El realismo


El realismo

El realismo afirma que los objetos del conocimiento son distintos del mismo, que podemos conocer las cosas que nos rodean, las personas y las leyes generales por las cuales se rigen las cosas en general. En una palabra, el realismo afirma que además de la conciencia que conoce existen obje­tos reales, independientes de la conciencia, y que no son al­terados o modificados en sí mismos por el hecho de ser co­nocidos. Ésta fue la actitud de la mayoría de los filósofos griegos, Sócrates, Platón y Aristóteles, del neoplatonismo y, sobre todo, de los filósofos escolásticos que unánimemente han sido realistas. Pero es necesario distinguir diversos grados o maneras de realismo.

El realismo ingenuo afirma simplemente que las cosas existen independientemente de la conciencia, y que son exactamente tal como nosotros las pensamos. Tiende a la afirmación de esta realidad y no se plantea siquiera el problema.  En  este  realismo  ingenuo  se  admiten  como  objetivos muchos datos o elementos que en realidad proceden del su jeto, y a éste se lo considera como meramente pasivo y fiel reflejo del mundo exterior. Este realismo es propio del niño, del hombre primitivo no civilizado, y también  del hombre común que ni siquiera se plantea el problema de la posibilidad  del  error en  sus  conocimientos.   Pero   este   realismo
ingenuo es fácilmente superado ante una primera reflexión crítica, como ya lo reconocieron los filósofos griegos y los primeros filósofos escolásticos.

Realismo de la evidencia natural. Así podría llamarse el realismo de Aristóteles y de los escolásticos antiguos medievales, como Santo Tomás, San Buenaventura, Escoto, etc.
Evidentemente que ellos se plantearon el problema del conocimiento, pero le dieron inmediatamente la solución afirmativa, realista, fundados en la evidencia natural. Al estruc­turar la teoría psicológica del conocimiento reconocieron la parte subjetiva que aportan nuestras facultades, ya que conocer no es para los escolásticos una recepción pasiva, antes bien, implica una actividad de parte de la facultad cognoscitiva; efectuaron algunas correcciones elementales a los errores de la evidencia natural, pero insistieron en la objetividad preponderante de nuestro conocimiento…

3) Realismo de la evidencia filosófica. Afirma la reali­dad de las cosas como independiente del pensamiento, pero después de haber instituido una crítica del problema en el plano filosófico. Los escolásticos modernos son los principa­les representantes de este realismo. Todos coinciden en la conclusión: es decir, que nuestros conocimientos no son fru­to puro de nuestra conciencia, que existe un aporte de las cosas externas y que merced a él podemos tener de éstas si no un conocimiento total, por lo menos un conocimiento parcial, de su sustancia, su actividad y sus principales cua­lidades.

Los precursores de esta actitud crítica moderna fueron Balmes, con su teoría de las “tres verdades” y Mercier, que planteó el “problema crítico”. Para Balmes el problema del conocimiento debe resolverse admitiendo como bases de nuestra investigación filosófica las llamadas tres verdades fundamentales: la existencia del sujeto que conoce, el prin­cipio de contradicción y la capacidad de nuestra inteligen­cia para conocer la verdad. Mercier abrió más todavía el camino a la escolástica moderna con sus investigaciones so­bre el problema crítico, aceptando las exigencias de la crítica, del idealismo y del kantismo. Para Mercier el análisis del juicio muestra la objetividad o realidad del sujeto del que se afirma el predicado.

ISMAEL QUILES, INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA,   Ed.Estrada, Bs. As., 1954, págs. 36-38.

Fuente: Hebe R. Vidal, Fundamentos de Filosofia, p. 112-113,Librería Huemul, 1970, Buenos Aires, Argentina

About these ads

Un Comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. pauloarieu
    abr 13, 2009 @ 23:04:31

