EL PREDOMINIO DEL EMPIRISMO

DOGMATISMOS Y PSEUDOCIENCIAS
EL PREDOMINIO DEL EMPIRISMO

No obstante los continuos ataques a la Ciencia Experimental, provenientes de los dogmatismos filosóficos, religiosos e, incluso del ocultismo sobreviviente en nuestros días, la investigación objetiva continúa imperturbable, porque la humanidad en su conjunto no es un supercerebro compuesto de unidades cerebrales que dirigen a ese supuesto psiquismo global hacia alguna meta de perfección, sino que se trata de una verdadera dispersión ideológica formada por diversos tipos humanos con sus tradiciones y tendencias propias, agrupadas por sus afinidades. Estos grupos afines prosiguen su camino propio, encerrados en sus creencias particulares, porque la organización genética heterogénea, en que consiste el proceso hominal con su historia, así lo exige, de modo que a un científico experimental, por más que se lo trate de adoctrinar, pretendiendo imponerle “a golpes” la aceptación de cierto dogma, por más que se le machaque la idea, continuará creyendo en el valor de la Ciencia Empírica, en sus proyecciones hacia el futuro, y también de nada valdría pretender transformar en un investigador libre de influencias dogmáticas a una personalidad con fuerte predisposición a aceptar o elaborar explicaciones metafísicas sobre el universo y la vida.
Lo grave es cuando un grupo de crédulos (valga esta vez la denominación igualmente para ciertos empiristas), ataca a otro grupo de crédulos, o cuando un grupo se cree atacado por otro que jamás tuvo intención alguna de hacerlo.
El primer caso es el de los dogmáticos que atacan a la ciencia y el segundo es el avance exitoso de ésta, que arrasa sin quererlo a los dogmatismos.
Pero en estos tiempos que estamos viviendo, existe ya una ventaja para el esclarecimiento del universo y la vida mediante el experimento basado en la moderna tecnología y es la que permite a este método aplicarse sin trabas.
Aunque surja un nuevo Galileo, no será procesado y obligado a retractarse por haber cometido la inconcebible herejía de afirmar que la Tierra se mueve, ni un nuevo Darwin será ya criticado y atacado con furia y desesperación desde posiciones creacionistas clericales por haber descubierto la no fijeza de las especies vivientes, sino que hoy, dada la evidencia de los descubrimientos científicos de última generación, son los dogmas los que humildemente, bajando la cerviz, deben amoldarse a la realidad.
Así el dogma judeocristiano, por ejemplo, se ve obligado a cambiar sus conceptos creacionistas. El mundo ya no pudo haber sido hecho en seis días y se comienza a hablar de períodos, y el hombre no apareció sobre la Tierra en una primera pareja, sino que según el nuevo dogma esta pareja fue “elegida entre los homínidos primitivos medio brutos para ser transformada en auténticos seres humanos” y los mismos que defienden las creencias en la sabia naturaleza, acuden a la ciencia médica para que les corrija las anomalías congénitas, producidas por los yerros de la misma naturaleza.
Es decir, que las creencias se hallan repartidas, cada grupo con las propias que lo identifican continúa en su fe y una de ellas, la que cree en los resultados de la Ciencia Empírica también prosigue su labor, haciendo caso omiso de las demás creencias que, en cambio, la siguen de cerca y están como al acecho para comprobar dónde se halla el lado flaco del conocimiento científico.
Pero he aquí que las supuestas barreras esperadas no aparecen en ningún frente y los límites para la Ciencia siempre retroceden. A medida que las distintas disciplinas se relacionan, se apoyan y complementan, más claras se vislumbran las cosas y el conocimiento científico crece a pasos agigantados distanciándose abismalmente de las pseudociencias de todo cuño, que deben conformarse con debatirse en sus propios círculos viciosos encerradas en la sola razón especulativa.
Así lo objetivo, aquello que se plasmado en resultados a la vista, producto de tanta investigación trasladada a la técnica, que ha transformado la faz del orbe, satisface a la índole humana y la causa de la Ciencia es un proceso irreversible; se hallaba oculto potencialmente en la mente humana y es en la actualidad cuando se manifiesta con su mayor fuerza.
Pero debemos advertir, que el hombre actual no es más inteligente que el de hace cinco mil años, sino que es el mismo intelecto el cual se aplica a la diversidad de elementos que hoy se tienen a mano; lo demás, el progreso, es un agregado que se hace a la síntesis científica.
Si desaparecieran los conocimientos descubiertos, se esfumaría la ciencia y las mentes quedarían otra vez reducidas a sus concepciones fantásticas sobre el mundo, necesarias para evadirse de una realidad desconocida y amenazante como lo era en tiempos remotos sumido el hombre en la bruma de la nesciencia.
Pero en virtud del éxito del resultado práctico del conocimiento basado en la experiencia a la que es aplicado al máximo el mecanismo mental, que hace a la aceptación de la creencia en lo objetivo, y al conocerse y ser distinguido lo verdaderamente dañino, de lo inofensivo y de lo beneficioso, ésta creencia se vuelve sólida, desplazante de otras creencias, porque se deja de temer a la naturaleza al tornarse ésta conocida y en buena parte dominable. Ya no son necesarias las concepciones de un mudo mágico precientífico para influir en él con ciertos supuestos poderes y manejarlo ilusoriamente para apartar los males para la salud, por ejemplo, sino que éstos son evitados mediante la vacuna, la alimentación balanceada, la cirugía, los modernos medicamentos o mediante la previsión tecnológica de la economía.
El miedo a lo desconocido ha cedido gracias a la Ciencia.
Este factor difiere de todas las creencias pseudocientíficas en el sentido de que siempre hay una disposición a aceptar cambios conceptuales. Las teorías no suelen ser fijas; una vez demostradas sus falencias deben ser abandonadas, so pena de transformarse en dogmas que ya nada tienen que ver con las experiencias futuras con nuevas posibilidades abiertas. Ninguna ortodoxia puede ser válida en este caso, porque el científico posee conciencia clara que tiene en sus manos un universo que se revela complejo al grado superlativo y va de sorpresa en sorpresa ante las revelaciones que le permite realizar cada vez más el moderno instrumental, lo cual le va dando la pauta de cuan alejados de la realidad se hallaban aquellos que se creían dueños de la verdad, con sus conceptos pseudocientíficos sobre las cosas y hechos que hasta hoy se arrastran.
El universo simple, formado de materia y espíritu, se ha transformado en un maremagnum mayor incoherente, accidental, de colosales dimensiones que es el universo en términos absolutos, pero ello no quita que la Ciencia pueda producir un supercerebro artificial, con capacidad multiplicada para entender lo que nosotros apenas atisbamos.
La creencia en la Ciencia apunta hacia la posibilidad de crear, a la par de nuevo instrumental científico, una trama inteligente artificial que deje muy atrás al cerebro humano actual. Luego se podrá entender mejor el universo, su naturaleza íntima y sus posibilidades aún no aprovechadas.

Ladislao Vadas

http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=3634

¿Creacionismo Teista?

¿Creacionismo Teista?

Es algo ambiguo. Collins, que pasará de seguro a la historia de la ciencia lo llama BioLogos, y además dice que el Evolucionismo teista o BioLogos, sin ser directamente defendido antes de Darwin, se deja entrever en muchos escritos de Agustín de Hipona, o de Tomás de Aquino.

Por cierto, Collins parece ser evangelista, y además muy interesado en el ecumenismo, ya que no para de citer a Juan Pablo II o a Agustín de Hipona

Un creacionista teísta (CT), es aquel que cree que Dios nos creó.

Hay diversas variedades, hay quienes piensan que creó las primeras moléculas y a partir de ellas la evolución hizo el resto (estos son una minoría), y hay quienes sostienen que Dios dotó de alma a un grupo de homínidos (lo que encaja más con la proximidad de la existencia de Adán y Eva) que han formado la especie humana.

Los CT consideran a la Biblia el libro sagrado que debe de servir de guía y Jesús se personaría en la Tierra para demostrar la existencia de Dios y decirle al mundo que hay que seguir su palabra escrita.

Los CT no interpretan como literal lo escrito en la Biblia, sino que ésta está formada por un conjunto de enseñanzas (mitos) para ser enseñadas, al principio de forma oral hasta que se transcribió. Por tanto el jardín del Edén, el diluvio universal o la destrucción de Sodoma no deben de entenderse como historia literal sino como historias de las que extraer enseñanzas.

Los CT consideran que los datos aportados por la ciencia son correctos:la Tierra tiene varios miles de millones de años, las especies evolucionan, y es posible que el universo se generase a partir de una gran explosión. Tienes una buena revisión del tema en: http://bip.cnrs-mrs.fr/bip10/sebbm.pdf.

Evolución humana

Evolución humana

Antepasados de Homo sapiens
Anterior al género Homo
Primeros Hominidos  

Australopithecus

Paranthropus

Kenyanthropus

Género Homo

La evolución humana o también hominización se define como el proceso de transformación de la especie humana desde sus ancestros hasta el estado actual. El estudio de dicho proceso es una búsqueda interdisciplinar en la que se aúnan conocimientos procedentes de ciencias como la antropología física, la lingüística y la genética.

Etapas en la evolución humana

Los pre-Australopitecinos

Los primeros posibles homínidos bípedos (Hominina) son Sahelanthropus tchadiensis (con una antigüedad de 6 ó 7 millones de años), Orrorin tugenensis (unos 6 millones de años) y Ardipithecus (entre 5,5 y 4,5 millones de años). Debido a la escasez de restos fósiles y a lo fragmentario de los mismos, no hay acuerdo general sobre si estos primeros homínidos fueron totalmente bípedos.

Fase Australopithecus

Reconstrucción de Australopithecus afarensis  

Reconstrucción de Australopithecus afarensis

Los primeros homínidos de los que se tiene la seguridad de que fueron completamente bípedos son los miembros del género Australopithecus, de los que se han conservado esqueletos muy completos (como el de la famosa Lucy).

Este tipo de homínido prosperó en las sabanas arboladas del este de África entre 4 y 2,5 millones de años atrás con notable éxito ecológico, como lo demuestra la radiación que experimentó, con al menos cinco especies diferentes esparcidas desde Etiopía y el Chad hasta Sudáfrica.

Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con la consiguiente expansión de los ecosistemas abiertos, esteparios. Como resultado de esta presión evolutiva, algunos Australopithecus se especializaron en explotar productos vegetales duros y de escaso valor nutritivo, desarrollando un impresionante aparato masticador, originado a Paranthropus; otros Australopithecus se hicieron paulatinamente más carnívoros, originando a los primeros Homo.

Fase habilis

No se sabe con certeza qué especie originó los primeros miembros del género Homo; se han propuesto a A. africanus, A. afarensis y A. garhi, pero no hay un acuerdo general. También se ha sugerido que Kenyanthropus platyops pudo ser el antepasado de los primeros Homo.[1]

Reconstrucción de Homo habilis  

Reconstrucción de Homo habilis

Clásicamente se consideran como perteneciente al género Homo los homínidos capaces de elaborar herramientas de piedra. No obstante, esta visión ha sido puesta en duda en los últimos años; por ejemplo, se ha sugerido que Australopithecus ghari, hace 2,5 millones de años fue capaz de fabricar herramientas.[2] Las primeras herramientas eran muy simples y se encuadran en la industria lítica conocida como Olduvayense o Modo 1. Las más antiguas proceden de la región de Afar (Etiopía) y su antigüedad se estima en unos 2,6 millones de años,[3] pero no existen fósiles de homínidos asociados a ellos (ver El artesano olduvayense).

De esta fase se ha descrito dos especies, Homo rudolfensis y Homo habilis, que habitaron África Oriental entre 2,5 y 1,8 millones de años atrás, que a veces se reúnen en una sola. El volumen craneal de estas especies oscila 650 y 800 cm³.

Fase erectus

Reconstrucción de Homo ergaster  

Reconstrucción de Homo ergaster
Distribución geográfica y temporal del género Homo. Otras interpretaciones difieren en la taxonom�a y distribución geográfica.  

Distribución geográfica y temporal del género Homo. Otras interpretaciones difieren en la taxonomía y distribución geográfica.

Esta es sin duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. El sucesor cronológico de los citados Homo rudolfensis y Homo habilis es Homo ergaster, cuyos fósiles más antiguos datan de hace aproximadamente 1,8 millones de años, y su volumen craneal oscila entre 850 y 880 cm³.

Morfológicamente es muy similar a Homo erectus y en ocasiones se alude a él como Homo erectus africano. Se supone que fue el primero de nuestros antepasados en abandonar África; se han hallado fósiles asimilables a H. ergaster (o tal vez a Homo habilis) en Dmanisi (Georgia), datados en 1.8 millones de años de antigüedad y que se han denominado Homo georgicus que prueban la temprana salida de África de nuestros antepasados remotos.[4]

Esta primera migración humana condujo a la diferenciación de dos linajes descendientes de Homo ergaster: Homo erectus en Extremo Oriente (China, Java) y Homo antecessor/Homo cepranensis en Europa (España, Italia). Por su parte, los miembros de H. ergaster que permanecieron en África inventaron un modo nuevo de tallar la piedra, más elaborado, denominado Achelense o Modo 2 (hace 1,6 ó 1,7 millones de años). Se ha especulado que los clanes poseedores de la nueva tecnología habrían ocupado los entornos más favorables desplazando a los tecnológicamente menos avanzados, que se vieron obligados a emigrar. Ciertamente sorprende el hecho que H. antecessor y H. erectus siguieran utilizando el primitivo Modo 1 (Olduvayense), cientos de miles de años después del descubrimiento del Achelense. Una explicación alternativa es que la migración se produjera antes de la aparición del Achelense.[5]

Parece que el flujo genético entre las poblaciones africanas, asiáticas y europeas de esta época fue escaso o nulo. Homo erectus pobló Asia Oriental hasta hace solo unos 50.000 años (yacimientos del río Solo en Java) y que pudo diferenciar especies independientes en condiciones de aislamiento (como Homo floresiensis de las Isla de Flores (Indonesia). Por su parte, en Europa se tiene constancia de la presencia humana desde hace casi 1 millón de años (Homo antecessor), pero se han hallado herramientas de piedra más antiguas no asociadas a restos fósiles en diversos lugares. La posición central de H. antecessor como antepasado común de Homo neanderthalensis y Homo sapiens ha sido descartada por los propios descubridores de los restos (Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga).

Los últimos representantes de esta fase de nuestra evolución son Homo heidelbergensis en Europa, que supuestamente está en la línea evolutiva de los neandertales, y Homo rhodesiensis en África que sería el antepasado del hombre moderno.

