Modelos históricos de articulación entre la fe y la razón

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Jesús le Enseñó a Sus Discípulos que la Fe es un Don de Dios

Lástimosamente existen muchos creyentes que afirman que la salvación es un regalo de Dios, sin embargo, argumentan que ese regalo le es dado sólo a aquellas personas que responden con fe al llamado divino de creer en Jesucristo. La salvación es, para estos creyentes, un ofrecimiento universal, pero la fe es condicional. Más importante de destacar es que esa condicionalidad no es dada por Dios, quien desea salvar a toda la humanidad por igual, sino por el mismo hombre, quien tiene la capacidad de creer o no en Jesucristo.

Digo que esto es una verdadera lástima porque estas personas no se dan cuenta de sus inconsistencias, y peor aún, no se dan cuenta del ultraje que le causan al caracter de Dios. Creen que sus argumentos están basados en pasajes bíblicos, y por ello sienten que es su deber continuar apoyando doctrinas totalmente contrarias a las Escrituras. Por ejemplo, uno de sus textos básicos es Efesios 2: 8, el cual utilizan para decir que la salvación es el único regalo de Dios para los hombres, pero la fe es la consecuencia de ese regalo.

¿Fue Adán un individuo histórico real?

¿Fue Adán un individuo histórico real?
Luego continuamos con escatologia.Aprovecho este post para colocar un articulo muy interesante,sobre Adan, el de la biblia, el que los evolucionistas no creen que existio,ya que ellos creen que provenimos de un antecesor comun,alguna especie de mono.

Posted: 23 Sep 2009 02:58 PM PDT

Dr. James Anderson

Dr. James Anderson

El 12 de septiembre, la Wilberforce Fellowship publicó un video del Dr. Tremper Longman III llamado “¿Existe un Adán histórico?” En este video Longman expresó sus dudas sobre la existencia de Adán como un personaje histórico, sugestión que va contra la interpretación histórica del evangelicalismo y que trajo algunas respuestas de teólogos consevadores. Una de estas respuestas fue escrita por el Dr. James Andreson, profesor de teología y filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Estados Unidos, en su blog. A continuación está mi traducción del artículo del Dr. Anderson.

En un video clip que sin duda traerá discusión en la blogósfera evangélica, el Profesor Tremper Longman III expresó dudas acerca de si los primeros capítulos de Génesis nos deben llevar a pensar que Adán fue un individuo histórico real (en el mismo sentido que Jesús, dice, fue un individuo histórico real). No voy a comentar aquí la visión particular de Longman o sus razones para su afirmación, sólo voy a ofrecer doce razones preliminares del porque la visión evangélica de la Biblia nos obliga a creer en la existencia de Adán como un individuo histórico real.

1. Para comenzar, el género literario básico de Génesis 1-4 es el de narrativa histórica (opuesta de, por ejemplo, poesía, código legal o apocalíptico). Esto no quiere decir que aquellos capítulos no pueden contener lenguaje figurado; muchos estudiosos conservadores del AT afirmaría que de hecho lo contiene. Pero esto implica que aquellos capítulos (como el resto de Génesis) fueron escritos por el autor con la intención de reportar eventos importantes en el espacio-tiempo histórico. Como tal, debería haber la fuerte presunción de que el Adán de los capítulos 1-4 no es menos una figura histórica real que el Abraham de los capítulos 12-25.

2. Los primeros cinco versículos de Génesis 5 no sólo describen eventos en la vida de Adán, ellos contienen datos numéricos específicos de esos eventos. Lo que sería extraño si el autor no considerara a Adán como una figura histórica real. (¡Este punto se aplica igualmente para el autor humano como el divino!) Por ejemplo, se nos dice que Adán vivió 930 años. ¿Por qué alguien podría hacer una afirmación de un hecho tan preciso acerca de la vida de cierto individuo si el individuo en cuestión nunca vivió realmente? (Ref. Gén. 25:17; 50:26; Num. 33:39; Deut. 34:7; Jos. 24:29; etc.)

3. El autor de Génesis presenta el libro como una descripción histórica perfectamente integrada. No existen pasos obvios entre una narrativa no histórica a una narrativa histórica. Es más, somos enfrentados con una serie de secciones narrativas, todas introducidas con alguna variante de la fórmula “Estas son las generaciones de…” (Gén. 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:19; 36:1, 9; 37:2). La implicación es que Adán y Eva no son menos figuras históricas que Noé, Sem, Abraham, Ismael, Isaac, Esaú y Jacob.

4. Adán es mencionado en la genealogía de 1 Crónicas 1. La presunción es que Adán es tan individuo histórico como la demás gente que aparece en la genealogía. Una cosa a conceder (como muchos estudiosos conservadores del AT harían) es que existen espacios en las genealogías del AT; las palabras hebreas para ‘padre’ e ‘hijo’ ciertamente permiten aquello. Lejano a eso es sugerir que estas genealogías se deslizan imperceptiblemente entre no históricas e históricas.

5. La interpretación de Oseas 6:7 está en disputa, pero un buen caso puede ser ofrecido al tomar a ‘Adán’ como una referencia al primer ser humano, en lugar del nombre de un lugar o como ‘humanidad’, lo que toma sentido en el contexto. (Las notas en la Biblia de Estudio ESV resumen la racionalidad de esta lectura.) Sería tonto descansar sobre este versículo; pero por otro lado, no puede ser menospreciado. Si esta es de hecho la lectura correcta, presta un gran apoyo al caso preliminar sobre el Adán histórico.

6. La genealogía de Jesucristo dada en Lucas 3:23-38 traza todo El camino de vuelta a Adán. Aunque parece que la genealogía no está completa (ni pretende estarlo), es difícil creer que Lucas podría haber aceptado la idea que su lista mesclara lo histórico con lo no histórico. ¿Si Adán no fuera un individuo histórico, no minaría el punto de Lucas, a saber, que Jesús es la segura esperanza para todo ser humano, tanto judíos como gentiles? ¿Cómo podría una genealogía parcialmente ficticia llevar a un punto teológico verdadero?

7. En Mateo 19:3-9, como respuesta a la pregunta acerca del divorcio, Jesús refiere a los fariseos de vuelta al relato de la creación de Adán y Eva en Génesis 1-2. Jesús toma como garantizado que el relato de Génesis describe un evento e individuos históricos reales. ¿Si la pareja de esposos paradigmática nunca existió no dejaría sin sentido el argumento de Jesús?

8. En Romanos 5:12-21, Pablo bosqueja su famoso paralelo entre Adán y Jesús. La transgresión de ‘un hombre’ (Adán) trajo juicio y muerte, pero la obediencia de ‘un hombre’ (Jesús) trae justicia y vida. Si Adán no existió realmente, el paralelo de Pablo – sobre el cual depende su argumento teológico – se caería.

9. En el mismo pasaje, Pablo afirma que “reinó la muerte desde Adán hasta Moisés” (versículo 14). Pablo claramente se refiere a un periodo específico de la historia de la humanidad; pero si Adán no fuera una figura histórica real, entonces no existe tal periodo, en cual caso la afirmación de Pablo falla en su referencia (y por lo tanto falla en expresar una verdad).

10. El paralelo de Pablo entre Adán y Cristo reaparece en 1 Corintios 15:21-22 (también en el versículo 45). La misma consideración de Romanos 5:12-21 se aplica aquí. Si el pecado de Adán no es un evento histórico, el argumento de Pablo falla.

11. En 1 Timoteo 2:12-14, Pablo se refiere a detalles específicos acerca de la creación y caída de Adán y Eva para apoyar su instrucción acerca de la enseñanza de la mujer en la iglesia. La coherencia del argumento paulino depende crucialmente de la historicidad del evento al cual apela.

12. Judas 14 alude a “Enoc, séptimo desde Adán”; es una presunción razonable que el autor de Judas veía tanto a Enoc como a Adán como individuos históricos. Sí, entiendo que surgen complicaciones con el uso de Judas del libro pseudoepigráfico 1 Enoc, y yo no podría querer poner más peso en este punto que el de la interpretación de Oseas 6:7, pero los evangélicos deberíamos mantener en la mente tres simples puntos: (1) toda la Escritura es verbalmente inspirada; (2) Judas es escritura; y (3) el autor de Judas no estaba obligado a mencionar que Enoc era el “séptimo desde Adán”.

Tomados juntos, estos doce puntos añaden un fuerte caso preliminar para la visión cristiana tradicional de que Adán fue un individuo histórico real. Cualquier erudito que sostenga la autoridad e inerrancia de la Escritura, pero niegue estos puntos, tendrá un montón de cosas por explicar. Si todos tenemos que lidiar con los primeros capítulos de Génesis, apelar a género y otras consideraciones literarias puede proveer suficiente agitación. Pero las doce observaciones de arriba indican que la historicidad de Adán es un cordón permanente en la historia, teología y ética bíblica. Tira ese cordón y, tarde o temprano, todo el tejido se desarmará.

Reformado reformándome

Argumentos de la existencia de Dios V

Argumentos de la existencia de Dios V – La Fe

Canto de San Juan de al Cruz:

«Casi todas estas estrofas (salvo la última) las compuso San Juan de la Cruz en la cárcel conventual de Toledo, entre diciembre de 1577 y agosto de 1578. Tenía 35 años. En efecto, estando en la cárcel y comenzando a cantar aquella canción: Adonde te escondiste, Amado, le pareció que le había hablado Dios y le había dicho: Aquí estoy contigo. Yo te libraré de todo mal. Esto le consoló tanto que le parecía estaba en la gloria.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura,
su hermosura.

Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero,
peno y muero.

¿Adonde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido,
salí tras tí clamando y eras ido,
y eras ido.

Y todos cuantos vagan
de tí me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no se qué que quedan balbuciendo,
balbuciendo.

Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia
de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura,
la figura.»[0]

La fe en Dios.

«¿Cómo sé que existe Dios? Yo sé que Dios existe porque hablo con El todos los días. No lo escucho hablándome con voz audible, pero siento Su presencia, siento Su guía, conozco Su amor, deseo Su gracia. Han ocurrido cosas en mi vida que no tienen otra explicación posible sino Dios. Dios me ha salvado tan milagrosamente y ha cambiado mi vida que no puedo sino reconocer y alabar Su existencia. Ninguno de estos argumentos en sí, pueden persuadir a alguien que rehúsa reconocer lo que es tan claro. Al final, la existencia de Dios debe ser aceptada por fe (Hebreos 11:6 ). La fe en Dios no es un salto ciego a la oscuridad, este es un paso seguro a una habitación bien iluminada en donde ya se encuentra el 90% de la gente.»[1]

EL SENTIMENTALISMO Y EL FIDEÍSMO.

«El escocés Tomás Reid sostenía que la certeza de nuestros conocimientos se basa en una especie de sentido común, en algo así como un impulso ciego que nos fuerza a admitir determinadas verdades fundamentales, entre las que está la existencia de Dios. El alemán Jacobi sostuvo a principios del siglo xix su filosofía del sentimiento —una mezcla de estado afectivo y fuerza cognoscitiva— el cual percibiría con una especie de intuición la existencia de Dios.

Crítica: Ni por el camino del sentimiento, ni por la vía de la fe puede intentarse una prueba racional de la existencia de Dios, precisamente por eso: porque no sería racional. Nuestra naturaleza racional exige para cualquier aseveración científica, con mucha más razón si se trata de la existencia de Dios, una prueba que intelectualmente convenza. Aunque es verdad, como decía el cartaginés Tertuliano, que el alma es naturalmente cristiana, de modo que naturalmente nos inclinamos a aceptar la existencia de Dios, también es verdad que la inteligencia no se aquieta hasta tanto no logre adquirir la certeza racional, es decir, fundada en pruebas intelectuales, de que Dios existe.»[2]

LA FE: LA GRACIA Y EL DON

«Hay una diferencia notable entre la gracia de la fe y el don de la fe, y temo que el no percatarse de esta diferencia, y el no obrar de acuerdo con ello, ha conducido a muchas personas a las tinieblas, y es posible que algunos hayan llegado hasta abandonarla, arrojándose en la negra noche de la incredulidad.

La gracia de la fe es aquella que le es dada a todo hombre para que trabaje con ella, y por medio de la cual podemos acercarnos a Dios.

El don de la fe es el que se nos da por medio del Espíritu Santo, cuando llegamos al punto en que hemos empleado, con toda libertad, la gracia de la fe.

El hombre que está ejerciendo la gracia de la fe, dice: “Creo que Dios me bendecirá”, y busca a Dios con todo el corazón, tanto en privado como en público. Escudriña la Biblia para enterarse de la voluntad de Dios. Habla con otros cristianos acerca de las relaciones entre Dios y su alma. Carga con todas las cruces y, al fin, cuando llega al límite de la gracia de la fe, Dios, repentinamente, por medio de alguna palabra de las Escrituras, por medio de algún testimonio o alguna meditación, le concede el don de la fe con la que puede llegar a obtener las bendiciones que ha estado buscando. Después de eso no vuelve a decir: “Creo que Dios me bendecirá”, sino que exclama: “Creo que me bendice. Entonces el Espíritu Santo testifica de que ha recibido las bendiciones y por eso exclama lleno de júbilo: “¡Sé que Dios me bendice!” Después de eso no le dará gracias a un ángel para que le diga que ha recibido esas bendiciones, pues él sabe que las ha recibido, y ni hombres ni demonios pueden privarle de esa certeza. En realidad, lo que he llamado aquí el don de la fe, podría llamarse (y probablemente hay quienes le den ese nombre) la certeza de la fe. Pero no es el nombre, sino el hecho, lo que importa.

El peligro yace en querer recibir el don de la fe, antes de haber ejercido la gracia de la fe. Por ejemplo: un hombre busca la bendición de un corazón limpio, y dice: “Creo que se puede obtener dicha bendición, y creo que Dios me la dará”. Si cree así, debiera buscar la santidad inmediatamente, pidiéndole a Dios que le dé la bendición y, si persevera buscándola, seguramente la encontrará. Pero si alguien le hiciese reclamar la santidad antes de haber luchado contra las dudas y dificultades con que ha de encontrarse por medio de la gracia de la fe, y antes que Dios le haya concedido el don de la fe, es muy probable que será arrastrado por algunos días o semanas, y luego retrocederá y tal vez ‘llegue a la conclusión de que no es cierto eso de la bendición de un corazón limpio. A tal persona se le debiera amonestar, enseñar, exhortar y estimular a que la busque hasta tener la seguridad de haberla obtenido.

O, supongamos que estuviere enfermo, y que dijere: “Hay personas que han estado enfermas, y Dios las ha sanado, yo creo que él me sanará a mí también”. Teniendo esta fe debiera buscar la salud pidiéndosela a Dios. Pero si alguien le persuadiese a que reclame la salud antes de haber luchado con las dificultades que se le oponen, por medio de la gracia de la fe, y antes que Dios le hubiese concedido el don de la fe por medio de la cual ha de recibir la salud, es probable que se baje arrastrando del lecho de enfermedad y que esté levantado unos días, pero no tardará en darse cuenta de que no está sano; se desalentará, y podrá suceder que hasta se atreva a decir que Dios miente, y es muy posible que diga también que no hay Dios, y que a partir de esa fecha no vuelva a creer más en nada.

O, supongamos que se trate de un oficial salvacionista, o de un ministro del Evangelio, que siente vivos deseos de ver almas salvadas, y que razone consigo mismo, arribando a la conclusión de que Dios quiere que se salven las almas. Entonces dirá: “Yo voy a creer que esta noche veremos veinte almas salvadas”. Mas llega la noche y no se salvan las veinte almas. Se pregunta en seguida cuál será la causa; el Diablo le tienta y le hace tener dudas, y es probable que, a fin de cuentas, caiga en la incredulidad.

¿Dónde estaba la dificultad? La razón yace en que dijo que iba a creer antes de haber meditado detenida y sinceramente, contendiendo con Dios por medio de la oración, y de haber oído la voz de Dios que le asegurase que veinte almas se iban a salvar. “Dios… es galardonador de los que le buscan”.

Pero, alguien preguntará: “¿No debemos exhortar a los que buscan, para que crean que Dios es quien hace la obra?”.

Sí, si están seguros de que le han buscado con todo el corazón. Si están seguros de que han ejercitado la gracia de la fe y han rendido todo a Dios; en tal caso ustedes deben instarles, tierna y fervorosamente, a que confíen en Jesús; pero si no estuviesen seguros de esto, tengan cuidado de no urgirles a reclamar una bendición que Dios no les ha dado. Sólo el Espíritu Santo sabe cuando una persona está en condiciones de recibir el don de Dios, y él notificará a ésta cuando ha de ser bendecida. Tengan cuidado, pues, de no querer hacer la obra que corresponde al Espíritu Santo. Si ustedes prestan demasiada ayuda a los que buscan, tal vez mueran en las manos de ustedes, pero si ustedes andan cerca de Dios, con espíritu humilde y consagrados a la oración, él les revelará lo que deben decir a dichas personas a fin de serles de ayuda.

Nadie debe suponer, sin embargo, que sea necesario ejercer mucho tiempo la gracia de la fe antes que Dios nos dé la certeza. Uno puede obtener la bendición casi al instante, si la pedimos con corazón perfecto, fervorosamente, sin ninguna duda y sin impacientarnos. Pero, como dice el profeta: “Aunque tardare (la visión), espérala, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3). “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37). Si la bendición tardase en llegar, no piensen que por el simple hecho de tardar, se les deniegue; sino, como la mujer sirofenicia que acudió a Jesús, sigan pidiendo con toda humildad de corazón y con fe firme. No tardará él en decirles a ustedes con amor: “¡Oh hombre, oh mujer, grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres!»[3]

  • “No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
  • “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan “(Heb. 11:6).
  • “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Heb. 10:36, 37).
  • Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Heb 11:5.)

Conclución:

Aunque este método no es puramente intelectual ni racional, no significa tampoco que no sirva para alguien que sinceramente busca conocer a Dios. No debe ser descartado por irracional. La fe es un conocimiento también, una certeza absoluta.

«Es una vida de fe lo que agrada a Dios. Hoy, por lo tanto quiero tener esa vida de fe. Entiendo que fe es confianza, rendición y dependencia absoluta en el creador.

Hoy no puedo bastarme a mi mismo…Pero es en mi debilidad que su gracia me basta.

Que hace una persona que tiene fe? El verso 6 de Hebreos 11 lo dice. Es necesario que el que acerca a Dios. La primera cosa que hace alguien con su fe…es que se acerca a Dios. Hoy, quiero acercarme a Dios y beber de su fuente…porque sin su agua..muero de sed.

Crea que le hay… La segunda cosa que hace uno que agrada a Dios es que cree que Dios Es y está ahora a su lado…..Porque se acerca a Dios es que termina convencido que Dios es y esta a su lado. Hoy quiero vivir convencido de que Dios es y está a mi lado.

Que es galardonador . La tercera cosa que hace uno que agrada a Dios, porque vive en fe….es que cree que Dios galardonador de los que le buscan….Sí, el que se acerca Dios..termina convencido que él es y esta y descubre que Dios galardona a quienes le buscan….Le galardona con su presencia. »[4]

¿Es la fe un conocimiento?

Francisco La Cueva explica que la fe “es un conocimiento realista[5]:

«El hecho de que el creyente alcance a saber, con certeza, de Dios por fe, no quiere decir que la fe sea un acto de intuición arracional, de ciego presentimiento de la oscuridad. La fe no nos muestra a Di0s racionalmente, pero nos lo muestra razonablemente. En otras palabras, la fe es también un acto vital de nuestra facultad mental, es un conocimiento. Un conocimiento que no sólo supera la calidad de los demás conocimientos, puesto que implica un «saber de salvación» que es ajeno a la Ciencia como tal, sino que perfecciona toda la óptica espiritual del hombre. A la luz del Dios revelado como Hacedor, Salvador, Redentor, Glorificador del hombre, todas las cosas y la vida misma, sin perder su naturaleza, cambian totalmente de perspectiva. Los grandes interrogantes del hombre hallan respuesta y solución. Todo se ilumina y todo se hace capaz de ser amado, porque todo se ve a la luz de Dios.»[6]

«El hecho de que la fe nos introduzca en el conocimiento de Dios por la vía del corazón («con el corazón se cree para justicia» —Rom. 10:10—), hace de la fe una entrega antes que una mentalidad. Es algo semejante a lo que los teólogos medievales llamaban «conocimiento por connatu amor que se tiene al objeto conocido. En efecto, aunque sea la mente la que capta la luz, es el corazón el que abre las ventanas al. sol de la verdad. Por eso, dijo el Señor Jesucristo a los judíos que se negaban a recibir Su mensaje: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta.”  (Jn. 7:17). Por eso, el creer, que es entregarse, precede o acompaña siempre al conocer salvífico que el Nuevo Testamento presenta: «Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente»; así dice Pedro, según el Evangelista del Creer y el Amar (Juan 6:69).
Sin este conocimiento salvífico, experimental, de Dios, de nada sirve toda la erudición teológica o exegética. También en este sentido, puede decirse que «el conoci­miento envanece, pero el amor edifica» (1.a Cor. 8:1). Es así como la luz de Cristo aparece como «sabiduría de Dios» (1.a Cor. 1:24, 30). Si no se tiene este conocimiento cordial de lo divino, se es «nada», aunque se entiendan todos los misterios y se conozca toda ciencia (1.a Cor. 13:2). ¿Quién sabe mas teología que Satanás? ¿No se sabe la Biblia de memoria, hasta poder citársela al mismo Jesús? (Sal. 91:11, callándose lo de «en todos tus caminos», en Luc. 4:10, 11, por ejemplo). Sin embargo, su conocimiento de Dios le sirve de mayor condenación: «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan», dice Santiago refiriéndose a una fe falsa, es decir, muerta en sí misma por falta del amor en que la fe se hace operante (cf. Gal. 5:6).»[7]

Oración sugerida:

El Dr.Serafin Contreras Galeano[8], conferencista internacional,nos sugiere la siguiente reflexión y oración:

«Hoy, quiero terminar convencido que Dios galardona a quien le busca…Pero lo más importante no son los galardones..sino el galardonador. No importa las experiencias que tenga que enfrentar si mantengo mi confianza absoluta en Dios…..esa fe me llevará a acercarme a Dios, el acercarme a Dios me persuadirá que Dios es y está…..y una sonrisa brillará en mis labios, porque experimentaré en mi mismo que Dios es galardonador de los que le buscan.

Señor…Tus ojos se fijaron en la tierra y contemplaron con amor a Enoc….Por ello decidiste llevarlo para que estuviera contigo por la eternidad…la vida de Enoc te agradó. Pero hoy, soy yo el que quiere tener una vida que te agrada. Me has dado la fe como un don….Por ello disfrutando ya de lo que me has dado….decido acercarme a ti y en tu presencia terminaré convencido que Eres y estas y con alegria saldré de tu presencia porque se que eres galardonador de los que te buscan. Gracias por su amor.
En el Nombre de Jesus. Amen.
»[9]

Notas

[0] Canto de San Juan de la Cruz,Mil gracias derramando,http://www.comayala.es/Canciones/milgracias.htm

[1] A.H.Yetter, Principales doctrinas bíblicas vol. 1 Cursos por correspondencia,p.21, Publicación la Biblia dice, Quito, Ecuador

[2]Hebe H. R Vidal, Fundamentos de Filosofía, p.94-95, libreria Huemul, 1970,Bs.As, Argentina

3.http://wesley.nnu.edu/espanol/auxilios/auxilios16.htm

4. Serafin Contreras ,http://www.renuevodeplenitud.com/contenidos/Delicados_P.php?id_cont=46

5. Gilson afirma que “todo pensador cristiano es realista” ,Gilson, Étienne, El Espíritu de la Filosofía Medieval , Madrid, Rialp, 1981, págs. 232 y 233,cita en http://mujercristianaylatina.wordpress.com/2009/04/06/el-realismo-teologico-agustiniano-en-su-teoria-del-conocimiento-2/

6. Francisco La Cueva, Curso de Formación teológica evangélica Tomo II, Un Dios en Tres personas,p. 38,ed. Clie,1989, Barcelona, España.

