Resurrección y Ascensión: Lo que significa estar en Cristo
09 ago 2010 1 comentario
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Resurrección y Ascensión: Lo que significa estar en Cristo

“En Cristo”. Es una frase que todos hemos oído. Albert Schweitzer llamó “estar-en-Cristo” al principal enigma de la enseñanza del apóstol Pablo. Schweitzer fue uno de los alemanes más sobresalientes del siglo. 20—teólogo, músico y un grandioso doctor misionero, ganador del Premio Nobel de la Paz en 1952. Schweitzer no fue un cristiano ortodoxo al final de sus días, pero pocas personas evocaban el espíritu cristiano más poderosamente.
En su libro de 1931, El Misticismo del Apóstol Pablo, Schweitzer elaboró el punto de que otras religiones, profetas, adivinos y filósofos buscan a “Dios” de alguna forma u otra. Pero Schweitzer vio que para Pablo, la esperanza cristiana y el diario vivir estaban más específica y seguramente enfocados—es nueva vida en Cristo. Pablo usa la frase “en Cristo” cuando menos 12 veces en sus cartas. Un buen ejemplo es 2 Corintios 5:17, “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”
Schweitzer resumió los pensamientos de Pablo sobre éste tema:
“Para él [Pablo], los creyentes son redimidos al entrar ya, a través de la unión con Cristo, por medio de un morir y resucitar místicos con Él durante la continuación del mundo-era natural, en un estado de existencia sobrenatural, siendo éste estado eso que ellos deberán de poseer en el reino de Dios. A través de Cristo, somos removidos de éste mundo y transferidos al estado de existencia apropiado para el reino de Dios, a pesar del hecho de que éste todavía no ha aparecido” (El Misticismo del Apóstol Pablo, página 380).
Note cómo Schweitzer muestra que Pablo ha mantenido juntos los dos aspectos de la venida de Cristo en una tensión de los tiempos del fin—vida del reino ahora y vida plena del reino aún por venir. Pero, ¿cómo funciona realmente todo esto, y cómo encaja con el evento más importante en la historia humana—la resurrección de Jesucristo?
¿En las regiones celestiales ya?
Para principiantes, el tema místico es una clave vital para entender pasajes poderosos tales como Romanos 6:3-5 y 8: “¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con Él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto, si hemos estado unidos con Él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con Él en su resurrección…. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos en que también viviremos con Él“.
Éste es el Pablo clásico. Para él la resurrección era la doctrina central del cristianismo. Los cristianos no sólo eran simbólicamente sepultados con Cristo en el bautismo, sino que también eran simbólicamente resucitados con Él. Solamente que esto va un poco más profundo que un mero simbolismo. Hay una verdadera probada de la realidad final en éste teologizar elevado.
Note cómo Pablo desarrolla más éste tema en Efesios 2:4-6 “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar con Él en las regiones celestiales“.
¿Cómo pudo ser esto? Pablo no está hablando aquí literal y físicamente, está hablando metafóricamente. Él nos dice que a través del poder salvador que Dios demostró en la resurrección de Cristo, nosotros ya disfrutamos participando, a través del Espíritu Santo, de las regiones celestiales donde moran el Padre y Cristo. Éste es uno de los beneficios de la vida “en Cristo”, de Su resurrección y ascensión. Estar “en Cristo” hace todo esto posible.
El factor resurrección
Una vez más tenemos que permanecer en asombro ante la multitudinaria dinámica que fluye de la resurrección de nuestro Señor y Cristo, sabiendo que no sólo fue el evento más grandioso en la historia, sino también un vital principio guiador para todo lo que el creyente pueda tener como esperanza y expectativa aquí abajo. “En Cristo” es una frase que penetra más profundo que un mero símbolo o analogía. Está ligada a la otra frase: “sentados en las regiones celestiales”.
Note las ricas exposiciones de Efesios 2:6 por algunos expertos comentaristas.
Aquí está Max Turner en El Nuevo Comentario Bíblico: Versión Siglo 21:
“Decir que se nos ha dado vida con Cristo parece ser una abreviatura para decir que ‘seremos resucitados con Cristo a una vida de la nueva creación’, y podemos hablar de eso como si fuera un evento ya cumplido porque primero, tal evento decisivo de la resurrección [de Cristo] ya está en el pasado y segundo, porque ya empezamos a participar en aspectos de esa vida de la nueva creación en nuestra unión presente con Él” (página 1229).
Dios ha desplegado el poder de la resurrección hacia nosotros para ser una demostración diaria de la bondad de Dios, para mostrar con nuestras buenas obras que Él existe y que está interesado en toda persona de éste planeta.
Estamos unidos con Cristo a través del Espíritu Santo. Note los comentarios de Francis Foulkes sobre Efesios 2:6 en Los Comentarios Tyndale del Nuevo Testamento:
“En Efesios 1:3 el apóstol ha dicho que Dios nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en las regiones celestiales. Ahora él dice más específicamente que nuestra vida ha llegado a estar ahí, entronizada con Cristo… La humanidad, en virtud de la conquista del pecado por Cristo y la conquista de la muerte por Su exaltación, es levantada ‘del infierno más profundo hasta el mismo cielo’ (Calvin). Nuestra ciudadanía está ahora en el cielo (Fil. 3:20); y ahí, y no bajo los límites impuestos por el mundo… se encuentra la verdadera vida” (página 82).
Note los comentarios de John Stott sobre Efesios 2:6 en su libro, El mensaje de Efesios:
“Sin embargo, lo que emociona nuestra admiración es que ahora Pablo no está escribiendo acerca de Cristo sino acerca de nosotros. Él está afirmando, no que Dios hizo volver a la vida, resucitó y sentó a Cristo, sino que Él hizo volver a la vida, resucitó y sentó con Cristo a nosotros… Éste concepto de la unión del pueblo de Dios con Cristo es fundamental para el cristianismo del Nuevo Testamento. [Ellos poseen] una nueva solidaridad como pueblo que está ‘en Cristo.’ En virtud de su unión con Cristo, ellos, de hecho, han compartido Su resurrección, ascensión y sesión”.
Por “sesión” aquí Stott se refiere teológicamente al reino presente de Cristo sobre toda la creación. Ni tampoco es, dice Stott, toda ésta plática de nuestro reinar con Cristo, una parte de un “misticismo cristiano sin significado.” Por el contrario, es una parte significativa del misticismo cristiano que va incluso más allá de eso. Stott añade:
“En las ‘regiones celestiales’, en el mundo invisible de la realidad espiritual, en el cual operan los poderes y las autoridades (3:10; 6:12) y en el cual Cristo reina supremo (1:20), ahí Dios ha bendecido a Su pueblo en Cristo (1:3), y ahí Él los ha sentado con Cristo… por una parte, esto testifica en una experiencia viva que Cristo nos ha dado una vida nueva, y por la otra, una victoria nueva. Estábamos muertos, pero espiritualmente se nos ha vuelto a la vida y estamos alerta. Estábamos en cautividad, pero ya hemos sido entronizados”.
Max Turner está en lo correcto. Hay más aquí que un mero simbolismo. Lo que Pablo está explicando es la implicación de nuestra vida nueva en Cristo.
Las implicaciones prácticas
Primero que nada, los cristianos son “tan buenos como lo pueden ser”, en referencia a su salvación. Los cristianos que están “en Cristo” han sido “cubiertos” por Cristo. Se cubren con Su muerte, sepultura, resurrección y ascensión y se puede decir de ellos que ya en algún sentido están viviendo con Él en las regiones celestiales. Ésta enseñanza no tenía la intención de ser una suposición idealista. Fue escrita originalmente a cristianos que vivían en extrema estrechez en las ciudades corruptas que habitaban, ciudades sin los derechos civiles y políticos que a menudo damos por sentado. Para los lectores de Pablo ser muertos por la espada romana era una seria posibilidad.
Así, Pablo alienta los espíritus de sus lectores con un pensamiento adicional sobre la doctrina central y distintiva de la nueva fe—la resurrección de Cristo. Estar “en Cristo” significa que cuando Dios nos mira Él no ve nuestros pecados. Ve a Cristo. No hay enseñanza más alentadora que esa. Esto está re-enfatizado en Colosenses 3:3 “pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios“.
Segundo, estar “en Cristo” significa que los cristianos viven en dos mundos—el mundo físico de la realidad de todos los días y el que Stott llama el “mundo invisible” de la realidad espiritual. Esto tiene implicaciones para la forma en que vemos éste mundo. Debemos vivir vidas balanceadas. Por una parte, primero debemos dar nuestra lealtad al reino de Dios y sus valores, pero por la otra, no debemos tener una mente tan celestial que no sirvamos para nada terrenal. Es una cuerda floja, y todo cristiano necesita la ayuda de Dios para caminarla seguramente.
Tercero, estar “en Cristo” significa que somos trofeos de la gracia de Dios. Si Dios ha hecho todo esto por nosotros, si Él en algún sentido ya nos ha introducido a las regiones celestiales, entonces eso significa que debemos vivir como embajadores de Cristo. Francis Foulkes lo pone de ésta manera:
“El propósito de Dios para Su iglesia, como Pablo llegó a entenderlo, va más allá del propósito mismo, más allá de la salvación, la iluminación y la re-creación de individuos, más allá de su unidad y compañerismo, más allá incluso de su testimonio al mundo. La iglesia debe ser la exhibición de la sabiduría, el amor y la gracia de Dios en Cristo a toda la creación ” (página 82).
¡Qué verdadero! Estar “en Cristo”, recibir nueva vida en Cristo, tener nuestros pecados cubiertos ante Dios a través de Cristo—todo esto significa que debemos exhibir la vida cristiana a la gente que encontramos. Nosotros los cristianos podemos seguir el toque de un sonido diferente, pero tengamos un interés cristiano por la gente que comparte la vida física con nosotros.
Dios ha desplegado el poder de la resurrección hacia nosotros para ser una demostración diaria de la bondad de Dios, para mostrar con nuestras buenas obras que Él existe y que está poderosamente interesado en toda persona de éste planeta. La resurrección y ascensión de Cristo afectan poderosamente nuestra cosmovisión. El desafío ante nosotros es vivir a la altura de éste llamamiento celestial las 24 horas del día.
http://comuniondegracia.org/blog/2010/05/resurreccion-y-ascension-lo-que-significa-estar-en-cristo/
Las bendiciones de estar en Cristo
09 ago 2010 Comentarios desactivados
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Las bendiciones de estar en Cristo
(The Blessings of Being in Christ)
Por David Wilkerson
23 de agosto de 2004
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Pablo dice, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,” (Efesios 1:3). Pablo nos esta diciendo, en esencia, “Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo esta.” Que increíble promesa para el pueblo de Dios.
No obstante, esta promesa se convierte en meras palabras si no conocemos cuales son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar las bendiciones que Dios promete si no las comprendemos?
Pablo escribió esta epístola “a los santos y fieles en Cristo Jesús” (1:1). Estos eran creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios fueron bien entrenados en el evangelio de Jesucristo y la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quienes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en él. Ciertamente, están bien cimentados en la verdad que ellos estaban sentados “…en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (2:6).
Estos “fieles” entendieron completamente que “Dios… resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales,” (1:20). Ellos sabían que fueron escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,…” (1:4-5). Ellos comprendieron que fueron adoptados “por Jesucristo mismo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando escucharon la palabra de verdad, ellos creyeron y confiaron en ella.
Los creyentes efesios fueron verdaderamente un pueblo bendecido. Se regocijaron en su redención a través de la sangre de Cristo, conociendo la gran bendición espiritual de ser perdonados de sus pecados. Ciertamente, ellos eran tenían tanto conocimiento acerca de las riquezas de la gracia de Dios, que muchos eran capaces de enseñarles a otros. Si se encontraban con personas que estaban hambrientas de Dios, ellos podían mostrarles la gloria de la Cruz. Ellos podían enseñar de la misericordia y el amor de Dios, de su santidad, de caminar sin culpa ante él. Ellos podían hablar de la resurrección, de la bondad de Dios, del cielo y del infierno, de las consecuencias de vivir en pecado.
Espero que todos aquellos que están leyendo este mensaje sean como esos efesios: fieles, creyentes bien enseñados. Tú conoces el poder de la redención del evangelio de Cristo. Tú conoces la doctrina del nuevo nacimiento. Estas bien enseñado en el conocimiento de la gracia, aceptando la victoria que viene por fe solamente y no por obras.
Si esto te describe a ti, tengo algo más que decir. Esto es que muchos cristianos nunca han entrado al gozo que Dios les ha prometido. Déjame explicar.
Yo creo que la mayoría de los cristianos,
incluyendo ministros, nunca pasan más allá
del perdón de pecados y la esperanza de la
gloria futura en el cielo.
Mucha gente que ha sido perdonada, limpiada y redimida vive en la miseria. Ellos nunca tienen un sentido de estar completos en Cristo. En vez de eso, continuamente van de picos a valles, de altas espirituales a bajas depresivas. Siempre son molestados por un sentido de, “Algo me falta. No lo estoy entendiendo.”
Mientras reviso mi vida, me maravillo por todos los cristianos devotos que conocí y que nunca estuvieron seguros de su salvación. Esto era especialmente cierto de mucha gente Pentecostal, piadosos hombres y mujeres quienes habían servido al Señor por cincuenta años. Ellos conocían todas las doctrinas, verdades y enseñanzas de la fe, y ministraron fielmente. Pero ellos nunca entraron en el gozo sobrenatural que estaba a su disposición en Cristo.
La verdad es, es posible saber todas estas cosas—el sacrificio de Jesús por nosotros, el poder limpiador de su sangre, justificación por fe—y nunca entrar a la plenitud de las bendiciones de Dios. ¿Cómo puede ser esto, preguntaras? Es porque muchos cristianos nunca pasan del Salvador crucificado al Señor resucitado que vive en gloria.
En Juan 14, Jesús nos dice que es tiempo que conozcamos nuestra posición celestial en él. Él les explica a los discípulos: “…porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.” (Juan 14:19-20). Nosotros estamos viviendo ahora en “ese día” del cual Jesús habla. En resumen, debemos entender nuestra posición celestial en Cristo.
Por supuesto, la mayoría de nosotros conocemos nuestra posición en Cristo—que estamos sentados en lugares celestiales con el—pero solamente como un hecho teológico. No lo conocemos por experiencia. ¿Qué quiero decir por esta expresión, “nuestra posición en Cristo?” Muy sencillo, posición es ‘donde uno esta colocado, donde uno esta.” Dios nos ha colocado donde estamos, lo cual es en Cristo. A su vez, Cristo esta en el Padre, sentado a su mano derecha. Por lo tanto, si nosotros estamos en Cristo, entonces realmente estamos sentados con Jesús en la habitación del trono, donde él esta. Eso significa que estamos sentados en la presencia del Todopoderoso. A esto se refiere Pablo cuando dijo que debemos “sentar [nos] en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (Efesios 2:6).
Puedes decir, “Pero yo nunca me siento como que estoy en un lugar celestial. Siempre siento como que estoy en un desierto, sufriendo aflicción y acosos. Si eso es estar en un lugar celestial con Cristo, entonces no entiendo.” Te aseguro, tus tiempos de pruebas son comunes a todos los creyentes. No, la frase, “en Cristo, en lugares celestiales” (1:3) no es algo que puedes alcanzar. Es lo que Dios dice de ti. Si estas en Cristo, entonces a los ojos del Padre tú estas sentado cerca de él, a su mano derecha.
El hecho es, en el momento que pones tu confianza en Jesús, eres tomado a Cristo por fe. Dios te reconoce en su Hijo, sentándote con él en los cielos. Esto no es meramente algún punto teológico, sino una verdad, una posición basada en hechos. Así que ahora, mientras rindes tu voluntad al Señor, puedes reclamar todas las bendiciones espirituales que son parte de tu posición.
Sí, Jesús esta en el paraíso, el Hombre en gloria. Y si, su Espíritu se mueve sobre toda la tierra; pero el Señor también habita en ti y mí específicamente. Él nos ha hecho su templo sobre la tierra, su lugar de habitación. Considere la poderosa declaración de Jesús sobre esto:
“…y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.” (14:21). “…para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros,… Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad,” (17:21-23).
Dale otra mirada al versículo. Jesús dice, en esencia, “La gloria que me diste, Padre, les he dado a ellos.” Cristo esta haciendo una afirmación increíble aquí. Él esta diciendo que se nos ha dado la misma gloria que el Padre le dio a él. ¡Que pensamiento más sorprendente! Pero, ¿cuál es esta gloria que le fue dada a Cristo, la cual él nos ha dado? Y, ¿cómo refleja nuestra vida esa gloria?
La gloria que nos fue dada es un
acceso de puerta abierta al Padre.
La gloria que Cristo nos ha dado no es alguna aura o emoción. No, sencillamente, la gloria que hemos recibido es acceso sin impedimento al Padre celestial.
Jesús nos facilito el acceso al Padre, abriéndonos la puerta por la Cruz: “porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los que están lejos] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” (Efesios 2:18). La palabra ‘entrada’ o acceso significa el derecho a entrar. Significa entrada libre, como también facilidad de acercamiento: “…en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.” (3:12).
¿Puedes ver lo que Pablo esta diciendo aquí? Por fe, hemos llegado a un lugar de acceso sin impedimento a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento. Ella tenía que esperar nerviosamente, una señal del rey antes que pudiera acercarse al trono. Solo después que él extendiera su cetro tenía Ester aprobación de pasar al frente.
Por contraste, tú y yo ya estamos en la habitación del trono. Y tenemos el derecho y privilegio de hablarle al rey en cualquier momento. Ciertamente, somos invitados a hacer cualquier pedido de él: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, par alcanzar misericordia y hallar gracia par el oportuno socorro.” (Hebreos 4:16).
Cuando Cristo ministró en la tierra, él disfrutó de pleno acceso al Padre. Él dijo: “Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Solo hago lo que el Padre me dice y me muestra.” (Ver Juan 5:19, 30; 8:28).
Además, Jesús no tenía que marcharse desapercibido a orar para obtener la mente del Padre. Por supuesto que el oraba a menudo e intensamente, pero eso se trataba de la comunión con el Padre. Era un asunto diferente en sus actividades diarias, estuviera enseñando, sanando o echando fuera demonios. Jesús sabía en todo tiempo que él estaba en el Padre y que el Padre estaba en él. Él no tuvo que “subir” al Padre para saber lo que tenia que hacer. El Padre ya moraba en él, dándose a conocer; y Jesús siempre escuchaba una palabra detrás suyo, diciendo, “Este es el camino…esto debes hacer…”
Hoy, tenemos el mismo grado de acceso al Padre que tuvo Cristo. Puedes estar pensando, “Espera un minuto, no puede creerlo. ¿Yo tengo el mismo acceso al Padre que tuvo Jesús, el Creador y Señor del universo?”
No te equivoques: como Jesús, debemos orar a menudo y fervientemente. Debemos ser buscadores de Dios, esperando en el Señor. Pero en nuestro diario caminar–-nuestras entradas y salidas, nuestras relaciones, nuestra vida familiar, nuestro ministerio—no tenemos que alejarnos para pedir a Dios una palabra de fortaleza o dirección. Tenemos su mismo Espíritu viviendo en nosotros; y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre. Su voz siempre esta detrás de nosotros, diciendo: “Este es el camino, anda en él.”
La verdad acerca de nuestra unión con Cristo
era un misterio escondido a la iglesia hasta
que Pablo apareció en escena.
El Espíritu Santo usó a Pablo para abrir este misterio, el cual es, “Cristo en ti, la esperanza de gloria.” Por supuesto, la iglesia había aprendido acerca de la gracia salvadora. Ellos sabían que la salvación era por fe y no por obras. Después de todo, ellos le habían servido a Jesús antes que Pablo se apareciera. Ellos sabían acerca del arrepentimiento y habían experimentado la misericordia del Padre.
Pero entonces se apareció Pablo, declarando, “El arrepentimiento y las buenas obras no son suficiente. No es suficiente que ustedes vinieron a Cristo y creyeron, o que ahora tengan gran conocimiento espiritual. Ustedes necesitan algo más que simplemente creer en Cristo. Ahora ustedes deben caminar en las bendiciones y la plenitud en él.” “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en el;” (Colosenses 2:6).
¿Qué estaba diciendo Pablo? ¿Qué quería decir “caminar en Cristo?” Es que, ¿no estaban estos creyentes haciendo eso por años? Simplemente, Pablo estaba hablando de las bendiciones de estar en Cristo. Y él le estaba diciendo a la iglesia, sin dejar lugar a dudas, que ellos no conocían la revelación plena de aquellas bendiciones. Él describió una actitud diferente, la cual dice:
“No quiero un mero conocimiento mental de mi salvación. Quiero experimentarla. Quiero saber lo que significa andar en la plenitud de la salvación de Cristo. No quiero tan solo saber acerca del cielo; quiero cada bendición celestial que Dios ha hecho disponible para mí hoy. Él ha prometido ‘toda bendición espiritual’, y él murió para acercarme a sí mismo, donde yo pueda disfrutar esas bendiciones. Quiero que mi vida refleje ese hecho. Quiero que toda verdad espiritual del cielo sea parte de mí caminar diario ahora. Estas bendiciones no pueden seguir siendo solo conceptos teológicos. Tienen que convertirse en una realidad.”
Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?
Amados, esto no es un asunto complicado. Simplemente pregúntate: ¿Has recibido a Jesús no solo como un Salvador, sino como el Señor entronado en el cielo? Y, ¿has aceptado que el Señor entronado vive en ti? Si es así, ¿Qué efectos ves en tu vida? ¿Cuál ha sido el efecto de despertarte cada mañana sabiendo que Cristo no tan solo te salvo del pecado, sino que vive en ti? ¿Cuál es el efecto de saber que él dio su vida para quebrar los muros de separación para estar cerca de ti, para amarte y tener comunión contigo?
Eso no significa que no experimentemos dolor o tristeza. Todo cristiano seguirá enfrentando tentaciones y penurias. Pero en medio de nuestras pruebas, podemos abundar en acción de gracias, a causa de su bondad eterna hacia nosotros. Pablo nos dice que esa es la razón por la cual Dios nos hace sentar juntos con Cristo: “…para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:7).
Aquí esta el efecto que debemos ver en nuestra vida cotidiana: Dios ha mostrado su amorosa bondad hacia nosotros. Por lo tanto, podemos levantarnos gritando, “¡Aleluya! Dios, Cristo y el Espíritu Santo quieren estar cerca de mí.”
Otra bendición es nuestra cuando
nos sentamos en lugares celestiales.
¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de aceptación: “…con la cual nos hizo aceptos en el Amado, [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra para “acepto” aquí significa sumamente favorecido. Eso es diferente del uso en ingles que puede ser interpretado “recibido como adecuado.” Esto significa algo que puede ser soportado, sugiriendo una actitud de, “puede vivir con esto.” Ese no es el caso del uso griego de Pablo. Su uso de “acepto” se traduce como, “Dios nos ha favorecido a lo sumo. Somos muy especiales para él, porque estamos en nuestro lugar en Cristo.”
Ves, porque Dios acepto el sacrificio de Cristo, el ahora ve solo uno, el hombre corporal: Cristo, y aquellos que están unidos a él por fe. En resumen, nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús deshizo nuestra antigua naturaleza en la Cruz. Así que ahora, cuando Idos nos mira, él ve solo a Cristo. A su vez, nosotros debemos aprender a vernos como Dios nos ve. Eso significa, no enfocarnos solamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó por nosotros en la Cruz.
La parábola del Hijo Prodigo provee una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Tú conoces la historia: un joven tomo su herencia de su padre y la malgasto en una vida pecaminosa. Entonces, una vez que el hijo llegó a la bancarrota—moralmente, emocionalmente y físicamente—el pensó en su padre. Él esta convencido que había perdido todo favor con él. Y temió que su padre estaba lleno de ira y odio hacia él.
En un tiempo, este joven había sido un honrado miembro de su hogar, unido con su padre. Él había probado las bendiciones, orden y favor de estar en la casa de su padre. Ciertamente, el hijo prodigo representa al descarriado, aquellos que le han fallado a Dios miserablemente.
Él pródigo casi muere de hambre antes de pensar en volver a casa. Sin embargo, finalmente, cuando se canso de su vida pecaminosa, decidió regresar a su padre. Esto representa el camino al arrepentimiento.
Cuando el primeramente se fue del hogar, probablemente el padre le aseguro que tenia acceso a regresar. Cualquier padre amante lo hubiera hecho: “Mi puerta siempre esta abierta para ti; y quiero que lo recuerdes al irte. Quiero que sepas que mi corazón va contigo. Cuando llegues al final de ti mismo, por favor regresa. Siempre serás bienvenido a casa.” Aquí había acceso sin impedimento, un padre que siempre estaba disponible. Así que el prodigo se dijo a si mismo, “Me levantaré e iré a mi padre,” (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando su bendición de acceso.
Ahora este joven quebrantado estaba lleno de tristeza por su pecado. La Escritura dice que él clamó, “No soy digno, he pecado contra el cielo.” Esto representa a aquellos quienes vienen al arrepentimiento a través de la tristeza piadosa.
¿Estas viendo la imagen? Él pródigo se había alejado de su pecado, dejo al mundo atrás, y tomo acceso de la puerta abierta que su padre le prometió. Él estaba caminando en arrepentimiento y apropiándose del acceso. Pero todavía no era acepto.
¡Que lugar trágico! Aquí tenemos a un creyente que caminaba rectamente, realmente apenado por sus pecados pasados. Él estaba cansado de llevar toda la culpa, vergüenza y condenación. Pero él no sabía si era aceptado por su padre. Él pensó, “Mi padre tiene que estar enojado. Probablemente, me odia por malgastar todo lo que me dio. Va a estar lleno de ira y juicio cuando lo enfrente.”
Él pródigo debió cansarse mientras pensaba en todas las formas que trataría de cambiar por sí mismo. Estaba cansado como un perro de pensar como mejorar, como evitar caer. Ya se había hecho una larga lista de promesas vacías, solo para caer una y otra vez.
Tristemente, yo creo que ese es el estado de una multitud de creyentes hoy. De hecho, Jesús nos dio esta parábola en parte para abrirnos los ojos a nuestra posición en él. Y él enfatiza, “Si has visto al Padre, me has visto a mí. Yo y el Padre somos uno.”
Mientras él pródigo se acercaba a casa, estoy seguro que encontró mensajeros que le dijeron, “tu padre se entristece por ti. El te llama ‘su oveja perdida.’ Él salió a buscarte una y otra vez.” Pero el joven probablemente contesto, “Yo sé que mi padre es un hombre amoroso. Pero yo he pecado tan horriblemente, si tan solo supieras lo que he hecho.”
Él no tenía paz, porque desconocía su posición. Que triste no tener el gozo del cielo, la paz que sobrepasa entendimiento, porque no sabes si eres aceptado. Como él pródigo, multitud de creyentes que han fallado están convencido, “No soy digno. Dios no puede aceptarme.”
Así, ¿Qué le paso al hijo pródigo? “…Y cuando aun estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echo sobre su cuello, y le beso” (Lucas 15:20). Que bella escena. El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira o condenación alguna. Cuando él recibió el beso de su padre, él supo que era aceptado.
Aquí es donde muchos cristianos creen que termina la historia: “Él pródigo fue aceptado por el padre una vez más. ¿No es eso lo más importante?” Vemos nuestra propia relación con el Padre de la misma manera. Hemos conocido su beso amoroso, su misericordia y perdón. Pero, hasta ahí llevamos la relación. Nos detenemos en nuestro conocimiento del amor de Dios hacia nosotros.
El hecho permanece, que aun no estamos dentro de la casa del Padre. No hemos tomado asiento en su banquete. Según la parábola de Jesús, hay mas, mucho más. Nuestro Padre nunca estará satisfecho hasta que disfrutemos de todas las bendiciones que vienen de estar aceptos en él. Él nos quiere sentados en su casa, a su lado en todo tiempo, disfrutando las festividades y gozo de su casa.
Verdaderamente, es el padre quien dice, “…y comamos y hagamos fiesta” (15:23). La palabra griega para “hagamos fiesta” aquí significa, “ponerse en un estado de animo de gozo y regocijo.” Considera la gozosa escena que tomo lugar: “Pero el padre dijo a sus siervos: sacada el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo,…Y comenzaron a regocijarse… [Con] música y danzas;” (15:22-24).
Nota lo que acaba de pasar en esta escena. Al pródigo no se le pidió que se sacudiera el polvo y que se limpiara antes de entrar al banquete. No, el padre lo preparó para que entrara. Y no tan solo limpio sus ropas viejas; le dio todo un ajuar nuevo, que significa una vida nueva. El hijo pudo objetar, “Pero padre, no soy digno.” Pero ese padre pudo replicar: “no estoy mirando tu pasado. Me regocijo en que estas aceptando mi amor. Estamos reconciliados y somos uno. Ese es mi gozo.”
