El Cristo de América Latina
19 abr 2011 Comentarios desactivados
in Cristo, Cristología, Latinoamérica
Samuel Escobar
El Cristo de América Latina
Mackay y Unamuno (III)

La agenda misionológica de Mackay como evangelista y maestro de juventudes fue el anuncio del Cristo de los Evangelios en diálogo con los puntos de contacto en la cultura latinoamericana del momento (*).
17 de abril de 2011
La agenda de Mackay fue seguida por la primera generación de pensadores evangélicos latinoamericanos entre los cuales destaca el periodista y biblista mexicano Gonzalo Báez-Camargo.
El análisis de Mackay apareció en forma de libro y en inglés en el año 1932. Dos años antes Báez-Camargo había publicado su informe acerca del Congreso Evangélico de La Habana. En la primera parte de dicho informe encontramos ya algunas de las notas que Mackay había desarrollado examinando a pensadores inquietos por Cristo como Ricardo Rojas y Gabriela Mistral.
Luego de describir la religiosidad muerta y formal predominante, Báez-Camargo decía que no todo en el panorama latinoamericano era sombrío. “Corrientes espirituales de vario matiz luchan desesperadamente por inyectar en la sangre de este continente enfermo, la fe en las funciones más altas de nuestro espíritu, la confianza en las Fuerzas invisibles que crearon y sostienen el cosmos, y la posibilidad de la comunión con ellas”. [1] En medio de estas corrientes que buscaba una moral sin dogmas, la religiosidad oriental, el cristianismo social o el espiritualismo místico, Báez-Camargo se refiere también a otra corriente: “Pero no pocos miran a Jesús. No siempre lo perciben en toda su significación. Pero se esfuerzan en conocerlo e interpretarlo”. [2] A él mismo le tocó pronunciar el mensaje de clausura, y cita de dicho mensaje:
No al Cristo literario de Renán, no al Cristo socialista de Barbusse, no al Cristo nimio de las leyendas católicas, bellos Cristos a medias, sino al Cristo único, el de los Evangelios, el Hijo de Dios, redentor del Mundo, Espíritu Eterno cuya obra ayer hoy y por todos los siglos, es la transformación de los corazones. [3]
En la parte final del Informe, Báez-Camargo da cuenta de la centralidad de Cristo en el pensamiento de los delegados y las resoluciones que reflejan el compromiso de hacer de Jesucristo el centro del mensaje de las iglesias evangélicas para el continente. El Mensaje del Congreso que transcribe es decididamente Cristológico. Podría decirse que la agenda cristológica que el Congreso de La Habana se propuso, la transformó Báez-Camargo en su propia agenda teológica y literaria.
El púlpito laico desde el cual Báez-Camargo proclamó al Cristo que América Latina necesitaba fue fundamentalmente su columna del diario Excelsior de México. Su libro Las Manos de Cristo reúne una colección de artículos, publicada por primera vez en 1950. [4] La primera nota que destaca en esta Cristología es la presentación atractiva y recia de la humanidad de Jesús. Está basada cien por ciento en el dato bíblico, pero la contextualización ha alcanzado precisión y pertinencia.
Jesús era obrero. Era lo que llamaríamos un “proletario”. En sus labios, como en ninguno habría palpitado con inflexión de amor, al dirigirse a los obreros, la palabra consabida: CAMARADA. Ningunas manos como las suyas, fuertes y callosas por los afanes del taller, habrían estrechado con más simpatía, con más compañerismo, las callosas y fuertes manos de los trabajadores. [5]
Báez Camargo destaca que la enseñanza de Jesús demostraba una profunda sensibilidad hacia los pobres, y un estilo de comunicación con ellos, que brotaban de la experiencia misma de la pobreza: “Cuando se lanzó a la vida pública, no iba equipado con tesoros de erudición. En sus palabras se refleja constantemente su vida de artesano pobre”. [6] La espiritualidad de Jesús si bien era una realidad incontrovertible, se compaginaba con las circunstancias humanas de su existencia.
Jesús era un hombre de trabajo. Tenía que hurtar horas al sueño, levantarse aun de noche, si quería disfrutar de unos momentos de quietud para sus oraciones y meditaciones. Oraba y meditaba más bien mientras trabajaba en su taller, entre las astillas, acompañándose con el monótono chirriar de la garlopa. [7]
El peso del argumento de varias de estas páginas iba dirigido a contrarrestar dos tipos de desfiguración de la persona de Jesús corrientes en América Latina. Por un lado el de la prensa popular marxista que en esa época describía a Jesús como defensor de los capitalistas contra los obreros. Por otro lado las imágenes de cierta artesanía popular en la cual Jesús aparecía casi como una figura femenina. En otro de los capítulos del libro mencionado Báez Camargo parte de la contemplación de las manos de Cristo tomando el dato de los Evangelios, y saca las consecuencias sobre una enseñanza bíblica acerca del trabajo, en las páginas de toda la Biblia.
Lo primero que advertimos al contemplar las manos de Cristo, es que son las manos varoniles y vigorosas de un trabajador. Las manos de un obrero: el carpintero de Nazaret. No son esas manos blancas y fláccidas, como un lirio desmayado, manos casi femeninas, que le han pintado por lo general en los retablos litúrgicos y las estampas devotas. Es en estas manos suyas, manos de trabajador, donde hallamos la primera y más alta proclama de la dignidad del trabajo manual y del proletariado. [8]
Quiero recordarles que esto se publicó en 1950, es decir veinticuatro años antes de que el franciscano Leonardo Boff publicara su libro Jesucristo liberador, recuperando para la teología católica de la liberación una nueva visión de la humanidad de Jesucristo.
La evocación de Báez Camargo trae a mi mente la fuerza del poema de Unamuno El Cristo de Velásquez en el cual hay también una contemplación extensa, detenida y reflexiva del cuerpo de Jesús y su plena humanidad. En su libro Andanzas y visiones españolas Unamuno recuerda su visita a la ciudad de Palencia en Agosto de 1921. Recuerda su contemplación del Cristo yacente de Santa Clara y como en aquella ocasión escribió un poema que terminaba con estas líneas:
Porque este Cristo de mi tierra es tierra,
Carne que no palpita,
Tierra, tierra, tierra;
Mojama recostrada con la sangre,
Tierra, tierra, tierra
Después de evocar aquel poema, Unamuno sigue diciendo: “Y fue cierto remordimiento de haber hecho aquel feroz poema lo que me hizo emprender la obra más humana de mi poema El Cristo de Velásquez , el que publiqué este año”. [9]
A partir de la década de 1960 la teología evangélica en América Latina profundizó de manera contextual en la comprensión de la persona de Jesucristo y su significación para un continente agitado por los cambios sociales y la lucha por un orden más justo y una plena liberación. El tiempo sólo me permite enumerar algunos hitos importantes de esta reflexión. [10]
En 1965 el historiador y teólogo cubano Justo L. González publica su libro Revolución y Encarnación , un estudio contextual del material juanino en el Nuevo Testamento, especialmente la Primera Epístola. Por primera vez en el ámbito evangélico la temática cristológica era tratada desde una perspectiva sistemática para responder a una necesidad pastoral. González llamaba a los evangélicos a tomar conciencia de que habían caído en una Cristología docética que les impedía desarrollar una ética social adecuada a las necesidades del momento. González publicó en 1990 una introducción a la teología titulada Mañana , y escrita desde la perspectiva de la minoría de habla hispana en los Estados Unidos, insistiendo en identificar y criticar la visión docetista que desconoce la plena humanidad de Cristo
Queriendo glorificar a Jesús el docetismo realmente lo ha despojado de su mayor gloria: su encarnación y sufrimiento en la cruz. En última instancia el docetismo no sólo despoja a Jesús de la realidad de la encarnación y el sufrimiento, sino de la misma naturaleza de un Dios, cuya mayor victoria se logra a través del sufrimiento y cuya revelación más clara ocurre en la cruz. [11]
A partir de una nueva lectura de la persona y estilo de Jesús en el Nuevo Testamento, el teólogo ecuatoriano René Padilla y este servidor planteamos en 1974 una crítica a los métodos de hacer misión provenientes de Norteamérica que expresaban el modo de vida estadounidense en su manera de comunicar el mensaje cristiano más bien que las prioridades y el estilo de Jesucristo. En 1986 Padilla señalaba que el Protestantismo conservador de corte evangélico en todo el mundo estaba también afectado por el docetismo:
A pesar de su reconocimiento teórico de la plena humanidad de Cristo, el cristianismo evangélico en América Latina y en el resto del mundo está profundamente afectado por el docetismo. Afirma el poder transformador de Cristo en relación a la persona individual, pero es totalmente incapaz de relacionar el Evangelio a la ética social y a la vida social. En nuestro caso, el desafío de Mackay sigue vigente. [12]
En esta primera década del siglo veintiuno la urgencia de este quehacer teológico proviene del hecho de que ya las iglesias evangélicas latinoamericanas envían misioneros a todo el mundo y es importante que esta misión no se limite a copiar los modelos del pasado sino a recuperar el estilo misionero del propio Jesús. Sólo así tendrá inspiración y una brújula para responder a las necesidades de una cultura global posmoderna en un mundo sin utopías y sin esperanzas. Como decía Don Miguel:
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
Nos guían en la noche de este mundo,
Ungiéndonos con la esperanza recia
De un día eterno. Noche cariñosa,
¡Oh madre, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza , dulce Noche,
noche oscura del alma eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador! [13]
MULTIMEDIA: EL DISCURSO EN VIDEO E IMÁGENES DEL ACTO
Conferencia de…
“McKay, Unamuno, el balcón y el camino”, tras recoger el premio Jorge Borrow 2011
…
El Adelanto de Salamanca
(*) Discurso completo de Samuel Escobar, escrito a modo de agradecimiento al recibir el “II Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica”, concedido por la Asociación Cultural Evangélica Jorge Borrow. Homenaje celebrado en el Aula Unamuno del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca. Sábado 12 de marzo de 2011.
____________________
[1] Hacia la renovación religiosa en Hispanoamérica, Casa Unida de Publicaciones, Mexico, 1930; p.19.
[2] Ibid. p. 18
[3] Ibid. p. 143.
[4] Pedro Gringoire, Las Manos de Cristo , México: Casa Unida de Publicaciones, 1950.
[5] Ibid. p.45.
[6] Ibid. p.49.
[7] Ibid. p.48.
[8] Ibid. pp. 11-12.
[9] Miguel de Unamuno, Andanzas y visiones españolas , Madrid: Espasa Calpe, 1975: p. 223.
[10] El lector interesado encontrará una investigación más detallada en mi ensayo “La búsqueda de una Cristología misiológica en América Latina”, en el libro De la misión a la teología , Buenos Aires: Kairós, 1998; pp. 7-42.
[11] Justo L. González Teología liberadora, Kairós, Buenos Aires 2006; p. 237.
[12] René Padilla y Mark Lau Branson, Eds. Conflict and Context. Hermeneutics in the Americas , Grand Rapids: Eerdmans, 1986; p. 83.
[13] De la sección IV de “El Cristo de Velásquez”, en Miguel de Unamuno: antología poética , Madrid: Alianza, 1977; p.59
Autores: Samuel Escobar
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¿Es bíblica la deidad de Cristo?”
26 feb 2011 12 comentarios
in Cristología, Doctrinas Cristianas, Teología
Pregunta: “¿Es bíblica la deidad de Cristo?”
Respuesta: Además de las demandas específicas de Jesús acerca de Sí mismo, Sus discípulos también reconocieron la deidad de Cristo. Ellos demandaban que Jesús tenía el derecho de perdonar pecados – algo que solo Dios lo puede hacer, puesto que es Dios quien está ofendido por el pecado (Hechos 5:31; Colosenses 3:13; compare con Salmos 130:4: Jeremías 31:34). En relación cercana con esta última demanda, se dijo que Jesús era el que “juzgará a los vivos y a los muertos” (2ª Timoteo 4:1). Tomás clamó a Jesús, “¡mi Señor y mi Dios!” (Juan 20:28). Pablo llamó a Jesús “nuestro gran Dios y Salvador” (Tito 2:13), y señala que previo a Su encarnación, Jesús existió en la “forma de Dios” (Filipenses 2:5-8). El escritor a los Hebreos, con referencia a Jesús dice que “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Hebreos 1:8). Juan formula que, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo (Jesús) era Dios” (Juan 1:1). Los Ejemplos de la Escritura, que enseñan la deidad de Cristo podrían multiplicarse (vea Apocalipsis 1:17; 2:8; 22:13; 1ª Corintios 10:4; 1ª Pedro 2:6-8; compare con Salmos 18:2: 95:1; 1ª Pedro 5:4; Hebreos 13:20), aún así, uno de estos es suficiente para demostrar que Cristo fue considerado deidad por Sus seguidores.
