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Julio 15, 2009

Los cinco libros de Moisés…¿y por qué no?

Archivado en: Pentateuco — pauloarieu @ 11:31 pm

Los cinco libros de Moisés…¿y por qué no?
José Hutter, España

El artículo de D. José Ángel Fernández, publicado hace unos días en Lupa Protestante bajo el título “Los cinco libro de Moisés”, me parece muy interesante, porque abre la posibilidad de profundizar en un tema altamente controvertido desde hace varios siglos y de forma particular en los últimos 50 años. El artículo se refiere a algunos puntos muy concretos de esta controversia y me gustaría, con toda brevedad, aportar algunos elementos a este debate. Vaya por delante que estoy muy de acuerdo con el señor Fernández en que es preferible prescindir de acusaciones e ironías que – por otro lado – creo notar también en algunas partes de su artículo.

Mi intención no es, por lo tanto, crear más polémica gratuita, sino simplemente aportar algún dato que espero sea de interés para los lectores. Se tratará de datos muy puntuales que tienen que ver básicamente con los tres puntos que D. José Ángel critica en la publicación de D. César Vidal. Tratándose de una simple réplica prescindo de notas a pie de página y procuro no elaborar los argumentos con más detalles. Esto, sin embargo, debería ser la meta de un trabajo más extenso sobre el tema.

Fernández hace la siguiente observación: “De hecho, en el Pentateuco sólo encontramos una cita (Deuteronomio 31:9, 24-26) donde se afirma que Moisés estaba escribiendo un ‘royo [sic] de torah’ antes de su muerte”.

Esta afirmación no es correcta. Lo que el versículo expresa literalmente es que Moisés “terminó de escribir las palabras de esta ley en un libro”. Pero es solamente un detalle. Lo que es mucho más importante es que la observación de Fernández causa la impresión equivocada de que Moisés no escribió en otros momentos, lo cual no es cierto.

Hay otros lugares en el Pentateuco donde se menciona explícitamente que Moisés escribía cosas, no necesariamente en un rollo – aunque con cierta probabilidad usaría uno de papiro a la hora de apuntar textos más extensos, como era la costumbre en sus tiempos. Para documentar estos pasajes, me permito añadir la siguiente relación (citas según la Biblia de las Américas):

  • Éxodo 24:4: “Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR.”

  • Números 33:2: “Y Moisés anotó los puntos de partida según sus jornadas, por el mandamiento del SEÑOR, y estas son sus jornadas, conforme a sus puntos de partida.”

  • En Éxodo 17:14 y 34:27 Dios le manda a Moisés explícitamente escribir algo que venía de parte de Dios:

“Entonces dijo el SEÑOR a Moisés: Escribe esto en un libro paraque sirva de memorial,…“

“Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Escríbete estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho un pacto contigo y con Israel.”

Creo que todo el mundo que afirme la historicidad de estas palabras estará de acuerdo en que Moisés no se sentó una tarde y se dijo: “Hoy me siento inspirado, voy a escribir el Pentateuco,” sino que se trata más bien de una obra que poco a poco fue creciendo y donde Moisés hizo el papel de redactor, es decir, juntando material o fuentes ya existentes (ver más adelante en este artículo), palabras que había recibido de parte de Dios directamente (por ejemplo, las leyes) y observaciones propias. Esto no quita que en ocasiones puntuales un redactor final – que podría haber sido por ejemplo Esdras – añadiera algún que otro comentario o detalle. Y esto por cierto no está ni muchísimo menos reñido con el concepto de inspiración que un servidor enseña y defiende.

Este fenómeno no sería extraño porque vemos, por ejemplo, en el libro de los Salmos (que en realidad son cinco libros) la mano de un redactor final. Esto no quita que, por ejemplo, el salmo 72 pueda contener alguna añadidura de ese redactor final (o del redactor del libro II de los Salmos), – que en la gran mayoría de nuestras traducciones aparece como versículo 20 – sin negar ni por un momento que el autor del salmo fuera un personaje que vivió con bastante anterioridad a los tiempos de este redactor final.

