Roger L. Smalling – Inttroducción a la Teología Sistemática

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Wayne Grudem – Teologia Sistematica (26-30)

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La Biblia y su interpretacion. Ed. Mundo Hispano

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Serie La Biblia Parte 6

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Serie La Biblia Parte 3

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Doctrina de la Biblia

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Serie La Biblia Parte 2

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Las puertas del Hades no prevalecerán contra su Iglesia Parte 1

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Sola Scriptura

Sola Scriptura

Autor:Paulo Arieu

Emilio, católico practicante, reflexionando me decía que:

no es forma de recibir la verdad de la Revelación, interpretando por ti mismo las Escrituras sin comunión con la Iglesia. Y además, es que es cuestión de fe: a ver si me explico: tú interpretas la Revelación no por ti mismo solo, sino también confiando en las enseñanzas de tu comunidad eclesial; al menos. Lo que nos distancia no son las imágenes, nuestras diferencias en eso son consecuencia de nuestras diferencias en algo más básico: la Iglesia. Nuestra identificación de la Iglesia. Tú confías en las enseñanzas de tu comunidad eclesial (la “sola Scriptura”, etc.), porque las ves acertadas. Yo he aceptado por la fe el Cristo de la Iglesia y la Iglesia de Cristo, como una sola pieza. No puedo separarlos, porque son un Todo, el Cristo Total: Cristo es la cabeza y la Iglesia es el Cuerpo. Eso lo he aprendido luego, pero antes de saber siquiera explicitarlo, ya había aceptado esa fe.

El Magisterio de la Iglesia no se separa de las Escrituras, Paulo, las interpreta también. Por supuesto, se pueden sacar tantas interpretaciones de las Escrituras como voluntades de interpretación haya, pero no todas son ciertas. Sin creer en la Iglesia y en su Autoridad, puede parecerte que la tuya es la acertada. Pero puedes estar equivocado. Mira lo que dice de las imágenes el Catecismo, porque yo no tengo más doctrina que la que leo en él-: [1]

Respuesta

Yo también acepto lo mismo. Pero no estoy de acuerdo con el magisterio de Roma.¿Crees que hay que ser católico romano para interpretar las escrituras?

“Todos los santos son teologos,pero no todos los teologos son santos”

Yo soy santo,porque Cristo vive en mi, el ha perdonado mis pecados y me ha sellado con su Espiritu Santo, al momento de creer en el. Yo entiendo que el magisterio de la Iglesia de Roma esta equivocado. Y porque soy santo,soy teólogo, y confio en su Palabra.

  • “Toda la Escritura es ‘inspirada por Dios’ (dada por la inspiración de Dios) y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia….” (2 Tim. 3:16).

Como voy a obedecer la Palabra del Señor si no procuro leerla e interpretarla para ponerla por obra? De la lectura, surge la comprension del texto y luego la obediencia y luego viene compartir con otros lo que la biblia me enseña.

Sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios. La Biblia se declara a sí misma ser inspirada por Dios, inerrante y autoritativa. También sabemos que Dios no cambia Su parecer o se contradice a Sí mismo. Así que, mientras la Biblia misma no pueda argüir explícitamente sobre la “Sola scriptura”, definitivamente no debe permitirse que las tradiciones contradigan su mensaje. La Sola scriptura no es tanto un argumento contra la tradición de uds. o contra la de alguna otra iglesia, como lo es contra las doctrinas no bíblicas o anti-bíblicas de cualquier iglesia o religion que hay o pueda haber en este planeta.
La única manera de saber con seguridad lo que Dios espera de nosotros es permaneciendo fieles a lo que sabemos que Él nos ha revelado – la Biblia. Ahora sabemos, más allá de cualquier sombra de duda, que la Escritura es verdadera, autoritativa y confiable. No puede decirse lo mismo de la tradición.

La Palabra de Dios es la única autoridad para la fe cristiana. Las tradiciones solo son válidas cuando están basadas en la Escritura y están en completo acuerdo con la Escritura. Las tradiciones que están en contradicción con la Biblia no son de Dios y no son un aspecto válido de la fe cristiana. La Biblia es la única manera de evitar que la opinión personal y subjetiva tenga prioridad sobre las enseñanzas de la Biblia.

La esencia de la Sola scriptura es basar tu vida espiritual en la Biblia solamente, y rechazar cualquier tradición o enseñanza que no esté de total acuerdo con la Biblia.

  • 2 Tim. 2:15 dice “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Mi conciencia y mi fe son esclavas de Jesucristo y su Palabra.No necesito estar afiliado a una institución en particular para poder leerla o interpretarla, sin oque lo hago en obediencia al mandato de Jesus, cuando dijo “Escudriñad las escrituras”

No puedo volver atras, seria negarle, seria tener por inmunda la sangre del Pacto, que el derramó por mi en la cruz. Apelo al testimonio del Señor Jesucristo,quien por mi murió

Puedo citar a Lutero, ya que tengo la misma convicción que él y me es imposible ante Dios y ante los hombres negar lo que está escrito en la Biblia.

“Por tanto, a menos que yo sea persuadido o convencido por el testimonio de la Escritura, o por el más claro razonamiento, – a menos que sea persuadido por medio de los pasajes que he citado, – y a menos que mi conciencia sea sometida de esta manera por la Palabra de Dios, no puedo retractarme y no lo haré, porque es peligroso para un cristiano el hablar en contra de su conciencia. ¡Me mantengo firme, no puedo hacer otra cosa; que Dios me ayude! ¡Amén!” [2]

Algo muy importante que aclarar es que la doctrina de La Sola scriptura

no nulifica el concepto de las tradiciones eclesiásticas, más bien nos da una base sólida en la cual basar las tradiciones de la iglesia. Hay muchas prácticas, en ambas iglesias Católica y Protestante, que son el resultado de tradiciones, y no de las explícitas enseñanzas de la Escritura. Es bueno y aún necesario que la iglesia tenga tradiciones. Las tradiciones juegan un papel importante en la clarificación de la doctrina cristiana, y la organización de las prácticas cristianas. Al mismo tiempo, para que estas tradiciones sean válidas, no deben estar en desacuerdo con la Palabra de Dios. Deben estar basadas en el sólido fundamento de la enseñanza en la Escritura. El problema con la iglesia Católica (y muchas otras iglesias Cristianas) es que sus tradiciones están basadas en tradiciones, de tradiciones, de tradiciones – frecuentemente sin que la tradición inicial esté en completa armonía con las Escrituras. Esto es por lo que los cristianos siempre deben regresar a la Sola scriptura, la autoritativa Palabra de Dios, como la única base sólida para la fe y la práctica.[3]

Esta doctrina,nos permite tener un parametro absoluto a la hora de cosniderar una doctrina o una practica cristiana.La tradicion es iluminacion y las Escrituras son revelación. Ademas, los teologos no somos infalibles.Somos hombres.

Permítame citar a modo de respuesta, lo que escribió hace algunos siglos ya un notable teólogo naturalista, Charles Hodge lo expresó en su teología sistemática:

“Los teólogos no son infalibles en la interpretación de las Escrituras. Por lo tanto, puede ocurrir en el futuro, como ocurrió en el pasado, que las interpretaciones de la Biblia, confiadamente recibidas tiempo atrás, deban ser modificadas o abandonadas, para mantener la revelación en armonía con lo que Dios enseña en sus obras. Este cambio de posición en cuanto al verdadero significado de la Biblia puede ser un proceso doloroso para la iglesia, pero no perjudica en lo más mínimo la autoridad de las Escrituras. Ellas permanecen infalibles, meramente somos convictos de haber malinterpretado su significado” [4]

Las tradiciones no son el problema. Jesucristo no prohibió tener tradiciones.Hay tradiciones sanas y tradiciones enfermas,malas,nocivas, que deben abandonarse en lo posible cuanto antes. Muchas veces son cuestiones secundarias como tipos de vestimenta,etc.

El problema son las tradiciones no bíblicas. La disponibilidad de las Escrituras a través de los siglos no es un factor determinante. Las Escrituras mismas son el factor determinante. Ahora tenemos las Escrituras disponibles y accesibles para nosotros. A través del estudio de la Palabra de Dios, es claro que muchas tradiciones eclesiásticas que se han desarrollado a través de los siglos, están de hecho en contradicción con la Palabra de Dios. Es aquí donde se aplica la Sola scriptura. Las tradiciones que están basadas en, y están de acuerdo con la Palabra de Dios pueden ser mantenidas. Las tradiciones que no están basadas o están en desacuerdo con la Palabra de Dios, deben ser rechazadas. La Sola scriptura nos lleva de regreso a lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra. Finalmente, la Sola scriptura nos señala nuevamente al Dios que siempre habla la verdad, nunca se contradice a Sí mismo, y siempre ha comprobado ser confiable. [5]

  • Mateo 15:3 Respondiendo él, les dijo: ¿qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

Los judíos tuvieron un ambiente religioso en que honraban las opiniones de los rabís (sus maestros). Estas opiniones llegaron a ser tradiciones y con el tiempo sus interpretaciones fueron las únicas que les importaban. Sus opiniones llegaron a tener más prioridad que la mera palabra de Dios. Cuando Jesús enseñó la verdad, muchos judíos no recibieron la verdad porque Jesús no apoyaba a los rabís (los padres de ellos), ni fue apoyado por ellos. Ya al final, Jesús atacó estas tradiciones de los padres exaltadas por que detuvieron a la gente a recibir la verdad de Dios. Lo obvio de las Escrituras fue hecho confusión por las tradiciones de los fariseos.

TRADICIÓN

  • paradosis ( παράδοσις, G3862) , transmisión abajo o adelante (relacionado con paradidomi, transmitir, entregar), denota tradición, y de ahí, por metonimia:

(a) las enseñanzas de los rabinos, sus interpretaciones de la ley, que por ellas quedaba virtualmente anulada (Mat 15:2,3,6; Mc 7.3,4,8,9,13; Gl 1. 14; Col 2:8);

(b) la enseñanza apostólica (1 Cor 11:2 «instrucciones», RV, RVR, VM; Besson: «enseñanzas», texto; «tradiciones», margen), de instrucciones con respecto a las reuniones de los creyentes, instrucciones de mayor alcance que las ordenanzas en un sentido limitado; en 2 Tes 2:15, de la doctrina cristiana en general, donde el empleo que hace el apóstol de la palabra constituye una negación de que lo que él predicaba se originara en sí mismo, y una afirmación de su autoridad de parte de Dios (cf. paralambano, recibir,; 15.3); en 2 Tes 3:6 se emplea de instrucciones acerca de la conducta diaria. [6]

Segun el dicc. biblico [7]

Aquello que se transmite, particularmente enseñanzas transmitidas por un maestro a sus discípulos. El concepto está presente con frecuencia aun cuando no se mencione la palabra. Las referencias principales en los evangelios aparecen en Mt. 15 y Mr. 7, y se relacionan con la tradición judía.

I. Tradición judaica

La palabra tradición no aparece en el Antiguo Testamento, pero entre los dos testamentos hubo muchas enseñanzas para explicar el Antiguo Testamento que fueron agregadas por los rabinos. La tradición se perpetúa pasando del maestro al alumno, y ya en la época de Jesús había adquirido su ubicación al lado de las Escrituras. La igualación del comentario humano con la revelación divina fue condenada por el Señor. Con la tradición se “transgrede” la Palabra de Dios, se la “quebranta”, se la “invalida”, se la hace a un lado, se la rechaza (Mt. 15.3, 6; Mr. 7.8-9, 13). Las doctrinas impartidas por la tradición son “mandamientos de hombres” (Mt. 15.9; Mr. 7.6-7).

II. La tradición cristiana

Jesús consideraba que su propia enseñanza, entregada a sus discípulos en forma de comentario, estaba al mismo nivel que la Palabra de Dios. Así, en el Sermón del monte Jesús citó partes de la Ley, pero puso al lado de la misma sus propias palabras, “pero yo os digo …” (Mt. 5.22, 28, 32, 34, 39, 44; cf. 6.25). El justificativo para proceder de ese modo lo encontramos en su propia persona. Como Mesías ungido por el Espíritu, Palabra de Dios hecha carne, sólo él podía ofrecer un comentario válido y autorizado sobre esa Palabra inspirada por el Espíritu. Del mismo modo las epístolas realzan la persona de Cristo en contraste con la tradición. En Col. 2.8 Pablo advierte contra el peligro de ser presa de “filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres … y no según Cristo”. Así, en Gá. 1.14, 16 Pablo abandonó la tradición de los ancianos cuando Dios le reveló a su Hijo; Cristo no sólo dio origen a la verdadera tradición sino que la constituye él mismo.

La tradición cristiana en el Nuevo Testamento tiene tres elementos:

(a) los hechos de Cristo (1 Co. 11.23; 15.3; Lc. 1.2, donde “enseñaron” es traducción de paredosan);

(b) la interpretación teológica de dichos hechos; véase, p. ej., todo el argumento de 1 Co. 15;

(c) el modo de vida que surge de ellos (1 Co. 11.2; 2 Ts. 2.15; 3.6-7). En Jud. 3 la “fe que ha sido una vez dada” abarca estos tres elementos (cf. Ro. 6.17).

Cristo fue dado a conocer por el testimonio apostólico; por lo tanto, los apóstoles afirman que la tradición trasmitida por ellos debía ser recibida como autorizada (1 Co. 11.2; 2 Ts. 2.15; 3.6). Véase también Ef. 4.20-21, donde los lectores no habían oído a Cristo en la carne, pero en cambio habían oído el testimonio apostólico acerca de él. Cristo mandó a los apóstoles que dieran testimonio de él porque ellos habían estado con él desde el principio; también les prometió el don del Espíritu que había de guiarlos a toda verdad (Jn. 13.26-27; 16.13). Esta combinación de testimonio ocular y testimonio guiado por el Espíritu produjo una “tradición” verdadera y válida como complemento del Antiguo Testamento. Así, 1 Ti. 5.18 y 2 P. 3.16 colocan la tradición apostólica a la par de las Escrituras y la describen como tal.

Una influyente escuela teológica de crítica de las formas cuestiona la validez histórica de la tradición neotestamentaria, afirmando que en dicha tradición los cristianos querían proclamar al Cristo de la fe más bien que transmitir hechos históricos. Este interés a su vez los llevó a colorear el relato con sus creencias, y por lo tanto la tarea del erudito bíblico consiste en identificar aquello que originalmente pertenecía a Cristo, y aquello que ha sido agregado por los cristianos primitivos. B. Gerhardsson cuestiona la validez de este presupuesto de la crítica de las formas. Señala que los métodos sumamente rigurosos de transmisión de la tradición en las escuelas rabínicas tardías pueden remontarse a los tiempos del Nuevo Testamento. Métodos tales como el de aprender de memoria, aprendiendo al pie de la letra las palabras mismas dichas por el maestro, el de condensar el material en textos breves, y el uso de libretas para anotaciones eran todos comunes en los días de Cristo. Los apóstoles y la iglesia primitiva también tomaban con toda seriedad la transmisión fidedigna de una tradición válida acerca de Cristo, y no les satisfacía la transmisión inconsciente de una tradición diluida por la predicación. Cuando se tiene en cuenta, también, el carácter único de Jesús a los ojos de la iglesia primitiva, resulta claro que la posibilidad de que se hayan hecho agregados al relato se vuelve aun más remota.

La obra de Gerhardsson provocó una reacción muy fuerte que cuestionaba la validez de retrotraer al período de la iglesia primitiva los métodos de las escuelas rabínicas posteriores, y señalaba el carácter distintivo de la enseñanza cristiana en comparación con la enseñanza judía contemporánea. Si bien Gerhardsson puede haber exagerado su punto de vista, ha demostrado que el ambiente en que fueron escritos los evangelios exigía la transmisión correcta de la tradición, mientras que no interesaba en la misma medida el completar los hechos con mejoras imaginarias, como han creído algunos entendidos. Las exhortaciones de Pablo relativas a la “tradición” adquieren mayor significación en este contexto. El oficio apostólico estaba limitado a los testigos oculares y, como únicamente los testigos oculares podían dar un testimonio fiel de Cristo en su vida, muerte y resurrección, la verdadera tradición también tiene que ser apostólica. Esto lo reconoció la iglesia en años posteriores, cuando se elaboró finalmente el canon del Nuevo Testamento sobre la base del carácter apostólico de los libros a incluir. La tradición apostólica fue oral en un momento, pero para nosotros está cristalizada en los escritos apostólicos que contienen el testimonio de que Cristo es Dios, según testimoniaron movidos por el Espíritu. Otras enseñanzas, si bien pueden ser instructivas y útiles, como también dignas de nuestra seria consideración, no pueden aspirar a ser colocadas a la par del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento como autorizadas, sin que al hacerlo se pongan de manifiesto los mismos defectos por los que la tradición judía mereció la condenación de nuestro Señor.

Objeciones a la Sola Scriptura

En el sentido práctico, una frecuente objeción al concepto de la Sola scriptura es el hecho de que el canon de la Biblia no fue acordado oficialmente por al menos 250 años después de la fundación de la iglesia. Más aún, las Escrituras no fueron permitidas en la misa por más de 1500 años después de que la iglesia fue fundada. ¿Cómo entonces, utilizarían los primeros cristianos la Sola scriptura, cuando ellos ni siquiera tenían el total de las Escrituras? ¿Cómo entonces, podrían los cristianos que vivieron antes de la invención de la imprenta, basar su fe y práctica en la Escritura solamente, si no había manera de que ellos tuvieran una copia completa de las Escrituras? Este desacuerdo es luego reforzado por los más altos índices de analfabetismo a través de la historia. ¿Cómo maneja la Sola scriptura estos problemas?

El problema con este argumento es que esencialmente está diciendo que la autoridad de las Escrituras está basada en su disponibilidad. Este no es el caso. La autoridad de las Escrituras es universal, porque es la Palabra de Dios y Su autoridad. De hecho, de que la Escritura no estuviera accesiblemente disponible, o aún el hecho de que la gente no pudiera leer, no cambia el hecho de que la Escritura es la Palabra de Dios. Más aún, en vez de que este sea un argumento en contra de la Sola scriptura, es en realidad un argumento para lo que la iglesia debía haber hecho, en lugar de lo que hizo. La iglesia primitiva debía haber hecho su máxima prioridad, el copiar la Escritura. Mientras que era irreal que cada cristiano poseyera una copia completa de la Biblia, si era posible que cada iglesia tuviera algo, la mayor parte, o todas las Escrituras disponibles. Cada líder de la iglesia debía haber estudiado las Escrituras como su más alta prioridad, para que ellos pudieran a su vez enseñarla correctamente. Aún si las Escrituras no estaban disponibles en las misas, por lo menos los líderes de la iglesia podrían haberse entrenado bien en la Palabra de Dios. En lugar de construir tradiciones sobre tradiciones, y pasarlas de generación en generación – la iglesia debió haber copiado y enseñado las Escrituras (2 Tim. 4:2). [8]

La autoridad sin prejuicios de la Biblia.

El carácter humano de los autores de la Biblia , carece de prejuicios en favor del hombre. La Biblia registra y señala, sin vacilar, el pecado y la debilidad de los mejores hombres, y advierte gráficamente a aquellos que confían en sus propias virtudes de su condenación final. Aunque escrito por humanos, es un mensaje de Dios hacia el hombre, más bien que un mensaje del hombre para el hombre. Aunque algunas veces habla de cosas terrenales y de experiencias humanas, también describe con claridad y autoridad cosas tanto de los cielos como de la tierra, visibles o invisibles; revelando hechos acerca de Dios, de los ángeles, los hombres, del tiempo y de la eternidad; de la vida y la muerte, del pecado y la salvación, del cielo y del infierno. Semejante libro no podría haber sido escrito por el hombre -si hubiese tenido que elegir hacerlo, y aun de haber podido, nunca habría querido hacerlo- al margen de la divina dirección. Por tanto, la Biblia , aunque escrita por hombres, es un mensaje que procede de Dios, con la certeza, la seguridad y la paz que sólo Dios puede proporcionar. [9]

El carácter supremo de la Biblia.

Por encima de todo lo dicho anteriormente, la Biblia es un libro sobrenatural que revela la persona y la gloria de Dios manifestada en Su Hijo. Tal persona, Jesucristo, jamás pudo haber sido la invención de un hombre mortal, ya que Sus perfecciones nunca podrían haber sido comprendidas ni por los hombres más sabios y santos de esta tierra. El supremo carácter de la Biblia está apoyado por su revelación del carácter supremo en la persona de Jesucristo.

Como consecuencia de la combinación de las cualidades sobrenaturales y procedentes del hombre que entran en la composición de la Biblia , puede observarse una similitud entre la Biblia como la Palabra escrita y el Señor Jesucristo como el Verbo viviente. Ambas son sobrenaturales en origen, presentando una mezcla inescrutable y perfecta de lo que es divino y de lo que es humano. Ambas también ejercen un poder de transformación sobre aquellos que creen, e igualmente permitido por Dios como algo negativo y rechazado por los que no creen. Las perfecciones divinas, impolutas y en toda su grandeza que no sufre la menor disminución, están inmersas en ambos aspectos. Las revelaciones que muestra son igualmente tan simples como la capacidad mental de un niño, y tan complejas como los infinitos tesoros de la divina sabiduría y el divino conocimiento, sostenidas por el Dios que las ha revelado. [10]

La Biblia es La Autoridad Final, y Punto.

Jhon McArthur,el conocido y respetado teólogo conservador norteamericano, explica el concepto de la autoridad de las Escrituras.

Cualquier que fielmente y correctamente proclame la Palabra de Dios hablará con autoridad.

No es nuestra propia autoridad. No es ni siquiera la autoridad eclesiástica adscrita a la oficina de un pastor o maestro en la iglesia. Se trata de una autoridad aún mayor que eso. En la medida en que nuestra enseñanza refleje con exactitud la verdad de la Escritura, tendrá todo el peso de la autoridad de Dios detrás de ella. Esa es una idea sorprendente, pero es precisamente cómo 1 Pedro 4:11 nos enseña a manejar la verdad bíblica: “El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios”.

Por supuesto que es una profunda amenaza a la tolerancia de una sociedad que ama su pecado y piensa en el compromiso como algo bueno. Hablar con audacia y declarar que Dios ha hablado con finalidad no es ni elegante ni políticamente correcto. Pero si de verdad creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, ¿cómo podemos manejarla en otra manera?

Muchos evangélicos modernos y atemorizados por la demanda post-modernista para el latitudinarismo, afirman que creen en las Escrituras, pero luego evitan proclamarla con toda autoridad. Están dispuestos a dar servicio de labios a la verdad de las Escrituras, pero en la práctica la despojan de su autoridad, tratándola como otra opinión más en la gran mezcla de las ideas post-modernas.

Ni la Escritura ni el sentido común permite una perspectiva de este tipo. Si la Biblia es verdadera, entonces también es autoritativa. Como verdad divinamente revelada, lleva todo el peso de la autoridad de Dios. Si usted afirma creer en la Biblia totalmente, usted finalmente debe someterse a su autoridad. Eso significa hacerla el árbitro final de la verdad – la regla por la cual se evalúa cualquier opinión.