A Jesús también se le dio títulos que son únicos para Yahvé (el nombre formal de Dios) en el Antiguo Testamento. El título “redentor”, del Antiguo Testamento (Salmos 130:7; Oseas 13:14) es usado para describir a Jesús en el Nuevo Testamento (Tito 2:13, Apocalipsis 5:9). Jesús es denominado Emmanuel (“Dios con nosotros” en Mateo1). En Zacarías 12:10, es Yahvé quien dice, “Y mirarán a mí, a quien traspasaron”. Pero el Nuevo Testamento aplica esto a la crucifixión de Jesús (Juan 19:37: Apocalipsis 1:7). Si es Yahvé quien es traspasado y mirado, y Jesús fue a quien traspasaron y miraron, entonces Jesús es Yahvé. Pablo interpreta Isaías 45:22-23, como que se lo aplica a Jesús en Filipenses 2:10-11. Adicional a esto, el nombre de Jesús es usado al lado de Yahvé en la oración “Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo” (Gálatas 1:3; Efesios 1:2). Esto sería blasfemia, si Cristo no fuera deidad. El nombre de Jesús aparece con el de Yahvé en el mandato de Jesús para bautizar “…en el nombre (singular) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19; vea también 2ª Corintios 13:14). En Apocalipsis, Juan dice que toda la creación alaba a Cristo (el Cordero) – de este modo, Jesús no es parte de la creación (5:13).
Las acciones que pueden ser llevadas a cabo solamente por Dios, son atribuidas a Jesús. Jesús no solamente se levantó de la muerte (Juan 5:21; 11:38-44), y perdonó pecados (Hechos 5:31; 13:38), ¡El creó y sustenta el universo (Juan 1:3; Colosenses 1:16-17)! Este aspecto se hace aún más convincente, cuando uno considera que Yahvé dijo que estaba solo durante la creación (Isaías 44:24). Además, Cristo posee atributos que solo la deidad puede tener: eternidad (Juan 8:58), omnipresencia (Mateo 18:20), omnisciencia (Mateo 16:21), omnipotencia (Juan 11:38-44).
Ahora, una cosa es demandar ser Dios o engañar a alguien a creer que es verdad, y algo muy diferente probar que es así. Cristo ofreció muchos milagros, como prueba de Su demanda de la deidad, y aún se levantó de la muerte. Unos pocos de los milagros de Jesús incluyen, convertir el agua en vino (Juan 2:7), caminar en el agua (Mateo 14:25), multiplicar objetos físicos (Juan 6:11), sanar al ciego (Juan 9:7), al cojo (Marcos 2:3), y a los enfermos (Mateo 9:35; Marcos 1:40-42), y aún levantar de la muerte a la gente (Juan 11:43-44; Lucas 7:11-15; Marcos 5:35). Es más, Cristo mismo se levantó de la muerte. Lejos de los denominados dioses de la mitología pagana que mueren y se levantan, nada es seriamente demandada por otras religiones, como lo es la resurrección – y ninguna otra demanda, tiene tanta confirmación bíblica. De acuerdo con el Dr. Gary Habermas, hay por lo menos doce hechos históricos, que aún los estudiosos críticos no cristianos lo admiten:
1. Jesús murió por la crucifixión.
2. El fue sepultado.
3. Su muerte causó que los discípulos desesperen y pierdan esperanza.
4. Se descubrió (o se demandó que se descubrió), que la tumba de Jesús estaba vacía pocos días más tarde.
5. Los discípulos creyeron que experimentaron apariciones de Jesús resucitado.
6. Luego de esto, los discípulos fueron transformados de escépticos a creyentes valientes.
7. Este mensaje fue el centro de la predicación en la Iglesia de la antigüedad.
8. Este mensaje fue predicado en Jerusalén.
9. Como resultado de esta predicación, nació y creció la Iglesia.
10. El Domingo, día de la resurrección, reemplazó al Día de Reposo (Sábado), como el día principal de adoración.
11. Santiago, un escéptico, fue convertido cuando él también creyó que vio a Jesús resucitado.
12. Pablo, un enemigo del Cristianismo, fue convertido por una experiencia la cual creyó era una aparición de Jesús resucitado.
Aún si alguien fuera a objetar esta lista específica, solamente unos pocos requieren probar la resurrección y establecer el evangelio: la muerte de Jesús, sepultura, resurrección y apariciones (1ª Corintios 15:1-5). Mientras que hay algunas teorías para explicar uno o dos de los hechos arriba mencionados, solamente la resurrección explica y justifica todas ellas. Los críticos admiten que los discípulos demandaban que vieron a Jesús resucitado. Las mentiras y las alucinaciones no pudieron transformar a la gente, de la manera en que lo hizo la resurrección. Primero, ¿qué habrían conseguido? El Cristianismo no era popular y ciertamente no les hizo ganar ningún dinero. Segundo, los mentirosos no se hacen buenos mártires. No hay nada mejor como la resurrección, para explicar la buena disposición que tuvieron los discípulos, para experimentar semejantes muertes horribles por su fe. Sí, cantidad de gente muere por mentiras que piensan son verdades, pero ninguno muere por lo que sabe que no es cierto.
En conclusión: Cristo demandaba ser Yahvé, El era deidad (no solamente “un dios” – sino el Dios Verdadero), sus seguidores (judíos que habrían estado aterrados de la idolatría) creyeron en El y se refirieron a El como tal. Cristo probó Sus demandas de ser deidad a través de milagros, incluyendo la resurrección que alteró al mundo. Ninguna otra hipótesis puede explicar estos hechos.
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LA CORONA DE NUESTRA FE -1 Cor 15
15 ago 2010 Comentarios desactivados
in 1 de Corintios, Cristo, Cristología Etiquetas: Cristología, I Corintios, resurreccion
Resurrección y Ascensión: Lo que significa estar en Cristo
09 ago 2010 1 comentario
in Cristo, Cristología Etiquetas: Cristo
Resurrección y Ascensión: Lo que significa estar en Cristo

“En Cristo”. Es una frase que todos hemos oído. Albert Schweitzer llamó “estar-en-Cristo” al principal enigma de la enseñanza del apóstol Pablo. Schweitzer fue uno de los alemanes más sobresalientes del siglo. 20—teólogo, músico y un grandioso doctor misionero, ganador del Premio Nobel de la Paz en 1952. Schweitzer no fue un cristiano ortodoxo al final de sus días, pero pocas personas evocaban el espíritu cristiano más poderosamente.
En su libro de 1931, El Misticismo del Apóstol Pablo, Schweitzer elaboró el punto de que otras religiones, profetas, adivinos y filósofos buscan a “Dios” de alguna forma u otra. Pero Schweitzer vio que para Pablo, la esperanza cristiana y el diario vivir estaban más específica y seguramente enfocados—es nueva vida en Cristo. Pablo usa la frase “en Cristo” cuando menos 12 veces en sus cartas. Un buen ejemplo es 2 Corintios 5:17, “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”
Schweitzer resumió los pensamientos de Pablo sobre éste tema:
“Para él [Pablo], los creyentes son redimidos al entrar ya, a través de la unión con Cristo, por medio de un morir y resucitar místicos con Él durante la continuación del mundo-era natural, en un estado de existencia sobrenatural, siendo éste estado eso que ellos deberán de poseer en el reino de Dios. A través de Cristo, somos removidos de éste mundo y transferidos al estado de existencia apropiado para el reino de Dios, a pesar del hecho de que éste todavía no ha aparecido” (El Misticismo del Apóstol Pablo, página 380).
Note cómo Schweitzer muestra que Pablo ha mantenido juntos los dos aspectos de la venida de Cristo en una tensión de los tiempos del fin—vida del reino ahora y vida plena del reino aún por venir. Pero, ¿cómo funciona realmente todo esto, y cómo encaja con el evento más importante en la historia humana—la resurrección de Jesucristo?
¿En las regiones celestiales ya?
Para principiantes, el tema místico es una clave vital para entender pasajes poderosos tales como Romanos 6:3-5 y 8: “¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con Él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto, si hemos estado unidos con Él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con Él en su resurrección…. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos en que también viviremos con Él“.
Éste es el Pablo clásico. Para él la resurrección era la doctrina central del cristianismo. Los cristianos no sólo eran simbólicamente sepultados con Cristo en el bautismo, sino que también eran simbólicamente resucitados con Él. Solamente que esto va un poco más profundo que un mero simbolismo. Hay una verdadera probada de la realidad final en éste teologizar elevado.
Note cómo Pablo desarrolla más éste tema en Efesios 2:4-6 “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar con Él en las regiones celestiales“.
¿Cómo pudo ser esto? Pablo no está hablando aquí literal y físicamente, está hablando metafóricamente. Él nos dice que a través del poder salvador que Dios demostró en la resurrección de Cristo, nosotros ya disfrutamos participando, a través del Espíritu Santo, de las regiones celestiales donde moran el Padre y Cristo. Éste es uno de los beneficios de la vida “en Cristo”, de Su resurrección y ascensión. Estar “en Cristo” hace todo esto posible.
El factor resurrección
Una vez más tenemos que permanecer en asombro ante la multitudinaria dinámica que fluye de la resurrección de nuestro Señor y Cristo, sabiendo que no sólo fue el evento más grandioso en la historia, sino también un vital principio guiador para todo lo que el creyente pueda tener como esperanza y expectativa aquí abajo. “En Cristo” es una frase que penetra más profundo que un mero símbolo o analogía. Está ligada a la otra frase: “sentados en las regiones celestiales”.
Note las ricas exposiciones de Efesios 2:6 por algunos expertos comentaristas.
Aquí está Max Turner en El Nuevo Comentario Bíblico: Versión Siglo 21:
“Decir que se nos ha dado vida con Cristo parece ser una abreviatura para decir que ‘seremos resucitados con Cristo a una vida de la nueva creación’, y podemos hablar de eso como si fuera un evento ya cumplido porque primero, tal evento decisivo de la resurrección [de Cristo] ya está en el pasado y segundo, porque ya empezamos a participar en aspectos de esa vida de la nueva creación en nuestra unión presente con Él” (página 1229).
Dios ha desplegado el poder de la resurrección hacia nosotros para ser una demostración diaria de la bondad de Dios, para mostrar con nuestras buenas obras que Él existe y que está interesado en toda persona de éste planeta.
Estamos unidos con Cristo a través del Espíritu Santo. Note los comentarios de Francis Foulkes sobre Efesios 2:6 en Los Comentarios Tyndale del Nuevo Testamento:
“En Efesios 1:3 el apóstol ha dicho que Dios nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en las regiones celestiales. Ahora él dice más específicamente que nuestra vida ha llegado a estar ahí, entronizada con Cristo… La humanidad, en virtud de la conquista del pecado por Cristo y la conquista de la muerte por Su exaltación, es levantada ‘del infierno más profundo hasta el mismo cielo’ (Calvin). Nuestra ciudadanía está ahora en el cielo (Fil. 3:20); y ahí, y no bajo los límites impuestos por el mundo… se encuentra la verdadera vida” (página 82).
Note los comentarios de John Stott sobre Efesios 2:6 en su libro, El mensaje de Efesios:
“Sin embargo, lo que emociona nuestra admiración es que ahora Pablo no está escribiendo acerca de Cristo sino acerca de nosotros. Él está afirmando, no que Dios hizo volver a la vida, resucitó y sentó a Cristo, sino que Él hizo volver a la vida, resucitó y sentó con Cristo a nosotros… Éste concepto de la unión del pueblo de Dios con Cristo es fundamental para el cristianismo del Nuevo Testamento. [Ellos poseen] una nueva solidaridad como pueblo que está ‘en Cristo.’ En virtud de su unión con Cristo, ellos, de hecho, han compartido Su resurrección, ascensión y sesión”.
Por “sesión” aquí Stott se refiere teológicamente al reino presente de Cristo sobre toda la creación. Ni tampoco es, dice Stott, toda ésta plática de nuestro reinar con Cristo, una parte de un “misticismo cristiano sin significado.” Por el contrario, es una parte significativa del misticismo cristiano que va incluso más allá de eso. Stott añade:
“En las ‘regiones celestiales’, en el mundo invisible de la realidad espiritual, en el cual operan los poderes y las autoridades (3:10; 6:12) y en el cual Cristo reina supremo (1:20), ahí Dios ha bendecido a Su pueblo en Cristo (1:3), y ahí Él los ha sentado con Cristo… por una parte, esto testifica en una experiencia viva que Cristo nos ha dado una vida nueva, y por la otra, una victoria nueva. Estábamos muertos, pero espiritualmente se nos ha vuelto a la vida y estamos alerta. Estábamos en cautividad, pero ya hemos sido entronizados”.
Max Turner está en lo correcto. Hay más aquí que un mero simbolismo. Lo que Pablo está explicando es la implicación de nuestra vida nueva en Cristo.
Las implicaciones prácticas
Primero que nada, los cristianos son “tan buenos como lo pueden ser”, en referencia a su salvación. Los cristianos que están “en Cristo” han sido “cubiertos” por Cristo. Se cubren con Su muerte, sepultura, resurrección y ascensión y se puede decir de ellos que ya en algún sentido están viviendo con Él en las regiones celestiales. Ésta enseñanza no tenía la intención de ser una suposición idealista. Fue escrita originalmente a cristianos que vivían en extrema estrechez en las ciudades corruptas que habitaban, ciudades sin los derechos civiles y políticos que a menudo damos por sentado. Para los lectores de Pablo ser muertos por la espada romana era una seria posibilidad.