7.

8. El Dr.Serafin Contreras Galeano, conferencista internacional,Graduado en el Instituto Bíblico Cuadrangular de Venezuela en 1969, certificado en Misiones y Educación Cristiana en el Seminario ESEPA de San Jose, Costa Rica , Bachiller en Teología de la Universidad Nazarena de San Jose, Costa Rica,Master en Consejería Bíblica y Master en Ministerio Pastoral de Masters Divinity School de Indiana, Doctor en Estudios Biblicos de Master?s Divinity School de Indiana. Certificado en Ministerio a Matrimonios, Sexualidad Saludable y Cuidando los Ninos a la Manera de Dios por Light Univsersity de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, Miembro activo de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, Coordinador Regional de Misiones Cuadrangulares en Centroamérica y Miembro del Comité de Consejeros del Compañerismo Mundial Pentecostal. Ha desarrollado trabajo de ministración con grupos católicos y evangélicos en América Latina, fue director de emisoras seculares por 15 anos, 16 anos como misionero en Centroamérica para Foursquare Mission International.Actualmente trabaja como misionero, consejero y director productor de programas radiales “Enfoque Internacional” y “En Lugares de Delicados Pastos” que se transmiten en 86 emisoras de América Latina, Escritor de articulo para Revistas Apuntes Pastorales, Conquista Cristiana y otras.  Junto con su Esposa Alva dan Seminarios de Matrimonio, Familia y Liderazgo en Estados Unidos, Centro y Sur America. http://www.renuevodeplenitud.com

9. Serafin Contreras ,http://www.renuevodeplenitud.com/contenidos/Delicados_P.php?id_cont=46

En mi nombre hablarán nuevas lenguas (IV)

En mi nombre hablarán nuevas lenguas (IV)

Hola:

Dios te bendiga. Gracias por interesarte en este estudio. Deseo sinceramente que lo halles de utilidad y de bendición para tu vida espiritual y que puedas hallar las respuestas que estás buscando.

Esta es la cuarta nota de una serie de 4 artículos sobre En mi nombre hablarán nuevas lenguas .

Gracias nuevamente por interesarte.

Paulo Arieu

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Siga la serie:

Las palabras están ahí, para explicar el significado de las cosas, de manera que el que las escucha, entienda dicho significado.” — Aldous Huxley (novelista inglés)

Datos Históricos:

  

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De la lectura del libro “En los Postreros días”, considero las siguientes conclusiones extraídas: «La Iglesia del Nuevo Testamento había sido verdaderamente una Iglesia carismática, según lo confirmaba el libro de los Hechos de los Apóstoles. También era claro que la Iglesia primitiva retuvo sus dones originales y su poder pentecostal en el largo período de lucha y de persecución antes del triunfo del cristianismo en Occidente bajo Constantino. Sin embargo, después de lograr aceptación y poder, la Iglesia comenzó a experimentar cada vez menos el poder milagroso de la Iglesia primitiva, y se volvió más y más ritualista, adoptando expresiones sacramentales de la fe.

El movimiento de renovación montanista del período 185-212 d.C. representó un intento por restaurar los carismas a la iglesia. A pesar de algunos éxitos iniciales, en los cuales las lenguas y la profecía fueron restauradas entre los seguidores de Montano, el movimiento fue finalmente condenado por la Iglesia. La causa principal de este rechazo no fue la presencia de los carismas, sino los reclamos de Montano de que las expresiones proféticas eran de igual valor que las Escrituras.

Muchos tienen la impresión de que la Iglesia reaccionó contra el montanismo afirmando que los carismas más sensacionales, aun cuando los había experimentado la Iglesia apostólica, habían sido quitados después que estuvo completo el canon aceptado de las Escrituras. Esta opinión fue expresada por Agustín y respaldada por los eruditos de los siglos siguientes. Respecto de las lenguas como evidencia de la recepción del Espíritu Santo, Agustín dijo:

“En el comienzo de la Iglesia el Espíritu Santo cayó sobre los creyentes, y ellos hablaron en lenguas que no habían aprendido, según el Espíritu les facultó para hacerlo. Era una señal apropiada para la época: todas las lenguas del mundo eran una significación adecuada del Espíritu Santo, por cuanto el evangelio de Dios habría de ser difundido por medio de toda lengua en todas partes del mundo. La señal fue dada y luego dejó de ser. Nosotros ya no esperamos que aquellos sobre los cuales se imponen las manos reciban el Espíritu Santo con el’ acompañamiento del hablar en lenguas. Cuando nosotros retiramos nuestras manos de sobre estos “infantes”, los miembros recién nacidos de la Iglesia, ninguno de ustedes (pienso yo) miró para ver si hablarían en lenguas, o viendo que esto no ocurría, tuvo la perversidad de decir que no habían recibido el Espíritu Santo, pues si lo hubieran recibido, hubieran hablado en lenguas como ocurrió en el principio.”

Del mismo modo para todos los otros dones extraordinarios del Espíritu, la teoría de la “cesación” de Agustín fue de una gran influencia sobre las generaciones de teólogos subsiguientes: “Algunos preguntan: ¿Por qué no ocurren los milagros en la actualidad, tal como ocurrió en los tiempos antiguos? Yo podría responder que éstos eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, con el fin de ganar la creencia del mundo.”La reacción contra el montanismo, que condujo a la creencia de que los carismas habían concluido con la era apostólica ha seguido hasta los tiempos modernos. Aun cuando la Iglesia Católica Romana dejó la puerta abierta a los milagros en la vida de ciertos santos (de algunos de los cuales se dice que habían hablado en lenguas y que habían realizado algunos milagros de sanidad), la Iglesia manifestaba una tendencia cada vez mayor a enseñar que los milagros de la era apostólica concluyeron con la Iglesia primitiva. Con la institucionalización de la Iglesia, los carismas menos espectaculares de gobierno, administración y enseñanza pasaron al primer plano como los dones más aceptables a disposición de la jerarquía.

Fue Juan Crisóstomo en el siglo cuarto el que presentó la expresión clásica del punto de vista de que los carismas habían cesado, en sus hornillas sobre 1 Corintios 12. Confesando su ignorancia sobre el asunto, escribió:

“Todo este pasaje es muy oscuro: pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de los hechos a los cuales se hace referencia y por la cesación de estos, siendo así que entonces solían ocurrir pero ahora ya no ocurren más. ¿Y por qué razón no ocurren ahora? Porque, miren ahora, también la causa de la oscuridad ha suscitado en nosotros otra interrogante, y es esta: ¿Por qué ocurrieron entonces y ahora ya no ocurren más?.. . Pues, ¿qué era lo que ocurría entonces? Todo el que era bautizado hablaba de inmediato en lenguas, y no solamente en lenguas, sino que muchos profetizaban, y algunos realizaban muchos milagros… pero lo que más abundaba entre ellos era el don de lenguas.”

La cesación de los carismas llegó a ser parte de la teología clásica de la Iglesia. Agustín y Crisóstomo fueron citados por incontables teólogos y comentaristas en los siglos que les siguieron. Dones como la glosolalia (el hablar en lenguas) llegaron a ser tan raros que la Iglesia olvidó la apropiada función que los tales cumplían en la comunidad cristiana. Con el paso de los años, el hablar en un idioma no aprendido por quien lo hablaba fue visto como evidencia de la posesión de un espíritu maligno más bien que del Espíritu Santo. En efecto, ya alrededor del año 1000 d.C. el Rituale romanum (Ritual romano) definía la glosolalia como la evidencia a simple vista dé posesión demoníaca. Pudiera haberse esperado que los reformadores, tales como Lutero y Calvino, hubieran restaurado los carismas a la Iglesia como la herencia común de todos los creyentes. Sin embargo, no sucedió así. Uno de los cargos presentados en contra de los reformadores por las autoridades católicas era que al protestantismo le faltaban milagros que confirmaran sus comienzos. Los teólogos católicos consideraban los carismas como la aprobación divina del comienzo de la Iglesia. Los católicos demandaban de Lutero y de Calvino señales y milagros que autenticaran que sus iglesias eran iglesias cristianas genuinas y ortodoxas. Lutero, Siguiendo la línea de pensamiento de Agustín y de Crisóstomo, respondió con el siguiente punto de vista respecto de las señales, milagros y dones del Espíritu Santo:

La paloma - S�mbolo del Esp�ritu Santo

El Espíritu Santo es enviado en dos formas. En la Iglesia primitiva fue enviado en forma manifiesta y visible. De este modo descendió sobre Cristo en el Jordán en forma de paloma (Mateo 3:16), y sobre los apóstoles y otros creyentes en forma de fuego (Hechos 2:3). Este fue el primer envío del Espíritu Santo; era necesario en la Iglesia primitiva, la que debía establecerse con señales visibles por causa de los Inconversos, tal como Pablo testifica en 1 Corintios 14:22. “Las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” Pero más tarde, cuando la iglesia había sido reunida y confirmada por estas señales, no fue necesario que continuara este envío visible del Espíritu Santo.

A través de los siglos, el cristianismo, en sus ramas católica romana y protestante, adoptó el punto de vista de que los dones espectaculares y sobrenaturales del Espíritu Santo habían terminado con la Iglesia primitiva, y que, al haberse completado el canon de las Escrituras inspiradas, nunca volverían a ser necesarios. La tradición mística católica siguió dando lugar a que algunos santos poseídos de “santidad heroica” ejercitaran algunos de los dones, pero tal santidad estaba reservada, en la mente de muchos, para los miembros del clero y para los religiosos (obispos, sacerdotes, monjes y monjas), no para las masas de cristianos comunes. Este punto de vista fue la sabiduría convencional de la Iglesia hasta el siglo diecinueve. Entonces los desarrollos histórico y teológico provocaron el comienzo de un extraordinario cambio de opinión en varios lugares, en forma notable en Inglaterra y Estados Unidos. » (1)

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«Crisóstomo, cuando él escribió contra el ambiente de la cultura pagana de su tiempo, comentó que sus ídolos,“aunque mudos en sí mismos, tenían con todo sus oráculos y profetas y augures, quienes aparentaban tener dones espirituales, como la pitonisa de Delfos; pero no se engañen —advirtió—, los dones de ellos se pueden distinguir fácilmente de los de nosotros» (2)

«Prácticamente, cada generación de la cristiandad ha testimoniado el desenvolvimiento de algún nuevo movimiento (bueno o malo) dentro de sus hileras. Los apóstoles tenían que guardar la verdad contra los judaizantes y del progreso del gnosticismo incipiente. La era pos-apostólica estaba llena de controversias y del desenvolvimiento de nuevos “ISMOS”: Docetismo, Cerintianismo, Eutiquianismo, Sabelianismo, Arrianismo, etc. San Agustín luchó contra el Pelagianismo. Aún en el período de la Edad Media vió la actividad de los Anabaptistas y la institución de las varias ordenes católicas romanas: (Agustinianos, Dominicanos, Franciscanos, Jesuitas etc.). En el siglo XVI eclodió la poderosa Reforma Protestante, con el desenvolvimiento subsecuente de los mayores grupos eclesiásticos (Luteranos, Anglicanos, Presbiterianos etc., y de los menores disidentes). Mas tarde, la cristiandad americana contribuyó con muchos grupos diferentes: Mormones, Campbelitas, Testimonias de Jehová, Adventistas del Séptimo Día, etc.).

El siglo XX también ha testimoniado su parte de nuevos desenvolvimientos. Un movimiento-clave ha sido el Pentecostalismo, con su énfasis sobre el Espíritu Santo y dones espirituales.

Este movimiento viene dividiendo todas las iglesias, aún las tradicionales que resultan en la formación de nuevas denominaciones a cada día. Este movimiento llegó al Brasil en 1.911, en la ciudad de Belém do Pará, por dos pastores suecos: Daniel Berg y Gunnar Vingren, ambos de la Iglesia Bautista de Chicago, Estados Unidos, los cuales, días después, fueron expulsos por el pastor bautista de Belém, por no aceptar esta nueva doctrina.

Queremos destacar aquí que estos dos pastores trajeron para Brasil la doctrina del don de lenguas, pero Gunnar Vingren, que era teólogo bautista, tuvo que estudiar portugués, mientras Daniel trabajaba para el sustento de ambos.

Cuando ellos fueron expulsos de la iglesia Bautista, muchas personas de la iglesia los siguieron. Y este grupo disidente formó una asamblea, conocida hoy como Asambleas de Dios, nacida en 1.911 (en Chile conocida con el mismo nombre). Casi que simultáneamente a estos acontecimientos, llegaba a Sao Paulo un italiano proveniente también de Chicago, llamado Louis Francescone que, a ejemplo de los otros dos, también tubo que estudiar portugués, después de haber fundado una asamblea solamente de italianos. El era presbiteriano y como la iglesia Presbiteriana también no lo aceptó con sus dones carismáticos, el procedió de la misma forma que los suecos, y fundó otra asamblea, que vino a ser la Congregación Cristiana de Brasil, también en 1.9ll (en Chile: “Congregación Cristiana de Chile).

En 1.950, surge en Sao Paulo mas un fenómeno proveniente también de los Estados Unidos, Harold Williams, cuyo énfasis estaba en las curas divinas. En esa época llegó a reunir mas de 200.000 personas en el “Vale do Anhangabaú” en Sao Paulo (pleno centro de Sao Paulo). Entre los oyentes estaba un albañil pernambucano, de la Asambleas de Dios, cuyo nombre era nada mas nada menos que el señor Manoel de Melo. Con tamaño entusiasmo, resolvió crear su propia iglesia. Y así nació la iglesia “Brasil para Cristo.” (en Chile: “Chile para Cristo”).

En el día 18 de mayo de 1.975, surge en el escenario cristiano en todo el mundo el movimiento Carismático dentro de la iglesia Católica Apostólica Romana. El son de lenguas y el canto carismático llenó la sólida nave de la vieja iglesia-madre del Catolicismo Romano. De los 25.000 que bloquearon la Basílica, cerca de 10.000 eran participantes de la tercera Conferencia Internacional de Renovación Carismática.

En ese día, el Papa Pablo VI venció una barrera fortísima de los Cardenales, que mucho habían hablado contra los ideales de Juan XXIII, que era la participación de los católicos en el movimiento ECUMENICO. Y este sueño del Papa Juan XXIII fue concretizado en el día 21 de noviembre de 1.964, cuando el Papa Pablo VI firmó el decreto sobre el ecumenismo. Y en ese mismo día, hizo una declaración proclamando “Maria la Madre de la iglesia, la madre de todos los fieles y de todos los pastores”. El movimiento carismático está invalidando la ortodoxia católica, mudando vertiginosamente las costumbres tradicionales de la iglesia. » (3)

Lo que sucedió en Pentecostés, es lo que profetiza Jesé en el libro de Marcos: «En el Evangelio de Marcos, la única mención del fenómeno de glosolalia en los cuatro Evangelios se encuentra la gran comisión, conforme el registro de Marcos 16:17. Esto se hace significativo cuando se reconoce que el Espíritu Santo ejerció una parte proeminente en la era del Evangelio. Cristo aquí hizo una promesa, posibilitando la pregación del Evangelio en el lenguaje de aquellos que iban a oír las buenas nuevas de salvación. El objetivo “NUEVAS LENGUAS” no quiere decir lenguas inexistentes, como defienden algunos, sino que lenguas extranjeras que ellos hablarían sin haber aprendido. Es oportuno saber que hay en griego dos palabras para “NUEVO”, esto es “NÉOS” y “KAINOS”. Néos es “NUEVO” en el sentido de tiempo reciente y Kainós es “NUEVO” en la forma o cualidad. Cristo aqui usó Kainós porque se refería al “NUEVO” no usado.

Roberto Gromacki en su libro, Movimiento Moderno de Lenguas, hizo la siguiente declaración: “Si el hablar lenguas hubiese envuelto lenguas desconocidas nunca antes habladas, entonces Cristo tendría usado Néos (nuevo en referencia al tiempo). Pero, como El empleó Kainós, tiene que referirse a lenguas extranjeras, que eran “NUEVAS” para aquellos que las hablasen, porque ya existían antes.” Eran idiomas nuevos para aquellos que los hablarían. La denominación de nuevas indicaba el contraste con las lenguas por ellos habladas. » (4)

Los Dones espirituales

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, nos explica respecto al uso en la Biblia de la expresión dones espirituales: (en griego jarésmata, derivado de jaŒris que significa gracia; así «dones de gracia»; cf. el término técnico carismas). En el Nuevo Testamento, aparte de 1 Pedro 4.10, el uso de la palabra se encuentra principalmente en las epístolas paulinas. La aplicación de esta palabra a las diversas funciones que contribuyen a la edificación de la comunidad cristiana y al cumplimiento de su misión es una contribución original del apóstol Pablo. Al considerar una función específica dentro de la vida de la comunidad («el cuerpo») como un «don» o un «carisma», Pablo nos enseña en primer lugar que tal función se desempeña por gracia de Dios y no por derecho ni por mérito propio. Tanto la autoridad como las capacidades para el ejercicio de la función proceden del Espíritu. En segundo lugar, nos enseña que cada función se justifica en la medida en que presta un servicio a la edificación del cuerpo (I Cor 12.7; 14.3–12; Ef. 4.12). La función, en cuanto a don del Espíritu, se recibe con el fin de compartirla y así contribuir al desarrollo de la comunidad.

En tres lugares (I Cor 12.4–11, 28–30; Ef. 4.7–12 y Ro 12.3–8) Pablo aporta listados de «dones» o «carismas» que por entonces deben haber sido comunes en la experiencia de las primeras comunidades cristianas. De estos pasajes pueden destacarse los siguientes aspectos centrales:

a) Para el buen desarrollo de la comunidad (cuerpo) es necesario que exista una diversidad de dones (I Cor 12.4–6; Ro 12.4). El símil del cuerpo es una poderosa ilustración de que el desarrollo unilateral de una o más funciones (dones en desmedro de otros) destruye la comunidad.

b) Dado que todos los dones, por más diversos entre sí que sean, proceden del «mismo Espíritu» (I Cor 12.4; Ef. 4.4–6), la diversidad no destruye la unidad, sino que la hace posible. La unidad se ve amenazada solo cuando una función, en tal caso entendida como derecho y mérito propio, se trata de imponer sobre las demás.

c) Todo miembro de la comunidad recibe un don (o dones) del Espíritu (I Cor 12.7; Ro 12.3). No existen miembros que carezcan de dones. Por lo tanto, la distinción entre miembros carismáticos y no carismáticos dentro de la comunidad cristiana es superflua.

No hay ningún indicio en los textos de que el apóstol Pablo haya considerado estas listas como exhaustivas, y por lo tanto normativas para las comunidades cristianas en todo tiempo. La misma diferencia entre las listas confirma la impresión de que Pablo tomó algunos ejemplos relevantes para las comunidades de su tiempo, con el fin de explicar su enseñanza y mensaje. Por lo tanto, las listas deben entenderse como abiertas: cada comunidad cristiana ha de estar dispuesta a recibir del Espíritu nuevos dones necesarios para responder a los desafíos de su tiempo (Ro 12.2).

Aunque es posible clasificar los dones mencionados en distintas categorías (digamos, relativos al ministerio de la Palabra; relativos al servicio o asistencia a la comunidad; relativos a la administración u organización de la comunidad, etc.), no se puede derivar de los listados del apóstol una especie de jerarquía de dones, de acuerdo a la cual ciertos dones serían calificados como más necesarios o dignos que otros.

Tampoco se puede extraer de estas listas una distinción entre dones considerados «ordinarios» (naturales) y dones considerados «extraordinarios» (sobrenaturales), con el resultado de calificar los últimos más relevantes que los primeros o viceversa. La distinción entre lo ordinario y lo extraordinario varía de una cultura a otra, y por cierto nuestra manera moderna de hacer tal distinción era desconocida en tiempos bíblicos. Al caer tal distinción, se hace también irrelevante el viejo debate acerca de si los carismas son un don permanente para la comunidad cristiana, o si se agotaron al fin de la era apostólica. Un talento tan «ordinario» como la música o la enseñanza puede ser un carisma, en tanto se acepte gozosamente como un don del Espíritu y se ponga al servicio de la vida y misión de la iglesia. Una experiencia como hablar en lenguas o danzar, tan extraordinaria para alguno, puede ser un carisma ordinario para comunicar el gozo indecible de la presencia del Espíritu a una comunidad para cuya cultura las formulaciones intelectuales de la fe carecen de poder comunicativo. Lo que es claro es que para Pablo una iglesia sin diversidad de dones-carismas carece de las condiciones necesarias para existir.

De todas maneras, para el apóstol Pablo, como también para Juan (I Jn 4.1), todavía queda abierta la pregunta por el discernimiento de espíritus: no basta con pretender que lo que uno hace lo hace en nombre del Espíritu Santo para que realmente sea así. A la pregunta por el criterio o la norma de discernimiento, Pablo responde con su hermoso himno a la preeminencia del amor (I Cor 13), aunque también en este contexto podría citarse su listado de los frutos del Espíritu (Gál 5.22s). Al final, que un determinado talento o una función permanente o temporal sea genuinamente un don o un carisma del Espíritu Santo se muestra al ejercitarlo como un servicio de amor incondicional a la edificación de la iglesia, su unidad, y el cumplimiento de su misión en el mundo.» (5)

Grafico de Dones espirituales en tres pasajes claves (6)

Howard M.Ervin reflexiona que «tal vez al comprenderse la razón de ser de las lenguas, se obviarían algunas de las trilladas objeciones que se les hacen. El habla es una manifestación muy singular de la personalidad. No es extrínseca a la humanidad; es más bien intrínseca en la personalidad humana. En realidad, es la prueba de la personalidad. El perspicaz comentario de Eduard Thurneysen recalca esto: “Sólo el hecho de que el hombre pueda hablar, y hable, lo hace hombre .. En último análisis, el misterio del habla es idéntico al misterio de la personalidad, a la imagen de Dios en el hombre.”Dios es una persona, y como tal se manifiesta mediante el habla. Este es el atributo de toda revelación. Dios, que en el tiempo antiguo habló por los profetas de Israel, “nos ha hablado por el Hijo”.2 En la personalidad divina, la facultad de hablares un atributo fundamental. Siendo más que una simple función, expresa la naturaleza esencial de la Deidad. Mediante la palabra hablada creó Dios el mundo.3Juan el evangelista describió a Jesucristo como el Verbo (o Palabra) encarnado, y este Verbo es Dios. El “habla» divina es el secreto esencial del cosmos, porque por medio de ella se puso orden en el caos primitivo. Y según el escritor de la epístola a los Hebreos, el Verbo encarnado sostiene el universo, ya que “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. La frase profética, “el Espíritu dijo”, es un reconocimiento de la personalidad del Espíritu Santo. En Dios, el habla y la personalidad son inseparables.

