Modelos históricos de articulación entre la fe y la razón

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Jesús le Enseñó a Sus Discípulos que la Fe es un Don de Dios

Lástimosamente existen muchos creyentes que afirman que la salvación es un regalo de Dios, sin embargo, argumentan que ese regalo le es dado sólo a aquellas personas que responden con fe al llamado divino de creer en Jesucristo. La salvación es, para estos creyentes, un ofrecimiento universal, pero la fe es condicional. Más importante de destacar es que esa condicionalidad no es dada por Dios, quien desea salvar a toda la humanidad por igual, sino por el mismo hombre, quien tiene la capacidad de creer o no en Jesucristo.

Digo que esto es una verdadera lástima porque estas personas no se dan cuenta de sus inconsistencias, y peor aún, no se dan cuenta del ultraje que le causan al caracter de Dios. Creen que sus argumentos están basados en pasajes bíblicos, y por ello sienten que es su deber continuar apoyando doctrinas totalmente contrarias a las Escrituras. Por ejemplo, uno de sus textos básicos es Efesios 2: 8, el cual utilizan para decir que la salvación es el único regalo de Dios para los hombres, pero la fe es la consecuencia de ese regalo.

¿Fue Adán un individuo histórico real?

¿Fue Adán un individuo histórico real?
Luego continuamos con escatologia.Aprovecho este post para colocar un articulo muy interesante,sobre Adan, el de la biblia, el que los evolucionistas no creen que existio,ya que ellos creen que provenimos de un antecesor comun,alguna especie de mono.

Posted: 23 Sep 2009 02:58 PM PDT

Dr. James Anderson

Dr. James Anderson

El 12 de septiembre, la Wilberforce Fellowship publicó un video del Dr. Tremper Longman III llamado “¿Existe un Adán histórico?” En este video Longman expresó sus dudas sobre la existencia de Adán como un personaje histórico, sugestión que va contra la interpretación histórica del evangelicalismo y que trajo algunas respuestas de teólogos consevadores. Una de estas respuestas fue escrita por el Dr. James Andreson, profesor de teología y filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Estados Unidos, en su blog. A continuación está mi traducción del artículo del Dr. Anderson.

En un video clip que sin duda traerá discusión en la blogósfera evangélica, el Profesor Tremper Longman III expresó dudas acerca de si los primeros capítulos de Génesis nos deben llevar a pensar que Adán fue un individuo histórico real (en el mismo sentido que Jesús, dice, fue un individuo histórico real). No voy a comentar aquí la visión particular de Longman o sus razones para su afirmación, sólo voy a ofrecer doce razones preliminares del porque la visión evangélica de la Biblia nos obliga a creer en la existencia de Adán como un individuo histórico real.

1. Para comenzar, el género literario básico de Génesis 1-4 es el de narrativa histórica (opuesta de, por ejemplo, poesía, código legal o apocalíptico). Esto no quiere decir que aquellos capítulos no pueden contener lenguaje figurado; muchos estudiosos conservadores del AT afirmaría que de hecho lo contiene. Pero esto implica que aquellos capítulos (como el resto de Génesis) fueron escritos por el autor con la intención de reportar eventos importantes en el espacio-tiempo histórico. Como tal, debería haber la fuerte presunción de que el Adán de los capítulos 1-4 no es menos una figura histórica real que el Abraham de los capítulos 12-25.

2. Los primeros cinco versículos de Génesis 5 no sólo describen eventos en la vida de Adán, ellos contienen datos numéricos específicos de esos eventos. Lo que sería extraño si el autor no considerara a Adán como una figura histórica real. (¡Este punto se aplica igualmente para el autor humano como el divino!) Por ejemplo, se nos dice que Adán vivió 930 años. ¿Por qué alguien podría hacer una afirmación de un hecho tan preciso acerca de la vida de cierto individuo si el individuo en cuestión nunca vivió realmente? (Ref. Gén. 25:17; 50:26; Num. 33:39; Deut. 34:7; Jos. 24:29; etc.)

3. El autor de Génesis presenta el libro como una descripción histórica perfectamente integrada. No existen pasos obvios entre una narrativa no histórica a una narrativa histórica. Es más, somos enfrentados con una serie de secciones narrativas, todas introducidas con alguna variante de la fórmula “Estas son las generaciones de…” (Gén. 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:19; 36:1, 9; 37:2). La implicación es que Adán y Eva no son menos figuras históricas que Noé, Sem, Abraham, Ismael, Isaac, Esaú y Jacob.

4. Adán es mencionado en la genealogía de 1 Crónicas 1. La presunción es que Adán es tan individuo histórico como la demás gente que aparece en la genealogía. Una cosa a conceder (como muchos estudiosos conservadores del AT harían) es que existen espacios en las genealogías del AT; las palabras hebreas para ‘padre’ e ‘hijo’ ciertamente permiten aquello. Lejano a eso es sugerir que estas genealogías se deslizan imperceptiblemente entre no históricas e históricas.

5. La interpretación de Oseas 6:7 está en disputa, pero un buen caso puede ser ofrecido al tomar a ‘Adán’ como una referencia al primer ser humano, en lugar del nombre de un lugar o como ‘humanidad’, lo que toma sentido en el contexto. (Las notas en la Biblia de Estudio ESV resumen la racionalidad de esta lectura.) Sería tonto descansar sobre este versículo; pero por otro lado, no puede ser menospreciado. Si esta es de hecho la lectura correcta, presta un gran apoyo al caso preliminar sobre el Adán histórico.

6. La genealogía de Jesucristo dada en Lucas 3:23-38 traza todo El camino de vuelta a Adán. Aunque parece que la genealogía no está completa (ni pretende estarlo), es difícil creer que Lucas podría haber aceptado la idea que su lista mesclara lo histórico con lo no histórico. ¿Si Adán no fuera un individuo histórico, no minaría el punto de Lucas, a saber, que Jesús es la segura esperanza para todo ser humano, tanto judíos como gentiles? ¿Cómo podría una genealogía parcialmente ficticia llevar a un punto teológico verdadero?

7. En Mateo 19:3-9, como respuesta a la pregunta acerca del divorcio, Jesús refiere a los fariseos de vuelta al relato de la creación de Adán y Eva en Génesis 1-2. Jesús toma como garantizado que el relato de Génesis describe un evento e individuos históricos reales. ¿Si la pareja de esposos paradigmática nunca existió no dejaría sin sentido el argumento de Jesús?

8. En Romanos 5:12-21, Pablo bosqueja su famoso paralelo entre Adán y Jesús. La transgresión de ‘un hombre’ (Adán) trajo juicio y muerte, pero la obediencia de ‘un hombre’ (Jesús) trae justicia y vida. Si Adán no existió realmente, el paralelo de Pablo – sobre el cual depende su argumento teológico – se caería.

9. En el mismo pasaje, Pablo afirma que “reinó la muerte desde Adán hasta Moisés” (versículo 14). Pablo claramente se refiere a un periodo específico de la historia de la humanidad; pero si Adán no fuera una figura histórica real, entonces no existe tal periodo, en cual caso la afirmación de Pablo falla en su referencia (y por lo tanto falla en expresar una verdad).

10. El paralelo de Pablo entre Adán y Cristo reaparece en 1 Corintios 15:21-22 (también en el versículo 45). La misma consideración de Romanos 5:12-21 se aplica aquí. Si el pecado de Adán no es un evento histórico, el argumento de Pablo falla.

11. En 1 Timoteo 2:12-14, Pablo se refiere a detalles específicos acerca de la creación y caída de Adán y Eva para apoyar su instrucción acerca de la enseñanza de la mujer en la iglesia. La coherencia del argumento paulino depende crucialmente de la historicidad del evento al cual apela.

12. Judas 14 alude a “Enoc, séptimo desde Adán”; es una presunción razonable que el autor de Judas veía tanto a Enoc como a Adán como individuos históricos. Sí, entiendo que surgen complicaciones con el uso de Judas del libro pseudoepigráfico 1 Enoc, y yo no podría querer poner más peso en este punto que el de la interpretación de Oseas 6:7, pero los evangélicos deberíamos mantener en la mente tres simples puntos: (1) toda la Escritura es verbalmente inspirada; (2) Judas es escritura; y (3) el autor de Judas no estaba obligado a mencionar que Enoc era el “séptimo desde Adán”.

Tomados juntos, estos doce puntos añaden un fuerte caso preliminar para la visión cristiana tradicional de que Adán fue un individuo histórico real. Cualquier erudito que sostenga la autoridad e inerrancia de la Escritura, pero niegue estos puntos, tendrá un montón de cosas por explicar. Si todos tenemos que lidiar con los primeros capítulos de Génesis, apelar a género y otras consideraciones literarias puede proveer suficiente agitación. Pero las doce observaciones de arriba indican que la historicidad de Adán es un cordón permanente en la historia, teología y ética bíblica. Tira ese cordón y, tarde o temprano, todo el tejido se desarmará.

Reformado reformándome

Argumentos de la existencia de Dios V

Argumentos de la existencia de Dios V – La Fe

Canto de San Juan de al Cruz:

«Casi todas estas estrofas (salvo la última) las compuso San Juan de la Cruz en la cárcel conventual de Toledo, entre diciembre de 1577 y agosto de 1578. Tenía 35 años. En efecto, estando en la cárcel y comenzando a cantar aquella canción: Adonde te escondiste, Amado, le pareció que le había hablado Dios y le había dicho: Aquí estoy contigo. Yo te libraré de todo mal. Esto le consoló tanto que le parecía estaba en la gloria.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura,
su hermosura.

Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero,
peno y muero.

¿Adonde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido,
salí tras tí clamando y eras ido,
y eras ido.

Y todos cuantos vagan
de tí me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no se qué que quedan balbuciendo,
balbuciendo.

Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia
de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura,
la figura.»[0]

La fe en Dios.

«¿Cómo sé que existe Dios? Yo sé que Dios existe porque hablo con El todos los días. No lo escucho hablándome con voz audible, pero siento Su presencia, siento Su guía, conozco Su amor, deseo Su gracia. Han ocurrido cosas en mi vida que no tienen otra explicación posible sino Dios. Dios me ha salvado tan milagrosamente y ha cambiado mi vida que no puedo sino reconocer y alabar Su existencia. Ninguno de estos argumentos en sí, pueden persuadir a alguien que rehúsa reconocer lo que es tan claro. Al final, la existencia de Dios debe ser aceptada por fe (Hebreos 11:6 ). La fe en Dios no es un salto ciego a la oscuridad, este es un paso seguro a una habitación bien iluminada en donde ya se encuentra el 90% de la gente.»[1]

EL SENTIMENTALISMO Y EL FIDEÍSMO.

«El escocés Tomás Reid sostenía que la certeza de nuestros conocimientos se basa en una especie de sentido común, en algo así como un impulso ciego que nos fuerza a admitir determinadas verdades fundamentales, entre las que está la existencia de Dios. El alemán Jacobi sostuvo a principios del siglo xix su filosofía del sentimiento —una mezcla de estado afectivo y fuerza cognoscitiva— el cual percibiría con una especie de intuición la existencia de Dios.

Crítica: Ni por el camino del sentimiento, ni por la vía de la fe puede intentarse una prueba racional de la existencia de Dios, precisamente por eso: porque no sería racional. Nuestra naturaleza racional exige para cualquier aseveración científica, con mucha más razón si se trata de la existencia de Dios, una prueba que intelectualmente convenza. Aunque es verdad, como decía el cartaginés Tertuliano, que el alma es naturalmente cristiana, de modo que naturalmente nos inclinamos a aceptar la existencia de Dios, también es verdad que la inteligencia no se aquieta hasta tanto no logre adquirir la certeza racional, es decir, fundada en pruebas intelectuales, de que Dios existe.»[2]

LA FE: LA GRACIA Y EL DON

«Hay una diferencia notable entre la gracia de la fe y el don de la fe, y temo que el no percatarse de esta diferencia, y el no obrar de acuerdo con ello, ha conducido a muchas personas a las tinieblas, y es posible que algunos hayan llegado hasta abandonarla, arrojándose en la negra noche de la incredulidad.

La gracia de la fe es aquella que le es dada a todo hombre para que trabaje con ella, y por medio de la cual podemos acercarnos a Dios.

El don de la fe es el que se nos da por medio del Espíritu Santo, cuando llegamos al punto en que hemos empleado, con toda libertad, la gracia de la fe.

El hombre que está ejerciendo la gracia de la fe, dice: “Creo que Dios me bendecirá”, y busca a Dios con todo el corazón, tanto en privado como en público. Escudriña la Biblia para enterarse de la voluntad de Dios. Habla con otros cristianos acerca de las relaciones entre Dios y su alma. Carga con todas las cruces y, al fin, cuando llega al límite de la gracia de la fe, Dios, repentinamente, por medio de alguna palabra de las Escrituras, por medio de algún testimonio o alguna meditación, le concede el don de la fe con la que puede llegar a obtener las bendiciones que ha estado buscando. Después de eso no vuelve a decir: “Creo que Dios me bendecirá”, sino que exclama: “Creo que me bendice. Entonces el Espíritu Santo testifica de que ha recibido las bendiciones y por eso exclama lleno de júbilo: “¡Sé que Dios me bendice!” Después de eso no le dará gracias a un ángel para que le diga que ha recibido esas bendiciones, pues él sabe que las ha recibido, y ni hombres ni demonios pueden privarle de esa certeza. En realidad, lo que he llamado aquí el don de la fe, podría llamarse (y probablemente hay quienes le den ese nombre) la certeza de la fe. Pero no es el nombre, sino el hecho, lo que importa.