    El conocimiento realista:
    «En la filosofía moderna, el término realismo se aplica a la doctrina que manifiesta que los objetos comunes percibidos por los sentidos, como mesas y sillas, tienen una existencia independiente del propio ser percibido. En este sentido, es contrario al idealismo de filósofos como George Berkeley o Immanuel Kant. En su forma extrema, llamado a veces realismo ingenuo, se piensa que las cosas percibidas por los sentidos son en rigor lo que parecen ser. En versiones más complejas, a veces denominadas como realismo crítico, se da alguna explicación de la relación entre el objeto y el observador que tiene en cuenta la posibilidad de que tengan lugar ilusiones, alucinaciones y otros errores de la percepción.
    En la filosofía medieval, el término realismo hacía referencia a una posición que consideraba las formas platónicas, o conceptos universales, como reales. Esta posición se llama ahora realismo aristotélico. En la filosofía de Platón, un nombre común, como cama, se refiere a la naturaleza ideal del objeto, sugerida por su definición, y esta naturaleza ideal tiene una existencia metafísica independiente de los objetos particulares de esta clase. Así, la circularidad existe aparte de los círculos particulares, la justicia, independientemente de los individuos o Estados justos particulares, y la idea de cama, independientemente de las camas particulares. En la Edad Media, esta posición fue defendida frente el nominalismo, que negaba la existencia de tales universales. Los nominalistas afirmaban que los muchos objetos llamados por un único nombre no comparten nada sino sólo dicho nombre. El término medio entre estas dos posiciones incluía el realismo moderado, que afirmaba que los universales existen en los objetos del mismo tipo pero no independientes de ellos, y el conceptualismo, que mantenía que los universales podrían existir con independencia de los objetos de un tipo particular, pero sólo como una idea de la mente, no como una entidad metafísica que existe en sí misma.
    El término realismo, interpretado con facilidad en su aplicación a la filosofía, no significa ni defensa de un mundo natural, ni oposición al idealismo (el opuesto de éste sería, en todo caso, el empirismo), ni siquiera está ligado de forma directa o explícita con la verdad.
    Las tesis fundamentales de todo realismo se pueden enunciar como sigue:
    -El objeto de conocimiento es independiente del sujeto de conocimiento,
    -En lo fundamental, el conocimiento del objeto no es diferente del objeto.
    La razón por la que el término realismo se aplica a corrientes filosóficas muy diferentes entre sí, es la naturaleza del objeto. Puede ser material, pero también un objeto espiritual, una creación matemática, una idea, una teoría científica etc.»[5]
    El realismo ingenuo:[6]
    El entendimiento vulgar presupone que en el conocimiento la realidad se nos presenta tal como es. La función de los sentidos es la de permitir que las cosas y sus cualidades tengan acceso al espíritu, asi como son.
    Análogamente, las posturas no realistas defienden que el objeto sólo existe en nuestra mente, o bien que ni siquiera tiene sentido hablar de que dicho objeto exista. Como posturas no realistas en algún sentido dado encontramos los idealismos, el instrumentalismo, el nominalismo, etc.»
    Hay una correspondencia total entre las cosas y nuestro conocimiento de ellas. Como la correspondencia que hay entre las cosas y sus imagenes en el espejo. Esto vale para el conocimiento sensible como para el intelectual.
    Para el realismo ingenuo, entonces, conocer es simplemente ver. Somos espejos. Para el realismo ingenuo, el problema del conocimiento en rigor, no existe, no contesta que el conocimiento es eso; ni siquiera se pregunta que es el conocimiento, porque para que el problema surga es necesario que comience la duda acerca del conocimiento con lo que no es conocimiento, aunque parezca serlo.
    Las escuelas realistas tienen en común que admiten la existencia de un mundo exterior, consituido por seres reales, que tienen existencia fuera de toda mente e independiente de ella, y que nuestras facultades cognocitivas son capaces de proporcionarnos algunos conocimientos de las cosas como son en sí.
    El realismo crítico[7]
    El realismo que se llama a sí mismo crítico, quiere ser una superación del realismo ingenuo del entendimiento vulgar y del realismo natural de Aristóteles y Santo Tomás. El realismo crítico comienza por caracterizar el conocer de esta manera. El conocer es una relación entre dos miembros: sujeto y objeto; en el conocer esos dos miembros son distintos entre sí. El término sujeto es sujeto sólo en cuanto el otro término es su objeto. Pero el término objeto es objeto indepen dientemente del sujeto. El sujeto aprehende; el objeto es aprehendido.
    Como para el realismo natural, para el realismo crítico la aprehensión del objeto por parte del sujeto es, “por así decir, una invasión en un territorio”, más allá del del sujeto. Esa función es trascendente. (En el conocimiento, el sujeto va más allá de sí mismo; por eso el realismo natural decía que el conocimiento es una ampliación del sujeto.) Al objeto le es indiferente ser conocido o no serlo; aunque lo “invada”, el sujeto no lo afecta; pero el sujeto sí es afectado por el objeto,queda determinado por él.
    La representación del objeto en el sujeto es “objetiva”, porque concuerda con el objeto. (Adviértase, de paso, que la palabra representación ya traduce la idea de que el objeto está como presente dos veces: presente en sí mismo y presente en el sujeto.) Como el conocimiento consiste en la aprehensión del objeto tal como éste es en sí mismo, el objeto no puede presentarse modificado; si así se presentase, no tendríamos conocimiento, sino error.
    El realismo crítico acepta que el color, la blandura, la temperatura, el gusto,el aroma, etcétera, no son atributos de las cosas; es decir, no tienen “objetividad”.
    Son maneras en que los objetos reales aparecen en la conciencia: son “apariencias”(fenómenos), no cosas en sí mismas. Lo que no acepta es que todo tenga la misma subjetividad que esas cualidades secundarias. Cuando percibimos un objeto —una tiza, por ejemplo—, esa percepción es posible para todos los sujetos que se hallen en la misma situación. Además, cuando pensamos en una tiza, la tiza no es un contenido de nuestro pensamiento: la tiza no se convierte en pensamiento, por el hecho de que pensemos en ella. El color que veo es, sí, un contenido de la sensación; pero la tiza no puede ser un contenido del pensamiento. El pensamiento no se identifica con sus objetos, no se los incorpora: el pensamiento no hace más que referirse a ellos darse cuenta que son objetos y de cómo son. La prueba última de que conocemos realidades objetivas, independientemente del sujeto, reside en el hecho de que muchos individuos pueden percibir lo mismo, y en el hecho de que nadie puede no percibir lo que percibe”

    Notas
    5. wikipedia
    6. Vicente Fatone, Lógica e introducción a la filosofía,p. 99,ed. Kapeluz
    7. Véase: A. messer, El realismo crítico, pág. 17, y compárese con N. hartmann, Principios de una metafísica del conocimiento, capítulo v.103, citado en Vicente Fatone, Lógica e introducción a la filosofía,p. 99,ed. Kapeluz

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.894 seguidores

%d personas les gusta esto: