Los muros de Jericó


Los muros de Jericó
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Jericó (en árabe أريحا Ariha; en hebreo יְרִיחוֹ Yériho) es una antigua ciudad situada en Cisjordania, cerca del río Jordán en los Territorios Palestinos. Los hallazgos arqueológicos de esta ciudad cananea demuestran que se edificó desde hace más de diez mil años. Sus habitantes originarios fueron los cananeos. Jericó está mencionada en los textos bíblicos y situada a orillas del río Jordán, ubicada en la parte inferior de la cuesta que conduce a la montañosa meseta de Judá, a unos 8 km de la costa septentrional de la cuenca seca del Mar Muerto, a casi 240 m por debajo del nivel del Mar Mediterráneo y aproximadamente a 27 km de Jerusalén. Fue una importante ciudad del valle del Jordán (Dt. 34:1, 3), en la ribera occidental del río. En una época, la ciudad fue conocida como la ciudad de las palmeras (Dt. 34:3; Jue. 3:13); la primera mención en las Escrituras se da en relación al campamento de los israelitas en Sitim (Nm. 22:1; 26:3).
En la tradición judeo-cristiana, la ciudad es conocida como el lugar donde los israelitas retornaron de la esclavitud en Egipto, dirigidos por el Josué, el sucesor de Moisés.
Durante 400 años fue parte del Imperio Otomano hasta 1917, luego estuvo bajo el Mandato Británico de Palestina, pasando a control jordano entre 1948 y 1967 y luego fue conquistada por Israel durante la Guerra de los Seis Días. Desde 1994, después de los Acuerdos de Oslo, pasó a estar bajo la administración de la Autoridad Palestina.

La Jericó moderna

En el año 1200 a.C., casi en la misma época en que los griegos destruían Troya, el pueblo de Israel conquistó milagrosamente la ciudad de Jericó. Los hallazgos arqueológicos han sacado a la luz pruebas incontrovertibles que demuestran que el hecho, realmente aconteció

Pese a que la Biblia menciona a Enoc como la primera ciudad del mundo (1), los vestigios más antiguos se encuentran en Jericó, cuyos cimientos, muy anteriores, incluso a los de las grandes urbes mesopotámicas, datan del año 7000 a. C.

Antes de la aparición de la escritura, Jericó, la ciudad de las palmeras, era epicentro de una intensa actividad comercial. De allí partían y llegaban caravanas desde y hacia los más apartados confines del mundo, transportando las más variadas mercancías.

Jericó se hallaba ubicada en la ribera occidental del río Jordán, sobre una llanura rica y extensa, próxima al Mar Muerto (bajo cuyas aguas yacen los restos de Sodoma y Gomorra), por entonces un oasis rico en palmeras, dátiles y pozos de agua.

Con el paso de los años, la ciudad llegó a ejercer notable influencia sobre el sector occidental del Medio Oriente y a atraer a individuos de otras latitudes, que veían en ella un lugar de prosperidad y poder.

Vivían allí los cananeos, quienes efectuaban ofrendas al dios Moloch arrojando niños a las llamas y practicando terribles abominaciones que ofendían a Dios.


Josué en Jericó
“Sucedió que después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, habló el Señor a Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, y le dijo: ‘Mi siervo Moisés ha muerto; anda y pasa el Jordán tú y todo el pueblo contigo, para entrar en la tierra que daré a los hijos de Israel” (2).

“… y cuando se oiga su sonido más continuado y después más cortado, e hiriere vuestros oídos, todo el pueblo gritará a una con grandiosísima algazara, y caerán hasta los cimientos los muros de la ciudad”

Con esas palabras el Señor le ordenó a Josué la conquista de Canaán. Y una vez frente a Jericó, volvió a hablarle para decir: “Mira, Yo he puesto en tus manos a Jericó y a su rey y a todos sus valientes. Dad la vuelta a la ciudad una vez al día todos los hombres de armas. Y haréis esto por espacio de seis días. Y al séptimo tomen los sacerdotes siete trompetas de las que sirven para el jubileo, y vayan delante del Arca del Testamento, y en esta forma daréis siete vueltas a la ciudad, tocando los sacerdotes sus trompetas; y cuando se oiga su sonido más continuado y después más cortado, e hiriere vuestros oídos, todo el pueblo gritará a una con grandiosísima algazara, y caerán hasta los cimientos los muros de la ciudad por todas partes, y cada uno entrará por la que tuviere adelante” (3).