Que Dios puede hablar, y habla, a su pueblo en las lenguas de quienes lo constituyen es un artículo de fe de la Iglesia; pero tal comunicación siempre está limitada por dos factores humanos. Cuando Dios se dirige a los hombres (o viceversa, cuando los hombres se dirigen a Dios) en las lenguas que han aprendido, la comunicación está limitada 1) por las categorías de los conceptos en que el individuo forma sus pensamientos, y 2) verbalmente por el vocabulario que uno domina. A modo de contraste, cuando el cristiano lleno del Espíritu ora o habla en lenguas, habla una lengua que nunca ha aprendido. El vocabulario está controlado por la mente del Espíritu. Puede ser una sola lengua o muchas, según el deseo del Espíritu, y se sobrepasan todas las restricciones de las categorías de conceptos y del vocabulario. Pablo describió en tales términos su propia experiencia de la glosolalia. “Porque si yo oro en lengua desconocida — escribió él —, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” (I Cor. 14:14)

Tampoco el apóstol restó importancia a esto, porque en seguida añadió: “Qué, pues? Oraré con el espíritu [es decir, en lenguas según el Espíritu le diera que hablase], pero oraré también con el entendimiento [es decir, en las lenguas que había aprendido]; cantaré con el espíritu [es decir, en lenguas], pero cantaré también con el entendimiento [es decir, en las lenguas que sabía] (I Cor. 14:15)

Jesús prometió poder a sus discípulos cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo, y la primen manifestación distintivamente personal del poder del Espíritu fue hablar sobrenaturalmente en otras lenguas. Por eso el Espíritu Santo demostró su soberanía sobre los órganos de la comunicación humana que tuvieran que ver con el cumplimiento de la responsabilidad de los discípulos como testigos. Las lenguas fueron la manifestación carismática singular de la presencia y el poder del Espíritu divino el día de Pentecostés. Para cada manifestación carismática del Espíritu Santo se puede hallar un paralelo antes de Pentecostés, a excepción de las lenguas. Ellas fueron, y son, la señal normativa (y en esto estriba el escándalo que causan) del poder pentecostal en la vida de los cristianos.

Una palabra más es necesario decir aquí para esclarecer la relación que hay entre las lenguas que se hablaron en Pentecostés y las palabras que cita Pedro de la profecía de Joel, donde la profecía es la cualidad distintiva del derramamiento del Espíritu de Dios “sobre toda carne” ¿Fue simplemente una adaptación indefinida, impuesta por conveniencia homilética, de las palabras del antiguo vidente al fenómeno pentecostal? ¿O hay un vínculo más preciso entre la profecía de Joel y las lenguas de Pentecostés? La respuesta se puede hallar en la palabra griega que en nuestras versiones castellanas se ha traducido por “hablasen”. En la Versión de los Setenta, la misma palabra “no se emplea para referirse a la conversación corriente, sino a las declaraciones de los profetas”.’

Tal vez el empleo de esa palabra se debiera a la insólita conducta de los discípulos, a quienes por burla acusaron de estar “llenos de vino nuevo». (Hch 2:13 RVA) Su conducta era semejante al estado extático de antiguas comunidades proféticas de Israel. Al parecer, Pedro interpretó como declaraciones proféticas las lenguas que se hablaron en Pentecostés. En ese sentido, las lenguas fueron un cumplimiento literal del oráculo de Joel: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. “(Hch. 2:17)

Cuando el día de Pentecostés la comunidad apostólica habló lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen”, hablaron por inspiración divina lenguas que no habían aprendido antes. Pan ellos eran lenguas; pero para los espectadores que los oyeron y entendieron que hablaban en sus dialectos (Hch. 2:6), no eran lenguas, sino profecías. Les oían alabar con ardor profético “las maravillas de Dios”. Esa misma manifestación de alabanza en lenguas ocurrió después en la casa de Cornelio cuando “los oían que hablaban ea lenguas, y que magnificaban a Dios”.(Hch. 10:46) » (7)

« ¿Qué ocurrió en Pentecostés? El capítulo 2 de Hechos nos dice que ocurrieron cuatro cosas que señalaron el advenimiento de la nueva era. Primera, un estruendo del cielo, como de un viento recio llenó la casa. Segunda, algo que semejaba lenguas de fuego se asentó sobre cada una de las personas congregadas en el aposento alto. Tercera, todos fueron llenados del Espíritu Santo. Cuarta, todos hablaron en lenguas al otorgarles el Espíritu la capacidad de hacerlo. Esas lenguas eran idiomas conocidos por la gente esparcida en todo el Imperio Romano que habían arribado a Jerusalén para Pentecostés. Algunos creen que el milagro se produjo en el oído de los oyentes. Otros creen que los apóstoles recibieron un sobrenatural don de hablar en idiomas foráneos que desconocían. Cualquiera sea la posición que adoptemos ¡se produjo un “milagro”!

El mismo vocablo básico para “llenado” aparece en Hechos 4:8 donde Pedro, “lleno del Espíritu Santo” (no se menciona el hablar en lenguas) predicó su breve sermón al sumo sacerdote y a los dirigentes judíos. La misma raíz del vocablo figura en conexión con Juan el Bautista en Lucas 1:15 donde la Escritura dice que “será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre”. Sin embargo nada dice la Escritura de que Juan haya hablado alguna vez en lenguas. En la experiencia de la conversión de Pablo, Ananías se allegó a él diciéndole que Jesús lo había enviado “para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:17). Pablo recuperó la vista, fue bautizado y “en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hechos 9:20). Nuevamente nada se dice de hablar en lenguas.

El capítulo 19 del libro de Hechos relata la historia de Pablo en Éfeso. Encontró allí algunos creyentes que nada sabían de la venida del Espíritu. Se nos dice que cuando les hubo “impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban” (Hechos 19:6). En este pasaje la Escritura no dice que fueran llenos del Espíritu. De cualquier manera, hablaron en lenguas y profetizaron, si bien no hubo lenguas de fuego ni viento recio como ocurrió en Pentecostés. Más aún, el relato de Hechos 19 no dice si los idiomas hablados eran idiomas que la gente presente entendía y tampoco menciona la presencia de intérpretes. Por lo menos podemos presuponer que eran idiomas conocidos en algún lugar del mundo. Cuando vamos a un país extranjero a predicar, hablamos en inglés. El inglés es un idioma desconocido para la mayoría de nuestros oyentes. Por ejemplo, en el noreste de la India hablamos a muchos miles en cada reunión; utilizamos diecisiete distintos intérpretes para traducir nuestro mensaje a diecisiete dialectos para que la gente pudiera entender nuestro “desconocido idioma”. A nuestro juicio, esto es análogo a lo que ocurrió en Pentecostés, con la excepción de que aquello fue un milagro divino. Puede haber sido que cada uno de los que hablaba lo hacía en un idioma que algunos oyentes entendían, o que el Espíritu Santo interpretaba a cada uno de los oyentes en su propio idioma lo que decía, y en este último caso el milagro sería el otorgamiento de su capacidad de entender.

Lenguas “Desconocidas” en 1 Corintios

En 1 Corintios el hablar en lenguas pareciera ser algo muy distinto de lo que se relata en Hechos de los Apóstoles, si bien en Hechos y en 1 Corintios se utiliza la misma palabra griega cuando se habla de “lenguas”.

En Pentecostés los discípulos hablaron en lenguas conocidas a la gente que visitaba Jerusalén. Los que hablaban, llenos de poder por el Espíritu Santo, no conocían estos idiomas pero sí los conocían sus oyentes. En cambio, en 1 Corintios los oyentes no escucharon un idioma que conocían de modo que se requirió la presencia de intérpretes. El problema consiste en saber si los idiomas que menciona la primera carta a los corintios eran idiomas conocidos. Algunos eruditos bíblicos sugieren que sí, en tanto que otros sostienen que era simplemente alguna forma de emisión extática distinta a todo idioma humano conocido. Personalmente nos inclinamos por esta última posición. Pero de cualquier manera que sea, poca diferencia hace en nuestra comprensión del pasaje, si bien algunos señalan que si el don de lenguas de 1 Corintios era un lenguaje conocido, ya no guardaría relación con mucho de lo que se ha rotulado como “lenguas” en el día de hoy. El hecho de que la “interpretación” es vista como un don espiritual nos hace pensar que el don de lenguas mencionado en 1 Corintios no era un idioma conocido que pudiera ser entendido por alguien que naturalmente hablara ese idioma.

El capítulo 13 de 1 Corintios tiene su propio enigma o misterio. Pablo menciona el idioma de ángeles y de hombres. No puede caber duda alguna de que el idioma de los ángeles nos es totalmente desconocido a los hombres, pero va implícito que alguien pudiera hablar en tal idioma. En Corintios Pablo habla de lenguas como de un don que proviene del Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo puede otorgar a alguien la capacidad de hablar en un idioma angélico. Claro está que Pablo deja bien aclarado que no a todos les da este particular don. Es debido a estas razones que encontramos difícil vincular el llenado del Espíritu Santo a un segundo bautismo acompañado necesariamente de la señal de hablar en lenguas. No hallamos sólidos fundamentos escriturales para sostener la posición de que el hablar en lenguas, como señal, se le brinda a todos los que son bautizados con el Espíritu, en tanto que el hablar en lenguas, como un don, se le otorga solamente a algunos.

Por otra parte, pensamos que puede ser incorrecto el uso moderno que se le da al término “carismático”. En 1 Corintios, charismata es el vocablo griego que expresa los dones que Dios otorga a los creyentes. Nadie puede adquirir ese don por sí mismo. Como habremos de ver, los dones, según Pablo, provienen del soberano accionar del Espíritu Santo de Dios que reparte “a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). Dice Pablo: “Porque por un solo Espíritu (pues eso es lo que dice el idioma griego) fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Pero, además de ello, el Espíritu distribuye dones a los diversos miembros del cuerpo. Así, pues, todo creyente obtiene algún don. 1Y por lo tanto, todo creyente es un carismático!

Más aún, Pablo no indica que un determinado don pertenece a todo creyente. Dice solamente que recibe “algún” don. Les dice a los corintios que deben “procurar” (1 Corintios 12:31) los dones mejores. La enciclopedia Espasa-Calpe define la palabra procurar como “hacer diligencias o esfuerzos para conseguir lo que se desea”. Y en 1 Corintios 13 afirma el Apóstol que todo don que no se acompaña de amor es despreciable y carente de valor.

De la lectura del libro “En los Postreros días”, considero las siguientes conclusiones extraídas: «La Iglesia del Nuevo Testamento había sido verdaderamente una Iglesia carismática, según lo confirmaba el libro de los Hechos de los Apóstoles. También era claro que la Iglesia primitiva retuvo sus dones originales y su poder pentecostal en el largo período de lucha y de persecución antes del triunfo del cristianismo en Occidente bajo Constantino. Sin embargo, después de lograr aceptación y poder, la Iglesia comenzó a experimentar cada vez menos el poder milagroso de la Iglesia primitiva, y se volvió más y más ritualista, adoptando expresiones sacramentales de la fe.

El movimiento de renovación montanista del período 185-212 d.C. representó un intento por restaurar los carismas a la iglesia. A pesar de algunos éxitos iniciales, en los cuales las lenguas y la profecía fueron restaurados entre los seguidores de Montano, el movimiento fue finalmente condenado por la Iglesia. La causa principal de este rechazo no fue la presencia de los carismas, sino los reclamos de Montano de que las expresiones proféticas eran de igual valor que las Escrituras.

Muchos tienen la impresión de que la Iglesia reaccionó contra el montanismo afirmando que los carismas más sensacionales, aun cuando los había experimentado la Iglesia apostólica, habían sido quitados después que estuvo completo el canon aceptado de las Escrituras. Esta opinión fue expresada por Agustín y respaldada por los eruditos de los siglos siguientes. Respecto de las lenguas como evidencia de la recepción del Espíritu Santo, Agustín dijo:

“En el comienzo de la Iglesia el Espíritu Santo cayó sobre los creyentes, y ellos hablaron en lenguas que no habían aprendido, según el Espíritu les facultó para hacerlo. Era una señal apropiada para la época: todas las lenguas del mundo eran una significación adecuada del Espíritu Santo, por cuanto el evangelio de Dios habría de ser difundido por medio de toda lengua en todas partes del mundo. La señal fue dada y luego dejó de ser. Nosotros ya no esperamos que aquellos sobre los cuales se imponen las manos reciban el Espíritu Santo con el’ acompañamiento del hablar en lenguas. Cuando nosotros retiramos nuestras manos de sobre estos “infantes”, los miembros recién nacidos de la Iglesia, ninguno de ustedes (pienso yo) miró para ver si hablarían en lenguas, o viendo que esto no ocurría, tuvo la perversidad de decir que no habían recibido el Espíritu Santo, pues si lo hubieran recibido, hubieran hablado en lenguas como ocurrió en el principio.”

Del mismo modo para todos los otros dones extraordinarios del Espíritu, la teoría de la “cesación” de Agustín fue de una gran influencia sobre las generaciones de teólogos subsiguientes: “Algunos preguntan: ¿Por qué no ocurren los milagros en la actualidad, tal como ocurrió en los tiempos antiguos? Yo podría responder que éstos eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, con el fin de ganar la creencia del mundo.”La reacción contra el montanismo, que condujo a la creencia de que los carismas habían concluido con la era apostólica ha seguido hasta los tiempos modernos. Aun cuando la Iglesia Católica Romana dejó la puerta abierta a los milagros en la vida de ciertos santos (de algunos de los cuales se dice que habían hablado en lenguas y que habían realizado algunos milagros de sanidad), la Iglesia manifestaba una tendencia cada vez mayor a enseñar que los milagros de la era apostólica concluyeron con la Iglesia primitiva. Con la institucionalización de la Iglesia, los carismas menos espectaculares de gobierno, administración y enseñanza pasaron al primer plano como los dones más aceptables a disposición de la jerarquía.

Fue Juan Crisóstomo en el siglo cuarto el que presentó la expresión clásica del punto de vista de que los carismas habían cesado, en sus hornillas sobre 1 Corintios 12. Confesando su ignorancia sobre el asunto, escribió:

“Todo este pasaje es muy oscuro: pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de los hechos a los cuales se hace referencia y por la cesación de estos, siendo así que entonces solían ocurrir pero ahora ya no ocurren más. ¿Y por qué razón no ocurren ahora? Porque, miren ahora, también la causa de la oscuridad ha suscitado en nosotros otra interrogante, y es esta: ¿Por qué ocurrieron entonces y ahora ya no ocurren más?.. . Pues, ¿qué era lo que ocurría entonces? Todo el que era bautizado hablaba de inmediato en lenguas, y no solamente en lenguas, sino que muchos profetizaban, y algunos realizaban muchos milagros… pero lo que más abundaba entre ellos era el don de lenguas.”

La cesación de los carismas llegó a ser parte de la teología clásica de la Iglesia. Agustín y Crisóstomo fueron citados por incontables teólogos y comentaristas en los siglos que les siguieron. Dones como la glosolalia (el hablar en lenguas) llegaron a ser tan raros que la Iglesia olvidó la apropiada función que los tales cumplían en la comunidad cristiana. Con el paso de los años, el hablar en un idioma no aprendido por quien lo hablaba fue visto como evidencia de la posesión de un espíritu maligno más bien que del Espíritu Santo. En efecto, ya alrededor del año 1000 d.C. el Rituale romanum (Ritual romano) definía la glosolalia como la evidencia a simple vista dé posesión demoníaca. Pudiera haberse esperado que los reformadores, tales como Lutero y Calvino, hubieran restaurado los carismas a la Iglesia como la herencia común de todos los creyentes. Sin embargo, no sucedió así. Uno de los cargos presentados en contra de los reformadores por las autoridades católicas era que al protestantismo le faltaban milagros que confirmaran sus comienzos. Los teólogos católicos consideraban los carismas como la aprobación divina del comienzo de la Iglesia. Los católicos demandaban de Lutero y de Calvino señales y milagros que autenticaran que sus iglesias eran iglesias cristianas genuinas y ortodoxas. Lutero, Siguiendo la línea de pensamiento de Agustín y de Crisóstomo, respondió con el siguiente punto de vista respecto de las señales, milagros y dones del Espíritu Santo:

El Espíritu Santo es enviado en dos formas. En la Iglesia primitiva fue enviado en forma manifiesta y visible. De este modo descendió sobre Cristo en el Jordán en forma de paloma (Mateo 3:16), y sobre los apóstoles y otros creyentes en forma de fuego (Hechos 2:3). Este fue el primer envío del Espíritu Santo; era necesario en la Iglesia primitiva, la que debía establecerse con señales visibles por causa de los Inconversos, tal como Pablo testifica en 1 Corintios 14:22. “Las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” Pero más tarde, cuando la iglesia había sido reunida y confirmada por estas señales, no fue necesario que continuara este envío visible del Espíritu Santo.

A través de los siglos, el cristianismo, en sus ramas católica romana y protestante, adoptó el punto de vista de que los dones espectaculares y sobrenaturales del Espíritu Santo habían terminado con la Iglesia primitiva, y que, al haberse completado el canon de las Escrituras inspiradas, nunca volverían a ser necesarios. La tradición mística católica siguió dando lugar a que algunos santos poseídos de “santidad heroica” ejercitaran algunos de los dones, pero tal santidad estaba reservada, en la mente de muchos, para los miembros del clero y para los religiosos (obispos, sacerdotes, monjes y monjas), no para las masas de cristianos comunes. Este punto de vista fue la sabiduría convencional de la Iglesia hasta el siglo diecinueve. Entonces los desarrollos histórico y teológico provocaron el comienzo de un extraordinario cambio de opinión en varios lugares, en forma notable en Inglaterra y Estados Unidos. » (8)

«Crisóstomo, cuando él escribió contra el ambiente de la cultura pagana de su tiempo, comentó que sus ídolos, “aunque mudos en sí mismos, tenían con todo sus oráculos y profetas y augures, quienes aparentaban tener dones espirituales, como la pitonisa de Delfos; pero no se engañen — advirtió —, los dones de ellos se pueden distinguir fácilmente de los de nosotros» (9)

«Prácticamente, cada generación de la cristiandad ha testimoniado el desenvolvimiento de algún nuevo movimiento (bueno o malo) dentro de sus hileras. Los apóstoles tenían que guardar la verdad contra los judaizantes y del progreso del gnosticismo incipiente. La era pos-apostólica estaba llena de controversias y del desenvolvimiento de nuevos “ISMOS”: Docetismo, Cerintianismo, Eutiquianismo, Sabelianismo, Arrianismo, etc. San Agustín luchó contra el Pelagianismo. Aún en el período de la Edad Media vió la actividad de los Anabaptistas y la institución de las varias ordenes católicas romanas: (Agustinianos, Dominicanos, Franciscanos, Jesuitas etc.). En el siglo XVI eclodió la poderosa Reforma Protestante, con el desenvolvimiento subsecuente de los mayores grupos eclesiásticos (Luteranos, Anglicanos, Presbiterianos etc., y de los menores disidentes). Mas tarde, la cristiandad americana contribuyó con muchos grupos diferentes: Mormones, Campbelitas, Testimonias de Jehová, Adventistas del Séptimo Día, etc.).

El siglo XX también ha testimoniado su parte de nuevos desenvolvimientos. Un movimiento-clave ha sido el Pentecostalismo, con su énfasis sobre el Espíritu Santo y dones espirituales. Este movimiento viene dividiendo todas las iglesias, aún las tradicionales que resultan en la formación de nuevas denominaciones a cada día. Este movimiento llegó al Brasil en 1.911, en la ciudad de Belém do Pará, por dos pastores suecos: Daniel Berg y Gunnar Vingren, ambos de la Iglesia Bautista de Chicago, Estados Unidos, los cuales, días después, fueron expulsos por el pastor bautista de Belém, por no aceptar esta nueva doctrina.

Queremos destacar aqui que estos dos pastores trajeron para Brasil la doctrina del don de lenguas, pero Gunnar Vingren, que era teólogo bautista, tuvo que estudiar portugués, mientras Daniel trabajaba para el sustento de ambos.

Cuando ellos fueron expulsos de la iglesia Bautista, muchas personas de la iglesia los siguieron. Y este grupo disidente formó una asamblea, conocida hoy como Asambleas de Dios, nacida en 1.911 (en Chile conocida con el mismo nombre). Casi que simultáneamente a estos acontecimientos, llegaba a Sao Paulo un italiano proveniente también de Chicago, llamado Louis Francescone que, a ejemplo de los otros dos, también tubo que estudiar portugués, después de haber fundado una asamblea solamente de italianos. El era presbiteriano y como la iglesia Presbiteriana también no lo aceptó con sus dones carismáticos, el procedió de la misma forma que los suecos, y fundó otra asamblea, que vino a ser la Congregación Cristiana de Brasil, también en 1.9ll (en Chile: “Congregación Cristiana de Chile).

En 1.950, surge en Sao Paulo mas un fenómeno proveniente también de los Estados Unidos, Harold Williams, cuyo énfasis estaba en las curas divinas. En esa época llegó a reunir mas de 200.000 personas en el “Vale do Anhangabaú” en Sao Paulo (pleno centro de Sao Paulo). Entre los oyentes estaba un albañil pernambucano, de la Asambleas de Dios, cuyo nombre era nada mas nada menos que el señor Manoel de Melo. Con tamaño entusiasmo, resolvió crear su propia iglesia. Y así nació la iglesia “Brasil para Cristo.” (en Chile: “Chile para Cristo”).

En el día 18 de mayo de 1.975, surge en el escenario cristiano en todo el mundo el movimiento Carismático dentro de la iglesia Católica Apostólica Romana. El son de lenguas y el canto carismático llenó la sólida nave de la vieja iglesia-madre del Catolicismo Romano. De los 25.000 que bloquearon la Basílica, cerca de 10.000 eran participantes de la tercera Conferencia Internacional de Renovación Carismática.

En ese día, el Papa Pablo VI venció una barrera fortísima de los Cardenales, que mucho habían hablado contra los ideales de Juan XXIII, que era la participación de los católicos en el movimiento ECUMENICO. Y este sueño del Papa Juan XXIII fue concretizado en el día 21 de noviembre de 1.964, cuando el Papa Pablo VI firmó el decreto sobre el ecumenismo. Y en ese mismo día, hizo una declaración proclamando “Maria la Madre de la iglesia, la madre de todos los fieles y de todos los pastores”. El movimiento carismático está invalidando la ortodoxia católica, mudando vertiginosamente las costumbres tradicionales de la iglesia. » (10)

Lo que sucedió en Pentecostés, es lo que profetiza Jesús en el libro de Marcos: «En el Evangelio de Marcos, la única mención del fenómeno de glosolalia en los cuatro Evangelios se encuentra la gran comisión, conforme el registro de Marcos 16:17. Esto se hace significativo cuando se reconoce que el Espíritu Santo ejerció una parte proeminente en la era del Evangelio. Cristo aquí hizo una promesa, posibilitando la pregación del Evangelio en el lenguaje de aquellos que iban a oír las buenas nuevas de salvación. El objetivo “NUEVAS LENGUAS” no quiere decir lenguas inexistentes, como defienden algunos, sino que lenguas extranjeras que ellos hablarían sin haber aprendido. Es oportuno saber que hay en griego dos palabras para “NUEVO”, esto es “NÉOS” y “KAINOS”. Néos es “NUEVO” en el sentido de tiempo reciente y Kainós es “NUEVO” en la forma o cualidad. Cristo aqui usó Kainós porque se refería al “NUEVO” no usado.