Así, Pablo alienta los espíritus de sus lectores con un pensamiento adicional sobre la doctrina central y distintiva de la nueva fe—la resurrección de Cristo. Estar “en Cristo” significa que cuando Dios nos mira Él no ve nuestros pecados. Ve a Cristo. No hay enseñanza más alentadora que esa. Esto está re-enfatizado en Colosenses 3:3 “pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios“.
Segundo, estar “en Cristo” significa que los cristianos viven en dos mundos—el mundo físico de la realidad de todos los días y el que Stott llama el “mundo invisible” de la realidad espiritual. Esto tiene implicaciones para la forma en que vemos éste mundo. Debemos vivir vidas balanceadas. Por una parte, primero debemos dar nuestra lealtad al reino de Dios y sus valores, pero por la otra, no debemos tener una mente tan celestial que no sirvamos para nada terrenal. Es una cuerda floja, y todo cristiano necesita la ayuda de Dios para caminarla seguramente.
Tercero, estar “en Cristo” significa que somos trofeos de la gracia de Dios. Si Dios ha hecho todo esto por nosotros, si Él en algún sentido ya nos ha introducido a las regiones celestiales, entonces eso significa que debemos vivir como embajadores de Cristo. Francis Foulkes lo pone de ésta manera:
“El propósito de Dios para Su iglesia, como Pablo llegó a entenderlo, va más allá del propósito mismo, más allá de la salvación, la iluminación y la re-creación de individuos, más allá de su unidad y compañerismo, más allá incluso de su testimonio al mundo. La iglesia debe ser la exhibición de la sabiduría, el amor y la gracia de Dios en Cristo a toda la creación ” (página 82).
¡Qué verdadero! Estar “en Cristo”, recibir nueva vida en Cristo, tener nuestros pecados cubiertos ante Dios a través de Cristo—todo esto significa que debemos exhibir la vida cristiana a la gente que encontramos. Nosotros los cristianos podemos seguir el toque de un sonido diferente, pero tengamos un interés cristiano por la gente que comparte la vida física con nosotros.
Dios ha desplegado el poder de la resurrección hacia nosotros para ser una demostración diaria de la bondad de Dios, para mostrar con nuestras buenas obras que Él existe y que está poderosamente interesado en toda persona de éste planeta. La resurrección y ascensión de Cristo afectan poderosamente nuestra cosmovisión. El desafío ante nosotros es vivir a la altura de éste llamamiento celestial las 24 horas del día.
http://comuniondegracia.org/blog/2010/05/resurreccion-y-ascension-lo-que-significa-estar-en-cristo/
Las bendiciones de estar en Cristo
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Cristo, Cristología Etiquetas: estar en Cristo
Las bendiciones de estar en Cristo
(The Blessings of Being in Christ)
Por David Wilkerson
23 de agosto de 2004
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Pablo dice, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,” (Efesios 1:3). Pablo nos esta diciendo, en esencia, “Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo esta.” Que increíble promesa para el pueblo de Dios.
No obstante, esta promesa se convierte en meras palabras si no conocemos cuales son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar las bendiciones que Dios promete si no las comprendemos?
Pablo escribió esta epístola “a los santos y fieles en Cristo Jesús” (1:1). Estos eran creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios fueron bien entrenados en el evangelio de Jesucristo y la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quienes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en él. Ciertamente, están bien cimentados en la verdad que ellos estaban sentados “…en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (2:6).
Estos “fieles” entendieron completamente que “Dios… resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales,” (1:20). Ellos sabían que fueron escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,…” (1:4-5). Ellos comprendieron que fueron adoptados “por Jesucristo mismo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando escucharon la palabra de verdad, ellos creyeron y confiaron en ella.
Los creyentes efesios fueron verdaderamente un pueblo bendecido. Se regocijaron en su redención a través de la sangre de Cristo, conociendo la gran bendición espiritual de ser perdonados de sus pecados. Ciertamente, ellos eran tenían tanto conocimiento acerca de las riquezas de la gracia de Dios, que muchos eran capaces de enseñarles a otros. Si se encontraban con personas que estaban hambrientas de Dios, ellos podían mostrarles la gloria de la Cruz. Ellos podían enseñar de la misericordia y el amor de Dios, de su santidad, de caminar sin culpa ante él. Ellos podían hablar de la resurrección, de la bondad de Dios, del cielo y del infierno, de las consecuencias de vivir en pecado.
Espero que todos aquellos que están leyendo este mensaje sean como esos efesios: fieles, creyentes bien enseñados. Tú conoces el poder de la redención del evangelio de Cristo. Tú conoces la doctrina del nuevo nacimiento. Estas bien enseñado en el conocimiento de la gracia, aceptando la victoria que viene por fe solamente y no por obras.
Si esto te describe a ti, tengo algo más que decir. Esto es que muchos cristianos nunca han entrado al gozo que Dios les ha prometido. Déjame explicar.
Yo creo que la mayoría de los cristianos,
incluyendo ministros, nunca pasan más allá
del perdón de pecados y la esperanza de la
gloria futura en el cielo.
Mucha gente que ha sido perdonada, limpiada y redimida vive en la miseria. Ellos nunca tienen un sentido de estar completos en Cristo. En vez de eso, continuamente van de picos a valles, de altas espirituales a bajas depresivas. Siempre son molestados por un sentido de, “Algo me falta. No lo estoy entendiendo.”
Mientras reviso mi vida, me maravillo por todos los cristianos devotos que conocí y que nunca estuvieron seguros de su salvación. Esto era especialmente cierto de mucha gente Pentecostal, piadosos hombres y mujeres quienes habían servido al Señor por cincuenta años. Ellos conocían todas las doctrinas, verdades y enseñanzas de la fe, y ministraron fielmente. Pero ellos nunca entraron en el gozo sobrenatural que estaba a su disposición en Cristo.
La verdad es, es posible saber todas estas cosas—el sacrificio de Jesús por nosotros, el poder limpiador de su sangre, justificación por fe—y nunca entrar a la plenitud de las bendiciones de Dios. ¿Cómo puede ser esto, preguntaras? Es porque muchos cristianos nunca pasan del Salvador crucificado al Señor resucitado que vive en gloria.
En Juan 14, Jesús nos dice que es tiempo que conozcamos nuestra posición celestial en él. Él les explica a los discípulos: “…porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.” (Juan 14:19-20). Nosotros estamos viviendo ahora en “ese día” del cual Jesús habla. En resumen, debemos entender nuestra posición celestial en Cristo.
Por supuesto, la mayoría de nosotros conocemos nuestra posición en Cristo—que estamos sentados en lugares celestiales con el—pero solamente como un hecho teológico. No lo conocemos por experiencia. ¿Qué quiero decir por esta expresión, “nuestra posición en Cristo?” Muy sencillo, posición es ‘donde uno esta colocado, donde uno esta.” Dios nos ha colocado donde estamos, lo cual es en Cristo. A su vez, Cristo esta en el Padre, sentado a su mano derecha. Por lo tanto, si nosotros estamos en Cristo, entonces realmente estamos sentados con Jesús en la habitación del trono, donde él esta. Eso significa que estamos sentados en la presencia del Todopoderoso. A esto se refiere Pablo cuando dijo que debemos “sentar [nos] en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (Efesios 2:6).
Puedes decir, “Pero yo nunca me siento como que estoy en un lugar celestial. Siempre siento como que estoy en un desierto, sufriendo aflicción y acosos. Si eso es estar en un lugar celestial con Cristo, entonces no entiendo.” Te aseguro, tus tiempos de pruebas son comunes a todos los creyentes. No, la frase, “en Cristo, en lugares celestiales” (1:3) no es algo que puedes alcanzar. Es lo que Dios dice de ti. Si estas en Cristo, entonces a los ojos del Padre tú estas sentado cerca de él, a su mano derecha.
El hecho es, en el momento que pones tu confianza en Jesús, eres tomado a Cristo por fe. Dios te reconoce en su Hijo, sentándote con él en los cielos. Esto no es meramente algún punto teológico, sino una verdad, una posición basada en hechos. Así que ahora, mientras rindes tu voluntad al Señor, puedes reclamar todas las bendiciones espirituales que son parte de tu posición.
Sí, Jesús esta en el paraíso, el Hombre en gloria. Y si, su Espíritu se mueve sobre toda la tierra; pero el Señor también habita en ti y mí específicamente. Él nos ha hecho su templo sobre la tierra, su lugar de habitación. Considere la poderosa declaración de Jesús sobre esto:
“…y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.” (14:21). “…para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros,… Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad,” (17:21-23).
Dale otra mirada al versículo. Jesús dice, en esencia, “La gloria que me diste, Padre, les he dado a ellos.” Cristo esta haciendo una afirmación increíble aquí. Él esta diciendo que se nos ha dado la misma gloria que el Padre le dio a él. ¡Que pensamiento más sorprendente! Pero, ¿cuál es esta gloria que le fue dada a Cristo, la cual él nos ha dado? Y, ¿cómo refleja nuestra vida esa gloria?
La gloria que nos fue dada es un
acceso de puerta abierta al Padre.
La gloria que Cristo nos ha dado no es alguna aura o emoción. No, sencillamente, la gloria que hemos recibido es acceso sin impedimento al Padre celestial.
Jesús nos facilito el acceso al Padre, abriéndonos la puerta por la Cruz: “porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los que están lejos] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” (Efesios 2:18). La palabra ‘entrada’ o acceso significa el derecho a entrar. Significa entrada libre, como también facilidad de acercamiento: “…en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.” (3:12).
¿Puedes ver lo que Pablo esta diciendo aquí? Por fe, hemos llegado a un lugar de acceso sin impedimento a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento. Ella tenía que esperar nerviosamente, una señal del rey antes que pudiera acercarse al trono. Solo después que él extendiera su cetro tenía Ester aprobación de pasar al frente.
Por contraste, tú y yo ya estamos en la habitación del trono. Y tenemos el derecho y privilegio de hablarle al rey en cualquier momento. Ciertamente, somos invitados a hacer cualquier pedido de él: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, par alcanzar misericordia y hallar gracia par el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16).
Cuando Cristo ministró en la tierra, él disfrutó de pleno acceso al Padre. Él dijo: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Solo hago lo que el Padre me dice y me muestra.” (Ver Juan 5:19, 30; 8:28).
Además, Jesús no tenía que marcharse desapercibido a orar para obtener la mente del Padre. Por supuesto que el oraba a menudo e intensamente, pero eso se trataba de la comunión con el Padre. Era un asunto diferente en sus actividades diarias, estuviera enseñando, sanando o echando fuera demonios. Jesús sabía en todo tiempo que él estaba en el Padre y que el Padre estaba en él. Él no tuvo que “subir” al Padre para saber lo que tenia que hacer. El Padre ya moraba en él, dándose a conocer; y Jesús siempre escuchaba una palabra detrás suyo, diciendo, “Este es el camino…esto debes hacer…”
Hoy, tenemos el mismo grado de acceso al Padre que tuvo Cristo. Puedes estar pensando, “Espera un minuto, no puede creerlo. ¿Yo tengo el mismo acceso al Padre que tuvo Jesús, el Creador y Señor del universo?”
No te equivoques: como Jesús, debemos orar a menudo y fervientemente. Debemos ser buscadores de Dios, esperando en el Señor. Pero en nuestro diario caminar–-nuestras entradas y salidas, nuestras relaciones, nuestra vida familiar, nuestro ministerio—no tenemos que alejarnos para pedir a Dios una palabra de fortaleza o dirección. Tenemos su mismo Espíritu viviendo en nosotros; y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre. Su voz siempre esta detrás de nosotros, diciendo: “Este es el camino, anda en él.”
La verdad acerca de nuestra unión con Cristo
era un misterio escondido a la iglesia hasta
que Pablo apareció en escena.
El Espíritu Santo usó a Pablo para abrir este misterio, el cual es, “Cristo en ti, la esperanza de gloria.” Por supuesto, la iglesia había aprendido acerca de la gracia salvadora. Ellos sabían que la salvación era por fe y no por obras. Después de todo, ellos le habían servido a Jesús antes que Pablo se apareciera. Ellos sabían acerca del arrepentimiento y habían experimentado la misericordia del Padre.
Pero entonces se apareció Pablo, declarando, “El arrepentimiento y las buenas obras no son suficiente. No es suficiente que ustedes vinieron a Cristo y creyeron, o que ahora tengan gran conocimiento espiritual. Ustedes necesitan algo más que simplemente creer en Cristo. Ahora ustedes deben caminar en las bendiciones y la plenitud en él.” “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en el;” (Colosenses 2:6).
