La forma de la Tierra


La forma de la Tierra

Dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oir.

A veces ocurre que hablas con alguien que sostiene opiniones totalmente ridículas y absurdas , y te ves tentado a discutir con él, a explicarle su error.

En mi opinión, mormalmente, suele ser una mala idea. Si alguien no ve lo evidente, es que no quiere ver lo evidente. Permíteme que ilustre esto con un ejemplo.

El desafío

Sitúate mentalmente en el año 1870.

Inglaterra era la mayor potencia marítima y sus barcos circunavegaban el planeta de modo regular, tarea que había facilitado bastante la reciente apertura del canal de Suez. Jules Verne hacía poco que había publicado sus 20.000 leguas de viaje submarino.

Pese a la fidelidad de los ingleses a su viejo sistema de medidas, hacía ya casi cién años que se había definido al metro como la diezmillonésima parte de un cuadrante de un meridiano de la Tierra.

Lo último que esperaría nadie razonable es que, en ese año, el periódico inglés “The Field” publicase un par de cartas en las que un hombre llamado Jhon Hampden ofrecía un premio de 500 Libras esterlinas (un buén dinero) a quén fuese capaz de demostrar que la tierra no era plana.

Sí, has leído bién.

Hampden afirmaba que la tierra era plana como una mesa, y que nadie sería capaz de demostrar lo contrario y embolsarse el premio.

Hampden no era un fanático solitario salido de ninguna parte. Contaba con el apoyo de una especie de sociedad astronómica llamada “Sociedad Universal Zetética”.

En 1849, y bajo el pseudónimo de “Parallax”, Samuel Birley Rowbotham había escrito un pequeño libro de dieciseis páginas titulado, al ampuloso y grandilocuente modo de la época “Zetetic Astronomy: A Description of Several Experiments which Prove that the Surface of the Sea is a Perfect Plane and that the Earth is Not a Globe!” (Astronimía Zetética: Una descripción de varios experimentos que prueban que la superficie del mar es un plano perfecto y que la tierra no es un globo!)

tierraplana

El panfleto, en ediciones posteriores, crecería hasta tener casi 450 páginas, se basaba en argumentos bíblicos, teológicos y geométricos (todos ellos bastante discutibles) con los que Samuel Birley Rowbotha pretendía demostrar que la tierra no era una esfera, sino plana, con el polo norte en el centro y el “polo sur” como una inmensa barrera de hielo rodeando la tierra. Para promover esos planteamientos, fundo la “Sociedad Universal Zetética”, que, con lecturas públicas de su panfleto pretendía dar a conocer a sus ideas y convencer a los incrédulos.

Podrías pensar que, dado lo ridículo de la propuesta, nadie digno de mención tomó el guante del desafío. Pero, si así hubiese sido, este post quedaría bastante deslucido.

Nada menos que Alfred Russel Wallace, el hombre que que descubrió la misma teoría de la evolución que Darwin de forma independiente, que era un más que competente geólogo, biólogo y geógrafo (En aquellos tiempos, a eso se le llamaba “Naturalista”) y que había pasado años en las antípodas cuya posibilidad física negaba Hampden.

Wallace no era muy amigo de meterse en esos berengenales pero, pese a la ayuda económica que había conseguido gracias a su amigo Darwin, no era un tipo demasiado adinerado, y las 500 Libras de la apuesta le vendrían pero que muy bién.

Se había lanzado un desafío y alguien lo había aceptado. Faltaba determinar un lugar para el “duelo”, pactar unas normas, y elegir unos “padrinos”.

El lugar

old_bedford

El Old Bedford River es, en ralidad, un canal artifical construído dentro de un sistema mayor para drenar una zona pantanosa de los condados de Cambridgeshire, Lincolnshire y Norfolk, al este de Inglaterra.

Su trazado recto y su cauce lento y tranquilo lo hacían perfecto para el experimento, que estaba basado en uno descrito en el libro de Samuel Birley Rowbotham, y que consistió en lo siguiente:

El experimento

Sobre uno de los puentes del Old Bedford River, y a una altura cuidadosamente medida sobre la superficie del agua (13 pies y cuatro pulgadas, unos 4.06 metros) se colocaba un “blanco”. A seis millas de distancia (unos 9.66 km), y a la misma altura, se situaba un telescopio apuntando a ese blanco. Justo a mitad de camino y a la misma altura estaba situada una “diana”.

