El verdugo de la creación Divina


BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN

El verdugo de la creación Divina

El padre de la biología moderna enfrentó varias críticas por considerar que el hombre desciende del mono y no que es fruto de la imagen de Dios.


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El científico británico Charles Darwin, figura capital del pensamiento moderno, representa como pocos el antagonismo entre religión y ciencia.

Muchos religiosos se irritaron ante las ideas de Darwin, conocido como el científico que descubrió que el hombre desciende del mono, en contraposición a la versión bíblica que dice que Dios lo hizo a su imagen y semejanza a partir de un puñado de arcilla.

El científico británico, que nació hace 200 años, consideraba que no hay un escalón insalvable entre humanos y animales. Sostenía que todos procedemos del mismo tronco de la existencia, evolucionando a través de mutaciones que crearon nuevas especies y que condujeron a la extinción a otras en un proceso de cientos de millones de años.

Según la teoría de Darwin, la vida ha evolucionado a través de la selección natural. Para explicar este mecanismo selectivo, detalla en su popular libro “El origen de las especies” que “el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces aquellos miembros de la población con características menos adaptadas morirán con mayor probabilidad. Aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente”.

El principal artífice de la teoría de la evolución por selección natural estudió para ser clérigo. Por irónico que parezca, Darwin fue y es aun cuestionado porque atribuyó a la naturaleza facultades que muchos consideran exclusivamente divinas.

Nacido en Shrewsbury en el seno de una familia acomodada, Darwin manifestó desde pequeño gran interés por las ciencias naturales. En 1825, siguiendo los pasos de su padre y abuelo, comenzó a estudiar para médico, pero a los dos años lo dejó y a propuesta de su padre decidió estudiar para ser ministro de la Iglesia de Inglaterra.

Comenzó a asistir voluntariamente a las clases del botánico John Henslow, el cual fue una figura decisiva para que llegase a ser quien fue y no un clérigo rural como quería su padre.

Gracias a Henslow, Darwin tuvo a los 22 años la oportunidad de integrarse como naturalista sin paga a la expedición comandada por el capitán Robert Fitzroy a bordo del “HMS Beagle”. El barco zarpó en 1831 y regresó a Inglaterra en 1836.

En ese periplo, Darwin conoció Cabo Verde, las costas de América del Sur (Argentina incluida), las islas Galápagos, Australia y Sudáfrica, entre otros lugares, y comenzó su “segunda vida”, como él mismo la definió, dedicada a la ciencia.

A su regreso a Inglaterra, ya merodeaban en su cabeza algunas de las ideas que años más tarde plasmó en “El origen de las especies” (1859), que le daría fama universal.

Durante varios años se abstuvo de escribir ni siquiera un esbozo. Se cree que por miedo al escándalo, aunque hay también que lo atribuyen a que no quería herir los sentimientos de su esposa, que era una cristiana devota.

En 1859 se publicó “El origen de las especies” y al año siguiente se instaló en plena campiña inglesa, donde nacieron la mayoría de sus diez hijos, de los cuales sólo siete llegaron a la edad adulta.

Tras su muerte en 1882, Lady Elizabeth Reid Hope, una evangelizadora cristiana, afirmó que estuvo con Darwin poco antes de su muerte y que éste estaba arrepentido de sus teorías y reconocía a Jesucristo como el salvador de la humanidad, pero su familia lo negó.

Fuente: http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=327541

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