Adoración: La Meta de Salvación

Adoración: La Meta de Salvación
John MacArthur

La adoración es la clave para comprender la cuestión total de la salvación. Eso se debe a que la meta de la salvación es producir verdaderos adoradores.

Ellos son lo que “adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Jn. 4:23).

Cuando Pablo evangelizó a los perdidos, aun sus seguidores dijeron de él: “Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley” (Hch. 18:13). El corazón y el alma del evangelismo es llamar a los perdidos a adorar a Dios. El no vivir una vida de adoración es una afrenta a su santa naturaleza y un acto de rebelión en su mundo.

El evangelismo es el registro de una crónica de adoración. Cuando los sabios del oriente vieron al recién nacido Cristo “postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mt. 2:11). Después que los discípulos vieron a Cristo caminar sobre las aguas y calmar una tempestad, lo adoraron diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mt. 14:33). Un ciego a quien Cristo sanó dijo: “Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ese oye” (Jn. 9:31).

Aquel hombre destacaba que solo hay dos clases de personas: Aquellos a quienes Dios oye y a quienes no oye. El contraste es entre pecadores y adoradores. Ser cristiano es ser un adorador.

En los evangelios los que llegaron a conocer a Cristo le rindieron alguna clase de adoración, dándole honor, homenaje, respeto, reverencia, adoración y alabanza al mismo Dios. Nosotros no debemos hacer menos. El autor de Epístola a los Hebreos escribió: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12:28–29, vea Dt. 4:24). La adoración agradable es el resultado de la salvación. Pero la adoración alcanza su plenitud cuando el creyente espontáneamente se ofrece a Dios, lo adora con respeto y con temor piadoso.

Dios debe ser el centro de nuestros pensamientos
¿Cómo podemos cultivar un corazón para la adoración? Haciendo a Dios el centro de nuestros pensamientos. Adorar es un desbordamiento de una mente renovada por la verdad de Dios. Debemos centrar toda nuestra atención a Él.

Centrar nuestros pensamientos en Dios comienza con lo que me gusta llamar descubrimiento. Es decir, cuando descubrimos una gran verdad respecto de Dios, comenzamos a meditar sobre esa verdad hasta que cautiva toda nuestra capacidad pensante. Esa a su vez nos conducirá a la adoración.
A veces no será una cuestión de descubrir algo nuevo. Quizá sabemos una verdad pero la olvidamos. O tal vez todavía la recordamos, pero ahora la vemos más claramente o desde una perspectiva diferente.

Si la adoración se basa en la meditación, y la meditación en descubrir, ¿sobre qué se basa el descubrir? En el tiempo invertido con Dios en oración y en la Palabra. Es triste que muchos consideren la oración primordialmente como una manera de conseguir cosas. Hemos perdido de vista el aspecto que acompaña la oración, es decir, estar quietos y ser conscientes de la maravillosa presencia de Dios y tener comunión con Él allí.

Como creyentes, estamos arraigados y fundados en Cristo, pero cuán profundamente crecen nuestras raíces y cuán maravilloso aparece nuestro fruto dependerá en gran medida de nuestro proceso de descubrir y meditar en la maravillosa verdad de Dios. Donde no hay descubrimiento, no habrá meditación. Donde no hay meditación, no habrá adoración.

Cuando tratamos de centrarnos en la adoración, encontraremos un gran obstáculo, el ego. En lugar de permitir tiempo para la oración, la meditación y la adoración somos propensos a cumplir nuestros propios deseos. Nos inclinamos a pensar sobre a nuestros propios proyectos, actividades y necesidades, pero no acerca de Dios. Incluso si lo hemos aprendido de otra persona, debemos meditar en verdades espirituales y apropiarnos de ellas. Al hacer eso, el Señor llenará nuestros corazones con alabanza.
John MacArthur es pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California. Presidente de The Master’s College and Seminary. Es bien conocido como un dinámico expositor de las Escrituras mediante su programa radial “Gracia a vosotros” que se transmite diariamente.

Autor de muchos éxitos de librería entre los que se encuentran: La “Biblia de estudio MacArthur”, la serie “Comentario MacArthur del Nuevo Testamento”, “La verdad para hoy”, “Avergonzados del evangelio” y muchos otros.

http://sigueme.net/musica/temas/00017_adoracion_la_meta_de_salvacion.htm

ADORANDO LA MUSICA MAS QUE A NADA!!!

ADORANDO LA MUSICA MAS QUE A NADA!!!

Posted: 08 Jul 2009 10:11 PM PDT

Verdad Y Luz Hoy

Mateo 4:10
Entonces Jesús le dijo:
Vete, Satanás, porque escrito está:
Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás


Leyendo un articulo sobre el cantante secular de la banda de U2 Bono titulado “Para nosotros la música es una acto de adoración”, me hizo pensar en la posición que muchos cristianos tenemos hoy en la música, hoy en día hay muchos que ADORAN LA MUSICA, y claro también a sus cantantes, es muy triste pero cierto, adoramos la música y a los cantantes mas que DIOS mismo.

Hoy defendemos más a nuestro cantante favorito bajo el dicho que son SIRVOS DE DIOS, aun cuando sus actos no los respalden.

Hoy estamos dependiendo de una manera increíble de la música, creo que en muchas personas se ha vuelto una adicción, no podemos estar sin escuchar nada, y no me refiero a que no alabemos a Dios, sino que muchas veces ni aun con la música cristiana lo alabamos realmente.
Se que no lo es en todos (gracias a Dios) pero es algo que si esta ocurriendo, no podemos estar sin nuestro mp3, etc.

Creo que para alabar a Dios podemos hacerlo de nuestro corazón, no quisiera que me malentiendan, a mi me gusta la música y mucho, me gusta oír la adoración pero creo que muchas veces solo es una emoción, muchas veces la oímos solo para crear un ambiente para sentirnos mejor, creo que hemos perdido el objetivo de lo que es la alabanza y la adoración, se nos olvida que es para Dios.

¿Qué es Adorar a Dios? ¿Por qué muchas veces PAGAMOS para hacerlo?

¿Qué es la música para ti mi amigo, mi hermano (a)? ¿Podremos estar con nuestras consolas, radios, con nuestros reproductores apagados? Para adorar realmente a Dios.

Creo que también hemos cambiado nuestro objetivo tanto en la alabanza y en la adoración, muchos lo hacen para ser famosos, otros lo hacen por traer la presencia de Dios a su iglesia y haya manifestaciones de el (se oye bonito no??) pero cuantos adoramos a Dios porque el es DIGNO, tal vez pocos adoramos a Dios porque el es SANTO, tenemos que adorar y alabar a Dios solo por lo que el es, no por lo que el me pueda dar, es algo así como en las ofrendas y diezmos (se que es otro tema) muchos le dan para que Dios les de, lo cual es algo erróneo, le damos porque el nos dio!!!

¿Entonces porque alabamos y adoramos a Dios?

Un querido amigo me compartió esta reflexión.

Eutanasia en los jóvenes.
Anoche mi madre y yo estábamossentados en el salón hablando de las muchas cosas de la vida… entre otras… estábamos hablando del tema delderecho a vivir/morir.

Le dije: ‘Mamá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. PREFIERO MORIR’.

¡¡Entonces, mi madre se levantó con una cara de admiración…
Y me desenchufó el televisor, el DVD, EL ORDENADOR, el mp3, la Play Station-2, la PSP, la Wi Fi, el teléfono fijo, me quitó el móvil, el Ipod, el Blackberry y me tiró todos mis aparatos!!¡¡
Mi madre!!…

¡¡¡¡CASI ME MUERO!!!!

¿A quien adoramos hoy?

Dios te bendice

SOLO LA OPINION DE DIOS ES LA QUE CUENTA

Hacia una teología de la adoración

Teología
lunes, 08 de junio de 2009

Hacia una teología de la adoración

Enric Capó, España

Teología es una reflexión sobre Dios; por tanto, toda reflexión sobre Dios es teología. Quizás esto sea una perogrullada, pero nos sirve para sacar la teología del campo de la especialización académica y de las garras de los teólogos profesionales, para devolverla al campo que le es más propio: el de la reflexión personal. Todo el mundo puede hacer teología y, de hecho, la hace; pero deberíamos hacer una distinción radical entre la teología como disciplina académica, que evidentemente es necesaria e imprescindible para la Iglesia, y la reflexión teológica del creyente, que la elabora en el ámbito de la fe. Éste tiene, probablemente, muchos más peligros de equivocarse en sus formulaciones doctrinales que profesores universitarios que conocen a fondo la materia, saben lo que se ha dicho en el pasado y tienen mucha más capacidad de reflexión. Pero, fundamentalmente, el terreno propio de la teología es el individual del creyente, porque la teología auténtica es una reflexión hecha desde la fe. Es reflexión y, al mismo tiempo, experiencia. Es decir, no es, en primer lugar, un reflexión en el campo del saber humano, que la acerca mucho a la filosofía, sino que se trata de descubrir y describir -hasta donde sea posible- el Dios en el que creo.

Por esto es muy apropiado hablar de la teología de la adoración o, como dice Moltmann, de la teología de la doxología. Es en el encuentro personal con Dios que el creyente se descubre a si mismo como el adorador de un Dios que le confronta en la vida de cada día. No ha sido él que lo ha encontrado, sino que ha sido objeto de una iniciativa divina y, ante ello, lo busca para entrar en comunión con él y conocerle más y mejor. Es importante que este encuentro se dé en el campo de las Escrituras, ya que creemos que en ellas Dios se nos revela; pero no puede consistir en una simple exégesis bíblica, sino en una puesta a prueba de la experiencia personal en su confrontación con aquellas otras que hallamos en la Palabra de Dios.

En toda reflexión teológica, hay un elemento personal, subjetivo, imprescindible, que debe ser siempre asumido. Y esto es muy importante que lo acentuemos, ya que cuando la teología se convierte en dogma o en “verdad” definitiva, empezamos el camino de la corrupción. La teología se convierte en una ideología y entonces entramos en el campo de la lucha ideológica, es decir, la lucha por establecer mi “verdad” frente a la “verdad” de los demás. Es el problema de pensar que hemos llegado, que ya lo sabemos todo, que estamos de vuelta de todas las otras opciones. El creyente entonces se fanatiza en su propio sistema teológico y se convierte en su defensor frente a cualquier otro sistema. Dios queda al margen, ya no importa; lo que importa es lo que yo digo de Dios.

Este fue el gravísimo error de la iglesia de los primeros siglos que se empeñó en redactar una formulación de la fe infalible e inatacable. El error no fue intentarlo, sino creer que lo había conseguido y que podía imponerlo como un dogma imprescindible para la salvación. Se llegó a extremos increíbles. ¡Cuántos fueron cruelmente perseguidos porque en su confesión de la fe sobraba o faltaba un “i”! Todo despendía de si decías, con referencia a Cristo, homoousios o homooiusios! En ello te podía ir la vida. Y ¡cuántos otros ejemplos, a lo largo de la historia y hasta nuestros días! La obcecación por lo objetivo, lo infalible, lo ortodoxo, ha llevado –y lleva todavía- a los cristianos a aberraciones absurdas.

La teología de la adoración, aquella que se formula en nuestra contemplación de Dios y no busca “verdades”, sino la única Verdad que nos puede hacer libres (Jn 8,32), no es jamás agresiva, porque no se formula delante de otros, ni frente a terceros, sino solamente ante Aquel que es el centro de nuestra reflexión. Jamás pretende ser objetiva ni que sea de validez general para todos. Hacer teología es crecer en el conocimiento de Dios, pero no en un conocimiento intelectual de Dios que trata de encontrar definiciones doctrinales definitivas. La reflexión teológica, cuando es auténtica, consiste en un descubrimiento de Dios y un crecimiento en el conocimiento empírico de este Dios que se nos ha manifestado en Cristo, que nos habla a través de su Palabra, y día a día nos muestra nuevos caminos y nuevos horizontes de la fe. Es siempre subjetiva. Jamás puede encerrarse plenamente en definiciones, porque Dios siempre nos transciende. Tratar, por ejemplo, de hacer una definición de la trinidad es una empresa fuera de nuestro alcance. Calvino y Servet, a pesar de sus definiciones diferentes, eran igualmente cristianos. Sus diferencias ideológicas no les separaban del Dios del amor y la misericordia en el que creemos. Estarían más o menos acertados en sus definiciones, pero nunca debieran haberlos llevado a los extremos a que llegaron. Una falsa comprensión de la teología fue la causa del conflicto.

Creer esto, saber esto, es un conocimiento que salva, ya que nos libra de las tiranías de las ideologías y de los dogmatismos, nos muestra que todos estamos todavía en el camino y que el conocimiento pleno –el ver a Dios cara a cara- sólo será posible más allá de nuestra temporalidad, cuando entremos de lleno en el mundo de lo eterno.

Esta reflexión de hoy, no pretende ser la verdad. Todo lo contrario, niega la existencia de la verdad como definición. No pretende ahondar el abismo entre liberales y conservadores, ni afirmar que unos están en los cierto y los otros, no; sino decir que todos somos aprendices en la escuela del Señor y que la reflexión teológica ha de ser siempre un proceso continuo y libre en el que nos reconozcamos los unos a los otros simplemente como buscadores de la verdad de Dios. Reflexionar teológicamente es ir avanzando hacia Dios, según las luces y los dones que Él nos ha dado, dándonos la mano y ayudándonos en nuestra empresa. No buscamos nuestras “verdades”, que siempre están contaminadas con nuestros errores, sino la Verdad. Y ésta sí la conocemos: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. (Jn 14,6)

Enric Capó

Alabanza a Dios

Alabanza a Dios

En esta reflexión trataremos de algo que es bien importante para nuestras vidas y que algunos no le dan mucha importancia. Esto es en cuanto a la alabanza a Dios, y es algo que todo cristiano debe de hacer, “alabar el nombre de Dios”.

Ciertamente, cuando nos reunimos en los templos, lo hacemos para alabar a Dios, pero en este mensaje queremos enfocarnos en la cita diaria que todo hijo de Dios tiene, ese momento íntimo entre tú y el Padre.

Lógicamente cuando nos reunimos con nuestros hermanos alabamos al Señor, eso no tiene duda, pero que sucede cuando estamos solos en nuestras habitaciones o en el lugar donde tenemos ese momento de oración personal, ese momento en el cual nos presentamos delante de él, y le hablamos, el momento de nuestra cita diaria con él.

Primeramente, se supone que todo cristiano tiene ese momento personal, momento a solas con el Señor; pues ese es el sustento diario de todo hijo de Dios, es el momento en el que nos presentamos delante de su trono celestial.

Muchas veces cuando entramos en ese momento, algunos desde el principio comienzan a pedirle al Señor, no es que sea malo pedirle, no, todo lo contrario, pues a quien más iremos (Juan 6:68), todo lo que necesitamos lo tiene nuestro Señor y Salvador, pero recordemos que sobre todas las cosas debemos darle gracias a él.

Muchas veces pensamos que Dios no nos a bendecido pero lo cierto es que el simple hecho de podernos levantar por las mañanas, el poder tener nuestros alimentos, ropa, casa, son todas bendiciones, cosas que son cotidianas para nosotros por lo cual tendemos a no ver que lo tenemos por amor de Dios. Así que tenemos mucho por que darle gracias a Dios, pero cuando estas delante de él, muchos lo que hacen es pedirle y pedirle, y luego se despiden y ya, esa es la oración que muchos presentan a Dios.

Pero el texto de referencia (Salmos 150:2) nos manda a adorarle y el salmo completo nos insta a alabarle, por eso cuando nos presentemos delante de él primeramente démosle gracias, alabemos su nombre, exaltémosle y adorémosle, démosle gloria y honra pues solo él la merece, luego puedes decirle lo que quieras, pero primero levanta una ofrenda de alabanza a él.

Abre tu corazón ante él, dile lo que hay en tu corazón, deja que fluya desde lo mas profundo de tu corazón esa alabanza para él, pues él busca adoradores que le adoren en verdad (Juan 4:23) dile lo que en tu corazón hay, dile cuanto le amas, lo importante que es para ti, dile cuanto le agradeces lo que ha hecho en ti. Te aseguramos que luego de que lo hagas sentirás que no podrás parar y esa alabanza fluirá y fluirá y no la podrás detener, entonces todas las otras cosas serán menos importantes pues estarás adorando al Rey de Reyes y Señor de Señores.

Dale lo que se merece, toda la honra, la gloria, la majestad, el imperio, el poder, por los siglos de los siglos.

¡Dios te Bendiga!

Amén.

Ministerio  Un nuevo Pacto.

CANTAR A DIOS

CANTAR A DIOS

Posted: 02 Jan 2009 09:55 AM CST
                                                                              cd741f118_a1.jpg 
Cantad a Jehová un nuevo cántico.

Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra!
Al Dios de Jacob aclamad con júbilo! Entonad canción y tocad el pandero, el arpa que deleita y el salterio. Puso luego en mi boca cántico nuevo,
alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová..

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas».

El gozo de Jehová es vuestra fuerza.

Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento.

Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y libertinaje, no en contiendas y envidia. Al contrario, vestíos del Señor Jesucristo y no satisfagáis los deseos de la carne.

Is.42:10 Sal. 81:1,2; 40:3 Jos.1:9 Neh.8:10 Hch. 28:15 Ro.13:11-14

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.019 seguidores