El Sacramento A Través de la Historia

El Sacramento A Través de la Historia

Al morir los padres de la Iglesia, ésta perdió su espiritualidad, dejó de depender en el Espíritu Santo como única fuente sobrenatural de todo conocimiento divino, y empezó a depender de los hombres. La escasez de escritos apostólicos y antiguo-testamentarios, por la obvia falta de imprenta, produjo que los religiosos de aquel tiempo hicieran de ella un sistema ritualista. Más adelante, sería contaminada en el siglo IV por el imperio romano. El Emperador Constantino haría un sincretismo entre el paganismo Romano y el Cristianismo. Después en el siglo IX empezaría la primera gran discordia sobe el asunto de la Comunión. Desgraciadamente, esta sucede en medio de un oscurantismo muy acentuado, en el que la magia y la superstición cobraban gran auge, y estas se infiltran en el seno de la Iglesia. Radertus, introduciendo el misterio y la sobrenaturalidad de su época, trajo a Roma la teoría de la transustanciación. El enseñó que cuando las palabras de eucaristía eran pronunciadas, los elementos eran literalmente cambiados en el cuerpo y en la sangre de Cristo. Radertus fue radicalmente opuesto por Ratramnus, quien mantenía la posición agustiniana de que la presencia del Señor en la Santa Cena era meramente espiritual. Tras de mucha oposición, la transustanciación se volvió oficial en el “Cuarto Consejo de 1215″ y la teología de San Agustín perdió la batalla.

En el “Concilio de Trento” (1545-63) se añadió que el pan y el vino debían ser venerados a manera de adoración, siendo estos el mismo Dios.

Las teorías de Radertus provenían de rituales egipcios, tal como el que se hacía al dios Osiris, dentro del templo de Amón-Ra, miles de años antes que Jesús viniera. En esta ceremonia, el sacerdote invocaba con el sonido de una campanilla el espíritu de Osiris, levantando los brazos hacia una estrella flamígera de cinco puntas. El liquido incoloro de la copa de consagración se tornaba de un color rosado, y entonces sabían que su dios se había manifestado.

Esta creencia que prevalece todavía en la Iglesia Romana, fue uno de los grandes temas a ser tratado durante el periodo de la reforma del siglo XVI.

Diversas opiniones surgieron tratando de encontrar la verdad a esta doctrina tan central en el cristianismo, lo que produjo serios conflictos entre los reformadores. Entre ellos había varias posturas, aunque todos ellos se oponían a la transustanciación.

Martín Lutero, líder de la Reforma en Alemania escribió al respecto en su Legado “La Cautividad Babilónica de la Iglesia”:

“Es un error, que se opone a las Escrituras, repugnante a la razón, contrario a lo que testifican nuestros sentidos de la vista, del olfato, del gusto y del tacto. Destruye el verdadero significado de este sacramento y conduce a una magna superstición e idolatría.”

También reprocha a la Iglesia el hecho de negarle al pueblo la copa de la comunión, y de enseñar que la comunión es un sacrificio ofrecido a Dios. En éste, el sacerdote profesa ofrecer a Dios el mismo cuerpo y sangre de Cristo, como una repetición del sacrificio expiatorio del Señor, pero sin derramamiento de sangre.

El verdadero sacramento del altar, añade Lutero, es la promesa del perdón de los pecados hecha por Dios. Tal promesa se cumple con la muerte de Su Hijo. Ya que es una promesa, el acceso a Dios no se obtiene por las obras o los méritos, a través de los cuales tratamos de agradar a Dios, sino por fe. Porque, dónde está la Palabra de Dios, Quien prometió, “necesariamente se requiere la fe del hombre que la acepta.”

En 1524 Lutero empieza su ataque, combatiendo la transustanciación y el sacrificio del altar, basado en las Sagradas Escrituras que establecen:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote

de los bienes venideros, por el más amplio y más

perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir no

de esta creación y no por sangre de machos cabríos,

ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una

vez para siempre en el Lugar santísimo, habiendo

obtenido eterna redención”

HEBREOS 9:11-12

Aunque se mantuvo en firme oposición ante esas doctrinas, siempre sostuvo al igual que San Agustín, que

durante la comunión, el creyente recibe en forma verdadera el cuerpo y la sangre de Cristo.

Entre los contemporáneos de Lutero aparece Swingli, quien dirigiera parte de la reforma en Suiza. Éste provenía de un trasfondo humanista, contrario al monacal de Lutero, y lo que ocasionó que divergiera en varias de las teologías del reformador alemán.

Éste le quitó a la Santa Cena la presencia de Dios, volviéndolo tan solo en un acto simbólico, en el cual Cristo estaba totalmente ausente.