Hay que entender bien la argumentación: nadie dice que el Pentateuco fuera escrito palabra por palabra por Moisés como autor original – yo por lo menos nunca me he encontrado con un teólogo que lo creyera. Moisés usa fuentes – el mismo texto lo dice (Números 21:14); y el capítulo 34 puede haber sido añadido por Josué como lo afirma, por ejemplo, el Talmud. Esto es una cosa. Pero decir que el Pentateuco es fruto de diferentes obras de diferentes épocas a partir del siglo VIII a.C. hasta el siglo V a.C. es una cosa totalmente distinta. La palabra “obviamente” – que critica el autor en la publicación de Vidal – expresa este hecho con suficiente claridad. Comparar la autoría de los supuestos dobletes con la autoría no mosaica de la muerte de Moisés en el capítulo 34 es comparar peras con manzanas. Una cosa tiene que ver con la supuesta – y nunca comprobada – existencia de varias fuentes del Pentateuco, y otra, con la costumbre de aquellos tiempos de que el seguidor de un gran líder terminaba las obras de aquel con el relato de su muerte.

El punto débil de la Hipótesis Documental es el hecho de que se basa sobre suposiciones, teorías y deliberaciones teóricas, pero no tiene ni UNA sola evidencia arqueológica a su favor en cuanto a la existencia real de un documento J, E, P o D como fuente real y auténtica (aparte del hecho de que es prácticamente imposible encontrar dos comentaristas defensores de la HD que estén de acuerdo sobre la extensión exacta de las respectivas, supuestas fuentes J, E, P y D. De hecho, el catedrático Dr. Samuel Külling comprobó en su tésis doctoral (Kampen, Holanda), ya en el año 1965, que la datación de los supuestos documentos P en el libro de Génesis contradice todos los hallazgos arqueológicos y hechos históricos recientes de la historia del Medio Oriente.

Si se me permite hacer brevemente un comentario sobre el tema de las supuestas repeticiones en los textos del Pentateuco: en primer lugar, habría que establecer cuidadosamente si dos historias o una supuesta repetición del mismo acontecimiento de verdad constituyen una repetición, o si no se trata más bien de dos historias similares. Pero aparte de eso, los estudios de los arqueólogos en las últimas décadas han aportado suficientes indicios de que este fenómeno “repetitivo” es muy común también en otros textos del Medio Oriente (véanse por ejemplo las obras extensas de uno de los más reconocidos arqueólogos a nivel mundial, el Dr. Kenneth Kitchen).

Como ya dije, nadie duda que Moisés pueda haber usado otras fuentes. Aún así, se puede afirmar que Moisés es el redactor del Pentateuco. Para mí es evidente que en el mismo Pentateuco Moisés se apoyó en fuentes antiguas, (por su educación, Moisés dominaba varios idiomas y tenía acceso a material muy antiguo de los egipcios) pero estas fuentes no tienen nada que ver con los documentos hipotéticos que en la HD se llaman J, P, D o E. Y por cierto, en la teología protestante, la “erosión” de la creencia en la autoría de Moisés no empezó, en contra de lo que supone Fernández, con estas “concesiones” que hablan de fuentes auténticas o comentarios de un redactor final, sino con las teorías de Astruc, Wellhausen y otros que nunca fueron comprobadas científicamente, por ejemplo, por un hallazgo arqueológico o un documento externo que mencione la confección del Pentateuco a raíz de la mezcla de varias fuentes en un solo escrito.

Por supuesto, Fernández tiene razón cuando dice que la tradición en ningún caso es vinculante, y que bien puede estar equivocada. Pero cuando el texto – es decir, la única fuente de los acontecimientos descritos – apunta en la misma dirección que la tradición – y si además la arqueología hasta el día de hoy no ha aportado ni un solo detalle que apoyara la real existencia de las fuentes postuladas por Wellhausen y otros – entonces hacemos bien en tomar también la tradición en serio.

