El origen de la vida según la teoría de la evolución


10 Ago 2008

El origen de la vida según la teoría de la evolución

Escrito por: J. Enrique Cáceres-Arrieta el 10 Ago 2008  

 

Si analizamos con seriedad y sin fanatismo la teoría (más que teoría debería llamarse hipótesis por lo poco científica que es y la gran cantidad de dosis especulativa contenida en ella) de la evolución, nos damos cuenta de que contradice categóricamente leyes fundamentales de las ciencias naturales tales como la ley de la biogénesis (la vida surge solo de vida preexistente y perpetuará solamente su propia especie); la primera y segunda de las leyes termodinámicas y otros principios establecidos por estas ciencias, sin olvidar que también va en contravía de la lógica y el sano sentido común. (“¿Con qué se come eso?”, preguntarán los fanáticos del racionalismo y materialismo)

Lo más probable es que poca gente simpatizante y creyente de la teoría de Darwin sepa que la primera crítica que debe hacérsele al darvinismo es que adoptó la premisa incorrecta para estudiar el origen de la vida, aplicando el criterio de la ciencia de las operaciones (estudia causas secundarias que gobiernan la manera en que operan las cosas en forma usual) al estudio de los orígenes; y, además, está en búsqueda de causas regulares y repetidas de hechos que ocurrieron una sola vez. Eso toma por los cabellos las operaciones que funcionan hoy en el mundo para explicar cómo es que el mundo fue por primera vez; cómo se originó. Usando esa metodología arriba a una conclusión previa originada por un proceso, que es precisamente el campo de estudio de la ciencia de las operaciones. Por consiguiente, confunde la realidad al presuponer que los hechos únicos (irrepetibles) y singulares, como el origen del universo y la vida primitiva, deban estudiarse por medio de un proceso regular y repetitivo. Pasa por alto que para entender los orígenes de la vida debemos usar la ciencia de los orígenes (estudia las causas primarias: hechos que suceden solo una vez y carecen de explicación naturalista), no la ciencia de las operaciones. De ahí que filósofos de la ciencia como Popper hayan considerado a la teoría de la evolución un programa metafísico de investigación en lugar del rimbombante título de científica que fanáticos evolucionistas le han adherido.

Además, la teoría de la evolución es solo eso: teoría, suposición, algunas verdades, especulación, hipótesis. Un mito. (Hay quienes consideran a Darwin un genio. Darwin era un joven con muchas dudas y frustraciones al escribir El origen de las especies como se cree admitió siendo anciano) Una teoría irracional y sin fundamento alguno que contiene un sinnúmero de falacias científicas. Quien basado en pocas evidencias construye un edificio corre el riesgo de que tal edificación se venga abajo en cualquier momento. ¿Será por ello que la “teoría” ha sido tan emparchada desde su aparición?

Hemos expresado que mientras una ciencia no pueda formular una ley tiene grandes dosis de especulación; poca es la ciencia y mucha la filosofía. En todo caso, por casi dos siglos hay quienes han enseñado y aún enseñan la hipótesis de la evolución como si fuera ley de la República Científica. Uno de esos fanáticos de la acientífica hipótesis evolutiva fue Ernst Mayr (1904-2005). Fue tan radical y dogmático en sus especulaciones acerca de la filosofía naturalista de la evolución que ha sido considerado “el Darwin del siglo XX”.

Mayr, como otros furibundos evolucionistas, creía que “una persona académicamente educada ya no cuestiona la validez de la tan nombrada teoría de la evolución, la cual nosotros [creyentes de la religión Evolución] ahora conocemos como un hecho seguro”. La afirmación de Mayr además de engañosa es profundamente peligrosa, pues insinúa que por solo hacer una declaración repetidas veces se convertirá automáticamente en verdad sin importar su falsedad, tal cual creía Goebbels. Asimismo, asume como cierto lo que debería demostrar en el laboratorio y nunca se ha hecho. El mito transformista ha sido tan repetido a lo largo de 150 años que muchos lo ha abrazado como cierto sin haber investigado nada a fondo y pasando por alto las serias pruebas en contra.

¿Es la especulación darvinista un “hecho seguro” como suele creerse? Desde hace varios años muchos evolucionistas saben que ello es solo fantasía. Un vehemente deseo. Ojo, para los evolucionistas ateos nadie que rechace las especulaciones del darvinismo es verdadero científico. No sé por qué me parece haber leído eso en algún lado. “Me parece haber visto a un lindo gatito”, dice Piolín del gato que quiere comérselo.

Richard Dawkins, de quien hablaremos y seguiremos haciéndolo por sus radicales, dogmáticas e intolerantes creencias, escribió: “Cuanto más entiendes el significado de la evolución tanto más te alejas de una posición agnóstica y te diriges hacia el ateísmo”. ¡La gran flauta! Si hay alguien fanático, intolerante, irrespetuoso e intransigente con las creencias y religiones, es precisamente Richard Dawkins. Ataca a las religiones y creencias porque para él todas son la “raíz de todo mal”, pero al hacerlo cae justo en lo que con tanto extremismo critica.

