Métodos de interpretación bíblica


Métodos de interpretación bíblica:

La interpretación de la Biblia depende exclusivamente del método que aplique el intérprete en el análisis del texto. El sistema empleado determinará el resultado. Esto explica la razón por la cual haya distintas interpretaciones a un mismo pasaje. José María Martínez en su obra sobre Hermenéutica señala que no es buena la teoría que sugiere que un texto puede tener múltiple/interpretaciones. Un pasaje bíblico tiene un solo significado verdadero y descubrirlo será la tarea del exegeta.

Los Métodos de interpretación bíblicos más utilizados:
A lo largo del tiempo y debido a la influencia de distintos factores, se aplicaron diversos métodos hermenéuticos.

Un autor señala:

La historia de la exposición bíblica, tal como se la descubre en las obras de los grandes exegetas y críticos, nos muestra los diversos métodos que han prevalecido en varios períodos. Indudablemente, al través de los siglos, el sentido común de los lectores ha aceptado el significado obvio de las principales partes de la Biblia; pues, como lo hace notar Stuart: “Desde el primer instante en que un ser humano se dirigió a otro, mediante el uso del lenguaje, hasta la hora actual, las leyes esenciales de la interpretación fueron, -y han continuado siéndolo-, un asunto práctico. La persona a quien se hablaba, siempre ha sido un intérprete en cada caso en que ha oído y entendido lo que se le decía. Por consiguiente, toda la raza humana es, y siempre ha sido, intérprete. Esto es una ley de su naturaleza racional, inteligente y comunicativa”. La mayor parte de los métodos de explicación erróneos y absurdos tienen su origen en falsas ideas acerca de la Biblia misma.[1]

Los principales métodos de interpretación son considerados a continuación:
1. El método literalista o letrísta:

Este método ha sido empleado por los maestros judíos y básicamente consiste en explicar la interpretación del texto atribuyéndoles un significado especial a cada letra que lo integra. M. S. Terry lo explica de la siguiente manera:

Por una parte hallamos una reverencia supersticiosa por la letra de la Escritura, lo que induce a escudriñar en busca de tesoros de pensamiento escondidos en cada palabra; por otra parte, los prejuicios y suposiciones hostiles a las Escrituras han engendrado métodos de interpretación que pervierten, -y a menudo contradicen-, las declaraciones mas claras de las Escrituras. Las antiguas exposiciones judaicas del Antiguo Testamento exhiben numerosos métodos absurdos de interpretación. Por ejemplo, las letras de una palabra eran reducidas a su valor numérico; luego se buscaba alguna otra palabra o declaración que contuviera las mismas letras en otro orden, u -otras letras que sumaran el mismo valor numérico y, halladas, se consideraban las dos palabras como equivalentes en significado. El valor numérico de las letras que, en hebreo, componen el nombre “Eliezer”, es trescientos dieciocho, igual al número de los siervos de Abraham (Gen. 14: 14) de lo cual se infería que el mayordomo de Abraham, Eliezer, era tan poderoso solo como los otros trescientos. Y así, por medio de ingeniosas manipulaciones, toda forma gramatical rara, todo caso de pleonasmo o de elipsis, o el empleo de cualquier partícula aparentemente superflua, se la hacía contribuir algún significado notable. Es fácil ver que métodos tan caprichosos necesariamente tenían que envolver la exposición de las Escrituras en la mayor confusión.[2]