Una visión más conservativa de esta etapa de la evolución humana reduce todas las especies mencionadas a una, Homo erectus, que es considerada como una especie politípica de amplia dispersión con numerosas subespecies y poblaciones interfértiles genéticamente interconectadas.

Fase sapiens

La fase final de la evolución de nuestra especie está presidida por dos especies humanas, ambas inteligentes, que durante un largo periodo convivieron y compitieron por los mismos recursos. Se trata del Hombre de Neanderthal (Homo neanderthalensis) y nosotros mismos, Homo sapiens. Son en realidad dos historias paralelas que, en un momento determinado se cruzan.

Reconstrucción de Hombre de Neanderthal

El Hombre de Neanderthal surgió y evolucionó en Europa y Oriente Medio hace unos 230.000 años,[5] presentando claras adaptaciones al clima frío de la época (complexión baja y fuerte, nariz ancha).

Los fósiles más antiguos de Homo sapiens datan de hace unos 200.000 años (Etiopía). Hace unos 90.000 años llegó al Próximo Oriente donde se encontró con el Hombre de Neanderthal que huía hacia el sur de la glaciación que se abatía sobre Europa. Homo sapiens siguió su expansión y hace unos 45.000 llegó a Europa Occidental (Francia); paralelamente, el Hombre de Neanderthal se fue retirando, empujado por H. sapiens, a la periferia de su área de distribución (Península ibérica, mesetas altas de Croacia), donde desapareció hace unos 28.000 años.

Aunque H. neanderthalensis ha sido considerados con frecuencia como subespecie de Homo sapiens (H. sapiens neanderthalensis), análisis del ADN mitocondrial (ADNm) de fósiles de H. neanderthalensis sugieren que la diferencia existente es suficiente para considerarlos como dos especies diferentes, separadas desde hace al menos 400.000 años y probablemente más (ver el apartado clasificación en Homo neanderthalensis).

Se tiene la casi plena certeza de que el Hombre de Neandertal no es ancestro del ser humano actual, sino una especie de línea evolutiva paralela derivada también del Homo erectus/Homo ergaster a través del eslabón conocido como Homo heidelbergensis. El neandertal coexistió con el Homo sapiens y quizá terminó extinguido por la competencia con nuestra especie. Si existió algún mestizaje entre ambas especies, el aporte a la especie humana actual ha sido, en lo genético, inferior al 5% (un arqueólogo y paleoantropólogo que defendía la hipótesis de una fuerte mixogénesis de las dos especies ha sido descubierto como falsificador de “pruebas”; en efecto, existe actualmente casi total escepticismo de que ambas especies hayan sido interfértiles). En cuanto al llamado Hombre de Cro-Magnon corresponde a las poblaciones de Europa Occidental de la actual especie Homo sapiens.

Árbol genealógico” humano

Homo sapiens

Los parientes vivos más cercanos a nuestra especie son los grandes simios: el gorila, el chimpancé, el bonobo y el orangután.

Demostración palmaria de este parentesco es que un mapeo del genoma humano actual indica que Homo sapiens comparte casi el 99% de los genes con el chimpancé y con el bonobo. Para mayor precisión, el genoma de cualquier individuo de nuestra especie tiene una diferencia de sólo el 0,27% respecto al genoma de Pan troglodytes (chimpancés) y de 0,65% respecto al genoma de los gorilas.

Los fósiles más antiguos de Homo sapiens tienen una antigüedad de casi 200.000 años[6] y proceden del sur de Etiopía (formación Kibish del río Omo), considerada como la cuna de la humanidad (véase Hombres de Kibish). A estos restos fósiles siguen en antigüedad los de Homo sapiens idaltu, con unos 160.000 años.

Cladograma que muestra las relaciones de parentesco entre los principales grupos humanos, basado en datos genéticos   

Cladograma que muestra las relaciones de parentesco entre los principales grupos humanos, basado en datos genéticos[7]

Algunos datos de genética molecular concordantes con hallazgos paleontológicos, sostienen que todos los seres humanos descienden de una misma Eva mitocondrial o E.M., esto quiere decir que, según los rastreos del ADNm – que sólo se transmite a través de las madres-, toda la humanidad actual tiene una antecesora común que habría vivido en el noreste de África (en territorios que corresponden a los actuales estados de Etiopía y Kenia) hace entre 140.000 y 200.000 años[8] (ver haplogrupos de ADN mitocondrial humano). En otros estudios sin embargo, basados en el polimorfismo del complejo mayor de histocompatibilidad, se sugiere que en los ultimos 30 millones de años la especie humana o sus ancestros jamas pudieron haber comprendido menos de 100.000 individuos, lo que derrumba la teoría del “cuello de botella” del ADNm y la Eva ancestral. Estas conclusiones son derivadas del hecho que humanos y chimpances comparten muchas diferentes variedades de los mismos genes, que no pudieron haberse trasmitido de especie a especie si hubiera existido solo un humano originario.[9]

Estudios de los haplogrupos del cromosoma Y humano, situan el origen de nuestra especie en el este Africano y no más antiguo que 200.000 años.[10]

Otros indicios derivados de muy recientes investigaciones sugieren que la de por sí exigua población de Homo sapiens hace unos 74.000 años se redujo al borde de la extinción al producirse el estallido del volcán Toba, volcán ubicado en la isla de Sumatra, cuyo estallido ha dejado como rastro el lago Toba. Tal erupción-estallido tuvo una fuerza 3.000 veces superior a la erupción del Monte Santa Helena en 1980. Esto significó que gran parte del planeta se vio cubierto por nubes de ceniza volcánica que afectaron negativamente a las poblaciones de diversas especies incluidas la humana, según esta hipótesis llamada entre la comunidad científica Catástrofe de Toba, la población de Homo sapiens (Entonces toda en África. La primera migración fuera de África fue en torno al año 70.000 ac) se habría reducido a sólo alrededor de 1000 individuos. Si esto es cierto, significaría que el ‘pool’ genético de la especie se habría restringido de tal modo que se habría potenciado la unidad genética de la especie humana[cita requerida].

No todos están de acuerdo con esa datación. Después de analizar el ADN de personas de todas las regiones del mundo, el genetista Spencer Wells sostiene que todos los humanos que viven hoy descienden de un solo individuo que vivió en África hace unos 60,000 años.[11]

Por todo lo antedicho queda demostrado el monogenismo de la especie humana y, consecuentemente, descartado el poligenismo, que servía de “argumento” a teorías racistas.

Migraciones prehistóricas de Homo sapiens

Junto a los hallazgos arqueológicos, el principal indicador de la expansión del ser humano por el planeta es el ADNm, aunque se está investigando el cromosoma Y, que es característico de los machos, para lograr mayores precisiones.

Los humanos ya habrían comenzado a salir del África unos 90.000 años antes del presente. Colonizando para esas fechas el sur de Eurasia (Estos restos fósiles han sido atribuibles a tempranos homo sapiens, pero su real relación con los humanos modernos es aun discutida).[12]

Mapa de la migración humana según estudios del ADN mitocondrial. La leyenda representa los miles de años desde la actualidad. La l�nea azul señala la extensión máxima de los hielos y las áreas de tundra durante la última gran glaciación.  

Mapa de la migración humana según estudios del ADN mitocondrial. La leyenda representa los miles de años desde la actualidad. La línea azul señala la extensión máxima de los hielos y las áreas de tundra durante la última gran glaciación.

Australia y Nueva Guinea: la Línea de Wallace significó para los Homo sapiens un límite insuperable durante casi 20.000 años para acceder a esta región. La llegada de humanos a Australia se data hace unos 70.000 años cuando pudieron fabricar rústicas almadías o balsas de juncos para atravesar el estrecho que durante las glaciaciones formaba la Fosa de Wallace, separando a Australasia.

Europa: recién comenzó a ser colonizada hace sólo unos 40.000 años, ellos suponen que durante milenios el desierto de Siria resultaba una barrera infranqueable desde África hacia Europa, por lo que habría resultado más practicable una migración costera desde las costas de Eritrea a las costas yemeníes y de allí al subcontinente indio. La expansión por Europa coincide con la extinción de su coetáneo de entonces, el hombre de Neandertal.

Oceanía: la colonización de estas islas más próximas a Eurasia se habría iniciado hace unos 50.000 años, pero la expansión por esta MUG (macro-unidad geográfica) fue muy lenta y gradual, y hasta hace unos 15.000 años los Homo sapiens Sapiens no comenzaron una efectiva expansión por Oceanía, aunque archipiélagos como el de Hawai y Nueva Zelanda no estaban aún poblados por seres humanos hace 2.000 ó 1.500 años (se requirió el desarrollo de una apropiada técnica naval y conocimientos suficientes de náutica.

América: la llegada del hombre a América, se habría iniciado durante el Wurmiense. Esto hace unos 40.000, o cuando menos, 30.000 años atrás. Durante las glaciaciones el nivel de los océanos desciende al grado que el “Viejo Mundo” y el “Nuevo Mundo” forman un megacontinente unido por el Puente de Beringia.

Antártida: ha sido la última MUG descubierta por el español Gabriel de Castilla (1603), siendo poblada desde 1904, y con población nativa desde 1978 (población chilena).

Bipedestación

Los Homínidos, primates bípedos, habrían surgido hace unos 6 ó 7 millones de años en África, cuando dicho continente se encontró afectado por una progresiva desecación que redujo las áreas de bosques y selvas. Como adaptación al bioma de sabana aparecieron primates capaces de caminar fácilmente de modo bípedo y mantenerse erguidos (East Side Story[13] ) . Más aún, en un medio cálido y con fuerte radiación ultravioleta e infrarroja una de las mejores soluciones adaptativas son la marcha bípeda y la progresiva reducción de la capa pilosa, esto evita el excesivo recalentamiento del cuerpo. Hace 150.000 años el norte de África volvió a sufrir una intensa desertización lo cual significó otra gran presión evolutiva como para que se fijaran los rasgos principales de la especie Homo sapiens.

Para lograr la postura y marcha erecta han tenido que aparecer importantes modificaciones:

  • Cráneo. Para permitir la bipedestación, el foramen magnum (u orificio occipital por el cual la médula espinal pasa del cráneo a la raquis) se ha desplazado; mientras en los simios el foramen magnum se ubica en la parte posterior del cráneo, en el Homo sapiens (y en sus ancestros directos) el foramen magnun se ha “corrido” casi hacia la base del mismo.
  • Columna vertebral. La columna vertebral bastante rectilínea en los simios, en el Homo sapiens y en sus ancestros bípedos ha adquirido curvaturas que permiten soportar mejor el peso de la parte superior del cuerpo, tales curvaturas tienen un efecto “resorte”. Por lo demás la columna vertebral ha podido erguirse casi 90º a la altura de la pelvis, si se compara con un chimpancé se nota que al carecer este primate de la curva lumbar, su cuerpo resulta empujado hacía adelante por el propio peso; en la raquis humana el centro de gravedad se ha desplazado, de modo que el centro de gravedad de todo el cuerpo se sitúa encima del soporte que constituyen los pies, al tener el Homo sapiens una cabeza relativamente grande el centro de gravedad corporal es bastante inestable (y hace que al intentar nadar, el humano tienda a hundirse “de cabeza”)[cita requerida]. Otro detalle; las vértebras humanas son más circulares que las de los simios, esto les permite soportar mejor el peso vertical.
  • Pelvis. La pelvis se ha debido ensanchar, lo cual ha sido fundamental en la evolución de nuestra especie. Los huesos ilíacos de la región pelviana en los Homo sapiens (e inmediatos antecesores) “giran” hacia el interior de la pelvis, esto le permite soportar mejor el peso de los órganos al estar en posición erecta. La citada modificación de la pelvis implica una disminución importante en la velocidad posible de la carrera por parte de los humanos. La bipedestación implica una posición de la pelvis, que hace que las crías nazcan “prematuras”: en efecto, el parto humano es denominado ventral acodado ya que existe casi un ángulo recto entre la cavidad abdominal y la vagina que en el pubis de la mujer es casi frontal, si en todos los otros mamíferos el llamado canal de parto es muy breve, en cambio en las hembras de Homo sapiens es muy prolongado y sinuoso, esto hace dificultosos los alumbramientos. Como se verá más adelante, esto ha sido fundamental en la evolución de nuestra especie.
  • Piernas. También para la bipedestación ha habido otros cambios morfológicos muy importantes y evidentes, particularmente en los miembros y articulaciones. Los miembros inferiores se han robustecido, el fémur humano se inclina hacia adentro, de modo que le posibilita la marcha sin necesidad de girar casi todo el cuerpo; la articulación de la rodilla se ha vuelto casi omnidireccional (esto es, puede moverse en diversas direcciones), aunque en los monos -por ejemplo el chimpancé- existe una mayor flexibilidad de la articulación de la rodilla, es para un mejor desplazamiento por las copas de los árboles, es así que el humano a diferencia de sus parientes más próximos no marcha con las rodillas dobladas.
  • Pies. En los humanos los pies se han alargado, particularmente en el talón, reduciéndose algo los dedos del pie y dejando de ser oponible el “pulgar” del pie (el dedo mayor), en líneas generales el pie ha perdido casi totalmente la capacidad de aprehensión. Se sabe, en efecto, que el pie humano ha dejado de estar capacitado para aferrarse (cual si fuera una mano) a las ramas, pasando en cambio a tener una función importante en el soporte de todo el cuerpo. El dedo mayor del pie tiene una función vital para lograr el equilibrio de los homínidos durante la marcha y la postura erecta; en efecto, el pulgar del pie de un chimpancé es transversal, lo que permite al simio aferrarse más fácilmente de las ramas, en cambio el “pulgar” del pie humano, al estar alineado, facilita el equilibrio y el impulso hacia adelante al marchar o correr. Los huesos de los miembros inferiores son relativamente rectilíneos en comparación con los de otros primates.

Ventajas de la bipedestación

Es evidente que la gran cantidad de modificaciones anatómicas que condujeron del cuadrupedismo al bipedismo requirió una fuerte presión selectiva. Se ha discutido mucho sobre la ineficacia de la marcha bípeda comparada con la cuadrúpeda. También se ha criticado que ningún otro animal de los que se adaptaron a la sabana al final de Mioceno desarrolló una marcha bípeda. Hemos de tener en cuenta que partimos de homínidos con un tipo de desplazamiento cuadrúpedo que no es ninguna maravilla adaptativa; en efecto, el modo en que se desplazan los chimpancés, apoyando la segunda falange de los dedos de las manos no puede compararse a la marcha cuadrúpeda de ningún otro mamífero. Puede ser suficiente en trayectos cortos por el suelo, pero no es muy eficaz para grandes desplazamientos en terreno abierto. Los primeros homínidos de sabana probablemente se vieron obligados a desplazarse distancias considerables en campo abierto para alcanzar grupos de árboles situados a distancia. La marcha bípeda pudo ser muy eficaz en estas condiciones ya que:[5]

  • Permite otear el horizonte por encima de la vegetación herbácea en busca de árboles o depredadores.
  • Permite transportar cosas (como comida, palos, piedras o crías) con las manos, liberadas de la función locomotora.
  • Es más lenta que la marcha cuadrúpeda, pero es menos costosa energéticamente, lo que debería ser interesante para recorrer largas distancias en la sabana, o en un hábitat más pobre en recursos que la selva.
  • Expone menos superficie al sol y permite aprovechar la brisa, lo que ayuda a no recalentar el cuerpo y ahorrar agua, cosa útil en un hábitat con escasez del líquido elemento.