El peligro yace en querer recibir el don de la fe, antes de haber ejercido la gracia de la fe. Por ejemplo: un hombre busca la bendición de un corazón limpio, y dice: “Creo que se puede obtener dicha bendición, y creo que Dios me la dará”. Si cree así, debiera buscar la santidad inmediatamente, pidiéndole a Dios que le dé la bendición y, si persevera buscándola, seguramente la encontrará. Pero si alguien le hiciese reclamar la santidad antes de haber luchado contra las dudas y dificultades con que ha de encontrarse por medio de la gracia de la fe, y antes que Dios le haya concedido el don de la fe, es muy probable que será arrastrado por algunos días o semanas, y luego retrocederá y tal vez ‘llegue a la conclusión de que no es cierto eso de la bendición de un corazón limpio. A tal persona se le debiera amonestar, enseñar, exhortar y estimular a que la busque hasta tener la seguridad de haberla obtenido.

O, supongamos que estuviere enfermo, y que dijere: “Hay personas que han estado enfermas, y Dios las ha sanado, yo creo que él me sanará a mí también”. Teniendo esta fe debiera buscar la salud pidiéndosela a Dios. Pero si alguien le persuadiese a que reclame la salud antes de haber luchado con las dificultades que se le oponen, por medio de la gracia de la fe, y antes que Dios le hubiese concedido el don de la fe por medio de la cual ha de recibir la salud, es probable que se baje arrastrando del lecho de enfermedad y que esté levantado unos días, pero no tardará en darse cuenta de que no está sano; se desalentará, y podrá suceder que hasta se atreva a decir que Dios miente, y es muy posible que diga también que no hay Dios, y que a partir de esa fecha no vuelva a creer más en nada.

O, supongamos que se trate de un oficial salvacionista, o de un ministro del Evangelio, que siente vivos deseos de ver almas salvadas, y que razone consigo mismo, arribando a la conclusión de que Dios quiere que se salven las almas. Entonces dirá: “Yo voy a creer que esta noche veremos veinte almas salvadas”. Mas llega la noche y no se salvan las veinte almas. Se pregunta en seguida cuál será la causa; el Diablo le tienta y le hace tener dudas, y es probable que, a fin de cuentas, caiga en la incredulidad.

¿Dónde estaba la dificultad? La razón yace en que dijo que iba a creer antes de haber meditado detenida y sinceramente, contendiendo con Dios por medio de la oración, y de haber oído la voz de Dios que le asegurase que veinte almas se iban a salvar. “Dios… es galardonador de los que le buscan”.

Pero, alguien preguntará: “¿No debemos exhortar a los que buscan, para que crean que Dios es quien hace la obra?”.

Sí, si están seguros de que le han buscado con todo el corazón. Si están seguros de que han ejercitado la gracia de la fe y han rendido todo a Dios; en tal caso ustedes deben instarles, tierna y fervorosamente, a que confíen en Jesús; pero si no estuviesen seguros de esto, tengan cuidado de no urgirles a reclamar una bendición que Dios no les ha dado. Sólo el Espíritu Santo sabe cuando una persona está en condiciones de recibir el don de Dios, y él notificará a ésta cuando ha de ser bendecida. Tengan cuidado, pues, de no querer hacer la obra que corresponde al Espíritu Santo. Si ustedes prestan demasiada ayuda a los que buscan, tal vez mueran en las manos de ustedes, pero si ustedes andan cerca de Dios, con espíritu humilde y consagrados a la oración, él les revelará lo que deben decir a dichas personas a fin de serles de ayuda.

Nadie debe suponer, sin embargo, que sea necesario ejercer mucho tiempo la gracia de la fe antes que Dios nos dé la certeza. Uno puede obtener la bendición casi al instante, si la pedimos con corazón perfecto, fervorosamente, sin ninguna duda y sin impacientarnos. Pero, como dice el profeta: “Aunque tardare (la visión), espérala, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3). “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37). Si la bendición tardase en llegar, no piensen que por el simple hecho de tardar, se les deniegue; sino, como la mujer sirofenicia que acudió a Jesús, sigan pidiendo con toda humildad de corazón y con fe firme. No tardará él en decirles a ustedes con amor: “¡Oh hombre, oh mujer, grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres!»[3]

  • “No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
  • “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan “(Heb. 11:6).
  • “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Heb. 10:36, 37).
  • Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Heb 11:5.)

Conclución:

Aunque este método no es puramente intelectual ni racional, no significa tampoco que no sirva para alguien que sinceramente busca conocer a Dios. No debe ser descartado por irracional. La fe es un conocimiento también, una certeza absoluta.

«Es una vida de fe lo que agrada a Dios. Hoy, por lo tanto quiero tener esa vida de fe. Entiendo que fe es confianza, rendición y dependencia absoluta en el creador.

Hoy no puedo bastarme a mi mismo…Pero es en mi debilidad que su gracia me basta.

Que hace una persona que tiene fe? El verso 6 de Hebreos 11 lo dice. Es necesario que el que acerca a Dios. La primera cosa que hace alguien con su fe…es que se acerca a Dios. Hoy, quiero acercarme a Dios y beber de su fuente…porque sin su agua..muero de sed.

Crea que le hay… La segunda cosa que hace uno que agrada a Dios es que cree que Dios Es y está ahora a su lado…..Porque se acerca a Dios es que termina convencido que Dios es y esta a su lado. Hoy quiero vivir convencido de que Dios es y está a mi lado.

Que es galardonador . La tercera cosa que hace uno que agrada a Dios, porque vive en fe….es que cree que Dios galardonador de los que le buscan….Sí, el que se acerca Dios..termina convencido que él es y esta y descubre que Dios galardona a quienes le buscan….Le galardona con su presencia. »[4]

¿Es la fe un conocimiento?

Francisco La Cueva explica que la fe “es un conocimiento realista[5]:

«El hecho de que el creyente alcance a saber, con certeza, de Dios por fe, no quiere decir que la fe sea un acto de intuición arracional, de ciego presentimiento de la oscuridad. La fe no nos muestra a Di0s racionalmente, pero nos lo muestra razonablemente. En otras palabras, la fe es también un acto vital de nuestra facultad mental, es un conocimiento. Un conocimiento que no sólo supera la calidad de los demás conocimientos, puesto que implica un «saber de salvación» que es ajeno a la Ciencia como tal, sino que perfecciona toda la óptica espiritual del hombre. A la luz del Dios revelado como Hacedor, Salvador, Redentor, Glorificador del hombre, todas las cosas y la vida misma, sin perder su naturaleza, cambian totalmente de perspectiva. Los grandes interrogantes del hombre hallan respuesta y solución. Todo se ilumina y todo se hace capaz de ser amado, porque todo se ve a la luz de Dios.»[6]

«El hecho de que la fe nos introduzca en el conocimiento de Dios por la vía del corazón («con el corazón se cree para justicia» —Rom. 10:10—), hace de la fe una entrega antes que una mentalidad. Es algo semejante a lo que los teólogos medievales llamaban «conocimiento por connatu amor que se tiene al objeto conocido. En efecto, aunque sea la mente la que capta la luz, es el corazón el que abre las ventanas al. sol de la verdad. Por eso, dijo el Señor Jesucristo a los judíos que se negaban a recibir Su mensaje: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta.”  (Jn. 7:17). Por eso, el creer, que es entregarse, precede o acompaña siempre al conocer salvífico que el Nuevo Testamento presenta: «Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente»; así dice Pedro, según el Evangelista del Creer y el Amar (Juan 6:69).
Sin este conocimiento salvífico, experimental, de Dios, de nada sirve toda la erudición teológica o exegética. También en este sentido, puede decirse que «el conoci­miento envanece, pero el amor edifica» (1.a Cor. 8:1). Es así como la luz de Cristo aparece como «sabiduría de Dios» (1.a Cor. 1:24, 30). Si no se tiene este conocimiento cordial de lo divino, se es «nada», aunque se entiendan todos los misterios y se conozca toda ciencia (1.a Cor. 13:2). ¿Quién sabe mas teología que Satanás? ¿No se sabe la Biblia de memoria, hasta poder citársela al mismo Jesús? (Sal. 91:11, callándose lo de «en todos tus caminos», en Luc. 4:10, 11, por ejemplo). Sin embargo, su conocimiento de Dios le sirve de mayor condenación: «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan», dice Santiago refiriéndose a una fe falsa, es decir, muerta en sí misma por falta del amor en que la fe se hace operante (cf. Gal. 5:6).»[7]

Oración sugerida:

El Dr.Serafin Contreras Galeano[8], conferencista internacional,nos sugiere la siguiente reflexión y oración:

«Hoy, quiero terminar convencido que Dios galardona a quien le busca…Pero lo más importante no son los galardones..sino el galardonador. No importa las experiencias que tenga que enfrentar si mantengo mi confianza absoluta en Dios…..esa fe me llevará a acercarme a Dios, el acercarme a Dios me persuadirá que Dios es y está…..y una sonrisa brillará en mis labios, porque experimentaré en mi mismo que Dios es galardonador de los que le buscan.

Señor…Tus ojos se fijaron en la tierra y contemplaron con amor a Enoc….Por ello decidiste llevarlo para que estuviera contigo por la eternidad…la vida de Enoc te agradó. Pero hoy, soy yo el que quiere tener una vida que te agrada. Me has dado la fe como un don….Por ello disfrutando ya de lo que me has dado….decido acercarme a ti y en tu presencia terminaré convencido que Eres y estas y con alegria saldré de tu presencia porque se que eres galardonador de los que te buscan. Gracias por su amor.
En el Nombre de Jesus. Amen.
»[9]

Notas

[0] Canto de San Juan de la Cruz,Mil gracias derramando,http://www.comayala.es/Canciones/milgracias.htm

[1] A.H.Yetter, Principales doctrinas bíblicas vol. 1 Cursos por correspondencia,p.21, Publicación la Biblia dice, Quito, Ecuador

[2]Hebe H. R Vidal, Fundamentos de Filosofía, p.94-95, libreria Huemul, 1970,Bs.As, Argentina

3.http://wesley.nnu.edu/espanol/auxilios/auxilios16.htm

4. Serafin Contreras ,http://www.renuevodeplenitud.com/contenidos/Delicados_P.php?id_cont=46

5. Gilson afirma que “todo pensador cristiano es realista” ,Gilson, Étienne, El Espíritu de la Filosofía Medieval , Madrid, Rialp, 1981, págs. 232 y 233,cita en http://mujercristianaylatina.wordpress.com/2009/04/06/el-realismo-teologico-agustiniano-en-su-teoria-del-conocimiento-2/

6. Francisco La Cueva, Curso de Formación teológica evangélica Tomo II, Un Dios en Tres personas,p. 38,ed. Clie,1989, Barcelona, España.

7.

8. El Dr.Serafin Contreras Galeano, conferencista internacional,Graduado en el Instituto Bíblico Cuadrangular de Venezuela en 1969, certificado en Misiones y Educación Cristiana en el Seminario ESEPA de San Jose, Costa Rica , Bachiller en Teología de la Universidad Nazarena de San Jose, Costa Rica,Master en Consejería Bíblica y Master en Ministerio Pastoral de Masters Divinity School de Indiana, Doctor en Estudios Biblicos de Master?s Divinity School de Indiana. Certificado en Ministerio a Matrimonios, Sexualidad Saludable y Cuidando los Ninos a la Manera de Dios por Light Univsersity de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, Miembro activo de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos, Coordinador Regional de Misiones Cuadrangulares en Centroamérica y Miembro del Comité de Consejeros del Compañerismo Mundial Pentecostal. Ha desarrollado trabajo de ministración con grupos católicos y evangélicos en América Latina, fue director de emisoras seculares por 15 anos, 16 anos como misionero en Centroamérica para Foursquare Mission International.Actualmente trabaja como misionero, consejero y director productor de programas radiales “Enfoque Internacional” y “En Lugares de Delicados Pastos” que se transmiten en 86 emisoras de América Latina, Escritor de articulo para Revistas Apuntes Pastorales, Conquista Cristiana y otras.  Junto con su Esposa Alva dan Seminarios de Matrimonio, Familia y Liderazgo en Estados Unidos, Centro y Sur America. http://www.renuevodeplenitud.com

9. Serafin Contreras ,http://www.renuevodeplenitud.com/contenidos/Delicados_P.php?id_cont=46

En mi nombre hablarán nuevas lenguas (IV)

En mi nombre hablarán nuevas lenguas (IV)

Hola:

Dios te bendiga. Gracias por interesarte en este estudio. Deseo sinceramente que lo halles de utilidad y de bendición para tu vida espiritual y que puedas hallar las respuestas que estás buscando.

Esta es la cuarta nota de una serie de 4 artículos sobre En mi nombre hablarán nuevas lenguas .

Gracias nuevamente por interesarte.

Paulo Arieu

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Siga la serie:

Las palabras están ahí, para explicar el significado de las cosas, de manera que el que las escucha, entienda dicho significado.” — Aldous Huxley (novelista inglés)

Datos Históricos:

  

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De la lectura del libro “En los Postreros días”, considero las siguientes conclusiones extraídas: «La Iglesia del Nuevo Testamento había sido verdaderamente una Iglesia carismática, según lo confirmaba el libro de los Hechos de los Apóstoles. También era claro que la Iglesia primitiva retuvo sus dones originales y su poder pentecostal en el largo período de lucha y de persecución antes del triunfo del cristianismo en Occidente bajo Constantino. Sin embargo, después de lograr aceptación y poder, la Iglesia comenzó a experimentar cada vez menos el poder milagroso de la Iglesia primitiva, y se volvió más y más ritualista, adoptando expresiones sacramentales de la fe.

El movimiento de renovación montanista del período 185-212 d.C. representó un intento por restaurar los carismas a la iglesia. A pesar de algunos éxitos iniciales, en los cuales las lenguas y la profecía fueron restauradas entre los seguidores de Montano, el movimiento fue finalmente condenado por la Iglesia. La causa principal de este rechazo no fue la presencia de los carismas, sino los reclamos de Montano de que las expresiones proféticas eran de igual valor que las Escrituras.

