Paulo Arieu Theologies Web

Julio 2, 2009

OTA BENGA: EL NATIVO AFRICANO PUESTO EN UNA JAULA

Archivado en: Ciencia, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución — Etiquetas: — pauloarieu @ 11:48 pm

OTA BENGA: EL NATIVO AFRICANO PUESTO EN UNA JAULA

Después que Darwin presentó la suposición de que el ser humano (es el resultado) de la evolución a partir de monos antropomorfos en su libro “El Origen de las Especies”, empezó a buscar fósiles que apoyen ese argumento. Sin embargo, algunos evolucionistas creían que no sólo en los registros fósiles se iban a encontrar criaturas “semimonos semihumanas”, sino que también se las encontraría con vida en distintas partes del mundo. A principios del siglo XX la búsqueda de “vínculos transitorios vivientes” condujo a incidentes desafortunados, siendo uno de los más crueles el sucedido a un pigmeo llamado Ota Benga, capturado en 1904 por un investigador evolucionista en el Congo. En el idioma nativo el nombre del pigmeo significa “amigo”. Éste tenía una esposa y dos hijos. Fue llevado a Norteamérica encadenado y en una jaula, donde los científicos evolucionistas lo exhibieron al público en la Feria Mundial de San Luis junto a una especie de monos, y lo presentaron como el “eslabón transitorio más cercano al ser humano”. Dos años después llevaron al pigmeo al Zoológico del Bronx en Nueva York, donde junto a cuatro chimpancés, un gorila llamado Dinah y un orangután llamado Dojung, fue exhibido bajo la denominación de “antiguo ancestro del ser humano”. El Dr. William T. Hornaday, evolucionista y director del zoológico, pronunció largas disertaciones respecto a lo orgulloso que estaba de tener esa “forma transitoria” excepcional, a quien trataba como si se tratase de un animal cualquiera. Ota Benga no pudo soportar el trato que se le daba y eventualmente se suicidió(60).

El Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska, Ota Benga… Estos auténticos escándalos demuestran que los científicos evolucionistas no vacilan en emplear cualquier tipo de método anticientífico para dar validez a su teoría. Al observar las otras “evidencias” de la leyenda de la “evolución humana” nos encontramos con una situación similar. Lo que tenemos es una fábula y un ejército de voluntarios dispuestos a intentar todo lo que haga falta para darle validez a la misma.

notas

60 Philips Verner Bradford, Harvey Blume, Ota Benga: The Pygmy in The Zoo, New York:Delta Books, 1992.

fuente: www.harunyahya.org/…/evoluc08.html

hablando de Thomas Henry Huxley…

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Hablando de Thomas Henry Huxley…

Thomas Henry Huxley
Thomas Henry Huxley (1825-1895) con 32 años.

Aunque el episodio más famoso de su biografía fue probablemente el debate con “Sam el jabonoso”, el obispo Wilberforce, la vida entera de Huxley parece sacada de una novela, y es un personaje fascinante; se trata además, como creo que resultará evidente al leer el artículo, de alguien a quien admiro profundamente, aunque no esté de acuerdo con todas sus ideas, ni mucho menos. Si eres fan de Asimov o Sagan, no te pierdas a quien popularizó el términoprotoplasma en la Inglaterra victoriana, y una de las personas que más ha hecho por la divulgación científica en los últimos dos siglos.

Thomas Henry Huxley nace en 1825 en Ealing, un pueblo inglés. Su padre era profesor de matemáticas en el colegio de Ealing, en el que estudiaba el pequeño Thomas –quien, por entonces y sorprendentemente, aún no tenía patillas–. Aquí empieza parte de lo admirable de Huxley: el colegio cierra, su padre pierde su empleo y la familia entra en graves apuros económicos. Tanto es así que en ese momento, con tan sólo diez años, termina la vida escolar de Huxley… y empiezan los años en los que se formaría como un científico “de los de antes”, él solito.

La enseñanza autodidacta de Huxley durante su preadolescencia y adolescencia es, no puedo llamarla de otra manera, ávida: para empezar, aprende él solo griego y alemán. Naturalmente, dados los medios de la época no domina las lenguas oralmente, pero su conocimiento de las lenguas escritas es profundo — leía a Aristóteles en griego, y como adulto traduciría obras científicas alemanas para Darwin. Armado con la nutrida biblioteca de su familia, estudia filosofía, teología, lógica, geología, política, anatomía, biología… en pocos años adquiere una cantidad de conocimientos que avergonzaría a cualquier escolar normal. Aunque no tengo pruebas de ello, sospecho que es también durante esta época que Huxley desarrolla su amor por el razonamiento y el conocimiento objetivos, y la educación a lo largo de toda la vida, que tan importantes serían en su concepción filosófica de la existencia, como veremos luego.

Con tan sólo trece años se convierte en ayudante de su cuñado, que era médico; posteriormente continúa su aprendizaje de la medicina y la biología fuera de los cauces académicos con varios doctores británicos, hasta que finalmente vuelve al redil de la enseñanza formal con dieciséis años, cuando entra en Sydenham College. Posteriormente logra una beca para estudiar en el hospital de Charing Cross, donde aprende maravillas en anatomía de un sujeto algo siniestro pero muy bien capacitado, Thomas Wharton Jones.

En su juventud en Escocia, Jones había sido el ayudante de un individuo aún más lúgubre, Robert Knox, quien se había cubierto de infamia cuando se descubrió que, para procurarse cadáveres que diseccionar (algo realmente difícil entonces), los había comprado de un par de asesinos en serie que mataban gente justo con ese horrendo propósito. El entonces joven Thomas Wharton Jones había sido el mensajero entre el doctor Knox y los criminales, con lo que el escándalo lo salpicó también a él, probablemente con justicia. El caso es que, tras el episodio, Jones abandonó Escocia y se mudó a Inglaterra, donde se convierte en profesor de Huxley. Huxley era consciente de la valía de su mentor, independientemente de sus defectos morales, y de lo mucho que le debía; de ahí que, posteriormente, Huxley lograse una pensión para Jones cuando éste se retiró, a pesar de sus diferencias en otros aspectos (Jones era un ferviente enemigo de la teoría de la evolución). Esto te da una idea de la talla moral de nuestro personaje de hoy, aparte de su capacidad intelectual y su disciplina.

Huxley, joven
Huxley con 21 años, justo antes del viaje en el Rattlesnake.

El caso es que, con tan sólo veinte años y trabajando bajo la dirección de Jones, el joven Huxley publica su primer artículo científico, en el que describía una capa hasta entonces desconocida del folículo piloso, la que hoy conocemos como capa de Huxley. El mismo año logra aprobar el primero de los exámenes para obtener el título de medicina, con matrícula de honor en fisiología y anatomía, pero no se presenta al segundo examen, ya que está cubierto de deudas y necesita ponerse a trabajar. Por segunda vez en su vida, su educación formal se detiene abruptamente por razones económicas, y nunca logra el título de doctor.

Sin embargo, los conocimientos de Huxley en medicina en general y anatomía en particular son profundos, y gracias a ellos consigue entrar en la Armada, con lo que empieza otra etapa fascinante de su vida. Se convierte en ayudante del médico del navío HMS Rattlesnake, una fragata de 28 cañones que se dispone a partir hacia Nueva Guinea y Australia en un viaje de exploración. Durante cuatro años, desde que tiene 21 hasta los 25, Huxley viaja por el hemisferio sur en el Rattlesnake, lejos de la civilización y sus libros. ¿Quiere esto decir que deja de aprender cosas? Ni muchísimo menos.

HMS Rattlesnake
HMS Rattlesnake, de Sir Oswald Walter Brierly (1853).

Para empezar, desarrolla sus dotes artísticas como dibujante e ilustra episodios del viaje con dibujos llenos de candor. Además, se dedica a estudiar los invertebrados marinos, y sus descubrimientos sobre las medusas y pólipos le otorgan gran prestigio en Inglaterra. No sólo avanza en el conocimiento de esas primitivas criaturas, sino que descubre también que su estructura básica es muy similar a la de los embriones tempranos de animales más complejos (hoy diríamos, claro está, “más evolucionados”). Cuando vuelve a casa en 1850 se convierte en miembro de la Royal Society. No está mal para alguien que sólo fue al colegio hasta los diez años, ¿eh?

Dibujo de Huxley de una aborígen australiana
Esbozo de Huxley de una mujer australiana, realizado durante el viaje en el HMS Rattlesnake.

Pero es que la cosa no acaba ahí: un año más tarde recibe la medalla de oro de la Royal Society y es elegido miembro de su Consejo de dirección (el famoso Council). Aunque seguiría siendo oficialmente miembro de la Armada hasta 1854, ya no vuelve a realizar viajes, pero sí continúa examinando especímenes traídos de mares lejanos. En los años posteriores a su viaje en el Rattlesnake Huxley publica un buen número de artículos sobre diversos invertebrados marinos, desde gusanos tunicados hasta cefalópodos y rotíferos. Probablemente no hay un experto similar en invertebrados marinos en el siglo XIX, pero es un honor que, en mi opinión, tiene poca importancia al lado de la influencia de Huxley en otros campos.