La Biblia no es sólo otra idea para ser lanzado en el debate público y para la aceptación o el rechazo según el individuo crea conveniente. Es la Palabra de Dios, y exige ser recibida como tal, para exclusión de todas las demás opiniones.

  • Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. (I Pe. 4:11)

Lutero y la Palabra de Dios

Es de todos sabido que Lutero trata de hacer de la Palabra de Dios el punto departida y la autoridad final de su teología. Como profesor de Sagrada Escritura, laBiblia tenía para él gran importancia, y en ella descubrió la respuesta a susangustias espirituales. Pero esto no quiere decir que Lutero sea un biblicista rígido,pues para él la Palabra de Dios es mucho más que la Biblia. La Palabra de Dios es nada menos que Dios mismo.

Esta última aseveración se basa en los primeros versículos del Evangelio de Juan,donde se dice que “al principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios”. Las Escrituras nos dicen entonces que, en el sentido estricto, la Palabra de Dios es Dios mismo, la segunda persona de la Trinidad, el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros. Luego, cuando Dios habla, lo que sucede no es sencillamente que se nos comunica cierta información, sino también y sobre todo que Dios actúa. Esto puede verse también en el libro de Génesis, donde la Palabra de Dios es la fuerza creadora., “dijo Dios… “,

Luego, cuando Dios habla Dios crea lo que pronuncia. Su Palabra, además de decimos algo, hace algo en nosotros y en toda la creación.Esa Palabra se encarnó en Jesucristo, quien es a la vez la máxima revelación deDios y su máxima acción. En Jesús, Dios se nos dio a conocer. Pero también en El venció a los poderes del maligno que nos tenían sujetos. La revelación de Dios es también la victoria de Dios.La Biblia es entonces Palabra de Dios, no porque sea infalible, o porque sea un manual de verdades que los teólogos puedan utilizar en sus debates entre sí.

La Biblia es Palabra de Dios porque en ella Jesucristo se llega a nosotros. Quien lee la Biblia y no encuentra en ella a Jesucristo, no ha leído la Palabra de Dios. Por esto Lutero, al mismo tiempo que insistía en la autoridad de las Escrituras, podía hacercomentarios peyorativos acerca de ciertas partes de ellas.

La epístola de Santiago,por ejemplo, le parecía ser “pura paja”, porque en ella no se trata del evangelio, sino de una serie de reglas de conducta. También el Apocalipsis le causaba dificultades.Aunque no estaba dispuesto a quitar tales libros del canon, Lutero confesaba abiertamente que se le hacía difícil ver a Jesucristo en ellos, y que por tanto tenían escaso valor para él. Esta idea de la Palabra de Dios como Jesucristo era la base dela respuesta de Lutero a uno de los principales argumentos de los católicos.

Estos argüían que, puesto que era la iglesia quien había determinado qué libros debían formar parte del canon bíblico, la iglesia tenía autoridad sobre las Escrituras. La respuesta de Lutero era que, ni la iglesia había creado la Biblia, ni la Biblia había creado a la iglesia, sino que el evangelio las había creado a ambas. La autoridad final no radica en la Biblia ni en la iglesia, sino en el evangelio, en el mensaje de Jesucristo, quien es la Palabra de Dios encarnada.

Puesto que la Biblia da un testimonio más fidedigno de ese evangelio que la iglesia corrompida del papa, y que las tradiciones medievales, la Biblia tiene autoridad por encima de esa iglesia y esas tradiciones, aun cuando sea cierto que, en los primeros siglos, fue la iglesia la que reconoció el evangelio en ciertos libros, y no en otros, y determinó así el contenido del canon bíblico.[12]

Notas

[1] http://lasteologias.wordpress.com/2010/03/30/la-responsabilidad-de-ratzinger/comment-page-4/#comment-40958

[2] http://www.gotquestions.org/espanol/sola-scriptura.html

[3] Ibid

[4] cit. en Charles Hodge,systematic teology,3 vols. (1873;reimpr. Grand Rapids,MichEerdmands), cit. en W.Dembsky, Diseño Inteligente, p.182,ed. Vida

[5] http://www.gotquestions.org/espanol/sola-scriptura.html

[6] Diccionario Bíblico Expositor Vine NT+

[7] Diciconario Bíblico Ed. Certeza , Tradicion

[8] http://www.gotquestions.org/espanol/sola-scriptura.html

[9]http://www.seminarioabierto.com/doctrina101.htm

[10] Ibid

[11]  Grace To You,http://evangelio.wordpress.com/2009/10/14/la-autoridad-final-y-punto/

[12] Justo L. Gonzalez,  Historia del Cristianismo II, p. 45-46, ed. unilit

DIOS, HOMBRE, Y SALVACIÓN UNA TEOLOGÍA BÍBLICA

DIOS, HOMBRE, Y SALVACIÓN UNA TEOLOGÍA BÍBLICA

Por

W. T. PURKISER, Ph.D.

RICHARD S. TAYLOR, Th.D.

WILLARD H. TAYLOR, Ph.D.

Versión Castellana de

HONORATO REZA

CNP

BEACON HILL PRESS OF KANSAS CITY

KANSAS CITY, MISSOURI, EE. UU. de AMÉRICA

Este libro apareció con el título en inglés: God, Man & Salvación y fue traducido al español por H. T. Reza. Las notas de pie fueron traducidas por José Pacheco.

Contenido

Proemio

Prefacio

Abreviaturas

Introducción

PRIMERA PARTE:

FUNDAMENTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1. La Teología del Antiguo Testamento y la Revelación Divina

Sección 1: Creación y Pacto

2. Dios como Creador y Redentor

3. La Naturaleza del Hombre

4. El Origen del Pecado

5. El Pacto y el Culto

Sección 2: Devoción y Deber-el Lado Humano de la Salvación

6. La Ética del Antiguo Testamento

7. Conceptos Profundizantes del Pecado y del Sufrimiento Humano

8. Los Ángeles, Satanás, y la Vida Después de la Muerte

Sección 3: La Visión Profética

9. El Dios de los Profetas

10. La Piedad Personal en el Antiguo Testamento

11. La Esperanza Mesiánica y la Escatología

SEGUNDA PARTE: EL NUEVO TESTAMENTO

Introducción

Sección 1: El Dios de Nuestra Salvación

12. El Conocimiento de Dios

13. El Creador y el Padre-Rey

14. El Espíritu Siervo

Sección 2: La Criatura de la Inquietud Salvadora de Dios

15. El Punto de Vista Novotestamentario del Hombre

16. El Hombre en Pecado

17. Una Corrupción Racial

Sección 3: Un Salvador, Cristo el Señor

18. El Testimonio de Jesús de Sí Mismo

19. Cuestiones Básicas en el Testimonio de la Iglesia Primitiva

20. La Encarnación

21. La Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo

Sección 4: Salvación a Través de Cristo

22. La Provisión de la Salvación

23. La Eficacia de la Muerte de Cristo

24. Gracia, Fe y Soberanía Divina

25. Un Nuevo Hombre en Cristo

26. Salvación y Santidad

27. La Santidad y el Espíritu Santo

Sección 5: La Vida de un Pueblo Salvo

28. Hacia la Madurez Cristiana

29. Hacia la Vida Ejemplar

Sección 6: La Sociedad de los Salvos

30. Descripciones de la Iglesia en el Nuevo Testamento

31. La Iglesia Como Comunidad Sacramental

32. La Iglesia Como una Comunidad Organizada

Sección 7: El Futuro en la Historia de Salvación

33. El Reino de Dios

34. La Segunda Venida de Cristo

35. El Régimen Eternal

Índices

Bibliografía

Proemio

Para los que reconocen la autoridad final de las Sagradas Escri turas, la teología bíblica es una disciplina esencial.

La teología bíblica aprovecha los resultados comprobados de la crítica textual e histórica y emplea los principios de la exégesis científica bíblica. Además, la teología bíblica evangélica refleja ciertas suposiciones supranaturalísticas: la realidad y propósito del Dios viviente, la deidad y naturaleza salvadora de Jesucristo, la dei dad y el ministerio personal del Espíritu Santo, así como la inspira ción total y unidad de las Santas Escrituras como la Palabra de Dios escrita.

Esta no es una obra de teología sistemática. Es sistemática en cuanto a su plan de organización, y por ello, toda teología sistemá tica futura necesariamente le será deudora; pero no intenta construir un sistema de pensamiento que trate sobre la cultura del siglo veinte como tal. Más bien se limita a la tarea preliminar de intentar respon der a la pregunta, “¿Qué dicen las Escrituras?”

Siendo que la teología bíblica es obra de escritores humanos, este volumen naturalmente refleja las preferencias teológicas de sus autores. Esto resulta inevitable en cualquiera obra de esta naturaleza; todo teólogo tiene su punto de vista. Los doctores Westlake T. Purkiser, Richard S. Taylor y Willard H. Taylor, escriben desde la perspectiva general de la fe wesleyana. Son catedráticos de expe riencia con una trayectoria combinada de más de 75 años en el salón de clase, en su mayor parte en el nivel post-graduado. Son eruditos reconocidos cuya autoridad deberá tomarse en cuenta por cualquier ministro o maestro de tradición wesleyana.

Esta es una presentación erudita de la revelación progresiva de Dios y de su propósito redentor según se encuentra en su forma preparatoria en el Antiguo Testamento y en su expresión perfecta en el Nuevo. A medida que usted transite por estas páginas, ha de examinarlo todo, retener lo bueno (1 Ti. 5:21).

Los autores de este tratado de pensamiento bíblico sostienen la doctrina de Juan Wesley de la perfección cristiana y encuentran en las Escrituras una develación progresiva de esta verdad. Para ellos, la obra redentora de Cristo, se expresa en la actividad santi ficadora del Espíritu que purifica el corazón de su inclinación pecadora, lo llena con el amor puro de Dios, y lo restaura a la imagen divina. Esta santidad es tanto gradual como instantánea, personal y social: se transmite al creyente por medio de una fe personal en Cristo y se experimenta en el compañerismo con su Cuerpo. Por lo demás, la perfección cristiana es teleológica: su expresión final espera el retorno de Jesucristo en gloria con la victoria concomitante del reino de Dios. Tal es la visión de los escritores de este estudio.

Me complace recomendar este volumen a ministros, maestros, y estudiantes serios de las Escrituras. Con toda verdad, es una mina de verdad bíblica a la que los pensadores wesleyanos le quedarán agradecidos. No sólo merece un lugar en los anaqueles de su biblio teca; también merece su estudio persistente y cuidadoso al buscar “dividir bien la palabra de verdad.”

-WILLIAM M. GREATHOUSE

Superintendente General

Iglesia del Nazareno

Prefacio

La mayor parte de nuestro siglo ha sido testigo de un notable interés continuo en captar y comprender el mensaje de la Biblia en su totalidad. Cierto que los estudios bíblicos del siglo diez y nueve fueron altamente críticos y en muchos sentidos improductivos en fe, pero los eruditos en el siglo veinte han provisto mayor confianza y totalidad en lo que respecta a sus resultados y esperanzas. Sin duda alguna, este cambio saludable fue producido por una reaserción profunda de la verdad de la revelación especial con su énfasis pri mordial sobre Cristo, la Palabra Viviente, durante las primeras décadas de este siglo. Un concepto elevado de Cristo siempre evoca un deseo fresco de explorar la Palabra escrita con la esperanza de ver más claramente su mensaje del poderoso acto de salvación de Dios en Cristo dentro del marco total del pensamiento y de la historia bíblica. No es de sorprender, entonces, que en años recientes se hayan publicado varias teologías bíblicas excelentes, siendo cada una de ellas un intento de captar el mensaje totalmente universal de la Biblia.

El presente volumen es producto de este movimiento. Si tiene derecho a ser publicado, la razón se encontrará en la entrega de sus autores al concepto arminiano-wesleyano de las Escrituras. Así que el lector descubrirá en sus páginas un esfuerzo honrado a expresar esta posición histórica. Este tratamiento, sin embargo, en ninguna manera pasa por alto los recursos abundantes de erudición existen tes por todo lo largo y ancho de los puntos de vista de esta relación.

Esta es una teología bíblica, no una teología sistemática. En tanto que la teología sistemática desarrolla sus propias bases para obtener un concepto estructurado de la fe, la teología bíblica busca encontrar sus bases directrices en las Escrituras mismas. Procura presentar las afirmaciones de la fe bíblica de acuerdo a cualquier sistema discernible en las Escrituras mismas. La teología bíblica consiste en unir las verdades de proclamación que dan unidad a la Biblia y que constituyen el evangelio.

El tema de salvación evidente a través de este estudio, es el tema central de la Biblia. Dios, obrando en la historia, y más particular y maravillosamente en Cristo, ha provisto un camino de salva ción para toda la humanidad.

Todo esto es obra preliminar para los teólogos sistemáticos. Hay preguntas numerosas que han de hacerse a este material bíblico y los estudiantes sistemáticos capaces lograrán confrontarse con ellas. Harán uso de todo recurso de pensamiento humano para ofrecer respuestas que ampliarán la comprensión del evangelio y de su propia existencia en el mundo por parte de la iglesia.

Además, esperamos que muchos estudiantes de la bendita Palabra de Dios-universitarios, seminaristas, predicadores, laicos y por qué no, también los teólogos-descubran nuevos derroteros que les conduzcan a una renovada exploración de la Biblia.

Al Dr. W. T. Purkiser, miembro del grupo de escritores, le debemos una palabra de agradecimiento por haber servido tan capazmente como nuestro coordinador editorial. El pasó inconta bles horas en correspondencia con nosotros, revisando el manuscrito y preparando la bibliografía así como el índice de asuntos. Expre samos también nuestras sentidas gracias al Dr. J. Fred Parker, editor de libros, por su manejo inteligente de todos los detalles de un volumen de esta magnitud y naturaleza y por las horas de trabajo tedioso en la preparación del manuscrito para su publicación; Además de estas dos personas, recordamos con agradecimiento a los estudiantes y secretarias que ayudaron a revisar las referencias y a escribir en máquina los borradores de varios capítulos.

Que el Dios de toda gracia, quien con todo amor nos proveyó salvación en su Hijo Jesucristo, se digne poner su bendición sobre nuestro esfuerzo en expresar el significado de esta salvación gloriosa.

-WILLIAM H. TAYLOR

Prefacio a la Edición Española

La traducción de Dios, hombre, y salvación es la obra del doctor H. T. Reza, persona ampliamente conocida en los países de habla castellana como predicador del evangelio, erudito, administrador y traductor. Por muchos años fue el director de Publicaciones Inter nacionales.

Publicamos esta obra de teología bíblica con el deseo sincero, y la oración, de que provea una estructura bíblica de teología que capacite al predicador y al maestro a proclamar el evangelio con autoridad, gracias a su conocimiento, al que estas páginas hayan contribuido, de la estructura de la teología de las Escrituras.

Esperamos que esta obra sea usada en muchas aulas para la pre paración de ministros del evangelio

-LOS EDITORES

Introducción

La Naturaleza y Alcance de la Teología Bíblica

Teología, en su más sencilla acepción, es nuestro intento humano a pensar clara y correctamente acerca de Dios. Es el estudio de formas de organizar y comunicar la idea acerca de Dios y del orden creado. No hay mayor desafío para la mente que el reflexionar sobre el significado de la religión y de las Escrituras.

El que la teología con frecuencia parezca abstracta y sin impor tancia, es más bien falta de los teólogos que de la materia misma. La mayoría de las interrogaciones de la vida son básicamente cues tiones teológicas. No hay persona, religiosa o no, que escape la necesidad de confrontar los problemas de la fuente y naturaleza de la realidad y el significado y destino de la vida.

No es posible exagerar la importancia de la teología cristiana. La teología no es opcional con la Iglesia. Es negocio de todo cris tiano. William Hordern escribe: “La iglesia que proclama no tener teología está, de hecho, escondiendo para ella misma las premisas teológicas por las cuales vive y como resultado, falla en ponerlas bajo la luz del escrutinio.”1 Esto resulta en una “teología popular” en que se sostienen ideas contradictorias sin reconocer su incompa tibilidad real. Necesitamos un nuevo descubrimiento de la “teolo gianidad de todos los creyentes.”2 La cura para una teología pobre no es no teología sino una mejor teología. Si la teología ha de cumplir su función adecuada, no más debe considerarse como el monopolio de los expertos.

“El esfuerzo de ser cristianos en la práctica sin saber lo que es el cristianismo siempre fracasa”, dice A. W. Tozer. “El cristiano verdadero debe ser, y de hecho lo es, un teólogo. Debe estar al tanto, al menos, de algo de la riqueza de verdad revelada en las Sagradas Escrituras. Y debe saberlo con suficiente claridad para declarar y defender lo que dice. Y lo que puede declararse y defenderse se llama credo.”3

La siempre presente tarea de la iglesia es interpretar su fe ante el mundo contemporáneo. Para hacerlo, requiere una comprensión de lo que es esencial a la fe así como lo que es incidental. El fracaso en este punto no sólo desnivela la piedad personal; confunde la proclamación del evangelio ante el mundo.

I. LA ESTRUCTURA LÓGICA DE LA TEOLOGÍA

Mas, ¿qué es exactamente teología? El vocablo mismo nos señala su significado. Se deriva de dos vocablos griegos -Theos, “Dios”, y logos, palabra, o “discurso razonado.” Logos es la raíz de donde tomamos la palabra lógica o lógico. La encontramos en el sufijo “-logía”, al nombrar las varias ramas del pensamiento humano. En cada caso, “-logía” significa la aplicación de principios de pensa miento lógico a algún asunto o materia particular.

Por ejemplo, la geología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a hechos observados de geos, o tierra. La antro pología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a hechos observados acerca del anthropos, hombre. La sicología es la aplica ción de principios de pensamiento lógico a las observaciones acerca de la psyche, literalmente el alma, o el yo “del alma.” Sociología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a las observaciones acerca del socius, la sociedad. Y así continúa la lista de varias cien cias a medida que ellas se especializan más y más.

Una tradición clásica habla de la teología como “la Reina de las Ciencias.”4 Usando el término “ciencia” en relación a la teología puede ayudarnos si no la llevamos al extremo. Así como cada una de las ciencias es el resultado de aplicar principios de pensamiento correcto a una materia definida, la teología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a la verdad acerca de Theos, Dios.

A. Hechos e Interpretación

Además de su nombre, hay otro punto de semejanza entre la teología y las varias ciencias. Toda ciencia es el resultado de dos procesos de la mente: observación e interpretación. El aprendizaje principia con la observación. De allí sigue la interpretación, captando relaciones y significados. Después vuelve a más observación para verificar o establecer las relaciones y significados que ha formulado.

La tarea de toda ciencia es buscar aquellos principios, leyes, teorías o hipótesis que unifiquen, integren e interpreten los hechos separados y los fenómenos de su materia particular. Toda área de investigación incluye una gran cantidad de fenómenos separados o discretos, hechos, eventos y objetos. Muchos “hechos” parecen contradictorios. Abunda la paradoja. La tarea del científico consiste en unificar, interpretar y describir este cúmulo de hechos con fre cuencia sorprendentes, en sus modelos coherentes de explanación. El profesor C. A. Coulson, un fisicista teorético, escribe que “la verdad científica significa coherencia en un modelo que se reconoce como significativo y sensible.”5

Hemos mencionado que el pensamiento incluye tanto observa ción como interpretación. Pero estos no son procesos rígidamente separados. A medida que el pensamiento cambia de observación a interpretación, los lógicos nos hablan de “inducción.” Y cuando el pensamiento de interpretación o generalización regresa a la mayor observación, los lógicos hablan de “deducción.” Pero cualquier proceso de búsqueda de la verdad incluye ambos cambios, inducción y deducción. Los hechos se observan, se hace una generalización por inducción; esa generalización se usa como teoría o hipótesis, y sus consecuencias se predicen por deducción. Sólo así puede probarse, ya sea verificándose o revisándose.

Cuando principia la observación, emergen los patrones de relación y significado. Estos patrones o modelos adelantan el estudio tanto en la selección como en la interpretación de datos. Cuando los datos son complejos, pueden sostenerse diferentes teorías por observadores diferentes. Con frecuencia estas teorías se suceden una a la otra, a medida que se prueban primero una y después la otra poniéndolas a un lado. La historia de la ciencia es en su mayor parte la historia de hipótesis revisadas y descartadas. En algunos casos como-por ejemplo, en las teorías de la naturaleza de la luz -ciertas hipótesis conflictivas pueden permanecer lado a lado pues cada una sirve para explicar una porción de los datos.

Como comparación, los hechos de la religión (en que las Escri turas proveen una gran fuente de datos) se unifican e interpretan en la teología. “Teología es la exhibición de los hechos de la Escritura en su orden propio y en su relación con los principios de verdades generales envueltas en los hechos mismos, y que saturan y armonizan el todo.”6 La teología cristiana es “la Iglesia reflexionando, bajo la dirección del Espíritu Santo, sobre la Palabra dada por Dios a ella.”7 “Teología es la ciencia del cristianismo; mucho de lo que erróneamente se llama teología es sólo adivinación sicológica que sólo se puede verificar por la experiencia. La teología cristiana es la exposi ción ordenada de las certidumbres de la revelación.”8

Así como sucede, en menor grado, con otras ciencias que tratan con datos complejos, los hechos de la religión han producido formas diferentes de interpretación. Son estos las “escuelas” o “sistemas” de teología como en el proceso teológico del catolicismo, el lutera nismo, el calvinismo, el arminianismo, y la neoortodoxia. Cada uno de estos modelos, en cierto grado, controla la selección y la interpretación de datos para los adeptos suyos.

B. Objetividad en Teología

Harold O. J. Brown, para mencionar sólo uno, argüía que no se puede considerar propiamente a la teología como una “ciencia.” Brown señala que la ciencia demanda objetividad o imparcialidad de parte de los que la practican. La teología, por el otro lado, debe practicarse por quienes se han entregado a Dios acerca de quien piensan y escriben o por quienes se rebelan contra El.9

Se concede un tanto de verdad a esta posición. Sin embargo, objetividad no necesariamente significa falta de entrega o falta de interés. Significa responsabilidad hacia los datos, la sujeción de la teoría al hecho. En este sentido el teólogo puede ser tan objetivo como el químico o el biólogo. Es aquí donde las palabras de precau ción de Mildred Bangs Wynkoop resultan apropiadas:

La naturaleza quedará oculta del científico que rehúsa ser enseñado por la naturaleza. La naturaleza es, antes que nada, y siempre, el amor que demanda servicio antes de que ella se someta a la voluntad del científico. Este principio tiene validez para la teología y para las Escrituras. Todos nosotros, calvinistas y wesle yanos, hemos de distinguir cuidadosa y honradamente entre la Palabra de Dios y las opiniones e interpretaciones con que la trata mos.10

Aunque se acepta que ninguna teoría es tan segura como los datos en que descansa, es tanto lógica como sicológicamente im posible operar aparte de ciertos principios ordenados de interpreta ción general. Es aquí donde descansa la necesidad de la teología y la importancia de encontrar el mejor cuadro de referencia o modelo de doctrina dentro del cual tratar los hechos de la vida religiosa y las declaraciones de las Escrituras.