2. El método Alegórico:
Este método consiste entonces en pasar por alto el significado literal del texto en búsqueda de un contenido espiritual y oculto. Una verdad que se encuentra tras el texto mismo. Para descubrirla hay que tratar de encontrar en todo término un significado simbólico. A modo de ejemplo, presentaré la siguiente explicación de la parábola del buen Samaritano: “Es obvio para los tipólogos que el mesón donde el buen Samaritano aloja al hombre malherido es la iglesia, y que los dos denarios con que paga el coste del inesperado visitante son los dos sacramentos de la Iglesia”[3]. Tal interpretación aunque parezca atractiva carece de fundamento. La inexactitud del método alegórico se explica sugiriendo otra posible interpretación del mismo texto. Alguien podría decir que los dos denarios representan al Espíritu Santo y la Biblia en lugar de los “sacramentos”. De esta forma se le puede hacer decir a la Biblia lo que esta en realidad no dice.
Fue un método común entre los griegos que lo aplicaron en la interpretación de los relatos legendarios y poéticos. Esto surgió debido a la divergencia entre dos concepciones distintas del mundo. La provista por la mitología y la provista por la ciencia o filosofía. Tal antagonismo entre una y otra se resolvió apelando a la interpretación alegoríaca de la mitología. Los judíos helenistas, especialmente los de Alejandría, aplicaron este método para la interpretación del Antiguo Testamento. De esta manera pretendían armonizar las enseñanzas de las Escrituras con las creencias filosóficas griegas. El primer representante de esta forma de interpretación bíblica fue Aristobulo que vivió en el siglo II a. C.. El más distinguido de estos intérpretes fue Filón (20 a. C. a 54 d. C.). Intentó demostrar que Moisés poseía todo el saber que los griegos descubrieron mucho más tarde.
Entre los cristianos del siglo I y II se popularizó también este método hermenéutico. También fue en Alejandría donde se lo empleo por primera vez. Se destacaron Clemente y su discípulo Orígenes. Ambos ponderaban el valor de las Escrituras pero creían firmemente que la alegorización proveía del auténtico significado de las Escrituras. Admitían el significado literal de un texto cuando describía algún evento histórico pero aún en estos casos encontraban un valor tipológico y místico.
El método alegórico llegó a predominar hasta las la era de la reforma. Esto facilitó que durante siglos el cristianismo estuviese indefenso ante las muchas herejías que se fueron introduciendo. El criterio prevaleciente hasta entonces es que el pensamiento del autor bíblico era aplicable literalmente en tanto que no chocase con las posturas adoptadas por el magisterio de la iglesia. Bernand Ramm señala que “la maldición del método es que oscurece el verdadero significado de la Palabra de Dios”[4].

3. El método Místico:

Esta íntimamente ligado al anterior. M. S. Terry lo explica de la siguiente manera:

En bastante estrecha alianza con la Interpretación Alegórica hallamos a la Mística, según la cual deben buscarse múltiples profundidades y matices de significado en cada palabra de la Biblia. Por lo tanto los interpretes alegóricos, muy naturalmente, caen en muchas cosas que deben clasificarse con las teorías místicas. Clemente de Alejandría sostenía que las leyes d$ Moisés contienen un cuadruplo significado, el natural, el místico, el moral y el profético. Orígenes sostenía que como la naturaleza humana consiste en cuerpo, alma y espíritu, así también las Escrituras tienen un correspondiente triple sentido: el corporal o literal, el psíquico o moral y el espíritu, al que él, más tarde distingue como alegórico, tropológico y anagógico.[5]

Similar al método alegórico pero en este caso le atribuye al texto varias interpretaciones   distintas.

4. Método liberal:
La escuela liberal, influenciada por una corriente filosófica llamada racionalismo, rechazó doctrinas tales como la inspiración e inerrancia de las Escrituras así como todo relato que tiene que ver con lo milagroso. Lógicamente terminaron negando la veracidad de otras doctrinas escenciales tales como el nacimiento virginal del Señor, los milagros que realizó, su muerte y su resurrección. Esto derivó en diversos métodos interpretativos que resumiremos seguidamente:

4.1. El método naturalista:

Los milagros en realidad no fueron tal cosa. Tal explicación no es posible en una época cuando la ciencia ha superado a la superstición. Todo evento milagroso debe ser explicado de otra manera. Observemos por ejemplo la siguiente explicación de la resurrección:

No podemos aceptar la idea de que las apariciones de Jesús, primero a María Magdalena y después a las otras mujeres pueda atribuirse a las alucinaciones; no son atribuibles a estados mentales morbosos. Lloraron la muerte del querido Maestro; no podrían conformarse con la idea de su separación; la tenían presente mental y emocionalmente, y sus palabras seguían resonando en sus oídos. La realidad espiritual de Jesús no se había apartado de ellas; en cierto sentido, el Maestro se hallaba más cerca que nunca. Sólo faltaba que se abrieran los ojos para verle. Las apariciones de Jesús tienen su explicación psicológica: fueron visiones mentales de una realidad espiritual. Fue por medio de una visión mental que el apóstol Pablo conoció a Jeús: “Agradó a Dios – dice – revelar a su Hijo en mí” y, ¡que transformación se operó en su vida!…[6]

Este tipo de razonamiento se denomina “sofisma“. Se trata de una expresión con una apariencia de verdad para ocultar el error. Observemos detenidamente. El autor presente primeramente una verdad aparente: “No podemos aceptar la idea de que las apariciones de Jesús, primero a María Magdalena y después a las otras mujeres pueda atribuirse a las alucinaciones”. No obstante, finalmente, termina afirmando lo contrario: “Las apariciones de Jesús tienen su explicación psicológica: fueron visiones mentales de una realidad espiritual”. Este esfuerzo argumental fue presentado para negar la veracidad de la resurrección del Señor y a su vez presentar una interpretación natural del evento milagroso acaesido.

Otro ejemplo es la siguiente explicación del milagro de la alimentación a los cinco mil:

El milagro aparente de alimentar a cinco mil personas con cinco panes, se realizó, sencillamente, por el ejemplo que Jesús ordenó a sus discípulos que dieran, de distribuir a los que les rodeaban de las pocas provisiones que tenían. Este ejemplo fue pronto seguido por otros grupas T se halló que había comida más que suficiente para todos. Lázaro no murió realmente; sufrió un desmayo y se le creyó muerto. Jesús sospechó estas cosas y, llegando a la tumba en el momento oportuno, halló confirmada su suposición; y su sabiduría y poder, en este caso, hicieron una impresión profunda y duradera.[7]

4.2. El método moral:
La intepretación moral debe su origen al filosofo Emanuel Kante. M. S. Terry dice: “La prominencia que da a la razón pura y al idealismo mantenido en su sistema metafísico, conducen, naturalmente, a la práctica de hacer inclinar las Escrituras a las exigencias preconcebidas de la razón porque aunque toda la Escritura sea dada por inspiración de Dios, tiene por su valor y propósito prácticos la mejora moral del hombre”[8]. Cuando el intérprete encuentra que el sentido literal e histórico de un pasaje no contiene ninguna lección moral simplemente puede pasarlo por alto.

4.3 El método crítico:
Los teólogos liberales que, como ha sido afirmado, negaron la inspiración de las Escrituras, sostuvieron que los libros de la Biblia son una recopilación de diversas tradiciones religiosas. Moiséss por ejemplo, no escribió el Pentateuco sino que es una colección de diversos documentos denominados J E D P. Esta teoría recibió el nombre “Graf – Wellhausen” en honor a sus creadores. Por supuesto la existencia real de estos documentos nunca se probó. Más tarde esta teoría tendría su influencia en un intento por resolver el denominado problema Sinóptico. Wellhausen, entre los años 1903 a 1905, publicó un estudio sobre los evangelios Sinópticos en el cual decía que solo pequeños fragmentos sobre Jesús eran verdaderos.
Surgieron entre ellos distintas formas de interpretar las Escrituras:

4.4 La desmitologización:
Rudolf Bultmann, defensor de la postura anterior, preocupó explicar la razón por la cual se incluyeron mitos en los evangelios Sinópticos. Para ello dividió el contenido de los evangelios en dos partes. La primera es esencialmente el evangelios cristiano, el kerigma. Lo que hay que creer. La segunda parte es la cosmovisión del siglo primero, de índole mitológica. El Kerigma esta envuelto en un marco mitológico que el hombre moderno no puede aceptar. La labor del teólogo consiste en despojar al Kerigma de su envoltura mítica, es decir desmitologizar el mensaje de los evangelios.
Los mitos incorporados a la historia de Jesús transformaron a “este gran hombre” en un ser divino que se encamó. Sus grandes enseñanzas despertaron tal admiración que lo pintaron como un ser milagroso, que luchaba contra los demonios y los vencía. Pero su vida no podía terminar con su trágica muerte así que se agregaron los mitos concernientes a su resurrección, su ascensión al cielo y la creencia en su pronta venida. Para el autor, el Señor Jesús no era más que un gran hombre. Se trató simplemente de un gran maestro que, por alguna razón, fue juzgado por Pilato y luego crucificado. Esto implica también que no fue concebido por el Espíritu Santo, que no realizó ningún milagro, que murió pero no resucitó, por lo cual no ascendió, no esta sentado a la diestra de Dios y ni volverá. Esto implica negar también las doctrina de la Trinidad, expiación substitutiva y la obra del Espíritu Santo.

4.5 El método teológico-existencial:
Karl Barth es considerado como el teólogo más solido del siglo XX. Se opuso a las conclusiones del liberalismo no obstante mantuvo un concepto deficiente acerca de la inspiración de las Escrituras. El método existencial consiste en la aplicación de la Biblia a las más profundas experiencias de la vida tales como el amor y el odio, la vida y la muerte, el pecado y la gracia, el bien y el mal. Pone por tanto el asento en la aplicación practica de las Escritura despreciando el significado del texto. Su método de interpretación de las Escrituras depende de las necesidades, cultura y época del interprete.

5. El método Dogmático:
La interpretación dogmática es la que ha caracterizado en particular al catolicismo romano. Esto quiere decir que los exegetas romanos están atados al dogma, es decir, a la doctrina aceptada por la iglesia. El gran problema que el Catolicismo Romano es como explicar las diferencias notables que existen entre sus creencias y prácticas y las enseñanzas bíblicas. El cardenal Newman ideó una teoría denominada “evolución dogmática”. Sostiene que las instituciones cristianas existieron solamente en germen durante la edad apostólica, y que se desarrollaron completamente en el período de los llamados “Padres de la Iglesia”. Sus enseñanzas son un auténtico e indispensable suplemento de las Escrituras. Esto significa que el Nuevo Testamento no es la única fuente de autoridad. Un autor lo ha expresado de la siguiente manera: “La iglesia de los primeros seis siglos, y no la del Nuevo Testamento, es para ellos la verdadera iglesia de Cristo”[9]
George Salmón describe ésta hipótesis del siguiente modo: “… Cristo no había encomendado a su iglesia sino ciertas semillas y gérmenes de la verdad y que éstos estaban destinados a desarrollarse después en formas más definidas; de consiguiente, no fue la intención de nuestro Señor que la enseñanza de la iglesia fuera siempre la misma; sino que fuese continuamente mejorando, bajo la dirección del Espíritu Santo[10]
La iglesia Católico Romana es, por propia definición, la única interprete eficaz y veraz de las Escrituras. Esto significa que la Iglesia romana es infalible. No obstante, no resulta sencillo demostrar semejante pretensión ante claros y notorios yerros. Fue el cardenal Newman quien presentó una ingeniosa solución a este inconveniente. Él señalaba que cuando éramos niños aceptábamos la autoridad de nuestros mayores. Una vez que crecimos examinamos algunas cosas e inclusive las rechazamos. No obstante, ningún razonamiento posterior tiene la misma fuerza que las enseñanzas de la niñez. El niño acepta las enseñanzas de los adultos porque confía en sus conocimientos y habilidad. Del mismo modo el católico Romano debe aceptar la enseñanza emanada de la Iglesia. Como ha señalado José Grau, semejante pretensión significa usurpar las función del Espíritu Santo. Juan Calvino, el reformador, decía:

Ha habido en nuestros tiempos grandes debates sobre la eficacia del ministerio, queriendo unos ensalzar demasiado su dignidad; pretendiendo otros en vano atribuir al hombre mortal lo que es propio del Espíritu Santo, diciendo que los ministros y doctores penetran los entendimientos y los corazones para corregir la ceguera y la dureza que hay en ellos. Vamos, pues, a tratar aquí y decidir esta cuestión.
Los que alegan tanto unos como otros, fácilmente podrá esclarecerse considerando con diligencia los pasajes en que Dios, que es el autor de la predicación, aplica su Espíritu a ella, y promete que no quedará sin ningún fruto.[11]

Recordemos esto, la Biblia es infalible en los asuntos que tienen que ver con la fe y la practica. Ninguna persona o institución puede atreverse a ocupar tal posición.

6. El método Gramático – Histórico:
M. S. Terry, hablando de este método dice:

Distinguiéndose de todos los métodos de interpretación mencionados podemos referirnos el Histórico-Gramático como el método que más se recomienda al criterio y a la conciencia de los estudiantes cristianos. Su principio fundamental consiste en conseguir de las Escrituras mismas el significado preciso que los escritores quisieron dar. Ese método aplica a los libros sagrados los mismos principios, el mismo proceso gramatical y el mismo proceso de sentido común y de razón que aplicamos a otros libros. El exegeta histórico-gramático dotado de convenientes cualidades intelectuales, educacionales y morales, aceptará las demandas de la Biblia sin prejuicios o prevenciones; y sin ambición alguna de demostrarlas como verdaderas o falsas investigará el lenguaje y tendencias de cada libro con toda independencia y sin temor de ninguna clase; se posesionará del idioma del escritor, del dialecto especial que hablaba, así como de su estilo y manera peculiar de expresión; averiguará las circunstancias en que escribió, las maneras y costumbres de su época y el motivo u objeto que tuvo en vista al escribir. Tiene el derecho de suponer que ningún autor en su sano juicio será, a sabiendas, inconsecuente consigo mismo ni tratará de extraviar o de engañar a sus lectores.[12]

Por su parte, José María Martínez, dice que este método supera a todos los anteriores. Con su título se indica que el intérprete intentará determinar con la mayor precisión posible lo que el pasaje bíblico pretende explicar. En cuanto a los antecedentes de este método el último autor mencionado señala la escuela de Antioquía en el siblo IV d. C. Los reformadores serían quienes revitalizarían este método.

Conclución:

Por tanto de aquí en más estudiaremos a fondo este método hermenéutico.

Notas
1.M. S. Terry, op. cit. pag. 6-7
2. M. S. Terry, op.cit. pag. 7.
3. Stephen Neill, La interpretación del Nuevo Testamento, Ediciones península, 1967, pag.313. 4. Bernard Ramm, cit. por José María Martínez, op. cit. pag. 73.
5. M. S. Terry, op. cit. pag. 8
6.Enrique C. Balloch, Mirando a Jesús, Editorial la Aurora, Buenos Aires 1977, pag. 410.
7. M. S. Terry, op. cit. pag. 11-12.
8.
9 H. Harvey, La iglesia, su forma de gobierno y sus ordenanzas, Buenos Aires, Casa Bautista de Publicaciones, 1911, pag.3.
10 Geroge Salmón, La Infalibilidad de la Iglesia, Buenos Aires, Editorial La Reforma, 1923, pag.45.
11 Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, Libro IV, Cap. I, párrafo 6, Editoral Feliré, 1986, pags. 809-810.
12 M. S. Teny, op. cit. pag. 14

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5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. ProfeCPS
    abr 17, 2009 @ 08:53:15

    Me gustaría saber cúal de las más de 700 versiones bíblicas hay que “interpretar”…
    Un panfleto escrito hace siglos, destinado a transmitir mensajes simplones a mentes casi-paleolíticas no puede pretender encerrar verdades para las condiciones actuales de la sociedad humana.
    Interpretar la Biblia es perder el tiempo, pues es tan subjetivo el resultado de esa interpretación que no tiene ninguna validez probatoria.
    Déjense de sandeces y empiecen a aplicar los derechos humanos a todos los que les rodean, que eso sí que es un documento valioso.

