El retorno de los brujos: alertan sobre el crecimiento del pensamiento mágico.

El retorno de los brujos: alertan sobre el crecimiento del pensamiento mágico.
FUENTE: AIM

La brujería, la hechicería, la magia y el chamanismo no son iguales ni están en el mismo nivel, pero se refieren a la misma índole de cosas, cuya verdadera naturaleza, bastante inquietante, suele pasar inadvertida para las mentes educadas racionalmente. Así lo cuenta en un largo artículo titulado “El otro retorno de los brujos” el medio digital argentino AIM, de Paraná (Entre Ríos).

Están volviendo con fuerza renovada en algunos casos para ocupar el vacío que deja la declinación de la fe religiosa, de la que están varios escalones abajo. Nos recuerdan que nunca dejaron de vivir en una discreta penumbra que permitía los malos entendidos y en algunos casos regresan de la mano de la ciencia misma.

Hace algunos años, psicólogos de Paraná alertaron sobre un fenómeno que sin duda advertían en los consultorios pero también un poco por todas partes: la creciente importancia del pensamiento mágico, que se había llegado a creer cosa del pasado, enterrado por el progreso intelectual, moral y material en que se suele creer sin demasiada crítica.

El pensamiento mágico era presentado como algo poco desarrollado, próximo a lo irracional, incapaz de las finas y seguras distinciones de las mentes educadas en la claridad lógica, que aparecieron de golpe como una minoría privilegiada y ya no como un logro de la cultura que había alcanzado a la mayoría. Finalmente la misma psicología abre las puertas al chamanismo, quizá sin tomar cabalmente en cuenta lo que puede entrar por ellas y en lo que aparece al menos a primera vista como una actitud muy diferente de la anterior, que advertía sobre el peligro que acechaba al pensamiento racional.

Se supone que el chamanismo es un aspecto de la sabiduría popular, un tesoro de conocimientos decantado por siglos de experiencia equiparable en otro orden con el folclore. Parece no tenerse en cuenta que se trata de prácticas cuyo inicio en el tiempo no se puede establecer, mientras que la valoración moderna de lo popular es relativamente reciente, de origen romántico, tiene pocos siglos y el romanticismo mismo del que nació ya no tiene vigencia.

Como la mentalidad prevaleciente hoy tiene como constituyente fundamental la fe en el progreso, se considera que el chamanismo no podría sino acrecentarse y mejorar con el tiempo, sobre todo con el aflujo de las explicaciones y rectificaciones científicas; pero no se para un momento a considerar que lejos de ser de origen popular, es como la brujería y la magia producto de una degradación de doctrinas que en otra época fueron completas y estuvieron vivas y de las que hoy representan restos en descomposición.

Se habla, como cabía esperar, de “chamanismo moderno” y “urbano”, y se lo considera como una técnica de curación “primitiva”, palabra que para los que la usan en este contexto significa más que “original”, “no desarrollado”. Los antropólogos han aplicado al chamanismo sus métodos y sus conceptos particulares, complicando las explicaciones pero dejando sin tocar el fondo del asunto, al que no llegan.

Un antropólogo define: “el chamán es un individuo visionario inspirado y entrenado en decodificar su imaginería mental, que en nombre de la colectividad a la que sirve y con la ayuda de sus espíritus aliados o guardianes, entra en un trance profundo o estado modificado de la mente sin perder la consciencia despierta de lo que está viviendo; durante la disociación mental, su ego soñador establece relaciones con entidades que vivencia como de carácter inmaterial y puede, hasta cierto punto que depende de su propio poder personal, modificar el orden del cosmos invisible de acuerdo a su interés o al de su colectividad”.

Se trata pues de “imaginería mental” en suma, pero “decodificada” con ayuda de “espíritus”, entidades que quedan algo confusas, al menos para el investigador que no pretende ir más allá de lo psíquico. Por otra parte, “la modificación del orden del cosmos invisible mediante un poder personal” es una buena caracterización de la magia; “negra” si es en interés individual del mago, egoísta, o “blanca” si es en interés colectivo, altruista.

