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27 jul 2010 Comentarios desactivados
in Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo
En el principio era el Verbo
26 dic 2009 Comentarios desactivados
in Creación, Creador, Creador del Universo, Cristo, Cristología, Teología
Impresionante vista de la Vía Láctea desde California, Estados Unidos. Foto tomada por Tony Hallas (víaAPOD)
“En el principio era el Verbo” – es el Verbo que me hace comprender que era Dios y que es eterno.
“En el principio era el Verbo . ¿Quién lo dice?. Juan el pescador. No lo dice, sin embargo, como simple pescador, sino por así decir como pescador de los sentimientos humanos, porque ya no debía coger pescados sino vivificar a los hombres. Lo que dice no es sólo una enseñanza suya, sino una enseñanza de quien le ha dado el poder de vivificar. El pescador era más silencioso que los peces que cogía antes y mudo acerca de los misterios divinos porque no conocía al autor de su voz. Pero cuando fue vivificado por Cristo oyó la voz en Juan y reconoció la palabra en Cristo. Por eso lleno del Espíritu Santo, Juan sabía que el principio no entra en el tiempo, sino que está sobre el tiempo: dejó los siglos y subiendo con el espíritu más allá de todo principio, dijo: En el principio era el Verbo [...].
Y el Verbo estaba junto a Dios. Esto significa que cuanto había dicho antes se debe entender en el sentido de que el Verbo era como era el Padre, porque de siempre era con el Padre, en el Padre y junto al Padre. [...] Es propio del Verbo estar junto al Padre, como es propio del Padre estar junto al Verbo, ya que leemos que el Verbo estaba junto a Dios. Si por tanto, según tu opinión, era un tiempo en el que no era, según tu opinión en el principio tampoco era aquel junto al que estaba el Verbo. Es el Verbo el que me lo dice, es el Verbo el que me hace comprender que era Dios. Si creo, como creo, que el Verbo es eterno, no puedo dudar de la eternidad del Padre, cuyo Hijo es eterno.”
S. Ambrosio, De Incarnationes dominicae sacramento (III, 15-18)
En el Principio fue el Verbo. Palabra versus Signo
(al principio: la paradoja del tiempo)
“Al principio Creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.” [i]
Al principio… es decir: hubo principio. He aquí un viejo debate filosófico que la ciencia moderna no ha dejado de retomar una y otra vez: ¿Hubo alguna vez un primer principio antes del cual no había nada?[ii]
Se trata de la eterna paradoja del tiempo: desde que pensamos el tiempo, la experiencia como encadenada en un devenir, tendemos a acotarlo entre un principio y un fin y a la vez, inevitablemente nos preguntamos qué hubo antes del principio y qué puede haber después del final.
Se trata de un problema, sin duda, pero sólo para esa especie que se plantea problemas, es decir, la especie humana. Sólo para ella existe el tiempo, sencillamente porque lo inventa. Y porque lo hace, se pregunta por él. Y ésta es la paradoja de la respuesta: que siempre abre una nueva pregunta. De manera que la interrogación permanece siempre abierta.
(lo real es)
Pero nada de esto tiene que ver con lo real. Lo real está ahí, es. Con independencia de toda conciencia que pretenda pensarlo.
Se diferencia netamente, por eso, de esa otra cosa que llamamos la realidad: el mundo en tanto ordenado, pensable, inteligible para esa especie, la nuestra, que se obceca en pensarlo.
Lo real es. Seguramente es ésta la definición más precisa, aunque también la más difícil, de lo real. En ella, el verbo ser, debe escucharse en su modalidad puramente intransitiva, es decir, aquella que rechaza cualquier predicado. Lo real, entonces, como aquello que es refractario a toda predicación, a toda explicación y a toda inteligibilidad.
(lo real es lo incognoscible)
Podemos decir también: lo real es incognoscible —es, pues, lo incognoscible. Esta segunda es una definición menos precisa, ya que hace transitivo un verbo que aquí no debiera serlo y, así, dota de un atributo a algo que no puede tener ninguno. Pero, precisamente por eso, nos resulta algo más fácil de manejar.
Lo real aparece, ahora, como algo negativo, desde luego, pero con respecto a cierta positividad: la nuestra, la de nuestro yo en tanto conoce y predica esa negatividad. Lo real, entonces, como algo que es posible localizar fuera, en cierta exterioridad con respecto a aquel que lo piensa. La aparentemente más fácil comprensión de esta segunda definición depende del presupuesto antropomórfico que la regula. Yo, en tanto entiendo, en tanto me entiendo, localizo, fuera de mí, algo que, en el plano del entendimiento, se me niega, se me resiste.
Sin embargo, en esa misma medida, dificulta la aproximación a aquello de lo que se trata en lo real. Pues dado que mi Yo cree poder recubrir todo mi ser, tiende a ignorar que lo real también me habita. Que soy un cuerpo real en extremo resistente, refractario, opaco a mi Yo —a esa imagen en la que me pienso, me reconozco, me entiendo.
(lo real y la realidad: Kant)
En todo caso, la diferencia conceptual entre lo real y la realidad que proponemos puede encontrar así sus credenciales en la teoría del conocimiento de Kant, llamada crítica de la razón pura[iii], y que fue precisamente eso: una crítica, es decir, una definición de los límites del entendimiento mismo.
El que fue uno de los más grandes forjadores de la modernidad —nadie tan decisivo, después de Descartes, en la creación de las condiciones epistemológicas para la cristalización del discurso de la ciencia— formuló a esa misma Modernidad una advertencia que ésta, sin embargo, tiende constantemente a ignorar. La de que el conocimiento posee un límite más allá del cual se abre el ámbito, no por ello menos real, de lo incognoscible. Lo llamó la cosa en sí.
La primera consecuencia de este enunciado kantiano es el carácter antropomórfico del conocimiento humano: lo que conocemos es la cosa para mí, es decir, la cosa en tanto percibida y pensada a través de los aprioris que configuran el conocimiento mismo.
(semiótica: a priori)
Tanto desde el punto de vista semiótico, como desde aquel otro, tan próximo a él, que es el de la filosofía analítica —después de todo, ambas disciplinas reconocen su objeto en el lenguaje— la noción de apriori cobra un significado mucho más concreto y operativo del que pudo alcanzar en Kant. Pues los aprioris de nuestro conocimiento no son otros que los determinados por las características estructurales de nuestros lenguajes. —Después de todo, conocer algo es tratarlo, procesarlo a través de determinados códigos. Y de hecho eso son las ciencias que han hecho posible la Modernidad: códigos más precisos, más rigurosos, más capaces de procesar. Así, en Saussure[iv] y en Wittgenstein[v], casi simultáneamente, cristalizó la idea que descubre, en el lenguaje, la condición y la estructura de todo entendimiento.
Llevando esa comprensión hasta sus últimas consecuencias, Wittgenstein retomó a su manera la distinción kantiana: frente al mundo del lenguaje —el de la cosa para mí—, fuera de sus limites y escapando por ello a todo entendimiento, habría de situarse lo místico —el territorio de la cosa en sí. Es decir: más allá de la realidad —la del mundo que nuestros lenguajes configuran—, el territorio, ininteligible, de lo real.
Y así, la paradoja de los límites del tiempo —antes y después, principio y fin— retornaba en su forma espacial —dentro y fuera, más acá y más allá. Nada, en ello mismo, nuevo con respecto a Kant, quien ya lo había formulado expresamente en su primera antinomia, según la cual, a la razón le era imposible decidir entre dos tesis es sí mismas igualmente razonables y sin embargo contradictorias: la que demostraba la necesidad de un principio y un fin en el tiempo y en el espacio y la que, en cambio, demostraba su imposibilidad. Con la salvedad de que, esta vez, quedaba localizada la causa misma de la paradoja: ésta era explícitamente percibida como efecto del lenguaje en su intento de pensar la experiencia humana.
Es sabido el dictado con el que Wittgenstein cerró su Tractattus: de aquello, lo místico, por que escapaba a los limites del lenguaje que eran a la vez, necesariamente, los límites del mundo, nada podía y nada debía decirse.
(corregir a Wittgenstein)
Creemos, sin embargo, que Wittgenstein, quien tan bien supo aislar el origen del que toda paradoja procede —a la vez que nos ofreció su expresión quintaesenciada en forma de la paradoja de los límites del mundo del lenguaje—, al insistir en su negatividad —ese límite donde lo inteligible cesa—, fue incapaz de comprender su otra cara, digámoslo así, positiva. Y cometió por eso el error de decir que de eso, de lo que escapaba a los límites del lenguaje, nada podía ser dicho, cuando lo que debía haber dicho es que eso no podía ser entendido.
Su misma paradoja, como toda buena paradoja, es eso precisamente lo que hace: decir sobre lo real. Pues lo real aparece precisamente en ese filo de sinsentido que se encuentra en el punto de inflexión de toda paradoja: allí donde se cortan sin articulación posible dos cadenas discursivas en sí mismas perfectamente coherentes y articuladas.
Por el contrario: las paradojas —y no hay otras paradojas que las del lenguaje— deben ser tomadas muy en serio: no son juegos gratuitos del lenguaje; todo lo contrario, son las vías por las que el ser hablante, es decir, el ser configurado por el lenguaje, se aproxima a lo que está más allá de éste, es decir, a lo otro del lenguaje, a lo real.
(ensimismarse en la paradoja)
Pues es un hecho que cuando uno se ensimisma en una paradoja experimenta ese punto de sinsentido, ese vacío de significado donde cesa toda inteligibilidad.
Entonces sabe que hay algo que no puede entender. Llamemos la atención sobre la diferencia conceptual que así se traza: no lo entiende, pero lo sabe. Sabe, precisamente, que no lo entiende. Y hay un sabor para eso: el sinsentido se siente. Y es más: duele.
Ahí, en ese que es el punto de ignición de la paradoja, el sujeto sabe de lo real. Y en esa misma medida, propiamente, se ensimisma: sabe en ese punto en el que, porque no entiende, se quema —¿por qué no pensarlo con la metáfora del cortocircuito del fluido eléctrico, de ese fluido eléctrico que es el del lenguaje?—, sabe, en ese punto, de lo que de real hay en él.
(el tiempo)
El tiempo es pues una de las dimensiones a través de las que los hombres tratan de ceñir lo real, para poder vivirlo. Se trata por eso —Kant supo explicarlo con toda claridad— de un apriori de la razón. Es decir, si traducimos a Kant en términos semióticos, de un apriori del lenguaje.
Pues el tiempo es precisamente eso que la narratividad introduce en tanto una de las principales dimensiones configuradoras del lenguaje. Nace, por eso, de las series: antes / ahora / después, pasado / presente / futuro.
El tiempo, la duración, es una de las propiedades de la conciencia humana en tanto ésta, por estar configurada por el lenguaje, se sustantiva y se diferencia del mero sentir animal. —Pues sin duda el animal siente tanto como nosotros, incluso recuerda, pero no tiene conciencia de esos recuerdos como memoria, es decir, como algo perteneciente al pasado. Y es que seguramente, digámoslo de paso, la vivencia de la duración sólo nace con la estructura sintáctica del lenguaje, de los enunciados que lo conforman.
(principio primero)
Y bien, establecido el apriori del tiempo, este desencadena sus paradojas: si nada puede ser pensado fuera de la duración, todo debe tener un principio y un final, pero también debe haber un antes del principio y un después del final.
¿Es posible, entonces, hablar de un principio primero, absoluto?
Agotemos la paradoja: sin duda lo es y, sin embargo, siempre hay un antes del principio.
Un antes del principio absoluto es, necesariamente, un antes del comienzo del tiempo. Pero eso, a la luz de lo que acabamos de señalar, es un antes de que la conciencia comenzara a existir. Pues bien: en ese antes estaba lo real. O para ser más exactos: en ese antes estaba ya lo real.
Ahora bien, la conciencia, desde que existe, porque existe, trata de colonizar ese antes en que el tiempo no existía. Y vive Dios que lo hace: el tiempo se proyecta hacia atrás, por obra de la física y, especialmente, de la astrofísica.
Evidentemente, la paradoja no queda con ello suprimida, sino, tan sólo, proyectada hacia el pasado. Naciendo así esa bella mitología que es la del Big Bang. El momento inicial del universo astrofísico.
Pero la paradoja no puede cesar nunca, porque está inscrita en el apriori temporal mismo: antes del Big Bang, entonces ¿qué? Pues bien, digámoslo de nuevo: lo real.
Pero en todo caso porque, desde luego, la conciencia comenzó a existir en un momento dado, hubo un principio absoluto, independientemente de que antes estuviera ya lo real.
(lo real, la realidad, construcción)
Desde luego, la noción de lo real se nos resiste, no podría ser de otra manera: pues lo real es precisamente la resistencia del mundo a ser entendido. Sencillamente porque el mundo no ha sido hecho para ser pensado. Y por eso —he aquí una tercera definición— lo real es lo que se deduce de este mismo hecho: de que el mundo no está hecho para nosotros —es decir, entre otras cosas, para que nosotros lo pensemos.
Aceptar esa resistencia es precisamente aprender a usar la noción de lo real. Negarla, y negar con ella la noción misma de lo real, no es después de todo otra cosa que un gesto narcisista que hoy ya sólo pervive donde pervive el positivismo: en las ciencias humanas. Porque las otras, las duras, hace ya casi un siglo que renunciaron al positivismo y a su reconciliado mundo de la determinación absoluta: el principio de Indeterminación, la crítica de la causalidad y su sustitución por algo tan inquietante como la mera probabilidad, las nociones de entropía, caos, antimateria y agujero negro, delimitan el lugar de lo real con una decisión que debería abochornar a unas ciencias humanas todavía aferradas a la apacible inercia de los usos positivistas.
(delirio de la modernidad)
Ahora bien, es evidente que ese gesto narcisista constituye la cristalización de cierto delirio de la modernidad: el delirio de un mundo totalmente inteligible, es decir, totalmente dominable, absolutamente racionalizado. El delirio, en suma, de una realidad vuelta de espaldas a lo real, al modo de esos gestos del narcisismo infantil por los que el niño, sin más, niega lo que le desagrada.
Se trata, por lo demás, del delirio narcisista de la conciencia: delirarse en el centro de un mundo configurado para ella. Conviene anotar que es éste un delirio esencialmente nuevo: sólo ha podido cristalizar una vez que, en los textos de Occidente, ha desaparecido el lugar de lo sagrado. Pues una sociedad que concibe lo sagrado es una sociedad que asigna un lugar a lo incomprensible, a lo real.
Sólo el poder imaginario del delirio impide ver lo evidente: que hacemos lo que podemos para entender el mundo, pero que el mundo no está hecho para eso.
He aquí la principal virtud de la noción de lo real: que sólo a partir de ella, y por oposición a ella, la noción de realidad, es decir, de realidad humana, alcanza su justo valor. Pues la realidad es, precisamente, el resultado dinámico del costoso trabajo humano de construcción del mundo con esa herramienta de las herramientas que es el lenguaje:
Y es precisamente de ese proceso de construcción, de creación de la realidad por el lenguaje de lo que nos habla, con asombrosa precisión, el Génesis.
(Dios: acto de decir-crear)
Y bien:
“Al principio Creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.”
¿Qué hay al principio? El Génesis lo dice así: Al principio Creó Dios los cielos y la tierra.
Obsérvese que no se dice que al principio estuviera alguien llamado Dios y que, necesariamente luego, ese alguien se pusiera a crear cosas. No: lo que se dice es que el principio fue un acto de creación. De manera que parece más sensato pensar que Dios es el nombre mismo de ese acto.
Pues, ¿cómo crea Dios? A eso nos contesta el segundo párrafo del Génesis:
“Dijo Dios: «Haya luz»; y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero.”
Dios crea, por tanto, diciendo: sólo porque Dios dijo «Haya luz» hubo, hay luz.
O bien, y no es ésta más que una manera más precisa de decirlo: ese acto de decir es localizado, nombrado en el texto bíblico con ese operador textual que es la palabra Dios.
(enunciación: Verbo)
De manera que, tomado al pie de la letra, el Génesis nos presenta la creación del mundo como un acto lingüístico, en su más pura expresión performativa (esa en la que, como Austin[vi] dijera, se hacen cosas con las palabras).
Así pues, el acto definitorio de Dios, en tanto creador de todo, pantocrator, es, muy exactamente, un acto de enunciación. Un acto de enunciación que crea el mundo enunciado. De manera que sólo hay mundo —enunciado— porque hay enunciación.
Es éste por cierto un tema que será retomado y reformulado con absoluta exactitud en el Prólogo del Evangelio de San Juan[vii]:
“Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.
“El estaba al principio en Dios.
“todas las cosas fueron hechas por él,
y sin El no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.”
Lo que debería ser escuchado al pie de la letra:
“todas las cosas fueron hechas por él, y sin El no se hizo nada de cuanto ha sido hecho”: el Verbo era Dios.
Es decir, El, Dios, era el Verbo.
(verbo: palabra-enunciación)
El Verbo, es decir, la palabra. Pero la palabra nombrada en su dimensión más activa: en esa dimensión de la acción —diríamos también de la praxis— que es la del verbo. Y bien: la acción por antonomasia del lenguaje es el decir y, en el decir, el nombrar, como ese movimiento fundador por el que el lenguaje recubre lo real configurando el mundo.
El Verbo es pues la palabra en su movimiento mismo de decir, de nombrar; en el movimiento, pues, de enunciación.
De manera que El Dios del Génesis es identificado como la palabra-enunciación, es decir, como la palabra que crea el mundo diciéndolo, nombrándolo, enunciándolo.
El Principio presupone pues el Verbo, pero no tanto temporal como lógicamente: sólo porque hay verbo hay principio. De manera que el principio es, necesariamente, el nacimiento del Verbo. Pues el principio nace con el primer acto de enunciación, con la primera palabra enunciada.
En tal contexto debemos leer el primer enunciado del Génesis: Al principio Creó Dios los cielos y la tierra.
(la palabra nace diferenciándose de lo real)
La palabra, en tanto nace, nace diferenciándose de lo real: es decir, nace afirmándose en su ser específico, en su diferencia con respecto a lo otro, a lo real.
O en otros términos: nace —el acto de enunciación— confrontándose a lo Real, como lo Otro.
Eso es, entonces, el Dios del Génesis: la palabra originaria, que por eso sólo se nombra a sí misma, diferenciándose de lo Otro: diferenciándose de eso otro que en el Génesis es designado como los cielos y la tierra.
(lo confuso: el caos, las tinieblas y el abismo)
Conviene que nos demos cuenta de cómo era eso:
La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.”
Eso, lo real, es lo confuso, es decir, aquello donde todo se confunde, aquello, por tanto, donde nada se distingue. Lo que puede, también, ser dicho así: lo confuso es, sencillamente, lo no cognoscible, pues conocer es dejar de confundir, poder diferenciar, discriminar y —pero sólo entonces— relacionar.
O dicho todavía de otra manera: lo real es el caos, el ámbito donde todo se da y sin embargo nada es consistente, pues nada garantiza la constancia, la presencia necesaria.
Es notable, por tanto, la caracterización que el Génesis traza de lo real: lo confuso, el caos, las tinieblas que cubrían la haz del abismo.
(la primera palabra: grito consciente de sí)
Frente a eso, frente a esas tinieblas que cubrían la haz del abismo, se hiergue, se enuncia la primera palabra.
¿Acaso es posible concebir esa primera palabra de otra manera que como un deíctico radical que designa, casi en forma de grito, esas tinieblas del abismo de lo real que la rodean? —pero, por primera vez, se trata de un grito consciente de sí, al modo de una interrogación radical del ser confrontado a lo real.
(Marx)
Karl Marx[viii] decía que era necesario invertir, poner sobre sus pies la dialéctica hegeliana. Y bien, si ésta concebía la materia como un momento del espíritu, la inversión radical de ese primer enunciado hegeliano exige concebir al espíritu como un momento de la materia, es decir, de lo real.
Lo que podría ser formulado así: en un momento dado surgió en el cosmos, por no se sabe qué golpe de azar, cierto espacio de conciencia. Pero desde el momento mismo en que surgió, surgió como algo dotado de cierta, desde luego frágil, autonomía.
Y ese momento, por dialéctico, abrió un movimiento; precisamente: el de la palabra en su dimensión creadora de conciencia y, en esa misma medida, de realidad.
(primera palabra, primer acto de conciencia diferenciado)
La primera palabra supone por tanto, necesariamente, el primer acto de conciencia diferenciado, consciente de sí: consciencia de una palabra que, por ser tal, es decir, por ser consciente de sí, se sabe diferente de aquello frente a lo que nace y con respecto a lo cual enuncia su interrogación radical.
Queda así trazado el primer significante o, más exactamente, la primera barra significante y, con ella, la primera articulación: la que separa a la primera palabra de lo real a lo que se confronta.
(la palabra crea el mundo: separa, nombra)
Y en el proceso que a partir de ello se desencadena, la palabra, literalmente, crea el mundo, la realidad humana, separando —es decir: introduciendo la barra significante en lo real— y nombrando:
“Dijo luego Dios: «Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras»; y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento. Y vio Dios ser bueno. Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana, segundo día.”
Dios nombra y separa, separa y nombra. Separa para que haya cosas y les pone nombre, o bien —es después de todo lo mismo— pone nombre para que haya cosas separadas.
Es imprescindible, para comprender el génesis del mundo, de la realidad humana, prestar atención a lo que en ella introduce la palabra desde el momento mismo en que, naciendo en —de— lo real, se diferencia de ello: el significante.
(significante: sobrenatural, meta-físico)
Y por cierto que al significante, por ese su ser inmaterial que le reconociera Saussure, le corresponde bien uno de los que se consideran los atributos de Dios: el ser sobrenatural. Y, en esa misma medida, trascendente. Pues con su aparición creadora nace, diferenciándose del magma de lo real, ese espacio que es el de la realidad humana. El significante es por eso sobrenatural y, dando a la palabra su sentido primero, literal, metafísico. Y es que del significante, tal y como Saussure lo describe minuciosamente, debemos deducir que, por ser inmaterial, pura diferencialidad sin sustancia material, es, propia, literalmente meta-físico. Es decir: constituye una dimensión otra que la de lo físico. Precisamente: la dimensión del lenguaje.
Pues bien, es así como el significante, una vez introducido en lo real, opera: separando aguas de aguas, la luz de las tinieblas. Separando y, a la vez, necesariamente, nombrando —”Llamó Dios al firmamento cielo”.
Y por eso, porque el significante fue trazado sobre lo real, porque la palabra comenzó la labor de crear el mundo nombrándolo, enunciándolo, por eso y sólo por eso “hubo tarde y mañana, segundo día”. Y todos los otros días que, a éste, siguieron.
Y porque el significante actúa separando, porque los nombres se multiplican, nace una realidad ordenada, reconocible, donde las aguas se oponen a lo seco y donde todo ser queda bien clasificado según su especie.
(actualidad del Génesis hebraico)
Conviene, por tanto, atender a la actualidad del Génesis hebraico: en él se halla ya cristalizada la conciencia de ese poder racional de la palabra que se manifiesta tanto en la insistencia en el ordenamiento por especies, repetida a lo largo de todo el proceso de creación de las plantas y los animales, como en el rigor de su secuencia lógica —de lo más simple a lo más complejo— y narrativa —seis días sucesivos.
(conciencia de sí: el hombre —Díjose)
Ahora bien: la creación de la conciencia del mundo no puede dejar de ser, simultáneamente, la creación de la conciencia de sí. Por eso el sexto día, nace el hombre.
Y por cierto que el texto bíblico anota de dos maneras ese movimiento reflexivo que es el de la emergente conciencia de sí. En primer lugar, por el dato notable de que si para la creación de todo lo que no es el hombre, el enunciado que describe la acción del verbo divino es el de “dijo Dios…”, cuando de la creación del hombre se trata se hace bien patente la inflexión reflexiva: “Díjose entonces Dios…”
(a imagen y semejanza)
Pero ese movimiento reflexivo de la conciencia de sí se anota aún con mayor intensidad en lo que, entonces, díjose Dios:
“Díjose entonces Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza.”
No se trata, evidentemente, de que la imagen del cuerpo del hombre, su configuración física, esté modelada sobre la imagen de Dios, por la sencilla razón de que, como todo el mundo sabe, no existe tal cosa. Pues el Dios hebraico, conviene recordarlo ahora, carece de rostro: es, propiamente, invisible.
De nuevo nos sorprende, por tanto, la novedad, la actualidad del Génesis: en él puede leerse con toda precisión el hecho de que lo que hace al hombre hombre, más allá de su configuración corporal, es decir, animal, lo que lo diferencia de cualquier otra cosa, objeto o especie, es algo que está fuera del orden de las imágenes, ya que se trata de la palabra, de la dimensión misma del lenguaje.
Pues el hombre nace a imagen y semejanza de un Dios que carece de imagen, es decir, de un Dios que no es otra cosa que la palabra misma en el movimiento de su enunciación.
(reflexión de la luz de la palabra)
Pero no por ello debe ser considerada como gratuita la apelación a la temática de la imagen y la semejanza. Pues si en ella late sin duda la metáfora del espejo —en los espejos se construyen imágenes semejantes a las de aquello que ante ellos se encuentra colocado—, dado que no es posible postular isomorfismo visual alguno entre el hombre y el Dios hebraico, resulta obligado atender a ese mecanismo esencial que caracteriza a la construcción de la imagen especular. Es decir: el proceso de reflexión de la luz. —Y recuérdese que en toda la Biblia, pero especialmente en el Evangelio de San Juan, la luz es siempre la de la palabra.
Así escuchada, la metáfora especular resulta en extremo precisa: el hombre, es decir, la conciencia humana, nace como espacio de reflexión de la palabra. Es decir: como conciencia de sí de la palabra que construye la realidad humana. De manera que, a decir del Génesis, el hombre nace como efecto de la reflexión de la palabra en el acto mismo de la enunciación. Es decir, como sujeto de la enunciación.
(la tarea)
La mejor prueba de ello se encuentra en lo que hizo Dios el lunes siguiente a ese domingo en que descansó: como se sabe, creó el jardín del Edén y puso
“en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.”
Y tras hacerle al hombre la advertencia de que de éste no comiera, porque entonces moriría
“Yahvé Dios trajo ante el hombre todos y cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo les llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diere. Y dio el hombre nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo…”
Párrafo éste que concreta el sentido de aquel otro, anterior a la creación del Paraíso, que hablaba del sexto día en el que dijo Dios aquello de
“Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominar sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra”.
