Paulo Arieu Theologies Web

Abril 14, 2009

Existió Jesús?


Existió Jesús?

  • “1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.  2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.  3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.  4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;  5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” (Lucas 2:1-7)

Una de las preguntas históricas importantes es si Jesucristo en realidad existió.Pues bien, los arqueólogos han descubierto artefactos del primer siglo que llevan su nombre, demostrando por lo menos que alguien con ese nombre existió y vivió en el tiempo en que la biblia dice que Cristo vivió.

  • “1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios.    3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.    4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.    5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.    6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.(A) 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.    8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.    9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.    10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.    11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.    12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;    13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.    14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.  8 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn. 1:1-8 RV 1960)

Además, el hecho de que el tiempo moderno se registra con referencia a a.C. y d.C. indica la existencia de un personaje prominente que lleva tal nombre. El historiador judío Josefo menciona a Jesucristo, de quien dudaba su divinidad, y a su hermano Jacobo. En su obra Las Antiguedades judías, escribió: «Pero el joven Anías, quien como dijimos, recibió el sumo sacerdocio, era de disposición intrépida y excepcionalmente atrevido; se adhirió al partido de los saduceos, quienes como ya hemos mostrado eran severos en su juicio sobre todos los judíos. Así que como Anías tenía tal disposición pensó que ahora tenía una buena oportunidad, puesto que Festo había muerto y Albino estaba en camino. Por lo tanto reunió un concilio de jueces y trajo ante ellos al hermano de Jesús, llamado el Cristo, y cuyo nombre era Jacobo, junto con algunos otros; habiéndolos acusado de quebrantar la Ley los entregó para que los apedrearan». Así que parece claro, por lo menos históricamente, que Jesucristo en efecto existió y vivió en Israel tal como lo enseña la Biblia.

  • El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Col.1:15-16).

Poncio Pilato fue otro destacado personaje bíblico de cuya existencia muchos historiadores dudaban debido a la falta de evidencia arqueológica. Sin embargo, Cornelio Tácito, uno de los más grandes historiadores romanos, lo menciona en las Historias y los anales (xv. 44) (54-68 d.C.). Al relatar la persecución de Nerón a los cristianos, Tácito escribió: «Por consiguiente, para acallar el rumor de que había ordenado el incendio que destruyó a Roma en el año 64 d.C., Nerón culpó a los cristianos y los castigó con los máximos refinamientos de crueldad. Cristo, de quien obtuvieron su nombre, fue ejecutado por sentencia del procurador Pilato cuando Tiberio era emperador». Es más, en las excavaciones arqueológicas en un teatro romano en Cesárea se desenterró una piedra que había servido como uno de los asientos en ese teatro. La inscripción que constaba en la piedra, la cual originalmente había servido como señal en una carretera, contenía el nombre de Poncio Pilato.

Muchas personas no quieren aceptar algunas de las his­torias bíblicas, en especial las que se refieren a los milagros. Sin embargo, al basarse en la confiabilidad de la Biblia en los aspectos de geografía, historia, se debería también considerar seriamente los relatos de los milagros. Los Evan­gelios se centran, desde luego, en la vida de Jesucristo. Todos sus escritores concuerdan que Él era el Mesías, el Hijo de Dios. Debido a su deidad, es ridículo tratar de comprender sus muchos milagros mediante nuestra comprensión de la ciencia moderna. Por su propia naturaleza, los milagros están por encima de las leyes naturales (o de lo contrario no serían milagros, ¿verdad?). Si Jesús es realmente un ser divino, en realidad esperaríamos que fuera capaz de manifestar su po­der divino mediante la realización de milagros.

