Conciliación de la teoría creacionista con la teoría evolucionista.

Conciliación de la teoría creacionista con la teoría evolucionista.

Autor: Paulo Arieu

El domingo 10 de abril de 2005, se cumplirán 50 años de la muerte del jesuita geólogo, paleontólogo y pensador Pierre Teilhard de Chardin. Falleció súbitamente en Nueva York, en casa de los jesuitas. Era el domingo de Resurrección.

La conmemoración de los 50 años de su desaparición no ha caído en el olvido. Muchas instituciones científicas, culturales y humanitarias de ámbito internacional están organizando homenajes en recuerdo de Pierre Teilhard de Chardin.

El quinquenio Teilhard (2001-2005) se clausurará en Nueva York, París y Clermont- Ferrand con un seminario sobre El porvenir de la Humanidad.

Diversos congresos, simposios, coloquios y mesas redondas se han venido celebrando desde el año 2001 en las ciudades y países donde Teilhard desarrolló su visión científica y religiosa.

De particular interés fue el coloquio de Beijing y la evocación de La Misa sobre el Mundo, texto de gran hondura mística escrito por Teilhard en 1923, poco después de su llegada a China, y que expresa sus vivencias religiosas cuando explora las inmensas y desoladas estepas de Asia.

En el año 2003, los actos académicos alrededor del tema Ciencia y progreso humano: hacia el espíritu de la Tierra y el dominio de la mundialización se celebró en Beijing y Estrasburgo. Con el tema Creer en Dios, creer en el hombre, este año 2004 se celebran en París y en Roma diversos acontecimientos culturales y religiosos patrocinados por diversas instituciones.

Si se consultan los repertorios bibliográficos sobre Teilhard de Chardin (como el del Padre Polgar), [Polgar, L. (1990). Bibliographie sur l´histoire de la Compagnie de Jesús (1901-1980). Archivum Historicum Societatis Iesu, Roma, vol. III, «Les personnes : P. Teilhard de Chardin», pág. 359-363 [tiene 2942 entradas bibliográficas] se constata que, a partir del inicio en 1955 de la publicación de las obras filosóficas y teológicas de Teilhard [en Éditions du Seuil : “Ouvres de Pierre Teilhard de Chardin” (entre 1955-1976)] poco después de su fallecimiento, se produce una enorme difusión por todo el mundo de artículos y libros
sobre la figura y sobre las ideas filosóficas, religiosas, místicas y teológicas de Teilhard.

El interés de los lectores se centra en estos temas, relacionados con los originales de sus obras que se iban publicando por parte del Comité Científico y el Comité General del Alto Patronato de su Majestad la Reina Maria-José,,,

Pero hay un amplio repertorio bibliográfico de Teilhard de Chardin que ha estado olvidado y que medio siglo más tarde se intenta recuperar.

Teilhard,nació en Sarcenat, Francia en 1881 . Entró muy joven en la Compañía de Jesús (1899) y se interesó por la geología. Participó en numerosas expediciones científicas a Extremo Oriente, India, Birmania, Java y África del Sur. En 1951 se trasladó a Nueva York, donde permaneció hasta su muerte.

Es la obra de Teilhard como geólogo, paleontólogo y paleoantropólogo.

La obra científica teilhardiana, reeditada por N. y K. Schmitz-Moorman en 1971, tiene 11 gruesos tomos y casi 5.000 páginas [SCHMITZMOORMANN, N. Y K. edit., Pierre Teilhard de Chardin. L´Oeuvre scientifique. (Walter- Verlag (Olten, Suiza), 1971, prólogo de Jean Piveteau, 11 volúmenes].

Superadas muchas de las ideas filosóficas teilhardianas, y asumidos por el Vaticano II muchos de sus planteamientos teológicos y espirituales, lo que queda de Teilhard medio siglo más tarde es su obra científica.

Recientemente [TEILHARD DE CHARDIN, P., Títulos y trabajos de Pierre Teilhard de Chardin. El Corazón de la Materia (Sal Terrae, Santander. 2002), 169-189] se ha publicado en castellano un currículo que redactó en 1948 para optar a una plaza en París.

Este es hoy un documento de gran interés. Por él sabemos que entre sus título y reconocimientos se contaban los de Doctor en Ciencias por la Universidad de París en 1922; Presidente de la Sociedad Geológica de Francia entre 1922 y 1923; Profesor de Geología en el Instituto Católico de París, entre 1922 y 1928; Consejero del Servicio Nacional Geológico de China, desde 1929;Director del Laboratorio de Geología aplicada al Hombre (Altos Estudios) desde 1938; Director de Investigación del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) desde 1947; Miembro correspondiente del Instituto (Academia de Ciencias) desde 1947; Miembro de la Sociedad Linneana de Londres desde 1947; Oficial de la Legión de Honor, Medalla militar.

Son reconocimientos debidos, sobre todo, a la calidad de sus publicaciones científicas en Europa y en Asia..

El mismo Teilhard comenta en su currículo lo que considera son sus mejores aportaciones científicas plasmadas en sus publicaciones.

El número total de publicaciones científicas seleccionadas por él es de 125, siendo la primera de 1913 y la última de 1948.

El mismo Teilhard define tres fases en su curriculo científico: la fase de investigaciones preliminares en el campo, que llevan desde 1901 hasta 1912; la segunda fase discurre entre 1912 y 1923 y la define como “fase de investigaciones paleontológicas en Europa”; la tercera fase, la más extensa, (1923-1945) se centra en las “exploraciones en Asia Central”.Leandro Sequeiros (Cátedra CTR, Universidad Comillas).

• La biofilosofía de Teilhard de Chardin. [Artículo que aparecerá en Pensamiento (2005), Universidad Comillas].
[Ignacio Nuñez de Castro, Catedrático de Bioquímica, Universidad de Málaga].

• Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), geólogo y paleontólogo. Recuperación histórica de su obra científica [artículo que aparecerá en Pensamiento (2005), Universidad Comillas]. [Leandro Sequeiros, Catedrático de Paleontología (en excedencia), Miembro de INHIGEO (Comisión Internacional para la Historia de la Geología), Profesor de Filosofía de la Naturaleza en Granada].