El chamán hawaiano Serge Kahili King lamenta las dificultades de ser “chamán urbano, moderno”, pero las considera inevitables por las modalidades de la vida de hoy. Se queja de que el chamanismo no tiene bases sólidas en la cultura actual. En realidad, no puede tener bases sólidas en ninguna parte, pero ya está teniendo por lo menos la atención de las clases medias urbanas que no resisten la seducción de las promesas de “sanación” que suponen asépticas y sin riesgo. Lo convertirán en una moda, pasajera como cualquier moda, que durará hasta que otra la reemplace.

Mientras tanto, se ofrecen en venta cosas como “talleres de chamanismo integral”, que quizá conviertan a los talleristas en “visionarios”, o “sabiduría ancestral para la vida cotidiana”, sin advertir que esta “vida cotidiana” es por definición algo que está en las antípodas de la sabiduría. Hay también afirmaciones de que el chamanismo fue practicado en otras épocas por una “élite sacerdotal”, lo que implicaría una religión, que no es el caso del chamanismo, si se tratara de verdaderos sacerdotes; y también una “doctrina sagrada” (eso significa etimológicamente “sacerdocio”) que si existió apenas dejó restos en el chamanismo.

Otros entienden el “autodescubrimiento” que sería una de las metas del chamanismo como la adquisición de facultades para percibir la energía o tener intuición ante ciertos eventos. Aparece aquí la adivinación, arte tan subalterno como la magia o la brujería, y un límite al parecer insuperable: se trata de descubrir energías, dentro del mundo fenoménico y “corpóreo” en que nuestros contemporáneos parecen irremediablemente encerrados. La confusión llega hasta considerar a Jesús, Buda y Krishna como chamanes, lo que les hace el débil favor de rebajarlos de su condición a la de brujos o magos.

La espiritualidad del chamanismo no es tal, como cabe esperar de residuos. En él, como en la misma psicología, se advierte la confusión de mente y espíritu que viene de lejos. Un Papa hace más de 1000 años decidió que el hombre estaba compuesto de cuerpo y alma. “Borró” el espíritu que formaba parte de la composición tripartita tradicional. Descartes tuvo su parte en la consolidación de este punto de vista al dividir la realidad en sustancia pensante y sustancia extensa, alma y cuerpo. Luego el psicoanálisis agravó las cosas cuando quiso encontrar lo mejor del hombre en las prolongaciones inferiores de la conciencia, en lo propiamente “infrahumano”.

Para el hinduismo el mundo de la mente es el “mundo intermediario” entre el estado corpóreo y los estados informales, que son los únicos “espirituales”. El mundo intermediario es el mundo de la ilusión y no parece sensato fundar ninguna certeza en la ilusión. El fuego no es malo, pero dará su lección al ignorante que no sabe que quema.

En el símbolo tradicional la navegación se cumple a través del océano, que representa el dominio psíquico y que se debe franquear asumiendo peligros para llegar a la meta. Al presentar el símbolo Guénon se pregunta: ¿qué decir del que se arrojara en mitad del océano sin más aspiración que ahogarse en él? Y puntualiza: “Eso es la supuesta “fusión” con una “conciencia cósmica” que no es más que el conjunto confuso de todas las influencias psíquicas sin nada en común con las espirituales. Solo al mundo informal se lo puede llamar espiritual. La manifestación sutil o mundo psíquico puede tomarse equivocadamente por una plenitud de vida pero no es más que el reino de la muerte y de la disolución sin retorno”.

La muerte y la disolución sin retorno es uno de los peligros de tomar al chamanismo por lo que no es y dar por él, gracias a la desorientación prevaleciente, mucho más que lo que vale. Este símbolo de la navegación, paso de un estado formal a otro informal, es universal y está en todas las tradiciones auténticas. En el siglo X el sabio Niffari el egipcio lo expuso así: “vi el mar, en él naves hundiéndose y tablas flotando. Supe que los que viajan no se salvan y los que en vez de flotar se arrojan al mar, se arriesgan. Los que viajan y no se arriesgan, perecen. La superficie del mar es un brillo inalcanzable y el fondo, una oscuridad impenetrable. Y entra ambos hay grandes peces que han de temerse”.

Es preciso desechar toda organización y todo dogma: religioso, científico o político, representado por las naves; es preciso desechar las obras, los métodos y las convicciones, representados por las tablas y arriesgarse para pasar al plano informal.

