Martín Lutero – Las 95 tesis
07 ago 2010 1 comentario
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Martín Lutero – Misiva sobre el arte de traducir
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Trabajo Monográfico sobre la Predestinación parte 2
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Trabajo Monográfico sobre la Predestinación parte 1
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De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XXI): Lutero y el antisemitismo
16 jun 2010 2 comentarios
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De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XXI): Lutero y el antisemitismo
El papel de la iglesia católica durante el Holocausto es, sin ningún género de dudas, uno de los episodios más controvertidos en la Historia del s. XX. Es lógico que así sea porque el antisemitismo fue rampante en naciones católicas como Austria o Polonia; porque Pío XII firmó un concordato con Hitler; o porque el papel de la jerarquía católica fue esencial para que Hitler se apoderara de Austria. Con mimbres como ésos no resulta extraño que se haya creado una leyenda negra contra Pío XII y que a ésta se haya opuesto, por parte católica, otra rosada. En algún otro lugar, he señalado como ni una tesis ni la otra es sostenible en términos históricos ya que la realidad fue mucho más compleja, pero no es ése el tema que voy a abordar en esta entrega. Debo, por el contrario, detenerme en un mito sobre el protestantismo de reciente aparición.
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En los últimos años, algunos autores católicos han intentado desviar la atención de posibles responsabilidades de la iglesia católica en el Holocausto hacia la supuesta culpabilidad de Lutero en ese episodio. Merece la pena detenerse en el tema porque, aparte de disipar mitos sobre el protestantismo, de él se deriva una reflexión indispensable sobre uno de los grandes dramas de la Historia.
De entrada, Lutero manifestó al inicio de su carrera como reformador una compasión hacia los judíos que no era habitual en la Alemania católica de la época. No deja de ser significativo que en uno de sus escritos de esa época llegue incluso a indicar que hasta cierto punto la falta de conversión de los judíos al cristianismo arranca, fundamentalmente, del maltrato que ha recibido de la iglesia católica. Durante los años siguientes, los judíos dejaron de tener interés para Lutero envuelto en una controversia teológica en la que se jugaba personalmente la vida y Europa, su futuro.
De esa situación, salió al final de su vida al redactar un tratado titulado “Los judíos y sus mentiras” (1543). El texto, efectivamente, rezuma un deplorable anti-semitismo, pero me atrevo a señalar que constituye una de las obras más profundamente católicas de Lutero. La razón es obvia: hasta Lutero habían llegado noticias de cómo los judíos difundían la noticia de que Jesús era el hijo de una prostituta: “Así lo llaman (a Jesús) el hijo de una prostituta y a su madre, María, una prostituta, que lo tuvo en adulterio con un artesano. Con dificultad tengo que hablar de una manera tan áspera para oponerme al Diablo. Ahora bien, saben que hablan tales mentiras por puro odio y voluntariamente, únicamente para envenenar a sus pobres jóvenes y a los judíos simples contra la Persona de nuestro Señor, para evitar que acepten Su doctrina”
La acusación era cierta ya que, efectivamente, en algunos pasajes del Talmud se hace referencia a que María es una adúltera y Jesús es llamado específicamente bastardo. De hecho, esa razón fue una de las que más pesaron en el papado para ordenar quemas del Talmud durante la Baja Edad Media y también la que llevó a algunos editores judíos a suprimir los pasajes para evitar ser objeto de esa represión papal.
Sin embargo, Lutero no se limitaba en su acusación a los insultos dirigidos contra Jesús y su madre. Además, consideraba que los judíos eran un colectivo que, mediante la usura, oprimía a los más humildes. La afirmación puede ser matizada, pero es la misma que desde hacía siglos venía vertiendo la iglesia católica sobre los judíos provocando decisiones civiles y eclesiales de especial dureza contra ellos.
Ante esa situación, Lutero proponía como solución – “la de los reyes de España” cita expresamente – es decir, la expulsión llevada a cabo por los Reyes Católicos en 1492. Puede o no gustar, pero lo cierto es que si alguna vez a lo largo de su dilatada carrera apoyó Lutero una decisión católica reciente fue ésa.
Visto con perspectiva de tiempo, el texto de Lutero es innegablemente lamentable. Lejos de seguir la línea propia de la Reforma de respeto a la libertad de expresión y de culto, Lutero se dejó llevar por la cólera que le provocaban las injurias contra Jesús y María -¿algún católico de la época habría actuado con más moderación?- y optó por la solución católica medieval al problema judío que venía aplicándose desde hacía siglos: la expulsión.
Ciertamente, si Lutero fue culpable de algo especialmente en este escrito fue de no seguir las líneas marcadas por la Reforma sino de continuar una multisecular tradición católica. Es precisamente esa circunstancia la que explica la reacción que provocó el panfleto de Lutero. A pesar de ser un autor profundamente odiado en el mundo católico, no he conseguido dar con un solo texto católico de su época que le afeara sus conclusiones, seguramente porque la coincidencia con lo que pasaba en la Europa católica era muy notable. Sin embargo, en la Europa protestante, el texto de Lutero fue repudiado. El príncipe de Hesse –que, supuestamente, debía haber escuchado la enseñanza de Lutero– se negó rotundamente a expulsar a los judíos siguiendo el ejemplo de los Reyes católicos y los mantuvo en su territorio. Felipe Melanchton, la mano derecha de Lutero, también manifestó su oposición al texto señalando que no debía seguirse sus directrices.
Fue la posición generalizada de las iglesias nacidas de la Reforma y era lógico que así fuera. La Reforma había introducido en las mentes y los corazones de las personas un principio fundamental que no era otro que el de juzgar las acciones y las enseñanzas de todos los hombres a la luz de la Biblia. Partiendo de esa base, nadie se consideró obligado a seguir el criterio de Lutero si chocaba con la Biblia lo que, dicho sea de paso, era el caso. En el mundo católico, apenas unos años antes, el papa había celebrado la expulsión de los judíos de España con una serie de festejos entre los que se incluyó una corrida de toros. Ahora, a pesar de la autoridad moral de Lutero, en la Europa protestante nadie lo siguió en sus conclusiones.
Al respecto, y por analizar una situación contemporánea, no deja de ser curioso que exista una causa de beatificación de Isabel la católica que pasa por alto el episodio de la expulsión de los judíos y, a la vez, haya católicos que pretenden cargar a Lutero con la responsabilidad del Holocausto precisamente por proponer como solución al “problema judío” la llevada a la práctica por esa misma Isabel.
El mito anti-protestante no pasa de ser un mito, pero, como hemos visto en otras ocasiones, viene caracterizado por la ignorancia o por la mala fe. Ciertamente, el Holocausto tuvo algunas raíces históricas previas al nacimiento de Hitler, pero de ello me ocuparé en la siguiente entrega.
CONTINUARÁ: El antisemitismo de Lutero y el Holocausto: el origen de las primeras medidas antisemitas de Hitler
César Vidal es escritor, historiador y teólogo
© C. Vidal, ProtestanteDigital.com (España, 2010).
http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?r=329&a=3682
Juan Calvino: De vuelta a Ginebra. Sugel Michelén
09 jun 2010 Comentarios desactivados
en Juan Calvino, Reforma Protestante
Durante su estadía en Estrasburgo, la situación en Ginebra se tornaba cada vez peor, de tal manera que el Concilio General de la Ciudad le pidió a Calvino que retornara como pastor. Calvino recibió la carta estando en la ciudad de Worms, donde había sido enviado por la ciudad de Estrasburgo como representante en cuatro Dietas convocadas de nuevo por el Emperador Carlos, entre los años 1539 al 1541 (allí Calvino desarrolló una muy buena amistad con Felipe Melanchton que duró por 24 años, hasta la muerte de éste; también mantuvo una amistad epistolar con Lutero, pero nunca llegaron a conocerse personalmente). Al leer la carta, Calvino estalló en llanto. “Preferiría cien otras muertes antes que aquella cruz, sobre la cual tendría que morir mil veces al día.” (24) Era una decisión muy difícil para él, pero después de 10 meses de mucha lucha, finalmente decidió regresar (en la providencia de Dios, cuando tomó esa decisión se encontraba en la misma ciudad donde, 20 años antes, Lutero había pronunciado su famosa resolución ante el emperador Carlos).
Calvino regresó a Ginebra el 13 de septiembre de 1541 para no salir de allí nunca más. Al subir al púlpito por primera vez, abrió su Biblia en el mismo versículo que continuaba en su exposición que quedó suspendida tres años antes. Predicaba varias veces el domingo y, durante algunas semanas, todos los días restantes. Durante este tiempo un hombre llamado Denis Raguenier comenzó a tomar notas de los sermones de Calvino en taquigrafía para su propio provecho; su labor fue tan precisa y completa (casi no dejaba escapar palabra), que gracias a ese esfuerzo contamos hoy con una inmensa cantidad de sermones suyos a nuestra disposición. Su costumbre era predicar sistemáticamente a través de los libros de la Biblia. En sus años de madurez acostumbraba predicar en un libro del NT los domingos en la mañana y en la tarde (aunque por un período estuvo predicando los Salmos en la tarde), mientras predicaba de un libro del AT durante la semana. De esa forma pudo exponer: Génesis, Deuteronomio, Job, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, todos los profetas, Los Evangelios, Hechos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Hebreos.
Muchos protestantes que escaparon de Francia, de Escocia y de Inglaterra, huyeron hacia Ginebra de tal manera que, en poco tiempo, la población se duplicó a más de 20,000 personas. Entre los protestantes escoceses se encontraba John Knox, quien llegó a decir que la Iglesia en Ginebra que era la más perfecta escuela de Cristo que alguna vez haya habido en la tierra desde los días de los apóstoles. Durante su estadía allí, Knox formó parte de un equipo que finalmente publicó la llamada Biblia de Ginebra, para el pueblo de habla inglesa. Fue la primera Biblia con notas teológicas al margen, muchas de las cuales no eran más que una extensión del ministerio de predicación de Calvino. Esta vino a ser la versión predominante entre los puritanos ingleses por los próximos 100 años y fue la Biblia que los peregrinos del Mayflower llevaron consigo a América. Por otra parte, Ginebra se convirtió en una escuela de preparación de líderes. La Academia de Ginebra se estableció en 1559 y, para el tiempo en que el sucesor de Calvino, Teodoro Beza, se retiró se habían entrenado unos 1600 hombres para el ministerio. De igual manera, inspirados por la visión de Calvino, Ginebra se convirtió en un núcleo misionero muy importante. De acuerdo con un registro de la época, entre 1555 y 1562 unos 88 hombres fueron enviados al campo misionero, pero ese número no parece reflejar la realidad ya que, sólo en el 1561, probablemente no menos de 142 salieron a las misiones. Debido a que algunos de ellos sufrieron el martirio, la academia de Ginebra llegó a ser conocida como “La Escuela de la Muerte de Calvino”. Ese esfuerzo evangelístico produjo resultados sorprendentes, sobre todo en Escocia (con John Knox) y en Francia. En 1555 solo había una iglesia Reformada completamente organizada en Francia. Siete años más tarde eran cerca de 2,000, algunas de ellas con un tamaño considerable. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8,000 comunicantes en Nimes. Durante la década de 1560s, más de 2 millones de franceses pertenecían a tales iglesias (en una población de unos 20 millones). También se enviaron misioneros al Brasil a partir del 1555, pero la obra allí fue sumamente difícil por el estado barbárico de sus habitantes.
Pero no debemos suponer que este fue un tiempo de paz para Calvino. (25) Aparte de todas las aflicciones físicas que padecía, Calvino era constantemente atacado por los miembros del partido de los Libertinos, quienes se gloriaban de su vida licenciosa, pero al mismo tiempo pretendían participar de la Cena del Señor, algo que Calvino nunca permitió. En cierta ocasión, un miembro de este partido, Philibert Berthelier, fue excomulgado por su promiscuidad sexual y, por lo tanto, se le prohibió participar de la Cena. El Concilio de la Ciudad revocó la decisión, de modo que Berthelier se apareció en la iglesia con hombres armados de espada, dispuestos a pelear. Calvino descendió del púlpito, se interpuso entre la turba y la mesa de la Comunión, y les dijo: “Pueden quebrar estas manos, pueden cortar estos brazos, pueden tomar mi vida, mi sangre es vuestra, pueden derramarla; pero nunca me forzarán a dar las cosas santas al profano y deshonrar esta mesa de mi Dios.”(26) Los libertinos no tuvieron más remedio que salir de la iglesia.
Calvino finalmente expiró a la edad de 54 años, en Mayo de 1564, en brazos de Teodoro Beza, su sucesor. Éste diría luego de él: “Habiendo sido un espectador de su conducta por 16 años… ahora puedo declarar que en él todos los hombres pueden ver un muy hermoso ejemplo de carácter cristiano, un ejemplo que puede ser tan fácilmente difamado como difícilmente imitado.” (27)
__________
Sugel Michelén es Pastor de la Iglesia Bíblica de Nuestro Señor Jesucristo en República Dominicana. La biografía de Calvino presentada en este sitio procede de su página web Todo pensamiento cautivo
Nota: Las citas siguen de la entrada anterior Exilio en Estrasburgo
24 FCR; pg. 155.
25 Los historiadores suelen dividir en dos períodos esta segunda estadía de Calvino en Ginebra: sus años de lucha (1541-1555) y sus años de triunfo (1555-1564).
26 Lawson; op. cit.; pg. 16.
27 Ibíd.; pg. 18.
http://idanielth.wordpress.com/2009/11/30/juan-calvino-de-vuelta-a-ginebra-sugel-michelen/#more-1512
La naturaleza de la presencia de Cristo en la Cena del Señor
08 jun 2010 Comentarios desactivados
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JUAN CALVINO
07 jun 2010 Comentarios desactivados
en Juan Calvino, Reforma Protestante, Teologia Reformada
JUAN CALVINO
Juan Calvino
1509 – 1564
En una época donde como cristianos damos por sentado muchos asuntos concernientes a nuestra fe, podemos caer en el desacierto de mirar despectivamente las épocas cuando éstas no se daban por ciertas y privilegiados por estar en este lado favorable de la historia, podemos subestimar las épocas cuando otros estuvieron en el lado no tan privilegiado de la misma.
Continuamente nos veremos obligados, en honor a la verdad, a volver nuestros ojos a los tiempos pasados, a las raíces de nuestra fe, combatiendo el espíritu a-histórico de nuestra era posmoderna, que casi nos obliga a desligarnos de cualquier amarre histórico que nos pueda influir, solo negando en la teoría lo que en la práctica es una aventura imposible.
Tal vez para algunos, volver los ojos al hilo histórico de la fe cristiana evangélica[1], sea una empresa irrelevante, pues el futuro siempre está al frente, listo para ser conquistado. Para otros, mirar hacia las raíces de la fe se ha convertido en un fin en sí mismo, donde se ha perdido todo sentido de compromiso generacional. Sin embargo para otros, reconocer que no hemos surgido ex nihilo[2] y que a la vez hemos heredado la tarea de progresar con el Evangelio del Reino de Dios en la contemporaneidad, escuchamos el clamor urgente con más precisión que nos es necesario hacer lo uno, sin dejar de hacer lo otro.
Los que sentimos un compromiso con la fe histórica, somos desafiados siempre a volver a los ríos de la verdad cuyos nacimientos se encuentran antes que nosotros y así poder regar las tierras de nuestra generación con la fe que una vez fue dada a los santos pero que su continuidad histórica obliga a cada hijo de Dios a ser una expresión fiel del buen deposito que le fue dado a la Iglesia como columna y soporte de la verdad.
Providencialmente estamos 500 años después del nacimiento de uno de los hombres, venidos de la mano de Dios, que se paró en la historia en la misma línea de la fe cristiana pura. Este hombre se situó no en los comienzos de la fe evangélica, pero si en su testimonial continuación. Hombre sujeto a pasiones como las nuestras, no solo construyó una gran represa donde desemboca el rio de la fe pura sino que hábilmente puso los cimientos, como ningún otro, para que esa agua limpia pudiera ser patrimonio de la Iglesia de Cristo en las vertientes de una teología sistematizada.
Quisiera poder expresar, no con exhaustividad, pero si con precisión, algunos aspectos de la vida de Juan Calvino y su papel en la formación de la fe cristiana Evangélica. Claro, vale la pena aclarar que hablo desde una perspectiva pastoral, pedagógica, no desde la palestra de la erudición. Quiera Dios que estas sencillas palabras nos lleven a reconocer a quienes nos han precedido en la fe y honrarles. Sobre todo animar a la Iglesia a emular su legado sin igual. Esto lo hago con humildad y a sabiendas que el solo hablar de Calvino en muchos círculos cristianos es asunto de segura e irreversible polémica, de sismas irreparables y de malos entendidos. Aun así, por amor a la fe cristiana histórica y pura, lo haré y más cuando la iglesia actual ha juzgado injustamente a este hombre, sin haber escuchado su defensa, al menos con mediana atención y dándole, tan siquiera, el beneficio de la duda.
Comprimir en unas páginas la influencia y el legado de Calvino, no solo para la Iglesia Evangélica sino para el pensamiento social occidental, es una ardua tarea. Hay especialistas en esto, yo no soy uno. Mi perspectiva más bien va encaminada a proveer elementos que nos permitan apreciar de una mejor manera la vida y obra de Calvino y valorar así su influencia en el cristianismo. Se podría pensar que esta influencia es más un deseo que una realidad. Sin embargo esta influencia se vive sin duda en los que se denominan Iglesia Evangélica. Es innegable y sería irreal negarlo, que muchos han vivido y se han desarrollado bebiendo de su influencia aunque la desconozcan y aun la critiquen sin conocerla.
No se podría exagerar la gracia de Dios en la vida de este hombre. Para muchos podría ser llamado el hombre del milenio. El mayor de los reformadores. Felipe Melanchton, el sucesor de Lutero, le llamó El Teólogo en una época donde llamarse Teólogo no era una cuestión de apelativos aduladores o títulos universitarios sino de vocación y erudición real. Omitir a Calvino de la historia de la Iglesia y de la civilización occidental es leer la historia con un ojo cerrado. Es una falta a la verdad y un grave descuido por quienes nos denominamos Evangélicos.
Juan Calvino como todo hombre de su época, nació[3] bajo el poderío del Catolicismo Romano y sus primeros años fue envuelto en los ritos y costumbres de dicha religión. Sin embargo por varias providencias de ubicación, posibilidades familiares y constitución propia, muy joven fue inclinado a la academia. En una fecha desconocida, después de sus veinte años fue convertido verdaderamente a Cristo no sin dolores y lágrimas, no sin afrontar el golpe de saberse pecador y consiente de la pocilga donde sus primeros años se había revolcado. Ahora la luz de Cristo le alumbró y le inflamó con intensos anhelos de servirle.
LA GLORIA DE DIOS
La motivación que movía la vida de este hombre era una inigualable pasión por la Gloria de Cristo, según Él se ha revelado en las Santas Escrituras. Sin duda, la historia nos muestra que pocos hombres han tenido ese mismo sentir, pero ninguno como él. La preeminencia de la Gloria y Majestad de Dios era su centro, la Palabra de Dios el bendito e inigualable medio por el que Su Majestad era comunicada y las obras de la providencia entendidas. Calvino hizo de la gloria de Dios el fin de todo lo que hacía y elevó la gloria de Su Palabra, tan olvidada en la experiencia viva de la cotidianidad y religión de su época.
Al parecer sus convicciones son las nuestras, a primera vista, pero aquí hubo un hombre que no solo estuvo lleno de palabras muy evangélicas sino de una vida y obra Evangélica. Podemos tener mucho lenguaje evangélico y sin embargo seguir siendo nosotros el centro. Podemos proyectar como meta la propia salvación dejando a Dios como auxiliar en todo este proceso, podremos hacer de esta vida nuestra vida y aun confesarnos abiertamente evangélicos, seguidores del que llevó la cruz negándose a sí mismo. Para Calvino esta disociación no existía.
LAS SANTAS ESCRITURAS Y LA PREDICACION
Su amor por la Palabra de Dios era evidente. Estudioso y conocedor de los idiomas Bíblicos originales[4], se esforzó toda su vida en interpretar correctamente las Sagradas Escrituras porque sabía que la vida y fe del individuo dependen de la pureza con que ellas se expongan. Por ello su devoción por la Biblia fue demostrada por el ministerio que desarrolló.
Predico alrededor de 4000 sermones desde el pulpito. Con su agudeza exegética[5] y paciencia pastoral, honró la predicación de la Palabra de Dios al darle la preeminencia que Según la Escritura, es necesario que tenga la exposición de la Palabra de Dios en la Iglesia. No es común ver este tipo de dedicación hoy. Aun más cuando la alabanza deja tan poco tiempo a la predicación y cuando los oyentes están más preocupados por oír cosas nuevas, agradables a sus oídos, relacionadas con el progreso personal y la autoestima. No es común encontrar hombres que honren el ministerio de la Palabra de Dios en sus congregaciones, dedicándose a la exposición regular de ella y más hoy cuando muchos pastores son perezosos y prefieren el activismo y los programas lúdicos que aplicar su mente y la de la Iglesia a entender la Biblia, que finalmente es la Palabra de Dios.