¿Qué estaba diciendo Pablo? ¿Qué quería decir “caminar en Cristo?” Es que, ¿no estaban estos creyentes haciendo eso por años? Simplemente, Pablo estaba hablando de las bendiciones de estar en Cristo. Y él le estaba diciendo a la iglesia, sin dejar lugar a dudas, que ellos no conocían la revelación plena de aquellas bendiciones. Él describió una actitud diferente, la cual dice:
“No quiero un mero conocimiento mental de mi salvación. Quiero experimentarla. Quiero saber lo que significa andar en la plenitud de la salvación de Cristo. No quiero tan solo saber acerca del cielo; quiero cada bendición celestial que Dios ha hecho disponible para mí hoy. Él ha prometido ‘toda bendición espiritual’, y él murió para acercarme a sí mismo, donde yo pueda disfrutar esas bendiciones. Quiero que mi vida refleje ese hecho. Quiero que toda verdad espiritual del cielo sea parte de mí caminar diario ahora. Estas bendiciones no pueden seguir siendo solo conceptos teológicos. Tienen que convertirse en una realidad.”
Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?
Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?
Eso no significa que no experimentemos dolor o tristeza. Todo cristiano seguirá enfrentando tentaciones y penurias. Pero en medio de nuestras pruebas, podemos abundar en acción de gracias, a causa de su bondad eterna hacia nosotros. Pablo nos dice que esa es la razón por la cual Dios nos hace sentar juntos con Cristo: “…para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:7).
Aquí esta el efecto que debemos ver en nuestra vida cotidiana: Dios ha mostrado su amorosa bondad hacia nosotros. Por lo tanto, podemos levantarnos gritando, “¡Aleluya! Dios, Cristo y el Espíritu Santo quieren estar cerca de mí.”
Otra bendición es nuestra cuando
nos sentamos en lugares celestiales.
¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de aceptación: “…con la cual nos hizo aceptos en el Amado, [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra para “acepto” aquí significa sumamente favorecido. Eso es diferente del uso en ingles que puede ser interpretado “recibido como adecuado.” Esto significa algo que puede ser soportado, sugiriendo una actitud de, “puede vivir con esto.” Ese no es el caso del uso griego de Pablo. Su uso de “acepto” se traduce como, “Dios nos ha favorecido a lo sumo. Somos muy especiales para él, porque estamos en nuestro lugar en Cristo.”
Ves, porque Dios acepto el sacrificio de Cristo, el ahora ve solo uno, el hombre corporal: Cristo, y aquellos que están unidos a él por fe. En resumen, nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús deshizo nuestra antigua naturaleza en la Cruz. Así que ahora, cuando Idos nos mira, él ve solo a Cristo. A su vez, nosotros debemos aprender a vernos como Dios nos ve. Eso significa, no enfocarnos solamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó por nosotros en la Cruz.
La parábola del Hijo Prodigo provee una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Tú conoces la historia: un joven tomo su herencia de su padre y la malgasto en una vida pecaminosa. Entonces, una vez que el hijo llegó a la bancarrota—moralmente, emocionalmente y físicamente—el pensó en su padre. Él esta convencido que había perdido todo favor con él. Y temió que su padre estaba lleno de ira y odio hacia él.
En un tiempo, este joven había sido un honrado miembro de su hogar, unido con su padre. Él había probado las bendiciones, orden y favor de estar en la casa de su padre. Ciertamente, el hijo prodigo representa al descarriado, aquellos que le han fallado a Dios miserablemente.
Él pródigo casi muere de hambre antes de pensar en volver a casa. Sin embargo, finalmente, cuando se canso de su vida pecaminosa, decidió regresar a su padre. Esto representa el camino al arrepentimiento.
Cuando el primeramente se fue del hogar, probablemente el padre le aseguro que tenia acceso a regresar. Cualquier padre amante lo hubiera hecho: “Mi puerta siempre esta abierta para ti; y quiero que lo recuerdes al irte. Quiero que sepas que mi corazón va contigo. Cuando llegues al final de ti mismo, por favor regresa. Siempre serás bienvenido a casa.” Aquí había acceso sin impedimento, un padre que siempre estaba disponible. Así que el prodigo se dijo a si mismo, “Me levantaré e iré a mi padre,” (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando su bendición de acceso.
Ahora este joven quebrantado estaba lleno de tristeza por su pecado. La Escritura dice que él clamó, “No soy digno, he pecado contra el cielo.” Esto representa a aquellos quienes vienen al arrepentimiento a través de la tristeza piadosa.
¿Estas viendo la imagen? Él pródigo se había alejado de su pecado, dejo al mundo atrás, y tomo acceso de la puerta abierta que su padre le prometió. Él estaba caminando en arrepentimiento y apropiándose del acceso. Pero todavía no era acepto.
¡Que lugar trágico! Aquí tenemos a un creyente que caminaba rectamente, realmente apenado por sus pecados pasados. Él estaba cansado de llevar toda la culpa, vergüenza y condenación. Pero él no sabía si era aceptado por su padre. Él pensó, “Mi padre tiene que estar enojado. Probablemente, me odia por malgastar todo lo que me dio. Va a estar lleno de ira y juicio cuando lo enfrente.”
Él pródigo debió cansarse mientras pensaba en todas las formas que trataría de cambiar por sí mismo. Estaba cansado como un perro de pensar como mejorar, como evitar caer. Ya se había hecho una larga lista de promesas vacías, solo para caer una y otra vez.
Tristemente, yo creo que ese es el estado de una multitud de creyentes hoy. De hecho, Jesús nos dio esta parábola en parte para abrirnos los ojos a nuestra posición en él. Y él enfatiza, “Si has visto al Padre, me has visto a mí. Yo y el Padre somos uno.”
Mientras él pródigo se acercaba a casa, estoy seguro que encontró mensajeros que le dijeron, “tu padre se entristece por ti. El te llama ‘su oveja perdida.’ Él salió a buscarte una y otra vez.” Pero el joven probablemente contesto, “Yo sé que mi padre es un hombre amoroso. Pero yo he pecado tan horriblemente, si tan solo supieras lo que he hecho.”
Él no tenía paz, porque desconocía su posición. Que triste no tener el gozo del cielo, la paz que sobrepasa entendimiento, porque no sabes si eres aceptado. Como él pródigo, multitud de creyentes que han fallado están convencido, “No soy digno. Dios no puede aceptarme.”
Así, ¿Qué le paso al hijo pródigo? “…Y cuando aun estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echo sobre su cuello, y le beso” (Lucas 15:20). Que bella escena. El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira o condenación alguna. Cuando él recibió el beso de su padre, él supo que era aceptado.
Aquí es donde muchos cristianos creen que termina la historia: “Él pródigo fue aceptado por el padre una vez más. ¿No es eso lo más importante?” Vemos nuestra propia relación con el Padre de la misma manera. Hemos conocido su beso amoroso, su misericordia y perdón. Pero, hasta ahí llevamos la relación. Nos detenemos en nuestro conocimiento del amor de Dios hacia nosotros.
El hecho permanece, que aun no estamos dentro de la casa del Padre. No hemos tomado asiento en su banquete. Según la parábola de Jesús, hay mas, mucho más. Nuestro Padre nunca estará satisfecho hasta que disfrutemos de todas las bendiciones que vienen de estar aceptos en él. Él nos quiere sentados en su casa, a su lado en todo tiempo, disfrutando las festividades y gozo de su casa.
Verdaderamente, es el padre quien dice, “…y comamos y hagamos fiesta” (15:23). La palabra griega para “hagamos fiesta” aquí significa, “ponerse en un estado de animo de gozo y regocijo.” Considera la gozosa escena que tomo lugar: “Pero el padre dijo a sus siervos: sacada el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo,…Y comenzaron a regocijarse… [Con] música y danzas;” (15:22-24).
Nota lo que acaba de pasar en esta escena. Al pródigo no se le pidió que se sacudiera el polvo y que se limpiara antes de entrar al banquete. No, el padre lo preparó para que entrara. Y no tan solo limpio sus ropas viejas; le dio todo un ajuar nuevo, que significa una vida nueva. El hijo pudo objetar, “Pero padre, no soy digno.” Pero ese padre pudo replicar: “no estoy mirando tu pasado. Me regocijo en que estas aceptando mi amor. Estamos reconciliados y somos uno. Ese es mi gozo.”
¿Afirmas ser aceptados en Cristo? Quizás experimentaste lo mismo que él pródigo: fuiste besado por el Padre, abrazado por su amor, aceptado a su casa. Si es así, probablemente crees, “Estoy sentado con Cristo en lugares celestiales.” Si es así, entonces, ¿Dónde está tu gozo? ¿Dónde ves el banquete del Padre en tu vida, el cantar, las danzas, la alegría de corazón?
Quizás la escena más contundente en esta parábola es la final, cuando el hermano mayor regresa a casa del trabajo. Mientras la fiesta toma lugar dentro de la casa, el se para afuera, mirando por la ventana. Para su sorpresa, él ve a su padre danzando deleitado a causa de su hermano pródigo.
Ten en mente, este hermano mayor también es aceptado. Pero la parábola aclara que él esta triste y miserable. ¿Por qué? En todos sus años con su padre, él nunca participó del placer de la casa de su padre. Él nunca disfrutó las bendiciones que su padre puso a su disposición. De hecho, al final, el padre le recuerda las bendiciones que han sido suyas todo el tiempo: “…Hijo, tu siempre estas conmigo, y todas mis cosas son tuyas.” (Lucas 15:31).
Te pregunto: ¿Has experimentado todas las bendiciones de tu aceptación? Jesús aclara como el cristal que somos el gozo y el deleite de nuestro Padre celestial. Él se regocija sobre nosotros. Pero si nunca entramos a su casa y descansamos en nuestra aceptación, le robamos ese gozo a él.
Te animo: deja tus pecados y búsquedas mundanas atrás. Haz a un lado cada peso carnal que tan fácilmente te acosa. Y entra y toma tu posición en Cristo. Él te ha llamado a entrar al gozo de su aceptación. Entonces, cuando te levantes mañana, te encontraras gritando, “¡Aleluya, soy aceptado en Dios! Mi corazón esta lleno de gratitud y gozo.”
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Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.
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Los Testigos de Jehová y la Resurrección de Cristo
03 ago 2010 11 comentarios
in Cristología, Sectas, Teología, Testigos de Jehova Etiquetas: Resurrección de Cristo, Testigos de Jehova
Los Testigos de Jehová y la Resurrección de Cristo
(Continuación)
por Pablo Santomauro
En la entrega pasada propusimos un método de cómo mostrarle al Testigo de Jehová (TDJ en adelante) que Cristo resucitó con un cuerpo físico y tangible, no como un espíritu de la forma que ellos enseñan. Conviene ahora estar preparados para una posible respuesta del TDJ porque por más irrefutable que sea el material que ustedes haya presentado, existe la probabilidad muy real de que el TDJ no ha estado atendiendo. En lugar de ello puede que haya estado esperando que usted termine para usar un pasaje favorito que la Watchtower le ha enseñado para mostrar que sí es posible resucitar literalmente en forma de espíritu. Se trata de 1 Corintios 15:44-50. Nuestro amigo va a abrir la Traducción del Nuevo Mundo (TNM en adelante) y leerá:
- “Se siembra cuerpo físico, se levanta cuerpo espiritual. Si hay cuerpo físico, también lo hay espiritual” (1 Co. 15:44)
La versión Reina Valera dice: “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal y hay cuerpo espiritual”.
Ignorando olímpicamente todo el contexto bíblico en cuanto a la resurrección y violando toda regla de hermenéutica existente, el TDJ lo va mirar de frente y le va a decir: “¿Ve usted? Hay cuerpo espiritual (por cuerpo espiritual ellos entienden cuerpo no material, invisible, que no se ve ni se palpa, un espíritu). Por lo tanto es perfectamente lógico que Jesucristo haya resucitado en forma de espíritu”.
Pero, ¿es esto lo que el pasaje y el verso realmente enseñan? Lléven al TDJ a 1 Corintios 2:14-15, pasaje que habla del hombre natural y el hombre espiritual:
- “El hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios porque para él son locura … pero el espiritual juzga todas las cosas ….” (subrayado nuestro)
¿Cuando decimos que la hermana o el hermano tal y cual son muy espirituales, significa que son invisibles o incorpóreos? ¡NO! Lo que estamos diciendo es que la vida de esta gente es una vida controlada, saturada, llena con el poder del Espíritu Santo. Sus vidas son guiadas por el Espíritu, en otras palabras, viven en sujeción a Su voluntad y al plan de Dios en sus vidas.
Como vemos, espiritual no siempre significa incorpóreo.
Si estudiamos 1 Corintios 15 más a fondo veremos que el contexto es la futura resurrección, y que el apóstol Pablo está señalando el contraste que existe entre el cuerpo que ahora tenemos y el que tendremos en el futuro, una vez que resucitemos.
Veamos los conceptos contrastados:
v.43 — debilidad vs. poder
v.47 — terrenal vs. celestial
v.50 — corrupción vs. incorrupción (referente no al pecado, sino a que el cuerpo se desgasta). Al resucitar seremos actualizados como los computadores, si se me permite la simplificación.
En el v. 44, el que citan los TDJ, es evidente que hay un contraste entre animal y espiritual, no entre físico y no físico. La biblia de los TDJ traduce “cuerpo físico” y no “cuerpo animal” como lo hace correctamente la Reina Valera, pero esto es tendencioso. Usan la palabra “físico” a los efectos de justificar su doctrina de la resurrección de Cristo en forma intangible.