  2. kuerVo
    abr 17, 2009 @ 15:24:58

    Se le puede dar todas las interpretaciones que se deseen a los hechos narrados en la Biblia. Lo cierto es que todos ellos, salvo la resurrección de Lázaro, pueden considerarse fenómenos físicos o naturales. No hay nada en ellos que requiera la intervención directa de un ser sobrenatural. No hay nada en los hechos, ni en los personajes. De todos los protagonistas bíblicos, el único que manifiesta una condición humana excepcional es Jesús, el resto, con sus altas y bajas, son seres humanos comunes, sin grandes distinciones morales.

    Honestamente, creo que Dios existe, pero no creo que ande esparciendo palabras por el mundo. También creo que muchas de las narraciones de la Biblia y otros textos “sagrados” ocultan sucesos extraordinarios para los hombres y mujeres de esas épocas en que se escribieron. Pero no hay nada más allí que la divinización de hechos materiales.

    Pero claro, esto no deja de ser una creencia.

    Saludos.

  3. pauloarieu
    abr 17, 2009 @ 20:58:58

    La Biblia es el único libro escrito por inspiración de Dios, en el sentido de que Dios ha guiado personalmente a sus escritores. La inspiración de la Biblia se define como una enseñanza que Dios ha impartido directamente a sus autores y que, sin destruir ni anular su propia individualidad, su estilo literario o intereses personales, Dios ha transmitido en la misma Su completo e íntimo pensamiento, y así ha quedado registrado por sus autores humanos. Al formar las Escrituras, es cierto que Dios empleó a escritores humanos; pero esos hombres, aunque no pudieran haber comprendido todo lo que estaban escribiendo, sin embargo, bajo la guía de Dios y su mano directriz, produjeron los 66 libros que forman la Biblia, en la cual se halla una fascinante continuidad y una constante evidencia de la obra del Espíritu Santo dirigiendo sus plumas.

    Por tanto, aunque escrita por medios humanos, la Biblia es el mensaje de Dios al hombre, más bien que un mensaje del hombre para su prójimo. Sin importar si las palabras registradas son las que Dios dictó literalmente, las copias halladas de antiguos códices y los resultados de la investigación acerca de los autores humanos, o de sus pensamientos, aspiraciones y temores, demuestran que en cada detalle Dios guió a esos hombres de tal forma que lo que ellos escribieron fue precisamente lo que Dios intentó que escribieran, con el resultado, pues, de que la Biblia es, ciertamente, la Palabra de Dios. Aunque ciertos pasajes de la Biblia puedan diferir notablemente en su carácter, todas y cada una de las palabras de la Escritura son igualmente inspiradas por Dios.

    La doctrina de la inspiración, precisamente por ser sobrenatural, presenta algunos problemas para la comprensión humana. ¿Cómo puede un autor humano, registrando sus propios pensamientos y sus conocimientos, ser guiado para escribir exactamente lo que Dios desea que escriba? Precisamente por existir preguntas como ésta, se han aventurado algunas opiniones, como la de la extensión del control divino sobre los autores humanos. Existen diversas «teorías de la inspiración», y todos los intérpretes de la Biblia siguen alguna de tales teorías. La perspectiva de la inspiración aceptada por el comentarista es el fundamento sobre el cual están construidas todas las interpretaciones de la Biblia, y por tal motivo es preciso prestar una cuidadosa atención a la verdadera perspectiva de la inspiración.

  4. pauloarieu
    abr 17, 2009 @ 23:51:22

    Estos son los distintos metodos que se usan. Ahora bien, el mejorcito es el metodo historico y gramatico.

  5. pauloarieu
    abr 18, 2009 @ 02:01:38

    Hola a todos.
    Aca puse la descripcion del metodo
    http://lasteologias.wordpress.com/2009/04/18/el-metodo-gramatico-—-historico/

    Saludos

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