La Iglesia y su contexto a fines del siglo XX

La Iglesia y su contexto a fines del siglo XX

1. El contexto DENTRO de la Iglesia

Este mensaje es muy importante porque, invocando el nombre del Señor y la autoridad de su Palabra, vamos a contemplar el marco en el que se desenvuelven las iglesias evangélicas de la Argentina, y particularmente la nuestra, en los presentes umbrales del siglo XXI. Hay un pasaje bíblico que en nuestros días se menciona con mucha frecuencia, aunque a veces es mal interpretado. En la epístola a los Romanos 12:2 leemos: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. En la Versión Popular leemos: “No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. Hay que notar que la “renovación” en este pasaje tiene un “para qué”. No se trata de una “renovación” al gusto de cada uno, sino de una renovación del entendimiento, de nuestra mente, para conocer y comprobar cuál es la voluntad de Dios y, por supuesto, hacerla.

No se trata de una renovación meramente litúrgica o cúltica, sino de una renovación ética. No se trata de una renovación de las formas visibles y audibles de la adoración o la alabanza, sino de una renovación de la manera de vivir. No se trata de una renovación al estilo “islámico”, que cree tener la verdad suprema y pretende que los demás la acepten, sí o sí, sino de una renovación que, como dice el versículo 3, hace que “cada cual… no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura”. Tampoco se trata de una renovación que se produce por mera imitación de lo que otros hacen o dicen, conformándose a la mentalidad mágica o mística de este siglo (que se muestra en las sectas, en los Rolling Stones, y en otros fenómenos multitudinarios), sino de una renovación comprometida con la santidad y con la justicia, que dé respuesta a las verdaderas necesidades del hombre total.

Uno de los problemas más serios y menos comprendidos que afectan a las iglesias de hoy es la vigencia de una idea filosófica, emparentada con el gnosticismo y el neoplatonismo, que supone que Dios es un Ser que produce emanaciones, energías o sustancias, que surgen del Todopoderoso como rayos de luz, casi al estilo de las enseñanzas de la Nueva Era. Así se llega paulatinamente al concepto de “unción”, una emanación divina que se deposita sobre los creyentes, como si no fuera suficiente la presencia del Espíritu Santo en cada verdadero hijo de Dios. Se dice que es un poder que emana de Dios, y que se manifiesta en el ser humano como una energía que en un preciso instante es recibida desde el Espíritu Santo. La idea es que la unción viene “desde afuera” (p.ej., “¡ahí va el Espíritu, sobre los que están parados en ese lugar!”), más como “unción” que como “Persona”. Pero sabemos bien que, conforme a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, la Persona del Espíritu Santo ya está en nosotros desde el mismo día que aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador.

Según la Biblia, nosotros somos testigos del Ungido (“me seréis testigos”, Hechos 1:8) y no de la “unción”. Las ceremonias de “infusión espiritual” (por las que se transmite la llamada “unción”), frecuentes en nuestro tiempo, son características de una filosofía que puede arrastrar a mucha gente al doloroso terreno de la apostasía profetizada en el Nuevo Testamento. Además, numerosos cristianos se exponen a caer en el grueso error de desestimar lo que Dios ha hecho a través de la historia de la iglesia de Cristo en sus distintas épocas, y olvidar la “grande nube de testigos” que tenemos en derredor nuestro (Hebreos 11:1-40, ídem. 12:1-3).

Actualmente estos problemas se agudizan a causa de los frecuentes casos de delirio místico. El doctor Jorge León, evangélico, conocido experto en enfermedades mentales, dice que “el delirio místico es una de las claras manifestaciones de la enfermedad mental”. Y agrega: “Podemos distinguir la experiencia sana de la experiencia enferma gracias a ciertas características que tienen las personas alucinadas o delirantes. Voy a enumerar algunas de ellas: (1) La persona enferma se cree elegida por Dios para ser depositaria de una revelación que la coloca en un lugar privilegiado. No importa si lo que dice que se le ha revelado está de acuerdo con la Sagrada Escritura o con la lógica. Este es el caso del señor Smith, fundador de la Iglesia Mormona, y de otros grupos de ayer y de hoy. (2) La persona enferma se cree dueña de la verdad absoluta. Todos los que no crean en su doctrina están equivocados. (3) Por lo tanto, se esforzará para convencer a todo el mundo de su verdad. (4) Se presenta como un nuevo Mesías, aunque no lo exprese en público. No es más que un delirante”. Dice después el doctor León: “Contra este tipo de delirio nos advierte el pastor brasileño Caio Favio. Tomando como base la epístola de Judas, Favio ha escrito un libro que recomiendo, dice León: El síndrome de Lucifer. Un síndrome consta de varios síntomas, y el primero que señala Favio es el misticismo patológico. Dice: “ A menudo observamos a las personas que entran en conflicto con la verdad de la Biblia en nombre de revelaciones espirituales. Por no tener bases suficientemente bíblicas para sustentar su argumento, apelan al pretexto de la ‘revelación divina’ que han recibido, para así silenciar los cuestionamientos”.

Claramente se refiere a las alucinaciones cuando añade: “No olvidemos que Judas señala que uno de los síntomas de Lucifer es el uso alucinado de la mística. Él dice que estos hombres están “alucinados en sus delirios” (Biblia de Jerusalén):” Y agrega el doctor León: “Tengo la impresión de que para lograr un auténtico avivamiento espiritual es necesario que los pastores y líderes laicos tengamos suficiente información científica para distinguir entre lo sano y lo enfermo en una experiencia que se supone es espiritual”. (Dr. Jorge León, Boletín Nº 68 de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, páginas 58-59).

Algunas de las personas que padecen desajustes emocionales, disturbios psicológicos, conflictos familiares, problemas éticos, u otros antecedentes que dan origen a algún tipo de patología mental, suelen aferrarse a una supuesta “experiencia espiritual”, tratando así de convivir con su falta de sanidad interior. Por ejemplo, quienes viven en la frontera entre lo bueno y lo malo, (en la “zona gris”), están muy expuestos a caer en ese tipo de crisis. Lo mismo podría ocurrir con los que no han superado las vivencias traumáticas de su pasado, o con quienes arrastran sentimientos de culpa. Además, hay otros que llegan a protagonizar cultos entusiastas tan sólo para descargar sus tensiones, buscando algo así como una catarsis, o una “liturgia terapéutica”, pero no una genuina adoración a Dios.

Otra vertiente del contexto en que nos movemos es el renovado énfasis en los milagros. ¡Como si nunca hubiesen ocurrido!. Ya dije que así no se hace justicia al obrar de Dios en la historia de su iglesia a través de los siglos. Siempre es indispensable identificar a los “hacedores de milagros”, ya que cualquier milagro no es en sí una demostración de la autenticidad del movimiento del Espíritu (ver San Mateo 7:21-23), Hoy hacen “milagros” los espiritistas, los santos y las vírgenes de diversos cultos, la Difunta Correa, los brujos de Haití, los “pais” de Umbanda, etcétera, más una infinidad de curanderos y sectas. Pero, además de milagros que podrían atribuirse a fuerzas demoníacas, deben tenerse en cuenta las sanidades psicosomáticas, que se pueden explicar científicamente sin necesidad de pensar en influencias sobrenaturales. La Biblia dice que una gran multitud seguía a Jesús “porque veían las señales que hacía en los enfermos” (Juan 6:2,22-24), pero después de oír su predicación “muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6: 60-66). El punto clave es el mensaje, no los milagros.

