capacidad craneal muy semejante a la nuestra y una cultura típica del Paleolítico inferior. Su técnica, mas avanzada, les permitía tallar hachas más perfectas que las bifaces; sabían utilizar,por supuesto, el fuego, enterraban con ritos que suponían ciertas creencias religiosas, se pintaban los cuerpos, usaban amuletos y practicaban ritos de caza. En esencia, biológica y culturalmente, el hombre de Neanderthal había trascendido ya los niveles de la animalidad; pero súbitamente, en el tercer período interglacial, hace unos 50.000 años, esta especie desapareció sin dejar apenas rastro, y en toda la superficie del planeta quedó, como único representante del género homo, el hombre de Cromagnon, que venía compartiendo la escena paleolítica con el hombre de Neanderthal desde muchos miles de años atrás, quizás desde hacía más de 100.000 años.

A partir de entonces, una sola especie, la nuestra, quedó a la cabeza del largo proceso evolutivo que, a grandes rasgos, acabábamos de describir .

Con su cerebro más desarrollado (1.750 c.c. por término medio), este hombre nuevo, este neoántropo, produjo una cultura que se desarrolló relativamente poco durante los 100.000 años del Paleolítico superior, pero que a partir del Mesolítico y del Neolítico comenzó a progresar con ritmo creciente, hasta desembocar en la vertiginosa civilización actual.

Biológicamente, apenas podrían encontrarse diferencias sensibles entre los primeros hombres de Cromagnon y nuestros contrmporáneos; pero las diferencias culturales que nos separan son fabulosas, al menos en lo que respecta al conocimiento y dominio del mundo exterior.

A juzgar por lo que opinan algunos biólogos especializados en anatomía del cerebro, la evolución del cerebro humano todavía no se ha detenido; concretamente, hay indicios de que los polos frontales del mismo, es decir la zona del cortex que más directamente parece intervenir en el ejercicio de las funciones intelectuales su en una especie de forcejeo para agenciarse un mayor espacio para su expansión. Pero dejemos aparte ahora la posibilidad de que el hombre del futuro cuente con un cerebro superior al nuestro, y concentrémonos por un momento en el hecho de que el hombre de hace cincuenta mil años, que fabricaban hachas de sílex y llevaban una vida nómada, y la población actual de las grandes metrópolis tecnificadas, no presentan diferencias aparentes en lo referente a su dotación cerebral.

Expuesta la cosa de otro modo, lo que ocurre es que, con las mismas estructuras neurobiológicas, un hombre puede vivir en la barbarie, en la Atenas de Pericles o en el mundo técnico del presdente.A partir, pues de determinado momento de la evolución biológica, lo que entra en jeugo para continuar el progreso de la especie es un factor nuevo: la cultura, la acumulación y transmición de conocimientos. terminado el proceso biológico de hominización, en el Paelolítico, con la aparición de los hombres de Cromagnon, estabilizado ya (al menos momentáneamente) el proceso de cerebración de la especie, ocurre que un primate, el Pithecatropues erectus, utilzia su cerenbro y sus manos para cosntruir instrumentos que potencien y prolonguen su capacidad de acción. Entre la naturaleza y el nuevo homínido se va a interponer asi una realdiad nueva, una especie de intermundo tecnico, todavía muy rudimentario, pero que es la puerta que abre el camino pra als prodigiosas proezas científicas que vendrán mas tarde. El término, pues , del proceso de cerebración es la instalación de los homínidos en le mundo de la cultura, el salto a un mundo nuevo en el mundo de la cultura, el salto a un mundo nuevo en el que nada esta hecho y cuya esencia consiste, nada mas y nada menos, que en la necesidad de inventarlo todo.”[4]

El origen de los homíndos

“El hallazgo de Michel Brunet puede calificarse de fantástico por muchas razones. Brunet lleva trabajando mucho tiempo en la región del desierto de Chad. Ya en 1995 descubrió restos de «Australopithecus bahrelghazaly», que en aquel momento no fueron suficientemente valorados por la comunidad científica porque fueron escasos. De algún modo, la aparición ahora de un cráneo bastante completo de un homínido perteneciente a un nuevo género y a una nueva especie, viene a hacer justicia a la importante labor realizada durante años por este paleoantropólogo de la Universidad francesa de Potiers. El descubrimiento arroja luz sobre una época desconocida hasta la fecha. En ese sentido, abre el camino para aproximarnos al origen mismo de los homínidos, a esa delgada línea evolutiva que conduce a los chimpancés o a los humanos. Se estima que la separación entre el hombre y el mono se produjo hace entre cinco y siete millones de años, según los datos aportados por la genética. El cráneo hallado en Chad tiene entre seis y siete millones de años, lo que lo convierte en un ejemplar único para vislumbrar los secretos de esa bifurcación genética y que, por otra parte, demuestra la conexión que actualmente existe entre la Paleontología y la Genética.
Otra de las curiosidades que rodea este fantástico descubrimiento es su localización. Tradicionalmente se ha pensado que la separación de la línea evolutiva se produjo en el este del continente africano, donde se suponía que se asentaron los antecesores humanos hace seis o siete millones de años. Pero este cráneo ha aparecido en pleno centro de África, lo que abre enormemente el área de búsqueda de los primeros homínidos y puede contribuir de forma extraordinaria a saber algo más de nuestros orígenes.
La capacidad craneal del fósil descubierto se estima entre 320 y 380 centímetros cúbicos; por lo que es inferior a la de los chimpancés. Se trata de un cráneo pequeño -de unos 18 centímentros de largo- que, no obstante, presenta un aspecto facial que recuerda a la de los Australopithecus, que son entre tres y cuatro millones de años más recientes. Esa característica confirma que podemos estar ante el antecesor común, equidistante de las dos especies en el momento de la bifurcación. Aunque queda mucho por investigar, el hallazgo abre la puerta a precisar el origen de los homínidos.” [5]

Aunque hay líneas clara desde los tempranos australopitecus y los humanos actuales, estas no son todavía suficientemente continuas ni uniformes. Entre las tendencias más claras los científicos incluyen: Aumento del volumen del cerebro y del tamaño del cuerpo, uso creciente de herramientas y mayor sofisticación de estas, y, disminución del tamaño de los dientes y de la robustez del esqueleto. Igualmente, los paleontropólogos no ven claras líneas divisorias entre los últimos australopitecos y los primeros Homo, o entre erectus y el sapiens arcaico, ni entre este último y los sapiens modernos.

En estos puntos hay acuerdo suficientemente generalizado, no así en la forma de nuestro árbol genealógico. Si hay amplia aceptación sobre el hecho que no son ancestros nuestros los australopitecos aethiopicus, robustus y boisei, pero sigue siendo debatido si el Homo habilis desciende del A. afarensis, o del africanus o de ambos, o de ninguno de ellos. De hecho, se ha dicho que probablemente no descendemos de ningún otro australopitence.

Para complicar, o enriquecer, aún más las cosas, nuevos géneros y especies han sido descubiertos recientemente, incluyendo Ar. ramidus, Au. amanensis, Au. bahrelghazali, Au. garhi, Orrorin, Kenyanthropus y Sahelanthropus. De nuevo, no hay consenso sobre si existe relación entre ellos o de alguno de ellos y nosotros.

Como ayuda para los legos, si podemos decir que es (bastante) aceptado que el Homo erectus desciende del Homo habilis, pero, lamentablemente, no hay claridad sobre la potencial relación entre erectus, Neanderthal y sapiens.

Y ahora aparece otro actor en escena. Primero los numerosos fósiles datados hace 800.000 años de un nuevo personaje. Claramente homo, pero de morfología suficientemente especial, mezcla de características modernas y arcaicas, que sugieren a los científicos que se trata de una nueva especie, la cual han bautizado Homo antecessor. Más recientemente, en la misma localidad española de Atapuerca, fueron encontrados objetos que sugieren la existencia hace 1,2 millones de años de esta nueva especie.

El descubrimiento de antecessor reta a quienes sostienen teorías anteriores sobre la evolución de nuestra especie, provocando nuevas y fascinantes ramas y, también, aparentes caminos sin destino claro.

En todo caso, si es reafirmada del modo como es anunciada la descripción del Homo antecessor, tendríamos a un claro antecesor común del sapiens, por un lado, y por el otro, la rama que terminó en los Neanderthal, aunque todavía faltaría por conocer la o las otras etapas que permitieron la evolución hasta nosotros.[6]

¿Nuestro primer antepasado vivió en Atapuerca hace más de un millón de años?

El equipo de excavación que trabaja en los yacimientos prehistóricos de la Cueva de la Sima del Elefante en Atapuerca (Burgos) ha descubierto restos que demuestran la presencia humana en el continente europeo desde hace más de 1,2 millones de años.

La Fundación Atapuerca anunció el hallazgo de un diente fósil de homínido que fabricó herramientas de sílex que se habían encontrado en un nivel muy antiguo del yacimiento de la Cueva de la Sima del Elefante, en la Trinchera del Ferrocarril, en la localidad burgalesa de Burgos.

Los restos encontrados son de un ancestro del Homo antecessor. El equipo explica “con este sensacional hallazgo tenemos ya las pruebas científicas de la presencia humana en el continente europeo antes de un millón de años”.

Destacó que los primeros análisis “permiten aventurar” que se trata de restos de un ancestro del Homo antecessor, una especie que ya había sido descubierta en el yacimiento de Gran Dolina, también en la Sierra de Atapuerca.

Descubrimientos anteriores

En el yacimiento de Atapuerta, declarado Patrimonio de la Humanidad, ya se descubrieron hace una década los restos del bautizado como Homo antecessor, una especie con 800.000 años de antigüedad y desconocida hasta entonces, que hizo cambiar todos los estudios sobre la evolución humana en Europa.

En campañas posteriores, se han encontrado en el yacimiento burgalés restos fósiles de otros homínidos como el Homo sapiens y del Homo heidelbergensis, de hace 500.000 años.¨

El descubrimiento de antecessor reta a quienes sostienen teorías anteriores sobre la evolución de nuestra especie, provocando nuevas y fascinantes ramas y, también, aparentes caminos sin destino claro.

En todo caso, si es reafirmada del modo como es anunciada la descripción del Homo antecessor, tendríamos a un claro antecesor común del sapiens, por un lado, y por el otro, la rama que termino en los Neanderthal, aunque todavía faltaría por conocer la o las otras etapas que permitieron la evolución hasta nosotros.[7]

¿El eslabón pudo nacer en Asia?
Recreación artística de dos ejemplares de Ganlea megacanina. – MARK KLINGER/CARNEGIE

La quijada fósil de un primate que vivió hace 38 millones de años cuestiona el origen africano de los antropoides

Un fragmento de mandíbula con unos pocos dientes hallado en Birmania amenaza con arruinar una de las mayores campañas de marketing de la historia de la ciencia. A mediados de mayo, como si fuera la presentación de Cristiano Ronaldo con la camiseta del Real Madrid, un equipo internacional de científicos anunció en Nueva York el hallazgo de Ida, un primate fósil que vivió hace 47 millones de años en la región de la actual Fráncfort (Alemania).

Aquel ejemplar, perteneciente a una nueva especie, Darwinius masillae, fue vendido por sus descubridores como el equivalente “al arca perdida para los arqueólogos”: el ancestro común de humanos y simios. Cuando la comunidad científica se enteró de su existencia, la BBC ya había rodado un documental sobre el fósil y decenas de miles de libros sobre Ida esperaban en la imprenta para ser distribuidos.

Hoy, otro equipo de científicos presenta un nuevo primate fósil que obliga a mirar con desdén al Cristiano Ronaldo de la paleontología. Según los investigadores, la quijada encontrada en Birmania perteneció a una especie de primate antropoide hasta ahora desconocido, Ganlea megacanina, que vivió hace 38 millones de años y cuya existencia, dicen sus descubridores, demuestra que el ancestro común de humanos, monos y simios surgió a partir de los primates asiáticos, no de los africanos como se pensaba hasta ahora.

Hasta fechas recientes, la mayor parte de los científicos creían que los primates antropoides (monos, simios y humanos) aparecieron a partir de otros más primitivos, los prosimios, el grupo al que pertenecen los lémures, característicos de la isla africana de Madagascar.

Sin embargo, una cadena de hallazgos en el sureste asiático hizo que la teoría se tambaleara. Y, en estas, apareció Ida, un fósil que, por sus semejanzas simultáneas con los lémures y los antropoides, devolvió la credibilidad al origen africano de humanos, monos y simios.

Pero el hallazgo del fragmento de mandíbula vuelve a sugerir que el ancestro de los seres humanos era asiático. “Una de las razones por las que creemos que Ganlea es tan próxima a los antropoides es por el inusual desgaste de sus colmillos inferiores”, explica a Público el principal autor del estudio, Chris Beard, del Museo Carnegie de Historia Natural de Pittsburgh (EEUU).

