Darwin y el origen de la eugenesia
17 mar 2011 8 comentarios
in Bioética, Darwin Etiquetas: Eugenesia
Antonio Cruz Suárez
Darwin y el origen de la eugenesia
Eugenesia (III)

El padre de la teoría de la evolución de las especies por selección natural sostenía que los hombres civilizados, al construir hospitales y centros sanitarios para curar a los enfermos, estaban haciendo un flaco servicio a la evolución biológica del ser humano.
6 de marzo de 2011
Si los lisiados, minusválidos o deficientes eran preservados y se les permitía llegar activos a la edad reproductora, con ello se posibilitaba que sus genes portadores de anomalías se transmitieran a la descendencia y se perpetuaran entre la población.
Esto, además de alterar la marcha de la selección natural ya que los débiles no eran eliminados, atentaba claramente contra la pureza y el futuro de la raza. Naturalmente, a partir de tales ideas concebir un programa eugenésico era tarea fácil.
Hubo, por tanto, una gran afinidad entre el pensamiento galtoniano y la teoría de Darwin. Una de las evidencias de esta relación se muestra en que los principales científicos eugenistas fueron también fervientes partidarios del darwinismo.
Si un personaje de la talla de Darwin compartía y elogiaba en sus trabajos las concepciones de Galton, era razonable esperar que los seguidores del evolucionismo acogieran también con buenos ojos los argumentos eugenésicos.
El famoso biólogo inglés, Julian Huxley, que fue uno de los fundadores de la moderna teoría sintética de la evolución y primer director general de la UNESCO, escribió en 1946: “Cuando la eugenesia se haya convertido en práctica corriente, su acción (…) estará enteramente dedicada, al principio, a elevar el nivel medio, modificando la proporción entre los buenos y malos linajes, y eliminando en lo posible las capas más bajas, en una población genéticamente mezclada” (Thuillier, P., Las pasiones del conocimiento, Alianza Editorial, Madrid, 1992: 162).
El propio hijo de Darwin, el mayor Leonard Darwin, fue presidente de la Sociedad para la Educación Eugenésica, durante diecisiete años. En sus trabajos proponía que se convenciera a los individuos mejor dotados a tener un elevado número de hijos, mientras que por otro lado se persuadiera a los considerados “inferiores” desde el punto de vista biológico, para que se abstuvieran de descendencia. Y en este sentido, la esterilización forzosa se veía como una medida acertada y eficaz.
No obstante, resulta sorprendente la postura tan poco crítica que Charles Darwin mantiene hacia los trabajos de su primo Galton. Siempre se expresó en términos muy laudatorios hacia las teorías de éste, incluso las que mantenían que facultades morales o intelectuales como el genio y la inteligencia se transmitían claramente mediante herencia biológica.
Galton no había demostrado esto, ni mucho menos, lo único que se había limitado a constatar fue que los hijos de personajes ilustres terminaban siendo también, en buena parte, ilustres. Sin embargo, Darwin consideraba que estas afirmaciones constituían ya una demostración suficiente de la herencia del talento. Además creía que el tamaño del cerebro estaba directamente relacionado con el desarrollo de las facultades intelectuales.
Si bien es verdad que Darwin reconoció que la no eliminación de los individuos débiles podría tener consecuencias negativas y conduciría a la degeneración de la humanidad, la puesta en práctica de las medidas eugenésicas le pareció un proyecto utópico que resultaba inviable desde el punto de vista moral: “Despreciar intencionadamente a los débiles y desamparados, acaso pudiera resultar un bien contingente, pero los daños que resultarían son más ciertos y muy considerables. Debemos, pues, sobrellevar sin duda alguna los males que a la sociedad resulten de que los débiles vivan y propaguen su raza” (Darwin, Ch., El origen del hombre, EDAF, Madrid, 1980: 135).
De manera que, aunque las opiniones de Darwin sobre la eugenesia tuvieran muchos puntos en común con las de Galton, lo cierto es que no fueron siempre completamente coincidentes.
Esto no significa que muchos de sus seguidores, los darwinistas que militaron en movimientos eugenésicos, no asumieran todas las ideas galtonianas y las llevaran después a la práctica, incluso hasta derroteros que ni el propio Galton hubiera jamás soñado.
Pero de Galton trataremos la próxima semana.
Teoria de la Evolucion – Capitulo 2. Biografía de Charles Darwin
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Teoría de la Evolución
Capitulo 2. Biografía de Charles Darwin
Este trabajo estaría incompleto sin refererirnos a Carlos Darwin, el científico naturalista, padre de la Teoría de la Evolución.
Datos biográficos generales:
Este año 2009 ha sido el año del bicentenario del nacimiento de este cientifico, que fue sin duda quien le ha dado un vigoroso impulso a la ciencia biológica de nuestros días.
“En las Galápagos Darwin halló los famosos pinzones -hasta trece especies distintas- que afianzaron su teoría. Propuso que esas aves descendían de un antepasado común que había volado del continente muchas generaciones antes. Cada especie era el resultado de las condiciones naturales (clima, vegetación, competencia por los recursos…). Sus picos evolucionaron y se adaptaron a las fuentes de alimento disponibles, como las semillas de los cactus o el néctar de la flores.” [0]
Nacimiento: 12 de febrero de 1809 Shrewsbury
Muerte: 19 de abril de 1882 Kent
Residencia: Reino Unido, Sudamérica
Nacionalidad(es): Inglés
Campo(s): Biología
Alma mater: Shrewsbury (1825), Cambridge(1831)
Conocido por: Fundamentar la actual teoría de la evolución
Sociedades: Royal Society (1839), Academia Francesa de las Ciencias (1878).
Charles Robert Darwin (12 de febrero de 1809, Shrewsbury, Inglaterra – 19 de abril de 1882, Kent,Inglaterra), biólogo británico. Sentó las bases de la moderna teoría de la evolución, al plantear el concepto de evolución de las especies a través de un lento proceso de selección natural. [1]
Obras [2]
• Viaje de un naturalista alrededor del mundo o El viaje del Beagle (1839, The Voyage of the Beagle)
• El origen de las especies (1859, On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life).
• El origen del hombre (1871, The Descent of Man and Selection in Relation to Sex)
• Autobiografía
Primeros años y formación:
Charles Darwin, con 31 años, en un retrato en acuarela realizado por George Richmond hacia finales de los años treinta del Siglo XIX.
Darwin con siete años en 1816.
«Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Shropshire, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809 en el hogar familiar, llamado “The Mount” (El monte).
Fue el quinto de seis de los hijos habidos entre Robert Darwin, un médico y hombre de negocios acomodado, y Susannah Darwin (apellidada Wedgwood de soltera).
Era nieto de Erasmus Darwin por parte de padre y de Josiah Wedgwood por parte de madre. Ambas familias eran de antigua tradición unitarista, aunque los Wedgwoods adoptaron el anglicanismo.
El mismo Robert Darwin, siendo un discreto librepensador, bautizó a su hijo Charles en la Iglesia Anglicana, aunque tanto él como sus hermanos asistían a los oficios unitaristas con su madre.
A los ocho años Charles ya mostraba predilección por la historia natural y por el coleccionismo de ejemplares cuando en 1817 se incorporó a la escuela diurna, regida por el predicador de la capilla donde asistía a los cultos. En julio de ese mismo año falleció su madre. En septiembre de 1818 se incorporó con su hermano Erasmus a la cercana escuela anglicana de Shrewsbury como pupilo.
Darwin pasó el verano de 1825 como aprendiz de médico, ayudando a su padre a asistir a las personas necesitadas de Shroshire, antes de marchar con Erasmus a la Universidad de Edimburgo. Encontró sus clases tediosas y la cirugía insufrible, de modo que no se aplicaba a los estudios de medicina. Aprendió taxidermia con John Edmonstone, un esclavo negro liberto que había acompañado a Charles Waterton por las selvas de Sudamérica y se le veía frecuentemente sentado con aquel “hombre inteligente y muy agradable”
Darwin se aburría bastante con el curso de historia natural impartido por Robert Jameson, que comprendía la geología y su debate entre neptunismo y plutonismo. Aprendió la clasificación de las plantas, y contribuyó a los trabajos en las colecciones del museo de la universidad, uno de los mayores de la Europa de su tiempo.
Esta falta de atención a sus estudios de medicina disgustó a su padre, quien lo envió al Christ’s College de Cambridge para obtener un grado en letras como primer paso para ordenarse como pastor anglicano.
Darwin llegó en enero de 1828, pero prefería la equitación y el tiro al estudio. Su primo William Fox le introdujo en la moda popular de coleccionar escarabajos, a la que se dedicó con entusiasmo, consiguiendo publicar algunos de sus hallazgos en el manual Illustrations of British entomology de James Francis Stephens.
Se convirtió en un amigo íntimo y seguidor del profesor de botánica John Stevens Henslow y conoció a otros importantes naturalistas que contemplaban su trabajo científico como una teología natural, siendo conocido por estos académicos como “el hombre que pasea con Henslow”. En la proximidad de los exámenes finales, Darwin se centró en sus estudios, deleitándose con el lenguaje y la lógica de Evidencias del Cristianismo de William Paley.
En el examen final de enero de 1831 Darwin aprobó, quedando el décimo de una lista de 178 examinados.
En su segundo año en Edimburgo ingresó en la Sociedad Pliniana, un grupo de estudiantes de historia natural cuyos debates derivaron hacia el materialismo radical. Colaboró con las investigaciones de Robert Edmund Grant sobre la anatomía y el ciclo vital de los invertebrados marinos en el Fiordo de Forth, y en marzo de 1827 presentó ante la Sociedad Pliniana el descubrimiento de que unas esporas blancas encontradas en caparazones de ostras eran los huevos de una sanguijuela. Un buen día, Grant expuso las ideas evolucionistas de Lamarck. Darwin quedó estupefacto, pero al haber leído recientemente ideas similares en los escritos de su abuelo Erasmus, mantuvo posteriormente una postura indiferente.
Darwin tuvo que quedarse en Cambridge hasta junio. Durante este período leyó tres obras que ejercerían una influencia fundamental en la evolución de su pensamiento: otra obra de Paley, Teología Natural, uno de los tratados clásicos en defensa de la adaptación biológica como evidencia del diseño divino a través de las leyes naturales; el recién publicado Un discurso preliminar en el estudio de la filosofía natural, de John Herschel, que describía la última meta de la filosofía natural como la comprensión de estas leyes a través del razonamiento inductivo basado en la observación; y el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alexander von Humboldt. Inspirado por un ardiente afán de contribuir, Darwin planeó visitar Tenerife con algunos compañeros de clase tras la graduación para estudiar la historia natural de los trópicos. Mientras preparaba el viaje se inscribió en el curso de geología de Adam Sedgwick y posteriormente le acompañó durante el verano a trazar mapas de estratos en Gales.
Tras una quincena con otros amigos estudiantes en Barmouth, volvió a su hogar, encontrándose con una carta de Henslow que le proponía un puesto como naturalista sin retribución para el capitán Robert FitzRoy, más como un acompañante que como mero recolector de materiales en el HMS Beagle, que zarparía en cuatro semanas en una expedición para cartografiar la costa de América del Sur.
Su padre se opuso en principio al viaje que se planeaba para dos años, aduciendo que era una pérdida de tiempo, pero su cuñado Josiah Wedgwood lo persuadió, aceptando así finalmente la participación de su hijo.»[3]
Viaje del Beagle
(27 de diciembre de 1831 al 2 de octubre de 1836)
«Después de graduarse en Cambridge en 1831, Darwin se embarcó como naturalista sin paga, a los 22 años, en el barco de reconocimiento HMS Beagle, merced a la recomendación del también naturalista John Stevens Henslow que había conocido en Cambridge, para emprender una expedición científica alrededor del mundo que duraría 5 años.
Durante el viaje Darwin estudió las aguas costeras, midió profundidades e indicó las grandes corrientes oceánicas. Abandonó el barco frecuentemente para realizar largas expediciones por tierra, durante las cuales pudo reunir gran cantidad de especimenes. [4]
«El viaje del Beagle duró casi cinco años, zarpando de la bahía de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y arribando a Falmouth el 2 de octubre de 1836. Tal como Fitzroy le había propuesto, el joven Darwin dedicó la mayor parte de su tiempo a investigaciones geológicas en tierra firme y a recopilar ejemplares, mientras el Beagle realizaba su misión científica para medir corrientes oceánicas y cartografiando la costa.
Darwin tomó notas escrupulosamente durante todo el viaje, y enviaba regularmente sus hallazgos a Cambridge, junto con una larga correspondencia para su familia que se convertiría en el diario de su viaje.
Tenía nociones de geología, entomología y disección de invertebrados marinos —aunque se sabía inexperto en otras disciplinas científicas; de modo que reunió hábilmente gran número de especimenes para que los especialistas en la materia pudieran llevar a cabo una evaluación exhaustiva.
A pesar de sufrir frecuentes mareos —que ya había acusado la primera vez que embarcó su equipaje a bordo— la mayoría de sus notas zoológicas versa sobre invertebrados marinos, comenzando por una notable colección de plancton que reunió en una temporada con viento en calma.
En su primera escala, en Santiago de Cabo Verde, Darwin descubrió que uno de los estratos blanquecinos elevados en la roca volcánica contenían restos de conchas. Como Fitzroy le había prestado poco antes la obra de Charles Lyell Principios de Geología, que establecía los principios uniformistas según los cuales el relieve se formaba mediante surgimientos o hundimientos a lo largo de inmensos periodos de tiempo, Darwin comprendió ese fenómeno desde el punto de vista de Lyell, e incluso se planteó escribir en el futuro una obra sobre geología.
Viaje del Beagle
En Brasil, Darwin quedó fascinado por el bosque tropical, pero aborreció el espectáculo de la esclavitud. En Punta Alta y Barrancas de Monte Hermoso, cerca de Bahía Blanca, Argentina, realizó un hallazgo de primer orden al localizar en una colina fósiles de enormes mamíferos extintos junto a restos modernos de bivalvos, extintos más recientemente de manera natural. Identificó al poco conocido megaterio, cuyo pesado caparazón óseo le pareció en un principio una gigantesca versión del armadillo local. Estos hallazgos despertaron un enorme interés a su regreso a Inglaterra.
Cabalgando con los gauchos del interior se dedicó a observar la geología y extraer más fósiles, adquiriendo, al mismo tiempo, una perspectiva de los problemas sociales, políticos y antropológicos tanto de los nativos como de los criollos en el momento anterior a la revolución de los Restauradores. También aprendió que los dos tipos de ñandú poseen territorios separados, aunque superpuestos.
Contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Así, pudo comprender que la separación geográfica y las distintas condiciones de vida eran la causa de que las poblaciones variaran independientemente unas de otras. Continuando su viaje hacia el sur, observó llanuras aplanadas llenas de guijarros en las que cúmulos de restos de conchas formaban pequeñas elevaciones. Como estaba leyendo la segunda obra de Lyell, asumió que se trataba de los “centros de creación” de especies que éste describía, aunque por primera vez comenzó a cuestionar los conceptos de lento desgaste y extinción de especies defendidos por Lyell.
En Tierra del fuego se produjo el retorno de tres nativos Yagán que habían sido embarcados durante la primera expedición del Beagle, con objeto de recibir una educación que les permitiera actuar de misioneros ante sus semejantes. Darwin los encontró amables y civilizados, aunque los otros nativos le parecieron “salvajes miserables y degradados”, tan distintos de los que iban a bordo como lo pudieran ser los animales salvajes de los domésticos, si bien, para Darwin, esa distinción estribaba en cuestiones culturales y no raciales. Al contrario que sus colegas científicos, empezó a sospechar que no existía una diferencia insalvable entre los animales y las personas. Al cabo de un año, la misión había sido abandonada. Uno de los fueguinos retornados, a quien le habían dado el nombre cristiano de Jemmy Button, vivía con los demás nativos, se había casado y manifestó no tener ningún deseo de volver a Inglaterra.
En Chile, Darwin fue testigo de un terremoto, observando indicios de un levantamiento del terreno, entre los que se encontraban acumulaciones de valvas de mejillones por encima de la línea de la marea alta. Sin embargo, también encontró restos de conchas en las alturas de los Andes, así como árboles fosilizados que habían crecido a pie de playa, lo que le llevó a pensar que según subían niveles de tierra, las islas oceánicas se iban hundiendo, formándose así los atolones de arrecifes de coral.
Poco después, en las Islas Galápagos, geológicamente jóvenes, Darwin se dedicó a buscar indicios de un antiguo “centro de creación”, y encontró variedades de pinzones que estaban emparentadas con la variedad continental, pero que variaban de isla a isla. También recibió informes de que los caparazones de tortugas variaban ligeramente entre unas islas y otras, permitiendo así su identificación.
En Australia, la rata marsupial y el ornitorrinco le parecieron tan extraños que Darwin pensó que era como si “dos creadores” hubiesen obrado a la vez. Encontró a los aborígenes australianos “bienhumorados y agradables”, y notó su decadencia por la proliferación de asentamientos europeos.
El HMS Beagle también investigó la formación de los atolones de las Islas Cocos, con resultados que respaldaban las teorías de Darwin. Por aquel entonces, Fitzroy —que redactaba la “narración oficial” de la expedición— leyó los diarios de Darwin y le pidió permiso para incorporarlos a su crónica. El diario de Darwin fue entonces reescrito como un tercer volumen dedicado a la historia natural.
En Ciudad del Cabo, una de las últimas escalas de su vuelta al mundo, Darwin y Fitzroy conocieron a John Herschel, quien había escrito recientemente a Lyell alabando su teoría uniformista por plantear una especulación sobre “ese misterio de misterios: la sustitución de especies extintas por otras” como “un proceso natural en oposición a uno milagroso”.
Ordenando sus notas rumbo hacia Plymouth, Darwin escribía que de probarse sus crecientes sospechas sobre los pinzones, las tortugas y el zorro de las islas Malvinas, “estos hechos desbaratan la teoría de la estabilidad de las especies” (más tarde, reescribió prudentemente “podrían desbaratar”). Posteriormente reconoció que en aquel momento, los hechos observados le hacían pensar que “arrojaban alguna luz sobre el origen de las especies.»[4]
Viaje del Beagle
«Darwin, además, contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Así, pudo comprender que era la separación geográfica y las distintas condiciones de vida la causa de que las poblaciones variaran independiente unas de otras.
A su vuelta al Reino Unido publicó su obra Diario del viaje del Beagle. Poco después, Darwin se había convertido en una celebridad científica. Fue elegido secretario de la Sociedad Geológica de Londres y se ganó el respeto y amistad de la élite intelectual británica: Charles Lyell, Thomas Henry Huxley y Joseph Dalton Hooker.
En 1831 se integró, como naturalista, a la tripulación del barco de la marina inglesa “HMS Beagle”, que realizaría una expedición de mapeo alrededor del mundo durante 5 años. Este viaje fue esencial en el pensamiento de Charles Darwin. En las islas Galápagos, en el Océano Pacífico frente a Sudamérica, quedó muy impresionado por las especies de animales que vió y, sobre todo, por las sutiles diferencias entre los pájaros de las islas del archipiélago. A partir de estas observaciones, Darwin se dio cuenta que estas diferencias podían estar conectadas con el hecho de que cada especie vivía en un medio natural distinto, con distinta alimentación. En ese momento comenzó Darwin a delinear sus ideas acerca de la evolución.
Darwin entendió que toda población consiste de individuos ligeramente distintos unos de otros. Las variaciones que existen entre los individuos hace que cada uno tenga distintas capacidades para adaptarse al medio natural, reproducirse exitosamente y transmitir sus rasgos a su descendencia. Al paso de las generaciones, los rasgos de los individuos que mejor se adaptaron a las condiciones naturales se vuelven más comunes y la población evoluciona. Darwin llamó a este proceso “descendencia con modificación”. Del mismo modo, la naturaleza selecciona las especies mejor adaptadas para sobrevivir y reproducirse. Este proceso se conoce como “selección natural”.
El pensamiento de Darwin también estuvo muy influenciado por las ideas de Thomas Malthus, que escribió que la población humana tendía a crecer exponencialmente y con ello a acabarse los recursos alimenticios disponibles. Esto provoca crisis que lleva a los individuos a competir entre ellos por la supervivencia. Darwin creía que las variaciones en los rasgos hereditarios de los individuos los hacía más o menos capaces de enfrentarse a la competencia por los recursos.
Más de 20 años después de que comenzó a elaborar sus ideas acerca de la evolución, Darwin publicó su teoría en el libro El origen de las especies (1859). Su publicación provocó grandes controversias y se opusieron a él los pensadores religiosos porque echaba por tierra la teoría creacionista y movía al ser humano del centro de la Creación. Este libro convenció a los científicos y al público educado de que los seres vivos cambian con el tiempo. »[5]
Recorrido de Darwin [6]
Darwin recorrió varios lugares donde se maravilló con la biodiversidad de especies
En el paso del H.M.S. Beagle por Argentina, Charles Dan Con una agudeza sorprendente para hacer observaciones científicas, recolectó fósiles, describió hábitos de animales, analizó la vegetación y hasta estudió la geología de cada lugar. Cada experiencia quedó registrada en su cuaderno de viaje, Journal of Researches. Lejos de conformarse con escribir sobre naturaleza, también anotó observaciones sobre los gauchos, los fueguinos y hasta el mismo general Rosas.
Llegó a la boca del río Negro en agosto 1833, luego de pasar por Bahía y Río de Janeiro, Brasil. Con la compañía de guías, se animó a viajar a caballo hasta Bahía Blanca y Buenos Aires. En cada parada, observaba todos los detalles ofrecidos a la intemperie de las pampas. También, viajó por tierra hasta Santa Fe y navegó el río Paraná. De allí en más, y luego de pasar por Montevideo, el Beagle, comandado por Fitz Roy, llevó la tripulación hacia el Sur, haciendo escala en Puerto Deseado, el río Santa Cruz y el estrecho de Magallanes, incluso, Darwin exploró las Islas Malvinas. Una vez en Chile, cruzó la cordillera de los Andes hasta Mendoza, y realizó sorprendentes hallazgos.
Su paso por el territorio argentino lo ayudó a observar nuevas especies y comprender más sobre la historia de la naturaleza. Aquí, algunos detalles sobre su recorrido.
Desde la tormentosa recepción del origen de las especies hace 150 años, biólogos, genetistas y paleontólogos han estado dándole vueltas a la revolucionaria teoría de Darwin.
La selección natural y el origen de las especies
El origen de las especies
«La lectura del libro Ensayo sobre el principio de la población, del economista británico Thomas Malthus, permitió a Darwin completar su teoría. Según Malthus, el constante aumento de la población mundial que se estaba dando provocaría el agotamiento de los recursos naturales y una lucha por la supervivencia, que acabaría con el triunfo del más fuerte.
Para Darwin, ya no había duda. Inmediatamente desarrolló su teoría: La selección natural, en biología, es un proceso por el cual los efectos ambientales (falta de recursos, cambios geológicos, llegada de nuevas especies…) conducen a un grado variable de éxito reproductivo entre los individuos de una población de organismos con características, o rasgos, diferentes y heredables.
Esta era la causa de la variación de las especies en función de los climas y los recursos de cada lugar. Darwin argumenta que todos los seres vivos tienen una ascendencia común y las diferentes variedades y especies que se observan en la naturaleza son el resultado de la acción de la selección natural en el tiempo. La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un gran paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas evolucionistas presentes con anterioridad. Integra armoniosamente los avances contemporáneos en paleontología y geología; y sienta las bases que cerrarán el debate frente a las tesis alternativas de tipo fijista/creacionista como el catastrofismo de Georges Cuvier.
Darwin dedicó los siguientes años al desarrollo de su teoría evolucionista. Hubiera podido publicar antes, pero las dudas, el miedo a la polémica y su mala salud retrasaron la publicación, a pesar del apoyo constante que recibió de Huxley, Lyell, Hooker y su esposa Emma Wedgwood, con la cual había contraído matrimonio en 1839.
En 1858 recibió una carta de su compatriota Alfred Russel Wallace, el cual había desarrollado de un modo independiente la misma teoría que Darwin. Para evitar la polémica, decidieron publicar conjuntamente un artículo en la Sociedad Linneana titulado Sobre la tendencia de las especies a crear variedades; y sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural.
El trabajo de Darwin tuvo una influencia decisiva sobre las diferentes disciplinas científicas, y sobre el pensamiento moderno en general. Recogió su teoría en su libro El origen de las especies, publicado el 24 de noviembre de 1859 y que se agotó el primer día en que salió a la venta. En 1871 publicó El origen del hombre, donde defendía la teoría de la evolución del hombre desde un animal similar al mono, lo que provocó gran controversia religiosa.
Otras de sus obras fueron: La variación de los animales y de las plantas bajo la acción de la domesticación (1868), La descendencia humana y la selección sexual (1871), y La expresión de las emociones en el hombre y en los animales.
Darwin fue escogido miembro de la Royal Society (1839) y de la Academia Francesa de las Ciencias (1878).
Cuando estuve a bordo del Beagle, como naturalista, me llamó mucho la atención la distribución de los habitantes de Sudamérica y las relaciones geológicas del presente con los habitantes del pasado en esa parte del continente. Me dio la impresión de que estos hechos aclaraban el origen de las especies, ese misterio de misterios, como lo llamó uno de nuestros más grandes filósofos.»[10]
Años de la gestación y publicación de El origen de las especies
Inicios de la teoría
«Cuando el Beagle regresó el 2 de octubre de 1836, Darwin se había convertido en una celebridad en los círculos científicos, ya que en diciembre de 1835 Henslow había promovido la reputación de su anterior discípulo distribuyendo entre naturalistas seleccionados un panfleto de sus comunicaciones sobre geología.
Darwin fue a visitar su casa en Shrewsbury y se encontró con sus parientes, apresurándose inmediatamente a Cambridge para ver a Henslow, quien le recomendó buscar naturalistas disponibles para catalogar las colecciones, y acordó encargarse de los especimenes botánicos. El padre de Darwin organizó las inversiones que permitieron a su hijo ser un caballero científico sustentado por sus propios ingresos, y le animó a hacer una gira por las instituciones de Londres para asistir a recepciones en su honor y buscar de ese modo expertos para describir las colecciones. Los zoólogos tenían ante sí un enorme trabajo acumulado, y había peligro de que los especimenes quedaran abandonados en almacenes.
A mediados de julio de 1837 Darwin comenzó su cuaderno “B” sobre la “Transmutación de las especies” y en su página 36 escribió “pienso en el primer árbol de la vida”.
Charles Lyell, entusiasmado, se encontró con Darwin por primera vez el 29 de octubre y pronto le presentó al prometedor anatomista Richard Owen, quien disponía de las instalaciones del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra para poder trabajar en los huesos fosilizados recolectados por Darwin. Entre los sorprendentes ejemplares que clasificó Owen se encontraban los de perezosos gigantes extintos, un esqueleto casi completo del desconocido Scelidotherium, un roedor del tamaño de un hipopótamo, que recordaba a un capibara gigante, y fragmentos del caparazón de Glyptodon, un armadillo gigante, tal y como inicialmente supuso Darwin.
Estas criaturas extintas estaban estrechamente relacionadas con especies vivas de Sudamérica.
A mediados de diciembre, Darwin buscó alojamiento en Cambridge para organizar su trabajo en sus colecciones y reescribir su “diario”.52 Escribió su primer artículo en el que defendía que la masa continental de América del Sur se estaba elevando lentamente, y con el apoyo entusiasta de Lyell lo leyó en la Sociedad Geológica de Londres el 4 de enero de 1837. El mismo día presentó sus especímenes de mamíferos y aves a la Sociedad Geológica de Londres. El ornitólogo John Gould pronto anunció que las aves de las islas Galápagos que Darwin había pensado que eran una mezcla de tordos, picogordos y pinzones, eran en realidad especies distintas de pinzones. El 17 de febrero Darwin fue elegido como miembro de la Sociedad Geográfica y el discurso de presentación, que estuvo a cargo de Lyell en su calidad de presidente, expuso los hallazgos de Owen a partir de los fósiles de Darwin, enfatizando la continuidad geográfica de las especies como apoyo a sus ideas uniformistas.
A comienzos de marzo Darwin se mudó a Londres para residir cerca de su trabajo, uniéndose al círculo social de científicos de Lyell, con eruditos como Charles Babbage, quien le describió a Dios como diseñador de leyes. La carta de John Herschel sobre el “misterio de misterios” de las nuevas especies fue ampliamente discutida en estas reuniones, con explicaciones que se buscaban en las leyes de la naturaleza, no en milagros ad hoc. Darwin permaneció con su hermano Erasmus, quien era un libre pensador, miembro del círculo del partido Whig y amigo íntimo de la escritora Harriet Martineau que promovió el Malthusianismo que subyacía a la controvertida Ley de Pobres de 1834 de los whigs para impedir que el bienestar produjera sobrepoblación y más pobreza. Como unitarista recibió bien las implicaciones radicalizas de la transmutación de las especies, promocionadas por Robert Edmond Grant y jóvenes cirujanos influidos por Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, pero que eran anatema para los anglicanos que defendían el orden social.
En su primera reunión para discutir sus detallados hallazgos, Gould le dijo a Darwin que los pinzones de las galápagos de las distintas islas eran especies diferentes.
Los dos ñandúes también eran especies distintas, y el 14 de marzo Darwin publicó el hecho de que su distribución había cambiado, desplazándose hacia el sur.
A mediados de marzo, Darwin especulaba en su cuaderno rojo sobre la posibilidad de que “una especie se transforme en otra” para explicar la distribución geográfica de las especies de seres vivos como los ñandúes, y de las extintas como Macrauchenia, una especie de guanaco gigante.
Desarrolló sus ideas sobre la longevidad, la reproducción asexual y la reproducción sexual en su cuaderno “B” en torno a mediados de julio hablando de la variación en la descendencia para “adaptarse y alterar la raza en un mundo en cambio” como la explicación de lo observado en las tortugas de las galápagos, pinzones y ñandúes. Realizó un esbozo en el que representaba la descendencia como la ramificación de un árbol evolutivo, en el cual “es absurdo hablar de que un animal sea más evolucionado que otro”, descartando de ese modo la teoría de Lamarck en la cual líneas evolutivas independientes progresaban hacia formas más evolucionadas. »[7]
El proceso de preparación
Panorámica de la casa donde residió Charles Darwin durante 40 años, conocida como Down House y situada en el pueblo de Downe (Condado de Kent, Inglaterra).
«A su vuelta al Reino Unido, Darwin publicó la obra Diario del viaje del Beagle. Cuando las “crónicas” de Fitzroy se publicaron en mayo de 1839, los diarios de Darwin eran ya un éxito tal que el mismo Fitzroy costeó la publicación del tercer tomo.
Durante más de una década, se dedicó a realizar pruebas de cruce de animales y numerosos experimentos con plantas, mediante los cuales encontró indicios de que las especies no eran realidades inmutables que le permitieron profundizar las implicaciones de su teoría.
Durante más de una década estos trabajos constituyeron el trasfondo de su investigación principal, consistente en la publicación de los resultados científicos del “viaje del Beagle”.
Salón de la casa Down House donde residió durante 40 años el naturalista Charles Darwin, y donde escribió su célebre obra El Origen de las Especies.
A principios de 1842, Darwin escribió una carta a Lyell exponiéndole sus ideas, quien observó que su camarada “se negaba a ver un origen para cada grupo similar de especies”. Tras tres años de trabajo, Darwin publicó en mayo sus estudios sobre los arrecifes coralinos, y comenzó a esbozar su teoría.
Para escapar a las presiones de la capital, el matrimonio Darwin se mudó a su “Down House” rural en septiembre.
El 11 de enero de 1844 Darwin comentó sus especulaciones con el botánico Joseph Dalton Hooker, admitiendo con humor que era “como confesarse culpable de asesinato”.
Hooker replicó que en su opinión había “series de producción en diferentes puntos, así como un cambio gradual en las especies”, y le manifestó su interés en “escuchar su explicación sobre cómo puede producirse este cambio, dado que por el momento las opiniones al respecto no me satisfacen”.
Hacia el mes de julio, Darwin había ampliado su esbozo a un ensayo de 230 páginas, destinado a completarse con el resto de sus investigaciones en el caso de una muerte prematura.
En noviembre la opinión pública reaccionó con polémica ante la publicación anónima de la obra Vestigios de la historia natural de la Creación, escrita por Robert Chambers. Se trataba de una obra bien redactada que llamó la atención sobre el tema de la transmutación. Darwin le censuró su bisoñez en geología y zoología, pero las críticas que recibió esta defensa de la evolución hicieron que revisara cuidadosamente sus propios argumentos.
En 1846 Darwin ya había completado su tercer libro sobre geología. Recuperó su fascinación por los invertebrados marinos, que había despertado en sus años de estudiante cuando diseccionaba y catalogaba con Robert Edmond Grant los percebes recogidos durante su viaje, observando con placer sus complejas estructuras y planteando analogías con estructuras similares.
En 1847, Hooker recibió el “ensayo” y envió algunas notas críticas a Darwin, que le ayudaron a ver su obra con distanciamiento científico y cuestionarse su oposición al creacionismo.
Preocupado por su enfermedad crónica, Darwin acudió en 1849 al balneario del doctor James Manby Gully, y descubrió con sorpresa las virtudes de la hidroterapia.
En 1851 su querida hija Anne Darwin enfermó, avivando los temores de Darwin de que su mal pudiera ser hereditario, y tras una serie de crisis falleció.
A lo largo de ocho años de trabajo sobre cirrípedos, la teoría de Darwin le había ayudado a encontrar homologías que indicaban que mínimas alteraciones morfológicas permitían a los organismos cumplir nuevas funciones en nuevas condiciones, y el hallazgo de minúsculos machos parásitos en organismos hermafroditas le sugirió una progresión intermedia en el desarrollo de seres sexuados.
En 1853 este trabajo le valió la Medalla Real concedida por la Royal Society, trayéndole así la celebridad como biólogo.
