EL SERMON ESCATOLÓGICO.San Mateo 24, San Marcos 13, San Lucas 21


EL SERMON ESCATOLÓGICO

(San Mateo XXIV, San Marcos XIII, San Lucas XXI)

O

UN POCO DE EXEGESIS

PARA CONSOLIDAR NUESTRA ESPIRITUALIDAD

(En base a le enseñanza del R.P. Leonardo Castellani)

La destrucción del Templo y el Fin de los Tiempos

Jesús profetizó la ruina de la ciudad santa:

¡Jerusalén!, ¡Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! Pues bien, he aquí que os quedará desierta vuestra casa. Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (S. Mt. 23: 37-39).

Era el martes santo, tres días antes del deicidio. Salió Jesús del Templo, íbase para no volver más a él.

Las últimas palabras pronunciadas por Jesús impresionaron profundamente a los discípulos. Por eso se le acercaron para hacerle contemplar las magníficas construcciones del Templo herodiano; y uno de ellos le dijo: “Maestro, ¡mira qué piedras y qué construcciones!”.

El llamado de atención admirativo de los Apóstoles estaba justificado: un contraste profundo se presentaba en sus espíritus entre la visión de aquel portento de riqueza y de arte, y la imagen que debían esforzarse por forjar sobre la tremenda ruina que esperaba a la ciudad santa, según la profecía que terminaba de hacer el Maestro.

Mas Jesús, lejos de cambiar lo esencial de su vaticinio, respondió afirmando solemnemente la destrucción de aquella maravillosa obra:

“¿Veis todo esto? Yo os aseguro que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada”.

La respuesta del Maestro se clavó fijamente en la mente de los discípulos; atravesaron la ciudad y el torrente Cedrón, ascendieron por la ladera del Monte de los Olivos, llegaron a un punto desde el cual se domina la ciudad y el Templo, y allí Jesús se sentó.

Los discípulos aprovecharon la oportunidad para escudriñar el pensamiento del Señor sobre la gran catástrofe que había anunciado; y le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo sucederá eso?, y ¿cuál será la señal de tu venida y de la consumación de los siglos?”

En realidad, las preguntas son dos, y ambas apremiantes. Los Apóstoles acaban de oír la predicción de la ruina del Templo; para un judío esto equivalía a la ruina del mundo.

Según la opinión de los judíos, el Reino del Mesías y el fin del mundo actual, precedido de una catástrofe general, eran dos acontecimientos que debían suceder en la misma época.

Los Tiempos del Mesías eran anunciados por los Profetas como los Últimos Tiempos.

Los judíos no distinguían entre el comienzo del Reino mesiánico y su consumación o fin del mundo.

Para ellos, destrucción del Templo, catástrofe universal, fin del mundo actual y Reino del Mesías formaban parte de una sola y misma realidad futura, constituida por hechos conexos y simultáneos.

Por eso los Apóstoles acumulan preguntas que se refieren a sucesos totalmente distintos, como son la destrucción de Jerusalén, el advenimiento del Hijo del hombre para juzgar el mundo y el fin o ruina del mismo.

Nosotros debemos distinguir entre Reino Mesiánico ya comenzado (con la reprobación de Israel y la destrucción del Templo) yReino Mesiánico consumado (con la catástrofe general y el Fin de los Tiempos).

El Discurso Escatológico

Como respuesta a los Apóstoles Jesús pronuncia el importantísimo discurso escatológico.

Primero hay como una especie de digresión en que Jesús no responde directamente a las preguntas de sus discípulos, sino que les da documentos relativos a toda la duración de los tiempos.

Para ello se sirve de una serie de señales (más de quince en total), que se repetirán, con mayor o menor exactitud y amplitud, a lo largo de la historia antes de cada crisis (falsos Cristos y falsos profetas, guerras, terremotos, hambrunas, pestes, fenómenos en el cielo, etc.).

Esta repetición ha provocado más de una vez la ocasión de plantear el tema del fin de los tiempos, cuando en realidad se trataba delfin de una era.

Luego de esa digresión general, Jesús comienza a responder directamente a la primera pregunta: “¿Cuándo sucederán estas cosas?”, teniendo como en un telón de fondo la segunda: “¿Qué señales habrá de tu venida?”

Pero, ¿cómo? ¿Jesús responde todo junto? Sí… Hay que tener en cuenta que toda profecía se desenvuelve en dos planos y se refiere a la vez a dos sucesos: uno próximo (al cual se llama typo), y otro remoto (denominado antitypo).

Simplemente Jesucristo habló de los dos sucesos a la vez, a la moda de los Profetas.

Se trata de ver en un suceso próximo otro más remoto y arcano, Y así Jesucristo vio, por transparencia, en la “ruina de Jerusalén” el“fin del siglo”.

El typo es el juicio y la ruina de Jerusalén, seguido del triunfo relativo y momentáneo de Cristo en el mundo por medio de su Iglesia.

El antitypo es el juicio de la Naciones y la ruina del mundo, seguido del triunfo absoluto y definitivo de Cristo.

Jesucristo habló de los dos sucesos juntamente; pero no de los dos idénticamente, lo cual no es posible, sino analógicamente; de modo que algunas frases se aplican a uno de los sucesos literalmente, y al otro figuradamente.

El typo y el antitypo no coinciden siempre del todo (ni podrían, pues la Historia no suele repetirse literalmente) sino sólo en general, el primero alumbra al otro.

En la profecía escatológica de Cristo algunos rasgos se aplican al desastre de Jerusalén que no convienen del todo al fin del mundo; y viceversa.

Lo importante para nosotros es saber que estos dos grandes sucesos predichos son análogos y que eso es natural pues los dos designan una misma cosa: el Advenimiento de Cristo y su Reino.

Hubiese sido muy cómodo para nosotros que Cristo respondiera: “Estáis equivocados; primero sucederá la destrucción de Jerusalén y, después de un largo intersticio, el fin del mundo; ahora voy a daros las señales del fin de Jerusalén y después las del fin del mundo”.

Pero Cristo no lo hizo así; comenzó un largo discurso en que dio, conjuntamente, los signos precursores de los dos grandes Sucesos, de los cuales el Uno es figura del Otro.