Según el investigador, los ejemplares de esta especie utilizaban sus colmillos para hacer palanca y poder abrir la dura cáscara de las frutas tropicales. Este comportamiento, nunca visto en los prosimios, sí es característico de algunos antropoides actuales, como los saki cariblancos, unos monos típicos de las selvas de Venezuela.

Beard, que publica su estudio en la revista Proceedings of the Royal Society B, cree que el fósil birmano oscurece el papel de Ida en el árbol evolutivo humano. “Ida pertenece al linaje de primates que condujo a los lémures, no al que llevó a los humanos”.

A juicio de Beard, la separación entre chimpancés y humanos ocurrió en África pero, como demuestran fósiles como Ganlea megacanina, “si nos remontamos en el tiempo, nuestros ancestros comunes vivieron en Asia”.[8]

Hallada en Atapuerca la mandíbula del europeo más viejo

FOTOS – EFE – 26-03-2008

El equipo investigador de Atapuerca, dirigido por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez y Eudald Carbonell, ha descubierto la mandíbula del europeo más viejo de la historia, que vivió en la sierra burgalesa hace 1,2 millones de años, según publica la revista ‘Nature’- EFE

FOTOS – EFE – 26-03-2008.La mandíbula, encontrada en la Sima del Elefante, conserva aún algunos dientes. Junto a la mandíbula se han localizado utensilios de sílex así como especies de roedores que demuestran la antigüedad del importante fósil- EFE. “Los restos, de hace 1,2 millones de años, hacen retroceder en casi 500.000 años la llegada de los primeros homínidos a Europa

FOTOS – EFE – 26-03-2008. La mandíbula fue hallada el pasado 30 de junio durante unas excavaciones realizadas en un perímetro de 20 metros cuadrados. A ella corresponde además un premolar inferior que fue encontrado dos días antes y que se presentó a los medios de comunicación el 29 de junio de 2007- EFE

Descubrimiento crucial en Atapuerca. Los primeros humanos que habitaron Europa. El descubrimiento es crucial porque hace retroceder en casi medio millón de años la llegada de los primeros homínidos a Europa, un dato sobre el que los científicos ya estaban trabajando pero que ha corroborado el hallazgo- EFE – 26-03-2008

Continuas revelaciones. EFE – 2008-03-26. Miembros del equipo de paleontólogos de la sierra de Atapuerca. Las excavaciones en ese yacimiento, declaradas Patrimonio de la Humanidad, ofrecen desde hace treinta años continuas revelaciones sobre el modo de vida de los primeros humanos que habitaron el continente europeo

El europeo más viejo de la historia vivió en la sierra de Atapuerca hace 1,2 millones de años, un dato sobre el que los científicos ya estaban trabajando pero que ha corroborado el hallazgo de su mandíbula en este yacimiento burgalés. La revista Nature publica en su último número las principales conclusiones del nuevo descubrimiento del equipo investigador de Atapuerca, dirigido por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez y Eudald Carbonell, y que se produjo el 30 de junio de 2007.

La mandíbula, encontrada en la cueva denominada Sima del Elefante y vinculada “provisionalmente” a la especie Homo Antecessor, “confirma y refuerza la teoría de la antigüedad de la presencia de los primeros homínidos que llegaron a Europa”, han informado fuentes de la investigación.

En el estrato de la cavidad donde apareció el fósil, denominado TE-9, se han localizado también utensilios de sílex de tradición Olduwaiense así como especies de roedores que demuestran el espacio temporal al que pertenece el hallazgo. El hueso consiste sobre todo en la sínfisis, la región anterior de la mandíbula donde se reúnen las ramas horizontales mientras que, en su parte externa, se localizaría el mentón del humano actual. La mandíbula conserva algunos dientes y a ella corresponde además un segundo premolar inferior que fue encontrado dos días antes en el nivel TE-9, y que se presentó a los medios de comunicación el 29 de junio de 2007.

Los científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos y del Institut Catalá de Paleoecología Humana i Evolució Social (IPHES) de Tarragona evidencian con multitud de pruebas la presencia de homínidos en el sur de Europa en una fase muy temprana del Pleistoceno Inferior.

Este descubrimiento fue crucial, al igual que el de este nuevo fósil, porque hace retroceder en casi medio millón de años la llegada de los primeros homínidos a Europa. En cuanto a la procedencia originaria del espécimen, aún por determinar, se apunta que la morfología de la cara anterior de la sínfisis es primitiva y recuerda a la de fósiles africanos del Pleistoceno Inferior atribuidos a Homo Hábilis y Homo Rudolfenss.

En particular, el fósil de la Sima del Elefante tiene muchas similitudes con las mandíbulas encontradas en el yacimiento de Dmanisi (República de Georgia) que datan de 1,7 millones de años. Por el contrario, la cara posterior de la sínfisis tiene un aspecto más derivado que, según los investigadores, recuerda a ciertas mandíbulas de Asia.

Los científicos creen “probable” que la primera población europea proceda de la región del Oriente Próximo, verdadero cruce de caminos entre África y Eurasia, y que estuviera relacionada con la primera expansión demográfica fuera de África que, en la actualidad, está representada por los homínidos de Dmanisi.

El descubrimiento de la mandíbula replantea las teorías que los científicos de Atapuerca expusieron en 1997 en la revista Science. Según Bermúdez, creían entonces que el Homo Antecessor era común de los neandertales y de las poblaciones modernas: “Pensábamos que podía ser una especia africana, pero ahora vemos que quizás no, que es una especie muy antigua”.

Las herramientas, hasta un total de 32 piezas, fueron probablemente realizadas en el interior de la cavidad a partir de nódulos de sílex del Neógeno y Cretácico, que se localizan en un radio menor a dos kilómetros en torno a este lugar. La técnica de producción de las piezas es muy sencilla y su objetivo era obtener lascas de entre 30 y 75 milímetros de longitud mediante un percutor duro. Con ellas, los homínidos aprovechaban la carne de los grandes herbívoros, como muestran las marcas que los útiles líticos dejaron sobre algunos huesos.

Los científicos han sido capaces de obtener todas estas pruebas mediante la utilización de una variedad de técnicas, como paleomagntismo, biocronología y el estudio de la descomposición radiactiva de los isótopos en los sedimentos. El lugar del descubrimiento está situado a unos doscientos metros del yacimiento de la Gran Dolina, donde en 1994 se encontraron los primeros restos del Homo Antecessor, y a unos mil de la Sima de los Huesos, donde se han localizado más de 6.000 fósiles de la especie Homo Heidelbergensis.

Las excavaciones de Atapuerca, declaradas Patrimonio de la Humanidad, ofrecen desde hace 30 años continuas revelaciones sobre el modo de vida de los primeros humanos que habitaron el continente europeo. Tras la publicación del artículo, titulado El primer homínido de Europa, en la revista Nature, sus autores comparecerán mañana ante los medios de comunicación en Burgos y mostrarán los restos del homínido que se han encontrado.”[9]

El hallazgo en Atapuerca del cráneo de un niño con una malformación grave revela que el ‘Homo antecessor’ cuidaba a los discapacitados

El cráneo del niño con una malformación encontrado en Atapuerca. Foto: EFE

El Homo antecessor era buena gente. Mejor que algunos de los que le siguieron en la cadena evolutiva, a juzgar por el modo en que se ocupaban de los niños y los discapacitados. Hasta una época relativamente reciente, han sido numerosas las culturas en las que los bebés que nacían con malformaciones eran abandonados o sacrificados. No ocurría lo mismo entre los homínidos del pleistoceno medio, que dispensaban cuidados a aquellos de sus congéneres que sufrían algún tipo de discapacidad, aunque fuera grave. El llamado Cráneo 14 de Atapuerca (Burgos) así lo constata.
Entre los años 2001 y 2002, los investigadores que trabajan en el yacimiento de la Sima de los Huesos descubrieron numerosos fragmentos de calavera que, una vez ensamblados (un laborioso proceso que se alargó durante años), dieron lugar al Cráneo 14. Estudios posteriores atribuyeron la caja ósea a un niño que vivió hace no menos de 530.000 años y que, según un informe que acaba de ser publicado en el último número de la revista estadounidense Proceedings of the Nacional Academy of Sciences, padecía una alteración congénita llamada craneosinostosis (consistente en el cierre prematuro de las suturas que separan los huesos del cráneo) que le produjo graves deformidades y daño cerebral. Es el caso de craneosinostosis más antiguo que jamás se ha documentado.

Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es que, según las conclusiones de la investigación, en el momento de morir el propietario del Cráneo 14 tenía más de 5 años y menos de 12 (la edad más probable está entre los 8 y los 10). Y puesto que la malformación se produjo durante la gestación, es indudable que el individuo requirió unos cuidados específicos para llegar a esa edad. “Pese a su minusvalía, este niño recibió la misma atención y oportunidades que cualquier otro niño de su comunidad –explica la paleontóloga Ana Gracia, responsable de la conservación de los fósiles de la Sima de los Huesos–. Fue cuidado del mismo modo en que cuidamos hoy a nuestros niños, con independencia de su grado de autonomía”.
Toda una revelación. Y más si se tiene en cuenta el comportamiento de civilizaciones más recientes, que no han dudado en deshacerse de los individuos considerados no aptos a edades bien tempranas. El estudio que ahora se publica cita el caso de un hospital medieval de Chichester (Reino Unido) que hacia el siglo XV acogía a bebés abandonados y en cuyo cementerio han sido hallados numerosos restos de niños con craneosinostosis y otras malformaciones similares. Hay más ejemplos. Por el contrario, en la línea apuntada por otros descubrimientos hechos en yacimientos de la época neanderthal, el Cráneo 14 revela que los homínidos de Atapuerca sí se ocupaban de los suyos, aunque estuvieran enfermos o no pudieran valerse por sí mismos. El pleistoceno medio aún tiene muchas cosas que enseñarnos.”[10]

“Se van a encontrar homínidos todavía más antiguos”
El equipo de científicos de Atapuerca halla en la sima del Elefante la mandíbula del homínido europeo más antiguo

Los hallazgos arqueológicos del yacimiento de la Gran Dolina y las industrias líticas de la cuenca de Guadix-Baza, con una antigüedad de 1,3 millones de años, confirmaban ya la presencia de los primeros europeos en la Península Ibérica. “Pero lo que nos faltaban eran los homínidos”, explica José María Bermúdez, codirector de las excavaciones de los yacimientos de Atapuerca, donde ha sido encontrado el resto fósil humano más antiguo de Europa, una mandíbula de 1,2 millones de años, que sitúa la llegada de los primeros homínidos al viejo continente casi 500.000 años atrás. “Ahora podemos presumir de tener al primer europeo”, añade Bermúdez.

El pasado 30 de junio, el equipo que dirige Bermúdez junto a Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell descubrió en la sima del Elefante, en la sierra de Atapuerca, la mandíbula, que aún conserva algunos dientes. La primera implicación que supone el descubrimiento, cuyas conclusiones publica el último número de la revista Nature es, según Bermúdez, el hallazgo de “una especie genuinamente europea”, vinculada “provisionalmente” a la especie Homo Antecessor.

La tesis que sostiene el equipo de científicos de Atapuerca es que durante las migraciones de los primeros homínidos, que “partieron de África hace 1,8 millones de años”, se produjeron “cambios en la estructura genética de las poblaciones”. En concreto, en Europa hubo una “una especiación alopátrida”, es decir, la aparición de una nueva especie fuera de su lugar geográfico de origen.

En efecto, las primeras evidencias de estas migraciones “se encuentran en el yacimiento de Dmanisi (Georgia), donde hay fósiles humanos con una antigüedad de 1,7 millones, y en la isla de Java, con restos de 1,6 millones”, explica el paleontólogo, que señala que era lógico pensar que el “viaje” hubiera continuado por Europa hasta la Península Ibérica como demuestran las semejanzas entre la mandíbula de la sima del Elefante y los hallazgos del yacimiento de Dmanisi. Esto significa, según Bermúdez, que “se van a descubrir homínidos europeos todavía más antiguos, quizás en Bulgaria y Rumania”.

No obstante, también en Atapuerca podrían ser hallados fósiles humanos de mayor antigüedad. Una de las pruebas realizadas, el método de nucleidos cosmogénicos –que estudia las edades de distintos materiales en función de la acumulación de ciertos núcleos atómicos-, dató la mandíbula en el primer test en 1,4 millones de años, “aunque preferimos ser cautos y tomar la fecha que resultó de la segunda prueba, 1,2 millones”, comenta Bermúdez. Sin embargo, hay niveles inferiores a los que ahora se exploran que podrían esconder restos más primitivos, porque son “yacimientos inagotables”.

El descubrimiento de la mandíbula replantea las teorías que los científicos de Atapuerca expusieron en 1997 en la revista Science. Según Bermúdez, creían entonces que el Homo Antecessor era común de los neandertales y de las poblaciones modernas: “Pensábamos que podía ser una especia africana, pero ahora vemos que quizás no, que es una especie muy antigua”.[11]

Un nuevo hallazgo de una mandíbula humana, que correría hacia atrás la teoría de la edad vigente para nuestro planeta tierra.

