Los cinco libros de Moisés

Julio 15, 2009

Los cinco libros de Moisés
José Ángel Fernández, España

Recientemente el conocido escritor y locutor de radio Cesar Vidal ha escritouna serie de entregas acerca de la Hipótesis Documentaria, una teoría que intenta explicar la composición del Pentateuco como la unión de distintos textos creados por distintos autores en distintos momentos de la historia y con intenciones muy distintas. En los distintos escritos de esta serie, ya concluida, Cesar ha intentado convencer a sus lectores de que los argumentos que se enseñan hoy día en los seminarios bíblicos de todo el mundo y que apoyan la creencia de que Moisés no fue el autor del Pentateuco no están bien fundamentados y proceden principalmente de ideas materialistas, marxistas y ateas que no desean otra cosa que atacar la fe en la Biblia. A juzgar por lo que se puede leer en esos escritos, parecería que todo creyente fiel a la fe cristiana debería creer que Moisés escribió los cinco libros del Pentateuco de forma plena, como la tradición eclesial ha afirmado durante siglos. Sin embargo, es parte del llamado protestante el no dejarnos llevar a ciegas por lo que hemos recibido de la tradición de la Iglesia sino más bien analizarlo a la luz de las Escrituras. Por eso, es menester mirar a los argumentos en los que se basa el propio Cesar para realizar estas afirmaciones tan contundentes.

En uno de sus últimos escritos de esta serie podemos leer sus razones principales para creer que Moisés escribió estos cinco libros:

“Las razones fundamentales para sustentar este punto de vista eran que así lo indica el propio texto, que así se había transmitido por generaciones y que ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores o que el texto final fuera un ensamblado de distintas obras”.

Tres razones que parecen claras: el propio texto afirma la autoría de Moisés, la tradición así lo ha creído durante siglos, y en los textos no hay ninguna muestra, “ni siquiera de manera indirecta”, de que en su redacción hayan participado más autores que el propio Moisés. La pregunta es: ¿qué evidencias hay en los textos bíblicos que apoyen estas razones? En primer lugar, para afirmar el primer punto y diferenciarlo claramente del segundo hemos de encontrar evidencias de que dentro del propio Pentateuco se declara firmemente que el autor es Moisés. Es decir, hemos de encontrar evidencias de que el autor ha firmado sus escritos con su propio nombre, y estas evidencias han de proceder del propio texto, no de otros. Sin embargo, curiosamente, las evidencias que encontramos en los escritos de Cesar acerca del primer punto son citas que no proceden del Pentateuco sino de la Biblia en general. De hecho, en el Pentateuco sólo encontramos una cita (Deuteronomio 31:9, 24-26) donde se afirma que Moisés estaba escribiendo un “royo de torah” antes de su muerte, pero como todo estudioso de la Biblia sabe, la palabra torah puede ser traducida de muchas formas (por ejemplo, “una palabra de instrucción”), sin necesidad de tener que afirmar que lo que Moisés estaba escribiendo era el Pentateuco.

Por tanto, de los tres argumentos presentados por Cesar nos quedan dos realmente. Sin embargo estos dos están estrechamente relacionados porque, aunque no cabe duda de que la tradición ha atribuido durante siglos el Pentateuco a Moisés, eso no constituye en sí mismo evidencia suficiente como para creer algo; no creo decir nada controvertido al afirmar que a veces la tradición se equivoca. Si algo hemos aprendido de la Reforma es que la lectura honesta, seria, informada y libre de los textos bíblicos tiene la capacidad de cambiar estructuras de pensamiento y tradiciones, por muy asentadas que estén. Por tanto, es necesario y fundamental que Cesar Vidal tenga razón en su tercera afirmación, “que ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores”, para que podamos concluir que la tradición está en lo correcto al creer que Moisés escribió todo el Pentateuco y no sólo algunas partes.

A juzgar por el énfasis que encontramos en toda esta seria de escritos, me consta que de alguna forma Cesar debe ser consciente de la importancia de este tercer argumento. Al poner el énfasis de todos sus escritos en un estudio cuidadoso de los textos bíblicos, de alguna forma Cesar reconoce que la credibilidad de sus afirmaciones y ataques depende de si realmente los textos apuntan a que Moisés fue el único autor o no lo fue. Es por eso que emplea todas sus fuerzas para intentar desbancar evidencias de dobletes textuales, de repeticiones, de problemas lingüísticos, etcétera. Como buen protestante, Cesar sabe que si el texto aporta suficientes evidencias de que hay problemas claros con la afirmación de la autoría mosaica, la tradición ha de ser dejada a un lado. Encontramos este énfasis, por ejemplo, en su intento de explicar que los dos relatos de la creación que aparecen en el libro del Génesis no son realmente dos historias de la creación creadas por distintos autores sino dos versiones de una misma historia creadas por un mismo autor. Para utilizar sus propias palabras:

“Según la HD [Hipótesis Documentaria], tendríamos un relato E en el capítulo 1 y otro J en el capítulo 2. La realidad es que más bien nos hallamos ante un relato único de la creación que, primero, hace referencia al cosmos y que luego se centra en el hombre”.