La brujería se ha definido en sentido restrictivo como un conjunto de creencias primitivas propia de los campesinos de Europa desde antes del cristianismo, una especie de “religión de la naturaleza” de acuerdo con las caracterizaciones de Frazer, que fue “demonizada” por el clero. Para conocer esta demonización se puede consultar El martillo de las brujas o Malleus maleficarum, libro terrible de Heinrich Krämer y Jacobus Sprenger en los inicios de la edad moderna, que sirvió para metodizar el interrogatorio, el uso de la hoguera y los tormentos para las brujas por la Inquisición.

El propio Krämer, que expone las críticas teológicas a la brujería como él la entiende, manipuló al Papa Inocencio VIII, al que le mandó una queja sobre obstáculos que tenía su trabajo de inquisidor en el norte de Alemania. El Papa contestó despejando el camino de la Inquisición, pero Krämer puso la carta papal como prólogo de su libro, dando a entender que Inocencio lo conocía y lo aprobaba, lo que no era cierto porque fue escrito después.

Manipuló también a Jacobus Spranger, que aparece como coautor a pesar de que posiblemente no tuvo participación en la redacción del “Martillo”, pero le sirvió a Krämer para hacese aceptar porque Spranger era su superior dentro de la jerarquía eclesiástica y su voz era más escuchada y gozaba de más autoridad.

La hechicería, palabra derivada del idioma portugués, alude a alguien que “hace” lo que la gente del campo, pero también cada vez más la de las ciudades, llama “trabajos”, “daños”, “hechizos” o “nudos”. Se trata de una práctica bastante extendida incluso entre fieles católicos de apariencia ortodoxa, pero laxos en sus convicciones, capaces de “jugarles unos pesos” de vez en cuando a otro tipo de creencias.

Se puede ejemplificar con los muñecos del vudú, pinchados o cortados en efigie con la intención de que la persona real que representan sufra un “daño” similar. Lo propio de la hechicería es el objeto que actúa como “condensador” de las influencias psíquicas, en este caso “malignas”. De la misma manera que los muñecos deben actuar la sal o el aceite derramado frente a la casa de una persona odiada, los sapos, las culebras o las ataduras practicadas en el muñeco, que deben reducir a la invalidez al destinatario del “trabajo”.

Actualmente, hay programas radiales y televisivos que dan por descontada la eficacia de estas prácticas y ofrecen ayuda contra ellas. Es decir, contra los hechos maléficos de los hechiceros se propone el contra-hechizo de un representante de las fuerzas del bien, que casi siempre no son sino explotadores de la credulidad creciente de la gente, cada vez más desorientada en un mundo hostil en que las viejas convicciones han caducado.

Como ejemplo de la desorientación actual respecto de estas cosas, que se expresa como mezcla informe de datos de distinto valor y origen, se puede reproducir parte de un artículo que pretende informar sobre la hechicería. La define como “conjunto de ritos y prácticas cuya finalidad es el dominio de las fuerzas de la naturaleza a través de determinados espíritus que harían de intermediarios”.

Que se trata de dominar la naturaleza no hay dudas, es la misma finalidad fáustica que la de la ciencia moderna, pero tan poco como ella contempla la acción de dioses ni ninguna transcendencia. No hay “espíritus” aquí, sino algo muy alejado de ellos, casi lo contrario, si es que el espíritu puede tener un contrario. Lo que el autor de la nota llama con ligereza “espíritus” son en realidad lo que el taoísmo considera “influencias errantes” y aparece en la Biblia como “hálito de las osamentas”, es decir residuos psíquicos que no han terminado de desaparecer y que dieron en castellano origen a la palabra “óbito”, tomada del hebreo.

Si la hechicería concibiera verdaderos espíritus sería algo muy diferente de lo que es, o ha llegado a ser. “Sus cultores reconocen la existencia de un ser supremo creador del Universo y cuya manifestación se encuentra en todo lo que rodea al hombre (animismo), de ahí que su finalidad primordial sea vivir en armonía con la naturaleza”, sigue el artículo. En realidad, esta definición se acomoda a un aspecto de la religión pero muy mal a la hechicería, que no presupone ningún ser supremo, sino otro tipo de “influencias” por entero corpóreas sin relación necesaria con dioses ni demonios.

Más adelante supone identidad entre brujería y hechicería hasta la Edad Media, en que se habrían dividido para mantenerse la brujería fiel a una supuesta “religión de la naturaleza”, que es un presupuesto gratuito, y “degenerar” la hechicería debido a la influencia del cristianismo, posiblemente en referencia a las persecuciones de brujas y hechiceros.

