Escultor de estatuas de Lenin, se convierte en pastor evangélico

Escultor de estatuas de Lenin, se convierte en pastor evangélico
El concepto del comunismo dice Eugenij, es que sacó muchas cosas de Las Sagradas Escrituras, por lo que “la idea era que la gente debía ser llenada con algo nuevo. Ellos no lo veían de ese modo, pero su ideología era similar a la de la Biblia.
Ucrania | Viernes 29 de Julio, 2011 | Por NoticiaCristiana.com |

(NoticiaCristiana.com).


Eugenij Degterenko, (60 años), invirtió la mayor parte de su vida esculpiendo estatuas de Lenin. Cuando murió Lenin en en 1924, Lenin, este fue adorado en la Unión Soviética con carteles, esculturas, etc., según publica La Biblia Web.
Ahora Eugenij Degterenko, es es pastor evangélico de una iglesia en las afueras de Donetsk, Ucrania.
Eugenij, explica que una de las estatuas más grandes de Lenin en la ciudad fue uno de sus primeros proyectos, después de su capacitación como artista.
Las estatuas de Lenin tenían una gran demanda en toda la Unión Soviética, pues todas las ciudades necesitaban tener una estatua del gran líder.
Sin embargo, mientras Eugenij, crecía en el comunismo su vida era muy crítica: “Durante años tuve muchos problemas. Mi primer matrimonio terminó y perdí contacto con mi hijo. Entonces, volví a casarme. Tengo un amigo con quien a menudo me encontraba para beber, hasta que un día encontró a Dios y yo pude ver cómo cambiaba completamente su vida”.
“Él me contó acerca de Jesús, me regaló un Nuevo Testamento y me dijo: “Eugenij, tienes muchas preguntas; puedes encontrar las respuestas en este libro”. Un día, ya no pude resistir y entregué mi vida a Jesús. ¡Ahí fue cuando los problemas realmente comenzaron!
“Mi esposa estaba profundamente involucrada en política y fue nominada para una posición importante. Para ella, sería una catástrofe si yo me “descarrilaba” de aquella manera. Ella se contactó con mi trabajo y me llamaron a una reunión de los altos directivos para que me defendiera.Todos querían salvarme de la “secta”. Hoy, sin embargo, ¡ella canta en el coro la iglesia!”, relata Eugenij.
El concepto del comunismo dice Eugenij, es que sacó muchas cosas de Las Sagradas Escrituras, por lo que “la idea era que la gente debía ser llenada con algo nuevo. Ellos no lo veían de ese modo, pero su ideología era similar a la de la Biblia. El comunismo tomó mucho de la ética y los valores de la Biblia, pero dejó afuera a Cristo, y por eso que colapsó”.
Eugenij, es ahora pastor de una iglesia en las afueras de Donetsk, y hoy predica una ideología completamente diferente. Pero todavía utiliza sus habilidades, y junto a otros artistas que también son cristianos, crearon una ventana de bellos colores y motivos apropiados para la iglesia.

Fe, ciencia, razón y verdad

Fe, ciencia, razón y verdad

También actualmente muchos siguen poniendo su inteligencia al servicio de Dios y de la Iglesia, aunque paralelamente sigue siendo una objeción constante a la Iglesia esa imposibilidad de unir fe y razón.

Pedro Trevijano

Actualizado 28 junio 2011

A lo largo de los siglos el ser humano se va enfrentando con problemas de muy distinta índole, pero algunos son permanentes o propios de todos los tiempos, por ejemplo la relación entre fe, ciencia, razón y verdad.

En toda la Historia de la Iglesia ha habido muchos que han intentado racionalizar su fe. Apologetas, Padres y Doctores de la Iglesia han puesto su inteligencia al servicio de la fe y han intentado dar razón de ella. Cuando digo Misa, una de las cosas que me llaman la atención es ver la cantidad de Padres y Doctores de la Iglesia que son los santos del día, es decir gente que ha puesto sus cualidades y fundamentalmente su inteligencia al servicio de Dios y de la Iglesia.

También actualmente muchos siguen poniendo su inteligencia al servicio de Dios y de la Iglesia, aunque paralelamente sigue siendo una objeción constante a la Iglesia esa imposibilidad de unir fe y razón, problema al que se tuvo que enfrentar ya Pasteur cuando en un viaje en tren a fines del siglo XIX un joven le arguyó que ya no se podía, dado el avance de las ciencias, ser a la vez científico y creyente. Pasteur le escuchó educadamente y cuando se despidieron le entregó su tarjeta con el ruego que le hiciese llegar esas publicaciones. Y es que hay pocas cosas y pocas tonterías nuevas bajo el sol.

Sobre este tema dice el Catecismo de la Iglesia: “‘La fe trata de comprender’. Es inherente a la fe que el creyente desee conocer mejor lo que le ha sido revelado”(nº 158). “‘Fe y ciencia’. “A pesar que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber desacuerdo entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios y comunica la fe ha hecho descender en el espíritu humano la luz de la razón. Dios no podría negarse a sí mismo ni lo verdadero contradecir a lo verdadero”(nº 159).

El problema de la relación entre fe, ciencia, razón y verdad lo expresa muy bien un chiste que he leído justo en este momento. Se ve a un sacerdote que dice: “No os dejéis embaucar por los que os dicen la verdad”. Y es que muchos, especialmente los relativistas y corrientes afines sostienen la no existencia de la Verdad Objetiva y de unos principios y valores morales universales y de permanente validez, con unas consecuencias que han sido recientemente denunciadas por Benedicto XVI, en su Catequesis en la Audiencia General de este 15 de Junio: “Si el hombre no conoce a Dios como Absoluto y Transcendente, cae en esclavitud e idolatría, como han demostrado en nuestro tiempo los regímenes totalitarios y como muestran también las diversas formas de nihilismo, que hacen al hombre dependiente de ídolos e idolatrías, lo esclavizan”.

Y es que es la fidelidad a la verdad la que es garantía de la libertad y del desarrollo humano integral. De hecho las dos instituciones líderes que actualmente buscan la verdad como la esencia de la investigación humana son la ciencia y la religión. Fe y pensamiento científico pueden acomodarse mutuamente, así como tiene que haber una relación de armonía entre la fe y la vida, e incluso los mandamientos “ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto, indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana” (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, nº13).

Pero “no se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Cristo” (VS nº 19). No nos olvidemos que Jesucristo es la luz del mundo, la luz de la vida (cf. Jn 8,12), así como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6) y en su seguimiento está nuestro desarrollo integral, pues Él busca nuestro bien y nos conduce hacia nuestra plena perfección (cf. Mt 5,48). Pero queda en el aire una pregunta: ¿somos embaucadores los que creemos que hay una verdad, o más bien, como piensa la Epístola a los Romanos (cf. Rom 1,18-2,23), la increencia lleva al desastre?.

 

fuente: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=16251

El crecimiento del cristianismo en China.

Actualizado 6 junio 2011
El crecimiento del cristianismo en China. Por el Gran Rabino Jonathan Sacks

China se da cuenta de lo que Occidente está olvidando rápidamente: una civilización es tan fuerte como su fe.

Hacia el final de su reciente libro, Civilización, el historiador Niall Ferguson lanza en su análisis una carga explosiva de profundidad. Él cita a un miembro de la Academia China de Ciencias Sociales, que forma parte de un equipo cuya tarea tiene como reto descubrir por qué fue que Europa, después de haber estado rezagado por detrás de China hasta el siglo XVII, la sobrepasó, alcanzando la prominencia y el dominio.

Al principio, él dijo [el miembro de la Academia china], pensamos que eran vuestras armas. Vosotros [los europeos] teníais mejores armas que nosotros. Luego ahondamos más y pensamos que era vuestro sistema político. A continuación, investigamos más profundamente todavía, y concluimos que era vuestro sistema económico. Pero durante los últimos 20 años nos hemos dado cuenta de que era, de hecho, vuestra religión, el cristianismo. Fue la fundación cristiana de la vida social y cultural en Europa que hizo posible la primera aparición del capitalismo, a continuación la política democrática.

Del mismo modo llamativamente, Ferguson repite la observación hecha por el editor y corresponsal en Washington de The Economist, John Micklethwait y Adrian Wooldridge, hace dos años en su libro Dios vuelve. Mientras que el cristianismo está en decadencia en Gran Bretaña y la mayor parte de Europa, está creciendo y prosperando en China, donde el número de personas en las iglesias el domingo es mayor que el número total de miembros del Partido Comunista; en la tierra que en 1958 el Presidente Mao había declarado “libre de religión”.

Las personas que acuden a las iglesias no son, como Karl Marx habría predicho, los pobres y oprimidos, buscando el opio del pueblo. Ellos son los jóvenes, trabajadores, empresarios de movilidad social ascendente para los que el cristianismo ofrece un marco ético, una visión estructurada de la vida y sus disciplinas, en una sociedad que está experimentando una rápida transición.

Como no cristiano, me parece fascinante. Europa está perdiendo la misma cosa que una vez le hizo grande, mientras que China, la economía de más rápido crecimiento del mundo, está descubriendo. China: el hogar del confucianismo, del taoísmo y su marca propia del comunismo. Eso es algo que nadie podía haber previsto.

¿Qué es lo que China se ha dado cuenta de que Occidente está rápidamente olvidando? Que una civilización es tan fuerte como su fe. Como la cultura deviene vieja y cansada, ya que la gente pida más prestado y ahorra menos, como valora más los placeres presentes sobre el crecimiento futuro, por lo que empiezan a perder las creencias y prácticas que hicieron que su sociedad tuviera éxito en el primer lugar.

”Al final una sociedad y su religión tienden a caer en conjunto, como cuerpo y alma, en una muerte armoniosa”. Will Durant.

Empieza a parecerse al Imperio Romano en el inicio de su declive. El historiador romano Tito Livio escribió, con gran patetismo, sobre como “con la progresiva relajación de la disciplina, la decadencia moral primero, por así decirlo, a continuación, se hundió más y más, y finalmente comenzó la caída hacia abajo, que nos ha traído a nuestro tiempo presente, cuando no podemos soportar ni nuestros vicios ni su cura.”

Hace medio siglo, Will Durant en La Historia de la Civilización, sostuvo que la caída de una civilización fue la culminación de la lucha entre la religión y la intelectualidad laica, que terminaron por debilitar las instituciones de la convención y la moralidad. “Al final de una sociedad y su religión tienden a caer en conjunto, como cuerpo y alma, en una muerte armoniosa”. La decadencia y caída de las civilizaciones ha sido trazado por los sabios durante muchos siglos. Se incluyen los sabios del antiguo Egipto, los profetas del antiguo Israel, el gran pensador musulmán del siglo XIV Ibn Jaldún, y el clarividente filósofo italiano del siglo XVIII e historiador Juan Bautista Vico.

Todos ellos ofrecen básicamente el mismo análisis. Las civilizaciones empiezan por la valoración de la austeridad, el coraje y el sacrificio. Esto les pone en un camino hacia el crecimiento. A medida que tienen éxito, crecen más autoindulgentes y egocéntricas. Las personas ya no están dispuestas a sacrificarse para el grupo. La confianza disminuye. El capital social se desvanece. No hay más héroes. La reputación da paso a la fama y luego a la mera celebridad. Lo que, Niall Ferguson indica, es el precipicio al que nos estamos acercando en Occidente.

Las sociedades empiezan a envejecer cuando pierden la fe en lo trascendente. A continuación, pierden la fe en un orden moral objetivo y al final pierden la fe en sí mismas. Pero hay una alternativa. Occidente puede redescubrir lo que Jeremías llama “la devoción de tu juventud”.

El judaísmo y el cristianismo comparten una capacidad asombrosa para la renovación de uno mismo. Eso es lo que ha sucedido en el judaísmo después de cada tragedia desde el exilio de Babilonia hasta el Holocausto. Eso es lo que está pasando ahora al cristianismo en muchas partes del mundo, y puede suceder aquí también.

Somos tan fuertes como lo es nuestra fe. Esta verdad, única proposición de venta de Occidente, ahora viene con una etiqueta que dice, “Made in China” Pero todavía vale la pena comprar.

NOTAS

Sir Jonathan Sacks, Gran Rabino de las Congregaciones Hebreas del Reino Unido y de la Commonwealth.

http://www.aish.com/ci/s/Christianitys_Rise_in_China.html

http://www.aish.com/ci/s/Christianitys_Rise_in_China.html?utm_source=mimi_aish_com&utm_medium=email&utm_content=Aish_com+New+Articles+-+June+5%2C+2011&utm_campaign=Aish_com+New+Articles+-+June+5%2C+2011&utm_term=Christianity_27s+Rise+in+China

http://en.wikipedia.org/wiki/Jonathan_Sacks

http://www.aish.com/authors/48865787.html

El «teólogo» Hawking: «El Cielo es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la muerte»

en una entrevista para el diario británico The Guardian

El «teólogo» Hawking: «El Cielo es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la muerte»

El científico resalta que su enfermedad -la Esclerosis Lateral Amiotrófica- le ha llevado a disfrutar más de la vida a pesar de las dificultades que ello implica.

Actualizado 17 mayo 2011
El prestigioso científico británico Stephen Hawking, autor de ´Una breve historia del tiempo´, cree que la idea del paraíso y de la vida después de la muerte es un “cuento de hadas” de gente que le tiene miedo a la muerte.

Así lo ha afirmado el científico más destacado del Reino Unido en una entrevista publicada este lunes en el periódico británico ´The Guardian´, en la que vuelve a poner énfasis en su rechazo a las creencias religiosas y considera que no hay nada después del momento en que el cerebro deja de funcionar.

Hawking resalta que su enfermedad -la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)- le ha llevado a disfrutar más de la vida a pesar de las dificultades que ello implica, ya que el mal que padece es neuro-degenerativo progresivo y le impide moverse y hablar.

“He vivido con la perspectiva de una muerte prematura durante los últimos 49 años. No tengo miedo de morir, pero no tengo prisa por morirme. Hay muchas cosas que quiero hacer antes”, dijo el científico.

“Yo considero al cerebro como una computadora que dejará de funcionar cuando fallen sus componentes. No existe el cielo o vida después de la muerte para las computadoras que dejan de funcionar. Se trata de un cuento de hadas para la gente que le tiene miedo a la oscuridad”, señaló el ex catedrático de Matemáticas Aplicadas y Física Teórica de la Universidad de Cambridge.

Disfrutar de la vida
En su entrevista, Hawking, de 69 años, resalta la importancia de disfrutar de la vida y hacer cosas buenas y se refiere también a las pequeñas fluctuaciones cuánticas, que en el comienzo del universo fueron las “semillas” que dieron paso a la formación de las galaxias, las estrellas y la vida humana.

“La ciencia predice que distintos tipos de universo serán creados de la nada y de manera espontánea”, agregó.

El científico, que habla con la ayuda de un sintetizador de voz, sugiere que sería posible descifrar nuestros orígenes con instrumentos modernos, que podrían ayudar a detectar antiguas huellas en la luz espacial dejada en los primeros momentos de la formación del universo.

Hawking, a quien en 1989 le fue concedido el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, ha trabajado durante toda su vida para desentrañar las leyes que gobiernan el universo.

Junto a su colega Roger Penrose mostró que la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein implica que el espacio y el tiempo han de tener un principio, que denomina ´big bang´, y un final dentro de los agujeros negros.

En su último libro, ´El Gran diseño´, el astrofísico sostiene que Dios no es necesario para explicar el origen del Universo.

fuente bibl:

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=15520

Ben Laden o el totalitarismo del mal

Ben Laden o el totalitarismo del mal

El sufrimiento causado por el mal exige redención, reparación de lo injusto. El 11-S no debía haber ocurrido nunca, como tampoco debieron suceder jamás los campos de concentración y de exterminio. El terrorismo de Al Qaeda piensa que todo es posible mediante la eliminación, siendo el hombre sólo un medio superfluo en la máquina de masacre organizada, en un sendero de rebelión, arbitrariedad y locura.
Es verdad que tal redención no puede venir por la ley del talión o la impía venganza de quien piensa que «todo vale» cuando se reclama el rescate del dolor injustificado infligido a un pueblo: nunca se puede elegir la muerte de un hombre como medio para un fin. Sin embargo, la muerte de los inocentes causada por el terrorismo no permite la exención de responsabilidad de tales acciones criminales.
Ni siquiera podemos caer en la tentadora propuesta de Hannah Arendt, para quien el mal sería algo banal, sin profundidad ni dimensión demoniaca. El nihilismo aparece en el umbral de este pensamiento arendtiano, que haría recordar el relato de «la serenidad de la muerte», incluida en El piano, de H. Lange, en el que el verdugo nazi y su víctima se funden en un abrazo tras la muerte, que todo lo sepulta y, por tanto, todo lo iguala. Al final del tiempo humano, tras todos los esfuerzos y penalidades, las grandezas y miserias, no pueden abrazarse, como en un provocador desafío, el bien y el mal, la justicia y la ausencia de rectitud, la verdad y la mentira. Pregunten a los cientos de familias de los diversos atentados terroristas si posee o no identidad moral la reivindicación de una redención ante el mal sufrido.
La actuación norteamericana no es sólo cuestión de legítimos orgullos nacionales; significa más bien que no puede existir el derrumbamiento de unas reglas universales fiables, sin nada fijo ni permanente, como si Occidente hubiese sepultado cualquier principio o la abdicación de la responsabilidad de delitos se hubiese convertido en un fatum inexorable para el totalitarismo de quien piensa que todo puede destruirse impunemente, siendo imposible ya discernir entre el bien y el mal, o necesario prescindir de todo juicio, sin luchar por la propia integridad personal o colectiva.
Cuando «matar a un hombre» se ordena al fin «conservación de la justicia» es un acto de virtud, sentencia Santo Tomás de Aquino. Aunque Santo Tomás se está refiriendo a la pena de muerte, se podría aplicar a lo ocurrido con la muerte de Ben Laden. Es admisible discutir si EE.UU estaba o no en guerra declarada con Al Qaeda y, por tanto, «matar a un hombre» se convertiría en el segundo de los casos en un acto inconstitucional, debiendo ser capturado y llevado a la justicia, antes que aniquilado. Sin embargo, una verdadera ética política tiene que ser también una ética de instituciones, tratar de los medios que conduzcan a la realización institucional de la paz, la libertad, la dignidad humana y la justicia. La actuación política de EE.UU en la situación histórica concreta llevaba a la asunción de derechos que se pueden hacer valer frente a quienes los destruyen, y que por tanto fundan relaciones de justicia.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=9324

La necesidad de pertenencia puede motivar la fe en Dios

La necesidad de pertenencia puede motivar la fe en Dios
Científicos analizan la relación entre la religiosidad y el sentimiento de ser amado

La necesidad de sentirse amado y de pertenencia a un grupo impulsa la fe en Dios, revelan los resultados de una investigación realizada por científicos de la Universidad Humboldt y de la Universidad Cardiff. El estudio, realizado en cuatro fases de experimentos, demostró asimismo que la idea de un Dios “aceptador” o de un Dios “rechazador” puede propiciar un aumento o una disminución de la fe, respectivamente. Aunque, según los científicos, la necesidad de pertenencia no es el único origen de la fe, estudios previos ya la habían relacionado con la aparición de la religiosidad humana. Por Yaiza Martínez.

Foto: kelsey_lovefusionphoto. Fuente: Everystockphoto.
La necesidad de sentirse amado y de pertenecer a un grupo impulsa la fe en Dios, sugieren los resultados de una investigación reciente realizada por científicos de la Universidad Humboldt de Berlín y de la Universidad Cardiff, de Gales.

Los psicólogos Gregory Maio y Jochen Gebauer, autores del estudio, han publicado un artículo al respecto en PubMed.org, revista que edita el National Institute of Health de Estados Unidos.

Presentación de artículos falseados

El estudio de Maio y Gebauer fue realizado en cuatro fases de experimentos. Según se explica en Epiphenom, en un primer experimento, los investigadores reunieron a 40 estudiantes galeses, cuya fe en Dios fue manipulada de manera sutil.

Para llevar a cabo esta manipulación, se dividió a los participantes en dos grupos. A uno de ellos se le presentó un artículo científico falseado, en el que se explicaba que se había descubierto que la llamada “Teoría del todo” (teoría hipotética de la Física teórica que explica y conecta en una sola todos los fenómenos físicos conocidos) demostraba la acción de Dios en el universo.

A la otra mitad de los participantes, se les presentó otro artículo falseado, también sobre la “Teoría del todo”, pero en el que se concluía que dicha teoría “no podía ayudar a probar la existencia de Dios”.

Antes de que los voluntarios leyeran ambas versiones del artículo, se les preguntó sobre su perspectiva de Dios, en concreto, si pensaban que Dios era aceptador o rechazador, controlador o no controlador. Después de leer los artículos, los investigadores volvieron a preguntar a los estudiantes, ahora sobre la fuerza real de su fe (o ausencia de fe) en Dios.

Efectos del amor en la fe

Los resultados de este cuestionario revelaron que aquellos estudiantes que habían leído el segundo artículo (que decía que no existía evidencia alguna de Dios) informaron de niveles similares de fe en Dios, independientemente de su imagen previa de Dios.

Sin embargo, entre aquellos estudiantes que leyeron el artículo sobre “la evidencia de Dios”, la fe en Dios sí había aumentado, aunque sólo en el caso de los participantes que tenían una imagen mental previa de un Dios “aceptador”.

Artículos relacionados

Gregory Maio. Fuente: Universidad de Cardiff.
Entre aquéllos que tenían una imagen previa de Dios como “rechazador”, los niveles de fe en él realmente se redujeron, incluso después de que estos participantes leyeran que había evidencias científicas de su existencia.

De estos resultados, podría deducirse que la idea de un Dios “rechazador” propicia activamente el abandono de la fe, algo que fue constatado en un segundo experimento.

En éste participaron 72 estudiantes universitarios, explican los investigadores en PubMed.org. A la mitad de ellos, se les pidió que dedicaran un par de minutos a pensar en alguien que “vivía cerca, en su barrio, pero a quien no conocían bien”.

Un factor más

A la otra mitad de los participantes se les pidió que pensaran en alguien que “los aceptaba y amaba y que los ayudaba siempre que lo necesitasen”. La idea era que el segundo grupo recordase la sensación de sentirse amado y aceptado, de manera que su “necesidad de pertenencia” se viera reducida temporalmente.
Acto seguido, todos los participantes leyeron los mismos artículos del experimento anterior. Los estudiantes del primer grupo, que habían pensado en una persona a la que no conocían muy bien, presentaron resultados similares a los obtenidos en el primer experimento.

En el segundo grupo, sin embargo, los resultados fueron drásticamente distintos: la lectura del artículo no produjo cambio alguno en el grado de fe en Dios de los participantes. Los investigadores señalan que, una vez satisfecha la necesidad de pertenencia, los estudiantes con una imagen de Dios como “aceptador” no se sintieron motivados a aumentar su fe en Dios, con el fin de sentirse amados. Y los estudiantes con una imagen de Dios como “rechazador” tampoco sintieron la necesidad de rehuir la fe en Dios, por miedo a ser rechazados.

En un tercer experimento, los científicos manipularon la imagen de Dios que tenían 79 voluntarios, que participaron en dicho experimento a través de Internet.

En este caso, se demostró que los participantes a los que sutilmente se les hizo considerar que Dios era “rechazador” informaron seguidamente de niveles más bajos de fe, y también de una menor propensión a asistir a la iglesia.

En un experimento final, realizado también a través de Internet, en este caso con 106 voluntarios, demostró que los creyentes con una imagen de Dios como “aceptador” informaron que su fe en Dios estaba motivada por su necesidad de pertenencia.

Todos estos experimentos demuestran no sólo que la fe en Dios puede hacer sentir a los creyentes que son amados y aceptados sino que, en el sentido inverso, la necesidad de pertenencia también puede propiciar la fe en Dios. Sin embargo, los investigadores advierten de que éste no sería el único factor de motivación de la fe religiosa, sino tan sólo uno de ellos.

Llenar el vacío

Los resultados de la investigación de Maio y Gebauer coinciden en cierta manera con los obtenidos en un estudio anterior, realizado en 2009 por la antropóloga de The College of William and Mary, de Estados Unidos, Bárbara King.

En este estudio se reveló que la necesidad de pertenencia de los individuos de nuestra especie, así como el desarrollo de lazos afectivos individuales y sociales cada vez más complejos, llevó al ser humano a establecer conexiones también con sus ancestros fallecidos, los espíritus de los animales y los “seres superiores”.

Según King, habría sido la necesidad terrenal de pertenencia -nuestra búsqueda del sentido de pertenencia- lo que condujo a la aparición de la imaginación religiosa humana, y a la necesidad de relación con los dioses, los espíritus o con un solo Dios.

EEUU y Hitler: casos de eugenesia real

Antonio Cruz Suárez

EEUU y Hitler: casos de eugenesia real

Eugenesia (VI)

Curiosamente, Estados Unidos y la Alemania de Hitler coincidieron –en muy diferente medida- a la hora de aplicar la eugenesia de una manera práctica.

27 de marzo de 2011

Durante los doce o trece primeros años del siglo XX se realizaron 236 vasectomías forzosas en retrasados mentales del estado norteamericano de Indiana (Thuillier, 1984: 779).

En 1907 este mismo estado aprobó la primera ley de esterilización obligatoria de los deficientes mentales, violadores y criminales.

Entre los términos empleados para referirse a las personas que debían someterse a tales medidas, figuraban algunos tan ambiguos como “degenerados hereditarios”, “pervertidos sociales” o “adictos al alcohol y las drogas”.

Tales normas se fueron extendiendo a veintiocho estados más, hasta que en 1935 el número de esterilizaciones practicadas alcanzó la cifra de 21.539.

No obstante, las prácticas eugenésicas no fueron siempre tan drásticas, sino que en ocasiones pasaron más desapercibidas.Otra ley de 1924, la Immigrationrestriction act, puso en marcha una selección de los extranjeros inmigrantes que deseaban entrar en Estados Unidos. El argumento racista que inspiraba tal ley era la creencia de que los individuos procedentes del norte y oeste de Europa eran biológicamente superiores a los que venían del este y del sur.

Una vez más las ideas propias de la eugenesia se escondían detrás de la ley. Se consideraba que el patrimonio genético de las personas, la herencia biológica, determinaba el nivel económico y social de éstas, siendo más importante que la influencia del ambiente o la educación que se había recibido a lo largo de la vida.

HITLER

También en otros países la moda racista caló hondamente. En Alemania, el clima promovido por el nacionalsocialismo de Adolf Hitler fue, por desgracia, el más adecuado para que la eugenesia arraigara con fuerza.

En su libro Mein Kampf, redactado a partir de 1924, el gran dictador se apoyaba claramente en la biología y en la teoría de la evolución para justificar su descabellado culto a la “pureza de la raza aria”.

En 1933 fue aprobada la ley de higiene racial que permitió la esterilización de muchas personas consideradas deficientes físicos o mentales.

Con el fin de purificar la sangre alemana de los “genes defectuosos” de las razas inferiores, seis millones de judíos fueron exterminados en las cámaras de gas, quemados después y sus cenizas utilizadas como abono en los campos.

Simultáneamente se practicó también una política de eugenesia positiva mediante la selección de jóvenes de ambos sexos que, según se creía, manifestaban los caracteres arios. Se crearon centros para que estas personas se reprodujeran y pudieran transmitir sus genes a la descendencia.

El movimiento eugénico empezó a decaer a partir de los años treinta debido en parte a los nuevos descubrimientos de la genética, así como a la crisis económica, la gran depresión, que afectó por igual tanto a los nórdicos como a los mediterráneos.

Todo esto unido al terrible escándalo provocado por el holocausto nazi en la conciencia de la humanidad, contribuyó a que la filosofía eugenética perdiera paulatinamente credibilidad.

Autores: Antonio Cruz Suárez

© Protestante Digital 2011

Semana del «orgullo ateo», y yo con estos pelos

Semana del «orgullo ateo», y yo con estos pelos

A las 5:04 PM, por Juanjo Romero
Categorías : Ateísmo


Por favor, devuélvannos a los «ateos sensatos», que los haberlos, haylos. Qué lejos quedan aquellos días en los que intentaban aparentar respetabilidad. Ahora son secta proselitista, con cismas y puñaladas.
Un grupo de ateos —más o menos los de siempre—, agrupados en torno a «‘A’ week», promueve la campaña para que esta semana —20-26 de marzo— sea la semana del orgullo ateo, con el objetivo de «mostrar cuántas personas son buenas sin Dios, y que no necesitan la influencia de la religión en sus vidas».
Es buenísimo, la sola imagen de Dawkins ataviado exclusivamente con tanga de leopardo creo que debería ser el icono del movimiento que se autodenomina «nuevo ateísmo». Ahora me explico el nivel argumentativo de las carrozas de comentaristas de los artículos anteriores. Algún lector todavía se escandaliza del aire de suficiencia y mala-educación que se gastan algunos ateos. No se sulfuren, por favor, simplemente están reteniendo la respiración para meter tripa.
Gracias a Dios, todos los ateos no son así, doy fe.
Ha sido conocerse la noticia y la blogosfera católica americana se lanzó a echar una mano sugiriendo modos de celebrarlo. No traduzco, no merece la pena hacer más sangre. Podéis echar un vistazo a las de Matthew Archbold, desternillantes. Selecciono dos:
«no hacer nada, al fin y al cabo nada importa»
«asistir a una conferencia en Berkeley sobre el ‘Mao incomprendido’»
La nota agridulce la pone J. Fulwiler, como exatea intenta capear la sensación de vergüenza ajena, pero no puede evitar ir a la cuestión nuclear: la amargura de no poder definir su vida de modo positivo y externo. Y lo cuenta por experiencia y por la observación del tono marcadamente desagradable de los «nuevos ateos» como Richard Dawkins, PZ Myers o Sam Harris. Al fin y al cabo, ateo significa sólo eso, no-dios, nada más. Y facilita —todos estamos expuestos a ello— que ese dios termine siendo simplemente uno mismo.
Creo que todos podemos estar de acuerdo que llenarse de uno mismo es muy poco llenarse.
A mi, a parte de esperpento, lo que me llama la atención es el propósito de la convocatoria: «cuántas personas son buenas», ya que lo bueno, según ellos es relativista y no puede definirse más allá de una convención. Así que para que un ateo diga qué es bueno, necesita que un cristiano exista y se lo cuente, de otra manera no puede mostrar nada.

¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo? ( y II)

¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo? ( y II)