Hace años se argumentó que la liberación de las manos por parte de los primeros homínidos bípedos les permitió elaborar armas de piedra para cazar, lo cual habría sido el principal motor de nuestra evolución. Hoy está claro que la liberación de las manos (que se produjo hace más de 4 millones de años) no está ligada a la fabricación de herramientas, que aconteció unos 2 millones de años después, y que los primeros homínidos no eran cazadores y que a lo sumo comían carroña esporádicamente.

Aspectos morfológicos

Diferencias con otros primates

Cuando los ancestros del Homo sapiens y otros muchos primates vivían en selvas comiendo frutos, bayas y hojas, abundantes en vitamina C, pudieron perder la capacidad genética, que tiene la mayoría de los animales, de sintetizar en su propio organismo tal vitamina. Tales pérdidas durante la evolución han implicado sutiles pero importantes determinaciones: cuando las selvas originales se redujeron o, por crecimiento demográfico, resultaron superpobladas, los primitivos homínidos (y luego los humanos) se vieron forzados a recorrer importantes distancias, migrar, para obtener nuevas fuentes de nutrientes (por ejemplo de la citada vitamina C).

Todos los cambios reseñados han sucedido en un periodo relativamente breve (aunque se mida en millones de años), esto explica la susceptibilidad de nuestra especie a afecciones en la columna vertebral y en la circulación sanguínea y linfática (por ejemplo, el corazón recibe -relativamente- “poca” sangre).

Liberación de los miembros superiores

La postura bípeda dejó libres los miembros superiores que ya no tienen que cumplir la función de patas (excepto en los niños muy pequeños) ni la de braquiación, es decir, el desplazamiento de rama en rama con los brazos, aun cuando la actual especie humana, de la cintura hacia arriba mantenga una complexión de tipo arborícola.

Esta liberación de los miembros superiores fue, en su inicio, una adaptación óptima al bioma de sabana; al marchar bípedamente y con los brazos libres, los ancestros del hombre podían recoger más fácilmente su comida; raíces, frutos, hojas, insectos, huevos, reptiles pequeños, roedores y carroña; en efecto, muchos indicios hacen suponer como probable que nuestros ancestros fueran en gran medida carroñeros y, dentro del carroñeo, practicaran la modalidad llamada cleptoparasitismo, esto es, robaban las presas recién cazadas por especies netamente carnívoras; para tal práctica, nuestros ancestros debían haber actuado en bandas, organizadamente.

Los miembros superiores, siempre en relación con otras especies, se han acortado. Estos miembros superiores al quedar liberados de funciones locomotoras, se han podido especializar en funciones netamente humanas. El pulgar oponible es una característica heredada de los primates más antiguos, pero si en éstos la función principal ha sido la de aferrarse a las ramas y en segundo lugar aprehender las frutas o insectos que servían de alimento, en la línea evolutiva que desemboca en nuestra especie la motilidad de la mano, y en particular de los dedos de ésta, se ha hecho gradualmente más precisa y delicada lo que ha facilitado la elaboración de artefactos; aún (junio de 2005) no se tiene conocimiento respecto al momento en que la línea evolutiva comenzó a crear artefactos, es seguro que ya hace más de 2 millones de años Homo habilis/Homo rudolfensis realizaba toscos instrumentos que utilizaba asiduamente (en todo caso, los chimpancés, en estado silvestre, confeccionan “herramientas” de piedra, madera y hueso muy rudimentarias). El desarrollo de la capacidad de pronación en la articulación de la muñeca también ha sido importantísimo para la capacidad de elaborar artefactos.

Visión

El humano hereda de los prosimios la visión estereoscópica y pancromática (la capacidad de ver una amplia tonalidad de los colores del espectro visible); los ojos en la parte delantera de la cabeza posibilitan la visión estereoscópica (en tres dimensiones), pero si esa característica surge en los prosimios como una adaptación para moverse mejor durante la noche o en ambientes umbríos como los de las junglas, en Homo sapiens tal función cobra otro valor; facilita la mirada a lontananza, el otear horizontes, en este aspecto la visión es bastante más aguda en los humanos que en los otros primates y en los prosimios. Esto facilitará el hecho por el cual Homo sapiens sea un ser altamente visual (por ejemplo las comunicaciones mediante la mímica), facilitará asimismo lo imaginario.

Especialización

Pese al conjunto de modificaciones morfológicas antes reseñadas, desde el punto de vista de la anatomía comparada, llama la atención una cuestión: Homo sapiens es un animal relativamente poco especializado. En efecto, gran parte de las especies animales ha logrado algún tipo de especialización anatómica (por ejemplo los artiodáctilos poseen pezuñas que les permiten correr en las llanuras despejadas), pero las especializaciones, si suelen ser una óptima adaptación a un determinado bioma, conllevan el riesgo de la desaparición de la especie especializada y asociada a tal bioma si éste se modifica.

La ausencia de tales especializaciones anatómicas ha facilitado a los humanos una adaptabilidad inusitada entre las demás especies de vertebrados para adecuarse a muy diversas condiciones ambientales.

Más aún, aunque parezca paradójico, Homo sapiens tiene características neoténicas. En efecto, la estructura craneal de un Homo sapiens adulto se aproxima más a la de la cría de un chimpancé que a la de un chimpancé adulto: el rostro es achatado (“ortognato” o de “bajo índice facial”) y es casi inexistente el torus supraorbitario (en la humanidad actual apenas se encuentran vestigios de torus en las poblaciones llamadas australoides). De otro modo se puede decir que los arcos superciliares de Homo sapiens son “infantiles”, delicados, el rostro aplanado o ligeramente prognato.

Homo sapiens es, por su anatomía, un animal muy vulnerable si se encuentra en condiciones naturales.

Asociado al hecho por el cual morfológicamente el ser humano tenga características que le aproximan a las de un chimpancé “niño” se encuentra el ‘ortognatismo’ y esto quiere decir, entre otras cuestiones, que los dientes de Homo sapiens son relativamente pequeños y poco especializados, las mandíbulas, por esto, se ha abreviado y hecho más delicadas, falta además el diastema o espacioio en donde encajan los colmillos. La debilidad de las mandíbulas humanas las hace casi totalmente inútiles para la defensa a mordiscos ante un predador y, asimismo, son muy deficientes para poder consumir gran parte del alimento en su estado natural, lo que es uno de los muchos déficits corporales que llevan al humano a vivir en una sociedad organizada.

Tabla comparativa de las diferentes especies del género Homo

Los nombres en negrita indican la existencia de numerosos registros fósiles.
Especies Cronología (cron) Distribución Altura de adulto (m) Peso de adulto (kg) Volumen craneal (cm³) Registro fósil Descubrimiento /
publicación del nombre
H. habilis 2.5–1.4 África del este 1.0–1.5 30–55 600 varios 1960/1964
H. rudolfensis 1.9 Kenia       1 craneo 1972/1986
H. georgicus 1.8–1.6 Georgia     600 Escasos 1999/2002
H. ergaster 1.9–1.25 Este y Sur de África 1.9   700–850 varios 1975
H. erectus 2–0.3 África, Eurasia (Java, China, Vietnam, Caucaso) 1.8 60 900–1100 varios 1891/1892
H. cepranensis 0.8 Italia       1 copa craneal 1994/2003
H. antecessor 0.8–0.35 España, Inglaterra 1.75 90 1000 tres sitios 1994/1997
H. heidelbergensis 0.6–0.25 Europa, África 1.8 60 1100–1400 varios 1907/1908
Homo rhodesiensis 0.3–0.12 Zambia     1300 Muy pocos 1921
Homo neanderthalensis 0.23–0.024 Europa, Asia Occidental 1.6 55–70 (complexión fuerte) 1200–1700 varios 1829/1864
Homo sapiens 0.25–presente Mundial 1.4–1.9 55–80 1000–1850 todavía vive —/1758
H. sapiens idaltu 0.16 Etiopía     1450 3 cráneos 1997/2003
H. floresiensis 0.10–0.012 Indonesia 1.0 25 400 7 individuos 2003/2004

Aparición del lenguaje simbólico

Artículo principal: Evolución del lenguaje

Hablar de la aparición del lenguaje humano, lenguaje simbólico por lógica parecería implicar que hay que hablar previamente de la cerebración, y eso es bastante cierto, pero el lenguaje humano simbólico tiene sus antecedentes en momentos y cambios morfológicos que son previos a cambios importantes en la estructura del sistema nervioso central. Por ejemplo, los chimpancés pueden realizar un esbozo primario de lenguaje simbólico basándose en la mímica (de un modo semejante a un sistema muy simple de comunicación para sordomudos).

Ahora bien, el lenguaje simbólico por excelencia es el basado en los significantes acústicos, y para que una especie tenga la capacidad de articular sonidos discretos, se requieren más innovaciones morfológicas, algunas de ellas muy probablemente anteriores al desarrollo de un cerebro lo suficientemente complejo como para pensar de modo simbólico. En efecto, observemos la orofaringe y la laringe: en los mamíferos, a excepción del humano, la laringe se encuentra en la parte alta de la garganta, de modo que la epiglotis cierra la tráquea de un modo estanco al beber e ingerir comida. En cambio, en Homo sapiens, la laringe se ubica más abajo, lo que permite a las cuerdas vocales la producción de sonidos más claramente diferenciados y variados, pero al no poder ocluir completamente la epiglotis, la respiración y la ingesta deben alternarse para que el sujeto no se ahogue. El acortamiento del prognatismo que se compensa con una elevación de la bóveda palatina facilitan el lenguaje oral. Otro elemento de relevante importancia es la posición y estructura del hioides, su gracilidad y motilidad permitirán un lenguaje oral lo suficientemente articulado.

Estudios realizados en la Sierra de Atapuerca (España) evidencian que Homo antecessor, hace unos 800.000 años, ya tenía la capacidad, al menos en su aparato fonador, para emitir un lenguaje oral lo suficientemente articulado como para ser considerado simbólico, aunque la consuetudinaria fabricación de utensilios (por toscos que fueran) por parte del Homo habilis hace unos 2 millones de años, sugiere que en éstos ya existía un lenguaje oral articulado muy rudimentario pero lo suficientemente eficaz como para transmitir la suficiente información ó enseñanza para la confección de los toscos artefactos.

Además de todas las condiciones recién mencionadas, imprescindibles para la aparición de un lenguaje simbólico, se debe hacer mención de la aparición del gen FOXP2 que resulta básico para la posibilidad de tal lenguaje y del pensar simbólico, como se verá a continuación.

Cerebración

La cerebración y la corticalización son temas que requieren, por sí solos, artículos propios, dado el alcance y la importancia de dichos procesos. Aquí importa comentar de lo mínimo indispensable para comprender la evolución humana.

La cerebración tanto como la corticalización son fenómenos biológicos muy anteriores a la aparición de los homínidos, sin embargo en éstos, y en especial en Homo sapiens, la cerebración y la corticalización adquieren un grado superlativo (hasta el punto que Theilard de Chardin enunció una curiosa teoría, la de la noósfera y noogénesis, esto es: teoría del pensar inteligente, que se basa en la evolución del cerebro).

El cerebro de Homo sapiens, en relación a la masa corporal, es uno de los mayores. Más llamativo es el consumo de energía metabólica (por ejemplo, la producida por la “combustión” de la glucosa) que requiere el cerebro: un 20% de toda la energía corporal, y aún cuando la longitud de los intestinos humanos evidencian los problemas que se le presentan.

En Homo sapiens el volumen oscila entre los 1.200 a 1.400 cm3, siendo el promedio global actual de 1.350 cm3; sin embargo no basta un incremento del volumen, sino cómo se dispone; esto es: cómo está dispuesta la “estructura” del sistema nervioso central y del cerebro en particular. Por término medio, los Homo neanderthalensis pudieron haber tenido un cerebro de mayor tamaño que el de nuestra especie, pero la morfología de su cráneo demuestra que la estructura cerebral era muy diferente: con escasa frente, los neandertalenses tenían poco desarrollados los lóbulos prefrontales y, en especial, muy poco desarrollados los lóbulos frontales. El cráneo de Homo sapiens no sólo tiene una frente adelantada (sobre el rostro), sino que es también más alto en el occipucio (cráneo muy abovedado), esto permite el desarrollo de los lóbulos prefrontales y frontales; de todos los mamíferos, Homo sapiens es el único que tiene la faz ubicada bajo los lóbulos frontales.

Sin embargo, aún más importante para la evolución del encéfalo parecen haber sido las mutaciones en el posicionamiento del esfenoides.

Se ha hecho mención en el apartado dedicado a la aparición del lenguaje articulado de la importancia del gen FOXP2; dicho gen es el encargado del desarrollo de las áreas del lenguaje y de las áreas de síntesis (las áreas de síntesis se encuentran en el córtex de los lóbulos prefrontales y, sobre todo, frontales). El aumento del cerebro y su especialización permitió la aparición de la llamada lateralización, o sea, una diferencia muy importante entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo tiene desarrollado en su córtex áreas específicas que posibilitan el lenguaje simbólico basado en significantes acústicos: el área de Wernicke y el área de Broca.

Es casi seguro que ya hace 200.000 años los sujetos de la especie Homo sapiens tenían un potencial intelectual equivalente al de la actualidad, pero para que se activara tal potencial tardaron milenios: el primer registro de conducta artística conocido se data hace sólo unos 75.000 años, los primeros grafismos y expresiones netamente simbólicas fuera del lenguaje hablado se datan hace sólo entre 40.000 y 35.000 años, … las primeras escrituras (” memoria segunda” como bien les llamara Roland Barthes) datan de hace entre 5.500 ó 5.000 años, en el Valle del Nilo ó en la Mesopotamia asiática.

Se ha dicho, también líneas antes, que Homo sapiens mantiene características de estructura craneal “primitivas” ya que recuerdan a las de un chimpancé infantil;, en efecto, tal morfología es la que permite tener la frente sobre el rostro y los lóbulos frontales desarrollados.