Bien expresa Phillip Johnson, “Si los darvinistas mantienen al Creador fuera del panorama tienen que ofrecer una explicación naturalista para el origen de la vida”. No la tienen ni la tendrán porque no la hay. Solo eixsten especulaciones indemostrables. Por tanto, acota Walter I. Bradley, “Hoy hace falta mucha más fe [que la que necesita el creacionista] para ser un científico sincero y ateo”.

La bronca de Dawkins contra Dios y las religiones le impide ver que el meollo del asunto no es si entiendo o no la hipótesis de Darwin, sino si tiene real apoyo y sustento científico. Y, en verdad, está huérfana de ello. Bueno, nunca tuvo madre. Su padre putativo fue Darwin porque ya otros habían pensando en ello antes que él. De igual manera, Darwin jamás fue ateo.

Dawkins, filósofo ateo y proselitista con bata de científico naturalista, también se jacta de ser un “ateo intelectualmente satisfecho”; expresión que más adelante observaremos con detenimiento. Baste apuntar que alguien con honestidad intelectual no puede ser un ateo intelectualmente satisfecho. Como dice mi abuela, “algo hay en el canto de la cabuya”.

Conforme a la tesis de Feyerabend de que toda teoría debe ser juzgada por la experiencia y rechazarse si contradice enunciados básicos aceptados (tal como hace la hipótesis de la evolución con las leyes ya mencionadas y otros principios científicos), dicha propuesta teórica debería ser repudiada porque -agrega el filósofo de la ciencia- “es o bien refutada o tristemente incompleta”.

De igual manera, el biólogo Jonathan Wells sostiene que “como todas las otras teorías científicas [que se ocupa de un tema científico], la evolución darviniana debe ser continuamente comparada con la evidencia. Si no concuerda con la evidencia [casi nunca concuerda], debe ser revaluada o abandonada, de otra forma no es ciencia, sino mito”. Yo no llamaría “teoría científica” al mito evolutivo, pues no llega al nivel de teoría ni es científica, sino que es un mito cimentado en hipótesis indemostrables. Y muchos se han estado convenciendo de ello.

Notemos la ironía: los evolucionistas ateos -autoproclamados científicos- rechazan y ridiculizan lo milagroso o sobrenatural en la narración bíblica de la creación (y escriben que la religión es “raíz de todo mal”. En algo estoy de acuerdo con ellos: el fanatismo religioso, incluido el fanatismo religioso llamado evolución, ha sido y es raíz de muchos pesares). También nos llaman “supersticiosos” y “fundamentalistas” a los que creemos en milagros y en la interpretación literal de la Biblia. Pero aseguran radical, dogmática y paradigmáticamente que el proceso evolutivo, con tiempo suficiente, produce los mismos resultados milagrosos. Esto es, si lo dices tú, es malo, y es superstición. Mas si lo digo yo, es bueno. Es ciencia. ¡Caracoles!

Entiéndase bien, lejos de ser un hecho científico probado como frecuentemente se cree y se afirma tan dogmáticamente; en realidad, la macroevolución propuesta por los naturalistas ateos es una teoría irracional y sin base científica que encierra un sinnúmero de sofismas científicos. No se puede ser un verdadero creyente en el Dios de la Biblia y un cristiano bíblico y al mismo tiempo creer en la evolución, o por lo menos en la interpretación dada por muchos que la han usado y usan como caballito de batalla para su ateísmo filosófico. El ateísmo promulgado por estos señores es incompatible con la creencia o convicción en el Dios creador y personal que plantea la Biblia.

Temo que quien sostiene tener ancestros simiescos -además de creer que afirma una genialidad- o niega la necesidad de una individualidad (del Creador) para existir el universo, como proclama el Big Bang, en el fondo anida baja autoestima aunque con su conducta y palabras pretenda demostrar lo contrario. Este tipo de conflicto se da muy inconscientemente. Veamos: si creo que soy el producto (¡milagro!) evolutivo de una célula “simple”, pasando por una especie de simio o de cualquier otra bestia, es -para decirlo de manera elegante- considerar que soy un animal, y como tal deben tratarme. ¿Será coincidencia que los criminales en masa crean que sus víctimas son solo animales o computadores portátiles?

¿Qué te parecen estas palabras? Somos criaturas muy insignificantes en un planeta tan pequeño que se mueve en medio de un universo tan vasto donde existen millones de galaxias. De manera que es increíble creer que un Dios se interesara por nosotros o al menos notara nuestra existencia. Esto lo manifestó Stephen Hawking a la BBC. (1)

¡Qué pobre concepto tiene Hawking de Dios y qué desgaste de energía tratando de minimizarlo al punto de reducirlo prácticamente a nada! En general, una persona con este tipo de concepción en cuanto a Dios y la vida es presa fácil de hondos periodos depresivos y tendencias suicidas. Por desgracia, el pensamiento relativista y fatalista del darwinismo ha reinado desde la publicación de El origen de las especies. Debemos notar que el pensamiento de Hawking no es nuevo, sino copia del Principio de Mediocridad o Principio de Copérnico.