Pero podemos dar una impresión muy general de lo que Calvino asumió como predicación si no precisamos los términos. Este hombre dedicó su vida a predicar expositivamente la Biblia. Explicando versículo por versículo los libros Bíblicos a su Iglesia[6]. No cayó en la tentación de correr a las ‘necesidades percibidas’ de la congregación, porque sabía que es la Palabra de Dios lo que necesita el pueblo de Dios. Así que dedicó su vida a exponerla con claridad, con continuidad, sistemáticamente, por largos años. La predicación de la Biblia no era un programa de la Iglesia, era la manera en que Calvino asumió el llamamiento santo del pastorado, lo cual está muy acorde con la enseñanza general de las Santas Escrituras.
En armonía con su alto aprecio por las Santas Escrituras, no solo predicó sino que escribió comentarios Bíblicos. Cubrió el 75% de la Biblia en sus comentarios. Comentó 24 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Al morir ya había dejado 45 volúmenes de comentarios Bíblicos de más de 400 páginas cada uno de ellos. Fue intensivamente un predicador expositivo, nunca abandonó su costumbre de ir libro tras libro de la Biblia. Y todo esto lo hacía con una mezcla excepcional de rigor exegético como erudito que era y sencillez y amor pastoral. Calvino nos dio el más hábil, claro, palpable y gran ejemplo de exposición de las Escrituras que hemos visto por siglos.
¿Será por este motivo que el nombre de Calvino es tan molesto hoy? ¿Será porque evidencia nuestra negligencia ministerial? ¿Sera porque por la gracia de Dios fue él quien propuso verdades más claramente que cualquier otro hombre que jamás respiró y no reclamó honra para sí mismo? ¿Será porque mientras tengamos memoria histórica de este personaje debemos hacer varios esfuerzos para no ser llamados infieles como ministros del evangelio?
CALVINO Y TEOLOGÍA
Calvino estableció un estándar teológico y doctrinal sano de las Escrituras. Para el reformador, no es teología sana centrar los pensamientos del hombre hacia sí mismo. EL Catolicismo romano hacia del hombre el centro de sus ritos y doctrinas. Hoy se podría acusar a gran parte del Cristianismo Evangélico de hacer su doctrina bajo la misma perspectiva. Para Calvino la teología debería centrarse solo en Dios, los demás quedaba subordinado a este aspecto.
Asombra encontrar personas que califiquen a Calvino como un ignorante Bíblico cuyo pensamiento sea fácilmente superado por la especulación de un maestro contemporáneo que dice no necesitar el estudio riguroso de la Biblia para saber la voluntad de Dios. Sin embargo, la historia está allí, la podemos ignorar, podemos desviar nuestra mirada, pero eso no anula que siga habiendo un testigo en Juan Calvino, de cuando la centralidad de la Palabra de Dios en la Iglesia empezó a ser una realidad.
El movimiento de la Reforma protestante del siglo XVI siempre se identifica con Martin Lutero. Sin embargo, la Reforma debe su precisión más exactamente a Calvino que a Lutero mismo. Para ilustrar de alguna manera el papel de Calvino en la Reforma podemos tomar las palabras del gran predicador inglés quien dijo que Lutero fue un volcán derramando ideas de fuego en todas las direcciones, sin patrones ni sistemas, pero ideas. Pero las ideas no pueden sobrevivir y perdurar sin un cuerpo. Se necesitaba quien pudiera darle forma a la doctrina que era ciertísima entre los cristianos o de lo contrario el cristianismo pudiera haber sido fácilmente silenciado por la maquinaria poderosa de la Iglesia Católica que se volcó para silenciar la Reforma. La obra de Calvino fue la obra de un arquitecto más que la de un ejército de choque. La obra se Calvino fue más la de un molino que poco a poco tritura que la de una gran explosión.
Para nosotros, por ejemplo, definir en pocas palabras lo que creemos de la cena del Señor, o asumir que es indudablemente correcto que la Iglesia esté compuesta solo de los creyentes y que no es asunto de nacer en un país nominalmente cristiano, es algo en lo que no reflexionamos, simplemente lo damos por cierto. Pero piense en la época cuando estas cosas no se daban por sentado y no solo estas sino muchas más necesitaban ser definidas, ordenadas, explicadas, defendidas y aplicadas en contra de la tradición y la religión Católica Romana. Calvino fue el hombre que llenó las expectativas en estas labores.
De sus manos surgió la mayor obra literaria de la Reforma protestante, la cual se usó como un texto de Teología sistemática y que sirvió como ayuda para la instrucción de los pastores y sus congregaciones. También se usó como base para la elaboración de Confesiones de Fe, Catecismos y tratados que hicieron oír la voz del pueblo de Dios que se rehusó ser identificado con la Iglesia apostata. Esta obra es la Institución de la Religión Cristiana. Calvino la escribió a los 25 años relativamente poco tiempo después de su conversión. Cuando él tenía 27 años, en 1536, se publicó por primera vez. La primera edición contaba con 6 Capítulos, 111 páginas y un aproximado de 85.000 palabras. Al pasar de los años y después de 5 ediciones que ampliaban su contenido, el ‘Templo de Verdad’ de sus Instituciones llegó a su forma final de 80 Capítulos, 4 Libros y 450.000 palabras aproximadamente.
Aunque en la historia de la Iglesia algunos hombres procuraron sistematizar las doctrinas Cristianas Evangélicas, finalmente fue Calvino quien llevó estas procuras a una realidad. En sus Instituciones se abordaron de una manera ordenada las áreas de doctrina que identificaba la Iglesia Cristiana Evangélica. Siguiendo el orden del credo de los Apóstoles desarrolló con meridiana claridad dichas doctrinas. Comparando la primera edición con la última, se encuentra que no se anexaron más temas sino que se ampliaron. El anciano que por última vez revisó las Instituciones antes de morir, seguía pensando igual que el muchacho francés que le dio inicio. ¿Por qué? Porque Calvino no desarrollo su propio pensamiento que puede cambiar naturalmente con los años, sino que se apoyó en la Biblia que permanece para siempre. Prueba de ello las Instituciones cuentan con 3000 referencias bíblicas aproximadamente. Calvino dice con claridad: La Reforma no es una novedad teológica, está asentada suficientemente en la Palabra de Dios. En contraste la iglesia Católica de Roma es la novedad teológica.
Este fue, por la gracia de Dios, el arquitecto de la teología reformada. El teólogo. Calvino se paró en los hombros de los apóstoles, profetas y padres de la Iglesia para dar testimonio de lo que es el cristianismo Bíblico ortodoxo. Además de ello hubo miles de tratados impresos venidos de su pluma, donde abordó varios temas con genio exegético, profundidad y valor permanente. Por eso afirmamos que en verdad, nadie puede con justicia despreciar el calvinismo o llamarle una nueva idea.
INFLUENCIA DE CALVINO
Su pulpito y su pluma repercutieron indudablemente en la vida de Europa de su siglo y de siglos posteriores. Es más, su influencia llegó al nuevo mundo, traspasó fronteras inimaginables. Las consecuencias de su pensamiento aun se dejan ver en la Iglesia Cristiana Evangélica y en las libertades fundamentales del individuo que se asumen en el mundo occidental.
IGLESIA
Desde Calvino se adoptó una manera distintiva de denominar la Iglesia, ahora se podía hablar de una Iglesia Reformada que se expandió a otras naciones y subsisten hasta el día de hoy. ¿Qué identificaba este tipo de Iglesia Reformada? Por la brevedad del espacio aquí solo las nombraremos. Aun así, fíjese que estos asuntos se afirmaron con indudable precisión, tomaron su forma definitiva y se convirtieron en base fundamental de la Iglesia, en una época cuando la Iglesia Católica Romana tenía el control religioso y político. Como he dicho con anterioridad, estas cosas no se daban por sentado en esta época y en esto radica gran parte del valor de la obra e influencia de Calvino.
Esta Iglesia tenía la Santa Escritura como la ultima autoridad final. No hombres, no concilios, no supersticiones, sino la Sola Escritura. Como esto era cierto ese tipo de Iglesias se distinguieron por la centralidad de la predicación de la Palabra de Dios. La arquitectura que se usó en los templos cristianos Evangélicos a partir de la Reforma lo testifica. En los templos Católicos Romanos en el centro del altar se encontraba la mesa de los sacramentos. En los Templos influenciados por la fe reformada, en el centro se puso el pulpito y toda la arquitectura de estas edificaciones confluían en ese punto del templo.
Para Calvino la Iglesia debería ser compuesta solo de los elegidos que habían sido llamados eficazmente por el Evangelio y la conversión. Ser creyente no era un asunto de nacimiento. La mesa del Señor (Santa Cena) se empezó a dar con regularidad y con las dos especies. Además, Calvino luchó arduamente para que en ella solamente participaran los creyentes[7]. Pero fue más allá, batalló con perseverancia para que participaran los creyentes dignamente, cercó la mesa del Señor para aquellos que confesándose creyentes continuaban en sus pecados. Se esforzó por enseñar e implementar sin preferencias de ningún tipo la disciplina de la Iglesia, aun llegando a excomulgar a personas influyentes en la sociedad y que por medio del Estado lo presionaban y amenazaban para que les permitiera vivir inmoralmente y ser contados entre la Iglesia.
LITURGIA
La liturgia (Los servicios o cultos) tuvo también un acercamiento Bíblico. Las personas cantaban los Salmos y estaban expuestas a una exposición secuencial de la Biblia continuamente. Calvino, a diferencia de muchos, estableció que en la adoración pública solo se debían usar los elementos que están revelados en la Palabra de Dios. Hombres como Lutero pensaban que además de usar en la liturgia lo que está mandado en las Escrituras, podría usarse lo que no estuviera claramente prohibido. Esta enseñanza fue llamada El Principio Regulador. Calvino dijo que solo lo que esté ordenado explícitamente en las Santas Escrituras debe ser puesto en la adoración. Imagine el golpe frontal a la liturgia Católica Romana, llena de ritos de origen humano. Imagine el golpe frontal a los cultos contemporáneos llenos de bullicio mundano. ¿Será éste otro motivo por el que sería mejor confinar a Calvino al baúl de las reliquias? El culto tenía un objeto definido, dar gloria a Dios, el hombre no era el centro de la liturgia.
IGLESIA Y ESTADO
Sabiendo que fue una decisión Estatal la que le permitió trabajar como predicador en Ginebra defendió la separación adecuada entre Iglesia y Estado. Esto le costó, entre otras cosas, ser desterrado de Ginebra por algunos años. Luego la misma Ginebra en cabeza del Estado lo pidieron con urgencia a causa del desorden social y eclesial que se levantó tras la partida de Calvino de Ginebra. Ahora con más fuerza se opondría a que el Estado influyera en las decisiones de la Iglesia.
En contra del mundo, como lo haría Lutero, enseñó y promulgó desde el pulpito, en los libros y tratados que Solo Cristo es la Cabeza de la Iglesia no el papa a riesgo de perder la vida. Si por las providencias políticas de Ginebra en esta época, no hubiese estado de alguna manera protegido, sin duda le hubieran martirizado en las llamas de la Inquisición de la Iglesia Católica Romana. Pero allí no se detuvo su celo por la organización de la Iglesia. Según Calvino la Iglesia debe estar gobernada por una pluralidad de hombres piadosos, una pluralidad de ancianos. Calvino logró definir Bíblicamente la voluntad divina acerca de este tema. Vio como algo no preciso que la Iglesia tuviera un solo pastor. Tanta autoridad en un hombre podría ser peligrosa, además que no se conforma plenamente a las Escrituras.
SOCIEDAD
Pero la sociedad no pudo resistir la influencia del pensamiento de Calvino, pues desde su pluma surgieron las ideas más revolucionarias de una nueva manera de ver el mundo, las vocaciones, los oficios, el papel del hombre en esta tierra. Pero tampoco hablamos de una idea original, pero si revolucionaria. Calvino solo impulsó lo que es claro en la Biblia, y lo que tenía claro en su mente cautiva de la Palabra de Dios. El principio de la visión calvinista del mundo era que todo debería ser hecho Solo para la gloria de Dios. Toda área, todo deber, disciplina, todo en la vida, debe ser hecho con la visión de la Gloria de Dios. Rom 11: 36.
LA VOCACIÓN
Su teología se aplicó a toda área de la vida. Antes de la Reforma la doctrina de la vocación era solo para los clérigos. Solo ellos podían hacer las cosas para la gloria de Dios, los demás, los laicos, estaban destinados a hacer un trabajo secular. Pero con Calvino se afirmó una verdadera ética de trabajo protestante. Para este hombre toda obra es un llamado de Dios. Todo es sagrado y todo servicio es un ministerio. Calvino elevo todas las vocaciones a un llamado santo, porque todas debían ser hechas con un sentido de deber sagrado. De esta manera surgió una nueva dignidad y valor en el trabajo. Producto de ello se levantó una sociedad industriosa. Hablando a los potentados como a los obreros les recordaba que algún día todos estarían delante del Juez y su trabajo iba a ser examinado, desde el primero hasta el último, el día final. Y de una baja productividad medieval surge una comunidad laboriosa.
LA INDUSTRIA
Promovió una sociedad industriosa, la libre empresa y libre mercado. Enseñó desde el pulpito los valores al obrero común, la honestidad en los negocios, el trabajo duro, el derecho a la propiedad privada, la inversión, la vocación al comercio, el asumir riesgos en los negocios, a tomar a Dios en cuenta, el considerar a los pobres y más. Hasta donde el calvinismo fue, la industria, la productividad, la empresa libre se desarrolló. Donde el calvinismo no penetró sino que el Catolicismo Romano continuó su influencia, hubo pobreza, vagancia. Latinoamérica es un testimonio vivo de ellos, somos producto de esta verdad. Nuestras tierras fueron conquistadas en su mayoría por países europeos donde se resistió el calvinismo.
LA EDUCACION
Antes de los días de Calvino la educación se limitaba a la clase aristocrática y a los monasterios donde se entrenaban los monjes. Calvino estaba determinado a cambiar esto. En el 1559 formó una academia en Ginebra para entrenar a las personas en sus distintas vocaciones. Esta educación se daba en dos niveles. En el primer nivel era una educación pública básica donde se educaba a los laicos para que vivieran para la gloria de Dios según su vocación. En el segundo nivel se enseñaba a aquellos varones inclinados al servicio cristiano para que educados pudieran enseñar a otros. 600 estudiantes estaban a su inicio en la Academia de Ginebra, cristiana, calvinista pura. Cinco años después los estudiantes sumaban los 1200. Venían de todas partes a ser instruidos por la academia de Ginebra.
MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS
Las ideas y doctrinas calvinistas salieron a todo el mundo. Luego que muchos de estos estudiantes fueron enviados a muchos lugares después de terminar sus estudios. Ginebra se convirtió en el lugar donde los cristianos perseguidos se refugiaban por la persecución de la Inquisición romana. Sin embargo, ellos luego volvían a sus tierras con las doctrinas de Calvino diseminándolas en muchas partes del mundo. Se habla de la academia de Ginebra como de La Escuela de la Muerte. ¿Por qué? Porque se volvió común el recibir perseguidos por la iglesia de Roma, por ejemplo los hugonotes franceses, los perseguidos escoceses, los ingleses, que se sentaron a los pies de Calvino para luego volver a sus tierras a predicar el evangelio y ofrendar sus vidas como mártires por la obra de Cristo.
Las obras de Calvino se empezaron a traducir y a ser distribuidas por muchas partes. Además escribió abundantemente a reyes y nobles de muchos países. Muchas de sus cartas ni siquiera habrán sido leídas, pero nunca paró su pluma de escribir. Su influencia llegó a Francia donde obviamente Calvino no podía poner un pie. Antes de 1562 los creyentes franceses se reunían en cuevas, fincas, graneros, por la persecución Estatal y de la iglesia de Roma. Pero por la influencia del Calvino después de esta época, se conocía de la existencia de más de 1200 Iglesias Cristianas Evangélicas en Francia. Esto de por si es importante, pero aumenta su relevancia el saber que para ese entonces había dos leyes claras en Francia: No ser cristiano y no salir de Francia, so pena de muerte. De una población de 20 millones de franceses, 2 millones eran abiertos confesores del calvinismo. Un tercio de la nobleza en Francia era calvinista.
Su influencia se extendió por Europa, empezando el mismo recorrido que había tenido en Ginebra, permeando la cultura, la política y sobre todo, las Iglesias. Para solo citar un ejemplo, el conocido John Knox fue influido directamente por Calvino y fue a Escocia y promovió lo que se conoce como La Reforma Escocesa. La influencia del calvinismo dio origen al puritanismo. Las Instituciones de Calvino eran “la carne que comían los puritanos”. El calvinismo era la teología que reinaba en Inglaterra para la época colonial. Esto es un dato muy importante porque fueron los ingleses quienes penetraron en América, lo que nos muestra que la sociedad americana en sus comienzos traía raíces calvinistas.
LA POLITICA
No bastando esto, su influencia se hizo sentir de muchas maneras en la vida política de su época y posteriores. Ginebra se convirtió en una maqueta que otros veían para imitar orden en la sociedad. Calvino recalcó el fundamento moral para una sociedad basado en los 10 mandamientos. Así que no solo enseñó la validez de la ley moral en la Iglesia, también vio que debería haber un estándar moral para la sociedad y los pilares están en esta ley moral. Promovió la justicia y restringió el mal desde una perspectiva Bíblica y justa. Impulsó una sociedad de ley y orden basada en la ley de Dios. Los pilares de la jurisprudencia occidental se encuentran allí en Ginebra.
Basado en el pasaje donde Israel pedía rey advirtió los peligros de la monarquía absoluta. Que todo el poder este sobre un solo hombre es malo y contraproducente, pensaba. Limitó el gobierno con puntos de balance. Habló que en un gobierno deberían existir ramas del gobierno donde ninguna tuviera más poder sobre otra para la estabilidad de los países. La influencia mundial es innegable pues esta es la manera de proceder en general en los países democráticos. Calvino pensó que se debería siempre imponer en todo asunto la soberanía divina por sobre la soberanía humana para la preservación de las libertades individuales. Donde hubiese un monarca absoluto se diluirían inevitablemente las libertades individuales.
Muchos asuntos de estos nos parecen familiares. Pero de nuevo le invito a pensar que en aquellos tiempos no eran asuntos que se practicaran porque muchos de ellos ni siquiera existían. Vemos en Calvino desde muchas perspectivas siendo un hombre que excedió su época. Se adelantó al tiempo en que vivió y nos acostumbró a ello. Obviamente el mundo no le reconocerá, porque para la mentalidad independiente de nuestros tiempos, saber que muchas de sus raíces se hallan en un piadoso hombre que tenía como pasión suprema la Gloria de Dios y su base era la infalible Palabra de Dios, no es algo que el hombre quisiera oír o recordar. Es mejor para el hombre habituado al mal, preferir la idea que venimos del mono y que somos producto de una ciega casualidad. Finalmente siendo así, no tenemos que rendir cuentas a nadie.
SERVET
Sin duda alguna este valioso hombre dado a la Iglesia por la gracia soberana de Dios, ha sido rudamente juzgado por muchos quienes no pueden perdonar que en muchas cosas haya sido un hombre de su época. Dios nos permitió conocer de sus errores para que sepamos que la perfección es propiedad de nuestro Señor Jesucristo únicamente y que sus siervos están sujetos a la debilidad y el error todo el tiempo de su peregrinar. Los hijos agradecidos de Calvino, tenemos que reconocer que en el caso de Miguel de Servet, no obró de acuerdo a la luz que tenía.
Era una época de hogueras y martirios. Una época cruel donde la libertad religiosa era una idea impensable. Los gobiernos y la religión pugnaban por el poder de las naciones. Los asuntos eran tan intolerantes que ir contra la religión del Estado significaba un crimen de estado. La herejía era penalizada como un delito. Servet quien había sido apresado por la iglesia de Roma y condenado al martirio por sostener ideas unitarias, se fugó de su prisión y no pudo ser asesinado por la Inquisición. No se sabe a ciencia cierta que lo motivó a ir a Ginebra. Calvino tiempo atrás había cambiado correspondencia con él, le advirtió que su aparición en Ginebra sería vista como un desafío abierto y que no se tendría compasión de él si llegaba allá.
Finalmente pasados los años, eso mismo hizo Servet. Se apareció en Ginebra y fue apresado. Calvino asumió el papel de acusador en el juicio que se le realizó. Servet estaba confiado de su resultado pues gran parte de quienes podían decidir su suerte, odiaban a Calvino porque eran de aquellos que Calvino enfrentó por sus inmoralidades (llamados libertinos). Servet tomó confianza y aprovecho para voltear el juicio a su favor acusando a Calvino y estaba casi seguro de su victoria. Ambos sabían que la muerte le esperaba a quien resultara culpable. Para sorpresa de los libertinos de Ginebra, al asesorarse de algunos países vecinos (Zurich, Berna, Basilea y Schaffhausen), aconsejaron la muerte para Servet. Presionada a guardar la paz de la región, el consejo de Ginebra aprobó la ejecución de Servet por la herejía irretractable hábilmente puesta en evidencia por Calvino.
Ni Servet mismo lo podía creer. Calvino pidió que para su ejecución se usara la espada para no alargar su sufrimiento. Su petición fue denegada y en 1553 fue quemado en la hoguera. No es cierto que Calvino mató a Servet, pero si es cierta su influencia en esta decisión. Aun así, el hombre que promulgo las libertades de conciencia, esta vez erró al no recomendar al Consejo de Ginebra que se las permitieran a Servet. En esto, Calvino fue un hombre de su época. Aun sus amigos íntimos lo apoyaron en la decisión que tomó. Sin embargo parece injusto que los errores de Calvino sean usados por sus detractores, para desechar la validez y peso de su mentalidad Bíblica y su Teología. Pero el que quiera hacerlo lo hará, injustamente, pero lo hará.