La magia es la madre de la brujería, la hechicería y el chamanismo, que son por así decir sus hijos minusválidos; pero lo que ha quedado de ella es una parte inferior y degradada de una antigua ciencia olvidada o en todo caso incomprendida. La magia es actualmente ante todo una técnica que no considera ningún ser superior ni ninguna naturaleza diferente de la experimentable, al mismo modo que la ciencia contemporánea.

Como la ciencia moderna, es totalmente “inmanente” a diferencia de las religiones, que son transcendentes. La magia entiende que así como un hombre al morir deja un cadáver que se descompone y puede ya sea contaminar o fertilizar la tierra, también deja “residuos psíquicos”, tan reales como el cadáver. Estos residuos no son espíritus sino restos de la actividad mental en descomposición de la misma manera que el cadáver, que como éste no desaparecen inmediatamente después de la muerte, pero constituyen fuerzas degradadas sin dueño, que desaparecerán pero antes pueden ser usadas por el mago.

Otro aspecto es la perduración de tales restos o influencias mucho tiempo, adheridos de alguna manera a ciertos lugares especiales que se han convertido con los siglos en “centros de culto”. La magia es la técnica más antigua conocida. Aparece en las pinturas rupestres en que los animales pintados de mano maestra, del artista, están atravesados por flechas toscas, dibujadas seguramente por el mago.

Son peligrosamente desencaminadas las referencias habituales al “pensamiento mágico” como algo inferior, salvo por su objeto; porque se basan en el prejuicio de que en la cúspide está el pensamiento lógico científico moderno, que en realidad es muy limitado e incapaz de superar barreras autoimpuestas bastante estrechas aunque ampliamente aceptadas.

Es notable que al menos en el mundo académico, ya que no en el popular, se entienda que la magia es cosa de un pasado primitivo, crédulo y bárbaro, relegada al pueblo inculto y propia para ser estudiada junto con el folclore. Si el mago maneja fuerzas “reales” lo hace al mismo título que el científico con las suyas sin que sea necesaria ninguna mentalidad especial, aunque la sanción social de uno y otro sea muy diferente.

René Guénon advierte que para las ciencias actuales, a diferencia de las antiguas, no hay vinculación alguna con principios de orden superior y por eso, las cosas a cuyo estudio se aplican aparecen ellas mismas igualmente desvinculadas. Donde se ve aparecer algo que no se deja reducir fácilmente a lo puramente corpóreo, o alguna interpretación diferente de los mismos hechos, se lo presenta como superstición, cosa de salvajes debida a la imaginación indisciplinada o “mágica” de los “primitivos”.

Para la doctrina tradicional en cambio, el mundo corpóreo no es un todo que se basta a sí mismo. Tiene origen en el mundo sutil, el mismo que estudia la psicología en los niveles consciente e infraconsciente, no supraconsciente. Este mundo sutil de próximo a próximo se vincula con la manifestación informal (inmaterial, carente de forma) y luego a lo no manifestado. Si no fuera así el mundo corpóreo sería una pura nada, una ilusión sin contenido.

El mundo sutil está presente en todas las cosas, porque de él toman su existencia. Por eso todas tienen algún grado de conciencia, aunque no conciencia humana sino un análogo de ésta según la modalidad propia de cada ser. De allí resulta que no hay nada totalmente inanimado o inerte y que la vida es una condición de toda existencia. Hablar de “vivo” o “no vivo” no es plantear una diferencia esencial sino solo de grado.

En este sentido se puede hablar lícitamente de “animismo”, pero no en el de los etnólogos ya que todas las manifestaciones que éstos advierten en los primitivos no tienen nada de “espirituales”, sino que pertenecen al mundo psíquico y no van más lejos. El chamanismo es una forma típica del animismo de los etnólogos. En rigor, designa a doctrinas y prácticas de pueblos siberianos extendidas luego a otros en los que se vieron similitudes. El chamanismo no es brujería ni hechicería, pero las diferencias no son sustanciales. En la hechicería el portador de las influencias anímicas es un objeto, en el chamanismo la persona misma del chamán.