¿No habíamos quedado en que «Europa necesita un alma»?
Que la Constitución Europea optara por una autocomprensión cultural tan tenue-gaseosa resulta sorprendente por otra razón: la «voluntad de vacío» (Delsol) del constituyente europeo contrasta con las frecuentes declaraciones de eurócratas que lamentan el «déficit de legitimidad» de las instituciones comunitarias, la ausencia de una «conciencia (supra)nacional» europea, la escasa identificación emocional de los ciudadanos con la UE, etc[28]. Los organismos de Bruselas son percibidos como fríos monstruos burocráticos, y la bandera de las doce estrellas (las doce estrellas, por cierto, son un símbolo mariano [Ap.12, 1], y fueron escogidas conscientemente como tal por los Schuman, De Gasperi, etc.) no suscita en nadie la menor emoción. Esto, al decir de los propios eurócratas, es un problema: es preciso, se nos dice, generar un patriotismo europeo; es preciso ir más allá de la «Europa de los mercaderes». Jacques Delors sintetizó así esta carencia en un discurso de 1992, pronunciado en la catedral de Estrasburgo: «Hay que darle un alma a Europa […]. Si en los próximos diez años no conseguimos darle un alma, una espiritualidad, un significado, habremos perdido la partida europea». Y Delors daba por supuesto que el alma europea no podía ser sino cristiana: «La contribución del cristianismo sigue siendo esencial, precisamente por la sabiduría de la que se nutre su visión del hombre»[29].
Delors daba en 1992 un plazo de diez años para construir «un alma europea». Pero lo que advino en 2002 fue la Constitución autonegadora que estamos analizando. ¿Qué pudo ocurrir en esa década para que tuviera lugar un giro así? Podemos conjeturar que un factor importante pudo ser la afluencia creciente de inmigrantes y la evidencia irreversible de que la Europa del siglo XXI va a ser un continente multicultural (recordemos la alusión de Giscard a la presencia de 30 millones de musulmanes como excusa para no mencionar el cristianismo).
Esta cuestión es capital. Giscard, erigido en portavoz de muchos, daba por supuesto que, dado que vamos a tener que convivir con gentes de cultura distinta, debemos atenuar nuestra propia identidad civilizacional hasta convertirla en algo gaseoso, no susceptible de ofender a nadie ni de chocar con nada. Pero esto es un tremendo error. Los sociólogos se preguntan a menudo por qué el melting pot norteamericano funciona (los inmigrantes desarrollan rápidamente un sentimiento de pertenencia, de lealtad hacia los EEUU) y el europeo no (miles de magrebíes -la mayoría de ellos, ciudadanos franceses- interrumpieron con silbidos e insultos la interpretación de la Marsellesa en un partido Francia-Argelia celebrado en París: un símbolo entre miles posibles). La respuesta es fácil: los EEUU son todavía una sociedad orgullosa de sí misma, con una identidad sólida: un «nosotros» autoconfiado en el que un inmigrante puede desear fusionarse. Pero Europa está «cansada de Historia» y viene de vuelta de toda autoafirmación y toda identidad: ¿qué atracción puede ejercer una cultura tan tenue y autonegadora sobre un recién llegado?[30]. Quien no se respeta a sí mismo no puede inspirar respeto. Como indica Marcello Pera, para poder integrar a los inmigrantes es preciso poseer una identidad a la que éstos puedan incorporarse: «Integrar no es lo mismo que hospedar o agregar. Integrar es asumir que existe algo, una identidad, a la que atribuimos tanto valor que pedimos al que llega que la respete, que la aprecie, que la comparta»[31]. Y añade Cristopher Caldwell: «Si Europa podrá, por primera vez en su historia, acomodar con éxito a minorías no europeas, dependerá de si nativos y recién llegados la perciben como una civilización floreciente o decadente»[32]. Y Jean Sévillia: «¿Qué modelo ofrecemos a los inmigrantes? ¿Cómo puede inspirar respeto una nación que ya no se ama a sí misma, que ya no tiene niños, que se baña en el hedonismo y el culto al dinero?»[33].
La escritora germano-turca Neclá Kelek declaró: «Alguien me preguntó en cierta ocasión si consideraba a Alemania mi patria. Sólo pude decir que ni siquiera los alemanes [nativos] consideran a Alemania su patria. ¿Cómo se supone que podemos integrarnos en un lugar así?»[34].
Un proverbio árabe sostiene que «un camello que cae atrae a muchos salteadores». Y de árabes se trata, precisamente: la gran cuestión es si esas decenas de millones de norteafricanos (cuyo porcentaje tenderá a crecer, pues los europeos nativos han dimitido de la procreación) perciben a Europa como una sociedad vigorosa, con fe en sí misma, con una identidad susceptible de ser admirada e imitada, o como un camello renqueante que está dando las boqueadas. Máxime, porque esos inmigrantes tienen a su disposición una identidad civilizacional «fuerte» (la islámica), que no es autocrítica, ni dubitativa, ni «cansada». El inmigrante tiene que decidir si es europeo antes que musulmán: Europa compite con la umma por su lealtad[35]. Europa tiene que decidir si significa algo más que relativismo y vacuidad postmoderna. Un dato: el 70% de los inmigrantes turcos en Alemania están convencidos de que su religión es la única verdadera; sólo un 6% de los alemanes nativos creen lo mismo de la suya. El que quiera entender, que entienda.
No es haciéndose cada vez más laica, relativista, autocrítica y postidentitaria cómo Europa conseguirá ganarse el respeto de los inmigrantes. Es exactamente al contrario[36].
En busca de una identidad «densa»
Muchos que aceptarían el diagnóstico de las líneas anteriores (Europa necesita una identidad que apele a rasgos específicamente europeos, y no sólo a valores universal-abstractos) tienden, sin embargo, a buscar la «europeidad densa» en una dirección que no estimo adecuada. Me refiero a aquéllos que gustan de concebir a Europa como la «anti-América», cifrando el orgullo continental en distinguirse lo más posible de EEUU: si los americanos son religiosos, los europeos somos ateos; si los americanos son militaristas, nosotros somos pacifistas; si los americanos son capitalistas, los europeos somos socialdemócratas; si los americanos son «maniqueos» (creen todavía en esos anticuados conceptos llamados «bien» y «mal»)[37], los europeos somos «complejos» y pensamos que «todo tiene muchas caras»[38]; si los americanos son puritanos, los europeos somos libertinos[39].
Así, Jürgen Habermas, admitiendo que Europa necesita elementos de identidad thick que vayan más alla de las consabidas alusiones thin a valores universales, los busca en referencias ideológicas típicamente izquierdistas: pacifismo, Estado social[40], ecologismo… Esta concepción sectaria de la europeidad (resumible en la ecuación «ser europeo es igual a ser de izquierdas») alcanzó quizás su máximo predicamento durante los meses que precedieron y siguieron a la guerra de Iraq en 2003. Cuando el presidente Rodríguez Zapatero dijo en 2004 «volvemos al corazón de Europa», entendía por «Europa» exactamente esto.
Existe una variante aun más discutible de la concepción anterior: es la que cifra la quintaesencia de la europeidad en los «nuevos derechos» derivados de la revolución cultural de los 60: aborto, permisividad sexual, matrimonio gay, etc. El sociólogo holandés Pim Fortuyn —un fogoso cultural warrior que creó un partido propio y llegó a cosechar resultados electorales notables, antes de ser asesinado en 2002 por un ecologista- defendió una concepción de este tipo en su obra Contra la islamización de nuestra cultura (1997)[41]. El novelista alemán Peter Schneider declaró hace unos años: «Europa se ve ahora desafiada a defender sus valores y principios, tanto en casa como en el extranjero. Las líneas de conflicto […] muestran tres grandes temas: la igualdad y autodeterminación sexual de las mujeres y los homosexuales, la libertad de opinión en la prensa y los derechos de la laicidad frente al mundo sagrado»[42]. El gobierno holandés ha producido un vídeo que muestra «los valores de la sociedad holandesa» a los inmigrantes que han solicitado permiso de residencia (sus reacciones son estudiadas, y los que denotan abierto desagrado ven denegada su solicitud): el vídeo muestra, entre otras cosas, hombres besándose y mujeres exhibiéndose en topless en las playas. También el gobierno regional de Baden-Württemberg somete a los solicitantes de asilo a un test similar: un cuestionario en el que, junto a preguntas totalmente razonables («¿ve usted alguna justificación a los atentados del 11 de septiembre?»), figuran otras muy problemáticas («¿cómo reaccionaría usted si su hijo le dijera que es homosexual y que quiere vivir con otro hombre?»).
Estas preguntas —y, más genéricamente, esta concepción que cifra la esencia de la europeidad en la ética sexual sesentayochista- son problemáticas… porque muchos europeos nativos también «suspenderían»[43]. Los cristianos europeos reaccionarían con desagrado frente al topless y el besuqueo masculino, y contestarían quizás que intentarían explicar a su hijo que la homosexualidad activa es pecado, y que existen terapias que permiten superar la inclinación homosexual. Naturalmente, cualquier occidental considera una abominación la ejecución de homosexuales en Irán: el rechazo de semejante barbarie sí forma parte del patrimonio moral común a todos los europeos. Pero eso es una cosa, y otra pretender excluir de los valores europeos a cualquiera que albergue el mínimo reparo moral frente a la homosexualidad activa. Las consecuencias de esto serían abrumadoras: los cristianos se verían conceptuados como la anti-Europa (precisamente lo que sugería el Preámbulo de la Constitución)[44]. Hay ya inquietantes síntomas de esta evolución: clérigos (Ake Green, Dale McAlpine) arrestados por proclamar en público los criterios bíblicos sobre la homosexualidad activa; agencias británicas de adopción cerradas por no prestarse a tramitar la adopción de niños por parejas homosexuales; grupos españoles de comunicación (Intereconomía) multados por emitir comentarios críticos sobre el desfile del Orgullo Gay[45].
Cifrar la identidad europea en los «nuevos derechos» es disparatado: implicaría que el alma de Europa se identifica con unos criterios ético-sexuales recientísimos (no tienen más de 30 años) y rechazados por un porcentaje importante de europeos (¡por no hablar de los inmigrantes!)[46]. Si ser europeo significa aplaudir entusiásticamente el matrimonio gay, entonces no lo fueron Shakespeare, ni Dante, ni Churchill, ni Marx, ni Freud… Erasmo, Tomás Moro o Kant quedarían desplazados por Bibiana Aído como europeos arquetípicos.
Aceptar las raíces cristianas
En su famosa obra ¿Qué es una nación?, Ernest Renan afirmó que la identidad nacional es jánica: mira simultáneamente hacia el pasado (conciencia de unas raíces comunes) y hacia el futuro (proyecto colectivo). «Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía: he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo»[47]. La Constitución Europea quiso poner los cimientos de una supernación europea, pero lo hizo mirando sólo hacia el porvenir (un proyecto continental de democracia, derechos humanos, etc.), y renegando implícitamente de su pasado (raíces cristianas). Renan habría dicho que esos eran unos cimientos muy débiles.
Creo que la razón principal por la que el constituyente europeo volvió la espalda al pasado cristiano es la suposición de que hay una ruptura lógica e histórica entre el cristianismo y los valores europeos actuales (democracia, libertad, derechos humanos, etc.). Giscard y los demás estaban profundamente imbuidos de la versión «progresista» de la Historia, según la cual los valores democráticos surgieron a pesar del cristianismo, en dura competencia con él.
Pero esa visión de la Historia deja mucho que desear. Los ideales liberal-democráticos modernos proceden en realidad de los valores cristianos. Naturalmente, ésta es una afirmación «fuerte», para cuya justificación conceptual detallada carecemos aquí de espacio.
Señalemos simplemente que la noción de dignidad humana -la idea según la cual la mera pertenencia a nuestra especie confiere al individuo ciertos derechos inalienables- encuentra una fundamentación insuperable en la creencia cristiana en la filiación divina: el homo sapiens no es el producto fortuito de una lotería bioquímico-cósmica carente de sentido, sino la criatura predilecta de un Dios amoroso. De ahí deriva su dignidad: de lo alto. Cualquier otra explicación convierte la dignidad, al final, en una autosacralización voluntarista («tenemos dignidad porque así lo hemos decidido») y selectiva («tienen dignidad sólo aquellos que decidamos que la tienen» [por ejemplo, últimamente hemos decretado que los fetos y enfermos terminales carecen de ella]). Sólo la religión confiere a la dignidad humana un fundamento sólido (si el hombre es hijo de Dios —y no un capricho de la química del carbono- entonces es realmente sagrado; su dignidad es entonces objetiva, y no autoatribuida).
El cristianismo ha hecho posible el concepto de derechos humanos al proporcionar la idea de una dignidad inviolable del individuo. Pero también ha contribuido a ello de una segunda forma: poniendo las bases de la desacralización del poder y de la dualidad de órdenes (¡es decir, de la laicidad!: «al césar, lo que es del césar», etc.)[48]. Israel surge en la Historia como una excepción dualista (separación del poder temporal y el espiritual) en un mundo de «monarquías sagradas» teocráticas, donde el rey es el dios [faraones egipcios] o habla con los dioses. En Israel -y, después, en la cristiandad- el poder es desacralizado: sólo Dios es Dios; el Estado no es divino, ni el rey es un dios; el Estado es falible (y, por tanto, su autoridad debe ser sometida a control y limitación). El Estado no salva[49].
El mismísimo Habermas ha reconocido todo esto: «Para la autocomprensión normativa de la modernidad, el cristianismo ha representado más que un mero precedente o catalizador. El universalismo igualitario —del cual derivaron las ideas de libertad y solidaridad social, conducción autónoma de la vida y emancipación, conciencia moral individual, derechos humanos y democracia- es un heredero directo de la ética judía de la justicia y de la ética cristiana del amor. Este legado ha sido objeto de una constante apropiación e interpretación crítica, sin sufrir transformaciones sustanciales. Al día de hoy, no existe ninguna alternativa a él. […] Seguimos alimentándonos de esa fuente. Todo lo demás son chácharas postmodernas»[50].
Con estas palabras (que implican, desde luego, un giro radical respecto a su trayectoria anterior), Habermas está contestando afirmativamente a la pregunta que Ernst W. Böckenförde formulara en los años 60: «¿Se nutre el Estado liberal secularizado de presupuestos normativos que él mismo no puede garantizar?»[51]. En efecto, la democracia liberal surgió de un humus cultural muy concreto: un humus en el que el cristianismo (junto al sustrato grecorromano) juega un papel central. No es casualidad que las ideas de derechos humanos, Estado de Derecho, etc. hayan surgido en Occidente y encuentren en Occidente sus realizaciones más duraderas y perfectas. Tampoco es casual que el único país del mundo que ha sido invariablemente liberal y democrático desde su nacimiento (y el que salvó la democracia frente a los totalitarismos nazi y soviético) —Estados Unidos- sea también el más cristiano de Occidente.
Claro, en la historia del cristianismo no todo es luminoso: existieron la Inquisición, las guerras de religión, la condena eclesiástica de las libertades modernas durante el siglo XIX… Pero la cultura occidental disponía de los antídotos adecuados para reaccionar contra tales extravíos; los antídotos estaban en su mismo ADN: en el racionalismo griego y el teo-humanismo cristiano[52]. Una y otra vez, reformadores, santos, fundadores, activistas anti-esclavitud, etc., podían volver a la fuente: al sermón de la Montaña; a «ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni amo, no hay varón ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jesús» (Gal. 3, 28).
El agnóstico Marcello Pera[53] lo ha visto con claridad (y el pensamiento del último Habermas va en la misma dirección)[54]: el liberalismo no es autosuficiente ni autofundado[55]. Privado de su raíz prepolítica natural, tiende a dudar de sí mismo, a degenerar en el relativismo y el procedimentalismo[56]. Es lo que ocurre en la actualidad. La democracia relativista puede autodestruirse.
«El liberal —escribe Pera— es cristiano. Lo es aunque no lo sepa»[57]. Lo es porque sus valores liberal-democráticos no son más que valores cristianos secularizados (aunque él no sea consciente de esa filiación). Y, como indican Pera y Habermas, la preservación del liberalismo no será posible sin una cierta recristianización de Europa[58]. «Recristianización» que no consiste necesariamente en una recuperación masiva de la fe religiosa (aunque, ¿quién sabe? … la religión está en alza en todo el mundo[59], e incluso en Europa hay tímidos síntomas de revitalización)[60], pero sí en una concienciación generalizada de que los europeos somos, inevitablemente, «cristianos culturales». «Cristiano cultural» es aquél que, tenga o no fe religiosa, valora la aportación insustituible del cristianismo a la identidad occidental. Es la posición del propio Pera, que se autodefine como un admirador del cristianismo que no posee el don de la fe: «Admirador del cristianismo es aquél que sabe que el cristianismo ha cambiado el mundo, que nos ha traído una revolución moral de amor, igualdad y dignidad sin precedentes, y que esa revolución despliega todavía hoy sus efectos; que sin esta revolución el mundo sería peor, la vida entre los hombres más salvaje, los derechos menos garantizados, la esperanza menos fundada. […] Ambos [cristianos religiosos y «cristianos culturales»] tienen un don. Para los creyentes en el primer sentido, el «don de Dios» es la gracia, la gratuita y misteriosa esperanza de un encuentro, de una presencia: la Suya. Para los creyentes en el segundo sentido, el «don de Dios» es un patrimonio de virtudes, costumbres, cultura, civilización: la nuestra»[61].
Notas
[28] Una identidad europea hecha sólo de valores universales no suscitará identificación emocional: «[D]i per sé, il patriottismo costituzionale –con quel suo richiamo alla lealtà verso principi e valori universali- è un’idea troppo «debole» o «sottile» (thin), cioé troppo generica, astratta, […] affinché produca uno specifico senso di identità, di appartenenza ad un’unica, specifica, comunità europea» (PERA, M., Perché…, cit., p. 83).
[29] Citado por PERA, Marcello, Perché dobbiamo…, cit., p. 70.
[30] «Se l’Europa non è un melting pot ma solo un contenitore, è perché non ha energia identitaria sufficiente a fondere il contenuto» (PERA, M., op. cit., p. 123).
[31] PERA, Marcello, Perché dobbiamo…, cit., p. 98.
[32] CALDWELL, Cristopher, La revolución europea, cit., p. 32.
[33] SÉVILLIA, Jean, Quand les catholiques étaient hors la loi, Perrin, París, 2005, p. 287.
[34] Citado en JENKINS, Philip, God’s Continent, cit., p. 247.
[35] «A sufficiently strong «cultural loyalty» will always outweigh the nominal citizenship one happens to hold, especially if it’s something as weedy and undernourished as the modern multicultural post-national identity promoted by most developed societies» (STEYN, Mark, op. cit., p. xvi). «If «Dutchness» or «Frenchness» seems a weak attenuated thing, then the stronger identity will prevail» (STEYN, M., op.cit., p. 32).
[36] «L’Europa ama l’islam per le stesse ragioni per cui l’islam odia l’Europa: il suo laicismo, relativismo, multiculturalismo […]» (PERA, M., op.cit., p. 134).
[37] Dos grandes hitos de la americofobia europea fueron las chanzas sobre el discurso del presidente REAGAN que describió a la URSS como «imperio del mal» y el del presidente BUSH sobre los regímenes norcoreano, iraní e iraquí como «eje del mal». Naturalmente, sólo a un simplista cowboy se le ocurriría llamar «maligno» al régimen que mató a millones de personas en el Gulag y en la hambruna ucraniana, o al que ha convertido su país en una prisión, o al que gaseó a 5000 kurdos, o al que mata a homosexuales, lapida adúlteras y promueve el terrorismo.
[38] «The biblical references in politics, the division of the world between good and evil, these are things that [Europeans] simply don’t get. In a number of areas, it seems to me that we [Europeans and Americans] are no longer part of the same civilization» (François HEISBOURG [director de la Fundación para la Investigación Estratégica de París], citado en SLOAN, Stanley, «Religion and Politics: All the President’s Truths», International Herald Tribune, May 18, 2005).
[39] La incuestionabilidad de una libertad sexual ilimitada (al menos, entre adultos, y en Holanda ya se elevan voces a favor de la despenalización de la pederastia) parece el único y último dogma de una Europa por lo demás descreída y relativista: «A algunos legisladores les ponen nerviosos los indicios de desintegración familiar –el índice de ilegitimidad del 43% en Gran Bretaña, por ejemplo-, pero aquellos que relacionan su nerviosismo con los recelos hacia la liberación sexual ([la exministra] Christine Boutin en Francia y [la exministra] Ann Widecombe en Inglaterra, por ejemplo) suscitan más mofas que apoyos. La aprobación pública de la liberación sexual parece casi obligatoria» (CALDWELL, CH., La revolución…, cit., p. 237).
[40] Vid. HABERMAS, Jürgen, Time of Transitions, Polity Press, Cambridge, 2006, p. 71 ss.
[41] FORTUYN, Pim, Tegen de islamisering van onze cultuur: Nederlandse identiteit als fundament, A.W. Bruna, Amsterdam, 1997.
[42] Citado en JENKINS, PH., God’s Continent, cit., p. 248.
[43] «Other questions [of the Baden-Württemberg test] would be a real obstacle […] for political moderates who are conservative on moral and gender issues, who do not support wide-ranging ideas of gay rights, or who have serious qualms about public nudity. This would certainly be true among Muslims but also those Christians or Jews for whom acceptance of full homosexual equality would constitute an acid test» (JENKINS, PH., God’s Continent, cit., p. 275).
[44] «Los líderes políticos preguntan si los musulmanes aceptarán nuestros valores. Yo pregunto: ¿qué valores son esos? ¿El matrimonio gay? ¿La eutanasia?» (Adrianis SIMONIS, Obispo de Utrecht [citado en JENKINS, PH., op.cit., p. 276]).
[45] Sobre el tema, vid. KUGLER, Gudrun, «No Successor for Don Camillo: On the Marginalization of Christians in Europe», en KUGLER, Gudrun y Martin (eds.), Exiting a Dead End Road: A GPS for Christians in Public Discourse, Kairós Publications, Viena, 2010, pp. 7-23; cf. PHILLIPS, Melanie, The World Turned Upside Down, Encounter Books, Londres-Nueva York, 2010, p. 101ss
[46] «No es bueno etiquetar unas disposiciones sexuales y de género totalmente nuevas como «principios europeos fundamentales»» (CALDWELL, CH., La revolución…, cit., p. 238).
[47] RENAN, Ernest, ¿Qué es una nación? – Cartas a Strauss, trad. de A. de Blas, Alianza, Madrid, 1987, p. 82.
[48] «Il n’y a rien de plus chrétien que la laïcité! […] Pour le peuple biblique, l’État ne sera plus jamais une source de vérité ni un modèle moral, il sera à jamais désacralisé. […]. Même au plus fort de son influence historique, l’Église s’est abstenue d’exercer un pouvoir temporel direct. […] [C]e sont les régimes antichrétiens fondés sur des idéologies matérialistes ou païennes qui ont resacralisé l’État et créé des idéologies d’État fanatiques» (NEMO, Philippe, «Les racines chrétiennes de l’Europe …», cit., pp. 54-55).
[49] «Esta desacralización del poder en Europa fue fruto del judeocristianismo; […] y [ésta] es la razón por la que la democracia solamente apareció y es probable que solamente pueda florecer en Occidente. […] Fueron los profetas hebreos […] quienes inauguraron la división y la lucha fecunda del poder espiritual y el poder temporal. El profeta no se somete al poder del rey. No duda en acudir a palacio e interpelarle […]. [E]l poder temporal, en cuanto tal, no participa en la economía de la salvación. Ésta depende únicamente de la conversión interior de las personas, en la que trabajan los profetas y los santos. El Estado tiene como misión hacer que reine el orden, impedir que la sociedad se convierta en un infierno, pero no tiene en sus manos la llave del paraíso» (NEMO, Philippe, ¿Qué es Occidente?, Gota a Gota, Madrid, 2007, pp. 81-82). Cf. MADDOX, Graham, Religion and the Rise of Democracy, Routledge, Londres-Nueva York, 1996.
[50] HABERMAS, Jürgen, «A Conversation About God and the World», en Time of Transitions, Polity Press, Londres, 2006, pp. 150-151.
[51] BÖCKENFÖRDE, Ernst-Wolfgang, «Die Entstehung des Staates als Vorgang der Säkularisation», en Recht, Staat, Freiheit [1967], Suhrkamp, Francfort del M., 1991, p. 112.
[52] «In alcune fasi della sua storia, il cristianesimo è stato fondamentalista […]. Ma l’antidoto migliore contro il fondamentalismo è il cristianesimo medesimo» (PERA, M., Perché …, cit., pp. 124-125). «I liberali hanno vinto una battaglia contro la Chiesa, ma hanno avuto come alleato il cristianesimo» (PERA, M., op.cit., p. 48).
[53] Vid. PERA, Marcello – RATZINGER, Joseph, Sin raíces: Europa, relativismo, cristianismo, islam, Península, Barcelona, 2006.
[54] Vid. HABERMAS, Jürgen – RATZINGER, Joseph, Dialéctica de la secularización: Sobre la razón y la religión, Encuentro, Madrid, 2006.
[55] «[I]l cristianesimo –con quella sua idea dell’uomo creato a immagine di Dio […]- è la religione che ha introdotto il valore della dignità personale, senza il quale non c’è né libertà, né uguaglianza, né solidarietà, né giustizia. […] Oggi che è diventato anticristiano, il liberalismo è senza fondamenti e le sue libertà sono appese nel vuoto. […] Se non vogliamo che degeneri ulteriormente, dobbiamo restituirgli il senso dei suoi fondamenti cristiani» (PERA, M., Perché …, cit., pp. 6-7).
[56] «Liberalismo e cristianesimo sono congeneri. […] Per mantenere una società liberale […] occorrono un ethos e delle virtù. Non bastano libere istituzioni, liberi giudici, una libera stampa. […] Il difetto principale dell’attuale liberalismo è quello di essersi ritirato in una dimensione solo politica e procedurale e di dimenticare di essere una tradizione con specifici e densi contenuti etici, la quale affonda le sue radici nella storia europea, di cui la storia cristiana […] è parte essenziale» (PERA, M., Perché …, cit., pp. 44-45).
[57] PERA, M., Perché …, cit., p. 45.
[58] Me ocupé del tema en CONTRERAS PELÁEZ, F.J., «Europa: agonía del sesentayochismo, ¿retorno del cristianismo?» (Persona y Derecho, vol. 58 [2008], pp. 300-367).
[59] Me ocupé del tema en CONTRERAS PELÁEZ, Francisco José, «Return of Religion and Western Cultural Divide» [ http://www.europeanideasnetwork.com/files/2010/seminar_9juin/M._CONTRERAs_intervention.doc]. Cf. MICKELTHWAIT, John – WOOLDRIDGE, Adrian, God is Back: How the Global Revival of Faith is Changing the World, Penguin Press, Nueva York, 2009.
[60] Por ejemplo: cuatromillones de jóvenes en los funerales de JUAN PABLO II, reactivación de los centros de peregrinación [Santiago, Czestochowa, Knock, Paray-le-Monial, Medjugorje, etc.], éxito del «curso Alfa» y de las «misas de Tomás», inmigración cristiana desde países del Sur [no toda la inmigración es musulmana], éxito inesperado de películas como «El gran silencio», «La última cima» o «De dioses y hombres», etc. Vid. JENKINS, Philip, God’s Continent, cit, p. 55 ss.
[61] PERA, M., Perché dobbiamo …, cit., pp. 56-57.

¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo? (I)

¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo? (I)

Tengo dos recuerdos de infancia asociados a José Manuel Peláez y Europa; ambos deben datar de 1971. En uno de ellos, él me cuenta nada menos que la historia de Occidente, en la penumbra del salón del piso de la calle Monzón: se remonta al punto cero ab urbe condita, y me explica lo de Numítor, Rea Silvia (estos dos nombres no los he olvidado desde entonces) y la loba capitolina; y después llega, claro, a las Guerras Médicas, cuando el sacrificio de Leónidas y el genio de Milcíades —que no entendían de «alianza de civilizaciones»- hicieron posible que Europa existiera algún día. Pero entonces yo me escabullo: atravieso una fase de precoz hipocondria, y tengo pánico a todo lo relacionado con «médicos». En el segundo es verano, y tío José Manuel aparece inesperadamente en el jardín de la casa de Rota. ¡Viene de La Haya! En la España poco viajada del tardofranquismo, es como si llegara de Marte (años después, entenderé que venía de algún curso en la Academia de Derecho internacional). ¡Se ha dejado el bigote! Gran revuelo familiar. Abuela, desde luego, piensa que ha adelgazado demasiado. Y tía Pilar está radiante.
Lo cierto es que José Manuel Peláez dedicó buena parte de su trayectoria como internacionalista al estudio del Derecho comunitario y de las instituciones supranacionales europeas. Fue siempre un europeísta ferviente, convencido de que «Europa no es un continente, sino una idea», y de que dicha idea, aunque originada en Europa, era beneficiosa para la humanidad en general: «la construcción de Europa [implica] […] la radiación de su genio particular, que resulta ser precisamente universal»[1]. He pensado, pues, que estas reflexiones sobre la identidad europea podrían ser un adecuado homenaje a su memoria.
El cristianismo, censurado
Volver a estas alturas sobre el episodio de la omisión del cristianismo entre las raíces culturales de Europa por parte de la Constitución Europea de 2004 puede parecer desfasado, dado que ésta quedó finalmente en agua de borrajas, tras ser rechazada en los referenda francés y holandés de 2005, y terminar siendo sustituida en 2007 por el menos ambicioso Tratado de Lisboa (el cual, por cierto, tampoco incluye mención alguna del cristianismo). Pero la omisión en cuestión era síntoma de un síndrome más profundo, cuyos efectos permanecen en la actualidad (por ejemplo, los ministros europeos de Exteriores reunidos en Bruselas el 31 de enero de 2011 para condenar las matanzas de cristianos en Iraq, Egipto, etc. … ¡fueron incapaces de incluir la palabra «cristianos» en el borrador de resolución!)[2].
Vayamos, antes que nada, al texto de la discordia. Se trata de los dos primeros párrafos del Preámbulo de la Constitución Europea:
«Conscientes de que Europa es un continente portador de civilización; de que sus habitantes, llegados en sucesivas oleadas desde los tiempos más remotos, han venido desarrollando los valores que sustentan el humanismo: la igualdad de las personas, la libertad y el respeto a la razón.
Extrayendo inspiración del legado cultural, religioso y humanista de Europa, que, alimentado primero por las civilizaciones de Grecia y Roma, caracterizado por un impulso espiritual siempre presente en su herencia y después por las corrientes filosóficas de la Ilustración, ha inculcado en la vida social su percepción del papel central de la persona humana y de sus derechos inviolables e inalienables, así como del respeto a la ley…».
El constituyente europeo consideró dignos de mención a Grecia, a Roma, a la Ilustración… pero no al cristianismo (del que sólo cabe sospechar una referencia indirectísima y eufemística en la frase sobre el «impulso espiritual siempre presente en su herencia»)[3]. Ni siquiera la alusión al legado «cultural, religioso y humanista de Europa» está desprovista de connotaciones: se presenta «lo religioso» y «lo humanista» como vetas diferenciadas de la tradición europea, sugiriéndose una oposición entre ambas (como si la religión no pudiera ser humanista).
El iter de este texto estuvo lleno de avatares. Una primera versión incluyó una mención específica del cristianismo (en pie de igualdad con Grecia y Roma, la Ilustración, etc.). Se produjo entonces el contraataque de Valéry Giscard d’Estaing, representante francés en la Convención, que afirmó que «los europeos viven hoy en un sistema político totalmente laico, en el que la religión no juega un papel importante»[4]; señaló también que una alusión explícita al cristianismo podría resultar «excluyente», dado que en Europa viven ya 30 millones de musulmanes, y su número aumentará sin duda en las próximas décadas. La posición francesa prevaleció finalmente.
La peculiar versión de la Historia europea solemnizada por la Constitución dista de ser una anécdota. Como bien explica Joseph Weiler, las constituciones tienen básicamente tres funciones: el reparto de competencias institucionales y organización de los poderes del Estado, la determinación de las relaciones entre el poder y los ciudadanos (catálogos de derechos y deberes fundamentales), y la definición de «los valores, ideales y símbolos que comparte una determinada sociedad»[5]. Esta tercera función se hace patente especialmente en los Preámbulos y Títulos Preliminares, que ofrecen una fotografía de la autocomprensión de la nación de que se trate: son textos que vienen a decir «en esto creemos, así entendemos nuestra identidad, a estas metas aspiramos». La omisión selectiva del cristianismo en la enumeración de fuentes culturales de las que derivan los valores europeos resulta, por tanto, altamente significativa: implica que la Europa actual reniega de la componente cristiana de su identidad, y considera que los valores de libertad, democracia, dignidad humana, etc. han surgido a pesar del cristianismo.
La alusión de Giscard a nuestros sistemas «totalmente laicos» —que parece implicar que la Constitución Europea se limitó a levantar acta de lo que ya es un hecho consumado en las Constituciones nacionales- es del todo infundada. Pues, como oportunamente ha recordado Joseph Weiler, lo cierto es que las Constituciones europeas distan de ser unánimes en este punto. La constitución (consuetudinaria) británica es tan poco laica que la jefatura del Estado resulta coincidir con la de la Iglesia. La Constitución irlandesa se abre con una invocación a «la Santísima Trinidad, de la Cual procede toda autoridad, y en la Cual deben inspirarse todos los actos de los hombres y de los Estados». La Constitución de la muy secularizada Dinamarca establece una religión oficial: «la Iglesia evangélica luterana es la Iglesia nacional danesa» (art. 4). Lo mismo hace la de Grecia («la religión predominante en Grecia es la de la Iglesia oriental ortodoxa cristiana»: art. 3.1), que no olvida señalar que «el texto de las Sagradas Escrituras es inalterable» (art. 3.3). La Constitución alemana comienza con la frase: «Consciente de su responsabilidad ante Dios y los hombres, […] el pueblo alemán…».
O sea: la cuestión religiosa recibe tratamientos muy diferentes en los diversos países europeos. La libertad religiosa es reconocida en todos, pero ello no obsta para que muchos confieran carácter oficial a una confesión (que no suele ser el sintoísmo o el jainismo, sino alguna Iglesia cristiana). La estricta laicidad a la francesa es más bien la excepción que la regla. Por tanto, la Constitución Europea no se limitó a reproducir a nivel continental lo que ya era un hecho consumado a nivel nacional. Antes bien, la Constitución Europea optó deliberadamente por un modelo más bien minoritario de concebir la relación Estado-religión (la laicidad a la francesa) y, en esa medida, declaró anticuado y superado el modelo «confesional» seguido por muchas otras Constituciones.
Se podría alegar que el constituyente europeo tenía que hacer una elección entre dos modelos incompatibles, y que la opción recayó sobre el que parecía más a tono con los tiempos. Y, sin embargo, hubiera cabido una solución integradora. Como indica Weiler, hubiera bastado con imitar la fórmula escogida por la Constitución polaca, cuyo preámbulo incluye la inspirada frase:
«Nosotros, la Nación polaca, todos los ciudadanos de la República, tanto aquellos que creen en Dios como fuente de verdad, justicia, bien y belleza, como aquellos que no comparten esta fe pero respetan esos valores universales derivándolos de otras fuentes, iguales en derechos y obligaciones frente al bien común …»
El texto polaco hace justicia a la realidad de las sociedades europeas actuales: sociedades cosmovisionalmente plurales, en las que conviven creyentes con ateos. No establece jerarquías entre ellos, no oculta vergonzantemente a ninguno de los dos grupos; antes bien, pone de manifiesto que ambos pueden concordar en torno a ciertos valores, aunque encuentren el fundamento de tales valores en fuentes distintas. Pero la Constitución Europea no quiso incluir una fórmula similar: prefirió declarar implícitamente que el futuro pertenece sólo a los ateos; prefirió tratar a los creyentes como ciudadanos de segunda, como el embarazoso residuo de un pasado destinado a ser superado.
La laicidad suele ser definida como «neutralidad cosmovisional del Estado»: el Estado suspende el juicio en materia metafísica, sin comprometerse con esta o aquella cosmovisión (ya que sus leyes van dirigidas a ciudadanos que profesan cosmovisiones diversas: cristianos, ateos, musulmanes…). En la práctica, la «neutralidad» en cuestión termina a menudo funcionando como una ley del embudo: cada vez que el creyente religioso aspira a ver reflejados sus valores u opiniones en las leyes, se le dice que «está imponiendo sus creencias a toda la sociedad» (nunca se le dice lo mismo al ateo cuando intenta que las leyes reflejen su visión de las cosas). El constituyente europeo ha procedido en forma similar a la hora de escoger entre el modelo constitucional «confesional» y el laicista. Su «neutralidad» consiste, no en buscar una posible equidistancia a la polaca, sino en tirar uno de ellos a la basura[6].
Una Europa posthistórica y postidentitaria
Las Constituciones, decíamos antes, sirven, entre otras cosas, para mostrar y consolidar la autocomprensión de una sociedad. Al desdeñar los dos mil años de pasado cristiano, la Constitución Europea renuncia al que objetivamente es, sin duda, el rasgo histórico-cultural paneuropeo más evidente: lo único que comparten realmente países que, por lo demás, tienen historias y presentes muy diversos. Como indica Weiler, si viajamos desde los Urales hasta Galway y desde Hammersfest hasta Tarifa, variarán enormemente los idiomas, las costumbres, los niveles de riqueza… lo único que no variará son las catedrales presidiendo las ciudades. Lo único omnipresente es la cruz: la encontraremos en tumbas del año 511, 1011, 1511 o 2011.
¿En qué cifra su identidad esta Europa que da la espalda a su pasado? El propio Preámbulo nos lo dice: «la igualdad de las personas, la libertad y el respeto a la razón»; «el papel central de la persona y de sus derechos inviolables»; «el respeto a la ley». Y bien, es cierto que tales valores suscitan la aprobación de prácticamente todos los europeos. El «problema» es que también suscitan la aprobación, al menos nominal, de todos los no europeos. Es decir: no hay en ellos nada de específicamente europeo; se trata de valores universales. Los encontraremos también en la Constitución de EEUU… y en la de Bután, y en la de Tanzania. Si ser europeo consiste en creer en «la libertad y el respeto a la razón», todo el mundo puede serlo. Marcello Pera ha llamado a esto la «paradoja de la identidad europea»[7]. La identidad europea resultaría ser puramente universal… es decir, resultaría ser una no-identidad. Pues la identidad es, por definición, algo que le distingue a uno de los demás.
La paradójica identidad europea estribaría… en carecer de identidad. Chantal Delsol ha hablado de una vertiginosa «voluntad de vacío», que es a la vez modesta y pretenciosa. Modesta en lo que tiene de autodespojamiento y autonegación: Europa, tan dispuesta siempre a respetar las identidades culturales foráneas (la moda «multiculturalista»), renuncia a una identidad cultural propia. Pero esta modestia es sólo aparente, y podría esconder una forma de soberbia: Europa se ve a sí misma como una modalidad más evolucionada de humanidad, una humanidad post-identitaria que ya no necesita raíces y puede alimentarse sólo de valores universales abstractos[8]. Tener identidad cultural está bien para todos esos atrasados africanos y asiáticos (no sólo «está bien»: es que el europeo multiculturalista espera que los no-occidentales perseveren en sus respectivas identidades culturales de origen, que tanto colorido étnico aportan a nuestras calles)[9]. Pero los europeos vivimos ya más allá de toda identidad. Todavía hay clases.
Esta opción por la identidad thin, por la «identidad postidentitaria», podría ser interpretada como una cierta «germanización de Europa». Abrumada por su pasado, traumatizada por los crímenes cometidos en su nombre en la primera mitad del siglo XX, Alemania lleva ya varias generaciones ensayando la «identidad postnacional» (Habermas). ¿Cómo ser alemán después de Auschwitz? Reduciendo la germanidad a la Ley Fundamental de Bonn, entendiendo Alemania como un puñado de principios universales: al alemán no le está permitido otro patriotismo que el Verfassungspatriotismus[10].
Ahora bien, el síndrome postnacional alemán en realidad afecta a toda Europa (como síndrome, no ya postnacional, sino postcivilizacional). Es Europa en su conjunto, no sólo Alemania, la que salió traumatizada de la sobredosis de Historia de su dantesca primera mitad del siglo XX: dos guerras mundiales, el Lager y el Gulag, las guerras civiles española, rusa y griega, conflictos coloniales[11] … Como las guerras mundiales fueron suscitadas por el choque de nacionalismos exacerbados, Europa «tira el niño con el agua del baño»: nunca más las identidades, nunca más las políticas de fuerza, nunca más la «asertividad» histórica[12] … Europa sale de su apocalipsis de 1914-45 con la cabeza gacha; quiere, como dijo Raymond Aron, «apearse de la gran Historia»[13]: se deshace de sus imperios coloniales, renuncia al músculo militar (sabiéndose protegida por el paraguas norteamericano … al que, eso sí, el europeo se permitirá el lujo de zaherir por «maniqueísta», «cowboy», «primario»); se acurruca en un rincón del mundo, casi pidiendo perdón por existir (¿no son todas las modas filosóficas de los 50 en adelante —estructuralismo, deconstrucción, postmodernismo, multiculturalismo, etc.- formas de autodenigración civilizacional?[14]; ¿no concluyen —por una vía u otra- en afirmaciones del tipo: «la verdad objetiva no existe; cada cultura tiene derecho a su verdad … salvo la occidental, que es explotadora, imperialista y criminógena, como demuestra nuestra historia reciente»?)[15]. «El mundo entero nos odia y lo merecemos sobradamente: tal es la convicción de una mayoría de europeos. […] Nada es más occidental que este odio a Occidente: esta pasión por maldecirse, por lacerarse…» (Pascal Bruckner)[16].
El inconveniente de «apearse de la Historia»… es que la Historia no está dispuesta a detenerse, ni las demás civilizaciones (nada inclinadas al autodesprecio) a salir de ella (la frase de Aron terminaba así: «mientras Europa quiere apearse de la gran Historia, otros, cuyo número se cuenta por centenares de millones, quieren entrar en ella»). De hecho, tras 1945 la «gran Historia» sigue adelante con la Guerra Fría. Una «guerra» que el europeo (al menos, el europeo de izquierdas) se negará siempre a asumir como tal: tenderá a pensar que la amenaza soviética es un producto de la fantasía paranoica de esos americanos pasados de testosterona; criticará el «peligroso belicismo yanqui» (movilización contra el despliegue de misiles, etc.) y votará, a menudo, a Partidos Comunistas que simpatizan con el enemigo (en Francia o Italia, en porcentajes superiores al 20% e incluso el 30% del electorado). Robert Kagan analizó certeramente esta mentalidad de «niño mimado» en su obra Poder y debilidad: en el fondo, los europeos saben que, si las cosas se ponen realmente feas, los americanos vendrán a salvarles (como han hecho ya varias veces)[17]; mientras tanto, se permiten el lujo de morder la mano que les da de comer, cultivando el pacifismo de salón e invirtiendo en gasto social las cantidades que no son invertidas en defensa (Europa ha descuidado sus presupuestos militares desde 1945 … porque se sabe protegida por EEUU). Cuando se produzca la increíble victoria occidental sobre el bloque comunista en 1989 (increíble por lo fulminante, total e incruenta), prácticamente nadie en Europa la celebrará como tal: en realidad, Europa había pretendido vivir como si la Guerra Fría no fuera con ella[18].
El europeo postmoderno (escéptico, posthistórico, postbélico, postnacional) incurre en una forma muy peculiar de etnocentrismo. Da por supuesto que, dado que Europa está «cansada de Historia» y viene de vuelta de la identidad, de la autoafirmación, de cualquier idea «fuerte» o cualquier creencia firme… el resto del mundo tiene que estarlo también. Es cierto que el «experimento posthistórico» europeo ha sido un éxito: naciones que habían luchado entre sí durante siglos han firmado una paz definitiva. El error que subyace al «euroidealismo kantiano» consiste, como ha señalado Robert Kagan, en creer que la fórmula europea de pacificación resulta sin más exportable a escala planetaria[19]; Europa da por supuesto que lo que ha funcionado dentro de sus fronteras debería funcionar también a nivel mundial: imagina que la URSS (hasta 1989), la Corea de Kim Jong Il, el Irán de los ayatolás, Al Qaeda … son desactivables con los mismos métodos que han servido para desactivar definitivamente a Alemania: diplomacia, cooperación comercial, soft power, desarme … Europa olvida que su propio experimento kantiano («paz perpetua») ha funcionado: 1) porque las naciones europeas quedaron definitivamente vacunadas contra la guerra tras dos hecatombes (las guerras mundiales) provocadas y protagonizadas sobre todo por ellas; 2) porque, después de todo, entre las naciones europeas existe una notable homogeneidad cultural; 3) porque EEUU guardaba la casa por fuera: Europa ha podido saltar a la posthistoria (más allá de las guerras, de las ideas fuertes y de las identidades) … gracias a que EEUU permanecía enfangado en la Historia, manteniendo a raya a los Breznevs, Saddam Husseins y Bin Ladens de turno[20].
Aldabonazos como el 11 de septiembre de 2001 o el 11 de marzo de 2004 hubieran debido hacer despertar a Europa de su sueño de «europeizar el mundo»: Mohamed Atta y sus chicos no estaban, evidentemente, «cansados de la Historia», ni dispuestos a participar de la autoironía postmoderna, ni interesados por el «pensamiento débil»[21]. Pero la reacción de muchos europeos osciló entre la «negación» freudiana («son sólo unos pocos fanáticos; no representan a nadie») y la justificación de los agresores («EEUU se lo merecía», «la causa es la pobreza», etc.). En el caso del 11-M, la reacción del electorado supuso una especie de autoinculpación colectiva: al cambiar el sentido de su voto en el último momento (las encuestas pronosticaban una clara victoria del PP), el electorado español transmitía a los yihadistas este mensaje: «tenéis razón; nos lo merecemos por haber apoyado la intervención en Iraq; no lo volveremos a hacer»[22].
De la misma forma que, durante 45 años, muchos europeos intentaron convencerse de que la Guerra Fría no iba con ellos, los europeos actuales rechazan la idea de que pueda existir un «choque de civilizaciones» con el Islam. El autodespojamiento identitario que analizamos en este trabajo puede también estar relacionado con eso (recordemos que Giscard aludió a la presencia de musulmanes en Europa como pretexto para no mencionar el cristianismo en la Constitución). La reacción europea frente a los síntomas de «choque de civilizaciones» parece informada por el dicho popular «dos no se pelean si uno no quiere»[23]. Y, como recuerda Marcello Pera, si para evitar el choque de civilizaciones hay que negar la propia civilización, se niega[24]. Si atenuamos nuestra identidad hasta volverla totalmente abstracta y gaseosa, quizás evitaremos el conflicto: los gases no chocan. Los gases son simplemente atravesados por los sólidos.
La reacción «europeísticamente correcta» frente a cualquier comentario acerca de la difícil asimilabilidad de la inmigración musulmana consiste en calificar tales inquietudes como «racistas»[25]. El comodín del «racismo» resulta tranquilizador de varias formas: permite despreciar a la Casandra de turno y, sobre todo, permite alejar el espectro del choque de civilizaciones. Si la conflictividad planteada por la inmigración musulmana se debe al «racismo», entonces es que el problema está en nosotros, y no en ellos: bastará con que superemos nuestros miserables prejuicios racistas. Por ejemplo, los disturbios franceses del otoño de 2005 (miles de coches quemados) recibieron todo tipo de explicaciones: expresión de un malestar social debido a la «exclusión», o al paro, o al «racismo»; testosterona juvenil; simple matonismo callejero, ajeno a cualquier connotación ideológica o cultural…; cualquier explicación servía, con tal de que no mentara la bicha del choque de civilizaciones[26]. No importaba que los alborotadores fueran en su gran mayoría de origen magrebí y gritasen «Allah akbar!»: aunque ellos no lo supiesen, no estaban manifestando su odio a la cultura occidental; en realidad, estaban protestando (inconscientemente) por las «injustas políticas económicas del gobierno conservador»[27]. Su problema no era Occidente, sino Chirac.

