Capítulo 8. LA SELECCIÓN NATURAL DE DARWIN


Capítulo 8. LA SELECCIÓN NATURAL DE DARWIN

La teoría que Darwin propuso constaba de tres premisas y una conclusión. La primera se refería a “la variación existente en los seres vivos”. Cada individuo, fuera de la especie que fuera, presentaba unas variaciones propias que lo distinguían del resto de sus congéneres. Hoy diríamos que la estructura genética de cada organismo es individual y distinta a la de los demás.

Precisamente estas diferencias individuales eran las que utilizaban los agricultores y ganaderos para formar razas o variedades concretas que eran diferentes al tipo original.

La segunda premisa darwinista afirmaba que “todas las especies eran capaces de engendrar más descendientes de los que el medio podía sustentar”. No todas las crías llegaban a adultas. Muchas eran devoradas por los depredadores o eliminadas por la escasez de alimento.

Darwin halló un mecanismo natural que actuaba entre la ilimitada fecundidad de los seres vivos y los limitados recursos disponibles para alimentarlos. Tal mecanismo debía actuar eliminando la mayoría de las variaciones y conservando sólo aquellas de los individuos que sobrevivían y lograban reproducirse.

“La supervivencia del más apto, es la tautología más hipócrita en toda la historia de la ciencia. Es el mismo argumento circular o petición de principio de la preservación de las razas favorecidas aunque más insidioso, oscurecido por uno de los conceptos más capciosos de la biología, el de adaptación, que pretende, por ejemplo que el pez está adaptado al agua porque puede vivir en ella. Por supuesto que puede. Y por supuesto que el más apto sobrevive. Pero el menos apto también. Y es que hablar del más apto y el menos no tiene sentido porque no hay manera de medirles la “aptitud”(fitness), como no sea por su descendencia. Pero resulta que en los organismos que se reproducen sexualmente, que son los que trata Darwin, cuando el más apto se cruza con el menos apto los hijos son de ambos, es común la descendencia. El menos apto perdura en la descendencia que tiene con el más apto.

Darwin en el fondo, por más plantas que cultivó y por más que escribió sobre percebes y gusanos, no era biólogo, era un filósofo: un lobo disfrazado de cordero. Desde la escolástica, desde las discusiones de Tomás de Aquino con Duns Escoto sobre el radio de acción de un arcángel, la mente humana no ha conocido otra aberración más grande ni más exitosa que la selección natural de Darwin. O sí, la de Freud, quien construyó todo un edificio especulativo, un rascacielos, sobre el supuesto de que todo el mundo quería acostarse con su propia madre.” [1]

LA SELECCIÓN NATURAL
Esto le llevó a formular su tercera premisa: el misterioso mecanismo era lo que Darwin llamó la “selección natural”.

Las diferencias entre los individuos unidas a las presiones del ambiente provocaban el que unos sobrevivieran lo suficiente como para dejar descendientes, mientras que otros desaparecieran prematuramente sin haber tenido hijos.

En este proceso siempre perdurarían los más aptos, no por ser superiores sino por estar mejor adaptados a su ambiente. Cuando las condiciones de éste cambiaran, entonces serían otros con diferentes características los herederos del futuro.

Por tanto, la conclusión a la que llegó Darwin era que la selección natural constituía la causa que originaba nuevas especies.

El cambio evolutivo que provocaba la aparición de nuevos organismos debía ser lento y gradual ya que dependía de las transformaciones geológicas ocurridas a lo largo de millones de años. Unas especies se extinguían mientras otras surgían de manera incesante.

Como se ha señalado antes, en aquella época no se conocían los mecanismos de la herencia. Sólo después de más de cincuenta años de investigación, se pudo disponer de una teoría satisfactoria sobre la herencia y conocer la existencia de las mutaciones en los genes, en su tiempo y con sus limitados conocimientos.

Darwin era consciente de que a la teoría de la evolución le faltaba algo importante e intentó explicar los fenómenos hereditarios mediante unas hipotéticas partículas que procedían de los distintos tejidos del organismo y eran transportadas a través de la sangre hasta los órganos reproductores o allí donde fueran necesarias; era la teoría de la pangénesis, que Darwin presentó hacia el final de sus días, y que resultó ser un planteamiento totalmente equivocado.

Hoy se sabe que la teoría de la pangénesis no era cierta, pero el mérito de Darwin, según sus más fervientes seguidores, los neodarwinistas, consistió en aferrarse a la selección natural y rechazar los principios del lamarkismo. [2]

“Para CH. DARWIN (1809-1882) el descubrimiento, en su largo viaje, de la diversidad de formas vivientes, le llevó a modificar la teoría de LAMARCK y plantear la teoría de la evolución como un proceso de selección natural.

