¿POR QUÉ ES NECESARIA LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA?


Pastor Juan Vidal
Sirviendo al Señor en la Sociedad Contemporánea

¿POR QUÉ ES NECESARIA LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA?

Escrito el 8 de Octubre del 2009 – 4:36 pm | por Pastor Juan Vidal S.

La disciplina eclesiástica se puede definir como el conjunto de procedimientos, actitudes y acciones contenidas en la Biblia que han de implementarse en el contexto eclesiástico para prevenir, desincentivar y corregir las prácticas pecaminosas de los miembros y líderes de la comunidad de fe.

El pecado es la raíz de las mayores desgracias y el principal factor de infelicidad y frustración en un creyente. La expresión “caer en pecado”, en la Biblia, parece referirse a una situación ocasional, inesperada y del todo ajena a la experiencia normal de un verdadero hijo de Dios. Ante tales circunstancias, Juan nos dice en un lenguaje muy afectuoso “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1)

Una cuestión muy diferente es hacer del pecado una práctica habitual, sistemática y consiente. A ello, le llamamos “vivir en pecado”. Esta es la condición normal de un inconverso, pero es inadmisible que sea la conducta de quien dice ser cristiano o peor aún, de un líder de la iglesia cristiana. Pablo les dice a los hermanos corintios “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. (1ª Co. 5:11)”

Si el pecado es tan grave entonces, ¿qué debe hacer la iglesia? La respuesta es: “Disciplinar”. Lamentablemente la expresión “disciplinar” muchas veces ha sido mal empleada y no goza de popularidad entre las congregaciones. En ciertos contextos la disciplina es únicamente sinónimo de castigo o coerción. Y en otras comunidades no se aplica, por temor a que la hermandad abandone la iglesia. Esto genera un círculo vicioso, en donde la gente no vive en santidad y prefiere andar de templo en templo, buscando un espacio en donde acepten su torcida manera de vivir.

Sin el ánimo de elaborar un estudio profundo, exhaustivo y menos concluyente, a continuación quisiera ofrecer dos sencillas consideraciones de la disciplina eclesiástica, que a mi juicio podrían producir un intercambio de opiniones entre los lectores de nuestra web.

I. LA NATURALEZA DE LA DISCIPLINA ECLESIÁSTICA
Un pasaje muy esclarecedor de la naturaleza de la disciplina en la Iglesia lo constituye Mateo 18:15-17: (“15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.”)

Estos versículos han sido empleados en muchas comunidades cristianas para desarrollar una metodología disciplinaria. En primer lugar notamos que la finalidad de este protocolo de acciones es regular las buenas relaciones humanas entre los creyentes. Y su objetivo último es “ganar al que ha pecado”. En otras palabras, la disciplina visualiza al pecador como alguien que debe ser restaurado y devuelto a la comunión de la Iglesia. Al no lograrse esta meta, por una actitud deliberada del pecador, la disciplina se convierte en punitiva, desencadenando la marginación del pecador no arrepentido de la comunión de la iglesia.

En segundo lugar, se notan claramente las etapas que han de seguirse en un proceso de restauración y/o marginación disciplinaria. Jesús propone una primera conversación personal y en privado con el ofensor, para reconvenirle por su actitud y “ganarlo” (Lev.19:17; Lucas 17:3; Gálatas 6:1; Santiago 5:19-20). Si esta primera iniciativa fracasa, se instruye al ofendido a que se haga acompañar y respaldar por dos o más testigos, para que se deje constancia del procedimiento seguido (Dt. 19:15; Jn. 8:17; 2ª Co. 13:1 y Hebreos 10:28). Si persiste la actitud del pecador de no querer oír la reprensión, Jesús enseña que el caso ha de darse a conocer a la Iglesia. Esto no es un castigo, sino una manera de proteger el testimonio de la Iglesia evitando la mala influencia del pecador. Si esta medida extrema no da resultados, entonces no queda otra opción que la marginación del ofensor (1ª Co. 6:1-6; 2ª Ts. 3:6,14).

Cuando el procedimiento antes descrito no rinde los frutos esperados, la iglesia debe considerar seriamente la posibilidad de apartar al pecador de la comunión de la iglesia. Para muchas personas la expresión “excomulgar” tiene connotaciones demasiado fuertes y prefieren no emplearla. No obstante, estrictamente hablando, la iglesia solamente confirma algo que el pecador ya ha decidido con su actitud no arrepentida: aislarse de la comunión de la iglesia. (1ª Co. 5:2-13). Ahora bien, la iglesia siempre debe mantener la posibilidad del perdón, si obra el arrepentimiento del pecador (2ª Co 2:5-8.).