Es en esta segunda parte de su vida, a la vuelta del viaje y ya con un reconocimiento a sus conocimientos y capacidad, que Huxley se convierte en un auténtico paladín de la ciencia en la Inglaterra victoriana. Recibe diversos honores y desempeña cargos excelsos en varias instituciones, y utiliza su influencia y su capacidad de debatir y convencer para extender la educación científica todo lo que puede; en cierto sentido, trata de otorgar a otros lo que él tuvo que buscarse por su cuenta. No creo que la importancia de Huxley sea debidamente reconocida fuera de Gran Bretaña, pero juzga tú mismo.

Para empezar, en tiempos de Huxley los estudios universitarios en biología eran muy escasos, y no había títulos en esa disciplina como tal ni en su país ni fuera de él. Sí existían, por supuesto, títulos en medicina, y todos los biólogos de la época –incluido el propio Huxley– se habían formado en la Universidad como médicos. A su muerte, casi todas las universidades británicas disponían de cátedras de biología. No estoy exagerando si digo que Huxley es el principal responsable de este cambio. Sus ideas acerca de la Universidad, sin embargo, van mucho más allá de ese campo en particular, y comparar su ideal con la Universidad real de su tiempo (¡o el nuestro!) da que pensar. No te pierdas la mención del aprendizaje, no ya del conocimiento, sino de los medios para adquirirlo por uno mismo:

En una Universidad ideal, como yo la concibo, debería ser posible ser instruido en todas las formas del conocimiento, y ser entrenado en el uso de todos los métodos por los que se obtiene ese conocimiento. En una Universidad así, la fuerza del ejemplo vivo debería prender en el alumno una ambición noble de emular el aprendizaje de los hombres sabios, y seguir los pasos de los exploradores de los nuevos campos del conocimiento. Y el mismo aire que respira debería estar cargado con ese entusiasmo por la verdad, ese fanatismo por la veracidad, que es una posesión más grande que muchos conocimientos; un regalo más noble que el poder de aumentar el conocimiento; tanto más grande y más noble que éstos como la naturaleza moral del ser humano es mayor que la intelectual; porque la veracidad es el corazón de la moralidad.

Pero su influencia fue mucho más allá del mundo universitario.

Huxley era de la opinión de que era absurdo encerrar el conocimiento científico en la Universidad: era esencial formar al gran público, y era evidente que existían muchas personas que, sin tener títulos en ninguna ciencia, sí tenían interés por conocer la realidad de las cosas a un nivel mayor que el que era posible enseñar en las escuelas. Vamos, que Huxley era un proponente temprano del “Antes simplista que incomprensible”, y logró su propósito, ¡vaya si lo logró!

La principal manera en la que consiguió llegar al gran público fue a través de artículos en periódicos y revistas: escribía en varios de ellos, a menudo versiones simplificadas de algunas de sus clases, y generaba un gran interés. Por supuesto, estamos hablando de la segunda mitad del siglo XIX, de modo que Huxley tiene mucho más mérito que los divulgadores modernos, que escriben para un público en su mayor parte receptivo. ¿Recuerdas la polémica tremenda y los miedos diversos que mencionamos al hablar de los textos evolucionistas en el artículo anterior? Asómbrate entonces ante el título de uno de los artículos de Huxley en la Fortnight Review, e imagina la reacción de la gente al leerlo: “La base física de la vida”. Con un par.

En ese artículo, Huxley explica cómo los procesos microscópicos en las células vivas no se deben a una “acción vital” sobrenatural, sino simplemente a (cito) “el resultado de las fuerzas moleculares del protoplasma”. Sí, ya sé que hoy esto resulta una perogrullada, pero entonces era una afirmación revolucionaria. El número de la Fortnight Review en el que aparecía el artículo de Huxley fue impreso siete veces. Huxley fue apodado “el Doctor Protoplasma” por las revistas satíricas, pero eso no es lo que me parece más admirable; lo increíble es que, en pleno siglo XIX, el gran público inglés debatía utilizando la palabra protoplasma como si tal cosa. Y, aunque muchos oían cosas que no querían oír, eran cosas que necesitaban ser dichas, y hacía falta alguien con la valentía necesaria para hacerlo en una época en la que, como dijimos en la entrada anterior, los pseudónimos en los artículos científicos polémicos eran algo normal debido al miedo.

Huxley fundó también un club (los ingleses de la época estaban realmente obsesionados con formar clubs), el Club X, que era algo así como la Patrulla X de la Ciencia. Sus miembros pertenecían, todos menos uno, a la Royal Society, y cenaban juntos semanalmente justo antes de las reuniones del Consejo rector de la Royal Society, para poner en común estrategias que promovieran su particular visión de la ciencia –que son básicamente las mismas que tenemos hoy en día, pero no las que había entonces dado lo retrógrado de los “altos mandos” en todos los estamentos–. Esto puede sonar conspiratorio (reuniones en una cena antes de la discusión en un organismo público), porque… bueno, porque lo era. El hecho de que el Club X tuviera fines altruistas –fundamentalmente el avance de la educación científica formal y no formal– no lo hace menos siniestro. Desconozco los detalles y, evidentemente, no estaba en las reuniones de estos individuos, pero se trata del único episodio que conozco de la vida de Huxley en el que su actitud no me parece admirable.

Sí es admirable uno de los frutos del Club X: sus miembros pusieron todos sus empeños en lograr una revista científica que popularizase la ciencia, y lo intentaron en varias ocasiones con diversas publicaciones y editores. Todos sus intentos fracasaron hasta el último: Norman Lockyer se convirtió en el editor de la revista Nature, y casi todos los artículos de los primeros números estaban firmados por miembros del Club X de Huxley. Creo que no hace falta que explique la importancia de Nature en la divulgación científica del siglo XX, pero tal vez no conocieras el papel de Huxley en el asunto, una vez más impulsando la divulgación científica de una forma revolucionaria para su época. En 1925 la revista dedicó un número entero a Huxley en el centenario de su nacimiento.

Primer número de la revista Nature
Primer número de la revista Nature.

Claro, hoy en día Nature es una publicación reputadísima y aceptada por todo el mundo, pero en sus comienzos su carácter liberal y puntero la convertían en una revista muy polémica, y tenía muchos enemigos poderosos. Sus artículos generaban verdaderas llagas en los sectores más reaccionarios de la sociedad inglesa, y había abundantes y acaloradas discusiones sobre los descubrimientos publicados en ella.

Parte de los esfuerzos de Huxley y el Club X tenían que ver con la secularización de la Ciencia, y la distinción clara entre Ciencia y Religión; y esto no sólo en el ámbito universitario, sino también el escolar. Huxley perteneció al London School Board que determinaba la política educativa de los colegios de Londres, y se opuso fervientemente a la financiación pública de colegios religiosos (algo que sigue pasando hoy en día en muchos países, así que imagina por aquel entonces). Curiosamente, no se oponía a que se leyera la Biblia en los colegios en una forma revisada (que eliminase aquellos pasajes que fueran contradictorios con los descubrimientos científicos), pues consideraba que tenía un gran valor como herramienta educativa en la moral. Estés de acuerdo con él o no, creo que el hecho de que propusiera ambas medidas pone de manifiesto que elegía lo que consideraba mejor en cada caso, y no se dejaba llevar por fanatismos en uno u otro sentido.

Por si esto fuera poco para granjearse enemigos, Huxley también se dedicó a estudiar y discutir la relación entre el hombre y otros simios. Aunque, como dije en el artículo sobre el debate con Wilberforce, Huxley no estaba convencido de que Charles Darwin estuviera en lo correcto acerca de la evolución en todos sus aspectos, sí lo estaba de que existía una íntima relación entre la anatomía humana y la de otros animales, y de que esa relación era indicativa de una probable evolución del ser humano a partir de antecesores no humanos. En 1863, Huxley publica “Evidence as to Man’s Place in Nature” (”Pruebas sobre el lugar del hombre en la Naturaleza”). ¡Menudo título! Una vez más, la entereza y el valor de este hombre me sorprenden. Ojito a las ilustraciones del libro, que hablan por sí solas:

Ilustración de Huxley
Ilustración comparativa de los esqueletos de varios simios y el hombre, de la obra de Huxley.