II. LAS FUENTES DE TEOLOGÍA

Es posible describir tipos de teología en formas diferentes. H. Orton Wiley divide la “teología en general” en teología cristiana y teología étnica. Subdivide la teología cristiana en Exegética, Histórica, Sistemática y Práctica.11

Una clasificación útil distingue los tipos de teología de acuerdo a sus fuentes de información y al principio que rige el arreglo de sus materiales, como en las siguientes divisiones:

A. Teología Natural

La “teología natural” busca sus datos en la observación de la naturaleza, las tendencias religiosas en la humanidad, y la historia, sicología y sociología de la religión. Depende en la filosofía del teísmo y el uso del razonamiento metafísico para llegar al conoci miento de Dios. Este es generalmente el tipo de teología que se encuentra en la apologética como primer paso importante en las evidencias cristianas. Los preámbulos de la Suma Theologica de Tomás de Aquino, “La Analogía de la Religión, Natural y Revelada, a la Constitución y Curso de la Naturaleza” (The Analogy of Religion, Natural and Revealed, to the Constitution and Course of Nature) del obispo Joseph Butler, y la obra monumental de William Temple “Naturaleza, Hombre y Dios” (Nature, Man, and God) son ejemplos clásicos de teología natural.

No hay teología natural escrita que sea “pura” para quienes han sido nutridos en la tradición cristiana. La influencia de la tradición y de las Escrituras es inescapable. No obstante, al grado en que el razonamiento principia con los datos suplidos por la naturaleza- ya sea naturaleza física o sicológica-y de allí trabaja sin referencia consciente a la Biblia o a los credos históricos, el resultado puede con cierta corrección describirse como teología natural.

El rechazo neoortodoxo de la teología natural es bien conocido. La teología natural generalmente se convierte en humanismo. Su Dios, excepto por su poder, bien pudiera ser creado a la imagen del hombre. Su función es de preparación. En el mejor de los casos puede servir como “ayo” para dirigir la mente hacia Cristo. En el peor de los casos bien puede ser una piedra de tropiezo en aceptar una teología revelacional correcta.

B. Teología Sistemática

Un segundo tipo importante de teología es la teología sistemática o dogmática. Este es el tipo conocido más bien con el término gené rico de teología. Sus fuentes de información incluyen las Escrituras, los grandes credos de la iglesia, las observaciones de la vida religiosa y de las instituciones dentro del marco de la iglesia, y la sicología de la experiencia cristiana y de la adoración.

Los sistemas dominantes de la teología en el cristianismo han sido o sistemáticos o dogmáticos. El catolicismo, el luteranismo, el calvinismo y el arminianismo son sistemas históricos que pro vienen de una variedad de fuentes accesibles. Cada uno de estos sistemas apela a las Escrituras como su fuente primaria de informa ción. Pero cada sistema acepta también información en varias formas y énfasis de los credos, las tradiciones y la vida y experiencia de la iglesia.

C. Teología Bíblica

La teología bíblica es el tercer tipo mayor de formulación teológica. En un sentido amplio, toda teología que sinceramente intenta ser fiel al contenido de las Escrituras, puede llamarse “bíblica.”

Sin embargo, recientemente ha aparecido un vocablo más espe cializado para teología bíblica. Este es un esfuerzo serio por descu brir de primera mano lo que los escritores bíblicos querían decir con lo que expresaron-en contraste con lo que se ha dado por hecho que ellos quisieron decir. La teología bíblica en este sentido se enfoca más exclusivamente sobre la información que dan las Escri turas-los eventos, declaraciones y enseñanzas mencionados en la Biblia.

La Biblia en sí no es teología, aunque provee materiales sobre los cuales puede formarse la teología. La teología es la respuesta de la Iglesia a la revelación dada en las Escrituras. Esta revelación se da por medio del relato histórico, las expresiones proféticas y apos tólicas, por la devoción y oración descritas en la poesía y el salmo, por la meditación sobre la vida como en los escritos de la Sabiduría por el oráculo (palabras directas y atribuidas a Dios) y supremacía en la vida, enseñanzas y muerte expiatoria y resurrección de Jesu cristo.

Muchas declaraciones en la Biblia, de hecho, representan afir maciones teológicas de primera clase. La reflexión de los salmistas y profetas sobre la historia de Israel, las enseñanzas de Jesús y los escritos didácticos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento son verdadera teología; son ejemplos de las primeras fases esenciales en la generalización. La teología bíblica toma éstos como su infor mación-los “hechos” con los que opera-así como la información desde el marco histórico en que se relacionan.

La tarea de la teología bíblica, como Geoffrey W. Bromiley la condensa, consiste en “interpretar las expresiones detalladas y libros de la Biblia basándose en su propio trasfondo y presuposi ciones antes que en los que provienen de otras fuentes.”12 La ejecu ción de esta tarea requiere estudios cuidadosos de términos que son fundamentales a la exégesis teológica de las Escrituras. También se requiere un sentido de contexto histórico y la significación de historia por teología. Una de las ventajas más reales y prácticas de la teología bíblica ha sido un nuevo reconocimiento de la unidad de las Escrituras dentro de su conocida diversidad. El contexto indis pensable de todo narrativo y aserción Escritural es toda la Biblia misma.

Así pues, la teología bíblica es el intento de presentar sistemá ticamente las afirmaciones de la fe en la Biblia. Su sistema no es el de teología “sistemática” sino el que resulta de una revelación en desarrollo en la Biblia. Procura seguir los modelos de significado inherentes en las Escrituras mismas.

Myron S. Augsburger nos recuerda que la “teología bíblica como disciplina se sitúa entre lo sistemático y lo exegético.”13 No sustituye a la teología sistemática, pero es una preparación para ella. “Procura reunir el contenido de la revelación en forma bíblica.”14 La exégesis está interesada en descubrir la verdad de la revelación bíblica en sus partes. La teología sistemática intenta reunir el con tenido de la revelación y presentarla en forma lógica. “La teología bíblica se ubica entre ambas procurando relatar las partes bíblicas en tal forma que vayan de acuerdo con el contenido total de la expresión bíblica.”15

Chester Lehman compara también la teología bíblica con la sistemática: “La teología bíblica examina el proceso de la develación de la Palabra de Dios al hombre. Está interesada en el modo, el proceso, el progreso y el contenido de la revelación divina. La teología sistemática, por el otro lado, ve el total de la revelación de Dios, busca sistematizar estas enseñanzas, y dar una presentación lógica de ellas en forma doctrinal.”16

D. La Teología Bíblica Es Básica

Se da por hecho que hay una interacción entre los tipos principales de teología. No obstante, la teología bíblica tiene una reclamación correcta a la primacía en los círculos evangélicos. Virtualmente, todas las organizaciones protestantes afirman que la Biblia es su única Regla de fe y práctica. La teología bíblica es un intento a tomar seriamente esta afirmación-sostener credos, instituciones y sistemas de interpretación hasta lo último como fuente de verdad en las Escrituras.

Robert C. Dentan ha identificado dos valores de la teología bíblica en relación a la teología sistemática:

1. La teología bíblica “provee los materiales básicos para la teología sistemática.” Aunque la teología sistemática agrega a su caudal, materiales de información tomados de la teología natural, de los credos cristianos y de la historia de la experiencia cristiana, debe hallar, aun así, su fuente primaria en la Biblia si es que ha de llamarse verdaderamente teología cristiana. La mejor manera de conseguir la información bíblica es por el estudio comprehensivo de las dos ideas religiosas del Antiguo y Nuevo Testamentos, antes que buscando el sostener ideas de otras fuentes por las citas de textos de prueba bíblica específicos.

2. La teología bíblica “provee una norma para la teología sis temática… por la cual pueden juzgarse los desarrollos teológicos posteriores.” La teología bíblica puede servir como punto de contacto por el cual pueden evaluarse las formulaciones de la teología sistemática. La teología, cortada de sus raíces bíblicas, siempre tiende a convertirse en subjetiva y en criatura antes que en el crítico de sus tiempos.17

Edmond Jacob escribió: “Si [la dogmática] desea permanecer cristiana siempre, tendrá que hacer nuevas evaluaciones de sus de claraciones comparándolas con la información bíblica esencial, la elucidación de la cual es precisamente tarea de la teología bíblica, ella misma basada en una exégesis bien fundada.”18 Supliendo su material primo y definiendo los límites de la teología sistemática, la teología bíblica ayuda a preservar la dogmática de “caer en un subjetivismo en que el poder esencial se sacrifique en favor de lo secundario.”19

Esta necesidad se ha reconocido por mucho tiempo. Antes del desarrollo del “movimiento de la teología bíblica” de nuestro día, Olin A. Curtis buscó una “legítima teología bíblica” como base para la teología sistemática. Dijo, “Quiero decir algo más allá de las obras fragmentarias que con frecuencia se publican con el nombre de teología bíblica. Toda la Biblia debe ser captada filosóficamente como una unidad cristiana que se manifieste en variedad. Cuando esto se haga, habrá un centro para la Biblia; y sin duda este centro es la muerte de nuestro Señor.”20

III. VARIEDADES Y TENDENCIAS EN LA TEOLOGÍA BÍBLICA

El término teología bíblica se ha usado en un sentido amplio para describir cualquiera formulación teológica que recalque las Escritu ras como su mayor Fuente de información. Tal uso ocurre primero en la mitad del siglo diez y siete en la “Teología Sistemática” de Calovio.21 En los siglos diez y siete y diez y ocho el término teología bíblica se usó principalmente en Alemania para describir obras que sostienen a la vez que critican la ortodoxia tradicional. El siglo diez y nueve, también, de manera particular en Alemania, fue testigo del desarrollo de la escuela Religionsgeschichte en que la teología bíblica, especialmente del Antiguo Testamento, se convirtió en un estudio de la historia de la religión de Israel.

A. En Énfasis Teológico

La tensión entre los intereses históricos y teológicos continuó hasta el siglo veinte y todavía no se ha resuelto completamente. A medida que se pone énfasis en teología de la teología bíblica, la disciplina tiende a conformarse a la definición de la teología del An tiguo Testamento que hace Dentan: “Aquella disciplina teológica cristiana que trata de las ideas religiosas del Antiguo Testamento sistemáticamente, i.e., no desde el punto de vista del desarrollo histórico, sino del que tiene que ver con la unidad estructural de la religión del Antiguo Testamento y que rinde pleitesía debida a la relación histórica e ideológica de esa religión a la religión del Nue vo Testamento.”22

El resultado es una estructuración del material de modelo después de las divisiones tradicionales de la teología sistemática: Dios, hombre, pecado y salvación. Además de Dentan, tal arreglo de materiales o una modificación de ellos recibe el apoyo de Otto J. Baab, Millar Burrows, A. B. Davidson, Albert Gelin, Gustav Oehler, J. Barton Payne, Hermann Schultz, C. Ryder Smith y Norman Snaith.

B. El Énfasis Bíblico

Por el otro lado, cuando se pone énfasis en lo bíblico de teología bíblica, el resultado es un conglomerado de materiales que buscan exponer la verdad acerca de Dios, el hombre y la redención en una serie de eventos históricos o “momentos” interpretados profética mente. Se pone un énfasis fuerte en el desarrollo histórico. Repre sentantes de esta tendencia en teología del Antiguo Testamento son Walter Eichrodt, Edmond Jacob, Ludwig Kohler, Edmund Clowney, H. H. Rowley, J. N. Schofield, George Ernest Wright, Gerhard von Rad; y en el Nuevo Testamento, Archibald Hunter.

Escritores en ambos grupos han intentado resolver la tensión entre el tratamiento bíblico y el teológico, mas sin ningún éxito conspicuo. O se sacrifica la unidad lógica, o se hace a un lado el conglomerado básico histórico de materiales en las Escrituras mismas. Todo intento por resolver la tensión resultará en un com promiso que para algunos no será permanentemente satisfactorio. La teología bíblica siempre debe luchar por ser bíblica y teológica.

C. Características de la Teología Bíblica

La teología bíblica, obviamente, no se puede definir fácilmente. Es la aplicación de principios de pensamiento lógico, tanto inductivo como deductivo, a las declaraciones, hechos, datos y eventos de las Escrituras considerados en su contexto histórico para fines de desa rrollar modelos comprehensivos de interpretación.

Brevard S. Childs, quien crítica acremente los progresos hasta hoy de la teología bíblica, da una lista de cinco características principales de la disciplina:

1. Está marcada por el redescubrimiento de la dimensión teológica en la Biblia. En esto, es una reacción contra una macera ción analítica excesiva de las Escrituras. Los estudios bíblicos han tenido la tendencia de ser más y más técnicos, interesados más y más en las abstracciones y en nimiedades espiritualmente estériles. La floresta se perdió entre los árboles, el mensaje se perdió entre la mecánica de su transmisión. La teología bíblica procura captar el mensaje de toda la Biblia a la vez que reconocer la iluminación que pueda derivarse de la exégesis gramatical o la mecánica de la erudi ción textual.

2. Hay un énfasis en la “unidad dentro de la diversidad” que se encuentra en la Biblia entera. Esto se aplica tanto a la unidad de cada uno de los Testamentos mayores y la verdad común que une los dos Testamentos en un solo Libro.

3. La revelación de Dios se sitúa en su contexto histórico. En sus fases iniciales, la revelación es verídica, pero incompleta. Sus fases posteriores presuponen las primeras.

4. Hay un reconocimiento creciente del punto de vista mundial bíblico o hebreo de las Escrituras, para diferenciarlo del punto de vista mundial helenista o griego.

5. Hay un reconocimiento de lo distintivo de la Biblia-su contraste con su medio ambiente.23

Childs dice al comentar sobre la escena presente en los estudios bíblicos: “El peligro es agudo de que las disciplinas bíblicas sean fragmentadas otra vez. Se necesita una disciplina que intente retener y desarrollar un cuadro del todo y que sea responsable de sintetizar así como de analizar.”24

IV. LA HISTORIA EN LA TEOLOGÍA BÍBLICA

Dos de las características de la teología bíblica mencionadas por Childs merecen consideración adicional. Una es el sentido fuerte del contexto histórico de la revelación en las Escrituras. G. Ernest Wright prueba su punto así:

La Biblia, a diferencia de otra literatura religiosa del mundo, no está centrada en una serie de enseñanzas moral, espiritual y litúrgica, sino en la historia de un pueblo que vivió en un determi nado tiempo y lugar. El hombre bíblico aprendió a confesar su fe diciendo la historia de lo que le había pasado a su pueblo y viendo dentro de todo ello la mano de Dios. La fe bíblica es el conoci miento del significado de la vida a la luz de lo que Dios hizo un marco histórico particular. Así que la Biblia no puede entenderse a menos de que la historia que relata se tome en serio. El conoci­miento de la historia bíblica es esencial a la comprensión de la fe bíblica.25

El teólogo bíblico toma muy en cuenta que en las Escrituras hebreas, los libros que se conocen como “Los Primeros Profetas” (Josué a Ester) son de hecho históricos en su contenido. Hay también importantes secciones históricas en la ley (nuestro Penta teuco) y en “los profetas posteriores” (a los que llamamos profetas menores y profetas mayores). Dios habla a su pueblo por medio de la historia. En la Biblia, historia es, en un sentido muy literal, “su relato.” Lo que fue real en la Encarnación-”El Verbo hecho carne” -se simbolizó en el “encarnamiento” de la Palabra de Dios en los eventos históricos concretos del Antiguo Testamento.

Edmund Clowney arguye que las divisiones de la teología bíblica deben ser los períodos históricos de redención-Creación, la Caída, el Diluvio, el llamamiento de Abraham, el Exodo y la venida de Cristo. Declara: “La comprensión más fructífera de la teología bíblica es la que reconoce tanto el carácter histórico y progresivo de la revelación como la unidad del consejo divino que declara. Su interés no es exclusivamente teológico porque entonces la historia del proceso revelatorio sería comparativamente incidental. Ni tam poco su interés es exclusivamente histórico.”26

La teología bíblica es la interpretación de los actos poderosos de Dios de castigo y salvación, preparando al Señor Jesucristo para su muerte, resurrección y exaltación y culminando en estas experien cias-tal como se entiende en el contexto histórico de la comunidad redentora o pacto de la comunidad.

Es importante notar que la historia sola no es revelación. Es historia como la interpretaron los profetas y apóstoles cuyas pala bras son “inspiradas por Dios” (2 Ti. 3:16) lo que hace que Dios sea conocido al hombre. Dios, como Kenneth Kantzer incisivamente escribió, no es un “sordomudo” actuando su papel, mas sin poder hablar.27 El actúa y habla, y parte de su palabra es a través de la interpretación de la historia sagrada por hombres inspirados. “Los sucesos históricos y su interpretación, la obra y la Palabra de Dios como su comentario, constituyen el evento bíblico.”28

V. LA UNIDAD DE LA BIBLIA

Una segunda característica que necesita tratamiento adicional es la convicción creciente de que la Biblia es un Libro-que exhibe unidad dentro de su diversidad. La Biblia es legítimamente, la Palabra, no muchas palabras.29 C. Ryder Smith escribe:

En la última porción del siglo pasado, y en la primera parte de éste, los estudiantes de la teología bíblica tendían a concentrarse en la doctrina de cada nuevo escritor o clase de escritores dentro de la Biblia misma. En ese tiempo esto era de valor a la vez que deseable. Sin embargo, pronto llevó hacia un énfasis sobre las diferencias en la Biblia misma antes que sobre la unidad de la ense ñanza bíblica. Más recientemente se ha reconocido que la teología bíblica es una unidad orgánica, principiando, aunque imperfecta mente, en el Antiguo Testamento, y alcanzando su totalidad com pleta en el Nuevo.30

Robert Dentan agrega: “Para La fe cristiana, la conexión del Antiguo Testamento con el Nuevo, es integral y orgánica, de manera que los dos juntos forman una unidad indisoluble, siendo el uno el complemento necesario y cumplimiento del otro.”31

Se sobreentiende que existe una continuidad y una discontinui dad entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos. El estudio de este problema de la relación entre los Testamentos ha sido intenso, especialmente, como hemos hecho notar, desde la resurgencia de la teología bíblica.

Las rúbricas de promesa y cumplimiento de la salvación, pare cen ofrecer la mejor solución a la cuestión de continuidad: el Anti guo es promesa; el Nuevo es cumplimiento. Nunca podemos divor ciar el Nuevo del Antiguo. La tragedia de tal acto se ve claramente en el intento de Marciano en la segunda centuria (ca. A.D. 140) quien rechazó totalmente el Antiguo Testamento y aun aseguró que sólo 10 epístolas de Pablo (rechazando las pastorales) y un mutilado evangelio de Lucas eran aceptables para instruir en la senda cristiana.

Lo incompleto de la revelación primera en el Antiguo Testa mento no constituye un error. Preparación y cumplimiento son distintos, pero no opuestos. “Cumplir” no es contradecir. Cuando Jesús usó la fórmula, “Oísteis que fue dicho… mas yo os digo,” hablaba en sentido de ensanchar y profundizar, no de revocar o negar. “Para el niño el principio y fin de la aritmética es que dos y dos son cuatro. El matemático ve más allá de eso, pero dos y dos son cuatro también para él con la misma validez incondicional como lo es para el niño.”32

Hay dos errores posibles respecto a la relación del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Uno es la herejía de Marciano que acabamos de mencionar: el separar tan completamente los dos como situarlos en oposición mutua. El otro es el de leer el Nuevo Testamento como si fuera tan completamente el Antiguo Testamento, hasta oscurecer la progresión de la revelación a través de toda la Biblia y aun la autoridad final de Cristo. Hermann Schultz pronto captó la relación esencial del Antiguo Testamento y del Nuevo cuando escribió:

Resulta perfectamente claro que nadie puede exponer la teología del Nuevo Testamento sin un conocimiento completo de la teología del Antiguo Testamento. Pero no es menos verdad que quien no comprende completamente la teología del Nuevo Testa mento, no puede menos que captar solo una vista unilateral de la teología del Antiguo Testamento. Quien no conoce el destino, fallará en comprender las curvas del camino. Para quien no ha visto el fruto, mucho de lo que es pétalo y botón será sólo un crucigrama.33

“El Antiguo Testamento,” escribió A. B. Davidson, “debe leerse por nosotros a la luz del fin, y… al enmarcar la teología del Antiguo Testamento hemos de tener en mente el Nuevo Testamento que lo completa.”34

Emil Brunner usa dos veces una analogía brillante para ilustrar la unidad de las Escrituras: “El Antiguo Testamento se relaciona al Nuevo Testamento como el principio de una frase a su fin. Sólo toda la frase, con principio y fin, hace sentido.”35 “Así como una frase tiene muchas palabras, pero sólo un significado, la revelación de Dios en la Escritura, en el Antiguo y el Nuevo Testamentos, en la ley y en el evangelio, tiene un significado: Jesucristo. tartamu deando o con claridad, todos los libros de la Biblia deletrean este nombre: por un lado nos instruyen prospectivamente; por el otro, retrospectivamente, en este hecho significativo de la encarnación.”36

Se ha notado más claramente en recientes estudios bíblicos que el Nuevo Testamento no ha de leerse como un libro helénico resul tado de una filosofía y cultura griega clásica. Su lenguaje es el griego, pero su punto de vista es hebreo. Norman Snaith escribió: “El Antiguo Testamento es el fundamento del Nuevo. El mensaje del Nuevo Testamento es de tradición hebrea en contraposición a la tradición griega. Nuestros tutores hacia Cristo son Moisés y los Profetas, no Platón ni las academias.”37

Un importante documento titulado, “Principios Guiadores para la Interpretación de la Biblia” (Guiding Principles for the Interpreia tion of the Bible) se formuló por una conferencia de estudio ecumé nica en Oxford en 1949. Dos estudios se relacionan con la unidad de la Biblia:

Se acuerda que el centro y meta de toda la Biblia es Jesucristo. Esto da a los dos Testamentos una perspectiva en que se ve a Jesucristo como el cumplimiento y el fin de la ley…

Se acuerda que la unidad del Antiguo y del Nuevo Testamen tos no ha de encontrarse en algún desarrollo naturalístico, o en alguna identidad estática, sino en la continua actividad redentora de Dios en la historia de un pueblo, alcanzando su cumplimiento en Cristo.

Por tanto, es de importancia decisiva para el método herme néutico, interpretar el Antiguo Testamento a la luz de la revelación total en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, de donde origina la fe trinitaria total de la Iglesia.38

En forma similar, Ryder Smith hace notar que los escritores del

Nuevo Testamento dan por hecho que sus lectores interpretan sus palabras en el sentido contemporáneo, y sólo el estudio del Antiguo Testamento revela esto. Como quiera que sea, los capítulos del Antiguo Testamento sólo preparan el camino para la discusión del Nuevo Testamento y su enseñanza. Para los cristianos esto es final.39

La unidad de la Biblia puede verse en una variedad de formas. El concepto de Dios-Yahweh del Antiguo Testamento como el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo en el Nuevo-es una base de unidad. La relación entre preparación y cumplimiento es otra. “El pacto”-el nuevo y el viejo-es el concepto unificador. La Biblia toda es el contexto dentro del cual ha de entenderse cada parte. Hay una unidad de tema al través de la Biblia: Dios y el hom bre en la salvación. El Antiguo Testamento debe verse “sobre la base hacia la que llevó, así como aquélla de donde provino.”40 El signifi cado de la Carta Magna no queda exhausto en un estudio de Juan el rey, “como no ha de hallarse el significado total de la invención de la rueda en el primer vehículo primitivo en que se usó.”41 Así como las ideas e inventos tienen significado más allá de la intención inmediata de sus creadores, “las ideas espirituales dadas a los hombres por conducto de los líderes de Israel, y que fueron entronadas en el Antiguo Testamento, tenían una vida que se extendió hasta el Nuevo Testamento y hasta el judaísmo post bíblico.”42

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1New Directions in Theology Today (Filadelfia: The Westminster Press, 1966), 1:138.