Calvino, se colocó entre ambas posiciones, la de Lutero y la de Swingli. El mantuvo que sí hay una genuina recepción del cuerpo y de la sangre de Jesús durante la comunión, pero que ésta sucede a nivel espiritual.

Junto con Lutero, Calvino creía que en la Santa Cena los elementos eran signos de que Cristo estaba verdaderamente presente, y repudiaba las de Swingli, quien decía que estaba ausente. Estos dos primeros creían que Cristo se hacía presente, nutriendo con Su carne y Su sangre a los creyentes.

Es la posición calvinista la que es mayormente adoptada por la Iglesia evangélica, y la que también tiene mayor aceptación entre los teólogos contemporáneos católicos y luteranos.

Ésta propone que:

“La Santa Cena es un rito instituido por Jesús en el cual se parte el pan, y se bebe el fruto de la vid en un acto de acción de gracias, por el sacrificio expiatorio de Cristo. En este acto sacramental, el Espíritu Santo bendice la comunión con el cuerpo y con la sangre de Jesús, como anticipación a nuestra futura salvación”

Por causa de estas declaraciones, hoy por hoy, lo que tenemos es eso, un rito. Un acto religioso que no produce prácticamente nada en los creyentes.

Un formalismo que se cumple periódicamente en las iglesias. Un sacramento que “hay que hacer”, pero que ha perdido toda la esencia que tuvo durante el tiempo de la iglesia primitiva.

Dios está haciendo un llamado a volver al origen, a buscarlo a Él hasta encontrar lo que Él nos dejó por herencia.

“Y El envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo retenga hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas, de que habló por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” HECHOS 3:20-21

La Iglesia de hoy tiene cosas hermosas y unciones poderosas pero carece de lo esencial.

El amor entre hermanos, el poder y volver al  origen, a buscarlo a Él hasta encontrar lo que El nos dejó por herencia.

la vida sobrenatural de Dios manifestándose en todo aquel que cree, y haciendo un el temor de Dios que conduce a una llamada a verdadera santidad. Sin estas tres cosas somos tan solo címbalos que resuenan, nubes sin agua llevados de aquí para allá. Somos la hermosa fachada de una estructura vacía. El sonido que sale de la Iglesia de hoy en general es un sonido ambiguo. Predicamos que tenemos una relación personal con Cristo, pero la gran mayoría tiene tan solo un concepto mental de Él, y en realidad no lo conoce. Predicamos de Su gran amor y de Su gran poder, y la iglesia

esta fragmentada y divida por todos lados en la tierra, llenos de chismes y destrucción, los unos contra los otros. Llena de gente enferma, endeudada, y en su mayor parte, en escasez financiera. Predicamos que le amamos, pero para una gran parte de los creyentes, no es importante cumplir con sus mandamientos, siendo que El dijo: “El que me ama hace mis mandamientos.”

¿Por qué? Es la pregunta. ¿Por qué si aparentemente lo tenemos todo, en realidad no lo tenemos?

La Iglesia primitiva caminó en un amor inefable de los unos por los otros. En Jerusalén llegaron a ser de una misma alma y un mismo sentir, al punto que tenían en común todas las cosas.

Vivieron un poder que sorprendía a todos. Era irrefutable la sobrenaturalidad de Dios que se mani­festaba entre ellos, y a través de ellos.

El temor de Dios los sostenía en una vida maravillosa­mente Santa. Por causa de esto los cielos se manifestaban en medio de ellos. Veían ángeles, eran arrebatados de un lugar a otro, y vieron milagros extraordinarios.

El sonido que producían era verdadero. Vivían lo que hablaban, y eso afectó al mundo entero.

Fuente bibl:

Ana Mendez Ferrell, “Comed de mi carne,bebed de mi sangre”, 6ª ed., pag. 5-10, ed.Voice of the Light ministries P.O Box 3418 Ponte Vedra Florida 32004 USA

Efesios cap. 3 – John Stott

Efesios cap. 3

1. La revelación divina a Pablo o el misterio que se le ha dado a conocer (vv.1-6)

En este corto pasaje Pablo utiliza tres veces la palabra “misterio”: por revelación me fue declarado el misterio (v.3) .. . podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo (v.4) . . . aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio (v.9). Es una palabra clave para nuestra comprensión del apóstol Pablo. Necesitamos entender que las palabras castellana y griega no tienen el mismo significado. En castellano un ‘misterio’ es algo oscuro, secreto, enigmático. Lo “misterioso” es inexplicable, hasta incomprensible.