Tal fue la tarea que el hombre recibió: este dominar del que aquí se habla encuentra su más plena dimensión en el nombrar, es decir, en el acto de mantener viva la presencia de la palabra en el mundo. —Lo que es en sí mismo un buen motivo de que, en español, se parezcan tanto las palabras hombre y nombre. Someter y dominar la tierra es participar de su creación prolongándola, perpetuándola como Dios ha enseñado, es decir, a golpe de palabra.
Para que el mundo, la realidad humana se sostenga y crezca, debe ser reenunciada, enunciada de nuevo cada vez, en cada nueva generación.
(emergencia de la conciencia: dimensión simbólica)
Estamos hablando de la emergencia de la conciencia, es decir, de la dimensión del ser que se sabe confrontado a aquello mismo de lo que se diferencia —de lo real. Pues bien, a esa dimensión que así nace, por obra de la palabra, desencadenada por el acto mismo de la enunciación, corresponde bien el nombre de dimensión simbólica —una dimensión del Lenguaje, en todo caso, diferente a su dimensión semiótica, tal y como la concebimos desde Saussure[ix].
(teoría general del lenguaje)
Pues Saussure dejó muy claro que la lingüística no era la teoría general del lenguaje, sino la teoría de lo que en él había de social, sistémico, convencional: la lengua.
Y por eso la semiología, la semiótica que él mismo esbozó no debía ser entendida como la teoría general del lenguaje, sino tan sólo como la teoría general de lo que en los lenguajes hay configurado sobre el modelo de la lengua, es decir, los sistemas de signos[x].
(teoría del habla: dimensión simbólica)
Resta, por tanto, para que una Teoría General del Lenguaje sea realmente posible, una teoría del habla.
Si ésta no ha terminado de nacer, ello ha sido debido tan sólo a una confusión en la lectura de Saussure, que ha conducido a pensar que el habla no sería después de todo otra cosa que la realización —la actuación, la puesta en práctica— de la lengua. De manera que de la comprensión del sistema de la lengua se deduciría totalmente la comprensión del habla.
Pues si eso es así, si el habla es la actuación de la lengua, lo es tan sólo desde el punto de vista de la lengua que es muy precisamente, como Saussure estableció, el punto de vista sistémico, estructural, sincrónico —es decir, después de todo: el propiamente semiótico.
Creemos llegado el momento de afirmar que, sin embargo, una Teoría General del Lenguaje no puede ignorar el punto de vista diacrónico, que es propiamente —también fue Saussure quien lo dijo— el del habla.
O en otros términos: la dimensión del habla aguarda a ser reivindicada. Pues esa dimensión, necesariamente diacrónica, se nos descubre ahora como la dimensión simbólica. Y también, por ello mismo, como la dimensión de la enunciación.
(la dimensión del habla: enunciación)
El límite, la paradoja de la problemática de la enunciación que Emil Benveniste[xi] introdujo en la lingüística moderna estriba en que fue formulada desde el interior de la semiótica y, por tanto, en términos sincrónicos.
Fue sin duda ésta una paradoja inevitable, pues resultaba de la introducción en la reflexión semiótica la cuestión de la subjetividad, cuando, como el propio Saussure había advertido, esa era una cuestión que pertenecía al ámbito del habla, pero en ningún caso al de la lengua —es decir, al de la semiótica.[xii]
(la enunciación y el límite de la estructura)
El punto de ignición de esta paradoja, la de la teoría semiótica de la enunciación, estriba en tratar de pensar como estructura sincrónica algo, el acto mismo de enunciación, que constituye, en sí mismo, una dimensión diacrónica y, por ello mismo, procesal y energética.
Tal es la paradoja: hablamos de estructura de la enunciación cuando lo que en el acto de enunciación se manifiesta es precisamente lo que, en el lenguaje, escapa a toda estructura —nos referimos al único acto de enunciación real que existe: el de cada cuerpo que, en un momento real del espacio y del tiempo, en un momento, por tanto, absolutamente singular, sin duda atravesado por el lenguaje —pero deberíamos añadir: contradictoriamente atravesado por él— genera una acto de enunciación y, al hacerlo, articula una palabra.
(dimensión semiótica / dimensión simbólica)
Pues bien, si la dimensión semiótica es la dimensión sincrónica, sistémica y objetivada del lenguaje, conformada por el sistema estructurado de signos independiente de la voluntad y de la subjetividad de los hablantes, la dimensión simbólica es, en cambio, la dimensión del habla, a la vez subjetiva y diacrónica. Es decir: es la dimensión misma de la palabra.
Y es que una palabra no es un signo: pues el signo es una entidad objetiva —obtiene su objetividad de la sanción intersubjetiva que le concede el formar parte de un código—, independiente del hablante, un hecho de significación convencional, dotado de significado objetivado.
La palabra, en cambio, es signo enunciado, pronunciado, proferido en un instante singular, real, del espacio y el tiempo por un cuerpo, por un sujeto no menos singular y real. Y por eso la dimensión de la palabra, la dimensión simbólica, es aquella en la que debe plantearse la cuestión del sentido —que, a diferencia del objetivado y codificado significado del signo, se halla enfocado a la experiencia, siempre singular, de un sujeto que afronta lo real.
(sentido)
Pues sólo hay sentido cuando los signos del lenguaje se encarnan en el acto de habla, en un cuerpo real, es decir, en el cuerpo real de un sujeto: sólo entonces algo puede ser sentido y, por eso, tener sentido.
Quisiéramos llamar la atención del lector sobre la trascendencia teórica de esta diferencia. Pues el redimensionamiento de lo que se juega en el habla —en la dimensión simbólica del lenguaje— obliga a reintroducir una cuestión capital de la que tanto la semiótica como su homóloga anglosajona, la filosofía analítica del lenguaje, se habían desprendido: la cuestión de la verdad.
Pues si en el orden lógico, sintáctico, sistémico del lenguaje sólo tiene sentido hablar de congruencia, de coherencia —la verdad reducida a tautología de Wittgenstein—,si en el orden de la realidad concebida tan sólo en su dimensión objetiva, empírica, sólo es dado hablar de objetividad, la cuestión de la verdad se nos descubre ahora como una cuestión que sólo encuentra su sentido en el ámbito del habla. Es decir: en el acto de enunciación: en el campo de la palabra.
Y, allí, lo encuentra, aunque de ello, demasiadas veces, los profesionales de la teoría no quieran saber nada.
Allí: en ese campo en el que cada uno de nosotros, sujetos, en el momento de hablar, sabemos que nos jugamos el acertar y decir la verdad —y entonces sabemos que decimos algo que merece la pena— o fallar. Y entonces mentir.
Lo que quisiéramos mostrar en el cierre de este texto es que, porque existe la verdad —en ese campo que es el suyo: en el de los efectos simbólicos de la palabra, en los actos de habla—, mentir supone siempre, inevitablemente, destruir un trozo del mundo.
(dimensión narrativa del lenguaje)
La dimensión del habla, la dimensión simbólica, es la dimensión diacrónica, es decir, la dimensión genética, genésica, del lenguaje.
Es decir, todavía: su dimensión narrativa.
Pero aquí, una vez más, una inversión de acento se hace imprescindible: si la semiótica narrativa lleva un par de décadas en punto muerto es precisamente a causa de sus indiscutibles avances: pues ha sabido hacer ver todo lo que en ella hay de estructura sincrónica, pero ha permanecido, en esa misma medida, incapaz de prestar atención a su dimensión diacrónica.
Y ha olvidado, así, algo esencial: que el relato, desde el momento en que nace —y ese momento no es otro que aquel en el que la conciencia del mundo se convierte en conciencia de sí, es decir, en sujeto— forja el tiempo en lo real.
El Génesis se nos descubre, así, como la crónica de la acción de la palabra que, por ser verbo, es esencialmente narrativa: forjadora en lo real, en un siempre duro, incesante combate.
(los dos árboles)
No podía ser de otra manera, pues los dos árboles que Dios puso “en el medio del jardín del Edén“, “el árbol de la vida y el árbol de la sabiduría del bien y del mal”, designan lo real.
El árbol de la vida, en su incesante metamorfosis sin sentido —quien lo dude que vea alguno de los admirables y desazonantes documentales que emite la 2 en las sobremesas— y el árbol de la sabiduría, del saber de ese punto donde el bien y el mal se confunden en el fondo de lo real.
(la manzana)
Por eso fue necesario dotarle al hombre de una compañera. Multitud de representaciones icónicas nos muestran así la conciencia escindida ante las dos figuras de lo humano, el hombre y la mujer, Adán y Eva, cada uno a uno y otro lado de ese árbol de la vida que es el árbol cuyo sabor —el de su manzana, esa misma que la mujer tiende hacia la boca del hombre— es el sabor de la confusión de lo real.
(supervivencia de la palabra)
La supervivencia de la palabra: esa es la cuestión que el Génesis plantea finalmente a modo de un relato que se desplegará a lo largo de la Biblia entera: el de la repetición del pacto entre Dios y los hombres —es decir, el pacto de los hombres en Dios, en su (la) palabra— cada vez que la entropía de lo real amenaza con disolverlo todo.
Y es también, por eso, la cadena narrativa forjada por los que, en cada generación, repiten, es decir, enuncian la palabra ya enunciada y, así, la reencarnan. La cadena, en suma, de los que repiten el nombre de Dios. La de los que repiten la alianza simbólica con/en la palabra.
(palabras que se ahuecan en signos)
Pues las palabras, si no son reenunciadas, si no se reencarnan, si no se resubjetivizan, se ahuecan, se vuelven signos tan objetivos —codificados—como vacíos.
Pensémoslo a través de un ejemplo bien próximo: el del ahuecamiento de la palabra democracia en éste nuestro país de países, España, que a su vez se quiere país de ese país más grande que podría llegar a ser Europa: a pesar de que tan sólo hace veinte años era vivida como una palabra densa, cargada de deseo, sentida verdadera —es decir, justa, necesaria, hasta el punto de que valía la pena la pena que causaba enunciarla—, hoy, tan poco tiempo después, es vivida por muchos no más que como un signo que no tiene otro significado que el que le concede cierta retórica del juego del poder.
(una cuestión fundamental)
Quizás la cuestión fundamental sea ésta: que sólo hay relato cuando se paga el precio de decir, de enunciar las palabras verdaderas.
¿Cuáles son las palabras verdaderas? —precisamente esas que mantienen vivo un relato que merezca la pena.
Y puede que en eso estribe lo más esencialmente humano: en la obcecación de los hombres en sostener su palabra frente a lo real.
Porque si esas palabras no se reencarnan, la realidad, nuestra realidad humana pierde sus más fuertes puntos de anclaje para quedar ya tan sólo tejida por los frágiles hilos de los signos. Y expuesta entonces, por carecer de toda densidad simbólica, a estallar en mil pedazos.
¿Acaso no es la de la Biblia la historia de sus profetas? Pues bien, esto son los profetas: los que repiten la palabra Dios y acto seguido, la introducen en lo real. Dicen: esto deberá realizarse.
Y así, a veces, desde luego no siempre, eso, finalmente, sucede. Es, en cierto modo, una cuestión de obcecación. —Es decir: es una cuestión de obcecación el que podamos tener un mundo, una realidad que pueda merecer la pena.
[i] Esta y todas las otras citas del Génesis que la seguirán proceden de la Sagrada Biblia, versión directa de las lenguas orientales, por Eloino Nacar Fuster y Alberto Colunga Cueto, O.P., Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1973
[ii] El origen de este texto se encuentra en una ponencia presentada en las VIII Jornadas Internacionales de Semiótica: Los relatos de los orígenes, Bilbao, 13/12/96.
[iii] Kant: Crítica de la razón pura, Losada, México.
[iv] Ferdinad de Saussure: Curso de lingüística general, Akal, Madrid, 1980.
[v] Wittgenstein: Tractatus logico-philosophicus, Alianza Universidad, Madrid, 1995.
[vi] John L. Austin: Ensayos filosóficos, Alianza, Madrid, 1989.
[vii] Sagrada Biblia, op. cit.
[viii] Karl Marx, 1867, El capital, Siglo XXI, Madrid, 1975.
[ix] lo que diferencia a las palabras de los signos. Y por cierto que no me refiero a la diferencia que va de la lingüística a la semiótica, de acuerdo con la cual las palabras serían un tipo de signos —los lingüísticos— entre muchos otros posibles.
Para evitar esa posible confusión, reformularé así la cuestión: lo que quiero es llamarles la atención sobre lo que diferencia a la palabra del signo lingüístico.
[x] Jesús González Requena: “El texto: tres registros y una dimensión, en Trama&Fondo, nº 1, Madrid, 1996.
[xi] Emile Benveniste, 1966, Problemas de lingüística general. II vols., Siglo XXI México, 1971.
[xii] Se trata, por lo demás, de una paradoja muy próxima a la que presidió el Congreso en el que este trabajo fue expuesto: pues es sin duda notable que la semiótica, una disciplina que nació de la postulación de una inteligibilidad sincrónica, estructural, y que por ello recusó como improductiva la pregunta por los orígenes, se haya visto abocada a dedicar un congreso a Los relatos de los orígenes.
fuentes: http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20001215_ambrogio_sp.html
Jesús González Requena,www.tramayfondo.com/numeros_revista/5/0501jesus.doc
El creacionismo gana terreno en el Vaticano
09 dic 2009 Comentarios desactivados
in catolicismo, catolicismo romano, Ciencia, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Filosofía, Temas de actualidad, Teología, Teoría de la Evolución, Vaticano Etiquetas: Creacionismo, Vaticano
El creacionismo gana terreno en el Vaticano
«Juan Pablo II pareció aceptar la teoría darwiniana de la evolución de las especies, cuando la definió como “algo más que una hipótesis”. Pero en el Vaticano de Benedicto XVI causan incomodidad el evolucionismo y quienes lo defienden. Como el padre jesuita George Coyne, apartado de la dirección de la Specola Vaticana (el observatorio astronómico papal) después de criticar en diversas ocasiones a las autoridades católicas que, como el cardenal Christoph Schoenborn, arzobispo de Viena, sostienen que “el darwinismo es incompatible con el credo católico” y se muestran comprensivos con el movimiento creacionista, según el cual el mundo y el hombre fueron creados exactamente como cuenta la Biblia en el Génesis.
Juan Pablo II pareció aceptar la teoría darwiniana de la evolución de las especies, cuando la definió como “algo más que una hipótesis”. Pero en el Vaticano de Benedicto XVI causan incomodidad el evolucionismo y quienes lo defienden. Como el padre jesuita George Coyne, apartado de la dirección de la Specola Vaticana (el observatorio astronómico papal) después de criticar en diversas ocasiones a las autoridades católicas.
El cese del padre Coyne, de 73 años, director del observatorio vaticano desde 1979, ha tenido una razón inmediata: sufre un cáncer de colon, está recibiendo quimioterapia y ha pedido la baja por razones de salud. Pero fuentes vaticanas citadas ayer por el Corriere della Sera reconocieron que la marcha de Coyne era deseada, para acabar con sus declaraciones “polémicas”. El sucesor de Coyne, el padre José Gabriel Funés, de 43 años, argentino, jesuita, declaró al mismo diario italiano que, como director del observatorio, debía hablar “de estrellas y planetas, y sólo de eso”.
La incomodidad vaticana con el padre Coyne, que asesoró a Juan Pablo II en el proceso de rehabilitación de Galileo Galilei y en el reconocimiento del error cometido con él por la Iglesia católica, está relacionada con las dificultades suscitadas por el debate entre evolucionistas y creacionistas. No porque el catolicismo sea incapaz de convivir con las teorías de Darwin: el propio cardenal Schoenborn se desdijo el jueves y declaró en la reunión anual de Comunión y Liberación que la “escala de Darwin” describía “un proceso evolutivo horizontal”, compatible con lo que llamó “la escala de Jacob”, que según Schoenborn aseguraba el control divino de la evolución. El problema con Darwin no es teológico, sino estratégico, y procede de Estados Unidos.
El creacionismo es cada vez más vigoroso entre los protestantes estadounidenses y empieza a calar hondo en la comunidad católica. Para no enajenar a los católicos creacionistas, el Vaticano se ve obligado a realizar equilibrios. El año pasado, en un artículo publicado por The New York Times, el cardenal Schoenborn pareció abrazarcreacionismo bíblico. Luego matizó, pero el jueves, tras proclamar la compatibilidad, criticó sin citarlo al padre Coyne -”No comprendo cómo un científico con formación teológica el puede defender el darwinismo”, dijo- y criticó la teoría de la evolución.
El titular de la crónica publicada ayer por el diario vaticano, L’Osservatore Romano, era significativo: “Laicismo y evolucionismo, peligros siempre presentes”.
La Tierra fue cocinada y no quemada en el impacto que acabó con los dinosaurios
09 dic 2009 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, dinosaurios, Temas de actualidad Etiquetas: dinosuarios, extinción de los dinosaurios, impacto que acabó con los dinosaurios
El impacto de un asteroide de una decena kilómetros es el responsable de la extinción de los dinosaurios y muchas otras especies en el planeta. Los modelos iniciales por computadora mostraban que más de la mitad de la eyecta de esta colisión que fue arrojada al espacio cayó a la atmósfera ocho horas después.
Los modelos decían que la lluvia de eyecta súpercalentada radiaría calor de manera tan intensa como un horno preparado para “asar” (260 °C) durante al -20 minutos, y quizá un par de horas. El intenso calor provocaría que la madera ardiese, provocando incendios globales.
Representación artística del impacto sucedido hace 65 millones de años
Al explicar esta discrepancia, Tamara Goldin de la Universidad de Viena y Jay Melosh de la Universidad de Purdue en in Indiana, estudiaron cómo la caída de eyecta a través de la atmósfera podría afectar la transferencia de calor desde la alta atmósfera hasta el suelo. Los modelos anteriores consideraban únicamente como los gases de efecto invernadero absorberían el calor.
El estudio revela que la primeraeyecta en reentrar en la atmósfera tan sólo unos minutos después del impacto o ayudó a proteger a la superficie de las eyectasque le siguieron. “La propia eyecta se interpuso en el camino de la radiación térmica [en la atmósfera] haciendo de escudo para la Tierra”, explicó Goldin.
El resultado fue que la superficie sintió todo el calor del cielo únicamente unos minutos. Mientras más partículas iban cayendo bloqueaban cada vez más el calor encima, evitando que los bosques ardiesen. ”Con el corto pulso [de intenso calor], es realmente difícil llegar al punto de ignición lejos del lugar de impacto”, explica Goldin.
La vida superficial habría sido cocinada, pero no quemada. Los animales que pudieron refugiarse bajo tierra o en el agua consiguieron probablemente sobrevivir el corto periodo de intenso calor, lo que explicaría por qué no murió toda la vida.
“Ahora tenemos modelos y datos que se ajustan”, comenta Claire Belcher del University College, de Dublin, que no tomó parte en el estudio.
Wendy Wolbach de la Universidad DePaul en Chicago, que propuso en 1985 que el hollín encontrado a finales del cretáceo, está de acuerdo. El efecto de escudo de calor “tiene sentido”, comentó.
Sin incendios globales, serían necesario otros mecanismos para explicar la extinción masiva, comenta Belcher. Estos incluirían la idea de que el polvo en la atmósfera bloqueó la luz solar para producir un “invierno de impacto” qué duro durante años antes de que las emisiones liberadas provocararan un calentamiento global.
La lluvia ácida que siguió al impacto un puede haber desempeñado un papel en la extinción, al igual que un estrés adicional producido por erupciones volcánicas masivas que sucedieron hace 65 millones de años en la región india de Decan.
Fuente original
Publicado en Odisea cósmica
Benedicto XVI: Descubrir al Creador a través de la creación
31 oct 2009 117 comentarios
in Astronomía, Benedicto XVI, catolicismo romano, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Vaticano Etiquetas: Benedicto XVI, Bing Bang, Bing Bounce, Creación, Creador
Benedicto XVI: Descubrir al Creador a través de la creación
Audiencia con motivo de un encuentro organizado por la “Specola Vaticana”
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 30 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que Benedicto XVI dirigió este viernes a un grupo de astrónomos de todo el mundo, que participan en un encuentro promovido por el Observatorio Astronómico Vaticano con motivo del Año Internacional de la Astronomía.
***
Eminencia,
Señoras y Señores,
Me complace saludar a esta asamblea de astrónomos distinguidos de todo el mundo, reunidos en el Vaticano para la celebración del Año Internacional de la Astronomía, y doy las gracias al cardenal Giovanni Lajolo por sus amables palabras de introducción. Esta celebración, que conmemora el cuarto centenario de las primeras observaciones de Galileo Galilei del cielo con telescopio, nos invita a considerar los grandes progresos del conocimiento científico en la edad moderna y, de modo particular, a dirigir la mirada nuevamente a los cielos con un espíritu de asombro, contemplación y compromiso con la búsqueda de la verdad, dondequiera que se encuentre.
Esta reunión coincide también con la inauguración de las nuevas instalaciones del Observatorio Vaticano en Castel Gandolfo. Como ustedes saben, la historia del Observatorio está vinculada de una forma muy real a la figura de Galileo, a las controversias que rodearon su investigación, y al intento de la Iglesia por lograr una comprensión correcta y fructífera de la relación entre ciencia y religión. Aprovecho esta ocasión para expresar mi gratitud no sólo por los cuidadosos estudios que han aclarado el contexto histórico preciso de la condena de Galileo, sino también por los esfuerzos de todos aquellos comprometidos con el diálogo permanente y la reflexión sobre la complementariedad de la fe y la razón, al servicio de la una comprensión integral del hombre y de su lugar en el universo. Estoy especialmente agradecido al personal del Observatorio, y al Grupo de Amigos y Benefactores de la Fundación Observatorio del Vaticano, por sus esfuerzos para promover la investigación, las oportunidades de educación y el diálogo entre la Iglesia y el mundo de la ciencia.
El Año Internacional de la Astronomía pretende nada menos que recuperar para las personas en todo el mundo la maravilla y el asombro extraordinario que caracterizaron la gran época de los descubrimientos, en el siglo XVI. Pienso, por ejemplo, en la alegría que sintieron los científicos del Colegio Romano, que a pocos pasos de aquí desarrolló las observaciones y los cálculos que llevaron a la adopción a nivel mundial del calendario gregoriano. Nuestra propia época, situada en el umbral descubrimientos científicos que quizá tienen un alcance aún mayor, podría beneficiarse de la misma sensación de admiración y el deseo de alcanzar una síntesis verdaderamente humanista del conocimiento, que inspiró a los padres de la ciencia moderna. ¿Quién puede negar que la responsabilidad del futuro de la humanidad, e incluso el respeto por la naturaleza y el mundo que nos rodea, demanda – hoy más que nunca – la observación cuidadosa, el juicio crítico, la paciencia que son esenciales al método científico moderno? Al mismo tiempo, los grandes científicos de la era de los descubrimientos también nos recuerdan que el verdadero conocimiento se dirige siempre a la sabiduría, y, en lugar de restringir los ojos de la mente, nos invita a levantar nuestra mirada hacia el reino superior del espíritu .
El conocimiento, en una palabra, debe ser entendido y aplicado en toda su amplitud liberadora. Ciertamente puede reducirse al cálculo y la experimentación, pero si aspira a ser sabiduría, capaz de dirigir al hombre a la luz de sus primeros inicios y sus fines últimos, debe estar comprometida con la búsqueda de esa verdad última que, aunque esté más allá de nuestro completo alcance, sin embargo, es nada menos que la clave de nuestra auténtica felicidad y libertad (cf. Jn 8,32), la medida de nuestra verdadera humanidad, y el criterio para una relación justa con el mundo físico y con nuestros hermanos y hermanas en la gran familia humana.
Queridos amigos, la cosmología moderna nos ha demostrado que ni nosotros, ni la tierra que pisamos, es el centro de nuestro universo, compuesto por miles de millones de galaxias, cada una de ellas con miríadas de estrellas y planetas. Sin embargo, al tratar de responder al reto de este año -el de levantar los ojos al cielo para redescubrir nuestro lugar en el universo – ¿cómo no podemos quedar atrapados en la maravilla expresada por el salmista hace tanto tiempo? Contemplando el cielo estrellado, exclamó con admiración al Señor: “Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que fijaste tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides? ” (Salmo 8,4-5). Mi esperanza es que el asombro y exaltación que están destinados a ser los frutos de este Año Internacional de la Astronomía lleve más allá de la contemplación de las maravillas de la creación a la contemplación del Creador, y del amor, que es el motivo subyacente de la creación – el amor que, en las palabras de Dante Alighieri, “mueve el sol y las estrellas” (Paraíso XXXIII, 145). El Apocalipsis nos dice que, en la plenitud de los tiempos, la Palabra por quien todo fue hecho vino a habitar entre nosotros. En Cristo, el nuevo Adán, reconocemos el verdadero centro del universo y de toda la historia, y en él, el Logos encarnado, podemos ver la mayor medida de nuestra grandeza como seres humanos, dotados de razón y llamados a un destino eterno.
Con estas reflexiones, queridos amigos, les saludo a todos ustedes con respeto y estima, y les ofrezco mis oraciones de buenos deseos por su investigación y enseñanza. Sobre ustedes, sus familias y sus seres queridos, invoco de corazón las bendiciones del Dios Todopoderoso de sabiduría, el gozo y la paz.
[Traducción del original inglés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
¿Fue Adán un individuo histórico real?
24 sep 2009 207 comentarios
in Ciencia, Cosmovisiones, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Doctrinas Cristianas, Fe, Filosofía, Francis S. Collins, Génesis, La Biblia, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución, Teoría de la Evolución Teísta Etiquetas: Adán
¿Fue Adán un individuo histórico real?
Luego continuamos con escatologia.Aprovecho este post para colocar un articulo muy interesante,sobre Adan, el de la biblia, el que los evolucionistas no creen que existio,ya que ellos creen que provenimos de un antecesor comun,alguna especie de mono.
Posted: 23 Sep 2009 02:58 PM PDT
Dr. James Anderson
El 12 de septiembre, la Wilberforce Fellowship publicó un video del Dr. Tremper Longman III llamado “¿Existe un Adán histórico?” En este video Longman expresó sus dudas sobre la existencia de Adán como un personaje histórico, sugestión que va contra la interpretación histórica del evangelicalismo y que trajo algunas respuestas de teólogos consevadores. Una de estas respuestas fue escrita por el Dr. James Andreson, profesor de teología y filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Estados Unidos, en su blog. A continuación está mi traducción del artículo del Dr. Anderson.
