Sermón del Monte. Contexto histórico. Parte 3


Sermón del Monte. Contexto histórico. Parte 3

Autor: Paulo Arieu

El sermón del monte es la doctrina radical del reino de Dios. Pese a que muchas personas de hoy que se dicen cristianas no practican la enseñanza del sermón del monte, sí están vigentes sus mandamientos.

Título que tradicionalmente se da a las enseñanzas de Jesús consignadas en Mt 5-7.

El que este título pueda con toda propiedad aplicarse al pasaje en cierto modo paralelo en Lc. (6.20–49) depende de la interpretación que se dé a la relación literaria entre ambos pasajes. Este último se ha llamado a menudo el Sermón en la llanura porque se entiende que fue dado en “un lugar llano” (Lc. 6.17) más bien que “en el monte” (Mt. 5.1). Pero ambas expresiones probablemente se refieran al mismo lugar, visto desde dos direcciones distintas. [0]

El canónigo Liddon, en sus “Bampton Lectures”, hace referencia a este sermón como “ese original bosquejo de cristianismo esencial”. Si esto se interpreta como que el Sermón del monte es el mensaje del cristianismo al mundo pagano, debemos responder advirtiendo que se trata, manifiestamente, de didajeµ (enseñanza), y no kerygma (proclamación). Por ningún esfuerzo de la imaginación se lo puede considerar como “buenas nuevas” para quien dependa del cumplimiento de sus demandas para poder entrar en el reino. (Imaginemos a un hombre sin Cristo, carente de la ayuda que ofrece el Espíritu Santo, procurando exceder la justicia de los escribas y fariseos.) Es más bien un boceto del carácter de aquellos que ya han entrado en el reino, y una descripción de la calidad de vida ética que, como consecuencia, se espera de ellos. En este sentido, es verdad, se trata de “cristianismo esencial”. [1]

Fue dictado por Jesucristo mismo. El problema no fue el dictante, comenta Adrian Montes, profesor de Nuevo Testamento,“sino el problema era y es la cruz que uno tiene que cargar para poner por obra los mandatos del sermón del monte.”

Estas palabras inmortales han creado una impresión imborrable en las mentes de los hombres.

El Sermón del monte o de la montaña fue, de acuerdo al Evangelio según Mateo, un sermón dado por Jesús de Nazareth cerca del 30 d. C. a sus discípulos y a una gran multitud (Mat. 5:1; 7:28). La tradición dice se desarrolló en la ladera de una montaña (de ahí su nombre). Algunos cristianos contemporáneos creen que se trataba de un monte al norte del Mar de Galilea, cerca de Capernaum.

El Sermón del Monte puede ser considerado como similar (pero más preciso) al Sermón del Llano como se menciona en el Evangelio según Lucas (Lucas 6:17–49). Algunos comentaristas creen que puede tratarse de versiones distintas del mismo texto, mientras que otros dicen que Jesús predicaba frecuentemente temas similares en diferentes lugares. En tercer lugar, hay quienes creen que ninguno de los sermones realmente existió, sino que ambos son compilaciones de las primeras enseñanzas de Jesús tal como se muestran en Mateo y Lucas.

El pasaje paralelo es el “Sermón del Llano” (Lc 6.20-49), cuya relación literaria con el Sermón del Monte se discute aún. Mateo y Lucas ubican el Sermón del Monte en el primer año del ministerio público de Jesús, aunque Mateo un poco más temprano que Lucas. Este lo sitúa inmediatamente después de la elección de los doce e implica que es una especie de sermón de ordenación (6.12-19; cf. Mt 10.1-4). El Sermón del Monte supone una evolución en el contenido del mensaje desde los primeros días de la predicación en las sinagogas (“Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado”, Mt 4.17); trata de una exposición al aire libre sobre la naturaleza REINO. Aunque es imposible precisar en cuál monte se pronunció el Sermón, es común optar por una de las colinas que rodean el llano septentrional de Galilea. Según Mt 8.5, Jesús entró después en CAPERNAUM; el monte no dista mucho de allí, según parece.

El Sermón se dirige primordialmente a los discípulos. La ética exaltada y las estrictas demandas del Sermón, suponen un auditorio que ha dejado la religión en boga para aceptar las normas delineadas por Jesús (cf. Mt 5.13, como también el uso de “vosotros” en Lc 6.20-23). Sin embargo, al final del Sermón (Mt 7.28s; Lc 7.1) aprendemos que la asistencia es grande (cf. Mt 5.1s) y no consta solamente de discípulos (cf. Lc 6.24ss). La muchedumbre oye el mensaje pero solo puede poner por obra sus enseñanzas si se adhiere al Maestro mismo.