• Teilhard de Chardin y el diálogo actual entre ciencias y religión [artículo que aparecerá en Pensamiento (2005), Universidad Comillas]. [Agustín Udías es Catedrático de Física en la Universidad Complutense de Madrid].

Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) Fue un paleontólogo y filósofo francés que aportó una muy personal y original visión de la evolución. Miembro de la orden jesuita, su concepción de la evolución, considerada ortogenista y finalista, equidistante en la pugna entre la ortodoxia religiosa y científica, propició que fuese atacado por la una e ignorado por la otra.

En esta investigación se recopila su visión filosófica, acerca de la conciliación de la teoría creacionista con la teoría evolucionista, y además se incluye un apéndice acerca de su importante obra “El Fenómeno Humano”

Según Chardin El punto Alfa es el inicio de la evolución.

La evolución es la manera de crear de Dios, que tiene una finalidad, y que todo tiene una conciencia o interioridad que se incrementa exponencialmente y apunta hacia la conciencia suprema, el Punto Omega, Dios.

El filósofo Teilhard de Chardin en su teoría evolutiva dice que la próxima etapa evolutiva del hombre será, cuando el hombre llegue desde el Alfa hasta el Omega (su cristificación).

La teoría de Teilhard de Chardin sobre la cosmogénesis está basada en la filosofía vitalista de Henri Bergson, particularmente en su libro “La Evolución Creadora”.

La visión de Teilhard combina teología y ciencia en una perspectiva unificadora y coherente que sintetiza la Fe Cristiana y la Teoría de la Evolución.

Para Teilhard la evolución es un proceso dirigido e iniciado por el espíritu de Dios en el Universo, una Creación continua y permanente, que comienza incluso desde el nivel de las partículas subatómicas, ascendiendo a niveles cada vez más altos de complejidad, y paralelamente, desarrollando espacios más profundos de consciencia.

Según esa Ley de Complejidad-Consciencia, las formas de vida emergen como resultado de la asociación de distintos procesos químicos armonizados, los cuales representan a su vez un proceso de cognición o aprendizaje, de acumulación de información adaptativa. Esto forma parte de un esbozo teórico que Teilhard llamó “Hiperfísica”, que estudiaría la energía vital o espiritual en acción dentro de la materia.
La figura de Cristo, la encarnación de Dios en la materia del cuerpo humano, es el símbolo que Teilhard usa para designar el proceso en el que la inteligencia suprema se desarrolla poco a poco en el seno de la materia, en dirección a la completación suprema, el Punto Omega, donde materia y espíritu serán una sola cosa, presente y visible en el mundo

Teilhard de Chardin acepta como validas las dos teorías: Creacionista y Evolucionista, a pesar que era un sacerdote jesuita (que por defecto debe creer en la teoría creacionista) no quiso aceptar que el hombre surgía solo de la teoría creacionista, entonces hizo su investigación para conciliarlas y tomar las dos teorías como ciertas

La conciliación de la teoría creacionista con la teoría evolucionista es la siguiente:

*Dios es el Alfa (es decir el principio de todo)

*Dios procedió a crear la materia

*Esta materia evoluciona (se transforma)

*Nuevamente Dios vuelve a intervenir, y le da a la materia un alma, entonces con esta alma surge el hombre (surge la vida)

*Después de surgir el hombre, este debe irse perfeccionando poco a poco; y es el punto en el cual converge toda la humanidad en la actualidad

*Cuando este alcance su máximo perfeccionamiento este culminará en el punto máximo de perfeccionamiento (perfeccionamiento de los cosmos) y llegara al final de su perfeccionamiento; es decir el punto Omega que significa el punto final y máximo de perfeccionamiento.

En el siguiente esquema se explica en resumen lo expuesto anteriormente:

Dios interviene tres veces durante el proceso del surgimiento del hombre:

-La primera vez, fue cuando creó la materia

-La segunda vez, fue cuando a la materia le dio un alma, que posteriormente surge la vida (el hombre)

-La tercera vez, será cuando el hombre haya alcanzado su máxima perfección

El proceso evolutivo actúa dos veces durante el surgimiento del hombre:

-La primera fue cuando una vez creada la materia esta evoluciona

-La segunda es que luego que fue creado el hombre a través de una alma (dada por Dios), el hombre continúa evolucionando hasta converger en el punto máximo de perfección (punto de Omega)

La teoría de la Noosfera

La teoría de la Noosfera, de Vernadsky, fue recogida tiempo mas tarde, por el teólogo cristiano Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955). Teilhard explica la noosfera como un espacio virtual en el que se da el nacimiento de la psíquis (noogénesis), un lugar donde ocurren todos los fenómenos (patológicos y normales) del pensamiento y la inteligencia. Para Teilhard, la evolución tiene igualmente 3 fases o etapas: la geosfera (o evolución geológica), la biosfera (o evolución biológica), la noósfera (o evolución de la conciencia universal). Esta última, conducida por la humanidad, alcanzará la última etapa de la evolución en la cristósfera. También entiende que la noosfera es el estrato que conduce la energía liberada en el acto del pensamiento. Está a la altura de las cabezas humanas, interconectando toda la energía del pensamiento y generando la conciencia universal. En palabras de Teilhard: «Creo que el Universo es una Evolución. Creo que la Evolución va hacia el Espíritu. Creo que el Espíritu se realiza en algo personal. Creo que lo Personal supremo es el Cristo Universal».

Ambos Vernadsky y Teilhard, coinciden en el proceso aunque la última etapa señala objetivos totalmente distintos:[1]

  • Para Vernadsky, la última etapa es una visión del pensamiento científico que acelera, modifica y va tomando el control de la “natural”, y en la cual nunca discute un posible fin de la noosfera.
  • Para Theilhard, el lado psíquico de la materia se vuelve determinante, para apuntar así a la culminación de un proceso en donde la Tierra-noosfera es reemplazada por una super-mente, significando de este modo la realización del espíritu en la Tierra.