Otro con una cosmovisión pesimista es el tristemente célebre Bertrand Russell, quien aseveraba: “A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de vivir no tiene sentido”. En algo tiene razón el filósofo; sin Dios la vida no tiene sentido. Pero nota que él da “por hecho” (para usar sus propias palabras) su creencia de que no hay Dios. Otros “matan” a Dios como hizo Nietzsche. Los crédulos del mito transformista creen que Darwin “mató” a Dios. Obvio, lo hizo en las conciencias anímicas de aquellos que así lo han querido.

Quentin Smith, ateo, es el padre de la absurda y desmoralizante frase: “Venimos de la nada, por nada y para nada”. Aunque irracional, esa es su creencia y la respeto aunque no la comparta. El grave peligro de este tipo de cosmovisión pesimista y atea es que moldea (y hasta determina a muchos) la posición existencial y filosofía de vida. Si el universo no ha sido creado y la vida inteligente surgió por casualidad y Dios no existe, entonces la vida no tiene sentido; nada tiene significado, pues somos seres intrascendentes; el triste resultado del azar y la casualidad. La moralidad y la religión pudieran ser eventualmente funcionales, pero no son, en realidad, imprescindibles. Podríamos decir lacónicamente: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. ¿Por qué crees que la mayor parte de filósofos (incluidos científicos filósofos) del pasado y del presente han sido y son extremadamente fatalistas y pesimistas? Es debido a su cosmovisión surgida de una infancia, niñez o adolescencia desgraciada o impregnada con el pensamiento infausto y desesperanzador de los padres. O porque tuvo padres autoritarios o fanáticos religiosos.

Pero si el universo ha sido creado y somos criaturas de un Ser amoroso que a pesar de nuestra incredulidad y condición de pecadores nos ama sobre todas las cosas, entonces debe haber algo más allá de los confines del universo y después de la muerte física. Para los que aman a Dios hay buenas nuevas pues les esperan “cosas que ningún ojo ha visto, ni el oído oyó, ni han subido al corazón del hombre […]”. (1ra Corintios 2: 9) La vida no es solo lo que hasta ahora conocemos. (El tema lo tocamos en A propósito de eutanasia…) Y la ciudadanía real del cristiano está en los cielos. (Filipenses 3: 20)

Mientras tipos con una cosmovisión pesimista como Hawking (a quien muchos llaman genio; puede que naturalmente lo sea, pero en cuanto a su concepción de Dios peca de necio) ven solo nubarrones y nada especial en el universo y el ser humano, el genetista molecular Michael Denton cree lo contrario:

“Toda la evidencia disponible en las ciencias biológicas apoya una propuesta principal […] que el cosmos es un todo especialmente diseñado con formas de vida y que el ser humano es su razón y meta fundamental, un todo en el cual todas las facetas de la realidad tienen su sentido y explicación en este hecho central”. (2)

¡Gracias a Dios los llamados genios del mundo y los galardonados con el Nobel son falibles y no todo el mundo les para bolas! ¿Puedes imaginarte lo terrorífico que fuese si Dawkins, Hawking, Russell, Nietzsche y demás profetas de mal agüero tuvieran razón o que todos tuviéramos tal visión del mundo y la vida? La vida en la Tierra sería peor. Viviéramos en un mundo kafkiano y dantesco.

En verdad, no recomiendo a nadie depresivo o con tendencia a la autoflagelación y el suicidio leer escritos y libros de filósofos relativistas y pesimistas ni consultar obras de fanáticos racionalistas y cientificistas fatalistas, pues le harán más daño que bien por la lúgubre manera de interpretar el mundo de estos personajes, cuya proyección es manifiesta en su vida privada.

Rick Warren lo explica de esta manera en Una vida con propósito:

“Si no hubiera Dios, todos seríamos unos “accidentes”, el resultado fortuito de una lotería astronómica [eso ya no lo cree la mayor parte de cosmólogos, astrónomos ni astrofísicos modernos] en el universo. Dejarías de leer este libro porque la vida carecería de sentido, de propósito o de significado. No habría bien ni mal [así pensaba Nietzsche en el siglo XIX y siguen creyendo muchos en el XXI], ni esperanza más allá de tus pocos años en la Tierra.