En 1854 continuó su trabajo sobre la teoría de las especies, y en noviembre ya había anotado que las diferencias en los caracteres de los descendientes podían obedecer a su adaptación a “diversos entornos en la economía natural”.»[12]
Trabajo excesivo, enfermedad y matrimonio
El camino donde Darwin meditaba, en la “Down House”
«Durante el desarrollo de su profundo estudio sobre la transmutación de las especies, Darwin se cargó con más trabajos. Mientras aún escribía su “diario”, continuó editando y publicando los informes de los expertos sobre sus colecciones y con la ayuda de Henslow obtuvo una asignación del tesoro de 1000 libras para patrocinar su obra en varios volúmenes Zoología del viaje del Beagle. En esta última y en su libro Geología de Sudamérica acepta datos no realistas en apoyo de las ideas de Lyell. Darwin acabó de escribir su diario en torno al 20 de junio de1837, día de la coronación de la Reina Victoria, pero posteriormente tuvo que corregir las pruebas.
La salud de Darwin se resintió por la presión. El 20 de septiembre tuvo una “incómoda palpitación del corazón”, de modo que los médicos le conminaron a “abandonar todo el trabajo” y vivir en el campo durante algunas semanas. Tras visitar Shrewsbury se reunió con sus parientes de la familia Wedgwood en Maer Hall, Staffordshire, pero les encontró demasiado entusiasmados con los relatos de sus viajes como para proporcionarle algún descanso. Su encantadora, inteligente y cultivada prima Emma Wedgwood, nueve meses mayor que Darwin, estaba cuidando de su tía inválida. Su tío, Jos señaló un lugar donde las cenizas habían desaparecido bajo el terreno y sugirió que podría ser obra de los gusanos, inspirando una “nueva e importante teoría” sobre su papel en la formación del suelo que Darwin presentó ante la Sociedad Geológica de Londres el 1 de noviembre.
William Whewell animó a Darwin a aceptar las obligaciones de secretario de la Sociedad Geológica. Tras declinar inicialmente la oferta, aceptó el cargo en marzo de 1838.
A pesar de la abrumadora labor de escribir y editar los informes del Beagle, Darwin realizó destacables progresos en el problema de la transmutación, aprovechando cualquier oportunidad para poner en cuestión a naturalistas expertos y, de forma menos convencional, a personas con experiencia práctica, como granjeros y criadores de palomas.
Con el tiempo su investigación tomaba datos de sus parientes e hijos, la familia Butler, los vecinos, colonos y antiguos compañeros de navegación.
Entre sus especulaciones incluyó desde el principio a la naturaleza humana, y observando un orangután en el zoológico el 28 de marzo de 1838 reparó en lo semejante de su conducta a la de un niño.
Darwin toma como esposa su prima, Emma Wedgwood.
Su mujer, Emma Darwin
Entre las fotos personales también figuran algunas de Emma Darwin, prima y esposa de Charles con la que tuvo diez hijos. Se casaron en 1839, cuando ella tenía 30 años, una edad avanzada para la época ya que Emma había rechazado las propuestas de matrimonio de Charles varias veces. Al igual que sus padres, el biólogo y su mujer educaron a sus hijos de forma no autoritaria y muchos de ellos alcanzaron el éxito como Sir George Darwin, que fue un eminente científico.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE – 17-04-2008
Los esfuerzos le pasaron factura, y en junio tuvo que permanecer varios días en cama con problemas estomacales, dolor de cabeza y síntomas de afección cardíaca. Durante el resto de su vida se vio repetidamente incapacitado con episodios de dolores de estómago, vómitos, abscesos graves, palpitaciones, temblores y otros síntomas, en particular durante las épocas de estrés como la asistencia a reuniones o visitas sociales. La causa de la enfermedad de Darwin sigue siendo desconocida, y todos los intentos de tratamiento tuvieron poco éxito.
El 23 de junio se tomó un respiro y se fue a “hacer algo de geología” en Escocia. Visitó Glen Roy con un tiempo extraordinario para ver los “caminos naturales” cortados en las laderas de las colinas a tres alturas. Posteriormente publicó su interpretación de este fenómeno, afirmando que eran playas de mar elevadas por los movimientos geológicos, pero posteriormente tuvo que aceptar que eran líneas de la orilla de un lago proglacial.
Totalmente recuperado regresó a Shrewsbury en julio. Acostumbraba a tomar notas diarias sobre la cría animal, al tiempo que pergeñaba pensamientos inconexos sobre su carrera y proyectos en dos pedazos de papel, en los que valoraba las ventajas e inconvenientes de contraer matrimonio.
Tras tomar una decisión favorable, lo discutió con su padre y fue a visitar a su prima Emma el 29 de julio. No llegó a hacerle proposiciones, pero en contra del consejo de su padre le mencionó sus ideas sobre la transmutación.
Continuando con sus investigaciones en Londres, a las extensas lecturas de Darwin se añadió la sexta edición de la obra de Thomas Malthus Ensayo sobre el principio de la población:
En octubre de 1838, esto es, quince meses después de comenzar mi indagación sistemática, sucedió que leí por diversión el ensayo sobre la población de Malthus, y comencé a estar bien preparado para apreciar la lucha por la existencia que se da en todas partes a partir de observaciones a largo plazo de los hábitos de animales y plantas, y de inmediato me impactó el hecho de que bajo tales circunstancias las variaciones favorables tenderían a ser preservadas, mientras que las desfavorables serían destruidas. El resultado de esto sería la formación de nuevas especies. Aquí, por tanto, por fin había una teoría con la que trabajar.
Malthus afirmaba que si no se controlaba, la población humana crecería en progresión geométrica y pronto excedería los suministros de alimentos, alcanzando lo que se conoce como catástrofe malthusiana.
Darwin estaba bien preparado para percatarse de que eso se aplicaba a lo que de Candolle denominaba “guerra de especies” entre plantas y a la lucha por la existencia en la vida salvaje, explicando cómo el tamaño poblacional de una especie permanecía bastante estable.
Charles Darwin en la red
Exceso de trabajo
El viaje en el Beagle, que fue fundamental para sus trabajos, y la presión a la que se veía sometido llevaron a Darwin a retirarse a Wegwood, con su familia. Allí fue donde se reencontró, en 1837 con su prima Emma, con la que finalmente se casaría. A partir de esa fecha los reposos en los balnearios serían cita obligada para el biólogo.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE – 17-04-2008
Puesto que las especies siempre se reproducían en cantidad mayor que los recursos disponibles, las variaciones favorables mejorarían la supervivencia de los organismos transmitiendo las variaciones a su descendencia, mientras que las variaciones desfavorables se perderían. Esto acabaría dando como resultado la formación de nuevas especies.
El 28 de septiembre de 1838 anotó esta intuición, describiéndola como un tipo de cuña que introduciría las estructuras adaptadas en las fisuras de la economía de la naturaleza al tiempo que las estructuras más débiles se hacían a un lado.
En los meses siguientes comparó a los granjeros recogiendo lo mejor de su cosecha con una selección natural maltusiana a partir de variantes surgidas “al azar”, de modo que “cualquier parte de [cualquier] estructura nuevamente adquirida está completamente experimentada y perfeccionada”, y pensó que esta analogía era “la parte más hermosa de mi teoría”.
El 11 de noviembre volvió a Maer y se declaró a Emma, contándole una vez más sus ideas. Ella aceptó, y en los intercambios de cartas de amor mostraba cómo valoraba su apertura a compartir sus diferencias, y exponiendo también sus creencias unitaristas y su preocupación por que sus dudas honestas pudieran separarlos más adelante.
Mientras estaba buscando casa en Londres, los accesos de enfermedad continuaban y Emma le escribió apremiándole a que se tomara algún descanso, comentando de modo casi profético “No sigas poniéndote malo, mi querido Charley hasta que pueda estar contigo para cuidarte.” Él encontró una casa que llamó una “cabaña de guacamayos” (por sus llamativos interiores) en Gower Street, y trasladó allí su museo durante las navidades. El 24 de enero de 1839 Darwin fue elegido miembro de la Royal Society.
El 29 de enero Darwin y Emma Wedgwood se casaron en Maer en una ceremonia anglicana preparada para acoger a los unitarios, e inmediatamente tomaron el tren a Londres para ocupar su nuevo hogar.»[8]
Publicación
Un ejemplar de la primera edición de El origen de las especies.
«A comienzos de 1856 Darwin investigaba si los huevos y semillas podrían sobrevivir a un viaje en el agua del mar diseminando de ese modo las especies por los océanos. Hooker cada vez dudaba más de la doctrina tradicional en torno a la inmutabilidad de las especies, pero su joven amigo Thomas Henry Huxley era un firme detractor de la evolución. Por su parte, Lyell estaba fascinado por las especulaciones de Darwin, aunque sin percibir el alcance de sus implicaciones. Cuando leyó un artículo de Alfred Russel Wallace sobre la Introducción de especies, observó similitudes con los pensamientos de Darwin y le apremió a publicarlos para establecer la precedencia. Aunque Darwin no percibió amenaza alguna, comenzó a trabajar en una publicación corta. La contestación de difíciles cuestiones retenían su desarrollo una y otra vez, y finalmente amplió sus planes a la redacción de un “gran libro sobre las especies” titulado Selección natural. Darwin continuó con sus investigaciones, obteniendo información y especímenes de naturalistas de todo el mundo, incluyendo a Wallace, que estaba trabajando en Borneo. El botánico estadounidense Asa Gray mostraba intereses similares, y el 5 de septiembre de 1857 Darwin envió a Gray un esbozo detallado de sus ideas, incluyendo un extracto de su obra Selección natural. En diciembre, Darwin recibió una carta de Wallace preguntándole si el libro trataría la cuestión del origen del hombre. Él le contesto que evitaría el tema al estar “tan rodeado de prejuicios”, mientras animaba a Wallace a seguir con su línea teórica, añadiendo que “Yo voy mucho más allá que Usted”.
“Alfred Russel Wallace (8 de enero de 1823 – 7 de noviembre de 1913) fue un geógrafo, botánico y naturalista inglés. Wallace es conocido sobre todo por haber alcanzado el concepto de selección natural, central en la teoría biológica de la evolución, independientemente de Charles Darwin.En 1855 Wallace publicó un artículo titulado “On the law which has regulated the introduction of new species” donde defendía el hecho de la evolución, aunque sin atribuirle una causa.
Tres años más tarde, en el artículo “On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original type” proponía la selección natural como el mecanismo explicativo de la transmutación de las especies. Wallace remitió el artículo a Darwin para su revisión. Cuando éste lo leyó, se encontró con lo que calificó como el mejor resumen imaginable de las ideas que él mismo llevaba gestando trabajosamente desde hacía más de veinte años.
Alfred Russel Wallace
Tras consultar con Charles Lyell y el propio Wallace, Darwin realizó una presentación pública ante la Sociedad linneana de Londres, acreditando a Wallace como codescubridor. Esta presentación se realizó, ante la Sociedad, el 1 de julio de 1858.
Wallace fue un naturalista viajero, como muchos en su época, que acompañó por ejemplo a Henry Bates a la Amazonia.
Entre 1854 y 1862, época del hallazgo de la selección natural, viajó por Insulindia (archipiélagos del Sudeste Asiático) recogiendo especímenes.
Wallace recogió sus experiencias en el libro El archipiélago malayo, publicado en 1869. Un aporte señalado y duradero de este período es la definición de la llamada línea de Wallace, un límite biogeográfico muy preciso que separa regiones florística y faunísticamente muy diferenciadas, y que pasa entre las islas de la Sonda, Nueva Guinea y las Célebes, por un lado, y Java, Borneo y Filipinas por otro. Wallace es considerado, justificadamente, como uno de los padres de la Biogeografía.
Wallace desarrolló con el tiempo una tendencia mística que condicionó su interpretación del proceso evolutivo, sobre todo en lo referente a la evolución humana, interesándose cada vez más por el espiritismo.
En 1894 recibe la Medalla linneana de oro.”[9]
Ejemplar de la primera edición del relato de Wallace de su viaje a la cuenca del Amazonas. Museo de La Plata
El libro de Darwin estaba a la mitad cuando el 18 de junio de 1858 recibió una carta de Wallace. En ella, Wallace adjuntaba un manuscrito para ser revisado en el que defendía la evolución por selección natural. A petición de su autor, Darwin envió el manuscrito a Lyell, mostrándole su sorpresa por la extraordinaria coincidencia de sus teorías, y sugiriendo la publicación del artículo de Wallace en cualquiera de las revistas que este prefiriese. La familia de Darwin estaba en crisis, y los niños de su pueblo estaban muriendo de escarlatina, de modo que dejó el asunto en manos de Lyell y Hooker. Finalmente se decidió por una presentación conjunta en la Sociedad linneana de Londres el 1 de julio bajo el título Sobre la tendencia de las especies a crear variedades, así como sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural compuesta por dos artículos independientes: el manuscrito de Wallace, y un extracto del no publicado Ensayo de Darwin, escrito en 1844, junto con un resumen de la carta de Darwin a Asa Gray. No obstante, la hija de Darwin murió pronto de escarlatina y estaba demasiado abatido como para asistir.
La presentación de la teoría de la selección natural ante la Sociedad linneana no recibió demasiada atención. Tras la publicación del artículo en agosto en el periódico de la sociedad, se reimprimió en varias revistas y recibió algunas reseñas y cartas, pero el presidente de la Sociedad linneana comentaba en mayo de 1858 que aquel año no estaba señalado por ningún descubrimiento revolucionario.
Sólo una reseña le resultó a Darwin lo suficientemente incisiva como para tenerla en cuenta más tarde: el profesor Samuel Haughton de Dublín afirmaba que “todo lo novedoso del artículo es falso, y lo verdadero ya es cosa dicha anteriormente”.
Darwin se debatió durante trece meses para producir un extracto de su “gran libro”, sufriendo enfermedades del corazón, pero recibiendo continuos ánimos de sus amigos científicos. Lyell lo dispuso todo para que lo publicara John Murray.
El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida (habitualmente conocido bajo el título abreviado de El origen de las especies) resultó inusitadamente popular, y el lote completo de 1250 copias tenía un número de suscriptores superior cuando salió a venta a los libreros el 22 de noviembre de 1859.
En el libro, Darwin expone una “extensa argumentación” a partir de observaciones detalladas e inferencias, y considera con anticipación las objeciones a su teoría.
Su única alusión a la evolución humana fue un comentario moderado en el que se hablaba de que “se arrojará luz sobre el origen del hombre y su historia.”
Su teoría se formula de modo sencillo en la Introducción:
Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma.
Darwin argumentó contundentemente en favor de de un origen común de las especies pero evitó el entonces controvertido término “evolución” y al final del libro concluyó que:
Hay grandeza en esta concepción según la cual la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un reducido número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, una infinidad de las formas más bellas y portentosas.»[10]
Los últimos años de Darwin
Hacia 1879, un cada vez más famoso Darwin llevaba años aquejado de una enfermedad crónica
«A pesar de los repetidos brotes de su enfermedad durante los últimos 22 años de su vida, Darwin continuó infatigablemente su trabajo. Habiendo publicado El origen de las especies como un resumen de su teoría, continuó desarrollando líneas de investigación que allí sólo habían sido esbozadas y que incluyeron objetos tan dispares como la evolución humana, diversos aspectos de la adaptación de las plantas o la belleza decorativa en la vida salvaje.
En 1861, sus investigaciones sobre la polinización por insectos le condujeron a novedosos estudios sobre las orquídeas salvajes en los que investigó la adaptación de sus flores al síndrome floral y al aseguramiento de la heterosis. La fecundación de las orquídeas, publicada en 1862, ofreció la primera demostración detallada del poder de la selección natural, explicando las complejas relaciones ecológicas y haciendo verificables las predicciones. El deterioro de su enfermedad obligó a Darwin a permanecer en cama. La habitación en la que guardaba reposo se encontraba repleta de ingeniosos experimentos para trazar los movimientos de las plantas trepadoras, y no dejó de recibir visitas de ilustres naturalistas. Entre ellos se encontraban Ernst Haeckel, un celoso seguidor del Darwinismus, una particular versión del darwinismo que favorecía la ortogénesis por encima de la selección natural, y Wallace, quien aunque siguió apoyando la teoría de Darwin, se convirtió progresivamente al espiritualismo.
La primera parte del “gran libro” planeado por Darwin, y titulado Variación de las plantas y los animales en estado doméstico creció hasta convertirse en dos enormes volúmenes, obligándole a dejar de lado otros objetos de estudio como la evolución humana y la selección sexual. La obra se publicó en 1868 y a pesar de su extensión tuvo una amplia acogida, alcanzando un número considerable de ventas y siendo traducida a varios idiomas. Más tarde, Darwin escribió una segunda sección dedicada a la selección natural que sería publicada a título póstumo.
El siguiente reto de Darwin tuvo por objeto la evolución humana. Lyell ya había popularizado el tema de la prehistoria, y por entonces Thomas Henry Huxley organizaba sesiones de anatomía en las que se comparaban cráneos de simios y humanos en distintos grados de desarrollo. Con El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, Darwin ofreció múltiples evidencias que situaban al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando la continuidad entre características físicas y mentales. Así mismo, expuso la teoría de la selección sexual como una explicación de determinadas características no adaptativas, como el plumaje de la cola del pavo real, así como la evolución cultural y las diferencias sexuales, raciales y culturales, al mismo tiempo que enfatizaba la pertenencia de todos los humanos a una misma especie.
Su investigación fue ampliada en su siguiente libro: La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), una de las primeras publicaciones acompañada de fotografías impresas, que discutía la continuidad de la psicología humana con la conducta animal. Ambos libros fueron enormemente populares y el mismo Darwin se declaró sorprendido de que “todo el mundo hablase de ello sin demostrar sorpresa alguna”. Su conclusión fue que
el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar –con todos estos elevados poderes– todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen.
Sus experimentos e investigaciones sobre evolución culminaron en sus trabajos sobre el movimiento de plantas trepadoras y carnívoras, los efectos de la heterosis y la autofertilización vegetal, diferentes formas de flores en una misma especie de planta, y El poder del movimiento en las plantas. En su último libro, Darwin investigó el efecto de la presencia de lombrices en la formación del suelo.
Murió en Downe, Kent (Inglaterra) el 19 de abril de 1882. Esperaba ser enterrado en el patio de la iglesia de St. Mary, en Downe, pero por petición de sus colegas, el presidente de la Royal Society, William Spottiswoode, convino un funeral de Estado en la Abadía de Westminster, donde fue enterrado junto a John Herschel y Isaac Newton.
Sólo cinco personas que no pertenecieran a la realeza tuvieron el honor de recibir un funeral semejante durante el siglo XIX.»[11]
Árbol genealógico [12]
Padres y abuelos paternos de Darwin
Madre y abuelos maternos de Darwin
Padres y hermanos Darwin
Los hijos de Darwin
Darwin con su hijo mayor William Erasmus Darwin, en 1842.
El matrimonio Darwin tuvo diez hijos. Dos de ellos murieron en la infancia, y especialmente el fallecimiento de Anne Darwin con diez años dejó una huella indeleble en sus padres. Charles era un padre cariñoso y extraordinariamente atento con sus hijos. Cuando enfermaron siempre sospechó que la consanguinidad podía empeorar la tendencia genética a la enfermedad que él sufría desde su juventud. Estudió el tema en sus libros, contrastándolo con las ventajas asociadas al cruce entre muchos organismos.
La mayoría de los hijos de Darwin tuvo carreras distinguidas logradas, en parte, gracias al honor de ostentar su ilustre apellido.
George, Francis y Horace se convirtieron con el tiempo en miembros de la Royal Society, distinguidos así por sus trayectorias en astronomía, botánica e ingeniería, respectivamente.
Su hijo Leonard, por otra parte, fue sucesivamente soldado, político, economista y eugenicista, además de maestro del estadístico y biólogo evolucionista Ronald Fisher.
La teoría de Darwin: comunidad de descendencia y selección natural
La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural, a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un gran paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas evolucionistas presentes con anterioridad. Se trataba de una teoría compuesta por un amplio abanico de subteorías que ni conceptual ni históricamente fueron indisociables (véase el artículo dedicado a El Origen de las Especies para una revisión completa de todas ellas).
Fundamentalmente, las dos grandes teorías defendidas en el Origen fueron, por un lado, la teoría del origen común o comunidad de descendencia, en la que se integran evidencias muy variadas en favor del hecho de la evolución, y, por otro, la teoría de la selección natural, que establece el mecanismo del cambio evolutivo.
De este modo, Darwin pretendía resolver los dos grandes problemas de la historia natural: la unidad de tipo y las condiciones de existencia.
Críticas en los inicios de la teoría de la evolución
Caricatura de Darwin como un simio en la revista Hornet. Se puede observar que lo representaban con características propias de la rama de los simios como el mentón, las cejas y la forma de su cabeza, como forma de burla a su observación de la evolución del simio al hombre actual.
En sus inicios, poco después de la publicación del libro de Darwin, la evolución y la selección natural fueron ampliamente discutidas por las comunidades científicas y religiosas. Aún así, en esa época, las ideas de Darwin ya eran apoyadas por la mayoría de los científicos, siendo su mayor defensor Thomas Henry Huxley, “el Bulldog de Darwin”. Los otros científicos que en esa época consideraban la teoría como incompleta, criticaban que esta no presentaba ningún mecanismo capaz de transmitir la herencia en los seres vivos; esto ya que desconocían que Gregor Mendel había estudiado las leyes de la herencia en 1865 siglo XX). (Teorías de Mendel que permanecieron desconocidas -incluso por Darwin- hasta el E. von Hartmann y H. Milne-Edwards (1867) criticaron al Darwinismo desde el punto de vista del vitalismo.
Otro de los problemas a los que se enfrentó la teoría de Darwin en esa época, era la imposibilidad que tenían de conocer la edad correcta de la Tierra. Por ejemplo, según los estudios de Lord Kelvin, que posteriormente resultaron equivocados, postulaban erróneamente que la edad de la Tierra era demasiado pequeña para albergar en su historia el largo proceso evolutivo necesario por las especies naturales. Así, Kelvin afirmó que sólo mediante el diseño inteligente se podía haber alcanzado la gran diversidad biológica actual. Sin embargo, las ideas de Kelvin chocaban con la datación de la Tierra propuesta por los geólogos con base en los primeros estudios sobre la edad de diferentes tipos de rocas, y la cuestión de la edad de la Tierra era un tema de actualidad científica que sólo sería resuelto, a favor de Darwin, tras el descubrimiento de la radiactividad por Becquerel.
En 1875 el teólogo Charles Hodge acusó a Darwin de negar la existencia de Dios al definir a los humanos como el resultado de un proceso natural en lugar de una creación diseñada por Dios.
Hoy en día, aunque en biología se consideran como correctas las ideas básicas de Darwin, las cuales conforman parte de la Síntesis evolutiva moderna (actual teoría de la evolución), siguen existiendo algunos lugares en los que el debate religioso-científico se mantiene, como en Estados Unidos y en algunos lugares de Australia. El creacionismo ha cambiado de estrategia y su versión más moderna ahora se llama diseño inteligente. Aunque carece de la objetividad de la ciencia, está dando una dura batalla en los sectores conservadores de los Estados Unidos para tratar de ser aceptado en el currículo escolar. [13]
Los últimos años de Darwin
A pesar de los repetidos brotes de su enfermedad durante los últimos 22 años de su vida, Darwin continuó infatigablemente su trabajo. Habiendo publicado El origen de las especies como un resumen de su teoría, continuó desarrollando líneas de investigación que allí sólo habían sido esbozadas y que incluyeron objetos tan dispares como la evolución humana, diversos aspectos de la adaptación de las plantas o la belleza decorativa en la vida salvaje.
En 1861, sus investigaciones sobre la polinización por insectos le condujeron a novedosos estudios sobre las orquídeas salvajes en los que investigó la adaptación de sus flores al síndrome floral y al aseguramiento de la heterosis. La fecundación de las orquídeas, publicada en 1862, ofreció la primera demostración detallada del poder de la selección natural, explicando las complejas relaciones ecológicas y haciendo verificables las predicciones. El deterioro de su enfermedad obligó a Darwin a permanecer en cama. La habitación en la que guardaba reposo se encontraba repleta de ingeniosos experimentos para trazar los movimientos de las plantas trepadoras, y no dejó de recibir visitas de ilustres naturalistas. Entre ellos se encontraban Ernst Haeckel, un celoso seguidor del Darwinismus, una particular versión del darwinismo que favorecía la ortogénesis por encima de la selección natural, y Wallace, quien aunque siguió apoyando la teoría de Darwin, se convirtió progresivamente al espiritualismo.
La primera parte del “gran libro” planeado por Darwin, y titulado Variación de las plantas y los animales en estado doméstico creció hasta convertirse en dos enormes volúmenes, obligándole a dejar de lado otros objetos de estudio como la evolución humana y la selección sexual. La obra se publicó en 1868 y a pesar de su extensión tuvo una amplia acogida, alcanzando un número considerable de ventas y siendo traducida a varios idiomas. Más tarde, Darwin escribió una segunda sección dedicada a la selección natural que sería publicada a título póstumo.
El siguiente reto de Darwin tuvo por objeto la evolución humana. Lyell ya había popularizado el tema de la prehistoria, y por entonces Thomas Henry Huxley organizaba sesiones de anatomía en las que se comparaban cráneos de simios y humanos en distintos grados de desarrollo. Con El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, Darwin ofreció múltiples evidencias que situaban al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando la continuidad entre características físicas y mentales. Así mismo, expuso la teoría de la selección sexual como una explicación de determinadas características no adaptativas, como el plumaje de la cola del pavo real, así como la evolución cultural y las diferencias sexuales, raciales y culturales, al mismo tiempo que enfatizaba la pertenencia de todos los humanos a una misma especie. Su investigación fue ampliada en su siguiente libro: La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), una de las primeras publicaciones acompañada de fotografías impresas, que discutía la continuidad de la psicología humana con la conducta animal. Ambos libros fueron enormemente populares y el mismo Darwin se declaró sorprendido de que “todo el mundo hablase de ello sin demostrar sorpresa alguna”.
Su conclusión fue que el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar –con todos estos elevados poderes– todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen.
Sus experimentos e investigaciones sobre evolución culminaron en sus trabajos sobre el movimiento de plantas trepadoras y carnívoras, los efectos de la heterosis y la autofertilización vegetal, diferentes formas de flores en una misma especie de planta, y El poder del movimiento en las plantas. En su último libro, Darwin investigó el efecto de la presencia de lombrices en la formación del suelo.
Murió en Downe, Kent (Inglaterra) el 19 de abril de 1882. Esperaba ser enterrado en el patio de la iglesia de St. Mary, en Downe, pero por petición de sus colegas, el presidente de la Royal Society, William Spottiswoode, convino un funeral de Estado en la Abadía de Westminster, donde fue enterrado junto a John Herschel y Isaac Newton. Sólo cinco personas que no pertenecieran a la realeza tuvieron el honor de recibir un funeral semejante durante el siglo XIX. [14]
La televisión holandesa, tras los pasos de Darwin en la zona sur de la provincia de Buenos Aires, Argentina.
Un proyecto que comprenderá 41 documentales relacionados con la teoría sobre el origen de las especies desarrollan representantes del país europeo, quienes visitaron el Museo Municipal de Ciencias Naturales.
El Museo Municipal de Ciencias Naturales “Carlos Darwin” recibió a representantes de la Televisión Nacional Holandesa (VPRO), en conmemoración del “Año de Darwin”.
Los visitantes se encuentran realizando un proyecto que comprenderá 41 documentales que mostrarán el estado actual de los conocimientos científicos relacionados con la teoría sobre el origen de las especies por selección natural formulada por Darwin.
El proyecto de VPRO, denominado “El Beagle”, tiene como principal protagonista al clipper Stad Amsterdam, un velero holandés que navegará la misma ruta que recorrió el Beagle entre 1831 y 1836.
Según sus realizadores, la nave de la televisión VPRO es un estudio navegante en el que participarán investigadores, durante un espacio de tiempo corto o largo. Las investigaciones de los científicos serán seguidas por internet, radio y televisión.
El viaje que hizo Darwin en su tiempo será la inspiración para abordar diferentes temas: desde la migración de las aves hasta la esclavitud, desde la biología marina hasta la astronomía, desde nuevas especies hasta pueblos extinguidos.
La serie también será una historia humana, personal y aventurera: se embarcarán algunos descendientes del viejo maestro y protectores del medio ambiente que mostrarán sus miedos y su rabia, además de escritores y artistas y todo tipo de personas que profesional o personalmente tengan que ver con los temas darwinistas.
La vida a bordo y la lucha de la tripulación contra los elementos se seguirán hasta en los más íntimos detalles. Las cámaras estarán dispuestas por todas partes, menos en las cabinas de la tripulación. Al tocar diferentes puertos se incluirán filmaciones en tierra de temas relacionados con el proyecto.
Se estima que el viaje del velero, que partirá en septiembre de 2009, durará unos 11 meses y permanecerá en nuestra zona un par de días en noviembre. Por razones de tiempo, el viaje del Beagle duró 5 años, muchas de las escenas de tierra se están filmando previamente y en este contexto los realizadores del proyecto, motivados por el documental de Rolex sobre el Yacimiento de huellas fósiles de Pehuen Co, decidieron incluir imágenes del sitio y una entrevista a la doctora Teresa Manera.
Dichas tareas se efectuaron entre el 26 y 28 de mayo pasado. El equipo estaba compuesto por la realizadora Ilja Willems, un camarógrafo, un sonidista y la bióloga del Museo de Ciencias Naturales de Londres, Sarah Darwin, tataranieta del naturalista, quien, actuando como conductora, fue la encargada de realizar las entrevistas.
Además del Yacimiento de Huellas Fósiles, se filmó en el Museo Darwin y en “Las Rocas”. Este último sitio, conocido también como Farola Monte Hermoso, es el punto denominado Monte Hermoso en tiempos de Darwin.
Sarah Darwin señaló que de todos los lugares que ella ha visitado en la ruta seguida por su antepasado, éste fue el que encontró “prácticamente sin modificaciones” lo que resultaba muy emocionante y digno de esfuerzos para mantenerlo en la misma situación.” [15]
Abraham Lincoln y Charles Darwin
“Muchos se sorprenderán de esto. Pero estos dos hombres famosos nacieron el mismo día (12 Febrero 1809)
Sí, es cierto, el Presidente americano Abraham Lincoln y Charles Darwin iniciador de la teoría de la evolución, nacieron el mismo día. Dos grandes figuras de la historia y personajes los dos de mucha influencia. Un día importante para mucha gente.
Pero aunque estos dos personajes sean famosos, cada uno es famoso de distinta forma. Sus legados influencian a muchos para bien o para mal.
El Presidente Lincoln ha sido querido y respetado profundamente durante todos estos años que han pasado y su legado ha llegado a tener tal influencia positiva que aun después de tanto tiempo se celebra su recuerdo.
El Presidente electo de los Estaods Unidos, Barack Obama lo reconció hace pocos dias atras, como uno de los mejores presidentes de todos los tiempos y como un hombre muy valiente y de innegable integridad.
No solo se enfrentó con la mayoría de los políticos de su tiempo que no estaban de acuerdo con él en otorgar la libertad a los esclavos de Estados Unidos, sino que tuvo que mediar y decidir como terminar la guerra civil americana. Logró las dos cosas.
Por otra parte, Charles Darwin, con su teoría de la evolución, también ha dejado una marca en la historia. La suya no tan positiva, yo diría mas bien negativa, aunque seguro que muchos difieren de esto.
Una mujer observa una de las primeras ediciones de la obra de Darwin ‘El origen de las especies’ (Efe).
Pero si tenemos en cuenta que desde la publicación de su libro “El origen de las especies”, el mundo ha sido influenciado a creer que todos, absolutamente todos, procedemos de una simple solitaria célula que fue evolucionando a través de miles de millones de años desde su humilde charco humeante hasta el día de hoy, nos daremos cuenta de cuan nefasta ha sido su influencia.
A medida que esta teoría se ha ido difundiendo por todas partes, (con la ayuda especial de biólogos evolutivos), la idea de que exista la posibilidad que Dios no sea el Creador del mundo, después de todo, es muy atractiva para muchos.
Antes de Darwin, ser ateo te convertía en una persona intelectualmente deficiente, y nadie se atrevía a reconocer que lo era por temor a ser señalado como ignorante o algo peor. Darwin hizo posible que un ateo se sintiera intelectualmente realizado, pero sobre todo, les hizo el mejor regalo a los hombres y lo que todos quieren en el fondo, la libertad sexual y no tener que darle cuenta a nadie.
Darwin sabía muy bien las implicaciones que su teoría conllevaba. Lo siento por él y por la responsabilidad que tiene en el cuanto a las condiciones en que se encuentra el mundo hoy gracias a él y a sus alumnos, porque sabemos que viene un día en que todos los hombres daremos cuenta de nuestra vida, les guste o no les guste.
Por lo tanto el legado de Lincoln es de mucha honra, mientras que el de Darwin deja mucho que desear. Para algunos es un ídolo, pero para otros su legado es nefasto.
El presidente Obama escogió la Biblia de Lincoln el dia de su inauguración para hacer su juramento ante Dios, y ayer declaró su admiración y respeto por este gran hombre.
Por otra parte, Karl Marx y Adolfo Hitler eran grandes admiradores de Darwin y sería conveniente preguntarnos cual fué su influencia sobre ellos.
Con estos dos nombres en el calendario ya sería suficiente para retener la atención sobre esta fecha en particular. Mas, cuando estos monstruos vieron la luz, hacía cinco años exactamente que Immanuel Kant, el gran filósofo alemán, se había sumido en las sombras. Estamos ante probablemente la figura más importante de la historia de la filosofía sobre el que se erige todo el pensamiento contemporáneo. Y la carrera de casualidades no se detiene ahí. Hace exactamente 30 años moría el cineasta Jean Renoir, el gran clásico del cine francés. Y hace un cuarto de siglo, en esta misma fecha, moría un tal Julio Cortázar, el más grande escritor iberoamericano del siglo XX -con Borges-. ¿Qué tienen de especial estos números, esta fecha, para atraer sobre sí tan enormes figuras, tan relevantes, tan influyentes? Quienes cumplan hoy años tienen razones para sentirse esperanzados en cuanto a su destino.
