Cristianismo y ciencia

Cristianismo y ciencia

Historia del pensamiento científico

En este breve desarrollo histórico de la ciencia, pretendemos resaltar en particular su finalidad y motivación, así como los efectos que ha producido.

Platón dijo que la ciencia empieza con el asombro y la curiosidad. Es cierto, pero la ciencia siempre ha tenido, además, 3tra motivación: la búsqueda de seguridad y poder mediante 5! conocimiento. Estas dos últimas motivaciones, seguridad y Doder, tienen sus raíces en la creación y en el mandamiento de )ios a los hombres. Pero al igual que ha sucedido con las Jemas cosas creadas, la bendición de seguir el mandamiento de )ios ha sido sustituida por la corrupción del pecado. El hombre buscó seguridad y poder por medio de la ciencia con el fin de ser independiente. Buscó el poder sobre la naturaleza y sobre los demás hombres. En este punto concreto quiso ser dueño de sí mismo y no depender de Dios. Sus esfuerzos, en el campo científico, quedaban, por tanto, muy lejos de ser neutrales, a pesar de que tales esfuerzos estaban basados en su creencia en la neutralidad.

Los efectos de la ambición humana de ser independiente, fueron como veremos, de un lado la secularización de la ciencia seguida de una tendencia al ateísmo, y del otro, el fracaso del esfuerzo debido a la alienación del hombre respecto a su instrumento y la creciente debilidad del hombre.

Se observan algunos signos de ciencia en sociedades antiguas, en las que los sacerdotes poseían un cierto conocimiento que usaban tanto para beneficio del pueblo, como para ejercer un poder sobre la naturaleza, el pueblo y, según creían, sus ídolos. Este conocimiento era una curiosa mezcla de mito y aguda percepción de la naturaleza. Su aplicación estaba llena de magia.

El verdadero nacimiento de la ciencia se produce en la civilización griega. Sus progenitores fueron dos deseos:

1) El deseo de tener un camino a la verdad completamente humano, y a la vez seguro, distinto e independiente de las creencias y mitos de los hombres;

y 2) el deseo de elevarse por encima de la fe y pensamiento de la gente común y la vida práctica.

La clave de la nueva consecución científica de la verdad y de la nueva independencia respecto a la pseudoreligión y vida práctica, era la creencia de que el conocimiento teorético humano, por sí mismo, puede llegar a la verdad debido a su independencia de toda fe y creencia. Es decir, porque es neutral.

No es muy difícil tener semejante fe en la neutralidad. Hoy día también se da. Si el hombre no basa su seguridad en el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, aunque se eleve por encima de los ídolos y creencias de la gente común, siempre estará hambriento de seguridad en este mundo incierto. Es un ser inestable y pasajero. Pensó que tenía esa seguridad en una razón libre de todos los elementos subjetivos y relacionada a una verdad inconmovible. Pero es mucho más difícil demostrar –aunque la ciencia se ha esforzado en hacerlo mediante la historia— que esta suposición de la independencia del hombre y su acceso a la verdad es correcta.

Los filósofos griegos (en sus días toda ciencia era filosofía) se encontraron con serias dificultades al ponderar esta cuestión. Parménides cortó el nudo gordiano. “El ser es impensable. Todo lo que no puede ser pensado es irreal, aparente.” Cuando Zenón demostró científicamente que Aquiles no podía adelantar a la tortuga (cosa que en realidad sí hizo), la realidad tuvo que reducirse a su “apariencia”. Pero Heráclito adoptó un enfoque contrario. Argüyó que todas las cosas cambian. No es posible bañarse dos veces en el mismo río. Si ello es así, entonces la realidad misma elude siempre el abrazo de la llamada verdad científica, siendo ésta esencialmente constante. Si es así, ¿qué pasa con la filosofía humana y la percepción de la verdad?  No interesa a nuestro tema el discutir la forma en que Heráclito consigue salir de este callejón sin salida, ni tampoco mostrar cómo buscó Demócrito una fórmula de compromiso mediante su teoría del átomo, como también hizo Aristóteles con su esquema forma-materia.

Ciencia y cristianismo

Nos interesa tener en cuenta que al final del período griego y principios de nuestra civilización cristiana, permanecía inamovible la creencia en la autonomía y superioridad del pensamiento teórico humano, frente a la religión y el conocimiento práctico, así como el desprecio hacia la práctica en sí. Esa creencia en la ciencia y la razón constituía la base de la seguridad y el poder de la élite. El rasgo más importante de la filosofía y la ciencia, desde entonces en adelante, hasta finales de la Edad Media, fue el compromiso entre la fe cristiana y la idea entonces reinante acerca de la ciencia: hacer al hombre independiente mediante la investigación autónoma y neutral de la ciencia. Con el fin de hacer a la fe y a la razón independientes entre sí, fue necesario constituir dos niveles de vida, como Aquino hizo: el natural, donde la razón domina independientemente de la fe, y por sus propias luces, y el sobrenatural donde la fe marca el rumbo. La filosofía y la ciencia pertenecen al campo de la razón; y su autonomía significa explícitamente neutralidad en relación a la fe y, de hecho, neutralidad en relación a Dios. El pecado es entonces la pérdida de lo sobrenatural, y no una corrupción de la naturaleza y de la razón. La gracia resulta ser no la restauración de la naturaleza y la razón, sino el don de lo sobrenatural. Tal es la postura tradicional de la escolástica. Para ser imparciales hay que decir que la moderna teología del catolicismo romano se aparta algo de ese esquema. Lo que deseamos resaltar es que el esquema “natural-sobrenatural” es el prototipo de la apostasía de los hombres a quienes aún consideramos cristianos por su fe personal. Debemos percatarnos de que además de las principales apostasías de este tipo (detectable en Barth y en todos los que defienden la neutralidad de la política y la ciencia) todos los creyentes cristianos dejan traslucir de vez en cuando esas tendencias a la apostasía, si bien con frecuencia ni ellos mismos se percatan.

Dr. H.van Riessen,Enfoque cristiano de la Ciencia,pp.13-15, FELIRE,Países Bajos

El evolucionismo con Darwin

El evolucionismo con Darwin

Otro científico que hizo una gran contribución a la biología fue Carlos Darwin (1809-82), autor del libro denominado “El origen de las especies”. En él expuso sus ideas sobre la evolución de las especies por medio de la selección natural. Biografía.- naturalista británico considerado el padre de las teorías evolucionistas. Su abuelo paterno era el naturalista Erasmus Darwin, y su abuelo materno el ceramista Josiah Wedgwood. Tras una tentativa de seguir los pasos de su padre estudiando medicina en Edimburgo, Darwin ingresó en el Christ’s College de Cambridge para iniciar la carrera eclesiástica. Allí, sin embargo, su interés se orientó hacia la historia natural y en 1831, al término de sus estudios, se embarcó como naturalista en el velero Beagle, a bordo del cual viajó alrededor del mundo durante cinco años. Durante aquel tiempo recogió infinidad de datos de carácter geológico, zoológico y botánico en los que se inspiró para formular sus puntos de vista. De regreso a Inglaterra, en 1837 se instaló en Londres, ocupándose de la redacción de su diario del viaje (publicado en 1839) y de la elaboración de su estudio sobre los arrecifes de coral.

La teoría darwinista.- Para explicar los mecanismos de la evolución, Darwin formuló la teoría de la selección natural, según la cual los individuos más adaptados al medio son los que tendrían mayor posibilidad de supervivencia y de reproducción; consecuentemente los menos adaptados tenderían a desaparecer.Según Darwin, la evolución de las especies se produce por efecto de una selección natural que opera de modo que favorece la supervivencia del individuo más adaptado. Para el ejemplo de la jirafa dedujo que originalmente había jirafas de cuello corto y jirafas de cuello largo, pero que en la lucha por la existencia resultaron vencedoras las de cuello largo pues tenían mayores posibilidades de procurarse el alimento.

Al contrario que Lamarck, Darwin defendía que la selección sólo actuaba favoreciendo estadísticamente la repetición de los caracteres más positivos para la supervivencia de una determinada especie.

LECTURAS DE BIO-II, 1ª UNIDAD, 2006-07.,UNAM, CCH.,Plantel Oriente,  Área de Ciencias Experimentales

SOBRE LAS DIMENSIONES Y EL ORIGEN DEL SISTEMA SOLAR

SOBRE LAS DIMENSIONES Y EL ORIGEN DEL SISTEMA SOLAR

INTRODUCCIÓN

EN 1650 James Ussher (1581-1656), arzobispo de Armagh, Irlanda, dijo que la creación del mundo había ocurrido el año 4 004 a.C. Este personaje fue experto en lenguas semíticas, lo que le permitió realizar diversos estudios sobre los textos bíblicos, entre los que se cuentan sus investigaciones cronológicas. Sumando las edades que el antiguo Testamento asigna a los diferentes patriarcas, calculó que el mundo había sido creado por Dios precisamente en esa fecha.

Un enfoque diferente del mismo problema, que pronto demostró ser muy valioso para el desarrollo científico, fue el que siguieron aquellos que comenzaron a estudiar la Tierra como un sistema dinámico. Desde siempre nuestro planeta ha experimentado gran variedad de fenómenos naturales que están modificando continuamente su superficie. Tal es el caso de la erosión eólica y marina, de las erupciones volcánicas y de los grandes terremotos. Cuando se comenzó a estudiar estos acontecimientos en forma científica se encontró que la Tierra ha experimentado grandes transformaciones, como lo demuestran formaciones geológicas muy diversas, algunas de las cuales comenzaron a conocerse y comprenderse cuando en el siglo XVI la minería inició la explotación intensiva del subsuelo (figura 37). También la existencia de restos fósiles de plantas y animales sirvió para obtener pruebas que señalaban que la Tierra era en realidad mucho más antigua de lo que había encontrado Ussher.

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Figura 37. Ilustración de excavaciones subterráneas aparecida en De Re Metallica, obra publicada en 1556.

Esta segunda forma de ver el problema de la edad de nuestro planeta habría de propiciar finalmente los primeros intentos científicos modernos que trataron de establecer el posible origen de la Tierra. Como se verá en el presente capítulo, la conjunción de datos geológicos y paleontológicos, así como algunas de las características dinámicas presentadas por el movimiento de los planetas y del propio Sol, sirvieron para desarrollar las primeras teorías que buscaron explicar el origen, la edad, la formación y la evolución del Sistema Solar sin basarse en la religión.

ALGUNOS PARÁMETROS BÁSICOS

La medición es el fundamento de todas las ciencias físicas. Sin importar qué tan complejas y elaboradas puedan ser las teorías que pretendan describir la naturaleza, degenerarán en mera especulación si no cuentan con el respaldo de un conjunto de datos determinados por medio de experimentos y observaciones. En el caso de la astronomía el avance logrado en el conocimiento de las propiedades físicas del Universo se debe a que hemos sido capaces de medir cantidades como el tamaño, la masa y la distancia de los diferentes cuerpos celestes que observamos.

Esta característica de la ciencia, de ocuparse de las cualidades mensurables de los objetos que estudia, adquirió mayor importancia a partir del sigloXVI. En el terreno de la astronomía, la antigua necesidad de contar con un valor exacto de la distancia que separa a la Tierra del Sol resurgió como parte del esfuerzo por obtener modelos cosmogónicos congruentes con las observaciones. Para los investigadores de esa época fue claro que para conocer las dimensiones del Sistema Solar, habría primero que determinar bien cuánto medía la distancia que nos separa del Sol. Es importante señalar que se había encontrado una medida tradicional para el radio terrestre que, si bien fue calculado con buen grado de aproximación por Eratóstenes, requería una determinación más precisa, sobre todo desde que se sabía que la Tierra no era una esfera perfecta.

A partir del siglo XVII diversos científicos trabajaron en este problema, destacando las mediciones de Jean Picard (1620-1682) hechas en París, mediante las que determinó la longitud de un arco de meridiano terrestre. También fue importante el enorme esfuerzo realizado por Domenico Cassini (1625-1712), quien coordinó a un grupo grande de investigadores y logró medir el llamado “meridiano de Francia”. Igualmente debe mencionarse aquí el trabajo teórico que sobre la forma de la Tierra desarrolló Claude Clairaut (1713-1765). De estas y otras investigaciones fue posible establecer finalmente que el radio terrestre ecuatorial media 6 378 kilómetros.

Independientemente del modelo utilizado para representar el sistema planetario, el valor absoluto de la unidad astronómica expresado en cualquier tipo de unidades lineales (estadios, leguas, millas, kilómetros, etc.) no puede ser deducido directamente de los trabajos teóricos, razón por la cual fue imprescindible determinarlo en forma indirecta, recurriendo a la medición de otros parámetros observacionales.

Una de esas formas fue medir la paralaje solar, cantidad que se define como el ángulo bajo el cual un observador hipotético localizado en el centro del Sol vería desde ahí el tamaño del radio ecuatorial terrestre. La importancia de esta sencilla definición radica en que una vez que se ha determinado observacionalmente el valor de ese ángulo, puede calcularse en forma muy simple la distancia que separa a la Tierra del Sol. Sin embargo, la pequeñez de esa cantidad angular hace que su determinación no sea tarea fácil, por lo que en la antigüedad fracasaron todos los intentos. Esto resulta evidente en la figura 38 donde, para poder representar en la misma página la configuración geométrica que define a la paralaje solar p, se tuvieron que modificar considerablemente las proporciones que guardan los tamaños de la Tierra y el Sol, así como su separación. Sólo así pudo representarse gráficamente ese ángulo tan pequeño.

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Figura 38. Configuración que muestra lo que es el paralaje solar.

Al trabajar con cantidades angulares de esas dimensiones los errores inherentes al proceso de medición pesan mucho sobre los resultados, pues, por ser del mismo orden que el ángulo que se intenta medir, dificultan la obtención correcta de un valor definitivo para la paralaje. Esta situación, aunada a la baja resolución de los instrumentos astronómicos disponibles, causó que para fines del siglo XVI y principios del XVII circularan en la literatura especializada distintos valores de la unidad astronómica, lo que llevó a una situación muy confusa, pues por esas fechas cada astrónomo de importancia manejaba su propio valor, el que muchas veces era determinado en forma subjetiva. El cuadro 1 muestra algunos de los valores entonces disponibles.

CUADRO 1. ALGUNOS VALORES DE LA DISTANCIA SOL-TIERRA

 


Autor
Unidad astronómica*

Aristarco  

Hiparco

Posidonio

Arquímedes

Tolomeo

Albategnio

Regiomontano

Copérnico

Tycho Brahe

Thomas Digges

Kepler

Hevelio

Riccioli

entre 1 080 y 1 200

un mínimo de 490

1 625

10 000

1 210

1 146

1 070

1 179

1 182

un mínimo de 1 160

3 543

5 301

7 068


*Expresada en radios terrestres.  

 

En el capítulo III se ha visto que el método de la dicotomía lunar desarrollado por Aristarco de Samos, aunque es conceptualmente correcto, en la práctica dejó mucho que desear. Permitió determinar valores que mostraron lo alejado que se encuentra el Sol de nosotros, pero fueron inciertos, ocasionando que los astrónomos renacentistas no tuvieran confianza en ellos y prefirieran utilizar el método de la paralaje solar para intentar determinar correctamente la distancia que hay entre la Tierra y el Sol. Este método fue especialmente útil cuando se generalizó el uso del telescopio como instrumento de observación y de medida.

Como resultado de ambos métodos, y sobre todo después de los cuidadosos trabajos de Tycho y Kepler, lo más que se había podido establecer respecto al valor de la UA fue la magnitud del ángulo p ya mencionado. Ante la imposibilidad de encontrar en forma directa el valor de tan pequeña cantidad, se determinó primero la paralaje de Marte, planeta que por encontrarse más cerca de nosotros que el Sol permitía medir con mayor facilidad el ángulo bajo el cual se ve su radio. La paralaje marciana fue determinado por Domenico Cassini y Jean Richer (1630-1696), quienes midieron las distancias aparentes de Marte a las estrellas fijas en forma simultánea, pero desde diferentes lugares. Cassini lo observó desde París y Richer desde Cayena, Guayana Francesa. La separación de más de 10 000 km entre ambos sitios permitió que esos observadores vieran a Marte sobre un fondo estelar ligeramente distinto. Una vez determinada la diferencia resultante de las dos observaciones, se pudo derivar un mejor valor de la paralaje solar y se estableció que debería tener menos de los nueve segundos de arco.

Edmond Halley propuso en 1691 un método alterno para determinar el valor de la unidad astronómica. Como en su época ya se disponía de relojes que permitían determinar el tiempo con mayor precisión que la que se podía lograr al medir ángulos pequeños, Halley propuso que se midieran con gran exactitud los tiempos de entrada y salida del planeta Venus durante uno de sus tránsitos sobre el disco solar.41[Nota 41] Para obtener un buen resultado sugirió que las observaciones fueran realizadas por el mayor número de astrónomos, y que estos se situaran en diferentes partes de la Tierra, alejados entre sí lo más posible, pero asegurándose de observar el tránsito venusino en forma simultánea. Al cumplir con esos requisitos cada observador vería que la trayectoria seguida por Venus al cruzar frente al brillante disco del Sol sería ligeramente diferente respecto de la observada por los otros (figura 39). Al analizar estadísticamente las diferencias de tiempo de cada observador y conociendo con exactitud su lugar de observación, Halley estimó que sería posible calcular el valor de la paralaje solar con un error de menos del 1%, lo que sin lugar a dudas permitiría establecer con alto grado de exactitud el valor de la UA.

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Figura 39. Representación de cómo verían dos observadores localizados en diferentes partes del globo terrestre un paso de Venus por el disco solar.

Aun cuando los tránsitos del planeta Venus frente al disco del Sol son muy espaciados, de manera un tanto peculiar, ya que en un mismo siglo pueden ocurrir dos de ellos separados por sólo ocho años y después de transcurrir otros 105 años para que el fenómeno se repita (figura 40), gracias a los progresos hechos por Kepler y Newton en mecánica celeste al iniciarse el siglo X y III ya era posible calcular las posiciones planetarias con alta precisión y establecer con gran confiabilidad cuándo tendría verificativo un acontecimiento de esa naturaleza.

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Figura 40. Trayectorias aparentes de Venus sobre el disco del Sol en los últimos cuatro pasos, y en los dos que ocurrirán en el próximo siglo.

Halley, buen conocedor de la obra de Newton, se dedicó a calcular las efemérides para el que habría de ocurrir el 6 de junio de 1761, indicando horas, minutos y segundos de cada una de sus fases, así como los lugares más adecuados para su observación. Aunque él no vivió para verlo, gracias a sus esfuerzos se realizó una campaña internacional de gran magnitud para observar tan esperado fenómeno celeste.

Mientras llegaba la fecha, otros investigadores lograron establecer con precisión la distancia que separa a la Luna de nuestro planeta. En 1752 Louis Lacaille (1713-1762), usando sus observaciones lunares hechas desde el Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, y Joseph-Jerome Lalande (1732-1807), con las observaciones que obtuvo desde Berlín, determinaron la distancia Tierra-Luna, así como el diámetro de nuestro satélite, y calcularon que se localiza a 384 403 km (60 radios terrestres), y que su paralaje es de 57.2 segundos de arco, lo que se traduce en un radio lunar de 1 738 km. Estos valores no fueron sustancialmente diferentes de los que se habían obtenido en la antigüedad, pero sí resultaron más precisos, demostrando a los observadores la ventaja de utilizar sistemáticamente los telescopios recién equipados con instrumentos de medición, como el micrómetro.42

El segundo tránsito venusino del siglo XVIII ocurrió el 3 de junio de 1769. Para estudiarlo volvieron a participar astrónomos de los países europeos más desarrollados. Cabe aquí destacar el esfuerzo realizado por el criollo mexicano Joaquín Velázquez de León (1732-1786), quien instalado al norte de San José del Cabo, Baja California, realizó por cuenta propia observaciones exitosas de ese tránsito. Esto le permitió obtener datos que envió a la Academia de Ciencias de París y con los cuales contribuyó al esfuerzo astronómico internacional emprendido para determinar la paralaje solar.

Después de analizar los datos obtenidos por todos los observadores que participaron en el estudio de los tránsitos de 1761 y 1769, se encontró un valor medio para la paralaje solar de 8.55 segundos de arco. Como este dato se obtuvo promediando los diferentes valores reportados por los observadores, tenía asociado una incertidumbre propia de su carácter estadístico que resultó ser igual a 16 centésimas de segundo de arco (0.16″). Al calcular la distancia al Sol, esta pequeñísima cantidad angular se tradujo en un error que resultó ser casi de 5 000 000 de kilómetros. Esta distancia es 16 veces mayor que la que nos separa de la Luna. Evidentemente, un valor tan grande hacía inadmisible el resultado obtenido de la observación de esos dos tránsitos, pues además, como el error en la determinación de la unidad astronómica es acumulativo, entre más alejado se encuentre un planeta del Sol, mayor será el error al determinar su distancia.

Otro logro importante en el conocimiento de las propiedades básicas del Sistema Solar fue la determinación hecha por Henry Cavendish (1731-1810) de la masa absoluta de la Tierra. Como se ha mencionado en el capítulo anterior, Newton, usando la ley de la gravitación y la tercera ley de Kepler, estableció la densidad media de la Tierra y la masa solar expresada en términos de la masa terrestre (véase el Apéndice F). Para determinar en forma absoluta esta última cantidad, se requería conocer el valor experimental de la llamada constante de gravitación G.

En 1798 Cavendish realizó un cuidadoso experimento en el que midió la pequeñísima fuerza de atracción gravitacional ejercida entre pares de esferas metálicas que pesaban apenas unos kilos y que estaban separadas entre sí menos de un metro. Esto le permitió establecer el valor de la constante G y de ahí determinar el valor absoluto de la masa terrestre, que es de 6 000 millones de trillones de toneladas. Con este valor, y sabiendo que la masa solar es 330 000 veces mayor que la de nuestro planeta, se determinó que el Sol tiene una masa de 1.99 x 10 31 kg (19 900 000 000 000 000 000 000 000 000 toneladas), valor verdaderamente inmenso para la escala humana.

Con respecto al valor de la unidad astronómica, a pesar de todos los esfuerzos realizados por los astrónomos del siglo XVIII para encontrar un valor único y confiable, no fue sino hasta el primer tercio de nuestro siglo que se logró determinar, por cierto con métodos diferentes de los propuestos por Halley. En la actualidad se ha establecido que esa distancia es de 149450 000 km, con una incertidumbre de sólo 17 000 km. Con ese valor, Saturno, el más alejado de los planetas conocidos en el siglo XVII, queda ubicado a una distancia media de 1 427 000 000 de kilómetros del Sol, lo que ciertamente dio al Sistema Solar dimensiones antes inconcebibles para esa época.

TEORÍAS SOBRE LA FORMACIÓN DEL SISTEMA SOLAR

Como parte del esfuerzo desarrollado para entender y medir los principales parámetros terrestres y de nuestro entorno planetario, a partir del siglo XVIIsurgieron los primeros intentos científicos modernos que buscaban explicar el origen y la evolución del Sistema Solar. Para lograrlo, los científicos incorporaron entre sus hipótesis los hechos de importancia derivados de las observaciones que entonces se realizaban, tales como la propiedad de las órbitas planetarias de estar contenidas prácticamente en un solo plano, sin desviarse ninguna de ellas más de 7°30′, o como el hecho de que tanto los planetas como sus satélites giran en torno al Sol exactamente en la misma dirección. Atinadamente se pensó que estos hechos no podían ser producto de la casualidad, sino que tenían que ser reflejo de las condiciones que prevalecían cuando se formó el Sistema Solar. Entre los primeros esfuerzos modernos por desarrollar teorías cosmogónicas destacan los de René Descartes (1596-1650), los del conde de Buffon (1707-1788), los de Immanuel Kant (1724-1804) y los de Pierre Simon, conde de Laplace (1749-1827).

Descartes destaca entre los pensadores del siglo XVI pues, además de tratar con profundidad aspectos que ahora pertenecen claramente al campo filosófico, se interesó mucho en el estudio de la naturaleza, buscando establecer una ciencia universal cuyo fundamento fuera el método matemático. En este terreno publicó importantes obras que tratan de óptica, meteorología y geometría, y a él se debe el desarrollo de la llamada geometría analítica.

En 1633 estaba por publicar el libro Le Monde (“El mundo”), en donde exponía sus ideas sobre el movimiento y sobre el sistema copernicano, pero al enterarse de la condena a la que fue sujeto Galileo por la Iglesia prefirió no tener enfrentamientos con ésta y desistió de imprimirlo.

En 1644 publicó los Principia Philosophiae (“Principios de filosofía”), obra dividida en tres partes. La primera trata sobre su doctrina filosófica, y en las otras dos expuso sus ideas acerca de la naturaleza y del cosmos. En ese texto arguyó que, como no es posible pensar en un límite a la extensión del espacio, el Universo debería ser infinito. También afirmó que ese espacio se hallaba lleno de materia, toda del mismo tipo. Negó así la existencia del vacío cósmico.

Aunque toda la materia que ocupaba el Universo era igual, estaba constituida por tres tipos de partículas, cada una con dimensiones diferentes. Las más grandes formaban el material de tipo terrestre y eran las que conferían sus cualidades físicas y químicas a la materia. Las de tamaño intermedio formaban el aire, y se encontraban entremezcladas con partículas terrestres. Finalmente, las de menor tamaño eran las de fuego. Como en la teoría de Descartes no podía existir el vacío, todas esas partículas dotadas de movimiento iban reemplazándose unas a otras de tal manera que el espacio siempre estaba totalmente lleno.

Esta idea y la creencia de que Dios conservaba siempre la cantidad de materia y de movimiento presente en el Universo, llevó a Descartes a desarrollar su teoría de los vórtices o torbellinos (tourbillons), con la que explicó la formación de los cuerpos celestes.

De acuerdo con la manera actual de entender la naturaleza, la teoría de los torbellinos es más especulativa que física, sin embargo, por el enorme prestigio de su autor y por el importante papel que desempeñó como explicación cosmogónica, sobre todo en la Europa continental de los siglosXVII XVIII, pensamos que debe mencionarse. En ella Descartes establece que la materia que formaba originalmente al Universo era uniforme y homogénea, encontrándose animada de movimiento que le había sido proporcionado directamente por Dios, movimiento que se conservaba en su totalidad. Al transcurrir el tiempo, ese movimiento comenzó a causar frotamiento (fricción) entre las tres diferentes partículas que formaban a la materia, propiciando la aparición de inhomogeneidades en ella. Las partes densas (partículas terrestres) comenzaron a moverse más lentamente, favoreciendo la formación de condensaciones que al transcurrir los milenios habrían de convertirse en planetas. Mientras eso ocurría, la materia más ligera (partículas de aire), cuya movilidad era mayor, se mantuvo en estado fluido, dando origen al Sol y a las estrellas. La materia más sutil, formada por partículas de fuego debido a su ligereza, adquirió un movimiento muy rápido que le permitió llenar completamente el Universo sin que en él quedara ninguna discontinuidad. Por la ausencia de vacío, el movimiento surgido en cualquier parte de esa sustancia produciría que la totalidad de la materia cósmica se moviera.

Como no conoció los trabajos sobre las órbitas planetarias desarrollados por Kepler, este filósofo postuló que el movimiento natural que podía surgir en cualquier porción reducida del cosmos era circular. La consecuencia directa de ese hecho fue que la rotación de la materia originada por la fricción entre las diferentes partículas se propagaría a todo el Universo siendo ésa la génesis de los llamados torbellinos cartesianos. Éstos, al desplazarse, arrastrarían consigo cualquier cuerpo sólido. Bajo esa hipótesis, el movimiento celeste era entendido así: el Sol y las estrellas se encontraban inmóviles, localizados en el centro de torbellinos primarios, mientras que los planetas eran arrastrados por éstos, adquiriendo así su movimiento circular. A su vez esos cuerpos celestes se convertían en los centros de remolinos secundarios que arrastraban a los satélites, dándoles también su movimiento. Los torbellinos primarios se encontraban tan separados entre sí que no podían perturbarse mutuamente, razón por la que el Sol no interaccionaba con las demás estrellas. Los cometas, debido a su alta velocidad podían alejarse de los centros de los torbellinos, pasando de uno a otro sin mayor problema.

Aunque este modelo del cosmos fue muy aceptado durante el siglo XVII,tuvo en su contra serias objeciones, siendo la de mayor importancia que no podía ser expresado adecuadamente mediante el lenguaje matemático, razón por la cual no llegó a convertirse en verdadera teoría científica sobre la formación del Universo. Posteriormente Newton demostró que el sistema de vórtices violaba lo establecido por la ley kepleriana de las áreas.

La teoría catastrofista sobre el origen del Sistema Solar debida a Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, establecía que los planetas se originaron como consecuencia del violento choque de un cometa con el Sol. Esta colisión expulsó de ambos astros una gran oleada de materia, parte de la cual se perdió en el espacio, mientras que otro tanto quedó atrapada por la atracción solar. Como consecuencia de un choque que no fue frontal, el material cautivo comenzó a girar rápidamente en torno al Sol, propiciando que diversos fragmentos se fueran agregando unos a otros para formar conglomerados mayores que adquirieron forma esférica. Finalmente, al enfriarse y volverse opacos fueron los que dieron origen a los actuales planetas. En forma natural ese mecanismo hizo que todos esos cuerpos se distribuyeran en un mismo plano, girando y trasladándose con igual dirección y sentido que la rotación mostrada por el Sol, la cual apareció en ese astro después del choque. Además de explicar este hecho observacional básico, la teoría catastrofista de Buffon tiene un mérito más, afirmar que la materia que forma a nuestra estrella y a los planetas es la misma, rompiendo así con un dogma surgido en la antigüedad, y que incluso Descartes aceptó, pues, como ya se mencionó, ese pensador consideró que el Sol y las estrellas habían sido formados a partir de un material diferente del que dio origen a los planetas.

Según la teoría de Buffon los fragmentos que se desprendieron del Sol atravesaron la envoltura gaseosa de éste, lo que les permitió atrapar vapor de agua y aire originalmente contenidos en la atmósfera solar. Con esos compuestos, y tras un proceso de enfriamiento, los planetas formaron sus océanos y sus atmósferas.

Para obtener una respuesta cuantitativa sobre la duración de la etapa de enfriamiento planetario, Buffon realizó experimentos muy cuidadosos que le permitieron medir la rapidez con la que se enfriaban bolas incandescentes de hierro de diferentes tamaños. Extrapolando sus resultados de laboratorio a las dimensiones de los cuerpos del Sistema Solar, concluyó que la Luna necesitó 5 000 años para adquirir su aspecto actual, mientras que para la Tierra el proceso de pérdida de calor tomó 75 000 años. En el caso de Júpiter, que es el planeta más grande del sistema, el tiempo de enfriamiento resultó ser de 200 000 años. Aunque ahora se sabe que esos valores en realidad son muy pequeños, la teoría y las mediciones de Buffon fueron de gran valor en su época pues determinaron que la Tierra tenía una edad mínima muy superior a la que los teólogos habían calculado.

La teoría catastrofista partía de un hecho equivocado: considerar la existencia de un cometa de dimensiones mayores que los planetas. En realidad los cometas tienen masas despreciables comparados con aquellos, razón por la cual un choque cometario no podría haber perturbado al Sol, como Buffon suponía. Sin embargo su teoría tuvo el mérito de ser la primera explicación sobre la formación del Sistema Solar que tomó en cuenta verdaderamente los aspectos científicos del problema.

En 1755 apareció la obra Allgemeine Naturgeschichte und Theorie des Himmels (“Historia general de la naturaleza y teoría del cielo”), debida al filósofo Immanuel Kant. En ella ese prestigiado pensador establecía que inicialmente sólo existía una nube difusa de polvo meteórico, formada por granos cuyas formas, dimensiones y densidades eran infinitamente variadas. Estas partículas llenaban por completo el espacio, moviéndose al azar y chocando entre sí a velocidades diversas.

Al paso del tiempo, la fuerza de atracción gravitacional ordenó esa magna confusión y propició que en algunas partes de esa caótica masa polvorienta se produjeran aumentos muy pequeños en densidad, lo que a su vez ocasionó la caída de más partículas hacia esas regiones. De esa manera se fueron formando gigantescas nubes esféricas en las que los elementos más pesados fueron atraídos hacia sus centros. Según Kant, este mecanismo de atracción gravitacional entre partículas de masas y densidades diferentes fue el que originó la formación de las estrellas, y en particular del Sol.

En su caída los elementos pesados apartaron a los ligeros, causándoles una caída oblicua o lateral, que imprimió una rotación que los obligó a moverse en órbitas elípticas en torno a la masa central, formando así corrientes materiales constituidas por los elementos ligeros, que quedaron contenidas prácticamente en un solo plano. En ellas aparecieron finalmente centros secundarios de atracción que, repitiendo el proceso ocurrido cuando se formó el Sol y las estrellas, dieron origen a los planetas y a sus satélites. Como las partículas que formaron el Sol también fueron afectadas por desviaciones, este astro adquirió un movimiento de rotación que posteriormente se reflejó en el sentido en el que giran los planetas en torno a él.

Aunque Kant se preocupó mucho por explicar mediante su modelo la rotación observada del Sol, así como la dirección de giro de los planetas y su localización en el plano de la eclíptica, su teoría no fue satisfactoria pues se demostró que tal esquema era dinámicamente inestable y no podría existir en la naturaleza. A pesar de esa falla de principio, Kant tuvo el mérito de ser el primero en reconocer el importante papel de la gravitación en el proceso de formación de las estrellas, así como en la génesis planetaria, por lo cual no debe extrañarnos que sus hipótesis básicas, modificadas adecuadamente, sigan siendo de utilidad para tratar de entender esos complicados procesos.

En 1796 Laplace dio a conocer la llamada hipótesis de la nebulosa primitiva, mediante la cual también trató de explicar la formación del Sistema Solar. Para evitar los problemas dinámicos a los que tuvo que enfrentarse Kant, Laplace postuló que la nebulosa primigenia se hallaba animada por un lento movimiento de rotación. Suponía la existencia de una nebulosa gaseosa e incandescente con forma de esferoide, en la que la materia que se encontraba distribuida alrededor de la parte central tenía la propiedad de ser menos densa cuanto más alejada se encontraba de ella.

Como se verá más adelante, esta representación no respondía solamente a una idealización, sino que tenía mucho que ver con el descubrimiento de objetos nebulosos que, al ser observados a través de los telescopios más poderosos de esa época, mostraban un panorama que coincidía con la teoría de Laplace. Además de tomar en cuenta ese hecho observacional, este notable astrónomo analizó teóricamente de forma muy rigurosa el papel que tenían en su modelo las fuerzas de fricción, de atracción gravitacional y centrífuga ocasionada por la rotación, siguiendo para ello el formulismo de la mecánica desarrollado por Newton. Quizás por estas razones su modelo tuvo una gran aceptación, manteniéndose vigente por más de cien años.

En esencia, la teoría nebular de Laplace establecía que al paso del tiempo, la nebulosa primitiva se fue condensando por efecto de la fuerza gravitacional generada por su propia masa, que atraía a todas las partículas hacia su centro, lo que a largo plazo ocasionó que la nebulosa originalmente esferoidal adquiriera forma lenticular, teniendo un abultamiento central bien definido. A partir de éste se formó el Sol, también por un proceso de contracción. Al irse contrayendo ese abultamiento, o protosol, fue aumentando su velocidad de rotación, tal y como establecen las leyes de la mecánica, llegando un momento en el que finalmente se rompió el equilibrio entre la fuerza de atracción gravitacional ocasionada por la masa contenida en el abultamiento y la fuerza centrífuga debida a la rotación del material. Este equilibrio entre ambas fuerzas originó que las partes más externas fueran arrancadas del abultamiento, formando así un anillo gaseoso que, una vez desprendido, siguió girando independientemente del resto de la masa que formaba el protosol, pero con la misma dirección y sentido de rotación que tenía la masa central.

Este desprendimiento de materia no impidió que el protosol continuara contrayéndose, lo que volvió a ocasionar que aumentara su velocidad de rotación, llevándolo de nuevo a una situación de desequilibrio que lo obligó a expulsar otro anillo. Este fenómeno se repitió varias veces, lo cual dio origen en cada ocasión a la formación de un nuevo anillo. El proceso se detuvo cuando cesó la contracción que dio origen al Sol. Los anillos, localizados todos en el plano ecuatorial solar fueron quedando separados, con grandes espacios entre ellos. Debido a que estas estructuras carecían de homogeneidad, resultaron inestables, ocasionando que se fraccionaran en porciones de menor tamaño y forma esferoidal que siguieron girando en torno al cuerpo central. El fragmento mayor de cada anillo atrajo hacia sí a los más pequeños, lo que finalmente propició la formación de un planeta que quedó constituido por un núcleo denso, rodeado por una atmósfera incandescente (figura 41).

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Figura 41. Representación de la teoría nebular de Kant-Laplace.

En torno a los planetas se dio el mismo fenómeno de formación de anillos y crecimiento de fragmentos por incorporación de masas menores, y fue así como surgieron los satélites que se encuentran girando alrededor de la Tierra, Júpiter y Saturno.

La existencia del anillo que rodea ecuatorialmente a Saturno fue para Laplace la confirmación de su hipótesis. Como mecánicamente los anillos sólo pueden existir si son completamente homogéneos, y puesto que por su propio proceso de formación es improbable que esto ocurra, Laplace arguyó que Saturno era el único ejemplo que quedaba en todo el Sistema Solar del proceso de formación que le dio origen, pues en todos los demás planetas no se dieron las condiciones de homogeneidad necesarias para la sobrevivencia de los anillos.

Las teorías de Kant y de Laplace sobre la formación del Sistema Solar son en realidad complementarias, pues, aunque fueron elaboradas independientemente, el tratamiento que ambos autores dieron al problema fue similar, ya que los dos intentaron explicar los mismos hechos observacionales partiendo de las leyes de la mecánica. Durante más de 100 años se aceptó que el sistema planetario había surgido por la contracción y fragmentación de una nebulosa tal y como esos autores proponían, razón por la cual su explicación fue conocida como la teoría de la nebulosa primitiva de Kant-Laplace.

A pesar del tiempo transcurrido desde que se originó esta hipótesis, lapso en el que se han descubierto aspectos muy importantes sobre los mecanismos por los cuales se forman las estrellas, algunos elementos de la teoría de Kant-Laplace han sobrevivido. Manejados adecuadamente, y tomando en cuenta las restricciones introducidas por los datos observacionales actuales, han servido para configurar modelos que tratan de explicar no sólo el origen del Sistema Solar, sino el proceso general de la formación estelar.

En la actualidad todavía no se cuenta con una teoría que explique satisfactoriamente la existencia de los diferentes objetos que forman el Sistema Solar. Éste es un problema que sigue vigente, y en la búsqueda de soluciones seguramente se irán encontrando datos novedosos sobre el sistema planetario y su estrella.

Fuente:

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen3/ciencia3/155/htm/sec_11.htm

Sobre la Termodinámica

Sobre la Termodinámica

Autor: Jolimu

Los teóricos de la Creación dicen que el conjunto Sol-Tierra, conforma en sí mismo un sistema cerrado, puesto que el Sol actúa sobre la Tierra, pero esta no influye para nada en él; solo recibe, sin dar nada a cambio, sin interactuación. Mas yo prefiero mantenerme al margen de si es abierto, cerrado o entrejunto, pues el resultado siempre dependerá de la óptica usada y de la abstracción; prefiero darte la razón y someterme a la idea de un sistema abierto, intentando razonar desde ese criterio.

Es cierto que, si se considera la tierra como un sistema abierto, la vida deriva de la energía solar; sin embargo, esta puede mudar a energía química solo mediante sistemas de conversión complejos tales como la fotosíntesis en las plantas, y los sistemas digestivos de humanos y animales. Nada existe sin ellos. Ante su carencia, el sol no es más que una fuente de energía agresiva que quema, reseca, y produce mutaciones que culminan en cáncer.

Un medio termodinámico sin mecanismo de conversión energético, no apoya la evolución; sea abierto, cerrado o entrejunto. Una gran dificultad de su ‘teoría sintética’, es el hecho de explicar de forma razonable cómo pudieron surgir por sí mismos esos verdaderos ‘ingenios’: la fotosíntesis vegetal y los distintos procesos animales: digestivos, circulatorios, neuronales, respiratorios, etc, que permiten la vida de cada célula.

La influencia solar no es capaz de producir orden por sí misma. La alta temperatura no asegura que los aminoácidos se unan en ordenadas secuencias. La energía por sí sola no es suficiente para que los aminoácidos creen moléculas complejas como las proteínas ni para que éstas formen las estructuras organizadas de los orgánulos celulares. No hay ninguna ley física, química, matemática, o biológica o de cualquier tipo, que haya demostrado que la vida surge de la no-vida.

Miller consiguió unos pocos aminoácidos, pero JAMÁS logró que interactuaran entre ellos, o que dieran la más leve señal de vida. La teoría evolutiva, pese a sus 25 enciclopedias, es incapaz de demostrar que sus explicaciones tienen fundamento; las palabras se adornan, se visten de Ciencia, se les da una apariencia elegante, honesta y seria, pero no son nadas sin pruebas. A la evolución, igual que todas las religiones, solo se le es posible creer desde una fe ciega en ella.

Los cristianos adoramos a Cristo, al Espíritu Santo y al Dios Padre; los defensores evolutivos (ateos) a una impersonal ‘selección natural’, carente de la inteligencia necesaria para crear información escrita y codificada en el ADN: la verdadera fuente de la vida, incluso a escala mínima: la célula.

Como tú mismo dices, y estoy de acuerdo contigo, ‘La característica fundamental de la vida es que está basada en un sistema de información genética, que permite a las propiedades termodinámicas de la vida existir durante mucho más tiempo de lo que debería si no tuviera la propiedad de copiar las moléculas y reproducir su forma en las siguientes generaciones.’

Pero, tu frase nos lleva de nuevo al punto de partida: ¿Quién inscribió esa información tan precisa sobre la fórmula de la vida? ¿Quién codificó esa información, de forma inteligente, para que ocupara el menor espacio posible, y cupiera en el núcleo de una célula eucariota, o disperso en el citoplasma de la bacteria? ¿No te das cuenta que siempre terminamos reconociendo la necesidad de un factor externo controlando la situación, que una información no se hace ella sola si no hay una inteligencia detrás?

Con respecto a la óptica y sus leyes, debes comprender que son leyes derivadas del hombre; y este no ha sido capaz de crear estrellas, planetas, montañas, agua y todo lo que existe. Siempre dirige sus pasos detrás de lo hecho, investigando; por tanto, no hay por qué decir que sus leyes son definitivas; las respuestas adecuadas las tiene el hacedor.

¿Puede la taza de barro decirle al alfarero cómo tiene que construirla? Ante la ausencia de respuestas sobre lo desconocido, la duda es la respuesta más inteligente. Dios lo hizo todo, y si eres paciente, conocerás la verdad, cuando seas espíritu y corras bien tu carrera en esta vida.

Con todos los otros cuestionamientos ocurre igual: el conocimiento humano siempre está en la carencia, pues cada día le trae una pregunta y una contradicción nueva; pero la filosofía y el conocimiento de Dios está en la abundancia, que es otra Dimensión no visible a los ojos humanos. No te hagas un lío buscando un enemigo en la Biblia, pues no es ahí donde está.

El Jesús que nunca conocí: La tentación.

 El Jesús que nunca conocí: La tentación.

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Estoy leyendo un libro del autor cristiano Philip Yancey titulado como he titulado el post: “El Jesús que nunca conocí”. ¿Lo recomiendo? ¡ Sí ! Lo recomiendo, (re-comiendo).

Yo voy por la tercer leida y aún no me canso de leerlo.Siempre que lo vuelvo a leer, descubro nuevas cosas.

En él, el autor comenta su viaje en 1991 a Rusia en tiempos en que el imperio de la Unión Soviética se estaba desintegrando.

Pudo comprobar según sus propias palabras que “setenta y cuatro años de comunismo habían demostrado, más allá de toda duda, que la bondad no se podía legislar desde el Kremlin y obligarse a punta de pistola. Resulta una ironía contundente que los intentos de obligar a la moralidad suelen producir personas desafiantes y gobernantes tiranos que pierden su sentido de moral“.

Esta última frase en negrita es aplicable (literal y prácticamente en su totalidad) a algunas congregaciones evangélicas de la actualidad.

Inmediatamente después de presentar esta experiencia, Philip Yancey hace una analogía entre el poder de Satanás y de Dios, mencionando la lucha en el desierto entre Jesús y su tentador.

El autor haciendo una paráfrasis de dicho diálogo comenta:

La tentación desenmascaró a Satanás, y Dios siguió siendo el mismo. “Si eres Dios”, dijo Satanás, “sorpréndeme y actúa como Dios debiera actuar”. Jesús contestó: “Sólo Dios decide estas cosas, por lo tanto no voy a hacer nada sólo porque me lo pidas.”

El diablo tiene el poder de coaccionar, de deslumbrar, de forzar a la obediencia, de destruir. Los humanos han aprendido mucho de ese poder…

… El poder de Dios, por el contrario, es interno y no coercitivo. Ese poder a veces puede parecer como debilidad. En su compromiso por transformar suavemente desde adentro y en su inquebrantable dependencia de la elección humana, el poder de Dios puede parecerse a una especie de abdicación. Como saben los padres y los enamorados, el amor se puede volver impotente si el amado decide desdeñarlo.

A veces desearía que Dios empleara un toque más fuerte. Mi fe sufre a causa de demasiada libertad, de demasiadas tentaciones de incredulidad. A veces deseo que Dios me abrume, supere mis dudas con certidumbre, brinde pruebas definitivas de su existencia y de su preocupación.

Deseo respuestas rápidas y espectaculares a mis oraciones, sanidad para mis enfermedades, protección y seguridad para mis seres amados.

Cuando pienso en estos términos, veo en mi mismo un eco débil y resonante del desafío que Satanás le lanzó a Jesús hace dos mil años.

Dios resiste estas tentaciones y opta por una forma más lenta y discreta.

George MacDonald dijo:

En lugar de aplastar el poder del mal con su fuerza divina; en lugar de imponer justicia y de destruir a los injustos; en lugar de establecer la paz mediante el gobierno de un príncipe perfecto; en lugar de juntar a los hijos de Jerusalén bajo Sus alas, quisieran o no, para salvaguardarlos de los horrores que angustiaban su alma profética, dejó que el mal hiciera su labor mientras pudiera; se contentó con los caminos lentos y desalentadores de ayudar en lo esencial; hacer buenos a los hombres; arrojar, y no simplemente controlar, a Satanás…
Amar la justicia y hacer que crezca, no desquitarse…
Resistió todos los impulsos de actuar más rápidamente para conseguir un bien menor.

Y continúa Philip Yancey: Lo más sorprendente de Dios es su negativa a actuar. La terrible insistencia de Dios en la libertad humana es tan absoluta que nos dio poder para vivir como si Él no existiera, para escupirle el rostro, para crucificarlo. Todo esto lo tuvo que saber por anticipado Jesús cuando se enfrentó con el tentador en el desierto, centrando su grandioso poder en la fuerza de refrenarse

Creo que Dios insiste en refrenarse porque ningún despliegue pirotécnico de omnipotencia conseguiría la respuesta que desea. Aunque se puede obligar a la obediencia por la fuerza, sólo el amor puede producir una respuesta de amor, que es lo que Dios desea de nosotros y la razón por la que nos ha creado.

Hasta aquí el increíble texto de Yancey. Ese “poder de refrenarse”… ¿quién lo posee? Algunos cuentan hasta diez antes de explotar, otros ni recuerdan el “uno” que ya están rojos de ira. Pero, poseer TODO el poder y refrenarse por amor, es algo inconmesurablemente hermoso.

Este freno de Dios, es precisamente una demostración del increíble poder de Dios. Quien sabe contenerse. Sabe soportar. Es generoso en paciencia.

En otro párrafo, Yancey menciona que Jesús no pretendía convencer a nadie que lo siga. No se lo veía con la Torá persiguiendo a nadie que no quisiera escuchar. Su auditorio se acercaba a la fuente.

Ocasionalmente, Jesús pasaba por algún camino y conversaba con alguien, pero jamás presionó a nadie respecto de tomar decisión alguna. Al joven rico, le dijo qué debía hacer, pero como Su respuesta no era lo que el joven adinerado había ido a buscar, se volvió por su camino. Jesús sólo lo miró alejarse con dolor y “lo amó” dicen las escrituras.

Es muy distinto a las “estrategias de evangelismo” o hasta el uso de diversos tipos de engaño para convencer a alguien de que asista a una reunión, haciéndole creer que sólo escuchará música, cuando sabemos que lo arrastraremos hasta el momento de la oración.

Jesús no usó ningún tipo de violencia para convicción de sus amados. No utilizó las palabras para engañar a sus amigos, ni para ejercer poder sobre un tercero.

Se movió por la tierra según la voluntad de Dios hasta cumplirla por completo en la cruz.

Eso es saber refrenarse y amar. No otra cosa.

En la tapa posterior del libro escriben lo siguiente, acerca del libro:

«¿Qué sucede cuando un prestigioso periodista cristiano decide poner á un lado sus prejuicios para escudriñar detenidamente al Jesús que se describe en los Evangelios? ¿Qué parecido tiene el Jesús del Nuevo Testamento con el Jesús “nuevo, redescubierto” o incluso con el Jesús que creemos conocer tan bien?

El autor de éxitos editoriales Philip Yancey dice: “El Jesús que llegué a conocer al escribir este libro es muy diferente del que me enseñaron en la escuela dominical. En algunos aspectos es más reconfortante; en otros, más aterrador.”

Yancey ofrece una perspectiva nueva y diferente de la vida de Cristo y de su obra —su enseñanza, sus milagros, su muerte y su resurrección— y en última instancia, quién fue y por qué vino. Al relacionar los acontecimientos de los Evangelios con el mundo en que vivimos hoy, El Jesús que nunca conocí nos ofrece una descripción conmovedora y reconfortante del personaje principal de la historia. Siempre dispuesto a abordar preguntas difíciles, Yancey examina las palabras radicales de este carpintero y se pregunta si lo estamos tomando lo bastante en serio en esta época nuestra.

Desde el pesebre de Belén hasta la cruz de Jerusalén, Yancey presenta una personalidad compleja que provoca interrogantes y respuestas. Es un Jesús perturbador y estimulante que quiere transformar radicalmente nuestra vida y ensanchar nuestra fe.

El Jesús que nunca conocí pone al descubierto a un Jesucristo brillante, creador, desafiante, audaz, compasivo y convincente. Este libro le ayudará a descubrir a un Jesús diferente de la figura tradicional de la Escuela Dominical, del Salvador de dulce sonrisa encasillado en determinados moldes religiosos.

Philip Yancey es redactor especializado de la revista Christianity Today y ha escrito varios libros que han recibido premios, entre ellos Desilusión con Dios, | publicado por Editorial Vida.»

Que el Señor los bendiga !

Fuentes:

 

HIJO DE DIOS

HIJO DE DIOS  

Título mesiánico más importante que Jesús usaba en la revelación de sí mismo. Aparece a veces en forma sencilla («el Hijo») y a veces con otras palabras descriptivas.

Antecedentes

Israel fue llamado hijo primogénito de Dios, objeto especial de su amor y cuidado (Éx 4.22). Dios mismo prometió establecer el trono de su reino eterno, sobre el cual tanto Salomón como sus descendientes se sentarían (2 S 7.13s). La promesa divina a Salomón fue: «Yo seré su Padre, y Él será mi hijo», pero en la distancia se podía vislumbrar al ® Mesías, de quien se podría decir lo mismo. Dios designa a su Ungido como su hijo (Sal 2.7). Ninguno de estos versículos usa la frase completa, pero es claro que siempre se habla de los que son hijos de Dios en una forma especial, sea Israel, Salomón o el Mesías. Los dos últimos pasajes se citan con frecuencia en el Nuevo Testamento con referencia a Jesús (cf. Heb 1.5, donde los dos se encuentran juntos). En Job 1.6 y 2.1 la frase «hijo de Dios» designa los seres celestiales que están en la presencia de Dios.

El título indica la creación inmediata de Dios. Adán era el hijo de Dios, porque lo creó (Lc 3.38); y el mismo Jesús era resultado directo de la actividad creadora de Dios en la virgen María (Lc 1.35).

El título tiene también un sentido de creación espiritual: todos los que creen en el Hijo de Dios llegan a ser hijos de Dios (Jn 1.12). Este es el significado del nuevo nacimiento de que habla Jesús (Jn 3.3, 5, 7); la frase «nacer de nuevo» puede traducirse «nacer de arriba». La enseñanza de que Dios es nuestro Padre y que somos sus hijos tiene apoyo especial en los Evangelios según Mateo y Juan (cf. Ro 8.14, 15, 19; Gl 3.26; 4.5, 6).

Designación Especial de Jesús

Algunos usos de este título indican la deidad de Jesús: el Hijo de Dios es realmente Dios, el Hijo. Se ve esto en el primer capítulo de Juan, en donde se habla del Hijo unigénito de Dios, o sea, el único de su clase (Jn 1.14, 18); es la misma persona a la que se le llama el ® Verbo en 1.1, que era con Dios y era Dios. Los judíos comprendieron que Jesús se igualaba con Dios al decir que el Padre y Él eran uno mismo (Jn 10.30, 33), o cuando dijo ser el Hijo de Dios (Jn 10.36).

En un pasaje considerado como juanino en el Evangelio según Mateo (11.27), la relación entre el Padre y el Hijo solo se explica por igualdad de esencia:

1. El Padre ha entregado en las manos del Hijo todas las cosas.

2. Hay un mutuo conocimiento entre el Padre y el Hijo solo explicable entre iguales.

3. El Hijo tiene la autoridad de revelar el Padre a quien quisiera.

En segundo lugar, el título Hijo de Dios se usa para explicar la subordinación de Jesús al Padre en la ® Encarnación. El Padre es mayor que Él (Jn 14.28) y por eso Jesús se somete a su autoridad en todo, pero la armonía de ambos en propósito y acción es perfecta (Jn 5.19–38).

En tercer lugar, señala a Jesús como el Mesías. La voz del Padre en el bautismo (Mt 3.17) anuncia que Jesús es el Hijo que Dios ha escogido para llevar a cabo el ministerio mesiánico del siervo sufriente de Isaías (los textos del Antiguo Testamento que corresponden a las palabras del Padre son Sal 2.7 e Is 42.1). Aquí se ve la combinación de los primeros puntos arriba mencionados: Jesús es Dios, el Hijo, quien en su encarnación siendo sumiso a la voluntad del Padre, llega a ser el Mesías y a sufrir los tormentos de la cruz.

Nótese que los títulos «Hijo de Dios» y «Cristo» (que significa Mesías) se encuentran juntos en pasajes muy importantes: en la gran confesión de Pedro (Mt 16.16); en el juicio ante el sumo sacerdote (Mt 26.63); y también en la declaración del propósito del cuarto Evangelio (Jn 20.31).

Fuente:

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

HIJO DEL HOMBRE

HIJO DEL HOMBRE  

Término que aparece ochenta y dos veces en los Evangelios con referencia a Jesús, y solo tres veces en el resto del Nuevo Testamento (Hch 7.56; Ap 1.13; 14.14). En los Evangelios solo Jesús lo usa, a excepción de Jn 12.34. Era la manera en que prefería denominarse a sí mismo y a su ministerio mesiánico.

Hay tres posibles fuentes en el Antiguo Testamento:

1. Es sinónimo de «varón» en la frase «el hombre … o el hijo del hombre» (Sal 8.4).

2. Es el nombre especial con que se designaba a Ezequiel (2.1; 3.1; 4.1) y a Daniel (8.17).

3. Es un personaje celestial y apocalíptico que desciende del cielo para tomar el poder de los reinos del mundo al final de la historia (Dn 7.13s).