Una cuestión que a veces resulta compleja es la indicación de la Palabra de Dios que nos instruye a aislarnos del pecador no arrepentido. En ocasiones hay personas que solidarizan inapropiadamente con él, añadiendo un nuevo foco de división en la comunidad. En otros casos, la hermandad actúa de manera violenta y poco misericordiosa. Una actitud equilibrada en este asunto nos lo provee el apóstol Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses (3:14-15) “14 Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. 15 Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.”

Por último, es muy importante también considerar que si una persona persiste en su pecado, las consecuencias serán graves para su permanencia en la iglesia: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo” (Ti. 3:10)

II. LA NECESIDAD DE LA DISCIPLINA ECLESIÁSTICA
Probablemente, con la primera parte de este sencillo Estudio Bíblico tengamos suficientes herramientas como para reconocer la necesidad de la Disciplina en la Iglesia. No obstante, con la finalidad de alcanzar mayor precisión, ofrecemos cuatro razones que, a nuestro modo de ver, justifican la implementación de medidas disciplinarias permanentes en la comunidad cristiana.

La disciplina eclesiástica es necesaria:

1. Porque la iglesia debe elevar el nivel moral de la sociedad.
Pablo le escribe su primera carta a Timoteo para instruirle acerca de cuál debe ser su conducta. Aunque tiene la esperanza de ir a verlo personalmente, le señala que ante un eventual retraso en su viaje, le envía esta carta para que “…sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Ti. 3:14-15)

Cuando compartimos con Pablo esta imagen de la iglesia (columna y baluarte de la verdad), resulta sencillo entender todas las indicaciones bíblicas que nos imponen a los creyentes la responsabilidad personal y corporativa de vivir en santidad.

Con una brillantez sobresaliente, nuestro Señor increpa a sus seguidores planteándoles que son la Luz del mundo y la sal de la tierra. Por lo tanto, el testimonio de pureza y lucha contra el pecado, ha de ser el principal patrimonio de los seguidores del Señor. Por ello, la solemne declaración de Levítico 20:26 debe hacernos mucho sentido: “Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos”

Nuestro mensaje de santidad deja de ser creíble y válido, si la iglesia no vive la santidad. Por eso, la disciplina eclesiástica no debe ser opcional, sino esencial.

2. Porque el testimonio de la iglesia fortalece la evangelización.
De nada sirve que el Señor ponga en nuestras manos recursos de diversa índole para alcanzar a las naciones mediante las misiones o el evangelismo, si nuestra proclamación no está sustentada en un paradigma de pureza moral, derivada de la santificación que el Espíritu Santo produce en la vida de los creyentes que obedecen a la Palabra de Dios.

Evangelismo sin santidad, es publicidad engañosa.

3. Porque la disciplina eclesiástica produce frutos deseables.
El autor de Hebreos aborda la disciplina de manera muy práctica y nos dice: “…Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” (He. 12:11) ¡Una gran realidad! Este tema no es popular. Probablemente muchas personas incluso van a escribir en nuestra web manifestándose en contra de la disciplina eclesiástica, basándose en malas experiencias. Sin embargo, si dejamos que el sano consejo de la Palabra de Dios se atesore en nuestros corazones, poco apoco veremos un bello “fruto apacible de justicia”. El mismo autor aludido nos dice una paradoja “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12:6) Usted querido(a) Lector(a) saque sus propias conclusiones.

4. Porque todos los miembros y líderes de la iglesia estamos expuestos al pecado.
Finalmente, debemos recordar que así como todos estamos expuestos al pecado, todos debemos estar sujetos a la disciplina.

No es correcto buscar justificaciones que pongan a hermanos o a líderes por encima de las normas divinas. Una actitud complaciente con el pecado no se condice con las enseñanzas bíblicas, ni con el ejemplo que nos ha dado el Señor (Juan 8:46)

Ni siquiera el Rey David, hombre que según Pablo era un varón conforme al corazón de Dios, se escapó de la disciplina como consecuencia de su pecado. Esto nos enseña que todos podríamos deslizarnos y caer. Entonces, ¿por qué no abrazar con humildad la reprensión del Señor y dejarnos moldear por el divino alfarero?

No tengamos reparos para promover e institucionalizar la disciplina eclesiástica. Al presente no es motivo de gozo, pero a la larga, acercará a la Iglesia al ideal de comunidad que el Señor espera.

¿POR QUÉ ES NECESARIA LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA?
Pastor Juan Vidal Sandoval
Rector Seminario Metodista Pentecostal
Jefe del Departamento de Formación Ministerial de la Corporación Iglesia Metodista Pentecostal de Chile

http://pastorjuanvidal.com/2009/¿por-que-es-necesaria-la-disciplina-en-la-iglesia/

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