La cabeza de Homo sapiens, para contener tal cerebro, es muy grande; aún en el feto y en el neonato, razón principal por la cual los partos son difíciles, sumada a la disposición de la pelvis.

Una solución parcial a esto es la heterocronía: el neonato humano está muy incompletamente desarrollado en el momento del parto; puede decirse (con algo de metáfora) que la gestación en el ser humano no se restringe a los ya de por sí prolongados nueve meses intrauterinos, sino que se prolonga extrauterinamente hasta, al menos, los cuatro primeros años; en efecto, el infante está completamente desvalido durante años, tan es así que, que entre los 2 a 4 años es cuando tiene lo suficientemente desarrolladas las áreas visuales del cerebro como para tener una percepción visual de su propio ser (Estadio del espejo descubierto por Jacques Lacan en la década de 1930). Ahora bien, si Homo sapiens tarda mucho en poder tener una percepción plena de su imagen corporal es interesante saber que es uno de los pocos animales que se percibe al ver su imagen reflejada (sólo se nota esta capacidad en bonobos, chimpancés, y si acaso en gorilas, orangutanes, delfines y elefantes).

Tal es la prematuración de Homo sapiens, que mientras un chimpancé neonato tiene una capacidad cerebral de un 65% de la de un chimpancé adulto, o la capacidad de Australopithecus afarensis era en el parto de un 50% respecto a la de su edad adulta, en Homo sapiens ‘bebé’ tal capacidad no supera al 25% de la capacidad que tendrá a los 45 años (a los 45 años aproximadamente es cuando se desarrolla totalmente el cerebro humano).

Pero no basta el desarrollo cronológico; para que el cerebro humano se “despliegue” -por así decirlo- o desarrolle requiere de estimulación y afecto, de otro modo la organización de algunas de las áreas del cerebro puede quedar atrofiada.

Referencias

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  2. Asfaw, B., White, T., Lovejoy, O., Latimer, B., Simpson, S. & Suwa, G., 1999. Australopithecus garhi: a new species of early hominid from Ethiopia. Science, 23(5414): 629-635.
  3. Semaw, Sileshi (2000): «The World’s Oldest Stone Artefacts from Gona, Ethiopia: Their Implications for Understanding Stone Technology and Patterns of Human Evolution Between 2·6–1·5 Million Years Ago», en Journal of Archaeological Science, vol. Tomo 27 , Nº issue 12. DOI 10.1006/jasc.1999.0592
  4. Vekua A., Lordkipanidze D., Rightmire G. P., Agusti J., Ferring R., Maisuradze G. et al., 2002. A new skull of early Homo from Dmanisi, Georgia”. Science, 297: 85-89.
  5. a b c Arsuaga, J. L. & Martínez, I. 1998. La especie elegida. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 342pp.
  6. McDougall, I., Brown, F. H. & Fleagle, J. G., 2005. Stratigraphic placement and age of modern humans from Kibish, Ethiopia. Nature, 433: 733-736. Abstract
  7. Ruiz, H., 2007. El origen de los humanos modernos. Eureka, 11: 36-41
  8. Maca-Meyer, N., González, A. M., Larruga, J. M., Flores, C. & Cabrera, V. M., 2001. Linajes mayores del genoma mitocondrial trazan antiguas expansiones humanas. BMC Genetics, 2: 13
  9. Ayala F, Escalante A, O’huigin C, Klein J, 1994. [1]. “Molecular genetics of speciation and human origins”; Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 91: 6787-6794.
  10. Jobling, M. A. & Tyler-Smith, C., 2003. El Cromosoma Y humano: un marcador evolutivo que llega a su mayoría de edad. “The human Y chromosome: an evolutionary marker comes of age”; Nature Reviews Genetics, 4(8): 598-612.
  11. Documentary Redraws Humans’ Family Tree(en idioma inglés)
  12. The battle over the emergence of modern humans in Eurasia, Chris Brown, 2002, New Archaeology
  13. Coppens, Y., 1994. East Side Story: the origin of humankind. Scientific American, 270: 62-69.

Bibliografía complementaria

  • Guillén-Salazar, F. (2005). Existo, luego pienso: los primates y la evolución de la inteligencia humana. Madrid: Ateles Editores.
  • López Moratalla, Natalia (2007), La dinámica de la evolución humana, Eunsa. ISBN 978-84-313-2438-4.
  • Morgan Allman, John (2003), El cerebro en evolución. Ariel: Barcelona.

Véase también

Enlaces externos

En Español:

En Inglés:

 

Fuente:

wikipedia

¿Diseño Inteligente?

¿Diseño Inteligente?

Un informe especial reimpreso de la revista Historia Natural (Natural History)

Puntos principales del artículo

Tres proponentes del Diseño Inteligente (DI) presentan sus opiniones sobre el diseño en el mundo natural. Cada perspectiva está seguida inmediatamente por una respuesta de un proponente de la evolución (EVO). El informe, reimpreso en su totalidad, comienza con una introducción de la revista Historia Natural y concluye con una revisión sobre el movimiento del Diseño Inteligente.

Los siguientes autores contribuyeron a este informe de Historia Natural: biografía de los autores

  • Richard Milner y Vittorio Maestro, ed. (introducción)
  • Michael J. Behe, Ph.D. (DI) y Kenneth R. Miller, Ph.D. (EVO)
  • William A. Dembski, Ph.D. (DI) y Robert T. Pennock, Ph.D. (EVO)
  • Jonathan Wells, Ph.D. (DI) y Eugenie C. Scott, Ph.D. (EVO)
  • Barbara Forrest, Ph.D. (perspectiva general)

Abril 2002

Introducción

Preparado por Richard Milner y Vittorio Maestro, editores principales de la revista
Historia Natural

La idea de que la complejidad de un organismo es evidencia de la existencia de un diseñador cósmico fue avanzada varios siglos antes del nacimiento de Charles Darwin. Su exponente más conocido fue el teólogo inglés William Paley, creador de la famosa analogía del fabricante de relojes. Si encontramos un reloj de bolsillo en un campo, escribió Paley en 1802, inmediatamente podemos inferir que fue producido no por procesos naturales actuando ciegamente pero por un intelecto humano diseñador. De la misma manera, él razonó, el mundo natural contiene abundante evidencia de un creador sobrenatural. El argumento por diseño, como es conocido, prevaleció como la explicación del mundo natural hasta la publicación del Origen de las Especies en 1859. El peso de la evidencia que Darwin acumuló tan pacientemente, convenció rápidamente a los científicos de que la evolución por selección natural explicaba mejor la diversidad y la complejidad de la vida. “No puedo creer,” escribió Darwin en 1868, “que una teoría falsa pueda explicar tantas clases de hechos.”

Sin embargo, en ciertos círculos, la oposición al concepto de la evolución ha persistido hasta el presente. El argumento del diseño ha sido revivido recientemente por un número de académicos con credenciales científicas, los cuales mantienen que su versión de la idea (a diferencia de las ideas de Paley) es apoyada fuertemente por la microbiología y por las matemáticas. Estos antievolucionistas se diferencian de los creacionistas fundamentalistas en que ellos aceptan que algunas especies sí cambian (pero no mucho) y que la edad de la Tierra es mucho más de 6,000 años. Sin embargo, al igual que sus predecesores, ellos rechazan la idea de que la evolución da cuenta de la multitud de especies que vemos hoy en día. También buscan colocar su concepto (conocido como diseño inteligente) dentro del curriculum de ciencias de las escuelas.

La mayoría de los biólogos han concluido que los proponentes del diseño inteligente muestran o ignorancia o un mal entendimiento de la ciencia evolucionaria. A pesar de esto, sus propuestas están siendo escuchadas en varios círculos políticos y educativos y actualmente son el objeto de un debate dentro de la Junta de Educación del estado de Ohio. A pesar de que la revista Historia Natural no presenta o analiza a fondo en las páginas que siguen el fenómeno del diseño inteligente, aquí ofrecemos para la información de los lectores varias opiniones cortas por tres proponentes principales de la teoría, conjuntamente con tres respuestas. La sección concluye con una revisión del movimiento del diseño inteligente escrita por una filósofa e historiadora cultural quien ha monitoreado su historia por más de una década.

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Declaración sobre el Diseño Inteligente

El Reto de la Complejidad Irreducible

Cada célula viviente contiene muchas máquinas moleculares ultrasofisticadas.

Por Michael J. Behe

Los científicos usan el término “caja negra” para referirse a un sistema del cual se desconoce su funcionamiento. Para Charles Darwin y sus contemporáneos, la célula viva era una caja negra, pues su mecánica fundamental era totalmente desconocida. Ahora sabemos que, muy lejos de estar formada por un tipo simple de protoplasma uniforme (como creían muchos de los científicos del Siglo XIX) cada célula viva contiene muchas máquinas moleculares ultrasofisticadas.

¿Cómo podemos decidir si la selección natural Darwiniana puede dar cuenta a la increíble complejidad que existe a nivel molecular? El mismo Darwin definió el estándar cuando reconoció que “Si se pudiera demostrar que ha existido algún órgano complejo que no fue formado por numerosos y sucesivos cambios pequeños, mi teoría se desmoronaría por completo.”

Algunos sistemas parecen ser muy difíciles de formar por modificaciones sucesivas. Yo llamo a estos sistemas irreduciblemente complejos. Un ejemplo cotidiano de un sistema irreduciblemente complejo es la humilde trampa para ratones. Ella consiste de (1) una plataforma o base de madera; (2) un martillo de metal, el cual aplasta al ratón; (3) un resorte con los extremos extendidos, el cual propulsa al martillo; (4) un gatillo que suelta al resorte; y (5) una barra de metal que conecta al gatillo y que sostiene armado al martillo. Uno no puede atrapar a un ratón con solo una plataforma, añadir después un resorte y atrapar a unos cuantos ratones más, después añadir la barra de metal y atrapar otros cuantos más. Todas las piezas deben estar un sus lugares antes de poder cazar a un ratón.

Los sistemas irreduciblemente complejos no parecen ser buenos candidatos a haber sido producidos por numerosos y sucesivos cambios pequeños de sistemas predecesores, porque cualquier precursor al cual le faltara una pieza crucial no hubiera podido funcionar. La selección natural solo puede escoger entre sistemas que ya están funcionando, por lo que la existencia en la naturaleza de sistemas biológicos irreduciblemente complejos representa un poderoso reto a la teoría Darwiniana. Podemos observar con frecuencia estos sistemas en los organelos de las células, en los cuales la remoción de un elemento causaría que el sistema completo dejara de funcionar. El flagelo de las bacterias es un buen ejemplo. Ellos son como motores fuera de borda que las células bacterianas usan para su autopropulsión. Tienen una hélice larga, como un látigo, que es girada por un motor molecular. La hélice está unida al motor por una junta universal. El motor está sostenido por proteínas que actúan como una base de estabilización. Otras proteínas actúan como cojinetes que permiten al eje penetrar la membrana bacteriana. Hacen falta docenas de proteínas para que obtener un flagelo operativo. En la ausencia casi cualquiera de ellas, el flagelo no funciona o no puede ser construido por la célula.

Otro ejemplo de complejidad irreducible es el sistema que permite que las proteínas lleguen a los compartimentos subcelulares apropiados. En la célula eucariótica existe un cierto número de lugares donde ocurren labores especializadas, tales como la digestión de nutrientes y la excreción de productos de desecho. Las proteínas son sintetizadas afuera de estos compartimentos y pueden llegar a sus destinos apropiados solo con la ayuda de químicos “señaladores” que prenden y apagan a otras reacciones en los momentos apropiados. Este flujo constante y regulado dentro de la célula corresponde a otro asombroso sistema complejo e irreducible. Todas las partes deben funcionar sincronizadamente o el sistema se colapsa. Otro sistema más es el exquisitamente coordinado mecanismo que causa la coagulación de la sangre.

Los libros de texto y los artículos científicos en bioquímica describen los mecanismos de algunas de las máquinas moleculares vivas que existen dentro de nuestras células, pero ofrecen muy poca información sobre cómo evolucionaron estos sistemas por selección natural. Muchos científicos admiten francamente su desconcierto acerca de cómo han podido originarse, pero rechazan entretener la hipótesis obvia: que quizás las máquinas moleculares parecen ser diseñadas porque en realidad son diseñadas.

Yo tengo esperanza de que la comunidad científica eventualmente admita la posibilidad del diseño inteligente, aún cuando esta aceptación sea discreta y callada. Mi razón para ser optimista es el avance mismo de la ciencia, la cual descubre cada día nuevas complejidades en la naturaleza, las cuales son razones frescas para reconocer el diseño inherente en la vida y en el universo.

Respuesta de la evolución a Michael J. Behe

El Defecto en la Trampa de Ratones

El diseño inteligente falla el examen de la bioquímica.

Por Kenneth R. Miller

Para poder entender porqué la comunidad científica no está muy impresionada por los intentos de resucitar el llamado argumento del diseño, uno no tiene que ver más allá que el mismo ensayo de Michael J Behe. Él afirma que los sistemas bioquímicos complejos no pueden haber sido producidos por la evolución porque poseen una cualidad que él llama complejidad irreducible. Al igual que con las trampas de ratones, estos sistemas no pueden funcionar a menos que cada una de sus partes se encuentre en el lugar apropiado. Dado que “la selección natural solo puede escoger entre sistemas que ya están funcionando” no existe ninguna forma por la cual los mecanismos Darwinianos pueden haber producido los sistemas complejos que se encuentran en las células vivientes. Y si estos sistemas no pueden haber evolucionado, ellos han debido ser diseñados. Esa es la totalidad de la “evidencia” bioquímica para el diseño inteligente.

Irónicamente, el ejemplo del mismo Behe, la trampa de ratones, muestra porqué está equivocada esta idea. Elimina dos de las partes (el gatillo y la barra de metal) y puede que no tengas una trampa de ratones pero tienes una máquina de tres partes que hace un clip de corbata o un clip de papel perfectamente funcional. Quita el resorte y tienes un llavero de dos partes. El gatillo de algunas trampas puede ser usado como un anzuelo y la base de madera como un pisapapeles; aplicaciones útiles de las demás partes incluyen una gran variedad de cosas como mondadientes, cascanueces y tablillas sujetapapeles. El punto, entendido desde hace mucho tiempo por la ciencia, es que pedazos y piezas de las máquinas supuestamente irreduciblemente complejas pueden haber tenido diferentes (pero aún útiles) funciones.

La contención de Behe de que todas y cada una de las piezas de una máquina, mecánicas o bioquímicas, deben estar ensambladas en su forma final antes de que algo útil pueda emerger, es simplemente falsa. La evolución produce máquinas bioquímicas complejas por medio de copiar, modificar y combinar proteínas previamente usadas para otras funciones. ¿Quiere ejemplos? Los sistemas en el ensayo de Behe nos sirven muy bien.