¿Afirmas ser aceptados en Cristo? Quizás experimentaste lo mismo que él pródigo: fuiste besado por el Padre, abrazado por su amor, aceptado a su casa. Si es así, probablemente crees, “Estoy sentado con Cristo en lugares celestiales.” Si es así, entonces, ¿Dónde está tu gozo? ¿Dónde ves el banquete del Padre en tu vida, el cantar, las danzas, la alegría de corazón?
Quizás la escena más contundente en esta parábola es la final, cuando el hermano mayor regresa a casa del trabajo. Mientras la fiesta toma lugar dentro de la casa, el se para afuera, mirando por la ventana. Para su sorpresa, él ve a su padre danzando deleitado a causa de su hermano pródigo.
Ten en mente, este hermano mayor también es aceptado. Pero la parábola aclara que él esta triste y miserable. ¿Por qué? En todos sus años con su padre, él nunca participó del placer de la casa de su padre. Él nunca disfrutó las bendiciones que su padre puso a su disposición. De hecho, al final, el padre le recuerda las bendiciones que han sido suyas todo el tiempo: “…Hijo, tu siempre estas conmigo, y todas mis cosas son tuyas.” (Lucas 15:31).
Te pregunto: ¿Has experimentado todas las bendiciones de tu aceptación? Jesús aclara como el cristal que somos el gozo y el deleite de nuestro Padre celestial. Él se regocija sobre nosotros. Pero si nunca entramos a su casa y descansamos en nuestra aceptación, le robamos ese gozo a él.
Te animo: deja tus pecados y búsquedas mundanas atrás. Haz a un lado cada peso carnal que tan fácilmente te acosa. Y entra y toma tu posición en Cristo. Él te ha llamado a entrar al gozo de su aceptación. Entonces, cuando te levantes mañana, te encontraras gritando, “¡Aleluya, soy aceptado en Dios! Mi corazón esta lleno de gratitud y gozo.”
—
Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.
http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm
Epístola a los Efesios parte 2
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Doctrinas Cristianas, Epístola a los Efesios, San Pablo, Teología Etiquetas: Efesios, Efeso
Epístola a los Efesios parte 2
II. EL PODER DE DIOS: NUEVA VIDA, cap. 1:3 – 2:10
En esta sección vemos a Pablo bendiciendo (hablar bien) al Padre por la bendición (los beneficios) celestial en Cristo.
La Bendición de Dios
El Pastor Raúl Caballero Yoccou explica que
“Bendito” es la traducción del griego eulogetos, que significa literalmente hablar bien. Nosotros la hemos transliterado[0] al castellano como elogiar (Ro. 12:14). Aunque en algunas formas gramaticales se aplica a otras personas, el adjetivo eulogetos (bendito) únicamente aparece referido a Dios (Mr. 14:61; Lc. 1:68; Ro. 1:25; 9:5; 2 Co. 1:3; 11:31; Ef. 1:3; 1Pe. 1:3). Sólo Dios puede recibir cierto tipo de elogio que no se limita a “hablar bien”, sino a adorarle en ese lenguaje. Es exactamente la actitud y el idioma que utilizó Pablo en este versículo. Se hizo eco de la alabanza bíblica de todos los tiempos (Gn. 9:26; 14:20; 24:27; 1 Sam.25:32; Sal. 72:18, etc) y enseñó a los cristianos a vivir en el espíritu de gratitud con adoración (Sal. 103:1-3).[1]
1. ¿Cuando ocurrió?: en la eternidad pasada. V.4
Antes de la creación del mundo,Dios nos eligió.Luego nos predestinó y adoptó en Cristo Jesús.
2. ¿Con qué nos bendijo?: con toda bendición espiritual. V.3a
Esto no significa que Dios no nos de bendiciones materiales.Recordemos que el Señor dijo que buscáramos su reino y su justicia y el resto vendría por añadidura.Lo que este pasaje bíblico enseña es el tipo de bendición que Dios nos da como Iglesia en esta dispensación en contraste con la anterior, en la cual prometió bendiciones materiales muchas veces.
3. ¿Cual es el lugar de la bendición?: en los (lugares) celestiales. V. 3b
Hay muchos que interpretan la frase “los lugares celestiales”, que aparece varias veces en esta epístola, como una referencia al cielo después de morir, pero si hacemos eso, nos perderemos todo el significado de la epístola de Pablo. Aunque es cierto que habla acerca de ir un día al cielo, se refiere principalmente a la vida que vivimos actualmente porque los lugares celestiales no están en algún lugar distante del espacio, en algún planeta o estrella, sino que pertenece al ámbito de la realidad invisible en el que vive actualmente el cristiano, en contacto con Dios y en conflicto con el demonio en el que nos vemos envueltos a diario.
Los lugares celestiales son el lugar que ocupa el poder y de la gloria de Cristo. En el capítulo dos, versículo seis se nos dice:
“Y juntamente con Cristo Jesús nos resucitó [Dios] y nos hizo sentar en los lugares celestiales.”
Pero en el capítulo tres nos enteramos de que también está ahí la central de los principados y potestades del mal:
“…para que por medio de la iglesia la inconmensurable sabiduría de Dios pueda darse a conocer a los principados y poderes en los lugares celestiales.”
El conflicto que se desencadena se menciona en el capítulo seis:
“Porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales.”
Así que, como vemos, ésta no es ni mucho menos una referencia al cielo, sino a la tierra. Es el ámbito invisible de la tierra, no se refiere, pues, a lo que podemos ver, oír, probar o sentir, sino a ese reino espiritual que nos rodea por todas partes, y que nos afecta e influencia constantemente, ya sea para bien o para mal, dependiendo de nuestra decisión voluntaria y de nuestra relación con estos poderes invisibles. Esos son los lugares celestiales. En este ámbito, en el que vivimos todos nosotros, el apóstol declara que Dios ya nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Es decir, ya nos ha dado todo cuanto precisamos para vivir nuestras circunstancias y relaciones actuales. Pedro dice lo mismo en su segunda epístola:
- “su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad…. (2ª Ped. 1:3) [2]
Dios ha puesto bendiciones espirituales en su Hijo el Señor Jesús; pero nos pide que las busquemos y las obtengamos por la oración. (Mattew Henry) [3]
4. ¿Como?: en Cristo. V.3b
La frase “en Cristo Jesús” marca la posición que todos los creyentes tenemos por haber entrado al cuerpo de Cristo. Aparte de representar una unión vital con él, habla de la intimidad por la cual los cristianos comparten su vida, seguridad, poder y victoria.(R. Caballero Yoccou) [4]
- 1. Una nueva relación 2 Co. 5:17
- 2. Una seguridad inviolable Ro. 8:1
- 3. Una cercanía a Dios Ef. 2:13
- 4. Un gozo real Fil. 3:3
- 5. Un lugar para fructificar Jn. 15:4
Pablo utilizó esta expresión y su derivados más de cien veces, para destacar la grandeza de la salvación.
- “Estar en Cristo” confirma nuestra seguridad de justificación, reconciliación, redención y victoria.
En sus saludos a varias iglesias incluyó la frase (Ef. 1:1; Fil. 1:1; Col. 1:2) como único modo de comprender la redención efectuada. Pablo mismo se consideraba “crucificado con Cristo” (Gá. 2:20) y vivía “en la fe.”
- Estar “en Cristo” es tener la vida de Cristo (Col.3:4) y vivirla (Fil. 1:21).
- Es tener una nueva naturaleza (2 Co. 5:17) para compartir sus victorias (2 Co. 2:14).
- “En Cristo” disfrutamos la libertad del Espíritu (Ro. 8:2), nos apropiamos de la nueva relación con Dios (2 Co. 1:21), tenemos un mensaje ciertísimo (2 Co. 2:17) y un testimonio patente (Fil. 1:13).
- “Estar en Cristo” es estar en su cuerpo pues él es la Cabeza (Ef. 1:6), y nosotros miembros de una gran familia (Ef. 3:6) que se fortalece mutuamente para gloria de Dios.
- También es compartir sin temores la esperanza de la vida (1 Co. 15:18–19) hasta que nos encontremos con él en la mañana de la resurrección (1 Ts. 4:16).
El Padre es el Dios de toda gracia (1 P. 5:10); Jesucristo es el dador de la gracia (Hch. 15:11; 2 Co. 8:9), y el Espíritu Santo es el “Espíritu de gracia” (He. 10:29).
“Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo esta.” (David Wilkerson) [7]
“En Cristo”. Es una frase que todos hemos oído. Albert Schweitzer llamó “estar en Cristo” al principal enigma de la enseñanza del apóstol Pablo. Schweitzer fue uno de los alemanes más sobresalientes del siglo. 20—teólogo, músico y un grandioso doctor misionero, ganador del Premio Nobel de la Paz en 1952. Schweitzer no fue un cristiano ortodoxo al final de sus días, pero pocas personas evocaban el espíritu cristiano más poderosamente.[8]
La bendición de Dios que recibimos por medio de la actividad de las 3 personas de la Trinidad:
El PADRE (el origen) Selecciona: v.4-6
- 1. Escoge v.4.
- 2. Es dador de gracia v.6
- 3. Revelador de su voluntad v.9 y 10
- 4. Hacedor de esa voluntad v.11
AL HIJO (el medio) Sacrifica: v.7-12.
En estos vs. 11 veces encontramos la expresión Cristo” o “por medio de Cristo”.
- 1. En Cristo bendición y elección v.3
- 2. En Cristo redención v.6 y 7
- 3. En Cristo un pueblo v.10 y 11
- 4. En Cristo el descenso del Espíritu para sellarnos v.13 y 14
Al Espíritu (la garantía) Sella:v.13 y 14
David Wilkerson comenta que
Pablo escribió esta epístola “a los santos y fieles en Cristo Jesús” (1:1). Estos eran creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios fueron bien entrenados en el evangelio de Jesucristo y la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quienes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en él. Ciertamente, están bien cimentados en la verdad que ellos estaban sentados “…en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” (2:6).
Estos “fieles” entendieron completamente que “Dios… resucitándolo de los muertos y sentándolo a su derecha en los lugares celestiales,” (1:20). Ellos sabían que fueron escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. Por su amor,…” (1:4-5). Ellos comprendieron que fueron adoptados “por Jesucristo mismo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando escucharon la palabra de verdad, ellos creyeron y confiaron en ella.
Los creyentes efesios fueron verdaderamente un pueblo bendecido. Se regocijaron en su redención a través de la sangre de Cristo, conociendo la gran bendición espiritual de ser perdonados de sus pecados. Ciertamente, ellos eran tenían tanto conocimiento acerca de las riquezas de la gracia de Dios, que muchos eran capaces de enseñarles a otros. Si se encontraban con personas que estaban hambrientas de Dios, ellos podían mostrarles la gloria de la Cruz. Ellos podían enseñar de la misericordia y el amor de Dios, de su santidad, de caminar sin culpa ante él. Ellos podían hablar de la resurrección, de la bondad de Dios, del cielo y del infierno, de las consecuencias de vivir en pecado. [9]
Notas
[0] Transliterar es representar los signos de un sistema de escritura, mediante los signos de otro.cit en Raúl Caballero Yoccou,Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios, ed. Unilit,pag. 26
[1] Efesios,op. cit
[3] Mattew Henry, Comentario Biblico Mattew Henry Galatas – Filemon, Ed. Clie
[4] Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios, op. cit., pag. 23
[5] cf. http://lasteologias.wordpress.com/2010/08/09/en-cristo-jesus/
[6] Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios, op. cit., pag. 23-24
[7] http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm
[9] http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts040823.htm
Bibliografía
- Notas instituto biblico Jorge Muller
- Raúl Caballero Yoccou,Com Biblico del Continente Nuevo – Efesios,ed. Unilit
- http://cebei.wordpress.com/2008/12/30/11-sinopsis-nuevo-testamento-efesios-el-llamamiento-a-los-santos-1128/
La invocación de los líderes a Dios
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Filosofía, Temas de actualidad, Teología
La invocación de los líderes a Dios
EL MUNDO
TRES MILLONES de dólares para fundar una institución donde colaboren científicos africanos, tres millones más para dotar un premio internacional destinado a científicos que contribuyan a «mejorar la vida humana» y unos 60.000 millones de euros para sí mismo y su corrupta familia. Para los habitantes de su país, abonados a la miseria -pese a la riqueza petrolífera que les rodea-, asolados por enfermedades y oprimidos por la dictadura, nada. Así es la filantropía de Teodoro Obiang Nguema; enorme, pero selectiva. El mundo entero se indignó al conocer que la Unesco aceptó, semanas atrás, la propuesta del tirano de Guinea Ecuatorial para patrocinar el Premio Unesco-Obiang, de carácter científico, y con la dotación económica mencionada. Ante la oleada de protestas, la organización de Naciones Unidas para la educación decidió aplazar la decisión de dar vía libre al Premio. Sin embargo, la decisión será difícil de anular.
Aun más difícil sería subvertir la monstruosa autocomplacencia de Obiang, que se ha declarado apoyado por Dios y «en contacto permanente con el Todopoderoso», según un reportaje reciente de la radio estatal de Guinea Ecuatorial. «Tiene el derecho de matar», según el mismo reportaje, «sin temor a castigo ni en esta vida ni en la próxima, ya que es Dios quien le confiere su poder».
Que los gobernantes buscaran la legitimidad divina era absolutamente normal en todo el mundo hasta fechas relativamente recientes, por no mencionar, claro, a todos los líderes de la Antigüedad y la Edad Media, que carecían de otras fórmulas legitimadoras para ejercer su poder. Pero el presidente Obiang se declara un demócrata -elegido por el 95% de sus conciudadanos-. Claro que nadie se cree que lo sea, como tampoco cuela que cuente con la aprobación divina. Parece curioso que un político ajeno a cualquier concepto auténticamente religioso, un tirano cuyo poder se fundamenta en la fuerza bestial, un monstruo humano que respira un paganismo salvaje y que hasta se enorgullece por «devorar», literalmente, a sus enemigos, en actos de supuesto canibalismo, sea tan atento a Dios.
Obiang es uno de los peores dirigentes del mundo actual. Pero no es el único que invoca permanentemente a Dios. George W. Bush insistía en que, a pesar de su adicción juvenil al alcohol y a las drogas -e implícitamente a pesar de su reconocida estupidez-, había «vuelto a nacer» por la gracia divina que le hizo digno de ser presidente de Estados Unidos. Por su parte, el ex primer ministro británicoTony Blair ofendía a sus partidarios seculares por invocar repetidamente a Dios; ahora dirige a una fundación supuestamente dedicada a fomentar la cooperación entre distintas tradiciones religiosas.
En Irán y Arabia Saudí sus constituciones definen al jefe de Estado como el representante de Dios. Vladimir Putin, primer ministro ruso, a quien hasta hace poco nadie suponía creyente, hace el signo de la cruz cada vez que visita una iglesia o un lugar religioso y dice que «todo lo que nos da Dios» -sin excluir, por supuesto, a su propio régimen- «es bueno». Silvio Berlusconi, un tipo cuyo comportamiento no parece alinearse con los mandatos divinos, ha pedido al pueblo italiano que rece «por la ayuda de Dios» para salir de la crisis económica. Nicolas Sarkozy provocó justo antes del verano un debate en Francia -Estado definido por su laicismo- por citar a Dios en un discurso «no sólo», según un diputado socialista, «en cada página, sino en cada párrafo». Y la canciller Angela Merkel fue firme partidaria de que Dios se hubiese nombrado en el fallido Tratado de Constitución para la Unión Europea. El reino de Dios no es de este mundo, pero a muchos de los reinantes aquí abajo no les basta, por lo visto, ni la democracia ni el secularismo.
Por lo que sabemos, las sociedades humanas son las únicas que necesitan buscar formas para legitimar a sus dirigentes. Entre las culturas de otros primates prevalece una única forma de seleccionar a los líderes: el poder se confía al más fuerte, el varón alpha. Suponemos que entre nuestros antepasados homínidos sucedía lo mismo. Pero hace no sabemos cuánto tiempo -tal vez unos 200.000 años-, los humanos empezaron a experimentar sistemas de poder: el liderazgo del patriarca, la gerontocracia, la elección por supuesta sabiduría o carisma, el mando del chamán, el mando colectivo de élites, de oligarcas o del pueblo entero. El sistema que más éxito tuvo fue el de privilegiar a ciertos miembros de la comunidad por sus cualidades supuestamente heredadas. Este sistema se apoyaba en dos aspectos: la experiencia -ya que es y era evidente que varias características importantes, tanto físicas como intelectuales, pueden transmitirse por herencia- y la garantía de paz, al evitar conflictos en la sucesión, si ésta recaía de forma preestablecida en el hijo del jefe.
Pero todos esos sistemas, y todos los que se han añadido a través de los siglos, llevan la misma dificultad: el varón alpha puede intervenir. Por eso, tal vez, se recurrió al concepto de legitimación por Dios o por los dioses. Paradójicamente, para desafiar a los chamanes y sacerdotes, los reyes seculares necesitaban a Dios. A cambio de favores, las autoridades religiosas les ofrecían su bendición. La alianza entre poder secular y legitimación divina se concretó en la tradición occidental por la negligencia de la iglesia primitiva. Cristo y los apóstoles esperaban ávidamente el fin del mundo y no se preocupaban por la política. San Pablo declaró que «todos los poderes de este mundo proceden de Dios», aunque pareciesen diabólicos. Luego, cuando el fin del mundo parecía que se había desvanecido por razones ignoradas, la Iglesia explotó su papel legitimador entre los reyes del mundo para intentar calmar su cólera, refrenar su agresión y templar su crueldad.
La tradición, por lo visto, es fuerte, ya que sigue vigente hasta el día de hoy. Lo que sorprende, empero, es que siga teniendo eficacia, alcanzando respeto y afectando a las realidades políticas en un mundo que, en otros aspectos, parece confiar exclusivamente en soluciones seculares, prácticas, materialistas y supuestamente científicas. Lo más probable, por ejemplo, es que el Premio Unesco-Obiang, si logra establecerse, se entregue a alguien que experimente con células embrionarias, o por lo menos a un investigador que no cree en milagros.
El mero hecho de que la Unesco haya contemplado aceptar el dinero de Obiang es una prueba de que Dios no tiene nada que ver con el asunto. Si el tirano realmente necesitara la aprobación divina, se le hubiera destituido hace tiempo. Pero la retórica religiosa sigue manteniendo su influencia, o por lo menos su presencia en la vida política, a pesar de que la realidad religiosa no cuenta casi nada.
La explicación superficial -que los creyentes son numerosos y los políticos invocan a Dios para conseguir sus votos- no me convence. Para un creyente, el uso del nombre de Dios por políticos egoístas es un abuso clarividente. Bush y Blair abusaban de sus creencias cristianas para justificar sus guerras. Un cristiano sincero hubiera preferido optar, como Cristo, por la paz. Ningún votante devoto perdonará tampoco a Putin sus excesos antidemocráticos por el hecho de que abuse, desvergonzadamente, del signo de la cruz.
Y todos los votantes católicos y musulmanes de Francia e Italia saben perfectamente que Sarkozy y Berlusconi son tipos laicos; puede que les voten si es que aprueban sus políticas, pero no lo harán por pensar que unas frasecillas empapadas de agua bendita santifiquen sus conductas corruptas e inmorales. No hay quien admita que las matanzas de Obiang tengan una inspiración divina -ni lo piensa, supongo, el mismo Obiang, cuyos crímenes, por ahora, no se absuelvan por motivos de locura-.
La presencia de Dios en las autojustificaciones de los políticos actuales tiene que explicarse por razones más sutiles. Se sitúa entre las otras corrientes contradictorias de la modernidad: la coexistencia de ciencia y ciencia-ficción; de realismo y magia; de medicina y homeopatía; de futurólogos y astrólogos; de tecnología y fantasía; de extremos opuestos de escepticismo y fundamentalismo; del supuesto progreso y los nuevos problemas que trae consigo.
En el fondo del corazón sabemos que no tenemos soluciones para todos nuestros problemas, que nuestra civilización es frágil, que es probable que la naturaleza nos acabará venciendo, y que los humanos, si estamos solos en el universo, fracasaremos por falta de ayuda de alguien más sabio y mejor preparado. Los políticos no se refieren a Dios para conseguir votos, sino por satisfacer a sus propias necesidades psicológicas. Y las invocaciones por los ateos y mundanos suben al cielo con las oraciones de los creyentes.
No es que Obiang, Putin, Sarkozy y todos los que se les parecen no sean creyentes: es que son creyentes insinceros. Y la creencia insincera, por paradójico que resulte, sí existe.
Felipe Fernández-Armesto es historiador y ocupa desde 2005 la cátedra Príncipe de Asturias de la Tufts University en Boston (Massachusetts, EEUU).
Las escuelas de la teoría de la evolución
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Filosofía, Teología, Teoría de la Evolución
El Mito Griego de la Creación del Hombre
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Creación, Creacionismo, Filosofía, Teología
De los males de este mundo fue la hora cuando se abrió la caja de Pandora
En tiempos muy remotos, sobre la tierra sólo existían dioses inmortales.
Zeus, Dios supremo del Olimpo griego, que fue hijo y sucesor de Cronos, a quien le usurpó el liderazgo después de sucesivas victorias; representaba al poder y al orden cósmico, aunque sin embargo estaba sujeto al Hado, su propio hijo, que fue salvado por su madre Rea de ser devorado por su padre.
Hado constituye el símbolo del destino y la fatalidad, y para los filósofos antiguos representa la serie y orden de causas encadenadas unas con otras que necesariamente producen un efecto.
En ese mundo de sólo divinidades inmortales, los dioses desearon crear seres para poblar la tierra.
Una vez decidida tal idea, Zeus encargó a los hijos del titán Jápeto, que dotaran de gracias y fuerzas a las criaturas terrenales.
Fue Epimeteo, quien rogó a su hermano Prometeo, que le permitiera repartir los dones entre los seres terrenales.
Epimeteo dio a cada animal un don, la belleza a uno, a otro la potencia, a otro la velocidad, a otro la corpulencia, a otro la sagacidad, etc., según su criterio de conveniencia.
Careciendo de la sabiduría de su hermano Prometeo dio todos los dones a los animales dejando al hombre para lo último, quedando de esta forma el ser humano desnudo, indefenso y desarmado.
Fue entonces cuando Prometeo, el amigo del hombre, viendo la injusticia que se había cometido, tratando de corregir el error y robándole la sabiduría a la diosa Atenea, concedió al hombre la lógica.
Prometeo tomó al género humano bajo su protección y robó el fuego a Hefesto regalándoselo al hombre para que se calentara y pudiera vivir mejor, y le enseñó todo lo que sabía.
Pero Zeus, al enterarse de los dones otorgados al hombre que le permitían parecerse a los dioses, lleno de ira, arrojó rayos y relámpagos y castigó a Prometeo duramente encadenándolo en el monte Cáucaso, en los límites del Universo.
Allí todas las mañanas un águila le roía el hígado, que durante la noche le volvía a crecer para volver a ser devorado nuevamente al día siguiente.
Treinta años más tarde, Hércules liberó a Prometeo de tal cruel sufrimiento.
Hefesto, dios del fuego, modeló en su taller a la primera mujer, que fue inicialmente una estatua de metal.
Como era muy bella, Zeus resolvió darle vida y uno de los dioses le agradeció con los dones de la belleza, la gracia, la inteligencia, la habilidad y el poder de persuasión.
Pero también Hermes la dotó de astucia y falsedad y Hera de curiosidad, inquietud que no le daría paz a la mujer un solo instante.
Zeus le envió a Epimeteo a Pandora como regalo, quien hechizado por su belleza decidió unirse a ella de inmediato.
Como regalo le ofreció a ambos una bellísima caja adornada con piedras preciosas y oro.
La caja estaba cerrada, pero al darle Zeus la llave a Pandora le advirtió que si querían vivir felices no la abrieran nunca.
Epimeteo y Pandora vivieron felices muchos años una vida idílica y tanto ellos como sus descendientes ajenos a todo tipo de problemas, felices como los dioses, sin penas, sin preocupaciones ni vejez que los amenazara.
Permanecían siempre jóvenes, se divertían en forma permanente y vivían de las frutas de la tierra sin matar a ninguna criatura viviente para subsistir.
No existían ni robos ni crímenes y cuando se cansaban de tanto vivir se tendían bajo un árbol y allí se dormían eternamente.
Entonces, una suave brisa los transportaba a un lugar aún más tranquilo y mágico.
Pero un día, la curiosidad pudo más y Hara abrió la caja y fue así como surgieron las desdichas y los males de este mundo, como las enfermedades, las amarguras, los dolores y otras desgracias.
La esperanza fue lo último en salir en forma de un pequeño pájaro y como símbolo del consuelo para la humanidad.
Como se puede apreciar, el mito griego de la creación del hombre se asemeja notablemente al mito de Adán y Eva del antiguo testamento.
Todas estas historias,se pueden considerar como mitos o leyendas urbanas;pero la historia biblica de Adan y Eva es
completamente veridica… Tiene bases biblicas y compagina con los demas libros, desde Genesis hasta Apocalipsis o Revelacion;en donde se pone de manifiesto el origen de la humanidad y como será el fin de esta….
Las historias biblicas, no son mitos o leyendas, son historias fidedignas en las que se puede confiar y mejor aún,aprender de ellas y sobretodo beneficiarnos del mas presiado regalo que nos a dejado nuestro amoroso Creador,con el fin de instruirnos y ser herederos del venidero nuevo mundo¡¡¡¡¡..
http://filosofia.laguia2000.com/mitologia/el-mito-griego-de-la-creacion-del-hombre
Leyendo a Amit Goswani, “Evolución Creativa”
09 ago 2010 1 comentario
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Temas de actualidad, Teología Etiquetas: Amit Goswani, Evolución Creativa
Tengo unos amigos socarrones y por mi cumpleaños, y conociendo mis inclinaciones, han tenido a bien regarlarme el último “best seller” de Amit Goswani: “Evolución creativa”.
Independientemente que ya el título me recuerde al “ni pa’ ti ni pa’ mí” muy en boga en estos tiempos de implicación, la justa ó de aquello de “para que nadie se dé por perjudicado, todos jodidos”, nuestro autor nos aclara en el segundo título sus intenciones con una frase lapidaria: ” La Física cuántica reconcilia el darwinismo y el diseño inteligente”. Ante esta perpectiva.., mi impaciencia por comenzar la lectura no ha tenido límites y de inmediato me he puesto “gafas a la obra”
Sin tiempo para respirar hondo, una aseveración en sus primeras letras: El “crujido” de los cimientos de la biología evolutiva por las discontinuidades en los linajes fósiles”, – afirmación que posteriormente apoya en los estudios de R. Saphiro y su demostración del número de sucesos azarosos, posibles, durante el periodo evolutivo biológico (2,5X10¬51 sucesos) y su imposibilidad estadística de cumplir las necesidades de la evolución- para a continuación “acomodar en esos huecos” el concepto de una “presencia cuántica” y su indeterminación que asocia, después de rechazar el materialismo científico y evocar un inteligencia animal metafísica, con un dios creacionista.
Como todo no van a ser palos para el neodarwinismo, según ese criterio conciliador, vuelve su vista hacia el creacionismo y desestima la lectura literal bíblica, seis días y seis mil años desde la creación, aduciéndo la falta de rigor científico del dogma de fé y la visión de un Dios “emperador en su trono”.
LA BUSQUEDA DEL TERMINO MEDIO
En este punto desarrolla, basándose en la discontinuidad del registro fósil y en los trabajos de Simpson, Grant y otros, la teoría de dos ritmos evolutivos: Lento y rápido, considerándo las teorías darwinianas como explicativas de los ritmos “lentos” evolutivos y asimilando los estudios de Eldredge y S. J. Gould, los ritmos rápidos evolutivos, a una metáfora del Génesis.
Así pués, y según el autor, tenemos dos tipos, teóricos, en los ritmos rápidos evolutivos: La causalidad ascendente ó teoría materialista científica ó la correcta: La causalidad descendente, creacionista, en manos de una conciencia cuántica, inteligente y cuya teoría desarrolla de las siguientes maneras:
1. Después de repasar las teorías sobre la integral de caminos de Feynman dándole una intención, y ahora lo entenderán, “que las posibilidades (cuánticas) colapsan en una realidad.. (lo que llama colápso discontínuo) auspiciadas por una conciencia” ¿Y quién ese ente cuántico inteligente.?. Respuesta: Los seres humanos. Los seres humanos recreamos en objetos esas posibilidades cuánticas y cuyas pautas vienen dictadas mediante una conciencia colectiva: Dios.
2. Las teorías darwinistas no dan un sentido a nuestra evolución en el futuro (¿Es que tienen que darlas..?) Nuestro autor nos indica que la evolución parte de organismos simples a organismos mas complejos (Yo entiendo que no necesariamente..) incorporando aquí los conceptos de línea del tiempo y entropía dando por sentado que las flechas del tiempo físicas y biológicas son diferentes (¡Cuando aprenderemos que la Tierra no es un sistema cerrado..!) y haciendo patente que las teorías evolutivas no dan una explicación a este hecho (obviando los estudios de Ilya Prigogine..) y aseverando que su “Teoría de la evolución creativa”, sí y que por tanto, consecuentemente (¿?), justifican una razón final para la evolución.
