Modelos históricos de articulación entre la fe y la razón

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Jesús le Enseñó a Sus Discípulos que la Fe es un Don de Dios

Lástimosamente existen muchos creyentes que afirman que la salvación es un regalo de Dios, sin embargo, argumentan que ese regalo le es dado sólo a aquellas personas que responden con fe al llamado divino de creer en Jesucristo. La salvación es, para estos creyentes, un ofrecimiento universal, pero la fe es condicional. Más importante de destacar es que esa condicionalidad no es dada por Dios, quien desea salvar a toda la humanidad por igual, sino por el mismo hombre, quien tiene la capacidad de creer o no en Jesucristo.

Digo que esto es una verdadera lástima porque estas personas no se dan cuenta de sus inconsistencias, y peor aún, no se dan cuenta del ultraje que le causan al caracter de Dios. Creen que sus argumentos están basados en pasajes bíblicos, y por ello sienten que es su deber continuar apoyando doctrinas totalmente contrarias a las Escrituras. Por ejemplo, uno de sus textos básicos es Efesios 2: 8, el cual utilizan para decir que la salvación es el único regalo de Dios para los hombres, pero la fe es la consecuencia de ese regalo.

¿Fue Adán un individuo histórico real?

¿Fue Adán un individuo histórico real?
Luego continuamos con escatologia.Aprovecho este post para colocar un articulo muy interesante,sobre Adan, el de la biblia, el que los evolucionistas no creen que existio,ya que ellos creen que provenimos de un antecesor comun,alguna especie de mono.

Posted: 23 Sep 2009 02:58 PM PDT

Dr. James Anderson

Dr. James Anderson

El 12 de septiembre, la Wilberforce Fellowship publicó un video del Dr. Tremper Longman III llamado “¿Existe un Adán histórico?” En este video Longman expresó sus dudas sobre la existencia de Adán como un personaje histórico, sugestión que va contra la interpretación histórica del evangelicalismo y que trajo algunas respuestas de teólogos consevadores. Una de estas respuestas fue escrita por el Dr. James Andreson, profesor de teología y filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Estados Unidos, en su blog. A continuación está mi traducción del artículo del Dr. Anderson.

En un video clip que sin duda traerá discusión en la blogósfera evangélica, el Profesor Tremper Longman III expresó dudas acerca de si los primeros capítulos de Génesis nos deben llevar a pensar que Adán fue un individuo histórico real (en el mismo sentido que Jesús, dice, fue un individuo histórico real). No voy a comentar aquí la visión particular de Longman o sus razones para su afirmación, sólo voy a ofrecer doce razones preliminares del porque la visión evangélica de la Biblia nos obliga a creer en la existencia de Adán como un individuo histórico real.

1. Para comenzar, el género literario básico de Génesis 1-4 es el de narrativa histórica (opuesta de, por ejemplo, poesía, código legal o apocalíptico). Esto no quiere decir que aquellos capítulos no pueden contener lenguaje figurado; muchos estudiosos conservadores del AT afirmaría que de hecho lo contiene. Pero esto implica que aquellos capítulos (como el resto de Génesis) fueron escritos por el autor con la intención de reportar eventos importantes en el espacio-tiempo histórico. Como tal, debería haber la fuerte presunción de que el Adán de los capítulos 1-4 no es menos una figura histórica real que el Abraham de los capítulos 12-25.

2. Los primeros cinco versículos de Génesis 5 no sólo describen eventos en la vida de Adán, ellos contienen datos numéricos específicos de esos eventos. Lo que sería extraño si el autor no considerara a Adán como una figura histórica real. (¡Este punto se aplica igualmente para el autor humano como el divino!) Por ejemplo, se nos dice que Adán vivió 930 años. ¿Por qué alguien podría hacer una afirmación de un hecho tan preciso acerca de la vida de cierto individuo si el individuo en cuestión nunca vivió realmente? (Ref. Gén. 25:17; 50:26; Num. 33:39; Deut. 34:7; Jos. 24:29; etc.)

3. El autor de Génesis presenta el libro como una descripción histórica perfectamente integrada. No existen pasos obvios entre una narrativa no histórica a una narrativa histórica. Es más, somos enfrentados con una serie de secciones narrativas, todas introducidas con alguna variante de la fórmula “Estas son las generaciones de…” (Gén. 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:19; 36:1, 9; 37:2). La implicación es que Adán y Eva no son menos figuras históricas que Noé, Sem, Abraham, Ismael, Isaac, Esaú y Jacob.