También se encuentra en dos escritos judíos (® Apócrifa) del período intertestamentario, Enoc y IV Esdras. Muchos eruditos aceptan la referencia en Daniel como fuente del uso del término por el Señor, y creen que al usarlo, decía ser el ® Mesías. Pero quienes oían a Jesús se sentían perplejos al escuchar el término, ya que el Mesías tenía que venir de la línea de David (2 S 7.12ss).

Uso Del Nombre

Al principio de su ministerio el Señor usaba la frase para indicar ciertos aspectos de su ministerio mesiánico. Como el Hijo del Hombre, tenía la autoridad de perdonar pecados (Mc 2.27s); pero no tenía dónde recostar la cabeza (Mt 8.20) y las personas hasta podían blasfemar contra Él (Mt 12.32). Sin embargo, serían bienaventurados todos los que fueran perseguidos y aborrecidos por causa del Hijo del Hombre (Lc 6.22).

Después de la confesión de Pedro, estando los discípulos convencidos ya de que Jesús era el Mesías (Mt 16.16), el Señor empleó el término con dos significados nuevos:

1. Como título que implicaba sus sufrimientos, muerte y resurrección (Mc 9.12, 31; 10.33s,45, etc.).

2. Como título que denunciaba su Segunda Venida en gloria y poder (Mt 16.27; 25.31–46; Mc 13.26ss; 14.62; Lc 17.24).

El segundo correspondía casi exactamente al cuadro de Dn 7.13s, pero el primero, el de sus sufrimientos y muerte, complicaba más la identidad de Jesús para sus contemporáneos.

En el cuarto Evangelio Juan agrega a este cuadro la enseñanza de que el Hijo del Hombre es juez (5.27) y el dador de la vida eterna (6.27) que será glorificado por sufrir la cruz (12.23, 34; 13.31).

Su Significado

Todo esto parece enigmático; los mismos eruditos luchan por encontrar el verdadero significado del término. Es posible, sin embargo, que Jesús usara esta frase poco comprensible para indicar su mesiandad, y a la vez evitar el término «Mesías» que solía interpretarse en sentido militar. Jesús no quería que lo confundieran con un Mesías militar que libertaría a Israel del dominio de Roma. Por eso, escogió un título que manifestaba su mesiandad sin el peligro de ser entendido mal.

Fuente:

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 4

EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 4

Capítulo 3. La iluminación de la razón.
Aunque la teoría de la iluminación no es originaria de San Agustín, aclara J. A. García-Junceda, sino que “aparece ya esbozada en la filosofia helenística tanto cristiana como no cristiana [.. .j tanto en San Pablo como en San Juan, desarrollada entre los gnósticos y con una presencia indudable en el neoplatonismo especialmente en la figura de Plotino [...j sin embargo, y con referencia a los contenidos mismos, [.1 tiene un signo claramente autónomo y diferenciador como consecuencia del impacto del Cristianismo”.37’ Agustín dice:
“En las visiones intelectuales, una cosa son los objetos que se ven en la misma alma... Y otra cosa es la misma luz, que ilumina el alma, para ver los objetos que, en sí misma o en la luz, entiende con verdad. Porque esta Luz es Dios mismo”372
Ya hemos visto que Dios imprime la verdad en el alma del hombre, en el libro de la luz que llamamos verdad.373 Entonces, para explicar su teoría de la iluminación,
36° Alesanco, T., 1968, pág 19. Siguiendo a Agustín en: De div Quaest 83, 46, 2.
370 Rist, J.M., “Forms of individuals in Plotinus”, The Classical Quarterly, Vol. XIII — N° 2 — Toronto, University College, 1963, pág. 224.
García-Junceda, J. A.,1986, pág.168.
• 372 De Gen. adlitt XII, 31, 59.
• De Trrn. XIV 15, 21: “,Dónde están escritas las leyes [moralesj por las que conoce el hombre
lo justo y lo injusto?... ¿Dónde han de estar escritas, sino en el libro de aquella luz que llamamos verdad?
De ella se copia toda ley justa y pasa al corazón del hombre que obra justamente, no trasladándose, sino imprimiéndose: lo mismo que la imagen del anillo pasa a la cera sin dejar el anillo.”

Agustín compara la función que cumple la luz divina en el conocimiento inteligible, con la que cumple la luz fisica en el conocimiento sensible:
“cuando considero los sentidos del cuerpo, que son instrumentos de que usa el alma, y me suministran algún elemento de comparación con el entendimiento, no puedo menos que confesar que nadie puede ver las tinieblas. Por lo cual, si es a la mente el entender lo que a los sentidos el ver, y aunque uno tenga los ojos sanos, abiertos y puros, con todo, no puede ver las tinieblas, no habrá ningún absurdo en decir que no puede entenderse la estulticia, porque ella forma las tinieblas de la mente”374
Según Agustín, el hombre es recipiente de una verdad que es reflejo de la Verdad. La mente humana puede conocer la verdad que está en ella pero no la crea, le es dada por Dios. Por lo tanto, para conocer una verdad que le trasciende y que está impresa en su memoria, es necesario que la razón sea iluminada con la luz de la Verdad, de Dios, y así pueda ver lo que está impreso en su interior. Los ojos ven los objetos cuando estos son iluminados por la luz del sol y, así mismo, la mente ve los objetos inteligibles cuando son iluminados por la luz de Dios. El Creador mismo imprime en la criatura humana las nociones y le proporciona la luz para encontrarlas.
Esta verdad es objetiva,375 es decir, universal, pero no es sensible, no es el resultado de la elaboración de imágenes venidas del exterior.
“En consecuencia, no podrás negar que existe la verdad inmutable, que contiene en sí todo lo que es inmutablemente verdadero, a la cual no puedes llamar tuya ni mía ni de nadie, sino que misteriosamente, como una luz secreta y pública a la vez, está presente y a la disposición, en común, de todos los que son capaces de ver las verdades inmutables. Ahora bien, lo que pertenece en común a todos los seres racionales e inteligentes nadie dirá que es propiedad de ninguno de ellos”376
Además, en cierto sentido, podemos decir que la verdad es subjetiva, añade Pegueroles, pues está en la razón del sujeto, (sería falso decir que es subjetiva porque resulta de una elaboración mental, como vimos) y, en este sentido, es innata (no en el sentido platónico de estar en un alma que ha vivido independiente del cuerpo en una vida anterior, sino por ser un conjunto de principios que no han sido adquiridos por la experiencia y que son anteriores a ella).
De Ordinell, 3, 10.
.
. Pegueroles, Juan, “El pensamiento filosofico de San Agustul’, Barcelona, Editorial Labor, 1972, pág. 38.
376 De Liberum Arbitrio II, 12, 33.

Sciacca resume así las diferentes clases de iluminación, que Dios proporciona al hombre: a) el hombre posee la luz natural de la razón que le ha sido dada por Dios, y con la cual juzga acerca de las cosas; b) la luz de la inteligencia o la intuición de las primeras verdades inteligibles (fundamento de la veracidad de los juicios de la razón), también ella natural y creada, pero que, con el fin de que pueda el hombre conducirse y permanecer en el orden de la verdad, está sostenida por Dios mismo; y esta intervención es la luz especial, c) la luz de la gracia para las verdades sobrenaturales, que es absolutamente gratuita y no ya de orden humano o racional.”377
La iluminación interviene en todos los procesos cognoscitivos, incluso en la sensación. ¿Significa esto que el hombre agustiniano es un simple receptor, que toma todo de Dios?. No, la razón hace del hombre un ser activo en el conocimiento, pues por medio de ella busca la verdad, emite juicios, hace comparaciones, elabora conceptos, reflexiona sobre las sensaciones, etc. Pero todas estas actividades son posibles sólo porque la razón recibe la luz divina para ver las verdades eternas. La razón no es luz por sí misma, sólo Dios es luz por sí.
Dios colabora para guiar al hombre (quien, después de la caída es imperfecto) incluso en el conocimiento del mundo material. Se hace evidente, por lo tanto, el componente cristiano que, a través de la iluminación, se introduce en la gnoseología agustiniana.
Ahora bien, ¿cómo se produce la iluminación?, ¿es necesaria en algún momento la abstracción para obtener el conocimiento inteligible?.
Antes de mencionar las principales interpretaciones que se han hecho sobre la iluminación agustiniana, resumiremos el concepto de abstracción aristotélica con el fin de tener una visión más clara de la diferencia entre abstracción e iluminación. Aristóteles dice que “El matemático despoja a las cosas de todas las cualidades sensibles (peso, ligereza, dureza, etc.) y las reduce a la cantidad discreta y continua; el fisico prescinde de todas las determinaciones del ser que no se reduzcan al movimiento. De análoga manera el filósofo despoja al ser de todas las determinaciones particulares (cantidad, movimiento, etc.) y se limita a considerarlo sólo en cuanto ser”378 Según Aristóteles, tanto el conocimiento sensible como el intelectual proceden por abstracción:
“El conocimiento sensible consiste, en efecto, en adquirir las formas sensibles sin la materia, como la cera adquiere la impronta del sello sin el hierro o el oro de que está compuesto”379 y el intelectual abstrae de las formas sensibles, las formas inteligibles que están presentes en ellas.38° Aristóteles no acepta que los principios universales se encuentren en nuestra mente impresos por Dios, él opina que tenemos alguna capacidad que nos permite obtener los universales de las cosas381. Entonces, para él, el hombre no
377
• Sciacca, M., 1957, pag. 258.
378 Aristóteles, Metafisica, XI, 3, 1061a 28 ss., 1061b, Madrid, Ed. Gredos, S.A., 1990, págs. 545
y 546.
• Aristóteles, De An., II, 12, 424 a 18. Citado en: Abbagnano, N., Diccionario de filosofia, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, pág. 5.
380 Aristóteles, DeAn.,Ill, 7, 431 ss. Citado en: Abbagnano, N., 1993, pág. 5.
381 “Sostener que los tenemos desde el principio es absurdo: que poseemos, en realidad, tales
elementos del conocimiento, conocimiento superior a la demostración, sin reparar en él. Pero si los adquirimos sin haberlos tenido anteriormente, ¿cómo podríamos llegar a conocerlos y aprenderlos si no

tiene ideas innatas, sino capacidades innatas, como, por ejemplo, la capacidad de percibir, de recordar, de abstraer los universales y hacer definiciones de las cosas, es decir, de hacer ciencia.382 Tales capacidades son manifestaciones del alma racional humana, que es la forma más elevada de alma.
Los tres tipos de almas que enumera Aristóteles forman una serie en la cual la superior presupone la inferior, de manera que la humana, la más excelente, presupone la vegetativa (cuyas funciones son la asimilación y la reproducción) y la sensitiva (que se ocupa de la percepción sensible, el deseo y el movimiento local. La imaginación y la memoria pertenecen también al alma sensitiva). El alma humana posee una función sobresaliente, que es el entendimiento (nous), capaz de intuir los principios de las demostraciones que no pueden ser deducidos por la ciencia y los términos últimos”, es decir, los fines a los cuales se subordina la acción. El nous es la única parte del alma que preexiste al cuerpo y es inmortal, pero aunque proceda del exterior, permanece en el alma mientras vive el hombre, por eso su procedencia externa significa, más bien, según Reale, “su trascendencia en el sentido de diferencia de naturaleza; es decir, significa alteridad de esencia con respecto al cuerpo; significa la proclamación de la dimensión metaempírica, suprasensible y espiritual que hay en nosotros”.383
Si la misión del entendimiento es aprehender las formas puras, entonces debe contener un principio potencial donde pueda recibirlas. Eso piensa Aristóteles: “Con respecto a la parte del alma, con la que ésta conoce y piensa —ya sea ésta algo separado,
o bien algo no separable espacialmente pero sí idealmente- [.1 la mencionada parte del alma no debe padecer nada, sino tan sólo recibir la forma, y convertirse potencialmente en semejante a la cosa, pero no ya en la cosa misma; en suma, la relación del pensante con lo pensado debe ser semejante a la del que siente con lo sentido. [.1 el intelecto no puede tener ninguna otra naturaleza que no sea precisamente el ser potencialidad. Por
tenemos ningún conocimiento pre-existente? Esto es imposible, como decíamos al hablar de la demostración. Es, por lo tanto, evidentemente imposible, o bien que lo tengamos desde el comienzo, o bien que lo adquiramos. si somos ignorantes y carecemos de toda clase de conocimiento. De ello se sigue que debemos tener ya alguna capacidad’ Aristóteles, Segundos .4nabticos II, 19, 99b26-34. Citado en:
Ackrill, J.L., 1984, pág. 196.
382 Aristóteles explica como se desarrolla el conocimiento empezando por la capacidad de percibir y pasando por las otras capacidades del hombre: “Esta capacidad pertenece, en realidad, a todos los animales, pues tienen ellos una capacidad innata de discernimiento, la denominada percepción. En algunos animales tiene lugar la retención de los preceptos, en otros no. Para aquellos en los que no tiene lugar... no hay conocimiento fuera de la percepción; pero otros pueden después de percibir algo, retenerlo aún en sus mentes. Y después de muchas ocasiones de este tipo, se origina una nueva diferencia: algunos llegan a tener un logos a partir de la retención de tales cosas, mientras que otros no. De la percepción, pues, proviene el recuerdo, y del recuerdo —cuando el recuerdo de la misma cosa ocurre con frecuencia — la experiencia. Y de la experiencia, o del todo universal que ha llegado a quedarse en la mente —lo uno distinto de lo múltiple, siempre que sea uno y el mismo en todas las cosas distintas-, proviene un principio de la técnica o del conocimiento científico: de la técnica, si concierne a lo que llega a ser; del conocimiento científico, si concierne a lo que es. Así, los estados en cuestión [i.e. los del conocimiento de los principiosj, ni se dan en nosotros de una forma ya determinada, ni se originan de otros estados que conozcan más que ellos, sino que se originan en la percepción. [...j Es, pues, evidente que es mediante la inducción como hemos de alcanzar a conocer las primeras cosas. Porque es también de este modo como la percepción implanta lo universal en nosotros.” Aristóteles, Segundos .4nahticos II, 19, 99b34-1 00b4. En J.L. Ackrill, 1984, págs. 196 y 197.
383 Reale, Giovanni, Introduccion a .4ristoteles, Barcelona, Ed. Herder, 1992, pág. 94.

tanto, la parte del alma que llamamos nous no es, en acto, ninguna de las realidades existentes, antes de su pensar efectivo. 384
Por otro lado, si las formas están potencialmente contenidas en las sensaciones, en la imaginación y en la memoria, será menester que el entendimiento posea también un principio de acción que actualice el pensamiento, que sea capaz de aprehender en acto a las formas, para que estas, que están en las imágenes, lleguen a ser conceptos poseídos en acto. Es decir, un entendimiento que sea pura potencialidad no puede conocer, sólo puede registrar formas. De ahí nace la división aristotélica entre “entendimiento en potencia o posible” y “entendimiento agente”.
El entendimiento agente es el que intuye los primeros principios y es. también, el que abstrae las formas que están potencialmente en las imágenes sensibles. Cuando deposita esas formas en el entendimiento posible, ya son conceptos en acto. Aristóteles menciona así esta división: “por una parte, está el intelecto que tiene la potencialidad de ser todos los objetos, por la otra, el intelecto que produce todos, [.1 y este intelecto está separado, es impasible y carece de toda mezcla, puesto que en su esencia es acto”.385
Aristóteles considera al conocimiento científico como un procedimiento fundamentalmente deductivo, cuya herramienta es la demostración silogística. Su meta es hallar las causas de las que dependen hechos determinados, deduciendo lo particular de lo general y el efecto de su causa. Pero reconoció que la premisa mayor del silogismo no puede obtenerse deduciéndola de los primeros principios (por ejemplo, “Todos los hombres son mortales” es una afirmación que proviene de la observación de tantos casos particulares a lo largo de la historia, que se puede decir de todos los casos) pues nuestro conocimiento comienza con lo particular (con los productos de la sensación) para llegar después a lo universal. Así que tampoco se pueden deducir los universales a partir de las imágenes sensibles. Por ello recurrió a la inducción como el procedimiento por el que se obtiene lo universal a partir de lo particular. La inducción que Aristóteles considera científica es la completa, la que enumera todos los casos. No se trata de un raciocinio, como asegura Reale, sino de “una ‘conducción’ de lo particular a lo universal en virtud de una especie de aprehensión inmediata o de intuición”386, que, podemos añadir, es la abstracción. Es decir, abstracción es la captación inmediata de la semejanza entre grupos de objetos singulares o entre eventos repetidos.
Resumiendo, señalaremos que el entendimiento agente realiza, en primer lugar, el acto de intuición que de manera pura y simple aprehende los primeros principios (el principal es el de ‘no contradicción’ y luego están los axiomas fundamentales de las ciencias) y, en segundo lugar, participa en el proceso inductivo, captando de manera inmediata, es decir, abstrayendo, la condición necesaria que permite enunciar algo con respecto a cada objeto particular (el que se elige como un ejemplar del caso determinado) y que podremos, finalmente, afirmar de todo el conjunto (por ejemplo, enunciamos algo con respecto a cada una de las especies de un género y luego lo afirmamos con respecto al género).
384 Aristóteles, De anima T 4, 429a 1O-429b 10. Citado en: Reale, G., 1992, pág. 92.
385 Aristóteles, Deanima, T 5, 430a 10-23. Citado enReale, G., 1992, pág. 93.
386 Reale, G., 1992, pág. 150.

Por otra parte, la iluminación, nunca puede ser un procedimiento inductivo. Lo particular en Agustín nunca conduce a lo universal. Algunos autores, como, por ejemplo, el padre Boyer, quieren ver en la iluminación agustiniana una forma de abstracción, para aproximar su gnoseología al realismo aristotélico, pues consideran que lo que Dios ilumina es la capacidad de la mente para conocer y no los universales que están a priori en el alma. Pero el sujeto agustiniano no extrae los universales de las cosas y profesa un realismo teológico en su manera de conocer el mundo.
Teniendo esto presente veamos las más notables interpretaciones dadas al tema de la iluminación, siguiendo el esquema de Pegueroles.387
3.1- La interyretación ontologista
El ontologismo es una doctrina según la cual el filósofo no inicia su labor en el hombre sino en Dios y posee una intuición directa del ser. Dios es lo primero conocido y en El se conocen todas las demás cosas. Esta interpretación postula que vemos las ideas y las cosas en Dios. “Ver la verdad ‘a la luz de Dios’ es ver la verdad en Dios. Ver las verdades eternas en Dios es ver las Ideas divinas. Ver las ideas divinas es ver a Dios”388, explica Pegueroles y, a continuación, refuta esta interpretación diciendo que si tuviéramos una intuición directa de Dios, no tendríamos que elaborar pruebas de su existencia.
Sciacca389 también refuta este argumento. Aunque admite que en Agustín hay un “supuesto ontológico, que es la condición metafisica del conocimiento”, afirma que esto no significa que el hombre pueda ver directamente las ideas en Dios. La iluminación es superracional, las ideas divinas están presentes en la mente de una manera análoga, como reflejadas en un espejo. Este conocimiento especular, indirecto, reproduce todos los rasgos del modelo pero dentro de sus limitaciones constitutivas. Si viéramos las cosas en Dios, la creación sería innecesaria. Pero “sin la sensación o la experiencia de las cosas, no existe su noción; por lo tanto, la iluminación no hace superfluo el conocimiento sensible”390. Aquí Sciacca llevó el argumento agustiniano a un extremo que consideramos alejado del pensamiento del Obispo de Hipona. En vez de decir que sin la sensación no existe la noción, podríamos decir que sin la imagen creada por la mente a partir de la sensación, la noción no se hace expresa, es decir, no tendríamos conocimiento expreso de ella. Pues, en el sistema de Agustín lo más real y más existente es Dios; de hecho, en Dios esencia y existencia son una misma cosa. Junto a El, está el Verbo, recipiente de las Ideas, compartiendo con Dios la esencia. Después, el alma especular, que participa de Dios pues de El recibe su ser, la vida y la inteligencia, recoge las Ideas divinas en forma de nociones que habitan en una luz eterna, en un nivel trascendental del espíritu, una región de la memoria que Agustín llama Memoria Dei
387 Pegueroles, J., 1972, págs. 41- 43.
388 Pegueroles, J., 1972, pág. 41.
389 Sciacca, M., 1957, págs. 226-274 y 366-385.
390 Sciacca, M., 1957, pág. 368.

Agustín afirma que es mejor la razón que el cuerpo, pues todo lo creado es más substancial cuanto más participa de su creador:
“Mejor es nuestra razón que nuestro cuerpo, y nuestro cuerpo es ya una sustancia: Y si es mejor ser una sustancia que ser nada, nuestra razón tiene que ser algo... Pero el cuerpo humano es mudable, mientras que la razón es inmutable. Mudable es lo que no mantiene siempre el mismo modo. En cambio, una proporción, por ejemplo, “dos y cuatro son seis”, retiene siempre el mismo modo”.39’
Alguien podría decir que sin la sensación la noción no existe para nosotros, porque no la conocemos, sólo al ser expreso un conocimiento estamos conscientes de él, pero esta no es la manera en la que Agustín expresaría su teoría del conocimiento. Las nociones están permanentemente presentes al alma, el sujeto sólo tiene que tener la voluntad de buscarlas. La sensación es el principio, como vimos392, pero no garantiza que el sujeto descubra esas nociones que están en él. Muchos seres humanos pasan su vida perdidos en el mundo sensible sin alcanzar el verdadero conocimiento, dice Agustín393. La iluminación es un don para todos los que desean progresar hacia la verdad y esto supone un esfuerzo continuo y prolongado de la razón y la voluntad.
Aún si las nociones no se hacen expresas, el alma puede contemplarlas, lo cual muestra que ellas existen en nuestra mente aunque no lo sepamos conscientemente. Agustín habla también de la razón superior, o entendimiento, que contempla directamente sin ayuda de los sentidos las verdades que están en la memoria. Y nos explica:
“Razón es la mirada del ánimo con la que por sí mismo, y no mediante el cuerpo, contempla lo verdadero; o también es la contemplación inmediata de lo verdadero; o también es lo verdadero que el ánimo contempla directamente394. En la primera forma, nadie duda de que se da en el ánimo. En la segunda y tercera cabe la discusión. Pero la segunda forma no puede producirse sin el ánimo. Sobre la tercera hay un grave problema: ¿Subsiste en sí mismo lo verdadero, que el ánimo contempla directamente y no mediante el instrumento corporal? ¿No reside en un ánimo? O puede darse sin un ánimo? Sea esto lo que sea, el ánimo no podría contemplarlo si no se
La Inmortalidad del Alma II, 2.
392 En el capítulo uno.
. “Los hombres [...j llevados del amor de estas cosas visibles, se sujetan a ellas como esclavos;
y así no pueden juzgar de las criaturas, pues para eso habían de ser superiores a ellas. Estas cosas visibles
[...j a todos hablan, pero solamente las entienden los que saben cotejar aquella voz que perciben por los
sentidos exteriores con la verdad que reside en su interior.” ConfesionesX, 6, 10.
“Al dar esa triple definición, como potencia, acto u objeto, se evidencia la riqueza pero también la ambigüedad del término latino ratio. Agustín se preocupaba por ello, por esta problemática que se extenderá en el De Quantitate animae, en el De libero arbitrio y en el De Musica.” La inmortalidad del alma VI, 10, Nota 12.

pusiera en contacto con ello. En efecto, todo lo que contemplamos tenemos que captarlo con la mente y lo contemplamos ya con el sentido, ya con el intelecto. Cuando captamos con el sentido, sentimos al mismo tiempo que el objeto está fuera de nosotros y que ocupa un determinado espacio, y por eso afirmamos que no puede ser percibido. En cambio, cuando entendemos, entendemos también que los objetos no están colocados fuera, sino dentro del sujeto: al entenderlos, entendemos también que no ocupan espacio alguno”.395
El ánimo, alma, o animus. es para Agustín el “sujeto pensante”, el “ser racional”. El animus no es luz propia sino luz participada.396 En este texto, Agustín afirma que lo verdadero es contemplado directamente por la razón y entonces se pregunta si lo verdadero, que se contempla directamente y sin intervención de los sentidos, existe en sí mismo, o sólo se da en un sujeto pensante. A esto responde que alguien que contempla necesita “algo” que pueda ser contemplado (para ponerse en contacto con ese algo) y este principio, según él, es aplicable tanto a los objetos sensibles en el acto de la sensación, como a los inteligibles en el acto de la intelección.
Es de notar que aquí Agustín habla de lo verdadero, no de la Verdad que, como vimos en el capítulo 1, se refiere a los objetos particulares. Así que podríamos decir que los conceptos o las formas verdaderas de los objetos, es decir, los objetos inteligibles a los cuales se asemejan los objetos sensibles, están en la mente y existen en sí mismos. La sensación sólo pone ante la razón los elementos que incitan a la razón a buscar los modelos inteligibles.
Estamos de acuerdo con Sciacca en que la iluminación no hace superflua la sensación. Los sentidos son el lugar natural de inicio del conocimiento para un ser compuesto de alma y cuerpo.
En conclusión, el ontologismo que interpreta la iluminación como visión directa de Dios, está muy lejos del pensamiento de Agustín, y de las Sagradas Escrituras.
3.2- La interyretación según las Ideas innatas.
• La Inmortalidad del Alma VI, 10.
396 “Agustín recogía del clasicismo el término ammus, pero pensaba en el alma en sentido
cristiano, en la persona. Así, después de hablar tanto del ammus, termina hablando del anima. De por sí, ammus significaba ratio, mens, mientras anima sería la vida, el principio vital, el principio de “animación”. Como vemos en este librito, identifica ambos términos. En general, al combatir 1 naturalismo, estoico o epicúreo, prefiere hablar de anima, procurando no someter el animus al devenir. Por eso D. Gentili, en la traducción italiana, traslada por “sujeto pensante”. Sin embargo, es imposible someter a Agustín a una terminología técnica y escolástica.” De inmnortalitate animae, Nota Complementaria n° 3, “Obras Completas de San Agustín” tomo XXXIX, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1988, pág. 681.

a) En sentido platónico: según Pegueroles397, Platón pensaba que el alma preexiste a la actual existencia terrena y en esa preexistencia conoce directamente las Ideas. El conocimiento consiste, entonces, en recordar lo que el alma trae del otro mundo. Por supuesto, Agustín no está de acuerdo y para probarlo Pegueroles cita a Gilson: “Que san Agustín no ha enseñado la reminiscencia platónica, es evidente, puesto que, [.1 descubrimos la verdad, no en los recuerdos conservados de tiempo atrás en el alma, sino en la luz divina perennemente presente en ella. Al principio echó mano de expresiones platónicas, pero más tarde limitó su sentido y lo dejó reducido inequívocamente a su propia doctrina de la iluminación. Ver los objetos a la luz de Dios no implica la memoria platónica del pasado, sino la memoria agustiniana del presente, que es cosa completamente distinta”. 398
En efecto, el alma platónica conoce recordando lo que experimentó en otras preexistencias, el recuerdo es siempre algo que le pertenece desde otro tiempo, recuerdo de sus propias experiencias. En cambio, el alma agustiniana reconoce (advierte) nociones que no son fruto de su experiencia en otra vida. El alma encuentra algo que la trasciende y que nunca podría producir por sus medios. Cuando Agustín nos aclara que conocer es recordar, se refiere a esto, recordar es reconocer en la memoria del presente, gracias a la iluminación divina, el legado divino para el ser humano.399
En suma, podríamos decir que, aunque Agustín introdujo en la teoría de Platón elementos cristianos como, por ejemplo, la creación del alma contra la metempsicosis platónica y la iluminación, coincide con él al afirmar que conocer no significa descubrir pues todo conocimiento es conocimiento dado, por lo tanto, recordado.
b) En sentido no platónico: Continua expresando Pegueroles que hay intérpretes que consideran la teoría de Agustín como una modificación de la de Platón y cita a J.
González-Quevedo: “Vemos las cosas inteligibles por la unión del alma con ellas y porque una luz ilumina el alma”, Por tanto, “dos son los elementos esenciales del iluminismo agustiniano: ideas innatas e iluminación divina”400 Y agrega Pegueroles: “El espíritu llega a la existencia equipado con las ideas de las verdades eternas, que Dios imprime en él al crearlo. Estas ideas innatas son virtuales, no actuales; implícitas, no explícitas”401.
‘ Pegeroles, J., 1972, págs. 41 y 42.
398 Pegueroles, J., 1972, pág. 42, nota 9: Gilson, É., Introd. á l’etude de s. Augustin, París, Ed. Vrin, l929,p. 113.
. ‘ Podemos ver aquí, el carácter teológico del realismo agustiniano. La iluminación agustiniana es un elemento de inspiración cristiana, al cual recurre para explicar un problema de origen gnoseológico. San Agustín se inspira en Plotino pero reelabora el concepto a partir de las Escrituras: “Dios es Padre de la Luz inteligible, que es la Sabiduría o el Hijo, y es luz de nuestra mente. Por lo tanto, el Verbo es luz, verdad que ilumina las almas: Cristo que ilumina. Lo verdadero lo es por la verdad: sólo Cristo es verdad y sólo en Cristo se alcanza la verdad. Toda alma que está en la verdad es alma iluminada; y, como Juan, no es la luz, sino testimonio de la luz.” Sciacca, M., 1957, págs. 256, 257.
400 Pegueroles, J., 1972, pág. 42, cita al pie de página: González-Quevedo, J. “La interioridad del mundo inteligible según san Agustín”, en .Miscelanea Comillas 17, 1952, págs. 1-66.
401 Pegueroles, J., 1972, pág. 42. Cuando llama innatas a las nociones agustinianas (como dijimos en la página 121) lo hace en un sentido más amplio que el platónico: en el sentido de que son un conjunto de principios que no han sido adquiridos por la experiencia y que son anteriores a ella.

Coincidimos, pues, con esta interpretación de Pegueroles, quien continua diciendo que los conceptos son producidos por el espíritu con la colaboración meramente ocasional de los sentidos, los cuales no son causa de las nociones, ni siquiera en su versión expresa. La causa de la conversión de lo virtual (impreso) en expreso, es el espíritu iluminado por Dios. Dios ilumina las nociones y éstas a la razón. O, más bien, la razón ve en la luz a las nociones.
3.3 - La interDretación aue aova la Abstracción.
Algunos autores afirman que la teoría de la iluminación de san Agustín coincide de modo general con la teoría aristotélica de la abstracción que ya expusimos brevemente. Como Pegueroles, creemos que la concepción agustiniana es completamente diferente a la de Aristóteles. Veamos por qué.
Un ejemplo de esta interpretación lo proporciona Santo Tomás quien explicó la iluminación agustiniana siguiendo las tesis fundamentales de su teoría del conocimiento, es decir, a partir de los conceptos de entendimiento agente y abstracción. Asimismo, niega que sea necesaria para el conocimiento la intuición de las verdades inmutables y añade que aunque sea cierto que la verdad humana tiene su fundamento en una luz que proviene de Dios, esa luz es natural y suficiente para que la razón haga ciencia. Para Santo Tomás el conocimiento intelectual se puede resumir en la labor abstractiva que consiste en abstraer de la materia individual, la forma, lo universal. Es decir, elaborar la especie inteligible, que constituye la base del conocimiento intelectual humano, a partir de las imágenes singulares de las cosas. Cuando, por ejemplo, percibimos un objeto, podemos considerar su color sin pensar en el objeto, aunque tal separación no se produzca en la naturaleza. Igualmente, podemos considerar otras cualidades separadas de las cosas. Las formas de las cosas, o sus universales, pueden ser conocidas aparte de las características individuales que poseen, sin falsear la realidad. Este proceso es la abstracción y su producto es un conocimiento intelectual elaborado por la razón. 402
Sciacca, en su libro San Agustín, hace una exposición detallada de este tema junto con las diferentes interpretaciones que se le han dado. Dice Sciacca, que el P. Ch. Boyer retomó recientemente esta tesis para apoyarla403. Sciacca afirma que Boyer (adversario del ontologismo) pretende probar los cuatro puntos siguientes:
- “La teoría del conocimiento parte del hecho de que en los seres particulares percibimos el ser, la unidad, la verdad y el bien.
- Este hecho implica que nuestra inteligencia está en relación actual con el Ser en sí, la Unidad en sí, la Belleza en sí, la Verdad en sí, el Bien en sí.
402 Tomás de Aquino, Swnzna Theologica, 1, q. 85, a. 1. Citado en: Abbagnano, Nicola, Diccionario deFilosofia, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, pág.5.
. 403 P. Ch. Boyer, L ‘idee de yente dans la phiiosophze de saintAugustin, Paris, 1920. Citado en:
Sciacca, M., 1957, pág. 372.

- Esta relación consiste en una participación del conocimiento que está en Dios y que es Dios mismo, pero esta participación no implica necesariamente la intuición inmediata de Dios mismo.
- No se cumple sin la colaboración del conocimiento sensible ni sin la actividad propia de la inteligencia...”404
Boyer405 asevera que somos iluminados por nuestra inteligencia, es decir, Dios creó nuestra inteligencia con luz propia, ella misma es Luz, pero su función está entorpecida por la debilidad de nuestro cuerpo. Para él, la razón no intuye directamente la Luz divina, de ahí que percibamos verdades parciales propias de nuestra naturaleza y alejadas de Dios. Así que somos iluminados en el sentido de que nuestras ideas nos revelan algo que se ajusta a Dios, pero nunca es igual a la Idea que está en Dios. Añade Boyer, la siguiente interrogante: “Si como los textos obligan a ello, hay que hacer depender la aparición de nuestras ideas de la presentación de las cosas sensibles, y si el espíritu, la idea una vez surgida, la considera como realizada en el objeto presentado por los sentidos, ¿no está claro que la idea ha sido descubierta en la realidad material? Y si ha sido extraída de la cosa sensible, debe hacerse derivar de Dios el poder que ha tenido el espíritu de hacer esta extracción, pero esto sería entender mal la forma en que son regidas las criaturas, querer que Dios haya operado en acto necesario a la función natural del espíritu humano, cuando todo sucede como si el espíritu lo obrase por sí solo”... La influencia creadora de la verdad sobre el espíritu no transmite las ideas ya hechas. Una sola posición es posible: “nosotros colaboramos con Dios en la formación de nuestras ideas”.406
No estamos de acuerdo con la afirmación de Boyer cuando comenta que “la teoría del conocimiento parte del hecho de que en los seres particulares percibimos el ser, la unidad, la verdad y el bien”. La teoría del conocimiento de San Agustín asevera que tales inteligibles no se pueden percibir en las cosas, las huellas de inteligibilidad que están en los objetos son aproximaciones inteligibles a los inteligibles puros que están en la mente. Por eso Agustín señala que los números de las cosas no son iguales a los de la mente. Por ejemplo, cuando se refiere a la unidad, explica que los objetos están compuestos por partes, y estas a su vez se pueden subdividir incontables veces. Es imposible, según él encontrar la unidad en un mundo mutable y múltiple. La idea de unidad es exclusiva de la mente y proviene de Dios que es Uno:
“Si la unidad no la percibimos por los sentidos del cuerpo, tampoco percibimos por ellos número alguno, de aquellos, digo, que intuimos por la inteligencia, porque ninguno de ellos hay que no tome su nombre del
404 Sciacca, M., 1957, pág. 372. Énfasis añadido.
405 Sciacca, M., 1957, pág. 372.
406 Sciacca, M., 1957, págs. 372, 373.

número de veces que contiene la unidad, cuya intuición no tiene lugar por
los sentidos del cuerpo407
Al percibir la multiplicidad en los objetos, la razón divide esas porciones en unidades para poder entenderlas, porque la razón contempla la noción de unidad en la memoria y la utiliza en los juicios que constituyen su labor científica. Lo mismo ocurre con la verdad, el ser, la forma, etc. La teoría del conocimiento que propone Boyer es la aristotélico-tomista, no la agustiniana.
Además, añade Boyer408 que, según los textos de Agustín, la aparición de nuestras ideas depende de la presentación de las cosas sensibles y que cuando el espíritu reconoce la idea la considera realizada en el objeto que presentan los sentidos. Estamos de acuerdo en que la presentación de las cosas sensibles provoca a la razón para que busque en los archivos de la memoria la forma inteligible que sirva para juzgar a los sensibles, pero no creemos que la forma se realiza en el objeto fisico. Más bien, entendemos que lo que el alma percibe cuando presta atención a los sentidos, según Agustín, es un objeto que se parece a su modelo porque participa de él y en la medida en que participa en esa medida es. Lo que el alma descubre por medio de la actividad de su razón y la intervención de la iluminación divina, no es una parte de la realidad fisica, sino una realidad inteligible con una “contextura ontológica decidida y fuerte”409 que no vacila en su ser.
En cambio las cosas fisicas son y no son, por ello el sabio ve en ellas simples huellas de lo permanente e inmutable que se encuentra en su interior. Como vimos410, la sensibilidad es tan solo una nave que impulsa a la razón a buscar aquello que tiene verdadero ser y constituye el verdadero objeto de conocimiento, las nociones universales. La idea no puede ser “descubierta en la realidad material” como pretende Boyer, porque no está en el mundo sensible sino en el alma que es la parte espiritual del hombre.
La tarea del hombre se parece a la de un detective quien, buscando al autor de un delito, sigue los indicios, las señales, que le guían hacia su objeto. Las señales no están en el delincuente, pero guardan una estrecha relación con él, pues de lo contrario no servirían para encontrarlo. Así mismo, los objetos fisicos son indicios de los objetos inteligibles y siguiendo los indicios encontramos los verdaderos objetos, aquellos que proveen el verdadero conocimiento que debe adquirir el sabio. El que esta actividad del alma cuando se manifiesta a través de la razón inferior, es decir, cuando se ocupa de ordenar y clasificar las imágenes sensibles, provea un conocimiento científico de las cosas que facilite la vida al hombre mientras está en este mundo, es una faceta secundaria del proceso cognoscitivo. El principal objetivo del conocimiento es lo que
407 De Ordine II, 8, 22. Énfasis añadido.
.
408 Sciacca, M., 1957, págs. 372, 373.
409 Alesanco, T., 1968, pág. 15.
410 En la página 79.

Agustín considera conocimiento superior, esto es, la contemplación de las verdades supremas y el descubrimiento de Dios.
Por otro lado, Boyer no considera que Dios opere “en acto necesario a la función natural del espíritu humano”411, es decir, la iluminación de Dios es, para él, la iluminación natural propia del alma que fue creada con la capacidad de abstraer los universales de lo particular, sin necesitar una intervención divina actual. En consecuencia, afirma, que la influencia creadora de Dios no puede ser entendida “como transmisora de ideas realizadas” y que “nosotros colaboramos con Dios en la formación de nuestras ideas”412. Para Boyer, la iluminación no difiere de la abstracción aristotélico tomista. El sostiene que “la acción divina no sustituye la del intelecto agente: interviene sólo para poner en movimiento, para sostener y dirigir la actividad propia de la inteligencia, y este papel constituye la iluminación inmediata”.413
El entendimiento agente es necesario en el mundo aristotélico porque se necesita para abstraer los universales de los objetos particulares, pero es totalmente ajeno al mundo de San Agustín. El intellectus agens aristotélico tomista es el productor de los conceptos y es, de hecho, para Boyer, la parte del alma que Dios iluminó para que tenga la capacidad de, por medio de la abstracción, “colaborar con Dios en la formación de nuestras ideas”414. Pero la iluminación agustiniana produce la verdad del juicio, y los inteligibles no provienen de la abstracción porque el entendimiento los encuentra ya hechos. Gilson lo expresa como sigue: En un mundo aristotélico, hace falta un entendimiento agente, para elaborar el inteligible a través de la abstracción; en un mundo platónico no se necesita un entendimiento agente que produzca los inteligibles porque el entendimiento los halla ya hechos en sus imágenes; es necesario solamente para conferir la luz inteligible al sujeto inteligente. Iluminación del pensamiento por Dios en el agustinismo, iluminación del objeto por un pensamiento iluminado por Dios, ésta es la diferencia entre la iluminación-verdad y la iluminación-abstracción”415
Es decir, en el agustinismo, Dios ilumina el espacio mental en el que se encuentran las nociones, que son reflejos de Sus Ideas para que el entendimiento pueda verlas, ya hechas, y las utilice en el juicio de las especies sensibles. Pero, desde el punto de vista tomista, Dios ilumina el entendimiento dándole así la capacidad de iluminar a los objetos para poder abstraer de ellos el universal.
En el mundo aristotélico era necesario un entendimiento agente, pero en el platónico no. Tampoco en el mundo agustiniano, cercano al platónico, se necesita un
“ Sciacca, M., 1957, págs. 372, 373.
412 Ibid.
413 El concepto de entendimiento agente es originario de Aristóteles y fue interpretado por la filosofia
escolástica como una facultad intelectiva del ser que se dirige a los entes. Su acción consiste en poner ante la luz del ser las imágenes que los sentidos obtienen de las cosas, para poder abstraer de ellas su esencia, es decir, el universal. Después, el entendimiento agente imprime los universales en el
entendimiento posible. Las imágenes de las esencias se refieren a las cosas del mundo, por eso, el
resultado de esas operaciones se considera conocimiento. Max Müler y Alois Halder, Breve diccionario defilosofia, Barcelona, Ed. Herder, 1986, pág. 132.
414 Sciacca, M., 1957, pág. 373.
415 Gilson, É., Introd. ¿ l’etude de s. Augustrn, París, Ed. Vrin, 1929, p. 119.

entendimiento agente que ponga “en acto el objeto inteligible, ni la abstracción, la cual debe enuclear, despojándolas de los caracteres individuales, las esencialidades de las cosas materiales”416. El entendimiento humano considerado como iluminador por sí mismo podría ser interpretado como entendimiento agente, pero para Agustín el entendimiento recibe su luz de otra fuente: Dios. Así lo expresa en De Civitate Dei
“Plotino, explicando el pensamiento de Platón, afirma muchas veces y con firmeza, que ni siquiera aquella alma que se considera como alma del mundo recibe su felicidad de una fuente diversa de la nuestra; y que esta fuente es una luz distinta del alma, una luz que la ha creado, cuya iluminación inteligible la hace resplandecer inteligiblemente. Y establece un parangón entre estos entes incorpóreos y los cuerpos celestes, resplandecientes y gloriosos. Dios sería como el sol, y el alma, la luna. Pues ya se sabe que la luna recibe su luz del sol que tiene sobre sí. Añade igualmente aquel gran platónico, que el alma racional (o dígase más bien el alma intelectiva, a cuyo género piensa que pertenecen las almas de los inmortales y de los bienaventurados, que tienen su asiento en las moradas celestes) no tiene sobre sí otra naturaleza fuera de la de Dios, que ha creado el mundo y también a ella, y que a estos seres superiores es comunicada la vida dichosa y la luz de la intelección de la misma verdad, que es la fuente que también a nosotros nos la comunica, en conformidad con el Evangelio que dice: Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. El mio para dar testimonio de la lu para que todos creyesen por su mediación. No era él la lu sino mio para dar testimonio de la luz de aquella luz verdadera que ilumina a todo hombre que wene a este mundo ‘
417
Manferdini, comenta este texto explicando que “el alma racional o intelectual, como era la de Juan, no podía ser luz por sí misma, sino que era luminosa por la participación de otra luz, que es la verdadera”418.
Entonces Agustín no considera que el alma tenga una luz propia que le permita a ella sola obtener conocimiento, pero tampoco aceptaría la tesis de Boyer cuando dice que el hombre colabora con Dios en la formación de las ideas, porque para Agustín no puede haber ninguna causalidad de lo inferior, material, sobre lo superior, espiritual (este principio lo tomó de la filosofia platónica). Por eso “la especie sensible no puede ser concausa de la inteligible”.419 Ninguna abstracción sobre el mundo sensible puede
416 Sciacca, M., 1957, págs. 378, 379.
.
417 De CivztateDeiX, 2.
418 Manferdini, T., “El problema de la comunicación inteligible según San Agustín” en AugustrnusXV, III, 1973, Págs. 33-61.
. 419 Alesanco, T., “Metafisica y gnoseología del mundo inteligible, según s. Agustín”, Augustrnus
XIII, 1968, 9-36.

ser causa del conocimiento inteligible, así como el cuerpo no puede actuar sobre el alma. La abstracción aristotélica supone la unión sustancial del alma y el cuerpo pero para S. Agustín cuerpo y alma son dos sustancias. Aunque diga que el hombre es una sola sustancia, se refiere a una sustancia compuesta por dos sustancias que en ningún momento se funden en una sola forma.
No hay cabida para la abstracción en la filosofia de Agustín. Como dice Alesanco:
“La siniiitudo de los objetos sentidos es formada exclusivamente por el alma sobre la modificación corpórea no ignorada; dicha similitudo, aunque es espiritual según san Agustín, tiene todos los caracteres de una simple imagen o fantasma. Por ninguna parte se ve la entrada adecuada para la abstracción”420.
Incluso la “similitud” que crea el alma a partir de la modificación que ocurre en los sentidos por la interacción de estos con las imágenes de los cuerpos, no es un concepto universal, ni una abstracción de lo percibido, sino otra imagen que ahora es apta para la comparación, clasificación, etc. , de la razón. Por lo tanto, pensamos que, según Agustín, la razón no elabora los modelos que le sirven para juzgar el mundo corpóreo, a modo de conceptos generales que resulten de la abstracción de los datos que proveen los sentidos. Es decir, para Agustín el conocimiento racional no se obtiene por medio de la abstracción aristotélica. Más bien, la razón descubre en sí misma los paradigmas aplicables al mundo de lo perceptible, y los transforma de impresos en expresos, o sea, mediante un juicio aplicado a la imagen sensible formada por el alma, la razón (que ha contemplado una determinada noción) convierte en expreso (en concepto) el resultado de ese juicio. La ratio infenor organiza los datos sensibles, para hacer ciencia, siguiendo un esquema inteligible que ya posee.
Agustín pone como ejemplo la formación del concepto de ‘mente humana’:
“No es viendo con los ojos del cuerpo una muchedumbre de mentes como nos formamos, por analogía, un concepto general o concreto de la mente humana, sino contemplando la verdad indeficiente, según la cual definimos, en cuanto es posible, no lo que es la mente de cada hombre, sino lo que debe ser en las razones eternas.”42’
No obstante, tenemos que admitir que Agustín no es explícito sobre este tema en ninguna de sus obras y no habla expresamente de si la mente recurre a la abstracción para la elaboración de los conceptos a partir de las imágenes que el alma crea como respuesta a la modificación de los sentidos. Así que lo que nos queda es tratar de interpretarlo ajustándonos lo más posible al espíritu de su obra y no mirarlo a través del lente de doctrinas que son ajenas a su pensamiento.
Por su parte, Gilson entiende que hay una cierta abstracción en la formación del concepto aunque Agustín no lo diga porque sólo se ocupa de la verdad de los juicios:
420 Alesanco, T., 1968, pág. 32.
.
421 De Trinitate IX, 6, 9-11.

“no hay en Agustín problema de la Umsetzung de sensible en inteligible: si no lo ha resuelto es porque no tenía que planteárselo, y querer que lo resuelva no es llenar una laguna de su doctrina, sino transformarlo en otro que toma por eso mismo la responsabilidad de imponerla [.1 Observemos que primeramente el punto de vista de Agustín no es tanto el de la formación del concepto como el del conocimiento de la verdad. Todo pasa en su doctrina como si no tuviera que dar razón de la generalidad de las ideas generales”. El agustinismo es “una doctrina en la que el pensamiento, capaz de leer directamente el inteligible en la imagen, no tiene por qué preocuparse de saber dónde está la fuente de la verdad”422
En este punto creemos que tiene razón Cilleruelo, quien afirma que: “No se puede decir [...j que S. Agustín no se ocupó de la formación de ideas generales. Lo que pasa es que no las forma al modo aristotélico”423. Agustín se planteó indirectamente el problema de la generalidad de las ideas. Para saber qué es un hombre en general, escribe:
“Imaginamos a Juan como hombre, conforme a la noción que de la naturaleza humana tenemos impresa en nuestra memoria [.1 Todos saben qué es un hombre, cuyo exterior, es decir, el cuerpo, lo conocen por los ojos de la carne el interior, esto es, el alma, lo conocen en sí mismos, pues son hombres, y, además, por el conocimiento adquirido en su contacto con la humanidad”424. Y añade: “Por eso podemos pensar en el hombre según la especie, porque tenemos del modo dicho noticias de la naturaleza humana, según la cual cuando vemos algo parecido, al momento sabemos que es un hombre o una forma de hombre”425.
Pero el proceso no consiste en ver muchos hombres y por la semejanza entre ellos abstraer o sustanciar una noticia general de la mente humana, lo cual de ningún modo acepta Agustín,426 sino que en cada caso individual la razón compara los datos sensibles con la noticia de la ‘naturaleza humana’, que está en la memoria. El concepto no se abstrae de las imágenes sensibles, sino que es engendrado. La generación intelectual ocurre gracias a la iluminación que provee Dios a través de las nociones. Agustín lo expresa así:
“Con la mirada del alma vemos en esta eterna Verdad, por la que han sido creadas todas las cosas temporales, una forma que es modelo de nuestra existencia y de cuanto en nosotros o en los cuerpos obramos, al actuar según la verdadera y recta razón: por ella concebimos una noticia verdadera
422 Sciacca, M., 1957, pág. 380, citando a Gilson (Introd Págs. 116-119)
423 Lope Cilleruelo, “El conocimiento en San Agustín”, San .4gustin: estudios y coloquios varios, aa.vv. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1960, págs. 201-203.
424 De Trinitate, XIII, 1, 2.
• 425De Trinitate VIII, 4, 7.
426 De Trrn. IX, 6, 9.

de las cosas, que es como verbo engendrado en nuestro interior al hablar, y que al nacer no se aleja de nosotros.
Y cuando dirigimos la palabra a otros, añadimos a nuestro verbo interior el ministerio de la voz o algún otro signo sensible...”427
La generación intelectual es la expresión de algo que está impreso y su manifestación es un concepto. El puro ejercicio racional sobre las cosas, no produciría los conceptos. Una reflexión de la mente sobre sí misma, uniendo la imagen sensible a la noción que se encuentra en ella y dejándose traspasar por su luz, engendra el concepto. En este sentido es necesaria la similitudo creada por el alma a partir de la sensación, para la expresión de las nociones, para la generación de los conceptos. Como expresa Agustín:
“Entender es descubrir la verdad pensando, y luego el recuerdo se archiva en la memoria. Pero existe también una profundidad más abstrusa en la memoria, donde descubrimos, al pensar, esta primera realidad, y donde se engendra aquel verbo íntimo que no pertenece a idioma alguno, como ciencia de ciencia y visión de visión, y una inteligencia que se revela en el pensamiento, procedente de la intelección que ya existía, aunque oculta, en la memoria”428
Por lo tanto, la generación intelectual no se produce por una iluminación directa de Dios. Agustín429 no dice que Dios ilumina al entendimiento para conferirle una iluminación natural que después éste dirigirá hacia los objetos, más bien, Dios ilumina la “memoria Dei” porque ahí El imprimió la copia de Su ley eterna y, por ello, es en esa porción de la memoria donde se encuentra la luz en la cual el entendimiento ve. Las nociones son una copia de las Ideas divinas por eso el alma participa de Dios. Es por ello que Cilleruelo dice que la “gnoseología agustiniana es en realidad un punto particular de la ontología” pues, “no trata Agustín de una especulación abstracta o deducción mecánica sobre el ente posible, sino de una realidad manifiesta y demostrada que reclama una explicación. Lo que entra aquí en juego es... el hombre entero; el sentido de la existencia, y no sólo el pensamiento y sus posibles leyes”430.
Entonces, podemos afirmar que Agustín sí se ocupó de la formación de los conceptos generales, pero no los explica a partir de la abstracción aristotélica, porque no cree en un “entendimiento agente”, ni en un “entendimiento posible”; más bien, concibe tal formación conceptual como la explicitación de un contenido impreso por medio de un proceso generativo. La noción agustiniana es una condición del conocimiento pero no un concepto, es un iluminador concreto, algo previo a la cogitatio y a la intentio.
427 De Trw. IX, 7, 12.
• 428DeTrin. XV, 21, 40.
429 Como vimos en la página 141.
• 430LopeC., 1960, pág. 197.