HUMILDAD, DEBILIDAD Y GRANDEZA
Juan Calvino afrontó su vida con claras convicciones Bíblicas. La pasión que lo empezó a mover de joven, se fortaleció con los años que Dios le permitió vivir. Calvino combatió por la supremacía de Cristo en todas las cosas. Era necesario que la sabiduría de Dios y su voluntad gobiernen todas las cosas porque somos de Él. Así que exhortó al mundo de su tiempo con voz clara que toda nuestra vida debería luchar por su Gloria. Su voz sigue sonando hoy, la podemos oír, aunque la niebla mundana no nos permite verlo con claridad. Ese tal vez es nuestro problema.
Ningún hombre jamás tuvo ese sentido de la gloria de Dios como Calvino. Vio los abusos de los curas no como meras desviaciones doctrinales, los ataques contra la doctrina y el pecado no solo como graves problemas sino como ataques a la gloria y honor de Dios. El tema principal en todo aspecto era procurar remover todo lo que opacara la supremacía de Dios.
Ya para este momento, no sería extraño ver a Calvino en un palacio rodeado de riquezas y reconocimiento. Pero para vergüenza de la opulencia papal Romana, todas estas cosas fueron realizadas por un humilde hombre que vivía en la Calle del Cañón en Ginebra[8]. Roma hizo que corriera un rumor de la supuesta riqueza y ostentación de Calvino para justificar sus aberraciones ostentosas. Ser de humilde condición económica y no pretender mejorarla, era una virtud desconocida en la iglesia de Roma. Como avergüenza tal hombre y lo que logró a la opulencia de ciertos ‘pastores’ que pasados décadas de ministerio jamás han predicado un sermón Bíblico.
Lejos de pensar que todos sus logros los llevó a cabo desde la vida cómoda, se debe recordar que este hombre fue un trabajador infatigable y sufriente. Cada dos semanas predicaba 10 sermones, cada semana daba tres conferencias de teología, asistía a la reunión del Consistorio de la ciudad a hacer sus amonestaciones. Cada viernes hacía un estudio de la Biblia. Nunca dejaba de visitar a los enfermos, de exhortar y aconsejar en privado y otras cosas más. Escribía a sus compatriotas franceses con regularidad y aun a muchos jóvenes mártires que no conocía pero que se sentía obligado a hacerlo. Todo esto en medio de la composición de libros, folletos y diversos tratados esplendidos.
Sobrevivió mucho tiempo con solo una comida al día sin comer nada más. Se dio cuenta que esta era la mejor manera de controlar sus fuertes migrañas. Se veía enfermo continuamente de su estomago, sufría fuertes cólicos, escupía sangre, era afectado con regularidad por fiebres palúdicas, tenía gota y sufría de dolorosas hemorroides. Sin embargo peor que todo lo anterior parece haber sido los cálculos en los riñones que tenía que soportar sin el alivio de algún sedante.[9] Calvino intentó tener hijos con su esposa. Tuvo que enterrar a sus tres hijos quienes murieron tiempo después de haber nacido. Amaba a su esposa Idelette, quien también le fue quitada de su lado 9 años después de casarse. El dolor de estas pérdidas le afectó demasiado, según él mismo lo confiesa en algunas de sus cartas. Aun así nunca paró su vida agitada. Siempre había un sermón que predicar, una carta que escribir, un libro que completar, una exhortación, consejo o una visita que hacer.
Se sometió a la mano soberana de Dios con una determinación magna. Su fe era indudable y sus convicciones que de la mano de Dios todo proviene lo sostuvieron en sus muchas debilidades. Hubiese sido descuartizado por la ‘teología’ de la prosperidad de vivir hoy. Hubiese sido criticado de determinista por otros al asumir que Dios es Soberano en absolutamente todas las cosas. Hubiese sido llamado hereje por muchas iglesias si viviera hoy, por predicar incansablemente la supremacía de Dios en la salvación del hombre que salva a quien quiere sin pedir su consentimiento.
MUERTE
Enfermo y debilitado por la clase de vida que llevó, partió de este mundo el 27 de mayo de 1564 a los 54 años entre las 8 y 9 de la noche. Entre continuas y silenciosas oraciones y ataques de dolor, se quedó dormido apaciblemente esperando el día de la resurrección. El hombre cuyo nombre con el tiempo está más ligado a la doctrina de la predestinación que ningún otro, entró a la presencia del Señor dejando atrás una huella imborrable en la historia de la Iglesia y el mundo occidental. Cuando hoy se acusa a los reformados que la doctrina de la predestinación produce inactividad y pereza o tal vez descuido espiritual, este hombre nos enseñó todo lo contrario, que la verdadera gracia que sin merecerla llega a un individuo, produce un anhelo por la supremacía de Cristo en todas las cosas, pasión que es imposible retener en la actitud de la pasividad.
Antes de morir, dicta como parte de su testamento las siguientes palabras:
“En el Nombre de Dios, yo Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la Iglesia de Ginebra, debilitado por muchas enfermedades…doy gracias a Dios por haberme mostrado no solo misericordia, a mi su pobre criatura, y por haberme soportado en todos los pecados y debilidades y lo que es mucho más por haberme hecho participe de su gracia para servirle por medio de mi obra…Doy testimonio de que vivo y me propongo morir en esta fe que Dios me ha dado por medio de Su Evangelio, y que no dependo de nada más para la salvación que la libre elección que Él ha hecho de mí”.
“Acepto la gracia que se me ha ofrecido en nuestro Señor Jesucristo y acepto los meritos de su sufrimiento y muerte ya que por medio de ellos han sido sepultados todos mis pecados; y humildemente le suplico que me lave y purifique con la sangre de nuestro gran Redentor, que fue derramada por todos los pobres pecadores de modo que yo, cuando me presente delante de su rostro, pueda mostrarme semejante a Él”.
“Además, declaro que me he esforzado en enseñar su Palabra incontaminada y en explicar la Sagrada Escritura fielmente, según la medida de la gracia que Él me ha dado. En todas las discusiones que he tenido contra los enemigos de la verdad, no emplee ni astucias ni sofismas, sino que he luchado por Su causa con honestidad. Pero, oh mi voluntad, mi celo fueron tan fríos y flojos que me reconozco culpable en todos los aspectos; sin su infinita bondad, todos mis esfuerzos apasionados serían humo, más aun, la gracia misma que me dio, me haría resultar más culpable; por ello mi única confianza es que el Padre de misericordia quien como tal desea revelarse a mí, miserable pecador”.
“En cuanto a lo demás, deseo que después de la muerte mi cuerpo sea sepultado según la forma acostumbrada en espera de la bendita resurrección”.[10]
DESAFÍO
Este ensayo ha pretendido honrar al hombre que infatigablemente trabajó por amor a la obra de Cristo en un tiempo cuando solo ser cristiano era ya pagar un precio muy alto para cualquiera, cuanto más trabajar para Sus intereses siendo el principal de los reformadores. Sin prometérsele un galardón mayor que al nuestro, sin tener un Cristo mayor que el nuestro, sin dársele medios más poderosos que los que se nos han concedido a nosotros, viviendo en el mismo mundo, trabajando con individuos pecadores a su alrededor como nosotros y aun así, viviendo la fe en medio de su debilidad tan distinto a nosotros que solo saberlo nos avergüenza. Como bien nos guían las Escrituras en Heb. 13:7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Eso mismo es este escrito.
Hoy en una época en que ser reformado pareciera ser una novedad teológica, cuando las doctrinas calvinistas son llamadas herejías o fanatismo, cuando para muchos ser reformado significa aceptar meramente las doctrinas de la gracia[11], o congregarse en un templo que antes se dedicó a la proclamación de la Palabra de Dios, o sencillamente un simple distintivo doctrinal, es necesario escuchar la voz de Calvino, que no es más que la explicación de las Escrituras y la aplicación a cada aspecto de la vida[12].
Nuestra manera de ver la Biblia debe cambiar, nuestra predicación ha de ser transformada, nuestra vocación precisada, nuestra influencia mayor, la Iglesia debe volver a las sendas de la verdadera doctrina que hoy se está esfumando frente a nuestros ojos impávidos, nuestro llamado a glorificar el Nombre de Cristo en esta generación debe ser atendido con toda solicitud. Es necesario volver a la pasión por la Gloria de Dios mediante un acercamiento honroso y dedicado a la Palabra de Dios.
Este fue Juan Calvino, el hombre humilde que vivió toda su vida en Cristo bajo el lema:
Soli Deo Gloria, Solo a Dios sea la Gloria.
Oh Señor Jesucristo, que esa sea nuestra pasión en este siglo.
Jorge E. Castañeda Delgado
[1] El uso del distintivo Iglesia Cristiana Evangélica, es necesario por dos razones. La primera es la distinción que quiero hacer entre las iglesias que a comparación con otros sistemas religiosos se han llamado cristianas, pues bajo esta agrupación, se considera cristiano a todos los grupos que fundan su fe, al menos en teoría, en Cristo, como lo son Los Evangélicos, Católicos Romanos, Testigos de Jehová, Adventistas etc. La segunda razón por la que hago esta precisión es la diferencia clara que quiero hacer entre el Cristianismo Evangélico y el Catolicismo Romano como tal. Ya que la influencia de Calvino se extendió al cristianismo Evangélico y es altamente aborrecido por el Catolicismo Romano, no quiero prestarme a confusión.
[2] De la nada.
[3] Su nacimiento fue el 10 de julio de 1509 en Noyón Francia.
[4] Calvino pasó su exilio en Basilea, Suiza, entre los años 1534 – 1536. Con el fin de redimir el tiempo “Se dedicó al estudio del hebreo”. (¿Se imagina semejante cosa? Algún pastor de hoy, exiliado de su Iglesia y de su país y viviendo en medio de peligros mortales, ¿Se dedicaría a estudiar hebreo? ¿Qué le ha pasado a la visión del ministerio, que una cosa así parece impensable hoy en día?). El Legado del gozo Soberano. Piper. Pág. 142.
[5] La exegesis es la aplicación de las normas de Interpretación Bíblica llamada hermenéutica, para lograr interpretar adecuadamente un texto. Esta labor correctamente realizada se hace desde los idiomas originales (Hebreo y Griego)
[6] Para dar alguna idea de la amplitud de la predicación de Calvino desde el pulpito, le diré que comenzó su serie sobre el libro de los Hechos el 25 de agosto de 1549 y la termino en marzo de 1554. Después de Hechos paso a las epístolas a los Tesalonicenses (46 sermones), Corintios (186 sermones), las Epístolas pastorales (86 sermones), Gálatas (43 sermones), Efesios (48 sermones)…En…1559 comenzó la armonía de los cuatro Evangelios y no la había terminado al morir en 1564.
[7] En la época de Calvino el solo hecho de nacer en una nación que se confesaba cristiana, le daba derecho al individuo de participar de la Cena del Señor. Calvino se opuso a esta práctica aun a riesgo de perder su empleo y hasta su vida.
[8] Se cuenta que un día el Cardenal Sadoleto, a quien Calvino le escribió defendiendo a Ginebra, aun cuando esta ciudad le exilió, pasó de incognito por Ginebra, queriendo conocer al famoso protestante que estaba haciendo temblar a Roma. Quedó asombrado al ver la casa donde vivía. Los papas, cardenales y más vivían en suntuosos palacios y mansiones. ¿Sería verdad que el protestante más importante viviera allí? Llamó a la puerta y quedó mudo al ver que Calvino mismo le abrió. ¿Dónde estaban sus criados? ¿Su gente de servicio? Allí estaba abriendo la puerta Calvino con una sencilla ropa negra en la Calle del Cañón de Ginebra. “Así fue Calvino”. Pág. 193 – 194
[9] El legado del gozo soberano. Piper. 148
[10] Doctrinas Claves. Palmer. Pág. 159 – 160
[11] Lastimosamente por la ignorancia de la vida y obra de Calvino muchos han pensado que el calvinismo hace referencia solo a la doctrina de la predestinación. Vale la pena aclarar que esta doctrina no tiene a Calvino como su autor, ya antes otros teólogos la habían defendido con la clara convicción que es la misma Escritura la que la enseña. De otro lado es necesario aclarar que el calvinismo es mucho más que las doctrinas de la gracia. Estas doctrinas solo fueron una parte del pensamiento de Calvino pero no lo es todo. Lamentablemente muchos se identifican como reformados en mi país solo por creer las doctrinas de la gracia pero sin una evidente implicación de la Biblia en las demás áreas de la vida eclesial. Esto ha hecho que el calvinismo en nuestro país sea visto como una novedad teológica.
[12] “Recurrimos con frecuencia a la palabra “calvinismo” para designar con esta corta palabra aquella parte de la verdad divina que enseña que la salvación es solo por gracia…Creemos firmemente que lo que comúnmente se llama calvinismo no es mas ni menos, que aquel sano y antiguo evangelio de los puritanos, de los mártires, de los Apóstoles y del Señor Jesucristo”. Spurgeon.
BIBLIOGRAFIA
ASÍ FUE CALVINO. Thea B. Van Halsema. Ed. DESAFIO
DOCTRINAS CLAVES. Edwuin Palmer. ESTANDARTE DE LA VERDAD
EL LEGADO DEL GOZO SOBERANO. John Piper. Ed. UNILIT
EL LEGADO DE CALVINO. Steve Lawson. Conferencia Ligonier.
UNA DEFENSA AL CALVINISMO. Chrales Spuregon. Ed. IGLESIA BAUTISTA DE LA GRACIA.
Las indulgencias del siglo XXI
07 jun 2010 Comentarios desactivados
en Apologética, Apostasía, Reforma Protestante Etiquetas: indulgencias, Johannes Tetzel, Martín Lutero
Las indulgencias del siglo XXI
Edgardo Muñoz (Año: 2009 – Num.: 1)
En 1517 el dominico Johannes Tetzel cobró triste celebridad al ofrecer indulgencias para librar las almas del sufrimiento. Martín Lutero reaccionó ante tal ostentación desencadenando la Reforma. No fue sólo la penosa oferta la que provocó la existencia de la iglesia protestante, sino que su desafortunada frase sonó presuntuosa y temeraria: Ni bien se oiga el tintineo de las monedas en el fondo del ofrendario, sacaréis un alma del purgatorio. El enojo de Lutero tenía su razón. Tetzel se asemejaba a aquellos que hacen caminar al burro en el que están montados, colgando una zanahoria de la caña y suspendiéndola delante de la cabeza del animal. El burro camina pero no logra nada de lo prometido, simplemente beneficia a su amo.
Apenas cinco siglos después que Lutero escribiera las 95 tesis con indignación, podríamos comparar al monje temerario con muchos ministros del Evangelio que ofrecen indulgencias. La oferta es otra, las condiciones también son distintas, pero la motivación, el concepto y el mecanismo son los mismos. Cada vez que prometemos a los creyentes soluciones mágicas si cumplen con determinadas condiciones, ofrecemos indulgencias. Siempre que manipulamos la voluntad de los hermanos a través del miedo o las esperanzas falsas, nos pareceremos al monje Tetzel.
Los seres humanos somos amantes de las soluciones milagrosas. Muchas veces, bajo el manto de la fe escondemos nuestras impurezas, ambiciones e irresponsabilidad. Resulta muy fácil atribuir a la voluntad del Señor nuestros íntimos deseos egoístas o las consecuencias de nuestros errores. Es verdad que Dios quiere bendecirnos. También es correcto saber que el Señor no desea nuestro sufrimiento. Pero las bendiciones de Dios (así les llamamos a las circunstancias que nos son propicias para disfrutar la vida), no deben ocupar los primeros lugares en nuestra escala de valores.
En las últimas décadas han surgido corrientes pseudocristianas con un mensaje claramente hedonista. Proponen que las personas dejen de sufrir y pasen a la lista de los triunfadores y prosperados. Ofrecen sanidades y victorias sobre los conflictos. La televisión e Internet se transformaron en los mejores vehículos para esta corriente. Al alcance de cualquiera se ofrecen aceites de la unción o fórmulas para quebrar maldiciones y hechizos. Las librerías también hicieron lo suyo al ofrecer los siete pasos para lograr esto o aquello. El espíritu consumista se transformó en el mejor cómplice y de esta manera encontramos la compra de indulgencias.
No siempre se ofrecen bendiciones por medio del dinero. Otras veces, los bienes económicos son reemplazados por distintos tipos de sacrificios de los creyentes. Favores que se solicitan, exigencias ministeriales o demandas de mayor tiempo pertenecen al grupo de pagos con los que se obtienen bendiciones especiales.
Todo lo que desde la niñez hicimos queda alojado en la mente, de manera consciente o inconsciente. A veces sólo nos queda el recuerdo de haber hecho algo malo, sin saber precisamente qué fue lo que hicimos. Tal memoria pesa sobre nuestras consciencias y nos conduce a descalificarnos de todo buen mérito o temer algún castigo. Nadie se exime de arrastrar consigo tales sentimientos. En otras palabras, los sentimientos de culpa son inherentes a cada ser humano. Para cualquier orador hábil, no es difícil remover la conciencia de las gentes y accionar esos botones de la culpa. Pero luego llega la maravillosa solución, el milagroso quitamanchas que se obtiene con un mínimo esfuerzo beneficiando al que lo provee.
Muy a menudo se escucha de pastores autoritarios que tienen a las personas atemorizadas y se aprovechan de su liderazgo espiritual para presionarlas a rendir algún tipo de servicio en la iglesia. Frente a una personalidad fuerte e intimidante, los creyentes zozobran en una tempestad que los lleva una y otra vez de la presión al alivio y del alivio a la presión. Entonces, por temor a la represalia o a la pérdida del favor de la autoridad, los hermanos callan hasta quebrantar su salud anímica. Se transforman en esclavos cautivos que no tienen el valor de enfrentar al despotismo y ni siquiera de huir.
Todo lo que el creyente puede dar o hacer a favor del Cuerpo de Cristo y sus ministros pertenece al área de lo voluntario y espontáneo. Cuando Pablo dice que: Dios ama al dador alegre (2Co 9.7), se refiere a que Dios valora la actitud con la que se da. No ama simplemente al dador (ni odia al que no da), sino que la alegría de corazón determina el valor de la dádiva. Cualquiera que da para aplacar el castigo o ganar un favor especial, no pertenece a la categoría de los generosos de corazón.
Deuteronomio 10.17 declara que Dios no recibe cohecho. El cohecho o soborno es el pago que se recibe para cambiar una norma. Toda forma de sacrificio para cambiar el ánimo de Dios lleva el nombre de cohecho. Todo pedido o exigencia de un pago para lograr un beneficio de una manera ilegal se llama extorsión. Dios no está de acuerdo con nada de ello.
Para concluir, hay un solo pago que cambió el favor de Dios hacia nosotros. No fue cohecho ni extorsión, sino que Dios lo pagó de sí mismo. Por lo tanto es un pago de buena voluntad o gracia. Este pago lo hizo Jesucristo en la cruz y ya no hace falta más nada para tener el favor del Señor. El concepto que transformó a la mente de Martín Lutero guió a la redacción de las 95 tesis. El justo por su fe vivirá Ro. 1.17.
Si alguna vez nos sentimos tentados a sacar provecho personal, valiéndonos del miedo, la culpa o la ambición de los creyentes, no accedamos al deseo. Porque, en el caso de hacerlo, nos volveremos tristemente célebres en el Reino de los Cielos al igual que Tetzel.
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Jean DELUMEAU: LA REFORMA
24 may 2010 Comentarios desactivados
en Reforma Protestante Etiquetas: Jean DELUMEAU
Jean DELUMEAU: LA REFORMA
La colección ”Nueva Clío”, de la que el autor es uno de los directores, tiene entre sus virtudes la original forma de presentación de la materia con una primera parte en la que se expone el estado actual de nuestros conocimientos y una segunda para controversias y directrices de la investigación, completadas ambas con un riquísimo apéndice documental. El método expositivo es especialmente apropiado para un tema como éste, que no requiere un tratamiento demasiado prolijo en sus aspectos conocidos, pero que sigue sujeto a nuevas perspectivas, tanto en el mundo investigador como en la actitud de los teólogos actuales tras iniciarse un espíritu de compresión mutua entre católicos y protestantes en los últimos decenios.
Titulado en francés ”Naissance et affirmation de la Reforme”, está claro que el centro de atención es el protestantismo en todas sus variantes, pero la palabra ”Reforma” implica también la referencia a la reación católica, reacción que no sólo es un contraataque (Contrarreforma), sino también, y quizá en mayor medida, una Reforma alternativa que en algunos casos tiene sus raíces antes que la otra y está animada de valores positivos con independencia de cualquier polémica exterior. La obra se centra, sin embargo, en la primera faceta. Se trata por tanto, de la Reforma protestante y de las iniciativas católicas propiciadas por el nacimiento de aquélla.
