Hernán Cortés: los crímenes de la fe

Hernán Cortés: los crímenes de la fe

18/08/10
Red Voltaire

En nombre de dios y de la corona española, Hernán Cortés (1485-1547) encabezó la sanguinaria conquista de México y el despojo de sus riquezas. Sus Cartas de relación, enviadas a la metrópoli entre 1519 y 1534, explican la manera en que los conquistadores entendían su religión y su pretendido derecho a ejercer la guerra contra los pueblos de América.Con los siglos, Cortés fue idolatrado por sectores de una derecha católica que tradicionalmente era también hispanista, pues encarnó el poder de las armas al servicio de una iglesia que bendecía sus crímenes.

Ese mutuo entendimiento, el mismo que se da hoy en día entre los panistas que gobiernan y el clero que impone sus normas, prosiguió con los conservadores y posteriormente con los cristeros, quienes, igual que Cortés, se jactaban de atrocidades que cometían para “defender a Dios”.
“Nuestra santa fe”

Leemos en la primera de esas misivas, dirigida el 10 de julio de 1519 a Juana la Loca y a su hijo, el emperador Carlos V, que el conquistador tuvo a bien explicarles a los nativos que no les quería hacer mal “ni daño alguno, sino… amonestar y atraer para que viniesen en conocimiento de nuestra santa fe católica y para que fuesen vasallos de vuestras majestades y les sirviesen y obedeciesen como lo hacen todos los indios y gente de estas partes que están pobladas de españoles…” (Hernán Cortés, Cartas de relación, Porrúa, México, p. 12).

Asimismo, “reprendióseles el mal que hacían en adorar ídolos y dioses que ellos tienen, y hízoseles entender cómo habían de venir en conocimiento de nuestra santa fe…” (p. 17).

Sostenía que “los malos y rebeldes, siendo primero amonestados, puedan ser punidos y castigados como enemigos de nuestra santa fe católica, y será ocasión de castigo y espanto a los que fueren rebeldes en venir en conocimiento de la verdad y evitarse han tan grandes males y daños como los que en servicio del demonio hacen…” (p. 22).

Ciertamente, los indios aprendieron a temer al demonio, encarnado en Hernán Cortés y sus secuaces, quienes decían contar con la ayuda y bendición de dios para masacrar a sus enemigos.
“Dios fue el que por nosotros peleó”

Eso afirma el conquistador en la segunda de sus Cartas, remitida al emperador el 30 de octubre de 1520: “Bien pareció que Dios fue el que por nosotros peleó, pues entre tanta multitud de gente y tan animosa y diestra en el pelear, y con tantos géneros de armas para nos ofender, salimos tan libres” (p. 37).

Enfrentado, decía, a más de 140 mil enemigos, “quiso Nuestro Señor en tal manera ayudarnos, que en obra de cuatro horas habíamos hecho lugar para que en nuestro real no nos ofendiesen…y como traíamos la bandera de la cruz y pugnábamos por nuestra fe y por servicio de vuestra sacra majestad en su muy real ventura, nos dio Dios tanta victoria que les matamos mucha gente, sin que los nuestros recibiesen daño” (p. 38).

Por sorprendente que parezca, esa forma de pensar, criminal y devota a la vez, es la misma que siglos después expresarían los apologistas de los cristeros, quienes también asesinaban en el nombre de dios.

Por ejemplo, el sacerdote Lauro López Beltrán explicaría, en su libro La persecución religiosa en México (Tradición, México, 1987), que las numerosas bajas del ejército federal contra los cristeros se debían a que éstos contaban con la “ayuda de Dios”.

Volviendo al relato de Cortés, éste menciona que en una ocasión, en que sus soldados le recomendaban retroceder, porque las condiciones le eran desventajosas, él persistió, “considerando que Dios es sobre natura, y antes que amaneciese di sobre dos pueblos, en que maté mucha gente…y como los tomé de sobresalto, salían desarmados, y las mujeres y niños desnudos por las calles, y comencé a hacerles algún daño…” (p. 39).

No cabe duda de que las obras de dios son santas, pues a decir de Cortés, “ésa fue la victoria que Dios nos había querido dar” (p. 39).

Les decía a sus soldados “que mirasen que eran vasallos de vuestra alteza y que jamás en los españoles en ninguna parte hubo falta, y que estábamos en disposición de ganar para vuestra majestad los mayores reinos y señoríos que había en el mundo, y que demás de hacer lo que como cristianos éramos obligados, en pugnar contra los enemigos de nuestra fe, y por ello en el otro mundo ganábamos la gloria y en éste conseguíamos el mayor prez y honra que hasta nuestros tiempos ninguna generación ganó” (p. 40).

A Cortés y a los suyos, según ellos mismos, dios les ayudaba a saquear, incendiar, violar, asesinar, a perpetrar episodios como el del bárbaro tormento aplicado a Cuauhtémoc, o aquél, que relata Cortés en su escrito, en que aprisionó a 50 mensajeros y les cortó las manos, acusándoles de ser espías: “…Los mandé tomar a todos cincuenta y cortarles las manos, y los envié que dijesen a su señor que de noche y de día y cuando él viniese, verían quién éramos” (p. 38).

“Por seguir la victoria que Dios nos daba”, relataba Cortés al emperador, asolaban Tenochtitlán, de tal suerte que “ayudándonos Nuestro Señor, …les ganamos aquel día y se quemaron todas las azoteas y casas y torres que había, hasta la postrera de ellas…” (p. 81).

Por supuesto, luego de cometer sus desmanes, los conquistadores, con una mentalidad similar a la de los panistas actuales, iban a misa y comulgaban, quedando así en “estado de gracia”, poseedores nada menos que del cuerpo y la sangre de Cristo.

El martes 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito, apunta Cortés en su Tercera carta de relación, del 15 de mayo de 1522, cayó Tenochtitlán en manos de los españoles. Años después, sería construido un templo en honor a ese santo y especialmente a los conquistadores que murieron durante la noche triste, el 30 de junio de 1520.

Cinco siglos después, el recinto suele llenarse de gente devota, que, sin reflexionarlo, adopta las supersticiones que impusieron los españoles en sustitución de las antiguas creencias. Mansamente, escuchan las palabras de los sacerdotes de un credo que pregona el amor y bendice el asesinato, si se lleva a cabo, como hizo Cortés, “en el nombre de Dios” y para beneficio de sus testaferros.

Edgar González Ruiz* / *Maestro en filosofía especialista en estudios acerca de la derecha política en México

Contralínea 195 – 15 de Agosto de 2010

LA BIBLIOTECA DE CELSO EN ÉFESO

LA BIBLIOTECA DE CELSO EN ÉFESO

La ciudad de Éfeso fue fundada por los griegos entre los siglos X y IX a.C, alcanzando su apogeo en los siglos II a.C y III d.C, siendo entre esos siglos la ciudad más populosa de Asia Menor y una de las más importantes del Imperio Romano. De esta época data la construcción de la biblioteca de Celso, llamada así porque fue erigida en honor de Tiberio Julio Celso Polemeano, procónsul de Asia, por su hijo Gayo Julio Aquila Polemeano en el año 110 d.C.

La biblioteca fue construida encerrada entre otros edificios, siendo sólo visible al exterior la fachada, situada frente a una pequeña plaza, mostrándose desde aquí en todo su esplendor. La fachada fue levantada convexa, jugando asimismo con el tamaño variable de las columnas, de tal forma que se lograba el efecto de hacerla parecer más grande de lo que realmente era.

Un best seller devela la historia oculta de los papas homosexuales

ENTREVISTA AL ESCRITOR ERIC FRATTINI
Un best seller devela la historia oculta de los papas homosexuales

13-07-2010 / El autor de Los Papas y el sexo, ya publicado en 16 países, opina sobre la postura de la Iglesia argentina frente al matrimonio igualitario, en el marco de la trama secreta que se teje desde hace siglos en la institución vaticana.

Alejandro VI – El célebre Papa Borgia tuvo siete hijos, entre ellos Lucrecia, aunque pudo tener más.
Tiempo Argentino
Natalia Páez

En mi libro no hay opiniones sobre la sexualidad de nadie. Hay documentos, y cada quien saca sus conclusiones cuando acaba de leerlo”, dice Eric Frattini, desde su casa en Madrid. Su reciente libro Los Papas y el Sexo (Planeta, 2010) -publicado en 16 países pero que aún no llegó a la Argentina- ya es un best seller y, como era de esperar, generó algunas polémicas. Por esto, Frattini se encarga de aclarar que lo suyo fue investigación y no opinión. El autor se metió en el mundo vedado del Vaticano. En el libro se describen las oscuras estancias papales, cuyos huéspedes escribieron historias de conspiraciones, vicios y sexo. Desde papas casados y adúlteros, hasta delincuentes, asesinos o violadores. También papas homosexuales, y algunos que practicaban sexo sadomasoquista, voyeuristas, hasta papas travestis. Un repaso a través de la vida oculta de los 261 sumos pontífices que ocuparon la silla de Pedro, desde aquel en persona, piedra basal de la Iglesia, hasta Benedicto XVI.
-Usted es un experto en la historia de los papas. ¿Cuál es su análisis sobre la postura de la Iglesia argentina sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo?
-El cardenal Bergoglio es de la vieja guardia de Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo II. Él mismo estuvo a punto de ser elegido Papa. Es uno de los que recibió gran apoyo en la segunda ronda del cónclave que elegiría nuevo pontífice luego de la muerte de Juan Pablo II. Entonces, los poderosos cardenales austríacos y alemanes lo instaron a no aceptar. No sabremos por qué. Entonces, él termina siendo uno de los pilares fundamentales de la elección de Ratzinger. Hay que pensar que este cardenal sigue la línea de su líder espiritual, Juan Pablo II. Recuerdo cuando en España se estaba discutiendo el término “matrimonio” versus “unión entre parejas homosexuales”. Hay una foto de Wojtyla levantándole el dedo en señal de reprobación a Rodríguez Zapatero. Una foto como la de un padre regañando a un circo. ¿A qué otro jefe de Estado se le permitiría que le hable así a un par? Es decir, el poder del Vaticano no es sólo simbólico. En nuestro caso, los representantes se pararon muy fuerte teniendo en claro que la Iglesia no iba a intervenir en temas de Estado, que iba a ser una opinión más. En España, la Iglesia sigue teniendo poder en los medios de comunicación. Pero a diferencia de la Argentina, oficialmente somos un estado laico.
-El Vaticano tiene fama de ser un reducto impenetrable para cualquiera que intente buscar información clasificada, ¿en qué fuentes basó su investigación?
-Hay una frase que se dice en la Santa Sede: “Para el Vaticano todo lo que no es sagrado es secreto”. A partir de ahí, bueno, yo tengo prohibida la entrada a los archivos y a la biblioteca. Para buscar allí documentación necesitas una carta de tu párroco diciendo que eres un buen católico. Pero allí nadie va a decirte que no. Existe la diplomacia. Te dicen: “Discúlpenos pero el scriptor que guarda esa zona de archivo no vino porque está enfermo. El scriptor está de vacaciones”. Intenté entrar 23 veces para mi libro anterior, y 16 veces para este. Nunca lo logré.
-¿Cuáles fueron sus fuentes?
-Mis fuentes han sido archivos en Escocia, Inglaterra, Holanda, España, Francia. Documentos históricos, hasta una biografía muy buena sobre la vida sexual de los papas del Medioevo, un libro de 1742. He usado más de 200 libros: documentos luteranos, documentos papales que no estaban en el Vaticano.
-Uno de los datos polémicos de su libro es la duda sobre una supuesta esposa de Karol Wojtyla.
-León Hayblum, quien afirmaba ser el padre de la nieta de Juan Pablo II, escribió un libro publicado en Nueva York titulado Tengo que contar esta historia. Yo no doy opinión, pongo datos,incluso aquellos que no han sido del todo probados, aclarando en cada caso. El caso de Paulo VI, por ejemplo. La fuente dice que tenía un amante en el Arzobispado de Milán.

http://www.elargentino.com/nota-98539-Un-best-seller-devela-la-historia-oculta-de-los-papas-homosexuales.html

El Cisma de Oriente.

El Cisma de Oriente. Por Jesús Simón Pardo:
Germen de la Ruptura:

Cuando el año 330 el Emperador Constantino convirtió a la antigua Bizancio en la nueva capital del Imperio Romano de Oriente, concediéndole su propio nombre, quiso el Patriarca allí residente emular en lo eclesiástico las prerrogativas adquiridas por la primera autoridad civil de su ciudad, pese a no tratarse de una sede de origen apostólico. En el primer Concilio celebrado en Constantinopla el año 381, segundo de los ecuménicos, logró introducir un canon por el que se le reconocía la máxima autoridad en la Iglesia universal, después del Papa u Obispo de Roma. Siempre, desde los inicios, y sin que nadie hubiese puesto en duda, ni teórica ni práctica, la primacía de la Iglesia Romana sobre la Iglesia Universal -como patentizan las Cartas de S. Clemente Romano y S. Ignacio de Antioquía, los escritos de S. Ireneo y la actitud, poco diplomática pero por nadie contestada, del Papa S. Victor-, existieron diferencias notables entre las iglesias asentadas en Oriente u Occidente, tanto desde el punto de vista litúrgico como pastoral. Las disensiones surgieron fundamentalmente por el afán de Constantinopla y sus Patriarcas de heredar en el orden religioso, como había ocurrido en el político, el lugar preeminente que había ocupado Roma antes del hundimiento del imperio romano occidental y de la postura, no siempre respetuosa, de algunos legados papales hacia sus legitimas diferencias. Ya en el último tercio del siglo V apareció el problema con el llamado Cisma de Acacio. Era éste Patriarca de Constantinopla cuando recibió una comunicación del Papa Félix III, en la primavera del año 484, conminándole a abandonar la herejía monofisita, que había sido condenada en el Concilio de Calcedonia, bajo la pena de excomunión y deposición. Reaccionó éste borrando del canon el nombre del Papa y rompiendo sus relaciones con Roma. Los Patriarcas de Alejandría y Antioquía siguieron su ejemplo y se ajustaron a su voluntad. La ascensión al trono del emperador Justino I, el año 518, acabó con un cisma que había durado treinta y cuatro años.

Cisma de Focio:
Mayor envergadura e importancia tuvieron los acontecimientos de mediado el siglo IX con el llamado Cisma de Focio. Regía la sede romana el Papa Nicolás I (858-867) y era Patriarca de Constantinopla el obispo Ignacio, elegido para tal por los monjes el 4 de julio del año 847. Era un hombre muy piadoso, abad de uno de los innumerables monasterios existentes en la ciudad, de pocas luces y, por ello, obstinado en sus decisiones. En la fiesta de Epifanía del año 857 negó publicamente la Sagrada Comunión a un tío del Emperador Miguel III que vivía licenciosamente con su propia nuera. Ello motivó su deposición y destierro el día 23 de noviembre del 858, acusado de haber traicionado la confianza del Emperador. Nombró éste como nuevo Patriarca a un miembro de la Corte imperial, laico, oficial mayor de su guardia, llamado Focio, hombre culto y erudito, que en cinco días recibió todas las órdenes sagradas de manos de un obispo poco amigo del depuesto Patriarca. Quiso Focio recibir la confirmación del Papa Nicolás I, persona muy enérgica, muy consciente de su rango primacial, dispuesto a hacer valer su autoridad en Oriente y Occidente, conocedor del caso por los informes que le habla enviado el depuesto Ignacio, que envió a Constantinopla a sus legados con instrucciones muy concretas y facultades muy precisas. Parece que no se ajustaron éstos a los poderes recibidos y, en vez de deponer a Focio y restituir a Ignacio como indicaban sus instrucciones, se dejaron ganar por los alegatos del intruso, al que confirmaron como Patriarca de Constantinopla en un Sínodo habido en la ciudad el año 861. Conocedor el Pontífice de la deslealtad de sus legados, les excomulgó, pena que hizo extensiva al emperador y al patriarca. Ello originó la ruptura de éstos con el Papa y el rechazo de la primacía papal, a lo que añadieron la excomunión y deposición del mismo Papa por parte del ilegítimo Patriarca. Ciertamente no fueron muchos los años que duró el Cisma de Focio, del 858 al 867, pues al ser derrocado el Emperador Miguel III por el macedonio Basilio I, fue depuesto y restituido en su sede el legitimo Patriarca Ignacio.

Intrigas:
Sin embargo, la capacidad de intriga de Focio, cuya deposición y destierro, con su reducción al estado laical, fue confirmada en el IV Concilio de Constantinopla, VIII de los ecuménicos, era tan asombrosa que logró granjearse de nuevo la confianza de Basilio I y ser restituido por éste en la sede patriarcal tras la muerte de Ignacio, ahora con el beneplácito del Papa Juan VIII. Sin embargo, conocidas por el nuevo emperador, León VI sus intrigas y trapisondas fue depuesto de nuevo y enviado a un monasterio donde murió diez años más tarde. El patriarca Antonio Kauleas, venerado como santo, que le sucedió, restableció en un Sínodo la unión total con Roma, repuso el nombre del Papa en los dípticos de la Misa y renovó unas relaciones que ya siempre serien frías y protocolarias, origen de fricciones continuas, nacidas también por la política antibizantina del imperio carolingio, aliado del Papa, que terminarían con la ruptura total, acaecida el año 1054.

Hacia la ruptura:
Regía la sede romana León IX, hombre recto, patrocinador de la reforma eclesiástica iniciada en el monasterio de Cluny, y defensor de la primacía papal. Regentaba el patriarcado de Constantinopla Miguel Cerulario, elegido por tal el día de la Encarnación del Señor del año 1.043, desde su condición de simple fiel. Con una muy deficiente formación teológica, se distinguía por una morbosa antipatía a todo lo occidental y a sus instituciones, con especial incidencia en la iglesia romana y en su representante el Papa, que le llevó a acusarle reiteradamente de inmerso en la herejía por hechos más relacionados con la liturgia o la disciplina que con las cuestiones teológicas. Quiso León IX solucionar los continuos roces y conflictos y envió una delegación a Constantinopla, encabezada por su consejero el monje Humberto, Cardenal Obispo de Silvia Cándida, y los arzobispos mencionados anteriormente. Parece que no estuvo afortunado en la elección del personaje, cuya aversión a lo bizantino era manifiesta. Se presentó en Constantinopla dispuesto a proclamar la autoridad pontificia, pero en ningún caso a dialogar. Redactó una bula conminatoria, con un lenguaje nada diplomático y, sin entrevistarse con el Patriarca, la depositó sobre el altar de la iglesia patriarcal y se volvió a Roma tan feliz, tras haber lanzado excomuniones y entredichos a todos los jerarcas bizantinos.

Excomunión mutua:
El Patriarca le devolvió la moneda excomulgando, a su vez, al Papa y a sus legados y rompiendo toda relación con Roma. Su posterior deposición y destierro no originaron, como en casos anteriores, la conclusión del cisma que todavía hoy rompe la unidad de la Iglesia. Después vendrían los cruzados, hombres con frecuencia incultos, rudos y rapaces, que se dedicaron, en no pocas ocasiones, al pillaje y el expolio de las buenas y sencillas gentes del pueblo; los comerciantes venecianosgenoveses, nada escrupulosos a la hora de “saquear” las riquezas del Imperio y algunas de sus más preciadas reliquias; y la desafortunada actuación de los gobernantes del llamado “imperio latino de Constantinopla” (1204-1261) que pretendieron “latinizar”, de forma más o menos violenta, la liturgia y las costumbres de un pueblo con características y peculiaridades propias. Todo ello engendró en el pueblo, que había permanecido ajeno a las disputas de los poderosos, una aversión y odio hacia lo occidental, lo latino y lo europeo, que ha imposibilitado la unión, haciendo fracasar los débiles intentos propiciados a lo largo de los siglos. www.archimadrid.es (Jesús Simón Pardo)


Santa Sofía. Costruida por orden de Justiniano I (483-565)El cisma de los tres capítulos (año 553):
Teodoro Askidas, canónigo de Cesarea, para distraer la manía dogmatizadora del emperador Justiniano en la causa origenista, le propuso que se decretase un anatema contra Teodoro de Mopsuesta y sus escritos, contra la carta de Ibas de Edesa a Mario, y los escritos de Teodoreto de Cyra favorables a Nostorio y hostiles a san Cirilo de Alejandría. En 543 daba Justiniano un decreto condenando estos tres autores. El patriarca Menas de Constantinopla y todos los obispos orientales, tras corta resistencia, cedieron al emperador, y todos confirmaron la condenación, pero los occidentales protestaron, pues el concilio de Calcedonia había recibido en su comunión a Teodoreto y a Ibas, y había guardado un prudente silencio acerca de Teodoro, ya entonces difunto. Para mejor comprometer al Papa Virgilio, Justiniano le forzó a ir a Constantinopla, mas en el mismo viaje se confirmó el Papa en que los occidentales habían de oponerse decididamente a tal condenación. Así que, a pesar de haber sido espléndidamente recibido en Constantinopla, Virgilio resistió desde luego al emperador, por lo que poco después era, más que huésped, prisionero de Justiniano. No obstante, protestaba que etsi me captirum tenetis, beatum Petrum apostolum captivum facere non potestis. Al fin, pro bono pacis, vaciló el Pontífice y dio un decreto, que llamó Iudicatum (11 de abril de 548) condenando los tres capítulos, aunque con esta condenación en ninguna manera condenaba el Papa el concilio de Calcedonia. Mas no obtuvo Virgilio con este decreto la paz que deseaba, antes comenzó con él en la Iglesia el cisma que se llama de los tres capútulos. Aun en Roma, los amigos del Papa se pusieron en contra, y en particular se opuso el diácono Pelagio, que a la sazón era el alma de la ciudad en la resistencia contra Totila, y fue el que salvó con su valor las vidas de los romanos el día en que fue tomada Roma. Viendo, pues, Virgilio que se iban separando algunos de su comunión, en particular el obispo de Iliria, de Dalmacia y de Africa, determinó recurrir a un concilio general y pidió al emperador le devolviera el decreto (Judicatum) protestando haberlo dado constreñido por la violencia. Devolvióselo Justiniano, pero éste exigió de los obispos orientales una nueva condenación de los tres capítulos y los obispos orientales obedecieron al emperador en contra del Papa que los amenazaba con la excomunión, y que en efecto la lanzó contra Teodoro de Askidas, que tenía la culpa de tal rebeldía. Por parte de Justiniano, sin esperar la legítima congregación de los obispos por el Papa, reunió en Constantinopla el concilio que después fue el V general, en el cual se congregaron 151 obispos, casi todos favorables al emperador, pues los contrarios, que lo eran en general todos los obispos occidentales, no pudieron o no quisieron reunirse. Abrióse el concilio el 5 de mayo de 553, sin que el Papa Virgilio quisiese aistir. El 14 de mayo, mientras en el concilio se lanzaban fieros anatemas contra los tres capítulos, publicó el Papa un hábil decreto, que se llamó Constitutum, prohibiendo tales condenaciones. Los 16 obispos que lo firmaron fueron perseguidos por Justiniano, y el mismo Pelagio, que sostenía con su valor a Virgilio, fue encarcelado. El concilio seguía doblegándose en todo al gusto del emperador, y acabó repitiendo la condenación prohibida, y el nombre de Virgilio fue borrado de los dípticos, aunque creía el concilio, siguiendo una sutileza del emperador, no separarse por esto de la Iglesia romana.

Conclusión del cisma:
[...] Es verdad que en el Africa y en la Iliria obtuvo el emperador y los obispos de su partido que se condenasen en él la decisión del Papa, pero en Italia, particularmente en la provincia eclesiástica de Milán y de Aquileya y en la Dalmacia, se mantuvieron mucho tiempo los obispos en actitud hostil y cismática. Este cambio de opinión de un Pontífice Romano, con todas las dificultades a que da pie, se reproduce en Pelagio II, sucesor de Virgilio, del cual había sido diácono y firmísimo apoyo, y que, a causa de su inmenso prestigio, estuvo como obligado a sentarse en la Silla de Pedro en tan tristes circunstancias. A pesar de la pasmosa energía que desplegó siendo diácono en sobreponerse a los desastres de Roma, a pesar de sus protestas lanzadas desde la cárcel, cuando Virgilio había cedido, Pelagio ya Pontífice hizo gala de admitir como San Pedro la corrección, de escribir como san Agustín sus retractaciones y de no ser obstinado en ir contra la mayoría de los obispos. España y las Galias creyeron que no valía aquella intriga de Askidas la pena de un cisma. En el norte de Italia duró el cisma más de un siglo y se terminó en el concilio de Aquileya (700). (Espasa)


Comentarios sobre un escrito de la Iglesia Ortodoxa:
[...] Un elemento verdadero señalado, es la remisión de la Iglesia ortodoxa al mismo Jesús, quien la funda sobre los doce apóstoles. Al referir el hecho histórico como algo exclusivo de esta Iglesia puede pensarse que la Católica no está recogida en ese momento histórico. Más adelante señala la unidad entre las iglesias cristianas del rito ortodoxo, exceptuando la de Roma “que se separó de las otras en 1054″. Esa separación, que dio origen al cisma entre Oriente y Occidente, en mi opinión tuvo más carácter político que religioso y se debió a una mutua ruptura, no a una de las partes en específico. Se recoge en el escrito el aspecto fundamental esgrimido desde el punto de vista doctrinal y que pone la nota de discordia entre ambas iglesias históricas: la cuestión del Filioque o procedencia del Espíritu Santo. Los ortodoxos, a diferencia de los católicos, afirman que la tercera persona de La Trinidad procede del Padre mientras los de Roma han hecho dogma de la afirmación de que también procede del Hijo. Con este hecho los de oriente acusan a la iglesia romana de haber añadido nuevas formulas dogmáticas que ellos no pueden aceptar. De ahí la presunción de que ellos creen y enseñan lo correcto, que se remite al mismo significado de la palabra ortodoxo.

Otro aspecto es el de la inmaculada concepción, que ellos colocan a partir de la encarnación y no antes. La no imposición del celibato sacerdotal, el cual ellos observan como una vocación que no tiene por qué contradecir la existencia de sacerdotes que elijan el tener vida conyugal, es explicada en el contenido del plegable. También el folleto se expresa sobre la cuestión de dejar a la pareja la decisión de evitar la concepción de hijos en casos previamente consultados con el padre espiritual, siempre que el aborto no sea el medio utilizado para impedirlo. Según las palabras impresas en el escrito, la Iglesia Ortodoxa es madre y no tirana. ¿Una alusión? Finaliza con el emblema del credo: Santa Católica, Apostólica a los que añaden Ortodoxa. Esto último me recuerda la costumbre omitida en la Iglesia Católica que afirmaba de manera rotunda el cuño de romana. Parece que las diferencias no son mayores. (Miguel Saludes. La Habana 2004)

http://www.mgar.net/var/cisma.htm

El Cristianismo Del Futuro

View this document on Scribd

¿Va a desaparecer el cristianismo?

¿Va a desaparecer el cristianismo? es el título que daba a un ensayo que publicó Jean Delumeau (Nantes, 18 de junio de 1923) en 1977, quien es un historiador francés especialista en cristianismo, especialmente en el periodo del Renacimiento.