Cuando Dios forma la mente, “entonces la ilumina; porque entonces la dota de esas nociones y primeros principios.., que son guías seguros para la actividad judicatoria de la mente y para toda actividad en general”43’
Por lo tanto, para san Agustín, conocer es reconocer, es hacer una representación consciente de algo que estaba oscuro aunque presente. Es hacer explícito algo que estaba implícito, hacer expreso lo impreso. O, como diríamos hoy, hacer consciente lo subconsciente. El conocimiento es una mirada interior, a través de los ojos del espíritu.
Estamos de acuerdo con la conclusión de Alesanco en lo que tiene que ver con la abstracción: “La abstracción será siempre un elemento extraño y estridente en la teoría de la ratio inferior, pero resulta contradictorio y absurdo en la ratio supen’or. que contempla hechas y completas las nociones ideales puras”.432
La gnoseología agustiniana se caracteriza por plantear la preponderancia de un alma activa sobre el cuerpo animado por ella y que es la responsable del pensamiento y del conocimiento. El pensamiento humano reconstruye el mundo externo en su interior de acuerdo con sus propios modelos inteligibles. La razón asocia, relaciona, compara, clasifica, pero no puede dar cuenta de lo que constituye la condición del juicio verdadero, esa precondición proviene de algo que lo trasciende, algo inmutable y eterno. Y aquí es donde Agustín emplaza su teoría de la iluminación.
Conclusiones.
La teoría del conocimiento de Agustín es una parte de su filosofia que no está sistemáticamente desarrollada. Inspirada en el platonismo, persigue un conocimiento inmutable capaz de fundamentar, por una parte, todo lo creado y, por otra, la existencia de Dios. Durante todo el desarrollo de su teoría, Agustín inserta elementos de la fe cristiana entre los argumentos filosóficos. De ahí que sea muy dificil determinar dónde termina la filosofia y donde empieza la teología.433. Un ejemplo de esto lo encontramos en su libro De Trinitate en el cual desarrolla ampliamente el tema de la sensibilidad (en una expresión madura de su pensamiento) y es, al mismo tiempo, una argumentación extensa sobre el dogma de la Santísima Trinidad, que nada tiene de filosófico.434
• 431LopeC., 1960, pág. 195.
432 “Aunque la ratio inferior realizara una labor abstractiva en su conocimiento racional del
mundo sensible, la iluminación que pretende explicar el conocimiento de las nociones puras ideales, quedaría siempre por encima de cualquier contaminación de este género”. Alesanco, Tirso, 1968, pág. 32.
Ni en la patrística ni en el principio de la escolástica resulta sencillo delimitar de manera precisa el territorio que corresponde a la teología y el que pertenece a la filosofía. Sciacca nos muestra la diferencia entre Agustín y Tomás (quien es un representante del pensamiento escolástico maduro) al decir: “Así como la filosofia de Agustín, que quiere ser casi un comentario de las Escrituras se revela a ser sacrificada a su teología; así la filosofía de Tomás, que quiere afirmar en sus límites la autonomía de la razón natural respecto a la Revelación, se revela a ser considerada aparte de su teología...”. Sciacca, 1957, pág. 379.
• “Y así, cuando buscamos la trinidad en el alma, la buscamos en toda ella y no separamos nunca su acción racional en las cosas temporales de la contemplación de las eternas, como buscando un tercer elemento para completar la trinidad. Pero es menester descubrir una trinidad en la naturaleza integra del alma; de suerte que si faltase la acción de las temporales, a cuya obra es necesaria una ayuda, pues para esto ha sido delegada una parte de nuestra mente en calidad de administradora de estas cosas

Cuando menciona las facultades humanas que se ocupan de la percepción, del razonamiento y de la intelección lo hace usando la analogía trinitaria435.
Como vimos en la Introducción436 según Agustín la religión y la filosofia son dos etapas de una sola vía que colaboran entre sí, aunque no llegan a mezclarse completamente. En una filosofia cristiana, la fe se relaciona intrínsecamente con la razón y condiciona el pensamiento filosófico al orientarlo sobre la elección de los temas que guiarán sus reflexiones. Claro que en el caso de Agustín, él desarrolla una teología además de una filosofia y tenemos que reconocer que en algunos lugares la unión es tan estrecha que transforma a su filosofia en un desarrollo racional de los principios cristianos, lo cual, ya no es filosofia sino apologética. Pero en esta investigación nos hemos limitado a encontrar en su gnoseología los caracteres que la suscriben al realismo y a señalar algunos dogmas de fe, introducidos por Agustín, que la diferencian del realismo griego y la convierten en un realismo de corte teológico propio de las primeras filosofias cristianas. Para ello tuvimos que comenzar por revisar la función que desempeña el objeto fisico en su teoría del conocimiento. Esto nos llevó a la conclusión de que la afirmación de Gilson de que todo pensador cristiano es realista al menos por vocación437 también se puede aplicar a San Agustín.
Una filosofia de la interioridad como la de nuestro autor se acerca en algunos lugares al idealismo y pareciera que el objeto fisico no tuviera una función determinada en la estructura del conocimiento. Pero, por encima de todo, prevalece la primacía del Ser y de los seres, la existencia de un Dios Verdad y un mundo verdadero. Lo realmente real es el Ser que es existencia; y el pensar es una facultad que aspira al conocimiento del ser, pero que no lo inventa, ni lo regula. Veamos esto con más detalle siguiendo el desarrollo de la investigación:
A)El conocimiento del mundo: la sensación.
Nuestro primer capítulo comienza con la explicación que lleva a cabo Agustín sobre la posibilidad del conocimiento sensible a través de la búsqueda de la verdad y lo verdadero. Al asegurar que la verdad puede ser hallada, Agustín ya se muestra como un filósofo realista en oposición al escepticismo de su época.438
inferiores, no se podria encontrar la trinidad en un alma indiwsa. Hecha esta distribucion, encontramos no solo la trinidad, sino la imagen de Dios en la región superior del alma, que pertenece a la contemplación de las cosas eternas; porque en la parte delegada para la acción en lo temporal puede encontrarse una trinidad, pero no la imagen de Dios.” De Trinitate XII, 4, 4. Enfasis añadido.
• Aquí aplican las palabras de Gilson cuando dijo que si la compatibilidad entre filosofia y cristianismo “resulta de un esfuerzo especial para obtenerla, volvemos a la teología o a la apologética.” Citado por Paván, Carlos, 2000, pág. 31.
• “Y así surge la trinidad integrada por la memoria, la visión interior y la voluntad, que une a las dos. Y al apiñarse estas tres cosas en unidad, su reunión se denomina pensamiento” De Trinitate, XI,
3,6.
• 436Verpágs. l0yl3.
‘ Ver Introducción, página 2.
• 438 “Se busca y encuentra la verdad: por lo tanto, realismo”. Sciacca, M., 1957, pág 273.

En esta primera fase del conocimiento es donde Agustín se acerca más a lo que hoy denominamos idealismo. Pareciera que la propuesta de San Agustín es la de un alma activa y creadora de los objetos de la percepción y que el objeto fisico se diluyera entre las páginas del manuscrito bíblico. Pues, como pudimos ver, la mente no adquiere un conocimiento directo de los cuerpos a través de los sentidos, sino que el alma reproduce, a partir de su propia substancia, las imágenes que corresponden a la modificación que ella percibe en el cuerpo, por causa de la interacción de éste con las imágenes que proyectan los objetos. Esto es sentir: una acción del alma, ante una pasión del cuerpo.
Recordemos que la relación del sujeto agustiniano con el mundo es una relación con lo que se le aparece, con imágenes o apariencias de un mundo fisico:
“lo que aparece a mis ojos y es advertido por mí con su tierra y su cielo, o
lo que parece tierra y cielo”439
El proceso del conocimiento los objetos fisicos comienza a partir de una imagen del objeto, es decir, el objeto ya se ofrece como imagen al sujeto. Sobre esta imagen nace otra en el sentido, luego una más en la memoria y otra en el pensamiento440. Esto se parece a la definición de idealismo que mencionamos en la Introducción: “No podemos llegar a captar una cosa en sí; tropezamos con la imagen de la cosa, y cuando queremos comparar esta imagen con la realidad, tenemos que valernos de otra.” 441
Pero la aprehensión del ser, (de la cosa en sí misma, es decir, de su esencia) en Agustín, es una intuición directa de un objeto inteligible que está en el alma, acompañada de un juicio que establece la comparación con el componente inteligible del objeto (que es lo que el objeto es, y que coincide con lo que el objeto muestra de sí); y no una representación creada por el sujeto.
Además Agustín no confunde las imágenes que produce el alma y que se asemejan a las del objeto, con las imágenes que pertenecen al objeto. Ni confunde el ser del objeto con la percepción de su ser442. El ser pertenece al objeto independientemente de que sea percibido.
El alma es activa porque es reproductora de una realidad que se encuentra en ella y que la trasciende y también por su labor judicatoria. Es, por decirlo así, la metabolizadora de una realidad inteligible, en un producto inteligible susceptible de ser expresado, es decir, en un concepto. Por lo tanto, aquí Agustín también es realista443.
C. Acad. III, 11, 24, énfasis añadido.
440 De Trw. XI, 9, 16.
“ Ver la Introducción, pág. 17.
442 “la visión, es decir, el sentido informado por un objeto exterior, pertenece a la naturaleza del
ser animando y es muy diferente del cuerpo que la vista percibe; pues la sensación no informa el sentido
para que sea sentido, sino para que surja la visión” De Trinitate XI, 2, 2. Citado en la página 43.
. Ver nota al pie de página número 115, en la página 43.

Por ello, podemos decir que Agustín se muestra realista cuando afirma la existencia, independiente del sujeto, de un orden externo de objetos que pueden ser percibidos: el mundo material. En efecto, Agustín asevera que los sonidos y, por extensión, todas las imágenes de las cosas sensibles que llegan a nuestros sentidos, existen aunque no los percibamos:
“,Qué decir de ese otro segundo ritmo que está en el sentido del que oye? ¿Puede existir, si no hay nada que suene? Porque yo no pregunto si los oídos tienen potencia de percibir si alguna cosa suena, y de la que ciertamente no carecen si no se hace presente el sonido, pues, aun habiendo silencio, se diferencian con mucho de los oídos sordos, sino pregunto sobre si ellos poseen estos ritmos por sí mismos aunque nada suene. En efecto, una cosa es poseer los ritmos, otra distinta ser capaz de percibir un sonido rítmico... cualquiera que ello sea, lo que nos hace aprobar o rechazar, no por reflexión, sino por naturaleza, un sonido que se produce, lo llamo yo el ritmo del sentido en sí mismo. Pues esta potencia de aprobar y de rechazar no se produce en mis oídos en el momento en que oigo el sonido... Luego esta afección de los oídos, cuando un sonido los hiere, de ninguna manera es la misma que cuando no se sienten heridos. Pues igual que hay diferencia entre oír y no oír, así es diferente oír esta voz y oír aquella otra... Si es producida por una voz rítmica, ella misma es también necesariamente rítmica. Ni puede existir a no ser que se presente el causante del sonido; porque ella es semejante a la huella impresa en el agua, que ni puede formarse antes de que le hayas introducido el cuerpo ni permanece cuando lo has retirado.
Mas aquella potencia natural, como si se tratara de una fuerza decisoria que está presente en los oídos, no cesa de existir en el silencio ni nos la introduce el sonido, sino que éste es recogido por ella como digno de aprobación o de reprobación.444
Los objetos son la ocasión para que se produzca el conocimiento y sin ellos el hombre no tendría más que un conocimiento potencial. A la percepción y posterior elaboración racional de los datos que proveen los objetos, le corresponde la tarea de posibilitar el paso del conocimiento impreso al expreso. Además, el conocimiento del mundo fisico es verdadero445 pero, como vimos, en el limitado sentido que puede tener un conocimiento inferior que para lograr una estabilidad mínima precisa ser interpretado por la razón.
La adecuación, en Agustín, es otra prueba de su realismo pues evidencia la separación clara entre el ente y el pensamiento del ente. El alma forma sus imágenes en correspondencia isomórfica con la imagen del objeto. Lo que hoy llamamos
DeMusica VI, 2, 3.
. Recordemos la teoría de la veracidad actual, que explicamos en el capítulo uno, página 32 y Ss.

isomorfismo446 se produce entre una entidad creada (en el caso de Agustín: encontrada) en la mente, sin partir de la representación del objeto, pero que se corresponde parte a parte con cada uno de los elementos de la representación del objeto. El alma agustiniana posee las categorías formales que, como unos mapas, le permiten entender la parte inteligible de los objetos sensibles, gracias a la similitud que hay entre ambos. A esto se añade un ingrediente teológico: la similitud es el resultado de la coherencia de un Dios creador, que hizo a los objetos fisicos parecidos, similares, a las ideas que son su origen, el origen de su ser.
Agustín no considera que la Verdad se halle en el mundo. La Verdad es la realidad suprema que sostiene al mundo fisico y lo que habita en el interior del hombre es una verdad reflejada a la cual tenemos acceso. En cambio, lo verdadero, es decir, el conocimiento sensible, sólo es una ayuda, un impulso, para que el alma se vuelva hacia sí misma en busca del conocimiento de la verdad. La imagen sensible es un simple estímulo para que la mente pueda aprehender la forma inmutable. De hecho, San Agustín es realista cuando reconoce que las cosas son sólo relativamente reales y que su grado de realidad depende del grado en que participan de la Forma eterna que es su modelo.
“todo cuanto ves que es mudable no lo puedes percibir ni por los sentidos del cuerpo ni por la atención del espíritu, a no ser que exista en una forma numérica, sin la cual todo se reduce a la nada, no dudes que existe una forma eterna e inmutable, en virtud de la cual estas cosas que son mudables, no desaparecen”447
La teoría de la participación que apoya Agustín resta realidad al mundo y otorga realidad absoluta a las Formas que están en Dios. La realidad se articula en grados pero no se disuelve en el no ser. Dios se encarga de que su universo fisico permanezca en el ser. Agustín es realista, cuando reconoce una Realidad absoluta que otorga el ser a todo lo que es; y cuando considera al mundo, situado aparte del alma, como algo real, causa y objeto de un conocimiento inferior, pero, verdadero.
De todas formas448, la cuestión de la objetividad no se desarrolla en relación con la sensibilidad. La objetividad de lo que percibimos no la deciden los sentidos, ellos no dan cuenta de la existencia real de las cosas (no la conocen, solo la anuncian), esto le toca a la razón:
“el cuerpo es un sensible, pero la existencia del mismo es un inteligible,
pues de otro modo no podría ser entendido”449
446 Ver la nota al pie de página número 125, páginas 46 y 47.
• 447De libero arbitrio II, 16, 44.
448 Como mencionábamos en el capítulo primero.
• Epistola XIII, 3. Citado en la página 50.

El conocimiento de las cosas empieza por los sentidos externos, pasa por el sentido interno y de ahí se guarda en la memoria; entonces, la imaginación 450 y la razón trabajan sobre las imágenes que quedan registradas. La imaginación es una facultad del alma que interviene cada vez que el alma se ocupa de las imágenes. Según vimos,451 Agustín fue el primero en distinguir entre imagen sensible e imagen de la memoria. Esta distinción apoya también el realismo agustiniano, pues delimita lo que es del sujeto y lo que proviene del objeto. La memoria es la medida del pensamiento y nadie puede imaginar, ni recordar, una cosa que no haya antes sentido.
Aquí introduce Agustín una pieza clave dentro de su gnoseología, a saber: la memona dei, que es de clara naturaleza teológica. Es la porción de la memoria en la cual Dios imprime las nociones que son reflejos de Sus Ideas. Estas nociones constituyen la unidad última del conocimiento en el hombre y constituyen un todo, mediante el cual se determina la verdad o falsedad de cualquier elemento de conocimiento que adquiera el hombre. A la vez es imposible para la mente encontrar ese todo si las partes no se lo sugieren. El resultado de esa coherencia entre las nociones y las elaboraciones racionales es la conclusión de que éstas últimas son verdades; en cuanto a las nociones, ellas son siempre verdad. Y el conocimiento que resulta de este proceso es un verdadero conocimiento.
Resumiendo consideramos que Agustín es un pensador realista en su teoría sobre el conocimiento sensible pero, estamos de acuerdo con Muñoz Alonso cuando señaló lo siguiente: “El conocimiento sensible, en la doctrina de San Agustín, no es conocimiento en comparación con el conocimiento inteligible. Es, en el proceso intelectual del Santo, el primer paso. Quien se detiene en él, se desvanece. Quien se apega a él, se pierde para la verdad. Quien se enreda en él, apaga el anhelo de verdad que en todo hombre mora. Pero el llamado conocimiento sensible no alcanza en la doctrina de San Agustín otro mérito ni otra significación que el de mero paso hacia más alta cumbre. Paso que para que pueda ser considerado conocimiento, y no ceguera y tentación, ha de ser veloz, como en aire de vuelo. Pero que, metafisicamente hablando, no condiciona el conocimiento intelectual, ni le acondiciona”.452
B)El conocimiento racional.
Agustín distingue dos funciones en el ejercicio de la razón, según las cuales denomina ‘razón inferior’ a la que se ocupa del conocimiento científico de las cosas y
450 El realismo agustiniano no concibe un mundo imaginado con pretensiones de realidad, que pertenezca al sujeto que lo piensa. Si la imaginación crea una imagen tomando elementos de distintos lugares y combinándolos, el resultado es un fantasma es decir, una imagen falsa. La verdad de la imagen depende de su correspondencia con la imagen del objeto externo. “Pero si no recordamos sino lo que hemos sentido y pensamos tan solo en lo que recordamos, ¿por qué con frecuencia pensamos falsedades? [...j Porque la voluntad, [.1 fuerza a la memoria a tomar un elemento de aquí y otro de allá y a fusionarlos formando en una visión, un fantasma, que es falsa. Es falsa porque no se encuentra fuera, en la naturaleza de las cosas corpóreas, ni es fiel expresión del recuerdo en la memoria archivado”. De Trimtate, XI, 10, 17.
451 Ver en la página 65, las palabras de Eva T.H. Brann.
452 Alonso Muñoz, Adolfo, “El conocimiento Sensible en la Doctrina de San Agustín”, Revista
deFilosofia, 1955; enero-marzo núm. 52, págs. 45-46.

‘razón superior’ a la que se encarga de descubrir las nociones universales.453 En este estadio del conocimiento es también evidente la tendencia realista de Agustín en su gnoseología.
Efectivamente, aunque el conocimiento racional transcurre por completo en el interior de la mente, sus leyes ni provienen del mundo, ni son creadas por la mente, sino que le son dadas al hombre por medio de la iluminación. Comienza sus operaciones a partir de imágenes elaboradas de lo que fueran representaciones sensibles, es decir, se estructura elaborando juicios a partir de una interpretación del mundo sensible454, a la cual regula según modelos que trascienden a la misma mente judicatoria.
La razón se ocupa únicamente de una parte de la representación del objeto sensible. Lo que ocupa a la razón es lo inteligible que encuentra en tales imágenes, las huellas del orden, de la unidad, la proporción y la belleza que están en las imágenes de las cosas.
En efecto, siendo consecuente con su método realista, Agustín afirma que la ciencia se construye a partir de las substancias (lo inteligible) de las cosas.455 Sustancia es sinónimo de esencia, de forma y de ser. Y como la forma de las cosas es una huella de la Forma de la cual participan, la cual está en Dios, la meta de la razón no es solamente conocer a los objetos fisicos, sino hallar en ellos la clave del conocimiento de esas esencias que están en el Verbo. La teoría de la participación facilita el conocimiento racional456, pues otorga a los objetos una cierta proporción de sustancialidad, de inteligibilidad, aunque sitúe a las esencias absolutamente reales fuera de los objetos. Claro está que la razón nunca alcanza a las Ideas divinas, pero sí a las nociones que están en la memoria.
Al decir que el número es una manifestación de la forma y que las cosas tienen ser en cuanto tienen sus números, Agustín introducía en su ontología el ritmo y las matemáticas. Si el número es la forma de las cosas y es un reflejo de las esencias divinas, entonces Dios pensó el mundo a la manera matemática.
. Ver la sección 2.2: ‘Las dos funciones de la razón’, en el capítulo 2.
. Para ver a Agustín como un idealista en esta etapa del conocimiento tendríamos que dividir teología y filosofia en el marco del conocimiento racional y analizar la pura y simple operación de la razón, es decir, la manera en que obtiene el conocimiento mediante su acción. Tendríamos que separar las operaciones de la razón inferior de las regula e de origen divino, y pensar en el oficio racional como una acción que se ejerce sobre representaciones de las cosas, creadas por el pensamiento, a partir de otras imágenes creadas por los sentidos, y no sobre las cosas mismas; y que sobre tales representaciones la razón crea universales que serán los conceptos, es decir, las sustancias de las cosas. Esto no se puede hacer, sin violar el pensamiento del hiponense.
. La inteligibilidad del objeto sensible es una característica necesaria del realismo agustiniano, pues, estando las esencias en Dios, si las cosas no tuvieran algún tipo de copia de tales esencias, nunca podría el hombre conocerlas, ni hacer ciencia de ellas.
456 Sciacca apoya este punto y el realismo que de él se deriva al decir: “Yo conozco la verdad de mi existir, porque participo de la verdad inmutable, que es anterior e independiente de todo conocer, y existiría aunque no existiese ningún ser pensante finito. La verdad “nos cambia”, no somos nosotros quienes cambiamos a la verdad. Interiorismo, que está en un integral y absoluto realismo”. Sciacca, M., 1957, pág. 78.

El mundo fisico es un espejo que reproduce parcialmente lo verdaderamente real, lo que es eterno. Por ello, como dijo Gilson457: el objeto de conocimiento en el caso de San Agustín y San Anselmo no es “el concepto, que es una forma vacía, no la cosa sensible, cuya inestabilidad hace inasible, sino el concepto de la esencia relacionado a su modelo divino”, entonces, el contenido del concepto “no es una existencia; pero tampoco es un puro posible, un puro conocible; es una verdad necesaria, inmutable y eterna” y “la verdad de las cosas creadas no es más que una suerte de expresión de la verdad increada”.
Recordemos cual es la base del realismo teológico agustiniano:
“Las ideas son ciertas formas arquetípicas, o esencias estables e inmutables
de las cosas, que no han sido a su vez formadas, sino que, existiendo
eternamente y sin cambios, están contenidas en la inteligencia divina”. 458
Por su parte, la razón superior encuentra las nociones, reflejo de las Ideas, que están en la memoria. Ellas son objetos inteligibles que no se derivan del proceso subjetivo del pensar; son copias de las Ideas, o esencias inmutables de las cosas, que están en Dios. A los objetos inteligibles puros no se les impone desde afuera su esencia, mientras que a los objetos fisicos sí.
Por ello, podemos decir que Agustín es realista y no subjetivista, ni idealista. El hombre agustiniano no crea los conceptos generales de las cosas, la función de la razón es únicamente hacer expreso algo que está impreso. El objeto de conocimiento para Agustín no es el objeto fisico, ni el concepto que se obtiene al abstraer las características generales de los objetos particulares, sino “el concepto de la esencia relacionado a su modelo divino”, como apuntaba Gilson459. Agustín introduce otra analogía teológica para explicar el concepto, al llamarlo verbo interior en comparación con el Verbo divino:
“Aquel nuestro verbo, sin sonido ni pensamiento de sonido, verbo del objeto, expresión de nuestra visión interior, que no pertenece a idioma alguno, ofrece en este enigma una cierta semejanza con el Verbo de Dios, Dios El también; aquél nace de nuestra ciencia, éste es nacido de la ciencia del Padre [...j ¿acaso no se le puede llamar también ciencia de ciencia, visión de visión y esencia de esencia, como con pleno derecho y en grado sumo se dice del Verbo de Dios? No. Y ¿por qué así? Porque en nosotros el ser y el saber no se identifican.”46°
Gilson, É., 1952, pág. 235.
458 De Ideis, 2. Citado en la página 110.
. Gilson, É., 1952, pág. 235.
460 De Trinitate XV, 15, 24.

El concepto es el verbo íntimo, una expresión o explicitación interna del conocimiento nocional, que después se traducirá en palabras o signos para que pueda ser comunicado. Agustín muestra su inspiración cristiana al establecer dicho paralelismo: al igual que el Verbo no es una creación de Dios, el verbo humano no es creado por el pensamiento. También dice Agustín que en el hombre no se identifican ser y saber; otra prueba de su realismo. Más aún, en el Logos, Verbo, o Palabra, Agustín encuentra un valioso elemento para pasar del realismo clásico hacia el realismo cristiano. Las Ideas ya no se sobreponen a lo divino, ahora están unidas al Ser como su Palabra o su Sabiduría, de modo que Dios se posee y se ama en ellas.
En otras palabras, Agustín encuentra la evidencia sobre la cual elaborar el conocimiento dentro del sujeto, pero en un contenido inteligible que lo trasciende. Como indica Rodríguez Neira: “San Agustín es un pensador realista. El proceso de interiorización culmina con la autotranscendencia del sujeto. Transcenderse a sí mismo, ir más allá de sí mismo y abrirse, en una apertura de entrega, al objeto es el paso último del conocer.”461
A la pregunta de Stefanini “,Lo real sensible es convertible por completo en la racionalidad y en la idealidad pura?”462, que define el idealismo, podemos contestar que en San Agustín esto no es así.
Al hablar de la substancia, en el capítulo dos, pudimos ver como todo lo que compone el universo material agustiniano, desde la materia primera hasta el hombre, está traspasado por la voluntad divina. Nos referimos a la teoría de las razones seminales, que es otro ejemplo de su realismo teológico. Aunque Agustín tomó el concepto de los estoicos, lo convirtió en una teoría original al introducir en ella elementos cristianos. Las razones seminales son instrumentos divinos que aseguran la permanencia y repetición de las formas de los entes, e impiden que el mundo se disuelva en la nada. Son una manifestación de la actividad constante que la voluntad divina ejerce sobre su creación para que ésta siga existiendo, pues, nada de lo creado posee en sí mismo su propia necesidad. El que las cosas lleguen a ser todo lo que pueden ser depende de las razones seminales y, por ende, de Dios.
De hecho, para Agustín, Dios es también substancia, pero en un grado superlativo que no admite accidentes. La definición cristiana de Dios como “el que es” también determina el hecho de que ningún ser posea en sí mismo su necesidad. Como dice Paván: “el concepto de Dios como esse [...j por un lado, permite soldar la fractura que separó, en los griegos, el principio filosófico del religioso y, por el otro, reorienta originalmente la filosofia misma. En efecto, una vez que Dios ha sido concebido como esse, todo ente finito, en cuanto compuesto, deberá contener al esse como elemento fundamental: pero, entonces, la esencia ya no basta por sí sola para hacer que el ente sea.”463 El concepto cristiano de Dios influyó radicalmente en el desarrollo de la filosofia agustiniana464 y de la filosofia cristiana de los siglos posteriores.
461 Rodríguez Neira, T., 1972, pág. 247.
462 Stefanini, L., 1956, págs. 140-151. Citado en la Introducción, pág. 18.
463 Paván, C., 2000, pág. 210.
464 Ver páginas 82 a 88.

C)La iluminación de la razón.
Por último, como vimos en el capítulo tres, se han hecho diversas interpretaciones sobre el tema de la iluminación en la teoría agustiniana del conocimiento. La iluminación es una teoría que fue empleada en el neoplatonismo especialmente por Plotino, sin embargo, sus contenidos en el caso de Agustín se diferencian por la introducción de la fe cristiana. La iluminación interviene en todo el proceso gnoseológico humano, incluso en la sensación. Es la posibilitadora de la visión en el alma, de los contenidos que reproducen el ser, la vida y la verdad divinas. Es en ese lugar iluminado por Dios, donde el hombre es imagen de Dios. Hasta la autoconciencia precisa de la iluminación y nos revela la dependencia ontológica que tenemos con nuestro creador. Dios es una fuente iluminante sin la cual no podríamos conocer nada, ni siquiera que existimos.
La primera interpretación de la iluminación a la que hicimos referencia en el capítulo tres es la ontologista, que plantea que vemos las ideas y las cosas en Dios. Esto está lejos de ser lo que Agustín pensaba. Después comentamos la interpretación según las Ideas innatas en dos sentidos: el platónico y el no platónico. Pensamos que la primera no explica la iluminación agustiniana, pues Agustín no acepta el innatismo pensado como la característica que permite al alma traer de otra existencia las ideas que contempló directamente. En el universo cristiano el alma es creada para el cuerpo.
En cambio, la segunda interpretación nos parece la más acertada. Si consideramos el innatismo desde un punto de vista no platónico, más amplio, diremos que las nociones agustinianas son innatas por ser conjunto de principios que no han sido adquiridos por la experiencia y que son anteriores a ella. Desde este punto de vista, la iluminación agustiniana depende de dos cosas: de la unión del alma con las nociones y de la luz divina que las ilumina. La razón ve en esta luz. He aquí el realismo teológico agustiniano manifestado en esta última realidad que es el Ser, luz del entendimiento, sin el cual todo conocimiento es imposible.
Finalmente, consideramos la interpretación de la iluminación como abstracción. Los autores que consideran que la teoría de la iluminación de Agustín coincide en general con la teoría aristotélica de la abstracción, afirman, en pocas palabras, que para el obispo de Hipona, el conocimiento verdadero resultaría de abstraer lo universal de los objetos particulares. Entonces, las cosas creadas serían el contenido del conocimiento y ya vimos que esta posición no encaja con el modelo gnoseológico agustiniano.
Un ejemplo de esta interpretación se encuentra en las obras del P. Ch. Boyer. Él considera que en Agustín se encuentran implícitos los conceptos de abstracción y de entendimiento agente. Según este intérprete es ‘en’ los seres particulares donde se perciben los conceptos universales del “ser, la unidad, la verdad y el bien”. También afirma que la iluminación no proviene de Dios, que nuestra inteligencia tiene luz propia y es, por tanto, un entendimiento agente, es decir, un entendimiento que toma las representaciones que obtienen los sentidos y por su propia capacidad abstrae de ellas la esencia universal de los objetos.
Los autores que interpretan a Agustín desde los postulados de Aristóteles siguen el camino que inició Sto. Tomás de Aquino. Pero como dice Gilson, cuando un autor “comienza con Platón, si no es incoherente, debe terminar en Platón”465 y este es el caso de Agustín, quien nunca se aleja del pensamiento neoplatónico.

Por lo tanto, pensamos que para San Agustín la abstracción no es el método de obtención del conocimiento científico. Tampoco estamos de acuerdo con Boyer cuando dice que el hombre colabora con Dios en la formación de las ideas, pues para Agustín no puede haber ninguna causalidad de lo material sobre lo espiritual, ni siquiera una concausalidad.
Gilson afirma que Agustín no se preocupa por la formación del concepto, pero piensa que podría haber una cierta abstracción en el proceso (no en el sentido fuerte aristotélico) aunque él nunca lo diga, pues su interés real es la verdad de los juicios.
Sin embargo, nosotros coincidimos con Lope Cilleruelo al decir que Agustín si se ocupa de la formación de los conceptos sólo que la explica de otra manera, es decir, por generación en vez de por abstracción. Por ejemplo, cuando vemos un hombre sabemos que es un ser humano porque en nuestro interior se genera, se hace consciente, el concepto de la especie ‘hombre’ y al comparar lo que está en nuestro interior con lo que aparece ante los sentidos entendemos qué es aquello que se nos muestra466. Según Agustín no elaboramos el concepto específico de hombre a partir de la abstracción de los caracteres esenciales de muchos individuos.
Para finalizar, resumiendo, diremos que en la filosofia agustiniana no hay una distinción clara entre filosofia y teología. Como dice García-Junceda: “Razón y Fe, Filosofia y Religión se funden, pues, en un único concepto de búsqueda, que lleva a la Verdad, a la Sabiduría, a la Felicidad. Quien así busca es el filósofo cristiano, aquel al que San Agustín dirige el siguiente consejo: Ama en gran manera el intelecto. (Epístola 120, 3)467 Agustín adaptó e insertó en un contexto cristiano las concepciones neoplatónicas de la realidad. Podemos encontrar en sus escritos series de argumentos que tienen que ver con la naturaleza y la validez del conocimiento que forman un esquema consistente de pensamiento metafisico, así como dogmas que tienen que ver con la salvación y que están reforzados con el ejercicio de la razón, pues, para él, la fe sólo es posible para los seres racionales.
Pero el realismo teológico presente en sus escritos, influyó durante toda la Edad Media y ha persistido hasta nuestros días, en la voz de muchos autores. Agustín nos hizo testigos de la construcción de un universo en el que la luz y el bien predominan, donde la mente humana es un símbolo y un vehículo del orden espiritual, capaz de mediar en su condición de imagen del Ser, entre El y todo lo creado.
465 Gilson, Étienne, 1952, pág. 234.
466 Esto lo podemos ver en: De Trinitate VIII, 4, 7.
467 García-Junceda, J.A., 1986, pág. 118.

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EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 3

EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 3

Capítulo 2— El conocimiento racional.

“Lo evidente hasta ahora es que los sentidos del cuerpo sienten las cosas corporales; que el mismo sentido exterior no puede sentirse a sí mismo; que el sentido interior siente los objetos corporales a través de los sentidos exteriores del cuerpo, y hasta los mismos sentidos corporales; y, en fin, que la razón conoce todas estas cosas y así misma y que todos estos conocimientos los hace objeto de ciencia”. 220
En el capítulo primero recorrimos la etapa inicial del camino que conduce al conocimiento de la Verdad (meta de la filosofia agustiniana) Exploramos el universo material y su relación con el sujeto cognoscente. Descubrimos que el objeto fisico tiene una función que se limita al proceso perceptivo del alma: lo inmediato hacia lo cual se dirigen los sentidos, para que el alma pueda producir imágenes que llenarán los almacenes de su memoria. Aquí la relación sujeto-objeto se establece a través de imágenes que entran en contacto: el objeto ofrece su forma, o imagen, al sujeto y los órganos sensoriales de este actúan como receptores siendo modificados por dicha forma.
Según Agustín, Dios creó al hombre como un ser compuesto de cuerpo y alma para que habitara y gobernara un mundo material como un sujeto gnoseológico221. El hombre debe tener como meta, según Agustín, descubrir la verdad, y esto supone un esfuerzo tanto del cuerpo como del alma. “Dios no ha depositado en nosotros las verdades de una vez para siempre, hechas y compuestas, de tal modo que baste buscar para encontrarlas. Es cierto que las sensaciones son actos del alma, pero su contenido representativo viene dado del exterior, a través de los sentidos”222, por ello el hombre empieza su búsqueda de la verdad en el mundo externo.
Pero, además de eso, Dios puso en los objetos huellas de Sí mismo para que el conocimiento de ellos condujera al conocimiento de El.
Así que la función del objeto fisico en el conocimiento sensible es la de ser condición y contenido de ese conocimiento y dar testimonio de la posibilidad de alcanzar un conocimiento superior. Y, por supuesto, poseemos la capacidad que nos permite encontrar ese conocimiento superior: la razón. Esta facultad nos hace distintos a los animales. A diferencia de los sentidos, la razón no entra en contacto inmediato con las imágenes de los objetos fisicos, cuando se aplica al conocimiento de ellos. Más bien, toma sus datos de las imágenes que el alma creó a partir de las sensaciones y que están depositadas en la memoria que Agustín denomina “memoria del pasado” (de la cual hablamos en el capítulo uno). En esas imágenes, la razón, por su misma naturaleza, sólo
220 Del Libre .Aibedrio, II, IV, 10.
221 En efecto, la doctrina que afirma que un ser material con una parte espiritual gobierna algo material diferente de sí mismo, siendo, por ello, un sujeto frente a un objeto independiente de él, es, por supuesto, realismo.
222 Sciacca, M., 1957, pág. 252.

puede buscar los componentes inteligibles223 que provienen de las cosas. Por eso comenzaremos este capítulo considerando si en los objetos fisicos existe algún elemento inteligible que, a través de su imagen grabada, resulte susceptible de ser aprehendido por la razón.
2.1 – La inteligibilidad del objeto sensible.
Haciendo un pequeño resumen diremos, que el conocimiento sensible comienza cuando un objeto impresiona los sentidos provocando en ellos una modificación. Esta es percibida por el alma quien responde creando una similitud corporal la cual recibe para su formación algo de la substancia del alma224. Las imágenes creadas por el alma, que son producto de su actividad, se almacenan en la memoria y se combinan con la intervención de la imaginación.
Hasta aquí todavía no hay ciencia. El grado sensible del conocer se ocupa exclusivamente del mundo en continuo fluir. El conocimiento sensible es una especie de recolector de datos. Los sentidos no alcanzan los objetos inmutables, ni siquiera saben que sienten.
Según H. Carré, cuando Agustín estudia el proceso mental de la sensación y el juicio, hace un análisis psicológico que, no obstante, es secundario para Agustín, pues el principal asunto es la búsqueda espiritual de la verdad.225
En efecto, Agustín comienza su teoría del conocimiento con un análisis psicológico del proceso perceptivo. Este método se apoya en el dato, en la observación de los procesos internos y externos del cuerpo y de la mente; pretendiendo convertirse, por intermedio del análisis de la razón, en una base científica estable para que el hombre pueda conducirse con cierto nivel de certeza en medio del mundo que habita. San Agustín no ignora el mundo, las cosas creadas tienen que tener algún lugar en el plan
223 Si las cosas tienen un componente inteligible que hace posible al sujeto conocerlas, entonces el sujeto no las crea al pensar, sino que toma el conocimiento de ellas mismas. Las cosas tienen la huella de su esencia eterna (que está en las ideas divinas) en ellas mismas y ésta es captada por la razón humana en el proceso de conocer. El pensamiento no crea la esencia, o la forma, de las cosas. Por lo tanto estamos ante una gnoseología realista (aunque de corte teológico, porque al final las ideas pertenecen a la mente de Dios).
224 De Trinitate, X, 5, 7.
225 “en el curso de sus numerosas exploraciones del ascenso de la mente… necesariamente discute los
elementos de los que se compone el conocimiento. El analiza los procesos mentales como la percepción y el juicio para exhibir las complejas actividades presentes en ellas. Sus interpretaciones de estos asuntos, especialmente la descripción de la relación entre las impresiones fisicas y las sensaciones, afectaron profundamente la filosofia de la Edad Media. Pero es importante señalar que este anaiisisjisicologico es secundario con respecto a la preocupación principal de Agustín. El se preocupa de la naturaleza de la realidad que encuentra revelada en la búsqueda espiritual de la verdad. Es la cuestión metafisica concerniente al estatus de los varios tipos de conocimiento lo que le interesa. Agustín pasa por alto importantes puntos en la psicología del conocimiento para instar a la mente al reconocimiento de las Ideas”. H. Carré , Meyrick, ReaiistandNominaiis4 Gran Bretaña, Oxford University Press, 1946, pág. 8. Enfasis añadido.

universal de Dios, según un criterio de perfección.226 Si toda obra de Dios es perfecta, el mundo material debe ser perfecto en el sentido de cumplir con su función en el desarrollo de la inmensa maquinaria universal. Es imposible para una mentalidad cristiana concebir que Dios haya creado el universo material, sin un propósito; todo debe tener un lugar que justifique su existencia y su función con respecto a un fin ulterior. El sistema de Agustín es una estructura donde cada parte es importante para la consecución del todo.
Una vez analizado el proceso de la percepción de los objetos fisicos, Agustín no se conforma con las conclusiones a las que le llevó su trabajo de psicología descriptiva, desea comparar los datos que encontró para descubrir la naturaleza de las cosas, lo que hay de constante y estructural en ellas; y la naturaleza de su propia alma. Por eso, al llegar a este punto avanza un grado hacia el conocimiento racional. El conocimiento racional empieza con el juicio de las sensaciones. Como expone Agustín:
“Juzgamos, pues, de lo corpóreo, a causa de sus dimensiones y contornos,
según una razón que nuestra mente reconoce como inmutable”227
Sciacca dice que “la sensación, el juicio sensible y la memoria sensible, son los antecedentes necesarios del juicio de la razón”228. En efecto, la razón es una facultad del alma que intuye la verdad, aprende, ordena y clasifica los conocimientos.229 San Agustín reconoce dos funciones de esta facultad según las cuales denomina ‘razón inferior’ a la “dimensión de la racionalidad que produce el conocimiento científico… Sin embargo, tal función no agota los poderes de nuestra razón. Por encima de la ratio inferior está la razón que, a partir de lo sensible, lo trasciende y dirige su mirada al mundo inteligible, al mundo de Dios, del ente en cuanto ente, del bien, de la verdad, de la belleza: en suma, hacia la contemplación. Ahora bien, mientras la ratio inferior construye el conocimiento científico, la ratio superior nos brinda la sabiduría.”23°
Por lo tanto, la “razón superior” se ocupa de las verdades superiores a ella misma, “las leyes supremas de su existencia y consistencia”23’ y alcanza la sabiduría.
Los sentidos son la “nave” que abandonamos al subir a la otra de la razón, pero el cargamento que llevaba la nave sensorial se queda en la memoria, las naves sólo llegan
226 En un mundo creado y sostenido permanentemente por su creador, la teoría del conocimiento que lo aprehende tiene que ser realista. Pues se trata de un mundo que existe por obra de alguien externo a él y que existe independientemente del sujeto que lo piensa. En la base de este realismo se encuentra una verdad teológica aceptada a priori la existencia y realidad absolutas del Dios creador cristiano.
227 De Trin. XII, 2, 2.
228 Sciacca, M., 1957, pág. 193.
229 La razón es la “Facultad del alma por la que intuimos la verdad con independencia del
cuerpo, o moción del alma que discierne y ordena lo que aprende”. De Ordine, II, 11, 30.
230 Paván, C., 2000, Pág. 26.
231 Campelo, Moisés, “Hacia una teoría agustiniana del conocimiento”, Augustinus, VI, 1961, pág. 481.
.

hasta la orilla. Agustín es el creador de esta metáfora en su libro Soliloquios, donde conversa con su propia razón:
- R. – ¿Conoces igualmente la línea y la esfera o una cosa más que la otra?
- A. – Igualmente las dos, pues en ninguna me engaño.
- R. – ¿Y ambas las has percibido con los sentidos o con la inteligencia?
- A. – Los sentidos en este punto me han servido como nave. Pues cuando me llevaron al punto que me dirigía, allí los dejé; . . . antes creo se pueda navegar por tierra que alcanzar la ciencia geométrica con los sentidos, aunque a los principiantes les prestan alguna ayuda.
- R. – ¿No dudas, pues, tú llamar ciencia al conocimiento que tienes de estas cosas?
- A.- No.232
En primer lugar, nos ocuparemos de la razón inferior la cual, a diferencia del conocimiento sensible, es un grado de conocimiento seguro y cierto. Cuando la razón se dedica al control y organización de lo múltiple, hace ciencia. Su preocupación es determinar las cualidades y el contenido fisico de las cosas reduciendo los datos “a cuerpo orgánico” utilizando “definiciones, divisiones y síntesis” y defendiendo su obra “de todo error”.233 De hecho, en el De Trinitate, “ciencia” se define como:
“el conocimiento de las cosas temporales y mudables necesarias para
desempeñar las funciones de esta vida.., la ciencia llamada de acción
raciocina sobre los objetos corporales que el sentido del cuerpo percibe”234.
También indica que la ciencia “es conocimiento cierto de las cosas sensibles”235. Ello significa que la ciencia tiene sus raíces en la percepción, pero eso no quiere decir que se derive del flujo de las sensaciones, ni que opere por medio de la abstracción. Más bien se ocupa de las razones, números y formas de las cosas, es decir, de los vestigios de lo inmutable que aparecen en el mundo sensible, “como sombra”.236 El conocimiento científico atañe, mediante definiciones, a la substancia de las cosas, es decir, de aquello que responde a la pregunta ¿qué es?. Y esto es posible porque, según nuestro autor, el mundo sensible no está desprovisto de inteligibilidad, es decir, las cosas fisicas pueden ser objeto de una percepción intelectual. Así lo expresa en De Ordrne
“Hallamos ciertos vestigios de la razón en los sentidos… En lo tocante a los
ojos, la congruencia razonable de las partes se llama belleza, y en lo
• 232Soliioquiosl, 4, 9.
• 233De Ordinell, 13, 38. Énfasis añadido.
• 234De Trinitate XII, 12, 17.
• 235De diver. quaest. adsimpiicianum, II, 2, 3.
236 De Ordinell, 15, 43.

relativo a los oídos, un concierto agradable o un canto compuesto con debida armonía recibe el nombre propio de suavidad… Para decir que la razón participa del placer de estos sentidos se requiere que haya cierta proporción y armonía”.237
Agustín utiliza el ejemplo de la construcción de un edificio. Un edificio se construye siguiendo un plan racional 238 el cual supone proporción, orden y simetría en las dimensiones. Por ejemplo, una puerta debe estar colocada en determinado lugar y a cierta distancia de las otras puertas, las ventanas etc.239 Un edificio bellamente construido muestra el plan racional, los vestigios de la mente del arquitecto. Es decir, se puede discernir un arquitecto es el artífice de un edificio cuando la obra sigue un orden que solo podría elaborar una mente racional. Se trata aquí de un “legítimo y necesario movimiento dialéctico”24° que va del efecto a la causa. El puente entre los mundos sensible e inteligible son los vestigios de la razón que el hombre encuentra en las cosas, lo que es igual a decir que los objetos son inteligibles o, mejor, que tienen un componente inteligible. Sciacca está de acuerdo con esto, pues afirma que “las cosas son por lo que tienen de medida y de orden, y mi mente las comprende porque aprehende en ellas algo de lo inteligible”241.
Ya que la ciencia no se deriva del flujo de las sensaciones y su objetivo es descubrir la substancia de las cosas, veamos cuál es el concepto de substancia en San Agustín. Para ello leeremos algunos pasajes del De Genesi ad Litteram y del De Trinitate.
2.1.1 — El concepto de substancia en el De GenesiadLítteramy en el De Tnñitate.
Para San Agustín, la idea de ‘substancia’ se reduce a la de ‘ser’. Así que veamos, en primer lugar, qué entiende por la palabra ‘ser’, y después nos referiremos a la substancia en sus diferentes manifestaciones.
Recordemos que, en general, el término ‘ser’ tiene dos usos fundamentales: el uso predicativo y el uso existencial. El Ser de los cristianos es eminentemente Dios, como podemos ver en el siguiente texto de Agustín:
237DeOrdi½eII, 11,33.
238 “La unidad, la simetría, el orden o congruencia de las partes son elementos racionales que resplandecen” en una obra. Capanaga, V., Obras de San Agustrn, tomo 1, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1979, Nota 28 al De OrdineII, 11,33, pág 702.
• 239Si una puerta está “colocada a un lado, la otra casi en medio, pero no en medio… la desigual dimensión de las partes ofende, en cierto modo, a nuestra vista”. De Ordine II, 11, 34.
240 “Por eso es legítimo y necesario el movimiento dialéctico que sube de la obra al arquitecto, del arte al artífice y, en general, del efecto a la causa… No puede decirse, como se ha dicho, que, en la filosofia
agustiniana, el mundo sensible está separado del inteligible, sin puente de conexión con él. Como reino de vestigios de la razón, el mundo sensible es terreno laborable y fecundo para la contemplación racional o
para elevarse de las huellas y de las sombras a la verdad primera y fontal”. Capanaga, V., 1979, Nota 28 al De OrdineIl, 11,33, pág. 702.
241 Sciacca, M., 1957, pág. 225.

“Ya sabéis lo que significa Yo soy, no se puede repetir constantemente para que no llegue a producir fastidio una cosa tan sublime. Acordaos de Yo soy el que soy, y El que es, me ha enwado y vosotros conoceréis, es decir, entonces sabréis que yo soy… Toda la Trinidad se relaciona al ser mismo”.242
Esta es la respuesta que Dios da a Moisés cuando éste le pregunta cuál es su nombre: Ego sum qui sum243 Esta corta frase habla del ser de Dios en sentido existencial: Yo soy el que soy, es decir, yo soy el que existe. Si Dios dijera: yo soy uno, infinito, inmutable, bueno, etc., es decir, yo soy todo lo que soy. estaría predicando lo que tiene, en otras palabras, diría: yo soy lo que tengo, pues en Dios se identifican ser y tener. Esta descripción de Dios es también verdadera y es esencialista. Para San Agustín, Dios es, por supuesto, el ser y, “sin embargo, señala Paván, su metafisica no es existencialista sino esencialista, así como lo impone la raíz platónica de su filosofar. En efecto, mientras desde el punto de vista teológico, Agustín concibe a Dios como el acto puro de ser, cuando elabora su filosofia vuelve a pensar ese ser en términos no tanto de existencialidad sino de inmaterialidad, inteligibilidad, inmutabilidad y unidad, es decir, en los términos propios del esencialismo característico de la Idea platónica”.244
Pero no queremos insinuar aquí, que Moisés entregó a los Padres cristianos una metafisica al formular ese concepto de Dios, puro ser, que es tan diferente de los dioses griegos, (incluso, de la idea del Bien platónica y del dios aristotélico que era pensamiento del pensamiento), más bien, el Ego sum qui sum del Exodo, que instaura al ser como nombre propio de Dios designando su esencia, fue el incentivo que condujo a Agustín (y a los demás teóricos de la Iglesia) a una elaboración especulativa de importantes implicaciones filosóficas.245
Agustín se pregunta ¿cómo se puede atribuir a las cosas que fueron creadas de la nada la palabra ser?, también, ¿podríamos entender la relación de la criatura con el ser originario si le negamos el concepto de ser?246 En palabras del Hiponense:
“Debo yo decir que mis días son? ¿Diré que estos días son? ¿Debo entregar, sin reflexión, una palabra tan digna al curso de los inconsistentes días?”247
• 242 Inloh. 40,3.
243 Éxodo III, 14.
• 244Paván,C.,2000,pág. 81.
245 “Naturalmente, no se trata de sostener que el texto del Éxodo traía a los hombres una
definición metafisica de Dios; pero si no hay metafisica en el Éxodo, hay una metafisica del Éxodo y la vemos constituirse muy temprano entre los Padres de la Iglesia, cuyas directivas sobre ese punto no han hecho sino seguir y explotar los filósofos de la Edad Media”. Gilson, E., El Espiritu de la Filosofia Medieval, Buenos Aires, Emecé Editores, 1952, nota 14, pág. 57.
246 Berlinguer, Rudolf, “La palabra ‘ser’. Interpretación agustiniana al Éxodo 3, 14”, Augustrnus XIII, 1968, pág. 100.
247 En. InPsalm. 38,7.

A San Agustín lo contingente no le parece digno de ser porque las criaturas, a diferencia de Dios, no son lo que tienen. 248 Además, reciben de Dios el ser:
“,Mas de dónde tenía su tal cual ser esta materia sino de Vos, de quien todas las cosas reciben el ser que tienen, de cualquier modo que ellas sean? Pero tanto más lejos están de vuestro Ser, cuanto más desemejantes son a Vos, pues no es la distancia de lugares la que hace que estén lejos de Vos las criaturas.
Por lo cual Vos, Señor, que nunca sois diferente de Vos mismo, ni en la sustancia, ni en el modo, sino siempre inmutablemente el mismísimo, Santo,… Dios Todopoderoso, hicisteis algo aun de la misma nada, en aquel principio que procede de Vos, en vuestra Sabiduría, que nació de vuestra sustancia. Porque hicisteis el Cielo y la Tierra: pero no los hicisteis de vuestra propia sustancia”.249
Aquí vemos que Dios es sabiduría e inmutabilidad y estos no son sus atributos sino su misma sustancia. Las cosas se asemejan al ser de Dios y en esa medida poseen el ser que les impide volver al no ser.
La filosofia está enfocada hacia el ser, aunque nunca pueda ser captado esencialmente y el camino que recorre hacia el infinito es un pensar.
El Ser se automenciona en el Ego sum qui sun para que lo capten los entes, por eso tiene que suceder en el tiempo. Como dice Agustín:
“[…j a pesar de ello no mentimos si decimos que era, será y es, a causa de la mutabilidad de los tiempos en que queda retenida nuestra variabilidad y mortalidad. Era en los tiempos pasados, es en los actuales, será en los venideros. Era porque nunca faltó; será, porque nunca faltará; es, porque siempre es”.25°
El Ser mismo es intemporal y podemos decir que era, es y será sólo porque es principio del tiempo y lo mudable cambia, en relación con lo inmutable. Porque El está ahí, siempre presente, sabemos que nosotros pasamos. El ente únicamente puede tener una relación temporal e histórica con el Ser que es su fundamento. El Ego sum qui sum es, respecto a sí mismo, ‘ser’, pura efectividad y aseidad, es decir, causa y principio de sí mismo. Respecto a las cosas creadas es manifestación verbal de que el ‘ser’ es de hecho. Es decir, el Ego sum qui sum como fundador del tiempo, la historia y el mundo, puede considerarse como la expresión verbal del ser, pues, Agustín interpreta el ‘ser’ del Exodo como palabra. Por eso dice en el evangelio de Juan (que Agustín relaciona
248 De Civ Dei XI 10, 1.
249 Confisiones XII, 6, 6.
250 Inloh. 99,5.

con el texto del Éxodo) “en el principio era el Verbo”, porque el ser que se inscribe en el tiempo es lenguaje. Pero, añade Agustín:
“Hay conocimiento de la palabra, si es conocido Aquél al cual se le asigna.
O sea, el nombre no es por sí mismo palabra, sino en virtud de lo que
designa”.25’
La palabra no es un lenguaje vacío de contenido, más bien, para ser palabra tiene que estar plena de ser. El ente en su mutabilidad se relaciona verbalmente con el ser que es su principio inmutable, en un diálogo que constituye el sello de nuestro universo.
Cuando Agustín explica que “toda la Trinidad se relaciona al ser mismo”252, introduce un rasgo teológico en su ontología. A la Trinidad de Padre, Verbo y Espíritu Santo le corresponde la de Ser, Palabra y Amor. Los tres son uno ontológicamente y son sinónimos verbalmente.
Ahora bien, cuando el Ego sum qui sum se refiere al ser en sí mismo es sinónimo del lpsum esse, es decir, del ‘ser mismo’. Ipsum esse es el nombre eterno de Dios. Pero, Agustín se pregunta: “Tendrías el mismo nombre ser si no hubiera algo que en comparación a ti no es verdadero?”253 y se plantea la relación entre Dios y el mundo como una relación de ser.
Para que el hombre pueda entender el lpsum esse, Dios lo explica utilizando su manera de relacionarse con los individuos. Según Agustín, Dios nos dice:
“Yo soy el que soy, se relaciona a mí; el Dios de Abrahán se relaciona a ti; y si tú fracasas en lo que soy para mí, sin embargo comprendes lo que soy para ti”.254
Entre el nombre lpsum esse y el nombre Dios de Abrahán hay una relación de realidad absoluta versus vestigio, así como el espacio es un vestigio del infinito. Por ello, Agustín distingue en entre el nomen aeternum y un nomen tempora le255. El ‘nombre eterno’ (el lpsum esse) no puede no ser, ni estar contenido en el espacio, ni en el tiempo; mientras que el ‘nombre temporal’ se hace concreto en la historia del pueblo de Israel como “Dios de Abrahán”.
• 251En.InPsalm.9,11.
• Inloh. 40,3.
253 Berlinger, R., 1968, pág. 104.
• 254En. inPsalm. 134,6.
255 De Gen. adlitt V 16, 34.

El ser establece una relación óntica con el ente al fundamentar el hecho de que lo precede, de que es su principio, su origen.256 Pero el ente no logra nunca identificarse esencialmente con el ser del cual proviene. El ente está cerca y, al mismo tiempo, lejos del ser. Está cerca por la relación fundamentadora que el ser tiene con él como su principio; y está lejos porque nunca puede alcanzar la identidad con el ser. Entre el ser y el ente hay una diferencia esencial que San Agustín invita a trascender cuando exclama:
“Queremos alcanzar aquel firme estado donde el Es es, pues sólo eso es
siempre así como es; pero en medio queda el mar de este mundo sobre el
que marchamos, aún cuando no veamos a dónde marchamos”.257
Es posible aproximarse al ser porque entre ser y ente existe un cierto parentesco, pero tal relación no es esencial sino de sentido, es decir, una relación en que se reconoce el significado del todo en el cual se halla de manera especial una parte. Por eso, aproximarse al ser no significa que desaparezca la diferencia esencial entre el ser y el ente. En un instante temporal, el ente se acerca al ser mediante la “agudeza del espíritu” o “la visión del corazón”258 Además, la relación entre el Dios creador y el ente creado, es de participación. Dios es la plenitud del ser, como vimos, pero el hombre aspira al ser. O sea, antes dijimos que un alma no es sabia sino que tiene sabiduría, ahora añadimos, tiene sabiduría porque participa de la Sabiduría Pues, “la participación significa una posesión regateada y parcial de una cualidad”259. En virtud de su incompletitud, el hombre aspira siempre a llenar los vacíos de su ser.
Pero, como dijimos, ser y substancia son sinónimos en San Agustín, entonces veamos lo que dice Agustín respecto de la substancia.
Según Blázquez260: “Filosóficamente hablando la substancia agustiniana se define como id quod est, quidquid est, o lo que es igual, omne quod est… Por lo que al aspecto lingüístico se refiere, la sustancia agustiniana es la traducción de la oorna (ousía) transmitida por Plotino y del término bíblico a7torn8ui”, y añade: “En el plano de la substancia creada substancia es sinónimo de naturaleza, esencia, criatura, res, y expresiones con idéntica significación. En el plano de la substancia Creante existe una perfecta sinonimia también entre substancia, esencia, o7tootarn, persona y relación absolutamente hablando, en virtud de la identificación completa del ser y existir en
26 Se pregunta Agustín en sus Tratados sobre san Juan: Tu quis es? Quién eres tú, que a ti
mismo te llamas Soy el que soy?’ Y el texto contesta con una única palabra: ‘prrncipium esto es,
origen.” Berlinger, R., 1968, pág. 103.
• 2571n1oh.2,2.
• 258 En. InPsalm. 134,6.
259 Capánaga, V., “El ser y el tener en el dinamismo de la voluntad según San Agustín”, Augustrnus, VI, 1961, págs. 423-428.
260 Blázquez, Niceto, “El concepto de substancia según san Agustín”, Atgustinus, XVI, 1971, págs. 69-80.