4. Adán es mencionado en la genealogía de 1 Crónicas 1. La presunción es que Adán es tan individuo histórico como la demás gente que aparece en la genealogía. Una cosa a conceder (como muchos estudiosos conservadores del AT harían) es que existen espacios en las genealogías del AT; las palabras hebreas para ‘padre’ e ‘hijo’ ciertamente permiten aquello. Lejano a eso es sugerir que estas genealogías se deslizan imperceptiblemente entre no históricas e históricas.

5. La interpretación de Oseas 6:7 está en disputa, pero un buen caso puede ser ofrecido al tomar a ‘Adán’ como una referencia al primer ser humano, en lugar del nombre de un lugar o como ‘humanidad’, lo que toma sentido en el contexto. (Las notas en la Biblia de Estudio ESV resumen la racionalidad de esta lectura.) Sería tonto descansar sobre este versículo; pero por otro lado, no puede ser menospreciado. Si esta es de hecho la lectura correcta, presta un gran apoyo al caso preliminar sobre el Adán histórico.

6. La genealogía de Jesucristo dada en Lucas 3:23-38 traza todo El camino de vuelta a Adán. Aunque parece que la genealogía no está completa (ni pretende estarlo), es difícil creer que Lucas podría haber aceptado la idea que su lista mesclara lo histórico con lo no histórico. ¿Si Adán no fuera un individuo histórico, no minaría el punto de Lucas, a saber, que Jesús es la segura esperanza para todo ser humano, tanto judíos como gentiles? ¿Cómo podría una genealogía parcialmente ficticia llevar a un punto teológico verdadero?

7. En Mateo 19:3-9, como respuesta a la pregunta acerca del divorcio, Jesús refiere a los fariseos de vuelta al relato de la creación de Adán y Eva en Génesis 1-2. Jesús toma como garantizado que el relato de Génesis describe un evento e individuos históricos reales. ¿Si la pareja de esposos paradigmática nunca existió no dejaría sin sentido el argumento de Jesús?

8. En Romanos 5:12-21, Pablo bosqueja su famoso paralelo entre Adán y Jesús. La transgresión de ‘un hombre’ (Adán) trajo juicio y muerte, pero la obediencia de ‘un hombre’ (Jesús) trae justicia y vida. Si Adán no existió realmente, el paralelo de Pablo – sobre el cual depende su argumento teológico – se caería.

9. En el mismo pasaje, Pablo afirma que “reinó la muerte desde Adán hasta Moisés” (versículo 14). Pablo claramente se refiere a un periodo específico de la historia de la humanidad; pero si Adán no fuera una figura histórica real, entonces no existe tal periodo, en cual caso la afirmación de Pablo falla en su referencia (y por lo tanto falla en expresar una verdad).

10. El paralelo de Pablo entre Adán y Cristo reaparece en 1 Corintios 15:21-22 (también en el versículo 45). La misma consideración de Romanos 5:12-21 se aplica aquí. Si el pecado de Adán no es un evento histórico, el argumento de Pablo falla.

11. En 1 Timoteo 2:12-14, Pablo se refiere a detalles específicos acerca de la creación y caída de Adán y Eva para apoyar su instrucción acerca de la enseñanza de la mujer en la iglesia. La coherencia del argumento paulino depende crucialmente de la historicidad del evento al cual apela.

12. Judas 14 alude a “Enoc, séptimo desde Adán”; es una presunción razonable que el autor de Judas veía tanto a Enoc como a Adán como individuos históricos. Sí, entiendo que surgen complicaciones con el uso de Judas del libro pseudoepigráfico 1 Enoc, y yo no podría querer poner más peso en este punto que el de la interpretación de Oseas 6:7, pero los evangélicos deberíamos mantener en la mente tres simples puntos: (1) toda la Escritura es verbalmente inspirada; (2) Judas es escritura; y (3) el autor de Judas no estaba obligado a mencionar que Enoc era el “séptimo desde Adán”.

Tomados juntos, estos doce puntos añaden un fuerte caso preliminar para la visión cristiana tradicional de que Adán fue un individuo histórico real. Cualquier erudito que sostenga la autoridad e inerrancia de la Escritura, pero niegue estos puntos, tendrá un montón de cosas por explicar. Si todos tenemos que lidiar con los primeros capítulos de Génesis, apelar a género y otras consideraciones literarias puede proveer suficiente agitación. Pero las doce observaciones de arriba indican que la historicidad de Adán es un cordón permanente en la historia, teología y ética bíblica. Tira ese cordón y, tarde o temprano, todo el tejido se desarmará.