Desde luego, a Huxley le caen palos desde todas partes, pero dispone de armas de sobra para defenderse: por un lado no es ningún advenedizo, su posición en la jerarquía científica británica es bien sólida. Por otra parte, como debería resultar evidente por su actuación en el debate con el obispo Wilberforce, era un orador consumado y utilizaba argumentos de una lógica aplastante, con lo que era muy difícil ganarle en una discusión ¡incluso aunque no tuviera razón, y en este caso la tenía! Finalmente, como he dicho antes, sus conocimientos de anatomía eran enormes; nadie durante el auge de su carrera conocía más anatomía comparativa que él.

Ya mencioné en el artículo anterior su particular batalla con Richard Owen, en la que Owen afirmaba que existen estructuras en el cerebro humano que no poseen los grandes simios, y cómo Huxley realizó disecciones públicas en las que mostró que Owen no estaba en lo cierto. A partir de entonces, los partidarios de un origen humano independiente de otros animales y de una diferencia fundamental entre el hombre y los grandes simios ya no podrían utilizar la existencia de órganos diferentes como argumento. Naturalmente, esto no quiere decir que Owen y los suyos aceptaran un origen común ni mucho menos: dirían entonces que el cerebro humano era muchísimo mayor que el de esos monos, una diferencia tan grande que no podía ser aceptada la explicación evolutiva para justificarla.

Thomas Huxley junto a gorila
Huxley, junto al dibujo del cráneo de un gorila. Mejor con patillas, ¿verdad?

¿La respuesta de Huxley a la segunda argumentación? El examen de un cráneo de Neanderthal descubierto en 1857 y su estimación sobre la capacidad craneal y el tamaño del cerebro de su dueño: no existía tal abismo en el tamaño del cerebro entre el hombre y otros seres. A lo largo del tiempo se hizo evidente que había una verdadera gradación en la capacidad cerebral de diversas especies pre-humanas, y Huxley desempeñó un papel importante en la investigación y la divulgación de nuestra relación con otros animales; tal vez no tan importante como la de Darwin, pero me atrevo a decir que sin Huxley las ideas de su amigo no hubieran sido aceptadas con tanta rapidez y de forma tan extensa, especialmente en lo que se refiere al origen del ser humano.

Esto no quiere decir, sin embargo, que Huxley estuviera de acuerdo con Darwin en todo, ni que las teorías de Darwin lo convencieran enteramente. La disposición de Huxley ante todo en la vida era la del escepticismo: si consideraba que existían pruebas convincentes de algo, lo aceptaba; si existían pruebas de lo contrario, lo rechazaba; si no había una cosa ni la otra, o se inclinaba prudentemente por la opción que mejor se ajustaba a los hechos o se limitaba a no tener una opinión al respecto. Espero que seas consciente de que esta actitud, por más razonable que parezca hoy en día, no lo era entonces en absoluto.

Respecto a la evolución, Huxley consideraba que no había pruebas suficientes para concluir que Darwin estaba en lo cierto. ¿Por qué se convirtió en su “bulldog” entonces? Por esa misma actitud escéptica, que hacía la teoría de Darwin la menos mala de todas las existentes, más aún si se la comparaba con los argumentos de Wilberforce y similares, contaminados por superstición e irracionalidad.

La anatomía comparativa, en la que Huxley era el experto incuestionable, proporcionaba un enigma: debía necesariamente haber una razón por la que había estructuras tan similares entre todos los seres vivos, y por la que las similitudes eran mayores entre unos y otros, y entre unas etapas del desarrollo embrionario y otras. ¿Por qué los fetos de vertebrados se parecían de manera tan extraordinaria a seres aparentemente tan dispares como los cnidarios? No existía una explicación científica mejor que la de Darwin, de modo que Huxley hizo lo que cualquier científico que se precie haría: aceptar la mejor teoría disponible, con reticencias, hasta que se encuentre otra que se ajuste mejor a los hechos. Si Huxley hubiera vivido unas cuantas décadas más y conocido la existencia del ADN y las mutaciones, es posible que no hubiera tenido tantas dudas, pero estoy convencido de que hubiera mantenido su posición de “acepta lo mejor que tengas hasta que tengas algo mejor”, pues era su filosofía de vida.

De hecho, Huxley es el primer agnóstico con ese nombre… porque fue él quien creó ese nombre. Podrías pensar que, dadas sus interminables discusiones con religiosos como Wilberforce y sus empeños por secularizar la ciencia, Huxley sería un ateo convencido. Pues no: serlo, en su opinión, sería tan irracional como creer en un Dios del que no hay pruebas empíricas. De hecho, cuando un sacerdote comparó sus ideas sobre el origen del hombre con el positivismo de Comte, Huxley contestó que el positivismo “no es más que Papismo con M. Comte en la silla de San Pedro, y con los nombres de los santos cambiados”.

Huxley al final de su vida
Huxley, hacia el final de su vida.

En resumen, Huxley dudaba. De todo, todo el tiempo. Su actitud era exactamente lo contrario de la fe: pero no sólo de la fe religiosa en un Dios Creador, sino de cualquier actitud de convicción similar, incluido el ateísmo, ya que cualquier respuesta indudable a cuestiones metafísicas, por definición, no puede ser demostrada mediante pruebas físicas. En sus propias palabras, que son más claras que cualquier explicación que pueda escribir ahora (énfasis mío),

Cuando alcancé la madurez intelectual y empecé a preguntarme si era ateo, teísta o panteísta; materialista o idealista; cristiano o librepensador; descubrí que cuanto más aprendía y reflexionaba, menos preparado me sentía para responder; hasta que, al fin, llegué a la conclusión de que no tenía arte ni parte en cualquiera de esos términos, excepto el último. La única cosa en la que todos ellos estaban de acuerdo era la única cosa en la que yo me diferenciaba de todos ellos. Todos estaban seguros de que habían alcanzado una cierta gnosis — habían resuelto, más o menos satisfactoriamente, el problema de la existencia; mientras que yo estaba bastante seguro de que no lo había logrado, y tenía una convicción bastante fuerte de que el problema era insoluble. Así que me puse a pensar, e inventé un término que me pareció adecuado, el de “agnóstico”. Me pareció sugerentemente opuesto al “gnóstico” de la historia de la Iglesia, que afirmaba saber tantas cosas de aquello que yo ignoraba.

Lo más curioso de todo es que, aunque nunca había leído antes fragmentos de Huxley, una de sus citas se parece sorprendentemente a una idea que he repetido muchas veces en El Tamiz. No pretendo compararme a Huxley, ¡ni muchísimo menos!, pero si eres tamicero añejo seguramente estás hasta las orejas de que repita cosas como “en un conflicto entre tu razón y tu intuición, haz caso de la razón”“razón > intuición”. En palabras de Huxley de su libro“Agnosticismo”, de 1889:

En asuntos de intelecto, sigue a tu razón tan lejos como te lleve, sin importar cualquier otra consideración. Y de modo opuesto: en asuntos del intelecto, no afirmes que hay conclusiones seguras que no sean demostrables y estén demostradas.

Otra cita más humorística, pero no menos reveladora:

No demasiado lejos de la invención del fuego… debemos valorar la invención de la duda.

Como en el caso de Tsiolkovsky, leer sobre Huxley me parece inspirador, de modo que, si dominas la lengua de Shakespeare, te recomiendo encarecidamente que leas algunas de sus obras, especialmente su autobiografía y sus ensayos más filosóficos — todas ellas tienen tantos años que están disponibles de forma libre y gratuita, y las enlazo más abajo.

No muchos hubieran tenido las agallas de publicar dibujos como el de arriba con la comparación entre los esqueletos de un chimpancé y un ser humano, o de utilizar un cráneo de Homo neanderthalensis sólo cuatro años después de la publicación de “Sobre el origen de las especies”Pero hablando del Homo neanderthalensis…

Para saber más:

fuente: http://eltamiz.com/2009/04/07/thomas-henry-huxley/

El debate Huxley-Wilberforce

Archivado en: Ciencia, Creacionismo, Darwin, Teología, Teoría de la Evolución — Etiquetas:, — pauloarieu @ 10:33 pm

El debate Huxley-Wilberforce

A lo largo del siglo XIX, diversas teorías postularon lo que muchos denominaron transmutación de unas especies en otras: según estos científicos, las especies no eran inmutables, sino que las similitudes entre unas y otras se debían a antecesores comunes. Muy diversas versiones de estas ideas fueron apareciendo, y no vamos a detallarlas aquí, pues no es el objetivo de este artículo; sin embargo, sí quiero resaltar el clima hostil que había, por aquel entonces, hacia esas teorías, utilizando un ejemplo: el de Robert Chambers y su Vestigios de la Historia Natural de la Creación.

Robert Chambers
Robert Chambers (1802-1871).