La teoría de DARWIN, que fue acompañada de cantidad de datos y material bibliográfico, se puede resumir en los siguientes puntos:

1. El mundo no es estático, sino que cambia y evoluciona.
2. La evolución no se produce por saltos, sino de una forma gradual y continua.
3. La línea evolutiva común, no se debe a la generación espontánea, sino a una comunidad de descendientes.
4. Por tanto, la evolución no se debe a un impulso interno o al azar, sino a la selección natural.

¿Qué entendía DARWIN por selección natural?
En todas las especies se plantea una lucha por la existencia. Al aparecer más individuos que recursos energéticos se establecerá una lucha por la supervivencia, en la que sobrevivirán los más aptos, lográndose un equilibrio ecológico.

Los mejor adaptados serán aquellos organismos que presenten un conjunto de variaciones que les hagan más capaces de sobrevivir en ese medio ambiente. Estas variaciones «útiles» se transmiten a los descendientes, estableciéndose en la especie al paso de varias generaciones, con lo que se produce una evolución gradual y continua. Cuando aparecen individuos con variaciones útiles, al no poder adaptarse al medio, perecerán sin dejar descendencia.

Darwin quiso dejar claro que la selección natural no produce las variaciones, sino sólo la conservación de aquellas que son beneficiosas al ser vivo en sus condiciones de vida.

Teorías científicas actuales

A las teorías darwinistas les faltaba la explicación de cómo se transmitían s variaciones a los descendientes. Los estudios de G. Mendel (1866) sobre s unidades de herencia (genes) y las investigaciones posteriores de Morgan (1910) mostraban que los genes estaban en los cromosomas y que las variaciones se producían por cambios o mutaciones en los mismos.

Posteriormente los trabajos de Watson y Crick sobre la estructura del ADN (ácido desoxirribonucleico) como constitutivo de los cromosomas y, por tanto, de los genes, permitieron precisar que las mutaciones se daban en el mismo y que al afectar a las líneas germinales eran heredables.

El ADN tiene un mecanismo de replicación que permite la estabilidad de especie. Las mutaciones en el ADN producirán la variabilidad, que en la mayor parte de los seres serán desventajosas y perjudiciales, porque hacen inviables a los nuevos individuos. En el caso de supervivencia de algunos de individuos mutados, esa variabilidad quedará como reserva hasta que en un momento pueda ser beneficiosa.

Sintetizando las teorías científicas actuales se puede afirmar que el hecho evolutivo queda explicado por dos mecanismos: intrínseco y extrínseco.

Los mecanismos intrínsecos están compuestos por:

La mutación génica: cambio en el programa del ADN, transmitiéndose a descendencia el gen modificado.

Recombinación génica: cruce entre los individuos con esa mutación.

La conjunción de ambos determinará la aparición de individuos diferentes sus padres.
Los mecanismos extrínsecos se deben a cambios en el clima, relieve, ecología… Estos mecanismos condicionan la selección de nuevos grupos.

Mutaciones
a. Puntuales o génicas: Se altera de alguna forma la secuencia de bases de un gen.

b. Cromosómicas: Cambio en la estructura de los cromosomas.

c. Genómicas: Alteraciones del número de cromosomas.

El hecho evolutivo se explica por:

Mutación génica
+
Recombinación génica
+
Cambios ambientales

La interacción entre ambos mecanismos producirá una adaptación al medio ambiente, que lentamente se extenderá a toda la especie, produciendo su transformación.
Para la ciencia actual, las teorías sobre la evolución explican con suficiente claridad el origen biológico de la especie humana.” extr. de Libro de Filosofia

Cuando desde ambientes evolucionistas se hacen alusiones a los partidarios de la creación, generalmente se les acusa de fundamentalismo fanático y anticientífico, ya que si Dios creó de manera inmediata o mediante procesos especiales que actualmente no se dan en la naturaleza, entonces quedaría automáticamente cerrada la puerta a cualquier posible investigación científica del origen de la vida. El creacionismo sería, por tanto, religión y no ciencia.

Sin embargo, la misma crítica puede hacerse al darwinismo. ¿No es éste también una forma de religiosidad atea y materialista? En realidad, tampoco se trata de una teoría científica sino metafísica, como señaló acertadamente el filósofo Karl Popper en Búsqueda sin término (1977: 230).