2lbid.

3That Incredible Christian (Harrisburg, Pa.: Christian Publications, Inc., 1964), pp. 22-23.

4Véase H. Orton Wiley, Christian Theology (Kansas City: Beacon Hill Press, 1940), 1:14-15.

5C. A. Coulson, Science and Christian Belief (Chapel Hill, N. C.: The University of North Carolina Press, 1955), p. 49. Cf.: William G. Pollard, Science and Faith: Twin Mysteries (Nueva York: Thomas Nelson, Inc., 1970) para una descripción científica de desarrollo de hipótesis.

6Charles Hodge; citado por H. Orton Wiley en Christian Theology, 1:15.

7John Huxtable, The Bible Says (Naperville, Ill.: SCM Book Club, 1962), p. 112.

8Oswald Chambers, He Shall Glorify Me: Talks on the Holy Spirit and Other Themes (Londres: Simpkin Marshall, Ltd., 1949 reimpresión), p. 146.

9Harold O. J. Brown, The Protest of a Troubled Protestant (New Rochelle, N. Y.: Arlington House, 1969), pp. 15-28. Cf. Stephen Neill, The Interpretation of the New Testament, 1861-1961 (Nueva York: Oxford University Press, 1964), p. 337.

10Mildred Bangs Wynkoop. Bases teológicas de Arminio y Wesley (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1972), p. 89.

11Christian Theology, 1:24.

12″Biblical Theology”, Baker’s Dictionary of Theology. Everett F. Harrison, ed. (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1960), p. 95.

13Chester K. Lehman, “Introduction”, Biblical Theology (Scottdale, Pa.: Herald Press, 1971), p. 11. (Introducción escrita por Augsburger).

14Ibid.

15Ibid.

16Ibid., p. 37.

17Robert C. Dentan, Preface to Old Testament Theology (Nueva York: The Seabury Press, 1963 edición revisada), pp. 102-103.

18Edmond Jacob, Theology of the Old Testament (Nueva York: Harper and Brothers, 1958), p. 31.

19Ibid.

20The Christian Faith (Nueva York: Methodist Book Concern, 1903), p. 185.

21Dentan, Preface ¡o OT Theology, p. 15.

22Ibid.. pp. 94-95.

23Biblical Theology in Crisis (Filadelfia: The Westminster Press, 1970), pp. 32-50.

24Ibid., p. 92. Cf. también con Gerhard F. Hasel, Old Testament Theology: Basic Issues in the Current Debate (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1972).

25Biblical Archaeology, edición abreviada (Filadelfia: The Westminster Press, 1960), p. ix.

26Preaching and Biblical Theology (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1961), pp. 16-17.

27Bibliotheca Sacra, vol. 115, núm. 459 (Julio de 1958), p. 225.

28G. Ernest Wright, The Old Testament and Theology (Nueva York: Harper and Row, Publishers, 1969), p. 44.

29Truman B. Douglass, Preaching and the New Reformation (Nueva York: Harper and Brothers, 1956), p. 32.

30C. Ryder Smith, The Bible Doctrine of Man (Londres: The Epworth Press, 1951), p. ix.

31Preface to OT Theology. p. 99.

32Ludwig Kohler, Old Testament Theology. Traducido por A. S. Todd (Fila delfia: The Westminster Press, 1957), p. 64.

33Hermann Schultz, Old Testament Theology. Traducido por J. A. Paterson (Edimburgo: T. and T. Clark, 1909), 1:59. Cf. Dentan, Preface to OT Theology. pp. 55-56.

34The Theology of the Old Testament (Edimburgo: T. and T. Clark, l904),p. 10.

35Die Unentbehrlichkeit des Alten Testamentes fuer die missionierende Kirche, citado por G. Ernest Wright en Gerald H. Anderson, ed., The Theology of the Christian Mission (Nueva York: McGraw-Hill Book Co., Inc., 1961), p. 26.

36Philosophy of Religion, p. 76; citado por Paul King Jewett, “Emil Brunner’s Doctrine of Scripture”, Inspiration and Interpretation, ed. John F. Walvoord (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 16.

37The Distinctive Ideas of the Old Testament (Filadelfia: The Westminster Press, 1946), p. 204.

38Biblical Authority for Today, ed. Alan Richardson y W. Schweitzer (Filadelfia: The Westminster Press, 1951), p. 241.

39The Bible Doctrine of Sin (Londres: The Epworth Press, 1953), p. 7.

40H. H. Rowley, The Unity of the Bible (Filadelfia: The Westminster Press, 1953), p. 7.

41Ibid.

42Ibid

PRIMERA PARTE

FUNDAMENTOS

DEL

ANTIGUO

TESTAMENTO

1

La Teología del Antiguo Testamento y la Revelación Divina

En parte al menos, el papel de la teología del Antiguo Testamento en el pensamiento cristiano ya ha principiado a aparecer. Es nece sario revisarlo y reiterarlo y examinar toda la idea de la revelación de Dios tal como aparece en el Antiguo Testamento. La teología del Antiguo Testamento es un fundamento esencial para la teología bí blica como un todo.

I. EL ALCANCE DE LA TEOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

La teología del Antiguo Testamento es un esfuerzo en exponer sistemáticamente las principales verdades acerca de Dios y el hom bre en redención, tal como se develan en los 39 libros desde Génesis hasta Malaquías. “La teología del Antiguo Testamento, si hemos de ser guiados por la Biblia en nuestra definición, no es nada más ni nada menos que el estudio de Dios en la revelación que El hace de sí mismo en la historia de la redención.”1

La tarea de la teología del Antiguo Testamento es la de “definir las fases características del mensaje del Antiguo Testamento.”2 Por cuanto es teología, pueden hacerse a un lado muchas cosas que pertenecen al estudio de la religión de Israel. Th. C. Vriezen escribe:

La teología del Antiguo Testamento busca particularmente el elemento de revelación en el mensaje del Antiguo Testamento; debe operar, por tanto, con normas teológicas, y debe rendir su propia evaluación del mensaje del Antiguo Testamento sobre la base de su punto de partida teológico cristiano. Así que, como parte de la teología cristiana, la teología del Antiguo Testamento en el sentido completo de la palabra, nos da una idea del mensaje del Antiguo Testamento y un criterio de este mensaje desde el punto de vista de la fe cristiana.3

Robert Dentan detalla lo que él llama “El Alcance de la Teología del Antiguo Testamento.”4 Se establecen dos limitaciones de im portancia:

1. La teología del Antiguo Testamento debe versar solamente sobre los libros canónicos del Antiguo Testamento. La literatura intertestamental, tanto la apócrifa como la pseudepigráfica, es más bien parte de la teología del Nuevo Testamento si no es que se han de relegar a un estudio especial.

2. La teología del Antiguo Testamento debe tratar solamente con las ideas religiosas del Antiguo Testamento distintivas y carac terísticas. Esta limitación excluiría información arqueológica como tal, e interés primario por la historia o las instituciones. La preocu pación de la teología del Antiguo Testamento debe ser la religión normativa del Antiguo Testamento, no la “teología popular” o las ideas religiosas populares de los tiempos. Debería incluir todos los elementos principales de la religión hebrea normativa, incluyendo los elementos sacerdotales y sabiduría así como los elementos pro féticos. Debe dar consideración a principios éticos, en vista de que la ética y la religión están indisolublemente ligadas en el Antiguo Testamento. Debe incluir también la discusión de la piedad hebrea- la expresión práctica de la teología en la vida.

Dentan concluye:

Aunque las ideas religiosas del Antiguo Testamento en su mayor parte, no aparecen en forma teológica, hay una teología en el Antiguo Testamento en el sentido de un complejo estructural de ideas que dependen lógicamente de la idea central de Dios, y ha sido la tarea histórica de la teología del Antiguo Testamento, explorar esa estructura de pensamiento y exponerla.5

A. La Unidad de Pensamiento del Antiguo Testamento

A causa de que las tendencias prevalentes en la erudición del Antiguo Testamento, en la última parte del siglo diez y nueve y en los princi pios del veinte, recalcaban las diferencias que han de encontrarse en el nivel sucesivo de los documentos bíblicos, es de mayor importancia reconocer la unidad básica de esta porción de las Escrituras. Hay una unidad obvia en la continuidad histórica. El Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta Malaquías, relata la historia de un pueblo. La ley, la sabiduría, la poesía y la profecía, todas en cuentran su lugar dentro de un marco histórico. Amos N. Wilder nota: “El tema característico de esta teología bíblica es que Dios se ha revelado a sí mismo en una serie de episodios históricamente relacionados, señalando todos ellos hacia su propósito final para la humanidad aunque al principio sólo opera con un pueblo par ticular.”6

Más importante que la continuidad histórica es la unidad uni versal y comprensión de Dios y del hombre que satura el Antiguo Testamento. Walter Eichrodt, por ejemplo, sostiene que la religión del Antiguo Testamento, a pesar de todos los cambios a través de 16 siglos de historia cubiertos en cierto detalle, era todavía una unidad auto-contenida de tendencia y tipo básico constante. Escribe:

El veredicto contra una presentación sistemática de la tota lidad de la fe de Israel perderá de la misma manera su carácter riguroso, si la variedad de los testimonios del Antiguo Testamento, que deben por supuesto considerarse cuidadosamente en su lugar, se interpreta no como una descontinuidad del proceso revelatorio, sino como resultado de observar una realidad compleja desde varios ángulos en formas que en principio concuerdan una con otra. De hecho no hay razón legítima por la que se nos prohíba buscar un acuerdo interno en estos testimonios de fe que hemos analizado tan cuidadosamente; y en este acuerdo, a pesar de sus grandes diferenciaciones y tensiones internas, emergen ciertas fases básicas comunes que, combinadas, constituyen un sistema de creencia que es unitario en su estructura esencial y orientación fundamental, a la vez que único en la historia de las religiones.7

Se ha reconocido que hay una “teología” de A y de B, de C y de D-refiriéndose a las llamadas “fuentes” literarias sobre que se basa el Antiguo Testamento y en especialidad el Pentateuco. Pero tal como Norman Snaith ha demostrado, lo que ahora es importante es la “teología del ABCD,” el resultado de los procesos involucra dos en la formación del canon del Antiguo Testamento.8 Las “fuen tes” se unieron porque pertenecen la una a la otra.

La teología del Antiguo Testamento presupone el Antiguo Testamento como es. Cómo es que ha llegado a ser así, es la interro gación legítima de la crítica histórica. El distinguir entre el Torah, la literatura poética, y de la sabiduría, y los Profetas no implica diferentes teologías. Cuando más, tenemos énfasis que difieren y fases de desarrollo de una teología que es la teología del todo. La teología del Antiguo Testamento principia con algo “dado”-las Escrituras del pueblo hebreo. Los escritos, tales como los tenemos, son escritos dentro de un contexto, no producciones sin relación alguna. Ese contexto siempre debe tomarse en cuenta.

B. El Tema Central

Se ha sugerido un número de principios unificadores diferentes como la llave para la fe del Antiguo Testamento. Eichrodt ha argüido en favor del concepto del pacto como el principio unificador. Hermann Schultz y más recientemente John Bright,9 han escogido el reino de Dios como el tema unificador. Ludwig Kohler encuentra la unidad del Antiguo Testamento en el concepto de Dios como “Señor” (Adon). Otros han sugerido la elección, el Éxodo, o la historia de salvación como temas unificadores. Ninguno de éstos han tenido un éxito notable cuando se ha hecho el intento de activarlos a través de toda la literatura.10

La idea central del Antiguo Testamento es de veras, la idea de Dios en toda su riqueza y profundidad. Pero el objeto del interés de Dios, el hombre, viene a flote inmediatamente-con la salvación, o redención como el propósito del pacto y del reino de Dios.

Dios y el hombre, en su relación redentiva, es el tema del Antiguo Testamento que se extiende hasta y a través del Nuevo.

II. LOS VALORES DE LA TEOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

En vista de que el Antiguo Testamento, según se admite, es prepa ratorio y proyectado hacia el Nuevo Testamento, ¿por qué es la preocupación especial con la teología del Antiguo Testamento un interés necesario? ¿En qué sentido es el Antiguo Testamento funda mental para la teología bíblica?

Muchas de las consideraciones dadas en la discusión de la unidad de la Biblia en el capítulo 1 se aplican aquí:

1. La teología del Antiguo Testamento es un fundamento sobre el que se edifica la teología del Nuevo Testamento. Cada Testamento tiene su énfasis característico. El énfasis del Antiguo Testamento es sobre la santidad de Dios. El énfasis del Nuevo Testamento es sobre el amor de Dios. Pero el Dios de la Biblia es, usando la feliz frase que Peter Forsyth usó y más tarde William Temple y H. Orton Wiley, el Dios del amor santo. Esto no es aceptar la tesis de Mar ciano de que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios de amor y gracia, y que el Dios del Antiguo Testamento es meramente un Dios de ira y de justicia. Pero tal como Dentan lo expresó: “Es cierto que el Nuevo Testamento pone énfasis especial en los más benignos atributos de Dios, pero ellos mismos, de por sí, no constituyen una doctrina de Dios, y entresacados de su marco del Antiguo Testa mento, pueden llevar a un sentimentalismo teológico.”11

2. El Antiguo Testamento agrega algunas ideas distintivas a todo el campo de la teología cristiana. Incluye descripciones de la obra de Dios en la creación, su soberanía en la providencia y en la historia, las fuentes de la inclinación del hombre hacia el mal y a la destrucción propia, el reino de Dios y los principales esquemas de la piedad. “En casos en que el Nuevo Testamento nada dice sobre ciertos asuntos, se da por hecho que la enseñanza del Antiguo Testamento es válida todavía. Jesús no vino a destruir, sino a cumplir la ley y los profetas, y parece obvio que uno no puede esperar el comprender a Jesús o a sus primeros intérpretes a menos de que pueda uno primero entender la ley y los profetas.”12

3. La teología del Antiguo Testamento presenta nítidamente el carácter experiencial de todo pensamiento genuino acerca de Dios. Ayuda a mantener la teología equilibrada y sobre base segura. Es una teología de experiencia que resulta de los tratos de Dios con su pueblo-una teología que puede entenderse completamente sólo si se capta en fe y obediencia. La verdad se expresa en ejemplos concretos mucho más que en abstracciones. Peter Forsyth escribió, “lo trivial de tanta teología existente, antigua y reciente, es que ha sido desnudada de la oración y preparada en un vacío.”13

4. Dentan ofrece un provechoso sumario y conclusión bajo el título: “Valor Presente de la Disciplina.” Recalca cuatro puntos:

a. La teología del Antiguo Testamento puede ayudar en “com batir los desafortunados efectos de una indebida fragmentación de estudios bíblicos y ayudará a restaurar el sentido de unidad del Antiguo Testamento y de todas las Escrituras que se ha perdido por causa de un énfasis exagerado sobre los pequeños detalles de exége sis y sobre la fuente y forma del criticismo.”14 El mensaje y signifi cado de la Biblia como un todo, se pierde cuando sólo se estudian unos pasajes favoritos.

b. La teología del Antiguo Testamento puede ayudar a “restau rar el equilibrio perdido por la secularización creciente de los estu dios bíblicos.” Esto ha tenido la “tendencia a poner el mayor énfasis en los aspectos lingüista, arqueológico e histórico-cultural de la ciencia del Antiguo Testamento.” Por el otro lado, una teología sana del Antiguo Testamento “buscará llamar la atención del mundo erudito a lo que es central en el Antiguo Testamento y que por sí solo justifica la cantidad de tiempo y energía gastados en estudiarlo, viz., su concepto universal religioso.”15

c. El estudio de la teología del Antiguo Testamento puede ayudar a “restaurar un sentido para los valores que se han perdido en la teología moderna liberal cristiana, particularmente en relación con su tendencia a desplazar su naturaleza y sentimentalizar el carácter de Dios y poner un valor exagerado sobre la bondad y perfectabilidad del hombre.”16

d. La teología del Antiguo Testamento puede “corregir los excesos de ciertas teologías ‘biblicistas’ contemporáneas.” Dichos sistemas “se aferran a aspectos particulares de la religión del Antiguo Testamento tales como la Ira de Dios, la Idea de Castigo, y la Naturaleza Caída del Hombre y aislándolos de su contexto mayor, de hecho dan una impresión falsa del carácter del Dios del Antiguo Testamento y de los sentimientos característicos de la piedad he brea.”17 La teología del Antiguo Testamento puede estar de acuerdo con todos los elementos válidos de la fe de Israel y “así ayudar a mantener un equilibrio adecuado en el pensamiento teológico mo derno a medida que éste, con todo derecho, busca renovar su vita lidad extrayendo más profundamente de los manantiales de la religión bíblica.”18

III. LA REVELACIÓN QUE DIOS HACE DE SÍ MISMO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Es un axioma en el Antiguo Testamento que Dios se da a conocer a sí mismo a ciertos hombres escogidos en el contexto de su historia. Esta es una verdad jamás disputada. Se acepta como un hecho fundamental.

La revelación de sí mismo de Dios en las Escrituras se describe con el vocablo general revelación. “Revelación implica, para el Antiguo Testamento, los medios que Dios usa para hacer posible el conocimiento de Dios por los humanos. Por él mismo, el hombre no tiene un conocimiento de Dios: todo conocimiento de esa clase debe concedérsele a él por Dios, debe dársele a conocer. Esta comunica ción o notificación en la que Dios es autor se llama revelación.”19

El descubrimiento que Dios hace de sí mismo en el Antiguo Testamento no es, antes que nada, en declaraciones abstractas acerca de El. Es, primero que nada, el encuentro directo de Persona a persona. James G. S. S. Thomson ha escrito: “La revelación es un encuentro personal con el Dios viviente. En realidad, la revelación en el Antiguo Testamento debe comprenderse en términos de comu nión; comunión entre Dios quien está dándose a conocer existencialmente, y el hombre, a quien se le concede el descubrimiento que Dios hace de El mismo.”20

Aun más, es siempre Dios el que toma la iniciativa en tal en cuentro. No espera que el hombre lo busque. El primer encuentro divino-humano después de que el pecado entró al Jardín del Edén fue el llamado de Dios a Adán, “¿Dónde estás tú?” (Gn. 3:9). El Señor apareció a Abraham en tiempos y en formas completamente inesperadas (Gn. 12:1, 7). El dio a conocer su nombre y naturaleza a Moisés (Ex. 6:3). “El hecho de que Dios tenga compañerismo con el hombre se debe a su voluntad libre y a que es su primera y funda mental obra.”21 En un párrafo elocuente, Edward J. Young escribe:

No tratamos aquí con grupos de hebreos ignorantes y supers ticiosos que buscan a Dios, por si acaso lo encuentran. Tratamos aquí con lo que Dios mismo habló a estos hebreos. Ellos eran ignorantes; vivían en tinieblas; estaban bajo esclavitud. Pero eran recipientes de la luz. Para ellos, la Palabra de Dios vino despejando la oscuridad y destruyendo la ignorancia. No más tenían que ser como las naciones que los rodeaban, pues eran un pueblo peculiar. Podían saber la verdad acerca de Dios y acerca de su relación con El, pues a ellos se les habían confiado los oráculos mismos de Dios.22

Esta verdad se condensa en el título del libro de Abraham Heschel: “Dios, en Búsqueda del Hombre” (God in Search of Man). “Toda historia humana descrita en la Biblia puede condensarse en una frase, Dios en Búsqueda del Hombre,” dice Heschel.23 Lo que Dios dijo de sí mismo es verdad respecto a Dios desde el principio: “El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había per dido” (Lc. 19:10).

IV. MODOS DE LA REVELACION

Dios se reveló a sí mismo en varias formas. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas” (He. 1:1). El relato de esta revelación se encuentra en los escritos que juntos se conocen como las Escrituras. Los libros de la Biblia son ellos mismos inspirados y la fuente de verdad autoritativa acerca de Dios y de sus propósitos para el hombre.

A. En la Creación

Dios se revela a sí mismo en la creación (Sal. 19:1; 102:25; Am. 5:8).

Levantad en alto vuestros ojos,

y mirad quién creó estas cosas;

El saca y cuenta su ejército;

y a todas llama por sus nombres;

Ninguna faltará;

tal es la grandeza de su fuerza,

Y el poder de su dominio.

¿Por qué dices, oh Jacob.

y hablas tú, Israel:

Mi camino está escondido de Jehová,

y de mi Dios pasó mi juicio?

¿No has sabido, no has oído

que el Dios eterno es Jehová

El cual creó los confines de la tierra?

No desfallece ni se fatiga con cansancio,

y su entendimiento no hay quien lo alcance (Is. 40:26-28).

Que los cielos declaran la gloria de Dios no ha de entenderse como una forma del “argumento cosmológico”-el razonar desde la existencia del mundo hasta la existencia del Creador. Es más bien que en la naturaleza vemos la maravilla y el poder majestuoso de Dios que en otra forma se nos ha dado a conocer. No que Dios sea, sino cuán grande Dios es, lo que constituye el testimonio de la naturaleza. Como Thomson hace notar:

No que el Antiguo Testamento enseñe que por la naturaleza el hombre descubra a un Dios desconocido, sino más bien que el hombre ve más claramente al Dios que ya él conoce. En el Antiguo Testamento es el Dios de la revelación quien se ve en la naturaleza. El salmista ya conoce a Dios por sus actos redentores en la historia, pero en la naturaleza ve algo más de la gloria de Dios, al grado que está compelido a exclamar: “¡Oh, Dios, nuestro Dios, cuán excelente es tu nombre en toda la tierra!’24

B. Por sus Actos Poderosos en la Historia

Dios se revela a sí mismo en sus obras, particularmente en la his toria de su pueblo: “Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos” (Ex. 7:5; ver 16:6; 18:11; 1 R. 18:27-39; Is.45:3;Jer. 16:21; Mi. 6:5). No es un accidente que 14 de los 39 libros del Anti guo Testamento sean libros de historia-y a este número deben agregarse Jonás y Rut. En los libros proféticos, en Lamentaciones y en un buen número de Salmos, la historia es un tema de significado. Es el canon hebreo, los libros que describimos como históricos se conocen como “Los Primeros Profetas.” “El Antiguo Testamento sabe sólo acerca de un Dios que está activo en la historia.”25 Eric Sauer escribe:

La historia del mundo son los andamios para la historia de salva ción. No sólo tiene la revelación una historia, sino que la historia es una revelación. No es sólo una ‘obra’ sino una ‘palabra’ estimu lante de Dios. Es una velada develación que Dios hace de El mismo, quien a la vez que se revela, permanece al mismo tiempo un ‘Dios escondido,’ el ‘deus absconditus’ (el Dios escondido de Lutero). Es una esfera de poder, gracia y juicio del Dios de los mundos como gobernante de las naciones.26

C. Visiones

Dios se revela a sí mismo en visiones y apariciones visuales tanto a hombres como a mujeres. El Antiguo Testamento, como el Nuevo, sabe que “a Dios nadie lo ha visto” (Jn. 1:18; 5:37; Ex. 33:20). No obstante, hay ocasiones cuando, como a Moisés en el desierto de Sinaí, Dios permite una experiencia visual de su presencia: “Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Héme aquí” (Ex. 3:2-4; ver también Gn. 16:7-14; 18:1-22; Jos. 5:13-16; Jud. 2:1-5; Is. 6:1-8; Ez. 44:1-2). El ángel que aparece se identifica con el Dios que habla.

Tales apariciones divinas se conocen como “teofanías,” acomodando la naturaleza del Dios invisible a las limitaciones y necesidades de la experiencia humana. No hay un solo tipo de aparición. Carac terísticamente, se nos dice cómo principia la visión, pero no cómo termina. Pero cuando la visión ha cesado, el mensaje permanece- como cuando Isaías oyó la palabra del Señor diciendo “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (6:8).

D. Por los Profetas y su Mensaje

Una forma principal de revelación divina en el Antiguo Testamento es por medio de los profetas y el mensaje que ellos dan en nombre de Dios. Esto se reconoce específicamente en Hebreos 1:1-2, “Hace mucho tiempo Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, pero la revelación que les dio fue fragmentaria y variada. Mas ahora, cuando el tiempo tal como lo conocemos está por terminar, ha hablado a uno cuya relación para con él mismo es de Hijo, el Hijo en cuya posesión entregó todas las cosas, y por cuya agencia él creó el presente mundo y el mundo venidero.”27

La introducción característica al mensaje del profeta es, “Así dice el Señor.” La mayoría de los “oráculos” en la literatura profé tica-esto es, aquellos pasajes en primera persona en que Dios habla verbatim a través de los labios del profeta-terminan con la fórmula “dice el Señor” (e.g. Am. 1:3-5, 6-8, 13-15; 2:1-3, etc.).

Lo que los profetas hablaron, siempre se le llama la palabra del Señor. Nunca es una palabra de Dios o palabras de Dios. La expresión “la palabra del Señor” (o “de Dios”) ocurre cerca de 400 veces en el Antiguo Testamento.28 Que Dios hable así al hombre, es testimonio adicional a la relación personal directa entre Dios y el hombre. Es por medio de palabras que los sentimientos más profun dos del corazón de uno pueden hallar eco en otro. Para el hombre bíblico más que el hombre típico moderno, las palabras estaban saturadas de poder.29 Dabar (“palabra”) significa el acto de Dios así como su palabra.

Por tanto, la revelación es “Proposicional” (por medio de pala bras) así como histórica (por medio de acciones). Consiste en afirmaciones así como en actos. Decir, “Revelación no es comunica ción sino comunión” es expresar una falsa desunidad. La comu nión entre personas siempre incluye comunicación, y el contenido de la comunicación se expresa en palabras.30

E. Por la Ley

Relacionada con la Palabra de Dios por medio de los Profetas es su revelación por medio de la ley. Las “leyes” del Antiguo Testamento se clasifican en varias formas, pero la mayor clasificación consiste en leyes con contenido moral (de las cuales el Decálogo es el mejor ejemplo), y las leyes para la reglamentación del culto y su adoración. “En la ley de Dios se revela a sí mismo decisivamente. El oír del hombre o no oír de esta revelación es cuestión de vida o muerte.”31

Fue acerca de la ley que Moisés dijo, “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar” (Dt. 30:19-20).

F. Por Símbolos Designados

En adición a otras formas, Dios se da a conocer por medio de símbolos especialmente designados de su presencia y poder con su pueblo-el Tabernáculo y más tarde el Templo, con sus altares, el arca del pacto, y la estructura del santuario. Aunque en forma in directa, estas representaciones fueron fuentes importantes de cono cimiento acerca de lo divino.32

G. En las Escrituras como un Todo

Todas las religiones principales tienen sus escrituras, sus colecciones de escritos sagrados. Pero ninguna fe está más profundamente fun dada en el canon de escrituras inspiradas como lo es la fe de Israel. Aunque la doctrina bíblica total de la inspiración de las Escrituras se expresa en el Nuevo Testamento, tiene un fundamento en los escritos mismos del Antiguo Testamento.

El Antiguo Testamento habla de “este libro de la ley” (Dt. 29:21; 30:10; 31:26; Jos. 1:8); el “libro de esta ley” (Dt. 28:61); “el libro de la ley de Moisés” (Jos. 8:3 1; 23:6; 2 R. 14:6); “el libro de la ley” (Jos. 8:34); y “el libro de Moisés” (2 Cr. 25:4) en vocablos que reconocen su autoridad completa.

“El libro de la ley del Señor” (2 Cr. 17:9) se usó en el tiempo de Josafat para enseñar al pueblo. El rollo descubierto en el templo por Hilcías el sacerdote, se describe como “el libro de la ley” (2 R. 22:8, 11), “el libro del pacto” (2 R. 23:2, 21; 2 Cr. 34:30), “el libro de la ley de Jehová dada por Moisés” (2 Cr. 34:14), y “el libro de Moisés” (2 Cr. 35:12). Cuando su identidad se reconocía, su auto ridad era incuestionable.

Esdras habla del “libro de Moisés” (6:18). “El libro de la ley de Moisés” y “el libro de la ley de Dios” se usan en pasajes paralelos en Nehemías 8:1, 3, 8, 18; 9:3. Nehemías 13:1 identifica Deuterono mio 23:3-5 como procediendo del “libro de Moisés.” “La ley de Moisés” se menciona en 1 Reyes 2:3 y en Daniel 9:13. En cada caso se da por hecho la responsabilidad de la conducta humana a la voluntad expresa de Dios.

La palabra de Dios no sólo fue hablada por los profetas, sino que también fue escrita (Ex. 34:27; Dt. 31:19; Is. 8:1-2; Jer. 30:2; 36:2, 17, 28; Hab. 2:2) para preservarse como anal permanente “en un libro.” Fue un evento histórico-la victoria sobre los amalecitas -lo que ocasionó la primera mención de que se escribiera como “un memorial” para el futuro (Ex. 17:14; ver Dt. 17:18; 31:24; 1 S. 10:25; 1 Cr. 29:29; Neh. 8:5). Las frecuentes referencias por todo el Antiguo Testamento a los mandamientos, el pacto, la ley, los juicios o preceptos del Señor, demuestran con claridad que éstos eran conocidos en una forma relativamente permanente (Sal. 19:7-11; 119).

V. REVELACIÓN EN FORMA PROGRESIVA

La revelación de Dios en el Antiguo Testamento no fue dada toda a la vez. Fue progresiva en carácter. Esto no quiere decir que las fases iniciales de la revelación dejaran de ser verídicas. Significa que eran incompletas. Dios agregó a la suma de conocimiento acerca de él mismo, según la mente y la madurez del hombre podían comprenderla.

Un ejemplo de la naturaleza progresiva de la revelación se nota en Exodo 6:3-”Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre (o en el significado de mi nombre) JEHOVA no me di a conocer a ellos.” El mismo Dios que guió a los patriarcas más tarde, agregó importantes verdades acerca de sí mismo en su aparición ante Moisés. El punto culminante de la autorevelación divina descansa en más allá de lo que el Antiguo Testamento incluye. Se encuentra en Cristo (He. 1:1-4-pasaje que da validez y que se mueve más allá del Antiguo Testamento).

Pero aunque las fases iniciales de la revelación eran incomple tas, no dejaban de ser importantes. La tabla de multiplicación no es la totalidad de las matemáticas, pero las matemáticas nunca dejan de usar la tabla de multiplicación. El principio de una frase no es toda la frase; pero sí es esencial al significado del todo.

Aunque la autocomunicación divina tal como se pergeñó en las Escrituras, estaba acondicionada históricamente, sirve en el presente como medio por el cual Dios todavía confronta al hombre en juicio y redención. John Marsh tocó una auténtica nota cuando dijo:

Lo que necesita clarificarse es que la Biblia, como un archivo de eventos del pasado, funciona ahora bajo la iluminación del Espíritu, como los eventos funcionaron en ese entonces, como los medios designados por los que los hombres se encuentran con el siempre vivo Dios. El se imparte de sí mismo a nosotros hoy día, por medio de lo que ha hecho en el pasado, y esto eleva tanto el pasado como el presente fuera de los confines de una mera tempo ralidad y sucesión, poniéndolos en una relación vital respecto a Dios quien mora en la eternidad.33

VI. REVELACIÓN COMO ENCUENTRO

Los primeros capítulos del Génesis dan por sentado que el conoci miento de Dios viene a través de un encuentro con Dios.

A. El Significado del Conocimiento

El término hebreo yada, “conocer,” no significa conocimiento por medio del raciocinio. Es más bien un conocimiento por la experien cia directa. Yada es la palabra usada para describir la relación más íntima en la vida humana (Gn. 4:1, 17, 25, passim). En relación al conocimiento de Dios, es confrontando su amor o su ira en los eventos concretos de la vida. Conocer a Dios en un sentido verdadero es tener compañerismo con El. Es conocerlo por “medio de un contacto con” El, antes que “conocer acerca de El.”34

“El Dios de la Biblia,” como Pascal hizo notar, “no es el Dios de los filósofos, sino el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que se revela a sí mismo en la historia como Salvador, cuya presen cia se experimenta por toda una línea de personas privilegiadas y místicos.”35

Por tanto, hay un contraste definido entre lo que el “conoci miento” significa para el que vive en el occidente en la tradición griega, y lo que se quiso decir para el hombre bíblico. Para la mente occidental, el conocimiento resulta del análisis, explicación de causas y condiciones y relación del objeto de cognición con todo el campo de las ideas aceptadas. Para el hombre bíblico, conocimiento es “vivir en relación estrecha con Algo o alguien: causando esta rela­ción lo que se llama comunión… Cuando Pedro niega a Cristo y dice, ‘No conozco al tal hombre’ niega que haya habido una relación entre él y Cristo.”36

El conocimiento de Dios en un marco bíblico, no se interesa en teorías acerca de la naturaleza de Dios. No es ontológico, sino existencial-”vida en una relación verdadera con Dios.”37 Es un conocimiento que resulta de hacer la voluntad de Dios. Un cierto pasaje de William Temple, que se cita con frecuencia, expresa esta verdad:

En la tradición hebreo-cristiana, Dios se revela como amor santo y justicia, demandando rectitud en la vida. La verdadera aceptación de esta revelación no es sólo un asentimiento intelectual: es sumisión de la voluntad. Y ésta debe ser sumisión a la revelación tal como se recibe personalmente, no sólo a lo que otro escribió. Toda revelación de Dios es una demanda, y la manera de tener un conocimiento de Dios es por medio de la obediencia. Es imposible tener un conocimiento de Dios en la misma forma que tenemos cono cimiento de las cosas, porque Dios no es una cosa. Sólo podemos conocer a una persona por la comunión directa del intercurso sincero; y Dios es personal. Pero además de esto, es Creador, de manera que la comunión del hombre con Dios es comunión de criatura con Crea dor; es adoración en obediencia, de otra manera no existe.38

No obstante, el conocimiento de Dios por el hombre del Antiguo Testamento puede adjudicarse sólo con una medida de humildad. Alan Richardson ha notado que “la mente hebrea no compartía el optimismo de los griegos del período clásico respecto a la posibilidad del conocimiento del hombre de una realidad última.”39 Los filósofos griegos, quienes aseguraban que el valor más alto del hombre era conocer, creían que era posible que el hombre comprendiera cogni­tivamente lo que constituye la realidad última o el ser último. Los hebreos, por el otro lado, rechazaban la contemplación intelectual como medio para “conocer” el ser último. Continuamente declara ban que la obediencia a los mandamientos revelados de Dios hace posible el conocimiento de Dios. Este énfasis, por tanto, pesa sobre la acción obediente antes que sobre una visión mística o especula ción filosófica, sobre reciprocidad antes que sobre reflexión, sobre “oír” antes que sobre “ver.”40

De entre todos los hombres de su tiempo, los profetas estaban más interesados en el conocimiento de Dios. Su interés no era académico, sino moral y religioso. En las situaciones dadas de sus vidas, discernieron que su pueblo no poseía un conocimiento real de Dios. Así es como Isaías declara en palabras descriptivas sin paralelo, “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Is. 1:3).

Usando las dificultades de su propio matrimonio para simboli zar la condición trágica espiritual de Israel, Oseas concluye que “no hay… conocimiento de Dios en la tierra” (4:1). Hablando en nombre de Yahweh, el mismo profeta escribe, “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (6:6).

Al contemplar el futuro hacia una nueva edad y al estableci miento de un nuevo pacto, Jeremías profetiza: “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová” (Jer. 31:34; ver Is. 11:9; 33:6).

Obviamente, como notamos de los contextos de entre los cuales se han entresacado estos pasajes, existe una relación entre la obe diencia y conocimiento. Si el pueblo obedece los mandamientos de Yahweh, ellos lo “conocerán.” Estas conclusión aparece con clari dad excepcional en las palabras de Jeremías: “¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien? El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová” (22:15b-16). Richardson con cluye: “El conocimiento de Dios es una hebra de cuatro partes que une la obediencia a la voluntad de Dios, adoración de su nombre, la justicia social y la prosperidad nacional; per contra, la ignorancia de Dios deletrea desobediencia, idolatría, injusticia social y desastre nacional.”41

Los estudios etimológicos deben usarse con cuidado cuando se trata de autenticar puntos de vista en temas bíblicos.42 Pero aun después de mucho análisis cuidadoso y evaluación, un estudio del término hebreo yada (“conocer”) sostiene el punto de vista de que el conocimiento de Dios para el escritor hebreo no es contem plativo ni especulativo. Yada significa el conocimiento de relación entre personas antes que conocimiento de análisis lógico o razona miento.

Tal como hemos visto, este verbo se emplea para denotar el acto sexual entre esposo y esposa, como en este caso de Génesis 4:1: “Conoció [yada] Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín.”43 La intimidad del acto sexual permite “el conocer más activo y satisfactorio que existe” en la relación marital.

Por tanto, cuando el escritor hebreo se refiere al “conocimiento de Dios”, habla del conocimiento en un sentido especial. No está hablando de un conocimiento de la esencia enternal de Dios. Más bien, es un “conocimiento de su reclamación, sea que esté presente en mandamientos directos o que esté contenida en su gobierno. En esa forma es un reconocimiento respetuoso y obediente del poder, gracia y demanda de Dios. Esto quiere decir que el conocimiento no se considera en términos de posesión de información. Se posee sola mente en su ejercicio o actualización.”44

El escritor hebreo habla del conocer que viene cuando Dios entra a una relación personal con Israel en tal forma que demuestra su amor y misericordia. En un encuentro tal, nace y se nutre la confian za en Dios como el Señor soberano, resultando la adoración hacia El como el verdadero y único Dios. Richardson comenta: “Desobede cer a Dios es rehusar entrar en la relación que El tan misericordiosa mente ha hecho posible, de aquí que signifique quedar ignorante respecto a El.”45 Esencialmente, el conocimiento de Dios para el hebreo constituye su redención personal, punto hacia el cual volveremos después.

B. Las Limitaciones del Conocimiento

No se da por hecho ni se presume que el conocimiento de Dios en el Antiguo Testamento sea completo o perfecto. Hay un equilibrio muy delicado entre seguridad y reticencia. Aun en la autorevelación íntima de Dios, hay un sentido de misterio acerca de lo Divino. La adoración combina el conocimiento de Dios con el temor santo en la presencia de la santidad indescriptible y de la luz (Ex. 33:13-23).

Las limitaciones en el conocimiento que el hombre tiene de Dios se deben tanto a los límites necesarios de todo conocimiento humano como a la grandeza de Dios. Dios es demasiado grande para conte nerse en las mentes de los seres humanos finitos. La pregunta retórica de Zophar condensa el punto de vista del Antiguo Testamento en este punto: “¿Descubrirás los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfec ción del Todopoderoso?” (Job 11:7). Y Job mismo dice que toda naturaleza revela que “estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?” (Job 26:8-14). Su entendimiento no se puede medir y Dios mismo dice, “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamien tos” (Is. 55:9; ver 45:15, 28; Sal. 139:6; 145:3).

No obstante, el Antiguo Testamento nunca se rinde ante el tipo de agnosticismo que asegura que por cuanto no podemos saber o conocer no hay nada qué conocer acerca de Dios y que por cuanto lo finito no puede conceptuar lo infinito, no podemos estar seguros de que sabemos o conocemos algo. El Infinito tiene maneras de darse a conocer a sus criaturas en tal forma y medida como ellos necesitan conocerlo. De otra manera no sería infinito.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1Edward J. Young, The Study of Old Testament Theology Today (Nueva York: Fleming H. Revell Co., 1959), p. 3.

2Th C. Vriezen, An Outline of Old Testament Theology (Boston: Charles T. Branford Co., 1958), p. 132.

3Ibid., original en cursiva.

4Preface to OT Theology, p. 105.

5Ibid., p. 108.

6Otherworldliness and the New Testament (Nueva York: Harper and Brothers, 1954), p. 53.

7Theology of the Old Testament. traducido por J. A. Baker (Filadelfia: The Westminster Press, 1961), 1:5 17.

8Snaith, Distinctive Ideas, p. 112 nota de pie.

9The Kingdom of God: The Biblical Concept and Its Meaning for the Church (Nueva York: Abingdon Press, 1953).

10Cf. la investigación de Dentan, Preface to OT Theology. pp. 117-120; Gerhard F. Hasel, OT Theology: Basic issues, pp. 49-63.

11Preface to OT Theology, pp. 99-l00.

12Ibid., p. 99.

13The Cure of Souls: An Anthology of P. T Forsyth’s Practical Writings, ed. Harry Escott (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1971), p. 25.

14Preface to OT Theology, p. 123; original en cursiva.

15Ibid., pp. 123-124; original en cursiva.

16Ibid p. 124; original en cursiva.

17Ibid.; original en cursiva.

18Ibid., p. 125.

19Kohler, OT Theology, p. 99; original en cursiva.

20James G. S. S. Thomson, The Old Testament View of Revelation (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1960), p. 9.

21Kohler, OT Theology, p. 59.

22OT Theology Today, p. 85.

23Abraham Heschel, God in Search of Man (Nueva York: Farrar,Straus, 1955), p. 136.

24OT View of Revelation, pp. 25-26.

25Kohler, OT Theology, p. 92.

26The Dawn of World Redemption. traducido por G. H. Lang, prólogo por F. F. Bruce (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1952), p. 94; original en cursiva.

27William Barclay, The New Testament: a New Translation. 2. vols., “The Letters and the Revelation” (Londres: Collins, 1969), 2:173.

28Ibid., p. 245, n.; Thomson, OT View of Revelation, p. 57.

29Vriezen, Outline of OT Theology, p. 253.

30Clowney, Preaching and Biblical Theology, pp. 26-27.

31Kohler, OT Theology. p. 110; original en cursiva.

32Ibid., p. 120 ss.

33The Fulness of Time, p. 9; citado por Theodore R. Clark, Saved by His Life: A Study of the New Testament Doctrine of Reconciliation and Salvation (Nueva York: The Macmillan Co., 1959), pp. 129-130.

34Schultz, OT Theology. 2:100-102; A. B. Davidson, Theology of the OT. pp. 30-36, 73-82; y Jacob, Theology of the OT, pp. 37-38.

35Citado por Albert Gelin, The Key Concepts of the Old Testament, traducido por George Lamb (Nueva York: Sheed and Ward, 1955), p. 16.

36Ibid p. l29.

37Nature, Man and God (Londres: Macmillan, Ltd., primera edición, 1934), p. 354.

38Ibid.; cursiva en el original.

39An Introduction to the Theology of the New Testament (Nueva York: Harper and Brothers, Publishers, l958), p. 39.

40Ibid.

41Ibid.

42Cf. James Barr, The Semantics of Biblical Language, (Oxford: University Press, 1961), pp. 158-59.

43Cf. Génesis 4:17, 25; Números 31:18, 35; Jueces 21:12; et al.

44Rudolf Bultmann, “ginosko, et al.”, Theological Dictionary of the New Testament, ed. Gerhard Kittel (Grand Rapids: Mich.: William B. Eerdmans Publish ing Co., 1964), 1:698; de aquí en adelante se cita como TDNT.

43Theology of the NT. pp. 40-41.

copiado de http://wesley.nnu.edu/espanol/DIOS_HOMBRE_Y_SALVACION/LIBRO_I.htm

La existencia de Dios y el Respeto a su persona Parte 2

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Natalie Carley – Antropologia Teologica

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Institución de la religión cristiana de Juan Calvino Tomo 2

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Institucion de la religion cristiana de Juan Calvino tomo I

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La Ley

La Ley

Autor: Paulo Arieu

Administrador del blog www.lasteologias.wordpress.com

  • Mat 5:17 BLS “No crean que vine a quitar la ley ni a decir que la enseñanza de los profetas ya no vale. Al contrario: vine a darles su verdadero valor. (Jesús)
  • «Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos» (1 Jn. 5:3).

¿Cómo sería la vida si no hubiera leyes? Sería divertido, ¿verdad? Nadie te diría a qué velocidad podrías manejar sobre la carretera – podrías ir a la velocidad que quisieras. No habría que pagar impuestos cada año. No tendrías que cuidarte de la policía, porque – ¡no habría policía! Suena como un paraíso.

Vamos a reflexionar un poco más. Si no hubiera leyes para mí, tampoco los habría para los demás. Eso significa que, si alguien quisiera meterse a mi casa a robar, nadie se lo estorbaría. Cualquier persona que se enojara conmigo, aunque fuera por la razón más insignificante, podría matarme – y nadie le diría nada. Si fuera víctima de un asalto, no podría llamar a la policía – ¡no habría policía!

De repente ya no suena tan bonita la idea. En realidad, para que los seres humanos podamos vivir en sociedad, tiene que haber leyes. Las leyes nos protegen y nos permiten vivir libremente.

Es por eso que una de las primeras cosas que hizo Dios después de liberar a su pueblo de la esclavitud en Egipto fue darles su ley. Era un regalo de su revelación, las normas para que su pueblo pudiera vivir en armonía y de una forma agradable a El.

  • “19:1 En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí. 19:2 Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte. 19:3 Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: 19:4 Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. 19:5 Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 19:6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. 19:7 Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. 19:8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.” (Ex. 19:1-8 RV 1960)

Inmediatamente antes del año 1900, un artista suizo llamado Paul Robert, pintó por encargo un gran mural en el edificio del Tribunal Supremo de Suiza, que se titulaba  “La Justicia instruye a los jueces”.

Robert, que era cristiano, plasmó en su pintura toda una teoría sociológica. En el primer plano del mural el artista describe diversas clases de litigio: las esposas contra los esposos, los arquitectos contra los constructores, los comerciantes contra los artesanos, etc.

Por encima de ellos están los jueces que deben juzgar entre ellos. Y por encima de todos ellos aparece La Justicia, sin venda en los ojos y la espada apuntando hacia a un libro rotulado con estas palabras: “La Ley de Dios”.

La tesis es muy obvia: la justicia no consiste en promedios y estadísticas, necesita una base inconmovible, un marco de referencia objetivo para los imperativos morales y éticos.

Más aún, necesita un Legislador que tenga derecho pleno sobre todos los hombres. Como bien señala John Locke: “Sin la noción de un legislador, es imposible tener la noción de una ley y una obligación de observarla”.  http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2009/06/la-justicia-instruye-los-jueces.html

Pero no debemos confundir la Ley(Torah) con la Ley primaria o Ley moral escrita en los corazones de los seres humanos.No comprender esto se presta a confusión. Podemos convertir la gracia de nuestro Dios en legalismo al confundir los mandamientos del Señor con los simbolos de la fe.

La Ley  (Torah) es la expresión escrita en tablas de la voluntad de Dios, de la Ley de Dios que fue implantada en los corazones de la humanidad al momento de ser creados a imagen y semejanza de Dios.

Según el Talmud (Makkoth Tractatus 23 ter), Deut. 33:04 dice que Moisés transmitió la “Torah” de Dios al pueblo judío:

“Moisés nos ordenó la Torah como una herencia para la comunidad de Jacob”. [0]

Chafer explica que

“Dios le dio a Moisés la ley que era para gobernar su relación con el pueblo de Israel… La ley mosaica era un pacto condicional e incorporaba el principio de que si Israel era obediente, Dios les bendeciría, pero si Israel era desobediente, Dios les maldeciría y les disciplinaría. Esto es destacado especialmente en Deuteronomio 28. Aunque ya se había anticipado que Israel fracasaría, Dios prometió que Él no abandonaría a su pueblo (Jer. 30:11). El pacto mosaico también fue temporal y terminaría en la cruz de Cristo. Aunque contenía elementos de gracia, era básicamente un pacto de obras.” Lewis Sperry Chafer, Grandes Temas Bíblicos , pag. 164-165 ed. CLIE

Moisés, obra de José
de Ribera

La Ley o también Ley de Moisés es la Torah. Comprende la totalidad del Pacto que Dios hizo con Moisés y está revelada en los libros de Éxodo, Números, Deuteronomio, Levítico del Pentateuco. Las diez palabras o diez mandamientos constituyen la introducción al pacto.

Cuando aquel grupo de hombres y mujeres hebreos salieron del país donde estaban esclavos en Egipto,  eran un puñado de personas sin orden alguno. Es así que en su peregrinar una de las primeras paradas tiene que ver con la organización de esta masa de gentes. Organización que se desarrollaría en  áreas como la moral, civil  y ceremonial  de esta nueva nación, Israel. A estas leyes, con el paso del tiempo, se le fueron sumando las interpretaciones y tanto unas como otras regían la vida de esta nación aún en tiempos de Jesús.

Lo interesante aquí es que las leyes y preceptos originales,  principalmente los ceremoniales,  perseguían un objetivo más elevado que simplemente ser normativas de la vida diaria. Este objetivo es el que muchos contemporáneos de Jesús no pudieron entender.

Habiendo estado en cautiverio y en un entorno idolátrico, Israel a partir de entonces iba a ser un pueblo totalmente devoto de Dios. Por un acto sin precedentes en la historia en la historia, ni repetido desde entonces, quedó repentinamente cambiado desde una situación desde esclavitud a la de una nación libre e independiente. Allí en el Sinaí, sobre la base de su liberación, Dios hizo un pacto  por el que sería una nación sagrada.

Para abordar este estudio trataremos de aclarar lo que significa la ley en la Biblia, porque hay quien cree que cuando la Biblia habla de la Ley se refiere, mayormente, al Decálogo o los diez mandamientos dados por Dios a Moisés en el monte Sinaí.

Dios dio a Israel, junto con los diez mandamientos, leyes para su gobierno, leyes higiénicas y de alimentación, leyes ceremoniales o rituales que se referían a los sacrificios de animales en el culto del santuario terrenal, y que prefiguraban el sacrificio de Cristo como Cordero de Dios, etc.

Israel fue instruido para preparar tres días para el establecimiento de esta alianza. A través de Moisés, Dios reveló el Decálogo, otras leyes e instrucciones para la observación de fiestas sagradas. Bajo el liderazgo de Aarón, dos de sus hijos y setenta mayores, el pueblo adoró a Dios con ofrendas de fuego y de paz. Tras de que Moisés hubo leído el libro de la alianza, ellos respondieron aceptando sus términos. La aspersión de la sangre sobre el altar y sobre el pueblo selló el acuerdo. Israel tuvo la seguridad de que sería llevado a la tierra de Canaán a su debido tiempo. La condición del pacto era obediencia. Los miembros individuales de la nación podían perder sus derechos a la alianza por la desobediencia. Sobre las llanuras de Moab, Moisés condujo a los israelitas a un público acto de renovación de todo aquello antes de su muerte.

Dios entregó a Moisés la primera copia del decálogo en el monte Sinaí. Moisés rompió aquellas tablas de piedra sobre las cuales fueron escritos los diez mandamientos por el dedo de Dios, cuando comprobó que su pueblo estaba rindiéndole culto al becerro de oro fundido. Tras de que Israel fuese debidamente castigado, pero salvado de la aniquilación mediante la plegaria intercesora de Moisés, Dios le ordenó que le proporcionase dos tablas de piedra (Deut. 10:2,4). Sobre tales tablas, Dios escribió una vez mas el decálogo.
Aquellas tablas fueron mas tarde colocadas en el Arca del Pacto.

Históricamente, «la ley fue dada por Moisés», escribió el apóstol Juan en Jn. cap. 1:17.

Pero la Biblia nos dice también que la LEY fue dada a Moisés por ángeles.

·“Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos.” Hch. 7:38

  • Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución”. Heb. 2:2

Héctor Leites, teólogo uruguayo nos dice al respecto que

“Los judíos le daban mucha importancia a los ángeles,y una de las razones es que ellos creían que la ley en el monte Sinaí fue entregada por un ángel muy especial, que le dio a Moisés toda la información de los mandamientos” [1]

La opinión de H. Leites es que

“el escritor de Hebreos no quiere poner énfasis y decir que la ley fue dada por ángeles, solo quiere decir que la palabra dada por Cristo tiene mas valor y requiere mas cuidado y atención, para no deslizarnos de la salvación tan grande.” [2]

  • Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!. Hch.12:15

En este pasaje podemos observar que ellos aun creían que cada persona tenía un ángel que era su ángel personal y que además era muy parecido a la persona, (algo como un ángel guardián).

El escritor de Hebreos en el cap. 1:5-14 tiene que argumentar que

“Cristo es superior a los ángeles, de una manera enfática, y esto es dado que ellos le ponían demasiada, importancia tanto que para ellos era mas importante que Cristo mismo. [3]

Moisés con las tablas de la Ley, por Rembrandt.

Moisés suele ser representado con las tablas de los Diez mandamientos. Dios le dio estos mandamientos directamente a Moisés en el Monte de Sinaí durante la travesía en el desierto de Sinaí.

Moisés subió al monte a recibir las tablas del pacto, y estuvo ahí 40 días. Dios le dió dos tablas de piedra escritas con Su dedo. (Deut.9:9-10Éx. 31:18). Aunque en Éxodo 20, parece como si fuera Dios quien le dicta.

Estas tablas de la ley recogían los diez mandamientos, unas leyes básicas de obligado cumplimiento para todo el pueblo hebreo. Además de ello, le dió una serie de leyes menores que deberían ser también observadas.
Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia habían fundido todo el oro y habían construido un becerro de oro, representación del dios egipcio Apis y le veneraban. Moisés montó en cólera, arrojó a su pueblo las tablas de la ley (que se rompieron) y quemó la estatua de oro.

Los mandamientos de las 613 Mitzvot (en hebreo: תריג מצוות: Taryag Mitzvot, “613 mandamientos”) son las declaraciones y principios del derecho y la ética contenida en la Torah o cinco libros de Moisés. Estos principios de la ley bíblica a veces se llaman (mitzvot) o colectivamente como la “Ley de Moisés”(Torat Moshe, תורת משה), “la Ley de Moisés” o simplemente “la Ley” (aunque estos términos son ambiguos y se aplica también a la Torah).

Aunque ha habido muchos intentos de codificar y enumerar los mandamientos que figuran en la Torah, el punto de vista tradicional se basa en la enumeración de Maimónides. Los 613 mandamientos son “mandamientos positivos” para realizar un acto (mitzvot aseh) o “mandamientos negativa” de abstenerse de ciertos actos (mitzvot lo taaseh). Hay 365 mandamientos negativos, correspondientes al número de días en un año solar, y 248 mandamientos positivos, adscrito a la cantidad de huesos y órganos importantes en el cuerpo humano.

Aunque el número 613 se menciona en el Talmud, su significado real aumentó en la literatura rabínica posterior medieval, incluida la lista de muchas obras o arreglos de las mitzvot.

Tres categorías de mandamientos negativos entran en la categoría de yehareg ya’avor ve’al, que significa “Uno debe dejarse matar antes que la violan”. Estos son el asesinato, la idolatría, y prohíbe las relaciones sexuales.

Muchas de las mitzvot no pueden ser observados después de la destrucción del Segundo Templo, aunque todavía conservan un significado religioso.

Según un cálculo estándar, hay 77 negativos y 194 mandamientos positivos que se pueden observar hoy en día. Hay 26 comandos que se aplican sólo en la Tierra de Israel.

Además, hay algo de tiempo basada en los mandamientos de las mujeres que están exentos (los ejemplos incluyen shofar, sucá, lulav, tzitzittefilín).

Algunos dependen de la situación especial de una persona en el judaísmo (como Kohanim), mientras que otros se aplican sólo a los hombres y otros sólo a las mujeres. [4]

El gran Rabino Moshe ben Maimon, el Ramban o Maimonides, fue uno de los primeros codificadores de la Ley Judía. Sus catorce volúmenes de la Mishna Torah (Yad Hachazakah) cubren toda la Ley Judía, creencia y práctica.

El dividió las 613 Mitzvot -Mandamientos- en 14 libros, con 83 secciones

El dr. Eduado Flores, medico y teólogo calvinista de Costa Rica, explica que

“Bajo el antiguo pacto, la ley de Dios fue promulgada de un modo aterrador, mas no aseguró una fiel obediencia. Dios bajó al Sinaí, y todo el monte humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera.

Era tan terrible la visión de Dios manifestándose a Sí mismo en el monte Sinaí, que incluso Moisés dijo: “Estoy espantado y temblando”. De las densas tinieblas que cubrían la sublime cúspide provino el sonido de una bocina que sonaba largamente y cuyo estruendo iba aumentando en extremo, y una voz proclamó uno a uno los diez grandes estatutos y las ordenanzas de la ley moral. Creo ver a la gente a la distancia, con un término señalado alrededor del monte, encorvada y sumida en un pavor desmesurado, suplicando por fin que no se les dijeran más esas palabras directamente a ellos. Tan terrible era el sonido de la voz de Jehová, aun cuando no estaba declarando venganza sino simplemente exponiendo la justicia, que el pueblo no lo pudo soportar más: y, sin embargo, no quedó una impresión permanente en sus mentes, y sus vidas no mostraron ninguna obediencia. Los hombres pueden sentirse acobardados por el poder, pero sólo son convertidos por amor. La espada de la justicia tiene menos poder sobre los corazones humanos que el cetro de la misericordia.

Para preservar aún más esa ley, Dios mismo la grabó en dos tablas de piedra, y puso esas tablas en las manos de Moisés. ¡Qué tesoro! De cierto, ningún elemento material había sido tan honrado como estas dos losas, pues fueron tocadas por el dedo de Dios, y mostraban la impresión legible de Su mente. Pero estas leyes sobre piedra no fueron conservadas: ni las piedras ni las leyes fueron reverenciadas. Moisés no había permanecido en el monte por mucho tiempo, pero ya la gente que una vez estuvo sumida en el asombro se estaba inclinando delante del becerro de oro, olvidada del Sinaí y de su solemne voz, fabricándose la imagen de un buey que come hierba, e inclinándose delante de ella como el símbolo de la deidad. Cuando Moisés bajó del monte con las inapreciables tablas en sus manos, vio al pueblo enteramente entregado a una ruin idolatría, y en su indignación arrojó las tablas al suelo y las quebró, al ver cómo el pueblo las había quebrantado espiritualmente violando cada palabra del Altísimo. De todo esto concluyo que la ley no es realmente observada nunca como resultado del miedo servil. Puedes predicar la ira de Dios y los terrores del mundo venidero, pero no derriten el corazón como para que preste obediencia fiel. Para otros fines, es necesario que el hombre conozca la determinación de Dios de castigar el pecado, pero el corazón no es conquistado a la virtud por ese hecho. El hombre se rebela todavía más y más; es tan obstinado que entre más se le ordene, más se rebela. El decálogo en las paredes de su iglesia y en su diario servicio tiene sus fines, pero no puede ser eficaz en las vidas de los hombres, mientras no sea escrito también en sus corazones.” [5]

Juan Carlos Ortiz, conocido pastor del Ministerio Hispano de la Catedral de Cristal en Garden Grove afirmó que:

La Ley de Moises era una sombra que arrojaba la luz pura y eterna de Dios que descendia sobre algo que no se percibía ni entnedía plenamente,un futuro del cual hablaban los profetas.Ahora sabemos que ese algo era el nuevo pacto.[6]

Aspectos importantes para una buena comprension de la Ley

1. En primer lugar, la ley era particular. Se dirigía a la situación de Israel en ese momento de la historia humana. Los principios que la ley describe son universales, pero algunas de sus expresiones son particulares a la historia de Israel.

2. En segundo lugar, la ley era parcial. No es la palabra final acerca de la voluntad de Dios, sino que incluía concesiones para la situación humana. Por ejemplo, la ley permitía el divorcio. No era porque Dios quería que la gente se divorciara, sino – en las palabras de Jesús – porque sus corazones eran duros, y El
sabía que se divorciarían. Por esto, puso ciertos límites para proteger a la mujer en el caso de divorcio.
Podemos aplicar este mismo principio a las menciones dentro de la ley de la esclavitud, por ejemplo. La esclavitud era permitida, pero con muchas limitaciones. No era porque Dios la aprobara, sino porque era parte de la sociedad, y El prefirió poner limitaciones a prohibir algo que se haría de todas formas.
La voluntad de Dios, por supuesto, es la libertad.

3.La tercera cosa acerca de la ley es que era preliminar. Era la preparación para algo que vendría después. Veamos lo que dice Gálatas 3:23-25 acerca de esto:

  • 3:23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 3:24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 3:25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, El propósito de la ley era de preparación. La ley vino para prepararnos para recibir por fe a Cristo. Es como un maestro de kínder que nos prepara para aprender lo que se nos enseña en la escuela.

¿Cómo es esto? La ley nos muestra nuestra necesidad de Cristo.Sin la ley, podríamos pensar que somos personas buenas, que no le debemos nada a Dios; pero la ley nos demuestra que somos pecadores que necesitan el perdón de un Salvador.
La ley también predice la obra de Cristo. Dentro de la ley encontramos diferentes normas que nos enseñan lo que Cristo vendría a hacer. Por ejemplo, las leyes acerca del sacrificio mostraban la forma en que un ser viviente podría tomar el lugar de otro y morir por su pecado. Así comprendemos el sacrificio de
Cristo en la cruz.

Venido el cumplimiento, sin embargo, ya no hace falta la preparación. Por esto dice Pablo que ya no estamos sujetos al guía, que es la ley. No se refiere a los aspectos morales de la ley; éstos se aplican a todos en todo tiempo. No matarás, no darás falso testimonio, no cometerás adulterio – estas leyes nunca caducan.

Mas bien, se refiere a los aspectos de la ley que se cumplieron en Cristo – entre otras cosas, la ley del sábado, las leyes acerca de los sacrificios, las leyes alimenticias. Se han cumplido, y ya no estamos bajo su tutoría. Hemos sido librados de todos esos detalles de la ley.

¿Para qué hemos sido librados? ¿Para vivir en libertinaje, en pecado, en maldad? De ninguna forma. Más bien, hemos sido librados para conocer a Cristo, seguir su ejemplo en el poder del Espíritu Santo. De esta forma, cumpliremos las justas demandas de la ley en el poder sublime de Dios.

La importancia de la Ley

Cuando Wyclif escribió de su Biblia inglesa que “Esta Biblia es para el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, su declaración no llamó la atención en lo que se refería a su énfasis en el carácter primordial de la ley bíblica. Todos sostenían que la ley debía ser la Ley de Dios; en lo que se diferenciaba el criterio de Wycliff de la opinión aceptada era en que las personas no solo debían leer la Ley y conocer la Ley, sino que en cierto sentido debían también gobernar y ser gobernadas por ella. En ese punto Heer tiene razón al decir que “Wyclif y Hus fueron los primeros en demostrar a Europa la posibilidad de una alianza entre la universidad y el anhelo de salvación del pueblo. Era la libertad de Oxford la que sustentaba a Wyclif.” (Friedrich Heer,The Intellectual History of Europe (Cleveland: The World Publishing Co., 1966), p. 184. cit en http://www.hombrereformado.com/Home/institucion-de-la-ley-biblica—rushdoony)

La preocupación no era tanto con la Iglesia ni el Estado como con el gobierno por la ley escrita de Dios. Brin ha dicho que el orden social hebreo difería de todos los demás en que se creía fundamentado y gobernado por la ley de Dios, que la había dado específicamente para el gobierno del hombre. ( Joseph G. Brin, “The Social Order Under Hebrew Law,” The Law Society Journal, vol. VII, no. 3 (agosto 1936), pp. 383-387. cit en http://www.hombrereformado.com/Home/institucion-de-la-ley-biblica—rushdoony)

No menos que el antiguo Israel, la Cristiandad creía que ella era el reino de Dios, porque estaba gobernada por la ley de Dios como se exponía en las Escrituras. Había interpretaciones de esa ley, variaciones de ella, y laxitud en la fidelidad a ella, pero la Cristiandad se veía como el nuevo Israel de Dios y no menos sujeta a Su ley.

Cuando la Nueva Inglaterra comenzó su existencia como entidad legal, su adopción de la ley bíblica fue tanto un regreso a la Escritura como un retorno al pasado de Europa. Era un nuevo comienzo sobre los términos de los viejos cimientos. No fue un comienzo sencillo, porque los numerosos siervos que llegaron con los Puritanos más tarde se rebelaron a gran escala contra toda ley y orden bíblicos. (Henry Bamford Parkes, “Morals and Law Enforcement in Colonial England,” The New England Quarterly, vol. 5 (Julio 1932), pp. 431-452. cit en http://www.hombrereformado.com/Home/institucion-de-la-ley-biblica—rushdoony)

No obstante, era un regreso decidido a los fundamentos del cristianismo. Así, los registros de la Colonia de New Haven muestran que la ley de Dios, sin ningún tipo de innovación, fue hecha la ley de la Colonia.
Marzo 2, 1641/2: Y según el acuerdo fundamental confeccionado y publicado con completo y general conocimiento, cuando la plantación comenzó y el gobierno fue establecido, que la ley judicial de Dios dada por Moisés y explicada en otras partes de la Escritura, como que es un muro y un vallado a la ley moral, y no es ceremonial ni típica, ni tiene ninguna referencia a Canaán, tiene en sí una equidad eterna y debe ser la regla para sus procedimientos.( Charles Hoadly, ed.,
Records of the Colony and Plantation of New Haven from 1638 to 1649 (Hartford: por el Editor, 1857), p. 69. cit en http://www.hombrereformado.com/Home/institucion-de-la-ley-biblica—rushdoony)
4 Abril 3. 1644: Fue ordenado que las leyes judiciales de Dios como fueron presentadas por Moisés… fueran una regla para todas las cortes de esta jurisdicción en sus procedimientos contra los ofensores… (Records of the Colony and Plantation of New Haven from 1638 to 1649 (Hartford: por el Editor, 1857), p. 130.cit en http://www.hombrereformado.com/Home/institucion-de-la-ley-biblica—rushdoony)

Thomas Sheppard escribió en 1649: “Porque todas las leyes, sean ceremoniales o judiciales, pueden ser referidas al Decálogo como apéndices de él, y así abarcar todas las demás leyes como un sumario suyo.” ( John A. Albro, ed.,The Works of Thomas Shepard, III, Theses Sabbatical (1649) (Boston: Doctrinal Tract and Book Society, 1853; Nueva York: AMS Press, 1967), p. 49. cit en http://www.hombrereformado.com/Home/institucion-de-la-ley-biblica—rushdoony)

Es iluso sostener que esas opiniones eran simplemente una aberración puritana en vez de una práctica bíblica verdadera y un aspecto de la vida cotidiana de la Cristiandad. Es una herejía moderna la que sostiene que la ley de Dios no tiene significado ni fuerza obligatoria para el hombre de hoy. Eso es una faceta de la influencia humanista y del pensamiento evolutivo en la iglesia, y postula un dios que evoluciona y se desarrolla. Este dios “dispensacional” se expresó mediante la ley en una época anterior; más tarde se expresó por medio de la gracia solamente, y ahora quizás se esté expresando de una tercera forma. Pero ese no es el Dios de la Escritura, cuya gracia y ley siguen siendo las mismas en cualquier época porque Él, que es el señor absoluto y soberano, no cambia ni necesita cambiar. La fortaleza del hombre está en lo absoluto de su Dios.

Intentar estudiar las Escrituras sin un estudio de su ley es negarlas. Intentar comprender la civilización occidental separada del impacto que ha tenido sobre ella la ley bíblica es buscar una Historia ficticia y rechazar veinte siglos con todo su progreso.

Los Institutos de la Ley Bíblica tienen como propósito revertir esa tendencia actual. Se les llama “Institutos” en el sentido antiguo de la palabra, es decir, principios fundamentales (en este caso, de la ley) porque se pretende que sean un comienzo, una consideración instituyente de esa ley que debe gobernar la sociedad, y que gobernará a la sociedad bajo Dios.

a. Etapas en la revelación  del conocimiento de Dios

W. T. Conner habla de cuatro etapas en la revelación del conocimiento de las cosas morales y espirituales, particularmente del conocimiento de Dios y de su voluntad, estando cada una de ellas relacionada con la idea del pecado en el Nuevo Testamento.

1. La primera es la revelación de Dios en la naturaleza o en el mundo físico. Pablo discute esto en Ro. 1:18. “Las cosas invisibles de Dios, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas.”

Pablo dice que este conocimiento de Dios que viene por medio de la naturaleza hace que el hombre sea inexcusable. Aun cuando los hombres conocieron a Dios según él se reveló, no le dieron honra en su vida. Ellos lo rechazaron, rehusando darle honor y servirlo.