Reformado reformándome

Argumentos de la existencia de Dios V

Argumentos de la existencia de Dios V – La Fe

Canto de San Juan de al Cruz:

«Casi todas estas estrofas (salvo la última) las compuso San Juan de la Cruz en la cárcel conventual de Toledo, entre diciembre de 1577 y agosto de 1578. Tenía 35 años. En efecto, estando en la cárcel y comenzando a cantar aquella canción: Adonde te escondiste, Amado, le pareció que le había hablado Dios y le había dicho: Aquí estoy contigo. Yo te libraré de todo mal. Esto le consoló tanto que le parecía estaba en la gloria.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura,
su hermosura.

Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero,
peno y muero.

¿Adonde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido,
salí tras tí clamando y eras ido,
y eras ido.

Y todos cuantos vagan
de tí me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no se qué que quedan balbuciendo,
balbuciendo.

Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia
de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura,
la figura.»[0]

La fe en Dios.

«¿Cómo sé que existe Dios? Yo sé que Dios existe porque hablo con El todos los días. No lo escucho hablándome con voz audible, pero siento Su presencia, siento Su guía, conozco Su amor, deseo Su gracia. Han ocurrido cosas en mi vida que no tienen otra explicación posible sino Dios. Dios me ha salvado tan milagrosamente y ha cambiado mi vida que no puedo sino reconocer y alabar Su existencia. Ninguno de estos argumentos en sí, pueden persuadir a alguien que rehúsa reconocer lo que es tan claro. Al final, la existencia de Dios debe ser aceptada por fe (Hebreos 11:6 ). La fe en Dios no es un salto ciego a la oscuridad, este es un paso seguro a una habitación bien iluminada en donde ya se encuentra el 90% de la gente.»[1]

EL SENTIMENTALISMO Y EL FIDEÍSMO.

«El escocés Tomás Reid sostenía que la certeza de nuestros conocimientos se basa en una especie de sentido común, en algo así como un impulso ciego que nos fuerza a admitir determinadas verdades fundamentales, entre las que está la existencia de Dios. El alemán Jacobi sostuvo a principios del siglo xix su filosofía del sentimiento —una mezcla de estado afectivo y fuerza cognoscitiva— el cual percibiría con una especie de intuición la existencia de Dios.

Crítica: Ni por el camino del sentimiento, ni por la vía de la fe puede intentarse una prueba racional de la existencia de Dios, precisamente por eso: porque no sería racional. Nuestra naturaleza racional exige para cualquier aseveración científica, con mucha más razón si se trata de la existencia de Dios, una prueba que intelectualmente convenza. Aunque es verdad, como decía el cartaginés Tertuliano, que el alma es naturalmente cristiana, de modo que naturalmente nos inclinamos a aceptar la existencia de Dios, también es verdad que la inteligencia no se aquieta hasta tanto no logre adquirir la certeza racional, es decir, fundada en pruebas intelectuales, de que Dios existe.»[2]

LA FE: LA GRACIA Y EL DON

«Hay una diferencia notable entre la gracia de la fe y el don de la fe, y temo que el no percatarse de esta diferencia, y el no obrar de acuerdo con ello, ha conducido a muchas personas a las tinieblas, y es posible que algunos hayan llegado hasta abandonarla, arrojándose en la negra noche de la incredulidad.

La gracia de la fe es aquella que le es dada a todo hombre para que trabaje con ella, y por medio de la cual podemos acercarnos a Dios.

El don de la fe es el que se nos da por medio del Espíritu Santo, cuando llegamos al punto en que hemos empleado, con toda libertad, la gracia de la fe.

El hombre que está ejerciendo la gracia de la fe, dice: “Creo que Dios me bendecirá”, y busca a Dios con todo el corazón, tanto en privado como en público. Escudriña la Biblia para enterarse de la voluntad de Dios. Habla con otros cristianos acerca de las relaciones entre Dios y su alma. Carga con todas las cruces y, al fin, cuando llega al límite de la gracia de la fe, Dios, repentinamente, por medio de alguna palabra de las Escrituras, por medio de algún testimonio o alguna meditación, le concede el don de la fe con la que puede llegar a obtener las bendiciones que ha estado buscando. Después de eso no vuelve a decir: “Creo que Dios me bendecirá”, sino que exclama: “Creo que me bendice. Entonces el Espíritu Santo testifica de que ha recibido las bendiciones y por eso exclama lleno de júbilo: “¡Sé que Dios me bendice!” Después de eso no le dará gracias a un ángel para que le diga que ha recibido esas bendiciones, pues él sabe que las ha recibido, y ni hombres ni demonios pueden privarle de esa certeza. En realidad, lo que he llamado aquí el don de la fe, podría llamarse (y probablemente hay quienes le den ese nombre) la certeza de la fe. Pero no es el nombre, sino el hecho, lo que importa.

El peligro yace en querer recibir el don de la fe, antes de haber ejercido la gracia de la fe. Por ejemplo: un hombre busca la bendición de un corazón limpio, y dice: “Creo que se puede obtener dicha bendición, y creo que Dios me la dará”. Si cree así, debiera buscar la santidad inmediatamente, pidiéndole a Dios que le dé la bendición y, si persevera buscándola, seguramente la encontrará. Pero si alguien le hiciese reclamar la santidad antes de haber luchado contra las dudas y dificultades con que ha de encontrarse por medio de la gracia de la fe, y antes que Dios le haya concedido el don de la fe, es muy probable que será arrastrado por algunos días o semanas, y luego retrocederá y tal vez ‘llegue a la conclusión de que no es cierto eso de la bendición de un corazón limpio. A tal persona se le debiera amonestar, enseñar, exhortar y estimular a que la busque hasta tener la seguridad de haberla obtenido.

O, supongamos que estuviere enfermo, y que dijere: “Hay personas que han estado enfermas, y Dios las ha sanado, yo creo que él me sanará a mí también”. Teniendo esta fe debiera buscar la salud pidiéndosela a Dios. Pero si alguien le persuadiese a que reclame la salud antes de haber luchado con las dificultades que se le oponen, por medio de la gracia de la fe, y antes que Dios le hubiese concedido el don de la fe por medio de la cual ha de recibir la salud, es probable que se baje arrastrando del lecho de enfermedad y que esté levantado unos días, pero no tardará en darse cuenta de que no está sano; se desalentará, y podrá suceder que hasta se atreva a decir que Dios miente, y es muy posible que diga también que no hay Dios, y que a partir de esa fecha no vuelva a creer más en nada.

O, supongamos que se trate de un oficial salvacionista, o de un ministro del Evangelio, que siente vivos deseos de ver almas salvadas, y que razone consigo mismo, arribando a la conclusión de que Dios quiere que se salven las almas. Entonces dirá: “Yo voy a creer que esta noche veremos veinte almas salvadas”. Mas llega la noche y no se salvan las veinte almas. Se pregunta en seguida cuál será la causa; el Diablo le tienta y le hace tener dudas, y es probable que, a fin de cuentas, caiga en la incredulidad.

¿Dónde estaba la dificultad? La razón yace en que dijo que iba a creer antes de haber meditado detenida y sinceramente, contendiendo con Dios por medio de la oración, y de haber oído la voz de Dios que le asegurase que veinte almas se iban a salvar. “Dios… es galardonador de los que le buscan”.

Pero, alguien preguntará: “¿No debemos exhortar a los que buscan, para que crean que Dios es quien hace la obra?”.

Sí, si están seguros de que le han buscado con todo el corazón. Si están seguros de que han ejercitado la gracia de la fe y han rendido todo a Dios; en tal caso ustedes deben instarles, tierna y fervorosamente, a que confíen en Jesús; pero si no estuviesen seguros de esto, tengan cuidado de no urgirles a reclamar una bendición que Dios no les ha dado. Sólo el Espíritu Santo sabe cuando una persona está en condiciones de recibir el don de Dios, y él notificará a ésta cuando ha de ser bendecida. Tengan cuidado, pues, de no querer hacer la obra que corresponde al Espíritu Santo. Si ustedes prestan demasiada ayuda a los que buscan, tal vez mueran en las manos de ustedes, pero si ustedes andan cerca de Dios, con espíritu humilde y consagrados a la oración, él les revelará lo que deben decir a dichas personas a fin de serles de ayuda.

Nadie debe suponer, sin embargo, que sea necesario ejercer mucho tiempo la gracia de la fe antes que Dios nos dé la certeza. Uno puede obtener la bendición casi al instante, si la pedimos con corazón perfecto, fervorosamente, sin ninguna duda y sin impacientarnos. Pero, como dice el profeta: “Aunque tardare (la visión), espérala, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3). “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37). Si la bendición tardase en llegar, no piensen que por el simple hecho de tardar, se les deniegue; sino, como la mujer sirofenicia que acudió a Jesús, sigan pidiendo con toda humildad de corazón y con fe firme. No tardará él en decirles a ustedes con amor: “¡Oh hombre, oh mujer, grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres!»[3]

  • “No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
  • “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan “(Heb. 11:6).
  • “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Heb. 10:36, 37).
  • Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Heb 11:5.)

Conclución:

Aunque este método no es puramente intelectual ni racional, no significa tampoco que no sirva para alguien que sinceramente busca conocer a Dios. No debe ser descartado por irracional. La fe es un conocimiento también, una certeza absoluta.

«Es una vida de fe lo que agrada a Dios. Hoy, por lo tanto quiero tener esa vida de fe. Entiendo que fe es confianza, rendición y dependencia absoluta en el creador.