Dios. En todo caso, el término ecuménico sobre el cual se basa toda esta sinonimia es la oorna”261.
San Agustín concibe la realidad como desarrollándose entre dos extremos: la substancia Creante, Dios, o el Ser, y la substancia creada (todo lo demás, todo lo que no es Dios). Se puede llamar a Dios substancia porque, como vimos, El es lo que tiene y como la substancia es el conjunto de los atributos que Dios posee, entonces en El, substancia y ser son una y la misma cosa.
El extremo inferior de la realidad es para Agustín la materia primera. Entre ésta y Dios él coloca a todos los seres creados, con diferente grado de substancialidad (o grado de ser) dependiendo de cuanto se asemejen a las Formas supremas que están en el Verbo, el único ser que no fue creado sino engendrado y es, por ello, cosubstancial con su Padre.
Entre las criaturas y el Verbo existe una relación de semejanza – participación, que determina su cualidad sustancial. Podemos decir entonces que para Agustín:
A) Dios es substancia. -
El extremo superior del esquema agustiniano de la realidad lo ocupa Dios. Para Agustín, Dios es substancia de una manera especial, en el sentido de esencia, como algo que expresa la exclusividad divina, su trascendentalidad y distinción absoluta de sus criaturas. Así lo expresa, Agustín:
“Dios es, sin duda, substancia, y si el nombre es más propio, esencia; en griego ousía. Sabiduría viene del verbo saber; ciencia del verbo scire, y esencia, de ser. Y ¿quién con más propiedad es que aquel que dijo a su siervo Moisés: Yo soy el que soy; dirás a los hijos de Israel: El que es me envía a vosotros?.
Todas las demás substancias o esencias son susceptibles de accidentes, y cualquier mutación, grande o pequeña, se realiza con su concurso; pero en Dios no cabe hablar de accidentes; y, por ende, sólo existe una substancia o esencia inconmutable, que es Dios, a quien con suma verdad conviene el ser, de donde se deriva la palabra esencia. Todo cuanto se muda no conserva el ser; y cuanto es susceptible de mutación, aunque no varíe, puede ser lo que antes no era; y, en consecuencia, sólo aquel que no cambia ni puede cambiar es, sin escrúpulo, verdaderamente el Ser”.262
Agustín llama a Dios substancia pero excluyendo de este concepto la idea de sujeto capaz de tener accidentes, es decir, compuesto y cambiante. En Dios, repitamos, ser y existir son sinónimos y también lo son los conceptos de ser, substancia y esencia.
261 Ibid.
262 De Trinitate, V, 2, 3.

En cualquier discusión terminológica sobre Agustín, es menester considerar, que, para él, el mejor vocablo es el que mejor se acomoda a lo que quiere decir y a su auditorio (según Niceto Blázquez en la revista citada arriba). A él le importa más ser entendido que la precisión en el uso de los términos. De ahí que nos encontremos con una ‘substancia’ que es sinónima de ‘naturaleza’ y otra sinónima de ‘ser’ o de ‘esencia’, dependiendo del tipo de substancias a las que se refiera en cada caso.
B) El Hijo de Dios, el Verbo, es substancia.
Junto a Dios y en relación de identidad entitativa o consubstancialidad está su Hijo, el Verbo; entre ellos no hay grados de ser, dice Agustín. El Verbo es la fuente de todas las formas, en El están las ideas que imprimirá en la materia para convertirla en las diferentes criaturas que habitan este mundo. Así lo enuncia San Agustín:
“Aquello que cuenta la Escritura, c4o Dios, hágase, debemos entender que fue un dicho incorpóreo de Dios, pronunciado en la naturaleza de su Verbo coeterno, con el que llamaba hacia sí a la imperfección de la criatura, para que no permaneciera informe, sino que se formara según la naturaleza de toda criatura, cuya formación se lleva a cabo por orden…”263
El Logos es una imagen viviente de Dios y el recipiente de las ideas eternas, pero las ideas no están por encima de lo divino, ni constituyen un pensamiento primigenio que se consume en su propio pensamiento de sí. Más bien, son poseídas por el Ser supremo como Palabra (Verbo, Logos) y, en ellas Dios se posee y se ama.264 Esta Palabra es el primer acto del Intelecto absoluto en su propia intelección265. Además, este concepto del Logos “como imagen viviente de Dios era ya un arranque hacia el superamiento del idealismo clásico en el realismo”266, que nosotros consideramos teológico. El idealismo pagano es un “pensamiento que piensa en todo menos en la persona que lo gobierna y lo vivifica, por ser consubstancial a la misma”.267
Así como Dios está centrado en sí mismo por su unidad, las criaturas (que se esfuerzan por imitarlo) también se centran en sí mismas. En sí mismas encuentran su verbo, es decir, la manifestación del Verbo en ellas que es la imagen de las ideas que están en El. “Tan unida a sí misma está la persona humana en su verbo, que nada podría ella conocer, sin implicar en todo conocimiento del conocimiento de sí misma”268 El Verbo es principio y posibilidad de la autoconciencia. En efecto, Agustín establece una analogía entre el Verbo divino y el verbo interior humano. Así como el Padre engendra
263 De Genesi ad Litteram 1, 4, 9.
264 De Trinitate, VII, 2, 3.
• 265DeTrinitateVl, 10,11.
266 Stefanini, Luigi., “El problema de la persona en S. Agustín y en el pensamiento contemporáneo”, Augustrnus 1, 1952 —2, pág. 141.
267 Stefanini, L., 1952, pág. 142.
268 Stefanini, L., 1952, pág. 143.

al Verbo y no lo crea, el hombre, por medio de la razón y gracias a la iluminación, engendra, o genera, una expresión de la verdad impresa en él, un concepto, que es ese verbo interior. He aquí una manifestación clara de cómo Agustín utiliza la fe para explicar un problema gnoseológico, introduciéndose con ello en el campo de la teología.
C) Las cosas creadas, mudables, son substancias.
San Agustín toma el término substancia de las categorías aristotélicas, pero en un contexto neoplatónico, es decir, filtradas por el pensamiento plotiniano. Mientras que en las Confesiones critica el uso abusivo de las categorías al aplicarlas a la substancia divina, en el De Trinitate las utiliza al hablar de la substancia creada, que está compuesta por un sujeto que tiene accidentes y existe en diferentes estados. Es un subestare en el mundo de lo creado.
Agustín enumera así las categorías:
“Al decir, por ejemplo: “Es hombre”, designamos una substancia. El que dice: “No es hombre, no enuncia un predicamento distinto; se limita a negar… Y si alguien me pregunta con relación a la cantidad, respondo: “Es cuadrúpedo, es decir tiene cuatro pies”; … “Es blanco”, digo refiriéndome al color; “No es blanco”, digo negando esta cualidad “Está cerca”, afirmo según la relación espacial,… “Está echado”, digo según la posición… Hablo según el hábito y digo: “Está armado”; .. Hablando del tiempo digo: “Es de ayer”… “En Roma está, exclamo con relación al lugar,… Hablo de la acción y digo: “Golpea”;… “Es azotado”, afirmo según el predicamento llamado pasión”..” 269
Decíamos, en la Introducción, que el realismo considera las categorías como elementos ontológicos del ser mismo, mientras que el idealismo considerará las categorías como unidades sintéticas del pensamiento”.27° San Agustín piensa en las nociones universales, como parte constitutiva del propio ser del hombre, de su alma. Son impresiones que están en la memoria, de la misma manera en que una imagen se imprime en la cera. Son una aproximación a un modelo que está en Dios. Igualmente, en la parte inteligible las cosas (aunque en menor grado) están las categorías como elementos ontológicos de su ser, al punto que, como veremos en la próxima sección, si no tienen número (cantidad) no son. Aquí también se muestra realista nuestro autor.
El concepto de substancia tiene una aplicación plena en las cosas mudables, creadas, compuestas de materia y formas que constituyen el mundo. En este plano, desde la materia primera hasta los ángeles son substancias, para Agustín. Pero establece una diferencia de grado en la substancialidad de cada una dependiendo, como ya dijimos, de la semejanza participativa que tengan con las Formas o Ideas que están en el
269 De Trinitate y, 7, 8. Énfasis añadido.
270 Morente, M., 1938, pág. 102. Ver página 18 de la Introducción.

Verbo. Además en De Civitate Dei27’ establece un orden entre los seres creados basado en la naturaleza y el uso que se tiene de ellos. Así los “vivientes son superiores a los “no-vivientes”, pues estos no tienen capacidad generativa. Entre los vivientes los “sensitivos”, como por ejemplo los animales, son superiores a los “no-sensitivos”, como los árboles. Entre los sensitivos los “inteligentes”, los hombres, aventajan a los no- inteligentes, como las bestias. Entre los inteligentes los “inmortales”, como los ángeles, son superiores a los “mortales”, como los humanos. En esta escala de valor, la razón se ocupa de lo que las cosas valen en sí mismas, mientras que la necesidad prefiere las cosas que valen con respecto a un fin272.
Veamos ahora las características de las diferentes substancias creadas empezando por la materia prima, las razones seminales, la forma y, culminando, en el hombre.
C-1) Entre las substancias creadas están otras substancias con diferente grado de substancialidad que son: la materia primera, las razones seminales y la forma.
a- La materia primera o substancia mundanal273 tiene el grado de substancialidad más bajo entre las cosas creadas y fue creada por Dios de la nada:
“Vos, pues, Señor, de esta Materia informe que hicisteis de la nada, y tan
cerca de la nada, hicisteis el mundo y las cosas tan grandes que admiramos
los hijos de los hombres”, era esa materia primera “invisible y sin forma”274
Esta sustancia mundanal aunque próxima a la nada, era ‘algo’ por tener la capacidad de poder ser formada.275 Aunque informe en acto, por el hecho de ser creada y de ser algo, poseía ya aunque fuera incoativamente, como pura capacidad, la forma. Así que era invisible, por no tener forma completa, pero no inexistente. El grado de substancialidad de la materia primera, su ser, depende de la plenitud de la forma que recibirá del Verbo.276
Entonces, cuando Agustín dice que la materia está privada de forma, no lo dice en sentido ontológico sino en sentido de lo que llegará a ser, de la manera o del grado de plenitud con que será formada. Es informe en relación con la forma completa que tendrá. Además entre la materia y la forma no hay prioridad temporal, ambas fueron cocreadas, como señala Agustín:
“La materia informe no es anterior en el orden del tiempo a las cosas
formadas. Fueron creadas a un tiempo, la materia de que se hicieron y lo
271 De Ciwtate Dei XI, 16.
272 De Civ Dei VI, 16.
273 El concepto agustiniano de materia prima es de inspiración bíblica y no filosófica. Se refiere a ella como uno de los términos del acto creador, es, por lo tanto, materia bíblica.
274 Confesiones, XII, 7.
• 275De natura born 18.
276 Blázquez, Niceto, “El concepto de substancia según San Agustín”, Augustinus XVI, 1971, pág. 71.

que se hizo. Así como la voz es la materia de las palabras, y las palabras indican la voz ya formada, pues el que habla no emite primeramente una voz informe a la que después pueda coger y formar en palabras, así el Creador… creó… ciertamente formada la materia. Mas porque aquello de donde se hace algo, es primero que lo que con ella se hace, aunque no en el orden del tiempo pero sí en cierto orden de origen; por eso pudo muy bien la Escritura separar por tiempos el hablar, no dividiendo Dios por tiempos el obrar”.277
La materia es el fundamento del cambio y todo lo creado está sujeto a mutación ya sea sin manifestarse aun en acto, es decir, en estado de posibilidad, o realmente, es decir en acto278: La mutación afecta incluso al mundo del espíritu: El ángel no es inmutable por su naturaleza sino por gracia divina. En cuanto al alma, ella está sujeta al cambio por naturaleza (también está compuesta por materia y forma) pero sólo en el tiempo, mientras que el cuerpo muda en el tiempo y en el espacio. Así lo expresa Agustín:
“Dios… formó la materia a la cual nadie sino Él la estableció informe y formable, de tal modo que su formación se anticipó en origen, mas no en tiempo. También antepuso la criatura espiritual a la corporal; la espiritual solamente puede mudarse en el tiempo y la corporal en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, en el tiempo se mueve el alma, o acordándose de lo que había olvidado, o aprendiendo lo que ignoraba, o queriendo lo que no había querido. El cuerpo se mueve en el espacio, o de la tierra al cielo, o del cielo a la tierra, o del oriente al occidente o de cualquier otro modo parecido. Todo lo que se mueve en el espacio no puede moverse si a la vez no se mueve en el tiempo, pero no todo lo que se mueve en el tiempo es necesario que también se mueva en el espacio. Luego como a la substancia que se mueve en el tiempo y en el espacio precede la substancia que solo se mueve en el tiempo, así también a ésta se antepone aquella que no se mueve ni en el tiempo ni en el espacio”.279
b- Las razones seminales también son substancias, según Agustín, porque son la forma ya comenzada, “pero en su aspecto dinámico y en su estadio retrasado”.28° Son formas incoadas.
En los primeros capítulos del Génesis aparecen dos pasajes claramente contradictorios. En el relato de la creación Moisés dice, en primer lugar, que Dios creó todas las cosas en un instante y, luego, que Dios necesitó seis días consecutivos para
277 De Genesi adLitteram 1, 15, 29.
278 “Este cambio existe ora en estado de posibilidad en toda criatura, aunque llegue a faltar el
efecto, como sucede en los seres superiores celestes; o ya realmente en los inferiores, con el fin de producir en ellos una hermosura temporal, mediante los cambios ordenados de las cosas mudables” De Genesi adLitteram IV, 1, 1.
279 De Genesi adLitteram VIII, 20, 39.
280 Niceto E., 1969, pág. 77.

crear el Universo, la Tierra y las criaturas, incluyendo al hombre. Además, después de la creación de las primeras especies, aparecieron incontables criaturas individuales. ¿Cómo podría Agustín reconciliar la creación total del mundo y sus habitantes en un momento, con la aparición sucesiva de las especies e individuos?. Mediante la teoría de las razones seminales, que define así:
“Consideremos la belleza de un árbol, con su tronco, ramas, hojas y fruto. Sabemos que esta apariencia y tamaño no han surgido repentinamente, y también sabemos en qué orden ocurrió. Pues, el árbol comienza por la raíz que el germen fijó primero en la tierra, y de ahí en adelante se produce todo el desarrollo de esa forma. Además, ese germen vino de la semilla; pues todas estas cosas estaban en la semilla originalmente, no en una masa de magnitud corporal, sino en una fuerza y potencia causal”28’
Las razones seminales son actividades, poderes generativos o leyes que determinan el hecho y el orden del crecimiento. Estas potencias no constituyen una doctrina de preformación, pues el germen no contiene un individuo subsiguiente condensado, por así decir. Este estado potencial de las cosas es una especie de desarrollo predestinado. Dios creó, primero todas las cosas en sus razones seminales, potencial y simultáneamente y en un segundo momento las cosas aparecieron actualmente y de manera sucesiva.
Entonces, las causas de todas las cosas futuras estaban en el mundo cuando Dios creó todo por primera vez. Por lo tanto, esas causas contenían no sólo todo lo que podía componer al hombre, sino también todo lo que podría llegar a ser. Pero Dios puede modificar los efectos de tales causas, por eso Agustín dice que no se pueden buscar las causas de todo fenómeno.282
Agustín distingue tres tipos de rationes seminaJe.s83: las ‘causas primordiales’, que determinan que las cosas aparezcan a su debido tiempo (con ello se refiere al futuro de las cosas más bien que a las cosas futuras); las propias ‘semillas’ que son responsables de la posibilidad de generación y duplicación de una especie y las seminum semiiia que, siendo invisibles, garantizan la reproducción de las semillas.284
Los tres tipos de razones seminales fijan la forma que tendrán las cosas. Por lo tanto, el desarrollo natural de las cosas se puede definir como la realización de la forma de las cosas a su debido tiempo, como un modo en que todas las cosas lleguen a ser. Todo este proceso tiene como fin que las criaturas se transmitan la forma, o aquello que las hace semejantes entre sí, y que se mantengan dentro de su género y especie. Pues la teoría de las razones seminales no pretende ser una teoría de la evolución de las especies (que implica una cierta novedad), ni de la relación biológica entre especies. Agustín las
281 De Gen. adlitt V, 23.
282 De Gen. adlitt VI, 16.
283 Vericat Núñez, José, “La idea de creación según San Agustín”, Augustinus XV, 1970-57,
págs. 285 y 286.
284 De Gen. adlitt. VI, 10, 17.

concibe, más bien, como un principio de fijación y permanencia, por medio del cual las formas se repiten sin que pueda producirse una novedad, a menos que la voluntad divina intervenga en el proceso. Pues la actividad voluntaria de las criaturas no puede producir ningún ser genuinamente nuevo. La creación de la existencia substancial sólo es posible para Dios, quien opera a través de las razones seminales.
Únicamente la voluntad de Dios hace posible la realidad de las cosas creadas, es decir, que las cosas no son engendradas necesariamente por las razones seminales285. Nada de lo creado posee en sí mismo su propia necesidad. Para que el mundo siga existiendo necesita de un acto continuo de la voluntad de Dios. Esto reafirma el carácter contingente de las cosas creadas.
El hecho de que la realidad y la posibilidad de desarrollo dependa de la voluntad de Dios es una prueba de que Agustín insertó temas teológicos en la propia estructura fisica del mundo. Las razones seminales son instrumentos divinos que sirven para controlar la repetición de las formas. Es Dios mismo quien se asegura de que el mundo material siga siendo mundo y no desemboque en la nada de donde fue formado.
Así que no debemos pensar que estas substancias dinámicas, las razones seminales, sean una especie de código genético que no precisa de una voluntad externa para realizar su función de manera natural. Más bien, son un núcleo de acción (creado de la nada y controlado permanentemente por Dios) que Dios mismo puso en las cosas en un segundo momento (no un segundo tiempo, sino un segundo acto) creativo. Las razones seminales son el indicio de la creación simultánea, la huella divina que corrobora Su actividad creadora en un solo instante temporal, que la Biblia explica en dos tiempos para que el lector pueda entender todo lo que abarca ese momento creador. Entonces, la relación entre forma (creada de una vez por todas) y cosa (individuo) es contingente y esto hace posible su distinción.
De la forma, como dijimos, no puede aparecer nada nuevo, en cambio las cosas aparecen como “cosas nuevas”286. Los individuos no existían en un comienzo, cada individuo es otro en relación con el que lo reproduce. La forma, que es sinónimo de naturaleza, determina el peso, medida y número de las cosas y se diferencia de las cosas individuales porque estas no se reducen a aquella. Pero ambas, naturaleza y cosa, se encuentran en Dios como una idea general y una idea individual287. La individualidad representa una novedad continua que, no obstante, depende permanentemente de Dios.
El esfuerzo de San Agustín por explicar la creación simultánea da lugar a una “paradoja formal [.. .1: que tal simultaneidad se descomponga cosmológicamente en elementos muy diversos, de relaciones un tanto complejas y no siempre claras: los elementos, las rationes seminales, las causas primordiales, las seniinum seniina y las cosas mismas”288.
Tal desintegración resulta en el sacrificio de la efectividad natural del sistema total. Todos los factores que lo componen se relacionan de manera contingente y no
285 De Gen. adlitt VI, 15, 26.
286 De Gen. adlitt y, 20, 41.
• 287De Gen. adlitt IV, 5,11.
288 Vericat, J., 1970, pág. 289.

realmente. Ninguno tiene “en sí la razón de su necesidad”289. En el universo agustiniano existe un único ser necesario: Dios, de cuya voluntad depende todo lo demás. Tal dependencia nos dice que el mundo material no puede pensarse como separado de Dios que lo formó. El mundo es una manifestación de Dios y está penetrado por su voluntad, hasta el punto que la realidad de las cosas depende, permanentemente, de la acción divina.
c- La forma. La materia es el fundamento del cambio mientras que la forma es el fundamento del ser. La forma se encuentra en principio en el Verbo. El Verbo es la “Forma de cuanto existe” y las demás cosas son en tanto se le asemejan.29° “La forma funda el origen, la unidad, la perfección, la belleza y el bien, que son las características positivas e indiscutibles de toda criatura”291, aunque no se encuentra totalizada al mismo tiempo en todas las cosas pues algunas formas existen seminalmente o en vías de completitud. Para ilustrar que las cosas pueden estar en diferentes estados de formación, San Agustín cuenta que, en su tiempo, existía un debate sobre si Dios, cuando creó la luna, la había creado llena (que según ellos era la perfecta), es decir, completamente formada, o si había creado la luna primera (lo cual resultaría lógico tomando en cuenta el orden) pues la luna llena era la decimocuarta. A esto él respondía que sea cual fuere la luna que Dios creó en un principio, la hizo perfecta, pues “Dios es autor y creador de las mismas naturalezas” (o substancias). La forma estaba completa, en su esencia en el Verbo, en el momento en que la luna fue creada, aunque tuviera que manifestarse en su materia en el transcurso del tiempo. En efecto, la forma siempre está completa como idea divina, si bien puede estar en estado potencial en las razones seminales, o esforzándose por parecerse a la idea, pero sin lograrlo, en las cosas. La esencia de las cosas materiales es perfecta y completa, aunque esté lejos de ellas y aparezca únicamente participada. La disputa no era legítima y Agustín lo entendió y así lo expresa:
“Y todo lo que de cualquier modo descubre y presenta un ser por su natural progreso en la sucesión de los tiempos convenientes, también anteriormente lo contenía oculto, y si esto no estaba visible en la forma o en la masa de su cuerpo, sin embargo se hallaba en la razón de su naturaleza. A no ser que tal vez se diga que un árbol que durante el invierno está desprovisto de hojas y frutos es imperfecto”… en la “semilla están ocultas de modo invisible todas las cosas que se desenvuelven de cierto modo en la sucesión de los tiempos… la luna tiene su cuerpo íntegro y perfecto en toda su redondez, ora empiece a brillar, ora termine de lucir en la tierra con luz en forma de cuerno. Luego si la luz crece en ella o se perfecciona o disminuye, esto no es de la luna, sino que varía lo que la ilumina”. 292
289 Vericat, J. 1970, pág. 289.
290 De Vera Religione 36, 66.
291 Blázquez, N., 1971, pág. 70.
292De GenesiadLitteramll, 15, 30 y 31.

La formación de la materia tiene, pues, una cualidad dinámica en un mundo en continua actividad y cambio; pero sin perder la coherencia y la estabilidad que otorga la forma como persistencia de lo mismo estructurado, en medio del cambio. El cambio no es caótico e impredecible en el mundo agustiniano, es, más bien, una parte del plan divino al que nada se le escapa. La voluntad divina es causa eficiente de las mutaciones, pues Dios es quien las coloca seminalmente como parte de la naturaleza de las cosas en formación. 293
C-2) El hombre es substancia. El hombre ocupa un puesto medio en el cosmos:
entre lo espiritual incorruptible y lo corruptible material.
“De esta suerte es el hombre en cierto modo medio, pero entre las bestias y los ángeles. Porque la bestia es animal irracional y mortal, y el ángel, racional e inmortal; el hombre es medio, inferior a los ángeles y superior a la bestia. Tienen común con las bestias la mortalidad, y con los ángeles la razón, y es animal racional mortal”.294
El animal racional mortal es un compuesto de alma y cuerpo. El problema consiste en determinar la naturaleza de semejante unión de elementos dispares. La solución de Platón consiste en otorgar al alma una posición dominante en dicha relación, de modo que el hombre es un alma que utiliza un cuerpo. En su libro Alcibíades explica que el hombre no es “ni el cuerpo ni la combinación del alma y el cuerpo” y añade: “,Se necesita alguna prueba más clara que evidencia que sólo el alma es el hombre?” A lo cual Alcibíades contesta: “Lo veo absolutamente claro”.295 En cambio Agustín considera que ni el cuerpo sólo es el hombre, ni el alma sola; más bien, el ser humano es la integración de ambos elementos. De esta manera, se separa de la doctrina platónica al introducir la enseñanza monística de la Biblia. En sus palabras:
“Y replican ellos: Ya tenía alma, porque de otro modo no se llamaría hombre, ya que el hombre no es ni el alma sola ni el cuerpo solo, sino el compuesto de alma y de cuerpo.
Es una gran verdad que el alma del hombre no es todo el hombre, sino la parte superior del mismo, y que su cuerpo no es todo el hombre, sino su parte inferior. Y también lo es que a la unión simultánea de ambos elementos se da el nombre de hombre, término que no pierde cada uno de
293 Volveremos a hablar acerca de la forma en el subtema: 2.1.2. La forma y sus números.
• 294 De civ Dei, IX, 13.
295 Platón, lAlcibiades, 1 30c. Citado en: Alvarez Turienzo, 5., Regio Media Salutis. Imagen del
hombre y su puesto en la creacion. San .4gustm, Salamanca, Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca, Biblioteca de la Caja de Ahorros y MP. de Salamanca, 1988, pág. 116.

los elementos cuando hablamos de ellos por separado [.1 la divina Escritura […j nos da testimonio de esto, hasta el punto de que, aun estando unidos estos dos elementos y en vida del hombre, llama hombre a cada uno de ellos, a saber, llama hombre interior al alma, y exterior al cuerpo, como si fueran dos hombres cuando en realidad ambos a la vez son un solo hombre”.296
En este sentido, se puede hablar del hombre compuesto de cuerpo y alma como ser o substancia, aunque a veces Agustín siga la tradición bíblica y tome una de las partes por el todo y, además, utilice el término ‘substancia’ analógicamente, con diferentes matices significativos, dependiendo de ‘a quién’ o ‘a qué’ se la adjudique.
Conviene recordar aquí, que la substancia, en el sentido que lo dice Agustín, es la idea generalísima de ‘ser’ o ‘realidad objetiva’, es decir, substancia es ‘todo lo que es’ y esto se reduce a dos categorías fundamentales: Dios o sustancia creante y criatura o sustancia creada. Entonces, en el hombre hay tres substancias, el alma, el cuerpo y el todo, que es lo que se denomina propiamente ‘hombre’. La unión de cuerpo y alma no es una unidad natural297, sino que la podríamos denominar ‘creacional’. En este sentido se diferencia Agustín del hilemorfismo aristotélico, según el cual la materia y la forma, componentes ontológicos de todo ser espacio-temporal, están unidos natural e indisolublemente. Esto lo aplica igualmente a la unidad de cuerpo y alma, considerando el cuerpo como materia y el alma como forma. Según Aristóteles, la materia es pura potencialidad y por lo tanto no puede considerarse como substancia que es pura actualidad. La forma es, según él, la sustancia primaria que causa el ser sustancial del compuesto298. Agustín, en cambio, encuentra una realidad positiva en la materia299, por lo cual el cuerpo posee ya en sí mismo su realidad o actualidad, es decir, su forma o sustancia. El alma es una forma ulterior que se agrega (Dios la agrega, de ahí la expresión ‘unidad creacional’ o ‘propia de la criatura’) al animal para constituirlo como humano. Entonces, el alma y el cuerpo se unen con una atracción que Dios imprime en cada una de las partes en el acto creador, pero al mismo tiempo son sustancias separadas, pues el alma es inmortal y en esto Agustín sigue siendo platónico.
296 De civ Dei XIII, 24, 2.
297 “Si por natural se quiere decir que cuerpo y alma constituyen una sola naturaleza, ha de
precisarse de nuevo que no se trata de una naturaleza en el sentido aristotélico. El concepto aristotélico de naturaleza procede de un mundo de ousias, es decir, de cosas que se tienen a sí mismas en propiedad y se desarrollan en función de facultades que también poseen en propio. El concepto agustiniano de naturaleza, dentro de un mundo explicado creacionísticamente, es menos radicado en sí, menos propietario de su ser y sujeto de sus capacidades. Las cosas naturales están siempre abiertas al beneplácito divino, sólo en relación al cual cobran suficiencia. La unión de cuerpo y alma posible es la propia de criatura. No es aquí la unidad menor que en el otro concepto de naturaleza, sino que el concepto de naturaleza es menos suficiente, menos afirmado en sí. Ello es sólo la consecuencia de tratarse de un mundo creado, un mundo menos a se que el de los filósofos.” Alvarez Turienzo, 5., 1988, pág. 131.
298 Ackrill, J.L., 1981, pág. 227.
299 Ya vimos en la página 91 que San Agustín considera la materia primera como sustancia,
aunque en grado ínfimo, por tener la capacidad de ser formada.

Desde el punto de vista del hombre total, el alma es la que tiene la fuerza substancial y la significación. Pero el hecho de estar compuesto por dos substancias distintas no hace que el hombre pierda la unidad, pues, para Agustín, el hombre es un todo substancial en cuanto humano, es decir, es un conjunto de dos partes que no se funden, pero que pueden concebirse en sentido unitario como un conjunto. Esto supone una transformación interna del platonismo que introduce en su antropología la noción de persona humana, para dar cabida a la ética cristiana soteriológica, que postula al individuo como unidad concreta del hombre que tiene que salvarse. La salvación cristiana incluye la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo300, de ahí que sea necesario preservar una antropología de la unidad que, no obstante, resguarda la diferencia en el grado de sustancialidad de sus componentes.
Podemos decir, entonces, que en la antropología agustiniana lo relevante no es lo fisico sino lo moral, no es la naturaleza humana sino lo que la persona (“el hombre como realidad subsistente responsable de su obrar y centro al que han de referirse, como a sujeto, cuantos predicados ocurren en el transcurso de la vida”301) está llamada a ser. Lo moral se extiende también a otros lugares en los que Agustín aplica la denominación de sustancia. Por ejemplo, cuando habla de la materia prima, la interpreta bíblicamente en función del bien: como fue creada por Dios, tiene que ser buena y si es buena es sustancial, pues, el mal no es sustancia. En efecto, Agustín describe los grados de substancialidad mezclando los órdenes fisico, metafisico y moral. El nos dice que entre las substancias creadas debemos preferir:
“el ser viviente al inanimado, el ser dotado de sensibilidad al insensible, los
seres inteligentes a los irracionales, lo inmortal a lo perecedero, la potencia
a la impotencia, la justicia a la injusticia, lo bello a lo deforme, lo inmutable
a lo transitorio, el bien al mal, lo incorruptible a lo corruptible, lo invisible a
lo visible, lo inmaterial a lo corpóreo, la felicidad a la miseria.”302
300 De nuevo podemos apreciar la influencia decisiva de la teología en la antropología agustiniana.
301 Alvarez Turienzo, 5., 1988, pág. 132.
• Podemos añadir las palabras de Blázquez en cuanto al uso del término ‘persona’ en Agustín: “El término persona tiene en san Agustín diversos matices significativos. A veces lo utiliza para referirse a un individuo que actúa en nombre de otro. En este sentido los hombres y los ángeles hablan ex persona Dei:
Esta acepción está ciertamente inspirada en la etimología de la máscara teatral. Significa también el individuo que actúa en nombre propio. Así la expresión per suma substantiam equivale a persona por oposición a los ángeles que personam Domini gerebant y de los profetas, que ijvsam Dei personam suscijviunt A veces se refiere al sujeto que asume una función, título o dignidad y actúa calificativamente. San Agustín, por ejemplo, actuaba como obispo, y el sacerdote perdona los pecados. Otras veces es sinónimo de hombre o mujer como individuo concreto y racional. Jamás se refiere a las cosas y animales. En el Verbo Encamado hay una sola persona o substancia divina. […j En el plano trinitario la persona designa al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.” Blázquez, N., 1969, págs. 336, 337.
302 De Trin. XV, 4, 6.

Las substancias no son malas o injustas en sí mismas, pues sólo por ser criaturas ya son algo bueno, ya son substanciales, pero si están alejadas del Creador se acercan al mal y su grado de substancialidad es menor.
Consideremos ahora, en otro texto de San Agustín, lo que hemos estado explicando, es decir, la definición de hombre como un ser compuesto por dos formas sustanciales diferentes:
“Existe en el cuerpo humano cierta mole de carne, una forma específica, orden y distinción en los miembros, un justo equilibrio temperamental muy saludable; y este cuerpo está animado por un alma racional, que, aunque mudable, participa de la inmutabilidad misma de la sabiduría, resultando sus partes compactas”.303
Recordemos que “en el hombre hay tres substancias, el alma, el cuerpo y el todo, que es lo que propiamente se llama hombre”.304 Agustín no considera un problema el hecho horizontal de cómo unir las dos sustancias, sino el hecho vertical de vincular el espíritu con la materia.
“nos viene el cuerpo de la tierra y el espíritu del cielo; somos a la par tierra y cielo”.305
“Existe algo tan dispar como el alma y el cuerpo?. No obstante, podemos decir que el alma está cabe el hombre o en el hombre; porque aunque el alma no es cuerpo, el hombre es alma y cuerpo.”306
“Así, el alma y el cuerpo -,hay nada más diferente que el alma y el cuerpo?- son uno, pero ya se sobrentiende qué clase de unidad, a saber, un hombre o un animal”. 307
Para explicar esta dificil unión del cuerpo y el alma en el hombre, San Agustín recurre, una vez más, a una analogía cristiana: la unión del Verbo divino con su naturaleza humana. Agustín lo expresa así:
“Pero el mismo que es Hijo del hombre es Hijo de Dios, porque, uniéndose en unidad de persona el Hijo del hombre al Hijo de Dios, resultó una y la
• 303De Trinitate III, 2, 8.
304 Blázquez, N., “El concepto de substancia según san Agustín. Los libros De Trinitate”,
AugustinusXlV, 1969, pág. 319.
305 Retract., 1,1,3.
306 De Trw., VI, 2, 3.
• De Trin., VI, 3, 4.

misma persona, que es Hijo de Dios e Hijo del hombre también. Ahora hay que discernir qué es lo que tiene cada uno y por qué. El Hijo del hombre tiene alma y tiene cuerpo. El Hijo de Dios, que es el Verbo, tiene al hombre, como el alma tiene al cuerpo. Como el alma con cuerpo no hace dos personas, sino un solo hombre, así el Verbo con el hombre no hace dos personas, sino un solo Cristo. ¿Qué es el hombre? Un alma racional que tiene un cuerpo. ¿Qué es el Cristo? El Verbo de Dios que posee al hombre”.308
Blázquez resume así la complicada unión de la cual resulta el Cristo: “A pesar de todo, Cristo es un solo ser o substancia propiamente hablando por parte de la forma Dei Pero lo que siempre se salva es el sentido de objetividad y realismo que en el término substancia se esconde. Decir que en Cristo hay dos substancias distintas significa que en el Cristo total e histórico su divinidad y su humanidad son igualmente reales. Este es el sentido según el cual la substancia traduce el contenido del dato revelado sobre Cristo”.309 En realidad, Agustín no tenía mucho interés en establecer una depurada técnica lingüística, más bien se esmeraba por lograr que el sentido bíblico se mostrara nítido, aunque las consecuencias del análisis lógico pusieran en entredicho el adecuado uso de la palabra ‘substancia’ en este y otros casos similares.
Agustín opina que es tan misteriosa la unidad que se da en la encarnación entre el Verbo y la naturaleza humana, como la unidad sustancial del hombre.31°
• 308InIoan.,l9,l5.
• 309Blázquez,N., 1969, pág. 313.
310 “Algunos piden que se les dé razón de cómo Dios pudo mezclarse con el hombre para formar
la única persona de Cristo, cuando fue menester que así se cumpliese. Como si ellos diesen razón de lo que acaece cada día, a saber, cómo se mezcla un alma con un cuerpo para formar la unidad de la persona de un hombre. Porque así como en la unidad de la persona el alma se une al cuerpo para resultar un hombre, del mismo modo, en la unidad de la persona, Dios se une al hombre para hacerse Cristo. En aquella persona [humanaj hay mixtura de alma y cuerpo; en esta otra persona [Cristoj hay mixtura de Dios y hombre. Sin embargo, cuide el lector de apartarse de lo que es usual en los cuerpos, donde, al mezclarse dos licores, ni uno ni otro conservan su integridad; aunque entre los mismos cuerpos se mezcla la incorrupta luz con el aire. Por tanto la persona del hombre es mezcla de alma y cuerpo, en tanto que la persona de Cristo es mezcla de Dios y hombre. Cuando el Verbo de Dios se unió a un alma que tenía cuerpo, asumió conjuntamente el alma y el cuerpo. Lo uno se realiza cada día cuando se engendra un hombre; lo otro acaeció una sola vez para libertar a los hombres. Con todo, la mezcla de dos realidades incorpóreas es más fácilmente creíble que la de una incorpórea y otra corpórea. Pues si el alma no se engaña respecto a su propia naturaleza, y se comprende a sí misma como incorpórea, mucho más incorpóreo es el Verbo de Dios, por lo que la unión del Verbo de Dios y del alma debe resultar más creíble que la del alma y el cuerpo. Sólo que esto lo experimentamos en nosotros mismos, mientras que aquello otro se nos manda creerlo. Mas si se nos mandase creer ambas cosas en igualdad de inexperiencia, ¿cuál de las dos sería creída con más facilidad? ¿Cómo no reconoceríamos que dos cosas incorpóreas pueden mezclarse con más facilidad que una corpórea y otra incorpórea? Fuera de lo indigno de admitir los nombres de mezcla o mixtura aplicados a estas cosas, en razón de lo consueto en las corpóreas, tan diferentes de ellas en cuanto a lo que son y al modo de ser conocidas”. Epist., 137, 3, 11.

Para concluir, señalaremos que, según Blázquez, “la búsqueda de la substancia equivale a buscar la realidad, por lo cual la substancia es el objeto principal del conocimiento”311. Como escribe Agustín:
“no se puede con razón afirmar que se conoce una cosa si se ignora su substancia”.312
Aquí se refiere a la substancia como esencia, como forma. El conocimiento racional de una substancia creada, es el conocimiento de su forma o del aspecto inteligible de la criatura, la respuesta a la pregunta ‘qué es’ esta o aquella cosa. Conocer científicamente una cosa significa hallar el principio del orden de esa cosa.313
2.1.2 – La forma y sus números.
“,Cuáles son realmente las cosas superiores sino aquellas en las que la igualdad permanece soberana, inconmovible, inmutable, eterna? Allí donde no existe el tiempo, porque no hay cambio ninguno, y de donde forjan, ordenan y regulan los tiempos como imitaciones de la eternidad, mientras la revolución del cielo torna a su mismo punto y a este mismo vuelve a traer los cuerpos celestes, y obedece por medio de los días y meses, y años y lustros, y demás movimientos de astros, a las leyes de la igualdad y de la unidad y del orden. Así las cosas terrenas, subordinadas a las celestes, asocian los movimientos de su tiempo, gracias a su armoniosa sucesión, por así decirlo, al Cántico del Universo.”314
San Agustín tenía una visión del mundo en la que la Belleza era un factor constitutivo. Por eso pudo desarrollar una “filosofia acerca del ritmo universal en el que, para los ojos limpios, palpita el destello de la presencia divina.”315 La Belleza, sinónima de Armonía, que se manifiesta en los cielos, en la tierra y en todas las criaturas, consiste “en forma, número y medida, que en configuraciones temporal y espacialmente cambiantes se revelan sin duda de una manera imperfecta.”316 El Universo es armonía, es como una canción cuya melodía puede representarse con números. Agustín, influido por los pitagóricos, descubrió que los intervalos musicales que hay entre las notas
• 3Blázquez,N.,1969,pág. 319.
312 De TrinitateX, 10, 16.
313 “La forma funda el origen, la unidad, la perfección, la belleza y el bien, que son las características positivas e indiscutibles de toda criatura”. Blázquez, N., 1971, pág. 70.
• 314DeMusicaVI, 11, 30.
• 315 Introducción al De Musica, “Obras de San Agustín”, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1979, pág. 52.
316 Introducción al De Musica, pág. 51.

pueden ser interpretados numéricamente, además un sonido emitido por un instrumento de cuerda, por ejemplo, es más alto o más bajo dependiendo de la longitud de la cuerda, eso también sugiere que el sonido es algo mensurable.
El sonido tiene que ser armónico para convertirse en música y esto depende del número. Tomando el sonido como ejemplo, Agustín desarrolló una teoría de la armonía del universo en la que todo lo creado depende del número. En efecto, según Agustín, la armonía de un objeto empieza por su unidad, la cual supone la igualdad y a la simetría que se obtienen gracias al orden. Y todas las cosas tienden a buscar esa unidad armónica que es el sello de su Hacedor:
“todo el que afirma que no hay naturaleza alguna que, para ser lo que es, no desee la unidad y que se esfuerce en ser igual a sí misma, en la medida de su posibilidad, y que guarde su orden propio, sea en lugares o tiempos, o mantenga su propia conservación en un cuerpo que le sirve de equilibrio; debe afirmar también que todo lo que existe, y en la medida que existe, ha sido hecho y fundamentado por un Principio Unico”.317
Agustín pone como ejemplo las armonías sensibles y las armonías temporales que vemos en la naturaleza. Un árbol, dice Agustín, crece, echa raíces, despliega su follaj e, produce fruto y semillas siguiendo la armonía secreta que regula la manera en que se desarrollará en cuanto a su forma y el tiempo en que tiene que hacer cada cosa. La naturaleza sigue un ritmo que se puede traducir a números y es reconocible por medio de la razón.318 También apunta Agustín que todo lo bueno proviene de Dios y que El ha impreso en sus obras un sello propio, el número, al punto que todo Jo creado posee ser porque tiene números. 319 Sin los números las cosas no podrían existir, sin cierta concordia que posibilite la constitución de su ser, es decir, sin forma:
“La vida, pues, desviándose.., del que la creó,… y queriendo.., gozar de los cuerpos… tiende a la nada: tal es la maldad o la corrupción; no porque el cuerpo sea nada, pues también él tiene su cohesión de partes, sin la cual no puede existir… Todo cuerpo posee como cierto reposo de forma, sin el cual no existiría… Los cuerpos poseen… su forma o especie, sin la cual no serían lo que son”.320
317 DeMusica VI, 17, 56.
318”Cuánto más llenarán este ritmo los cuerpos de los animales, en los que la simetría de sus miembros
ofrece en mucho más alto grado a las miradas una regularidad pletórica de armonía?” De Musica VI, 17,
57.
• 319De libero arbitrio II, 16, 42.
320 De Vera Rehgionell, 21.

Los cuerpos imitan a la Forma original y logran con ello que sus partes estén estructuradas en un cierto “reposo de forma, pues la manera en que los cuerpos tienen forma, para Agustín, no es la aristotélica. Es decir, la forma no está completa en las cosas, sólo está en cierto grado, dependiendo de cuánto participe de la Forma que es su modelo. Aristóteles concebía la forma como la actualidad de la cosa misma, inseparable de la materia, esto es, como una sustancia en movimiento, y no como el modo de participación de la cosa de su modelo.
Pero ¿qué quiere indicar Agustín con que las cosas son números, o “en tanto tienen ser en cuanto tienen sus números”?.32’ En este texto sería lo mismo decir: en tanto tienen ser en cuanto tienen su forma, pues el número es una manifestación de la forma; el número evidencia la unidad, pero la forma la funda. Siguiendo la tradición pitagórica pero añadiéndole elementos originales y matices cristianos, Agustín entendía que, como vimos, el universo es armonía y ritmo musical, lo cual implica que se puede traducir a números; además, consideraba de manera espacial a los números:
“cualquier partecilla del cuerpo, por pequeña que ella sea, a partir de un punto indivisible necesariamente se desarrolla en una longitud, toma en tercer Jugar anchura y en cuarto altura, con Ja que el cuerpo adquiere su perfección. ¿De dónde viene, por tanto, esta medida de progresión de uno a cuatro? Y de dónde también la igualdad de las partes que se halla en la longitud, en la anchura y en la altura? ¿De dónde una cierta correlación (pues así prefiero yo llamar la analogía para que la anchura tenga respecto a la longitud la misma proporción que la longitud tiene respecto al punto indivisible y la altura con relación a la anchura? ¿De dónde [.. .j viene todo eso sino de aquel soberano y eterno Principio de las Armonías, y de la semejanza, y de la igualdad, y del orden? Sí; si quitas estas propiedades a la tierra, nada será”.322
Decir que todos los cuerpos son números es como decir que todo cuerpo está compuesto por “puntos indivisibles” o unidades que, tomados en conjunto, son un número. Así, al poner varios puntos unos tras los otros, tenemos la línea, la longitud; añadiendo a la longitud la altura tenemos una superficie y al añadir a la superficie la anchura formamos un cuerpo. Los cuerpos participan de la forma a través de una composición numérica que, imitando a los números eternos de la armonía divina perfecta, crea armónicamente las proporciones, simetrías, igualdades, etc, de las cosas Las matemáticas están aquí relacionadas con la geometría y son llevadas a la esfera de lo real.
Si las cosas no imitaran a los números eternos de manera espacial, la razón no podría ni hallarlos, ni establecer alguna analogía, pues los sentidos recogen los datos espaciales y no otro tipo de datos, y es sobre estos datos que la razón emite sus juicios.
321 Del libre albedrio II, 16, 42.
322 DeMusica VI, 17, 57, Énfasis añadido.

De hecho, San Agustín distingue: “cinco géneros de números o armonías para explicar los efectos de ellas en el oído y en la sensibilidad:
1) números sonoros, el ritmo del sonido como fenómeno fisico, como el que ocurre en el verso y que puede medirse en su proporcionada estructura de partes;
2) números entendidos o sentidos, ritmos corpóreos que, a través del oído, llegan al alma, quien los reproduce en la sensación;
3) números deJa memoria, ritmos que quedan impresos en la memoria;
4) números proferidos, los que el alma expresa por la voz, movimientos del rostro y cuerpo, o por medio de un instrumento;
5) números de juicio, la capacidad innata para valorar debidamente la conveniencia del movimiento o de la armonía.”323
En resumen, los objetos fisicos son inteligibles porque son substancias compuestas de materia y forma, donde la forma es la parte susceptible de ser aprehendida mediante el uso de la razón. La forma se manifiesta a través del orden, la medida, la proporción y, por lo tanto, por medio del número. Sin embargo, las substancias creadas son más que simples seres numerables, en su constitución esencial se halla el número como reflejo de una idea eterna de Dios. Los objetos fisicos, mediante la forma, están vinculados ontológicamente con su Creador, pues las formas de las sustancias compuestas tienen una relación de participación, no sólo de semejanza, con las Formas o razones estables, eternas, que están en el Verbo. La diferencia entre la Substancia Creadora y las substancias creadas es la diferencia ontológica entre existir por sí y existir por ser creado mediante la voluntad de Otro.
Es preciso aclarar aquí que, cuando decimos que, según Agustín, la forma es el aspecto inteligible de la criatura, la respuesta a la pregunta ‘qué es’ esta o aquella cosa, es decir, su esencia, no estamos contradiciendo la afirmación que hicimos en el capítulo uno324 al decir que las especies o formas, para Agustín, son apariencias y no esencias. Agustín dice que las cosas poseen una forma “que pertenece a la naturaleza misma del objeto visto” y que “De la imagen del cuerpo visible nace la imagen en el sentido de la vista”325 Es decir, el cuerpo produce una imagen que es su forma y se manifiesta, como dijimos, en la proporción, el orden, etc. de dicho cuerpo. Pero esa forma, que es del objeto, participa de la Forma que es su modelo, en este sentido ‘es’o tiene esencia, en la medida en que participa de la Forma. Y nunca la posee completamente, pues la esencia completa o, la Forma inmutable, está en el Verbo.
Lo que las cosas son es lo mismo que ellas muestran: lo que son es lo que aparentan ser. Las cosas proyectan la imagen de lo que son, la imagen de su forma. Pero
323 Gilson, E., Introduction ¿ l’etude de St. Augustrn, París, Ed. Vrin, 1943, p. 76.
.
324 Ver página 39.
325De Trw. IX, 9, 16.

el que los sentidos sean impresionados por la imagen de la cosa sólo significa que ellos recopilan las características particulares del objeto y las reproducen juntas (el color, la textura, el tamaño, etc.) en una imagen sensible que es igual término a término a la imagen corpórea. Es entonces cuando la razón dirigiéndose a esa forma sensible, que ya es una elaboración del sujeto, descubre la forma inteligible. La diferencia está en las facultades (percepción y razón) del hombre que, ante un mismo objeto, obtienen diferentes conocimientos.
Es decir, se trata de dos facultades distintas, con dos capacidades distintas de aprehensión, acercándose al mismo objeto. Recordemos que Agustín reconocía cuatro tipos de imágenes que se formaban unas a partir de las otras: la primera era la del objeto, la segunda la sensible, la tercera la de la memoria y la cuarta la inteligible.
Por lo tanto, podemos inferir que Agustín no concibe a un hombre que utilice dos de sus facultades para aprehender, con cada una de ellas, una porción diferente del objeto, sino a un hombre que, ante un objeto que se le muestra y que posee una estructura inteligible, lo conoce en diferentes niveles de aprehensión, dependiendo de qué facultad utilice. Los sentidos no tienen acceso a los primeros principios a los cuales sí accede la razón y por eso no alcanzan la estructura inteligible de las cosas aunque esté ante ellos. Por ejemplo, imaginemos que estamos ante un edificio, siguiendo la ilustración de Agustín, la imagen de ese objeto impresiona mis sentidos, es decir, veo unas superficies de cierto tamaño, de color beige, con brillos en algunos lugares, con partes dentro de partes, con diferentes texturas: unas lisas, otras rugosas, etc. El sentido interno siente que sentimos y organiza esas sensaciones en un conjunto que posteriormente somete al escrutinio de la razón. Esa imagen sensible llega, entonces, a la razón mientras estoy ante el objeto (o después tomando la imagen de la memoria sensible) y juzgo que tiene forma rectangular (pues en mi memoria está la noción de rectángulo), que las superficies brillantes son ventanas (asocio esas imágenes con otras ideas y otras imágenes sensibles), y así sucesivamente. La razón después de su análisis dice que estoy ante un edificio, que además tiene cierto grado de belleza que juzgo gracias a la noción de belleza que está en mi memoria y porque descubro en él los números que me indican que es proporcionado y simétrico de acuerdo con los números perfectos que poseo en mi interior.
Entonces, el conocimiento científico debe ser el conocimiento racional de los números y, por ende, de las formas de las cosas. Si esto es así ¿qué quiso decir Agustín cuando afirmó lo siguiente?
“De dónde, pues, han venido estas ciencias, y por dónde han entrado en mi memoria?.., yo mismo las descubrí en mi alma desde luego,… porque cuando las aprendí no fue dando crédito a lo que otros me dijeron… ya estaban en mi memoria, aunque tan escondidas y encerradas en sus senos profundísimos y ocultísimos, que si alguno no las excitara ni me hubiera hablado de ellas, puede ser que jamás se me hubieran ofrecido al pensamiento”326.
326 Las ConfesionesX, 10, 17.

¿Quiere decir Agustín con esto que las ciencias están a priori en la mente y entonces no se necesita de las substancias creadas para desarrollarlas?
Para responder a esta interrogante veremos, a continuación, cómo realiza la razón su misión de obtener un conocimiento científico del mundo.
2.2 — Las dos funciones de la razón.
a) Razón inferior.
La teoría agustiniana del conocimiento, como vimos, es una estructura ascendente cuyo primer estadio es el conocimiento sensible y el último, al que aspira el sabio, es la contemplación de las verdades divinas. Entre estos dos extremos se haya el conocimiento racional, el cual, tomando como modelo las cosas incorpóreas, juzga de las corpóreas. Este nivel de conocimiento, que se obtiene a raíz de la función de la razón inferior, se refiere a los objetos sensibles, al buen uso de las cosas corpóreas “sin las cuales esta vida no puede llevarse adelante”327 y supone acción. En cambio, la sabiduría o el resultado de la actividad de la razón superior, como expone Agustín, no es activa sino contemplativa.
La razón obtiene un conocimiento cierto del mundo, o ciencia, al juzgar las cosas sensibles utilizando unos modelos que se encuentran en la mente, impresos desde que el alma fue creada. Esos objetos inteligibles o esencias objetivas no son productos subjetivos de la actividad de pensar, sino copias de las Ideas ejemplares, las Formas, que están en Dios. Explica Agustín:
“Las ideas son ciertas formas arquetípicas, o esencias estables e inmutables
de las cosas, que no han sido a su vez formadas, sino que, existiendo
eternamente y sin cambios, están contenidas en la inteligencia divina”328
Así, dado que la mente es superior a los objetos fisicos acerca de los cuales emite juicios, los objetos inteligibles que están en nuestra mente -las normas del juicio- son superiores a la mente, pues ésta simplemente los descubre, no los crea, ni piensa en juzgarlos como si tuvieran que ser de otra manera.
Entonces continúa escribiendo Agustín:
“Cuando a las imágenes de las cosas materiales percibidas por los sentidos
del cuerpo y grabadas en cierto modo en la memoria y en su medio, nos
• 327De Trinitate 12, 2, 2.
328 De Ideis, 2.

representamos como en fingida imagen las cosas no vistas, ora muy diferentes de cómo son, ora, por pura casualidad, como son; al aprobarlas o rechazarlas en nuestro interior, obramos conforme a unas normas superiores a nuestra mente e inmutables, siempre que nuestro juicio sea, en su aprobación o crítica, recto… cuando evoco en mi ánimo la imagen de un arco bella y uniformemente curvado que vi, pinto el caso, en Cartago: el objeto material es transmitido a la mente por los ojos y trasegado a la memoria para suscitar luego una representación imaginaria. Mas lo que mi mente contempla y, según esta visión, apruebo su belleza o corrijo lo que me desagrada, es muy otra cosa. Y así juzgamos de estas cosas corpóreas según la verdad eterna que percibe la intuición de la mente racional. Estas formas, si están presentes, las percibimos por el sentido del cuerpo; de las ausentes recordamos sus imágenes archivadas en la memoria, o, según la ley de las semejanzas, las fingimos tales como nosotros las crearíamos en la realidad si tuviéramos medios y voluntad. Una cosa es fingir en el ánimo las imágenes de los cuerpos o ver con el cuerpo los cuerpos, y otra intuir, por encima de la mirada de la mente, mediante la visión de la pura inteligencia, las razones y el arte inefablemente bello de tales imágenes”. 329
Según Agustín, mostrando con ello su filiación platónica, no podríamos juzgar si un arco es imperfecto a menos que poseamos en nuestra mente el criterio de lo que es un arco perfecto, un modelo objetivo de arco que sea perfecto e inmutable. Un geómetra, por ejemplo, sabe cuándo un objeto es casi circular porque en su mente existe la idea del círculo perfecto. Un artista sabe que una escultura está bellamente proporcionada porque en su mente están los conceptos de proporción y belleza. Las cosas pasan pero los modelos son eternos, no cambian. Podemos observar un objeto y traducir a números sus proporciones (su longitud, anchura y altura). El objeto sólo nos ofrece sombras de lo que sería una proporción perfecta, pero las leyes que rigen las relaciones entre los números como sumar, restar, u otras operaciones matemáticas que permiten conocer la forma del objeto a la manera geométrica, (la ley que me dice, por ejemplo, que el cuadrado de la hipotenusa es igual al cuadrado de la suma de los catetos) nunca las vamos a encontrar en un objeto fisico que tienda a ser triangular.
Agustín, siguiendo a Platón, encuentra que las leyes son constantes que están en la mente y que la facultad de la razón las utiliza para conocer lo que pueda haber de estable, de inteligible, en las cosas sensibles, y hacer ciencia de ellas. Incluso el número, “si bien brilla en las cosas… implica una pluralidad que es reducida a unidad… que es alcanzable por la razón… pero más digna y superior a la razón”.330 El número se encuentra en las substancias compuestas como pluralidad, pero el concepto de unidad, del que proceden los números, no puede estar en los objetos sensibles ya que ellos consisten en numerosas partes que tienden a la unidad estructural pero no alcanzan la unidad simple. De la unidad se derivan los números, pues no existe un número que no sea resultado de la suma de unidades. Luego la unidad es un patrón que está más allá de
329 De Ideis, 2, énfasis añadido.
.
330 García-Junceda, J. A., 1986, pág. 175.

cualquier ser creado, que sólo puede ser una Idea del Ser que es Uno, quien nos proporciona una réplica impresa en la memoria. Así lo desarrolla Agustín:
“Si la unidad no la percibimos por los sentidos del cuerpo, tampoco percibimos por ellos número alguno, de aquellos, digo, que intuimos por inteligencia, porque ninguno de ellos hay que no tome su nombre del número de veces que contiene a la unidad, cuya intuición no tiene lugar por los sentidos del cuerpo. La mitad de cualquier cuerpo, por minúsculo que sea, es un todo que consta de dos cuantos o partes extensas, pues ella misma tiene su media parte. Y de tal suerte están estas dos partes en el cuerpo, que ni ellas mismas son dos unidades simples o indivisibles, mientras que el número dos, por contener dos veces la unidad simple, su mitad, o sea, lo que es la unidad simple e indivisible, no puede constar a su vez de dos mitades, terceras o cuartas partes, porque es simple y verdaderamente uno”.33 1
Es decir, si dividimos un cuerpo en dos partes, no obtenemos dos unidades simples, sino dos partes compuestas por otras partes que se pueden seguir dividiendo. Sin embargo cuando dividimos al número (objeto inteligible) que está en la mente obtenemos una determinada cantidad de unidades simples. Por eso indica Agustín que hay números divinos y cosas que son números porque se les asemejan:
“se percató de que reinaban los números y que todo lo hacían ellos; investigó, pues, con suma diligencia su naturaleza, y descubrió que había números divrnos y eternos, y, sobre todo, que con su ayuda había organizado todo cuanto precede… doquiera le salían al encuentro proporciones numéricas, que brillaban con más evidencia y fulgor de verdades absolutas en el propio reino del pensamiento y de la intuición interior que en el mundo sensible, donde aparecían más bien como sombra y vestigios de ellas”. 332
Gracias a que el mundo de lo sensible está estructurado de manera inteligible (es un mundo creado siguiendo el diseño de una Mente), la razón inferior puede convertir los datos de los sentidos en ciencia, pero ella sigue su propio esquema inteligible interior. Por eso comentaba Agustín en el libro de las Confesione.s33, que las ciencias estaban en su interior, que él las había hallado y no las había aprendido del mundo. Pero también reconoce que si no hubiera un mundo que reprodujera de manera imperfecta las
De Ordinell, 8, 22.
• 332De Ordinell, 14, 41 y 15, 43. Énfasis añadido.
ConfesionesX, 9, 16.

ideas contenidas en las ciencias, para instarlo a emitir juicios sobre la información que proviene de los objetos fisicos, jamás hubiera descubierto esas ciencias en su interior.334
En el libro De Ordine, San Agustín explica cómo llegó a descubrir las ciencias a partir de lo que veía en el mundo sensible y reconoce el oficio de la razón en el proceso. Menciona la gramática, la historia, la dialéctica, la retórica, la geometría y la astronomía, como ejemplos.
Veamos cómo describe el caso de la Geometría:
“pasando a los dominios de los ojos y recorriendo cielos y tierra, advirtió” (la razón) “que nada le placía, sino la hermosura, y en la hermosura las figuras, y en las figuras las dimensiones, y en las dimensiones los números; e indagó si en lo real están las líneas y las esferas o cualquier otra forma y figura, como se contienen en la inteligencia. Y halló la ventaja a favor de ésta, señalando la diferencia entre las figuras corporales y las ideales de la mente. Llamó geometría a la ciencia que distingue y ordena estos conocimientos”.
y el de la Astronomía:
“Y le admiraban mucho los movimientos del cielo, y se puso a estudiarlos diligentemente; y halló que igualmente predominaban allí las dimensiones y los números en las vicisitudes regulares de los tiempos, en los movimientos fijos y concertados de los astros, en los intervalos moderados de las distancias. Ordenó con definiciones y divisiones todos los resultados, e inventó la astronomía.335
Este es otro estadio en la ascensión al conocimiento de lo divino a partir de los objetos fisicos: el que se ocupa de los objetos de razón, el componente inteligible que poseen los objetos y que permite a la razón humana aprehenderlos en forma de ciencia. La razón llega a descubrir en ella misma los números perfectos (así como en otros textos de Agustín vemos que la razón halla en sí misma verdades inmutables), pero para eso tiene que ver primero los números en las cosas. En las Retractaciones Agustín se refiere a su libro De Música señalando:
. El ser que es y que contiene todas las esencias perfectas, trasciende al mundo. El mundo participa del ser y el sujeto obtiene conocimiento al comparar en un juicio estas dos realidades que están fuera de él. Luego estamos evidentemente ante una gnoseología realista. Un realismo de corte teológico pues las cosas están traspasadas por lo divino y dependen de Dios permanentemente para persistir en su ser participado.
335De Ordinell, 15, 42.