A partir de aquí basa sus argumentaciones de la razón final de evolución, en sus teorías sobre la conciencia (concepto antes desarrollado..) y que la evolución consiste en nuevas creaciones auspiciadas por la conciencia colectiva mediante el dictamen: “La evolución es necesaria para experimentar las posibilidades de la conciencia (colectiva) en manifestación” (Quien lo entienda que me lo explique…)
No quisiera seguir descubriendo la trama de tan sesuda publicación, (continúa con energías vitales y chakcras relacionadas con esa energía creativa común..) y dejo al lector, quién goce de esa cualidad que yo no tengo, la satisfación de profundizar en tan benemérita lectura.
Amit Goswani, doctor en Física Nuclear por la Universidad de Calcuta y profesor emérito de la Universidad de Oregón. Evolución Creativa (2008)
fuente:lampuzo.wordpress.com
¿Cuál Debería Ser la Relación entre Teología y Ciencia?
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Filosofía, Teología
¿Cuál Debería Ser la Relación entre Teología y Ciencia?
Las respuestas a esta pregunta tan discutida pueden dividirse básicamente en dos grandes campos: quienes insisten en que no hay conflicto posible entre la ciencia y la teología, y aquellos que consideran que dicho conflicto es posible. Los cristianos deberían ser cautelosos antes de aceptar la respuesta fácil del primer campo.
Es muy tentador para los creyentes religiosos tratar de evitar todo el problema y afirmar que la religión y la ciencia nunca pueden entrar en conflicto, no hay nada de qué preocuparse.
Pero esta respuesta puede ser considerada inaceptable una vez que la examinamos con más detenimiento, porque cualquiera que opte por esta primera respuesta, debe sostener una teoría de la doble verdad, según la cual algo puede ser científicamente falso pero teológicamente verdadero; o que son complementarias, que la ciencia y la teología son dos campos que no se superponen (la ciencia se refiere a los hechos y la teología nos da el marco de los valores y el sentido). Sin embargo, la teoría de la doble verdad es incoherente, dado que hay una verdad objetiva en cuanto a la realidad. (Afirmar: “No hay verdad objetiva”, sería en si una verdad objetiva y, por lo tanto, ¡estaría refutando lo que pretende afirmar!). Pero si hay una verdad objetiva acerca de cómo es el mundo, no es lógico afirmar, por ejemplo, que mientras, desde el punto de vista científico, es verdadero que el universo es eterno y no fue creado, no obstante, desde el punto de vista teológico, es verdad que tuvo un principio y que fue creado.
Con respecto a que se traten de dos disciplinas complementarias, la aproximación popular demasiado a menudo no es más que una excusa velada para desestimar los postulados de verdad de la religión, como es evidente en el comentario cándido de Freeman Dyson: “A fin de cuentas, la ciencia trata de cosas y la teología trata acerca de palabras”.
La idea de que sean dos campos complementarios también es inaceptable, porque la fe cristiana hace afirmaciones históricas, y la historia tiene, desde un punto de vista epistemológico, la misma jerarquía que la ciencia, como es evidente especialmente en las ciencias históricas como la paleontología y la cosmología. Por lo tanto, no se puede evitar la posibilidad de verdades conflictivas entre la ciencia y la religión. Debemos reconocer el riesgo que esto implica para la fe cristiana: la verdad del cristianismo estaría en peligro. Sin embargo, ahí radica también su grandeza, porque el mundo que ambos campos tienen en común y que hace posible el conflicto también ofrece la posibilidad de verificar las verdades preconizadas por el teología cristiana.
Ref. William Lane Craig “¿Quién creo a Dios?
Teoria de la Evolucion – Capitulo 2. Biografía de Charles Darwin
09 ago 2010 Comentarios desactivados
in Ciencia, Creación, Creacionismo, Darwin, Filosofía, Teoría de la Evolución
Capitulo 2. Biografía de Charles Darwin
Este trabajo estaría incompleto sin refererirnos a Carlos Darwin, el científico naturalista, padre de la Teoría de la Evolución.
Datos biográficos generales:
Este año 2009 ha sido el año del bicentenario del nacimiento de este cientifico, que fue sin duda quien le ha dado un vigoroso impulso a la ciencia biológica de nuestros días.
“En las Galápagos Darwin halló los famosos pinzones -hasta trece especies distintas- que afianzaron su teoría. Propuso que esas aves descendían de un antepasado común que había volado del continente muchas generaciones antes. Cada especie era el resultado de las condiciones naturales (clima, vegetación, competencia por los recursos…). Sus picos evolucionaron y se adaptaron a las fuentes de alimento disponibles, como las semillas de los cactus o el néctar de la flores.” [0]
Nacimiento: 12 de febrero de 1809 Shrewsbury
Muerte: 19 de abril de 1882 Kent
Residencia: Reino Unido, Sudamérica
Nacionalidad(es): Inglés
Campo(s): Biología
Alma mater: Shrewsbury (1825), Cambridge(1831)
Conocido por: Fundamentar la actual teoría de la evolución
Sociedades: Royal Society (1839), Academia Francesa de las Ciencias (1878).
Charles Robert Darwin (12 de febrero de 1809, Shrewsbury, Inglaterra – 19 de abril de 1882, Kent,Inglaterra), biólogo británico. Sentó las bases de la moderna teoría de la evolución, al plantear el concepto de evolución de las especies a través de un lento proceso de selección natural. [1]
Obras [2]
• Viaje de un naturalista alrededor del mundo o El viaje del Beagle (1839, The Voyage of the Beagle)
• El origen de las especies (1859, On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life).
• El origen del hombre (1871, The Descent of Man and Selection in Relation to Sex)
• Autobiografía
Primeros años y formación:
Charles Darwin, con 31 años, en un retrato en acuarela realizado por George Richmond hacia finales de los años treinta del Siglo XIX.
Darwin con siete años en 1816.
«Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Shropshire, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809 en el hogar familiar, llamado “The Mount” (El monte).
Fue el quinto de seis de los hijos habidos entre Robert Darwin, un médico y hombre de negocios acomodado, y Susannah Darwin (apellidada Wedgwood de soltera).
Era nieto de Erasmus Darwin por parte de padre y de Josiah Wedgwood por parte de madre. Ambas familias eran de antigua tradición unitarista, aunque los Wedgwoods adoptaron el anglicanismo.
El mismo Robert Darwin, siendo un discreto librepensador, bautizó a su hijo Charles en la Iglesia Anglicana, aunque tanto él como sus hermanos asistían a los oficios unitaristas con su madre.
A los ocho años Charles ya mostraba predilección por la historia natural y por el coleccionismo de ejemplares cuando en 1817 se incorporó a la escuela diurna, regida por el predicador de la capilla donde asistía a los cultos. En julio de ese mismo año falleció su madre. En septiembre de 1818 se incorporó con su hermano Erasmus a la cercana escuela anglicana de Shrewsbury como pupilo.
Darwin pasó el verano de 1825 como aprendiz de médico, ayudando a su padre a asistir a las personas necesitadas de Shroshire, antes de marchar con Erasmus a la Universidad de Edimburgo. Encontró sus clases tediosas y la cirugía insufrible, de modo que no se aplicaba a los estudios de medicina. Aprendió taxidermia con John Edmonstone, un esclavo negro liberto que había acompañado a Charles Waterton por las selvas de Sudamérica y se le veía frecuentemente sentado con aquel “hombre inteligente y muy agradable”
Darwin se aburría bastante con el curso de historia natural impartido por Robert Jameson, que comprendía la geología y su debate entre neptunismo y plutonismo. Aprendió la clasificación de las plantas, y contribuyó a los trabajos en las colecciones del museo de la universidad, uno de los mayores de la Europa de su tiempo.
Esta falta de atención a sus estudios de medicina disgustó a su padre, quien lo envió al Christ’s College de Cambridge para obtener un grado en letras como primer paso para ordenarse como pastor anglicano.
Darwin llegó en enero de 1828, pero prefería la equitación y el tiro al estudio. Su primo William Fox le introdujo en la moda popular de coleccionar escarabajos, a la que se dedicó con entusiasmo, consiguiendo publicar algunos de sus hallazgos en el manual Illustrations of British entomology de James Francis Stephens.
Se convirtió en un amigo íntimo y seguidor del profesor de botánica John Stevens Henslow y conoció a otros importantes naturalistas que contemplaban su trabajo científico como una teología natural, siendo conocido por estos académicos como “el hombre que pasea con Henslow”. En la proximidad de los exámenes finales, Darwin se centró en sus estudios, deleitándose con el lenguaje y la lógica de Evidencias del Cristianismo de William Paley.
En el examen final de enero de 1831 Darwin aprobó, quedando el décimo de una lista de 178 examinados.
En su segundo año en Edimburgo ingresó en la Sociedad Pliniana, un grupo de estudiantes de historia natural cuyos debates derivaron hacia el materialismo radical. Colaboró con las investigaciones de Robert Edmund Grant sobre la anatomía y el ciclo vital de los invertebrados marinos en el Fiordo de Forth, y en marzo de 1827 presentó ante la Sociedad Pliniana el descubrimiento de que unas esporas blancas encontradas en caparazones de ostras eran los huevos de una sanguijuela. Un buen día, Grant expuso las ideas evolucionistas de Lamarck. Darwin quedó estupefacto, pero al haber leído recientemente ideas similares en los escritos de su abuelo Erasmus, mantuvo posteriormente una postura indiferente.
Darwin tuvo que quedarse en Cambridge hasta junio. Durante este período leyó tres obras que ejercerían una influencia fundamental en la evolución de su pensamiento: otra obra de Paley, Teología Natural, uno de los tratados clásicos en defensa de la adaptación biológica como evidencia del diseño divino a través de las leyes naturales; el recién publicado Un discurso preliminar en el estudio de la filosofía natural, de John Herschel, que describía la última meta de la filosofía natural como la comprensión de estas leyes a través del razonamiento inductivo basado en la observación; y el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alexander von Humboldt. Inspirado por un ardiente afán de contribuir, Darwin planeó visitar Tenerife con algunos compañeros de clase tras la graduación para estudiar la historia natural de los trópicos. Mientras preparaba el viaje se inscribió en el curso de geología de Adam Sedgwick y posteriormente le acompañó durante el verano a trazar mapas de estratos en Gales.
Tras una quincena con otros amigos estudiantes en Barmouth, volvió a su hogar, encontrándose con una carta de Henslow que le proponía un puesto como naturalista sin retribución para el capitán Robert FitzRoy, más como un acompañante que como mero recolector de materiales en el HMS Beagle, que zarparía en cuatro semanas en una expedición para cartografiar la costa de América del Sur.
Su padre se opuso en principio al viaje que se planeaba para dos años, aduciendo que era una pérdida de tiempo, pero su cuñado Josiah Wedgwood lo persuadió, aceptando así finalmente la participación de su hijo.»[3]
Viaje del Beagle
(27 de diciembre de 1831 al 2 de octubre de 1836)
«Después de graduarse en Cambridge en 1831, Darwin se embarcó como naturalista sin paga, a los 22 años, en el barco de reconocimiento HMS Beagle, merced a la recomendación del también naturalista John Stevens Henslow que había conocido en Cambridge, para emprender una expedición científica alrededor del mundo que duraría 5 años.
Durante el viaje Darwin estudió las aguas costeras, midió profundidades e indicó las grandes corrientes oceánicas. Abandonó el barco frecuentemente para realizar largas expediciones por tierra, durante las cuales pudo reunir gran cantidad de especimenes. [4]
«El viaje del Beagle duró casi cinco años, zarpando de la bahía de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y arribando a Falmouth el 2 de octubre de 1836. Tal como Fitzroy le había propuesto, el joven Darwin dedicó la mayor parte de su tiempo a investigaciones geológicas en tierra firme y a recopilar ejemplares, mientras el Beagle realizaba su misión científica para medir corrientes oceánicas y cartografiando la costa.
Darwin tomó notas escrupulosamente durante todo el viaje, y enviaba regularmente sus hallazgos a Cambridge, junto con una larga correspondencia para su familia que se convertiría en el diario de su viaje.
Tenía nociones de geología, entomología y disección de invertebrados marinos —aunque se sabía inexperto en otras disciplinas científicas; de modo que reunió hábilmente gran número de especimenes para que los especialistas en la materia pudieran llevar a cabo una evaluación exhaustiva.
A pesar de sufrir frecuentes mareos —que ya había acusado la primera vez que embarcó su equipaje a bordo— la mayoría de sus notas zoológicas versa sobre invertebrados marinos, comenzando por una notable colección de plancton que reunió en una temporada con viento en calma.
En su primera escala, en Santiago de Cabo Verde, Darwin descubrió que uno de los estratos blanquecinos elevados en la roca volcánica contenían restos de conchas. Como Fitzroy le había prestado poco antes la obra de Charles Lyell Principios de Geología, que establecía los principios uniformistas según los cuales el relieve se formaba mediante surgimientos o hundimientos a lo largo de inmensos periodos de tiempo, Darwin comprendió ese fenómeno desde el punto de vista de Lyell, e incluso se planteó escribir en el futuro una obra sobre geología.
Viaje del Beagle
En Brasil, Darwin quedó fascinado por el bosque tropical, pero aborreció el espectáculo de la esclavitud. En Punta Alta y Barrancas de Monte Hermoso, cerca de Bahía Blanca, Argentina, realizó un hallazgo de primer orden al localizar en una colina fósiles de enormes mamíferos extintos junto a restos modernos de bivalvos, extintos más recientemente de manera natural. Identificó al poco conocido megaterio, cuyo pesado caparazón óseo le pareció en un principio una gigantesca versión del armadillo local. Estos hallazgos despertaron un enorme interés a su regreso a Inglaterra.
Cabalgando con los gauchos del interior se dedicó a observar la geología y extraer más fósiles, adquiriendo, al mismo tiempo, una perspectiva de los problemas sociales, políticos y antropológicos tanto de los nativos como de los criollos en el momento anterior a la revolución de los Restauradores. También aprendió que los dos tipos de ñandú poseen territorios separados, aunque superpuestos.
Contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Así, pudo comprender que la separación geográfica y las distintas condiciones de vida eran la causa de que las poblaciones variaran independientemente unas de otras. Continuando su viaje hacia el sur, observó llanuras aplanadas llenas de guijarros en las que cúmulos de restos de conchas formaban pequeñas elevaciones. Como estaba leyendo la segunda obra de Lyell, asumió que se trataba de los “centros de creación” de especies que éste describía, aunque por primera vez comenzó a cuestionar los conceptos de lento desgaste y extinción de especies defendidos por Lyell.
En Tierra del fuego se produjo el retorno de tres nativos Yagán que habían sido embarcados durante la primera expedición del Beagle, con objeto de recibir una educación que les permitiera actuar de misioneros ante sus semejantes. Darwin los encontró amables y civilizados, aunque los otros nativos le parecieron “salvajes miserables y degradados”, tan distintos de los que iban a bordo como lo pudieran ser los animales salvajes de los domésticos, si bien, para Darwin, esa distinción estribaba en cuestiones culturales y no raciales. Al contrario que sus colegas científicos, empezó a sospechar que no existía una diferencia insalvable entre los animales y las personas. Al cabo de un año, la misión había sido abandonada. Uno de los fueguinos retornados, a quien le habían dado el nombre cristiano de Jemmy Button, vivía con los demás nativos, se había casado y manifestó no tener ningún deseo de volver a Inglaterra.
En Chile, Darwin fue testigo de un terremoto, observando indicios de un levantamiento del terreno, entre los que se encontraban acumulaciones de valvas de mejillones por encima de la línea de la marea alta. Sin embargo, también encontró restos de conchas en las alturas de los Andes, así como árboles fosilizados que habían crecido a pie de playa, lo que le llevó a pensar que según subían niveles de tierra, las islas oceánicas se iban hundiendo, formándose así los atolones de arrecifes de coral.
Poco después, en las Islas Galápagos, geológicamente jóvenes, Darwin se dedicó a buscar indicios de un antiguo “centro de creación”, y encontró variedades de pinzones que estaban emparentadas con la variedad continental, pero que variaban de isla a isla. También recibió informes de que los caparazones de tortugas variaban ligeramente entre unas islas y otras, permitiendo así su identificación.
En Australia, la rata marsupial y el ornitorrinco le parecieron tan extraños que Darwin pensó que era como si “dos creadores” hubiesen obrado a la vez. Encontró a los aborígenes australianos “bienhumorados y agradables”, y notó su decadencia por la proliferación de asentamientos europeos.
El HMS Beagle también investigó la formación de los atolones de las Islas Cocos, con resultados que respaldaban las teorías de Darwin. Por aquel entonces, Fitzroy —que redactaba la “narración oficial” de la expedición— leyó los diarios de Darwin y le pidió permiso para incorporarlos a su crónica. El diario de Darwin fue entonces reescrito como un tercer volumen dedicado a la historia natural.
En Ciudad del Cabo, una de las últimas escalas de su vuelta al mundo, Darwin y Fitzroy conocieron a John Herschel, quien había escrito recientemente a Lyell alabando su teoría uniformista por plantear una especulación sobre “ese misterio de misterios: la sustitución de especies extintas por otras” como “un proceso natural en oposición a uno milagroso”.
Ordenando sus notas rumbo hacia Plymouth, Darwin escribía que de probarse sus crecientes sospechas sobre los pinzones, las tortugas y el zorro de las islas Malvinas, “estos hechos desbaratan la teoría de la estabilidad de las especies” (más tarde, reescribió prudentemente “podrían desbaratar”). Posteriormente reconoció que en aquel momento, los hechos observados le hacían pensar que “arrojaban alguna luz sobre el origen de las especies.»[4]
Viaje del Beagle
«Darwin, además, contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares. Así, pudo comprender que era la separación geográfica y las distintas condiciones de vida la causa de que las poblaciones variaran independiente unas de otras.
A su vuelta al Reino Unido publicó su obra Diario del viaje del Beagle. Poco después, Darwin se había convertido en una celebridad científica. Fue elegido secretario de la Sociedad Geológica de Londres y se ganó el respeto y amistad de la élite intelectual británica: Charles Lyell, Thomas Henry Huxley y Joseph Dalton Hooker.
En 1831 se integró, como naturalista, a la tripulación del barco de la marina inglesa “HMS Beagle”, que realizaría una expedición de mapeo alrededor del mundo durante 5 años. Este viaje fue esencial en el pensamiento de Charles Darwin. En las islas Galápagos, en el Océano Pacífico frente a Sudamérica, quedó muy impresionado por las especies de animales que vió y, sobre todo, por las sutiles diferencias entre los pájaros de las islas del archipiélago. A partir de estas observaciones, Darwin se dio cuenta que estas diferencias podían estar conectadas con el hecho de que cada especie vivía en un medio natural distinto, con distinta alimentación. En ese momento comenzó Darwin a delinear sus ideas acerca de la evolución.
Darwin entendió que toda población consiste de individuos ligeramente distintos unos de otros. Las variaciones que existen entre los individuos hace que cada uno tenga distintas capacidades para adaptarse al medio natural, reproducirse exitosamente y transmitir sus rasgos a su descendencia. Al paso de las generaciones, los rasgos de los individuos que mejor se adaptaron a las condiciones naturales se vuelven más comunes y la población evoluciona. Darwin llamó a este proceso “descendencia con modificación”. Del mismo modo, la naturaleza selecciona las especies mejor adaptadas para sobrevivir y reproducirse. Este proceso se conoce como “selección natural”.
El pensamiento de Darwin también estuvo muy influenciado por las ideas de Thomas Malthus, que escribió que la población humana tendía a crecer exponencialmente y con ello a acabarse los recursos alimenticios disponibles. Esto provoca crisis que lleva a los individuos a competir entre ellos por la supervivencia. Darwin creía que las variaciones en los rasgos hereditarios de los individuos los hacía más o menos capaces de enfrentarse a la competencia por los recursos.
Más de 20 años después de que comenzó a elaborar sus ideas acerca de la evolución, Darwin publicó su teoría en el libro El origen de las especies (1859). Su publicación provocó grandes controversias y se opusieron a él los pensadores religiosos porque echaba por tierra la teoría creacionista y movía al ser humano del centro de la Creación. Este libro convenció a los científicos y al público educado de que los seres vivos cambian con el tiempo. »[5]
Recorrido de Darwin [6]
Darwin recorrió varios lugares donde se maravilló con la biodiversidad de especies
En el paso del H.M.S. Beagle por Argentina, Charles Dan Con una agudeza sorprendente para hacer observaciones científicas, recolectó fósiles, describió hábitos de animales, analizó la vegetación y hasta estudió la geología de cada lugar. Cada experiencia quedó registrada en su cuaderno de viaje, Journal of Researches. Lejos de conformarse con escribir sobre naturaleza, también anotó observaciones sobre los gauchos, los fueguinos y hasta el mismo general Rosas.
Llegó a la boca del río Negro en agosto 1833, luego de pasar por Bahía y Río de Janeiro, Brasil. Con la compañía de guías, se animó a viajar a caballo hasta Bahía Blanca y Buenos Aires. En cada parada, observaba todos los detalles ofrecidos a la intemperie de las pampas. También, viajó por tierra hasta Santa Fe y navegó el río Paraná. De allí en más, y luego de pasar por Montevideo, el Beagle, comandado por Fitz Roy, llevó la tripulación hacia el Sur, haciendo escala en Puerto Deseado, el río Santa Cruz y el estrecho de Magallanes, incluso, Darwin exploró las Islas Malvinas. Una vez en Chile, cruzó la cordillera de los Andes hasta Mendoza, y realizó sorprendentes hallazgos.
Su paso por el territorio argentino lo ayudó a observar nuevas especies y comprender más sobre la historia de la naturaleza. Aquí, algunos detalles sobre su recorrido.
Desde la tormentosa recepción del origen de las especies hace 150 años, biólogos, genetistas y paleontólogos han estado dándole vueltas a la revolucionaria teoría de Darwin.
La selección natural y el origen de las especies
El origen de las especies
«La lectura del libro Ensayo sobre el principio de la población, del economista británico Thomas Malthus, permitió a Darwin completar su teoría. Según Malthus, el constante aumento de la población mundial que se estaba dando provocaría el agotamiento de los recursos naturales y una lucha por la supervivencia, que acabaría con el triunfo del más fuerte.
Para Darwin, ya no había duda. Inmediatamente desarrolló su teoría: La selección natural, en biología, es un proceso por el cual los efectos ambientales (falta de recursos, cambios geológicos, llegada de nuevas especies…) conducen a un grado variable de éxito reproductivo entre los individuos de una población de organismos con características, o rasgos, diferentes y heredables.
Esta era la causa de la variación de las especies en función de los climas y los recursos de cada lugar. Darwin argumenta que todos los seres vivos tienen una ascendencia común y las diferentes variedades y especies que se observan en la naturaleza son el resultado de la acción de la selección natural en el tiempo. La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un gran paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas evolucionistas presentes con anterioridad. Integra armoniosamente los avances contemporáneos en paleontología y geología; y sienta las bases que cerrarán el debate frente a las tesis alternativas de tipo fijista/creacionista como el catastrofismo de Georges Cuvier.
Darwin dedicó los siguientes años al desarrollo de su teoría evolucionista. Hubiera podido publicar antes, pero las dudas, el miedo a la polémica y su mala salud retrasaron la publicación, a pesar del apoyo constante que recibió de Huxley, Lyell, Hooker y su esposa Emma Wedgwood, con la cual había contraído matrimonio en 1839.
En 1858 recibió una carta de su compatriota Alfred Russel Wallace, el cual había desarrollado de un modo independiente la misma teoría que Darwin. Para evitar la polémica, decidieron publicar conjuntamente un artículo en la Sociedad Linneana titulado Sobre la tendencia de las especies a crear variedades; y sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural.
El trabajo de Darwin tuvo una influencia decisiva sobre las diferentes disciplinas científicas, y sobre el pensamiento moderno en general. Recogió su teoría en su libro El origen de las especies, publicado el 24 de noviembre de 1859 y que se agotó el primer día en que salió a la venta. En 1871 publicó El origen del hombre, donde defendía la teoría de la evolución del hombre desde un animal similar al mono, lo que provocó gran controversia religiosa.
Otras de sus obras fueron: La variación de los animales y de las plantas bajo la acción de la domesticación (1868), La descendencia humana y la selección sexual (1871), y La expresión de las emociones en el hombre y en los animales.
Darwin fue escogido miembro de la Royal Society (1839) y de la Academia Francesa de las Ciencias (1878).
Cuando estuve a bordo del Beagle, como naturalista, me llamó mucho la atención la distribución de los habitantes de Sudamérica y las relaciones geológicas del presente con los habitantes del pasado en esa parte del continente. Me dio la impresión de que estos hechos aclaraban el origen de las especies, ese misterio de misterios, como lo llamó uno de nuestros más grandes filósofos.»[10]
Años de la gestación y publicación de El origen de las especies
Inicios de la teoría
«Cuando el Beagle regresó el 2 de octubre de 1836, Darwin se había convertido en una celebridad en los círculos científicos, ya que en diciembre de 1835 Henslow había promovido la reputación de su anterior discípulo distribuyendo entre naturalistas seleccionados un panfleto de sus comunicaciones sobre geología.
Darwin fue a visitar su casa en Shrewsbury y se encontró con sus parientes, apresurándose inmediatamente a Cambridge para ver a Henslow, quien le recomendó buscar naturalistas disponibles para catalogar las colecciones, y acordó encargarse de los especimenes botánicos. El padre de Darwin organizó las inversiones que permitieron a su hijo ser un caballero científico sustentado por sus propios ingresos, y le animó a hacer una gira por las instituciones de Londres para asistir a recepciones en su honor y buscar de ese modo expertos para describir las colecciones. Los zoólogos tenían ante sí un enorme trabajo acumulado, y había peligro de que los especimenes quedaran abandonados en almacenes.
A mediados de julio de 1837 Darwin comenzó su cuaderno “B” sobre la “Transmutación de las especies” y en su página 36 escribió “pienso en el primer árbol de la vida”.
Charles Lyell, entusiasmado, se encontró con Darwin por primera vez el 29 de octubre y pronto le presentó al prometedor anatomista Richard Owen, quien disponía de las instalaciones del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra para poder trabajar en los huesos fosilizados recolectados por Darwin. Entre los sorprendentes ejemplares que clasificó Owen se encontraban los de perezosos gigantes extintos, un esqueleto casi completo del desconocido Scelidotherium, un roedor del tamaño de un hipopótamo, que recordaba a un capibara gigante, y fragmentos del caparazón de Glyptodon, un armadillo gigante, tal y como inicialmente supuso Darwin.
Estas criaturas extintas estaban estrechamente relacionadas con especies vivas de Sudamérica.
A mediados de diciembre, Darwin buscó alojamiento en Cambridge para organizar su trabajo en sus colecciones y reescribir su “diario”.52 Escribió su primer artículo en el que defendía que la masa continental de América del Sur se estaba elevando lentamente, y con el apoyo entusiasta de Lyell lo leyó en la Sociedad Geológica de Londres el 4 de enero de 1837. El mismo día presentó sus especímenes de mamíferos y aves a la Sociedad Geológica de Londres. El ornitólogo John Gould pronto anunció que las aves de las islas Galápagos que Darwin había pensado que eran una mezcla de tordos, picogordos y pinzones, eran en realidad especies distintas de pinzones. El 17 de febrero Darwin fue elegido como miembro de la Sociedad Geográfica y el discurso de presentación, que estuvo a cargo de Lyell en su calidad de presidente, expuso los hallazgos de Owen a partir de los fósiles de Darwin, enfatizando la continuidad geográfica de las especies como apoyo a sus ideas uniformistas.
A comienzos de marzo Darwin se mudó a Londres para residir cerca de su trabajo, uniéndose al círculo social de científicos de Lyell, con eruditos como Charles Babbage, quien le describió a Dios como diseñador de leyes. La carta de John Herschel sobre el “misterio de misterios” de las nuevas especies fue ampliamente discutida en estas reuniones, con explicaciones que se buscaban en las leyes de la naturaleza, no en milagros ad hoc. Darwin permaneció con su hermano Erasmus, quien era un libre pensador, miembro del círculo del partido Whig y amigo íntimo de la escritora Harriet Martineau que promovió el Malthusianismo que subyacía a la controvertida Ley de Pobres de 1834 de los whigs para impedir que el bienestar produjera sobrepoblación y más pobreza. Como unitarista recibió bien las implicaciones radicalizas de la transmutación de las especies, promocionadas por Robert Edmond Grant y jóvenes cirujanos influidos por Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, pero que eran anatema para los anglicanos que defendían el orden social.