Hoy no puedo bastarme a mi mismo…Pero es en mi debilidad que su gracia me basta.

Que hace una persona que tiene fe? El verso 6 de Hebreos 11 lo dice. Es necesario que el que acerca a Dios. La primera cosa que hace alguien con su fe…es que se acerca a Dios. Hoy, quiero acercarme a Dios y beber de su fuente…porque sin su agua..muero de sed.

Crea que le hay… La segunda cosa que hace uno que agrada a Dios es que cree que Dios Es y está ahora a su lado…..Porque se acerca a Dios es que termina convencido que Dios es y esta a su lado. Hoy quiero vivir convencido de que Dios es y está a mi lado.

Que es galardonador . La tercera cosa que hace uno que agrada a Dios, porque vive en fe….es que cree que Dios galardonador de los que le buscan….Sí, el que se acerca Dios..termina convencido que él es y esta y descubre que Dios galardona a quienes le buscan….Le galardona con su presencia. »[4]

¿Es la fe un conocimiento?

Francisco La Cueva explica que la fe “es un conocimiento realista[5]:

«El hecho de que el creyente alcance a saber, con certeza, de Dios por fe, no quiere decir que la fe sea un acto de intuición arracional, de ciego presentimiento de la oscuridad. La fe no nos muestra a Di0s racionalmente, pero nos lo muestra razonablemente. En otras palabras, la fe es también un acto vital de nuestra facultad mental, es un conocimiento. Un conocimiento que no sólo supera la calidad de los demás conocimientos, puesto que implica un «saber de salvación» que es ajeno a la Ciencia como tal, sino que perfecciona toda la óptica espiritual del hombre. A la luz del Dios revelado como Hacedor, Salvador, Redentor, Glorificador del hombre, todas las cosas y la vida misma, sin perder su naturaleza, cambian totalmente de perspectiva. Los grandes interrogantes del hombre hallan respuesta y solución. Todo se ilumina y todo se hace capaz de ser amado, porque todo se ve a la luz de Dios.»[6]

«El hecho de que la fe nos introduzca en el conocimiento de Dios por la vía del corazón («con el corazón se cree para justicia» —Rom. 10:10—), hace de la fe una entrega antes que una mentalidad. Es algo semejante a lo que los teólogos medievales llamaban «conocimiento por connatu amor que se tiene al objeto conocido. En efecto, aunque sea la mente la que capta la luz, es el corazón el que abre las ventanas al. sol de la verdad. Por eso, dijo el Señor Jesucristo a los judíos que se negaban a recibir Su mensaje: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta.”  (Jn. 7:17). Por eso, el creer, que es entregarse, precede o acompaña siempre al conocer salvífico que el Nuevo Testamento presenta: «Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente»; así dice Pedro, según el Evangelista del Creer y el Amar (Juan 6:69).
Sin este conocimiento salvífico, experimental, de Dios, de nada sirve toda la erudición teológica o exegética. También en este sentido, puede decirse que «el conoci­miento envanece, pero el amor edifica» (1.a Cor. 8:1). Es así como la luz de Cristo aparece como «sabiduría de Dios» (1.a Cor. 1:24, 30). Si no se tiene este conocimiento cordial de lo divino, se es «nada», aunque se entiendan todos los misterios y se conozca toda ciencia (1.a Cor. 13:2). ¿Quién sabe mas teología que Satanás? ¿No se sabe la Biblia de memoria, hasta poder citársela al mismo Jesús? (Sal. 91:11, callándose lo de «en todos tus caminos», en Luc. 4:10, 11, por ejemplo). Sin embargo, su conocimiento de Dios le sirve de mayor condenación: «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan», dice Santiago refiriéndose a una fe falsa, es decir, muerta en sí misma por falta del amor en que la fe se hace operante (cf. Gal. 5:6).»[7]

Oración sugerida:

El Dr.Serafin Contreras Galeano[8], conferencista internacional,nos sugiere la siguiente reflexión y oración:

«Hoy, quiero terminar convencido que Dios galardona a quien le busca…Pero lo más importante no son los galardones..sino el galardonador. No importa las experiencias que tenga que enfrentar si mantengo mi confianza absoluta en Dios…..esa fe me llevará a acercarme a Dios, el acercarme a Dios me persuadirá que Dios es y está…..y una sonrisa brillará en mis labios, porque experimentaré en mi mismo que Dios es galardonador de los que le buscan.