En la respuesta de Jesús, los signos precursores y las descripciones de la ruina se aplican en parte a Jerusalén y en parte al fin de los tiempos, siendo la ruina de Jerusalén la imagen o figura de la ruina final.

Las dos situaciones son análogas, pues Reino Mesiánico vale aquí por la Primera y la Segunda Venida de Jesucristo, porque laSegunda es el complemento y consecuencia de la Primera, que sin aquella quedaría incompleta y frustrada.

Por lo tanto, todos los rasgos principales se darán en el suceso todavía futuro para nosotros, como se dieron en el ya pasado, todavía futuro para los Apóstoles.

Dichos rasgos principales se presentaron también antes de cada gran crisis, para despertar a los hombres de buena voluntad y mantenerlos en vigilia y oración, esperando la Segunda Venida de Nuestro Señor.

Jesucristo describió los sucesos incomprensibles e indescriptibles del fin de los tiempos a partir de sucesos cercanos, más fáciles de comprender y de describir, especialmente para nosotros que ya los conocemos.

Jesús bosquejó los fenómenos del fin de los tiempos sobre la ruina de Jerusalén y la dispersión del pueblo judío.

Eso fue lo que precisamente le preguntaron los discípulos, creídos que las dos cosas habían de ser simultáneas.

Jesús respondió a la vez a las dos cosas y describió en un mismo cuadro la ruina de una edad y el final de todas las edades.

¡Atención! La primera profecía se cumplió, precedida de las señales…

Por lo tanto, cuando se den las señales de la segunda, también esta profecía se cumplirá…

La condición del mundo cuando vuelva Jesucristo será análoga a la que tenía cuando lo dejó.

El Rey de los Profetas, para ver el mundo futuro, desde aquel montículo de Jerusalén desde el cual veía el Templo (y, ¡ay!, también el Calvario), no tuvo más que mirar su propia situación presente, ponderarla con amargura y ampliarla en todas direcciones.

Por eso el Maestro, al profetizar la Gran Tribulación Final, incluyó en la profecía parusíaca, como núcleo y typo de ella, la predicción previa de la caída de la Sinagoga y del Templo, abreviado fin del mundo judaico

Vio las dos cosas juntas, en la misma perspectiva, aunque en diversos planos, ¡no lo olviden!

El Intersticio

Jesucristo distinguió claramente los dos sucesos: el juicio de Jerusalén y el juicio de las Naciones; e indicó lo que llaman el“Intersticio” entre ambos; que es un intervalo bastante largo, más de 2.000 años: el patente versículo de San Lucas XXI, 24, donde se predice la matanza y la dispersión de los judíos por todo el mundo, y que “Jerusalén será pisoteada por los Gentiles hasta que llegue el tiempo (el Juicio) de las Naciones”.

Este versículo indica con claridad un intersticio o intervalo entre los dos sucesos (Pre-Parusía y Parusía). Claridad que resulta meridiana, si se repara en que el versículo alude a la Profecía de las 70 Semanas de David, donde paladinamente se predice la destrucción de Jerusalén y su Santuario por un Príncipe y su ejército, y después la “Abominación de la desolación” que durará sobre la Ciudad Santa y Deicida “hasta que el mismo Devastador (el Imperio Romano, la Romanidad) sea a su vez devastado”; que es lo que está pasando ahora.

Cuando los sucesos se encargaron en mostrar que aquella raya de la cual “Esta Generación no pasará” se aplicaba solamente a laPre-Parusía (el fin de la Sinagoga) y no a la Parusía, entonces los cristianos prestaron atención a los varios rasgos que indican elIntersticio en los Evangelios.

Por lo tanto, uno fue el Juicio de Israel, otro será el Juicio de Las Naciones. Dos sucesos separados, pero contemplados como en uno solo.

Este versículo 24 del capítulo 21 de San Lucas aclara también otro versículo: “Primero será predicado este Evangelio en todo el mundo, y entonces vendrá el fin” (S. Mt. 24:14; S. Mc. 13: 10).

Los Signos de los Tiempos

Después de responder a la primera pregunta: “¿Cuándo sucederán estas cosas?”; Jesús emprende la respuesta directa a la segunda: “¿Qué señales habrá de tu venida?”, sin dejar en ningún momento la referencia a la primera, conforme a lo ya explicado más arriba.

La destrucción de la capital judía ocurrirá antes que pase la generación contemporánea de Jesús; el fin de los tiempos llegará de improviso, y nadie sabe cuándo sucederá, sino el Padre.

En resumen, y como enseñanza bien práctica para nosotros, debemos tener bien en claro que la cuestión de los «signos de los tiempos», o sea la de las señales del Reino Mesiánico, era una controversia bien debatida en la antigüedad, como lo es en nuestros días.

Las ideas que los fariseos se habían forjado sobre el Reino Mesiánico, con un triunfo material y terreno (falso mesianismo farisaico), les impidió verlo venir, y los llevó a la ruina.

Imaginemos por un instante lo que aconteció con el rechazo de Jesucristo, y más tarde al no reconocer los signos de la destrucción de Jerusalén…

Las señales valen también para nosotros, para la Segunda Venida.

¡Atención!, entonces… Porque puede suceder que también nosotros, como los judíos farisaicos, sostengamos la opinión de que laIglesia Católica, la Cristiandad Medieval, la Ciudad Católica, el Reino Social de Jesucristo, el Reino Mesiánico, … son una misma cosa y, por lo mismo, es algo eterno y no tendrá fin…

¡Hay algo de cierto en todo esto!… Pero, el establecimiento definitivo de ese Reino será precedido de una catástrofe universal, y solamente entonces todas las cosas serán restablecidas definitivamente en Cristo y por Cristo…

Por lo tanto, si no vigilamos, nos puede pasar exactamente lo mismo que a los fariseos…

¿Qué sucedería si no distinguiésemos los signos y nos quedásemos al interior de la ciudad antes de que se cierre al sitio?…

La Parusía

La Segunda Venida, el Retorno, la Parusía, el Fin de este Siglo, el Juicio Final o como quieran llamarle, es un dogma de fe, y está en la Escritura y en el Credo; es un dogma bastante olvidado hoy día, bastante poco meditado; pero bien puede ser que cuanto más olvidado esté más cerca nunca.