Su fecha de nacimiento ha sido objeto de elucubraciones irracionales, basado en las paganas suspersticiones de la astrología. Pero que esta fecha tiene algo de especial, no cabe duda. También nacieron en este dia, Kant, Darwin, Lincoln, Renoir y Cortázar, todos ellos renovadores clave en sus respectivas disciplinas.Casualidad? Seguro que sí.”
“El hombre que destronaría al ser humano de su lugar de privilegio en la naturaleza, que refutaría varias de las creencias fundamentales de su época y cuyas ideas tendrían una influencia pocas veces igualada en la ciencia, la sociedad y la cultura, Charles Robert Darwin, nacía hace hoy 200 años, el 12 de febrero de 1809, en Shrewsbury, Gran Bretaña.
Con motivo de su bicentenario, hay exposiciones sobre su vida y su obra, se reeditan sus libros, se organizan homenajes y medios de comunicación de todo el mundo le dedican ediciones especiales.
Hoy, en Mendoza, diversas instituciones, como el Conicet, las universidades de La Plata y de Cuyo, la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la embajada británica en Buenos Aires, el INTA y la Fundación YPF, emplazarán un nuevo monumento en el llamado Bosque de Darwin, en Paramillos de Uspallata, en los cerros donde el naturalista descubrió ejemplares de araucarias fósiles el 30 de marzo de 1835, al cruzar la cordillera de los Andes entre Mendoza y Valparaíso.
“Darwin transformó la idea dominante de estabilidad que abarcaba la Tierra, todas las especies que viven en ella e incluso las clases sociales, en una sucesión de imágenes en movimiento”, escribe el paleontólogo Niles Eldredge, autor de Darwin, el descubrimiento del árbol de la vida , recién publicado aquí por Katz Editores.
Gran parte de su inspiración surgió de su recorrido por la Patagonia, donde le llamaron la atención los grandes fósiles cubiertos con una armadura como la de los armadillos actuales, y las diferencias de tamaño entre los avestruces. Llegó hasta Mendoza, donde -según explica la doctora Ana María Zavattieri, del Conicet- “fue el primero en observar y describir la presencia en los altos Andes de sedimentos marinos fosilíferos del Mezozoico”, y hasta Tierra del Fuego.
“Los aportes de Darwin, escritos entre 1838 y 1845, y publicados en 1846, son el primer trabajo geológico, en sentido estricto, de la provincia de Mendoza”, comenta Zavattieri.
Charles Darwin nació en una familia acomodada. Sus abuelos Erasmus Darwin -médico y poeta- y Josiah Wedgwood -destacado ceramista-, eran amigos y miembros de la Sociedad Lunar, que reunía a intelectuales vanguardistas.
Su madre murió cuando tenía apenas ocho años. “El niño creció [...] mimado por sus tres hermanas mayores -escribe Eldredge-. Su tío Josiah, un hombre cálido y amable que vivía en Maer Hall con sus siete hijos, sería una figura central [...]. Fue Josiah quien convenció al padre de Darwin de que permitiera a su hijo unirse a la aventura del capitán FitzRoy como naturalista a bordo del Beagle. Además, Emma, séptima entre los hijos de Josiah, nacida en 1808, se casó con Charles en 1839.”
A Charles lo entusiasmaba la vida al aire libre y de muy joven empezó a recolectar especímenes del entorno natural. En su Autobiografía (escrita con la intención, aclara, de que sus descendientes conocieran su propio relato, y que, junto con Diario de la Patagonia, acaba de publicar en el país la Editorial Continente), recuerda que su padre lo retó porque no le importaba otra cosa “que la caza, los perros y atrapar ratas. Así no llegarás a nada -le advirtió-; serás una vergüenza para la familia”.
Enviado a Edimburgo, donde estudiaría medicina, pero desinteresado del sufrimiento de los enfermos, Darwin se encontró por primera vez con los rigores de la investigación, por lo que su padre decidió enviarlo a Cambridge, donde llegó a fines de 1828 y se graduó en 1831.
Una invitación única Ese año, precisamente, recibió una carta que transformaría su vida. El capitán FitzRoy estaba interesado en ceder parte de su propio camarote a algún joven que quisiera ir como naturalista en el viaje del Beagle. El viaje duró casi cinco años, desde el 27 de diciembre de 1831 hasta el 2 de octubre de 1836.
Fue durante esa travesía, cuyo objetivo principal era cartografiar las costas sudamericanas, que comenzó a descubrir fósiles y a observar animales como el ñandú, el guanaco, la vicuña y la alpaca. Esas observaciones, más las realizadas en las Galápagos, constituyeron la base de la teoría de la evolución.
En los siguientes cuarenta años, según el propio Darwin, no hubo acontecimientos dignos de mención, salvo la publicación de El origen de las especies (de cuya versión original se cumple este año un siglo y medio, y cuyas 1250 copias se vendieron el día de su publicación), El origen del hombre y la selección sexual , Viaje de un naturalista alrededor del mundo , La expresión de las emociones en el hombre y los animales , La fecundación de las orquídeas y la ya mencionada Autobiografía .
Vivió acosado por problemas de salud, pero el virtual aislamiento que cultivó un poco por esa causa lo ayudó a madurar sus ideas.
“El joven Darwin era muy intuitivo y se acercó a la naturaleza de un modo casi impresionista”, escribe Eldredge, que en 2005 fue el curador de una gran exposición que recorre la vida y el pensamiento del visionario británico, se dio a conocer en el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York y ya recorrió varios países. Darwin, agrega, fue uno de los primeros científicos que adoptaron el método hipotético-deductivo. Su producción fundamental fue concebida principalmente entre 1837 y 1842, aunque El o rigen de las especies fue publicado 17 años más tarde.
“La teoría de la evolución de Darwin se ha conservado en una serie de cuadernos y manuscritos que no se publicaron durante la vida de su autor, que nos muestran que la creatividad en ciencia es muy similar a la que se requiere en todas las demás facetas de la experiencia humana”, afirma Eldredge.
Darwin murió a los 73 años, en 1882. Fue enterrado en la abadía de Westminster, al lado de Newton.”
Notas
0. http://www.abc.es/hemeroteca/historico-08-02-2009/abc/Nacional/darwin-viaje-a-la-luz-de-la-evolucion_912982819150.html
1. Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
2 . Ibíd.
3 . Ibíd.
4 . http://www.ciencia.net/VerArticulo/Charles-Darwin?idArticulo=dse5osu39sw4mzeko8giye
5 Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
6 Ibíd.
7. Revista Muy Interesante
8. Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
9. Enc. Libre on line wikipedia, Wallace
10 . Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
11. Ibíd.
12. Ibíd.
13. Ibíd.
14. Ibíd.
15. Nota publ. en el diario “La Nueva Provincia”,28 de junio de 2009, Bahia Blanca,Bs.As.Argentina
16. http://www.elconfidencial.com/cache/2009/02/12/sociedad_8_usted_querria_cumplir.html
17. Nota publ. en el diario lanacion.com ,Jueves 12 de febrero de 2009,Bs.As. Argentina
Darwin se equivocó en sus observaciones geológicas
07 feb 2010 Comentarios desactivados
in Darwin, geología, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución
Alegaciones contra Darwin,el Cristianismo y la religión
25 ene 2010 Comentarios desactivados
in Apostasía, Darwin, Teología, Teoría de la Evolución
Alegaciones contra Darwin,el Cristianismo y la religión
trad. al esp. por google
original en ingles (aca)
La ciencia no ha roto con la religión. Sin embargo, un gran número de pensadores científicos de nuestra generación tenemos. Cuando nos preguntamos por qué, la razón devuelto es apto para ser coloreado por los sentimientos personales de la respuesta. Uno lo atribuye a la esclavitud en la que lo que habla de como “llamada ciencia moderna” ha caído, a la filosofía materialista, o incluso a la maldad satánica de corazón. Otro encuentra su explicación en la absorción de los trabajadores científicos, en esta era ocupado, en una especie de investigación que amortigua la vida espiritual y las aspiraciones espirituales dentro de ellos, y les incapacita totalmente para estimar el valor de otras formas de evidencia que los obtenidos en el crisol o bajo el microscopio. Otros suponen que es el modo crudo en que la religión se presenta a las mentes de los hombres, en estos días de papas infalibles y Ejércitos de Salvación, que insulta la inteligencia de los hombres de pensamiento e impide que sus donaciones a la verdadera esencia de la fe de la atención que se traduciría en de su aceptación. Otros, aún, imaginar que es fomentar el conocimiento en sí, que en la ciencia ha llegado a las manos en la religión con las supersticiones gastadas de una época pasada. En tal confusión de voces discordantes que es una bendición para ser capaz de doblar el oído y escuchar a uno de los trabajadores científicos, honrado por todos, como nos dice qué fue lo que le llevó a ceder su fe cristiana, e incluso, en gran medida, de que la fe común en un Dios que no se comparten con los cristianos solamente, sino con todos los hombres de pensamiento y sentimiento.
Una oportunidad poco frecuente de este tipo ha sido que nos ofrece la publicación de la vida y cartas de Charles Darwin, por su hijo, en la que se incorpora un pasaje muy notable, extraídos de algunas notas autobiográficas escritas por este gran estudioso de la naturaleza, tan tarde en 1876, con el propósito especial de seguimiento de la historia de sus opiniones religiosas. Ciertamente, nadie dudará en conceder una audiencia que le calma, y no podemos dejar de ser instruido por el aprendizaje de los procesos y bajo la presión de la mente ¿qué argumentos tan eminentemente reflexivo A se llevó a desertar de la fe en la que fue criado, y poco a poco a asumir una posición hacia el problema del origen del mundo que se puede llamar de ningún nombre más luminosa que la de agnosticismo.
La historia de la deriva por la que el Sr. Darwin fue separado de la fe en un orden divino en el mundo, se divide en dos períodos bien marcados. El primero de ellos, que se completó en el tiempo casi al llegar a los cuarenta años, termina con la pérdida de su cristianismo. En la segunda, que se extendieron por el resto de su vida, luchó, con varia fortuna, pero cada vez más y más desesperado, para retener su posición, al menos, como un teísta. Al final de la primera ya no creía que Dios había hablado a los hombres en su Palabra, al final de la segunda, más que dudaba de que el menor murmullo de su voz se podía distinguir en sus obras. Él nunca se preparó dogmáticamente a negar su existencia, pero la búsqueda como podía que no podía encontrar, y él sólo puede decir que si existió fue, en verdad, un Dios que se esconde.
Tomemos el asunto en forma ordenada, que el Sr. Darwin mismo ha dado, e informar con seriedad ¿cuáles fueron las objeciones al cristianismo y las dificultades en el camino de un teísmo motivado que le llevó a conclusiones tan triste.
Su cuenta de su pérdida de la cristiandad toma la forma de una historia personal. Él nos da no es tanto un argumento contra el cristianismo como un registro de los argumentos que le llevó a desprenderse de ella. Estas se dividen en dos clases: en la primera se encuentra el argumento decisivo único que realmente determina su actitud anti-cristiana, mientras que en el segundo se reúnen las diversas consideraciones de apoyo que llegaron en manadas para apoyar la conclusión de que una vez fue alcanzado. El argumento de Palmary depende de su peso en una particularidad doble de su actitud personal. Se había convencido no sólo de que las especies se originaron por un proceso de evolución, sino también que este proceso era lento, siguió de largo, y por un desarrollo puramente natural. Y él tenía, con tenacidad dogmática, la opinión de que el libro del Génesis enseña que Dios creó a cada especie por un decreto separado, súbita e inmediata. Si ambos cargos eran correctos, se sigue necesariamente que o bien su teoría o Génesis fue un error, y con él, en su defensa, naturalmente, entusiasta de su teoría, esto significaba que el Génesis que ir. Ahora estaba listo para otro paso. Génesis es una parte integral del Antiguo Testamento y el Antiguo Testamento no sólo va unida con el Nuevo Testamento en un solo volumen, pero en tal sentido una parte del cristianismo como su fundamento y la base-que el cristianismo no puede ser verdad Si el registro del Antiguo Testamento no es de fiar. A renunciar a Génesis es, por tanto, a abandonar el cristianismo. Así, su principal argumento contra el cristianismo se reduce a un conflicto entre su teoría de la evolución y su interpretación del Génesis, sobre la exactitud de las cuales hay la más grave de dudas. Esta es la forma en que él mismo se describe el proceso: “Yo había llegado gradualmente a esta fecha, es decir, desde 1836 hasta 1839, para ver que el Antiguo Testamento no era más de fiar que los libros sagrados de los hindúes. La cuestión luego aumentó continuamente en mi mente, y no sería desterrado: ¿es creíble que si Dios fuera ahora a hacer una revelación para los hindúes, que le permitiría estar conectado con la creencia en Vishnu, Shiva, etcétera, como está conectado el cristianismo con el Antiguo Testamento? Esto me pareció totalmente increíble. “
Era imposible, sin embargo, de acuerdo con el cristianismo como si viniera reclamando nuestra aceptación uncommended por la evidencia de su cuenta. El conflicto supone con Génesis sería fatal para la teoría de la evolución, si el cristianismo en relación vital con el Génesis se confesó ser verdad demostrada por la evidencia de su propio histórico apropiado. Sr. Darwin no podía, por tanto, descansa en esta refutación corto sin llamar en su ayuda otros argumentos más directos, como sería suficiente para poner el cristianismo, al menos a la defensiva y permitir así que el argumento Palmary campo libre para trabajar su ruina. Así, leemos también: “Por más que refleja que la prueba más clara sería necesaria para que cualquier hombre sensato cree en los milagros por los que se apoya el cristianismo, y que cuanto más sabemos de las leyes inmutables de la naturaleza, más increíbles milagros convertido; que los hombres en ese momento eran ignorantes y crédulos a un grado casi incomprensible para nosotros; que los Evangelios no se puede probar que ha sido escrito de forma simultánea con los hechos, que difieren en muchos detalles importantes, demasiado importantes, ya que me parecía , para ser admitida como las imprecisiones habituales de testigos-por las reflexiones de este tipo… Poco a poco llegó a creer en el cristianismo como una revelación divina. El hecho de que muchas religiones falsas se han extendido en grandes porciones de la tierra como el fuego había algo de peso conmigo “.
Esta es la comparecencia del señor Darwin de las evidencias cristianas. Un examen minucioso revela el importante lugar que ocupan en ella los milagros. Casi se puede decir que el Sr. Darwin se refiere a sí mismo con ninguna otra de las pruebas del cristianismo, a excepción de los milagros. Parece como si, en su oposición al cristianismo, como consecuencia del conflicto que existía en su opinión, entre el Génesis y su teoría de la evolución, se sentía frente por la fuerza de los milagros en la que, como él dice, “el cristianismo es compatible “, y se sintió obligado a poner en duda estas pruebas de rendimiento o de su teoría. En una palabra, sintió la fuerza de la evidencia de los milagros. Es instructivo observar cómo procede en el esfuerzo para romper el peso de sus pruebas. No poco afirmar, como algunas luces menor científicos están acostumbrados a afirmar, que los milagros son imposibles. Simplemente dice que se necesita una clara evidencia de su presencia real para hacernos creer en ellos, y que esto es cada vez más cierto en el reinado de la ley es cada vez mejor reconocido. Y entonces se trata de poner en duda la evidencia de su existencia: ellos aseguran haber sido forjado en una época crédulos, los documentos en los que se registran no puede ser demostrado ser contemporánea con su presencia afirmó, y están marcadas por las contradicciones internas en detalle que disminuir su fiabilidad, y no es necesario asumir el origen milagroso del cristianismo, a fin de explicar su rápida propagación. En una palabra, el Sr. desiertos Darwin lo metafísico y lo que puede llamarse la “científica” las objeciones a los milagros, con el fin de descansar su caso, sobre las objeciones históricas. No dice los milagros no pueden haber ocurrido, él dice simplemente que las pruebas en que se afirma que se ha producido algo que cae por debajo de la demostración.
Fueron objeto de nuestra crítica aquí en lugar de la exposición, sería fácil demostrar la untenableness de esta posición: no estaba en el campo de la crítica histórica de los primeros siglos cristianos que el Sr. Darwin ganó sus espuelas. Hay también muchas más fuentes de pruebas para el cristianismo de sus milagros. Es suficiente para nuestro propósito, sin embargo, tomar nota de la forma que asume el razonamiento en su propia mente. Tiene un aspecto un tanto extraño, y estaba a punto de la siguiente manera: Los milagros por los que se apoya el cristianismo no se puede demostrar que han demostrado que realmente ocurrió, por lo que el conflicto de mi teoría con el Génesis, ya través de Génesis con el cristianismo, no es un conflicto con la milagrosa pruebas, por lo que mi teoría bien podría ser cierto que el cristianismo. La validez de la inferencia parece basarse en la premisa de que ninguna suprimida, pero la evidencia milagrosa sería suficiente para dejar de lado su teoría. Y hay una sugerencia gracioso que su estado de ánimo sobre el tema no estaba muy lejos de esto: “Yo estaba muy dispuesto a renunciar a mi creencia”, escribe, “Me siento seguro de esto, que bien puede recordar a menudo y manuscritos a menudo día inventando sueños de viejas cartas entre los romanos ilustres, y se encuentran en Pompeya o en otro lugar, lo que confirma de la manera más sorprendente todo lo que estaba escrito en los Evangelios. Pero me pareció más y más difícil, con el alcance dado a la libre mi imaginación, inventar pruebas que serían suficientes para convencer a mí. Así, la incredulidad se deslizó en mí a un ritmo muy lento, pero fue pasado a una tasa completa. El era tan lento que no sentía la angustia. ” Nada menos que un milagro sería, entonces, le han convencido, y nada menos que un milagro podría haber convencido a él de un milagro. Sin duda, un hombre en ese estado de ánimo sería rechazada por un miembro del jurado en cualquier caso. En menor causas debemos hablar de él como en la esclavitud a un prejuicio invencible, en esta gran verdad es que estamos autorizados a decir que su predilección por su teoría del origen de las especies, y que en la forma exacta en que se había concebido , estaba en la raíz de su rechazo del cristianismo. Si tanto el cristianismo como no podía ser verdad, ¿por qué entonces el cristianismo ciertamente no podía ser verdad, y un examen completo de la prueba era innecesaria.
Fue algunos años después de su renuncia al cristianismo antes de su creencia en la existencia de un Dios personal se vio sacudido. Pero a medida que pasaba el tiempo esto también vino. La cuenta que figura en su autobiografía de este nuevo paso en la incredulidad no es lanzada a la forma de una historia tanto como de razonamiento ordenado. Así que tenemos, curiosamente, como parte de un cuerpo breve de notas autobiográficas, un argumento anti-teístas formal. Los jefes de la prueba teísta, que el Sr. Darwin trata en este notable pasaje, son los siguientes: (1) “El viejo argumento del diseño en la naturaleza dada por Paley”; (2) “el acuerdo benéfico general del mundo”; (3) “el argumento más habitual para la existencia de un Dios inteligente en la actualidad, en representación de la profunda convicción interior y los sentimientos que se experimentan por la mayoría de las personas”, y (4) el argumento “de la extrema dificultad o más bien la imposibilidad de concebir este inmenso y maravilloso universo, incluyendo al hombre con su capacidad de mirar lejos hacia atrás y ahora hacia el futuro, como resultado de la casualidad o la necesidad. “El pleno desarrollo de estas propuestas, mientras que sería mucho, sin duda, de agotar el argumento de la existencia de Dios, ofrecería un buen cuerpo respetable de la prueba teísta. Al ofrecer una refutación de, ellos, uno por uno, el Sr. Darwin, evidentemente, siente que es suficiente el tratamiento de toda la estructura de la argumentación teísta, y le extrae una conclusión agnóstica en consecuencia. Será muy interesante observar las respuestas a ellos, en tanto detalle como el espacio lo permita.
A la primera-el argumento del diseño desarrollado, por ejemplo, por Paley, él responde que “no, ahora que la ley de la selección natural ha sido descubierto.” “Ya no podemos argumentar”, añade, “que, por ejemplo, la bella charnela de un bivalvo que se han hecho por un ser inteligente, como la bisagra de la puerta por el hombre. No parece haber más diseño en la la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural que en el curso de donde sopla el viento. ” Con esto quiere decir que las adaptaciones de medios y fines, como se observa en la naturaleza, son el resultado necesario de la interacción de las fuerzas puramente mecánico de la naturaleza, y tendría como resultado de ellos si existe un Dios o no, y que por tanto no pueden invocarse como prueba de que hay un Dios. Esta concepción del trabajo de la naturaleza es el resultado de la rigurosidad con la que celebró su teoría de la evolución por selección natural, en forma naturalista exacta en la que se concibió por primera vez. El segundo argumento, que dibuja “del régimen general de beneficencia del mundo,” se encuentra por una referencia a la gran cantidad de sufrimiento en el mundo. Como un evolucionista de sonido que él cree que la felicidad decididamente prevalece sobre la miseria, pero él insiste en que la existencia de tanto sufrimiento, es un argumento contra la existencia de una causa primera inteligente “, mientras que la presencia de mucho sufrimiento y está de acuerdo con la opinión de que todos los orgánicos los seres se han desarrollado a través de la variación y la selección natural “, que parece dar por supuesto que una concepción necesariamente anti-teístas. En el tratamiento de la tercera alegación, derivada de la convicción del hombre “de profundidad hacia el interior y los sentimientos” que hay un Dios, a quien sus aspiraciones de salir, de quien depende ya quien es el responsable, el Sr. Darwin confunde la “convicción” con los “sentimientos” y establece el conjunto de un lado como no válido un argumento más para la existencia de Dios, que “los poderosos, aunque vaga, y sentimientos similares emocionado por la música.” Se recuerda con dolor el momento en que él también tenía esos sentimientos lugar dentro de él, en presencia de un paisaje magnífico, por ejemplo: cuando no podía describir de manera adecuada “los sentimientos más altos de admiración y devoción que llena su mente y elevado-, pero confiesa que no visitarlo, y que realmente podría decirse que es como un hombre que se ha convertido en daltónico y cuya pérdida de la percepción es por lo tanto no tiene valor como prueba en contra de la creencia universal de los hombres. Pero niega que la “convicción de la existencia de un Dios” (¿por qué “un” Dios?) Es universal entre los hombres, y sugiere que él cree que todos estos sentimientos pueden ser reducidos al “sentido de lo sublime”, que, sólo puede ser analizada, podría demostrarse que no implican la existencia de Dios más que las emociones similares planteados por la música. La confusión aquí es inmensa confusión de una convicción que acompaña a, o más bien engendra y gobierna, sentimientos con los sentimientos propios confusión en el análisis de una emoción en sus elementos con el descubrimiento de su causa, y por el estilo. Pero la confusión y el método de Darwin de buscar alivio a su desconcierto, son rasgos característicos que nos enseñe algo sobre el valor de su testimonio en cuanto a los aspectos científicos de la fe. El cuarto argumento, que se basa en nuestro juicio de causalidad, es la única a la que atribuye un gran valor. Él no duda en hablar de la “imposibilidad de concebir este universo inmenso y maravilloso como el resultado de la casualidad o la necesidad.” Pero surge la pregunta: Imposibilidad de quién? Y aquí de nuevo la teoría de Darwin sobre el origen del hombre, por un proceso puramente natural del desarrollo de los antepasados bruta, entró en vacío a la conclusión inevitable. “Pero”, añade, “surge la duda. ¿Puede la mente del hombre, que tiene, como estoy convencido, ha desarrollado de una mente tan baja como la que poseen los animales inferiores, confiar en que se basa conclusiones tan grandes ? O, como escribe más tarde, después de haber confesado de nuevo a “una convicción interna de que el universo no es el resultado de la casualidad.” “Pero conmigo la duda horrible siempre se plantea es si las convicciones de la mente del hombre, que se ha desarrollado de la mente de los animales inferiores, son de ningún valor en absoluto o de confianza. ¿Alguien de confianza en las convicciones de la mente de un mono, si hay condenas en la mente de este tipo? ” Así, el pasado y la prueba más fuerte no teístas, no por una falta en su validez estrictas para la mente humana, sino porque así bruta de raza como una mente del hombre no es juez de la validez de la prueba.
Nos sentimos tentados a desviarse y preguntar, ¿Por qué, entonces, son las pruebas teístas tan cuidadosamente examinados por el Sr. Darwin? ¿Por qué tanta validez asignado a la sentencia de la mente humana como para el valor del argumento del diseño, por ejemplo? ¿Por qué confiar en esa bestia de raza mente a través de todos los razonamientos desviados por el que la teoría de la evolución por selección natural, sobre la base de que el valor de sus conclusiones se enfrenta ahora al desafío, se llegó a? En una palabra, ¿no es cierto, si la mente del hombre es tan brutal que la sentencia de causalidad no es confiable cuando se exige una causa suficiente para que este universo, que es igualmente indigno de confianza en todas sus demandas de una causa suficiente, y que por lo tanto todos los el tejido de nuestro conocimiento cae sobre nuestros oídos, todas nuestras teorías bien, todos nuestros juicios comunes por las que vivimos? Cuando el Sr. Darwin asfixia por esta “íntima convicción” y se niega a creer lo que confiesa ser “imposible” para él que no cree, él pone el cuchillo en la garganta de todos sus condenas, incluso de su convicción de que existe y su convicción de que un mundo de mentiras sobre él, tal como él lo ve con los ojos y teoriza sobre con su mente “bestial”, y no necesariamente sale a la oscuridad de la ignorancia de todo pensamiento, toda creencia, toda la verdad.
Pero recordemos que no son críticas, pero sólo tratando de entender las razones de Darwin por negarse a creer en “lo que se llama un Dios personal.” Esto es mucho más simple, que la raíz de su agnosticismo, como de su rechazo del cristianismo, fue su aceptación entusiasta de su propia teoría de la evolución, en el sentido naturalista mecánico en el que se concibió. Nosotros no plantear cuestión de si este era un resultado inevitable, ha habido muchos evolucionistas que han sido y han permanecido teístas y cristianos. Pero este era el curso real de razonar con él. Fue porque concibe de cada forma orgánica como responsable a la variación indefinida en todas direcciones, y para el desarrollo en otras formas de la reacción natural del medio ambiente sobre estas variaciones, a través de la lucha por la existencia, que negó que la mano de Dios puede ser investigados ya sea en la línea de variación o en la selección de los tipos de vida. Fue porque incluye todos los fenómenos ecológicos, psíquica y moral como físico, en este proceso natural, que se vio incapaz de confiar en las convicciones de la mente del hombre, que fue después de todo, nada más que la fiera mente golpeado y apretados en algo de una nueva forma inmoral por la lucha por la existencia se extiende a través de tiempos inmemoriales. En una palabra, el rechazo de Darwin de la cristiandad y la pérdida de fe en un Dios personal eran simplemente el resultado de su aprobación entusiasta de una teoría especial del origen de la diferenciación orgánica, y del sometimiento sin piedad del pensamiento a sus todos sus términos.
Y ahora, volviendo a nuestra pregunta original, estamos dispuestos a responder por qué un hombre de ciencia rompió con la fe. Sr. Darwin fue honesto al abandonar la fe de su infancia y las convicciones teístas de su virilidad. Pero fue él, lógicamente, impulsado a ello? Él mismo, a pesar de sí mismo, confiesa que él no era. Hasta el final de su “condena” irreconciliables con su conclusión “.” Sin embargo, era lógico, si la evidencia a favor de la forma extremadamente naturalista de la hipótesis de la evolución es más convincente que la de Dios y la Biblia, pero lógico con una lógica que excluye la misma lógica en la que estamos dependiendo de nuestra conclusión de validez todas sus, y nos deja tiritando desnuda de toda creencia y de todo el profesorado de confianza del pensamiento. Si vamos a mantener la fe en nuestra propia existencia, el Sr. Darwin mismo se testigo, también debemos creer en el Dios que nos dio la vida y el ser. Sólo podemos explicar el fracaso de Darwin a aceptar la orientación de su convicción inextinguible aquí, al reconocer que su absorción en una sola línea de investigación y la inferencia tanto había atrofiado su mente en otras direcciones, que había dejado de ser un juez de confianza de pruebas. Cualquiera que sea cierto en otros casos, en este caso la deserción de un hombre de ciencia de la religión era claramente debido a una atrofia de las cualidades mentales por los que fue inadecuado para el cálculo de cualquier otro tipo de pruebas que no proceda de el bisturí y la de laboratorio, y ya no podía sentir la fuerza de las convicciones que son imborrables como “mucho una parte del hombre como el estómago o el corazón”.
fuente bibl. (aca)
El Pavo Real y El Evolucionismo
08 ene 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución Etiquetas: cola del pavo real, Evolucionismo, Pavo Real
Darwin, un ‘gentleman’ que hacía novillos
31 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, La Biblia, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: Universidad de Cambridge
Darwin, un ‘gentleman’ que hacía novillos
La Universidad de Cambridge publica unas facturas con detalles de la vida de estudiante del naturalista
ELPAÍS.com - Madrid – 23/03/2009

Charles Darwin, autor de la teoría de la evolución por la selección natural, no era un buen estudiante. Eso sí, le gustaba vivir bien. Pagaba un extra para comer verduras (cinco peniques y medio para acompañar la ración diaria de carne y cerveza) y tenía sirvientes que le hacían la cama, le limpiaban los zapatos y le traían carbón para la chimenea. Todos estos detalles han quedado registrados en seis libros de facturas descubiertos recientemente en la Universidad de Cambridge.
“Los libros muestran que Darwin disfrutó de toda la parafernalia que alguien esperaría de un caballero del siglo XIX”, ha contado un portavoz de la universidad. Entre 1828 y 1831, sus años de estudiante, “pasó poco de su tiempo en Cambridge, estudiando o en clase” porque “prefería disparar, montar a caballo o recoger escarabajos”.
“Gracias al descubrimiento, los historiadores han podido saber el día exacto que Darwin llegó a la universidad (el 26 de enero de 1828) – y una cantidad de detalles que les van a permitir reconstruir su vida de estudiante como nunca antes”, ha declarado este mismo portavoz.
El especialista en Darwin John van Wyhe ha explicado que, 200 años después de su nacimiento, la vida de estudiante de Darwin era prácticamente desconocida hasta que han sido descubiertos estos seis libros de cuero, escritos a mano, que detallan las finanzas de los estudiantes en esa época. “Se trata de detalles muy íntimos”, ha continuado el académico. Desde hoy se pueden visitar en esta página: http://darwin-online.org.uk.
Años después, Darwin hablaría de sus días de estudiante como “los más alegres de mi feliz vida”. Al acabar sus estudios, el naturalista inglés se embarcó en el famoso viaje a bordo del Beagle, rumbo a América del Sur, donde desarrolló la teoría de la evolución que luego publicó en su libro El origen de las especies.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Darwin/gentleman/novillos/elpepusoc/20090323elpepusoc_4/Tes
Completando a Charles Darwin
31 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: CHARLES DARWIN
REPORTAJE
Completando a Charles Darwin
La tectónica, la oceanografía o el clima están dando respuesta a los interrogantes pendientes sobre la evolución – Los nuevos hallazgos cierran lagunas en el 200º aniversario del científico
JAVIER SAMPEDRO 06/02/2009

Una crítica clásica contra Darwin es que, pese a haber titulado su libro El origen de las especies (1859), justo no aclaró cómo se originaban las especies. La selección natural -el mecanismo evolutivo descubierto por el naturalista- se basa en la acumulación gradual de pequeños cambios, mientras que las especies suelen ser entidades discretas y bien definidas: vemos leones y tigres, no una escala Pantone de leotigres. La investigación reciente, sin embargo, ha aclarado muchos puntos del problema de la especiación, o generación de nuevas especies, y ha confirmado que la especiación tiene una relación directa con la selección natural darwiniana. También han revelado unos principios generales que hubieran resultado sorprendentes para el padre de la biología moderna.
El naturalista nunca explicó de verdad el origen de las especies
Los cambios en los seres vivos no son paulatinos; van a grandes saltos
La explosión de la vida animal ocurrió hace 543 millones de años
No sólo compiten los individuos; también lo hacen los genes
“La competencia por los recursos, las carreras de armamentos entre predadores y presas y otros factores biológicos dan forma a los ecosistemas locales durante periodos cortos”, dice el evolucionista Michael Benton, de la Universidad de Bristol. “Pero son factores externos como el clima, la oceanografía y la tectónica continental los que explican las pautas de la evolución a gran escala”. Benton es el autor de uno de los cinco artículos con que la revista Science celebra hoy el 200º aniversario del nacimiento de Charles Darwin (12 de febrero de 1809-19 de abril de 1882).
La idea de que la competencia entre seres vivos es el principal motor de la evolución arranca del propio Darwin y suele ser la preferida por los biólogos. Se la conoce como la hipótesis de la reina roja, por el personaje de Lewis Carroll que le dice a Alicia en A través del espejo: “En este país tienes que correr todo lo que puedas para permanecer en el mismo sitio”.
El paradigma de la reina roja son las carreras de armamentos entre predador y presa: los conejos corren cada vez más para escapar de los zorros, lo que fuerza a los zorros a correr cada vez más para seguir comiendo lo mismo que antes; las corazas de las presas se hacen cada vez más duras y las pinzas de sus predadores cada vez más fuertes, con lo que todos corren lo más que pueden para que todo permanezca en el mismo sitio.
El problema es que la evolución a gran escala no permanece en el mismo sitio como Alicia. Los modelos del tipo reina roja, según Benton, no explican que los seres vivos se hayan hecho más complejos en la historia del planeta, ni que hayan colonizado nuevos espacios (como la tierra firme), ni que ciertos linajes concretos hayan brotado en explosiones evolutivas de radiación de nuevas especies. “Todas estas cosas han ocurrido muchas veces en los últimos 500 millones de años”, afirma el científico británico.
La razón hay que buscarla en la geología, y algunos ejemplos son bien conocidos. Desde que el supercontinente Pangea empezó a quebrarse hace 250 millones de años, el baile de sus fragmentos por la corteza terrestre ha tenido un efecto decisivo. La biología alienígena de Australia -ornitorrincos, canguros, koalas, wombats, emús, cucaburras- y de Suramérica -llamas, anacondas, pirañas, vicuñas, tapires- se debe a que ambos territorios han sido islas durante casi 100 millones de años.