La obra de este teologo jesuita, que está centrada en el estudio de las etapas del desarrollo del hombre, formula un evolucionismo optimista y se esfuerza en conciliar las exigencias de la ciencia y los preceptos de la fe católica. Cosmogénesis, biogénesis y noogénesis son los momentos claves de la evolución, en la que Teilhard de Chardin ve una progresiva espiritualización de la materia, en un movimiento de retorno de la creación a Dios, cuya punta de lanza es el hombre. Devolviendo a Jesucristo una dimensión cósmica, aunque sin negar la gracia ni lo sobrenatural, se acercó a posiciones panteístas, lo que le granjeó la manifiesta hostilidad del Vaticano, que en 1962 exhortaba a los responsables de la enseñanza religiosa a que mantuvieran a los jóvenes alejados de las “peligrosas obras” de Teilhard de Chardin. Entre ellas, cabe destacar El fenómeno humano, publicada póstumamente, en 1955.

Teilhard y la Iglesia Católica

Teilhard perteneció a la orden religiosa de los Jesuitas, la cual es una de las órdenes que más enfatizan la importancia del estudio, y no sólo el teológico. Así que Teilhard pudo dedicarse, con el consentimiento de sus superiores, al estudio de las ciencias naturales y convertirse en paleontólogo. Hizo algunos hallazgos de fósiles y dictó clases y ponencias en varias universidades. Sus ideas sobre la evolución de los seres vivientes (que se encuentran resumidas en mi post de 23 de febrero) lo hicieron famoso internacionalmente.

A las autoridades de la Iglesia Católica en el Vaticano, sin embargo, las ideas de Teilhard no les cayeron bien. En 1925 tuvo que retractarse formalmente, lo que hizo para poder quedarse dentro de la orden jesuita, y en 1948, bajo el pontificado del papa Pio XII (a quien encontraremos de nuevo abajo), tuvo que viajar a Roma para explicar sus ideas, sin lograr lo que tanto deseaba: que le fuera permitido publicar sus escrituras (que se publicaron sólo después de su muerte), y aceptar la posición de profesor catedrático en París que le había sido ofrecida.

Creo que es lícito decir que les honra a los superiores jesuitas que hayan dejado a Teilhard llevar a cabo sus estudios, pero que el ambiente conservador que reinaba en el Vaticano en aquellos tiempos limitó seriamente su desarrollo personal y profesional.

 

La Iglesia Católica y la Teoría de la Evolución

Dos papas han escrito explícitamente sobre la teoría de la evolución: primero Pio XII, y más recientemente Juan Pablo II.

Papa Pio XII abrió la puerta a la aceptación por parte de la Iglesia Católica del estudio de la teoría de la evolución, aunque indicó claramente que eso no implicaba a priori la aceptación de la misma. En 1950, en la introducción de su encíclica “Humani generis”[2] (que por ser encíclica tiene rango y fuerza de dogma de la iglesia católica), Pio XII escribió:

“Alcuni, senza prudenza né discernimento, ammettono e fanno valere per origine di tutte le cose il sistema evoluzionistico, pur non essendo esso indiscutibilmente provato nel campo stesso delle scienze naturali, e con temerarietà sostengono l’ipotesi monistica e panteistica dell’universo soggetto a continua evoluzione. Di quest’ipotesi volentieri si servono i fautori del comunismo per farsi difensori e propagandisti del loro materialismo dialettico e togliere dalle menti ogni nozione di Dio.

Le false affermazioni di siffatto evoluzionismo (…) hanno preparato la strada alle aberrazioni di una nuova filosofia che, facendo concorrenza all’idealismo, all’immanentismo e al pragmatismo, ha preso il nome di “esistenzialismo” perché, ripudiate le essenze immutabili delle cose, si preoccupa solo della “esistenza” dei singoli individui.”

O sea, la encíclica considera que la teoría de la evolución (sistema evoluzionistico) no está probada del todo (non essendo esso indiscutibilmente provato), que es temerario afirmar que el universo está sujeto a una evolución continua (con temerarietà sostengono l’ipotesi … dell’universo soggetto a continua evoluzione), que está siendo utilizada por los partidarios del comunismo ateo (fautori del comunismo) y que ha abierto el camino a filosofías “aberrantes” tales como el existencialismo. Obviamente, la encíclica tiene que ser puesta en el contexto de la Guerra Fría de aquel entonces, y del auge de las corrientes filosóficas y psicológicas del post-guerra que enfatizaron el papel del individuo.

En cuanto se refiere a las ciencias en general la encíclica indica en el capítulo 4 que la Iglesia está de acuerdo con las mismas, siempre y cuando se trate de hechos probados (fatti realmente dimostrati) que no contradigan la doctrina católica (la dottrina contenuta nella Sacra Scrittura):

“Non pochi chiedono instantemente che la religione cattolica tenga massimo conto di quelle scienze. Il che è senza dubbio cosa lodevole, quando si tratta di fatti realmente dimostrati; ma bisogna andar cauti quando si tratta piuttosto di ipotesi, benché in qualche modo fondate scientificamente, nelle quali si tocca la dottrina contenuta nella Sacra Scrittura o anche nella tradizione. Se tali ipotesi vanno direttamente o indirettamente contro la dottrina rivelata, non possono ammettersi in alcun modo.”