Tal vez sea una sorpresa para algunos enterarse de que no todos los relatos o evidencias de los milagros realizados por Jesús proceden de fuentes cristianas. Por ejemplo, el historiador judío Josefo menciona las obras milagrosas de Jesús en su obra Antigüedades (xviii. 3.3). Josefo dice: «Por ese tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, sí en verdad podríamos llamarlo hombre; porque fue un hacedor de obras maravillosas, un maestro de hombres que recibió la verdad con placer. Dirigió a muchos judíos y griegos. Este hombre era el Cristo. Nuestros líderes, los que en un principio le amaron, permitie­ron que Pilato lo condenara a la cruz debido a la acusación que presentaron en su contra. Debido a que al tercer día se les apareció resucitado, los profetas divinos han hablado de estas y de muchas otras cosas maravillosas respecto a Él: incluso ahora la tribu de cristianos, que tomó su nombre del suyo, no ha muerto todavía». Algunos eruditos sugieren que las frases en cursiva fueron añadidas por cristianos que trasmitieron el texto de Josefo y no el de los judíos. A pesar de eso, el texto restante en efecto verifica la existencia histórica de Jesús y sus «obras maravillosas».

Cuando Jerusalén fue destruida en el año 70 d.C. cayó también la corte suprema del sanedrín. Para mantener viva la espiritualidad judía, un grupo de fariseos compiló un código religioso conocido como la Mishnah. Con el paso de los años se desarrollaron los Gemaras, que eran algunos comentarios sobre la Mishnah. A la compilación de ellos se le conoce como el Talmud. En este hay muy pocas referencias al cristianismo y las que hay son prácticamente hostiles. Pero según los comentarios de los primeros rabinos, en efecto existió un Jesús de Nazaret a quien describen como un transgresor en Israel, porque entre otras cosas practicaba la magia. Por sus transgresiones fue ejecutado en vísperas de una Pas­cua. Así que también hallamos fuentes históricas no cristia­nas que verifican el hecho de que Jesús sí realizó milagros, aun cuando los consideran brujería.

  • 14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. (I Cor, 15:14 RV 1960)

El milagro más grande que relata la Biblia es la resurrec­ción de Jesucristo. En realidad, es el hecho milagroso que fundamenta al cristianismo. Con el paso de los años muchos han tratado de encontrarle una explicación convincente. Una teoría sugerida para explicar la tumba vacía después de la resurrección de Cristo es la posibilidad de que las autoridades judías y romanas se llevaron el cadáver. Esta sugerencia solo trae otro interrogante: «¿Por qué?» Si lo hubieran hecho, ¿por qué no lo reconocieron y presentaron los testigos? ¿Por qué no mostraron el cadáver como prueba? Después de todo, la resurrección de Cristo era el fundamento de esta nueva secta que las autoridades judías y romanas hubieran preferido sofocar. Si hubieran tenido prueba de que la resurrección era una patraña, sin duda la hubieran mostrado.

  • El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Col.1:15-16).

Cristo es la sabiduría completa de Dios hecha carne, la plenitud de Dios manifestada en su Humanidad intachable y perfecta, «por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud» (Col. 1:19).

  • «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Jn.1:18)
  • «Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad». (2 P. 1:16)

Y en otra parte, en 1 de Jn. 1:1-3, el apóstol amado dice además:

  • «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó ); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo».

Las pruebas que Juan presenta con relación a Cristo como Hombre y no como Dios demuestran que pudo ser visto, oído y palpado. La humanidad de Cristo fue confirmada por el hecho que Juan lo pudo ver y tocar, incluso, «se había recostado sobre su pecho» (Jn. 21:20). Dios dijo a Moisés: «…No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá» (Ex. 33:20), por lo tanto, ¿es debido seguir pensando qué Cristo es Dios?

Como primogénito (prötotokos, gr.) de toda creación (päsës ktiseös, gr.), Jesús es el Hijo del Dios verdadero por excelencia «porque él le ha hecho Señor y Cristo» (Hech. 2:36). Por este razón Jesucristo tiene preeminencia o privilegio sobre los seres creados, celestiales y terrenales, ya que el Padre «le ha dado un nombre que es sobre todo nombre, exaltándolo a lo sumo» (Fil. 2:9). Jesús mismo declaró que «toda potestad le fue dada en el cielo y en la tierra» (Mt.28:18).

Se tendrá en cuenta, que Cristo no fue un ser creado, sino engendrado. Para la creación del hombre terreno que pertenece a la humanidad natural y fallida se requiere de dos células muy diferentes entre sí, una femenina y la otra masculina. Estas células ya unidas darán la formación de una célula especial y única que se desarrollará más tarde en un individuo humano con sus bien definidas y sabidas características imperfectas. En Cristo no fue de ese modo. Podríamos decir que una parte de Dios fue puesta en el óvulo femenino de María por medio del poder del Espíritu Santo dando el engendramiento de Cristo. El principio de la existencia de Cristo está en su engendramiento porque «el santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» Lc.1:35.

  • «…y se llamará su nombre Admirable, Consejero, «Dios Fuerte» (como poderoso representante de Dios en la tierra, como fue constituido Moisés ante faraón, véase Ex. 1:7), «Padre Eterno» (como Jefe o Cabeza de la nueva creación milenaria), Príncipe de Paz» (Is. 9:6).

Los gnósticos concebían a Cristo como un ser emitido del Dios supremo, como un “aeón”, como un espectro. Cristo, como «el principio de la creación de Dios» (hei archèi teîs ktíseôs toû tehoû, gr.) no es la primera criatura creada como Arrio y sus seguidores creían, ni como ahora creen los Mormones y los Testigos de Jehová, indiscutiblemente, los nuevos arrianos. Cristo como este «principio», es el heredero del mundo escatológico, la Cabeza de la Iglesia la cual guiará en su segunda venida, el Rey Mesiánico victorioso que se sentará en el trono de David su Padre y cuya gloria será mayor que la de los gobernantes y príncipes de la tierra, que la del mismo rey Salomón.

  • «Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él» (1 Col. 1:16).

Conclución:

«Jesús fue un ser humano, un judío de Galilea con nombre y familia, una persona que en cierto sentido fue como otra cualquiera.Pero en otro sentido, fue diferente de todas las otras personas que antes habían vivido en la tierra. Le tomó a la iglesia cinco siglos de vivos debates llegar a un acuerdo en cuanto a un cierto equilibrio epistemológico entre “como otro cualquiera” y “alguien diferente”. Para quienes fuimos educados en la lglesia, o incluso educados en una cultura nominalmente cristiana, la balanza se inclina inevitablemente hacia “alguien diferente”. Como dijo Pascal: “La iglesia ha tenido tanta dificultad en mostrar que Jesús fue hombre, en contra de quienes lo negaban, como en mostrar que fue Dios; y las probabilidades eran igualmente grandes » [1]

Los discípulos de Jesús no conocían una serie de doctrinas acerca de Jesús. Conocían su persona:

“Conocer no consiste en hacer algo, ni en recibir algo, sino en un existir superior al simple existir como ser puesto fuera de la nada; es una sobreexistencia activa inmaterial, por la cual un sujeto existe no ya solamente con una existencia limitada a lo que es como cosa encerrada en un género, como sujeto existente para sí, sino con una existencia ilimitada en la cual es o se convierte, por su propia actividad, en sí mismo y los otros”. [2]

“6Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hch. 3:6 RV 1960)

Fuentes:

  • Peter y Paul Labonde,301 sorprendentes pruebas y profecías. Evidencias de que Dios existe, 151-152,185-186,ed. Betania, E.U, 1996,
  • http://ladoctrinadedios.blogspot.com/2009/03/cristo-el-hombre-perfecto.html
  • Philip Yancey, “El Jesús que nunca conoci“,p.21-22, ed. Vida
1. Philip Yancey, “El Jesús que nunca conoci“,p.21-22, ed. Vida
2.Maritain, Les degrés du savoir, pag. 218 y s., citado en Vicente Fatone, Lógica e introducción a la filosofía,p. 102,ed. Kapeluz

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