El sentido común no es la mejor guía para averiguar las relaciones de parentesco entre las distintas especies. El damán, un animalillo africano al que cuesta distinguir de una rata, se agrupa con el elefante en una gran rama evolutiva de los mamíferos, la de los afroterios. Las personas, los delfines y las vacas nos apiñamos junto a las ratas propiamente dichas en la segunda rama (los boreoterios), dejando la tercera (los desdentados) para el armadillo y el oso hormiguero.
La razón es que los mamíferos originales se dividieron físicamente en tres grupos hace 100 millones de años, cuando las actuales África, Eurasia y Suramérica se escindieron de un continente único.
En los últimos años, los geólogos también han encontrado fuertes correlaciones entre la diversidad del plancton -los organismos microscópicos que flotan en el mar- y la temperatura del agua en esa época. El enfriamiento oceánico de los últimos 70 millones de años, por ejemplo, se asocia a una gran radiación de especies de foraminíferos, los principales microfósiles marinos. En general, las fases de calentamiento por las que ha pasado el planeta se han caracterizado por una menor riqueza de géneros, y de familias enteras, de seres vivos.
Si la competencia entre seres vivos es la reina roja, la evolución guiada por las condiciones externas se conoce como la hipótesis del “bufón de corte”. Los bufones sólo pretendían complacer a los poderosos, y jamás cambiaban sus números a menos que se vieran forzados por una catástrofe (como una guerra o un cambio de régimen). Si la reina roja es la idea preferida por los biólogos, el bufón de corte es la favorita de los geólogos, como parece lógico. Y es el motor del cambio que parece predominar a las escalas evolutivas, de 100.000 años para arriba en el tiempo, y de especie para arriba en la taxonomía, la ciencia que clasifica a los seres vivos en una jerarquía de especies, géneros, familias, órdenes, clases, filos y reinos.
La cuestión de la reina roja tiene mucha relevancia para el problema estrella de la biología evolutiva: la explosión cámbrica, la gran dificultad que atormentó a Darwin hace un siglo y medio. La Tierra tiene 4.500 millones de años, y los primeros microbios aparecieron poco después (hay evidencias fósiles de 3.500 millones de años). Pese a ello, la explosión de la vida animal sólo ocurrió al empezar el periodo Cámbrico, hace 543 millones de años. La evolución tardó poco en inventar a los animales, aunque tardó 3.000 millones de años en ponerse a ello. Ésta es la versión moderna del dilema de Darwin.
“Creo que la explosión cámbrica es un excelente ejemplo de evolución por el modelo del bufón de corte”, confirma Benton a EL PAÍS. “Es un caso en que el cambio dramático del entorno físico tiene un profundo efecto en la evolución. Esto no tiene nada que ver con sugerir que la selección natural es errónea, o que Darwin se equivocó. Se trata simplemente de que los cambios dramáticos e inesperados, como el que ocurrió entonces, pueden abrumar a los procesos normales de la selección natural y poner a cero el reloj evolutivo, como solía decir Steve Gould”. Stephen Jay Gould fue un destacado (y polémico) evolucionista norteamericano hasta su muerte en 2002.
El periodo anterior al Cámbrico (de 1.000 a 543 millones de años atrás) se llama Neoproterozoico, de mote “precámbrico”, e incluye las más brutales glaciaciones conocidas por los geólogos, como la Sturtian y la Marinoan. Algunos científicos creen que fue una era de bola de nieve planetaria (snowball earth), en la que los casquetes polares cubrían incluso el ecuador terrestre.
Antes de esa era del hielo, los niveles de oxígeno en la atmósfera eran muy bajos, inferiores al 1% de la concentración actual, como habían sido en los 3.000 millones de años anteriores. La última de las grandes glaciaciones precámbricas, la Marinoan, terminó hace 635 millones de años, y los últimos datos indican que los primeros animales, las esponjas, ya habían evolucionado para entonces. Y los datos indican que el fondo marino no estuvo bien oxigenado hasta los tiempos de la explosión cámbrica. Si la biología tardó 3.000 millones de años en inventar a los animales, la razón parece ser que la geología no se lo permitió antes.
La mosca Drosophila ha resultado un modelo muy útil para estudiar los fundamentos genéticos de la especiación. Por ejemplo, la especie americana Drosophila pseudoobscura se separó hace 200.000 años en dos subespecies llamadas USA y Bogotá. Como los caballos y los burros, las moscas USA y Bogotá pueden cruzarse, pero sus hijos son estériles. En casos de especies más divergentes, los hijos suelen ser no ya estériles, sino directamente inviables. El punto es que la genética de la mosca permite hallar los genes exactos que son responsables de la esterilidad o de la inviabilidad.
Los resultados apuntan a muy pocos genes, y varios están relacionados con el transporte nuclear, el intercambio de materiales entre el núcleo y el resto de la célula. Dos de los genes de la especiación son Nup96 y Nup160, componentes del poro nuclear que comunica al núcleo con su entorno, y otro es RanGAP, que regula el mismo proceso. No hay ninguna razón a priori para que la especiación esté relacionada con un mecanismo tan concreto como el transporte nuclear, y estos resultados son inesperados en ese sentido.
Pero estos genes también tienen relación con un fenómeno que lleva décadas siendo un sospechoso central para los genetistas interesados en la especiación. Se llama impulso meiótico (meiotic drive), o más en general “conflicto intragenómico”. Al igual que la selección natural clásica, se trata de un proceso de competencia, pero no entre individuos dentro de una especie, ni entre especies dentro de un ecosistema, sino entre genes dentro de un genoma, es decir, entre las partes de un mismo individuo.
Esto es posible porque cada individuo produce miles o millones de gametos (óvulos o espermatozoides, según su sexo), cada uno con una combinación distinta de genes. Y hay genes que sesgan a su favor la producción de gametos, de modo que se aseguran su presencia en más de la mitad de los espermatozoides o los óvulos, que es lo que les correspondería por azar. Estos genes son auténticas bombas evolutivas, porque pueden imponerse en una población en pocas generaciones aun cuando no hagan nada beneficioso para el individuo que los alberga. Los demás genes se ven forzados a adaptarse para convivir en el mismo genoma que ellos, y esto conduce a las poblaciones por caminos separados aun cuando sus entornos sean similares. Esto es la evolución por “conflicto intragenómico”.
En el ejemplo mencionado antes de las dos subespecies de Drosophila pseudoobscura, USA y Bogotá, el grupo de Allen Orr, de la Universidad de Rochester, acaba de demostrar que un solo gen (llamado overdrive) es responsable a la vez de la esterilidad de los híbridos entre las dos subespecies, y de causar su propia representación en los gametos por encima del 50% que le correspondería por azar. “Nuestros resultados”, afirma Orr, “indican que el conflicto intragenómico, una forma de adaptación al ambiente genómico interno, es una fuerza importante en la especiación”.
Otro descubrimiento reciente es la importancia crucial de las duplicaciones de genes en la evolución. Las duplicaciones o pérdidas de genes son la principal fuente de variación genética en nuestra especie: cualquier persona se distingue de cualquier otra en un promedio de 70 regiones duplicadas o amputadas en uno de sus cromosomas.
Dos siglos después, la ciencia rellena huecos que a Darwin le hubiera encantado explicar.
Una teoría revolucionaria
- Si los seres vivos tienen una gran capacidad de reproducirse, pero los recursos son limitados, sólo las variantes más aptas de cada generación sobrevivirán lo suficiente como para reproducirse y transmitir sus cualidades a la siguiente.
- La repetición de este proceso ciego una generación tras otra provoca inevitablemente que las especies vayan cambiando y haciéndose más aptas para vivir en su particular entorno.
- La principal predicción de la teoría de la evolución es que todos los seres vivos del planeta provenimos por ramificaciones sucesivas de una sola especie simple y primordial.
- Los humanos compartimos con las ratas, los gusanos, los abetos y las bacterias tal cantidad de fundamentos genéticos y bioquímicos que el origen común de la vida es uno de los hechos científicos mejor establecidos.
- Darwin propuso una teoría gradual: ínfimos cambios acumulados generación tras generación durante millones de años. El registro fósil, sin embargo, presenta transiciones relativamente bruscas (según las escalas de los geólogos).
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Completando/Charles/Darwin/elpepusoc/20090206elpepisoc_1/Tes
Dos siglos con Darwin
31 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
CARLOS ÁLVAREZ
Dos siglos con Darwin
CARLOS ÁLVAREZ 05/02/2009
A LOS 200 AÑOS del nacimiento de Charles Darwin (en febrero de 1809) y siglo y medio después de la publicación de su texto -Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida-, todavía hay quien mantiene la polémica en torno a la selección natural. En pleno siglo XXI, casi la mitad de los estadounidenses creen, según una encuesta, en la creación del hombre por Dios hace apenas unos miles de años.
Buen momento, por tanto, para refrescar conocimientos sobre el científico y su obra. Podemos empezar, en español, por la Fundación Charles Darwin, que nos recuerda que también está de aniversario, el de sus 50 años dedicados a la conservación y preservación de las Galápagos, fundamentales en el desarrollo de la teoría de Darwin.
- www.darwinfoundation.org/es
Como página imprescindible, ninguna como The Complete Work of Charles Darwin Online, que además de todas sus publicaciones incluye 20.000 documentos privados y un catálogo de centenares de trabajos suplementarios. En la red desde octubre de 2006, ha recibido 70 millones de visitas.
- darwin-online.org.uk
Y si lo que queremos es leer El origen de las especies en español, está en la biblioteca Cervantes Virtual, donde pasa ya de las 100.000 consultas.
- www.cervantesvirtual.com/Buscar.html?texto=El+origen+de+las+especies
También la Wikipedia se ocupa de La Evolución Biológica en un artículo que recuerda, además, la importancia de estudios anteriores, paralelos y posteriores.
- es.wikipedia.org/wiki/Evolucion_biologica
“Las evoluciones del hombre” son la base del funcionamiento del sitio en francés Hominidés, que dedica un informe al aniversario. Encontramos más datos en español sobre esta “revolución científica” en la web de Evolutionibus. Y hay blogs inspirados en el tema como Evolucionarios.
- www.hominides.com
- www.evolutionibus.info
- evolucionarios.blogalia.com
The TalkOrigins Archive analiza la controversia entre evolución y creación. Evolución y Ambiente pretende ir más allá de la teoría de Darwin con referencias a los últimos avances de la biología.
- www.talkorigins.org
- www.iieh.org/evolucion.php
Sobre diseño inteligente también Wikipedia ofrece un artículo con abundancia de referencias y enlaces. Y CreaciónWiki que exige, literalmente, que sus redactores “deben creer que el universo y la vida en la tierra fueron creados por God”.
- es.wikipedia.org/wiki/Diseño_inteligente
- creationwiki.org/es
http://www.elpais.com/articulo/semana/siglos/Darwin/elpepusoc/20090205elpciblse_6/Tes
Divulgar la evolucion
31 dic 2009 Comentarios desactivados
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Divulgar la evolución
JOSEP M. SARRIEGUI 05/02/2009
Divulgar la evolución
JOSEP M. SARRIEGUI 05/02/2009
Artículos, experiencias educativas, proyectos de aula e innovaciones pedagógicas sobre biología y geología. Éste es el repertorio que anuncia Blog de Biosfera, una iniciativa divulgativa sobre el evolucionismo que puede resultar de gran provecho para todos aquéllos interesados en la materia, en particular educadores que busquen ideas frescas para sus clases en este año que tiene a Charles Darwin como foco de celebraciones.
Aunque se anuncia como dirigida a proporcionar material educativo a profesores de secundaria, esta bitácora cumple funciones que van más allá de su modesta presentación. Cualquiera extraerá enseñanzas de ella, sea o no maestro. Nació en mayo de 2006 (no está, por tanto, vinculada a las conmemoraciones de 2009), Juan Aznar es quien se ocupa preferentemente del espacio científico y su alojamiento cibernético pertenece al Ministerio de Educación. El Proyecto Biosfera, en el que se integra el blog, se compone de “unidades didácticas multimedia interactivas, herramientas y recursos que aprovechan las ventajas que ofrecen el ordenador e Internet”. Hay enlace con dicho proyecto desde la bitácora.
Las entradas más recientes del blog hablan a las claras: hemos inaugurado el Año Darwin y no faltan convocatorias (conferencias y congresos) y nuevas publicaciones sobre su legado. Quienes quieran anunciarse tienen aquí un lugar para hacerlo y quienes busquen información sobre actos pueden darse un paseo por la bitácora, más actual que nunca en estos días del bicentenario del nacimiento del padre del evolucionismo y a la espera de que llegue la celebración de la publicación de su obra señera, El origen de las especies.
http://recursos.cnice.mec.es/biosfera/blog/
http://www.elpais.com/articulo/semana/Divulgar/evolucion/elpepusoc/20090205elpciblse_7/Tes
El darwinismo no está en crisis
31 dic 2009 Comentarios desactivados
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El darwinismo no está en crisis
España se suma a los actos conmemorativos del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin
ELPAÍS.com / AGENCIAS – Madrid – 12/02/2009

Este año coinciden dos aniversarios alrededor del naturalista inglés Charles Robert Darwin: su nacimiento un 12 de febrero de hace 200 años y la publicación, hace 150, del libro El origen de las especies. España ha querido sumarse con diversas iniciativas a los numerosos actos conmemorativos en todo el mundo con motivo del doble aniversario, que demuestran que el darwinismo no está precisamente en crisis. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha lanzado hoy una página web divulgativa -www.darwin2009.csic.es- para repasar la vida y obra del célebre científico.
El nuevo portal consta de doce apartados en los que se cuenta, entre otras cuestiones, quién era Darwin y cuáles fueron sus teorías y proyectos de investigación, ha señalado la responsable del proyecto e investigadora del área de Cultura Científica del CSIC, Sandra Rebok. Además, otros de los objetivos de la web es dar a conocer las celebraciones del año de Darwin y visibilizar las investigaciones del CSIC alrededor del naturalista y de su Teoría de la Evolución. “La idea es que todo este material pueda utilizarse en colegios e institutos para hacer una exposición, o en sitios que tengan pocos recursos. Principalmente hay artículos divulgativos que cuentan la vida y obra del científico”, ha explicado Rebok, al tiempo que ha precisado que la página no estará del todo completa hasta finales de febrero.
Darwin no fue el primer evolucionista, pero sí el primero en proponer un mecanismo plausible que podía hacer funcionar el cambio evolutivo, la selección natural, ha dicho Juan Moreno, del Departamento de Ecología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales,perteneciente al CSIC. Para Darwin, todos los seres vivos tienen una ascendencia común y tanto la diversificación de especies como sus adaptaciones son el resultado de la acción de la selección natural; es decir, los efectos ambientales favorecen algunas variantes en las poblaciones de organismos, ha indicado Moreno. Según ha demostrado la genética, las propiedades relacionadas con la eficacia en la utilización de recursos se heredan de padres a hijos, por lo que los cambios en las propiedades de los organismos acumuladas a lo largo de muchísimas generaciones producirán el cambio evolutivo. “Darwin proponía algo inaudito en su época, que los seres vivos, también los humanos, se habían modificado a lo largo de millones de años por un proceso material sin fin ni objetivo alguno”, ha remachado Moreno.
La ecología evolutiva ha detectado la actuación “incesante” de la selección natural en la naturaleza, según Moreno, quien ha puntualizado que quien diga que la propuesta de Darwin no se ha confirmado científicamente, “no se ha documentado lo suficiente”. Sin embargo, no se ha librado de numerosas y feroces críticas.
Francisco Pelayo, del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales, del CSIC, considera que las críticas contra la selección natural proceden básicamente del “fundamentalismo cristiano y de los sectores más conservadores del catolicismo”. Entre 1936 y 1947 se alcanzó un consenso entre los biólogos norteamericanos sobre la teoría sintética de la evolución que recuperó el paradigma darwinista. En España, durante la posguerra se truncó su asimilación y es en los 60 cuando los biólogos españoles la empezaron a asumir lentamente.
Darwin, casado con su prima Emma Wedgwood, de profundas creencias religiosas y a la que nunca intentó convencer, fue una persona con una enorme curiosidad, metódica y prudente, según Moreno y Pelayo, para quienes científicamente ha habido pocos hombres como él en la historia de la Humanidad.
De sus libros -estos días proliferan en las librerías- y de sus detractores se va a hablar en los numerosos actos que se van a organizar en 2009 en distintas ciudades españolas. Madrid va a acoger, al menos, dos exposiciones, una organizada por Cosmo Caixa -¡Viva la diferencia!- y otra por el CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Asimismo, habrá jornadas dedicadas al naturalista y conferencias. Y en Internet,www.darwin2009.csic.es.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/darwinismo/crisis/elpepusoc/20090212elpepusoc_5/Tes
Darwin, sin censura
31 dic 2009 Comentarios desactivados
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FRAGMENTO LITERARIO: LECTURA
Darwin, sin censura
La autobiografía de Charles Darwin, publicada en 1877, fue mutilada por su esposa porque estaba escrita “con demasiada libertad”. El autor de El origen de las especies, del que ahora se cumplen 200 años de su nacimiento, exponía, por ejemplo, que el cristianismo le parecía “una doctrina detestable”. Este libro, según la editorial Laetoli, recupera los párrafos censurados (en negrita)
CHARLES DARWIN 08/02/2009

Durante aquellos dos años me vi inducido a pensar mucho en la religión. Mientras me hallaba a bordo del Beagle fui completamente ortodoxo, y recuerdo que varios oficiales (a pesar de que también lo eran) se reían con ganas de mí por citar la Biblia como autoridad indiscutible sobre algunos puntos de moralidad. Supongo que lo que los divertía era lo novedoso de la argumentación. Pero, por aquel entonces, fui dándome cuenta poco a poco de que el Antiguo Testamento, debido a su versión manifiestamente falsa de la historia del mundo, con su Torre de Babel, el arco iris como signo, etcétera y al hecho de atribuir a Dios los sentimientos de un tirano vengativo, no era más de fiar que los libros sagrados de los hindúes o las creencias de cualquier bárbaro. En aquel tiempo se me planteaba continuamente la siguiente cuestión, de la que era incapaz de desentenderme: ¿resulta creíble que Dios, si se dispusiera a revelarse ahora a los hindúes, fuese a permitir que se le vinculara a la creencia en Vishnú, Shiva, etcétera, de la misma manera que el cristianismo está ligado al Antiguo Testamento? Semejante proposición me parecía absolutamente imposible de creer. (…)
El Antiguo Testamento, con su Torre de Babel, etcétera, no era más de fiar que las creencias de cualquier bárbaro
El hecho de que muchas religiones falsas se hayan difundido por extensas partes de la Tierra como un fuego sin control tuvo cierto peso sobre mí. Por más hermosa que sea la moralidad del Nuevo Testamento, apenas puede negarse que su perfección depende en parte de la interpretación que hacemos ahora de sus metáforas y alegorías. No obstante, era muy reacio a abandonar mis creencias. Y estoy seguro de ello porque puedo recordar muy bien que no dejaba de inventar una y otra vez sueños en estado de vigilia sobre antiguas cartas cruzadas entre romanos distinguidos y sobre el descubrimiento de manuscritos, en Pompeya o en cualquier otro lugar, que confirmaran de la manera más llamativa todo cuanto aparecía escrito en los Evangelios. Pero, a pesar de dar rienda suelta a mi imaginación, cada vez me resultaba más difícil inventar pruebas capaces de convencerme. Así, la incredulidad se fue introduciendo subrepticiamente en mí a un ritmo muy lento, pero, al final, acabó siendo total. El ritmo era tan lento que no sentí ninguna angustia, y desde entonces no dudé nunca ni un solo segundo de que mi conclusión era correcta. De hecho, me resulta difícil comprender que alguien deba desear que el cristianismo sea verdad, pues, de ser así, el lenguaje liso y llano de la Biblia parece mostrar que las personas que no creen -y entre ellas se incluiría a mi padre, mi hermano y casi todos mis mejores amigos- recibirán un castigo eterno.
Y ésa es una doctrina detestable.
Aunque no pensé mucho en la existencia de un Dios personal hasta un periodo de mi vida bastante tardío, quiero ofrecer aquí las vagas conclusiones a las que he llegado. El antiguo argumento del diseño en la naturaleza, tal como lo expone Paley y que anteriormente me parecía tan concluyente, falla tras el descubrimiento de la ley de la selección natural. Ya no podemos sostener, por ejemplo, que el hermoso gozne de una concha bivalva deba haber sido producido por un ser inteligente, como la bisagra de una puerta por un ser humano. En la variabilidad de los seres orgánicos y en los efectos de la selección natural no parece haber más designio que en la dirección en que sopla el viento. Todo cuanto existe en la naturaleza es resultado de leyes fijas. Pero éste es un tema que ya he debatido al final de mi libro sobre La variación en animales y plantas domésticos, y, hasta donde yo sé, los argumentos propuestos allí no han sido refutados nunca.
Pero, más allá de las adaptaciones infinitamente bellas con que nos topamos por todas partes, podríamos preguntarnos cómo se puede explicar la disposición generalmente beneficiosa del mundo. Algunos autores se sienten realmente tan impresionados por la cantidad de sufrimiento existente en él, que dudan -al contemplar a todos los seres sensibles- de si es mayor la desgracia o la felicidad, de si el mundo en conjunto es bueno o malo. Según mi criterio, la felicidad prevalece de manera clara, aunque se trata de algo muy difícil de demostrar. Si admitimos la verdad de esta conclusión, reconoceremos que armoniza bien con los efectos que podemos esperar de la selección natural. Si todos los individuos de cualquier especie hubiesen de sufrir hasta un grado extremo, dejarían de propagarse; pero no tenemos razones para creer que esto haya ocurrido siempre, y ni siquiera a menudo. Además, otras consideraciones nos llevan a creer que, en general, todos los seres sensibles han sido formados para gozar de la felicidad.
Cualquiera que crea, como creo yo, que todos los órganos corporales o mentales de todos los seres (excepto los que no suponen ni una ventaja ni una desventaja para su poseedor) se han desarrollado por selección natural o supervivencia del más apto, junto con el uso o el hábito, admitirá que dichos órganos han sido formados para que quien los posee pueda competir con éxito con otros seres y crecer así en número. (…)
Nadie discute que en el mundo hay mucho sufrimiento. Por lo que respecta al ser humano, algunos han intentado explicar esta circunstancia imaginando que contribuye a su perfeccionamiento moral. Pero el número de personas en el mundo no es nada comparado con el de los demás seres sensibles, que sufren a menudo considerablemente sin experimentar ninguna mejora moral. Para nuestra mente, un ser tan poderoso y tan lleno de conocimiento como un Dios que fue capaz de haber creado el universo es omnipotente y omnisciente, y suponer que su benevolencia no es ilimitada repugna a nuestra comprensión, pues, ¿qué ventaja podría haber en los sufrimientos de millones de animales inferiores durante un tiempo casi infinito? Este antiquísimo argumento contra la existencia de una causa primera inteligente, derivado de la existencia del sufrimiento, me parece sólido; mientras que, como acabo de señalar, la presencia de una gran cantidad de sufrimiento concuerda bien con la opinión de que todos los seres orgánicos han evolucionado mediante variación y selección natural.
Actualmente, el argumento más común en favor de la existencia de un Dios inteligente deriva de la honda convicción interior y de los profundos sentimientos experimentados por la mayoría de la gente. Pero no se puede dudar de que los hindúes, los mahometanos y otros más podrían razonar de la misma manera y con igual fuerza en favor de la existencia de un Dios, de muchos dioses, o de ninguno, como hacen los budistas. También hay muchas tribus bárbaras de las que no se puede decir con verdad que crean en lo que nosotros llamamos Dios: creen, desde luego, en espíritus o espectros, y es posible explicar, como lo han demostrado Tylor y Herbert Spencer, de qué modo pudo haber surgido esa creencia.
Anteriormente me sentí impulsado por sensaciones como las que acabo de mencionar (aunque no creo que el sentimiento religioso estuviera nunca fuertemente desarrollado en mí) a sentirme plenamente convencido de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma. En mi diario escribí que, en medio de la grandiosidad de una selva brasileña, “no es posible transmitir una idea adecuada de los altos sentimientos de asombro, admiración y devoción que llenan y elevan la mente”. Recuerdo bien mi convicción de que en el ser humano hay algo más que la mera respiración de su cuerpo. Pero, ahora, las escenas más grandiosas no conseguirían hacer surgir en mi pensamiento ninguna de esas convicciones y sentimientos. Se podría decir acertadamente que soy como un hombre afectado de daltonismo, y que la creencia universal de la gente en la existencia del color rojo hace que mi actual pérdida de percepción no posea la menor validez como prueba. Este argumento sería válido si todas las personas de todas las razas tuvieran la misma convicción profunda sobre la existencia de un solo Dios; pero sabemos que no es así, ni mucho menos. Por tanto, no consigo ver que tales convicciones y sentimientos íntimos posean ningún peso como prueba de lo que realmente existe. El estado mental provocado en mí en el pasado por las escenas grandiosas difiere de manera esencial de lo que suele calificarse de sentimiento de sublimidad; y por más difícil que sea explicar la génesis de ese sentimiento, apenas sirve como argumento en favor de la existencia de Dios, como tampoco sirven los sentimientos similares, poderosos pero imprecisos, suscitados por la música.
Respecto a la inmortalidad, nada me demuestra tanto lo fuerte y casi instintiva que es esa creencia como la consideración del punto de vista mantenido ahora por la mayoría de los físicos de que el Sol, junto con todos los planetas, acabará enfriándose demasiado como para sustentar la vida, a menos que algún cuerpo de gran magnitud se precipite sobre él y le proporcione vida nueva. Para quien crea, como yo, que el ser humano será en un futuro distante una criatura más perfecta de lo que lo es en la actualidad, resulta una idea insoportable que él y todos los seres sensibles estén condenados a una aniquilación total tras un progreso tan lento y prolongado. La destrucción de nuestro mundo no será tan temible para quienes admiten plenamente la inmortalidad del alma.
Para convencerse de la existencia de Dios hay otro motivo vinculado a la razón y no a los sentimientos y que tiene para mí mucho más peso. Deriva de la extrema dificultad, o más bien imposibilidad, de concebir este universo inmenso y maravilloso -incluido el ser humano con su capacidad para dirigir su mirada hacia un pasado y un futuro distantes- como resultado de la casualidad o la necesidad ciegas. Al reflexionar así, me siento impulsado a buscar una Primera Causa que posea una mente inteligente análoga en algún grado a la de las personas; y merezco que se me califique de teísta.
Hasta donde puedo recordar, esta conclusión se hallaba sólidamente instalada en mi mente en el momento en que escribí El origen de las especies; desde entonces se ha ido debilitando gradualmente, con muchas fluctuaciones. Pero luego surge una nueva duda: ¿se puede confiar en la mente humana, que, según creo con absoluta convicción, se ha desarrollado a partir de otra tan baja como la que posee el animal más inferior, cuando extrae conclusiones tan grandiosas? ¿No serán, quizá, éstas el resultado de una conexión entre causa y efecto, que, aunque nos da la impresión de ser necesaria, depende probablemente de una experiencia heredada? No debemos pasar por alto la probabilidad de que la introducción constante de la creencia en Dios en las mentes de los niños produzca ese efecto tan fuerte y, tal vez, heredado en su cerebro cuando todavía no está plenamente desarrollado, de modo que deshacerse de su creencia en Dios les resultaría tan difícil como para un mono desprenderse de su temor y odio instintivos a las serpientes.
No pretendo proyectar la menor luz sobre problemas tan abstrusos. El misterio del comienzo de todas las cosas nos resulta insoluble; en cuanto a mí, deberé contentarme con seguir siendo un agnóstico.
La persona que no crea de manera segura y constante en la existencia de un Dios personal o en una existencia futura con castigos y recompensas puede tener como regla de vida, hasta donde a mí se me ocurre, la norma de seguir únicamente sus impulsos e instintos más fuertes o los que le parezcan los mejores. Así es como actúan los perros, pero lo hacen a ciegas. El ser humano, en cambio, mira al futuro y al pasado y compara sus diversos sentimientos, deseos y recuerdos. Luego, de acuerdo con el veredicto de las personas más sabias, halla su suprema satisfacción en seguir unos impulsos determinados, a saber, los instintos sociales. Si actúa por el bien de los demás, recibirá la aprobación de sus prójimos y conseguirá el amor de aquellos con quienes convive; este último beneficio es, sin duda, el placer supremo en esta Tierra. Poco a poco le resultará insoportable obedecer a sus pasiones sensuales y no a sus impulsos más elevados, que cuando se hacen habituales pueden calificarse casi de instintos. Su razón podrá decirle en algún momento que actúe en contra de la opinión de los demás, en cuyo caso no recibirá su aprobación; pero, aun así, tendrá la sólida satisfacción de saber que ha seguido su guía más íntima o conciencia. En cuanto a mí, creo que he actuado de forma correcta al marchar constantemente tras la ciencia y dedicarle mi vida. No siento el remordimiento de haber cometido ningún gran pecado, aunque he lamentado a menudo no haber hecho el bien más directamente a las demás criaturas. Mi única y pobre excusa es mi frecuente mala salud y mi constitución mental, que hace que me resulte extremadamente difícil pasar de un asunto u ocupación a otros. Puedo imaginar con gran satisfacción que dedico a la filantropía todo mi tiempo, pero no una parte del mismo, aunque habría sido mucho mejor haberme comportado de ese modo. Nada hay más importante que la difusión del escepticismo o el racionalismo durante la segunda mitad de mi vida. Antes de prometerme en matrimonio, mi padre me aconsejó que ocultara cuidadosamente mis dudas, pues, según me dijo, sabía que provocaban un sufrimiento extremo entre la gente casada. Las cosas marchaban bastante bien hasta que la mujer o el marido perdían la salud, momento en el cual ellas sufrían atrozmente al dudar de la salvación de sus esposos, haciéndoles así sufrir a éstos igualmente. Mi padre añadió que, durante su larga vida, sólo había conocido a tres mujeres escépticas; y debemos recordar que conocía bien a una multitud de personas y poseía una extraordinaria capacidad para ganarse su confianza. Cuando le pregunté quiénes eran aquellas tres mujeres, tuvo que admitir que, respecto a una de ellas, su cuñada Kitty Wedgwood, sólo tenía indicios sumamente vagos, sustentados por la convicción de que una mujer tan lúcida no podía ser creyente. En la actualidad, con mi reducido número de relaciones, sé (o he sabido) de varias señoras casadas que creen un poco menos que sus maridos. Mi padre solía citar un argumento irrebatible con el que una vieja dama como la señora Barlow, que abrigaba sospechas acerca de su heterodoxia, esperaba convertirlo: “Doctor, sé que el azúcar me resulta dulce en la boca, y sé que mi Redentor vive”. -
Autobiografía. Charles Darwin. Editorial Laetoli/Universidad Pública de Navarra. Precio: 12,87. Fecha de publicación: 9 de febrero.
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Darwin/censura/elpepusocdmg/20090208elpdmgrep_5/Tes
Museo de Historias Biblicas
30 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución Etiquetas: Ken Ham
Museo de Historias Biblicas

¿Quien dijo que solo el mundo secular tiene museos?
También nosotros tenemos nuestro museo bíblico, en donde se les muestra a las personas que creen en la evolución o el Big Bang que sus teorías hubiesen sido mejor interpretadas si hubiesen tomado la Biblia como su mayor inspiración.
Aquí la nota original.
Kentucky, USA – En un vasto museo de Estados Unidos, un grupo de misioneros que no aceptan en absoluto tanto la ‘teoría de la evolución’ de Charles Darwin como la del Big Bang se representa la Génesis bíblica haciendo convivir a Adán y Eva con los dinosaurios.
“Lo que realmente queremos lograr aquí es que la gente pueda escuchar una información que es ampliamente censurada para el público y censurada en particular en las escuelas en Estados Unidos, donde la evolución se enseña como un hecho”, explica el Misionero Australiano Ken Ham, fundador y director de este museo que costó 27 millones de dólares.
“No tenemos libertad académica en las escuelas públicas, han lanzado a Dios y la Biblia por la ventana y redefinieron la ciencia como naturalismo (…). Eso en realidad es otra postura religiosa. Es la religión del ateísmo”,
dijo a AFP este ex profesor de biología, de cerca de 50 años, con una cuidada barba.
“Un evolucionista y un creacionista tienen creencias distintas, pero recurrimos a las mismas observaciones científicas para confirmar nuestras respectivas posiciones”,
prosiguió.
“Para los evolucionistas la observación confirma su teoría, cosa que nosotros negamos, mientras para nosotros ésta prueba que Dios creó el mundo en seis días hace 6.000 años, cosa que ellos niegan”,
dijo, explicando sin pestañear que su museo es el único que presenta ambas teorías.
Según la ciencia, el Universo nació a partir de una explosión, conocida como “Big Bang”, hace 13.500 millones de años, y la Tierra data de hace 4.000 millones de años. En cuanto a los dinosaurios, su extinción se remonta a unos 65 millones de años atrás, o sea son muy anteriores a la aparición de los primeros humanos “modernos” hace 200.000 años.
Pero en el museo de 6.500 metros cuadrados los dinosaurios animados pasean cerca de los humanos en las puestas en escena diseñadas por Patrick Marsh, director de arte de las atracciones “King Kong” y “Jaws” en el parque temático de Universal Studios en Florida (sureste de Estados Unidos).
En ocasión del bicentenario de nacimiento del naturalista inglés Charles Darwin el 12 de febrero, el Museo de la Creación consagró el último número de su revista al hombre cuya teoría de la evolución de las especies revolucionó la biología.
Esta edición con 50.000 abonados explica que “si Darwin hubiera interpretado sus observaciones en las islas Galápagos desde una perspectiva bíblica, habría llegado a conclusiones muy diferentes”.
Según el científico, todas las especies vivas evolucionaron a partir de un ancestro común gracias a un proceso de selección natural.
Este museo
“es una importante herramienta educativa que refuerza a los cristianos en su fe y les da las respuestas (científicas) que necesitan”,
insiste su director.