Muchos miles siguieron a Jesús viendo sus milagros, pero en el aposento alto sólo ciento veinte perseveraron en oración (Hechos 1:15) y apenas quinientos lo reconocieron después de la resurrección (1ª Corintios 15:6). Jesús advirtió que “se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24). La Biblia dice que el falso profeta que acompaña al Anticristo “hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia” (Apocalipsis 13:13-14). Los magos de Egipto también imitaron los milagros que Dios hizo por medio de Moisés y Aarón (Éxodo 7:11 hasta 8:7). Los milagros, pues, no son una demostración definitiva del obrar de Dios. Falsos cristos y falsos profetas también pueden hacerlos.

El desmedido énfasis en los milagros produce frustración cuando el esperado milagro no se produce. Es frecuente, por ejemplo, vincular sanidad con exorcismo, reprendiendo al demonio que, según esa doctrina, produce la enfermedad. Surge así el ministerio del “sanador y exorcista” que aparece en diversos movimientos carismáticos y en distintas religiones. Pero cuando la sanidad no ocurre alguien podría preguntarse si el exorcismo fracasó porque el demonio era más fuerte o el sanador carecía de poder. Entonces se afirma que el enfermo “no tuvo fe”, o que su liberación “no era la voluntad de Dios”, ¡como si Dios no quisiera liberar a los oprimidos por el diablo!. La respuesta correcta es que la base doctrinal de ese tipo de ministerio no es correcta.

Y bien hermanos, hoy me he atrevido a ocupar este púlpito para referirme a algunos de los aspectos del “contexto interno” en muchas iglesias evangélicas en nuestros días. Otros aspectos ya han sido considerados en mis mensajes de los recientes años. Pero antes de terminar les invito a dirigir también la mirada hacia el contexto fuera de nuestras iglesias.

2. El contexto FUERA de la Iglesia

Tratando de ser objetivos podemos empezar afirmando que hoy la gente no tiene interés en concurrir a las iglesias, salvo que sea atraída por dudosas promesas de prosperidad, milagros y bienestar general. El cuadro debe medirse no por el tamaño de los templos, estadios, u otros lugares de reunión, sino por el enorme número de las personas sin Cristo, hostiles o indiferentes, que están fuera de nuestras iglesias y de nuestras actividades. Además, quedan sin incluir muchos que, aunque asisten a los cultos, por su manera de vivir y sentir están muy lejos de lo que pide el Señor.

Para referirme al contexto exterior, que afecta profundamente a las iglesias evangélicas, mi propósito de hoy es enfatizar que, ante la realidad de un mundo indiferente a los valores de la genuina vida cristiana, es imposible que nuestras iglesias sigan funcionando de la misma manera que lo hacían hace cincuenta años. No me refiero a la música ni a otras innovaciones litúrgicas que no constituyen el fondo de la cuestión. Las renovaciones musicales y litúrgicas han ocurrido muchas veces en el curso de la historia. Han sido fenómenos locales, o regionales, o nacionales, o internacionales, que han contribuido a la formación de nuestra himnología y a la evolución de las formas de culto. Pero hoy no vamos a detenemos en ese tipo de análisis, que está suficientemente documentado en muchos libros. Lo que nos interesa ahora es cómo responder a las necesidades del hombre y la mujer, del ser humano total, en este tiempo de postmodernidad.

Quisiera llamarlos a asumir una nueva perspectiva de la misión de la iglesia ante los millones que no oyen el mensaje de salvación, y exhortarlos a pensar que si las gentes no asisten a nuestras iglesias somos nosotros los que debemos ir a la gente. Es indispensable que consideremos el contexto en que se mueven las multitudes a nuestro alrededor y de qué manera podemos y debemos llegar hasta ellas con el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Esta inquietud tendría que ser el permanente tema de nuestros estudios y de nuestra acción.

* Mensaje predicado el 10 de abril de 1998 a la Iglesia EvangélicaBautista Argentina del Distrito Arroyito, Rosario.

Fuentes: http://samuelolibert.blogspot.com/2007/05/la-iglesia-y-su-contexto-fines-del.html

Hurgando en los Secretos de una Mutación Genética Que Duplica la Longevidad de las Moscas

Biología
Hurgando en los Secretos de una Mutación Genética Que Duplica la Longevidad de las Moscas
16 de Febrero de 2009.

Brown U.Stephen Helfand y Nicola Neretti de la Universidad Brown, junto a otros investigadores, han identificado un mecanismo celular que podría ayudar a combatir el proceso del envejecimiento.

Este hallazgo añade otra pieza al rompecabezas que Helfand, profesor de biología molecular, biología celular y bioquímica, descubrió en 2000, al identificar una mutación en un gen, bautizado como Indy (por las siglas en inglés de “I’m Not Dead Yet”, “No estoy muerto todavía”), y que puede prolongar hasta el doble la duración de la vida de la mosca de la fruta.

Estudios posteriores en moscas Indy han conducido al descubrimiento de un mecanismo en ellas que parece reducir significativamente la producción de radicales libres, subproductos celulares que pueden contribuir al proceso de envejecimiento. Esta acción produce pocos o ningún efecto secundario sobre la calidad de vida de las moscas. El descubrimiento podría conducir al desarrollo de nuevos tratamientos antienvejecimiento para los seres humanos.

Averiguar cómo exactamente la mutación Indy altera el estado metabólico de la mosca de la fruta, podría permitir desarrollar algún método farmacológico que lo imite y otorgue los beneficios de la manipulación genética sin tener que recurrir a ésta.

Al investigar qué mecanismos prolongan la vida de la mosca de la fruta, los investigadores compararon los niveles de expresión de todos los genes en las moscas Indy con respecto a los de las moscas normales, descubriendo que algunos de los genes envueltos en producir la energía necesaria para la vida celular normal fueron expresados con niveles inferiores en las moscas Indy. Esto redujo los radicales libres, así como los daños celulares que tales radicales suelen producir, pero sorprendentemente no disminuyó la cantidad total de energía celular.

Estos resultados proporcionan evidencias de que es viable alterar el metabolismo de una manera tal que, sin efectos secundarios negativos, permita reducir los radicales libres o los daños oxidativos, prolongando por tanto la vida.

 

Información adicional en:

Sorpresas inconcebibles

Sorpresas inconcebibles

Continuamos con artículos relacionados con l0s avivamientos. Aquí expongo un artículo de un gran pensador y teólogo bautista argentino, Samuel Libert,sobre su experiencia en Seúl,Corea del Sur, donde hace algunas décadas atrás hubo un gran avivamiento espiritual.

6.000 iglesias evangélicas en una sola ciudad. La realidad del milagro de Corea como la vio y la describe Samuel O.Libert *

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Lo inesperado

Corea del Sur es un país próspero. Tal vez por eso el doctor Yong Hoon Lee, director del Instito internacional de teología de Seúl (sostenido por la iglesia del Evangelio Completo de Youido, cuyo pastor es David Yonggi Cho) creen que la prosperidad y el éxito acompañan a los que sirven a Dios, aunque —agrega— Dios nunca debe quedar en segundo lugar. Claro que la prosperidad coreana no es atributo exclusivo de las iglesias. También se ve en la calle, en el tránsito, en los enormes edificios de las empresas y los comercios, en los barrios residenciales y en las grandes urbanizaciones… ¡Parece mentira aque tiempo atrás esa misma nación fue azotada por dolorosas guerras ! , y ¡ parece increíble que las iglesias coreanas sufrieron duras experiencias de persecución y dolor!