Notas
[1] PELÁEZ MARÓN, José Manuel, Lecciones de instituciones jurídicas de la Unión Europea, Tecnos, Madrid, 5ª ed., 2000, pp. 19-20.
[2] Cf. Informe de European Dignity Watch: http://www.europeandignitywatch.org/es/el-dia-dia/detail/article/llamada-a-la-accion-antes-del-21-de-febrero-ue-debe-condenar-univocamente-la-persecucion-de-cris.html
[3] «Ou bien la Constitution se passait de toute référence historique quelle qu’elle fût, ou bien, si on citait l’humanisme ou les Lumières, il fallait évidemment citer aussi le christianisme» (NEMO, Philippe, «Les racines chrétiennes de l’Europe et leur dénégation», en DELSOL, Chantal – MATTÉI, Jean-François, L’identité de l’Europe, Presses Universitaires de France, París, 2010, p. 46).
[4] Citado en JENKINS, Philip, God’s Continent: Christianity, Islam, and Europe’s Religious Crisis, Cambridge University Press, Cambridge, 2007, p. 39.
[5] WEILER, Joseph, Una Europa cristiana, cit., p. 53.
[6] «El sentido de la premisa agnóstica del Estado es precisamente garantizar el reconocimiento tanto de la sensibilidad religiosa […] como de la sensibilidad laica. Excluir la sensibilidad religiosa del Preámbulo, por lo tanto, no es realmente una opción agnóstica; no tiene nada que ver con la neutralidad. Significa simplemente privilegiar, en la simbología del Estado, una visión del mundo respecto a otra, haciendo que todo esto pase por neutralidad» (WEILER, J., op. cit., p. 65). «Questa cultura oggi non è propriamente laica […]. [Q]uesta cultura è laicista. Essa irride alla religione, la denigra, la considera «superata», la tratta come una superstizione, come residuo di un’era mitologica […]» (PERA, Marcello, Perché dobbiamo dirci cristiani: Il liberalismo, l’Europa, l’etica, Mondadori, Milán, 2008, p. 93). «For Europe’s elites, Christianity is at best irrelevant, at worst an obstacle to social progress and the expansion of human rights» (JENKINS, Philip, God’s Continent, cit., p. 39).
[7] «[P]oiché i «principi» e i «valori indivisibili e universali» di cui parla la Carta trascendono, per definizione, qualunque collocazione storico-geografica, […] ne consegue che la Carta europea […] è una carta cosmopolita, cioè ha come referente l’intera umanità» (PERA, Marcello, Perché dobbiamo dirci cristiani, cit., p. 77). «Elle [la Constitución Europea] revient à imposer de force à l’ensemble des Européens une autre identité que celle qui est réellement la leur. Une identité d’ailleurs sans épaisseur et sans cohérence. Car elle serait fondée seulement sur les « droits de l’homme », la « démocratie », etc., tout ce qu’on croit, à tort, être venu des seules « Lumières »» (NEMO, Philippe, «Les racines chrétiennes de l’Europe et leur dénégation», cit., p. 63).
[8] «Cette volonté du vide […] exprime à la fois la modestie et la prétention. […] Prétention: celle de vouloir être sans frontière et sans définition, seule expression de l’Universel pendant que toutes les autres contrées son engluées dans leur particularité» (DELSOL, Chantal, «L’affirmation de l’identité européenne», en DELSOL, CH. – MATTEI, J.F., L’identité de l’Europe, cit., p. 3).
[9] «El defensor de […] las identidades indígenas valora la pluralidad cultural y el colorido étnico en cuanto tales, con independencia de que la pertenencia a las «comunidades» en cuestión favorezca o no la realización, la felicidad o la libertad personales. Desde un relativismo cultural intransigente, el multiculturalista insiste en atribuir el mismo valor a todas las cosmovisiones y tradiciones, y exige que cada individuo quede definitivamente atrapado por su cultura de origen. En el caso de los pueblos indígenas, debe tenerse en cuenta que se trata en algunos casos de culturas muy primitivas, vinculadas a una vida de cazadores-recolectores (en el caso de las tribus del Amazonas) o de agricultura de subsistencia (en el altiplano). El multiculturalista quiere fijar a esas personas en su forma de vida tradicional (quizás experimentada como chata, dura o empobrecedora por sus propios protagonistas), a la mayor gloria de la diversidad y la autenticidad culturales» (CONTRERAS PELÁEZ, Francisco José, «Los derechos indígenas en las nuevas Constituciones hispanoamericanas», en espera de publicación).
[10] Vid. HABERMAS, Jürgen, Identidades nacionales y postnacionales, Tecnos, Madrid, 2007. HABERMAS desarrolló el concepto de «patriotismo constitucional» en pugna con historiadores como Ernst NOLTE o Michael STÜRMER, en la que dio en llamarse Historikerstreit de 1986: cf. BALDWIN, Peter, Hitler, the Holocaust, and the Historians Dispute, Beacon Press, Boston, 1990.
[11] «El talante moral dominante en la Europa de la posguerra era el de arrepentimiento por dos desafueros históricos: el colonialismo y el nazismo. […] [L]os europeos de la posguerra sentían una ilegitimidad moral que se acentuó con el paso de las décadas. El estado de ánimo imperante quedó resumido en The March, una película que la BBC 1 emitió con motivo de la One World Week en 1990. En ella, un líder carismático llamado El Mahdi conduce a un cuarto de millón de personas en una marcha de 5000 km. desde un campo de refugiados sudanés hasta Europa bajo la consigna «somos pobres porque sois ricos». Una consigna que la película hacía poco por contradecir» (CALDWELL, Cristopher, La revolución europea, trad. de J. Manera, Debate, Madrid, 2010, pp. 20-21).
[12] «[U]ne idée généreuse et fausse traîne-t-elle dans les cerveaux européens: gommons les identités, oublions-les, et, toutes raisons de combat abolies, la paix s’établira… Oublions les religions: plus jamais la Saint-Barthélemy [matanza de protestantes a manos de los católicos en 1572]. Oublions les nations: plus jamais les tranchées de 1914 […]. Oublions les idéologies: plus jamais Auschwitz et la Kolyma» (DELSOL, Chantal, «L’affirmation de l’identité européenne», cit., pp. 1-2).
[13] «A los europeos les gustaría apearse de la historia, de la grande histoire, de la historia que se escribe con letras de sangre. Otros, que se cuentan por centenares de millones, desean entrar en ella» (ARON, Raymond, Pensar la guerra: Clausewitz, Centro de Publicaciones del Ministerio de Defensa, Madrid, 1993, p. 284).
[14] «De l’existentialisme au déconstructionnisme, toute la pensée moderne s’epuise dans la dénonciation mécanique de l’Occident dont elle souligne l’hypocrisie, la violence, l’abomination. […] Le remords a cessé d’être lié à des circonstances historiques précises, il devient dogme […]. Le devoir de pénitence […] interdit au bloc occidental, coupable de toute l’eternité, de juger, de combattre d’autres régimes, d’autres Etats, d’autres religions. Nos crimes passés nous intiment de garder bouche close. Notre seul droit est le silence. Il offre ensuite aux repentis le confort du retrait. Réserve, neutralité, seront notre rédemption» (BRUCKNER, Pascal, La tyrannie de la pénitence: Essai sur le masochisme occidental, Bernard Grasset, París, 2006, pp. 14-15).
[15] «Multiculturalism was conceived by the Western elites not to celebrate all cultures but to deny their own: it is, thus, the real suicide bomb» (STEYN, Mark, America Alone: The End of the World as We Know It, Regnery Publishing, Washington DC, 2006, p. 194).
[16] BRUCKNER, Pascal, op. cit., pp. 19 y 50.
[17] Tras la gesticulación antibelicista de muchos europeos se esconde, según Robert KAGAN, un alivio secreto vinculado a la convicción de que EEUU dará buena cuenta de las amenazas exteriores: «En general, los europeos suponen, aunque se resistan a admitirlo en su fuero interno, que siempre que Irak o alguna otra nación «proscrita» pueda surgir como un peligro verdadero y presente –no uno meramente potencial-, Estados Unidos hará algo al respecto» (KAGAN, Robert, Poder y debilidad: Europa y Estados Unidos en el nuevo orden mundial, trad. de M. Ramírez, Taurus, Madrid, 2003, pp. 53-54). Europa se permite criticar al sheriff, al gendarme mundial, aunque en el fondo agradece que exista uno: «Estados Unidos actúa a la manera de un sheriff internacional –autoproclamado quizás, pero generalmente bienvenido de todos modos- que vela por imponer algo de paz y justicia en lo que ve como un mundo sin ley, donde es preciso disuadir o destruir a los malhechores, por lo común a punta de pistola. Europa, por no salirnos de esta vieja película del Oeste, es más bien el encargado del saloon. Y los malos suelen disparar al sheriff, no al encargado» (KAGAN, R., op.cit., p. 57).
[18] «One of the most obvious refutations of Francis Fukuyama’s famous thesis The End of History […] is that the victors didn’t see it as such. Americans […] may talk about «winning» the Cold War, but the French and the Belgians and the Germans don’t. Very few British do. […] [T]here was no sense on the Continent that our Big Idea had beaten their Big Idea. […] [I]t’s hard to credit the citizens of France or Italy as having made any serious contribution to the defeat of Communism. Au contraire, millions of them voted for it, year in, year out» (STEYN, Mark, America Alone, cit., p. xxxvii).
[19] «La transmisión del milagro europeo al resto del mundo se ha convertido en la nueva «misión civilizadora» europea» (KAGAN, Robert, Poder y debilidad, cit., p. 94). Cita como ilustrativas de este estado de espíritu –entre muchas posibles- afirmaciones extraídas de un discurso de Romano PRODI: «Europa tiene un papel que desempeñar en la gobernanza del mundo. […] En Europa, el imperio de la ley ha sustituido a la crudeza de la interacción entre poderes […]. Las políticas de poder han perdido su influencia. […] [Y] al hacer de la integración [europea] un éxito, manifestamos al mundo que es posible crear un método para alcanzar la paz» (PRODI, R., Discurso ante el Institut d’Études Politiques de París, 29-05-2001 [citado por KAGAN, R., op.cit., pp. 92-93]).
[20] «El nuevo orden kantiano de Europa sólo podía prosperar bajo el paraguas del poder estadounidense, ejercido según las reglas del viejo orden hobbesiano. Luego fue el propio poder de Estados Unidos lo que posibilitó que los europeos pensaran que el poder ya no tenía importancia» (KAGAN, Robert, Poder y debilidad, cit., p. 111).
[21] Mark STEYN relata una anécdota muy reveladora: tras un artículo en el que preguntaba «¿por qué están dispuestos a morir los occidentales?» recibió un e-mail de un profesor francés que explicaba que, desde luego, los europeos no estaban dispuestos a morir por nada, y que precisamente por eso se consideraban más civilizados. El problema es: ¿cómo hacer cuando hay que compartir el mundo con gente que todavía cree lo suficiente en algo para morir por ello? (vid. STEYN, Mark, op. cit., pp. 126-127).
[22] «[E]ven Osama bin Laden might have been surprised to see the Spanish opt to make their general election an exercise in mass self-gelding. Within seventy-two hours of the carnage, voters sent a tough message to the terrorists: «We apologize for catching your eye». […] [I]t was widely reported that the atrocity had been designed to influence the election. In allowing it to do so, the Spanish knowingly made polling day a victory for appeasement and dishonored their own dead» (STEYN, Mark, America Alone, cit., pp. 36-37).
[23] «[A]unque [algunos europeos] ahora admitan que Al Qaeda está en guerra con Europa, la mayoría sigue sin poder aceptar del todo que también Europa está en guerra con Al Qaeda. […] ¡Eso no va con nosotros!, parecen clamar. ¡Nosotros no somos belicosos, somos pacifistas! ¡Amamos a todo el mundo!» (BAWER, Bruce, Mientras Europa duerme, Gota a Gota, Madrid, 2007, p. 266).
[24] «Gran parte della cultura europea oggi è così paralizata dall’idea di una guerra di civiltà con l’Islam […] che farebbe di tutto –compreso negare che l’Europa stessa sia una civiltà e abbia una religione- pur di evitare conflitti e di non apparire aggressiva oppure chiusa al «dialogo»» (PERA, Marcello, Perché dobbiamo…, cit., p. 98).
[25] «The refined antennae of Western liberals mean that whenever one raises the question of whether there will be any Italians living in […] Italy a generation or three hence, they cry «Racism!». […] But it’s not about race; it’s about culture» (STEYN, M., America Alone, cit., p. xiii).
[26] «Había un deseo, que rozaba la desesperación, de explicar los disturbios como algo debido a algún error de conducta de la sociedad mayoritaria [la sociedad francesa]. Porque, si los disturbios no podían explicarse por la mala conducta de la sociedad mayoritaria, sólo podían explicarse como parte del orden del día de los alborotadores. […] El que los disturbios los causaran musulmanes, sostenían [los intérpretes], no los convertía en disturbios musulmanes. Quizá los rebeldes no eran musulmanes airados, sino pobres airados que, por circunstancias, eran musulmanes» (CALDWELL, C., La revolución europea, cit., pp. 144-145).
[27] De ahí el llamamiento de Alain FINKIELKRAUT a tomarse en serio los gritos de los alborotadores (en lugar de intentar descubrir en ellos significados ocultos políticamente correctos): «En lugar de escuchar lo que dicen –«¡me cago en vuestra madre!, ¡me cago en el Estado!, ¡me cago en la policía!»- interpretamos sus palabras. Es decir, traducimos sus llamamientos al odio como gritos de ayuda, y su vandalismo en las escuelas como reivindicaciones de educación» (FINKIELKRAUT, Alain, «L’illegitimité de la haine», Le Figaro, 15 de noviembre de 2005 [citado en CALDWELL, C., op. cit., p. 146]).