El chamanismo expresa algunos puntos de la doctrina universal, entre ellos la división del cosmos en tres planos, pero la similitud se detiene ahí porque los chamanes no conservan nada por encima de lo anímico: ni de la manifestación informal ni de lo inmanifestado. Solo aspiran a manejar las fuerzas psíquicas, incluidas aquellas que describimos al hablar de la magia, con la intención de favorecer las “buenas” y cortar el camino de las “malas”. Pero como no hay motivo para preocuparse de las buenas ni nada que temer de ellas, solo se ocupan de las “malas”, lo que los pone en la misma situación que un “mago negro”.

El chamán se consagra a las ciencias tradicionales inferiores, por ejemplo la adivinación, lo que permite entender que se ha producido una degradación muy pronunciada respecto de la doctrina pura, de la que apenas quedan rastros. Por ejemplo, lo que los etnólogos llamaban “totemismo” era una vinculación “mágica” entre una tribu y un animal; pero en el caso del chamán esta vinculación es solo con él como individuo. Algo parecido se da en la brujería pero en el chamanismo el animal es considerado como una forma del chamán mismo. De allí a desviaciones tales como la licantropía (hombre-lobo, lobizón) hay poca distancia.

De todos modos, si bien se ocupa de fuerzas maléficas el chamán no les rinde culto. No se trata de “satanismo”. Si bien se acusó a las brujas de adorar al diablo, no es posible que un pueblo entero se rinda a semejante culto. Los satanistas modernos son individuos más o menos aislados y por cierto muy desviados. Los chamanes frecuentan las fuerzas inferiores sin hacer referencia a influencias superiores, de hecho desconocen las propiamente “espirituales”. Por este camino se asemejan a la brujería pero no llegan a confundirse con ella.

El contacto permanente con las fuerzas con que pretende estar familiarizado el chamán implica serios peligros, que en una analogía algo forzada podemos comparar con el de perder la vista para aquel que por cualquier razón durante mucho tiempo no ve la luz, o, como algunos adolescentes actuales, quedar sordos por estar sometidos continuamente al ruido excesivo.

Algo similar les ha ocurrido a todos los “modernos” que a pesar del enorme desarrollo de su ciencia, que los hace pensar que las fronteras del conocimiento se expanden sin cesar, están cada vez más encerrados en un mundo muy limitado y son inducidos a negar todo lo que lo sobrepasa. Es como si los prisioneros de la caverna, en el mito de Platón, vieran sombras cada vez más diferenciadas, elaboradas y complejas. Pero no dejarían de ser sombras. Con sólo volver la cabeza, podrían ver los objetos reales que las proyectan y la luz detrás de ellos.

En los momentos iniciales de los modos actuales de pensar, Descartes lanzó su idea de que los animales son máquinas. Se trata de un despropósito que cuando lo conoce causa inmediato rechazo en quien tenga un perro y lo aprecie, y mucho más en los pueblos todavía vinculados a la tierra. Pero la naturaleza misma de los puntos de vista que se vienen desarrollando desde entonces hacía necesaria esa manera de considerar los animales, lo que es un indicio claro de sus burdas limitaciones.

Guénon hace notar que la mayoría está de acuerdo que en nuestra civilización todo aparece como cada vez más artificial, desnaturalizado y falsificado, aunque no se pasa de la constatación y en general no se sabe a qué atribuirlo y mucho menos se conoce qué fuerzas se ocultan detrás de esos hechos. Si se llega a proponer soluciones, sorprenden por lo inadecuadas.

Pero observa que un poco de lógica basta para ver que si todo se ha vuelto artificial, “la mentalidad misma que corresponde a este estado no debe ser menos artificial, ella misma “fabricada” y no espontánea”. Admite que esto no se considere debido a que es muy difícil escapar al estado de cosas que ha llegado a ser predominante. Un estado de cosas donde lo inferior puede confundirse con lo superior a pesar de no ser sino su mueca siniestra.

Un Comentario (+add yours?)

  1. centauro94 el muerto
    nov 23, 2010 @ 02:21:33

    Hola a todos:

    “El pensamiento mágico era presentado como algo poco desarrollado, próximo a lo irracional, incapaz de las finas y seguras distinciones de las mentes educadas en la claridad lógica, que aparecieron de golpe como una minoría privilegiada y ya no como un logro de la cultura que había alcanzado a la mayoría.”