En un video clip que sin duda traerá discusión en la blogósfera evangélica, el Profesor Tremper Longman III expresó dudas acerca de si los primeros capítulos de Génesis nos deben llevar a pensar que Adán fue un individuo histórico real (en el mismo sentido que Jesús, dice, fue un individuo histórico real). No voy a comentar aquí la visión particular de Longman o sus razones para su afirmación, sólo voy a ofrecer doce razones preliminares del porque la visión evangélica de la Biblia nos obliga a creer en la existencia de Adán como un individuo histórico real.
1. Para comenzar, el género literario básico de Génesis 1-4 es el de narrativa histórica (opuesta de, por ejemplo, poesía, código legal o apocalíptico). Esto no quiere decir que aquellos capítulos no pueden contener lenguaje figurado; muchos estudiosos conservadores del AT afirmaría que de hecho lo contiene. Pero esto implica que aquellos capítulos (como el resto de Génesis) fueron escritos por el autor con la intención de reportar eventos importantes en el espacio-tiempo histórico. Como tal, debería haber la fuerte presunción de que el Adán de los capítulos 1-4 no es menos una figura histórica real que el Abraham de los capítulos 12-25.
2. Los primeros cinco versículos de Génesis 5 no sólo describen eventos en la vida de Adán, ellos contienen datos numéricos específicos de esos eventos. Lo que sería extraño si el autor no considerara a Adán como una figura histórica real. (¡Este punto se aplica igualmente para el autor humano como el divino!) Por ejemplo, se nos dice que Adán vivió 930 años. ¿Por qué alguien podría hacer una afirmación de un hecho tan preciso acerca de la vida de cierto individuo si el individuo en cuestión nunca vivió realmente? (Ref. Gén. 25:17; 50:26; Num. 33:39; Deut. 34:7; Jos. 24:29; etc.)
3. El autor de Génesis presenta el libro como una descripción histórica perfectamente integrada. No existen pasos obvios entre una narrativa no histórica a una narrativa histórica. Es más, somos enfrentados con una serie de secciones narrativas, todas introducidas con alguna variante de la fórmula “Estas son las generaciones de…” (Gén. 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:19; 36:1, 9; 37:2). La implicación es que Adán y Eva no son menos figuras históricas que Noé, Sem, Abraham, Ismael, Isaac, Esaú y Jacob.
4. Adán es mencionado en la genealogía de 1 Crónicas 1. La presunción es que Adán es tan individuo histórico como la demás gente que aparece en la genealogía. Una cosa a conceder (como muchos estudiosos conservadores del AT harían) es que existen espacios en las genealogías del AT; las palabras hebreas para ‘padre’ e ‘hijo’ ciertamente permiten aquello. Lejano a eso es sugerir que estas genealogías se deslizan imperceptiblemente entre no históricas e históricas.
5. La interpretación de Oseas 6:7 está en disputa, pero un buen caso puede ser ofrecido al tomar a ‘Adán’ como una referencia al primer ser humano, en lugar del nombre de un lugar o como ‘humanidad’, lo que toma sentido en el contexto. (Las notas en la Biblia de Estudio ESV resumen la racionalidad de esta lectura.) Sería tonto descansar sobre este versículo; pero por otro lado, no puede ser menospreciado. Si esta es de hecho la lectura correcta, presta un gran apoyo al caso preliminar sobre el Adán histórico.
6. La genealogía de Jesucristo dada en Lucas 3:23-38 traza todo El camino de vuelta a Adán. Aunque parece que la genealogía no está completa (ni pretende estarlo), es difícil creer que Lucas podría haber aceptado la idea que su lista mesclara lo histórico con lo no histórico. ¿Si Adán no fuera un individuo histórico, no minaría el punto de Lucas, a saber, que Jesús es la segura esperanza para todo ser humano, tanto judíos como gentiles? ¿Cómo podría una genealogía parcialmente ficticia llevar a un punto teológico verdadero?
7. En Mateo 19:3-9, como respuesta a la pregunta acerca del divorcio, Jesús refiere a los fariseos de vuelta al relato de la creación de Adán y Eva en Génesis 1-2. Jesús toma como garantizado que el relato de Génesis describe un evento e individuos históricos reales. ¿Si la pareja de esposos paradigmática nunca existió no dejaría sin sentido el argumento de Jesús?
8. En Romanos 5:12-21, Pablo bosqueja su famoso paralelo entre Adán y Jesús. La transgresión de ‘un hombre’ (Adán) trajo juicio y muerte, pero la obediencia de ‘un hombre’ (Jesús) trae justicia y vida. Si Adán no existió realmente, el paralelo de Pablo – sobre el cual depende su argumento teológico – se caería.
9. En el mismo pasaje, Pablo afirma que “reinó la muerte desde Adán hasta Moisés” (versículo 14). Pablo claramente se refiere a un periodo específico de la historia de la humanidad; pero si Adán no fuera una figura histórica real, entonces no existe tal periodo, en cual caso la afirmación de Pablo falla en su referencia (y por lo tanto falla en expresar una verdad).
10. El paralelo de Pablo entre Adán y Cristo reaparece en 1 Corintios 15:21-22 (también en el versículo 45). La misma consideración de Romanos 5:12-21 se aplica aquí. Si el pecado de Adán no es un evento histórico, el argumento de Pablo falla.
11. En 1 Timoteo 2:12-14, Pablo se refiere a detalles específicos acerca de la creación y caída de Adán y Eva para apoyar su instrucción acerca de la enseñanza de la mujer en la iglesia. La coherencia del argumento paulino depende crucialmente de la historicidad del evento al cual apela.
12. Judas 14 alude a “Enoc, séptimo desde Adán”; es una presunción razonable que el autor de Judas veía tanto a Enoc como a Adán como individuos históricos. Sí, entiendo que surgen complicaciones con el uso de Judas del libro pseudoepigráfico 1 Enoc, y yo no podría querer poner más peso en este punto que el de la interpretación de Oseas 6:7, pero los evangélicos deberíamos mantener en la mente tres simples puntos: (1) toda la Escritura es verbalmente inspirada; (2) Judas es escritura; y (3) el autor de Judas no estaba obligado a mencionar que Enoc era el “séptimo desde Adán”.
Tomados juntos, estos doce puntos añaden un fuerte caso preliminar para la visión cristiana tradicional de que Adán fue un individuo histórico real. Cualquier erudito que sostenga la autoridad e inerrancia de la Escritura, pero niegue estos puntos, tendrá un montón de cosas por explicar. Si todos tenemos que lidiar con los primeros capítulos de Génesis, apelar a género y otras consideraciones literarias puede proveer suficiente agitación. Pero las doce observaciones de arriba indican que la historicidad de Adán es un cordón permanente en la historia, teología y ética bíblica. Tira ese cordón y, tarde o temprano, todo el tejido se desarmará.
Reformado reformándome
Creacionismo en el Parlamento Europeo
28 may 2009 1 comentario
in Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Islam, Teología Etiquetas: Creacionismo islámico, Francia, Harun Yahya
Creacionismo en el Parlamento Europeo
Orzechowski anunció que el Ministerio de Educación polaco va a empezar a debatir la conveniencia de que en las clases de biología se siga explicando esta teoría, que considera una idea débil fruto de la mente de un anciano ateo y vegetariano. Desde su nombramiento como ministro, Giertych, también miembro de la Liga de las Familias, ha sido muy cuestionado por los estudiantes polacos, que se han manifestado pidiendo su dimisión.
Giertych padre es profesor de biología especializado en genética poblacional y miembro honorario de la Daylight Origins Society, asociación creacionista con sede en el Reino Unido que tiene como fin informar a los católicos de las pruebas que apoyan la creación especial, en oposición a la teoría de la evolución. y de que “los verdaderos descubrimientos de la ciencia son conformes con la doctrina católica”. Según Giertych, las investigaciones que apuntan en esa dirección están de alguna manera censuradas en Europa. “Hay muchos trabajos de centros académicos de todo el mundo que están siendo ignorados en los libros de texto, que no se autorizan en la escuela por razones políticas e ideológicas”, dijo en una entrevista a este diario. La semana pasada, Giertych invitó a dos científicos europeos y uno americano a presentar varios estudios críticos con la teoría de la evolución, preocupado por que “los niños europeos estén siendo adoctrinados en las escuelas” con esas ideas.
El debate, celebrado en el Parlamento Europeo, giró en torno de los habituales caballos de batalla de los creacionistas. En primer lugar, demostrar que los estratos terrestres y los accidentes geográficos no se han formado en diferentes eras geológicas, sino que son el resultado de hechos concretos, como una inundación o un meteorito, y de la ordenación natural de la materia en función de su densidad como consecuencia del movimiento. En definitiva, que los estratos geológicos más bajos no son los más viejos, según explicó el geólogo francés Guy Berthault. En cuanto a los fósiles, su edad tampoco puede fijarse por su profundidad, dijo, ya que también se organizan en capas con el resto de la materia.
A continuación, el científico alemán Hans Zillmer explicó que el neanderthal no es un antepasado del ser humano, sino una variante más; esta corriente científica es utilizada por los creacionistas para probar la falsedad de la teoría de la evolución. Para demostrarlo, Zillmer recurrió a fotos de personas actuales, como un boxeador norteamericano, con un prominente hueso frontal. Otra idea básica de los creacionistas es que el ser humano es demasiado complejo para ser el fruto de la selección natural. Giertych argumentó que “la formación de la raza es un paso en la dirección opuesta de la evolución”. “Es una parte del material seleccionado y es genéticamente más pobre que la población a la que pertenece, porque se pierde información”, afirma.
Cerró las presentaciones Joseph Mastropaolo, profesor emérito de la Universidad de Long Beach (California), detractor de Darwin y científico de cabecera de los neocreacionistas. Mastropaolo ha desafiado con un premio de 10.000 dólares al científico que demuestre que la evolución es ciencia y la creación, una religión. Mastropaolo presentó su teoría antievolutiva sobre cómo la humanidad, en lugar de evolucionar, degenera hasta la extinción, lo que ocurrirá en torno al 2080. “Los humanos hemos sido humanos desde el inicio de los tiempos. Cada especie es un invento de enorme originalidad, completamente diferente del resto”, dijo.
La pregunta de qué papel tiene el creacionismo en todo este debate no fue del agrado de Giertych. “Disculpe, usted está hablando de ideologías. Nosotros hablamos de ciencia, de la manera en que a los niños se les informa de procesos biológicos, no de ideologías”, contestó a este diario. En el debate, ni el diputado polaco ni los científicos invitados reivindicaron el neocreacionismo o la enseñanza de su teoría del diseño inteligente (de la mano de un ser superior). El objetivo del coloquio era otro: “Demostrar que el darwinismo es una teoría, nada más. No es una conclusión que pueda derivarse de la observación de la naturaleza. Nosotros luchamos contra la manera inadecuada de enseñar la ciencia, para adecuar las enseñanzas a la realidad científica que sí está demostrada”.
Giertych trató de ceñir la discusión “al terreno científico y no filosófico”. Un intento vano por momentos, como cuando un parlamentario rebatió una de las afirmaciones más polémicas de Mastropaolo. Entre las consecuencias más dramáticas de la enseñanza de la evolución, el profesor norteamericano citó “189 millones de muertes por parte de los evolucionistas nazis, soviéticos y comunistas durante la Segunda Guerra Mundial”. El diputado polaco, que lamenta que las críticas a sus ideas vengan sobre todo de filósofos y no de científicos, intentó no caer en el debate visceral que acompaña a la cuestión y que suele acabar con descalificativos entre ambos bandos. Como muestra de ese total desencuentro, el turno de preguntas se abrió con las protestas del diputado británico Roger Helmer. “La verdad es que no sé ni por dónde empezar. Nunca antes, en siete años en el Parlamento Europeo, he oído tantas tonterías juntas”.
La polémica ha alcanzado a algunas instituciones académicas. En junio, el Interacademy Panel, en el que están representadas las academias de ciencias de 67 países, advirtió a padres y educadores de que “las pruebas científicas, los datos y teorías verificables sobre el origen y la evolución de la vida en la tierra” en algunos centros de enseñanza “son enmascarados, negados o confundidos con teorías no verificables por la ciencia”, en referencia a la penetración del neocreacionismo en Europa. En Francia, según recogía Le Monde, las sospechas se centran en la Universidad Interdisciplinar de París (UIP, un centro privado que organiza cursos complementarios). Recibe financiación de la Fundación John Templeton, institución norteamericana especializada en estudios que combinan ciencia y religión. Éste es el terreno predilecto del fundador de la UIP, Jean Staune, que califica de “oscurantistas” a quienes se oponen a la posibilidad de un ser creador superior.
En Inglaterra, el debate no es nuevo y ha llevado a la Royal Society a pedir a los sindicatos de profesores y al mismísimo arzobispo de Canterbury que se posicionen públicamente contra la enseñanza del neocreacionismo en las escuelas.»
Creacionismo islámico en Francia
Miles “de ejemplares de El Atlas de la Creación, por la creacionista turco llamado Harun Yahya, recientemente fueron enviados a las escuelas francesas, colegios y universidades, según Le Figaro (2 de febrero de 2007). El periódico informó que el “ricamente ilustrada” 770-libro pretende mostrar la página “los vínculos secretos entre el darwinismo y las ideologías sangrientas como el fascismo y el comunismo.” También contiene una fotografía del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center, con la leyenda de una “asombrosa” culpar al terrorismo de “darwinismo” y llamándolo la “única ideología que valora, por tanto, alienta el conflicto”.
El ministro francés de educación, Gilles de Robien, respondió rápidamente, dice el informe, la dirección no administradores académicos para distribuir el libro, que “no tiene correspondencia con” el plan de estudios nacional francés. »
Referencia
- Navarro, Beatriz. “El antidarwinismo se asoma a Europa”. La Vanguardia, 19 de octubre de 2006, p. 35-36.
- http://proyectodarwin.blogspot.com/2006/10/creacionismo-en-el-parlamento-europeo.html
- http://proyectodarwin.blogspot.com/2007/02/creacionismo-islmico-en-francia.html
Creacionismo – Artículos relacionados
09 nov 2008 Comentarios desactivados
in Ciencia, Ciencia vs Fe, Cosmovisiones, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Temas de actualidad, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución, Teoría de la Evolución Teísta
Artículos relacionados con el Creacionismo
Creacionismo
Se denomina creacionismo a la creencia, inspirada en dogmas religiosos, según la cual la Tierra y cada ser vivo que existe actualmente proviene de un acto de creación por un ser divino, habiendo sido creados ellos de acuerdo con un propósito divino.1 Por extensión a esa definición, el adjetivo «creacionista» se ha empezado a aplicar a cualquier opinión o doctrinafilosófica o religiosa que defienda una explicación del origen del mundo basada en uno o más actos de creación por un Dios personal, como lo hacen, por ejemplo, las religiones del Libro. Por ello, igualmente se denominacreacionismo a los movimientos pseudo-científicos y religiosos que militan en contra del hecho evolutivo.2
El creacionismo se destaca principalmente por los “movimientos antievolucionistas”, tales como el diseño inteligente, cuyo principal objetivo es obstaculizar o impedir la enseñanza de la evolución biológica en las escuelas y universidades. Según estos movimientos creacionistas, los contenidos educativos sobre biología evolutiva han de sustituirse, o al menos contrarrestarse, con sus creencias y mitos religiosos o con la creación de los seres vivos por parte de un ser inteligente. En contraste con esta posición, la comunidad científica sostiene la conveniencia de diferenciar entre lo natural y lo sobrenatural, de forma que no se obstaculice el desarrollo de aquellos elementos que hacen al bienestar de los seres humanos.3
Las cosmogonías y mitos de caracter creacionista han estado y permanecen presentes en muy distintos sistemas de creencias, tanto monoteístas, como politeístas o animistas. El movimiento creacionista políticamente más activo y conocido es de origen cristiano protestantey está implantado, principalmente, en los Estados Unidos.
Fuente: wikipedia
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Teorías sobre el “Big Bang”, con Dios al fondo
22 oct 2008 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Dios, Temas de actualidad Etiquetas: big bang, Dios
Teorías sobre el “Big Bang”, con Dios al fondo
No es de esas noticias que provocan grandes titulares, pero resulta relevante para cualquier interesado en las cuestiones fronterizas entre ciencia, filosofía y fe. Este año, el telescopio “Boomerang”, dedicado a explorar las regiones más remotas del cosmos, ha proporcionado observaciones que apoyan la “teoría del universo inflacionario”. Es decir, parece que el universo está en expansión ininterrumpida desde su inicio con el “Big Bang”, hace 12.000 ó 15.000 millones de años. El asunto tiene notables implicaciones. Pues en el ya largo debate en torno al origen del universo, las hipótesis alternativas a la inflación se han formulado, en gran parte, para intentar explicarlo prescindiendo de Dios.
Firmado por Carlos A. Marmelada
Fecha: 15 Noviembre 2000
Boomerang, un telescopio montado en un globo aerostático que vuela sobre la Antártida, ha captado radiaciones llegadas desde una distancia de miles de millones de años-luz. Las imágenes resultantes vienen a ser como instantáneas sacadas del “álbum familiar” del universo, pues lo muestran tal como era en su infancia, cuando solo tenía 300.000 años. Las estructuras que aparecen en esas fotografías revelan pequeñas variaciones en la densidad del universo primitivo y que el cosmos se expande a determinado ritmo. Ambas cosas coinciden, con notable precisión, con las predicciones hechas hace veinte años por Alan Guth, el autor de la moderna “teoría del universo inflacionario”. Las observaciones permiten deducir también que el universo es casi “plano” (dos rayos de luz que salieran paralelos viajarían indefinidamente sin cruzarse ni separarse nunca): otro punto a favor de la inflación (1).
La teoría de Guth ya recibió antes otro espaldarazo. Según el paradigma cosmológico dominante (el “modelo estándar del Big Bang o Gran Explosión”), el cosmos ha estado expandiéndose durante miles de millones de años, pero ahora la atracción gravitatoria debería producir una deceleración, así que las galaxias deberían alejarse unas de otras a velocidad más lenta. Sin embargo, los estudios más recientes sobre las supernovas (estrellas que explotan) del tipo “Ia”, realizados por dos equipos internacionales (uno dirigido por el físico Saul Permutter, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California; el otro, al cargo de Brian P. Schmidt, de la Universidad Nacional Australiana), dicen otra cosa. Los investigadores comprobaron que el brillo de esas supernovas era un 25% más débil de lo que predecían los cálculos teóricos: hallazgo que la revista Science, en 1998, eligió como “descubrimiento del año” (2). La sorprendente debilidad de estas supernovas se debe a una propiedad inesperada del cosmos: la expansión del universo no se detiene. ¿Cómo es posible? Según los autores, el vacío no está tan vacío como indica su nombre, sino que alberga una energía que expande el universo cada vez más, sin que la gravedad logre frenar el proceso.
Universo en expansión acelerada
Guth propuso la teoría del universo inflacionario en 1979. Según él, 10-35 segundos después del Big Bang, el universo entró en un estado de falso vacío y comenzó una expansión acelerada hasta que escapó de ese estado en virtud de un suceso denominado efecto túnel cuántico. A finales de 1982, el propio Guth propuso una imagen alternativa que denominó “nuevo modelo inflacionario”, en el que el falso vacío ya no tiene un papel tan determinante. Criticada por Stephen Hawking en su Historia del tiempo (3), la teoría del universo inflacionario vuelve a cobrar vigor gracias a los recientes descubrimientos.
Teóricamente, la atracción gravitatoria, al cabo de miles de millones de años, debería haber colapsado el universo. Según Einstein, si no ha sucedido así, se debe a que existe una fuerza de repulsión que contrarresta los efectos de la gravedad. Einstein denominó a dicha fuerza que equilibra el universo “constante cosmológica”, y la representó con el término L. Esta es, precisamente, la fuerza que hoy se cree que acelera la expansión del universo, para satisfacción de los teóricos de la inflación, como ha dicho el propio Guth: “La constante cosmológica es una buena noticia para los teóricos de la inflación, ya que la mayoría de las versiones de la teoría de la inflación exigen una densidad de materia y energía que hace plano el universo” (National Geographic, octubre 1999, p. 33).
Todos estos desarrollos han aparecido en la estela de Georges Lemaître (1894-1966). En 1927, este sacerdote católico belga, partiendo de las teorías de Einstein, De Sitter y Friedmann, propuso la hipótesis de que las galaxias procediesen de un núcleo inicial que denominó “huevo cósmico” o “átomo primigenio” (4). En efecto, si Friedmann estaba en lo cierto y el universo se hallaba en expansión, al recorrer el tiempo del presente hacia el pasado deberíamos llegar a un instante en que el tiempo fuera igual a cero. En ese momento, toda la materia del universo estaría concentrada en un punto del espacio-tiempo, denominado “singularidad cósmica” o “singularidad del Big Bang”, lo que significa que tanto su densidad como su temperatura serían descomunales.
Se encuentra la radiación de fondo
Hasta principios de los años 30 todo esto no era más que pura teoría, sin ningún indicio experimental que la avalara. Pero fue por esas fechas cuando el astrónomo norteamericano Edwin Hubble (1889-1953) comenzó a publicar los resultados de sus trabajos experimentales llevados a cabo en la década anterior. Hubble analizó la luz procedente de las galaxias y llegó a la conclusión de que las más alejadas de nosotros sufrían en el espectroscopio un “corrimiento hacia el rojo” más acelerado que las que estaban más cerca (5). Esto significaba que cuanto más distante de nosotros se hallase una galaxia, a mayor velocidad se iba alejando (6). Por primera vez se tenía una prueba experimental a favor de la expansión del universo.
En 1948, George Gamow, Ralph Alpher y Robert Hermann publicaron una reformulación de la teoría de Lemaître, en la que predecían teóricamente la existencia de una radiación cósmica de fondo (RCF) fruto de la explosión inicial: algo así como el eco del Big Bang. Pero la teoría del Big Bang continuaba siendo demasiado hipotética y, además, no lograba resolver serias dificultades, como la datación del universo, al que atribuía menor antigüedad que al sistema solar.
Sin origen en el tiempo
Frente a tales objeciones, también en 1948, Hermann Bondi y Thomas Gold, con la posterior incorporación de Fred Hoyle, propusieron una teoría cosmológica alternativa. Según estos autores, el universo estaba en expansión, pero no tenía ningún origen en el tiempo. No existió ningún tiempo cero: el universo era eterno y, aunque se hallaba en expansión, siempre había permanecido igual, fuera cual fuera la región del espacio que observáramos. Lo cual se justificaba afirmando que se crea materia continuamente, de manera que la nueva materia va ocupando el hueco dejado por las galaxias en expansión. Es la llamada “teoría del estado estacionario” (Steady State), que rechazaba de plano la hipótesis de la RCF, puesto que negaba que hubiera habido una explosión inicial.
Conviene advertir que los motivos ideológicos no estuvieron ausentes en la formulación de esta teoría. En efecto, la hipótesis del Big Bang, al afirmar que el universo tuvo un inicio en el tiempo, parecía sugerir la existencia de un Creador. En cambio, la teoría del estado estacionario prescindía de Dios: el universo, entonces, sería eterno o -por decirlo con una expresión de Stephen Hawking- carecería de borde en el tiempo.
Tras más de una década de fuerte crisis, en 1964 la teoría del Big Bang recibió un impulso inesperado. Dos ingenieros norteamericanos, Arno Penzias y Robert Wilson, hallaron casualmente la célebre radiación cósmica de fondo. Esto significó, a la vez, un golpe funesto para la teoría del estado estacionario. En 1992 el satélite COBE confirmó el hallazgo, al detectar más radiación de fondo. Naturalmente, no desaparecieron de golpe todas las dificultades por el hecho de haber hallado la RCF, pero lo cierto es que la teoría del Big Bang adquirió gran solidez.
El universo pulsante
Para negar el origen temporal del universo, superando a la vez el desprestigio en que había caído la teoría del estado estacionario, en los años 70 se propuso una nueva hipótesis cosmológica que acepta el Big Bang pero descarta cualquier referencia a un Creador. Se trata de la “teoría del Big Crunch” (Gran Colapso): el universo se expandiría fruto de una gran explosión, pero al haber una cantidad de materia superior a un determinado valor, denominado “densidad crítica de materia” (representado por la letra griega W, la atracción de la gravedad primero detendría la expansión, y luego contraería el universo hasta colapsarlo sobre sí mismo. La disminución del volumen del universo provocaría un aumento de su temperatura, densidad y presión, produciendo una nueva explosión cósmica que daría lugar a otro universo. Este nuevamente vería frenada su expansión por la acción de la gravedad, para contraerse y volver a iniciar un nuevo ciclo. Este proceso se repetiría infinitas veces. Resultado: un universo pulsante, sin origen ni fin.
Pero los estudios más recientes indican que la cantidad de materia (visible, oscura y antimateria) existente es inferior a la densidad crítica de materia. Por tanto, la fuerza de la gravedad no podrá detener la expansión cósmica, de manera que el universo no podrá colapsarse dando lugar a un nuevo Big Bang y, con ello, a otro universo.
En segundo lugar, cabe destacar la objeción formulada por el premio Nobel de Física Steven Weinberg. Según este autor, cada uno de los ciclos de explosión-implosión debería comenzar con una cantidad de fotones (luz) mayor que la del ciclo anterior. Si el universo no tuviera inicio ni fin temporal, deberían haberse producido un número infinito de ciclos (pues la teoría del Big Crunch postula que no hubo ningún ciclo inicial), y ahora tendría que haber una cantidad de luz infinita. Así, de ser cierto el argumento de Weinberg, no existiría la “oscuridad de la noche” (7).
El problema del Génesis
Además, si son correctas las conclusiones de Saul Permutter, la energía del “vacío” que impulsaría al universo hacia una expansión acelerada haría que fuese L (constante cosmológica) y no W (densidad crítica de materia) lo que determinase el futuro del universo. La teoría del Big Crunch supone tres universos posibles. Si la cantidad de materia del universo es igual a la densidad crítica (W =1), el universo sería “plano”: llegaría un momento en el que permanecería en equilibrio, sin expandirse ni contraerse, lo que implica que ahora debería ir decelerando. Para W >1, el universo sería “cerrado”: se frenaría hasta iniciar un proceso de contracción que le llevaría a un colapso gravitatorio y un nuevo Big Bang. Y para W <1, el universo sería “abierto”: su expansión sería indefinida. Pero todas estas hipótesis se basan en una premisa: que la constante cosmológica es nula (L =0). Sin embargo, si L tiene un valor positivo, el escenario hasta ahora descrito cambiaría por completo.