Y podemos extender esta misma apreciación a los mencionados dobletes que aparecen en la Biblia. En sus propias palabras:

“A decir verdad, pretender que los supuestos dobletes [que encontramos en el Pentateuco] indican distintos documentos narrando sólo un hecho es un disparate tan considerable como si un historiador señalara que la ruptura del frente francés por Sedán que llevó a cabo el ejército alemán en 1870 y en 1940 sólo fue un solo episodio y que ese solo episodio fue confundido por dos redactores diferentes que consideraron que se trataba de hechos distintos. Por supuesto, ese historiador – verdadero trastornado – es imposible de encontrar. En este caso como en otros aspectos, la HD aparece una vez más como fruto de prejuicios en lugar de cómo resultado de una investigación seria”.

No es la primera vez que alguien ataca los dobletes que aparecen en la Biblia. Ya en los evangelios existe el problema de las repeticiones que se contradicen entre sí, como también existe la respuesta (ofrecida desde varios campos conservadores) de que tales repeticiones no son otra cosa que la consecuencia de que en la historia a veces ocurre el mismo evento varias veces (Jesús limpió el templo al menos dos veces, etcétera). Sin embargo en mi opinión Cesar usa palabras un tanto desproporcionadas en su ataque. Decir que cualquiera que se atreva a decir que en el Pentateuco aparecen dobletes es un trastornado que no sabe distinguir dos eventos claramente separados de uno sólo es ir un poco más lejos de lo que se debe, sobre todo cuando no se tienen evidencias de que lo que se dice es cierto. Después de todo Cesar, al igual que aquellos a quienes ataca, solo transmite su propia opinión acerca de este asunto. Tanto uno como los otros basan sus opiniones en las presuposiciones con las que leen el texto bíblico. Quien tenga el tiempo y las energías de leer el resto de las entregas de esta serie se encontrará una y otra vez afirmaciones similares intentando desbancar cualquier problema textual que podamos leer en los textos. Por lo visto tenemos que creer que los que encontramos problemas textuales en el Pentateuco estamos acercándonos al texto con unos prejuicios anticristianos, mientras que las explicaciones de Cesar acerca de por qué esos problemas no están ahí realmente (aunque parezca que sí lo están) proceden de un estudio serio y cuidadoso de los textos.

Lo irónico del asunto es que, además de no presentar las evidencias necesarias para apoyar afirmaciones tan atrevidas como las que hace, Cesar nos sorprende en su último mensaje aceptando que quizá, después de todo, hay algún que otro versículo del Pentateuco que ha podido ser escrito por algún otro autor. En su último mensaje de esta serie, después de hablar en contra del pensamiento evolucionista, materialista, marxista y ateo de aquellos que se atreven a creer que la mejor explicación para todos los problemas textuales es que el Pentateuco es una mezcla de distintos textos escritos por distintos autores y editados y puestos juntos posteriormente, nos deja atónitos con esta afirmación:

“Obviamente, algunos versículos como los últimos de Deuteronomio donde se hace referencia a la muerte de Moisés se atribuían a un redactor posterior pero en conjunto la Torah seguía considerándose mosaica”.

¿Obviamente?, ¿me podría decir alguien por qué ‘obviamente’? Después de todo, si según Cesar estamos tratando de un autor que ha escrito acerca de los comienzos del universo por inspiración divina y hemos de asomarnos a sus textos desde una perspectiva sobrenatural (opuesta al naturalismo que tanto ataca), ¿por qué no podría este mismo autor haber escrito acerca de su propia muerte?, ¿en qué nos basamos para determinar que ‘obviamente’ estos versículos no pudieron ser escritos por Moisés pero los demás sí lo fueron?, ¿por qué tenemos que rechazar todas las evidencias de dobletes, los distintos argumentos lingüísticos y los distintos problemas textuales que apuntan a varios autores, pero aceptar que ‘obviamente’ Moisés no pudo escribir sobre su propia muerte?, ¿acaso no va esta afirmación en contra del tercer argumento que Cesar estaba poniendo delante de nosotros para apoyar la autoría mosaica, que “ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores”? Porque si es tan obvio que algunos versículos no pudieron ser escritos por Moisés y han de ser atribuidos a otros autores, ¿no va eso en contra de la autoría mosaica de todo el Pentateuco?