En su primera reunión para discutir sus detallados hallazgos, Gould le dijo a Darwin que los pinzones de las galápagos de las distintas islas eran especies diferentes.
Los dos ñandúes también eran especies distintas, y el 14 de marzo Darwin publicó el hecho de que su distribución había cambiado, desplazándose hacia el sur.
A mediados de marzo, Darwin especulaba en su cuaderno rojo sobre la posibilidad de que “una especie se transforme en otra” para explicar la distribución geográfica de las especies de seres vivos como los ñandúes, y de las extintas como Macrauchenia, una especie de guanaco gigante.
Desarrolló sus ideas sobre la longevidad, la reproducción asexual y la reproducción sexual en su cuaderno “B” en torno a mediados de julio hablando de la variación en la descendencia para “adaptarse y alterar la raza en un mundo en cambio” como la explicación de lo observado en las tortugas de las galápagos, pinzones y ñandúes. Realizó un esbozo en el que representaba la descendencia como la ramificación de un árbol evolutivo, en el cual “es absurdo hablar de que un animal sea más evolucionado que otro”, descartando de ese modo la teoría de Lamarck en la cual líneas evolutivas independientes progresaban hacia formas más evolucionadas. »[7]
El proceso de preparación
Panorámica de la casa donde residió Charles Darwin durante 40 años, conocida como Down House y situada en el pueblo de Downe (Condado de Kent, Inglaterra).
«A su vuelta al Reino Unido, Darwin publicó la obra Diario del viaje del Beagle. Cuando las “crónicas” de Fitzroy se publicaron en mayo de 1839, los diarios de Darwin eran ya un éxito tal que el mismo Fitzroy costeó la publicación del tercer tomo.
Durante más de una década, se dedicó a realizar pruebas de cruce de animales y numerosos experimentos con plantas, mediante los cuales encontró indicios de que las especies no eran realidades inmutables que le permitieron profundizar las implicaciones de su teoría.
Durante más de una década estos trabajos constituyeron el trasfondo de su investigación principal, consistente en la publicación de los resultados científicos del “viaje del Beagle”.
Salón de la casa Down House donde residió durante 40 años el naturalista Charles Darwin, y donde escribió su célebre obra El Origen de las Especies.
A principios de 1842, Darwin escribió una carta a Lyell exponiéndole sus ideas, quien observó que su camarada “se negaba a ver un origen para cada grupo similar de especies”. Tras tres años de trabajo, Darwin publicó en mayo sus estudios sobre los arrecifes coralinos, y comenzó a esbozar su teoría.
Para escapar a las presiones de la capital, el matrimonio Darwin se mudó a su “Down House” rural en septiembre.
El 11 de enero de 1844 Darwin comentó sus especulaciones con el botánico Joseph Dalton Hooker, admitiendo con humor que era “como confesarse culpable de asesinato”.
Hooker replicó que en su opinión había “series de producción en diferentes puntos, así como un cambio gradual en las especies”, y le manifestó su interés en “escuchar su explicación sobre cómo puede producirse este cambio, dado que por el momento las opiniones al respecto no me satisfacen”.
Hacia el mes de julio, Darwin había ampliado su esbozo a un ensayo de 230 páginas, destinado a completarse con el resto de sus investigaciones en el caso de una muerte prematura.
En noviembre la opinión pública reaccionó con polémica ante la publicación anónima de la obra Vestigios de la historia natural de la Creación, escrita por Robert Chambers. Se trataba de una obra bien redactada que llamó la atención sobre el tema de la transmutación. Darwin le censuró su bisoñez en geología y zoología, pero las críticas que recibió esta defensa de la evolución hicieron que revisara cuidadosamente sus propios argumentos.
En 1846 Darwin ya había completado su tercer libro sobre geología. Recuperó su fascinación por los invertebrados marinos, que había despertado en sus años de estudiante cuando diseccionaba y catalogaba con Robert Edmond Grant los percebes recogidos durante su viaje, observando con placer sus complejas estructuras y planteando analogías con estructuras similares.
En 1847, Hooker recibió el “ensayo” y envió algunas notas críticas a Darwin, que le ayudaron a ver su obra con distanciamiento científico y cuestionarse su oposición al creacionismo.
Preocupado por su enfermedad crónica, Darwin acudió en 1849 al balneario del doctor James Manby Gully, y descubrió con sorpresa las virtudes de la hidroterapia.
En 1851 su querida hija Anne Darwin enfermó, avivando los temores de Darwin de que su mal pudiera ser hereditario, y tras una serie de crisis falleció.
A lo largo de ocho años de trabajo sobre cirrípedos, la teoría de Darwin le había ayudado a encontrar homologías que indicaban que mínimas alteraciones morfológicas permitían a los organismos cumplir nuevas funciones en nuevas condiciones, y el hallazgo de minúsculos machos parásitos en organismos hermafroditas le sugirió una progresión intermedia en el desarrollo de seres sexuados.
En 1853 este trabajo le valió la Medalla Real concedida por la Royal Society, trayéndole así la celebridad como biólogo.
En 1854 continuó su trabajo sobre la teoría de las especies, y en noviembre ya había anotado que las diferencias en los caracteres de los descendientes podían obedecer a su adaptación a “diversos entornos en la economía natural”.»[12]
Trabajo excesivo, enfermedad y matrimonio
El camino donde Darwin meditaba, en la “Down House”
«Durante el desarrollo de su profundo estudio sobre la transmutación de las especies, Darwin se cargó con más trabajos. Mientras aún escribía su “diario”, continuó editando y publicando los informes de los expertos sobre sus colecciones y con la ayuda de Henslow obtuvo una asignación del tesoro de 1000 libras para patrocinar su obra en varios volúmenes Zoología del viaje del Beagle. En esta última y en su libro Geología de Sudamérica acepta datos no realistas en apoyo de las ideas de Lyell. Darwin acabó de escribir su diario en torno al 20 de junio de1837, día de la coronación de la Reina Victoria, pero posteriormente tuvo que corregir las pruebas.
La salud de Darwin se resintió por la presión. El 20 de septiembre tuvo una “incómoda palpitación del corazón”, de modo que los médicos le conminaron a “abandonar todo el trabajo” y vivir en el campo durante algunas semanas. Tras visitar Shrewsbury se reunió con sus parientes de la familia Wedgwood en Maer Hall, Staffordshire, pero les encontró demasiado entusiasmados con los relatos de sus viajes como para proporcionarle algún descanso. Su encantadora, inteligente y cultivada prima Emma Wedgwood, nueve meses mayor que Darwin, estaba cuidando de su tía inválida. Su tío, Jos señaló un lugar donde las cenizas habían desaparecido bajo el terreno y sugirió que podría ser obra de los gusanos, inspirando una “nueva e importante teoría” sobre su papel en la formación del suelo que Darwin presentó ante la Sociedad Geológica de Londres el 1 de noviembre.
William Whewell animó a Darwin a aceptar las obligaciones de secretario de la Sociedad Geológica. Tras declinar inicialmente la oferta, aceptó el cargo en marzo de 1838.
A pesar de la abrumadora labor de escribir y editar los informes del Beagle, Darwin realizó destacables progresos en el problema de la transmutación, aprovechando cualquier oportunidad para poner en cuestión a naturalistas expertos y, de forma menos convencional, a personas con experiencia práctica, como granjeros y criadores de palomas.
Con el tiempo su investigación tomaba datos de sus parientes e hijos, la familia Butler, los vecinos, colonos y antiguos compañeros de navegación.
Entre sus especulaciones incluyó desde el principio a la naturaleza humana, y observando un orangután en el zoológico el 28 de marzo de 1838 reparó en lo semejante de su conducta a la de un niño.
Darwin toma como esposa su prima, Emma Wedgwood.
Su mujer, Emma Darwin
Entre las fotos personales también figuran algunas de Emma Darwin, prima y esposa de Charles con la que tuvo diez hijos. Se casaron en 1839, cuando ella tenía 30 años, una edad avanzada para la época ya que Emma había rechazado las propuestas de matrimonio de Charles varias veces. Al igual que sus padres, el biólogo y su mujer educaron a sus hijos de forma no autoritaria y muchos de ellos alcanzaron el éxito como Sir George Darwin, que fue un eminente científico.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE – 17-04-2008
Los esfuerzos le pasaron factura, y en junio tuvo que permanecer varios días en cama con problemas estomacales, dolor de cabeza y síntomas de afección cardíaca. Durante el resto de su vida se vio repetidamente incapacitado con episodios de dolores de estómago, vómitos, abscesos graves, palpitaciones, temblores y otros síntomas, en particular durante las épocas de estrés como la asistencia a reuniones o visitas sociales. La causa de la enfermedad de Darwin sigue siendo desconocida, y todos los intentos de tratamiento tuvieron poco éxito.
El 23 de junio se tomó un respiro y se fue a “hacer algo de geología” en Escocia. Visitó Glen Roy con un tiempo extraordinario para ver los “caminos naturales” cortados en las laderas de las colinas a tres alturas. Posteriormente publicó su interpretación de este fenómeno, afirmando que eran playas de mar elevadas por los movimientos geológicos, pero posteriormente tuvo que aceptar que eran líneas de la orilla de un lago proglacial.
Totalmente recuperado regresó a Shrewsbury en julio. Acostumbraba a tomar notas diarias sobre la cría animal, al tiempo que pergeñaba pensamientos inconexos sobre su carrera y proyectos en dos pedazos de papel, en los que valoraba las ventajas e inconvenientes de contraer matrimonio.
Tras tomar una decisión favorable, lo discutió con su padre y fue a visitar a su prima Emma el 29 de julio. No llegó a hacerle proposiciones, pero en contra del consejo de su padre le mencionó sus ideas sobre la transmutación.
Continuando con sus investigaciones en Londres, a las extensas lecturas de Darwin se añadió la sexta edición de la obra de Thomas Malthus Ensayo sobre el principio de la población:
En octubre de 1838, esto es, quince meses después de comenzar mi indagación sistemática, sucedió que leí por diversión el ensayo sobre la población de Malthus, y comencé a estar bien preparado para apreciar la lucha por la existencia que se da en todas partes a partir de observaciones a largo plazo de los hábitos de animales y plantas, y de inmediato me impactó el hecho de que bajo tales circunstancias las variaciones favorables tenderían a ser preservadas, mientras que las desfavorables serían destruidas. El resultado de esto sería la formación de nuevas especies. Aquí, por tanto, por fin había una teoría con la que trabajar.
Malthus afirmaba que si no se controlaba, la población humana crecería en progresión geométrica y pronto excedería los suministros de alimentos, alcanzando lo que se conoce como catástrofe malthusiana.
Darwin estaba bien preparado para percatarse de que eso se aplicaba a lo que de Candolle denominaba “guerra de especies” entre plantas y a la lucha por la existencia en la vida salvaje, explicando cómo el tamaño poblacional de una especie permanecía bastante estable.
Charles Darwin en la red
Exceso de trabajo
El viaje en el Beagle, que fue fundamental para sus trabajos, y la presión a la que se veía sometido llevaron a Darwin a retirarse a Wegwood, con su familia. Allí fue donde se reencontró, en 1837 con su prima Emma, con la que finalmente se casaría. A partir de esa fecha los reposos en los balnearios serían cita obligada para el biólogo.- UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE – 17-04-2008
Puesto que las especies siempre se reproducían en cantidad mayor que los recursos disponibles, las variaciones favorables mejorarían la supervivencia de los organismos transmitiendo las variaciones a su descendencia, mientras que las variaciones desfavorables se perderían. Esto acabaría dando como resultado la formación de nuevas especies.
El 28 de septiembre de 1838 anotó esta intuición, describiéndola como un tipo de cuña que introduciría las estructuras adaptadas en las fisuras de la economía de la naturaleza al tiempo que las estructuras más débiles se hacían a un lado.
En los meses siguientes comparó a los granjeros recogiendo lo mejor de su cosecha con una selección natural maltusiana a partir de variantes surgidas “al azar”, de modo que “cualquier parte de [cualquier] estructura nuevamente adquirida está completamente experimentada y perfeccionada”, y pensó que esta analogía era “la parte más hermosa de mi teoría”.
El 11 de noviembre volvió a Maer y se declaró a Emma, contándole una vez más sus ideas. Ella aceptó, y en los intercambios de cartas de amor mostraba cómo valoraba su apertura a compartir sus diferencias, y exponiendo también sus creencias unitaristas y su preocupación por que sus dudas honestas pudieran separarlos más adelante.
Mientras estaba buscando casa en Londres, los accesos de enfermedad continuaban y Emma le escribió apremiándole a que se tomara algún descanso, comentando de modo casi profético “No sigas poniéndote malo, mi querido Charley hasta que pueda estar contigo para cuidarte.” Él encontró una casa que llamó una “cabaña de guacamayos” (por sus llamativos interiores) en Gower Street, y trasladó allí su museo durante las navidades. El 24 de enero de 1839 Darwin fue elegido miembro de la Royal Society.
El 29 de enero Darwin y Emma Wedgwood se casaron en Maer en una ceremonia anglicana preparada para acoger a los unitarios, e inmediatamente tomaron el tren a Londres para ocupar su nuevo hogar.»[8]
Publicación
Un ejemplar de la primera edición de El origen de las especies.
«A comienzos de 1856 Darwin investigaba si los huevos y semillas podrían sobrevivir a un viaje en el agua del mar diseminando de ese modo las especies por los océanos. Hooker cada vez dudaba más de la doctrina tradicional en torno a la inmutabilidad de las especies, pero su joven amigo Thomas Henry Huxley era un firme detractor de la evolución. Por su parte, Lyell estaba fascinado por las especulaciones de Darwin, aunque sin percibir el alcance de sus implicaciones. Cuando leyó un artículo de Alfred Russel Wallace sobre la Introducción de especies, observó similitudes con los pensamientos de Darwin y le apremió a publicarlos para establecer la precedencia. Aunque Darwin no percibió amenaza alguna, comenzó a trabajar en una publicación corta. La contestación de difíciles cuestiones retenían su desarrollo una y otra vez, y finalmente amplió sus planes a la redacción de un “gran libro sobre las especies” titulado Selección natural. Darwin continuó con sus investigaciones, obteniendo información y especímenes de naturalistas de todo el mundo, incluyendo a Wallace, que estaba trabajando en Borneo. El botánico estadounidense Asa Gray mostraba intereses similares, y el 5 de septiembre de 1857 Darwin envió a Gray un esbozo detallado de sus ideas, incluyendo un extracto de su obra Selección natural. En diciembre, Darwin recibió una carta de Wallace preguntándole si el libro trataría la cuestión del origen del hombre. Él le contesto que evitaría el tema al estar “tan rodeado de prejuicios”, mientras animaba a Wallace a seguir con su línea teórica, añadiendo que “Yo voy mucho más allá que Usted”.
“Alfred Russel Wallace (8 de enero de 1823 – 7 de noviembre de 1913) fue un geógrafo, botánico y naturalista inglés. Wallace es conocido sobre todo por haber alcanzado el concepto de selección natural, central en la teoría biológica de la evolución, independientemente de Charles Darwin.En 1855 Wallace publicó un artículo titulado “On the law which has regulated the introduction of new species” donde defendía el hecho de la evolución, aunque sin atribuirle una causa.
Tres años más tarde, en el artículo “On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original type” proponía la selección natural como el mecanismo explicativo de la transmutación de las especies. Wallace remitió el artículo a Darwin para su revisión. Cuando éste lo leyó, se encontró con lo que calificó como el mejor resumen imaginable de las ideas que él mismo llevaba gestando trabajosamente desde hacía más de veinte años.
Alfred Russel Wallace
Tras consultar con Charles Lyell y el propio Wallace, Darwin realizó una presentación pública ante la Sociedad linneana de Londres, acreditando a Wallace como codescubridor. Esta presentación se realizó, ante la Sociedad, el 1 de julio de 1858.
Wallace fue un naturalista viajero, como muchos en su época, que acompañó por ejemplo a Henry Bates a la Amazonia.
Entre 1854 y 1862, época del hallazgo de la selección natural, viajó por Insulindia (archipiélagos del Sudeste Asiático) recogiendo especímenes.
Wallace recogió sus experiencias en el libro El archipiélago malayo, publicado en 1869. Un aporte señalado y duradero de este período es la definición de la llamada línea de Wallace, un límite biogeográfico muy preciso que separa regiones florística y faunísticamente muy diferenciadas, y que pasa entre las islas de la Sonda, Nueva Guinea y las Célebes, por un lado, y Java, Borneo y Filipinas por otro. Wallace es considerado, justificadamente, como uno de los padres de la Biogeografía.
Wallace desarrolló con el tiempo una tendencia mística que condicionó su interpretación del proceso evolutivo, sobre todo en lo referente a la evolución humana, interesándose cada vez más por el espiritismo.
En 1894 recibe la Medalla linneana de oro.”[9]
Ejemplar de la primera edición del relato de Wallace de su viaje a la cuenca del Amazonas. Museo de La Plata
El libro de Darwin estaba a la mitad cuando el 18 de junio de 1858 recibió una carta de Wallace. En ella, Wallace adjuntaba un manuscrito para ser revisado en el que defendía la evolución por selección natural. A petición de su autor, Darwin envió el manuscrito a Lyell, mostrándole su sorpresa por la extraordinaria coincidencia de sus teorías, y sugiriendo la publicación del artículo de Wallace en cualquiera de las revistas que este prefiriese. La familia de Darwin estaba en crisis, y los niños de su pueblo estaban muriendo de escarlatina, de modo que dejó el asunto en manos de Lyell y Hooker. Finalmente se decidió por una presentación conjunta en la Sociedad linneana de Londres el 1 de julio bajo el título Sobre la tendencia de las especies a crear variedades, así como sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural compuesta por dos artículos independientes: el manuscrito de Wallace, y un extracto del no publicado Ensayo de Darwin, escrito en 1844, junto con un resumen de la carta de Darwin a Asa Gray. No obstante, la hija de Darwin murió pronto de escarlatina y estaba demasiado abatido como para asistir.
La presentación de la teoría de la selección natural ante la Sociedad linneana no recibió demasiada atención. Tras la publicación del artículo en agosto en el periódico de la sociedad, se reimprimió en varias revistas y recibió algunas reseñas y cartas, pero el presidente de la Sociedad linneana comentaba en mayo de 1858 que aquel año no estaba señalado por ningún descubrimiento revolucionario.
Sólo una reseña le resultó a Darwin lo suficientemente incisiva como para tenerla en cuenta más tarde: el profesor Samuel Haughton de Dublín afirmaba que “todo lo novedoso del artículo es falso, y lo verdadero ya es cosa dicha anteriormente”.
Darwin se debatió durante trece meses para producir un extracto de su “gran libro”, sufriendo enfermedades del corazón, pero recibiendo continuos ánimos de sus amigos científicos. Lyell lo dispuso todo para que lo publicara John Murray.
El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida (habitualmente conocido bajo el título abreviado de El origen de las especies) resultó inusitadamente popular, y el lote completo de 1250 copias tenía un número de suscriptores superior cuando salió a venta a los libreros el 22 de noviembre de 1859.
En el libro, Darwin expone una “extensa argumentación” a partir de observaciones detalladas e inferencias, y considera con anticipación las objeciones a su teoría.
Su única alusión a la evolución humana fue un comentario moderado en el que se hablaba de que “se arrojará luz sobre el origen del hombre y su historia.”
Su teoría se formula de modo sencillo en la Introducción:
Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma.
Darwin argumentó contundentemente en favor de de un origen común de las especies pero evitó el entonces controvertido término “evolución” y al final del libro concluyó que:
Hay grandeza en esta concepción según la cual la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un reducido número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, una infinidad de las formas más bellas y portentosas.»[10]
Los últimos años de Darwin
Hacia 1879, un cada vez más famoso Darwin llevaba años aquejado de una enfermedad crónica
«A pesar de los repetidos brotes de su enfermedad durante los últimos 22 años de su vida, Darwin continuó infatigablemente su trabajo. Habiendo publicado El origen de las especies como un resumen de su teoría, continuó desarrollando líneas de investigación que allí sólo habían sido esbozadas y que incluyeron objetos tan dispares como la evolución humana, diversos aspectos de la adaptación de las plantas o la belleza decorativa en la vida salvaje.
En 1861, sus investigaciones sobre la polinización por insectos le condujeron a novedosos estudios sobre las orquídeas salvajes en los que investigó la adaptación de sus flores al síndrome floral y al aseguramiento de la heterosis. La fecundación de las orquídeas, publicada en 1862, ofreció la primera demostración detallada del poder de la selección natural, explicando las complejas relaciones ecológicas y haciendo verificables las predicciones. El deterioro de su enfermedad obligó a Darwin a permanecer en cama. La habitación en la que guardaba reposo se encontraba repleta de ingeniosos experimentos para trazar los movimientos de las plantas trepadoras, y no dejó de recibir visitas de ilustres naturalistas. Entre ellos se encontraban Ernst Haeckel, un celoso seguidor del Darwinismus, una particular versión del darwinismo que favorecía la ortogénesis por encima de la selección natural, y Wallace, quien aunque siguió apoyando la teoría de Darwin, se convirtió progresivamente al espiritualismo.
La primera parte del “gran libro” planeado por Darwin, y titulado Variación de las plantas y los animales en estado doméstico creció hasta convertirse en dos enormes volúmenes, obligándole a dejar de lado otros objetos de estudio como la evolución humana y la selección sexual. La obra se publicó en 1868 y a pesar de su extensión tuvo una amplia acogida, alcanzando un número considerable de ventas y siendo traducida a varios idiomas. Más tarde, Darwin escribió una segunda sección dedicada a la selección natural que sería publicada a título póstumo.
El siguiente reto de Darwin tuvo por objeto la evolución humana. Lyell ya había popularizado el tema de la prehistoria, y por entonces Thomas Henry Huxley organizaba sesiones de anatomía en las que se comparaban cráneos de simios y humanos en distintos grados de desarrollo. Con El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, Darwin ofreció múltiples evidencias que situaban al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando la continuidad entre características físicas y mentales. Así mismo, expuso la teoría de la selección sexual como una explicación de determinadas características no adaptativas, como el plumaje de la cola del pavo real, así como la evolución cultural y las diferencias sexuales, raciales y culturales, al mismo tiempo que enfatizaba la pertenencia de todos los humanos a una misma especie.
Su investigación fue ampliada en su siguiente libro: La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), una de las primeras publicaciones acompañada de fotografías impresas, que discutía la continuidad de la psicología humana con la conducta animal. Ambos libros fueron enormemente populares y el mismo Darwin se declaró sorprendido de que “todo el mundo hablase de ello sin demostrar sorpresa alguna”. Su conclusión fue que
el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar –con todos estos elevados poderes– todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen.
Sus experimentos e investigaciones sobre evolución culminaron en sus trabajos sobre el movimiento de plantas trepadoras y carnívoras, los efectos de la heterosis y la autofertilización vegetal, diferentes formas de flores en una misma especie de planta, y El poder del movimiento en las plantas. En su último libro, Darwin investigó el efecto de la presencia de lombrices en la formación del suelo.
Murió en Downe, Kent (Inglaterra) el 19 de abril de 1882. Esperaba ser enterrado en el patio de la iglesia de St. Mary, en Downe, pero por petición de sus colegas, el presidente de la Royal Society, William Spottiswoode, convino un funeral de Estado en la Abadía de Westminster, donde fue enterrado junto a John Herschel y Isaac Newton.
Sólo cinco personas que no pertenecieran a la realeza tuvieron el honor de recibir un funeral semejante durante el siglo XIX.»[11]
Árbol genealógico [12]
Padres y abuelos paternos de Darwin
Madre y abuelos maternos de Darwin
Padres y hermanos Darwin
Los hijos de Darwin
Darwin con su hijo mayor William Erasmus Darwin, en 1842.
El matrimonio Darwin tuvo diez hijos. Dos de ellos murieron en la infancia, y especialmente el fallecimiento de Anne Darwin con diez años dejó una huella indeleble en sus padres. Charles era un padre cariñoso y extraordinariamente atento con sus hijos. Cuando enfermaron siempre sospechó que la consanguinidad podía empeorar la tendencia genética a la enfermedad que él sufría desde su juventud. Estudió el tema en sus libros, contrastándolo con las ventajas asociadas al cruce entre muchos organismos.
La mayoría de los hijos de Darwin tuvo carreras distinguidas logradas, en parte, gracias al honor de ostentar su ilustre apellido.
George, Francis y Horace se convirtieron con el tiempo en miembros de la Royal Society, distinguidos así por sus trayectorias en astronomía, botánica e ingeniería, respectivamente.
Su hijo Leonard, por otra parte, fue sucesivamente soldado, político, economista y eugenicista, además de maestro del estadístico y biólogo evolucionista Ronald Fisher.
La teoría de Darwin: comunidad de descendencia y selección natural
La explicación propuesta por Darwin del origen de las especies y del mecanismo de la selección natural, a la luz de los conocimientos científicos de la época, constituye un gran paso en la coherencia del conocimiento del mundo vivo y de las ideas evolucionistas presentes con anterioridad. Se trataba de una teoría compuesta por un amplio abanico de subteorías que ni conceptual ni históricamente fueron indisociables (véase el artículo dedicado a El Origen de las Especies para una revisión completa de todas ellas).
Fundamentalmente, las dos grandes teorías defendidas en el Origen fueron, por un lado, la teoría del origen común o comunidad de descendencia, en la que se integran evidencias muy variadas en favor del hecho de la evolución, y, por otro, la teoría de la selección natural, que establece el mecanismo del cambio evolutivo.
De este modo, Darwin pretendía resolver los dos grandes problemas de la historia natural: la unidad de tipo y las condiciones de existencia.
Críticas en los inicios de la teoría de la evolución
Caricatura de Darwin como un simio en la revista Hornet. Se puede observar que lo representaban con características propias de la rama de los simios como el mentón, las cejas y la forma de su cabeza, como forma de burla a su observación de la evolución del simio al hombre actual.
En sus inicios, poco después de la publicación del libro de Darwin, la evolución y la selección natural fueron ampliamente discutidas por las comunidades científicas y religiosas. Aún así, en esa época, las ideas de Darwin ya eran apoyadas por la mayoría de los científicos, siendo su mayor defensor Thomas Henry Huxley, “el Bulldog de Darwin”. Los otros científicos que en esa época consideraban la teoría como incompleta, criticaban que esta no presentaba ningún mecanismo capaz de transmitir la herencia en los seres vivos; esto ya que desconocían que Gregor Mendel había estudiado las leyes de la herencia en 1865 siglo XX). (Teorías de Mendel que permanecieron desconocidas -incluso por Darwin- hasta el E. von Hartmann y H. Milne-Edwards (1867) criticaron al Darwinismo desde el punto de vista del vitalismo.
Otro de los problemas a los que se enfrentó la teoría de Darwin en esa época, era la imposibilidad que tenían de conocer la edad correcta de la Tierra. Por ejemplo, según los estudios de Lord Kelvin, que posteriormente resultaron equivocados, postulaban erróneamente que la edad de la Tierra era demasiado pequeña para albergar en su historia el largo proceso evolutivo necesario por las especies naturales. Así, Kelvin afirmó que sólo mediante el diseño inteligente se podía haber alcanzado la gran diversidad biológica actual. Sin embargo, las ideas de Kelvin chocaban con la datación de la Tierra propuesta por los geólogos con base en los primeros estudios sobre la edad de diferentes tipos de rocas, y la cuestión de la edad de la Tierra era un tema de actualidad científica que sólo sería resuelto, a favor de Darwin, tras el descubrimiento de la radiactividad por Becquerel.
En 1875 el teólogo Charles Hodge acusó a Darwin de negar la existencia de Dios al definir a los humanos como el resultado de un proceso natural en lugar de una creación diseñada por Dios.
Hoy en día, aunque en biología se consideran como correctas las ideas básicas de Darwin, las cuales conforman parte de la Síntesis evolutiva moderna (actual teoría de la evolución), siguen existiendo algunos lugares en los que el debate religioso-científico se mantiene, como en Estados Unidos y en algunos lugares de Australia. El creacionismo ha cambiado de estrategia y su versión más moderna ahora se llama diseño inteligente. Aunque carece de la objetividad de la ciencia, está dando una dura batalla en los sectores conservadores de los Estados Unidos para tratar de ser aceptado en el currículo escolar. [13]
Los últimos años de Darwin
A pesar de los repetidos brotes de su enfermedad durante los últimos 22 años de su vida, Darwin continuó infatigablemente su trabajo. Habiendo publicado El origen de las especies como un resumen de su teoría, continuó desarrollando líneas de investigación que allí sólo habían sido esbozadas y que incluyeron objetos tan dispares como la evolución humana, diversos aspectos de la adaptación de las plantas o la belleza decorativa en la vida salvaje.