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Como puedes ver en el precioso gráfico de arriba (creado a partir de una ilustración original del libro de Birley), si la tierra resultaba ser plana, las dos marcas y el telescopio deberían estar alineadas (y, desde este, la más cercana taparía la visión de la del puente). Si la superficie de la tierra era efectivamente curva, la diana central debería aparecer, vista desde el telescopio, más alta que la del puente.

Cinco caballeros ingleses

El 5 de Marzo de 1870 se reunieron junto al Old Bedford River los caballeros John Hampden, Alfred Wallace, William Carpenter (testigo por parte de Hampden), M. W. B. Coulcher (testigo por parte de Wallace) y J. H. Walsh, editor del periódico “The Field” y árbitro acordado para el desafío.

El experimento, en la práctica, no es tan fácil como en la teoría. Para evitar susceptibilidades, hay que ser extremadamente cuidadoso en las mediciones de las alturas y posiciones de las dianas y el telescopio. Hay que tener suerte con las condiciones de visibilidad, y tener en cuenta cosas tales como la refracción de la luz causada por la atmósfera, que es notable en una distancia de seis millas, y varía según la hora del día y las condiciones atmotsféricas.

En cualquier caso, la imagen debe haber sido memorable: Cinco caballeros victorianos elegantemente vestidos, en medio de la campiña inglesa, mirando por un telescopio al horizonte y discutiendo sobre distancias, geometría y refracción.

El veredicto del telescopio

El resultado del experiemento fué el predecible: La diana central apareciá elevada sobre la visual telescopio-puente unos cinco pies y medio (1.68 m.), dándole la razón a Wallace.

Un cálculo aproximado de trigonometría de escolares, tomando un radio terrestre de 6371 km. y una distacia entre cada marca de 4.828 km. me ha dado que la marca central debería haber aparecido a 1.83 m. sobre la visual. Dadas las circunstancias, me parece un resultado bastante bueno.

Walsh determinó que que la curvatura terrestre estaba demostrada, y entregó el dinero a Wallace, el ganador.

Si esto fuera un guión cimematográfico, la cosa acabaría más o menos aquí. Wallace se va con su premio a casa henchido de orgullo y Hampden se marcha algo cabreado (quizás mordiendo el ala de su sombrero), pero algo menos terraplanista que antes.

Los problemas

Pero la vida real es algo más retorcida que las películas.

Durante los años siguientes, un furioso Hampden acosaría a Wallace y su familia a través de todos los medios, incluídos los legales, acusandole de hacer trampas.

En 1976 la cosa acabó en los tribunales que, sin querer enfangarse en asuntos como la forma de la tierra o la veracidad del experimento y sus resultados, determinaron que los desafíos de ese estilo no tenían validez legal.

Pero esto no calmó a Hampden, que siguió acusando y amenazando a Wallace, y pasó varias veces por los tribunales, y por prisón, acusado por difamación.

Al parecer, Alfred Russel Wallace se arrepintió durante el resto de su vida de haber participado en el experimento del Old Bedford River.

Sociedad Internacional Tierra Plana

Quizás te preguntes qué pasó con los terraplanistas.

Contra todo pronóstico Universal Zetetic Society continuó sin cambios hasta el año 1956, cuando cabió su nombre por el de International Flat Earth Society. En torno a los años ochenta (Sí: Me refiero a 1980, no es una errata) había adoptado un cartacter mucho más religioso, y alacanzó una cumbre de unos 4000 socios. Evidentemente, argumentaban que todo el proyecto espacial es una gran estafa.

Al parecer, esta sociedad aún existe.

La foto del Old Bedford River es de la Cambridge Albion Angling Society

El esquema de le experimento está montado a partir de una imagen original del libro “Zetetic Astronomy”.

El dibujo de la Tierra Plana pertenece al libro “Zetetic Astronomy”.

He sacado todos los datos de Internet. Esta historia se cuenta en multitid de páginas, la mayoría de ellas contradicitorias. En tanto me ha sido posible, he recurrido a las fuentes más cercanas a las originales, como el propio libro de Birley o las cartas de Wallace al periódico “The Field”.

Fuente: http://www.psicobyte.com/articulo/la_forma_de_la_tierra

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