EVOLUCIONISMO VERSUS CREACIONISMO EN ESTADOS UNIDOS.


FEBRERO 2006
EVOLUCIONISMO VERSUS CREACIONISMO EN ESTADOS UNIDOS.

II. DEL CREACIONISMO AL DISEÑO INTELIGENTE

I. INTRODUCCIÓN

En la Primera Parte de este trabajo (Lacadena, 2006), al exponer en una visión panorámica cómo habían evolucionado las teorías sobre la evolución (valga el juego de palabras), se señalaba que la historia de las teorías evolucionistas gira en torno a dos problemas generales: el fijismo (inmutabilidad de las especies) frente al transformismo o evolucionismo (unas especies derivan de otras), por un lado, y el origen del hombre, por otro. El movimiento creacionista (creacionismo o Ciencia de la creación) y el movimiento del Diseño Inteligente surgen en los Estados Unidos como un enfrentamiento al neodarwinismo.

Para una mejor comprensión del contenido de este artículo, se sugiere la lectura de la parte I publicada el mes anterior (Lacadena, 2006).

II.EL CREACIONISMO Y EL DISEÑO INTELIGENTE FRENTE AL EVOLUCIONISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Antes de entrar en consideraciones sobre el creacionismo y el movimiento del Diseño Inteligente en Estados Unidos, puede ser interesante recoger los datos de una encuesta publicada en 2005 sobre jóvenes de edades comprendidas entre 13 y 17 años sobre la Teoría de la Evolución de Darwin (Brumfiel, 2005):

· un 37% consideran que es una teoría científica basada en una evidencia experimental sólida;

· un 30% la considera como una más de las muchas teorías existentes sin base experimental sólida;

· un 33% considera que no sabe lo suficiente para tener opinión

En relación con la evolución y origen del hombre la encuesta dio los siguientes resultados:

· un 43% consideran que los seres humanos han evolucionado desde hace millones de años a partir de otras formas de vida menos evolucionadas, pero Dios ha guiado este proceso;

· un 38% creen que Dios creó a los seres humanos en su forma actual hace menos de 10.000 años;

· un 18% consideran que los seres humanos han evolucionado desde hace millones de años a partir de otras formas de vida menos evolucionadas, pero Dios no ha jugado papel alguno en este proceso.

La encuesta también preguntada a los adultos sobre si creían en la evolución como una teoría científica bien establecida en la evidencia, respondiendo afirmativamente en función de su nivel educativo:

· el 65% con un nivel de postgrado;

· el 52% con nivel universitario

· el 20% con un nivel educativo de enseñanza secundaria o inferior

En otra encuesta realizada por el Instituto Gallup de Opinión Pública a finales de 2004,

· el 42% de los norteamericanos cree que Dios creó al hombre tal como lo afirma la Biblia;

· el 18% piensa que la evolución fue guiada por una voluntad divina;

· el 26% acepta la teoría de Darwin;

Finalmente, según otros datos,

· un 65% de los estadounidenses desearía que se enseñaran tanto la teoría de la evolución como el creacionismo, considerando que ello refleja el espíritu de libertad de expresión y de práctica religiosa que recoge la primera enmienda de la Constitución norteamericana.

Sería muy interesante que se hiciera la misma encuesta en España e, incluso, en la Unión Europea.

1.El movimiento creacionista de Estados Unidos en los años ochenta

Decía el profesor Francisco J. Ayala -eminente evolucionista español, discípulo de Dobzhansky y afincado en los Estados Unidos- en una entrevista sobre el movimiento creacionista de los Estados Unidos que le hice personalmente y que fue publicada en el periódico ABC el 25 de enero de 1986, que

“el término creacionismo está mal utilizado intencionalmente por sus proponentes para presentarse a sí mismos como los próceres de las religión en contra del ateísmo. De hecho, muchos evolucionistas tienen convicciones religiosas y aceptan la creación del mundo y de las especies. Aceptar que una persona ha sido creada por Dios no implica rechazar los procesos naturales por los cuales se desarrolla el individuo a partir de una sola célula (el cigoto) tras el proceso de la fecundación. Lo mismo cabría decir con respecto al origen de las especies: aceptar que surgen a través del proceso natural de la evolución no requiere negar que sean criaturas de Dios en el sentido religioso del término”.

Más adelante continuaba diciendo en la entrevista:

“Los que se llaman creacionistas son, más explícitamente, antievolucionistas. Son miembros de iglesias fundamentalistas que rechazan, no sólo la evolución, sino muchos otros avances de la ciencia…En lugar de los conocimientos científicos, creen que debe aceptarse el relato de los primeros capítulos del Génesis literalmente…Los fundamentalistas de este tipo representan una proporción pequeña de la población americana, menos del dos por ciento, pero son muy activos políticamente. Siguen sus esfuerzos manifestándose aquí y allá al nivel de los distritos escolares, pero sin éxito duradero debido a la acción correctora de científicos particulares y de grupos religiosos como el catolicismo, la mayoría de las iglesias protestantes y el judaísmo, todos ellos unidos en contra del irracionalismo de los creacionistas.”

Estas palabras del profesor Ayala, pronunciadas hace 19 años, podrían extrapolarse a la situación actual sin cambiar ni una coma, tal como se describían los acontecimientos relativos al movimiento del Diseño Inteligente en el artículo del mes anterior.

2.Del movimiento creacionista al Diseño Inteligente

La teoría del Diseño Inteligente consta de dos hipótesis relacionadas con la historia del universo y de la vida: 1) algunas estructuras o procesos en la naturaleza son “irreductiblemente complejos” y, por tanto, no podrían haberse originado mediante cambios pequeños a través de largos períodos de tiempo; 2) algunas estructuras o procesos existentes en la naturaleza son expresiones de una “información específica compleja” que solamente podría ser producto de un agente inteligente.

No hay que confundir el movimiento creacionista con el Diseño Inteligente, aunque los dos cuestionen las teorías evolutivas en general y la darwiniana en particular. Aunque los evolucionistas mantienen que el movimiento Diseño Inteligente es una continuación más sofisticada y elaborada del creacionismo, los defensores del Diseño Inteligente sostienen que, a diferencia de los creacionistas, ellos emplean argumentos científicos. Para algunos, el Diseño Inteligente es el puente que une el vacío entre Ciencia y Creencia.

En la parte I de este trabajo se describía con cierto detalle la situación creada en el estado de Pennsylvania en relación con la pretensión por parte del Distrito del Área Escolar de Dover de obligar la enseñanza del Diseño Inteligente en la enseñanza secundaria y que ha sido recientemente rechazada por vía judicial. Sin embargo, hay otros estados como Kansas, Mississippi, Arkansas, Minnesota, Nuevo México y Ohio donde se iniciaron actividades semejantes a Pennsylvania, incluyendo guías de actuación para los profesores o, incluso en algún caso, la colocación de pegatinas adhesivas sobre las cubiertas de los libros de textos con contenidos del siguiente tenor: “Este libro contiene material sobre evolución. La evolución por selección natural es una teoría, no un hecho. Este material debe ser abordado con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente. Aprobado por la Junta Rectora de la Universidad” (ver la portada de la revista Nature, 28 abril 2005).

En noviembre de 2005, el Consejo de Educación de Kansas aprobó por 6 votos contra 4 una propuesta por la que se enseñará en las aulas que existen “dudas razonables” sobre la teoría de la evolución formulada por Darwin, al igual que lo hiciera en 2004 el Distrito del Área Escolar de Dover, Pennsylvania. En palabras de un miembro del Discovery Institute, principal lobby norteamericano a favor de la teoría del Diseño Inteligente, “es una gran victoria para los alumnos de Kansas que les va a aportar una visión completa para debatir sobre el darwinismo impuesto por los científicos”. Aunque en otros Estados como Minnesota, Nuevo México, Ohio y Pennsylvania se había aprobado ya la enseñanza de análisis críticos de la evolución, había sido solamente en términos generales. Sin embargo, en Kansas se va más allá al especificar puntos concretos que revelan la debilidad de la teoría darviniana. El Presidente George W. Bush terció el pasado verano en la polémica, manifestando que “ambas teorías” deberían ser enseñadas. Para el evolucionista Francisco J. Ayala, el Diseño Inteligente “no aporta ninguna explicación natural que pueda ser sometida a prueba, es un insulto a la ciencia, a la educación y a la Constitución”.

El movimiento del Diseño Inteligente no sólo actúa en el ámbito de la enseñanza secundaria, sino que también está introduciéndose en las universidades. Por ejemplo, Brumfiel (2005) narraba la actividad de Salvador Cordova, un destacado activista del movimiento, en la Universidad George Mason en Fairfax, la universidad pública más grande del Estado de Virginia, quien, tras declarar su gran respeto por el método científico, dice que el concepto de Diseño Inteligente no intenta demostrar el mito bíblico de la creación u otros acontecimientos importantes narrados en la Biblia ni, incluso, trata de probar el tipo de deidad implicado, sino que, simplemente, apunta a algún tipo de intervención supranatural. En otras palabras, Cordova dice que el Diseño Inteligente no tiene teología alguna detrás de él.

Como escribía recientemente Collado en Alfa y Omega (5-I-2006), así como el movimiento creacionista se desarrolló en Estados Unidos en la década de los 80 del siglo pasado, el movimiento del Diseño Inteligente surgió a principio de los años 90, teniendo como uno de sus líderes a Phillip E. Johnson, profesor de Derecho en la Universidad de California en Berkeley. En 1991 publicó su libro Darwin on Trial (Darwin a prueba) en el que, haciendo una dura crítica al darwinismo, lo rechaza como teoría científica y lo acusa de ser una filosofía o ideología materialista a la que hay que combatir; sin embargo, considera Johnson que el movimiento del Diseño Inteligente puede contrarrestar al darwinismo. Tras él surgieron otros personajes importantes en el movimiento del Diseño Inteligente como son Michael Behe (bioquímico) y William Dembski (matemático, filósofo y teólogo).

En su obra Darwin’s black box (La caja negra de Darwin) publicada en 1996, Michael Behe“complejidad irreductible”. Este planteamiento podría relacionarse quizá de alguna manera con el modelo de los equilibrios interrumpidos o pautacionismo de Gould (1980, 1982) que se describía en la Primera Parte de este artículo (Lacadena, enero 2006). plantea que en la naturaleza hay estructuras o procesos que son “irreductiblemente complejos” y, por tanto, no podrían haberse originado mediante cambios pequeños a través de largos períodos de tiempo. Dice Behe que las funciones que realizan dichas estructuras complejas necesitan de la concurrencia de una serie de elementos que deben actuar con precisión de forma coordinada, de manera que si falla alguno de dichos elementos la estructura no se formará o dejará de ser funcional. Por ello, considera muy poco probable que se den simultáneamente todos los cambios (mutaciones en términos genéticos) necesarios para que se forme dicha estructura compleja. A esta propiedad la denomina

Algunas estructuras o procesos existentes en la naturaleza son expresiones de una “información específica compleja” que solamente podría ser producto de un agente inteligente: Dios. La prolífica obra de William Dembski trata precisamente de resolver el problema de la inferencia de diseño; es decir, cuándo se puede afirmar que un sistema es diseñado y cuándo no, llegando a proponer un procedimiento con que poder responder científicamente al dilema anterior: es lo que él llama el filtro de diseño. En este segundo aspecto, el Diseño Inteligente tiene que ver con la teleología externa o finalismo que será comentada posteriormente.