La palabra que los TDJ traducen como “físico” es psuchikos. El New Testament Greek Lexicon define la palabra: 1) la fuerza principal de vida animal que el hombre tiene en común con las bestias; 2) la naturaleza sensual sujeta a los apetitos y pasiones. Es basados en la acepción # 1 que la King James Bible, la Biblia de las Américas, la Nueva Versión Internacional y otras versiones reputables traducen psuchikos como “natural”. La TNM traduce “físico” con la clara intención de convertir el contraste en el verso, en una antítesis entre material (físico) e incorpóreo, creando de ese modo una base ficticia para su doctrina de la resurrección “espiritual”. Tan deshonestos son que hasta traducen 1 Corintios 2:14, “Pero el hombre físico no recibe las cosas del espíritu de Dios …” Esta traducción hace que la frase no tenga ningún sentido y desacredita su reclamo de que la TNM es una traducción de fácil comprensión.
Reiteramos que el verso 44 destaca el contraste entre carnal y espiritual, no entre físico y non físico. Esto es confirmado por el verso 50: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. Observe el lector que el pasaje no dice que es necesario que lo visible se haga invisible, o que lo material se haga se haga etéreo (espíritu), ni que lo corpóreo se haga incorpóreo.
Algunos eruditos dicen acertadamente que la palabra “espiritual” debe ser traducida “sobrenatural.” La palabra en griego en el v. 44 es pneumatikos. Es la misma palabra que se usa en 1 Corintios 10:3-4, donde Pablo hablando de sus antepasados en el desierto, dice que comieron el alimento espiritual (referencia al maná) y bebieron la bebida espiritual (referencia al agua).
A pesar de que se les describe con el adjetivo “espiritual” a ambos, tanto el maná como el agua eran materiales, no eran invisibles. El origen era espiritual, pero los elementos eran palpables.
La resurrección de Cristo fue corporal, no incorpórea, y así será la nuestra. Es por ello que Romanos 8:23 dice que estamos esperando la redención de nuestro cuerpo. La aserción de Pablo, quién también escribió 1 Corintios, sería ridícula si la resurrección no fuera corporal. Toda resurrección mencionada en la Biblia es y sera corporal. Si bien los TDJ enseñan que la resurrección de la “gran muchedumbre” en el final de los tiempos será corporal, también hablan de una resurrección “espiritual”, no sólo de Cristo sino de los 144.000 que reinarán con Cristo. La Escritura no presenta dos tipos de resurrecciones.
Si leemos el capítulo 15 de 1 Corintios en su totalidad, veremos que los corintios tenían el mismo problema que hoy tienen los TDJ. Tenían problemas con el concepto de resurrección corporal, y Pablo les responde diciendo que hay una continuidad entre el cuerpo presente y el de la resurrección, como hay una continuidad entre la semilla y la planta que nace, ambas son materiales (vv 35-38).
Pablo usa una poderosa ilustración, y nos dice que nosotros todos resucitaremos en forma corporal, como Cristo lo hizo. Por eso le llama a Cristo “primicias” (vv. 20,23), y por inferencia lógica el resto de la cosecha será igual.Todos los que han nacido de nuevo, todos los cristianos, resucitaremos corporalmente con un cuerpo material glorificado. Jesús mismo dijo que él resucitaría en forma corporal (Jn. 2:18-21).
Este cuerpo glorificado tiene la facultad de comer (Lc. 24:41,42), ser palpado (Lc. 24:39), transportarse instantáneamente de un lado a otro, como también de una dimensión a otra (Hch. 1:9), atravesar paredes (Jn. 20:19), hacerse visible e invisible a voluntad (Lc. 24:31), etc., pero siempre sigue siendo un cuerpo (Lc. 24:39). Estamos frente a un cuerpo sobrenatural, pero no inmaterial. ¿Acaso cuando Cristo caminó sobre las aguas lo hizo en un cuerpo ontológicamente espiritual? ¿El hecho de que Pedro caminó por un tiempo sobre las aguas significa que era un espíritu? El Espíritu del Señor arrebató a Felipe y en un instante lo puso en Azoto (Hch. 8:39-40). ¿Era Felipe un espíritu? La respuesta a todas estas preguntas es ¡NO!
Como vemos, el pasaje citado por los TDJ es totalmente inválido para apoyar el delirio de que Jesús resucitó en un cuerpo invisible y de que es posible resucitar en forma de espíritu. <>
La exaltación de Jesús
22 jul 2010 Comentarios desactivados
in Cristología, Jesús de Nazaret, Jesus
Cristo esta sentado a la derecha del Padre: como Dios es igual que el Padre; en cuanto hombre, ha sido constituido Sacerdote, Rey, Señor y Juez de toda la creación.
La obra de la Redención humana y la perfecta glorificación de Dios la realizó Cristo el Señor «principalmente por el misterio Pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión» (SC, 5). Por ello conviene que conozcamos en profundidad el significado de la Resurrección de Jesucristo.
La predicación de los Apóstoles insiste mucho en este punto: San Pedro dice en su primer discurso: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de los gentiles, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera en su dominio (… ). Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, le derramó, según vosotros veis y oís» (Hch. 2, 22-24; 32-33).
La exaltación de Jesús por su perfecto cumplimiento de la voluntad del Padre será una glorificación de su humanidad y a la vez se presenta como la meta de los que crean en Él y le amen.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el -NOMBRE-SOBRE-TODO-NOMBRE- de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el CIELO en la TIERRA en el Abismo- y toda lengua proclame: ¡JESUCRISTO ES SEÑOR! para gloria de DIOS PADRE.
CRISTO ESTA SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE
Estas palabras también las recitan en el Credo los cristianos. San Marcos dice: «El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue levantado a los cielos y está sentado a la diestra de Dios.» (Mc. 16, 19). Esta expresión está tomada del Antiguo Testamento y significa que Jesucristo como Dios es igual que el Padre, y que en cuanto hombre ha sido constituido Sacerdote, Rey, Señor y Juez de toda la creación.
Cristo es Sacerdote por toda la eternidad
El sacerdocio de Jesucristo no se redujo al momento culminante del sacrificio de la cruz. Toda su vida en la tierra tiene un valor sacerdotal, porque intercede continuamente por los hombres y actúa de mediador entre éstos y Dios. Pero también se prolonga a toda la eternidad después de la Ascensión a los Cielos en la epístola a los Hebreos precisa: «Tenemos un Pontífice que está sentado a la derecha del trono de la Majestad de los cielos» (Heb. 8, l); y más adelante añade: «Habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados, para siempre se sentó a la diestra de Dios» (Heb. 10, 12).
Cristo es Rey
Reinar significa tener dominio sobre un territorio y sobre unas personas. El Mesías debía ser rey. Jesús afirmó repetidamente que era rey, pero que su reino no era de este mundo, pues era un reino espiritual de verdad, justicia, amor y libertad. Tras la Resurrección, Cristo alcanza la plenitud de la realeza en cuanto hombre. Como Dios siempre le correspondió el dominio sobre toda la creación. Pero ahora esta realeza se aplica también a su humanidad unida a su divinidad.
En el anuncio del ángel a María se le había dicho que «Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» (Lc. 1, 32-33). El último libro de la Sagrada Escritura dice: «Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores» (Ap. 19, 16).
Ya se vio cómo el núcleo de la predicación de Jesús era que había llegado el Reino de Dios. Cristo vence al poder diabólico, y su consecuencia primera que es el pecado, estableciendo el Reino de Dios. Los que se convierten y tienen fe se incorporan a este Reino. Si al final de su vida han sido fieles, se incorporan al Reino de Dios definitivo en el cielo. A los que mueren en gracia de Dios se les puede aplicar lo que dice el Apocalipsis: «Al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono» (Ap. 3, 21). Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndole con óleo de alegría, para que ofreciéndose a sí mismo, como Víctima perfecta y pacificadora en el altar de la Cruz, consumara el misterio de la Redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu Majestad infinita un Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz. (Prefacio de la fiesta de Jesucristo Rey del universo)
Cristo es Juez
En todos los símbolos de la fe consta que -Jesucristo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.. El mismo Jesús, cuando describe el juicio final, dice que vendrá como el Hijo del hombre en su gloria con todos los ángeles, se sentará en su trono de gloria y juzgará a todos según sus obras (Mat. 25, 31-46). San Pablo dice también que «en aquel día Dios juzgará los secretos de los hombres por Jesucristo» (Ro. 2:16).
Jesucristo, como Juez, juzga del modo más perfecto. En primer lugar, defiende la justicia de Dios sin apartarse ni un ápice de ella; conoce todas las circunstancias que afectan al actuar de los hombres del modo más perfecto y total, tanto las que disculpan los errores como las que agravan la mala conducta. Conoce las omisiones y las buenas obras desconocidas por los hombres. Su justicia está llena de misericordia; por ello nos proporciona abundante gracia en esta vida y tiene la máxima comprensión con las debilidades o malicias de los hombres.
Estando nosotros muertos por los pecados nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el Cielo con El. (Ef. 2:5-6)
Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe, no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios. (Ef. 2:8). Cristo es Supremo Legislador y Profeta
Una de las afirmaciones más claras de Jesús sobre sí mismo es que El es «el Camino, la Verdad y la Vida». El cristiano puede alcanzar la verdad y la vida a través de Cristo, que es el Camino.
Jesucristo es el Supremo Legislador. Todo legislador promulga leyes para que sus súbditos puedan alcanzar el bien y ser más felices. La ley suprema es la que conduce al bien supremo y a la felicidad suprema. Cristo nos da esa ley, como consta en los evangelios. Esta ley es superior a toda ley humana, de modo que una ley que se oponga a la ley de Cristo no debe ser obedecida, porque va contra la voluntad de Dios y no conduce al bien supremo.
Cristo es Profeta, porque la misión del profeta es declarar la verdad que conduce a Dios. Nuestro Señor Jesucristo es la plenitud de la Revelación; por eso se puede decir que es profeta en el sentido más completo de la palabra.
Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe, y no se debe a vosotros, sino que es don de Dios
DESCENDIO A LOS INFIERNOS
Como cité al principio de la redacción de este tema, Este punto es controversial, lo analizaré más objetivamente ya que a pesar de que es un punto del Credo de los Apóstoles, es objetable. Veremos por que
“En el Credo se proclama esta verdad después de confesar la Resurrección al tercer día. Con estas palabras se quiere decir que después de la Muerte del Señor, tanto el alma como el cuerpo seguían unidos a la divinidad, aunque ambos estuviesen separados; y que durante ese tiempo que estuvieron separados el alma y el cuerpo se aplicaron los frutos de la Redención a todos aquellos que habían sido fieles a la Ley de Dios y a su conciencia, pero no podían gozar de la visión de Dios en los cielos porque aún no habían sido abiertas las puertas del cielo.
La palabra infierno no quiere decir aquí lugar de condenación, sino lugar inferior, donde están aquellos que no merecen castigo por haber actuado bien en su vida, pero tampoco poseen la gracia de Cristo porque la Redención estaba pendiente. También se le ha llamado seno de Abrahán. Los que allí estaban fueron los primeros en gozar de la Redención obrada por Cristo.”
Autor:
Por Pbro. Dr. Enrique Cases
Fuente:
http://www.encuentra.com/documento.php?f_doc=2957&f_tipo_doc=9
La crucifixión desde el punto de vista médico
22 jul 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Cristianismo, Cristo, Cristología, Temas de actualidad
Esta es una nota publicada en un sitio de Internet. Me pareció excelente y por esto decidí copiarla y añadirla al blog.
Su autor es el Dr. C. Truman Davis
La crucifixión desde el punto de vista médico «Hace algunos años me interesé en los aspectos físicos de la pasión o sufrimiento de Jesucristo cuando leí un relato de la crucifixión en el libro de Jim Bishop “El día en que murió Cristo”. De pronto comprendí que había tomado la crucifixión más o menos por sentado todos estos años -que me había endurecido al horror, al familiarizarme muy livianamente con los tétricos detalles. Finalmente se me ocurrió que como medico, ni siquiera sabía en verdad la causa inmediata de la muerte de Cristo. Los escritores del evangelio no son de mucha ayuda en este sentido. Como la crucifixión y los azotes eran tan comunes en los tiempos en que ellos vivían, sin duda consideraban que una descripción detallada era innecesaria. Por ese motivo solo tenemos las breves palabras de los evangelistas.
“Pilatos…entregó a Jesús después de azotarle, para que fuese crucificado.” (Mar. 15:15)
A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado.
A pesar del silencio del relato del evangelio sobre los detalles de la crucifixión de Cristo, muchos han examinado este tema en el pasado. En mi estudio personal del hecho desde el punto de vista medico, estoy en deuda especialmente con el Dr. Pierre Barbet, cirujano francés que hizo investigaciones históricas y experimentales y escribió extensamente sobre el tema.