La palabra griega mysterion, sin embargo, es diferente. Aunque aun es un “secreto” ya no está celosamente guardado sino a la vista. Originalmente, la palabra griega se refería a una verdad en la que alguien había sido iniciado. Más aun, llegó a usarse para referirse a las enseñanzas secretas de las religiones paganas misteriosas, enseñanzas que estaban restringidas para los iniciados. Pero en el cristianismo no hay “misterios” esotéricos reservados para una élite espiritual. Por el contrario, los “misterios” cristianos son verdades que, aunque están más allá del descubrimiento humano, han sido reveladas por Dios, y por lo tanto pertenecen abiertamente a toda la Iglesia. Más sencillamente, mysterion es una verdad escondida del conocimiento o comprensión humana, pero descubierta por la revelación de Dios.

Si ése es el significado general de “misterio” en el Nuevo Testamento, cuál es el singular secreto que fue destapado o verdad revelada, que no se dio a conocer a los hijos de los hombres pero ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu (v.5) y en forma especial a él, añade Pablo, ya que por revelación me fue declarado el misterio (v.3)

En el versículo 4 y en Colosenses 4:3 lo llama el misterio de Cristo. Así que, evidentemente, es una verdad especialmente revelada de la cual “Cristo es a la vez la fuente y la substancia”.6 Pablo declara su naturaleza exacta con fuerza y claridad en el versículo 6. Es que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y junto, el misterio concierne a Cristo y su único pueblo judeo-gentil.

A fin de definirlo más precisamente, Pablo reúne (y en un caso inventa) tres expresiones paralelas y compuestas. Cada una tiene el mismo prefijo syn, “junto con” e indica que los creyentes gentiles ahora tienen compañerismo con los creyentes judíos.

¿Qué es esto? Los gentiles son “coherederos” (synkléronoma), “cocorporales” (syssoma) y “copartícipes” (symmetocha) de la promesa. Pero estas tres palabras griegas poco usuales necesitan ser aclaradas. Lo que Pablo está declarando es que juntos los cristianos judíos y gentiles son ahora coherederos de la misma bendición, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la misma promesa. Y este privilegio compartido es tanto en Cristo Jesús (porque lo disfrutan por igual todos los creyentes, sean judíos o gentiles, si están en unión con Cristo) como por medio del evangelio (porque la proclamación del evangelio incluye esta unidad y por lo tinto la pone al alcance de aquellos que creen).

Para resumir, podemos decir que “el misterio de Cristo” es la unión Completa de judíos y gentiles unos con otros a través de la unión de ambos con Cristo. Era esta unión doble, con Cristo y de uno con el Otro, la sustancia del “misterio”. Dios se lo había revelado especialmente a Pablo, según lo expresa brevemente (v.3) en el capítulo anterior. Pero también les fue dado a conocer a los santos apóstoles y profetas por el Espíritu (v.5), y a través de ellos “a sus santos” (Co. 1:26)7 Ahora era, por lo tanto, la posesión común de la Iglesia universal.

Era una revelación nueva. Porque en otras generaciones no se dio a conocer (v.5) sino que estaba escondido desde los siglos (v.9). Estas afirmaciones han dejado perplejos a los lectores de la Biblia, porque el Antiguo Testamento ya revelaba que Dios tenía un propósito para los gentiles. Prometía, por ejemplo, que todas las familias de la tierra Herían benditas por medio de la prosperidad de Abraham; que el Mesías recibiría a las naciones como su herencia; que Israel sería dada como luz a las naciones; y que un día las naciones harían una peregrinación Jerusalén y aun “correrían” hacia ella como un río ancho.8

Jesús también habló de la inclusión de los gentiles y comisionó a sus seguidores para que fueran y los hicieran sus discípulos. Pero lo que no reveló ni el Antiguo Testamento ni Jesús, fue la naturaleza radical plan de Dios, que la teocracia (la nación judía bajo el gobierno de Dios) llegaría a su fin y sería reemplazada por una nueva comunidad internacional, la Iglesia; que esta Iglesia sería “el cuerpo de Cristo”, unida orgánicamente a él; y que judíos y gentiles serían incorporados a Cristo y su Iglesia en términos de igualdad sin distinciones. Esta unión completa de judíos, gentiles y Cristo, era lo radicalmente nuevo y Dios se lo reveló a Pablo, venciendo su arraigado prejuicio judío.9

Fuente:

John Stott, La Nueva Humanidad. El mensaje de Efesios, ed. Certeza ,pag.112-114

El Bautismo parte nº 1

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Benjamín B. Warfield – Pablo acerca de que las mujeres hablen en la iglesia

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Rick Warren – Una Iglesia Con Proposito

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La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del160 d.C. Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva.