Aprovechando mi participación en la reciente Consulta Global sobre Evangelización Mundial, en mayo último dediqué dos semanas de estadía en Seúl a estudiar el panorama de la obra evangélica en Corea del Sur. Mi primera sorpresa fue descubrir que Seúl, ¡ con once millones de habitantes!, hay 6.800 iglesias evangélicas cuyas cruces luminosas – de color rojo – tiñen las noches de la capital. ¡ Seis mil ochocientas iglesias! Muchas tienen millares de miembros. Todas tienen una firme perseverancia en la oración.

Mi segunda sorpresa fue enterarme del veloz ritmo de crecimiento, que comenzó a mediados de la década del 70, cuando cada día nacían — término medio— seis nuevas iglesias. En nuestros días hay más de cincuenta mil iglesias evangélicas en el pequeño territorio de Corea del Sur, con más de doce millones de miembros!, que constituyen alrededor de un tercio de la población. Allí coexisten ciento sesenta denominaciones, de las cuales hay cincuenta que tienen trasfondo presbiteriano.

 

¿Quién iba a imaginarlo?

La tercera sorpresa fue saber que en Corea del Sur hay nada menos que ¡trescientas ocho instituciones teológicas!, aunque el gobierno coreano sólo reconoce los títulos entregados por 38 de esos seminarios. ¡Solamente en Seúl hay 206 escuelas teológicas! El promedio de alumnos inscriptos puede ser más de mil enlas instituciones grandes y alrededor de cincuenta en las rnás pequeñas. Cada año se gradúan, en total, unos ocho mil estudiantes.

Curiosamente el gobierno controla la seriedad y la calidad académica de las instituciones teológicas. El año pasa­do, por disposición ofi­cial, fueron clausurados sesenta seminarios de bajo nivel, “por produ­cir graduados sin ido­neidad”. Dicha medida contó con el apoyo de importantes líderes evangélicos que estaban muy preocupados por las actividades que desarrollaban esas escue­las teológicas improvi­sadas. Debo aclarar que el gobierno no abriga prejuicios anticristia­nos, ni interviene en asuntos doctrinales. En nuestros días el presidente de Corea del Sur, Honorable Kim Young-Sam, es un evangélico militante.

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Increíble despertar misionero

Mi cuarta sorpresa fue descubrir que en 1979 las iglesias evangélicas de Corea del Sur tenían sólo 93 misioneros, y que en 1994 ¡ya habían llegado a sostener 3.272 misioneros coreanos en 119 países! 1.712 son mujeres y 1560 son varones ¡454 están en Rusia,401 en Filipinas,252  en Japón, 129 en China Popular, y 100 en Taiwan! También hay grupos menores en otros paises, incluyendo a la Argentina. El 22% de los misioneros están en países budistas, y el 21 % en países islámicos. Y otras estadísticas siguen asombrando: el 43% se dedica a plantar nuevas iglesias, el 40% al ministerio del dicipulado,e l 12% son evangelistas a tiempo completo y el 5% restante cumple tareas médicas y de servicio social como parte de su testimonio cristiano.

Las agencias misioneras en ese pujante país eran 21 en 1979 y en 1995 son 113. Hay cuatro centros de investigación, once entidades dedicadas a la capacitación de misioneros y siete asociaciones de agencias y movimientos relativos a las misiones.

Sang Cheol Moon, del Instituto Coreano de Investigación sobre Misiones, afirma que: “Dios está escribiendo un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia Coreana.” Los hechos comentados, visibles y palpables, demuestran que es así.

La Iglesia de Youido y otras

La Iglesia del Evangelio Completo de Youido, es la iglesia del pastor (Paul) David Yonggi Cho. Youido es un suburbio de Seúl, algo así como una isla en la vecindad del lugar que los coreanos llaman “Manhattan”, por su parecido con ese distrito de Nueva York. Su templo y sus cultos, son una especie de “Meca” (sea por devoción o por curiosidad), de casi todo visitante evangélico que llega a Corea. Pero si alguien espera encontrar allí la algarabía característica de los cultos pentecostales de América Latina, se sentirá desconcertado. Porque en Youido el culto es solem­ne, con un cierto sabor presbiteriano. ¡Esa fue mi quinta sorpresa!

Visité también otras iglesias. Pienso que comprendí, al menos en parte, algunas de las características de la cultura coreana. Es un pueblo reverente, ceremonioso, con la formalidad propia de la gente oriental. Sus coros entonan canciones majestuosas. Su adoración sigue, en general, las líneas de la liturgia clásica (me refiero a los cultos habituales de las iglesias coreanas, y no a la alabanza en el Congreso, donde se mezclaron culturas de todo el mundo).

Creo que mis hermanos coreanos han descubierto que la alabanza no atrae ni produce la venida o la acción del Espíritu Santo. ¡Saben que la alabanza surge como fruto de la previa presencia del Espíritu Santo, y no al revés! Por eso, conservando muchas de sus formas tradicionales, hoy son protagonistas de uno dé los más grandes avivamientos de la historia de la Iglesia a través de los siglos.

* Evangelista y escritor. Pastor de la lglesia bautista de Distrito Arroyito, Rosario (Santa Fe).

Expositor Bautista, Nº , p.23 ,julio 1995, CBA

Los cambios de valores en la “conversión” de Pablo

Hoy escribe Antonio Piñero

Dijimos, en síntesis, en notas pasadas que para el Pablo previo a su llamada los judeocristianos, sobre todo los “helenistas”, los que criticaban la Ley y la función del Templo como únicos medios de salvación, eran como malditos transgresores de la Ley y seguidores y proclamadores de la dignidad mesiánica de un seductor del pueblo, maldito especialmente por la Ley (Dt 21,23), porque había terminado sus días colgado en un madero.

Afirma Martin Hengel (p. 288) que Pablo era un hombre apasionado como lo demuestran algunas de sus afirmaciones en sus cartas posteriores. Por ejemplo, 2 Cor 11,29:

« “¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase?”  »

y un poco antes:

« “Celoso estoy de vosotros con celos de Dios”. »

Por tanto , como joven fariseo, su celo en contra de quienes creía de corazón que iban contra la ley de Moisés, que representaba inequívocamente la voluntad de Dios, era igualmente grande: en aquella época, y dados estos presupuestos, no tenía más remedio que comportarse así, como un perseguidor… y celoso, ardiente.

Así pues, a lo que parece, la reflexión profunda sobre las razones de los perseguidos le hizo ver, que el personaje que él creía un maldito de Dios se le iba presentando en toda su gloria: había sido exaltado a la diestra de Dios (Salmo 110,1), y eso le confirmaba en que era en verdad Hijo de Dios, el mesías de Israel y el salvador… no sólo de los judíos, sino de los paganos que creyeran en él. En la visión del camino de Damasco, sea como fuere en realidad, Pablo creyó que Dios le confiaba una nueva “buena noticia”: sus perseguidos tenían razón; el Dios de Israel y de los paganos, el Padre del mesías, había decidido una nueva vía de salvación, que comprendía también a los paganos, al menos a algunos.

