San Juan Crisóstomo


San Juan Crisóstomo

San Juan Crisóstomo

Juan Crisóstomo o de Antioquia (AntioquíaSiria; (347) – 14 de septiembre de 404) fue un religioso ortodoxopatriarca de Constantinopla, es considerado por la Iglesia católico-romana uno de los cuatro originales Doctores de la Iglesia del Oriente, y por su propia Iglesia, la iglesia ortodoxa Griega uno de los más grandes teólogos y uno de los tres Pilares de la Iglesia, juntamente con BasilioGregorio. Fue un excelso predicador que por sus discursos públicos y por su denuncia de los abusos de las autoridades imperiales y de la vida licenciosa del clero recibió el sobrenombre de “Crisóstomo” que proviene del griego chrysóstomos (χρυσόστομος) y significa ‘boca de oro’ (chrysós, ‘oro’, stomos, ‘boca’). (1)

Juan Crisóstomo escribe: “Aprended a cantar salmos (psallein), y apreciará el placer de la actividad. Pues, se llenan del Espíritu Santo los que cantan (psallontes), tal y como se llenan de un espíritu inmundo los que cantan odas satánicas. ¿Qué significa “al Señor en vuestros corazones”? Quiere decir: prestar atención con enten dimiento. Los que no prestan atención cantan (psallousi) meramente, haciendo sonar las palabras mientras vaga por otros lugares su corazón” (Homilía XIX).

-Observación: En Efesios 5:19, “psallousi” quiere decir, según Juan Crisóstomo, griego del Siglo IV d.C., “haciendo sonar las palabras”. Su explicación confirma la conclusión nuestra ya planteada, a saber, que en el Nuevo Testamento, “psallousi” puede significar “cantar”, sin implicar el acompañamiento de instrumentos musicales.

En sus comentarios sobre el Salmo 41:2-3, Crisóstomo escribe: “En todo lugar y a toda hora se puede cantar (psallein) con el entendimiento… Si tiene usted un oficio, puede cantar (psallein) sentado en el lugar donde trabaja o mientras trabaja. Puede uno hacer melodía (alabar o cantar –psallein) en su mente sin usar la voz. Pues, no hacemos melodía para los hombres, sino para Dios quien es capaz de escuchar el corazón”.

-Tomemos nota: ¡No en “todo lugar y a toda hora” puede uno tocar instrumentos, pero sí, puede cantar en “todo lugar y a toda hora”! Según Crisóstomo, las alabanzas no son para los hombres sino para Dios. La música instrumental agrada a los hombres. En cambio, la espiritual, la del corazón, agrada no solo a los adoradores espirituales sino también a Dios.

En su obra “Sobre el Salmo 150”, Crisóstomo escribe: “Por lo tanto, como los judíos recibieron mandamiento de alabar a Dios con todos los instrumentos de música, asimismo hemos recibido mandamiento de alabarle con nuestros miembros –el ojo, la lengua, el oído, la mano. Esto Pablo lo hace obvio cuando dice: ‘Presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional’. Alaba el ojo cuando no ve con lujuria, la lengua cuando canta (psalle). El oído cuando no escucha canciones malas y acusaciones contra el vecino, la mente cuando no maquina traición, mas abunda en amor; los pies cuando no corren para hacer la maldad sino para llevar a cabo buenas obras, las manos cuando se levantan, no para robar y acaparar y golpear, sino para dar limosnas y para proteger a los que sufren ofensas. Entonces, el hombre llega a ser una lira melodiosa, ofreciendo a Dios una melodía armoniosa y espiritual. Aquellos instrumentos fueron permitidos a causa de la debilidad de la gente para adiestrarles en el amor y la armonía”.

Refiriéndose al Salmo 149, Crisóstomo dice que la música instru mental “le fue permitida a los judíos, como también los sacrificios, debido a la pesadez y lo grosero de sus almas. Dios se la permitió a causa de la flaqueza de ellos porque no hacía mucho que habían sido librados de los ídolos. Mas ahora, en lugar de órganos, podemos usar nuestros cuerpos para alabarle como es debido”.

San Juan Crisóstomo

Dios permite la tentación para probarnos. Jesucristo mismo quiso ser tentado por el demonio, pero Él lo rechazó: “Apártate, Satanás…” (Mateo 4,10). Con la gracia de Dios siempre podemos vencer la tentación. Cuando llega, debemos orar y resistir: orar siguiendo el consejo que nos dio Jesucristo: “Velad y orad para no caer en tentación” (Mateo 26,41), y resistir valientemente huyendo de la ocasión y de quien nos induce a pecar.

El pecado, ofensa a Dios

«Se cuenta de San Juan Crisóstomo que “Arcadio, emperador de Constantinopla, instigado por su esposa Eudoxia, quiso castigar al santo. Cinco jueces propusieron diversos castigos: Mandadlo al desierto, dijo uno. Quitarle los bienes, añadió otro. Metedlo en la cárcel cargado de cadenas. Quitadle la vida. El último, por fin, dijo al emperador: Si lo mandáis al destierro estará contento, sabiendo que en todas partes tiene a Dios; si lo despojáis de sus bienes, no se los quitáis a él sino a los pobres; si lo encerráis en un calabozo, besará las cadenas; si lo condenáis a muerte, le abrís las puertas del cielo… Hacedle pecar: No teme más que al pecado”.