Señor…Tus ojos se fijaron en la tierra y contemplaron con amor a Enoc….Por ello decidiste llevarlo para que estuviera contigo por la eternidad…la vida de Enoc te agradó. Pero hoy, soy yo el que quiere tener una vida que te agrada. Me has dado la fe como un don….Por ello disfrutando ya de lo que me has dado….decido acercarme a ti y en tu presencia terminaré convencido que Eres y estas y con alegria saldré de tu presencia porque se que eres galardonador de los que te buscan. Gracias por su amor.
En el Nombre de Jesus. Amen.
»[9]

Notas

[0] Canto de San Juan de la Cruz,Mil gracias derramando,http://www.comayala.es/Canciones/milgracias.htm

[1] A.H.Yetter, Principales doctrinas bíblicas vol. 1 Cursos por correspondencia,p.21, Publicación la Biblia dice, Quito, Ecuador

[2]Hebe H. R Vidal, Fundamentos de Filosofía, p.94-95, libreria Huemul, 1970,Bs.As, Argentina

3.http://wesley.nnu.edu/espanol/auxilios/auxilios16.htm

4. Serafin Contreras ,http://www.renuevodeplenitud.com/contenidos/Delicados_P.php?id_cont=46

5. Gilson afirma que “todo pensador cristiano es realista” ,Gilson, Étienne, El Espíritu de la Filosofía Medieval , Madrid, Rialp, 1981, págs. 232 y 233,cita en http://mujercristianaylatina.wordpress.com/2009/04/06/el-realismo-teologico-agustiniano-en-su-teoria-del-conocimiento-2/

6. Francisco La Cueva, Curso de Formación teológica evangélica Tomo II, Un Dios en Tres personas,p. 38,ed. Clie,1989, Barcelona, España.

7.

8. El Dr.Serafin Contreras Galeano, conferencista internacional,Graduado en el Instituto Bíblico Cuadrangular de Venezuela en 1969, certificado en Misiones y Educación Cristiana en el Seminario ESEPA de San Jose, Costa Rica , Bachiller en Teología de la Universidad Nazarena de San Jose, Costa Rica,Master en Consejería Bíblica y Master en Ministerio Pastoral de Masters Divinity School de Indiana, Doctor en Estudios Biblicos de Master?s Divinity School de Indiana. Certificado en Ministerio a Matrimonios, Sexualidad Saludable y Cuidando los Ninos a la Manera de Dios por Light Univsersity de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, Miembro activo de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, Coordinador Regional de Misiones Cuadrangulares en Centroamérica y Miembro del Comité de Consejeros del Compañerismo Mundial Pentecostal. Ha desarrollado trabajo de ministración con grupos católicos y evangélicos en América Latina, fue director de emisoras seculares por 15 anos, 16 anos como misionero en Centroamérica para Foursquare Mission International.Actualmente trabaja como misionero, consejero y director productor de programas radiales “Enfoque Internacional” y “En Lugares de Delicados Pastos” que se transmiten en 86 emisoras de América Latina, Escritor de articulo para Revistas Apuntes Pastorales, Conquista Cristiana y otras.  Junto con su Esposa Alva dan Seminarios de Matrimonio, Familia y Liderazgo en Estados Unidos, Centro y Sur America. http://www.renuevodeplenitud.com

9. Serafin Contreras ,http://www.renuevodeplenitud.com/contenidos/Delicados_P.php?id_cont=46

Fe ciega

Fe ciega

Posted in Mayo 14th, 2008 

by Jos Angel Fernndez

“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”
Martin Luther King

Sé que en la Biblia se nos dice que tenemos que estar preparados para dar razón de nuestra fe ante cualquiera que pida dichas razones, pero tengo mis sospechas acerca de lo que muchos cristianos entienden por ‘razones’. Por ejemplo, hace poco se ha hablado mucho (quizá demasiado) acerca del tema de la evolución. En una discusión tiene sentido preguntar a un científico las razones y evidencias que tiene para creer que la evolución es cierta. Pero, ¿tiene algún sentido pedir a un cristiano que no cree en la evolución que nos dé sus razones y evidencias? Cuando yo lo he preguntado nadie me ha dado ninguna razón relevante más allá de: “si venimos del mono, la Biblia es mentira… por tanto no venimos del mono”, lo cual, como todo el mundo sabe, no es ninguna razón que aluda al tema en cuestión. Pasa lo mismo con la edad de la Tierra: podemos pedir a un científico que nos dé sus razones para creer que la Tierra tiene más de 6000 años de antiguedad, pero ¿qué razones tiene un cristiano para creer que tiene 6000? ¿Son esas las razones de las que habla de Biblia cuando nos pide que estemos preparados para dar nuestras razones?, ¿nos pide que estemos preparados para decir lo primero que se nos pase por la cabeza, o que estemos preparados para repetir aquello que nos han enseñado de pequeñitos pero en lo que no hemos vuelto a pensar? 