En la revista digital, de la fe evangélica española, LupaProtestante.com, apareció un interesante artículo comentado por Eric Capó, de nacionalidad española, sobre un nuevo hallazgo de una mandíbula humana, que correría hacia atrás la teoría de la edad vigente para nuestro planeta tierra. El artículo dice lo siguiente: «La prensa se ha hecho eco del hallazgo en Atapuerca, provincia de Burgos, de una mandíbula humana de hace un millón doscientos mil años. La revista científica NATURE ha publicado un reportaje a toda página, que da cuenta de la importancia del hallazgo, ya que, aunque anteriormente se habían hecho hallazgos semejantes, ninguno era tan antiguo. A los restos anteriores encontrados se les había atribuido una antigüedad de unos 800.000 años. La mandíbula encontrada ahora es 400.000 años anterior por lo que nos vamos al millón doscientos mil años de antigüedad. Teniendo en cuenta que todavía faltan cinco metros por excavar en el yacimiento donde ha sido encontrada (cueva de la Sima del Elefante), se estima que es posible que se encuentren otros restos que incluso podrían llegar a tener 1,5 millones años de antigüedad. Dado que estos homínidos vinieron de África, este “muchacho” de unos 20 años de edad, a quien pertenecía la mandíbula, podría ser considerado, en este momento, como perteneciente al primer grupo de inmigrantes a Europa, o sea, uno de los primeros europeos. Para datarla se han hecho servir, nos dicen, hasta tres sistemas. El que nos da la fecha que le atribuimos es la técnica de los núcleos cosmogénitos, con un margen de error de unos 160.000 años. Otras técnicas aplicadas dan resultados parecidos.

La prensa se ha hecho eco del hallazgo en Atapuerca, provincia de Burgos, de una mandíbula humana de hace un millón doscientos mil años. La revista científica NATURE ha publicado un reportaje a toda página, que da cuenta de la importancia del hallazgo, ya que, aunque anteriormente se habían hecho hallazgos semejantes, ninguno era tan antiguo. A los restos anteriores encontrados se les había atribuido una antigüedad de unos 800.000 años. La mandíbula encontrada ahora es 400.000 años anterior por lo que nos vamos al millón doscientos mil años de antigüedad. Teniendo en cuenta que todavía faltan cinco metros por excavar en el yacimiento donde ha sido encontrada (cueva de la Sima del Elefante), se estima que es posible que se encuentren otros restos que incluso podrían llegar a tener 1,5 millones años de antigüedad. Dado que estos homínidos vinieron de África, este “muchacho” de unos 20 años de edad, a quien pertenecía la mandíbula, podría ser considerado, en este momento, como perteneciente al primer grupo de inmigrantes a Europa, o sea, uno de los primeros europeos. Para datarla se han hecho servir, nos dicen, hasta tres sistemas. El que nos da la fecha que le atribuimos es la técnica de los núcleos cosmogénitos, con un margen de error de unos 160.000 años. Otras técnicas aplicadas dan resultados parecidos.

¿Cómo nos afecta, a nosotros los cristianos, este hallazgo? No nos debe afectar en absoluto. Como hombres y mujeres comprometidos con la verdad, nos congratulamos de los avances de la paleontología y saludamos con reconocimiento los nuevos conocimientos sobre nuestros orígenes.

Sin embargo, somos conscientes de que nuestra tradición nos llevó a conclusiones muy diferentes sobre la antigüedad del hombre. Sin que jamás haya sido un dogma, era una convicción muy compartida que la Biblia era un libro infalible, incluso en cuestiones científicas e históricas. Por muchos siglos, y todavía hoy lo encontramos en círculos muy conservadores, se creyó que el relato de la creación, en el libro del Génesis, daba datos científicos sobre el origen del universo, lo que llevó a eminentes hombres de la Iglesia y a no menos eminentes científicos a datar la creación a partir de las referencias bíblicas. Así, el más famoso de ellos, James Ussher (1581-1656), arzobispo anglicano de Armagh, en Irlanda, señaló la fecha de la creación en el 23 de octubre del año 4004 a. de C. Esta cronología del obispo se aceptó de tal manera que fue incluso aplicada en la traducción de la Biblia King James, que en alguna edición llegó figurar en la parte superior de cada página. Fechas parecidas defendieron John Lightfoot y científicos como Keppler y Newton.

Actualmente, los biblistas más prestigiosos sostienen que los 11 primeros capítulos del libro del Génesis no deben ser considerados historia. Son relatos inconexos entre sí que recogen tradiciones y mitos del pueblo de Israel. Lo que propiamente podríamos llamar historia bíblica sólo empieza con Abraham, en el capítulo 12 del Génesis. También hay acuerdo entre ellos en que en las Sagradas Escrituras no hemos de ir a buscar precisiones históricas, ni datos científicos. Es un libro que nos habla de Dios, por medio de hombres que vivieron en íntima relación con El y, a través de hechos y palabras, nos comunicaron verdades de orden espiritual. La hermosa poesía de Génesis capítulo 1 no pretende decirnos cómo Dios hizo el mundo, sino quien es su creador y sustentador. El cómo pertenece a la investigación científica.” [12]

No estoy de acuerdo con esta opinión. Si creo que debemos ser prudentes a la hora de examinar el Génesis y no darle una interpretación literalista, que choque con una correcta hermenéutica,pero no dudo de la inspiración divina de esos textos bíblicos, por su conexión con el Nuevo Testamento, en la genealogía de Jesús de Lucas y la teología Paulina, que nos habla de la relación de Adán con el ingreso del pecado en la humanidad y su relación con Cristo, el segundo Adán. No dudo de la seriedad de los biblistas ni de su sinceridad, pero simplemente, creo que debemos ser prudentes a la hora de interpretarlo tan literalista que terminemos convirtiendolo en un dogma.La ciencia humana tiene axiomas y presupuestos teóricos que ¡hay que tener fe para creer, también! Aún las ciencias exactas (definiciones de conjuntos infinitos etc.) ¿Quién lo puede probar con rigor científico?. Todo es cuestión de Fe. La ciencia del hombre en su estado natural, a veces, es “ciencia ficción” ¡Comprobado! y Ud. no lo ignora. Creer o no creer es el dilema siempre. Luego viene la construcción lógica sobre dichos axiomas o teorías. La Fe tiene, también una lógica. La Fe no se opone a la razón, sino a la incredulidad. ¿Lo sabe Ud.? Si los primeros 11 capítulos del génesis no pertenecen a una realidad, entonces el testimonio que dan de ellos los siguientes hagiógrafos, incluso Cristo, son una falacia.
¿Quemamos la Biblia en nombre de la Ciencia, como se hizo en varias oportunidades históricas? O cada vez que tengamos alguna duda, los que la leemos (millones) , ¿debemos llamarlo a Ud., para saber que es mito o realidad? La Biblia, es el best seller de todos los tiempos. Que Dios nos dé Luz y Fe y capacidad racional para entender correctamente el relato de la creación divina.

Luego continua diciendo que “en nuestro contexto protestante hay actualmente un intento de promover en España la teoría del llamado “diseño inteligente”, que no es otra cosa que una actualización, con pretensiones científicas, de la antigua teoría creacionista. Es un movimiento que nos viene de los evangelicales de los EE.UU y no por eso deja de ser lícito, siempre que los que lo defienden sean honestos con ellos mismos y no se cierren a los avances de la ciencia. Ya tenemos en el pasado demasiadas condenas de cristianos, por mantener teorías que parecían contradecir la enseñanza oficial de la Iglesia, para añadir otras. Hemos de aceptar que la ciencia es un camino que nos lleva hacia la verdad de las cosas, con todos los errores que también comete, y, si somos seguidores de Jesús, hemos de buscar, por encima de todo, esta verdad, aunque aparentemente contradiga alguna de nuestras convicciones, que pueden ser erróneas. La práctica actual de los cristianos conservadores de buscar agujeros en las teorías científicas para tratar de demostrar que son falsas, no es de recibo. Siempre habrá preguntas sin respuestas y problemas sin solución. Nosotros los cristianos tenemos muchas y muchos por lo que tratamos de abrirnos paso hacia caminos más llanos y cielos más despejados.

En el camino hacia la verdad no se puede partir de dogmas, sino de experimentos comprobados y siempre en continua revisión, y en esto la ciencia nos da un ejemplo. En toda investigación, no podemos partir de nuestras convicciones, ni de la Biblia, por mucho que la amemos y estemos seguros de su mensaje. Hemos de ir más allá y analizar la realidad “etsi Deus non daretur”, es decir, como si no hubiera Dios, en frase de Bonhoeffer. Dios no es el punto de partida, sino el de llegada. Estamos convencidos de que caminar hacia la verdad, cualquier verdad, es en definitiva ir hacia Dios, el Camino, la Verdad y la Vida. Y si es camino hacia Dios, a Dios lo encontramos en todas partes. También en Atapuerca.»[13]

«Hace dos siglos, eruditos de tendencia racionalista pusieron en duda la paternidad mosaica del Pentateuco. Desarrollaron la Teoría Documentaria de la Alta Crítica, la cual considera que los primeros cinco libros de la Biblia son una compilación de documentos en su mayor parte en el período de Esdras (444 A.C.)

Según ellos el documento más antiguo que se encuentra en el Pentateuco data del tiempo de Salomón. Consideran que Deuteronomio es un “fraude pío” escrito por los sacerdotes en el reinado de Josías con el fin de promover a un avivamiento; y que el Génesis consiste mayormente en leyendas nacionales de Israel. Muchos estudiosos conservadores creen que es probable que Moisés empleara genealogías y tradiciones escritas al escribir el libro del Génesis (Moisés menciona específicamente las generaciones de Adán”, en Génesis 5:1). Guillermo Ross, observa que el tono personal que encontramos en la oración de Abraham por Sodoma, en el relato del sacrificio a Isaac y en las palabras de José al darse a conocer a sus hermanos “es precisamente el que esperaríamos, si el libro de hubiera basado en unas notas biográficas anteriores” Probablemente, tales memorias valiosas fueron transmitidas de generación a otra desde tiempos muy remotos. No debemos extrañarnos de que Dios tal vez haya guiado a Moisés a incorporar tales documentos en sus escritos. Igualmente serían inspirados y auténticos.

También es notable que hay algunas añadiduras y retoques insignificantes de palabras arcaicas, hechos a la obra original de Moisés. Es reconocido universalmente que el relato de la muerte de Moisés (Deut. 34) fue escrito por otra persona (el libro de los rabíes, lo asigna a Josué). Génesis 36:31 había rey en Israel, algo que no existía en la época de Moisés. En Génesis 14:14 se denomina “Dan” a la antigua ciudad de “Lais”, nombre que le fue dado después de la conquista. Esto se puede atribuir a notas aclaratorias, o cambios de nombres geográficos arcaicos, que se introdujeron para hacer mas claro el relato. Probablemente, fueron agregados por los copistas de las Escrituras, o por algún personaje (como el profeta Samuel)»[14]

Si estoy de acuerdo con lo que opina sobre “no cerrarnos a los descubrimientos de la ciencia y como dice el autor del artículo, “como hombres y mujeres comprometidos con la verdad, nos congratulamos de los avances de la paleontología y saludamos con reconocimiento los nuevos conocimientos sobre nuestros orígenes.”

También apoyo su expresión de que “no debemos cerrarnos a los avances de la ciencia.” Y debemos también, como dice Eric, aceptar “que la ciencia es un camino que nos lleva hacia la verdad de las cosas, con todos los errores que también comete, y, si somos seguidores de Jesús, hemos de buscar, por encima de todo, esta verdad, aunque aparentemente contradiga alguna de nuestras convicciones, que pueden ser erróneas.” [15]

Recordemos que la palabra de Dios nos dice que “Él (Dios) vela por la ciencia”

Comparto la opinión del articulo: caminemos hacia la verdad sin dogmas, ni literalismos ni falacias que no tienen ni pies ni cabeza.Y empezar a fijarse en el auténtico espíritu del texto. Reparar en la importancia teológica de frases cómo “… y vió que todo era bueno”.

Un cristiano verdadero no debe entrar en crisis por las evidencias científicas de la aparición de los seres humanos sobre el planeta que contradicen, la supuesta cronología sagrada. Lo profundamente importante es la certeza de un Dios de la justicia que se encarnó entre nosotros y constituye la esperanza frente al antireino. Las enseñanzas bíblicas son extremadamente firmes y consistentes y no depende de la cosmogonía culturalmente condicionada. El relato bíblico afirma que Dios hizo lo existente, pero no entra en detalles, no es su cometido de los mecanismos detrás de los cuales está la obra trascendente de Dios.

La biblia es un libro teológico, no científico

Recordemos, por otra parte, que las implicaciones de aceptar la evolución frente al creacionismo bíblico son también teológicas: se trata, ni más ni menos, de paradigmas distintos, e incluso opuestos. La lógica, por lo demás, nunca recomendará creer que del Azar pueda surgir el Orden.