En 1861, sus investigaciones sobre la polinización por insectos le condujeron a novedosos estudios sobre las orquídeas salvajes en los que investigó la adaptación de sus flores al síndrome floral y al aseguramiento de la heterosis. La fecundación de las orquídeas, publicada en 1862, ofreció la primera demostración detallada del poder de la selección natural, explicando las complejas relaciones ecológicas y haciendo verificables las predicciones. El deterioro de su enfermedad obligó a Darwin a permanecer en cama. La habitación en la que guardaba reposo se encontraba repleta de ingeniosos experimentos para trazar los movimientos de las plantas trepadoras, y no dejó de recibir visitas de ilustres naturalistas. Entre ellos se encontraban Ernst Haeckel, un celoso seguidor del Darwinismus, una particular versión del darwinismo que favorecía la ortogénesis por encima de la selección natural, y Wallace, quien aunque siguió apoyando la teoría de Darwin, se convirtió progresivamente al espiritualismo.
La primera parte del “gran libro” planeado por Darwin, y titulado Variación de las plantas y los animales en estado doméstico creció hasta convertirse en dos enormes volúmenes, obligándole a dejar de lado otros objetos de estudio como la evolución humana y la selección sexual. La obra se publicó en 1868 y a pesar de su extensión tuvo una amplia acogida, alcanzando un número considerable de ventas y siendo traducida a varios idiomas. Más tarde, Darwin escribió una segunda sección dedicada a la selección natural que sería publicada a título póstumo.
El siguiente reto de Darwin tuvo por objeto la evolución humana. Lyell ya había popularizado el tema de la prehistoria, y por entonces Thomas Henry Huxley organizaba sesiones de anatomía en las que se comparaban cráneos de simios y humanos en distintos grados de desarrollo. Con El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, Darwin ofreció múltiples evidencias que situaban al ser humano como una especie más del reino animal, mostrando la continuidad entre características físicas y mentales. Así mismo, expuso la teoría de la selección sexual como una explicación de determinadas características no adaptativas, como el plumaje de la cola del pavo real, así como la evolución cultural y las diferencias sexuales, raciales y culturales, al mismo tiempo que enfatizaba la pertenencia de todos los humanos a una misma especie. Su investigación fue ampliada en su siguiente libro: La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), una de las primeras publicaciones acompañada de fotografías impresas, que discutía la continuidad de la psicología humana con la conducta animal. Ambos libros fueron enormemente populares y el mismo Darwin se declaró sorprendido de que “todo el mundo hablase de ello sin demostrar sorpresa alguna”.
Su conclusión fue que el hombre, con todas sus nobles cualidades, con su compasión hacia los que siente desarraigados, con su benevolencia no sólo hacia los otros hombres sino hacia la más humilde criatura; con su intelecto, que parece divino y ha penetrado en los movimientos y la formación del sistema solar –con todos estos elevados poderes– todo hombre sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen.
Sus experimentos e investigaciones sobre evolución culminaron en sus trabajos sobre el movimiento de plantas trepadoras y carnívoras, los efectos de la heterosis y la autofertilización vegetal, diferentes formas de flores en una misma especie de planta, y El poder del movimiento en las plantas. En su último libro, Darwin investigó el efecto de la presencia de lombrices en la formación del suelo.
Murió en Downe, Kent (Inglaterra) el 19 de abril de 1882. Esperaba ser enterrado en el patio de la iglesia de St. Mary, en Downe, pero por petición de sus colegas, el presidente de la Royal Society, William Spottiswoode, convino un funeral de Estado en la Abadía de Westminster, donde fue enterrado junto a John Herschel y Isaac Newton. Sólo cinco personas que no pertenecieran a la realeza tuvieron el honor de recibir un funeral semejante durante el siglo XIX. [14]
La televisión holandesa, tras los pasos de Darwin en la zona sur de la provincia de Buenos Aires, Argentina.
Un proyecto que comprenderá 41 documentales relacionados con la teoría sobre el origen de las especies desarrollan representantes del país europeo, quienes visitaron el Museo Municipal de Ciencias Naturales.
El Museo Municipal de Ciencias Naturales “Carlos Darwin” recibió a representantes de la Televisión Nacional Holandesa (VPRO), en conmemoración del “Año de Darwin”.
Los visitantes se encuentran realizando un proyecto que comprenderá 41 documentales que mostrarán el estado actual de los conocimientos científicos relacionados con la teoría sobre el origen de las especies por selección natural formulada por Darwin.
El proyecto de VPRO, denominado “El Beagle”, tiene como principal protagonista al clipper Stad Amsterdam, un velero holandés que navegará la misma ruta que recorrió el Beagle entre 1831 y 1836.
Según sus realizadores, la nave de la televisión VPRO es un estudio navegante en el que participarán investigadores, durante un espacio de tiempo corto o largo. Las investigaciones de los científicos serán seguidas por internet, radio y televisión.
El viaje que hizo Darwin en su tiempo será la inspiración para abordar diferentes temas: desde la migración de las aves hasta la esclavitud, desde la biología marina hasta la astronomía, desde nuevas especies hasta pueblos extinguidos.
La serie también será una historia humana, personal y aventurera: se embarcarán algunos descendientes del viejo maestro y protectores del medio ambiente que mostrarán sus miedos y su rabia, además de escritores y artistas y todo tipo de personas que profesional o personalmente tengan que ver con los temas darwinistas.
La vida a bordo y la lucha de la tripulación contra los elementos se seguirán hasta en los más íntimos detalles. Las cámaras estarán dispuestas por todas partes, menos en las cabinas de la tripulación. Al tocar diferentes puertos se incluirán filmaciones en tierra de temas relacionados con el proyecto.
Se estima que el viaje del velero, que partirá en septiembre de 2009, durará unos 11 meses y permanecerá en nuestra zona un par de días en noviembre. Por razones de tiempo, el viaje del Beagle duró 5 años, muchas de las escenas de tierra se están filmando previamente y en este contexto los realizadores del proyecto, motivados por el documental de Rolex sobre el Yacimiento de huellas fósiles de Pehuen Co, decidieron incluir imágenes del sitio y una entrevista a la doctora Teresa Manera.
Dichas tareas se efectuaron entre el 26 y 28 de mayo pasado. El equipo estaba compuesto por la realizadora Ilja Willems, un camarógrafo, un sonidista y la bióloga del Museo de Ciencias Naturales de Londres, Sarah Darwin, tataranieta del naturalista, quien, actuando como conductora, fue la encargada de realizar las entrevistas.
Además del Yacimiento de Huellas Fósiles, se filmó en el Museo Darwin y en “Las Rocas”. Este último sitio, conocido también como Farola Monte Hermoso, es el punto denominado Monte Hermoso en tiempos de Darwin.
Sarah Darwin señaló que de todos los lugares que ella ha visitado en la ruta seguida por su antepasado, éste fue el que encontró “prácticamente sin modificaciones” lo que resultaba muy emocionante y digno de esfuerzos para mantenerlo en la misma situación.” [15]
Abraham Lincoln y Charles Darwin
“Muchos se sorprenderán de esto. Pero estos dos hombres famosos nacieron el mismo día (12 Febrero 1809)
Sí, es cierto, el Presidente americano Abraham Lincoln y Charles Darwin iniciador de la teoría de la evolución, nacieron el mismo día. Dos grandes figuras de la historia y personajes los dos de mucha influencia. Un día importante para mucha gente.
Pero aunque estos dos personajes sean famosos, cada uno es famoso de distinta forma. Sus legados influencian a muchos para bien o para mal.
El Presidente Lincoln ha sido querido y respetado profundamente durante todos estos años que han pasado y su legado ha llegado a tener tal influencia positiva que aun después de tanto tiempo se celebra su recuerdo.
El Presidente electo de los Estaods Unidos, Barack Obama lo reconció hace pocos dias atras, como uno de los mejores presidentes de todos los tiempos y como un hombre muy valiente y de innegable integridad.
No solo se enfrentó con la mayoría de los políticos de su tiempo que no estaban de acuerdo con él en otorgar la libertad a los esclavos de Estados Unidos, sino que tuvo que mediar y decidir como terminar la guerra civil americana. Logró las dos cosas.
Por otra parte, Charles Darwin, con su teoría de la evolución, también ha dejado una marca en la historia. La suya no tan positiva, yo diría mas bien negativa, aunque seguro que muchos difieren de esto.
Una mujer observa una de las primeras ediciones de la obra de Darwin ‘El origen de las especies’ (Efe).
Pero si tenemos en cuenta que desde la publicación de su libro “El origen de las especies”, el mundo ha sido influenciado a creer que todos, absolutamente todos, procedemos de una simple solitaria célula que fue evolucionando a través de miles de millones de años desde su humilde charco humeante hasta el día de hoy, nos daremos cuenta de cuan nefasta ha sido su influencia.
A medida que esta teoría se ha ido difundiendo por todas partes, (con la ayuda especial de biólogos evolutivos), la idea de que exista la posibilidad que Dios no sea el Creador del mundo, después de todo, es muy atractiva para muchos.
Antes de Darwin, ser ateo te convertía en una persona intelectualmente deficiente, y nadie se atrevía a reconocer que lo era por temor a ser señalado como ignorante o algo peor. Darwin hizo posible que un ateo se sintiera intelectualmente realizado, pero sobre todo, les hizo el mejor regalo a los hombres y lo que todos quieren en el fondo, la libertad sexual y no tener que darle cuenta a nadie.
Darwin sabía muy bien las implicaciones que su teoría conllevaba. Lo siento por él y por la responsabilidad que tiene en el cuanto a las condiciones en que se encuentra el mundo hoy gracias a él y a sus alumnos, porque sabemos que viene un día en que todos los hombres daremos cuenta de nuestra vida, les guste o no les guste.
Por lo tanto el legado de Lincoln es de mucha honra, mientras que el de Darwin deja mucho que desear. Para algunos es un ídolo, pero para otros su legado es nefasto.
El presidente Obama escogió la Biblia de Lincoln el dia de su inauguración para hacer su juramento ante Dios, y ayer declaró su admiración y respeto por este gran hombre.
Por otra parte, Karl Marx y Adolfo Hitler eran grandes admiradores de Darwin y sería conveniente preguntarnos cual fué su influencia sobre ellos.
Con estos dos nombres en el calendario ya sería suficiente para retener la atención sobre esta fecha en particular. Mas, cuando estos monstruos vieron la luz, hacía cinco años exactamente que Immanuel Kant, el gran filósofo alemán, se había sumido en las sombras. Estamos ante probablemente la figura más importante de la historia de la filosofía sobre el que se erige todo el pensamiento contemporáneo. Y la carrera de casualidades no se detiene ahí. Hace exactamente 30 años moría el cineasta Jean Renoir, el gran clásico del cine francés. Y hace un cuarto de siglo, en esta misma fecha, moría un tal Julio Cortázar, el más grande escritor iberoamericano del siglo XX -con Borges-. ¿Qué tienen de especial estos números, esta fecha, para atraer sobre sí tan enormes figuras, tan relevantes, tan influyentes? Quienes cumplan hoy años tienen razones para sentirse esperanzados en cuanto a su destino.
Su fecha de nacimiento ha sido objeto de elucubraciones irracionales, basado en las paganas suspersticiones de la astrología. Pero que esta fecha tiene algo de especial, no cabe duda. También nacieron en este dia, Kant, Darwin, Lincoln, Renoir y Cortázar, todos ellos renovadores clave en sus respectivas disciplinas.Casualidad? Seguro que sí.”
“El hombre que destronaría al ser humano de su lugar de privilegio en la naturaleza, que refutaría varias de las creencias fundamentales de su época y cuyas ideas tendrían una influencia pocas veces igualada en la ciencia, la sociedad y la cultura, Charles Robert Darwin, nacía hace hoy 200 años, el 12 de febrero de 1809, en Shrewsbury, Gran Bretaña.
Con motivo de su bicentenario, hay exposiciones sobre su vida y su obra, se reeditan sus libros, se organizan homenajes y medios de comunicación de todo el mundo le dedican ediciones especiales.
Hoy, en Mendoza, diversas instituciones, como el Conicet, las universidades de La Plata y de Cuyo, la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la embajada británica en Buenos Aires, el INTA y la Fundación YPF, emplazarán un nuevo monumento en el llamado Bosque de Darwin, en Paramillos de Uspallata, en los cerros donde el naturalista descubrió ejemplares de araucarias fósiles el 30 de marzo de 1835, al cruzar la cordillera de los Andes entre Mendoza y Valparaíso.
“Darwin transformó la idea dominante de estabilidad que abarcaba la Tierra, todas las especies que viven en ella e incluso las clases sociales, en una sucesión de imágenes en movimiento”, escribe el paleontólogo Niles Eldredge, autor de Darwin, el descubrimiento del árbol de la vida , recién publicado aquí por Katz Editores.
Gran parte de su inspiración surgió de su recorrido por la Patagonia, donde le llamaron la atención los grandes fósiles cubiertos con una armadura como la de los armadillos actuales, y las diferencias de tamaño entre los avestruces. Llegó hasta Mendoza, donde -según explica la doctora Ana María Zavattieri, del Conicet- “fue el primero en observar y describir la presencia en los altos Andes de sedimentos marinos fosilíferos del Mezozoico”, y hasta Tierra del Fuego.
“Los aportes de Darwin, escritos entre 1838 y 1845, y publicados en 1846, son el primer trabajo geológico, en sentido estricto, de la provincia de Mendoza”, comenta Zavattieri.
Charles Darwin nació en una familia acomodada. Sus abuelos Erasmus Darwin -médico y poeta- y Josiah Wedgwood -destacado ceramista-, eran amigos y miembros de la Sociedad Lunar, que reunía a intelectuales vanguardistas.
Su madre murió cuando tenía apenas ocho años. “El niño creció [...] mimado por sus tres hermanas mayores -escribe Eldredge-. Su tío Josiah, un hombre cálido y amable que vivía en Maer Hall con sus siete hijos, sería una figura central [...]. Fue Josiah quien convenció al padre de Darwin de que permitiera a su hijo unirse a la aventura del capitán FitzRoy como naturalista a bordo del Beagle. Además, Emma, séptima entre los hijos de Josiah, nacida en 1808, se casó con Charles en 1839.”
A Charles lo entusiasmaba la vida al aire libre y de muy joven empezó a recolectar especímenes del entorno natural. En su Autobiografía (escrita con la intención, aclara, de que sus descendientes conocieran su propio relato, y que, junto con Diario de la Patagonia, acaba de publicar en el país la Editorial Continente), recuerda que su padre lo retó porque no le importaba otra cosa “que la caza, los perros y atrapar ratas. Así no llegarás a nada -le advirtió-; serás una vergüenza para la familia”.
Enviado a Edimburgo, donde estudiaría medicina, pero desinteresado del sufrimiento de los enfermos, Darwin se encontró por primera vez con los rigores de la investigación, por lo que su padre decidió enviarlo a Cambridge, donde llegó a fines de 1828 y se graduó en 1831.
Una invitación única Ese año, precisamente, recibió una carta que transformaría su vida. El capitán FitzRoy estaba interesado en ceder parte de su propio camarote a algún joven que quisiera ir como naturalista en el viaje del Beagle. El viaje duró casi cinco años, desde el 27 de diciembre de 1831 hasta el 2 de octubre de 1836.
Fue durante esa travesía, cuyo objetivo principal era cartografiar las costas sudamericanas, que comenzó a descubrir fósiles y a observar animales como el ñandú, el guanaco, la vicuña y la alpaca. Esas observaciones, más las realizadas en las Galápagos, constituyeron la base de la teoría de la evolución.
En los siguientes cuarenta años, según el propio Darwin, no hubo acontecimientos dignos de mención, salvo la publicación de El origen de las especies (de cuya versión original se cumple este año un siglo y medio, y cuyas 1250 copias se vendieron el día de su publicación), El origen del hombre y la selección sexual , Viaje de un naturalista alrededor del mundo , La expresión de las emociones en el hombre y los animales , La fecundación de las orquídeas y la ya mencionada Autobiografía .
Vivió acosado por problemas de salud, pero el virtual aislamiento que cultivó un poco por esa causa lo ayudó a madurar sus ideas.
“El joven Darwin era muy intuitivo y se acercó a la naturaleza de un modo casi impresionista”, escribe Eldredge, que en 2005 fue el curador de una gran exposición que recorre la vida y el pensamiento del visionario británico, se dio a conocer en el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York y ya recorrió varios países. Darwin, agrega, fue uno de los primeros científicos que adoptaron el método hipotético-deductivo. Su producción fundamental fue concebida principalmente entre 1837 y 1842, aunque El o rigen de las especies fue publicado 17 años más tarde.
“La teoría de la evolución de Darwin se ha conservado en una serie de cuadernos y manuscritos que no se publicaron durante la vida de su autor, que nos muestran que la creatividad en ciencia es muy similar a la que se requiere en todas las demás facetas de la experiencia humana”, afirma Eldredge.
Darwin murió a los 73 años, en 1882. Fue enterrado en la abadía de Westminster, al lado de Newton.”
Notas
0. http://www.abc.es/hemeroteca/historico-08-02-2009/abc/Nacional/darwin-viaje-a-la-luz-de-la-evolucion_912982819150.html
1. Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
2 . Ibíd.
3 . Ibíd.
4 . http://www.ciencia.net/VerArticulo/Charles-Darwin?idArticulo=dse5osu39sw4mzeko8giye
5 Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
6 Ibíd.
7. Revista Muy Interesante
8. Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
9. Enc. Libre on line wikipedia, Wallace
10 . Enc. Libre on line wikipedia, Darwin
11. Ibíd.
12. Ibíd.
13. Ibíd.
14. Ibíd.
15. Nota publ. en el diario “La Nueva Provincia”,28 de junio de 2009, Bahia Blanca,Bs.As.Argentina
16. http://www.elconfidencial.com/cache/2009/02/12/sociedad_8_usted_querria_cumplir.html
17. Nota publ. en el diario lanacion.com ,Jueves 12 de febrero de 2009,Bs.As. Argentina
07 C. William Barclay – Hechos de los Apostoles
09 ago 2010 Comentarios desactivados
Wikenhauser, Alfred – Los Hechos de Los Apostoles
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Comentario Bíblico Del Continente Nuevo – Efesios
09 ago 2010 2 comentarios
in Epístola a los Efesios Etiquetas: Efesios, Efeso, Epístola a los Efesios, Raúl Caballero Yoccou
Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.
08 ago 2010 2 comentarios
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Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.
EPÍSTOLA A LOS EFESIOS.
Más que una epístola simplemente, este escrito es un tratado epistolar, quizás dirigido a los creyentes de toda el Asia Menor, especialmente a los gentiles (2.11, 19; 5.7s). Se escribió si no juntamente, al menos muy cerca de la Epístola a los Colosenses, y es muy probable que la llevara un mismo correo, Tíquico (6.21, 22; cf. Col 4.7–9). A diferencia de las demás cartas paulinas, no contiene exhortaciones de carácter personal ni soluciones para problemas concretos, indicio de su carácter encíclico.
Autor Y Fecha
Desde los primeros años del siglo II, la tradición concuerda en que esta carta la escribió Pablo quizás entre 50–60 d.C. Sin embargo, durante los últimos años, la alta CRÍTICA ha puesto en tela de duda tal tradición. Los argumentos en contra de la paternidad paulina tienen carácter subjetivo y se relacionan con el estilo, el vocabulario, la doctrina y los paralelos íntimos con otras cartas de Pablo. Según Barth, Efesios contiene 80 palabras que no se encuentran en otras cartas paulinas, además del aumento en el uso de verbos en proporción con los sustantivos; además, contiene 231 verbos y 158 sustantivos, mientras que GÁLATAS 139 verbos y 202 sustantivos. También ciertas palabras típicamente paulinas (misterio, servicio, herencia, plenitud, por ejemplo) parecen tener un sentido diferente en Efesios. En ningún momento estos han sido argumentos decisivos. Las diferencias internas, comparadas con las otras cartas, pudieron deberse a que fueron distintas las circunstancias que dieron motivo a la epístola.
Marco Histórico
Tradicionalmente la iglesia ha aceptado que la carta se escribió en un inicio para la iglesia de Éfeso. De los escritores de los primeros siglos solo Marción, Orígenes y Basileo daban cabida a otra tradición; a saber, que la carta era la mencionada en Col 4.16, «la de Laodicea», o bien que no tenía destinatarios fijos. Y es cierto que las palabras «en Éfeso» no se hallan en los tres manuscritos griegos más importantes (aunque en su lugar se deja un espacio en blanco), y que en el contexto de Efesios 1.1 causan problemas gramaticales. Además, la evidencia interna (la falta total de saludos personales, por ejemplo) pareciera negar que se escribiera a una iglesia con la que Pablo convivió casi tres años (Ef 1.15; 3.2; 4.21; cf. Hch 19; 20.31).
La mayoría de los eruditos concluyen que debiera encontrarse otra explicación. Se han sugerido las siguientes:
1. La epístola se envió a Laodicea, una iglesia que Pablo no conocía personalmente.
2. Se envió como carta circular a varias iglesias a través de Tíquico (Ef. 6.21; Col 4.7s). Esta teoría presupone que el nombre de las iglesias destinatarias no aparecía en el manuscrito original, sino que se añadía en cada caso cuando la epístola llegaba a ellas.
3. Tenía como propósito ser el mensaje póstumo del anciano apóstol a la iglesia universal. Así se explican las diferentes referencias a personas y la amplitud de la visión cósmica (1.10, 14, 20–23; 2.14–16; 3.14–21; etc.).
4. Se envió para impedir que se extendiese la herejía combatida en la Epístola a los Colosenses.
No se puede, pues, precisar con seguridad ni los destinatarios ni el propósito original de la carta, pero es posible sugerir que se escribió inmediatamente después de Colosenses. Constituye una meditación sobre la grandeza del misterio de Cristo (1.9; 3.4s) y la responsabilidad de la Iglesia en Él (2.10; 4.17ss), temas ya analizados en Colosenses, y se envió a varias iglesias, quizás al mismo tiempo que Colosenses (61–62 d.C., durante la cautividad del apóstol en Roma).
La opinión de los eruditos está dividida en lo que respecta a los destinatarios de la carta que conocemos con el nombre de “La Epístola a los Efesios”. Un cincuenta por ciento afirma que se trata de una encíclica, es decir, una carta dirigida a varias iglesias, tales como Efeso, Laodicea, Colosas, Heriápolis y otras. Probablemente esta incógnita no será resuelta aquí en a tierra, pero esto no reviste mayor importancia para nosotros ya que sabemos que es un escrito del Espíritu Santo para todo creyente en todos los tiempos
La ciudad de Éfeso y el establecimiento de la Iglesia allí.
Era la capital de Iconia, Provincia romana de Asia menor, situada cerca de la desembocadura del Cayster, como 40 millas(60 Km.) al sudoeste de Esmirna. Era celebre por el culto a la diosa Diana (Artemisa), cuyo templo original erigido en esta ciudad constituía una de las siete maravillas, del mundo antiguo. Esta diosa romana difería de su igual griega, en que parece haber sido venerada con ritos impuros y misterios de la magia ( Hch. 19:19),como la diosa siria Astoret.
Ciudad del occidente de Asia Menor, y centro importante en la historia de la iglesia primitiva. Estaba situada entre Mileto y Esmirna, en el valle del río Caistro, a 5 km del mar Egeo y entre las montañas de Koresos. Su excelente acceso al mar la convirtió en el principal puerto de Asia durante el Imperio Romano. Compartió con Alejandría y Antioquía la supremacía en el Mediterráneo oriental, y llegó a ser la más importante gracias a su posición geográfica y actividad industrial.
Historia General
Como ciudad, probablemente Éfeso se fundó en el siglo XII a.C., cuando los colonizadores griegos se mezclaron con los indígenas de la región, descendientes de habitantes de Anatolia en el centro de Asia Menor. En 560, Creso, rey de Lidia, conquistó a Éfeso. Este restauró el famoso templo de Artemisa y benefició de gran manera a la ciudad. Tres años después la capturaron los persas. Lisímaco, uno de los sucesores de Alejandro Magno, la reconstruyó más tarde (322) y además de embellecerla la inundó con la influencia helenista.
En 133 a.C., Atalo III, rey de Pérgamo, entregó la ciudad a Roma y así se mantuvo hasta el 262 d.C., cuando los godos destruyeron tanto al templo como a la ciudad. En la era apostólica, Éfeso era el centro administrativo y religioso de la provincia romana de Asia; algunos de sus oficiales se llamaban asiarcas (Hch 19.31).
El templo de Diana, considerado una de las siete maravillas del mundo, estaba situado al nordeste de la ciudad. Se terminó al principio del siglo III a.C. Daba renombre a Éfeso y esta se jactaba de ser «guardiana del templo de la gran diosa Diana» (Hch 19.35). Fueron impresionantes la superstición y el ocultismo que florecieron a la sombra del culto a esta diosa, cuyas características eran semejantes a las de la diosa oriental de la fertilidad.
Historia Sagrada
Según Hechos, Pablo visitó a Éfeso dos veces: a finales de su segundo viaje misionero, cuando iba de prisa hacia Jerusalén (18.19–21), y durante el tercero (19.1–41). Había en Éfeso una numerosa colonia judía donde Pablo y sus compañeros, Aquila y Priscila, fueron bien acogidos al llegar por primera vez. El apóstol deseaba estar en Jerusalén para cierta fiesta y esto acortó su visita, pero sus compañeros permanecieron allí. Sin duda, fundaron la iglesia ayudados por Apolos (Hch 18.24–26).
La segunda visita de Pablo duró tres años (19.8, 10; 20.31), pero esta vez la situación fue diferente. Al principio, los judíos lo recibieron bien, pero después de predicar tres meses en la sinagoga surgió la oposición (quizás por desacuerdo en cuanto a lo que es el «reino de Dios», 19.8, 9). Por tanto, trasladó su centro de actividades a la «escuela de uno llamado Tiranno».
Con este punto como cuartel, Pablo llevó a cabo una obra extensa, ayudado por sus compañeros y convertidos como Tíquico, Epafras y Filemón (Hch 19.10). Seguramente durante esta época nacieron «las siete iglesias… en Asia» (Ap 1.11) y otras como Colosas y Hierápolis (Col 4.13). Su ministerio lo acompañaron «milagros extraordinarios» (Hch 19.11). Tantos se convirtieron, que los fabricantes de ídolos vieron en peligro su negocio y provocaron el tremendo alboroto relatado en Hch 19.23–41.
Éfeso llegó a ser un centro importante de la iglesia primitiva. Timoteo permaneció allí para cuidar de la iglesia después de la ida de Pablo (1 Ti 1.3). La tradición (escritos postapostólicos) afirma que el apóstol Juan se trasladó a Éfeso a finales del siglo I para supervisar y ayudar a las iglesias de Asia. Esto explica por qué les dirigió los mensajes escritos en Ap 2 y 3 durante su destierro en la isla de Patmos.
Desde la época postapostólica hasta la invasión musulmana, Éfeso fue un centro eclesiástico importante. Aquí se celebró, en 431, el tercer concilio ecuménico donde se condenó la cristología nestoriana.
En lo que respecta a la fundación de la iglesia, sabemos que Pablo visitó esta ciudad en su segundo viaje misionero. Ésta primera y breve visita fue seguida por otra mas larga en su tercer viaje misionero. En esta ocasión permaneció aproximadamente tres años en Efeso. Durante su ausencia Aquila y Priscila continuaron la labor.
También Timoteo y Tiquico trabajaron en aquella iglesia .Después de su segunda estadía , los Hechos registran la conversión de los doce discípulos de Juan el bautista , la predicación de la escuela de Tirano, la realización de Asia y el levantamiento de los fabricantes de estatuillas de la diosa Diana.
En esa iglesia se destacan nombres de creyentes tales como: Trofimo, Tiquico, y Onesiforo. También sabemos los hombres que hicieron mucho daño a Pablo y a la causa de Cristo , tales como Sceva, Himeneo, Alejandro, Fiígelo, y Hermógenes.
Se dice allí que el apóstol Juan pasó la mayor parte de su vida y escribió sus Evangelios, y sus Epístolas, y que , habiendo escrito en su destierro en la isla de Palmos el Apocalipsis, regresó a Efeso y allí murió.
Sobre la ocasión de la carta.
Habiendo dos peligros que amenazaban a la iglesia de Éfeso:
1) Una tentación de sumergir las verdades cristianas en las normas paganas.
2) Una falta de unidad entre judíos y gentiles .
Para contrarrestar el primer peligro, Pablo expone la santidad del llamamiento cristiano, en contraste con la antigua condición de ellos como paganos. Para evitar el segundo, presenta al Señor Jesús haciendo la paz entre los judíos y el gentil por la sangre de Cristo y haciendo de los dos un nuevo cuerpo.
No se puede, pues, precisar con seguridad ni los destinatarios ni el propósito original de la carta, pero es posible sugerir que se escribió inmediatamente después de Colosenses. Constituye una meditación sobre la grandeza del misterio de Cristo (1.9; 3.4s) y la responsabilidad de la Iglesia en Él (2.10; 4.17ss), temas ya analizados en Colosenses, y se envió a varias iglesias, quizás al mismo tiempo que Colosenses (61–62 d.C., durante la cautividad del apóstol en Roma).