El dogma de la Segunda Venida de Cristo, o Parusía, es tan importante como el de su Primera Venida o Encarnación.

Si no se lo entiende, no se entiende nada de la Sagrada Escritura, ni de la historia de la Iglesia; porque el término de un proceso da sentido a todo el proceso.

La palabra “Parusía” aparece por primera vez en el Capítulo 24 de San Mateo, y después es usada varias veces por San Pablo.

Para los griegos, “Parusía” significaba la llagada de un Rey a una ciudad, la llegada inesperada especialmente.

Literalmente no significa eso, por cierto, pero tal era el uso entonces.

Literalmente significa la presencia justiciera de Cristo en la historia humana.

El gran mal del mundo moderno es pensar que Jesucristo no vuelve más… o, lo que equivale en la práctica, no pensar que vuelve

En consecuencia, el hombre moderno no entiende lo que le pasa; dice que el cristianismo ha fracasado; inventa sistemas para salvar a la humanidad; ha dado a luz una nueva religión; quiere construir otra torre de Babel; quiere reconquistar el Edén con las solas fuerzas humanas.

La gran herejía de hoy consiste en negar la Segunda Venida de Cristo; y con esta negación, niega su Reyecía, su Mesianidad y su Divinidad. Y al negar la Divinidad de Cristo, niega a Dios; es ateísmo radical, revestido de las formas de la religiosidad…

La nueva religión ecuménica, que responde al Nuevo Orden Mundial, retiene todo el aparato externo del cristianismo, transformándolo en una adoración del hombre; o sea, sentando al hombre en el templo de Dios como si fuese Dios.

La adoración de la Ciencia, la esperanza en el Progreso y la desaforada religión de la Democracia, no son sino idolatría del hombre; es decir, el fondo satánico de todas las herejías, ahora sintetizadas y destiladas al estado puro.

Todos los que no creen o no piensan en la Segunda Venida de Cristo se plegarán a esta nueva religión y ella les hará creer en la venida del Otro, el Anticristo.

Esto es muy importante porque, si las palabras de la profecía de Jesús sobre el fin del mundo son verdaderas (como de hecho se ha verificado que lo fueron las del fin de Jerusalén), la Parusía no puede estar lejos.

Pero los hombres de hoy no recuerdan la promesa de Cristo; y viven como si el mundo hubiese de durar siempre.

Lo que tiene que ser, será. El tiempo no vuelve atrás. La creación madura. El drama de la humanidad pecadora, redimida y predestinada, tiene que tener su desenlace.

El Bien y el Mal han ido creciendo en tensión desde el principio del mundo, como dos campos eléctricos; y algún día tendrá que saltar la chispa.

Ese día no es un día perdido en la lejanía de lo ilimitado, porque Cristo pronunció categóricamente que sería (relativamente) pronto, y recomendó que estemos ojos abiertos para verlo venir.

Las primeras generaciones cristianas vivieron en la ansiosa expectativa de la Parusía, conducidas a ello por el versículo oscuro y ambivalente de cuya dificultad hemos hablado; mas no es verdad lo que dicen los racionalistas actuales, que se “han equivocado”propiamente, pues una cosa es temer, otra es afirmar.

Nosotros debemos estar atentos, vigilantes, y prepararnos para la Segunda Venida de Nuestro Señor.

Vuelvo Pronto

Y aquí se presenta la dificultad grave que hay en este discurso: por un lado se nos dice que no sabremos jamás “el día ni la hora” del Gran Derrumbe, el cual será repentino; y por otro lado se pone Cristo muy solícito a dar señales y signos para marcarlo, encargando a los suyos de que anden ojos abiertos y sepan conocer los “signos de los tiempos”.

¿En qué quedamos? Si no se puede saber, ¿para qué dar señales?

La respuesta está en las mismas palabras divinas:

“Ni el día ni la hora”; eso es lo que no podemos saber.

“Que está cerca”, eso lo podemos saber.

No podremos conocer nunca con exactitud la fecha de la Parusía, pero podremos conocer su inminencia y su proximidad. No es lo mismo saber el día y la hora, que saber que el tiempo no esta lejos.

Pero, dirá alguno, si uno sabe que está cerca, entonces más o menos uno puede saber el día y la hora… ¡No! Puede estar evidentemente cerca, y luego alejarse de nuevo; es decir, el mundo puede acercarse al borde del precipicio (y eso se puede ver), y después alejarse de nuevo (y eso no se puede saber), pues depende del libre albedrío del hombre, el cual sólo Dios puede conocer.

Así ahora, patentemente el mundo parece estar cerca del suicidio, existe ya el instrumento con el cual la Humanidad se puede autodestruir; y, sin embargo, podría darse un vuelco.

Claro que algún día va a ser de veras. Y también es claro que ese día no está a millones de años de aquí; pues Cristo en el Apocalipsis dijo no menos de siete veces: “Vuelvo pronto”.

El Cardenal Newman dijo:

“Jesucristo nos pone en guardia, expresamente, contra una seguridad orgullosa. Si bien es cierto que los cristianos lo han esperado sin que El viniese; es también totalmente cierto que cuando El venga realmente, el mundo no lo esperará; el mundo no verá los signos de su Venida cuando ellos se presenten. Por lo tanto: más vale creer mil veces que El viene, cuando no viene; que una sola vez creer que no viene, cuando en realidad El viene… Ahora bien, tarde o temprano, El debe venir, y vendrá”.

Los más grandes doctores y escritores católicos de los últimos dos siglos han vislumbrado el parecido de muchos fenómenos modernos con las “señales” que están en el Discurso escatológico y en el Apocalipsis.

Entre ellos debemos citar los Sumos Pontífices Gregorio XVI, Pío IX, San Pío X y Pío XII; además el gran teólogo ruso Solovief, y los grandes filósofos Donoso Cortés, Joseph Pieper y Jacques Maritain joven; podemos agregar a esta lista el nombre de Monseñor Marcel Lefebvre (ver los dos sermones pronunciado en Ecône el 29 de junio de 1987 y en París el 19 de noviembre de 1989, así como el artículo intitulado Tiempo de Tinieblas).