Pero hay un Dios que te creó por un motivo, ¡y tu vida tiene una profunda razón de ser! Encontramos el sentido y el propósito [“voluntad de sentido”, lo llama V. E. Frankl] solo cuando tomamos a Dios como punto de partida en nuestras vidas. [En los campos de concentración nazi, Frankl nota que quien camina de espaldas a Dios desprecia la vida y tiene en poco al prójimo]” (3) (Las negritas son añadidas)

En su libro Dying Life: Near-Death Experiencies, Susan Blackmore escribe:

“El problema con la [teoría de la] evolución es, y siempre ha sido, que deja poco espacio para un gran propósito de la vida o para un alma individual… La idea [basada en evidencias reales] de que Dios nos creó para un propósito especial es más aceptable [lógica y científica] que la idea [creencia mitológica] de que llegamos aquí por los caprichos “del azar y la necesidad [de ser]”, como afirma el biólogo francés Jacques Monod, aunque no hay evidencia para decirlo y no contribuye en nada a la comprensión de la naturaleza del mundo viviente. Y la gente luchará, e incluso morirá, por las ideas que más le gustan [y dan solaz a su alma]”.

Blackmore añade:

La idea del sinsentido puede ser demasiado horrible de aceptar, y haremos lo posible por inventar algo más sustancial a lo cual podamos asirnos. “¡Si veo a través de esto, es porque debe haber algo más!”. Creo que todos estos intentos desconocen una verdad aterradora: que no hay nada sustancial de qué asirse –ni siquiera uno mismo. (4) [Las negritas son añadidas]

Tres comentarios más al respecto: (a) Como dijera Voltaire, “si Dios no existiera, tendríamos que inventarlo” con el fin de hallar un sentido imperecedero que trascienda la vida; (b) Blackmore yerra al pensar que “no hay nada sustancial de qué asirse”, puesto que múltiples evidencias de las ciencias naturales y experiencias espirituales demuestran lo contrario; (c) Si investigáramos la vida de aquellos que creen firmemente en la teoría de la evolución y niegan la existencia de Dios, hallaremos que la mayor parte de ellos viven una vida deshonesta, desgraciada y disoluta. Pues una vida sin sentido impele implacablemente a vivir una vida superficial y hedonista, tal cual lo expreso en Necesidad del ser humano de creer en Dios.

Pues bien, la teoría de la evolución no puede explicar el origen de la materia, de la vida y del ser humano sin entrar en contradicciones y violaciones a las leyes que dice representar como la ley de la biogénesis, la primera y segunda ley de la termodinámica y el primer postulado del ya mencionado argumento cosmológico Kalam. No puede, de igual manera, explicar los tres grandes eslabones perdidos entre la materia y la nada, entre la vida y la materia inerte, y entre la creación inferior y el ser humano actual. En fin, son muchas las explicaciones que debería dar la creencia de la evolución pero todavía no las tiene porque los eslabones perdidos no existen. Tal creencia debiera llamarse hipótesis de las lagunas por la cantidad de baches que contiene. Son tantos los agujeros, que en realidad poco es lo científico. De hecho, el único título real de Darwin fue en teología. Esto es, si Darwin era biólogo, yo soy siquiatra. El inglés era un simple observador de la naturaleza como lo soy yo de la conducta humana. Mas ello no nos convierte en profesionales de tales campos.

Veamos el credo (creencias) irracional y anticientífico del darwinismo:

· De la nada ha surgido (“brotado”) todo (el universo y la vida) de forma exclusivamente natural.

· La materia inerte ha producido vida.

· El azar origina precisión.

· La aleatoriedad produce alta precisión.

· El caos produce información.

· La inconsciencia produce conciencia.

· La irracionalidad da lugar a la razón. (5)

Aunque no lo creas, esas son las irracionalidades promulgadas por Darwin, Alfred R. Wallace y la lista innumerable de creyentes evolucionistas autodenominados científicos. Puede que lo sean en otras áreas, pero en lo que concierne al origen del universo y la vida son solamente creyentes de una religión fundamentalista y atea con máscara de ciencia. ¿Acaso puedes ver por qué digo que para aceptar tales creencias necesito suicidarme intelectualmente en lugar de la fe necesaria para creer el creacionismo? ¿De veras creemos todas esas creencias disparatadas naturalistas disfrazadas de ciencia? En realidad, la hipótesis de la evolución no solo es irracional y antiteológica, sino incluso anticientífica. Nota que dichos postulados colisionan contra las ciencias naturales en las cuales se supone que el evolucionista es ducho. Algunos prefieren creer todas esas locuras o que la vida tuvo su origen en otro planeta y fue trasladada al nuestro por extraterrestres (teoría de la panspermia), antes que aceptar la mano de Dios en el origen de la vida. En el desarrollo de este capítulo seguiremos analizando por qué el mito evolutivo es la antítesis de las ciencias naturales. Con todo, muchos evolucionistas radicales la defienden a ultranza, hasta convertirla en su religión atea. En su fetiche.

Los eruditos sobre encimas Malcom Dixon y E. C. Webb en su obra Encymes (Encimas) sostienen: “Afirmar ligeramente, como algunos, que la vida surge inevitablemente dondequiera que se den condiciones favorables para su existencia, significa demostrar una ignorancia absoluta de los problemas involucrados”. (6)

Aunque no lo creas, eso creen los creyentes evolucionistas al afirmar: “Asombra saber que la aparición natural de seres vivientes en la Tierra tardó miles de millones de años, pero podría conseguirse en tiempo irrisorio bajo condiciones óptimas de laboratorio”. La última parte de esta cita es lo que Dixon y Webb llaman “ignorancia absoluta de los problemas involucrados” en el origen de la vida. Ignorancia arropada con un falso barniz de ciencia. Me asombra la credulidad para aceptar dos suposiciones sin tener ninguna prueba en el laboratorio. ¿Cómo sabe el autor de esta cita que los seres vivos aparecieron naturalmente por obra y gracia de la naturaleza? ¿Es testigo ocular? ¿Consultó alguna fuente de primera mano? ¿Hay pruebas fehacientes de laboratorio? No hay nada de eso. Él parte de la premisa presupuesta de que la creencia evolutiva es un hecho “probado”, y la Naturaleza en este caso debe interpretarse como el Dios de los teístas. Hay quienes son incrédulos cuando no les conviene creer, pero son crédulos cuando les conviene creer.

¿Qué te parece la opinión de Dixon y Webb? Llaman ignorantes a ciertos científicos y “librepensadores”. Quizá no me creas, pero en no pocos evolucionistas tal situación obstinada, comentada por Dixon y Webb, es dada “[…] con tal de ‘contradecir’ a papá. La lucha de voluntades exterior con los padres terminó hace años, pero sigue viva en mi Niño interior aunque yo tenga noventa años y los viejos estén tres metros bajo tierra”. (7)

Abramos un paréntesis: En sicología es sabido que un trauma (gr. lesión) o conflicto emocional con los padres tiene suprema injerencia en nuestra relación con los demás. Es decir, la tendencia natural es transferir o desplazar emociones y sentimientos irresueltos con nuestros papás a nuestras creencias, lo que hacemos o a nuestras interrelaciones. Desde luego, todo es inconsciente; ni siquiera nos percatamos. Pero los efectos son igualmente dañinos. Mi tesis es que así como el pensamiento de la mayor parte de escépticos, agnósticos, relativistas, anarquistas, evolucionistas y ateos está envenenado, el de Darwin fue intoxicado por la relación agridulce con su padre, cuyo deseo era que su hijo fuera un ministro religioso; mas el interés de Darwin era otro. Abandonó, primero, medicina, y luego teología a fin de dedicarse a observar la naturaleza. Como hallar una aguja en un pajar, es prácticamente imposible encontrar un pensador radical e intolerante con las creencias religiosas que no haya sido condicionado por una relación infantil o adolescente traumática, o envenenada con prejuicios antirreligiosos de sus padres. En efecto, quienes se oponen al real diseño del universo y al creacionismo de manera grandilocuente y vociferante lo hacen por razones antirreligiosas. Es decir, por prejuicios y/o conflictos de los cuales hemos hablado. No pasemos por alto que los hombres dedicados a las ciencias naturales no son máquinas, y sus creencias y/o conflictos determinan la ciencia y conducta de muchos.

Me duele decirlo, pero verdaderos creyentes en Cristo e incluso muchos hombres y mujeres que sirven a Dios han sido malos padres. Si analizamos la biografía de los pensadores antirreligiosos de ciencia del pasado y del presente nos daremos cuenta de que no pocos tuvieron padres religiosos (y ministros ordenados) autoritarios, represivos y abandonantes. Otros han sido y son secuestrados por el pensamiento y resentimientos de sus padres escépticos, agnósticos y ateos. Ven la vida por medio de las mismas gafas relativistas, pesimistas y fatalistas de sus progenitores. El resultado ha sido más que evidente: sus hijos han sido o son escépticos, agnósticos o acérrimos ateos proselitistas que patean laBiblia, escupen y maldicen a Jesús y a los cristianos, e irrespetan todo tipo de creencias religiosas ciertas o falsas a través de los medios de comunicación social y libros. Cierro paréntesis.

Alguien dirá: “Los científicos citados hasta ahora están en contra de ciertas afirmaciones de la teoría darvinista. Pero las voces a favor también tienen sus argumentos”. Para empezar, no creo que en la creencia evolucionista haya muchas voces; lo que más hallamos son ecos repitiendo el paradigma.

No se trata de tener argumentos, hipótesis y teorías, sino demostrar las palabras en el laboratorio. Y la mayor parte de las declaraciones de los evolucionistas se quedan en eso: palabras, palabras, palabras, como ya vimos. Parafraseando lo que alguien ha asegurado, diríamos: En las ciencias naturales, solo los hechos probados en el laboratorio son ciencia; y poco de lo que creen y afirman con tanto radicalismo, dogmatismo y absolutismo los creyentes del mito evolutivo puede ser probado en el laboratorio.