Pero no quiero quedarme solamente en la crítica, sino que me gustaría aportar por lo menos algún argumento – tal vez no tan conocido – a favor de la autoría mosaica del Pentateuco. Curiosamente existen algunos detalles en el texto del Pentateuco que indican que el autor de esta obra tiene un trasfondo más bien egipcio y no un trasfondo de un israelita educado en la monarquía post-davídica del siglo VIII o VII a.C., o incluso un sacerdote del exIlio babilónico. Vamos a considerar algunas de estas – llamémoslas “huellas dactilares” – mosaícas:

En Génesis 13:10 se compara la llanura del Jordán con “la tierra de Egipto en dirección de Zoar”. Si los postulados de la teología defensora de la HD fueran correctas y esta parte del Génesis fuera producto de un tiempo muy posterior, ¿qué sentido tendría para un autor israelita el comparar el valle del Jordán con un lugar egipcio que prácticamente ningún israelita conocía? Sería absurdo. Sin embargo, si tomamos el testimonio del Pentateuco en serio, y partimos del hecho de que Moisés y su generación acababan de salir de Egipto, entonces la comparación tiene todo el sentido del mundo. Zoar era una referencia para los israelitas de la generación del éxodo. Lo mismo ocurre, por cierto, en Números 13:22. Se compara la fecha de la construcción de Hebrón con la cronología de la construcción de la ciudad egipcia de Zoán. Si Moisés es el autor, la referencia tiene sentido, si no, el comentario carece de importancia.

Las mismas raíces “extranjeras” del autor las vemos reflejadas en Génesis 33:18. Todo israelita sabía perfectamente la ubicación de la ciudad de Siquem desde la conquista del país bajo Josué. Sin embargo, para una generación que acaba de salir de Egipto, la explicación tiene mucho sentido, de la misma manera que a un español que vive en España no hay que explicarle donde está Sevilla, pero para alguien de fuera del país la información de que se encuentra en Andalucía puede ser importante.

Por lo tanto, la afirmación de Fernández que “de los tres argumentos presentados por César nos quedan dos realmente”, me parece un tanto prematura y superficial en exceso. Hace falta algo más que página y media para poder llegar a esta conclusión y descartar un argumento bien fundado. Y precisamente este amor al argumento detallado sería una condición para un debate serio, sobre la base del texto hebreo en todos sus detalles y matices.

Animo a D. José Ángel Fernández a ponerse manos a la obra. Siempre me tendrá a su disposición para un debate del tema, partiendo del texto bíblico en hebreo y tomando en cuenta la literatura contemporánea sobre el tema. No hay que olvidar, la responsabilidad de comprobar la no-autoría de Moisés del Pentateuco recae sobre aquellos que no toman en serio estos indicios internos del texto. Sería interesante poder leer una explicación convincente de estos versículos “egipcios”, sobre todo tomando como base el texto hebreo, de cara a la afirmación de la teoría de fuentes que ubica la redacción de una parte del Pentateuco en el exilio babilónico.

En cuanto a los dos problemas que Fernández menciona (por un lado, la mención de reyes en Génesis 36 que no vivieron en los tiempos de Moisés, sino posteriormente y, por otro lado, el fenómeno de que Moisés habla de sí mismo en la tercera persona singular), hay explicaciones perfectamente coherentes cuya elaboración más detallada no puede ser la finalidad de esta breve respuesta.

Por la sencillez del argumento, solo quiero referirme al último de los dos casos mencionados: no hay que olvidar que existen obras antiguas que usan la tercera persona singular, aunque hablen en ciertos momentos de su mismo autor. Ejemplo notorio de este fenómeno es la obra de Julio CésarBellum Gallicum, o la Anábasis de Jenofonte, por no mencionar la Guerra de los Judíos de Josefo. Y por cierto, nadie que cree en la autoría de Moisés del Deuteronomio se asustará por el “problema” de la muerte de Moisés relatada en el capítulo 34. Ya en el Talmud (Baba Bathra 146) se le atribuye esta sección a Josué.

Fernández sigue: “De hecho, cualquiera que se moleste en leer el Pentateuco con la mente un poco abierta (ni siquiera hace falta que lo esté mucho) se dará cuenta de que más allá de tratarse de algunos pocos versículos perdidos en el texto que pueden ser explicados sin problemas, el Pentateuco está lleno de este tipo de versículos problemáticos” .