La enciclopedia Wikipedia nos dice acerca de este historiador:

Antiguo alumno de la Escuela Normal Superior, catedrático de Historia, miembro de la Escuela francesa de Roma y doctor en letras, ha ejercido la enseñanza de la historia en la Escuela Politécnica, en la Universidad de Rennes, en la École des hautes études en sciences sociales y en la Universidad Paris I – Panthéon-Sorbonne.
Ejerció también la docencia en el Collège de France, donde fue elegido en 1975 para una cátedra de historia de las mentalidades religiosas en el Occidente moderno. Es miembro de la Académie des inscriptions et belles-lettres y del comité de patronaje de la Coordinación francesa para el Decenio de la cultura de paz y la no violencia.[0]
Este libro publicado por Delumeau, parece ser que provocó mucha polémica, según se comenta, pero infundió ánimo a muchos lectores cristianos. El tema dominante del trabajo se recogía así en su conclusión:
«Dios, antaño menos vivo de lo que se ha creído, en la actualidad está menos muerto de lo que se dice». [1]
La pregunta
«¿va a desaparecer el cnstianismo?» [2]
quizás podría parecer provocadora, como comenta el mismo Delumeau, pero el mismo se sorprendió al enterarse después que, además de su ensayo,
“se habían contabilizado más de 250 títulos de obras aparecidas entre 1893 y 1980 que planteaban de una manera u otra la misma pregunta “ [3]

Delumeau, cita en su libro El cristianismo del futuro,varias referencias similares a la suya.[4]

  • ¿Hay que creer en el porvenir del cristianismo?, preguntaba un periodista de Ouest-France el 26 de noviembre de 1999, a propósito del libro de Claude Geffré Profession theologien.
  • Al mes siguiente La Croix, conjuntamente con la Diócesis y el Instituto Católico de París, organizaba en la UNESCO un coloquio sobre ¿Tienen los cristianos algún futuro?
  • Dos años mas tarde, un libro escrito en colaboración y dirigido por Philipe Baud recibió un titulo casiidenhco, ¿ Tiene futuro el cristianismo?
  • En abril del año 2000, Le Nouvel Observateur dedicaba un número especial a la pregunta ¿Que queda del cristianismo?
  • Bruno Chenu en La Croix del 20 de octubre de 2000 se preguntaba ¿Ha cumplido su tiempo el cristianismo?
  • Y Le Monde el 27 de diciembre de 2000 publicaba un artículo de Henri Tincq titulado ¿ El cristianismo desacreditado?
  • El Jesuita belga Charles Delhez planteaba en 1998 con su obra la cuestión ¿Los últimos mohicanos? Los católicos en Bélgica

Estos interrogantes convergentes resultan de constantes que cifra la sociología religiosa Sondeos y estadísticas no lo dicen todo, afortunadamente, sobre la vivencia religiosa de nuestros contemporáneos occidentales, pero no podemos ignorarlos, confiesa honestamente Delumeau [5]

Las alarmas, al menos en Europa, están al rojo vivo. En 1996 el 76% de los belgas francohablantes consultados por el diario católico Dimanche reconocen que la Iglesia romana atraviesa una crisis, destacando el 57% que se está muriendo. Entre 1990 y 2000 el número de católicos alemanes que donan parte de sus impuestos a la Iglesia ha disminuido un millón y el de los protestantes dos millones.
Según un estudio de noviembre de 1998, el 42% de los británicos y el 49% de los holandeses se declaran sin religión; y, según un sondeo de junio de 2000, el 42% de los franceses, que en 1981 era sólo el 26%. Si se considera solamente el grupo de edad de 20 a 35 años, la proporción de los sin religión sobrepasa en Francia el 50%. [6]
En toda Europa los jóvenes son el colectivo más numeroso de los que se confiesan sin religión. En la República Checa una encuesta de 1999 cifra en el 43,2% los creyentes, 48,5% no creyentes y 8,3% los ateos.[7]
Los sondeos y las estadísticas han de tomarse con precaución y a veces pueden contradecirse, al menos aparentemente.Varios sondeos de CSA dieron a la Francia cristiana mejores resultados que otras encuestas precedentes: en diciembre de 2001 al menos dos tercios de los franceses de más de 18 años se declararon católicos 4, el 69% en marzo de 2002 y el 67% en abril de 2003 [8]

Pero estas cifras no se oponen forzosamente a las estadísticas anteriores. Porque todo depende de las cuestiones planteadas.

Delumeau explica lo que se ha venido a llamar proceso de secularización de la cristiandad europea, aunque solo cita datos estadísticos, pero sin entrar de lleno en las posibles causas de este fenómeno.
De hecho, uno puede declararse sin religión y, al mismo tiempo, de tradición, sensibilidad o cultura católica e ir de vez en cuando a la iglesia para un casamiento o un entierro. También puede declararse a la vez sin religión y creyente. No hacemos ascos a los sondeos cuando nos aportan unas estimaciones, si no tranquilizadoras del todo, sí relativamente alentadoras. El último que acabo de citar aporta muchos elementos positivos desde el punto de vista religioso. La fe en la resurrección de Cristo o en su divinidad agrupa a la mitad de los franceses. El 11% afirma rezar todos los días. La proporción de los que dicen volver a creer se ha triplicado en diez años. La práctica religiosa está, por el momento, estabilizada desde hace una década.  Novedad algo insospechada: el interés por la astrología, el esoterismo, los videntes y la brujería se encuentra en franco descenso.
En cambio, se constata el empuje, particularmente entre la juventud, de un racionalismo que hace buenas migas con convicciones religiosas: ciencia y fe ya no parecen excluirse. Por otro lado, entre la juventud se aprecia una revalorización de los valores morales en el marco cívico y la vida privada. [9]
Más globalmente, comenta el periodista de Le Monde Xavier Ternisien,
«el cristianismo (en este sondeo) no aparece como una religión superada. Se encuentra a la cabeza de las religiones por las que los franceses experimentan un interés espiritual». [10]
Recojo Delumeau “con gozo estos argumentos”. Pero,comenta él, al mismo tiempo, han aparecido dos obras con títulos más sombríos:
  • Catholicisme, la fin d’un monde, de D. Hervieu Léger, y
  • L’Héritage chrétien en disgráce, de G. Michelat y J. Potel.  [11]

Concuerdan con el sondeo por subrayar la creciente desviación entre la religión vivida y la propuesta por las instituciones religiosas.

En Francia, por ejemplo, el número de bautismos católicos baja un promedio del 1% anual desde 1960. También el porcentaje de los casamientos católicos respecto de los casamientos civiles (en 1984 era del 61% y en 1996 sólo el 44,3%). Mientras que el clero católico envejece en toda Europa, el número de los niños catequizados desciende regularmente.
En Europa el cristianismo está en retroceso. En enero de 1999, a la pregunta formulada en un sondeo del IFOP: ¿A qué personas desearía ver desempeñar un papel más importante en el futuro? Y entre diez categorías propuestas, sólo el 4% escogieron a las autoridades religiosas y espirituales. Un porcentaje que desciende al 2% entre los menores de 35 años. En otro sondeo, esta vez de la SOFRES, publicado en noviembre de 1999 y llevado a cabo entre jóvenes de 15 a 24 años, la religión aparecía en último lugar entre doce valores: familia, amistad, trabajo, amor, estudios, religión, etc., y clasificada, al mismo tiempo, por orden de importancia: el 10% la consideraba muy importante, el 20% bastante importante y el 35% de ninguna importancia.
Un sondeo referido a Francia publicado en La Croix del 23 de octubre de 2001 revelaba que a la pregunta ¿Piensa que la Biblia es un libro superado?, el 54% respondió sí, con unos porcentajes del 59% entre 35 y 49 años y el 61% entre 25 y 34 años, pero con una feliz subida entre 18 y 24 años. Un último sondeo (por encargo de Le Pelerin), para no alargar una lista suficientemente convincente: a la pregunta ¿Tiene para usted el domingo un significado religioso?, el 70% de los franceses respondieron no. Estas cifras explican las alarmas de los responsables religiosos, especialmente católicos. [12]

El documento romano que expresa el orden del día del Sínodo para Europa que se celebró en Roma en octubre de 1999 afirma:

«La supremacía cultural del marxismo ha sido sustituida por la de un pluralismo indiferenciado y fundamentalmente escéptico o nihilista … Grande es el riesgo de una progresiva y radical descristianización del continente… , hasta el punto de formular la hipótesis de una especie de apostasía del continente» [13]
En este mismo sínodo, el cardenal Poupard deploró
«el agnosticismo intelectual, la amnesia cultural, la apatía religiosa» de los europeos. [14]
El obispo de Clermont-Ferrand, Mons. Hippolyte Simon, escribía en 1999 en su contundente libro “Vers Une France Païenne”.
«Si nada cambia, es el estancamiento» [15]
Constataba vacíos de transmisión cristiana entre padres e hijos. Consideraba que los últimos testimonios de una civilización cristiana: la conservación de los lugares de culto, el calendario religioso, el respeto muy mermado del domingo, ya no eran sino una especie de deuda respecto a un cristianismo del que pronto nadie comprendería el sentido. Salvo un sobresalto, concluía,
«todos nosotros vamos a fracasar» [16]
Un contexto como éste explica el acento puesto por el anterior papa católico Juan Pablo II en “la urgencia de una nueva evangelización”,comenta Delumeau. Por tanto, el problema sería poder saber “si nos encontramos ante una seculanzación acelerada o ante una verdadera descnstianización en Europa”. Al respecto Delumeau cita al cardenal Danneels, quien habla que se trataría
«de una deforestación de la memoria cristiana» [17]
Pero, también esta vez, se imponen correctivos. Encuestas recientes nos muestran que el cristianismo conoce actualmente un retroceso importante en Irlanda, España y Suecia, pero se afianza en Italia, Portugal y Dinamarca[18]

Por otra parte, la revista Futurzbies mostraba en agosto de 2002 que entre los jóvenes europeos de 18 a 29 años la religión tiende a la baja y las creencias al alza en Francia, Bélgica, los Países Bajos y Alemania cada vez mas jóvenes, declárandose sin religión, afirman creer en DIOS y en la vida después de la muerte.

Por mencionar solo un país, en Francia el 42% de la Juventud entre 18 y 24 años dice creer que hay vida después de la muerte frente al 20% de hace 20 años. Según Yves Lamberte, esta problemática religiosa sería una forma de responder al desencanto del mundo, las incertidumbres económicas, las inquietudes ecológicas y las amenazas terroristas.
Además, escribe,
«se ha sobrevalorado de tal manera el éxito personal que el individuo acepta cada vez peor que todo se detenga con la muerte» [19]
Y destaca que es muy común en nuestras sociedades creer sin pertenencia religiosa También es verdad que un numero muy importante de personas que se reconocen católicas no creen en la vida después de la muerte.[20] O sea, que sus vidas no tienen ninguna expectativa escatológica.

Delumeau comenta con honestidad y apertura de mente que el problema de la descristianización le atormenta desde que era estudiante y está latente en la mayoría de sus libros

Durante mi carrera he procurado, ante la gravedad del problema de la descnstianización, reducir su Importancia con argumentos históncos. Pensaba que si nos parece tan importante y tan rápida, es que la cristianización fue en realidad menos extensa y menos profunda de lo que se ha dicho: de ahí la necesidad de vincular los estudios sobre la cristianización y la descristianización. Era consciente, al proponer este razonamiento, de aportar un consuelo a sacerdotes desconcertados por la amplitud de la depresión religiosa. Ellos, en cierta medida, podían tranquilizarse si se les mostraba que la cristianización nunca había sido tan impositiva como se había creído y enseñado. [21]

Efectivamente, esta argumentación, presente en ¿Va a desaparecer el cristianismo?, capta la atención de un número de lectores, especialmente sacerdotes, que leyeron esta obra con cierto alivio [22].

No me desdecía por completo de la argumentación presentada en ¿Va a desaparecer el cristianismo? y tampoco lo hago hoy.
Porque, por una parte, se ha confundido durante mucho tiempo cristiandad y cristianización; y por otra, se ha establecido durante mucho tiempo una ecuación entre sacramentalización y cristianización.
  • Los negreros se creían cristianos.
  • Los jefes nazis, particularmente Hitler y Himmler, habían asistido al catecismo.
  • Las masacres de Ruanda han demostrado que el país más cristianizado y más sacramentalizado de África -el 73% son cristianos, de los cuales el 56% son católicos- no había asimilado lo esencial del mensaje evangélico.

Algunos africanos cristianos, testigos de la masacre, al destacar que la Iglesia católica perdió en Ruanda 3 obispos, los sacerdotes y 160 religiosos y religiosas, se hicieron esta pregunta:

«¿Cómo se ha podido llegar a esto?».
Cuando en los años 30 el número de conversiones y bautizos en Ruanda hacía hablar de un «tornado del Espíritu Santo» en 1 ese país, cristianos ruandeses tuvieron que concluir en 1994:
«La sangre ha pesado mucho más que el agua de nuestro bautismo» [23].
No obstante, no quiero llevar este análisis hasta la paradoja y negar el descenso cristiano al que asistimos en Occidente. Se puede llamar descristianización en la medida que significa el abandono de un credo cuyas tres afirmaciones principales son la encarnación de Dios hecho hombre, la redención y la resurrección de Cristo. Uno no puede encubrir la realidad: se está produciendo una descristianización ante nuestros ojos, al menos en Europa;y avanza de forma galopante.

Los obispos de Francia se preguntaban en Lourdes en noviembre de 2000 cómo anunciar el Evangelio. Éstos fueron los titulares de prensa:

«Dios en el purgatorio»,
y
«¿Habremos entrado en una era de trascendencia sin Dios?», «¿Son los cristianos unos dinosaurios, una raza en vías de desaparición».[24]

La Iglesia evangélica en Argentina

Sin duda, los evangélicos argentinos alentados por manifestación masiva, han crecido en espíritu y en cantidad
Los líderes de las iglesias evangélicas en Argentina dicen estar eufóricos siguiendo una manifestación masiva que llevó a más de 150.000 participantes al simbólico centro de la capital el otoño pasado (año 1999). Algunas estimaciones ubican la cifra en alrededor de 250.000 Los cristianos ven este flujo de entusiasmo como indicativo del crecimiento numérico y espiritual de la iglesia evangélica en Argentina en los años recientes.
Muchos hablan de un efecto “Antes de Annacondia” y “Después de Annacondia” , dice Ralph Tone, misionero de LAM (Misión Latinoamericana), que ha servido en La Plata, Argentina, por 9 años. “Carlos Annacondia es un evangelista poderosamente usado por Dios desde su conversión a comienzos de los ’80. Estamos en un momento que la mayoría de las personas considera como el despegue inicial del crecimiento de la Iglesia.
Annacondia es un hombre de negocios transformado en evangelista, quien atrae a las multitudes a escucharlo “porque su ministerio es acompañado de señales y prodigios, sanamientos y conversiones”, comenta Karin Detert, quien es observadora del avivamiento argentino. “En las cruzadas masivas, miles de personas aceptaron a Cristo como Salvador. Virtualmente cada iglesia creció.
Mientras la atención de muchos está centrada en Annacondia, Tone agrega que “el terreno fue preparado previamente por el movimiento “Comunidad Cristiana” y sus líderes mentalmente renovados – Orville Swindoll, Angel Negro, Keith Benson y otros”.
Las cruzadas de Tommy Hicks en los ’50 impactaron espiritualmente a Buenos Aires como nunca antes o desde entonces, comenta.
Annacondia inició su ministerio en los ’80, pero una segunda ola de avivamiento empezó en 1992 con Claudio Freidzon, el fundador de una iglesia de Buenos Aires que en 4 años creció a alrededor de 3000 miembros. Freíd son sintió una necesidad de llegar a conocer al Espíritu Santo. Encontrándolo, él empezó a hablar y a mantener servicios de avivamiento. El sello de sus reuniones de avivamiento ha sido el énfasis en la adoración y la alabanza.
Un líder dice que Argentina está en medio de un absolutamente total avivamiento, nunca antes conocido en la historia de ese país. Otros dicen que el avivamiento argentino tuvo vínculos que encendieron la tan divulgada Bendición de Toronto, varios años atrás, y otras ramas carismáticas, incluyendo las manifestaciones de avivamiento en Pensacola, Florida.
“Creo que el último avivamiento será mundial, no regional o siquiera nacional”, dijo Pablo Deiros a “Religión Hoy” en una entrevista en 1998.
“Este avivamiento se acerca, y quizás sus primeras gotas son vistas en Argentina”, dijo Deiros, Pastor de la Iglesia Bautista Central en Buenos Aires y profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario Teológico Fuller. A su iglesia se han agregado 2000 miembros y han instalado 17 congregaciones satélites en Argentina y otros países desde que empezó el avivamiento.
De los cerca de 37.000.000 de habitantes del país, los evangélicos representan alrededor del 7% y los pentecostales 5,6%. La denominación más grande es la Unión Nacional de las Asambleas de Dios, con 610.100 miembros y adherentes al 1º de enero de 1999, (compare con los 370.000 de diez años atrás). Los líderes de las iglesias atribuyen a las décadas de desgobierno dictatorial y militar, la humillante pérdida argentina de las Islas Falkland o Islas Malvinas y los problemas económicos, como factores que hicieron a la gente receptiva al evangelio.
El crecimiento de la iglesia ha sido dramático, con el incremento de cada denominación evangélica, pero más aún en los grupos pentecostales. En Resistencia, La Plata, y San Nicolás, la oración y la evangelización han resultado en largas cifras de convertidos e iglesias instaladas.
Reunidos bajo el slogan “Jesús para todos”, en la manifestación de septiembre en Buenos Aires los predicadores llamaron a la unidad en espíritu y trabajo. “Te agradecemos, Señor, porque las barreras denominacionales que nos separaban han caído y ahora podemos caminar sobre ellas”, oró uno de los principales y más carismáticos predicadores.
Un punto culminante del evento fue la lectura de un documento titulado “Mensaje a la nación argentina”. En él, las entidades participantes esbozaron su visión de la situación social, económica, política y cultural del país, y demandaron una verdadera participación de los evangélicos en el debate público y la formulación de políticas estatales relacionadas con la educación, comunicación social y desarrollo humano.
La manifestación, convocada por el Concilio Cristiano Evangélico Nacional, que representa a casi todas las iglesias evangélicas argentinas, fue ampliamente cubierta por la T.V., radio y medios impresos. Raramente los eventos evangélicos son cubiertos por los medios en América Latina.
Los influyentes diarios “Clarín” y “La Nación” lo pusieron como titulares en la portada de sus ediciones dominicales. Bajo el título “Una multitud de evangélicos llevaron su fervor al obelisco” “Clarín”, el diario de mayor circulación en el país, dedicó toda una página al acto. (El obelisco es un gran monumento que se levanta en medio de Buenos Aires y es considerado símbolo nacional).
El columnista religioso del periódico, Sergio Rubin, escribió que “el más concurrido acto evangélico en el país” constituye un “alentador signo para la cristiandad, incluyendo al catolicismo”.
Proclamando que la manifestación fue una sorpresa, el Pastor Norberto Berton, presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas, dijo:
“Nuestros antepasados deben haber soñado con este tipo de demostración de unidad”.
En lo que se refiere al futuro, él afirmó que “debemos ser testigos del Reino de Dios”.
“Tenemos gran alegría y entusiasmo porque uno pudo sentir la presencia de Dios en el acto de un manera muy especial”, dijo Juan Pablo Bongarra, Pastor de la Iglesia de los Hermanos Libres. “Se vio en la alegría, el gozo, los cantos, decisiones y testimonios”, dijo.
Los evangélicos se sienten animados por el evento de septiembre y dicen que continuará el avivamiento experimentado por muchas iglesias a través de Argentina en años recientes.
“Casi todas las iglesias que están creciendo son decididamente carismáticas”, cuenta Tone. “Esto se nota especialmente entre las iglesias bautistas de Argentina”.
Tone advierte que existe cierta controversia en Argentina acerca de si el avivamiento describe fielmente lo que sucede en el país.
“A pesar de cómo uno defina ‘avivamiento’,la mayoría debe admitir que la iglesia argentina ha experimentado un notable crecimiento, especialmente en las dos últimas décadas”, dice.[25]

La iglesia Evangélica en España

España, que por largo tiempo ha sido visto por los misioneros extranjeros como un cementerio, continúa siendo un país donde las expectativas del ministerio son diferentes, pero que además de esto, es un lugar en donde todos los líderes cristianos están proclamando la llegada de un avivamiento.
Es muy difícil que un español haga una confesión pública de su fe en Jesucristo y se congregue en una iglesia. “Lo más cerca que lo puedo comparar es a trabajar con los musulmanes,” explicó Dayana Elásmar, una misionera de LAM que vive en el pueblo rural de Villanueva de la Serena.
“El aceptar a Jesucristo aquí a veces significa el rechazo de tu iglesia y de la comunidad.”
Estadísticamente, la presencia evangélica en España se ve sombría. En España solamente hay un .02 % de cristianos,” dice Nandy Pérez, una misionera puertorriqueña, quien lidera a un equipo de plantadores de iglesias en Puerto Real, cerca de Cádiz.
“Hay solamente unos 88.000 cristianos (evangélicos) en España, de un total de 40 millones de personas,” explica.
“Hay más de 8.000 pueblos en España, pero únicamente hay iglesias en 650 de ellas,” agrega Pablo García, un pastor español de Chiclana, cerca de Cádiz, quien además es líder de un ministerio de plantación de iglesias en expansión, llamado Proyecto Kairós.
“Esto significa que existen más de 7.000 pueblos que no tienen una iglesia, haciendo que unos treinta millones de españoles vivan en lugares donde no haya una, ni tampoco haya testimonio cristiano. ¡Egipto tiene más cristianos que España!,” declaró.
Los misioneros y los líderes de las iglesias consideran a España un lugar estratégico para la evangelización de Europa y el norte de África.
Todos los años, setenta millones de personas se llegan hasta las playas mediterráneas y un millón y medio de musulmanes cruzan cada año el Estrecho de Gibraltar para visitar a sus familias. En 1990, más de ochenta mil copias de la película Jesús fueron distribuidos [26]

Difícilmente podemos eludir estas preguntas, inducidas por las encuestas de sociología religiosa. Pero hay que matizarlas con otras que se obtienen de los sondeos más recientes. No podemos confundir cristianismo e iglesias.

Parece que la juventud europea se libera cada vez más de las estructuras institucionales, pero ¿quién nos asegura que el futuro del cristianismo pasa necesariamente por el mantenimiento de las actuales instituciones eclesiásticas? [27]

Sin duda, una cosa es la religion, lo que el hombre hace para buscar a Dios y otra muy distinto el evangelio de Jesucristo.

En la religion,el hombre busca a Dios.En el evangelio Dios busca al hombre. A mi me cambio la vida 100% el evangelio. La religion no me resolvio nunca nada. Yo tengo certeza 100% de Dios.Lo “respiro” constantemente. Lo que no tengo es modo humano de persuadir al incrédulo, pero solo le puedo dar el testimonio de Camuz, creo que fue el, quien dijo “seguiré luchando por mi fe” (por hallarla), y al final se convierte a Dios, en el catolicismo.
http://www.tendencias21.net/La-crisis-financiera-aumentara-la-religiosidad_a4456.html

Notas

0. http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Delumeau
1. Jean Delumeau,El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag.
2. Cf el numero especial de Esprit de Junio de 1977, «Le temps des religions sans Dieu», pp 36-37 cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

3. Citado en Ch DELHEZ, Les Derniers des Mohicans? Les catholiques en Belgique, Bruselas, Labor, 1998, p 4  El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

4. El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

5. Ibid,pag
6. Cf. Futuribles, mayo de 2000. Cifras comentadas por Bruno Chenu en La CrOlx, 4 de julio de 2000.cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

7. Cf. La Crozx, 24-25 de diciembre de 2001.  cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
8. Publicado en Le Monde y La Vze el17 de abril de 2003.cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

9 Publicado en Le Monde y La V¡e el 17 de abril de 2003.cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

10. El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

11 Ibid

12 Ibid

13 Publicado en Le Monde y La V¡e el17 de abril de 2003. cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
14 El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
15 El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
16 El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
17 En Trente Jours, n o 11, 2001 cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
18 Cf el informe publicado por Actualite des religions, diciembre de 2002, pp 46-47 cit en El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
19 El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit
20.El cristianismo del futuro. Otear el horizonte. ¿Va a desaparecer el cristianismo?,pag. op. cit

21

22

23

24

25 EVANGELICOS ARGENTINOS ALENTADOS POR MANIFESTACION
MASIVA, CRECEN EN ESPIRITU Y EN CANTIDAD, LAM News Service, Jan 27,2000 Kenneth D. MacHarg, Missionary Journalist, Latin America Mission
P.O. Box 52-7900, Miami, FL 33152,Phone: 305-884-8400, ext. 11
Fax: 305-885-8649, Toll free: 1-800-275-8410, Email: kmacharg@lam.org
Web site: http://www.lam.org cit en http://www.missionaryjournalist.net/images/Argentina-_Evangelicos_Argentinos_Alentados_Por_Manifestacion.pdf
26 El despertar de España:¿Se acerca el avivamiento?
Por Kenneth D. MacHarg, Servicio de Noticias de LAMhttp://www.missionaryjournalist.net/images/Spain-_El_Despertar_de_Espana.pdf

27.

Fenómenos extraordinarios en la muerte de Jesús: ¿Historia o símbolos?

viernes, 21 de marzo de 2008

España, (ORBITA).- Ningún historiador serio puede negar que Jesús sea un personaje histórico y que murió crucificado. Pero un lector atento y crítico de los relatos evangélicos que refieren su crucifixión y muerte no puede menos de dudar acerca de la historicidad de las circunstancias que acompañaron a su muerte, pues cada evangelista las cuenta a su modo y manera, habiendo notables diferencias de uno a otro evangelio. (1)

Los evangelios discrepan
Tanto en las palabras que Jesús pronuncia en la cruz, cuanto en los fenómenos extraordinarios referidos por los evangelistas, inmediatamente antes y después de su muerte, hay diferencias según cada evangelio.

En cuanto a las palabras, se puede decir que van in crescendo de uno a otro evangelio:
- Así, en el evangelio de Marcos se refiere solamente cómo Jesús, antes de morir, dio una gran voz y dijo en arameo: “¡Eloi, Eloi lema sabaktani!”, frase inicial del salmo 22, 2, cuya traducción indica el evangelista: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”(Mc 15, 34). Más tarde, Jesús dio otra gran voz, sin pronunciar frase alguna, y expiró (Mc 15, 37).

-El evangelio de Mateo sigue de cerca al de Marcos, transmitiendo solamente esta frase de Jesús en la cruz e indicando también la traducción (Mt 27, 46), aunque con ligeras modificaciones textuales. (2)

-En el evangelio de Lucas, Jesús habla tres veces antes de morir. En primer lugar dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo” (Lc 23, 34); más tarde, se dirige al buen ladrón con estas palabras: “Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43); finalmente, antes de expirar, dice el evangelio que “Jesús clamó con voz muy fuerte: < Padre, en tus manos pongo mi espíritu>” (Lc 23, 46).

-El evangelista Juan, por su parte, transmite otras tres frases no referidas por los evangelistas sinópticos. Jesús se dirige en la cruz a su madre y le dice: “Mujer, mira a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Mira a tu madre” (Jn 19, 26-27). Más adelante, “consciente de que ya todo iba quedando terminado, dijo: Tengo sed” (Jn 18, 28) y finalmente añade: “Queda terminado” (Jn 19, 30).

En total, Jesús habla en la cruz siete veces: una en Marcos (referida también por Mateo), tres en Lucas y otras tres en Juan, lo que dio lugar al tradicional sermón de las “Siete palabras” que se predicaba el Viernes Santo.
Y si esto sucede con las palabras, otro tanto pasa con los fenómenos extraordinarios que, según los evangelios sinópticos, acompañaron a la muerte de Jesús, como puede verse en el cuadro adjunto:

Mt 27, 45
LAS TINIEBLAS CU-BREN TODA
LA TIERRA
“Desde la hora sexta hasta la hora nona toda la tierra estuvo en tinieblas”

Mc 15, 33
LAS TINIEBLAS CUBREN TODA
LA TIERRA
“Al llegar la hora sexta,
la tierra entera quedó en tinieblas hasta la hora nona”

Lc 23, 44-45
LAS TINIEBLAS CUBREN TODA
LA TIERRA
“era ya como la hora sexta, cuando la tierra entera quedó en tinieblas hasta la hora nona,
porque se eclipsó el sol (v.45)

Jn 19, 17-30

Mt 27, 51
LA CORTINA DEL SANTUARIO SE RASGA
“Entonces
la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo”

Mc 15, 38
LA CORTINA DEL SANTUARIO SE RASGA
“y
la cortina del santua
rio se rasgó en dos, de arriba abajo”

Lc 23, 45b
LA CORTINA DEL SANTUARIO SE RASGA
“y la cortina del santuario se rasgó por medio”

Mt 27, 51a:
LATIERRA TIEMBLA
“la tierra tembló”

Mt 27, 51b
LAS ROCAS SE RAJAN
“las rocas se rajaron”

Mt 27, 52
LAS TUMBAS SE ABREN
“las tumbas se abrieron”

Mt 27, 52a
MUERTOS RESUCITAN
“y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron; después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos”.

Mateo, Marcos y Lucas tienen en común la mención de las tinieblas que cubrieron toda la tierra desde la hora sexta hasta la nona (de las doce a las tres de la tarde), inmediatamente antes de la muerte de Jesús, y de la cortina del Santuario que se rasgó, justo después de su muerte. Lucas, como dato propio, interpreta las tinieblas como un eclipse de sol.

El evangelista Mateo, por su parte, sorprende al añadir otros fenómenos prodigiosos no referidos por ningún otro evangelio: un temblor de tierra, el rajarse de las rocas, las tumbas que se abren, y los muertos que resucitan y visitan la ciudad santa de Jerusalén, apareciéndose a muchos.

Finalmente llama la atención que el evangelio de Juan no refiera ninguno de estos fenómenos. Juan dice simplemente que Jesús, “reclinando la cabeza, entregó el Espíritu” (Jn 19, 30).
Ante este desacuerdo entre los evangelistas, queda claro que cada uno de ellos ha pasado por el prisma peculiar de su redacción literaria y teológica las circunstancias de la muerte de Jesús para presentarlas a un público en cada caso diferente.

De los cuatro evangelistas, vamos a fijarnos, a partir de ahora, en Mateo, para tratar de explicar este cúmulo de fenómenos -seis en total- referidos en su evangelio con ocasión de la muerte de Jesús.

¿Por qué Mateo, a diferencia de los otros evangelistas, ha referido todos estos fenómenos? Al lector moderno puede resultar extraño que, de tanto prodigio, solamente dos sean referidos por Marcos y Lucas, y ninguno de los seis quedase reflejado en Juan, ni en el resto del Nuevo Testamento o en las crónicas de la historia contemporánea; ni siquiera Flavio Josefo, el historiador de la familia de Herodes, deja constancia de ellos en su obra.

Una historia imposible
Quienes han querido ver en el texto de la pasión de Mateo (27, 45-53) una crónica de hechos realmente acaecidos, han lanzado las más variadas hipótesis:
-Las tinieblas a mediodía son explicadas en sintonía con el evangelista Lucas (23, 45) como un eclipse de sol, algo difícil de mantener desde el punto de vista científico. Jesús murió, según la interpretación más verosímil, el 14 de Nisán, víspera del día de Pascua, (3) o lo que es igual, en época de luna llena. (4) Pero los astrónomos mantienen que no es posible un eclipse de sol en día de luna llena.. Mateo afirma, además, que el oscurecimiento fue en toda la tierra -y si hemos de entender por “toda la tierra” el mundo entero, no tenemos noticias de que se diera tal oscurecimiento en torno a la posible fecha de la muerte de Jesús (Marzo o Abril del año 30). Otros, que quieren ver en estas tinieblas un fenómeno natural, lo han identificado con uno de los “sirocos negros” (viento del desierto cargado de arena) que suelen tener lugar al comienzo de Abril en Jerusalén.

-Sobre el rasgarse de la cortina del santuario sería de esperar que, al menos, la literatura rabínica hubiese dejado constancia, pero no. Conocemos, sin embargo, la función que tenía en el santuario o templo de Jerusalén esta cortina que separaba la estancia del santuario llamada “santo” de la denominada “santo de los santos”.

-Con relación al temblor de tierra y consiguiente rajarse de las rocas, no se tiene prueba científica de que se registrase temblor alguno con ocasión de la muerte de Jesús. (5)

-Tampoco se dice nada en el resto del Nuevo Testamento ni fuera de él acerca de las resurrecciones de santos después de la muerte de Jesús y de su visita a la ciudad santa (Jerusalén) tras la resurrección, esto es, tres días después.

¿Cómo interpretar estos fenómenos de los que no ha quedado constancia histórica alguna? ¿Se deben tomar al pie de la letra como si se tratase de una crónica de acontecimientos? ¿No será más bien el lenguaje del evangelista un lenguaje simbólico-teológico, escrito en clave para lectores u oyentes iniciados con la finalidad de explicar el significado profundo del acontecimiento histórico de la muerte de Jesús?

Para dar respuesta a estas cuestiones es necesario saber a quién dirige Mateo su evangelio y por qué utiliza estas imágenes con ocasión de la muerte de Jesús. Pues tal vez la verdadera clave hermenéutica de por qué y para quién ha colocado Mateo en la escena de la muerte de Jesús el relato de estos fenómenos extraordinarios haya que buscarla en su particular modo de escribir y en el público al que va dirigido su evangelio, siendo éste el hecho diferencial que da razón de la peculiaridad de su evangelio en este punto.

Los destinatarios y el estilo del evangelio de Mateo
Hoy es comúnmente aceptado que el evangelista Mateo escribe para una comunidad de habla griega y de mayoría judía creyente, pues son numerosas las palabras semíticas como raka (5, 22), geenna (5, 22), Enmanuel, (1, 23), Gólgota (7, 33) Elí (27, 46) de las que no se da traducción en su evangelio. Mateo utiliza a veces expresiones semíticas como carne y sangre (expresión semejante a la nuestra “de carne y hueso”) o reino de los cielos, por reino de Dios. Igualmente la frecuente alusión a costumbres judías sin la explicación consiguiente hace suponer que los destinatarios del evangelio estaban familiarizados con ellas: así la ofrenda ante el altar (5, 23), no entrar en las ciudades de los samaritanos (10, 5) o la costumbre de los fariseos de ponerse distintivos ostentosos y borlas grandes en el manto y la de ocupar los primeros puestos en los banquetes, así como el gusto de éstos por que les hicieran reverencia por la calle y a que la gente los llamase Rabí (23, 5-7).

El público o destinatarios para los que escribe Mateo su evangelio está compuesto, por tanto, de cristianos, en gran parte judíos, conocedores de las tradiciones, historia y textos sagrados de Israel. (6) Por lo demás, este evangelio refleja una fuerte controversia con círculos judíos hostiles.
Más aún, el evangelista Mateo parece haber sido un judeocristiano de lengua griega, con posible formación rabínica, que redactó, adaptándolos a su mentalidad y a sus destinatarios, los dichos de Jesús, proclamándolo Mesías, no sólo para Israel, sino para todas las naciones. En palabras del evangelio: “un letrado que entiende del reinado de Dios” (Mt 13, 52).

La nota peculiar del estilo literario de Mateo es la amplia utilización que hace del Antiguo Testamento: en 130 pasajes, al menos, recurre Mateo directamente a la Escritura, de los que 43 son citas explícitas. Once veces repite, además, Mateo esta fórmula: “esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta”. (7) En otros muchos casos, Mateo trae a colación palabras o frases del Antiguo Testamento sin decir de dónde están tomadas, aunque tal vez, al oírlas, los destinatarios de su evangelio, judíos de educación, sabían de dónde provenían.

Para saber, por tanto, qué idea o ideas quiere transmitir Mateo al referir tanto fenómeno extraordinario con ocasión de la muerte de Jesús, se debe comenzar indagando si estas frases del relato de la pasión se encuentran en algún libro del Antiguo Testamento o si lo referido alude a alguna institución, costumbre, objeto o lugar sagrado judíos, conocidos por los destinatarios del evangelio. Las dificultades de interpretación desaparecerán cuando se averigüe dónde se inspiró Mateo para relatar estos fenómenos extraordinarios y por qué los colocó precisamente todos juntos en el momento de la muerte de Jesús. Veámoslos, pues, uno a uno.

1. La tierra en tinieblas
La imagen de las tinieblas sobre toda la tierra (8) antes de morir Jesús conduce al libro del Éxodo donde se dice:
El Señor dijo a Moisés: -Extiende tu mano hacia el cielo, y se extenderá sobre el territorio egipcio una oscuridad palpable. Moisés extendió la mano hacia el cielo, y una densa oscuridad cubrió el territorio egipcio durante tres días. No se veían unos a otros ni se movieron de su sitio durante tres días, mientras que todos los israelitas tenían luz en sus poblados (Ex 10, 21-23).

Estos tres días de tinieblas marcaron el comienzo de la liberación de los israelitas de Egipto, pues tras este fenómeno prodigioso, el faraón los dejó salir del país. Fue el gran día de Yahvé, en el que mostró su favor para con su pueblo, liberándolo de la esclavitud.

La imagen de las tinieblas a mediodía remite también al libro del profeta campesino Amós, que, en el s. VIII, se presentó en Samaría, capital del reino de Israel, para denunciar de parte de Dios la situación de injusticia por la que atravesaba el pueblo. Y decía:

Escuchadlo los que exprimís a los pobres y elimináis a los miserables; pensáis: ¿Cuándo pasará la luna nueva para vender trigo o el sábado para ofrecer grano y hasta el salvado de trigo? Para encoger la medida y aumentar el precio, para comprar por dinero al desvalido y al pobre por un par de sandalias. ¡Jura el Señor por la gloria de Jacob no olvidar jamás lo que han hecho! (8, 4-7).

Y añadía:
¡Ay de los que convierten la justicia en acíbar,
y arrastran por el suelo el derecho;
odian a los fiscales del tribunal
y detestan al que depone exactamente!
Pues por haber conculcado al indigente,
exigiéndole un tributo de grano,
si construís casas, no las habitaréis;
si plantáis viñas selectas, no beberéis de su vino.
Sé bien vuestros muchos crímenes,
e innumerables pecados;
estrujáis al inocente, aceptáis sobornos,
atropelláis a los pobres en el tribunal (Amos 5, 7-12).
Corrupción social, pero también religiosa:
Detesto y rehuso vuestras fiestas,
no me aplacan vuestras reuniones litúrgicas;
por muchos holocaustos y ofrendas que me traigáis,
no los aceptaré ni miraré vuestras víctimas sagradas.
Retirad de mi presencia el barullo de los cantos,
no quiero oír la música de la cítara;
que fluya como agua el derecho
y la justicia como arroyo perenne (Amos 5, 21-24).
Ante este caos total, Amós invita al pueblo a esperar un día futuro, el día de la intervención definitiva de Yahvé para liberar a su pueblo de tanta opresión, y les da una señal:
Aquel día -oráculo del Señor-
haré ponerse el sol a mediodía
y en pleno día oscureceré la tierra (Amos 8, 9) (9)

Mateo encuentra, pues, en el Antiguo Testamento que el día de Yahvé, se anunciaría con un eclipse de sol y las consiguientes tinieblas. El astro rey se oscurecería ante la intervención de Yahvé. Estas tinieblas en pleno mediodía serían el anuncio de la intervención liberadora de Yahvé según el Éxodo, y del juicio de Dios contra todos los opresores de la tierra, según Amós. (10)

Usando estos textos, Mateo interpreta la muerte de Jesús en clave de juicio y liberación, y afirma que “desde la hora sexta hasta la nona (esto es, de 12 a 3, tres horas en total; en el libro del Éxodo, tres días) toda la tierra estuvo en tinieblas (Mt 27, 45)”, identificando de este modo el día de Yahvé con el día en que Jesús muere en la cruz, iniciando el éxodo definitivo de la humanidad. (11)

2. La cortina del santuario se rasga
Tras la muerte de Jesús, el primer fenómeno extraordinario que tiene lugar es el rasgarse de la cortina del santuario.

En tiempos de Jesús, en el templo de Jerusalén, había una habitación o cella de forma cúbica -el cubo es la forma perfecta (Ap 21, 16)-, de 20 codos de ancho, totalmente oscura y vacía, que correspondía a la antigua cella de los templos babilónicos o egipcios, donde estaba la imagen sagrada. Esta habitación se consideraba el lugar por excelencia de la presencia divina. Se llamaba Sancta Sanctorum, Santo de los Santos o Santísimo. En esta estancia entraba solamente el sumo sacerdote una vez al año (Heb 9, 3; Lv 16), el día de la expiación (Yom Kippur); el Sancta sanctorum estaba separado por una cortina de la otra sala del templo, denominada en hebreo hekal (palacio / santuario), y conocida como Santo o lugar santo (Lc 1, 9). (12)

En el Sancta Sanctorum se encontraba en tiempos de Salomón el Arca que contenía las Tablas de la Ley sobre la que velaban dos querubines de madera de olivo, recubierta de oro, con las alas desplegadas, de cinco metros de envergadura cada uno. Sobre aquellas alas, que le hacían de trono, se creía que estaba sentado Dios.

La cortina, que separaba el Sancta Sanctorum de la otra sala del santuario o Santo, impedía a los sacerdotes la visión de Dios. Cuando muere Jesús, según Mateo -que coincide en esto con Marcos y Lucas- esta cortina se rasga en dos de arriba abajo, significando con ello que ningún hombre tendrá en adelante impedimento u obstáculo alguno para ver a Dios, al haberse rasgado la cortina que impedía su visión.

Más aún, considerando que Jesús mismo había dicho: “Destruid este santuario que yo lo levantaré en tres días” (Jn 2, 19; cf Mt 27, 40), refiriéndose al santuario de su cuerpo, hemos de pensar que “probablemente Mateo, al hablar de la cortina del santuario, no está ya pensando en el templo de Jerusalén, sino en Jesús, verdadero santuario donde se puede ver a Dios cara a cara, una vez que la cortina -su humanidad- se ha rasgado con la muerte. La expresión “de arriba abajo”, que alude al cielo y a la tierra, muestra que en esa muerte se revela al mismo tiempo el Dios del Cielo y el Hombre Dios. Con la muerte de Jesús, el papel de los templos ha terminado”. (13) Pablo hablará más tarde de la comunidad cristiana como templo del Espíritu (1 Cor 3, 16).

3. La tierra tiembla
Para un lector judío, conocedor del Antiguo Testamento, el temblor de tierra acompaña en la Biblia a la teofanía o manifestación de Dios a su pueblo. Así, cuando Moisés recibió de las manos de Dios las tablas de la Ley, dice el libro del Éxodo:

Al tercer día por la mañana hubo truenos y relámpagos y una nube espesa en el monte, mientras el toque de la trompeta crecía en intensidad, y el pueblo se echó a temblar en el campamento. Moisés sacó al pueblo del campamento a recibir a Dios, y se quedaron firmes al pie de la montaña. El Monte Sinaí era toda una humareda, porque el Señor bajó a él con fuego; se alzaba el humo como de un horno, y toda la montaña temblaba (Ex 19, 18)

El Salmo 86, 9-13 dice así:
El señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean; justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza fuego abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y viéndolos, la tierra se estremece;
los montes se derriten como cera ante el Señor.
Y en el salmo 97, 4 se dice:
…sus relámpagos deslumbran el orbe y, viéndolos, la tierra se estremece.
Según la tradición judía, cuando Dios se manifiesta la tierra entera tiembla y se estremece. (14)
En la misma línea habla Isaías del día en que Yahvé acabará con la injusticia humana y la arrogancia de los gobernantes. Ese día, dice Isaías que
“será doblegado el mortal,
será humillado el hombre y no podrá levantarse.
Métete en las peñas, escóndete en el polvo,
ante el Señor terrible, ante su majestad sublime,
cuando se levante hará temblar (resquebrajará) la tierra (LXX).
Los ojos orgullosos serán humillados,
será doblegada la arrogancia humana;
sólo el Señor será ensalzado aquél día,
que es el día del Señor de los ejércitos:
contra todo lo orgulloso y arrogante,
contra todo lo empinado y engreído,
contra todos los cedros del Líbano,
contra todas las encinas de Basán,
contra todos los montes elevados,
contra todas las colinas encumbradas,
contra todas las altas torres,
contra todas las murallas inexpugnables,
contra todas las naves de Tarsis,
contra todos los navíos opulentos;
será doblegado el orgullo del mortal,
será humillada la arrogancia del hombre” (Isaias 2, 9-17).

Cuando muere Jesús en la cruz, Mateo identifica ese día con el gran día de Yahvé al que alude Isaías o con la teofanía sobre el Monte Sinaí, cuando toda la montaña tembló. El día que muere Jesús en la cruz se conmueve toda la tierra (toda la tierra tiembla) ante la manifestación del amor de Dios en el crucificado, verdadera teofanía.

4. Las rocas se rajan
El rajarse de las rocas (15) tiene solamente un lejano paralelo en el AT. Se trata de Zacarías (14, 1-21) donde el profeta, vuelto hacia el futuro, anuncia “que el día de Yahvé no está muy lejos; que Dios vendrá pronto a la ciudad de Jerusalén, hará su entrada triunfal como un guerrero, salvará a su pueblo que sufre injusticias y persecución, y purificará la ciudad de sus pecados. Será el final de aquel mundo y el comienzo de una nueva era para la humanidad. Cuando eso suceda, las piedras se partirán, especialmente las del monte de los olivos, situado en frente del monte de Sión, donde está edificada Jerusalén”: (16)

Aquel día asentará el Señor los pies sobre el Monte de los Olivos, a oriente de Jerusalén, y el monte de los olivos se partirá por medio, de levante a poniente, como un gran valle. La mitad del monte se apartará hacia el norte, la otra mitad hacia el sur (Zac 14, 4).

Cuando Jesús muere, según Mateo, las rocas -como en el texto de Zacarías el monte de los olivos- se rajaron. Sin embargo, “considerando que en el evangelio de Mt la roca significa el cimiento sólido sobre el que se funda la vida de quien pone en práctica el mensaje de Jesús (7, 24: “se parece a un hombre que construye su casa sobre roca) o sobre el que se funda su comunidad (16, 18: “Tú eres Piedra y sobre esa roca voy a edificar mi comunidad…”), el rajarse de las rocas puede simbolizar que ya no existe para la humanidad más fundamento sólido para construirse que Jesús mismo y sus palabras”. (17) Todos los antiguos sistemas y seguridades se desmoronan.

5. Las tumbas se abren
Este fenómeno extraordinario remite a un texto muy conocido del profeta Ezequiel, escrito cuando los judíos se hallaban en el destierro de Babilonia y en el que anuncia a los desterrados la llegada de una nueva era, que va a suponer una revolución tanto en la naturaleza como en el interior de cada uno de ellos. Ezequiel, dirigiéndose a los montes de Israel, dice:

Vosotros, montes de Israel, echaréis frondas y daréis fruto para mi pueblo, Israel, que está para llegar. Porque yo estoy con vosotros y me vuelvo hacia vosotros: os labrarán y os sembrarán. Acrecentaré vuestra población, toda la casa de Israel; serán repobladas las ciudades y las ruinas serán reconstruidas. Acrecentaré vuestra población y vuestro ganado y haré que os habiten como antaño y os concederé más bienes que al principio, y sabréis que yo soy el Señor (Ez 36, 8-12).

Y más adelante añade:
Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré vuestro corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra mis mandamientos (Ez 36, 26-27).

Palabras increíbles para un pueblo que se encuentra deportado de su tierra y que sólo piensa: Nuestros huesos están calcinados, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos (Ez 37, 11).
Entonces Ezequiel hace un anuncio impresionante de la llegada del día de Yahvé:

Esto dice el Señor:
Yo voy a abrir vuestros sepulcros,
os voy a sacar de vuestros sepulcros, pueblo mío,
y os voy a llevar a la tierra de Israel (Ez 37, 12).

El profeta habla metafóricamente a un pueblo que se considera sepultado en el exilio y que sólo renacerá cuando sea conducido de vuelta a Israel.

Pues bien, cuando Jesús muere, dice el evangelista Mateo, que las tumbas se abrieron, identificando de este modo el día de la muerte de Jesús con el día de Yahvé, anunciado por el profeta, entendido ahora como resurrección, esto es renacimiento de la humanidad y paso de la muerte a la vida.

6. Los muertos resucitan
El texto de Mateo cita implícitamente dos textos del Antiguo Testamento: Ezequiel 37 y Dan 12.
El primero, de Ezequiel, es seguido muy de cerca por Mateo, como puede verse si colocamos ambos textos en columnas paralelas:

Ez 37, 7-14

Mt 27, 51-52

Pronuncié el conjuro… y mientras lo pronunciaba resonó un trueno, luego hubo un terremoto (seismós)

la tierra tembló (eseisthê)

Yo voy a abrir (anoígô=) vuestros sepulcros (ta mnêmata)

las tumbas se abrieron (ta mnêmeia aneôkhthêsan)

os voy a sacar de vuestros sepulcros (ek tôn mnêmatôn)

salieron de las tumbas (ek tôn mnêmeiôn)

y os voy a llevar a la tierra de Israel

entraron en la ciudad santa

Sabréis que yo soy el Señor cuando abra vuestros sepulcros (en tô anoixai me) cuando os saque de vuestros sepulcros

En el texto de Ezquiel, la resurrección es imagen de la restauración nacional del pueblo; para Mateo, sin embargo, Ezequiel anuncia y describe la resurrección de los muertos que tendría lugar al final de los tiempos. (18)

El segundo texto procede del libro de Daniel y recuerda el de Mateo. Esta obra fue escrita alrededor del año 167 a.C., cuando el rey Sirio, Antíoco Epífanes, comenzó una sangrienta persecución contra los judíos. En esta situación los judíos se preguntaban a dónde irían a parar los que habían sido martirizados.

Y Daniel escribe:
Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua (Dan 12, 2). El contacto de este texto con el de Mateo es menos llamativo que en el caso del texto de Ezequiel; ambos textos, sin embargo, tienen una estructura muy parecida, aunque léxico distinto:

Dan 12, 2 LXX

Mt 27, 52b

Muchos (pol-loi)
de los que duermen en el polvo
(tôn katheudóntôn) despertarán (anastêsontai)

y muchos (pol-llá)
cuerpos de santos que habían muerto (tôn kekoimêménôn),
resucitaron (êgérthêsan)

En el texto de Daniel, se anuncia por primera vez en toda la Biblia la resurrección de los muertos. Se refiere, sin duda, al día de Yahvé.

Según Mateo, cuando Jesús muere, muchos cuerpos de santos que habían muerto, resucitaron, identificando el día de Yahvé con el de la muerte de Jesús. En este día, que se cumple en Jesús, el Espíritu, exhalado por él al morir, infunde en los hombres la vida que supera la muerte. El sepulcro ya no es el final del hombre y la fuerza de la muerte está ya quebrantada.

El hecho de que, en Mateo, la resurrección de los santos se conecte con la muerte de Jesús, y su aparición se verifique después de la resurrección de éste, une estrechamente la muerte y la resurrección. La muerte de Jesús produce vida en ellos, una vida que se manifiesta tres días después, cuando Jesús resucita. La resurrección de estos santos muestra que el reinado de Dios, dador de vida, ha comenzado.

La muerte de Jesús: el gran Día de Yahvé
Tras el recorrido realizado por los textos del Antiguo Testamento, donde Mateo se ha inspirado sin lugar a dudas para construir su texto, es lícito concluir que Mateo ha reunido en un solo texto todos los fenómenos extraordinarios que se anunciaban para el día de Yahvé, al que los profetas del Antiguo Testamento se habían ido refiriendo a lo largo de la historia del pueblo.

Escritas en poesía, las profecías del Antiguo Testamento, usaban, como es habitual, un lenguaje de alto contenido simbólico. Querían dar a entender que el día de Yahvé habría cambios muy notables en la historia, en la naturaleza y en los seres humanos. Y para ello, dibujaban de modo figurado a toda la naturaleza como afectada por estos sucesos. El día de Yahvé se oscurecería el sol, la cortina del santuario se rasgaría, la tierra temblaría, las rocas se rajarían, las tumbas se abrirían e incluso los muertos resucitarían. Dicho de otro modo, los cimientos del orden mundano, injusto y opresor, se conmoverían profundamente.

Al escribir Mateo su evangelio, identificó ese día con el día en que murió Jesús en la cruz. Así pues, al contar las circunstancias de la crucifixión de Cristo, Mateo no dudó en incorporar, inmediatamente antes y después de su muerte, aquellos símbolos o fenómenos extraordinarios, anunciados por las Escrituras.

De ese modo, los destinatarios de su evangelio interpretarían la muerte de Jesús como el gran día de Yahvé: comienzo del tiempo final, principio del nuevo éxodo de la humanidad, libre, al fin, de la esclavitud más terrible: la muerte; día del juicio de Dios, de la liberación de todos los pobres y oprimidos de la tierra, día en que comenzaría a instaurarse el reinado de Dios sobre el mundo, inicio de una etapa en la que todo no acabaría con la muerte, sino que Dios haría una tierra nueva y unos cielos nuevos, en palabras del Apocalipsis (18, 21).

Por eso Mateo es el único de los evangelistas que ha hecho coincidir tantos portentos en el momento de la muerte de Jesús, pues escribió su evangelio para cristianos, en su mayoría, provenientes del judaísmo y, como se ha dicho antes, en fuerte controversia con círculos judíos hostiles, conocedores del lenguaje simbólico-teológico del Antiguo Testamento.

Es obvio, pues, que Mateo, al referir los prodigios que acompañaron a la muerte de Jesús, no pretendió relatar unos hechos sucedidos realmente. Utilizó como símbolos los fenómenos extraordinarios anunciados por los profetas para el día de Yahvé y se propuso, por tanto, desvelar con antiguas imágenes extraídas de las Escrituras, el profundo sentido del hecho histórico de la muerte de Jesús. La verdad histórica, de este modo, fue iluminada con las Escrituras judías para desvelar el hondo significado de la muerte de Jesús ante los destinatarios del evangelio y frente a sus adversarios judíos. (Jesús Peláez – Universidad de Córdoba, España)

NOTAS

1 Sobre “Jesús y la historia” puede verse mi trabajo: “Jesús y el reino de Dios. Las comunidades primitivas y el judeo-cristianismo” en A. PIÑERO (ed.), Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos, El Almendro, Córdoba, 1991, págs. 221-252; también J. PELÁEZ, “Un largo viaje hacia el Jesús de la historia” en J. J. TAMAYO ACOSTA (ed.), Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret, Verbo Divino, Estella (Navarra), 1999, págs. 57-124. En ambos trabajos se ofrece abundante bibliografía sobre el tema.

2 En columnas paralelas pueden constatarse las diferencias entre ambos textos

Mc 15, 34-35

Mt 27, 46-47

Elôi elôi lema sabakhtani?

Êli Êli lema sabakhtani?

ho estin methermêneuómenon

tout’ estin

ho theós mou ho theós mou
eis ti egkatélipes me?

theé mou theé mou.
inatí me egkatélipes

… íde Êíian phônei

…íde Êlían phônei

El texto de Mateo lee Êli Êli y no Elôi Elôi, como Marcos, facilitando el juego de palabras que aluden más tarde a Elías. También la traducción griega de la frase semítica es ligeramente diferente; en lugar del nominativo de Mc ho theós mou ho theós mou, Mateo construye la invocación en vocativo thee mou theé mou separándose también del texto griego de los LXX (Sal 21, 2) que construye en nominativo. Algo parecido sucede en la oración en el huerto donde Marcos (14, 36) construye Abba ho patêr en nominativo y Mateo utiliza el vocativo Páter mou (Mt 26, 39); el interrogativo eis ti de Marcos tiene su equivalente en inati de Mateo; Mateo hace también preceder al verbo el pronombre me, que en Marcos lo sigue. Estos pormenores, sin embargo, no cambian el sentido de la frase.

3 Los evangelistas no se ponen de acuerdo en la fecha de la muerte de Jesús. Según los sinópticos, Jesús muere el día de Pascua, esto es, el día 15 del mes de Nisán; según Juan, la víspera de Pascua, el 14. Un intento reciente de conciliar ambas fechas ha sido propuesto por J. Mateos en “SABBATA, SABBATON, PROSABBATON, PARASKEUÊ “, Filología Neotestamentaria, 3 (1990) 19-38.

4 Así lo hizo notar Orígenes en Com. in Mt. (ser. 134, GCS, XI, pág. 274).

5 En la cima de la roca del Calvario y en el lado oriental hay una hendidura visible de 25 cms. de longitud y dos metros de profundidad, que la corta transversalmente, que fue interpretada desde el s. IV, a partir de S. Cirilo, como efecto del temblor de tierra producido en la muerte de Jesús. Véase FLORENTINO DÍEZ, Guía de Tierra Santa. Historia, arqueología y Biblia. Editorial Verbo Divino-Affinsa, Estella (Navarra), 1993, pág. 158.

6 Véase a este respecto mi artículo: “El evangelio de Mateo. Origen, forma y función” en A. PIÑERO (ed.), Fuentes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos. El Almendro-Universidad Complutense, Córdoba-Madrid, 1993, pág. 126; puede verse también J. MATEOS, F. CAMACHO, El Evangelio de Mateo. Lectura comentada, Cristiandad, Madrid, 1981, págs. 11-16.

7 Cf Mt 1, 22; 2, 15.17.23; 4, 14; 8, 17; 12, 17; 13, 35; 21, 4; 26, 56; 27, 9.

8 Entre el texto de Mateo y el de Marcos hay ligeras diferencias. Marcos utiliza la expresión eph’ holên tên gên (Mc 15, 33); Mateo, sin embargo, epi pasan tên gên (Mt 27, 45), reforzando el contacto con el relato de las plagas de Egipto en los LXX (kai egéneto skótos… epi pasan gên Aigyptou treîs hêméras, Éx 10, 23). En Mateo, a excepción de aquí, el adjetivo pas no se utiliza nunca a propósito de una extensión geográfica, en cuyo caso aparece habitualmente hólos (4, 23 en holê tê Galilaía; cf. 4, 24 9, 26; 14, 35; 16, 26; 24, 14; 26, 13).Véase S. LÉGASSE, Le procès du Jésus. La Passion dans les quatre Évangiles, Les Éditions du Cerf, París, 1995, pág. 283.

9 Hay cierto contacto verbal entre el texto de Amós y el de Mateo. La imagen de las tinieblas y del mediodía se encuentra en ambos; también se alude a (toda) la tierra.

kai dysetai ho hêlios mesembrías kai syskotásei epi tês gês en hêméra to phôs kai\ du/setai

apo de éktês hôras
skótos egéneto epi pasan tên gên heôs hôras enátês

10 En el libro de Jeremías el juicio de Dios contra su pueblo se describe en estos términos: “Las viudas que dejé eran como la arena de la playa; conduje en pleno día un devastador contra la madre y el mozo, les metí de repente pánico y turbación, la madre de siete hijos desfallecía exhalando el alma, se le ponía el sol de día y quedaba desconcertada, el resto lo entregué a la espada enemiga, oráculo del Señor” (Jer 15, 9)

11 “Éxodo” (éxodos) es precisamente el término con el que se denomina la muerte y resurrección de Jesús en la escena de la transfiguración referida por Lucas, donde se dice que Elías y Moisés hablaban con Jesús “del éxodo que había de completar en Jerusalén” (Lc 9, 30-31).

12 En el santo se hallaban el altar del incienso y los panes de la proposición; a esta estancia del santuario entró una vez el sacerdote Zacarías, cuando se le apareció el ángel Gabriel (Lc 1, 5ss). Una segunda cortina impedía al pueblo contemplar dicho altar. Pero el texto de Mateo se refiere a la cortina del Sancta sanctorum.

13 Así J. MATEOS – F. CAMACHO, El Evangelio de Mateo. Lectura comentada. Cristiandad, Madrid, 1981, pág. 277.

14 Véanse además: Jue 5, 4; 2 Sam 22, 8; Sal 68, 9; 114, 7; Jdt 16, 15; Jl 4, 16; 1 Hen 1, 6; 102, 4; 4 Esd 9, 3; 2 Ba 27, 7; 70, 8.

15 El evangelista utiliza para el rajarse de las rocas el mismo verbo griego skhízô utilizado para el rasgarse de la cortina del santuario.

16 Véase ARIEL ALVAREZ VALDÉS, “¿Hubo cataclismos el día que murió Jesús?, Tierra Santa, marzo-abril(1996) 70-74. A este artículo de divulgación debo la idea de haber realizado este trabajo.

17 Cf. J. MATEOS, F. CAMACHO, El Evangelio de Mateo, Cristiandad, Madrid, 1981, pág. 277.

18 En el Targum Palestinense a los profetas, el texto de Ezequiel se aplica a la resurrección de los treinta mil efraimitas, que habiendo dejado Egipto antes de la salida de los hebreos del país, fueron exterminados por los filisteos. No se sabe a ciencia cierta si Marcos sigue esta exégesis, ya que no se conoce exactamente la datación de este fragmento. En un fresco de la sinagoga de Dura Europos, la escena de Ez 37 se aplica a la resurrección de los muertos, pero su datación es del siglo tercero de nuestra era; cf. S. LÉGASSE, Le procès du Jésus. La Passión dans les quatre évangiles. Les Éditions du Cerf, París, 1995, pág. 291.

Bibliografía utilizada
ALVAREZ VALDÉS, A., “¿Hubo cataclismos el día que murió Jesús?, Tierra Santa, Marzo-Abril (1996) 70-74.
DÍEZ, F., Guía de Tierra Santa. Historia, arqueología y Biblia. Editorial Verbo Divino – Affinsa, Estella (Navarra), 1993.
MATEOS, J., “SABBATA, SABBATON, PROSABBATON, PARASKEUÊ”, Filología Neotestamentaria, 3 (1990) 19-38.
MATEOS, J. – CAMACHO, F., El Evangelio de Mateo. Lectura comentada, Cristiandad, Madrid, 1981.
MATEOS, J., SCHÖKEL, L. A., Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid, 21987.
LÉGASSE, S., Le procès du Jésus. I: L’historie. II: La Passion dans les quatre Évangiles, Les Éditions du Cerf, París, 1994-1995.
PELÁEZ, J., “Jesús y el reino de Dios. Las comunidades primitivas y el judeo-cristianismo” en A. PIÑERO (ed.), Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos, El Almendro-Córdoba 1991, págs. 221-252.
ID., “El evangelio de Mateo. Origen, forma y función” en A. PIÑERO (ed.), Fuentes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos. El Almendro-Universidad Complutense, Córdoba-Madrid, 1993, págs. 117-154.
ID., “Un largo viaje hacia el Jesús de la historia” en J. J. TAMAYO ACOSTA (ed.), Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret, Verbo Divino-Estella (Navarra) 1999, págs. 57-124.
SCHÖKEL, L. A., MATEOS, J., Nueva Biblia Española, Cristiandad, Madrid 1975.

Existió Jesús?

Existió Jesús?

  • “1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.  2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.  3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.  4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;  5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” (Lucas 2:1-7)

Una de las preguntas históricas importantes es si Jesucristo en realidad existió.Pues bien, los arqueólogos han descubierto artefactos del primer siglo que llevan su nombre, demostrando por lo menos que alguien con ese nombre existió y vivió en el tiempo en que la biblia dice que Cristo vivió.

  • “1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios.    3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.    4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.    5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.    6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.(A) 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.    8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.    9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.    10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.    11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.    12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;    13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.    14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.  8 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn. 1:1-8 RV 1960)

Además, el hecho de que el tiempo moderno se registra con referencia a a.C. y d.C. indica la existencia de un personaje prominente que lleva tal nombre. El historiador judío Josefo menciona a Jesucristo, de quien dudaba su divinidad, y a su hermano Jacobo. En su obra Las Antiguedades judías, escribió: «Pero el joven Anías, quien como dijimos, recibió el sumo sacerdocio, era de disposición intrépida y excepcionalmente atrevido; se adhirió al partido de los saduceos, quienes como ya hemos mostrado eran severos en su juicio sobre todos los judíos. Así que como Anías tenía tal disposición pensó que ahora tenía una buena oportunidad, puesto que Festo había muerto y Albino estaba en camino. Por lo tanto reunió un concilio de jueces y trajo ante ellos al hermano de Jesús, llamado el Cristo, y cuyo nombre era Jacobo, junto con algunos otros; habiéndolos acusado de quebrantar la Ley los entregó para que los apedrearan». Así que parece claro, por lo menos históricamente, que Jesucristo en efecto existió y vivió en Israel tal como lo enseña la Biblia.

  • El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Col.1:15-16).

Poncio Pilato fue otro destacado personaje bíblico de cuya existencia muchos historiadores dudaban debido a la falta de evidencia arqueológica. Sin embargo, Cornelio Tácito, uno de los más grandes historiadores romanos, lo menciona en las Historias y los anales (xv. 44) (54-68 d.C.). Al relatar la persecución de Nerón a los cristianos, Tácito escribió: «Por consiguiente, para acallar el rumor de que había ordenado el incendio que destruyó a Roma en el año 64 d.C., Nerón culpó a los cristianos y los castigó con los máximos refinamientos de crueldad. Cristo, de quien obtuvieron su nombre, fue ejecutado por sentencia del procurador Pilato cuando Tiberio era emperador». Es más, en las excavaciones arqueológicas en un teatro romano en Cesárea se desenterró una piedra que había servido como uno de los asientos en ese teatro. La inscripción que constaba en la piedra, la cual originalmente había servido como señal en una carretera, contenía el nombre de Poncio Pilato.

Muchas personas no quieren aceptar algunas de las his­torias bíblicas, en especial las que se refieren a los milagros. Sin embargo, al basarse en la confiabilidad de la Biblia en los aspectos de geografía, historia, se debería también considerar seriamente los relatos de los milagros. Los Evan­gelios se centran, desde luego, en la vida de Jesucristo. Todos sus escritores concuerdan que Él era el Mesías, el Hijo de Dios. Debido a su deidad, es ridículo tratar de comprender sus muchos milagros mediante nuestra comprensión de la ciencia moderna. Por su propia naturaleza, los milagros están por encima de las leyes naturales (o de lo contrario no serían milagros, ¿verdad?). Si Jesús es realmente un ser divino, en realidad esperaríamos que fuera capaz de manifestar su po­der divino mediante la realización de milagros.

Tal vez sea una sorpresa para algunos enterarse de que no todos los relatos o evidencias de los milagros realizados por Jesús proceden de fuentes cristianas. Por ejemplo, el historiador judío Josefo menciona las obras milagrosas de Jesús en su obra Antigüedades (xviii. 3.3). Josefo dice: «Por ese tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, sí en verdad podríamos llamarlo hombre; porque fue un hacedor de obras maravillosas, un maestro de hombres que recibió la verdad con placer. Dirigió a muchos judíos y griegos. Este hombre era el Cristo. Nuestros líderes, los que en un principio le amaron, permitie­ron que Pilato lo condenara a la cruz debido a la acusación que presentaron en su contra. Debido a que al tercer día se les apareció resucitado, los profetas divinos han hablado de estas y de muchas otras cosas maravillosas respecto a Él: incluso ahora la tribu de cristianos, que tomó su nombre del suyo, no ha muerto todavía». Algunos eruditos sugieren que las frases en cursiva fueron añadidas por cristianos que trasmitieron el texto de Josefo y no el de los judíos. A pesar de eso, el texto restante en efecto verifica la existencia histórica de Jesús y sus «obras maravillosas».

Cuando Jerusalén fue destruida en el año 70 d.C. cayó también la corte suprema del sanedrín. Para mantener viva la espiritualidad judía, un grupo de fariseos compiló un código religioso conocido como la Mishnah. Con el paso de los años se desarrollaron los Gemaras, que eran algunos comentarios sobre la Mishnah. A la compilación de ellos se le conoce como el Talmud. En este hay muy pocas referencias al cristianismo y las que hay son prácticamente hostiles. Pero según los comentarios de los primeros rabinos, en efecto existió un Jesús de Nazaret a quien describen como un transgresor en Israel, porque entre otras cosas practicaba la magia. Por sus transgresiones fue ejecutado en vísperas de una Pas­cua. Así que también hallamos fuentes históricas no cristia­nas que verifican el hecho de que Jesús sí realizó milagros, aun cuando los consideran brujería.

  • 14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. (I Cor, 15:14 RV 1960)

El milagro más grande que relata la Biblia es la resurrec­ción de Jesucristo. En realidad, es el hecho milagroso que fundamenta al cristianismo. Con el paso de los años muchos han tratado de encontrarle una explicación convincente. Una teoría sugerida para explicar la tumba vacía después de la resurrección de Cristo es la posibilidad de que las autoridades judías y romanas se llevaron el cadáver. Esta sugerencia solo trae otro interrogante: «¿Por qué?» Si lo hubieran hecho, ¿por qué no lo reconocieron y presentaron los testigos? ¿Por qué no mostraron el cadáver como prueba? Después de todo, la resurrección de Cristo era el fundamento de esta nueva secta que las autoridades judías y romanas hubieran preferido sofocar. Si hubieran tenido prueba de que la resurrección era una patraña, sin duda la hubieran mostrado.

  • El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Col.1:15-16).

Cristo es la sabiduría completa de Dios hecha carne, la plenitud de Dios manifestada en su Humanidad intachable y perfecta, «por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud» (Col. 1:19).

  • «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Jn.1:18)
  • «Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad». (2 P. 1:16)

Y en otra parte, en 1 de Jn. 1:1-3, el apóstol amado dice además:

  • «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó ); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo».

Las pruebas que Juan presenta con relación a Cristo como Hombre y no como Dios demuestran que pudo ser visto, oído y palpado. La humanidad de Cristo fue confirmada por el hecho que Juan lo pudo ver y tocar, incluso, «se había recostado sobre su pecho» (Jn. 21:20). Dios dijo a Moisés: «…No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá» (Ex. 33:20), por lo tanto, ¿es debido seguir pensando qué Cristo es Dios?

Como primogénito (prötotokos, gr.) de toda creación (päsës ktiseös, gr.), Jesús es el Hijo del Dios verdadero por excelencia «porque él le ha hecho Señor y Cristo» (Hech. 2:36). Por este razón Jesucristo tiene preeminencia o privilegio sobre los seres creados, celestiales y terrenales, ya que el Padre «le ha dado un nombre que es sobre todo nombre, exaltándolo a lo sumo» (Fil. 2:9). Jesús mismo declaró que «toda potestad le fue dada en el cielo y en la tierra» (Mt.28:18).

Se tendrá en cuenta, que Cristo no fue un ser creado, sino engendrado. Para la creación del hombre terreno que pertenece a la humanidad natural y fallida se requiere de dos células muy diferentes entre sí, una femenina y la otra masculina. Estas células ya unidas darán la formación de una célula especial y única que se desarrollará más tarde en un individuo humano con sus bien definidas y sabidas características imperfectas. En Cristo no fue de ese modo. Podríamos decir que una parte de Dios fue puesta en el óvulo femenino de María por medio del poder del Espíritu Santo dando el engendramiento de Cristo. El principio de la existencia de Cristo está en su engendramiento porque «el santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» Lc.1:35.

  • «…y se llamará su nombre Admirable, Consejero, «Dios Fuerte» (como poderoso representante de Dios en la tierra, como fue constituido Moisés ante faraón, véase Ex. 1:7), «Padre Eterno» (como Jefe o Cabeza de la nueva creación milenaria), Príncipe de Paz» (Is. 9:6).

Los gnósticos concebían a Cristo como un ser emitido del Dios supremo, como un “aeón”, como un espectro. Cristo, como «el principio de la creación de Dios» (hei archèi teîs ktíseôs toû tehoû, gr.) no es la primera criatura creada como Arrio y sus seguidores creían, ni como ahora creen los Mormones y los Testigos de Jehová, indiscutiblemente, los nuevos arrianos. Cristo como este «principio», es el heredero del mundo escatológico, la Cabeza de la Iglesia la cual guiará en su segunda venida, el Rey Mesiánico victorioso que se sentará en el trono de David su Padre y cuya gloria será mayor que la de los gobernantes y príncipes de la tierra, que la del mismo rey Salomón.

  • «Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él» (1 Col. 1:16).

Conclución:

«Jesús fue un ser humano, un judío de Galilea con nombre y familia, una persona que en cierto sentido fue como otra cualquiera.Pero en otro sentido, fue diferente de todas las otras personas que antes habían vivido en la tierra. Le tomó a la iglesia cinco siglos de vivos debates llegar a un acuerdo en cuanto a un cierto equilibrio epistemológico entre “como otro cualquiera” y “alguien diferente”. Para quienes fuimos educados en la lglesia, o incluso educados en una cultura nominalmente cristiana, la balanza se inclina inevitablemente hacia “alguien diferente”. Como dijo Pascal: “La iglesia ha tenido tanta dificultad en mostrar que Jesús fue hombre, en contra de quienes lo negaban, como en mostrar que fue Dios; y las probabilidades eran igualmente grandes » [1]

Los discípulos de Jesús no conocían una serie de doctrinas acerca de Jesús. Conocían su persona:

“Conocer no consiste en hacer algo, ni en recibir algo, sino en un existir superior al simple existir como ser puesto fuera de la nada; es una sobreexistencia activa inmaterial, por la cual un sujeto existe no ya solamente con una existencia limitada a lo que es como cosa encerrada en un género, como sujeto existente para sí, sino con una existencia ilimitada en la cual es o se convierte, por su propia actividad, en sí mismo y los otros”. [2]

“6Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hch. 3:6 RV 1960)

Fuentes:

  • Peter y Paul Labonde,301 sorprendentes pruebas y profecías. Evidencias de que Dios existe, 151-152,185-186,ed. Betania, E.U, 1996,
  • http://ladoctrinadedios.blogspot.com/2009/03/cristo-el-hombre-perfecto.html
  • Philip Yancey, “El Jesús que nunca conoci“,p.21-22, ed. Vida
1. Philip Yancey, “El Jesús que nunca conoci“,p.21-22, ed. Vida
2.Maritain, Les degrés du savoir, pag. 218 y s., citado en Vicente Fatone, Lógica e introducción a la filosofía,p. 102,ed. Kapeluz

Comentario a Hechos de los Apóstoles

Comentario a Hechos de los Apóstoles

Capítulo 02

Los ciento veinte perseveraron en la oración y la alabanza por diez días después de la ascensión de Jesús, hasta el día de Pentecostés. Este era el festival de la cosecha para los judíos. En el Antiguo Testamento era llamado también la Fiesta de las Semanas (Éxodo 34:22; Deuteronomio 16:16), porque había una semana de semanas (siete semanas) entre Pascua y este día. Pentecostés significa “quincuagésimo”, y recibía este nombre porque en el quincuagésimo día después de haber sido mecida la gavilla de los primeros frutos (Levítico 23:15) se mecían dos panes de primicias (Levítico 23:17).

Cuando llegó el día (2:1)

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.”

Ahora se estaba completando Pentecostés, lo que llama nuestra atención hacia el hecho de que el período de espera estaba llegando a su fin, y las profecías del Antiguo Testamento estaban a punto de ser cumplidas. Los ciento veinte estaban aún unánimes y juntos en el mismo lugar. No faltaba ninguno. No se nos dice dónde se hallaba ese lugar, pero generalmente se considera que fuera el Aposento Alto que era su lugar de reunión (Hechos 1:13). Hay quienes, en vista de la declaración de Pedro de que era la hora tercera del día (9 a.m.), creen que estaban en el Templo, probablemente en el patio de las mujeres. Ya hemos visto que los creyentes se hallaban de ordinario en el Templo a las horas de oración. Uno de los pórticos o columnatas cubiertas que se hallaban en los extremos del patio, hubiera proporcionado un buen lugar para que se reunieran y oraran en común. Esto ayudaría a explicar la multitud que se reunió después del derramamiento del Espíritu.

Viento y fuego (2:2, 3)

“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”

De repente, sin advertencia alguna, llegó del cielo un sonido como el de un viento recio y poderoso (violento) o un tornado. Pero fue el sonido el que llenó la casa y los hizo sobrecogerse, y no un viento real.

El viento les recordaría las manifestaciones divinas del Antiguo Testamento. Dios le habló a Job desde un torbellino (Job 38:1; 40:6); un poderoso viento del este secó el camino a través del mar Rojo, permitiéndoles a los israelitas escapar de Egipto sobre suelo seco (Éxodo 14:21). El viento fue también un símbolo frecuente del Espíritu en el Antiguo Testamento (Ezequiel 37:9, 10, 14, por ejemplo). Jesús mismo usó el viento para hablar del Espíritu (Juan 3:8).

El sonido del viento les indicaba a los presentes que Dios estaba a punto de manifestarse a sí mismo y a su Espíritu de una manera especial. El hecho de que fuera el sonido de un viento poderoso también les recordaba el poder prometido por Jesús en Hechos 1:8, un poder destinado a servir.

De forma igualmente súbita, unas lenguas repartidas como lenguas de llamas o de fuego, aparecieron. Esto es, algo que parecía una masa de llamas apareció sobre todo el grupo. Entonces se dispersó, y cada una de las llamas, que parecían como lenguas de fuego, se fue a colocar sobre la cabeza de cada uno de ellos, tanto hombres como mujeres. Por supuesto, no había ningún fuego real, y nadie se quemó. Pero el fuego y la luz eran símbolos comunes de la presencia divina, como en el caso de la zarza ardiente (Éxodo 3:2), y también la aparición del Señor en medio del fuego en el Monte Sinaí después de que el pueblo de Israel aceptara el Pacto Antiguo (Éxodo 19:18).

Algunos suponen que estas lenguas constituyeron un bautismo de fuego que traía consigo purificación. Sin embargo, la mente y el corazón de los ciento veinte ya estaban abiertos al Cristo resucitado, ya estaban purificados, y estaban llenos de alabanza y gozo (Lucas 24:52, 53); ya respondían a la Palabra inspirada por el Espíritu (Hechos 1:16), y ya se hallaban unánimes. Más que purificación o juicio, aquí el fuego significaba que Dios aceptaba el Cuerpo de la Iglesia como templo del Espíritu Santo (Efesios 2:21, 22; 1 Corintios 3:16), y después, que aceptaba a cada uno de los creyentes como templo del Espíritu también (1 Corintios 6:19). Con esto, la Biblia aclara que la Iglesia ya existía antes del bautismo pentecostal. En Hebreos 9:15, 17 se nos muestra que fue lamuerte de Cristo la que instauró el Nuevo Pacto. Desde el día de la resurrección, cuando Jesús sooló sobre los discípulos, la Iglesia quedó constituida como Cuerpo de un nuevo pacto.

Es importante notar que estos signos precedieron al bautismo pentecostal o dones del Espíritu. No fueron parte de él, ni se repitieron en otras ocasiones en que el Espíritu se derramó. Por ejemplo, Pedro identificó el derramamiento sobre los creyentes en la casa de Cornelio con la promesa de Jesús de que serían bautizados en el Espíritu, diciéndoles que era el mismo don (Hechos 10:44-47; 11:17). Pero el viento y el fuego no estuvieron presentes. Parece que sólo fueron necesarios en una ocasión.

Llenos del espíritu santo (2:4)

“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”

Después de reconocer a la Iglesia como el nuevo Templo, Dios derramó su Espíritu sobre ella. Jesús habló de bautismo; ahora se habla de plenitud, es decir, experiencia plena. La Biblia usa diversos términos para expresar esta realidad. Es derramamiento del Espíritu, tal como profetizara Joel (Hechos 2:17, 18, 33); recepción activa de un don (Hechos 2:38) y descendimiento del Espíritu (Hechos 8:16; 10:44; 11:15). En Hechos 10:45 es de nuevo derramamiento del don, y venida del Espíritu sobre los creyentes. Son tantos los términos usados, que no hay por qué suponer que el bautismo sea algo distinto de la plenitud. El Espíritu es una persona. Por tanto, se trata de una experiencia que crea una relación. Cada uno de los términos lo que hace es revelar alguno de sus aspectos.

Puesto que estaban reunidos todos unánimes, cuando se dice que fueron llenados “todos”, se está hablando de los ciento veinte. Hay quienes suponen que sólo fueron llenos los doce apóstoles. Sin embargo, fueron más de doce las lenguas que se hablaron. Más tarde, Pedro diría que Dios les había concedido a los gentiles “el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo”. Esto nos sugiere que el Espíritu descendió de la misma forma, no sólo sobre los doce, sino sobre los ciento veinte y también sobre los tres mil que creyeron aquel día. Fue y es una experiencia para todos, aunque en el Antiguo Testamento sólo había sido para algunos.

