La segunda venida de Jesus V – ESCATOLOGÍA


Según Pablo, Cristo se halla entronizado «sobre todo principado y autoridad, y poder y
señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo (literalmente: “en esta
edad”), sino también en el venidero (lit.: “en la venidera edad”)» (Ef. 1:21).
Mediante estas expresiones —«este siglo (o edad)» y «el venidero siglo (o la venidera
edad)»— el apóstol resume todo el tiempo, presente y futuro. Y afirma que este tiempo (aioni
tuto), esta edad, se halla bajo el señorío de Cristo. El mismo Señor usó lenguaje similar:
prometió a sus leales seguidores: «De cierto os digo que no hay nadie que haya y dejado casa,
o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más
en este tiempo (esta edad), y en el siglo venidero (o la edad venidera) la vida eterna» (Lúc.
18:29-30). Es evidente que bajo las expresiones «en este tiempo» y «en el siglo venidero» el
Señor incluye el presente y el futuro. También en Lucas (20:34-36) leemos: «Los hijos de este
siglo (lit.:edad) se casan y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de
alcanzar aquel siglo (edad) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en
casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de
Dios, al ser hijos de la resurrección.» De nuevo vemos toda la extensión que podemos imaginar
agrupada bajo dos expresiones: teste siglo» y «aquel siglo»; pero también aqui la línea divisoria
entre las dos edades es la misma: la resurrección de los muertos, acontecimiento que toda
escuela interpretativa admite que tendrá lugar en la segunda venida del Señor. Para los
dispensacionalistas —y aqui también para los premileniales— el esquema de las edades
futuras no el doble, sino triple: 1) este siglo, la presente edad: 2) el milenio, y 3) el estado
eterno, «aquel siglo», «el siglo venidero». Para la exégesis amilenial sólo hay dos estados: 1)
«este siglo», y 2) «el siglo venidero», o lo que es lo mismo: «estos postreros», últimos, días,
inaugurados con la venida de Cristo al mundo, y, al final, la eternidad, que comienza con la
resurrección y el juicio, precedidos de la segunda venida de Cristo, personal, audible y
visiblemente.
Todas las escuelas de interpretación profética concuerdan en reconocer esta presente época
como un período de maldad (Gal. 1:4), y salvo, tal vez, los escasos adherentes al
postmilenialismo (y aun éstos con matices y puntualizacionea), ningún cristiano espera que
todo el mundo sea convertido completamente dentro de esta edad, «este presente siglo malo».

La segunda venida de Jesus V – ESCATOLOGÍA

Escatologia:Del griego esjatos, último.
Es la rama de la teología que estudia las enseñanzas bíblicas concernientes al final de los tiempos, en particular del período relacionado con la Parusía o segunda venida de Jesucristo y los acontecimientos relacionados.
Entre los temas escatológicos están el milenio, la atadura de Satanás, la tribulación, los dos Testigos, el Anticristo, la batalla de Armagedón, la resurrección de los muertos, el rapto de la iglesia, el juicio final y los nuevos cielos y tierra. Entre los capítulos predominantemente escatológicos del N.T. están Mateo 24, Marcos 13, Lucas 17 y 21, 1 Corintios 15, 1 Tesalonicenses 4-5, 2 Tes 1-2 y 2 Pedro 3.
En una u otra forma, la mayoría de los libros de la Biblia tratan con temas relacionados con el fin de los tiempos; pero algunos tienen mayor énfasis escatológico que otros, entre ellos Daniel, Ezequiel, Isaías, Joel, Zacarías, Mateo, Marcos, Lucas, 2 Tesalonicenses, y desde luego, Apocalipsis.
Contrastando con las concepciones cíclicas de la historia, los escritos bíblicos entienden la historia como un movimiento lineal en dirección a una meta.
Dios dirige la historia hacia el cumplimiento definitivo de sus propósitos para la creación. De manera que la escatología bíblica no se limita al destino del individuo; tiene que ver con la consumación de toda la historia del mundo, hacia la cual se dirigen todos los actos redentores de Dios en la historia.
I. La perspectiva veterotestamentaria
El carácter futurista de la fe judía tiene su origen en el llamado de Abraham (Gn. 12.1–3) y la promesa de la tierra a heredar, pero en el mensaje de los profetas es donde radica su pleno carácter escatológico, que se proyecta hacia una meta final permanente conforme al propósito de Dios en la historia. La expresión profética “día de Jehová” (acompañada de una serie de expresiones similares tales como “en aquel tiempo [día]”) se refiere al hecho futuro de la acción decisiva de Dios respecto al juicio y la salvación en el campo de la historia.
Para los profetas está siempre estrechamente relacionado con el contexto histórico del momento, y de ninguna manera se refiere necesariamente a los días finales de la historia. Sin embargo, en forma creciente surge el concepto de una resolución final de la historia: un día de juicio más allá del cual Dios establece una era permanente de salvación. Una escatología plenamente trascendente, que espera un acto de Dios directo y universal, más allá de las posibilidades de la historia común, que da lugar a un mundo radicalmente transformado, es característica de la era apocalíptica, que ya se vislumbra en varias partes de los libros proféticos.
Los profetas describen con frecuencia la era escatológica de salvación que se halla más allá del juicio. Fundamentalmente es la era en la cual ha de prevalecer la voluntad de Dios. Las naciones han de servir al Dios de Israel y conocerán su voluntad (Is. 2.2s = Mi. 4.1s; Jer. 3.17; Sof. 3.9s; Zac. 8.20–23). Habrá paz y justicia internacionales (Is. 2.4 = Mi. 4.3), y paz en la naturaleza (Is. 11.6; 65.25). El pueblo de Dios tendrá seguridad (Mi. 4.4; Is. 65.21–23) y prosperidad (Zac. 8.12). La ley de Dios será escrita en sus corazones (Jer. 31.31–34; Ez. 36.26s).
Se asocia frecuentemente con la era escatológica al rey davídico que ha de gobernar a Israel (y, a veces, a las naciones) como representante de Dios (Is. 9.6s; 11.1–10; Jer. 23.5s; Ez. 34.23s; 37.24s; Mi. 5.2–4; Zac. 9.9s). Un aspecto sobresaliente de estas profecías es que el Mesías ha de reinar en justicia.
En el  Antiguo Testamento todavía no se usa “Mesías” [Cristo] como término técnico para el rey escatológico.) Otras figuras “mesiánicas” en la esperanza veterotestamentaria son el “uno como un hijo de hombre” (Dn. 7.13), el representante celestial de Israel, quien recibe el dominio universal, el Siervo sufriente (Is. 53), y el profeta escatológico (Is. 61.1–3). Generalmente la acción escatológica de juicio y salvación se lleva a cabo con la venida personal de Dios mismo (Is. 26.21; Zac. 14.5; Mal. 3.1–5).