Cumplida la orden. Las gruesas murallas cayeron, la ciudad fue arrasada, sus templos destruidos y sus sacerdotes aniquilados. Y solo Rahab fue respetada, y los que moraban con ella, por haber ayudado a los exploradores que Josué había enviado días antes de su destrucción.

Josué maldijo a Jericó, condenando a quien la reedificase y luego marchó hacia Hai, ciudad que también arrasó, pasando a cuchillo a sus impíos habitantes.

Vestigios milenarios
Entre 1907 y 1909 arqueólogos alemanes efectuaron las primeras excavaciones en Jericó, hallando montículos de ladrillos apilados, que pertenecieron a las murallas y los principales edificios de la ciudad.

La excavaciones más importantes tuvieron lugar entre 1952 y 1956 y estuvieron a cargo de la arqueóloga británica Kathleen Mary Kenyon que excavó nuevamente el lugar, determinando que los ladrillos descubiertos por los alemanes, eran parte de la gran muralla que se desplomó durante la conquista de la ciudad.

La Sagradas Escrituras señalan que, después de pasar a cuchillo a todos los habitantes, los israelitas incendiaron Jericó. “Después abrasaron la ciudad, y cuanto en ella había, menos el oro y la plata, y los muebles de cobre y de hierro, que fueron consagrados para el erario del Señor” (4).

La situación de Jericó, ciudad muy fortificada, le daba el dominio del bajo Jordán y de los pasos que llevaban a los montes occidentales; la única manera de que los israelitas pudieran avanzar al interior de Canaán era tomando la ciudad. Josué envió a dos espías para que reconocieran la ciudad (Jos. 2:1-24), el pueblo atravesó milagrosamente el Jordán en seco, y plantaron las tiendas delante de la ciudad. Por orden de Dios, los hombres de guerra fueron dando vueltas a la ciudad, una vez por día, durante seis días consecutivos. En medio de los soldados, los sacerdotes portaban el arca del pacto, precedida por siete sacerdotes tocando las bocinas. El séptimo día dieron siete veces la vuelta a la ciudad; al final de la séptima vuelta, mientras resonaba el toque prolongado de las bocinas, el ejército rompió en un fuerte clamor, las murallas se derrumbaron, y los israelitas penetraron en la ciudad. En cuanto a la fecha, sería alrededor del año 1403 a.C. (cf. ÉXODO Y PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO).
http://www.sedin.org/propesp/Jerico.htm

Pruebas palpables
Hay quienes sostienen que la caída de las murallas se debió a un terremoto, posibilidad que los estudiosos han descartado porque las mismas se mantuvieron en pie en el sector norte. Y aquí viene lo sorprendente ya que, como se recordará, los emisarios del ejército de Josué se alojaron en la casa de Rahab, construida sobre la misma pared, casa que se salvó milagrosamente de la destrucción, mientras el resto de la empalizada sucumbía.

Lo que asombró a los arqueólogos es que los muros que rodean a las ciudades caen siempre hacia adentro. En el caso de Jericó, ciudad provista de una doble empalizada, el interior cayó hacia adentro, no así el exterior, que lo hizo completamente hacia fuera.

El que una parte de las murallas hubiese permanecido en pie, refuerza la versión bíblica. La casa de Rahab se hallaba construida sobre ese sector, en la parte norte, justamente el que no sucumbió. Incluso los arqueólogos creen que alguno de los vestigios edificados contra ese tramo, sería la casa de la meretriz (La expedición de Kathleen Kenyon sacó a la luz los restos de una casa, desenterrando el piso de su cocina, sobre el que se había estrellado una vasija).