Chambers era miembro de la Geological Society de Londres, y sus estudios de geología, junto con lo que había leído sobre la transmutación de especies, le habían llevado a la conclusión de que todo lo que hoy vemos era el resultado del cambio a partir de formas anteriores más primitivas: se trataba de una teoría evolutiva, pero no sólo biológica, sinocósmica. Combinaba la teoría nebular de la formación del Sistema Solar con aspectos de geología, botánica, zoología…, y todo giraba alrededor del cambio hacia la perfección (que, dado el momento y lugar de la concepción de la teoría, era el hombre blanco europeo, pero bueno, ya se sabe, todos siempre somos los mejores).

En 1844, Chambers publica sus teorías en un libro, Vestiges of the Natural History of Creation (Vestigios de la Historia Natural de la Creación); sin embargo, como todos sus contemporáneos con ideas parecidas, es perfectamente consciente de que hacer sus ideas públicas conllevaría el ostracismo, los constantes ataques de las figuras de autoridad científicas y religiosas (en muchos casos, las mismas personas) y, en general, multitud de problemas para sí mismo y su familia. Como digo, quiero emplear este ejemplo para que te des cuenta de hasta dónde la discusión sobre la evolución no era en aquel entonces algo libre.

En primer lugar, Chambers publica su libro de forma anónima. No sólo eso: para que el editor del libro en Londres no pudiera saber que Chambers era el autor por su letra manuscrita (Chambers era ya un autor conocido), una vez hubo escrito el libro se lo dio a su mujer para que ella lo transcribiera de su propio puño y letra. A continuación, los Chambers enviaron el manuscrito desde Escocia, donde vivían, a un amigo que vivía en Manchester, Alexander Ireland. Éste, a su vez, envió el manuscrito al editor de Londres: de este modo el sello mostraría que la carta provenía de Manchester, haciendo aún más difícil trazar el origen de la obra hasta Chambers. Naturalmente, la correspondencia durante el período de corrección previo a la publicación del libro se hizo siempre a través de Ireland: éste recibía las cartas de Londres y las enviaba a los Chambers y viceversa. Sólo cuatro personas conocían la verdadera identidad del autor de Vestigios de la Historia Natural de la Creación además de Chambers, y su autoría sólo se hizo pública en 1884 (cuarenta años después de su publicación), cuando el propio Alexander Ireland publicó una edición que mostraba, por fin, el nombre de Robert Chambers como autor.

Digo esto para que valores aún más el coraje de Huxley y sus correligionarios cuando se enfrentaron a las autoridades científicas y religiosas de la época en el debate que describiré después: había que tener lo que había que tener para alzar la voz a favor de una teoría evolutiva; Chambers, por ejemplo, no lo tenía, de modo que publicó anónimamente, pero es difícil culparlo, pues actuar de otro modo podría haber supuesto que perdiese todo su prestigio y que su familia –sobre todo, si era religiosa– se preguntase cómo podía haber caído tan bajo.

El problema más grave de las teorías de este tipo (y hubo muchas antes y después de Chambers, incluida la más famosa de todas, la de Charles Darwin) era que ponían en peligro la justificación divina del orden establecido; de ahí que, en general, los conservadores se opusieran con uñas y dientes a ellas, mientras que los liberales las aceptaran. Es una simplificación muy común decir que la Iglesia Anglicana se opuso a las teorías de la transmutación o, como se denominaron después, evoluciónmuchos sacerdotes anglicanos las aceptaron de buen grado y no consideraron que significasen la negación de un Creador. Otros, desde luego, consideraban que se trataba de blasfemias de la peor clase — una vez más, el ala más liberal de la Iglesia Anglicana tendía a aceptar las teorías de Chambers y compañía, mientras que el ala más conservadora las rechazaba.

La cuestión era, por supuesto, que la mayor parte de las autoridades científicas y religiosas en la Inglaterra victoriana eran fuertemente conservadoras, con lo que la reacción a cualquier teoría que oliese a “evolución” era realmente agresiva: de ahí las precauciones de Chambers. Podríamos pensar hoy que el geólogo se pasaba de paranoico, pero la verdad es que al libro le cayeron palos desde todas partes, y hubo incluso una cierta “caza de brujas” tratando de descubrir quién era el malnacido que lo había escrito. De hecho, el nombre de Chambers apareció entre muchos otros como sospechoso, pero afortunadamente para él no fue descubierto. Sin embargo, date cuenta de lo terrible que es lo que estoy diciendo: fue un sospechoso, y trataba de descubrirse al culpable de haber escrito el libro.

Una de las figuras más notables que se opusieron al libro de Chambers fue el obispo Samuel Wilberforce (sí, uno de los nombres del debate, pero a eso llegaremos luego). Sí, Wilberforce era sacerdote, pero una vez más, muchas de las ideas modernas sobre estos debates nos hacen pensar que se trató de ignorantes religiosos contra educados ateos y agnósticos, algo que no es cierto. Se trataba en este caso de una persona con una buena educación científica: de hecho, era miembro de la Royal Society y tomaba parte a menudo en discusiones y debates de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia (que, por cierto, sigue existiendo hoy). Además, el obispo Wilberforce era un orador excepcional, algo muy valorado en la Inglaterra de la época, en la que los debates públicos eran muy comunes. Wilberforce tenía armas oratorias muy eficaces, y era capaz de retorcer un argumento hasta convencer a la gente de su postura de maneras muy sinuosas: no en vano lo llamaban Soapy Sam (Sam el Jabonoso), en parte por su hábito de frotarse las manos mientras hablaba, y en parte por lo resbaloso que era al debatir. Benjamin Disraeli lo describió como“untuoso, oleaginoso, saponáceo”.

Samuel Wilberforce
“Sam el Jabonoso”, Samuel Wilberforce (1805-1873).

En 1847, en un sermón ante una congregación de científicos (se trataba de una misa durante uno de los encuentros de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia), Wilberforce atacó ferozmente al libro de Chambers –sin saber, por supuesto, que se trataba de él–. Wilberforce utilizó argumentos racionales y emocionales para desacreditar las ideas de“Vestigios…” (que tenía, por cierto, agujeros bastante notables que el propio Darwin criticó en sus obras), y la gente quedó realmente impresionada por lo sólido y cortante de su discurso. Aunque no tenemos, por supuesto, una transcripción de su sermón, la impresión general parece haber sido que Wilberforce propinó un mazazo considerable a las teorías de la transmutación natural.

Desgraciadamente para él y quienes lo apoyaban, la cosa no había terminado ahí. Unos años después, en 1859, se publica Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, de Charles Darwin. Las teorías de Darwin son de una solidez y contienen una cantidad de evidencias científicas que convierten al libro de Chambers en una broma, pero desde luego tienen cosas en común — como la idea de que el ser humano y los monos tienen ancestros comunes. Naturalmente, los altos estamentos de la Ciencia y la Iglesia inglesas atacan las teorías de Darwin sin dilación, y las facciones más liberales de ambas defienden la teoría apasionadamente. Darwin, que sufre de mala salud, no toma parte en discusiones ni debates, aunque lee con interés las críticas a su obra y los relatos de debates posteriores.

Richard Owen
Richard Owen (1804-1892). ¡No me digas que no tiene cara de malo!

Uno de los críticos más feroces de “Sobre el origen…” es Richard Owen, eminente biólogo y paleontólogo (el creador del término dinosaurio). Owen escribe una crítica anónima en el Edinburgh Review en la que se opone de una manera realmente agresiva a las teorías de Darwin. No sólo eso — además, se pone en contacto con Wilberforce y lo azuza y lo informa para que éste escriba otra crítica negativa en el Quarterly Review, ya que los poderes de persuasión de Wilberforce superan con mucho a los del propio Owen. Según él, existen diferencias anatómicas tan evidentes entre, por ejemplo, el cerebro de un gorila y el de un hombre (pues el del gorila no tiene hipocampo, además de otras estructuras, y el del hombre sí) que es imposible aceptar que ambos tienen un ancestro común — el hombre es único y diferente de todos los animales. Wilberforce está, desde luego, de acuerdo con él. Por cierto, si sabes de anatomía y te has echado las manos a la cabeza porque el cerebro del gorila  tiene hipocampo, espera unos cuantos párrafos.

Otros clérigos de la época, por el contrario, apoyan a Darwin. Charles Kingsley, por ejemplo, afirma que se trata de “una concepción igualmente noble de Dios”, al considerar que un Creador que pone en marcha el proceso evolutivo es tan aceptable para el Anglicanismo como uno que crea las especies tal y como son hoy. Otros sacerdotes, como Baden Powell, van incluso más allá: según ellos creer en milagros es una forma de ateísmo, pues suponen la ruptura de las leyes divinas, mientras que la evolución no lo hace. Como puedes ver, tanto dentro de la comunidad científica como de la religiosa –y ambas se encontraban íntimamente entrelazadas– la cosa despertaba pasiones.