Tan pronto como fueron llenos, los ciento veinte comenzaron a hablar en otras lenguas. Como en Hechos 1:1, la palabra “comenzaron” muestra que continuaron haciéndolo después, lo que indica que las lenguas eran el acompañamiento normal del bautismo en el Espíritu Santo. Era el Espíritu quien les daba que hablasen (les seguía dando a hablar). Esto es, ellos eran quienes hablaban, pero las palabras no venían de su mente. El Espíritu se las daba y ellos las decían valientemente en voz alta, y con una unción llena de poder. Esta es la única señal del bautismo en el Espíritu que se repetiría.

Atónitos Y Maravillados (2:5-13)

“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, ” cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? ” Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.”

Jerusalén era un centro cosmopolita al cual volvían muchos judíos de la dispersión para establecerse en él. “Moraban” (versículo 5) generalmente quiere decir algo más que una visita o una permanencia temporal. Sin embargo, puesto que era la fiesta de Pentecostés, podemos estar seguros de que había muchos judíos procedentes de todos los rincones del mundo conocido en Jerusalén en aquel momento. Estos eran personas devotas y temerosas de Dios, sinceras en su adoración a Dios. En realidad, es probable que hubiera mayor número de ellos en Jerusalén en aquel momento, que durante la Pascua, puesto que la travesía del mar Mediterráneo era más segura en esta estación que en los meses anteriores.

A medida que el sonido de los ciento veinte que hablaban en lenguas se hizo más alto y audible, se fue formando una multitud de personas que llegaban de todas las direcciones. Todos se sentían confundidos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. La palabra “propia” es enfática aquí, y significa su propio lenguaje, el que usaba de niño. Lengua significa aquí un lenguaje diferente. No estaban hablando simplemente en una variedad de dialectos galileos o arameos, sino en diversos idiomas totalmente diferentes.

El resultado fue que se sintieron maravillados. Estaban confusos. Se sentían llenos de asombro y de temor, porque reconocían, probablemente por la forma en que vestían, que aquellos ciento veinte eran galileos. No podían comprender cómo cada uno de ellos los oía hablar su propio lenguaje, aquél en el que había nacido.

Hay quienes consideran que el versículo 8 significa que los ciento veinte hablaban todos el mismo lenguaje en realidad, y que gracias a un milagro en la audición, los que componían la multitud oían aquello en su lengua materna. Pero los versículos 6 y 7 son demasiado específicos para aceptar esto. Cada uno los oía hablar en su propio dialecto, sin acento galileo alguno. No se hubieran sorprendido si los ciento veinte hubieran hablado en arameo o en griego.

Otros han supuesto que los ciento veinte hablaron en lenguas en realidad, pero que nadie los entendió. Proponen que el Espíritu interpretó las lenguas desconocidas en los oídos de quienes los escuchaban, para que entendieran su propio idioma. Pero los versículos 6 y 7 desechan esta suposición también. Hablaron idiomas reales, y estos fueron comprendidos realmente por una serie de personas procedentes de lugares distintos. Esto serviría de testimonio sobre la universalidad del Don y la universalidad y unidad de la Iglesia.

Los lugares nombrados aquí como lugares natales de estos judíos devotos, se hallaban en todas las direcciones, pero también siguen un orden general (con algunas excepciones), comenzando en el nordeste. Partía se hallaba al este del Imperio Romano, entre el mar Carpio y el golfo Pérsico; Media estaba al este de Asiria; Elam, al norte del golfo Pérsico en la parte sur de Persia; Mesopotamia era la antigua Babilonia, casi totalmente fuera del Imperio Romano. Babilonia tenía una gran población judía en la época del Nuevo Testamento, y más tarde se convirtió en centro del judaísmo ortodoxo (1 Pedro 5:13).

Se menciona la Judea porque los judíos de allí hablaban hebreo aún, y deben haber estado asombrados con la falta de acento galileo. También es posible que Lucas incluya con la Judea toda Siria, de hecho, todo el territorio de David y Salomón, desde el río Eufrates hasta el río de Egipto (Génesis 15:18). Capadocia era una gran provincia romana en la parte central del Asia Menor; el Ponto era otra provincia romana en el norte de Asia Menor, sobre el mar Negro; Asia era la provincia romana que comprendía el tercio occidental de Asia Menor; la Frigia era un distrito étnico, parte del cual se hallaba en la provincia de Asia, y parte en la Galacia. Años después. Pablo fundaría muchas iglesias en esta región.

La Panfilia era una provincia romana situada en la costa sur del Asia Menor; Egipto, al sur, tenía una abundante población judía. El filósofo judío Filón afirmó en el año 38 d.C. que había cerca de un millón de judíos allí, la mayoría en Alejandría. Cirene era un distrito de África al oeste de Egipto, junto a la costa mediterránea (Hechos 6:9; 11:20; 13:1).

Había otros presentes en Jerusalén que eran extranjeros (de paso, residentes temporales) en la ciudad, ciudadanos de Roma, tanto judíos como prosélitos (gentiles convertidos al judaísmo). Había también otros procedentes de la isla de Creta y de la Arabia, el distrito situado al este y sureste de Palestina.

Todos ellos estuvieron oyendo en sus propios idiomas las maravillosas obras (los actos poderosos, magníficos y sublimes) de Dios. Esto puede haber sido en forma de expresiones de alabanza a Dios por estas obras maravillosas. No se señala aquí que hubiera discursos o predicación, aunque con toda seguridad la predicación hubiera causado la salvación de algunos (1 Corintios 1:21). Sin embargo, no hay memoria ahora ni en ningún otro momento, de que el don de lenguas haya sido usado como medio para predicar o enseñar el Evangelio.

En cambio, los oyentes estaban maravillados (asombrados) y atónitos (perplejos, sorprendidos, completamente incapaces de comprender) sobre lo que significaba todo aquello. “¿Qué quiere decir esto?” sería literalmente “¿Qué será todo esto?” Su pregunta expresa una confusión total, así como un asombro extremo. Comprendían el significado de las palabras, pero no su propósito. Por esto se hallaban confundidos con lo que oían.

Había otros en la multitud que evidentemente no comprendían ninguno de aquellos lenguajes, y tomaron todo aquello como algo ininteligible. Entonces, como no podían comprender su significado, se apresuraron a deducir que aquello no tenía sentido alguno. Por consiguiente, se dedicaron a burlarse y a expresar gran mofa, diciendo que estos hombres (esta gente; aquí se incluían hombres y mujeres) estaban llenos (repletos, saturados) de mosto (vino dulce, vino nuevo). La palabra “mosto” traduce el griego gléukous, del que derivamos nuestra palabra “glucosa” o azúcar de uva. No es la palabra ordinaria para nombrar al vino nuevo, y probablemente represente a un vino embriagante hecho de una uva muy dulce. Pasaría algún tiempo hasta que comenzara la cosecha de la uva en agosto, y el jugo de uva estuviera disponible de nuevo.

El texto griego indica que estaban haciendo gestos de burla, además de proferir palabras. Algunos bebedores se ponen escandalosos, y es posible que esto fuera lo que pensaban quienes se burlaban de ellos. No debemos suponer que hubiera señal alguna de las que marcaban las licenciosas borracheras de los paganos. Su emoción principal seguía siendo el gozo. Habían estado dándole gracias a Dios y alabándolo en su propio idioma (Lucas 24:53), y ahora el Espíritu Santo les acababa de dar nuevos idiomas con los cuales alabarlo. Estamos seguros de que su corazón seguía dirigiéndose a Dios en alabanza, aunque no comprendieran lo que estaban diciendo.

La Explicación De Pedro (2:14-21)

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Cuando Pedro y los otros once apóstoles (entre ellos Matías) se pusieron de pie, los ciento veinte cesaron de hablar en lenguas inmediatamente. Entonces, toda la multitud se dispuso a escucharlo. Todavía bajo la unción del Espíritu, alzó la voz y les habló. La palabra usada para el gesto de querer hablar de Pedro en este momento es la misma usada para la manifestación en lenguas en Hechos 2:4. Con esto sugiere que Pedro habló en su propio idioma (arameo) según el Espíritu le daba que hablase. En otras palabras, lo que sigue no es un sermón, en sentido ordinario de la palabra. Por supuesto que Pedro no se sentó a estudiar los tres puntos del sermón. Al contrario; su prédica es una manifestación espontánea del don de profecía (1 Corintios 12:10; 14:3).

El discurso de Pedro iba dirigido a los judíos y a los que habitaban en Jerusalén. Esta era una forma educada de comenzar, que seguía sus costumbres, pero no echaba a un lado a la mujeres. Igual sucedería en los versículos 22 y 29.

Se puede notar que, a medida que los ciento veinte continuaban hablando en lenguas, las burlas iban aumentando, hasta que la mayoría se estaban mofando de ellos. Hasta es posible que algunos de los que comprendían los idiomas se les hayan unido. Pedro no llamó la atención al hecho de que algunos los comprendieran. Sólo les respondió a los que se burlaban.

No estaban ebrios, como suponía la multitud, porque sólo era la hora tercera del día, esto es, alrededor de las nueve de la mañana. En realidad, ni el mismo mosto era muy fuerte. En aquellos tiempos, no había formas de destilar alcohol o de hacer más fuertes las bebidas. Sus bebidas más fuertes eran el vino y la cerveza, y tenían la costumbre de diluir el vino con varias partes de agua. Hubiera hecho falta gran cantidad para que se embriagaran a horas tan tempranas. También podemos estar seguros de que cualquiera que estuviera bebiendo no estaría en un lugar público a esa hora. Así fue como demostró que las palabras de los que se burlaban eran absurdas.

Entonces Pedro declaró que lo que ellos veían y oían (2:33) era el cumplimiento de Joel 2:28-32 (Joel 3:1-5 en la biblia hebrea). Como el contexto de Joel sigue hablando sobre el juicio por venir y el final de los tiempos, algunos creen hoy que la profecía de Joel no se cumplió en el día de Pentecostés. Un escritor llega a decir que Pedro no quiso decir “Esto es lo dicho”, sino más bien “Esto se parece a lo dicho”. En otras palabras, el derramamiento pentecostal sólo se parecía a lo que sucederá cuando Israel sea restaurada al final de los tiempos.

Sin embargo, lo que Pedro dijo fue: “Esto es lo dicho”. Joel, como los demás profetas del Antiguo Testamento, no vio el tiempo que transcurriría entre la primera venida de Cristo y la segunda. Hasta es probable que el mismo Pedro no viera el tiempo que habría de transcurrir. Sin embargo, sí vio que se acercaba la era mesiánica, y probablemente tuviera la esperanza de que llegaría muy pronto.

Pedro hace un cambio evidente en la profecía. Bajo la inspiración del Espíritu, especifica que la palabra “después” de Joel 2:28 significa que el derramamiento tendrá lugar “en los postreros días”. Con esto reconocía que los últimos días habían comenzado con la ascensión de Jesús (Hechos 3:19-21). Con esto podemos ver que el Espíritu Santo reconoce que toda la época de la Iglesia comprende los “postreros días”. Estamos en la última época antes del rapto de la Iglesia, la restauración de Israel y el reino milenario de Cristo sobre la tierra; la última época antes de que Jesús venga en fuego a tomar venganza en aquellos que no conocen a Dios y rechazan el Evangelio (2 Tesalonicenses 1:7-10).

La primera parte de la cita de Joel tiene una aplicación obvia a los ciento veinte. Los muchos idiomas señalan con claridad la intención de Dios de derramar su Espíritu sobre toda carne. En hebreo, “toda carne” significa de ordinario toda la humanidad, como vemos en Génesis 6:12.”Carne” nos puede hablar también de fragilidad, y esto se encuadra dentro de la realidad de que el bautismo en el Espíritu es una experiencia que da poder. El Espíritu quiere darnos poder y hacernos fuertes.

No sabemos si hubo sueños o visiones mientras ellos hablaban en lenguas. Es posible que los hubiera. Pero en lo que se insiste repetidamente (versículos 17 y 18) es en que el Espíritu se derramaba para que aquellos que quedaran llenos de él pudieran profetizar. Evidentemente, Pedro, por medio del Espíritu, vio que las lenguas cuando son comprendidas, equivalen a la profecía (1 Corintios 14:5, 6). En la Biblia, profetizar significa hablar a nombre de Dios, como vocero o “boca” suya. (Compare con Éxodo 7:1 y Éxodo 4:15, 16.)

“Toda carne” se especifica ahora mencionando “vuestros hijos y vuestras hijas”. No habría distinción en la experiencia pentecostal con respecto al sexo. Esto es otra indicación de que los ciento veinte fueron bautizados en el Espíritu, tanto hombres como mujeres.

Los jóvenes verían visiones y los ancianos soñarían sueños. No existiría división con respecto a la edad. Tampoco parece haber distinción real alguna entre los sueños y las visiones. La Biblia usa indistintamente ambas palabras con frecuencia. Son por lo menos paralelas. (Vea Hechos 10:17; 16:9, 10; y 18:9, como ejemplos de visiones).

Hasta sobre los esclavos, tanto hombres como mujeres (que es lo que significan realmente las palabras “siervos” y “siervas”) Dios derramaría su Espíritu. En otras palabras, el Espíritu no tendría en cuenta las distinciones sociales. Aunque probablemente no hubiera esclavos entre los ciento veinte, en el Imperio Romano había muchas regiones donde los esclavos componían hasta el ochenta por ciento de la población. Ya llegaría el cumplimiento de esta parte de la profecía.

También es posible tomar el versículo 18 como una declaración resumida: “Sobre mi iglesia de esclavos”, paralela a los esclavos israelitas librados de Egipto por el grandioso poder de Dios. Todas las epístolas se refieren a los creyentes llamándolos siervos (literalmente, esclavos), más que discípulos. No pedían nada para sí mismos, no reclamaban derecho alguno, y lo daban todo al servicio de su Amo y Señor. Hasta los hermanos de Jesús, Jacobo (o Santiago) y Judas, se llaman a sí mismos siervos (esclavos) del Señor Jesús (Santiago 1:1; Judas 1).

Muchos interpretan simbólicamente los versículos 18 y 19. Otros suponen que de alguna forma fueron cumplidos durante las tres horas de tinieblas que tuvieron lugar mientras Jesús colgaba de la cruz. Más bien parece que la mención de las señales indica que el derramamiento y las profecías continuarían hasta que estas señales llegaran, al final de la era. Pedro también quiere decir que se pueden esperar estas señales con igual confianza que las ya cumplidas.

Podemos ver también el don del Espíritu como las primicias de la era futura (Romanos 8:23). El corazón y la mente sin regenerar del hombre, no pueden concebir las cosas que Dios ha preparado para aquellos que lo aman. Pero “Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Corintios 2:9, 10). La herencia que será totalmente nuestra cuando Jesús venga, no es ningún misterio para nosotros. Ya la hemos experimentado; al menos, en cierta medida. Como señala Hebreos 6:4, 5, todos los que han probado (experimentado realmente) el don celestial y han sido hechos partícipes del Espíritu Santo, ya han gustado de la buena palabra (promesa) de Dios y los poderes (poderes extraordinarios, milagros) del siglo (la época) por venir.

Algunos ven también en el fuego y el humo una referencia a las señales de la presencia de Dios en el monte Sinaí, como lo relata Éxodo 19:16-18; 20:18 y miran al día de Pentecostés como el momento en que fue dada una nueva ley o fue renovado el nuevo pacto. Sin embargo, como lo indica Hebreos 9:15-18, 26, 28, la muerte de Cristo fue la que hizo efectivo el nuevo pacto, y no hay necesidad de nada más.

Entre las señales se incluye aquí la sangre (versículo 19), lo que hace referencia al aumento en el derramamiento de sangre, las guerras y el humo de las guerras que cubrirá el sol y hará que la luna se vea roja. Estas cosas tendrán lugar antes del día grande y notable (manifestó) del Señor. Forman parte de la época presente. En el Antiguo Testamento, el día del Señor incluye tanto los juicios sobre las naciones del presente, como la restauración de Israel con el establecimiento del reino mesiánico. Pero a Pedro no le interesan estas profecías como tales en este momento. Lo que él quiere es que sus oyentes comprendan que el poder pentecostal del Espíritu continuará derramándose a través de toda esta época. La época de la iglesia es la época del Espíritu Santo; el don del Espíritu seguirá disponible aun en medio de las guerras y el derramamiento de sangre que tendrán lugar.

El versículo 21 señala el motivo del derramamiento. A través del poder que traerá consigo, la labor de convicción del Espíritu será hecha en el mundo, no solamente al final, sino durante toda la época, hasta el mismo momento en que llegue el gran día del Señor. Durante este período, todo el que invocare (pida ayuda para su necesidad, esto es, pida salvación) el nombre del Señor, será salvo. La expresión griega es fuerte: “todo aquel”. Pase lo que pase; sean cuales sean las fuerzas que se opongan a la Iglesia, la puerta de la salvación seguirá abierta. El texto griego también indica que podemos tener la esperanza de que muchos responderán y serán salvos.

La exaltación de Jesús (2:22-36)

“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia.
Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis. Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

El cuerpo del mensaje de Pedro se centra, no en el Espíritu Santo, sino en Jesús. El derramamiento pentecostal llevaba en sí la intención de dar un testimonio poderoso de Jesús (Hechos 1:8; Juan 15:26, 27; 16:14).

Pedro llamó primero la atención sobre el hecho de que los habitantes de Jerusalén conocían a Jesús, el hombre de Nazaret, y sabían cómo Dios lo había aprobado a beneficio de ellos con milagros (obras poderosas) y prodigios, y señales. Estas son las tres palabras usadas en la Biblia para referirse a los milagros sobrenaturales. Se refirieron a los diversos milagros que hizo Jesús, especialmente en el Templo en las fiestas (Juan 2:23; 4:45; 11:47).

Este Jesús, continuó diciendo Pedro, vosotros lo prendisteis y matasteis por manos de inicuos (manos de hombres sin ley, hombres fuera de la Ley; esto es, los soldados romanos). Pedro no dudó en hacer responsable de la muerte de Jesús a la población de Jerusalén, aunque también dejó en claro que Jesús había sido entregado a ellos por el determinado consejo (la voluntad específica) y anticipado conocimiento de Dios. Compare con Lucas 24:26, 27, 46. Si habían entendido a los profetas, deberían haber sabido que el Mesías tendría que sufrir. No obstante, Pedro no está tratando de hacer menor su culpa al decir esto.

Se debe señalar también que Pedro estaba habiéndoles ahora a judíos de Jerusalén, muchos de los cuales habían gritado también:

“¡Crucifícale!” La Biblia nunca lanza este tipo de responsabilidad sobre los judíos en general. Por ejemplo, en Hechos 13:27-29, Pablo, al hablarles a los judíos de Antioquía de Pisidia, les atribuye cuidadosamente la crucifixión a los que habitaban en Jerusalén, y dice “ellos” en lugar de decir “vosotros”.

Pedro añade rápidamente: “Al cual Dios levantó”. La resurrección hizo desaparecer el estigma de la cruz y anuló la decisión de los líderes de Jerusalén, al mismo tiempo que era también una indicación de que Dios había aceptado el sacrificio de Jesús. También por la resurrección. Dios liberó a Jesús de los sufrimientos (dolores) de la muerte, porque no era posible que ella lo pudiera contener. “Dolores” significa generalmente “dolores de parto”, de manera que la muerte es vista aquí como el acto de dar a luz. Así como se alivian los dolores del parto al nacer el niño, también la resurrección hizo llegar el fin de los dolores de muerte.

Puesto que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), algunos dicen que la razón por la que la muerte no pudo retenerlo, era porque no tenía pecado propio que pudiera reclamar la muerte. Sin embargo, Pedro no razona así en este punto. Todo su razonamiento está fundamentado en la Palabra de Dios, en las Escrituras proféticas. Bajo la inspiración del Espíritu, dice que David hablaba de Jesús en el Salmo 16:8-11. La tradición judaica de aquellos tiempos también aplicaba estas palabras al Mesías.

El punto central es la promesa de que Dios no dejaría (abandonaría) su alma en el infierno (en griego, hades, el lugar más allá de la vida, traducción de la palabra hebrea sheol), y no permitiría que su Santo viera corrupción (putrefacción).

Pedro declara que era correcto que él dijera libremente (libre y abiertamente) del patriarca (padre y jefe o gobernante ancestral) David que el salmo no se le podía aplicar a él. No sólo estaba muerto y enterrado, sino que su tumba se hallaba allí, en Jerusalén. Era evidente que la carne de David sí había visto corrupción. Pero la de Jesús no. Aunque Pedro no lo dijo, estaba declarando implícitamente que la tumba de Jesús estaba vacía.

Puesto que David era profeta (vocero de Dios), y puesto que sabía que Dios había jurado que Uno del fruto de sus lomos se sentaría en su trono, pudo prever la resurrección del Cristo (el Mesías, el Ungido de Dios) y hablar de ella. Aquí se está haciendo referencia al pacto davídico. En él, Dios le prometió a David que siempre habría un hombre de su simiente para el trono. Esto fue dicho primeramente con respecto a Salomón (2 Samuel 7:11-16). Pero reconocía que si los descendientes de David pecaban, tendrían que ser castigados como cualquier otro. Sin embargo. Dios nunca le volvería la espalda al linaje de David para sustituirlo, como había hecho en el caso del rey Saúl. Este pacto fue confirmado nuevamente en los Salmos 89:3, 4; 132:11, 12.

Como los reyes del linaje de David no siguieron al Señor, al final Él tuvo que hacer terminar su reinado y enviarlos al exilio de Babilonia. Su propósito al hacerlo fue librar a Israel de la idolatría. Pero la promesa hecha a David seguía en pie. Todavía habría Uno que se sentaría en el trono de David y lo haría eterno.

Con esto, Pedro declara que Jesús es el Rey mesiánico. Porque Dios lo levantó, no fue dejado (abandonado) en el hades, y su carne no vio corrupción. Además de esto, tanto Pedro como los ciento veinte eran testigos todos de su resurrección.

Sin embargo, la resurrección de Cristo sólo era parte de un proceso mediante el cual Dios, por su poderosa diestra, alzó a Jesús a una exaltada posición de poder y autoridad a su derecha. (Habla de las dos formas: “por la diestra de Dios” y “a la diestra de Dios”.) Este es también el lugar del triunfo y la victoria. Al pagar todo el precio. Jesús ganó para nosotros la batalla contra el pecado y la muerte. Por esto permanece a la derecha de Dios durante toda esta época. (Vea Marcos 16:19; Romanos 8:34; Efesios 1:20, 21; Colosenses 3:1; Hebreos 1:3; 8:1; 10:12; 12:2; 1 Pedro 3:22.)

En Cristo, nosotros también nos hallamos sentados a la derecha de Dios (Efesios 2:6). Puesto que ésta es nuestra posición en Cristo, no necesitamos nuestras propias obras de justicia para reclamar su promesa. Nada que podamos hacer nos daría una posición más alta de la que ya tenemos en Cristo.

A continuación, Pedro usa la exaltada posición de Cristo para explicar la experiencia pentecostal. Al estar ahora a la derecha del Padre, Él recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo y derramó a su vez ese Espíritu; la multitud podía ver y oír el resultado de su acción: los ciento veinte hablando en otras lenguas.

Jesús había dicho que le era necesario irse para que el Consolador pudiera venir (Juan 16:7). Así, aunque el bautismo en el Espíritu Santo es la promesa del Padre, Jesús es el que lo derrama. El Padre es el Dador, pero Jesús es el Bautizador.

El derramamiento del Espíritu también era evidencia de que Jesús había sido exaltado realmente a la derecha del Padre. Esto significa algo para nosotros, los que ahora creemos y recibimos el bautismo en el Espíritu. Este bautismo se convierte para nosotros personalmente en evidencia de que Jesús está allí, a la mano derecha del Padre, aún hoy, para interceder por nosotros. De esta forma podemos ser testigos directos sobre el lugar donde está Jesús, y lo que está haciendo.

Con otra cita de las Escrituras, se evidencia más aún que nada de esto era aplicable a David. David no ascendió a los cielos, como lo había hecho Jesús, pero había profetizado esa exaltación en el Salmo 110:1. Una vez más, no podía estar hablando de sí mismo, porque dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies (con lo que indicaba una victoria completa y definitiva, como en Josué 10:24).” Jesús hizo referencia a esto también en Lucas 20:41-44, reconociendo que David llama Señor a su hijo más importante. (Vea también Mateo 22:42-45; Marcos 12:36, 37).

La conclusión que Pedro saca de esto es que toda la casa de Israel necesitaba saber ciertísimamente que Dios había hecho a este Jesús, al que los habitantes de Jerusalén habían crucificado. Señor y Cristo (Mesías).

De esto deducimos que, en cumplimiento de la profecía de Joel, Jesús es el Señor al cual todos debemos acudir en busca de salvación. Pablo reconoce también que Dios lo ha exaltado grandemente y le ha dado un nombre que está por sobre todo otro nombre (Filipenses 2:9). “El Nombre” en el Antiguo Testamento hebreo siempre es una expresión usada para hablar del Nombre de Dios. (El hebreo tiene otras maneras de referirse al nombre de un ser humano sin usar la palabra “el”.) La expresión El Nombre representa la autoridad, persona, y especialmente la personalidad de Dios en su justicia, santidad, fidelidad, bondad, amor y poder. “Señor” fue la expresión que el Nuevo Testamento usó para el Nombre de Dios. La misericordia, la gracia y el amor son partes de la santidad, el nombre santo por el cual Jesús es reconocido como Señor, la revelación plena de Dios al hombre. Aquí hallamos también la seguridad de que Jesús está en el cielo, y en pleno dominio de todo. Dios cuidará que su plan sea realizado, pase lo que pase en este mundo.

Se añadieron tres mil a la iglesia (2:37-42)

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan yen las oraciones.

La reacción ante estas palabras proféticas fue inmediata. Se compungieron de corazón (fue perforado su corazón). Ya no siguieron diciendo: “¿Qué significa esto?” Las palabras de Pedro, inspiradas por el Espíritu Santo, se clavaron en su conciencia. Clamaron a él y a los otros apóstoles (que evidentemente, todavía estaban de pie junto a él): Varones hermanos, ¿qué haremos?

Sin embargo, no se sentían totalmente desechados. Pedro los había llamado hermanos, y ellos respondieron llamando hermanos a los apóstoles. Su pecado al rechazar y crucificar a Cristo era grande, pero su clamor mismo demuestra que creían que había esperanza, que podrían hacer algo.

Pedro les respondió con un llamado al arrepentimiento, esto es, a cambiar su pensamiento y sus actitudes fundamentales aceptando la voluntad de Dios revelada en Cristo. Como en Romanos 12:1, 2, este cambio exigía una renovación de la mente acompañada de un cambio de actitud con respecto al pecado y a sí mismo. La persona que se arrepiente de veras, aborrece el pecado (Salmo 51). Se humilla, reconoce que necesita a Cristo, y se da cuenta que no hay en él bondad alguna que le permita permanecer delante de Dios.

