Geologia ¿Actualismo o Diluvialismo?

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El Uniformismo, 1ª. Parte

El Uniformismo, 1ª. Parte
Viernes, 07 de mayo 2010

La hipótesis de que la Tierra tiene miles de millones de años se basa en la premisa bíblica de que lo que está sucediendo ahora es lo que ha ocurrido siempre. Esta idea se conoce como el uniformismo. Es la teoría de que los fenómenos naturales, geológicos, son en su mayor parte los resultados de las fuerzas que han operado de forma continua, con la uniformidad, y sin interrupción, durante miles de millones y miles de millones de años. Los Uniformistas suponen que las fuerzas que actúan en la naturaleza son esencialmente fijas y constantes. Los científicos que sostienen esta tesis explican casi todos los fenómenos geológicos en términos de procesos que se siguen produciendo. El ve uniformista ve los estratos de rocas sedimentarias, por ejemplo, y asume que los sedimentos que los formaron son el resultado de la sedimentación natural y al lento asentamiento de partículas en el agua durante varios millones de años. Un uniformista observa el Gran Cañón y asume el flujo natural del río Colorado tallando ese abismo inmenso sobre muchos siglos con un constante (aunque en constante disminución) arroyo.

El Uniformismo fue propuesto por primera vez a comienzos del siglo XIX por dos geólogos británicos, James Hutton y su discípulo más conocido, Charles Lyell. La obra de Lyell Principios de Geología fue un rechazo explícito de la creación y de explicaciones basadas las inundaciones para las fórmulas geológicas. Lyell insistió en que todas las características de la geología terrestre debe ser explicable por lo natural, en lugar de lo sobrenatural, los procesos. Consideró a todas las explicaciones bíblicas o sobrenaturales como inherentemente poco científicas y por lo tanto falsas. En otras palabras, el comenzó con la presuposición de que la Escritura misma es falsa. Y su trabajo esencialmente canonizo el naturalismo ateo como base para la investigación “científica”.

Como hemos señalado anteriormente, el naturalismo en sí es una creencia religiosa. La convicción de que no pasa nada sobrenaturalmente es un dogma de fe, no un hecho que puede ser comprobado por cualquier medio científico. De hecho, un rechazo a priori de todo lo sobrenatural implica un gigante, salto de fe irracional. Así que los presupuestos del naturalismo ateo en realidad no son más “científicos” que creencias del cristianismo bíblico. Este hecho obvio parece haber escapado a Lyell y a muchos que le han seguido.

Sin embargo, la teoría uniformista de Lyell fue una gran influencia en los científicos de su época. (Darwin, incluso se llevó una copia del trabajo de Lyell con él cuando se embarcó en el Beagle en 1831.) Y a partir de la primera publicación de la obra de Lyell hasta hoy, la hipótesis de que la tierra es de edades avanzadas ha dominado la ciencia secular. La teoría de la evolución misma fue el resultado predecible e inmediato más cercano de la hipótesis uniformista de Lyell.

Por supuesto, los científicos modernos han ampliado sus estimaciones de la edad de la tierra más allá de lo imaginado por el mismo Lyell. Pero la teoría básica del uniformismo surgió por primera vez del sistema de creencias antibíblicas de Lyell.

Lo contrario del uniformismo es el catastrofismo, la opinión de que los dramáticos cambios geológicos se han producido en eventos súbitos, violentos o inusuales. Un catastrofista observando formaciones de rocas sedimentarias o cañones grande es más probable (y más exactamente) que la sinterprete como el resultado de las graves inundaciones. Por supuesto, esto genera un marco de tiempo mucho más joven para el desarrollo de las características geológicas de la tierra. (Una inundación repentina, por ejemplo, puede producir una gruesa capa de sedimentos en un par de horas. Esto significa un gran estrato de roca sedimentaria, lo que podría suponer un uniformista que llevó millones de años en formarse, en realidad podría ser el resultado de un solo una raída inundación.) Catastrofismo por consiguiente, representa un gran desafío para el calendario evolutivo, la eliminación de los miles de millones de años múltiples exigido para hacer que la hipótesis evolutiva funcione. Y por eso es rechazada de plano por la mayoría de los evolucionistas.

Pero un momento de reflexión revelará que el registro fósil es imposible de explicar por ningún régimen uniformista. Para que un ser vivo se convierta en fósil (en lugar de una descomposición y hacerse polvo –Job 34:15), debe ser enterrado de inmediato bajo un gran peso de sedimentos. Aparte de un diluvio catastrófico en una escala diferente a cualquier observado en años recientes, ¿cómo podemos explicar la existencia de enormes yacimientos de fósiles (como el campo de la formación de fósiles Karoo en África, que se cree que tienen 800 mil millones de vertebrados fósiles)? La sedimentación natural durante muchos siglos no puede explicar por qué tantos fósiles llegaron a ser concentrados en un solo lugar. Y todos los continentes habitados contienen grandes yacimientos de fósiles en el que millones de especies fósiles se encuentran juntos en grandes concentraciones, como si todas estas criaturas fuesen destruidas y enterradas juntas por inundaciones masivas. Los fósiles de criaturas marinas se encuentran incluso en muchas de las cimas de las montañas más altas del mundo. ¿Cómo explican los uniformistas estos fenómenos? De la única manera que pueden: Constantemente aumentan su estimación de la edad de la tierra.

Tomado de aqui

http://evangelio.wordpress.com/2010/05/08/el-uniformismo-1-parte/

Darwin se equivocó en sus observaciones geológicas

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Campo magnético de la Tierra y datación arqueología

Campo magnético de la Tierra y datación arqueología


Investigadores del grupo de Paleomagnetismo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) han desarrollado un modelo de campo magnético terrestre en la región europea que permite datar de forma absoluta estructuras arqueológicas de los últimos tres mil años de antigüedad.

FUENTE | UCM – mi+d 21/12/2009

El campo magnético de la Tierra es un ente Físico cuya fuente de energía se encuentra en el núcleo externo de la Tierra, a unos 2.900 kilómetros de profundidad. Este núcleo externo, al encontrarse en un estado semifundido debido a las altas presiones y temperaturas existentes, permite la circulación de partículas ionizadas que dan origen a este campo magnético. Una de las características que hace que este campo sea de especial interés es su carácter grabador. Las rocas tienen la capacidad de almacenar la información del campo magnético terrestre existente en la época de formación de las mismas. Por tanto, si analizamos el campo magnético registrado en una roca de hace doscientos millones de años, podemos obtener las características del campo magnético de la Tierra de hace doscientos millones de años. Al estudio del campo magnético en el pasado a través de registros pétreos se le conoce como ‘paleomagnetismo’, y si ese estudio se restringe sólo a material pétreo usado en la construcción de hornos, termas, hogares y demás estructuras arqueológicas, se le denomina ‘arqueomagnetismo’.

Esta disciplina empezó a tomar forma a inicios del siglo XX, cuando investigadores franceses aplicaron los métodos paleomagnéticos a estructuras arqueológicas analizando las características del campo magnético en los últimos dos mil años y definiendo curvas de variación de los parámetros que definen al campo magnético: declinación, inclinación e intensidad magnética.

Desde entonces numerosos estudios arqueomagnéticos han permitido que en la actualidad se cuente con curvas de variación del campo magnético en diferentes regiones o países europeos (como son las curvas de Francia, Reino Unido, Iberia, Alemania, Italia, Bulgaria, Hungría, Austria…).

Existe una cierta relación entre ellas, pero no muestran la misma información, ya que el campo magnético de la Tierra, además de variar en el tiempo también lo hace en el espacio, por lo que el campo magnético registrado, por ejemplo, en Madrid en el siglo XV, es diferente al registrado en Roma en el mismo siglo.

Estas variaciones del campo magnético en el pasado permiten que se pueda utilizar como herramienta de datación arqueomagnética al igual que el bien conocido método del carbono 14.

Uno de los grupos encargados de estudiar el pasado del campo magnético de la Tierra en la región de Iberia y norte de África es el Grupo de Paleomagnetismo de la Universidad Complutense de Madrid. Este grupo de investigación, centrado principalmente en estudios de paleomagnetismo, inició sus primeros pasos en este campo en los años 90.

La densidad de datos arqueomagnéticos ha crecido exponencialmente en nuestro país y ello ha permitido generar la primera curva de variación del campo magnético para los últimos tres mil años en la península Ibérica.

Mapas que muestran las componentes del campo magnético de la Tierra en la región europea en el año 1600 según el modelo desarrollado por el grupo de investigación

Sin embargo un nuevo método físico-matemático de modelización ha permitido generar el primer modelo de campo magnético terrestre a escala continental abarcando toda la región europea, norte de África y la parte occidental de Asia. El modelo, desarrollado por los integrantes de este grupo de la Universidad Complutense, permite obtener las características del campo magnético terrestre en cualquier punto de la región anteriormente descrita y en cualquier instante de tiempo contenido en los últimos tres mil años (desde el año 1000 a.C. hasta el 1900 d.C.).