Acerca de la teoría de la evolución en particular, la encíclica indica en el mismo capítulo 4 que la Iglesia (Chiesa) está de acuerdo con que haya estudios y discusiones entre espertos en el “evolucionismo” y teólogos acerca de que el cuerpo humano tenga un origen anterior al hombre (corpo umano, che proverrebbe da materia organica preesistente), mientras que no se toque el tema del alma puesta que es creación de Dios (le anime sono state create immediatamente da Dio), se deje la última palabra a la Iglesia (sottostare al giudizio della Chiesa) y no se pretenda que ya esté seguro que el cuerpo humano tenga su origen en organismos preexistentes (come fosse già dimostrata con totale certezza la stessa origine del corpo umano dalla materia organica preesistente):

“Per queste ragioni il Magistero della Chiesa non proibisce che (…) sia oggetto di ricerche e di discussioni, da parte dei competenti in tutti e due i campi, la dottrina dell’evoluzionismo, in quanto cioè essa fa ricerche sull’origine del corpo umano, che proverrebbe da materia organica preesistente (la fede cattolica ci obbliga a ritenere che le anime sono state create immediatamente [da] Dio). Però questo deve essere fatto in tale modo che le ragioni delle due opinioni, cioè di quella favorevole e di quella contraria all’evoluzionismo, siano ponderate e giudicate con la necessaria serietà, moderazione e misura e purché tutti siano pronti a sottostare al giudizio della Chiesa, alla quale Cristo ha affidato l’ufficio di interpretare autenticamente la Sacra Scrittura e di difendere i dogmi della fede (…). Però alcuni oltrepassano questa libertà di discussione, agendo in modo come fosse già dimostrata con totale certezza la stessa origine del corpo umano dalla materia organica preesistente, valendosi di dati indiziali finora raccolti e di ragionamenti basati sui medesimi indizi (…).”

En la conclusión de su encíclica, Pio XII indicó la gran limitante que tiene, según la Iglesia, el estudio científico, por importante que sea: la de no cruzar los límites establecidos por la Iglesia en su defensa de la fe y de la doctrina:

“Cerchiamo con ogni sforzo e con passione di concorrere al progresso delle scienze che insegnano; ma si guardino anche dall’oltrepassare i confini da Noi stabiliti per la difesa della fede e della dottrina cattolica.”

El Papa Juan Pablo II fue el primero a explícitamente aceptar la teoría de la evolución, aunque, de nuevo, con ciertas limitantes. En octubre de 1996 escribió en un mensaje a la Pontífica Academia de Ciencias, refiriéndose a la encíclica de Pio XII, arriba mencionada[3]:

“Oggi, circa mezzo secolo dopo la pubblicazione dell’Enciclica, nuove conoscenze conducono a non considerare più la teoria dell’evoluzione una mera ipotesi. È degno di nota il fatto che questa teoria si sia progressivamente imposta all’attenzione dei ricercatori, a seguito di una serie di scoperte fatte nelle diverse discipline del sapere. La convergenza, non ricercata né provocata, dei risultati dei lavori condotti indipendentemente gli uni dagli altri, costituisce di per sé un argomento significativo a favore di questa teoria.”

O sea, se indica que, debido a nuevos descubrimientos (scoperte fatte nelle diverse discipline del sapere), la teoría de la evolución ya no es solamente una hipótesis (una mera ipotesi). Sin embargo, Juan Pablo II enfatiza que existen múltiples explicaciones (spiegazioni) del mécanismo de la evolución: algunas materialistas, otras más espirituales (spiritualistiche):

“A dire il vero, più che della teoria dell’evoluzione, conviene parlare delle teorie dell’evoluzione. Questa pluralità deriva da un lato dalla diversità delle spiegazioni che sono state proposte sul meccanismo dell’evoluzione e dall’altro dalle diverse filosofie alle quali si fa riferimento. Esistono pertanto letture materialiste e riduttive e letture spiritualistiche. Il giudizio è qui di competenza propria della filosofia e, ancora oltre, della teologia.”

Juan Pablo II declara que aquellas versiones de la teoría de la evolución que consideran que el alma (l’anima spirituale) no es sino una consecuencia de la evolución biológica (emergente dalle forze della materia viva), en lugar de considerarla una creación de Dios, son incompatibles con las doctrinas de la Iglesia:

“Se il corpo umano ha la sua origine nella materia viva che esisteva prima di esso, l’anima spirituale è immediatamente creata da Dio (…). Di conseguenza, le teorie dell’evoluzione che, in funzione delle filosofie che le ispirano, considerano lo spirito come emergente dalle forze della materia viva o come un semplice epifenomeno di questa materia, sono incompatibili con la verità dell’uomo.”

Conclusión

Así que, concluyendo, se puede afirmar que la Iglesia Católica acepta ahora la teoría de la evolución como una teoría válida, con tal que el mecanismo de la evolución no sea considerado como algo completamente materialista, sino que haya espacio para Dios en el sentido que se acepte que el alma humana haya sido creada por Dios. En otras palabras, la Iglesia considera que, si bien la raza humana tenga sus orígenes en un proceso evolutivo que incluye antepasados comunes entre nosotros y los simios y otros animales, lo que nos hace únicos en los ojos de la Iglesia, el hecho de tener un alma, es la consecuencia de la acción de Dios. O sea, Dios no creó el hombre como tal, sino su alma.

Con este mensaje de Juan Pablo II, la Iglesia Católica tomó distancia de los creacionistas, que toman la Biblia a pie de letra. Tal como ya escribieron la autoridades católicas en 1948[4], la Biblia, aunque inspirada por Dios y por la tanto más que un mito cualquiera, fue escrita para un público poco educado y de otros tiempos, de manera que contiene verdades fundamentales pero narradas mediante metáforas y con palabras sencillas.

De esta manera una vez mas la iglesia católica niega la capacidad de Dios de hablarle al hombre de hoy.

No es nada nuevo en la igleisa católica su poco respeto a las Escrituras. Siempre pesaron mas sus tradiciones que la Sagrada Escritura, invalidando en muchos casos las enseñanzas de la Palabra de Dios, en otros superponiendolos con sus tradiciones. Y sigue con el reclamo de ser el sucesor de Pedro. En fin, vemos que la iglesia católica es como el refran que dice “El zorro cambia el pelo pero no las mañas”

Teilhard de Chardin habla del Cristo cósmico, el punto Omega de nuestra evolución.

En un interesante artículo, ¿Quién es Jesus? Cristo Cósmico”, nos relata la relación entre Teilhard de Chardín y la New Age:

Dibujo de Alex Grey del Cosmic Christ

alex grey, cosmic christ, COPYRIGHT alexgrey.comInformación de Cristo: arquetipo del nuevo hombre.