La expansión del movimiento Diseño Inteligente en los Estados Unidos se está haciendo con mucha rapidez, posiblemente favorecido por la ayuda económica de ricos filántropos conservadores. Por ejemplo, en Seattle, Washington, está ubicado el Center for Science and Culture en el Discovery Institute que reúne el mayor grupo de expertos de Diseño Experimental. En un documento fundacional del Discovery Institute de 1999 se recoge que el “Diseño Inteligente ha reabierto el caso para una amplia comprensión teísta de la naturaleza”; también en 1999 se crea el club IDEAIntelligent Design and Evolution Awareness) para la difusión del concepto Diseño Inteligente y el conocimiento de la evolución en el Campus de San Diego de la Universidad de California. En la actualidad se han creado más de una veintena de secciones por diversas universidades del país. (Brumfiel, 2005). (

En este contexto se pueden recoger las citas de Darwin y Wallace, padres del concepto de selección natural, que, quizá, puedan parecernos paradójicas en la situación actual:

“Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación se han desarrollado y están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo infinidad de las más bellas y portentosas formas” (Charles R. Darwin, 1859, “El origen de las especies”)

“De esta clase de fenómenos yo inferiría que una inteligencia superior ha guiado el desarrollo del hombre en una dirección definitiva y para un propósito especial” (Alfred Russel Wallace, 1870, “Límites de la selección natural del hombre”)

La visión finalista de la evolución (teleología externa) ha sido y es defendida bajo diversas perspectivas por muchos autores (ver Lacadena, 2001). La controversia sobre el finalismo en la evolución continúa, quizá porque -como indicaba el biólogo Grassé- “es posible que en este dominio la Biología [la Ciencia], impotente, ceda la palabra a la Metafísica”. A este respecto puede servir también la alusión que hacía el filósofo francés Gilson al problema del finalismo:

“… quienes niegan la finalidad natural no han encontrado aún nada que explique de otro modo los hechos de que ésta da razón, contentándose con negarla”,

pero luego añade:

“… los finalistas pueden llevar la razón y tienen, sin duda, derecho a pensar a su gusto, pero no a afirmar que la evidencia científica está de su parte”.

en consecuencia, concluye Gilson:

“… lo mejor que pueden hacer los científicos, en cuanto tales, para aclarar el problema de la finalidad natural es no ocuparse de él”

pero, no obstante, termina añadiendo:

“los científicos son los más cualificados de todos para ocuparse del problema si así lo desean, pero como filósofos; para ello es necesario que acepten filosofar”.

En mi opinión, una cosa parece clara: en la problemática del finalismo es muy difícil que el científico se mantenga como tal sin dejarse influir por sus ideas filosóficas y religiosas. Repito aquí lo que decía el profesor Fernández Rañada en su obra “Los científicos y Dios” (1994):

“por sí misma, la práctica de la ciencia ni aleja al hombre de Dios ni lo acerca a Él. Es completamente neutra respecto a la religión. La decisión de creer o no se toma por otros motivos, ajenos a la actividad científica, pero, una vez tomada, la ciencia ofrece un medio poderoso para racionalizar y reafirmar la postura personal. Al ateo le da argumentos detallados que interpreta como pruebas de que la materia se explica a sí misma. Al creyente le permite apreciar mejor lo que vería, de todos modos, como obra de Dios, ya que el versículo del Salmo ‘los cielos proclaman la gloria de Dios’ le parece claro y luminoso, al percibir íntimamente los mecanismos que sustentan ese esplendor”

Siguiendo al profesor Francisco J. Ayala (1977), se dice que un objeto o una actividad son teleológicos cuando dan evidencia de diseño o aparecen dirigidos hacia ciertos fines. Explicaciones teleológicas son aquellas en las que se explica la existencia de un cierto objeto o proceso demostrando la contribución que el tal hace al mantenimiento de una propiedad o estado específico. Se pueden distinguir varias clases de teleología: la teleología externa o finalismo es la que resulta de la acción intencional de un agente determinado, mientras que la teleología interna o teleología naturalteleología interna determinada cuando lleva necesariamente a un fin preciso (a pesar de los posibles cambios ambientales) e indeterminada cuando el fin no está específicamente predeterminado, sino que resulta de varias alternativas posibles (la indeterminación puede ser debida tanto a procesos estocásticos como deterministas). Así, por ejemplo, las acciones conscientes humanas representan una actividad teleológica externa, mientras que el desarrollo ontogenético (la transformación del cigoto en el individuo adulto) es un proceso teleológico interno determinado. Para algunos autores, el desarrollo humano es un proceso caótico-determinista; es decir, está determinado el ámbito del resultado (o ser humano o nada, pero no otro animal), pero es aleatorio el proceso. es la resultante de un proceso natural que no implica la intención de un agente. La es

Ante el problema de la evolución en general y del origen del hombre en particular existen dos alternativas: considerarlas como un fenómeno teleológico externo (finalismo, equivalente a una Principio antrópico fuerte trascendental) o como un fenómeno teleológico natural indeterminado. En este supuesto llegaríamos a tener que afirmar con el evolucionista Dobzkansky que “el hombre es un accidente evolutivo” o aceptar con el premio Nobel Jacques Monod que “el hombre está solo en la inmensidad indiferente del Universo de donde ha emergido por azar”. La filosofía que encierra el concepto de azar y necesidad de Monod ( Le hasard et la nécessité, 1970), que tanta influencia ha tenido en los biólogos, es -en palabras de Ruiz de la Peña (1988)- la siguiente:

“Según Monod, al azar corresponde el papel de explorar necesidades y alternativas varias, pero una vez alcanzado gracias a él un estado, entra en juego la necesidad, desplazando al azar y estabilizando el nivel logrado, hasta que el mismo azar se dispara otra vez, perturbando el orden y reactivando la oferta de posibilidades inéditas”

Yo, personalmente, me quedo con la otra alternativa, la de la teleología externa cuyo agente es la Causa Primera, Dios. Pero debe quedar claro que ni yo lo puedo probar científicamente ni nadie lo puede rebatir con pruebas científicas. Es una simple, pero importante, cuestión de creencia o de increencia. Un científico creyente puede aceptar la existencia de un Dios creador sin necesidad de que el mismo Dios siga interviniendo directamente en el proceso evolutivo desde los orígenes del universo.

Como dice Ruiz de la Peña (1988), las magnitudes espacio-temporales del cosmos podrían ser tomadas como el mejor argumento en contra del antropocentrismo: el tamaño de nuestra Vía Láctea es de cien mil años-luz; el del grupo de galaxias al que pertenece es de tres mil millones de años-luz y, además, se estima que existen cientos de miles de millones de otras galaxias en el universo observable. Cada galaxia puede tener una media de cien mil millones de estrellas. En definitiva,

“… somos un planeta secundario de un sol suburbial situado en el extrarradio de una galaxia irrelevante. ¿Es razonable seguir pensando que lo que ocurra en esta especie de fragmento infinitesimal de lo real tiene una significación cósmica”

Estoy seguro que Ruiz de la Peña estaría de acuerdo conmigo al parafrasear la idea que en cierto momento sugirió el evolucionista Franciso J. Ayala:

“Copérnico sacó al hombre del centro del Universo y Darwin desmitificó su origen incluyéndolo dentro de un sistema en evolución; sin embargo, la misma evolución, al hacer al ser humano reflexivo, consciente, ético, religioso y capaz de mediatizarla, vuelve a situar al hombre como el ser central de la evolución”.

Está claro que en el desarrollo de mis reflexiones se han mezclado razonamientos científicos con razonamientos o afirmaciones religiosas. Ante el misterio de Dios, los teístas creemos en la existencia de un Dios creador y personal: “En el principio existía la Palabra…y la Palabra era Dios” (Jn 1,1). La “palabra” -el logos- entendida como “proyecto de Dios”, según traduce Juan Mateos. Por ello es para mí fundamental creer en Jesús de Nazaret como “palabra o proyecto (logos) de Dios hecha carne” (Jn 1,14) para que le entendiéramos (“quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” Jn, 14, 9) y lo aceptáramos como un Dios personal (Lacadena, 2001).

Aunque hay muchas declaraciones en el ámbito eclesial que aseguran que el neodarwinismo niega a Dios y que es una manifestación de un materialismo beligerante, me parece más prudente afirmar que hay muchos evolucionistas que son creyentes y que pueden armonizar perfectamente sus conocimientos científicos con sus creencias religiosas (ver Lacadena, 2001).

En lo que respecta a la problemática genética de la condición humana podría plantearse la doble alternativa del cómo y del porqué: tratando de buscar el porqué del origen del ser humano lo único que sabemos es cómo suceden ciertas cosas desde el punto de vista evolutivo, primero a nivel atómico y químico, para terminar en los fenómenos genéticos que subyacen en el proceso evolutivo. Parafraseando al profesor Sánchez del Río podríamos decir que, sin embargo, esto no supone un retroceso en el planteamiento científico porque nuestro cómo es mucho más profundo; tanto que los que no conocen el problema a fondo lo confunden con el porqué. En otras palabras, que la especie humana sea consecuencia de un proceso evolutivo general -el cómo- no nos explica –ni por supuesto invalida- el porqué de nuestra existencia trascendente. Stephan W. Hawking en su conocida obra “Historia del tiempo” (1988) se planteaba el porqué y se respondía en los siguientes términos:

“¿…por qué existe el universo y por qué existimos nosotros? Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”.

Como escribí en la Parte I de este trabajo (Lacadena, 2006), es un hecho constatado que la discusión en torno a la problemática de la evolución ha estado dificultada muchas veces por la falta de objetividad, por los prejuicios a favor o en contra, de los interlocutores. Tan mal está radicalizar la postura por los que niegan o minimizan la evolución biológica argumentando que no es más que una teoría -la “teoría de la evolución”- en el sentido noético de teoría como conocimiento especulativo (tal es el argumento de los seguidores del movimiento Diseño Inteligente) como por los que hacen de ella un dogma (el “dogma de la evolución”), cayendo en la incongruencia de dogmatizar dentro de la misma ciencia positiva.

Entendiendo el término “teoría” como la “síntesis que comprende los conocimientos científicos que ha obtenido una ciencia en el estudio de un determinado orden de hechos”, o como “el conjunto de leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos”, entonces sí que es correcto hablar de la Teoría de la Evolución como explicación científica coherente del hecho evolutivo. La teoría de la evolución, aunque asentada sobre bases científicas sólidas, tiene aún aspectos sin resolver y tan ilícito es “dogmatizar” para rellenar los huecos o falta de conocimientos como tratar de invalidar argumental o filosóficamente todo un conjunto de evidencias experimentales porque falten datos científicos o no se pueda hallar por el momento explicaciones científicas a determinados hechos.