Roberto Gromacki en su libro, Movimiento Moderno de Lenguas, hizo la siguiente declaración: “Si el hablar lenguas hubiese envuelto lenguas desconocidas nunca antes habladas, entonces Cristo tendría usado Néos (nuevo en referencia al tiempo). Pero, como El empleó Kainós, tiene que referirse a lenguas extranjeras, que eran “NUEVAS” para aquellos que las hablasen, porque ya existían antes.” Eran idiomas nuevos para aquellos que los hablarían. La denominación de nuevas indicaba el contraste con las lenguas por ellos habladas. » (11)

Observaciones respecto al Don de Lenguas

«En relación con el don de lenguas, según 1 Corintios 12:30 y el extenso análisis que sobre el tema hace el capítulo 14 de 1 Corintios, debemos anotar a continuación las siguientes reflexiones:

Primera, hay un concreto y preciso don de lenguas al parecer distinto al expresado en Pentecostés, porque en este caso no se requirió interpretación alguna. Además, en Pentecostés el fenómeno se acompañó de otras señales, tales como las lenguas de fuego y el viento recio. Nada de esto se menciona en relación con los dones del Espíritu en 1 Corintios.

Si bien hay francos desacuerdos entre los creyentes sobre la validez del don de lenguas en el día de hoy, personalmente no hallamos justificación bíblica alguna para sostener que el don de lenguas tenía validez únicamente para los días neotestamentarios. Pero al mismo tiempo se transforma fácilmente en un factor divisivo y de malos entendidos. Testimonio de ello es el hecho de que Pablo consideró necesario extenderse en los capítulos 12, 13 y 14 de 1 Corintios. (Al par que hacía hincapié en que era el menor de los dones, Pablo le dedicó más espacio que a ninguno de los otros). Por lo tanto, cuando ocurre hoy en día, debe practicarse cuidadosamente con las salvaguardias bíblicas anotadas por Pablo.

Asimismo, al par que el don de lenguas puede manifestarse hoy en día como un valioso don espiritual, ello no quiere decir que toda manifestación de lenguas ocurre según la voluntad de Dios y deba ser aprobada por nosotros a ojos cerrados.

Segunda, debe subrayarse con trazos bien definidos, como aparece claramente indicado en 1 Corintios 12—14, que el don de lenguas es un don del Espíritu Santo y no un fruto del Espíritu. Como habremos de ver más adelante, el fruto del Espíritu anotado en Gálatas 5:22, 23 debiera señalar o rotular a todo cristiano que anda en el Espíritu. Por otra parte, los dones son distribuidos entre los creyentes según la soberana voluntad y disposición de Dios. Por lo tanto, es un don que pueden poseerlo algunos y otros no. No hallamos razón ni argumento bíblico alguno que nos permita sostener que el don de lenguas es un don que Dios desea otorgar a todos los creyentes. Algunos pueden recibir ese don y Otros no. Sería incorrecto que los creyentes que no han recibido el don de lenguas se sientan algo así como cristianos de “segunda categoría” o que anhelen ardientemente este don si Dios no consideró conveniente dárselo. Igualmente incorrecto es que quienes poseen este don procuren inducir a los demás a que lo obtengan o enseñar que todos los creyentes, sin excepción, deben experimentarlo.

Tercera, el don de lenguas mencionado en 1 Corintios 12—14 es sin duda uno de los dones del Espíritu menos importante; en realidad, pareciera ser el de menor importancia. Y ello se debe a que a menudo no brinda beneficio espiritual a otros creyentes. Los otros dones claramente se ejercitan para edificar y fortalecer el cuerpo de Cristo. Y si bien el don de lenguas pudiera brindar ese beneficio en un culto público de adoración (siempre y cuando haya un intérprete presente), los otros dones están más directamente involucrados en el mutuo fortalecimiento de los creyentes.

Por ello es que el don de lenguas no debe ser considerado como la más elevada expresión de madurez cristiana. En realidad de verdad, millones de cristianos espiritualmente maduros jamás hablaron en lenguas, y muchos que hablan en lenguas no son espiritualmente maduros.

Cuarta, el don de lenguas no es necesariamente un signo del bautismo del creyente por el Espíritu Santo y su incorporación al cuerpo de Cristo. Ello es especialmente cierto respecto de 1 Corintios, porque las personas que allí se mencionan ya habían sido incorporadas al cuerpo de Cristo de una vez por todas. En ninguna parte de la Biblia leemos que el don de lenguas sea una necesaria evidencia de haber sido bautizados por el Espíritu Santo e incorporados, por ese bautismo, al cuerpo de Cristo, la iglesia. Aun en Hechos, donde se menciona el hablar en lenguas, no hay ninguna indicación de que fuera necesaria evidencia de haber sido bautizado por el Espíritu Santo.

De la misma manera, el don de lenguas no debe ser equiparado necesariamente al llenado con el Espíritu. Podemos estar llenos del Espíritu Santo y jamás hablar en lenguas. El llenado del Espíritu puede manifestarse de muy diversas maneras y experiencias en nuestras vidas, de las cuales el hablar ocasionalmente en lenguas puede ser una de las evidencias. Algunos de los cristianos más llenos del Espíritu que hemos conocido a lo largo de nuestra vida nunca experimentaron el don de lenguas y no por ello estaban menos llenos del Espíritu.

Quinta, tanto la Biblia como la experiencia nos advierten que el don de lenguas puede ser fácil objeto de abuso y hasta puede llegar a ser peligroso. Así, por ejemplo, el don de lenguas ha llevado a quienes lo poseen a un estado de orgullo espiritual. Algunos experimentan el don de lenguas y de inmediato se figuran ser mejores o más espirituales que otros creyentes que no han recibido este don. Tal actitud es diametralmente opuesta a la adecuada actitud de un creyente lleno del Espíritu.

Creemos conveniente señalar otros peligros. Por ejemplo (como ya lo hemos indicado), el hablar en lenguas puede dividir fácilmente a los cristianos. Esto ocurre a menudo debido al orgullo o en razón de que las personas poseedoras del don de lenguas procuran imponérselo a los demás. Por otra parte, se da el caso de personas que se sienten orgullosas porque no hablan en lenguas y eso es igualmente malo!

En todo este asunto de hablar en lenguas el mayor peligro estriba en el desequilibrio. A veces la persona que ha experimentado este don se ve totalmente absorbida o preocupada con el hablar en lenguas. Se olvidan los otros dones del Espíritu (a excepción, tal vez, de los dones singulares o prodigiosos que también son espectaculares e impresionantes), y demuestran poco interés en vivir santamente imbuidos del fruto del Espíritu. Algunos que insisten en reducirlo todo al don de lenguas e instan a los demás a que lo busquen, demuestran poquísimo interés en la evangelización, énfasis en el cual insiste el Espíritu Santo. Pensamos en este momento, como ejemplo, en un pequeño grupo de creyentes que hablan en lenguas que rara vez ganan almas para Cristo. Esperan que otros ganen las almas y luego se acercan al nuevo convertido procurando persuadirlo de que debe hablar en lenguas para crecer en el Señor.

Y otro peligro es que algunos pueden ver en la experiencia de hablar en lenguas una manera rápida y fácil, además de eficaz, para alcanzar poder y madurez espirituales. Uno de los miembros de nuestro equipo cursaba estudios en el seminario juntamente con un joven que asistía a diversas reuniones en la permanente esperanza de obtener el don de lenguas. Cuando le preguntaron por qué apetecía este don, respondió que era porque sentía una aguda carencia de poder y de comunión con Dios, y pensaba que el don de lenguas le daría potencia espiritual y una clara sensación de proximidad a Dios. Preguntado si oraba con frecuencia, si leía la Biblia con regularidad y si pasaba mucho tiempo en compañía de otros creyentes, admitió que no hacía ninguna de esas tres cosas. Dios le había dado los medios idóneos para alcanzar el crecimiento espiritual —la oración, la Biblia y la comunión— pero no estaba dispuesto a echar mano de esos medios o recursos. Para él el don de lenguas era la manera rápida, fácil y eficaz para obtener la madurez espiritual. No fue accidental, seguramente, que poco después se retiró del seminario y renunció a sus planes de ser ministro.

El último peligro que podríamos mencionar es el de la posibilidad de que el don pueda ser, en algunos casos, una imitación fraudulenta. Esto puede reconocer como causa un deliberado engaño, o de lo contrario porque el “don” no se origina en Dios sino en nuestra conformación sicológica. También puede ser el resultado de una actividad demoníaca.

Conviene mencionar el hecho de que el antiquísimo oráculo de Delfos hablaba en lo que podría denominarse “lenguas” como lo hacían los sacerdotes y las sacerdotisas en el gran templo que dominaba la ciudad de Corinto. El doctor Akbar Abdul-Haqq nos decía que el hablar en lenguas no es un fenómeno raro en la India en el día de hoy entre las religiones no cristianas.
Más aún, hay casos perfectamente bien comprobados de personas poseídas por demonios que cuentan con la capacidad de hablar en ciertos idiomas corrientes totalmente desconocidos por ellas cuando están en su sano juicio. La Biblia registra el hecho de que los magos de la corte del Faraón pudieron reproducir hasta cierto punto los milagros de Dios.

No en balde dijo Juan: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1). Ya hablamos de esto cuando analizamos el don de discernimiento en el capítulo doce.

Aun los cristianos pueden incurrir en una imitación fraudulenta del don de lenguas. Una niña que asistía a unas reuniones carismáticas quería desesperadamente recibir el don de lenguas como lo habían recibido tantas de sus amigas. Habiendo transcurrido su niñez en otro país, oró en el idioma propio del mismo, pretendiendo que se operaba un don espiritual. Los demás creyeron que había recibido el don de lenguas. Como resultado de ello, ¡fue aceptada y pudo ingresar en este pequeño círculo donde al hablar en lenguas se le asignaba tan primordial importancia!

Ninguna experiencia —no importa cuán significativa sea para nosotros o en qué grado pueda impresionamos— debe tomar en nuestras vidas el lugar de la Palabra de Dios. Nuestras experiencias tienen que ser juzgadas, en todos los casos, a la luz de la Biblia; no debemos juzgar a la Biblia según nuestras experiencias. Dios el Espíritu Santo nos ha dado la Biblia, y ningún don que provenga verdaderamente del Espíritu Santo entrará en contradicción con lo que dice la Biblia.

Sexta, ¿qué decir del uso privado y devocional del don de lenguas como medio de alabar a Dios y experimentar su comunión? Varios de nuestros mejores amigos nos han dicho que luego de orar durante un largo período, súbitamente se dieron cuenta de que hablaban en un idioma desconocido. La mayoría de dichos amigos no dijeron nada a nadie y no tratan de convencer a los demás a que participen de la misma experiencia. No sostienen que todos los cristianos deben hablar en lenguas como signo y señal de madurez o crecimiento espiritual.

En realidad, es muy poco lo que la Biblia dice al respecto. El uso privado del don de lenguas va implícito en el comentario de Pablo cuando dijo: “Hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1 Corintios 14:18, 19). Algunos han sugerido que el mandato de Pablo de orar “en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18) entraña hablar en lenguas, pero el énfasis en requerimientos específicos de oración (en lo cual la mente está en plena actividad al concentrarse en los temas objetos de la oración) en este pasaje indican que no es eso lo que deseaba significar Pablo.

En conclusión, nos impresiona la notoria diferencia de opiniones que reina entre los autodenominados carismáticos respecto al hablar en lenguas. Muchos sienten que es absolutamente erróneo sostener que el hablar en lenguas sea el resultado obligado de ser bautizado o llenado con el Espíritu Santo. Un crecido grupo de evangélicos ni siquiera consideran al don de lenguas como don relevante del Espíritu en el día de hoy, de la misma manera que tampoco lo es en la actualidad el don del apostolado.

Sabemos de una agrupación muy utilizada por Dios que no invitaría a sabiendas a su plataforma o púlpito a nadie, por más dotado y aceptado que fuera en los círculos evangélicos, que profesara hablar en lenguas. Algunos podrán discrepar con esta política, pero los dirigentes y responsables de este ministerio son sinceros en sus convicciones y debieran ser respetados en sus puntos de vista.

Por otro lado, muchos evangélicos que no profesan hablar en lenguas adoptan ahora una postura totalmente neutral. Han visto de qué manera el movimiento carismático ha penetrado profundamente en todas las denominaciones con gran bendición y renovación. Y por ello están preparados para reconocer que todos los dones sobrenaturales de 1 Corintios 12 tienen vigencia en el día de hoy y por lo tanto deben ser aceptados como dones del Espíritu.

Haciendo justicia a nuestros amigos carismáticos debemos añadir que si bien es cierto que discrepamos en cuanto a que “el bautismo con el Espíritu” se acompaña con el hablar en lenguas, no obstante ello, conocemos y enseñamos la necesidad de los creyentes de ser llenos con el Espíritu. Dejando de lado el factor del don de lenguas como signo necesario, es posible que estemos hablando de una fase de la misma experiencia. A juicio nuestro, la Biblia sostiene que cualquier cristiano puede disfrutar del llenado del Espíritu Santo y conocer su poder sin experimentar ninguna señal especial tal como el hablar en lenguas. En ocasión de su particular llenado, el don de lenguas puede ser una señal que Dios otorga a algunos, pero no hallamos en las Sagradas Escrituras que sea una señal para todos los creyentes. Además, y esto reviste una máxima importancia, debemos sostener nuestras opiniones sin rencor y sin romper nuestros lazos de comunión y compañerismo en Jesucristo. Adoramos al mismo Señor y por esto estamos agradecidos.

En 1 Corintios 14 Pablo afirma, sin dejar lugar a dudas, que el profetizar es más importante que hablar en lenguas. Pero al mismo tiempo ordena “no impidáis el hablar en lenguas” (1 Corintios 14:29). Al parecer Pablo hablaba muchas lenguas distintas, pero no hizo mayor hincapié en ello. Debemos evitar poner al Espíritu Santo en la posición de tener que obrar a nuestra manera. El Espíritu Santo es soberano y otorga sus dones como él quiere! Peter Wagner dice: “Se debe recordar que el cuerpo de Cristo es universal, con muchas manifestaciones locales. Los dones espirituales se brindan al cuerpo universal, y por ello algunos de esos dones pueden o no hallarse en alguna localización particular del cuerpo. Esto explica por qué, por ejemplo, una iglesia local o una denominación entera, puede no haber recibido el don de lenguas, en tanto sí lo recibe otra parte del cuerpo.”

A modo de resumen:

Primero, hay un verdadero y auténtico don de lenguas, en contraposición a una imitación fraudulenta de ese don. Muchos de los que recibieron ese don fueron espiritualmente transformados, algunos en forma temporaria y otros en forma permanente!
Segundo, Dios usa el don de lenguas en determinados momentos, en determinados lugares, especialmente en el campo misionero cristiano, para ampliar de esa manera el reino de Dios y para edificar a los creyentes.

Tercero, mucha gente está convencida de que vivimos en estos momentos lo que las Sagradas Escrituras denominan “el fin de los días” (Oseas 3:5). Tanto Joel como Oseas profetizaron que en aquellos días reaparecerán grandes manifestaciones del Espíritu y muchos de los dones singulares. Es probable que estemos viviendo ese período de la historia. Por cierto que no podemos cerrar los ojos al hecho de que los dones singulares que reivindican la autenticidad del evangelio reaparecen en esta hora.

Muchos años atrás, durante una clase en el Instituto Bíblico de Florida, un maestro dijo algo sobre el tema del don de lenguas que se nos ha grabado en forma indeleble. Aconsejó a sus alumnos a “no buscarlo pero tampoco impedirlo”.

En realidad de verdad, el hablar en lenguas es un don del Espíritu. En la actualidad hay presbiterianos, bautistas, anglicanos, luteranos y metodistas, así como también pentecostales, que hablan o han hablado en lenguas, y los hay que no lo han hecho y no suponen que lo harán en el futuro.

Pero si el hablar en lenguas es un don del Espíritu Santo, no puede ser un factor divisivo, es decir, no debe provocar divisiones. Cuando quienes hablan en lenguas abusan del don y se torna realmente en un factor que provoca divisiones y disensiones, es clara indicación de que hay una carencia de amor. Y quienes lo prohíben le hacen un deservicio a la iglesia porque contradicen las enseñanzas del apóstol Pablo. Los creyentes que hablan en lenguas, y los que no lo hacen, deben amarse y trabajar para la mayor gloria de Dios en la evangelización del mundo, recordando una cosa: los que hablan en lenguas y los que no lo hacen, tendrán que vivir juntos en la Nueva Jerusalén.

¿Es este un don que Dios ha creído útil y conveniente otorgarnos? No permitamos que sea un motivo de orgullo o de preocupación. Debemos cimentarnos en la totalidad de la Palabra de Dios. Y sobre todas las cosas, aprendamos lo que significa amar a los demás, incluso a los creyentes que pueden no coincidir totalmente con nuestros énfasis.

¿Es este un don con el que no contamos? No dejemos que ello nos preocupe, y hagamos cuanto nos sea posible para no permitir que sea un motivo o causa de división entre nosotros y otros creyentes. Hay quienes no ponen su énfasis ni hacen hincapié en las mismas cosas que nosotros, pero así y todo son nuestros hermanos y nuestras hermanas en Cristo. Y sobre todas las cosas, se nos ordena: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Los dones singulares —sanidades, milagros y lenguas— probablemente atrajeron tanto la atención de la gente en el primer siglo como lo hacen en el día de hoy. También entonces, como ahora, provocaron confusión y se abusó de los mismos. No obstante ello, Dios el Espíritu Santo se los concedió a algunos miembros de la iglesia para ser utilizados para su gloria y honra. Jamás deben ser explotados por motivos egoístas, ni tornarse jamás en motivo o causa de división o de orgullo. No hemos de preocupamos ni obsesionarnos con ellos, y sobre todas las cosas toda vez que se conceden dones de esta naturaleza, deben ser utilizados en estricto acuerdo con los principios fijados por Dios en la Biblia. Y esto último también debiera contribuir a la unidad del Espíritu. Y si Dios decide entregar estos dones a ciertas personas en el día de hoy, debemos orar pidiendo que sean usados, en todos los casos “para provecho común” (1 Corintios 12:7, Biblia de Jerusalén) y la ampliación del reino de Dios. » (12)

El Peligro de las Lenguas Modernas

«Pero la persona que juega con el hablar en lenguas juega un juego diabólico que va a causarle mucho daño. La práctica de lenguas es exactamente igual a lo que los hinduistas y aficionados del yoga (13) llaman kundalini (14). Ellos tienen el concepto de este fenómeno de dejar salir la serpiente de adentro de uno mismo, y por esto lo llama el poder de la serpiente. Viene “naturalmente” con el uso de drogas psicodélicas, yoga, experiencias de casi morir, y con el hablar en lenguas que hacen en unas iglesias. La experiencia físicamente es exactamente lo mismo entre lenguas y kundalini. Cuando sale el poder de la serpiente, frecuentemente la persona hace sonidos involuntarios y sus cuerpos se mueven en raros movimientos sin su propio control (15). El kundalini es el hablar en lenguas, caer como muerto al piso, revolcarse en el piso sin control (igual en la Santería), hacer sonidos de animales, de reír sin control(16) , oler fragancias raras, de tener sensación de intensa luz o fuego o electricidad, de tener revelaciones de personajes celestiales hablándoles, y el canto rítmico y repetitivo.

Kundalini Yoga

Kundalini era descrito en los Upanishads, las escrituras sagradas del hinduismo en el quinto siglo antes de Cristo. La tradición oral va mucho más atrás en la historia que esto.

Por ejemplo, en la India, el gurú de Kundalini Yoga, Sri Ramakrishna (1836-1886) describió su supuesta conciencia del hombre-dios. Cada día entró en samahdi (un trance) cuando se cayó al suelo involuntariamente en un estado de euforia y gozo (ananda) donde vio visiones bonitas que también a veces fue el sentido de irse afuera de su cuerpo a viajar. Esto fue acompañado con tiempos de reírse sin control. Pudo causar lo mismo en otros con un solo toque ligero a la cabeza (17). o pecho de otros (18). Otro maestro de Kundalini Yoga era Bhagwan Shree Rajneesh (1931-1990) quien trajo su secta a los Estados Unidos. En su interpretación de todo esto, hicieron meditación, canto rítmico, naturismo (anda en desnudez), el grito primordial, y formas extremas de ejercicio, y sexo libre. Con nada más su presencia, sus discípulos empezaron a reírse y llorar sin control, de caerse al suelo, de sentir como electricidad, y todo esto fue precipitado fácilmente por un toque en la cabeza por el dedo por el gran maestro Rajneesh. Usan el término, “borrachos con nuevo vino,” aun que no tomaron necesariamente alcohol. Es una euforia como lo que da el alcohol, pero es espiritual. Notamos también que las experiencias de los que practican vudú igualmente hablan en lenguas en sus sesiones.

Carl Jung (1875-1961) padre de la psicología moderna promovió el Kundalini Yoga en seminarios como el eslabón entre psicología y los pensamientos orientales para encontrar paz interna (espiritual). Kundalini Yoga es un sistema de meditaciones (19) donde se controla la respiración para poner la persona en un estado alterado de conciencia (trance (20)) donde estas cosas “espirituales” (lenguas, caerse, visiones, etc.) pueden suceder. Muchas religiones mundialmente han usado esta misma cosa para comunicarse con los dioses o los espíritus o los humanos muertos.

Aun entre ellos hay avisos (21) de que peligroso puede ser. Médicamente los doctores han notado que una vez que empieza con esto, puede perderse de repente (entra en trance de nuevo) sin aviso o buscarlo, que hay disfunción sexual, problemas físicos y psicológicos (como ansiedad, pesadillas, depresión, alucinaciones, un revuelto psicológico, salirse de la realidad, etcétera), cansancio y estrés, falta de poder de concentración, y aun problemas de posesión por demonios.

Actividad de demonios en la Iglesia

La Biblia enseña que el bautismo del Espíritu Santo ocurre al momento de ser salvo (tener fe salvadora o de aceptar a Jesús como su Salvador personal), y tiene la única marca de dejar de pecar (llevar el carácter del Espíritu de Santidad). Pero hay grupos (Pentecostales y carismáticos) quienes promueven el Bautismo del Espíritu Santo como algo igual de Kundalini o hablar en lenguas (por reinterpretar las palabras a significar cosas que no se presentan en la Biblia). Vamos a ser claros, el caerse al suelo, el perder control de sí mismo son marcas de posesión o influencia de demonios en la Biblia (Mat. 17:15), y nunca se ve asociado con la obra de Dios.

“Según el ritmo romano, otras señales de posesión (de demonios) incluye ‘la habilidad de hablar con familiaridad en un idioma extraña o de entenderlo cuando es hablado por otro, la facultad de divulgar eventos futuros o escondidos, y la manifestación de poderes que estará más allá del poder normal del sujeto.”

“El mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (II Cor. 11:14)

En 1 Corintios 14, Pablo explica que el hablar en lenguas (cuando es de Dios), siempre tiene unas marcas. Una de estas marcas es que “los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (14:32). Lenguas modernas es de dejar “el espíritu” tomar control del cuerpo de uno mismo, para que pierdas control (y el hablar en lenguas estáticas, o sonidos no entendibles, es la marca de este fenómeno no bíblico). Pero si el Espíritu de Dios entra en el cuerpo de la persona

(1) no quita el control de él mismo, sino propone qué es la voluntad de Dios para que esta persona con su propia voluntad decida de hacerla, y

(2) Dios no causa a la persona de hacer cosas en contra de Su voluntad, o sea, de pecar.

La lista de reglas en I Cor. 14 es la voluntad de Dios, y sin que alguien lo dijera, los que tengan el Espíritu de Dios deben obedecer esta voluntad de Dios.

Si el Espíritu de Dios entra en estas personas que hablan en lenguas hoy en día, les controla fuera de su control y voluntad propia, y lo que hacen bajo este estado es pecado, ¿Quién está causando el pecado? ¿Dios? ¿La persona que no tiene control (ni responsabilidad) de sus acciones? ¿O un espíritu disfrazándose como el Espíritu Santo, pero es realmente un espíritu maligno?» (23)

El verdadero hablar en lenguas

David Cox comenta desde su punto de vista un resumen de lo que es la práctica de hablar en “lenguas”. Aunque no cita a las manifestaciones del espíritu para provecho de I Corintios. Creo que la opinión de D. Cox es para tenerla en cuenta, entendiendo que debemos ser prudentes ante toda manifestación del Espíritu Santo, entendiéndose que todo debe hacerse en orden y decentemente,como enseña el Apóstol Pablo.