2. La otra etapa en la revelación de Dios en cuanto al pecado es su revelación en la razón y en la conciencia, o sea, en la naturaleza racional y moral del hombre. Pablo dice que los gentiles, que no tienen ley, “ellos son ley a sí mismos: mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros” (Ro. 2:14, 15).

E. Kevan explica que

“debemos admitir que los Diez Mandamientos representan esencialmente la Ley primaria que se encuentra en el corazón del hombre.”[7]

La identidad del Decálogo con la Ley primaria fue la firme convicción de los Reformadores y los puritanos que les siguieron.

Calvino escribió:

«Las mismas cosas contenidas en ambas tablas nos son dictadas, en un sentido, a nosotros por esa ley interna, la cual, como ya se ha dicho, está en alguna manera escrita y grabada sobre cada corazón… El Señor nos ha dado su Ley escrita, la cual, por sus seguros atestados, quita la oscuridad de la ley de la naturaleza»[8]

Entre los Puritanos, por ejemplo, Richard Greenham afirma que

«los patriarcas conocieron la ley moral de Dios» [9]

William Ames, anticipando una cuestión importante, escribe:

«Pero acaso se objete que, si la Ley moral era la misma que la de la naturaleza, no se necesitaba su promulgación ni de voz ni por escrito, toda vez que ya estaba escrita en los corazones de todos los hombres por la naturaleza» [10]

Ames contesta que

la Ley de la naturaleza se hallaba tan «borrada» que se hizo necesaria la revelación especial de la Ley moral para renovar el conocimiento del hombre caído. [11]

3. La tercera etapa en la revelación de Dios puede denotarse por el término ley.

La Ley fue dada en un tiempo específico y en unas circunstancias específicas; pero no hemos de considerar esto como una limitación de su propósito. Es importante, por consiguiente, no perder de vista el hecho de que la Ley del Sinaí, aunque dada al pueblo hebreo, fue fundamentalmente una revelación echa a la Humanidad en su conjunto. Era de esperar que, en una revelación históricamente condicionada, esta primera limitación a un pueblo sería inevitable. Dios usó a Israel, su «siervo», como el vehículo de la revelación al publicar de nuevo esa Ley moral que, originalmente, había estado escrita en el corazón del hombre. La entrega de la Ley debe ser considerada, pues, como formando par te del más alto propósito de Dios de revelarse a todo el mundo. [12]

Ley es el gran término que emplea Pablo al pensar en la revelación de Dios en relación con el hombre pecador. El uso que él hace concierne especialmente al Antiguo Testamento y a la ley mosaica. Algunas veces emplea el término sin el artículo, otras veces con el artículo. Cuando el artículo aparece, no hay duda que él se refiere a la ley de Moisés. Cuando el artículo no está, también se refiere especialmente a la ley de Moisés, pero él piensa de la ley como encerrando los principios universales de la justicia o requisito moral. Cuando usa el artículo está pensando en la ley de Moisés más bien como un sistema concreto de requisitos particulares. Sin el artículo, la ley de Moisés está en la mente, pero más bien como formada por los principios universales de aplicación general. [13]

La ley es la agrupación de las exigencias morales de Dios en los mandatos publicados. Los Diez Mandamientos, mirados como requisitos morales,constituyen el centro del Antiguo Testamento. La ley exige perfecta obediencia a sus preceptos. Como tal, la ley no permite ninguna excepción ni provee remisión alguna de la pena.

Pablo llama al pecado violación o trasgresión, siendo que el pecado va en contra de las demandas morales de la ley. (v. Ro. 5:12).

La función de la ley en su relación con el pecado no fue la de justificar o la de salvar del pecado, sino más bien la de despertar la conciencia de pecado, la miseria producida por el pecado y la necesidad de un Redentor. En ese sentido, la ley desempeñó el papel de un pedagogo, conduciendo al pecador a Cristo. (v. Ro. Cap. 7 y Gál. 3).

4. La cumbre de la revelación en relación con el pecado llegó en la gracia de Dios en Cristo, la cual salva del pecado.

Recordemos que el Pacto mosaico no sólo tiene una dimen sión legal sino otra salvífica. La ley fue a causa del pueblo.

  • “8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.” Ex. 19:8 RV 1960.

Observe la presunción del pueblo que expresó: “todo lo que Dios quiera de nosotros haremos”. Es entonces que se codifica la ley por medio de su líder Moisés.
La cual se puede dividir en algunos puntos para su mejor entendimiento: Ley moral que trata las normas de Dios para la vida en santidad. (Ex. 20:1-17 RV 1960)

La ley civil que trata sobre la vida legal y social de Israel como nación. Ex. 21:1-24:1. La ley ceremonial que trata la forma y las ceremonias de adoración de Israel a Dios y el sistema expiatorio. Ex. 24:12-31:18. Dios con este sistema legal quería que su pueblo viviera rectamente.

La ley reveló lo que a Dios le agradaba. El tiempo dictaminó un total fracaso del pueblo hebreo, pues ellos basaron la ley como medio para vida eterna y no en su función de gobernar la vida de un pueblo redimido.

Motivados por esta idea dieron forma a una serie de interpretaciones bíblicas y tradiciones de diferentes rabinos. Jesús se enfrentó a esta forma de pensar de acuerdo al Evangelio según Mateo en su capítulo veintitrés.

Cristo aclaró que la Ley jamás podía dar vida. Más tarde Pablo debido a la obra que querían realizar los judaizantes redactó lo mismo guiado por el Espíritu Santo. Gál. 3:21 RV 1960.

Por tanto estar bajo ley es estar bajo maldición fuera de la voluntad de Dios, sin Cristo. Gál. 3:10 RV 1960.

La ley tenía entre sus normas ceremoniales que todos los días debía derramarse sangre inocente por el perdón de aquellos que habían pecado.

  • Ex. 29:36-39 RV60  Cada día ofrecerás el becerro del sacrificio por el pecado,  para las expiaciones;  y purificarás el altar cuando hagas expiación por él,  y lo ungirás para santificarlo.  (37)  Por siete días harás expiación por el altar,  y lo santificarás,  y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare el altar,  será santificada.  (38)  Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día,continuamente.  (39)  Ofrecerás uno de los corderos por la mañana,  y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde.

No solamente la ley estaba despertando la conciencia de pecado y de un sacrificio para perdón entre el pueblo sino que, en un paso más hacia el objetivo superior, hombres apartados por Dios llamados profetas comienzan a traer luz sobre el verdadero significado. Uno de ellos decía:

  • Is. 53:3-7 RV60  Despreciado y desechado entre los hombres,  varón de dolores,  experimentado en quebranto;  y como que escondimos de él el rostro,  fue menospreciado,  y no lo estimamos.(4)  Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,  y sufrió nuestros dolores;  y nosotros le tuvimos por azotado,  por herido de Dios y abatido.  (5)  Mas él herido fue por nuestras rebeliones,  molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él,  y por su llaga fuimos nosotros curados.  (6)  Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,  cada cual se apartó por su camino;  mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.  (7)  Angustiado él,  y afligido,  no abrió su boca;  como cordero fue llevado al matadero;  y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció,  y no abrió su boca.

La ley y los profetas habían estado martillando por siglos sobre las duras conciencias de los hombres, preparándoles para la gran revelación que tuvo por privilegio anunciar Juan el bautista

  • Jn 1:29 RV60 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él,  y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Siglos de sacrificios, siglos de profecías mesiánicas habían sido permitidas para que ahora la gente pudiera entender y creer en aquel que tres años después derramaría su sangre inocente para perdón de los pecados.

  • Heb 10:11-14 RV60  Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios,  que nunca pueden quitar los pecados;  (12)  pero Cristo,  habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,  se ha sentado a la diestra de Dios,  (13)  de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;  (14)  porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
  • Heb 9:26-28 RV60  De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo;  pero ahora,  en la consumación de los siglos,  se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.  …(28) así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos;  y aparecerá por segunda vez,  sin relación con el pecado,  para salvar a los que le esperan.

Lamentablemente no todos habían logrado entender este objetivo tan elevado de la ley y los profetas.

  • Rom 10:1-9 RV60  “Hermanos,  ciertamente el anhelo de mi corazón,  y mi oración a Dios por Israel,  es para salvación.  (2)  Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios,  pero no conforme a ciencia.  (3) Porque ignorando la justicia de Dios,  y procurando establecer la suya propia,  no se han sujetado a la justicia de Dios;  (4) porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. (5) Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas,  vivirá por ellas.  (6)  Pero la justicia que es por la fe dice así…  (9)  que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,  y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,  serás salvo.”

Cristo vino a cumplir la ley, a darle el verdadero sentido a la ley ceremonial que estipulaba cual era la forma para recibir perdón y restaurar la comunión con el Padre.  Esto Él lo logró muriendo en la cruz.

La palabra «ley» en el Antiguo Testamento tiene un doble uso.

  • A veces, sirve para expresar los imperativos divinos como a tales y, otras veces, para el conjunto total de ordenanzas salvadoras que pertenecen al pacto divino de salvación.(Parece ser meramente un ejemplo más de nombrar la totalidad por la alusión a una parte, con el reconocimiento, además, de que el pacto salvador por sí mismo, y en sí mismo, contenía obligaciones)

La palabra principal del Antiguo Testamento para referirse a la «ley» es torah, que se deriva de horáh, cuyo significado es: «señalar», y aparece en la Biblia para denotar «dirección autorizada»

El término torah no debe ser identificado con mandamiento,o Ley que manda algo, sino que su uso se refiere de manera amplia y general a todas las instrucciones dadas por Dios a su pueblo mediante el Pacto concertado con él.

En su examen de las palabras griegas para designar la Ley, C. H. Dodd es de la opinión que torah está estrechamente representada por nomos (ley), que es casi idéntica con ella.

Señala que nunca se usa por didaque (enseñanza) para traducir torah, y aunque, en un sentido, nomos no traduce bien torah, arroja luz, sin embargo, sobre lo que el judaísmo helenístico llegó a interpretar por torah y lo que llegó a ser para él (The Bible and the Greeks, 1935, p. 33).

T. W. Manson reitera lo inadecuada que es la traducción «ley» para verter el vocablo torah, pero afirma que un aspecto de la suficiencia de Dios para su pueblo, como rey del mismo,

«consiste en ser la autoridad final en todo cuanto concierne al bien y al mal», y que esta dirección autorizada se halla incorporada en la torah.

Sostiene que, aunque «la idea que sirve de base a la palabra torah no es primordialmente la formulación de una serie de mandamientos y prohibiciones en forma categórica», ello debe aceptarse como «parte de su significado» (Ethics and the Cospel, 1960, pp. 28, 29).

La impresión que se deduce de muchas de las discusiones en torno a torah y nomos es que las concesiones hechas a la idea popular de Ley son suficientemente grandes para considerar la diferencia teológica de las palabras como de poca monta.

Otras palabras para designar la «ley», y cada una con su propio énfasis particular, son:

  • a. mishpat, que significa «juicio» y, con más propiedad todavía, una decisión dada en una caso individual y luego establecida como un precedente;
  • b. hoq, huqqah, que significa «estatuto» y se deriva del verbo «grabar», con lo que alude a una ordenanza fija como si se hallara grabada sobre piedra;
  • c. mizwah, un término general que significa «mandamiento»; además se dan otros vocablos de uso menos frecuente.

La historia del Antiguo Testamento revela que la torah tuvo un carácter triple. Fue:

  • a. moral
  • b. ceremonial
  • c. judicial.

No sería correcto separar las leyes en tres divisiones —ya que la Ley mosaica constituye un todo inseparable—, pero hay ciertamente algunas diferencias de carácter que conviene observar. De no hacerlo asi, se corre el riesgo de confundir los distintos aspectos de la Ley y podemos caer en el legalismo. Unos pocos escritores recientes profesan ser incapaces de ver estas diferencias, pero sus argumentos parecen ignorar el significado de la actitud de Cristo con respecto a los aspectos ceremoniales de la Ley y también delatan su ignorancia del trato que la epístola a los Hebreos concede a la Ley.Ademas de no haber entendido la epístola que el apostol Pablo escribió a los Gálatas o no comprender el porque de la exhortación de Pablo a Pedro.

Yehuda Ribco explica que

El Decálogo es, indudablemente, la quintaesencia de toda la legislación y recibe un tratamiento tan sorprendentemente reverencial, por cuanto confiere a ésta un significado básico y especial.  La idea, o la experiencia, de Dios es el principio fundamental sobre el cual responsa el sistema de vida del judaísmo.

La Torah refiere acerca de conocer a Dios y de amarlo, pero en ningún lado habla o toca el tema de demostrar su existencia. Trata de aspecto a atinentes a la conducta, a lo manifiesto, a lo que se debe o no hacer; pero no es un manual del mundo abstracto, ni es un compendio filosófico y mucho menos un mandato acerca del mundo de las creencias. En modo alguno la Torah expresa u ordena creencias o fe. Pero sí contiene decenas y centenas de obligaciones al respecto de acciones. Si por medio del cabal cumplimiento de los preceptos, la persona llega a la convicción de la existencia y presencia del Eterno, ¡ese es uno de sus buenos frutos! Y si además de las vestiduras de los mandamientos, la persona se nutre con estudio efectivo de Torah, seguramente que su convicción será férrea, más allá de temores, aunque quizás teñida de cuestionamientos.

No hay en la Torah ninguna fórmula que podamos reconocer como un imperativo categórico de orden teológico. No es que la creencia en Dios sea algo nimio, ¡todo lo contrario, es fundamental! Sin embargo, hay buenos motivos por los cuales la Torah no ordena fe y creencias. En el Decálogo, el primero de sus mandamientos que usualmente se toma como “creer en Dios”, realmente NO expresa un mandamiento “debes creer en la existencia Dios”. La Torá describe y ordena específicamente acciones, y es a través del juicio de esas acciones la retribución de la persona. Sin embargo, no hay ninguna descripción detallada de lo que se espera que la persona crea.

Incluso en el último folio del tratado talmúdico Sanedrín, en donde se trata acerca de las personas que por sus actos no tienen parte en el mundo venidero, no se deniega al judío su identidad a causa de una incapacidad de creer en tal o cual precepto teológico (recordemos, sin embargo, que la Torah es muy explícita y definitiva en rechazar cualquier manifestación idolátrica, y que la idolatría es catalogada como una ofensa gravísima a ojos del Eterno).

La opinión de Maimónides, del siglo XI d.C, es aceptada como crucial. Sin embargo, su voz no tiene el mismo peso cuando se refiere a su sistema filosófico aristotélico. Si los Trece Principios de Maimónides han venido a ser una práctica guía o menú del pensamiento judío (no obstante la oposición teorética de gigantes como Crescas y Albo), no hay ninguna obligación de aceptar la descripción aristotélica que se infiltra en la instrucción filosófica del gran Maimónides.[14]

4 aspectos en que el término ley es usado en Romanos:[15]

  1. Ley Mosaica (2:14,18,20,23,26,27; 5:13), Los judíos eran conocedores de la ley mosaica y por eso Pablo habla respecto a esta ley.
  2. Ley como un mandamiento específico (7:2-3), Pablo toma lo que dice la ley acerca del matrimonio y lo compara con el concepto de muerte al pecado y unión con Cristo.
  3. Ley como principio general (7:21,23,25; 8:2), Pablo usa este término para indicar un patrón de conducta que se convierte en un principio o regla.
  4. Ley para referirse al Pentateuco (3:21), Pablo hace referencia al A.T. en dos formas, respecto al Pentateuco y respecto a los profetas.

Pablo enseña en Romanos los siguientes aspectos de la ley de Dios:[16]

  • 1) Todos tenemos un conocimiento básico de los preceptos morales de Dios (2:12-15;9:4);
  • 2) La ley identifica al pecado como pecado (3:20; 7:7);
  • 3) Revela el pecado (7:5,7-9);
  • 4) Condena al pecador (7:9-11);
  • 5) No justifica al pecador (3:20);
  • 6) Señala la justicia de Dios, es decir, la justicia dada por Dios por la fe (3:19-31; 9:30-32; 10:3);
  • 7) Cristo es la meta de la ley (10:4);
  • 8) una vez unido con Cristo por fe, el creyente ya no está bajo la ley, sino bajo la gracia (6:14); y
  • 9) estar bajo la gracia no da libertad para pecar (6:15-23)”

LA LEY Y EL EVANGELIO EN LA PALABRA DE DIOS

Berkhof dice:

“Las iglesias de la Reforma desde muy al principio distinguieron entre la ley y el evangelio como las dos partes de la Palabra de Dios, en su carácter de medio de gracia No se entendió que esta distinción fuera idéntica con la que existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero se consideró como la que se aplica a ambos Testamentos

Hay ley y evangelio en el Antiguo Testamento y hay ley y evangelio en el Nuevo. La ley comprende todo lo que hay en la Escritura como revelación de la voluntad de Dios en forma de mandato o de prohibición, en tanto que el evangelio abarca todo lo que hay, sea en el Antiguo o en el Nuevo Testamento, correspondiente a la obra de reconciliación y que proclama el amor de Dios en Cristo Jesús que busca y redime

Y cada una de estas dos partes tiene su propia función en la economía de la gracia. La ley procura despertar en el corazón del hombre la contrición respecto del pecado, en tanto que el evangelio quiere despertar en el hombre la fe salvadora en Cristo Jesús

La obra de la ley es en un sentido, preparatoria a la del evangelio. Ahonda la conciencia de pecado y de esta manera hace que el pecador se dé cuenta de la necesidad de la redención.

Ambas están subordinadas al mismo fin, y ambas son partes indispensables de los medios de gracia Esta verdad no ha sido siempre reconocida en forma suficiente”  Luis Berkhof, Teologia sistematica, pag. 730-731, ed.Tell

Conclusión

“En lo que concierne al aspecto de las creencias: aquel que no acepta ni cree en la vida más allá de la vida, entonces, no la recibe…. Toda la Torah es un encuentro con Dios.” [17]

La Ley de Dios consta de 613 mandamientos y ordenanzas los cuales tienen su fundamento en los Diez Mandamientos, que a su vez se resumen en dos grandes como nos enseñó el Maestro:

  • “…Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. ” Mat. 22:36.[18]

Jay E. Adams comenta que:

Existen dos formas de servir al Señor, pero sólo una de ellas rinde el servicio que Él aprueba. Una forma es teniendo una visión intelectualmente correcta de lo que Dios pide y hacer un intento de cumplir con eso. La otra forma es obtener la misma correcta visión de lo que Dios pide y decirle que tú no puedes cumplirlo. Esta última es la forma correcta.

Pero, obviamente, no basta con decirle al Señor que no puedes hacer lo que Él pide. Aquella admisión debe estar seguida inmediatamente por el reconocimiento de que Él puede, y quiere, capacitarte para hacerlo por medio de su Espíritu, lo que debe llevarte a pedir tal ayuda.

Dios bendice la humildad de quien reconoce su propia insuficiencia. Pero Él nunca toma eso como una excusa para el fallar en el cumplimiento de lo que Él pide. Él ha provisto todo lo que necesitamos para la vida y la espiritualidad, así ninguna excusa es válida. Por otro lado, no se nos dará aquello que no pidamos humildemente.

Entonces, un balance correcto de la verdad bíblica es necesario: No podemos / si podemos – por nosotros / con Su ayuda.
Así, al servir a Dios, le servimos bien cuando le servimos en nuestra insuficiencia completamente auxiliada por Su suficiencia. Incluso Jesús, El todo suficiente ministró bajo el poder del Espíritu Santo. El verdadero servicio es aquel que envuelve lo humano y lo divino. [19]

Aca encontre en internet lo mismo que explicaba antes sobre la Ley: [20]

Llamamos Ley de Moisés, o Ley Mosaica, al conjunto de preceptos que incluyen la ley moral, la ley ceremonial y la ley civil, dadas con todo detalle a Moisés por Dios mismo, unos 1400 años a. C. La dispensación de la Ley de Moisés, abarca desde el Sinai hasta el Calvario. Su propósito fue convencer a la humanidad de pecado, y exponer la magnitud de éste, al comparar sus vidas torcidas con las altas demandas de Dios. Además, la Ley debía educar a Israel para ser un modelo entre las naciones, instruir a través de él al resto del mundo, y, por medio de sus muchos tipos, ceremonias y alegorías, anunciar proféticamente el evangelio de salvación por gracia en Cristo.

En la ley de Moisés se incluye lo siguiente:[21]

a. La ley moral, cuyo resumen es el Decálogo o Diez Mandamientos, (Éxodo 20:1-17; Deuteronomio 5:6-21).
Los primeros cuatro mandamientos del Decálogo contienen nuestros deberes hacia Dios. Los seis restantes, contienen nuestros deberes hacia nuestro prójimo. Hay muchos otros preceptos morales que son una ampliación del Decálogo, o sus aplicaciones a casos particulares minuciosos. Su propósito era formar un pueblo santo, ejemplo del mundo.
b. La ley religiosa: ritos, sacrificios, ceremonias, lavamientos, purificaciones, preceptos higiénicos y dietéticos, ofrendas, etc., que se detallan desde Éxodo a Deuteronomio. Su propósito era proveer salvación al pueblo, al anunciarle proféticamente a Cristo a través de sus diferentes tipos y alegorías.
c. La ley civil: leyes sociales, prácticas humanitarias, consejos prácticos sobre la agricultura, economía, salubridad, etc. Su propósito era reglamentar todos los aspectos de la vida del pueblo escogido para hacerlo ordenado y próspero.

Don Francisco LaCueva, explicando  acerca del papel de la Ley dice que:

Basta examinar con cuidado las Epístolas de Pablo a los romanos y a los gálatas. para percatarse del exacto papel de la ley. La Ley tenía por objeto:

  1. Poner un dique a la corrupción del corazón humano.
  2. Ser expresión de la voluntad divina en el orden moral para el pueblo del pacto, o sea, Israel.
  3. Servir de ayo (“paidagógos”), o sea, de criado que lleva a los niños al Colegio, a la vez que les enseña buenas maneras y les Impone correctivos por sus travesuras.  En este caso, la Ley
a.   Convence de pecado
b. Exacerba, en cierto modo, el sentido del pecado, por la conocida reacción psicológica que nos incita a hacer lo que se nos prohibe taxativamente
c.  Nos muestra la necesidad del Evangelio de gracia y del poder del Espíritu, superior a nuestras fuerzas, para cumplir la Ley.[22]

Jesús asegura, en Mt. 5: 17, que no ha venido a abrogar la Ley, sino a cumplirla.[23]

El verbo empleado aquí ~ “plerósai”, que significa cumplir en el sentido de llenar, y expresa dos cosas:

1) que Cristo vino a cumplir por Sí mismo la Ley. El fue el único que la cumplió activamente, observándola con toda exactitud, y pasivamente, llevando sobre Si la maldición de la Ley contra sus infractores, por nosotros y en nuestro lugar, en el madero de la Cruz:

2) que Cristo vino a llenar la Ley del Espíritu que faltaba en el legalismo farisaico, poniendo el amor como único medio de cumplir la Ley rebasándola (Mt. 5:17-48).