No comparto el hecho de que “Dios no es el punto de partida, sino el de llegada”, porque contradice la palabra de Dios, que dice que el Señor “El es el alfa y la omega,el principio y el fin”

Respecto al interrogante de Cuántos años tiene la tierra, podemos citar a Pablo Hoff:

«Los hombres de ciencia han encontrado evidencias de grandes cambios geológicos, estratificación de masas de piedras, y otros indicios que los han hecho llegar a la conclusión de que la tierra es antiquísima. Se crea un con flicto entre ellos, y ciertos cristianos que creen que la Biblia Indica claramente que hace sólo seis mil años que Dios creó el universo. ¿Cómo puede resolverse este conflicto?

Según algunos estudiosos de la Biblia, el problema no radica tanto en la contradicción entre el relato bíblico y lo que la ciencia ha descubierto, sino entre la ciencia y el relato mal interpretado. Además, es preciso distinguir entre lo que la ciencia ha descubierto realmente y lo que es mera especulación o teoría que aún no ha sido comprobada (por ejemplo: la teoría de la evolución). La ciencia pura no consiste en teoría, sino en hechos demostrados y concretos.

El cristiano debe reconocer ciertos hechos al interpretar el relato de la creación: en primer lugar, el Génesis no da fechas, y las genealogías primitivas no se pueden tomar en cuenta para calcular pues hay en ellas grandes vacíos (ver la introducción al Génesis). En segundo lugar, la Biblia es primordialmente un libro de religión y no de ciencia. Da muy pocos detalles sobre la creación. Génesis 1 fue escrito no tanto para describir el proceso de la creación sino más bien para mostrar su causa y propósito. Recalca la gran verdad de que Dios es el Creador. Finalmente, es lógico creer que la revelación de Dios a Moisés haya sido dada en conceptos comprensibles a los hombres de esa época y no en altos términos técnicos o científicos comunes a los del siglo XX. Sin embargo, podemos confiar que la Biblia habla correctamente sobre lo que concierne a la ciencia.

No obstante, debemos ser cautos en el intento de armonizar el relato de la creación con las teorías actuales de la ciencia y no apresurarnos en aceptar estas teorías. La ciencia está descubriendo aún nuevos datos, rechazando teorías anteriores y sacando nuevas conclusiones. No debemos correr el riesgo de identificar nuestra posición con algo tan cambiante como las teorías científicas. Por otra parte, podemos descansar en la confianza de que los descubrimientos futuros, bien interpretados, eliminarán muchas de las supuestas contradicciones de hoy y arrojarán más luz sobre el testimonio bíblico.»[16]

El eslabón perdido que inventó la vida acuática

Javier Yanes, redactor del diario online http://www.madrimasd.org, opina que ” Las corrientes creacionistas que niegan la evolución de las especies se atrincheran en una supuesta carencia de fósiles de transición que sugieran la aparición de las especies modernas. Pero nada más alejado de la realidad científica.”

En este artículo, este readactor español,comenta que “La revista Nature, publica un nuevo y flamante ejemplo de la evolución en acción, un eslabón perdido de las focas que congeló en el tiempo una especie en plena transición de la vida terrestre a la acuática.

El descubrimiento procede de la isla de Devon, en el ártico canadiense. En 2007, un equipo de científicos desenterró allí los primeros restos, ocultos en el sedimento de un antiguo lago en el fondo de un cráter meteorítico. La datación de los estratos los situaba en el Mioceno, hace unos 23 millones de años. Pero con este primer hallazgo, la escasez de piezas impidió la identificación del ejemplar. Un año más tarde, otra campaña de excavación logró rescatar la base del cráneo, una estructura que ayuda a establecer las relaciones taxonómicas.

Entonces y según los autores del trabajo, quedó claro que aquel animal de complexión similar a los mamíferos terrestres, pero con patas adaptadas a la natación, no era una nutria sino un ancestro de los pinnípedos, el grupo que reúne a las focas, otarios y morsas. Los científicos bautizaron a la nueva especie como Puijila darwini, un nombre que une el término empleado por los nativos inuit para designar a los mamíferos marinos con un homenaje a Darwin, el fundador de la biología evolutiva cuyo bicentenario se celebra este año.

Según la directora del estudio, Natalia Rybczynski, del Museo de Historia Natural de Canadá, la importancia de Puijila reside en que refleja “la transición de los pinnípedos de la tierra al mar”, un fenómeno “que ha sido difícil de estudiar porque las pruebas fósiles son débiles y discutibles”. El pinnípedo fósil más antiguo conocido hasta ahora, Enaliarctos, ya había trocado sus extremidades en aletas, mientras que la nueva especie es una primitiva “foca andante”, con patas musculosas de proporciones similares a las de osos o mofetas, pero con dedos aplanados que sugieren unos pies palmípedos.

El hallazgo ha permitido también a Rybczynski y sus colegas corroborar la hipótesis más aceptada sobre el origen de los pinnípedos, que sitúa la cuna de estos animales en el ártico. Los restos de plantas fósiles recogidos en el lugar indican que Puijila conoció un clima muy diferente al que hoy azota el país inuit; el ártico del Mioceno era más templado, similar a la actual costa noreste de EE.UU., con lagos que se helaban en invierno.

Los científicos sospechan que las duras invernadas obligaban a aquellos antepasados de las focas a buscar su alimento más allá de sus tierras estivales, en las costas, y que así fue como los mamíferos semiacuáticos de agua dulce llegaron a conquistar los océanos.” [17]

Proceso de humanización

El ser humano posee una serie de características fisiológicas propias que lo diferencian de los los demás animales. Algunas de estas características hacen que sea capaz de producir cultura y ésta le permite adaptarse al medio de una forma totalmente nueva. El hombre evoluciona no sólo biológicamente, sino también culturalmente. Este proceso de evolución cultural recibe el nombre de humanización.

En lenguaje cinematográfico, una elipsis es un salto en el tiempo o en el espacio. El espectador no pierde la continuidad de la secuencia aunque se han eliminado los pasos intermedios. Ésta es, casi con toda seguridad, la mayor elipsis de la historia del cine. Cuando el hóminido arroja el hueso al aire, éste se transforma en una nave espacial, simbolizando la evolución de la cultura y la tecnología humanas.

La humanización es el proceso a través del cual el ser humano va creando manifestaciones culturales cada vez más complejas que le permiten una cada vez mejor adaptación al medio natural. Mientras que la hominización o evolución biológica es lenta y azarosa; la evolución cultural siempre dirigida a un fin determinaddo, es extraordinariamente rápida. En poco tiempo el homo sapiens ha transformado la faz de la tierra. Con la creación de la cultura y de los útiles artificiales, el hombre se va a relacionar con el mundo con más posiblidades que todos los demás seres vivos. Esto se pone claramente de manifiesto en esta escena de la película “Odisea del espacio 2001″.

Hemos de tener presente la humanización si queremos explicar el origen del ser humano, ya que éste es resultado no sólo de la evolución biológica, sino también de la evolución cultural.

Por otro lado, hay que decir que hominización y humanización son dos procesos paralelos y relacionados entre sí. Carece de sentido afirmar que en una primera etapa aparece el hombre a partir de otros homínidos (hominización) y en una segunda etapa comienza a crear cultura y a adaptarse al medio a través de ella (humanización). La evolución cultural está ya presente en los primeros homínidos y la evolución biológica sigue estando presente hoy en día en el ser humano actual.”[18]

Esquema genealógico de los primates

En este artículo presento un esquema de la evolución humana, según un libro de historia universal y algunos arboles evolutivos propuestos, incluyendo uno propuesto por un autor cristiano evangélico defensor del Diseño inteligente, que seguramente disiente con lo propuesto por la comunidad científica internacional (Punto 6), para que puedan ser comparados y evaluados por los estudiantes de la T.Ev.

1.Esquema de la evolución del hombre [19]

La mayor parte de los paleontólogos concuerdan en que los antropoides del período plioceno, pese a poseer un cerebro parecido al de los monos, adoptaban unas actitudes y tenían unas manos similares a las del hombre. Lo cierto es que los diversos organismos biológicos, y sobre todo el organismo animal, habían ya evolucionado entonces hacia un tipo superior.

El darwinismo, en su teoría de la selección natural, formuló una «ley descriptiva» de un tipo de seres dados; Haeckel, discípulo alemán de dicha escuela, llevó más lejos la hipótesis hasta llegar a la doctrina del materialismo científico. Otros autores preconizan teorías evolucionistas de ascensión ortogenética: desde los primeros corpúsculos —protones, electrones—, es decir, el átomo, pasando por la molécula y los agregados macromoleculares proteicos, al ser vivo, en una fase de vitalización, hasta llegar a la cefalizaclón y al hombre, en fase ya de hominización o de ser vivo reflexivo.

La evolución morfológica del hombre tuvo como corolario la del cerebro. El incremento de la capacidad craneana queda de manifiesto si se comparan la del chimpancé, la del sinantropo, la del neanderthaliano y la del hombre actual.

La etapa siguiente sería la de este mismo ser integrado en sociedad, en vida común. O sea, la del hombre como componente de un grupo social, en vida colectiva, última etapa del desarrollo racional. El hombre, encajado en la Naturaleza, acaba por dominarla.

En esta última fase entra ya en el campo de la Historia universal en la verdadera acepción del concepto, y en esta etapa histórica, el evolucionismo meramente biológico cede su lugar al psicológico y social. Se trata ya del hombre como «animal político», según la definición aristotélica. El homo sapiens u hombre reflexivo, agrupado y desarrollando una etapa de vida colectiva, genera un aumento de población, logrando merced a las ventajas que comporta la asociación humana, paralelamente a un progreso cultural en incremento —la continuidad de las civilizaciones, que diría el historiador Toynbee— hasta desembocar en tiempos actuales a la valoración del individuo en su máxima expresión: derechos humanos, democracia, socialismo humanista y espiritualidad.

En general, se ha relacionado la transformación del animal puro en ser humano a causa de las glaciaciones que tuvieron lugar en la superficie de la Tierra hace un millón de años. El alemán Weinert expuso la teoría de que el hombre procedía de un primate parecido al chimpancé y describe las condiciones climatológicas y ambientales para que ello pudiera producirse: «La selva tropical europea desapareció poco antes de la llegada del pleistoceno. Para los antropoides, la glaciación fue un golpe terrible a sus habituales condiciones de existencia. Tenían que resolver el problema de resignarse a desaparecer o intentar sobrevivir, huyendo en busca de condiciones climatológicas mejores. Pero les quedaba otra solución: adaptarse, transformarse en seres capaces de asimilar las nuevas condiciones.»

2.Esquema genealógico de los primates

3.Árbol genealógico de la especie humana [20]

Esta propuesta puede ser discutible. En el momento actual, aún no existe consenso entre los científicos en cuanto a las relaciones evolutivas entre los homínidos fósiles y la especie humana actual, “Homo sapiens”. Hay numerosas teorías, elaboradas por los distintos equipos de investigación, y varias propuestas de nuevas especies aún en proceso de aprobación por la comunidad científica.

Árbol genealógico de la especie humana

Darwin acertó con su árbol [21]

“Darwin estaba equivocado”. Y en pequeñito, un insulso e informativamente nulo “talando el árbol de la vida”. Eso dice en su portada la revista sobre ciencia New Scientist. Me imagino que este número venderá más ejemplares que de costumbre: habrá bastantes clientes extra. Aunque no se compre, una gran cantidad de gente asocia inmediatamente (y exclusivamente) la figura de Darwin con toda la biología evolutiva de ayer y hoy. Por tanto, una gran cantidad de gente, al pasar por el kiosko y leer ese titular en una revista tan seria, pensará que la ciencia ha entendido por fin que la evolución es un error.

El artículo al que hace referencia ese titular puede leerse aquí. Es de Graham Lawton, y aunque es frecuente que los autores no tengan ningún control sobre los “tituláridos” que otros ponen a sus textos, Lawton está de acuerdo y admite que la portada es “en un 50%” para lograr ventas.

Pero lo que quiere decir es que Darwin se “equivocó” con algo muy concreto: la forma del árbol evolutivo. Él, y casi todos los científicos posteriores, se lo imaginaron pues… como un árbol. O sea, con ramas que se separan unas de otras. Ahora sabemos que, sobre todo en tiempos remotos y en organismos unicelulares (pero no únicamente), existen ramas que se se juntan. Fenómenos como la endosimbiosis, la transferencia genética horizontal o la introgresión implican que los linajes evolutivos se interconectan. Pero también no se interconectan: la mayoría de las ramas no lo hacen en absoluto. El árbol evolutivo parece ser como se imaginó Darwin, pero con una interesante complicación añadida. ¿Significa eso que se equivocó? Como mínimo es discutible. ¿Tiene sentido hablar de “equivocación” cuando a un descubrimiento científico se le añade otro que lo amplía, lo complementa y lo mejora?