Desgraciadamente, Darwin no podía defender sus ideas: además de su delicada salud, su temperamento no se prestaba a ello. Afortunadamente para él había otros que simpatizaban con sus teorías y sí tenían la salud y la disposición necesarias para convertirse en los “paladines de la evolución”. El más famoso de ellos era el primer nombre del debate, el conocido como “bulldog de Darwin”: Thomas Henry Huxley. La vida y las ideas de Huxley son realmente interesantes y hablaremos más en profundidad de ellas en la serie, pero en lo que nos afecta hoy, se trataba de un individuo que combinaba varias cualidades que lo hacían el defensor perfecto de Darwin. En primer lugar, se trataba de alguien con una gran formación científica, especialmente en anatomía y fisiología. En segundo lugar, era alguien muy cercano a Darwin y que estaba realmente convencido de que sus teorías eran la mejor explicación de lo que podemos observar (algo que no había sucedido con las de Chambers ni Lamarck, a las que Huxley se había opuesto ferozmente por falta de solidez). Finalmente, se trataba de un orador inteligente y persuasivo, aunque no era considerado ni de lejos rival para Sam el Jabonoso, desde luego, y tenía la suficiente valentía como para mostrarse públicamente a favor de la teoría de Darwin (algo que Chambers nunca hubiera podido hacer).

Thomas Henry Huxley
El “bulldog de Darwin”, Thomas Henry Huxley (1825-1895).

Como puedes ver, la situación es hasta cierto punto simétrica: las dos “figuras pensantes” son Owen y Darwin, que representan las posturas encontradas de la ciencia de la época. Sin embargo, ni uno ni otro son grandes oradores, y ambos se convierten en mentores de sus paladines, Wilberforce y Huxley, que son quienes se enfrentan a la luz pública. Sin embargo, Owen (que era bastante más malévolo que Darwin) atacaría luego a Huxley directamente de varias maneras, y éste respondería expeditivamente. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos.

El 28 de Junio de 1860 tanto Wilberforce como Huxley formaban parte de una reunión de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia en la que un autor, Charles Daubeny, leyó uno de sus artículos en los que se mencionaba la teoría de Darwin. Huxley, Owen y otros se enzarzaron en una breve discusión acerca de la evolución, pero la cosa quedó en agua de borrajas; Huxley decidió contestar a los argumentos de Owen por escrito con pruebas científicas, y se negó a seguir discutiendo. Sin emabrgo, el obispo Wilberforce –que parece no haber estado presente ese día– decidió dirigirse a los miembros de la Asociación dos días después, el sábado 30 de Junio, para explicar por qué la teoría de Darwin no se sostenía.

Al principio parece que Huxley no tenía demasiadas ganas de entrar en un debate con Wilberforce, pero otros partidarios de Darwin lo convencieron. Uno de ellos fue, irónicamente, Robert Chambers, que todavía no había tenido lo que hay que tener para revelarse como el autor de “Vestigios…” pero al mismo tiempo azuzaba a otros para que defendieran públicamente la evolución. El caso es que, al final, Huxley accedió a salir a la palestra el sábado y discutir con Wilberforce, a pesar de la gran reputación de éste último: prácticamente todo el mundo esperaba un nuevo mazazo a la evolución como el que había propinado el obispo de Oxford trece años antes en su sermón contra la obra de Chambers.

Es difícil saber con exactitud lo que sucedió durante esos días, porque todo lo que conocemos es a través de los escritos posteriores de los participantes, y como te puedes imaginar no se trata de relatos imparciales. Sin embargo, parece ser que ambas partes eran conscientes de la importancia del debate del sábado: Owen se reunió con Wilberforce la noche anterior para aleccionarlo, y Huxley discutió con Joseph Dalton Hooker y otros allegados a Darwin cómo defender sus teorías.

Charles Darwin
Charles Darwin, el “núcleo ausente” del debate (1809-1882).

Owen –quien, como he dicho antes, era bastante malicioso– hizo que el presidente de la sesión del sábado fuera John Stevens Henslow, antiguo mentor de Darwin (fue él quien le presentó al capitán del HMS Beagle en el que haría su famoso viaje), quien ahora se oponía a las ideas de “Sobre el origen…”. De ese modo parece que Owen pretendía que el golpe a Darwin y Huxley fuera aún más estrepitoso. En cualquier caso, ambas partes se presentaron en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford listos para el debate — curiosamente, el objetivo oficial de la reunión era escuchar la lectura del artículo de John William Draper “Sobre el desarrollo intelectual de Europa, considerado como referencia de las ideas del Sr. Darwin y otros de que la progresión de los organismos viene determinada por una ley” , pero todo el mundo sabía que cuando acabase la lectura se desenvainarían las espadas retóricas.

En efecto, parece ser que Draper hizo una lectura larga y aburrida de su artículo y, por fin, empezó la verdadera discusión. Tras breves intervenciones de figuras menos importantes, el reverendo Wilberforce tomó la palabra y bordó una de sus emotivas y jabonosas diatribas, cuidadosamente preparada con anterioridad. Por los relatos de los presentes, parece ser que se trató de un discurso eficaz pero que, al ser muy difícil descartar la teoría de Darwin con la misma facilidad que podía hacerse con otras menos sólidas empíricamente (como la de Chambers), se centraba en marear la perdiz, en acusaciones personales y en la lisa y llana manipulación de las emociones para tratar de llevarse el público a su lado sin argumentos racionales.

Al parecer, en el conato de debate entre Huxley y Owen de unos días antes, Huxley había afirmado algo del estilo de quelo importante eran la verdad y los hechos, y que para él no significaría nada personalmente conocer que uno de sus ancestros había sido, por ejemplo, un gorila. De manera que Wilberforce terminó su discurso el sábado haciendo una broma al respecto, para convertir a Huxley en objeto de burla (las bromas sobre los evolucionistas y los monos eran muy frecuentes entonces), haciendo una pregunta a Huxley que pasaría a la posteridad y que Wilberforce probablemente lamentaría más adelante: ¿Preferiría entonces el Sr. Huxley descender de un mono por parte de padre o por parte de madre?

Darwin, el mono
Caricatura de Darwin como un mono, algo habitual en la época.

La chanza fue probablemente no planeada, y algo torpe: francamente, impropia de un orador como Wilberforce. La cuestión es que, en la época, muchos debates se ganaban o perdían, no por la solidez de los argumentos, sino por la habilidad de manipular las emociones del público a uno u otro lado, y parece que el obispo de Oxford no pudo evitar terminar su discurso con un intento de lograr precisamente eso. Sin embargo, como digo, fue una torpeza, y Huxley lo sabía. Parece ser que, según Wilberforce soltaba su pregunta bromista y el público rompía en carcajadas, Huxley susurró a Benjamin Brodie (el Presidente de la Royal Society), que estaba sentado a su lado: “El Señor me lo acaba de poner en las manos”.

La respuesta de Huxley, aunque también es retórica y trata de crear emociones, es de una calidad muy superior, en este caso, a la del afamado orador Wilberforce. Lo mejor es que leas el relato de una de las personas que se encontraban allí, escrito menos de un mes tras su celebración. Se trata de las palabras del zoólogo y ornitólogo Alfred Newton (énfasis mío):

En la Sección de Historia Natural tuvimos otro apasionado debate darwiniano [...] Tras [largos preliminares] Henslow pidió a Huxley que expusiera sus ideas con más extensión, y esto hizo que hablase el obispo de Oxford [...] Refiriéndose a lo que Huxley había dicho dos días antes, sobre que al fin y al cabo no le importaría saber si descendía de un gorila o no, el obispo se mofó de él y le preguntó si tenía preferencia por descender de él por parte de padre o de madre. Esto dio a Huxley la oportunidad de decir que antes preferiría ser familia de un simio que de un hombre como el propio obispo, que utilizaba tan vilmente sus habilidades oratorias para tratar de destruir, mediante una muestra de autoridad, una discusión libre sobre lo que era o no verdad, y le recordó que en lo que se refiere a las ciencias físicas la “autoridad” siempre había acabado siendo destronada por la investigación, como podía verse en los casos de la astronomía y la geología. A continuación atacó los argumentos del obispo y mostró cómo no se correspondían con los hechos, y cómo el obispo no sabía nada de lo que había estado hablando. Mucha gente habló después [...] La impresión de los asistentes fue muy contraria al obispo.

La cortante respuesta de Huxley impresionó tanto al público que, de acuerdo con algunos testimonios, Lady Brewster se desmayó literalmente. Los partidarios de Darwin, incluidos los pastores anglicanos liberales, jalearon el discurso de Huxley con pasión (el reverendo Baden Powell no estaba allí pues, desgraciadamente, había muerto unos días antes). Las emociones del público habían sido, efectivamente, dirigidas con habilidad… pero no por Wilberforce, sino por Huxley, que había quedado como un honrado investigador insultado por el ruin Wilberforce (sí, algo hasta cierto punto cierto, pero utilizado con astucia por Huxley).

Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford
La sede del debate, el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. Crédito: Wikipedia/FDL .

No ayudó demasiado al bando conservador del debate el hecho de que el siguiente en hablar fuese Robert FitzRoy, el capitán del HMS Beagle, el navío en el que Darwin había realizado su famoso viaje. FitzRoy hizo un breve y burdo discurso en el que levantó una gran Biblia frente al público, pidiéndoles que creyesen a Dios antes que al Hombre. Una petición que tal vez hubiera funcionado en otro entorno, pero prácticamente todos allí eran científicos (fueran clérigos o no), con lo que la impresión general fue ahora la de la intolerancia e ignorancia del bando de Wilberforce frente al del conocimiento y el racionalismo de Huxley.

El último en hablar fue otro partidario de Darwin, Hooker; no sabemos bien lo que dijo, pero en su propio testimonio de la reunión, Hooker afirma que fue él y no Huxley quien hizo callar a Wilberforce y quien, en resumidas cuentas, ganó el debate. Es difícil saberlo, pero teniendo en cuenta que es él mismo quien lo dice, no me parece un testimonio demasiado fiable, más aún cuando tantos otros ponen a Huxley como el ganador de la discusión.

Tras el debate se muestra la calidad humana de cada uno de los participantes y asistentes: Huxley y Wilberforce, aunque en desacuerdo, mantienen una relación cordial e incluso trabajan juntos en alguna ocasión. Desde luego, Wilberforce sigue pensando que es un orador sin parangón y que ha ganado el debate. Sin embargo, Owen no perdona a Huxley el haber “derrotado” a su paladín, y le guarda un gran rencor. Lo ataca de diversas maneras, diciendo que es “el defensor del origen del hombre en un mono transmutado” y afirmando una vez más que algunas estructuras del cerebro humano no se encuentran en los simios, con lo que las teorías de Darwin no se sostienen.

Huxley muestra, una vez más, su modo de hacer las cosas: en varias ocasiones realiza, junto con otros científicos, disecciones del sistema nervioso de varios simios (incluido el gorila), y allí está claro y meridiano el hipocampo que se suponía sólo existía en el hombre, junto con las otras estructuras que menciona Owen. No se trata ya de una diferencia de opinión ni de una confusión: Owen ha mentido, y Huxley lo muestra al mundo, destruyendo en buena medida el prestigio de su sibilino rival. Cuando Huxley entra a formar parte, un año después, del Zoological Society Council, Owen abandona la institución. Posteriormente, Huxley actúa para evitar que Owen entre en el Royal Society Council. Con el tiempo quien gana en esta rivalidad es, indudablemente, Huxley (y, con él, Darwin), pero el rencor entre ambas partes nunca desaparecería.

Como sabes, las cosas siempre se exageran con el tiempo, y no creo que este debate haya creado un antes y un después en la aceptación de las ideas de Darwin y sus partidarios; sin embargo sí parece haber sido un punto de inflexión, y en él aparece la tendencia inevitable de la ciencia en su propia evolución hacia su forma moderna — el rechazo al principio de autoridad, la primacía de la experimentación y los hechos, el desligamiento de la religión… No sólo eso, también se observa en él las diferentes reacciones desde la religión ante los avances científicos: algunos los aceptan de buen grado, mientras que otros consideran sus textos sagrados como una verdad última y literal que ninguna observación de la realidad puede cambiar. Y todo ello aderezado con una buena dosis de demagogia por ambas partes –más, todo hay que decirlo, por la de Owen–. ¡Quién hubiera podido estar allí!

Además se observa otra diferencia entre ambas partes: aunque tanto los seguidores de Owen como los de Darwin eran apasionados, la mayor parte de los de Owen no consideran la posibilidad de que Darwin tenga razón; es más, les produce verdaderos escalofríos sólo pensarlo. Sin embargo, el propio Huxley duda muchas veces de algunos aspectos de las teorías de Darwin, y a menudo le pide pruebas empíricas que Darwin no puede proporcionarle. De hecho, Huxley no está convencido de que la teoría de Darwin sea la verdad última — simplemente se trata de la mejor explicación de las que dispone en ese momento para describir los hechos observados. Huxley es, más aún para su época, un científico de verdad — y su vida y sus ideas son realmente interesantes. Pero hablando de Thomas Henry Huxley…

fuente:http://eltamiz.com/2008/12/09/el-debate-huxley-wilberforce/

Que descubrio el Rav. Kaduri?

Archivado en: Teología — pauloarieu @ 5:13 am

Poco antes de su fallecimiento, uno de los más prominentes rabinos de Israel, escribió el nombre del Mesías en una pequeña nota la cual pidió que se mantuviera sellada hasta después de su muerte. Cuando la nota fue abierta, reveló lo que muchos habían conocido por siglos: Yehoshúa o Yeshúa es el Mesías.

Rabí Yitzjak Kaduri nació en Bagdad, Irak, el año 1898 y murió 26 de Tevet del año 5766 (26 de enero del 2006),
fue un rabino ortodoxo sefaradí que practicó el judaísmo místico. El 9 Jeshvan 5764 (4 Noviembre del 2003)
Kaduri habló con el Mesías y durante su encuentro, el Mesías le reveló su nombre.
Kaduri después dijo a sus talmidim que les daría el nombre del Mesías, oculto en sus manuscritos.


A pocos meses de que muriera, uno de los más prominentes rabinos de la nación, Yitzjak Kaduri.
Supuestamente escribió el nombre del Mesías en una pequeña nota la cual requirió que se mantuviera cerrada hasta después de su muerte.

Cuando la nota quedó al descubierto al romper los sellos, mostró lo que muchos han conocido por siglos,
que Yehoshúa o Yeshúa, es el Mesías.


Usando el nombre bíblico de Jesús, o sea Yeshúa, este rabí cabalista describió al Mesías a través de seis palabras, ocultando el nombre del Mesías
en las letras iniciales de cada palabra. La nota secreta decía:



Concerniente a la carta abreviada del nombre del Mesías: “ÉL LEVANTARÁ AL PUEBLO Y PROBARÁ QUE SU PALABRA Y LEY ES VÁLIDA.
Esto lo firmé en el mes de misericordia,”
Yitzjak Kaduri

Lo que está resaltado en negrita con el nombre del Mesías oculto se traslitera en habreo así:

YARIM HA´AM VEYOKJÍAJ SHEDVARÓ VETORATÓ OMDIM

Las iniciales deletrean el nombre hebreo de Jesúa, Yehoshúa. Yehoshúa y Yeshúa son efectivamente, el mismo nombre,
derivado de la raíz hebrea ´Yeshuáh (salvación), como queda documentada en Zacarías 6:11 y Esdras 3:2


“Tomarás plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza de Josué (YEHOSHÚA), hijo de Josadac el sumo sacerdote” (Zacarías 6:11)

“Entonces Jesúa (YESHÚA), hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Salatiel, con sus hermanos,
se levantaron y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer holocaustos sobre él, como está escrito en la ley de Moisés, hombre de Dios”. (Esdras 3:2).


Describiendo el mismo sacerdote Yehoshúa ben Yozadak (YEHOZADAK), Esdras escribe “Yeshúa” y Zacarías escribe “Yehoshúa”.
La santa abreviación del nombre de Dios “HO” es añadida al nombre del padre del Cohén Gadol y al nombre de éste, YESHÚA.


No se entiende cuál fue la razón para que este prominente rabino deseaba que se esperara un año, después de su muerte,
antes de reveler lo que había escrito. Cuando encontraron el nombre de Yehoshúa en el mensaje de Kaduri, los judíos ultra ortodoxos
de su Najalat Yitzjak Yeshiva en Jerusalem, argumentaron que su maestro no había dejado la solución exacta para decodificar el nombre del Mesías.


Los medios israelíes dieron poca covertura a la revelación recibida, solamente los sitios web News First Class (NFC) y Kaduri.net mencionaron
“La Nota del Mesías”, insistiendo que era auténtica. El diario en hebreo Ma´ariv mencionó la nota, diciendo que era forjada.
Los lectores judíos respondieron a los foros de las páginas web con sentimientos mezclados “¿Es que Kaduri era cristiano?”…
“Los cristianos deben estar celebrando y danzando”…eran algunos de los comentarios.


Israel Today, que se edita en inglés, habló con dos de los seguidores de Kaduri, quienes admitieron que la nota era auténtica,
pero también muy confusa para sus seguidores, y uno de ellos afirmó: “no tenemos idea de cómo el Rabí obtuvo este nombre del Mesías”.
Mientras otros niegan la posibilidad que la nota sea auténtica. El hijo de Kaduri, Rabí David Kaduri dijo que en el tiempo en que la nota fue escrita
(septiembre del 2005), la condición física de su padre hacía imposible que la hubiera escrito.