Quizá no nos demos cuenta de la importancia de esta concesión. Quizá no seamos conscientes de que la erosión que ha ido ocurriendo durante siglos y que ha acabado en negar la autoría de Moisés de todo el Pentateuco procede precisamente de concesiones como esta, de pequeños versículos aislados y problemáticos que han ido acumulándose poco a poco hasta llegar a afirmar, finalmente, que es imposible que Moisés escribiera todo este conjunto de textos. Me parece irónico que después de criticar tan fuertemente a cualquiera que se atreva a anunciar problemas textuales con algunas partes del Pentateuco Cesar admita (casi por necesidad) que de hecho esos versículos problemáticos existen y además fueron escritos por otros autores. Pero es que esos problemas textuales fueron precisamente los que levantaron la voz de alarma en primera instancia. Isaac ibn Yashush notó allá por el siglo XI que algunos de los nombres citados en la lista de reyes de Génesis 36 vivieron después de la muerte de Moisés y por tanto Moisés no pudo escribir esa lista. Un siglo después, Abraham ibn Ezra mencionó algunos pasajes problemáticos que apuntaban a distintos autores, pasajes que hablaban de Moisés en tercera persona, que usaban términos que Moisés no habría conocido, que describían lugares que Moisés no habría visitado, y usaban palabras que reflejaban otros tiempos y lugares distintos a los de Moisés. Estos problemas fueron los que provocaron que Bonfils escribiera en el siglo XIV: “Y esto sirve de evidencia de que estos versículos fueron escritos en la Torah de forma tardía, y de que Moisés no los escribió”. De hecho, cualquiera que se moleste en leer el Pentateuco con la mente un poco abierta (ni siquiera hace falta que lo esté mucho) se dará cuenta de que más allá de tratarse de algunos pocos versículos perdidos en el texto que pueden ser explicados sin problemas, el Pentateuco está lleno de este tipo de versículos problemáticos.

Al contrario de lo que afirma Cesar, no se trata de uno o dos versículos aislados, ni tampoco de un problema que procede de la crítica textual del siglo XIX pero que nunca existió antes. Desde los tiempos de Orígenes, pasando por estudiosos como Isaac ibn Yashush (siglo XI), Abraham ibn Ezra (siglo XII), Bonfils (siglo XIV), Tostatus de Avila (siglo XV), Lutero, Carlstadt o Andreas van Maes (siglo XVI), Thomas Hobbes o Isaac de la Peyrere (siglo XVII), H.B. Witter, J. Astruc o J.G. Eichhorn y hasta llegar a nuestros días, siempre hemos tenido entre nosotros lectores de la Biblia que han encontrado problemas con las afirmaciones dogmáticas de la Iglesia. Y cabe destacar que entre todas las afirmaciones dogmáticas, una de las más cuestionadas ha sido que Moisés hubiera sido el único escritor del Pentateuco. Fueron estos problemas textuales los que llevaron a Espinoza a afirmar que: “Está… tan claro como el sol al mediodía que el Pentateuco no fue escrito por Moisés sino por alguien que vivió mucho después que Moisés”. Y todo esto, recordemos, estaba ocurriendo mucho antes del nacimiento de Wellhausen. Todo lo contrario de lo que Cesar afirma, que “la creencia en que los cinco libros de la Torah se debieron a la redacción de Moisés se mantuvo inalterable hasta finales del s. XIX”.

Ocurre igualmente con los problemas de los dobletes y de los distintos nombres de Dios, tan atacados por Cesar en sus artículos. Hace unos siglos tres investigadores llegaron al mismo descubrimiento separadamente. Uno de ellos era el ministro alemán H.B. Witter (1711), otro el doctor francés J. Astruc (1753), y el último el estudioso de la Biblia alemán J.G. Eichhorn (1780). El descubrimiento al que estas personas llegaron se resumió en la combinación de dos grupos de evidencia: los dobletes en los relatos del Pentateuco y los distintos nombres de Dios. Estas personas se dieron cuenta de que aparentemente había dos versiones distintas de varias historias de la Biblia. Luego notaron que a menudo una de las versiones utilizaba un nombre de Dios y la otra otro distinto. Para limitarnos a la historia de la creación, en el primer capítulo del Génesis la Biblia cuenta una versión de cómo el mundo fue creado para luego en el segundo darnos una historia diferente. En algunos casos ambas relatan los mismos puntos mientras que en otros casos ambas parecen contradecirse directamente (el orden de los eventos es el ejemplo más obvio de estas diferencias). Ambas historias presentan visiones distintas de lo que ocurrió; distintas perspectivas, podríamos decir. Pero lo que estos tres investigadores notaron además es que la primera versión de la creación siempre hablaba de Dios utilizando la misma palabra, Elohim (35 veces). Por otro lado la segunda versión siempre hablaba de Dios utilizando otro nombre, Yahweh (11 veces). La primera versión nunca llamaba a Dios Yahweh, mientras que la segunda nunca llamaba a Dios Elohim.