Por tanto, la futura teología/cristología paulina se basa en lo que él creía un encuentro directo con Jesús de Nazaret. Esto cambia todos sus valores:

• De experto en la ley de Moisés, exclusiva para los judíos, se convertirá en predicador de que la salvación plena es también para (algunos, luego muchos, luego todos) los paganos.

• En vez del “celo por la Ley” predicará con el tiempo un “evangelio de la salvación sin necesidad de cumplir la Ley

• En vez de pensar que Dios justificaba al pecador si “obraba las obras” de la Ley, predicó luego que el pecador es declarado justo por Dios sólo por la fe en el efecto redentor del sacrificio de la cruz.

• En vez de sostener que el hombre por sus solas fuerzas es capaz de cumplir la Ley, a defender que sólo es posible cumplir la voluntad de Dios por la sola gracia divina.

• Del odio al crucificado como un falso mesías pasa Pablo a una “teología de la cruz”: éste fue el sacrificio único por el cual se restauró la amistad perdida entre la humanidad y su Creador. La restauración de esa amistad significa la salvación.

Un pasaje célebre de su carta a los Filipenses sintetiza este cambio de valores que experimenta el Pablo “llamado”/ “convertido”:

« Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. 8 Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, 10 y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, 11 tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos. »

Todo este cambio de valores muestra cuán judía es la nueva teología paulina…, ya que sus elementos y su estructura mental son judías, y a la vez –probablemente lo veremos algún día en este blog- cómo a la hora de presentarla a los paganos se viste de un ropaje tan griego, que ese ropaje, en apariencia exterior acaba por penetrar en el interior y modificar el mensaje mismo.

A pesar de que en mi nota anterior dije que concluiríamos hoy con la presentación del Pablo precristiano (luego ofreceremos un resumen), desearía expandir en la nota siguiente y última lo que significó este cambio de valores con palabras tomadas de la Guía para entender el Nuevo Testamento (Trotta, Madrid 32008)

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com

Antonio Piñero
Lunes 16 Febrero 2009

Biografías de científicos y filósofos relacionados con la ciencia y la T.Evolución

Biografías de científicos y filósofos relacionados con la ciencia y la  T.Ev.

Fuente: Wikipedia

cientifico

«Un científico es, generalmente, una persona que se dedica a producir resultados en la ciencia moderna tanto como antigua haciendo uso del Método científico. La aplicación o acepción es acuñada por Whewell en 1840. »

Humor Ciencia 01
—En el tablero: “ENTONCES OCURRE UN MILAGRO”
—La opinión: “Yo pienso que usted debería ser mas explicito en el paso dos”

Matemáticos e ingenieros  

«Algunas personas (incluidos algunos matemáticos) no consideran a los matemáticos como científicos dado que en general no se valen del método científico para realizar descubrimientos matemáticos y a su vez el método científico no es válido para probar resultados matemáticos. De todas formas, debido a la relación íntima entre las matemáticas y las ciencias aplicadas, se incluye a los matemáticos en la siguiente lista. Claro está que esta distinción entre matemáticos y científicos sólo comenzó a plantearse en el siglo XX.

Sin embargo, existe una distinción más clara entre los científicos y los ingenieros. Los ingenieros tratan con el diseño de una solución a un problema práctico. Un científico se pregunta “¿por qué?”, y procede a investigar la respuesta a su pregunta. En cambio, un ingeniero quiere saber cómo solucionar un problema, y cómo implementar esa solución. En otras palabras, los científicos investigan fenómenos fundamentales, mientras que los ingenieros crean soluciones a problemas o mejoran soluciones existentes. En el curso de su trabajo un científico puede completar tareas de ingeniería (por ejemplo, diseñar aparatos experimentales o construir prototipos), mientras que un ingeniero puede tener que hacer alguna investigación a fondo.»
 

Humor Ciencia 02
—”Solo estoy verificando”

Véase también

Cientificos 

  1. Henry M. Morris, un científico contra Darwin
  2. Karl Popper
  3. Thomas Kuhn
  4. Rudolf Virchow
  5. Jean-Baptiste de Lamarck
  6. Blas Pascal
  7. Alfred North Whitehead
  8. Max Planck
  9. Arquimides
  10. Clarence Darrow
  11. Michael Reiss
  12. Antoine-Laurent de Lavoisier
  13. Galileo Galilei
  14. Arthur Compton
  15. Ernst Boris Chain
  16. Arno Allan Penzias
  17. Christian Anfinsen
  18. William Thomson
  19. Hippolyte Taine
  20. Israel Finkelstein
  21. Thomas Szasz
  22. William Matthew Flinders Petrie
  23. Stephen Hawking
  24. Ernst Haeckel
  25. Johann Heinrich Lambert
  26. Arthur Compton
  27. Sam Harris
  28. Sir John Templeton
  29. Theodosius Dobzhansky
  30. Johannes Kepler
  31. James Ussher, arzobispo de Armagh
  32. Isaac Newton y el fundamentalismo
  33. Hugh Miller
  34. J. Robert Oppenheimer: el padre de la bomba atómica
  35. Robert Oppenheimer
  36. George Mivart: el cristiano que se acercó a la teoría de la evolución
  37. Francis S. Collins
  38. Francis Collins
  39. Julian Huxley
  40. Antony Flew
  41. Nicolás Copérnico

Los motivos teológicos de la persecución paulina a los judeocristianos

Los motivos teológicos de la persecución paulina a los judeocristianos

(3-06-Q)

Hoy escribe Antonio Piñero

Vamos a profundizar un poco más en lo dicho al respecto en una nota anterior, ya que éste es probablemente el tema más interesante, aunque –como reconoce también M. Hengel en su tratamiento del tema- sea el más difícil y controvertido entre los estudiosos.

El cambio en la mentalidad del Pablo precristiano fue tan tremendo, como lo describe indirectamente 2 Corintios 4,6:

« “Pues el mismo Dios que dijo: De las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo” »

El cambio fue, por tanto, como un paso de las tinieblas a la luz. ¿Por qué? En realidad debemos confesar que tampoco lo sabemos, porque Pablo no ofrece explicación psicológica o teológica de su tremendo cambio de mentalidad:

« “Nada sabemos de que en el fondo de su corazón estuviera impresionado por el mesías crucificado o por sus seguidores perseguidos por él mismo o que en el fondo estuviera disgustado con algunos aspectos de la Ley y sus tremendas exigencias” (M. Hengel, p. 283). »

Pablo sólo dice que el ambio se produjo porque era un plan de Dios. Éste “tuvo a bien” llamarlo:

« “Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles”. »

Lo que sabemos en verdad es que su llamada le hizo cambiar todos los valores. Por tanto, podemos sospechar que fue un cambio lentamente madurado, quizá a base de irse enterando bien durante los interrogatorios a sus perseguidos de cuál era la reinterpretación de éstos de la vida y figura de Jesús, lograda por medio de una nueva e iluminadora lectura de las Escrituras, que afirmabab inspirada por el Espíritu santo.

Es de saber -en efecto- que la teología cristiana nace (léase bajo este punto de vista el capítulo 24 del Evangelio de Lucas: los discípulos camino de Emaús) a base de repensar a Jesús leyendo las Escrituras con otros ojos, los de los judeocristianos de Jerusalén y de Galilea, seguidores de Jesús que estaban convencidos previamente que Dios lo había resucitado.