¿Cómo retrataba Kaduri al Mesías?

Pocos meses antes de morir a los 108 años, Kaduri sorprendió a sus seguidores cuando les dijo que se había reunido con el Mesías.
Kaduri dio un mensaje de Yom Kipur en su sinagoga, enseñando cómo reconocer al Mesías, también dijo que el Mesías aparecería a Israel
después de la muerte de Ariel Sharón, el ex primer ministro quien se encuentra en estado de coma por un accidente cerebro vascular masivo (ACV)
desde hace más de un año. Otros rabinos han predicho lo mismo, incluyendo al Rabí Haim Cohén; al Cabalista Nir Ben Artzi y la esposa del Rabí Haim Kneiveskzy.


El bisnieto de Kaduri, Rabí Yosef Kaduri, dijo que su bisabuelo habló muchas veces durante sus últimos días,
acerca de la venida del Mesías y la redención a través del Mesías.


El retrato spiritual que Kaduri tenía del Mesías – reminiscencias de las narraciones del Nuevo Testamento –fueron publicados en los sitios web Kaduri.net y NFC.

“Es muy difícil para muchas personas buenas en la sociedad, entender la persona del Mesías.
El liderazgo de un Mesías de carne y sangre, es difícil de aceptar para muchos en la nación.
Como líder, el Mesías no ejercerá ninguna profesión, pero estará en medio de las personas y hará uso de los medios de comunicación.
Su reino será puro y sin deseos personales o políticos, durante su gobierno solamente reinará la rectitud y la verdad”.


“¿Creerán todos en el Mesías inmediatamente? No. al comienzo algunos de nosotros creerán y otros no creerán, será más fácil a los no religiosos
seguir al Mesías, más que al pueblo Ortodoxo.


“La revelación del Mesías será cumplida en dos etapas: Primero, confirmará activamente su posición de Mesías,
sin saber el mismo que es el Mesías. Después se revelará a algunos judíos, no necesariamente a sabios en la Torá,
lo hará aun a personas simples. Solamente entonces, se revelará a toda la nación – el pueblo se maravillará y dirá
¿Qué? ¿Este es el Mesías? Muchos han conocido su nombre, pero no han creído que él es el Mesías.”


ADIOS A UN TZADIK

Rabí Yitzjak Kaduri fue conocido por su memoria fotográfica y su memorización de la Biblia, el Talmud, Rashí y otros escritos judíos.
Conoció a los sabios judíos y celebridades del último siglo que vivieron en la Tierra Santa y guardaron la fe viva antes que naciera el
Estado de Israel. Kaduri, no solo fue estimado por causa de su edad de 108 años. Fue carismático y sabio y los principales rabinos
lo miraban como a un Tzadik, un hombre justo y santo, que asesoraba y bendecía a todo el que lo buscara, miles de personas le visitaban
buscando consuelo y sanidad. Sus seguidores hablan de muchos milagros y sus discípulos afirman que predijo muchos desastres.


Más de 200.000 personas se unieron a la procession de su funeral en las calles de Jerusalén para rendir tributo antes de que fuera llevado a su lugar de reposo final.

“Cuando venga, el Mesías rescatará a Jerusalén de las religiones extranjeras que quieren gobernar la ciudad“ Kaduri una vez dijo
, “…no lo lograrán, porque ellos se enfrentarán antes, uno contra el otro”


LA REACCIÓN DE LOS RABINOS


En una entrevista con Israel Today, Rabí David Kaduri, el hijo de 80 años del Rabí Yitzjak Kaduri, negó que su padre dejara la nota con el nombre
de Yeshúa antes de morir.

“Ese no es su escrito”, dijo cuando le mostramos una copia de la nota.

Durante una reunión anoche en la Najalat Yitzhak Yeshiva en Jerusalem, libros con manuscritos del anciano Kaduri desde hace 80 años,
nos fueron mostrados en un intento de probar que “la nota del Mesías”, no era auténtica.


Cuando le dijimos al Rabí Kaduri, hijo del Rabino Yitzjak Kaduri, que el sitio web oficial de su padre (www. Kaduri.net)
había mencionado la “nota del Mesías” quedó sorprendido, expresando “iNo puede ser, eso es una blasfemia que el pueblo
vaya a entender que mi padre lo señaló a él (a Jesús)!“


David Kaduri confirmó, desde luego, que en su último año su padre había hablado y soñado, casi exclusivamente sobre el Mesías y su venida.
“Mi padre se reunió con el Mesías en una visión” y nos dijo que “vendría pronto”.


Israel Today tuvo acceso a muchos de los manuscritos del anciano rabino que eran usados exclusivamente por sus discípulos. 
Lo más asombroso, es que los manuscritos presentan muchas marcas que parecen cruces pintados por Kaduri en las distintas páginas.
En la tradición judía no se usan cruces, incluso el símbolo de suma (+) no se utiliza, para evitar confundirlo con una cruz cristiana.


Pero estas fueron marcas escritas con la propia mano del rabí, cuando preguntamos al Rabí David Kaduri sobre el significado de esas marcas
nos respondió que eran “las marcas del ángel” y no tenía idea sobre el significado de las mismas.
También explicó, que solamente en la relación espiritual de su padre con Dios, pudo haberse reunido con el Mesías en sueños.


Judíos ortodoxos de Najalat Yitzjak Yeshiva declararon a Israel Today unas pocas semanas después que la historia acetrca de la nota secreta
de rabí Kaduri, nunca debió salir de la Yeshiva y que este asunto había dañado al reverenciado sabio.


(Tomado de Israel Today)

http://www.elvinonuevo.org/kaduri.html

Recordando a Tammy Faye Bakker Messner

Archivado en: Temas de actualidad — Etiquetas: — pauloarieu @ 1:46 am

Recordando a Tammy Faye Bakker Messner

tammy faye bakker messner

Tammy Faye y Jim Bakker en el Club PTL

Desde 1976 hasta 1987, junto a su primer esposo Jim Bakker, esta encantadora personalidad de la televisión cristiana era la anfitriona del programa PTL Club con un audiencia de millones. Infortunadamente este ministerio terminó con irregularidades fiscales y escándalo sexual. Sin embargo quisiera recordar los mejores tiempos cuando Tammy Faye fue de inspiración para muchas mujeres, especialmente la mujer pentecostal.

Se hacía mucha burla de la forma en que Tammy Faye aplicaba su maquillaje. Tan exagerada decía la gente, pero eso era precisamente el punto. Todavía para los años 70 las mujeres pentecostales se vestían con vestido largo y pelo recogido en un moño. Tammy Faye dijo que la primera vez que se pintó la cara, sintió que era el trabajo de Satanás y se lavó la cara. Ella hizo lo que se necesitaba hacer – enseñar a la mujer pentecostal que no era pecado vestirse a la moda y arreglarse, pues la forma en que se vestían estaba alejando a la gente de Cristo. Tammy Faye fue la liberación de la mujer pentecostal en los Estados Unidos. Dijo con su ejemplo que había otra forma de pensar y presentarse como mujer santa. Se murió de cáncer en el 2007 admirada por el público hasta el final.

Su esposo hizo lo mismo con menos impacto en aquel entonces, insistiendo en su predicación que el hablar en lenguas no era la única evidencia del bautismo del Espíritu Santo. A lo largo del tiempo muchos pentecostales han aceptado esta postura que permite una comunicación con la comunidad evangélica fuera de la tradición pentecostal. La experiencia de hablar en lenguas que en tiempos sería el fuerte del movimiento pentecostal, también pudiera ser su jaula de encerramiento de las demás tradiciones de fe y Jim Bakker tuvo la visión de verlo y ofrecer otro camino.

Yo reconozco que en los últimos correos he dicho cosas que realmente asombran a muchos evangélicos al hablar del origen del hombre, la homosexualidad y los elementos excesivamente mágicos en la religión de América Latina. Pero quiero que sepan que uno puede ser evangélico y creer en la Biblia pero expresarse de una forma que no está en contienda con la ciencia, el progreso y la aceptación del pluralismo en un mundo que se hace más y más pequeña a razón de los avances en la comunicación. En este mundo tiene que competir el mensaje evangélico. Hay otro camino, otra forma de pensar para llevar el evangelio adelante en el futuro.

Dios bendiga a los alumnos del seminario abierto más grande del mundo – Gilbert Abels, Rector

Maurice Tillet

Archivado en: Antropología, Temas de actualidad, Teoría de la Evolución — Etiquetas: — pauloarieu @ 12:58 am

Maurice Tillet

Hay enfermedades que producen cambios notables en la forma humana.Entre los desórdenes que producen algunos cambios notables en la forma humana.