Ni en el pensamiento de Darwin ni en el de otros defensores de la teoría de la evolución se nos explica (mucho menos se demuestra) qué ocurrió para que los elementos químicos que estaban en la famosa sopa originaria o pre-biótica se combinaran de tal manera que surgiera la vida que evolucionó hasta formar el humano actual, minando la tesis de aquellos furibundos defensores de la Hipótesis que, como Mayr, Dawkins y otros defienden la pretendida evolución de las especies.

Por lo visto, podemos declarar que el mito de la evolución no es una teoría científica sino metafísica y tautológica (repite la misma idea pero con otras palabras: argumentando en círculo intenta demostrar la validez del mito. Toda resistencia a la teoría deberá ser explicada a la luz del mito transformista. Si sales del círculo vicioso, no eres científico y serás hostigado y perseguido como lo manifesta el filósofo de la ciencia Stephen C. Meyer), como bien la definió Popper. Mas ello no es problema para quienes la aceptan creyendo acoger gran genialidad.

Después de más de 40 años tratando de hallar pruebas para demostrar la hipótesis de la evolución y no hallar nada, el científico Heribert Nillson expresó: “¡La idea de la evolución se apoya en pura creencia!”. Comparable a quien acepta el creacionismo. Sin embargo, no me cansaré de manifestar que para creer la hipótesis de la evolución necesito fe ciega, no la fe bíblica fundada en realidades y en los más recientes descubrimientos científicos que requiero para creer y aceptar los hechos del creacionismo.

Ojo, dije hechos, no especulaciones. Pero los evolucionistas suelen manifestar: “No me confundas con hechos; yo ya tengo mi criterio formado”. Algo similar manifestó una profesora de biología al comentarle los más recientes descubrimientos contra el transformismo de la evolución. Sus palabras fueron: “No me va a convencer.” ¿Quién puede convencer una mente predispuesta? ¡Solo Dios!

Otro profesor de biología (partidario del evolucionismo teísta) me aseguró que creer en la evolución es como quien cree en Dios. Se trata de pura creencia. Tú decides qué creer. Aunque la creencia en Dios no es tan sencilla como veremos en el capítulo 4, en algo tiene razón el educador: ni la supuesta evolución ni el creacionismo pueden probarse porque pretenden explicar un hecho del pasado. Y todos los hechos históricos son únicos e irrepetibles, y señalamos que el método de las ciencias naturales es inoperante para tal propósito.

En la Introducción de El origen de las especies -edición 1971- el biólogo inglés L. Harrison Matthews escribió:

La [teoría de la] evolución es la columna fundamental de la biología; por esa razón, la biología está en la peculiar posición de ser una ciencia fundamentada en una teoría no probada -¿es entonces, ciencia [natural] o fe [ciega]? En este sentido, creer en la teoría de la evolución es exactamente paralelo a creer en la creación- ambos son conceptos cuyos seguidores saben [por lo menos los creacionistas losabemos, no así los evolucionistas, pues solo creen por no tener reales evidencias científicas] que son verdad, pero ninguno, hasta el momento, ha podido ser probado. [Las evidencias en cuanto a Dios no pueden ser probadas por medio del método científico convencional, pero hay suficientes pruebas de unreal diseño en el universo y la vida] (8) (Las negritas son mías)

¿Puedes imaginar el escozor que provocaron las palabras de Matthews? ¿Cómo fue posible que escribiera la Introducción de esa edición del libro “sagrado” de los evolucionistas? Bueno, desde la misma aparición del libro de Darwin empezó a ser cuestionado. El fanático de la evolución no es capaz de soportar semejante cantidad de honestidad. Que tales afirmaciones las haga o escriba un teólogo o un periodista cristiano como yo no es gran cosa para los “portadores” de la verdad de las ciencias naturales. Pero que lo asevere uno de ellos es algo muy diferente. De ahí que quieran desmeritar el hecho de que muchos creyentes evolucionistas han empezado a dudar del mito.

¿Ves? Un evolucionista admite que el pretendido hecho científico es solo creencia y tampoco es un hecho científico probado como alegan muchos. ¡Ciencia, cómo engañan muchos en tu nombre! ¡Dios, cómo embaucan unos y matan otros en “tu” Nombre! Algo más, por ser la teoría de la evolución “la columna fundamental de la biología”, según las acertadas palabras de Matthews, la biología ha estado rezagada en comparación con otras ciencias naturales, pues no avanzará como debiera mientras esté empeñada en enarbolar paradigmas (conclusiones) como verdades indiscutibles (dogmas) antes de terminar las investigaciones acerca del origen de la vida.

A mi interlocutor de biología también le contesté que los más recientes descubrimientos científicos apuntan al creacionismo, no al evolucionismo teísta ni mucho menos al darvinismo sin Dios del que hacen gala los darvinistas ateos proselitistas. Además, le planteé mi malestar por la mala fe de algunos autores y editores de textos de biología de secundaria y universitarios que aún persisten en enseñar como válidas varias de las ya desprestigiadas evidencias y símbolos del darwinismo. ¿Qué podemos decir de educadores y canales de televisión que aún insisten en enseñar como reales probados fraudes evolucionistas? De hecho, los medios y periodistas desprevenidos han contribuido a la difusión del mito evolutivo.