Por si fuera poco, este descubrimiento no se limitaba a una sola historia (como podría ocurrir en otros documentos de la época), sino que se repetía en distintas partes del Pentateuco. Por ejemplo, la historia del diluvio y el arca de Noé puede ser separada igualmente en dos relatos similares aunque distintos entre sí, con uno de ellos utilizando un nombre para Dios y el otro utilizando otro. Y esto se vuelve a repetir en la historia del pacto de Dios con Abraham, el relato en el que Abraham da nombre a su hijo Isaac, la historia en la que Abraham dice a un rey que su mujer es su hermana, la historia de Jacob viajando a Mesopotamia, la historia de la revelación de Dios a Jacob en Betel, la historia de Dios cambiando el nombre de Jacob a Israel, la historia de Moisés sacando agua de una roca, etcétera. Estos investigadores llegaron a la conclusión de que no estaban tratando con un libro que simplemente se repetía muchas veces sino que estaban leyendo distintos textos creados por distintos autores que alguien se había tomado la molestia de poner juntos en uno solo.

A partir de esos comienzos, a lo largo de los años esta teoría ha ido creciendo cada vez más hasta convertirse en la Hipótesis Documentaria que conocemos hoy. Es cierto que no han faltado críticos, sobre todo procedentes de los campos más conservadores, donde se cree que esta Hipótesis es el producto de la crítica liberal que intenta desbancar la autoridad de la Biblia. Sin embargo, aunque entre criticismos y ataques, la teoría ha encontrado un lugar en seminarios y centros de enseñanza bíblica de todas las denominaciones y tendencias. Si la Hipótesis Documentaria está siendo enseñada en la mayoría de seminarios de todo el mundo y no existe prácticamente ningún estudioso del Antiguo Testamento que se atreva a afirmar que ‘los cinco libros de Moisés’ fueron escritos por Moisés (o por una sola persona), esto no se debe a “la pereza que caracteriza a ciertos segmentos del mundo académico para actualizar lo que aprendieron décadas antes” (esta afirmación clama al cielo), como tampoco se debe a su agenda oculta, o su pensamiento materialista, evolucionista, marxista o ateo, sino simplemente a que esa es la mejor explicación. Es cierto que aún quedan muchos puntos por debatir, acerca del lugar en que estos documentos fueron escritos, acerca de la forma en la que estos documentos han de ser dilucidados, acerca de la utilidad (o falta de ella) de utilizar hipótesis como la documentaria para resolver estos problemas, etcétera. Pero la hipótesis en sí misma continúa siendo el punto de partida de todos estos debates, y por tanto ningún estudiante serio del Antiguo Testamento puede permitirse pasar un tupido velo y no estudiarla.

Por tanto, creamos lo que creamos y aceptemos las evidencias que aceptemos sobre este tema, lo que está claro es que decir que hay dos versiones de la creación, o afirmar que el Pentateuco contiene dobletes escritos por distintos autores y editados para formar una sola composición, no es decir algo completamente loco y digno de personas trastornadas que no comprenden la historiografía y la naturaleza de los textos bíblicos. Igualmente, decir que Moisés no escribió los cinco libros del Pentateuco no es declarar que estamos en contra de la fe cristiana o en contra de la autoridad de las Escrituras. Entre los críticos que han aportado argumentos para apoyar estas afirmaciones tenemos a doctores, filósofos, médicos, ministros, pastores o teólogos, de distintas tendencias teológicas, separados muchos de ellos por siglos de diferencia, que han vivido en contextos distintos y que han sido influenciados por distintas ideas políticas y filosóficas. Por tanto todas estas cuestiones no pueden ser explicadas a la ligera por medio de un par de comentarios arrogantes, sin aportar evidencias suficientes de que todos estos pensadores fueron engañados por sus prejuicios en contra de la autoridad de la Biblia. No vale con insultar de forma paternalista aquellas opiniones que no concuerdan con nuestra visión de la Biblia. Hay que argumentar con seriedad. Si es verdad que todas estas afirmaciones en contra de la autoría mosaica del Pentateuco son clara y evidentemente falsas, mostremos las evidencias que poseemos para llegar a esa conclusión. Y si no disponemos de dichas evidencias entonces dejemos abierta la puerta a la posibilidad de que tanto ellos como nosotros podemos estar en un error.