La figura que las sectas y religiones intentan imponernos de Jesús -para dominarnos en la ignorancia- toma un sentido trascendente en cada uno de nosotros como experiencia mutante de vida. Además las últimas incursiones a las antipodas del cerebro me inspiraron para trabajar sobre este ser interplanetario.

Jesús el humano “descargó” información galáctica Canalizando al Cristo Cósmico, mensajero de la paz y la hermandad: el amor incondicional.
Un mensaje ubicado –quizá por dios- fuera del tiempo.
Luminosa semilla del nuevo hombre, Jesús Galáctico vuelas sobre el pez fluo y traes la esperanza del cielo en la tierra hoy.

Mutante Cósmico
Arriba un dibujo original de Mutante Cósmico titulado “Jesús galáctico” el mismo tiene poder fluorescente para fiestas de danza y trance.jesus galacticoTeilhard de Chardin hablando sobre el regreso de Cristo en el fin de los tiempos:

“En este acontecimiento único y supremo, en el que lo Histórico (nos dice la Fe) debe fundirse con lo Trascendente, el misterio de la Encarnación culmina y se afirma con el realismo de una explicación física del Universo” (“Trois choses que je vois, 1948, p. 7). Este acontecimiento aliará la Ciencia y la Mística, y permitirá a ambas partes obrar una sobre otra, intercambiar sus atributos, llegando Cristo a ser Cósmico y el Cosmos cristificado a ser objeto de amor”

Teilhard de Chardin habla del Cristo cósmico, el punto Omega de nuestra evolución.

  • La Nueva Era -new age- no es un culto, ni una religión, ni reconoce una cabeza visible. Pero ha redescubierto a Dios en todas partes, sin necesidad de concederle una existencia real fuera de nosotros mismos. Por eso no existe una doctrina formulada sino un contenido de emociones en constante dispersión entre las redes hacia una pragmática evolución planetaria. Una lectura transpersonal del Cristo-hombre (el éxodo del Verbo Encarnado en la historia hacia una entidad ontológicamente diferente: el Cristo Cósmico de Teilhard de Chardin), sería suficiente para hacer las paces y convivir en armonía. Extraña teología donde Jesús no es Dios para los hombres y ni siquiera un Hombre para el hombre, sino tan sólo un Elegido entre otros Maestros de la Sabiduría. El Cristo New Age es nada más que el paradigma de la divinidad intrínseca del hombre, porque sencillamente, Dios es usted (Shirley Mc. Lane).

Ak Kin Dios del Sol. Los mayas, egipcios, incas, aztecas, etc. fueron adoradores del Sol, tomando a este como símbolo del Cristo cósmico, de esa fuerza que hace que vivan los mundos, los soles, las estrellas, el átomo. Es esa fuerza que deberemos encarnar todos a través de vivir el precepto Amor a la humanidad.

Notas:

[1] La paleontología es la rama de ciencia que se dedica al estudio de especies animales y vegetales ahora desaparecidas, cuyos restos – generalmente huesos y dientes – se llaman fósiles. Biografías de Teilhard de Chardin se pueden encontrar en la web, por ejemplo en http://www.teilharddechardin.org.

[2] Los textos mencionados aquí de los papas Pio XII y Juan Pablo II se pueden encontrar, en italiano, en el sito web oficial del Vaticano, www.vatican.va.

[3] Juan Pablo II, 1996. Messaggio di Giovanni Paolo II ai partecipanti alla plenaria della Pontificia Accademia delle Scienze. Libreria Editrice Vaticana.

[4] Carta enviada al arzobispo de París por la Comisión Pontífica para los Estudios Bíblicos (16 enero 1948). Citada por Pio XII en el capítulo 5 de su encíclica Humani generis.

Fuentes:

Pierre Teilhard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin S.J. (1881-1955) fue un paleontólogo y filósofo francés que aportó una muy personal y original visión de la evolución. Miembro de la orden jesuita, su concepción de la evolución, considerada ortogenista y finalista, equidistante en la pugna entre la ortodoxia religiosa y científica, propició que fuese atacado por la una e ignorado por la otra. Suyos son los conceptos Noosfera (que toma prestado de Vernadsky) y Punto Omega.

Biografía

Nació en Sarcenat (Auvernia, Francia) en 1881, y muere en 1955 en Nueva York. Es el cuarto hijo de una familia numerosa. Su padre, naturalista aficionado, influye decisivamente en su vocación profesional; y la religiosidad de su madre en su formación espiritual.

Cursa los estudios de ciencias y letras en el colegio jesuita de Mongré (Villefranche-sur-Saône).

El 1899, a los 18 años de edad, ingresa en el noviciado jesuita de Aix-en-Provence. Allí, y más tarde, en 1908, en el colegio jesuita de Hastings (cerca de Piltdown, Gran Bretaña), cursa estudios de teología, tras los cuales es ordenado sacerdote.

Es en esa época, durante su estancia en Gran Bretaña, en 1909, cuando conoce al naturalista Charles Dawson con quien compartirá la afición por la paleontología. Y es en 1912 cuando Chardín se ve envuelto en el escándalo del Hombre de Piltdown. Le une a este escándalo el hecho de ser uno de los primeros en conocer el descubrimiento de su amigo. El descubridor del supuesto hombre de Pitdown fue Charles Dawson, y Dawson junto a Smith Woodward, paleontólogo del Museo Británico de Londres fueron quienes lo presentaron a la Sociedad Geológica de Londres. No obstante, han sido muchos los intentos (después de que Teilhard adquiriera relevancia, no antes) de, con mayor o menor sutileza, unir su figura a aquél fraude, en unas ocasiones insinuando su participación, en otras, el conocimiento del mismo.

En 1912 entra a trabajar en el Museo de Historia Natural de París, trabajando junto a Marcellin Boule, paleontólogo quien había exhumado el primer esqueleto completo de un neandertal. En el Instituto de Paleontología Humana entabla amistad con Henri Breuil y participa con él (en 1913) en excavaciones en la, entonces recientemente descubierta (1903), Cueva de El Castillo de Puente Viesgo (Cantabria, España).