Muchos tienen la impresión de que la Iglesia reaccionó contra el montanismo afirmando que los carismas más sensacionales, aun cuando los había experimentado la Iglesia apostólica, habían sido quitados después que estuvo completo el canon aceptado de las Escrituras. Esta opinión fue expresada por Agustín y respaldada por los eruditos de los siglos siguientes. Respecto de las lenguas como evidencia de la recepción del Espíritu Santo, Agustín dijo:

“En el comienzo de la Iglesia el Espíritu Santo cayó sobre los creyentes, y ellos hablaron en lenguas que no habían aprendido, según el Espíritu les facultó para hacerlo. Era una señal apropiada para la época: todas las lenguas del mundo eran una significación adecuada del Espíritu Santo, por cuanto el evangelio de Dios habría de ser difundido por medio de toda lengua en todas partes del mundo. La señal fue dada y luego dejó de ser. Nosotros ya no esperamos que aquellos sobre los cuales se imponen las manos reciban el Espíritu Santo con el’ acompañamiento del hablar en lenguas. Cuando nosotros retiramos nuestras manos de sobre estos “infantes”, los miembros recién nacidos de la Iglesia, ninguno de ustedes (pienso yo) miró para ver si hablarían en lenguas, o viendo que esto no ocurría, tuvo la perversidad de decir que no habían recibido el Espíritu Santo, pues si lo hubieran recibido, hubieran hablado en lenguas como ocurrió en el principio.”

Del mismo modo para todos los otros dones extraordinarios del Espíritu, la teoría de la “cesación” de Agustín fue de una gran influencia sobre las generaciones de teólogos subsiguientes: “Algunos preguntan: ¿Por qué no ocurren los milagros en la actualidad, tal como ocurrió en los tiempos antiguos? Yo podría responder que éstos eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, con el fin de ganar la creencia del mundo.”La reacción contra el montanismo, que condujo a la creencia de que los carismas habían concluido con la era apostólica ha seguido hasta los tiempos modernos. Aun cuando la Iglesia Católica Romana dejó la puerta abierta a los milagros en la vida de ciertos santos (de algunos de los cuales se dice que habían hablado en lenguas y que habían realizado algunos milagros de sanidad), la Iglesia manifestaba una tendencia cada vez mayor a enseñar que los milagros de la era apostólica concluyeron con la Iglesia primitiva. Con la institucionalización de la Iglesia, los carismas menos espectaculares de gobierno, administración y enseñanza pasaron al primer plano como los dones más aceptables a disposición de la jerarquía.

Fue Juan Crisóstomo en el siglo cuarto el que presentó la expresión clásica del punto de vista de que los carismas habían cesado, en sus hornillas sobre 1 Corintios 12. Confesando su ignorancia sobre el asunto, escribió:

“Todo este pasaje es muy oscuro: pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de los hechos a los cuales se hace referencia y por la cesación de estos, siendo así que entonces solían ocurrir pero ahora ya no ocurren más. ¿Y por qué razón no ocurren ahora? Porque, miren ahora, también la causa de la oscuridad ha suscitado en nosotros otra interrogante, y es esta: ¿Por qué ocurrieron entonces y ahora ya no ocurren más?.. . Pues, ¿qué era lo que ocurría entonces? Todo el que era bautizado hablaba de inmediato en lenguas, y no solamente en lenguas, sino que muchos profetizaban, y algunos realizaban muchos milagros… pero lo que más abundaba entre ellos era el don de lenguas.”

La cesación de los carismas llegó a ser parte de la teología clásica de la Iglesia. Agustín y Crisóstomo fueron citados por incontables teólogos y comentaristas en los siglos que les siguieron. Dones como la glosolalia (el hablar en lenguas) llegaron a ser tan raros que la Iglesia olvidó la apropiada función que los tales cumplían en la comunidad cristiana. Con el paso de los años, el hablar en un idioma no aprendido por quien lo hablaba fue visto como evidencia de la posesión de un espíritu maligno más bien que del Espíritu Santo. En efecto, ya alrededor del año 1000 d.C. el Rituale romanum (Ritual romano) definía la glosolalia como la evidencia a simple vista dé posesión demoníaca. Pudiera haberse esperado que los reformadores, tales como Lutero y Calvino, hubieran restaurado los carismas a la Iglesia como la herencia común de todos los creyentes. Sin embargo, no sucedió así. Uno de los cargos presentados en contra de los reformadores por las autoridades católicas era que al protestantismo le faltaban milagros que confirmaran sus comienzos. Los teólogos católicos consideraban los carismas como la aprobación divina del comienzo de la Iglesia. Los católicos demandaban de Lutero y de Calvino señales y milagros que autenticaran que sus iglesias eran iglesias cristianas genuinas y ortodoxas. Lutero, Siguiendo la línea de pensamiento de Agustín y de Crisóstomo, respondió con el siguiente punto de vista respecto de las señales, milagros y dones del Espíritu Santo:

La paloma - S�mbolo del Esp�ritu Santo

El Espíritu Santo es enviado en dos formas. En la Iglesia primitiva fue enviado en forma manifiesta y visible. De este modo descendió sobre Cristo en el Jordán en forma de paloma (Mateo 3:16), y sobre los apóstoles y otros creyentes en forma de fuego (Hechos 2:3). Este fue el primer envío del Espíritu Santo; era necesario en la Iglesia primitiva, la que debía establecerse con señales visibles por causa de los Inconversos, tal como Pablo testifica en 1 Corintios 14:22. “Las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” Pero más tarde, cuando la iglesia había sido reunida y confirmada por estas señales, no fue necesario que continuara este envío visible del Espíritu Santo.

A través de los siglos, el cristianismo, en sus ramas católica romana y protestante, adoptó el punto de vista de que los dones espectaculares y sobrenaturales del Espíritu Santo habían terminado con la Iglesia primitiva, y que, al haberse completado el canon de las Escrituras inspiradas, nunca volverían a ser necesarios. La tradición mística católica siguió dando lugar a que algunos santos poseídos de “santidad heroica” ejercitaran algunos de los dones, pero tal santidad estaba reservada, en la mente de muchos, para los miembros del clero y para los religiosos (obispos, sacerdotes, monjes y monjas), no para las masas de cristianos comunes. Este punto de vista fue la sabiduría convencional de la Iglesia hasta el siglo diecinueve. Entonces los desarrollos histórico y teológico provocaron el comienzo de un extraordinario cambio de opinión en varios lugares, en forma notable en Inglaterra y Estados Unidos. » (1)

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«Crisóstomo, cuando él escribió contra el ambiente de la cultura pagana de su tiempo, comentó que sus ídolos,“aunque mudos en sí mismos, tenían con todo sus oráculos y profetas y augures, quienes aparentaban tener dones espirituales, como la pitonisa de Delfos; pero no se engañen —advirtió—, los dones de ellos se pueden distinguir fácilmente de los de nosotros» (2)

«Prácticamente, cada generación de la cristiandad ha testimoniado el desenvolvimiento de algún nuevo movimiento (bueno o malo) dentro de sus hileras. Los apóstoles tenían que guardar la verdad contra los judaizantes y del progreso del gnosticismo incipiente. La era pos-apostólica estaba llena de controversias y del desenvolvimiento de nuevos “ISMOS”: Docetismo, Cerintianismo, Eutiquianismo, Sabelianismo, Arrianismo, etc. San Agustín luchó contra el Pelagianismo. Aún en el período de la Edad Media vió la actividad de los Anabaptistas y la institución de las varias ordenes católicas romanas: (Agustinianos, Dominicanos, Franciscanos, Jesuitas etc.). En el siglo XVI eclodió la poderosa Reforma Protestante, con el desenvolvimiento subsecuente de los mayores grupos eclesiásticos (Luteranos, Anglicanos, Presbiterianos etc., y de los menores disidentes). Mas tarde, la cristiandad americana contribuyó con muchos grupos diferentes: Mormones, Campbelitas, Testimonias de Jehová, Adventistas del Séptimo Día, etc.).

El siglo XX también ha testimoniado su parte de nuevos desenvolvimientos. Un movimiento-clave ha sido el Pentecostalismo, con su énfasis sobre el Espíritu Santo y dones espirituales.

Este movimiento viene dividiendo todas las iglesias, aún las tradicionales que resultan en la formación de nuevas denominaciones a cada día. Este movimiento llegó al Brasil en 1.911, en la ciudad de Belém do Pará, por dos pastores suecos: Daniel Berg y Gunnar Vingren, ambos de la Iglesia Bautista de Chicago, Estados Unidos, los cuales, días después, fueron expulsos por el pastor bautista de Belém, por no aceptar esta nueva doctrina.

Queremos destacar aquí que estos dos pastores trajeron para Brasil la doctrina del don de lenguas, pero Gunnar Vingren, que era teólogo bautista, tuvo que estudiar portugués, mientras Daniel trabajaba para el sustento de ambos.

Cuando ellos fueron expulsos de la iglesia Bautista, muchas personas de la iglesia los siguieron. Y este grupo disidente formó una asamblea, conocida hoy como Asambleas de Dios, nacida en 1.911 (en Chile conocida con el mismo nombre). Casi que simultáneamente a estos acontecimientos, llegaba a Sao Paulo un italiano proveniente también de Chicago, llamado Louis Francescone que, a ejemplo de los otros dos, también tubo que estudiar portugués, después de haber fundado una asamblea solamente de italianos. El era presbiteriano y como la iglesia Presbiteriana también no lo aceptó con sus dones carismáticos, el procedió de la misma forma que los suecos, y fundó otra asamblea, que vino a ser la Congregación Cristiana de Brasil, también en 1.9ll (en Chile: “Congregación Cristiana de Chile).

En 1.950, surge en Sao Paulo mas un fenómeno proveniente también de los Estados Unidos, Harold Williams, cuyo énfasis estaba en las curas divinas. En esa época llegó a reunir mas de 200.000 personas en el “Vale do Anhangabaú” en Sao Paulo (pleno centro de Sao Paulo). Entre los oyentes estaba un albañil pernambucano, de la Asambleas de Dios, cuyo nombre era nada mas nada menos que el señor Manoel de Melo. Con tamaño entusiasmo, resolvió crear su propia iglesia. Y así nació la iglesia “Brasil para Cristo.” (en Chile: “Chile para Cristo”).

En el día 18 de mayo de 1.975, surge en el escenario cristiano en todo el mundo el movimiento Carismático dentro de la iglesia Católica Apostólica Romana. El son de lenguas y el canto carismático llenó la sólida nave de la vieja iglesia-madre del Catolicismo Romano. De los 25.000 que bloquearon la Basílica, cerca de 10.000 eran participantes de la tercera Conferencia Internacional de Renovación Carismática.

En ese día, el Papa Pablo VI venció una barrera fortísima de los Cardenales, que mucho habían hablado contra los ideales de Juan XXIII, que era la participación de los católicos en el movimiento ECUMENICO. Y este sueño del Papa Juan XXIII fue concretizado en el día 21 de noviembre de 1.964, cuando el Papa Pablo VI firmó el decreto sobre el ecumenismo. Y en ese mismo día, hizo una declaración proclamando “Maria la Madre de la iglesia, la madre de todos los fieles y de todos los pastores”. El movimiento carismático está invalidando la ortodoxia católica, mudando vertiginosamente las costumbres tradicionales de la iglesia. » (3)

Lo que sucedió en Pentecostés, es lo que profetiza Jesé en el libro de Marcos: «En el Evangelio de Marcos, la única mención del fenómeno de glosolalia en los cuatro Evangelios se encuentra la gran comisión, conforme el registro de Marcos 16:17. Esto se hace significativo cuando se reconoce que el Espíritu Santo ejerció una parte proeminente en la era del Evangelio. Cristo aquí hizo una promesa, posibilitando la pregación del Evangelio en el lenguaje de aquellos que iban a oír las buenas nuevas de salvación. El objetivo “NUEVAS LENGUAS” no quiere decir lenguas inexistentes, como defienden algunos, sino que lenguas extranjeras que ellos hablarían sin haber aprendido. Es oportuno saber que hay en griego dos palabras para “NUEVO”, esto es “NÉOS” y “KAINOS”. Néos es “NUEVO” en el sentido de tiempo reciente y Kainós es “NUEVO” en la forma o cualidad. Cristo aqui usó Kainós porque se refería al “NUEVO” no usado.

Roberto Gromacki en su libro, Movimiento Moderno de Lenguas, hizo la siguiente declaración: “Si el hablar lenguas hubiese envuelto lenguas desconocidas nunca antes habladas, entonces Cristo tendría usado Néos (nuevo en referencia al tiempo). Pero, como El empleó Kainós, tiene que referirse a lenguas extranjeras, que eran “NUEVAS” para aquellos que las hablasen, porque ya existían antes.” Eran idiomas nuevos para aquellos que los hablarían. La denominación de nuevas indicaba el contraste con las lenguas por ellos habladas. » (4)

Los Dones espirituales

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, nos explica respecto al uso en la Biblia de la expresión dones espirituales: (en griego jarésmata, derivado de jaŒris que significa gracia; así «dones de gracia»; cf. el término técnico carismas). En el Nuevo Testamento, aparte de 1 Pedro 4.10, el uso de la palabra se encuentra principalmente en las epístolas paulinas. La aplicación de esta palabra a las diversas funciones que contribuyen a la edificación de la comunidad cristiana y al cumplimiento de su misión es una contribución original del apóstol Pablo. Al considerar una función específica dentro de la vida de la comunidad («el cuerpo») como un «don» o un «carisma», Pablo nos enseña en primer lugar que tal función se desempeña por gracia de Dios y no por derecho ni por mérito propio. Tanto la autoridad como las capacidades para el ejercicio de la función proceden del Espíritu. En segundo lugar, nos enseña que cada función se justifica en la medida en que presta un servicio a la edificación del cuerpo (I Cor 12.7; 14.3–12; Ef. 4.12). La función, en cuanto a don del Espíritu, se recibe con el fin de compartirla y así contribuir al desarrollo de la comunidad.