Él escribe que la ausencia de “casi cualquiera” de sus partes hace que el flagelo bacteriano “no funcione.” Pero, ¿adivine qué? Un pequeño grupo de proteínas del flagelo sí funciona sin el resto de la máquina. Es usado por muchas bacterias como un dispositivo para inyectar venenos a otras células. A pesar de que la función llevada a cabo por esta parte pequeña es diferente cuando trabaja sola, aún así puede ser influenciada por la selección natural.

Las proteínas clave que aglutinan la sangre siguen este patrón también. Ellas son, en realidad, versiones modificadas de proteínas que son usadas por el sistema digestivo. El elegante trabajo de Russell Doolittle ha mostrado como la evolución duplicó, reasignó y modificó a estas proteínas para producir el sistema de coagulación de la sangre en los vertebrados.

Y Behe puede levantar las manos y decir que él no puede imaginarse como los componentes que mueven las proteínas entre los compartimentos intracelulares pueden haber evolucionado, pero los científicos que trabajan con estos sistemas están completamente en desacuerdo. En un artículo de la revista científica Cell (Célula) en 1998, un grupo de científicos del Instituto Sloan-Kettering liderado por James Rothman, describió la extraordinaria simplicidad y uniformidad de estos mecanismos. Ellos también notaron que estos mecanismos “sugieren en una forma natural como pudieron evolucionar en primer lugar los muchos y diversos compartimentos en las células eucarióticas.” Parece entonces que los investigadores activos ven algo muy diferente de lo que ve Behe en estos sistemas. Ellos ven a la evolución.

Si Behe desea sugerir que las complejidades de la naturaleza, la vida y el universo revelan un mundo de significado y propósito consistente con una inteligencia divina, su punto es filosófico, no científico. Incidentalmente, es un punto de vista filosófico que yo comparto. Sin embargo, para apoyar este punto de vista, uno no debe encontrar necesario pretender que sabemos menos de lo que realmente sabemos sobre la evolución de los sistemas de vida. En el análisis final, la hipótesis bioquímica del diseño inteligente fracasa, no porque la comunidad científica se cierre a ella, sino por la razón más básica de todas: porque está abrumadoramente contradecida por la evidencia científica.

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Declaración sobre el Diseño Inteligente

Detectando el Diseño en las Ciencias Naturales

La inteligencia deja atrás una seña o evidencia característica.

Por William A. Dembski

En la vida ordinaria, las explicaciones que invocan al azar, a la necesidad o al diseño cubren todas las eventualidades. Sin embargo, en las ciencias naturales, una de estas modalidades se considera superflua. El diseño. Desde la perspectiva de las ciencias naturales, el diseño, como la acción de un agente inteligente, no es una fuerza creativa fundamental en la naturaleza. Al contrario, las causas naturales ciegas, caracterizadas por el azar y la necesidad y reguladas por leyes sin romper, son pensadas suficiente para llevar a cabo toda la creación de la naturaleza. La teoría de Darwin es un caso en particular.

¿Pero cómo sabemos que la naturaleza no necesita ayuda de una inteligencia diseñadora? Con certeza, en las ciencias especiales, desde la forénsica a la arqueología a la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI en inglés), el apelar a una inteligencia diseñadora es indispensable. Es más, dentro de estas ciencias existen técnicas bien desarrolladas para identificar la inteligencia. Esencial para estas técnicas es la habilidad de eliminar al azar y a la necesidad.

Por ejemplo, ¿cómo puede la radioastrónoma en la película Contacto (protagonizada por Jodie Foster y basada en la novela del mismo nombre por Carl Sagan) inferir la presencia de inteligencia extraterrestre en los pulsos y pausas provenientes del espacio que ellos monitorean? Los investigadores analizan las señales por medio de computadoras que están programadas para reconocer muchos patrones predeterminados. Las señales que no encajan con estos patrones pasar por el “tamiz” y son clasificadas como al azar. Después de años recibiendo señales “azarosas” que aparentemente no significan nada, los investigadores descubren un patrón de pulsos y pausas que corresponde a la secuencia de todos los números primos entre 2 y 101. Los números primos, por supuesto, son aquellos divisibles solamente por si mismos y por uno. Cuando una secuencia comienza con dos pulsos, luego una pausa, 3 pulsos, luego una pausa … y continúa hasta 101 pulsos, los investigadores deben inferir la presencia de una inteligencia extraterrestre.

He aquí el porqué. No existe nada en las leyes de la física que requiere que las señales de radio tomen una forma u otra. La secuencia es entonces contingente en vez de necesaria. Además, es una secuencia larga y, por lo tanto, compleja. Note que si la secuencia carece de complejidad, puede ser fácilmente producida por el azar. Finalmente, no solo era compleja, pero exhibía un patrón o especificación dada independientemente (no solo era una secuencia cualquiera de números, pero una secuencia matemáticamente significativa: los números primos).

La inteligencia deja tras de sí una marca o señal característica, la cual yo llamo “complejidad especificada.” Un evento exhibe complejidad especificada si es contingente y, por lo tanto, no necesario; si es complejo y, por lo tanto, no fácilmente repetible al azar; y si es especificado en el sentido de exhibir un patrón dado independientemente. Note que la complejidad en el sentido de la improbabilidad no es suficiente para eliminar el azar. Tire una moneda suficientes veces y será testigo de un evento altamente complejo o improbable. Aún así, usted no tendrá razón alguna para no atribuirlo al azar.

El punto importante acerca de las especificaciones es que ellas deben ser dadas objetivamente y no impuestas a los eventos después de los hechos. Por ejemplo, si un arquero dispara flechas contra una pared y nosotros después pintamos los blancos alrededor de ellas, estamos imponiendo un patrón después de los hechos. Al contrario, si se colocan blancos al principio (“especificados”) y luego el arquero les pega con exactitud, sabemos que fue por diseño.

En mi libro La Inferencia del Diseño, yo argumento que la complejidad especificada detecta con certeza al diseño. Sin embargo, en ese libro me enfoco principalmente en ejemplos del ser humano en vez de ejemplos de las ciencias naturales. La crítica principal a este trabajo hasta la fecha se refiere a si el mecanismo Darwiniano de la selección natural y la variación al azar no son, de hecho, capaces de generar complejidad especificada. Más recientemente, en Sin Almuerzo Gratis, yo muestro que los procesos naturales no dirigidos tales como el mecanismo Darwiniano, son incapaces de generar la complejidad especificada que existe en los organismos biológicos. De esto sigue que el azar y la necesidad son insuficientes para las ciencias naturales y que las ciencias naturales deben dejar algo de espacio para el diseño.

Respuesta de la evolución a William A. Dembski

El Teatro de la Ciencia y el Misterio

El caso del agente secreto.

Por Robert T. Pennock

William A. Dembski afirma detectar “complejidad especificada” en las cosas vivientes y argumenta que esto es prueba de que las especies han sido diseñadas por un agente inteligente. Una falla de este argumento es que él quiere definir el diseño inteligente por una negativa, es decir, como algo que no es ni al azar ni por necesidad. Pero la definición es amañada: la necesidad, el azar y el diseño ni son categorías mutuamente exclusivas, ni tampoco agotan las posibilidades. Por ende, uno no puede detectar a un agente inteligente por el proceso de eliminación que él sugiere. La ciencia requiere evidencia positiva. Esto es el caso cuando uno trata de detectar la huella de la inteligencia humana, pero es especialmente cierto cuando se analiza la extraordinaria declaración de que la complejidad biológica es diseñada intencionalmente.

Sobre este tema, las analogías del arquero y del SETI de Dembski son pistas falsas, pues ellas dependen tácitamente de un entendimiento a priori del intelecto humano y de la motivación, así como de procesos causales relevantes. Una inferencia de diseño como aquella de la película Contacto, por ejemplo, dependería del conocimiento previo sobre la naturaleza de las señales de radio y de otros procesos naturales, junto con asumir que una secuencia de números primos es el tipo de patrón que otro científico escogería enviar como una señal. Sin embargo, las secuencias extrañas encontradas en el ADN son muy diferentes a las series de números primos. Dembski no tiene ninguna forma de mostrar que los patrones genéticos fueron “montados a priori” o “dados independientemente.”

Dembski ha sido publicitado como “el Isaac Newton de la teoría de la información,” y en sus escritos, los cuales incluyen los libros que él cita en este ensayo, él insiste que su “ley de la conservación de la información” prueba que los procesos naturales no pueden aumentar la complejidad biológica. Él no explica su caso aquí y refutarlo tomaría demasiado espacio. Sea suficiente decir que existe una conexión entre la noción técnica de la información y la entropía, de tal manera que el argumento de Dembski se destila a una reformulación de la vieja declaración de los creacionistas de que la evolución viola a la segunda ley de la termodinámica. Simplemente, esta ley dice que en el universo existe una tendencia a la disminución de la complejidad. Los creacionistas se preguntan entonces cómo pueden los procesos evolucionarios producir formas de vida más complejas a partir de unas más primitivas. Pero desde hace mucho tiempo sabemos porqué este tipo de argumento falla: la segunda ley de la termodinámica se aplica a sistemas cerrados y los sistemas biológicos no son cerrados.

En el proceso evolucionario, un aumento en la complejidad biológica no representa un “almuerzo gratis”. Este aumento está comprado y pagado, debido a que la variación genética al azar está sujeta a la selección natural por el ambiente, el cual ya está estructurado. De hecho, los investigadores están empezando a usar los procesos Darwinianos, implementados en computadoras o in vitro, para evolucionar sistemas complejos y para proveer soluciones a los problemas de diseño en formas tales que están fuera del poder de meros agentes inteligentes.

Si de verdad pensáramos que la información genética es similar a las señales en la película Contacto, ¿no deberíamos inferir que fueron diseñadas por extraterrestres? Los teóricos del diseño inteligente a veces mencionan a los extraterrestres como posibles sospechosos, pero la mayoría parece tener sus ojos dirigidos a un diseñador colocado un poco más arriba en los cielos. El problema es que la ciencia requiere un modelo específico que pueda ser probado o examinado. ¿Qué fue exactamente lo que hizo el diseñador y cuándo lo hizo? Las hipótesis nebulosas de diseño de Dembski, aún si las restringimos a los procesos naturales, proveen poquísimo material que puede ser examinado, y una vez que los procesos sobrenaturales se acuñan al proceso, éste pierde toda posibilidad de ser examinado o probado.

Newton estuvo perplejo por las órbitas complejas de los planetas. Él no pudo pensar en una forma natural para dar razón a su orden y concluyó que Dios debe estar empujando suavemente a los planetas para que el sistema continuara funcionando. (Quizás es en este sentido que Dembski es el Newton de la teoría de la información.) El origen de las especies pareció ser en un tiempo igualmente misterioso, pero Darwin siguió las pistas encontradas en la naturaleza para resolver el misterio. Uno puede, por supuesto, retener la fe religiosa en un diseñador capaz de transcender los procesos naturales, pero no hay manera de poder recoger sus huellas digitales.

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Declaración sobre el Diseño Inteligente

Los Elusivos Iconos de la Evolución

¿Qué nos dicen en realidad los pinzones de Darwin y las moscas de la fruta penta-aladas?

Por Jonathan Wells

Charles Darwin escribió en 1860 que “parece no haber más diseño en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural, que en el curso que sigue el viento cuando sopla.” A pesar de que muchas características de los organismos vivos parecen ser diseñadas, la teoría de Darwin expresó que ellas fueron en realidad el resultado de procesos sin dirección, tales como la selección natural y la variación al azar.

Sin embargo, las teorías científicas deben compaginar con la evidencia. Dos ejemplos de evidencia en favor de la teoría de la evolución de Darwin, utilizadas tan frecuentemente que yo las he llamado “iconos de la evolución,” son los pinzones de Darwin y la mosca de la fruta penta-alada (de cuatro alas), del género Drosophila. Sin embargo, me parece que ambos casos muestran que la teoría de Darwin no puede dar cuenta de todas las características de los seres vivos.

Los pinzones de Darwin consisten de varias especies en las Islas Galápagos que difieren principalmente en el tamaño y la forma de sus picos. Las diferencias en los picos están correlacionadas con lo que las aves comen, sugiriendo que varias especies pueden haber descendido de un ancestro común por medio de su adaptación a diferentes comidas a través de la selección natural. En 1970, los biólogos Peter y Rosemary Grant fueron a las Galápagos a observar este proceso en el campo.

En 1977, los Grant observaron como una sequía severa eliminó al 85% de una especie en particular en una de las islas. Los sobrevivientes tenían, como promedio, picos un poco más largos que les permitieron quebrar las semillas más duras que habían sobrevivido a la sequía. Esto era la selección natural en acción. Los Grant estimaron que veinte episodios como éste podrían incrementar el tamaño de los picos lo suficiente como para crear una nueva especie.

Sin embargo, cuando regresaron las lluvias, el tamaño promedio de los picos regresó a lo normal. Desde ese entonces, el tamaño de los picos ha oscilado alrededor de un promedio a medida que el suministro de alimentos ha fluctuado con el clima. No ha habido un cambio neto y no han emergido especies nuevas. De hecho, puede estar ocurriendo lo opuesto, ya que varias especies de pinzones de las Galápagos parecen estar uniéndose por hibridación.

Los pinzones de Darwin y muchos otros organismos, proveen evidencia que la selección natural puede modificar a características existentes, pero solo en especies establecidas. Los criadores de especies domésticas de plantas y animales han estado haciendo la misma cosa por cientos de años con la selección artificial. Pero, ¿dónde está la evidencia de que la selección natural produce nuevas características en nuevas especies?

Las nuevas características requieren nuevas variaciones. En la versión moderna de la teoría de Darwin, esta variación proviene de las mutaciones en el ADN. La mayoría de las mutaciones en el ADN son dañinas y por lo tanto son eliminadas por la selección natural. Sin embargo, unas cuantas tienen ventajas, como por ejemplo, las mutaciones que aumentan la resistencia antibiótica en bacterias y la resistencia a los pesticidas en plantas y animales. La resistencia a los antibióticos y a los pesticidas son a menudo citadas como evidencia de que las mutaciones en el ADN proveen las materias primas para la evolución, pero ellas afectan solo a procesos químicos. Los cambios evolucionarios mayores requerirían mutaciones capaces de producir también cambios anatómicos ventajosos.

Normalmente, las moscas de la fruta tienen dos alas y dos “balancines,” pequeñas estructuras detrás de las alas que les ayudan a estabilizarse cuando vuelan. En los años 70, los geneticistas descubrieron que una combinación de tres mutaciones en un gen individual produce moscas en las cuales los balancines se desarrollan como alas aparentemente normales. La mosca resultante, con sus cuatro alas, a veces es usada para ilustrar como las mutaciones pueden producir los tipos de cambios anatómicos que la teoría de Darwin necesita.