Una de las aplicaciones directas del modelo de campo magnético, al que han bautizado como ‘modelo regional scha.dif.3k’, es la datación arqueomagnética. Cuando en una estructura arqueológica capaz de registrar el campo magnético de la Tierra no se conoce su edad, un análisis del campo magnético grabado y comparado con los valores del campo magnético dados por este modelo permitirá establecer un rango de edad para esta estructura. El método empleado en la datación es similar al del carbono 14: comparar estadísticamente los datos obtenidos de la estructura arqueológica con aquellos proporcionados por el modelo. Esto da como resultado una función de probabilidad que indica la edad de la estructura.

La técnica de datación a través de este modelo ya ha sido aplicada con éxito en diferentes estructuras arqueológicas distribuidas en todo el continente y zonas vecinas. Recientemente se ha datado un horno encontrado en la ciudad de Túnez. En este caso, la datación por carbono 14 fue inviable y, sin embargo, la estructura mostró potencial para un análisis arqueomagnético. Después del análisis y de la comparación con el modelo regional magnético, se estableció una edad para la estructura entorno al año 1100 d.C.

“Modelos de campo magnético terrestre para la datación arqueológica” es uno de los textos ganadores del II Concurso de Divulgación Científica de la UCM.

Autor: Francisco Javier Pavón-Carrasco

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copiado de

http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=42051

Nuevo descubrimiento de vegetales fósiles vincula a la Patagonia con Nueva Guinea en un pasado mas cálido

Nuevo descubrimiento de vegetales fósiles vincula a la Patagonia con Nueva Guinea en un pasado mas cálido

(NC&T) Sin embargo, tratar de identificar las plantas fósiles puede ser una labor propensa a errores, cuando no se preservan todos los órganos de las plantas o cuando sólo es posible examinar unas pocas partes.

Peter Wilf (de la Universidad Estatal de Pensilvania) y sus colegas estadounidenses y argentinos han descubierto y analizado abundantes especímenes fosilizados de una conífera conocida anteriormente como “Libocedrus” prechilensis y encontrados en la Patagonia argentina. Este vegetal fue descrito por primera vez en 1938, sobre la base de un fósil cuyas características parecían coincidir más estrechamente con las de una conífera actual cuyo nombre científico es Austrocedrus (Libocedrus) chilensis.

Sin embargo, numerosas características de las hojas, incluyendo su forma distintiva y la configuración de sus estomas, así como otros detalles de los nuevos especímenes descubiertos, encajan a la perfección con las típicas del actual género Papuacedrus, estrechamente emparentado, y que hoy en día sólo está presente en Nueva Guinea y las Islas Molucas.

Basándose en los especímenes fósiles recién descubiertos, de hace 52 y 47 millones de años, Wilf y sus colegas han reclasificado la especie fósil, catalogándola dentro del género Papuacedrus, bajo el nuevo nombre de Papuacedrus prechilensis.
Patagonia y Nueva Guinea

Hojas fósiles de Papuacedrus prechilensis. (Foto: P. Wilf)

Una de las deducciones más importantes que los científicos han hecho a raíz de esta nueva catalogación es que, puesto que el género Papuacedrus suele hallarse en hábitats tropicales montañosos y está limitado fisiológicamente a los climas sumamente húmedos, en el Eoceno la Patagonia tuvo que ser un lugar tropical cálido y húmedo, como ya han sugerido otros indicios encontrados en estudios anteriores, y no una estepa fría y seca como lo es hoy en su mayor parte.

Haz click aquí para ver vídeos sobre Patagonia y Nueva Guinea

fuente:http://www.solociencia.com/arqueologia/09121703.

Darwin como Geólogo

Darwin como Geólogo
Publicado por Malena el 19 de Noviembre de 2009

Darwin se interesa por las controversias que existen entre los geólogos de esa época; y los hallazgos que describe en sus diarios de viaje, tienen múltiples repercusiones en el mundo científico; confirmando el paradigma que sostiene que el pasado es la llave del futuro.

Uno de los enigmas que desvela a los geólogos del siglo XVIII es el origen de las enormes piedras erráticas diseminadas en las cuencas de los ríos, en los valles y en planicies alejadas de las cadenas montañosas, que presentan una composición diferente a las características de los lugares donde se encuentran.

Darwin observa en los canales fueguinos que los glaciares arrastran enormes bloques que quedan depositados en la desembocadura de los ríos, y de este modo descubre el posible mecanismo natural de su transporte.

Sus posteriores observaciones en la isla Chiloé, en Chile y en regiones del Norte de Gales apoyan esta hipótesis y lo ayudan a avanzar en la comprensión de estos fenómenos.

En el siglo XVII, la postura creacionista estima que la Tierra fue creada cuatro mil años antes de Cristo; pero los geólogos de ese momento no comparten este postulado, ya que la sola observación del espesor del sedimento depositado por los ríos permite calcularle fácilmente a la Tierra una antigüedad de varios centenares de millones de años.