Entre 1914 y 1919, permanece movilizado en el frente como camillero recibiendo la Medalla al Merito Militar y Legión de honor.

En 1916 y 1919, publica sus primeros trabajos : La vida cósmica y El potencial espiritual de la materia. En ellos ya se transluce lo que será el núcleo de su pensamiento.

De 1922 a 1926, obtiene en La Sorbona tres licenciaturas de ciencias naturales: geología, botánica y zoología, y alcanza el doctorado con su tesis Mamíferos del Eocenos inferior francés y sus yacimientos.

En 1923 realiza su primer viaje a China por encargo del Museo de París. Otra vez en París, imparte clases como profesor en el Instituto Católico. Un artículo suyo sobre el pecado original es la causa de sus primeros enfrentamientos con la Ciudad del Vaticano. Se ve obligado a abandonar la enseñanza y regresa a China donde participa junto a Henri Breuil en el descubrimiento del Hombre de Pekín el pariente más cercano del Pithecanthropus, Hombre de Java.

En 1931 participa en la Travesía Amarilla recorriendo el Asia Central. Hasta 1951, que se establece en Nueva York, prosigue una intensa actividad científica marcada por numerosos viajes de estudios: Etiopía (1928), los Estados Unidos (1930), la India (1935), Java (1936), Birmania (1937), Pekín (1939 a 1946), Sudáfrica (1951 y 1953).

En 1951 ingresa en la Academia de las Ciencias de Francia.

Muere en Nueva York, el 10 de abril de 1955, el día de Pascua. Un año antes, durante una cena en el consulado de Francia de esa misma ciudad, confió a sus amigos: “Mi deseo sería morir el Día de La Resurrección”.

Gran parte de su obra fue publicada con carácter póstumo por Jeanne Mortier, a la que nombró su albacea para temas editoriales. Esta obra ocupa trece volúmenes.

Pierre Teilhard de Chardin

(Orcines, 1881 – Nueva York, 1955) Sabio y filósofo francés. Descendiente de una vieja familia aristocrática establecida de antiguo en Auvernia, pasó su infancia en el campo, en la propiedad de sus padres. Terminados sus estudios secundarios en el colegio de jesuitas de Mongré, cerca de Lyon, entró en el noviciado de la Compañía en Aix-en-Provence. La promulgación de las leyes de Combes sobre las congregaciones religiosas le obligó a continuar sus estudios en Inglaterra; estudió Teología en Jersey y fue ordenado sacerdote en Hastings, en 1905.

Paralelamente a la vocación religiosa, la vocación científica de Teilhard de Chardin se había despertado desde la adolescencia. Durante una estancia en Egipto (1905-1908), pudo entregarse a sus primeros estudios de Geología sobre las formaciones numulíticas de Mokattan. Su interés esencial se dirigía, sin embargo, a la Paleontología; de vuelta a Inglaterra participó en las excavaciones emprendidas en el Sussex, que debían dar por resultado en 1912 el descubrimiento del “Foanthropus Dawsoni” de Piltdown (desgraciadamente parece que en esa ocasión los sabios fueron víctimas de una superchería).

Llegado a París en 1912, Teilhard de Chardin fue agregado al laboratorio de Paleontología del Museo, bajo la dirección de Marcellin Boule; sus trabajos hasta la primera guerra mundial se consagraron principalmente a los mamíferos del terciario medio e inferior de Europa. Movilizado en 1914 como cabo-camillero en un regimiento norteafricano, se condujo heroicamente (Medalla militar, Legión de Honor). Incluso en las trincheras de Champagne continuaba sus búsquedas, y sus hallazgos sobre la microfauna de Cernay le dieron el tema para su tesis en la Sorbona.

Titular de la cátedra de Geología del Instituto católico desde 1919, se doctora en Ciencias en 1922. Un año después parte para China, donde residirá casi sin interrupción durante más de veinte años. Tras una pequeña excursión (1923-26) por la Mongolia oriental (Ordos y el desierto de Gobi), Teilhard de Chardin es nombrado en 1929 consejero del Servicio geográfico nacional de China.

En 1930 participa en la expedición del Museo de Nueva York al Asia central, y tendrá parte importante en el descubrimiento del “Sinanthropus”. Desde abril de 1931 a febrero de 1932 acompaña la gran misión transasiática Haardt-Citroën (el famoso “Crucero amarillo”). Director de las excavaciones de Chukutien, cerca de Pekín, en 1932, parte en 1935 hacia la India septentrional y central con la Yale Cambridge Expedition, y en 1936, 1937 y 1938 realiza incursiones en Java (investigaciones en los depósitos originarios del “Pithecanthropus”). Teilhard pasará todo el período de la segunda Guerra Mundial en Pekín y no regresará a Francia hasta 1945.

En 1947 es nombrado director de investigaciones en la Recherche Nationale Scientiphique y, en 1950, elegido miembro de la Academia de Ciencias. Establecido en los Estados Unidos a partir de 1951, en calidad de agregado a la Wenner-Gren Foundation, todavía realizó dos expediciones en África del Sur (1951-1953); contaba más de setenta años.

A lo largo de su vida había publicado numerosos estudios técnicos en revistas especializadas; era un gran cristiano y muy pronto sintió la preocupación de integrar sus descubrimientos dentro de una perspectiva general del “problema humano”, conciliada a la vez con el dogma católico y con las exigencias de la ciencia moderna. Consignó sus meditaciones en gran número de escritos que seguían inéditos en el momento de su muerte.

En 1955 empezó la publicación de las Obras completas, bajo el patronazgo de varias personalidades científicas y filosóficas. Los volúmenes aparecidos hasta 1957 -El fenómeno humano (1955), El grupo zoológico humano (1956), La aparición del hombre (1956), La visión del pasado (1957), El medio divino (1957)- han suscitado inquietud en el Vaticano y levantado vivas oposiciones en ciertos medios teológicos. Pero al mismo tiempo han conquistado fervorosos partidarios en amplios sectores católicos y no católicos del mundo científico. Quedan todavía por publicar numerosos volúmenes. Señalemos también la edición de sus Cartas de viaje (1956-57).