Así no es extraño que Rom. 8:3-4; 13:8-10; 1º Cor. 9:21; Gal. 5:14; 6:2, nos aseguren que el amor, el Espíritu de Cristo y el Evangelio comportan el exacto cumplimiento de la Ley, mientras que 1º Cor. 2: 14 y Rom. 8: 7 nos dicen que el hombre no regenerado es incapaz de percibir las cosas de Dios y que no quiere ni puede cumplir la Ley de Dios.

El dr. Eduardo Flores, explica que

“Las tablas de piedra son duras, y los hombres consideran dura la obediencia a la ley de Dios: los mandamientos son juzgados como pétreos cuando el corazón es pétreo, y los hombres se endurecen porque la vía del precepto es dura para sus mentes perversas. Las piedras son proverbialmente frías, y la ley parece algo gélido y frío, y por eso, no sentimos ningún amor si sólo se recurre a nuestro miedo. Las tablas de piedra, aunque aparentemente son durables, pueden quebrarse con suficiente facilidad, e igualmente pueden ser quebrantados los mandamientos de Dios; y, en verdad, son quebrantados por nosotros diariamente, e incluso quienes tienen el más claro conocimiento de la voluntad de Dios, ofenden en Su contra. Mientras no haya algo que los detenga, excepto un servil pavor al castigo o una egoísta esperanza de recompensa, no rinden ningún homenaje fiel a los estatutos del Señor.

En este momento tengo que mostrarles la forma en que Dios asegura la obediencia a Su ley de una manera muy diferente; no la promulga con truenos desde el monte Sinaí, ni la graba en tablas de piedra, sino que viene a los corazones de los hombres en benignidad e infinita compasión, e inscribe los mandamientos de Su ley en tablas de carne, de tal manera que son gozosamente obedecidos, y los hombres son convertidos en siervos dispuestos de Dios.“[24]

Nosotros entonces reconozcamos honestamente que no podemos guardar la Ley de Dios con todas sus demandas. Reconozcamos esto y oremos en Su presencia, pidiendo que el Señor con esa gracia poderosa que se manifestó en el Monte Sinaí dándole la Ley a Moisés y también en la Cruz del Calvario al morir Cristo pro nosotros, nos asista poder agradarle en todo, como Él así nos lo demanda y aceptemos esa gracia inmerecida, quebrando  nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia humanas.

Al pie del Monte Sinaí Israel recibió la ley e hizo pacto con Jehová. Fue organizado debidamente como nación y acep­tó a Jehová como su rey. Esta forma de gobierno se llama teocracia.

Desde el monte Sinai Dios entregó una ley al pueblo de Israel y mandó a Moisés a escribida. Por eso esa ley llegó a conocerse como la ley de Moisés. El Nuevo Testamento a veces se refiere a ella como “la ley”, mientras se refiere al nuevo orden que Cristo instituyó como “la gracia”.

Bajo aquella ley antigua Dios declaró principios morales. También instituyó un orden civil y religioso que ayudó al pueblo a guardados. Aquella ley con sus ceremonias religiosas señalaba en figuras hacia Cristo.
Si alguno no obedecía la ley de Moisés, tenía que morir.

La ley de Moisés fue provisional: fue hecha para terminarse. “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (Hebreos 10.1).

Terminó su obra y encontró su fin (propósito) en Cristo. “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10.4).

Pablo Hoff, citando a Alejandro McLaren, comenta acerca de la importancia de los diez mandamientos:

“Una oscura tribu de esclavos procedente de Egipto se su­merge en el desierto y después de cuarenta años sale con un código sintetizado en diez frases, muy breves pero completas, donde están entretejidas la moral y la religión, tan libres de peculiaridades locales o nacionales y tan estrechamente relacionadas con los deberes fundamentales, que hoy, después de tres mil años, ese código es autoridad entre la mayoría de, los pueblos civilizados”. [25]

Yehuda Ribco explica que

” La idea, o la experiencia, de Dios es el principio fundamental sobre el cual responsa el sistema de vida del judaísmo.La Torá refiere acerca de conocer a Dios y de amarlo, pero en ningún lado habla o toca el tema de demostrar su existencia.La Torá trata de aspecto a atinentes a la conducta, a lo manifiesto, a lo que se debe o no hacer; pero no es un manual del mundo abstracto, ni es un compendio filosófico y mucho menos un mandato acerca del mundo de las creencias.En modo alguno la Torá expresa u ordena creencias o fe.Pero sí contiene decenas y centenas de obligaciones al respecto de acciones.Si por medio del cabal cumplimiento de los preceptos, la persona llega a la convicción de la existencia y presencia del Eterno, ¡ese es uno de sus buenos frutos!
Y si además de las vestiduras de los mandamientos, la persona se nutre con estudio efectivo de Torá, seguramente que su convicción será férrea, más allá de temores, aunque quizás teñida de cuestionamientos…

Si Dios es la cima de la vida religiosa, entonces, ¿de qué forma busca la Torah trasmitirnos su importancia radical?

Seguramente que NO de la forma que emplean las religiones del mundo, que insisten una y otra vez en la obligación de “tener fe”, so pena de ser condenados a abismos de sufrimiento inenarrables; ni siquiera presentando un mandamiento de “debes tener fe en Dios”. Habiendo 613 mandamientos en la Torah, ¿por qué Dios no ordeno lisa y llanamente eso, “debes tener fe en Dios”?

La respuesta es bastante simple: no es porque la relación con Dios sea algo secundario o irrelevante, sino porque el Creador de todo ha preferido emplear un método diferente, y a todas luces superior, para poner en el corazón de la persona el deseo de vincularse íntimamente con Él.”[26]

Por eso, don Francisco LaCueva nos dice que

” la regeneración espiritual comporta una metánoia, o sea, un cambio de mentalidad, al recibir, con el Espíritu Santo, una nueva visión y un corazón nuevo (v. Jer. 31:33-34; Ez. 36:25-27).” [27]

Decía Wesley

«Temo que esta grande verdad, esta importante verdad, sea poco comprendida, no sólo por el mundo, sino por muchos a quienes Dios ha sacado del mundo, por muchos que son verdaderos hijos de Dios…»

¿No deberíamos hacer nuestro este temor del gran evangelista del siglo XVII?

Concluyo citando al escritor Henry Halley, quien cita de una fuente no consig­nada:

En general la ley de Moisés en su insistencia en la mo­ralidad e igualdad personales, en sus miramientos para con ancianos y niños, esclavos, enemigos y animales, y en sus reglamentos sanitarios y alimenticios, era mucho más pura, más razonable, humana y democrática que cualquier otra legislación antigua, sea babilónica, egipcia o de dondequiera, y muestra una sabiduria.mucho más avanzada que cualquiera de ellas. Era el “milagro moral” del mundo pre-cristiano. [28]

Dice Kevan que

“La Ley divina es la expresión de la voluntad divina. En lo absoluto de esta voluntad soberana se afirma el derecho de Dios a legislar tanto si el hombre consiente como si no.” [29]

Esto nos habla de la soberania de Dios y del Señorío de Cristo sobre nuestras vidas.

“Toda Ley es esencialmente Ley de Dios. Es esta norma de conducta que Dios ha escrito en todo lo que ha creado” [30]

Myer Pearlman explica que

“La ley no fue dada para el fin de hacer justa a la gente, sino para proporcionar un nivel de justicia.” Myer Perarlman, Teologia biblica y sistematica,pag. 165, ed. Vida

Pearlman explica que

La ley puede compararse con una medida que indicará el largó de una pieza de material, pero no aumentará su largo. O se puede comparar con una báscula que dice el peso que tenemos, pero no puede añadir a nuestro peso. Myer Perarlman, Teologia biblica y sistematica,pag. 165, ed. Vida

Cuando los gálatas retornaron al legalismo judaizante, San Pablo los acusó de haber negado el evangelio:

  • «De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído» (Gá 5.4 – BA).

Y su rechazo consistía no en que hubieran caído en alguna inmoralidad ni hubieran negado alguna doctrina ortodoxa, sino en que habían vuelto a insistir en la circuncisión y el legalismo como condiciones para que Dios los aceptara. Si quieren vivir bajo el sistema legalista, les advierte San Pablo,

  • «Cristo de nada os aprovechará» (Gá 5.2 – BA), porque «para libertad fue que Cristo nos hizo libres » (Gá 5.1 – BA).

Por lo tanto, los exhorta:

  • «permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.» (Gá 5.1 – BA).

El planteamiento de Emmanuel Kant al respecto es digno de ser considerado. Según Kant, el conocimiento humano es limitado a lo que podemos percibir por los sentidos. Como Dios no puede ser percibido por los sentidos, concluye que tampoco podemos saber con certeza si en verdad El existe. Sin embargo, cuando se enfrenta con el problema de la ética y la moral, Kant se pregunta: ¿Qué sería necesario para que los imperativos éticos y morales tengan algún significado? El responde: tiene que haber justicia. Pero ya que la justicia no funciona perfectamente en este mundo, debe existir un estado futuro en el que la justicia prevalezca. Pero para que eso sea posible debe existir también un Juez perfecto, omnisciente y moralmente intachable que dé a cada cual lo que merece. En conclusión, Kant arguye que Dios debe existir para que los imperativos éticos y morales tengan algún sentido. Aunque no podamos saber con certeza si Dios existe, dice Kant, debemos vivir como si El existiera.” http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2009/06/la-justicia-instruye-los-jueces.html

  • “Por la ley es el conocimiento del pecado“,escribió S. Pablo

Los cristianos no tenemos que buscar a tientas dónde se encuentra esa inteligencia superior, ni asumir la existencia de Dios como una posibilidad conveniente. “Los cristianos, como bien señala Peter De Vos, vemos la justicia como enraizada en la voluntad amante de Dios, una voluntad dirigida hacia el bien de los seres que El creó y ejemplificado en Su trato con los hombres”. La Justicia no es un concepto abstracto, es una Persona ante la cual todos compareceremos algún día para dar cuentas. Y tal como lo muestra Robert en su pintura, aún los jueces están bajo Su autoridad. Ellos comparecerán también delante del Gran Juez de toda la tierra, ante el cual “todas las cosas están desnudas y abiertas” (Hebreos 4:13).http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2009/06/la-justicia-instruye-los-jueces.html

  • “6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Heb. 11:6

Quizás tú estás aquí en este día y has estado viviendo toda tu vida bajo la ley. Has tratado de obedecer las leyes de Dios, y siempre has fracasado. Claro, a veces sí lo haces; pero muchas veces has fallado, y eres culpable ante Dios. A ti te digo en esta mañana: Hay uno que obedeció perfectamente la ley de Dios, y lo hizo por ti. El murió, sin tener que hacerlo, en tu lugar y el mío.

El ahora te invita a entregarle tu vida, y aprender de El como vivir en obediencia tu Padre – no para tratar de ganar la salvación, sino porque El ya te la ganó. ¿Quieres conocerlo hoy? La ley es buena, pero tú y yo no lo somos. Por eso necesitamos un Salvador. Si no lo has recibido, ven hoy a hacerlo.

Dios te bendiga

Notas

Bibliografía consultada

Imagenes

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La Ley y la Gracia

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Hablando de Escatología

Hablando de Escatología

Posted: 09 Oct 2009 03:07 AM PDT

Intorducción:

Seguimos con los temas escatologicos. Acá publico un interesante artículo del DR. EDUARDO FLORES, de sujetosalaroca.org. Espero les sea de bendición y permita el intercambio edificativo de opiniones y continúo con este tema de la segunda venida del Señor que venía tratando, que me parece sumamente interesante.

Sin ser dogmático, me inclino a pensar en la opción premilenarista histórica, ya que no me parece que el milenio deba ser interpretado simbólicamente. Prefiero la intepretación literal de este asunto, ya que la otra es la escuela alegórica, que proviene de Alejandria.

Dios el Hijo: Su Encarnación

Dios el Hijo: Su Encarnación 

por Lewis Sperry Chafer

Al considerar la encarnación deben de admitirse dos verdades importantes: 1) Cristo fue al mismo tiempo, y en un sentido absoluto, verdadero Dios y verdadero hombre; y 2) al hacerse Él carne, aun que dejó a un lado su Gloria, en ningún sentido dejó a un lado su deidad. En su encarnación Él retuvo cada atributo esencial de su deidad. Su total deidad y completa humanidad son esenciales para su obra en la cruz. Si Él no hubiera sido hombre, no podría haber muerto; si Él no hubiera sido Dios, su muerte no hubiera tenido tan infinito valor.

Juan declara (Jn. 1:1) que Cristo, quien era uno con Dios y era Dios desde toda la eternidad, se hizo carne y habitó entre nosotros (1:14). Pablo, asimismo, declara que Cristo, quien era en forma de Dios, tomó sobre sí mismo la semejanza de hombres (Fil. 2:6-7); «Dios fue manifestado en carne» (1 Ti. 3:16); y Él, quien fue la total revelación de la gloria de Dios, fue la exacta imagen de su persona (He. 1:3). Lucas, en más amplios detalles, presenta el hecho histórico de su encarnación, así como ambos su concepción y su nacimiento (Lc. 1:26-38; 2:5-7).

La Biblia presenta muchos contrastes, pero ninguno más sorprendente que aquel que Cristo en su persona debería ser al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Las ilustraciones de estos contrastes en las Escrituras son muchas: Él estuvo cansado (Jn. 4:6), y Él ofreció descanso a los que estaban trabajados y cargados (Mt. 11:28); Él tuvo hambre (Mt. 4:2), y Él era «el pan de vida» (Jn. 6:35); Él tuvo sed (Jn. 19:28), y Él era el agua de vida (Jn. 7:37). Él estuvo en agonía (Lc. 22:44), y curó toda clase de enfermedades y alivió todo dolor. Aunque había existido desde la eternidad (Jn. 8:58), Él creció «en edad» como crecen todos los hombres (Lc. 2:40). Sufrió la tentación (Mt. 4:1) y, como Dios, no podía ser tentado. Se limitó a sí mismo en su conocimiento (Lc. 2:52), aun cuando Él era la sabiduría de Dios.

Refiriéndose a su humillación, por la cual fue hecho un poco menor que los ángeles (He. 2:6-7), Él dice: «Mi Padre es mayor que yo» (Jn. 14:28); y «Yo y el Padre uno somos» (Jn. 10:30), y «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn. 14:9). Él oraba (Lc. 6:12), y Él contestaba las oraciones (Hch. 10:31). Lloró ante la tumba de Lázaro (Jn. 11:35), y resucitó a los muertos (Jn. 11:43). Él preguntó: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (Mt. 16:13), y «no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre» (Jn. 2:25). Cuando estaba en la cruz exclamó: «Dios mío, Dios mio, ¿por qué me has desamparado?» (Mr. 15:34). Pero el mismo Dios quien así clamó estaba en aquel momento «en Cristo reconciliando al mundo a sí» (2 Co. 5:19). Él es la vida eterna; sin embargo, murió por nosotros. Él es el hombre ideal para Dios y el Dios ideal para el hombre. De todo esto se desprende que el Señor Jesucristo vivió a veces su vida terrenal en la esfera de lo que es perfectamente humano, y en otras ocasiones en la esfera de lo que es perfectamente divino. Y es necesario tener presente que el hecho de su humanidad nunca puso límite, de ningún modo, a su Ser divino, ni le impulsó a echar mano de sus recursos divinos para suplir sus necesidades humanas. Él tenía el poder de convertir las piedras en pan a fin de saciar su hambre; pero jamás lo hizo.

A. EL HECHO DE LA HUMANIDAD DE CRISTO

1. La humanidad de Cristo fue determinada antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4-7; 3:11; Ap. 13:8). El principal significado del tipo del Cordero está en el cuerpo físico que se ofrece en sacrificio cruento a Dios.

2. Cada tipo y profecía del Antiguo Testamento concerniente a Cristo, anticipa el advenimiento del Hijo de Dios en su encarnación. 

3. El hecho de la humanidad de Cristo se ve en la anunciación del ángel a María y en el nacimiento del Niño Jesús(Lc. 1:31-35). 

4. La vida terrenal de Cristo revela su humanidad: 1) Por sus nombres: «el Hijo del hombre», «el Hijo de David», u otros semejantes; 2) por su ascendencia terrenal: Se le menciona como «el primogénito de María» (Lc. 2:7), «la descendencia de David» (Hch. 2:30; 13:23), «la descendencia de Abraham» (He. 2:16), «nacido de mujer» (Gá. 4:4), «vástago de Judá» (Is. 11:1); 3) por el hecho de que Él poseía cuerpo, y alma, y espíritu humanos (Mt. 26:38; Jn. 13:21; 1 Jn. 4:2, 9); y 4) por las limitaciones humanas que Él mismo se impuso. 

5. La humanidad de Cristo se manifiesta en su muerte y resurreción. Fue un cuerpo humano el que sufrió la muerte en la cruz, y fue ese mismo cuerpo el que surgió de la tumba en gloriosa resurrección. 

6. La realidad de la humanidad de Cristo se ve también en su ascensión a los cielos y en el hecho de que Él está allí, en su cuerpo humano glorificado intercediendo por los suyos. 

7. Y en su segunda venida será «el mismo cuerpo» -aunque ya glorificado que adoptó en el milagro de la encarnación. 

B. LAS RAZONES BIBLICAS DE LA ENCARNACION

1. Cristo vino al mundo para revelar a Dios ante los hombres (Mt. 11:27; Jn. 1:18; 14:9; Ro. 5:8; 1 Jn. 3:16). Por medio de la encarnación, el Dios, a quien los hombres no podían comprender, se revela en términos que son accesibles al entendimiento humano.

2. Cristo vino a revelar al hombre. Él es el Hombre ideal para Dios, y como tal, se presenta como un ejemplo para los que creen en Él (1 P. 2:21), aunque no para los inconversos, pues el objetivo de Dios en cuanto a ellos no es meramente reformarlos, sino salvarlos. 

3. Cristo vino a ofrecer un sacrificio por el pecado. Por esta causa, Él da alabanza por su cuerpo a Dios, y esto lo hace en relación con el verdadero sacrificio que por nuestro pecado Él ofreció en la cruz (He. 10:1-10). 

4. Cristo se hizo carne a fin de destruir las obras del diablo (Jn. 12:31; 16:11; Col. 2:13-15; He. 2:14; 1 Jn. 3:8). 

5. Cristo vino al mundo para ser «misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere» (He. 2:16-17; 8:1; 9:11-12, 24). 

6. Cristo se hizo carne para poder cumplir el pacto davídico (2 S.7:16; Lc. 1:31-33; Hch. 2:30-31, 36; Ro. 15:8). Él aparecerá en su cuerpo humano glorificado y reinará como «Rey de reyes y Señor de señores», y se sentará en el trono de David su padre (Lc. 1:32; Ap. 19:16). 

7. Por medio de su encarnación, Cristo llegó a ser «Cabeza sobre todas las cosas y de la iglesia», la cual es la Nueva Creación, o sea, la nueva raza humana (Ef. 1:22). En la encarnación, el Hijo de Dios tomó para sí, no solamente un cuerpo humano, sino también un alma y un espíritu humanos. Y poseyendo de este modo tanto la parte material como la inmaterial de la existencia humana, llegó a ser un hombre en todo el sentido que esta palabra encierra, y a identificarse tan estrecha y permanentemente con los hijos de los hombres, que Él es correctamente llamado «el postrer Adán»; y «el cuerpo de la gloria suya» (Fil. 3:21) es ahora una realidad que permanece para siempre. 

El Cristo que es el Hijo Eterno, Jehová Dios, fue también el Hijo de María, el Niño de Nazaret, el Maestro de Judea, el Huésped de Betania, el Cordero del Calvario. Y un día se manifestará como el Rey de gloria, así como ahora es el Salvador. de los hombres, el Sumo Sacerdote que está en los cielos, el Esposo que viene por su Iglesia, y el Señor.

PREGUNTAS

1. ¿Qué dos verdades importantes deben destacarse en el estudio de la encarnación del Hijo de Dios?

2. Por qué es importante sostener ambas cosas: la completa deidad y la completa humanidad de Cristo?

3. ¿Qué evidencia hay de que Cristo tenía una total humanidad?

4. ¿Qué evidencia hay de que Cristo tuvo experiencias humanas normales?

5. ¿Cómo se sostiene el hecho de su deidad aun cuando Cristo estuvo en la tierra?

6. ¿Cómo está relacionada la encarnación con la revelación de Dios al hombre?

7. ¿Cómo está relacionada la encarnación con el sacrificio de Cristo por el pecado?

8. ¿Cuál es la relación de la encarnación con respecto a destruir las obras del diablo?

9. ¿Cómo se relaciona la encarnación de Cristo con su oficio de Sumo Sacerdote?

10. ¿Cuál es la relación del pacto davídico con la encarnación?

11. ¿Cómo se relaciona la posición de Cristo como Cabeza sobre la iglesia con respecto a la encarnación?

Fuente: http://www.seminarioabierto.com/doctrina108.htm

Dios el Padre

Dios el Padre

por Lewis Sperry Chafer

A. EL PADRE COMO LA PRIMERA PERSONA

Se indica que hay tres Personas en la Trinidad -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-y que ellas son un solo Dios.

¿Qué es la teología sistemática?

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.Ro. 6:23

¿Qué es la teología sistemática?

La palabra “teología” viene de dos palabras griegas que significan “Dios” y “palabras”. Combinadas, la palabra “teología” significa “estudio de Dios”. Sistemático se refiere a algo que es puesto bajo un sistema. Teología sistemática es por lo tanto, la división de la teología bajo sistemas que explican sus diversas áreas. Por ejemplo, muchos libros de la Biblia dan información acerca de los ángeles. La teología sistemática toma toda la información sobre los ángeles de todos los libros de la Biblia, y la organiza dentro de un sistema – angelología. Eso es de lo que trata la teología sistemática – organizar las enseñanzas de la Biblia en sistemas de categorías.

La Teología Propia es el estudio de Dios el Padre. Cristología es el estudio de Dios el Hijo, el Señor Jesucristo. Pneumatología es el estudio de Dios el Espíritu Santo. Bibliología es el estudio de la Biblia. Soteriología es el estudio de la salvación. Eclesiología es el estudio de la iglesia. Escatología es el estudio del fin de los tiempos. Angelología es el estudio de los ángeles. Demonología cristiana es el estudio de los demonios desde una perspectiva cristiana. Antropología cristiana es el estudio de la humanidad. Hamartiología es el estudio del pecado.

La teología bíblica es el estudio de cierto libro (o libros) de la Biblia, enfatizando los diferentes aspectos de la teología en la que se enfoca. Por ejemplo, el Evangelio de Juan es muy Cristológico puesto que se enfoca mucho en la deidad de Cristo (Juan 1:1,14; 8:58; 10:30; 20:28). La teología Histórica es el estudio de doctrinas y cómo éstas se han desarrollado a través de los siglos de la iglesia cristiana. La teología Dogmática es un estudio de las doctrinas de ciertos grupos cristianos que tienen doctrina sistematizada, por ejemplo la teología Calvinista y la teología Dispensacional. La teología Contemporánea es el estudio de doctrinas que se han desarrollado o que han captado la atención en tiempos recientes. La teología Sistemática es una importante herramienta para ayudarnos a comprender y estudiar la Biblia de manera organizada.

Fuente: http://www.gotquestions.org/Espanol/teologia-sistematica.html

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