Al decir del escritor y apologista cristiano J. W. Montgomery, diríamos que los fanáticos evolucionistas ignoran que si nos asimos a paradigmas con suficiente obcecación, los hechos no tendrán validez alguna. Seremos capaces de crear un mundo propio (un universo propio; “una burbuja sicótica”, dirían otros), divorciado de la realidad e imposibilitado de hacer contacto con el mundo real, tal cual se lo inventa el sicótico.

Pues bien, ya dijimos que toda teoría científica debe ser susceptible de verificación. Y las aseveraciones de la teoría de la evolución no pueden ser verificables ni desmentidas a través del método científico naturalista por no ser científica sino metafísica, tal como asevera Popper.

Popper sostiene además que la mayor exigencia de verificación en la experiencia no solamente eliminaría las afirmaciones metafísicas (de las cuales la evolución está atiborrada), sino que también aniquilaría las hipótesis empiristas y con ello el conocimiento científico de las ciencias naturales; dado que la mayoría de postulados científicos no son verificables empíricamente. Tocaría, por tanto, rechazarlos como afirmaciones sin sentido. (9)

De igual manera, tengamos en cuenta que el inductivismo ingenuo ha sido y es enemigo de las ciencias naturales por su extremado énfasis en la observación particular como fuente del conocimiento científico y porque según esta posición tal conocimiento solo deriva de los hechos de la experiencia adquiridos mediante la observación y la experimentación. (Para una lectura complementaria consúltese ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, de Alan F. Chalmers)

La ley de la biogénesis refutó la generación espontánea de los evolucionistas que afirman que la vida emerge espontáneamente de una materia inorgánica en decadencia. Desatino defendido por los darvinistas basados en superficiales observaciones que realizaran en muchos descubrimientos “interesantes” como el de que la mosca de la fruta proviene de la cáscara del plátano; el gusano, de carne descompuesta; las abejas, de ganado muerto.

Serias investigaciones realizadas por Francesco Redi (1688), Lazzaro Spallanzani (1780), Louis Pasteur (1860) y Rudolf Virchow (1858) comprobaron que cuando la materia fue preestablecida y herméticamente sellada para evitar una posible contaminación biológica, no surgió vida; prueba irrefutable de que de la generación espontánea no surge vida alguna. El alemán Virchow documentó que las células no surgen de la materia amorfa, sino solo de células preexistentes (“omnis cellula e cellula”). Complementado tal descubrimiento con el del galo Pasteur de que toda cosa viviente surge de una cosa viva preexistente (“omne vivum e vivo”). En pocas palabras, los “interesantes” descubrimientos de los evolucionistas eran, como otras veces, fraudes.

En octubre de 2007, J. Craig Venter anunció haber creado un cromosoma sintético que podría llevar a la creación de la primera nueva forma de vida artificial en el planeta. Ojo con palabras como “podría”. Es decir, a la fecha, es una especulación, no un hecho. Pero -como en otros casos- se ha exagerado el avance naturalista. Veamos: si investigamos más al respecto del logro de Venter, nos percatamos que la secuencia del ADN del cromosoma sintético se basa en la bacteria Micoplasma (produce neumonía atípica) y han trasplantado dicho cromosoma a una célula bacteriana viva, y en la fase final del proceso se espera que el cromosoma sintético controle dicha célula para convertirse en una nueva forma de vida.

Por su parte, Hamilton Smith ha creado el genoma sintético que ha llamado M. genitalium JCV-1.0, que contiene cada uno de los genes de la bacteria conocida como M. genitalium G37. Dicho de otra manera, lo que Venter y Smith han logrado o puedan alcanzar ha partido de un ser vivo preexistente, no de la nada ni de material inorgánico, puesto que la vida no surge de la nada. Ni el universo “brotó” de la nada absoluta.

No perdamos de vista que los investigadores y científicos naturalistas también abrigan creencias y esperanzas. Pero los fanáticos racionalistas y los cientificistas critican amargamente nuestras convicciones y creencias. ¿Será porque sus creencias son ciencias pero las nuestras son supersticiones? Eso es lo que ellos creen. Muchos nos catalogan “creyentes”, pero ellos se autodenominan “científicos”. Lo nuestro es “religión”, “metafísica”, “misticismo”, “no querer saber la verdad”. Mas las creencias de ellos son ciencias, investigaciones, hechos científicos. ¡Pamplinas! Ellos y nosotros tenemos creencias; por tanto, los dos bandos son creyentes.