A este propósito repetirá que soy de la opinión –en contra también de M. Hengel- que la teología posterior de Pablo no nace de repente de una visión, de su sola facultad de reinterpretación de Jesús, sino que fue adelantada, como señala el evangelista Lucas con razón, por los comienzos tímidos de la teología de los judeocristianos helenistas de Jerusalén (capítulo 7 de los Hechos) que comenzaron a cuestionarse el valor de la Ley y de Templo en los momentos finales del mundo, según creían. De todo ello se iba enterando Pablo en sus interrogatorios de judeocristianos y de alguna manera se iba archivando en su cabeza y le hacía reflexionar. Sobre todo el modo nuevo de leer e interpretar las sagradas Escrituras.

En contra de Hengel deseo sostener que contra este punto de vista interpretativo no luchan motivos serios de cronología paulina, ni de la situación sociológica o teológicadel judaísmo palestino. Sin duda, me parece posible también que estos “helenistas” perseguidos por Pablo le iban trnasmitiendo a éste qué pensaban sobre la conversión y salvación de los gentiles en los momentos finales -en los que creían estar- y qué función desempeñaba en esa salvación la >Ley y el Templo.

Sí admito con gusto la sugerencia de M. Hengel que los judeocristianos que reflexionaban -y criticaban- sobre la Ley y el Templo tomaran pie para sus críticas las posturas sobre la Ley y el Templo que -según iba ya formando la tradición, se decía que había tenido Jesús.

Por tanto, opino que es plausible que los judeocristianos helenistas se apoyaban para sus críticas  en:

A) Las discusiones de Jesús sobre la interpretación correcta de la Ley, pero tomadas como si él hubiese querido superar esta Ley, y

B)
El distanciamiento respecto a la piedad del Templo que era normal entre los galileos, que daban la primacía a la ética interior y a la oración antes que a la piedad ritual, hacia la que se sentían naturalmente inclinados quienes vivían en Judea y en concreto en Jerusalén y sus alrededores, cerca del Templo

Éste ha sido siempre mi principio: en el desarrollo de la teología del cristianismo primitivo ningún progreso ocurre, normalmente, sin que los cristianos dejen de buscar un apoyo en algún paso o aspecto de la vida y doctrina del Jesús terreno.

Por tanto: no es extraño tampoco que en la crítica al valor salvífico de la Ley y a la función del Templo haya participado también alguno que otro, más abierto de mente, entre los judeocristianos “hebreos”. Es decir, gentes que no fueran del grupo, tan cerrados teológicamente, de los que Pablo luego llamaría “falsos hermanos” (de Jerusalén) que exigían a los paganos convertirse estrictamente al judaísmo para salvarse (Hch 15,1).

Éste puede ser el trasfondo de la escena “ideal”, no real en mi opinión, que describe Lucas en el capítulo 10 de los Hechos (el episodio de Cornelio y la visión de Pedro de que todos los alimentos son puros).

Llego así a la siguiente propuesta:

“Todo este proceso de maduración se concreta en una visión. Toda visión religiosa está condicionada por el ambiene en el que se vive”.

Afirmo que es muy posible que en el interior de Pablo se llegara a ese proceso de maduración intelectual que luego se manifiesta, conforme a su temperamento visionario y extático (véase 2 Corintios 12,2ss que habla de los trances revelatorios de Pablo) en un proceso de revelación.

¿Cómo fue en concreto esta visión? Tampoco lo sabemos, puesto que la narración de su visión fundamental en el camino de Damasco, relatada con contradicciones tres veces en los Hechos de los apóstoles (capítulos 9, 22 y 26) tiene rasgos totalmente legendarios y fabulosos.

Debemos quedarnos tan sólo con que Pablo estaba absolutamente convencido de que tuvo una revelación divina que lo hizo cambiar totalmente. Y que Dios, por pura gracia hacia la humanidad, de acuerdo con sus planes eternos y porque la plenitud de los tiempos había llegado, lo había escogido a él misteriosamente, y por sola gracia, para la misión de publicar y proclamar el nuevo plan de Dios definitivo para la salvación. Este plan estaba ligado con la aceptación de Jesús como el mesías definitivo.

Esa maduración hizo pasar a Pablo de considerar a sus perseguidos de peligrosos sujetos que amenazaban todo el sistema de salvación elaborado por el judaísmo y que conmovían en sus cimientos la teocracia, a verlos como verdaderos judíos piadosos que eran los que habían percibido, gracias a la luz del Espíritu lo que en el fondo había en la vida del Jesús terreno: en él se hallaba la acción salvadora de Dios para los últimos tiempos… no sólo para los judíos, sino también para los paganos. Sólo había que verlo con ojos iluminados por el Espíritu.

Concluiremos pronto con el tema.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com


Antonio Piñero
Sábado 14 Febrero 2009

Pablo perseguidor y los judeocristianos de Jerusalén

Pablo perseguidor y los judeocristianos de Jerusalén (3-06-P)

Hoy escribe Antonio Piñero 

Seguimos con las razones del perseguidor.

Martin Hengel reconoce también que el relato lucano sobre Pablo como perseguidor de los judeocristianos sufre de otra contradicción, que nosotros hemos ya señalado repetidas veces. A saber, es muy improbable la imagen de unidad que ofrece Lucas de la comunidad judeocristiana primitiva de Jerusalén, reduciendo sus fricciones a meras disputas “sociales” sobre el cuidado de las viudas, y omitiendo las diferencias tanto de lengua (= mentalidad) como sobre todo teológicas, a saber, las discrepancias en torno a la función disminuida de la Ley en la nueva economía de la salvación traída por la muerte de cristianismo en la cruz, así como sobre el papel del Templo como lugar exclusivo de encuentro con Dios, y lugar también obligado para cualquier acción “sacramental” de perdón de los pecados.

Acepta Hengel que las escenas de la división meramente nominal o social de la comunidad cristiana jerusalemita son “escenas ideales”, literarias, redactadas por Lucas, que describe una situación que no se compagina en absoluto con

a) La descripción de las funciones dentro de la comunidad de los siete dirigentes de los “helenistas”, con Esteban a la cabeza, que son de predicación, enseñanza, estudio de las Escrituras y en nada funciones propias de “diáconos”, como los llama Lucas, encargados de tareas meramente sociales. Léase para ello el inicio del capítulo 6 de los Hechos de los apóstoles.

b) La diferencia de lengua materna llevaba a que los oficios religiosos propios de los judeocristianos, fuera del Templo, quizá el primer día de la semana, después del sábado y que consistía en la “fracción del pan” y rezar y leer las Escrituras juntos, se hacía por separado. Los helenistas por un lado y los hebreos, por otro.

c) Con las grandes diferencias teológicas que hubo de haber necesariamente, como hemos ya apuntado (Ley y Templo)

d) Con la gran persecución contra los judeocristianos helenistas de la que se habla en Hch 8,1. Los perseguidores , otros judíos helenistas, pero “ortodoxos, habían matado antes al jefe de los judeocristianos de lengua griega, Esteban, pero a los Doce apóstoles y a los que les seguían no les hicieron nada.

Hengel tiene que aceptar que esta pintura de Lucas, sobre todo d) es muy inverosímil. Hubo de ocurrir que la persecución a los judeocristianos helenistas por parte de los judíos “ortodoxos” –incluidos los de lengua griega, como los miembros de la “sinagoga de los libertos procedentes de Alejandría y de la Cirenaica, la actual Libia”- y luego por Pablo se debió a motivos teológicos muy profundos. Si dejaron al resto de los judeocristianos (“hebreos”) en paz, fue porque su teología sobre Jesús no les parecía tan peligrosa.

Una vez dilucidados, en lo posible, los motivos de la persecución, volvamos, por un momento, de nuevo al tema tratado en nuestra nota del día 07/02/2009, sábado (3-06-L) donde expusimos las razones por las cuales el texto de Gálatas 1,22 (“Personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo”) me parece definitivo en contra de una estancia larga, como estudiante, del Pablo precristiano en la capital de Judea, Jerusalén, porque también afecta a la cuestión que ahora estamos tratando:

¿Sería posible mantener que la comunidad a la que Pablo perseguía era la “iglesia madre” de Jerusalén? Y si respondemos que sí, ¿podemos mantener al mismo tiempo que es verdad que “Personalmente no me conocían las iglesias de Judea que están en Cristo?”.

Respondemos:

· Ante todo afirmar que en Gálatas 1,13 (“Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la iglesia de Dios y la devastaba”) no se nombra expresamente lugar alguno de persecución.

· Segundo: que no me parece posible que un individuo que sacaba a las gentes de sus casas, las llevaba a juicio, y luego las encerraba en las cárceles (Hch 8,3) en Jerusalén fuera un desconocido más tarde para esos pobres perseguidos en aquella ciudad.

· Tercero: que me parece posible que Pablo –según Hch 9,1- fuera momentáneamente a Jerusalén a ver el sumo sacerdote (no tuvo por qué verlo ninguno de los judeocristianos en esos momentos) para pedirle cartas para luego perseguir a esos judeocristianos en un lugar que –por el motivo que fuese- él conocía muy bien, Damasco, donde –según Lucas- no consiguió consumar persecución alguna:

Dicen los Hechos: “Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén” (9,1-2).

Lucas da por supuesto que antes hubo persecuciones de Pablo en Jerusalén, al igual que antes Pablo se había formado en la misma ciudad, pero eso es precisamente lo que estamos discutiendo: este punto de vista de Lucas que no nos parece correcto.

Cuarto: que como Gálatas 1 no nombra para nada a Jerusalén, no me parece convincente el argumento de M. Hengel de que Pablo “no dice toda la verdad”. “No nombra a Jerusalén por conveniencia y oculta algunos datos” (p. 278). Este razonamiento me parece muy peligroso y casi alcanza la categoría de “petición de principio”.

Quinto: que es muy plausible que Pablo tampoco llegara a consumar una persecución real en la ciudad de Damasco. Lucas dice que la “conversión” tuvo lugar en el camino, antes de llegar a la ciudad (Hch 9,1; 22,5, 26,12); y es muy improbable que si allí había perseguido Pablo a los fieles fuera luego recibido con los brazos abiertos.

Entonces la pregunta se reduce a lo siguiente: ¿Dónde fue, pues, el lugar de la persecución paulina?

Y la respuesta:

Ateniéndonos a Gál 1,13 (citado más arriba: no nombra lugar alguno) y 1 Corintios 15,9 (“Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios”) donde tampoco nombra lugar alguno, la conclusión es: no lo sabemos.

Terminaremos en seguida con este tema del Pablo precristiano. Y cuando lo hagamos, efectuaremos un resumen global de lo dicho.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com


Antonio Piñero
Viernes 13 Febrero 2009

Lo que Pablo veía en Jesús antes de su “conversión” / “llamada”

Lo que Pablo veía en Jesús antes de su “conversión” / “llamada” (3-06-O)

Hoy escribe Antonio Piñero

Nos preguntamos qué pudo llevar a Pablo fariseo a perseguir a los judeocristianos. La respuesta se deduce, por un lado, de leves indicaciones de sus cartas, y por otro de la mentalidad general del fariseísmo de la época, que conocemos por otras vías.

Si Pablo conoció a Jesús en vida, hubo de pensar de él lo que algunos judíos más tarde opinaron del Nazareno, hasta llegar a lo que se afirma en el Talmud [comentario a la Biblia por medio del comentario a las sentencias de los rabinos sobre ella] de Jesús siglos más tarde, entre el V y VII d.C . A saber,

· Que era un engañador, un seductor del pueblo judío que propalaba enseñanzas perversas

· Que era un mesías falso, porque había acabado su vida “colgado de un madero”, por tanto como maldito de Dios.

Ambas acusaciones se expresan, aunque con desigual claridad en el texto de [Gálatas 3,13]u:

« “Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero, ” »

Pablo se refiere a Deuteronomio 21,22-23:

« “Un hombre, reo de delito capital, ha sido ejecutado y le has colgado de un árbol, no dejarás que su cadáver pase la noche en el árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un colgado es una maldición de Dios. Así no harás impuro el suelo que Yahvé tu Dios te da en herencia”. »

Seguir a un judío sobre el que pesaban estas acusaciones era era un auténtico escándalo (1 Cor 1,23) para un fariseo no converso.

Y más escándalo era lo que por el contrario, afirmaban de Jesús sus primeros seguidores

· Que había resucitado de entre los muertos (lo que significaba que Dios validaba su mesianismo a pesar del aparente fracaso y que dejaba sin efecto la maldición de Dt 21,22-23, arriba transcrita),

· Que había sido elevado al poder de Dios,

· Que lo había designado no sólo mesías, sino “hijo de Dios” (empieza a considerarse ya que Jesús es divino de algún modo, aunque no se precisa aún el cómo) y futuro juez del Gran Juicio Final.

Esto era un escándalo de verdad para un fariseo. Mas esta teología (que se denomina “evangelio” o “proclamación”) fue asumida luego por Pablo como se refleja en el comienzo de la Epístola a los Romanos, que según la inmensa mayoría de los comentaristas refleja una confesión de fe ya tradicional, que Pablo recoge y acepta:

« “El Evangelio de Dios, que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas, acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro”.  »

Ahora bien, señala M. Hengel (p. 267), y estoy de acuerdo con ello, que la oposición a estas ideas en un fariseo corriente no tendrían por qué haberlo conducido a una persecución sangrienta, una auténtica “cacería”, como ocurrió con Pablo.

Y así ocurrió con los demás fariseos, menos con Pablo. Esta suerte de tranquilidad de los fariseos ante el fenómeno de la aparición de una nueva corriente teológica (el judeocristianismo) dentro del judaísmo se refleja en la reacción del rabino Gamaliel, quien se manifestó como contrario, no partidario de tomar medidas disciplinares contra los judeocristianos, dejando a la mano de Dios el juicio sobre su verdad:

g[ Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres [Pedro y otros apóstoles arrojados en la cárcel por orden del sumo sacerdote ] y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.» Y aceptaron su parecer. Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jesús. Y les dejaron libres (Hch 5,38-49) ]g

¿Qué ocurrió entonces con Pablo? Sencillamente que, aunque el vocablo sea duro, él era una serte de fanático, una persona para quien la religión significaba más que para los demás.

Por otro lado, él insiste en asumir toda la responsabilidad de la persecución. Así se refleja en textos como

· 1 Corintios 15,9 (“Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios”)

· Gálatas 1,22-233 (“las Iglesias de Judea que están en Cristo. Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir»”).

En ninguna parte de sus cartas leemos que comparta con nadie ese “antiguo pecado” de haber sido perseguidor de la Iglesia.