Los ateos británicos necesitan reclutar «Caballeros Jedi»

Los ateos británicos necesitan reclutar «Caballeros Jedi»

A las 8:56 PM, por Juanjo Romero


Los ateos del Reino Unido, agrupados en la BHA (British Humanist Association) están de horas bajas. Ya son religión, con sus cismas, sectas y proselitismos. Están preocupados.
Esta semana sale hacia los buzones de los ciudadanos británicos el cuestionario del censo, en el que figura una pregunta de respuesta optativa sobre la profesión religiosa. Como en la mayoría de los países, el resultado determina reparto de cuotas de inversiones y de distribución de servicios.
Dawkins y sus muchachos de la BHA no están contentos con los resultados del 2001, en el que el 70% de la población se declaró cristiana. En ese censo apareció una «nueva relgión», los Caballeros Jedi, fanáticos de la serie de películas de la Guerra de las Galaxias.
El fenómeno comenzó con la encuesta australiana, propagándose rápidamente al de otras naciones de la Commonwealth. En UK superó en número —y porcentaje— a judaismo, budismo, sijismo e hinduismo.
Con estos antecedentes y el proceso censal en ciernes, los ateos han decidido ir a pescar entre los Jedi. Con afanes proselitista, la BHA patrocina la web: «You’re not a Jedi» —no eres un Jedi— (la negrita es de ellos)
Si tu religión es tan poco importante que estás dispuesto a poner que eres parte de un culto proveniente de tres buenas películas de ciencia ficción de hace muchos años y tres recientes y muy malas, por favor considera señalar «Sin Religión» en su lugar.
[…]
Al elegir «Sin Religión» aseguras que el gobierno recibe un mensaje inequívoco sobre del número de personas no-religiosas en el Reino Unido. Cualquier otra respuesta será manipulada a favor de las organizaciones religiosas.
Si no eres parte activa de una religión, por favor asegúrate de que tu gobierno se entere. Eres nuestra única esperanza.
¡Es buenísimo!, basta cerrar los ojos e imaginarse al bueno de Richard Dawkins, apóstol de los ateos, que como un histriónico Senador Palpatine que intenta convencer a la gente para que se «pase al lado oscuro de la fuerza». La verdad, en qué han quedado los ateos modernos, ya no los hacen como antes.
Y cuando los datos no les vuelvan a gustar, ¿enrolarán a todas las máquinas porque son ‘herederos’ de R2D2 y C3PO? Tan poco respeto tienen a la ciencia que hay que trucar los datos. ¿O es que las encuestas sólo sirven si apoyan sus hipótesis?
¿Da lo mismo un ateo, un agnóstico o un indiferente? Parece que para los ateos británicos «todo es bueno para el convento»
Causa tristeza dónde han terminado por depositar la esperanza, la única esperanza en sus propias palabras, ubi thesaurus cor

http://infocatolica.com/blog/delapsis.php/1103090856-los-ateos-britanicos-necesita

Eugenesia: mejorar la raza humana

Antonio Cruz Suárez
Eugenesia: mejorar la raza humana
Eugenesia (1)

Aquella imagen romántica que se tenía de las ciencias naturales a finales del siglo XIX se resquebrajó hasta deshacerse casi por completo, durante la primera mitad del XX.
20 de febrero de 2011
Los estudiosos atávicos de la llamada “historia natural” que confeccionaban inacabables herbarios, adornaban las paredes de sus hogares con bellas colecciones de mariposas o se dedicaban a disecar aves exóticas, se colocaron asépticos uniformes blancos y, desde sus modernos laboratorios, empezaron a conmocionar al mundo, hurgando en las mismísimas entrañas de la vida.

La biología ya no fue nunca más lo que era. De los inofensivos estudios de la naturaleza de antaño se pasó a la moderna ciencia de la vida, cargada de retos, promesas, tentaciones y también problemas éticos.

Uno de los primeros tumores malignos que se desarrolló en el corazón de la biología, en la misma ciencia de la genética, fue sin duda el de la eugenesia. Literalmente la palabra significa “buen origen”, “buena herencia”, “de buena raza” o “buen linaje” y su creación se debe al inglés Francis Galton en el año 1883. Sin embargo, él la definió como “la ciencia que trata de todos los influjos que mejoran las cualidades innatas de una raza; por tanto, de aquellas que desarrollan las cualidades de forma más ventajosa” (López, E., Ética y vida, San Pablo, Madrid, 1997: 113).
En esta definición se observan ya algunos de los gérmenes venenosos que emponzoñarían posteriormente todo el pensamiento eugenésico. Es decir, la idea de que se trataba de una verdadera ciencia, el concepto asumido de raza que llevaría fácilmente al de racismo y la creencia en las ventajas o desventajas provocadas por los influjos o “genes buenos” y “genes malos”.

DEFINICIÓN DE EUGENESIA
La eugenesia nació a finales del siglo XIX con la pretensión de ser una ciencia aplicada.
El estudio teórico de los factores que pudieran elevar o disminuir las cualidades raciales, tanto físicas como intelectuales, de las futuras generaciones, se fue convirtiendo poco a poco en una serie de acciones prácticas concretas. Su cometido final era conservar y mejorar el patrimonio genético de la humanidad.

Este programa teórico-práctico poseía un doble aspecto: negativo y positivo.

La llamada eugenesia negativa pretendía eliminar directamente aquellas características genéticas no deseables para la especie humana. Con el fin de lograr esta exclusión de rasgos no queridos se proponían medidas tendentes a evitar la descendencia “defectuosa”, tales como prohibir los matrimonios que presentaran riesgo genético o impedir los embarazos en aquellas parejas genéticamente incompatibles. Si la concepción ya había tenido lugar, se proponía el aborto eugenésico o la muerte del recién nacido.

Las medidas coercitivas estaban a la orden del día y venían respaldadas por la opinión mayoritaria del estamento científico. Se trataba de restricciones que, según se decía, había que imponer a ciertos matrimonios por el bien común de la humanidad. Las esterilizaciones de algunos ciudadanos debían ser también obligatorias. A no ser que prefirieran, aquellos que presentaban taras importantes, permanecer siempre recluidos en centros adecuados, con el fin de evitar que pudieran reproducirse.

La eugenesia positiva, por su parte, intentaba difundir al máximo el número de genes y genotipos considerados como deseables, facilitando ciertos matrimonios y otorgando premios a las familias genéticamente seleccionadas que más se reprodujeran. Se organizaron concursos y festivales, que más bien parecían auténticas ferias de ganado.

Desde luego, siempre fue más difícil llevar a la práctica la eugenesia positiva que la negativa, ya que las costumbres humanas no se adecúan fácilmente a tales prácticas.
Autores: Antonio Cruz Suárez
© Protestante Digital 2011

“¿Por qué permite Dios los desastres naturales como lo terremotos, huracanes y tsunamis?”

Pregunta: “¿Por qué permite Dios los desastres naturales como lo terremotos, huracanes y tsunamis?”

Respuesta: ¿Por qué permite Dios los terremotos, tornados, huracanes, tsunamis, tifones, avalanchas de lodo, y otros desastres naturales? La tragedia del tsunami en Asia a finales del 2004, El huracán Katrina en 2005, en el sureste de los Estados Unidos, y las avalanchas de lodo en el 2006 en Filipinas tienen a mucha gente cuestionando la bondad de Dios. Es triste que con frecuencia los desastres naturales sean nombrados como “actos de Dios” mientras que no se le da “crédito” a Dios por años, décadas, o aún siglos de un clima benéfico. Dios creó todo el universo y las leyes de la naturaleza (Génesis 1:1) La mayoría de los desastres naturales son el resultado de estas leyes en acción. Los huracanes, tifones y tornados son el resultado de la colisión de diferentes patrones climáticos. Los terremotos son el resultado de desplazamientos de las placas en la estructura de la corteza terrestre. Un tsunami es causado por un terremoto submarino.

La Biblia proclama que en Jesucristo subsiste el control de la naturaleza (Colosenses 1:16-17). ¿Podría Dios prevenir los desastres naturales? ¡Absolutamente! ¿Algunas veces influencia Dios el clima? Si, ver Deuteronomio 11:17 y Santiago 5:17. ¿Algunas veces causa Dios los desastres naturales como juicio contra el pecado? Si, ver Números 16:30-34. El libro de Apocalipsis describe muchos eventos que definitivamente pueden ser descritos como desastres naturales (Apocalipsis capítulos 6, 8 y 16). Entonces, ¿Es cada desastre natural un castigo de Dios? Absolutamente no.

De forma muy parecida a la que Dios permite que la gente mala cometa actos malvados, Dios permite que la tierra demuestre las consecuencias que tiene el pecado sobre la creación. Romanos 8:19-21 nos dice que, “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” La caída de la humanidad en el pecado tuvo efectos en todo, incluyendo el universo que habitamos. Todas las cosas en la creación fueron sujetadas a la “vanidad” y a la “corrupción”. El pecado es la causa final de los desastres naturales, así como lo es la causa de la muerte, la enfermedad y el sufrimiento.

Así que, regresamos donde empezamos. Podemos entender por qué ocurren los desastres naturales. Lo que no comprendemos es por qué Dios permite que ocurran. ¿Por qué permitiría Dios que el tsunami matara a más de 225,000 personas en Asia? ¿Por qué permitió Dios que el huracán Katrina destruyera las casas de cientos de miles de gente? Lo que podemos saber es esto… ¡Dios es bueno! Hay muchos milagros asombrosos, que ocurren durante el proceso de desastres naturales –evitando una mayor pérdida de vidas. Los desastres naturales causan que millones de personas reevalúen sus prioridades en la vida. Cientos de millones de dólares en ayuda son enviados para auxiliar a la gente que está sufriendo. Los ministerios cristianos tienen la oportunidad de ayudar, ministrar, aconsejar, orar – y guiar a la gente a la fe salvadora en Cristo. Dios puede, y lo hace, traer grandes bienes de terribles tragedias (Romanos 8:28).

¿Tiene preguntas? Preguntas de la Biblia contestadas
www.GotQuestions.org/Espanol

Creados para buscar a Dios, sugiere la ciencia

Según estudios recientes

Creados para buscar a Dios, sugiere la ciencia

Nuevos estudios de psicología encuentran «razones para creer» en el sistema neuronal del ser humano, que se manifiestan desde la más tierna edad
18 de febrero de 2011, OXFORD


Aunque en muchos medios se siga vendiendo el enfrentamiento entre religión y ciencia, resulta mucho más interesante atender a aquellos estudios científicos que se acercan al fenómeno religioso y gracias a ello van avanzando en el conocimiento del ser humano. Un resumen de algunos de los avances más interesantes han sido publicados en el último número de 2010 de la prestigiosa revista mensual Monitor on Psychology, editada por la Asociación Americana de Psicología.

En la revista se analiza el fenómeno religioso desde nuevas perspectivas que aportan investigaciones de la última década en neurociencia, psicología, sociología o antropología. La idea central que se extrae es que la espiritualidad surgiría de procesos cognitivos básicos del ser humano, que tiene una base neuronal y su causa podría ser evolutiva.

BUSCAMOS UN PROPÓSITO
La búsqueda de trascendencia podría estar “escrita” en nuestro cerebro, afirman los expertos. Justin Barret, especialista en este tema de la Universidad de Oxford, explica que sus estudios recopilan datos de diversos procesos básicos que darían lugar a las creencias religiosas. Procesos que hacen que veamos el mundo como si tuviese un diseño intencionado “creado por algo o alguien”.

Una investigación de científicos de la Universidad de Boston mostró cómo aún en niños pequeños existe esta tendencia a pensar que el mundo ha sido creado con un propósito. Si se le pregunta a los niños “¿por qué existen los ríos?”, una respuesta corriente sería: “para que los peces puedan nadar”. Algo que también concuerda con la capacidad del ser humano de buscar coherencia y orden constantemente en todo tipo de patrones visuales.

Pero, además, el ser humano parece tener una predisposición innata a creer en lo sobrenatural, explica Barret. En un estudio realizado por el psicólogo, se constató que niños de tan sólo tres años atribuían espontáneamente habilidades sobrenaturales e inmortalidad a “Dios”, incluso sin haber recibido aleccionamiento alguno sobre Dios o la religión.

El psicólogo afirma que lo que se está demostrando es que “nuestra estructura cognitiva básica nos predispone a cierto tipo de pensamientos, a pensar en la pre-vida, en la vida después de la muerte, en dioses, seres invisibles que hacen cosas, es decir, en los temas comunes de las religiones del mundo”.

NEURONAS RELIGIOSAS
Esta predisposición hacia las creencias espirituales o sobrenaturales tiene una base neuronal, señalan las investigaciones más recientes realizadas por neurocientíficos. Según ellos, la tendencia a la religiosidad se extiende por todos los sistemas del cerebro, y probablemente surja de circuitos neuronales desarrollados para otros fines.

Como ejemplo, en 2009, Jordan Grafman, director de la sección de neurociencia del National Institute of Neurological Disorders and Stroke de Estados Unidos, publicó los resultados de un estudio realizado con tecnología fMRI (exploración de resonancia magnética funcional de la actividad neuronal) que demostraron que los pensamientos religiosos activan un área del cerebro implicada con la interpretación de las emociones e intenciones de otras personas.

Según los autores del estudio, estos resultados sugieren que cuando la gente piensa en Dios desarrolla un pensamiento similar al que tienen cuando piensan en cualquier figura de autoridad especial, como una madre o un padre.

En todo caso, estas investigaciones sirven para comprender al ser humano como un todo que integra elementos biológicos, psicológicos, sociales, culturales y espirituales que están conectados entre sí. Según Barrett, a medida que los estudios avanzan, se tiene una mayor comprensión acerca de la naturaleza de la religión y su desarrollo.

Fuentes: tendencias21© Protestante Digital 2011

El ateo virtuoso. Actualidad de un mito (y II)

El ateo virtuoso. Actualidad de un mito (y II)

continúa de El ateo virtuoso. Actualidad de un mito (I)
4. Vida moral y conocimiento de Dios
Los ateos virtuosos de Bayle y Rousseau no son culpables de su ateísmo. No vamos a entrar aquí en la cuestión de si existe un ateísmo inculpable. Preferimos poner de relieve, únicamente, que existe el ateo culpable de su propio ateísmo y que, en tal caso, no puede calificarse de virtuoso.
Llegar a Dios no solo es posible, sino que es un deber moral. Responde a la inclinación esencial de la naturaleza humana a conocer la verdad, y en esa inclinación se funda el deber de buscarla. Dejando a un lado las influencias negativas que, desde los primeros momentos de la existencia, pueden tener sobre la persona las convicciones de los padres, educadores, etc., queremos llamar la atención sobre las causas internas por las que una persona puede no llegar al conocimiento de Dios.
Sto. Tomás explica que la culpabilidad de los que no conocen a Dios no va precedida de ignorancia, sino que más bien ocurre al contrario: la culpa engendra una ignorancia consecuente, y en ese sentido esa ignorancia tiene también razón de culpa [10]. La ignorancia de la existencia de Dios se debe, al menos en muchos casos, a que las malas disposiciones morales subjetivas impiden el recto uso de la inteligencia, que, por naturaleza, no se detiene hasta llegar a su Creador.
a) La interacción del entendimiento y la voluntad.- En la búsqueda de la verdad está implicada toda la persona; no sólo el entendimiento, sino también la voluntad, las pasiones y sentimientos, la cabeza y el corazón.
Cuando una verdad se presenta al entendimiento, entra en juego la voluntad, que puede amar esa verdad o rechazarla. Si la persona está bien dispuesta, su voluntad la acepta como conveniente, e incluso puede mandar al entendimiento que la considere más a fondo, que busque otras verdades que la corroboren, y, por último, si es necesario, ordena su conducta de acuerdo con esa verdad.
Por el contrario, si la persona está mal dispuesta, la voluntad tiene mayor dificultad para aceptar la verdad, y puede incluso rechazarla como odiosa. En efecto, una verdad particular puede resultar aborrecible cuando aceptarla impide a la persona gozar de algo que desea. «Es el caso de los que querrían no conocer la verdad de la fe para pecar libremente, a quienes el li bro de Job hace decir: “No queremos la ciencia de tus caminos» [11]. Cuando esto sucede, es fácil que la voluntad incline al entendimiento a pensar en otra cosa, o a ver los aspectos negativos de la verdad que considera.
El resultado es que la persona no «ve» la verdad porque no quiere verla. La verdad queda aprisionada por la injusticia [12]. Para entender, para «reconocer» una verdad como bien, hay que querer: «Entiendo -afirma Santo Tomás- porque quiero, y del mismo modo uso de todas las potencias y hábitos porque quiero» [13]. Esto no quiere decir que la voluntad o el deseo sean, a fin de cuentas, los creadores de la verdad, sino que se requiere la “buena voluntad”, “la limpieza de corazón”, para poder reconocer la verdad y convertirla en directora de la propia vida.
b) Las disposiciones morales y verdad sobre Dios.- En el acceso a la verdad sobre Dios, las disposiciones de la voluntad son especialmente importantes. La existencia de Dios no es una cuestión sólo especulativa: su aceptación o rechazo deciden la vida entera de la persona.
De ahí que no se pueda plantear como un problema exclusivamente teórico: «El primer planteamiento del problema religioso no aparece ante el hombre de este modo: “¿Es posible reconocer a Dios?”, sino que presenta esta otra forma: “¿Estoy dispuesto a reconocer a Dios?» [14]. Si se formula la pregunta por Dios sólo del primer modo, como a. veces se hace, puede dar lugar a interminables elucubraciones teóricas, porque en apariencia el sujeto no se implica personalmente. Es necesario adoptar la segunda perspectiva, que supone la implicación personal en la búsqueda de la verdad religiosa, si uno quiere realmente encontrarla. Entonces aparecen, ante la conciencia del que busca, los obstáculos reales que se oponen a la aceptación de la verdad, y se advierte que la dificultad no está del lado de Dios, sino del sujeto que pregunta por Él. El problema no es de la Luz, sino de la voluntad que no quiere ver.
El evangelio de San Juan presenta a Cristo, desde el primer momento, como la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo [15], pero esa Luz es recibida por unos, y ven; y rechazada por otros, y permanecen ciegos. La razón de tan diferentes desenlaces, la explica el mismo San Juan: «Vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios» [16].
El problema, por tanto, no es sólo de índole intelectual, sino sobre todo moral: «Porque sus obras son malas». Las obras malas, puestas a la luz de Cristo, acusan al que las realiza. Puede suceder, y de hecho sucede, que, con la ayuda de la gracia, el pecador se enfrente a la realidad de su vida, muestre sus malas obras a la Luz, se humille y se convierta. Pero puede ocurrir también que «quiera» mantenerse en sus obras, y entonces se niega a sacarlas a la luz, para no sentirse acusado; y ante la posibilidad de ser iluminado, odia la luz, siente miedo y rehúsa incluso oír hablar de Dios. En cambio, al que obra según la verdad no le importa que sus obras se vean, porque han sido hechas según Dios. Está dispuesto a recibir la Luz, a Cristo, la Verdad [17].
La negación de la verdad sobre la existencia de Dios no es entonces fruto de un proceso puramente intelectual, sino de la propia mala voluntad, que tuerce continuamente la cara de la razón para que mire hacia otro lado, o para que fije su atención en todo aquello que parece contradecir la existencia de Dios: el sufrimiento de los inocentes, las catástrofes naturales, la existencia de personas creyentes cuya vida no es coherente con su fe, etc.
5. La importancia de la intención en el obrar moral
El mito del ateo virtuoso parece desarrollarse en el clima de la concepción normativa de la ética, que juzga las acciones exclusivamente desde el punto de vista externo, es decir, sin tener en cuenta la intencionalidad del sujeto agente, la dimensión interior de la acción, Desde el punto de vista del observador, es fácil llegar a otorgar el mismo valor a dos acciones materialmente iguales, de dos sujetos diferentes, sin tener en cuenta que pueden ser fruto de intencionalidades muy diversas.
Al juzgar la acción moral, no basta con tener en cuenta la acción exterior. El aspecto exterior de la acción no es suficiente para saber si la acción es buena: la intencionalidad es un elemento intrínseco de la acción.
En efecto, para actuar bien desde el punto de vista moral no basta con realizar acciones en sí mismas buenas, sino que es preciso actuar por amor al verdadero fin último. En caso contrario, la acción no puede calificarse de verdaderamente honesta.
Pues bien, Bayle hace una defensa de la honestidad del ateo, en la que a la vez demuestra -sin pretenderlo- que tal honestidad es deshonesta: «Como la ignorancia de un primer Ser Creador y Conservador del mundo no impediría a los miembros de esta sociedad (de ateos) el ser sensibles a la gloria y al vilipendio, a la recompensa y a la pena, y a todas las pasiones que se ven en los otros hombres, y no entenebrecería todas las luces de la razón, se encontrarían entre ellos personas que actuarían de buena fe en el cbmercio, que asistirían a los pobres, que se opondrían a la injusticia, que serían fieles a sus amigos, que denigrarían las injurias, que renunciarían a las voluptuosidades del cuerpo, que no engañarían a nadie, sea porque el deseo de ser alabados les empujase a todas estas bellas acciones que no dejarían de tener la aprobación pública, sea porque les lleva a eso el deseo de conseguirse amigos y protectores en caso de necesidad» [18].
Pero actuar bien por el deseo de alabanza y de conseguir amigos y protectores en el caso de necesidad constituye u na motivación muy diversa a la que requiere la honestidad cristiana y aun la honestidad natural de quien sigue la ley que Dios ha impreso en su alma [19].
6. Un punto de reflexión para creyentes y ateos
El modo de vivir de algunos cristianos ha alimentado, en ciertas ocasiones, el mito del ateo virtuoso. La falta de coherencia entre la fe y la conducta; el pietismo y el espiritualismo desencarnado; el desprecio de las realidades terrenas, como si fuesen tareas en las que el cristiano no puede mezclarse para no contaminarse; la mezcla de la verdadera fe con creencias vanas o supersticiosas; la reducción de la moral a algunos aspectos, olvidando otros asimismo importantes, etc., han servido de ocasión para pintar de atractivos colores a un personaje que, a pesar de no creer en Dios, vive como hombre honrado. Y esto debe servir de reflexión a los cristianos para tomar conciencia de la importancia de la unidad entre fe y vida.
De todas formas, cuando se piensa en la fe (y en la moral) predicada por Cristo y en aquellos que lucharon por ser coherentes con ella, incluso a costa de su vida, los santos, parece lógico deducir que los cristianos que exhiben una conducta deshonesta, viven así no a causa de profesar la fe cristiana, sino a pesar de ello. Y si se piensa en las consecuencias prácticas del ateismo militante, también parece lógico concluir que los ateos que dan muestras de vivir las virtudes humanas, viven así no a causa de negar la existencia de Dios, sino a pesar de ello.
En resumen: pienso que no puede darse un comportamiento ético en sentido pleno, una vida moral plena, con todas las condiciones que exige la palabra “moral” en cuanto al conocimiento y la voluntad algo que no coincide con lo que se entiende habitualme’nte por ser “buena persona”-, si se prescinde de la aceptación práctica de la verdad sobre Dios.
Notas
[10] Cfr. Sto. TOMÁS DE AQUINO, In Ep. ad Rom., cap. 1, lect. 7.
[11] Sto. TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, 11-11, q. 25, a. 5, ad 2.
[12] Cfr. Rm 1, 18.
[13] Sto. TOMÁS DE AQUINO, Quaestiones disputatae: De malo, q. 4, a. 1. Cfr. también Summa contra gentes, 1. 1, cap. 72.
[14] A. LANG, Teología fundamental, 1, Madrid 1966, 158.
[15] Cfr. Jn 1,9.
[16] Jn 3,19-21.
[17] Cfr. S. GREGORIO DE NISA, De vita Moysis, 11, 65.
[18] P. BAYLE, Pensées diverses sur la comete, Société des textes français modernes, Librairie E. Droz, Paris 1939, 11, 103. La cursiva es mía.
[19] Cfr. T. ALVIRA, Pierre Bayle, cit., 142.