El museo en las colinas boscosas de Kentucky (norte) recurre a la alta tecnología para ir a contrapelo de hipótesis aceptadas por la comunidad científica.
Por ejemplo los dinosaurios (en versiones animadas y fósiles), que son de por sí un gran desafío para la teoría de la Génesis Bíblica, son presentados como criaturas que datan del Diluvio desatado por la cólera de Dios.
De hecho se puede leer que
“los dinosaurios fueron salvados junto a los demás animales por Noé en su arca”,
reproducida en parte en el museo con un tamaño imponente.
Adán y Eva, ocultando sus partes íntimas, aparecen en el Edén junto a un benévolo dinosaurio, todo con decorados ‘dignos de Hollywood’.
Este museo de historia natural bíblica fue inaugurado en mayo de 2007 y recibió 500.000 visitas el primer año, afirman sus responsables.
http://www.laultimageneracion.com/2009/02/museo-de-historias-biblicas.html
Lo que Darwin no sabía
21 dic 2009 2 comentarios
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
Fuente: Reasons To Believe
Lo que Darwin no sabía
Fazale Rana
En los 150 años desde que Charles Darwin escribió El origen de las especies, la ciencia ha ofrecido evidencias concluyentes a favor de la existencia de Dios.
Un sabio dijo una vez: “No es un problema lo que no sabes, sino lo que no sabes que no sabes”.
Cuando Charles Darwin propuso su teoría de la evolución biológica, desconocía muchas cosas sobre biología. Reconocía algunas. Pero había mucho que ni siquiera había pensado.
Durante los 150 años desde entonces, el progreso científico ha producido una comprensión importante acerca del origen, la historia y las características de la vida. Estos logros brindan el marco para la biología moderna. Aun más, están haciendo que los científicos cuestionen la teoría de Darwin. Conocer lo que los científicos saben equipará a los cristianos con una respuesta ante los aniversarios de Darwin y su teoría de la evolución biológica que podrían cambiar mentes y vidas.
Darwin no abordó el inicio de la vida en su obra seminal, El origen de las especies. Sin embargo, en 1871, al escribir a un amigo, Darwin especuló que la primera chispa de vida podría haber ocurrido en un “pequeño estanque cálido, con toda clase de sales de amoníaco y de fósforo, luces, calor, electricidad, etc. presentes, de modo que se produjera químicamente un compuesto proteico listo para sufrir cambios aún más complejos”.
Pero recién en la década de 1920 el bioquímico Alexander I. Oparin y el genetista británico J.B.S. Haldane pudieron brindar independientemente una hipótesis científicamente completa para la abiogénesis (vida que proviene de la no vida) basada, en parte, en las cavilaciones de Darwin. La hipótesis de Oparin-Haldane, al brindar vías detalladas desde los sistemas inorgánicos en la Tierra primordial hasta las primeras entidades vivas, postulaba una atmósfera sin oxígeno. Por el contrario, se creía que los gases predominantes eran reductores: hidrógeno, amoníaco, metano y vapor de agua. Las descargas de energía habrían formado moléculas orgánicas simples (prebióticas) que se acumularon en los océanos de la Tierra para elaborar la sopa prebiótica. Allí, presumiblemente, las reacciones químicas llevaron, paso a paso, a las primeras formas de vida.
En la década de 1950, Stanley Miller brindó lo que muchos consideraron la primera verificación experimental de esta hipótesis. Al pasar una descarga eléctrica a través de una mezcla de gases reductores, Millar produjo aminoácidos y otros compuestos orgánicos. Su éxito inició el programa de investigación sobre el origen de la vida y se convirtió en un clásico de libro de texto.
Estos experimentos, ahora famosos, inauguraron una serie de experimentos de otras personas que, al parecer, proporcionaban un apoyo constante a las ideas de Oparin y Haldane. Eufóricos por el logro de Miller, muchos científicos predijeron que el problema del origen de la vida se solucionaría pronto. Pero varios descubrimientos recientes han disminuido esta confianza.
El experimento de Miller no tuvo importancia
Pocos libros de texto reconocen que hoy la mayoría de los investigadores sobre el origen de la vida consideran irrelevante el experimento de Miller. La fuerte evidencia que revela una atmósfera primordial compuesta por dióxido de carbono, nitrógeno y agua ha cambiado el consenso científico. Esta mezcla de gases no produce compuestos orgánicos en experimentos de laboratorio de simulación prebiótica, un golpe aplastante para el escenario evolucionista.
En el número del 2 de mayo de 2003 de la revista Science, Jeffrey Bada y Antonio Lazcano, colaboradores de Miller durante mucho tiempo, recordaron el 50º aniversario de su experimento. Si bien explicaron su interés histórico, reconocieron que “los geocientíficos contemporáneos tienden a dudar de que la atmósfera primitiva tuviera la composición altamente reductora usada por Miller en 1953”.
Igualmente problemática es la falta de toda evidencia de una sopa prebiótica. Si la vida surgió de un caldo químico, entonces las rocas más antiguas de la Tierra deberían tener los residuos químicos de esa sopa. Sin embargo, según el investigador el origen de la vida Noam Lahav, en Biogenesis, hasta ahora no se ha publicado ninguna evidencia geoquímica a favor de la existencia de una sopa prebiótica. La vida no pudo surgir de una sopa prebiótica que jamás existió.
El asombroso diseño de la vida
Los investigadores has sostenido tradicionalmente que serían necesarios cientos de millones de años para la abiogénesis. También afirman que la primera vida en surgir sería sumamente sencilla, evolucionando hacia la complejidad.
Darwin abrazó la teoría protoplasmática, la teoría de que la célula consistía de sólo una pared que rodeaba un núcleo y un protoplasma gelatinoso homogéneo. Esta concepción hizo que las primeras explicaciones evolucionistas de la abiogénesis fueran plausibles. Los biólogos y químicos visualizaron fácilmente vías químicas que podrían producir el ingrediente único que se creía que formaba el protoplasma de la célula.
Pero para fines del siglo XIX este concepto se desvaneció. Con el descubrimiento de enzimas en el protoplasma de la célula capaces de catalizar un gran conjunto de reacciones químicas, los científicos reconocieron que el protoplasma era un sistema heterogéneo complejo.
Durante el último siglo, los avances en la bioquímica siguen confirmando la complejidad de la vida a nivel molecular. Aun la bacteria más sencilla requiere casi 2.000 proteínas diferentes en el “protoplasma” para existir como una entidad viva. No sólo son irreduciblemente complejos los sistemas químicos de la célula, sino que también exhiben un extraordinario grado de orden sustentado en una elegante y sofisticada lógica.
Los bioquímicos han descubierto también que las características salientes de los sistemas bioquímicos son idénticas a los rasgos inmediatamente reconocibles como producto de diseñadores humanos. Esta correspondencia estrecha impulsa lógicamente hacia la conclusión de que los procesos y estructuras más fundamentales de la vida surgen de la obra de un Agente inteligente.
Muchas de las proteínas que operan en la célula funcionan como máquinas a nivel molecular. Y muchas tienen un parecido asombroso con máquinas hechas por el hombre, incluyendo ejes de transmisión, árboles de levas, turbinas, abrazaderas, brazos de palanca, cojinetes, estatores y rotores.
Aun los ateos coinciden en que los sistemas químicos de la vida parecen haber sido diseñados. El fallecido Francis Crick, que compartió el Premio Nobel por descubrir la estructura del ADN, advirtió en What Mad Pursuit que “los biólogos deben constantemente tener en mente que lo que ven no fue diseñado, sino que evolucionó”. Según todas las apariencias, la química de la vida parece el producto de un Creador.
Dado que la experiencia común enseña que la información y los códigos siempre emanan de una mente, los nuevos descubrimientos acerca de los sistemas de información en la célula y el código genético refutan la teoría de Darwin, a la vez que brindan evidencia poderosa a favor de la obra de un Agente inteligente.
El código genético, necesario para dar significado a la información almacenada en el ADN, brinda reglas usadas por la maquinaria de la célula para hacer proteínas que también albergan información. Además, los bioquímicos han aprendido recientemente que estas reglas tienen un ajuste fino óptimo. Dada la escala de tiempo para el origen de la vida, la selección natural tendría que haber evaluado aproximadamente 1055 códigos por segundo para encontrar el código genético. Esto solo basta para descartar un origen evolucionista. Simplemente no existió el tiempo suficiente para que los procesos naturales se tropezaran con él.
Hallazgos en el registro fósil
Darwin sabía que el registro fósil no ofrecía demasiado apoyo a sus ideas. En El origen de las especies, dedicó un capítulo a las “dificultades”, donde aparecen dos características que consideraba las más problemáticas: la ausencia de formas de transición y las apariciones abruptas de grupos biológicos la primera vez que surgen en el registro fósil.
Darwin lamentó que “según esta teoría tienen que haber existido innumerables formas de transición, pero ¿por qué no las encontramos incrustadas en cantidades incontables en la corteza de la tierra?”.
Convencido de que el registro fósil estaba incompleto, Darwin esperaba que las formas de transición faltantes y las transformaciones evolucionistas graduales fueran descubiertas con el tiempo por los paleontólogos. Y, por cierto, ellos han encontrado fósiles que brindan dos piezas claves de evidencia para apoyar la evolución biológica.
El registro fósil muestra que la vida pasada es diferente de la vida de hoy, y que la vida sencilla precedió a la compleja. Para muchos científicos, estos rasgos indican que la vida tiene que haber evolucionado.
Pero la obra de un Creador, que trajo a la existencia diferentes formas de vida en momentos diferentes, podría dar cuenta de estos factores con la misma facilidad. Los relatos de creación de Génesis 1 y Salmos 104 registran este patrón.
- (Gen 1 RV 1960)
- (Sal. 104 RV 1960)
¡Bendice, alma mía, a Jehovah! Jehovah, Dios mío, ¡qué grande eres! Te has vestido de gloria y de esplendor. Tú eres el que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una tienda,que construye sus altas moradas sobre las aguas, que hace de las nubes su carroza, que anda sobre las alas del viento,que hace a los vientos sus mensajeros, y a las llamas de fuego sus servidores. El fundó la tierra sobre sus cimientos; no será jamás removida.Con el océano como con vestido la cubriste; sobre las montañas estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; se apresuraron al sonido de tu trueno. Subieron las montañas; descendieron los valles al lugar que tú estableciste para ellos. Les pusiste un límite, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. Tú eres el que vierte los manantiales en los arroyos; corren entre las colinas.Dan de beber a todos los animales del campo; los asnos monteses mitigan su sed. Junto a ellos habitan las aves del cielo, y trinan entre las ramas.Tú das de beber a las montañas desde tus altas moradas; del fruto de tus obras se sacia la tierra.Haces producir el pasto para los animales y la vegetación para el servicio del hombre, a fin de sacar de la tierra el alimento:el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace lucir su rostro, y el pan que sustenta el corazón del hombre. Se llenan de savia los árboles de Jehovah; los cedros del Líbano, que él plantó. Allí anidan las aves; en sus copas hace su nido la cigüeña. Los montes altos son para las cabras monteses; las peñas, para las madrigueras de los conejos.Tú eres el que hizo la luna para las estaciones; el sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas, y es de noche; en ella corretean todos los animales silvestres. Los leones rugen por la presa y reclaman a Dios su comida. Sale el sol; se recogen y se echan en sus cuevas.Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta el anochecer. ¡Cuán numerosas son tus obras, oh Jehovah! A todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. Este es el mar grande y ancho, en el cual hay peces sin número, animales grandes y pequeños. Sobre él van los navíos; allí está el Leviatán que hiciste para que jugase en él.Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo.Tú les das, y ellos recogen; abres tu mano, y se sacian del bien.Escondes tu rostro, y se desvanecen; les quitas el aliento, y dejan de ser. Así vuelven a ser polvo. Envías tu hálito, y son creados; y renuevas la superficie de la tierra.¡Sea la gloria de Jehovah para siempre! Alégrese Jehovah en sus obras.El mira la tierra, y ella tiembla; toca las montañas, y humean.Cantaré a Jehovah en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva.Que mi meditación le sea grata, y que yo me alegre en Jehovah.Sean exterminados de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. ¡Bendice, oh alma mía, a Jehovah! ¡Aleluya!
A pesar de todos los descubrimientos, las características generales del registro fósil todavía se parecen a las del tiempo de Darwin. Las formas de transición son escasas. Cuando aparecen nuevos grupos biológicos en el registro fósil, surgen explosivamente, y luego sufren pocos cambios.
Tal vez el principal ejemplo de las apariciones repentinas es la explosión del período cámbrico. Unos 540 millones de años atrás, organismos marinos complejos aparecieron explosivamente en el registro fósil. En vez de que organismos relativamente sencillos se originaran en el inicio del cámbrico para luego evolucionar hacia una complejidad creciente, los animales complejos aparecieron temprana y repentinamente.
Los biólogos evolucionistas luchan por explicar esto, porque creen que la vida sufrió transiciones de lo simple a lo complejo de una forma gradual, separándose en ramas como un árbol. Sin embargo, las apariciones explosivas son justamente lo esperable si un Creador orquestó la vida.
En The Blind Watchmaker, el ateo Richard Dawkins reconoce: “Los estratos de rocas del Cámbrico, característicos unos 600 millones de años atrás, son los más antiguos en los que encontramos la mayoría de los principales grupos de invertebrados… muchos de ellos ya en un estado de avanzado de evolución la primera vez que aparecen”.
Este tipo de apariciones explosivas dominan el registro fósil. Cada vez que ocurre una innovación biológica, ocurre explosivamente. Ocurrió un big bang cuando apareció la primera vida, cuando se originaron las primeras células complejas y cuando aparecieron los planes corporales de los animales.
El origen de la humanidad
Si bien Darwin eludió cuidadosamente el inicio de la humanidad en El origen de las especies, lo detalló en El origen del hombre. Él especuló que, como todas las especies, la humanidad evolucionó. “En una serie de formas insensiblemente graduales desde alguna criatura simiesca hasta el hombre como existe actualmente, podría ser imposible fijar en ningún punto definido cuándo debería usarse el término ‘hombre’”.
Darwin interpretó la humanidad en una forma plenamente materialista. Según este punto de vista, toda la naturaleza humana, no sólo la constitución física de la humanidad, surgió a través de la selección natural. A falta de evidencia directa, Darwin sostenía que los humanos tienen que haber evolucionado de un animal simiesco basado en comparaciones anatómicas y similitudes embriológicas entre el hombre y otros mamíferos.
Para entonces, los paleontólogos habían descubierto los fósiles de Cro-Magnon, de 35.000 años de antigüedad. Pero estos restos humanos y el primer espécimen Neandertal descubiertos en 1856 hicieron poco para apoyar la teoría de Darwin.
El primer supuesto ejemplar intermedio entre los simios y los humanos interpretado a partir del registro fósil recién se descubrió en 1890, en Java, Indonesia. Se lo conoció como Homo erectus.
En 1924, el antropólogo Raymond Dart descubrió una pequeña calavera que fue interpretada como una mezcla de rasgos simiescos y humanos que parecían ser el predecesor más antiguo de la humanidad. Este fósil, apodado el niño de Taung, fue clasificado formalmente como Australopithecus africanus. A principios de la década de 1960, Louis Leakey desenterró el primer espécimen de Homo habilis en África oriental. Los paleontólogos consideraron esta especie (la primera en usar herramientas de piedra) como la conexión entre los australopitecinos simiescos más primitivos y Homo erectus.
Entonces se abrieron las compuertas. En las décadas siguientes, los paleontólogos desenterraron muchos fósiles de homínidos que abarcaban una amplia gama de especies y restos arqueológicos accesorios. Cada nuevo homínido parecía completar el árbol evolucionista y aclarar el camino que siguió la evolución humana durante los últimos 6 millones de años.
Pero algunos de los avances más recientes relacionados con las relaciones entre homínidos y humanos plantean preguntas acerca de la validez de la evolución. En 1997, se encontraron fragmentos del ADN mitocondrial de los Neandertal de un esqueleto de entre 40.000 y 100.000 años de antigüedad en Alemania Occidental. Cuando los científicos los compararon con el fragmento correspondiente del ADN humano, los investigadores descubrieron que los Neandertal no habían hecho ningún aporte a la genética humana.
Las comparaciones genéticas indirectas eliminan ahora también a Homo erectus del linaje humano. Los descubrimientos de nuevos fósiles hicieron que los biólogos evolucionistas eliminaran a “Lucy” (Australopithecus afarensis) y al niño de Taung del linaje evolutivo humano. Los últimos años han forzado a los biólogos evolucionistas a abandonar por completo el punto de vista tradicional de la evolución humana presentado en los libros de texto de biología.
El consenso científico confirma que la humanidad se originó unos 100.000 años atrás en el África Oriental cerca del lugar atribuido al Jardín del Edén. Los marcadores del ADN mitocondrial y del cromosoma Y rastrean ese origen a un hombre y a una mujer. Además, esta investigación indica que la humanidad migró a todo el mundo desde Oriente Medio o un lugar cercano.
Conocida como la hipótesis “fuera de África” por los biólogos evolucionistas, este relato del origen de la humanidad parece simplemente un intento torpe de forzar el modelo bíblico dentro de un marco evolucionista. Si la génesis de la humanidad ocurrió como la describe la Biblia, los patrones de diversidad genética deberían ser idénticos a los observados. La ciencia confirma la existencia de un Adán y una Eva reales que dieron origen a toda la humanidad.
Entonces, ¿por qué tantas personas, especialmente científicos, celebran el darwinismo? Parte de la razón tiene que ver con el enfoque cristiano a estas cuestiones. A menudo, los cristianos son rápidos para señalar los muchos problemas. Y está bien. Pero solamente explicar las dificultades no alcanza.
En The Triumph of Evolution and the Failure of Creationism, el paleontólogo Niles Eldredge explica que los científicos creacionistas no han logrado producir una sola declaración intelectualmente convincente y científicamente verificable acerca del mundo natural. Así que hay tan poca sustancia en el tratamiento de los creacionistas científicos del origen y la diversificación de la vida como la de su tratamiento del tiempo cosmológico.
Continúa quejándose de que los creacionistas se rehúsan a plantear hipótesis verificables o hacer predicciones dignas de la ciencia. En cambio, dedican sus esfuerzos a “atacar la ciencia ortodoxa” para establecer “la verdad de su propia posición”.
Para ser tomados en serio, los cristianos deben presentar un caso positivo a favor de la creación y ofrecer ideas verificables científicamente. Muchos científicos y estudiosos han estado involucrados en desarrollar un modelo de la creación basado en la Biblia que hace predicciones, de forma que la teoría pueda ser comparada con nuevos descubrimientos y verificada científicamente.
Presentar el relato bíblico en forma de un modelo verificable brinda un enfoque nuevo, poderoso y apasionante al evangelismo y la apologética. No es de sorprender que muchos descubrimientos científicos recientes validen la descripción bíblica del origen y la historia de la vida. En marcado contraste, la información científica más reciente contradice las predicciones motivadas por las ideas de Darwin. Si tan sólo él lo hubiera sabido.
Traducción: Alejandro Field
Artículo original: What Darwin Didn’t Know
Darwin – La Evolución de las Especies
21 dic 2009 Comentarios desactivados
in biología, Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: Darwin, Evolución de las Especies
Darwin & La Evolución de las Especies
MINI BIOGRAFIA
Escrito por: P.Argenter
Ante el bicentenario del nacimiento del gran biólogo y naturista inglés, Charles Darwin (1809-82), se ha considerado nombrar mundialmente este año 2009 como “El Año Darwin” en honor al padre de la evolución de las especies de los seres humanos, el que encontró a un antepasado común mediante el conocido proceso de selección natural. También pasó a la historia por ser considerado como el padre de la biología moderna.
Charles Robert Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury(West Midlands, Inglaterra). Sus padres eran Robert Darwin y Susan Wedgwood, y eran unos anglicanos muy religiosos. Charles era el quinto hijo de los siete hijos del matrimonio. Con tan solo ocho años ya demostraba grandes aptitudes por la história natural y como afición tenía el coleccionismo de insectos y plantas.
En 1817, el mismo año en que murió su madre, Charles empezó a ir al colegio anglicano de su localidad. En 1825 empezó a trabajar como aprendiz de médico junto a su padre y era habitual su presencia en las casas de los más pobres de Shroshire. Al poco tiempo ingresó a la Universidad de Edimburgo (Escocia), para estudiar medicina; con frecuencia asistía a los cursos de taxidermia del esclavo de color que Charles Waterton había encontrado en las selvas del sur de América.
A partir del segundo año universitario, a Charles Darwin las clases se le hacía muy pesadas, pero pronto encontraría alguna forma para poder pasar los años de facultad haciendo aquello que parecía interesarle más que algunas clases ordinarias como las de Robert Jameson, naturista británico y en cuyas clases, aburrian considerablemente a Charles. Pronto entraría a formar parte de la Sociedad Pliniana, centrada en el estudio de la historia natural con muchos debates entre estudiantes.
Empezó a hacerse amigo de otros estudiantes y a conocer gente importante de su entorno relacionado con la biologia o la historia natural como Robert E. Grant, con el que colaboraría en sus investigaciones sobre anatomía y aprendería sobre el ciclo de la vida. En 1827 Darwin presentó su teoría y descubrimiento sobre las esporas blancas que encontró en los conchas de las ostras; pero su gran sueño era poder navegar en un barco y dirigirse a lejanos países para poder investigar sobre la evolución de la vida.
A su padre, el poco interés que despertaban en su hijo las clases ordinarias de la facultad de Edimburgo le llevó a trasladar de colegio al joven Charles, que le enviaría a la Universidad de Cambridge, ingresando en el Christ’s College. El padre del joven Darwin, vió que la medicina clásica no estaba hecha para él y que tal vez, cambiando la dirección, quiso que se preparara para ser sacerdote. En Cambridge entraría en una facultad de letras, pero no tardó mucho tiempo en que el joven Charles discrepara con su padre sobre el camino correcto de su vida.
En Inglaterra conocería al conocido profesor de botáncia, John S. Henslow con quien compartía pasión, estudios e intereses. Charles Darwin aguantó en Cambridge todos los años necesarios para poder ordenarse pastor anglicano, hasta que en 1831, acabara sus estudios. Continuó con sus estudios de historia natural en Cambridge e ingresó en las clases de geología de Adam Sedgwick. Interesado en organizar un viaje junto a unos amigos a las Islas Canarias (España) para estudiar la historia natural de los trópicos, todo quedó en un proyecto cuando le pidieron formar parte de la tripulación del HMS Beagle (Buque de la Real Marina Británica), junto al capitán Fitzroy para recolectar especias y ayudar en la cartografia. La idea del capitán era el de partir desde Inglaterra y recorrer durante un largo tiempo el sur del continente americano, la Tierra del Fuego, muy poco conocida por aquél entonces. Si en un principio la idea no le convencía, acabó por aceptar.
El 27 de diciembre de 1831, zarpó Darwin con el HMS Beagle desde el Puerto de Plymouth (al sur de Inglaterra).
EL HMS BEAGLE & LA EXPEDICION DE DARWIN:
El Beagle realizaba su segunda travesía a favor de la ciencia cuando Darwin zarpó en él.
Fue botado en 1820 en Woolwich (Río Támesis) y era un bergantín (clase Cherokee) con diez cañones, tres palos y 27,5 metros de eslora.
Charles Darwin llegó un acuerdo con el capitán del navío, el que sería vicealmirante Fitz Roy y futuro segundo gobernador de Nueva Zelanda, además de ser un experto hidrógrafo y meteorólogo, para poder tomar muestras geológicas cada vez que llegaran a tierra mientras la expedición se dedicaba a la cartografia y a medir las corrientes oceánicas. Gracias a que en la facultad de Cambridge encontró de nuevo su interés por la historia natural y a la biología, cada vez que podía enviaba a la universidad sus notas con muchos detalles de sus impresionantes descubrimientos, como el encontrado en Cabo Verde, en que halló en algunos estratos de roca volcánica, restos de conchas. Ahí empezaría a interesarse más por la geología, e incluso se propuso escribir algún manual sobre dicho estudio científico, basándose en sus exploraciones y descubrimientos geólogos.
A su llegada a Brasil, pudo comprobar y admirar el bosque tropical en todo su esplendor. En Argentina encontró fósiles de grandes mamíferos y tomó muchas anotaciones y muestras.
En Chile estuvo presente en un terremoto que ocurrió al poco de llegar, que ocasionó un levantamiento de la superficie terrestre, algo increíble para sus conocimientos geológicos.
En Australia, se encontró con los indígenas, otorrincos y marsupiales, lo cual quedó también fascinado.
De camino, de regreso a Inglaterra, a su llegada a Ciudad del Cabo, Darwin y la expedición conocieron al naturista inglés, John Herschel, escritor de la sustitución de especies extintas por otras. Desde las costas africanas y antes de llegar a su país, Darwin ordenó todos sus datos, notas y muestras para poder exponerlas una vez llegado a Cambridge. El HMS Beagle llegó a puerto el 2 de octubre de 1836, casi cinco años después de haber zarpado desde Plymouth.
En su primera comparecencia en Cambridge, después de su expedición alrededor del mundo, Darwin creó mucha expectación entre estudiantes, estudiosos y científicos. Sus anotaciones y estudios le hicieron famoso. Su amigo William Whewell le aconsejó que aceptará ser el nuevo secretario de la Sociedad Geológica de Inglaterra, lo cual, al principio, a Darwin no le apetecía mucho, pero acabó aceptando el cargo en 1838.
Darwin y la familia:
Charles Darwin no era muy asiduo en ir a fiestas sociales ni mucho menos en buscar novia. Sus intereses científicos le absorbía continuamente. Las pocas mujeres que solía ver eran de su familia, como su prima Emma con la que compartía sus investigaciones. La última vez que se vieron, fue antes de partir Darwin con el “Beagle”, fue el 31 de agosto de 1831.
Siempre consideró a su prima materna, Emma Wedgwood, como una mujer de exquisita educación y de gran preparación además de ser una pianista consumada. Solian hablar mucho de los estudios de Charles, hasta que el 11 de noviembre de 1838, Charles propuso matrimonio a su prima hermana. El 29 de enero de 1839, Charles se casó con Emma en la iglesia anglicana de San Pedro de Maer, Staffordshire.
Tanto esfuerzo por publicar sus anotaciones y su estudio por la transmutación de las especies, le llevaron a enfermar del corazón, lo que le hizo descansar durante varios meses, en los cuales se trasladó a vivir al campo, abandonando sus intereses en Londres y Cambridge. Tan pronto como el matrimonio se casó, Emma quedó de buena esperanza, naciendo el primer varón en diciembre de ese mismo año.
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Emma Wedgwood (1808-96)
Los diez hijos de Emma y Charles Darwin:
*William E Darwin (1839-1914)
*Anne E. Darwin (1841-1851)
*Mary E. Darwin (1842-1842)
*Henrietta E. Darwin (1843-1929)
*George H. Darwin (1845-1912)- Astrónomo.
*Elizabeth Darwin (1847-1926)
*Francis Darwin (1848-1925)- Botánico.
*Leonard Darwin (1850-1943)-Político, biólogo, soldado y economista.
*Horace Darwin (1851-1928)- Ingeniero.
*Charles W. Darwin (1856-58)
Cuando enfermaban los niños Darwin, Charles siempre pensó en la consanguinidad de los padres. La muerte de dos de sus hijos en la infancia marcaron al matrimonio, y en especial al morir la pequeña Anne, con diez años de edad.
DARWIN : Su estudio sobre la evolución y la tramutación de las especies:
Charles Darwin realizó muchos estudios y puso en práctica muchas de sus teorías sobre la evolución humana y la tramutación de las especies. Sus anotaciones durante los viajes en el Beagle,
sus investigaciones sobre gusanos y su relación con la formación del suelo; el orangután, el chimpancé y otras especies fueron el plato fuerte de sus investigaciones. Sus conferencias eran ante miles de naturistas, estudiantes y expertos en biologia, historia natural y zoología. Llamó mucha la atención sus estudios sobre la semejanza del orangután con la conducta de un niño. “El hombre viene del mono”, una frase historica que impactó en su momento, en una sociedad tan arcaica y cerrada como era la victoriana. Hasta la fecha, el hombre venía de la creación concebida por Dios y este nuevo hecho que relaciona el hombre con el mono rompió esquemas.
Su teoría de la evolución mediante la selección natural comenzó a ser aceptada por los estudiosos hacia la década de los años 30 del pasado siglo. Gracias a los estudios e investigaciones de Darwin, existe actualmente, una base de la síntesis evolutiva moderna de las especies.
Enlaces sobre La Evolución de las Especies:
*http://www.biografiasyvidas.com/monografia/darwin/evolucion.htm
Seguidamente puntualizamos los hechos más importantes de sus trabajos:
-La Teoria Básica de la Evolución.
-La Teoria del Origen Común de las Especies.
-La Teoria de la Diversificación de las Especies.
-La Teoria del Gradualismo.
-La Teoria de la Selección Natural.
-La Teoria de la Selección Sexual.
-La Especiación.
-La Herencia Genética y sus caracteres adquiridos.
-El Origen de la Vida y del Hombre.
-La Teoria sobre los Atalones Coralinos.
-La Teoria sobre los Beneficios de las Lombrices.
-La Expresión de las Emociones Húmanas.
-La Bio-geografía
-La Fisiología
-La Taxonomía.
Los últimos momentos de Charles Darwin:
Charles Darwin comenzó a sentirse enfermo hacia 1841 pero tenía una gran resistencia y el trabajo, junto a su gran ilusión por seguir investigando, hizo que llevara una vida normal durante años.
En los últimos veinte años de su existencia, Darwin, se iba encontrando cada vez más cansado y enfermo. Pocos años después de su matrimonio, la familia Darwin se trasladó a vivir al campo, en una casita del pueblo de Down (Condado de Kent) a unos 25 kms al sur de Londres, que con el tiempo pasó a llamarse, “Down House”. Aquí quiso morir, y aquí murió el 19 de abril de 1882 de un ataque al corazón. Fue enterrado en la nave de la Abadía de Westminster (Londres) tras un solemne funeral de Estado. Por otro lado, se supo que la familia, no tenía intención de enterrarlo en otro lugar que no fuera en el cementerio de la iglesia de Santa Maria de Down, junto a su hermano Erasmus y donde fue posteriormente enterrada su mujer, Emma.
OBRAS DARWINIANAS:
*Narrativa de los viajes de inspección de la Aventura de Barcos de Su Majestad y Sabueso entre los años 1826 y 1836, descripción su examen de las orillas del sur de Sudamérica, y la circunnavegación del Sabueso del globo. El Viaje del Sabueso. (1832-1836)
*Extractos de Cartas al profesor Henslow. (1835)
*Zoología del viaje del Beagle.(1837)
*Anotaciones B: La Transmutación de las especias. (1837)
*Dos ensayos escritos entre 1842-44 junto a un boceto hecho a lápiz sobre el origen de las especies.
*Los viajes del Beagle. Diario de la búsqueda. Historia natural y geóloga en los países visitados durante la travesía alrededor del mundo junto al capitán Fitz Roy.(1845)
*Notas sobre las tendencias de las especies para formar variedades y sobre la perpetuación de las variedades de especies por medio de la selección del medio natural. Zoologia 3. Diario de Actas de la Sociedad de Linnean (Londres). (1858)
*En el origen de las especies mediante la selección natural o la perseveración en la lucha por la supervivencia de la vida.(1859)
*La variación de los animales y plantas para uso doméstico (1868)
*La descendencia del hombre y la selección en las relaciones sexuales (1871)
*Las expresiones y emociones en el hombre y en los animales (1872)
*La vida y cartasde Charles Darwin, incluyendo un capítulo autobiográfico. (1887)
*La autobiografia de Charles Darwin (1809-82) con las omisiones originales recuperadas. (1882).-
ACTUALIDAD:
A consecuencia por el segundo centenerario de su nacimiento, se realizarán muchas actividades conmemorativas alrededor del mundo en universidades, salas de exposiciones, instituciones, etc.
-Exposición sobre la vida de Darwin (Museo de Historia Natural de Londres) hasta el pasado abril
-Cuñación de una moneda de dos libras con su efigie.(Inglaterra)
-Homenaje a Darwin en el Festival Anual de Shrewsbury (Inglaterra)- Actividades todo el año. -Un grupo de británicos han estado recogiendo fondos para reconstruir el “HMS Beagle”, nave en la que pasó cinco años Darwin, recogiendo datos para sus tesis y estudios. Quieren con ello, realizar un laboratorio en la que se recoja muestras del agua de los mares por los que pasó en su trayectoría por el mundo el navío original. También quieren analizar el ADN de los organismos que vayan encontrando.
-La universidad de Cambridge realizará por julio 09 el Festival Darwin, en la que podrá conocer mejor como era el mundo artístico, cultural, social, económico y científico de la época en que vivió el gran genio.
La Iglesia Anglicana de Inglaterra ha pedido disculpas a Charles R. Darwin por no creerle en su momento. Así lo recojió un periódico español:
-El periódico español “El Periódico” ha preparado un blog para redescubrir a Darwin y su mundo.
Otros Enlaces de Interés:
- http://www.backendblog.com/2009/02/08/200-anos-de-charles-darwin/
- http://www.elperiodico.com/blogs/blogs/darwin/default.aspx
- http://www.parqueciencias.com/actividades/anioDarwin/
Escrito por: P.Argenter
http://www.phistoria.net/reportajes-de-historia/Darwin-&-La-Evoluci%F3n-de-las-Especies_514.html
Darwin y el matrimonio
21 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creacionismo, Darwin, Matrimonio, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución Etiquetas: Emma Wedgwood, historia de la ciencia
Darwin y el matrimonio

A finales de 1837 Charles Darwin se sentaba solemnemente ante una hoja de papel. No, no nos imaginemos que se disponía a comenzar la gran obra de su vida y por la que será tan admirado como vilipendiado. El motivo era otro mucho más mundano, pero no menos importante: quería decidir si debía casarse.
En aquella hoja empezó a escribir las ventajas y los inconvenientes del matrimonio. Entre las ventajas enumeraba: “los hijos -constante compañía (amistad en la vejez)-, el placer de la música y de la conversación femenina, buena para la salud”. Frente a ello oponía “una terrible pérdida de tiempo” por culpa de la vida social en general y de tener que hacer visitas y recibir a los familiares; los gastos y la preocupación de los hijos; y estar atado a una casa.