Después, los que se arrepintieran podrían declarar ese cambio de mente y corazón haciéndose bautizar en el nombre (en griego, por el nombre) de Jesucristo, esto es, por la autoridad de Jesús. Lucas no da más explicaciones, pero con frecuencia no explica lo que en algún otro lugar aparece con claridad. La autoridad de Jesús señala hacia su propio mandato que aparece en Mateo 28:19. O sea, que el acto mismo de bautizar era hecho en el nombre (para la adoración y el servicio) del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Este bautismo sería también “para” la remisión (el perdón) de sus pecados. ¡Qué maravilloso! ¿Qué rey de la tierra ha perdonado a un traidor? Sin embargo Cristo lo hizo y aún lo hace. Esto es gracia pura y amor sin igual. (Vea Romanos 5:8, 10.) “Para perdón de los pecados” estaría mejor traducido “debido a la liberación de vuestros pecados y el perdón de ellos”. Nuestro pecado y nuestra culpa son apartados de nosotros tan lejos como el este lo está del oeste (Salmo 103:12). No sólo están perdonados, sino que se han ido realmente; se han ido de nuestra existencia para nunca más ser alzados contra nosotros.

“Debido a” es mejor que “para”, puesto que es el mismo tipo de construcción griega usado cuando Juan bautizaba en agua “para” arrepentimiento (Mateo 3:11). Está claro que Juan no bautizaba a nadie para producir arrepentimiento. Cuando los fariseos y saduceos venían a él, les exigía que produjeran fruto digno de arrepentimiento (que demostrara un verdadero arrepentimiento). Esto es, tenían que arrepentirse primero, y entonces él los bautizaría. Somos salvos por gracia por medio de la fe, no por medio del bautismo (Efesios 2:8). Después del arrepentimiento, el bautismo en agua se convierte en la respuesta o testimonio de una buena conciencia que ya ha sido purificada por la sangre y por la aplicación de la Palabra relativa a la resurrección de Cristo por el Espíritu (1 Pedro 3:21; Romanos 10:9, 10).

Hay quienes alegan equivocadamente que no había agua suficiente en Jerusalén para bautizar a tres mil por inmersión. Sin embargo, la piscina de Betesda sola era una gran piscina doble, y se han excavado los restos de otras piscinas. En realidad, las posibilidades de bautismo por inmersión eran mucho mayores en Jerusalén entonces que ahora.

Después, Pedro habló de la Promesa. Los creyentes recibirían también al Espíritu Santo, como un don diferente después del perdón de sus pecados. Este don del Espíritu Santo es, por supuesto, el bautismo en el Espíritu Santo. Debe ser distinguido de los dones del Espíritu, que son dados por el Espíritu (1 Corintios capítulos 12:14). Eldon del Espíritu es entregado por Jesús, el poderoso Bautizador.

A continuación, Pedro sigue insistiendo en que esta promesa del bautismo en el Espíritu no se limitaba a los ciento veinte. Seguiría estando a disposición, no sólo de ellos, sino también de sus hijos (incluyendo todos sus descendientes), y de todos los que estuvieran lejos, y todos cuanto el Señor nuestro Dios llamara a sí. O sea que la única condición para recibir la Promesa del Padre es el arrepentimiento y la fe. Por tanto, sigue estando hoy a nuestra disposición.

El “llamado” podría referirse a Joel 2:32, pero no puede limitarse a los judíos. En Isaías 57:19, Dios habla paz al que está lejos, y Efesios 2:17 aplica esto a la predicación del Evangelio a los gentiles. Hechos 1:8 habla también de los confines de la tierra. Aunque es posible que Pedro no haya comprendido esto completamente hasta su experiencia en casa de Cornelio, se ve claramente que quedan incluidos los gentiles. También queda en claro que mientras Dios esté llamando seres humanos hacia sí, el bautismo en el Espíritu prometido seguirá a disposición de todos los que vengan a Él.

Lucas no recoge el resto del testimonio y la exhortación de Pedro. Pero en esta exhortación, es posible que Pedro haya estado ejercitando otro de los dones del Espíritu (Romanos 12:8). Pedro se convirtió en el instrumento a través del cual el Espíritu Santo llevó a cabo la labor predicha por Jesús en Juan 16:8.

La esencia de la exhortación de Pedro era que debían salvarse a sí mismos (o mejor, ser salvos) de esta perversa (malvada) generación. Es decir, debían apartarse de la perversidad y la corrupción de los que los rodeaban y rechazaban la verdad sobre Jesús. (Vea las palabras de Jesús en Lucas 9:41; 11:29 y 17:25.) No hay ningún otro antídoto a la perversidad y la corrupción de la sociedad contemporánea.

Los que recibieron (le dieron la bienvenida) a la palabra (el mensaje) de Pedro, testificaron entonces de su fe haciéndose bautizar en agua.

Por el Espíritu, también habían sido bautizados en el Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13). Dios nunca nos salva para que andemos solos y errantes. Por esto, los tres mil no se esparcieron, sino que permanecieron juntos, y perseveraban en la doctrina de los apóstoles (su enseñanza), en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Con esto vemos que la nueva evidencia de su fe era este deseo persistente de recibir enseñanza. Al aceptar a Cristo y el don del Espíritu, se abrió para ellos una comprensión totalmente nueva del plan y los propósitos de Dios. Llenos de gozo, se sentían hambrientos y querían aprender más. Esto nos muestra también que los apóstoles estaban obedeciendo a Jesús al enseñar (hacer discípulos), tal como El había ordenado en Mateo 28:19. También nos muestra que el discipulado incluye esta especie de deseo ferviente por aprender más sobre Jesús y sobre la Palabra de Dios.

Había comunión en la enseñanza. No era simplemente el hecho de reunirse. Era compartir los propósitos de la Iglesia, su mensaje y su obra. Como en 1 Juan 1:3, la Palabra, tal como había sido testificada por la enseñanza de los apóstoles, creó esta comunión, una comunión que no sólo era con los apóstoles, sino también con el Padre y con el Hijo.

Algunos creen que la partición del pan sólo significa la Cena del Señor, pero también incluye la comunión en la mesa. No podían observar la Cena del Señor en el Templo, de manera que lo hacían en las casas, primeramente en relación con una comida (puesto que Jesús la había instituido al final de la cena de Pascua).

Seguramente se reunirían a diario en el Templo a las horas de oración, costumbre que todos seguían practicando, además de tener reuniones de oración en las casas.

La iglesia crece (2:43-47)

“Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y seriales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, ” alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

El testimonio constante de los apóstoles sobre la resurrección de Cristo produjo un temor reverencial (que incluía un sentido de pavor en presencia de lo sobrenatural) en toda persona que oía. Esto se puso más de relieve aún por los numerosos prodigios y señales hechos por los apóstoles. (Esto es, hechos por Dios a través de los apóstoles.) El griego indica que eran agentes secundarios. El que hacía la obra realmente era Dios. (Compare con 1 Corintios 3:6.)

Más tarde, Dios haría milagros a través de muchos otros. Pero ahora, los apóstoles tenían la enseñanza de Jesús y el respaldo de que su fe había sido alentada por Él. Los milagros no eran para exhibición, sino más bien para confirmar la Palabra, la enseñanza. (Vea Marcos 16:20.) También ayudaron para que la fe de los nuevos miembros de la iglesia de Pentecostés se afirmara en la Palabra y en el poder de Dios. (Vea 1 Corintios 2:4, 5.)

Los creyentes permanecieron juntos y tenían todas las cosas en común (las compartían). Muchos vendían tierras suyas y propiedades personales; el dinero era distribuido a todos aquellos que tuvieran necesidades. “Según la necesidad de cada uno” es una declaración clave: no vendían las propiedades mientras no hubiera una necesidad.

Esto no era comunismo, en el sentido moderno de la palabra, ni siquiera vida comunal. Simplemente era el compartir cristiano. Todos se daban cuenta de la importancia de fundamentarse en la enseñanza de los apóstoles (que nosotros tenemos hoy en la Palabra escrita). Algunos de los que eran de fuera de Jerusalén se quedaron sin dinero pronto, así que los que pudieron, simplemente vendieron lo necesario para que se pudieran quedar. Más tarde Pedro aclararía que nadie estaba obligado a vender nada ni a dar nada (Hechos 5:4). Pero la comunión, el gozo y el amor hacían fácil compartir cuanto tenían.

De manera que el cuadro es el de un amoroso cuerpo de creyentes que se reunían unánimes a diario en el Templo con un mismo pensar, un mismo propósito, y compartían la comunión de la mesa en sus casas (“de casa en casa”, por familias). Cada casa se convirtió en un centro de comunión y adoración cristiana. El hogar de la madre de Marcos era uno de dichos centros. Sin duda alguna, el hogar de María y Marta en Betania era otro. Jerusalén no tenía capacidad para una multitud así, y seguramente muchos se quedaban en los poblados de los alrededores.

La comunión en la mesa era muy importante también. Comían con regocijo (deleite y gran gozo) y con sencillez de corazón. No había celo, ni críticas, ni contiendas; sólo gozo y corazones llenos de alabanza a Dios. Podemos estar seguros de que la alabanza encontraría su expresión también en salmos, himnos y cánticos espirituales que salían de sus corazones (Colosenses 3:16).

La consecuencia fue que encontraron favor con todo el pueblo (de Jerusalén). Así el Señor seguía añadiendo día tras día a aquellos que habían de ser salvos. Podemos estar seguros también de que la Iglesia los aceptaría llena de gozo.

Debemos notar aquí que la última parte del versículo 47 no pretende hablar de la predestinación de las personas. La expresión griega es una simple declaración de que cada día eran salvos algunos, y de que los salvos eran añadidos a la Iglesia. Note también que no se presionaba fuertemente sobre los demás. Las personas veían el gozo y el poder y abrían el corazón a la Palabra, a la verdad sobre Jesús.

Autor: Stanley M. Horton -Editorial vida- ISBN 0-8297-1305-0

4

Capítulo 03

Es frecuente que Lucas haga una afirmación general para dar después un ejemplo específico. En Hechos 2:43, declara que muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Ahora procede a dar un ejemplo para ilustrar lo dicho y al mismo tiempo mostrar cómo esto ocasionó un crecimiento mayor en la Iglesia.

En esta ocasión, Pedro y Juan subían la colina del Templo para entrar en él y unirse a los demás en la hora de oración vespertina, la hora nona (alrededor de las 3 p.m.). Al mismo tiempo, los sacerdotes ofrecían sacrificios e incienso.

Un regalo de sanidad (3:1-10)

“Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.”

Entre el patio de los gentiles y el patio de las mujeres había una bella puerta de bronce labrado, de estilo corintio, con incrustaciones de oro y plata. Era más valiosa que si hubiera sido hecha de oro puro.

En la Puerta Hermosa, Pedro y Juan se encontraron con un hombre cojo de nacimiento al que llevaban a diario y dejaban fuera de ella para que pidiera limosnas (regalos de caridad). Más tarde leemos que el hombre tenía más de cuarenta años. Jesús pasó por allí muchas veces, pero es evidente que el hombre nunca le pidió sanidad. También es posible que Jesús en la providencia divina y sabiendo los tiempos perfectos, dejó a este hombre para que se pudiera convertir en un testigo mayor aún cuando fuera sanado más tarde.

Cuando este hombre les pidió una limosna, Pedro, junto con Juan, fijó sus ojos en él. Qué contraste este momento con los celos que los discípulos se mostraban mutuamente antes (Mateo 20:24). Ahora actúan en conjunto, en completa unidad de fe y de propósito. Entonces Pedro, como vocero, le dijo: “Míranos”. Esto hizo que el hombre pusiera toda su atención en ellos, y suscitó en él la esperanza de recibir algo.

Sin embargo, Pedro no hizo lo que él esperaba. El dinero que tenía, muy probablemente ya se lo había dado a los creyentes necesitados. Pero sí tenía algo mejor que darle. Su declaración: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy”, exigió fe de su parte. No hay duda de que lo dijo bajo el impulso del Espíritu Santo, que le había dado un regalo (un don) de sanidad para este hombre (1 Corintios 12:9, 11).

Entonces Pedro, en forma de mandato, le dijo: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Al mismo tiempo, puso su fe en acción, al tomar al hombre por la mano derecha y levantarlo. Inmediatamente, los pies y los tobillos de aquel hombre recibieron fortaleza (se le afirmaron). Es muy posible también que la fe de aquel hombre recibiera una sacudida al ser mencionado el nombre de Jesús, Mesías de Nazaret. Quizá alguno de los tres mil que fueron salvos en Pentecostés ya le había testificado. Con seguridad habría oído de otros que habían sido sanados por Jesús.

Cuando los pies y los tobillos de aquel hombre se llenaron de fortaleza, Pedro no tuvo que seguirlo levantando. El hombre saltó, se puso en pie por un instante y comenzó a caminar. Puesto que era cojo de nacimiento, nunca había aprendido a caminar. No hay sacudida psicológica capaz de realizar esto.

Ahora que el hombre estaba sanado, podía entrar al Templo. Puesto que no se les permitía a los impedidos entrar, ésta sería la primera vez en su vida. Entró caminando normalmente con Pedro y Juan, daba unos cuantos pasos y saltaba de puro gozo, gritando continuamente las alabanzas de Dios. Dios lo había tocado y no podía contener el gozo y la alabanza.

El versículo 11 indica que todavía sostenía la mano de Pedro, y también tomó la de Juan. Qué escena tan maravillosa debe haber sido la del hombre aquel que entraba caminando y saltando en el patio del Templo, y arrastrando a Pedro y a Juan consigo.

Toda la gente que lo veía, lo reconocía como el hombre que había nacido cojo y estaba siempre sentado pidiendo limosna en la Puerta Hermosa. Por consiguiente, su sanidad los llenó de asombro (no la palabra ordinaria, sino otra que está relacionada con el terror) y de espanto (implica también perplejidad). Estaban atónitos y sobrecogidos.

El autor de la vida (3:11-21)

“Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentios y convertios, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

Ya en este momento, el inválido sanado, todavía tomado de las manos con Pedro y Juan, se hallaba en el Pórtico de Salomón, un pórtico techado que se hallaba a un lado del patio del Templo. Desde todos los patios del Templo, la gente corría y se aglomeraba para verlos. Fácilmente pueden haberse reunido diez mil personas en el Templo a la hora de la oración.

Esta era la oportunidad que esperaba Pedro, y respondió con prontitud a las preguntas sin formular que se veían en sus caras maravilladas. Su mensaje sigue el mismo esquema general dado por el Espíritu en el día de Pentecostés, pero adaptado a esta nueva situación.

Dirigiéndose a ellos como a “varones israelitas” (era la costumbre, aunque había mujeres en la multitud), les preguntó por qué se maravillaban de esto y por qué ponían sus ojos en él y en Juan, como si la capacidad de aquel hombre para caminar tuviera su fuente en el poder o la piedad (santidad) de ellos.

A continuación, Pedro dio testimonio de Jesús. Aquel a quien las Escrituras describen como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de sus padres (Éxodo 3:6, 15), había glorificado a su Hijo (Siervo) Jesús.

Nuevamente les recuerda que eran responsablesb por el arresto de Jesús y por haberlo negado ante Pilato, aun cuando éste había decidido ponerlo en libertad. Aquel a quien habían negado era el Santo y Justo. Nuevamente, está haciendo una referencia al Siervo sufriente de Isaías (Isaías 53:11; cf. Zacarías 9:9). Pero se habían apartado de El tan completamente, que habían pedido que se les liberara a un homicida en su lugar. (Vea Lucas 23:18, 19, 25.)

Eran culpables de la muerte del Autor de la vida. ¡Qué contraste! Le habían dado muerte a Aquél que les había dado vida a ellos. La palabra griega traducida Autor es arjegón, una palabra que generalmente significa originador, fundador. En Hebreos 2:10 y 12:2 también está traducida como autor. Se refiere a la participación de Jesús en la creación Juan 1:3 dice de Jesús, la Palabra viva: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” En otras palabras, el Jesús preencarnado era la Palabra viviente que pronunció los mundos y existieron, y por medio de El, Dios inspiró la vida en el hombre que había formado (Génesis 2:7). Este Jesús, la fuente misma de la vida, y por tanto, de la sanidad, era el que ellos habían matado. Pero Dios lo había levantado de entre los muertos. Pedro y Juan habían sido testigos. La sanidad de aquel hombre también era testimonio de que Jesús estaba vivo.

Note la repetición del Nombre en el versículo 16. Por la fe (fundado en la fe, con base en la fe) en su Nombre, este hombre que ustedes ven y conocen, su Nombre lo ha hecho fuerte. Y la fe que es por (a través de) Él (Jesús) le ha liberado de su defecto corporal en presencia de todos ustedes.

El Nombre, por supuesto, se refiere a la personalidad y naturaleza de Jesús como el Sanador, el gran Médico. La sanidad apareció al haber fe en Jesús y en lo que El es. Pero no era la fe de ellos en sí misma la que había obrado la sanidad. Era el Nombre, esto es, el hecho de que Jesús es fiel a su naturaleza y personalidad. Él es el Sanador. Claro que la fe había tenido una gran participación, pero era la fe por medio de Jesús. La fe que el mismo Jesús les había impartido (no sólo a Pedro y a Juan, sino también al hombre) le dio libertad completa de su defecto a este hombre lisiado delante de sus propios ojos. Jesús había sanado al cojo; todavía estaba sanando a los lisiados a través de sus discípulos.

Pedro añade que sabía que por ignorancia, ellos y sus gobernantes habían matado a Jesús. Pablo confesaría más tarde que él perseguía a la Iglesia por ignorancia y en incredulidad (1 Timoteo 1:13). Esto quiere decir que ellos no sabían en realidad que Jesús fuera el Mesías, ni tampoco que fuera el Hijo de Dios. Esta ignorancia no hacía menor su culpa. Hasta en el Antiguo Testamento siempre había perdón disponible para los pecados hechos en ignorancia. Jesús mismo exclamaría: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Los sufrimientos y la muerte de Jesús fueron también el cumplimiento de profecías que Dios había revelado por la boca de todos sus profetas; esto es, por el cuerpo de profetas en pleno. Su mensaje total, tenía uno de sus focos en la muerte de Cristo. Así y todo, esto no hacía menor la culpa de los jerosolimitanos tampoco.

Como en el día de Pentecostés, Pedro los exhortó entonces al arrepentimiento, al cambio de pensamiento y de actitudes con respecto a Jesús. Que se convirtieran (se volvieran hada Dios) para que sus pecados (incluso el pecado de rechazar y matar a Jesús) fueran borrados (limpiados, tachados, destruidos) y para que vinieran de la presencia (faz) del Señor tiempos (estaciones, ocasiones) de refrigerio. A quienes se arrepintieran. El les enviaría el Mesías Jesús designado para ellos, que los cielos debían recibir hasta los tiempos de la restauración (restablecimiento) de todas las cosas, de las que habló Dios por la boca de sus santos profetas desde tiempo antiguo (desde el comienzo de la edad). Esta última expresión es una paráfrasis que podría significar “desde la eternidad” o “desde el principio de los tiempos”. El sentido es “todos los profetas que han existido”.

Gracias a este pasaje vemos que el arrepentimiento y la conversión hacia Dios, no sólo traen consigo que los pecados son borrados, sino también tiempos de refrigerio que nos da el Señor. No tenemos que esperar hasta que Jesús regrese para poder disfrutar de estos tiempos. El pasaje indica, especialmente en el texto griego, que podemos tenerlos ahora, y hasta el momento en que Jesús venga.

Son demasiados los que ponen toda su energía en advertencias sobre los peligrosos tiempos que se avecinan y en la declaración de que habrá caídas (2 Timoteo 3:1; 2 Tesalonicenses 2:3). Estas cosas llegarán. Las caídas, por supuesto, pueden ser caídas espirituales, aunque la palabra griega significa de ordinario revueltas, revolución y guerra. Aunque las advertencias son necesarias, el cristiano no tiene por qué hacer de esto el punto central de su atención. El arrepentimiento (cambio de pensamiento y de actitud) y la conversión hacia Dios, seguirá trayéndonos tiempos de refrigerio desde la presencia misma de Dios. El día de la bendición espiritual, el día de los milagros y del avivamiento no ha pasado. En medio de tiempos peligrosos, aún podemos poner nuestros ojos en el Señor, y recibir derramamientos refrescantes y poderosos de su Espíritu.

Los tiempos de restauración son una referencia a la edad por venir, el Milenio. Entonces Dios restaurará y renovará, y Jesús reinará personalmente sobre la tierra. La restauración profetizada incluye un nuevo derramamiento del Espíritu en el reino restaurado.

Algunos sacan de contexto la restauración de todas las cosas, y tratan de hacer que incluya hasta la salvación de Satanás. Pero “todas las cosas” es una expresión que debe ser tomada junto con otra: “que habló Dios”. Sólo aquellas cosas que ha sido profetizado que serán restauradas, lo serán realmente.

Los profetas también señalan que el reino llegará a través del juicio. Daniel 2:35, 44, 45 presenta la imagen de Babilonia, que representa todo el sistema mundano desde Babilonia hasta el final de los tiempos. Hasta que no sea golpeada en el pie (en los últimos días de esta época), el presente sistema mundial no será destruido y reducido a polvo. Hasta lo bueno que haya en el sistema mundial actual tendrá que ser destruido para dar paso a las cosas mejores del reino futuro, que llenará la tierra después de que Jesús venga de nuevo.

No sabemos cuándo sucederá. Pero lo importante es que no tenemos que esperar a que venga el Reino para experimentar las bendiciones y el poder de Dios. El Espíritu Santo nos trae las arras, un primer anticipo de las cosas por venir. Y podemos tener estos tiempos de refrigerio prometidos aun ahora, si cumplimos con las condiciones del arrepentimiento y la conversión hacia Dios.

Un profeta como Moisés (3:22-26)

“Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, corno a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente. Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.”

Ahora Pedro regresa a Moisés y cita Deuteronomio 18:18,19, donde Dios promete levantar un profeta como él. (Vea también Levítico 26:12; Deuteronomio 18:15; Hechos 7:37.) Esta era la promesa en la que pensaban también los que le preguntaron a Juan el Bautista si él era “el profeta” (Juan 1:21, 25). Algunos opinan que Deuteronomio tiene un cumplimiento parcial en Josué (un hombre en el que está el Espíritu; Números 27:18), Samuel y la línea de profetas del Antiguo Testamento. Pero tuvo su cumplimiento total en Jesús.

¿En qué aspectos era Jesús como Moisés? Dios usó a Moisés para instaurar el Pacto Antiguo; Jesús trajo el Nuevo. Moisés sacó a la nación de Israel de tierras de Egipto y la llevó a Sinaí, donde Dios la atrajo a sí mismo (la hizo entrar en una relación de pacto con El). (Vea Éxodo 19:4.) Jesús se convirtió en el camino nuevo y viviente por el cual podemos entrar en lo más santo de la presencia misma de Dios. Moisés le dio a Israel el mandato de sacrificar un cordero; Jesús es el Cordero de Dios. Moisés fue usado por Dios para realizar grandes milagros y señales; Jesús realizó muchos milagros y señales; más, pero la mayoría eran señales de amor, más que de juicio. (Vea Hebreos 3:3-6, donde se proclama la superioridad de Cristo con respecto a Moisés.)

Moisés le advirtió al pueblo que sería desarraigado todo aquel, que no recibiese y obedeciese a este Profeta. O sea que, aunque Dios es bueno, hay un castigo para aquellos que no se arrepientan. Pedro hizo hincapié en el significado de la advertencia de Moisés. Serían desarraigados del pueblo. Esto es. Dios no destruiría a su pueblo como tal sino que serían los individuos los que se podrían perder.

Samuel fue el más grande de los profetas después de Moisés (1 Samuel 3:20). Desde aquel momento, todos los profetas hablaron de estos días, o sea, de los días de la obra que Dios realizaría a través de Cristo. Aunque algunos no hayan dado profecías específicas en sus escritos, todos dieron profecías que señalaban hada estos días, o preparaban para ellos.

Los judíos a los que Pedro se estaba dirigiendo, eran los descendientes verdaderos de los profetas, herederos también del pacto abrahámico con su promesa de que en la simiente de Abraham (Cristo) todas las familias de la tierra serían bendecidas (Génesis 22:18; Calatas 3:16).

Esa bendición prometida a todas las familias de la tierra, llegó en primer lugar a estos judíos de Jerusalén. ¡Qué privilegio! Sin embargo, no se trataba de un favoritismo por parte de Dios. Era su oportunidad para recibir la bendición arrepintiéndose y apartándose de sus pecados (obras malas o perniciosas). También era una oportunidad de poder servir.

En realidad, alguien tenía que ser el primero en llevar el mensaje. (Compare con Romanos 1:16; 2:9, 10; 3:1, 2.) Pablo siempre iba a los judíos primero, porque ellos tenían las Escrituras y la cultura, y conocían la Promesa. Pero no podían llevar el mensaje y la bendición a los demás, sin arrepentirse primero y experimentar la bendición en ellos mismos. Dios había preparado a los judíos para esto. Todos los primeros evangelistas (esparcidores de las Buenas Nuevas) eran judíos.

Autor: Stanley M. Horton -Editorial vida- ISBN 0-8297-1305-0

http://www.seminarioabierto.com/hechos02.htm

Los papas mas corruptos

La Era de la Pornocracia del Papado Romano

El papa Sergio II que reinó del 904 al 911 obtuvo la oficina papal por medio del asesinato. Este papa es descrito por el Cardenal Baronio y otros escritores eclesiásticos como un monstruo y por Gregorio como un criminal  aterrorizante. Dice un historiador: “Por espacio de siete años este hombre ocupó la silla de san Pedro, mientras que su concubina, imitando a Semíramis madre, Reinaba en la corte con tanta pompa y lujuria, que traía a la mente los peores días del viejo Imperio” (Italia Medieval, pag. 331)  Refiriéndose a otra, dice: “Esta mujer -Teodora de nombre, junto con  su hijaMarozia, la prostituta del Papa. Llenaron la silla papal con sus hijos bastardos y convirtieron su palacio en un laberinto de ladrones.” Y así, comenzando con el reino del papa Sergio, vino el periodo (904-963), conocido como “el reinado papal de los
fornicarios”.

Antiguo amigo del desquiciado Esteban VI, Sergio era de su misma ralea. Desde su juventud  se vio implicado en la lucha de facciones que hizo de este periodo uno de los más turbulentos y escandalosos de la historia del Papado. Fue nombrado obispo de Cerveteri por el papa Formoso, más tarde declarado hereje por su sucesor el papa Esteban VI.

Sergio III prendió al antipapa Cristobal y al anterior papa Teodoro II, al parecer, los hizo estrangular. Desde entonces gobernó Roma como un señor feudal, favoreciendo especialmente a sus partidarios. Condenó la memoria de todos sus antecesores, desde Esteban VI, considerándolos antipapas. Asesino de sus predecesores, inauguró un período del papado al que el cardenal César Baronio designaría, a principios del siglo XVIII, con el famoso nombre de «pornocracia». Fueron mujeres las que gobernaron en Roma, y los Papas no fueron más que juguetes de sus ambiciones políticas y de sus pasiones personales.

Había sido elegido Papa en el 897 por primera vez por los enemigos del difunto Formoso, pero Lamberto de Espoleto le forzó a ceder el trono pontifício a Juan IX. Desde entonces, retirado en los dominios del margrave Adalberto de Toscana, Sergio esperaba su hora para volver a sentarse en el trono papal.