En tres lugares (I Cor 12.4–11, 28–30; Ef. 4.7–12 y Ro 12.3–8) Pablo aporta listados de «dones» o «carismas» que por entonces deben haber sido comunes en la experiencia de las primeras comunidades cristianas. De estos pasajes pueden destacarse los siguientes aspectos centrales:

a) Para el buen desarrollo de la comunidad (cuerpo) es necesario que exista una diversidad de dones (I Cor 12.4–6; Ro 12.4). El símil del cuerpo es una poderosa ilustración de que el desarrollo unilateral de una o más funciones (dones en desmedro de otros) destruye la comunidad.

b) Dado que todos los dones, por más diversos entre sí que sean, proceden del «mismo Espíritu» (I Cor 12.4; Ef. 4.4–6), la diversidad no destruye la unidad, sino que la hace posible. La unidad se ve amenazada solo cuando una función, en tal caso entendida como derecho y mérito propio, se trata de imponer sobre las demás.

c) Todo miembro de la comunidad recibe un don (o dones) del Espíritu (I Cor 12.7; Ro 12.3). No existen miembros que carezcan de dones. Por lo tanto, la distinción entre miembros carismáticos y no carismáticos dentro de la comunidad cristiana es superflua.

No hay ningún indicio en los textos de que el apóstol Pablo haya considerado estas listas como exhaustivas, y por lo tanto normativas para las comunidades cristianas en todo tiempo. La misma diferencia entre las listas confirma la impresión de que Pablo tomó algunos ejemplos relevantes para las comunidades de su tiempo, con el fin de explicar su enseñanza y mensaje. Por lo tanto, las listas deben entenderse como abiertas: cada comunidad cristiana ha de estar dispuesta a recibir del Espíritu nuevos dones necesarios para responder a los desafíos de su tiempo (Ro 12.2).

Aunque es posible clasificar los dones mencionados en distintas categorías (digamos, relativos al ministerio de la Palabra; relativos al servicio o asistencia a la comunidad; relativos a la administración u organización de la comunidad, etc.), no se puede derivar de los listados del apóstol una especie de jerarquía de dones, de acuerdo a la cual ciertos dones serían calificados como más necesarios o dignos que otros.

Tampoco se puede extraer de estas listas una distinción entre dones considerados «ordinarios» (naturales) y dones considerados «extraordinarios» (sobrenaturales), con el resultado de calificar los últimos más relevantes que los primeros o viceversa. La distinción entre lo ordinario y lo extraordinario varía de una cultura a otra, y por cierto nuestra manera moderna de hacer tal distinción era desconocida en tiempos bíblicos. Al caer tal distinción, se hace también irrelevante el viejo debate acerca de si los carismas son un don permanente para la comunidad cristiana, o si se agotaron al fin de la era apostólica. Un talento tan «ordinario» como la música o la enseñanza puede ser un carisma, en tanto se acepte gozosamente como un don del Espíritu y se ponga al servicio de la vida y misión de la iglesia. Una experiencia como hablar en lenguas o danzar, tan extraordinaria para alguno, puede ser un carisma ordinario para comunicar el gozo indecible de la presencia del Espíritu a una comunidad para cuya cultura las formulaciones intelectuales de la fe carecen de poder comunicativo. Lo que es claro es que para Pablo una iglesia sin diversidad de dones-carismas carece de las condiciones necesarias para existir.

De todas maneras, para el apóstol Pablo, como también para Juan (I Jn 4.1), todavía queda abierta la pregunta por el discernimiento de espíritus: no basta con pretender que lo que uno hace lo hace en nombre del Espíritu Santo para que realmente sea así. A la pregunta por el criterio o la norma de discernimiento, Pablo responde con su hermoso himno a la preeminencia del amor (I Cor 13), aunque también en este contexto podría citarse su listado de los frutos del Espíritu (Gál 5.22s). Al final, que un determinado talento o una función permanente o temporal sea genuinamente un don o un carisma del Espíritu Santo se muestra al ejercitarlo como un servicio de amor incondicional a la edificación de la iglesia, su unidad, y el cumplimiento de su misión en el mundo.» (5)

Grafico de Dones espirituales en tres pasajes claves (6)

Howard M.Ervin reflexiona que «tal vez al comprenderse la razón de ser de las lenguas, se obviarían algunas de las trilladas objeciones que se les hacen. El habla es una manifestación muy singular de la personalidad. No es extrínseca a la humanidad; es más bien intrínseca en la personalidad humana. En realidad, es la prueba de la personalidad. El perspicaz comentario de Eduard Thurneysen recalca esto: “Sólo el hecho de que el hombre pueda hablar, y hable, lo hace hombre .. En último análisis, el misterio del habla es idéntico al misterio de la personalidad, a la imagen de Dios en el hombre.”Dios es una persona, y como tal se manifiesta mediante el habla. Este es el atributo de toda revelación. Dios, que en el tiempo antiguo habló por los profetas de Israel, “nos ha hablado por el Hijo”.2 En la personalidad divina, la facultad de hablares un atributo fundamental. Siendo más que una simple función, expresa la naturaleza esencial de la Deidad. Mediante la palabra hablada creó Dios el mundo.3Juan el evangelista describió a Jesucristo como el Verbo (o Palabra) encarnado, y este Verbo es Dios. El “habla» divina es el secreto esencial del cosmos, porque por medio de ella se puso orden en el caos primitivo. Y según el escritor de la epístola a los Hebreos, el Verbo encarnado sostiene el universo, ya que “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. La frase profética, “el Espíritu dijo”, es un reconocimiento de la personalidad del Espíritu Santo. En Dios, el habla y la personalidad son inseparables.

Que Dios puede hablar, y habla, a su pueblo en las lenguas de quienes lo constituyen es un artículo de fe de la Iglesia; pero tal comunicación siempre está limitada por dos factores humanos. Cuando Dios se dirige a los hombres (o viceversa, cuando los hombres se dirigen a Dios) en las lenguas que han aprendido, la comunicación está limitada 1) por las categorías de los conceptos en que el individuo forma sus pensamientos, y 2) verbalmente por el vocabulario que uno domina. A modo de contraste, cuando el cristiano lleno del Espíritu ora o habla en lenguas, habla una lengua que nunca ha aprendido. El vocabulario está controlado por la mente del Espíritu. Puede ser una sola lengua o muchas, según el deseo del Espíritu, y se sobrepasan todas las restricciones de las categorías de conceptos y del vocabulario. Pablo describió en tales términos su propia experiencia de la glosolalia. “Porque si yo oro en lengua desconocida — escribió él —, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” (I Cor. 14:14)

Tampoco el apóstol restó importancia a esto, porque en seguida añadió: “Qué, pues? Oraré con el espíritu [es decir, en lenguas según el Espíritu le diera que hablase], pero oraré también con el entendimiento [es decir, en las lenguas que había aprendido]; cantaré con el espíritu [es decir, en lenguas], pero cantaré también con el entendimiento [es decir, en las lenguas que sabía] (I Cor. 14:15)

Jesús prometió poder a sus discípulos cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo, y la primen manifestación distintivamente personal del poder del Espíritu fue hablar sobrenaturalmente en otras lenguas. Por eso el Espíritu Santo demostró su soberanía sobre los órganos de la comunicación humana que tuvieran que ver con el cumplimiento de la responsabilidad de los discípulos como testigos. Las lenguas fueron la manifestación carismática singular de la presencia y el poder del Espíritu divino el día de Pentecostés. Para cada manifestación carismática del Espíritu Santo se puede hallar un paralelo antes de Pentecostés, a excepción de las lenguas. Ellas fueron, y son, la señal normativa (y en esto estriba el escándalo que causan) del poder pentecostal en la vida de los cristianos.

Una palabra más es necesario decir aquí para esclarecer la relación que hay entre las lenguas que se hablaron en Pentecostés y las palabras que cita Pedro de la profecía de Joel, donde la profecía es la cualidad distintiva del derramamiento del Espíritu de Dios “sobre toda carne” ¿Fue simplemente una adaptación indefinida, impuesta por conveniencia homilética, de las palabras del antiguo vidente al fenómeno pentecostal? ¿O hay un vínculo más preciso entre la profecía de Joel y las lenguas de Pentecostés? La respuesta se puede hallar en la palabra griega que en nuestras versiones castellanas se ha traducido por “hablasen”. En la Versión de los Setenta, la misma palabra “no se emplea para referirse a la conversación corriente, sino a las declaraciones de los profetas”.’

Tal vez el empleo de esa palabra se debiera a la insólita conducta de los discípulos, a quienes por burla acusaron de estar “llenos de vino nuevo». (Hch 2:13 RVA) Su conducta era semejante al estado extático de antiguas comunidades proféticas de Israel. Al parecer, Pedro interpretó como declaraciones proféticas las lenguas que se hablaron en Pentecostés. En ese sentido, las lenguas fueron un cumplimiento literal del oráculo de Joel: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. “(Hch. 2:17)

Cuando el día de Pentecostés la comunidad apostólica habló lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen”, hablaron por inspiración divina lenguas que no habían aprendido antes. Pan ellos eran lenguas; pero para los espectadores que los oyeron y entendieron que hablaban en sus dialectos (Hch. 2:6), no eran lenguas, sino profecías. Les oían alabar con ardor profético “las maravillas de Dios”. Esa misma manifestación de alabanza en lenguas ocurrió después en la casa de Cornelio cuando “los oían que hablaban ea lenguas, y que magnificaban a Dios”.(Hch. 10:46) » (7)

« ¿Qué ocurrió en Pentecostés? El capítulo 2 de Hechos nos dice que ocurrieron cuatro cosas que señalaron el advenimiento de la nueva era. Primera, un estruendo del cielo, como de un viento recio llenó la casa. Segunda, algo que semejaba lenguas de fuego se asentó sobre cada una de las personas congregadas en el aposento alto. Tercera, todos fueron llenados del Espíritu Santo. Cuarta, todos hablaron en lenguas al otorgarles el Espíritu la capacidad de hacerlo. Esas lenguas eran idiomas conocidos por la gente esparcida en todo el Imperio Romano que habían arribado a Jerusalén para Pentecostés. Algunos creen que el milagro se produjo en el oído de los oyentes. Otros creen que los apóstoles recibieron un sobrenatural don de hablar en idiomas foráneos que desconocían. Cualquiera sea la posición que adoptemos ¡se produjo un “milagro”!

El mismo vocablo básico para “llenado” aparece en Hechos 4:8 donde Pedro, “lleno del Espíritu Santo” (no se menciona el hablar en lenguas) predicó su breve sermón al sumo sacerdote y a los dirigentes judíos. La misma raíz del vocablo figura en conexión con Juan el Bautista en Lucas 1:15 donde la Escritura dice que “será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre”. Sin embargo nada dice la Escritura de que Juan haya hablado alguna vez en lenguas. En la experiencia de la conversión de Pablo, Ananías se allegó a él diciéndole que Jesús lo había enviado “para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:17). Pablo recuperó la vista, fue bautizado y “en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hechos 9:20). Nuevamente nada se dice de hablar en lenguas.

El capítulo 19 del libro de Hechos relata la historia de Pablo en Éfeso. Encontró allí algunos creyentes que nada sabían de la venida del Espíritu. Se nos dice que cuando les hubo “impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban” (Hechos 19:6). En este pasaje la Escritura no dice que fueran llenos del Espíritu. De cualquier manera, hablaron en lenguas y profetizaron, si bien no hubo lenguas de fuego ni viento recio como ocurrió en Pentecostés. Más aún, el relato de Hechos 19 no dice si los idiomas hablados eran idiomas que la gente presente entendía y tampoco menciona la presencia de intérpretes. Por lo menos podemos presuponer que eran idiomas conocidos en algún lugar del mundo. Cuando vamos a un país extranjero a predicar, hablamos en inglés. El inglés es un idioma desconocido para la mayoría de nuestros oyentes. Por ejemplo, en el noreste de la India hablamos a muchos miles en cada reunión; utilizamos diecisiete distintos intérpretes para traducir nuestro mensaje a diecisiete dialectos para que la gente pudiera entender nuestro “desconocido idioma”. A nuestro juicio, esto es análogo a lo que ocurrió en Pentecostés, con la excepción de que aquello fue un milagro divino. Puede haber sido que cada uno de los que hablaba lo hacía en un idioma que algunos oyentes entendían, o que el Espíritu Santo interpretaba a cada uno de los oyentes en su propio idioma lo que decía, y en este último caso el milagro sería el otorgamiento de su capacidad de entender.

Lenguas “Desconocidas” en 1 Corintios

En 1 Corintios el hablar en lenguas pareciera ser algo muy distinto de lo que se relata en Hechos de los Apóstoles, si bien en Hechos y en 1 Corintios se utiliza la misma palabra griega cuando se habla de “lenguas”.

En Pentecostés los discípulos hablaron en lenguas conocidas a la gente que visitaba Jerusalén. Los que hablaban, llenos de poder por el Espíritu Santo, no conocían estos idiomas pero sí los conocían sus oyentes. En cambio, en 1 Corintios los oyentes no escucharon un idioma que conocían de modo que se requirió la presencia de intérpretes. El problema consiste en saber si los idiomas que menciona la primera carta a los corintios eran idiomas conocidos. Algunos eruditos bíblicos sugieren que sí, en tanto que otros sostienen que era simplemente alguna forma de emisión extática distinta a todo idioma humano conocido. Personalmente nos inclinamos por esta última posición. Pero de cualquier manera que sea, poca diferencia hace en nuestra comprensión del pasaje, si bien algunos señalan que si el don de lenguas de 1 Corintios era un lenguaje conocido, ya no guardaría relación con mucho de lo que se ha rotulado como “lenguas” en el día de hoy. El hecho de que la “interpretación” es vista como un don espiritual nos hace pensar que el don de lenguas mencionado en 1 Corintios no era un idioma conocido que pudiera ser entendido por alguien que naturalmente hablara ese idioma.