«Primero notamos que en Hch. 2, las lenguas eran el hablar en un idioma humano donde las personas presentes hablaban este idioma. Segundo notamos que en la Biblia, el propósito de lenguas era de predicar “las maravillas de Dios (Hch. 2:11), o sea, siempre es una predicación o enseñanza donde los demás juzgan o entienden lo que es enseñado o predicado, y ellos siguen Hch. 17:11 (Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.”) de comparar todo con la Palabra de Dios para verificar su base doctrinal o rechazarlo. La edificación que habla Pablo en I Cor. 14 es de oír la Palabra de Dios y entenderla (como en Neh. 8:8) para obedecerla.

Si estas cosas son muy claras, entonces ¿Por qué los cristianos rechazan la clara enseñanza de la Biblia sobre qué es lenguas para buscar otra cosa? La repuesta queda en el corazón rebelde del ser humano. Busca rebeldía en contra de Dios. Pero aun que unos cristianos piensan que su hablar en lenguas no cabe exactamente con lo que la Biblia presenta, no entienden que es de demonios totalmente. Vamos a decir que es una actividad de brujería y religiones satánicas donde de veras pierden control de sí mismo, y un demonio le controla a uno.

Cualquier persona puede hacerlo, porque los demonios buscan siempre estar dentro de un cuerpo (Mar.5:9), o de influir a los seres humanos.» (24)

Notas:

1 “En los Postreros días”, Págs. 30-33, Vinson Synan, Edit. Vida

2El Bautismo en el Espíritu Santo Una investigación Bíblica”, Págs. 106, Howard M. Ervin, Edit. Vida

3 Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

4 Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

5 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

6 Ibíd.

7 El Bautismo en el Espíritu Santo Una investigación Bíblica”, Págs. 50-52, Howard M. Ervin, Edit. Vida

8 Portal de la fe cristiana adventista,http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

10 Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

11Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

12 El Espíritu Santo, Págs. 188-199, Billy Graham., Casa Bautista de Publicaciones, Cuarta edición, 1989

13 Yoga – “Yoga” significa “poner bajo yugo”.

14 Kundalini – viene de la idea de quemarse o de enredarse en un espiral. Creen que toda la energía “cósmica” viene de la base de la columna (del ser humano). Kundalini es de “destapar” esta energía cósmica, y se desarrolla como cuando una serpiente que se desenreda. En el ocultismo, kundalini tiene mucha práctica solamente por los últimos 1.000 años, pero en religiones de asía, tiene historia de 4.000 años.

15 Cristiana y Stanislov Grof, “The Stormy Search for the Self”, pág. 78-79, un libro promoviendo Kundalini.

16. Risa de una Bruja: “Me reí por horas y horas. Todo mi sufrimiento privado personal… fue disuelto en la risa… me sentí transformado… siempre he visto que pasó como un genero de experiencia espiritual… la gente no piensa en la risa como una experiencia espiritual. Ahora entiendo que la risa puede ser un medio de transformación. La risa de Gavreil, como la de Afrodita, me capacitó para poner distancia entre yo y el dolor. ” Carol Christ, La Risa de un Afrodita: Reflecciones sobre una jornada a la diosa, Harper & Row, 1987, Pág. 5-6. http://www.crmspokane.org/toronto.htm

17. Notamos que la Biblia presenta que es cierta la transferencia de espíritus por la imposición de manos. Es de estar muy prevenido, de tener muchísima precaución en imponer las manos sobre otros, y especialmente de no dejar a nadie imponer sus manos sobre uno mismo sin ser extremadamente seguro de su estado de un hombre de Dios, y aun allí, refrenar o no dejar personas de imponer sus manos sobre uno mismo.

18.http://www.bible.ca/tongues-kundalini-shakers-charismastics.htm#document

19. En religiones orientales, meditación es el NO PENSAR, de bloquear o librar la mente de todo pensamiento, y en la Biblia la palabra meditar es de contemplar profundamente, opuesto.

20. En el Vudú, las personas entran en trance con música repetitiva. El trance solamente pone la persona en comunicación con seres espirituales. Durante el trance la persona no tiene control de sí mismo, y el caerse es común. Unos gatean en el piso y hacen sonidos como animales o sin sentido. Los sacerdotes del Vudú observan a las personas y tratan de agarrarles antes que se caen al piso.

21 http://heartseva.com/

22. Joseph Ecanem, PhD., “posesión por demonios”, Pág. 23, http://www.catholicapologetics.net/speaking_in_tongues.htm

23 David Cox, Kundalini y Lenguas El Poder de la Serpiente, www.davidcox.com.mx/folletos,

http://www.davidcox.com.mx/folletos/cox-kundalini.htm

24 Ibíd

En mi nombre hablarán nuevas lenguas (III)»

 

 

 

Fe ciega

Fe ciega

Posted in Mayo 14th, 2008 

by Jos Angel Fernndez

“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”
Martin Luther King

Sé que en la Biblia se nos dice que tenemos que estar preparados para dar razón de nuestra fe ante cualquiera que pida dichas razones, pero tengo mis sospechas acerca de lo que muchos cristianos entienden por ‘razones’. Por ejemplo, hace poco se ha hablado mucho (quizá demasiado) acerca del tema de la evolución. En una discusión tiene sentido preguntar a un científico las razones y evidencias que tiene para creer que la evolución es cierta. Pero, ¿tiene algún sentido pedir a un cristiano que no cree en la evolución que nos dé sus razones y evidencias? Cuando yo lo he preguntado nadie me ha dado ninguna razón relevante más allá de: “si venimos del mono, la Biblia es mentira… por tanto no venimos del mono”, lo cual, como todo el mundo sabe, no es ninguna razón que aluda al tema en cuestión. Pasa lo mismo con la edad de la Tierra: podemos pedir a un científico que nos dé sus razones para creer que la Tierra tiene más de 6000 años de antiguedad, pero ¿qué razones tiene un cristiano para creer que tiene 6000? ¿Son esas las razones de las que habla de Biblia cuando nos pide que estemos preparados para dar nuestras razones?, ¿nos pide que estemos preparados para decir lo primero que se nos pase por la cabeza, o que estemos preparados para repetir aquello que nos han enseñado de pequeñitos pero en lo que no hemos vuelto a pensar? 

Estas preguntas vienen motivadas por dos problemas. El primero es personal: si el Cristianismo que estamos llamados a seguir es uno que no tiene buenas razones, uno que ha dejado de ser relavante, uno que no tiene ningún argumento razonable, entonces sospecho que yo ya no soy cristiano. El segundo es comunitario: si una de las misiones principales del cristiano es evangelizar (o, mejor dicho, ‘comunicar las buenas nuevas’) creo que estas buenas nuevas no van a ser nada eficaces si van rodeadas de todo tipo de ‘razones’ nada razonables. Ya no estamos en la Edad Media; el mundo en el que vivimos hoy es muy distinto de aquel, y lo que entonces funcionaba ya no funciona. Comprendo que algunos cristianos deseen con todas sus fuerzas volver a la Edad Media (ese mismo deseo me expresó un pastor hace unos meses): las posibilidades de control sobre las ‘ovejas’ y de autoridad eclesial extrema eran muchas en aquellos tiempos. Pero los tiempos han cambiado, gracias a Dios. 

Y yo me pregunto: ¿De dónde viene esta falta de interés por aportar buenas razones, razones válidas y relevantes al mundo de hoy? Pensando acerca de todo esto se me ocurrió hace relativamente poco que uno de los motivos principales de toda esta falta de razones adecuadas proviene de la llamada apologética cristiana. Tal y como lo veo, una de las razones por las que se enseña apologética en los seminarios es ‘saber debatir’, ‘saber responder los argumentos que se presentan en contra’. Pero eso no tiene nada que ver con buscar la verdad. En muchos seminarios se dan por sentado ciertas reglas iniciales que no se pueden cambiar, ciertas confesiones de fe que no pueden ser cuestionadas y sobre las que todo lo demás ha de ser construído. Y me da la impresión de que muchos esfuerzos se han puesto en saber ‘jugar con las palabras’ de forma adecuada para acabar siempre en cabeza, y muy pocos se han puesto en buscar evidencias de que lo que creemos es verdad. No muchos cristianos que conozca están realmente interesados acerca de si lo que creen es verdad o no. A unos no les importa lo más mínimo si lo que creen es verdad o no mientras que ellos mismos estén convencidos de que así es. Y otros lo que buscan es invitar a sus heroes admirados a dar conferencias en donde se les enseñe cómo responder a todo aquel que se atreva a cuestionar su fe. Ante esta situación la expresión ‘fe ciega’ alcanza un nuevo significado. 

Es posible, sin embargo, que sea verdad que la mejor definición de fe, la definición más correcta sea: falta de evidencias, falta de razones razonables, falta de sentido común. Me consta que esa es la definición que muchos pondrían en su catecismo (protestante). Puede que así sea. Quizá lo importante no sea la verdad en absoluto, sino solamente ‘querer creer’, estar convencido de que tienes razón, y por medio de ese convencimiento actuar en consecuencia. Puro pragmatismo. Sin duda hay muchas personas que piensan así y eso provoca que hagan el bien, que amen a otros, que den comida a los pobres, etc (por supuesto no podemos ignorar que esa forma de pensar es también la que provoca que algunos hombres secuestren aviones y los lancen en contra de ciertos edificios o se hagan volar en el metro). Es cierto: quizá sus vidas no tendrían sentido si tuvieramos que decirles que lo que creen no es verdad, o si tuvieramos que cuestionar aquello que creen que es incuestionable. ¿Y quién somos nosotros para provocar esa crisis de fe? Es cierto… quizá esa es la fe cristiana. Pero si es así, esa ya no es mi fe.

Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia

Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia

ciencia-y-fe

Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 8 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI a la asamblea plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias el 31 de octubre de 2008.

* * * 

Ilustres señoras y señores:

Me alegra saludaros a vosotros, miembros de la Academia pontificia de ciencias, con ocasión de vuestra asamblea plenaria, y agradezco al profesor Nicola Cabibbo las palabras que me ha dirigido amablemente en vuestro nombre.

Con la elección del tema: “Visión científica de la evolución del universo y de la vida”, tratáis de concentraros en un área de investigación que despierta mucho interés. De hecho, hoy muchos de nuestros contemporáneos desean reflexionar sobre el origen fundamental de los seres, sobre su causa, sobre su fin y sobre el sentido de la historia humana y del universo.

En este contexto se plantean naturalmente cuestiones concernientes a la relación entre la lectura del mundo que hacen las ciencias y la que ofrece la Revelación cristiana. Mis predecesores el Papa Pío XII y el Papa Juan Pablo II reafirmaron que no hay oposición entre la visión de la creación por parte de la fe y la prueba de las ciencias empíricas. En sus inicios, la filosofía propuso imágenes para explicar el origen del cosmos, basándose en uno o varios elementos del mundo material. Esta génesis no se consideraba una creación, sino más bien una mutación o una transformación. Implicaba una interpretación en cierto modo horizontal del origen del mundo.

Un avance decisivo en la comprensión del origen del cosmos fue la consideración del ser en cuanto ser y el interés de la metafísica por la cuestión fundamental del origen primero o trascendente del ser participado. Para desarrollarse y evolucionar, el mundo primero debe existir y, por tanto, haber pasado de la nada al ser. Dicho de otra forma, debe haber sido creado por el primer Ser, que es tal por esencia.

Afirmar que el fundamento del cosmos y de su desarrollo es la sabiduría providente del Creador no quiere decir que la creación sólo tiene que ver con el inicio de la historia del mundo y la vida. Más bien, implica que el Creador funda este desarrollo y lo sostiene, lo fija y lo mantiene continuamente. Santo Tomás de Aquino enseñó que la noción de creación debe trascender el origen horizontal del desarrollo de los acontecimientos, es decir, de la historia, y en consecuencia todos nuestros modos puramente naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo. Santo Tomás afirmaba que la creación no es ni un movimiento ni una mutación. Más bien, es la relación fundacional y continua que une a la criatura con el Creador, porque él es la causa de todos los seres y de todo lo que llega a ser (cf. Summa theologiae, i, q.45, a.3).

“Evolucionar” significa literalmente “desenrollar un rollo de pergamino”, o sea, leer un libro. La imagen de la naturaleza como un libro tiene sus raíces en el cristianismo y ha sido apreciada por muchos científicos. Galileo veía la naturaleza como un libro cuyo autor es Dios, del mismo modo que lo es de la Escritura. Es un libro cuya historia, cuya evolución, cuya “escritura” y cuyo significado “leemos” de acuerdo con los diferentes enfoques de las ciencias, mientras que durante todo el tiempo presupone la presencia fundamental del autor que en él ha querido revelarse a sí mismo.

Esta imagen también nos ayuda a comprender que el mundo, lejos de tener su origen en el caos, se parece a un libro ordenado: es un cosmos. A pesar de algunos elementos irracionales, caóticos y destructores en los largos procesos de cambio en el cosmos, la materia como tal se puede “leer”. Tiene una “matemática” ínsita. Por tanto, la mente humana no sólo puede dedicarse a una “cosmografía” que estudia los fenómenos mensurables, sino también a una “cosmología” que discierne la lógica interna y visible del cosmos.

Al principio tal vez no somos capaces de ver la armonía tanto del todo como de las relaciones entre las partes individuales, o su relación con el todo. Sin embargo, hay siempre una amplia gama de acontecimientos inteligibles, y el proceso es racional en la medida que revela un orden de correspondencias evidentes y finalidades innegables: en el mundo inorgánico, entre microestructuras y macroestructuras; en el mundo orgánico y animal, entre estructura y función; y en el mundo espiritual, entre el conocimiento de la verdad y la aspiración a la libertad. La investigación experimental y filosófica descubre gradualmente estos órdenes; percibe que actúan para mantenerse en el ser, defendiéndose de los desequilibrios y superando los obstáculos. Y, gracias a las ciencias naturales, hemos ampliado mucho nuestra comprensión del lugar único que ocupa la humanidad en el cosmos.

La distinción entre un simple ser vivo y un ser espiritual, que es capax Dei, indica la existencia del alma intelectiva de un sujeto libre y trascendente. Por eso, el magisterio de la Iglesia ha afirmado constantemente que “cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no es “producida” por los padres-, y es inmortal” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 366). Esto pone de manifiesto la peculiaridad de la antropología e invita al pensamiento moderno a explorarla.

Ilustres académicos, deseo concluir recordando las palabras que os dirigió mi predecesor el Papa Juan Pablo II en noviembre de 2003: “La verdad científica, que es en sí misma participación en la Verdad divina, puede ayudar a la filosofía y a la teología a comprender cada vez más plenamente la persona humana y la revelación de Dios sobre el hombre, una revelación completada y perfeccionada en Jesucristo. Estoy profundamente agradecido, junto con toda la Iglesia, por este importante enriquecimiento mutuo en la búsqueda de la verdad y del bien de la humanidad” (Discurso a la Academia pontificia de ciencias, 10 de noviembre de 2003: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 21 de noviembre de 2003, p. 5).

Sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre todas las personas relacionadas con el trabajo de la Academia pontificia de ciencias, invoco de corazón las bendiciones divinas de sabiduría y paz.

[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Libreria Editrice Vaticana

La ciencia está transformando las interpretaciones religiosas de la realidad

La ciencia está transformando las interpretaciones religiosas de la realidad

El teólogo Ward considera que la ciencia no ha hecho que la religión se vuelva obsoleta

El teólogo británico Keith Ward ha publicado un libro en el que se replantea la relación entre ciencia y religión desde la perspectiva de una evolución conjunta y paralela de ambas. Tanto la religión como la ciencia se han ido desarrollando desde la prehistoria, pasando por tres fases distintas. La tercera de ellas, que aún no ha acabado, comenzó tras la Ilustración y ha propiciado avances tecnológicos y científicos de gran envergadura que han provocado una revisión de los conceptos religiosos. Pero, para Ward, la ciencia no ha hecho que la religión se vuelva obsoleta sino que, más bien, debe reconstruir sus explicaciones del mundo. Por Yaiza Martínez

La Teoria de la Evolucion es Ciencia y no religion

La Teoría de la Evolución es Ciencia y no religión

Este artículo ha sido escrito por el Dr. Manuel Carmona, cientifico experto en microbiología.

 

 

Seguimos con el artículo de Cornish-Bowden y Cérdenas (2007). Biol Res 40: 113-122.


Los fundamentalistas religiosos, ya sean cristianos o musulmanes, afirman que la teoría de la evolución es esencialmente atea y hostil hacia los pensamientos religiosos. Desde luego, existen biólogos ateos, pero eso no es lo mismo que afirmar que la evolución es incompatible con la religión. En el año 1996 se publicó en L’Osservatore Romano las siguientes palabras de Juan Pablo II: “Los últimos conocimientos científicos han demostrado que la evolución es más que una hipótesis. De hecho es remarcable que esta teoría ha sido aceptada por la mayoría de los científicos, tras obtener toda una serie de datos en varios campos del saber. La convergencia de los resultados obtenidos por vías de trabajo independientes es por sí mismo un argumento de peso a favor de esta teoría”.

 

 

La frase del Papa es importante en tanto en cuanto da un argumento valioso: la evolución no es en sí misma una religión. Esta es una afirmación que algunos creacionistas de los USA repiten con frecuencia con la esperanza de pervertir el mandato constitucional que separa la religión del estado.


El evolucionista Theodonius Dobzhansky lo reflejó en 1973 en el título de un artículo leído en la “American Biology Teacher”: “Nada en biología tiene sentido, excepto a la luz de la evolución”. Los biólogos “creen” en la evolución no por razones religiosas, sino por las toneladas de evidencias que se poseen.


 

El título del artículo de Dobzhansky es referido con frecuencia, pero su contenido es menos conocido. Éste empieza discutiendo como el fundamentalismo islámico ataca el sistema solar copernicano. Ya en 1973, Dobzhansky era plenamente consciente de que había que tener en cuenta cualquier tipo de fundamentalismo: “Yo soy un creacionista y un evolucionista. La evolución es Dios, o la forma natural de la creación. La creación no es un evento que ocurrió en el 4.004 A.C., es un proceso que empezó hace 10.000 millones de años y todavía está en marcha.” Dobzhansky era un cristiano ortodoxo practicante, que pensaba que afirmar que su fé religiosa era incompatible con la evolución era absurdo.

El creacionismo de todas formas no es tan monolítico como aparenta. Esto se puede observar cuando algunos afirman que el modelo evolucionista y el creacionista debe de ser explicado en igual de condiciones en las escuelas, y el que afirma que en el conflicto entre la Biblia y la evolución solamente una de ella puede ser correcta.

Además, esa idea que “venden” los creacionistas en la cual existe homogeneidad frente a las diferentes teorías que manejan los científicos es completamente falsa. Entre los creacionistas encontramos en un extremo aquellos que afirman que la Tierra es plana (Schadewald (1980) The flat out truth: Herat orbits? Moon landings? A Fraud! Says this prophet. http://www.lhup.edu/~DSIMANEK/fe-scidi.htm) o los que afirman que creer en el heliocentrismo pone es escena muchos de los diablos que el mundo ha visto en el pasado (Babinsky et al. (2005) The evils of Copernicanism, hhtp://www.edwardtbabinski.us/babinsky/copernicanism.html).

Estos ejemplos quizá sean poco representativos debido a sus escasos componentes, sin embargo todavía hay grupos incompatibles de creacionistas, que van desde los creacionistas de una tierra joven, que creen que la Tierra no tiene más que unos pocos miles de años, a los creacionistas progresivos, que aceptan que el universo tiene millones de años pero hay intervenciones divinas en cada una de las apariciones de nuevas especies. Las discrepancias se dan entre estos grupos al igual que entre ellos y los evolucionistas.

Así los creacionistas de la Tierra joven afirman que el diseño inteligente es una mezcla de agnósticos y teístas de una gran variedad teológica que nunca se darán cuenta de la importancia del verdadero Dios y de su Palabra (Mortensen, 2004 en Answers in Genesis). Los creacionistas progresivos, sin embargo, están en desacuerdo con los mitos que hacen circular los fundamentalistas cristianos y acusan a Ken Ham, un conocido creacionista, “por mostrarnos su más absoluta ignorancia al ignorar la antigüedad de la Tierra”(Neyman, 2005 en Answers in Creation).

http://oldearth.wordpress.com/2008/04/03/diversidad-del-creacionismo/

Distribución geográfica del creacionismo

Hace poco me encontré con una publicación muy recomendable. La referencia es Cornish-Bowden, A. y Cárdenas, M.L. (2007). “The threat from creationism to the racional teaching of biology”. Biol. Res. 40: 113-122.

Considero que es un interesante trabajo y está dividido en dos partes, en la primera trata acerca de la extensión geográfica del creacionismo y la segunda los tipos de anti-evolucionistas que existen. Hoy voy a resumiros algunos aspectos de la primera parte:

La inmensa mayoría de los biólogos en la actualidad aceptan la teoría de la evolución. En palabras de Medawar, citado por Carroll (2006): “para un biólogo la única alternativa a pensar en términos evolucionistas es no pensar”. Sin embargo esto les hace olvidar que la situación en el mundo es muy diferente, incluso entre los científicos que no son biólogos”. “El peligro que supone el creacionismo para el pensamiento racional y la enseñanza de la biología en USA se está convirtiendo en un serio problema en los últimos años. Esta corriente no solamente está siendo liderada por cristianos fundamentalistas, sino también por fundamentalistas islámicos.”

1. Los USA: Este es el fenómeno mejor documentado, pero el problema quizá esté infravalorado. Existe la creencia de que “el juicio del mono” de 1925 fue una victoria para la enseñanza de la biología en USA, ya que a pesar de que los creacionistas ganaron el juicio, sus portavoces hicieron el ridículo de tal forma que otros estados no se animaron a proponer leyes como las tenía en ese momento Tennessee. Sin embargo, apenas hubo enseñanza de la evolución después de ese año, con lo que no fue necesario promover dichas leyes. Lo único que cambió el panorama fue el lanzamiento del Sputnik por parte de la URSS en 1957, que puso de manifiesto que las diferencias de conocimientos científicos entre la URSS y USA eran superiores de lo que ellos pensaban. A partir de esa fecha se fomentó la enseñanza de las ciencias y la teoría de la evolución, que es esencial en la enseñanza de la biología, volvió a las aulas. Esto supuso una nueva y furibunda oposición por parte de los fundamentalistas cristianos. Empezando en Arkansas, en 1981, algunos estados han propuesto leyes para “balancear” las enseñanzas de biología con las de “ciencias de la creación”. Uno tiende a pensar que en realidad esto es una maniobra de dilación con el objetivo de acabar eliminando del todo la enseñanza de la teoría de la evolución de las escuelas. En el año 2006, la sociedad americana de bioquímica y biología molecular estaba ya lo suficientemente alertada que organizó un simposio que llevó por título “La enseñanza de la teoría de la evolución en ciencias bajo la amenaza de otras visiones alternativas”, completando el simposio con otro acerca de “Temas de actualidad en evolución molecular”.

2. UK: En abril del año 2006 la Royal Society (que es el equivalente de la academia de ciencias de UK) publicó un manifiesto donde se reconocía que “la evolución es la mejor explicación para el desarrollo de la vida sobre la Tierra, así como para explicar el origen de las especies”, y “ésta forma parte esencial de la biología y de las enseñanzas de ciencias en colegios, institutos y universidades en todo el mundo”. ¿Por qué se hizo necesario este manifiesto?. La respuesta está en una escuela pública de Gateshead, una ciudad situada en el norte de UK. El jefe del departamento de ciencias de esa escuela proclamó: “Si, como Jesús nos dijo, la Biblia es la palabra de Dios, la verdadera ciencia siempre deberá estar de acuerdo con ella”. En otras palabras, la Biblia es el sistema de referencia por la cual una hipótesis científica debe de ser testada. La revista The New Humanist publicó una discusión en el parlamento británico; cuándo se le preguntó al Primer Ministro si estaba de acuerdo en que se enseñara en las escuelas el creacionismo a la vez que la teoría de la evolución de Darwin contestó: “cuanto más diversa sea nuestra escuela mejores resultados obtendran nuestros chicos” (Con dos cojones, esto es una anotación mía; sigo). Según una encuesta realizada por The Guardian en 2006, más del 12% de los estudiantes ingleses preferían el creacionismo sobre otro posible origen de los humanos, mientras que un 19% estaba de acuerdo con el diseño inteligente. En septiembre del año 2006 una organización llamada Truth in Science distribuyó propaganda creacionista entre los jefes de departamentos de las escuelas de secundaria de UK.

3. Alemania: La situación en Alemania no es mucho mejor que en UK. Las ideas creacionistas se están enseñando en dos escuelas de Giessen, en el estado de Hesse, publicándose en un reportaje del canal Arte. Cuando se entrevistó al ministro de educación el estado de Hesse, Karin Wolff, éste afirmó que “la teoría de la creación bíblica debe de ser enseñada en clase de biología al igual que la teoría de la evolución”.

4. Polonia: El Ministro de Educación de Polonia, Miroslaw Orzechowski, dijo en octubre del 2006 que “la teoría de la evolución es mentira; es un error que hemos legalizado como una verdad común”. Maciej Giertych, miembro polaco del parlamento europeo está creando un lobby para incluir el creacionismo en los curricula de biología. Siempre ha negado que la motivación sea religiosa, y afirma que “no se tienen en cuenta las nuevas pruebas científicas en contra de la evolución, como por ejemplo que hay evidencias paleontológicas y arqueológicas de que los dinosaurios coexistieron con los humanos, o que una catástrofe de dimensión mundial ocurrió en tiempos históricos”. Por supuesto, esta persona no dio una sola referencia del origen de la información.

5. Francia: en Francia el problema es mucho menor que en otros países, aunque hay un movimiento creacionista en crecimiento: el Cercle d´Études Historique et Scientifique (CESHE). Esta organización no sólo es hostil a la ciencia sino también a la iglesia católica romana. Por ejemplo, describe la academia pontifícea como “formada por dos tercios de evolucionistas ateos que sabotean la cristiandad”.

6. Turquía: Es quizá el núcleo más importante de propaganda creacionista después de USA. Su radio de acción se extiende también entre los estudiantes musulmanes residentes en Europa. Recientemente han confeccionado un Atlas de la Creación que han repartido sin coste a profesores, escuelas y universidades de diferentes partes del mundo.

Como veis el creacionismo no es ninguna anécdota, sino una corriente anti-científica muy a tener en cuenta. La segunda parte tratará acerca de los modelos de creacionismo existentes, que hay bastantes más de uno, no creais

Este es el tercer y último de los post dedicado al trabajo de Cornish-Bowden y Cárdenas que os comenté en dos artículos anteriores. Esta parte trata acerca de algunos científicos que se oponen a la teoría de la evolución. No se habla apenas del listado de científicos creacionistas que se presentan en sus revistas (por ejemplo Answer in Genesis), eso se tratará en un artículo futuro.

 

 

En un esfuerzo por mostrar que la “ciencia de la creación” es una ciencia, sus defensores han confeccionado un listado de científicos con prestigio que acepten firmar la siguiente declaración:

“Yo soy escéptico con la idea de que la mutación al azar y la selección natural explica la complejidad de la vida. Se debe realizar un cuidadoso examen de las evidencias aportadas a favor de las teorías darwinianas”.

 

 

Esta declaración es suave: pocos científicos tendrían dificultades en añadir su nombre a la segunda frase, incluso la primera es objetivable, más por sus implicaciones que por lo que realmente dice. No es de extrañar que poco más de 100 científicos firmaran esta declaración (Edward (2001) 100 Scientist, Nacional Poll Challenge Darwinism http://www.reviewevolution.com/press/pressRelease_100Scientist.php).

Lo que más sorprende es que sólo un tercio de ellos, tienen o presumen de tener conocimientos en biología, y 5 de éstos trabajan en la Biola University (antiguo Bible Collage of Los Angeles), una institución no destacada por sus enseñanzas en biología.

 

Para demostrar la futilidad de agregar personas a un listado (en vez de mostrar un listado de argumentos razonados), cuando la pregunta (que fue llamada Steve, en honor a Stephen J. Gould, y decidida democráticamente por la National Center for Science Education) fue:

“La evolución es un principio vital para la biología, y la multitud de evidencias que se poseen apuntan hacia que todos los organismos compartimos un ancestro común. Aunque existan debates legítimos acerca de los patrones y los procesos de evolución, no hay ninguna razonable duda científica de que la evolución ocurre y que la selección natural es un mecanismo de gran importancia en ella. Es científicamente inapropiado y pedagógicamente irresponsable que la pseudociencia del creacionismo, incluyendo aquí al diseño inteligente, aunque no sólo limitándolo a él, sea incorporado en los currícula de ciencias de nuestras escuelas públicas”.

 

 

Esta proclama recibió el apoyo de cerca de 800 nombres (Steve-o-meter, http://www.neseweb.org/resources/article/meter.html).

 

Uno de los aspectos que más llama la atención es que en la lista creacionista, sólo contiene el nombre de tres personas con algún background ilustre: Michael Behe, William Dembski y Jonathan Wells. De ellos sólo Behe puede ser considerado biólogo, y de él se hablará más adelante. Dembski no tiene publicaciones en ninguna revista de biología del ISI. Wells tiene muy pocas, y aunque una de ellas está en una revista de alto índice de impacto (Rowning et al., 1997, PNAS USA 94:1224-1229), su aportación no tiene relevancia en sus creencias creacionistas. Sin embargo, ha conseguido publicar un artículo creacionista en una revista científica (Wells, 2005. Riv Biol 98:71-86).

 

Como ya se apuntó anteriormente, a los creacionistas de la Tierra joven les disgusta el diseño inteligente porque engloba a un gran número de diferencias creencias, y en eso (y en poco más) tienen razón. Sin embargo, el diseño inteligente no debe de ser tomado como una anécdota ya que es la única justificación que tienen para hablar de la “ciencia de la creación”. Phillip Johnson, la persona que bautizó el diseño inteligente, es un profesor de derecho retirado de la Universidad de Berkeley, en California, sin credenciales en ciencias. La persona que ha dado alguna credibilidad científica ha sido Michael Behe, que trata de justificar el diseño inteligente en términos de “complejidad irreducible”, la idea de que los organismos dependen de muchos sistemas que solamente pueden funcionar si todos los componentes están presentes simultánea y funcionalmente. Behe tiene publicaciones relevantes en bioquímica relacionadas con la hemoglobina (Behe and Englander, 1979), con la estructura del DNA (Luthman and Behe, 1988), y el plegamiento de proteínas (Behe et al., 1991), y su libro “La caja negra de Darwin” (Behe, 1998 es extensamente citado por aquellos que están desesperados por encontrar literatura científica que ataque la idea de la evolución.

 

 

El propio Behe “modestamente” presenta su trabajo como “es tan importante que debe de ser considerados como uno de los grandes logros en la historia de la ciencia. El descubrimiento rivaliza con aquellos obtenidos por Newton y Einstein, Lavoisier y Schrödinger, Pasteur y Darwin”.

 

 

Como muchos críticos al libro “La caja negra de Darwin” han notado ya, Behe (al igual que Johnson) es muy cuidadoso para no nombrar en ningún momento al Diseñador, teniendo así coartada para afirmar que su fin es puramente científico, sin ninguna relación con la religión. Pero solamente un lector realmente ingenuo puede llegar a tener alguna duda acerca del Diseñador en el cual se está pensando. Otro punto importante es que Behe afirma que él llega a estas conclusiones mediante el estudio de la bioquímica, dando la impresión a los lectores no bioquímicos de que cualquier bioquímico estará de acuerdo con estas ideas. Esto está tan alejado de la verdad que, en una medida sin precedentes, su propio departamento de la Universidad de Lehigh ha publicado un comunicado en su página web describiendo a Behe como él único disidente de la posición uniforme del departamento que apoya la teoría de la evolución (Brace, 2007 http://www.lehigh.edu/~inbios/news/evolution.htm).

 

 

Una de las principales críticas a este libro es la persistente confusión entre la evolución y el origen de la vida. Charles Darwin hizo algunas sugerencias acerca del origen de la vida, pero su fama se debe a la teoría de la selección natural, que concierne a la evolución, no al origen de la vida. De hecho, si en algo coinciden la mayoría de los biólogos es que el origen de la vida todavía no se comprende del todo (de hecho la definición de vida es algo en lo que se está lejos aún de llegar a un consenso), pero en general prácticamente todos consideran que la idea de selección natural es correcta. En el libro de Behe, sin embargo, la idea de la complejidad irreducible se presenta como un argumento contra la selección natural, cuando no hay nada de eso. De hecho se puntualiza en aspectos que una teoría del origen de la vida necesitaría explicar. Para la pregunta que más solivianta a los creacionistas, el grado de parentesco en humanos y primates, la complejidad irreducible no tiene ninguna relevancia. El ejemplo de Behe de la coagulación sanguínea opera exactamente igual para humanos que para chimpancés, y no tiene que decir nada acerca de si los chimpancés y los humanos compartimos un ancestro común.

 

 

En el libro de Behe se afirma que no existe ninguna publicación que detalle la evolución de los sistemas complejos. Y eso, a pesar de que la evolución del ciclo de Krebs ha sido más que estudiada (Meléndez-Hevia et al., 1996 J. Mol. Biol. 43: 293-303), y por ejemplo sea extensamente tratado en el libro de Kenneth Miller “Encontrando al dios de Darwin” (Millar, 1999). Es importante darse cuenta que Behe deja una vía de escape al no definir complejidad, así él puede afirmar que el ciclo de Krebs no entra en su definición de complejidad irreducible y no tiene nada que ver (Behe, 2000). Sin embargo se debe asumir que complejo es aquello que todo bioquímico define, por tanto decir que la evolución de sistemas complejos nunca se ha discutido es completamente falso.

 

En un pasaje que parece haber pasado desapercibido por aquellos que piensan que Behe está en contra de la evolución darviniana, afirma que él encuentra la idea del antepasado común bastante convincente. Él también afirma que, a pequeña escala, la teoría de Darwin ha triunfado…pero es al nivel de la macroevolución… cuando provoca escepticismo. La obra de Behe pareció influenciar incluso a Ratzinger (2003) quien mostró sus dudas acerca de la macroevolución citando frases de Szathmáry y Maynard Smith. Sin embargo esta cita parecía influenciada negativamente por Behe, ya que Szathmáry y Maynard Smith tenían la macroevolución como tema central su colaboración. La diferencia está en que ellos afirmaron:

 

 

“No hay razones teóricas para excluir a los linajes evolucionados, para incrementar su complejidad con el tiempo, y no hay evidencias empíricas de que esto sea así. Sin embargo, las células eucariotas son más complejas que las procariotas, los animales y plantas son más complejos que los protistas, etcétera. El incremento de complejidad se puede haber obtenido como resultado de una serie de grandes transiciones evolutivas. Eso implica cambios en el sentido en que esa información es almacenada y transmitida”.

 

 

Finalmente los autores de este artículo recomiendan como libros que tratan el tema evolución/creacionismo las obras: “Evolution vs. Creationism (Scout, 2005. University of California Press, Berkeley) y Science and Creationism (Montagu, 1984. Oxford University Press).

 

Como conclusión indicar que el creacionismo representa en la actualidad una amenaza para el pensamiento racional de biología, no sólo para los USA sino también para otros muchos países.

 

Fuentes bibliográficas:

¿ Qué principio importante acerca de la fe encuentras en Marcos 11:22-24 ?

¿Qué principio importante acerca de la fe encuentras en Marcos11:22-24?

Autor: Paulo Arieu

“Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.

[…] Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.(Mar. 11:12-14,20-26 RVR 1960)

“Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mat. 21:18-46 RVR 1960)

Jesús habla aquí a una higuera, ejerciendo su autoridad sobre la naturaleza, y les enseña a los discípulos uno de los principios mas espectaculares de la fe. La confesión, la palabra hablada en autoridad.

Alfred Edesheim, comenta acerca de la importancia que tenían las higueras en Israel: (1)

«Las higueras, así como las palmeras y los olivos, eran consideradas tan valiosas, que el cortarlas, si no rendían la más mínima cantidad de fruto, era juzgado popularmente como merecedor de la muerte por la mano de Dios (Baba K. 91 b).

Los antiguos judíos dan interesantes detalles de este árbol y su cultivo. Según Josefo, en localidades favorables, el fruto maduro colgaba del árbol durante diez meses del año (Guerras iii. 10. 8), siendo los dos meses sin fruto probablemente abril y mayo, antes que la primera de las tres cosechas hubiera madurado. Los primeros higos (Phaggim. Shebh. iv. 7) maduraban hacia fines de junio o algo antes. La segunda cosecha, que eran los que se secaban y exportaban, maduraba en agosto; la tercera, que eran pequeños y relativamente de poco valor, en septiembre, y con frecuencia colgaban todo el invierno de los árboles. Una especie (la Benoth Shuach) se dice que daba fruto que tardaba tres años en madurar (Shebh. v. 1). La higuera era considerada el árbol más fructífero de todos los árboles (Shebh. i. 3). Debido a sus repetidas cosechas, no estaba sometido a la ordenanza que mandaba que debía dejarse fruto en las ramas extremas para los pobres (Peah. i. 4). La fertilización artificial de la higuera era conocida (Shebh. Ii. 5). La practica mencionada en la parábola [de la higuera estéril], de cavar alrededor del árbol y poner estiércol, se menciona con frecuencia en los escritos rabínicos, y con los mismos nombres. Es curioso que Maimónides menciona que el límite máximo de tiempo que debe esperarse para que un árbol dé fruto en la tierra de Israel (Moreh Nebhukh. iii. 37) es de tres años. Finalmente, como se consideraba que sus raíces socavaban y deterioraban el suelo (Baba B. 19 b), un árbol estéril tenía tres desventajas: no daba fruto; ocupaba un espacio valioso, que podía destinarse a otro árbol fecundo; y deterioraba el suelo sin necesidad. En consecuencia, aunque estaba prohibido destruir árboles que daban fruto (Deuteronomio 20:19; Baba K. 91 a; 92 b), por las razones antes citadas era un deber cortar un árbol “estéril” o “vacío” (llan seraq) (Kil. vi. 5).

[…] Alegóricamente, las higueras servían en el Antiguo Testamento como el emblema de la nación judía (Joel 1:7); —en el Talmud, no ya en el folklore de Israel—, y por ello, de sus líderes y personas piadosas (Ber. 57 a; Mikr. sobre Cántares 1:1)

[…]Podemos inferir, quizá, con reverencia, cómo pasó la noche después de entrada triunfal en su ciudad y el Templo el Rey de Israel. Su banquete i sería su compañía y comunión con los discípulos. Sabemos con qué frecuencia había pasado las noches en oración solitaria (Marcos 1:35; Lucas 15; Mateo 14:23; Lucas 6:12; 9:28), y sin duda no es demasiado atrevido asociar estos pensamientos con la primera noche de la semana de Pasión.

Así también, podemos más fácilmente explicar el cansancio y agotamiento y el hambre que le hizo buscar fruta en la higuera, camino de la ciudad.

Era muy temprano (de madrugada) por la mañana del segundo día de la semana de Pasión (lunes) cuando Jesús, con sus discípulos, partió de Betania. En el aire fresco de la primavera, después del cansancio de aquella che, “tuvo hambre”. Junto al camino, como ocurre con frecuencia en Oriente, había un árbol solitario, que crecía en un terreno pedregoso. Tiene que haber crecido en un promontorio, en que recibía sol y calor, porque Él lo vio “desde lejos” (Marcos), y aunque no hacía mucho que la primavera había vuelto a vestir los árboles con su follaje, se destacaba contra el cielo. «No era la temporada de los higos», pero el árbol, frondoso, atrajo la atención de Jesús. Quizá colgaría algo de fruto desde todo el invierno, o bien habría ya algunos higos primerizos, porque es bien sabido que en Palestina «el fruto aparece antes que las hojas», y que esta higuera era evidentemente precoz, como lo atestigua el hecho de que hubiera hojas, algo excepcional para este tiempo en el monte de los Olivos. El fruto de la temporada pasada habría sido comestible, naturalmente, y el nuevo, aunque no maduro, era comido, según la Mishnah y confirma el Talmud (Shebh. iv. 7; Jer. Shebh. 35 b; últimas líneas), tan pronto como asomaba el color rojizo —según se expresa, «en el campo, con pan», o, como lo entendemos, por parte de aquellos que empezaban a tener hambre cuando se hallaban en los campos, trabajando o viajando—. Pero en el caso presente no había fruto antiguo ni nuevo, “sólo hojas”. Era, evidentemente, una higuera estéril, que ocupaba terreno y que había que cortar. Nuestra mente, de modo casi instintivo, vuelve a la parábola de la higuera estéril, de la cual había hablado hacía tan poco (Luc.13:6-9). Para El, que sólo el día anterior había llorado sobre Jerusalén, que no había conocido el día de su visitación, y sobre la cual el hacha del juicio ya estaba levantada, esta higuera, con sus hojas frondosas, tiene que haberle recordado, con viveza pictórica, la escena del día anterior. Israel era aquella higuera estéril; y las hojas sólo cubrían su desnudez, como lo habían hecho para nuestros primeros padres después de la caída. Y el juicio, pronunciado simbólicamente en la parábola, tiene que ser ejecutado simbólicamente en esta higuera frondosa, estéril cuando el Maestro buscaba fruto en ella. Parece casi una necesidad interior, no sólo simbólica sino real, el que la palabra de Cristo la hubiera abatido. No podemos concebir que nadie pudiera haber comido de ella después que el Cristo hambriento hubiera buscado en vano fruto en ella. No podemos concebir que nadie pueda resistir a Cristo, y no ser eliminado. No podemos concebir que la realidad de lo que El había enseñado, cuando llegara la ocasión, no pasara a ser visible a los ojos de sus discípulos. Finalmente, nos parece sentir (con Bengel) que, como siempre, la manifestación de su verdadera humanidad, en el hambre, debería ir acompañada de su divinidad, en el poder de su palabra de sentencia (comp. Jn 11:35-44).

Con Mateo, que, por amor a la continuidad, relata este incidente después de los sucesos de aquel día (el lunes) e inmediatamente antes de los del día siguiente (Mat.21:18,22), esperamos con antelación lo que vieron los discípulos el día siguiente (Marcos 11:20). Como dice Mateo: “Al instante -se secó la higuera.” Pero, según el relato más detallado de Marcos, fue sólo al día siguiente, cuando volvieron a pasar, que notaron que la higuera se había secado desde las raíces. El espectáculo atrajo su atención, y de modo vívido recordaron las palabras de Cristo, a las cuales, el día previo, ellos, quizás, apenas habían dado importancia. Y fue lo súbito y completo del juicio que había sido pronunciado lo que ahora llamó la atención de Pedro, más bien que su significado simbólico. Fue, más bien, el milagro que su importancia espiritual y moral, la tempestad y el terremoto, más bien que el silbo delicado y apacible, lo que impresionó a los discípulos. Además, las palabras de Pedro por lo menos pueden ser interpretadas de esta manera:

Que la higuera se había secado como consecuencia de las palabras de Cristo, más bien que por medio de ellas. Pero El siempre dirige a los suyos a que se aparten de la maravilla de lo milagroso para ascender a lo más elevado (Bengel). Su respuesta, ahora, combina todo lo que han de aprender. Señala la lección-tipo de lo que había ocurrido: la necesidad de tener fe, la fe simple, la ausencia de la cual era la causa de la esterilidad frondosa de Israel, y que, de haber estado presente y sido activa, podría haberlo realizado todo, por imposible que pudiera haber parecido, considerados los medios externos.2 Y, con todo, era sólo «tener fe en Dios»; una fe como corresponde a todos los que conocen a Dios; una fe en Dios, que no busca y no tiene su fundamento en nada externo, sino que descansa sólo en El. A uno que «no tiene duda en su corazón, sino que cree que lo que dice le pasará». Y este principio general del Reino, que para el creyente devoto y reverente no requiere explicación ni limitación, recibió su aplicación posterior, especialmente para los apóstoles en su necesidad futura: “Por tanto os digo, que todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” Se siguen estas dos cosas: la fe da un poder absoluto a la oración, pero es también su condición moral. No hay nada, a menos que sea esto, que sea fe; y nada más que la fe, absoluta, simple, confiada, da gloria a Dios, o tiene la promesa. Esto es, por así decirlo, la aplicación por el Nuevo Testamento de la primera Tabla de la Ley, resumida en el “Amarás al Señor tu Dios”.

Pero hay otra condición moral de la oración íntimamente relacionada con la primera: una aplicación del Nuevo Testamento a la segunda tabla de la Ley, resumida en el “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Si la primera condición moral era hacia Dios, la segunda es hacia el hombre; si la primera nos vinculaba a la fe, la segunda nos vincula a la caridad, con esperanza; la expectativa de la oración contestada es el enlace que une a las dos. La oración, ilimitada en sus posibilidades, se halla a mitad de camino entre la tierra y el cielo; con una mano toca al cielo, con la otra a la tierra; en ella, la fe prepara para recibir lo que la caridad está dispuesta a dispensar. El que ora así, cree en Dios y ama al hombre; una oración así no es egoísta, no se busca a sí misma, no piensa en sí misma; y, menos que nada, no es compatible con el recordar los agravios y el espíritu no perdonador. Esta, pues, es la segunda condición de la oración, y no sólo de la oración que prevalece a todo, sino incluso de la aceptación personal en la oración. No podemos, pues, tener dudas de que Marcos informa de modo correcto a este respecto como la condición que el Señor pone a la aceptación que previamente desechemos toda falta de caridad (Mar.11:25). Recordamos que la promesa tenía una aplicación especial a los apóstoles y a los primeros discípulos; recordamos, también, lo difícil que era para ellos el aprender el pleno perdón a los ofensores y perseguidores (Mat. 18:21, 22); y, además, lo grande que era la tentación a vengar los agravios y usar el poder milagroso en la reivindicación de su autoridad (Luc.9:52-56). En estas circunstancias Pedro y sus condiscípulos, cuando se les hubo asegurado del poder ilimitado de la oración de fe, necesitaban más aún que se les recordara y advirtiera de esta segunda condición moral: la necesidad de un corazón perdonador, si tenían algo contra alguien.»

En el portal de la fe evangélica reformada, salvación eterna, encontramos la siguiente reflexión, en un documento electrónico titulado “LA MALDICIÓN DE LA HIGUERA ESTÉRIL”:

«Al igual que los antiguos profetas de Israel (Isaías, Jeremías, Ezequiel, etc.), Jesús ofrece una lección por medio de gestos, palabras, y el escenario que le brinda una higuera cerca del camino y en la que no hay sino hojas. Sería absurda la interpretación, a la manera de Voltaire, que vio en la maldición que Jesús le inflinge a la higuera un castigo como si el árbol fuera responsable de no llevar fruto. Al experimentar apetito, Jesús aprovecha para explicar una verdad profunda que tiene que ver con la temática de de estos capítulos de Mateo y el rechazo que Israel hace de su Mesías. Así, se sirve de la higuera como parábola y también a modo de parábola hay que entender las palabras de Jesús. La higuera representa a Israel y toda su religiosidad.