“Este libro muestra cómo a partir de los números corpóreos, y aún de los espirituales, pero todavía mutables,336 se llega a los números inmutables, que pertenecen a la verdad inmutable, de modo que, por medio de ellos, las perfecciones invisibles de Dios se revelan a nosotros y se imprimen en las cosas creadas”337.
b) Razón superior.
Dice Agustín:
“Aquella parte de nuestro ser que se ocupa de la acción de las cosas corpóreas y temporales y no es a bestias y hombres común, ciertamente es racional, pero se deriva de esta substancia racional del alma que nos subordina y aduna a la verdad inteligible e inconmutable, principio deputado para administrar y gobernar las cosas inferiores.., aquella parte de nuestra mente que se eleva a la verdad íntima y trascendente…”338 es la razón superior.
Esta es la razón superior, que no conduce a la ciencia sino a la sabiduría. La sabiduría consiste en la contemplación, en la intuición directa, de los objetos inteligibles por medio de la razón superior (es decir, cuando la razón se enfoca hacia la contemplación de las nociones universales, está ejerciendo su función de razón superior,
o inteligencia) Los inteligibles puros trascienden al mundo sensible y sus números. Agustín nos muestra que la sabiduría:
“a la que no pertenecen las cosas que fueron o serán, sino las que son; y a causa de la eternidad, en la cual existen, se dice que fueron, son y serán, sin mutabilidad alguna de tiempo. Y no fueron, como si dejasen de ser, ni serán, como si ahora no fuesen, pues siempre tuvieron y tendrán idéntico ser. Permanecen, pero no fijas en lugares espaciales, como los cuerpos, porque en la naturaleza incorpórea se presentan a la mirada del alma tan inteligibles como los objetos palpables y visibles a los sentidos del cuerpo en el espacio.
Subsisten sin extensión espacial las razones inteligibles e incorpóreas de las cosas sensibles ubicadas en el lugar, ypermanecen también las razones de las mismas mociones temporales y transitorias sin sucesión de tiempo, como inteligibles, no como sensibles. Pero a pocos es dado llegar hasta ellas con la mirada de la inteligencia…”339
336 Son mutables porque están en el alma que es variable en el tiempo y son un reflejo especular de los números inmutables que están en Dios.
Retra cta cionesl, 6.
338 De Trinitate XII, 3, 3.
De Trinitate, XII, 14, 23. Énfasis añadido.

Por encima de todos los inteligibles está Dios, el más excelso inteligible, que sirve de fundamento a toda la inteligibilidad340.
Los inteligibles, señala Alesanco, no son nunca, para Agustín, “simples objetos abstractos del entendimiento, sino también… bienes apetecibles por la voluntad; efectivamente, emplea la palabra bona para referirse a ellos”.34’ En el grado más alto del conocimiento, donde el hombre alcanza la Verdad, la sabiduría se identifica con la felicidad342. En efecto, la sabiduría ya no es un simple conocimiento intelectivo del que se ocupe la razón superior, sino un estado especial al que ansia llegar el alma completa. Para alcanzar la sabiduría el hombre tiene que emplear el entendimiento, la voluntad y el amor.
Alesanco añade que, según San Agustín, “la mens percibe dos clases de inteligibles: realidades existenciales y nociones universalísimas. Las realidades existenciales son aquellos elementos primarios que aparecen en el fondo de toda actividad de la conciencia refleja humana”343. Son tres las realidades existenciales: la existencia, el pensamiento344 y la vida. Como apunta Agustín:
“comenzando por las cosas más evidentes lo primero que deseo oír de ti es si tú mismo existes. … ¿podrías engañarte si realmente no existieras?…
Ag. – Puesto que es para ti evidente que existes y puesto que no podría serte
evidente de otra manera si no vivieras es también evidente que vives.
¿Entiendes bien cómo estas dos cosas son verdaderísimas?
Ev. – Lo entiendo perfectamente.
340 “Y que hay en las realidades eternas de más excelso que Dios, único e inmutable por naturaleza?” De. Trw. XII, 14, 22.
“ Alesanco, Tirso, “Metafisica y gnoseología del mundo inteligible, según s. Agustín”, Augustrnus, XIII, 1968, pág. 10.
342 “Ciertamente, en la misma visión y contemplación de la verdad, que constituye el séptimo y último grado del alma (no es ya grado, sino cierta mansión adonde se llega a través de los grados), ¿cómo diré yo qué alegrías, qué goce del supremo y verdadero bien, qué inspiración de su serenidad y eternidad habrá?” De Quant. An. 33, 76.
Alesanco, T., 1968, pág 10 y sig.
“R.- Tú que deseas conocerte, ¿sabes que existes?
A.- Lo sé.
R.- ¿De dónde lo sabes?
A.- No lo sé…
R.- ¿Sabes que piensas?
A.- Lo sé.
R.- Luego es verdad que piensas.
. A.- Ciertamente.” Soliloquios II, 1, 1.

Ag. – Luego es también evidente esta tercera verdad, a saber que tú
entiendes.
Ev. – Evidente.”345
Los inteligibles existenciales son tres realidades que la mente capta de manera inmediata y tienen un carácter y certeza absolutos. El pensamiento, la vida y la existencia se imponen con sus contenidos a la razón superior. Tirso Alesanco afirma que más que tres realidades son “tres aspectos de una misma y sola realidad: es la mens presente a sí misma, percibiendo su propia existencia que es vivir pensando”346.
Para Agustín, el pensamiento es actividad, afirmación, es acción del alma que está presente cuando el alma sabe, duda, quiere, rechaza, etc. Cada acto de la mente, como pensar, dudar o querer, implica todo el constructo metafisico agustiniano, pues cualquier simple acción del alma remite a las nociones eternas que la regulan.347
Pero los existenciales no son los únicos objetos inteligibles que están impresos en la mente. Un segundo grupo de entidades inteligibles son las nociones universalísimas que no provienen de la percepción sensible y son imprescindibles para que la mente pueda realizar sus acciones. Agustín enumera algunas como justicia, verdad, bondad y belleza:
“Y así como, antes de ser felices, tenemos impresa en nuestra mente la noción de felicidad, puesto que en su virtud sabemos y decimos con toda confianza, y sin duda alguna, que queremos ser dichosos, así también, antes de ser sabios, tenemos en nuestra mente la noción de la sabiduría, en virtud de la cual cada uno de nosotros, si se le pregunta a ver si quiere ser sabio, responde sin sombra de duda que sí, que lo quiere.”348
Agustín se refiere a las ideas, formas, razones eternas, especies o nociones, que están impresas en la mente. Mientras que la razón inferior se ocupa de la forma de los objetos “sin la cual no serían lo que son”350. Como vimos, esta forma que se manifiesta en las cosas, aunque es un simple vestigio de las formas divinas, es la razón de su ser y de su conocer; pues en tanto el objeto participa de las Formas divinas en tanto tiene forma y en tanto tiene ser. Cuanto más formado esté un objeto, más estructurado según un patrón numérico, más participa del modelo divino que lo sustancializa.
De Liberum arbitrium II, 3, 7.
346 Alesanco, T., 1968, pág 10 y sig.
“Cualquiera de estos actos de la mens implica, en su simplicidad, toda la estructura metafisica de la verdad. El que piensa, o duda, o quiere,… lo hace porque se acuerda y pondera los motivos que existen para pensar, dudar, querer,… La conciencia o mens realiza estos actos, ateniéndose a normas absolutas”. Alesanco, T., 1968, pág. 12.
348 De Libero Arbitrio II, 9, 26.
. Confesiones X, 12, 19.
• 350De Vera Religionell,21.

Ahora bien, la razón superior está en contacto con réplicas de esos modelos divinos, que son inmanentes y trascendentes al sujeto que los intuye. Estas nociones son lo más consistente de entre todas las cosas creadas, son entidades más reales que los cuerpos tangibles. Agustín lo expresa así:
“Contiene también la memoria,.., innumerables reglas, razones y leyes acerca de los números y dimensiones de la cantidad, que no las ha recibido ni adquirido por ninguno de los sentidos del cuerpo… es cierto que he visto por mis ojos las líneas con que trazan los arquitectos sus obras, no obstante ser tan delicadas y sutiles como el hilo de la arafía: pero las que yo tengo en mi interior son muy diferentes de éstas, pues no son imágenes de las líneas que me mostraron mis ojos; sólo conoce bien qué líneas son aquéllas el que, cuando las contempla y examina, prescinde de todo lo que es cuerpo.
Es no menos cierto que por medio de los sentidos de mi cuerpo han entrado en mi interior las imágenes de los números que exteriormente contamos; pero aquellos con que contamos a esotros son muy distintos de éstos, y tampoco son imágenes de estos números, y por tanto su ser es más constante y más cierto.”35’
Conocemos verdaderamente una cosa cuando intuimos una noción universal en nuestra mente que resume sus rasgos esenciales, es decir, que expresa su esencia y, por lo tanto, responde a la pregunta ¿qué es la cosa?. En este sentido conocemos lo que ya sabemos. El conocimiento verdadero no se adquiere de un maestro, sino que consiste en comprobar que lo que el maestro afirma coincide con lo que está grabado en la mente, esto es, comprobar que es verdad. Esta operación se resume en un ‘juicio comparativo” afirma Alesanco, y continúa diciendo que “todo el libro De Magistro es un desarrollo de la mayéutica socrática en este sentido”352. Veamos cómo, siguiendo el texto de Agustín:
“Cuando se trata de lo que percibimos con la mente, esto es, con el entendimiento y la razón, hablamos lo que vemos está presente en la luz interior de la verdad, con qué está iluminado y de qué goza el que se dice hombre interior; mas entonces también el que nos oye conoce lo que yo digo porque él lo contempla, no por mis palabras, si es que lo ve él interiormente y con ojos simples. Luego ni a éste, que ve cosas verdaderas, le enseño algo diciéndole verdad, pues aprende, y no por mis palabras, sino por las mismas cosas que Dios le muestra interiormente; por tanto, si se le preguntase sobre estas cosas, podría responder. Y ¿hay nada más absurdo que pensar que le enseño con mi locución, cuando podía, preguntado, exponer las mismas cosas, antes de que yo hablase? Pues lo que sucede muchas veces, que interrogado niegue alguna cosa y se vea obligado con
. Confesiones X, 12, 19.
352 Alesanco, T., 1968, pág. 13.

otras preguntas a confesarlo, es por la debilidad de su percepción, incapaz de consultar a aquella luz sobre todo el asunto; se le advierte que lo haga por partes, cuando se le pregunta de estas partes de que consta aquel conjunto, al cual, considerado así, no podía ver. A donde si es llevado por las palabras del que pregunta, es llevado no por palabras que enseñan, sino por palabras que indagan en relación con su aptitud para comprender la luz interior… En cuanto a todas las cosas que decimos, o el oyente ignora si ellas son verdaderas, o no ignora que son falsas, o sabe que son verdaderas. En la primera hipótesis, cree, opina o duda; en la segunda, contradice y niega; en la tercera, confirma; por tanto, nunca aprende”.353
Cuando un discípulo no ve en su interior lo que el maestro trata de explicarle, se le recomienda hacer la comprobación por partes, esto le dará una idea clara del conjunto. El maestro sólo dirige y el discípulo recuerda, o confirma, lo que ya sabe. Es evidente en este pasaje el parecido con el método socrático.
Agustín rechaza la doctrina platónica del alma que preexiste al cuerpo, y su teoría del conocimiento como recuerdo, se distingue de la reminiscencia por una diferencia temporal: el conocimiento en Platón se recuerda de una vida anterior y en San Agustín, desde el principio de esta vida. También, lo que en Platón es recuerdo de una experiencia anterior del alma, en Agustín es reconocimiento de principios que no son experiencias del alma, sino que la trascienden. Pues el alma tiene impresas las nociones desde que Dios la crea y la crea para su correspondiente cuerpo. Agustín escribe:
“Ahora bien: cuando vamos razonando dentro de nosotros mismos, o bien cuando otro nos va haciendo preguntas bien dirigidas acerca de las artes liberales, las respuestas que vamos descubriendo no las descubrimos sino dentro de nosotros mismos. Porque una cosa es descubrir y otra producir o engendrar. En otro caso, el ánimo iría descubriendo objetos eternos en su proceso temporal de exploración. En efecto, es un hecho que descubre realidades eternas. Por ejemplo, ¿hay algo más eterno que la definición de círculo o realidades semejantes dentro de estas artes? No podemos imaginar que antes no existieran o que algún día dejaran de existir. Luego manifiestamente el ánimo humano es inmortal. Todas las razones verdaderas se guardan en sus archivos, aunque por la ignorancia y el olvido parezca que no están presentes o que se han desvanecido”.354
Cuando Agustín escribió este texto todavía no había desarrollado su propia teoría de la iluminación y al hablar de arte aquí se refiere a nociones naturales y no al conocimiento experimental. Lo que queremos enfatizar es que las nociones universales son inmanentes e interiores, pero no son productos subjetivos de la elaboración mental.
De magistro 12, 40.
354LarnmortalidaddelalmalV, 6.

Son trascendentes y objetivas, anteriores y superiores al espíritu que las encuentra. En ellas la objetividad y la interioridad son perfectamente compatibles.
Los objetos inteligibles son universales en dos sentidos: en que cada noción es aplicable a muchos particulares de los cuales es la esencia, y en que no dependen de la subjetividad de las inteligencias individuales, sino que pertenecen a toda inteligencia existente.
“Veo que hay muchas cosas de esta naturaleza, de las cuales basta que mencionemos una, a saber, la razón y verdad de los números, que está a disposición de todo ser racional, que cada calculador puede intentar aprenderla con su razón e inteligencia.., y cuando alguien la percibe, no por esto se transforma, ni convierte como en su propio alimento, ni tampoco se desvirtúa cuando alguien se engaña respecto de ella, sino que, permaneciendo ella en toda su verdad e integridad, el hombre es el único que cae en error, tanto más grande cuanto menos la alcanza a ver”.355
Todas las inteligencias tienen acceso a las verdades y aunque las alcancen no por ello las transforman en algo particular que esté de acuerdo a la naturaleza del sujeto que las aprehende. Ellas son objetivas e inmutables y si alguien se equivoca al emitir algún juicio a partir de ellas, el error no provendrá de las nociones sino del sujeto que no alcanza a verlas bien. La razón superior sabe que no puede cambiar la verdad de estos entes absolutos, que tiene que limitarse a contemplarlos.
Ahora bien, es preciso recordar que, para Agustín, la razón no se ocupa sólo de la contemplación de las verdades eternas. A partir de esa visión del conocimiento impreso realiza una elaboración mental cuyo producto es un conocimiento expreso de lo que halló en la memoria. Como indica Agustín:
“atribuyendo a la memoria cuanto sabemos, aunque no pensemos en ello, y a la inteligencia la información del pensamiento de una manera peculiar y propia. Entender es descubrir la verdad pensando y luego el recuerdo se archiva en la memoria. Pero existe también una profundidad más abstrusa en la memoria, donde descubrimos, al pensar, esta primera realidad, y donde se engendra aquel verbo íntimo que no pertenece a idioma alguno, como ciencia de ciencia y visión de visión, y una inteligencia que se revela en el pensamiento, procedente de la intelección que ya existía, aunque oculta, en la memoria”.356
En la memoria se encuentra un tipo de preconocimiento: el de las nociones (conocimiento impreso). Estas son la “condición de posibilidad de la cogitatio, que es
Del Libre Albedrio, II, 8, 20.
356 De Trinitate XV, 21, 40.

un conocimiento conocido, expreso, o concepto”357 La intelligentia (cogitatio, verbun es reconocimiento que no sólo contempla las ideas sino que al pensar descubre la verdad y luego guarda en la memoria el recuerdo, es decir, encuentra la verdad impresa y la elabora en la acción propia de su naturaleza, pensar; el resultado de esta actividad se guarda como conocimiento expreso en la memoria para volver a utilizarlo.
Podríamos resumir el proceso del conocimiento racional como sigue: la razón se dirige hacia las imágenes que están contenidas en la memoria sensible (del pasado) y que provienen de la percepción y las clasifica; su función es de razón inferior. Entonces, la razón se enfoca hacia la memoria del presente donde están las verdades universales y las reconoce, su función ahora es de razón superior o intelligentia; y, a partir de esa información sensible e inteligible, emite un juicio comparativo engendrando un pensamiento expreso o concepto que deposita de nuevo en la memoria.
Las nociones son anteriores a los conceptos y condición necesaria de los mismos.358 Además, los inteligibles son universales, necesarios, inmutables y eternos, por ello son más perfectos y consistentes que los objetos sensibles, aunque no son subsistentes, pues dependen de Dios. Dice Agustín:
“Ahora bien: esas realidades que el ánimo entiende, cuando se sustrae al cuerpo, no son corporales; y, sin embargo, son, y poseen el supremo ser, pues siempre se mantienen en el mismo modo. No cabe mayor absurdo que otorgar el ser a lo que vemos con los ojos y negárselo a lo que contemplamos con la inteligencia. Sólo un loco dudaría de que la inteligencia ha de anteponerse incomparablemente a los ojos. Pues bien:
cuando el ánimo contempla esas realidades inteligibles e inalterables, muestra bien que está unido a ellas de un modo extraordinario e incorpóreo, esto es, no local”.359
San Agustín reconoció360 que a veces se expresó con términos algo exagerados acerca de las nociones inteligibles, al punto que pudieran confundirse con las ideas platónicas, separadas del mundo fisico y subsistentes. Las Ideas supremas agustinianas están fuera de este mundo, la diferencia es que no son subsistentes ni están en un mundo paralelo, sino que son parte de la mente de Dios. Es por este motivo que Hessen opina que Agustín realizó un tránsito del objetivismo de Platón al subjetivismo361, en el sentido de que “siguiendo el precedente de Plotino, colocó el mundo flotante de las
Pegueroles, Juan, “Naturaleza y persona en San Agustín”, AugustinusXX, 1975, pp. 20 y 21.
358 Gilson, É., 1929, p. 127.
. La inmortalidad del alma X, 17.
360 Retra cta cionesl, 3, 2.
361 Este subjetivismo se refiere a la mente de Dios y no a la del hombre, por ello, aún desde este punto de vista, podemos decir que la gnoseología agustiniana se basa en un método realista, cuyo objeto de conocimiento está fuera del sujeto, en Dios.

Ideas platónicas en el Espíritu divino, haciendo de las esencias ideales, existentes por sí, contenidos lógicos de la razón divina362
Agustín considera que los inteligibles universalísimos de la mente de Dios, las Ideas o Formas, se reflejan en el alma del hombre, creada por Dios con carácter especular, en forma de nociones (precondiciones del conocimiento intelectual) Pero, la imagen de Dios no es Dios y el hombre nunca ve las Ideas, las cuales permanecen perfectas, completas, eternas e inmutables en la mente divina, a pesar de la participación de las substancias creadas. El hombre ve en su interior, gracias a la iluminación divina, las imágenes de las ideas, es decir, las nociones.
Alesanco amplia este punto diciendo que los inteligibles no subsisten como las ideas separadas platónicas, “sino que están trabadas entre sí por una dialéctica interna, en virtud de la cual se implican y se unifican en una sola y única Verdad. Esta Verdad… es el Ser auténtico… La Esencia… se identifica necesariamente con la Verdad”363. Y añade que a los inteligibles puros no se les impone desde afuera su esencia (a diferencia de las cosas materiales), ellos ‘son’ y es conforme a su ser que el ser de todas las demás cosas es regulado. Esta “solidez metafisica”364 de los inteligibles se traduce en evidencia y certeza en la inteligencia humana. En efecto, Agustín dice que los inteligibles están por encima de la mente humana, a la cual regulan:
“Propio es de la razón superior juzgar de las cosas materiales según las razones incorpóreas y eternas; razones que no serían inconmutables de no estar por encima de la mente humana: pero, si no añadimos algo muy nuestro, no podríamos juzgar, al tenor de su dictamen, de las cosas corpóreas. Juzgamos, pues, de lo corpóreo, a causa de sus dimensiones y contornos, según una razón que nuestra mente reconoce como inmutable”. 365
Los inteligibles que son “transubjetivos”366, son los modelos de todo ser creado. Por lo tanto, en la Verdad, que es el resumen de todos los inteligibles, “se contienen todos los ejemplares de todos los seres existentes y posibles”367. Esto significa que la Verdad contiene los modelos de todos los posibles seres individuales que existen o puedan existir. Cada objeto fisico es una copia que muestra un mayor o menor grado de similitud con respecto a un modelo perfecto. La cantidad de Formas contenidas en la Verdad es infinita, así como infinita es la Verdad, Dios. La Verdad se desdobla en sus ideas ejemplares en la eterna “dialéctica interna de los inteligibles unificados y resumidos, desarrollada a la inversa: de dentro a fuera”368, comenta Alesanco y reafirma


362 Hessen, J., Teoria del conocimiento, Caracas, Editorial Panapo, 1925, pág. 71.
363 Alesanco, T., 1968, pág. 17.
364 Esto es otro indicativo del realismo agustiniano.
365 De Trinitate XII 2, 2.
366 “Los inteligibles puros transcienden manifiestamente la razón humana y pertenecen a un
plano transubjetivo de realidad. Y no sólo transcienden al hombre sino a toda realidad existente y posible creada.” Alesanco, T., 1968, pág. 16.
367 Alesanco, T., 1968, pág. 18.
368 Alesanco, T., 1968, pág. 18.

que: “En la Verdad o en el Verbo se contienen todas las formas y modelos de todas las cosas existentes y posibles, no sólo genéricamente sino individualmente. Como enseña Plotino, en la nous deben estar representados y contenidos, además de los géneros y de las especies, los individuos, pues de otro modo la realidad derivada sería más rica que la originaria.” 369 En efecto, suponemos que Agustín debe haber seguido a Plotino en vez de a Platón, en la cuestión de si puede haber Formas de los individuos o si las Formas sólo corresponden a universales. Plotino desarrolló dos argumentos para defender las Formas individuales, según J.M. Rist: “El primero es que si Sócrates (es decir, el alma de Sócrates) es eterno, entonces debe haber una Forma de Sócrates en el Mundo Inteligible, pues, presumiblemente, hay Formas correspondientes a cualquier cosa que sea eterna. El segundo argumento —en resumen- es que como cada alma contiene todos los logoi (2o-yrn, Principios de la Razón) que están en el cosmos, su arquetipo debe estar en el Mundo Inteligible”.370 Pero la razón sola no puede acceder a las verdades inmutables, de hecho las Ideas que están en el Verbo no son los mismos inteligibles que están en la mente humana. La mente necesita la iluminación que proviene de Dios para ver en sí misma las nociones.

EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 2

EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 2

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Capítulo 1 — El conocimiento del mundo: La sensación.
1.1 — La verdad de la sensación: Posibilidad del conocimiento sensible.

En sus discursos contra los Académicos, preocupado por el creciente escepticismo que dominaba el pensamiento de su época, San Agustín se plantea, en primer lugar, el problema de si es posible hallar la verdad. Se pregunta si se puede encontrar un conocimiento que sea propiamente conocimiento y no simple opinión y que, por lo tanto, sea verdadero conocimiento.

En general, el conocimiento de algo, tiene que ser verdadero con respecto a ese algo que representa. “Verdadero es el discurso que dice las cosas como son, falso el que las dice como no son” decía Platón en el Cratilo, refiriéndose a la verdad en el sentido de correspondencia.

Pero, si aceptamos, con Agustín, que nos relacionamos con las cosas a través sus imágenes, ¿cómo saber si el conocimiento sensible es verdadero y, por ello, auténtico conocimiento? La respuesta a esta pregunta implica el desarrollo de una teoría del conocimiento del mundo, es decir, de una explicación verdadera del conocer sensible, el cual se manifiesta como una relación entre nuestra conciencia y el resto de la realidad. De ahí que el primer paso del pensamiento agustiniano sea analizar la posibilidad de llegar a un conocimiento cierto de las cosas, por ello se esforzó en buscar un criterio irrefutable para fundamentar su saber. Su meta era lograr una epistemología abierta que condujera hacia la verdad, libre de todos los obstáculos escépticos de su época.6°

Esta relación no es tan obvia en el caso particular del conocimiento sensible. Cuando queremos conocer el mundo y recurrimos para ello a los sentidos, podemos caer en el error al juzgar los datos de la percepción sensible de manera incorrecta. Ya Platón había considerado al producto de la sensación como mera “opinión” en vez de verdadero conocimiento. En los días de Agustín, la llamada Nueva Academia usaba argumentos en contra de la experiencia sensorial como base para probar que los seres humanos no pueden conocer la verdad.

Agustín comienza su argumentación preguntando: ¿cuándo es verdadero un conocimiento? Y responde con la definición de Zenón el estoico: “sólo puede percibirse y comprenderse un objeto que no ofrece caracteres comunes con lo falso”61.

Los Académicos aceptaban esta definición y a partir de ella concluían que la verdad no se puede conocer nunca con certeza, pues, para ellos, no existía un conocimiento completamente libre de elementos sensibles, es decir, no había un conocimiento que no contuviera caracteres de lo falso, del cambiante e inestable mundo sensible. Y la prueba de esto la hallaban en las diferentes opiniones que, sobre el mismo asunto, emiten los filósofos; en los errores que se cometen al juzgar los datos de los sentidos y en las ilusiones que se producen en el sueño y en la locura.
Los Académicos usaban el escepticismo para derrotar al sensismo de los estoicos que afirmaban que todo es cuerpo, que sólo lo sensible es real y que una verdad derivada de los sentidos podía ser evidente y cierta. La Academia utilizaba argumentos escépticos como: “es imposible decidir acerca de la verdad o falsedad de una proposición cualquiera”. Y al final de su argumentación concluían que no es posible hallar ninguna verdad.

Agustín vio el problema al que conducía esta duda absoluta. Él mismo quiso dudar de todo lo conocido por él hasta entonces62 y no pudo, porque su duda era la expresión de la certeza de la verdad que estaba en él:
“Aunque ignoremos si es cierta la cosa sobre la cual versa nuestra hesitación, conocemos, no obstante, nuestra duda y, al expresarla, nuestro verbo es verdadero, pues decimos lo que sabemos”63

El que duda tiene que admitir una cosa que jamás podrá poner en duda o negar: la conciencia de su duda. Además, Agustín comprendió la inercia total a la que llevaba la suspensión del juicio. Entonces, antes de determinar si la sensación es un tipo de conocimiento verdadero, Agustín tenía que demostrar que la verdad misma puede ser hallada y que es sabio el que posee conocimiento de la verdad; es decir, se entregó a la tarea de demostrar: 1) que podía utilizar el probabilismo de Carnéades en su contra y 2) que aun usando la definición de Zenón, se puede conocer la verdad.

1) El probabilismo de Carnéades (es decir, la teoría según la cual, ya que no podemos conocer con total certeza ninguna verdad, le corresponde al filósofo establecer grados de lo probable para conducirse en la vida práctica, que opera bajo leyes de probabilidad) puede utilizarse en su contra para afirmar la posibilidad de hallar la verdad.

En efecto, Agustín explica:
“Carnéades observó qué obras aprueban los hombres, y hallándolas semejantes a las verdaderas, dio el nombre de verosímil a lo que en este mundo puede seguirse como regla en la práctica… Pero ¿cómo el sabio aprueba o cómo puede seguir la verosimilitud, cuando ignora la misma verdad?” (énfasis añadido).64
y añade:

1-La fe orienta la investigación del filósofo hacia temas específicos (Dios, el alma y sus relaciones).
2-Toda filosofia cristiana se ordena sistemáticamente en torno a un centro que aglutina sus problemas fundamentales y ese centro es Dios.
3-”todas las filosofias cristianas son filosofias del ser, todas ellas aclarando una o varias de sus propiedades trascendentales”.32
4-Su método gnoseológico es el realismo.33

En resumen, “toda filosofia cristiana es un pensamiento racional orientado por la fe, de carácter sistemático, de corte ontológico (sin que ello signifique, obviamente, que la filosofia cristiana se limite a la discusión metafisica) y realista en cuanto a su método de constitución gnoseológica”.34

La filosofia cristiana de Santo Tomás es la filosofia cristiana por excelencia en cuanto Philosophia perenais, en cambio, la de San Agustín no está tan perfectamente

Sería necio “si dijese: No conocí a su padre, ni supe por la fama que se parece a él; con todo, me parece semejante a élF eso es lo mismo que decir que “No conocemos lo verdadero, pero lo que vemos se parece a lo no conocido”.65

Entonces, para poder fijar grados de verosimilitud en las cosas, hay que conocer aquella verdad primera que hace posible establecer cuánto se parece o no cada cosa a ella. Esto es así en cuanto a lo verosímil, que es aquello que se parece a lo verdadero sin pretender serlo, pero, como vimos en el texto citado, Agustín llega a la misma conclusión explicando la relación entre lo verdadero y la verdad. Así lo expresa:

“R. – Veamos… si las dos palabras diferentes, lo verdadero y la verdad, significan dos cosas o una sola.
A. – Parecen ser dos cosas… una cosa es la Verdad y otra lo que se llama verdadero.
R. – Y cuál de estas dos te parece más excelente?
A. – Sin duda, la verdad, porque… todo lo verdadero lo es por la verdad… R. -… Cuando muere algo verdadero no fenece la verdad.
A. – Pero ¿cómo lo verdadero puede morir? No lo entiendo.
R.-… ¿No vemos perecer miles de cosas ante nuestros ojos? O tal vez piensas que este árboles árbol, pero no verdadero, o que no puede morir? Pues aún sin dar crédito a los sentidos y respondiéndome que no sabes si es árbol, no me negarás que, si es árbol, es un árbol verdadero, porque no se juzga eso con los sentidos, sino con la inteligencia. Si es un árbol falso, no es árbol; si es árbol, necesariamente es verdadero árbol.”66

Las cosas son verdaderas pero no son la verdad, son verdaderas en la medida en que participan de la verdad67, ellas mueren, pero no la verdad. Si el mundo perece, “no será verdad que ha perecido?”68 Aún si pereciera la verdad, razona Agustín, sería verdad que ella ha perecido.

Luego no puede haber ninguna cosa verdadera sin la verdad que es eterna. San Agustín habla aquí de la relación entre la verdad y lo verdadero en el sentido ontológico de la participación y no en el sentido de la verdad lógica. Cuando Agustín dice que las cosas son verdaderas está hablando de que son reales, la verdad es aquí ontológicamente igual a realidad. Por ello las cosas ‘son’ en tanto son verdaderas.

 

 

En cambio, la verdad lógica consiste en la concordancia del pensamiento consigo mismo. Según Hessen69, un juicio es verdadero cuando está formado con arreglo a las leyes y a las normas del pensamiento. La verdad significa, según esto, algo puramente formal; coincide con la corrección lógica”. La verdad lógica se basa en la coherencia, es decir, podemos establecer una verdad mostrando su concordancia con otras verdades que se relacionan con ella dentro de un sistema.

En líneas generales, podemos comparar el caso de Agustín, en lo que respecta a la verdad lógica, con la postura realista (de corte platónico) del conocimiento, la cual propone que la verdad descansa en una unidad última del conocimiento. Pero en el caso de Platón, tal unidad relaciona los elementos del conocimiento para que sean conocidos en función del todo y, a su vez, el todo puede ser conocido en función de los elementos que lo constituyen, se produce así una relación dialéctica entre el todo y las partes70. En San Agustín la relación no es dialéctica, pues existe una desigualdad esencial entre el ser que es necesariamente, el lpsum esse, y los entes que para ser tienen que ser fundamentados en primera instancia, y para siempre, por el Principio que les dio origen y los colocó en una relación con El. En el momento en que Dios decida no perseverar en su relación con un tú histórico, ese ente deja de ser71. De ahí que la verdad sea siempre una especie de dictamen que proviene de Dios.

Según el obispo de Hipona, en el alma están las nociones fundamentales que son reflejo de las ideas en la mente de Dios72, estas nociones constituyen la unidad última del conocimiento en el hombre y constituyen un todo mediante el cual se determina la verdad o falsedad de cualquier elemento de conocimiento que adquiera el hombre. La función de las partes es sólo sugerir a la mente que existe un todo que debe ser alcanzado. El resultado de esa coherencia entre las nociones y las elaboraciones racionales es la conclusión de que éstas últimas son verdades; en cuanto a las nociones, ellas son siempre verdad. Y el conocimiento que resulta de este proceso es un verdadero conocimiento.

Manferdini73 dice que “Agustín considera la verdad en sentido ontológico y sólo en sentido subordinado como función del juicio” y cita para apoyar este punto el siguiente texto de Agustín:

“la verdad es lo que manifiesta lo que es, mientras la falsedad hace creer que es lo que no es”.74

La verdad del juicio en Agustín es una verdad lógica, pues la razón no juzga directamente las cosas sino las imágenes que el alma elabora a partir de las imágenes sensibles de los objetos, el juicio sensible no trasciende al sujeto, es una elaboración de la razón que incluso crea el concepto haciendo expresa una idea impresa que corresponde a la esencia del objeto. Y la esencia de las cosas está en la Forma que es su modelo, las cosas sólo participan de esa esencia, que es ‘lo que es’ la cosa75. De ahí que para el objeto, manifestar lo que es, es parecerse participativamente a su esencia, en el grado en que se parezca es verdadero, y el juicio establece el grado del parecido. Pero de esto hablaremos en el segundo capítulo cuando nos refiramos al conocimiento racional.

La verdad es “un objeto constitutivo de la mente inteligente” y no una mera imagen inesencial de las cosas. Es, en sentido absoluto, el primer fundamento de “la inteligibilidad de los entes” y el “medio de comprensión de la totalidad de lo real”. La verdad en su “matriz ontológica” es, para San Agustín, la “primera y perfecta semejanza del Ser Absoluto”, afirma Manferdini76, y para probar su afirmación cita de nuevo a Agustín:

“Pues como por la verdad son verdaderas las cosas que son verdaderas, así la semejanza es la forma de las cosas semejantes. Pues así como la verdad es la forma ejemplar de las cosas verdaderas, así la semejanza es la forma de todas las cosas semejantes. Puesto que las cosas verdaderas en tanto son verdaderas en cuanto son, y en tanto son en cuanto son semejantes a la unidad primordial, es claro que la suma semejanza del Principio es la forma de todo lo que es: y porque tal semejanza suprema carece de toda disimilitud, ella es la Verdad”77.

Es decir, lo que es idéntico a sí mismo es la Verdad; lo que es semejante en mayor o menor grado a la Verdad participa de la Verdad y es, por ello en cierto grado verdadero.

Por lo tanto, “la diversidad del grado ontológico y la disposición jerárquica de las varias esencias y por lo mismo, de los varios órdenes de entes, depende de la desigualdad de las posibles participaciones del Ser, cada una de las cuales está representada por una de las ideas divinas”78. Vemos, por lo tanto, la conexión fundamental que establece Agustín entre la verdad y la semejanza.79 En resumen, podemos decir que, para Agustín, la verdad por esencia y la verdad por participación son diferentes pero la segunda está condicionada por la primera que es incondicionada y la hace evidente80.

2) En segundo lugar, se dedica a demostrar que, aun aceptando la definición de Zenón, la verdad puede ser conocida. Que hay verdades que no son falsas en ningún caso y que el error de los estoicos consistía en poner el criterio de verdad en los objetos fisicos.

En efecto, mientras los estoicos veían al mundo como lo único real y verdadero y los Académicos se empeñaban en afirmar un mundo de puras apariencias, para Agustín, siempre nos es dado un mundo real, de cuya manifestación imaginal el espíritu humano obtiene el fundamento de sus percepciones. Según él, las percepciones son un testimonio indubitable del mundo, aunque no constituyan la verdad absoluta, ni el criterio de verdad.

Cuando los Académicos objetaron que tal vez vivimos un sueño sin saberlo y, por ello, todo es ilusión y nada es verdad, o que estamos locos sin percibirlo, Agustín respondió: sueño o vigilia, loco o cuerdo, sé que vivo. “Si enimfallor, sun]’81. Lo que no existe no puede engañarse, luego si me engaño, soy. De nuevo, nos encontramos ante esa verdad indubitable que atestigua sobre la verdad de nuestro ser: puedo dudar de todo menos del hecho de ser un sujeto que está dudando. Agustín afirmó que, además de esta primera verdad, existen verdades de orden inteligible que son superiores a los sentidos, como los principios lógicos, las proposiciones matemáticas, las normas de sabiduría, etc., que son inmutables, que moran en el interior del hombre y, no obstante, pueden ser halladas. Son el objeto del verdadero conocimiento y su fundamento82. Por lo tanto, Agustín asevera que el hombre puede conocer la verdad, que la verdad es lo que es83, que ésta mora en su interior y que sin ella ningún conocimiento sería posible,ni siquiera el conocimiento sensible. Más aún, sin las verdades eternas que están impresas en el alma humana, no podría el hombre pronunciar ni siquiera el cogito. En efecto, el alma se conoce como sujeto en un acto introspectivo esencial que la revela ante sí misma como un ‘yo’, pero para decir ‘yo soy’ precisa de una noción que posee a priori la noción de ‘ser’. Esto lo expresa P. Lope Cilleruelo, como sigue: “Toda intuición intelectual es, en realidad, un juicio, aunque éste sea tan elemental como el yo soy. Y lo que Agustín quería presentar con la memoria sui” (conocimiento que el alma tiene inmediatamente de sí misma) “era un simple yo, un conocimiento de sí mismo por sí mismo sin expresión alguna. Pero si quiero decir soy, necesito saber qué es ser. Dicho de otro modo, Agustín entiende que no puede haber ningún juicio, si el sujeto no posee a prion los elementos del juicio, que él llama regula e, lúmina. Hay, pues, en él unas nociones y principios a pnori que determinan una ontología y condicionan a su vez a la crítica. Sin la memoria Dei” (la memoria donde están impresas las nociones) “no puede el hombre pronunciar un solo juicio, ni siquiera el cogito.”84

Veamos ahora en qué sentido es verdadero para Agustín el conocimiento sensible. Para Agustín, la verdad interna es criterio de verdad, en cambio a la sensación la reconoce como un grado de conocimiento pero no como criterio de verdad. Como dice Sciacca: “la sensación, como simple parecer, es decir, tomada por lo que es, es infalible; considerada en cambio, como absoluto y único criterio de verdad, por lo que no es, debe necesariamente inducir a error… Engaña, por lo tanto, la sensación, cuando se le atribuye un papel que no le compete”85.
Como ya vimos, si la sensación es conocimiento, es verdadera, pero con un tipo de veracidad que algunos intérpretes de Agustín denominan “veracidad actual”86
En efecto, Agustín desarrolla la llamada teoría de “la veracidad actual de la sensación”, en el Contra Académicos, para enfrentar los argumentos académicos contra la percepción del mundo que obtenemos a través de los sentidos y la imposibilidad de obtener un conocimiento cierto del universo material. Los Académicos dicen, por ejemplo, que es dificil distinguir el sueño de la realidad, que un bastón o un remo metido en el agua parece estar doblado, que si alguien navega a lo largo de una costa los objetos de la orilla parecen moverse en dirección contraria, que se puede confundir la voz de una persona con al de otra, etc.87 Por ello, el sabio de la Nueva Academia, como buen escéptico, ante tantos engaños suspende el juicio.

Agustín, en cambio, afirma que lo que se percibe a través de los sentidos es verdadero. Los sentidos no mienten al mostrarnos un remo que, metido en el agua, parece roto. El remo debe “parecer” roto. Si lo viésemos recto bajo esas condiciones, entonces sí tendríamos una imagen falsa y nos estarían engañando los sentidos, pues una percepción de esas características estaría obviando el efecto de la luz al incidir sobre el remo sumergido en agua. Los sentidos reproducen una imagen fiel de lo real, no realizan ningún tipo de abstracción, ofrecen a la mente el total de los elementos sensoriales que se le presentan, en la forma combinada en que se presentan y con las consecuencias aparenciales de las relaciones de ellos entre sí y con la luz que los ilumina.
Entonces, cuando está fuera del agua, el remo se ve entero y esta es también una sensación verdadera. Esta es la doctrina de la veracidad actual y momentánea de la sensación: aunque el objeto representado no tenga un total parecido con los objetos reales, la representación es verdadera en tanto es igual a la que actualmente se tiene; es una particular representación actual y, en tal sentido, verdadera. Es decir, es verdad que estoy viendo un remo quebrado dentro del agua en este momento. Los sentidos no nos engañan, nos engaña el juicio que hacemos acerca de sus imágenes.
La realidad material puede ser diferente de la percepción que tenemos de ella, pero la modificación actual que los objetos producen en los sentidos es verdadera.
La sensación es un simple “parecer” a un sujeto y como tal es cierta, infalible. Agustín lo ejemplifica diciendo:
“lo que pueden ver los ojos, cuando lo ven, es lo verdadero.., no hallo cómo un académico puede refutar al que dice: Sé que esto me parece blanco; sé que esto deleita mis oídos; sé que este olor me agrada; sé que esto me sabe dulce; sé que esto es frío para mí.
—Pero di más bien si en sí mismas son amargas las hojas del olivo silvestre, que tanto apetece el macho cabrío.

Esas verdades, constantes del espíritu humano, participan de los sentidos y de la inteligencia y esta característica del sentir humano es marcadamente diferente de la manera de sentir de los animales:
“Pueden los brutos, sí, percibir, por los sentidos del cuerpo, los objetos externos, fijarlos en la memoria, recordarlos, buscar en ellos su utilidad y
huir de lo que les molesta; pero [.1 Propio es de la razón superior juzgar de las cosas materiales según las razones incorpóreas y eternas, [.1 Juzgamos, pues, de lo corpóreo, a causa de sus dimensiones y contornos, según una razón que nuestra mente reconoce como inmutable […j Al discurrir a cerca de la naturaleza de la mente humana, discurrimos a cerca de una sola realidacfl [.1 Y así, cuando buscamos la trinidad en el alma, la buscamos en toda ella y no separamos nunca su acción racional en las cosas temporales de la contemplación de las eternas”9’
La razón superior, la razón inferior y los sentidos, son facultades cognoscitivas de una sola mente, que procede como un todo orgánico en la obtención del conocimiento. La razón realiza dos actividades fundamentales, según las cuales se denomina razón inferior o razón superior, pero siempre se trata de la misma facultad que se encuentra inmersa en distintas labores. Cuando la razón organiza las imágenes sensibles para hacer ciencia de las cosas, se llama razón inferior; y cuando se ocupa de las leyes supremas de constitución y existencia de las cosas, se llama razón superior.
Ninguna actividad del alma actúa por separado. De hecho, Agustín concibió la existencia de los dos mundos platónicos como un conglomerado de interdependencias y no como dos esferas de saber totalmente separadas. El mundo sensible necesita al inteligible y viceversa, pues el hombre que los conoce es él mismo un compuesto material y espiritual. Agustín lo expresa así:
“Entonces, por medio de las cosas visibles que Vos habéis creado, vi con mi entendimiento vuestras perfecciones invisibles”92

El concepto cristiano de la relación alma-cuerpo difiere del platónico. “Ni el cuerpo es una cárcel, en que ha sido confinada el alma para purgar antiguos pecados,
a dar en el anchuroso campo y espaciosa jurisdicción de mi memoria […j Este capacísimo receptáculo de la memoria recibe, en no sé qué secretos e inexplicables senos que tiene, todas estas cosas, que por las diferentes puertas de los sentidos entran en la memoria, y en ella se depositan y guardan” Confesiones X, VIII, 12 y 13.

desarrolla una disputa entre Licencio y Agustín. Licencio afirma que el alma del sabio, purificada y “unida a Dios” se ha retirado dentro de sí misma y tiene:

“ante los ojos interiores de su entendimiento… a Dios, a quien abraza con una mirada fija e inmutable, y en El todas las cosas que el entendimiento ve y posee”.215

Estando así en presencia de la Verdad, de lo Inmutable y atemporal, el sabio no precisa de la memoria sensible que, según él, sólo es necesaria para las cosas temporales. La memoria entonces sería una parte de la porción inferior que “aún milita a su servicio”(del sabio) “como cierta sordidez y despojos” de su parte corporal. Agustín había dicho eso mismo en otra ocasión cuando descubrió la realidad incorpórea de los “platónicos”, pero después, dice Sciacca, profundizando en el neoplatonismo y en la verdad cristiana se convenció “de que la función de la memoria no se limita a este papel inferior y que, más bien, tiene un puesto propio en la vida intelectual”216.

Agustín combate a Licencio diciéndole que para que el sabio cumpla con su deber de enseñar a los demás tiene que recordar lo que sabe y cómo decirlo a los demás. Es decir, necesita usar la memoria, incluso la sensible.

Además Agustín está en contra del ontologismo de Licencio. No vemos la verdad en Dios, encontramos la verdad en nosotros. Como dice Sciacca: “si viésemos las cosas en Dios sería innecesaria la sensación”217. El uso (la no inutilidad) de las sensaciones y de la memoria” están en contra de la interpretación ontologista. Agustín atribuye gran importancia al estudio y profundización de la memoria. Por lo tanto, no puede, sin contradecirse, proponer el estudio de las vastas bóvedas de la memoria sin dar importancia a las imágenes sensibles que ahí se guardan.

El sabio agustiniano no es, pues, un ser vuelto completamente hacia sí mismo, contemplando impasible las verdades eternas directamente en Dios, sino un ser humano, un alma que dirige un cuerpo, que vive en un mundo material y que encuentra a Dios al final de una larga búsqueda trascendiéndose a sí mismo218. Pero lo que descubre en sí mismo es un vestigio de lo divino, una luz que proviene de Dios.

Si el sabio fuese como dice Licencio: “Mas, ¿para qué quiere el sabio la memoria, si todo lo guarda y tiene presente en sí mismo?” ni él, ni Agustín, serían sabios. Y continúa conversando Licencio con el hiponense:
“Mira que no recurrimos a ella en cosas que tenemos o vemos delante. ¿Qué necesidad, pues tiene el sabio del uso de la memoria, teniendo todo ante a los ojos interiores de su entendimiento, esto es, teniendo a Dios, a quien abraza con una mirada fija e inmutable, y en El todas las cosas que el entendimiento ve y posee?. A mí, en cambio, para recordar las cosas que te he oído a ti me falla el dominio sobre el siervo; unas veces le sirvo, otras lucho para no servirle, aspirando a mi propia libertad. Y si algunas veces le mando y él me obedece, haciéndome creer que lo tengo vencido, otras se me solivianta y caigo miserablemente a sus pies. Por lo cual, cuando hablamos del sabio yo no entro para nada.

-Ni yo tampoco- le dije-. Pero ¿acaso el sabio puede abandonar a los suyos, o mientras vive en esta vida, donde trae ligado a este siervo, dejará su obligación de favorecer a los demás a quienes puede y, sobre todo, de enseñar la sabiduría, lo cual principalísimamente se le exige? Y al hacer esto y enseñar como conviene, con aptitud, frecuentemente prepara lo que ha de exponer y discutir con orden; y si esto no se encomienda a la memoria, necesariamente perece”.219

Continúa…

EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 1

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EL REALISMO TEOLÓGICO AGUSTINIANO EN SU TEORÍA DEL CONOCIMIENTO parte 1

Introducción.

Esta tesis se desarrolla a partir de una pregunta que formula Gilson acerca de la función que desempeña el objeto físico en las teorías del conocimiento formuladas por los filósofos cristianos. En efecto, Gilson afirma que “todo pensador cristiano es realista” 1 , al menos por vocación, y se pregunta por qué. Entonces comienza el desarrollo de este tema mencionando a San Agustín, quien, como Platón, considera al mundo de lo sensible, que flota entre el ser y el noser, incapaz de proporcionar un conocimiento cierto que nos muestre la verdad. Para probar su afirmación cita el siguiente texto de Agustín:

“Todo lo que los sentidos del cuerpo alcanzan, lo que llamamos lo sensible, ni por un instante deja de cambiar. El que los cabellos crezcan en la cabeza, que el cuerpo envejezca o esté lozano en la juventud, está en un perpetuo devenir y jamás se interrumpe. Ahora bien: lo que no permanece incambiado no puede ser percibido. Percibir, en efecto, es comprender por la ciencia, y no se puede comprender lo que no cesa de cambiar. No debemos esperar, pues, que los sentidos corporales nos entreguen la verdad en su pureza” 2

Continua diciendo Gilson que, si la verdad es necesaria e inmutable y en el mundo de la sensibilidad no hay nada que se pueda considerar necesario o inmutable, entonces no es de ese mundo de donde podemos obtener la verdad. Por lo tanto, “lo esencial del problema era el papel que podía desempeñar todavía el objeto en una doctrina de ese género, y como el examen de esta cuestión llevó al pensamiento medieval tan cerca como es posible de lo que hoy llamamos el idealismo” 3 .

Este comentario nos condujo a investigar si lo que afirma Gilson, esto es, que todo pensador cristiano es realista, es aplicable a San Agustín.

Para ello comenzamos por determinar cuál es la función del objeto físico en la teoría del conocimiento agustiniana y, a partir de lo que hallamos, planteamos si Agustín es realista o idealista, en el sentido que especificamos en el siguiente subtema.

1- Planteamiento General del Problema.

El propósito de nuestra investigación es exponer, siguiendo los escritos de San Agustín, un problema que surge de su epistemología y que podríamos resumir como sigue: La meta fundamental de San Agustín es hallar el conocimiento de la verdad, de Dios. Así lo expresa Agustín:

R-”,Qué quieres, pues, saber?[. .
A- Quiero conocer a Dios y al alma.
R- ¿Nada más?
A- Nada más.4

Pero, conocer es aprehender un objeto por medio del pensamiento, para lo cual dicho objeto debe permanecer estable e inmutable ante los ojos del espíritu. Los objetos que se ofrecen a los sentidos son inestables, cambiantes, por lo tanto, las cosas no pueden constituir la verdad a que aspira el conocimiento verdadero. A pesar del fracaso de los sentidos, Agustín afirma que la verdad puede ser hallada, que mora en el interior del hombre y que el conocimiento es, sobre todo, una labor introspectiva, una intuición del alma que reflexiona sobre sí misma. El auténtico conocimiento sería, pues, el descubrimiento de una ley que rige al mismo pensamiento que la piensa y que está en el alma y no en el mundo. Para Agustín, buscar la verdad es progresar en la interioridad, es “restitutio ” del espíritu a sí mismo. Esta operación la realiza la mente a través de la razón y por grados, lo cual excluye la solución fideísta al problema del conocimiento 5 , así como la ontologista 6 .

El teocentrismo 7 lo lleva a permitir que la teología se filtre en algunos lugares de  su filosofía. No obstante, su filosofía depende del método que le es propio: fundada en la razón humana, realiza su acuerdo con la fe sin llegar a diluirse completamente en ella. Agustín considera que si la filosofía concuerda con la fe es porque es verdadera. Para él, la fe dota al cristiano de un criterio, una regla de juicio 8 , de un principio de discernimiento, que le permite hacer que la verdad se vuelva racional para sí. La fe lo lleva a permitir que la teología se filtre en algunos lugares de su filosofia. No obstante, su filosofia depende del método que le es propio: fundada en la razón humana, realiza su acuerdo con la fe sin llegar a diluirse completamente en ella. La fe le permite asegurar, incluso, la racionalidad de la razón.