El capítulo 13 de 1 Corintios tiene su propio enigma o misterio. Pablo menciona el idioma de ángeles y de hombres. No puede caber duda alguna de que el idioma de los ángeles nos es totalmente desconocido a los hombres, pero va implícito que alguien pudiera hablar en tal idioma. En Corintios Pablo habla de lenguas como de un don que proviene del Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo puede otorgar a alguien la capacidad de hablar en un idioma angélico. Claro está que Pablo deja bien aclarado que no a todos les da este particular don. Es debido a estas razones que encontramos difícil vincular el llenado del Espíritu Santo a un segundo bautismo acompañado necesariamente de la señal de hablar en lenguas. No hallamos sólidos fundamentos escriturales para sostener la posición de que el hablar en lenguas, como señal, se le brinda a todos los que son bautizados con el Espíritu, en tanto que el hablar en lenguas, como un don, se le otorga solamente a algunos.

Por otra parte, pensamos que puede ser incorrecto el uso moderno que se le da al término “carismático”. En 1 Corintios, charismata es el vocablo griego que expresa los dones que Dios otorga a los creyentes. Nadie puede adquirir ese don por sí mismo. Como habremos de ver, los dones, según Pablo, provienen del soberano accionar del Espíritu Santo de Dios que reparte “a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). Dice Pablo: “Porque por un solo Espíritu (pues eso es lo que dice el idioma griego) fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Pero, además de ello, el Espíritu distribuye dones a los diversos miembros del cuerpo. Así, pues, todo creyente obtiene algún don. 1Y por lo tanto, todo creyente es un carismático!

Más aún, Pablo no indica que un determinado don pertenece a todo creyente. Dice solamente que recibe “algún” don. Les dice a los corintios que deben “procurar” (1 Corintios 12:31) los dones mejores. La enciclopedia Espasa-Calpe define la palabra procurar como “hacer diligencias o esfuerzos para conseguir lo que se desea”. Y en 1 Corintios 13 afirma el Apóstol que todo don que no se acompaña de amor es despreciable y carente de valor.

De la lectura del libro “En los Postreros días”, considero las siguientes conclusiones extraídas: «La Iglesia del Nuevo Testamento había sido verdaderamente una Iglesia carismática, según lo confirmaba el libro de los Hechos de los Apóstoles. También era claro que la Iglesia primitiva retuvo sus dones originales y su poder pentecostal en el largo período de lucha y de persecución antes del triunfo del cristianismo en Occidente bajo Constantino. Sin embargo, después de lograr aceptación y poder, la Iglesia comenzó a experimentar cada vez menos el poder milagroso de la Iglesia primitiva, y se volvió más y más ritualista, adoptando expresiones sacramentales de la fe.

El movimiento de renovación montanista del período 185-212 d.C. representó un intento por restaurar los carismas a la iglesia. A pesar de algunos éxitos iniciales, en los cuales las lenguas y la profecía fueron restaurados entre los seguidores de Montano, el movimiento fue finalmente condenado por la Iglesia. La causa principal de este rechazo no fue la presencia de los carismas, sino los reclamos de Montano de que las expresiones proféticas eran de igual valor que las Escrituras.

Muchos tienen la impresión de que la Iglesia reaccionó contra el montanismo afirmando que los carismas más sensacionales, aun cuando los había experimentado la Iglesia apostólica, habían sido quitados después que estuvo completo el canon aceptado de las Escrituras. Esta opinión fue expresada por Agustín y respaldada por los eruditos de los siglos siguientes. Respecto de las lenguas como evidencia de la recepción del Espíritu Santo, Agustín dijo:

“En el comienzo de la Iglesia el Espíritu Santo cayó sobre los creyentes, y ellos hablaron en lenguas que no habían aprendido, según el Espíritu les facultó para hacerlo. Era una señal apropiada para la época: todas las lenguas del mundo eran una significación adecuada del Espíritu Santo, por cuanto el evangelio de Dios habría de ser difundido por medio de toda lengua en todas partes del mundo. La señal fue dada y luego dejó de ser. Nosotros ya no esperamos que aquellos sobre los cuales se imponen las manos reciban el Espíritu Santo con el’ acompañamiento del hablar en lenguas. Cuando nosotros retiramos nuestras manos de sobre estos “infantes”, los miembros recién nacidos de la Iglesia, ninguno de ustedes (pienso yo) miró para ver si hablarían en lenguas, o viendo que esto no ocurría, tuvo la perversidad de decir que no habían recibido el Espíritu Santo, pues si lo hubieran recibido, hubieran hablado en lenguas como ocurrió en el principio.”

Del mismo modo para todos los otros dones extraordinarios del Espíritu, la teoría de la “cesación” de Agustín fue de una gran influencia sobre las generaciones de teólogos subsiguientes: “Algunos preguntan: ¿Por qué no ocurren los milagros en la actualidad, tal como ocurrió en los tiempos antiguos? Yo podría responder que éstos eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, con el fin de ganar la creencia del mundo.”La reacción contra el montanismo, que condujo a la creencia de que los carismas habían concluido con la era apostólica ha seguido hasta los tiempos modernos. Aun cuando la Iglesia Católica Romana dejó la puerta abierta a los milagros en la vida de ciertos santos (de algunos de los cuales se dice que habían hablado en lenguas y que habían realizado algunos milagros de sanidad), la Iglesia manifestaba una tendencia cada vez mayor a enseñar que los milagros de la era apostólica concluyeron con la Iglesia primitiva. Con la institucionalización de la Iglesia, los carismas menos espectaculares de gobierno, administración y enseñanza pasaron al primer plano como los dones más aceptables a disposición de la jerarquía.

Fue Juan Crisóstomo en el siglo cuarto el que presentó la expresión clásica del punto de vista de que los carismas habían cesado, en sus hornillas sobre 1 Corintios 12. Confesando su ignorancia sobre el asunto, escribió:

“Todo este pasaje es muy oscuro: pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de los hechos a los cuales se hace referencia y por la cesación de estos, siendo así que entonces solían ocurrir pero ahora ya no ocurren más. ¿Y por qué razón no ocurren ahora? Porque, miren ahora, también la causa de la oscuridad ha suscitado en nosotros otra interrogante, y es esta: ¿Por qué ocurrieron entonces y ahora ya no ocurren más?.. . Pues, ¿qué era lo que ocurría entonces? Todo el que era bautizado hablaba de inmediato en lenguas, y no solamente en lenguas, sino que muchos profetizaban, y algunos realizaban muchos milagros… pero lo que más abundaba entre ellos era el don de lenguas.”

La cesación de los carismas llegó a ser parte de la teología clásica de la Iglesia. Agustín y Crisóstomo fueron citados por incontables teólogos y comentaristas en los siglos que les siguieron. Dones como la glosolalia (el hablar en lenguas) llegaron a ser tan raros que la Iglesia olvidó la apropiada función que los tales cumplían en la comunidad cristiana. Con el paso de los años, el hablar en un idioma no aprendido por quien lo hablaba fue visto como evidencia de la posesión de un espíritu maligno más bien que del Espíritu Santo. En efecto, ya alrededor del año 1000 d.C. el Rituale romanum (Ritual romano) definía la glosolalia como la evidencia a simple vista dé posesión demoníaca. Pudiera haberse esperado que los reformadores, tales como Lutero y Calvino, hubieran restaurado los carismas a la Iglesia como la herencia común de todos los creyentes. Sin embargo, no sucedió así. Uno de los cargos presentados en contra de los reformadores por las autoridades católicas era que al protestantismo le faltaban milagros que confirmaran sus comienzos. Los teólogos católicos consideraban los carismas como la aprobación divina del comienzo de la Iglesia. Los católicos demandaban de Lutero y de Calvino señales y milagros que autenticaran que sus iglesias eran iglesias cristianas genuinas y ortodoxas. Lutero, Siguiendo la línea de pensamiento de Agustín y de Crisóstomo, respondió con el siguiente punto de vista respecto de las señales, milagros y dones del Espíritu Santo:

El Espíritu Santo es enviado en dos formas. En la Iglesia primitiva fue enviado en forma manifiesta y visible. De este modo descendió sobre Cristo en el Jordán en forma de paloma (Mateo 3:16), y sobre los apóstoles y otros creyentes en forma de fuego (Hechos 2:3). Este fue el primer envío del Espíritu Santo; era necesario en la Iglesia primitiva, la que debía establecerse con señales visibles por causa de los Inconversos, tal como Pablo testifica en 1 Corintios 14:22. “Las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” Pero más tarde, cuando la iglesia había sido reunida y confirmada por estas señales, no fue necesario que continuara este envío visible del Espíritu Santo.

A través de los siglos, el cristianismo, en sus ramas católica romana y protestante, adoptó el punto de vista de que los dones espectaculares y sobrenaturales del Espíritu Santo habían terminado con la Iglesia primitiva, y que, al haberse completado el canon de las Escrituras inspiradas, nunca volverían a ser necesarios. La tradición mística católica siguió dando lugar a que algunos santos poseídos de “santidad heroica” ejercitaran algunos de los dones, pero tal santidad estaba reservada, en la mente de muchos, para los miembros del clero y para los religiosos (obispos, sacerdotes, monjes y monjas), no para las masas de cristianos comunes. Este punto de vista fue la sabiduría convencional de la Iglesia hasta el siglo diecinueve. Entonces los desarrollos histórico y teológico provocaron el comienzo de un extraordinario cambio de opinión en varios lugares, en forma notable en Inglaterra y Estados Unidos. » (8)

«Crisóstomo, cuando él escribió contra el ambiente de la cultura pagana de su tiempo, comentó que sus ídolos, “aunque mudos en sí mismos, tenían con todo sus oráculos y profetas y augures, quienes aparentaban tener dones espirituales, como la pitonisa de Delfos; pero no se engañen — advirtió —, los dones de ellos se pueden distinguir fácilmente de los de nosotros» (9)

«Prácticamente, cada generación de la cristiandad ha testimoniado el desenvolvimiento de algún nuevo movimiento (bueno o malo) dentro de sus hileras. Los apóstoles tenían que guardar la verdad contra los judaizantes y del progreso del gnosticismo incipiente. La era pos-apostólica estaba llena de controversias y del desenvolvimiento de nuevos “ISMOS”: Docetismo, Cerintianismo, Eutiquianismo, Sabelianismo, Arrianismo, etc. San Agustín luchó contra el Pelagianismo. Aún en el período de la Edad Media vió la actividad de los Anabaptistas y la institución de las varias ordenes católicas romanas: (Agustinianos, Dominicanos, Franciscanos, Jesuitas etc.). En el siglo XVI eclodió la poderosa Reforma Protestante, con el desenvolvimiento subsecuente de los mayores grupos eclesiásticos (Luteranos, Anglicanos, Presbiterianos etc., y de los menores disidentes). Mas tarde, la cristiandad americana contribuyó con muchos grupos diferentes: Mormones, Campbelitas, Testimonias de Jehová, Adventistas del Séptimo Día, etc.).

El siglo XX también ha testimoniado su parte de nuevos desenvolvimientos. Un movimiento-clave ha sido el Pentecostalismo, con su énfasis sobre el Espíritu Santo y dones espirituales. Este movimiento viene dividiendo todas las iglesias, aún las tradicionales que resultan en la formación de nuevas denominaciones a cada día. Este movimiento llegó al Brasil en 1.911, en la ciudad de Belém do Pará, por dos pastores suecos: Daniel Berg y Gunnar Vingren, ambos de la Iglesia Bautista de Chicago, Estados Unidos, los cuales, días después, fueron expulsos por el pastor bautista de Belém, por no aceptar esta nueva doctrina.

Queremos destacar aqui que estos dos pastores trajeron para Brasil la doctrina del don de lenguas, pero Gunnar Vingren, que era teólogo bautista, tuvo que estudiar portugués, mientras Daniel trabajaba para el sustento de ambos.

Cuando ellos fueron expulsos de la iglesia Bautista, muchas personas de la iglesia los siguieron. Y este grupo disidente formó una asamblea, conocida hoy como Asambleas de Dios, nacida en 1.911 (en Chile conocida con el mismo nombre). Casi que simultáneamente a estos acontecimientos, llegaba a Sao Paulo un italiano proveniente también de Chicago, llamado Louis Francescone que, a ejemplo de los otros dos, también tubo que estudiar portugués, después de haber fundado una asamblea solamente de italianos. El era presbiteriano y como la iglesia Presbiteriana también no lo aceptó con sus dones carismáticos, el procedió de la misma forma que los suecos, y fundó otra asamblea, que vino a ser la Congregación Cristiana de Brasil, también en 1.9ll (en Chile: “Congregación Cristiana de Chile).

En 1.950, surge en Sao Paulo mas un fenómeno proveniente también de los Estados Unidos, Harold Williams, cuyo énfasis estaba en las curas divinas. En esa época llegó a reunir mas de 200.000 personas en el “Vale do Anhangabaú” en Sao Paulo (pleno centro de Sao Paulo). Entre los oyentes estaba un albañil pernambucano, de la Asambleas de Dios, cuyo nombre era nada mas nada menos que el señor Manoel de Melo. Con tamaño entusiasmo, resolvió crear su propia iglesia. Y así nació la iglesia “Brasil para Cristo.” (en Chile: “Chile para Cristo”).

En el día 18 de mayo de 1.975, surge en el escenario cristiano en todo el mundo el movimiento Carismático dentro de la iglesia Católica Apostólica Romana. El son de lenguas y el canto carismático llenó la sólida nave de la vieja iglesia-madre del Catolicismo Romano. De los 25.000 que bloquearon la Basílica, cerca de 10.000 eran participantes de la tercera Conferencia Internacional de Renovación Carismática.