Debemos reconocer que el lenguaje de este sermón es primorosamente bello. Es poético, demuestra paralelismo hebreo (que repite la misma verdad en varias maneras) y es rítmico (como en el padrenuestro). Es pictórico, desde los retratos de los fariseos hipócritas hasta los lirios del campo que son más gloriosos que Salomón. Es proverbial, expresando grandes principios en palabras atinadas. Se ha dicho que es la esencia destilada del Antiguo Testamento, dando énfasis en que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo.

La importancia del Sermón del Monte es notoria si consideramos el lugar prominente que ocupa en el evangelio de Mateo. Cuanto más si observamos que Lucas también recogió las enseñanzas el mismo. Se ha discutido mucho si se trata del mismo Sermón. Al comparar ambos relatos (Mat. 5-7 ;Lc.6: 17-49) a simple vista se nota que el relato de Lucas es mucho más breve. Tienen los siguientes puntos en común:

a) Se asemejan tanto al comienzo como al final.

b) Tanto Mateo como Lucas dan detalles importantes respecto al lugar y la audiencia.

c) Entre los oyentes estaban los discípulos y las multitudes.

Pero también hay diferencias notables entre ambos:

a) En el evangelio de Mateo se nos dice que Jesús subió al monte en tanto que en Lucas se nos dice que “Descendió con ellos y se subió a la llanura”. Empero tal discrepancia se resolvería diciendo que el Señor proclamó el sermón en la ladera del Monte.

b) El evangelio de Mateo sitúa la elección de los doce después de la predicación del sermón en tanto que Lucas lo sitúa antes.

c) Ambos comienzan con las bienaventuranzas pero Mateo presenta ocho en tanto que Lucas sólo cuatro.

d) En algunas bienaventuranzas encontramos importantes diferencias. Veamos cada una de ellas:

Mateo dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu.” en tanto que Lucas dice: “Bienaventurados vosotros los pobres”. Como se podrá apreciar esta es uno de las más destacadas diferencias porque un pobre de espíritu puede ser una persona rica materialmente pero Lucas no permite semejante interpretación.

También hay una diferencia en la conclusión de la misma ya que en Mateo dice: “‘porque de ellos es el reino de los cielos” en tanto que en Lucas dice: “porque vuestro es el reino de Dios” Las expresiones “Reino de los cielos” y “Reino de Dios” para muchos son sinónimas pero otros no están de acuerdo en esto. Según Scofield la expresión “Reino de los cielos” es propia Mateo y significa siempre el “gobierno mesiánico de Jesucristo”. En tanto que según el mismo autor el Reino de Dios se distingue del anterior por:

(a) Su carácter universal, es decir a todos los seres morales que se sujetan voluntariamente a Dios es decir que incluye a los santos de todas las épocas y a los ángeles que han permanecido sumisos a la autoridad de Dios,

(b) Al reino de Dios se ingresa únicamente mediante el nuevo nacimiento en tanto que al reino de los cielos en el presente es “la esfera de profesión de la fe cristiana, profesión que puede ser falsa o genuina”[2]

(c) “Puesto que el reino de los cielos es la esfera terrenal del reino de Dios, ambos tienen casi todas las cosas en común. Por esta razón las parábolas y otras enseñanzas que se presentan en el Evangelio de Mateo, en Marcos y Lucas se refieren al reino de Dios.”. Señala que al comparar las parábolas las omisiones son muy interesado que, por ejemplo, las parábolas del trigo y la cizaña y la de la red no se usan en cuanto al reino de Dios porque en este reino no hay malos peses ni cizaña,

(d) El reino de Dios no se manifiesta exteriormente, en tanto que la instauración del reino de los cielos manifestará, su gloria sobre esta tierra.

Mateo dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia” pero Lucas dice: “bienaventurados los que tienen hambre.”. La diferencia es importante. Una cosa es tener hambre de ti otra muy distinta es tener hambre.

Otra diferencia aunque en este caso no tan importante la encontramos en aquella bienaventuranza que dice según Mateo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” pero “Bienaventurados los que lloran, porque ellos reirán.”.