Teilhard de Chardin sostuvo un evolucionismo teleológico; a la concepción materialista del darwinismo y del positivismo, opuso una cosmología que, pese a admitir el evolucionismo, e incluso extendiéndolo a la realidad espiritual, rechazaba una interpretación puramente mecanicista y materialista del cosmos. Así expresó su fe en relación con su concepción del universo: Creo que el Universo es una Evolución. Creo que la Evolución va hacia el Espíritu. Creo que el Espíritu se realiza en algo personal. Creo que lo Personal supremo es el Cristo-Universal. La materia originaria, según él, contiene ya en sí la “conciencia” como elemento organizativo, por el que la evolución se configura como un proceso no puramente mecanicista, sino teológico.

Así, la evolución de la pre-vida (mundo inorgánico) a la vida (“biosfera”) tiende a la producción del mundo del hombre y del pensamiento (“noosfera”), como su culminación. Pero el hombre no es el punto final. El universo, el hombre y su historia tienden a un “punto omega”: el Cristo cósmico, punto de unión de toda la humanidad (“cristosfera”). En medio de las visiones pesimistas que se alzaron a lo largo de su siglo, la obra de Teilhard apuesta por la esperanza y la alegría de sentirse hombre.

Al ser obra demasiado amplia y profunda como para dar un resumen de ella por breve que sea, agrego a continuación lo que opinó sobre él un científico contemporáneo suyo, Julián Huxley.

Una opinión sobre el padre Teilhard
Desde mi primer encuentro con el padre Teilhard, en 1946, pude darme cuenta de que había encontrado en él no solamente un amigo, sino el compañero de una aventura intelectual y espiritual. Aunque él contemplaba el problema del destino humano desde el punto de vista de un cristiano y un sacerdote jesuita, y yo desde el de un agnóstico y un zoólogo, nuestros pensamientos habían seguido el mismo proceso y habíamos llegado a conclusiones sorprendentemente parecidas. Es que uno y otro estábamos resueltos a considerar el destino humano – las relaciones del hombre con el cosmos – como un fenómeno que había que observar y estudiar bajo el mayor número de aspectos posibles, pero siempre como un fenómeno y nunca como un problema metafísico, ético o teológico. En tal concepción, el hombre no aparece como una criatura extraña a la naturaleza, sino como un elemento absolutamente esencial del fenómeno de la evolución. El pensamiento y el espíritu no son un epifenómeno incoherente ni una emanación de lo sobrenatural, sino un fenómeno natural de la mayor importancia. La fuerza y la pureza de su pensamiento, unida a la facultad fecunda de comprender y amar todos los valores, han permitido al padre Teilhard dar al mundo un cuadro no sólo de una claridad excepcional. sino además rico en conclusiones irrefutables.

El primer fenómeno que hay que destacar es el de la unidad. El cosmos, con sus dimensiones gigantescas en el espacio y en el tiempo, es uno. Y todo lo que evoluciona es igualmente uno: es la substancia única del universo, con sus propiedades materiales e intelectuales en su combinación necesaria.

El segundo fenómeno es el de la orientación: lentamente, el proceso de la evolución engendra la novedad,
la diversidad, formas superiores de organización. de una manera irreversible. Un aspecto particularmente significativo de esta orientación es la tendencia de las propiedades intelectuales a manifestarse más y a hacerse relativamente más importantes en relación con las propiedades materiales de esa consciencia. Él llama «Omega» a ese foco de atracción trascendente que asegura la irreversibilidad del ascenso de la humanidad.

El tercer fenómeno es la existencia en el proceso de la evolución de puntos críticos donde la substancia del universo adquiere nuevas propiedades, donde nuevos mecanismos de transformación empiezan a intervenir, donde aparecen nuevas formas de organización. Hasta ahora hay dos puntos críticos de ese género: el origen de la vida – el punto en que la materia se hace capaz de reproducirse a sí misma – y el origen en el hombre de la reflexión constante, el punto en el que se puede decir que el espíritu se ha hecho capaz de reproducirse a sí mismo y en el que la evolución cultural o psico-social se ha sobrepuesto a la evolución biológica. Para atenernos a la Tierra – la única parcela del cosmos donde la existencia de estos puntos críticos nos es efectivamente conocida – según el padre Teilhard, se pueden distinguir tres envolturas o esferas sucesivas: en primer lugar, la geoesfera, teatro de las manifestaciones inorgánicas; a ella se superpuso, hace unos dos mil millones de años, la bioesfera, o sistema evolutivo de la vida orgánica; luego, hace centenares de miles de años, la noosfera, que comprende el sistema evolutivo del pensamiento y de
la consciencia humanos y de sus productos.

El cuarto fenómeno es el de la limitación. En el curso de la evolución orgánica los grupos agotan, los unos después de los otros, sus posibilidades de evolución, y sólo progresan las formas cada vez más limitadas de la vida. Hacia el final del plioceno no quedaba más que una forma de vida capaz de progresos importantes: el hombre, o más exactamente la cepa hominiana, Desde hace algunos millones de años el fenómeno del progreso evolutivo se reduce al fenómeno humano.

En su fase humana, el proceso evolutivo adquiere un carácter enteramente nuevo. En el curso de la fase orgánica, prehumana, cada nuevo tipo que consigue sobrevivir se fracciona, se diferencia, se diversifica en una serie de subtipos, los que producen un gran número de formas de vida biológicamente distintas: lo que llamamos las especies. El hombre es un caso enteramente distinto. Tras un breve período de diferenciación inicial – que produjo las grandes razas o subespecies humanas – la divergencia es sustituida por la convergencia, en primer lugar, de las unidades biológicas o razas humanas distintas, y luego de las unidades psicosociales o conjuntos culturales. Por tanto, aunque es un tipo evolutivo dominante de importancia capital, el hombre representa sólo a una especie biológica y, dentro de unos siglos o milenios, está destinado a no formar más que un solo grupo cultural basado en un marco general único de ideas y creencias.