En la época de Darwin, su propuesta del árbol era la buena, la que se acercaba a la realidad; la que se ajustaba a las observaciones (observaciones “macroscópicas” realizadas sobre todo en animales y plantas). Hoy sigue siendo válida y útil en grandes áreas de la biología. La visión errónea era y sigue siendo la de Lamark, en la que no había árbol en absoluto, pues el francés pensaba que los linajes no compartían historia ni antepasados comunes y “avanzaban” por separado desde orígenes múltiples e independientes. Darwin acertó con el árbol; Lamarck no acertó con su césped. Y hoy los biólogos trabajan con un súper-árbol darwiniano.

El primer árbol evolutivo [22]

El primer árbol evolutivo

Entre los trabajos de Darwin se puede consultar Transmutación de las especies (1837). En la imagen se puede ver el primer boceto que Darwin hizo de un árbol que muestra la evolución de los animales y que estaba incluído en la obra citada.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE – 17-04-2008

Árbol de los Hominidos [23]

Árbol evolutivo y las relaciones entre las especies

Antonio Cruz, en su libro La ciencia encuentra a Dios, explica que «Los árboles evolutivos y las relaciones entre especies se construyen de manera hipotética pues están basados en meras conjeturas o asunciones previas. La realidad es que las especies siempre permanecen estables durante millones de años, nunca se observan evidencias de transición de una especie y otra. Más que el dibujo de un árbol de familia, los fósiles indican bloques aislados que flotan en medio de un océano oscuro y nebuloso (fig. 38.)»[24]

No hay relación entre los fósiles de simios (oscuros) y los fósiles humanos (claros). Se trata de dos grupos completamente independientes a pesar de las asunciones del darwinismo.

Un dinosaurio momificado confirma su similitud con reptiles y aves modernos

Evidencias de piel mineralizada del hadrosaurio ‘Dakota’. | Phillip Manning

El hombre de Piltdown ha pasado a la historia como uno de los mayores fraudes de la paleontología. Una mandíbula de orangután unida artificialmente al cráneo de un humano actual engañó durante años a los expertos y fue considerado como un nuevo y revolucionario antepasado de Homo sapiens. Todo ocurrió a principios del siglo XX, cuando la tarea de datar un fósil y examinarlo no contaba con la tecnología de hoy en día.

Si alguien en quien Piltdown haya sembrado la semilla del escepticismo tuviera dudas de la existencia de los dinosaurios, podrá encontrar, en un nuevo estudio publicado en la última edición de la revista británica ‘Proceedings of the Royal Society B’ , evidencias frescas de aquellos animales; evidencias que van más allá de huesos fosilizados o icnitas.

Phillip Manning, del Museo de Manchester, y colegas han realizado un completo análisis de la estructura y composición de tejidos blandos mineralizados (piel, falanges, tendones) que pertenecieron a un hadrosaurio de finales del Cretácico, poco antes del ocaso del largo reinado de sus congéneres sobre la Tierra.

Los resultados confirman que la estructura de la piel del reptil prehistórico es igual a la de aves y cocodrilos modernos, sus descendientes. Algo que ya se suponía, pero que se demuestra esta vez con evidencias concretas.

Los fragmentos orgánicos del espécimen encontrado proceden de la prolífica formación de Hell Creeks, en Dakota del Norte. El hadrosaurio (Edmontosaurus sp.) en cuestión ha sido bautizado, pues, ‘Dakota’.

Que se encuentren tejidos blandos de tamaña antigüedad no es, pese a ser siempre jugoso para la ciencia, una estricta novedad. La coincidencia de distintos factores ambientales -enterramiento repentino y conservación en entornos pobres en oxígeno- puede permitir que los tejidos orgánicos, destinados, en condiciones normales, a descomponerse rápidamente y desaparecer, puedan durar a lo largo de tiempos extraordinarios.

Pero el estudio sí es novedoso en sus procedimientos. Las evidencias bien aprovechadas pueden llevar a resultados interesantes. “Es uno de los análisis más completos que se han hecho hasta ahora de los restos de un dinosaurio”, comenta a elmundo.es José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid y el mayor experto en dinosaurios de España. “Se han utilizado muy diversas técnicas de observación para tratar de conocer los mecanismos que han permitido la conservación de estos tejidos”, añade.

Las partes blandas encontradas pertenecen a falanges, piel y tendones osificados. La ‘autopsia’ ha revelado que el hadrosaurio fue enterrado abruptamente en los márgenes arenosos de un río y cubierto de un sedimento fino que envolvió su piel formando una especie de cemento.

Aunque el análisis de los restos del animal no ha obtenido proteínas intactas, sí muestra la presencia de estructuras celulares, bloques de aminoácidos que en su día formaron las proteínas. Toda una lección de conservación.[25]

El minúsculo cerebro de un primate de 54 millones de años

El paleontólogo Jonathan Bloch muestra el cráneo del primate y el modelo virtual del cerebro

Es un cerebro tan minúsculo que mide poco más que la yema de un dedo. Pertenece a un primate primitivo, de la familia de los Plesiadapiformes, uno de los «primos» de nuestros antepasados más antiguos, que vivió hace la friolera de unos 54 millones de años. Tras analizar una calavera de uno de estos especímenes, científicos de la Universidad de Florida y de la Universidad de Winnipeg han conseguido reproducir las primeras imágenes en tres dimensiones de su cerebro y, con ello, deducir algunas de las características de estos compañeros de evolución. Para empezar, los investigadores descubrieron que el animal, llamado Ignacius graybullianus, dependía más del olfato que de la vista, y que ya era capaz de hacer muchas de las actividades que hacen los monos modernos, lo que abre la puerta a buen número de preguntas sobre cómo se produjo el desarrollo de los «cocos» de los primates.

Los científicos analizaron una calavera de Plesiadapiforme de 3,8 centímetros de longitud que fue encontrada prácticamente intacta, toda una suerte debido a su extrema antigüedad, ya que estos primates vivieron en la horquilla de diez millones de años entre la extinción de los dinosaurios y la aparición de los primeros ancestros humanos. Gracias a estos huesos, los investigadores pudieron realizar el primer «molde virtual» del cerebro de un primate primitivo, un modelo en tres dimensiones. Para ello, utilizaron tomografías computarizadas de 1.200 secciones transversales de imágenes de rayos X del cráneo.

«La mayoría de las explicaciones de la evolución de los cerebros de los primates se basa en las especies que viven en la actualidad», explica la antropóloga de la Universidad de Winnipeg Mary Silcox, una forma de estudio que, a su juicio, ha llevado a deducciones «erróneas». El coautor del estudio, el paleontólogo Jonathan Bloch considera que los primates no siempre gozaron de un cerebro «privilegiado» que les diferenciaba de los demás mamíferos. «Al principio, no eran tan especiales -concluye- y eso ocurrió durante decenas de millones de años».

Ignacius, «un primo de la línea principal del linaje que finalmente ha dado lugar a nosotros», se parece a los primates modernos en su dieta y en que vivía en los árboles, pero no saltaba de árbol en árbol como sus familiares modernos. En muchos aspectos, el antiguo primate se comportaba como los actuales, pero con un cerebro que era de la mitad a dos tercios el tamaño del de los monos modernos más pequeños. Para los científicos, esto significa que vivir en los árboles o comer frutas pueden ser eliminados como las causas potenciales que provocaron el crecimiento del cerebro en los primates, ya que «Ignacius ya hacía todas esas cosas con su pequeño cerebro».

Para los investigadores, conocer las características del cerebro de Ignacius hace necesario un replanteamiento de cómo los primates evolucionaron hacia un cerebro más grande. Algunas hipótesis apuntan a la mayor importancia de la visión frente al olfato al pasar a una dieta fundamentalmente de frutas o al desarrollo de bosques más frondosos que permitía a estos animales realizar más saltos. Sin embargo, la respuesta requiere el descubrimiento y análisis de nuevos fósiles.
El estudio se publica en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).[26]

7. Conclución

“Dada la hipótesis de que los antropoides son los antecesores de los homínidos, pero no pudiendo hallar en las formas antropoideas vivientes —monos actuales— al precursor inmediato del hombre, muchos autores se inclinan a suponer que lo más verosímil es que, de una forma ancestral común •—fósil, por supuesto—, es decir, de una sola y misma especie, arrancasen ambas ramas: la de los monos antropoides y la del hombre, los primeros por evolución regresiva y éste por evolución progresiva. Por consiguiente, en la lucha por la existencia, los monos antropoides desaparecieron del continente asiático —y se extinguen ahora rápidamente en África—, mientras que el homo sapiens, perfeccionando sus instrumentos de dominio sobre la Naturaleza, se ha extendido y enseñoreado por todos los ámbitos del planeta en la sucesiva perfección de sus diferentes razas.

«Lo más probable —observa Kurt Umland— es que la humanidad, ante un desastre universal de las civilizaciones, abandonada a sí misma y sin medios de lucha y de defensa, se bestializara y, por atavismo, por saltos regresivos y por degeneración, volviera de nuevo al estado antropoideo. Pero si esta utopía se realizase, podemos tener la seguridad de que aún sumida en este caos surgiría con los siglos otra rama progresiva que, poco a poco, iría apartándose del tronco común para recomenzar el ciclo vital de la evolución fecunda.» ” [27]

Si la evolución, como Darwin la expuso, es verdadera, entonces todas las formas de vida deben ser explicables a base de la acumulación gradual de pequeñas y numerosas modificaciones en sus estructuras. Como hemos visto, existen muchas estructuras que no se pueden explicar así. También hemos visto los vacíos del registro de fósiles que hacen inciertos todos sus ancestros. Una consecuencia más del concepto de evolución expuesto por Darwin es que, como la fosilización ocurrió al azar, se deberían encontrar algunos eslabones perdidos. Pero no ha sido así.

No existe ninguna evidencia fósil del cambio de forma de uno a otro grupo. No hay ningún pez fósil con una mandíbula medio desarrollada. Todos los fósiles de peces, o tienen mandíbula o no la tienen. Sin embargo, se cree comúnmente que los peces sin mandíbula evolucionaron hasta los peces con mandíbula.

Se dice que los peces evolucionaron hasta los anfibios de cuatro patas, pero no hay un fósil de pez con una aleta medio evolucionada en pata. Esta etapa, aunque poco útil, es definitivamente una transición necesaria para la evolución de un anfibio.

No hay ningún fósil con un ala medio evolucionada. Esta transición ocurrió tres veces diferentes, según la mayoría de las autoridades científicas. Los insectos tuvieron que aprender a volar partiendo de ancestros que no volaban; lo mismo pasó con los pterodáctilos y con las aves. Como la evolución postula que esta transición o< un
veces, debería aumentarse la posibilidad de encontrar umi < IMHIUI con un ala medio evolucionada, pero no existe tal.
El registro fósil no da ejemplos de plumas en |>ic»«-i.>.i luí

aunque las plumas tuvieron que evolucionar de escamas de reptiles si los evolucionistas están en lo cierto. Ni hay evidencia de que las escamas hayan evolucionado hasta convertirse en las pieles de los mamíferos. Pero eso tenía que ocurrir si la evolución es verdadera.
En todos los casos que impliquen una nueva estructura fisiológica en la transición entre dos criaturas, nunca hay evidencia de formas de transición* medio evolucionadas. Parecería lógico suponer que des¬pués de más de cien años de estudios paleontológicos, estas formas de transición fueran evidentes, si es que alguna vez existieron.
Sin embargo, a pesar de las afirmaciones de los evolucionistas, no hay formas intermedias entre los tipos fundamentales de organismos que se han observado, ni en el mundo actual, ni en los fósiles. Hay numerosos “cambios horizontales” dentro de los tipos, tanto en los organismos existentes como en los fósiles, pero no hay cambios verticales, excepto la decadencia y la extinción.
Es posible que tales formas intermedias hayan existido en el pasado, como creen los evolucionistas, pero sólo tienen su fe y nada observado en la realidad. Tal vez puedan ofrecer cierto tipo de “explicación” para los vacíos (dificultad para encontrar fósiles, evolución rápida en pequeños grupos, etc.), pero el modelo creacionista las predice. Todos esos “eslabones perdidos” todavía están tan perdidos como en los tiempos de Darwin.

Se ha escrito mucho en la literatura paleontológica con respecto a diversas líneas evolutivas. Se cree que los peces evolucionaron hacia los anfibios; éstos se convirtieron en reptiles. Estos a su vez, se nos dice que se convirtieron en aves y mamíferos. ¿Cómo se determina esto?
Cuando se hace un estudio de la estructura de las diversas formas de vida, hay un hecho obvio. Algunas partes de diferentes animales tienen una función similar y también una estructura similar. El hombre tiene dos piernas y dos manos y el chimpancé también. Casi todas las criaturas terrestres (excluyendo los insectos) tienen cuatro miembros. Las aves tienen dos patas y dos alas; los perros tienen cuatro patas. Casi todos los animales tienen sólo dos ojos. Estos son ejemplos de lo que se llama homología.
La gente se ha preguntado por mucho tiempo por qué existen esas similitudes u homologías. Theodosius Dobzhansky señala:
“El gran problema es éste: ¿Cómo surge la homología? Darwin dio la solución del problema: Los diferentes organismos tienen órganos homólogos porque descienden de un ancestro común. Mientras más grande sea la semejanza en la estructura corporal, tanto más cercano está el ancestro común; mientras menos semejanza haya, tanto más remota es la relación con el ancestro común.”
Dobzhansky dice además:
“No hay razón para dudar de que las semejanzas entre los organismos usualmente indiquen un ancestro común; excepto cuando las semejanzas se deben a analogía y no a homología.”
Razones ¿Tiene sentido la fe cristiana para el hombre de hoy?