Al respecto, Paván dice: “La orientación ejercida por la fe no es la de un déspota que condiciona coercitivamente el desarrollo del pensamiento filosófico, sino más bien, la de un hermano que sugiere una temática posible. Un sincero cristiano no puede sentirse constreñido por su fe a elegir como tema de investigación filosófica, por ejemplo, las demostraciones de la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Tanto es así que otros filósofos, sin ser cristianos, han elegido los mismos temas. A mi manera de ver, la expresión que califica la fe como auxiliar indispensable de la razón, es menester leerla según esta modulación [...] En este sentido, la fe –o la teología funcionan, respecto de la razón –o la filosofía, como su causa material y eficiente pero no formal”. 9

La búsqueda de la verdad es un ejercicio de la razón impulsada por el criterio de la fe. La verdad creída debe convertirse en verdad sabida y las verdades racionales, que derivan del esfuerzo que supone tal transformación, constituyen la filosofía cristiana. Pero este tema lo ampliaremos en el segundo capítulo de esta introducción.

En esta tesis queremos mostrar que la filosofía cristiana de Agustín es realista, en sentido platónico, tanto en su manera de explicar la obtención y elaboración del conocimiento sensible 10 , como en los otros estadios de conocimiento. Pero, a diferencia de Platón, su filosofía es un realismo de corte teológico. Entonces, el primer problema que tiene que resolver Agustín ante los pensadores de su tiempo, 11 es demostrar que la verdad puede ser conocida y que se halla en el alma humana, San Agustín elabora un argumento fundamental: hablando acerca de la definición de la verdad de Zenón 12 dice Agustín que, o bien tal definición es verdadera y entonces se sabe que es verdadera, o se reconoce como falsa y entonces se sabe que es falsa, es decir, es verdad que la definición es falsa y añade: “quienquiera que duda de la existencia de la verdad, tiene en sí algo de verdadero, de lo que no puede dudar; y eso verdadero es tal en virtud de la verdad. Es, en consecuencia, necesario que no dude de la verdad quien de cualquier modo ha podido dudar [...] Nunca pueden estas verdades dejar de ser tales [...] Las verdades existen antes de ser encontradas.” 13

Hasta para afirmar que algo es falso debemos tener una noción clara de que tal afirmación es verdadera: es verdad que ese algo es falso; por lo tanto, la noción de ‘verdad’ se encuentra ‘a priori’ en el interior del que afirma o niega algo.“Si me preguntas”, dice Agustín a Alipio, “dónde halla el sabio la verdad, te responderé que en sí mismo” 14 .

Agustín añade que no podemos discernir que existe en nuestra mente tal noción a través de la experiencia sensible, sino desde un acto cognoscitivo anterior a la experiencia, que pertenece a la esfera de lo puramente inteligible. Es decir, las verdades de la ciencia moral, las de la dialéctica y las de las matemáticas, que son necesarias e inmutables, se imponen al espíritu con una evidencia que no proviene de los sentidos; ellas pertenecen a otro orden, al orden de lo inteligible. Enfatiza así, que la verdad mora en el interior del hombre y que la posibilidad de encontrarla radica en la introspección.

El conocimiento de sí mismo se convierte, para él, en una necesidad absoluta, en el objeto último y primero del conocimiento. Un alma que se conoce a sí misma, inmediatamente, como es la agustiniana, es la causa suficiente del conocimiento que tiene de sí, y ese conocimiento, es el verdadero conocimiento. Así lo expresa Agustín: ”nada tan conocido del alma como aquello que siempre tiene presente, y nada tan presente al alma como el alma misma”. 15

El hombre se conoce siempre a sí mismo pues lo conoce todo mediante sí mismo. Pero, una cosa es conocerse y otra pensarse, dice Agustín: ”bástenos saber con certeza que el hombre puede pensar en la naturaleza de su alma y encontrar la verdad, pero en sí mismo, no en otra parte.Encontrará, no lo que ignoraba, sino aquello en lo que él no reflexionaba.

¿Qué sabemos, si ignoramos lo que hay en nuestra mente, cuando todo lo que sabemos no podemos conocerlo si no es por la mente?” 16

En resumen, para demostrar que existen “cosas que no pueden aparecer falsas”,Agustín recurre a la certeza absoluta. Renuncia a la defensa del valor de las sensaciones como criterio de verdad, en contra de los estoicos, estableciendo la supremacía del espíritu sobre el cosmos, garantizando así la posibilidad de un conocimiento verdadero y universal, inatacable por la duda, cuya certidumbre no es puramente subjetiva sino que es producida por una luz objetiva. 17

Para él, toda intuición intelectual, todo pensamiento, es, en realidad, un juicio,aunque éste sea tan elemental como él ‘yo soy’. Es decir, cualquier pensamiento implica una afirmación (querer, saber, negar, dudar, vacilar, etc.) y, por simple que sea, refiere a toda la estructura metafísica de la verdad. El que piensa, o duda, o quiere, etc., lo hace porque se acuerda y pondera los motivos que existen para pensar, dudar, etc. La mens realiza esos actos ateniéndose a normas absolutas, que se le imponen. Hasta para decir ’soy’, necesito saber que es ’ser’. El alma se conoce como sujeto en un acto introspectivo esencial que la revela ante sí misma como un ‘yo’, pero para decir ‘yo soy’ precisa de una noción que esta impresa en lo que Agustín llama Memoria Dei, la noción de ’ser’. El sujeto requiere tener a priori las ‘regulae’ , unos principios o nociones supraempíricas que incluyen una norma suprema de acción y un criterio de juicio según los cuales el hombre juzga. Sin tales nociones no puede el hombre pronunciar un solo juicio, ni siquiera el cogito. Se trata de un verum objetivo por el que son verdad las cosas que son verdad, un verum que permite a la mens comparar un sujeto con un predicado y afirmar o negar.

Hasta aquí hemos considerado sólo los niveles más elevados de la gnoseología agustiniana; veamos, ahora, lo que ocurre en el mundo de las sensaciones.

Agustín no reprueba el estudio de la naturaleza como tal, pero, aun en este caso, el  alma tiene un papel activo y predominante. Según él, cada sentido tiene una forma propia de registrar los estímulos externos y así los guarda la memoria con orden y distinción. En el caso de la vista, que considera el más elevado de los sentidos corporales, Agustín explica, a la manera platónica, el instante en que la imagen del objeto imprime el órgano sensorial:

La visión “se proyecta fuera y por los ojos se lanza lejos por todas partes para poder examinar lo que vemos” 18 y añade que no se ve todo lo que los ojos sienten, entrando aquí en juego la intención, manifestación de la voluntad, para discriminar y decidir sobre qué se posará la visión. Aun en la experiencia visual elemental propone una percepción activa en vez de la mera receptividad. El mundo que se presenta ante los ojos se asemeja a la proyección retiniana y es reconocido por el alma como algo que me es dado 19 . Esto es, que existe por sí, sin que yo haya hecho nada para producirlo. Pero la percepción es más que esa simple presencia del mundo, pues, a través del mundo vaga la mirada, dirigida por la intentio (atención) centrando el foco de visión sobre un lugar en vez de otro. Así, el mundo que emerge de tal exploración perceptual no es, tan sólo, algo inmediatamente dado, depende también, de los deseos, de la memoria, de la “intentio”, de las preferencias individuales. Esto lo explica Agustín en De Quantitate Animae 20 , al decir que la visión no consiste sólo en una imagen inmediata en el órgano del sentido. Es decir, tiene que incluir más que eso, pues, si no fuera así, sólo podríamos ver nuestros propios ojos. Y esto por al menos dos razones: en primer lugar, está la distancia o referencia espacial implicada en el acto de ver; en segundo lugar, porque percibimos más de lo que la vista sola nos presenta, por ejemplo, inferimos el fuego, aunque nuestra imagen actual sea de humo.

Siendo así, está claro que la percepción es, para Agustín, un tipo de conocimiento y una cierta forma de juicio. En efecto, esto se evidencia en el argumento agustiniano Agustín no reprueba el estudio de la naturaleza como tal, pero, aun en este caso, el alma tiene un papel activo y predominante. Según él, cada sentido tiene una forma propia de registrar los estímulos externos y así los guarda la memoria con orden y distinción. En el caso de la vista, que considera el más elevado de los sentidos corporales, Agustín explica, a la manera platónica, el instante en que la imagen del objeto imprime el órgano sensorial:

La visión “se proyecta fuera y por los ojos se lanza lejos por todas partes para poder examinar lo que vemos”18 y añade que no se ve todo lo que los ojos sienten, entrando aquí en juego la intención, manifestación de la voluntad, para discriminar y decidir sobre qué se posará la visión. Aun en la experiencia visual elemental propone una percepción activa en vez de la mera receptividad. El mundo que se presenta ante los ojos se asemeja a la proyección retiniana y es reconocido por el alma como algo que me es dado’19. Esto es, que existe por sí, sin que yo haya hecho nada para producirlo. Pero la percepción es más que esa simple presencia del mundo, pues, a través del mundo vaga la mirada, dirigida por la intentio (atención) centrando el foco de visión sobre un lugar en vez de otro. Así, el mundo que emerge de tal exploración perceptual no es, tan sólo, algo inmediatamente dado, depende también, de los deseos, de la memoria, de la “intentio”, de las preferencias individuales. Esto lo explica Agustín en De Quantitate Anima e2°, al decir que la visión no consiste sólo en una imagen inmediata en el órgano del sentido. Es decir, tiene que incluir más que eso, pues, si no fuera así, sólo podríamos ver nuestros propios ojos. Y esto por al menos dos razones: en primer lugar, está la distancia o referencia espacial implicada en el acto de ver; en segundo lugar, porque percibimos más de lo que la vista sola nos presenta, por ejemplo, inferimos el fuego, aunque nuestra imagen actual sea de humo. Siendo así, está claro que la percepción es, para Agustín, un tipo de conocimiento y una cierta forma de juicio. En efecto, esto se evidencia en el argumento agustiniano sobre el sobre el ’sentido interno’. Hay sensibles, nos dice, como el volumen o el movimiento, que no se pueden representar por medio de un solo sentido, sino que varios sentidos tienen que actuar en colaboración para poder percibirlos. El sentido interno tiene la labor de coordinar los datos sensibles de varios sentidos o sensibles comunes. Este sentido interno es superior a los externos, pero inferior a la razón. Es un tipo de juicio, que todavía no entra en la esfera de lo racional sino que pertenece a la sensación. Con este sentido percibimos, también, que esas sensaciones que llegan a través de diferentes sentidos, son sensaciones nuestras. En el sentido interno sentimos que sentimos. Agustín define la sensación como sigue: ”sensación es una pasión del cuerpo conocida en sí misma por el alma, ya que toda sensación es esto, y todo esto, a mi parecer, es sensación”. 21 Como la sensación, para ser tal cosa, tiene que ser “conocida en sí misma por el alma”, no sentiríamos si no poseyéramos un sentido interno. Así que la sensación no es sólo pasión del cuerpo, es también, y principalmente, actividad del alma y, si no fuera así, el hombre no sabría que siente. Por eso: ”hay sensación cuando el alma no ignora lo que el cuerpo padece”. 22 Al alma pertenece el sentir en virtud de su actividad. El alma es la causa de la sensación, mientras que el cuerpo es el medio pasivo. El sentido interno es también el lugar en donde las imágenes se muestran a la razón y ella interviene para alcanzar la ciencia de las cosas.

Entonces, las sensaciones son acciones del alma, son productos del alma. El alma interviene, desde el inicial acto de ver hasta la producción y almacenamiento de la similitud creada en el proceso.Ante una epistemología de este tipo nos planteamos dos problemas: primero, cuál es la función que puede todavía desempeñar el objeto físico en una teoría del conocimiento donde el alma parece contener todo lo necesario para obtener

Agustín define la sensación como sigue:
“sensación es una pasión del cuerpo conocida en sí misma por el alma, ya que toda sensación es esto, y todo esto, a mi parecer, es sensación”.21
Como la sensación, para ser tal cosa, tiene que ser “conocida en sí misma por el alma”, no sentiríamos si no poseyéramos un sentido interno. Así que la sensación no es sólo pasión del cuerpo, es también, y principalmente, actividad del alma y, si no fuera así, el hombre no sabría que siente. Por eso: “hay sensación cuando el alma no ignora lo que el cuerpo padece”.22

Al alma pertenece el sentir en virtud de su actividad. El alma es la causa de la sensación, mientras que el cuerpo es el medio pasivo. El sentido interno es también el lugar en donde las imágenes se muestran a la razón y ella interviene para alcanzar la ciencia de las cosas.
Entonces, las sensaciones son acciones del alma, son productos del alma. El alma interviene, desde el inicial acto de ver hasta la producción y almacenamiento de la similitudo creada en el proceso.
Ante una epistemología de este tipo nos planteamos dos problemas: primero, cuál es la función que puede todavía desempeñar el objeto fisico en una teoría del conocimiento donde el alma parece contener todo lo necesario para obtener directamente de sí misma el verdadero conocimiento y, segundo, si dicha gnoseología es un realismo teológico, más bien que uno ontológico.

En efecto, el alma agustiniana es receptáculo de la verdad a que aspira el conocimiento y esta verdad es reflejo de la Verdad que está en Dios. Para poder ver tal verdad en sí misma, el alma es iluminada con la luz de la Verdad de Dios. La teoría de la iluminación, además de explicar la visión interior de la verdad, añade un elemento divino al plano del conocimiento sensible. Para conocer un objeto físico, una vez que su imagen está en el sujeto, la razón, iluminada por la verdad impresa en el alma, tiene que comparar esa imagen con un modelo trascendente y más real que el objeto. También, hay que tener en cuenta que en el propio objeto físico se encuentran las semillas divinas que controlan su desarrollo, lo que Agustín denomina “razones seminales”. Asimismo, se halla en el objeto un componente inteligible que lo hace aprehensible por medio de la razón, que es un indicio de lo divino a lo cual imita. Estas son algunas ideas religiosas que Agustín introduce en su filosofía, dándole así a su realismo, como veremos, un cariz teológico.

2- La filosofla cristiana: relación entre razón y fe.

El concepto de filosofía cristiana es, en principio, contradictorio. Como dice Gilson, se trata de “una filosofía, es decir de una disciplina racional, pero que al mismo tiempo sería religiosa, esto es, cuya esencia o ejercicio dependería de condiciones no racionales”. 23 Pero, como la historia registra la existencia de filosofías cristianas, tenemos que aceptar que tal contradicción terminológica no es una condición ineludible que impida su aparición en una determinada época. Gilson define la filosofía cristiana como “toda filosofía que, aún cuando haga la distinción de los dos órdenes, considere la revelación cristiana como un auxiliar indispensable de la razón”. 24 Entendiendo por revelación cristiana el conjunto de verdades suprarracionales que Dios revela al hombre para que las acepte y las crea mediante la fe. La ciencia que se encarga de la verdad revelada es la Teología revelada, que no hay que confundir con la filosofía cristiana. 25 En efecto, las premisas en que se apoya la Teología revelada para elaborar su contenido son verdades reveladas, por eso, como dice Gilson, “si se parte de una creencia para deducir su contenido, nunca se obtendrá más que creencia” 26 En cambio, para la filosofía cristiana la fe y la razón pertenecen a dos géneros distintos, pues mientras que la razón nos provee de un conocimiento natural, la fe nos proporciona un conocimiento suprarracional, basado en la autoridad divina. Ahora bien, en la razón podemos distinguir dos funciones fundamentales (según Agustín y los demás filósofos cristianos): la razón inferior , que se ocupa del conocimiento científico y la razón superior , que trasciende el mundo sensible y contempla el inteligible. La razón superior conduce al hombre a la sabiduría y “constituye un válido interlocutor de la fe la cual, al igual que esa razón, versa sobre lo suprasensible” 27 . Así se establece un puente que conecta fe y razón, sin confundirlas, en virtud de sus objetos. La fe establece una “relación intrínseca” 28 con la razón sin convertirse en un elemento condicionador de la filosofía, sino en “una fuente que, desde Por un lado, la filosofia casi le llevó al escepticismo que dominaba el pensamiento Académico de su época, pero la lectura de los Elementa de Euclides le hizo ver que existía una verdad que podía ser encontrada. Por otro lado, la doctrina cristiana le proporcionó la verdad que anhelaba. adentro, alimenta no tanto la estructura del pensamiento filosófico sino su misma “obra de constitución”.” 29 La fe orienta a la razón en la elección de los temas que deben guiar sus reflexiones. El filósofo cristiano selecciona un tema sugerido por la fe y, luego, utiliza la razón para ver si puede obtener conclusiones que coincidan con su creencia. Pero sus premisas no son verdades de fe. 30 De hecho, la especulación filosófica puede discurrir sobre temas tan dispares como los sueños o la fe religiosa. Lo que importa es lo que se construye con esa referencia. 31

Una filosofía cristiana debe tener, para serlo, las siguientes características:

1.La fe orienta la investigación del filósofo hacia temas específicos (Dios, el alma y sus relaciones).

2.Toda filosofía cristiana se ordena sistemáticamente en torno a un centro que aglutina sus problemas fundamentales y ese centro es Dios.

3. todas las filosofías cristianas son filosofías del ser, todas ellas aclarando una o varias de sus propiedades trascendentales”. 32

4.Su método gnoseológico es el realismo. 33

En resumen, “toda filosofía cristiana es un pensamiento racional orientado por la fe, de carácter sistemático, de corte ontológico (sin que ello signifique, obviamente, que la filosofía cristiana se limite a la discusión metafísica) y realista en cuanto a su método de constitución gnoseológica”. 34

La filosofía cristiana de Santo Tomás es la filosofía cristiana por excelencia en cuanto Philosophia perennis, en cambio, la de San Agustín no está tan perfectamente

En efecto, San Agustín aspiraba a unir religión y filosofia en un solo proyecto como partes colaborando en la consecución de un único fin, y esto se evidencia en textos como este:

“Porque se cree y se pone como fundamento de la salvación humana que son una misma cosa la filosofia, esto es, el amor a la sabiduría, y la religión, pues aquellos cuya doctrina rechazamos tampoco participan con nosotros de los sacramentos”36

Pero la unión de filosofia y religión, para él, no implicaba la unión absoluta de fe y razón, más bien, las reconocía como diferentes formas de acción humana:

“Así, hay en el alma tres operaciones que parecen ser cada una continuación de la otra y que es conveniente discernir: entender, creer y opinar… Por lo tanto, lo que comprendemos se lo debemos a la razón: lo que creemos, a la autoridad; lo que opinamos, al error”.37

Entonces, la identidad entre religión y filosofia no consiste en la fusión de fe y razón, sino en dos formas de unión que podemos llamar la existencial y la metafisica38

Veamos primero qué entiende Agustín por filosofia. Filosofia es amor a la sabiduría39 y esta es posesión y contemplación de la verdad. El filósofo se esfuerza por encontrar la verdad, pero, como nos muestra la historia de la filosofia, no encuentra el camino. Esta es la opinión de Agustín, apoyada por su propia experiencia.

En primer lugar, religión y filosofia tienen la misma función existencial para el hombre, tienen la misma finalidad; a saber, alcanzar la verdad que conduce a la felicidad del alma. Son dos vías que llevan a un mismo lugar:

“Sabed ante todo que los filósofos en general perseguían todos una finalidad común; hubo entre ellos cinco partidos, cada uno con su particular doctrina. La aspiración de todos ellos en sus estudios, búsquedas, disputas y maneras de vida, era llegar a la vida feliz. Esta era la única causa de su filosofar, y juzgo que los filósofos van en esto de acuerdo con nosotros. Pues si os pregunto la razón de creer en Cristo y por qué os hicisteis cristianos, me responderéis todos unánimes en esta verdad: Por la vida feliz”.40

Aquí, religión y filosofia son dos medios para llegar a un mismo fin utilizando dos recursos que ambas reconocen: la autoridad y la razón.41
En segundo lugar, podemos hablar también de una identificación metafísica, según la cual religión y filosofia son dos etapas de una sola vía, que, no obstante, no se mezclan sino que colaboran entre sí, en una forma de relación intrínseca. La verdad que debe buscar la filosofia para encontrar la felicidad es la Verdad, Dios, a quien debe amar el cristiano para cumplir con su religión. La esencia de la verdad en Agustín está unida a la existencia, al punto que la relación entre los seres creados y su Creador constituye todo el ser de ellos, de ahí que entre la Verdad y la inteligencia que tiene que descubrirla, para obedecer a su propia naturaleza, exista una comunión estrecha. Agustín propone esta vía de salvación y de felicidad, reconociendo, especialmente, a Platón como uno de sus descubridores:

“Baste por el momento recordar que para Platón el bien supremo consiste en vivir según la virtud, y que esto sólo puede alcanzarlo quien tiene conocimiento de Dios y procura su imitación; según él, no hay otra causa que pueda hacerle feliz. Y así, no duda en afirmar que filosofar es amar a Dios, cuya naturaleza no es corporal. De donde se sigue que entonces es feliz el amante de la sabiduría (tal es el filósofo) cuando comienza a gozar de Dios. Aunque en realidad no siempre es feliz el que goza de lo que ama; hay muchos que son miserables por amar lo que no debe ser amado, y más miserables aún si llegan a disfrutar de ello; pero nadie es feliz si no goza de aquello que ama. Los mismos que aman lo que no debe ser amado, no piensan ser felices en el amor, sino en el gozo. Por lo tanto, quien goza de aquel a quien ama, y ama el verdadero y supremo bien, ¿quién, sino alguien muy depravado, negará que es feliz? A ese bien verdadero y supremo lo reconoce Platón como Dios; por eso dice que el filósofo es amador de Dios, a fin de que, como la filosofia tiende a la vida feliz, sea feliz gozando de Dios el que lo ama”.42

Para alcanzar las verdades el alma utiliza la razón, pero para conocerlas es necesario que ocurra una iluminación, pues conocerlas implica acceder a las verdades inteligibles que son suprasensibles43. Agustín no considera la razón como el principio del camino, por el contrario, es la fe tiene la que tiene como misión inicial preparar el camino para la razón, proveyéndole los temas de reflexión. A esta conclusión llegó por su propia experiencia, pues a través del uso de la razón no logró hallar la verdad que la fe le entregó. De ahí su propuesta: creer para saber. La fe busca para que el entendimiento pueda encontrar:

“Así se han de buscar las realidades incomprensibles, y no crea que no ha encontrado nada el que comprende la incomprensibilidad de lo que busca. ¿A qué buscar, si comprende que es incomprensible lo que busca, sino porque sabe que no ha de cejar en su empeño mientras adelanta en la búsqueda de lo incomprensible, pues cada día se hace mejor el que busca tan gran bien, encontrando lo que busca y buscando lo que encuentra? Se le busca para que sea más dulce el hallazgo, se le encuentra para buscarle con más avidez […j Busca la fe, encuentra el entendimiento”.44 Si la fe revela la verdad, ¿para qué sería necesario el uso de la razón, una vez que la verdad nos es revelada? En otras palabras: cuando se cree en una verdad, ¿para qué hay que entenderla?.

Agustín responde que la fe no es inteligencia, que ella nos enseña el camino hacia la verdad al mismo tiempo que lo acondiciona para que podamos entender, como dice Agustín:

“La fe, en efecto, es el peldaño de la intelección, y la inteligencia es la recompensa de la fe”.45

De hecho, Agustín en una oportunidad definió la fe como un acto del pensamiento, al que se concede asentimiento46 , es decir, como algo que es parte del proceso de pensar. Pero sin el entendimiento no se abren las puertas de la sabiduría. La sabiduría reclama al entendimiento que prolongue el acto de fe. Solamente el ignorante considera sabiduría a la fe sin la elaboración de la inteligencia.

Así se expresa Agustín:
“La intención del que busca es camino segurísimo hasta el momento en que se alcance aquello a lo que aspiramos y hacia lo que tendemos. Pero la intención, para que sea recta, ha de partir de la fe. La fe cierta es principio de conocimiento siempre”.47

Creer, entonces, para entender o entender para creer, Agustín dice:

“Pues ciertamente lo que ahora estoy hablando lo hablo para que crean los que aún no creen. Y, sin embargo, si no entienden lo que hablo, no pueden creer. Por lo tanto, en cierto modo es verdad lo que él dice: “Entienda yo y creeré” también lo es lo que digo yo con el profeta: “Más bien cree para entender”. Ambos decimos la verdad; pongámonos de acuerdo. En consecuencia, entiende para creer, cree para entender. En pocas palabras os voy a decir cómo hemos de entenderlo sin controversia alguna: Entienda para creer mi palabra; cree para entender la palabra de Dios.”48

La filosofia agustiniana cumple con las cuatro características que Gilson asigna a una filosofia que sea cristiana aunque su método gnoseológico realista sea el de las filosofias de la interioridad. La unidad que buscaba Agustín entre filosofia y religión era una unidad de colaboración entre dos vías de conocimiento que se relacionan intrínsecamente en la obtención de la sabiduría y de la felicidad que resulta de hallarla.

3- El realismo como método de la filosofla cristiana.
Gilson afirma que una de las características de una filosofia cristiana es que su método gnoseológico sea el realismo. ¿Será esto así en todos los casos?.
Para llegar a alguna conclusión sobre el tema, es necesario que aclaremos a qué nos referimos con los términos idealismo y realismo.

La contraposición idealismo-realismo no es un problema que Agustín se haya planteado, ni siquiera se conocían estas denominaciones en su época. Incluso el problema de los universales surgió mucho después de su muerte (en la escolástica del siglo XI).

Los términos ‘realismo’ e ‘idealismo’ se han usado desde su génesis con distintos significados. El vocablo ‘realismo’ comenzó a usarse a fines del siglo XV, refiriéndose a la antigua escolástica y en oposición al ‘nominalismo’. A partir de entonces, el realismo ha sido calificado y definido en las formas más diferentes. Por ejemplo, de Platón se ha dicho que es realista porque plantea la realidad de las ideas y, también, que es idealista porque lo que admite como realmente real son precisamente ‘ideas’. De hecho, podemos hablar de un realismo platónico que sostiene que el concepto universal posee un contenido que, independientemente del pensar humano, es real y que, incluso, es anterior a las cosas; y de un realismo aristotélico que afirma que el contenido del concepto universal está en las cosas.

Por otro lado, el término ‘idealismo’ fue creado a mediados del siglo XVII, precisamente para designar a la teoría platónica de las ideas, pero este significado dejó de usarse posteriormente.
Esta diversidad de criterios ha llevado a los autores a expresarse ambiguamente. De San Agustín se ha dicho, por ejemplo, que es Subjetivista, Racionalista, Realista, Idealista, e, incluso, Realista espiritualístico. Entonces, cuando nos inclinamos hacia alguna de estas posiciones tenemos que aclarar a qué problema filosófico nos referimos y dentro de qué marco referencial las consideramos. Para ello, repasaremos brevemente algunas posturas en tomo a la dicotomía realismo-idealismo y determinaremos con qué versión nos identificamos en este trabajo.
Palacios dice que el término ‘realismo’ tiene dos significados diferentes dependiendo de si se opone al ‘nominalismo’ o si se opone al ‘idealismo’. Si se opone al nominalismo: “El realismo es la doctrina de los filósofos que atribuyen realidad a los conceptos universales, a diferencia del nominalismo, que la niega”. Y si se opone al idealismo: “El realismo es la doctrina de los filósofos que atribuyen una realidad independiente al objeto de las sensaciones del mundo exterior, a diferencia del idealismo, que se la niega… aquí se trata de la realidad de las sensaciones”. En este realismo se aprehende el ser concreto, el ente que pertenece al mundo sensible y se afirma “una evidencia de la cosa sensible y visible, de la que debemos partir para juzgar de todas las demás”.49 Por su parte, el idealismo inicia su reflexión no sobre las cosas sino sobre el conocer mismo. “La aprehensión del ser,… se nos da, también ella, en una representación. No podemos llegar a captar una cosa en sí; tropezamos con la imagen de la cosa, y cuando queremos comparar esta imagen con la realidad, tenemos que valernos de otra, que nos plantea el mismo problema que la anterior, y así sucesivamente”, añade Palacios.

Por otro lado, García Morente considera que el origen del realismo se encuentra en la filosofia griega (específicamente en la filosofia de Parménides y sobre todo en la de Platón). Nosotros coincidimos con él, cuando afirma que la filosofia de Platón es realista y, en adelante, nos referiremos al término en este sentido. Morente explica que los neokantianos de la escuela de Marburgo (siglo XIX), consideraban a Platón el primer exponente de la filosofia idealista que ellos profesaban. Según ellos, las “ideas” eran unidades sintéticas del pensamiento que se imprimían en las sensaciones, ordenándolas para otorgarles sustantividad. En efecto, el idealismo neokantiano considera que las ideas platónicas son una simple posición del ser para el sujeto que piensa. Es decir, que el hombre posee un pensamiento sintético que le permite reunir la multiplicidad de sensaciones, a las cuales se enfrenta, en grupos y a estos les “confiere la plena realidad, la objetividad”. Esas unidades “las pone el pensamiento” y esas “posiciones del pensamiento” son “las ideas de Platón”50. La interpretación neokantiana introduce en el platonismo “la función de yo pensante como una función que pone el ser”51. En cambio, como dice Morente, los metafisicos griegos no buscaban la “posición del ser por el sujeto”, sino “el ser mismo”52 Y, aunque reconocían que la única manera de encontrar el ser era a través del pensamiento, entendían que el pensamiento no era más que una representación del ser que existe en sí mismo y por sí mismo.

Para Platón, las ideas son realidades que existen, son entes reales, que forman el mundo del ser en contraposición al mundo sensible del no ser, de la apariencia. Las cosas son lo que son gracias a que participan de las ideas que ‘son’ real y trascendentemente. Resumiendo, según Morente, “el realismo considerará siempre las categorías como elementos ontológicos del ser mismo. mientras que el idealismo considerará las categorías como unidades sintéticas del pensamiento”53

También nos parece muy adecuada la manera en la que Stefanini expresa la dicotomía ‘idealismo-realismo’54: “El problema fundamental en que la filosofia está empeñada parece derivarse de la siguiente alternativa: ¿Lo real sensible es convertible por completo en la racionalidad y en la idealidad pura? O, por el contrario, lo ideal y lo racional deben resolverse en lo real sensible, como epifenómeno o superestructura de éste? O, al revés, ¿la idea es un producto de la evolución de la especie, por el afinarse de la energía fisica en el cerebro del hombre? En conclusión ¿idealismo o realismo naturalístico.

En el caso de la filosofia cristiana, Gilson afirma que el filósofo cristiano es realista al menos por “vocación” y añade (en otro lugar) “siendo el mundo cristiano creación de Dios, no del hombre, la filosofia cristiana enfoca espontáneamente los problemas desde el punto de vista del objeto”55. Además, “el realismo medieval es muy distinto del realismo clásico o aristotélico”56, como señala Paván. El realista cristiano debe alcanzar un reino que no es parte de este mundo, el reino de Dios, pero sabe que en este mundo creado es donde puede encontrar el impulso necesario para lograrlo. Entonces, este mundo no puede ser una mera apariencia. El hecho de ser un mundo creado por Aquel que es le garantiza el ser aunque sea parcialmente. El realista platónico construye la ciencia, que debería ser de las cosas, a partir de las ideas supramundanas, pero el realista cristiano acepta “la evidencia del ser de las cosas como punto de partida para el conocimiento.”57

Según el idealismo el camino del conocimiento va de la mente al ser, en cambio, el realismo considera al ser independiente del conocimiento que el sujeto pueda tener de él. No importa el rumbo que elija el filósofo cristiano para alcanzar el conocimiento, si decide que el ser (que busca su pensamiento) está en las cosas creadas y lo extrae de ahí mediante una abstracción, gracias a la adecuación de la razón con la parte inteligible de los objetos, es realista. Si viaja a su interior para buscar una noción que reproduzca la esencia divina (el ser del objeto) que se refleja en la parte inteligible de un objeto, es realista. En ambos casos el ser es independiente del pensamiento que aspira a aprehenderlo y ninguno de los dos propone la existencia de un pensamiento creador del ser que se pueda imponer a las cosas.

Siendo, el ser, trascendente con respecto al sujeto que lo conoce, es imprescindible, para que el conocimiento sea verdadero, que se produzca una “adecuación real entre el ser del intelecto y el ser inteligible de la cosa”58 La adecuación y la cualidad inteligible de los objetos, son rasgos que caracterizan al realismo cristiano.

En resumen, toda filosofia cristiana es realista en su método gnoseológico.

Con respecto a la filosofia agustiniana, Sciacca escribe: “Los términos de realismo e idealismo utilizados para clasificar la gnoseología de Agustín adquieren en su base un significado totalmente propio. Se busca y encuentra la verdad: por lo tanto, realismo; la verdad es afirmada con el pensamiento y con él captada: en consecuencia, idealismo. Pero estamos frente a un realismo que no considera la verdad realísima como un dato inerte, casi una piedra depositada en el fondo inmóvil de la conciencia o colocado frente a ella, sino como vida, acción del Maestro interior, que es el Verbo, que es la Vida. El pensamiento ni pone ni crea la verdad (según enseña una forma de idealismo espurio que niega toda verdad y con ella el mismo pensamiento), sino que la descubre, la vive, la hace suya. Tampoco le queda otra alternativa: o vive de la verdad, o muere a la verdad y a sí mismo. Realismo, por lo tanto: verdad que es fuente de vida y ella misma vida; idealismo: verdad de un pensamiento, que vive de la partecipatio, del tactus con la verdad. La criatura se ilumina, subsiste, goza en la verdad, en la eternidad, en la bondad de Dios.”59

Veremos, después de recorrer la teoría del conocimiento de San Agustín, en cuál de estas alternativas podemos encuadrarlo.

4- Estructura de la Investigación.
Nuestra investigación recorrerá la Teoría del conocimiento de San Agustín, considerando especialmente la función que desempeña el objeto sensible en los diferentes niveles que componen su gnoseología. También pondremos atención a los lugares en que se filtra la teología como auxilio de la razón o como ‘autoridad’ para, finalmente, al determinar si Agustín es un filósofo idealista o realista, decidir si su realismo es o no teológico. Para ello, dividiremos el análisis en tres partes:

-El conocimiento del mundo sensible.
Antes de exponer la función del objeto sensible en este nivel de conocimiento, consideraremos, siguiendo los pasos de Agustín, si estamos ante alguna forma de conocimiento verdadero. Pues, si un conocimiento no es verdadero, no es conocimiento. Siguiendo los escritos de nuestro autor, veremos que, para él, la sensación tiene una cierta condición de veracidad actual: aun si los objetos materiales fueran diferentes de las representaciones que nuestros sentidos hacen de ellos, lo que no podemos negar es que la representación sensible es igual a sí misma y, por ello, es verdadera como la actual representación que nos hacemos, en un momento dado, de un objeto. Al decir que los sentidos no mienten Agustín no quería decir que las sensaciones bastan para hacer ciencia, ni que son el conocimiento absolutamente verdadero, inmutable, al que aspira el sabio; estaba, más bien reconociendo que las sensaciones tienen un valor cognoscitivo, que nada sabríamos del mundo sin la fuente del conocimiento sensible y que son como un primer estadio, como un incentivo, para obtener el conocimiento a que aspiraba.

Después de exponer los razonamientos mediante los cuales Agustín afirma que la sensibilidad es una forma de conocimiento, examinaremos el mundo de las imágenes que constituye su teoría de la sensibilidad. Veremos cómo define la imagen, cómo ésta se relaciona con el cuerpo que la contiene y con el sujeto que la recibe y cuáles son los tipos y las características de las imágenes. El concepto de siniiitudo servirá para entender la preponderancia dada al sujeto o al objeto en el proceso de sentir. Trataremos de determinar hasta qué punto el papel activo del alma en el conocimiento de los objetos sensibles afecta la presencia e importancia de estos. Para ello, describiremos las potencias del alma que intervienen en dicho proceso: la sensibilidad, la imaginación y la memoria.

-El conocimiento racional.
En este estadio, Agustín aplica una facultad cognoscitiva superior a los datos obtenidos del mundo inmediatamente inferior, el sensible. Esta es la razón. La filosofía agustiniana tiende un puente desde el mundo sensible hasta el inteligible al afirmar que los objetos sensibles están hechos conforme a un plan racional dotándolos así de inteligibilidad, es decir, que una parte de ellos puede ser objeto de una percepción intelectual. En otras palabras, hay en las cosas una estructura inteligible mucho más estable que le permite a la “razón inferior”, hacer ciencia de lo temporal y cambiante, una ciencia que es conocimiento práctico. Lo cual es otra prueba del realismo agustiniano.

Entonces, examinaremos el proceso interno de pensamiento en el que el objeto sensible ya no se encuentra como referente directo. Es un ámbito en el que se forman ideas a partir de ideas que vienen de imágenes. Veremos si en este grado del saber se alcanza el verdadero fin del conocimiento y si el objeto sensible deja de ser necesario aquí. También consideraremos la función activa de la memoria como ayudante imprescindible de la razón y las diferentes imágenes que resultan de la operación conjunta de ambas facultades. En este punto, enfatizaremos la permanencia en la memoria de la imagen que el alma forma de un objeto, la primera vez que este afecta al cuerpo. Esa imagen, que es una similitud del objeto sensible, no se altera en el proceso de rememorarla, más bien, el pensamiento la trae a su presencia y forma una nueva imagen que es una representación consciente del recuerdo (esta imagen sí es diferente de la primera), para combinarla y compararla, de modo que en la memoria siempre quede una versión que se aproxime lo más posible a la imagen del objeto y que pueda ser utilizada nuevamente.

Consideraremos aquí el concepto de substancia porque ésta es la dimensión inteligible del ente que debe alcanzar la razón. Como en Agustín ‘substancia’ y ‘ser’ son sinónimos, veremos qué entiende por estos términos, tanto en Dios como en las criaturas.

Sin los objetos, no podría el hombre hacer ciencia, ni siquiera desde el punto de vista de San Agustín. Pero sin la presencia en el alma de unas verdades supraempíricas, el mero conocimiento de las cosas no sería suficiente a la razón para realizar su trabajo científico. Corresponde a la razón superior encontrar tales verdades. En efecto, la razón cumple dos funciones: como razón inferior su misión es hacer ciencia de los objetos, es decir, construir una estructura conceptual estable de las cosas que están en continuo devenir sometiéndolas a leyes que nos permitan entenderlas y predecir su comportamiento; y como razón superior o inteligencia se ocupa de la contemplación de las verdades eternas que rigen el mundo como arquetipos de todo lo creado.

Los intérpretes de Agustín están en desacuerdo en este punto, unos afirman que el Obispo de Hipona se refiere a una misma función del alma con dos grados: el grado del control y de la organización de lo múltiple y el grado de la intuición de la unidad, es decir el grado inferior y el superior de la razón. Otros hablan de la existencia en los textos agustinianos de dos facultades distintas con esferas de acción diferentes aunque complementarias: la razón y el entendimiento (o la inteligencia).

Mostraremos ambos puntos de vista pero, en todo caso, expondremos el conocimiento que se alcanza a través del entendimiento o de la razón superior: la intuición o visión presencial de las primeras nociones, o primeros principios, que se encuentran a priori en el alma del hombre y que son necesarios para la formación de cualquier juicio. Veremos si tales nociones son ‘contenidos’ o ‘formas’ del conocimiento y en qué sentido podemos hablar de un uso agustiniano del a priori

La razón superior precisa de una forma de iluminación que proviene de Dios para ejercer su función y ese es el tema que consideraremos en la tercera parte de este trabajo.

-La iluminación de la razón.
Consideraremos la teoría agustiniana de la iluminación y su acción en (y desde) esta esfera de conocimiento. Aquí veremos distintas interpretaciones que se han hecho sobre esta teoría agustiniana: la interpretación ontologista según la cual, si vemos la verdad a la luz de Dios, la vemos en Dios; la interpretación según las Ideas innatas en sentido platónico y en sentido no platónico; y, especialmente, nos detendremos en la interpretación a partir de la abstracción. Explicaremos que Agustín no hace uso de la abstracción, ni como método, ni como término, en ninguna de las etapas del conocimiento y que cuando algunos intérpretes, como el padre Boyer, afirman que San Agustín utiliza la abstracción, es, tan sólo, para enfocar la gnoseología agustiniana desde una perspectiva aristotélica. Examinaremos las novedades que San Agustín introdujo en una teoría que ya existía, para convertirla en una herramienta posibilitadora del conocimiento y de clara inspiración cristiana. La iluminación alcanza todas las etapas del conocer humano, inclusive la sensación. Este recurso agustiniano es, como veremos, otra prueba de su realismo cristiano.

Notas

· 1 Gilson, Étienne, El Espíritu de la Filosofía Medieval , Madrid, Rialp, 1981, págs. 232 y 233.

· 2 De div. Quaest. 83 , qu. 9, Obras de San Agustín, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos,1979.

· 3 Gilson, 1981, pág. 233.

.4 Soliloquios I, 2, 7.

· 5 No conocemos a Dios, a la verdad, por medio de la fe exclusivamente.

· 6 No tenemos un conocimiento directo e inmediato de Dios: descubrimos la verdad acerca de Dios, de sus leyes y de su creación, en nosotros.

· 7 Es decir, la centralidad de la idea de Dios en la filosofía agustiniana, no sólo como punto de llegada del espíritu sino también como punto de partida.

· 8 La norma judicatoria del filósofo cristiano es colocada en su memoria por Dios, en forma de contenidos lógicos que son una imagen de las ideas perfectas de la razón divina.

· 9 Paván, Carlos, Existencia, razón y moral en Étienne Gilson, Caracas, Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, 2000, pág. 38.

· 10 Es en este estadio del conocimiento donde podría pensarse que Agustín es idealista, según el concepto actual de idealismo, como dice Gilson y ya citamos al principio: el examen de la cuestión de la función del objeto físico en la teoría del conocimiento “llevó al pensamiento medieval tan cerca como es posible de lo que hoy llamamos idealismo”. Gilson, 1981, págs. 232 y 233.

· 11 La Nueva Academia había caído en el escepticismo y contra el escepticismo Agustín escribe los tres libros Contra los Académicos. Hacía poco tiempo que se había convertido al cristianismo, y mientras que su primera labor como cristiano fue refutar “los errores y herejías de los maniqueos, así, casi al mismo tiempo, su primer cuidado de filósofo es refutar el escepticismo de la Nueva Academia”. Pues “El escepticismo es un bloque que se opone a cuantos quieren filosofar, esto es, a cuantos, con todas sus propias fuerzas, desean conocer la verdad”. Sciacca, Michele, San Agustín, Barcelona, Ed. Miracle, 1957,págs. 154 y 155.

· 12 “un conocimiento es verdadero cuando posee caracteres que lo hacen inconfundible con lo falso”. Contra Acad., III, c.9, núm. 18.

· 13 De vera religione, c. 39, núm.73.

· 14 Contra los Académicos, III, caps. 1314,núms. 2931.

· 15 De Trinitate, XIV, 5, 7.

· 16 De Trinitate, XIV, 5, 8.

· 17 Este es el pilar fundamental de su realismo. El conocimiento verdadero no es el producto subjetivo del pensamiento del hombre, sino que depende de una Verdad superior que lo trasciende. Y sin esa Verdad no puede pronunciar ni siquiera el cogito . La Verdad que haya el filósofo es el Dios que existe y que se encuentra por la fe. “A Ti invoco, Dios Verdad, en quien, de quien y por quien son verdaderas todas las cosas que son verdaderas” Solil., I, 1. “La vida feliz es gozo de la verdad, es decir, es gozar de Ti, Dios, que eres la Verdad” Conf., X, 23.

· 18 De Quantitate Animae XXIII, 43.

· 19 El otro pilar del realismo agustiniano es el mundo como algo externo al sujeto y que no depende de que este lo conozca o lo interprete. El mundo es porque participa del ser de Dios.

· 20 De Quantitate Animae XXIII, XXIV y XXV.

· 21 De Quantitate Animae, XXV, 48.

· 22 De Quantitate Animae, XXIII, 41.

· 23 Gilson, Étienne, El Espíritu de la Filosofía Medieval, Madrid, Rialp, 1981, p.19.

· 24 Gilson, É., 1981, pág. 41.

· 25 Paván, C., 2000, pág. 25.

· 26 Gilson, É., 1981, pág. 40.

· 27 Paván, C., 2000, pág. 27.

· 28 Paván, C., 2000, pág. 36.

29 Paván, C., 2000, pág. 36.
30 Como dice Gilson: “Lo que se pregunta simplemente el filósofo cristiano es si, entre las
proposiciones que él cree verdaderas, no hay cierto número que su razón pudiera saber verdaderas. Mientras el creyente estriba sus asertos sobre la convicción íntima que su fe le confiere, permanece puro creyente y aún no ha entrado en el dominio de la filosofia; pero en cuanto halla entre sus creencias verdades que pueden llegar a ser objetos de ciencia, se convierte en filósofo. Y si esas luces filosóficas nuevas se las debe a la fe cristiana, se convierte entonces en un filósofo cristiano.” Gilson, E., 1981, pág.40.
31 “El origen del pensamiento filosófico en nada afecta su valor. El filósofo puede especular a partir de un mito, o de una fe religiosa, o de un sueño, o de una experiencia personal afectiva, o de una experiencia social colectiva, poco importa; lo único que cuenta es lo que justifica su razón”. Gilson, E., El filosofo y la teologia, trad. Cast. De G. Torrente Ballester, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1962, p. 223. En Paván, C., 2000, pág. 38.
32 Gilson, É., Introduction ¿ la phiiosophie chretienne, París, Vrin, 1960, pp. 91s. Citado en Paván, C., 2000, pág. 43.
33.Paván, C., 2000, págs. 43 y 44.
34Ibid.

35.Paván, C., 2000, pág. 65.
36 De Vera Religione, V, 8.
37De utilitate credendi, XI, 25.
38 García-Junceda , J. A., 1986, págs. 107-1 12.
39. “Si uno se fija, el nombre mismo de filosofia expresa una gran cosa, que con todo el afecto se debe amar, pues significa amor y deseo ardoroso de la sabiduría”. DemoribusEcci Cath., I 21.

40 Sermon,150,4.
41 “Falta ahora que exponer las normas con que han de instruirse los que ya aprendieron a vivir.
Dos caminos hay que nos llevan al conocimiento: la autoridad y la razón”. De ordine, II, 9.

42 De ci iitate Dei VIII, 8.

43.“Porque las potencias del alma son como los ojos de la mente; y los axiomas y verdades de las ciencias aseméjanse a los objetos, ilustrados por el sol para que puedan ser vistos, como la tierra y todo lo terreno. Y Dios es el sol que los baña con su luz”. Soliloquios, 1, 6.
44.. De Trimtate, XV, 2.

45.Sermoni26,i.
46 Depraedestinatione sanctorwn II, 5.
47.DeTrimtate,IX, 1.
48 Sermon43,9.

49.Palacios, Leopoldo, Estudio preliminar” en: Gilson, É., Realismo Metodico, Madrid, Ediciones Rialp, S.A., 1950, págs. 13-19.
50 García Morente, Manuel, Lecciones preliminares de fil osofia, Bogotá, Ediciones Nacionales,1938, pág. 102.
51. Ibid.
52Ibid.
53. García Morente, M., 1938, pág. 123.
54.Stefanini, Luigi, “El problema de la persona en S. Agustín y en el Pensamiento contemporáneo”, en Augustinusl, 1956-2 Abril a Junio, págs. 140-151.

55. Gilson, É., El Realismo Metodico, Ediciones Rialp, S.A., Madrid, 1950, pág. 126. 56 Paván, C., 2000, pág. 63.
56.Paván, C., 2000, pág. 64.
57.Paván, C., 2000, pág. 61.

58.Sciacca, Michele Federico, San Agustin, Barcelona, Ed. Miracle, 1957, pág. 273.

60Así expresa Alcorta, intérprete de Agustín, la relación entre conocimiento y verdad: “La verdad es la manifestación que expresa y constituye la naturaleza del conocimiento… Si hay conocimiento hay verdadero conocimiento en aquello que expresa el conocimiento, para ser verdadero conocimiento de aquello expresado en él”. Alcorta, José I.,’El ser y el conocimiento”, en Augustinus VI, 1961, 21, pág.71.

Continúa…

Alerta por el temporal… en Marte

Alerta por el temporal… en Marte

Posted:18 Apr 2009 01:38 AM PDT

La NASA está en alerta por el temporal que se avecina en Marte, donde sus rovers siguen trabajando para ayudarnos a conocer un poco mejor los secretos del planeta rojo.

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Aunque de momento, no hay de qué preocuparse porque la NASA va por delante del tiempo meteorológico gracias a los informes de los propios rovers. Se cree que Spirit y Opportunity, los dosrovers que hay sobre la superficie marciana, sufran tormentas de polvo durante esta época del año.

El 21 de abril será el día en el que Marte se encuentre en el perigeo de su órbita, esto es, en el punto más cercano al Sol, en su año de 23 meses terrestres. Un mes más tarde, el equinoccio del planeta marcará elcomienzo del verano para el hemisferio sur del planeta. El calentamiento atmosférico provocará, seguramente, tormentas de polvo lo suficientemente severas para que las actividades de losrovers se vean disminuidas.

“Como los rovers se potencian con energía solar, el polvo en la atmósfera tiene gran importancia para nosotros”, dijo Bill Nelson, de la NASA. Más de uno se preguntó si el extraño fenómeno que hizo que el ordenador del Spirit se reiniciara hace unos días tuviera que ver con el polvo, aunque la NASA ha desechado esa posibilidad.

Después de meses de relativa calma, la energía de ambos rovers puede caer hasta el 20% o el 30%, como sucedió en marzo debido a un fenómeno similar. Sin embargo, ambos rovers ya han pasado por cosas semejantes, ya que en julio de 2007 tuvieron que lidiar con una tormenta que eliminó el 99% de la luz directa del Sol.

Fuente | ScienceDaily |espaciociencia.com

La historicidad de la resurrección de Jesucristo

La historicidad de la resurrección de Jesucristo

“La fe de los cristianos –escribió en el siglo V San Agustín– es la resurrección de Cristo. No es gran cosa creer que Jesús ha muerto; esto lo creen también los paganos; todos los creen.
Jesús de las Heras Muela

Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado”. Y esta fe de la Iglesia –la piedra angular sobre la que sostiene la Iglesia y la esperanza de la humanidad– es lo que acabamos de celebrar en Semana Santa y lo que ahora durante cincuenta días podemos y debemos seguir celebrando y degustando.

Además esta creencia no es vana, ilusoria o acientífica, sino que se basa en relatos de la primerísima hora del cristianismo y en el incontestable testimonio de cómo aquel minúsculo, aterido y despavorido grupo de seguidores de Jesús se convirtió en pocas décadas después en la mayor y más decisiva fuerza religiosa y social de la historia. Si Cristo no hubiera resucitado, los romanos y los judíos habrían podido descubrir su cadáver o la falsificación sobre su tumba vacía y la creencia en su resurrección. Nadie más interesado que ellos al respecto. Y no lo lograron.

No obstante, una determinada cultura, con expresiones en la literatura y en cine, llevan algunos años impugnando y ridiculizando esta verdad. Un ejemplo reciente de ello –un tanto patético, por cierto- lo ha constituido un documental de James Cameron.

“La tumba de Cristo” de James Cameron

En una nueva farsa publicitaria, en un nuevo engaño mercantilista, hace un tiempo apareció el documental titulado “La tumba de Cristo”, producido y emitido por Chanel Discovery TV y dirigido por James Cameron, el director de la laureadísima “Titanic”, espléndido filme que a todos nos conmovió. Este documental, sin embargo, es una mentira, una patraña sobre la supuesta tumba de Jesucristo, de su también supuesta mujer María Magdalena y el hijo de ambos, llamado Judas. Se trata de una nueva falsedad, de un grave timo a la arqueología, a la historia y a la religión y al más elemental sentido común y, ante todo, de una nueva manifestación de la ilimitada capacidad de engañar y de estafar con todo el descaro del mundo con tal de sacar dinero y de lograr notoriedad pública. Esta es la “película” de hechos:

1.- El lunes día 26 de febrero, en el contexto de la entrega de los Oscar y en el inicio de la cuaresma cristiana, James Cameron anunciaba a bombo y platillo que el domingo día 4 de marzo se estrenaba en la Canal televisivo Discovery un documental, dirigido por él, sobre la tumba de Jesucristo.

2.- Dicho documental, supuesto fruto de cinco años de trabajo, llevados en el más riguroso de los silencios, demostraría además no sólo la existencia de la tumba de Jesús y sus restos mortales, sino también los osarios de una mujer llamada María Magdalena, un niño llamado Judas y los restos que otras personas, que podrían ser la madre y los hermanos de Jesús.

3.- Como toda prueba científica para verificar tal despropósito, se aducían las inscripciones en las tumbas de los citados nombres –eso sí, sin más apellidos ni señas– y unas genéricas constataciones acerca de la datación de las tumbas y de los osarios, que podrían remontarse a hace dos mil años, más o menos.

4.- Con tan peregrinas verificaciones, James Cameron anunciaba que su documental demostraba, de un lado, la existencia histórica de Jesús –¡gracias, Cameron…!– y, de otro lado, que estuvo casado con María Magdalena –faltaría más– y que tuvo un hijo, llamado Judas, faltaría también más y claro, no una hija llamada Sara como los años pasados hubimos de soportar de los bodrios novelísticos y fílmicos de Dan Brown.

5.- Inmediatamente después del anuncio de James Cameron, quien al ganar hace una decena de años un montón de Oscar con “Titanic” se autoproclamó el rey del mundo y quien ahora sí que va a naufragar y naufragar del todo, el arqueólogo judío que en 1980 descubrió la tumba calificó de imposibles las tesis de Cameron, a las que descalificó rotundamente, tildándolas de puros reclamos publicitarios y mercantilistas. En la misma línea, se pronunciaron otros muchos arqueólogos e historiadores.

6.- Entre los argumentos que barajaban estos arqueólogos serios, se hallan la multitud de inscripciones que llevan el nombre de Jesús, la improbabilidad de que un galileo se hubiera enterrado en Jerusalén, las falsificaciones de los últimos años en estas materias ya que cada poco tiempo aparecen tumbas nuevas y maravillosas y el poco rigor del trabajo del equipo de Cameron.

7.- El secretario de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra, por su parte, calificó de arqueología fantasiosa, de falseamiento de la historia y reconstrucción puramente mediática y comercial el “hallazgo” y la película de Cameron, a la que califica de “especulación absurda e interesada”.

Las razones que avalan la Resurrección

Si todos estos argumentos ya deberían bastar para desmontar y olvidarnos de este nuevo invento e injuriosa mentira, los cristianos debemos saber más y debemos tener más razones todavía para su rechazo y para garantizar la historicidad de la resurrección:

1.- Claro que Jesús de Nazaret fue un personaje histórico, dos años mil antes de que James Cameron necesitara dinero fresco y se reinventara su historia.

2.- Claro que Cristo murió y que fue sepultado, eso sí en la actual basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, tal y como demuestran la más seria y rigurosa de las arqueologías modernas.

3.- Cristo resucitó y la resurrección es un hecho metahistórico, pero cierto e indudable tal y como prueban el sepulcro vacío, las apariciones, los persistentes testimonios cristianos del primerísima hora, la no impugnación del hecho por parte de sus contemporáneos, la transformación posterior de sus apóstoles y discípulos, la sangre de tantos mártires, los criterios de las múltiples fuentes, la convergencias y congruencias de los testigos y de los relatos, lo insólito y definitivo del anuncio y tantas y tantas otras razones.

4.- Son un “camelo” y una grave falta de respeto y de dignidad los continuos “rollos” sobre si Jesús se casó o dejó de casarse con María Magdalena, tema sobre el que no tenemos ningún prueba ni indicio medianamente aceptable, sino todo lo contrario.

5.- Cristo resucitó y, por ello, su tumba estuvo y está vacía, no hay huesos ni restos, ni ADN, ni nada de nada, porque Cristo vive.

6.- La historia de la Iglesia y del cristianismo, con sus luces y con sus sombras, con sus santos y con sus pecadores, es también prueba irrefutable de que Cristo vive, de que resucitó.

7.- Por ello, todo ello, proyectos e iniciativas como la de Cameron son una un delirio de grandeza, un insulto a la inteligencia, una falta de respecto a los cristianos de nuestra hora y de toda la historia y un indisimulado afán de búsqueda de dinero, de notoriedad y de manipulación interesada. Cameron se lo pierde y a este nuevo “Titanic” suyo de “La tumba de Jesús” no lo sacará nadie de las profundidades del océano de la vulgaridad, del mercantilismo y de la estupidez.

Y son, además, otra constatación de la existencia, de la grandeza y de la misma resurrección del Señor, porque de lo contrario no merecería ser objeto de tanta polémica.

Fuente:http://www.fluvium.org/textos/historia/his123.htm

¿Cómo puede un Dios de amor mandar exterminar pueblos enteros?

Preguntas recibidas

¿Cómo puede un Dios de amor mandar exterminar pueblos enteros?

Pablo Santomauro

Pablo Santomauro

Estimado Hermano Pablo Santomauro:

Recientemente fui desafiado por un conocido que sostiene que Dios es un Dios vengativo y cruel, al menos en el Antiguo Testamento. Esta persona señaló algunas de las instancias en las cuales Dios ordenó la muerte de pueblos enteros, incluidos los niños, y finalizó su planteo preguntando: ¿Cómo es posible que los cristianos adoren un Dios que ordena la muerte de niños inocentes? Mi pregunta es, ¿qué clase de defensa puedo presentar yo ante tales argumentos?

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Estimado hermano:

En efecto, no podemos negar que el Antiguo Testamento presenta imágenes que son chocantes para la mente moderna y al mismo tiempo ignorante del contexto cultural y las coordenadas históricas de los relatos bíblicos.

Sabemos que Dios ordenó en Deuteronomio 7 que los israelitas destruyeran totalmente a los cananeos y otras seis naciones, y que no tuvieran misericordia en el proceso. Si retrocedemos un poco en la historia, podremos ver que Dios también ordenó la ejecución de todos los primogénitos egipcios. Ni mencionemos el hecho de que Dios ahogó en el diluvio un número extraordinario de personas. En 1 Samuel 15:3, Dios les dice a los israelitas: “Ve, pues, y hiere a Amalec (los amalecitas) y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos”. ¿Se oyen como palabras de un Dios violento y brutal más que un Dios de amor, verdad? ¿Cómo puede un Dios de amor mandar exterminar pueblos enteros?

Personalmente, nunca consideré que es tarea de los cristianos justificar las acciones de Dios delante de los paganos modernos,  que difícilmente plantean objeciones honestas y que en realidad explotan los relatos de la Biblia para atacar un Dios y un libro en los cuales no creen. Por lo general, y entendiendo que corro el riesgo de bordear en la arrogancia, ante estos planteos yo respondo: “Si yo fuera usted me cuidaría porque su turno puede llegar en cualquier momento”. Claro que se me ha dicho que no haga eso, sino que en lugar de ello les hable del amor de Cristo. En esos casos agradezco la sugerencia pero les hago saber que mi experiencia me ha enseñado que las personas que plantean este tipo de desafío, están fuera del radio de alcance del evangelio, al menos por el momento.

Por lo antedicho, y porque jamás me he inclinado hacia una apologética sensiblera, considero que es una pérdida de tiempo tratar de contestar estos retos del inconverso. Sin embargo, respeto la aproximación de otros hermanos que han optado por defender las acciones de Dios. A continuación, para su beneficio, y reconociendo que puede existir un margen para este tipo de defensa, paso a sintetizar brevemente los argumentos que modernos apologistas de reputación muy superior a la mía, han desarrollado ante el desafío que usted encontró, aclarando que en mi modesta opinión, el tipo de apologética de estos hermanos es efectiva solamente para el cristiano que tiene dudas, no para el infidel que plantea las objeciones.

Estos  apologistas sostienen que los hechos narrados en el Antiguo Testamente muestran que el carácter de Dios es santo, absolutamente santo, y que por lo tanto él tiene que castigar el pecado y la rebelión. Dios es un Dios justo; justicia perfecta es la misma esencia de su character, pero al mismo tiempo es un Dios de misericordia.  Si alguien desea escapar su juicio, Dios provee la oportunidad.

Los amalecitas

Tomemos el ejemplo de los amalecitas. Esta gente estaba lejos de ser inocente, muy lejos. No se trataba de gente amable precisamente; en realidad eran depravados hasta la médula. Su objetivo era destruir a Israel. En otras palabras, su misión era cometer genocidio. Además de ser malvados por excelencia, consideremos lo que estaba en juego. Los israelitas eran el pueblo escogido por medio del cual Dios traería Salvación al mundo entero a través de Jesucristo.

La destrucción de esta nación era necesaria en virtud de la gravedad de su pecado. De haber sobrevivido un remanente, con el tiempo hubieran reanudado su agresión contra Israel y contra el plan de Dios. Estamos hablando de gente guerrera, persistente y viciosa. Para mostrar esto sólo hace falta decir que durante el Exodo acosaban a la retaguardia de los israelitas y asesinaban cobardemente a los más vulnerables de entre ellos — los débiles, los ancianos, y los discapacitados que quedaban retrasados en la marcha (Dt. 25: 17-19).

El objetivo de los amalecitas era acabar hasta con el último de los israelitas sobre la faz de la tierra (al igual que el deseo de los palestinos hoy en día, dicho sea de paso). Dios podría haber tratado con ellos mediante un desastre natural, pero sin embargo escogió a los israelitas como instrumento de Su juicio. Dios tomó cartas no sólo en defensa de los israelitas, sino que últimadamente lo hizo por el bien de todos aquellos a través de la historia cuya salvación sería provista por el Mesías que nacería de entre los judíos.

El caso de los cananeos

En Deuteronomio 7 Dios ordenó que los israelitas destruyeran totalmente a los cananeos y otras seis naciones, y que no tuvieran misericordia en el proceso.

Veamos primero algo que los críticos regularmente pretenden no ver. Se trata de las prácticas religiosas y morales de estos pueblos. La Biblia menciona cinco:

1. Sacrificio de niños (algunos pasados por fuego)
2. Incesto
3. Bestialismo
4. Homosexualismo
5. Prostitución religiosa de ambos géneros

¿Existe alguna información extra-bíblica que confirme el material bíblico?

Tristemente sí. El sacrificio de niños así como las otras prácticas han sido fehacientemente documentados por medio de los descubrimientos arqueológicos y  un abundante material es fácilmente accessible en la red de internet hasta en forma de video (ej: http://www.hitred.com/videos/documentales/carthago-la-puerta-del-mar.htm). Si usted desea información sobre estas prácticas de los cananeos, no dude en consultarme.

¡Pero los niños ….!

Los críticos siempre hacen hincapié en la muerte de niños. “¿Por qué tuvieron que morir los inocentes niños? protestan. A esto, algunos apologistas cristianos responden con una serie de argumentos:

Primero, alegan que nadie es en realidad verdaderamente inocente. La Biblia expresa en el Salmo 51 que todos nacemos en pecado, es decir, con la propensidad al pecado y la rebelión.

Segundo, debe considerarse que Dios es soberano sobre todo lo que tiene vida. Dios creó la vida y por lo tanto tiene el derecho de tomarla. Si alguien puede crear vida, por ende tiene también el derecho de quitarla. Si por el contrario, usted no puede crear vida, tampoco tiene el derecho de destruirla.

Tercero, la gente supone que lo que es erróneo para nosotros también lo es para Dios. Sin embargo, es erróneo para mí tomar la vida de alguien porque yo no la creé y no soy dueño de ella. Ilustración: es erróneo que yo entre en su jardín y corte todas sus plantas y flores, las destruya o las transplante en otro lado. Sí puedo hacer eso en mi propio jardín, por la razón de que soy dueño de mis plantas y arbustos. De la misma forma Dios es soberano sobre toda vida y tiene el derecho divino de tomarla cuando lo considere apropiado. En realidad, tendemos a olvidarnos que Dios toma en definitiva la vida de todo ser humano. La única incógnita es cuándo y cómo, lo que es enteramente a su discreción.

Cuarto, se debe considerar que los niños amalecitas no tenían ninguna esperanza en medio de una cultura depravada y violenta. La contaminación de la nación progresaba al igual que la gangrena avanza en la pierna de una persona (Lv. 18: 21, 24-26). Dios tuvo que amputar porque de lo contrario la gangrena se hubiera extendido con consecuencias fatales. En un sentido, la acción que tomó Dios fue un acto de misericordia. Además, las prácticas de estas naciones como el homosexualismo y el bestialismo, traían aparejadas enfermedades venéreas incontrolables en aquella época. Ante esta decadencia moral horripilante, ¿qué futuro podía tener un niño en esa cultura? Si recordamos que la Biblia enseña que los niños que no han llegado a la edad de responsabilidad, al morir van directamente a la presencia de Dios, tenemos que reconocer que la muerte de esos niños a manos de otra nación es un acto de la misericordia de Dios.

Quinto, también se debe tener en cuenta que Dios le dio a los pueblos de Canaán 400 años para arrepentirse de sus maldades. La gente de estas tierras tuvo todas las oportunidades posibles de modificar su conducta. De acuerdo con Génesis 15:16, durante los tiempos de Abraham, Dios dice que aun no ha llegado al colmo la maldad del amorreo (nombre usado genéricamente para designar los habitantes de Canaán). Según ciertos cálculos, en el caso de los amalecitas, la destrucción llegó alrededor de 500 años después de lo narrado en Génesis 15:16. ¿Son 500 años suficiente tiempo para arrepentirse?

Concluyo mi respuesta reiterando que todos estos argumentos en defensa de Dios pueden ser muy convincentes para aquella persona que ya conoce de Dios y tiene un respeto básico hacia la Biblia, y aun para cristianos que abriguen dudas. En el caso de los críticos y escépticos, cuestiono su eficacia, pero dejo abierta la posibilidad de que posean algún valor positivo, aunque yo no veo a Dios en la Escritura tratando de justificar sus  juicios.

Dios le bendiga.

Pablo Santomauro

El idealismo como solución al problema del ser es un fracaso.

El  idealismo como solución al problema del ser es un fracaso.

Conocimiento idealista metafísico
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«En filosofía, idealismo designa las teorías que —en oposición al materialismo— sostienen que la realidad extramental no es cognoscible tal como es en sí misma, y que el objeto del conocimiento está pre formado o construido por la actividad cognoscitiva.

En un sentido radicalmente distinto, se denomina a veces idealismo a la teoría platónica de que las ideas (la forma inteligible de las cosas, comparable a la esencia en el sentido aristotélico del término) existen separadamente de los objetos en un mundo inteligible.»[1]

«En la historia del transcurso del pensamiento filosófico el idealismo es una variante fundamental de esa historia. Es la actitud del filósofo que no se conforma con lo que en apariencia, “hay”. Postula mejor una realidad superior inextricablemente ligada a la estructura intrínseca de la conciencia humana.

No es en modo alguno la actitud espontánea de la existencia individual. Es una actitud a la que trabajosamente se ha llegado en la historia, y a la que no muchos hombres pueden acceder, chocando con la dificultad de encontrar en la conciencia, un mediador, entre objeto y sujeto.»[2]

Platón

idealismo

(De ideal e -ismo).

1. m. Aptitud de la inteligencia para idealizar.

2. m. Condición de los sistemas filosóficos que consideran la idea como principio del ser y del conocer.

Fuente: Diccionario de la Real Academia Española

Filosofía: Aunque el término ‘idealismo’ es bastante común para referirse a las ideas platónicas y neoplatónicas, desde la perspectiva de la teoría de los universales, los filósofos de inspiración platónica son en rigor, ‘realistas’, por tanto las ideas poseen una existencia ‘real’.

El rasgo central del idealismo es no tomar como punto de partida el ‘mundo exterior’ sino el ‘yo’ (el ‘sujeto’ o la ‘conciencia’). De este modo, la conciencia es entendida como ‘ideadora’.

Para el idealismo, ‘ser’ significa ‘ser contenido en la conciencia’. El idealismo es por lo tanto, un modo de entender el ser. Pero ésto no significa estrictamente reducir la realidad a la conciencia del sujeto. Algunas posiciones idealistas no niegan necesariamente la existencia de la realidad aún cuando la consideren determinada por el sujeto.

Se suele considerar idealistas a Descartes, Malebranche, LeibnizKantFitcheSchelling yHegel.[3]

El  idealismo como solución al problema del ser es un fracaso.

«El Idealismo es una actitud negativa respecto de la existencia del ente real. Es una actitud óntico-gnoseológica, puesto que relaciona la validez del conocimiento humano con la realidad de los objetos. Aquí consideramos el Idealismo desde un punto de vista puramente metafísico, como posición filosófica opuesta al Realismo metafísico.

En el siglo XIV, es decir, en plena Edad Media, Nicolás de Autrecourt (1300-1350) aparece como un precursor del Idealismo de la edad moderna: pone en duda el valor objetivo del principio de causalidad, de las pruebas de la existencia de Dios, del concepto de sustancia. Algunas de sus afirmaciones las propondrán con otras palabras Hume y Kant, idealistas por diversos conceptos. Admite sin vacilación la certeza del principio de (no) contradicción, el cual versa sólo sobre la existencia de las cosas, pero no nos hace conocer su esencia. Los únicos conocimientos ciertos son los que pe reducen al principio de (no) contradicción. En cuanto al carácter de validez de nuestros juicios, la tendrán si son rigurosamente analíticos (en sentido kantiano), es decir, si en ellos el predicado se identifica con el sujeto.

[...] El Idealismo y su hermano gemelo el Fenomenismo son típicas corrientes filosóficas del siglo xviii. Se interesan sólo por las “ideas”, por los “fenómenos de conciencia”, por las “imágenes” elaboradas en nuestro interior, por las “vivencias”. La “realidad” que pueda corresponder a las ideas y a los fenómenos, o no interesa, o es admitida con muchas dudas, o es totalmente negada, o de ella se afirma categóricamente que es imposible demostrarla; porque todos estos matices, y muchos otros, caben dentro del Idealismo fenomenista.

Para el idealista no existen más que las vivencias; vivencias que experimento yo.[...] Todo esto sí tiene sentido, puesto que lo compruebo directamente en mí mismo; más de eso no sé si existe. Vivencias que “objetiven algo”, sí; “objetos reales” que respondan a las vivencias, no.

El ente se reduce al pensamiento: pensamos que hay entes, y como pensamos que hay entes, pensamos que realmente existen esos entes. De que pienso, no cabe duda, dice el idealista; de que hay un contenido al cual se refiere mi pensamiento, tampoco dudo; pero de que realmente exista fuera de, mí, fuera de mí pensamiento, algo que fundamente ese contenido, de eso sí que abrigo mis dudas; o simplemente rechazo la existencia de cualquier ser que no  sea mi ser vivencial,  el ser de mis propias vivencias.

Para Hume la realidad no es otra cosa que impresión o conjunto de impresiones; es decir: no hay realidad: hay impresiones de la realidad. Por eso rechaza, la objetividad del concepto de sustancia, puñado de sensaciones que por su contigüidad en el espacio las traducimos por una realidad objetiva, aunque ficticia. Y rechaza, también el principio de causalidad, lazo puramente psicológico que crea nuestra mente, pero que no responde a nada real.

Hume concluye afirmando que la existencia del mundo corpóreo es un enigma; que no es posible adquirir certeza en las ciencias naturales; que ni siquiera nuestra alma es una sustancia permanente; que es imposible, en fin, demostrar la existencia de Dios.

El idealismo niega rotundamente tal objetividad del concepto de “sustancia”, porque no está fundamentada en ninguna impresión: en consecuencia, no hay sustancias. La idea de sustancia es una pura creación de la mente.

[...] La idea de existencia es otra creación de la mente.

Toda actitud idealista es puramente teórica, no práctica; es una posición intelectual ante el problema del ser (y del conocer), pero no es una posición que regule el comportamiento cotidiano del sujeto que la asume.[...] tenemos que afirmar categóricamente que es imposible vivir de acuerdo con una posición idealista.

El idealismo metafísico, llevado hasta sus últimas consecuencias, elimina de raíz la noción misma de cosa, la noción de realidad en el más auténtico sentido de la palabra…» [4]

Creo que muchos de estos filósofos contemporáneos enloquecieron. Se fueron muy lejos en sus razonamientos.El idealista se verá obligado a vivir como un realista; de lo contrario, o será tenido por loco, o se volverá loco. Afirmamos categóricamente que es imposible vivir de acuerdo con una posición idealista tal como la concibieron estos modernos pensadores. El mundo entero está en tinieblas y son tinieblas espirituales, por lo que es muy difícil ver la luz de la verdad a menos que Jesús los ilumine. Están locos, porque están ciegos. Y están locos y ciegos, porque rehúsan aceptar lo que Dios dice:

¿Donde está el sabio? ¿Donde está el escriba? ¿Donde está el disputador de este siglo? ¿NO HA ENLOQUECIDO DIOS LA SABIDURIA DEL MUNDO? (1 Cor. 1:20)

Hume, y con él otros idealistas, fenomenistas y empiristas, ponían en tela, de juicio hasta la misma existencia del “yo”, ese reducto inexpugnable de la personalidad humana, gracias al cual pensamos, razonamos, reflexionamos, filosofamos (la idea del “yo” es creación de la mente).

Para mi opinión, negar la existencia del yo es cometer una especie de suicidio psicológico. Negar a Dios es un absurdo intelectual. Dios es el gran presupuesto de la teología, decía Berkhof, importante teólogo evangélico. Es muy interesante también ver que la Palabra del Señor da por sentado su existencia, y no procura defender si Dios existe o no. Lo da por sentado.La historia de la filosofía registra varios intentos de demostración de la existencia de Dios. Algunos son válidos;realmente demuestran la existencia de Dios; otros son insuficientes, o por lo menos de muy dudoso alcance científico. Consideremos lo absurdo del ateísmo.

El ateísmo:

«El ateísmo es una doctrina filosófica que niega la existencia de Dios. El ateo negativo es el sujeto que simplemente ignora la existencia de Dios. El ateo “positivo es el que explícitamente niega la existencia de Dios; será dogmático si niega la misma existencia de Dios; agnóstico si rechaza la posibilidad de demostrar la existencia de Dios; escéptico si no se convence intelectualmente con la demostración de la existencia de Dios.

Después de haber estudiado concienzudamente las pruebas de la existencia de Dios, parece increíble que haya personas que positivamente nieguen, en teoría, la existencia de Dios. De todos los sabios y científicos que han contribuido con sus luces al progreso de la humanidad, el 95 % han sido teístas: Platón, Aristóteles, Copérnico, Galileo, Newton, Pasteur, Mendel, Marconi, Volta, Fabre, Kepler...»

Decía Kepler:

«“Llegará un tiempo,  en que se podrá leer a Dios en la Naturaleza con la misma claridad con que se lee en las Sagradas Escrituras. Ese día, vuelvo a repetir, ha llegado ya, y a cada momento que transcurre avanza más esplendoroso hacia el cénit”.»

Volta escribía:

«”He dudado e investigado mucho; ahora ya veo a Dios en todo”. Y el gran entomólogo Fabre afirmaba rotundamente: “No creo en Dios: lo veo”. Y Jellinek, naturalista contemporáneo, dice que “el hombre que no ha llegado al conocimiento de Dios es porque no ha alcanzado todavía el grado de desenvolvimiento espiritual necesario para ello”.»

La incomprensibilidad absurda del ateismo

A pesar de esta evidencia, algunos científicos y muchos hombres adultos no científicos han sido o son ateos. ¿Cómo es posible una actitud intelectual de esta índole? Si el hombre adulto normal se pone a reflexionar seriamente, no puede ser ateo dogmático por mucho tiempo, por cuanto es imposible hallar argumentos en pro de la no-existencia de Dios. En cambio es probable que aun durante mucho tiempo pueda ser ateo agnóstico o escéptico ya que por muy variadas razones puede ocurrir que no á todos se les haga evidente o suficientemente probatoria la demostrabilidad de la existencia de Dios. Comprendemos que alguien diga sinceramente: “No hallo pruebas científicas de la existencia de Dios”: Niego que pueda demostrarse la existencia de Dios”. Pero es incomprensible que una persona adulta afirme rotundamente: “Dios no existe”[5]

Los griegos, la religión y el Dios no conocido

Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos, porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros Adoráis, pues , sin conocerle, es a quien yo anuncio (Hch. 17:22-23).

Podemos citar la opinión del comentarista bíblico Francisco La Cueva, quien comenta a Mattew Henry:

«La Biblia realmente habla de hombres que dicen en su corazón que no hay Dios, pero son “necios”; en otras palabras, prácticamente impíos, que desalojan a Dios de sus pensamientos porque le desechan de sus vidas. Pertenecen al elevado número de ateos prácticos, es decir, los que viven y hablan como si no hubiera Dios. Exceden en mucho al número de los ateos teóricos, es decir, los que afirman aferrarse a la creencia intelectual que Dios no existe. Se ha señalado que la declaración de “no hay Dios” no implica que Dios no exista, sino que no se inmiscuye o interviene en los asuntos del mundo. Al considerar a Dios ausente, el hombre se “corrompe” y procede con abominación (Salmo 14).

“Aquí tenemos un sermón para los paganos que adoraban dioses falsos y estaban en el mundo sin el Dios verdadero; y para ellos el alcance de este discurso era diferente del que el apóstol predicaba a los judíos. En este último caso, su tarea era guiar a sus oyentes por profecías y milagros al conocimiento del Redentor y la fe en Él; en el anterior, era llevarlos a conocer al Creador por las obras comunes de la providencia, y que le adoraran.

El apóstol se refirió a un altar que había visto, el cual tenía la inscripción: “Al Dios no conocido”. Este hecho está atestiguado por muchos escritores. Después de multiplicar al máximo a sus ídolos, algunas personas de Atenas pensaron que había otro dios, del cual nada sabían. ¿Y ahora no hay muchos que se dicen cristianos que son celosos en sus devociones, aunque el gran objeto de su adoración es para ellos un Dios no conocido? -Nótese las cosas gloriosas que dice Pablo aquí de ese Dios al que servía, y deseaba que ellos sirvieran. El Señor había tolerado por mucho tiempo la idolatría, pero ahora estaban llegando a su fin los tiempos de esta ignorancia, y por sus siervos ahora manda a todos los hombres de todas partes que se arrepientan de su idolatría. Toda la secta de los hombres doctos debió sentirse sumamente afectada por el discurso del apóstol, que tendía a demostrar el vacío o la falsedad de sus doctrinas.” » [6]

Séneca escribió hace ya muchos años:

«“Nosotros reverenciamos y adoramos al Hacedor del Universo, Gobernador supremo y mantenedor del mismo. Aquel de quien todas las cosas dependen, mente y espíritu del mundo; de quien todas las cosas han surgido; por cuyo espíritu nosotros vivimos; es espíritu divino, difundido por todas partes. Dios Todopoderoso, Dios siempre presente, Dios sobre todos los dioses, ante Ti nos postramos y te adoramos”  (copiado textual).»[7]

Mamad Hadith un poeta mahometano escribió acerca de Dios:

«“Adora a Dios como si pudieras verle; pues aunque tú no lo veas, El puede verte a ti” . Al margen de lo doctrinal, me asombra la crudeza y simpleza del pensamiento de una persona de quien diríamos a lo mejor despectivamente “debería conocer a Jesucristo”.»[8]

Volvamos ahora al idealismo

Estos filósofos idealistas, no alcanzaron a  entender que lo que Platon intuyó, sin duda fue la existencia del Logos.

Según Platón, podemos distinguir dos mundos: el mundo sensible y el mundo inteligible.

1.El mundo sensible:

«Es el mundo al que tenemos acceso a través de los sentidos. En él hay dos tipos de entidades: las sombras e imágenes de los objetos, y los objetos físicos.Los objetos físicos son cambiantes por lo que cualquier conocimiento sobre ellos es relativo y temporal.Este mundo no es verdaderamente real, sino que es el mundo de la multiplicidad, del cambio y el devenir. Como diría Heráclito, pura contradicción.El mundo sensible es una copia defectuosa del mundo inteligible.De acuerdo al pasaje de la línea, este mundo se corresponde con el no-ser y la ignorancia. La imágenes de los objetos materiales dan lugar a una representación confusa (imaginación), mientras que los objetos materiales dan lugar a una representación más precisa (creencia). Ambas formas pertenecen a la opinión (doxa) y no constituyen conocimiento verdadero.»[9]

2.El mundo  inteligible o de las ideas

«Para Platón el mundo de las ideas o mundo inteligible, es el mundo perfecto donde no existe la dualidad y el cambio; es el mundo que realmente es. En contraposición nos encontramos el mundo sensible, o realidad aparente la cual es reflejo del mundo inteligible y en la cual nos hallamos, que no es; sin embargo tiene algo de ser por su participación en lo inteligible.

Las ideas son conceptos, son inteligibles, inmutables, individuales, además son causa del mundo sensible. Los entes no son sino formas (sombras) de las ideas. Con Sombras en verdad nos referimos a imagenes proyectadas sobre la retina ocular (distincion muy importante en los escritos del mismo). Si entendemos formas en el sentido amplio de la palabra podemos caer en la vulgar comprensión de la misma, es decir una Experiencia Vivencial.

Con la  Platón establece la distinción entre dichos mundos:alegoria de la caverna,

  • En el mundo sensible nos encontramos en primer lugar las imágenes de los objetos, a las cuales llegamos a través de nuestra imaginación. En segundo lugar los objetos mismos que no son sino formas de las ideas. Tanto las imágenes como los objetos no producen un conocimiento cierto y seguro (ciencia o Episteme) sino opinión o Doxa (opinión sobre las cosas que no sabemos si son ciertas).

  • Superando el mundo sensible nos encontramos con el mundo inteligible, el mundo de las ideas; en este mundo se encuentran las ideas y además las entidades matemáticas. Las ideas son objeto de conocimiento de la ciencia suprema: la Dialéctica, mientras que las matemáticas son objeto de conocimiento de la razón discursiva

En conclusión, la Física (ciencia que estudia la naturaleza (“Fisis” o “Physis)) no sería ciencia puesto que no tiene por objeto de conocimiento las ideas. Por otra parte nos encontramos a las Matemáticas y a la Dialéctica, ambas consideradas por Platon como conocimiento cierto y seguro. Destacando a la dialéctica dado que en un sentido estricto es la ciencia suprema.

Las ideas son individuales pero múltiples entre ellas, aparecen jerarquizadas y en la cima de todas ellas nos encontramos a la idea de Bien, fuente de ser y de verdad de todas las demás ideas.»[10]

En su reflexión,  San Agustín le aventajó y le superó, ahora como un filósofo cristiano.

«San Agustín creía que mediante Platón se podía articular teológicamente la fe cristiana, como había intentado Filón de Alejandría con el judaísmo.»[11]

«Sin vacilar, Agustín adjudica al cristianismo un puesto en el ámbito de la «teología física», en el ámbito del racionalismo filosófico. Este hecho implica una evidente continuidad de los primeros teólogos del cristianismo —los apologistas del siglo II— respecto al lugar que Pablo adjudica a lo cristiano en el primer capítulo de la Carta a los romanos, que a su vez se basa en la teología de la sabiduría del Antiguo Testamento y, a través de ella, se remonta al escarnio de los dioses de los Salmos.

Desde esta perspectiva, el cristianismo tiene sus preparación anterior en el racionalismo filosófico, no en las religiones. Según Agustín y la tradición se basa en las imágenes e ideas míticas, cuya justificación se endespués de todo en su utilidad política, sino que hace referencia a ese aspecto divino que puede percibir el análisis racional de la realidad. En otras palabras: Agustín identifica el monoteísmo bíblico con las ideas filosóficas sobre el fundamento del mundo que se han formado en sus distintas variantes en la filosofía antigua. A ello se hace referencia cuando, desde el sermón del Areópago de Pablo, el cristianismo se presenta con el propósito de ser la religio vera. Así pues, la fe cristiana no se basa en la poesía ni en la política, esas dos grandes fuentes de la religión; se basa en el conocimiento. Vene fundamento de todo lo que existe, el «Dios verdadero». En el cristianismo, el racionalismo se ha hecho religión y no es ya su adversario.

Partiendo de esta premisa, como el cristianismo se entendió como un triunfo de la desmitologización, como un triunfo del conocimiento y, con ello, de la verdad, debía ser considerado como universal y llevado a todos los pueblos; no como una religión específica que desplaza a otras, no como una especie de imperialismo religioso, sino como verdad que hace superflua la apariencia. Y precisamente por eso, en la amplia tolerancia de los politeísmos ,debe ser considerada como incompatible, incluso como-enemigo de la religión, como «ateísmo»: no se limitó a la relatividad y a la posibilidad de intercambiar las imágenes, con lo que perturbaba sobre todo la utilidad política de las religiones y ponía en peligro los fundamentos del Estado, en cuyo ámbito pretendió ser no una religión entre otras religiones, sino el triunfo del conocimiento sobre el mundo de las religiones.»[12]

PLATÓN,el gran filósofo griego admite que:

Platón en su alusión al Mundo de las ideas.

«a) Admite  que es el objeto el que determina al sujeto.  Éste reproduce en sí las propiedades del objeto.

b) Enseña la existencia, fuera de nuestra mente e independiente de ella, de un mundo suprasensible, constituido por las ideas,que son entes realmente existentes por sí mismas, y que gozan de la verdadera realidad.

c) El espíritu tuvo visión de esas ideas en una existencia anterior a la actual. Pero no tiene ahora conciencia de lo que entonces vio.

d) También enseña la existencia, fuera de nuestra mente e independiente de ella, del mundo material. Las cosas de éste tienen doble principio: la materia indeterminada, y una forma que la determina a ser tal o cual objeto particular. La forma es sólo una impresión de semejanza, que la idea estampa en la materia.

La realidad del mundo material, por consiguiente, es muy relativa. Las cosas no son realmente lo que representan.

Ejemplo: El polígono  material no  es  polígono.  La realidad del polígono se halla en la idea de éste. Cualquier realidad que posea el polígono  material,  estribará en la  semejanza que  tenga  con la idea del polígono.

e) Conocemos el mundo material por medio de la experiencia, de los sentidos. Obtenemos percepciones de las copias materiales de las ideas, por actividad de los sentidos. Estas percepciones sensibles nos ayudan a recordar, por medio de una especie de iluminación intelectual, las ideas cuyo conocimiento poseemos sin tener conciencia de él. El hombre cree que va conociendo las ideas de las cosas por actividad del pensamiento; pero en realidad va recordándolas solamente.»[13]

San Agustín el  gran doctor de la iglesia católica, introdujo un aspecto nuevo a las enseñanzas de Platón:

«a) En vez de conceder existencia real por sí mismas a las ideas eternas de las cosas, les atribuye existencia en la mente divina.

b) De acuerdo con esta opinión, la realidad verdadera no está en un mundo suprasensible, existente fuera de toda mente e independiente de ella, como pensaba Platón, sino en un sujeto,en el pensamiento divino.»

Las ideas eternas son los pensamientos eternos que tiene Dios de las cosas.»[14]

El idealismo,no soluciona nada

a.El idealismo, tal como muchos de estos filósofos lo entendieron, lamentablemente no soluciona nada, solo dificulta entender mejor el tema del conocimiento y lo hace mas confuso.

«no es, estrictamente, una solución al problema del ser: no soluciona nada; deja el problema intacto. No explica el ser, ni la multiplicidad del ser, ni la unidad del ser, ni la génesis del concepto “ser” en la inteligencia humana. Simplemente niega que exista el ser, niega la existencia del mundo, niega el ser real que no sea el propio sujeto cognoscente; y algunos, como Hume, niegan hasta la misma existencia del “yo”, que es el cognoscente. Para un idealista no tiene sentido plantear el problema del ser; no tiene sentido averiguar si existen o no substancias. Y la conclusión idealista —conclusión formal o, por lo menos, tácita— es que “toda metafísica es imposible”. Efectivamente: si “NADA EXISTE”, como afirmó Gorgías Leontino (siglo V a. C.), ¿qué problema podemos plantearnos sobre lo existente?»[15]

«Por otro lado, esta localización de lo cristiano en el cosmos de la religión y la filosofía está relacionada también con el poder de penetración del cristianismo. Ya antes de la aparición de la misión cristiana en los círculos eruditos de la Antigüedad, se había buscado en la figura del «hombre temeroso de Dios» la conexión con la fe judía, que fue considerada como la forma religiosa del monoteísmo filosófico y respondía al mismo tiempo a las exigencias de la razón y a la necesidad religiosa del hombre que la filosofía no podía cubrir por sí sola: no se reza a un dios que solo existe en el pensamiento. Pero cuando el dios que el pensamiento descubre se encuentra en el interior de una religión como dios que habla y actúa, entonces se concilian pensamiento y fe.

En esta relación con la sinagoga, quedaba, sin embargo, un aspecto sin resolver: el no judío solo podía ser entonces un profano y nunca se integraría del todo. Esta limitación queda superada en el cristianismo a través de la interpretación que de la figura de Cristo hizo Pablo. Solo entonces el monoteísmo religioso del judaismo se hizo universal y, con ello, la unión de penasmiento y fe,: la religio vera, a la que todos pueden acceder.»[16]

b.El aporte de Justino Martir.
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Creo que mas positivo para la filosofía cristiana fue el aporte de Justino Martir aunque cayó en la herejía cristológica subordinacionismo, que es «la expresión usada para designar diversas doctrinas relacionadas con la teología trinitaria y que en general niegan la igualdad de las Personas Divinas, afirmando en ellas una subordinación o jerarquía. De entre los Padres de la Iglesia varios dejaron afirmaciones que se pueden considerar subordinacionistas[17]

«Justino, filósofo y mártir —fallecido en 167—, puede ser considerado una figura representativa de esta forma de acceder al cristianismo como vera philosophia. Con su conversión al cristianismo no renunció a sus propias convicciones filosóficas, sino que fue entonces cuando se convirtió verdaderamente en filósofo. La convicción de que el cristianismo era filosofía, la filosofía perfecta, es decir, la filosofía que llega hasta la verdad, se mantuvo vigente más allá de los tiempos de los Padres. En el siglo XIV, esta consideración es evidente en la teología bizantina de Nicolás Cabasilas. Ciertamente la filosofía no se entendía entonces como una disciplina académica puramente teórica, sino también, y ante todo, desde una perspectiva práctica, como el arte de vivir y morir rectamente al que solo se puede llegar a la luz de la verdad. La unión de racionalismo y fe que se produjo en el desarrollo de la misión cristiana y en la construcción de la teología cristiana introdujo también cambios decisivos en la imagen filosófica de Dios, entre los que cabe destacar dos en particular. El primero consiste en que el Dios en el que creen los cristianos y al que veneran es, a diferencia de los dioses míticos y políticos, verdaderamente natura Deus; en esto coincide con el racionalismo filosófico. Pero a la vez también resulta válido otro aspecto: non tamen omnis natura est Deus, «no todo lo que es naturaleza es Dios». Dios es Dios por su naturaleza, pero la naturaleza como tal no es Dios. Existe una separación entre la naturaleza universal y el ser que la fundamenta, que le da origen. Entonces se separan claramente física y metafísica. Solo se venera al Dios verdadero, al que podemos reconocer en la naturaleza a través del pensamiento. Pero Él es más que naturaleza.»[18]

Su visión del Logos

«La idea del Logos siempre le llamaba la atención a Justino. Es demasiado asumir una unión directa con Filón de Alejandria, en este detalle. La idea del Logos era extensamente familiar a hombres cultos, y la designación del Hijo de Dios como Logos no era nueva a la teología cristiana. El significado está claro, sin embargo, en la manera en la cual Justino identifica al Cristo histórico con la fuerza racional vigente en el universo, que conduce hasta la reclamación de toda la verdad y virtud para los Cristianos y a la demostración de la veneración de Cristo, que despertó tanta oposición, como la única actitud razonable.

Es principalmente para esta justificación de la veneración de Cristo que Justino emplea la Idea del Logos.
a.Justino ve al Logos de Dios como un Dios engendrado:
El Logos de la Sabiduría, quien es este mismo Dios engendrado del Padre de todo, Logos, Sabiduría, Poder, y gloria del Engendrador.(Diálogo con Trifón LXI)

b.Considera al Logos un Dios subordinado a Dios, manifestando un claro subordinacionismo:

Yo te persuadiré, desde que tú has entendido las Escrituras,(de la verdad), de que hay, y se dice que existe, otro Dios y Señor subordinado al Hacedor de todo; quien es llamado Angel, porque Él anuncia a los hombres cualquier cosa que el Hacedor de todo, sobre quien no hay otro Dios, desea decirles a ellos.(Diálogo con Trifón LVI)

El siguiente pasaje es motivo de controversia y de interpretación, para entender cuál es el sentido, en el cual, Justino considera a los ángeles semejantes a Cristo y dignos de ser también homenajeados(ver http://es.wiktionary.org/wiki/proskyneo) :

Nosotros confesamos que somos ateos en lo que se refiere a los dioses,pero no con respecto al más grande verdadero Dios, el Padre de la Justicia y la temperanza y de otras virtudes, quien es libre de toda impureza. Pero Él y el Hijo quien proviene de Él y nos enseñó estas cosas y a la hueste de los otros ángeles buenos que le siguen y que son similares a él, y al Espíritu profético, nosotros veneramos y rendimos homenaje.(Primera Apología VI)»[19]

Imágenes

  • http://es.wikipedia.org/wiki/Platón
  • http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/d/da/Plato_Pio-Clemetino_Inv305.jpg/250px-Plato_Pio-Clemetino_Inv305.jpg
  • http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/8/8d/Justin_Martyr.jpg/180px-Justin_Martyr.jpg

Notas

1.Idealismo. Wikipedia

2. Ibid

3. http://idoneos.com/index.php/concepts/idealismo

4  Heber R. Vidal, Fundamentos de Filosofía,p. 117-123,Libreria Huemul, Argentina

5. ibid,p. 104-105

6  Comentario bíblico Mattew Henry

7.http://emsia.com.ar/columnistas/ruben/al_dios_no_conocido.htm

8.http://emsia.com.ar/columnistas/ruben/al_dios_no_conocido.htm

9. Mundo sensible,Wikipedia

10. Platonismo, Wikipedia

11. Patricio Hopkins, Filosofía,p.189-190, ediciones Almagro, Argentina

12. Paolo Flores d’Arcais, ¿Dios existe?, Ed. Espasa, Argentina, nov. 2008

13. Ibid,p.190

14. Heber R. Vidal, Fundamentos de Filosofía,p. 123,Libreria Huemul, Argentina

15. http://www.ciudadredonda.org/subsecc_ma_d.php?sscd=204&scd=3&id=774

16. http://www.pensamientocristiano.com/Mes/200703.shtml

17.subordinacionismo,Wikipedia

18. Paolo Flores d’Arcais, ¿Dios existe?, p. 15,Ed. Espasa, Argentina, nov. 2008

19.Justino Mártir.Wikipedia

El método Gramático — Histórico.

El método Gramático — Histórico.

Hemos considerado diversos métodos que fracasan por no tomar en cuenta el texto en su contexto bíblico, lingüístico e histórico. Por tanto, este método nos brindará principios elementales para la adecuada interpretación del texto bíblico. Alguna de sus características más salientes:

1.Objeto del método:

Como se insinúa en su título, la finalidad de este método de estudio bíblico es hallar el significado del texto y lo que el autor inspirado quiso expresar. Partimos de la base de que el autor tenía una clara idea de lo que estaba diciendo. No obstante, en como bien aclara el apóstol Pedro, hay ocasiones cuando los profetas no tenían una idea cabal de los alcances de sus dichos (1 P. 1:10-12). Por tanto, sostenemos que la Biblia debe interpretase como cualquier obra literaria.

2.El análisis lingüístico:

El intérprete de las Escrituras debe considerar que la Biblia originalmente fue escrita en hebreo, arameo y griego. Para una mayor precisión de la interpretación de las Escrituras es necesario cierto conocimiento de dichas lenguas. De no ser así es posible recurrir a diccionarios bíblicos que nos brindarán una valiosa ayuda al respecto.

3.El análisis del contexto:

No podemos llegar a una acabada comprensión del pasaje si primeramente no analizamos el contexto en el cual se encuentra. Un aforismo dice apropiadamente: “Un texto sin el contexto es un pretexto”. Veamos un sencillo ejemplo, la Biblia dice: “No hay Dios”. Si tomamos la expresión aisladamente notaremos pareciera indicar que la Biblia niega la existencia de Dios pero su contexto inmediato lo aclara apropiadamente ya que afirma: “Dijo el necio en su corazón: No hay Dios“. Esta es la técnica empleada por las sectas como los Testigos de Jehová por ejemplo.

Etapas para un estudio gramático – histórico de un texto bíblico:

Paso 1: Análisis del contexto

Antes de dedicarnos al estudio del pasaje debemos considerar, como bien hemos visto, el contexo en el cual se encuentra.

Podemos hablar de un contexto inmediato como un contexto amplio o general. El contexto inmediato serían los versículos que preceden inmediatamente al texto y aquellos que le preceden. El contexto amplio o general comprende e incluye el trasfondo general del libro. En cuanto a este último punto convine aclarar sucintamente que se refiere a datos tales como las circunstancias en que fue escrito el libro, las situaciones que estaba viviendo el autor, su propósito al escribir el libro, la fecha de redacción y el impacto que causó en sus oyentes. Para descubrir estos datos podemos recurrir a diccionarios y manuales bíblicos.

No obstante, hay un caso en particular donde es posible aislar un texto de su contexto y M. S. Terry lo explicaba diciendo:

Hay porciones de la Biblia para la exposición de las cuales no debemos buscar ayuda en el contexto o en el objeto. Por ejemplo, el libro de los Proverbios está compuesto de numerosos aforismos separados, muchos de los cuales no tienen conexión alguna entre sí. Varias partes del libro de Eclesiastés consisten en proverbios, soliloquios y exhortaciones que no parecen tener relación vital entre sí. También los evangelios contienen algunos pasajes imposibles de explicar como teniendo conexión con lo que les precede o les sigue.[1]

Ciencias complementarias que nos brindarán aportes vitales para interpretar el contexto de un libro:

La geografía: el lugar donde se desarrolló la historia narrada en un pasaje nos puede
brindar algún aporte útil para una completa comprensión del mismo. Por ejemplo, si
quisiéramos estudiar la carta a los Tesalonicenses corresponde investigar algunos datos
respecto a la situación geográfica de la ciudad, su actividad comercial principal, números
de habitantes y su nivel cultural.

La historia: el trasfondo histórico es de gran importancia. Por ejemplo, si quisiéramos
estudiar el libro de Daniel, es imprescindible tener una acabada idea acerca de los Asióos
y su invasión al territorio de Israel, hecho que significó que el profeta terminase en la
corte del rey Nabucodonosor.
Para comprender la importancia de considerar los textos según el contexto hemos de considerar algunos ejemplos presentados por don Roberto Ochoa:

• Mateo 7:1-6

  • No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Tomado aisladamente muchos autores interpretan el texto diciendo que no debemos perder mucho tiempo tratando de predicarle a aquel que se burla de la fe. No obstante analicemos el contexto:

  • ‘No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3¿ Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.6No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. Mateo 7:1-7

¿De qué viene hablando el Señor? ¿Esta hablando de la evangelización lo cual sería de esperar si la interpretación que observamos fuera la correcta?. No, de ninguna manera. El Señor prohibe en este caso juzgar al hermano despectivamente. El versículo 6 no es más que la conclusión de tal tema. ¿Quiénes son los perros o cerdos?. Los incrédulos. De modo que el Señor esta diciendo que no debemos ventilar públicamente cuestiones propias de la Iglesia en medio de inconversos. De ser así estos pueden asumir una actitud agresiva contra la congregación.

• 1 Corintios 15:29

  • De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizanpor los muertos?

Partiendo de este texto, muchos intérpretes, consideran que Pablo pudo estar haciendo una referencia a una práctica herética que consistía en bautizarse por los muertos tal como lo llevan a cabo los Mormones el día de hoy. ¿Dice eso el texto realmente?. Digamos que no hay referencia alguna a tal práctica errónea en todo el Nuevo Testamento pero además, y esto es lo importante, él contexto estaría diciendo otra cosa:

  • Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. l6Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.2 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? /Por qué, pues, se bautizan por los muertos? (1 Cor. 1:12-29)

Al considerar el contexto observamos que Pablo esta refutando a aquellos que negaban la resurrección de Cristo. El dice, en el párrafo precedente, que si Cristo no resucitó nuestra fe es vana, inútil. Por tanto, el versículo 29 debe ser interpretado en relación con tal tema. El apóstol, señala en síntesis que si Cristo no resucitó nuestro bautismo carece de significado, así como todo lo que implica nuestra fe. Recordemos que tanto la cena del Señor como el bautismo, están estrechamente ligados al anuncio de que Cristo ha resucitado.

Paso 2: el análisis del texto:
Una vez que hemos analizado someramente el texto, y su contexto debemos buscar los términos que más se destacan. Para descubrirlos podemos hacer las siguientes preguntas:

a) ¿Desempeña un factor clave en el pasaje que se interpreta?

b)¿Ha aparecido frecuentemente en contextos anteriores?

c)¿Es importante doctrinalmente en relación a pasajes previos?

También es necesario aclarar que un autor sagrado puede darle a un término un significado mayor que del que el mismo sugiere por sí mismo. Por ejemplo la palabra “carne”. Primordialmente significa lo que es término de por si indica pero para los autores bíblicos a menudo tenía un alcance mucho mayor.
Ahora bien, pueden surgir inconvenientes con el significado de algún término cuando este tiene varias acepciones. Esto puede surgir cuando comparamos distintas traducciones. ¿Cómo identificar la traducción más apropiada?.

José María Martínez reconoce las siguientes pautas:
1. El significado dado por el autor.

Observemos dos traducciones y veamos la selección de términos hecha por los traductores:

Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos
ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Hebreos 5:14 Reina – Valera 1909

pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Hebreos 5:14 Reina – Valer a 1960

La razón de la traducción más reciente. Si nos atenemos al contexto notaremos que esta comparando al desarrollo del creyente con la evolución de un niño. Los chicos que crecen son los que abandonan la leche para poder ingerir alimento solido. También un niño que madura aprende a distinguir el bien del mal. Si bien la traducción literal del término hebreo es “perfectos”, la idea del mismo es más bien el proceso de maduración. Esta es la razón por la cual han escogido esta última traducción.

2. El sentido de muchas palabras es explicado a través de otras expresiones, y frases que se incorporan como una aclaración o explicación.

Observemos un ejemplo:

  • Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Efesios 2:1

La expresión “en vuestros delitos y pecados” es una explicación de lo que quiso decir con la afirmación “estabais muertos”.

3. En algunos casos una palabra o frase se explica recurriendo a pasajes paralelos. No obstante debemos tener cierto cuidado.

Veamos un ejemplo:

  • Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial.Romanos 5:12

¿Qué significa la expresión “nuestra habitación celestial”?. Recurriendo a los pasajes paralelos muchos han sugerido que el apóstol se esta refiriendo al cielo. En Lucas 16 versículo 9 el Señor se refiere a las moradas eternas. Pero a pesar de esto, en esta caso en particular, el apóstol esta hablando de el nuevo cuerpo que reciviremos tras la resurrección. ¿Cómo llegamos a esta conclusión?. Consideremos el contexto. En el versículo previo leemos: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos”. Al referirse a la “morada terrestre” esta hablando del cuerpo, este tabernáculo, el cual será reemplazado por una casa no hecha de manos.
Los libros poéticos de la Biblia son ricos en paralelismo de modo tal que una expresión es explicada por la siguiente: “Lávame más y más de mi maldad, y limpíame de mi pecado“. La expresión “lávame de mi maldad” es explicada por la “limpíame de mi pecado”.
Los sinónimos deben ser cuidadosamente examinados. El término “pecado” tiene 12 sinónimos. José María Martínez señala que el más utilizado es una palabra griega que significa “errar al blanco” pero los restantes ofrecen ideas complementarias tales como error o fracaso, perversión moral dolor y miseria entre otros. De modo que es importante saber distinguir con precisión la palabra empleada ya que puede enriquecer nuestra interpretación del texto. Para esto es necesario recurrir a léxicos y diccionarios. Cuando el significado de una palabra no puede determinarse a través de ninguno de los medios anteriores entonces el mismo debe deducirse escogiendo la que mayor coherencia guarde con el contexto.
El significado de una palabra puede definirse tomando en cuenta el marco cultural y las
costumbres de la época.

Por ejemplo en el Antiguo Testamento se menciona a Leviatán, un monstruo marino cananeo.
Al analizar los términos empleados en el texto que es objeto de estudio, no podemos omitir la posibilidad de encontrar modismos tales como los que empleamos corrientemente. Por ejemplo, solemos decir, “perdió la cabeza”. Tal expresión no significa literalmente que la cabeza de una persona fue separada de su cuerpo sino que ha actuado impulsivamente, sin evaluar la corrección de sus actos.

José María Martínez, citando a Robert Youn, considera distintos tipos de modismos:

1.Uso de lo absoluto como relativo:

Un ejemplo lo hallamos en Lucas 14:26 donde se nos dice: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”.
Lógicamente, el término aborrecer no debe ser interpretado literalmente. Más bien quiere
decir que debemos darle al Señor el primer lugar en nuestras vidas.

2.Modismos de filiación: se emplea para señalar que una persona es “hijo de”. No en todos
los casos puede tomarse literalmente. En algunas ocasiones significa simplemente “descendiente” como lo es cuando los judíos se llamaban a sí mismos “hijos de Abraham”. Cuando el Señor dijo a sus enemigos que eran “hijos del diablo” en realidad quiso significar que su conducta era similar a la del diablo ya que efectivamente ellos lo
odiaban y mentían para destruirle.

3. Modismos de tiempo: cuando se dice que el Señor estaría tres días y tres noches en la
tierra (Mt. 12:40) pero el Señor estuvo en realidad dos noches y no tres. El problema se resuelve señalando que veían una parte de un día como un todo. Aun así hay quienes consideran que el Señor en realidad murió el miércoles o el jueves.

4.Antropomorfismos: es cuando se le atribuye a Dios una conducta humana. Por ejemplo se nos dice que Dios se “arrepintió de haber creado al hombre”. El problema es que la Biblia afirma que “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta” (Nm. 23:19).

Notas.

1 op. cit. pag. 21

fuente:

Adrián Montes,hermeneutica

El relojero ciego

 

El relojero ciego

De Wikipedia, la enciclopedia libre

 

El relojero ciego
Autor Richard Dawkins
Título original The blind watchmaker
Traductor Manuel Arroyo Fernandez
País España
Lengua Español
Tema(s) biología, evolución, religión, ciencia
Género(s) Ensayo
Editorial RBA Coleccionables S.A.
Fecha de publicación 2004
Páginas 366
ISBN 84-473-3902-5
El relojero ciego, R.Dawkins

El relojero ciego (titulo original: The blind watchmaker, año de publicación: 1986) Es un libro de divulgación de la teoría de la evolución biológica por selección natural escrito por Richard Dawkins. Se puede considerar que es una continuación de El gen egoísta, libro anterior del autor que trata sobre el mismo tema, ya que aprovecha para responder algunas de las críticas que surgieron luego de su publicación.

Contenido

Durante los capítulos 1 “Explicar lo improbable” y 2 “Un buen diseño” refuta las ideas expuestas por el teólogo del siglo XVIII William Paley. Según Paley la vida es creada por Dios debido a su complejidad y perfección. Un ejemplo el ojo humano. Es un mecanismo como un reloj, y los relojes son creados por relojeros. De esta forma el autor usa ese símil para demostrar que el relojero de la vida no planifica a largo plazo ( es “ciego” ).

Pero Dawkins demuestra que la vida aún complicada no es perfecta. El propio ojo humano contiene una falta de eficiencia debida a la orientación de las células fotosensibles. Por otro lado la consecución de complejidad se puede conseguir mediante la acumulación progresiva de pequeñas modificaciones, de forma similar a como la paradoja de Zenon del movimiento incurre en un fallo debido a que no disponía del concepto de derivada.

En el capítulo 3 “Acumular pequeños cambios” muestra el lector un par de ejemplos de como se puede conseguir complejidad mediante evolución. El método, que posteriormente inspiró a los informáticos, es el de los algoritmo genéticos. Uno de ellos es el programa Weasel (Comadreja), que deriva partes la obra de Shakespere a partir de los principios de selección cumulativa. El otro crea bioformas.

Luego continua definiendo la evolución natural así como debe solventarse el problema de la macroevolución.

En el capítulo 10 “El verdadero árbol de la vida” subraya la importancia de que la evolución crea un árbol de especies, no una escalera de especies ( en el que supuestamente hay unas especies “menos” desarrolladas que otras ). De esta forma unas especies actuales provienen de antepasados comunes.

Y en el capítulo 11 “Rivales predestinados” discuto con las otras posibles hipótesis para explicar la variedad de la vida. Desde el Lamarkismo hasta el creacionismo demostrando por que estas hipótesis fracasan. Por otra lado da por zanjada la discusión con la versión neutralista que determina que la mayoría de las mutaciones no influyen en los seres vivos. Según Dawkins ese tipo de mutaciones no actúan en la evolución y son irrelevantes.

Bibliografía

 

La Teoría de la “Doble-Revelación”: un Examen y Refutación

La Teoría de la “Doble-Revelación”: un Examen y Refutación
por Bert Thompson, Ph.D.

INTRODUCCIÓN

La revelación de Dios es tanto posible como necesaria. Es posible porque Dios, siendo todo-poderoso, puede hacer lo que Él quiere si esto no es contrario a Su naturaleza divina (Job 42:2; Mateo 19:26). Es necesaria, ya que de lo contrario el hombre no tuviera manera de conocer las cosas que debe conocer imperativamente. Por ejemplo, es esencial tener la revelación divina a fin de que el hombre pueda conocer: (a) El carácter de Dios. Aunque algo de la esencia y el poder de Dios puede ser recogido vagamente de la naturaleza en sí misma (como mostraremos dentro de poco), se requiere lo completo de la comunicación real con Dios para revelar Su santidad, justicia, misericordia, gracia, amor y otros atributos. (b) El origen del hombre. Si no fuera por la revelación divina, el hombre no tendría manera de conocer su origen elevado. La confusión de las teorías evolutivas del tiempo moderno es evidencia suficiente de esto. (c) El origen del mal. El hombre necesitaba ser educado acerca del comienzo de su situación pecaminosa. Si no, ¿cómo podría saber algo acerca del estado pecaminoso en que se encuentra? (d) El propósito del hombre. La revelación divina era necesaria si el hombre debía comprender su propósito mientras estaba aquí en la tierra, y especialmente las condiciones para su redención. Por falta de un propósito definido, el hombre ciertamente vagaría sin parar a través de los siglos, sin tener metas ni objetivos. (e) El destino del hombre. En la ausencia de la revelación de Dios, ninguno de nosotros conoceríamos lo que existe más allá de la tumba. No conoceríamos nada del cielo a donde podríamos llegar, o del infierno que deberíamos evitar. La urgencia de este conocimiento es mostrada por la desesperación general de aquellos que rechazan el concepto de la revelación sobrenatural.