La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participaren la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11:

“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”

Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss)

Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el  Señor: no deis lo santo a los perros.

Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91)

En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo el Señor: en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque soy yo Rey grande, dice elSeñor, y mi nombre es admirable entre las naciones.

El Papa Gelasio y la Transubstanciación

¿Fue la doctrina de la transubstanciación creída de forma general en la iglesia de los primeros años? Es interesante leer lo que el Papa Gelasio (492-496 A.C.) tuvo que decir sobre esta materia. Pero primero déjenos definir el significado de la doctrina.

Transubstanciación (ambas partes del latín que significan Trans- a través, y substantia, que significa substancia) sigue siendo la conversión de la sustancia de los elementos de la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo en la consagración, solamente del aspecto del pan y del vino restante. La “Sustancia” significa lo que algo es en sí mismo.

El Concilio de Trento establece: “si cualquier persona dice que en el sacramento sagrado y santo de la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino permanece conjuntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo, y niega que el cambio maravilloso y singular de la sustancia entera del pan en el cuerpo y la sustancia entera del vino en la sangre, los aspectos solamente del pan y el vino restante, que cambian la iglesia católica, lo cual es llamado mas convenientemente La transubstanciación, sea anatema (maldito) .” (Concilio de Trento, sesión 13, canon 2).

Así, la iglesia católica enseña que en la consagración, el pan y el vino realmente y substancialmente se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo aunque sigue existiendo el aspecto (o los “accidentes”) sin cambiar. Continuamos viendo el pan y el vino aunque no son ningún pan y vino nunca más; pues lo qué percibimos y probamos como el pan y el vino son de hecho el cuerpo y la sangre de Jesús.

Ahora déjenos ver lo que enseñó el Papa Gelasio. En el tratado De Duabus Naturis contra Eustaquio y Néstor (quién enseñó que en la encarnación la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la naturaleza divina), Gelasio escribió: “el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que recibimos, es una cosa divina, porque en ella nos hacemos participes de la naturaleza divina. Con todo la sustancia o la naturaleza del pan y del vino no cesa. Y seguramente la imagen y la similitud del cuerpo y de la sangre de Cristo se celebran en la presentación de los misterios.”

Gelasio enseñó que el pan y el vino sacramentales son la “imagen y la similitud” del cuerpo y sangre de Cristo; la “sustancia o la naturaleza” del pan y del vino permanece sin cambiar – “no cesa”. El pan sigue siendo pan; el vino sigue siendo vino. Claramente, el Papa Gelasio contradijo la idea de la transubstanciación.

¿Cómo los apologistas católicos reaccionan a esto? Un escritor católico discute que “el Papa Gelasio dijera simplemente que sigue habiendo el aspecto [accidentes] de pan/vino junto a la presencia verdadera en una tentativa de explicar el misterio de la encarnación, puesto que sigue habiendo la humanidad de Cristo junto a su divinidad. Algunos eruditos interpretan el pasaje antedicho para referirse a los accidentes del pan y del vino.” (Kenneth Henderson)

¿Papa Gelasio realmente significó “aspecto” cuándo él escribió sobre “sustancia” y la “naturaleza”? ¿Era el Papa ignorante del significado de los mismos términos en el Credo Niceno (325 D.C.) y la declaración de Chalcedon (451 D. C) para describir quién es Jesús realmente?

Hay una razón muy simple por la que Gelasio no significó “aspecto”. Recuerde que él está utilizando la eucaristía como analogía para la encarnación, a saber que la “humanidad de Cristo sigue estando junto a su divinidad.” ¡Ahora si por la “sustancia o la naturaleza” él significó que solamente sigue habiendo el aspecto del pan y del vino, siendo que Cristo aparecía simplemente humano pero en hecho él no estaba! ¡Ésa es la misma herejía que él refutaba!

No, mejor dicho, Gelasio creyó correcto que la distinción de naturalezas divinas y humanas de Cristo no es “de manera alguna anulada por la unión” (Concilio de Chalcedon). ¡Jesús es en verdad Dios y en verdad hombre! La eucaristía ilustra esta gran verdad, porque, así como permanece la sustancia del pan y del vino sin cambiar, así la naturaleza humana de Cristo seguía siendo sin cambios a pesar de su unión con su divinidad.

El Papa Gelasio no intentó probar que permanecen el pan y el vino sin cambiar. Él podría haber tomado como un hecho que sus lectores de final del Siglo V creyeron que la sustancia de los elementos de la eucaristía no cesa. La idea original de la transubstanciación fue desarrollada y adoptada mucho más adelante en la historia de la iglesia católica.

La Cena del Señor Parte 3 – en la Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)

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