El intento de examinar el infinito sufrimiento físico y espiritual del Hijo de Dios encarnado al efectuar la redención por los pecados del hombre caído, esta más allá del alcance de este articulo. Sin embargo, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la pasión del Señor se pueden examinar con cierto detalle.
¿Que fue lo que el cuerpo de Jesús de Nazaret en verdad soportó durante esas horas de tortura?
El método de la crucifixión:
Aparentemente el primer uso que se conoce de la crucifixión fue entre los persas. Alejandro y sus generales introdujeron la práctica al mundo mediterráneo, a Egipto y a Cartago. Los romanos evidentemente aprendieron la técnica de los cartaginenses y, como ocurrió con casi todo lo que los romanos hicieron, rápidamente desarrollaron un alto grado de eficiencia y habilidad en ejecutarlo.
En la literatura antigua se describen varias innovaciones y modificaciones. Solo unas pocas tienen alguna importancia aquí. La porción vertical de la cruz, o “stipes”, podía tener el travesaño o “patíbulo” colocado dos o tres pies debajo de la parte superior. Esta es la que consideramos hoy como el formato típico de la cruz, llamada cruz latina.
La forma común usada en tiempos de Jesús era la cruz “tau”, con forma de “T”. En esta cruz el patíbulo se ubicaba en una ranura en lo alto del madero vertical. Hay excelente evidencia arqueológica de que fue en este tipo de cruz que crucificaron a Jesús.
El madero vertical generalmente permanecía enterrado en el lugar de ejecución. El condenado era obligado a cargar el patíbulo, que aparentemente pesaba 50 Kg., desde la prisión hasta el lugar de ejecución. Sin tener ninguna prueba histórica o bíblica, sin embargo, los pintores del medioevo y del renacimiento nos han dado una imagen de Cristo cargando toda la cruz. Muchos pintores y escultores de crucifijos también cometen el error de mostrar los clavos atravesándole las palmas de las manos. Los relatos históricos de los romanos y el trabajo experimental han demostrado que los clavos eran clavados entre los pequeños huesos de las muñecas. Los clavos a través de la palma de la mano cortarían y se safarían entre los dedos, al sostener el peso de un cuerpo humano. Esta mala interpretación pudo haber venido de un error de comprensión en las palabras de Jesús a Tomas: “Mira mis manos”. Los anatomistas antiguos y modernos, sin embargo, siempre han considerado que la muñeca es parte de la mano.
Getsemaní:
De los diversos aspectos del sufrimiento inicial, el que es de particular interés fisiológico es el sudor de sangre. Es interesante notar que el medico -San Lucas- es el único evangelista que menciona este acontecimiento. Dice: “Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (22:44)
Aunque es muy raro, el fenómeno de la hematidrosis o sudor de sangre, esta bien documentado. Bajo una gran tensión emocional los frágiles capilares de las glándulas sudoríparas se rompen mezclándose así el sudor con la sangre. Este proceso de por si podría haber producido marcada debilidad y posiblemente una conmoción.
Aunque la traición y arresto de Jesús son porciones importantes de la historia de la pasión, el próximo suceso en la narración, que es significativo desde una perspectiva medica es su juicio ante el sanedrín y Caifás, el Sumo Sacerdote. aquí se le infligió el primer trauma físico: un soldado le propino una bofetada por permanecer en silencio cuando Caifás lo interrogaba. Después los guardias del palacio le colocaron una venda en los ojos y burlonamente lo provocaron con palabras groseras a que los identificara al pasar cada uno delante de el, lo escupieron y le dieron golpes en el rostro.
Ante Pilato:
Temprano por la mañana, magullado y amoratado, deshidratado y exhausto por una noche en vela, llevaron a Jesús de un lado al otro de Jerusalén, al pretorio, que estaba en el fuerte Antonia -el asiento del gobierno del Procurador de Judea- Poncio Pilato. Estamos familiarizados con la decisión de Pilato de tratar de pasarle la responsabilidad a Herodes Antipas, el Tetrarca de Judea. Aparentemente Jesús no sufrió ningún maltrato físico a manos de Herodes y fue devuelto a Pilato, quien, en respuesta al clamor de la plebe, da la orden de que Barrabas fuera soltado y condeno a Jesús a ser azotado y crucificado.
Los judíos tenían una antigua ley que prohibía más de 40 azotes. Los fariseos, que siempre se aseguraban que la ley fuese estrictamente observada, insistían en que se administraran solo 39 azotes; en la eventualidad de un error en recuento, se aseguraban permanecer dentro de la ley.
El prisionero era despojado de sus ropas y sus manos atadas a un poste por encima de la cabeza. El legionario romano se adelantaba con el “flagelo” en su mano. Este era un látigo corto con varias lonjas de cuero con dos bolitas de plomo cerca del final cada una. El pesado látigo se descargo con toda la fuerza una y otra vez sobre los hombros, espalda y piernas de Jesús.
Al principio las lonjas con peso adicional solo le cortaban la piel. Luego, al continuar los golpes, cortaban mas profundamente dentro del tejido subcutáneo, produciendo primero una herida sangrante de los capilares y venas de la piel y finalmente la sangre brotaba abundantemente de arterias de las capas musculares más profundas.
Las bolitas de plomo primero le produjeron grandes y profundos hematomas o marcas que cos los siguientes azotes se abrieron. Finalmente la piel de la espalda colgaba en largas lonjas y toda el área era una masa irreconocible de tejido desgarrado que sangraba. Cuando el centurión que estaba a cargo determinaba que el prisionero estaba casi muerto, detenía los azotes.
Burla:
El desfalleciente Jesús fue luego desatado y dejado caer como un fardo en el empedrado mojado con su propia sangre. Los soldados vieron a este judío provinciano que pretendía ser rey como un hazmerreír. Le arrojaron un manto sobre los hombros y le pusieron una vara en la mano por cetro. Aun necesitaban una corona para hacer su parodia completa. Utilizaron ramitas flexibles llenas de largas espinas y las trenzaron formando una tosca corona. La colocaron a presión en su cuero cabelludo y nuevamente sangro abundantemente, cuando las púas perforaron el propio tejido vascular.
Después de burlarse de Él y abofetearle, los soldados le arrebataros la vara de la mano y le golpearon en la cabeza incrustando las púas mas profundamente en su cuero cabelludo. Finalmente se cansaron de su diversión sádica y le quitaron con violencia el manto de la espalda. El manto ya se había adherido a los coágulos de sangre y suero de las heridas y al ser quitado como cuando un vendaje quirúrgico se quita al descuido, le causo un dolor insoportable y las heridas comenzaron a sangrar otra vez.
Gólgota:
El pesado patíbulo de la cruz fue atado sobre sus hombros. La procesión del condenado Cristo, dos malhechores y el piquete de ejecución de soldados romanos encabezados por un centurión comenzó su lenta marcha por la ruta que hoy conocemos como “La Vía Dolorosa”.
A pesar de los esfuerzos de Jesús para caminar erguido, el peso del madero junto con el espasmo producido por la perdida de sangre era demasiado. Tropezó y cayó clavándosele el tosco madero en la piel lacerada y músculos del hombro. Trato de levantarse pero los músculos humanos habían sido llevados más allá de su tolerancia. El centurión, ansioso de proseguir con la crucifixión, eligió a un fornido africano del norte que miraba -Simón de Cirene- para llevar la cruz. Jesús lo seguía sangrando aun y transpirando el frió y pegajoso sudor del espasmo. La marcha de unos 600 metros desde el Fuerte Antonia al Gólgota fue finalmente completada y el prisionero volvió a ser desnudado excepto por el taparrabo que se les permitía a los judíos.
Comenzó la crucifixión: se le ofreció a Jesús vino mezclado con mirra, una suave mezcla analgésica para aliviar el dolor. Rehusó la bebida. A Simón se le ordeno dejar el patíbulo en el suelo y derribaron a Jesús de espaldas con sus hombros contra la viga. El legionario le palpo la hendidura por delate de la muñeca y perforo con un pesado clavo cuadrado de hierro forjado la muñeca clavándolo en la madera. Se paso rápidamente al otro lado y repitió la operación, cuidando de no extender demasiado el brazo permitiéndole cierta flexión y movimiento. El patíbulo era luego alzado y calzado al tope del madero vertical y el “titulo” donde se leía “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”, fue clavado en su lugar.
El pie izquierdo era presionado hacia atrás contra el derecho. Con ambos pies extendidos con los pies hacia abajo, se clavaba un clavo a través de ambos arcos dejando las rodillas flexionadas moderadamente. La victima estaba ahora crucificada.
En la cruz:
Cuando Jesús lentamente se deslizo hacia abajo hasta colgar, con el mayor peso depositado en los clavos de las muñecas, un dolor ardiente agudísimo se disparo a lo largo de los dedos y hacia arriba por los brazos hasta explotar en el cerebro. Los clavos de las muñecas presionaban los nervios medios que son fibras nerviosas troncales que atraviesan el centro de la muñeca y de la mano. Al empujarse hacia arriba para evitar este tormento por estiramiento, colocaba todo su peso sobre el clavo que atravesaba los pies. Nuevamente se producía una agonía de dolor ardiente al desgarrar el clavo los nervios entre los huesos metatárcicos de los pies.
A este punto se producía otro fenómeno: al fatigársele los brazos grandes oleadas de calambres le pasaban por los músculos engarrotándolos en profundo dolor punzante que no cedía. Con estos calambres se producía la incapacidad de impulsarse hacia arriba. Al colgar de los brazos los músculos pectorales, grandes músculos del pecho, se paralizaban y los músculos intercostales, pequeños músculos entre las costillas, no podían actuar. Se podía inhalar aire a los pulmones pero no se podía exhalar. Jesús luchaba por elevarse para tener al menos un pequeño respiro. Finalmente el nivel de dióxido de carbono de los pulmones y del torrente sanguíneo aumentaba y los calambres se atenuaban parcialmente.
En forma espasmódica Jesús podía elevarse hacia arriba para exhalar e inhalar oxigeno vivificante. Fue sin duda en estas ocasiones que pronunció las siete breves oraciones que fueron registradas.
La primera mirando a los soldados romanos jugándose su manto de una sola pieza a los dados:
“Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”
La segunda al malhechor penitente:
“Hoy estarás conmigo en el paraíso”
La tercera, mirando a Maria su madre dijo:
“Mujer, he ahí tu hijo”
Y luego, vuelto hacia el aterrorizado adolescente Juan, traspasado de dolor-el amado apóstol Juan- dijo: “He ahí tu madre”
El cuarto clamor es el comienzo del Salmo 22:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
Sufrió horas de dolor ilimitado, ciclos de calambre que producían desgarradoras torceduras, asfixia parcial intermitente y dolor ardiente al desgarrársele tejido de su espalda lacerada debido a su movimiento hacia arriba y hacia abajo contra el rugoso madero de la cruz.
Después empezó otra agonía: un dolor profundo como si se le hundiera el pecho, mientras el pericardio -la bolsa que rodea el corazón-, lentamente se llenaba de suero y comenzaba a comprimir el corazón.
La profecía del Salmo 22 se estaba cumpliendo:
“Soy derramado como agua y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera; se derrite en medio de mis vísceras.” (Sal. 22: 14)
Muerte:
Todos estamos familiarizados con los detalles finales de la ejecución de Jesús. Para que no se profanase el sábado, los judíos solicitaron que se diera fin a los condenados y fueran sacados de las cruces. El método común de terminar una crucifixión era por “crurifragio” (cruris: piernas y fragere: romper) o sea la fractura de los huesos de las piernas. Esto le impedía a la victima empujarse hacia arriba y la tensión de los músculos del pecho no se podía aliviar: la asfixia sobrevenía con rapidez. Las piernas de los dos malhechores fueron fracturadas, pero cuando los soldados se acercaron a Jesús vieron que esto era innecesario.
Aparentemente para asegurarse doblemente de que estaba muerto, el legionario le clavo la lanza entre las costillas hacia arriba a través del pericardio llegando al corazón. Jn. 19:34 dice: “Inmediatamente brotaron sangre y agua”. De modo que se produjo un escape del fluido acuoso de la bolsa que rodea el corazón y la sangre del interior del corazón. Esta es una evidencia post-mortem bastante concluyente de que Jesús murió, no de la muerte común de crucifixión -por asfixia- sino de falla cardiaca, debido al espasmo y compresión del corazón por el liquido acumulado en el pericardio.
Resurrección:
En estos hechos hemos dado un vistazo al colmo de la maldad que el hombre puede exhibir contra su prójimo y hacia Dios. Esta es una horrible visión y probablemente nos deje desanimados y deprimidos.
Pero la crucifixión no fue el fin de la historio. Cuan agradecidos podemos estar de que tenemos una continuidad -un vistazo a la infinita misericordia de Dios para con el hombre- el don de la redención, el milagro de la resurrección y la expectativa de la mañana de Pascua.
Las siguientes declaraciones de fe son extraídas de libro “Oraciones y proclamaciones” de Derek y Ruth Prince.