La selección natural, que es el corazón del darwinismo, pretende explicar casi todo lo que ocurre en la naturaleza, pero lo cierto es que sólo explica unas pocas cosas. Ni la adaptación de los organismos al entorno ni la pretendida selección natural de los mismos son acontecimientos que puedan ser medidos objetivamente, como más adelante se verá. Por tanto, no es posible verificar o desmentir las predicciones del evolucionismo mediante el método científico. Pero para que una teoría pueda ser considerada como científica tiene que ser susceptible de verificación y el darwinismo no lo es. ¿Qué es entonces? Pues un mito naturalista y transformista que se opone frontalmente a la creencia en un Dios Creador inteligente que intervino activamente en el universo. Aunque se presente como ciencia y se le intente arropar con datos y cifras, en realidad es la antigua filosofía del naturalismo.

Como bien señala Charles Colson: “La batalla real se libra entre visión del mundo y visión del mundo, entre religión y religión. De un lado está la visión naturalista del mundo, declarando que el universo es el producto de fuerzas ciegas y sin fin determinado. Del otro lado está la visión cristiana del mundo, diciéndonos que fuimos creados por un Dios trascendente que nos ama y tiene un propósito para nosotros” (Colson, Y ahora…¿cómo viviremos? 1999: 60).

La oposición entre darwinistas y antidarwinistas es en el fondo de carácter teológico. Hay que ser sinceros y reconocer que detrás de unos y otros se esconde una ideología de naturaleza religiosa. Es el viejo enfrentamiento entre la increencia y la fe en Dios, entre el materialismo y el espiritualismo. De ahí que los debates se vuelvan en ocasiones tan agrios porque despiertan sentimientos y creencias muy arraigadas.

Esto se comprueba, por ejemplo, en las actitudes de personajes como el biólogo evolucionista Richard Dawkins, uno de los defensores de la sociobiología, que pregunta siempre a quienes desean hablar con él acerca de la evolución: “¿Cree Ud. en Dios?” Si se le responde con una afirmación, da la espalda a su interlocutor y se marcha de forma grosera. En una entrevista realizada para el periódico La Vanguardia en Barcelona (España), al ser interrogado sobre el tema de la religión dijo: “Estoy en contra de la religión porque nos enseña a estar satisfechos con no entender el mundo”. Y acerca de la fe pensaba que “es la gran excusa para evadir la necesidad de pensar y juzgar las pruebas” (27.02.00).

LAS ESPECIES CAMBIAN, PERO NO TANTO
Después de más de un siglo de estudios de campo y de investigaciones ecológicas son muchos los científicos que han llegado a la determinación de que ni la adaptación de las especies al medio ambiente, ni la selección natural pueden ser medidas de forma satisfactoria, tal como requiere el darwinismo.

En este sentido el Dr. Richard E. Laekey admite que: “Tanto la adaptación como la selección natural, aunque intuitivamente son fáciles de entender, con frecuencia resultan difíciles de estudiar rigurosamente: su investigación supone no sólo relaciones ecológicas muy complicadas, sino también las matemáticas avanzadas de la genética de poblaciones. Los críticos de la selección natural pueden estar en lo cierto al poner en duda su universalidad, pero todavía se desconoce el significado de otros mecanismos, como las mutaciones neutras y la deriva genética” (Laekey, Darwin, 1994: 49).

A pesar de la gran cantidad de datos que se posee en la actualidad acerca del funcionamiento de los ecosistemas naturales, lo cierto es que el mecanismo de la evolución continúa todavía sumido en la más misteriosa oscuridad. Los ejemplos a los que habitualmente se recurre para ilustrar la selección natural se basan siempre en suposiciones no demostradas o en la confusión entre dos conceptos muy diferentes, el de microevolución con el de macroevolución.

¿Qué es microevolución? Es verdad que mediante selección artificial los ganaderos han obtenido ovejas con más lana, gallinas que ponen más huevos o caballos bastante más veloces, pero en toda esta manipulación conviene tener en cuenta dos cosas. La primera es que se ha llevado a cabo mediante cruces realizados por criadores inteligentes y no por el azar o el capricho de la naturaleza. Tanto los agricultores como los ganaderos han usado sus conocimientos previos con una finalidad determinada. Han escogido individuos con ciertas mutaciones o han mezclado otros para conseguir aquello que respondía a sus intereses.

Sin embargo, nada de esto se da en una naturaleza sin propósito. Cuando las razas domesticadas por el hombre se abandonan y pasan al estado silvestre, pronto se pierden sus características adquiridas y revierten al tipo original. La selección natural se manifiesta más bien, en esos casos, como una tendencia conservadora que elimina las modificaciones realizadas por el hombre. Por tanto, la analogía hecha por Darwin entre la selección artificial practicada por el ser humano durante siglos y la selección natural resulta infundada.