La revelación designa el develamiento de los hechos y las verdades por Dios, los cuales el hombre no podría conocer previamente por sí mismo. La revelación se refiere a la comunicación del conocimiento. La revelación muestra nuevas verdades al hombre (1 Corintios 2:10); la inspiración guía y controla la presentación de la verdad (2:13), asegurando que Dios tenga escrito lo que Él quiere que sea escrito. La inspiración se extiende a través de la totalidad de la verdad, aunque el tema tiene dos partes: la revelación y el hecho conocido (o la historia, como se llama hoy en día). La Biblia habla muy directamente acerca de su inspiración (2 Timoteo 3:16,17; 2 Pedro 1:20,21; 1 Corintios 2:13, et.al.). Fundamentalmente, esta afirmación equivale a la declaración de que la Biblia es la voluntad y dirección de Dios en este mundo, un registro e interpretación de la actividad de Dios en este mundo, y una guía para el hombre en el servicio del Señor. Entonces, la Biblia es considerada (basada sobre la evidencia) como un depósito de la Verdad absoluta que puede ser estudiada fielmente, siendo el resultado que uno llega a conocer la voluntad de Dios.

Hablando de la revelación (i.e., Dios haciendo conocer al hombre lo que, de otra manera, el hombre no podría conocer por sí mismo), los estudiantes de la Escritura han dicho correctamente que la revelación tiene dos aspectos: (1) la revelación natural [o la revelación general]; y (2) la revelación especial. La revelación natural llega al hombre a través de la naturaleza, e incluye al hombre mismo. Los primeros seis versículos del Salmo 19 declaran que Dios ha dado una revelación de Sí mismo en la naturaleza que atestigua constantemente del Creador. El gran apóstol Pablo, hablando a través de inspiración en Romanos 1:20, claramente afirmó que “…las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”. La revelación natural está arraigada en la creación y en la relación ordinaria de Dios al hombre. Las Escrituras enseñan que la revelación natural es universal. En ningún momento en toda la historia, Dios se ha dejado a Sí mismo sin un testigo en la naturaleza (Hechos 14:17).

Pero, las Escrituras igualmente clarifican que Dios ha dado otro tipo de revelación de Sí mismo—la revelación especial. La revelación especial es la revelación de Dios encontrada en la Biblia. Esta ha llegado a ser escrita. Consiste en la palabra y el hecho; es histórica en naturaleza. Dios, al utilizar este tipo de revelación, reveló algo de Sí mismo por lo menos en tres maneras: (a) Las teofanías (las apariciones de Dios mismo). Él apareció en fuego, nubes, y en humo (Génesis 15:17; Éxodo 3:2; 19:9, 16 et.seq.; 33:9). Apareció en un torbellino (Job 38:1; 40:6; Salmos 18:10-16). La teofanía alcanzó su cumbre en la encarnación, en la cual Jesucristo llegó a ser carne y vivió entre los hombres (Colosenses 1:19; 2:9). (b) La comunicación directa. Dios habló con voz audible ocasionalmente (Génesis 2:16; 3:18,19; 4:6-15; Éxodo 19:9; 1 Samuel 3:4). Se comunicó por medio de visiones (Isaías 6; 21:6 et.seq.; Ezequiel 1-3; Daniel 1:17). Y Él se ha comunicado por medio del Espíritu Santo (Marcos 13:11; Lucas 12:12; Juan 14:17; 15:26; Hechos 6:10). (c) Los milagros. Dios, a través de los milagros, escogió revelar Su poder y presencia. Tales milagros enfatizaron las grandes verdades, y fueron proyectados a confirmar Su palabra, Su profecía, y Su poder.

Los estudiantes cuidadosos de la Escritura han reconocido ya por mucho tiempo estos dos tipos de revelación, e igualmente han sido conscientes de que, a pesar de ser tan grande y maravillosa, la revelación natural es deficiente en sí misma. En este momento, la naturaleza ha dejado de ser una revelación perspicua de Dios (por lo menos para algunos). Pudo haber sido suficiente antes de que el pecado entrara, pero aún si lo fue, ahora el hombre ha llegado a estar tan cegado por el pecado que no puede leer la escritura divina en la naturaleza. La revelación natural simplemente no es suficiente; nunca fue proyectada a serlo. Esta no ofrece el conocimiento fidedigno de Dios para el hombre, ni de las cosas espirituales que el hombre necesita para su salvación. Por consiguiente, es inadecuada (por sí misma) como una fundación completa para la fe del hombre. De la naturaleza sola, el hombre nunca pudiera inferir la necesidad de un Salvador. Por eso, Dios dio la revelación especial. Ambas combinadas representan adecuadamente el mensaje de Dios comunicado al hombre. Y, cuando son vistas en su perspectiva apropiada, las dos revelaciones de Dios forman un testimonio importante de Su poder y gracia salvadora.

LOS TEÓLOGOS VERSUS LOS CIENTÍFICOS

Es un hecho trágico aunque todavía verdadero que muchas posiciones hoy en día son propugnadas en el mundo simplemente sobre la base de la intimidación. Aquellos que tienen mayor número, o aquellos que se hacen oír más, a menudo intimidan a la minoría relativamente contenida hasta que acepte sus posiciones. O, por lo menos hasta cierto punto, coaccionan a la “minoría” a un acuerdo sometido. Eso es precisamente lo que ha pasado en varios casos de muchos amigos profesos de la Biblia, especialmente a la luz de los dos tipos de revelación aquí tratados. Algunos—intimidados por las teorías escolásticas de la ciencia, bien-pulidas, y altamente publicadas—han abandonado totalmente cualquier confianza en lo que la revelación especial de Dios tiene que decir concerniente al origen del hombre, por condescendencia a las especulaciones de la seudo-ciencia evolutiva que son tan comunes en nuestro tiempo y época. Otros, que no están dispuestos a renunciar la totalidad de su fe, han buscado una amalgamación, una alianza ilegítima, entre las posiciones bíblicas y las evolutivas.

Por ejemplo, ciertos creyentes en la Biblia de mentes débiles (Hebreos 12:3), asustados por el dominio de los pensamientos humanísticos y evolutivos entre los científicos modernos, pero no dispuestos a poner mano fuerte en contra de esta filosofía adversa, ahora están proponiendo lo que ha llegado a ser conocida como la teoría de la “Doble-Revelación”, de la cual su popularidad que casi surgió de la noche a la mañana es más que asombrosa. Brevemente dicho, los defensores de esta teoría de la “Doble-Revelación” sostienen que Dios le ha dado al hombre dos revelaciones distintas y finales de la verdad: (1) la revelación de Dios en la naturaleza [la revelación natural]; y (2) la revelación de Dios en la Escritura [la revelación especial]. Sin embargo, los defensores de esta teoría nueva van más allá sugiriendo que cada una de esas dos revelaciones es completamente autoritativa en su propio reino. Los defensores de esta teoría denotan que, aunque estas dos revelaciones discrepan mucho en su carácter y alcance, no pueden parecer contradecirse delante de los hombres inteligentes ya que ambas están dadas por el Dios de la verdad que es coherente en Sí mismo. Por consiguiente, los defensores de la teoría nos dicen que el teólogo es el intérprete designado por Dios de la Escritura, y el científico es el intérprete designado por Dios de la naturaleza, teniendo cada uno, por así decirlo, “lentes” especializados para leer el mensaje verdadero de su propio “libro de revelación”.

En otras palabras, cuando existe un conflicto aparente entre las conclusiones del científico y las conclusiones del teólogo, especialmente concerniente a tales cuestiones como el origen del Universo, la Tierra, la Luna, la flora, la vida animal, y el hombre, es el teólogo quien debe reconsiderar su interpretación de la Escritura acerca de estos puntos a tal manera de poner a la Biblia en armonía con el consenso de los científicos, ya que (como se nos dice) “la Biblia no es un libro de texto de ciencia” y estos problemas se tratan en el territorio en que solamente la ciencia debe darnos la respuesta detallada y autoritativa. Se dice que éste es necesariamente el caso, ya que si una interpretación gramática/histórica de cualquier relato bíblico guiara a un estudiante de la Biblia a adoptar conclusiones que son contrarias a las posiciones preponderantes de los científicos entrenados concernientes al origen y a la naturaleza del Universo material, entonces el estudiante de la Biblia sería culpable de hacer de Dios un engañador de la humanidad en estos asuntos de importancia vital. Pero un Dios de verdad no puede mentir. Por consiguiente, el argumento dice, el relato bíblico debe ser “interpretado” en tal manera que lo traiga en completo acuerdo con las posiciones generalmente aceptadas por los científicos contemporáneos. Desde luego, existe una variedad de formas en que los defensores de la teoría de la “Doble-Revelación” esperan lograr esta dicotomía inusual. Por ejemplo, si uno habla de Génesis 1-11, repentinamente estos capítulos ya no son literales o históricos, sino “míticos”, “alegóricos”, o “poéticos”. Se nos dice que otras porciones de la Biblia están proyectadas solamente a darnos las respuestas a las preguntas “espirituales” como “¿Quién?” o “¿Por qué?”. Sin embargo, los científicos deben contestar las preguntas importantes, “¿Cuándo?” y “¿Cómo?”. Entonces, la conclusión que se nos pide aceptar es que cuando la revelación natural de Dios (como interpretada por el científico) está en contra de Su revelación especial (como interpretada por el teólogo), el teólogo está equivocado y es la revelación especial la que debe ceder el paso.

REFUTACIÓN

Los defensores de la teoría de la “Doble-Revelación” han pervertido lo que es correcto (i.e., el concepto de las dos revelaciones de Dios—una en la naturaleza y una en la Escritura) y son culpables, para usar las palabras del apóstol Pedro, de torcer las Escrituras “para su propia perdición” (2 Pedro 3:16). Esta teoría crece en popularidad dentro de muchos círculos, y el daño que ha hecho (y está haciendo) no debe ser subestimado. En un apéndice de uno de sus libros, John C. Whitcomb ha enumerado varios defensores de la teoría de la “Doble-Revelación” (1978, pp. 163-165), y existen más nombres que pudieran ser añadidos a su lista.

Un ejemplo o dos pueden ser suficientes para mostrar los resultados finales de la aceptación de esta teoría popular aunque falsa. El 13 de junio de 1986, Henry Morris (creacionista) debatió con Lewis Mammel (teísta, aunque anti-creacionista de los Laboratorios de Investigación AT&T Bell) acerca de la edad de la Tierra. Durante los últimos momentos del debate, en respuesta a una pregunta de los espectadores, el Dr. Mammel afirmó, al hablar acerca de los cristianos y el creacionismo, “Pienso que ellos pudieran ajustar su interpretación para ponerla en concordancia con lo que vemos en el mundo natural. Pienso que el elevar la doctrina por encima de nuestro razonamiento y la evidencia de nuestros sentidos es un error” (trascripción directa de la cinta del debate; énfasis añadido). Raramente se encuentra una afirmación tan audaz y enfática firmemente en apoyo de la teoría de la Doble-Revelación. El Dr. Mammel clarificó que no debemos, en su consideración, dejar que “la doctrina” sea elevada por encima de “las evidencias científicas”. Sería difícil encontrar un resumen más conciso de la teoría de la Doble-Revelación que el que fue dado por el Dr. Mammel.

Desde luego, otros han sugerido lo que llega a ser exactamente lo mismo. Bernard Ramm (1954), Neal Buffaloe (1969), y Davis A. Young (1977) son sólo algunos de aquellos cuyos nombres están asociados con la teoría de la “Doble-Revelación”. Hugo Ross, en su libro, The Fingerprint of God (La Huella Digital de Dios), es otro. Por ejemplo, el Dr. Ross ha afirmado específicamente que “la creación, entonces, revela todo los pasos necesarios para mantener una relación buena con Dios” (1989, p. 182).

La teoría de la Doble-Revelación debe ser rechazada completamente por el cristiano que cree en la Biblia. Como el conocido erudito Edward J. Young ha observado:

Lo que sorprende inmediatamente al leer tal afirmación es la baja valoración de la Biblia que está implica. Cuando “la ciencia” y la Biblia están en conflicto, siempre es la Biblia que, de alguna manera, debe ceder. No se nos dice que “la ciencia” deba corregir sus respuestas a la luz de las Escrituras. Siempre es al revés. Aunque esto es muy sorprendente ya que la respuesta que los científicos han provisto ha cambiado frecuentemente con el tiempo. Las respuestas “autoritativas” de los científicos pre-copernicanos ahora no son aceptables; es más, ni lo son muchas de las posiciones de veinticinco años atrás (1964, p. 53).

En efecto, ¿por qué la revelación inalterable de Dios de la Biblia debe ser “reinterpretada” para quedar bien con la revelación alterable de la naturaleza como interpretada por los científicos? Esto es un caso de “empezar la casa por el tejado” si es que alguna vez existió este caso.

Además, los escritores de la Biblia abordan abundantemente los asuntos reales de la ciencia y la historia (a diferencia de los escritos del budismo, confucianismo, hinduismo, et.al, que abordan casi exclusivamente los asuntos de fe y comportamiento). El tomar la posición de que la Biblia no es fidedigna cuando habla de los datos verificables de la ciencia y la historia casi causará inevitablemente que los inquisidores sensatos rechacen sus enseñanzas acerca de creencias teológicas y conducta correcta. Pero Jesús dijo, “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3:12). Si Jesús y Sus escritores nos han dicho las cosas “terrenales” (y con seguridad lo han hecho), y si nosotros no estamos predispuestos a creerlas, entonces ¿cómo puede esperarse que creamos las afirmaciones de estos mismos hombres acerca de los asuntos espirituales como la redención, santificación, justificación, escatología, et.al.?

La Biblia debe ser aceptada como absolutamente inequívoca y autoritativa en todos los asuntos que aborda. De otra manera ésta no sería realmente la Palabra de Dios. Si cualquier hombre, o grupo de hombres, está autorizado a decirnos autoritativamente lo que significa la Palabra de Dios, entonces debemos confiarle (o a ellos) la comisión de escribir la Biblia totalmente. El hombre busca llegar a ser Dios si él (sea teólogo, científico, o alguien diferente) insiste que su palabra debe ser aceptada autoritativamente por encima y sobre lo que la Palabra de Dios dice.

Adicionalmente, la teoría de la Doble-Revelación, aunque popular, fracasa al no tener en cuenta las realidades teológicas y científicas. Los defensores de la teoría fallan en reconocer las limitaciones tremendas que inhiben el método científico. La ciencia no puede abordar los eventos de una-sola-vez y completamente únicos (como los orígenes). La ciencia también está incapacitada cuando necesita abordar las realidades morales y/o espirituales (y por ende empíricamente elusivas) que dan sentido al esfuerzo humano. Sin embargo, la ciencia falla más notoriamente cuando se hace cualquier intento en emplearla para analizar el acto sobrenatural y milagroso de Dios (como registrado en Su revelación especial, la Biblia). Estos eventos forman sin lugar a duda las piezas fundamentales de la perspectiva global judeocristiana. El científico o teólogo que acepta la falsa teoría de la Doble-Revelación querrá que creamos que aún en tales asuntos, la ciencia toma precedencia. ¿Cómo puede ser esto?

La aceptación de la teoría de la Doble-Revelación también falla en considerar los efectos intelectuales del pecado. Aunque es verdad que los cielos declaran la gloria de Dios, también es verdad que los ojos del entendimiento del hombre, cegados por el pecado, no siempre “leen” los cielos correctamente. Los efectos intelectuales del pecado guían a presunciones e inclinaciones anti-teístas. Debemos recordar que mucho de lo que es presentado como verdad científica es hostil a las conclusiones presentadas en la Biblia. Como Whitcomb ha observado:

Aquellos que exclusivamente emplean el método científico en la ciencia histórica (e.g., la paleontología) aplican ciegamente este método en una manera uniformista para extrapolar los procesos naturales presentes al pasado indefinido. Además, ignoran la posible parcialidad anti-teísta del mismo científico cuando trabaja con los hechos de la naturaleza al llegar a una cosmología (i.e., la teoría concerniente a la estructura básica y al carácter del universo) y una cosmogonía (i.e., una teoría concerniente al origen del universo y a sus partes). Hasta el punto que tales teorizantes fallan en dar el reconocimiento cuidadoso y honesto a estas limitaciones esenciales del método científico y del investigador mismo, fallan en dar un panorama verdadero y sin distorsión de la realidad entera, y también fallan en guiar al hombre a la única fuente verdadera para entender sus misterios (1978, p. 56).

CONCLUSIÓN

Ciertamente es verdad que Dios no puede rechazarse a Sí mismo (2 Timoteo 2:13). La Palabra de Dios siempre estará de acuerdo con el mundo de Dios, porque el Autor de uno es el Creador del otro. La revelación de Dios en la naturaleza a menudo puede amplificar e ilustrar Su Palabra, pero Su revelación escrita debe siempre informar y constreñir nuestra interpretación de la naturaleza. Muchos pasajes atestiguan este hecho (Job 12:7,8; 26:13,14; Salmos 19:1,2; 97:6; Hechos 14:17; 17:24-28; Romanos 1:20,21). El uso apropiado de la ciencia y la tecnología no solamente ayuda al hombre a implementar la comisión del Edén de “llenar la tierra, y sojuzgarla” (Génesis 1:28), sino también enseña al hombre más y más de la persona y el trabajo del Dios Creador. Sin embargo, la revelación de Dios en la naturaleza debe siempre suplementar y confirmar Su revelación en la Escritura. No puede ser usada para corregirla o interpretarla. Si existe un conflicto aparente—uno que no puede ser resuelto por un estudio más cuidadoso de los datos relevantes de la ciencia y de la Escritura—entonces la Palabra escrita debe tomar prioridad. Allí yace el mayor error de la teoría de la Doble Revelación. Ésta pone la supuesta “interpretación” del científico acerca de la naturaleza por encima de lo que Dios dijo. Ninguna disputa teológica, o superchería científica, la hará correcta.

REFERENCIAS

Buffaloe, Neal (1969), “God or Evolution?,” Mission, pp. 17ff.

Ramm, Bernard (1954), The Christian View of Science and Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Ross, Hugh (1989), The Fingerprint of God (Orange, CA: Promise Publishing Co.).

Whitcomb, John C. (1978), The Moon: Its Creation, Form, and Significance (Winona Lake, IN: BMH Books).

Young,, Davis A. (1977), Creation and the Flood (Grand Rapids, MI: Baker).

Young, Edward J. (1964), Studies in Genesis One (Nutley, NJ: Presbyterian & Reformed).

 


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LOS USOS DEL DARWINISMO

LOS USOS DEL DARWINISMO

Esta conferencia considera el modo en que un tópico en la historia de la ciencia puede usarse para ilustrar diversas dimensiones del estudio de la ciencia. El Darwinismo nos suministra un caso de estudio particularmente interesante porque la vida y la época de Darwin y su círculo están muy bien documentados con abundantes fuentes primarias y secundarias. Por otra parte, la teoría darwiniana es una de las más profundas en el amplio campo de la ciencia, capaz de proporcionar una respuesta convincente a la pregunta ¿qué es la vida?

  1. Tabla 1 Fechas y sucesos significativos en la vida de Darwin
1809 Nace en Shrewsbury. Nace el mismo año de la publicación de la Philosophie Zoologique de Lamarck. Su padre, Robert Darwin es un médico acomodado. Su madre, un miembro de la familia Wedgwood. Su abuelo Erasmus Darwin es físico y científico.Su familia pertenecía a los Whigs (de mentalidad liberal) y a los Unitarians (críticos con la Iglesia oficial de Inglaterra). Ambiente de librepensamiento. Los Darwin y los Wedgwood rechazaban la esclavitud.
1818 Acude al internado de Shrewsbury Curriculum dominado por los clásicos. Darwin no consigue sobresalir pero muestra un interés extracurricular en química y tiro. Su padre lo desaprueba y escribe que “Si sólo tienes interés en disparar a perros y cazar ratas, serás una desgracia para ti mismo y para tu familia” (Desmond y Moore, 1991, p. 20)
1825 Deja la escuela (dos años antes) y acude a Edimburgo a estudiar medicina. Edimburgo era entonces la Atenas del norte, una ciudad cosmopolita en el centro de la ilustración escocesa. Durante el verano de 1825 lee la Historia natural de Selbourne de Gilbert White y la Zoonomía de su abuelo.
1826 Desilusionado con los estudios de medicina se une a la Plinian Society Esta era un grupo radical que criticaba la religión establecida. Trabó conocimiento con Robert Grant –francófilo, radical, experto en vida marina y esponjas y seguidor de Lamarck-. Tales ideas eran peligrosas en la Inglaterra postnapoleónica donde la reacción contra la Revolución Francesa desembocó en un largo periodo de predominio conservador en política. Aún así, Darwin se mueve en esos círculos en los que se habla mucho de radicalismo, materialismo y transformismo.
1827 Darwin abandona su carrera de medicina y se matricula para cursar una licenciatura en Letras en Cambridge, seguida por las Ordenes Sagradas. Darwin destinado para la Iglesia. Durante este periodo Darwin es un ferviente seguidor del cristianismo. Cambridge era entonces muy diferente de Edimburgo. Constituía el centro del Anglicanismo.
1828 Darwin conoce al Reverendo John Henslow (Profesor de Botánica). Darwin adquiere valiosas destrezas de Henslow. Al tiempo que desarrolla una manía coleccionista por los escarabajos, llegando a poseer una de las mejores colecciones de Inglaterra.
1828-31 Darwin estudia las Evidencias de Cristiandad de Paley. En 1831 obtiene su graduación en Letras. Impresionado por la analogía del relojero. Un reloj necesita de un relojero por lo tanto el mundo natural, con sus múltiples evidencias de propósito y diseño, implica un Creador. Dios existe.
1831 Planifica un viaje a Tenerife Darwin había leído las narraciones de los viajes de Humboldt y concibió el proyecto de viajar a Tenerife. Henslow le puso en contacto con el Reverendo Adam Sedwick para que adquiriera algunos conocimientos geológicos de cara a su viaje a Tenerife.
1831 Darwin y Sedwick viajan al Norte de Gales Darwin aprende geología
1831-1836 Viaje del Beagle. Darwin como compañero de FitzRoy. Darwin mismo reflejó que “El viaje del Beagle ha sido el suceso más importante de mi vida”. Se llevó con él el primer volumen de Los principios de Geología y se convirtió al Uniformitarismo.
6 de enero de 1832. El Beagle entra al puerto de Santa Cruz Noticias de que el barco iba a ser puesto en cuarentena durante 12 días a causa de un brote de cólera en Inglaterra. FitzRoy decide no esperar y el barco se hace a la mar. Darwin queda profundamente desilusionado.
1836 Retorno a Inglaterra Por este tiempo Darwin es ya bien conocido en los círculos científicos debido a sus colecciones enviadas desde Sudamérica. En julio de 1837 abre el primero de sus muchos cuadernos de notas sobre transformismo.
Octubre de 1838. Lectura de Malthus Un momento decisivo en la formación de las ideas de Darwin . Comprende que la excesiva fecundidad de la naturaleza conduce a la lucha y la competencia por los recursos escasos y que las variaciones que ayudan en esa lucha tienden a ser preservadas.
1842 Se traslada a Down House en Kent Bosqueja 35 páginas de su teoría.
1844 Bosqueja 200 páginas dejándolas al cuidado de su mujer. También comienza la demora de Darwin. Probablemente deseaba acumular más hechos pues también comprendía que la teoría levantaría controversia y ofendería a muchos, incluida su mujer. Sus dudas interiores y ansiedades fueron probablemente las causantes de su continua mala salud.
Junio de 1858 Una carta de Wallace llega a la casa de Darwin Darwin saca rápidamente el Origen de las Especies en 1859
1871 The Descent of Man and Selection in Relation to Sex Aquí Darwin esboza su otra gran contribución a la comprensión de los mecanismos de selección: la selección sexual. La teoría de la selección femenina fue negligentemente olvida durante cerca de 100 años pero emergió triunfante desde 1970.
1872 Expression of the Emotions in Men and Animals Aquí Darwin amplía su convicción en la continuidad entre la mente animal y la humana.
1881 The Formation of Vegetable Mould through the action of Worms Este es el último trabajo de Darwin y en lugar de pontificar sobre los grandes temas, regresa a una cuestión humilde. Siempre estuvo fascinado por la acción de los gusanos cuyas minúsculas acciones durante largos periodos de tiempo ocasionan, al final, grandes cambios.
19 de Abril de 1882. Darwin muere. Enterrado en la Abadía de Westminster Sus ideas son ahora aceptadas por el establishment A ello contribuyó también el poder de una élite científica emergente: Huxley y Hooker

Sumario

Un estudio de la vida de Darwin indica el proceso de creatividad científica y algunas circunstancias personales típicas intrínsecas al hacer de un científico del siglo XIX.

  1. Estaba bien situado económicamente pues formaba parte de una familia rica con importantes relaciones. Más tarde adquirió una pequeña fortuna a través de la herencia e inversiones sólidas en tierras y ferrocarriles.
  2. Entorno intelectual estimulante. Su familia fue liberal y librepensadora.
  3. Serendipia: Darwin conoció a la gente adecuada en el momento adecuado. (Grant, Hensow, Sedgwick y Lyell)
  4. Coraje y perseverancia. Se necesitaba un gran coraje para circunnavegar el globo en 1830. Darwin supo también proseguir con sus ideas evolucionistas a pesar de sus implicaciones heréticas. Luchó también contra la enfermedad física, provocada probablemente por la ansiedad.
  5. Tenacidad en acumular hechos. Darwin fue obstinado en su colección de un abrumador cuerpo de evidencia.

Valor Educativo

Los estudiantes que encuentran la ciencia remota, abstracta y carente de interés humano pueden ser atraídos al estudio de la historia de la ciencia a través del drama de las vidas de los científicos.

2.El darwinismo suministra una ilustración significativa de como el conocimiento y descubrimiento científico es influido por un contexto social más amplio. El diagrama siguiente es una ilustración de los principales puntos:

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Problema de la pobreza urbana

Darwin vivió inmerso en la revolución industrial. Observó como las masas de población británicas emigraron desde la campiña a las ciudades. El censo de 1831 mostraba que la población británica era de 24 millones –ésta se doblaría en treinta años. En los duros inviernos sólo uno de cada diez sobrevivían con las limosnas estatales. La sobrepoblación urbana y la pobreza acarreaban miseria a gran escala y creció en la mente de la gente el problema de qué hacer con el creciente número de pobres y desposeídos. Una solución, propuesta por los intelectuales Whig y malthusianos como Harriet Martineu era incrementar la competitividad para eliminar a los débiles e irresponsables. El estado no intervendría sino para permitir que la competitividad siguiera su propio curso. Así, en 1831 la ley que permitía ayudar a los pobres fue derogada. Los Whigs argumentaron que ello rebajaría los costes laborales.

Malthus y la Revolución Francesa

La Revolución Francesa llenó de miedo a las clases terratenientes británicas. ¿Qué sucedería si se extendiera a Gran Bretaña? En parte como respuesta, Malthus publicó su Essay the Principle of Population en 1798, mostrando que el progreso social era imposible más allá de un cierto punto y que los ideales igualitarios de los franceses eran imposibles desde que la población humana creciera más allá de los recursos, pues desembocarían en pobreza y lucha.

La lectura de Malthus fue decisiva. Ésta le proporcionó a Darwin el concepto crucial de sobreproducción, lucha, competencia y supervivencia de unos pocos. Las ideas malthusianas eran debatidas abiertamente en el círculo de Darwin en 1831. Una de las coincidencias más extraordinarias en historia de la ciencia es el simultáneo descubrimiento de la selección natural por Wallace y Darwin. El mismo Wallace anotó:

La coincidencia más interesante del asunto, pienso, es, que tanto Darwin como yo llegamos a la misma teoría a través de Malthus…” (anotado en Hubbard, 1979)

Cría comercial

Gran Bretaña atravesó, no sólo una revolución industrial, sino también una revolución agraria. Granjeros y criadores comerciales fueron experimentando con nuevos tipos y variedades de plantas y animales. Darwin mismo adquirió una paloma de cría y se unió a las sociedades locales. Fue de la cría de animales de donde tomó su metáfora crucial de selección. Así como un criador selecciona, así también lo hace la naturaleza. Nota que el mismo Darwin publicó sobre el tema en Variation of Animals and Plants under Domestication, 1868.

Adam Smith y el laissez-faire individualista

En The Wealth of Nations (1776) Smith mostraba como el efecto de las acciones de numerosas individualidades, cada una persiguiendo su propio interés, podría dar lugar a una imagen de armonía y estabilidad general. Este laissez-faire probablemente influyó en la mentalidad de Darwin. Darwin era un Whig y sus lealtades políticas estaban del lado de la clase media emergente: los empresarios y las clases de dirigentes y profesionales. El Darwinismo ofrece un análisis similar del mundo natural: lo macroscópico es entendido examinando las acciones de las individualidades atomizadas. Lo que puede aparecer como un cuadro de armonía y cooperación es en realidad el efecto combinado de intenciones egoístas. Marx y Engels fueron conscientes de esta congruencia con las ideas de la época. En 1862 Marx escribe a Engels:

Es significativo como Darwin reconoce entre las bestias y las plantas su sociedad inglesa con su división del trabajo, competencia, apertura de nuevos mercados, “invenciones” y la malthusiana “lucha por la existencia”. Es el “bellum omnium contra omnes”… (anotado en Hubbard, 1979)

A nivel más general haríamos notar que la evolución estaba en el aire. Numerosos pensadores estaban especulando en los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX acerca de la evolución orgánica y social. Es notable que la frase “supervivencia del más fuerte” asociada tan a menudo a Darwin provenía de hecho de Herbert Spencer quien la usó en su ensayo publicado en 1851 referido al crecimiento de la población humana. Así como Darwin tomó ideas de la cultura en sentido amplio, las moldeó y usó para un buen fin científico, así también sus ideas fueron aplicadas rápidamente en forma de Darwinismo Social.

La Royal Navy y los viajes de exploración.

Gran Bretaña en 1830 era una nación marítima poderosa. Su riqueza dependía del comercio y la exploración. Tal era lo que se pretendía de la misión del Beagle: inspeccionar las costas de Sudamérica. El barco estaba preparado para llevar también a bordo a un naturalista y algún equipamiento científico. La expansión imperial y la catalogación de la naturaleza formaban parte de una mentalidad colonial similar.

Papel victoriano de los sexos

Es fácil ver, especialmente en The Descent of man and Selection in Relation to Sex (1871), que Darwin suscribió el punto de vista según el cual la división sexual del trabajo y las habilidades del hombre y mujer victorianos eran algo natural:

“La diferencia principal en la capacidad intelectual de los dos sexos queda demostrada en los logros que los hombres alcanzan en cualquier cosa que realicen, de mayor nivel de lo que puedan hacerlo las mujeres- da igual que se necesite un pensamiento profundo, la razón, o la imaginación, o simplemente el uso de los sentidos y las manos… el promedio de inteligencia en el hombre debe estar por encima del de la mujer…”

Valor Educativo

A través de este análisis los estudiantes pueden ver que la ciencia no tiene lugar en un espacio cultural vacío. La ciencia es alimentada por una cultura más amplia: los científicos usan recursos (intelectuales y materiales) provenientes de esa cultura y contribuyen, a su vez, a ella.

Interrogante para la discusión: ¿Es el valor verdad de una teoría cuestionada, de alguna manera, por una demostración de las influencias sociales?

3. 

3.1.

Los religiosos fundamentalistas en USA han adoptado al menos tres tácticas:

  1. La prohibición de la enseñanza de la evolución, ej. Tennessee (1925) –de ahí el juicio de Dayton-, Mississipi (1926), Arkansas (1928) y Texas (1929)
  2. Renombrar el creacionismo como ciencia creacionista y exigir que puesto que es una ciencia debe ser enseñada en paralelo al darwinismo.
  3. 3. Declarar que la evolución es sólo una “teoría controvertida” (Alabama 1995 aprobó una ley insistiendo en que los libros de biología deberían llevar una etiqueta describiendo la evolución como una teoría controvertida).
  4. Quitar la evolución de los exámenes estatales. (Kansas, 1999)

Respuesta

  1. En 1968 la Corte Suprema de USA invalidó el estatuto de Arkansas sobre las bases de la primera enmienda –era inconstitucional porque la educación no puede ser diseñada en función de las necesidades de un grupo religioso específico.
  2. En 1987 la Corte Suprema de USA halló inconstitucional el Acta sobre el Creacionismo de Lousiana porque la ciencia de la creación refrenda la religión.

Punto de discusión

¿Es la evolución una mala ciencia porque en realidad nadie observó los hechos? ¿Es la evolución una teoría o un hecho?

3.2. Considerar de nuevo el mínimo de cuatro condiciones para que la selección natural tenga lugar:

  1. Existen en el mundo entidades capaces de autoreplicarse.
  2. El proceso de replicación no es perfecto, se cometen errores y la siguiente copia puede no parecerse perfectamente a su original.
  3. El número de copias de seres que pueden ser hechas depende de la estructura de los seres en su interacción con el mundo de fuera tal como la habilidad para hacerse con los recursos.
  4. Como un resultado de la naturaleza finita de los recursos, de los espacios en los que operan, etc. esos seres experimentan un éxito diferencial en la reproducción, así algunas tienen unas estructuras más favorables que otras para el proceso de autoreplicación.

Es fácil apreciar que las entidades anteriores pueden no formar parte del ADN. Es aún más impresionante darse cuenta que las entidades pueden no necesitar ser, en absoluto, físicas; pueden ser, en resumen, ideas que existen en los cerebros y se mueven entre éstos.

La difusión de Memes

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Punto de discusión

¿Es este nuevo tema de la mímesis una analogía entretenida o tiene un poder real para explicar la transmisión de la cultura?

LA PROFUNDIDAD DEL DARWINISMO

¿QUIENES SOMOS?

Un primate. Homo sapiens

Un mono desnudo, colocado aquí sin explicación, mirando fijamente a las estrellas, pidiendo a gritos un destino.

¿DE DONDE VENIMOS?

De nuestros padres.

De nuestros antepasados.

Del Homo habilis.

Del Homo erectus.

Del Australopitecus.

De mamíferos semejantes a simios que vagaban por las planicies africanas hace aproximadamente 7 millones de años.

De pequeños roedores que sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años.

¿POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ?

Nuestros antepasados dejaron copias de sus genes; nadie desciende de un antepasado estéril. Los genes que llevaban nuestros antepasados y que nosotros hemos heredado les permitió sobrevivir y dejar copias de sí mismos.

Punto de discusión

¿Son estas respuestas adecuadas, satisfactorias, convincentes?

4. “Aquellos que olvidan la historia están condenados a repetirla” (Santayana)

4.1 

  1. La evolución, si se deja sin comprobar, es progresiva y nos llevará a una mejora gradual en la condición humana.
  2. La evolución aporta resultados deseables cuando queda al descubierto. Así pues el papel adecuado del estado sea el laissez faire. Spencer, por ejemplo, llevó este pensamiento hasta tal extremo que concluyó que el estado no debería crear escuelas ni incluso faros.

4.2  floreció en Gran Bretaña entre 1880-1930, en Alemania entre 1930-1945 y en Estados Unidos entre 1910-1950. La Eugenesia tiene dos polos:

  1. La Eugenesia positiva: el realce de la reserva genética o de la estirpe nacional fomentando lo adecuado y saludable para la cría.
  2. La Eugenesia negativa: la eliminación de lo inadecuado genéticamente por medio de la extirpación o la muerte.

Punto de discusión

1.¿Es el darvinismo social una filosofía política sólida? Si no ¿Cuál es el problema?

2.¿Qué hay de malo con la eugenesia como una política en términos de

a) moralidad

b) practicabilidad

3.¿Se está introduciendo la eugenesia sigilosamente a través de las revisiones médicas prenatales para detectar anomalías genéticas?

Bowler, P. (1982) Evolution : The History of anIidea, Berkeley, Los Angeles and London, University California Press.

Cartwright, J. (2000) Evolution and Human behaviour, Darwinian perspectives on human nature. London Macmillan

Darwin, C. (1859) On the Origin of Species by Natural Selection. London, John Murray.

Dawkins, R. (1976) The Selfish Gene, Oxford University Press

Dawkins, R.(1986) The Blind Watchmaker. London, Longman.

Desmond, A, and J. Moore (1991). Darwin. London, Michael Joseph.

Une biographie vivante et extrêmement bien écrite de Darwin. Pas vraiment sur l’Evolution, mais une analyse fouillée du contexte social des idées de Darwin.

MacKenzie, D. (1976). “Eugenics in Britain”. Social Studies of Science 6 : 499-532.

Midgely, M. (1978) Beast and Man, the biological roots of human nature, Methuen

Oldroyd, D. R. (1980) Darwinian Impacts : an introduction to the Darwinian revolution. Open University Press.

Richards, J. R. (1987) Darwin and the emergence of evolutionary theories of mind and behaviour, University of Chicago Press, Chicago and London.

Ridley, M. (1996) The origins of Virtue. London, Viking (Penguin Group).

http:/www.lib.cam.ac.uk/Departments/Darwin/calintro.html La correspondance de Darwin

http://www.1.umn.edu/ships/ Beaucoup de références en histoires des sciences (Renvois vers la sociologie, l’histoire et la philosophie de sciences).

www.bshs.org.uk Le site de la British Society for the History of Science. De nombreux liens.

http://depts.washington.edu/hssexec/ Le site de l’American History of Science Society.

http;//www.man.ac.uk/science_Engineering/CHSTM Le centre pour l’histoire des sciences, de la technologie et de la médecine de Manchester.

http;//www.wku.edu/~smithch/index1.htm La page d’Alfred Russell Wallace

http://www.ucmp.berkeley.edu/history/evolution.html Un bon fond pour l’histoire de l’évolution, pensé avec des biographies.

http://157.242.64.83/HBES/websites.htm De nombreux liens ici, une partie du site de la Human Behaviour and Evolution Society.

http://www.world-of-dawkins.com/headlines.htm Le site non officiel de Dawkins, mais bien construit, avec de nombreux liens vers des sites utiles et les développements récents.

http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/3/Usrn/penelope/es_confcartwright.htm

Las cinco crisis de la teoría evolucionista

Las cinco crisis de la teoría evolucionista

Dr. Ray Bohlin


El caso del mecanismo faltante

La creciente crisis de la teoría darwiniana se está volviendo cada vez más aparente. El trabajo de los creacionistas y otros no darwinianos está creciendo y encontrando un oído más receptivo que nunca antes. En esta discusión quiero explayarme sobre lo que considero son las cinco áreas críticas en las que el darwinismo y la teoría evolucionista en general están fallando. Son:

  1. La falta de confirmación del mecanismo de evolución del darwinismo.
  2. El fracaso total de los estudios del origen de la vida en producir un modelo viable.
  3. La incapacidad del mecanismo evolucionista para explicar el origen de las adaptaciones complejas.
  4. La bancarrota de la hipótesis del relojero ciego.
  5. La evidencia biológica de que la regla en la naturaleza es la estabilidad morfológica a lo largo del tiempo y no el cambio constante.

Gran parte de la razón de la posición privilegiada de la evolución se ha debido a la confusión sobre a qué se refiere exactamente la gente cuando usa la palabra “evolución”. Este es un término escurridizo. Si “evolución” simplemente significa “cambio a lo largo del tiempo”, no es polémico. Las polillas moteadas, las moscas de la fruta Drosophila hawaianas y aun los pinzones de las Galápagos son claros ejemplos de cambios a lo largo del tiempo. Si usted dice que esta forma de evolución es un hecho, bueno, así sea. Pero muchos científicos extrapolan más allá de este significado. Dado que el “cambio a lo largo del tiempo” es un hecho–según el argumento–, también es un hecho que las polillas, las moscas de la fruta y los pinzones han evolucionado, todos, de un ancestro remoto común. Pero esto no deja de ser un razonamiento circular.

La verdadera pregunta, sin embargo, es de dónde vienen las polillas, las moscas y los pinzones, en primer lugar. Los ejemplos comunes de la selección natural que actúa sobre la variación genética actual no nos dicen cómo hemos llegado a tener caballos, avispas y pájaros carpinteros, así como las enormes variedades de animales vivientes. Los evolucionistas le dirán que aquí es donde entran en escena las mutaciones. Pero las mutaciones no mejoran el escenario tampoco.

Al hablar de todo el trabajo de mutación hecho con bacterias a lo largo de varias décadas, el gran zoólogo y evolucionista francés Pierre-Paul Grasse dijo:

“¿De qué sirven sus incesantes mutaciones si no cambian? En resumen, la mutaciones de bacterias y virus son meramente fluctuaciones hereditarias alrededor de una posición central; un movimiento a la derecha, un movimiento a la izquierda, pero ningún efecto evolutivo final”.

Cuando hablo de la evolución o del darwinismo, me estoy refiriendo al origen de nuevas formas biológicas, nuevas estructuras adaptables, novedades morfológicas y bioquímicas. Esto es precisamente lo que aún no se ha explicado. Cuando la gente cuestiona las explicaciones populares de las adaptaciones complejas, como la extremidad de los vertebrados, o la reproducción sexual, o la lengua del pájaro carpintero, o el huevo de cáscara dura del reptil, suelen recibir una letanía de razones por las que estas estructuras son benéficas para los organismos. Más precisamente, la ventaja selectiva de estas estructuras se ofrece como la razón por la que evolucionaron. Pero esto vuelve a ser un razonamiento circular. No es suficiente que un evolucionista explique la función de una estructura específica. ¡Lo que se necesita es explicar el origen mecanicista de estas estructuras!

La selección natural no explica cómo los organismos se adaptan a cambios menores en su entorno. La selección natural permite a los organismos hacer lo que Dios les ordenó que hicieran. Es decir, fructificar y multiplicarse. Sin embargo, la selección natural no contesta la pregunta crítica de cómo las adaptaciones complejas surgieron en primer lugar.

El origen de la vida

Hemos sido llevados a creer que no es difícil concebir un mecanismo mediante el cual moléculas orgánicas pueden ser fabricadas en una tierra primitiva y organizarse en una célula viva que se reproduzca. En realidad, la facilidad con la cual esto puede (supuestamente) ocurrir es el fundamento de la creencia popular de que hay numerosos planetas en el universo que contienen vida. Nada podría estar más lejos de la verdad.

Experimentos primitivos dieron a entender que era relativamente sencillo producir algunos de los bloques constructivos de la vida, como los aminoácidos, los componentes de las proteínas. Sin embargo, la euforia del experimento de Miller-Urey de 1953 ha dado lugar a una crisis del paradigma en 1993 en la investigación del origen de la vida. La anhelada pero viable atmósfera de amoníaco, hidrógeno, metano y vapor de agua ha sido reemplazada por una atmósfera más realista pero mezquina de nitrógeno, dióxido de carbono, monóxido de carbono, sulfuro de hidrógeno y cianuro de hidrógeno. Esto es lo que vomitan los volcanes. Esta atmósfera plantea un desafío mucho más difícil. Las moléculas relevantes para la vida serían mucho más escasas. Aun más dañina es la posibilidad de la presencia de oxígeno molecular en la atmósfera, como resultado de la descomposición del vapor de agua. El oxígeno molecular contaminaría cualquier reacción que produjera moléculas biológicamente significativas.

Los coacervados, las microesferas, el “mundo del ARN”, y otros escenarios tienen, todos, serias fallas, que son obvias para todos en el campo, salvo para quienes continúan trabajando con ese escenario específico. Algunos han llamado a este aprieto, en privado, una crisis del paradigma. No existe ningún modelo central competidor, sino solo numerosos escenarios impulsados por el ego. Aun los experimentos en los que los investigadores intentan simular la tierra primitiva han sido criticados severamente. Estos experimentos suelen cubrirse del fracaso usando reactivos purificados, fuentes de energía aisladas, niveles de energía exagerados, procedimientos que impulsan de forma poco realista la reacción hacia el producto deseado y protegen a los productos de los efectos destructores de las fuentes de energía que los produjeron en primer lugar.

La verdadera situación fue resumida bastante bien por Klaus Dose:

“Más de 30 años de experimentación sobre el origen de la vida en los campos de la evolución química y molecular han llevado a una mejor percepción de la inmensidad del problema del origen de la vida en la tierra, más que a su solución. Al presente, todas las discusiones sobre las principales teorías y experimentos en el campo finalizan en un punto muerto o en una confesión de ignorancia”. [De Interdisciplinary Science Review13(1988):348-56.]

Pero todas estas dificultades en conjunto, por apabullantes que sean, no son el verdadero problema. La mayor dificultad en los escenarios de la evolución química es cómo justificar el código de información del ADN sin que una inteligencia forme parte de la ecuación. El ADN lleva el código genético: el anteproyecto genético para construir y mantener un organismo biológico. Solemos usar los términos del lenguaje para describir la actividad del ADN: El ADN es “transcrito” al ARN: El ARN es “traducido” a la proteína; los geneticistas hablan del “código genético”. Todas estas palabras implican inteligencia, y el código de información del ADN requiere una programación previa inteligente, pero un comienzo puramente naturalista no brinda este aporte. Los experimentos químicos podrán ser capaces de construir pequeñas secuencias de nucleótidos para formar pequeñas moléculas de ADN, pero esto no hace que signifiquen nada. No existe ninguna fuente para el código de información en un origen de la vida estrictamente naturalista.

La incapacidad de justificar las adaptaciones complejas

Tal vez el mayor problema para los biólogos evolucionistas es el problema irresuelto de la novedad morfológica y bioquímica. En otras palabras, algunos aspectos de la teoría evolucionista describen precisamente cómo los organismos existentes están bien adaptados a sus entornos, pero hacen un trabajo muy pobre en explicar exactamente cómo las estructuras adaptables necesarias llegaron a existir en primer lugar.

Las explicaciones darwinianas de las estructuras complejas, como el ojo o la increíble lengua del pájaro carpintero, no llegan a intentar explicar de manera realista cómo esas estructuras surgieron mediante la mutación y la selección natural. El origen del ojo, en particular, le causó a Darwin un problema no menor. Su única sugerencia fue considerar la variedad de ojos en la naturaleza, algunos más complejos y versátiles que otros, e imaginar una secuencia gradual que vaya de los ojos más simples a los más complejos. Sin embargo, el gran evolucionista de Harvard, Ernst Mayr, reconoce que los diferentes ojos en la naturaleza no están en realidad relacionados entre sí por alguna secuencia de lo simple a lo complejo. Más bien, él sugiere que los ojos probablemente tuvieron que evolucionar más de cuarenta veces en la naturaleza. La pesadilla de Darwin nunca ha sido resuelta. Solo se ha vuelto cuarenta veces más aterrador para el evolucionista.

En su libro de 1987, Theories of Life (Teorías de la vida), Wallace Arthur dijo:

“Uno puede sostener que no hay ninguna evidencia directa del origen darwiniano de un diseño del cuerpo, ¡pero la [polilla] negra Biston Betularia ciertamente no es un ejemplo! Así que finalmente debemos admitir que en realidad no sabemos cómo se originan los diseños del cuerpo”.

En 1992, Keith Stewart Thomson escribió en American Zoologist:

“Mientras que los orígenes de las principales novedades morfológicas permanecen sin resolverse, uno puede ver también la obstinada persistencia del cuestionamiento macroevolucionista… como un desafío a la ortodoxia: la resistencia al punto de vista de que la teoría sintética nos dice todo lo que necesitamos saber acerca de los procesos evolucionistas”.

La capacidad de explicar importantes novedades morfológicas no es la única falla de la teoría evolucionista. Hay quienes sostienen que las estructuras moleculares son todavía más difíciles de explicar. La arquitectura molecular de la célula ha sido descrita recientemente por el biólogo molecular Michael Behe como consistente en sistemas irreduciblemente complejos que deben contar con todos los componentes presentes a fin de ser funcionales. El funcionamiento molecular de las cilias, el transporte de electrones, la síntesis de proteínas, la identificación celular vienen inmediatamente a la mente. Si los sistemas son irreduciblemente complejos, ¿cómo surgen lentamente a lo largo de extensos períodos de tiempo a partir de sistemas que originalmente están haciendo otra cosa?

Mientras publicó cientos de artículos relacionados con la homología y filogenia moleculares de diversas proteínas y ácidos nucleicos a lo largo de los últimos diez años, el Journal of Molecular Evolution no publicó un solo artículo que intentara explicar el origen de un solo sistema biomolecular. Quienes hacen de la evolución molecular el trabajo de su vida están demasiado ocupados estudiando la relación de la molécula del citocromo c en el hombre con la molécula del citocromo c en las bacterias, en vez de tratar la cuestión más fundamental: ¡de dónde vino el citocromo c en primer lugar!

Claramente, entonces, sea que estemos hablando de importantes novedades morfológicas, como el ala de los murciélagos o las aves, las adaptaciones para el nado de los peces y las ballenas, el ojo humano o el funcionamiento molecular submicroscópico de las mitocondrias, los ribosomas o las cilias, la teoría evolucionista no ha logrado explicar cómo estas estructuras podrían surgir mediante procesos naturales exclusivamente.

La bancarrota de la hipótesis del relojero ciego

En su libro de 1986, The Blind Watchmaker (El relojero ciego), Richard Dawkins afirma: “La biología es el estudio de cosas complicadas que tienen la apariencia de haber sido diseñadas con un propósito”. Explica:

“La selección natural es el relojero ciego; ciego, porque no ve hacia adelante, no planea las consecuencias, no tiene propósitos en mente. Sin embargo, los resultados vivientes de la selección natural nos impresionan abrumadoramente con la apariencia de diseño, como de un maestro relojero; nos impresionan con la ilusión de diseño y planificación”.

El crítico del darwinismo Philip Johnson ha dicho, en tono de broma, ¡que el relojero no solo es ciego sino inconsciente!

Dawkins luego sugiere cómo este proceso podría haber ocasionado el desarrollo de las alas en los mamíferos. Dice:

“¿Cómo se originaron las alas? Muchos animales saltan de rama en rama, y a veces caen al suelo. Especialmente en un animal pequeño, toda la superficie del cuerpo atrapa el aire y ayuda en el salto, o amortigua la caída, y actúa como un burdo alerón. Toda tendencia de aumentar la proporción entre la superficie del área y el peso ayudaría. Por ejemplo, aletas de piel que crecieran en los ángulos de las coyunturas… No importa cuán pequeña o cuán poca parecida a un ala fueran las primeras aletas. Debe haber alguna altura–llamémosla “h”–a la que dicho animal se rompería el cuello si cayera de esa altura. En esta zona crítica, toda mejora en la capacidad de la superficie del cuerpo para atrapar el aire e interrumpir la caída, por más leve que fuera la mejora, significará la diferencia entre la vida y la muerte. La selección natural, entonces, favorecerá los leves prototipos de aletas. Cuando estas aletas se conviertan en la norma, la altura crítica “h” se volverá algo mayor. Ahora, un leve aumento adicional en las aletas hará la diferencia entre la vida y la muerte. Y así sucesivamente, hasta llegar a tener alas propiamente dichas.”

Esto puede sonar bastante seductor y convincente inicialmente. Sin embargo, se están usando tres supuestos falsos.

La primera suposición dudosa es que la naturaleza puede brindar toda una cadena de mutaciones favorables de la clase precisamente necesaria para cambiar extremidades delanteras en alas en una línea de desarrollo continuo. ¿Cuál es el milagro mayor, un cambio instantáneo o toda una serie de miles de diminutos cambios en la secuencia apropiada?

La otra suposición es que ocurra “en igualdad de circunstancias”. Estas mutaciones no deben tener efectos secundarios dañinos. ¿Cómo se ve afectada la capacidad prensil de la criatura mientras crecen estas aletas? Estos pequeños animales, del tipo de la musaraña, podrían verse atrapados lentamente entre perder su adaptabilidad a los árboles antes de que puedan usar plenamente sus alas “en desarrollo”. O podría haber algún efecto aparentemente no relacionado o no previsto que ponga en peligro su capacidad de supervivencia.

Una tercera suposición errónea es la frecuentemente usada analogía con la selección artificial. “Si la selección artificial puede lograr tanto en solo unos pocos años”, dice el argumento”, solo piense en lo que la selección natural puede hacer en millones de años”. Pero la selección artificial funciona porque incorpora la previsión y el propósito consciente, cuyas ausencias son las cualidades definidoras del relojero ciego. Además, la selección artificial en realidad demuestra los límites del cambio, ya que suele llegarse a un punto límite en el proceso de selección muy rápidamente.

La hipótesis del relojero ciego, cuando se la analiza cuidadosamente, cae en la categoría de las historias fantasiosas y entretenidas, pero que no guardan ningún parecido con la realidad.

El predominios de la estasis por sobre la mutabilidad

Más que observar organismos que evolucionan gradualmente hacia otras formas, el registro fósil habla de “apariciones repentinas” y de “estasis”. Nuevos tipos aparecen repentinamente y cambian muy poco luego de su aparición. La rareza de ejemplos de cambio gradual en el registro fósil fue revelada como el secreto profesional de la paleontología por Steven J. Gould, de Harvard. Gould también se refiere a la estasis como un “dato” en el sentido paleontológico. Estas son observaciones significativas.

Darwin predijo que habría innumerables formas transicionales entre las especies. Pero la realidad de la paleontología (el estudio de los fósiles) es que nuevas formas aparecen repentinamente sin ningún indicio del cambio “gradual” predicho por la evolución. No solo eso, sino que, una vez que han aparecido estas nuevas formas, permanecen relativamente sin cambios hasta la actualidad, o hasta que se extinguen.

Algunos animales y plantas han permanecido sin cambio durante literalmente millones de años. Estos “fósiles vivientes” pueden ser más embarazosos para los evolucionistas de lo que suelen admitir. Una criatura en particular, el coelacanto, es muy aleccionador. El primer coelacanto vivo se encontró frente a la costa de Madagascar en 1938. Se creía que los coelacantos habían estado extintos durante 100 millones de años. Pero la mayoría de los evolucionistas consideró que este descubrimiento era una gran oportunidad para estudiar el funcionamiento de un ancestro del tetrapodo. Los coelacantos se parecen a los ancestros propuestos para los anfibios. Se esperaba que algunas pistas podrían derivarse del moderno coelacanto, con relación a exactamente cómo un pez se volvió preadaptado a la vida terrestre, porque no solo había un esqueleto completo sino todo un conjunto de órganos internos por añadidura. Los resultados del estudio fueron muy desalentadores. El moderno coelacanto no mostró ninguna evidencia de órganos internos preadaptados para el uso en un entorno terrestre. El coelacanto es un pez; ni más, ni menos. Sus aletas huesudas se usan excepcionalmente como remos bien diseñados para cambiar de dirección en un entorno de mar profundo, y no son las protoextremidades de futuros anfibios.

En ningún lado aparece demostrado mejor el problema de la aparición repentina que en el esquisto de Burgess, en las Rocallosas Canadienses. El esquisto de Burgess ilustra que en el período del Cámbrico (que los evolucionistas estiman corresponde a unos 500 millones de años atrás), casi todos los diseños de cuerpos básicos (phyla) de los animales existentes en la tierra comenzaron a existir en un instante geológico (definido como de solo 20 a 30 millones de años), y nada tan nuevo como esto ha aparecido desde entonces. La “explosión del Cámbrico”, como se lo suele llamar, es algo asombroso. Esponjas, medusas, gusanos, artrópodos, moluscos, equinodermos y muchas otras criaturas más extrañas que la ficción aparecen todos en el Cámbrico, sin un indicio de sus antecesores o aun cómo podrían estar relacionadas entre sí. Esta es la expectación opuesta del darwinismo, que habría predicho que cada diseño del cuerpo emergería de phylapreexistentes a lo largo de extensos períodos de tiempo. La explosión del Cámbrico contradice directamente la evolución darwiniana.

Si Darwin estuviera vivo hoy, creo que estaría tremendamente desilusionado. Hay menos evidencia a favor de su teoría hoy que en su propio tiempo. La posibilidad de que el ojo humano evolucionara podría haberlo hecho estremecerse, pero la organización de la célula más simple es infinitamente más compleja. ¡Tal vez lo llevaría más cerca de una crisis nerviosa!

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Traducción: Alejandro Field


Autor: Raymond G. Bohlin

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