En lo que se refiere a las causas, hay una verdadera ruptura con lo que la espiritualidad de la Edad Media había puesto en primer plano, la moral. Las reformas pedidas, y asumidas por la propia Iglesia, se encuadraban en la conducta de sacerdotes y fieles, en la fidelidad a las normas, no en innovaciones de carácter teológico. La gran masa de los creyentes desconocían las sutilezas de ese orden y miraban más las implicaciones derivadas de los malos ejemplos; esa misma masa mezclaba, además, con las creencias ortodoxas prácticas supersticiosas más o menos consentidas. Por otro lado, la ortodoxia era un terreno abierto en muchas cuestiones, lo que permitía a los teólogos discrepar en ciertos asuntos sin que ello les llevase a enfrentarse con la autoridad pontificia (caso de Wyclif, que no fue molestado y murió en el seno de la Iglesia, cosa que no hubiera sucedido medio siglo más tarde), y, si había conflicto (como con Huss), se debía a factores extrarreligiosos, protonacionalistas. Por el contrario, la Reforma viene a poner el interés en lo teológico, como había pasado en el antiguo Oriente durante los primeros siglos de la Cristiandad, y en el tema de la autoridad papal, que los orientales resolvieron mediante el cisma (siglo XI).
Tres son, a juicio del autor, los puntos básicos que van a mover el espíritu reformista: el problema del pecado, la tendencia al sacerdocio universal y la revalorización de la Biblia. El primero alcanza cada vez más un aspecto personal y angustia al hombre, que se siente culpable en un mundo donde la muerte hace continuo acto de presencia y que amenaza con los terrores de la vida eterna. Por otro lado, el desprestigio de los sacerdotes, los progresos del individualismo y la participación creciente de los laicos en las actividades de tipo religioso rompió la rígida barrera que separaba las dos condiciones. En el caso de la Biblia, la imprenta había multiplicado las posibilidades de acceso a su lectura; los textos, revisados sobre las fuentes originales, mejoran la hasta entonces indiscutible versión de San Jerónimo (la ”Vulgata”); esta exégesis, en principio al servicio de nuevas traducciones al latín, orienta también un nuevo fenómeno, las versiones en lengua vulgar, que proliferan en toda Europa sin que en sus inicios haya una expresa prohibición; la labor de los humanistas (y a su frente Erasmo) había sido decisiva para este renacer de los textos sagrados y el interés por conocerlos directamente los laicos, pero estos humanistas no representan ninguna postura que afecte a la veracidad de los dogmas admitidos; se decantan más bien hacia lo que hoy llamamos ”libertad de conciencia”, tolerancia, confianza en el individuo; no buscan obediencias separadas, alternativas institucionales.
Lutero es el desencadenante de la Reforma. Impotente ante el pecado, a pesar de la severa disciplina a que se sometía, este fraile agustino alemán ve en las palabras de San Pablo la solución: la misericordia de Dios es tal que basta la fe para salvarnos. Esta función de la fe, producto de la gracia, entronca a su vez con el pensamiento agustiniano, tan alejado de la racionalización propiciada por Santo Tomás. Lo que en sus inicios podría haber sido simplemente una revitalización de la corriente agustiniana – nunca vencida por la teología tomista -, pasó a mayores, cuando, rotas las vías de diálogo con Roma y con el Emperador, la misma lógica del planteamiento (personalización del problema de la fe) puso en entredicho el aparato dogmático y la jerarquía sacerdotal. La inmediata repercusión que estas ideas tuvieron en el plano político y social, en Alemania, prueba que existía un ambiente propicio para ellas; pero la distinta interpretación que se hizo en uno y otro caso (Príncipes beneficiados con la secularización de los bienes eclesiásticos, campesinos que veían la oportunidad de hacer realidad la igualdad evangélica), dejará perplejo a Lutero, obligado a elegir y a dictaminar acerca de ambas posiciones. Al solidarizarse con los príncipes introduce de nuevo un modelo jerárquico, con una Iglesia subordinada al poder civil (cuius regio, eius religio), con lo cual no sólo va a tener que contender con sus objetores católicos sino también con algunos compañeros y seguidores. Ello significa que el luteranismo no va a monopolizar ya la Reforma, y su fuerza disminuye salvo allí donde los príncipes lo imponen.
La segunda personalidad eminente del protestantismo es Calvino. Su formación teológica era tan sólida como la de Lutero y, del mismo modo, perteneció al clero. También pasó por una etapa de dudas e indecisiones antes de separarse de la Iglesia católica, para iniciar un camino, también algo sinuoso hacia una reinterpretación de la Reforma que iba más allá de lo dicho por Lutero, pero a éste, a Zuinglio, a Ecolampadio o a Bucero debe bastante, sobre todo en el terreno organizador, en el que tanto éxito tuvo. Siguiendo a Zuinglio, centra el problema en la gracia, causa de salvación, gracia que Dios da a quien quiere – no es meritoria -; es el agustinismo llevado al plano más restrictivo. No hay una clara referencia a la predestinación (que será afirmada por el calvinismo posterior); tampoco Calvino rompe con el valor sacramental de la eucaristía (en lo que resulta más conservador que Zuinglio y se alinea con Lutero); pero acentúa más que éste le idea del sacerdocio universal e intenta, sin conseguirlo, la autonomía frente al Estado.
Localizada la Reforma al principio en Alemania y Suiza, no tardará en llegar a otros países. En Inglaterra, al cisma de Enrique VIII sucede la fase calvinista de Eduardo VI, que, tras la reacción católica de María Tudor, dará paso al eclecticismo de Isabel, la Iglesia Anglicana; diferente es la trayectoria de Escocia, precozmente presbiteriana. También en Francia, tras una primera etapa de luteranismo más o menos tolerado, el zuinglio-calvinismo se impone entre los reformados (hugonotes), al tiempo que se produce la reacción católica por voluntad de Enrique II. Por esas mismas fechas el calvinismo y, en general, el protestantismo suizo desplaza al luteranismo en Alemania y arraiga en los Países Bajos, lugar de conflicto agudo con el catolicismo.
La Contrarreforma no esperará a la terminación del Concilio de Trento. Es más, frente a las tesis conciliaristas de los moderados, especialmente los erasmistas o los seguidores de Melachton, se opta, desde el poder político, por la lucha directa, la ”reconquista por las armas”, que está a punto de triunfar después de Mülberg (1547). Fracasado este camino, la Reforma católica, de la mano sobre todo de jesuitas y capuchinos, buscará la ”reconquista de las masas”, y lo logrará en algunos lugares (sur de Flandes, sur de Alemania). El Concilio de Trento, lejos de acercar posiciones, las radicaliza, pero al menos clarifica el dogma y establece las bases para crear un modelo de sacerdote más ejemplar e instruido.
Por países, no hay duda de que fue Francia aquél en el que la pugna entre hugonotes y católicos dio lugar a mayores tensiones. Toda la segunda mitad del siglo XVI es una época de ”guerras de religión”, con breves intervalos de paz. La monarquía, tras la muerte de Enrique II, intenta la vía del diálogo, de la tolerancia (Catalina de Médici, Miguel de L’Hôpital); se creía posible la convivencia ”política” junto al respeto a la conciencia de cada uno; se evidencia, sin embargo, que este ideal era solo el proyecto de una minoría de formación humanista no compartido ni por católicos (dirigidos por los Guisa) ni por hugonotes (defendidos por Borbones y Condés). La paz consiguiente al Edicto de Nantes no resolvió la cuestión, pues era una peligrosa fórmula al dividir a Francia en dos Estados confesionales bajo la teórica autoridad real; Richelieu se limitó a reducir los privilegios de los hugonotes, pero, ya en los últimos años del siglo XVII Luis XIV se sentirá lo bastante fuerte para revocar el Edicto y poner a los hugonotes en la alternativa de abjurar o irse de Francia. El protestantismo militante estaba, por otra parte, casi agotado, y una especie de resignación llevó a la mayoría de sus fieles a volver a la Iglesia Católica; a partir de entonces seguirá habiendo en Francia protestantes, pero se habrá acabado su influencia política como tales.
En los Países Bajos la oposición católico-reformista va a solaparse con la lucha política a partir del reinado de Felipe II, intransigente, como su padre, en la defensa de la religión romana. El éxito se lo reparten: el sur permanece católico, el norte calvinista y rebelde luego independiente. Del mismo modo, la firme adhesión a Roma – vía jesuitas – del emperador aplastará los focos protestantes en los Estados Patrimoniales, pero no podrá evitar la consolidación, en los principados más septentrionales, de una Reforma que volverá a sus orígenes al predominar el elemento luterano sobre el calvinista. La línea divisoria coincidirá bastante con el antiguo ”limes” romano.
La recuperación del luteranismo es consecuencia de su espíritu abierto, de su voluntad de establecer unos principios comunes por encima de diferencias no esenciales; así se llegó a la ”Fórmula de Concordia” que ha perdurado hasta ahora. No hay que olvidar tampoco el protagonismo que en su triunfo tuvieron los príncipes y reyes, por egoísmo o por convicción (caso este último de Gustavo Adolfo, que estuvo a punto de crear un verdadero ”Imperio luterano” durante la Guerra de los Treinta Años).
Entre los calvinistas van a surgir discrepancias que afectarán a lo doctrinal (problema de la predestinación) y a lo organizativo (relaciones con el Estado). Las posturas más definidas fueron las de gomaristas (radicales) y arminianos (más flexibles). Mayor era la distancia doctrinal en Inglaterra y Escocia, lo que dio lugar a la crisis de los años cuarenta, resuelta primero a favor de los presbiterianos (Cromwell) y finalmente en beneficio de los anglicanos, pero con cierta tolerancia para aquéllos.
Tras la paz de Westfalia parece que la tensión secular producida por las luchas religiosas desaparece. El cansancio resultante en unos y otros crea un clima nuevo; para unos, había que relativizar los problemas de índole religiosa y buscar otros caminos (es la ”crisis de la conciencia europea” de que habla Paul Hazard); para otros, el sentimiento religioso se transfiere al plano interior; aparecen las nuevas modalidades de protestantismo que enlazan especialmente con corrientes anteriores de independientes (como los anabaptistas moderados); de entre ellas destaca el autor el pietismo y el metodismo, predominantes en los mundos germánico y anglosajón respectivamente (aunque minoritarios frente a las iglesias oficiales). De este modo el protestantismo se consolida y alcanza una posición definitiva, hasta ahora, en gran parte del mundo cristiano.
La validez del proceso descrito no impide que los investigadores sigan planteándose hipótesis y discrepando sobre los aspectos concretos de la Reforma. Varias son las cuestiones más debatidas: la primera de ellas que aborda Delumeau es la de las causas; como no podía ser menos, el marxismo ha dado su explicación al fenómeno desde la perspectiva económica, explicación que el autor no asume ante la evidencia de tratarse la Reforma de un hecho interclasista (no hay una divisoria que pase por las clases sociales o la posición económica). También rechaza la tradicional y reavivada tesis católica de los ”abusos disciplinarios”, del exceso de rigorismo (como tampoco era cierto que fuera lo contrario, la relajación de costumbres del clero). Parece, piensa Delumeau, que hay que centrarse en lo teológico como punto esencial (el pecado y la salvación).
La figura de Lutero es otra cuestión aún pendiente. Su perfil es ambiguo todavía. Hoy se busca más en su etapa formativa la razón de su posterior actitud; se ha dado una explicación psicológica de tipo freudiano; se le ha considerado, asimismo, como un hombre de espíritu medieval, enfrentado al Humanismo y al Renacimiento. Pero no se puede negar su sincera piedad ni tampoco su contribución positiva al pensamiento teológico, hoy más fácilmente observable.
También se ha hecho famosa, desde la aparición del libro de M. Weber (”El protestantismo y el espíritu del capitalismo”), la tesis que relaciona estrechamente ambos fenómenos, siendo el segundo deudor del primero en su versión calvinista. Hasta ahora, sin embargo, no parece claro el pensamiento económico de Lutero o de Calvino, pero sí se constata que el calvinismo derivó más tarde hacia la aceptación plena de la figura del capitalista, lo que avala las líneas generales de la aportación de Weber.
Aún queda por estudiar mucho; profundizar, por ejemplo, en las figuras tenidas por secundarias (Zuinglio, Bullinger, Bucero, Ecolampadio, Capitón, Teodoro de Beza); conocer mejor los métodos utilizados en la predicación, valorar documentos todavía inéditos…
La Reforma y la Contrarreforma han llegado hasta nuestros días. La Cristiandad sigue dividida. Pero el espíritu que mueve a católicos y protestantes es distinto. Ahora se procura ver más las cosas que unen que las que separan. Este ecumenismo procede de los dos lados y procura una perspectiva que puede resultar fructífera. El ejemplo más significativo es el tratamiento del tema calvinismo-jesuitas; siempre se ha visto tal binomio como la prueba de la radicalización de las posturas, ejerciendo en cada campo el papel de intransigentes. Ahora es posible ver paralelismos, que resultan sorprendentes: semejanzas entre los hombres (incluso entre Calvino y San Ignacio), puritanismo (medidas contra el teatro, el alcoholismo y la mendicidad), mayor importancia de los laicos…Los teólogos se influyeron mutuamente: los arminianos tendían a matizar la doctrina de la gracia limitada a los escogidos; los jansenistas acercan posiciones a la justificación por la fe mediante la gracia. En ambos casos la postura a adoptar ante el capitalismo fue vacilante e intercambiable. Unos y otros querían ser independientes del Estado. Y, lo más positivo en la historia de la cultura: los libros de espiritualidad varían para unos y otros (como demostró Wesley, el fundador del metodismo), y compositores protestantes enriquecieron y dignificaron la liturgia católica.
Salvados por Gracia, Justificados por Fe ¿ también lo merecemos por obras… ?
14 may 2010 Comentarios desactivados
en catolicismo, catolicismo romano, Doctrinas Cristianas, Reforma Protestante, Teología Etiquetas: Justificados por Fe, Salvados por Gracia
| DOCTRINAS CATÓLICAS Y SU CORRESPONDENCIA BÍBLICA
Salvados por Gracia, Justificados por Fe ¿ también lo merecemos por obras… ? por Daniel Sapia (Los textos del Catecismo Católico se escribirán en AZUL, los textos Bíblicos en ROJO) |
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| Definamos primero qué es SALVACIÓN:
1. En el principio, Dios creó al hombre, a Su imagen y semejanza y en perfecta comunión con Él. 2. A causa de su desobediencia, el hombre se alejó de Dios, eligiendo tomar su propio camino. 3. Este pecado condenó al hombre a vivir eternamente fuera de la Presencia Divina, en el Infierno, en el lago de fuego y azufre que arde por los siglos. 4. Pero Dios Padre, en Su infinito amor, dio a Su creación el medio para reconciliarse con Él. Ofreció (y ofrece) un medio para que SALVE su alma de la condenación. La sangre de Su HijoJESUCRISTO, nuestro bendito Cordero de expiación. ¿Es esta SALVACIÓN un REGALO INMERECIDO (Gracia) o un PAGO MERECIDO? Es lo que trataremos de responder.
-”¿Dónde piensas que irás cuando mueras…?” -”Y…yo soy una buena persona, siempre lo he sido, creo en Dios, cumplo los mandamientos ya que nunca maté a nadie ni robé, de vez en cuando voy a la iglesia, y encima… mira que hermosa cruz llevo colgada. Además, como si fuera poco, cuando era bebé me bautizaron. No creo equivocarme si digo que mi relación con Dios es buena, así que… YO IRÉ AL CIELO.” -”Pero… ¿has tenido un ENCUENTRO PERSONAL con Jesucristo? -”Si, claro..! ¿ No te dije que voy a la iglesia? Si esta conversación fuera real, no tendría buenas noticias para mi amigo. Y aunque no guardo demasiadas expectativas de que mi opinión le importe mucho, al menos trataría de que le importara la opinión de Dios. ¿Cómo obtenemos la Salvación… …según lo expresado por Dios en las Sagradas Escrituras? 1. La Salvación es un REGALO (Gracia) DE DIOS. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5) “…siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:24-25) “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra“ (Romanos 11:6) “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres…” (Tito 2:11) 2. La Salvación NO SE MERECE por algo que hagamos, no se merece por obras. “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.” (Hechos 8:20) “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9) “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” (Galatas 2:16) “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia.” (Tito 3:4-5) “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley“ (Romanos 3:28) 3. Solo la FE EN JESUCRISTO nos da la Salvación. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.“ (Juan 3:16) “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”(Romanos 5:1) “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6) “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12) “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31) “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, ycreyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:8-9) “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:10-11) “No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.” (Romanos 5:14-15) “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:8-9) “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.”(1° Juan 4:14) “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:11-13) Qué afirma la fe Católicorromana Si bien claramente La Biblia nos dice que la Salvación no reconoce méritos humanos, o dicho de otra forma, es un regalo de Dios Padre a aquellos que reconocen a Jesús como El Cristo y le entregan su vida, vemos como la doctrina Católica enseña la necesidad de determinadas obras para “merecer” o para “conservar” este regalo. “Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, “después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras” (DV 3). CIC #55 « En toda circunstancia, cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, “perseverar hasta el fin” yobtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las buenas obras realizadas con la gracia de Cristo…» CIC #1821 « Los hijos de nuestra madre la Santa Iglesia esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia… » CIC#2016 «El Concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos (cf DS 1569-70). Y el Concilio Vaticano II lo afirma: “Los obispos, como sucesores de los apóstoles, reciben del Señor…la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación” (LG 24).» CIC #2068 “Los padres tuvieron razón en llamar a la penitencia “un bautismo laborioso” (San Gregorio Nac., or. 39.17). Para los que han caído después del Bautismo, es necesario para la Salvación este sacramento de la Penitencia, como lo es el Bautismo para quienes aún no han sido regenerados (Cc. de Trento: DS 1672).” CIC #980 Aquí, San Gregorio claramente dice que con la Penitencia obtenemos lo mismo que con el Bautismo, o sea la Salvación. La diferencia es que mientras uno “da trabajo” (la laboriosa penitencia), el otro no. “La Iglesia afirma que para los creyentes, los Sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la Salvación (Cf. Cc. de Trento: DS 1604).” CIC #1129 “Los Sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento.” CIC#1131 “La Iglesia pide a Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella “nazcan del agua y del Espíritu”. Sigue entonces el rito esencial del sacramento: el Bautismo propiamente dicho, que significa yrealiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el misterio pascual de Cristo. El Bautismo es realizado de la manera mas significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal. Pero desde la antigüedad puede ser también conferido derramando tres veces agua sobre la cabeza del candidato.” CIC # 1238 y 1239 Aquí claramente se nota que cuando la Iglesia Católica menciona el “Bautismo”, no habla del bautismo del Espíritu Santo producto de la profesión de fe, sino que se refiere al rito de inmersión o aspersión, acto realizado por un ministro eclesiástico. Entraremos en mas detalles cuando se desarrolle el tema específico. “Para el Católico, la Salvación no viene mediante recibir a Cristo como Salvador personal, sino que es un extenso proceso que comienza con el bautismo, y de ahí en adelante depende de la relación continua de la persona con la Iglesia. La Salvación viene mediante la participación en los sacramentos, penitencias, buenas obras, sufriendo por los pecados personales, y los pecados de otros, aquí o en el purgatorio, indulgencias para reducir el tiempo en el purgatorio, y cantidades casi interminables de misas y rosarios dichos en favor del feligrés, aún después de la muerte. El “evangelismo” católico es por obras, la antítesis propiamente dicha de “el evangelio de la gracia de Dios.” (Dave Hunt – “A Woman Rides the Beast” – Pag.10) Testimonio gráfico (en video)
Existe un libro publicado por el sacerdote Jorge Loring, titulado “Para Salvarte“. Según se afirma en el sitio oficial que promociona el libro, se han vendido sólo en España más de 1.200.000ejemplares, “…sin contar las ediciones que se que se han hecho en Méjico, Ecuador, Perú y Chile. También se han hecho traducciones al inglés en Los Ángeles (California), al árabe en El Cairo, al hebreo en Jerusalén y al gujerati en la India. Hoy se está haciendo la traducción al ruso en Moscú.” Se supone que con esta cantidad, los términos y afirmaciones allí publicados no son ajenos a la Jerarquía eclesial romana ni a sus organismos de censura doctrinal (Congregación para la Doctrina de la Fe). Lo cierto es que, sin medias tintas, el Presbítero Jorge Loring dice en su libro: «Dios ha querido darnos el cielo como recompensa a nuestras buenas obras. Sin ellas es imposible, para el adulto, conseguir la salvación eterna…» http://www.spiritusmedia.org/para_salvarte/41-445.htm http://www.encuentra.com/includes/documento.php?IdDoc=1534&IdSec=64 Más claro, imposible… Catolicismo, Biblia y “buenas obras”. En muchas conversaciones apologéticas en las cuales se conversó sobre este tema, los exponentes católicos argumentan que en la misma Palabra de Dios existe documentación canónica que sustenta la necesidad de las “Buenas Obras” para poder merecer la Salvación. Para tal motivo, hacen referencia a 2 textos de las Escrituras: Santiago 2:14-26 y Mateo 25:31-46. Santiago 2:14-26 La carta o Epístola Universal de Santiago aparece dirigida “a las doce tribus de Israel esparcidas por todo el mundo.” Con esta expresión, tomada del judaísmo de la época, se designa la totalidad de las iglesias cristianas. Tal característica dio origen a que esta carta, junto con las dos de Pedro, las tres deJuan y la de Judas, fueran llamadas cartas “católicas”, generales o universales. Posiblemente el autor tiene en cuenta a algunos que, entendiendo mal la enseñanza de Pablo, pensaban que para ser cristiano bastaba una fe teórica, el aceptar solo con la mente las verdades recibidas. Santiago insiste en que la fe debe mostrarse con los hechos, en todos los aspectos de la vida del cristiano. Veamos a continuación que significa esto. “14Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas queson necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.18Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.”(Santiago:2:14-26) vv.14 Si la Escritura enseña que los hijos de Dios han sido creados PARA buenas obras, las cuales su Padre las preparó DE ANTEMANO, entonces es imposible que a alguien aproveche no contar con ese “buen obrar” patrimonio de TODO hijo de Dios a causa de su nuevo nacimiento, por gracia por medio de la Fe, como enseña Efesios 2:9-10 vv.17 Una “fe” que carece de obras, no es la Fe salvífica que nace del corazón de Dios. Pablo no deja dudas acerca de que las obras del Cristiano fueron preparadas de antemano por Dios, para que anduvieran en ellas. Si no se anda “en ellas”, entonces la fe no es genuina. Es una fe muerta. vv.18 Contundente declaración: “te mostraré mi fe por mis obras”. Parafreseando a Santiago: “te mostraré la calidad de mi Fe, producto de andar en las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduvieran Sus hijos…” En las propias palabras de Santiago, las buenas obras son consecuencia del resultado del ya obrado nuevo nacimiento espiritual, por gracia, por medio de la Fe (Efesios 2:8) vv.19 ¿Alcanza la “fe” de los demonios para que sean salvos? Por supuesto que no, pues no es una fe “salvífica”, portadora del buen obrar preparado de antemano por Dios. A pesar de que poseen fe (creen que Dios es uno, no son “ateos”), su fe es muerta. vv.20-23 La Fe genuina de Abraham se manifestó a través de (actuó juntamente con) sus obras. vv.24 Reafirma que la mera fe no justifica de por si, sino sólo una fe genuina, obradora de bien. vv.26 La fe sin obras no es Fe salvífica. Esta Fe, genuina, produce que el hijo de Dios “abunde para toda buena obra” (2 Cor 9:8) Por fe somos hechos hijos de Dios, nueva criatura, redimidos por la sangre de Cristo, salvos. Pero esa fe debe ser -permítaseme el término- “fe salvífica“, NO cualquier fe, NO sencillamente un “..si, creo..“. Si esa fe es “sincera” a los ojos del Señor, produce un “sacudón” en nuestro espíritu. Para los que la hemos vivido, sabemos lo que significa entonces tener “un encuentro personal con Jesucristo”. Esta “FE SALVÍFICA” es la fe verdadera. Esa fe verdadera es una fe renovadora, que cambia nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, que late al ritmo del amor del Señor, derramado en nosotros. Por tal motivo, las “buenas obras” para el cristiano no son un medio para merecer la salvación sino unaconsecuencia del nuevo nacimiento, obrado en su ser a causa del bautismo en el Espíritu Santo. No son una imposición o penitencia, sino que son parte de la naturaleza de todo hijo de Dios. No son un “impuesto cotidiano” para seguir “mereciendo” la salvación una vez recibida. Efesios 2:10 dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús PARA buenas obras..” Efesios 2:10 NO dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús POR buenas obras..” 2° Corintios 9:8 dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis PARA toda buena obra...” 2° Corintios 9:8 NO dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia,DEBIDO A QUE,…ABUNDASTEIS EN toda buena obra...” Repito: Por tal motivo, las “buenas obras” para el cristiano no son un medio para merecer la salvación sino una consecuencia del nuevo nacimiento. Dicho de otra manera, si un cristiano no es obrador de bien, entonces nunca experimentó la verdadera conversión de su corazón de piedra, y por lo tanto su salvación se encuentra seriamente cuestionada. Analicemos el tema desde las 4 opciones posibles: 1. Tengo Fe y tengo OBRAS: Es el caso del verdadero cristiano, nuevo hombre, regenerado en Cristo Jesús, y agradable a los ojos de Dios Padre. 2. Tengo FE y NO tengo OBRAS: Es el caso de una fe defectuosa. Esta clase de fe no es suficiente para ser agradable a Dios. Tiene peligrosa cercanía con la opción 4 de esta serie. 3. NO tengo FE y tengo OBRAS: De esta opción podemos decir 2 cosas. a) Sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:5) y b) tengo varios amigos ateos que son buenas personas y viven haciendo el bien. Solo con el punto a) nos alcanza para afirmar que con esta actitud no somos agradables ante los ojos de Dios. 4. NO tengo FE y NO tengo OBRAS: Enemistad y lejanía de Dios. Desagradable a Sus ojos. El apóstol Pablo, lejos de contradecir a Santiago, dice: “8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe (no dice “de la fe Y las obras”); y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras (lo aclara expresamente), para que nadie se gloríe.10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras (NO POR buenas obras), las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (NO por HABER ANDADO en ellas).” (Efesios 2:8-10) Aquí también, mas claro imposible. para reflexionar
Sobre Mateo 25:31-46 (texto frecuentemente utilizado por los defensores de la salvación por obras) “31Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna“ (Mateo 25:31-46) Aquí parecería decir que Jesucristo está “premiando” las obras hechas por cada uno, especialmente en los versículos 34 al 36. Sin embargo, existe una palabra en todo el texto que nos da la perfecta clave de la correcta interpretación de la parábola del Maestro. Y la palabra es: « JUSTOS ». Cuando Jesús se refiere a “las ovejas”, no le está hablando a cualquier obrador de bien, a cualquiera que realizó buenas obras. Se está dirigiendo a “los justos” (vv.37 y 46). Y como bien dice la Escritura.. ¿Mediante QUE COSA somos hechos justos, somos justificados…? “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo..” (Romanos 5:1) “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” (Gálatas 2:16) “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús..” (Gálatas 3:24-26) En definitiva, ¿quiénes irán a la vida eterna (vv.46)? Una pobre y recurrente opinión romanista … cuando pretenden exponer lo “inviable” de la doctrina de la Salvación por la “Sola Fe”.
Parafreseando al autor de esta pobre declaración: “todo lo que se debe hacer es un acto muy simple…y asunto acabado“ El decir que poder DISCERNIR la condición de extrema suciedad del propio corazón reconociéndose pecador, imperiosamente necesitado de un Salvador, HUMILLARSE ante el Dios Altísimo rogando Su misericordia, entregándole su corazón, su persona, su vida, su mente, DISCERNIR la necesidad de convertirse de su camino con destino de muerte y depositando TODA su fe en la sangre preciosa del Cordero de Dios, que murió para quitar SU PROPIO Y PERSONAL PECADO… es apenas un “acto muy simple”, es debido, cuanto menos, a NO HABER EXPERIMENTADO aquello de lo que se habla. Ese “acto muy simple” que menciona el sacerdote, es sólo la “punta del iceberg” bajo la cual se sumerge el ENORME bloque espiritual que debe moverse para que ocurra el milagro del Nuevo Nacimiento. Escrito está: “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo…” (Romanos 10:9) Decir que « Jesús es el Señor » puede ser un acto muy simple. Pero CONFESARLO, puede hacerlo solo aquél que recibe revelación de lo Alto. Quién lo haya experimentado, me entenderá sin más explicaciones. Quién no lo haya vivido, lamentablemente no podrá ver en esa actitud más que “un acto muy simple..”Y respecto a la suposición de que el Cristiano “confiesa con su boca” y luego dice “..a pecar mi vida..”, no hace más que confirmar que se habla de lo que no se ha vivido. ¿Podría alguien comprender lo que significa SER HECHO NUEVA CRIATURA y las consecuencias que de ello resultan, cuando jamás ha experimentado el RENACIMIENTO ESPIRITUAL? ¿Cuánta autoridad podrían tener sus opiniones respecto de las de aquellas personas que SI han sido REGENERADOS por la gracia de Dios? Escrito está: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia…”(Romanos 6:1-14) No obstante… Sorpresa Anteriormente citamos el texto de Gálatas 2:16 de la versión Reina-Valera 1960. Transcribo a continuación la traducción católica del mismo versículo, tomado de la “Biblia de Jerusalén“edición 1975, donde, (sorprendentemente) dice que somos salvos SOLO por la fe… (en concordancia con el “Sola Fide” de la Reforma Protestante) “,..conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino sólo por la fe en Jesucristo…” (Gálatas 2:16) Ahora bien, (curiosamente) en una página de apologética católica, se afirma que: “Fue Martin Luther quien, en una deliberadamente incorrecta traducción de la Escritura, insertó la palabra “sola” en Romanos 3,28 y Gálatas 2,16...” fuente .Tal vez el Luteranismo se haya infiltrado en el CELAM. - Recomiendo la lectura de: http://www.vidaeterna.org/esp/preguntas/la_salvacion.htm Resumiendo:
“No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” (Gálatas 2:21) Dice la Iglesia Católica romana «…para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras.» (CIC N° 55) « En toda circunstancia, cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, “perseverar hasta el fin” y obtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las buenas obras realizadas con la gracia de Cristo.» (CIC N° 1821) « Los hijos de nuestra madre la Santa Iglesia esperan justamente la gracia…de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia..»(CIC Nº 2016) « Dios ha querido darnos el cielo como recompensa a nuestras buenas obras. Sin ellas es imposible, para el adulto, conseguir la salvación eterna » Dice la Palabra de Dios “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; (Efesios 2:8-9) “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.” (Romanos 11:6) (Los dos cimientos – Lucas 6:46-49) Que Dios te bendiga Daniel Sapia Temas relacionados: |
Clemente Romano y el “Sola Fide”
14 may 2010 Comentarios desactivados
en Reforma Protestante, Teología Etiquetas: Clemente Romano, Sola Fide
Clemente Romano y el “Sola Fide”
por Daniel Sapia
(Los textos Bíblicos se escribirán en ROJO)
Introducción
Es sabido que la doctrina del Sola Fide (o “sólo por la Fe”) es una de las columnas de la Reforma Protestante del siglo XVI, junto con el Sola Gracia, Sola Escritura, Sólo Cristo y Sólo gloria a Dios.
Esta doctrina enseña que no existe mérito alguno que haga al hombre pecador “merecedor” de la salvación de su alma, sino que la misma es consecuencia de la infinita misericordia de Dios, recibida por Gracia (regalo) por medio de la Fe en el sacrificio vicario y expiatorio de Jesucristo en la cruz del Calvario. Ya el apóstol San Pablo declara que somos salvos por Gracia por medio de la Fe… “no por obras para que nadie se gloríe” (para que nadie diga que se lo ha merecido), enseñando en consecuencia que la Justificación ante Dios Padre del hombre pecador se realiza SOLO POR LA FE (“Sola Fide”)
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras [1], las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas…” (Efesios 2:8-10)
Ahora bien, esta doctrina (Sola Fe-”Sola Fide”) atenta de manera directa contra la base misma de los argumentos esgrimidos por la Iglesia Católica Romana para sustentar su poder temporal: el pretendido establecimiento sobre ella de “todos los medios de salvación” [2]. Porque si la Salvación fuera realmente “Sólo por Fe”, su jerarquía se queda sin argumentos para pregonar la necesidad de subordinarse a ella [3]. Es por ello que la Iglesia Católica rechaza de plano esta doctrina, al punto de declarar anatema (maldito – excomulgado) a quien ose profesarla.
Concilio de Trento
Ya en el Concilio de Trento [4] la Iglesia Católica Romana deja bien en claro qué es lo que piensa sobre el tema controversial de “SOLA FE”:
«Si alguno dijere, que el pecador se justifica con sola la fe, entendiendo que no se requiere otra cosa alguna que coopere a conseguir la gracia [5] de la justificación; y que de ningún modo es necesario que se prepare y disponga con el movimiento de su voluntad; sea excomulgado.» (Canon IX)
Clemente Romano
Presentada la base de lo que aquí se expone, veamos a continuación un escrito de Clemente Romano, que fuera dirigido a modo de carta a los habitantes de Corinto en el año 96 dC. Esta carta contiene 2 particularidades que hacen a la causa de su exposición en este artículo:
1. Que en su texto se distingue claramente la Doctrina de la SOLA FE (“Sola Fide”).
2. Que quien escribió dicha carta (Clemente) ha sido considerado por la Iglesia Católica Apostólica Romana como su cuarto Sumo Pontífice (90-99), luego de Pedro (33-64), Lino (64-76) y Anacleto (76-90) [6].
Lo que hace particular al tema es que alguien considerado Padre de la Iglesia y ADEMÁS Sumo Pontífice o Papa, predicara una doctrina anatematizada en el concilio de Trento (Enero de 1547).
Epístola a los Corintios
(Clemente Romano)
Como señalamos, esta epístola fue escrita en el año 96 dC. y dirigida a la iglesia de Corinto a causa de algunas cuestiones disciplinarias que se habían suscitado y que necesitaban ser observadas. Puede ser leída completa aquí [7].
A continuación, reproducimos el punto XXXII de la carta, el cual da motivo a este artículo:
“Si alguno los considera uno por uno con sinceridad, comprenderá la magnificencia de los dones que Él nos concede. Porque de Jacob son todos los sacerdotes y levitas que ministran en el altar de Dios; de él es el Señor Jesús con respecto a la carne; de él son reyes y gobernantes y soberanos de la línea de Judá; sí, y el resto de las tribus son tenidas en un honor no pequeño, siendo así que Dios prometió diciendo: Tu simiente será como las estrellas del cielo. Todos ellos fueron, pues, glorificados y engrandecidos, no por causa de ellos mismos o de sus obras, o sus actos de justicia que hicieron, sino por medio de su voluntad. Y así nosotros, habiendo sido llamados por su voluntad en Cristo Jesús, no nos justificamos a nosotros mismos, o por medio de nuestra propia sabiduría o entendimiento o piedad u obras que hayamos hecho en santidad de corazón, sino por medio de la fe, por la cual el Dios Todopoderoso justifica a todos los hombres que han sido desde el principio; al cual sea la gloria para siempre jamás. Amén.” (Carta a los Corintios XXXII)
Actualización Septiembre 2005
En algún lugar de la www, y comentando las expresiones del párrafo precedente, el católico Sr. José Miguel Arráiz ha modo de rechazo ha manifestado: “Clemente Romano NUNCA DIJO por medio de la “Sola” Fe, sino por medio de la fe…” En lo personal creo que no hace falta demasiado esfuerzo para notar que el “solo por medio de la fe” se encuentra implícito en la afirmación citada. De hecho, hablando de la Justificación de Dios, Clemente descarta “la sabiduría”, descarta “el entendimiento”, descarta “la piedad (caridad)” y descarta “LAS OBRAS”… pregunto entonces, si descartamos todo eso ¿que otra cosa queda para suponer que el “… por medio de la fe” no significa “sólo por medio de la fe”. Si no es ni por obras ni por caridad ni por sabiduría ni por entendimiento.. ¿será por dinero, tal vez? ¿Qué es lo que ha quedado afuera de la expresión de Clemente para no concluir, entonces, que la Justificación ante Dios es sólo por medio de la fe?
Mención a Clemente y al «Sola Fe»
Sitio web CRISTIANISMO PRIMITIVO:
«Los teólogos protestantes podrán encontrar a su vez en esta preciosa epístola, aún de tiempos apostólicos, una confirmación de la doctrina de la justificación por la sola fe en la gracia salvadora de Dios: “De igual modo nosotros, por Su voluntad llamados en Cristo Jesús, nos santificamos no por nuestros méritos, sabiduría, inteligencia, piedad o cualquier otra obra que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la cual Dios Todopoderoso ha santificado a todos desde el principio” (Clemente a los Corintios 32:4)
Tan respetada fue esta carta que incluso se incluyó tras la Biblia en el códice Alejandrino del siglo V que ahora se guarda en el Museo Británico.»
http://www.cristianismo-primitivo.org/siglo_II/clemente.htm
Sitio web MERCABA: (católico)
«Se proclama el principio paulino de la salvación por la fe y no por los méritos propios, pero al mismo tiempo se insiste en la necesidad de practicar obras de santidad y de obedecer a los mandamientos de Dios, con formulas de corte veterotestamentario. Los capítulos finales reproducen las formas de oración que se usaban en aquellas comunidades, sin duda calcadas en buena parte sobre las que se usaban en la sinagoga. Es curiosa la oración por los gobernantes. (J. VIVES)»
http://www.mercaba.org/Tesoro/c-romano.htm
Curiosidad
Nótese el versículo 16 del capítulo 2 de la Carta del apóstol san Pablo a los Gálatas, reproducida en un SITIO WEB CATOLICO ROMANO [8], que la traducción afirma que “el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo” (Gal 2:16)
16. conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado.
http://www.ziplink.net/cgi-bin/cgiwrap/kerygma/b.pl?k=Ga+2
Actualización Septiembre 2005
En algún lugar de la web, y comentando el párrafo precedente, el católico Sr. José Miguel Arráiz manifiesta “…Sapia en el intento de apoyar su doctrina de la Sola Fe cita como un sitio católico coloca un pasaje bíblico donde aparece que el hombre se justifica solo por la fe..”. A modo de aclaración de esta errada opinión, manifiesto que en el comentario inserto en el párrafo anterior jamás pretendí apoyar doctrina alguna, como equivocadamente sugiere el Sr. Arráiz. Lo que hice, como claramente el sub-título anuncia, fue mencionar un hecho CURIOSO, como es la mención del “sola Fe” en una traducción católica-romana, cuando precisamente dicha doctrina goza de un enconado rechazo por parte de la iglesia de Roma (al punto de haber merecido un “anatema” en el Concilio de Trento, Sesión VI, Canon IX).
El Sr. Arráiz concluye diciendo: “Lo que sapia Quizá ignora, es que lo que sucede es que el sitio católico que el comenta está utilizando la traducción de la Biblia de Jerusalén de 1976, error que está corregido en la actualización.”. Pues, para el conocimiento del Sr. Arráiz, de ninguna manera ignoraba que dicha cita correspondía a la traducción de la Biblia de Jerusalén, de la cual no sólo poseo un ejemplar en español (Edición Pastoral del CELAM, D.de Bouver, 1984), sino también una en su versión original en idioma francés (La Sainte Bible, Les Editions Du Cerf, 1956). De hecho, nótese la cantidad de años que transcurrieron portando la curiosidad mencionada, desde 1956 hasta 1984, o sea 28 años como mínimo, ya que si bien el Sr. Arráiz menciona que el error “está corregido”, no aclara en qué año fue. De allí la curiosidad que el Sr. Arráiz evidentemente no comprendió, a saber, de que un ANATEMA romanista se predique en una traducción católica… y por más de 28 años!, con “Nihil Obstat”, “Imprimi Potest” e “Imprimatur” incluidos…
“.. l’homme n’est pas justifié par la practique de la loi, mas seulement par la foi en Jésus-Christ,…” (Epitre aux Galates 2:16, La Sainte Bible, 1956, pp. 1.538)
“..conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo..” (Gálatas 2:16, Biblia de Jerusalén, 1984, pp. 1.764)
Creo que ha quedado demostrada la inexactitud de las expresiones del Sr. Arráiz cuando manifiesta: “Lo que si realmente es curioso es que un protestante tenga que recurrir a lo que el sabe es la única traducción católica para dar un poco de validez a una doctrina anti-bíblica..” En consecuencia, encuentro por demás lógico que, partiendo de una premisa errónea, el Sr. Arráiz termine viendo actitudes “realmente curiosas” en mis afirmaciones.
Conclusión
Volviendo al tema central de este artículo nos preguntamos: ¿Creía Clemente (supuesto 4to. Papa) en la Doctrina de la Justificación como es enseñada por la Iglesia Católica Romana? ¿o, más bien, creía que el hombre es justificado (sólo) por la Fe y no por obras hechas en santidad de corazón?
« Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras [9]… Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra. [10] »
Bendiciones en Cristo
Daniel Sapia
[1] Nótese cuán diáfama es la declaración del apóstol san Pablo. Primeramente aclara que somos salvos “por gracia por medio de la fe… NO por obras”. Y después, aclarando el papel de nuestras buenas obras, dice que fueron preparadas de antemano por Dios para que “anduviéramos en ellas”. O sea, somos salvos PARA (andar en) Buenas Obras, NO que somos salvos POR andar en ellas. Las Buenas Obras en el cristiano no son el medio para conseguir o merecer la salvación SINO que son el obrar consecuente por haberla recibido. Por ende, la Fe no puede ser “salvífica” (permítaseme el término) si no es “obradora de bien” (como refiere el apóstol Santiago en su epístola).
[2] (Resaltados agregados) «”La única Iglesia de Cristo…, Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran… Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ["subsistit in"] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él” (LG 8). El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: “Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios” (UR 3).» Catecismo Nº 816
«…En la Iglesia es en donde está depositada “la plenitud total de los medios de salvación” (UR 3).» Catecismo Nº 824
«.. La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación..» Catecismo Nº 868
«..”Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos, mediante los lazos de la profesión de la fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión.» Catecismo Nº 937
[3] «El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.» Catecismo Nº 88.
«.. no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella (LG 14).» Catecismo Nº 846.
[4] «DECRETO SOBRE LA JUSTIFICACIÓN», SESION VI, celebrada el 13 de enero de 1547.
[5] Existe una incongruencia en la expresión: “…que coopere a conseguir la gracia”. Porque si la la palabra “gracia” significa REGALO, pues, un regalo ni se consigue ni se merece, un regalo SE RECIBE, sin que haya nada que podamos hacer para cooperar en su obtención.