Ellos han creído observar que los Signos se cumplen. Pueden no estar en lo cierto. Pueden equivocarse; pero mucho más seguramente se equivocan “los progresistas”, que dicen que la Parusía está todavía de aquí a miles o millones de años (si es que creen en la Parusía…) y que vamos hacia un tiempo de gran prosperidad y felicidad. Para ellos, siempre la situación será que no pensarán que El viene, cuando en realidad viene. Cristo dijo: “Vuelvo pronto”.

Estos impíos de hoy día se parecen a esos viajeros que se empiezan a entristecer cuando el tren está por llegar. Y puede que ellos tengan sus motivos para entristecerse; pero el cristiano no los tiene.

Yo no sé cuando será el fin del mundo; pero esos incrédulos que lo niegan o postergan arbitrariamente, saben mucho menos que yo.

¿Verá el bebe que ha nacido hoy el mundo convertido en un vergel y un paraíso por obra de la Ciencia Moderna? Ciertamente que no.

Si lo ve convertido en un vergel, será después de destruido por la ciencia moderna, y refaccionado por el poder del Creador en la Segunda Venida del Verbo Encarnado.

¡Atención!, porque la herejía contemporánea cierra los ojos y levanta cortinas de humo… En suma, es un entibiamiento de la fe, que tiene como consecuencia desvirtuar la Sagrada Escritura; lo cual, por otra parte, también está profetizado y constituye otro de los signos precursores del fin del mundo.

La Parusía es pues un suceso siempre inminente y nunca seguro.

La historia del mundo hasta la Primera Venida de Cristo sigue una línea recta hacia la “plenitud de los tiempos”; y el mismo tiempo de ella fue profetizado con exactitud por el profeta Daniel con una cifra exacta de años; pero no así la Segunda Venida.

Después de la Primera Venida, la historia del mundo sigue una línea sinuosa, aproximándose y alejándose de la Parusía, pero de tal modo que se ha de cumplir lo que Cristo dijo que será “pronto”.

Así que, cerca o no cerca, hemos de trabajar tranquilamente lo mismo; atentos a los Signos, a las persecuciones, a los errores, a las herejías. ¿Para qué atentos? Para orar y vivir vigilantes.

Varias veces la Cristiandad (siglo IV, siglo X, siglo XIV) ha pensado estar ya delante de “la hora temida” y del “día definitivo”, como decía San Jerónimo en el año 409. Se trataba del fin de una era; pero algún día se tratará del fin de todas las eras.

El autor del Apocalipsis afirma que la Parusía (o sea la presencia justiciera de Cristo en la historia humana) está cerca. Desde el comienzo, en que titula al libro “Revelación del que está cerca”, hasta el final, donde dice ‘‘Vengo pronto”.

¿Vengo pronto? Esta expresión desconcertante, piedra de tropiezo de los incrédulos de hoy, se verifica de tres maneras: trascendental, mística y literal.

Trascendentalmente

El período histórico de los últimos días (o sea el tiempo de la revelación cristiana entre la Primera y la Segunda Venida) será muy breve, comparado con la duración total del mundo.

Así, pues, en un sentido trascendental Cristo pudo decir con verdad que su Segunda Venida estaba cerca.

Místicamente

Todos los hombres, no menos que las naciones, estamos cerca del Juicio a causa de la muerte, la cual puede sobrevenir en cualquier momento. La pedagogía de Cristo en todo el Evangelio es alertar continuamente al hombre acerca de la muerte inminente e imprevista.

Lo sensato, pues, es pensar el fin siempre cercano, porque de hecho puede ser hoy mismo. Debemos pensarlo cerca, pero no como cosa cierta (lo cual paralizaría la actividad humana, como les pasó a los Tesalonicenses), sino como cosa posible, prevista, esperada y también santamente deseada. ¡Ven, Señor Jesús!

Literalmente

Se cumplió en seguida la profecía con la destrucción de Jerusalén, y luego en el derrumbe del Imperio étnico, los dos typos del fin del siglo, o sea del término del ciclo: se cumplió en su primera fase para los oyentes del Mesías; y se cumplirá quizás en su forma completa para nosotros, que pensamos menos en el Fin del Mundo que los primeros cristianos. ¡Y sin duda estamos más cerca que ellos!

El drama de la historia se desenvuelve en planos escalonados, como todo drama se desenvuelve en escenas que contienen todas la misma idea fundamental, a desplegar en el desenlace.

Y así todas las grandes caídas de los imperios perseguidores de la Iglesia, las grandes resurrecciones triunfales del cristianismo y las grandes barreduras que hace Dios de razas enteras apóstatas o degeneradas, se pueden considerar como realizaciones parciales y figurativas de la Presencia (Parusía) de Cristo en la historia y de su Revelación (Apocalipsis) definitiva.

Todo texto profético es fatalmente oscuro, y solo se vuelve claro al cumplirse la profecía. Es natural que habiendo pasado 2000 años de la Primera Venida, estando nosotros más cerca de su cumplimiento, estemos más capacitados, por nuestra pura situación en el tiempo, para entender algunas cosas de ella.

Cobrad Ánimo

Es muy de notar que toda esta predicción de cosas tremendas, no esté hecha para hacer “temer”, sino para consolar, como concluye Cristo: “alegraos entonces porque vuestra redención esta cerca”.

No hay una sola nota de ternura en todo este recitado, pero todo él está penetrado de solicitud hacia las suyos, como un padre que previniera a sus hijos de sucesos terribles venideros, para que no los derroten o desesperen, pues son preludio y prenda de un gran bien; el cual no puede fallar.

Termina Jesús las terribles predicciones con unas palabras de consuelo y aliento para los suyos: “Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra redención”.

Las dos grandes catástrofes, cuya causa es la mala voluntad de los hombres, son seguidas del triunfo de Cristo.

Puede decirse lo mismo de cada catástrofe parcial a lo largo de la historia: cada una de ellas fue seguida de un triunfo momentáneo de la Iglesia y de la Cristiandad.

Pero, la embriaguez de la fiesta provocó una nueva crisis… y así continuarán la historia de la humanidad y de la Iglesia hasta la crisis final, que no será reconocida en sus signos precursores sino por los fieles discípulos de Jesús.