1- El intercambio hecho en la cruz
- Jesús fue CASTIGADO para que nosotros fuésemos perdonados (Is. 53:4-5)
- Jesús fue HERIDO para que nosotros fuésemos sanados (Is. 53:4-5)
- Jesús fue hecho PECADO con nuestra pecaminosidad para que nosotros fuésemos hechos justos con su justicia (Is. 53: 10, II Cor. 5:21)
- Jesús MURIO nuestra muerte para que nosotros pudiésemos recibir su vida (Heb. 2:9)
- Jesús fue hecho MALDICION para que nosotros pudiésemos entrar en la bendición (Gál. 3:13-14)
- Jesús sufrió nuestra POBREZA para que nosotros pudiésemos compartir su abundancia (II Cor. 8: 9 y 9:8)
- Jesús soportó nuestra VERGÜENZA para que nosotros pudiésemos compartir su gloria (Mat. 27: 35- 36, Heb. 12:2 y 2: 9)
- Jesús soportó nuestro RECHAZO para que nosotros tuviésemos aceptación con el Padre (Mat.27:46- 51, Ef. 1:5-6)
- Jesús fue CORTADO por muerte para que nosotros fuésemos unidos a Dios eternamente (Is. 53:8, I Cor.6: 17)
- Nuestro viejo hombre fue muerto en El, para que el nuevo hombre pudiese venir a la vida en nosotros (Ro. 6: 6, Col. 3:9-10)
2- Díganlo los redimidos (Sal.107:2)
- Mi cuerpo es un templo para el Espíritu Santo (I Cor.6:19)
- Redimido (Ef. 1:7)
- Limpiado (I Jn. 1: 7)
- Santificado por la Sangre de Jesús (Heb. 13:12)
- Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia (Ro. 6:13)
- Entregados a Dios para su servicio y para su gloria.
- El diablo no tiene cabida en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene cuentas pendientes contra mí. Todo ha sido pagado por la sangre de Jesús (Ro. 3:23-25 y 8:33-34)
- Yo venzo a Satanás por la sangre del cordero y por la palabra de mi testimonio menospreciando mi vida hasta la muerte (Ap. 12: 11)
- Mi cuerpo es para el señor y el señor es para mi cuerpo (I Cor. 6:13)
AMEN.
Comentarios de interés respecto a esta nota:
1 El tema científico, para los que creen en la ciencia exclusivamente, fueron confirmados, refutados y nuevamente descartados, primeramente en los principios de los noventa se había dicho que las palmas de las manos no podían soportar el cuerpo colgado, y a Finales de la misma década se descubrió nuevamente que si, la cantidad de huesos de la mano actúan como prensiles al momento de incrustar el clavo, además este es cuadrado en su forma y no redondo como los actuales lo que ocasiona que se adhiera mas a la mano, y que EN LA MUÑECA, el desangrado seria rápido, eso es para que vean lo incrédulos que la ciencia se equivoca, pero la Fe no….
Jesús resucitado se aparece a los Apóstoles
2. Nunca había leído una narración tan detallada acerca de la crucificación desde el punto de vista medico y como cirujano toráxico me atreveré a proponer algo diferente. En primer lugar la idea de que el crucificado moría por asfixia, es factual, mientras que el fenómeno de hematidrosis es debatible. A mi me parece que la hematidrosis es una licencia literaria de Lucas. Si Jesús recibió tantos latigazos, bofetadas y luego soporto una corona de espinas, no crees tu que esto es mas que suficiente para provocar “sudor mezclado con sangre”. A mi me parece lógico sin invocar una cosa tan extraña como hemotidrosis. La acumulación de líquido en el pericardio durante el proceso de morir en la cruz es médicamente casi imposible. Para que un derrame pericárdico pueda producir una presión suficiente para impedir la función del corazón; el llamado “tamponade”, el derrame tendría que aparecer en una forma rápida, lo cual no permitiría al pericardio adaptarse al nuevo volumen. Que yo sepa eso solo se ve en las heridas del corazón y como complicación de intervenciones quirúrgicas del corazón. De manera que el “Tamponade” lo descarto. La mayor parte de las rendiciones artísticas de la crucificación, nos presentan a Jesús con una herida punzante en el costado derecho. Si como tú dijiste que la lanza penetro al corazón, podríamos decir que los pintores no tenían la menor idea de que lado se encuentra el corazón. Bueno eso es otro asunto.
Como tú dijiste, los clavos eran puestos entre el cubito y el radio a nivel de la muñeca. Eso es más lógico que ponerlos a través de las manos. En lo que no estoy de acuerdo es el clavo en los pies Yo he leído y he visto fotografías de pies momificados que exhiben un clavo a través del hueso calcáneo; el cual es el hueso de el talón. Un poco delante del talón propio el tejido óseo es más esponjoso y por lo tanto más fácil de introducir un clavo. Eso quiere decir que cada uno de los pies se clavaba en la parte lateral de la cruz.
Pero tengo entendido que la Biblia dice que no le quebraron las piernas porque los centauros lo consideraron que ya estaba muerto (y para llenar una profecía de que no hueso debía de ser roto). Si es así, solo una herida al corazón cuando estaba vivo, puede explicar el derrame de agua y sangre, puesto que los cadáveres no sangran. Eso también es debatible pues si una lanza entra al corazón, también tiene que entrar a la cavidad pleural (el espacio virtual entre el pulmón y la parte interior del tórax) el cual tiene una presión negativa. Eso permitiría la entrada de aire al tórax (neumotórax) con el consiguiente colapso del pulmón, lugar donde la sangre se acumularía en lugar de sangrar al exterior. Claro que si Jesús ya estaba muerto por varias horas la presión negativa del espacio pleural ya no existiría por los cambios del tejido pulmonar postmortum, y en ese caso la sangre del corazón pudiera salir afuera (no muy fácil). Pero si los otros dos todavía estaban vivos Jesús no puede haber muerto varias horas antes que los otros dos. Es un tema muy interesante, el cual como tu misma lo dices, los evangelios no tratan a fondo. Quien hubiera pensado en ese entonces que 2000 años después hubiera tanto interés.
Melquíades
Fuente:
http://www.yeshuanet.com/foro-cristiano/archive/index.php/t-913.html
La ciencia médica en el centro del dolor y muerte de Cristo
22 jul 2010 Comentarios desactivados
in Cristianismo, Cristo, Cristología
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El averno celebró su muerte por poco tiempo y ante la estupefacción del mundo de entonces, el de hoy y con toda seguridad del mañana; fue capaz de vencer a la muerte, y al vencerla sustentó nuestra fe resucitando al tercer día tal y conforme lo había anunciado ante sus discípulos. La “peor” muerte de la época, aplicada solo a los más feroces criminales de entonces, no pudo con Cristo y él, hoy como ayer, está glorioso entre nosotros, por lo siglos de siglos.
Jesús transpira sangre: Hablan los evangelios que Jesús comenzó a sudar sangre cuando oraba, en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esta situación en una condición médica llamada “hematidrosis”, que no es común pero se suele dar cuando hay un alto porcentaje de sufrimiento psicológico.
Parece ser que la ansiedad severa, hace provocar una secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríparas. Por tal condición, se presenta una cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor sale mezclado con sangre. Esto provoca que la piel quede frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado, su piel ya estaba muy sensible.
El acto de la flagelación: Las flagelaciones romanas eran conocidas por ser terriblemente brutales, ya que de una manera general consistían en treinta y nueve latigazos. El verdugo usaba un látigo con tiras de cuero trenzado en cuyos extremos tenías adosadas bolas de metal entretejidas. Cada vez que el látigo golpeaba la carne, las bolas generaban mayúsculos moretones y contusiones, las mismas que se abrían con los demás golpes. En relación con el látigo, este tenía pedazos de hueso afilados, los que tenían como misión el cortar la carne.
La espina dorsal quedaba expuesta, ya que la espalda terminaba desgarrada debido a cortes profundos Los hombros recibían los latigazos, que pasaban por el nivel de la espalda, las nalgas, y las piernas. Durante el lapso que duraba la flagelación, las laceraciones alcanzaban hasta los músculos y generaban temblores de carne sangrante. En esta condición, las partes internas quedaban al aire, conjuntamente con los músculos, tendones y las entrañas.
El cuerpo de la víctima, podía experimentar un dolor tan grande, que terminaría con una conmoción hipovulémica. Es decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre que trae consigo que el corazón se acelere para tratar de bombear sangre que no existe. La baja de presión sanguínea provoca en estas circunstancias un desmayo o colapso, con la consabida afección de los riñones, que dejan de producir orina para mantener el volumen restante y la persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.
En la ruta del Calvario: Sabemos que a estas alturas Jesús se hallaba en una situación y/o condición hipovólemica conforme ascendía por la pendiente hacia el Calvario con la cruz a cuestas. Tambaleante, Jesús se desplomó y un soldado romano le ordeno a Simón que llevara la cruz por él. Mas tarde, Jesús dice “Tengo sed” y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.
El Instante de la Crucifixión: El final de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. En aquella época, no a todos los criminales condenados se los clavaba en la cruz. Muchos más bien eran amarrados. Jesús fue acostado y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal, que era conocida con el nombre de patibulum. El madero vertical estaba clavado al suelo de forma permanente.
Los romanos usaban clavos que eran de entre trece a dieciocho centímetros de largo, afilados en una punta aguda y se clavaban por las muñecas. El nervio mediano, era atravesado. Este nervio, es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó. Al romper ese tendón y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar. El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada “excruciante” (que significa “de la cruz”) para describir semejante dolor.
Jesús Cuelga de la Cruz: Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas. En el instante de estar en posición vertical, sus brazos se estiraron brusca e intensamente, quizás unos 15 centímetros de largo y ambos hombros deben de haberse dislocado (tome en cuenta sólo “la gravedad”, para sacar su conclusión), con lo que se confirmaba lo descrito en el Salmo 22 “dislocados están todos mis huesos”.
Cuando la persona está colgada en posición vertical, la muerte es lenta, muy dolorosa y terriblemente agonizante por asfixia, debido a que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Para poder exhalar, en principio, el individuo debía apoyarse en sus pies -que para este instante estaban fijos con clavos al madero- para que los músculos tensionados, se alivien por un instante al menos. Cuando esto se hacía, el clavo desgarraba el pie hasta que quedaba fijado -incrustado- en los huesos tarsianos.
Después de este enorme esfuerzo para exhalar, la persona podría relajarse en cierta forma y descender para intentar inhalar otro bocado de aire. Este drama lo repetiría mientras tuviera vida para exhalar, magullando su lacerada espalda en forma reiterada contra el áspero madero de la cruz, hasta que ya no pudiese y entonces moría. Jesús soportó este “sobrevivir” por más de tres horas.
Jesús Muere: Una persona, a medida que reduce el ritmo respiratorio, pasa a una etapa que se conoce con el nombre de acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se diluye como ácido carbónico lo que causa un aumento de acidez de la sangre. Esta situación conlleva en cuestión de un corto período a un pulso irregular. Es claro mencionar que al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús hubo de darse cuenta de que estaba a punto de morir y es entonces que pudo decir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y murió luego de un paro cardíaco.
Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.
El Corazón de Jesús es Traspasado: Por aquellos tiempos, los soldados quebraban las piernas de los crucificados para acelerar la muerte. Usaban para ello una especie de lanza romana para descolgar los huesos de la parte inferior de las piernas. Esta acción, impedía que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar. Sin este movimiento la muerte llegaba en poco tiempo.
Leemos en el Nuevo Testamento que los huesos de Jesús no fueron quebrados o rotos como sí ocurrió con los otros crucificados. Esto sucedió porque los soldados confirmaron que Jesús había muerto. Así se cumplió la escritura de Antiguo Testamento acerca del Mesías, donde se lee que ninguno de sus huesos sería quebrado. Para confirmar esta muerte, un soldado romano le clavó la lanza en su costado derecho, atravesando el pulmón derecho y penetrando su corazón. Por ello, cuando se retiró la lanza, salió un fluido claro como el agua seguido de un gran volumen de sangre, conforme lo describe Juan, uno de los testigos presentes, en su Evangelio.
También hay que mencionar las terribles humillaciones que sufrió por el desprecio y las miles de burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros, mientras el gentío le escupía el rostro y le lanzaba piedras. Hay que señalar que la cruz pesaba cerca de 30 kilos, sólo en su parte horizontal, región en la que clavaron sus manos.
Conclusiones de la Autopsia de Jesús: Conociendo la lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia casi hasta el último instante, en base a todas las consideraciones anteriormente expuestas, obtenemos las siguientes conclusiones médico-legales como las más probables:
Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia cerebral(hipoxia es disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total de oxígeno en la misma) consecuencia de hipovolemia (disminución del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria
Fuente:
http://www.noticiacristiana.com/news/newDetails.php?click_id=0&id_bol=20080320&idnew=83795
El equilibrio del evangelio
21 jul 2010 Comentarios desactivados
in Cristología
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Eso que es malo para la gobernabilidad de cualquier país, muchas veces se traslada a aquellos que tenemos que predicar el evangelio de Cristo. Muchos piensan que el evangelio es sólo una serie de prisión que envuelve al hombre y a la mujer en una interminable lista de leyes que empiezan con un “no”. Esa visión acotada de lo que el evangelio y la vida cristiana son, tiene su raíz en nosotros mismos, los cristianos, que muchas veces transmitimos esa imagen.