    ¿Pensamiento mágico o visión mágica, metafísica y hechizada de la realidad que ha permedo la religión organizada al punto que algunos piensan que con decir un mantram son salvos, “recibiendo” la recompensa sin correr la carrera?

    1 Timoteo 6:20
    …guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia..

    De lo que nadie parece percatarse es que el objetivo maestro del enemigo que engaña al mundo entero (Ap 12:9) es, pasando por la adoración de demonios, la adoración de sí mismo, y así se lo declaró al Cordero en su momento:

    Mateo 4:9
    y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

    Lucas 4:6
    Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.

    NO hay evidencia ni indicio alguno de que El Cordero desvirtuara la afirmación de que este mundo está en poder de Lucifer, sino lo contrario:

    El libro más controversial de la historia de la humanidad afirma que el dominio temporal de este mundo se le ha otorgado a un ser específico:

    Lucas 4:6-8
    6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.

    Acá Jesús pudo desmentir la osada afirmación, pero lejos de eso la confirma unas 7 veces en las escrituras:

    1- Juan 12:31
    …ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

    2- Juan 14:30
    No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.

    3- Juan 16:11
    y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

    4- 2Corintios 4:4
    en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento..

    5- Efesios 2:2
    en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

    6- 1Juan 5:19
    Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

    7-Apocalipsis 12:9
    … la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero;

    El propósito final del enemigo es que SE le adore a él, incluso se lo sugirió al Cordero:

    Lucas 4:7
    Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.

    Y es evidente que solo es posible adorarle si el mundo se vuelve masivamente al espiritismo:

    De lo que nadie parece percatarse es que EL ÚNICO FUNDAMENTO para el espiritismo es la vieja mentira de Satanás a nuestros primeros padres de “No morireis”, que HÁBILMENTE disfrazada se ha enquistado en la religión mayoritaria como la llevada y traída patraña del alma inmortal, frase ABSOLUTAMENTE INEXISTENTE en la biblia(pero abundantemente existente en libros paganos como EL Fedón, de Platón, donde la frase aparece no menos de 15 veces), y por el contrario, la biblia afirma que el alma púede morir,
    incluso en Lev 21:1 se usa la misma palabra para “alma” nefesh, para referirse a un muerto.

    (La biblia LITERALMENTE afirma decenas de veces que el alma puede morir(Gen 32:30, 1 Rey 20:32, Job 33:22, 36:14, Sal 7:2, 16:10, 30:3, 33:19, 56:13, 116:8, Prov 23;14, Is 10:18, Ez 18;4,20, Hech 2:27,31, Stg 5:20, Abdías 1:16, Ecl 9:5,10, Mt 10,28, Mal 4:1,3)

    Por cierto la palabra “inmortal” solo aparece UNA SOLA vez en toda la biblia, refiriendose a que SOLO es cualidad de Dios, y la palabra “inmortalidad” solo aparece 5 veces:

    1.Romanos 2:7
    vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,

    2.1 Corintios 15:53
    Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

    3.1 Corintios 15:54
    Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

    4.1 Timoteo 1:17
    Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

    5.1 Timoteo 6:16
    el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.

    6.2 Timoteo 1:10
    pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio,

    De hecho el propio concepto tanto como el término de “alma” son desconocidos para los judíos. Los judíos tan solo se refieren con el hebreo “nefesh” a “el aliento” y “la respiración”, o sea a la existencia TOMADA COMO UN TODO. Si bien el N.T. usa el equivalente griego “psike” para darse a entender en el nuevo idioma,(incluyendo pero no limitándose al accidente cultural de que los redactores de La Septuaginta(que el apóstol Pablo usó) ya se habían helenizado, alienado o influenciado por el pensamiento griego), ESO NO SIGNIFICA que transforma su significado hebreo en un significado griego, puesto que se trata de la espiritualidad hebrea sobreviviendo a pesar de la griega, NO ASIMILÁNDOLA: Hechos 24:14 … así sirvo al Dios de mis padres, creyendo TODAS LAS COSAS que en la ley y en los profetas están escritas”. Miren esta cita: “La conceptualización del alma griega y judía es irreductible (partiendo desde) su posible símil, por cuanto que parten de dos principios opuestos”/alma, rincón del vago

    Aunque al parecer me has baneado…

    saludos

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