Es muy importante destacar, pues, que toda esta predicción de cosas tremendas, no está dada para hacer desesperar, sino para consolar.

El fin no es un desastre y una destrucción total, sino un nacimiento, la restauración final de todas las cosas en porJesucristo.

Por lo tanto:

“Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones… Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre”

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. varyvar
    dic 04, 2009 @ 20:05:51

    LA PROFECÍA

    DEL

    MONTE DE LOS OLIVOS.

    Mt. 24 & Mt. 25.

    Probablemente ningún estudiante de la palabra profética negará la importancia de la profecía que ahora vamos a considerar. Por todas partes esta es considerada como una de las más comprensivas expresiones que se encuentran en las Escrituras; que, si justamente comprendida, ayudará materialmente a la elucidación de muchas otras partes de la palabra inspirada. Debe ser evidente a todos que esta profecía cubre un amplia área, dándonos una muy amplia vista de los designios de Dios con la tierra y Su propio pueblo en ella.

    Esta profecía, expresada por el Señor Jesús sobre el monte de los Olivos, no puede ser justamente comprendida, excepto el objeto del Espíritu de Dios en el evangelio de Mateo es visto claramente. Mateo difiere de todos los otros evangelistas en el estilo y arreglo de su evangelio. El evidente propósito del Espíritu Santo por medio de él es presentarnos al Señor Jesús como el Mesías de Israel. Los incidentes registrados, la forma de su introducción a la narración, las parábolas mencionadas, como las escrituras del A. Testamento son citadas, todo esto se combina para hacer perfectamente claro que debemos examinar la palabra divina con cuidado. Él es introducido en la escena como el Hijo de David y Abraham (Mt.1), diferente a lo que encontramos en el evangelio de Lucas, donde Su genealogía es trazada desde Adán y a Dios (Lc.3)

    El evangelio de Mateo es realmente el registro de la prueba de la gran cuestión de si Israel recibiría a su Mesías o no. ¡Ay! La historia es bien conocida a todos. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. ” (Jn.1:11).Él no fue bienvenido en Israel, aunque vino entre ellos con las manos llenas de bendiciones. Él fue despreciado, rechazado, y aborrecido como lo predijo el profeta. Por tanto Él constantemente habló de cambios que serían introducidos. En las siete parábolas de Mt.13: Él desplegó “los misterios del reino de los cielos,” mostrando la forma que el reino debía tomar a través del pecado del pueblo escogido. En Mt. 16, después de la notable confesión de Simón Pedro, Él fue más lejos, y habló de la iglesia_ “sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del hades no prevalecerán contra ella.” La puesta a un lado de Israel estaba cerca, y Dios estaba a punto de dar efecto a otros propósitos y planes.

    El cap.23 del evangelio de Mateo es extremadamente solemne. Primero, el Señor denunció a los líderes y maestros del pueblo, exponiendo su hipocresía e iniquidad; y después derramó Su aflicción y lamentación por el cegado Israel que sordamente se precipitaba a la ruina, abandonando sus propias misericordias. Él amaba a Su pueblo_ ellos eran la escogida simiente de Abraham, el amigo de Dios; Él sentía agudamente la posición de ellos” ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! “23:38 He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 23:39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor. (Mt. 23:37-39)

    La fuerza de estas palabras debe verse en vista a tener una verdadera comprensión de la profecía que sigue. Tres cosas se muestran, o al menos están implicadas, en ellas. (1) Su partida a causa de la condición de Israel; (2) La resultante desolación del pueblo y santuario; y (3) Su futura aparición cuando Israel le de la bienvenida con gozo. Sobre esto está basada la profecía del monte de los Olivos.

    Habiendo derramado Su lamentación, el Señor se alejó del templo. Los discípulos atrajeron Su atención a los costosos edificios, y Él les respondió, “¿veis todas estas cosas? De cierto de cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.” Esto produjo las tres preguntas que encontramos en el v.3: ” dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida y del fin del siglo?”

    Es importante comprender lo que estaba en las mentes de los discípulos cuando ellos presentaron estas preguntas al Señor. Muchos lectores de las Escrituras persisten en considerarlos a ellos como representantes de la iglesia de Dios en esta materia, aceptando todo el resultante consejo como para nuestro propio camino. Pero es claro que los doce no tenían la iglesia en vista entonces. Se admite libremente que ellos vinieron a ser posteriormente parte de esa maravillosa unidad, pero ellos no estaban en tal posición y relaciones con el Señor Jesús sobre el monte de los Olivos. Ellos eran judíos, con mentes llenas con sus prospectos y esperanzas terrenales, fundamentadas sobre las profecías del A. Testamento. Ellos creían firmemente que Jesús era el Mesías de Israel, y contaban con Él para que removiese todas las dificultades del camino y estableciese Su trono en Sión. Esto estaba más o menos en sus pensamientos a través de todo su compañerismo con Él, aun más allá de la muerte y la resurrección (Mt. 20:21; Lc. 24:21; Hech.1:6). De allí sus preguntas. Si Jerusalén y el templo serían destruidos, ¿Dónde estaría el reino prometido? Y si el Señor estaba realmente yéndose antes de establecer el reino en gloria, ¿Cuándo retornaría?

    Estas, más allá de disputa eran sus dificultades. La profecía sobre el monte de los Olivos estaba designada por el Señor para responder a estas cuestiones. De este modo Israel está en vista a través de todo, como lo veremos aun más claramente cuando procedamos en nuestro examen de esto.

    En este punto el lector debiese considerar la diferencia entre Mt.24 y el capitulo paralelo en el evangelio de Lucas (Lc.21). Esta es una de las más sorprendentes pruebas de la inspiración del Espíritu de la palabra de Dios. Ambos evangelistas registran la profecía del Señor, pero Mateo fue guiado a detenerse sobre las respuestas del Señor a las segunda y tercera preguntas, relativas al tiempo del fin, mientras Lucas da prominencia a la primera pregunta con su respuesta.