fuente: http://www.conoze.com/doc.php?doc=9168

El ateo virtuoso. Actualidad de un mito (I)

El ateo virtuoso. Actualidad de un mito (I)

La opinión «ya antigua» según la cual el ateo puede ser “buena persona” enuna sociedad cristiana, se está convirtiendo en el “dogma” según el cual solo el ateo puede ser buena persona en una sociedad democrática. La idea de que la fe en Dios lleva a la intolerancia y al fanatismo, parece confirmarse cada vez que los medios de comunicación informan sobre algún acto de violencia o terrorismo por motivos religiosos.
Los argumentos a favor de esta idea suelen exponerse, en ámbitos no académicos, en forma de preguntas retóricas como las siguientes:
¿Por qué va a ser necesario creer en Dios para ser buena persona? ¿Acaso un agnóstico o un ateo no pueden ser honrados, trabajadores, responsables, amigos excelentes, incluso hombres generosos que viven para los demás y que pueden llegar a dar la vida por el bien de la humanidad?
¿No es verdad también que muchos creyentes son “malas personas”? ¿No se encuentran acaso entre ellos muchos hipócritas, fanáticos, intolerantes y enemigos de la libertad? ¿No demuestra la historia hasta dónde puede llegar un creyente: Cruzadas, Inquisición, oposición a la ciencia, a la libertad y al progreso, terrorismo en nombre de Dios?
Por otra parte, ¿no es verdad que tiene más mérito y es más “moral” ser buena persona sin esperar un premio en la vida eterna?
Para los que responden afirmativamente a estas preguntas, son precisamente los ateos y agnósticos los que se encuentran en las mejores condiciones para ser “buenas personas”: su negación de todo vínculo con Dios y con los dogmas de fe, les proporciona la libertad de pensamiento y la apertura de mente necesarias para convivir en paz con todas las opiniones y formas de vida; la falta de esperanza en una vida eterna, garantiza a sus acciones un total altruismo; la liberación de los “prejuicios” religiosos, los convierte en personas abiertas a la ciencia y al progreso, etc.
Hace unos meses (por citar un ejemplo), Giovanni Sartori, premio “Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales” de 2005, recordaba en su discurso que el factor que hace impenetrable la democracia en una identidad cultural es el factor religioso, y más concretamente el monoteísmo, porque mientras prevalece la voluntad de Dios, la democracia no penetra. (Digamos entre paréntesis que, en el mismo acto, se concedió a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, que se dedican a ayudar a los pobres de los países democráticos y no democráticos, el “Premio Príncipe de Asturias de la Concordia”).
1. P. Bayle y sus pensamientos sobre el cometa
En el pensamiento moderno, el mito del ateo virtuoso aparece de modo explícito con P. Bayle (1647-1706), «el hombre que -según Marx- hizo perder teóricamente todo crédito a la metafísica del siglo XVII y a toda la metafísica en general» [1].
En su obra Pensées diverses sur la comete (1682), en el que se refiere al cometa avistado en Europa a finales de diciembre de 1680, se expresa, al principio, con términos negativos: el ateísmo no es peor que la idolatría. Más adelante afirma que es peor la idolatría que el ateísmo; de aquí -y teniendo en cuenta que para la tradición libertina, idolatría o superstición eran sinónimos de religión en general- pasa a decir que el ateísmo es inofensivo, y que si la religión es incapaz de regular la conducta moral del hombre, un ateo, en cambio, podría ser una persona recta, de acuerdo con cierta honestidad natural. La conclusión final se expresa con términos positivos: el ateísmo es compatible con una vida moral recta.
«Con estas premisas, la conclusión del lector no podía ser otra que la de considerar más favorablemente al ateísmo, así como una insanable fractura entre religión y moral, con la consiguiente reivindicación de la esfera ética como algo autónomo, desligada de Dios y fundada únicamente sobre la naturaleza racional del hombre» [2].
En el planteamiento de Bayle se da una radical separación entre moral y religión, que deja el camino abierto a la negación de la religión sobrenatural por parte del deísmo, paso intermedio que encamina necesariamente a la negación de toda religión [3].
Para Bayle, la fe no tiene nada que ver con la razón. No añade nada importante a lo que la razón encuentra en el campo moral. Y además no es un principio eficaz para el recto obrar moral. En consecuencia, el ateo se encuentra en las mismas condiciones que el cristiano a la hora de regular su conducta de acuerdo con la ley moral natural, que -afirma Bayle- puede ser conocida por todos, tengan o no fe. Basta para ello con la razón, una razón en la que la providencia general o naturaleza ha depositado una idea de honestidad con la que debemos conformar nuestras acciones.
Dos anotaciones me parecen interesantes:
La primera es que ley natural a la que se refiere Bayle no incluye el precepto relativo a dar a Dios el culto debido… Se trata de una concepción de la ley natural en la que la relación natural con Dios se ha perdido o se considera exclusiva del ámbito de la fe. Una concepción que, por desgracia, opera también actualmente en muchos autores que propugnan una ética natural o racional en la que se excluye toda referencia a Dios, porque tal modo de proceder vendría exigido por la racionalidad misma.
La segunda se refiere a la imagen de Dios que se refleja en el pensamiento de Bayle: no se trata de un ser personal, sino de una abstracción que, como tal, no puede mover a la acción buena ni al creyente ni al ateo. Esta imagen sigue vigente en quienes actualmente mantienen el mito. Por eso, es necesario recordar que Dios es un ser personal, viviente, y que el hombre puede y debe relacionarse con Él. Solo a partir de ahí se puede entender que la verdad sobre Dios es lo más operativo que existe. De su aceptación o negación depende la vida de la persona.
2. J.-J. Rousseau y el caso Wolmar
El mito del ateo virtuoso adquiere por vez primera en Rousseau una forma novelada. Jean-Jacques es uno de los críticos de Bayle respecto a la posibilidad de una sociedad de ateos. Es creyente. Pero también es contradictorio, o -según algunos estudiosos- en sus obras existen contradicciones que encierran una profunda coherencia si se conocen los entresijos psicológicos del autor. Ahí no nos vamos a meter. Solo queremos señalar que en su famosa novela Julie ou la nouvelle Héloïse, aparece un personaje –Wolmar– que puede ser considerado como el paradigma del ateo virtuoso. El hecho de haber nacido en el ambiente del cristianismo ortodoxo, con una liturgia inaceptable para un hombre que -como Wolmar- solo se guía por la razón, y el carecer del “sentimiento interior” que -según Rousseaunos lleva directamente a Dios-, son las causas “razonables” de su ateísmo.
El mito del ateo virtuoso implica siempre la no culpabilidad de su ateísmo. Wolmar no es culpable de no conocer la verdad. La “culpa” es de la verdad, que huye de él: «¿En qué puede ser culpable mi marido ante Dios?» -se pregunta Julia, la esposa de Wolmar-. «¿Aparta los ojos de Él? Dios mismo ha velado su faz. No huye de la verdad, es la verdad la que huye de él. El orgullo no lo dirige; no quiere extraviar a nadie, le gusta que no se piense como él. Ama nuestros sentimientos, querría tenerlos, no puede; nuestra esperanza, nuestro consuelo, todo se le escapa. Hace el bien sin esperar recompensa; es más virtuoso, más desinteresado que nosotros. iOh!, es digno de compasión; pero, ¿por qué será castigado? No, no: la bondad, la rectitud, las costumbres, la honestidad, la virtud, he ahí lo que el cielo exige y lo que él recompensa, he ahí el verdadero culto que Dios quiere de nosotros, y que recibe de él todos los días de su vida. Si Dios juzga la fe por las obras, creer en él es ser hombre de bien. El verdadero cristiano es el hombre justo; los verdaderos incrédulos son los malvados» [4].
En el contexto de la obra de Rousseau, Wolmar parece un personaje contradictorio. Julia, su esposa, es una mujer moralmente recta gracias a haber asumido como guía la conciencia, sentimiento interior –según Rousseau– que nos dicta de modo infalible, no la verdad teórica, sino la verdad práctica que debemos realizar. Wolmar es, por el contrario, el paradigma de la, razón y de la ausencia de tal sentimiento. La falta de esa guía infalible es la causa de que no conozca la existencia de Dios. Sin embargo, su vida es un ejemplo de rectitud moral. Personaje contradictorio –decíamos–, porque según el ginebrino no puede actuar con rectitud quien no reconoce la verdad de la existenciá de Dios: esta verdad aparece en el Emilio como el único y verdadero freno para el mal moral.
Sin embargo, Wolmar expresa también un aspecto importante del pensamiento de Rousseau: la ortodoxia, la verdad que la razón puede proporcionar, no tiene relevancia moral alguna. Se puede actuar bien desde el punto de vista moral (ortopraxis) incluso sin reconocer la verdad sobre la existencia de Dios.
3. La moral autónoma y el ateo-cristiano
No podríamos dejar de mencionar otro hito importante en el desarrollo del tema que tratamos: la expansión de la ideas de Kant sobre la posibilidad de acceder al conocimiento de Dios, y sobre la reducción de la religión a los límites de la razón.
Pero, en lugar de extendernos sobre este tema, preferimos dar un salto en la historia del pensamiento y llegar a una corriente de la teología moral que tuvo gran impacto en la segunda mitad del siglo XX: la moral autónoma, que hunde gran parte de sus raíces en la filosofía kantiana a través de K. Rhaner.
Uno de sus defensores más conocidos, J. Fuchs, se pregunta cómo se relaciona la moral cristiana con el “humanista”, es decir, con aquel hombre que, viviendo de una manera puramente inmanente al mundo, busca, sin embargo, honestamente un ethos humano. Se trata de comparar al cristiano con el ateo honesto.
En primer lugar, por lo que se refiere a la determinación del comportamiento moral concreto (ámbito categorial), el cristiano y el “humanista” –señala repetidamente nuestro autor– se encuentran fundamentalmente en las mismas condiciones. Ambos cuentan únicamente con la razón para poder descubrir lo que en cada caso concreto es una conducta acorde con la dignidad del hombre[5].
La idea que expresaba Bayle, aparece aquí de nuevo: la fe no es operativa en el campo moral concreto; solo añade una intencionalidad nueva. Las normas morales operativas dependen de la razón autónoma, y en ese ámbito el cristiano y el no cristiano están en las mismas condiciones.
Al mismo tiempo, la oposición entre ortodoxia y ortopraxis, que señalábamos en Rousseau, se encuentra también en la moral autónoma: para Fuchs y otros autores, la razón no puede conocer la verdad sobre la moralidad de un comportamiento concreto; de ahí que propongan como único criterio válido el cálculo de las consecuencias de la acción.
Pero existe otro ámbito, el trascendental, el de las intenciones profundas. En este, el cristiano parece tener ventaja sobre el ateo, pues por la fe sabe que debe orientar todas sus acciones a Dios y responder así a la llamada a la salvación. Sin embargo, la ventaja no es tan grande. En realidad, sucede -explica Fuchs- que esta intencionalidad permanece en la esfera de la conciencia no reflexiva o no temática, incluso para el cristiano. Y lo mismo le ocurre al “humanista”. Por eso se puede admitir que -en esta esfera trascendental- el absoluto es conocido por el ateo como el Dios viviente, aunque de una manera no conceptual y no temática [6], En consecuencia, en el nivel trascendental, también el humanista responde al ofrecimiento y a la llamada a la salvación, y su respuesta anima y penetra su comportamiento moral categorial. Llamar cristiana o no a esta intencionalidad trascendental es algo indiferente. Lo importante es que expresa fundamentalmente la aceptación de la llamada a la salvación en Cristo [7].
A partir de estos planteamientos, Fuchs se inclina a negar que pueda existir propiamente una moral no cristiana, pues toda moral no cristiana verdaderamente seria puede ser considerada como una cierta participación de la moral cristiana y, en este sentido, no simplemente como no cristiana. En realidad, las diversas morales no cristianas no son otra cosa -en su opinión- que intentos de buscar una moral humana, es decir, una moral de la ley natural o del derecho natural.
Todo esto, traducido a un nivel de vulgarización, se puede expresar del siguiente modo: en el fondo, un ateo honesto es un buen cristiano, aunque no lo sepa.
Otro de los defensores de la moral autónoma, Ch.E. Curran, acepta que el reconocimiento de Jesús como Señor afecta a la conciencia del individuo y a su reflexión moral, pero afirma también que, a pesar de todo, los cristianos y los no cristianos «pueden llegar a las mismas conclusiones morales, pueden compartir en conjunto los mismos comportamientos morales, las mismas disposiciones, los mismos fines, y esto es en efecto lo que se produce. De modo que los cristianos explícitos no tienen el monopolio de actitudes, de fines y de disposiciones éticas tales como el amor del sacrificio, la libertad, la esperanza, la preocupación por el prójimo necesitado, y no son los únicos que piensan que no se encuentra la vida más que perdiéndola. Tener una conciencia explícitamente cristiana afecta al juicio del cristiano y a su manera de formar sus juicios morales, pero los no cristianos pueden llegar y llegan a las mismas conclusiones éticas y también a adoptar y a amar los mismos motivos, las virtudes, los fines más elevados que los cristianos reivindican desde hace tiempo como su herencia propia» [8]. Curran afirma, por tanto, que aquellos que nunca se han adherido a Cristo Jesús ni oído hablar de Él, pueden llegar a las mismas decisiones morales particulares, y además son igualmente capaces de tener las mismas disposiciones y los mismos comportamientos, como la esperanza, la libertad y el amor por los demás hasta el sacrificio de sí mismos [9].
En este planteamiento se olvida el abismo que existe entre lo que el hombre debe hacer y lo que realmente puede llevar a cabo, pues el hombre natural ni puede conocer con perfección las exigencias de la moral humana ni vivirlas sin la gracia, y mucho menos conocer y vivir las exigencias de la moral cristiana.
Sin duda, las opiniones de la moral autónoma sobre la situación del humanista ateo y honesto, cuando han salido del ámbito puramente académico, han venido a reforzar el tópico del ateo virtuoso y a poner en duda la “necesidad” de la fe cristiana y de los sacramentos para el buen comportamiento moral.
Notas
[1] K. MARX, Die Heilige Familie, c. VI, 2, en «Karl Marx-F. Engels Werke», Berlín 1958, Bd 11, 134.
[2] T. ALVIRA, Pierre Bayle: Pensamientos diversos sobre el cometa, Madrid 1977, 16.
[3] Cfr. ibidem, 19.
[4] J.-J- ROUSSEAU, Julie ou la nouvelle Héloise, Librairie Garnier Freres, Paris s/f, 11, 344.
[5] Cfr. J. FUCHS, Existe-t-il une “morale chrétienne”?, Gembloux 1973, 23.
[6] Cfr. ibidem, 24-25.
[7] Cfr. ibidem, 25.
[8] Ch.E. CURRAN, Y a-t-il une éthique sociale spécifiquement chrétienne?, «Supplément» 24 (1971) 54. La cursiva es mía.
[9] Cfr. ibidem, 55.

fuente: http://www.conoze.com/doc.php?doc=9167

Dios y la ciencia no son incompatibles, según astrónomo

Dios y la ciencia no son incompatibles, según astrónomo

By Associatted Press/ Mundo Cristiano
Thursday, February 17, 2011

Un astrónomo cristiano que demandó por discriminación religiosa a la Universidad de Kentucky dice que la división entre fe y ciencia es una “ilusión”.