0. http://lasteologias.wordpress.com/2009/01/29/el-proceso-de-hominizacion/
1. usuarios.lycos.es/…/PROCESO%20DE%20HUMANIZACI%D3N.pdf
2. http://www.abc.es/hemeroteca/historico-11-07-2002/abc/Sociedad/el-antecesor-comun_112696.html
3. http://www.tecnologiahechapalabra.com/ciencia/biociencias/articulo.asp?i=1121
4. http://www.tecnologiahechapalabra.com/ciencia/miscelanea/articulo.asp?i=1120
5. http://usuarios.lycos.es/diariodeclase/SESIONES/BLOQUE%20EL%20SER%20HUMANO/WEBQUEST%20HOMINIZACION/PROCESO%20DE%20HUMANIZACI%D3N.pdf
6. Jose Lusi Pinillos, La mente humana, pp.18-26, ed. Salvat, impr. 1969
7. publico.es
8. http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1072&Itemid=1
9. http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=599814&idseccio_PK=1021
10. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/van/encontrar/hominidos/todavia/antiguos/elpepusoc/20080326elpepusoc_12/Tes
11. http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1072&Itemid=1
12. Ibid
13. Ibid
14. Pabo Hoff, El Pentateuco, ed. Vida p., 15ª impresión, 1993
15. http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1072&Itemid=1
16. Pablo Hoff, El Pentateuco, edit. vida, pag.15,16,25,15ª impresión, 1993
17. http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=39097
18. http://microsofia.com/filosofia/tema_01/humanizacion.html
19. Carl Grimberg / Ragnar Svanstrom, Historia Universal 1 – El Alba de la civilizacion, pp. 20-22, Circulo de lectores S.A, Bs. As. Rep. Argentina, por gentileza de ed. Damon S.a
20. http://www.kalipedia.com/ciencias-vida/tema/graficos-arbol-genealogico-especie.html?x1=20070417klpcnatun_179.Ees
21. http://paleofreak.blogalia.com/historias/61676
22. http://www.elpais.com/fotogaleria/Charles/Darwin/red/5333-4/
23. http://www.monografias.com/trabajos48/origen-universo/origen-universo.shtml
24. Antonio Cruz, La ciencia encuentra a Dios, pag., 294, ed. Clie
25. Julio 3, 2009 ,El Mundo Digital
26.Lunes, 6 de Julio de 2009, Eric Zamora,ABC Digital
27. Historia Universal 1 – El Alba de la civilizacion,op. cit.
28.

Capítulo 6 – Argumento embriológico

Capítulo 6 – Argumento embriológico

Darwin entendía que la embriología daba los argumentos más sólidos a la doctrina transformista. La comparación de embriones dentro de cada grupo, al tiempo que revela semejanzas notables, da pistas sobre el parentesco y sobre la evolución adaptativa de las distintas especies.

Así, en cierta etapa del desarrollo de los embriones de tiburón, pollo y hombre se parecen mucho; moluscos y anélidos son troncos distintos, pero comparten un tipo de larva: la trocófora. Los cirrípedos (percebes) tiene forma de larva (nauplio) inconfundible de crustáceos, que permiten clasificar e interpretar correctamente algunas características anatómicas de estos animales.[0]

Copia de Romanes (1892) de los dibujos embriológicos de Haeckel

“Algunos profesores y libros de texto persisten en exponer la simplista hipótesis darwinista del siglo diecinueve de que un embrión en desarrollo resume la historia evolutiva de dicho organismo. Este punto de vista, que se designa como recapitulación, está rechazado desde hace más de medio siglo por los embriólogos académicos.

El principal promotor de la recapitulación fue el antiteísta Ernst Haeckel, que elaboró unas ilustraciones falseadas para dar apoyo a su punto de vista. Incluso en nuestros días algunos autores siguen usando irreflexivamente algunas de estas falsas ilustraciones en secciones de los libros de texto donde promulgan el evolucionismo.

Gracias a modernos estudios sobre procesos de desarrollo incluyendo los genes homeóticos, nuestra comprensión del origen de las formas de vida está sufriendo grandes cambios. El designio con una creación divina de tipos no relacionados se está convirtiendo en una opción crecientemente más viable.” [1]

“Este concepto se designa como recapitulación, porque se supone que el embrión en desarrollo «resume» o «recapitula» toda la historia de su raza. Cuando se presentan ciertas observaciones acerca del desarrollo embrionario de una forma convincente, este argumento induce a aceptar una secuencia macroevolutiva de las especies animales o vegetales. “[2]

En biología, la teoría de la recapitulación o ley biogenética es la teoría según la cual la ontogenia recapitula la filogenia. Los primeros en proponer una teoría recapitulacionista de la filogenia fueron John Hunter (1728-1793) y Carl Friedrich Kielmeyer (1795-1844), si bien fue Ernst Haeckel quien en 1866 la expuso de un modo sistemático y la difundió ampliamente. La teoría de la recapitulación cayó en el olvido con el auge de la Teoría Sintética y ha sido desacreditada en su versión literal. No obstante, las relaciones entre la ontogenia y la filogenia han vuelto a ser objeto de estudio, dando lugar a la nueva disciplina biológica popularmente conocida como “evo-devo”. [3]

Anatomía o morfología comparada: Sí los organismos se hallan de hecho relacionados entre sí, es lógico suponer que cuánto más estrecha sea la relación entre dos especies cualesquiera mayor será el número de características comunes que ellas posean.

1. Órganos homólogos (Gr. Homos: el mismo + lego: hablar): Cuando en distintos organismo encontramos estructuras que tienen igual origen estructural e idéntico origen en el desarrollo, y se hallan construidas según el mismo plan fundamental, decimos que tales órganos son homólogos, oque poseen semejanza homóloga, sin tener en cuenta que sean o no similares en su aspecto, o que desempeñen iguales funciones. La Homología es una semejanza fundamental; igualdad estructural de un órgano o parte en una clase de organismos comparada con la misma unidad de otros, que es consecuencia de comunidad de antepasados.

2. Órganos análogos (Gr. Analogía: relación): Cuando en diferentes organismos encontramos estructuras que parecen iguales y poseen funciones similares, pero difieren en su plan estructural y en su origen, decimos que duchas estructuras son análogas, o que poseen similitudes análogas. La Analogía es la semejanza de rasgos o funciones externas, pero no de plan estructural o del origen.

3. Órganos vestigiales (Lat. Vestigium: huella o resto): Son órganos pequeños o degenerados, pero que corresponden a órganos, otrora útiles, que habían estado completamente desarrollados, que han dejado de serlo, lo que es probado por el hecho de que órganos homólogos de aquellos, se encuentran aún en función en otros organismos emparentados.

La Embriología comparada: La embriología, que es el estudio de las etapas del desarrollo individual de los organismos, si bien constituye una rama especial de la biología, está íntimamente relacionada con la anatomía comparada. Los problemas abarcados y las evidencias que proporciona la embriología se dividen en 2 categorías:

1).Las semejanzas entre embriones de distintos grupos y las semejanzas entre embriones de grupos “superiores” y adultos de grupos “inferiores”. El parecido entre embriones de animales diferentes es más próximo que el parecido entre los animales adultos.

2).Algunos caracteres ancestrales son conservados en la ontogenia de los descendientes; esta persistencia puede ser una ayuda en la interpretación de las relaciones evolutivas.

La acumulación de cambios genéticos procedentes de organismos de diversa evolución modifica el patrón de desarrollo de los embriones de los vertebrados superiores.

“Los resultados de los estudios comparativos entre las distintas formas de desarrollo embrionario de los vertebrados resultó otro aval para la teoría de la evolución.

Estos patrones comunes de desarrollo son prueba del parentesco de las especies. Es decir, la posibilidad de que diferentes especies hayan descendido de un antepasado común.”[4]

Historia de la Teoría de la recapitulación

Aristóteles fue el primero en establecer una analogía entre las formas atravesadas por el embrión durante su ontogenia y las formas animales.

La historia de la biología evolutiva del desarrollo (evo-devo) se remonta a la tradición analógica que, ya en Grecia, estableció un paralelismo entre el desarrollo ontogenético y la organización de los seres vivos. La vinculación entre evolución y desarrollo no tiene lugar hasta la Teoría de la Recapitulación de Ernst Haeckel. Finalmente, la institucionalización de la evo-devo como disciplina autónoma y consolidada tendrá lugar en los años noventa del siglo XX.La idea de recapitulación hunde sus raíces en los presocráticos, para quienes una especie de membrana amniótica primordial habría envuelto al cosmos como a un feto. En Platón encontramos un recapitulacionismo descendente (por degeneración) y en Aristóteles ascendente.

La tradición analógica según la cual existe una relación entre las formas que atraviesa el embrión a lo largo de su desarrollo y las distintas formas animales se remonta a Aristóteles. En la Reproducción de los animales el estagirita concibió la ontogenia como un proceso epigenético que procedía de lo general a lo particular: las primeras etapas se definirían por una forma animal compartida por todo el reino animal que progresivamente se iría concretando para dar lugar, en cada caso, primero a los rasgos genéricos y finalmente a los rasgos propios de cada especie.

La analogía entre ontogenia y Sistema Natural se mantuvo de un modo confuso hasta la obra del preformacionista Charles Bonnet (1720-1793), quien fue el primero en establecer un amplio paralelismo entre los estadios ontogenéticos y la historia de la vida, profundamente ligado a la idea de Scala naturae.[5]

Empédocles (484-424 a. C.) estableció un paralelismo entre el desarrollo individual y el del universo.

En su obra Observaciones sobre ciertas partes de la economía animal y al comentar sus dibujos sobre el desarrollo del pollo, John Hunter esbozó de manera un tanto confusa la teoría de la recapitulación.

Partiendo de las ideas de la cadena de los seres y de la preformación, Charles Bonnet propuso un paralelismo entre el desarrollo embrionario y la jerarquía orgánica. Bonnet era fijista, pensando que todos los seres habían sido creados por Dios una sola vez. Sin embargo, pensaba que lo que constituía la esencia de las especies no era su forma actual, sino un germen interior (invisible e indestructible) que habría permanecido idéntico a lo largo de la historia, a pesar de las variaciones exteriores sufridas por las especies. Lo mismo sucede con el desarrollo embrionario: si bien el embrión es perfecto desde su concepción, las características que permiten situarlo en la escala de los seres sólo aparecen progresivamente.

Según Carl Friedrich Keilmeyer (1793) el mundo orgánico está regido por cinco fuerzas: la sensibilidad, la irritabilidad, la reproducción, la secreción y la propulsión. Kielmeyer analiza el modo en el que estas cinco fuerzas se distribuyen por la scala naturae y señala que, durante el desarrollo, aparecen en el mismo orden en el que las encontramos en la sistemática.

La ley de Meckel-Serres

Las analogías establecidas por los trascendentalistas alemanes Lorenz Oken, Friedrich Johann Meckel y K. G. Carus.

La ley del paralelismo fue fuertemente criticada por Karl Ernst von Baer, que propuso en su lugar la ley de diferenciación.