En el fondo, el atractivo que presenta para algunos la teoría del Big Crunch obedece a motivos ideológicos. “Algunos cosmólogos se sienten atraídos por el modelo de las oscilaciones porque, como el modelo del estado estable, evita bien el problema del Génesis”, dice Weinberg (7). En realidad, ni el Big Crunch (oscilaciones) ni el modelo del Steady State (estable) evitan, ni bien ni mal, el “problema del Génesis” (la necesidad de un Creador). Decir lo contrario es incurrir en el error filosófico de suponer que un universo sin origen temporal no sería creado. En efecto, la creación no consiste en la simple posición del ente en el tiempo, sino en la donación del ser al ente. Para que el universo fuera “eterno”, tendría que llegar a ser en primer lugar.
Un universo que se crea a sí mismo
Aún ha habido otro intento de evitar la creación salvando los escollos en que encallan el Big Crunch y el estado estacionario. En la década de los 80, algunos científicos, entre los que destaca Stephen Hawking (8), propusieron la “teoría de la auto-creación del universo”. Este habría tenido un comienzo en el tiempo (contra la teoría del estado estacionario), pero no estaría sometido a continuos ciclos de expansión y contracción (contra la teoría del Big Crunch). Sin embargo, tampoco cabría pensar en ningún Creador: el universo se habría creado a sí mismo.
¿Cómo? Según estos autores, el universo podría haberse originado a partir de fluctuaciones topológicas de la gravedad cuántica, ocurridas sin causa alguna, que habrían dado lugar a estructuras espacio-temporales creadas a partir de la nada cuántica: este proceso es denominado “transición topológica”. A partir del espacio-tiempo vacío se producirían partículas materiales mediante fluctuaciones del vacío cuántico; finalmente, el universo se crearía a partir de esas partículas de acuerdo con las leyes físicas que producirían el Big Bang.
Esta concepción cosmológica se basa en teorías altamente hipotéticas: alguna de ellas ni siquiera tiene un estatuto epistemológico claramente definido (tal es el caso de la teoría de la gravedad cuántica, que intenta unificar la relatividad general y la mecánica cuántica), como admiten aun sus propios partidarios. Además, combina múltiples elementos procedentes de diversas teorías científicas, lo que constituye su aspecto más polémico.
Sobre todo, debemos recordar que el método científico no hace más que relacionar un estado físico con otro, de modo que el origen absoluto del universo, entendido como creación a partir de la nada, cae fuera del terreno de la ciencia: la nada absoluta no es un estado físico, experimentalmente analizable. Así pues, cuando algunos científicos dicen que el universo pudo haberse creado a sí mismo desde la nada no se están refiriendo al concepto de nada usado por la metafísica o la teología creacionistas.
En definitiva, la teoría de la auto-creación del universo se basa en meras hipótesis y en discutibles combinaciones de elementos teóricos. Además, opera una transmutación de significado de algunos términos, a los que se pretende dotar de un determinado sentido físico, cuando su significado original es filosófico, o son tomados de otras teorías científicas en las que tenían un significado y una función diferentes.
“Expulsar al Creador”
“Expulsar al Creador”, por usar una expresión de Hawking, ha sido una de las prioridades de los defensores de la teoría de la auto-creación. Ahora bien, si se quiere ser racionalmente riguroso, dejando al margen los prejuicios ideológicos, veremos que, aun aceptando la hipótesis de que el universo se autocreara, no queda excluida la referencia a un Creador. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que el universo tiene el origen -sea cual sea- y la estructura que tiene gracias a que existen unas leyes físicas que le hacen ser como es. Pues bien, si el universo se crea a sí mismo, será porque unas determinadas leyes físicas le hacen originarse de este modo.
Ahora bien, ¿cuál es el origen de esas leyes físicas? No pueden originarse con el universo, puesto que han de serle, de alguna manera, anteriores para poder originarlo. Tampoco pueden originarse a sí mismas, pues ¿cómo desde la nada absoluta podrían auto-originarse las leyes de una Naturaleza que aún no existe, leyes que -en el mejor de los casos- coexistirían con la Naturaleza a medida que esta fuese llegando a la existencia? Esta cuestión es una aporía que ni los científicos ni los filósofos de la ciencia han logrado resolver. Así pues, incluso aceptando la hipótesis de que el universo se hubiera creado a sí mismo, no resultaría irracional admitir la existencia de un Creador.
Al hacer un repaso de las modernas concepciones cosmológicas, se observa que las hipótesis rivales al universo inflacionario han sido propuestas, en buena medida, con el propósito de eliminar al Creador. Pues las teorías del Big Bang y de la expansión indefinida parecen concordar mejor con la filosofía y la teología creacionistas. De todas formas, la teoría del universo inflacionario -como ninguna otra teoría física- no puede probar ni refutar la creación o la existencia de Dios: esos temas están fuera del alcance de la ciencia experimental.
Las ciencias naturales no pueden responder satisfactoriamente las preguntas últimas que se plantea el ser humano. Si tenemos en cuenta que estas son, precisamente, las preguntas que más le afectan e interesan, entenderemos por qué la razón humana no puede detenerse en el horizonte científico-experimental, sino que naturalmente se ve llevada a trascender lo sensorial para buscar el fundamento no empírico de la realidad empírica. Por eso mismo, los abusos epistemológicos de algunos físicos, que han pretendido apoyarse en su ciencia para “expulsar al Creador”, resultan comprensibles, aunque no se pueda justificarlos. Con eso muestran que la filosofía es inevitable, y que ellos hacen filosofía, si bien una mala filosofía. Pues no se les puede pedir que no se planteen las preguntas últimas, aunque sea para dar una respuesta atea. También a ellos, como a todos, les interesa la cuestión sobre Dios más que todas las galaxias.
Carlos A. Marmelada_________________________
(1) Los resultados del proyecto BOOMERANG (Balloon Observations of Millimetric Extragalactic Radiation and Geophysics) se han publicado en: P. De Bernardis et al., “A flat Universe from high-resolution maps of the cosmic microwave background radiation”, Nature 404 (2000), pp. 955-959.
(2) Cfr. James Glanz, “Breakthrough of the Year: Astronomy: Cosmic Motion Revealed”, Science 282 (1998), pp. 2.156-2.157.
(3) Stephen Hawking, Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros, Crítica, Barcelona (1989), pp. 170-176. T.o.: A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes, Bantam Books, Nueva York (1988).
(4) Ver servicio 79/95: Mariano Artigas, “Georges Lemaître, el padre del Big Bang”.
(5) A medida que una ambulancia se aleja de nosotros, la sirena suena más grave, porque la onda acústica que nos llega tiene cada vez menor frecuencia; si la fuente sonora se aproxima, ocurre al revés (efecto Doppler). Análogamente, la luz procedente de galaxias que se alejan presenta un corrimiento hacia el rojo, es decir, hacia la zona de frecuencias más bajas del espectro visible.
(6) Más precisamente, lo que sostiene la teoría del Big Bang no es que las galaxias se alejen en el espacio, sino que el propio espacio-tiempo se dilata y, al hacerlo, aleja a las galaxias, como al hincharse un globo se van separando los puntos situados en su superficie.
(7) S. Weinberg, Los tres primeros minutos del universo, Alianza, Madrid (1988), pp. 131-132. T.o.: The First Three Minutes, Basic Books, Nueva York (1988).
(8) Cfr. S. Hawking, Historia del tiempo, cit., pp.181, 186-187 y 222-223.
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Mariano Artigas (7 Junio 95)
© Aceprensa S.A.
http://www.aceprensa.com/articulos/2000/nov/15/teor-as-sobre-el-big-bang-con-dios-al-fondo/
El huerto del Edén
06 oct 2008 10 comentarios
in Adán, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Edén, Eva, Historia de la Civilización, Historias de la Biblia, Jardín de las Hespérides, mitos Etiquetas: Adán y Eva, El Paraiso, Génesis, Huerto del Edén
Edén
wikipedia |
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El Edén (en hebreo עדן) es, según el relato bíblico del libro del Génesis, el lugar donde habría puesto Dios al hombre después de haberlo creado a partir del polvo de la tierra.
Y Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Génesis 2:8
Tomó, pues, Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase. Génesis 2:15
Etimología de la palabra Edén:
La palabra Edén suele ser utillizado como sinónimo de Paraíso, sin embargo la palabra Paraíso originalmente se refiere a un bello jardín extenso; mientras que Edén, es una palabra de origén acadio (un pueblo de estirpe semita), cuyo significado se refiere a un lugar puro y natural. Así, Edén se refiere más bien a una región geográfica, mientras que el Paraíso se refiere a un lugar más específico (un huerto o jardín situado en la parte oriental de dicha región).
Descripción e historia
En la Biblia se indica que el Edén es un huerto o jardín que habría existido (al oriente), indicando su existencia en una región que se hallaría en el Oriente Medio. Igualmente se dice que de él salía un río que se dividía en cuatro, llamados: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila; el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus; el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Éufrates.
En el jardín del edén Dios habría colocado dos árboles especiales, llamados el árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol de la vida; y, además, en este huerto, Dios habría colocado a Adán y Eva, para que vivieran.
En este lugar, Dios le otorgaría al hombre todo aquello que necesitase para tener gozo, placer y armonía, de este modo no le faltaría nada.
Aquí también Adán y Eva desobedecieron a Dios y comieron la fruta del Árbol de la ciencia del bien y del mal. Fueron maldecidos por su desobediencia: él trabajaría con el sudor de su frente, ella daría a luz con dolor y la culebra reptaría.
Luego fueron expulsados para evitar que el hombre alcanzara la vida eterna, pues ya tenía conocimiento del bien y mal al igual que la mujer provocó al hombre para que comiera del fruto del conocimiento. Esto está bien explicado en el Génesis 3:22 y 3:24.(Génesis 3:22-24).
El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre. Génesis 3:22
Por esa razón Adán y Eva serían echados del jardín de Edén. Génesis 3:24
Para la protección del Edén y el camino hacia del árbol de la vida, La Biblia dice que Dios puso unos querubines al oriente del huerto de Edén, y una espada ardiente.
(Para más información sobre Adán y Eva, ver sus artículos principales).
Debate sobre la existencia del huerto del Edén
Cuando en la Biblia se lo define como huerto, algunos grupos de personas y eruditos creen que se estaría aludiendo posiblemente a un lugar real, y no a una simple alegoría; ya que también se menciona un lugar geográfico, donde habría existido (al oriente), indicando una región que se hallaría en Oriente Medio, al este del actual Israel, situándose de este modo en algún lugar de Mesopotamia o de Arabia. Sin embargo hay que tener en cuenta que a nivel científico e histórico, no existen pruebas que indiquen que haya existido realmente el Edén en esa zona geográfica, por lo menos, tal como esta descrito en el génesis. Por otra parte resulta contradictorio que, estando el Eden ubicado hacia el Oriente, sea precisamente en la puerta oriental de éste donde Dios pusiese un querubín guardían, lo que alimenta las tesis de que el jardín del Edén bien pudiera ser una adopción semita del mito del Jardín de las Hespérides, situado al Occidente y donde una serpiente, Ladón (de evidente homofonía con Eden), actua de guardiana del árbol de la inmortalidad el robo de cuyos frutos también es considerado sacrilegio por Hera.
Véase también
Enlaces externos
Evolución: la ciencia y sus límites
02 oct 2008 2 comentarios
in Ciencia, Creación y evolución, Creacionismo, Creador del Universo, Dios, Diseño inteligente, Teoría de la Evolución Etiquetas: Evolución, la ciencia
Evolución: la ciencia y sus límites
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Tal como resalta el catedrático de Antropología Social de Cambridge, Ernest Gellner: “ [...] los creyentes “modernos” no se preocupan por la incompatibilidad entre el libro del Génesis y el darwinismo o la astrofísica contemporánea. Dan por sentado que los enunciados, si bien en apariencia tratan de los mismos sucesos -la creación del mundo y los orígenes del hombre-, están en realidad en niveles muy distintos o incluso, como dirían algunos, en lenguajes completamente distintos, en tipos de “discurso” diferenciados o separados. Hablando en general, las doctrinas y las exigencias morales de la fe se convierten así en algo que, debidamente interpretado, apenas está “curiosamente” en conflicto con la sabiduría secular de la época, o con nada en realidad. Así descansa la paz y la vacuidad doctrinal” (Gellner, 1994, Posmodernismo, razón y religión, Paidós, Barcelona: 16).
Sin embargo, a principios del siglo XXI, los últimos descubrimientos de la ciencia parecen sugerir que esta batalla era innecesaria. Hay evidencia de la variabilidad que existe dentro de las especies, pero no la suficiente como para explicar las profundas transformaciones requeridas por el darwinismo.Los seres vivos prosiguen reproduciéndose según su género y no salen del cuadro estructural al que pertenecen, tal como afirma el relato del Génesis. Los cambios observados tampoco van siempre de lo simple a lo complejo, como se suponía, sino que desde el principio las estructuras celulares y los procesos metabólicos demuestran una alta complejidad que se mantiene hasta hoy y que sólo puede ser interpretada apelando a un Creador inteligente.
Toda la información de que dispone la ciencia en la actualidad apunta hacia un principio del universo en el tiempo y el espacio. La física y la cosmología han descubierto que la materia no es eterna como antes se creía, sino que empezó a existir en un momento determinado. Miles de acontecimientos físicos y químicos se dan la mano de forma asombrosa en el planeta Tierra para hacer posible la vida humana y del resto de los organismos. Pero, a la vez, la ciencia ha demostrado que en ningún lugar del planeta aparece actualmente le vida de manera espontánea, como consecuencia de las leyes naturales.
El descubrimiento del ADN y de la sofisticación del genoma humano, así como de la complejidad irreductible que hay en cada célula viva, sugieren también la necesidad de un diseñador que lo haya planificado todo. No obstante, el acto mismo de la creación sigue envuelto en la bruma del misterio y aunque nos fuera explicado por el mismo Dios, seguramente tampoco seríamos capaces de entenderlo. El nivel de los conocimientos científicos actuales no está a la altura requerida, aunque lo que cada vez resulta más evidente es que tal proceso creador no es ni mucho menos el transformismo lento y azaroso propuesto por Darwin, sino que más bien se perfila como un diseño perfecto, complejo y consumado desde el primer momento.
El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la teología.
A pesar de ello, la evidencia de designio y propósito en la naturaleza interpela directamente a cada ser humano. De tal manera que como afirma el apóstol Pablo:“las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Ro. 1:20). El diseño inteligente demanda una respuesta de cada persona. Una actitud de aceptación o de rechazo. Dios se ha manifestado también en el mundo natural y, por tanto, no valen las ambigüedades. La creación es la evidencia del Creador y seguirá siendo el fundamento de la visión cristiana del mundo.
Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.
© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).
http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=241&n=10464
La creación y el cansancio de Dios
06 sep 2008 Comentarios desactivados
in Creación, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Dios Etiquetas: Dios, La Creación
La creación y el cansancio de Dios
AVANZANDO HACIA LA 4ª DIMENSIÓN
06 jun 2008 1 comentario
in Creación, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, milagros, Teología, Teoría de la Evolución Etiquetas: Cuarta dimensión
AVANZANDO HACIA LA 4ª DIMENSIÓN
“Es pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, pues por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe, entendemos haber constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11; 1-3)
En el verano pasado, leí un libro del pastor evangélico Yonggi Cho, (cuya iglesia ronda el millón de fieles) que me impactó. El libro comienza dando testimonio de un iraquí, que habiendo perdido la pierna en un accidente, la recuperó, en presencia de este líder cristiano. El milagro llegó a través de un teólogo del Instituto Fuller, en EU, el doctor C. Meter Wagner, y por resultarme interesante, copio y pego el testimonio de Yonggi Cho.
['Cuando llegué, me presentó a un iraquí a quien le faltaba la parte inferior de la pierna, por causa de un accidente de tren sufrido hacía ya un tiempo. En su compañía también estaban la esposa del teólogo y el pastor Kim Young Kil, junto a otros.
Luego de haber finalizado una oración, el doctor Wagner impuso su mano sobre el afectado y comenzó a clamar en voz alta:
- ¡En el nombre de Jesús de Nazaret, pierna, estírate! ¡Pierna, estírate! ¡En el nombre de Jesús de Nazaret, pierna, estírate!...
No paró de declamar por más de cinco minutos; no obstante, nada había sucedido. Entonces traté de consolarle y dije:
- Quizás la pierna se estire de forma gradual.
Todos los presentes se unieron en un eco de consolación; sin embargo, el hombre no se dio por vencido y exhortó al iraquí a que repitiera en voz alta la siguiente invocación:
"Creo en un Dios vivo. Creo en Jesús como mi Señor. Creo que Jesús me sanará"
Después de oírle proclamar esta oración, le hizo tomar asiento nuevamente; yo me sentí un poco incómodo y comencé a orar:
- Dios, perdona mi poca fe; Padre, sin importar la sanidad de la pierna, no permitas que el doctor Wagner tenga un tropiezo.
Nuevamente, el teólogo impuso su mano sobre la pierna y clamó en voz alta:
- ¡Ordeno, en el nombre de Jesús de Nazaret, pierna, estírate! ¡En el nombre de Jesús de Nazaret, estírate!
Repentinamente, algo increíble comenzó a manifestarse. Quedé tan sorprendido que casi caí al suelo: ¡La pierna se estiraba en cuestión de medio minuto!
Este milagro causó un gran impacto en mi vida; nunca llegué a pensar que Dios estaría tan cerca de nosotros. El prodigio no había ocurrido en una iglesia, ni en un centro de oración, ni en una conferencia de avivamiento; se trataba de una oficina de un profesor de teología, quien con fe, había dicho: "pierna estírate"... en el nombre de Jesús de Nazaret.
El iraquí, excitado, comenzó a andar de un lado a otro, sin cojear, equilibradamente. ¡Cuán grande es la gracia de Dios! Él no estaba a un millón de kilómetros, sino junto a nosotros, obrando a través de la confesión de nuestra boca.']
Hasta aquí el relato; tengo razones personales para creer en este suceso. Mas comprendo la duda en el corazón agnóstico, e incluso en el del creyente cuya fe aun no ha alcanzado la estatura que Dios espera de todos. En verdad, los milagros de Jesús, dos mil años atrás, no fueron más que el fundamento de los que Dios realiza hoy en distintos puntos del orbe, a través de personas elegidas para manifestar su Poderío, que creen sin dudar en el prodigio, y la invocación del nombre de Jesús de Nazaret. (No me refiero a los ‘brujos’ o ‘chamanes’)
Sin saberlo, el pastor asiático fue el detonante para que el Dr. Wagner obtuviera la gracia del Eterno, y lograra conseguir lo que para la Ciencia no tiene explicación. La lectura de ‘La Cuarta Dimensión’ le había proporcionado la fe imprescindible para que contara con el beneplácito del mismo Dios. Cho había escrito ese libro en el año 1980, y según él, no se había debido a su propio saber, sino a una profunda comunión con el Espíritu Santo, que le hizo revelaciones sobre esta dimensión y su repercusión en el hombre; diariamente, oyó su voz por más de una hora, en su lugar de oración, en privacidad absoluta.
Luego de esa experiencia, surgió el otro libro: ‘LA ESPIRITUALIDAD DE LA CUARTA DIMENSIÓN’, en el que se recuerda que la Biblia enseña que “lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía“. La realidad del mundo de la tercera dimensión (este que vivimos) no ha sido producto de la evolución; pese a que la teoría de Darwin sostiene que la Biología del universo ha evolucionado y aún está en ese proceso. La Biblia instruye que la naturaleza de la tercera dimensión no es producto de la evolución, sino de la Creación a través de la 4ª Dimensión de Dios; una dimensión superior que transforma el plano tridimensional.
Enseña que el mundo sensorial de la 3ª dimensión, no es producto del autodesarrollo y la autoevolución, sino del poder de la 4ª Dimensión, Su poder. Intentaré trasmitir la idea que relaciona las Dimensiones físicas y las espirituales, aunque resulte algo abstracta y quizás muchos renuncien al artículo. Les exhorto a que lean, pues al final estarán en posesión de otra forma de ver los sucesos, los fenómenos de la Naturaleza… y del Espíritu:
Según se aprende en la escuela, (con algún cambio parafrasal) la 1ª Dimensión es una línea que une dos puntos separados; o dicho de otra forma: es el segmento de recta entre dos puntos. Pero este concepto es inexacto, pues esa línea no debe tener alto ni ancho, y si la trazamos, por afilada que esté la punta del lápiz, siempre los contendrá; de modo que la 1ª Dimensión es en realidad una línea imaginaria.
Al ir al papel, dejará de ser unidimensional, para convertirse en bidimensional; la línea, en sí misma, cambia a plano: aunque de forma microscópica, tiene ancho y alto. O sea, si la 1ª Dimensión se manifiesta, está destinada a someterse bajo la 2ª dimensión.
La relación 2ª/3ª dimensión es similar; la 2ª es un plano, pero si se traza en un folio, este se convierte en realidad en un cuerpo tridimensional, puesto que el mismo contendrá ‘profundidad’, en el ‘espacio’ que ocupa. Así, en realidad el plano bidimensional es imaginario, puesto que la 2ª Dimensión, teóricamente hablando, solo tiene dos medidas. De modo que al manifestarse en el plano, queda sometida automáticamente bajo la tercera dimensión. Y la tercera dimensión es justo en la que vivimos, la que estamos en mejor condición de entender: toda perspectiva en este plano, contiene alto, ancho y profundidad.
Por último, en física y matemáticas se trata la 4ª dimensión; en la primera, al hablar del tiempo, principalmente desde el planteamiento de la Teoría de la Relatividad. En matemáticas, el concepto se refiere o bien a espacios euclídeos de más de tres dimensiones o, más generalmente, a espacios localmente euclídeos. Luego, espacio y tiempo, ambos son exclusivos de la 4ª Dimensión. Así, podemos decir que la 4ª dimensión es aquella donde coexisten e interactúan el alto, el ancho la profundidad… y el espacio/tiempo.
Ahora bien, el cuerpo tridimensional deja de serlo en el mismo instante en que se manifiesta, puesto que contiene espacio, además de interactuar con el tiempo, ya que se manifiesta en un tiempo ‘t’; de modo que en realidad sería un cuerpo imaginario que, al manifestarse, se sometería a la 4ª Dimensión, abrazando también al concepto de tiempo y de espacio. O sea, la 3ª Dimensión, (esta) se hallaría sometida a la 4ª Dimensión.
Sería una 3ª Dim. con tiempo y espacio, patrimonios del infinito. El espacio atañe al infinito… y contiene la infinidad; al igual que el tiempo concierne a lo eterno… y contiene la eternidad. El espacio sujeta lo infinito y el tiempo lo eterno; en síntesis, la 4ª Dim. es la extensión tiempo/espacio donde el concepto ‘tiempo’ es agregado al espacio tridimensional continente de lo visible… y de toda energía espiritual invisible al ojo humano, manifiesta en una frecuencia fuera de su rango. Algo así como el magnetismo, las microondas, etc, cuya presencia sentimos sin poder ver; aunque lo espiritual, a diferencia de las demás energías, posee vida propia.
Los animales no pueden superar la 3ª dimensión física, ni tampoco tienen la capacidad intelectual humana, porque no tienen espíritu. Por orden dominativo, la dimensión espiritual que supera a la dimensión sensorial, se presenta así: la dimensión de Dios, los ángeles… y todas las fuerzas malignas, jefe incluido a su cabeza. Algo advertido por el Apóstol Pablo, bajo revelación, en su carta a los Efesios, en 6:12:
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del siglo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los cielos.”
Dios es Señor de la infinidad y la eternidad; es infinito y eterno. El Espíritu Santo habló al corazón del Pastor Cho e iluminó este concepto muy claramente:
“No soy alguien que se halla a un millón de kilómetros. Tú piensas que yo no puedo entender lo que hablas en secreto, y que no conozco tu sentar y tu levantar. Error; soy alguien que está más cerca que tu propio corazón.”
El hombre es un ser tridimensional; pero al ser creado a imagen de Dios, también cuenta con un espíritu, que mora en el cuerpo carnal y pertenece a la 4ª Dimensión. Bajo ese contexto espiritual, el espacio ya se halla en nosotros en forma de infinidad, y el tiempo en forma de eternidad; este principio es aplicable para todos, sin importar sus creencias.
El humano fue creado para estar bajo el gobierno de lo infinito y lo eterno; nos hallamos bajo la soberanía de Dios en todo momento y en todo lugar. La dimensión mayor abraza y sojuzga la dimensión menor. Es una teoría científicamente comprobada; la primera dimensión está contenida en la 2ª dimensión, así como la 2ª es contenida por la 3ª, y ésta, a su vez, en la 4ª. De igual manera, el Dios infinito y eterno, sojuzga todo el universo de la 3ª dimensión; el mismo en el que todos estamos viviendo.
La Biblia declara que Dios está en todo y sobre todo; la 4ª Dimensión Espiritual contiene al tiempo y espacio… pero también les supera. En Bereshit 1:1 dice:
‘En el comienzo de la creación de Dios del cielo y la tierra [recién creada], cuando la tierra estaba informe y vacía, con oscuridad sobre la superficie del abismo, y la Presencia Divina flotaba sobre la superficie de las aguas, dijo Dios: «Que haya luz», y hubo luz.’
La Tierra, 3ª Dim., estaba informe y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, ante la presencia de Dios, dominador en la 4ª Dimensión. Milagros creativos ocurren en el mundo de la 3ª dimensión cuando el Espíritu Santo se mueve.
“Dios dijo: Sea la luz. Y fue la luz” (Bereshit 1:3 o Génesis 1:3)
No fue ‘transformación‘, sino ‘Creación‘. Dios creó la luz de la nada, bajo el efecto de su palabra; de la misma forma creó todo lo demás, en 6 días de 24 horas, aunque eso resulte imposible de entender desde los limitados conocimientos humanos: una obra es efecto de su ‘obrador‘, y jamás podrá superarle en inteligencia, por mucho desarrollo que alcance. Cada día nos trae un conocimiento nuevo… y también surge una duda nueva.
Vivimos en la 3ª dimensión, pero nuestro espíritu pertenece a la 4ª. Somos hijos de la eternidad y la infinidad, por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios; el cuerpo físico caducará, pero el espíritu vivirá por la eternidad, ya sea en el reino de los cielos o en el infierno. Un espíritu débil produce un cuerpo enfermo, pero si aquel se fortifica, se logrará un cuerpo vigoroso.