Estas preguntas vienen motivadas por dos problemas. El primero es personal: si el Cristianismo que estamos llamados a seguir es uno que no tiene buenas razones, uno que ha dejado de ser relavante, uno que no tiene ningún argumento razonable, entonces sospecho que yo ya no soy cristiano. El segundo es comunitario: si una de las misiones principales del cristiano es evangelizar (o, mejor dicho, ‘comunicar las buenas nuevas’) creo que estas buenas nuevas no van a ser nada eficaces si van rodeadas de todo tipo de ‘razones’ nada razonables. Ya no estamos en la Edad Media; el mundo en el que vivimos hoy es muy distinto de aquel, y lo que entonces funcionaba ya no funciona. Comprendo que algunos cristianos deseen con todas sus fuerzas volver a la Edad Media (ese mismo deseo me expresó un pastor hace unos meses): las posibilidades de control sobre las ‘ovejas’ y de autoridad eclesial extrema eran muchas en aquellos tiempos. Pero los tiempos han cambiado, gracias a Dios. 

Y yo me pregunto: ¿De dónde viene esta falta de interés por aportar buenas razones, razones válidas y relevantes al mundo de hoy? Pensando acerca de todo esto se me ocurrió hace relativamente poco que uno de los motivos principales de toda esta falta de razones adecuadas proviene de la llamada apologética cristiana. Tal y como lo veo, una de las razones por las que se enseña apologética en los seminarios es ‘saber debatir’, ‘saber responder los argumentos que se presentan en contra’. Pero eso no tiene nada que ver con buscar la verdad. En muchos seminarios se dan por sentado ciertas reglas iniciales que no se pueden cambiar, ciertas confesiones de fe que no pueden ser cuestionadas y sobre las que todo lo demás ha de ser construído. Y me da la impresión de que muchos esfuerzos se han puesto en saber ‘jugar con las palabras’ de forma adecuada para acabar siempre en cabeza, y muy pocos se han puesto en buscar evidencias de que lo que creemos es verdad. No muchos cristianos que conozca están realmente interesados acerca de si lo que creen es verdad o no. A unos no les importa lo más mínimo si lo que creen es verdad o no mientras que ellos mismos estén convencidos de que así es. Y otros lo que buscan es invitar a sus heroes admirados a dar conferencias en donde se les enseñe cómo responder a todo aquel que se atreva a cuestionar su fe. Ante esta situación la expresión ‘fe ciega’ alcanza un nuevo significado. 

Es posible, sin embargo, que sea verdad que la mejor definición de fe, la definición más correcta sea: falta de evidencias, falta de razones razonables, falta de sentido común. Me consta que esa es la definición que muchos pondrían en su catecismo (protestante). Puede que así sea. Quizá lo importante no sea la verdad en absoluto, sino solamente ‘querer creer’, estar convencido de que tienes razón, y por medio de ese convencimiento actuar en consecuencia. Puro pragmatismo. Sin duda hay muchas personas que piensan así y eso provoca que hagan el bien, que amen a otros, que den comida a los pobres, etc (por supuesto no podemos ignorar que esa forma de pensar es también la que provoca que algunos hombres secuestren aviones y los lancen en contra de ciertos edificios o se hagan volar en el metro). Es cierto: quizá sus vidas no tendrían sentido si tuvieramos que decirles que lo que creen no es verdad, o si tuvieramos que cuestionar aquello que creen que es incuestionable. ¿Y quién somos nosotros para provocar esa crisis de fe? Es cierto… quizá esa es la fe cristiana. Pero si es así, esa ya no es mi fe.

Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia

Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia

ciencia-y-fe

Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 8 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI a la asamblea plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias el 31 de octubre de 2008.

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Ilustres señoras y señores:

Me alegra saludaros a vosotros, miembros de la Academia pontificia de ciencias, con ocasión de vuestra asamblea plenaria, y agradezco al profesor Nicola Cabibbo las palabras que me ha dirigido amablemente en vuestro nombre.

Con la elección del tema: “Visión científica de la evolución del universo y de la vida”, tratáis de concentraros en un área de investigación que despierta mucho interés. De hecho, hoy muchos de nuestros contemporáneos desean reflexionar sobre el origen fundamental de los seres, sobre su causa, sobre su fin y sobre el sentido de la historia humana y del universo.

En este contexto se plantean naturalmente cuestiones concernientes a la relación entre la lectura del mundo que hacen las ciencias y la que ofrece la Revelación cristiana. Mis predecesores el Papa Pío XII y el Papa Juan Pablo II reafirmaron que no hay oposición entre la visión de la creación por parte de la fe y la prueba de las ciencias empíricas. En sus inicios, la filosofía propuso imágenes para explicar el origen del cosmos, basándose en uno o varios elementos del mundo material. Esta génesis no se consideraba una creación, sino más bien una mutación o una transformación. Implicaba una interpretación en cierto modo horizontal del origen del mundo.