Repito aquí lo que decía el evolucionista Dobzhansky:

“algunos biólogos eminentes creen que el problema de la evolución, salvo detalles de poca importancia, está ya resuelto. Este es un aserto erróneo. Ciertamente, no hay duda razonable alguna de que el mundo viviente es el producto de tres mil o cuatro mil millones de años de historia evolutiva de la Tierra. Sin embargo, las causas de la evolución y el modelo de los procesos que la originan distan de ser completamente comprendidos. No podemos predecir, excepto en algunos pocos casos bien estudiados, el curso futuro de la evolución, e incluso sólo se pueden hacer predicciones a corto plazo. Ni podemos explicar -excepto, de nuevo, en unas pocas situaciones aisladas- por qué tuvieron que suceder como sucedieron los sucesos evolutivos del pasado. Una teoría predictiva de la evolución es una meta para el futuro”.

A pesar de los pesares, sigue habiendo personas que creen que no hay pruebas suficientes a favor de la evolución. Desde el punto de vista genético me gustaría hacer la siguiente comparación:

Supongamos que una nave espacial extraterrestre aterrizara en tierras de Castilla y sus ocupantes llegaran a oír y entender nuestro lenguaje. Posteriormente los extraterrestres abandonan España y aterrizan en Argentina y al escuchar la forma de hablar de sus habitantes llegarían a la conclusión, sin saber nada de Historia, de que había alguna relación entre los habitantes de ambas regiones de la tierra. Pues bien, lo mismo podría aplicarse con un sentido evolutivo al lenguaje genético, tal como se indica a continuación:

Desde mediados del siglo pasado (Avery, MacLeod y McCarty, 1944) se sabe que la información genética está contenida en el ácido desoxirribonucleico (ADN), que los genes son fragmentos más o menos largos de ADN y que la información genética consiste en la secuencia de sus bases nitrogenadas, de manera que, tras los procesos de transcripción (síntesis del ARN mensajero) y de traducción (síntesis de la proteína), dicha secuencia de bases determinará la secuencia de aminoácidos que componen la proteína para la que dicho gen codifica y, por tanto, su especificidad funcional. Todo ello se realiza porque hay un lenguaje genético basado en la existencia de un sistema de codificación denominado código genético consistente en que tres bases nitrogenadas sucesivas (codón) del ARN mensajero se corresponden con un aminoácido determinado o, en su caso, con signos de puntuación terminal (codones de terminación). Una de las características del código genético es su universalidad; es decir, todos los organismos (bacterias, protozoos, hongos, plantas, animales) utilizan el mismo sistema de codificación. Por ejemplo, un gen humano introducido en una célula bacteriana, vegetal o animal hace que éstas sinteticen la proteína humana correspondiente. En otras palabras, todos los organismos han evolucionado a partir de un organismo ancestral común (el progenote) del que han heredado su sistema de lenguaje genético.

3. La Iglesia Católica y la Evolución

La Iglesia Católica no es creacionista, si se entiende este término con el significado con el que se usa en Estados Unidos; es decir, como lectura literal del libro del Génesis de la Biblia. La Biblia es un libro religioso, no es un libro científico; por eso decía San Agustín, que la Biblia no enseña cómo es el cielo, sino cómo ir al cielo. Sin embargo, evidentemente, la Iglesia Católica es creacionista en el sentido de aceptar a Dios como “creador de todo lo visible y lo invisible”. El Cardenal Poupard, Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, decía recientemente que la Iglesia Católica no comparte el radicalismo y fundamentalismo del movimiento creacionista norteamericano.

El 7 de julio de 2005, el Cardenal Arzobispo de Viena Christoph Schönborn publicaba en The New York Times un artículo titulado “Encontrando Diseño en la Naturaleza” que algunos podrían interpretar como un apoyo al movimiento del Diseño Inteligente. Esta, quizá, pudiera ser la explicación por la que un arzobispo católico europeo publica un artículo de dicho contenido en un periódico norteamericano. En su artículo, comienza Schönborn aludiendo al Papa Juan Pablo II cuando en 1996 dijo que “la evolución era algo más que una mera hipótesis”, lo cual permitió a los defensores del “dogma neodarwiniano” invocar que su teoría era compatible con la fe. Sin embargo, Shönborn resta importancia a estas palabras del Juan Pablo II porque considera que su verdadera doctrina está contenida en la alocución que había pronunciado diez años antes en una audiencia general de 1985 en la que dijo lo que se indica a continuación:

“Todas las observaciones relativas al desarrollo de la vida conducen a una conclusión semejante. La evolución de los seres vivos, de la que la ciencia se esfuerza por determinar los estadios y discernir los mecanismos, presenta una finalidad interna que despierta admiración. Esta finalidad que dirige a los seres vivos en una dirección para las que ellos no son responsables, obliga a suponer una Mente que es su inventora, su creador.”

Y más adelante añade Schönborn:

“En un desafortunado nuevo giro sobre la vieja controversia, los neodarwinistas han querido mostrar un retrato del nuevo Papa Benedicto XVI como un evolucionista convencido. Ellos ponen de relieve una frase sobre el origen ancestral común extraída de un documento del año 2004 de la Comisión Teológica Internacional que entonces presidía y que concluía diciendo que la Iglesia Católica no tiene problema alguno con el concepto de “evolución” tal como lo utilizan las principales corrientes biológicas; esto es, como sinónimo de neodarwinismo.