Cierto que algunos versículos pueden resultar problemáticos, pero también desde la postura de la defensa de la autoría de Moisés hay explicaciones perfectamente coherentes y científicas, y no ayuda precisamente a un debate riguroso, si Fernández anima a los defensores de estos argumentos a tener una mente más abierta. Conozco estos argumentes, los he estudiado, he leído libros de los autores originales en varios idiomas y aún así, no me convencen. No tiene nada que ver con que una mente esté más “abierta” que otra. Lo que nos debe estimular es la búsqueda de la verdad. Este tipo de “veredictos” sobran – y seguramente el Señor Fernández estará de acuerdo conmigo en esto.

Quiero abordar muy brevemente otro tema mencionado por Fernández: suponer dobletes porque se usan distintos nombres de Dios es, hoy por hoy, un argumento muy débil, incluso para los defensores de la HD. Sin ir más lejos, podemos encontrar dos salmos que únicamente se difieren por el uso del nombre de Dios que emplean. Se trata de los Salmos 14 y 53. Ambos son de David – si uno toma en serio el título del Salmo. Pero incluso para aquellos que no lo tomaran en serio, es indudable, entonces, que ambos salmos se “atribuyen” a David. El Salmo 14 usa el nombre Yahwé, el Salmo 53 usa el nombre Elohim. Pero es el mismo Salmo. ¿Tenía dos autores? Uno en el siglo VIII y otro en el siglo VI, digamos, en Babilonia? ¿No podría ser que se usaba el mismo salmo de David con dos nombres de Dios diferentes porque expresaban diferentes características de Dios? Del uso de ciertos nombres de Dios en determinados contextos habla ya en el siglo XII el rabino Jehuda Halevi en un libro llamado Cosri, donde explica la etimología de cada nombre divino y su uso. En nuestros días existen excelentes obras que profundizan en este fenómeno, como, por ejemplo, aquel de Umberto Cassuto The Documentary Hypothesis del año 1941. Pero desde luego no hace falta postular diferentes épocas para el uso de ciertos nombres de Dios.

Un último y breve comentario que no puede quedar sin una pequeña respuesta. D. José Ángel afirma en su artículo: “no existe prácticamente ningún estudioso del Antiguo Testamento que se atreva a afirmar que ‘los cinco libros de Moisés’ fueron escritos por Moisés.” Es una afirmación no solamente muy atrevida, sino demostrablemente falsa. Me permito facilitar solamente los nombres de siete de los más destacados catedráticos y expertos del AT en el mundo de habla alemana (para que no se me acuse de citar solamente teólogos anglosajones). Cuatro de los siete catedráticos, por cierto, hicieron sus doctorados en facultades teológicas protestantes estatales, nada sospechosas de ser “fundamentalistas” o “conservadoras”. Todos estos expertos del AT siguen enseñando, salvo el Dr. Külling, que murió hace algunos años y el Dr. Huntemann que se retiró hace poco:

Dr. Samuel Külling, fundador de la “Staatsunabhängige Theologische Hochschule” en Basilea, Suiza, reconocida por el Cantón de Basilea como universidad privada y facultad teológica.

Dr. Helge Stadelmann, director de la “Freie Theologische Hochschule” en Giessen, Alemania, reconocida hace unos meses como universidad privada y facultad teológica por el estado federal de Hesse, Alemania.

Dr. Jakob Thiessen, actual director de la STH en Basilea, Suiza.

Dr. Heinrich von Siebenthal, uno de los mayores expertos en arqueología, historia del Medio Oriente, Hebreo y Arameo en lengua alemana.

Dr. mult. Thomas Schirrmacher, director actual del “Martin Bucer Seminar” en Bonn, Alemania.

Dr. mult. Georg Huntemann, doctor en filosofía por la universidad de Erlangen y doctor en teología por la universidad de Berna, Suiza.

Dr. Hans-Georg Wünch, experto en AT y docente en el Seminario en Altenkirchen, Alemania.

Por cierto, casi se me pasa mencionar a un teólogo que según los expertos de su tiempo destacaba por sus profundos conocimientos del Antiguo Testamento: su nombre es Jeshua ben Miryam, también conocido como Jesucristo. Él también creía en la autoría del Pentateuco por parte de Moisés (Juan 5:46.47; 7:19 et al.) ¿Se habrá equivocado hasta el Hijo de Dios en este asunto?

*José Hutter es profesor en el seminario español SEFOVAN

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