Hengel deduce que para asumir él solo esa “tarea” de perseguidor, Pablo debía de haber tenido algún cargo importante en alguna sinagoga de Jerusalén. Esta propuesta es hipotética, pero plausible, siempre que se admita –y es lo que hemos estado discutiendo en las notas anteriores- que Pablo se formó como “experto en la Ley” en Jerusalén. Ya saben los lectores que soy muy escéptico al respecto.

Ese cargo no podía ser otro que el “rabino” o maestro de la Ley. Pero el ser “rabino” no le facultaba pra perseguir a los disidentes. De ningún modo podría conllevar la potestad de condenar a muerte a nadie por su diferente teología, puesto que los romanos habían quitado a los judíos, incluso en las más altas esferas (= sumo sacerdocio; sanedrín de Jerusalén) la potestad de condenar a muerte por cualquier motivo.

Sobre la clase de persecución a los juedeocristianos por parte de Pablo se expresan así los Hechos de los apóstoles:

• 8,3: conducir a los judeocristianos a la cárcel

• 22,19: condenar a los judeocristianos a latigazos dentro de la sinagoga (cuarenta golpes menos uno)

• 22,4; 26,10b y 9,1: condenar a muerte a los convictos judeocristianos de herejía.

• Intentar de cualquier modo acabar con sus reuniones y con los fieles si fuere posible: 9,21: “perseguía encarnizadamente” (griego epórthei, del verbo porthéo, “aniquilar”).

Y en este punto incluso M. Hengel, tan defensor dell evangelista, piensa que Lucas no es veraz, que exagera por motivos de retórica (conducir la narración de las persecuciones anticristianas a un clímax total, la muerte) y que muy probablemente está retroproyectando a tiempos del primer Pablo unas circunstancias que sólo fueron históricas más tarde, es decir, en tiempos de Agripa I. en efecto, este rey –amigo del emperador Claudio-, para contentar a los judíos anticristianos, hizo asesinar a los dos hijos del Zebedeo, Juan y Santiago el mayor (años 41-44); y en el año 62, el entonces sumo sacerdote Anás (Ánano), abusando de sus poderes, asesinó a Santiago, el hermano del Señor. Por ello fue depuesto por el procurador romano, Porcio Festo (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica II 23, 1-5; Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos XX 200).

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com


Antonio Piñero
Miércoles 11 Febrero 2009

Los genomas de humanos y chimpancés presentas más diferencias de las predichas con anterioridad

Los genomas de humanos y chimpancés presentas más diferencias de las predichas con anterioridad 

Febrero 14, 2009

Los autores desvelan que las diferencias del ADN humano y el del chimpancés son diez veces mayores a las aceptadas hasta el momento

chimpance
Los genomas de humanos, chimpancés y gorilas difieren más de lo que se pensaba. En este ejemplo, podemos ver el caso extremo de una duplicación que se ha expandido (ha incrementado el número de copias) en los genomas del chimpancé y el gorila, mientras que se ha mantenido estable en el genoma humano, donde está representada por una única copia. Las flechas verdes y la redonda marcan la posición de la copia ancestral. Las flechas rojas indican dónde están las nuevas copias creadas en los genomas del chimpancé y el gorila.

Un equipo internacional ha descubierto que cada especie de primates, incluyendo a los seres humanos, posee una enorme cantidad de fragmentos exclusivos en su genoma. El estudio, que cuenta con la participación de dos investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto de la Universidad Pompeu Fabra y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas -CSIC-), contribuye a comprender los mecanismos de la evolución humana y la base de diversas enfermedades únicas en su especie. La investigación aparece publicada en el último número de la revista Nature, una edición especial dedicada a la celebración del bicentenario del nacimiento del naturalista inglés Charles Darwin. Durante la última década, la comunidad científica ha aceptado la hipótesis de que los seres humanos y sus parientes vivos más cercanos, los chimpancés, sólo diferían en el 1,24% de sus secuencias de ADN. Sin embargo, las conclusiones de este estudio prueban que esta estimación es incorrecta y que, en realidad, el número de diferencias puede ser hasta 10 veces superior.

Tomàs Marqués-Bonet, del Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto de investigación de la Universidad Pompeu Fabra y del CSIC), ha coordinado el equipo internacional, dirigido por Evan E. Eichler, de la Universidad de Washington (Seattle, Estados Unidos), en estrecha colaboración con Arcadi Navarro (ICREA-IBE Barcelona).

Según los autores, la clave de este descubrimiento ha residido en el estudio de las duplicaciones segmentales, fragmentos grandes de ADN repetidos muchas veces a lo largo del genoma. Hasta el momento, esta parte del genoma era ignorada, ya que resultaba muy complicado individualizarla del resto del ADN. Sin embargo, desde hace tiempo se sospechaba que su presencia debía de ser importante.

El equipo internacional ha estudiado de forma sistemática las duplicaciones segmentales de todo el genoma de cuatro especies de primates: macacos, orangutanes, chimpancés y humanos. De este modo, se ha podido no sólo elaborar el primer catálogo de especies específico de estas regiones del genoma, sino también cuantificar mucho mejor las diferencias entre especies y entender en qué momento de la evolución aparecieron.

La investigación revela novedades evolutivas cualitativamente diferentes. Como señalan los investigadores, las diferencias con que se había trabajado hasta el momento eran cambios (mutaciones) en las secuencias del genoma que comparten todos los primates. Los autores lo explican con un símil: se trataría de cambios equivalentes a tener ediciones diferentes de un libro.

DIFERENCIAS ÚNICAS

Sin embargo, las diferencias estudiadas por los investigadores del Instituto de Biología Evolutiva son diferencias únicas para cada especie. Siguiendo el mismo símil, se trataría de diferencias radicales en la biblioteca de cada especie: son colecciones completas de libros que unos organismos tienen y otros no.

Las duplicaciones segmentales son fragmentos del genoma, de miles a millones de nucleótidos de longitud, que se han duplicado debido a mecanismos moleculares muy complejos. Es decir, en determinados momentos de la evolución, se hicieron múltiples copias que se fueron insertando en diversos lugares del genoma. Como las duplicaciones pueden ser muy grandes, contienen muchas veces genes completos. Las copias de estos genes, que en principio son idénticas, pueden ir especializándose, a base de adquirir pequeñas mutaciones, hasta diferenciarse completamente unas de otras.

Es así como se generan la mayoría de genes únicos de una especie concreta: por duplicación y posterior especialización. Todos estos genes nuevos pueden realizar funciones nuevas que serán exclusivas de la especie que los tiene. Como explican Arcadi Navarro y Tomàs Marqués, las duplicaciones predisponen el genoma a reorganizarse, a tener grandes cambios estructurales, como quien hace construcciones diferentes con las mismas piezas. Este fenómeno puede derivar en ciertas enfermedades como el autismo, la esquizofrenia o el retraso mental. No obstante, los científicos puntualizan que la duplicación de genes no es sinónimo de anomalía, sino de variación y de novedad. Novedades que pueden ser favorecidas por la selección natural o pueden resultar patológicas, en función de cómo se desarrollen.

EN BUSCA DE LOS GENES DE LA HUMANIDAD

Además de identificar las citadas diferencias, el estudio también ha logrado datar la época en que hubo más duplicaciones. Los autores la encuadran en un intervalo de entre 12 y 8 millones de años, justo antes de la separación de los linajes de los humanos y chimpancés, ocurrida hace unos seis millones de años. Este hecho implica que todos los genes estudiados, que acababan de aparecer, han ido adquiriendo características nuevas a lo largo de los seis millones de años que llevan separados evolutivamente hombres y chimpancés.