El relato de Lucas incluye cuatro “Ayes” que no se encuentran en la versión presentada por Lucas omite toda comparación entre las tradiciones y la ley que en el sermón presentado ocupan un lugar importante.

e) Lucas omite la enseñanza acerca de la oración modelo insertándola en otro pasaje como consecuencia de una pregunta de los discípulos.

h) Lucas inserta una ilustración acerca del hombre que busca un buen tesoro en el corazón en tanto el hombre malo lleva mal fruto.

Aunque hay entre ambos relatos similitudes, las diferencias son muy notables al punto que se discute si Lucas presenta un resumen del mismo Sermón o bien relata otro distinto.

El Señor bien pudo repetir más de una vez una misma enseñanza. Lo cierto es que tal como sostiene Hendriksen ambos registros son resúmenes de las palabras del Señor por tanto bien puede tratarse del mismo discurso. Las diferencias son conciliables. De todos modos, debe decirse, que no contamos con elementos de juicio suficientes como para decir concluyentemente que se trata de uno o dos sermones.

Se tarda solamente dieciocho minutos para leer en voz alta el Sermón del Monte de Jesucristo que se encuentra en los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo.

Gandhi las llamó las palabras mayores en toda literatura y trató de hacerlas un programa de acción política. Tristemente, él nunca aceptó al Autor de ellas como su Salvador y Señor personal. Nietzsche, el filósofo loco de Alemania quien inventó las palabras “Dios está muerto”, protestó furiosamente contra el Sermón del Monte, llamándolo la moralidad de esclavos.

Martín Lutero afirmó que era imposible vivirlo y que fue dado por Dios solamente para mostrarnos nuestra extrema necesidad de la gracia. Scofield dijo que no era para la iglesia, sino para un milenio futuro. Tolstoi quiso practicarlo sin adorar a Jesucristo como Salvador, y fracasó.

Ninguno de estos hombres encontró el significado verdadero del Sermón del Monte. Nuestro Señor mismo dijo del Sermón: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mt. 7.24). Lo importante es que el Sermón del Monte no os un código de ética para acción política por hombres no regenerados, sino que es el Manifiesto de Cristo que describe el carácter de los que son salvos por su sangre, nacidos de nuevo por su Espíritu, y que pertenecen a su reino.

El Sermón del Monte no es una colección de reglamentos y normas, sino una revelación de la afable disposición de los que han sido trasladados del reino de las tinieblas al reino del Hijo de Dios, una nueva posición, por la gracia redentora de Dios.

De hecho, el sermón del monte fue usado para enseñar a conversos antes de su bautismo. Queda evidente que el Sermón del Monte es la ética básica del cristiano, que vemos repetida, explicada y ensanchada a través del resto del Nuevo Testamento. Los anabaptistas lo miraron como fundamental. Los fundamentalistas y los pietistas, siguiendo a Lutero y a Scofield con sus compromisos en la Iglesia estatal y política; la transigencia católica de Constantino, generalmente han tratado de evitar o aplazar le ética del Sermón del Monte. ¡Aun se quejan de que no hable de la cruz y que por lo tanto no tiene nada que ver con la salvación!

La cruz es central y fundamental al Sermón del Monte. ¡Es la ética de los que se han arrepentido de sus pecados porque el reino de los cielos se ha acercado! ¡La persona que puede leer el Sermón del Monte y no ver la centralidad del perdón y reconciliación, en verdad, ella es ciega! No solamente es ésta la roca en que se basa la salvación cristiana por la obra redentora y perdonadora de Cristo, sino que Cristo mismo es el Camino; la mente de Cristo es nuestro modelo del carácter cristiano. ¡Si nuestra posición nueva en la gracia no nos da una disposición nueva y afable, no se ha llevado a cabo la salvación! Lee Mateo 5.23, 24; 6.12-15

El fondo del Sermón del Monte claramente da por sentado que Cristo primeramente predicó el Evangelio y reunió a sus discípulos a quienes procedió a enseñar el Sermón del Monte como una exposición del carácter y las credenciales de su iglesia:
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mt. 4.17)…Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres (Mt. 4.19), …Y recordó Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino (Mt. 4.23). Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba” (Mt. 5.1,2).

Como dice Juan: “Y contemplamos su gloria…como la gloria del Unigénito del Padre. (Juan 1:14)

En los Evangelios vemos a Cristo tal y como es. Recordemos que lo que fue es lo que él es y lo que es también es lo que tenemos, si es usted cristiano. Toda la plenitud de su carácter, de su ser y de su vida la tenemos a nuestra disposición y solo nos enteramos de cuáles son esos recursos al verle a él tal y como fue y tal y como es. Por eso es por lo que los evangelios son tan importantes para nosotros.