Esto nos lleva al quinto punto: la evolución del hombre que, por ser esencialmente cultural, depende principalmente del conocimiento que tiene del mundo y de sí mismo. El conocimiento es el fundamento de
la representación justa. La representación define la actitud, y la actitud determina y dirige la acción. Puesto que el método científico – que fundamenta y ordena el conocimiento en base a hipótesis comprobadas por la experiencia o la experimentación – es el método más eficaz para aumentar nuestro conocimiento y nuestra comprensión, su aplicación cada vez más extensa a campos de estudios cada vez más numerosos parece ser la condición previa del progreso. Esto en ningún caso significa negar la importancia de la actividad creadora y su expresión en las artes, las letras y las religiones.

Finalmente, como lo ha recalcado el padre Teilhard, existe el fenómeno de la escala. La escala en la que se produce la evolución es gigantesca en el espacio y más todavía en el tiempo. Sólo familiarizándonos con esta vasta escala temporal podemos contemplar eficazmente los cambios de la evolución, en especial en los animales superiores y en el hombre. Estas no pueden ser percibidas y evaluadas sino a lo largo de centenares de millones de años de la historia pasada del mundo. Y las probabilidades igualmente enormes que podrían realizarse en la Tierra no se pueden concebir sino en el término de centenares de millones de años futuros. Sólo si comprendemos que el hombre se halla en el estadio inicial de su evolución, podemos interiorizar esta visión de las posibilidades de la especie, y sólo interiorizando así su porvenir posible, podemos esperar realizarlo en toda su plenitud.

Aunque yo también haya subrayado muchos de estos mismos puntos, el padre Teilhard ha visto más lejos que yo y mostrado más penetración. Pienso particularmente en su brillante concepción de lo que él llama el enroscamiento, que lleva a un psiquismo más intenso. Entiende por tal el hecho de que una parte constituyente del mundo se repliega sobre sí misma para formar una unidad organizada cuyas tensiones internas aseguran la cohesión, formando un sistema cerrado y automáticamente equilibrado. Los átomos, las moléculas, las células, los organismos multicelulares y las personalidades humanas son ejemplos de estos sistemas de enroscamiento, pero cada uno a un nivel diferente de organización. Además el padre Teilhard postula que cuanto más complejo es el sistema, tanto más estrechamente coordinada está su organización y tanto más activos e importantes son su vida interior, sus grados y modos de consciencia.

El padre Teilhard considera que la tendencia a la convergencia cultural, que se ha puesto de manifiesto ya en la historia del hombre, llevará inevitablemente a un enroscamiento de toda la noosfera, y engendrará así un sistema unitario de pensamientos y creencias o – como sin duda hubiera preferido decir – un solo todo pensante y creyente. A causa de su extremada complejidad, ese todo se encontrará en un potencial psíquico extremadamente elevado. Durante su formación se liberarán sin duda fuerzas psico-sociales explosivas; pero, una vez organizado, generará forzosamente un inmenso dinamismo para la evolución futura del hombre. Y el padre Teilhard considera ese futuro estado como el apogeo necesario de lo que llama la «hominización», es decir, el proceso mediante el cual el hombre se hace más verdadero y plenamente humano.

El padre Teilhard nos aporta una visión nueva del cosmos, una revelación vivificante de la manera como procede la realidad. Porque es verdadera, la revelación del padre Teilhard no se limita a vivificar, sino que además libera de muchas angustias el alma y la mente del hombre.

Obras principales

  • El Fenómeno Humano (1955)
  • La Aparición del Hombre (1956)
  • Cartas de un viajero (1956)
  • El grupo zoológico humano (1956)
  • La Visión del Pasado (1957)
  • El Medio Divino (1957)
  • El Futuro del Hombre (1959)
  • La Energía Humana (1962)
  • La Activación de la Energía (1963)
  • El Lugar del Hombre en la Naturaleza (1965)
  • Ciencia y Cristo (1965)
  • Cómo creo (1969)
  • Las Direcciones del Futuro (1973)
  • Escritos del Tiempo de la Guerra (1975)
  • El Corazón de la Materia (1976)

Bibliografía

  • Teilhard de Chardin, Pierre (2008), El Medio divino. Ensayo de vida interior, traducción de Francisco Pérez Gutiérrez. Colección: Estructuras y Procesos. Religión. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-976-5.
  • — (2005), Lo que yo creo, colección: Estructuras y Procesos. Religión. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-805-8.
  • — (2004), Himno del Universo, colección: Estructuras y Procesos. Religión. tercera edición. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-127-1.

Véase también

Enlaces externos

Fuentes:

Teología Dogmática (I) Nº 3

La Creación del Cosmos y la Evolución Teísta vs. Creacionismo

La Creacion del cielo de Miguel Angel

La creación del cielo. Miguel Ángel

Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas
la mitad de la luna.
Girante, errante noche, la cavadora de ojos.
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca”.

(PABLO NERUDA)

1,14. «La evolución misma que hoy se estudia en distintos campos de la ciencia, responde a unas leyes que rigen ese proceso evolutivo, y que armonizan todas las evoluciones del Universo. A

La razón suficiente de las leyes que rigen esta evolución es la inteligencia de Dios101.

Antes se consideraba la Naturaleza actual como obra directa e inmediata de Dios.

Hoy la consideramos más bien como el resultado de unas leyes que Dios ha puesto en la misma Naturaleza, y que han regido la evolución que nos ha llevado a lo que hoy contemplamos.

No puede haber leyes si alguien no las hace.

La ley supone un legislador inteligente, distinto de ella. Todo el mérito de la ley es de quien la ha puesto.

El Dr. Bermudo Meléndez, presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y Catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, dice en la Revista IBÉRICA102, en un artículo titulado Estado actual de la teoría de la evolución: «Cuanto más investigamos el mecanismo del proceso de la evolución, tanto más comprendemos la realidad de la existencia de una inteligencia infinita capaz de haberlo programado todo».

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