Nombrado obispo por el papa Formoso, fue sin embargo uno de los participantes en el “concilio del cadáver” que se celebró contra dicho pontífice a instancias del papa Esteban VI y que finalizaría con la exhumación y profanación del cadáver. Excomulgado y exiliado hasta que el papa León V revocó la excomunión y pudo volver a Roma en 901

–1–

Un tal Teofilácto, se había propuesto imponerse a la nobleza romana. Simple juez en el año 901, se autoadjudicó los títulos de cónsul, duque y senador del pueblo romano. En realidad, era su esposa, Teodora la Mayor, y sus dos hijas, Teodora la Joven y Marozia, tan libertinas como ambiciosas, las que lo controlaban todo. Teodora, calificada de “cierta ramera sin vergüenza” en el Antapodosis, crónica de la época escrita por Liutprando de Cremona. Esta mujer, esposa de Teofilacto, por real voluntad  hizo que el pontífice Sergio III (“el peor que haya tenido la Iglesia Católica”) depusiera y asesinara al anterior ,papa Cristóbal, declarándolo antipapa, declaración que extendió a los tres papas anteriores. Y más tarde convirtió en el pontífice Juan X , a uno de sus amantes, un humilde clérigo cuando le había conocido. A continuación, seguramente obsesionado por lo sucedido con el papa Formoso, Sergio y sus comparsas proclamaron una vez más la invalidez de todas las ordenaciones conferidas por aquel Pontífice. ( Ningun Obispo en funciones podía  cambiar de diócesis)

Las únicas relaciones que tuvo Sergio III con Bizancio (sede política) fueron para autorizar al emperador León VI que se casara por cuarta vez. Tanto el derecho civil como el derecho eclesiástico prohibían ya un tercer matrimonio. También el patriarca de Constantinopla se había opuesto al emperador cuando éste quiso casarse, en cuartas nupcias, con Zoé Carbonopsina a fin de legitimar a su hijo, heredero del trono.

Sergio III tuvo como amantes a la esposa de Teofilacto ,Teodora la Mayor  y a la hija de este Marozia, con la que tuvo un hijo, el futuro papa Juan XI, y que se convirtieron en las verdaderas gobernantes de Roma durante varios decenios. Sergio III falleció el 14 de abril de 911.

Durante los siete años que ocupó la sede de Pedro, Sergio III se plegó dócilmente a los caprichos de Teodora y, sobre todo, a los de su hija menor, Marozia. Ésta se había casado en el 905 con Alberico de Espoleto, pero eso no fue obstáculo para que fuera bastantes años amante del Papa, y que le diera un hijo, el futuro papa Juan XI, al que su propia madre mandaría encarcelar pasado el tiempo.
–2–

Las intrigas de Marozia

Marozia  que, según el mismo el cronista de esa época , Liutprando, “no sólo igualo a su madre, sino que la sobrepaso en las prácticas que ama Venus”. Nacida hacia 890, en orden y en rango, empezó, apenas púber, siendo amante de Sergio III, y con él tuvo un hijo que con el tiempo sería a su vez papa (Juan XI). Otros papas, León VI Y Esteban VII, serían también nombrados andando el tiempo por Marozia.

Veamos lo que decía el cardenal e historiador Cesare Baronio (“Annales ecclesiastici”), del papa Sergio III (904-911): “Por espacio de siete años, este hombre ocupó la silla de San Pedro, mientras que su concubina, imitando a Semíramis madre, reinaba en la corte con tanta pompa y lujuria que traía a la mente los peores días del viejo imperio”.

En todo caso, pasada la primera “locura” juvenil, Marozia fue casada por su madre con el guerrero Alberico, pero aquí se produce un hiato en la crónicas hasta 925, en que Marozia reaparece, ya viuda recalcitrante, como única en la familia con poder en Roma. Nada se sabe de la extraña desaparición simultánea de padres y esposos. Pero un enemigo no había podido ser destruido: el papa Juan X, por lo visto odiado desde siempre por la mujer. Éste, olfateando el peligro, estaba pactando la protección del conde Hugo de Provenza a cambio de hacerle rey de Italia, pero Marozia, más veloz, ofreció su mano a Guy, hermanastro de Hugo, con el mismo plan. Ambos cayeron sobre Roma, y el pobre Juan X acabó confinado en una mazmorra en Sant’Angelo, donde moriría al poco tiempo, dudosamente por causas naturales.

Marozia, ya convertida en senadora romana, siguió con sus planes, intrigando para que fuera aceptado como papa su hijo mayor, el habido con Sergio III. Pero para ello necesitaba poderosas influencias, y  las halló nada menos que con su cuñado, el mismo Hugo que antes había intrigado con Juan X. Las maniobras que hubo que hacer para ello fueron históricas: en primer lugar deshacerse del actual marido, Guy, mientras Hugo hacía otro tanto con su propia esposa, declarar bastardo a su hermanastro y hasta cegar a otro de sus hermanos. Pero finalmente el plan salió a pedir de boca, y un joven papa de 21 años, Juan XI, acababa casando a su propia madre con su amante.

Pues las ambiciones de los esposos no habían terminado, y, ahora que tenían un papa más dócil que nunca, se proponían nada menos que ser coronados como emperadores de Occidente. Pero aquí falló algo: el hijo legítimo de Marozia, Alberico, que se sentía postergado por su madre, consiguió revolver la ciudad de Roma, ya incómoda por tanta perversidad, contra los adúlteros esposos. Hugo salió a estampida de Roma y tanto Marozia como su hijo Juan fueron confinados de por vida a Sant’Angelo, como antes hiciera ella con Juan IX. Y, como él, fallecieron en la cárcel. La línea pontificia fue continuada por Alberico con el monje benedictino León VII.

–3–

Papas que fueron casados

San Félix III 483-492 (2 hijos)

San Hormidas 514-523 (1 hijo)

San Silverio (Antonia) 536-537

Adriano II 867-872 (1 hija)

Clemente IV 1265-1268 (2 hijas)

Félix V 1439 1449 (1 hijo)

Papas que fueron hijos de otros papas u otros miembros de clero
Nombre del Papa Papado Hijo de
San Damasco I 366-348 San Lorenzo, sacerdote
San Inocencio I 401-417 Anastasio I
Bonifacio 418-422 Hijo de un sacerdote
San Félix 483-492 Hijo de un sacerdote
Anastasio II 496-498 Hijo de un sacerdote
San Agapito I 535-536 Gordiano, papa
San Silverio 536-537 San Hormidas, papa
Marino 882-884 Hijo de un sacerdote
Bonifacio VI 896-896 Adrián, obispo
Juan XI 931-935 Papa Sergio III
Juan XV 989-996 León, sacerdote
Papas que tuvieron hijos ilegítimos después de 1139
Nombre del Papa Papado Hijo de
Inocencio VIII 1484-1492 varios hijos
Alejandro VI 1492-1503 varios hijos
Julio 1503-1513 3 hijas
Pablo III 1534-1549 3 hijos, 1 hija
Pío IV 1559-1565 3 hijos
Gregorio XIII 1572-1585 1 hijo

http://edificandolafe.obolog.com/papas-mas-corruptos-169005

La Vida en La Iglesia Primitiva y El Libro de Hechos

View this document on Scribd

Biografias de Cristianos

View this document on Scribd

LA SUTILEZA DE PONCIO PILATOS.

View this document on Scribd

La piedra que menciona a Pilatos

La piedra que menciona a Pilatos


Esta antiquísima piedra tiene una mención al malvado Pilatos en su caracter de gobernante de Judea y lo confirma también como figura histórica real y concreta.
Pilatos
(s. I) Gobernador romano de Judea. Se desconoce su origen, y los pocos datos que se tienen de él hacen referencia a su tarea como gobernador romano de Judea. Llegado a este cargo en el año 26, pronto se ganó la hostilidad de los judíos al pretender introducir el culto imperial mediante la colocación de imágenes pintadas del César. Tras esto, volvió a provocar las iras del pueblo al querer pagar un acueducto con los fondos del tesoro del Templo. Según la tradición cristiana, Pilatos fue el responsable de la condena de Jesús a la cruz, por instigación de la jerarquía religiosa, decisión en la cual influyó el temor de permitir la aparición de un movimiento religioso, que, fuera del control de las autoridades, podría tornarse en revolucionario. Pilatos fue destituido de su cargo por el gobernador de Siria, Vitelio, en el 37, a causa de la dureza con la que reprimió a los samaritanos en el Garizín.

poncio-pilatos

Procurador romano de Judea, 26–36 d.C.

Poncio Pilato, también conocido como Pilatos (en latín, Pontivs Pilatvs), prefecto de la provincia romana de Judea entre los años 2636 de nuestra era.

Los detalles de su biografía antes y después de su nombramiento como prefecto son desconocidos, pero han sido suplidos por la leyenda, la cual incluye el supuesto nombre de su esposa, Santa Procula (fue canonizada como santa por la Iglesia Ortodoxa etíope) y el probable nacimiento de Pilatos en Tarraco.

Fue designado procurador de Judea por Tiberio, a instancias de su prefecto pretorio,Lucio Elio Sejano, adversario de Agripina y señalado como antisemita.

Intentó romanizar Judea sin éxito, introduciendo imágenes de culto al César, y trató de construir un acueducto con los fondos del Templo. Las desavenencias con el pueblojudío le llevaron a trasladar su centro de mando de Cesárea a Jerusalén para controlar mejor las revueltas. Pilatos enfrentaba además grupos extremistas entre los que se contaba Barrabás quien había asesinado a un soldado romano. Estos grupos subversivos daban mucho quehacer a Pilatos.

Poncio Pilatos fue relevado del mando de Judea en el año 36 o 37 D C, despúes de reprimir fuertemente una revuelta de los samaritanos, en el cual crucificó a varios alborotadores.

Nada se sabe de su vida anterior a su nombramiento como procurador. Sucedió a Valerio Grato como quinto gobernador de Judea en el año 26. Por diez años gobernó con relativo éxito, gracias a las presiones de Vitelio, gobernador de Siria, amigo de los judíos y de los samaritanos, quien vigilaba constantemente a Pilato y abogaba a favor de un gobierno más suave. La sofocación sangrienta que Pilato realizó de la rebelión de los galileos y de los samaritanos dio a Vitelio la ocasión de acusarlo de mala administración (36–37 d.C.). Pilato viajó a Roma para rendir cuentas a Tiberio, pero este falleció antes de atender al ex gobernador. La vida posterior de Pilato y su muerte es materia de leyendas. Se ignoran los datos históricos.

En su régimen de diez años Pilato demostró ser un funcionario bastante capaz. Sus críticos (Filón en Legatio ad Caium XXXVIII, y Josefo en Guerra de los Judíos II.ix.3 y Antigüedades XVIII,iii.4) lo acusan de crueldad, injusticia y maltrato. Pero estas críticas, aplicadas comúnmente a muchos gobernadores romanos, carecen de imparcialidad y están bajo la influencia de cierto fanatismo nacionalista. Es cierto que la actuación de Pilato era enérgica, pero las circunstancias históricas lo forzaban a mantener el orden a toda costa. Aun sus crueldades más despiadadas obedecieron a este propósito; lo que le faltó fue sensibilidad a los escrúpulos judíos.

inscripcion-de-pilatos

Foto de Gustav Jeeninga

Esta inscripción de un teatro en Cesarea menciona a Poncio Pilato, procurador de Judea, quien sentenciara a muerte a Jesús (Mc 15).

Pilato es conocido ante todo como cojuez de Jesús. Marcos 14.53–65 señala el juicio del sanedrín que luego debía ser ratificado por Pilato. Marcos 15.1–5 da cuenta de que este segundo proceso ocurrió muy de mañana. Y todos los Evangelios dan a entender que Pilato consideró inocente a Jesús (Mt 27.18; Mc 15.10; Lc 23.13–25; Jn 19.12) y trató de soltarle (Barrabás). Pilato casi se constituye en un mediador entre los judíos y Jesús, ya que la función legal del gobernador era mantener el orden. Con todo, el tumulto presionaba a Pilato prometiendo no provocar desorden si Jesús era sentenciado y amenazando al procurador políticamente (Jn 19.12). Finalmente Pilato cedió a favor del orden y de su propio puesto. El diálogo entre Pilato y Jesús acerca de la autoridad es uno de los pasajes más importantes que existen sobre el poder político (Jn 18.28–19.16).

Ecce Homo, obra de Antonio Ciseri donde puede verse a Poncio Pilato presentando a un azotado Jesús de Nazareth ante el pueblo de Jerusalén.

La causa de la enemistad entre Pilato y Herodes Antipas se desconoce. Jesús calló frente a este (Lc 23.9), pero habló mucho con Pilato (Jn 18.37s). Pilato manifiesta escepticismo, tal vez debido a su cultura griega. El conflicto que plantea el juicio de Jesús es entre la convicción (inocencia de una persona) y la conveniencia (la conservación del puesto y los privilegios de funcionamiento romano). En un gesto dramático, el procurador se lava las manos públicamente y condena a Jesús a ser crucificado; el credo apostólico recuerda esta entrega mencionando a Pilato aun cuando olvida otros nombres. Por el título que Pilato hizo fijar sobre la cruz («Rey de los judíos») reconocemos su resentimiento contra el sanedrín (Jn 19.19–22).

Al conceder a José de Arimatea el cuerpo de Jesús, Pilato quedó asombrado de que Jesús hubiese muerto tan pronto (Mt 15.43ss). Al día siguiente permitió que los miembros del sanedrín pusieran guardia ante la tumba (Mt 27.62–66).

Leyendas sobre su figura

En siglos posteriores surgieron todo tipo de leyendas sobre su persona. Unas le atribuían un final espantoso en el Tiber o en Vienne (Francia), mientras que otras (sobre todo las Actas de Pilato, que en la Edad Media formaban parte del Evangeliode Nicodemo) le presentan como converso al cristianismo junto con su mujer Prócula, a quien se venera como santa en la Iglesia Ortodoxa por su defensa de Jesús (Mt 27,19).

Incluso el propio Pilato se cuenta entre los santos de la iglesia etiope y copta. Pero por encima de estas tradiciones, que en su origen reflejan un intento de mitigar la culpa del gobernador romano en tiempos en que el cristianismo encontraba dificultades para abrirse paso en el imperio, la figura de Pilato que conocemos por los evangelios es la de un personaje indolente, que no quiere enfrentarse a la verdad y prefiere contentar a la muchedumbre.

Su presencia en el Credo, no obstante, es de gran importancia porque nos recuerda que la fe cristiana es una religión histórica y no un programa ético o una filosofía. La redención se obró en un lugar concreto del mundo, Palestina, en un tiempo concreto de la historia, es decir, cuando Pilato era prefecto de Judea.

La leyenda del suicidio de Pilato durante el reinado de Calígula data del tercer siglo. Coptos y etíopes consideran a Pilato un santo. La iglesia ortodoxa griega considera a su esposa una santa (cf. Mt 27.19). En el siglo IV decayó la estimación de Pilato en la iglesia occidental, y desde entonces se ha querido ver en él a una persona atemorizada que por propia conveniencia incurrió en un crimen judicial culpando a un inocente.

Existen varias referencias de la existencia de Poncio Pilato que pueden considerarse. Por ejemplo, Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo segundo, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen. Pero es patente que existían en el siglo segundo, y Justino Mártir instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.

El testimonio del historiador romano Tácito, nacido alrededor del año 55 DC y quien no era amigo del cristianismo, escribió poco después del año 100, y menciona la cruel persecución de los cristianos por Nerón, y añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella enfermedad, sino en la capital misma [Roma]”.(Obras completas de Tácito, Nueva York, 1942, Anales, Libro 15, párrafo 44).

Filón, escritor judío de Alejandría (Egipto) que vivió en el siglo I, narra un acto similar de Pilato que provocó una protesta. En esa ocasión tuvo que ver con unos escudos de oro que llevaban los nombres de Pilato y Tiberio, y que Pilato había colocado en su residencia de Jerusalén. Los judíos apelaron al emperador de Roma, y Pilato recibió la orden de llevar los escudos a Cesárea. (Sobre la embajada ante Cayo, XXXVIII, 299-305.)

Los escritores judíos, como Filón, representan a Pilato como un hombre inflexible y decidido.

Según el historiador judío Josefo, Pilato tuvo un mal comienzo en lo que respecta a las relaciones con sus súbditos judíos: de noche envió a Jerusalén soldados romanos que llevaban insignias militares con imágenes del emperador. Este suceso provocó un gran resentimiento, y una delegación de judíos viajó a Cesárea para protestar por la presencia de las insignias y exigir que las quitasen. Después de cinco días de discusión, Pilato intentó atemorizar a los que hicieron la petición, amenazándolos con que sus soldados los ejecutarían, pero la enconada negativa de aquellos a doblegarse le hizo acceder a su demanda. (Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo III, sección 1.)

Josefo aún menciona otro alboroto: a expensas de la tesorería del templo de Jerusalén, Pilato construyó un acueducto para llevar agua a Jerusalén desde una distancia de casi 40 km. Grandes multitudes vociferaron contra este acto cuando Pilato visitó la ciudad. Pilato envió soldados disfrazados para que se mezclasen entre la multitud y la atacasen al recibir una señal, lo que resultó en que muchos judíos muriesen o quedasen heridos. (Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo III, sección 2; La Guerra de los Judíos, libro II, capítulo IX, sección 4.)

Josefo informa que la posterior destitución de Pilato fue el resultado de las quejas que los samaritanos presentaron a Vitelio, gobernador de Siria y superior inmediato de Pilato. La queja tenía que ver con la matanza ordenada por Pilato de varios samaritanos a los que engañó un impostor, reuniéndolos en el monte Guerizim con la esperanza de descubrir los tesoros sagrados que supuestamente había escondido allí Moisés. Vitelio mandó a Pilato a Roma para comparecer ante Tiberio, y puso a Marcelo en su lugar. Tiberio murió en el año 37 DC, mientras Pilato todavía estaba en camino a Roma. (Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo IV, secciones 1 y 2.)

Los descubrimientos arqueológicos también han ilustrado o confirmado lo que leemos en las Escrituras Griegas (o Nuevo Testamento). Por ejemplo, en 1961 se halló el nombre de Poncio Pilato en una inscripción descubierta en las ruinas de un teatro romano en Cesárea.

Pilatos (Duccio)


Articulos relacionados

Bibliografía:

EBDM, V., col. 1110–1117. H. Schlier, Problemas exegéticos fundamentales en el Nuevo Testamento, Fax, Madrid, 1970, pp. 249–258.

Fuentes:

Fotos:

  • http://www.conelpapa.com/codigo/49.htm
  • Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
  • Poncio Pilato, Wikipedia
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Duccio_maesta_detail4.jpg
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Eccehomo1.jpg
  • http://2.bp.blogspot.com/_qjUj6Bhew2E/R9qijXLEFDI/AAAAAAAAAJA/9u5jMVUxPY4/s400/pilate.jpg

¿Cómo comenzó la primera navidad? Estrella de belén

Reflexiones - ¿Cómo comenzó la primera navidad? Estrella de Belén

Diciembre 22, 2009
Reflexiones Cristianas

Uno podría pensar que si el nacimiento de alguien debiera haber quedado registrado, sin duda sería el nacimiento de nuestro Salvador. Sin embargo, la verdad es que no es asi.

Los evangelios no registran la fecha exacta del nacimiento de nuestro Señor.

La razón probable, por qué los evangelios no lo registran es que el enfoque de los evangelios es el misterio de la redención-pasión, muerte y resurrección de Cristo. Probablemente, por eso es que el evangelio de San Marcos no incluye la historia del nacimiento, sino que comienza con el bautismo del Señor en el río Jordán. La fecha de la muerte y resurrección si está más registrado por el evento de la pascua judía.

La pregunta que muchos se harían hoy, sería: Entonces donde y cómo comenzó esta festividad.

Antes de la legalización del cristianismo por el Emperador Constantino en el año 313, ninguna fecha universal de celebración de navidad está registrada.

Los padres de la Iglesia Primitiva como Origenes en el 255, Ireneo en el 202 y Tertuliano en el 220, no incluyeron la navidad en la lista de fiestas y celebraciones de la iglesia.

Los paganos Romanos acostumbraron reunirse en la colina donde actualmente esta el Vaticano para conmemorar el “Nacimiento del sol no conquistado”, esta fiesta la celebraban en todo el imperio del día 25 de Diciembre hasta el 6 de Enero.

Los cristianos de esa época, ante el auge de esa fiesta que tomaba fuerza, decidieron contrarrestar tal actividad celebrando ellos el nacimiento de Jesús y a partir del año 200 los cristianos comenzaron a celebrar como una forma de contrarrestar tal paganismo, el honrar a Jesús con el titulo de “Sol de Justicia”.

Muchos podrían objetar, que en ese caso es mejor no celebrar nada. Sin embargo, porque no rescatar la oportunidad de exaltar al Rey de reyes.

Lo triste hoy, es ver como la mayoría de la gente ha convertido la festividad que comenzó en los cristianos del año 200, en una fiesta otra vez llena de paganismo y humanismo. Pero, la Iglesia sigue llamada a exaltar en este tiempo y durante todo el tiempo, la persona del Señor Jesús, como el único redentor de la humanidad.

Jesús, quiere hoy reinar en tu corazón. Dale el primer lugar en tu vida y veras un cambio radical en tu existencia.

En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche.Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo;porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
(Lucas 2:8-12)

______________

http://www.renuevodeplenitud.com/reflexiones-como-comenzo-la-primera-navidad.html

Esencia de la Navidad

Se nos dice que la Navidad es una “época de alegría” y un “momento de gozo”.
Pero, en tanto la Navidad se acerca, ¿no experimentas a veces cosas muy lejos de alegría y gozo?
¿Te encuentras hundido y tus días llenos de cosas por hacer?

Descarga esta diapositiva aquí:  Esencia de la Navidad

Power Point – El Principe de Paz

La Luz miró hacia abajo y contempló las Tinieblas.
—Allí iré —dijo.
La Paz miró hacia abajo y contempló la Guerra.
—Allí iré —dijo.
El Amor miró hacia abajo y contempló el Odio.
—Allí iré —dijo.
Así, vino la Luz y alumbró.
Vino la Paz y trajo sosiego.
Vino el Amor y dio vida.

Descarga esta diapositiva aquí:  El Príncipe de Paz

Reflexiones – La estrella de Belén

El único, que menciona la estrella de Navidad o de Belén, es San Mateo.

Dice que la estrella precedía a los reyes magos hasta que se paro encima del lugar donde estaba el niño Jesús. Ya en la antigüedad se defendía a la estrella como verdadera.

El teólogo Orígenes (c. 185-253) decía que estaba próxima a la naturaleza de los cometas. Muchas hipótesis aparecieron para explicar el “milagro de la estrella de Belén”, tratándolo como un fenómeno astronómico real.

Unas hipótesis apuntan al brillante planeta Venus, pero este planeta ya era conocido en aquellos tiempos, difícilmente pudo ser tomado como algo extraordinario.

Otros señalan el paso de un cometa, concretamente del Halley, pero éste ya había transitado por nuestro sistema solar el año 11 a.C., bastante antes del nacimiento de Cristo. Los hay también que atribuyen la “estrella” a una supernova (explosión de un sol cuya brillante luz puede verse durante meses, incluso de día), pero no hay registros históricos de esa época al respecto pese a que si lo hay de novas observadas en el 135 a. C. y el 173 d. C.

La opinión más razonable y aceptada por muchos la propuso el astrónomo Johannes Kepler en 1606.

Para Kepler, la estrella de los magos no fue otra cosa que la rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno. En esta conjunción los planetas se ven como uno solo, los que los hace una luz muy brillante. Los cálculos de Kepler determinaron que la conjunción se dio en el año 7 a. C., lo que resulta compatible con las fechas asignadas al nacimiento de Jesús esbozadas mas arriba.

Un evento como este se dio en 1940-41 y no se volverá a dar hasta el 2198. Kepler conocía los comentarios que sobre el profeta Daniel había escrito en 1497 Arbabanel, un sabio judío. Según Arbabanel la conjunción de Saturno y Júpiter había tenido lugar cuando el nacimiento de Moisés, y tendría lugar otra vez cuando naciera el Mesías.

Arbabanel creía que la liberación traída por el Mesías se efectuaría de acuerdo con el versículo (24, 17 Números) de la Biblia que dice “Y de Jacob se levantará una estrella y de Israel surgirá un cetro.”

La explicación mas común consiste naturalmente en creer que Dios creo una estrella que guiase a los Reyes de Oriente y una vez cumplida su misión desapareciera tan rápida y misteriosamente como había sido creada. Fué un milagro? Por qué no, pero tambien Dios usa muchas veces para sus milagros las causas naturales, y el milagro consiste en que estas se realicen en el momento y lugar justos.

Sin embargo, lo más importante en ese tiempo no fue la estrella en el firmamento, sino la Estrella de la Mañana, Jesús viniendo a la tierra para dar su vida por tí y por mí.

¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Mateo 2:2

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Mateo 2:7

Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Mateo 2:10

http://www.renuevodeplenitud.com/reflexiones-la-estrella-de-belen.html

Origenes de la Navidad

Osías Segura
Teólogo costarricense y profesor adjunto en Fuller Theological Seminary en Pasadena, California.

Osías SeguraOrigenes de la Navidad
Diciembre 21, 2009 by Osías Segura

Muchos cristianos creen que la celebración de la navidad es la fecha de mayor importancia cristiana del año, y por tanto, están equivocados. Tal vez, lo será hoy, pero no siempre lo fue así. En la era antes de Constantino (los primeros siglos del cristianismo) no había celebración alguna sobre el nacimiento de Cristo. Así que para aquellos que añoran la iglesia primitiva y sus principios, y aun más aquellos y aquellas que gustan utilizar literalmente la biblia como norma para sus vidas, deberían pensar dos veces antes de celebrar la navidad. En estas líneas, no pretendo presentar una narrativa completa ni compleja del origen de la navidad, ni tampoco una historia concisa de la navidad. Simplemente, quiero mencionar esos aspectos que considero adecuados para presentar mi punto en cuanto a la contextualización. Uds. siéntanse libres con sus comentarios de agregar aquellos elementos que creen que yo pude dejar por fuera por falta de espacio.
¿Es tan importante la navidad en el Nuevo Testamento?
¡Veamos los evangelios! Solamente dos de los evangelios se refieren al nacimiento de Cristo. Todos los evangelios, sin embargo, presentan dos puntos climaxicos: la muerte, y resurrección de Cristo. Así que podríamos decir que los evangelios son escritos que reflejaban los valores teológicos de comunidades cristianas primitivas. La comunidad de Mateo nos arroja una historia del nacimiento de Cristo con una estrella, los magos del oriente, y la huida a Egipto, pero no hay pastores, ni huestes angelicales. La comunidad de Lucas nos brinda una narrativa mas descriptiva con ángeles, pastores, pero no hay estrella ni magos del oriente. Fuera de estos dos evangelios, solo Pablo presenta un breve comentario en Gálatas (4:4) de Jesús que “nació de una mujer.” Por lo demás, podríamos decir, el Nuevo Testamento da poca atención al nacimiento de Cristo, en comparación con su muerte y resurrección. La celebración del nacimiento de Cristo pareciera no era algo de importancia para la iglesia primitiva.
Las Escrituras y la fecha exacta del nacimiento de Cristo
El hecho que el Nuevo Testamento de muy poca atención al nacimiento de Cristo, no significa que la celebración de la navidad no tenga una base bíblica. Permítanme recalcar nuevamente que sí hay que reconocer que el Nuevo Testamento da un mayor énfasis a la muerte y resurrección de Cristo, que a Su nacimiento. Ligado a esto, otro elemento hay que agregar: Los primeros cristianos se preocupaban más por el hecho de la encarnación, que por la exactitud de la fecha del nacimiento de Cristo. Si Cristo nació durante el reinado de Cesar Augusto, entonces nació en algún momento entre el año 44 a.C., y el año 14 d.C. Tal y como podemos notar, no hay exactitud alguna en el año exacto, y según parece tampoco en la fecha exacta, aunque algunos doctos creen que la fecha en diciembre puede ser exacta. ¡Sin embargo, nadie sabe con exactitud!
Un esfuerzo por determinar fechas fue el calendario que el Papa Juan I quien pidió hacer a un monje llamado Dionisio. El calendario solar occidental (nuestro calendario actual cual es menos exacto que el calendario lunar) dio inicio el primero de enero del 754 de la fundación de la ciudad de Roma. Así el 754 se convirtió en el A.D. 1, o el Año de Nuestro Señor. Según parece Dionisio cometió un error de cuatro años en su cálculo. ¡Nuevamente, no hay exactitud! Pues se cree que el nacimiento de Cristo pudo tomar lugar en un rango entre unos nueve a catorce años antes del A.D. 1.
Orígenes de la celebración
Fue hasta los siglos 3 y 4 cuando la iglesia del Este (con sede en Constantinopla) empezó a celebrar la encarnación de Cristo el 6 de enero como el día de la Epifanía (incluida la llegada de los reyes magos). En esta celebración se enfatizaba el bautismo de Jesús, milagros, ministerio, y también Su nacimiento. La iglesia del Oeste (con sede en Roma) no tenía equivalente a la Epifanía y genero la navidad como la celebración del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. La fuente más antigua a referirse a la navidad es el calendario Filocaliano (antes del calendario de Dionisio) que menciona una celebración de la navidad por allí del año 336 d.C.
¡El 25 de diciembre y sus raíces paganas!
¿Por qué escoger el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo, si no se sabe con seguridad cuando nació Jesucristo? Puede haber varias razones. Si hay que aclarar que no hay evidencia alguna de que algún obispo Romano, o el mismo Constantino promulgara este cambio. No queda claro cómo se dio el proceso de contextualización. Yo personalmente me inclino a la explicación que el 25 de diciembre tuvo que ver con un aspecto de contextualización. Por ejemplo, cerca del 25 de diciembre existían tres festivales de invierno Romanos. El primero el de Saturnalia, un festival de cosecha, que tendía a celebrarse entre el 17 y el 23 de diciembre. Otra celebración era el Año Nuevo que duraba varios días. Y en medio de estas celebraciones, existía el festival del nacimiento del Sol Invictus, también conocido como el dios guerrero Mitra. Esta celebración incluía el intercambio de regalos. Pero, todas estas celebraciones incluían excesivas parrandas, que tal vez describirlas podría ser inapropiado.
El evangelio y las culturas
A través de los siglos el cristianismo se expandió por todos los continentes acarreando celebraciones tradicionales y mezclándose con elementos culturales en cada región o país. Por ejemplo, a pesar de una fuerte influencia católico-Romana en la celebración de la navidad en América Latina, cada celebración varia de país a país, esto en cómo se celebra la navidad y sus elementos en cuanto a comida, regalos, adornos, y otras costumbres. ¿Quién celebra la navidad correctamente? ¡Buena pregunta! Ahora, la influencia protestante en cuanto a celebraciones no varían mucho de las Católico-Romanas, a no ser por algunos grupos fundamentalistas que rechazan el uso de algunos adornos y algunas costumbres navideñas, por considerarlos idolatría. Si cabe reconocer que los misioneros evangélicos nos trajeron una navidad comercial y sincretista, con simbologías de poco contenido bíblico.
La era industrial y la navidad
Ya en el siglo XIX con el auge industrial en los Estados Unidos, nació la figura comercial de “Santa Claus,” también conocido como simplemente “Santa”. Sería el famoso escritor Washington Irving quien escribiría un poema (The Night Before Christmas) que luego se convertiría en la historia de Santa Claus. Esta creación Norteamericana es una secularización del Obispo Europeo “San Nicolás”. Cabe mencionar también los escritos de Charles Dickens que produciría una crítica a la actitud avara de los hombres de negocios “cristianos” de la Inglaterra de aquel entonces. “Christmas Carol” cuenta la historia de Scrooge quien se convierte, para así ayudar a los más necesitados con su dinero, y salvar su alma de la destrucción eterna.
Ya a mediados del siglo XIX la navidad tomaría un fuerte auge para empezar a convertirse en una celebración comercial importante. En 1843 aparecería la primera tarjeta de navidad, y poco después llegaría a los EE.UU. en 1880 el árbol de navidad (fuera de Alemania), y los adornos de vidrio en el árbol surgirían en 1890. A finales del siglo XIX surgirían los papeles de colores para envolver regalos. Y para el siglo XX, comercialmente hablando los días previos a la navidad se convertirían en las fechas de mayor intercambio comercial, y la figura de Santa tomaría características cuasi-divinas. Por ejemplo, historias en canciones populares que describen a Santa con su carrito y renos, cada reno con su nombre y características. Santa sabe quien se ha portado bien, y trae regalos a los niños y niñas de todo el mundo. En cuanto a estas actividades comerciales, no hay mención alguna de Cristo, ni Su encarnación, y en algunas ocasiones ambos actores aparecen lado a lado como dos historias paralelas.
¿Qué podríamos concluir?
Entonces, ¿qué tenemos hasta el momento? (A) La navidad carecía de importancia para la iglesia primitiva pues no existen suficientes referencia bíblicas para creer que tal celebración era tan importante. Por tanto, la navidad, en comparación con la muerte y resurrección de Cristo (Semana Santa) no es tan significativa, escrituralmente hablando. (B) El celebrar la navidad el 25 de diciembre no es históricamente correcto, y el inicio de esta celebración tiene fuertes raíces paganas, en fechas de invierno del Atlántico Norte. (C) La navidad se ha secularizado, y se ha convertido en una celebración comercial alrededor de Santa. Muchas de las tradiciones y simbología navideña tiene sus orígenes en los últimos dos siglos. La navidad tiene su gran importancia en nuestras sociedades hoy, principalmente por su carácter comercial, más que por su sentido espiritual.
Finalmente, permítanme concluir con una recomendación muy general para celebrar la navidad. Pues no quiero que piensen que estoy rechazando la celebración de la navidad.
Personalmente, no veo ningún problema con una contextualización donde el nombre de Cristo es exaltado como Señor del universo, donde las Escrituras y su mensaje están presentes en el proceso, y donde se busca que la iglesia sea relevante a sus culturas. Así como hace casi dos milenios fue contextualizada la celebración del nacimiento de Cristo, hoy debemos reforzar esa contextualización en nuestras prácticas cristianas.
Debemos buscar la manera que sea Jesucristo el centro de nuestra celebración. Por ejemplo, usando simbología (adornos navideños) que sea cristocentrica, en vez de “santacentrica”. Es decir, todo adorno en nuestros hogares, y todo ritual debe apuntar a Cristo. Tal vez sea necesario desarrollar nuevas tradiciones familiares. Sin embargo, debemos ser sabios al no imponer, pero si compartir, nuestros valores con familiares no cristianos.
Procuremos que los valores comerciales no nos afecten moralmente. Podemos celebrar diferentemente, como dando pocos regalos y más significativos, gastando menos dinero de lo usual, compartiendo con aquellos en mas necesidad, festejando a y en Cristo.
Reconozcamos que estamos celebrando la navidad en una cultura que no tiene valores cristianos, pero algunos rasgos culturales aun permiten un dialogo sobre valores cristianos. Busquemos dialogar, en vez de predicar. Sin embargo, el vivir en un “gueto” evangélico y celebrar nuestra navidad cristiana, separados del mundo tampoco tiene sentido. Por tanto, el creer que NO deberíamos celebrar la navidad por no ser parte de la ley del Antiguo Testamento, por no tener suficiente importancia bíblica (pues no se menciona la palabra “navidad” en la Biblia), o por ser un sincretismo religioso del invierno romano pagano, o un sincretismo comercial capitalista; los que perdemos la posibilidad de impactar la sociedad con el evangelio en el nombre de Cristo, somos nosotros los creyentes.

http://www.biblia.com/origenes-de-la-navidad/

Misas poco ortodoxas

Misas poco ortodoxas
Martin Cano relata en su libro “Faloforias paganas” y “Risus paschalis”, que en la Europa del siglo VI solían efectuarse ceremonias religiosas que hoy pondrían los cabellos de punta tanto a los fieles como ajos sacerdotes.

El hecho. Se trataba del Risas paschalis, un ritual con tintes sexuales que se celebraba durante la Pascua, al término de la Semana Santa. Aunque durante años se dudó de su práctica, Cano asegura que su relato está incluido en la bitácora del III Concilio Toledano del año 589.

Lo insólito. Durante la ceremonia de Pascua de Resurrección los oficiantes se subían los ropajes, mostraban sus genitales y se masturbaban ante los fieles, lo que provocaba risas. Además, durante la liturgia había palabras y cantos que podrían calificarse como obscenos, pronunciados por el sacerdote. La enciclopedia católica “Holweck” menciona que estas misas fueron realizadas durante la Edad Media y el Renacimiento, y pervivieron en algunos lugares hasta el siglo XIX, según evidencia el hecho de que en 1886, en Munich, Alemania, fueron prohibidas. Martín Cano explica que el Risus paschalis se celebraba en honor de las sacerdotisas de los templos de la antigua Roma, quienes se ataban falos artificiales y paseaban en procesiones y cantaban canciones satíricas y obscenas durante los festejos. El padre jesuita Franciscus Borgia Gözenberger dice que estos rituales eran comunes y eran llamados faloforias, gefirismos y dicterios, y significaba la necesidad de alegrar a los fieles después del periodo tristeza debido a la larga cuaresma.

http://www.taringa.net/posts/info/3086250/10-casos-difíciles-de-creer:-¡Es-insólito!.html

¿Sabes quién era San nicolás de bari?

¿Sabes quién era San nicolás de Bari?

Obispo de Mira

LA DEVOCIÓN A SAN NICOLÁS ES UN HECHO ASOMBROSO EN EXTENSIÓN E INTENSIDAD. MILES DE IGLESIAS BAJO SU ADVOCACIÓN EN TODO EL MUNDO. LOS NIÑOS DE MUCHOS PAÍSES ESPERAN DE ÉL LOS JUGUETES…

Su fiesta se celebra en la iglesia católica romana  el 6 de diciembre

San Nicolás fue obispo de la ciudad de Mira, en Licia, Asia Menor (corresponde a la localidad turca llamada actualmente Dembre), en el s. IV, y sus reliquias se veneran en Bari (Italia). Muy pocos son los datos que se conocen de la vida de este santo, puesto que no existen testimonios auténticos contemporáneos. Sus biografías más antiguas son de algunos siglos posteriores a la época en que se cree que vivió. Se considera que nació en Patara (Asia Menor) alrededor del año 270, y que murió un día 6 de diciembre de un año entre 345 y 352.

Lo poco que se conoce de la figura de San Nicolás contrasta fuertemente con la universalidad de su fama y de su culto, con la popularidad de que goza en oriente y en occidente, aun en los tiempos modernos, y con la abundancia de leyendas creadas en torno a él. Fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era y es invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Existen muchas obras que hablan de la vida del santo. Entre ellas destaca una compilación de San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, que ofrece un resumen de todas las piadosas y maravillosas historias que se contaban de él.

Según estas historias, ya desde el nacimiento de Nicolás los prodigios se suceden uno tras otro: Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: “sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”. La generosidad es una virtud que siempre se ha asociado a este santo.

Fue ordenado sacerdote por un obispo tío suyo. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue a un monasterio. Después de visitar Tierra Santa llegó a la ciudad de Mira (Turquía) donde fue elegido obispo. Su elección se consideró un designio divino.

San Nicolás es especialmente famoso por los numerosos milagros que lograba conseguir de Dios. Se le representaba con unos niños, porque se contaba que un criminal había herido a cuchillo a varios niños, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea.

También pintan junto a él a una joven, ya que se dice que en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas a las que no lograba casar por su extrema pobreza; el santo, por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casarlas.

Otra historia cuenta como estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: “Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen obispo Nicolás, sálvanos”. Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció. Por esto es considerado también patrono de los marineros.

En otra ocasión iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás, su obispo, los protegiera, y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes; así, al siguiente día fueron absueltos.

Cuando el emperador Licinio decretó una persecución contra los cristianos Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba para hablar del cristianismo a cuantos trataban con él. Luchó contra la idolatría, y convirtió a judíos y árabes. Una vez muerto, el poder milagroso del santo seguía asistiendo a todos aquellos que le invocaban.

En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor. En 1087, las reliquias de San Nicolás fueron trasladadas a Bari: según la tradición —avalada por un documento del s. XII— cuando los mahometanos invadieron Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. Allí se obtuvieron tan admirables milagros por intercesión del santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa.

En 1089 el mismo papa Urbano II consagró la cripta en donde son venerados los restos del santo. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía, e innumerables iglesias le han sido dedicadas. En oriente lo llaman San Nicolás de Mira, por la ciudad de la que fue obispo, pero en occidente se le llama San Nicolás de Bari. Aún en la actualidad es considerado en muchas partes como patrono de los niños y de los marineros.

Origen de la figura de Santa Claus

Santa Claus
Su fiesta se celebra el 6 de diciembre. Por haber sido tan amigo de la niñez y tan generoso, en algunos países europeos se repartían en este día dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre, relacionando así al santo con las fiestas navideñas.

Durante los siglos XVII y XVIII coinciden en Estados Unidos inmigrantes de distintas culturas como la británica, la holandesa y la alemana: la tradición católica de holandeses y alemanes, que tenía devoción a San Nicolás se mezcló con la de “Father Christmas” (el padre de la Navidad) que era la figura típica de las fiestas navideñas en Inglaterra.

Como derivación del nombre del santo en alemán (San Nikolaus) lo empezaron a llamar Santa Claus, y fue popularizado en la década de 1820 —a través de un poema famosísimo en los Estados Unidos del poeta Clement Clark Moore— como un amable y regordete anciano de barba blanca, al que llama “St. Nick”, que la noche de Navidad pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños en un trineo volador tirado por renos.

La marca de refrescos Coca-Cola, al utilizar al personaje como parte de su campaña comercial en Navidad, cambiaría su capa de pieles por un traje rojo y blanco, dando así lugar al personaje de Santa Claus tal como se conoce ahora, también llamado Papá Noel y por supuesto —rememorando su origen— San Nicolás.

fuente:http://www.primeroscristianos.com/quien_era/san_nicolas_bari.html

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

SU ORIGEN Y SENTIDO CRISTIANO

Llegada la época navideña afloran diversas manifestaciones mediante las que, en diversas culturas, se recuerda el nacimiento de Jesucristo.

Quién es quién…Celebrar estas fechas se ha vuelto ya toda una tradición.  No son pocos los cristianos que se cuestionan seriamente sobre el origen de ciertas festividades asociadas a estas fechas, sobre la conveniencia de unirse o de no unirse a cierto tipo de festejos o elementos accesorios de esta celebración, sobre la participación de un cristiano en la Navidad.

¿Son malas las tradiciones? Al respecto, entre los cristianos de nuestro tiempo hay dos extremos: el primero es un escenario absolutamente permisivo en el que “todo se vale, nada está restringido, se puede participar de todo” y otro absolutamenterestrictivo donde “todo es pecaminoso, toda tradición tiene orígenes oscuros, hay que abstenerse de todo”.

¿Jesús condenó todas las tradiciones? La respuesta es no.  Jesús condenó las tradiciones que contravienen los principios de la Biblia. Así que tenemos que acudir a ella para definir unapostura.

“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).

EL ÁRBOL DE LA VIDA, EL AMOR Y LA PAZ

Árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro
Muchas de las leyendas y antiguas tradiciones que hacen referencia al árbol de Navidad se remontan a tiempos muy antiguos, pero la documentación histórica acerca del árbol tal y como lo conocemos y decoramos hoy en día, sólo apareció en los últimos siglos.

No hay duda, sin embargo, que estas leyendas y tradiciones muestran la convergencia de muchas costumbres, algunas de ellas nacidas fuera de la cultura cristiana y otras de origen estrictamente cristiano.

Vamos a considerar aquí algunas que podrían ser precursoras del árbol de Navidad.

ORIGEN HISTÓRICO

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.

Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.

En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.

Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, cerca de la fecha de la Navidad cristiana. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos).

Cuando se evangelizó el centro y norte de Europa, los primeros cristianos de esos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.

SAN BONIFACIO, OBISPO DEL SIGLO VIII

San Bonifacio cortando el roble de Odín
Una interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-, popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII.

San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.

Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731).

A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.

Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.

El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.

El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo).

Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.

OBRAS TEATRALES RELIGIOSAS MEDIEVALES

Árbol de Navidad
También ofrecen pistas importante sobre el origen del árbol de Navidad, tal como lo conocemos, las obras de teatro medievales que representaban los misterios y pasajes de la Biblia.

En concreto el árbol del Bien y del Mal en el Paraíso Terrenal. Su propósito era enseñar la religión a los feligreses, que en su mayoría eran analfabetos.

Para difundir y mantener viva la fe y dar a conocer las Sagradas Escrituras, la predicación era esencial, pero no suficiente.

Se pensó que las obras teatrales completaran esa predicación y pronto se hicieron populares en toda Europa.

En la Nochebuena, el 24 de diciembre, se representaba -con grandísimo éxito popular- el episodio del pecado original de Adán y Eva. El árbol del Paraíso terrenal era el centro del escenario.

El árbol debería haber sido un manzano, pero no habría sido adecuado en invierno. Se ponía un abeto en el escenario con algunas manzanas en sus ramas, y obleas preparadas con galletas trituradas en moldes especiales, así como dulces y regalos para los niños. Incluso cuando se abandonaron estas obras teatrales religiosas, el árbol del Paraíso siguió estando asociado a la Navidad.

LOS ORÍGENES MÁS RECIENTES DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

La opinión más generalizada entre los expertos es que el árbol de Navidad, tal como lo conocemos hoy, decorado e iluminado con luces, deriva de este árbol del Paraíso. Como su lugar de nacimiento se sugiere la orilla izquierda del Rhin, y concretamente la Alsacia.

Uno de los primeros testimonios de esto son los registros de la ciudad de Schlettstadt (1521), en los que fue establecida una especial protección para los bosques en los días previos a la Navidad; los guardabosques eran los responsables de castigar a cualquiera que cortara un árbol para decorar su casa .

Otro documento nos informa de que, en Estrasburgo, la capital de Alsacia, los abetos se vendían en el mercado, para llevar a casa y decorarlos. De Alsacia, la tradición de los árboles de Navidad se propaga a toda Alemania y al conjunto de Europa, y pronto, al resto del mundo cristiano.

ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL

Árbol de Navidad
Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético.

La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.

En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.

Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.

SENTIDO CRISTIANO

El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.

En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

Árbol de Navidad con los tradicionales adornos
• El azul, para las oraciones de reconciliación.
• El plateado, para las de agradecimiento.
• El dorado, para las de alabanza.
• El rojo, para las de petición.
• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.

El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes…

Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños:

“Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

LOS ADORNOS NAVIDEÑOS

Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:

• Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
• Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
• Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
• Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

“Al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005)

fuente: http://www.primeroscristianos.com/doc_interes/arbol_navidad.html

http://casadeoracionmexico.info/blog/?p=398&utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+EstudiosBiblicos+(Estudios+Bíblicos+-+Casa+de+Oración+México)

EL TESTIMONIO DE NAPOLEON A CRISTO

EL TESTIMONIO DE NAPOLEON A CRISTO

Puede interesar a algunos saber lo que dijo Napoleón a su compañero incrédulo de exilio, el general Bertrand:

“Conozco a los hombres, y le diré que Jesucristo no es un hombre. Mentes superficiales ven un parecido entre Cristo y los fundadores de imperios y los dioses de otras religiones. Ese parecido no existe. Existe entre el Cristianismo y todas las demás religiones una distancia infinita.

“podemos decir a los autores de todas las otras religiones, ´ustedes no son dioses ni agentes de la Deidad. Ustedes son solo misioneros de la falsedad, moldeados del mismo barro que el resto de los mortales. Ustedes han sido hechos con todas las pasiones y vicios inseparables de ellos. Sus templos y sacerdotes proclaman su origen. Este será el juicio, el clamor de la conciencia, de todo aquel que examine los dioses y templos del paganismo.

“El paganismo nunca fue aceptado como verdad por los hombres sabios de Grecia, tampoco por Sócrates, Pitágoras, Plato, Anaxagoras ni Pericles. Pero por otra parte los más elevados intelectos desde la llegada del Cristianismo han tenido fe, una fe viva y practica, en los misterios y doctrinas del evangelio; no solo Bossuet y Fenelón quienes fueron predicadores , sino también Descartes y Newton, Leibnitz y Pascal, Corneile y Racine Carlo Magno y Luis XIV.

“El paganismo es la obra del hombre. En éste uno solo puede leer nuestra propia inbecibilidad. ¿Qué conocen estos dioses jactanciosos, más que los otros mortales? ¿Estos legisladores griegos o romanos? ¿Este Numa, y Lycurgus? ¿Estos sacerdotes de India o Menfis? ¿Confucio y Mahoma? Absolutamente nada. Ellos han hecho un perfecto caos de la moralidad. No hay ni uno entre todos ellos que haya dicho algo nuevo en referencia a nuestro destino futuro, al alma, a la esencia de Dios, a la creación. Entre en los santuarios del paganismo_ y encontrará perfecto caos, miles de contradicciones, la inmovilidad de las esculturas, la división y la rotura de la unidad, el parcelamiento de los atributos divinos, mutilados o negados en su esencia, los sofismas de la ignorancia y la presunción, fiestas contaminadas, impurezas y abominaciones adoradas, toda clase de corrupción supurando en las más oscuras formas, con la madera podrida, el ídolo y su sacerdote. ¿Honra esto a Dios, o lo deshonra? ¿Son estas religiones y dioses comparables con el Cristianismo?

“En cuanto a mi, yo digo, No. Yo llamo a todo el Olimpo a mi tribunal. Juzgo a los dioses, pero estoy lejos de postrarme ante sus vanas imágenes. Los dioses, legisladores de India y China, de Roma y Atenas, no tienen nada que pueda atemorizarme. No es que yo sea injusto hacia ellos, porque conozco su valor. Innegablemente príncipes cuyas existencias son establecidas en la memoria como una imagen de orden y belleza, _ tales príncipes no fueron hombres ordinarios. Veo a Lycurgus, Numa, y Mahoma, solo como legisladores que tienen el primer rango en el estado que han buscado la mejor solución al problema social; pero no veo nada allí que revele divinidad. Ellos jamás levantaron tan altas pretensiones. En cuanto a mi, reconozco a los dioses y a estos grandes hombres siendo como yo mismo. Ellos han cumplido una elevada parte en sus tiempos, como yo he hecho. Nada anuncia que ello son divinos. Por el contrario hay numerosos parecidos entre ellos y yo mismo, debilidades y errores que se ligan a ellos y a mi, como a toda la humanidad.

Pero no es así con Cristo. Todo en Él me asombra. Su Espíritu me atemoriza, y Su voluntad me confunde. Entre Él y todo lo demás en el mundo no hay un término posible de comparación. Él es verdaderamente un Ser por Si mismo. Sus ideas y sentimientos, las verdades que anuncia, Su forma de convencer, no pueden ser explicadas por la organización humana ni por la naturaleza de las cosas. Su nacimiento, y la historia de Su vida; la profundidad de Sus doctrinas que sujeta las más poderosas dificultades, y que es de estas dificultades, la más admirable solución; Su evangelio, Su aparición, Su imperio, Su marcha a través de las edades y las esferas, todo para mi es un prodigio, un misterio insoluble, que me sumerge en ensueños de los cuales no puedo escapar, un misterio que está allí ante mis ojos, un misterio que no puedo negar ni explicar. Aquí no veo nada humano.

Mientras más me acerco, y examino más cuidadosamente, todo es superior, todo queda grande_ de una grandeza que abruma. Su religión es una revelación de una inteligencia que ciertamente no es humana. Existe una profunda originalidad, que ha creado una serie de palabras y de máximas antes desconocidas. Jesús no toma prestado de nuestras ciencias. Uno no puede encontrar absolutamente nada en otro lugar, sino solo en Él, la imitación o el ejemplo de Su vida. Él no es un filósofo, ya que Él avanza por milagros; y desde el comienzo Sus discípulos lo han adorado. Él los persuade más por apelar al corazón que por medio de algún despliegue de método y lógica. Tampoco Él impone sobre ellos algunos estudios preliminares o algún conocimiento de las letras. Toda Su religión consiste en creer.

De hecho las ciencias y las filosofías no valen de nada para la salvación; Y Jesús vino al mundo para revelar los misterios del cielo y las leyes del Espíritu. Tampoco Él tiene algo que hacer sino solo con el alma, y solo a eso Él lleva Su evangelio. El alma es suficiente para Él, y Él es suficiente para el alma. Materia y tiempo eran los amos del mundo. A Su voz todo retorna al orden, la ciencia y la filosofía vienen a ser secundarios. El alma ha reconquistado su soberanía. Todo el andamiaje escolástico cae, como un edificio arruinado, ante una sola palabra, ¡fe!

¡Qué Maestro, y qué palabra, que pueden efectuar tal revolución! ¡Con qué autoridad Él enseña a los hombres a orar! Él impone Su creencia , y nadie jamás ha sido capaz de contradecirlo: primero, porque el evangelio contiene la más pura moralidad, y también porque la doctrina que contiene de oscuridad es solo la proclamación y la verdad de eso que existe que ningún ojo puede ver y ninguna razón penetrar. ¿Quién es el insensato que dirá ‘No’ al intrépido viajero que relata las maravillas de los picos de hielo que solo él ha tenido la valentía de visitar? Cristo es ese viajero. Sin duda uno puede permanecer incrédulo; pero nadie puede atreverse a decir que no es así.

“Alejandro, Cesar, Carlomagno, y yo mismo fundamos imperios; pero ¿sobre qué fundamentos hemos hecho descansar las creaciones de nuestros genios? Sobre la fuerza. Jesucristo fundó un imperio sobre el amor; y en esta hora millones de hombres morirían por Él”

Napoleon Bonaparte

fuente:http://www.palabradeverdadycordura.cl/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=168

Previous Older Entries

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.129 seguidores