Sin embargo, al final el bueno de Darwin se dejó llevar por sus sentimientos y escribió:
“Dios mío, es insoportable pensar en pasarse toda la vida como una abeja obrera, trabajando, trabajando, y sin hacer nada más. No, no, eso no puede ser. Imagínate lo que puede ser pasarse el día entero solo en el sucio y ennegrecido Londres. Piensa sólo en una esposa buena y cariñosa sentada en un sofá, con la chimenea encendida, y libros y quizá música… Cásate, cásate, cásate.”
Así que, tras convencerse que debía casarse, debía encontrar con quién. Y esa quién era Emma Wedgwood, una de las hijas de su tío Josiah. El 11 de noviembre de 1838 pidió la mano de Emma, que le fue concedida.
Darwin no podía haber encontrado una esposa más adecuada a sus intereses. Emma era una mujer atractiva e inteligente, y de carácter decidido y capaz, como todos los Wedgwood. A la vuelta a Londres Darwin se puso a buscar casa y adquirió una sin consultar con quien sería su futura esposa: algo impensable tanto entonces como hoy en día.
Se casó el 29 de enero de 1839, y justo cinco días antes había sido nombrado miembro de la institución científica más prestigiosa de Gran Bretaña: la Royal Society. Tras la celebración se instalaron en Londres: no hubo luna de miel, había que seguir trabajando.
Visto aca
“Uds, perdieron.” Darwin y el Diseño
16 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Diseño inteligente, Doctrinas Cristianas, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: naturalismo
“Uds, perdieron.” Darwin y el Diseño
La autora nos presenta un análisis del contexto histórico y científico en el que surgió la teoría darwiniana. Para sorpresa de algunos, en este artículo se aclara la obvia ausencia de un consenso positivo en favor de la teoría de Darwin en el siglo pasado. Más aun, el artículo nos permite entender el prejuicio naturalista de Darwin así como sus cándidas confesiones en torno a la ausencia de evidencia científica para el origen de la vida.
La autora demuestra cómo los posteriores defensores y promulgadores de la Teoría Evolutiva se convencieron más por sus pre-concepciones filosóficas que por la evidencia científica. En este grupo encontramos nada menos que a Herbert Spencer y a Thomas Huxley.
Culmina este artículo con el recuento del encontronazo entre la teoría de Darwin y los postulados del Diseño en el siglo XIX. También presenta una serie de importantes cuestiones aun pendientes de ser tratadas por los proponentes actuales del “Diseño Inteligente”.
Indice
Introducción
Los Darwinianos No Darwinianos
Charles Darwin
Herbert Spence
Thomas H. Huxley
Deducción a partir de una Filosofía
Darwin y el Diseño
“Cada Frívolo Detalle”
La Política de la Ciencia
Preguntas
Introducción:”Ustedes Perdieron”: ¿Es el Diseño un Tema Cerrado?
(Contexto histórico de la Teoría Evolutiva darwiniana)
El escenario era uno de esos coloridos debates sobre la evolución que los científicos detestan pero que al público le fascinan. Los combatientes en este caso eran Vincent Sarich y el creacionista Duane Gish. Eventualmente Sarich se volvió hacia Gish exasperado y acusó al debate de ser un ejercicio redundante. Después de todo, dijo, el mismo debate había sido llevado a cabo cien años atrás, y “ustedes perdieron”. (1) En otras palabras Sarich estaba diciendo, la creación fue desacreditada en el siglo diecinueve por Darwin, así que, ¿por qué están resucitando un asunto muerto?
Se asume comúnmente que la batalla contra el darwinismo fue emprendida en el siglo diecinueve, y que Darwin ganó porque su teoría fue apoyada por la evidencia científica. Para citar tan sólo dos ejemplos, el zoólogo Ernst Mayr asegura que “Darwin resolvió el problema de la teleología, un problema que había ocupado las mentes más brillantes durante 2000 años desde Aristóteles”. Douglas Futuyma escribe que “Al unir variaciones no dirigidas, sin propósito, al proceso ciego y descuidado de la selección natural, Darwin hizo de las explicaciones teológicas o espirituales del proceso de la vida, superfluas”. (2) En el mundo moderno, la teoría de Darwin tiende a ser aceptada por cada nueva generación por la sencilla razón de ser parte del punto de vista dentro del cual somos criados y educados.
Sin embargo yo sugiero que hay buenas razones para volver al campo de batalla y preguntar si ella fue ganada justa y honestamente. Me propongo mostrar que la batalla no fue ganada por Darwin en el sentido que normalmente se da a entender: Argüiré que Darwin fue un punto decisivo en la biología, no tanto porque la evidencia empírica fuera persuasiva, sino principalmente porque su teoría probó ser útil en el avance de una filosofía particular —una filosofía de ciencia, primero que todo, y en muchos casos una posición metafísica general también.
En la cultura moderna, se ha estado de acuerdo en la autoridad intelectual de la ciencia para definir la forma en que el mundo “realmente es”. El poder persuasivo de la teoría darwiniana se deriva del aura de realidad científica que la rodea. Si pudiera mostrarse que históricamente la motivación científica primaria para el avance de la causa darwiniana no fue tan científica como filosófica, entonces la teoría perdería mucho de su carácter persuasivo, ya que los científicos tienen autoridad para decirnos cómo funciona el mundo natural, pero no tienen una autoridad similar para decirnos qué filosofía debemos abrazar. Si la motivación para aceptar el darwinismo fue primeramente filosófica, entonces nosotros en el siglo veinte tenemos justificación para pedir la resurrección del viejo debate.
En este capítulo examinaré primero los escritos del núcleo de defensores de Darwin en el siglo diecinueve. Contrario a una idea que se tiene en común pero que es falsa, Darwin no ganó realmente a muchos contemporáneos para que se adhirieran a su teoría. Incluso aquellos que se identifican a sí mismos como defensores, de hecho muchas veces no aceptaron su teoría de la selección natural. No fue hasta las décadas de 1930 y 1940, con el desarrollo de la síntesis moderna (es decir, la combinación de la teoría de Darwin con los hallazgos de la genética), que la selección natural fue finalmente aceptada como el mecanismo central de la evolución. Aquellos que insisten en que Darwin cerró el asunto, están leyendo en forma anacrónica en la historia los puntos de vista adoptados por la mayoría de los biólogos modernos.
¿Por qué, entonces, Darwin llegó a ser el punto central del debate en el siglo diecinueve, aun para muchos que no aceptaban su teoría? La respuesta tiene que ver con un cambio de dirección en la filosofía de la ciencia, de una epistemología más antigua que aceptaba a la mente como una causa real en la naturaleza, a una epistemología nueva que no admitía nada diferente a las causas naturales. La teoría de Darwin parecía mostrar que una explicación completamente naturalista de las cosas vivientes era posible; como resultado atrajo a muchos seguidores, cuyo principal interés era promover el naturalismo, aun si minimizaban la importancia de los detalles científicos de la teoría. Indagando en los escritos de los primeros darwinistas, me propongo mostrar que su motivación era de hecho primeramente filosófica.
Segundo, miraré brevemente a aquellos que adoptaron una estrategia de mantener la paz, buscando reconciliar al diseño y a Darwin. ¿Qué efectos tuvieron históricamente sus esfuerzos?
Tercero, analizaré una de las más importantes estrategias que Darwin y sus defensores usaron para desacreditar el diseño. A medida que la batalla se volvía más y más intensa, ellos buscaban hacer del diseño algo no plausible, presentándolo como un milagro perpetuo. Al hacer eso, ellos construyeron un “hombre de paja” que continúa siendo útil para los darwinistas de esta época.
Finalmente, sugeriré que el éxito de Darwin y su séquito en el siglo diecinueve tenía mucho que ver con su habilidad política. Ellos entendían que la batalla no sólo era de ideas, sino de instituciones y de poder también.
Los Darwinianos No Darwinianos
El argumento de que “Darwin ganó en el pasado siglo diecinueve y no hay nada más que discutir”, ignora un hecho clave: a saber, que Darwin no le ganó a la mayoría de sus contemporáneos. Su teoría fue aceptada sólo por un puñado de científicos durante tres cuartos de un siglo, ganando más amplio apoyo sólo después de que la genética mendeliana había provisto un entendimiento más claro de la herencia genética. La mayoría de los contemporáneos de Darwin llegaron a estar de acuerdo con que alguna forma de evolución o desarrollo había ocurrido, pero la mayoría defendía otros mecanismos y causas para explicar el proceso. Generalmente insistían en que, o Dios estaba dirigiendo el proceso, o que éste había sido impulsado por alguna fuerza directiva interna.
El historiador Peter Bowler va bien lejos al sugerir que la revolución darwiniana debería ser etiquetada más exactamente como la revolución no darwiniana (que es el título de su libro sobre el tema). Bowler arguye que Darwin debe ser visto como “un catalizador que ayudó a poner en obra la transición hacia un punto de vista evolutivo”, pero no específicamente hacia un punto de vista darwiniano. Más comúnmente la evolución era vista como un proceso ordenado, regido por leyes, dirigido a una meta y con propósito, análogo al desarrollo de un embrión a un adulto– “la revelación preordenada de un plan racionalmente ordenado,” con frecuencia un plan divino. Como lo pone Bowler, “una vez convencidos de que la evolución sí ocurrió, ellos [los seguidores de Darwin] le dieron la espalda al mensaje de Darwin y continuaron con el trabajo de formular sus propias teorías sobre cómo había funcionado el proceso”. (3)
Irónicamente, aun aquellos que apoyaban la causa de Darwin, y que se identificaban a sí mismos como darwinianos, generalmente no adoptaron su teoría. Es decir, ellos no aceptaron su mecanismo propuesto para la evolución, el cual le daba la posición más importante a la selección natural. Muchos eran lamarquianos o especulaban sobre otros mecanismos de evolución. Estos hechos históricos hacen surgir una pregunta: ¿si incluso los que apoyaban a Darwin no aceptaban su mecanismo científico propuesto, qué era exactamente a lo que él apelaba?
La respuesta es que Darwin ilustraba cómo uno podría enmarcar un recuento totalmente naturalista de las cosas vivientes —un logro atractivo a aquellos cuya postura metafísica era naturalista, y a otros que sentían que por lo menos la ciencia en sí misma debería ser completamente naturalista. Aunque sus seguidores no pensaban que Darwin había tenido éxito al definir el mecanismo de la evolución, no obstante él había mostrado cómo uno debe razonar para tener éxito eventualmente. Él se había enfocado en los procesos inmediatamente observables (procesos de “generación ordinaria”, como él decía), y extrapolado esos procesos al pasado. En resumen, no eran tanto las especificaciones de la teoría de Darwin tanto como su metodología natural lo que atrajo el apoyo.
Durante algún tiempo la presión había aumentado en concebir una aproximación naturalista a la biología. Desde el triunfo de la física newtoniana, muchos científicos habían anunciado su intención de extender el dominio de las leyes naturales a todos los demás campos. Pero la complejidad de las cosas vivientes había desafiado todos los intentos de meterlas dentro de algún molde naturalista. Como Huxley preguntó lastimosamente en 1860, “¿Permanecerá sola la biología fuera de la armonía con sus otras ciencias hermanas?” (4) Para los que quedaron atrapados en este dilema, Darwin vino al rescate. Su meta era mostrar cómo la biología podría ser trasformada para encajar en el ideal naturalista ya dominante en otros campos de la ciencia. Y no sólo la biología sino también las ciencias humanas siendo que, al explicar toda la vida por medio de causas naturalistas, su teoría incluía el origen humano.
Neal Gillespie, en Darwin and the Problem of Creation (Darwin y el Problema de la Creación), resume el punto en forma precisa:
“Se dice algunas veces que Darwin convirtió el mundo científico a la evolución mostrándole el proceso por el que ésta había ocurrido. Con todo, las inseguras reservas sobre la selección natural entre los contemporáneos de Darwin y el rechazo de ella, ampliamente extendido desde los años 1890 hasta los 1930, sugieren que esto es un punto de vista demasiado simple sobre el asunto. Fue más la insistencia de Darwin en las explicaciones totalmente naturales que en la selección natural, lo que ganó su adhesión”. (5)
Robert Young, en Darwin’s Methapor (La metáfora de Darwin), plantea un punto similar. El efecto principal del debate del siglo 19, escribe, no fue proveer un mecanismo aceptable para el cambio evolutivo. Más bien fue “provocar fe en el principio filosófico de la uniformidad de la naturaleza” —trayendo a “la tierra, la vida y el hombre bajo el dominio de las leyes naturales”. Desde la década de 1860 hasta la de 1930, la aceptación de la teoría de Darwin de la selección natural en realidad declinó, mientras que la adhesión al naturalismo como una premisa fundamental en la biología aumentó. Como Young lo plantea, había un debate en progreso sobre el mecanismo de la evolución, pero “la uniformidad de la naturaleza fue asumida como aplicable a la historia de la vida, incluyendo la vida y mente del hombre.” (6) En resumen, tanto la motivación primaria para apoyar a Darwin como el efecto principal de su trabajo no fue tanto científico como filosófico.
Charles Darwin
Esta interpretación nace de examinar los escritos de darwinianos clave del siglo diecinueve —empezando con Darwin mismo. El relato típico, sin duda en los trabajos populares, pinta a Darwin como un hombre forzado a la teoría de la selección natural por el peso de los hechos. Pero los historiadores profesionales cuentan una historia diferente. Mucho antes de formular su teoría, Darwin cultivó una simpatía por el naturalismo filosófico. Por lo tanto estaba predispuesto hacia la teoría naturalista de la evolución aun cuando la evidencia misma era débil o inconclusa.
En una carta personal, Darwin describe su pérdida gradual de la creencia religiosa y su deslizamiento dentro del naturalismo. A fines de la década de 1830, escribe, había llegado a considerar la idea de la revelación divina del Antiguo Testamento “absolutamente increíble”. También había rechazado el concepto bíblico de los milagros: en sus palabras, “Entre más aprendo de las leyes fijas de la naturaleza, más increíbles se vuelven los milagros”. Este compromiso con las “leyes fijas de la naturaleza” precedió el trabajo científico principal de Darwin, e hizo virtualmente inevitable que él interpretara la evidencia a través de un lente naturalista.
Gillespie nota la misma progresión. Una vez que Darwin había decidido, a fines de la década de 1830, que “las explicaciones creacionistas en ciencia eran inútiles”, escribe Gillespie, entonces, “la transmutación virtualmente quedaba como el único medio concebible de la sucesión de las especies”. Cuando Darwin empezó a considerar el origen de las especies, “lo hizo como un evolucionista porque primero se había vuelto un positivista, y sólo después encontró la teoría para hacer válida su convicción”. (7)
Aun cuando encontró la teoría, Darwin estaba bastante consciente de que no podría ser confirmada directamente. Los darwinianos modernos con frecuencia dan a entender que la teoría está tan claramente apoyada por lo hechos, que cualquiera que falle en estar de acuerdo debe ser intelectualmente deshonesto o perturbado. Pero Darwin no era tan dogmático. Él describió su teoría como una inferencia basada sobre todo en la analogía. Y él alaba al autor de una crítica a su trabajo por ver “que el cambio de las especies no puede ser probado directamente y que la doctrina debe hundirse o sobrevivir de acuerdo a cómo agrupa y explica los fenómenos”. (8) En una carta de 1863, él amplía señalando que la evolución por la selección natural fue “basada enteramente en consideraciones generales”, tales como la diferencia entre los organismos contemporáneos y los organismos fósiles. “Cuando descendemos a los detalles”, escribe, “podemos probar que ninguna especie ha cambiado [esto es, no podemos probar que una sola especie haya cambiado]; tampoco podemos probar que los supuestos cambios son benéficos, lo que es el fundamento de la teoría. Tampoco podemos explicar por qué algunas especies han cambiado y otras no”.(9) En otras palabras, Darwin estaba bastante consciente de que la evidencia científica era menos que convincente.
Por esta razón la llave al propio pensamiento de Darwin es su compromiso filosófico. Consideremos su posición frente al origen de la vida. En la última frase del Origin of Species (El Origen de las Especies) Darwin recurre a lenguaje del estilo del Pentateuco, hablando de la vida, “con sus muchos poderes, habiendo sido originalmente soplado en unas pocas formas de vida o en una”. (En una edición posterior él añade, “por el Creador”.) Pero con el tiempo Darwin es arrastrado hacia una posición más consistentemente naturalista, aceptando provisionalmente la generación espontánea de la vida desde material inorgánico, a pesar de una sorprendente ausencia de evidencia para la teoría en ese tiempo. En una carta de 1882 escribe: “Aunque hasta ahora no hay ninguna evidencia valiosa, en mi opinión, que haya avanzado a favor de un ser viviente habiéndose desarrollado de materia inorgánica, aún así yo no puedo evitar creer en la posibilidad de que esto será probado algún día de acuerdo con la ley de continuidad”. Aquí está la fe naturalista: Darwin está confiado en que una teoría naturalista será encontrada, no porque los hechos apunten en esa dirección, sino porque él cree en la “continuidad” de las causas naturales. (10)
Esta creencia alcanza una posición casi religiosa para Darwin. Años después William Darwin describía la actitud de su padre hacia la naturaleza en términos casi devotos: “Con referencia a su respeto por las leyes de la naturaleza”, escribe William, “debería ser llamado reverencia, si no un sentimiento religioso. Ningún hombre podría sentir más intensamente la magnitud y la inviolabilidad de las leyes de la naturaleza”. (11) La travesía intelectual de Darwin parece ilustrar el adagio de que si uno rechaza al Creador, inevitablemente coloca otra cosa en su lugar. En el caso de Darwin, él le dio poderes cuasi divinos a las leyes de la naturaleza.
Hacia el final de su vida, Darwin luchó con una creencia residual en el teísmo, así que hay una pregunta sobre si se mantuvo estrictamente en el naturalismo metafísico. Pero no hay duda en que al menos en la ciencia se mantuvo en el naturalismo metodológico. Él no argumentó que el diseño fuera una teoría débil, ni siquiera una teoría falsa; él argumentó que no era una teoría científica en absoluto. En 1856 escribió a Asa Gray: “para mí decir que las especies fueron creadas de una manera o de otra, no es una explicación científica, sólo una forma reverente de decir que es de esta manera o de otra.” (12) Como el filósofo y biólogo David Hull escribe, Darwin repudia la creación especial “no porque fuera una explicación científica incorrecta sino porque no era una explicación científica apropiada en absoluto”. (13)
Por otro lado, cuando las propias ideas de Darwin fueron atacadas, las defendió argumentando que al menos su teoría propuesta era naturalista —lo que apelaba a la pregunta misma que era el centro de la controversia. Como escribe Young, “Siempre que [Darwin] se encontraba realmente en problemas . . . él apelaba al mismo principio en cuestión, la uniformidad de la naturaleza”. Los contemporáneos de Darwin entendían su estrategia en forma precisa. Como dijo John Tyndall en su ‘Belfast Address’ (Discurso de Belfast) en 1874: “La fuerza de la doctrina de la Evolución consiste, no en una demostración experimental (porque el tema es de muy difícil acceso a este modo de prueba), sino en su armonía general con el pensamiento científico”. (14) La presuposición implícita es que genuinamente el “pensamiento científico” debe ser naturalista. Y una vez que se está de acuerdo con la presuposición, alguna forma de evolución naturalista tendrá éxito por defecto.
Herbert Spencer
En su autobiografía, Herbert Spencer relata en insoportable detalle el proceso por el cual él desarrolló un punto de vista naturalista, empezando cuando era un niño. Con el tiempo, escribe, “una violación al curso de la causalidad [física] había llegado a ser, si no un pensamiento imposible, un pensamiento nunca considerado”. (15) Como en el caso de Darwin, los miembros de la familia Spencer describieron su adhesión al naturalismo en términos casi religiosos. Su padre trazó un paralelo entre el naturalismo del hijo y la propia religión del padre: “De lo que veo de la mente de mi hijo, me parece que las leyes de la naturaleza son para él lo que la religión revelada es para nosotros, y que cualquier violación deliberada a esas leyes de la naturaleza es para él un pecado, tanto como para nosotros lo es la incredulidad de lo revelado”. (16)
Este apego semi religioso al naturalismo explica por qué Spencer llegó eventualmente a ser un promotor incansable del darwinismo. No fue porque fuera persuadido por la teoría científica de Darwin; verdaderamente, él rechazó el darwinismo y abrazó el lamarquianismo. Spencer veía claramente que una vez había abrazado el naturalismo filosófico, no tenía alternativa más que aceptar alguna forma de evolución naturalista. Como él lo dice, habiendo descartado el cristianismo ortodoxo, desarrolló una “inclinación intelectual hacia la creencia en la causalidad natural operando en todas partes”. Y en esa inclinación naturalista, “indudablemente… una creencia en la evolución en general era entonces latente”. ¿Por qué latente? Porque “cualquiera que, al abandonar el sobrenaturalismo de la teología acepta totalmente el naturalismo de la ciencia, tácitamente afirma que todas las cosas como existen ahora, han evolucionado. “En resumen, Spencer aceptó el naturalismo primero, y luego aceptó la evolución como una consecuencia lógica. Él continúa: “La doctrina de la universalidad de la causalidad natural tiene como corolario inevitable la doctrina de que el universo y todas las cosas en él, han alcanzado sus formas presentes a través de etapas sucesivas necesarias físicamente”. (17) Ni más ni menos: Una vez que uno acepta la filosofía del naturalismo, alguna forma de evolución naturalista es un “corolario inevitable”. Encontrar una teoría científica plausible es secundario.
En los escritos de Spencer obtenemos un atizvo de la presión intelectual que lo impulsó hacia un punto de vista naturalista de la evolución. “Felizmente admito”, escribe en The Principles of Psychology (Los Principios de la Sicología), que la hipótesis de la evolución está rodeada científicamente por “serias dificultades”. Aunque, “salvo por aquellos que todavía se adhieren al mito hebreo, o a la doctrina de las creaciones especiales derivadas de él, no hay otra alternativa más que esta hipótesis o ninguna hipótesis”. Y nadie puede permanecer por mucho tiempo en el “estado neutral de no tener una hipótesis”. (18)
Similarmente, en una carta de 1899, él escribe que ya en décadas anteriores, “en 1852 la creencia en la evolución orgánica se había arraigado profundamente” —no por razones científicas sino por “la necesidad de aceptar la hipótesis de la Evolución cuando la hipótesis de la Creación Especial había sido rechazada”. Él concluye con estas palabras reveladoras: “La Creación Especial había abandonado mi mente muchos años antes, y no pude permanecer en un estado de suspenso: aceptar la única alternativa concebible era perentorio”. (19) Aquí hay una franca admisión de que Spencer fue guiado por un sentido de necesidad filosófica —la evolución naturalista era “la única alternativa concebible” para la creación —más que por una evaluación imparcial de la evidencia científica.
Thomas H. Huxley
Thomas Huxley se bautizó a sí mismo el “bull dog” de Darwin y ofreció su “combatividad” natural, como lo dice él, al servicio de la causa. Así que puede llegar a ser una sorpresa saber que Huxley nunca estuvo convencido de que la teoría de Darwin de la selección natural llegara a mucho científicamente. Huxley argumentaba que la efectividad del mecanismo no sería probada hasta que una nueva especie hubiera sido producida por selección artificial. Para los años 1879 él incluso estaba especulando sobre la existencia de una “ley de variación” que de alguna manera dirigiera la evolución, una idea que prefirió sobre el concepto de Darwin de las variaciones aleatorias.
¿Qué, entonces, le dio a Huxley su firme determinación de luchar por Darwin? La respuesta es, una vez más, principalmente filosófica. Antes de su encuentro con Darwin, Huxley escribe, “Había cortado hace mucho con la cosmogonía del Pentateuco”. También había examinado formas primitivas de la teoría evolutiva, pero las encontró insastifactorias. Y todavía, escribe, continuó cultivando una “convicción piadosa de la evolución, después de todo, podría llegar a ser verdad”. (20)
Cuando Darwin publicó Origin (Origen), Huxley le dio la bienvenida como una vindicación a esa “convicción piadosa”. Como escribe su hijo Leonard Huxley, “Bajo el poder sugestivo del Origin of Species (El Origen de las Especies)”, su padre experimentó “la unidad filosófica que había estado buscando por largo tiempo”. (21) Huxley mismo recuerda que el Origin (Origen) “hizo el inmenso servicio de liberarnos para siempre del dilema —Rehúsese a aceptar la hipótesis de la creación, y ¿qué tiene para proponer que pueda ser aceptado por cualquier razonador cuidadoso?” (22) Aparentemente Huxley, como Spencer, estaba tan ansioso de ser liberado de este dilema, que estaba deseoso de apoyar cualquier teoría naturalista, incluso una que él mismo encontraba científicamente improbable, con tal de que proveyera una alternativa a la creación.
Consideremos la respuesta de Huxley a la generación espontánea. Su hijo nota que “no había evidencia de que algo así hubiera ocurrido recientemente”. (Louis Pasteur había desacreditado todas las teorías que se tenían entonces de la generación espontánea.) No obstante, su padre persistía en creer que “en algún período remoto, la vida había surgido de materia inanimada” —no por alguna evidencia científica sino como “un acto de fe filosófica”. (23)
Huxley era especialmente sensible a presiones para traer la biología bajo el marco naturalista, que había llegado a ser dominante en otros campos de la ciencia. La geología había sido colocada por Charles Lydell recientemente sobre una nueva base filosófica, y Huxley escribe que Principles of Geology (Principios de Geología), de Lydell, había sido lo que lo había persuadido de que nuevas formas de vida deben ser generadas por “agentes ordinarios” que están obrando hoy (con lo que él quería decir agentes naturales). En sus palabras, “los uniformitarios postulan la evolución tanto en el mundo orgánico como en el inorgánico”. (24) En 1859 le escribió a Lydell: “Yo no supongo de ninguna manera que la hipótesis de la transmutación sea probada o algo así. Pero… le instaría muy fuertemente en que es el desarrollo lógico del Uniformitarianismo, y que su adopción armonizaría el espíritu de la paleontología con el de la geología física”. (25) Ese espíritu, por supuesto, era un naturalismo consistente e implacable. Como Huxley escribió en otra parte, “toda la teoría se desmorona” si uno niega “la uniformidad y la regularidad de la causación natural durante ilimitadas eras pasadas”. (26)
Huxley era lo que Bowler llamaba, un “seudo darwinista”: alguien que se adhirió a Darwin por razones filosóficas aún cuando no estaba convencido de su teoría científica. En las palabras de Bowler, Huxley estaba “garantizado” para apoyar el darwinismo debido a su “filosofía empírica”. (27) O, como lo dice Gillespie, él “se inclinó hacia la transmutación por necesidad intelectual”. (28) Huxley expresa su credo filosófico elocuentemente en Man’s Place in Nature (El Lugar del Hombre en la Naturaleza, 1864): “Aun dejando los puntos de vista del Señor Darwin a un lado, la analogía completa de las operaciones naturales suministra un argumento tan completo y aplastante contra la intervención de cualquier cosa diferente a las que llamamos causas secundarias en la producción de todos los fenómenos del universo; que… no puedo ver ninguna razón para dudar que todas están coordinadas en términos de la gran progresión de la naturaleza, desde algo sin forma hasta algo formado, desde lo inorgánico hasta lo orgánico, desde la fuerza ciega hasta el intelecto y la voluntad consciente”. (29) Como lo dice más simplemente en un discurso de 1859, si el mundo está gobernado por leyes que operan uniformemente, entonces las poblaciones sucesivas de seres “deben haber procedido unas de otras en forma de modificaciones progresivas”. (30) En otras palabras, si usted acepta el naturalismo filosófico, entonces algo muy parecido al darwinismo debe ser verdad a priori. Esto explica por qué Huxley estaba deseoso de batallar por Darwin, sin estar demasiado preocupado por los detalles científicos.
Deducción a partir de una Filosofía
“Ustedes perdieron” podría ser una afirmación razonable para la batalla intelectual del siglo 19. Pero la pregunta es cómo se perdió la batalla. Se dice con frecuencia que lo que hizo único a Darwin es que proveyó un mecanismo genuinamente científico para la evolución —que otros habían propuesto causas vagas o idealistas, pero en la selección natural Darwin proveyó el primer mecanismo genuinamente empírico. Sin embargo, siendo que la mayoría de los que apoyaban a Darwin no aceptaban su teoría, esa no puede ser la razón de su éxito. He argumentado que la batalla fue “arreglada” —que el darwinismo no ganó tanto porque encajaba en los datos empíricos, como porque proveía un fundamento científico para aquellos ya comprometidos con una explicación de la vida puramente naturalista.
Tanto los seguidores como los oponentes de Darwin entendieron que el naturalismo filosófico era el asunto central. Entre sus oponentes, el teólogo de Princeton, Charles Hodge, escribió un ensayo titulado What Is Darwinism? (¿Qué es el Darvinismo?) Él responde francamente que el darwinismo es equivalente al ateísmo: “La selección natural es selección hecha por medios naturales, obrando sin intención ni diseño”. Y “la negación del diseño en la naturaleza es virtualmente la negación de Dios”. (31) Entre sus seguidores, Karl Vogt notó felizmente que la teoría de Darwin “deja al Creador —y su intervención ocasional en las revoluciones de la tierra y en la producción de especies —sin ninguna duda fuera de lugar, ya que no deja el más mínimo espacio para la acción de tal Ser”. (32) Emil de Bois-Reymond escribió: “La posibilidad, siempre remota, de desvanecer de la naturaleza su aparente propósito, y poner una necesidad ciega en todas partes en lugar de causas finales, parece, por lo tanto, como uno de los avances más grandes en el mundo del pensamiento”. Haber “aliviado” este problema, concluye Bois-Reymond, será “el mayor título a la gloria de Charles Darwin”. (33) Y finalmente, August Weismann: “Debemos asumir la selección natural como el principio de la explicación de la metamorfosis, porque todos los otros principios aparentes de explicación nos fallan, y es inconcebible que debiera haber otro capaz de explicar la adaptación del organismo sin asumir la ayuda de un principio de diseño”. Aparentemente sólo los darwinianos mantendrían a la biología a salvo del diseño. (34)
Darwin y el Diseño
¿Es necesario, sin embargo, insertar una cuña tan afilada entre el diseño y las causas naturales? Muchos, si no la mayoría, de los científicos en la era darwiniana y pos darwiniana buscaban algún tipo de terreno intermedio. Ellos le daban a Dios un papel directivo en la evolución y afirmaban su constante supervisión sobre el proceso. Ellos veían el diseño no en las “invenciones” de seres vivientes (para usar las palabras de Paley) sino en las leyes que crearon aquellas invenciones.
Gillespie llama a esta posición, creación nomotética (creación por ley) o evolución providencial, dependiendo de cuánto margen se le permita a la iniciativa divina. Esta categoría incluiría a hombres como Asa Gray, Charles Kingsley, el duque de Argyll, San George Jackson Mivart, Baden Powell, Robert Chambers, Richard Owen. A pesar de importantes diferencias entre estos hombres, ellos estaban de acuerdo en que las leyes naturales son expresiones de propósito divino, y que Dios o la mente, dirige o determina de antemano el curso de la evolución. John Herschel afirma claramente la posición: “Una inteligencia, guiada por un propósito, debe estar continuamente en acción para dirigir las direcciones de los pasos de cambio —para regular sus cantidades— para limitar sus divergencias —y para continuarlos en un curso definido. No creemos que el señor Darwin se proponga negar la necesidad de tal dirección inteligente”. (35)
Pero el señor Darwin sí se propuso negar la necesidad de tal dirección inteligente. El argumento del diseño apuntaba a características de las cosas vivientes que parecían análogas a los productos de una mente inteligente, con su capacidad de planear cosas de antemano, de propósito y diseño. El reto que Darwin asumió fue identificar procesos completamente naturales capaces de imitar los productos de una mente. Gillespie describe la meta de Darwin en estas palabras:
“Se ha estado de acuerdo en general (entonces [en los días de Darwin] y ahora) en que la doctrina de Darwin de la selección natural demuele efectivamente el argumento del diseño clásico para la existencia de Dios de William Paley. Mostrando cómo la adaptación ciega y gradual podría imitar al diseño intencional que Paley… y otros habían visto en los discursos de la naturaleza, Darwin privó su argumento de la inferencia analógica de que el propósito evidente a ser visto en los diseños por los cuales medios y fines fueron relacionados en la naturaleza, fuera necesariamente un ejercicio de la mente”.
Dicho simplemente, Darwin se propuso mostrar que la naturaleza sin propósito pudo “falsificar a aquella con propósito”. (36)
Por esta razón él rechaza enfáticamente cualquier intento de introducir el “propósito” por la puerta trasera, por así decirlo. Consideremos su respuesta a Asa Gray, quien unió la teoría darwiniana con la teología cristiana claramente conservadora. Gray negó que esa variación, la materia prima de la selección natural, fuera aleatoria; en cambio, optó por un punto de vista teológico de la evolución. De hecho, Gray imaginó que comprendía las implicaciones de la teoría de Darwin mejor que el mismo Darwin. En una carta escrita en 1863, confesó con un poco de astucia: “Debajo de mis más cálidas congratulaciones a Darwin por sus impactantes contribuciones a la teología, hay una pequeña vena de malicia, por saber muy bien que él rechaza la idea del diseño, mientras que todo el tiempo ha estado dando la mejor ilustración de él”. (37)
Pero la respuesta de Darwin a la noción de Gray de la dirección divina fue inequívoca: En una carta a Lydell él escribió, “Si estuviera convencido de que necesitara tales adiciones a la teoría de la selección natural, la rechazaría como basura”. Dos años después le escribió nuevamente a Lydell: “El punto de vista de que cada variación haya sido arreglada de forma providencial me parece que hace a la Selección Natural superflua, y verdaderamente lleva todo el caso de la aparición de nuevas especies fuera del campo de la ciencia”. Decir que las variaciones son ordenadas de manera divina no añade nada científicamente, Darwin continúa: “A mí me parece pura palabrería”. Él resumió su punto de vista haciendo la acusación de que la “noción de Gray [de variaciones guiadas] me parece que hace pedazos todo el asunto”. (38)
Notemos que las objeciones de Darwin a la evolución providencial son dobles. Primero, hace que la selección natural sea “superflua”, “basura”, “pura palabrería”. La selección natural tenía la intención de reemplazar el diseño; por esta razón la presencia de las dos es redundante. Como escribió Darwin en su autobiografía, “El antiguo argumento para el diseño en la naturaleza, como es dado por Paley, que anteriormente me parecía concluyente, falla ahora que la ley de la selección natural ha sido descubierta… Parece haber ahora más diseño en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural, que en el curso en el que sopla el viento. Todo en la naturaleza es el resultado de leyes fijas”. (39) Al esfuerzo de sobreponer dirección divina a procesos completamente naturales, Young lo rotula como “naturalismo teísta”, una incongruencia que ha resurgido en debates recientes.