El mensaje es el mismo que luego encontramos en Mat.21:43, cuando el propio Jesús interpreta el significado de su enseñanza sobre el rechazo.

Allí, en Israel, había el Templo donde se ofrecían diariamente sacrificios que representaban el único sacrificio que iba a realizar el Hijo de Dios. Ahora el Hijo de Dios, el Mesías, ha llegado y se le quiere matar.

Israel tenía muchas “hojas” de religiosidad pero no daba el fruto que nace de una fe autentica”

No había sinceridad ni verdad en aquella religiosidad. Al limpiar el templo (Mat. 21:12-17) y al maldecir la higuera estéril Jesús realizo dos acciones simbólicas y proféticas sin lugar a dudas. Ambas acciones tenían un mismo propósito y significado: estaba anunciando la caída del Israel estéril. No que acabase con todos los judíos como a tales, sino que en lugar de Israel, como antiguo pueblo del Pacto, nacía ahora una nueva comunidad internacional, un Reino eterno, que no solo traerá hojas sino fruto, y ello tanto de judíos como de gentiles. Lo que cuenta no es la nacionalidad judía sino la obediencia para el Reino.

La fe que mueve montanas (vs. 21 y 22). Estos dos textos requieren una atención especial (cf. Mat.17:20 y Luc.17:6). Se ha visto en estas palabras de Jesús su énfasis en la necesidad y el poder de la oración de fe. Por supuesto que encontramos esta enseñanza, pero hay mas. Sobre todo si analizamos el texto a la luz del contexto histórico.

Erradicar árboles y trasladar montañas eran considerados dichos proverbiales en días de Jesús; la suma de los actos extraordinarios de poder. Sin embargo, la acentuación en las palabras de Jesús no recae en el elemento extraordinario del suceso. Para comprender sus palabras es de primordial importancia lo que significaba para los judíos contemporáneos de Jesús la traslación y desaparición de montañas (Is.40:4; 49:11 y esp. Zac.14:10) así como

su amontonamiento para servir de base al monte de Dios escatológico (Is.2:2; Miq. 4:1), todo lo cual era esperado firmemente por los judíos piadosos como señal escatológica final.

El Rabino Pinhas (360 d.C.) comentaba: “Un día, el Santo – bendito sea – traerá el Sinaí, el Tabor y el Carmelo para edificar el santuario sobre sus cumbres. ¿Y cual es el lugar de la Escritura que prueba esto? Is. 2:2.” (ef. J.Jeremías, Teología del N.T.,p. 197 y ss.)

Jesús promete aún a la fe más insignificante, tan pequeña como un grano de mostaza, no primordialmente la facultad de realizar milagros espectaculares, sino el ser partícipes de la consumación escatológica. En la fe escatológica, la fe del Reino, es decir: la fe en que se cumplirán los propósitos finales del Reino, a pesar de la incredulidad de Israel y de cuantos se oponen al Rey; a esta fe le será dado el contemplar como los montes son traspasados, conmovidos, para dar lugar al monte de la caca de Jehová que será establecido por cabecera de montes (Miq. 4:1). Examinemos el contexto: “Nunca jamás nazca de ti fruto” (r.19). A pesar de esta maldición, los propósitos escatológicos del Señor se llevaran a término. No por medio de Israel como nación pero sí por medio del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, que anuncia el Reino de los cielos hasta el día de su consumación final.» (2)

higuera

El portal del Centro de Investigación White (CIW) de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD), ubicado en la Universidad Adventista del Plata (UAP),en un documento electrónico del capitulo 64 del libro el Deseado de las Naciones, de Elena G. de White, comenta que «Toda aquella noche Jesús la pasó en oración, y por la mañana volvió al templo. Mientras iba, pasó al lado de un huerto de higueras. Tenía hambre y, “viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo; y como vino a ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.” No era tiempo de higos maduros, excepto en ciertas localidades; y acerca de las tierras altas que rodean a Jerusalén, se podía decir con acierto: “No era tiempo de higos.” Pero en el huerto al cual Jesús se acercó había un árbol que parecía más adelantado que los demás. Estaba ya cubierto de hojas. Es natural en la higuera que aparezcan los frutos antes que se abran las hojas. Por lo tanto, este árbol cubierto de hojas prometía frutos bien desarrollados. Pero su apariencia era engañosa. Al revisar sus ramas, desde la más baja hasta la más alta, Jesús no “halló sino hojas.” No era sino engañoso follaje, nada más. Cristo pronunció una maldición agostadora. “Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre,” dijo. A la mañana siguiente, mientras el Salvador y sus discípulos volvían otra vez a la ciudad, las ramas agostadas y las hojas marchitas llamaron su atención. “Maestro –dijo Pedro,– he aquí la higuera que maldijiste, se ha secado.” El acto de Cristo, al maldecir la higuera, había asombrado a los discípulos. Les pareció muy diferente de su proceder y sus obras. Con frecuencia le habían oído declarar que no había venido para condenar al mundo, sino para que el mundo pudiese ser salvo por él. Recordaban sus palabras: “El Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.” Había realizado sus obras maravillosas para restaurar, nunca para destruir. Los discípulos le habían conocido solamente como el Restaurador, el Sanador. Este acto era único. ¿Cuál era su propósito? se preguntaban. Dios “es amador de misericordia.” “Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío.” Para él la obra de destrucción y condenación es una “extraña obra.” Pero, con misericordia y amor, alza el velo de lo futuro y revela a los hombres los resultados de una conducta pecaminosa. La maldición de la higuera era una parábola llevada a los hechos. Ese árbol estéril, que desplegaba su follaje ostentoso a la vista de Cristo, era un símbolo de la nación judía. El Salvador deseaba presentar claramente a sus discípulos la causa y la certidumbre de la suerte de Israel. Con este propósito invistió al árbol con cualidades morales y lo hizo exponente de la verdad divina. Los judíos se distinguían de todas las demás naciones porque profesaban obedecer a Dios. Habían sido favorecidos especialmente por él, y aseveraban tener más justicia que los demás pueblos. Pero estaban corrompidos por el amor del mundo y la codicia de las ganancias. Se jactaban de su conocimiento, pero ignoraban los requerimientos de Dios y estaban llenos de hipocresía. Como el árbol estéril, extendían sus ramas ostentosas, de apariencia exuberante y hermosas a la vista, pero no daban sino hojas. La religión judía, con su templo magnífico, sus altares sagrados, sus sacerdotes mitrados y ceremonias impresionantes, era hermosa en su apariencia externa, pero carente de humildad, amor y benevolencia. Ningún árbol del huerto tenía fruta, pero los árboles que no tenían hojas no despertaban expectativa ni defraudaban esperanzas. Estos árboles representaban a los gentiles. Estaban tan desprovistos de piedad como los judíos; pero no profesaban servir a Dios. No aseveraban jactanciosamente ser buenos. Estaban ciegos respecto de las obras y los caminos de Dios. Para ellos no había llegado aún el tiempo de los frutos. Estaban esperando todavía el día que les había de traer luz y esperanza. Los judíos, que habían recibido mayores bendiciones de Dios, eran responsables por el abuso que habían hecho de esos dones. Los privilegios de los que se habían jactado, no hacían sino aumentar su culpabilidad. Jesús había acudido a la higuera con hambre, para hallar alimento. Así también había venido a Israel, anhelante de hallar en él los frutos de la justicia. Les había prodigado sus dones, a fin de que pudiesen llevar frutos para beneficiar al mundo. Les había concedido toda oportunidad y privilegio, y en pago buscaba su simpatía y cooperación en su obra de gracia. Anhelaba ver en ellos abnegación y compasión, celo en servir a Dios y una profunda preocupación por la salvación de sus semejantes. Si hubiesen guardado la ley de Dios, habrían hecho la misma obra abnegada que hacía Cristo. Pero el amor hacia Dios y los hombres estaba eclipsado por el orgullo y la suficiencia propia. Se atrajeron la ruina al negarse a servir a otros. No dieron al mundo los tesoros de la verdad que Dios les había confiado. Podrían haber leído tanto su pecado como su castigo en el árbol estéril. Marchitada bajo la maldición del Salvador, allí, de pie, seca hasta la raíz, la higuera representaba lo que sería el pueblo judío cuando la gracia de Dios se apartase de él. Por cuanto se negaba a impartir bendiciones, ya no las recibiría. “Te perdiste, oh Israel,” dice el Señor. La amonestación que dio Jesús por medio de la higuera es para todos los tiempos. El acto de Cristo, al maldecir el árbol que con su propio poder había creado, se destaca como amonestación a todas las iglesias y todos los cristianos. Nadie puede vivir la ley de Dios sin servir a otros. Pero son muchos los que no viven la vida misericordiosa y abnegada de Cristo. Algunos de los que se creen excelentes cristianos no comprenden lo que es servir a Dios…» (3)

El portal del seminario evangélico Reina Valera “seminarioabierto.com”, nos explica los tiempos de la cosecha y otros usos en la Biblia de la higuera:

«1 Tres cosechas de higos en Palestina. Los higos tempraneros, no muchos en número, pero de tamaño grande, se maduran un mes antes que la cosecha principal; ésta se cosecha en verano y se consume en agosto y septiembre; y los higos de invierno quedan en los árboles hasta tarde en el otoño. Se mencionan en la Escritura los higos primeros como muy deseados (Os. 9:10); y lo fácil que es conseguirlos cuando se sacude el árbol (Nah. 3:12).

La cosecha de verano que no se come como fruta fresca, se pone en los techados, para usarla en los meses de invierno.

2. Un signo de la estación: La higuera muestra señal de follaje más tarde que algunos de los otros árboles frutales de Palestina. El desarrollo de las hojas y el oscurecimiento de su color, interpreta como señal de que el verano se acerca. Jesús se refirió estas ideas

“De la higuera aprended la parábola; Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca” (Mat. 24:32; Mar. 13:28).

El amante en el Cantar de los Cantares, indica que el invierno ha pasado y el verano está cerca porque

“la higuera ha echado sus higos tiernos” (Cant. 2:11-13).

3. Cristo y la Higuera: Para poder entender por qué un día Cristo maldijo a la higuera, se necesita conocer la costumbre del crecimiento de las hojas y el fruto de la higuera. El hábito normal de las higueras es que la fruta principia a formarse en el árbol pronto como aparecen las hojas. También las bojas y el fruto desaparecen al mismo tiempo. Pero se dijo de esta higuera que sus discípulos vieron en el monte de los Olivos, “porque no era tiempo de higos” (Mar. 11:13). En realidad esto no era justificación para la higuera, porque no era el tiempo para que aparecieran higos. Por la muestra de sus hojas era muy semejante a muchas gentes, que pretendían llevar fruto que en realidad no tenían, como los fariseos que profesaban ser muy religiosos, pero cuyas vidas eran infructuosas. Por eso Cristo maldijo a la higuera como una lección objetiva para todos, que no fueran hipócritas.

4. También nos relató Jesús la parábola de la Higuera

“Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no halló. Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo: córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? El entonces respondiendo, le dijo, Señor, déjala aun este año, hasta que la excave y estercole: y si hiciere fruto bien; y si no, la cortarás después” (Luc.13:6-9).

He aquí una higuera que por tres años no llevó fruto, cuando su dueño esperaba encontrarlo. El viñero sugirió tener paciencia del árbol y propuso un cultivo adicional y estercolamiento para dándole otra oportunidad para dar higos. Deberá notarse que esta higuera había sido plantada en medio de la viña. Esto se hace con frecuencia en Palestina.

5. Uso de los higos en el Antiguo Testamento: Los higos fueron muy usados durante el tiempo de la historia de Israel, especialmente los higos secos.

Abigail le llevó a David doscientas marquetas de higos (I Sam. 25:18).

Una marqueta de higos se le dio al egipcio para revivirlo (I Sam. 30:12). Y

Marquetas de higos le fueron traídos a David a Hebrón en el tiempo del gran regocijo (I Cron. 12:40).

Cuando el rey Ezequías estaba enfermo, Isaías le dijo que se pusiera una cataplasma de higos en el tumor, y el Señor lo sanó (2 Re. 20:7).

Jeremías se refiere a las características del higo, pues que algunas de ellas pueden ser muy buenas, y por otro lado pueden ser muy malas. (Jer. 24:1- 2).

6. Sentarse bajo su propia higuera: Varias veces en el Antiguo Testamento se hace uso de esta expresión con la adición de la parra. Se usa de varias maneras. En el próspero reino del rey Salomón se decía:

“Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beer-seba, todos los días de Salomón” (I Re. 4:25).”No alzará espada gente contra gente, ni más se ensayarán para la guerra. Y cada uno se sentará debajo de su vid y de su higuera y no habrá quien amedrente” (Miq. 4:3, 4)

Este es un cuadro en el que se disfrutan las bendiciones de paz.» (4)

Jesús maldice la higuera

Dibujo: © José Vicente Fernández Martín

«“Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!» Y sus discípulos oían esto. Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: “¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca.”» (5)

Esta enseñanza, nos muestra la importancia y trascendencia de la confesión de fe en la palabra de Dios

“Y respondiendo Jesús, les dijo: “Tened fe de Dios. En verdad os digo, que cualquiera que dijere a este monte: ‘Levántate, y échate en el mar’; y no dudare en su corazón, mas creyere que se hará cuanto dijere, todo le será hecho. Por tanto os digo, que todas las cosas que pidiereis orando, creed que las recibiréis, y os vendrán. Y cuando estuviereis para orar, si tenéis alguna cosa contra alguno, perdonadle, para que vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone también vuestros pecados. Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre, que está en los cielos, os perdonará vuestros pecados”. (Mar. 11:22-26 versión Padre Scío)

Acá hay varios puntos importantes a considerar:

  1. El primero es la fe en Dios. Esa es la fe correcta, y no la fe en la fe. Dios es el que hace los milagros, el que responde las oraciones, que pobra de acuerdo a su voluntad, el que provoca el querer y el hacer por su propia voluntad, etc.
  2. Segundo, que no debemos dudar de lo que pedimos, ya que el que duda, no recibe

Prácticamente aquí esta la clave de todo. Uno puede tener fe en Dios, hablar al problema que salga de su vida y esperar que salga. Pero, sí en el fondo de su corazón, en lo íntimo de su espíritu, de su ser, hay dudas Dios no obra. Dudar en el corazón es una declaración interior de que realmente no creemos en aquello que estamos haciendo. La mente puede estar muy bien sugestionada de todas las formas posibles, pero, si nuestro corazón duda, no iremos a recibir nada.

 

Hay muchos comentaristas que dicen que Jesucristo se entristeció y lloró frente a la tumba de Lázaro, cuando vio a quienes estaban desanimados tras haber utilizado medios humanos por resolver sus problemas como producto de la incredulidad en el poder de Jesucristo. Hasta el momento en que Jesucristo llegó a la tumba de Lázaro, él tuvo que luchar contra la incredulidad de la gente.

 

Cuando Jesús llego al velorio de Lázaro su amigo, que hacia ya 4 dias estaba muerto, y ya esta repodrido, lo primero que le dijo Marta a Jesús al encontrárselo fue, “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Marta varias veces había visto a Jesús sanar las muchas enfermedades. Por ende, ella creía que su hermano no habría muerto si Jesús le hubiera venido a ver mientras estaba enfermo. Claro, Marta creía que Jesús tenía la capacidad de sanar la enfermedad de Lázaro, pero su fe no estaba completa con eso. Ella creía que Jesús podía sanar enfermedades, pero no creyó que Jesús pudiera volver al Lázaro que hedía ya y llevaba cuatro días de muerto. Esta era exactamente la incredulidad que Jesús quería cambiar dentro del corazón de Marta. Jesús sabía que Dios levantaría a Lázaro de entre los muertos. Pero se conmovió dentro de su ser ante la incredulidad de Marta. Por eso, Jesús le dijo a Marta, “Tu hermano resucitará.” Marta

escuchó lo que Jesús le dijo, luego el Señor le siguió diciendo que Dios se iba a glorificar con ese suceso. “Esta enfermedad no es para muerte, si para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” A pesar de que ella no tenía la fe de que Jesús pudiera resucitar a Lázaro a la vida., ella no aceptó la Palabra del Señor con fe. Mas bien, manifestó su incredulidad al decir, “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” Jesús le volvió a decir a Marta, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. ¿Crees esto?” Si Marta hubiera creído lo que Jesús le dijo, significa que también habría creído que Lázaro volvería a vivir aunque ya llevaba 4 días de muerto. Sin embargo, Marta le dijo al Señor, “Si, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” Marta creyó que Jesús era el Hijo de Dios, el Cristo venido al mundo. Además creyó que Jesús podría haber sanado la enfermedad de Lázaro si hubiera estado allí antes que Lázaro muriera. Desafortunadamente no pudo creer en ese momento que Jesucristo también traer a Lázaro a vida, aunque llevara tiempo de muerto. Finalmente el Señor, por su misericordia y amor, resucitó a Lázaro, pero como le costo a Marta creer.

 

Jesús oró al Padre y dijo “Padre, gracias te doy por haberme oído.” Yo sabía que siempre me oyes…” Jesucristo creía que Dios siempre le escucharía y le contestaría a pesar de la situación en que se encontrara. Cuando clamó a gran voz diciendo, “¡Lázaro, ven fuera!”, esa maravillosa palabra del Señor hizo traer la poderosa obra de Dios de darle vida a Lázaro quien se descomponía dentro de la tumba, y quitó la incredulidad que había en el corazón de Marta, María y los pocos que estaban allí. Marta y María ya no se podían confinar más bajo la incredulidad, tras mirar a su hermano volver a la vida. Los judíos dejaron de llorar amargamente y comenzaron a sorprenderse, ante tremendo milagro. El pensar de todos los presentes cambió por la obra de Jesucristo, por la obra de resurrección. Nuestro amado Señor Jesucristo rescató a Lázaro de la tumba, y sacó la incredulidad de todos los que estaban allí. Por fin sembró la fe en Dios dentro de sus corazones, y muchos se convirtieron. Para la gloria del Señor.

Santiago bien dijo que se “pida en fe, no dudando nada; porque el que duda, es semejante a la onda del mar, que es movida del viento, y es echada de una parte a otra. Ciertamente no piense el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor. El hombre de doble ánimo, es inconstante en todos sus caminos.” (Stgo. 1:5-8 RVR 2000)

“Y venido a su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, [de tal manera] que ellos estaban fuera de sí, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y [estas] maravillas? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas? ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todo esto? Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra y en su casa. Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.” (Mat. 13:54-58 RVR 2000)

 

Vemos que en este pasaje, se cumplió lo que dijo Jesús, que nadie es profeta en su tierra, ya que no creían en él, y por esa incredulidad, no pudo hacer mas maravillas. La incredulidad detiene la manifestación del Señor.

Luego de la resurrección milagrosa de Jesús, A la tercera vez que se les apareció a los discípulos, ellos habían estado toda la noche tratando de pescar algo, y no habían podido encontrar nada. De repente Jesús se les aparece, y les ordena echar la red. Ellos creyeron, tuvieron fe y pescaron una gran cantidad de peces.

“Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de

peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: !!Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos. “(Jn 21:1-14 RVR 1960)

puertas de Jerusalen

En el portal de la fe judía ortodoxa, KOL ISRAEL ORG.net, en una reflexión titulada “EL SIERVO SUFRIENTE DE D-S”, encontramos los trece principios de la fe (Judía)

  1. Yo creo con Fe completa que el Creador alabado su nombre, creó y dirige el mundo, El únicamente hizo, hace y hará todos los hechos.
  2. Yo creo con Fe completa que el Creador alabado su nombre es Único y no existe unidad como Él, y El únicamente era, es y será nuestro D-s.
  3. Yo creo con Fe completa que el Creador alabado su nombre no es corporal, no lo alcanzan las influencias corporales, y nada puede compararse a EL
  4. Yo creo con Fe completa que el Creador alabado su nombre, Él es el principio y la eternidad.
  5. Yo creo con Fe completa que a El Creador alabado su nombre es digno de orarle y no hay a quien pedir fuera de El.
  6. Yo creo con Fe completa que todas las palabras de nuestros profetas son verdades.
  7. Yo creo con Fe completa que la profecía de Moisés nuestro Maestro (Moshé Rabeinu) es verídica y él fue el padre de los profetas de todos los tiempos.
  8. Yo creo con Fe completa que la Torah que tenemos es la misma que fue entregada a Moisés nuestro Maestro (Moshé Rabeinu).
  9. Yo creo con Fe completa que esta Torah no será cambiada y no habrá otra del Todopoderoso.
  10. Yo creo con Fe completa que el Creador alabado su nombre, sabe todo lo que la persona hace y conoce todos sus pensamientos.
  11. Yo creo con Fe completa que el Creador alabado su nombre recompensa bien a los que cumplen sus Mitzvot y castiga a los que transgreden sus preceptos.
  12. Yo creo con Fe completa que el Mashiaj (Mesías) vendrá. Y aunque se demore esperamos cada día su llegada.
  13. Yo creo con Fe completa que los muertos van a resucitar cuando sea la voluntad del Todopoderoso, alabado su nombre.

Escrito por: Ramba’m – Rabi Moshé ben Maimón – Maimónides (6)

De un portal de la fe metodista Pentecostal chilena, extraigo de San Agustín de Hipona esta reflexión, quien comentó algo interesante acerca de la fe:

“Demostraremos, pues, primeramente, que la fe, por la que somos cristianos, es un don de Dios; y lo probaremos, a ser posible, con mayor brevedad de la que hemos empleado en tantos otros y tan abultados volúmenes. Pero, ante todo, juzgo que debo responder a todos aquellos que afirman que los testimonios que he aducido acerca de este misterio solamente tienen valor para probar que la fe procede de nosotros y que únicamente el aumento de ella es debido a Dios; como si no fuese El quien nos da la fe, sino que ésta es aumentada por El en nosotros en virtud de algún mérito que empezó por nosotros. Mas si la fe, con que empezamos a creer, no se debe a la gracia de Dios, sino que más bien esta gracia se nos añade para que creamos más plena y perfectamente, por lo cual primero ofrecemos nosotros a Dios el principio de nuestra fe, para que nos retribuya El luego lo que de ella nos falta o cualquiera otra gracia de las que por medio de la fe pedimos, tal doctrina no difiere en nada de la proposición que el mismo Pelagio se vio obligado a retractar en el concilio de Palestina, conforme lo testifican sus mismas actas, cuando dijo «que la gracia de Dios nos es dada según nuestros méritos».

De la predestinación de los santos, de San Agustín de Hipona” (7)

El principio que se establece de este comentario de Agustino e Hipona, obispo de Cartago, es que es que la fe para creen en Dios y obtener salvación u otra cosa de parte del Señor, originalmente viene de Dios, es un don que da el Señor”

porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.(Ef. 2:8 RVR 1995)

Jesús se sorprendió agradablemente de la fe del centurión romano:

“Al entrar Jesús en Capernaum, se le acercó un centurión pidiendo ayuda. Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente. Iré a sanarlo respondió Jesús. Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve” y va, y al otro: “Ven” , y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace. Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.” (Mat 8:5-10 NVI)

«En este pasaje se nos presenta el relato de la curación que hizo Jesús al criado paralítico de un centurión romano. Llama poderosamente nuestra atención el hecho de que se dice que “Jesús, se maravilló” de la fe del centurión romano. Cuando alguien se maravilla es porque ha presenciado algo que ignoraba y que excede la capacidad de su entendimiento. Pero tratándose del Señor Jesús, quien conocía –incluso- el pensamiento de los hombres, sí que resulta extraño que se maravillara. Si bien, no podemos ni siquiera imaginar que Jesús fuera sorprendido, la expresión “se maravilló” es usada para destacar este hecho.