    Es importante observar esto cuidadosamente. El hombre no habría ordenado de esta forma las materias. Pero Dios, y no el hombre, es el verdadero Autor de las Escrituras, y ha tenido diferentes designios al usar estos variados vasos, ya sea comprendidos por ellos o no. De esta forma Lucas se detiene sobre la destrucción de Jerusalén y el templo, diciendo muy poco realmente acerca de las pruebas y aflicciones al fin de la edad. Debiese notarse que el periodo cristiano viene entre Lc.21:24 y 25 como un intervalo de tiempo no definido.

    Ahora consideremos brevemente Mt. 24 y 25. La profecía naturalmente se divide a si mismo de este modo:

    Parte 1. Mt. 24:4-14

    Parte 2. Mt. 24:15-31

    Parte 3. Mt. 24: 32-25:30

    Parte 4. Mt. 25:31-46.

    Parte 1. Es general. El Señor describe las circunstancias generales de Sus siervos hasta el fin de la edad. Lo que sigue es, en cierto sentido, la expansión de estos versos. El mismo principio se observa en Apoc. 11:15-18. Allí tenemos la aparición de Cristo con todos sus resultados, pasando a través del reino al tiempo del juicio de los muertos. Todo el resto del libro de Apocalipsis se resume realmente en estas pocas palabras. Así es en Mt. 24:4-14. Los siervos de Cristo deben estar preparados para los engañadores, para tumultos en el mundo, y para la persecución por causa de Su nombre. Todo esto es tratado más extensamente en la profecía de Marcos. Su tema especial es Cristo como el Siervo de Dios; por tanto todo lo que tiene que ver con el servicio tiene un amplio lugar en su evangelio.

    Estos consejos son indudablemente de valor para aquellos que sirven al Señor Jesús durante el tiempo presente, pero en su estricta aplicación, esto son para los testigos de la crisis de los últimos días. “El evangelio del reino” será su gran tema. Esto traerá sobre ellos ciertamente sufrimiento y rechazo, pero aquellos que perseveren hasta el fin , hasta que aparezca el Hijo del hombre, serán libertados y recompensados por Él.

    Parte 2. Entra en más detalles. En el v.15 leemos, “por tanto cuando veáis la abominación desoladora.” Esta es una muy clara marca, que no deja duda en cuanto a la escena de las aflicciones descritas. Esta será establecida en el “lugar santo.” ¿Dónde en toda la tierra Dios reconoce un tal lugar, sino en Jerusalén? ¿Cuándo en el pasado un ídolo (abominación) fue establecida allí? Jerusalén y el templo fueron destruidos unos pocos años después que estas palabras del Señor fueron expresadas, y desde entonces el templo nunca ha sido restaurado. Pero claramente éste será edificado nuevamente, y las palabras del Señor no significan nada menos que un serio intento por introducir la idolatría allí.

    ¿Cómo será esto? Podría preguntar alguno. La palabra de Dios responde claramente a esta pregunta. Un Cristo falso en los últimos días será bienvenido por el pueblo judío, como el Señor solemnemente les advirtió en Jn. 5:43. Él aparentemente encontrará a un número de ellos en su tierra, con su templo y ritual restaurado (Apoc.11:1,2). Él se presentará a ellos, y será recibido. Todo ira bien por un tiempo, pero en debido curso, él manifestará su verdadero carácter y designios. Respaldado por el nuevo poder del occidente, él detendrá el sacrificio diario, y establecerá un ídolo en el santuario, y aun se sentará allí como Dios (Dn. 12:11; 2 Tes. 2:4). Entonces comenzará un reino de terror para los piadosos. En ese mismo momento Satanás será expulsado del cielo, y vendrá a la tierra lleno con gran ira sabiendo que le queda poco tiempo (Apoc. 12:7-12).

    Los consejos del Señor ahora ante nosotros se refieren a este solemne periodo. Los piadosos deben huir, no deteniéndose ni siquiera para volver por su ropa. Las montañas de Judea deben ser el lugar para ocultarse, su Zoar. Tan compasivo es el Señor para ellos en su prueba, que les manda a orar para que su huida no sea en invierno, ni en día sábado. Cualquiera de estas cosas sería muy seria para ellos. Una huida en invierno, sin tiempo para tomar una capa, estaría acompañada con muchos sufrimientos por una parte; y por la otra un judío escrupuloso estaría en un serio dilema si la señal fuese dada en un día sábado. Pero estas son señales judías, más allá de toda duda. ¿Qué tiene la iglesia de Dios que hacer con los montes de Judea, o el día sábado? Todo esto es seguido por la gran tribulación, ya considerada en estos artículos. Tan violento será el ataque del enemigo, que sino fuese por la intervención divina, ninguna carne sería salva. ¡Qué confortante es para los santos sufrientes saber que Dios tiene las riendas!

    Los fugitivos deben estar en guarda contra los engaños en sus horas de angustia. Si frustrados en sus propósitos por su huída, Satanás planeará otros engaños, y tratará de persuadirlos de que su anhelado Libertador ha llegado en ese mismo momento. Los santos deben velar contra esto. Sus agonizantes corazones estarán anhelando que Cristo aparezca de acuerdo con el testimonio de los profetas. El carácter de su esperanza, en contraste con aquella de los cristianos, los expondrá a la trampa. Mientras los cristianos esperan a Cristo descendiendo en los aires, los judíos esperan verlo viniendo a la tierra. ¡Qué fácilmente, por tanto, podrían estos perplejos judíos, ser engañados! Ellos no deben dar oídos a tales reportes. Estos provienen de la serpiente. Cuando el Señor Jesús realmente venga, no necesitarán ser informados del hecho, porque como el relámpago Él se manifestará a Israel, y todo ojo le verá. “El cuerpo muerto” ayuda establecer la escena de estas aflicciones (Mt. 24:28). Este es Israel (Isa. 24:19; Ezeq. 37:11); las águilas serán sus muchos enemigos.

    La aparición del Señor estará acompañada por solemnes señales en los cielos y la tierra, sol, luna, y estrellas serán afectadas. “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (v.30).Esta no es Su venida como Esposo por la iglesia, sino Su manifestación pública con Sus santos, como Col. 3:4 lo dice. Todos quienes han sido previamente tomados arriba vendrán con Él en el solemne día del cual estamos hablando. Esta será la prueba del Padre al mundo, que Él nos ama como ama a Su Hijo (Jn. 17:23.)