Con frecuencia la gente se pregunta por qué tenemos cuatro Evangelios, pero hay una buena razón para que sea así. Es interesante darse cuenta de que cada uno de estos Evangelios es una afirmación exclamativa que se encuentra en el Antiguo Testamento. En cuatro ocasiones diferentes, y solo en cuatro, en el Antiguo Testamento apareció una afirmación exclamativa que se hizo con respecto al Mesías, presentado siempre por las palabras “he aquí. En otro lugar leemos “¡He aquí el hombre! En un tercer lugar leemos “¡He aquí mi siervo! y en un cuarto leemos “¡He aquí vuestro Dios! Estas cuatro afirmaciones se amplían y desarrollan en los cuatro Evangelios, en Mateo: el Evangelio del Rey, Marcos: el Evangelio del Siervo, Lucas: el Evangelio del Hijo del hombre y Juan: el Evangelio de Dios, la presentación del Hijo de Dios.

Incluso hay una película de cine titulada “He aquí el Hombre” es una obra poco conocida del autor inglés Michael Moorcock.

Michael John Moorcock (18 de diciembre, 1939) es un prolífico escritor británico de ciencia ficción y fantasía, quien también es editor, periodista, crítico o compositor y músico de grupos de rock como Hawkwind. (Wikipedia)

La trama de esta película, trata de un individuo (Karl Glogauer), con problemas de autoestima y que ha perdido la fe en todo, con una vida abocada a una espiral descendiente hacia un abismo personal, acepta un trabajo que le llevará a ser el protagonista de una aventura sin igual: Viajar al pasado (y, con suerte, poder volver).El escenario elegido resulta ser la supuesta infancia de Jesús. Allí, en la Galilea de hace dos mil años, descubre otras historias dentro del desarrollo general de la trama, que desembocará en un final IMPREVISIBLE.
Creo que no ha existido persona en el mundo que sea tan controversial como la persona de nuestro Señor Jesucristo.

No ha caminado jamás entre los hombres un personaje más asombroso. Al leer los relatos de los Evangelios, tengo la esperanza que algo de esa fascinación llegue a nuestros corazón al verle, como un ser vivo, en las páginas de estos Evangelios, revelado a usted por medio del Espíritu, al verle tal y como es.

Millones lo han amado y adorado y muchos son los que lo han odiado y rechazado.
Y encima nosotros, los cristianos en Latinoamérica, por años hemos predicado un evangelio aguado, un mensaje de ofertas, venga y reciba, crea y tenga.
Por eso creo que el Sermón del Monte es preminente para esta hora, con su mensaje del Reino de Dios. En una hora donde no existe autoridad en el mundo mas que la ciencia, creo que debemos volver a mirar las doctrinas del Señorío de Jesús.

Me viene a la mente el titulo de una canción una canción de protesta semi herética titulada JESÚS VERBO NO SUSTANTIVO, de Ricardo Arjona, que se había puesto de moda hace unos años. El caradura le pide a Jesús que no regrese por segunda vez para que no lo vuelvan a crucificar????

John Lennon en una entrevista afirmó una vez en una conferencia, que los Beatles eran en ese momento más famosos que Jesucristo. Los Beatles pasaron a la historia, Cristo sigue vivo.

Aun muchos de aquellos que rechazan la iglesia institucionalizada, no pueden dejar de sentirse atraídos por Jesús.

Jorge Himitian, predicador argentino, comenta como era la mentalidad de la iglesia primitiva:

Los primeros cristianos eran hombres que preferían confesar que Cristo era el Señor, y morir si fuera necesario, antes de seguir con vida, negándole. Comprendían muy bien lo dicho por su maestro:

A cualquiera… que me confíese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. Mateo 10.32

Verdaderamente, el César era el Kyrios de todo el Imperio Romano, el Jefe, el que mandaba, el Dueño de todo el imperio, de todo su territorio. Aun cuando la gente tenía chacras, terrenos, etc. a su nombre, eso era solamente para permitir una mejor administración económica del imperio. En última instancia todo pertenecía al César. Cuando él decía: “Quiero veinte hectáreas de tal sector de la ciudad para hacer una plaza,” no tenía que pagar indemnización a nadie. Era el dueño. Por eso cuando le preguntaron a Cristo si debían pagar el impuesto a César, él respondió:

—A ver una moneda… ¿De quién es esta imagen?