Más evidencias
También existen pruebas del gran incendio que sobrevino inmediatamente después del ataque, hecho que refuerza el relato bíblico.

Una espesa capa de hollín recubre gran parte de los vestigios, demostrando que la ciudad fue destruida por fuego (Jos. 6:24). La propia Kenyon lo describe al referir que la hecatombe fue completa y que tanto los muros como los pisos de las viviendas quedaron ennegrecidos por el humo y la ceniza.

Pero hubo otros descubrimientos que llamaron poderosamente la atención de los especialistas. Grandes cantidades de trigo fueron descubiertas en los almacenes, evidenciando, claramente, que si hubo un cerco a la ciudad, el mismo fue breve ya que de haber sido prolongado, se hubiera utilizado. No olvidemos que los israelitas tenían la orden de destruir la ciudad hasta los cimientos sin llevarse nada de ella, por considerarla maldita, y que se les prohibió el saqueo. “Y sea esta ciudad y todo lo que hay en ella, anatema del Señor” (5).

La ciudad había sido proclamada anatema. A excepción de Rahab, que había dado refugio a los espías, y su familia, todos los demás habitantes fueron muertos. El oro, la plata, los objetos preciosos, entraron al tesoro de Jehová. Josué lanzó una maldición contra quien reconstruyera la ciudad (Jos. 5:13-6:26).

La nueva Jericó

Fue asignada a Benjamín; se hallaba en los límites de Benjamín y Efraín (Jos. 16:1, 7; 18:12, 21).
Eglón, rey de Moab, hizo de ella su residencia en la época en que oprimió a los israelitas (Jue. 3:13).
En el reinado de Acab, Hiel de Bet-el fortificó la ciudad; en el curso de esta fortificación perdió, o sacrificó, a sus dos hijos, en cumplimiento de la maldición de Josué (1 R. 16:34).
Durante el ministerio de Eliseo había en Jericó una comunidad de profetas (2 R. 2:5).
Elías, al ir a ser arrebatado al cielo, atravesó Jericó con Eliseo (2 R. 2:4, 15, 18).
En Jericó fueron puestos en libertad los hombres de Judá que habían sido hechos prisioneros por el ejército de Peka, rey de Israel (2 Cr. 28:15).
Los caldeos se apoderaron de Sedequías cerca de Jericó (2 R. 25:5 Jer. 39:5 52:8).
Después del retorno del exilio, algunos de sus habitantes ayudaron a construir los muros de Jerusalén (Neh. 3:2).
Báquides, general sirio, levantó los muros de Jericó en la época de los Macabeos (1 Mac. 9:50).
Al comienzo del reinado de Herodes los romanos saquearon Jericó (Ant. 14:15, 3).
Después Herodes la embelleció construyendo un palacio y, sobre la colina detrás de la ciudad, levantó una ciudadela que llamó Cipro (Ant. 16:5, 2; 17:13, 1; Guerras 121, 4, 9).
La parábola del Buen Samaritano se sitúa sobre el camino de Jerusalén a Jericó (Lc. 10:30).
La curación del ciego Bartimeo y de su compañero tuvo lugar en el camino de Jericó (Mt. 20:29; Lc. 18:35);
Zaqueo, a quien Jesús llamó para hospedarse en su casa y darle la salvación, moraba en Jericó (Lc. 19:1, 2).
Jericó se halla a casi 240 m. por debajo del nivel del mar Mediterráneo, en un clima tropical, donde crecían las balsameras, la alheña, los sicómoros (Cnt. 1:14; Lc. 19:2, 4; Guerras 4:8, 3).
Las rosas de Jericó eran consideradas extraordinariamente bellas (Eclo. 24:14).
La antigua Jericó se elevaba muy cerca de las abundantes aguas llamadas en la actualidad ‘Ain es-Sultãn; ésta es indudablemente la fuente que Eliseo sanó (2 R. 2:12-22; Guerras 4:8, 3).
La Jericó moderna, en árabe «Er-Riha», se halla a 1,5 Km. al sureste de la fuente.
http://www.sedin.org/propesp/Jerico.htm
Ruinas de Jericó. Viviendas contiguas a la muralla

En tiempos del rey Acab, Hiel, oriundo de Betel, reconstruyó Jericó aún a costa del enojo de Dios6. La edificó casi sobre la ciudad antigua, a escasos metros al noroeste, en parte, sobre sus ruinas.