En ese día, el Papa Pablo VI venció una barrera fortísima de los Cardenales, que mucho habían hablado contra los ideales de Juan XXIII, que era la participación de los católicos en el movimiento ECUMENICO. Y este sueño del Papa Juan XXIII fue concretizado en el día 21 de noviembre de 1.964, cuando el Papa Pablo VI firmó el decreto sobre el ecumenismo. Y en ese mismo día, hizo una declaración proclamando “Maria la Madre de la iglesia, la madre de todos los fieles y de todos los pastores”. El movimiento carismático está invalidando la ortodoxia católica, mudando vertiginosamente las costumbres tradicionales de la iglesia. » (10)

Lo que sucedió en Pentecostés, es lo que profetiza Jesús en el libro de Marcos: «En el Evangelio de Marcos, la única mención del fenómeno de glosolalia en los cuatro Evangelios se encuentra la gran comisión, conforme el registro de Marcos 16:17. Esto se hace significativo cuando se reconoce que el Espíritu Santo ejerció una parte proeminente en la era del Evangelio. Cristo aquí hizo una promesa, posibilitando la pregación del Evangelio en el lenguaje de aquellos que iban a oír las buenas nuevas de salvación. El objetivo “NUEVAS LENGUAS” no quiere decir lenguas inexistentes, como defienden algunos, sino que lenguas extranjeras que ellos hablarían sin haber aprendido. Es oportuno saber que hay en griego dos palabras para “NUEVO”, esto es “NÉOS” y “KAINOS”. Néos es “NUEVO” en el sentido de tiempo reciente y Kainós es “NUEVO” en la forma o cualidad. Cristo aqui usó Kainós porque se refería al “NUEVO” no usado.

Roberto Gromacki en su libro, Movimiento Moderno de Lenguas, hizo la siguiente declaración: “Si el hablar lenguas hubiese envuelto lenguas desconocidas nunca antes habladas, entonces Cristo tendría usado Néos (nuevo en referencia al tiempo). Pero, como El empleó Kainós, tiene que referirse a lenguas extranjeras, que eran “NUEVAS” para aquellos que las hablasen, porque ya existían antes.” Eran idiomas nuevos para aquellos que los hablarían. La denominación de nuevas indicaba el contraste con las lenguas por ellos habladas. » (11)

Observaciones respecto al Don de Lenguas

«En relación con el don de lenguas, según 1 Corintios 12:30 y el extenso análisis que sobre el tema hace el capítulo 14 de 1 Corintios, debemos anotar a continuación las siguientes reflexiones:

Primera, hay un concreto y preciso don de lenguas al parecer distinto al expresado en Pentecostés, porque en este caso no se requirió interpretación alguna. Además, en Pentecostés el fenómeno se acompañó de otras señales, tales como las lenguas de fuego y el viento recio. Nada de esto se menciona en relación con los dones del Espíritu en 1 Corintios.

Si bien hay francos desacuerdos entre los creyentes sobre la validez del don de lenguas en el día de hoy, personalmente no hallamos justificación bíblica alguna para sostener que el don de lenguas tenía validez únicamente para los días neotestamentarios. Pero al mismo tiempo se transforma fácilmente en un factor divisivo y de malos entendidos. Testimonio de ello es el hecho de que Pablo consideró necesario extenderse en los capítulos 12, 13 y 14 de 1 Corintios. (Al par que hacía hincapié en que era el menor de los dones, Pablo le dedicó más espacio que a ninguno de los otros). Por lo tanto, cuando ocurre hoy en día, debe practicarse cuidadosamente con las salvaguardias bíblicas anotadas por Pablo.

Asimismo, al par que el don de lenguas puede manifestarse hoy en día como un valioso don espiritual, ello no quiere decir que toda manifestación de lenguas ocurre según la voluntad de Dios y deba ser aprobada por nosotros a ojos cerrados.

Segunda, debe subrayarse con trazos bien definidos, como aparece claramente indicado en 1 Corintios 12—14, que el don de lenguas es un don del Espíritu Santo y no un fruto del Espíritu. Como habremos de ver más adelante, el fruto del Espíritu anotado en Gálatas 5:22, 23 debiera señalar o rotular a todo cristiano que anda en el Espíritu. Por otra parte, los dones son distribuidos entre los creyentes según la soberana voluntad y disposición de Dios. Por lo tanto, es un don que pueden poseerlo algunos y otros no. No hallamos razón ni argumento bíblico alguno que nos permita sostener que el don de lenguas es un don que Dios desea otorgar a todos los creyentes. Algunos pueden recibir ese don y Otros no. Sería incorrecto que los creyentes que no han recibido el don de lenguas se sientan algo así como cristianos de “segunda categoría” o que anhelen ardientemente este don si Dios no consideró conveniente dárselo. Igualmente incorrecto es que quienes poseen este don procuren inducir a los demás a que lo obtengan o enseñar que todos los creyentes, sin excepción, deben experimentarlo.

Tercera, el don de lenguas mencionado en 1 Corintios 12—14 es sin duda uno de los dones del Espíritu menos importante; en realidad, pareciera ser el de menor importancia. Y ello se debe a que a menudo no brinda beneficio espiritual a otros creyentes. Los otros dones claramente se ejercitan para edificar y fortalecer el cuerpo de Cristo. Y si bien el don de lenguas pudiera brindar ese beneficio en un culto público de adoración (siempre y cuando haya un intérprete presente), los otros dones están más directamente involucrados en el mutuo fortalecimiento de los creyentes.

Por ello es que el don de lenguas no debe ser considerado como la más elevada expresión de madurez cristiana. En realidad de verdad, millones de cristianos espiritualmente maduros jamás hablaron en lenguas, y muchos que hablan en lenguas no son espiritualmente maduros.

Cuarta, el don de lenguas no es necesariamente un signo del bautismo del creyente por el Espíritu Santo y su incorporación al cuerpo de Cristo. Ello es especialmente cierto respecto de 1 Corintios, porque las personas que allí se mencionan ya habían sido incorporadas al cuerpo de Cristo de una vez por todas. En ninguna parte de la Biblia leemos que el don de lenguas sea una necesaria evidencia de haber sido bautizados por el Espíritu Santo e incorporados, por ese bautismo, al cuerpo de Cristo, la iglesia. Aun en Hechos, donde se menciona el hablar en lenguas, no hay ninguna indicación de que fuera necesaria evidencia de haber sido bautizado por el Espíritu Santo.

De la misma manera, el don de lenguas no debe ser equiparado necesariamente al llenado con el Espíritu. Podemos estar llenos del Espíritu Santo y jamás hablar en lenguas. El llenado del Espíritu puede manifestarse de muy diversas maneras y experiencias en nuestras vidas, de las cuales el hablar ocasionalmente en lenguas puede ser una de las evidencias. Algunos de los cristianos más llenos del Espíritu que hemos conocido a lo largo de nuestra vida nunca experimentaron el don de lenguas y no por ello estaban menos llenos del Espíritu.

Quinta, tanto la Biblia como la experiencia nos advierten que el don de lenguas puede ser fácil objeto de abuso y hasta puede llegar a ser peligroso. Así, por ejemplo, el don de lenguas ha llevado a quienes lo poseen a un estado de orgullo espiritual. Algunos experimentan el don de lenguas y de inmediato se figuran ser mejores o más espirituales que otros creyentes que no han recibido este don. Tal actitud es diametralmente opuesta a la adecuada actitud de un creyente lleno del Espíritu.

Creemos conveniente señalar otros peligros. Por ejemplo (como ya lo hemos indicado), el hablar en lenguas puede dividir fácilmente a los cristianos. Esto ocurre a menudo debido al orgullo o en razón de que las personas poseedoras del don de lenguas procuran imponérselo a los demás. Por otra parte, se da el caso de personas que se sienten orgullosas porque no hablan en lenguas y eso es igualmente malo!

En todo este asunto de hablar en lenguas el mayor peligro estriba en el desequilibrio. A veces la persona que ha experimentado este don se ve totalmente absorbida o preocupada con el hablar en lenguas. Se olvidan los otros dones del Espíritu (a excepción, tal vez, de los dones singulares o prodigiosos que también son espectaculares e impresionantes), y demuestran poco interés en vivir santamente imbuidos del fruto del Espíritu. Algunos que insisten en reducirlo todo al don de lenguas e instan a los demás a que lo busquen, demuestran poquísimo interés en la evangelización, énfasis en el cual insiste el Espíritu Santo. Pensamos en este momento, como ejemplo, en un pequeño grupo de creyentes que hablan en lenguas que rara vez ganan almas para Cristo. Esperan que otros ganen las almas y luego se acercan al nuevo convertido procurando persuadirlo de que debe hablar en lenguas para crecer en el Señor.

Y otro peligro es que algunos pueden ver en la experiencia de hablar en lenguas una manera rápida y fácil, además de eficaz, para alcanzar poder y madurez espirituales. Uno de los miembros de nuestro equipo cursaba estudios en el seminario juntamente con un joven que asistía a diversas reuniones en la permanente esperanza de obtener el don de lenguas. Cuando le preguntaron por qué apetecía este don, respondió que era porque sentía una aguda carencia de poder y de comunión con Dios, y pensaba que el don de lenguas le daría potencia espiritual y una clara sensación de proximidad a Dios. Preguntado si oraba con frecuencia, si leía la Biblia con regularidad y si pasaba mucho tiempo en compañía de otros creyentes, admitió que no hacía ninguna de esas tres cosas. Dios le había dado los medios idóneos para alcanzar el crecimiento espiritual —la oración, la Biblia y la comunión— pero no estaba dispuesto a echar mano de esos medios o recursos. Para él el don de lenguas era la manera rápida, fácil y eficaz para obtener la madurez espiritual. No fue accidental, seguramente, que poco después se retiró del seminario y renunció a sus planes de ser ministro.

El último peligro que podríamos mencionar es el de la posibilidad de que el don pueda ser, en algunos casos, una imitación fraudulenta. Esto puede reconocer como causa un deliberado engaño, o de lo contrario porque el “don” no se origina en Dios sino en nuestra conformación sicológica. También puede ser el resultado de una actividad demoníaca.

Conviene mencionar el hecho de que el antiquísimo oráculo de Delfos hablaba en lo que podría denominarse “lenguas” como lo hacían los sacerdotes y las sacerdotisas en el gran templo que dominaba la ciudad de Corinto. El doctor Akbar Abdul-Haqq nos decía que el hablar en lenguas no es un fenómeno raro en la India en el día de hoy entre las religiones no cristianas.
Más aún, hay casos perfectamente bien comprobados de personas poseídas por demonios que cuentan con la capacidad de hablar en ciertos idiomas corrientes totalmente desconocidos por ellas cuando están en su sano juicio. La Biblia registra el hecho de que los magos de la corte del Faraón pudieron reproducir hasta cierto punto los milagros de Dios.

No en balde dijo Juan: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1). Ya hablamos de esto cuando analizamos el don de discernimiento en el capítulo doce.

Aun los cristianos pueden incurrir en una imitación fraudulenta del don de lenguas. Una niña que asistía a unas reuniones carismáticas quería desesperadamente recibir el don de lenguas como lo habían recibido tantas de sus amigas. Habiendo transcurrido su niñez en otro país, oró en el idioma propio del mismo, pretendiendo que se operaba un don espiritual. Los demás creyeron que había recibido el don de lenguas. Como resultado de ello, ¡fue aceptada y pudo ingresar en este pequeño círculo donde al hablar en lenguas se le asignaba tan primordial importancia!

Ninguna experiencia —no importa cuán significativa sea para nosotros o en qué grado pueda impresionamos— debe tomar en nuestras vidas el lugar de la Palabra de Dios. Nuestras experiencias tienen que ser juzgadas, en todos los casos, a la luz de la Biblia; no debemos juzgar a la Biblia según nuestras experiencias. Dios el Espíritu Santo nos ha dado la Biblia, y ningún don que provenga verdaderamente del Espíritu Santo entrará en contradicción con lo que dice la Biblia.

Sexta, ¿qué decir del uso privado y devocional del don de lenguas como medio de alabar a Dios y experimentar su comunión? Varios de nuestros mejores amigos nos han dicho que luego de orar durante un largo período, súbitamente se dieron cuenta de que hablaban en un idioma desconocido. La mayoría de dichos amigos no dijeron nada a nadie y no tratan de convencer a los demás a que participen de la misma experiencia. No sostienen que todos los cristianos deben hablar en lenguas como signo y señal de madurez o crecimiento espiritual.

En realidad, es muy poco lo que la Biblia dice al respecto. El uso privado del don de lenguas va implícito en el comentario de Pablo cuando dijo: “Hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1 Corintios 14:18, 19). Algunos han sugerido que el mandato de Pablo de orar “en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18) entraña hablar en lenguas, pero el énfasis en requerimientos específicos de oración (en lo cual la mente está en plena actividad al concentrarse en los temas objetos de la oración) en este pasaje indican que no es eso lo que deseaba significar Pablo.

En conclusión, nos impresiona la notoria diferencia de opiniones que reina entre los autodenominados carismáticos respecto al hablar en lenguas. Muchos sienten que es absolutamente erróneo sostener que el hablar en lenguas sea el resultado obligado de ser bautizado o llenado con el Espíritu Santo. Un crecido grupo de evangélicos ni siquiera consideran al don de lenguas como don relevante del Espíritu en el día de hoy, de la misma manera que tampoco lo es en la actualidad el don del apostolado.

Sabemos de una agrupación muy utilizada por Dios que no invitaría a sabiendas a su plataforma o púlpito a nadie, por más dotado y aceptado que fuera en los círculos evangélicos, que profesara hablar en lenguas. Algunos podrán discrepar con esta política, pero los dirigentes y responsables de este ministerio son sinceros en sus convicciones y debieran ser respetados en sus puntos de vista.

Por otro lado, muchos evangélicos que no profesan hablar en lenguas adoptan ahora una postura totalmente neutral. Han visto de qué manera el movimiento carismático ha penetrado profundamente en todas las denominaciones con gran bendición y renovación. Y por ello están preparados para reconocer que todos los dones sobrenaturales de 1 Corintios 12 tienen vigencia en el día de hoy y por lo tanto deben ser aceptados como dones del Espíritu.

Haciendo justicia a nuestros amigos carismáticos debemos añadir que si bien es cierto que discrepamos en cuanto a que “el bautismo con el Espíritu” se acompaña con el hablar en lenguas, no obstante ello, conocemos y enseñamos la necesidad de los creyentes de ser llenos con el Espíritu. Dejando de lado el factor del don de lenguas como signo necesario, es posible que estemos hablando de una fase de la misma experiencia. A juicio nuestro, la Biblia sostiene que cualquier cristiano puede disfrutar del llenado del Espíritu Santo y conocer su poder sin experimentar ninguna señal especial tal como el hablar en lenguas. En ocasión de su particular llenado, el don de lenguas puede ser una señal que Dios otorga a algunos, pero no hallamos en las Sagradas Escrituras que sea una señal para todos los creyentes. Además, y esto reviste una máxima importancia, debemos sostener nuestras opiniones sin rencor y sin romper nuestros lazos de comunión y compañerismo en Jesucristo. Adoramos al mismo Señor y por esto estamos agradecidos.

En 1 Corintios 14 Pablo afirma, sin dejar lugar a dudas, que el profetizar es más importante que hablar en lenguas. Pero al mismo tiempo ordena “no impidáis el hablar en lenguas” (1 Corintios 14:29). Al parecer Pablo hablaba muchas lenguas distintas, pero no hizo mayor hincapié en ello. Debemos evitar poner al Espíritu Santo en la posición de tener que obrar a nuestra manera. El Espíritu Santo es soberano y otorga sus dones como él quiere! Peter Wagner dice: “Se debe recordar que el cuerpo de Cristo es universal, con muchas manifestaciones locales. Los dones espirituales se brindan al cuerpo universal, y por ello algunos de esos dones pueden o no hallarse en alguna localización particular del cuerpo. Esto explica por qué, por ejemplo, una iglesia local o una denominación entera, puede no haber recibido el don de lenguas, en tanto sí lo recibe otra parte del cuerpo.”

A modo de resumen:

Primero, hay un verdadero y auténtico don de lenguas, en contraposición a una imitación fraudulenta de ese don. Muchos de los que recibieron ese don fueron espiritualmente transformados, algunos en forma temporaria y otros en forma permanente!
Segundo, Dios usa el don de lenguas en determinados momentos, en determinados lugares, especialmente en el campo misionero cristiano, para ampliar de esa manera el reino de Dios y para edificar a los creyentes.

Tercero, mucha gente está convencida de que vivimos en estos momentos lo que las Sagradas Escrituras denominan “el fin de los días” (Oseas 3:5). Tanto Joel como Oseas profetizaron que en aquellos días reaparecerán grandes manifestaciones del Espíritu y muchos de los dones singulares. Es probable que estemos viviendo ese período de la historia. Por cierto que no podemos cerrar los ojos al hecho de que los dones singulares que reivindican la autenticidad del evangelio reaparecen en esta hora.

Muchos años atrás, durante una clase en el Instituto Bíblico de Florida, un maestro dijo algo sobre el tema del don de lenguas que se nos ha grabado en forma indeleble. Aconsejó a sus alumnos a “no buscarlo pero tampoco impedirlo”.

En realidad de verdad, el hablar en lenguas es un don del Espíritu. En la actualidad hay presbiterianos, bautistas, anglicanos, luteranos y metodistas, así como también pentecostales, que hablan o han hablado en lenguas, y los hay que no lo han hecho y no suponen que lo harán en el futuro.

Pero si el hablar en lenguas es un don del Espíritu Santo, no puede ser un factor divisivo, es decir, no debe provocar divisiones. Cuando quienes hablan en lenguas abusan del don y se torna realmente en un factor que provoca divisiones y disensiones, es clara indicación de que hay una carencia de amor. Y quienes lo prohíben le hacen un deservicio a la iglesia porque contradicen las enseñanzas del apóstol Pablo. Los creyentes que hablan en lenguas, y los que no lo hacen, deben amarse y trabajar para la mayor gloria de Dios en la evangelización del mundo, recordando una cosa: los que hablan en lenguas y los que no lo hacen, tendrán que vivir juntos en la Nueva Jerusalén.

¿Es este un don que Dios ha creído útil y conveniente otorgarnos? No permitamos que sea un motivo de orgullo o de preocupación. Debemos cimentarnos en la totalidad de la Palabra de Dios. Y sobre todas las cosas, aprendamos lo que significa amar a los demás, incluso a los creyentes que pueden no coincidir totalmente con nuestros énfasis.

¿Es este un don con el que no contamos? No dejemos que ello nos preocupe, y hagamos cuanto nos sea posible para no permitir que sea un motivo o causa de división entre nosotros y otros creyentes. Hay quienes no ponen su énfasis ni hacen hincapié en las mismas cosas que nosotros, pero así y todo son nuestros hermanos y nuestras hermanas en Cristo. Y sobre todas las cosas, se nos ordena: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Los dones singulares —sanidades, milagros y lenguas— probablemente atrajeron tanto la atención de la gente en el primer siglo como lo hacen en el día de hoy. También entonces, como ahora, provocaron confusión y se abusó de los mismos. No obstante ello, Dios el Espíritu Santo se los concedió a algunos miembros de la iglesia para ser utilizados para su gloria y honra. Jamás deben ser explotados por motivos egoístas, ni tornarse jamás en motivo o causa de división o de orgullo. No hemos de preocupamos ni obsesionarnos con ellos, y sobre todas las cosas toda vez que se conceden dones de esta naturaleza, deben ser utilizados en estricto acuerdo con los principios fijados por Dios en la Biblia. Y esto último también debiera contribuir a la unidad del Espíritu. Y si Dios decide entregar estos dones a ciertas personas en el día de hoy, debemos orar pidiendo que sean usados, en todos los casos “para provecho común” (1 Corintios 12:7, Biblia de Jerusalén) y la ampliación del reino de Dios. » (12)

El Peligro de las Lenguas Modernas

«Pero la persona que juega con el hablar en lenguas juega un juego diabólico que va a causarle mucho daño. La práctica de lenguas es exactamente igual a lo que los hinduistas y aficionados del yoga (13) llaman kundalini (14). Ellos tienen el concepto de este fenómeno de dejar salir la serpiente de adentro de uno mismo, y por esto lo llama el poder de la serpiente. Viene “naturalmente” con el uso de drogas psicodélicas, yoga, experiencias de casi morir, y con el hablar en lenguas que hacen en unas iglesias. La experiencia físicamente es exactamente lo mismo entre lenguas y kundalini. Cuando sale el poder de la serpiente, frecuentemente la persona hace sonidos involuntarios y sus cuerpos se mueven en raros movimientos sin su propio control (15). El kundalini es el hablar en lenguas, caer como muerto al piso, revolcarse en el piso sin control (igual en la Santería), hacer sonidos de animales, de reír sin control(16) , oler fragancias raras, de tener sensación de intensa luz o fuego o electricidad, de tener revelaciones de personajes celestiales hablándoles, y el canto rítmico y repetitivo.

Kundalini Yoga

Kundalini era descrito en los Upanishads, las escrituras sagradas del hinduismo en el quinto siglo antes de Cristo. La tradición oral va mucho más atrás en la historia que esto.

Por ejemplo, en la India, el gurú de Kundalini Yoga, Sri Ramakrishna (1836-1886) describió su supuesta conciencia del hombre-dios. Cada día entró en samahdi (un trance) cuando se cayó al suelo involuntariamente en un estado de euforia y gozo (ananda) donde vio visiones bonitas que también a veces fue el sentido de irse afuera de su cuerpo a viajar. Esto fue acompañado con tiempos de reírse sin control. Pudo causar lo mismo en otros con un solo toque ligero a la cabeza (17). o pecho de otros (18). Otro maestro de Kundalini Yoga era Bhagwan Shree Rajneesh (1931-1990) quien trajo su secta a los Estados Unidos. En su interpretación de todo esto, hicieron meditación, canto rítmico, naturismo (anda en desnudez), el grito primordial, y formas extremas de ejercicio, y sexo libre. Con nada más su presencia, sus discípulos empezaron a reírse y llorar sin control, de caerse al suelo, de sentir como electricidad, y todo esto fue precipitado fácilmente por un toque en la cabeza por el dedo por el gran maestro Rajneesh. Usan el término, “borrachos con nuevo vino,” aun que no tomaron necesariamente alcohol. Es una euforia como lo que da el alcohol, pero es espiritual. Notamos también que las experiencias de los que practican vudú igualmente hablan en lenguas en sus sesiones.

Carl Jung (1875-1961) padre de la psicología moderna promovió el Kundalini Yoga en seminarios como el eslabón entre psicología y los pensamientos orientales para encontrar paz interna (espiritual). Kundalini Yoga es un sistema de meditaciones (19) donde se controla la respiración para poner la persona en un estado alterado de conciencia (trance (20)) donde estas cosas “espirituales” (lenguas, caerse, visiones, etc.) pueden suceder. Muchas religiones mundialmente han usado esta misma cosa para comunicarse con los dioses o los espíritus o los humanos muertos.

Aun entre ellos hay avisos (21) de que peligroso puede ser. Médicamente los doctores han notado que una vez que empieza con esto, puede perderse de repente (entra en trance de nuevo) sin aviso o buscarlo, que hay disfunción sexual, problemas físicos y psicológicos (como ansiedad, pesadillas, depresión, alucinaciones, un revuelto psicológico, salirse de la realidad, etcétera), cansancio y estrés, falta de poder de concentración, y aun problemas de posesión por demonios.

Actividad de demonios en la Iglesia

La Biblia enseña que el bautismo del Espíritu Santo ocurre al momento de ser salvo (tener fe salvadora o de aceptar a Jesús como su Salvador personal), y tiene la única marca de dejar de pecar (llevar el carácter del Espíritu de Santidad). Pero hay grupos (Pentecostales y carismáticos) quienes promueven el Bautismo del Espíritu Santo como algo igual de Kundalini o hablar en lenguas (por reinterpretar las palabras a significar cosas que no se presentan en la Biblia). Vamos a ser claros, el caerse al suelo, el perder control de sí mismo son marcas de posesión o influencia de demonios en la Biblia (Mat. 17:15), y nunca se ve asociado con la obra de Dios.

“Según el ritmo romano, otras señales de posesión (de demonios) incluye ‘la habilidad de hablar con familiaridad en un idioma extraña o de entenderlo cuando es hablado por otro, la facultad de divulgar eventos futuros o escondidos, y la manifestación de poderes que estará más allá del poder normal del sujeto.”

“El mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (II Cor. 11:14)

En 1 Corintios 14, Pablo explica que el hablar en lenguas (cuando es de Dios), siempre tiene unas marcas. Una de estas marcas es que “los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (14:32). Lenguas modernas es de dejar “el espíritu” tomar control del cuerpo de uno mismo, para que pierdas control (y el hablar en lenguas estáticas, o sonidos no entendibles, es la marca de este fenómeno no bíblico). Pero si el Espíritu de Dios entra en el cuerpo de la persona

(1) no quita el control de él mismo, sino propone qué es la voluntad de Dios para que esta persona con su propia voluntad decida de hacerla, y

(2) Dios no causa a la persona de hacer cosas en contra de Su voluntad, o sea, de pecar.

La lista de reglas en I Cor. 14 es la voluntad de Dios, y sin que alguien lo dijera, los que tengan el Espíritu de Dios deben obedecer esta voluntad de Dios.

Si el Espíritu de Dios entra en estas personas que hablan en lenguas hoy en día, les controla fuera de su control y voluntad propia, y lo que hacen bajo este estado es pecado, ¿Quién está causando el pecado? ¿Dios? ¿La persona que no tiene control (ni responsabilidad) de sus acciones? ¿O un espíritu disfrazándose como el Espíritu Santo, pero es realmente un espíritu maligno?» (23)

El verdadero hablar en lenguas

David Cox comenta desde su punto de vista un resumen de lo que es la práctica de hablar en “lenguas”. Aunque no cita a las manifestaciones del espíritu para provecho de I Corintios. Creo que la opinión de D. Cox es para tenerla en cuenta, entendiendo que debemos ser prudentes ante toda manifestación del Espíritu Santo, entendiéndose que todo debe hacerse en orden y decentemente,como enseña el Apóstol Pablo.

«Primero notamos que en Hch. 2, las lenguas eran el hablar en un idioma humano donde las personas presentes hablaban este idioma. Segundo notamos que en la Biblia, el propósito de lenguas era de predicar “las maravillas de Dios (Hch. 2:11), o sea, siempre es una predicación o enseñanza donde los demás juzgan o entienden lo que es enseñado o predicado, y ellos siguen Hch. 17:11 (Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.”) de comparar todo con la Palabra de Dios para verificar su base doctrinal o rechazarlo. La edificación que habla Pablo en I Cor. 14 es de oír la Palabra de Dios y entenderla (como en Neh. 8:8) para obedecerla.

Si estas cosas son muy claras, entonces ¿Por qué los cristianos rechazan la clara enseñanza de la Biblia sobre qué es lenguas para buscar otra cosa? La repuesta queda en el corazón rebelde del ser humano. Busca rebeldía en contra de Dios. Pero aun que unos cristianos piensan que su hablar en lenguas no cabe exactamente con lo que la Biblia presenta, no entienden que es de demonios totalmente. Vamos a decir que es una actividad de brujería y religiones satánicas donde de veras pierden control de sí mismo, y un demonio le controla a uno.