Pero las alas extra no son estructuras nuevas, sino duplicaciones de estructuras ya existentes. Es más, las alas extra no tienen músculos y son, de hecho, peor que inútiles. Las moscas de la fruta con cuatro alas están severamente incapacitadas, como un pequeño aeroplano con sus alas extra colgando de su cola. Tal y como es el caso con otras mutaciones anatómicas que se han estudiado hasta ahora, estas mutaciones en las moscas no pueden proveer la materia prima para la evolución.

En ausencia de evidencia de que la selección natural y las variaciones al azar pueden dar cuenta de las características aparentemente diseñadas que poseen los organismos vivos, el asunto entero del diseño debe ser revisitado. Los estudiantes deben aprender lado a lado con los argumentos de Darwin, que el diseño permanece como una posibilidad.

Respuesta de la evolución a Jonathan Wells

La Naturaleza del Cambio

Los mecanismos evolucionarios dan comienzo a diferencias estructurales básicas.

Por Eugenie C. Scott

Sin haber definido “diseño,” Wells afirma que “muchas características de los organismos vivos parecen ser diseñadas.” De allí él contrasta a la selección natural (no dirigida) con el diseño (dirigido), aparentemente tratando de retornar a la noción pre-Darwiniana de que un Diseñador es directamente responsable por la forma en que los organismos encajan con sus ambientes. Darwin propuso una explicación científica, no religiosa: la forma en que los organismos encajan con sus ambientes es el resultado de la selección natural. Como todas las explicaciones científicas, él se basa en la causalidad natural.

Wells contiende que “la teoría de Darwin no puede dar cuenta de todas las características de los seres vivos.” Sin embargo, no tiene por que darla. Hoy en día los científicos explican las características de los seres vivos no solo invocando a la selección natural sino también a una serie de procesos biológicos que Darwin desconocía, incluyendo la transferencia de genes, la simbiosis, el rearreglo cromosómico, y la acción de genes reguladores. Al contrario de lo que Wells mantiene, la teoría evolucionaria no es inadecuada. Ella encaja a la evidencia muy bien.

Leyendo lo que escribe Wells, uno puede no darse cuenta de la importancia de los cuidadosos estudios de los Grant, los cuales demostraron a la selección natural en tiempo real. El hecho de que la sequía terminó antes de que los científicos observaran la emergencia de nuevas especies es particularmente irrelevante; el tamaño de los picos sí oscila a corto plazo, pero dada una tendencia a largo plazo en el cambio climático, un cambio mayor en el tamaño promedio puede esperarse. Wells también sobrestima la importancia de la hibridación en los pinzones; ésta es extremadamente rara y puede aún estar contribuyendo a una nueva especiación. Los pinzones de las Islas Galápagos continúan siendo un ejemplo magnífico del principio de la radiación adaptativa. Las varias especies que difieren morfológicamente ocupan diferentes nichos. Las explicaciones de Darwin fueron que ellas evolucionaron todas de un ancestro común y los análisis genéticos proveen evidencia que lo confirma.

Wells admite que la selección natural puede operar en una población y correctamente apunta hacia la genética para dar cuenta del tipo de variación que puede llevar a “nuevas características en nuevas especies.” Pero él afirma que las mutaciones, tales como aquellas que producen las moscas con cuatro alas, no producen el tipo de cambio anatómico necesario para cambios evolucionarios mayores. ¿No puede él ver más allá del ejemplo y ver el principio? El hecho de que la primera demostración de un mecanismo genético poderoso terminó produciendo una mosca que no puede volar es irrelevante. Edward Lewis compartió un Premio Nobel por el descubrimiento de estos genes, conocidos como el complejo Ubx. Ellos tiene una importancia extraordinaria porque los genes de este tipo ayudan a explicar los diferentes tipos de planes corporales, los cuales representan las diferencias básicas estructurales entre un molusco y un mosquito, entre una esponja y una araña.

Los genes Ubx son parte de los genes HOX, los cuales se encuentran en animales tan diferentes como esponjas, moscas de la fruta y mamíferos. Ellos encienden o apagan a otros genes involucrados en, entre otras cosas, la segmentación y la producción de apéndices tales como antenas, patas y alas. Lo que específicamente es construido depende de otros genes más tarde en el proceso. Los diversos planes corporales de los artrópodos (insectos, crustáceos, arácnidos) son variaciones de los temas de la segmentación y de los apéndices, variaciones que parecen ser el resultado de cambios en los genes HOX. Investigaciones recientes muestran que los genes Ubx de las moscas suprimen la formación de patas en los segmentos abdominales, pero que los genes Ubx de los crustáceos no lo hacen. Un pequeño cambio en el Ubx resulta en una gran diferencia en el plan corporal.

Las mutaciones en estos interruptores primarios están involucradas en la pérdida de las patas en las culebras, en el cambio de aletas lobulares a manos, y en el origen de las mandíbulas en los vertebrados. La duplicación de los segmentos iniciada por los genes HOX permite la experimentación anatómica y la selección natural cierne los resultados. “Evo-Devo,” el estudio de la evolución y el desarrollo, en un área muy activa para la investigación científica, pero Wells implica que todo lo que esto produce son moscas de la fruta lisiadas.

Wells argumenta que las explicaciones naturales son inadecuadas y, por ende, que “los estudiantes deben aprender…que el diseño permanece como una posibilidad.” Debido a que en su lógica el diseño implica a un Diseñador, él está recomendando de hecho que la ciencia permita la causalidad no natural. En realidad, tenemos explicaciones sólidas con las que trabajar, pero aún en el caso de que no las tuviéramos, la ciencia solo tiene herramientas para explicar las cosas en términos de la causalidad natural. Eso es lo que hizo Darwin y eso es lo que estamos tratando de hacer hoy.

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Perspectiva General

La Nueva Evolución del Creacionismo

El diseño inteligente trata sobre política y religión, no sobre ciencia.

Por Barbara Forrest

La infame decisión de Agosto de 1999 por la Junta de Educación del Estado de Kansas de eliminar las referencias a la evolución de los estándares de ciencia fue fuertemente influenciada por proponentes de la teoría del diseño inteligente. A pesar de que William A. Dembski, una de las figuras más prominentes del movimiento, afirma que la “detectabilidad empírica de causas inteligentes le provee al diseño inteligente el puesto de teoría científica completa,” sus proponentes invierten la mayor parte de sus esfuerzos en convencer a los políticos y al público, no a la comunidad científica.

El movimiento del diseño inteligente, arrancado por el libro Darwin on Trial (1991) de Phillip E. Johnson, tomó cuerpo en 1996 en el Centro para la Renovación de la Ciencia y la Cultura (CRSC en sus siglas en inglés), auspiciado por el Instituto del Descubrimiento (Discovery Institute), un grupo de investigación teórica de Seattle. Johnson, un profesor de leyes cuya conversión religiosa catalizó sus esfuerzos antievolucionarios, ensambló a un grupo de apoyo el cual promueve la teoría del diseño con sus escritos, financiados por becas del SRSC. De acuerdo con una de sus declaraciones de misión anteriores, el SRSC busca “nada menos que derrocar al materialismo y a sus condenatorios legados culturales.

Johnson se refiere a los miembros del CRSC y a su estrategia como la Cuña, análogo a la cuña que parte al tronco de leña. Ellos quieren decir que el diseño inteligente liberará a la ciencia de las garras del “naturalismo ateístico.” Los diez años de historia de la Cuña revelan sus características más sobresalientes: los científicos de la Cuña no poseen un programa de investigación empírica y, consecuentemente, no han publicado ningún dato en revistas científicas arbitradas (o en ninguna otra parte) en apoyo a sus afirmaciones sobre el diseño inteligente. Lo que sí tienen es un programa agresivo de relaciones públicas, el cual incluye conferencias que ellos o sus seguidores organizan, libros o artículos a nivel popular, reclutamiento de estudiantes universitarios a través de charlas auspiciadas por los grupos religiosos de las universidades, y el cultivo de alianzas con cristianos conservadores y con figuras políticas de influencia.

La Cuña busca “renovar” a la cultura americana por medio del enraizamiento de las instituciones sociales más importantes en la religión evangélica, especialmente la educación. En 1996 Johnson declaró: “Esto en realidad no es, ni nunca ha sido, un debate sobre ciencia. Esto se trata de religión y de filosofía.” De acuerdo a Dembski, el diseño inteligente “es simplemente los Logos del Evangelio de Lucas traducidos al lenguaje de la teoría de la información.” Los estrategas de la Cuña buscan unificar a los cristianos a través de la creencia compartida en la “simple” creación, buscando así, en las palabras mismas de Dembski, “triunfar sobre el naturalismo y sus consecuencias.” Esto les permite a los proponentes del diseño inteligente coexistir bajo una carpa grande con otros creacionistas quienes explícitamente basan sus creencias en una interpretación literal del Génesis.

Como cristianos,” escribe Dembski, “sabemos que el naturalismo es falso. La naturaleza no es autosuficiente. … Sin embargo, ni la teología ni la filosofía pueden responder a la pregunta evidencial de si la interacción de Dios con el mundo es empíricamente detectable. Para responder a esta pregunta debemos buscar en la ciencia.” Jonathan Wells, un biólogo, y Michael J. Behe, un bioquímico, parecen ser precisamente el tipo de individuos del CRSC que le pueden dar al diseño inteligente su pasaje a la credibilidad. Sin embargo, ninguno de los dos ha llevado a cabo investigaciones para analizar la teoría y mucho menos producido datos que den reto a las masas de evidencia acumulada por biólogos, geólogos y otros científicos evolucionistas. Wells, parcialmente influenciado por Sun Myung Moon, el líder de la Iglesia de la Unificación, ganó su Ph.D. en estudios de religión y en biología específicamente “para dedicar mi vida a destruir el Darwinismo.” Behe ve como la pregunta relevante si “la ciencia puede proveer espacio para la religión.” En el fondo, los proponentes del diseño inteligente no están motivados en mejorar la ciencia sino en transformarla en una actividad teística que apoye a la fe religiosa.

Los seguidores de la Cuña están actualmente tratando de insertar al diseño inteligente en los estándares de ciencia en las escuelas del Estado de Ohio a través de la legislación estatal. Anteriormente, el CRSC dio publicidad a su sitio web de ciencias asegurándole a los educadores que su “curriculum Web puede ser apropiado sin tener que meterse en guerras de adopción de libros de texto” en efecto promoviendo a los educadores a saltarse los procedimientos normales. Anticipando un caso prueba, la Cuña publicó en la revista legal Utah Law Review, una estrategia legal para ganar sanción judicial. Recientemente, el grupo casi tuvo éxito en insertar a nivel federal en el Acta “Ningún Niño Dejado Atrás” del año 2001 un “sentido del Senado” que apoyaba la enseñanza del diseño inteligente. Entonces, el movimiento sigue avanzando, pero sus tácticas no son un substituto para la ciencia verdadera.

Richard Milner y Vittorio Maestro son editores de la revista Historia Natural (Natural History), la cual es publicada por El Museo Americano de Historia Natural. El museo fue creado en 1869 en la ciudad de Nueva York, EEUU. La revista fue establecida en 1900.
http://www.naturalhistorymag.com

Michael J. Behe, quien recibió su Ph.D. en bioquímica de la Universidad de Pennsylvania en 1978, es profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Lehigh en Pennsylvania. Sus investigaciones recientes se concentran en el papel del diseño y la selección natural en la construcción de proteínas estructurales. Su libro La Caja Negra de Darwin: El Reto Bioquímico a la Evolución se encuentra disponible en pasta blanda (Touchstone Books, 1998)
http://www.lehigh.edu/%7einbios/faculty/behe.html

Kenneth R. Miller es profesor de biología de la Universidad de Brown. Sus trabajos de investigación en la estructura y función de la membrana celular han sido publicados en tales revistas científicas como Nature, Cell y el Journal of Cell Biology. Miller es coautor de varios libros de texto ampliamente utilizados a nivel de colegio y de universidad. En 1999 publicó Buscando al Dios de Darwin: La Búsqueda por un Científico del Espacio Común entre Dios y la Evolución (Cliff Street Books).
http://bms.brown.edu/faculty/m/kmiller/

William A Dembski, quien tiene un Ph.D. en matemáticas y filosofía, es profesor asociado de investigación en la Universidad de Baylor y Senior Fellow del Discovery Institute en Seattle. Sus libros incluyen: La Inferencia del Diseño: Eliminando el Azar a Través de Pequeñas Probabilidades (Cambridge University Press, 1998) y Sin Almuerzo Gratis: Por Qué la Complejidad Especificada No Puede Ser Obtenida Sin Inteligencia (Rowman & Littlefield, 2001).
http://www.designinference.com/

Robert T. Pennock es profesor asociado en estudios de ciencias y tecnología y profesor asociado en filosofía en la Escuela Lyman Briggs y en el Departamento de Filosofía de la Universidad Estatal de Michigan. Él es autor de Torre de Babel: La Evidencia en Contra del Nuevo Creacionismo (MIT Press, 1999) y editor de Creacionismo por Diseño Inteligente y sus Críticas: Perspectivas Filosóficas, Teológicas y Científicas (MIT Press, 2001).
http://www.msu.edu/~pennock5/

Jonathan Wells recibió dos doctorados, uno en biología celular y molecular de la Universidad de California en Berkeley y uno en estudios de religión de la Universidad de Yale. Ha trabajado como investigador postdoctoral en biología en la Universidad de California en Berkeley y ha enseñado biología en la Universidad Estatal de California en Hayward. Wells es también el autor de Íconos de la Evolución: ¿Ciencia o Mito? Por Qué Mucho de lo que Enseñamos Sobre la Evolución está Equivocado (Regnery Publishing, 2000).
http://www.arn.org/wells/jwhome.htm

Eugenie C. Scott posee un doctorado en antropología física. En 1978, después de enseñar antropología física por quince años a nivel universitario, aceptó el cargo de director ejecutivo del Centro Nacional para la Educación en las Ciencias. Ella es también presidente de la Asociación Americana de Antropólogos Físicos.
http://en.wikipedia.org/wiki/Eugenie_Scott

Barbara Forrest es profesor asociado de filosofía en la Universidad de Southwestern Louisiana. Ella recibió su doctorado de la Universidad de Tulane. Entre sus publicaciones académicas recientes se encuentran “La Posibilidad de Significado en la Evolución humana,” en Zygon: Journal of Religion and Science, Diciembre 2000.
http://www.selu.edu/Academics/ArtsSciences/CAS_Endowed%20Chairs/doc/dr_forrest.html

Por favor vea el artículo original en inglés para enterarse más sobre el tópico del artículo o para tener acceso a la lección que lo suplementa. (Enlaces y lecciones no han sido traducidas.)