Un avance decisivo en la comprensión del origen del cosmos fue la consideración del ser en cuanto ser y el interés de la metafísica por la cuestión fundamental del origen primero o trascendente del ser participado. Para desarrollarse y evolucionar, el mundo primero debe existir y, por tanto, haber pasado de la nada al ser. Dicho de otra forma, debe haber sido creado por el primer Ser, que es tal por esencia.

Afirmar que el fundamento del cosmos y de su desarrollo es la sabiduría providente del Creador no quiere decir que la creación sólo tiene que ver con el inicio de la historia del mundo y la vida. Más bien, implica que el Creador funda este desarrollo y lo sostiene, lo fija y lo mantiene continuamente. Santo Tomás de Aquino enseñó que la noción de creación debe trascender el origen horizontal del desarrollo de los acontecimientos, es decir, de la historia, y en consecuencia todos nuestros modos puramente naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo. Santo Tomás afirmaba que la creación no es ni un movimiento ni una mutación. Más bien, es la relación fundacional y continua que une a la criatura con el Creador, porque él es la causa de todos los seres y de todo lo que llega a ser (cf. Summa theologiae, i, q.45, a.3).

“Evolucionar” significa literalmente “desenrollar un rollo de pergamino”, o sea, leer un libro. La imagen de la naturaleza como un libro tiene sus raíces en el cristianismo y ha sido apreciada por muchos científicos. Galileo veía la naturaleza como un libro cuyo autor es Dios, del mismo modo que lo es de la Escritura. Es un libro cuya historia, cuya evolución, cuya “escritura” y cuyo significado “leemos” de acuerdo con los diferentes enfoques de las ciencias, mientras que durante todo el tiempo presupone la presencia fundamental del autor que en él ha querido revelarse a sí mismo.

Esta imagen también nos ayuda a comprender que el mundo, lejos de tener su origen en el caos, se parece a un libro ordenado: es un cosmos. A pesar de algunos elementos irracionales, caóticos y destructores en los largos procesos de cambio en el cosmos, la materia como tal se puede “leer”. Tiene una “matemática” ínsita. Por tanto, la mente humana no sólo puede dedicarse a una “cosmografía” que estudia los fenómenos mensurables, sino también a una “cosmología” que discierne la lógica interna y visible del cosmos.

Al principio tal vez no somos capaces de ver la armonía tanto del todo como de las relaciones entre las partes individuales, o su relación con el todo. Sin embargo, hay siempre una amplia gama de acontecimientos inteligibles, y el proceso es racional en la medida que revela un orden de correspondencias evidentes y finalidades innegables: en el mundo inorgánico, entre microestructuras y macroestructuras; en el mundo orgánico y animal, entre estructura y función; y en el mundo espiritual, entre el conocimiento de la verdad y la aspiración a la libertad. La investigación experimental y filosófica descubre gradualmente estos órdenes; percibe que actúan para mantenerse en el ser, defendiéndose de los desequilibrios y superando los obstáculos. Y, gracias a las ciencias naturales, hemos ampliado mucho nuestra comprensión del lugar único que ocupa la humanidad en el cosmos.

La distinción entre un simple ser vivo y un ser espiritual, que es capax Dei, indica la existencia del alma intelectiva de un sujeto libre y trascendente. Por eso, el magisterio de la Iglesia ha afirmado constantemente que “cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no es “producida” por los padres-, y es inmortal” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 366). Esto pone de manifiesto la peculiaridad de la antropología e invita al pensamiento moderno a explorarla.

Ilustres académicos, deseo concluir recordando las palabras que os dirigió mi predecesor el Papa Juan Pablo II en noviembre de 2003: “La verdad científica, que es en sí misma participación en la Verdad divina, puede ayudar a la filosofía y a la teología a comprender cada vez más plenamente la persona humana y la revelación de Dios sobre el hombre, una revelación completada y perfeccionada en Jesucristo. Estoy profundamente agradecido, junto con toda la Iglesia, por este importante enriquecimiento mutuo en la búsqueda de la verdad y del bien de la humanidad” (Discurso a la Academia pontificia de ciencias, 10 de noviembre de 2003: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 21 de noviembre de 2003, p. 5).

Sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre todas las personas relacionadas con el trabajo de la Academia pontificia de ciencias, invoco de corazón las bendiciones divinas de sabiduría y paz.

[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Libreria Editrice Vaticana

La ciencia está transformando las interpretaciones religiosas de la realidad

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