Sin embargo, el documento de la Comisión reafirma la enseñanza permanente de la Iglesia Católica sobre la realidad del diseño en la naturaleza. Comentando sobre el amplio abuso de las palabras de Juan Pablo II sobre la evolución en su carta de 1996, la Comisión alerta de que “la carta no puede ser leída como una aprobación general de todas las teorías de la evolución, incluyendo las que proceden de un neodarwinismo que niega explícitamente a la divina providencia cualquier papel causal en el desarrollo de la vida en el universo.” Según la Comisión, “un proceso evolutivo no dirigido –que cae fuera de los límites de la divina providencia– simplemente no puede existir.”

Aún más, en la homilía de su investidura, Benedicto XVI proclamó: “Nosotros no somos algo casual ni un producto sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el resultado de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es deseado, cada uno de nosotros es amado, cada uno de nosotros es necesario.”

…En el siglo XIX, el Concilio Vaticano I enseñó a un mundo nuevamente embelesado por la “muerte de Dios” que por el uso de la razón la humanidad podía llegar a conocer la realidad de la Causa Incausada, del Primer Motor, del Dios de los filósofos.

Ahora, al principio del siglo XXI, enfrentada con reclamos científicos como el neodarwinismo y la hipótesis multiversa (muchos universos) en cosmología inventada para evitar la abrumadora evidencia del propósito y diseño encontrado en la ciencia moderna, la Iglesia Católica defenderá de nuevo la razón humana proclamando que el evidente diseño inmanente en la naturaleza es real. Las teorías científicas que tratan de dar razones convincentes de apariencia de diseño como resultado del “azar y la necesidad” no son en absoluto científicas, sino, como dijo Juan Pablo II, una abdicación de la inteligencia humana.”

Ante la pregunta de si en España tiene fuerza el movimiento del Diseño Inteligente, la respuesta, en mi opinión, sería negativa si lo comparamos con lo que sucede en Estados Unidos. Sin embargo, esta afirmación no descarta el hecho de que pueda haber entre algunos grupos católicos más conservadores una cierta aproximación al Diseño Inteligente, aunque no sean beligerantes, ni mucho menos, como lo son en Estados Unidos. Llama la atención, por ejemplo, el número del 5 de enero de 2006 de la publicación Alfa y Omega, semanario católico de información que edita el Arzobispado de Madrid y distribuye ABC, que dedica al tema varios artículos con diferentes matices (Altaba, 2006; Collado, 2006; Editorial, 2006).

El problema del origen del hombre ha sido –y en algunas cuestiones todavía lo es– una cuestión teológica celosamente defendida por la Iglesia Católica contra las posibles explicaciones científicas. De hecho, hasta 1950 (encíclica Humani generis, de Pío XII) la Iglesia Católica había puesto en cuarentena la teoría de la evolución, y en la actualidad, aunque muchos teólogos (¿podríamos decir que la mayoría?) consideran y estudian la posibilidad del poligenismo, la postura oficial del Magisterio de la Iglesia es contraria a dicha teoría, sobre todo en razón de la interpretación literal del libro del Génesis (“…y creó Dios al hombre…macho y hembra los creó”) y de los escritos de San Pablopecado original (“…por un hombre entró el pecado en el mundo”, Rom 5,12s). Así, Pío XIIHumani generis acepta la evolución, pero añadiendo que “no le es lícito a los católicos aceptar el poligenismo”. Más tarde, la doctrina oficial de la Iglesia queda reflejada por Pablo VI en 1966 en alocución a los teólogos y en 1968 en el Credo del pueblo de Dios: “La humanidad actual deriva de un solo Adán que pecó”. El 22 de octubre de 1996, el Papa Juan Pablo II, en una alocución dirigida a los Miembros de la Pontificia Academia de Ciencias reunidos en Asamblea Plenaria, decía que: referentes al en la encíclica

“… Hoy, casi medio siglo después de la aparición de la encíclica [Humani generis], los nuevos conocimientos llevan a reconocer en la teoría de la evolución más que una hipótesis…”

Está claro que el Génesis es un libro religioso, no un libro científico. El relato bíblico de la creación contiene un mensaje religioso, no una historia natural de la evolución.

En este contexto es importante recoger el parecer de Juan Pablo II quien, en la alocución antes mencionada a los Miembros de la Pontificia Academia de Ciencias reunidos en Asamblea Plenaria (22 Octubre 1996), decía:

“… En consecuencia, las teorías de la evolución que, en función de las filosofías que las inspiran, consideran al espíritu como emergente de las fuerzas de la materia viva o como un simple epifenómeno de esta materia son incompatibles con la verdad del hombre. Ellas son además incapaces de fundamentar la dignidad humana”.

Juan Pablo II hacía esta afirmación basándose en las palabras de Pío XII en la encíclica Humani generis:

“Mientras que el cuerpo humano tiene su origen en la materia viviente que le preexiste, el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios”.

Sin embargo, el propio Juan Pablo II, catorce años antes (23 de Octubre de 1982), al dirigirse a los participantes de la Semana de Estudio sobre “La experimentación biológica” organizada por la Pontificia Academia de Ciencias, había dicho:

“…El cuerpo humano no es independiente del espíritu lo mismo que el espíritu no es independiente del cuerpo. La unidad sustancial entre cuerpo y espíritu, e indirectamente con el cosmos, es tan esencial que toda la actividad humana, incluso la más espiritual, está de alguna manera permitida y coloreada por la condición del cuerpo; a su vez el cuerpo debe estar dirigido hacia su destino final por el espíritu…”

Como se indicaba anteriormente, el Papa Benedicto XVI en la homilía de su investidura proclamó:

“Nosotros no somos algo casual ni un producto sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el resultado de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es deseado, cada uno de nosotros es amado, cada uno de nosotros es necesario.”