[6] Estas fechas de pontificados romanos deben ser consideradas sólo como “orientativas”, ya que curiosamente (y sorprendentemente también, por tratarse de parte de la tan pregonada Sucesión Apostólica que otorga autoridad a todos los Papas, hasta el día de hoy) no existe una versión única.
[7] También en http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm
[8] “El Arca de Noe – El Portal Católico en Internet” http://www.elarcadenoe.org/
[9] Efesios 2:8
[10] Romanos 11:6
Reflexiones sobre la teología de Martín Lutero – Parte I
07 dic 2009 Comentarios desactivados
en Martín Lutero, Protestantismo, Reforma Protestante, Teología Etiquetas: Martín Lutero, teología de Martín Lutero
Juan Stam
Teólogo Costaricense y autor de Las Buenas Nuevas de la Creación. El profesor Stam también es conferencista. Ver susitio personal.
Reflexiones sobre la teología de Martín Lutero – Parte I
Diciembre 7, 2009 by Juan Stam
Se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos:
(1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide),
(2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura, tota scriptura), y
(3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales:
(4) la libertad cristiana y
(5) “la iglesia reformada siempre reformándose” (ecclesia reformata semper reformanda).
Es especialmente sorprendente y lamentable que los evangélicos hoy hacen caso omiso del tema de la libertad cristiana. De hecho, dicho tema es, sin lugar a dudas, central en todo el movimiento de la Reforma. La Reforma fue, en su sentido más profundo, un proceso liberador en todas sus dimensiones.
En este énfasis marcado sobre la libertad cristiana, Lutero siguió de cerca a su gran precursor evangélico, nada menos que el Apóstol Pablo, quien constantemente vinculaba la justificación por la fe con la libertad cristiana. Cuando los gálatas se echaron atrás al legalismo judaizante, San Pablo los acusó de haber negado el evangelio: “De Cristo se han desligado, los que por la ley se justifican; de la gracia han caído” (Gál 5.4), y eso, no porque hubiesen caído en alguna inmoralidad ni hubieran negado alguna doctrina ortodoxa, sino porque habían vuelto a insistir en la circuncisión y el legalismo como condiciones para ser aceptado ante Dios. Bajo tales legalismos, les dice San Pablo, “para nada les aprovecha Cristo” (Gál 5.2), porque “para libertad han sido llamados” (Gál 5.11). Por lo tanto, les exhorta, “estén firmes en la libertad con que Cristo los ha liberado” (Gál
5.1).
Al inicio de la misma epístola, Pablo escribe a estos creyentes en Galacia en términos parecidos: “Me asombro que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio” (Gál 1:5). En seguida, aclara que de hecho “no hay otro evangelio”, y advierte que si alguien pretendiera predicarles otro evangelio, “qué caiga bajo maldición” (1:8). Ser evangélico, según San Pablo, es vivir desde la gracia de Dios que nos hace libres. No se puede ser evangélico y legalista a la vez.
A Martín Lutero le gustaba señalar que su apellido venía de una palabra griega (eleútheros) que significa “libre, independiente, no ligado”; a veces se llamaba “Lutero el Libre”. Uno de sus primeros escritos, en el año 1520, se tituló “Sobre la libertad del cristiano”. Tan convencido estaba Lutero de que no podría haber libertad bajo la condición de pecado, como convencido estaba también de que el evangelio nos hace verdaderamente libres. Evangelio significa libertad; evangelio y servidumbre (dominación, autoritarismo) se excluyen mutuamente.
En los párrafos siguientes intentaremos demostar que cada una de las grandes afirmaciones de la Reforma, es una afirmación de la libertad cristiana. Sin la libertad cristiana, las demás verdades reformadas no se pueden entender en su sentido pleno.
(1) La sola gratia nos libera del legalismo:
Cuando Lutero descubrió la justificación por la pura gracia de Dios, dijo que se le abrieron las puertas del paraíso, porque la sola gratia le liberó del terror ante un Dios iracundo y vengativo. La doctrina de la justificacion por la gracia significó para Lutero su liberación del dominio de la ley y de las obras. Para él, personalmente, la revelación de “la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios” (Rom. 8.21) fue la respuesta a su angustiosa búsqueda de paz y salvación. Significó liberación de las demandas de la ley. Ya que nuestra justificación es “por la gracia mediante la fe”, podemos confiar firmemente en la Palabra de Dios que nos asegura que el Señor nos ha aceptado. A la vez, para Lutero, la fe es muchísimo más que mero asentimiento teórico. “La fe es algo inquieto y activo”, decía Lutero; es “la fe que obra por el amor” (Gal. 5.6, cf. 6.9s).
Para Lutero, esta “libertad del evangelio” estaba por encima de toda autoridad y de todas las leyes humanas. El sistema papal le parecía una intolerable contradicción a esta libertad evangélica; el papa, escribió, había dejado “de ser un obispo, para convertirse en un dictador” (S. S. Wolin, Política y Perspectiva, p.158). Era imperativo restaurar “nuestra noble libertad cristiana”, pues “se debe permitir que cada persona escoja libremente…” (ibid, pp. 156,158).
Desde el tiempo de los fariseos, la mentalidad legalista, basada en la autosuficiencia de los méritos propios, siempre tiende a producir dos extremos: o el fariseo o el publicano. El fariseo está segurísimo de su propia justicia, con base en obras de moralismo externo, pero de hecho no es ni justo ni realmente libre. El publicano, en cambio, se desespera por su falta de mérito y su insuperable fracaso en lograr su propia vindicación. Pero ninguno de los dos puede hacer el bien libremente, puesto que la realizan sólo como medio para alcanzar su propia auto-justificación.
El mensaje evangélico rompe este círculo vicioso. Dios en su gracia divina recibe al injusto y lo justifica, “no por obras, sino para buenas obras” (Ef. 2:8-10). La gracia (járis) de Dios despierta nuestra gratitud
(eujaristía) y nos transforma en personas nuevas que buscamos hacer la voluntad de Aquel que nos ha redimido. De esa manera, la gracia de Dios nos libera tanto del legalismo y moralismo (heteronomía moralista) como del fideismo y de la “gracia barata” de una fe puramente formal y verbal. La gracia nos hace libres para hacer el bien, no para lograr una justificación propia ante Dios, sino para agradecer y glorificar a Aquel que nos justificó por fe.
(2) La sola scriptura nos libera del autoritarismo dogmático:
La misma paradoja liberadora aparece en la afirmación de la sola autoridad normativa de la Palabra de Dios. El principio de sola scriptura relativiza, necesariamente, toda tradición y toda autoridad humana, aun las eclesiásticas. Ninguna autoridad humana puede imponerse sobre la conciencia del creyente, si no puede fundamentarse en las escrituras. Lo expresó Lutero elocuentemente en su defensa ante el Dieta de Worms (1521):
Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por
las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y
concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque
ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude.
Amén.
Años después Lutero dijo, “Soy teólogo cristiano. Quiero creer libremente y no ser esclavo de la autoridad de nadie. Confesaré con confianza lo que me parece cierto”. Sobre su monumento en Worms están escritas estas palabras: “los que conocen verdaderamente a Cristo no pueden nunca quedar esclavos de ninguna autoridad humana”. “La Palabra de Dios”, escribió Lutero, “que enseña la libertad plena, no debe ser limitada” (Wolin , ibid., p.155).
¡¡Qué palabras de libertad teológica!! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para “examinarlo todo” a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.
Continuará mañana… (Ver aca)
biblia.com
La Gran Reforma Protestante
03 dic 2009 Comentarios desactivados
en Protestantismo, Reforma Protestante, Temas de actualidad, Teología
¿Qué fue la Reforma Protestante?
28 nov 2009 Comentarios desactivados
en Protestantismo, Reforma Protestante Etiquetas: Sola Fide, Sola Gratia, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria, Solus Christus
¿Qué fue la Reforma Protestante?
Para entender la historia de la Iglesia Protestante y la Reforma, es importante comprender primeramente que uno de los reclamos que hace la Iglesia Católica Romana es la de la sucesión apostólica. Esto simplemente significa que ellos claman ser la única autoridad sobre todas las otras iglesias y denominaciones, porque afirman contar con la única ascendencia de Papas católicos romanos a través de los siglos, en línea directa hasta el apóstol Pedro. En su perspectiva, esto le da a la Iglesia Católica Romana una autoridad única que invalida a todas las otras iglesias o denominaciones. De acuerdo con la Enciclopedia Católica, esta sucesión apostólica “es encontrada únicamente en la Iglesia Católica” y ninguna “Iglesia separada tiene alguna reclamación válida ante ello.”
Es por esta sucesión apostólica que la Iglesia Católica Romana reclama una autoridad única para interpretar la Escritura y para establecer la doctrina; así como la afirmación de tener un líder supremo en el Papa, el cual es infalible (sin error) cuando habla “ex cátedra” – esto es en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos. Por lo tanto, de acuerdo con la postura católica romana; la enseñanza o tradiciones de la Iglesia Católica Romana, habiendo provenido del Papa, son tan infalibles y autoritativas como las mismas Escrituras. Esta es una de las mayores diferencias entre los católicos romanos y los protestantes, y fue una de las razones fundamentales para la Reforma Protestante.
Por supuesto los católicos romanos no son los únicos que tratan de reclamar una única autoridad a través de la sucesión apostólica, o de rastrear los antecedentes de las raíces de su iglesia hasta los apóstoles originales. Por ejemplo la Iglesia Oriental Ortodoxa también afirma esta sucesión apostólica, aunque su alegato es muy similar a la postura de los católicos romanos. La separación entre la Iglesia Oriental Ortodoxa y el catolicismo romano no ocurrió hasta el “Gran Cisma” en el 1054 d.C. Hay también algunas denominaciones protestantes o grupos que tratarán de establecer una “Línea de Sangre” que pueda seguir la huella regresiva a través de los siglos, hasta la primera iglesia y los mismos apóstoles. Mientras que estos protestantes no se apegan a la sucesión apostólica para establecer la autoridad de un “Papa” como un líder infalible; ellos sin embargo aún buscan esa conexión con la iglesia primitiva, al menos en un grado mínimo, para establecer la autoridad de sus doctrinas y prácticas.
El problema con cualquiera de estos intentos de trazar una línea regresiva de sucesión hasta los apóstoles, ya sean católicos romanos, ortodoxos orientales, o protestantes; es que todos ellos están en el intento de obtener o basar la autoridad de lo que ellos creen y enseñan, en la fuente equivocada de alguna real o percibida conexión con los apóstoles, en lugar de obtenerla de la Palabra de Dios. Es importante para los cristianos, el darse cuenta de que la sucesión apostólica no es necesaria para que una iglesia o denominación tenga autoridad. Dios ha dado y preservado la suprema autoridad para todos los asuntos de la fe y la práctica en Su Santa Palabra, la Biblia. Por lo tanto, en la actualidad, la autoridad individual de una iglesia o denominación, no viene a través de algún lazo con la iglesia del primer siglo y los apóstoles; en vez de eso, proviene solo y directamente de la Palabra escrita de Dios. Las enseñanzas de una iglesia o denominación son autoritativas y obligatorias para los cristianos solo si representan el significado verdadero y una clara enseñanza de la Escritura. Este es un punto importante a considerar, cuando se trata de entender la conexión entre el protestantismo y la Iglesia Católica Romana, y la razón por la que se llevó a cabo la Reforma Protestante.
Para comprender la historia del cristianismo y los reclamos de la sucesión apostólica, así como las afirmaciones de la Iglesia Católica Romana de ser la única verdadera Iglesia con autoridad única, es importante que consideremos un par de puntos cruciales. Primero, debemos considerar que aún en los días de los apóstoles y la iglesia del primer siglo, los falsos maestros y las falsas enseñanzas eran un problema significativo. Sabemos esto por las advertencias contra las herejías y los falsos maestros que encontramos en todos los escritos posteriores del Nuevo Testamento. Jesús Mismo, advirtió que esos falsos maestros serían como “lobos vestidos de ovejas” (Mateo 7:15), y que habría ambos “trigo y cizaña”, que coexistirían juntos hasta el día del juicio, cuando Él separaría a los salvos de los perdidos; los verdaderos creyentes “nacidos de nuevo”, de aquellos que no le recibieron verdaderamente a Él (Mateo 13:24-30). Esto es importante para entender la historia de la iglesia, porque casi desde sus inicios, los falsos maestros y falsas enseñanzas han estado invadiendo la iglesia y guiando a la gente por el camino equivocado. A pesar de esto, siempre han habido verdaderos creyentes “nacidos de nuevo” a lo largo de todas las eras, aún en el período más oscuro del oscurantismo; que se ajustaron a la doctrina bíblica de la salvación únicamente por gracia, a través de la fe en Jesucristo solamente.
La segunda cosa que debemos considerar para comprender correctamente la historia, es que la palabra “católico” simplemente significa “universal”. Esto es importante, porque en los escritos del cristianismo primitivo del primero y segundo siglos, cuando el término “católico” es usado, es en referencia a la “iglesia universal” o al “cuerpo de Cristo” que está formado por los creyentes “nacidos de nuevo”, de cada tribu, lengua y nación (Apocalipsis 5:9; 7:9). Sin embargo, como muchas palabras a través del tiempo, la palabra “católico” comenzó a tomar un nuevo significado, o a ser usada en un nuevo sentido. A través del tiempo, el concepto de una iglesia “universal” o “católica” comenzó a involucrar el concepto de que todas las iglesias se unieran para formar una, no solo espiritualmente, sino también visiblemente, extendiéndose a través del mundo. Este malentendido de la naturaleza visible de la iglesia (que siempre ha contenido ambos “trigo y cizaña”) y la iglesia invisible, (el cuerpo de Cristo, el cual está formado solamente por creyentes nacidos de nuevo) llevaría al concepto de una visible Santa Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación. Es sobre este malentendido de la naturaleza de la iglesia universal, que la Iglesia Católica Romana se desarrolló.
Antes de la conversión de Constantino al cristianismo en 315 d.C. los cristianos eran perseguidos por el gobierno romano. Con su conversión al cristianismo, éste se convirtió en la religión permitida en el Imperio Romano (y más tarde se volvió la religión oficial), y de esta manera la Iglesia “visible” llegó a unirse con el poder del gobierno romano. Este matrimonio de la iglesia y el estado llevó a la formación de la Iglesia Católica Romana, y a través del tiempo ocasionó que la Iglesia Católica refinara su doctrina y desarrollara su estructura de la manera que mejor sirviera a los propósitos del gobierno romano. Durante esa época, el oponerse a la Iglesia Católica Romana, era lo mismo que oponerse al gobierno romano, y ello acarreaba severos castigos. Por lo tanto, el no estar de acuerdo con alguna doctrina de la Iglesia Católica Romana era un cargo serio, que con frecuencia resultaba en la excomunión y algunas veces aún en la muerte.
Y sin embargo, a través de ésta época en la historia, hubieron verdaderos cristianos “nacidos de nuevo” quienes se levantaron y opusieron a la secularización de la Iglesia Católica Romana y a la perversión de la fe que le siguió. A través de esta combinación de iglesia y estado, con el correr del tiempo, la Iglesia Católica Romana, efectivamente silenció a aquellos que se oponían a cualquiera de sus doctrinas o prácticas, y realmente casi se convirtió en una iglesia universal a través del Imperio Romano. Aunque siempre hubo “focos” de resistencia ante algunas prácticas y enseñanzas anti-bíblicas de la Iglesia Católica Romana, éstos sin embargo, eran relativamente pequeños y aislados. Antes de la Reforma Protestante, en el siglo dieciséis; hombres tales como John Wycliffe en Inglaterra, John Huss en Checoslovaquia, y John Wessel en Alemania, habrían dado sus vidas por su oposición a algunas enseñanzas anti-bíblicas de la Iglesia Católica Romana.
La oposición de la Iglesia Católica Romana y sus falsas enseñanzas llegaron a su climax en el siglo dieciséis, cuando un monje católico romano llamado Martín Lutero clavó sus 95 propuestas (o tesis) contra las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg, Alemania. La intención de Lutero era traer la reforma a la Iglesia Católica Romana, y al hacerlo estaba desafiando la autoridad del Papa. Con la negativa de la Iglesia Católica Romana de responder al llamado de Lutero a reformarse y regresar a las doctrinas y prácticas bíblicas, la Reforma Protestante comenzó, de la cual surgirían cuatro divisiones o tradiciones principales: La Luterana, la Reformada, la Anabaptista y la Anglicana. Durante este tiempo Dios levantó a hombres piadosos en diferentes países a fin de restaurar y volver nuevamente a las iglesias a través del mundo, a sus raíces, prácticas, y doctrinas bíblicas.
Subyacentes a la Reforma Protestante hay cuatro preguntas o doctrinas básicas en que estos reformadores creían que la Iglesia Católica Romana estaba en un error. Estas cuatro preguntas o doctrinas son: ¿Cómo es salvada una persona? ¿Dónde reside la autoridad religiosa? ¿Qué es la iglesia? y ¿Cuál es la esencia de la vida cristiana? Al responder estas preguntas los reformadores protestantes tales como Martín Lutero, Ulrich Swingli, Juan Calvino, y John Knox establecieron lo que sería conocido como las “Cinco Solas” (sola, es tomada de palabra del latín –solamente-) de la Reforma. Estos cinco puntos de doctrina fueron el corazón de la Reforma Protestante y fue por estas cinco doctrinas bíblicas esenciales que los reformadores protestantes tomarían su posición contra la Iglesia Católica Romana, resistiendo las demandas puestas sobre ellos aún al punto de morir; de retractarse de sus enseñanzas.
Estas cinco doctrinas esenciales de la Reforma Protestante son:
1 – “Sola Scriptura”, o Solamente la Escritura: Esto afirma la doctrina bíblica, de que solo la Biblia es la única autoridad para todos los asuntos de la fe y la práctica. La Escritura y solamente la Escritura es la norma por la cual todas las enseñanzas y doctrinas de la iglesia deben ser medidas. Como Martín Lutero declaró tan elocuentemente cuando se le pidió retractarse de sus enseñanzas: Que se me convenza mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón —porque no le creo ni al Papa ni a los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a sí mismos— por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la Palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable”. “¡No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura. Que Dios me ayude! Amen.”
2 – “Sola Gratia”, Salvación Solamente por Gracia: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación es únicamente por la gracia de Dios y que somos rescatados de Su ira por Su gracia solamente. La gracia de Dios en Cristo no es solamente necesaria, sino que es la única causa eficiente de la salvación. Esta gracia es el trabajo sobrenatural del Espíritu Santo que nos trae a Cristo, al librarnos de nuestra esclavitud del pecado y levantarnos de la muerte espiritual a la vida espiritual.
3 – “Sola Fide” La Salvación Solamente por Fe: Esto afirma la doctrina bíblica de que la justificación es por gracia solamente a través de la sola fe en Jesucristo únicamente. Es por la fe en Jesucristo que Su justicia nos es imputada, como la única satisfacción posible a la perfecta justicia de Dios.
4 – “Solus Christus” En Cristo Solamente: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación se encuentra solamente en Cristo y que únicamente Su vida sin pecado y Su expiación sustitutiva, son suficientes para nuestra justificación y reconciliación con Dios el Padre. El evangelio no ha sido predicado si la obra sustitutiva de Cristo no es declarada, y la fe en Cristo y Su obra no es solicitada.
5 – “Soli Deo Gloria” Solo a Dios la Gloria: Esto afirma la doctrina bíblica de que la salvación es de Dios, y que ha sido realizada solamente por Dios para Su gloria. Afirma que como cristianos debemos glorificarle siempre, y debemos vivir todas nuestras vidas ante la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, y para Su gloria solamente.
Estas cinco importantes y fundamentales doctrinas son la razón para la Reforma Protestante. Ellas son el corazón de donde la Iglesia Católica Romana se equivocó en su doctrina, y el por qué la Reforma Protestante fue necesaria, para regresar a las iglesias a través de todo el mundo a la correcta doctrina y enseñanza bíblica. Ellas son tan importantes en la actualidad para evaluar una iglesia y sus enseñanzas, como lo fueron entonces. De muchas maneras, muchos cristianos protestantes necesitan ser retados a regresar a estas doctrinas fundamentales de la fe, al igual que los reformadores retaron a la Iglesia Católica Romana a hacerlo en el siglo dieciséis.
http://www.gotquestions.org/Espanol/Reforma-Protestante.html
Anales de la Inquisición desde que fué instituido aquel tribunal hasta su total extinción en el año 1834
01 may 2009 2 comentarios
en Reforma Protestante, Teología Etiquetas: La Inquisición
Anales de la Inquisición desde que fué instituido aquel tribunal hasta su total extinción en el año 1834
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La `Segunda Reforma´
06 mar 2009 Comentarios desactivados
en España, Reforma Protestante, Temas de actualidad Etiquetas: Gibraltar, Segunda Reforma protestante
La `Segunda Reforma´
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En un punto coinciden todos los que escriben sobre el tema: si la primera Reforma nació en Alemania, la segunda brotó en Gibraltar. El protestantismo español tiene una deuda de gratitud con este peñón británico clavado en tierra andaluza.