Así que desde el punto de vista de la 4ª Dim., el hombre es un ser eterno y el espíritu humano sojuzga el cuerpo tridimensional; de ahí que representamos la única especie animal capaz de someter grandes campos de la Naturaleza con nuestro intelecto, a medida que hemos ido avanzando en conocimientos científicos y tecnológicos.
El espíritu no radica en una parte específica del cuerpo, sino que ‘vive’ plenamente en todo él, ya que la 4ª Dim. incluye, y a su vez se halla, en la 3ª dimensión, dominándola. El hombre espiritual no debe ser dominado por el cuerpo físico tridimensional, (bajas pasiones, malos hábitos…) sino que fue diseñado para imperar sobre este.
El apóstol Juan, el más cercano a Jesús de los 12, recibió la revelación cuando estaba físicamente en la isla de Patmos. Su espíritu fue elevado al cielo y vio toda la gloria existente allí: así surgió el “Apocalipsis”.
¿No es estupendo? Nuestro espíritu no está atado a la muerte física; en el minuto de morir, se apartará del cuerpo y se encontrará con el Señor Jesucristo. Colosenses 1:13 dice:
“El cual nos libró de la potestad de las tinieblas y trasladó al reino de su amado Hijo.”
Es decir, Su crucifixión, nos salvó de la 4ª dimensión del diablo, y llevó a la santa 4ª Dim. de Dios. Él nos libra de la potestad de las tinieblas y reubica en el reino de Cristo, pues Dios, diablo y espíritu humano, pertenecen a la 4ª Dim., con el hombre en el nivel más bajo, Satán y su tropa en el intermedio y Dios, Jesús, Espíritu Santo y sus ángeles, en el más alto. El hombre sojuzga a la 3ª Dim., pero la 4ª Dim. le somete; del propio hombre depende a quién se subyuga.
Satanás usa a quien que le facilite las cosas; canaliza su autoridad a través de debilidades carnales; y no me refiero solo a las sexuales. La historia narra de autócratas que llevaron a la humanidad al desastre en disímiles épocas, porque el maligno logró controlar sus espíritus, debido a que se habían apartado del Señor. Bajo su influencia, Hitler exterminó a seis millones de judíos y llevó a Europa a su destrucción; luego al ver que estaba ante su derrota, terminó, siempre bajo influjo demoníaco, suicidándose.
También se manifiesta alrededor nuestro: hijos apuñalando a madres, madres que matan a sus hijos, matrimonios que acaban en tragedia por asesinato, pederastia, violaciones, crímenes por dinero… Muchas veces no se comienza por ahí, sino desde sutilezas humanas: celos, envidias, codicia de lo que otros tienen… Y no cuando usamos nuestra boca para manifestar un mal pensamiento, sino mucho antes, desde que permitimos que la mala idea entre en nuestra mente y le dejamos roernos el corazón, incubando el mal y abriendo la puerta al controlador de los desórdenes espirituales.
Si el hombre deja de someterse a Dios, le someterá el diablo y quedará bajo su influencia. En esto no hay más opción; no se puede estar con el Señor y con su contrapartida. Jesús se inmoló en la cruz y resucitó después, para demostrar la realidad de la vida espiritual eterna; si marchamos con Él, actuando según sus enseñanzas, Él permanecerá fiel; el hilo conector se hará cada vez más fuerte, y la comunicación será cada vez más fluida.
Pero si decidimos, haciendo uso del libre albedrío que Dios nos concede, dirigir nuestros pasos en la dirección que Él nos ha alertado que no nos conviene, entonces nosotros mismos nos apartamos de ese ‘hilo espiritual‘, abriéndole la puerta al enemigo. Cristo no nos abandona; somos nosotros los que nos abandonamos a lo prohibido; aunque esa conexión siempre estará ahí, mientras existimos en carne, como opción segura ante el arrepentimiento, pues Dios, en su misericordia, es un Rey de segundas oportunidades.
Aquel que recibe a Jesús, manteniéndose fiel ante las tentaciones, es libre de la 4ª Dim. del diablo; a través de la sangre de Jesucristo, es trasladado a la 4ª Dim. espiritual de Dios, donde está el libro de la vida en el que se inscribirán los nombres de los liberados de las penurias anunciadas en el ‘Apocalipsis’ por el propio Cristo Jesús.
Quien sea fiel a Jesús hasta el final, obtendrá vida eterna en la 4ª Dim. de Dios; su espíritu, mente y entendimiento, recibirá la llenura de la plenitud en el Sion espiritual definitivo.
http://jolimu.wordpress.com/2008/06/05/avanzando-hacia-la-4%c2%aa-dimension/
Teoría de la catástrofe de Toba
01 jun 2008 1 comentario
in Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Doctrinas Cristianas, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución Etiquetas: Evolución humana
Teoría de la catástrofe de Toba
La teoría de la catástrofe de Toba establece que la evolución humana fue afectada por un reciente evento de tipo volcánico. Fue propuesta por Stanley H. Ambrose, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. El conocimiento sobre la prehistoria humana es en gran medida teórico, pero está basado en las evidencias obtenidas de fósiles, la arqueología y las evidencias genéticas.
En los últimos tres a seis millones de años, tras la separación de los linajes de humanos y simios del tronco común de homínidos, la línea humana se ramificó en varias especies. La teoría catastrófica de Toba establece que una masiva erupción volcánica cambió el curso de la historia al producir una casi extinción de la población humana (este tipo de eventos se denomina cuello de botella de población). Cerca de 75.000 años antes de nuestra era, el supervolcán Toba, en el norte de la isla indonesia de Sumatra, explosionó como una caldera con una fuerza 3.000 veces superior a la erupción del Monte Santa Helena, dejando como rastro el lago Toba. Se han encontrado restos de esta explosión hasta en lugares remotos como India.
Según Ambrose, esto provocó una caída de la media de las temperaturas de unos 3 a 3,5°C, con un invierno volcánico global que pudo durar entre 6 y 7 años. En las regiones templadas produjo una disminución de las temperaturas globales de 15°C de promedio, lo que representa un cambio drástico en el ambiente, que debió producir múltiples cuellos de botella de población en varias especies humanas que debían existir en la época. Este cambio aceleró a su vez la diferenciación de las poblaciones humanas aisladas, conduciendo finalmente al fin de todas las especies humanas menos una, de la cual descienden los humanos actuales.
Una combinación de evidencias geológicas y modelos computacionales apoya la factibilidad de la teoría de la catástrofe de Toba, y la evidencia genética sugiere que todos los humanos actuales, a pesar de la aparente variedad, provienen de un mismo tronco formado por una población muy pequeña (véase Adán cromosomal-Y). Utilizando las tasas promedio de mutación genética, algunos genetistas han estimado que esta población humana original vivió en una época que concuerda con el evento de Toba.
Esta teoría establece que cuando el clima y otros factores fueron propicios, las humanos nuevamente se expandieron a partir de África, migrando primero al Oriente Medio, y luego a Indochina y Australia. Las rutas migratorias crearon centros de población en Uzbekistán, Afganistán e India. Las subsiguientes adaptaciones al medio produjeron las diferentes tonalidades en el color de la piel que hoy en día se observan en la población humana.
Véase también
Enlaces externos
- Cuellos de botella de la población y el Invierno volcánico
- Extracto de los artículos de Stanley Ambrose
- Artículo de 1998 sobre los estudios de Ambrose
- Volcán Toba
http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_la_cat%C3%A1strofe_de_Toba
EL PREDOMINIO DEL EMPIRISMO
30 may 2008 3 comentarios
in Ciencia, Ciencia vs Fe, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución Etiquetas: EMPIRISMO, PSEUDOCIENCIA
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DOGMATISMOS Y PSEUDOCIENCIAS |
No obstante los continuos ataques a la Ciencia Experimental, provenientes de los dogmatismos filosóficos, religiosos e, incluso del ocultismo sobreviviente en nuestros días, la investigación objetiva continúa imperturbable, porque la humanidad en su conjunto no es un supercerebro compuesto de unidades cerebrales que dirigen a ese supuesto psiquismo global hacia alguna meta de perfección, sino que se trata de una verdadera dispersión ideológica formada por diversos tipos humanos con sus tradiciones y tendencias propias, agrupadas por sus afinidades. Estos grupos afines prosiguen su camino propio, encerrados en sus creencias particulares, porque la organización genética heterogénea, en que consiste el proceso hominal con su historia, así lo exige, de modo que a un científico experimental, por más que se lo trate de adoctrinar, pretendiendo imponerle “a golpes” la aceptación de cierto dogma, por más que se le machaque la idea, continuará creyendo en el valor de la Ciencia Empírica, en sus proyecciones hacia el futuro, y también de nada valdría pretender transformar en un investigador libre de influencias dogmáticas a una personalidad con fuerte predisposición a aceptar o elaborar explicaciones metafísicas sobre el universo y la vida.
Lo grave es cuando un grupo de crédulos (valga esta vez la denominación igualmente para ciertos empiristas), ataca a otro grupo de crédulos, o cuando un grupo se cree atacado por otro que jamás tuvo intención alguna de hacerlo.
El primer caso es el de los dogmáticos que atacan a la ciencia y el segundo es el avance exitoso de ésta, que arrasa sin quererlo a los dogmatismos.
Pero en estos tiempos que estamos viviendo, existe ya una ventaja para el esclarecimiento del universo y la vida mediante el experimento basado en la moderna tecnología y es la que permite a este método aplicarse sin trabas.
Aunque surja un nuevo Galileo, no será procesado y obligado a retractarse por haber cometido la inconcebible herejía de afirmar que la Tierra se mueve, ni un nuevo Darwin será ya criticado y atacado con furia y desesperación desde posiciones creacionistas clericales por haber descubierto la no fijeza de las especies vivientes, sino que hoy, dada la evidencia de los descubrimientos científicos de última generación, son los dogmas los que humildemente, bajando la cerviz, deben amoldarse a la realidad.
Así el dogma judeocristiano, por ejemplo, se ve obligado a cambiar sus conceptos creacionistas. El mundo ya no pudo haber sido hecho en seis días y se comienza a hablar de períodos, y el hombre no apareció sobre la Tierra en una primera pareja, sino que según el nuevo dogma esta pareja fue “elegida entre los homínidos primitivos medio brutos para ser transformada en auténticos seres humanos” y los mismos que defienden las creencias en la sabia naturaleza, acuden a la ciencia médica para que les corrija las anomalías congénitas, producidas por los yerros de la misma naturaleza.
Es decir, que las creencias se hallan repartidas, cada grupo con las propias que lo identifican continúa en su fe y una de ellas, la que cree en los resultados de la Ciencia Empírica también prosigue su labor, haciendo caso omiso de las demás creencias que, en cambio, la siguen de cerca y están como al acecho para comprobar dónde se halla el lado flaco del conocimiento científico.
Pero he aquí que las supuestas barreras esperadas no aparecen en ningún frente y los límites para la Ciencia siempre retroceden. A medida que las distintas disciplinas se relacionan, se apoyan y complementan, más claras se vislumbran las cosas y el conocimiento científico crece a pasos agigantados distanciándose abismalmente de las pseudociencias de todo cuño, que deben conformarse con debatirse en sus propios círculos viciosos encerradas en la sola razón especulativa.
Así lo objetivo, aquello que se plasmado en resultados a la vista, producto de tanta investigación trasladada a la técnica, que ha transformado la faz del orbe, satisface a la índole humana y la causa de la Ciencia es un proceso irreversible; se hallaba oculto potencialmente en la mente humana y es en la actualidad cuando se manifiesta con su mayor fuerza.
Pero debemos advertir, que el hombre actual no es más inteligente que el de hace cinco mil años, sino que es el mismo intelecto el cual se aplica a la diversidad de elementos que hoy se tienen a mano; lo demás, el progreso, es un agregado que se hace a la síntesis científica.
Si desaparecieran los conocimientos descubiertos, se esfumaría la ciencia y las mentes quedarían otra vez reducidas a sus concepciones fantásticas sobre el mundo, necesarias para evadirse de una realidad desconocida y amenazante como lo era en tiempos remotos sumido el hombre en la bruma de la nesciencia.
Pero en virtud del éxito del resultado práctico del conocimiento basado en la experiencia a la que es aplicado al máximo el mecanismo mental, que hace a la aceptación de la creencia en lo objetivo, y al conocerse y ser distinguido lo verdaderamente dañino, de lo inofensivo y de lo beneficioso, ésta creencia se vuelve sólida, desplazante de otras creencias, porque se deja de temer a la naturaleza al tornarse ésta conocida y en buena parte dominable. Ya no son necesarias las concepciones de un mudo mágico precientífico para influir en él con ciertos supuestos poderes y manejarlo ilusoriamente para apartar los males para la salud, por ejemplo, sino que éstos son evitados mediante la vacuna, la alimentación balanceada, la cirugía, los modernos medicamentos o mediante la previsión tecnológica de la economía.
El miedo a lo desconocido ha cedido gracias a la Ciencia.
Este factor difiere de todas las creencias pseudocientíficas en el sentido de que siempre hay una disposición a aceptar cambios conceptuales. Las teorías no suelen ser fijas; una vez demostradas sus falencias deben ser abandonadas, so pena de transformarse en dogmas que ya nada tienen que ver con las experiencias futuras con nuevas posibilidades abiertas. Ninguna ortodoxia puede ser válida en este caso, porque el científico posee conciencia clara que tiene en sus manos un universo que se revela complejo al grado superlativo y va de sorpresa en sorpresa ante las revelaciones que le permite realizar cada vez más el moderno instrumental, lo cual le va dando la pauta de cuan alejados de la realidad se hallaban aquellos que se creían dueños de la verdad, con sus conceptos pseudocientíficos sobre las cosas y hechos que hasta hoy se arrastran.
El universo simple, formado de materia y espíritu, se ha transformado en un maremagnum mayor incoherente, accidental, de colosales dimensiones que es el universo en términos absolutos, pero ello no quita que la Ciencia pueda producir un supercerebro artificial, con capacidad multiplicada para entender lo que nosotros apenas atisbamos.
La creencia en la Ciencia apunta hacia la posibilidad de crear, a la par de nuevo instrumental científico, una trama inteligente artificial que deje muy atrás al cerebro humano actual. Luego se podrá entender mejor el universo, su naturaleza íntima y sus posibilidades aún no aprovechadas.
Ladislao Vadas
http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=3634
¿Creacionismo Teista?
29 may 2008 1 comentario
in Agustín de Hipona, Ciencia, Ciencia vs Fe, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Dios, Ecumenismo, Jesus, Santo Tomás de Aquino, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución, Teoría de la Evolución Teísta Etiquetas: BioLogos, Collins, Creacionismo Teista, Darwin
¿Creacionismo Teista?
Es algo ambiguo. Collins, que pasará de seguro a la historia de la ciencia lo llama BioLogos, y además dice que el Evolucionismo teista o BioLogos, sin ser directamente defendido antes de Darwin, se deja entrever en muchos escritos de Agustín de Hipona, o de Tomás de Aquino.
Por cierto, Collins parece ser evangelista, y además muy interesado en el ecumenismo, ya que no para de citer a Juan Pablo II o a Agustín de Hipona
Un creacionista teísta (CT), es aquel que cree que Dios nos creó.
Hay diversas variedades, hay quienes piensan que creó las primeras moléculas y a partir de ellas la evolución hizo el resto (estos son una minoría), y hay quienes sostienen que Dios dotó de alma a un grupo de homínidos (lo que encaja más con la proximidad de la existencia de Adán y Eva) que han formado la especie humana.
Los CT consideran a la Biblia el libro sagrado que debe de servir de guía y Jesús se personaría en la Tierra para demostrar la existencia de Dios y decirle al mundo que hay que seguir su palabra escrita.
Los CT no interpretan como literal lo escrito en la Biblia, sino que ésta está formada por un conjunto de enseñanzas (mitos) para ser enseñadas, al principio de forma oral hasta que se transcribió. Por tanto el jardín del Edén, el diluvio universal o la destrucción de Sodoma no deben de entenderse como historia literal sino como historias de las que extraer enseñanzas.
Los CT consideran que los datos aportados por la ciencia son correctos:la Tierra tiene varios miles de millones de años, las especies evolucionan, y es posible que el universo se generase a partir de una gran explosión. Tienes una buena revisión del tema en: http://bip.cnrs-mrs.fr/bip10/sebbm.pdf.
Evolución humana
26 may 2008 29 comentarios
in Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución Etiquetas: Evolución humana, Homo sapiens
Evolución humana
| Antepasados de Homo sapiens |
|---|
| Anterior al género Homo |
| Primeros Hominidos |
| Género Homo |
La evolución humana o también hominización se define como el proceso de transformación de la especie humana desde sus ancestros hasta el estado actual. El estudio de dicho proceso es una búsqueda interdisciplinar en la que se aúnan conocimientos procedentes de ciencias como la antropología física, la lingüística y la genética.
Etapas en la evolución humana
Los pre-Australopitecinos
Los primeros posibles homínidos bípedos (Hominina) son Sahelanthropus tchadiensis (con una antigüedad de 6 ó 7 millones de años), Orrorin tugenensis (unos 6 millones de años) y Ardipithecus (entre 5,5 y 4,5 millones de años). Debido a la escasez de restos fósiles y a lo fragmentario de los mismos, no hay acuerdo general sobre si estos primeros homínidos fueron totalmente bípedos.
Fase Australopithecus
Los primeros homínidos de los que se tiene la seguridad de que fueron completamente bípedos son los miembros del género Australopithecus, de los que se han conservado esqueletos muy completos (como el de la famosa Lucy).
Este tipo de homínido prosperó en las sabanas arboladas del este de África entre 4 y 2,5 millones de años atrás con notable éxito ecológico, como lo demuestra la radiación que experimentó, con al menos cinco especies diferentes esparcidas desde Etiopía y el Chad hasta Sudáfrica.
Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con la consiguiente expansión de los ecosistemas abiertos, esteparios. Como resultado de esta presión evolutiva, algunos Australopithecus se especializaron en explotar productos vegetales duros y de escaso valor nutritivo, desarrollando un impresionante aparato masticador, originado a Paranthropus; otros Australopithecus se hicieron paulatinamente más carnívoros, originando a los primeros Homo.
Fase habilis
No se sabe con certeza qué especie originó los primeros miembros del género Homo; se han propuesto a A. africanus, A. afarensis y A. garhi, pero no hay un acuerdo general. También se ha sugerido que Kenyanthropus platyops pudo ser el antepasado de los primeros Homo.[1]
Clásicamente se consideran como perteneciente al género Homo los homínidos capaces de elaborar herramientas de piedra. No obstante, esta visión ha sido puesta en duda en los últimos años; por ejemplo, se ha sugerido que Australopithecus ghari, hace 2,5 millones de años fue capaz de fabricar herramientas.[2] Las primeras herramientas eran muy simples y se encuadran en la industria lítica conocida como Olduvayense o Modo 1. Las más antiguas proceden de la región de Afar (Etiopía) y su antigüedad se estima en unos 2,6 millones de años,[3] pero no existen fósiles de homínidos asociados a ellos (ver El artesano olduvayense).
De esta fase se ha descrito dos especies, Homo rudolfensis y Homo habilis, que habitaron África Oriental entre 2,5 y 1,8 millones de años atrás, que a veces se reúnen en una sola. El volumen craneal de estas especies oscila 650 y 800 cm³.
Fase erectus
Esta es sin duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. El sucesor cronológico de los citados Homo rudolfensis y Homo habilis es Homo ergaster, cuyos fósiles más antiguos datan de hace aproximadamente 1,8 millones de años, y su volumen craneal oscila entre 850 y 880 cm³.
Morfológicamente es muy similar a Homo erectus y en ocasiones se alude a él como Homo erectus africano. Se supone que fue el primero de nuestros antepasados en abandonar África; se han hallado fósiles asimilables a H. ergaster (o tal vez a Homo habilis) en Dmanisi (Georgia), datados en 1.8 millones de años de antigüedad y que se han denominado Homo georgicus que prueban la temprana salida de África de nuestros antepasados remotos.[4]
Esta primera migración humana condujo a la diferenciación de dos linajes descendientes de Homo ergaster: Homo erectus en Extremo Oriente (China, Java) y Homo antecessor/Homo cepranensis en Europa (España, Italia). Por su parte, los miembros de H. ergaster que permanecieron en África inventaron un modo nuevo de tallar la piedra, más elaborado, denominado Achelense o Modo 2 (hace 1,6 ó 1,7 millones de años). Se ha especulado que los clanes poseedores de la nueva tecnología habrían ocupado los entornos más favorables desplazando a los tecnológicamente menos avanzados, que se vieron obligados a emigrar. Ciertamente sorprende el hecho que H. antecessor y H. erectus siguieran utilizando el primitivo Modo 1 (Olduvayense), cientos de miles de años después del descubrimiento del Achelense. Una explicación alternativa es que la migración se produjera antes de la aparición del Achelense.[5]
Parece que el flujo genético entre las poblaciones africanas, asiáticas y europeas de esta época fue escaso o nulo. Homo erectus pobló Asia Oriental hasta hace solo unos 50.000 años (yacimientos del río Solo en Java) y que pudo diferenciar especies independientes en condiciones de aislamiento (como Homo floresiensis de las Isla de Flores (Indonesia). Por su parte, en Europa se tiene constancia de la presencia humana desde hace casi 1 millón de años (Homo antecessor), pero se han hallado herramientas de piedra más antiguas no asociadas a restos fósiles en diversos lugares. La posición central de H. antecessor como antepasado común de Homo neanderthalensis y Homo sapiens ha sido descartada por los propios descubridores de los restos (Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga).
Los últimos representantes de esta fase de nuestra evolución son Homo heidelbergensis en Europa, que supuestamente está en la línea evolutiva de los neandertales, y Homo rhodesiensis en África que sería el antepasado del hombre moderno.
Una visión más conservativa de esta etapa de la evolución humana reduce todas las especies mencionadas a una, Homo erectus, que es considerada como una especie politípica de amplia dispersión con numerosas subespecies y poblaciones interfértiles genéticamente interconectadas.
Fase sapiens
La fase final de la evolución de nuestra especie está presidida por dos especies humanas, ambas inteligentes, que durante un largo periodo convivieron y compitieron por los mismos recursos. Se trata del Hombre de Neanderthal (Homo neanderthalensis) y nosotros mismos, Homo sapiens. Son en realidad dos historias paralelas que, en un momento determinado se cruzan.
El Hombre de Neanderthal surgió y evolucionó en Europa y Oriente Medio hace unos 230.000 años,[5] presentando claras adaptaciones al clima frío de la época (complexión baja y fuerte, nariz ancha).
Los fósiles más antiguos de Homo sapiens datan de hace unos 200.000 años (Etiopía). Hace unos 90.000 años llegó al Próximo Oriente donde se encontró con el Hombre de Neanderthal que huía hacia el sur de la glaciación que se abatía sobre Europa. Homo sapiens siguió su expansión y hace unos 45.000 llegó a Europa Occidental (Francia); paralelamente, el Hombre de Neanderthal se fue retirando, empujado por H. sapiens, a la periferia de su área de distribución (Península ibérica, mesetas altas de Croacia), donde desapareció hace unos 28.000 años.
Aunque H. neanderthalensis ha sido considerados con frecuencia como subespecie de Homo sapiens (H. sapiens neanderthalensis), análisis del ADN mitocondrial (ADNm) de fósiles de H. neanderthalensis sugieren que la diferencia existente es suficiente para considerarlos como dos especies diferentes, separadas desde hace al menos 400.000 años y probablemente más (ver el apartado clasificación en Homo neanderthalensis).
Se tiene la casi plena certeza de que el Hombre de Neandertal no es ancestro del ser humano actual, sino una especie de línea evolutiva paralela derivada también del Homo erectus/Homo ergaster a través del eslabón conocido como Homo heidelbergensis. El neandertal coexistió con el Homo sapiens y quizá terminó extinguido por la competencia con nuestra especie. Si existió algún mestizaje entre ambas especies, el aporte a la especie humana actual ha sido, en lo genético, inferior al 5% (un arqueólogo y paleoantropólogo que defendía la hipótesis de una fuerte mixogénesis de las dos especies ha sido descubierto como falsificador de “pruebas”; en efecto, existe actualmente casi total escepticismo de que ambas especies hayan sido interfértiles). En cuanto al llamado Hombre de Cro-Magnon corresponde a las poblaciones de Europa Occidental de la actual especie Homo sapiens.
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Homo sapiens
Los parientes vivos más cercanos a nuestra especie son los grandes simios: el gorila, el chimpancé, el bonobo y el orangután.
Demostración palmaria de este parentesco es que un mapeo del genoma humano actual indica que Homo sapiens comparte casi el 99% de los genes con el chimpancé y con el bonobo. Para mayor precisión, el genoma de cualquier individuo de nuestra especie tiene una diferencia de sólo el 0,27% respecto al genoma de Pan troglodytes (chimpancés) y de 0,65% respecto al genoma de los gorilas.
Los fósiles más antiguos de Homo sapiens tienen una antigüedad de casi 200.000 años[6] y proceden del sur de Etiopía (formación Kibish del río Omo), considerada como la cuna de la humanidad (véase Hombres de Kibish). A estos restos fósiles siguen en antigüedad los de Homo sapiens idaltu, con unos 160.000 años.
Algunos datos de genética molecular concordantes con hallazgos paleontológicos, sostienen que todos los seres humanos descienden de una misma Eva mitocondrial o E.M., esto quiere decir que, según los rastreos del ADNm – que sólo se transmite a través de las madres-, toda la humanidad actual tiene una antecesora común que habría vivido en el noreste de África (en territorios que corresponden a los actuales estados de Etiopía y Kenia) hace entre 140.000 y 200.000 años[8] (ver haplogrupos de ADN mitocondrial humano). En otros estudios sin embargo, basados en el polimorfismo del complejo mayor de histocompatibilidad, se sugiere que en los ultimos 30 millones de años la especie humana o sus ancestros jamas pudieron haber comprendido menos de 100.000 individuos, lo que derrumba la teoría del “cuello de botella” del ADNm y la Eva ancestral. Estas conclusiones son derivadas del hecho que humanos y chimpances comparten muchas diferentes variedades de los mismos genes, que no pudieron haberse trasmitido de especie a especie si hubiera existido solo un humano originario.[9]
Estudios de los haplogrupos del cromosoma Y humano, situan el origen de nuestra especie en el este Africano y no más antiguo que 200.000 años.[10]
Otros indicios derivados de muy recientes investigaciones sugieren que la de por sí exigua población de Homo sapiens hace unos 74.000 años se redujo al borde de la extinción al producirse el estallido del volcán Toba, volcán ubicado en la isla de Sumatra, cuyo estallido ha dejado como rastro el lago Toba. Tal erupción-estallido tuvo una fuerza 3.000 veces superior a la erupción del Monte Santa Helena en 1980. Esto significó que gran parte del planeta se vio cubierto por nubes de ceniza volcánica que afectaron negativamente a las poblaciones de diversas especies incluidas la humana, según esta hipótesis llamada entre la comunidad científica Catástrofe de Toba, la población de Homo sapiens (Entonces toda en África. La primera migración fuera de África fue en torno al año 70.000 ac) se habría reducido a sólo alrededor de 1000 individuos. Si esto es cierto, significaría que el ‘pool’ genético de la especie se habría restringido de tal modo que se habría potenciado la unidad genética de la especie humana[cita requerida].