Como punto final de este apartado me gustaría insistir una vez más en que no hay que confundir el hecho de que la religión católica acepte a un Dios creador personal con los planteamientos del movimiento del Diseño Inteligente. Ciertamente que hay personas que se adhieren a un neodarwinismo materialista que niega la necesidad de Dios, pero no es menos cierto que también hay creyentes que aceptan el neodarwinismo como teoría evolutiva sin menoscabo de su fe. Ya he dicho antes que no hay que confundir el cómo con el porqué. A veces, en la controversia entre creyentes y no creyentes el diálogo se hace difícil porque se confunden, malinterpretan y utilizan mal los términos del debate. Dado que el término “diseño inteligente” identifica de forma inequívoca al movimiento sustentado por los grupos fundamentalistas norteamericanos, quizá pueda resultar motivo de confusión para las personas que no conocen a fondo el quid de la cuestión que miembros importantes de la Iglesia Católica utilicen la palabra “diseño” en sus declaraciones.

III. AFORISMOS SOBRE CIENCIA Y CREENCIA PARA UNA REFLEXIÓN PERSONAL

En el presente contexto me parece oportuno reproducir aquí una serie de aforismos que tienen que ver con la problemática evolutiva y el diálogo Ciencia – Creencia que utilicé en un artículo previo de esta misma página web (Lacadena, 2003) sin añadir comentario alguno por mi parte para que el lector pueda hacer su propio discernimiento:

1. La fe es creer; la Teología trata de hacer comprensible la fe. “Sería una gran negligencia el no tratar de comprender lo que creemos” (San Anselmo)

2. Sin la razón, tampoco hay fe: “La capacidad metafísica de la razón es un dato necesario de la fe” (Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, al presentar la encíclica “Fides et ratio”, 15 de Octubre de 1998)

3. “La ciencia empírica no es un sustituto de la fe, es una fe” (Jon Franklin, “El fin del periodismo científico”, 1998)

4. “Los dados que echa Júpiter caen siempre bien” (Sófocles, Frag. 855)

5. “Los dados del destino siempre caen bien de la mano de Dios” (Sófocles)

6. “Dios no juega a los dados” (Albert Einsten)

7. “La casualidad, el azar, las coincidencias son quizá los pseudónimos de Dios cuando no quiere firmar” (Teófilo Gautier)

8. “La casualidad es el pseudónimo con el que Dios firma” (Albert Schweitzer)

9. “La regularidad de la naturaleza refleja la existencia de un diseño inteligente” (Charles Townes, inventor del rayo láser)

10. “Solíamos creer que nuestro destino estaba [escrito] en las estrellas. Ahora sabemos, en gran medida, que nuestro destino está en nuestros genes” (James D. Watson, premio Nobel, Time, 20 Marzo 1989)

11. “La Ciencia y la Creencia fueron juntas hasta el Renacimiento”

12. “Las leyes de la naturaleza han de ser leyes, no milagros continuos” (Godofredo G. Leibnitz)

13. “Ley de los tres estadios” (Auguste Comte): todas las sociedades pasan en su progreso por tres estadios sucesivos: el teológico, el metafísico y el positivo o científico.

- Estadio teológico (religioso, mítico): La mente busca las causas y principios de las cosas en poderes divinos, evolucionando desde el fetichismo (poder mágico de las cosas) al monoteísmo, pasando por el politeísmo.

- Estadio metafísico: El concepto de Dios sustituido por el de Naturaleza (panteísmo: Dios y la naturaleza son lo mismo)

- Estadio científico (positivo): todo queda subordinado a la observación, los hechos y sus leyes

14. Dos respuestas posibles: “¿Cree usted en Dios? Naturalmente que no, soy un científico. ¿Cree usted en Dios? Naturalmente, soy un científico (Hans Küng, en el prólogo de su obra “¿Existe Dios?”)

15. “¿Ve usted este huevo? Con él se derriban todos los templos y teologías de la historia” (Denis Diderot, en sus conversaciones con D’Alambert, s. XVIII)

16. “El Dios-tapa-agujeros” (Dietrich Bonhoeffer, teólogo protestante)

17. “Y, sin embargo, se mueve” (“e pur si muove”, Galileo Galilei)

18. “Si para suprimir del mundo una doctrina bastase con cerrar la boca a uno solo, eso sería facilísimo…, pero las cosas no van por ese camino…, porque sería necesario no sólo prohibir el libro de Copérnico y los de sus seguidores, sino toda la ciencia astronómica, e incluso más, prohibir a los hombres mirar al cielo” (Galileo Galilei)

19. “Si Dios no existiese, sería preciso inventarlo” (Voltaire)

20. “No necesito de la hipótesis-Dios” (Pedro Simón Laplace)

21. Distinguir el cómo del porqué. El conocimiento del cómo puede ser tan profundo que se puede confundir con el porqué (Carlos Sánchez del Río)

22. “Lo sabemos todo y no entendemos nada” (Una alumna de COU, Colegio NSR, Madrid)

23. “Nada en Biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución” (Theodosius Dobzhansky)

24. “El hombre no es más que un accidente evolutivo” (Theodosius Dobzhansky)

25. “La antigua alianza está rota; el hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del universo de donde ha emergido por azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte” (Jacques Monod, premio Nobel)

26. “A estas alturas, cualquiera que siga creyendo en un Dios creador es un analfabeto científico” (Richard Dawkins, autor de “El gen egoísta” y “El relojero ciego”)

27. “El universo que observamos tiene todas las propiedades que podríamos esperar de un mundo en el que no existe ni diseño, ni propósito, ni el mal, ni el bien” (Richard Dawkins)

28. “El ‘Principio Antrópico’ es lo más a que se atreven a llegar algunos científicos ateos que no quieren mencionar la palabra Dios” (Pagels)