La segunda cuestión a tener en cuenta es que la selección artificial no ha producido jamás una nueva especie con características propias que fuera incapaz de reproducirse con la forma original. Esto parece evidenciar que existen unos límites al grado de variabilidad de las especies. Todas las razas de perros, por ejemplo, provienen mediante selección artificial de un antepasado común. Los criadores han sido capaces de originar variedades morfológicamente tan diferentes entre sí como el chihuahua, que puede llegar a pesar tan sólo un kilogramo en estado adulto, y el san Bernardo de más de ochenta. No obstante, a pesar de las disparidades anatómicas continúan siendo fértiles entre sí y dan lugar a individuos que también son fértiles. El semen de una variedad puede fecundar a los óvulos de la otra y viceversa, porque ambas siguen perteneciendo a la misma especie.

Como escribe el eminente zoólogo francés, Pierre P. Grassé: “De todo esto se deduce claramente que los perros, seleccionados y mantenidos por el hombre en estado doméstico no salen del marco de la especie. Los animales domésticos falsos (animales que se vuelven salvajes) pierden los caracteres imputables a las mutaciones y con bastante rapidez, adquieren el tipo salvaje original. Se desembarazan de los caracteres seleccionados por el hombre. Lo que muestra [...] que la selección natural y la artificial no trabajan en el mismo sentido. [...] La selección artificial a pesar de su intensa presión (eliminación de todo progenitor que no responda a los criterios de elección) no ha conseguido hacer nacer nuevas especies después de prácticas milenarias. El estudio comparado de los sueros, las hemoglobinas, las proteínas de la sangre, de la interfecundidad, etc., atestigua que las razas permanecen en el mismo cuadro específico. No se trata de una opinión, de una clasificación subjetiva, sino de una realidad medible. Y es que la selección, concreta, reúne las variedades de las que es capaz un genoma, pero no representa un proceso evolutivo innovador” (Grassé, La evolución de lo viviente, 1977: 158,159).

Las posibilidades de cambio o transformación de los seres vivos parecen estar limitadas por la variabilidad existente en los cromosomas de cada especie. Cuando, después de un determinado número de generaciones, se agota tal capacidad de variación ya no puede surgir nada nuevo. De manera que la microevolución, es decir la transformación observada dentro de las diversas especies animales y vegetales, no puede explicar los mecanismos que requiere la teoría de la macroevolución o evolución general de la ameba al hombre.

La naturaleza, más o menos dirigida por la intervención humana, es capaz de hacer de un caballo salvaje, un pequeño pony o un pesado percherón, pero no puede convertir un perro en oso o un mono en hombre. Los pequeños pasos de la microevolución permiten que, por ejemplo, un virus como el del SIDA modifique su capa externa para escapar al sistema inmunológico humano o que determinadas bacterias desarrollen su capacidad defensiva frente a ciertos antibióticos.

La macroevolución, sin embargo, apela a los grandes cambios que, como el salto de una bacteria a una célula con núcleo (eucariota) o el de ésta a un organismo pluricelular, requieren procesos que no se observan en la naturaleza. “Mucha gente sigue la proposición darwiniana de que los grandes cambios se pueden descomponer en pasos plausibles y pequeños que se despliegan en largos períodos. No existen, sin embargo, pruebas convincentes que respalden esta postura” (Behe, 1999: 33). Es más, la bioquímica moderna ha descubierto que estos grandes saltos de la macroevolución no se han podido producir por microevolución.

Ante esta situación la única alternativa que le queda al evolucionismo es apelar a las hipotéticas mutaciones beneficiosas que aportarían algo que antes no existía. Sin embargo, lo cierto es que no se sabe si tales mutaciones se producen realmente ni, por supuesto, con qué frecuencia lo hacen. A pesar de todo ello el darwinismo sigue creyendo en ellas porque evidentemente las necesita. Este es quizás el mayor acto de fe del transformismo. [3]