La ciudad se repobló y con el tiempo, fue testigo de hechos de trascendencia, como el paso de Elías y Eliseo; la captura del rey Sedecías por las tropas babilónicas; la edificación de una nueva muralla por Báquides durante la guerra con los Macabeos; el saqueo por los romanos y la edificación de un palacio por Herodes.

En el camino de Jericó a Jerusalén transcurre la parábola del Buen Samaritano y entrando Nuestro Señor Jesucristo a la ciudad, se produjo el encuentro con Zaqueo el pecador, previa curación del ciego en las pertas de acceso.

El relato, uno de los más bellos del Nuevo Testamento, hace referencia al suceso. “En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Él dijo: ¡Señor, que vea! Jesús le dijo: Ve. Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”7. Acto seguido, al ver a Zaqueo, Jesús le pidió que lo invitase a cenar a su casa y le perdonó todas sus faltas.

Sucesos incuestionables
Las nuevas tendencias revisionistas intentan negar lo indudable; aquello que consta en las Sagradas Escrituras. Así, de ese modo, la ciudad que fue destruida por sus pecados y perversiones y fue escenario de uno de los hechos trascendentes de la vida de Nuestro Señor, ha vuelto a la luz, confirmando una vez más que los sucesos que involucran al Creador, no son un simple mito.

Tiempos prehistóricos

Desde los tiempos prehistóricos se distinguen tres asentamientos distintos cercanos a la localización actual, que abarcan más de 11.000 años, en una posición noroeste respecto al Mar Muerto.

Tell es-Sultán
El asentamiento más temprano fue situado en el actual Tell es-Sultán, un par de kilómetros de la ciudad actual. En idioma árabe, tell significa el ‘montón’ o ‘colina’ de capas consecutivas que se acumularon por la habitación humana, al igual que los establecimientos antiguos en Medio Oriente y Anatolia. Jericó es un tipo de sitio clasificado como Neolítico Pre-Cerámico A (PPN A) y Neolítico Pre-Cerámico B (PPN B). La habitación humana se ha clasificado en varias fases:

Natufiense
Proto-Neolítico: se caracteriza por instalación y construcción de estructuras de piedra de la cultura Natufiense, que comienza en fechas anteriores al 9000 a. C.

PPN A
Neolítico Pre-Cerámico A, 8350 a. C. a 7370 a. C., también llamado Sultaniense. En este periodo se ubica la construcción de un asentamiento de 40.000 metros cuadrados, rodeado por un muro de piedra, con una torre de piedra en el centro de ese muro. En su interior hay casas redondas del ladrillo de barro o adobe. Ya hay uso de cereales domesticados: farro, cebada y legumbres, más evidencias de caza de animales salvajes.

PPN B
Neolítico Pre-Cerámico B, 7220 a. C. a 5850 a. C. Hay una gama muy amplia de plantas domesticadas. También hay evidencias de posible domesticación de ovejas. Hay antecedentes de un culto religioso, que implicaba la preservación de cráneos humanos, con las características de reconstrucción facial con yeso y los ojos cubiertos con cáscaras de frutos en algunos casos. Después del establecimiento de fase de PPN A, allí se evidencia un quiebre o un corte de varios siglos, hasta que se inició el asentamiento de PPN B, que fue fundado sobre la superficie erosionada del tell.