Desde Roma, sin duda el mismo tiempo que Filemón y colosenses, y enviada por Tíquico.
Evidentemente fue escrita estando Pablo preso. El se llama a si mismo “prisionero de Cristo Jesús” (3:1); “preso en el Señor” que les ruega…(4:1); en su famosa frase es un “embajador en cadenas”( 6:20). Pablo estaba preso y muy cerca su fin cuando escribió Efesios tiene a todas luces una relación estrecha e intima con los colosenses.
Parecía que Tíquico fue el portador de ambas cartas, pues en Colosenses Pablo dice que aquel le informará sobre su situación (Col. 4:7); y en Efesios dice que Tíquico les dará noticias sobre el asunto y sobre cómo está(Ef. 6.21).Tíquico está relacionado íntimamente con estas dos cartas. Pero además hay semejanzas en el contenido de las mismas. Es tanta la similitud, que se cuentan mas de 55 versículos idénticos. O como sostiene Coloridge , colosenses es lo que pudiera llamarse la “superabundancia” de Efesios, o Efesios constituye una versión mas extensa de colosenses. Al final veremos que esta semejanza es la que nos da la clave del lugar único de Efesios entre las dos cartas de Pablo
Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.
La naturaleza de Efesios hace difícil determinar las circunstancias específicas que llevaron a escribir la epístola. Está claro, sin embargo, que los destinatarios eran principalmente gentiles (3.1) que antes estaban alejados de la ciudadanía de Israel (2.11). Ahora, gracias al don de Dios, disfrutaban de las bendiciones espirituales que proporciona Cristo.
El tema de Efesios es la relación entre el Jesucristo celestial y su cuerpo aquí en la tierra, la Iglesia. Cristo ahora reina «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío» (1.21), «y sometió todas las cosas bajo sus pies» (1.22). En su estado de exaltación, no se ha olvidado de su pueblo. Al contrario, se identifica plenamente con la Iglesia que considera su Cuerpo y la llena de su presencia (1.23; 3.19; 4.10).
La relación de esposo a esposa es una bella analogía que expresa el amor, el sacrificio y el señorío de Cristo por la Iglesia (5.22–32). El Cristo entronizado habita por la fe en el corazón de los creyentes (3.17) para que puedan disfrutar de su amor. No hay absolutamente nada que esté fuera de su alcance redentor (1.10; 3.18; 4.9).
La unión de Cristo con su Iglesia se expresa también en la unidad de los creyentes. Los que antes andaban lejos, «apartados» y separados de Dios han sido «hechos cercanos por la sangre de Cristo» (2.13). Es más, los creyentes ahora son llevados por Cristo a sentarse con Él en los lugares celestiales (2.5–6). Como los creyentes están con Él, procuran ser como Él y están «solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4.3). Él mismo «es nuestra paz» (2.14), dice Pablo, y derriba las paredes y barreras que antes separaban a los judíos de los gentiles, y los une en un Espíritu ante el Padre (2.14–22).
Después de expresar estas maravillosas bendiciones espirituales, Pablo exhorta a los creyentes a que anden como es digno de los que han sido llamados (4.1). Este llamamiento es una útil demostración de ética cristiana. En vez de presentar leyes y regulaciones, Pablo dice, en efecto, que nuestra manera de vivir debe honrar al que nos llamó. Cristo libera al cristiano, pero este tiene que dar cuenta a Cristo. Pablo hace varias declaraciones sobre cómo los creyentes pueden honrar a Cristo (4.17–5.9), pero la meta no es ganar mérito por medio de la moralidad. En vez de buscar personas buenas, Pablo quiere personas nuevas, el «varón perfecto», reedificado según «la estatura de la plenitud de Cristo» (4.13). Esta madurez puede referirse a la deseada y todavía no alcanzada unidad de la iglesia.
enciclopedia Ed. Caribe
Antiguo Testamento al Romané se convertirá en la primer Biblia para los gitanos
08 ago 2010 Comentarios desactivados
in La Biblia, Temas de actualidad Etiquetas: Antiguo Testamento al Romané, Biblia para los gitanos
Antiguo Testamento al Romané se convertirá en la primer Biblia para los gitanos
La contribución de la SBCH ayudará a la comunidad gitana en Chile, -diez mil personas aproximadamente- a poseer la Biblia completa en su propio idioma. Sin embargo esta traducción tardará unos 3 años aproximadamente.
Chile | Lunes 19 de Julio, 2010 | Por Nínro Ruíz Peña

Francisco Viguera, secretario general de Sociedad Bíblica Chilena (SBCH), dirigió el inicio al proceso de traducción del Antiguo Testamento al Romané (Lengua Gitana) en una ceremonia que convocó a autoridades de gobierno y personas de ONG de educación y cultura.
Al evento asistieron Roberto Osorio, Coordinador de la División Relaciones Políticas e Institucionales, dependiente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia; Humberto Lagos, Director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos dependiente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia; David Muñoz, capellán Nacional Evangélico de la Policía de Investigaciones; y Alfredo Cooper, Capellán Evangélico de La Moneda.
El equipo traductor es el mismo, estos fueron los que tradujeron del Nuevo Testamento al Romané y ahora lo harán con el Nuevo Testamento: Juan, Jorge Nicollich y Carlos Hernández son los especialistas.
La contribución de la SBCH ayudará a la comunidad gitana en Chile, -diez mil personas aproximadamente- a poseer la Biblia completa en su propio idioma. Sin embargo esta traducción tardará unos 3 años aproximadamente.
La iniciativa de la SBCH se debe a la creciente Iglesia entre el pueblo romane. En otro aspecto provee de literatura a un pueblo que tiene poco materia literaria en su lengua.
Cuando concluya el proceso de traducción la Biblia en Romané podría ser un recurso de referencia en todo proyecto de alfabetización y otros esfuerzos para reforzar y mejorar la lecto-escritura para quienes el romané es su idioma nativo.
“Es una herramienta tan potente que une a un pueblo desde la perspectiva antropológica religiosa”, Roberto Osorio, Coordinador de la División Relaciones Políticas e Institucionales.
“El 30% de los mapuches se declara evangélico y el 60% católico y parte de su acercamiento se debe al Nuevo Testamento en Mapudungún”, destacó Humberto Lagos, Director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos.
“Celebremos este avance para el Reino de Dios, comparto las felicitaciones desde el Palacio de la Moneda por este trabajo”, expresó Alfredo Cooper, Capellán Evangélico de La Moneda.
“El Nuevo Testamento ya lo tenemos en audio en Romane, lo que es de importancia para los más ancianos, pues varios de ellos no saben leer. Escuchar a Jesús hablando directamente en Romane es muy importante”, alentó Jorge N, un traductor gitano.
F: La Biblia Web
El milenarismo de Ireneo o teología antignóstica de la caro capax Dei
08 ago 2010 Comentarios desactivados
in Escatología
Rodrigo Polanco Fermandois
Profesor de la Facultad de Teología
Pontificia Universidad Católica
El milenarismo de Ireneo o teología
antignóstica de la caro capax Dei
El tema del milenio aparece en la obra de Ireneo de Lyon en los últimos capítulos de Adv. haer. (V,31-36). Nuestro propósito aquí es intentar una interpretación de esos capítulos y una ubicación de ellos dentro de la teología del obispo. Pero antes de eso, es necesario hacer una breve descripción de lo que allí plantea.
1. DESCRIPCION DEL MILENARISMO DE IRENEO
El Lugdunense comienza reafirmando lo esencial del tema que está tratando a lo largo de todo el libro V de Adv. haer., es decir, de la resurrección de la carne. Dice, en efecto:
Por lo tanto, como nuestro Maestro no partió volando inmediatamente (1), sino que esperando el tiempo de su resurrección definido por el Padre… después de tres días resucitó y fue asunto (a los cielos), así también nosotros debemos esperar el tiempo de nuestra resurrección definido por Dios y anunciado por los profetas; y así resucitados, ser asuntos (a los cielos) los que el Señor estimare dignos de ello (V,31,2).
Aquí se afirma que el hombre ha de seguir en todo a su Maestro (Lc 6, 40), particularmente en el misterio de su resurrección. Tal como Cristo resucitó después de tres días, nosotros también, luego de un tiempo de reposo en el sepulcro, habremos de resucitar, cuando sea el tiempo estipulado por Dios.
Luego continúa con su argumentación, esta vez más explícitamente centrada en sus adversarios gnósticos (2). El texto es extraordinariamente importante para comprender el centro de su argumentación. Dice así:
Así pues, algunos se dejan llevar (a error) por los discursos heréticos, y desconocen las economías de Dios y el misterio de la resurrección y del reino de los justos, que es el preludio de la incorruptibilidad (principium incorruptelae), mediante el cual reino, los que fueren dignos, se habitúan paulatinamente a aprehender a Dios (paulatim assuescunt capere Deum) (V,32,1).
Su interés es destacar que dentro de las economías de Dios –concepto clave en su teología (3)– el hombre debe habituarse paulatinamente a “aprehender” a Dios. Este paulatino acostumbramiento requiere de tal manera un tiempo y etapas sucesivas que, incluso después de resucitados, los hombres habrán de contar todavía con un tiempo para prepararse a la visión definitiva del Padre. A continuación explica a qué se refiere con ese “preludio de la incorruptibilidad”:
Es preciso declarar acerca de estas cosas (las economías de Dios) que, en esta creación renovada, los justos resucitados ante la aparición del Señor, en primer lugar han de recibir en cumplimiento la herencia prometida por Dios a los patriarcas y han de reinar en ella; y solo después ha de tener lugar el Juicio de todos. Justo es, efectivamente, que en la creación misma en que trabajaron o fueron afligidos… reciban los frutos del sufrimiento; y en la misma creación en que padecieron la muerte a causa del amor de Dios, en esa misma sean también vivificados… Es necesario por lo tanto, que la propia creación, restituida a su régimen primero (redintegratam ad pristinum), sin obstáculos sirva a los justos (V,32,1).
Vemos pues que la economía de Dios para el final de los tiempos comienza con la vuelta del Señor. Esta parusía no es la del juicio final, sino que es una “intermedia” entre su venida encarnada (4) y aquella final. En esta segunda venida entonces, con motivo de la aparición del Señor, la creación entera será renovada y allí resucitarán solo los justos, los cuales comenzarán a reinar en esta nueva creación. Allí recibirán también el premio por sus sufrimientos y una vida acorde con esa renovación. Es el reino o reinado de los justos. El motivo de este estado paradisíaco es la fidelidad de Dios. En efecto, Yahveh había prometido a los patriarcas una herencia, no la recibieron en su vida, no la pueden recibir en condición de “almas separadas”, han de recibirla entonces en una creación renovada. Lo confirma Ireneo, a continuación, citando las promesas hechas a Abrahán (Gén 13, 14-15.17; 15,18) no cumplidas en su vida (Adv. haer. V,32,2). Se quiere destacar con esto que tanto la creación como el hombre completo (= carne) pueden y deben recibir una vida renovada para recrear el estado primitivo de sometimiento de la tierra al hombre. Ahora bien, restituir la creación a su estado “prístino” manifiesta la bondad fundamental de la materia, como que había sido fabricada por las manos del Padre, esto es, por su Verbo y su Espíritu (Adv. haer. IV, 20,1) (5).
Esto del cumplimiento de las promesas lo ratifica un poco más adelante, luego de aducir algunos pasajes bíblicos (entre otros Rom 8, 19-21; Gal 3, 6-9; Mt 5, 5) que apoyan su reflexión:
Por eso, llegando (Jesús) a la pasión, para anunciar a Abrahán y a sus acompañantes la buena noticia de la apertura de la herencia, habiendo dado gracias sobre el cáliz, bebió de él y se lo dio a los discípulos diciéndoles: “… os digo: desde ahora no beberé del fruto de esta vid hasta el día aquel en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mt 26, 29). Renovará, en efecto, él mismo la herencia de la tierra y restituirá el misterio de la gloria de los hijos (6). Prometió beber del fruto de la vid junto con sus discípulos, dando a entender ambas cosas: tanto la herencia de la tierra en la cual se bebe el nuevo fruto de la vid, como la resurrección carnal (carnalem resurrectionem) de sus discípulos. Porque la carne que resurge nueva, esta misma es la que gusta también el nuevo cáliz (7) (V,33,1).
Basado en la promesa de la última cena (Mt 26, 27-29) confirma ahora con más claridad el objeto de este tiempo intermedio entre la segunda venida y el juicio final: reforzar la realidad de la resurrección de la carne con la experiencia de un tiempo de vida en esta misma creación ahora renovada, pero en absoluto cambiada en sus elementos constitutivos esenciales.
Tan importante le parece este aspecto casi “materialista” del reino de los justos que lo continúa explicando ahora basado en la tradición que recibió, tanto de los presbíteros de Asia que vieron a Juan, como del mismo Papías (8). Recuerda Ireneo:
Los presbíteros, que vieron a Juan el discípulo del Señor, recuerdan haberle oído cómo, acerca de aquellos tiempos, enseñaba el Señor y decía: “vendrán días en los cuales nacerán viñas: cada una tendrá diez mil cepas, y cada cepa tendrá diez mil sarmientos, y cada sarmiento tendrá diez mil racimos, y cada racimo tendrá diez mil granos, y cada grano exprimido dará veinticinco metretas de vino (9) … Igualmente también el grano de trigo producirá diez mil espigas … Los restantes frutos, semillas y hierbas seguirán esta misma proporción. Y todos los animales, usando esos alimentos tomados de la tierra, se harán pacíficos y vivirán en armonía unos con otros, sujetos en todo a los hombres” (V,33,3).
Para comprender el sentido de esta citación es importante notar que Ireneo la reporta como palabras del mismo Señor que confirman las profecías de Isaías 11, 6-9. Y citando a Papías –”oyente de Juan, compañero de Policarpo y hombre venerable”– dice que “el traidor Judas permanecía incrédulo y preguntaba: ¿Pero de qué modo van a ser producidos por el Señor tales frutos?”. A lo cual respondió Jesús: “lo verán los que lleguen a ello”. De modo que no es cosa de creer o no creer en este reinado de los justos. Es parte de la venerable tradición recibida de los apóstoles, que se guardaba celosamente en su tierra natal (10). Sin embargo, su preocupación no está centrada en este aspecto “materialista” del reino de los justos, sino en las economías de Dios. De allí que, luego de alegar una lista de pasos bíblicos, continúa su descripción con un texto que es de mucha significación:
Pero si algunos intentan alegorizar (temptaverint allegorizare) tales cosas (los pasajes recién mencionados), no podrán llegar a un acuerdo entre sí sobre todas las cosas, y la letra misma les convencerá del error (suyo)… En efecto, todas estas cosas fueron dichas sin ninguna duda con respecto a la resurrección de los justos, que será después del advenimiento del Anticristo y de la perdición de todas las naciones sujetas a él. En la cual (resurrección) reinarán los justos en la tierra, creciendo por la visión del Señor (crescentes ex visione Domini). Y por su medio (del Señor), se acostumbrarán a aprehender la gloria de Dios Padre (et per ipsum assuescent capere gloriam Dei Patris), y viviendo con los santos ángeles, aprehenderán en el reino la comunión y unidad de los espirituales. Y en cuanto a los que el Señor hallará en carne (= vida), esperando su venida de los cielos, y habiendo padecido tribulación… acerca de ellos es que el profeta dice (Is 6, 12): “Y los que queden (derelicti) se multiplicarán en la tierra”. Y todos aquellos que de entre las naciones preparó Dios para multiplicar en la tierra a “los que queden”, y someterse al reino de los santos, y servir a Jerusalén, y ser reino en ella, los significó así … (Bar 4, 36-5,9) (V,35,1).
El pasaje comienza rebatiendo toda posible interpretación alegórica de los pasos bíblicos que ha utilizado, particularmente los textos proféticos. Esto con una clara intención antignóstica. En efecto, la interpretación literal de la Escritura es uno de los caminos que privilegia Ireneo en su lucha contra sus tradicionales adversarios (11). Luego resume lo que ha dicho en los capítulos anteriores: los textos bíblicos aducidos se refieren todos a la resurrección de los justos, que tendrá lugar con posterioridad a la venida del Anticristo y su consiguiente condenación y lanzamiento al lago de fuego. Junto a él irán todos los que lo siguieron, es decir, todos los impíos que no creyeron en Cristo (Adv. haer. V,28,2) (12). Efectivamente, tal como la recapitulación de todas las cosas en Cristo es el resumen de todo bien, el Anticristo es el resumen de todo mal, por lo que es justamente condenado. De modo que una vez que haya llegado a su culminación la maldad del Anticristo “vendrá de los cielos el Señor, entre nubes, en la gloria del Padre, para arrojarle a él y a sus seguidores al lago de fuego e implantar para los justos los tiempos del reino” (Adv. haer. V,30,4).
A continuación, sin embargo, Ireneo explica mejor la razón de ser del reino de los justos. Tres son sus motivaciones: para que los justos puedan todavía crecer por la visión del Señor; luego, precisamente por medio del Señor, se acostumbrarán a aprehender la gloria del Padre; y, junto con los ángeles, viviendo en comunión con ellos, lograrán las características de los seres espirituales –esto es comunión del Espíritu con la carne y dominio del Espíritu sobre la carne–, pero evidentemente viviendo en la carne. Es decir, en el reino de los justos, estos, viendo al Verbo encarnado con su carne rutilante (13) y por medio de él, alcanzarán también en su carne la comunión del Espíritu. Sin perder la sustancia de la carne pasarán a ser “espirituales” con un absoluto dominio del Espíritu de Dios sobre la carne del hombre (14). Y todo esto en la misma creación ahora repristinada.
Termina el pasaje agregando a los justos en el reino, dos categorías más de hombres. En todo caso, esto no es el centro del relato. Esas dos categorías son: los que quedan del antiguo Israel, creyentes en el Señor y vivos a su llegada. Estos, tal como no morirán, tampoco resucitarán, y pasarán inmediatamente a la alegría del reino. Allí se unirán en matrimonio a una tercera categoría de hombres: los paganos que Dios se había preparado para sí (también sobrevivientes a la llegada del reino). Todo esto, a fin de multiplicar los hijos de Abraham por la fe (judíos y paganos) dentro del reino de los justos y al servicio de ellos en la Nueva Jerusalén. Esto último está también en la línea del “materialismo” del reino y del cumplimiento de todas las promesas hechas por los profetas (15). Justamente, si se beberá una bebida nueva prometida por Jesús, también se podrá multiplicar todavía la raza humana –según lo prometido por Isaías– a fin de completar el número de los justos. Ahora bien, esto que “sirvan a Jerusalén” lo explica enseguida.
En efecto, continúa Ireneo:
Pero todas estas cosas no pueden ser entendidas como referidas a las regiones supracelestes… sino como (referidas) a la tierra renovada por Cristo en los tiempos del reino y a la Jerusalén reconstruida según el modelo de la Jerusalén de lo alto (V,35,2).
Este es el final del relato sobre el reino de los justos. Muestra una vez más su intención antignóstica, esto es, aclara que lo dicho por la Escritura se cumplirá en la tierra, aunque esta en una condición ya renovada (16). Pero agrega que en el centro del reino estará Jerusalén reconstruida según el modelo de la Jerusalén de lo alto. Esta afirmación nos muestra que la Ciudad Santa, aún en su condición renovada, sigue siendo todavía solo una imagen del modelo ejemplar, que a la sazón, continuará aún en lo alto. Esto manifiesta con fuerza el carácter transitorio del reino de los justos sobre la tierra. Y para Ireneo, eso significa que este tiempo es solo un peldaño que conduce todavía más allá. Por esa misma razón puede colocar un grupo de hombres “sirviendo a Jerusalén”, ya que ese servicio a los justos y a Jerusalén no es sino la renovación del culto existente en la Antigua Alianza, donde los levitas servían a los sacerdotes en el culto de Dios, “aprendiendo por medio de figuras” (Adv. haer.IV,14,3). Ese culto era también una imagen de las cosas celestes (Adv. haer. IV,19,1). Como se ve, son factores que muestran el carácter transitorio del reino de los justos sobre esta tierra y su finalidad de cumplimiento de lo prometido por el Señor, como también es un volver a la condición adámica previa al pecado (Adv. haer. V,34,2).
La pregunta que aún queda es acerca de la duración de este reino de los justos. En los textos hasta ahora citados no se ha dicho una palabra sobre el tema. Sin embargo, se lo puede deducir a partir de otros dos pasos del mismo libro V. Justamente, Ireneo afirma en V,28,3: “Según los días en que fue hecho el mundo, serán los milenios que tarde en ser consumado… como en seis días se consumó lo creado, es claro que su consumación será el año seis mil”. Y en V,36,3: “De acuerdo con la Escritura del Génesis, la consumación de este siglo será el día sexto, esto es, el sexto milenio de años; y después (viene) el séptimo, el día de descanso… esto es, el séptimo milenio de años del reino de los justos, en el cual (los justos) se disponían para la incorruptibilidad (praemeditabuntur incorruptelam), después que hubiere sido renovada la creación para quienes fueron conservados a tal fin (de prepararse para la incorruptibilidad)”. No quedan dudas entonces que Ireneo plantea el reino de los justos con una duración de mil años. La cronología hebdomadaria la toma de Gen 2,1-2; la aplicación a los milenios la descubre en 2 Pe 3,8 y Sal 90,4; el descanso del hombre en este reino lo encuentra en Sal 132,14; 118,20 y en Mt 26,29; y la doble resurrección la deduce de Jn 5, 25.28-29, interpretándolo como unprimos… deinde sic… de carácter temporal (17). En ese sentido Ireneo es un “milenarista”.
Pues bien, el Milenio es solo un interregno ya que luego de los mil años hay todavía más. El Lugdunense continúa así su reflexión:
Juan la vio (a la Jerusalén celestial) en el Apocalipsis descendiendo sobre la tierra nueva. En efecto, después de los tiempos del reino –dice– “vi un gran trono blanco…” (Ap 20, 11). Y expone las cosas que pertenecen ya a la resurrección general y al juicio… Y cuando hayan pasado estos (el cielo y la tierra con la figura de este mundo), dice Juan, el discípulo del Señor, que sobre la tierra nueva descenderá la Jerusalén de lo alto, como una esposa adornada para su marido; y esta es la tienda de Dios en la que habitará Dios con los hombres. Imagen de esta Jerusalén era la Jerusalén de la tierra precedente, en la cual los justos se disponían para la incorruptibilidad y se preparaban para la Salud; y también Moisés recibió en el monte la figura (typus) de esta tienda. Y nada de esto se puede alegorizar… porque como es verdaderamente Dios el que resucita al hombre, así también el hombre resurge verdaderamente de entre los muertos y no alegóricamente, como lo hemos demostrado por tantos medios. Y así como verdaderamente resurge, así también se dispondrá para la incorruptibilidad y crecerá y se vigorizará en los tiempos del reino, para hacerse capaz de la gloria del Padre (ut fiat capax gloriae Patris). Después, cuando todo haya sido renovado, habitará verdaderamente en la ciudad de Dios (V,35,2).
Aquí hemos llegado a lo definitivo. En efecto, una vez acabado el milenio viene el juicio final de condenación para todos los impíos. Lo afirma explícitamente en V,36,3 recordando que “Juan vio atentamente por adelantado la primera resurrección de los justos (cf. Ap 20, 5-6)”. Esta es la que abría el reino de los justos o milenio. Y poco más adelante cita a Jn 5, 25.28s dándole un sentido temporal ya que “Juan dice que primero resucitarán los que obraron bien, los cuales van al descanso y después resucitarán los que irán a juicio”. Esta resurrección para el juicio (cf. Jn 5, 29) es la segunda resurrección o resurrección de los impíos, cuyo objeto es su muerte y condenación definitiva, posterior al milenio (cf. Ap 20, 6.14; 21,8).
Luego de este juicio se accede a la escatología propiamente tal. Hemos llegado al paso del reino del Hijo al reino del Padre, o lo que es lo mismo, al paso de lo transitorio a lo definitivo. Las citas bíblicas que ha utilizado no dejan lugar a dudas: Ap 21, 1-4: Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; Is 65, 17-18: Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva; 1 Cor 7, 31: Pasa efectivamente la figura de este mundo; Mt 24, 35: La tierra y el cielo pasarán (18). En este momento es cuando desciende desde lo alto la Jerusalén celeste, es decir, “el lugar” donde habitará Dios con los hombres. Se juntan aquí dos esquemas –uno horizontal (mundo transitorio-mundo definitivo) y otro vertical (descenso de la morada de Dios hacia nosotros)– para indicar una misma realidad: la llegada de la plena y definitiva comunión con Dios. Y todo lo anterior –incluido el milenio– era solo preparación para este momento culminante de toda la historia humana.
Termina el texto repitiendo una verdad que le es muy preciada y que ha guiado toda su reflexión: nada de esto que ha dicho es alegorizable. Pero lo importante es que ahora no se está refiriendo a la exégesis, sino que a la misma resurrección de la carne con su consecuente renovación del mundo. Es decir, tal como Dios es verdaderamente Dios, así también, el hombre de carne resucita verdaderamente con su carne. Y así, también, será por fin verdaderamente capaz de alcanzar la gloria del Padre y la consiguiente incorruptibilidad, lo que le permitirá vivir eternamente junto al Padre (19). Y nada de esto está dicho en forma simbólica. Es firme y seguro, como se escucha en su letra: el hombre –ser de carne y con su carne– accederá a la gloria del Padre.
Hasta aquí la descripción del “milenio” según Ireneo. Resumamos las etapas:
- Venida del Anticristo y exasperación del mal sobre la tierra.
- Llegada del Señor y expulsión del Anticristo y sus seguidores.
- Resurrección de los justos y comienzo del reino milenario.
- Reinado de los justos, en donde finalizan su preparación para la incorruptibilidad y visión del Padre.
- Resurrección para el juicio de los impíos y su consiguiente condenación definitiva.
- Descenso de la Jerusalén celeste y transformación definitiva de este mundo.
- Plenificado totalmente el plasma humano, el hombre se adentra en la habitación de Dios para gozar eternamente de la visión del Padre
2. INTERPRETACION DE LOS DATOS MILENARISTAS DE IRENEO
A pesar que al ir describiendo el milenarismo de Ireneo ya insinuamos algo acerca de su interpretación, conviene profundizar todavía en algunos aspectos que nos ayudarán a comprender su verdadero lugar dentro de la teología del obispo de Lyon.
En primer lugar, hemos de notar que Ireneo habla del milenio solo en estos capítulos anteriormente mencionados, de manera que si se eliminasen los cap. 32-35 del Libro V, nadie podría decir que Ireneo es un milenarista. A esto agreguemos el hecho que en la Demostración –el otro texto de Ireneo que ha llegado hasta nosotros–, en donde quiere explícitamente entregar los puntos fundamentales de la verdad divina o, lo que es lo mismo, hacer un compendio de la fe (20), no se encuentra ninguna referencia –ni siquiera colateral– al tema del milenio. Y si todavía consideramos que el desarrollo “histórico” presentado por la Demostración era es-pecialmente apto para finalizar con el milenio. Efectivamente, en su primera parte (Dem 4-41) recorre desde la creación hasta el tiempo de la Iglesia; y en la segunda (Dem 42-85) recorre con textos proféticos los anuncios acerca de Cristo, desde sus primeros apersonamientos en el AT hasta su exaltación a la derecha del Padre, en donde aguarda “el momento por él fijado para juzgar a todos sus enemigos” (21) (Dem 85). Entonces, hemos de decir que, para Ireneo, el tema del reino de los justos o milenio, no se inserta primariamente en una descripción lineal de la historia. Más bien, hay que buscar su lugar en el contexto más global del Adv. haer. Y particularmente, en la argumentación del libro V de este tratado.
Pues bien, el tiempo milenario aparece en Adv. haer. V debido a que allí Ireneo quiere referirse expresamente a la resurrección de la carne. En efecto, al terminar el libro IV anuncia el propósito del libro V: “Pero es preciso agregar a este escrito (el libro IV) también en el siguiente, después de los discursos del Señor, la doctrina de Pablo… (y manifestar cómo) el apóstol enseñó todas las cosas en consonancia con el anuncio de la verdad, a saber, cómo es uno solo el Dios Padre que habló a Abrahán, el que entregó la Ley, el que envió por delante a los profetas, el que en los últimos tiempos envió a su Hijo, y otorga la salud a su plasma, esto es, a la sustancia de la carne” (Adv. haer. IV,41,4). Ireneo manifiesta claramente su propósito para el siguiente libro: mostrar que las enseñanzas de Pablo están en absoluta conformidad con todo lo dicho por los profetas y por el Señor y ahora por su Iglesia. De modo que en este libro V estudiará algunos textos de Pablo, pero centrado especialmente sobre el tema de la salvación de la carne. Efectivamente, según la anterior enumeración, ya había hablado en el libro IV de la visita de Dios a Abrahán (5,2-8,1), de la donación de la Ley (1-19) y del envío de los profetas (20-35). Falta ahora referirse concretamente al tema de la salvación del plasma, esto es, de la realidad de la carne, obrada por Jesucristo (22).