Entre los desórdenes que operan comunmente para efectuar una modficación de la estructura osea, los relacionados con perturbaciones glandulares son las mas comunes.
Maurice Tillet, el personaje que sirvió de inspiración al ogro verde de la película Shrek. El ogro verde de la película le lleva la ventaja de que se transforma en un príncipe, y el pobre Tillet no podía hacer ese truco.

Maurice Tillet, el personaje que sirvió de inspiración al personaje de Shrek. El ogro verde de la película le lleva la ventaja de que se transforma en un príncipe, mientras el pobre Tillet no podía hacer ese truco.

Resulta que el ogro de la película Shrek está inspirado en una figura de la vida real.

Este personaje,el secreto de su extraordinaria apariencia neandertal residia en un agrandamiento muy infrecuente de la glandula pituitaria.

Que el personaje de la película cómica que tanto disfrutan niños y adultos, es un retrato de Maurice Tillet, (1903-1954) un luchador profesional que nació en Francia, que era considerado muy inteligente y que podía hablar 14 idiomas.

Maurice Tillet (1903-1954), popular luchador francés profesional de principios del siglo XX, desarrolló ya pasada su adolescencia la enfermedad conocida como acromegalia, que se caracteriza por un crecimiento anormal de los huesos que convierte a estas personas en autenticos gigantes de carne y hueso. Sin embargo, al mismo tiempo la enfermedad deforma sus facciones y cuerpo dandoles a veces una apariencia grotestca.

Repudiado por sus contemporáneos y objeto de burlas tuvo que abandonar su hogar natal y buscar una nueva vida en las américas donde consiguió establecerse como luchador profesional gracias a su físico y se hizo muy popular. A pesar de su apariencia era un hombre muy inteligente que disfrutaba mucho jugando al ajedrez y llegó a hablar 14 idiomas. Tillet murió de una afección cardiaca a los 51 años de edad.
A los 20 años comenzó a desarrollar una extraña enfermedad conocida como acromegalia que le provocaban un creciento rápido y descontrolado de sus huesos.

Debido a ello en su pueblo lo llamaban con diferentes apodos, lo que llevaron a Tillet a huir de su lugar de origen, para tratar de tener una nueva identidad.

Tillet huyó a América en donde se convirtió en un luchado profesional, y fue nombrado como el “freak ogre of the ring”. Su personaje (”El Angel Francés”) fue un éxito rotundo en la fanaticada de la lucha.

Murió en 1954 a la edad de 51 años. Se establece por ello que el personaje de ogro de la popular película no salió de la imaginación de los productores, sino de la conmovedora historia de Tillet. (Re-enviado por yulMART)

Maurice Tillet, el personaje que sirvió de inspiración al personaje de Shrek. El ogro verde de la película le lleva la ventaja de que se transforma en un príncipe, mientras el pobre Tillet no podía hacer ese truco.





Y también tenía su Fiona:

Maurice Tillet, el hombre que dio forma al rostro de Shrek.

Shrek es una historia de ficción bastante popular en la cual un ogro de gran corazón es constantemente prejuzgado por su aspecto físico. Sin embargo, hay parte de esta historia que no es ficción, ya que le personaje principal fue basado en la personalidad y forma física de un hombre realy de carne y hueso.

Maurice Tillet, nacido en Francia en 1910 Tillet vería su vida dar un vuelco trágico al desarrollar Acromegalia, una enfermedad endocrinológica que altera en exceso la producción de hormona del crecimiento llevando a una desproporción en las extremidades y la cabeza. Además de las deformidades físicas, la misma causa una muerte prematura y una vida de dolores físicos, al derivar en artritis, migrañas, hipertensión, diabetes y problemas cardiacos así como renales. No obatante, a pesar de sus problemas físicos Tillet continuaría estudiando durante sus siguientes 25 años de vida, llegando a hablar 14 idiomas y convirtiéndose en un poeta.

Sus problemas físicos, sin embargo, le impedirían concretar su sueño de ser actor, y ante la hostilidad recibida en su país natal escaparía a Estados Unidos buscando una nueva vida. Alli no encontraría otro trabajo más que el de luchador profesional, siendo conocido por su nombre de escena, primero como “el ogro del cuadrilatero” y luego como “el Angel Francés” y ganando una gran cantidad de seguidores.

Si bien famoso entre sus fans su vida continuaría siendo solitaria, solo acompañado por unos pocos amigos. En 1955, en su lecho de muerte, acosado por los problemas cardiacos de su enfermedad, se realizarían tres moldes de la cara del mismo.

Tillet y el principio de Shrek
Irónicamete, aunque DreamWorks nunca lo reconoció oficialmente, es sabido en la industria que cuando fue aceptado el cuento de William Steig como base del argumento, solo faltaba darle forma al ogro. Este debía ser “como un hombre común y corriente, solo sobreproporcionado, de mirada cálida y sonrisa amigable”. DreamWorks encontraría estás características en otro hombre, cuyo sueño en el pasado había sido ser actor pero cuyas características físicas se lo impidieron.

Conclución

Todos estos rasgos del cráneo están íntimamente relacionados entre sí de modo que apenas puede cambiar uno de ellos sin que el cambio se refleje en los demás, con algunos razgos reflejando naturalmente el cambio de forma mas inmediata y marcada que otros. Si suponemos que ha habido cambios en la dieta humana y en su forma de preparar los alimentos, poseemos un índice para la mayor parte de los cambios craneanos a condición de que el cambio en dieta haya sido desde alimentos sin cocinar o poco cocinados a alimentos mejor cocinados y de una dieta mas astringente a otra menos astringente. El desarrollo de músculos mas poderosos dedicados a la masticación introducirá la clase de cambios que encontramos al ir remontando la historia humana mas y mas al pasado remoto.

rostroesquimal

formasdelcraneo

Tres explicaciones respecto a los cráneos:

1. Diferencias debidas a la alimentación y al clima.

2. Diferencias debido a enfermedades

3. Existe la posibilidad de que algunos cráenos pertenezcan a simios extintos. Recordemos que la apariencia de Adan debió ser muy semejante a la nuestra.

En el Museo Arqueológico de Lima, Perú, hay una vitrina que muestra una colección de cráneos de muy extrañas formas. También se puede encontrar más material de este tipo expuesto en el Museo de Ica, Perú, y otros museos arqueológicos de Sudamérica. Generalmente están rotulados como “cráneos
Lo cierto es que cualquiera que sea el método que se aplique, el proceso lleva a cambiar la forma pero nunca el volumen, ya que la deformación, debiéndose a una compresión, jamás podría aumentar la capacidad craneana.

Los cráneos deformados por estos métodos rituales mantienen la capacidad en centímetros cúbicos que se conoce en los humanos, mostrando deformaciones por presión en la frente, laterales y hasta la nuca. En cambio los cráneos de este estudio, con forma de cono por lo general, aunque hay otras clases de deformidades, no se parecen en nada a los resultantes de las maneras usuales de deformar los cráneos, un hecho que los *****pólogos han aceptado.

Las proporciones de este cráneo son “imposibles” biológicamente tal y como conocemos a la raza humana, su capacidad craneal es desproporcionada y sus ojos son visiblemente más grandes que los normales.

El tipo “J” presenta otros interrogantes. Es equivalente a un cráneo moderno casi en todos los aspectos, pero hay varios factores fuera de proporción. El tamaño de las órbitas de los ojos es más o menos un 15 % mayor al de la población moderna, aunque no es una deformidad muy importante. La diferencia más significativa es la enorme cúpula craneana, cuya capacidad estimada está entre los 2600 a 3200 cc. Nuevamente, la antigüedad del espécimen es desconocida.

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El cráneo de tipo “M” es incompleto lo que dificulta aun más su estudio.

La capacidad de la bóveda craneana (y en consecuencia la masa cerebral) y la inteligencia no están en relación directa. El individuo que figura en los registros como el que tenía el cráneo más grande (mencionado antes) era un retrasado mental, mientras que Anatole France, cuyo cráneo sólo medía 1100 cc, fue un brillante escritor.
Algunas deformaciones intencionales durante el Neolítico y la Edad de Bronce

En las imágenes se observan algunas deformaciones consideradas “extremas” por los antropólogos, aunque ni se acercan a la deformidad de los cráneos de Sudamérica, además como se puede observar se mantienen las proporciones de mandíbulas y cavidad ocular así como la capacidad craneal.

Algunas de los Cráneos que tienen dudosa explicación científica.

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cabeza extremadamente grande sin oidos, ojos, y boca totalmente diferentes a un humano normal.

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correspondiente a un ser de edad mediana por la calcificación de sus huesos y dientes de adulto, este especimen no tiene explicación ni origen esta guardado en el Museo de Historia Natural Wilson Estevanovic.

Sin duda alguna estos seres vivieron hace miles de años y quien sabe talvez habitan ahora en otro planeta …humanoides una nueva raza humana o bien dicho una vieja raza humana………..?

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