Según Gould, la aplicación de la recapitulación a la evolución fue descubierta independientemente al menos cuatro veces en la década que siguió a la publicación del origen por Fritz Müller, Haeckel y los paleontólogos Edward Drinker Cope y Alpheus Hyatt. [6]

El triple paralelismo

Algunos autores propusieron el paralelismo, no sólo entre la serie sistemática y la ontogenética, sino también la paleontológica. Esta idea fue ya apuntada por Tiedemann en 1808 (Russell 1916), pero es ahora cuando encuentra una formulación más desarrollada. Es el caso de Christian Heinrich Pander (desde el evolucionismo) y de la ley biogenética de Louis Agassiz (desde el fijismo).[7]

La teoría de Haeckel: la ontogenia recapitula la filogenia

La ontogenia, o el desarrollo de los individuos orgánicos, considerada como una secuencia de formas que cambia a lo largo de todo individuo orgánico durante su existencia individual, está inmediatamente determinada por la filogenia o el desarrollo del grupo orgánico (phylum) al que pertenece. La ontogenia es una breve y rápida recapitulación de la filogenia, determinada por la función fisiológica de la herencia (reproducción) y la adaptación (nutrición) cit en Haeckel 1866, Vol. 2, p. 300

La teoría de la recapitulación sostiene que el desarrollo embrionario de cada especie (ontogenia) repite completamente la historia evolutiva de dicha especie (filogenia). De otro modo: cada uno de los estadios que el individuo de una especie atraviesa a lo largo de su desarrollo embrionario representa una de las formas adultas que apareció en su historia evolutiva:

Conforme un organismo tan elevado y complicado como el hombre se eleva desde un simple estado celular, y conforme progresa en su diferenciación y perfeccionamiento, atraviesa la misma serie de transformaciones que han atravesado sus progenitores animales durante inmensos períodos de tiempo […] Ciertos estadios muy tempranos e inferiores del desarrollo del hombre, y de otros animales vertebrados en general, se corresponden completamente en muchos puntos de su estructura con las condiciones que permitieron sobrevivir a los peces inferiores. La siguiente fase se nos ofrece como un cambio de un ser pez a una especie de animal anfibio. En un período más tardío del mamífero, con sus características especiales, se desarrolla a partir del anfibio, y podemos ver claramente, en los estadios sucesivos de su desarrollo posterior, una serie de pasos de progresiva transformación que evidentemente se corresponden con las diferencias de diferentes familias y órdenes animales

Haeckel 1868/1876, p. 310. Cit. en Russell 1916. trad. Wikipedia

Las objeciones de von Baer a la ley de Meckel-Serres no se aplicaron a la teoría de la recapitulación por la razón señalada por Francis Maitland Balfour (1880): ¿Por qué los animales, durante su ontogenia, adquieren rasgos no funcionales que después desaparecen? Los ancestros hipotéticos pueden ser utilizados para explicar la aparición de los arcos branquiales y notocordios en embriones mamíferos. ” [8]

Mecanismos recapitulatorios

El ajolote, una especie acuática de salamandra, es un ejemplo clásico de neotenia, pues el adulto conserva los rasgos que en otras especies de salamandra aparecen en la fase larvaria.

El ajolote, una especie acuática de salamandra, es un ejemplo clásico de neotenia, pues el adulto conserva los rasgos que en otras especies de salamandra aparecen en la fase larvaria.

El mecanismo de la recapitulación se basaba en dos leyes:

La adición terminal, resultado de la aceleración, da lugar a la progénesis

La condensación, resultado del retardo, da lugar a la neotenia.[9]

Palingénesis y cenogénesis

La palingénesis se produce cuando la recapitulación es integral; la cenogénesis abarca las excepciones a la teoría de la recapitulación, siendo consideradas adaptaciones a la vida larvaria. Las dos leyes rectoras de la recapitulación son la adición terminal, que añade nuevos rasgos al final de la ontogenia, y la condensación, que elimina estadios de desarrollo temprano que dejan lugar para la aparición de nuevos rasgos.[10]

La teoría de la recapitulación en la actualidad

La biología actual rechaza la versión literal de la teoría de Haeckel. Mientras que, por ejemplo, se acepta la filogénesis del Homo sapiens como resultado de la evolución del pez a través de los reptiles hasta los mamíferos (aunque ahora se sabe que los ‘reptiles’ son un grupo compuesto y los ancestros de los mamíferos se separaron antes de que los reptiles actuales evolucionaran), no podemos distinguir estadios definidos de “pez”, “reptil” y “mamífero” en el desarrollo embrionario humano.

El hecho de que la versión literal de la recapitulación sea rechazada por la biología actual ha sido a veces utilizado como un argumento en contra de la evolución por algunos creacionistas: “La hipótesis de Haeckel fue presentada como una evidencia a favor de la evolución; la teoría de Haeckel es falsa; luego la evolución tiene menos evidencia a su favor”. Este argumento no es sólo sobresimplificador sino falso: la biología moderna reconoce numerosas conexiones entre la ontogenia y la filogenia, pero las explica a partir de la teoría de la evolución, sin necesidad de recurrir a los puntos de vista de Haeckel, y las considera, precisamente, como evidencias de tal teoría.[11]

Aplicaciones a otras disciplinas

La teoría de la recapitulación de Haeckel tuvo un fuerte impacto en las teorías sociales y educativas de finales del siglo XIX. La teoría de la maduración de G. Stanley Hall se basaba en la premisa de que el crecimiento infantil recapitulaba los estadios evolutivos, y que había una correspondencia perfecta entre los estadios que se atraviesan a lo largo de la infancia y la historia evolutiva. Esta concepción encaja perfectamente con otros conceptos del darwinismo social, como la idea de que las sociedades “primitivas” necesitaban ser guiadas por otras sociedades más avanzadas como Europa o Norteamérica, cumbres de la evolución.[12]

Observaciones recientes

“El estudio comparativo de la embriología de diversos vertebrados muestra gran similitud con el patrón de desarrollo inicial. Como el embrión se desarrolla, existe individualizantes las características y las similitudes disminuir. Esta similitud se encuentra también en el desarrollo embrionario de todos los animales metazoos. En este caso, sin embargo, cuando varios organismos son diferentes, el período embrionario es menos común entre ellos.

La interpretación filogenética del desarrollo embrionario no habría podido producirse sin el previo desarrollo de la embriología comparada: Martin Heinrich Rathke (1793-1860), N. J. Berrill, D. T. Anderson, Karl Ernst von Baer, Martin Barry.

La obra inaugural del enfoque comparativo de la embriología es, sin duda, la de Kaspar Wolff (1734-1793), quien en su Theoria Generationis (1759) y especialmente en De Formatione Intestinorum (1768) defendió una concepción epigenética del desarrollo y fundó las bases de la futura teoría de las capas germinales.

Christian Pander (1794-1865) fue el primer naturalista en establecer un pararelismo entre el desarrollo ontogenético, la filogenia y el registro paleontológico. Para Pander, tanto el desarrollo individual como la transformación de las especies observada en el registro fósil eran manifestaciones de un mismo fenómeno: la metamorfosis de los seres orgánicos. “[13]

Generalmente, si una estructura antecede a otra estructura en términos evolutivos, entonces también aparece antes que la otra en el desarrollo embrionario. Las especies evolutivamente emparentadas comparten normalmente los estadios tempranos del desarrollo embrionario y difieren en los más tardíos.

Ejemplos:

La columna vertebral, la estructura común a todos los vertebrados como peces, reptiles y mamíferos, aparece como una de las estructuras más tempranas en todos los embriones de vertebrados.

El cerebro de los humanos se desarrolla más tarde en relación al resto de los primates.

Asimismo, si una estructura desaparece en una secuencia evolutiva, entonces podemos observar a menudo otra estructura que aparece en un estadio del desarrollo embrionario pero que después desaparece o es modificada en un estadio más tardío.

Las ballenas, que han evolucionado a partir de mamíferos terrestres, no tienen patas, pero conservan pequeños huesos de extremidades inferiores en el interior del cuerpo. Durante el desarrollo embrionario, las extremidades inferiores aparecen para retroceder en los estadios más tardíos. Del mismo modo, los embriones de ballena tienen pelo en uno de los estadios, pero más tarde lo pierden en su mayor parte.

El ancestro común de primates y humanos tenía una cola que los embriones humanos conservan todavía en cierto estadio para después receder y formar el coxis.[14]

Observaciones criticas a esta teoría:

“La teoría de la recapitulación fue criticada desde la perspectiva embriológica por Nicolaus Michael Oppel, Keibel, Mehnert, Oscar Hertwig y Vialleton, en un sentido muy similar a las críticas que Karl Ernst von Baer dirigiera a la Ley de Meckel-Serres.”[15]

Las observaciones criticas a esta teoría, que aun se enseña en los libros de biologia del secundario proviene de una autoridad cientifica en este tema, el dr. Wayne Frair Ph.D, quien comparte su testimonio al respecto de esta teoria, testimonio que considero importante citar.

“Me sentí identificado con este estudiante, porque en la primavera de 1947, cuando yo era estudiante de primer año y estudiando mi primer semestre de zoología en la Universidad de Massachusetts en Amherst, viví una experiencia similar. Mi profesor, Gilbert L. Woodside, un doctor en embriología educado en Harvard, y que entonces era pionero en esta disciplina, presentó en nuestra clase el argumento de la embriología para la evolución. En general, este concepto se designa como recapitulación, porque se supone que el embrión en desarrollo «resume» o «recapitula» toda la historia de su raza. Cuando se presentan ciertas observaciones acerca del desarrollo embrionario de una forma convincente, este argumento induce a aceptar una secuencia macroevolutiva de las especies animales o vegetales. Recuerdo que después de esta clase pensé: «¿Cómo podría nadie dudar de la realidad de la evolución cuando ha comprendido esta evidencia?»

Me surgió el deseo profundizar en el conocimiento de la biología, de modo que cambié mi especialidad de psicología a zoología, y estudié fisiología y entomología en mi segundo año. Me había convertido al cristianismo mientras estaba en la marina, antes de mi educación universitaria, pero después de dos años en la universidad, mis creencias cristianas hacían frente a unos retos ante los que resultaba difícil de resistir. Me habían propuesto el puesto de asistente de laboratorio para la clase de fisiología para el siguiente otoño, y me hubiera gustado mucho aceptar, pero cambié a un instituto cristiano de enseñanza superior (Houghton en Nueva York), donde me especialicé en zoología, con grados en Biblia y en química. Recibí una diplomatura en letras en 1950, y en el verano de 1951 una diplomatura en ciencias, también en zoología, en otro instituto superior cristiano (Wheaton, en Illinois). En este último extendí mis conocimientos en ciencia y en teología. Luego enseñé ciencias a estudiantes de secundaria durante un año en la Escuela Ben Lippen, que estaba entonces en Carolina del Norte. En 1952 volví como estudiante graduado a la Universidad de Massachusetts, donde conseguí un puesto como profesor auxiliar y auxiliar de investigación.

Sin yo preverlo, me encontré en un curso de embriología experimental con el doctor Woodside, que era ahora el Catedrático Numerario del Departamento de Zoología y decano de la Escuela de Graduados. Me sentí cautivado por el doctor Woodside y por su campo de embriología. Emprendí una investigación e hice una tesis sobre la embriología del pollo y el primer fármaco inhibidor del cáncer, la 8-azaguanina (véase Frair y Woodside, 1956).

Durante mi estudio e investigación, me decidí a sondear las profundidades de la recapitulación embrionaria, ¡pero, para mi total sorpresa aprendí por el doctor Woodside que la «ley biogenética» estaba muerta! De modo que el hombre que me había convencido de la importancia de la recapitulación en mi primer año de carrera, cinco años después me estaba convenciendo de todo lo contrario. El doctor Woodside no solo no la creía, sino que realmente la desdeñaba. La recapitulación ya no podía ser nada más que una hipótesis en el mejor de los casos, y no quería que yo tuviera nada que hacer con ella.

El profesor Woodside creía que la embriología como disciplina había sufrido un retraso debido a la recapitulación. Me contó que para mediados del siglo 20 ningún embriólogo bien informado podía aceptar el concepto de la recapitulación. Muchos investigadores habían abandonado sus proyectos, frustrados al quedar atrapados en callejones sin salida en el intento de hacer concordar sus datos embriológicos dentro de un contexto evolutivo. El profesor Woodside creía también que solo había un único Premio Nóbel en embriología (Hans Spemann) debido a que muchos otros excelentes investigadores en embriología habían estado centrándose en la evolución y fracasando.

Un ejemplo de las muchas excepciones a la hipótesis de la recapitulación es que en un esquema evolutivo la médula espinal está presente antes que el cerebro, pero en embriología el cerebro se desarrolla antes. ¿Pero acaso no es la evolución el concepto que unifica a toda la biología? Al menos, hace 50 años ya sabíamos, y seguimos sabiéndolo en la actualidad, que la recapitulación darwinista no forma parte de tal unificación (véase Bergman, 1999; Wells, 1999a).” [16]

Con frecuencia se han atribuido a Charles Darwin ideas que él promovió, incluso en el caso de que dichas ideas se hubieran originado en las mentes de otras personas. Así sucede con la recapitulación, que parece hundir sus más antiguas raíces entre los griegos de más de medio milenio antes de Cristo (véase Osborn, 1929). Durante el siglo dieciocho se expusieron algunos pensamientos tocantes a la recapitulación, pero el propularizador más famoso de la recapitulación fue el zoólogo y filósofo Ernst Haeckel (1834-1919). Él fue el partidario más destacado, dogmático y activo del evolucionismo darwinista en Alemania, pero su influencia se extendió por todo el mundo. Después de conocer a Darwin en 1866, Haeckel trató de poner no solo la ciencia, sino también la filosofía y la religión bajo un paraguas evolucionista ateo (Jenkins-Jones, 1997).

Es interesante observar que desde la década de los 1860+ se ha sabido que Haeckel había falseado sus ilustraciones empleadas para «demostrar» la recapitulación. El tratamiento más extenso de esta cuestión en inglés es el libro de Assmuth y Hull, publicado en 1915. Estos autores hacen referencia a una enorme cantidad de material que revela que los miembros de la comunidad científica habían reconocido que en su defensa de sus puntos de vista, Haeckel perpetró fraudes y falsedades de manera constante y con todo descaro. Hay denuncias claras que se remontan a 1908, a 1875, y al menos a fecha tan temprana como 1868. Muchos científicos se unieron en condenar «los métodos de Haeckel, en los ejemplos que habían quedado denunciados … por ochenta y tres personas [un grupo de 46 y otro de 37] de buena posición en diversas ramas de la ciencia y del mundo académico, además de otros que publicaron sus condenas a título individual» (Assmuth y Hull, p. 23). Véase también Rusch, 1969. Las muchas docenas de los fraudes y falsificaciones de Haeckel tenían que ver con la embriología y con otros campos científicos.