Es cierto que como cristianos debemos decir que no a ciertas cosas; pero siempre nuestros “no” deben estar asentados primero en los no de Dios, no en lo que a nosotros en lo personal no nos guste o no nos convenga. El evangelio contiene mandatos de parte de Dios y nos muestra qué cosas Dios aprueba y qué cosas no, por lo que la iglesia y cada creyente debe alzar la voz cuando pasan cosas en la sociedad que sabemos alejarán al país de la bendición de Dios. Pero creo que muchas veces nos quedamos allí, amputando el evangelio que vino a traer libertad a los hombres y las mujeres.
El evangelio posee un equilibrio entre la condena y la salida a los problemas y males del mundo. Un ejemplo claro de ello lo encontramos en 1 Co 6.9-11. En dicho pasaje, se marca con palabras muy duras y condenatorias (aunque muchos en estos días han dicho que la Biblia no condena a nadie) una lista de males que afectan a las personas y que las alejan de Dios. De todos ellos se dice en palabras imposibles de torcer “no heredarán el reino de los cielos”. Es bien claro que la entrada al cielo no es tan amplia como algunos desearían, y que hay algunos que de no aceptar su mal y buscar el remedio en Cristo se perderán por la eternidad.
En el mismo pasaje se muestra claramente que la solución a todos esos males se halla en la obra de Jesucristo: “Y esto eran algunos de ustedes; ya han sido lavados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.
El evangelio es la oportunidad que tienen el hombre y la mujere de disfrutar la libertad que Cristo ganó en la cruz. Si él padeció y murió allí, se debía a que había y hay un mal en el mundo. La cruz es a la vez condena sobre el pecado personal de todos y cada uno de nosotros, y la forma de ser libres de la culpa y las consecuencias de ese pecado.
Por ello, quienes nos decimos hijos de Dios condenemos el mal allí dónde se encuentre, empezando siempre por el mal personal, pues si somos complacientes con los pecados propios, no tendremos autoridad para juzgar nada. Pero también mostremos a Cristo como la única y definitiva solución a los males de este mundo. Y la mejor forma de mostrarlo, aparte de declarándolo, es viviendo nosotros a la luz del evangelio de Cristo, haciendo de cada día una nueva oportunidad para mostrar que vivir el evangelio es un llamado positivo hacia una vida plena.
Un último ejemplo. Cuando Jesús, de quien muchos tienen una idea deformada, como de alguien incapaz de condenar nada, cuando el Jesús de la Biblia se encontró con una turba que quería matar a una mujer adúltera, reprendió duramente a esa turba deseosa de sangre con aquello de “el que de ustedes esté libre de pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Jn 8.7). No iba a permitir que ellos aplicaran justicia cuando estaban contaminados ellos mismos. Pero a la mujer no le dijo, “andá y seguí haciendo lo que quieras”, sino que la despidió con estas palabras “Vete, y no sigas haciendo lo malo” (Jn 8.11). No pasó por alto su pecado, se lo hizo notar, pero le dio la libertad de cambiar su vida.
A Cristo le duele el mal que hacemos, pero él es la solución para ese mal y es la oportunidad de una nueva humanidad, basada ya no en nuestros razonamientos o gustos, sino en su plan para nosotros, un plan que tiene como interés mostrar a Cristo en nosotros.
aljueazo.com.ar
Max Lucado – Todavia Remueve Piedras
21 jul 2010 Comentarios desactivados
in Bibliografía, Cristo, Cristología Etiquetas: Max Lucado
Benjamín B. Warfield – La Deidad de Cristo
19 jul 2010 Comentarios desactivados
in Cristología Etiquetas: Benjamín B. Warfield
La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)
15 jul 2010 Comentarios desactivados
in Cristo, Cristología, Eclesiología
La Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)
Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, considerado incluso por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del160 d.C. Es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva.
La Didaché es muy tajante al afirmar que no todos pueden participaren la Eucaristía, ya que no se puede “dar lo santo a los perros”. Antes de participar exige confesar los pecados para que el sacrificio sea puro. Es un testimonio claro también de que la Iglesia primitiva ya reconocía en la Eucaristía el sacrificio sin mancha y perfecto presentado al Padre en Malaquías 1,11:
“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot”
Didaché C.9s (KLAUSER, 23ss; Ruiz Bueno, 86ss)
Pero que nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía sin estar bautizado en el nombre de Jesús; pues de esto dijo el Señor: no deis lo santo a los perros.
Didaché C.14 (KLAUSER, 28s; Ruiz Bueno, 91)
En los domingos del Señor, reuníos y partid el pan, y haced gracias, confesando antes vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro. El que tenga algún disgusto con su amigo, no asista a vuestra reunión hasta haberse reconciliado, a fin de que no se contamine vuestro sacrificio. Pues esto es lo que dijo el Señor: en todo lugar ofrézcanseme sacrificio limpio, porque soy yo Rey grande, dice elSeñor, y mi nombre es admirable entre las naciones.
El Papa Gelasio y la Transubstanciación
¿Fue la doctrina de la transubstanciación creída de forma general en la iglesia de los primeros años? Es interesante leer lo que el Papa Gelasio (492-496 A.C.) tuvo que decir sobre esta materia. Pero primero déjenos definir el significado de la doctrina.
Transubstanciación (ambas partes del latín que significan Trans- a través, y substantia, que significa substancia) sigue siendo la conversión de la sustancia de los elementos de la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo en la consagración, solamente del aspecto del pan y del vino restante. La “Sustancia” significa lo que algo es en sí mismo.
El Concilio de Trento establece: “si cualquier persona dice que en el sacramento sagrado y santo de la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino permanece conjuntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo, y niega que el cambio maravilloso y singular de la sustancia entera del pan en el cuerpo y la sustancia entera del vino en la sangre, los aspectos solamente del pan y el vino restante, que cambian la iglesia católica, lo cual es llamado mas convenientemente La transubstanciación, sea anatema (maldito) .” (Concilio de Trento, sesión 13, canon 2).
Así, la iglesia católica enseña que en la consagración, el pan y el vino realmente y substancialmente se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo aunque sigue existiendo el aspecto (o los “accidentes”) sin cambiar. Continuamos viendo el pan y el vino aunque no son ningún pan y vino nunca más; pues lo qué percibimos y probamos como el pan y el vino son de hecho el cuerpo y la sangre de Jesús.
Ahora déjenos ver lo que enseñó el Papa Gelasio. En el tratado De Duabus Naturis contra Eustaquio y Néstor (quién enseñó que en la encarnación la naturaleza humana de Cristo fue absorbida por la naturaleza divina), Gelasio escribió: “el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que recibimos, es una cosa divina, porque en ella nos hacemos participes de la naturaleza divina. Con todo la sustancia o la naturaleza del pan y del vino no cesa. Y seguramente la imagen y la similitud del cuerpo y de la sangre de Cristo se celebran en la presentación de los misterios.”
Gelasio enseñó que el pan y el vino sacramentales son la “imagen y la similitud” del cuerpo y sangre de Cristo; la “sustancia o la naturaleza” del pan y del vino permanece sin cambiar – “no cesa”. El pan sigue siendo pan; el vino sigue siendo vino. Claramente, el Papa Gelasio contradijo la idea de la transubstanciación.
¿Cómo los apologistas católicos reaccionan a esto? Un escritor católico discute que “el Papa Gelasio dijera simplemente que sigue habiendo el aspecto [accidentes] de pan/vino junto a la presencia verdadera en una tentativa de explicar el misterio de la encarnación, puesto que sigue habiendo la humanidad de Cristo junto a su divinidad. Algunos eruditos interpretan el pasaje antedicho para referirse a los accidentes del pan y del vino.” (Kenneth Henderson)
¿Papa Gelasio realmente significó “aspecto” cuándo él escribió sobre “sustancia” y la “naturaleza”? ¿Era el Papa ignorante del significado de los mismos términos en el Credo Niceno (325 D.C.) y la declaración de Chalcedon (451 D. C) para describir quién es Jesús realmente?
Hay una razón muy simple por la que Gelasio no significó “aspecto”. Recuerde que él está utilizando la eucaristía como analogía para la encarnación, a saber que la “humanidad de Cristo sigue estando junto a su divinidad.” ¡Ahora si por la “sustancia o la naturaleza” él significó que solamente sigue habiendo el aspecto del pan y del vino, siendo que Cristo aparecía simplemente humano pero en hecho él no estaba! ¡Ésa es la misma herejía que él refutaba!
No, mejor dicho, Gelasio creyó correcto que la distinción de naturalezas divinas y humanas de Cristo no es “de manera alguna anulada por la unión” (Concilio de Chalcedon). ¡Jesús es en verdad Dios y en verdad hombre! La eucaristía ilustra esta gran verdad, porque, así como permanece la sustancia del pan y del vino sin cambiar, así la naturaleza humana de Cristo seguía siendo sin cambios a pesar de su unión con su divinidad.
El Papa Gelasio no intentó probar que permanecen el pan y el vino sin cambiar. Él podría haber tomado como un hecho que sus lectores de final del Siglo V creyeron que la sustancia de los elementos de la eucaristía no cesa. La idea original de la transubstanciación fue desarrollada y adoptada mucho más adelante en la historia de la iglesia católica.
La Cena del Señor Parte 3 – en la Didaché o doctrina de los doce apóstoles (60-160 d.C)
12 jul 2010 Comentarios desactivados
in catolicismo, catolicismo romano, Cristo, Cristología, Eclesiología Etiquetas: Cena del Señor, DIDACHÉ
Cena del Señor parte 3 – Ignacio de Antioquia (110 d.C.)
11 jul 2010 Comentarios desactivados
in Cristología, Historia del Cristianismo Etiquetas: Cena del Señor, Ignacio de Antioquia
LA CENA DEL SEÑOR parte 2 – La Transubstanciación y la Iglesia primitiva
10 jul 2010 3 comentarios
in catolicismo, catolicismo romano, Cristo, Cristología Etiquetas: Cena del Señor, transubstanciación
CONCILIO DE CALCEDONIA
06 jul 2010 Comentarios desactivados
in catolicismo, catolicismo romano, Cristología, mariología Etiquetas: movimiento carismatico catolico
CONCILIO DE CALCEDONIA, 451
IV ecuménico (contra los monofisitas)
Definición de las dos naturalezas de Cristo
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres [v. 54 y 86].
Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás.
Maria,
1. madre (con minusculas) y no con mayusculas,porque toda la gloria es para el Señor Jesus.
2. en cuanto a la humanidad
Obviamente, es necesario señalar esta salvedad, ya que Jesus tiene dos naturalezas: la humana y la divina.
La tradicion de endiosar a Maria y de elevarla a la categoria de Lider Espiritual de la cristiandad es posterior a la epoca bíblica, fue en Efeso por mediados del s.IV
La marianizacion del movimiento carismatico católico es sumamente peligroso, ya que pone mucho enfasis en lo subjetivo mas que en lo racional, en la experiencia mariana, con el “espíritu de la Virgen Maria” en contra de la experiencia plenamente evangelica, bíblica.Centrada plenamente en las escrituras.
Una actitud cristiana que verdaderamente honre a Maria sería enseñar lo que ella, durante su vida terrenal, fue fijado por el Espiritu Santo en las escrituras.Eso es lo mas racional que tenemos, y sabemos que las Escrituras,como dijo Pedro: “La palabra profetica mas segura”
Cuando Jesús partió a los cielos, envió el Espíritu Santo para que continúe el ministerio de El. El Espiritu Santo es el Vicario de Cristo.
El propósito de este concilio (su espíritu) fue definir las dos naturalezas del Señor Jesus, en contra de la herejía monofisita y no endiosar a Maria
Que experiencia cristiana es la del cristiano con “La Virgen Maria”?
Es ella omnisciente para hablarle a los cristianos catolicos?
¿Está ella colaborando con el Espíritu Santo aca en la tierra al discipular o darle experiencias sobrenaturales a los creyentes?
No existe ninguna enseñanza al respecto en las escrituras. Sabemos que el Espíritu Santo es el Consolador, que es el “otro consolador” que el Señor Jesus envió para certificar su resurreccion.
Es el Esp. Santo el que habita en el cristiano. Maria descansa en la eternidad y no habita dentro del creyente. Esta en el descanso eterno, esperando la gloriosa resurreccion de los santos.
Maria no tabernaculizó con los cristianos ni puede hacerlo ahora. Ese es otro evangelio, totalmente distinto al de la iglesia primitiva.
La misma Maria se hubiese razgado las vestiduras si hubiese sabido que la iban a endiosar. Lamentablementge, los catolicos no leen las escrituras poniendo el sentido en ellas.
No creas amigo católico en otro evangelio, aun si viniese la v. Maria, no le creas. Cree en el Señor Jesucristo de todo corazón para ser salvo y en las escrituras cristianas para edificación de tu vida
Dios te bendiga
- Te recomiendo que leas este articulo del Hno. Pablo Santomauro (aca)
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