—Del César.

—Dad a César lo que es de César.

Todas las monedas del imperio tenían grabada la imagen del César, porque todo el dinero y aun el imperio eran de su propiedad. Cada cual tenía en su poder dinero propio solamente para hacer posible el desenvolvimiento económico general. El César se había constituido en el amo de todas las almas que vivían bajo su dominio. Disponía de cada persona como quería. No era necesario pasar por los tribunales para ser condenado a muerte. Parece que cierto día, dijo: “La plaza está muy mal iluminada. Quiero mejor iluminación. Traigan cuarenta antorchas más. Pero que estas sean hombres; de los cristianos que están en la cárcel.”

Trajeron, entonces, cuarenta cristianos, los ataron a los postes de la plaza, los cubrieron de alquitrán y les prendieron fuego. El César podía hacer cuanto quería. Era el amo, el Kyrios.

¡Qué fuerza tenía, entonces, la palabra Kyrios en esos días! Representaba al Soberano, a la Máxima autoridad del imperio.

Durante los días de este imperio, Pablo vislumbró otro imperio que comenzaba a tomar fuerza y a extenderse sobre la tierra: el de Jesucristo. Dondequiera que él establecía iglesias, lo hacía sobre este fundamento: Jesucristo es el Señor. Cada persona que se agregaba a la primitiva comunidad cristiana, reconocía que  Cristo era el Señor de su vida [3]

Creo que difiere un poco del evangelio Light de nuestros días

Volviendo a los evangelios, vemos que “Los cuatro Evangelios” nos presentan cuatro aspectos del carácter y la persona del Señor, aunque no son, estrictamente hablando, biográficos. En realidad son bocetos acerca de la Persona de Cristo, son testimonios de aquellos que le conocieron personalmente, de aquellos que se relacionaron con él. Por lo tanto, suenan auténticas y transmiten a nuestros corazones esa primera y maravillosa impresión que causó nuestro Señor a sus propios discípulos y después a las multitudes que le siguieron.

Probablemente la porción más conocida de este Sermón, son las Bienaventuranzas que se encuentran al inicio. También contiene el Padrenuestro, así como la versión de Jesús de la Regla de Oro. Otros versículos citan a menudo la referencia de “sal de la tierra”, “luz del mundo” y otras. Para muchos, el Sermón del Monte contiene las disciplinas principales del cristianismo y es considerado como tal por muchos pensadores morales y religiosos como Tolstoy y Gandhi.

Tenney, explica que en el Sermón del Monte, vemos como los principios espirituales del reino son incorporados. Mateo nos da la más completa versión. En él se define la posición que Jesús adopta con relación a la Ley, porque dijo que “no había venido a destruirla, sino a cumplirla” (5:17).

Demandó una justicia que excedía a la norma del legalismo judío, porque era interna, no externa; espontánea, no legalista; medida por una persona, y no por un código. Su más alta norma era Dios mismo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (5:48). En este sentido Él fue mucho más allá de la Ley cuando dijo: Oísteis que fue dicho a los antiguos… mas yo os digo” (5.21, 22). El Sermón del Monte es una afirmación directa del derecho de Jesús a trascender la Ley. No vino a abrogar la Ley pero la sobrepasó por medío de la absoluta santidad de su persona.

El criterio de la justicia que se sustenta en el Sermón del Monte no guarda conformidad con los ideales humanos, sino que consiste en el conocimiento de Cristo, en escuchar sus palabras y en obedecerlas (7:23,24). El significado completo de la persona de Cristo y su obra todavía estaba por realizarse, pero la necesidad de hacerlo a Él mismo el centro de toda su enseñanza y de todo lo relativo a la fe queda asentado aquí en forma inequívoca.

La predicación del Mesías no era precisamente la proclamación de un nuevo ideal, pero sí tenía que ser la demostración de un nuevo poder, un concepto que el libro de Los Hechos afirma que se convirtió en realidad en la vida posterior de la iglesia: “Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos” (Hechos 4:33).

Semejantes realizaciones maravillosas, ya fuesen de nuestro Señor Jesucristo mismo o de sus discípulos, no fueron esporádicos, ni desorientadas muestras de poder. Jesús procuraba enseñar a la multitud inaugurando un programa para su reino más bien que desconcertar o asombrar a las multitudes.[4]

Debemos señalar un aspecto importante de las enseñanzas de Jesús, que sus dichos del Señor ofrecen al intérprete ciertas dificultades.