Tanto en los tiempos de Haeckel como en la actualidad los científicos han admitido que los investigadores han de tener libertad para erigir sus hipótesis y teorías sobre la base de la evidencia empírica. Pero han reconocido de manera uniforme la impropiedad de apoyar estos conceptos mediante datos imaginarios no identificados o mediante falseamientos de los datos obtenidos o presentados ante otros. Como ejemplo de las fechorías de Haeckel, véanse las Láminas I y II (Figuras 1 y 2) procedentes de Assmuth y Hull [con los textos traducidos al castellano —N. del T.].

Las actividades de Haeckel (aparte de posiblemente su investigación científica efectiva en zoología sistemática) parecen haber estado tan estrechamente unidas a su filosofía que parece imposible separar sus acciones de sus actitudes. Por ejemplo, cuando alguien presentaba objeciones a las pretensiones embriológicas de Haeckel y de sus seguidores, estos decían:

«Esta cuestión pertenece a la embriología, y por ello vosotros, que no sois embriólogos, sois incompetentes para formaros un juicio en este tema.» Incluso si su oponente resultaba ser un embriólogo, le desacreditaban si encontraban que mantenía el más mínimo vestigio de creencia en Dios, en el libre albedrío o en el alma humana. Inmediatamente lo tildaban de teólogo, de oscurantista clerical, cuyas supersticiones dualistas le privaban del libre uso de su razón. Las páginas de Haeckel están salpicadas de esta táctica de «sentencias ex-cátedra» … (Assmuth y Hull, p. 54).

Un crítico explícito de Haeckel era J. Reinke, Profesor de Botánica en la Universidad de Kiel.

En un opúsculo titulado «Lo último sobre el Haeckelismo» (Heilbronn 1908) Reinke llena siete páginas con columnas paralelas, con una que contiene «lo que dice Haeckel», y la otra, «la verdad». Da veinticuatro ejemplos de falsamientos perpetrados por Haeckel, y añade: «Estos son ejemplos tomados al azar. Sería posible multiplicarlos por muchas veces» (Assmuth y Hull, p. 31).

Pero parece que Haeckel, el divulgador, no se refrenó debido a estas denuncias, y mantuvo sus maniobras engañosas en sus años posteriores, intentando justificarse a veces afirmando que estaba siguiendo procedimientos normales en biología. Como resultado, incontables científicos y estudiantes de ciencia, incluyendo muchos autores, han sido llevados a engaño, bajo una influencia que ha ido manifestándose hasta el final del siglo veinte. Incluso a pesar de que en la actualidad muchos científicos tienden a creer que la eliminación de la «ley biogenética» fue un fenómeno que tuvo lugar entre mediados y finales del siglo veinte, incluso en 1915 ya se podía mantener la siguiente declaración, totalmente explícita:

Difícilmente se puede encontrar en la actualidad a ningún científico destacado que acepte esta ley tal como se expone. La razón de ello, totalmente convincente, es que la investigación reciente ha demostrado con claridad que las excepciones a esta ley son mucho más frecuentes que sus materializaciones. La mayor parte de las etapas por las que pasan los embriones individuales de diferentes animales no se corresponden en su mayor parte con las gradaciones que, según la teoría de la evolución, constituyen la historia del desarrollo de la vida (Assmuth y Hull, p. 98).

Probablemente, Haeckel era conocedor de estas dificultades, porque distinguió los cambios embrionarios que conducían al progreso evolutivo («palingénesis») de otras desviaciones («cenogénesis»). Pero los llamados cambios cenogenéticos son tan numerosos que no sustentan la «ley», sino que la refutan.

Como se indica al comienzo de este artículo, algunos profesores siguen presentando la «ley biogenética» en apoyo de la macroevolución, aunque ha estado moribunda durante décadas a la luz de las enseñanzas de muchos científicos pioneros incluyendo el difunto biólogo canadiense, W. R. Thompson, que en 1956 escribió una «Introducción» para una reedición de El origen de las especies de Darwin, en la que observaba:

Cuando la «convergencia» de los embriones no resultó totalmente satisfactoria, Haeckel alteró las ilustraciones de las mismas para que concordasen con su teoría. Las alteraciones eran ligeras pero significativas. La «ley biogenética» como prueba de evolución carece de todo valor (pp. xv–xvi).

Durante los últimos años, las ilustraciones de Haeckel han vuelto a estar en las noticias debido a que algunos libros de texto en favor de la evolución han estado todavía publicando el material fraudulento de Haeckel (véase Richardson, et al., 1998).[17]

Los genes que controlan el desarrollo del embrión, desde el huevo fecundado hasta el nacimiento, contienen un plan minucioso para lograr que de la unión de dos células, una del macho y otra de la hembra, aparezca un individuo completo. El gran misterio, y a la vez la gran belleza, de todo este proceso del desarrollo embrionario es que se trata de un sistema totalmente descentralizado. No existe ningún ordenador central que dirija todo el desarrollo. Como cada célula del cuerpo tiene una copia completa del genonoma, no hace falta que esperen instrucciones de la autoridad central. Cada célula del cuerpo tiene

una célula puede actuar según su propia información y la de las señales químicas que le transmiten sus vecinas. Es como un gobierno que funcionara perfectamente sin necesidad del gobierno central.

Cuando una determinada célula descubre dónde está localizada, busca su situación en la guía interior y encuentra las instrucciones que debe seguir, “desarrolla un pelo, conviértete en músculo, vete transformando poco a poco en glóbulo rojo” o algo parecido.”

Aunque esto es simplificar mucho las cosas pero, de hecho, ocurre algo similar. El plan general para formar al adulto está en los genes que posee cada célula.

Todo en el ADN del huevo fecundado obedece a una finalidad clarísima, llegar a elaborar un adulto.

Todo conspira a la formación completa del individuo bajo un plan evidentemente concebido de antemano. En el huevo se empiezan a fabricar innumerables cosas, que como el esqueleto, las extremidades, la boca, los ojos, los oídos, para nada sirven al principio, en nada emplean entonces, pero que serán necesarios más tarde y para esa última etapa de la vida se han hecho.

El embrión no es sólo el producto de las fuerzas de la naturaleza dejadas a sí mismas y combinadas al azar. Creer esto es creer el mayor de los absurdos. No, el desarrollo embrionario revela algo que se oculta a nuestra mirada humana, pero que se manifiesta por sus efectos. Se trata de la inteligencia creadora que lo diseñó todo con un propósito determinado:

No obstante, según el darwinismo clásico, el estudio comparativo del desarrollo de los embriones sería una prueba en favor de la evolución Al parecer, determinadas similitudes entre embriones de peces, aves, mamíferos y seres humanos demostrarían que todos ellos descenderían de antepasados comunes parecidos a los peces.

Darwin lo explicaba así:

“De dos o más grupos de animales, aunque difieran mucho entre sí por su conformación y costumbres en estado adulto, si pasan por fases embrionarias muy semejantes, podemos estar seguros de que todos ellos descienden de una misma forma

Madre y por consiguiente, de que tienen estrecho parentesco. Así, pues, la comunidad de estructura embrionaria revela la comunidad de origen. La embriología

aumenta mucho en interés cuando consideramos al embrión como un retrato, mas o menos borroso, del progenitor de todos los miembros de una misma gran clase” (Darwin, 1980:446-447.)

Estas ideas fueron recogidas en la llamada ley biogenética de Haeckel que afirmaba que la ontogenia o desarrollo embrionario de un organismo era una recapitulación breve de su filogenia o secuencia evolutiva de las especies antecesoras. Es decir que, durante los primeros estadios en el útero materno, los embriones pasaban por formas que recordaban las transformaciones experimentadas por sus ancestros a lo largo de la evolución. Se señalaba, por ejemplo, que en los embriones humanos igual que en los de

gallina, se podían observar arcos aórticos similares y un corazón con sólo aurícula y un ventrículo como el que poseen los peces actuales. Esto se interpretaba como una prueba embriológica de que tanto los hombres como las aves habían evolucionado a partir de sus antepasados los peces.

Comparación entre algunas fases del desarrollo embrionario de ocho especies animales: pez, salamandra, tortuga, pollo, cerdo, ternero, conejo y hombre. Sin embargo, hoy se sabe que los dibujos de Haeckel fueron retocados para que coincidieran con la teoría de la evolución. La realidad es muy distinta.

El problema de los dibujos que realizó Haeckel (fig. 26), como se pudieron comprobar años después, es que fueron maliciosamente retocados en las primeras etapas para que se parecieran entre sí. En realidad, cuando analizan los embriones tempranos de las diferentes clases de vertebrad se observa que éstos presentan notables diferencias. El de los peces posee casi un aspecto esférico. En los anfibios es más ovalado. Los reptiles se caracterizan por su alargamiento, mientras que en las aves se alcanza mayor tamaño de la cabeza. No cabe duda de que el embrión de los mamíferos es el más complejo desde el punto de vista estructural. Esto se explica con mucho detalle el biólogo norteamericano, Jonathan Wells, en su obra Icons of Evolution (fig. 27.)

PEZ

RANA

TORTUGA

GALLINA

HOMBRE

A la derecha: aspecto real de los embriones durante la primera etapa de su desarrollo y a la izquierda, dibujos realizados por Haeckel para esa misma etapa. (Modificado de Wells,2000)

Son tantos los datos de la embriología que contradicen esta ley que pronto fue abandonada por la comunidad científica. Sin embargo, a pesar de este rechazo lo cierto es que todavía continúa apareciendo en los textos escolares de secundaria como una confirmación de la teoría transformista. Un la actualidad, los embriólogos saben que los embriones de los vertebrados se diferencian progresivamente en varias direcciones, sólo para converger en apariencia a mitad del proceso y luego volver a diverger hasta formar órganos o estructuras que pueden ser parecidas entre sí, pero que se han formado a partir de células o tejidos absolutamente diferentes.

Por ejemplo, la presencia en los embriones de los mamíferos de un corazón con dos cavidades y unos arcos aórticos parecidos a los de los peces, se debe a que tales embriones sólo necesitan en las primeras etapas de su desarrollo una circulación simple, ya que están alimentados a través de la placenta materna. Pero más tarde, la circulación sanguínea se vuelve doble a fin p i|uc los pulmones permitan la respiración autónoma del bebé. De manera que la presencia de tales órganos se debe a las diferentes necesidades fisiológicas del embrión durante el desarrollo y no a su pretendido parentesco evolutivo con los peces. La forma de los órganos de los embriones viene puesta por las exigencias fisiológicas y no por su pasado filogenético.

Contra las pretensiones de la ley biogenética, finalmente ha sido la genética quien ha aportado la prueba definitiva. El ADN de cada especie está determinado únicamente para desarrollar el cuerpo de los individuos que pertenecen a dicha especie. No es capaz de volver a recrear en el desarrollo embrionario las etapas de otros organismos supuestamente anteriores y relacionados entre sí. El genoma de cada ser vivo sólo expresa aquello que corresponde a su propio género.

Como reconoce el evolucionista, Pere Alberche, del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard:

El descubrimiento de los mecanismos genéticos dio la puntilla definitiva a las leyes de Haeckel, demostrando que la teoria de la recapitulación no puede ser justificada fisiológicamente… En resumen, la biología del desarrollo jugó un papel cada vez menor en la teoría de la evolución. Muestra de ello, […] es el insignificante papel que tuvo la embriología en la llamada “Nueva Síntesis” darwiniana de los años 40 de este siglo (Alberch,1984:410)

La ley biogenética de Haeckel no es capaz de explicar los hechos comprobados por la embriología, ni constituye tampoco un argumento sólido a favor del darwinismo, y además fue abandonada por la ciencia hace ya muchos años.[18]

Notas

0. http://es.geocities.com/soloapuntes/quinto/hc2/t12hc2.html

1. Wayne Frair Ph.D., Embriología y Evolución,http://www.sedin.org/ID/embriologiafrair.html

2. Ibid

3. Wikipedia,Teoría de la recapitulación

4. Biologia Es.6 ,pag. 321, op. cit.

5.Wikipedia, Historia de la evo-devo

6. Wikipedia,Teoría de la recapitulación

7. Ibid

8. Ibid

9. Ibid

10. Ibid

11. Ibid

12. Ibid

13. Wikipedia, Historia de la evo-devo

14. Wikipedia,Teoría de la recapitulación

15 Ibid

16. Embriología y Evolución,op. cit.

17. http://www.sedin.org/ID/embriologiafrair.html

18. Antonio Cruz,La ciencia ¿encuentra a Dios?, pag. 31-236,coleccion pensamiento cristiano.Ed.Clie,(2004)

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