Darwin bajo el microscopio

“El más maravilloso sistema del sol, planetas y cometas, solamente podría proceder de la determinación y dominio de un ser inteligente y poderoso.Sir Isaac Newton (murió en 1727)

Poco tiempo después de la publicación de “El Origen de las Especies” en el 1859, la llamada Teoría de la Evolución comenzó un proceso de transformación de la Ciencia. Hoy en día, es imposible tocar el tema científico sin hacer referencia a la Evolución. Ésta se enseña en colegios , institutos y universidades como si de un hecho probado se tratase. Se nos ha enseñado a creer en ella como una ley y no como una teoría.

En el siguiente artículo, escrito por el Dr. Michael Behe, bioquímico, se pone en duda el que la Evolución sea la mejor explicación para el origen de la vida. Su argumento es tan sencillo como contundente.

Los organismos vivos tienen multitud de estructuras y sistemas marcadamente complejos. La Teoría de la Evolución, argumenta el Dr. Behe, es incapaz de mostrar cómo se originaron. Una mejor explicación lo sería que son el producto de un agente inteligente.

La reciente declaración del Papa Juan Pablo II en el sentido de que la evolución es “más que solamente una teoría”, no es noticia para un científico Católico Romano como yo.Crecí en una familia católica y siempre he creído en Dios. Pero comenzando en la escuela parroquial se me enseñó que Dios podía usar los procesos naturales para producir la vida. Contrario a la opinión general, por mucho tiempo la religión se ha acomodado a la ciencia. Pero según la Biología descubre la sorprendente complejidad en la vida, la pregunta es, ¿puede la ciencia “hacer espacio” para la religión?”

En su declaración, el Papa fue cuidadoso en señalar que es mejor hablar de “teorías de la evolución” en lugar de referirse a ella como sólo una teoría. La distinción es crucial. De hecho, hasta que no completé mis estudios doctorales en bioquímica, yo creía que el mecanismo darviniano (la mutación al azar acompañada de la selección natural) es la explicación correcta para la diversidad de la vida. Sin embargo ahora encuentro que esa teoría es incompleta.

De hecho, el complejo diseño de la célula me ha llevado a asumir un punto de vista marcadamente minoritario entre los científicos sobre qué causó la evolución. Yo creo que el mecanismo de Darwin para la evolución no explica mucho de lo que se ve bajo el microscopio. Las células son demasiado complejas como para haber evolucionado al azar; se requirió inteligencia para producirlas.

Quiero ser explícito sobre lo que estoy cuestionando y lo que no estoy cuestionando. La palabra “evolución” conlleva muchas asociaciones. Usualmente significa descendencia común, la idea de que todos los organismos vivos y muertos están relacionados por una ascendencia común. No lucho con la idea de ancestros comunes, y continúo pensando que dicha idea explica similitudes entre las especies. Por sí misma, sin embargo, la ascendencia común no explica la vasta diferencia entre las especies.

Es ahí donde los mecanismos de Darwin entran en acción. “Evolución” también implica en ocasiones que las mutaciones aleatorias y la selección natural propulsaron los cambios en la vida. La idea evolucionista es que, por ejemplo, por azar un animal podría nacer siendo un poco más rápido o fuerte que sus hermanos. Sus descendientes heredarían el cambio y eventualmente ganarían la contienda por la supervivencia sobre los descendientes de otros miembros de la especie que no tuvieran dicha ventaja. La evolución sostiene que, pasado el tiempo, la repetición de estos procesos resultó en grandes cambios —y, de hecho, en animales completamente diferentes.

Esa es la teoría. Una dificultad práctica, sin embargo, es que no podemos comprobar esta teoría con los fósiles. Para verdaderamente probar esta teoría uno tendría que observar cambios de las criaturas en su estado natural o en el laboratorio, o al menos reconstruir una vía detallada en el registro fósil que pueda haber conducido a la adaptación.

La teoría darviniana explica con éxito una variedad de cambios modernos. Los científicos han logrado demostrar que el tamaño promedio del pico de unos aves en las Galápagos cambió en respuesta a patrones del clima. De la misma manera, la proporción de las “polillas moteadas” en Inglaterra cambió cuando, por la contaminación, las de color claro se hicieron más visibles a los depredadores que las de color oscuro. Bacterias mutantes han sobrevivido cuando se han hecho resistentes a los antibióticos.

Todos estos son ejemplos de la selección natural en acción. Pero estos ejemplos incluyen sólo una o pocas mutaciones y el organismo mutante que resulta no es muy diferente de su ancestro. Pero para que la evolución explicara todos las formas de vida, una serie de mutaciones tendría que producir tipos de criaturas muy diferentes. Esto aún no ha sido demostrado.

La teoría de Darwin encuentra sus mayores dificultades en cuanto a la explicación del desarrollo de la célula. Muchos sistemas celulares son lo que yo llamo “irreductiblemente complejos”. Esto quiere decir que necesitan de varios componentes antes de que pueda funcionar adecuadamente. Un ejemplo sacado de la vida cotidiana y que ilustra la complejidad irreductible lo es la ratonera, que está construida con varias piezas (plataforma, resorte, etc.). Un sistema como éste no podría formarse del modo darviniano, desarrollando gradualmente su función. Usted no podría atrapar a un ratón sólo con la plataforma y luego cazar varios más al añadir el resorte. Todas las piezas deben estar en su lugar antes de que usted logre cazar algún ratón.

Un ejemplo de un sistema celular irreductiblemente complejo lo es el flagelo de la bacteria: un propulsor rotatorio, activado por el flujo de ácido, que la bacteria usa para nadar. El flagelo requiere de varias partes antes de funcionar —rotor, estabilizador y motor. De hecho, estudios genéticos han demostrado que se requieren cerca de 40 clases de proteínas para producir un flagelo funcional.

El sistema de transporte intracelular es también bastante complejo. Las células de plantas y animales están divididas en compartimientos muy concretos. Los suministros, incluyendo las enzimas y las proteínas, tienen que ser transportados entre dichos compartimientos. Algunos de estos suministros son empacados en “camiones moleculares”, y cada camión tiene una “llave” que sirve sólo para el cerrojo en su destino particular. Otras proteínas actúan como estaciones de carga, abriendo el camión y permitiendo que el contenido entre en el compartimiento de destino.

Se podrían citar otros ejemplos. El punto central es que la célula, la base misma de la vida, es marcadamente compleja. Pero, ¿no afirma la ciencia que tiene respuestas, o respuestas parciales, sobre cómo estos sistemas se originaron? No. Como escribió James Shapiro, un bioquímico de la Universidad de Chicago, “No existen explicaciones detalladas de la evolución de sistema bioquímico o celular fundamental alguno, sólo una variedad de especulaciones.”

Algunos científicos han sugerido teorías no-darvinianas para explicar la célula, pero yo nos las encuentro convincentes. Más bien, yo considero que los sistemas complejos fueron diseñados, arreglados con propósito por un agente inteligente.

Siempre que observamos un sistema interactivo en el mundo cotidiano (como la ratonera), asumimos que es producto de actividad inteligente. Deberíamos extender este razonamiento a los sistemas celulares. No conocemos otro mecanismo, incluyendo los de Darwin, que produzca tal complejidad. Sólo la inteligencia es capaz de hacerlo.

Por supuesto, se podría demostrar que estoy errado. Si alguien demostrara que, por ejemplo, un tipo de bacteria sin flagelo podría producir este sistema gradualmente, o producir cualquier estructura compleja nueva comparable, mi idea sería demostrada incorrecta. Pero no creo que eso suceda.

El diseño inteligente puede querer decir que la última explicación de la vida va más allá de la explicación científica. Esa aseveración es prematura. Pero aún si fuera cierta, esto no me perturbaría. Yo no deseo la mejor explicación científica para los orígenes de la vida; quiero la explicación correcta.

El Papa Juan Pablo habló de “teorías de la evolución”. Ahora mismo tal pareciera como si una de esas teorías tenga que ver con el diseño inteligente.

Por Michael J. Behe

El Dr. Behe, Profesor Adjunto de Bioquímica en la Universidad de Lehigh, es autor del libro “Darwin’s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution” (La caja negra de Darwin: El desafío bioquímico a la evolución).

Copyright © 1997 Michael Behe. Todos los derechos reservados. Derechos internacionales reservados.

© Traducción Dr. José R. Martínez-Villamil.

Usado con permiso de ARN (URL http://www.arn.org/)

http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_darwin.htm

Diseño Inteligente. Hacia una teoría

Ante Dios todos somos igualmente sabios,e igualmente locos” Albert Einstein.

“Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente”.Albert Einstein.

Recientemente el evolucionismo ha sido enfrentado a una de sus críticas más contundentes. Desde el mismo seno de la ciencia ha surgido un sólido movimiento. Se le conoce como el “Movimiento del Diseño Inteligente”. Para muchos científicos, la complejidad de la vida, especialmente al nivel celular y molecular, sugiere diseño y no azar. Por esta razón cada vez se habla más del “Movimiento del Diseño Inteligente”. Este artículo nos introduce a este fascinante tema y a sus principales conceptos

De entre las muchas acusaciones hechas en contra de las teorías no-evolucionistas sobre el origen y la diversidad de vida, una de las más firmes sostiene que tales teorías no llevan a ninguna parte. Esta objeción dice que una teoría de creación (o diseño) nunca se ajusta realmente al mundo biológico, sino que meramente intenta cubrir (con la intervención de un Creador) los problemas sin resolver en la historia de la vida.

¿Por qué, preguntó Darwin, algunos pájaros que raramente o nunca van cerca del agua tendrían que poseer membrana interdigital como algunos pájaros que son totalmente acuáticos?“Aquél que cree en actos de creación separados e innumerables dirá que en estos casos le ha complacido al Creador hacer un ser de un tipo para sustituir uno de otro tipo; pero esto me parece una reiteración del hecho en lenguaje sofisticado. (1)

Según esta objeción, el diseño pone todas las preguntas interesantes detrás de la opaca pantalla de la voluntad soberana del Creador. Las cosas son de la manera que son porque Dios quiso que fueran así. La Teoría del Diseño parece hacer del mundo un lugar estático e inescrutable, repleto de fenómenos inconexos, en los cuales toda investigación científica colisiona directamente con una acción divina.

Esta objeción es grave. No obstante, podemos disponer de ella con una aseveración semejante. Por definición las explicaciones científicas sólo se refieren a “causas puramente físicas y materiales”.(2) Puesto que una causa inteligente no es puramente física ni material, no puede ser invocada en una explicación científica. A priori se elimina la posibilidad de un Diseñador.

Considere el caso del origen del Sistema Solar. Newton decía que el sistema solar fue creado por Dios. Pero esto no era suficiente.

Como Lyttleton destaca (1958, p.5), los científicos “no pueden realmente relajarse del todo” hasta que tengan la certeza de que “las leyes de la Física son lo suficientemente completas como para explicar que el sistema solar pueda producirse” —exigimos que el origen del sistema solar sea explicado sin invocar ningún acontecimiento sobrenatural.(3)

Pero es posible que el sistema solar fuera creado, algo que podríamos descubrir viendo que las leyes de la Física son de hecho insuficientes “para permitir que el sistema solar pueda producirse”. Nuestros métodos de inferencia nos deben permitir considerar esa posibilidad —y no tendríamos que pensar que la meta de la ciencia es permitir que los científicos se relajen.

No obstante, cualquier ciencia del pasado que excluya la posibilidad del diseño o creación a priori deja de ser una búsqueda de la verdad y se convierte en un sirviente (o esclavo) de una doctrina filosófica problemática, el Naturalismo.

Nunca debemos acceder al reclamo de que las explicaciones científicas se refieren sólo a causas físicas o materiales. La práctica científica (y explicativa común) nos indican lo contrario.

Pero admitir la posibilidad del diseño no significa que tengamos todas las herramientas para dar sentido a la noción [bajo estudio]. Invocar al diseño como causa es un asunto difícil, en el cual resulta común encontrar explicaciones raras que nos parezcan erróneas, aunque nos sea difícil explicar porqué. William Paley, por ejemplo (quien fue galardonado con un premio importante en la Universidad de Cambridge por sus habilidades matemáticas), se maravilló del diseño de la insipidez del agua, una maravillosa cualidad negativa que:

… lo hace el mejor de toda menstrua (líquido). Careciendo de sabor propio, se convierte en el vehículo de cualquier otro. Si el agua tuviera un sabor, sea cual fuere, hubiera infectado todas las cosas que comemos o bebemos, con una repetición inoportuna del mismo sabor.(4)

William Whewell —otro gran filósofo— sostenía que “la rotación diurna de la Tierra estaba diseñada para los hábitos de sueño del hombre: si la Tierra tardara más de lo que tarda para girar sobre su eje, indudablemente dormiríamos más de lo que nos conviene por la noche.”

¿Cuál es la diferencia entre estas explicaciones y el comentario de Abraham Lincoln que decía que “tendríamos que estar asombrados de ver que nuestras piernas son de la medida perfecta para alcanzar el suelo? “¿Cómo podemos utilizar el diseño como una explicación sin desviarnos del conocimiento verdadero y hacia lo absurdo o la confusión?

(Nota: Próximamente publicaremos más artículos sobre el interesante tema del “Diseño Inteligente”.)

Notas:
1. Charles Darwin, On the Origin of Species, 1st edition, Cambridge, Mass.: Harvard University Press.
2. Richard Dickerson, “The Game of Science: Reflections After Arguing With Some Rather Overwrought People,” Perspectives on Science and Christian Faith 44 (1992): 137-139; p. 137.
3. Stephen Brush, “Theories of the origin of the solar system 1966-1985,” Reviews of Modern Physics 62 (1990): 43-112.
4. William Paley, Natural Theology, Houston, Texas: St. Thomas Press [1802] 1972, p. 283.

Por Michael. Behe (Doctor en Bioquímica y autor de libro “La caja negra de Darwin”).
Adaptado de “Towards a Theory of Intelligent Design”.
Copyright © 1995 Access Research Network. All rights reserved. International copyright secured.

Mas sobre el diseño inteligente…

Diseño inteligente. Origen del Movimiento

La Teoría de la Evolución está siendo duramente criticada recientemente. Para sorpresa de muchos, la crítica no proviene de los círculos religiosos sino del mismo mundo de la ciencia.Para muchos científicos, la complejidad de la vida, especialmente al nivel celular y molecular, sugiere diseño y no azar. Por esta razón cada vez se habla más del “Movimiento del Diseño Inteligente”.

Este artículo explica el origen de tan revolucionaria tendencia y nos habla de sus protagonistas.

Científicos encuentran evidencia de DiosInsight en las noticias, 19 de Abril, 1999

por Stephen Goode

La hegemonía darwinista en las ciencias naturales puede estar amenazada por un movimiento revolucionario y vanguardista que observa un diseño inteligente en la naturaleza… ¡y un Diseñador!

El químico Charles Thaxton se sorprendió cuando, hace 15 años, “El Misterio del Origen de la Vida”, libro que escribió juntamente con otros dos científicos sobre la evolución química, obtuvo una respuesta muy positiva entre los científicos del país. Thaxton, que visitaba la Charles University en Praga como profesor asistente, esperaba una reacción negativa, si es que el libro (que desde entonces ha llegado a ser considerado como una de las obras pioneras en lo que ha sido llamado el Movimiento del Diseño Inteligente) hubiera llegado a ser digno de atención.

Al fin y al cabo, “El Misterio del Origen de la Vida”, que se había convertido en uno de los textos universitarios más vendidos, sugería la posibilidad de un diseño inteligente en la naturaleza y señalaba errores graves en el Darwinismo. Tales opiniones eran consideradas como impensables y definitivamente acientíficas por la amplia mayoría de los científicos de la época, no sólo porque la teoría del Diseño Inteligente sugiere que la evolución no es el proceso casual y al azar que la mayoría de los biólogos creían que era, sino también porque (cosa incluso más inaceptable) indicaba la probable existencia de un diseñador, ó quizás Dios, que sería el responsable del diseño. La idea de que un diseñador pudiera ser el responsable de la naturaleza, era un concepto que ningún científico que se preciara a sí mismo querría llevar al curso científico de las cosas.

No pensaba que este libro tuviera ninguna aceptación. Cuando lo escribimos, fue como ser un lobo solitario allí afuera”, cuenta Thaxton a Insight. “Los materialistas empedernidos no van a tolerar inteligencia en la naturaleza”, dice. “Entonces recibí muchas llamadas de científicos y matemáticos que sí lo hicieron”, hombres y mujeres de una gran variedad de campos de la ciencia que estaban llegando a las mismas conclusiones que Thaxton había descrito en “El Misterio del Origen de la Vida”. Ellos (al igual que Thaxton y sus coautores) estaban descubriendo diariamente información en sus laboratorios y búsquedas científicas que ya no podían ser explicadas por el modelo estándar de la evolución darwiniana. Dicha información podía ser mejor —y más científicamente— entendida, argumentando que ciertas entidades altamente complejas en la naturaleza, la molécula de DNA, por ejemplo, habían sido diseñadas para hacer lo que hacían y no evolucionaban al azar, por accidente, que es como la evolución darwiniana explica su origen.

Uno de los que se pusieron en contacto con Thaxton fue William Dembski. Dembski, un hombre joven con un doctorado en matemáticas de la Universidad de Chicago, un segundo doctorado en filosofía de la Universidad de Illinois en Chicago y un máster en teología del Princeton Theological Seminary, tuvo la firme convicción de que Thaxton no solamente tenía razón sino que también estaba en algo que iba a revolucionar la manera en que el hombre miraría a la naturaleza y la manera en que los biólogos abordarían su campo. Él quería tomar parte en esa revolución.

Recientemente, Dembski ha publicado su propia aportación al crecimiento continuo del Movimiento del Diseño Inteligente, un libro de argumentos contundentes que él llama “La Inferencia del Diseño”, en el cual Dembski (cuya lista impresionante de títulos llevó a un amigo a describirle como “el estudiante perpetuo”) emplea sus conocimientos de lógica simbólica y matemáticas para argumentar a favor del diseño en la naturaleza. El libro de Dembski es una de las más recientes e impresionantes contribuciones que adornan los estudios de Diseño (nombre que utilizan sus partidarios), que es una rama de la ciencia que ha crecido y está cada vez más sofisticada desde la contribución de Thaxton, hace 15 años.

Entre el libro co-escrito de Thaxton y la reciente contribución de Dembski, el Movimiento del Diseño Inteligente ha llegado muy lejos. Y más desarrollos están en camino, prometen sus partidarios. Ahora el Diseño Inteligente tiene su propia revista profesional, Origins & Design. Muchos de los que lo apoyan pertenecen a un grupo de expertos, el Centro para la Renovación de la Ciencia y de la Cultura en el Discovery Institute de Seattle, aunque muchos de los asociados con el centro están localizados en otra parte: Dembski, por ejemplo, está en Dallas, y Thaxton, permanece en Praga. Además, el movimiento tiene su propia revista para no científicos, el vistoso cuatrimestral Cosmic Pursuit, en el que científicos como Thaxton y Dembski presentan sus ideas para el lector general.

Y, ¿cuáles son esas ideas?

Primero, argumentan que su defensa del Diseño surge directamente de la información empírica que han observado como científicos, más que de ninguna noción teológica o filosófica que puedan mantener. “Los descubrimientos en matemáticas y en biología están abriendo camino para un Diseño y un Diseñador,” dice Thaxton.

b.Y Michael Behe, un bioquímico de la Universidad de Lehigh que es el autor de uno de los textos más importantes del Movimiento del Diseño Inteligente, “La Caja Negra de Darwin” (1996), dice a Insight, “el Diseño Inteligente fluye directamente desde la información que está actualmente disponible”.

Lo que hace que esta afirmación sea muy significativa es que da una visión del Diseño Inteligente como un fenómeno que debe ser tratado y estudiado científicamente más que como un tópico dejado para la religión u otros propósitos. Su afirmación lleva directamente al otro argumento principal del los defensores del Diseño Inteligente: la ciencia actual no es adecuada para tratar con el descubrimiento de un diseño inteligente en la naturaleza a causa de la manera en que está constituida en estos momentos, porque la ciencia está demasiado atada a las interpretaciones materialistas y naturalistas de lo que es la naturaleza.

Esta afirmación es revolucionaria. Lo que está en la base del argumento, dice Dembski, es una controversia sobre “la naturaleza de la naturaleza”. Dembski piensa que la ciencia natural está “empobrecida” a la hora de abordar el tema del diseño inteligente. ¿Por qué está empobrecida? Porque el materialismo y el naturalismo asumen que las explicaciones naturales son suficientes para explicar cualquier pregunta que surja en la ciencia, y esto sencillamente no basta a la hora de tratar el fenómeno del Diseño. (En efecto, cualquier defensor del Movimiento del Diseño Inteligente te dirá que entender cómo tratar científicamente con el diseño en la naturaleza es uno de los problemas más importantes del movimiento.)

El Diseño Inteligente no argumenta a favor de ninguna teología específica. “La palabra ‘Diseñador’ no significa forzosamente el Dios del Génesis”, dice Thaxton (aunque no lo excluye). “Mi opinión es que desde la información empírica no podemos hacer la afirmación de una deidad. Es la posibilidad de una deidad a la que llegamos”. Thaxton explica que es un “diseño genérico del que hablamos en el Diseño Inteligente. Cuando las personas quieren ir más allá de eso, allí es donde entra su visión particular de Dios”.

Lo que hace que el Movimiento del Diseño Inteligente sea tan revolucionario es que va totalmente en contra de la sabiduría perceptible de la ciencia, y particularmente de la biología. El darwinismo impregna cada aspecto de la civilización occidental, observa Dembski. Y los darwinistas argumentan que no hay diseño en la naturaleza, ninguno que pueda llevarnos a pensar en un diseñador. Todo lo que hay en la naturaleza, dicen los darwinistas, es resultado de una evolución casual, no hay ningún diseño que pueda sugerir dirección o planificación.

Así es como uno de los principales darwinistas, Richard Dawkins de la Universidad de Oxford, describió su visión del mundo en su libro de 1995, “Río que sale del Edén (River out of Eden): una visión darwinista de la vida”, un ataque directo a la posibilidad de un diseño en la naturaleza: “El Universo que observamos tiene precisamente las propiedades que esperamos que tenga si no existe, en el fondo, ningún diseño, ningún propósito, ni bien ni mal, no hay nada más que una indiferencia ciega, despiadada”.

La posición darwiniana fue puesta en palabras incluso más duras por Peter Atkins en su libro “La Segunda Ley” (The Second Law), que apareció en 1984, el mismo año en que Thaxton y sus coautores publicaron “El Misterio del Origen de la Vida”: “Somos los hijos del caos, y la profunda estructura del cambio es la degeneración. En el fondo, solamente hay corrupción y el flujo imparable del caos. El propósito se ha desvanecido; todo lo que queda es la dirección. Esa es la frialdad que tenemos que aceptar al mirar profunda y desapasionadamente en el corazón del Universo.”

En contra de la visión darwiniana dominante, el argumento de Thaxton a favor del Diseño Inteligente, reducido a los términos más simples es éste:

La molécula de DNA, la base de la vida, es un mensaje, dice él. Es información codificada en una doble hélice. No es como un mensaje; es el mensaje. La molécula misma es un diseño elaborado y complejo que es un mensaje.

Nosotros los humanos sabemos por experiencia que, cuando hay un mensaje, es una inteligencia la que ha creado ese mensaje, dice Thaxton. Ninguna otra explicación sería suficiente para dar razón a la existencia del mensaje. No recibimos cartas de un remitente inexistente, al azar, sin propósito, por ejemplo. “Sabemos por experiencia que cuando hay un diseño, hay un diseñador.”

Behe toma el darwinismo desde un ángulo diferente. Un Doctor en Bioquímica de la Universidad de Pennsylvania, Behe argumenta que la vida, en lo más fundamental, es “irreductiblemente compleja”, una frase que ha añadido al debate del Diseño Inteligente. Para explicar lo que quiere decir con irreductiblemente compleja, Behe habla de una ratonera, una construcción humana hecha de una base, un martillo, un muelle y una barra de sujeción. Cada una es necesaria para que la ratonera funcione. Sin uno de estos elementos, la ratonera no funcionaría.

También la naturaleza tiene ejemplos de complejidad irreductible, el sistema en una célula que capta proteínas para enviarlas a compartimentos subcelulares, por ejemplo. Casi cada uno de los componentes que conforman este sistema son necesarios para que el sistema funcione. Sin uno de estos componentes, las proteínas no serían enviadas a su correcto destino.

Behe argumenta que el desarrollo de un sistema tan elaborado y complejo en términos evolucionarios darwinianos, consistente en un pequeño paso después de otro, no serviría porque durante cualquier paso previo al de todas las partes complejas trabajando juntas, el sistema no funcionaría. ¿Cuál es la probabilidad de que todas esas partes que tienen que trabajar juntas hubieran empezado a trabajar conjuntamente en un momento determinado? Igual que la complejidad irreductible de una ratonera indica un diseño que da la posibilidad de que todos sus elementos trabajen juntos, así la irreductible complejidad del sistema celular del envío de proteínas indica un diseño.

A Behe le gusta citar a Darwin mismo para mostrar la importancia de la complejidad irreductible en cuanto a la teoría darwiniana. En el Origen de las Especies, Darwin escribió: “Si pudiera ser demostrado que cualquier órgano complejo existiera que no fuera posible que se hubiera formado por numerosas y sucesivas ligeras modificaciones, mi teoría quedaría destruida”. Behe piensa que la existencia de dicho organismo complejo ya ha sido demostrada.

Es muy importante que los argumentos de científicos como Thaxton, Behe y otros del Movimiento del Diseño Inteligente sean reconocidos como científicos. En efecto, Thaxton, un cristiano, estuvo mucho tiempo preguntándose, “¿estoy fuera de los límites de la ciencia?” y finalmente concluyó que no lo estaba, pero añade que es el deber de los que apoyan el Diseño Inteligente que “lleguemos a una comprensión realista de lo que es el movimiento sin destruir la integridad de la ciencia.

Thaxton toma cierto consuelo en el hecho de que el Movimiento del Diseño contemporáneo no está introduciendo algo nuevo en la ciencia. El gran físico Sir Isaac Newton (que murió en 1727), por ejemplo, escribió, “El más maravilloso sistema del sol, planetas y cometas, solamente podría proceder de la determinación y dominio de un ser inteligente y poderoso.”

A Dembski le gusta mencionar al teólogo inglés William Paley que publicó su Teología Natural en 1802, en la cual hizo su famoso argumento de que si nos encontráramos un reloj en un campo, asumiríamos que fue fabricado por una inteligencia, porque sus diversas partes están dirigidas hacia un objetivo: decir la hora. (Paley también tenía mucho que decir sobre la complejidad del ojo del mamífero, que parecía indicar un diseño. Darwin, que estaba igualmente maravillado de la complejidad del ojo humano, concluyó que a pesar de su complejidad, el ojo podría haber evolucionado poco a poco a través del tiempo.)

Behe es optimista con respecto al futuro del Movimiento del Diseño Inteligente: “No sé si van a ser dos años o veinte, pero allí es hacia dónde se dirige la información de la ciencia”, dice. “Los científicos notan que hay algo que no encaja del todo. Hay nuevas ideas para las que se necesitan nuevas definiciones.

A Dembski, cuyo reciente libro La Inferencia del Diseño presenta con gran detalle cómo el argumento del Diseño Inteligente satisface la lógica y la probabilidad, le gusta comparar la influencia del movimiento sobre la ciencia con el efecto en la Europa del este que tuvieron los movimientos de libertad y democracia. La crítica al darwinismo ahora amenaza la hegemonía del mismo modo, dice, que el paso hacia la libertad hizo temblar al imperio soviético.

Dembski enfatiza que el Movimiento del Diseño Inteligente ha de demostrar su constitución científica, aunque ve posibilidades más amplias hacia donde nos podría llevar la idea del Diseño Inteligente: “Las cuestiones de moralidad podrían, al parecer, ser añadidas”. También es posible “la renovación de toda la noción de la Ley Natural”.

Thaxton, que dirigirá un seminario sobre “Detectar Diseño en la Naturaleza” en la asamblea anual de la Afiliación Científica Americana en julio[de 1999], compara la situación actual del Diseño Inteligente con la situación de la Física Cuántica hace un siglo. Max Planck, el teórico de la física cuántica, perdió la esperanza de que su teoría fuera aceptada por sus compañeros físicos, destaca Thaxton. Concluyó que para que su teoría ganara respetabilidad, tendría que morir toda una generación de científicos y ser reemplazados por hombres y mujeres más jóvenes y con mentes más abiertas, preparados para avanzar en la dirección donde les llevara su información, que sería hacia la hipótesis de la Física Cuántica. Lo que se ha de hacer para que el Diseño Inteligente sea aceptado, concluye, “es superar la inercia de la edad”.

Fuente:

http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_dintelorig.htm

     

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