C. Ryrie dice al respecto:

Las enseñanzas de Cristo posiblemente sean la parte más difícil de interpretar precisamente de la Biblia entera. ¿Por qué esto? Porque nuestro Señor vivió bajo la ley mosaica y la cumplió perfectamente; pero El también se presentó a Israel como su Rey; y cuando fue rechazado como Rey, introdujo una parte nueva en el programa de Dios, la iglesia, y dio alguna enseñanza enseñanza tocante a ella. En otras palabras, Él vivió y enseñó con relación a tres aspectos diferentes del programa de Dios para este mundo: la ley, la iglesia, y el reino. El mantener estos aspectos de la enseñanza distinguibles y sin confusión no es siempre fácil. [5]

Mattew Henry dijo que “Nadie hallará felicidad en este mundo o en el venidero si no la busca en Cristo por el gobierno de su palabra. Él les enseñó lo que era el mal que ellos debían aborrecer, y cual es el bien que deben buscar y en el cual abundar.” [6]

El tema general del Sermón, notorio desde las Bienaventuranzas, es “la vida en el reino, su naturaleza y su conducta”. Jesús pone de relieve su autoridad absoluta como intérprete de la voluntad divina, Señor y juez escatológico; de manera que habla no solo como súbdito y ejemplo del reino, sino como Rey. El Sermón carece de una lógica estricta en su desarrollo, y pasa a veces de un pensamiento a otro por medio de palabras clave o de aliteración (en el arameo original, reconstituido).

En el transcurso de los siglos el Sermón del Monte se ha interpretado de muchas maneras. Para Agustín, obispo de Hipona (395-430), era “el reglamento perfecto de la vida cristiana”, una nueva ley que contrastaba con la antigua. Las órdenes monásticas lo interpretaban como un “consejo de perfección”, elaborado no para las masas de cristianos sino para los religiosos. Los reformadores lo vieron como expresión inexorable de la justicia divina dirigida hacia todos y preludio a la aceptación de la gracia divina. Weiss y Schweitzer (a fines del siglo XIX y a principios del XX) consideraban demasiado radicales las demandas del Sermón para aplicarse a todos los tiempos; las suponían como una “ética interina” para los cristianos primitivos que esperaban el pronto fin de la época. Otros, haciendo hincapié en el lenguaje figurado, tratan el Sermón como una forma noble de pensar, como una enseñanza sobre qué debe ser el hombre, en vez de qué debe hacer.

Los estudios sobre el arameo que hablaba Jesús y sobre la forma poética de los dichos del Sermón nos advierten contra un literalismo excesivo en su interpretación. El sacar un ojo o cortar una mano en la lucha contra la lujuria (5.29s) sería sin sentido. Hay que dejar campo a la expresión proverbial, a veces paradójica e hiperbólica. Pero siempre quedan demandas que el hombre, sin el auxilio divino, no puede cumplir; la ética propuesta es de dimensiones inauditas. Sin embargo, no es de índole legalista, sino consta de principios fundamentales iluminados por ejemplos concretos. No es un ideal para el que no es cristiano, ni mucho menos un programa para mejorar el mundo, sino una moral dirigida al hombre regenerado. Su ética pertenece a ese orden trascendental que irrumpió en la historia con la persona de Jesucristo, y que continúa su existencia en la iglesia, pero que espera su realización plena después de la venida gloriosa del Salvador.[7]

Notas

[0] Dicc. Bíblico ed. Certeza

[1] Ibid

[2] Scofield. Biblia Anotada, Miami, publicaciones españolas, 1966, Págs.963.

[3] Jorge Himitian, Jesucristo el Señor, p. 23-24, ed. Logos

[4] Cerril C. Tenney, Nuestro Nuevo Testamento, p. 186, ed. Portavoz

[5] Charles C. Ryre, Teología Básica. Miami. Editorial Unilit, 1993, Pág.289

[6] Com. Bíblico Mattew Henry, ed. Clie

[7] Diccionario Nelson

Bibliografía consultada

  • Wikipedia
  • Scofield. Biblia Anotada, Miami, publicaciones españolas, 1966
  • Charles C. Ryre, Teología Básica. Miami. Editorial Unilit, 1993,
  • Jorge Himitan, Jesucristo el Señor, ed. Logos
  • Cerril C. Tenney, Nuestro Nuevo Testamento, ed. Portavoz
  • Notas Evangeli0s Sinopticos II, de Adrian Montes, instituto teológico Jorge Muller

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