Martin Gaskell sostiene que perdió una excelente oportunidad laboral en el campo de las ciencias por su fe y por declaraciones que hizo, que fueron pintadas como críticas de la evolución. La controversia alimentó el viejo debate entre los científicos y los cristianos, que creen en la Biblia y la niegan validez a los descubrimientos científicos.

Gaskell dijo que las dos partes pueden convivir. Que él, siendo un devoto cristiano, usa las herramientas de la ciencia para estudiar el universo.

“Esa es una de las cosas que la gente como yo quiere contrarrestar: Esta noción de que hay una incompatibilidad entre la religión y la ciencia”, declaró Gaskell a la AP.

La universidad acordó pagarle 125.000 dólares a Gaskell para que éste retirase su demanda.

Gaskell dijo que los profesores que analizaron sus calificaciones no entendieron bien los puntos de vista sobre la evolución que expresó en una correspondencia interna, los cuales fueron mencionados como evidencia en los tribunales.

Gaskell, quien estudia los gigantescos agujeros negros en el universo en la Universidad de Texas, de Austin, señaló que se considera a sí mismo un “evolucionista teísta”: un cristiano que acepta la teoría de Darwin junto con evidencia de que la Tierra tiene miles de millones de años.

“Creemos que Dios ha hecho cosas usando mecanismos que nos revela a través de la ciencia”, declaró. También escribió que la teoría de la evolución padece de “importantes problemas científicos”, incluidas “extrapolaciones y suposiciones ateísticas injustificadas”.

Gaskell sostuvo que no se puede dar la espalda a un científico porque tiene puntos de vista que no encajan con la visión predominante.

“Algunas personas me preguntan: ‘¿si fuese un biólogo y tuviese grandes dudas sobre la teoría de la evolución, me impediría eso ser biólogo?’”, manifestó. “Y yo les respondo con firmeza: No”.

Prominentes científicos no aceptan esa explicación.

“No puedes discriminar en base a la religión”, dijo Eugenie Scott, director del Centro Nacional de Educación Científica (National Center for Science Education) de Oakland, California. “Puedes discriminar a partir de puntos de vista científicos. Es perfectamente legítimo discriminar contra un candidato tomando en cuenta si sus puntos de vista científicos son aceptables en esa disciplina”.

El popular escritor ateo y biólogo Richard Dawkins escribió hace poco sobre el caso de Gaskell y dijo que las creencias religiosas de un científico no pueden ser ignoradas.

“Las creencias sobre la reproducción de la cigüeña pueden ser irrelevantes para un cirujano de la vista, pero revelan algo sobre su persona”, señaló Dawkins. “Es algo revelador. Nos ayuda a determinar si quisiéramos ser tratados por él o tenerlo como profesor”.

Gaskell, quien tiene 57 años, presentó un currículum impecable cuando se postuló en el 2007 como director del planetario de la Universidad de Kentucky.

Reveló que comenzó a maliciarse algo durante una entrevista en la que le preguntaron sobre una disertación que dio en la que exploró el cristianismo y la ciencia. A los pocos meses, Gaskell se enteró a través de un colega de que no le darían el puesto, y se le dijo también que habían consultado a un científico de otro departamento, el de biología.

En un correo electrónico presentado en los tribunales, un profesor de biología dijo que consideraba que “la premisa pública (de Gaskell) es mezclar tanto como sea posible la ciencia y la religión, y esto sin duda generará interpretaciones erróneas en torno a evidencia científica”.

Scott señaló que los científicos de Kentucky son “muy sensibles” a todo lo relacionado con la imagen de la universidad y de su recién inaugurado Museo de la Creación.

Gaskell afirmó que quiere que más cristianos se dediquen a la ciencia.

“Quiero enfatizar que no todos los interrogantes científicos han sido resueltos”, expresó. “Si todas las dudas científicas estuvieran resueltas, la ciencia sería bastante aburrida. Me gusta la investigación y resolver problemas que todavía no han sido resueltos”

¿La fe en Dios y la ciencia son contradictorias?

“¿La fe en Dios y la ciencia son contradictorias?”

Respuesta: La ciencia es definida como “la observación, identificación, descripción, investigación experimental, y explicación teórica de un fenómeno.” La ciencia es un método que el ser humano puede usar para adquirir un mayor entendimiento del universo natural. Es la búsqueda del conocimiento a través de la observación y la conjetura. Los avances en la ciencia demuestran el alcance de la lógica y la imaginación humana. Sin embargo, la creencia de un cristiano en la ciencia nunca debe ser como nuestra creencia en Dios. Un cristiano puede tener fe en Dios y respeto por la ciencia, en tanto recordemos quien es perfecto y quien no lo es.

Nuestra creencia en Dios es una creencia de fe. Tenemos fe en Su Hijo para salvación, fe en Su Palabra para instrucción y fe en Su Espíritu Santo para guía. Nuestra fe en Dios debe ser absoluta, puesto que cuando ponemos nuestra fe en Dios, dependemos de un perfecto, omnipotente y omnisciente Creador. Nuestra creencia en la ciencia debe ser intelectual – y nada más. Podemos contar con la ciencia para hacer grandes cosas, pero también podemos contar con la ciencia para hacer grandes errores. Si ponemos nuestra fe en la ciencia, dependemos de lo imperfecto, pecaminoso y limitado del hombre mortal. La ciencia a través de la historia ha estado terriblemente equivocada en muchas cosas, tales como la forma de la Tierra, las vacunas, transfusiones sanguíneas, y aún la reproducción. Dios nunca se ha equivocado.

La verdad no hay nada que un cristiano deba temer, así que no hay razón para que un cristiano tema o rechace la buena ciencia. El aprender más acerca de las maneras en que Dios construyó nuestro universo, nos ayuda a toda la raza humana a apreciar la maravilla de la Creación. El expandir nuestro conocimiento nos ayuda a combatir enfermedades, ignorancia y malentendidos. Sin embargo, es peligroso cuando los científicos basan su fe en la lógica humana por encima de su fe en nuestro Creador. Estas personas no son diferentes a cualquier devoto de una religión – ellos han elegido la fe en el Hombre, y encontrarán los medios para defenderlo.

Aún así, los científicos más racionales, aún aquellos que rehúsan creer en Dios, admiten que hay un gran vacío en nuestro entendimiento del universo. Ellos admitirán que ni Dios ni la Biblia pueden ser probados o desaprobados por la ciencia, al igual que muchas de sus teoría favoritas, a última instancia tampoco pueden ser probadas o desaprobadas. La ciencia existe para ser una verdadera disciplina neutral, buscando solo la verdad, no la prueba de una agenda. Y Dios siempre ha intentado que vayamos a Él a través de la fe, no a través de la lógica.

Mucha de la ciencia apoya la existencia y el trabajo de Dios. El Salmo 19:1 dice, “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” Mientras la ciencia moderna descubre más acerca del universo, encontramos más evidencia de la Creación. La asombrosa complejidad y reproducción del DNA, las intrincadas e interconectadas leyes de la física, y la absoluta armonía de condiciones y química aquí en la tierra, todas sirven para apoyar el mensaje de la Biblia. Un cristiano debe abrazar la ciencia que busca la verdad, pero rechazar a los “sacerdotes de la ciencia” que ponen el conocimiento humano por encima del de Dios.

¿Tiene preguntas? Preguntas de la Biblia contestadas
www.GotQuestions.org/Espanol

El ateo Christopher Hitchens agradece apoyo pero “no esperen que me convierta”

El ateo Christopher Hitchens agradece apoyo pero “no esperen que me convierta”
Su falta de fe sigue intacta, a pesar de iniciar la quimioterapia para su cáncer que se disemina y amenaza su vida. “Las expresiones de solidaridad son muy bienvenidas, siempre y cuando usted no espere que me convierta”, afirma el ateo.
Estados Unidos | Miércoles 13 de Octubre, 2010 | Por Nínro Ruíz Peña |

(NoticiaCristiana.com).


El famoso ateo Christopher Hitchens, da la bienvenida a su estímulo, a pesar de sentirse peor. Hitchens padece de cáncer. Ha conseguido el apoyo de los cristianos que están orando por él para que sea sanado, pero también está contando con el apoyo de sus fieles seguidores del nuevo movimiento ateísmo que Hitchens ayudó a desarrollar.
A pesar que los cristianaos oran por Hitchens, el escritor agradece el apoyo, “siempre y cuando usted no espere que me convierta”, afirma el ateo.

“Las expresiones de solidaridad son muy bienvenidas y muy conmovedoras para mí, cualquiera que sea la forma que adopten,” dijo Hitchens, durante una visita a Washington este martes, en medio de tratamientos para el cáncer en el esófago, los pulmones y ganglios linfáticos.
Hitchens, hizo referencia a un estudio sobre cómo la oración intercesora hace algunos pacientes moribundos y luego se sienten peor, haciendo que se sienta culpables por su condición. “Tengo un montón de aliento secular, el cáncer escogió al enemigo equivocado”.
El escritor ateo lo siguen muchos fans quienes tienen el corazón destrozado por la noticia de su enfermedad. Él es el más famoso ateo del mundo, el autor es creador de una larga lista de libros y artículos que niegan la existencia de Dios y critica la religión por su influencia negativa en la sociedad.
Su falta de fe sigue intacta, a pesar de iniciar la quimioterapia para su cáncer que se disemina y amenaza su vida. “Yo no creo que mi propio temor ha cambiado”, dijo Hitchens. “Mi desprecio por la consulta obligada de la religión se ha incrementado ahora que sé que no me queda mucho tiempo para vivir”.
Incluso su hermano Christian, Pedro, comentó: “creo que sería bastante grotesco pensar que alguien necesita que le dé cáncer para descubrir el mérito de la religión”.
Durante su charla, Christopher Hitchens, argumenta que la influencia del cristianismo en la sociedad ha ido disminuyendo desde hace siglos.
En su primera entrevista en televisión Hitchens, a CNN, que la única forma de reconocer su fe en Cristo, sería estar muy enfermo, medio loco y no tener control sobre lo que dice. Pero que ni en su lecho de muerte reconocería a Jesucristo como su salvador porque sería “una cosa tan patética”.
Hitchens, es el autor de “Dios no es grande: Cómo la religión envenena todo”. Un libro de longitud crítica de la religión que se publicó en el Reino Unido como “Dios no es grande: el caso contra la religión”.
El escritor ateo describió la Madre Teresa y Billy Graham como fraudes. Algunos han orado para que sea sanado. Otros por su la salvación. Otros, por una muerte rápida y la condenación.

¿Cuál es el significado de la vida?

“¿Cuál es el significado de la vida?”

Respuesta: ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Cómo puedo encontrar propósito, realización y satisfacción en la vida? ¿Tendré el potencial para lograr algo de importancia duradera? Mucha gente nunca se ha detenido a considerar cuál es el significado de la vida. Años más tarde, miran hacia atrás y se preguntan por qué sus relaciones se han desmoronado y por qué se sienten tan vacíos, aún cuando pudieron haber conseguido lo que emprendieron. A un jugador de béisbol que figuraba en el paseo de la fama del béisbol se le preguntó, qué le hubiera gustado que le dijeran al principio, cuando empezó a jugar el béisbol. El replicó, “Deseo que alguien me hubiera dicho que cuando alcanzara la cumbre, no encontraría nada ahí”. Muchas metas revelan su vacío solamente después de que se han desperdiciado años en su búsqueda.

En nuestra sociedad humanística, la gente persigue muchos propósitos, pensando que en ellos van a encontrar significado. Algunas de estas búsquedas incluyen: éxito en los negocios, riquezas, buenas relaciones, sexo, entretenimiento, hacer el bien a otros, etc. La gente ha testificado que mientras alcanzan sus metas de riquezas, relaciones y placer, todavía hay un profundo vacío interior – un sentimiento de un vacío que nada parece llenarlo.

El autor del bíblico libro del Eclesiastés expone este sentimiento cuando dice, “¡Vanidad de vanidades! ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!”. Este autor tenía riquezas más allá de la medida, sabiduría más que cualquier hombre de su tiempo o del nuestro, mujeres por cientos, palacios y jardines que eran la envidia de los reinos, la mejor comida y el mejor y vino, y poseía cada forma de entretenimiento disponible. Hasta cierto punto, dijo que cualquier cosa que deseaba su corazón, el la buscaba. Y todavía, resumía diciendo, “la vida debajo del sol” (la vida es vivida como que esta fuera todo lo que podemos ver con nuestros ojos y experimentar con nuestros sentidos) ¡es vanidad! ¿Por qué hay tal vacío? Porque Dios nos creó para algo más allá de lo que podemos experimentar en el aquí-y-ahora. Salomón dijo de Dios, “El también ha puesto la eternidad en los corazones de los hombres…”. Estamos conscientes de que, en nuestros corazones, este “aquí-y-ahora” no es todo lo que hay.

En Génesis, el primer libro de la Biblia, encontramos que Dios creó a la humanidad a Su imagen (Génesis 1:26). Esto significa que somos mas como Dios que como cualquier otro (cualquier otra forma de vida). También encontramos que antes de que la humanidad cayera en pecado y la maldición cayera sobre la tierra, las siguientes cosas fueron verdad: (1) Dios hizo al hombre una criatura social (Génesis 2:18-25); (2) Dios dio al hombre trabajo (Génesis 2:15); (3) Dios tuvo compañerismo con el hombre (Génesis 3:8): y (4) Dios dio al hombre dominio sobre la tierra (Génesis 1:26). ¿Cuál es la importancia de estos puntos? Yo creo que por cada uno de estos, Dios intentó añadir a nuestro cumplimiento satisfacción en la vida, pero todo esto (especialmente el compañerismo del hombre con Dios) fue perjudicado por la caída del hombre en pecado y la maldición resultante sobre la tierra (Génesis 3).

En Apocalipsis, el último libro de la Biblia, al final de muchos otros eventos del fin de los tiempos, Dios revela que va a destruir esta tierra y cielo presentes como los conocemos, y conducirnos al estado eterno, al crear un nuevo cielo y una nueva tierra. En ese tiempo, El va a restaurar por completo el compañerismo con la humanidad redimida. Algunos van a ser juzgados indignos y arrojados en el Lago de Fuego (Apocalipsis 20:11-15). Y la maldición del pecado será disipada; no habrá mas pecado, aflicción, enfermedad, muerte, dolor, etc. (Apocalipsis 21:4). Y los creyentes heredarán todas las cosas; Dios habitará con ellos, y ellos serán Sus hijos (Apocalipsis 21:7). De este modo, llegamos a un círculo completo en el que Dios nos creó para tener compañerismo con El; pero el hombre pecó, rompiendo ese compañerismo; Dios restaura ese compañerismo completamente, en el estado eterno, con aquellos considerados dignos por El. ¡Ahora, ir a través de la vida haciendo nada y todo, solamente para morir separados de Dios por la eternidad, sería peor que vano! Pero Dios ha hecho un camino no solamente para hacer posible la dicha eterna (Lucas 23:43), sino también esta vida satisfactoria y valiosa. Ahora, ¿cómo se obtienen esta dicha eterna y este “cielo sobre la tierra”?

EL SENTIDO DE LA VIDA RESTITUIDO POR JESUCRISTO

Como hicimos alusión arriba, el verdadero significado tanto ahora como en la eternidad, se encuentra en que uno restaure la relación con Dios que fue perdida en el tiempo de la caída en el pecado de Adán y Eva. Hoy, esa relación con Dios es solamente posible a través de Su Hijo, Jesucristo (Hechos 4:12; Juan14:6; Juan 1:12). La vida eterna se gana cuando uno se arrepiente de sus pecados (ya no quiere continuar en esto, sino que quiere que Cristo lo cambie y lo haga una nueva persona) y comienza a confiar en Jesucristo como Salvador (vea la pregunta “¿Cuál es el plan de salvación?” para obtener mayor información en este tan importante asunto).

Ahora, el verdadero significado de la vida no se encuentra solamente en tener a Jesús como Salvador (maravilloso como es eso). Mas bien, el verdadero significado de la vida se encuentra cuando uno comienza a seguir a Cristo como Su discípulo, aprendiendo de El, pasando tiempo con El en Su Palabra, la Biblia, comunicándose con El en oración, y caminando con El en obediencia a Sus mandatos. Si usted es un no creyente (o talvez un nuevo Creyente) es probable que esté diciéndose, “¡Eso no suena muy emocionante o satisfactorio para mí!” Pero, por favor lea solamente un poquito más. Jesús hizo las siguientes declaraciones:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan10:10b). “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:24-25). “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4).

Todo lo que estos versículos están diciendo es que nosotros tenemos una elección. Podemos continuar buscando guiar nuestras propias vidas (con el resultado de vivir una vida vacía) o podemos escoger seguir a Dios y Su voluntad para nuestras vidas con todo nuestro corazón (lo cual resulta en tener una vida vivida por completo, teniendo satisfechos los deseos del corazón, y encontrando contentamiento y satisfacción). Esto es así porque nuestro Creador nos ama y desea lo mejor para nosotros (no necesariamente la vida más fácil, sino la mayor satisfacción).

Al cerrar, quiero compartir una analogía tomada de un pastor amigo. Si usted es un aficionado a los deportes y decide asistir a un juego profesional, puede aflojar unos pocos dólares y obtener un asiento “alejado de la acción” en las filas superiores del estadio, o puede soltar unos pocos cientos de dólares y estar muy cerca de la acción. En la vida Cristiana también es así. Observar la obra de Dios de PRIMERA MANO no es para los Cristianos domingueros. Ellos no han pagado el precio. Observar la obra de Dios de PRIMERA MANO es para los discípulos de Cristo incondicionales, quienes verdaderamente han dejado sus propios deseos, de manera que pueden seguir los propósitos de Dios en la vida. ¡ELLOS han pagado el precio (completa rendición a Cristo y a Su voluntad); ellos están experimentando la vida a plenitud; y pueden encararse a ellos mismos, y a su Hacedor sin lamentarse! ¿Ha pagado el precio? ¿Está dispuesto a hacerlo? Si es así, usted no va a anhelar sentido o propósito para su vida nuevamente.

Recomendado libro: El Conocimiento del Dios Santo (J.I. Packer).

Previous Older Entries

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.129 seguidores