En esta nueva etapa la arquitectura consistió en edificios rectilíneos hechos de ladrillos en fundaciones de piedra. Los ladrillos fueron hechos con las impresiones profundas del pulgar para facilitar su manipulación. No se ha excavado ningún edificio en su totalidad. Normalmente, varios cuartos formaban un racimo alrededor de un patio central. Hay un m grande del sitio (6,5 x 4 m y 7 x 3 m) con divisiones internas, el resto son pequeños, utilizado probablemente para el almacenaje. Los cuartos tienen colores rojos o rosáceo y los pisos están hechos de cal, formando lo que se conoce como terrazzo. Algunas impresiones de las esteras hechas de cañas o de acometidas se han preservado. Los patios tienen pisos de arcilla.

Kathleen Kenyon, una de las más destacadas investigadores del asentamiento de Jericó, interpreta que una de las construcciones fue algo así como una capilla, ya que en una de las paredes tiene un altar. Un pilar de piedra volcánica fue encontrado muy cerca de ese lugar. Sus habitantes enterraban a sus muertos debajo de los pisos o en un terraplén de escombros de edificios abandonados. Hay varios entierros colectivos, aunque no todos los esqueletos se articulan totalmente, lo que puede señalar un período de exposición antes del entierro propiamente tal. Una sepultura de A contuvo siete cráneos. Las quijadas fueron separadas, la cara cubierta con yeso, caracoles marinos fueron utilizados para los ojos. En los otros sitios, se encontraron diez cráneos. Los cráneos modelados fueron encontrados dentro de Tell Ramad y Beisamoun.

Otros hallazgos
Pedernales: Se han descubierto puntas de flecha (tipo espiga o de muescas laterales) y dentadas, hoces laminadas, buriles, raspadores, algunas hachas de obsidiana negra y obsidiana verde de fuente desconocida.
Piedras: cuencos y algunas hachas, platos y tazones de piedra caliza suave. También anzuelos hechos de piedra.
Herramientas de hueso: espátulas y taladros.
Figuras antropomorfas de yeso, casi de tamaño natural.
Figuras antropomorfas de arcilla.
Conchas y trozos de malaquita.

Neolítico Cerámico A y B
A partir del IV milenio a. C. Jericó fue nuevamente ocupada y, en general, los restos del sitio muestran conexión con los grupos sirios y con los del oeste del Eúfrates. Hay edificios de adobe y pisos rectilíneos de yeso.

Edad de bronce

Muchas de las ciudades cananeas fueron destruidas durante el siglo XVI a. C., a finales del Bronce Medio de la Edad de Bronce y tales rastros han sido encontrados en Jericó por 3 distintas excavaciones. Hay también muestras arqueológicas de una pared alrededor de la ciudad con un revestimiento externo de piedra pero construida sobre adobe, que fue destruida en ese período. La secuencia y las fechas exactas de estos restos son difíciles de establecer y son altamente discutidas. Kathleen Kenyon observó 15 diversos episodios destructivos en los restos de la edad de bronce.

La Biblia describe una de sus destrucciones como resultado de la invasión llevada adelante por Josué, el sucesor de Moisés. Algunos investigadores bíblicos que utilizan las genealogías de las Escrituras, fijan la fecha del Éxodo en el décimo sexto o el décimo quinto siglo a. C., y consideran estos antecedentes como una ayuda muy significativa para confirmar la veracidad del relato bíblico.
Sin embargo, otros eruditos ven una contradicción entre la historia y el texto bíblico en esta área, señalando que los asentamientos más tempranos conocidos de los israelitas no aparecen hasta cerca 1230 a. C., después de que las paredes de Jericó habían sido destruidas.

Tulul Abu El-‘Alayiq
Los períodos posteriores que atravesó el área, tales como el helenístico, Nuevo Testamento, e islámico han dejado los montículos situados en EL-‘Alayiq de Tulul Abu, a 2 kilómetros al oeste del moderno Er-Riha.