Segundo, Darwin objetó que el añadir propósito divino a la evolución lleva la discusión “fuera del campo de la ciencia”. La implicación es que la ciencia no puede soportar la causalidad inteligente de ninguna manera. En la mente de Darwin, la evolución divinamente ordenada no era diferente en principio de la creación directa. Ambas eran inadmisibles en la ciencia. Como nota Hull, “Darwin insistió en contar una historia de una teoría naturalista totalmente consistente o no contar ninguna”. (40)
Aquellos que reformularon a Darwin para acomodar el diseño, estaban esperando prevenir la toma de posesión de la idea de la evolución por el naturalismo filosófico. Ellos buscaban extraer la teoría científica de la filosofía en la que estaba embebida. Pero las dos demostraron ser inseparables e, irónicamente, el efecto de sus esfuerzos fue precisamente el opuesto al que ellos habían esperado: aceleró la aceptación del naturalismo filosófico. Como Hull escribe, “Los arquitectos de la aniquilación de la teleología no eran materialistas ateos sino hombres piadosos… que creyeron que estaban haciéndole un buen servicio a la religión” al restringir a Dios a obrar a través de leyes naturales. “De lo que esos hombres no se dieron cuenta fue de que al empujar a Dios más y más hacia el trasfondo, como el imposible de conocer, autor de la ley natural, … ellos habían preparado el camino para su expulsión total”. (41)
Gillespie cuenta la misma historia: La reestructuración del argumento del diseño para adaptarlo a la evolución, escribe, fue un importante “paso en la secularización de la ciencia y su eventual separación intelectual de la teología”. La idea del diseño o la evolución dirigida “movió lentamente a los científicos, con frecuencia resistentes, a un punto de vista del mundo ‘naturalista’ y finalmente positivista. En este punto de vista del mundo, Dios no tenía una función significativa y la acción divina no era requerida para un entendimiento verdadero del mundo. Como resultado, las creencias religiosas llegaron a ser “privadas, subjetivas y artificiales”; Dios “era, como mucho, un concepto filosófico gratuito derivado de una necesidad personal”. (42)
Una vez que Dios había sido reducido a un “concepto filosófico gratuito” basado en una necesidad personal, Darwin y su séquito podían pagar el precio de ser tolerantes con los creyentes religiosos. A mediados de los años 1870, Young escribe, hay signos de la “benevolente tolerancia de los vencedores” (43) Los creyentes religiosos podían ser tratados gentilmente tanto tiempo como estuvieran de acuerdo en que Dios no hizo absolutamente nada en el mundo natural estudiado por la ciencia. Como lo explica Gillespie, la estrategia de reubicar el diseño de mecanismos a leyes, “le concedió el juego a los positivistas”. Removió “cualquier signo identificable de acción divina” de la idea de diseño —la privó de todo contenido empírico. (44) Y hacia aquellos que se adhirieron a tal concepto de diseño dócil y vacío, incluso el darwinista más agresivo podía pagar el precio de ser indulgente.
“Cada Frívolo Detalle “
Otra faceta importante del debate del siglo diecinueve es la estrategia empleada para desacreditar el diseño y redefinir la ciencia en términos estrictamente naturalistas. A medida que el debate se intensificaba, Darwin y sus aliados identificaban en forma creciente la creación con “milagro perpetuo”. Históricamente, Paley y otros proponentes del diseño habían insistido en la realidad de la causalidad primaria, tanto como la secundaria, obrando en el mundo. Pero los darwinistas ignoraron esa historia. En cambio, presentaron el diseño como la negación de todas las causas secundarias. Ellos pintaban al mundo diseñado como un mundo dejado a la misericordia del capricho divino y la fantasía arbitraria.
Por ejemplo, en el Origin (Origen) Darwin describe a sus oponentes como sosteniendo que cada variedad de pinzón en las Islas Galápagos surgió en todo su esplendor de la mano del Creador. Más aun, él describe también a sus oponentes como sosteniendo que la flora y fauna inusual de la isla, habían sido “creadas en el Archipiélago de las Galápagos, y en ninguna otra parte más”. (45) El diseño fue presentado como la creencia de que Dios había creado cada variedad menor en su ubicación actual — jirafas en África, tigres en Asia y búfalos en América. Darwin se refirió a ésta como la teoría de “múltiples centros de creación”, y en el Origin la destruyó.
Interesantemente Darwin admite que, en ese momento, la idea de la creación in situ descansaba sobre bases empíricas, no teológicas. (46) Por ejemplo, parecía ser la única explicación para la existencia de las mismas especies en ambos lados del Océano Atlántico. Con seguridad ningún organismo era capaz de migrar a través de millas de agua salada. Siendo que así podría ser, Darwin enfocó su argumento en lugares tales como el Archipiélago de las Galápagos, donde la evidencia de migración era fuerte. ¿Era realmente plausible que cada variedad de pinzón y de tortuga hubiera sido creada especialmente para cada una de las pequeñas islas, algunas de las cuales eran, en las palabras de Darwin, escasamente más que “puntos de roca”? En lo que a mí respecta, afirmó, “me rehuso a creer en… actos innumerables de creación”. (47)
Mucho del Origin es tratado con argumentos para la variabilidad y la migración. La idea de separar las creaciones sería más plausible, nota Darwin en su diario, si cada isla tuviera un grupo completamente único de plantas y animales. Pero siendo que muchos de los organismos son variaciones de un tema común, es difícil resistirse a la conclusión de que ellos descendieron de un grupo único de especies ancestrales que originalmente migró a las islas. Éste y otros patrones de distribución geográfica, insiste Darwin, son “completamente inexplicables sobre el punto de vista común de la creación independiente de cada especie”. Él advierte que cualquiera que rechace la idea de la migración, “rechaza la vera causa (verdadera causa) de la generación ordinaria con la subsiguiente migración, y reasume la acción de un milagro”. (48)
¿Qué decimos de todo esto? Los puntos de vista que Darwin atribuye a los proponentes del diseño son tan extraños hoy, que tenemos que leer nuestros libros de historia para aprender sobre ellos. Ningún teórico del diseño hoy niega la realidad de la variación o la migración. El consenso entre los más estrictos creacionistas bíblicos es que los pinzones de las Galápagos no fueron creados por separado, sino que representan variaciones dentro de una especie singular. Por ejemplo, James Coppedge en Evolution: Possible or Impossible (Evolución: Posible o Imposible) las descarta como “sólo adaptaciones menores dentro de clases, como sería esperado en cualquier diseño de creación”. (49) Wayne Frair y Percival Davis en A Case for Creation (Un Caso para la Creación) notan que los pinzones “podrían servir como un ejemplo de la diversificación” pero “no evolución en el sentido usual, porque los cambios fueron relativamente menores”. (50) Walter Lammerts, quien hizo mediciones detalladas de una gran muestra de los pinzones de Darwin, nota que ellos exhiben completa intergradación de tamaño del pico y del cuerpo. Él concluye que los pájaros constituyen una sola especie. “Separada en varias formas de islas como resultado del arreglo fortuito de su potencial original de variabilidad”. (51)
Claramente, el diseño no requiere el rechazo de ninguna variabilidad de migración. De hecho a los historiadores se les ha puesto en la difícil tarea de explicar por qué Darwin estaba tan preocupado con una posición que, ya en sus días, todos los naturalistas tenían pero que abandonaron. Algunos historiadores la atribuyen a la ignorancia de Darwin sobre el estado actual del debate; otros pensaban que él simplemente estaba dando un argumento débil fácil de refutar. Yo sugiero que él estaba concibiendo una falsa elección entre el milagro perpetuo y el mundo naturalista completamente cerrado. Su argumento era como esto: O invocamos la acción divina directa para explicar cada fenómeno en biología (“recurrir a la acción de un milagro”), o admitimos que cada fenómeno puede ser explicado por procesos naturales de “generación ordinaria”.
Darwin abogaba por esta falsa dicotomía una y otra vez. En The Descent of Man (El Descenso del Hombre) él admitió que “nuestras mentes se rehusan a aceptar” una explicación del universo basada en la idea de “oportunidad ciega”. Aunque la alternativa, continuó él, es creer que “cada leve variación de estructura, —la unión de cada pareja en matrimonio, —la diseminación de cada semilla,— y otros eventos similares, han sido todos ordenados con un propósito especial.” (52) Darwin escribió a Sir John Herschel: “Uno no puede mirar a este universo con todos las producciones vivientes y al hombre sin creer que todo ha sido diseñado inteligentemente; aunque cada vez que miro cada organismo individual, no puedo ver evidencia de ello. Porque, no estoy preparado para admitir que Dios diseñó las plumas en la cola de un pichón, para que variaran en una manera peculiar, para que el hombre pudiera seleccionar tales variaciones y hacer un abanico”. (53)
Sobre-enfatizando el punto, Darwin no podía resistir el ridículo. En un libro sobre la fertilización de las orquídeas, él describió a los proponentes del diseño como aquellos que ven “cada frívolo detalle de la estructura como el resultado de la interposición directa del Creador”. (54)
En una carta a Asa Gray escribió: “No puedo creer que el mundo, como lo vemos, sea el resultado del azar; y tampoco puedo ver cada cosa por separado como el resultado del Diseño”. Él confesó que no podía creer que las plumas de la cola de un pichón fueran guiadas a variar “para satisfacer el capricho de unos pocos hombres”. (55) Le preguntó a Lydell: ¿Podría realmente pensar que la deidad había intervenido para causar variaciones en los pichones domésticos “solamente para agradar los tontos caprichos del hombre?” (56)
El argumento se volvió inequívocamente tonto cuando Darwin retó a sus amigos a decir si Dios había diseñado sus narices. Le escribió a Lydell preguntándole si él creía que la forma de su nariz “había sido ordenada y ‘guiada por una causa inteligente’ “. (57) En una misma línea le preguntó a Gray: “¿Cree que cuando una golondrina atrapa rápidamente un mosquito, Dios designó que esa golondrina en particular debería atrapar a ese mosquito en particular en ese instante en particular?” (58)
En estos comentarios casi jocosos, Darwin estaba ignorando siglos de debate entre cristianos sobre el equilibrio entre la actividad directa de Dios y la acción de agentes creados. Como el teólogo anglicano E. L. Mascall escribe, “La tradición principal de la filosofía clásica cristiana, mientras que insistía en la causalidad primaria universal de Dios en todos los eventos de la historia del mundo, mantenía con igual énfasis la realidad y la autenticidad de causas secundarias”. (59) El teólogo escocés Thomas Torrance resume este punto de vista del equilibrio hablando del “orden de contingencia” de la creación. “Contingencia” se refiere al hecho de que la creación no es autónoma. No es auto originadora o auto sostenedora; fue creada por Dios y depende continuamente de Su poder. Por otro lado, “orden” se refiere al hecho de que Dios no obra en el mundo por milagro perpetuo. Él ha configurado una red de agentes secundarios que actúan en patrones regulares y consistentes. (60) Como señala Christopher Kaiser en su libro Creation and the History of Science (Creación y la Historia de la Ciencia), los intentos de conceptuar este equilibrio se han mantenido desde el tiempo de los padres de la iglesia —en forma notoria por Basil de Cesarea en el siglo cuarto. (61) Darwin ignoró esta rica historia y cortó el nudo gordiano insistiendo en que uno debe escoger entre Dios y la naturaleza.
Atribúyanle un cuarto de actividad divina, dice, y el mundo entero se convierte en un campo de batalla para el milagro perpetuo y arbitrario. Por otro lado, permitamos que la menor variación y la diversificación puedan tener una explicación por procesos naturales, y uno debe colocar todo el mundo y toda la vida solamente bajo el dominio de la naturaleza.
Esta falsa dicotomía continúa siendo útil para los darwinistas hoy. Admitan que los procesos naturales tienen explicación para la diversificación de los picos de los pinzones o de las polillas o las moscas de las frutas, se nos dice, y uno queda comprometido lógicamente a admitir que los mismos procesos son adecuados para crear pájaros y moscas de frutas originalmente. Sólo recientemente esta estrategia ha empezado a erosionarse, con los biólogos reconociendo que la menor variación no es el medio de producir innovaciones mayores. Puesto en forma simple, la microevolución no es el mecanismo para la macroevolución. Aunque se continúan presentando ejemplos de microevolución como la evidencia primaria que soporta las teorías naturalistas de evolución.
La Política de la Ciencia
Al considerar cómo ganó Darwin, no debemos ignorar la política. Los cambios buscados por los darwinistas del siglo diecinueve no sólo fueron intelectuales sino también institucionales. La epistemología más vieja de la ciencia prestaba un servicio tanto a la religión como a la ciencia: Permitía que la teología pusiera límites a las ideas aceptables en la ciencia. Una vez más, éste era un equilibrio aceptable firmemente establecido tanto atrás como en el tiempo de los padres de la iglesia. Los apologistas del siglo segundo aceptaron tanto como pudieron de la ciencia de sus días (que era un producto de la filosofía griega), pero insistían en ciertos límites: Por ejemplo, rechazaban la idea de que el universo es eterno y en cambio insistían en el comienzo absoluto, en la creación del mundo de Dios ex nihilo (de la nada). (62)
Pero la nueva epistemología naturalista promovida por los darwinistas fue agresivamente autónoma. Demandaba que la ciencia era completamente independiente de la teología. Gillespie escribe: “La existencia misma de una ciencia rival o de una forma alternativa de conocimiento era intolerable para los positivistas”; éste era “intolerante con todas las otras afirmaciones de conocimiento científico. Cualquiera que no estuviera en su bando era un charlatán, un impostor”. Como resultado, estos desacuerdos no permanecieron como meramente académicos: Ellos precipitaron una lucha por el poder sobre las instituciones sociales. Como lo explica Gillespie,
“No era suficiente sacar las viejas ideas. Sus abogados tenían que ser sacados de la comunidad científica también… Para que el mundo fuera un lugar seguro para la ciencia positiva, sus practicantes tenían que ocupar los puestos de poder así como ganar la guerra de las ideas. Ambas cosas eran necesarias para el establecimiento de una nueva ortodoxia científica”. (63)
Muchos científicos se sentían comprensiblemente incómodos con la idea de que la habilidad en la política y en las relaciones públicas ayudara a que una teoría ganara aceptación. Les gustaba creer que el factor dominante en el éxito de una teoría era la evidencia objetiva a su favor. Sin embargo los sociólogos del conocimiento tienen razón al enfatizar que la ciencia es hasta cierto punto un proceso social, y que aquellos que son hábiles en controlar el proceso social tienen una ventaja para atraer seguidores mientras aíslan a los opositores.
Mirando atrás, las estrategias perseguidas por los darwinistas del siglo diecinueve son claras. Antes de publicar el Origen, Darwin cultivó cuidadosamente un núcleo de biólogos que estaban preparados para apoyar su trabajo. Estos primeros convertidos siguieron entonces estrategias políticas básicas: Presentaron un frente unificado en público; concedieron puntos menores para ganar puntos mayores; estaban dispuestos a aceptar como aliados a personas que no estaban de acuerdo con los detalles; minimizaron la controversia abierta que pudiera alienar a los que dudaban y a los neutrales, mientras cultivaban científicos más jóvenes que estaban abiertos a nuevas ideas. En esta forma, los darwinistas gradualmente ganaron una mayoría. Sus seguidores estaban dispuestos a influenciar el sistema educativo como profesores. Tomaron control de los procesos editoriales en los periódicos científicos de modo que los editores y los árbitros llegaran a aceptar artículos desde un punto de vista darwiniano. El nuevo diario Nature (Naturaleza) fue fundado al menos en parte como un vehículo para esparcir el mensaje darwiniano. Darwin ganó en parte porque sus seguidores eran adeptos a emplear tácticas de relaciones públicas, y ellos simplemente se mostraron superiores en sus tácticas que sus rivales. (64)
Parece que los teóricos del diseño de los últimos días han entendido. Hoy el movimiento tiene liderazgo capaz (como el provisto por Phillip Johnson); éste ha lanzado un diario profesional (Origins and Design) [Orígenes y Diseño] , empezado un programa de compañerismo en el Instituto Discovery, fundado un programa ad honorem en Biola, y está llevando a cabo conferencias profesionales (la Conferencia de Creación Pura en 1996). Yo sugiero que todos nosotros estamos en camino de formar nuestras propias instituciones, y seguramente hay razones para esperar que algún día ellas puedan cambiar el rumbo de la marea.
Preguntas
Para terminar, me gustaría proponer una muestra de preguntas que emergen de una investigación del debate sobre la historia de la evolución. Desde el siglo diecinueve éstas han sido, entre otras, las objeciones contra el diseño que más frecuentemente han surgido, sin embargo no han sido respondidas adecuadamente por los teóricos del diseño:
Un entendimiento de la historia. El siglo diecinueve marcó el nacimiento de una concienciación histórica en cada campo, desde la filosofía hasta las ciencias. Pero la noción del diseño estaba esencialmente estática, y como resultado fue barrida por teorías que ofrecían algún recuento de la historia de la vida. ¿Cómo pueden las versiones actualizadas del diseño ir más allá de un punto de vista estático de la vida, y contar para la historia?
La mente como causa. ¿Qué se quiere decir exactamente al hablar de una mente o inteligencia obrando en la naturaleza? ¿Qué es causalidad primaria? ¿En qué forma es tal noción científica? ¿Esa noción introduce mero “misterio” y “capricho”, como dice Gillespie? Una de las notas al margen de Darwin de 1838 dice lo siguiente: “La explicación de tipos de estructura en clases —como resultante de la voluntad de la deidad, para crear animales en ciertos planos— no es una explicación —no tiene carácter de ley física / y es por lo tanto extremadamente inútil— no predice nada / porque nosotros no sabemos nada de la voluntad de la Deidad. . . .” (65) Darwin tiene razón: Nosotros no podemos saber directamente la voluntad de Dios. ¿Cómo entonces puede ser científico el hablar de intención divina y de acción divina en el mundo?
¿Fin de la ciencia? ¿Implica el diseño un fin a la búsqueda científica? Sir Joseph Dalton Hooker dijo que abrazó el darwinismo —lo que él llamó las “doctrinas más recientes”— “no porque ellas fueran las más verdaderas sino porque daban espacio para razonar y reflexionar”. Como contraste, las doctrinas antiguas del diseño “son muchos obstáculos a la búsqueda futura, si son admitidas como verdades, por qué hay un fin de todo el asunto, y no es útil esperar obtener nunca una explicación racional del origen o la dispersión de las especies —así que las odio”. (66) El punto de vista de Hooker es compartido por muchos hoy: es decir, que atribuir algo al diseño no es explicarlo de manera alguna. Es tirar la toalla, suspender la búsqueda, no dar esperanza o alguna explicación racional. ¿Cómo responden los teóricos del diseño a esta objeción?
¿Tiene el concepto de diseño algún contenido empírico? En el Origen, Darwin le echa en cara a los teóricos del diseño de sus días el permitir que algunas estructuras resultaran de causas secundarias, mientras insistían en que otras eran designadas, pero no ofrecían un principio para distinguir entre las dos. ¿Por qué no atribuirlas todas a causas secundarias?, pregunta. En sus palabras: “varios naturalistas eminentes han publicado recientemente sus creencias de que una multitud de especies aceptadas en cada género no son especies reales; pero que otras especies son reales, esto es, han sido creadas independientemente. A mí me parece que ésta es una conclusión extraña. Ellos admiten que una multitud de formas, que hasta hace poco ellos mismos pensaban que eran creaciones especiales, han sido producidas por variación, pero ellos se rehúsan a extender el mismo punto de vista a otras formas levemente diferentes. No obstante ellos no pretenden poder definir, o ni siquiera conjeturar, cuáles son las formas de vida creadas y cuáles son las producidas por leyes secundarias. Ellos admiten la variación como una vera causa en un caso, y arbitrariamente la rechazan en otro, sin asignar ninguna distinción en los dos casos”. (67) Si los teóricos del diseño insisten sobre la realidad de causalidad primaria y secundaria, ¿qué principio ofrecemos para distinguir entre sus efectos?
El problema del mal. Darwin escribió que había “demasiada miseria en el mundo” para que él creyera en el diseño. “No puedo persuadirme a mí mismo de que un Dios benéfico y omnipotente haya creado a propósito los icneumones con la intención expresa de que se alimentaran dentro de los cuerpos vivos de las orugas, o que un gato deba jugar con un ratón”. (68) Otros ejemplos fueron “el joven cuclillo expulsando a su hermano de leche” y “hormigas teniendo esclavos”. (69) ¿Cómo explican los teóricos del diseño contemporáneos la presencia del mal en un mundo diseñado?
¿Qué filosofía de ciencia impone la teoría del diseño? Hull escribe que teorías más antiguas del diseño descansan en dos pilares: un entendimiento baconiano de la inducción, con su afirmación de garantizar certeza absoluta, y una metafísica esencial. James Moore en The Post-Darwinian Controversies (La Controversias Pos Darvinianas) hace eco al mismo tema, describiendo a los cristianos anti darwinistas como aquellos que buscaban “certeza absoluta a través de inferencias inductivas”, con la creencia corolaria de que el mundo “contiene un número finito de ‘clases’ naturales fijas”. (70) ¿La noción de diseño requiere de hecho que nosotros abracemos esas posiciones filosóficas?
Referencias
1. William Dembski, “Not Even False?: Reassessing the Demise of British Natural Theology,” (“¿Ni siquiera Falso?: Re-evaluando la Muerte de la Teología Natural Británica”) Center for Interdisciplinary Studies, Princeton, NJ, nd., p. 2.
2. Ernst Mayr, Introduction to Charles Darwin, On the Origin of Species (Introducción a Charles Darwin, Sobre el Origen de las Especies), una copia de la primera edición (Cambridge: Harvard University Press, 1964), p. xviii. Douglas Futuyma, Evolutionary Biology, 2nd ed. (Sunderland, MA: Sinauer Associates, 1986), p. 3.
3. Peter Bowler, The Non-Darwinian Revolution: Reinterpreting a Historical Myth (La Revolución No Darviniana: Reinterpretando un Mito Histórico) (Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1988), pp 4-5, 10-11, 30-31, 50, 66-67 y en varios pasajes. Ver también James R. Moore, The Post-Darwinian Controversies: A Study of the Protestant Struggle to Come to Terms With Darwin in Great Britain and America 1870-1900 (Las Controversias Pos Darvinianas: Un Estudio de la Lucha Protestante para Llegar a Términos con Darwin en Gran Bretaña y América 1870-1900) (Cambridge: Cambridge University Press, 1979), and Robert J. Richards, The Meaning of Evolution: The Morphological Construction and Ideological Reconstruction of Darwin’s Theory (El Significado de la Evolución: La Construcción Morfológica y la Reconstrucción Ideológica de la Teoría de Darwin) (Chicago: The University of Chicago Press, 1992).
4. Thomas Henry Huxley, Lay Sermons, Addresses, and Reviews (Sermones, Discursos y Revisiones Laicos), (New York: D. Appleton and Co., 1879), p. 283.
5. Neal C. Gillespie, Charles Darwin and the Problem of Creation (Charles Darwin y el Problema de la Creación) (Chicago: The University of Chicago Press, 1979), p. 147, emphasis added.
6. Robert M. Young, Darwin’s Metaphor: Nature’s Place in Victorian Culture (La Metéfora de Darwin: El Lugar de la Naturaleza en la Cultura Victoriana) (Cambridge: Cambridge University Press, 1985), pags. 82, 122, 120.
7. Gillespie, p. 46.
8. Francis Darwin, ed., Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin) (New York: D. Appleton and Co., 1899), Vol. II, p. 155.
9. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin) , Vol. II, p. 210.
10. Francis Darwin, ed., More Letters of Charles Darwin (Más Cartas de Charles Darwin) (New York: D. Appleton and Co., 1903), Vol. II, p. 171.
11. Cited in John Durant, “Darwinism and Divinity: A Century of Debate,” in Darwinism and Divinity: Essays on Evolution and Religious Belief (“Darwinismo y Divinidad: Un Siglo de Debate”, en Darwinismo y Divinidad: Ensayos sobre la Evolución y la Creencia Religiosa), ed. John Durant (New York: Basil Blackwell, 1985), p. 18.
12. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I, p. 437.
13. David L. Hull, Darwin and His Critics: The Reception of Darwin’s Theory of Evolution by the Scientific Community (Darwin y Sus Críticos: La Recepción de la Teoría de Darwin de la Evolución por la Comunidad Científica) (Cambridge: Harvard University Press, 1973), p. 26.
14. Young, p. 98.
15. Herbert Spencer, An Autobiography (Una Autobiografía) (New York: D. Appleton and Co., 1904), Vol I, p. 172.
16. Spencer, An Autobiography (Una Autobiografía), Vol. I, p. 655.
17. Spencer, An Autobiography (Una Autobiografía), Vol. II, p. 7.
18. Herbert Spencer, The Principles of Psychology (Los Principios de la Sicología) (New York: D. Appleton and Co., 1896), Vol. I, p. 466n.
19. David Duncan, Life and Letters of Herbert Spencer (Vida y Cartas de Herbert Spencer) (New York: D. Appleton and Co., 1908), Vol. II, p. 319.
20. Leonard Huxley, Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley) (New York: Macmillan, 1903), Vol. I, pags. 241, 243.
21. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. II, p. 1.
22. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. I, p. 246.
23. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. II, p. 16.
24. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. I, p. 243.
25. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. I, p. 252.
26. Thomas Henry Huxley in Francis Darwin, ed., Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I, p. 553.
27. Bowler, pags. 70, 72.
28. Gillespie, p. 33.
29. Thomas Henry Huxley, Man’s Place in Nature (El Lugar del Hombre en la Naturaleza) (New York: D. Appleton and Co., 1896), p. 151.
30. Thomas Henry Huxley, “Science and Religion,” The Builder (“Ciencia y Religión”, El Constructor), 1859, Vol. 17, p. 35 (énfasis en el original).
31. Charles Hodge, What Is Darwinism? And Other Writings on Science and Religion (¿Qué es Darvinismo? Y Otros Escritos sobre Ciencia y Religion) ed. e intro. Mark A. Noll y David N. Livingstone (Grand Rapids: Baker Books, 1994), pags. 85, 155.
32. Citado en Hodge, p. 110.
33. Emil du Bois-Reymond, “Darwin versus Galiani,” citado en John Theodore Merz, A History of European Thought in the Nineteenth Century (Una Historia del Pensamiento Europeo en el Siglo Diecinueve) (New York: Dover Publications, 1904), Vol. I, p. 435n.
34. Citado en Arnold Lunn, The Flight From Reason (El Vuelo desde La Razón) (New York: The Dial Press, 1931), p. 101.
35. John Herschel, Physical Geography of the Globe (Geografía Física del Globo) (Edinburgh: Adam y Charles Black, 1867), p. 12n.
36. Gillespie, pags. 83-85.
37. Jane Loring Gray, ed., Letters of Asa Gray (Cartas de Asa Gray) (New York: Burt Franklin, 1973), Vol. 2, p. 498.
38. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin) , Vol. II, pags. 6-7, 28, y More Letters of Charles Darwin (Más Cartas de Charles Darwin), Vol. I, pags. 191-192.
39. Nora Barlow, ed., The Autobiography of Charles Darwin 1809- 1882 with Original Omissions Restored (La Autobiografía de Charles Darwin 1809-1882 con Omisiones Originales Restauradas) (New York: W. W. Norton and Company, 1958), p. 87.
40. Hull, p. 54.
41. Hull, pags. 63, 65.
42. Gillespie, pags. 119-120, 16.
43. Young, pags. 110-112.
44. Gillespie, p. 149.
45. Charles Darwin, On the Origin of Species (Sobre el Origen de las Especies), una copia de la primera edición, intro. Ernst Mayr (Cambridge: Harvard University Press, 1964), p. 398 (ver también pags. 352, 365).
46. Origen, pags. 365-366.
47. More Letters of Charles Darwin (Más Cartas de Charles Darwin), Vol. I, p. 173.
48. Origen, pags. 355, 406, 352.
49. James F. Coppedge, Evolution: Possible or Impossible? (Evolución:¿Posible o Imposible?) (Grand Rapids: Zondervan, 1973), p. 87.
50. Wayne Frair and Percival Davis, A Case for Creation (Un Caso para la Creación) (Chicago: Moody Press, 1983), p. 72.
51. Walter Lammerts, “The Galapagos Island Finches en Why Not Creation? ,” (“Los Pinzones de las Islas Galápagos”, en ¿Por qué No Creación?), ed. Walter Lammerts (Grand Rapids: Baker Book House, 1970), p. 361.
52. Charles Darwin, The Descent of Man and Selection in Relation to Sex (La Descendencia del Hombre y la Selección en Relación al Sexo), segunda ed. (New York: D. Appleton, 1896), p. 613.
53. Notes and Records of the Royal Society of London (Notas y Registros de la Real Sociedad de Londres), ed. Sir Gavin de Beer, Vol. 14, No. 1, 1959, p. 35.
54. Charles Darwin, On the Various Contrivances by Which British and Foreign Orchids Are Fertilized by Insects and on the Good Effects of Inter-crossing (Sobre los Varios Diseños por los cuales las Orquideas Británicas y extranjeras son Fertilizadas por Insectos y sobre los Buenos Efectos del Entrecruzamiento) (London: John Murray, 1862), p. 2.
55. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. II, p. 146.
56. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. II, p. 97.
57. More Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I, pags. 193-194.
58. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I p. 284.
59. E.L. Mascall, Christian Theology and Natural Science (Teología Cristiana y Ciencia Natural) (Hamden, CT: Archon Books, 1965), p. 198.
60. Thomas F. Torrance, “Divine and Contingent Order,” (“Orden Divino y Contingente”) en The Sciences and Theology in the Twentieth Century (Las Ciencias y la Teología en el Siglo Veinte), ed. A.R. Peacocke (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1981). Christopher Kaiser usa la frase “autonomía relativa” para decir la misma cosa. Ver Creation and the History of Science (La Creación y la Historia de la Ciencia) (Grand Rapids: Eerdmans, 1991), pags. 15, 131.
61. Kaiser, pags. 4-7.
62. See Richard A. Norris, God and World in Early Christian Theology (Dios y el Mundo en la Teología Cristiana Primitiva) (London: Adam y Charles Black, 1965).
63. Gillespie, pags. 152-153.
64. Bowler, pags. 68-71.
65. Citado en John Hedley Brooke, “The Relations Between Darwin’s Science and his Religion,” (Las Relaciones entre la ciencia de Darwin y su Religión) en Darwinism and Divinity (Darwinismo y Divinidad), p. 46.
66. Life and Letters of Sir Joseph Dalton Hooker (Vida y Cartas de Sir Joseph Dalton Hooker), ed. Leonard Huxley (London: John Murray, 1918), Vol. I, pags. 481-82.
67. Origin (Origen), p. 482.
68. The Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), ed. Francis Darwin, Vol. II (New York: D. Appleton and Co., 1888), p. 105.
69. Origin (Origen), pags. 242-244.
70. Moore, pags. 205-206, 346.
Nancy R. Pearcey es la Directora de Fellow and Policy de Wilberforce Forum, y coautora con Charles Thaxton de The Soul of Science (El Alma de la Ciencia) (Crossway)
Copyright 1999 Nancy Pearcey.
Traducido por Juanira Posada
© Mente Abierta, 2001
Usado con permiso
URL – http://www.menteabierta.org
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Evolución y creación, ciencia y religión, hechos y prejuicios
16 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
Evolución & creación, ciencia & religión, hechos & prejuicios

Muchos libros evolucionistas, entre ellos Enseñando la Evolución y la Naturaleza de la Ciencia, plantean un enfrentamiento entre opiniones religiosas creacionistas y hechos evolutivos científicos.
Es importante darse cuenta de que este contraste falsea la realidad. Los creacionistas frecuentemente apelan a los hechos de la ciencia y los evolucionistas frecuentemente apelan a presupuestos filosóficos completamente ajenos a la ciencia. Se suele criticar a los creacionistas porque razonan basados en sus creencias, pero los evolucionistas también razonan basándose en sus prejuicios y creencias, tal y como muchos de ellos reconocen. El debate entre la creación y la evolución es principalmente un enfrentamiento entre dos concepciones del mundo, ambas enraizadas en presuposiciones implícitas y mutuamente incompatibles. apoyar sus puntos de vista, asimismo
Este capítulo analiza críticamente las definiciones de ciencia, y el papel que las presuposiciones y las creencias preconcebidas juegan en las interpretaciones hechas por los científicos.
Los prejuicios de los líderes evolucionistas
Es un error creer que los hechos hablan por sí mismos, los hechos siempre son interpretados según una concepción previa, un marco ideológico. El marco ideológico que dicta la interpretación evolucionista es el naturalismo, el cual presupone que las cosas se hicieron a sí mismas, que nunca hubo intervención divina, y que Dios jamás nos ha dado a conocer nada en relación con el pasado.
La evolución es una deducción basada en este prejuicio, y consiste básicamente en la idea de que las cosas se hicieron a sí mismas.
La evolución abarca las siguientes ideas no probadas:
La nada dio lugar a algo en una supuesta ‘Gran Explosión’,
La materia inerte dio lugar a la vida,
Los organismos unicelulares dieron lugar a los multicelulares,
Los invertebrados dieron lugar a los vertebrados,
Las criaturas simiescas se convirtieron en hombres,
La materia no inteligente y amoral se transformó en inteligencia y moralidad,
Los anhelos del hombre dieron lugar a las religiones, etc.