Deberíamos preguntarnos si, como San Juan Crisóstomo, tenemos al pecado como al peor mal.» (2)

Aunque «san Juan Crisóstomo recibe el calificativo de mártir, pero si bien no sufrió un martirio violento, no es menos cierto que fue testigo de Cristo y que fue su fidelidad al Maestro lo que le llevó al destierro y a numerosas penalidades y sufrimientos que le acarrearon la muerte. Enfrentarse al poder imperial, sobre todo al de la emperatriz Eudoxia, lleva a nuestro santo a este final. El Imperio romano de Oriente no es ya oficialmente el imperio pagano perseguidor de la Iglesia. Desde el reinado de Teodosio, el cristianismo es la religión oficial del Estado. Se crea así un espejismo, repetido muchas veces a lo largo de la Historia: el de un cristianismo protegido y tutelado por las autoridades civiles. Instrumentalización y cesaropapismo. Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla, no está dispuesto a que la voz de la Iglesia sea silenciada o manipulada en la nueva situación. Y el poder establecido responderá en todas las épocas siempre con la misma táctica: no atacará a la Iglesia como tal institución sino a las personas que la representan; desvinculará a la persona de la institución para poner en duda su legitimidad… Se empleó esta tácticas incluso contra Papas, ¿por qué no se emplearía contra un arzobispo de Constantinopla, que empleaba la denuncia profética contra injusticias de todo tipo, y por qué no buscar entre otros miembros de la jerarquía y del clero a hombres que descalificaran la actuación de Juan Crisóstomo?

De muchos santos se recuerdan sus últimas palabras, y en el caso de aquel arzobispo de Constantinopla, éstas fueron: “¡Gloria a Dios sobre todas las cosas!”. Para Dios, toda la gloria. Dios, en primer lugar, pues la gloria del ser humano es enteramente tributaria de la gloria divina. Reconocer la gloria de Dios no es empequeñecer al hombre sino acogerse a la fe y recordar que procede de Dios, que está hecho a su imagen y semejanza. La dignidad humana no sufre por el reconocimiento de la gloria de Dios. Es el reconocimiento de una verdad, aunque esa verdad no sea comprendida por todos. Juan Crisóstomo se entrega a Dios desde su juventud, desde su bautismo a los dieciocho años de edad. Su talento natural para la oratoria se ajustó a la búsqueda de la gloria de Dios. Sermones, escritos diversos y cartas del hombre de la “boca de oro” (Crisóstomo, en griego) no tienen otro objeto que la gloria de Dios. Era un heredero de la retórica griega clásica pero la elevó hasta cumbres no alcanzadas en mucho tiempo –eran cumbres alcanzadas por el Espíritu- sólo por el hecho de que todo lo hacía por la gloria de Dios. Esta adhesión a la gloria divina fue sellada también con la cruz. Llama la atención que sus perseguidores lo arrestaran la víspera de la Pascua del año 404. Juan Crisóstomo debía pasar, al igual que Cristo, por el sufrimiento para entrar después en la gloria.

Quizás esos perseguidores buscaran privarle de la alegría de celebrar la Pascua con sus fieles, pero erraban por completo si tales eran sus cálculos. Quien ha configurado su vida con la gloria de Dios, quien busca hacer su voluntad e identificarse con su Hijo, puede ser privado del Pan y de la Palabra, en sentido físico o material. Será una situación dolorosa para él, pero esto no le privará de Dios, pues nada puede atentar contra su libertad interna, pues es una libertad que sólo le debe a Cristo. Nada material puede encarcelar su espíritu; tampoco el exilio o la soledad forzada que fue lo que se empleó contra Juan Crisóstomo. Quien lleva a Dios dentro de sí y quien sólo vive para su gloria, encuentra a Dios en todas partes y en toda circunstancia. El exilio elegido por los enemigos del santo son los límites del mundo conocido hasta entonces, el Ponto Euxino, las orillas del Mar Negro que desde la más remota antigüedad simbolizaban para los griegos un mundo hostil. Juan Crisóstomo no regresará nunca a su diócesis de Constantinopla y sus guardianes le harán más dura su condición de exiliado. Muere, sin embargo… Poco después, sus restos serían conducidos a Constantinopla y su imagen sería rehabilitada incluso por sus propios perseguidores. Pero la imagen verdadera, la que perdura de Juan Crisóstomo es la del cristiano fiel, el que busca, ante todo, la gloria de Dios.»(3)

«Crisóstomo, cuando él escribió contra el ambiente de la cultura pagana de su tiempo, comentó que sus ídolos,“aunque mudos en sí mismos, tenían con todo sus oráculos y profetas y augures, quienes aparentaban tener dones espirituales, como la pitonisa de Delfos; pero no se engañen —advirtió—, los dones de ellos se pueden distinguir fácilmente de los de nosotros»(4)

Ver enlace relacionado

Fuente:

Editorial La Paz

http://www.editoriallapaz.org/padres_iglesia_Juan_Crisostomo.htm

Notas:

http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Cris%C3%B3stomo

http://www.educa.aragob.es/aplicadi/valores/vavc42.htm

http://www.archimadrid.es/espiritualidad/00secciones/santo.htm

4 Artículo titulado “En mi nombre hablarán nuevas lenguas (IV)”, publicado en el portal cristiano Lasteologias,

http://lasteologias.wordpress.com/en-mi-nombre-hablaran-nuevas-lenguas-iv/

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