Arqueología

Se encontró abundante cantidad de grano quemado,
evidenciando las circunstancias que se narran en el
libro de Josué de que la conquista fue en la época de
la cosecha, y que la ciudad no fue rendida por hambre,
sino por la caída de las murallas tras un rápido asedio.
Biblical Archaeology Review 1990, No. 3, p. 51

La primeras excavaciones del sitio fueron hechas por Charles Warren en 1868. Luego, Ernst Sellin y Carl Watzinger excavaron Tell es-Sultán y EL-‘Alayiq de Tulul Abu entre 1907-1909 y en 1911. Juan Garstang trabajó allí excavando entre 1930 y 1936. Las investigaciones extensas que usaron técnicas más modernas fueron hechas por Kathleen Kenyon entre 1952 y 1958. Lorenzo Nigro y Nicolo Marchetti condujeron una excavación limitada en 1997. Más adelante, el Dr. Bryant Wood también hizo una visita al sitio para verificar los resultados del equipo anterior a 1997, quienes eran financiados por el Departamento Palestino de Arqueología.

Arqueología:

Ernst Selin y la sociedad Deutsche Orientgesellschaft (1907-1909) iniciaron allí excavaciones sobre el montículo llamado Tell es-Sultan. Fueron continuadas muy extensamente por John Garstang (1930-1936); en 1952 fueron reanudadas por Kathleen Kenyon y por las escuelas de arqueología de Inglaterra y EE. UU. Fue Garstang quien descubrió la evidencia de los muros caídos, y esta evidencia fue fotografiada por él y por posteriores investigadores. Los muros habían caído de dentro hacia afuera. Sus fundamentos no habían sido minados, sino que debieron ser derrumbados por un potente temblor de tierra. También había evidencia de un violento incendio de la ciudad. La revisión de Miss Kathleen Kenyon de esta identificación en base a la cerámica asociada con la cronología de Egipto no tiene en cuenta la necesaria revisión de la estructura cronológica de la historia de Egipto (Véanse EGIPTO, ÉXODO, FARAÓN, HICSOS, HETEOS, etc.). En base a la revisión de Velikovsky y Courville, la destrucción de Jericó concuerda perfectamente con todos los detalles físicos de la destrucción y con los restos arqueológicos, y no se puede objetar a la identificación efectuada por Garstang en 1930-1936, ni a la fecha de 1400 a.C. Los restos correspondientes a la conquista correspondían a una doble muralla de ladrillos, con un muro exterior de 2 m. de espesor, un espacio vacío de alrededor de 4,5 m. y un muro interior de 4 m. Estos muros tenían en aquel entonces 9 m. de altura. La ciudad, muy pequeña, estaba entonces tan superpoblada que se habían construido casas en la parte alta de la muralla, por encima del espacio vacío entre las dos murallas (cf. la casa de Rahab, Jos. 2:15). El muro exterior se hundió hacia afuera, y el segundo muro, con sus edificaciones encima, se hundió sobre el espacio vacío. Así, la arqueología nos da, en realidad, una evidencia totalmente armónica con el relato de las Escrituras.

Ruinas de Jericó
Biblical Archaeology Review 1990, No. 3, p. 48

Conclución:
Es necesario derribar esas murallas, al parecer indestructibles, y así poder escuchar la voz de Dios. El Jericó logró unir a un nutrido número de personas, para ver con Fe los frutos de la oración en la propia vida y en la sociedad, como dice San Pablo en la Carta a los Hebreos: “Por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó, después de ser rodeados durante siete días” (Heb. 11, 30).

Notas:
1- Gen. 4, 17. “Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió, y parió a Enoc: y edificó una ciudad que llamó Enoc, del nombre de su hijo”.
2- Jos. 1, 1-2.
3- Jos. 6, 2-5.
4- Jos. 6, 24.
5- Jos. 6, 17.
6- Reyes I, 16, 34.
7- Luc. 18, 35-43.

fuente:
http://www.cruzadadelrosario.org.ar/revista/0712/jerico.htm
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a8/Prise_de_J%C3%A9richo.jpg/250px-Prise_de_J%C3%A9richo.jpg
Artículo procedente del Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, de Editorial CLIE,Samuel Vila y Santiago Escuain, redactores (CLIE, Terrassa 1985, 1185 pp.).
http://www.sedin.org/propesp/Jerico.htm

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