Y justamente es ese el contenido de Adv. haer. V. De hecho, se abre con una breve reflexión sobre la encarnación del Verbo (1,1) que prepara los primeros 14 capítulos dedicados a probar con textos de Pablo la firme enseñanza de la Iglesia acerca de la resurrección de la carne por obra del Espíritu de Dios (1-14) (23). Luego continúa probando con tres hechos de la vida de Cristo que el mismo Verbo Creador es el que, una vez encarnado, llegó a ser nuestro Redentor, con lo cual, manifiesta que la creación es susceptible de redención (15-24). Entonces es cuando mira hacia los últimos tiempos para mostrar la definitiva victoria de Cristo sobre el poder de la apostasía como un momento fundamental de su obra recapituladora (25-30). Y concluye con los capítulos dedicados al milenio –que describen la culminación del plan de Dios en Cristo– el cual es la fase final de renovación de la tierra y la plenificación de la obra plasmada por Dios por medio de su Verbo (30,4-36,2) (24).
Podemos reconocer entonces que el libro V tiene por objeto afirmar la realidad de la salvación del plasma (= carne), producto de la obra recapituladora del Verbo. En ese contexto, el milenio adquiere un valor de signo más que de realidad histórica, aunque tampoco desconozca esta última. En ese sentido, hay que decir que Ireneo efectivamente toma los elementos milenaristas que ha recibido de la muy venerable tradición asiática, pero que trata de armonizarlos, no sin dificultad, con los datos del Apocalipsis, y a ambos los inserta en un contexto muy distinto, cual es su antropología (25). En efecto, Ireneo tiene una teología muy bien elaborada de las economías de Dios que tienen su centro en el celebérrimo concepto de la recapitulación de todas las cosas en Cristo. En ese sentido el milenio es un argumento “teológico” que apoya su antropología del “acostumbramiento” del hombre a Dios.
En dos textos podemos ver confirmada nuestra argumentación. El primero es un conocido pasaje del libro IV:
En efecto, en cuanto son creadas (las criaturas) no son increadas, pero en cuanto duran largos siglos, asumirán el poder del Increado al darles Dios gratuitamente la eterna perseverancia… Ahora bien, la sujeción a Dios es incorruptibilidad, y la perseverancia de la incorruptibilidad es la gloria del (= que da el) Increado. Así pues, a través de este proceso
y según este ritmo
y esta dirección
el hombre hecho y plasmado es constituido a imagen y semejanza del Dios Increado: El Padre decide y ordena, el Hijo sirve y da forma, el Espíritu nutre y da crecimiento, el hombre progresa paulatinamente y llega a lo perfecto, es decir, se allega al Increado. Porque perfecto es el Increado y este es Dios. Efectivamente, era necesario que el hombre primero fuese hecho, y hecho creciera, y crecido se robusteciera, y robustecido se multiplicara, y multiplicado se fortaleciera, y fortalecido sea glorificado, y glorificado vea a su Señor. Porque es Dios quien tiene que ser visto, pero es la visión de Dios la que procura la incorruptibilidad, “y la incorruptibilidad aproxima a Dios” (Sab 6,19). Por lo tanto, son totalmente irracionales los que no esperan el tiempo del crecimiento (tempus augmenti)… En efecto, por el amor y el poder vencerá (Dios) a la sustancia de la naturaleza creada. Así, era necesario que primero apareciese la naturaleza (creada), y solo después sea vencida (en sus imperfecciones), y fuese absorbido lo mortal por la inmortalidad y lo corruptible por la incorruptibilidad (cf. 2 Cor 5, 4; 1 Cor 15, 53), y fuera hecho el hombre según la imagen y la semejanza de Dios al haber recibido el conocimiento del bien y del mal (Adv. haer. IV,38,3.4).
Una lectura atenta del pasaje (26) ahorra muchos comentarios. Aquí el obispo afirma que lo creado (= el hombre) evidentemente no es Increado, es decir, no es Dios, ni puede por eso tener las características de Dios. Sin embargo, puede llegar a adquirir las cualidades del Increado –la incorruptibilidad– si Dios gratuitamente se la dona. Con todo, esta incorrupción no la puede conseguir de una sola vez, porque lo creado, por su misma naturaleza de criatura, está en el tiempo y requiere de tiempo para crecer. De ahí que haya un orden y un ritmo adecuado para ese incremento, orden que lo dirige Dios, a través de su Hijo y de su Espíritu. Y la finalidad de toda esa progresión es la visión de Dios, lo que le dará la esperada incorruptibilidad a la sustancia (= realidad) de la carne, cuando el hombre haya llegado a ser imagen y semejanza de Dios, su Creador.
Ahora bien, encontramos en este texto notables paralelos con lo dicho acerca del reino de los justos. Efectivamente, aquí como allí se habla de: las economías de Dios, la incorruptibilidad prometida, el crecimiento y maduración paulatina del hombre, el sometimiento al tiempo, el vencimiento de la muerte y de la imperfección de lo creado, la visión de Dios, la gloria de Dios (Padre).
En verdad, estamos frente a un principio general que dice que Dios ha estado actuando siempre sobre su criatura. Desde los tiempos de la creación –con sus dos manos, el Hijo y el Espíritu (27)–, hasta la escatología, Dios ha querido, y seguirá siempre queriendo llevar al hombre a participar de su gloria. En efecto, Ireneo afirma acerca del actuar de Dios: “El Espíritu predispone al hombre para el Hijo de Dios, el Hijo lo conduce hacia el Padre, y el Padre le dona la incorruptibilidad para la vida eterna; la (vida eterna) que le llega a cada uno a consecuencia del ver a Dios” (Adv. haer. IV,20,5). De modo que para el Lugdunense toda la economía de Dios está orientada a que el hombre, criatura plasmada por Dios con barro de la tierra (= carne), pueda llegar a contemplar al Padre. Pero como según Éx 33,20 “nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”, Dios hace participar al hombre de su inefable gloria –que no es otra cosa que su propia naturaleza espiritual (28)–, para que la criatura humana, lejos de morir al ver a Dios, pueda realmente vivir por la inmensa generosidad del Padre que le concede participar de su propia condición de incorruptibilidad. Lo que era imposible se ha hecho ahora posible para el hombre por la omnipotencia y bondad de Dios. Efectivamente, “los portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, esto es, al Hijo, que es quien los acoge y los presenta al Padre, y el Padre les regala la incorruptibilidad. Sin el Espíritu Santo es pues imposible ver el Verbo de Dios y sin el Hijo nadie puede acercarse al Padre, porque el Hijo es el conocimiento del Padre y el conocimiento del Hijo se obtiene por medio del Espíritu Santo” (29).
Esta es la teología que está detrás del milenio en Ireneo: es tiempo necesario para que la carne pueda ser colmada del Espíritu de Dios. Tiempo que puede ser expresado de muy diversas maneras según de lo que se hable. Si se habla del Verbo encarnado, se dirá que “el Espíritu descendió sobre el Hijo de Dios hecho Hijo del hombre para que con él se acostumbrase a habitar en el género humano y a descansar entre los hombres y a habitar en la obra plasmada por Dios” (Adv. haer. III,17,1). Si se habla de la Iglesia, se dirá que “es a la Iglesia a la que se le ha confiado el Don de Dios como había sido también (dado) el espíritu a la obra plasmada (en la creación), para que todos los miembros (de la Iglesia), recibiéndolo, sean vivificados; es en ella (la Iglesia) que fue depositada la comunicación de Cristo (communicatio Christi), esto es, el Espíritu Santo, arras de la incorruptibilidad, confirmación de nuestra fe y escala de ascensión a Dios” (Adv. haer. III,24,1). Y si se trata de la historia humana, se dirá que “el misterio de la resurrección y del reino de los justos es el preludio de la incorruptibilidad, mediante el cual reino, los que fueren dignos se habitúan paulatinamente a aprehender a Dios” (Adv. haer.V,32,1). Como se ve, es siempre el mismo punto: el hombre, que ha sido plasmado de carne, necesita de tiempo para alcanzar plenamente a Dios. Mas no por debilidad de Dios, sino por la realidad de la criatura, que por ser creada, no puede ser perfecta. Pero precisamente en eso se muestra la grandeza de Dios, en que Él puede dotar al hombre –que es de carne– con las cualidades del Espíritu, sin que por ello el hombre pierda su naturaleza propia: ser de carne (30).
Finalicemos nuestra reflexión con el segundo texto prometido. Se trata del párrafo final del Adv. haer. Sin embargo, como además está inmediatamente a continuación de lo que hemos citado del milenio, es por eso también, la conclusión de lo que ha dicho sobre la escatología. Dice así:
En todas estas cosas y a través de todo esto (31) se muestra el mismo Dios Padre que plasmó al hombre y prometió a los patriarcas la heredad de la tierra; que la (= la heredad) manifestó en la resurrección de los justos y cumplió las promesas en el reino de su Hijo, y que después otorga, como Padre, “aquello que ni ojo vio, ni oído oyó, ni ascendió al corazón del hombre” (1 Cor 2, 9). (Se muestra también) un solo Hijo que llevó a cabo la voluntad del Padre; y un género humano en el cual se cumplen los misterios de Dios “que los ángeles desean ver” (1 Pe 1,12), pero ellos no pueden escrutar la Sabiduría de Dios. Por esa (Sabiduría de Dios) se lleva a la perfección el plasma, dotándolo de igual cualidad e igual forma que el cuerpo del Hijo (conformatum et concor-poratum Filio). Así el Verbo, progenitura de Él (el Padre) y Primogénito suyo, desciende hacia la criatura, esto es, hacia el plasma y (el plasma) es aprehendido por Este (32). Y a su vez, la criatura aprehende al Verbo y asciende a Él, sobrepasando a los ángeles, y llegando a ser imagen y semejanza de Dios (Adv. haer. V,36,3).
Con esto termina Ireneo su magna obra. Es el resumen de su teología de la carne: Dios en el inicio plasmó al hombre, le prometió que habitaría con él y fue paulatinamente cumpliendo sus promesas. Estas significaban ir transformando al hombre, poco a poco, según la carne gloriosa del Hijo. Y por la Sabiduría de Dios, el plasma logrará aprehender al Verbo que se ha encarnado y ascenderá hacia la morada del Padre, sobrepasando a los mismos ángeles (33), para devenir completamente imagen y semejanza de Dios. Es decir, el hombre, pleno del Espíritu, en el Hijo, contemplará por fin directamente al Padre, porque su carne se habrá hecho capaz de entrar en la gloria del Padre.
El milenio es entonces el último tramo de tiempo –teológico o real– necesario para que la carne (= el hombre), colmada del Espíritu y transformada en el Hijo, se haga totalmente capaz de Dios.
RESUMEN
El presente artículo es una descripción e interpretación del milenarismo de Ireneo. En efecto, el obispo de Lyon ha sido tradicionalmente considerado quiliasta, pero no siempre esta faceta de su pensamiento ha sido interpretada en el contexto general de toda su teología.
El autor, entonces, divide el trabajo en dos partes. Primero describe ordenadamente en siete pasos la concepción milenarista de Ireneo, indicando los textos más sobresalientes del Ad. haer. V, 31-35, que es donde el Lugdunense expresa su pensamiento al respecto. Y luego interpreta esos datos a partir de la teología ireneana de la resurrección de la carne. El argumento fundamental del autor es que Ireneo se apoya en la tradición quiliasta que recibió en su tierra natal, pero para exponer un elemento central de su antropología: la carne (= hombre) necesita de tiempo para acostumbrarse a Dios y devenir incorruptible. De modo que el milenio es el último tramo de tiempo –teológico o real– necesario para que la carne, colmada del Espíritu y transformada en el Hijo, se haga totalmente capaz de abrazar a Dios.
ABSTRACT
This article is a description and interpretation of millenarianism of Irenaeus. As a matter of fact, Lyons’s Bishop has been considered traditionally as a quiliast. But this aspect of his thought has not been interpreted in the general context of his theology.
So, the author, divides his work in two aspects. First he describes, in seven steps, Irenaeus’ millenarist conception. He indicates the most remarkable texts of Ad. haer. V, 31-35. In these texts the Lyonese expresses his thought about the matter. Then he interpretes these datum from Irenaeus’ theology of the resurrection of the flesh. The author’s fundamental reasoning is that Irenaeus supports on quiliast tradition learnt in his native country. But he does it in order to explain the central element of his anthropology: flesh (= man) needs time to get accustomed to God and becomes incorruptible. So that the millenium is the last section of time (theologic or real) essential for the flesh, full of Spirit and transformed in the Son, becomes capable of embrace God.
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NOTAS
(1) Para los gnósticos, el Cristo de lo alto, durante la pasión, había abandonado al Jesús de la economía para volar hacia el Padre (cf. Adv. haer III,16,9). De ahí que el Salvador gnóstico es impasible tanto como que no tiene carne.
(2) Debemos recordar que para los gnósticos la escatología es, de manera muy central, una escatología individual ya realizada en el momento de la iluminación gnóstica (= espiritual). Sin embargo, esta salvación realizada e individual no puede ser aislada de la salvación de todos los pneumáticos. En efecto, el Revelador gnóstico –Jesús resucitado– luego de su exaltación, ha transmitido la gnosis a sus discípulos de una manera privada y esotérica. Estos discípulos son los “espirituales” que se transmiten sucesivamente unos a otros esta gnosis salvífica que despierta en ellos la semilla espiritual que han poseído siempre. Con todo, el destino definitivo de cada pneumático está íntimamente ligado a la salvación de todo el grupo al que pertenece, es decir, es inseparable de la recuperación de toda la semilla espiritual dispersa por el mundo y su retorno al Pleroma. Retorno que es solo para espirituales, los cuales, además, entrarán al Pleroma, desde donde salieron, despojados de todo elemento hílico y psíquico. Cf. Adv. haer. I,7,1; G. Filoramo, Rivela-zione ed escatologia nello gnosticismo cristiano del II secolo: Augustinianum 18 (1978) 75-88. [ Links ]
(3) En efecto, el concepto de
- dispositio, más allá de un aspecto puntual, llega a ser en la teología de Ireneo una noción de central importancia, que además expresa una de sus ideas fundamentales frente a la gnosis (cf. M. Widmann, Irenäus und seine theologischen Väter: ZThK 54 (1957) 156-173, especialmente pág. 159 y 170). [ Links ] Efectivamente, esta constatación apenas necesita una demostración. De manera general podemos afirmar que el concepto es utilizado en singular por el obispo de Lyon para designar el plan divino de salvación que abraza todo: la creación y la historia completa del hombre, desde su plasmación hasta la glorificación final (cf. Adv. haer. II,4,1; III,12,12; III,16,6; III,24,1). Y en plural para referirse a este único designio divino, pero desarrollado en múltiples actuaciones de Dios que jalonan la historia del hombre (cf. Adv. haer. I,10,1; IV,33,7), donde la encarnación y la recapitulación de todas las cosas en Cristo (cf. Adv. haer. III,16,3) constituyen el momento culminante (Adv. haer.III,17,4).
(4) Ireneo –a diferencia del uso neotestamentario– utiliza el concepto de adventus-
, la gran mayoría de las veces, para aludir a la encarnación del Verbo. Así, en sus obras, 77 veces aparece referido a la venida carnal, 8 veces a la segunda venida, y una vez a ambas.
(5) Aquí cabría hablar de la concepción de “pecado original” en Ireneo. Para nuestro autor, Adán vivía en comunión con el Verbo en el paraíso (Dem 12) y se vestía con la “estola de la santidad” (Adv. haer.III,23,5). Sin embargo, su desobediencia le hizo perder la semejanza con Dios (= Espíritu Santo) y la vida recibida como don de Dios, tanto para él como para toda su descendencia (cf. Adv. haer. III,23, 1-7). Pero en ese tiempo el hombre era todavía “niño”, debido a que había sido recién creado (cf. Adv. haer. III, 23,5; IV,38,1; Dem 12; 14). Era niño no en el sentido de infantil sino que de poco desarrollado y por eso de juicio inexperto (cf. Dem 12). Adán y Eva quisieron ser dioses (= inmortales) sin esperar el tiempo de crecimiento dictado por Dios (cf. Adv. haer. III,23,5; IV,38,4; Dem 15). De ahí su rápido arrepentimiento (cf. Adv. haer.III,23,5). Con todo, a pesar de no ser ese pecado un mero episodio de la historia humana, no destruyó ni el plan de Dios de llevar al hombre a la perfecta incorruptibilidad, ni tampoco la bondad fundamental del hombre que continúa siendo obra de las Manos del mismo Dios, y por lo tanto bueno porque creado por el único Dios. Cf. A. Orbe, Antropología de San Ireneo (Madrid 21997), 210-225.279-305. 309-314. [ Links ]
(6) Cf. Rom 8, 20-21 citado poco antes: La creación fue sometida a la vanidad… en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
(7) La relación entre Eucaristía y resurrección de la carne la había desarrollado antes diciendo: “Nuestra enseñanza acerca de la Eucaristía es consonante, y a su vez, la Eucaristía confirma nuestra enseñanza. En efecto, le ofrecemos (con la Eucaristía) a Él (Dios) las cosas que son suyas al predicar congruentemente la comunión y la unidad de la carne y del Espíritu. Efectivamente, así como el pan sacado de la tierra, al recibir la invocación de Dios, ya no es un pan común, sino Eucaristía que consta de dos cosas: terrena y celeste; así también nuestros cuerpos, al participar de la Eucaristía ya no son corruptibles, al tener la esperanza de la resurrección” (Adv. haer. IV,18,5).
(8) No es claro si Ireneo distingue dos fuentes diversas entre Papías y los presbíteros asiáticos, o dos testimonios de una fuente común. En todo caso, ambos representan igual teología de un reino realizado en la tierra de modo muy “material”.
(9) En total, las 25 metretas equivalen a 900 litros.
(10) Esta tradición aducía una serie de pasajes proféticos tales como: Is 65,25; 26,19; Ez 37,12-14; 28,25-26; Jr 16,14-15; 23,7-8; Is 30,25-26; 58,14; 6,11; Dn 7,27; Jr 31,10-14. Cf. M. Simonetti, L’Apocalissi e l’origine del millennio: Vetera Christianorum 26 (1989) 337-350, aquí pág. 338-341. [ Links ]
(11) Sin embargo, también practica la exégesis alegórica. Incluso en Dem 61 interpreta alegóricamente el mismo texto de Is 11, 6-9 y 65,25, siguiendo en eso también –según sus propias palabras– a los presbíteros de Asia.
(12) Según afirma 2 Tes 2, 10-12; Ap 13, 2-14; 19, 14.
(13) Según IV,20,2: Cuando la encarnación, “la luz paterna (paterna lux) sale al encuentro de la carne de nuestro Señor y desde la carne (ahora) reluciente (rutilus) de él viene hacia nosotros. Así entonces el hombre llega a la incorruptibilidad (incorruptela), al estar inmerso (circumdo) en la luz del Padre”.
(14) Para comprender bien el significado de esta afirmación hay que notar que “Ireneo fundamenta su explicación teológica de la resurrección de la carne por el Espíritu, sobre la distinción filosófica entre la sustancia y la cualidad… Según los estoicos, la materia
es la sustancia común de todos los seres. Ella es pasiva y deviene un ser concreto solo cuando es determinada por el Logos, principio activo,
. El ser concreto está compuesto de materia
y de cualidad
. La cualidad pertenece a la esencia del ser y distingue los diferentes seres entre ellos… Cuando Ireneo dice que la carne ‘recibe la cualidad del Espíritu’ (Adv. Haer. V,10,2), no quiere decir que el hombre deja de ser una sustancia carnal al recibir el Espíritu. La unión del Espíritu y la carne no es una fusión donde los componentes pierden su individualidad, sino que, como para el pneuma estoico, es una mezcla
donde cada uno conserva su individualidad propia. La carne recibe del Espíritu la cualidad de ser incorruptible que es la cualidad del Espíritu; el cuerpo que resucita incorruptible es entonces un corpus spirituale (1 Cor 15,44) (Adv. Haer. V,7,2)” (Y. de Andia, L’interprétation irénéenne de la béatitude des doux: ‘Bienheureux les doux, ils recevront la terre en héritage’ [Mt 5:5] en E. Livingstone (ed.), Studia Patristica XVIII,3 [Papers of the 1983 Oxford Patristics Conferences] [Leuven 1989], 85-102, aquí pág. 90-91). [ Links ]
(15) La idea nace de la interpretación literal del texto de Is 6,12 citado por Ireneo en Adv. Haer. V,34,2. En efecto, en V,33 no había hablado más que de una categoría general de hombres –los justos resucitados– todos gozando igualmente del reino. Sin embargo, como hay que afirmar el cumplimiento de todas y cada una de las promesas, la letra del texto del profeta, aplicada al tiempo del reino, le obliga a colocar también el matrimonio en este tiempo nuevo. Probablemente una lectura de 1 Tes 4, 13-18 pudo ayudar también en ese sentido. Pero es claro que no es eso lo propio y característico del tiempo del reino.
(16) Efectivamente, para los gnósticos, la suerte de la tierra importaba muy poco (cf. Adv. haer. I,7,1; I,23,3). Al final de los tiempos el fuego oculto en el mundo arderá, consumirá todo lo material (incluidos los hombres materiales) y todo –comprendido el mismo fuego– quedará finalmente reducido a la nada. En esto se muestran, en parte, seguidores de la teoría estoica de la conflagración final.
(17) Textos todos citados en Adv. haer. V,28,3 y V,36,3.
(18) Las cuatro citas se encuentran en Adv. haer. V,35,2.
(19) Qué cosa hará el hombre en la eternidad, lo dice Ireneo con hermosas palabras: “Cuando haya pasado esta figura (la de este mundo) y haya sido renovado el hombre y esté maduro para la incorruptibilidad, de manera que ya no pueda envejecer, ‘habrá un cielo nuevo y una tierra nueva’ (Is 65,17), en los que el hombre nuevo perseverará, conversando siempre cosas nuevas con Dios” (Adv. haer. V,36,1). La eternidad es una permanente novedad.
(20) Su intención la declara al comienzo: “Lo que te envío (querido Marciano) es una especie de promemoria sobre los puntos fundamentales, de tal modo que en pocas páginas puedas encontrar abundante materia teniendo reunidas concisamente las líneas fundamentales del cuerpo de la verdad y con este compendio tengas a mano las pruebas de las realidades divinas” (Dem 1). Traducción de E. Romero Pose, Ireneo de Lión. Demostración de la Predicación Apostólica (Madrid 1992). [ Links ]
(22) Cf. Ph. Bacq, De l’ancienne à la nouvelle Alliance selon S. Irénée (Paris 1978), 277, nota 4. [ Links ]
(23) Esto se ve con fuerza en V,9,1 que quiere mostrar el verdadero sentido de 1 Cor 15, 50. Cf. de modo general Y. de Andia, Homo vivens. Incorruptibilité et divinisation de l’homme selon Irénée de Lyon (Paris 1986), 273-297. [ Links ]
(24) Cf. W. Overbeck, Menschwerdung. Eine Untersuchung zur literarischen und theologischen Einheit des fünften Buches ‘Adversus Haereses’ des Irenäus von Lyon (Bern 1995), 77-79. [ Links ]
(25) “Es importante notar cómo el así llamado quiliasmo de Ireneo, sacado de ambientes judeocristianos, ha sido reelaborado personalmente en el sentido que él espera el reino de los justos, no solo basado en las afirmaciones bíblicas, sino porque lo considera necesario como primer paso del acercamiento del hombre a Dios. En ese sentido se aleja de una cierta forma de milenarismo vulgar judaico e incluso judeocristiano y tal vez del de los presbíteros” (C. Mazzucco – E. Pietrella, Il rapporto tra la concezione del millennio dei primi autori cristiani e l’Apocalisse di Giovanni: Augustinianum 18 (1978) 29-45, aquí pág. 44s).
(26) Que responde a la objeción gnóstica que le planteaba al obispo: ¿Por qué no podía Dios hacer al hombre perfecto desde el comienzo? (cf. Adv. haer. IV, 38,1).
(28) Cf. Adv. haer. III, 20, 2; IV, 13, 3; IV,14,1; IV, 16, 4; IV, 38, 1-3; IV, 39, 2; V, 35, 1-2.
(29) Dem 7 (Traducción de E. Romero…).
(30) “Así también el hombre, al ser injertado por la fe, se apropia del Espíritu de Dios, y sin perder la sustancia de la carne, cambia la cualidad del fruto en obras y recibe otro nombre que indica esa transformación en mejor, ya no se llama carne y sangre, sino que hombre espiritual” (Adv. haer. V,10,2). Cf. A. Orbe, Teología de San Ireneo. Comentario al Libro V del ‘Adversus haereses’, I (Madrid 1985), 482-487. [ Links ]
(31) Se refiere a lo recién dicho sobre el reino de los justos y de Dios, como también a todo lo dicho en los cinco libros del Adv. haer.
(32) Cf. A. Orbe, Teología de San Ireneo…, III (Madrid 1988), 655-658. [ Links ]
(33) Notar que en el milenio el hombre era “igual a los ángeles” (V,35,1). Se ve que no era la situación definitiva.
http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0049-34492000000100003&script=sci_arttext
Escatología del cosmos según san Ireneo
08 ago 2010 Comentarios desactivados
in Escatología
Tomás Alfaro Drake
El cristianismo, y su hermana mayor, el judaísmo, son las únicas religiones que ven el mundo material como algo bueno. No en vano el primer libro de la Biblia, el Génesis, desde el capítulo uno, al narrar la creación, afirma en cada acto de creación de Dios: “Y vio Dios que era bueno”. Sin embargo, a veces, los cristianos olvidamos esa bondad intrínseca y esencial del mundo material, cegados por las consecuencias nefastas que el pecado original ha tenido sobre él y sobre nosotros, los seres humanos. La obra que extracto aquí, me fue dada por las monjas clarisas de Lerma, que siguen manteniendo una firme creencia en la bondad del mundo material, a pesar del pecado original, y en su destino de santidad. Para mí, que siempre he creído, un tanto cohibido, en un cielo un poco antropomorfo, ha sido una auténtica alegría saber que comparto esa visión del destino del mundo material con san Ireneo, uno de los grandes padres de la Iglesia, obispo de Lyon, discípulo de san Policarpo, que lo fue del mismísimo apóstol san Juan.
Por eso, he trascrito este extracto, al que no he podido evitar añadir algunas notas a pie de página de mi cosecha, señalando en cada nota cuáles o qué parte de ellas lo son, para poder compartir con más gente esta visión de san Ireneo que me parece de una belleza inaudita. Espero que os trasmita la misma alegría que me ha transmitido a mí.
***
El cosmos se renueva
La actual situación del cosmos, todavía doliente y gemebundo como consecuencia del pecado[1], finalizará con la Parusía. Cristo, en la misma carne en que padeció, volverá vestido de gloria para manifestar de forma ostensible la salvación, que no sólo se dejará sentir en los hombres sino en el cosmos. Al hilo de la venida gloriosa de Cristo, Ireneo se hace eco de expresiones bíblicas de tono apocalíptico como incendio abrasador, diluvio de fuego o conmoción de la tierra, que no implican la aniquilación del cosmos, sino la muerte del Anticristo y de sus seguidores que tendrán como destino el “estanque de fuego” de Apocalipsis 19, 20. Lo que verdaderamente interesa a Ireneo a propósito de la segunda venida de Cristo es la renovación del cosmos y la resurrección de los justos[2].
Ante la presencia del Señor glorioso, fuente del Espíritu, el cosmos se renueva[3], cumpliéndose así lo anunciado por David: “Renovará la faz de la tierra” (Salmo 130, 30). El mismo que le otorgó, como Verbo creador, la forma que luego se vería afectada por el pecado, lo devolverá a su prístina integridad. La creación se verá restituida a su régimen primero, anterior al pecado (pero posterior a la infusión por Dios del alma espiritual al animal Homo Sapiens. Paréntesis mío.), para servir a los justos sin trabas, viendo cumplida su esperanza de ser liberada de la servidumbre de la vanidad y la corrupción en la que contra su voluntad había caído (Cfr. Romanos 8, 19-21), para volver a la forma que tenía antes del pecado de Adán(pero después de la infusión del alma en él. Paréntesis mío), redimida de la maldición que sobre ella había recaído (Cfr. Génesis 3, 17). Una vez liberada, de forma voluntaria irá en incremento y desarrollo para servir a los justos y se caracterizará por la feracidad de sus frutos y la armonía dentro del reino animal y con los hombres.