Según Pablo, Cristo se halla entronizado «sobre todo principado y autoridad, y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo (literalmente: “en esta edad”), sino también en el venidero (lit.: “en la venidera edad”)» (Ef. 1:21).

Mediante estas expresiones —«este siglo (o edad)» y «el venidero siglo (o la venidera edad)»— el apóstol resume todo el tiempo, presente y futuro. Y afirma que este tiempo (aioni tuto), esta edad, se halla bajo el señorío de Cristo.

El mismo Señor usó lenguaje similar: prometió a sus leales seguidores: «De cierto os digo que no hay nadie que haya y dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo (esta edad), y en el siglo venidero (o la edad venidera) la vida eterna» (Lúc. 18:29-30). Es evidente que bajo las expresiones «en este tiempo» y «en el siglo venidero» el Señor incluye el presente y el futuro.

También en Lucas (20:34-36) leemos: «Los hijos de este siglo (lit.:edad) se casan y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (edad) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.»

De nuevo vemos toda la extensión que podemos imaginar agrupada bajo dos expresiones: «este siglo» y «aquel siglo»; pero también aqui la línea divisoria entre las dos edades es la misma: la resurrección de los muertos, acontecimiento que toda escuela interpretativa admite que tendrá lugar en la segunda venida del Señor.

Para los dispensacionalistas —y aqui también para los premileniales— el esquema de las edades futuras no el doble, sino triple:

1) este siglo, la presente edad:

2) el milenio, y

3) el estado eterno, «aquel siglo», «el siglo venidero».

Para la exégesis amilenial sólo hay dos estados:

1) «este siglo», y

2) «el siglo venidero», o lo que es lo mismo: «estos postreros», últimos, días, inaugurados con la venida de Cristo al mundo, y, al final, la eternidad, que comienza con la resurrección y el juicio, precedidos de la segunda venida de Cristo, personal, audible y visiblemente.

Todas las escuelas de interpretación profética concuerdan en reconocer esta presente época como un período de maldad (Gal. 1:4), y salvo, tal vez, los escasos adherentes al postmilenialismo (y aun éstos con matices y puntualizacionea), ningún cristiano espera que todo el mundo sea convertido completamente dentro de esta edad, «este presente siglo malo».

«Los postreros días»
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a loa padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo» (Heb. 1:1-2).

¿Qué significa la expresión «postreros días»? Algo muy distinto de lo que la mayoría de los cristianos suponen hoy.

El término es empleado a menudo por los autores del Nuevo Testamento (Hech. 2:17; Heb. 9:26; 1.ª Pcd. 1:20) para señalar el tiempo que comenzó con la venida de Jesucristo al mundo:
«Cristo…. cordero sin mancha y sin contaminarcion, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempo por amor de vosotros…» (1ª Ped. 1:19, 20).

«Ahora, en la consumación de los siglos, se presentó (Cristo) una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado» (Heb. 9:26).

En estos —y en otros parecidos— textos es toda la época que cubre desde la primera hasta la segunda venida de Cristo la que se considera como «los postreros dias», «la consumación de los siglos», «el cumplimiento del tiempo». «los fines de los siglos», etc. Los últimos tiempos,biblicamente hablando, son los nuestros desde la encarnación del Hijo de Dios. Con su venida, Jesucristo ha inaugurado el Periodo final de la historia del mundo y de la humanidad; periodo que puede durar, no obstante, varios miles de años.

Al comentar las palabras del apóstol Juan: «Hijitos, ya es el último tiempo» (1.ª Jn. 2:18), señala J. M. Ghyseis: «No es materia discutible la enseñanza apostólica de que, de acuerdo con la Escritura, la ascensión de Cristo y la venida de! Espíritu Santo en plenitud constituyen la apertura del último período de la historia. El final ha comenzado. Este presente período en el que vivimos es el último en el programa divino.»

Y si este presente período es el último, nada queda sino el estado eterno, los cielos nuevos y la tierra nueva con que se cerrará definitivamente «el último día» que ahora vivimos, y se inaugurará la bienaventuranza eterna de los escogidos.

Bibliografía

  • Diccionario bíblico, ed.Certeza
  • Escatologia,Jose Grau.
  • Diccionario Lapalabra.org
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