    La gran trompeta es entonces tocada, y los ángeles son empleados para reunir a los elegidos de Dios. ¿Quiénes son estos? Las diez tribus de Israel, creo. Las dos tribus son los únicos sufrientes en la tierra al final; las diez tribus serán traídas a casa a la aparición del Señor. Isa. 27:1-2,13, hablan de esta reunión. Las siguientes escrituras hablan de ellos como los elegidos de Dios, y como Sus santos, Isa. 65:9-22; Sal. 1:5.En este punto de la profecía, el Señor deja el sujeto principal, y se vuelve a un extenso paréntesis, retomando el hilo nuevamente en Mt.25:31.

    Parte 3. Es, como se ha notado, un paréntesis, extendiéndose desde Mt.24:32 -25:30. Este consiste de seis parábolas, que contienen instrucciones y advertencias morales. Pero estas evidentemente se dividen en dos grupos de tres cada uno. Primero tenemos tres parábolas que tratan de manera sorprendente de las circunstancias del remanente piadoso de judíos: (1) la higuera; (2) los días de Noé; y (3) el ladrón en la noche. La higuera (vv. 32-35) es el bien conocido símbolo de la nación judía (Mt. 21:18-20). Cuando los eventos descritos en este capitulo se vean, los piadosos deben comprender que el Mesías está cerca. Algunos encuentran dificultad en las palabras , “esta generación no pasará, hasta que todas estas cosas sean cumplidas” (v.34), y suponen que el Señor piensa que todo debía ser cumplido dentro del tiempo de vida de aquellos que entonces lo escuchaban. Esto ha guiado a algunos a interpretar este capitulo como refiriéndose a la destrucción de Jerusalén, que ha tenido el efecto de arrojarlos completamente del camino. “generación” se usa aquí en un sentido moral, como en Sal. 12:6,7, y simplemente significa que los incrédulos, el pueblo judío, no dejará de existir hasta que todas estas palabras sean cumplidas en ellos. Compare también Mt. 12:43-45. Entonces su existencia entre nosotros hasta esta hora, a pesar de todas sus vicisitudes y sufrimientos.

    Los días de Noé (vv. 36-42) son eminentemente parabólicos en conexión con los judíos. Este patriarca no fue trasladado al cielo antes de que el juicio cayera (como Enoc), sino que fue dejado para pasar a través de éste, aunque preservado por Dios. De esta forma será con el remanente judío. Ellos estarán aquí, como los escogidos de Dios, en medio de un mundo corrupto y apostata. Cuando el Señor Jesús aparezca, habrá un juicio discriminativo en Israel; algunos serán cortados en ira, otros dejados para la bendición del reino.

    El ladrón en la noche (vv. 43,44) sigue, mostrando la necesidad de vigilancia. Esta es la forma de la venida del Señor en conexión con los impíos, no Su descenso por la iglesia (1 Tes. 5:1-10).Estas parábolas terminan con, “por tanto estad preparados: porque el Hijo del hombre vendrá cuando no penséis.”

    Las parábolas que siguen presentan una línea de instrucción completamente diferente. El siervo fiel y malo (Mt. 24:45-51) nos presentan un cuadro de la cristiandad mas bien que de algo en el judaísmo. Desde este punto, hasta que alcanzamos Mt. 25.31, toda referencia es “al Hijo del hombre” es abandonada, la inserción de las palabras en Mt. 25:13 es un error, probablemente muchos lectores de la Biblia están conscientes de esto. La parábola de los siervos nos hablan de servicio entre la casa de Dios. Los talentos muestran un carácter de servicio más amplio, pero el Señor Jesús comienza con esto. ¿No muestra esto que Él valora grandemente el cuidado concedido a los suyos en Su ausencia? Muchos en este día hablan y actúan como si el evangelio fuese todo. Esto es perder el pensamiento de Dios seriamente. El evangelio es muy importante, sin duda, y tiene un muy amplio lugar en el corazón divino; pero Dios quiere que los Suyos sean alimentados y cuidados. Esto es lo que tenemos en la primera de la segunda serie de parábolas en forma de paréntesis. Los que han servido bien en Su casa serán recompensados a Su retorno; pero los siervos malos que han servido mal serán solemnemente juzgados. ¡Qué correcto retrato de lo que ha ocurrido en la cristiandad! Cuando la esperanza sea abandona y los hombres comiencen a decir, “mi señor tarda en venir,” toda clase de males entrarán, para el deshonor del Señor. Líderes y guiados descenderán al mundo, y un oscuro reino de dominio sacerdotal y tiranía siguieron, en triste acuerdo con las palabras del Señor en este lugar.

    La parábola de las diez vírgenes (Mt. 25:1-13) sigue muy adecuadamente. Si la parábola de los siervos muestra como los líderes han actuado durante la ausencia del Señor en el cielo, esta revela como la multitud de profesantes se ha alejado del Señor. El número es expresivo, “diez” nos habla de responsabilidad humana. El hombre, como una criatura responsable, ya sea en Israel, la iglesia o en otra parte. Esta es la humillante historia, dondequiera que nos volvemos a la palabra de Dios.

    El cuadro aquí es muy sorprendente, aun así simple. “El reino de los cielos” durante el tiempo presente es la esfera de la profesión cristiana. Después, el reino tomará una forma diferente, y será la escena del despliegue de la gloria terrenal de Cristo. Los cristianos profesantes, entonces, son asemejados a vírgenes, que salieron, con lámparas en sus manos para encontrar al esposo. Este fue el fundamento que fue tomado al principio. Aquellos que han llevado el nombre de Cristo han estado aparte del mundo como perteneciendo a Cristo, y han esperado Su retorno del cielo. ¡Mucha aflicción y vergüenza habría sido evitada si esta posición y carácter hubiese sido mantenido! “pero tardándose el esposo, todas cabecearon y se durmieron” (v.5) No solo las insensatas_ los profesantes nominales_ sino también las prudentes, que poseían el aceite del Espíritu Santo. Esto es tristemente verdadero. Porque durante muchos secos siglos la esperanza de la iglesia fue perdida completamente de Vista. Examínense las obras de los escritores de los tiempos post-apostólicos, y se encontrará que todos perdieron la distinción de la esperanza cristiana, mezclándola en la venida del Señor para juzgar al mundo al final.