29. “Me quito la fe, la pongo en la percha y me pongo la bata de laboratorio” (Louis Pasteur)

30. “La poca ciencia aleja de Dios; la mucha ciencia acerca a Él” (Louis Pasteur)

31. “Principio de demarcación de Popper (falsabilidad de las hipótesis científicas)” (Karl Popper, 1934)

32. “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21): hay que tener claro de hasta dónde llega la Ciencia y dónde empieza la Creencia

33. “Avance de la ciencia por cambios de paradigmas (concepciones de un campo radicalmente nuevas) más que por acumulación de conocimientos” (Thomas S. Khun)

34. “El dogma evoluciona” (Karl Rahner, teólogo jesuita)

35. “Lo que hoy son dogmas de fe, mañana pueden ser fábulas” (Miguel Eyquem de Montaigne, 1850, Ensayos, lib. I, cap. XXVI)

36. “¿Es compatible ser cristiano con la cultura científica?”

37. “El científico creyente ¿incompatibilidad entre sus creencias religiosas y su quehacer personal? (Julián Rubio)

38. “A veces se da una desigual madurez y personalidad del científico en el modo de vivir su ciencia y sus creencias” (un bioquímico premio Nobel, convertido a la religión judía-ortodoxa, dejó de creer en la evolución)

39. “En la vida del creyente hay una dicotomía: en su trabajo es un hombre increyente y se vuelve creyente en la vida privada; mientras que el no creyente no tiene más que una sola vida, su actitud ante la ciencia es la misma que en el resto de si vida” (Laurent Schwarz, matemático ateo en la “Semana de Intelectuales Católicos”, París, 1965)

40. “Por sí misma, la práctica de la ciencia ni aleja al hombre de Dios ni lo acerca a Él. Es completamente neutra respecto a la religión. La decisión de creer o no se toma por otros motivos, ajenos a la actividad científica, pero, una vez tomada, la ciencia ofrece un medio poderoso para racionalizar y reafirmar la postura personal. Al ateo le da argumentos detallados que interpreta como pruebas de que la materia se explica a sí misma. Al creyente le permite apreciar mejor lo que vería, de todos modos, como obra de Dios, ya que el versículo del Salmo ‘los cielos proclaman la gloria de Dios’ le parece claro y luminoso, al percibir íntimamente los mecanismos que sustentan ese esplendor” (Antonio Fernández Rañada, “Los científicos y Dios”, 1994)

41. “La Biología es un campo abonado para las relaciones ciencia-fe. La vida en sí misma y la vida humana es un terreno propicio para ver a Dios en su obra” (Alfonso Pérez Laborda)

42. “Sería quimérico pensar que la marcha de una ciencia positiva vaya a llevar a la inteligencia humana, manteniéndose en una línea de su ciencia positiva, a un punto en que toque positivamente a la realidad de Dios. Sus métodos mismos se lo vedan a limine. Cuantos ensayos se han hecho por esta vía son otros tantos recuerdos tristes de una actitud ya preterida y completamente indefendible; recuérdense las llamadas pruebas científicas de la existencia de Dios. En las ciencias, de puertas adentro, todo pasa y debe pasar como si efectivamente no hubiera Dios, en el sentido de que la apelación al Ser divino sería salirse de la ciencia misma. Y es que, por parte de Dios mismo, la realidad de Dios es, en cierto sentido, riguroso y auténtico, la más lejana de todas las realidades” (Xavier Zubiri, “Introducción al problema de Dios”)

43. “El hombre, en tanto científico de la naturaleza, puede y debe hacer honor a un ateísmo metodológico, ya que por principio retrotraerá cada fenómeno particular, con el cual se encuentre en el ámbito de su objeto, a otro fenómeno dentro de ese mismo ámbito, cuya totalidad en sí y en el fundamento que le es trascendente no es objeto de las ciencias naturales. Se puede, pues, decir que el científico de la naturaleza no tiene por qué ser, en cuanto tal, piadoso [religioso];más aún, que ni siquiera puede serlo, puesto que por el a priori de su ciencia está obligado metodológicamente, esto es, legítimamente, a buscar razón de su fenómeno en otro fenómeno y no en Dios inmediatamente en cuanto tal” (Karl Rahner, 1967, “La Teología y las Ciencias Naturales”)

44. “Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación se han desarrollado y están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo infinidad de las más bellas y portentosas formas” (Charles R. Darwin, 1859, “El origen de las especies”)

45. “De esta clase de fenómenos yo inferiría que una inteligencia superior ha guiado el desarrollo del hombre en una dirección definitiva y para un propósito especial” (Alfred Russel Wallace, 1870, “Límites de la selección natural del hombre”)

46. “No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios” (Stephan W. Hawking, 1988, “Historia del tiempo. Del big-bang a los agujeros negros)

47. “La exploración científica del universo es una forma de descubrir la mente de Dios” (Stephan W. Hawking)

48. “La misión de la Ciencia es catalogar el mundo para volverlo a Dios en orden” (Miguel de Unamuno)

49. “No hay que llamar Ciencia más que al conjunto de fórmulas que tienen éxito. Todo el resto es literatura”

50. “La Ciencia consiste en sustituir el saber que parecía seguro, por una teoría, o sea, algo problemático” (José Ortega y Gasset)

51. “Lo científico es siempre penúltimo, lo último no es científico” (Pedro Laín Entralgo)

52. “Pero ¿qué diablos hacía Dios antes de la creación?” (Samuel Beckett, dramaturgo)

IV.BIBLIOGRAFÍA

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w3.cnice.mec.es/tematicas/genetica/2006_02/docs/webmec71.doc

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