Cualquier persona puede hacerlo, porque los demonios buscan siempre estar dentro de un cuerpo (Mar.5:9), o de influir a los seres humanos.» (24)

Notas:

1 “En los Postreros días”, Págs. 30-33, Vinson Synan, Edit. Vida

2El Bautismo en el Espíritu Santo Una investigación Bíblica”, Págs. 106, Howard M. Ervin, Edit. Vida

3 Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

4 Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

5 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

6 Ibíd.

7 El Bautismo en el Espíritu Santo Una investigación Bíblica”, Págs. 50-52, Howard M. Ervin, Edit. Vida

8 Portal de la fe cristiana adventista,http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

10 Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

11Portal de la fe cristiana adventista, http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

12 El Espíritu Santo, Págs. 188-199, Billy Graham., Casa Bautista de Publicaciones, Cuarta edición, 1989

13 Yoga – “Yoga” significa “poner bajo yugo”.

14 Kundalini – viene de la idea de quemarse o de enredarse en un espiral. Creen que toda la energía “cósmica” viene de la base de la columna (del ser humano). Kundalini es de “destapar” esta energía cósmica, y se desarrolla como cuando una serpiente que se desenreda. En el ocultismo, kundalini tiene mucha práctica solamente por los últimos 1.000 años, pero en religiones de asía, tiene historia de 4.000 años.

15 Cristiana y Stanislov Grof, “The Stormy Search for the Self”, pág. 78-79, un libro promoviendo Kundalini.

16. Risa de una Bruja: “Me reí por horas y horas. Todo mi sufrimiento privado personal… fue disuelto en la risa… me sentí transformado… siempre he visto que pasó como un genero de experiencia espiritual… la gente no piensa en la risa como una experiencia espiritual. Ahora entiendo que la risa puede ser un medio de transformación. La risa de Gavreil, como la de Afrodita, me capacitó para poner distancia entre yo y el dolor. ” Carol Christ, La Risa de un Afrodita: Reflecciones sobre una jornada a la diosa, Harper & Row, 1987, Pág. 5-6. http://www.crmspokane.org/toronto.htm

17. Notamos que la Biblia presenta que es cierta la transferencia de espíritus por la imposición de manos. Es de estar muy prevenido, de tener muchísima precaución en imponer las manos sobre otros, y especialmente de no dejar a nadie imponer sus manos sobre uno mismo sin ser extremadamente seguro de su estado de un hombre de Dios, y aun allí, refrenar o no dejar personas de imponer sus manos sobre uno mismo.

18.http://www.bible.ca/tongues-kundalini-shakers-charismastics.htm#document

19. En religiones orientales, meditación es el NO PENSAR, de bloquear o librar la mente de todo pensamiento, y en la Biblia la palabra meditar es de contemplar profundamente, opuesto.

20. En el Vudú, las personas entran en trance con música repetitiva. El trance solamente pone la persona en comunicación con seres espirituales. Durante el trance la persona no tiene control de sí mismo, y el caerse es común. Unos gatean en el piso y hacen sonidos como animales o sin sentido. Los sacerdotes del Vudú observan a las personas y tratan de agarrarles antes que se caen al piso.

21 http://heartseva.com/

22. Joseph Ecanem, PhD., “posesión por demonios”, Pág. 23, http://www.catholicapologetics.net/speaking_in_tongues.htm

23 David Cox, Kundalini y Lenguas El Poder de la Serpiente, www.davidcox.com.mx/folletos,

http://www.davidcox.com.mx/folletos/cox-kundalini.htm

24 Ibíd

En mi nombre hablarán nuevas lenguas (III)»

 

 

 

Fe ciega

Fe ciega

Posted in Mayo 14th, 2008 

by Jos Angel Fernndez

“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”
Martin Luther King

Sé que en la Biblia se nos dice que tenemos que estar preparados para dar razón de nuestra fe ante cualquiera que pida dichas razones, pero tengo mis sospechas acerca de lo que muchos cristianos entienden por ‘razones’. Por ejemplo, hace poco se ha hablado mucho (quizá demasiado) acerca del tema de la evolución. En una discusión tiene sentido preguntar a un científico las razones y evidencias que tiene para creer que la evolución es cierta. Pero, ¿tiene algún sentido pedir a un cristiano que no cree en la evolución que nos dé sus razones y evidencias? Cuando yo lo he preguntado nadie me ha dado ninguna razón relevante más allá de: “si venimos del mono, la Biblia es mentira… por tanto no venimos del mono”, lo cual, como todo el mundo sabe, no es ninguna razón que aluda al tema en cuestión. Pasa lo mismo con la edad de la Tierra: podemos pedir a un científico que nos dé sus razones para creer que la Tierra tiene más de 6000 años de antiguedad, pero ¿qué razones tiene un cristiano para creer que tiene 6000? ¿Son esas las razones de las que habla de Biblia cuando nos pide que estemos preparados para dar nuestras razones?, ¿nos pide que estemos preparados para decir lo primero que se nos pase por la cabeza, o que estemos preparados para repetir aquello que nos han enseñado de pequeñitos pero en lo que no hemos vuelto a pensar? 

Estas preguntas vienen motivadas por dos problemas. El primero es personal: si el Cristianismo que estamos llamados a seguir es uno que no tiene buenas razones, uno que ha dejado de ser relavante, uno que no tiene ningún argumento razonable, entonces sospecho que yo ya no soy cristiano. El segundo es comunitario: si una de las misiones principales del cristiano es evangelizar (o, mejor dicho, ‘comunicar las buenas nuevas’) creo que estas buenas nuevas no van a ser nada eficaces si van rodeadas de todo tipo de ‘razones’ nada razonables. Ya no estamos en la Edad Media; el mundo en el que vivimos hoy es muy distinto de aquel, y lo que entonces funcionaba ya no funciona. Comprendo que algunos cristianos deseen con todas sus fuerzas volver a la Edad Media (ese mismo deseo me expresó un pastor hace unos meses): las posibilidades de control sobre las ‘ovejas’ y de autoridad eclesial extrema eran muchas en aquellos tiempos. Pero los tiempos han cambiado, gracias a Dios. 

Y yo me pregunto: ¿De dónde viene esta falta de interés por aportar buenas razones, razones válidas y relevantes al mundo de hoy? Pensando acerca de todo esto se me ocurrió hace relativamente poco que uno de los motivos principales de toda esta falta de razones adecuadas proviene de la llamada apologética cristiana. Tal y como lo veo, una de las razones por las que se enseña apologética en los seminarios es ‘saber debatir’, ‘saber responder los argumentos que se presentan en contra’. Pero eso no tiene nada que ver con buscar la verdad. En muchos seminarios se dan por sentado ciertas reglas iniciales que no se pueden cambiar, ciertas confesiones de fe que no pueden ser cuestionadas y sobre las que todo lo demás ha de ser construído. Y me da la impresión de que muchos esfuerzos se han puesto en saber ‘jugar con las palabras’ de forma adecuada para acabar siempre en cabeza, y muy pocos se han puesto en buscar evidencias de que lo que creemos es verdad. No muchos cristianos que conozca están realmente interesados acerca de si lo que creen es verdad o no. A unos no les importa lo más mínimo si lo que creen es verdad o no mientras que ellos mismos estén convencidos de que así es. Y otros lo que buscan es invitar a sus heroes admirados a dar conferencias en donde se les enseñe cómo responder a todo aquel que se atreva a cuestionar su fe. Ante esta situación la expresión ‘fe ciega’ alcanza un nuevo significado. 

Es posible, sin embargo, que sea verdad que la mejor definición de fe, la definición más correcta sea: falta de evidencias, falta de razones razonables, falta de sentido común. Me consta que esa es la definición que muchos pondrían en su catecismo (protestante). Puede que así sea. Quizá lo importante no sea la verdad en absoluto, sino solamente ‘querer creer’, estar convencido de que tienes razón, y por medio de ese convencimiento actuar en consecuencia. Puro pragmatismo. Sin duda hay muchas personas que piensan así y eso provoca que hagan el bien, que amen a otros, que den comida a los pobres, etc (por supuesto no podemos ignorar que esa forma de pensar es también la que provoca que algunos hombres secuestren aviones y los lancen en contra de ciertos edificios o se hagan volar en el metro). Es cierto: quizá sus vidas no tendrían sentido si tuvieramos que decirles que lo que creen no es verdad, o si tuvieramos que cuestionar aquello que creen que es incuestionable. ¿Y quién somos nosotros para provocar esa crisis de fe? Es cierto… quizá esa es la fe cristiana. Pero si es así, esa ya no es mi fe.

Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia

Benedicto XVI: No hay oposición entre fe y ciencia

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Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 8 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI a la asamblea plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias el 31 de octubre de 2008.

* * * 

Ilustres señoras y señores:

Me alegra saludaros a vosotros, miembros de la Academia pontificia de ciencias, con ocasión de vuestra asamblea plenaria, y agradezco al profesor Nicola Cabibbo las palabras que me ha dirigido amablemente en vuestro nombre.

Con la elección del tema: “Visión científica de la evolución del universo y de la vida”, tratáis de concentraros en un área de investigación que despierta mucho interés. De hecho, hoy muchos de nuestros contemporáneos desean reflexionar sobre el origen fundamental de los seres, sobre su causa, sobre su fin y sobre el sentido de la historia humana y del universo.

En este contexto se plantean naturalmente cuestiones concernientes a la relación entre la lectura del mundo que hacen las ciencias y la que ofrece la Revelación cristiana. Mis predecesores el Papa Pío XII y el Papa Juan Pablo II reafirmaron que no hay oposición entre la visión de la creación por parte de la fe y la prueba de las ciencias empíricas. En sus inicios, la filosofía propuso imágenes para explicar el origen del cosmos, basándose en uno o varios elementos del mundo material. Esta génesis no se consideraba una creación, sino más bien una mutación o una transformación. Implicaba una interpretación en cierto modo horizontal del origen del mundo.

Un avance decisivo en la comprensión del origen del cosmos fue la consideración del ser en cuanto ser y el interés de la metafísica por la cuestión fundamental del origen primero o trascendente del ser participado. Para desarrollarse y evolucionar, el mundo primero debe existir y, por tanto, haber pasado de la nada al ser. Dicho de otra forma, debe haber sido creado por el primer Ser, que es tal por esencia.

Afirmar que el fundamento del cosmos y de su desarrollo es la sabiduría providente del Creador no quiere decir que la creación sólo tiene que ver con el inicio de la historia del mundo y la vida. Más bien, implica que el Creador funda este desarrollo y lo sostiene, lo fija y lo mantiene continuamente. Santo Tomás de Aquino enseñó que la noción de creación debe trascender el origen horizontal del desarrollo de los acontecimientos, es decir, de la historia, y en consecuencia todos nuestros modos puramente naturalistas de pensar y hablar sobre la evolución del mundo. Santo Tomás afirmaba que la creación no es ni un movimiento ni una mutación. Más bien, es la relación fundacional y continua que une a la criatura con el Creador, porque él es la causa de todos los seres y de todo lo que llega a ser (cf. Summa theologiae, i, q.45, a.3).

“Evolucionar” significa literalmente “desenrollar un rollo de pergamino”, o sea, leer un libro. La imagen de la naturaleza como un libro tiene sus raíces en el cristianismo y ha sido apreciada por muchos científicos. Galileo veía la naturaleza como un libro cuyo autor es Dios, del mismo modo que lo es de la Escritura. Es un libro cuya historia, cuya evolución, cuya “escritura” y cuyo significado “leemos” de acuerdo con los diferentes enfoques de las ciencias, mientras que durante todo el tiempo presupone la presencia fundamental del autor que en él ha querido revelarse a sí mismo.

Esta imagen también nos ayuda a comprender que el mundo, lejos de tener su origen en el caos, se parece a un libro ordenado: es un cosmos. A pesar de algunos elementos irracionales, caóticos y destructores en los largos procesos de cambio en el cosmos, la materia como tal se puede “leer”. Tiene una “matemática” ínsita. Por tanto, la mente humana no sólo puede dedicarse a una “cosmografía” que estudia los fenómenos mensurables, sino también a una “cosmología” que discierne la lógica interna y visible del cosmos.

Al principio tal vez no somos capaces de ver la armonía tanto del todo como de las relaciones entre las partes individuales, o su relación con el todo. Sin embargo, hay siempre una amplia gama de acontecimientos inteligibles, y el proceso es racional en la medida que revela un orden de correspondencias evidentes y finalidades innegables: en el mundo inorgánico, entre microestructuras y macroestructuras; en el mundo orgánico y animal, entre estructura y función; y en el mundo espiritual, entre el conocimiento de la verdad y la aspiración a la libertad. La investigación experimental y filosófica descubre gradualmente estos órdenes; percibe que actúan para mantenerse en el ser, defendiéndose de los desequilibrios y superando los obstáculos. Y, gracias a las ciencias naturales, hemos ampliado mucho nuestra comprensión del lugar único que ocupa la humanidad en el cosmos.

La distinción entre un simple ser vivo y un ser espiritual, que es capax Dei, indica la existencia del alma intelectiva de un sujeto libre y trascendente. Por eso, el magisterio de la Iglesia ha afirmado constantemente que “cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no es “producida” por los padres-, y es inmortal” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 366). Esto pone de manifiesto la peculiaridad de la antropología e invita al pensamiento moderno a explorarla.

Ilustres académicos, deseo concluir recordando las palabras que os dirigió mi predecesor el Papa Juan Pablo II en noviembre de 2003: “La verdad científica, que es en sí misma participación en la Verdad divina, puede ayudar a la filosofía y a la teología a comprender cada vez más plenamente la persona humana y la revelación de Dios sobre el hombre, una revelación completada y perfeccionada en Jesucristo. Estoy profundamente agradecido, junto con toda la Iglesia, por este importante enriquecimiento mutuo en la búsqueda de la verdad y del bien de la humanidad” (Discurso a la Academia pontificia de ciencias, 10 de noviembre de 2003: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 21 de noviembre de 2003, p. 5).

Sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre todas las personas relacionadas con el trabajo de la Academia pontificia de ciencias, invoco de corazón las bendiciones divinas de sabiduría y paz.

[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Libreria Editrice Vaticana

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