La teoría jerárquica de la evolución
A diferencia de la teoría del equilibrio puntuado, la teoría jerárquica tiene un alcance causal, no sólo fenomenológico. La teoría jerárquica de la evolución generaliza la teoría de la selección natural a unidades evolutivas distintas del organismo: la selección de linajes celulares (Buss), la clásica selección organísmica, la selección de grupos o demes (Williams), de especies e incluso de clados. En este sentido, Gould sostiene que la teoría jerárquica no trata de reemplazar sino de extender la teoría darwiniana. No obstante, la estructura teórica de la teoría jerárquica es muy distinta de la teoría clásica y, en este sentido, no ha de entenderse meramente como una extrapolación más inclusiva de la teoría de la selección natural. Según la teoría jerárquica, la evolución es el resultado de la interacción simultánea de distintos niveles que pueden coincidir pero también entrar en conflicto.
Para que un objeto biológico sea una unidad de selección ha de tener cinco propiedades fundamentales: puntos de nacimiento y de muerte, estabilidad suficiente a lo largo de su existencia, reproducción y herencia de rasgos parentales por descendencia. Las tres primeras propiedades son necesarias para distinguir a las unidades dentro de un continuo, mientras que las dos últimas son necesarias para que sean consideradas agentes de la selección natural, definida como éxito reproductivo diferencial.
La consideración de un individuo como individuo evolutivo es relativa, dependiendo del nivel de análisis en el que nos situemos en cada caso:
La teoría jerárquica de la selección reconoce muchas clases de individuos evolutivos, ordenados en una serie de inclusión creciente (genes en células, células en organismos, organismos en demes, demes en especies, especies en clados). La unidad focal de cada nivel es un individuo, y podemos dirigir nuestra atención a cualquiera de estos niveles. Una vez designamos un nivel focal como primario para un estudio concreto, entonces la unidad a ese nivel (el gen, el organismo, la especie, etcétera) se convierte en nuestro individuo focal o relevante, y sus unidades constituyentes se convierten en partes mientras que el nivel superior se convierte en colectividad. Así, si nos centramos en el nivel organísmico convencional, genes y células se convierten en colectividades. Pero si nuestro estudio requiere considerar a las especies como individuos, entonces los organismos se convierten en partes y los clados en colectividades. En otras palabras, la tríada parte—individuo—colectividad se desplazará, como un todo, arriba y debajo de la jerarquía en función de los sujetos y objetos de cualquier estudio particular.[4]

NOTAS

1. http://evolucion-y-darwinismo.blogspot.com/2009/06/la-aberracion-mas-grande-y-exitosa-que.html

2.http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=221&n=9376

3. http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=224&n=9606

4. Gould, La Estructura de la Teoría de la Evolución, p. 705, Wikipedia,Stephen Jay Gould

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. M&M
    sep 13, 2010 @ 13:54:39

    Un cordial saludo, obviaré entrar en discusiones y rebatimientos específicos -que hay muchos, a la luz de la evidencia- puesto que evidentemente su texto fue hecho con el ánimo de encontrar respuestas preconcebidas antes siquiera de formular las preguntas (la magia de la edición). Solo cuatro conclusiones generales y una inquietud final:

    - La primera: es necesario que revalúen tus fuentes… Wikipedia no es una panacea de divulgación científica. Y, en términos generales, este es un relato anacrónico, que salta de aquí a allá sin coherencia alguna, muchas veces al pasado y pocas al presente. Varias de las afirmaciones categóricas que hacen por sus palabras o las de otros son hoy en día obsoletas, eso por no hablar de las que son falacias en sí mismas.

    - La segunda: justamente de eso se trata la ciencia… tiene la humildad de cuestionarse a sí misma todo el tiempo, nunca está totalmente satisfecha y aceptar respuestas ad verecundiam “porque si”. Evoluciona (criticar directamente a Darwin 150 años después, con todo el desarrollo que han tenido sus postulados, es poco menos que obtuso, por no decir ridículo). Dar respuestas con consciencia de las propias limitaciones y con base en lo que podemos evidenciar, en vez de dar respuestas sin mediar razón y con base simplemente en lo que creemos o imaginamos… ese es el abismo entre ciencia y pseudociencia (las acusaciones de “fanatismo” son risibles).

    - Respecto a la especificidad de los naturales desacuerdos que hay en la ciencia (tip: justamente lo que le permite desarrollarse, no es algo estático y anquilosado): “Sin embargo, el consenso de la comunidad científica los considera solo como desacuerdos y nuevas ideas sobre puntos específicos, y la teoría misma no ha sido rebatida en el campo de la biología, siendo comúnmente descrita como la “piedra angular de la biología moderna”. W. Oberton/C. Curby.

    - Cuarto: es por lo menos curioso cómo a lo largo del texto se respondieron a sí mismos la mayoría de sus cuestionamientos, quizá sin percatarse.

    Y MI INQUIETUD: ¿Y cuál es su propuesta? ¿Nos acogemos al dogma sin mediar razón ? ¿Aceptamos que simplemente no entendemos nada y Dios lo hizo así porque si? ¿Cómo se vería un análisis minucioso y riguroso de lo que ustedes postulan? Un poco improbable, cierto… por decirlo menos y ser diplomático. Primero la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, ¿no? Consecuencia antes que nada.

    Gracias.

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