Para destacar la fe del centurión romano (un gentil), él lo contrasta con la incredulidad de los judíos. La fe del centurión era “maravilla” por tratarse de un gentil, uno que ni siquiera esperaba al Mesías como supuestamente lo esperaban los judíos. Este hombre vino a ser –si no el primero- uno de los primeros de una larga lista de los que vendrían y se sentarían en el reino de los cielos, por las palabras de Jesús en Mat. 8:11,12. ”Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas”.

Romano de nacionalidad; un jefe militar de aproximadamente cien soldados del ejercito imperial romano, adquirió un concepto bien claro y definido de lo que es la autoridad. No era religioso; sin embargo, era respetuoso de la libertad religiosa y cooperó con los judíos, nación sobre la cual ejercía su cuidado, edificándoles una sinagoga. Se consiguió el favor de los judíos. Los ancianos de los judíos que él envió a Jesús dieron buen testimonio de él, y rogaron insistentemente, en Lucas 7:4,5: ”Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga”, un centro social y religioso judío.

Podemos notar, además, en el pasaje que consideramos en esta ocasión, que esta es la primera vez que Jesús se refiere al rechazo de Israel y al llamamiento de los gentiles. “…vendrán muchos del oriente y del occidente y se sentarán… en el reino de los cielos, mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas” (Mateo 8:11,12). Hubo otra ocasión en que Jesús se maravilló, pero en referencia a la incredulidad de la gente de Nazaret, Marcos 6:6 dice: “Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos”. En ambos casos, su asombro estaba relacionado con la fe. En el primero: la buena aceptación del centurión romano; y en el segundo: el rechazo y la incredulidad de los de su propia tierra o pueblo.

Siguiendo en la consideración del centurión romano, notamos que este militar era un hombre muy considerado aún para con sus esclavos. Era un hombre sensible, favoreció a los judíos y no se descuidó de la condición de sus criados. Se esforzó por conseguir la sanidad de su criado, acudiendo a Cristo, dando evidencia de haber recibido ya él mismo la sanidad de su alma.

Lo que leemos acerca de la actitud de este hombre nos deja ver claramente que poseía una firme convicción de que todo el poder y la autoridad residen en Cristo, que Cristo podía hacer todo cuanto quisiera. Reconoció el poder y la soberanía de Cristo. Por cierto, el objetivo de los milagros del Señor, extendido hasta sus apóstoles era -precisamente- revelar a los hombres que él es el Hijo de Dios.

Aquel centurión romano conocía que en Él (en Cristo) reside toda la plenitud y el poder de la Deidad, por ser el verdadero Mesías y el Salvador del mundo. Su confesión de fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, fue hecha de manera práctica. Es la misma confesión que hizo Pedro a nombre de los discípulos cuando, a la pregunta de Jesús en Mateo 16:16, “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” le respondió: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Lo mismo hicieron los discípulos en Juan 6:69 “Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Igual testimonio dieron la mujer samaritana y los samaritanos en Juan 4:42 “…y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”. Marta también confesó en Juan 11:27 “…Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo”.

En el caso que tratamos ahora, el centurión romano, además de reconocer su indignidad de que el Señor le visitara, atribuyó autoridad suprema y omnipotencia a la palabra de Jesús, v.8: ”Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dilo de palabra, y quedará sanado mi criado”. Es necesario advertirle, amigo lector, que no basta una confesión de labios como demostración de la posesión de la verdadera fe. Muchos pudieran pensar que por decir que Cristo es el Hijo de Dios, por eso poseen la fe salvadora; pero lo cierto es que la fe sin obras es muerta. Cada caso debe ser analizado particularmente.

¿Cuál fue la reacción de la gente en el mundo gentil? Cuando el apóstol Pablo llevó el evangelio a Atenas, ¿cuál fue la opinión de la gente?, dijeron: “Parece que es predicador de nuevos dioses, porque les predicaba el evangelio de Jesús” (Hechos17:18). Todo el mundo antiguo (y su forma de pensar) estaba en contra de recibir o aceptar que un carpintero de Nazaret fuera el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Además, siendo que los mismos emperadores reclamaban adoración, confesar que Jesús era el Hijo de Dios significaba pedir ser echado a los fieras, por eso confesar a Cristo era una prueba indudable de haber recibido la verdad, como dice el apóstol Juan, en 1 Juan 4:2 “Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios”.

Antes como ahora, cualquiera que esté dispuesto a pagar el precio de ser un creyente, testifica con hechos que es de Dios; aunque los riesgos y el costo varíen de una época a otra, y de un lugar a otro. La fe será medida por lo que haya que sacrificar para mantenerla. En todo caso, el poseedor de tan precioso don vivirá esperando su verdadera herencia reservada en el cielo, no se aferrará a las cosas temporales sino en la herencia prometida que se halla después de la muerte y la resurrección.

El asentimiento intelectual no tuvo ningún valor en la antigüedad, tampoco lo tiene en la actualidad, sino la fe que se muestra por las obras, la fe que es práctica y que cuesta. Una cosa es decir “yo creo en Cristo”, y otra, muy distinta es, seguir a Cristo obedientemente llevando su vituperio. La realidad de la verdadera fe en Cristo radica en guardar sus mandamientos. El verdadero creyente depende de sus promesas, se fortalece en su fuerza y confía su alma a su cuidado. De otro modo, el conocimiento intelectual de su carácter no le será suficiente.

Hay personas que dicen ser discípulos de Cristo, pero sólo en apariencia. En el tiempo de su ministerio terrenal, nuestro Señor llamó la atención de muchos que le seguían, según Juan 8:30 y 31”…muchos creyeron en él. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. Pero la fe del centurión romano quedó vivamente demostrada mediante su acción de acudir a Cristo, él hizo un abierto reconocimiento del Señor Jesús como el Mesías que había de venir, y Jesús aprobó esa fe y elogió esa fe, y en respuesta a esa fe, el criado de este hombre fue sanado, según el versículo 13, Jesús le dijo: “Ve y como creíste, te sea hecho”.

La fe de este hombre dio fruto de inmediato. Prontamente empezó a cosechar bendiciones del Señor como respuesta a su fe. Dice en Lucas 7:3 que “Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo”. Oyó y creyó. Lo que aprendió de Jesús lo puso en práctica en seguida, y en una circunstancia de favorecer a otro y que la gloria del Señor se hiciera manifiesta, por medio de la curación de su criado.

[…] Alegar fe en Cristo sin actuar en consecuencia es vanidad. Cristo es el Salvador del mundo, toda potestad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, para Él no hay nada imposible. Es imprescindible que el pecador conozca su propia miseria, y se vea a sí mismo condenado, que vea con nueva luz la obra redentora de Cristo, que acuda a Cristo, y se apropie de Su gracia salvadora. En el caso del centurión romano, oyó de Jesús y acudió a Él en busca de misericordia. El centurión comprendió lo que es misericordia. Consideró las miserias de este mundo como el objeto de la misericordia.

Misericordia es compadecerse del necesitado. Notemos lo que nos dicen los versículos 5 y 6. ”Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”.

Para venir al Señor se necesita estar persuadido de su propia miserable condición pecaminosa y de su necesidad de salvación. Es necesario acercarnos a Él con nuestras necesidades, y jamás por lo que merecemos. No somos dignos de acercarnos a Dios, pero Dios es grande en misericordia y amplio en perdonar, el hombre está grandemente necesitado de sus favores. Dice el Salmo 9:18: “Porque no para siempre será olvidado el menesteroso”. Nuestra necesidad y miseria es el motivo ideal para venir a Dios. Jesús dijo: “No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Mateo 9:13).

El centurión tenía un concepto correcto del señorío de Cristo y de su propia indignidad. Cuando él le presentó el caso de su criado, Jesús le dijo: “Yo iré y le sanaré” (v.7). Ante este ofrecimiento de Jesús de ir a su casa, “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo” (v.8). Él era un oficial de alto rango, un jefe militar, pero no se consideraba digno de que Jesús entrara en su casa. Tal era el concepto que ahora tenía de sí mismo, consciente de que su vida había sido ofensiva a Dios a causa de sus pecados de idolatría.

Recordamos que los ancianos de los judíos -que fueron- enviados por él a Jesús, lo hicieron de tan buena voluntad, que incluso sugirieron al Señor que le hiciera el favor que le pedía porque se lo merecía, porque había sido bueno con ellos, y le había edificado una sinagoga; sin embargo, lejos de sentirse merecedor de algo, aquel hombre se sentía indigno. Esta es –sin lugar a dudas- una característica de todos aquellos que han sido regenerados y viven en la luz, como: Abraham (Génesis18:27); Jacob (Génesis 32:9,10); David (2 Samuel 7:18); Pedro (Lucas 5:8); Pablo (1 Corintios15:9).

Otra evidencia contundente de su fe es que para él era suficiente que Jesús dijera la palabra. Aún cuando Jesús le ofrece ir a su casa, éste le contesta que sólo tiene que decir la palabra, reconociendo, así, el poder todopoderoso de Jesús: “Solamente dilo de palabra y quedará sanado mi criado” (v.8b). La Palabra del Señor es suficiente para todo verdadero creyente. El poder de Cristo para sanar no estaba limitado en la mente de este hombre. Supo que para el Señor no hay nada imposible. Lo cierto es que esta es una demostración de una gran fe. De una gran confianza en el Señor y en su poder.

Hay quienes no se contentan con que se hagan oraciones a favor de los enfermos, sino que, reclaman que se debe hacer en la presencia de ellos y poniendo las manos sobre el enfermo. El Señor curó a este criado a distancia por la fe del centurión romano Como también hizo en el caso de la súplica de la mujer siro fenicia por su hija endemoniada. Dependemos del Señor, debemos someternos a Su voluntad, no tenemos que trazarle pautas de cómo, cuando o dónde Él debe obrar sobre nuestras peticiones, tampoco debemos confinar o limitar Su poder a nuestra forma de pensar.

Para el centurión de nuestra historia, el poder de Jesús no estaba en su presencia corporal, sino en Su Palabra. Dios hizo el universo con Su Palabra, lo sostiene con Su Palabra. Nos dice la Escritura que es por la fe que entendemos estas cosas, de modo pues, el centurión por la fe sólo pedía que Jesús dijera la Palabra y bastaba. Todas las cosas creadas obedecen a su Creador. Todas las criaturas tienen un oído obediente para oír lo que Dios dice y Él hace uso de ellas como le place.

El centurión vio la realidad y grandeza del mundo espiritual. Acostumbrado al orden y la disciplina militar, donde nadie podía cuestionar una orden, hizo la comparación que leemos en el v.9: ”Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace”. Razonó respecto al poder de Cristo, y lo que dijo parece haber sido el fruto de una meditación seria y determinante. Entendió que él no era más que un simple hombre; y que Jesús es Dios; si bien él era un jefe militar; Jesús es el Comandante en jefe de los cielos y la tierra, el glorioso y omnipotente Señor de señores y Rey de reyes.

De esa manera demostró poseer una confianza estimulada por la meditación. Parte del ejercicio de la fe cristiana se basa en la meditación. Traer a nuestra mente argumentos que estimulen y aumenten nuestra confianza en Dios, y esto requiere de una buena disposición y entrega; porque lo normal y natural es pensar negativamente de la bondad, la misericordia y el poder del Dios Creador.

Esa fue la primera vez que este hombre se acercó a nuestro Señor Jesucristo por fe, y tiene mucho que enseñarnos. Es nuestro deber perseverar en fe como en principio. No permitir que el tiempo nos haga variar en nuestra manera de acercarnos a Dios. Es saludable preguntarnos: ¿Cómo está nuestra fe? ¿Acaso es nuestra tendencia, cuando le hemos pedido algo al Señor, pero nos parece que se tarda, despreocuparnos y desfallecer a causa del peso que nos agobia? Echemos mano de sus promesas. Isaías 28:16 nos dice: ”El que creyere, no se apresure”. No es cosa de creyentes el estar desesperados. Tomémosle, pues, la palabra.

Así como no podemos ejercitar el cuerpo sin poner a funcionar los músculos, tampoco podremos ejercitar la fe sin practicar la paciencia. Es por medio de la fe que podremos triunfar sobre las dificultades, pero se nos hace siempre necesario esperar. El esperar pacientemente aún cuando no veamos la solución a los problemas que estamos confrontando es demostración de fe. El centurión trajo sus problemas a Jesús, y dejó que el Señor dirigiera todo porque creyó en la todo-suficiencia de su poder y en su infinita bondad y compasión.

La fe debe producir una real humildad en quien la posee. La fe es más grande cuando tenemos un concepto más claro respecto a nuestra propia indignidad. El caso del fariseo y el publicano ilustra bien esta cuestión. El fariseo se enorgullecía de su religiosidad, mientras que el publicano se dolía de su pecado e indignidad. El fariseo reclamaba una deuda; el publicano rogaba un favor. Oremos con humildad al Señor y repudiemos todo pensamiento orgulloso que nos asalte, no somos dignos de nada. Todo lo que recibimos, lo recibimos de gracia y por la misericordia del Señor.

Vimos que el centurión demostró tener un claro y elevado concepto de la soberanía y el poder de Jesús, como consecuencia de su meditación en Él. Para no distraernos de nuestra confianza plena en nuestro Señor, y para no caer en la contemplación de pensamientos malos y pesimistas, debemos meditar en la toda suficiencia de Cristo, nuestro Señor, nuestro Dios. Dios dijo a Abraham cuando hizo pacto con él: “Yo soy el Dios todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1). Abraham debía meditar constantemente en el poder de Dios mientras anduviera en la tierra, para estar firme, a pesar de los muchos peligros de su peregrinar aquí.

[…] Podemos además agregar -a la luz de este pasaje- que tener un apropiado sentido del principio de autoridad es un fruto de la fe. El verdadero creyente guarda respeto a las autoridades que Dios ha instituido para gobernar los asuntos de los hombres. Puede apreciar aún en el reino animal ese orden que Dios Creador ha establecido en todas las esferas de existencia de las criaturas. Sólo el hombre pecador se rebela contra este orden. Pero nosotros, los que profesamos fe en el Señor Jesucristo y amor a Dios, debemos mostrar que este principio de autoridad está firmemente establecido en nuestra alma, porque respetamos las autoridades establecidas por Dios. Amén.» (8)

Cristo En El  Desierto

Ivan Kramskoy. Cristo en el desierto. 1872. Óleo sobre tela. La Galería Tretyakov, Moscú, Rusia.

Respecto a este tema de la fe, El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia comenta que es la Fe:

« [Fe es] aprobación que se da a alguna verdad, o confianza que una persona deposita en otra. Fe salvífica, por ejemplo, es la total confianza del hombre en Cristo. En la teología bíblica no hay palabra más importante. Es tema predilecto de los autores del Nuevo Testamento, especialmente Pablo y Juan, pero encuentra sus antecedentes también en el Antiguo Testamento. Las tres palabras (fe, fiel y creer) se hallan en el Antiguo Testamento aproximadamente setenta y cinco veces, y en el Nuevo Testamento más de seiscientas veces. En el Antiguo Testamento la palabra fe suele usarse con referencia a Dios: su fidelidad (Deut 7:9; Is. 49:7), sobre todo en guardar el pacto. La fe de los hombres tiene el sentido de una llana y entera confianza en Dios, como lo demostró Job (16:19s; 19:25–27; cf. Sal 37:3ss). El ejemplo predilecto de la fe es Abraham (Gen.15:6). Salió de Ur sin saber adónde Dios lo llevaba (Heb. 11:8); creyó que iba a tener un hijo pese a su avanzada edad (Gen 15:4–6); y cuando Dios le pidió sacrificar a ese hijo, no se opuso (Ro 4:16–18; Heb 11:17–19).

Los fieles del Antiguo Testamento, enumerados en Heb 11, anhelaban lo prometido, pero murieron sin conocerlo de cerca (vv. 13, 14, 39s). Esta esperanza y confianza se aclara y concreta en el Nuevo Testamento, cuando se declara que la única fe verdadera está siempre, aunque en distintas maneras, vinculada con Cristo (Hch. 4:13s; I Cor 3:11). El supuesto conflicto entre Santiago y Pablo con referencia a la fe versus las buenas obras es un concepto popular errado. Pablo no rechaza las buenas obras, ni Santiago la fe paulina. Ambos hablan de la fe de Abraham (Gál 3:6–12; Stgo 2:21–24). Compárese Stgo 2:14ss con Tit 1:16; 3:7s; II Cor 9:8; Ef: 2:8–10; etc. La fe encierra toda la vida nueva de los creyentes (Rom 3:27; 11:20; Col 1:23; Tit 2:2; I Pe.1:7). Significa también la virtud específica de mantener contacto con Cristo (I Cor 13:13; II Ti 1:13). Es la fe (acerca) de Cristo (Ro 3:22; Ef. 3:12). Es la fe en Cristo (Gál 3:26; Col 1:4). Se usa con la preposición griega eis con sentido de compenetración (Jn 14:12; Ef.1:15). La fe se basa sobre Jesús (Luc 24:25; Hch 9:42) y se relaciona directamente con la persona de Cristo (Jn 14:3; II Ti 1:12). En los Sinópticos la fe se dirige generalmente hacia la persona de Jesucristo, allí presente en la carne, y particularmente se refiere a la fe para salud (Mat 9:22). Al pasar la Iglesia a la edad postapostólica, cada vez más la fe significa el cuerpo oficial de doctrina (Jud 3:20). Entre estos extremos hallamos la enseñanza apostólica que puede apreciarse en los siguientes temas:

1. La fe se basa en el significado de un hecho histórico (Hch 17:3).

2. Es más que el acto de creer. (Los demonios también creen y tiemblan, según Stgo 2:19). Es la participación en la vida de Jesús (I Jn 2:6).

3. Es el resultado del impacto de la gracia de Dios en nuestras vidas. “Dios nos amó» este es el punto de partida para el desarrollo de una nueva experiencia de vida “(Jn 3:16).

4. Pero más que una decisión momentánea, la fe es un clima espiritual, un modo nuevo de vivir (II Cor 7:7; Ro 11:20).

5. La fe es indispensable para la Justificación. Cristo inmolado en la cruz efectuó la salvación de la humanidad. Sin embargo, el hombre debe ser receptivo al significado de aquel acontecimiento. El acto fundamental del amor de Dios espera una respuesta de los hombres. La fe es esa respuesta. Por nuestra fe somos justificados (Ro 1:17; 5:1ss; Gál 2:16).

6. La fe se vincula siempre con la Gracia. El mensaje de la cruz (la capacidad de responder a él) no tiene requisitos de santidad, conocimiento, buenas obras, etc. No son los poderosos ni los sabios los que se salvan (Mat 11:25; I Cor 1:18–31; 2.14). Puesto que el espíritu del incrédulo está muerto, no puede responder si no es por la gracia (Ro 4:16; Ef. 2:8s).

7. Cristo es el autor y consumador de la fe (Heb 12:2) y obra fe en nosotros por su Espíritu Santo. El Espíritu vivifica a la persona que es justificada por la fe. Ya no anda conforme a la carne sino conforme al Espíritu, en novedad de vida (Jn 6:63; Ro 7:6).» (9)

Otro hecho de fe que agradó al Señor fue el de al mujer enferma de flujo de sangre

“En esto, una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto, porque se decía a sí misma: “Con solo tocar su manto, seré salva”. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: –Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.” (Mat. 9:20-22 RVR 1995)

El caso de la mujer cananea (siro fenicia) es más que elocuente. Una pobre mujer iba detrás de Jesús rogando por la salud de su hija. Él Señor Jesús parecía ignorarla y fingía que no escuchaba:

“Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región comenzó a gritar y a decirle: –¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaron diciendo: –Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros. Él, respondiendo, dijo: –No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo –¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: –No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros. Ella dijo:

–Sí, Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces, respondiendo Jesús, dijo: –¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (Mat. 15: 22-27).

La historia tuvo un buen final al ser curada la hija de esta mujer por el Señor Jesús. Jesús actuó en un principio como judío, aparentando despreciar a la mujer, seguramente para que la enseñanza entre mejor en la mente de los discípulos, pero la misericordia de Jesús al final fue más fuerte que cualquier otra cosa. Y le sanó su hija, al ver la fe de esta mujer, que era grande.

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha por mano de hombre, sino por la circuncisión de Cristo, en la cual sois despojados de vuestra naturaleza pecaminosa. Con él fuisteis sepultados en el bautismo, y en él fuisteis también resucitados por la fe en el poder de Dios que lo levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz. Y despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Por tanto, nadie os critique en asuntos de comida o de bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados. Todo esto es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. Que nadie os prive de vuestro premio haciendo alarde de humildad y de dar culto a los ángeles (metiéndose en lo que no ha visto), hinchado de vanidad por su propia mente carnal, pero no unido a la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. Si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: “No uses”, “No comas”, “No toques”? Todos estos preceptos son solo mandamientos y doctrinas de hombres, los cuales se destruyen con el uso. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, pues exigen cierta religiosidad, humildad y duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.” (Col. 2:8-23 RVR 1995)

Notas:

1. La Vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Pág. 191, Tomo 2, Alfred Edersheim, Edit. Clie.

2. Portal de la fe evangélica reformada, Salvación Eterna, documento electrónico titulado “LA MALDICIÓN DE LA HIGUERA ESTÉRIL”: www.salvacioneterna.com/maldicion_higuera_esteril.pdf

3. El portal del Centro de Investigación White (CIW) de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD), ubicado en la Universidad Adventista del Plata (UAP),en un documento electrónico del capitulo 64 del libro “El Deseado de las Naciones”, de Elena G. de White. http://centrowhite.uapar.edu/quienegw/DTG/Libro,%20DTG,%2064.htm

4. Portal del seminario evangélico Reina Valera http://www.seminarioabierto.com/tiempos21.htm

5. Portal de la fe católica Sociedad, cultura y Religión,

http://www.sc-religion.com/html//modules.php?name=Sections&op=viewarticle&artid=59

6. http://www.kolisraelorg.net/neshama/documentos/anti/siervo_sufriente_de_d.htm

7. http://www.bless.cl/?p=82

8. http://cristo.org/esteva_07.html

9. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

El Evangelio según Juan Luis Guerra…

Entremezclada en las canciones de su álbum ‘Para Ti”, subyace la visión religiosa de Juan Luis, y como este aproxima la teología de lo divino. Una visión y una teología que buscan en la Biblia su razón de ser y su existencia. En comentarios hechos al través de entrevistas, podemos deducir un poco también los hilos que tejen el fundamento general de esa fe.
Juan Luis Guerra
A continuación nos enfocaremos brevemente en 3 aspectos de lo que hemos querido llamar el Evangelio Según Juan Luis Guerra.

1…Creer en Dios y Conocerle.

En Don Francisco presenta, dijo: “Antes yo creía en Dios pero no le creía a Dios”. En su país, casi el 90 % de sus habitantes dice creer en Dios, pero cuando se ahonda mas en las razones que sustentan esa creencia, pocos pueden decirlas o explicarlas. Juan Luis habla aquí de creer en Dios no solo como un simple reconocimiento de que el es ‘el gran yo soy”, sino como un verdadero conocimiento de su naturaleza, la búsqueda continua de una mejor y mayor experiencia personal con El. (…)

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