Lo peor de todo es que algunos investigadores son fundadores, dueños, responsables o accionistas de empresas e institutos biotecnológicos y en ocasiones ponen más levadura de la necesaria para inflar sus descubrimientos y avances naturalistas con el fin de promover el valor de sus acciones en la Bolsa. (¡Poderoso caballero es don dinero!) Así surgen informaciones sensacionalistas que después de lograr el efecto económico deseado suelen ser desmentidas en el camino. Pero… ya el daño se hizo y muchos se tragaron el cetáceo de 30 metros con toda y caña. Y… los medios y colegas muy poco registran los fraudes y desmentidos, pasando inadvertidos. Si los publican, lo hacen en un “rincón” del diario y sin bombos y platillos, contrastando con las trompetas, saxofón, cítara y flautas con que se publicitó la media verdad o engaño.

Un ejemplo sería el de la información sobre “la enzima de la inmortalidad” aparecida en los diarios, basándose en un artículo de la revista Science de enero de 1998. En la “noticia” se aseguraba que una enzima permitiría alargar la vida hasta 150 años. Ello permitió el enriquecimiento de Geron Corporation, patrocinador de la campaña engañosa. En un solo día Geron y sus accionistas ganaron más del 50 por ciento de sus acciones en la Bolsa. Días después, cuando se hizo el desmentido, las acciones volvieron a bajar, mas la popularidad de Geron ya estaba creada y los inescrupulosos inversores que compraron y vendieron a tiempo se enriquecieron. En fin, mucho es el sensacionalismo con fines lucrativos detrás de no pocos falsos o reales avances naturalistas. No olvidemos que Feyerabend advirtió sobre la dictadura de los que se creen dueños y portadores de la verdad de las ciencias naturales.

Sigamos con la hipotética generación espontánea. Lo nefasto es que los científicos y docentes evolucionistas enseñan a sus estudiantes, primero, la importancia de la refutación a la generación espontánea. Empero, después, adoctrinan a sus estudiantes (como lo hiciera una secta religiosa; no olvidemos, para muchos el mito de la evolución es una religión) el “hecho irrebatible y probado” de que la generación espontánea fue el medio evolutivo a través del cual surgió la vida. ¿En qué quedamos? ¿Es María o es Sofía? ¿Hasta cuándo el lavado de cerebro? ¿Hasta cuándo la incoherencia? ¿Hasta cuándo la irracionalidad vestida de ciencias?

Por otra parte, Termo I afirma que nadie puede crear o destruir energía. Siempre hay, siempre hubo y quizá siempre habrá la misma cantidad de energía, esto es, un cien por ciento… No nos preocupamos de donde vino; solo que la utilizamos. En otros términos, la energía no puede crearse o destruirse, solo transformarse de una forma a otra. Esta primera ley también se llama ley de la conservación de la energía. (10)

Harold Hill escribe que la evolución, en contradicción a la segunda ley de la Termodinámica, nos dice (sin explicar la procedencia de la vida no inteligente que proveyó los ingredientes o materia prima para dar inicio a todo) que todo empezó hace alrededor de cuatro mil y medio millones de años, cuando una pequeña célula simple (no hay tal célula simple, pues la célula es uno de los más complejos mecanismos que podemos imaginar, aunque sea una célula procariota) se movía en un pantano y allí el pequeño protozoario empezó a desplazarse de un sitio a otro hasta lograr que con el correr del tiempo le salieran tumoraciones y protuberancias. Luego se transforma en lagarto, más tarde en simio, hasta llegar a ser hombre. (11)

¿Qué te parece? Por enésima vez confieso para creer eso necesito fe ciega, no la fe alimentada por hechos ocurridos en tiempo y espacio reales que me enseña el creacionismo en cuanto al origen del universo y la vida. ¿De dónde salieron la “célula simple” y la sopa pre-biótica? ¿Quién las creó? No me digan que Dios nos empezó a formar a partir de ese menjurje porque sería ver al Creador maniatado por la casualidad y la ciega selección natural. Subordinado al azar. Pudiera ser catalogado como una especie de alquimista o chef internacional. Ese no es el Dios que presenta la Biblia.

Sigamos: Termo II o ley de la transformación de energía dice que “todo cuanto hagamos provoca un disturbio”. Literalmente, la ley afirma: “Es imposible construir una máquina que, funcionando de manera continua, no produzca otro efecto que la extracción de calor de una fuente y la realización de una cantidad equivalente de trabajo”. Esta ley también se conoce como ley del desorden progresivo porque todo lo desordena y desparrama como un niño de dos años de edad. “Termo II hubiera borrado del mapa al pequeño Proto en poco tiempo, porque la entropía garantiza de manera absoluta que todo aquello menos de lo más simple se transforma en nada”. (12)

(Nota: Tomado de nuestro libro El origen de la vida: ¿según cuál creencia?  Primera de Tres entregas)

Fuente:J. Enrique Cáceres-Arrieta el 10 Agosto 2008,   http://lacomunidad.elpais.com/earrieta/2008/8/10/el-origen-la-vida-segun-teoria-la-evolucion

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. kuerVo
    abr 16, 2009 @ 20:57:45

    Esto es largo, pero… ufff, el autor… que tipo tan agudo.

    Saludos

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