No todos están de acuerdo con esa datación. Después de analizar el ADN de personas de todas las regiones del mundo, el genetista Spencer Wells sostiene que todos los humanos que viven hoy descienden de un solo individuo que vivió en África hace unos 60,000 años.[11]
Por todo lo antedicho queda demostrado el monogenismo de la especie humana y, consecuentemente, descartado el poligenismo, que servía de “argumento” a teorías racistas.
Migraciones prehistóricas de Homo sapiens
Junto a los hallazgos arqueológicos, el principal indicador de la expansión del ser humano por el planeta es el ADNm, aunque se está investigando el cromosoma Y, que es característico de los machos, para lograr mayores precisiones.
Los humanos ya habrían comenzado a salir del África unos 90.000 años antes del presente. Colonizando para esas fechas el sur de Eurasia (Estos restos fósiles han sido atribuibles a tempranos homo sapiens, pero su real relación con los humanos modernos es aun discutida).[12]
Australia y Nueva Guinea: la Línea de Wallace significó para los Homo sapiens un límite insuperable durante casi 20.000 años para acceder a esta región. La llegada de humanos a Australia se data hace unos 70.000 años cuando pudieron fabricar rústicas almadías o balsas de juncos para atravesar el estrecho que durante las glaciaciones formaba la Fosa de Wallace, separando a Australasia.
Europa: recién comenzó a ser colonizada hace sólo unos 40.000 años, ellos suponen que durante milenios el desierto de Siria resultaba una barrera infranqueable desde África hacia Europa, por lo que habría resultado más practicable una migración costera desde las costas de Eritrea a las costas yemeníes y de allí al subcontinente indio. La expansión por Europa coincide con la extinción de su coetáneo de entonces, el hombre de Neandertal.
Oceanía: la colonización de estas islas más próximas a Eurasia se habría iniciado hace unos 50.000 años, pero la expansión por esta MUG (macro-unidad geográfica) fue muy lenta y gradual, y hasta hace unos 15.000 años los Homo sapiens Sapiens no comenzaron una efectiva expansión por Oceanía, aunque archipiélagos como el de Hawai y Nueva Zelanda no estaban aún poblados por seres humanos hace 2.000 ó 1.500 años (se requirió el desarrollo de una apropiada técnica naval y conocimientos suficientes de náutica.
América: la llegada del hombre a América, se habría iniciado durante el Wurmiense. Esto hace unos 40.000, o cuando menos, 30.000 años atrás. Durante las glaciaciones el nivel de los océanos desciende al grado que el “Viejo Mundo” y el “Nuevo Mundo” forman un megacontinente unido por el Puente de Beringia.
Antártida: ha sido la última MUG descubierta por el español Gabriel de Castilla (1603), siendo poblada desde 1904, y con población nativa desde 1978 (población chilena).
Bipedestación
Los Homínidos, primates bípedos, habrían surgido hace unos 6 ó 7 millones de años en África, cuando dicho continente se encontró afectado por una progresiva desecación que redujo las áreas de bosques y selvas. Como adaptación al bioma de sabana aparecieron primates capaces de caminar fácilmente de modo bípedo y mantenerse erguidos (East Side Story[13] ) . Más aún, en un medio cálido y con fuerte radiación ultravioleta e infrarroja una de las mejores soluciones adaptativas son la marcha bípeda y la progresiva reducción de la capa pilosa, esto evita el excesivo recalentamiento del cuerpo. Hace 150.000 años el norte de África volvió a sufrir una intensa desertización lo cual significó otra gran presión evolutiva como para que se fijaran los rasgos principales de la especie Homo sapiens.
Para lograr la postura y marcha erecta han tenido que aparecer importantes modificaciones:
- Cráneo. Para permitir la bipedestación, el foramen magnum (u orificio occipital por el cual la médula espinal pasa del cráneo a la raquis) se ha desplazado; mientras en los simios el foramen magnum se ubica en la parte posterior del cráneo, en el Homo sapiens (y en sus ancestros directos) el foramen magnun se ha “corrido” casi hacia la base del mismo.
- Columna vertebral. La columna vertebral bastante rectilínea en los simios, en el Homo sapiens y en sus ancestros bípedos ha adquirido curvaturas que permiten soportar mejor el peso de la parte superior del cuerpo, tales curvaturas tienen un efecto “resorte”. Por lo demás la columna vertebral ha podido erguirse casi 90º a la altura de la pelvis, si se compara con un chimpancé se nota que al carecer este primate de la curva lumbar, su cuerpo resulta empujado hacía adelante por el propio peso; en la raquis humana el centro de gravedad se ha desplazado, de modo que el centro de gravedad de todo el cuerpo se sitúa encima del soporte que constituyen los pies, al tener el Homo sapiens una cabeza relativamente grande el centro de gravedad corporal es bastante inestable (y hace que al intentar nadar, el humano tienda a hundirse “de cabeza”)[cita requerida]. Otro detalle; las vértebras humanas son más circulares que las de los simios, esto les permite soportar mejor el peso vertical.
- Pelvis. La pelvis se ha debido ensanchar, lo cual ha sido fundamental en la evolución de nuestra especie. Los huesos ilíacos de la región pelviana en los Homo sapiens (e inmediatos antecesores) “giran” hacia el interior de la pelvis, esto le permite soportar mejor el peso de los órganos al estar en posición erecta. La citada modificación de la pelvis implica una disminución importante en la velocidad posible de la carrera por parte de los humanos. La bipedestación implica una posición de la pelvis, que hace que las crías nazcan “prematuras”: en efecto, el parto humano es denominado ventral acodado ya que existe casi un ángulo recto entre la cavidad abdominal y la vagina que en el pubis de la mujer es casi frontal, si en todos los otros mamíferos el llamado canal de parto es muy breve, en cambio en las hembras de Homo sapiens es muy prolongado y sinuoso, esto hace dificultosos los alumbramientos. Como se verá más adelante, esto ha sido fundamental en la evolución de nuestra especie.
- Piernas. También para la bipedestación ha habido otros cambios morfológicos muy importantes y evidentes, particularmente en los miembros y articulaciones. Los miembros inferiores se han robustecido, el fémur humano se inclina hacia adentro, de modo que le posibilita la marcha sin necesidad de girar casi todo el cuerpo; la articulación de la rodilla se ha vuelto casi omnidireccional (esto es, puede moverse en diversas direcciones), aunque en los monos -por ejemplo el chimpancé- existe una mayor flexibilidad de la articulación de la rodilla, es para un mejor desplazamiento por las copas de los árboles, es así que el humano a diferencia de sus parientes más próximos no marcha con las rodillas dobladas.
- Pies. En los humanos los pies se han alargado, particularmente en el talón, reduciéndose algo los dedos del pie y dejando de ser oponible el “pulgar” del pie (el dedo mayor), en líneas generales el pie ha perdido casi totalmente la capacidad de aprehensión. Se sabe, en efecto, que el pie humano ha dejado de estar capacitado para aferrarse (cual si fuera una mano) a las ramas, pasando en cambio a tener una función importante en el soporte de todo el cuerpo. El dedo mayor del pie tiene una función vital para lograr el equilibrio de los homínidos durante la marcha y la postura erecta; en efecto, el pulgar del pie de un chimpancé es transversal, lo que permite al simio aferrarse más fácilmente de las ramas, en cambio el “pulgar” del pie humano, al estar alineado, facilita el equilibrio y el impulso hacia adelante al marchar o correr. Los huesos de los miembros inferiores son relativamente rectilíneos en comparación con los de otros primates.
Ventajas de la bipedestación
Es evidente que la gran cantidad de modificaciones anatómicas que condujeron del cuadrupedismo al bipedismo requirió una fuerte presión selectiva. Se ha discutido mucho sobre la ineficacia de la marcha bípeda comparada con la cuadrúpeda. También se ha criticado que ningún otro animal de los que se adaptaron a la sabana al final de Mioceno desarrolló una marcha bípeda. Hemos de tener en cuenta que partimos de homínidos con un tipo de desplazamiento cuadrúpedo que no es ninguna maravilla adaptativa; en efecto, el modo en que se desplazan los chimpancés, apoyando la segunda falange de los dedos de las manos no puede compararse a la marcha cuadrúpeda de ningún otro mamífero. Puede ser suficiente en trayectos cortos por el suelo, pero no es muy eficaz para grandes desplazamientos en terreno abierto. Los primeros homínidos de sabana probablemente se vieron obligados a desplazarse distancias considerables en campo abierto para alcanzar grupos de árboles situados a distancia. La marcha bípeda pudo ser muy eficaz en estas condiciones ya que:[5]
- Permite otear el horizonte por encima de la vegetación herbácea en busca de árboles o depredadores.
- Permite transportar cosas (como comida, palos, piedras o crías) con las manos, liberadas de la función locomotora.
- Es más lenta que la marcha cuadrúpeda, pero es menos costosa energéticamente, lo que debería ser interesante para recorrer largas distancias en la sabana, o en un hábitat más pobre en recursos que la selva.
- Expone menos superficie al sol y permite aprovechar la brisa, lo que ayuda a no recalentar el cuerpo y ahorrar agua, cosa útil en un hábitat con escasez del líquido elemento.
Hace años se argumentó que la liberación de las manos por parte de los primeros homínidos bípedos les permitió elaborar armas de piedra para cazar, lo cual habría sido el principal motor de nuestra evolución. Hoy está claro que la liberación de las manos (que se produjo hace más de 4 millones de años) no está ligada a la fabricación de herramientas, que aconteció unos 2 millones de años después, y que los primeros homínidos no eran cazadores y que a lo sumo comían carroña esporádicamente.
Aspectos morfológicos
Diferencias con otros primates
Cuando los ancestros del Homo sapiens y otros muchos primates vivían en selvas comiendo frutos, bayas y hojas, abundantes en vitamina C, pudieron perder la capacidad genética, que tiene la mayoría de los animales, de sintetizar en su propio organismo tal vitamina. Tales pérdidas durante la evolución han implicado sutiles pero importantes determinaciones: cuando las selvas originales se redujeron o, por crecimiento demográfico, resultaron superpobladas, los primitivos homínidos (y luego los humanos) se vieron forzados a recorrer importantes distancias, migrar, para obtener nuevas fuentes de nutrientes (por ejemplo de la citada vitamina C).
Todos los cambios reseñados han sucedido en un periodo relativamente breve (aunque se mida en millones de años), esto explica la susceptibilidad de nuestra especie a afecciones en la columna vertebral y en la circulación sanguínea y linfática (por ejemplo, el corazón recibe -relativamente- “poca” sangre).
Liberación de los miembros superiores
La postura bípeda dejó libres los miembros superiores que ya no tienen que cumplir la función de patas (excepto en los niños muy pequeños) ni la de braquiación, es decir, el desplazamiento de rama en rama con los brazos, aun cuando la actual especie humana, de la cintura hacia arriba mantenga una complexión de tipo arborícola.
Esta liberación de los miembros superiores fue, en su inicio, una adaptación óptima al bioma de sabana; al marchar bípedamente y con los brazos libres, los ancestros del hombre podían recoger más fácilmente su comida; raíces, frutos, hojas, insectos, huevos, reptiles pequeños, roedores y carroña; en efecto, muchos indicios hacen suponer como probable que nuestros ancestros fueran en gran medida carroñeros y, dentro del carroñeo, practicaran la modalidad llamada cleptoparasitismo, esto es, robaban las presas recién cazadas por especies netamente carnívoras; para tal práctica, nuestros ancestros debían haber actuado en bandas, organizadamente.
Los miembros superiores, siempre en relación con otras especies, se han acortado. Estos miembros superiores al quedar liberados de funciones locomotoras, se han podido especializar en funciones netamente humanas. El pulgar oponible es una característica heredada de los primates más antiguos, pero si en éstos la función principal ha sido la de aferrarse a las ramas y en segundo lugar aprehender las frutas o insectos que servían de alimento, en la línea evolutiva que desemboca en nuestra especie la motilidad de la mano, y en particular de los dedos de ésta, se ha hecho gradualmente más precisa y delicada lo que ha facilitado la elaboración de artefactos; aún (junio de 2005) no se tiene conocimiento respecto al momento en que la línea evolutiva comenzó a crear artefactos, es seguro que ya hace más de 2 millones de años Homo habilis/Homo rudolfensis realizaba toscos instrumentos que utilizaba asiduamente (en todo caso, los chimpancés, en estado silvestre, confeccionan “herramientas” de piedra, madera y hueso muy rudimentarias). El desarrollo de la capacidad de pronación en la articulación de la muñeca también ha sido importantísimo para la capacidad de elaborar artefactos.
Visión
El humano hereda de los prosimios la visión estereoscópica y pancromática (la capacidad de ver una amplia tonalidad de los colores del espectro visible); los ojos en la parte delantera de la cabeza posibilitan la visión estereoscópica (en tres dimensiones), pero si esa característica surge en los prosimios como una adaptación para moverse mejor durante la noche o en ambientes umbríos como los de las junglas, en Homo sapiens tal función cobra otro valor; facilita la mirada a lontananza, el otear horizontes, en este aspecto la visión es bastante más aguda en los humanos que en los otros primates y en los prosimios. Esto facilitará el hecho por el cual Homo sapiens sea un ser altamente visual (por ejemplo las comunicaciones mediante la mímica), facilitará asimismo lo imaginario.
Especialización
Pese al conjunto de modificaciones morfológicas antes reseñadas, desde el punto de vista de la anatomía comparada, llama la atención una cuestión: Homo sapiens es un animal relativamente poco especializado. En efecto, gran parte de las especies animales ha logrado algún tipo de especialización anatómica (por ejemplo los artiodáctilos poseen pezuñas que les permiten correr en las llanuras despejadas), pero las especializaciones, si suelen ser una óptima adaptación a un determinado bioma, conllevan el riesgo de la desaparición de la especie especializada y asociada a tal bioma si éste se modifica.
La ausencia de tales especializaciones anatómicas ha facilitado a los humanos una adaptabilidad inusitada entre las demás especies de vertebrados para adecuarse a muy diversas condiciones ambientales.
Más aún, aunque parezca paradójico, Homo sapiens tiene características neoténicas. En efecto, la estructura craneal de un Homo sapiens adulto se aproxima más a la de la cría de un chimpancé que a la de un chimpancé adulto: el rostro es achatado (“ortognato” o de “bajo índice facial”) y es casi inexistente el torus supraorbitario (en la humanidad actual apenas se encuentran vestigios de torus en las poblaciones llamadas australoides). De otro modo se puede decir que los arcos superciliares de Homo sapiens son “infantiles”, delicados, el rostro aplanado o ligeramente prognato.
Homo sapiens es, por su anatomía, un animal muy vulnerable si se encuentra en condiciones naturales.
Asociado al hecho por el cual morfológicamente el ser humano tenga características que le aproximan a las de un chimpancé “niño” se encuentra el ‘ortognatismo’ y esto quiere decir, entre otras cuestiones, que los dientes de Homo sapiens son relativamente pequeños y poco especializados, las mandíbulas, por esto, se ha abreviado y hecho más delicadas, falta además el diastema o espacioio en donde encajan los colmillos. La debilidad de las mandíbulas humanas las hace casi totalmente inútiles para la defensa a mordiscos ante un predador y, asimismo, son muy deficientes para poder consumir gran parte del alimento en su estado natural, lo que es uno de los muchos déficits corporales que llevan al humano a vivir en una sociedad organizada.
Tabla comparativa de las diferentes especies del género Homo
- Los nombres en negrita indican la existencia de numerosos registros fósiles.
| Especies | Cronología (cron) | Distribución | Altura de adulto (m) | Peso de adulto (kg) | Volumen craneal (cm³) | Registro fósil | Descubrimiento / publicación del nombre |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| H. habilis | 2.5–1.4 | África del este | 1.0–1.5 | 30–55 | 600 | varios | 1960/1964 |
| H. rudolfensis | 1.9 | Kenia | 1 craneo | 1972/1986 | |||
| H. georgicus | 1.8–1.6 | Georgia | 600 | Escasos | 1999/2002 | ||
| H. ergaster | 1.9–1.25 | Este y Sur de África | 1.9 | 700–850 | varios | 1975 | |
| H. erectus | 2–0.3 | África, Eurasia (Java, China, Vietnam, Caucaso) | 1.8 | 60 | 900–1100 | varios | 1891/1892 |
| H. cepranensis | 0.8 | Italia | 1 copa craneal | 1994/2003 | |||
| H. antecessor | 0.8–0.35 | España, Inglaterra | 1.75 | 90 | 1000 | tres sitios | 1994/1997 |
| H. heidelbergensis | 0.6–0.25 | Europa, África | 1.8 | 60 | 1100–1400 | varios | 1907/1908 |
| Homo rhodesiensis | 0.3–0.12 | Zambia | 1300 | Muy pocos | 1921 | ||
| Homo neanderthalensis | 0.23–0.024 | Europa, Asia Occidental | 1.6 | 55–70 (complexión fuerte) | 1200–1700 | varios | 1829/1864 |
| Homo sapiens | 0.25–presente | Mundial | 1.4–1.9 | 55–80 | 1000–1850 | todavía vive | —/1758 |
| H. sapiens idaltu | 0.16 | Etiopía | 1450 | 3 cráneos | 1997/2003 | ||
| H. floresiensis | 0.10–0.012 | Indonesia | 1.0 | 25 | 400 | 7 individuos | 2003/2004 |
Aparición del lenguaje simbólico
Hablar de la aparición del lenguaje humano, lenguaje simbólico por lógica parecería implicar que hay que hablar previamente de la cerebración, y eso es bastante cierto, pero el lenguaje humano simbólico tiene sus antecedentes en momentos y cambios morfológicos que son previos a cambios importantes en la estructura del sistema nervioso central. Por ejemplo, los chimpancés pueden realizar un esbozo primario de lenguaje simbólico basándose en la mímica (de un modo semejante a un sistema muy simple de comunicación para sordomudos).
Ahora bien, el lenguaje simbólico por excelencia es el basado en los significantes acústicos, y para que una especie tenga la capacidad de articular sonidos discretos, se requieren más innovaciones morfológicas, algunas de ellas muy probablemente anteriores al desarrollo de un cerebro lo suficientemente complejo como para pensar de modo simbólico. En efecto, observemos la orofaringe y la laringe: en los mamíferos, a excepción del humano, la laringe se encuentra en la parte alta de la garganta, de modo que la epiglotis cierra la tráquea de un modo estanco al beber e ingerir comida. En cambio, en Homo sapiens, la laringe se ubica más abajo, lo que permite a las cuerdas vocales la producción de sonidos más claramente diferenciados y variados, pero al no poder ocluir completamente la epiglotis, la respiración y la ingesta deben alternarse para que el sujeto no se ahogue. El acortamiento del prognatismo que se compensa con una elevación de la bóveda palatina facilitan el lenguaje oral. Otro elemento de relevante importancia es la posición y estructura del hioides, su gracilidad y motilidad permitirán un lenguaje oral lo suficientemente articulado.
Estudios realizados en la Sierra de Atapuerca (España) evidencian que Homo antecessor, hace unos 800.000 años, ya tenía la capacidad, al menos en su aparato fonador, para emitir un lenguaje oral lo suficientemente articulado como para ser considerado simbólico, aunque la consuetudinaria fabricación de utensilios (por toscos que fueran) por parte del Homo habilis hace unos 2 millones de años, sugiere que en éstos ya existía un lenguaje oral articulado muy rudimentario pero lo suficientemente eficaz como para transmitir la suficiente información ó enseñanza para la confección de los toscos artefactos.
Además de todas las condiciones recién mencionadas, imprescindibles para la aparición de un lenguaje simbólico, se debe hacer mención de la aparición del gen FOXP2 que resulta básico para la posibilidad de tal lenguaje y del pensar simbólico, como se verá a continuación.
Cerebración
La cerebración y la corticalización son temas que requieren, por sí solos, artículos propios, dado el alcance y la importancia de dichos procesos. Aquí importa comentar de lo mínimo indispensable para comprender la evolución humana.
La cerebración tanto como la corticalización son fenómenos biológicos muy anteriores a la aparición de los homínidos, sin embargo en éstos, y en especial en Homo sapiens, la cerebración y la corticalización adquieren un grado superlativo (hasta el punto que Theilard de Chardin enunció una curiosa teoría, la de la noósfera y noogénesis, esto es: teoría del pensar inteligente, que se basa en la evolución del cerebro).
El cerebro de Homo sapiens, en relación a la masa corporal, es uno de los mayores. Más llamativo es el consumo de energía metabólica (por ejemplo, la producida por la “combustión” de la glucosa) que requiere el cerebro: un 20% de toda la energía corporal, y aún cuando la longitud de los intestinos humanos evidencian los problemas que se le presentan.
En Homo sapiens el volumen oscila entre los 1.200 a 1.400 cm3, siendo el promedio global actual de 1.350 cm3; sin embargo no basta un incremento del volumen, sino cómo se dispone; esto es: cómo está dispuesta la “estructura” del sistema nervioso central y del cerebro en particular. Por término medio, los Homo neanderthalensis pudieron haber tenido un cerebro de mayor tamaño que el de nuestra especie, pero la morfología de su cráneo demuestra que la estructura cerebral era muy diferente: con escasa frente, los neandertalenses tenían poco desarrollados los lóbulos prefrontales y, en especial, muy poco desarrollados los lóbulos frontales. El cráneo de Homo sapiens no sólo tiene una frente adelantada (sobre el rostro), sino que es también más alto en el occipucio (cráneo muy abovedado), esto permite el desarrollo de los lóbulos prefrontales y frontales; de todos los mamíferos, Homo sapiens es el único que tiene la faz ubicada bajo los lóbulos frontales.
Sin embargo, aún más importante para la evolución del encéfalo parecen haber sido las mutaciones en el posicionamiento del esfenoides.
Se ha hecho mención en el apartado dedicado a la aparición del lenguaje articulado de la importancia del gen FOXP2; dicho gen es el encargado del desarrollo de las áreas del lenguaje y de las áreas de síntesis (las áreas de síntesis se encuentran en el córtex de los lóbulos prefrontales y, sobre todo, frontales). El aumento del cerebro y su especialización permitió la aparición de la llamada lateralización, o sea, una diferencia muy importante entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo tiene desarrollado en su córtex áreas específicas que posibilitan el lenguaje simbólico basado en significantes acústicos: el área de Wernicke y el área de Broca.
Es casi seguro que ya hace 200.000 años los sujetos de la especie Homo sapiens tenían un potencial intelectual equivalente al de la actualidad, pero para que se activara tal potencial tardaron milenios: el primer registro de conducta artística conocido se data hace sólo unos 75.000 años, los primeros grafismos y expresiones netamente simbólicas fuera del lenguaje hablado se datan hace sólo entre 40.000 y 35.000 años, … las primeras escrituras (” memoria segunda” como bien les llamara Roland Barthes) datan de hace entre 5.500 ó 5.000 años, en el Valle del Nilo ó en la Mesopotamia asiática.
Se ha dicho, también líneas antes, que Homo sapiens mantiene características de estructura craneal “primitivas” ya que recuerdan a las de un chimpancé infantil;, en efecto, tal morfología es la que permite tener la frente sobre el rostro y los lóbulos frontales desarrollados.
La cabeza de Homo sapiens, para contener tal cerebro, es muy grande; aún en el feto y en el neonato, razón principal por la cual los partos son difíciles, sumada a la disposición de la pelvis.
Una solución parcial a esto es la heterocronía: el neonato humano está muy incompletamente desarrollado en el momento del parto; puede decirse (con algo de metáfora) que la gestación en el ser humano no se restringe a los ya de por sí prolongados nueve meses intrauterinos, sino que se prolonga extrauterinamente hasta, al menos, los cuatro primeros años; en efecto, el infante está completamente desvalido durante años, tan es así que, que entre los 2 a 4 años es cuando tiene lo suficientemente desarrolladas las áreas visuales del cerebro como para tener una percepción visual de su propio ser (Estadio del espejo descubierto por Jacques Lacan en la década de 1930). Ahora bien, si Homo sapiens tarda mucho en poder tener una percepción plena de su imagen corporal es interesante saber que es uno de los pocos animales que se percibe al ver su imagen reflejada (sólo se nota esta capacidad en bonobos, chimpancés, y si acaso en gorilas, orangutanes, delfines y elefantes).
Tal es la prematuración de Homo sapiens, que mientras un chimpancé neonato tiene una capacidad cerebral de un 65% de la de un chimpancé adulto, o la capacidad de Australopithecus afarensis era en el parto de un 50% respecto a la de su edad adulta, en Homo sapiens ‘bebé’ tal capacidad no supera al 25% de la capacidad que tendrá a los 45 años (a los 45 años aproximadamente es cuando se desarrolla totalmente el cerebro humano).
Pero no basta el desarrollo cronológico; para que el cerebro humano se “despliegue” -por así decirlo- o desarrolle requiere de estimulación y afecto, de otro modo la organización de algunas de las áreas del cerebro puede quedar atrofiada.
Referencias
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- ↑ Asfaw, B., White, T., Lovejoy, O., Latimer, B., Simpson, S. & Suwa, G., 1999. Australopithecus garhi: a new species of early hominid from Ethiopia. Science, 23(5414): 629-635.
- ↑ Semaw, Sileshi (2000): «The World’s Oldest Stone Artefacts from Gona, Ethiopia: Their Implications for Understanding Stone Technology and Patterns of Human Evolution Between 2·6–1·5 Million Years Ago», en Journal of Archaeological Science, vol. Tomo 27 , Nº issue 12. DOI 10.1006/jasc.1999.0592
- ↑ Vekua A., Lordkipanidze D., Rightmire G. P., Agusti J., Ferring R., Maisuradze G. et al., 2002. A new skull of early Homo from Dmanisi, Georgia”. Science, 297: 85-89.