La renovación del cosmos será el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a los patriarcas y a todos los creyentes de otorgarles una tierra ajena a las duras consecuencias a que se vio sometida como consecuencia del pecado. La Tierra prometida no es una alegoría para hablar de los cielos o de las regiones supracelestes; la Tierra prometida es esta misma tierra liberada y renovada para que los creyentes“reciban con justicia los frutos del sufrimiento en la creación misma en que trabajaron o fueron afligidos, probados de todas maneras por el sufrimiento; y sean vivificados en la misma creación en la que padecieron muerte a causa del amor de Dios; y reinen en la misma creación en que sufrieron servidumbre[4]”. Una de las funciones del Reino de los justos es manifestar plenamente la justicia de Dios en la actual figura del cosmos.
Pero el cosmos liberado y renovado no sólo responderá a la Tierra prometida por Dios a Abraham y a su descendencia, sino que será también la posibilidad de cumplimiento de muchas otras promesas que Ireneo recoge con parsimonia. La herencia de la tierra que Jesús prometió a los que vivieran con mansedumbre (Cfr. Mateo 5, 5); la recompensa prometida a quienes sentasen a su mesa a cojos, ciegos y mendigos (Cfr. Lucas 14, 12-14) o a quienes por su causa dejaran bienes y familia (Cfr. Mateo 19, 39) o a quienes el Señor encuentre despiertos en su servicio (Cfr. Lucas 12, 37-38); la promesa hecha a sus discípulos de volver a beber con ellos el fruto de la vid (Cfr. Mateo 26, 27-29); la promesa de renovar la faz de la tierra (Cfr. Salmos 130, 30); la abundancia de vino y trigo prometida a Jacob (Cfr. Génesis 22, 27-29); la visión de Isaías a propósito de la armonía entre los animales, el sometimiento del mundo vegetal al animal, y de ambos al hombre (Cfr Isaías 11, 6, 9; 65, 25); el júbilo de los justos al dárseles la tierra (Cfr. Isaías 26, 19; Ezequiel 37, 12-14; 28, 25-26; Jeremías 16, 14-15; 23, 7-8); entre otros.
El Señor, con su venida gloriosa implantará en el cosmos renovado el reino milenario de los justos que había anunciado el profeta Daniel (Cfr. Daniel 2, 44 y 7, 27 a la luz de Daniel 12, 13) y que diligentemente se había adelantado a ver Juan en el Apocalipsis (Cfr. Apocalipsis 20, 5-6). Será el reino donde el justo descansará de sus trabajos para sentarse a la mesa preparada por Dios que la abastecerá con todos los manjares; será el tiempo del festín de la creación servido por el Señor. Ireneo se niega a considerar alegorías tales expresiones: “Nada de esto es alegorizable. Todo, en cambio, es firme, verdadero y consistente, hecho por Dios para disfrute de los justos”. Las maneras en que Ireneo se expresa ocasionaron la crítica de que su escatología era materialista y carnal, como si pretendiera cohonestar la resurrección de la carne como una vida entregada a los sentidos y a los placeres carnales, cuando en realidad lo que pretende salvaguardar es la permanencia del hombre secundum carnem. [...]
Pero hay más. Los críticos de la concepción ireneana han obviado elementos de interés muy relevante. Ireneo, para ilustrar el festín de la creación, se sirve de un texto de Jeremías que expresa cómo el Señor reunirá a los creyentes en el monte Sión donde se regocijarán con los bienes que Dios les otorgue, y las doncellas y los ancianos se alegrarán, para concluir con la siguiente frase: “Engrandeceré y embriagaré el alma de los sacerdotes, hijos de Leví, y mi pueblo se llenará de bienes”. Estos sacerdotes, como dice inmediatamente Ireneo, no son otros que los discípulos del Señor[5]. Los habitantes del Reino de los justos son sacerdotes que, en el sábado milenario[6], hacen de toda la creación un templo y una ofrenda. “Los discípulos del Señor, dotados de carácter sacerdotal, adquieren una condición sagrada y vienen a ser la expresión del culto dado a Dios, con bienes de la tierra, como sacrificio de sí y de la creación sujeta a ellos[7]. Todo se resume en el sencillo y prolongado banquete sacerdotal del justo, intérprete sacro de la tierra, templo de Dios”.
Otros elementos apuntan en la misma dirección. [...]. A este respecto, es muy ilustrativo un curioso testimonio que Ireneo atribuye a los Presbíteros del Asia[8], avalados también por Papías: “Los presbíteros, que vieron a Juan, el discípulo del Señor, recuerdan haberle oído cómo, sobre aquellos tiempos enseñaba: Día vendrán en que nacerán viñas: cada una con diez mil cepas, y cada cepa con diez mil sarmientos, y cada sarmiento con diez mil racimos, y cada racimo con diez mil granos, y cada grano estrujado dará veinticinco metretas de vino. Y al ir algunos e los santos a coger un racimo, otro racimo clamará: Mejor soy yo, tómame a mí, bendice por mí al Señor. Parecidamente, el grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano, cinco bilibras de pura harina. Los restantes frutos y semillas y yerbas irán en consonancia con esto. Y los animales todos, por servirse de los alimentos tomados de la tierra, se volverán pacíficos y conformes todos unos con otros, sujetos en todo a los hombres”. Del pasaje interesa fundamentalmente cómo las criaturas, antaño bajo la servidumbre del pecado, anhelan que los santos las tomen y bendigan con ellas al Señor. Toda la creación anhela convertirse en una permanente oblación de acción de gracias (eucaristía) a su Hacedor. La oblación, el cosmos entero; los oferentes, los habitantes del cosmos renovado, sacerdotes.
La renovación de que goza el cosmos en el Reino de los justos, tras la venida gloriosa de Cristo, no es su estado definitivo. Es cierto que el hombre vive olvidado ya de morir, pero ni él ni la creación gozan todavía de la incorruptibilidad definitiva: la creación tan sólo había sido restituida a la condición que tenía con anterioridad al pecado de Adán. El cosmos, sin embargo, había salido de las Manos de Dios destinado a una plenitud que en su inicio no tenía. En los tiempos del Reino, pues, el cosmos existe todavía en preludio de la incorruptibilidad, todavía en camino de maduración, todavía en los preliminares de lo inmediatamente definitivo[9].
La tierra y el cielo nuevos: el descenso de la Jerusalén celeste.
Al tratar de la Eucaristía hemos señalado cómo todas las plegarias y oblaciones de los hombres, si son agradables a Dios, se dirigían al altar, al templo y al tabernáculo celestes, como si se incorporasen a la Jerusalén celeste.
Señala Ireneo cómo Juan, en sus visiones del Apocalipsis, vio un cielo y una tierra nuevos, una vez concluidos los tiempos del Reino de los justos. Son los cielos y la tierra nuevos anunciados ya por Isaías (Cfr. Isaías 65, 17-18 y 66-22) y destinados a perseverar para siempre. Es la última y definitiva transformación del cosmos, a la que también se refirieron Cristo y Pablo. Éste al afirmar que “pasa la figura de éste mundo” (1 Corientios 7, 1); el Salvador, al decir que “la tierra y el cielo pasarán” (Cfr. Mateo 24, 35). Las palabras de Cristo y del Apóstol venían como anillo al dedo a quienes tantas reservas mantenían hacia el mundo material condenándolo al aniquilamiento. Ireneo denuncia el uso que de tales pasajes hacían sus adversarios con el fin de desautorizar al Creador del mundo, desconocedores de su verdadero significado. El obispo de Lyon no puede acepta que la sustancia y la materia de la creación estén destinadas al exterminio, porque ello supondría la falta de verdad y firmeza de su Creador: “No son exterminadas la sustancia y la materia de la creación, pues verdadero y firme es el que la creó, sino que pasa la figura de este mundo”. No se trata de que pase la figura que el mundo adquirió como consecuencia del pecado, sino que pase la figura del mundo tal como salió de las Manos de Dios con anterioridad al pecado, o lo que es lo mismo, que pase la figura renovada que el mundo tuvo durante los tiempos del Reino de los justos. Permanecerán la sustancia y la materia de la creación[10], pero cambiará la “figura” o “qualitas” del mundo para adecuarse al estadio definitivo e incorruptible a que está destinado.
Para presentar la definitiva transformación del cosmos, Ireneo recurre a las visiones de Juan en el Apocalipsis (Cfr. Apocalipsis 21, 1-4). El cielo y la tierra nuevos aparecen al descender la Jerusalén celeste sobre la tierra renovada. La Jerusalén celeste[11] es caracterizada sobriamente por Ireneo al recurrir a Isaías 49, 16 y a Gálatas 4, 26. Según el texto de Isaías[12], los muros de la Jerusalén celeste están dibujados en las Manos de Dios y de continuo la tiene en su mirada, mientras que Pablo la caracteriza por la libertad y maternidad: “La Jerusalén de arriba es libre y la madre de todos nosotros[13]”.
Aunque el descenso de la Jerusalén celeste puede ser interpretado desde dos claves: una, cosmológica y otra, cristológica-antropológica, me centraré en la primera. La Jerusalén celeste no es algo separado de Dios. La tiene tatuada en sus Manos, el Hijo y el Espíritu Santo, siempre ante sus ojos; nada puede hacer Dios sin tenerla delante: es el designio de Dios de comunicar a la creación su propia incorruptibilidad; es la gloria de Dios dispuesta a revestir al cosmos material. Juan, el discípulo del Señor, la vio descender sobre la tierra renovada como la esposa engalanada para su marido. La esposa, la incorruptibilidad como “qualitas” propia de Dios, baja hasta el esposo, el cosmos material, para abrazarlo y transformarlo definitivamente. El movimiento escatológico final es un movimiento de alguna manera similar al de la encarnación. El Hijo, sin abandonar el seno del Padre, se encarnó en la tierra, y la Jerusalén celeste, sin dejar a Dios, se hará terrena descendiendo al cosmos, abrazándole, desposándose con él, revistiéndolo de la incorruptibilidad propia de Dios.
Pero Juan no sólo vio el descenso de la Jerusalén celeste; también oyó una voz que decía (Cfr. Apocalipsis 21,3): “Ésta es el tabernáculo de Dios con los hombres, habitará con ellos, ellos serán sus pueblos, y el mismo Dios que habita con ellos será su Dios”. La voz del cielo anuncia que el cosmos, con el que se ha desposado la incorruptibilidad divina, se convertirá en tabernáculo de Dios; y en él habitará con los hombres. El cosmos desposado con la Jerusalén celeste se convertirá en la ciudad de Dios. Será en esta ciudad donde Dios habite con el hombre, que gozará de la visión de Dios como principio de vida continua, de sabiduría inagotable, de bien que nunca se acaba; será en este cielo y tierra nuevos donde “el hombre nuevo perseverará, viviendo siempre en novedad con Dios”.
Por concluir…
No hace mucho, A. Gesché denunciaba, quizá no sin razón, un olvido del cosmos por parte de la teología de la creación, señalando que uno de sus retos es proclamar la belleza del cosmos “porque, aunque le cueste a nuestra preocupación actual por el mal, es una palabra de salvación que no podemos dejar que perezca”. Por mi parte, he querido mostrar cómo esa inquietud estuvo presente en la teología más inmediata a la predicación apostólica, como es el pensamiento, siempre fecundo de Ireneo, capaz de sugerir caminos e incluso vuelos no siempre sospechados, aunque no pocas veces sospechosos para el miope.
El cosmos no debiera ser concebido como una especie de inmensa cárcel. Si tal fuera, sólo cabría anhelar ser liberados de ella, escapar del cosmos. Es, por el contrario, el hogar que Dios, en su sabiduría, bondad y gratuidad, ha regalado al hombre y ha querido compartir con él. El Verbo, que siempre estuvo en el mundo, al hacerse carne vino a lo suyo. El hogar es ámbito de familia donde se hace posible crecer y madurar derramando confianza, esperanza y amor.
No caos, sino cosmos, fue lo creado por el Padre con el ministerio del Hijo y del Espíritu Santo, Manos del padre. El resultado fue un mundo cargado de sentido (Logos) y grávido de dinamismo (Espíritu Santo). El cosmos no es divino, pero es el cosmos de la Trinidad (suyo y no ajeno), impregnado de presencia trinitaria: el Padre lo sostiene y el hijo, clavado en la creación, está siempre abrazando el cosmos, dándole forma y sentido[14], haciéndolo logikós y ungiéndolo con el Espíritu, cuyo dinamismo no sólo es origen remoto del propio dinamismo cósmico, sino que, además, lo constituye, no como realidad cerrada sobre sí misma, sino orientada a una plenitud que en el inicio no tenía y que no depende exclusivamente de su propia naturaleza sino de la gratuidad salvífica de su Creador. La creación sale de las Manos de Dios abierta a la soberanía salvífica de Dios; el cosmos está también llamado a la salvación.
El mundo material, pues, no es un obstáculo para la salvación; tampoco es una especie de gran despensa de la que el hombre usa para poder vivir; ni siquiera puede ser reducido a un escenario donde acontece la salvación de Dios. El cosmos es mediador y objeto de salvación; consiguientemente, tiene una orientación cristológica y pneumatológica.
Como hogar de salvación que es, no permanece ajeno a las vicisitudes de quienes lo habitan. La libertad del hombre no resulta inocua para el cosmos. Aunque con sobriedad, Ireneo enseña que el mundo se vio y se ve afectado por la desobediencia originaria y por los pecados de todos los hombres. No explica la naturaleza de esa solidaridad del cosmos con el pecado del hombre, pero afirma que supuso ajamiento, rebeldía ante los afanes de los hombres y servidumbre que le obstaculiza desarrollarse según su dinamismo originario[15]. El pecado del hombre violenta la naturaleza del cosmos. A la falta del acabamiento originario se suma la vetustez y la trabazón, como consecuencia del pecado, que le hace ansiar, gemebunda, su liberación.
No por ello el cosmos es una realidad en poder de Satanás, pero sí una realidad doblemente inacabada: por su naturaleza abierta y por la herida de caos que le originó el pecado. Los milagros de Jesús testimonian que el cosmos sigue abierto al actuar salvífico de Dios. Pero es, sobre todo, la Eucaristía, fiesta y regocijo de la creación, la que manifiesta de forma espléndida y eficaz la vocación y destino de todo el cosmos a una plenitud insospechada. La Eucaristía rememora continuamente la riqueza y grandeza a que está abierto el cosmos, así como el poder de Dios sobre el mismo.
El cosmos está llamado a una transfiguración que no es simplemente la restitución a su estado anterior al pecado. Su destino es fundirse para siempre en abrazo con la Jerusalén celeste. El cosmos, que un día el padre creó por medio de sus Manos, el Hijo y el Espíritu Santo, abierto hacia la plenitud, alcanzará su configuración definitiva cuando el Padre haga descender el designio de incorruptibilidad (la incorruptibilidad misma), tatuado en sus Manos, sobre el Cosmos, como si se tratase de una esposa engalanada para su marido. Al inicio del cosmos, el Padre con sus Manos; al llegar su plenitud, el Padre con sus Manos: quien lo creó lo perfeccionará. Así el cosmos llegará a ser la Ciudad eterna en la que Dios habitará por siempre con los santos.
Convendría purificar ciertas expresiones presentes en ambientes cristianos que, por prurito de perfección espiritual, delatan una especie de desafecto hacia la creación material y un anhelo de ser liberados de la creación, cuando el anhelo auténtico cristiano es el ver esta creación material liberada de las consecuencias del pecado. El cristiano tampoco debiera tener una visión miope del cosmos como si fuera simplemente un inmenso almacén destinado a su uso, mucho menos a su abuso. El cosmos es el hogar; y el hogar se cuida, no simplemente por una ética ecológica, sino porque con él se comparte, aunque cada uno en atención a su naturaleza, un destino salvífico. El cosmos, con su sentido y dinamismo, con su hablar trinitario, con su vocación, no enajena no aleja de Dios, sino que nos invita a vivir en santidad, en coherencia con el destino que compartimos, un destino que no se puede comprender sin la gracia que siempre nos precede y nos culmina: ¡A Dios gracias!
[1] “Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente”. (Epístola de san pablo a los Romanos 8, 22).
[2] Conviene tener en cuenta la sucesión de los últimos acontecimientos según el pensamiento de Ireneo: venida gloriosa de Cristo, renovación del cosmos, resurrección de los justos, reino de los justos (milenio), resurrección de los injustos, juicio final, descenso de la Jerusalén celeste y visión del Padre.
[3] Hemos de señalar que Ireneo afirma dos renovaciones del universo, una con la gloriosa venida de Cristo y otra al final de los mil años del Reino de los justos. [...]. Las dos renovaciones afectan al cosmos en su conjunto: la primera renovación, liberación de las consecuencias del pecado, para devolverle la forma con que salió de las Manos de Dios, es el inicio de un proceso que culminará al final del Reino de los justos con el descenso de la Jerusalén celeste y sólo entonces el cosmos adquirirá su figura definitiva y eterna. [...] Pienso yo que el mundo salió de las Manos de Dios cuando creó al hombre a su imagen y semejanza. Cuando infundió el alma a la especie animal Homo Sapiens, haciéndolo poco inferior a un dios, coronándolo de gloria y esplendor, dándole el dominio sobre la obra de sus manos, poniéndolo todo bajo sus pies (Cfr. salmo 8). Éste hombre, aún sin pecado, gobernaba el cosmos, del que él era la cúspide, recién salido de las Manos de Dios, en nombre y por delegación suya. En este mundo, el gobierno del hombre en nombre de Dios, evitaba el aumento de la entropía. Pero cuando el hombre quiso gobernarlo en nombre propio, despreciando a Dios, el equilibrio cósmico se rompió, la tiránica ley del crecimiento de la entropía volvió a operar y el cosmos empezó a gemir con dolores de parto. En su primera renovación, con la Parusía, el cosmos vuelve a ser regido por el hombre liberado del pecado por el Hijo del Hombre, Dios, Logos, segunda persona de la Trinidad, por el Reino de los justos. Pero aún faltaría la llegada de la Jerusalén celeste (la cursiva es mía).
[4] san Ireneo “Adversus haereses” (contra los herejes) V, 32, 1,10-16. Los adversarios de Ireneo eran los gnósticos. Esta herejía, anterior al cristianismo, pero que en seguida inentó tomar cuerpo en él, sostenía que había dos principios equipotentes, el del bien y el del mal. Según éstos, el mundo material habría sido creado por el principio del mal y sería, por tanto malo. Los espíritus de los hombres habían caído en el mundo material, víctimas de un pecado cometido fuera de ese mundo. Los cuerpos de los hombres materiales, serían malos. No todos los cuerpos tendrían su espíritu. Los hombres sin alma serían los “hilicos”, mientas que los que tienen espíritu, serían los “pneumaticos”. Los primeros estarían predestinados a la aniquilación junto con el mundo material, mientras que los segundos escaparían de éste mundo material cuando fuese aniquilado. Cristo, no tendría reamente un cuerpo material, sino sólo una apariencia de tal. Yavé, el Dios del antiguo testamento, sería el espíritu del mal, creador del mundo material. Esta doctrina fue combatida enérgicamente por los cristianos desde el principio. Ya san Juan se opone enérgicamente a ella. San Ireneo, “nieto espiritual” de san Juan, continuó la polémica con los gnósticos de su época, los valentinianos. (La parte cursiva de lanota es mía).
[5] Es decir, todos los cristianos, que en el bautismo somos constituidos como sacerdotes, profetas y reyes, aunque ese sacerdocio no sea ministerial (esta nota es mía).
[6] Hay una oración en la misa que dice “cuando llegue el domingo sin ocaso en el que la humanidad eSan Juan, vivió en Éfeso, en Asia Menor, entonces llamada, simplemente Asia. Los Presbíteros del Asia eran, por tanto, los primeros presbíteros ordenados directamente por san Juan y que le habían conocido personalmente y aprendido de él la doctrina cristiana (esta nota es mía)ntra entrará en tu descanso” (esta nota es mía).
[7]La etimología de sacrifico es “hacer sagrado” (esta nota es mía)
[8]San Juan, vivió en Éfeso, en Asia Menor, entonces llamada, simplemente Asia. Los Presbíteros del Asia eran, por tanto, los primeros presbíteros ordenados directamente por san Juan y que le habían conocido personalmente y aprendido de él la doctrina cristiana (esta nota es mía)
[9]Véase nota al pie nº 3, la parte cursiva mía. Ese cosmos salido así de las Manos de Dios con la creación del hombre antes del pecado original, en el que no aumentaba la entropía tenía, sin embargo un destino aún superior, la incorruptibilidad divina. Tras la Parusía, volverá a ese estado, en el Reino de los justos y, al final de éste, se cumplirá su destino de incorruptibilidad. (nota mía)
[10]Ireneo no explicita lo que entiende por estos términos. Quizás tras la substantia haya de verse la materia informe y tras la materia la materia formada. En la teoría hilemórfica aristotélica, las cosas estén hechas a partir de una materia común a todas ellas a la que se une indisolublemente una forma sustancial que les confiere su esencia, lo que son. Sobre este conjunto materia-forma se superponen los accidentes. Según Ireneo, el Padre de la Trinidad creó la materia informe, el Hijo le dio la forma y el Espíritu santo la dirige a la perfección. (La cursiva es mía)
[11]El pensamiento de Ireneo obliga a distinguir, además de la Jerusalén celeste: a) la Jerusalén terrestre mandada levantar por Salomón según el modelo de la celeste y destruida por los romanos (la promitiva ciudad de Salem es mucho más antigua que la Jerusalén de Salomón, pero sólo ocupaba el antiguo monte de Sión, lo que hoy se conoce como la ciudad de David. Salomón la engrandeció construyendo el Templo y su palacio, respectivamente, en el monte Moira y en otro monte al que bautizó con el nombre de Sión, robándoselo al lugar de la primera Salem. El templo de Salomón fue destruido por Nabucodonosor, rey de Babilonia en el siglo VI a. de C. y vuelta a construir por Esdras y Nehemías a la vuelta del cauiverio de Babilonia. Herodes el Grande amplió este segundo Templo poco antes de la vida pública de Cristo, haciéndolo más fastuoso que el de Salomón. Éste segundo Templo fue destruido por Tito en el año 70 y la ciudad entera de Jerusalén por Adriano e el 130, tras sendas sublevaciones judías); b) la Jerusalén reconstruida en tiempos del Anticristo, previos al Reino de los justos (ahora, Jerusalén, como tal, no existe, pues ya hay Templo); c) la Jerusalén reedificada en la tierra renovada en el Reino de los Justos, asimismo levantada según el modelo celeste, con una hermosura y resplandor superior a la de los tiempos veterotestamentarios. (los paréntesis en cursiva son míos)
[12]El segundo Isaías (Deutero Isaías) escribe en los tiempos de exilio de Babilonia, entre la destrucción del Templo de salomón y la construcción del segundo Templo. (La nota es mía).
[13]Cfr. Salmo 87, 4-7: “Contaré a Egipto y a Babilonia entre los que la conocen (a Jerusalén) / filisteos, tirios y etíopes han nacido allí”. / Dirán de Sión: “Todos han nacido en ella, / él mismo, el Altísimo, la ha fundado”. El Señor inscribe en el registro de todos los pueblos: “Éste nació allí”. / Y cantarán y danzarán todos los que viven en ti. (La nota es mía)
[14]En un pasaje anterior, el autor de este estudio dice que “Según el obispo de Lyon, el Hijo de Dios, aún antes de encarnarse, estaba en este mundo, afirmación que no es sino un eco de Juan 1, 10 (“En el mundo estaba y el mundo fue hecho por medio de Él”), pero estaba de forma peculiar: el Verbo creador estaba crucificado en la creación entera; no se trata de la crucifixión del Calvario, sino de una crucifixión invisible ligada a su actividad en la creación del cosmos. La creación visible fue capaz de llevar la cruz del Calvario, en la que colgaba el Verbo hecho carne, porque el Padre portaba la creación haciéndola subsistir y otra cruz, la cósmica e invisible del Verbo Creador la sostenía con eficacia propia. El Verbo Creador y Preexistente está crucificado, no sólo en toda la creación, sino en cada una de las realidades en particular, para gobernar, disponer u organizar y dar cohesión al cosmos y a todas sus realidades. Ireneo ve en la figura de la cruz el gesto del abrazo: el Hijo de Dios está en su creación abrazando su largura, anchura, altura y profundidad (Cfr. Efesios 3, 18) para darle cohesión de norte a sur, de oriente a occidente. [...] El Verbo Creador está crucificado otorgando lo que Ireneo llama el Espíritu según creación. [...] En suma, el Hijo, crucificado en su creación, derrama el Espíritu sobre ella: la unge con el Espíritu”.
[15]Según yo lo veo, el hombre, antes del pecado original podía regir el cosmos por delegación de Dios, impidiendo el crecimiento de la entropía física gracias al orden moral que ejercía por esa delegación. Al rechazar esa delegación y querer actuar por sí y para sí, introdujo una suerte de desorden o entropía moral (la entropía es desorden) que le impidió frenar el crecimiento de la entropía física, que es “ajamiento, rebeldía ante los afanes de los hombres y servidumbre que le obstaculiza desarrollarse según su dinamismo originario”. (Esta nota es mía)
Efeso. La Iglesia del primer amor (Siglo I d.C.)
08 ago 2010 Comentarios desactivados
in Apocalipsis Etiquetas: Efeso
Efeso (Ap. 2:1-7)
Introducccion
Efeso.La iglesia apostólica
1. Período apostólico 33-100 D.C
2. Efeso no soportaba a los malos y se cuidaba de los falsos profetas y no había desmayado, pero había perdido su primer amor.
3. El remedio era recordar de donde había caído y arrepentirse
4. Se le advierte que su candelaro sería quitado de su lugar si no se arrepentía
5. Nicolaítas:
No hay testimonio en la historia antigüa sobre una secta llamada así.
Probablemente es una palabra simbólica derivada de los términos griegos “nikao” que significa conquistar y “laos” pueblo o laicos”. Si efectívamente es un simbolismo se referirá al comienzo de la division entre sacerdotes y laicos, procursora del papado. Otros atribuyen esta herejía a un cierto “Nicolás” uno de los siete diáconos elegidos en Jerusalen.
La Iglesia del primer amor (Siglo I d.C.)
El nombre “Efeso” significa deseada o primer amor y describe adecuadamente el primer siglo de historia de la Iglesia, el cual se caracterizó generalmente por un profundo amor y un ardiente celo por Cristo y también por una inflexible oposición a los falsos maestros y a las doctrinas erradas. Efeso era el centro de una densa población cristiana y gracias a los esfuerzos de Juan, el cuerpo principal de los pastores de la región se mantuvo firme contra toda herejía y unánime en la exclusión de los maestros falsos de las iglesias. Sin embargo, la iglesia que Juan más conocía y amaba había dejado el celo del principio. Las flores habían caído del árbol. La primera luz se estaba convirtiendo en lobreguez. (Vea Hechos 20:17-31.)
Efeso, la famosa capital del estado jónico, era conocida como “la luz de Asia”. Era famosa por su riqueza, su sabiduría y su perversión. La adoración de Diana (vea Hechos 19) se extendió de allí a todo el mundo entonces conocido. Pero la iglesia de Efeso (madre de todas las iglesias de Asia) se alza sobre las demás como la más espiritual de todas ellas, según lo expresa el relato sagrado.
Sin embargo, como el doctor Campbell Morgan nos recuerda, “el origen de la iglesia de Efeso está descrito en Hechos 18 — 20; el ministerio elocuente pero parcial de Apolos fue suplementado y ampliado por el de Pablo. La carta a Efeso describe la situación de la iglesia unos treinta y cinco años más tarde.”
Efeso estaba entregada a la idolatría y una de las herejías prevalecientes consistía en afirmar que los cristianos podían participar de las inmoralidades de los festivales paganos. Por esta razón, muchos cristianos dejaron su primer amor. ¿Somos nosotros tan ardientes y fervorosos en el Señor hoy como lo fuimos en los primeros días de nuestra vida cristiana, cuando todo lo llevábamos al altar?
Aunque quizá todavía nos quede un lenguaje teológico, ¿no podría ocurrir que en nuestro corazón haya dejado de palpitar con el amor a Jesús que manifestamos en los primeros años de nuestra vida cristiana?[1]
Algunas doctrinas hereticas a la que los cristianos debemos oponernos.
1.Homosexualismo
2. Arrianismo
3.Liberalismo o modernismo teologico
4.Unitarismo y unicitarismo
5.Cientificismo, Naturalismo (Teoria de la Evolucion – Macroevolucion)
6.Ateismo /Agnosticismo
7.Panteismo
8.Mariolatria
9. El misticismo extremista carismatico / pentecostal
10. Antiinteelctualismo evangelico (“la letra mata”)
11. Espiritismo, magia y esoterismo.
12. Nueva Era
13. Gnosticismo.
Hay muchas mas.Estas son algunas que se me ocurren ahora, que están presentes actualmente en nuestro contexto latinoamericano.
Notas
1.Herbert Lockyer, Apocalipsis El drama de los siglos, ed. Vida,pag.pag.62





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