Hacia mediados del siglo XIX Gibraltar era una pequeña localidad en la que vivían unas 18.000 personas. La mitad eran españoles o de origen español. El resto lo componían ingleses, judíos emigrados de Marruecos, malteses, italianos y de otras nacionalidades. La presencia de un grupo de soldados británicos de religión protestante en Gibraltar dio principio a la activación o reactivación del protestantismo hispano. Algunos españoles residentes en la ciudad abrazaron la doctrina del Nuevo Testamento que cada domingo era expuesta desde el templo donde se reunían los militares británicos. Ante las perspectivas que se vislumbraban, misiones metodistas de Gran Bretaña decidieron enviar misioneros a Gibraltar. El más destacado de ellos fue William Harris Rule. Hombre culto, consagrado, valiente, pronto inició reuniones en español y viajó a la península para establecer puntos de testimonio. En Madrid llegó a entrevistarse con el obispo Torres Amat, traductor de la Biblia latina al castellano.
Otra coincidencia: Cuando Rule estaba en plena actividad vino a España el por muchos conceptos famoso misionero, político y escritor Jorge Borrow. Manuel Azaña, presidente de la República, tradujo el libro más importante de Borrow, LA BIBLIA EN ESPAÑA. Desde su llegada a España en 1836 hasta, prácticamente, su muerte en 1881, Borrow trabajó con ardor por la extensión del protestantismo en la península y se convirtió por méritos propios en uno de los principales pilares de la Segunda Reforma.
En Gibraltar coincidió un grupo de hombres, llegados por circunstancias distintas, a quienes el Espíritu Santo utilizó en su labor evangelizadora. Puede comprenderse que en un artículo de dimensión limitada la relación de nombres y de hechos esté obligada a mínimos.
En Gibraltar se unieron Juan Bautista Cabrera, Manuel Matamoros, Antonio Vallespinosa y otros. El primero y el tercero habían sido sacerdotes católicos que abrazaron los principios de la Reforma. Matamoros, cuyo padre era oficial del ejército en Málaga, fue convertido en Gibraltar.
El 18 de septiembre de 1868 la Escuadra se sublevó en Cádiz. El general Prim fue nombrado jefe de los sublevados. Según la historia de la época, varios líderes evangélicos, presididos por Cabrera, se trasladaron a Algeciras, donde fueron recibidos por Prim. El general les dijo: “Desde hoy en adelante habrá libertad en nuestra patria, verdadera libertad, concluyó la tiranía. Cada hombre será dueño de su conciencia y podrá profesar la fe que le parezca. Ustedes pueden volver a su país y están en libertad de entrar en España con la Biblia bajo el brazo y predicar las doctrinas en ella contenidas”.
En el tomo VI de LOS HETERODOXOS ESPAÑOLES Marcelino Menéndez y Pelayo da fe de este episodio, pero lo lamenta. Dice que “la libertad religiosa, proclamada desde los primeros momentos por las juntas revolucionarias, abrió las puertas de España a los compañeros de Matamoros y a una turba de ministros, pastores y vendedores ingleses de Biblias. La propaganda empezó en Andalucía, y fue más intensa en Sevilla”.
Miguel de Unamuno dijo de Menéndez y Pelayo que era un borrachón empedernido reñido con la higiene corporal. Yo creo que la misma suciedad albergaba en el cerebro. Los que él califica como “una turba de ministros” eran los hombres que Dios había reunido a la sombra del peñón para iniciar e impulsar la Segunda Reforma protestante en España.
En los 68 años que van desde 1868, cuando Prim abre las puertas de España a líderes evangélicos, hasta 1936, fecha en la que estalla la sublevación militar, el protestantismo español crece y se extiende por ciudades y pueblos.
Claudio Gutiérrez Marín, autor del libro HISTORIA DE LA REFORMA EN ESPAÑA, escrito y publicado en Méjico en 1942, afirma que en julio de 1936 había en el país 166 iglesias, sin contar pequeños grupos aislados; 48 pastores ordenados y un centenar de evangelistas; 7.000 niños matriculados en escuelas regidas por evangélicos; un número similar de niños que asistían a las escuelas dominicales en sus respectivas iglesias; un patrimonio inmobiliario calculado en seis millones de pesetas de aquellos tiempos; cinco revistas nacionales, una treintena de boletines locales y tres editoriales.
La población evangélica sumaba en aquellos tiempos 22.000 personas.
Este fue el legado de la Segunda Reforma protestante en España.
J. A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.
© J.A. Monroy, Protestante Digital.com (España, 2006).
¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?
09 dic 2008 1 comentario
en catolicismo romano, Hans Kung, Martín Lutero, Protestantismo, Reforma Protestante, Teología Etiquetas: ecumensimo, justificación por la fe, Luteranismo, LUTERO, Roma
¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?
A partir del Concilio Vaticano II que fue promovido por el Papa Juan XXIII y concluido por el Papa Pablo VI, se ha desarrollado un movimiento religioso conocido con el nombre de Ecumenismo y que tiene como propósito principal el acercamiento entre los diversos grupos del cristianismo. El propósito final es que se llegue a un acercamiento de tal modo que se cumpla el deseo de Cristo en la oración sacerdotal que se encuentra registrado en Juan Cáp. 17 y “que todos seamos uno”. Creemos que es una aspiración legítima y moralmente correcta en el sentido de que haya comunión entre todos los que profesamos la fe en Cristo, pero dicha unión sólo es posible si llegamos a, como dice el apóstol Pablo en el libro de los Efesios, la unidad de la fe que es lo mismo decir, la unidad doctrinal.
En el mundo protestante ha habido personeros de indudable influencia que han hecho esfuerzos para que se logre dicha unión, pero la resistencia no se ha hecho esperar, resistencia surgida tanto del mundo protestante como del católico. Y en nuestra opinión, dicha resistencia tiene razón de ser por dos motivos principales: el primero es que las doctrinas católico romanas están basadas muchas de ellas no en las declaraciones del Texto Bíblico, sino en las enseñanzas de la Tradición que para el catolicismo romano tiene igual valor que las declaraciones de la Biblia, posición que el protestantismo conservador rechaza; el otro motivo de tremendo peso es que las declaraciones del catolicismo y que están expresadas en los documentos del Concilio de Trento como reacción a la Reforma que se inició en Alemania en 1517, todos los protestantes que nos oponemos a las enseñanzas católicas estamos bajo la maldición de los papas.
A continuación queremos presentar una breve reflexión sobre las declaraciones de un teólogo católico suizo que ha tenido mucha influencia en todos los círculos cristianos y que la revista holandesa “En La Calle Recta” No. 190 de Octubre del 2004 presenta en la pág. # 5.
Un Teólogo Romano-Católico Que En Muchos Puntos Dio La Razón A Lutero.
Se trata del teólogo suizo Hans Küng. Nació el 19 de marzo de 1928 en Sursee, Suiza, dentro de una familia católica. Estudió Teología en Roma y Paris.
Ya en 1969 fue nombrado profesor de Teología fundamental romano-católico en la Universidad de Tübingen Alemania. Tres años más tarde recibe allí la dirección del Instituto Romano Católico para el ecumenismo. Eran los días del concilio Vaticano II, al que fue llamado por el Papa Juan XXIII. El concilio durante los años 1962-1965 celebró cuatro sesiones.
Precisamente en 1960 escribió Küng su libro “Konzil und Wieder, Wiedervereinigung, Erneuerung als Ruf in die Einheit” (Concilio y Reconciliación, Renovación como llamada a la Unidad). En el concilio Küng estaba como perito. En el concilio Vaticano II, Küng ha tenido una gran influencia, y él ha pensado e incluso esperado que en la iglesia Romana-Católica se daría un cambio fundamental, un rumbo más bíblico.
Pero a pesar de todo: ¡Roma siempre sigue siendo Roma! El Papa Juan XXIII murió durante el Concilio, y sus sucesores es bien conocido que no deseaban ir tan lejos como él.
Las modificaciones que estaban en curso con Juan XXIII fueron frenadas sistemáticamente por la curia.
La infalibilidad del Papa, el estado del celibato obligatorio de los sacerdotes, el culto a María y a los otros santos aún siguen estando en vigor como un bien legítimo de la fe romano-católica. El actual Papa polaco incluso ha avivado el culto a María antes que desalentarlo.
En el concilio Küng eran considerado como un teólogo progresista, pero no radical. En sus libros notamos una cierta influencia de la teología protestante alemana, en especial de Karl Barth. Pero dentro de su iglesia se le consideraba muy radical “medio protestante”. En Roma se presentó una querella contra él. Pero se negó ir a Roma para responder. Eso le llevó a que el 18 de diciembre de 1979 se le retiró la autorización eclesiástica para enseñar teología. Desde su actitud ecuménica, Küng no estudió solamente las doctrinas de las iglesias protestantes, sino también la de las iglesias ortodoxas, e incluso prestó atención entre la relación del cristianismo y las otras religiones del mundo. En uno de sus libros habla de todos los grandes pensadores cristianos, como Orígenes, Tomás de Aquino y muchos otros. Y en esa lista está también Martín Lutero, luego según Küng más o menos como un “maestro de la iglesia”.
En lo que Küng escribe sobre Lutero notamos una gran generosidad: incluso le llama “el Lutero católico”, esta es una definición totalmente distinta de la que encontramos en la bula del Papa León X. Esta bula que se Promulgó el 15 de junio de 1520 con el nombre de: Exsurge Domine (¡levántate Señor!) Aquí al gran reformador se le compara con un puerco montés que ha destrozado la viña del Señor (Salmo 80:13).
Pero Küng va bastante lejos en su positivo aprecio a Lutero. Señala que ya muchos antes, y en muchos había una añoranza de reforma en la iglesia tanto en su cabeza como en sus miembros: las circunstancias lo pedían, como el hecho de que hubiese hasta dos o tres papas que se excomulgaban mutuamente. El celibato obligatorio de los sacerdotes era algo muy difícil para muchos, la población por lo general, supersticiosa, la liturgia era muy superficial y la piedad popular tenía un carácter muy legalista. Por todo esto la cristiandad europea mucho antes de Lutero ya estaba en una profunda crisis.
Pero hasta el tiempo de Lutero los concilios reformistas de Constanza, Basel, Florencia fueron un fracaso. Como escribe es profesor Küng: sólo era necesario un genio religioso que pudiese reunir los deseos y personificarlos.
Lutero fue para eso la persona indicada. De él dice Küng: “Que él ha reunido y forjado las fuerzas positivas que entonces existían, y todos esos movimientos reformistas fracasados lo ha centrado en su genial personalidad de profundo creyente, y sus íntegros motivos expresados por medio de un lenguaje magistral. Sin Martín Lutero no habría Reforma en Alemania”. El punto de partida de Lutero para desear una reforma, eso indica, según Küng, no en primer lugar en su deseo de hacer desaparecer la situación eclesiástica, ni la vida de la iglesia y su organización. Pero ese punto de partida radicaba en su crisis vivencial profunda y muy personal vivida. Como monje Lutero, que se consideraba un pecador ante Dios, tuvo que hacerlo todo según las indicaciones y las directrices de la iglesia para tener la seguridad de su salvación personal. El había rezado con fervor las horas del coro, había tomado parte en la misa, ayunado, confesado, había realizado toda clase de duras y difíciles penitencias, pero esa profunda intranquilidad no desaparecía con todo eso. La pregunta de Lutero era: ¿cómo arreglar la situación de nuevo entre un vil pecador como yo y el Dios Santo? ¿Cuándo un pecador está justificado ante Dios y cómo conseguirlo?
La respuesta la ha encontrado Lutero en una liberadora experiencia de fe en la carta de Pablo a los Romanos: el hombre no se puede justificar ante Dios con toda su piedad, sino que es Dios mismo el que justifica al pecador sin merecerlo por Su pura gracia, como Dios misericordioso en y por Cristo.
Por esa nueva comprensión de la justificación y de la vivencia personal, Lutero también llega a otro punto de vista sobre la esencia de la iglesia. Eso implica una crítica radical a la iglesia de su tiempo. Con sus sacramentos, cargos eclesiásticos y tradiciones en la práctica y la doctrina se había apartado del Evangelio. Ese evangelio, en el que Lutero había redescubierto el poder de Dios en su propia vida de la fe. La iglesia en gran mayoría se había vuelto mundana y legalista.
Küng formula una penetrante pregunta: ¿No había roto totalmente Lutero con la tradición católica por su crítica radical? El hace un gran esfuerzo para demostrar que precisamente la manera de ver la fe; Lutero es por excelencia católico, luego en la línea de la buena fe de la una, santa universal o católica iglesia cristiana. Küng señala la continuidad histórica en el pesar y hablar de Lutero, y Para ello nombra tres cosas.
En primer lugar “los mejores elementos de la piedad católica” que Lutero mantuvo a lo largo de toda su crisis, como centro a Cristo crucificado, enseñado por su superior Johan von Staupitz.
En segundo lugar la mística medieval, en lo que eso tenía de bíblico, y ponía el acento en el trato personal del hombre pecador con su Dios, a parte de buscar escrupulosamente sin cesar el realizar “obras buenas” para por ello ser acepto a los ojos de Dios.
Una tercera cosa que para Lutero ha tenido un gran significado fue la teología de Agustín. Por algo era un monje agustino, y por eso un buen conocedor no solo del gran teólogo norteafricano sino también de su lucha personal y espiritual.
Quien lea algo de Agustín, preferentemente en latín, intuye directamente: esta es una piedad esencial y existencial, que es auténticamente cristiana, en la que se abre el Evangelio en toda su amplitud ante la mísera existencia de los pecadores.
Y como cuarto y último elemento de la vieja iglesia católica está la influencia de la teología medieval en el conflicto entre el pelagianismo de la tardía escuela franciscana de Occam por un lado, y la doctrina más bíblica de la gracia del gran dominico, Tomás de Aquino. Por su estudio y reflexión de esa lucha teológica nos encontramos con Lutero en la absoluta soberanía de Dios, de la interpretación de la gracia como don (regalo) y no como remuneración por las buenas obras realizadas, y el aceptar al pecador pura y solamente en virtud de los méritos de Cristo, un aceptar que no es por ningún mérito del hombre.
La clara conclusión de Hans Küng es que para los romanos católicos es totalmente imposible condenar a Lutero.
La tradición católica medieval, así escribe él, tiene muchas coincidencias con la gran “concentración” teológica de Lutero. Y la palabra “concentración” nos pone en la pista del punto en el que los caminos de la Reforma y Roma, también en sus mejores representantes, finalmente se separan.
Küng ha querido decir con “concentración” que no niega que hay importantes elementos de verdad en el modo de ver las cosas Lutero, y por eso en toda la Reforma. Pero hay una “concentración”, como una selección de algunos puntos teológicos muy importantes, que en los días de Lutero eran importantísimos. Pero: la doctrina católica es mas amplia que lo que Lutero y sus seguidores enseñaron. Es la verdad pero no toda la verdad. En cierto sentido Küng encuentra las opiniones luteranas “una característica de su tiempo”.
Küng señala algunos puntos en los que Lutero tenía razón, es decir en su pensamiento sobre la justificación de un pecador ante Dios, sobre la gracia, y sobre la fe.
Las preguntas sobre la justificación no son según Küng en el aspecto de la teoría abstracta ningún elemento de separación. Pero terminamos con una confidencia final de Hans Küng: “Si, la actual mentalidad síquica pero no espiritual de la dictadura de Roma es de nuevo una afrenta a la reforma y a los buenos principios católicos (el Papa no esta por encima de la Escritura). Pero lo que Lutero quiso conseguir por el Evangelio, en Roma sigue teniendo poca comprensión”.
La historia nos habla de Calvino
04 dic 2008 Comentarios desactivados
en Historia de la Civilización, Historia del Cristianismo, Juan Calvino, Reforma Protestante Etiquetas: Calvino
La historia nos habla de Calvino
La historia nos habla de Calvino,su rigidez social, era una dictadura religiosa. Revisaban las casas mirando la conducta de las perosonas controlándolas a ver como se portaban, no podian hacer nada, estaban controlados, era una dictadura religiosa, una teocracia.
Ademas Calvino no solo participó del tema Servet, sino que corrió a otro al religioso Bolsee,por negar la predestinacion. Sin duda, no fue perfecto ni mucho menos
Calvino predicó el ideal de perfección humana, porque la elección divina se basa en la pureza de vida; de tal manera, inculcó a los elegidos la formación de la “sociedad de los justos”.
Al igual que Lutero, afirmó que la libre interpretación de la Biblia es la única fuente de fe y negó la existencia del Purgatorio y el valor de las prácticas religiosas del Pontífice, de la jerarquía eclesiástica, de los santos y de la misa.
Aceptó dos sacramentos: el Bautismo y la Comunión, aunque este último como acto simbólico, porque negó la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.
Eliminó todas las formas del culto externo (hasta el crucifijo) y dispuso que las ceremonias religiosas consistieran en oraciones y cánticos.
En el año 1536, Calvino ocupó el gobierno de la pequeña república de Ginebra, donde fue nombrado jefe de la Iglesia y estableció una teocracia.
Creó la Venerable Compañía o Consejo integrado por todos los pastores dedicados a la predicación y el Consistorio, formado por doce ancianos y seis pastores, cuya misión era velar por la moral pública y privada.
Calvino fue el verdadero dueño de Ginebra durante largos años. Su autoridad religiosa no fue discutida, aunque algunas veces se reunía con teólogos rivales para entablar controversias acerca de materias doctrinales.
La ciudad fue dividida en distritos que estaban controlados por diversas Comisiones de! Consistorio que allanaban las viviendas e investigaban las Costumbres de sus ocupantes.
Calvino dispuso severos castigos a todo el que cometiera alguna de estas Infracciones: usar nombres que no figurasen en la Biblia, jugar a los naipes y «ndar en patines; concurrir a teatros, bailes o cualquier otra diversión.
Ninguna posada debía permanecer abierta después de las 21 y nadie podía beber vino del país (otro estaba prohibido) sin antes dar gracias a Dios. Las mujeres no podían usar rizos ni peinados altos, ni vestidos que no fueran del color establecido por el Consistorio. A los hombres les estaba vedado el cabello más largo que el común, etcétera.
Quienes no se sometían a estas ordenanzas, estaban sujetos a diversas penalidades. Así, el sabio español Miguel Servet, que descubrió el mecanismo de la circulación pulmonar, pereció en la hoguera por no creer en el dogma de la Trinidad, y el religioso Bolsee, que negó la predestinación, fue desterrado.
Con el objeto de propagar su doctrina, Calvino fundó (1559) La Academia, el primer seminario protestante, que se inauguró con seiscientos alumnos. Ginebra se transformó en la capital de la religión protestante y de ella partieron los primeros propagandistas que establecieron numerosas comunidades en Francia, Holanda y Escocia.”
OTROS DOCUMENTOS
Tal fue el escándalo por que se quemara un hombre –y un hombre de la talla de Servet- en la colina de Champel, situada entonces a las afueras de Ginebra [al menos fue escándalo para los no fanáticos, es decir, para los que no estaban tan imbuidos del celo religioso –tanto luteranos, calvinistas como católicos- como para ver necesario que se quemara a un hombre, esto es, que se le impidiera seguir pensando, escribiendo, discutiendo, etc...] que el mismo Calvino tuvo que salir a defender su acción. Para ello escribió un libro titulado Defensio orthodoxae fidei de sacra Trinitate, contra prodigiosos errores Michaelis Serveti hispanis… (1554), que vio una edición francesa, el mismo año, titulada Declaration pour maintenir la vraye foy que tiennent tous Chretiens de la Trinité des persones en un seul Dieu. Par Jean Calvin. Contre les erreurs detestables de Michel Servet Espaignol… en el que Calvino defiende la interpretación tradicional del dogma de la Trinidad –común, por cierto, a calvinistas y católicos-y justifica el asesinato de Servet. Curiosamente el libro sirvió para divulgar el contenido de la discusión teológica que Servet y Calvino mantuvieron durante tres intensos días en la celda ginebrina. Las actas mismas del proceso también se conservan, aunque en mal estado. Todo ha quedado restituido finalmente para conocimiento del público en general dentro del vol. I de la Obras Completas de Miguel Servet editadas por Prensas Universitarias de Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón.
Fue Sebastian Castellio uno de los primeros humanistas que elevaron su voz en contra del acto de Calvino. Es por ello necesario saber esto de tan gran personaje: [fuente: Wikipedia]
Sébastien Châteillon, latinizado Castalio, luego Castellio y finalmente Castellion (Saint-Martin-du-Fresne, Ain, 1515 – Basilea 1563) fue un humanista, biblista y teólogo cristiano francés. Es posible que su familia fuera valdense, ya que en el siglo XIII discípulos de Pedro Valdo procedentes de Lyón se habían refugiado en la región de Bugey.
En 1535 Castellion ingresó en el Colegio de la Trinidad en Lyón, donde conoció obras de los humanistas de la época y las Instituciones Cristianas de Juan Calvino, y se adhirió a las ideas de la Reforma Protestante.
En 1540 viajó a Estrasburgo para reunirse con Calvino, y luego marchó con él a Ginebra. Allí fue designado director del Collège de Rive. Castellion se distinguió entonces por sus innovaciones pedagógicas, y publicó los Dialogi Sacrés, una selección de la Biblia que fue muchas veces reimpresa en toda Europa.
Sostuvo posteriormente divergencias teológicas respecto a Calvino, debido a que Castellion mantenía que, literalmente, Jesucristo, después de su muerte, “descendió a los infiernos” (al lugar de los muertos) como dice el Símbolo de los Apóstoles; mientras que Calvino interpretaba esto como una alegoría referida a la angustia. Por otra parte, Castellion opinaba que el origen del Cantar de los Cantares era un poema erótico. Para completar, Calvino acusó a Castellion de haber denigrado la imagen del clero, por llamar a los líderes eclesiásticos al autoexamen. Estas divergencias le impidieron en 1544 ejercer como pastor.
Castellion tuvo, pues, que desplazarse a Basilea, donde al principio sufrió una situación de pobreza extrema, y pudo sobrevivir atrapando listones de madera sin dueño que flotaban en el Rin tras las inundaciones. Más adelante consiguió un empleo como corrector de imprenta, después como lector de griego, y finalmente fue nombrado profesor de la Universidad de Basilea.
Libertad de conciencia
En 1554, con el seudónimo de Martinus Bellius, publicó De haerectis an sint persequendi, un ataque frontal a la tesis según la cual los herejes deben ser ejecutados, obra que lo enfrentó definitivamente con Calvino y que fue traducida al castellano por Casiodoro de Reina. Castellion reaccionó contra la ejecución de Miguel Servet por los calvinistas en Ginebra el 27 de octubre de 1553:
«Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un ser humano; no prueba uno su fe quemando a un hombre, sino haciéndose quemar por ella», escribió.
«Buscar y decir la verdad, tal y como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre», añadió.
De haerectis presentó una antología de textos de padres de la Iglesia, como Lactancio, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín de Hipona, contra la ejecución de herejes. Añadió las opiniones al respecto de Erasmo y de varios protestantes.
Definió a los herejes como “aquellos que no están de acuerdo con nuestra opinión”. Afirmó que los cristianos que se engañan a sí mismos, hasta el punto de justificar la persecución religiosa, son peores que cualquiera a quien pretendan “convertir”. Reclamó la libertad de culto: “que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y que tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos… y nosotros, los que nos llamamos cristianos, no nos condenemos tampoco los unos a los otros… Una cosa es cierta: que cuanto mejor conoce un humano la verdad, menos inclinado está a condenar”.
Teodoro de Beza respondió al libro de Castellion con El castigo de los herejes por los magistrados, y Calvino con la Defensa de la fe contra los errores de Miguel Servet. Luego lograron que en Basilea se prohibiera la publicación de la réplica de Castellion, Contra libellum Calvini, a la vez que hicieron diversas gestiones para lograr que Castellion fuera despedido de su puesto en la universidad, donde, por el contrario, se consolidó un círculo académico en torno suyo, integrado por Celio Curione, Martín Celario, David Joris, Bonifacio Amerbach y los impresores Pedro Perna y Juan Oporino. Un debate público sobre la ejecución de herejes tuvo lugar en Berna en 1555.
En 1560 se desató la primera de las ocho olas sucesivas de guerras religiosas en Francia, y entonces Castellion publicó Conseil à la France Désolée reclamando la tolerancia y anunciando, con treinta años de anticipación, la solución que daría el Edicto de Nantes: “dos religiones para un reino”. Murió, sin embargo, cuando se le había abierto un proceso judicial por herejía, en medio de la indiferencia general. Sólo Montaigne le rindió homenaje en sus ensayos.
Proyección de sus ideas
Su clara denuncia del fanatismo y su defensa de la libertad de conciencia situó a Castellion a la izquierda de la Reforma Protestante.
Abrió el camino a Pierre Bayle (1647-1706), quien le consagró una extensa nota en su Dictionnaire Historique et Critique; a Rabaut Saint-Etienne (1743-1793), quien introdujo la libertad de conciencia en la Declaración de los Derechos del Hombre; y a Ferdinand Buisson (1841-1932), uno de los fundadores del laicismo francés.
Mayor fue su influencia en Holanda por medio de los seguidores de Jacobus Arminius, y en el mundo anglosajón a través de Locke y Milton.
Castellion es conocido también por sus trabajos bíblicos, y se le considera como uno de los fundadores de la crítica moderna. Tradujo la Biblia al latín en 1551 y al francés en 1555. La traducción francesa sólo fue reeditada en 2005.
Aunque Miguel Servet fue el principal precursor espiritual del unitarismo moderno, Sebastián Castellion fue el primer pensador de la Reforma protestante que antepuso la razón natural, la ley natural, a la revelación, por lo que es considerado el primer unitario en un sentido moderno.
En cuanto a la Filosofía, fue precursor de los grandes racionalistas clásicos, como Spinoza y Descartes.
Stefan Zweig publicó en 1936 en alemán el libro Castellio contra Calvino, que para muchos fue una voz de aliento contra el nazismo en un momento decisivo. Zweig escribió:
Desde el punto de vista del espíritu, las palabras “victoria” y “derrota” adquieren un significado distinto. Y por eso es necesario recordar una y otra vez al mundo, un mundo que sólo ve los monumentos de los vencedores, que quienes construyen sus dominios sobre las tumbas y las existencias destrozadas de millones de seres no son los verdaderos héroes, sino aquellos otros que sin recurrir a la fuerza sucumbieron frente al poder, como Castellion frente a Calvino en su lucha por la libertad de conciencia y por el definitivo advenimiento de la humanidad a la tierra.
Pero no fue Castellio el único en escribir en contra de Calvino. Un humanista español, por ahora sin identificar, que firmaba como Alfonso Lincurio de Tarragona escribió también un interesante alegato sobre el holocausto de Servet.
Es, por todo ello, muy recomendable leer con detenimiento la serie de Documentos que el profesor Ángel Alcalá incluye en su
Miguel Servet, Obras Completas. I. Vida, muerte y obra. La lucha por la libertad de conciencia. Documentos, edición de Ángel Alcalá, Prensas Universitarias de Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2003, pp. 287-359.
Varias razones obligan a incluir aquí sólo la LISTA DE DOCUMENTOS, confiando en que la accesibilidad del libro mueva a los/las internautas a bajar de la red y a visitar la Biblioteca del centro –o hacer la oportuna petición de unos fondos siempre interesantes de ser tenidos a mano-:
APOLOGÍA DE MIGUEL SERVET POR ALFONSO LINCURIO
EXTRACTO DE LA DEFENSA DE LA FE ORTODOXA, LIBRO DE CALVINO
(posición de Servet)
(razones a favor de la libertad)
(razones a favor de la intolerancia)
EXTRACTOS DE CONTRA EL LIBELO DE CALVINO, LIBRO DE CASTELLIO
OTROS EXTRACTOS, que son –se recogen aquí dada su rareza y su interés, así como relativa brevedad-:
Extractos de la respuesta de Sebastián Castellio a la defensa que el sucesor de Calvino, Teodoro Beza, hizo de él y de la intolerancia, y a su ataque a los escritos en pro de Servet y de la libertad de conciencia (1555)
[El aparente trabalenguas del encabezamiento se despeja recordando la secuencia de los hechos.
1. Como se ha visto, Calvino, por una parte, y Castellio, por otra, publican simultáneamente, pero sin saber uno del otro, en marzo de 1554, Defensio orthodoxce fidei contra prodigiosos errores Michcelis Serveti, y De bcereticis, ara sint persequendi, ambos, primero en latín y poco después en francés. La edición francesa del libro colectivo preparado en Basilea bajo dirección de Castellio lleva pie de imprenta falso: «Pierre Frenon, en Rouen». De hecho, fue impreso en Lyon. Uno de los seudónimos usados por Castellio era Martinus Bellius.
2. El De hcereticis de Castellio y sus amigos de Basilea disgustó enormemente al campo calvinista. Era natural que algún pastor ginebrino o cercano al círculo de Calvino saliera en su defensa. Espontáneamente o instado por él, el humanista Beza, sucesor de Calvino al frente de la congregación ginebrina y del calvinismo, se encargó de la respuesta, que urgía inmediata. El título de la obra de Beza indica claramente su carácter de continuación de la polémica: De bcereticis a civilí magistratu puniendis. Libellus adversus Martini Belli farraginem et novorum Academicorum sectam (‘Sobre que los herejes deben ser castigados por los jueces civiles. Libro contra el fárrago de Martín Bellio y la secta de los nuevos académicos’), Ginebra, septiembre de 1554, Oliva Roberti Stephani. En 1560 la tradujo al francés nuestro conocido Nicolás Colladon.
3. También independientemente, mientras Beza la escribía, Castellio redactó una refutación de la autoapologética Defensio de Calvino, ese Contra libellum Calvini del que acaban de ser reproducidos unos cuantos pasajes, obra que, por avatares no fáciles de comprender, solo fue publicada en 1612.
4. Insiste Castellio, campeón indiscutible de la contienda intelectual por el derecho a la libertad de conciencia, y escribe una larga y detallada contestación al libro de Beza: De bcereticis a civili magistratu non puniendis, pro Martini Belli farragine, adversus libellum Theodori Bezce libellus. Authore Basilio Montfortio (‘De que los herejes no deben ser castigados por los jueces civiles, en pro del fárrago de Martín Bellio y contra el libelo de Teodoro Beza’). Se firma con otro de sus seudónimos: «Basilio Monfort», que ya había empleado en su De hcereticis. El manuscrito lleva como fecha de terminación el 11 de marzo de 1555.
Por otro incomprensible antojo nefasto de la historia, estuvo perdido hasta el año 1938. Ese año el egregio investigador Bruno Becker (1885-1968) lo halló en la biblioteca de la Iglesia Remonstrante de Amsterdam. Lo fue preparando para la impresión y enriqueciéndolo con numerosas y eruditas notas. Los textos originales latino y francés de esa importante obra de Castellio, muy sistemática y claramente escrita, solo vieron la luz en 1971:
Muerte de Servet
¿Qué diré de Servet mismo, si es que permitís mencionar su nombre, pues al momento llamáis servetiano a quien osa hablar de él? Pero yo hablaré de su doctrina, no de su suplicio. Cuando Servet pidió suplicante a vuestro clementísimo Senado que al menos se le otorgara morir decapitado para no caer en desesperación por el insoportable dolor de las llamas, y que, si en algo había pecado, pecaría por ignorancia y deseo de promover la gloria de Dios, cuando pidió esto, decía, y ni siquiera logró del Senado clementísimo el favor de la espada, sino que oyó aquella horrenda e inmisericorde sentencia de arder vivo, y luego, puesto sobre leños, el verdugo le pasó ante los ojos una tea encendida, cuando le estremecía tanto el horror de la hoguera que se le aflojó el vientre; cuando Servet estaba, decía, en tanta angustia, sin esperanza alguna de provecho, placer y honor, sino de máxima infamia, ¿crees que no se habría aferrado a la vida si hubiera pecado a sabiendas? Respóndeme, Beza, y respóndeme como responderías si te hallaras en la misma situación (p. 68).
Diligencia de Calvino para eliminar a Servet
Pero nunca lograrás que creamos que los hombres piadosos de cualquier tiempo son condenados a muerte por mandato de Cristo, y no de Satanás. Ni siquiera lograrás que creamos que en el asunto de Servet fue Calvino imitador de la clemencia de Cristo, a no ser que sea propio de la clemencia cristiana preocuparse por espiar con ojos de Argos a un hombre el primer día que supo que acababa de llegar a Ginebra y por llevarlo del sermón a la cárcel, como para poder disputar con él. Esto es lo que dice Calvino en su libro. O sea, que en Ginebra se arroja a la cárcel a los hombres para discutir, y eso un domingo, día en que, según las leyes ginebrinas, a nadie se puede apresar, a no ser por un crimen capital. Y como no había acusador, Calvino se lo sacó de su cocina, cierto Nicolás, su cocinero, totalmente ignorante en cuestiones servetianas. Después no se quedó tranquilo hasta ver muerto a Servet. ¿Acaso creéis que no se conoce la prisa calviniana por darle muerte? ¿Que hizo enviar un mensajero a Viena para averiguar la sentencia contra Servet y luego ministros a ciudades helvéticas para que en ellas fuera condenado? Digo cosas que todos saben. Me callo las que solo los prudentes: que se enviaron cartas a todas partes para perder a Servet, se destituyó a quienes se olfateaba no eran lo bastante sanguinarios para dictar sentencia y se promovió a otros de cuyos prejuicios se tenía constancia. Todo esto, y mucho más, no lo sabe Dios solo, sino muchos de nosotros con seguridad y certeza.
¿Y luego osáis hablar de la clemencia de Cristo y llamaros imitadores suyos? ¿Cuando vuestro pueblo sabe y proclama (si puede, por miedo a Calvino) que ningún hombre y clase de hombres es más vengativo que Calvino y los calvinianos? ¿Queréis velar estas cosas y ocultar la verdad con vuestra autoridad y elocuencia? ¿No sabéis que hay un Dios que enreda a los sabios en su propia sabiduría? ¿Ignoráis que quienes antes de vosotros usaron esos ardides ya han sido descubiertos, en gran parte por la luz de Dios? Id, subid a la cima de los montes,
impedid que de oriente salga el día; pero saldrá. Serán descubiertas en breve vuestras mañas por la luz de la verdad, como si vosotros nunca pusierais en evidencia a vuestros adversarios frailes. Ninguna calumnia, elocuencia, prudencia, fuerza o poder os protegerá de que pronto os señalen con el dedo, como vosotros habéis señalado a otros (pp. 78-79)•
Dos partidos en Ginebra
El mundo no puede juzgar la herejía. Responderás que no el mundo, mas sí un juez cristiano, no la herejía, sino al hereje. Y nosotros te pediremos que nos digas qué es ser juez cristiano. Responderás que los ginebrinos y quienes estén de acuerdo con ellos, como los suizos, pues aduces la muerte de Servet como ejemplo de hereje matado justamente.
Volveré a preguntarte, ante todo, cómo es que a Jerónimo Bolsee, condenado por los ginebrinos, le absolvieron y aceptaron los de Berna, y cómo es que a Simón Sultzer, condenado por estos, le aceptaron los de Basilea y le nombraron su supervisor. ¿A cuál de esos jueces hay que considerar cristiano?
Además, como en la misma Ginebra hay dos facciones en el Consejo, una calvinista, cuyo jefe es Amblard Corne, y otra anticalvinista, guiada por Ami Perrin, capitán militar de la ciudad, pregunto: ¿a cuál hay que tener por cristiana? Pues se oponen tanto como el fuego y el agua, de modo que al discutir asuntos aprueba una lo que la otra niega, como ocurrió en el de Servet, en cuya condena no quisieron estar presentes Ami Perrin ni Pierre Vandel.’ Si llamas cristiana a la calvinista, ojo: pues si acaso cae Amblard, quitada de un platillo de la balanza parte del peso, se inclinará a la otra y habrá que revisar los juicios. Condenados por los calvinistas serán absueltos por los anticalvinistas, como ya ocurrió pero al revés: viviendo Jean Philippe, líder de estos, fueron arrojados Farel y Calvino; muerto él y prevaleciendo Michel Balthasar, líder de los calvinistas, pudieron volver. Es decir, a cualquier cambio político o serán tenidos por cristianos los anticalvinistas o no será cristiano el tribunal de Ginebra, y no se mantendrá su veredicto sino cuando prevalezca la facción de Calvino (pp. 101-102).
La condena de Servet
Bien sabemos, Beza, con qué mañas fue apremiado Servet, que, soléis jactaros vosotros, fue condenado por juicio de todas las iglesias helvéticas, y aunque esto fuera verdad, no se seguiría que se le condenó en justicia, no más que a esas iglesias que Lutero condena como heréticas. Pero en cuanto a Servet, no es verdad lo que dices. Pues sabemos que su asunto se trató entre unos pocos pastores principales amigos de Calvino. Otros cuyo ánimo era ajeno a derramar sangre o no fueron llamados para dictar sentencia, o no se atrevieron a protestar por miedo a los más poderosos para no ser tenidos por servetianos. Pocos de ellos, pues, firmaron con su nombre. En cuanto a los jueces civiles, ni siquiera fueron consultados Pero, aunque concedamos que todos, pastores y profesores, consintieran, ¿consintió, por ello, toda la Iglesia? A no ser que llaméis Iglesia —al modo de quienes condenáis— solo a la gente de letras, al margen del pueblo profano. ¡Oh, artes tan poco liberales! Si tal hacéis a un nivel tan elemental de poder, ¿qué haríais si alguna vez mandarais tanto como el papa? (p. 103)•
Crueldad
Es menester señalar vuestra malicia y crueldad. Que el castigo ni se suavice ni se suprima, sin atender a las consecuencias. En lo cual te muestras contrario a la benignidad divina. Porque Dios es propenso a la misericordia y la extiende a mil generaciones, mientras que su ira solo a cuatro .261 Más aún: si hay en Sodoma diez justos, preferirá perdonar a toda la ciudad que perderlos con toda ella. ¿Qué digo diez? Solo por Lot retrasa el castigo, sin permitir destruirla antes de que él salga. Vosotros, al contrario, preferís matar a todos los justos, aunque hermanos vuestros, antes que salvar a vuestros adversarios con ellos. Pues habiendo llegado nuestro siglo al culmen de su iniquidad (como Cal-vino escribe en el prefacio a su libro contra Servet), 161 y por eso tiene los peores jueces (pues el mundo los produce cuales el mundo mismo es), vosotros, que les entregáis la autoridad de ajusticiar a herejes, seréis causa de que, si siguen vuestro consejo, maten siempre a quienes ellos mismos o sus teólogos tengan por herejes. Pero tendrán por tales no solo a herejes, sino a todo cristiano que diga la verdad, la cual siempre engendra odio.
Iglesia y libertad
En cuanto a que niegas que el ministerio de la Iglesia pueda subsistir sin apoyo del poder civil, te referirás a la tuya, que, carente de caridad, solo se apoya en la fuerza. La Iglesia de Cristo no solo sin él, sino también frente a él resurgió y permaneció mientras contó con auténticos discípulos de Cristo. En cuanto se durmieron, tuvieron que recurrir al sostén del poder (p. 105).
GINEBRA 1533
En el documento adjunto se incluye un pdf con el plano de Ginebra en la época de Servet. Ángel Alcalá, quien lo incluye en su edición de Restitución del cristianismo de la Fundación Universitaria Española de 1980, figura 22, procedente de Emile Doumerque, Jean Calvin, vol. III, Lausanne, 1899.
En su nota, que queda lamentablemente cortada, Alcalá señala que el via crucis de Servet partió del “Hotel de Ville” ; en la parte inferior derecha, recorrió, hacia la derecha, la “Rue de l’Hotell de Ville”, atravesó la “Port du Chateau”, el “Bourg de Four” y la “Rue des Peyroliers” y salió por la “Porte St. Antoine” hacia el montículo de Champel, donde estaba colocaba la hoguera, preparada para recibir nada menos que a un hombre.
Confío en que, proyectada con el cañón, se pueda ver bien en clase y “dibujar” los últimos metros recorridos por Servet.
Creo que es un estupendo complemento a la escena de la serie de televisión española aportada
Fuente:
- Historia 2, Jose y Cosmelli Ibañez, Ed. troquel, Bs. As. Argentina
- http://catedu.es/miguelservet/data/files/ESO/CCSS/OTROS_DOCUMENTOS_SC.pdf
MIGUEL SERVET – SERVET MÉDICO, TEÓLOGO, FILÓSOFO…
30 nov 2008 5 comentarios
en Juan Calvino, Reforma Protestante, Temas de actualidad, Teología Etiquetas: Calvino, Miguel Servet, Protestantismo
MIGUEL SERVET – SERVET MÉDICO, TEÓLOGO, FILÓSOFO…
“El sabio víctima de la Universidad, el santo víctima de las Iglesias”
Tanto de la Católica que lo condenó, como de los Reformadores (calvinistas) que lo quemaron, y silenciaron su figura y obra durante tres siglos, hasta el XIX que se opera su resurrección.
Miguel Servet es martir de sus ideas cristianas, más cristiano, aunque menos ortodoxo que los cristianos católicos y reformados. Miguel Servet es nuestro máximo hereje y martir español, siempre creyó que todo lo que puede ser pensado, puede ser dicho, discutido y hecho.
Miguel Servet, humanista total, estudioso de todas las ciencias y dominador de muchos idiomas, dicen que hubiera producido y descubierto muchas cosas más, si hubiese estudiado muchas menos.
Sintesis de lo que fue Miguel Servet, está reflejado en el monumento erigido en Annemasse (el pueblo francés más cercano a Ginebra) en su honor. En sus cuatro caras se lee:
- Miguel Servet, helenista, geógrafo, médico y filósofo, debe ser apreciado de la humanidad por sus descubrimientos científicos, su abnegación en favor de los enfermos y pobres, y la indomable independencia de su inteligencia y su conciencia.
- A Miguel Servet apóstol de la libre creencia y martir del libre pensamiento, nacido el 29 de Septiembre de 1511 en Villanueva de Aragón, quemado en efigie por la Inquisición católica el 17 de Junio de 1551, y quemado vivo en Ginebra por instigación de Calvino el 27 de Octubre de 1553.
- La detención de Miguel Servet en Ginebra, donde no habían publicado, ni dogmatizado, y donde, en consecuencia, no podía ser entregado a la justicia, debe considerarse como una barbaridad y un insulto al derecho de las naciones (Voltaire).
- Miguel Servet escribía a sus jueces; “Os suplico que os plazca abreviar estas grandes dilaciones… veis que Calvino… quiere hacerme pudrir en prisión. Los piojos me comen vivo, mis calzones están desgarrados, y no tengo muda ni jubón, ni más camisas que una en jirones…”
Fuente:
http://www.villanuevadesigena.com/es/miguel-servet/index.htm









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