El profesor D.M.S. Watson, uno de los más renombrados biólogos y escritores científicos de sus días, mostró los muchos prejuicios que se esconden tras la mayor parte del pensamiento evolucionista cuando escribió:
‘La evolución [es] una teoría universalmente aceptada no porque se pueda demostrar que es cierta por medio de evidencias lógicas y coherentes, sino porque su única alternativa, la creación especial, es claramente increíble.’[1]
Por lo tanto la disputa no es entre creacionistas cargados de prejuicios religiosos y evolucionistas científicos y objetivos; sino, entre los prejuicios de la religión cristiana y los prejuicios de la religión del humanismo secular que lógicamente dan lugar a diferentes interpretaciones de los mismos datos científicos. Tal y como el escritor anticreacionista Boyce Rensberger reconoce:
‘En este punto, es necesario sacar a la luz ciertos mecanismos escondidos para ilustrar la forma de trabajar de los científicos, algo que los libros de texto raramente nos confiesan. La verdad es que los científicos no son, ni mucho menos, tan objetivos ni desapasionados en su trabajo como quieren hacernos creer. La mayoría de los científicos obtienen sus ideas iniciales sobre el funcionamiento del mundo, no a través de procesos rigurosamente lógicos, sino por medio de presentimientos, intuición y corazonadas. Como individuos que son, frecuentemente llegan a creer que algo es cierto mucho antes de obtener las evidencias que puedan convencer a otra persona de que efectivamente lo es. El científico, movido por la fe en sus propias ideas y el deseo de aceptación por parte de sus colegas, trabaja durante años persuadido en su corazón de que su teoría es correcta, ingeniando un experimento tras otro para obtener unos resultados que, él espera, sirvan para favorecer su punto de vista.’[2]
La cuestión no es quién se mueve por suposiciones previas, sino ¡cuáles son las suposiciones previas adecuadas de las que deberíamos partir!, de hecho, el libro Enseñando la Evolución, en el diálogo que aparece en las páginas 22-25, admite que la ciencia no consiste tan solo en hechos objetivos, sino que hace afirmaciones provisionales, nunca dogmáticas. Pero el resto del libro afirma ¡dogmáticamente! que la evolución es un hecho indiscutible.
El profesor Richard Lewontin, un experto en genética (y marxista autoproclamado), es uno de los paladines mundiales de la difusión de la biología evolutiva. El escribió recientemente este esclarecedor comentario (las itálicas estaban presentes en el original) que es una ilustración de sus prejuicios filosóficos implícitos en contra de la creación del Génesis aunque los hechos no le den la razón:
‘Nos ponemos de parte de la ciencia a pesar de la clara absurdidad de algunas de sus construcciones, a pesar de su incapacidad para cumplir muchas de sus extravagantes promesas de salud y vida, a pesar de que la comunidad científica tolera historietas claramente desprovistas de base fidedigna, porque tenemos un compromiso previo, un compromiso con el materialismo. No es que los métodos e instituciones científicas, de alguna forma, nos lleven irremediablemente a aceptar la explicación materialista del mundo y sus fenómenos, sino que, por el contrario, es nuestra adhesión a priori a las causas naturales la que nos obliga a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan necesariamente explicaciones materiales, aunque estas explicaciones sean contraintuitivas, no importa cuan incomprensibles para los no iniciados. Además, ese materialismo es un absoluto, porque no debemos permitir un Pie Divino en la puerta.[3]
Muchos evolucionistas critican a los creacionistas no por causa de los hechos, sino porque los creacionistas se niegan a jugar con las reglas actuales del juego porque estas reglas excluyen de entrada la posibilidad de una creación supernatural [En otras palabras La excluyen sin antes examinar las evidencias].[4] El biólogo Richard Dickerson dejó claro que es verdaderamente un ‘juego’:
‘La ciencia es fundamentalmente un juego. Un juego marcado por una regla suprema que es la siguiente: Regla #1: Veamos hasta qué punto conseguimos explicar el comportamiento del universo físico y material sin invocar lo sobrenatural, tan solo en’términos de causas puramente materiales y físicas.’[5]
En la práctica, el juego se amplía para tratar de explicar no tan sólo el comportamiento, sino incluso el origen de todo, sin aludir en ningún momento a algo sobrenatural.
De hecho, los evolucionistas a menudo son inconsistentes con sus propias reglas en contra de referirse a un diseñador inteligente. Por ejemplo, cuando los arqueólogos encuentran una punta de flecha, pueden afirmar que debe de haber sido diseñada, aunque no hayan visto al diseñador. Y el programa SETI para la búsqueda de inteligencia extraterrestre se fundamenta en el principio según el cual una señal del espacio exterior que contenga información específica debe proceder de una fuente inteligente. Sin embargo el prejuicio materialista de muchos evolucionistas les hace negar que la enorme cantidad de información que contiene toda célula viva proceda de una fuente inteligente. Esto no se parece en nada a la inocente imagen del científico que supuestamente va’sólo donde la evidencia le lleva, pero es la triste realidad. El Dr. Scott Todd, inmunólogo de la Universidad del Estado de Kansas, ha declarado:
‘Incluso si todos los datos señalaran a un diseñador inteligente, tal hipótesis queda excluida de la ciencia porque no es naturalista.’ [6]
No es casualidad que los líderes del pensamiento evolucionista sean ardientes opositores de la noción del Dios cristiano revelado en la Biblia.[7] Stephen Jay Gould y otros han mostrado que el propósito de Darwin era destruir la idea de un diseñador divino.[8] Richard Dawkins, quien después escribiría El Espejismo de Dios, aplaude la evolución, porque dice que
‘antes de Darwin era imposible ser un ateo intelectualmente satisfecho’.[9]
Muchos ateos afirman serlo precisamente por causa de la evolución. Por ejemplo, el etimólogo evolucionista y sociobiólogo E.O. Wilson (quien ha escrito un artículo en Enseñando la Evolución en la página 15) dice:
‘Como muchas personas de Alabama, yo era un cristiano nacido de nuevo. A los 15 años, entré en la iglesia Bautista del Sur con gran fervor e interés en la religión fundamentalista; la abandoné a los 17 cuando fui a la Universidad de Alabama y aprendí la teoría de la evolución.’[10]
Muchas personas no se dan cuenta de que la enseñanza de la evolución propaga una religión antibíblica. Muchos evolucionistas prominentes han suscrito el Manifiesto Humanista I (1933), cuyos dos primeros postulados son:
Los humanistas religiosos consideran el universo como autoexistente y no creado.
El humanismo cree que el Hombre es parte de la naturaleza y que ha surgido como resultado de un proceso continuo.
Esto es exactamente lo mismo que enseña la evolución. Muchos líderes humanistas hablan abiertamente del uso de las escuelas públicas para hacer proselitismo de su fe. Eso puede sorprender a algunos padres que piensan que las escuelas no deben usarse para el adoctrinamiento religioso, pero la siguiente cita lo hace patente:
‘Estoy convencido de que la batalla por el futuro de la humanidad debe lucharse y ganarse en el aula de la escuela pública por profesores que conciban su papel como proselitistas de una nueva Fe: Una religión de humanidad que reconozca y respete la chispa de lo que los teólogos llaman divinidad en cada ser humano. Estos profesores deben poseer la misma dedicación que muestra el más fanático predicador fundamentalista, pues serán ministros de otra clase, usando el aula en lugar del púlpito para transmitir valores humanistas mediante la enseñanza de cualquier tema, sin importar el nivel educativo—desde el parvulario hasta la universidad. El aula debe convertirse y se convertirá en campo de batalla entre lo viejo y lo nuevo—entre el cadáver corrupto del cristianismo, junto con todas las miserias y males que conlleva, y la nueva fe del humanismo …‘Sin lugar a dudas será una larga, ardua, dolorosa lucha marcada por mucho sufrimiento y lágrimas, pero el humanismo saldrá triunfante. Debe triunfar pues es necesario que la familia de la humanidad sobreviva.’[11]
Enseñando la evolución, dice ser un libro de ciencia, neutral en lo que se refiere a la religión, sin embargo no se refrena a la hora de hacer sus propias afirmaciones religiosas. Por ejemplo en la página 6:
‘Aceptar la probabilidad de cambio—y ver el cambio como un agente de oportunidad en lugar de una amenaza—es un reto y un mensaje silencioso en la lección de la evolución.’
Sin embargo este mensaje es incoherente, porque al mismo tiempo el libro admite que la evolución es ‘impredecible y natural’, y que no tiene ‘ninguna dirección o propósito específicos’ (p. 127).
Los autores del libro Enseñando la Evolución quizás se han dado cuenta de que el ateismo descarado de la mayoría de los líderes evolucionistas sería repugnante para la mayoría de los padres si estos padres fueran conscientes de ello. Más recientemente, el filósofo agnóstico y anticreacionista Ruse admitió
‘los defensores de la evolución la proclaman como más que mera ciencia. La evolución se defiende como una ideología, como una alternativa en toda regla al cristianismo, con significado y valores morales … la evolución es una religión. Así fue la evolución en sus inicios, y así es la evolución hoy.’[12]
Enseñando la Evolución intenta adecentar la evolución pretendiendo que es compatible con muchas religiones. Incluso cita a muchos líderes religiosos con el propósito de recabar su apoyo. En uno de los ‘diálogos’ se presenta a un profesor que logra eliminar toda oposición al pedirles a los estudiantes que le pregunten a su pastor, éstos regresan entonando un ‘¡No hay problema con la evolución!’ A pesar de que los diálogos son ficticios, esta situación es verosímil.
Muchas personas se sorprenderán al darse cuenta de que muchos líderes de iglesia no creen su propio libro, la Biblia. La Biblia enseña claramente que Dios creó recientemente en seis días consecutivos normales, e hizo que los seres vivientes se reprodujeran ‘Según su género,’ y que la muerte y el sufrimiento son el resultado del pecado de Adán. Esta es una de las razones por las cuales muchos cristianos consideran la evolución incompatible con el cristianismo. En la página 58, Enseñando la Evolución señala que mucha gente religiosa cree que ‘Dios usó la evolución’ (Evolución teísta). Pero la evolución teísta enseña que Dios usó la lucha por la supervivencia y la muerte, que es el ‘enemigo final’ (1 Cor. 15:26) como Su medio para conseguir una creación ‘muy buena’ (Gen. 1:31).[13] Los creacionistas bíblicos consideramos que esto es inadmisible.
La única forma de afirmar que la evolución y la ‘religión’ son compatibles es considerar que la ‘religión’ no tiene ninguna relación con el mundo real, considerarla como algo subjetivo. Un Dios que ‘creó’ por medio de la evolución es, en la práctica, indistinguible de un Dios inexistente.
Quizás Enseñando la Evolución baja la guardia a veces. Por ejemplo en la pagina 11 se refiere a
‘la explicación de Génesis … . según la cual Dios creó todas las cosas en su forma presente en el plazo de seis días,’
es decir, que Génesis realmente enseña la creación de las formas básicas en seis días lo cual contradice a la evolución. Por lo tanto, Enseñando la Evolución en realidad reconoce que la evolución contradice el relato del Génesis, y por lo tanto el cristianismo bíblico, a pesar de que ellos normalmente niegan que estén atacando ‘religión’. Enseñando la Evolución frecuentemente presenta caricaturas del creacionismo para burlarse de lo que los creacionistas creen realmente. Los creacionistas no creen que la vida fuera creada exactamente en la misma forma que tienen los seres vivos hoy. Los creacionistas creen que los seres vivos varían dentro de los límites de su especie, que no es lo mismo que creen que cambian incrementando la información; eso es lo que la evolución de las partículas a las personas requiere. Esto se tratará con más detalle en el próximo capítulo.
Más descaradamente, Enseñando la evolución recomienda muchos libros que son claramente ateos, como los de Richard Dawkins (p. 131).[14] En la página 129 manifiesta:
‘Las afirmaciones creacionistas no deberían ser aceptadas como alternativas razonables a las explicaciones científicas del origen del universo y la evolución de la vida.’
Dado que cualquier cosa no razonable es irrazonable, Enseñando la evolución está de hecho diciendo que los que creen la creación son en realidad irrazonables e irracionales. Eso dista mucho de ser religiosamente neutral, por el contrario muchas personas religiosas lo consideran como un ataque.
Una encuesta reciente publicada por la conocida revista científica Nature mostró de forma inequívoca que los miembros de la Academia Nacional de la Ciencia de los EEUU, los autores de Enseñando la Evolución , están fuertemente prejuiciados en contra de Dios, en lugar de ser neutral en temas religiosos.[15] Una encuesta realizada entre los 517 miembros de esta Academia en ciencia biológicas y físicas obtuvo la mitad de respuestas: 72.2 % eran abiertamente ateos, 20.8 % agnósticos, y tan’sólo 7.0 % creían en un Dios personal. La creencia en Dios y en la inmortalidad era más baja entre los biólogos. Presumiblemente quienes no respondieron tampoco eran creyentes, por lo tanto la encuesta probablemente minusvalora el nivel de creencia anti-Dios en la los miembros de esta Academia. El porcentaje de no creencia es mucho más alto que el mismo porcentaje entre los científicos de EEUU en general, o que en la población de EEUU.
Hablando de la neutralidad religiosa que profesa Enseñando la evolución, el encuestador dice:
‘El Presidente de la Academia Nacional de las Ciencias, Bruce Alberts afirmó: “Hay muchos miembros eminentes de esta academia con profundas convicciones religiosas, gente que cree en la evolución, muchos de ellos biólogos.” Nuestra encuesta muestra lo contrario’[16]
Los fundamentos de la ciencia moderna
Muchos historiadores, de muchas creencias religiosas diferentes, incluidos ateos, han mostrado que la ciencia moderan empezó a florecer solamente en la Europa predominantemente cristiana. Por ejemplo, el Dr. Stanley Jaki ha documentado como el método científico estaba por nacer en todas las culturas aparte de la cultura europea judeo-cristiana.[17] Estos historiadores señalan que el fundamento de la ciencia moderna descansa sobre la idea de que el universo fue hecho por un creador racional. Un universo ordenado tiene sentido solo si procede de un Creador ordenado. Pero si no hay creador, o si Zeus y su pandilla son los que mandan, ¿por qué debería haber orden alguno? Por lo tanto, una sólida creencia cristiana no solamente no es un obstáculo a la ciencia, sino que tal creencia es su fundamento mismo. Es, por tanto, engañoso pretender, como lo hacen muchos evolucionistas, que creer en milagros significa que la ciencia en laboratorio sea imposible. Loren Eiseley dijo:
‘La filosofía de la ciencia experimental … empezó sus descubrimientos e hizo uso de sus métodos en la fe, no en el conocimiento, de que estaba frente a un universo racional controlado por un creador que no actuaba sobre él ni interfería con las fuerzas que él había puesto en operación … . Es sin duda una de esas curiosas paradojas de la historia de la ciencia; una disciplina cuyos profesionales viven alejados de la fe, debe sus orígenes a un acto de fe que afirma que el universo puede ser interpretado racionalmente, y la ciencia hoy se sostiene sobre esa premisa.’[18]
Los evolucionistas, incluido el mismo Eiseley, han abandonado la única justificación racional de la ciencia. Pero los cristianos pueden aún afirmar que tiene tal justificación.
Por lo tanto no debería sorprendernos, aunque mucha gente sí se sorprenda, observar que muchas ramas de la ciencia moderna fueron fundadas por creyentes en la creación. La lista de científicos creacionistas es impresionante.[19]
Este es un resumen:
Física
Newton , Faraday , Maxwell , Kelvin , Joule
Química
Boyle, Dalton, Ramsay
Biología
Ray, Linnaeus, Mendel, Pasteur, Virchow, Agassiz
Geología
Steno, Woodward, Brewster, Buckland, Cuvier
Astronomía
Copernico, Galileo, Kepler, Herschel, Maunder
Matemáticas
Pascal, Leibniz, Euler
Nótese que no estoy diciendo que todos estos estuvieran de acuerdo conmigo en todos los aspectos de la creación; sino que ellos son una refutación de los argumentos evolucionistas comunes según los cuales ‘Un creacionista no puede ser un científico real’ y que ‘negar la evolución nos haría retroceder en la historia a las épocas más oscuras.’
Incluso hoy, muchos científicos rechazan las evolución de las partículas a las personas (es decir, que todo se ha hecho a sí mismo). Los miembros de la plantilla científica de Creation Ministries International han publicado muchos trabajos científicos en sus respectivos campos. El Dr. Russell Humphreys, es físico nuclear y trabaja para Sandia National Laboratories en Alburquerque, Nuevo México, él cuenta en su haber con más de 20 artículos aparecidos en publicaciones de física, mientras que la teoría de las placas tectónicas catastróficas de Dr. John Baumgardner fue publicada por la revista Nature. El Dr. Edward Boudreaux de la universidad de Nueva Orleáns ha publicado 26 artículos y cuatro libros en química física. El Dr. Maciej Giertych, catedrático del departamento de genética del Instituto de Dendrologia de la Academia Polaca de las Ciencias, ha publicado 90 trabajos en revistas científicas. El Dr. Raymond Damadian inventó la resonancia magnética de imagen un avance medico que ha salvado muchas vidas.[20] El Dr. Raymond Jones ha sido mencionado como uno de los mejores científicos de Australia por sus descubrimientos sobre la legumbre Leucaena y la simbiosis bacterial con animales de pastoreo, la cual proporciona a Australia unos ingresos anuales millonarios.[21] El Dr. Brian Stone ha sido galardonado con un número impresionante de distinciones por su excelencia en la enseñanza de la ingeniería en diversas universidades australianas.[22] Un rival evolucionista en un debate público admitió lo siguiente acerca del Dr. Duane Gish bioquímico y eminente creacionista:
‘Duane Gish posee unas credenciales científicas impresionantes. Como bioquímico , ha sintetizado péptidos, compuestos que se hallan a mitad de camino entre aminoácidos y proteínas, ha sido coautor de un buen número de excelentes publicaciones en el campo de la química péptida.’[23]
El sitio web de Creation Ministries International muestra un gran abanico de científicos creacionistas altamente cualificados que viven en la actualidad.[24] Por lo tanto la tan cacareada acusación de que ningún científico verdadero rechaza la evolución carece de fundamento. Sin embargo, Enseñando la Evolución afirma en su sección de preguntas y respuestas de la página 56:
Pregunta: ¿No es verdad que muchos científicos rechazan la evolución?
Respuesta: No. El consenso científico sobre la evolución es aplastante …
Es lamentable que Enseñando la Evolución no responda a su propia pregunta. En honor a la verdad la pregunta debería responderse así : “Sí, aunque los científicos que rechazan la evolución son una minoría”. La explicación de la respuesta dada sería apropiada, aunque discutible, si la pregunta hubiera sido: ‘Es cierto que no hay consenso científico sobre la evolución’ Pero ¡la verdad no se decide por el voto de la mayoría!
C.S. Lewis señala además que si la evolución atea fuera cierta deberíamos poner en tela de juicio hasta nuestra propia capacidad de raciocinio:
‘Si el sistema solar surgió por un choque accidental, entonces la aparición de la vida orgánica en el planeta también fue un accidente, y la evolución del Hombre también fue accidental. Si esto es así, entonces todos nuestros razonamientos son simplemente accidentes casuales–el resultado accidental del movimiento de los átomos. Y esto incluye también los razonamientos de los materialistas y de los astrónomos y de todos nosotros. Pero si sus pensamientos–es decir los de los materialistas y astrónomos–son simplemente productos accidentales, ¿qué motivos hay para suponer que son verdaderos? No veo ninguna razón válida para creer que un accidente pudiera provocar una explicación correcta de los otros accidentes.’[25]
Los límites de la ciencia
La ciencia tiene sus límites. La ciencia normal operacional trata solamente con procesos que se dan en el presente y que son repetibles y observables. Este tipo de ciencia ha obtenido brillantes logros en su empeño por comprender el mundo, y ha aportado mejoras a nuestra calidad de vida.
En contraste, la evolución es una mera especulación sobre un pasado no observable y no repetible. Por lo tanto es engañoso comparar, como hace Enseñando la Evolución, el escepticismo respecto a la evolución con el rechazo a gravedad o al heliocentrismo. Tampoco es correcto decir que negar la evolución es como rechazar el modelo científico que ha puesto a los hombres en la luna, a pesar de que muchos propagandistas de la evolución hagan tales afirmaciones. (Curiosamente el hombre que hay tras la misión lunar Apolo fue un científico de cohetes creacionista Wernher von Braun .[26])
Cuando se trata del pasado, ‘La ciencia de los orígenes’ puede permitirnos hacer explicaciones tentativas bien fundamentadas. Usando los principios de causalidad (todo lo que tiene un principio tiene una causa[27]) y analogía (es decir, observamos que se requiere inteligencia para generar un código complejo de información en el presente, de la misma forma podemos razonablemente asumir que lo mismo fue cierto en el pasado).
Pero la única forma en la que realmente podemos estar seguros del pasado es teniendo el relato de un testigo ocular fidedigno. El testimonio de un testigo ocular fiable afirmando que el sospechoso no se hallaba en la escena del crimen anula todas las evidencias circunstanciales. Los evolucionistas dicen que este testimonio no existe, y en consecuencia sus ideas se derivan de sus propias suposiciones acerca del pasado. Pero los creacionistas bíblicos creen que el Génesis es un relato de un testigo ocular del origen del universo y de los organismos vivos. También creen que existen sólidas evidencias para sostener esta afirmación, por lo tanto niegan que la suya sea una fe ciega.[28]
Los creacionistas no pretenden que el conocimiento, ni siquiera el conocimiento científico, pueda alcanzarse sin partir de ciertas presuposiciones (es decir, creencias religiosas o filosóficas previas). Los creacionistas afirman que la creación no puede en última instancia separarse de la Biblia de la misma forma que la evolución no puede en última instancia separarse de sus puntos de partida naturalistas los cuales excluyen una creación divina a priori.
Referencias y notas:
- D.M.S. Watson, ‘Adaptation’, Nature 124:233, 1929.
- Boyce Rensberger, Como funciona el mundo (NY: William Morrow 1986), pp. 17–18.
- Richard Lewontin, Billones de billones de demonios The New York Review, 9 Enero 1997, p. 31.
- C. Wieland, Ciencia Las reglas del juego Creation 11(1):47–50, diciembre 1988–febrero 1989, <creationontheweb.com/rules>.
- R.E. Dickerson, J. Molecular Evolution, 34:277, 1992; Perspectives on Science and the Christian Faith 44:137–138, 1992.
- C.S. Todd, Carta a Nature 410(6752):423, 30 Sept. 1999.
- D. Batten, Un quien es quien de los evolucionistas Creation 20(1):32, Diciembre
1997–Febrero 1998, Hasta que punto son religiosamente neutrales las organizaciones anticreacinismtas <creationontheweb.com/rules>. - C. Wieland, El verdadero mensaje de Darwin Lo has pasado por alto Creation 14(4):16–19, Septiembre–Noviembre 1992, <creationontheweb.com/ realmessage>
- R. Dawkins, El Relojero Ciego Por que la evidencia de la evolución revela un universo sin diseño (NY: W.W. Norton, 1986), p. 6.
- E.O. Wilson, El humanista Septiembre–Noviembre 1982, p. 40.
- J. Dunphy, Una religios para una Nueva Era El humanista Ene-Feb 1983, pp. 23, 26 (énfasis añadido), citado por Wendell R. Bird, El origen de las especia–revisitado vol. 2, p. 257.
- M. Ruse, Como la evolución llego a convertirse en una religión National Post, 13 Mayo 2000.
- W. Gitt, Uso dios la evolución (Bielefeld, Alemania: CLV, 1993); Preguntas sobre la evolución teística <creationontheweb.com/theistic>.
- Refutación de libros de Dawkins véase J.D. Sarfati, Comentario de La ascensión al monte improbable Journal of Creation 12(1):29–34, 1998, <creationontheweb/ dawkins>; J.D. Sarfati, Misologiía misoteista Dawkins ataca a Behe pero cae en agujeros lógicos, <creationontheweb.com/rules>. 13 Julio 2007; P. Bell, Comentario de El espejismo de Dios, <creationontheweb.com/rules>. Journal of Creation21(2):28–34, 2007.
- E.J. Larson y L. Witham, ‘Los científico promitente todavía rechazan a Dios’, Nature 394:6691, 23 Julio 1998; El único criterio para considerar a alguien un científico prominente o relevante es su pertenencia a la NAS
- En el mismo lugar 26 (énfasis añadido),
- S. Jaki, ciencia y creación (Edinburo y Londres: Scottish Academic Press, 1974). véase también R. Stark, Para la gloria de Dios Como el monoteísmo desemboco en la reforma, Ciencia Caza de brujas y el final de la esclavitud 2004, Comentado en <creationontheweb.com/stark>.
- L. Eiseley: El siglo de Darwin: La evolución y los hombres que la descubrieron (Anchor, NY: Doubleday, 1961).
- A. Lamont, 21 Grandes científicos que creyeron en la Biblia (Australia: Creation Science Foundation, 1995), pp. 120–131; H.M. Morris, Hombres de ciencia–hombres de Dios (Green Forest, AR: Master Books, 1982).
- J. Mattson y Merrill Simon, los pioneros del NMR en la resonancia magnética en la medicina: La historia de la MRI (Jericho, NY: Bar-Ilan University Press, 1996), capitulo 8. véase también J.D. Sarfati, La crucial contribución del Dr. Damadian a la MRI: Vuelve la controversia en torno al premio Nóbel 21–22 Octubre 2006, <creationontheweb. com/damadian>.
- ‘Permaneced firmes’ [Entrevista de Raymond Jones con Don Batten y Carl Wieland], Creation 21(1):20–22, diciembre 1988–febrero 1999,
- Profesor galardonado rechaza la evolución Brian Stone habla con Don Batten y Carl Wieland’, Creation 20(4):52–53, Septiembre–Noviembre 1998,
- Sidney W. Fox, El surgimiento de la vida La evolución Darvinista desde dentro (NY: Basic Books, 1988), P. 46. Fox era un prominente químico evolucionista que cree que la vida evoluciono a partir de Microesferas proteinoides.
- Disponible en <creationontheweb.com/bios>.
- C.S. Lewis, Dios en el banquillo de los acusados (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1970), pp. 52–53.
- Ann Lamont, Ref. 19, pp. 242–251.
- J.D. Sarfati, Si Dios creo el universo Entonces quien creo a Dios Journal of Creation 12(1)20–22, 1998, Quien diseño al diseñador 2007, <creationontheweb.com/whodesigned>.
- Alguna Información para apoyar esto se halla en las siguientes obras Entre otras G.L. Archer, Enciclopedia de las dificultades bíblicas (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1982); G.H. Clark, El martillo de Dios: La Biblia frente a sus Críticos (Jefferson, MD: The Trinity Foundation, Segunda edición 1987); P. Enns, El manual de teología de Moody (Chicago, IL: Moody Press, 1989), capítulo 18; N.L. Geisler y R.M. Brooks, Cuando preguntan los escépticos (Wheaton, IL: Victor Books, 1990); N.L. Geisler y T. R. Howe, Cuando preguntas los críticos (Wheaton, IL: Victor Books, 1992); N.L. Geisler y William E. Nix, Introducción general a la Biblia (Chicago, IL: Moody, 1986); L, Strobel, Argumentos a favor de Cristo y Argumentos a favor de la fe Grand Rapids, MI: Zondervan, 1998 y 2001; véase también <creationontheweb.com/bible>.
http://www.creacionismo.net/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=103&Itemid=93
Aparición de la vida sobre la Tierra
28 nov 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución
Aparición de la vida sobre la Tierra
Publicado por Javier García Calleja el 27 de Noviembre de 2009
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Desde el experimento de Pasteur, la Paleontología ha evolucionado, permitiéndonos conocer datos con los que, hoy en día, es posible aventurar que los primeros seres vivos —células muy rudimen tarias— aparecieron sobre la Tierra hace unos 3 500 millones de años, o incluso antes. ¿Cómo y cuándo, exacta mente, se produjo este hecho?
Para entender de qué estamos hablando, incluso para entender los conceptos evolutivos, es imprescindible entender el concepto de la magnitud del tiempo geológico. En Paleon tología hablamos de tiempo geológico. El el mismo tiempo en el que hablamos, nos relacionamos vivimos y morimos, pero en tales cantidades (millones de años) tendremos que hacer grandes esfuerzos para hacernos una idea de qué estamos hablando.
A veces esperar al autobús o en la cola de un parque de atracciones nos parece una eternidad. ¿Cómo consideramos, entonces, 3000 o 4000 millones de años?
Si representásemos los 4600 m.a. de la historia de la Tierra en un año, los primeros vertebrados aparecerían a finales de noviembre y el ser humano, el 31 de diciembre.
En periodos de tiempo ten largos pueden haber sucedido muchas cosas, que a lo largo de una vida humana nos pareen imposibles. Si entendemos que hablamos de un tiempo que es, para nuestra escala, una enormidad, podremos comprender que los procesos de los que aquí hablamos tuvieron realmente oportunidad de suceder.
Aparición de la vida en la Tierra.
Aparecen, por tanto, nuevos interrogantes, como cuándo, cómo y en qué condiciones sur gieron los primeros organismos.
Debemos diferenciar, entonces, dos capítulos en la aparición de la vida sobre la Tierra:
• Origen prebiótico. Se trata de las primeras fases, aquellas en las que la evolución química de la materia inerte dio paso al primer organismo vivo.
• Origen biológico. Comprende el lapso de tiempo en el que las primeras células pudieron repro ducirse y dar origen a otras.
Realizar esta diferenciación es fundamental. Son dos procesos bien distintos y que requieren explicaciones diferentes.
Los científicos conocen bien algunos de estos pasos, pero sólo suponen el resto. Las teorías de Oparín y los experimentos de Stanley Miller nos han dado pruebas de que es posible que un conjunto de moléculas absolutamente inertes, inorgánicas, se transformen en moléculas orgánicas sencillas: aminoácidos e incluso bases nitrogenadas. Estas deben reunirse para formar moléculas orgánicas complejas, de las cuales estamos hechos los seres vivos. Esto ya no está tan claro. No tenemos experiencias que prueben claramente este proceso, aunque la razón nos haga ver los pasos sucesivos de forma evidente. Por desgracia hasta el momento sólo tenemos hipótesis no confirmadas.
Mucho más difícil es el salto de esa mezcla de moléculas hasta la primera célula. De nuevo entramos en el mundo de la especulación más o menos fundada.
De ahí en adelante es todo más sencillo. Es mucho más simple de explicar el hecho evolutivo que llevó a las bacterias a convertirse en seres humanos, que la formación de las primeras bacterias.
Pero iremos desarrollando todo esto en sucesivos artículos.
http://biologia.laguia2000.com/biologia/aparicin-de-la-vida-sobre-la-tierra
Otro brindis por Darwin
26 nov 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Teología, Teoría de la Evolución
A mi madre Alicia Olivera Sedano,
con orgullo por su premio.
Aunque no bebo, ayer 24 de noviembre tuve el placer de compartir con varios queridos amigos un brindis por Charles Darwin. Celebramos el sesquicentenario –la raíz “sesqui” significa “una y media unidades” – de su libro Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida, publicado hace exactamente 150 años.
El mismo día, en la Facultad de Ciencias de la UNAM se develó un busto de Darwin. Ya el pasado 12 de febrero se había festejado el 200 aniversario de su nacimiento.
¿Por qué celebrar la publicación de un libro? ¿Se tratará, como dicen los opositores del darwinismo, de una expresión de dogmatismo que hace de El origen de las Especies un texto sagrado e incuestionable?
Creo que no. Creo que la obra se sostiene por mérito propio. El mecanismo básico que Darwin propuso para explicar cómo dentro de una especie surgen variantes que, al acumularse cambios hereditarios, se van convirtiendo en razas, luego en subespecies y finalmente en especies nuevas –la distinción entre estas categorías es meramente cualitativa– sigue vigente.
Al proponer su gran idea, la selección natural, Darwin resolvió el “misterio de misterios”: cómo surgen las especies, por qué están tan admirablemente adaptadas a sus respectivos ambientes, y de dónde surge la exuberante biodiversidad del mundo natural.
El libro de Darwin perdura y es apreciado no por dogma ni como verdad absoluta, sino por haber, precisamente, sobrevivido en la lucha por la existencia. Porque las ideas también evolucionan. El filósofo Karl Popper explica que la ciencia es un proceso de “conjeturas y refutaciones”, donde las teorías compiten entre sí. Las que fallan al ser contrastadas con los datos se extinguen; las que ofrecen explicaciones satisfactorias perduran… por lo menos hasta la próxima vez que sean puestas a prueba.
Hace poco escribí un libro para niños sobre la vida e ideas de este científico (Charles Darwin: el secreto de la evolución, SM Editores, 2009). No espero que la edición se agote – como ocurrió con el libro de Darwin, ¡el primer día! –, pero al menos espero que su lectura pueda abrir la puerta del asombro ante las ideas de este gran pensador. ¡Salud por Darwin y su libro!
Los “hobbits” fueron una especie distinta, señala un nuevo análisis estadístico
25 nov 2009 Comentarios desactivados
in Antropología, Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: hobbits
Los “hobbits” fueron una especie distinta, señala un nuevo análisis estadístico
de Yaiza Martínez
Investigadores del Stony Brook University Medical Center de Nueva York han confirmado que el Homo floresiensis es una especie humana antigua genuina, y no un descendiente de humanos afectados de enanismo.
Aplicando análisis estadísticos a los restos bien preservados del esqueleto de una mujer, los científicos determinaron que el “hobbit” es una especie distinta y no una versión genéticamente defectuosa de los humanos modernos.
En 2003, especialistas australianos e indonesios descubrieron fósiles de un homínido de pequeña estatura y pequeño cerebro en el archipiélago de Indonesia.
Desde entonces, se inició un intenso debate entre los que defendían que los fósiles pertenecían a humanos que padecían microcefalia y los que afirmaban que se trataba de otra especie. Los últimos hallazgos favorecerían el triunfo de esta segunda hipótesis.
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