La evolución de las especies también requiere mucho tiempo para desarrollarse y por esa razón contradice las ideas de la época sobre la edad de la Tierra.

Recién cuando se descubre la radiactividad se puede resolver esta cuestión, estimándose actualmente que la antigüedad de la Tierra asciende a 4500 millones de años, en base al análisis de los datos obtenidos del material proveniente de meteoritos, que coinciden con las muestras halladas en la Tierra y en la Luna y que armonizan con la teoría evolucionista de Darwin.

Las observaciones de Darwin echan luz sobre la formación de las montañas, el hundimiento de los lechos marinos y sobre la verdad del diluvio universal.

En esa época existen tres hipótesis sobre el problema de los bloques erráticos; una de ellas propone que habrían sido llevados por la fuerza del agua durante el diluvio universal; otra sostiene que son consecuencias de grandes catástrofes y la tercera, que son el resultado de un proceso gradual producido por fuerzas naturales que actúan durante mucho tiempo. Pero ninguna de estas hipótesis es correcta.

Darwin es testigo de varios fenómenos naturales que se producen en Chile durante su permanencia, como la erupción del volcán Osorno, temblores y deslizamientos de tierra de varios metros, y del dramático retiro del mar y el posterior tsunami que provoca en esa época, una devastación en la costa del pacífico.

Este científico puede asociar así la actividad volcánica con los terremotos y observar la presencia de fósiles de moluscos marinos a más de tres mil metros de altura, interpretando que se debe al ascenso hasta esa altura de los fondos marinos como consecuencia de los terremotos.

A través de la minuciosa observación de sus descubrimientos en el nuevo mundo, puede comprender el comportamiento de la gente de esos lugares y los cambios producidos en la región pampeana.

Son inspiradoras para Darwin las obras “Principles of Geology” de Charles Lyell (1797-1875) y “Theory of the Herat”, de James Hutton (1726-1797), quien apoya la idea de la existencia de un tiempo geológico que llama tiempo profundo y que cambia la idea existente sobre la creación de la Tierra basada en documentos sagrados, con la afirmación de Hutton sobre la falta de evidencias de que haya existido un inicio ni de que exista ninguna perspectiva de un final.

Darwin colecciona miles de muestras de rocas y de fósiles hallados durante sus cinco años de travesía en el Beagle, siendo la mayor parte de sus observaciones temas relacionados con la geología.

Fuente: Revista de Divulgación Científica y tecnológica de la Asociación Civil “Ciencia Hoy”, Argentina, 2009

Más CO2 atmosférico hoy que 2,1 millones de años atrás

Más CO2 atmosférico hoy que 2,1 millones de años atrás

(NC&T) Los resultados de este estudio, respaldando las conclusiones de otras investigaciones, descartan la caída de los niveles de CO2 como la causa de que las edades de hielo de nuestro planeta se hicieran más largas e intensas hace unos 850.000 años. Pero también confirman la sospecha de muchos expertos de que los niveles más altos del dióxido de carbono coincidieron con los intervalos más calurosos durante el período analizado.

Los autores del nuevo estudio muestran que los niveles máximos del CO2 en los últimos 2,1 millones de años sólo promediaron 280 ppm (partes por millón). Hoy, sin embargo, el CO2 alcanza las 385 ppm, un valor un 38 por ciento superior. Este hallazgo significa que los científicos tendrán que buscar aún más atrás en el tiempo para encontrar un caso análogo al cambio climático de nuestros días, si es que existe.

En el estudio, Bärbel Hönisch, geoquímica del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, y sus colegas, reconstruyeron los niveles de CO2 mediante un análisis de la porción externa de organismos microscópicos que formaron parte del plancton y cuyos restos yacen hoy sepultados bajo el Océano Atlántico, concretamente ante las costas de África en el caso de los analizados para este estudio.

Estimando la edad de los restos y midiendo su proporción de isótopos de boro, los autores del estudio han logrado estimar cuánto CO2 había en el aire cuando el plancton estaba vivo. Este método les ha permitido escrutar el pasado más atrás que lo permitido por los registros conservados en los núcleos de hielo polar que se remontan a sólo 800.000 años.

CO2 atmosférico
Bärbel Hönisch. (Foto: EICU)

El planeta ha sufrido eras glaciales cíclicas desde millones de años atrás, pero hace aproximadamente 850.000 años, los ciclos glaciales se tornaron más largos e intensos, un cambio que algunos científicos han atribuido a niveles de CO2 menguantes. Sin embargo, en el estudio se ha encontrado que el CO2 se mantuvo estable durante esta transición, y, por tanto, parece poco probable que ocasionase el cambio.

Haz click aquí para ver vídeos sobre CO2 atmosférico

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