    Burton en sus “lectures on Eclesiastical History” habla de Papias (163 D.C.) como sosteniendo algunas opiniones peculiares. ” Él creía que, previo al juicio final, habría una resurrección de justos, que reinarían con Cristo sobre la tierra por mil años. Eusebio, quien nos da a conocer este hecho, es probablemente justo cuando dice que Papias interpretó mal las declaraciones apostólicas, y sus expresiones figurativas.” Esto es suficiente para mostrar como la multitud había declinado. En las ideas de Papias, discernimos los restos de la verdad concerniente a la venida del Señor, que para aquellos de sus tiempos eran opiniones peculiares, ¡y esto menos de cien años después de la partida de Pablo!

    Pero el Señor no permitiría que los suyos permaneciesen en esta condición hasta Su venida; de modo que leemos del clamor de medianoche, “he aquí el esposo viene, salid ha recibirle:” Esto indudablemente tuvo lugar al comienzo del presente siglo, cuando el Espíritu de Dios atrajo la atención a muchas de algunas de las verdades de la Escritura por largo tiempo olvidadas, y entre ellas la verdadera esperanza de la iglesia de Dios. ¡Qué conmoción causó esto! ¡Qué puesta a un lado de las cosas que eran inconvenientes a Cristo! ¡Qué consagración de corazón a Su preciosa persona y obra! ¡Quisiera Dios que pudiésemos ver la misma frescura y fervor ahora! Examinemos nuestros corazones, amados. El Señor espera un afectuoso deseo por Él mismo_ ardientes anhelos por Su venida. Él valora esto más que cualquier cosa que podamos ofrecerle.

    La gran separación está viniendo. Las insensatas, con sus lámparas sin aceite, pronto se encontrarán fuera para siempre. El Señor conoce a los que son Suyos. ¿Cómo es con el lector? Su profesión del nombre del Señor puede ser grande, y su reputación religiosa entre los hombres elevada, pero si no existe una fe viva en el Hijo de Dios, Él lo desconocerá en el día que se está acercando. Todos los que han sido limpiados por Su preciosa sangre, y sellados con el Espíritu Santo, serán tomados para estar con Cristo en las bodas del Cordero, y entonces la puerta se cerrará.

    Los talentos (Mt. 25:14-30) nuevamente nos hablan de servicio durante la ausencia del Señor, pero de un carácter más variado que la parábola del siervo bueno y malo. Aquí Él confía sus bienes a Sus mayordomos, a cada uno de acuerdo a su capacidad. El principio es similar a ese de Efes.4. Allí tenemos los dones del resucitado Cabeza para la edificación y bendición de Sus miembros aquí abajo. Dones y habilidad son cosas distintas. Un hombre puede tener habilidad natural como predicador; y podemos rápidamente comprender al Señor confiándole el don de evangelista, con tal que, por supuesto, las otras cualidades necesarias también estén allí.

    Los siervos del Señor deben mantener ante si el retorno del Señor, cuando todo lo que ellos han hecho será examinado. “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.” (v.19). Esto corresponde con 1 Cor. 3. Allí tenemos a algunos encomendados y recompensados, y otros que han perdido la recompense; y una tercera clase de siervos, que, siendo malos, son destruidos. El servicio no afecta la salvación de nuestras almas, que está fundamentada sobre la obra cumplida de Cristo; pero esto afectará materialmente nuestra recompensa al retorno del Señor, y nuestro lugar en Su reino milenial.

    El Señor en gracia nota todo lo bueno de Sus santos. Cada pequeño acto de amante servicio es fielmente registrado por Él, Es dulce observar que Él dijo las mismas palabras a uno que había negociado bien con sus dos talentos, como a aquel que había hecho bien con sus cinco talentos. La medida y capacidad son diferentes, pero cada uno fue fiel con lo que tuvo, que es todo lo que el Señor espera de alguno de nosotros. Pero ¿estamos haciendo lo mejor que podemos para Él?

    El siervo malo es echado a las tinieblas de afuera. Su hipócrita excusa delata claramente que él nunca conoció al Señor. ¿Alguno que haya probado su amor y gracia lo llamaría ‘hombre duro’? Ciertamente que no. El destino del falso siervo es cierto. Con todos sus privilegios y estatus de religión, él no es del Señor, y es rechazado solemnemente. ¡Qué advertencia para todos los que se atreven a servirle y predicar Su palabra, sin haberle jamás conocido!

    Esto nos lleva al final del paréntesis en la profecía del Señor. Ahora solo consideraremos:

    Parte 4. En esta parte, que se extiende de Mt. 25:31-46, solo podemos ser breves, habiendo entrado en esto extensamente en algunos artículos previos. El hilo de la profecía es vuelto a tomar desde Mt. 24:31, donde fue abandonado para introducir las parábolas. Allí tenemos la venida del Hijo del hombre en las nubes del cielo con poder y gran gloria; aquí tenemos lo que seguirá a ese solemne evento. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 25:32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 25:33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.” (Mt. 25:31-33).Esta sesión de justicia no es el juicio final de los muertos, sino la investigación por parte del Rey de una materia en particular. ¿Cómo los gentiles han tratado a aquellos que en gracia Él llama “mis hermanos”? Estos son los predicadores judíos del evangelio del reino durante las aflicciones de los últimos días. algunos los tratarán bien, recibiendo su mensaje, y serán librados para gozar de las bendiciones del reino milenial de Cristo; otros, los tratarán mal y con menosprecio y crueldad, para su propio y solemne juicio. Su castigo es eterno, su conducta ha manifestado claramente la enemistad de sus corazones hacia Dios y Cristo; pero los justos pasaran a vida eterna, aunque en una condición terrenal.

    Esto nos lleva a la puerta del glorioso reino de Cristo, cuando la edad de la ley de lugar a la edad del Mesías; y aquí termina esta notable profecía. Conceda el Señor comprensión de ella a cada lector, por causa de Su nombre.

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