- ↑ a b c Arsuaga, J. L. & Martínez, I. 1998. La especie elegida. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 342pp.
- ↑ McDougall, I., Brown, F. H. & Fleagle, J. G., 2005. Stratigraphic placement and age of modern humans from Kibish, Ethiopia. Nature, 433: 733-736. Abstract
- ↑ Ruiz, H., 2007. El origen de los humanos modernos. Eureka, 11: 36-41
- ↑ Maca-Meyer, N., González, A. M., Larruga, J. M., Flores, C. & Cabrera, V. M., 2001. Linajes mayores del genoma mitocondrial trazan antiguas expansiones humanas. BMC Genetics, 2: 13
- ↑ Ayala F, Escalante A, O’huigin C, Klein J, 1994. [1]. “Molecular genetics of speciation and human origins”; Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 91: 6787-6794.
- ↑ Jobling, M. A. & Tyler-Smith, C., 2003. El Cromosoma Y humano: un marcador evolutivo que llega a su mayoría de edad. “The human Y chromosome: an evolutionary marker comes of age”; Nature Reviews Genetics, 4(8): 598-612.
- ↑ Documentary Redraws Humans’ Family Tree(en idioma inglés)
- ↑ The battle over the emergence of modern humans in Eurasia, Chris Brown, 2002, New Archaeology
- ↑ Coppens, Y., 1994. East Side Story: the origin of humankind. Scientific American, 270: 62-69.
Bibliografía complementaria
- Guillén-Salazar, F. (2005). Existo, luego pienso: los primates y la evolución de la inteligencia humana. Madrid: Ateles Editores.
- López Moratalla, Natalia (2007), La dinámica de la evolución humana, Eunsa. ISBN 978-84-313-2438-4.
- Morgan Allman, John (2003), El cerebro en evolución. Ariel: Barcelona.
Véase también
Wikiversidad alberga proyectos de aprendizaje sobre Evolución humana.Wikiversidad
- Humanismo evolutivo
- East Side Story
- Hipótesis del simio acuático
- Evolución biológica
- El origen del hombre
- Homo
- Prehistoria
- Paleoantropología
- Paleontología
- Haplogrupos de ADN mitocondrial humano
Enlaces externos
En Español:
- Prehistoria Sobre las especies que dieron origen al ser humano.
- ¿Seguimos evolucionando los humanos?. Artículo del paleoanntropólogo Ian Tattersal.
- Adán Cromosomal Y
- ¿Seguimos evolucionando los humanos?. Artículo de Ardea Skybreak.
- Mentiras de los creacionistas sobre la evolución humana.
- Artículos Sobre Evolución
- ¿Qué sabes sobre el parentesco evolutivo del hombre Actividad sugerida para el aula de clase en el desarrollo de las temáticas de evolución humana.
- ADÉS – Asociación para la divulgación de la Evolución Humana
- Evolución biológica humana Hominización
- Estudio reveló que la evolución humana se acelera
En Inglés:
- Becoming Human Un excelente trabajo hecho en flash que estudia la evolución humana desde múltiples puntos de vista (en inglés).
- Proyecto de Mapeamiento Genético Genographic.
- Teoría de las Ciencias Humanas (document el número 7 en español, número 5 y 6 al inglés)
- Teoría Reciente del origen único del hombre (en inglés)
Fuente:
wikipedia
¿Diseño Inteligente?
24 may 2008 1 comentario
in Ciencia, Ciencia vs Fe, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Darwin, Dios, Diseño inteligente, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución Etiquetas: Darwinismo
¿Diseño Inteligente?
Un informe especial reimpreso de la revista Historia Natural (Natural History)
Puntos principales del artículo
Tres proponentes del Diseño Inteligente (DI) presentan sus opiniones sobre el diseño en el mundo natural. Cada perspectiva está seguida inmediatamente por una respuesta de un proponente de la evolución (EVO). El informe, reimpreso en su totalidad, comienza con una introducción de la revista Historia Natural y concluye con una revisión sobre el movimiento del Diseño Inteligente.
Los siguientes autores contribuyeron a este informe de Historia Natural: biografía de los autores
- Richard Milner y Vittorio Maestro, ed. (introducción)
- Michael J. Behe, Ph.D. (DI) y Kenneth R. Miller, Ph.D. (EVO)
- William A. Dembski, Ph.D. (DI) y Robert T. Pennock, Ph.D. (EVO)
- Jonathan Wells, Ph.D. (DI) y Eugenie C. Scott, Ph.D. (EVO)
- Barbara Forrest, Ph.D. (perspectiva general)
Abril 2002
Introducción
Preparado por Richard Milner y Vittorio Maestro, editores principales de la revista
Historia Natural
La idea de que la complejidad de un organismo es evidencia de la existencia de un diseñador cósmico fue avanzada varios siglos antes del nacimiento de Charles Darwin. Su exponente más conocido fue el teólogo inglés William Paley, creador de la famosa analogía del fabricante de relojes. Si encontramos un reloj de bolsillo en un campo, escribió Paley en 1802, inmediatamente podemos inferir que fue producido no por procesos naturales actuando ciegamente pero por un intelecto humano diseñador. De la misma manera, él razonó, el mundo natural contiene abundante evidencia de un creador sobrenatural. El argumento por diseño, como es conocido, prevaleció como la explicación del mundo natural hasta la publicación del Origen de las Especies en 1859. El peso de la evidencia que Darwin acumuló tan pacientemente, convenció rápidamente a los científicos de que la evolución por selección natural explicaba mejor la diversidad y la complejidad de la vida. “No puedo creer,” escribió Darwin en 1868, “que una teoría falsa pueda explicar tantas clases de hechos.”
Sin embargo, en ciertos círculos, la oposición al concepto de la evolución ha persistido hasta el presente. El argumento del diseño ha sido revivido recientemente por un número de académicos con credenciales científicas, los cuales mantienen que su versión de la idea (a diferencia de las ideas de Paley) es apoyada fuertemente por la microbiología y por las matemáticas. Estos antievolucionistas se diferencian de los creacionistas fundamentalistas en que ellos aceptan que algunas especies sí cambian (pero no mucho) y que la edad de la Tierra es mucho más de 6,000 años. Sin embargo, al igual que sus predecesores, ellos rechazan la idea de que la evolución da cuenta de la multitud de especies que vemos hoy en día. También buscan colocar su concepto (conocido como diseño inteligente) dentro del curriculum de ciencias de las escuelas.
La mayoría de los biólogos han concluido que los proponentes del diseño inteligente muestran o ignorancia o un mal entendimiento de la ciencia evolucionaria. A pesar de esto, sus propuestas están siendo escuchadas en varios círculos políticos y educativos y actualmente son el objeto de un debate dentro de la Junta de Educación del estado de Ohio. A pesar de que la revista Historia Natural no presenta o analiza a fondo en las páginas que siguen el fenómeno del diseño inteligente, aquí ofrecemos para la información de los lectores varias opiniones cortas por tres proponentes principales de la teoría, conjuntamente con tres respuestas. La sección concluye con una revisión del movimiento del diseño inteligente escrita por una filósofa e historiadora cultural quien ha monitoreado su historia por más de una década.
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Declaración sobre el Diseño Inteligente
El Reto de la Complejidad Irreducible
Cada célula viviente contiene muchas máquinas moleculares ultrasofisticadas.
Por Michael J. Behe
Los científicos usan el término “caja negra” para referirse a un sistema del cual se desconoce su funcionamiento. Para Charles Darwin y sus contemporáneos, la célula viva era una caja negra, pues su mecánica fundamental era totalmente desconocida. Ahora sabemos que, muy lejos de estar formada por un tipo simple de protoplasma uniforme (como creían muchos de los científicos del Siglo XIX) cada célula viva contiene muchas máquinas moleculares ultrasofisticadas.
¿Cómo podemos decidir si la selección natural Darwiniana puede dar cuenta a la increíble complejidad que existe a nivel molecular? El mismo Darwin definió el estándar cuando reconoció que “Si se pudiera demostrar que ha existido algún órgano complejo que no fue formado por numerosos y sucesivos cambios pequeños, mi teoría se desmoronaría por completo.”
Algunos sistemas parecen ser muy difíciles de formar por modificaciones sucesivas. Yo llamo a estos sistemas irreduciblemente complejos. Un ejemplo cotidiano de un sistema irreduciblemente complejo es la humilde trampa para ratones. Ella consiste de (1) una plataforma o base de madera; (2) un martillo de metal, el cual aplasta al ratón; (3) un resorte con los extremos extendidos, el cual propulsa al martillo; (4) un gatillo que suelta al resorte; y (5) una barra de metal que conecta al gatillo y que sostiene armado al martillo. Uno no puede atrapar a un ratón con solo una plataforma, añadir después un resorte y atrapar a unos cuantos ratones más, después añadir la barra de metal y atrapar otros cuantos más. Todas las piezas deben estar un sus lugares antes de poder cazar a un ratón.
Los sistemas irreduciblemente complejos no parecen ser buenos candidatos a haber sido producidos por numerosos y sucesivos cambios pequeños de sistemas predecesores, porque cualquier precursor al cual le faltara una pieza crucial no hubiera podido funcionar. La selección natural solo puede escoger entre sistemas que ya están funcionando, por lo que la existencia en la naturaleza de sistemas biológicos irreduciblemente complejos representa un poderoso reto a la teoría Darwiniana. Podemos observar con frecuencia estos sistemas en los organelos de las células, en los cuales la remoción de un elemento causaría que el sistema completo dejara de funcionar. El flagelo de las bacterias es un buen ejemplo. Ellos son como motores fuera de borda que las células bacterianas usan para su autopropulsión. Tienen una hélice larga, como un látigo, que es girada por un motor molecular. La hélice está unida al motor por una junta universal. El motor está sostenido por proteínas que actúan como una base de estabilización. Otras proteínas actúan como cojinetes que permiten al eje penetrar la membrana bacteriana. Hacen falta docenas de proteínas para que obtener un flagelo operativo. En la ausencia casi cualquiera de ellas, el flagelo no funciona o no puede ser construido por la célula.
Otro ejemplo de complejidad irreducible es el sistema que permite que las proteínas lleguen a los compartimentos subcelulares apropiados. En la célula eucariótica existe un cierto número de lugares donde ocurren labores especializadas, tales como la digestión de nutrientes y la excreción de productos de desecho. Las proteínas son sintetizadas afuera de estos compartimentos y pueden llegar a sus destinos apropiados solo con la ayuda de químicos “señaladores” que prenden y apagan a otras reacciones en los momentos apropiados. Este flujo constante y regulado dentro de la célula corresponde a otro asombroso sistema complejo e irreducible. Todas las partes deben funcionar sincronizadamente o el sistema se colapsa. Otro sistema más es el exquisitamente coordinado mecanismo que causa la coagulación de la sangre.
Los libros de texto y los artículos científicos en bioquímica describen los mecanismos de algunas de las máquinas moleculares vivas que existen dentro de nuestras células, pero ofrecen muy poca información sobre cómo evolucionaron estos sistemas por selección natural. Muchos científicos admiten francamente su desconcierto acerca de cómo han podido originarse, pero rechazan entretener la hipótesis obvia: que quizás las máquinas moleculares parecen ser diseñadas porque en realidad son diseñadas.
Yo tengo esperanza de que la comunidad científica eventualmente admita la posibilidad del diseño inteligente, aún cuando esta aceptación sea discreta y callada. Mi razón para ser optimista es el avance mismo de la ciencia, la cual descubre cada día nuevas complejidades en la naturaleza, las cuales son razones frescas para reconocer el diseño inherente en la vida y en el universo.
Respuesta de la evolución a Michael J. Behe
El Defecto en la Trampa de Ratones
El diseño inteligente falla el examen de la bioquímica.
Por Kenneth R. Miller
Para poder entender porqué la comunidad científica no está muy impresionada por los intentos de resucitar el llamado argumento del diseño, uno no tiene que ver más allá que el mismo ensayo de Michael J Behe. Él afirma que los sistemas bioquímicos complejos no pueden haber sido producidos por la evolución porque poseen una cualidad que él llama complejidad irreducible. Al igual que con las trampas de ratones, estos sistemas no pueden funcionar a menos que cada una de sus partes se encuentre en el lugar apropiado. Dado que “la selección natural solo puede escoger entre sistemas que ya están funcionando” no existe ninguna forma por la cual los mecanismos Darwinianos pueden haber producido los sistemas complejos que se encuentran en las células vivientes. Y si estos sistemas no pueden haber evolucionado, ellos han debido ser diseñados. Esa es la totalidad de la “evidencia” bioquímica para el diseño inteligente.
Irónicamente, el ejemplo del mismo Behe, la trampa de ratones, muestra porqué está equivocada esta idea. Elimina dos de las partes (el gatillo y la barra de metal) y puede que no tengas una trampa de ratones pero tienes una máquina de tres partes que hace un clip de corbata o un clip de papel perfectamente funcional. Quita el resorte y tienes un llavero de dos partes. El gatillo de algunas trampas puede ser usado como un anzuelo y la base de madera como un pisapapeles; aplicaciones útiles de las demás partes incluyen una gran variedad de cosas como mondadientes, cascanueces y tablillas sujetapapeles. El punto, entendido desde hace mucho tiempo por la ciencia, es que pedazos y piezas de las máquinas supuestamente irreduciblemente complejas pueden haber tenido diferentes (pero aún útiles) funciones.
La contención de Behe de que todas y cada una de las piezas de una máquina, mecánicas o bioquímicas, deben estar ensambladas en su forma final antes de que algo útil pueda emerger, es simplemente falsa. La evolución produce máquinas bioquímicas complejas por medio de copiar, modificar y combinar proteínas previamente usadas para otras funciones. ¿Quiere ejemplos? Los sistemas en el ensayo de Behe nos sirven muy bien.
Él escribe que la ausencia de “casi cualquiera” de sus partes hace que el flagelo bacteriano “no funcione.” Pero, ¿adivine qué? Un pequeño grupo de proteínas del flagelo sí funciona sin el resto de la máquina. Es usado por muchas bacterias como un dispositivo para inyectar venenos a otras células. A pesar de que la función llevada a cabo por esta parte pequeña es diferente cuando trabaja sola, aún así puede ser influenciada por la selección natural.
Las proteínas clave que aglutinan la sangre siguen este patrón también. Ellas son, en realidad, versiones modificadas de proteínas que son usadas por el sistema digestivo. El elegante trabajo de Russell Doolittle ha mostrado como la evolución duplicó, reasignó y modificó a estas proteínas para producir el sistema de coagulación de la sangre en los vertebrados.
Y Behe puede levantar las manos y decir que él no puede imaginarse como los componentes que mueven las proteínas entre los compartimentos intracelulares pueden haber evolucionado, pero los científicos que trabajan con estos sistemas están completamente en desacuerdo. En un artículo de la revista científica Cell (Célula) en 1998, un grupo de científicos del Instituto Sloan-Kettering liderado por James Rothman, describió la extraordinaria simplicidad y uniformidad de estos mecanismos. Ellos también notaron que estos mecanismos “sugieren en una forma natural como pudieron evolucionar en primer lugar los muchos y diversos compartimentos en las células eucarióticas.” Parece entonces que los investigadores activos ven algo muy diferente de lo que ve Behe en estos sistemas. Ellos ven a la evolución.
Si Behe desea sugerir que las complejidades de la naturaleza, la vida y el universo revelan un mundo de significado y propósito consistente con una inteligencia divina, su punto es filosófico, no científico. Incidentalmente, es un punto de vista filosófico que yo comparto. Sin embargo, para apoyar este punto de vista, uno no debe encontrar necesario pretender que sabemos menos de lo que realmente sabemos sobre la evolución de los sistemas de vida. En el análisis final, la hipótesis bioquímica del diseño inteligente fracasa, no porque la comunidad científica se cierre a ella, sino por la razón más básica de todas: porque está abrumadoramente contradecida por la evidencia científica.
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Declaración sobre el Diseño Inteligente
Detectando el Diseño en las Ciencias Naturales
La inteligencia deja atrás una seña o evidencia característica.
Por William A. Dembski
En la vida ordinaria, las explicaciones que invocan al azar, a la necesidad o al diseño cubren todas las eventualidades. Sin embargo, en las ciencias naturales, una de estas modalidades se considera superflua. El diseño. Desde la perspectiva de las ciencias naturales, el diseño, como la acción de un agente inteligente, no es una fuerza creativa fundamental en la naturaleza. Al contrario, las causas naturales ciegas, caracterizadas por el azar y la necesidad y reguladas por leyes sin romper, son pensadas suficiente para llevar a cabo toda la creación de la naturaleza. La teoría de Darwin es un caso en particular.
¿Pero cómo sabemos que la naturaleza no necesita ayuda de una inteligencia diseñadora? Con certeza, en las ciencias especiales, desde la forénsica a la arqueología a la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI en inglés), el apelar a una inteligencia diseñadora es indispensable. Es más, dentro de estas ciencias existen técnicas bien desarrolladas para identificar la inteligencia. Esencial para estas técnicas es la habilidad de eliminar al azar y a la necesidad.
Por ejemplo, ¿cómo puede la radioastrónoma en la película Contacto (protagonizada por Jodie Foster y basada en la novela del mismo nombre por Carl Sagan) inferir la presencia de inteligencia extraterrestre en los pulsos y pausas provenientes del espacio que ellos monitorean? Los investigadores analizan las señales por medio de computadoras que están programadas para reconocer muchos patrones predeterminados. Las señales que no encajan con estos patrones pasar por el “tamiz” y son clasificadas como al azar. Después de años recibiendo señales “azarosas” que aparentemente no significan nada, los investigadores descubren un patrón de pulsos y pausas que corresponde a la secuencia de todos los números primos entre 2 y 101. Los números primos, por supuesto, son aquellos divisibles solamente por si mismos y por uno. Cuando una secuencia comienza con dos pulsos, luego una pausa, 3 pulsos, luego una pausa … y continúa hasta 101 pulsos, los investigadores deben inferir la presencia de una inteligencia extraterrestre.
He aquí el porqué. No existe nada en las leyes de la física que requiere que las señales de radio tomen una forma u otra. La secuencia es entonces contingente en vez de necesaria. Además, es una secuencia larga y, por lo tanto, compleja. Note que si la secuencia carece de complejidad, puede ser fácilmente producida por el azar. Finalmente, no solo era compleja, pero exhibía un patrón o especificación dada independientemente (no solo era una secuencia cualquiera de números, pero una secuencia matemáticamente significativa: los números primos).
La inteligencia deja tras de sí una marca o señal característica, la cual yo llamo “complejidad especificada.” Un evento exhibe complejidad especificada si es contingente y, por lo tanto, no necesario; si es complejo y, por lo tanto, no fácilmente repetible al azar; y si es especificado en el sentido de exhibir un patrón dado independientemente. Note que la complejidad en el sentido de la improbabilidad no es suficiente para eliminar el azar. Tire una moneda suficientes veces y será testigo de un evento altamente complejo o improbable. Aún así, usted no tendrá razón alguna para no atribuirlo al azar.
El punto importante acerca de las especificaciones es que ellas deben ser dadas objetivamente y no impuestas a los eventos después de los hechos. Por ejemplo, si un arquero dispara flechas contra una pared y nosotros después pintamos los blancos alrededor de ellas, estamos imponiendo un patrón después de los hechos. Al contrario, si se colocan blancos al principio (“especificados”) y luego el arquero les pega con exactitud, sabemos que fue por diseño.
En mi libro La Inferencia del Diseño, yo argumento que la complejidad especificada detecta con certeza al diseño. Sin embargo, en ese libro me enfoco principalmente en ejemplos del ser humano en vez de ejemplos de las ciencias naturales. La crítica principal a este trabajo hasta la fecha se refiere a si el mecanismo Darwiniano de la selección natural y la variación al azar no son, de hecho, capaces de generar complejidad especificada. Más recientemente, en Sin Almuerzo Gratis, yo muestro que los procesos naturales no dirigidos tales como el mecanismo Darwiniano, son incapaces de generar la complejidad especificada que existe en los organismos biológicos. De esto sigue que el azar y la necesidad son insuficientes para las ciencias naturales y que las ciencias naturales deben dejar algo de espacio para el diseño.
Respuesta de la evolución a William A. Dembski
El Teatro de la Ciencia y el Misterio
El caso del agente secreto.
Por Robert T. Pennock
William A. Dembski afirma detectar “complejidad especificada” en las cosas vivientes y argumenta que esto es prueba de que las especies han sido diseñadas por un agente inteligente. Una falla de este argumento es que él quiere definir el diseño inteligente por una negativa, es decir, como algo que no es ni al azar ni por necesidad. Pero la definición es amañada: la necesidad, el azar y el diseño ni son categorías mutuamente exclusivas, ni tampoco agotan las posibilidades. Por ende, uno no puede detectar a un agente inteligente por el proceso de eliminación que él sugiere. La ciencia requiere evidencia positiva. Esto es el caso cuando uno trata de detectar la huella de la inteligencia humana, pero es especialmente cierto cuando se analiza la extraordinaria declaración de que la complejidad biológica es diseñada intencionalmente.
Sobre este tema, las analogías del arquero y del SETI de Dembski son pistas falsas, pues ellas dependen tácitamente de un entendimiento a priori del intelecto humano y de la motivación, así como de procesos causales relevantes. Una inferencia de diseño como aquella de la película Contacto, por ejemplo, dependería del conocimiento previo sobre la naturaleza de las señales de radio y de otros procesos naturales, junto con asumir que una secuencia de números primos es el tipo de patrón que otro científico escogería enviar como una señal. Sin embargo, las secuencias extrañas encontradas en el ADN son muy diferentes a las series de números primos. Dembski no tiene ninguna forma de mostrar que los patrones genéticos fueron “montados a priori” o “dados independientemente.”
Dembski ha sido publicitado como “el Isaac Newton de la teoría de la información,” y en sus escritos, los cuales incluyen los libros que él cita en este ensayo, él insiste que su “ley de la conservación de la información” prueba que los procesos naturales no pueden aumentar la complejidad biológica. Él no explica su caso aquí y refutarlo tomaría demasiado espacio. Sea suficiente decir que existe una conexión entre la noción técnica de la información y la entropía, de tal manera que el argumento de Dembski se destila a una reformulación de la vieja declaración de los creacionistas de que la evolución viola a la segunda ley de la termodinámica. Simplemente, esta ley dice que en el universo existe una tendencia a la disminución de la complejidad. Los creacionistas se preguntan entonces cómo pueden los procesos evolucionarios producir formas de vida más complejas a partir de unas más primitivas. Pero desde hace mucho tiempo sabemos porqué este tipo de argumento falla: la segunda ley de la termodinámica se aplica a sistemas cerrados y los sistemas biológicos no son cerrados.
En el proceso evolucionario, un aumento en la complejidad biológica no representa un “almuerzo gratis”. Este aumento está comprado y pagado, debido a que la variación genética al azar está sujeta a la selección natural por el ambiente, el cual ya está estructurado. De hecho, los investigadores están empezando a usar los procesos Darwinianos, implementados en computadoras o in vitro, para evolucionar sistemas complejos y para proveer soluciones a los problemas de diseño en formas tales que están fuera del poder de meros agentes inteligentes.
Si de verdad pensáramos que la información genética es similar a las señales en la película Contacto, ¿no deberíamos inferir que fueron diseñadas por extraterrestres? Los teóricos del diseño inteligente a veces mencionan a los extraterrestres como posibles sospechosos, pero la mayoría parece tener sus ojos dirigidos a un diseñador colocado un poco más arriba en los cielos. El problema es que la ciencia requiere un modelo específico que pueda ser probado o examinado. ¿Qué fue exactamente lo que hizo el diseñador y cuándo lo hizo? Las hipótesis nebulosas de diseño de Dembski, aún si las restringimos a los procesos naturales, proveen poquísimo material que puede ser examinado, y una vez que los procesos sobrenaturales se acuñan al proceso, éste pierde toda posibilidad de ser examinado o probado.
Newton estuvo perplejo por las órbitas complejas de los planetas. Él no pudo pensar en una forma natural para dar razón a su orden y concluyó que Dios debe estar empujando suavemente a los planetas para que el sistema continuara funcionando. (Quizás es en este sentido que Dembski es el Newton de la teoría de la información.) El origen de las especies pareció ser en un tiempo igualmente misterioso, pero Darwin siguió las pistas encontradas en la naturaleza para resolver el misterio. Uno puede, por supuesto, retener la fe religiosa en un diseñador capaz de transcender los procesos naturales, pero no hay manera de poder recoger sus huellas digitales.
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Declaración sobre el Diseño Inteligente
Los Elusivos Iconos de la Evolución
¿Qué nos dicen en realidad los pinzones de Darwin y las moscas de la fruta penta-aladas?
Por Jonathan Wells
Charles Darwin escribió en 1860 que “parece no haber más diseño en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural, que en el curso que sigue el viento cuando sopla.” A pesar de que muchas características de los organismos vivos parecen ser diseñadas, la teoría de Darwin expresó que ellas fueron en realidad el resultado de procesos sin dirección, tales como la selección natural y la variación al azar.
Sin embargo, las teorías científicas deben compaginar con la evidencia. Dos ejemplos de evidencia en favor de la teoría de la evolución de Darwin, utilizadas tan frecuentemente que yo las he llamado “iconos de la evolución,” son los pinzones de Darwin y la mosca de la fruta penta-alada (de cuatro alas), del género Drosophila. Sin embargo, me parece que ambos casos muestran que la teoría de Darwin no puede dar cuenta de todas las características de los seres vivos.
Los pinzones de Darwin consisten de varias especies en las Islas Galápagos que difieren principalmente en el tamaño y la forma de sus picos. Las diferencias en los picos están correlacionadas con lo que las aves comen, sugiriendo que varias especies pueden haber descendido de un ancestro común por medio de su adaptación a diferentes comidas a través de la selección natural. En 1970, los biólogos Peter y Rosemary Grant fueron a las Galápagos a observar este proceso en el campo.
En 1977, los Grant observaron como una sequía severa eliminó al 85% de una especie en particular en una de las islas. Los sobrevivientes tenían, como promedio, picos un poco más largos que les permitieron quebrar las semillas más duras que habían sobrevivido a la sequía. Esto era la selección natural en acción. Los Grant estimaron que veinte episodios como éste podrían incrementar el tamaño de los picos lo suficiente como para crear una nueva especie.
Sin embargo, cuando regresaron las lluvias, el tamaño promedio de los picos regresó a lo normal. Desde ese entonces, el tamaño de los picos ha oscilado alrededor de un promedio a medida que el suministro de alimentos ha fluctuado con el clima. No ha habido un cambio neto y no han emergido especies nuevas. De hecho, puede estar ocurriendo lo opuesto, ya que varias especies de pinzones de las Galápagos parecen estar uniéndose por hibridación.
Los pinzones de Darwin y muchos otros organismos, proveen evidencia que la selección natural puede modificar a características existentes, pero solo en especies establecidas. Los criadores de especies domésticas de plantas y animales han estado haciendo la misma cosa por cientos de años con la selección artificial. Pero, ¿dónde está la evidencia de que la selección natural produce nuevas características en nuevas especies?
Las nuevas características requieren nuevas variaciones. En la versión moderna de la teoría de Darwin, esta variación proviene de las mutaciones en el ADN. La mayoría de las mutaciones en el ADN son dañinas y por lo tanto son eliminadas por la selección natural. Sin embargo, unas cuantas tienen ventajas, como por ejemplo, las mutaciones que aumentan la resistencia antibiótica en bacterias y la resistencia a los pesticidas en plantas y animales. La resistencia a los antibióticos y a los pesticidas son a menudo citadas como evidencia de que las mutaciones en el ADN proveen las materias primas para la evolución, pero ellas afectan solo a procesos químicos. Los cambios evolucionarios mayores requerirían mutaciones capaces de producir también cambios anatómicos ventajosos.
Normalmente, las moscas de la fruta tienen dos alas y dos “balancines,” pequeñas estructuras detrás de las alas que les ayudan a estabilizarse cuando vuelan. En los años 70, los geneticistas descubrieron que una combinación de tres mutaciones en un gen individual produce moscas en las cuales los balancines se desarrollan como alas aparentemente normales. La mosca resultante, con sus cuatro alas, a veces es usada para ilustrar como las mutaciones pueden producir los tipos de cambios anatómicos que la teoría de Darwin necesita.
Pero las alas extra no son estructuras nuevas, sino duplicaciones de estructuras ya existentes. Es más, las alas extra no tienen músculos y son, de hecho, peor que inútiles. Las moscas de la fruta con cuatro alas están severamente incapacitadas, como un pequeño aeroplano con sus alas extra colgando de su cola. Tal y como es el caso con otras mutaciones anatómicas que se han estudiado hasta ahora, estas mutaciones en las moscas no pueden proveer la materia prima para la evolución.
En ausencia de evidencia de que la selección natural y las variaciones al azar pueden dar cuenta de las características aparentemente diseñadas que poseen los organismos vivos, el asunto entero del diseño debe ser revisitado. Los estudiantes deben aprender lado a lado con los argumentos de Darwin, que el diseño permanece como una posibilidad.
Respuesta de la evolución a Jonathan Wells
La Naturaleza del Cambio
Los mecanismos evolucionarios dan comienzo a diferencias estructurales básicas.
Por Eugenie C. Scott
Sin haber definido “diseño,” Wells afirma que “muchas características de los organismos vivos parecen ser diseñadas.” De allí él contrasta a la selección natural (no dirigida) con el diseño (dirigido), aparentemente tratando de retornar a la noción pre-Darwiniana de que un Diseñador es directamente responsable por la forma en que los organismos encajan con sus ambientes. Darwin propuso una explicación científica, no religiosa: la forma en que los organismos encajan con sus ambientes es el resultado de la selección natural. Como todas las explicaciones científicas, él se basa en la causalidad natural.
Wells contiende que “la teoría de Darwin no puede dar cuenta de todas las características de los seres vivos.” Sin embargo, no tiene por que darla. Hoy en día los científicos explican las características de los seres vivos no solo invocando a la selección natural sino también a una serie de procesos biológicos que Darwin desconocía, incluyendo la transferencia de genes, la simbiosis, el rearreglo cromosómico, y la acción de genes reguladores. Al contrario de lo que Wells mantiene, la teoría evolucionaria no es inadecuada. Ella encaja a la evidencia muy bien.
Leyendo lo que escribe Wells, uno puede no darse cuenta de la importancia de los cuidadosos estudios de los Grant, los cuales demostraron a la selección natural en tiempo real. El hecho de que la sequía terminó antes de que los científicos observaran la emergencia de nuevas especies es particularmente irrelevante; el tamaño de los picos sí oscila a corto plazo, pero dada una tendencia a largo plazo en el cambio climático, un cambio mayor en el tamaño promedio puede esperarse. Wells también sobrestima la importancia de la hibridación en los pinzones; ésta es extremadamente rara y puede aún estar contribuyendo a una nueva especiación. Los pinzones de las Islas Galápagos continúan siendo un ejemplo magnífico del principio de la radiación adaptativa. Las varias especies que difieren morfológicamente ocupan diferentes nichos. Las explicaciones de Darwin fueron que ellas evolucionaron todas de un ancestro común y los análisis genéticos proveen evidencia que lo confirma.
Wells admite que la selección natural puede operar en una población y correctamente apunta hacia la genética para dar cuenta del tipo de variación que puede llevar a “nuevas características en nuevas especies.” Pero él afirma que las mutaciones, tales como aquellas que producen las moscas con cuatro alas, no producen el tipo de cambio anatómico necesario para cambios evolucionarios mayores. ¿No puede él ver más allá del ejemplo y ver el principio? El hecho de que la primera demostración de un mecanismo genético poderoso terminó produciendo una mosca que no puede volar es irrelevante. Edward Lewis compartió un Premio Nobel por el descubrimiento de estos genes, conocidos como el complejo Ubx. Ellos tiene una importancia extraordinaria porque los genes de este tipo ayudan a explicar los diferentes tipos de planes corporales, los cuales representan las diferencias básicas estructurales entre un molusco y un mosquito, entre una esponja y una araña.
Los genes Ubx son parte de los genes HOX, los cuales se encuentran en animales tan diferentes como esponjas, moscas de la fruta y mamíferos. Ellos encienden o apagan a otros genes involucrados en, entre otras cosas, la segmentación y la producción de apéndices tales como antenas, patas y alas. Lo que específicamente es construido depende de otros genes más tarde en el proceso. Los diversos planes corporales de los artrópodos (insectos, crustáceos, arácnidos) son variaciones de los temas de la segmentación y de los apéndices, variaciones que parecen ser el resultado de cambios en los genes HOX. Investigaciones recientes muestran que los genes Ubx de las moscas suprimen la formación de patas en los segmentos abdominales, pero que los genes Ubx de los crustáceos no lo hacen. Un pequeño cambio en el Ubx resulta en una gran diferencia en el plan corporal.
Las mutaciones en estos interruptores primarios están involucradas en la pérdida de las patas en las culebras, en el cambio de aletas lobulares a manos, y en el origen de las mandíbulas en los vertebrados. La duplicación de los segmentos iniciada por los genes HOX permite la experimentación anatómica y la selección natural cierne los resultados. “Evo-Devo,” el estudio de la evolución y el desarrollo, en un área muy activa para la investigación científica, pero Wells implica que todo lo que esto produce son moscas de la fruta lisiadas.
Wells argumenta que las explicaciones naturales son inadecuadas y, por ende, que “los estudiantes deben aprender…que el diseño permanece como una posibilidad.” Debido a que en su lógica el diseño implica a un Diseñador, él está recomendando de hecho que la ciencia permita la causalidad no natural. En realidad, tenemos explicaciones sólidas con las que trabajar, pero aún en el caso de que no las tuviéramos, la ciencia solo tiene herramientas para explicar las cosas en términos de la causalidad natural. Eso es lo que hizo Darwin y eso es lo que estamos tratando de hacer hoy.
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La Nueva Evolución del Creacionismo
El diseño inteligente trata sobre política y religión, no sobre ciencia.
Por Barbara Forrest
La infame decisión de Agosto de 1999 por la Junta de Educación del Estado de Kansas de eliminar las referencias a la evolución de los estándares de ciencia fue fuertemente influenciada por proponentes de la teoría del diseño inteligente. A pesar de que William A. Dembski, una de las figuras más prominentes del movimiento, afirma que la “detectabilidad empírica de causas inteligentes le provee al diseño inteligente el puesto de teoría científica completa,” sus proponentes invierten la mayor parte de sus esfuerzos en convencer a los políticos y al público, no a la comunidad científica.
El movimiento del diseño inteligente, arrancado por el libro Darwin on Trial (1991) de Phillip E. Johnson, tomó cuerpo en 1996 en el Centro para la Renovación de la Ciencia y la Cultura (CRSC en sus siglas en inglés), auspiciado por el Instituto del Descubrimiento (Discovery Institute), un grupo de investigación teórica de Seattle. Johnson, un profesor de leyes cuya conversión religiosa catalizó sus esfuerzos antievolucionarios, ensambló a un grupo de apoyo el cual promueve la teoría del diseño con sus escritos, financiados por becas del SRSC. De acuerdo con una de sus declaraciones de misión anteriores, el SRSC busca “nada menos que derrocar al materialismo y a sus condenatorios legados culturales.”
Johnson se refiere a los miembros del CRSC y a su estrategia como la Cuña, análogo a la cuña que parte al tronco de leña. Ellos quieren decir que el diseño inteligente liberará a la ciencia de las garras del “naturalismo ateístico.” Los diez años de historia de la Cuña revelan sus características más sobresalientes: los científicos de la Cuña no poseen un programa de investigación empírica y, consecuentemente, no han publicado ningún dato en revistas científicas arbitradas (o en ninguna otra parte) en apoyo a sus afirmaciones sobre el diseño inteligente. Lo que sí tienen es un programa agresivo de relaciones públicas, el cual incluye conferencias que ellos o sus seguidores organizan, libros o artículos a nivel popular, reclutamiento de estudiantes universitarios a través de charlas auspiciadas por los grupos religiosos de las universidades, y el cultivo de alianzas con cristianos conservadores y con figuras políticas de influencia.
La Cuña busca “renovar” a la cultura americana por medio del enraizamiento de las instituciones sociales más importantes en la religión evangélica, especialmente la educación. En 1996 Johnson declaró: “Esto en realidad no es, ni nunca ha sido, un debate sobre ciencia. Esto se trata de religión y de filosofía.” De acuerdo a Dembski, el diseño inteligente “es simplemente los Logos del Evangelio de Lucas traducidos al lenguaje de la teoría de la información.” Los estrategas de la Cuña buscan unificar a los cristianos a través de la creencia compartida en la “simple” creación, buscando así, en las palabras mismas de Dembski, “triunfar sobre el naturalismo y sus consecuencias.” Esto les permite a los proponentes del diseño inteligente coexistir bajo una carpa grande con otros creacionistas quienes explícitamente basan sus creencias en una interpretación literal del Génesis.
“Como cristianos,” escribe Dembski, “sabemos que el naturalismo es falso. La naturaleza no es autosuficiente. … Sin embargo, ni la teología ni la filosofía pueden responder a la pregunta evidencial de si la interacción de Dios con el mundo es empíricamente detectable. Para responder a esta pregunta debemos buscar en la ciencia.” Jonathan Wells, un biólogo, y Michael J. Behe, un bioquímico, parecen ser precisamente el tipo de individuos del CRSC que le pueden dar al diseño inteligente su pasaje a la credibilidad. Sin embargo, ninguno de los dos ha llevado a cabo investigaciones para analizar la teoría y mucho menos producido datos que den reto a las masas de evidencia acumulada por biólogos, geólogos y otros científicos evolucionistas. Wells, parcialmente influenciado por Sun Myung Moon, el líder de la Iglesia de la Unificación, ganó su Ph.D. en estudios de religión y en biología específicamente “para dedicar mi vida a destruir el Darwinismo.” Behe ve como la pregunta relevante si “la ciencia puede proveer espacio para la religión.” En el fondo, los proponentes del diseño inteligente no están motivados en mejorar la ciencia sino en transformarla en una actividad teística que apoye a la fe religiosa.
Los seguidores de la Cuña están actualmente tratando de insertar al diseño inteligente en los estándares de ciencia en las escuelas del Estado de Ohio a través de la legislación estatal. Anteriormente, el CRSC dio publicidad a su sitio web de ciencias asegurándole a los educadores que su “curriculum Web puede ser apropiado sin tener que meterse en guerras de adopción de libros de texto” en efecto promoviendo a los educadores a saltarse los procedimientos normales. Anticipando un caso prueba, la Cuña publicó en la revista legal Utah Law Review, una estrategia legal para ganar sanción judicial. Recientemente, el grupo casi tuvo éxito en insertar a nivel federal en el Acta “Ningún Niño Dejado Atrás” del año 2001 un “sentido del Senado” que apoyaba la enseñanza del diseño inteligente. Entonces, el movimiento sigue avanzando, pero sus tácticas no son un substituto para la ciencia verdadera.
© El Museo Americano de Historia Natural, 2002.
Por favor vea el artículo original en inglés para enterarse más sobre el tópico del artículo o para tener acceso a la lección que lo suplementa. (Enlaces y lecciones no han sido traducidas.)
Darwin bajo el microscopio
23 may 2008 9 comentarios
in catolicismo, catolicismo romano, Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Darwin, Dios, Diseño inteligente, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución Etiquetas: Darwin, Juan Pablo II
“El más maravilloso sistema del sol, planetas y cometas, solamente podría proceder de la determinación y dominio de un ser inteligente y poderoso.”Sir Isaac Newton (murió en 1727)
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Poco tiempo después de la publicación de “El Origen de las Especies” en el 1859, la llamada Teoría de la Evolución comenzó un proceso de transformación de la Ciencia. Hoy en día, es imposible tocar el tema científico sin hacer referencia a la Evolución. Ésta se enseña en colegios , institutos y universidades como si de un hecho probado se tratase. Se nos ha enseñado a creer en ella como una ley y no como una teoría.
En el siguiente artículo, escrito por el Dr. Michael Behe, bioquímico, se pone en duda el que la Evolución sea la mejor explicación para el origen de la vida. Su argumento es tan sencillo como contundente. Los organismos vivos tienen multitud de estructuras y sistemas marcadamente complejos. La Teoría de la Evolución, argumenta el Dr. Behe, es incapaz de mostrar cómo se originaron. Una mejor explicación lo sería que son el producto de un agente inteligente. La reciente declaración del Papa Juan Pablo II en el sentido de que la evolución es “más que solamente una teoría”, no es noticia para un científico Católico Romano como yo.Crecí en una familia católica y siempre he creído en Dios. Pero comenzando en la escuela parroquial se me enseñó que Dios podía usar los procesos naturales para producir la vida. Contrario a la opinión general, por mucho tiempo la religión se ha acomodado a la ciencia. Pero según la Biología descubre la sorprendente complejidad en la vida, la pregunta es, ¿puede la ciencia “hacer espacio” para la religión?” En su declaración, el Papa fue cuidadoso en señalar que es mejor hablar de “teorías de la evolución” en lugar de referirse a ella como sólo una teoría. La distinción es crucial. De hecho, hasta que no completé mis estudios doctorales en bioquímica, yo creía que el mecanismo darviniano (la mutación al azar acompañada de la selección natural) es la explicación correcta para la diversidad de la vida. Sin embargo ahora encuentro que esa teoría es incompleta. De hecho, el complejo diseño de la célula me ha llevado a asumir un punto de vista marcadamente minoritario entre los científicos sobre qué causó la evolución. Yo creo que el mecanismo de Darwin para la evolución no explica mucho de lo que se ve bajo el microscopio. Las células son demasiado complejas como para haber evolucionado al azar; se requirió inteligencia para producirlas. Quiero ser explícito sobre lo que estoy cuestionando y lo que no estoy cuestionando. La palabra “evolución” conlleva muchas asociaciones. Usualmente significa descendencia común, la idea de que todos los organismos vivos y muertos están relacionados por una ascendencia común. No lucho con la idea de ancestros comunes, y continúo pensando que dicha idea explica similitudes entre las especies. Por sí misma, sin embargo, la ascendencia común no explica la vasta diferencia entre las especies. Es ahí donde los mecanismos de Darwin entran en acción. “Evolución” también implica en ocasiones que las mutaciones aleatorias y la selección natural propulsaron los cambios en la vida. La idea evolucionista es que, por ejemplo, por azar un animal podría nacer siendo un poco más rápido o fuerte que sus hermanos. Sus descendientes heredarían el cambio y eventualmente ganarían la contienda por la supervivencia sobre los descendientes de otros miembros de la especie que no tuvieran dicha ventaja. La evolución sostiene que, pasado el tiempo, la repetición de estos procesos resultó en grandes cambios —y, de hecho, en animales completamente diferentes. Esa es la teoría. Una dificultad práctica, sin embargo, es que no podemos comprobar esta teoría con los fósiles. Para verdaderamente probar esta teoría uno tendría que observar cambios de las criaturas en su estado natural o en el laboratorio, o al menos reconstruir una vía detallada en el registro fósil que pueda haber conducido a la adaptación. La teoría darviniana explica con éxito una variedad de cambios modernos. Los científicos han logrado demostrar que el tamaño promedio del pico de unos aves en las Galápagos cambió en respuesta a patrones del clima. De la misma manera, la proporción de las “polillas moteadas” en Inglaterra cambió cuando, por la contaminación, las de color claro se hicieron más visibles a los depredadores que las de color oscuro. Bacterias mutantes han sobrevivido cuando se han hecho resistentes a los antibióticos. Todos estos son ejemplos de la selección natural en acción. Pero estos ejemplos incluyen sólo una o pocas mutaciones y el organismo mutante que resulta no es muy diferente de su ancestro. Pero para que la evolución explicara todos las formas de vida, una serie de mutaciones tendría que producir tipos de criaturas muy diferentes. Esto aún no ha sido demostrado. La teoría de Darwin encuentra sus mayores dificultades en cuanto a la explicación del desarrollo de la célula. Muchos sistemas celulares son lo que yo llamo “irreductiblemente complejos”. Esto quiere decir que necesitan de varios componentes antes de que pueda funcionar adecuadamente. Un ejemplo sacado de la vida cotidiana y que ilustra la complejidad irreductible lo es la ratonera, que está construida con varias piezas (plataforma, resorte, etc.). Un sistema como éste no podría formarse del modo darviniano, desarrollando gradualmente su función. Usted no podría atrapar a un ratón sólo con la plataforma y luego cazar varios más al añadir el resorte. Todas las piezas deben estar en su lugar antes de que usted logre cazar algún ratón. Un ejemplo de un sistema celular irreductiblemente complejo lo es el flagelo de la bacteria: un propulsor rotatorio, activado por el flujo de ácido, que la bacteria usa para nadar. El flagelo requiere de varias partes antes de funcionar —rotor, estabilizador y motor. De hecho, estudios genéticos han demostrado que se requieren cerca de 40 clases de proteínas para producir un flagelo funcional. El sistema de transporte intracelular es también bastante complejo. Las células de plantas y animales están divididas en compartimientos muy concretos. Los suministros, incluyendo las enzimas y las proteínas, tienen que ser transportados entre dichos compartimientos. Algunos de estos suministros son empacados en “camiones moleculares”, y cada camión tiene una “llave” que sirve sólo para el cerrojo en su destino particular. Otras proteínas actúan como estaciones de carga, abriendo el camión y permitiendo que el contenido entre en el compartimiento de destino. Se podrían citar otros ejemplos. El punto central es que la célula, la base misma de la vida, es marcadamente compleja. Pero, ¿no afirma la ciencia que tiene respuestas, o respuestas parciales, sobre cómo estos sistemas se originaron? No. Como escribió James Shapiro, un bioquímico de la Universidad de Chicago, “No existen explicaciones detalladas de la evolución de sistema bioquímico o celular fundamental alguno, sólo una variedad de especulaciones.” Algunos científicos han sugerido teorías no-darvinianas para explicar la célula, pero yo nos las encuentro convincentes. Más bien, yo considero que los sistemas complejos fueron diseñados, arreglados con propósito por un agente inteligente. Siempre que observamos un sistema interactivo en el mundo cotidiano (como la ratonera), asumimos que es producto de actividad inteligente. Deberíamos extender este razonamiento a los sistemas celulares. No conocemos otro mecanismo, incluyendo los de Darwin, que produzca tal complejidad. Sólo la inteligencia es capaz de hacerlo. Por supuesto, se podría demostrar que estoy errado. Si alguien demostrara que, por ejemplo, un tipo de bacteria sin flagelo podría producir este sistema gradualmente, o producir cualquier estructura compleja nueva comparable, mi idea sería demostrada incorrecta. Pero no creo que eso suceda. El diseño inteligente puede querer decir que la última explicación de la vida va más allá de la explicación científica. Esa aseveración es prematura. Pero aún si fuera cierta, esto no me perturbaría. Yo no deseo la mejor explicación científica para los orígenes de la vida; quiero la explicación correcta. El Papa Juan Pablo habló de “teorías de la evolución”. Ahora mismo tal pareciera como si una de esas teorías tenga que ver con el diseño inteligente. Por Michael J. Behe El Dr. Behe, Profesor Adjunto de Bioquímica en la Universidad de Lehigh, es autor del libro “Darwin’s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution” (La caja negra de Darwin: El desafío bioquímico a la evolución). Copyright © 1997 Michael Behe. Todos los derechos reservados. Derechos internacionales reservados. © Traducción Dr. José R. Martínez-Villamil. Usado con permiso de ARN (URL http://www.arn.org/) http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_darwin.htm
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Diseño Inteligente. Hacia una teoría
23 may 2008 Comentarios desactivados
in Creación, Creación y evolución, Creacionismo, Creador, Creador del Universo, Temas de actualidad, Teología, teología Natural, Teoría Creacionista, Teoría de la Evolución Etiquetas: Albert Einstein
Ante Dios todos somos igualmente sabios,e igualmente locos” Albert Einstein.
“Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente”.Albert Einstein.
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Recientemente el evolucionismo ha sido enfrentado a una de sus críticas más contundentes. Desde el mismo seno de la ciencia ha surgido un sólido movimiento. Se le conoce como el “Movimiento del Diseño Inteligente”. Para muchos científicos, la complejidad de la vida, especialmente al nivel celular y molecular, sugiere diseño y no azar. Por esta razón cada vez se habla más del “Movimiento del Diseño Inteligente”. Este artículo nos introduce a este fascinante tema y a sus principales conceptos |
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De entre las muchas acusaciones hechas en contra de las teorías no-evolucionistas sobre el origen y la diversidad de vida, una de las más firmes sostiene que tales teorías no llevan a ninguna parte. Esta objeción dice que una teoría de creación (o diseño) nunca se ajusta realmente al mundo biológico, sino que meramente intenta cubrir (con la intervención de un Creador) los problemas sin resolver en la historia de la vida. |
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“¿Por qué, preguntó Darwin, algunos pájaros que raramente o nunca van cerca del agua tendrían que poseer membrana interdigital como algunos pájaros que son totalmente acuáticos?“Aquél que cree en actos de creación separados e innumerables dirá que en estos casos le ha complacido al Creador hacer un ser de un tipo para sustituir uno de otro tipo; pero esto me parece una reiteración del hecho en lenguaje sofisticado. (1) Según esta objeción, el diseño pone todas las preguntas interesantes detrás de la opaca pantalla de la voluntad soberana del Creador. Las cosas son de la manera que son porque Dios quiso que fueran así. La Teoría del Diseño parece hacer del mundo un lugar estático e inescrutable, repleto de fenómenos inconexos, en los cuales toda investigación científica colisiona directamente con una acción divina. Esta objeción es grave. No obstante, podemos disponer de ella con una aseveración semejante. Por definición las explicaciones científicas sólo se refieren a “causas puramente físicas y materiales”.(2) Puesto que una causa inteligente no es puramente física ni material, no puede ser invocada en una explicación científica. A priori se elimina la posibilidad de un Diseñador. Considere el caso del origen del Sistema Solar. Newton decía que el sistema solar fue creado por Dios. Pero esto no era suficiente. Como Lyttleton destaca (1958, p.5), los científicos “no pueden realmente relajarse del todo” hasta que tengan la certeza de que “las leyes de la Física son lo suficientemente completas como para explicar que el sistema solar pueda producirse” —exigimos que el origen del sistema solar sea explicado sin invocar ningún acontecimiento sobrenatural.(3) Pero es posible que el sistema solar fuera creado, algo que podríamos descubrir viendo que las leyes de la Física son de hecho insuficientes “para permitir que el sistema solar pueda producirse”. Nuestros métodos de inferencia nos deben permitir considerar esa posibilidad —y no tendríamos que pensar que la meta de la ciencia es permitir que los científicos se relajen. No obstante, cualquier ciencia del pasado que excluya la posibilidad del diseño o creación a priori deja de ser una búsqueda de la verdad y se convierte en un sirviente (o esclavo) de una doctrina filosófica problemática, el Naturalismo. Nunca debemos acceder al reclamo de que las explicaciones científicas se refieren sólo a causas físicas o materiales. La práctica científica (y explicativa común) nos indican lo contrario. Pero admitir la posibilidad del diseño no significa que tengamos todas las herramientas para dar sentido a la noción [bajo estudio]. Invocar al diseño como causa es un asunto difícil, en el cual resulta común encontrar explicaciones raras que nos parezcan erróneas, aunque nos sea difícil explicar porqué. William Paley, por ejemplo (quien fue galardonado con un premio importante en la Universidad de Cambridge por sus habilidades matemáticas), se maravilló del diseño de la insipidez del agua, una maravillosa cualidad negativa que: … lo hace el mejor de toda menstrua (líquido). Careciendo de sabor propio, se convierte en el vehículo de cualquier otro. Si el agua tuviera un sabor, sea cual fuere, hubiera infectado todas las cosas que comemos o bebemos, con una repetición inoportuna del mismo sabor.(4) William Whewell —otro gran filósofo— sostenía que “la rotación diurna de la Tierra estaba diseñada para los hábitos de sueño del hombre: si la Tierra tardara más de lo que tarda para girar sobre su eje, indudablemente dormiríamos más de lo que nos conviene por la noche.” ¿Cuál es la diferencia entre estas explicaciones y el comentario de Abraham Lincoln que decía que “tendríamos que estar asombrados de ver que nuestras piernas son de la medida perfecta para alcanzar el suelo? “¿Cómo podemos utilizar el diseño como una explicación sin desviarnos del conocimiento verdadero y hacia lo absurdo o la confusión? (Nota: Próximamente publicaremos más artículos sobre el interesante tema del “Diseño Inteligente”.) Notas: Por Michael. Behe (Doctor en Bioquímica y autor de libro “La caja negra de Darwin”).
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