Para Marqués y Navarro, probablemente es gracias a esta separación que los seres humanos consiguieron adaptarse al entorno actual. Los investigadores reconocen que, quizás, es en este inmenso océano de diferencias donde hay que buscar los denominados genes de humanidad o los genes que dan lugar a determinadas enfermedades propias de la especie humana. Por el momento, los investigadores desconocen si esta línea de investigación desvelará estos extremos.

Fuente: Dr. Manuel Carmona, oldearth.wordpress.com

Nuevo interés por los Hechos Apocrifos

Nuevo interés por los Hechos Apocrifos HchAp

Nuevo interés por los HchAp
Hoy escribe Gonzalo del Cerro 

Un poco de historia

En la historia de los HchAp tiene una importancia especial el testimonio del patriarca de Constantinopla, Focio (s. IX). Para aliviar los ocios de su hermano durante una campaña militar, escribió una obra enciclopédica conocida bajo el epígrafe de Biblioteca. Consiste en el análisis y resumen de muchas obras tanto clásicas como cristianas. Los distintos capítulos dedicados a las obras antiguas son denominados códices o códigos. El que hace el número 114 lleva como título Viajes de los apóstoles, y resume y explica los cinco primitivos Hechos Apócrifos de los Apóstoles de Pedro, Juan, Andrés, Tomás y Pablo, citados por este orden. La denominación de Viajes (períodoi) es uno de los títulos de los HchAp en competencia con el más corriente de Hechos (práxeis). El epígrafe de Viajes hace referencia a los movimientos geográficos precisos para que los apóstoles pudieran cumplir la orden de Jesús según el texto de Marcos 16,15: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Un detalle sorprendente en la opinión expresa de Focio es la consideración de los HchAp como colección o conjunto, que sería la obra de un solo autor, de nombre Leucio Carino. El dato es la prueba de la creencia de que los HchAp, a pesar de sus muchas diferencias, deben tener más cosas en común. De todos modos, las noticias de Focio indican que dispuso de unos textos distintos de los que ahora conocemos. El juicio y el análisis que aporta sobre esta “colección” no encaja con los Hechos que han llegado hasta nosotros. Por ello, se piensa que o bien analiza unas obras sensiblemente distintas de las que poseemos, o daba una opinión partiendo de criterios personales con bases diferentes.

Focio critica y censura los HchAp tanto por su forma como por su contenido. El estilo de estas obras es, dice, completamente desigual y extraño. Es verdad que el autor emplea a veces expresiones cultivadas, pero con frecuencia se sirve de un lenguaje pedestre. Es una forma de escribir distante de la que usan los escritos evangélicos y apostólicos. Estos libros están además llenos de insensateces (mōrías), contradicciones y oposiciones.

Defiende el autor de los Hechos que uno es el Dios malo del Antiguo Testamento, y otro el bueno del Nuevo que es Cristo. Afirma que el Hijo no se ha encarnado verdaderamente, sino sólo en apariencia. En consecuencia, Jesucristo no fue realmente crucificado, sino que lo fue otro en su lugar. Por eso, Jesús se mofa de los que le crucificaban, pues estaban equivocados. Los HchAp rechazan el matrimonio legítimo y consideran toda generación como obra del demonio. Interpreta la anécdota del retrato, que unos cristianos piadosos le hicieron al apóstol Juan y que el Apóstol rechazaba, como un rechazo a las sagradas imágenes en el sentido de los iconoclastas.

El docto patriarca concluye su informe diciendo que el libro de los Viajes de los Apóstoles, es decir, los cinco primitivos HchAp, son “la fuente y la madre de toda herejía”. Estas afirmaciones tan tajantes y exageradas han hecho pensar en unos textos que no han llegado hasta nosotros. Sin embargo, hemos de reconocer que varios HchAp contienen fragmentos ajenos a los primitivos originales. Esto es evidente en el caso de los Hechos de Juan, citados y condenados en el concilio II de Nicea (a. 787), el que trató precisamente el problema de los iconoclastas. El concilio citó no solamente la escena del retrato de Juan sino otros fragmentos de claro origen gnóstico.

Sin embargo, lo mismo que en otros aspectos de la cultura, fue el Renacimiento el que hizo renacer de olvidos, indiferencias y omisiones los Hechos Apócrifos de los Apóstoles. Pionero de estos estudios fue Jacques Lefèvre d’Étaples a principios del siglo XVI, con sus ediciones de textos apócrifos de índole muy diversa: Actas de los mártires, Hechos, Epístolas, etc. Su actitud de admirador ferviente de la antigüedad le hizo ver en esta literatura obras de indiscutible autoridad.

Un estudio más sereno y reposado de los textos llevó a los especialistas durante los siglos posteriores a posiciones de duda y escepticismo por lo que se refiere al valor doctrinal de los apócrifos, pero al convencimiento de que nos hallamos ante unos textos que pueden servir de testimonio del cristianismo real de los siglos II-III. O como quería el eminente editor del Codex Apocryphus Noui Testamenti, J. A. Fabricius (Hamburgo, 1703. 1719), si estos textos podían servir de escándalo a cierta clase de cristianos, contenían una inapreciable riquezaa para las personas instruidas.

Sobre estos detalles pueden consultarse los artículos siguientes publicados en el volumen Les Actes des Apôtres. Christianisme et monde païen, Ginebra, 1981, de F. Bovon y otros.

Eric Junod, “Actes Apocryphes et hérésie: Le jugement de Photius”, pp. 11-24.
Gérard Poupon, “Les Actes Apocryphes des Aportes de Lefèvre à Fabricius”, pp. 25-47.

Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro

Cronología de la llamada “conversión” de Pablo

Cronología de la llamada “conversión” de Pablo (3-06-M)

Hoy escribe Antonio Piñero 

Estamos ya en la última cuestión que nos ocupa acerca del Pablo precristiano. La primera observación respecto a la llamada “conversión de Pablo” afecta al vocabulario. No debemos emplear el término “conversión”, porque Pablo nunca lo hace y porque para él el concepto que expresa el vocablo no es apropiado. Él designaba como “llamada” ese cambio de mente que aceptó a Jesús como mesías y que csmbió radicalmente su vida.

Escribe en Gálatas 1,14-16:

« ”Yo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres. Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles” »

En este pasaje se ve claro que la “conversión” fue más bien una llamada hacia el profetismo, es decir el paso de ser un particular muy “celoso” de la religión judía a convertirse en “proclamador / profeta” de que Jesús, el que había muerto ignominiosamente en la cruz, era el mesías.

Esa llamada se produce en un momento determinado, pero estaba “planeada” por Dios desde siempre. Al hablar Pablo que estaba predestinado por la divinidad “desde el seno de su madre” para esta misión se compara a sí mismo nada menos con el profeta Isaías (el “segundo” profeta que lleva ese nombre, caps. 40-55; pero en época de Pablo no se sabía esto: era el profeta Isaías sin más), que dice:

«  ¡Oídme, islas, atended, pueblos lejanos! Yahvé desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. Hizo mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta aguda, en su carcaj me guardó. Me dijo: “Tú eres mi siervo (Israel), en quien me gloriaré” (Is 49, 1-3). »

Con otras palabras: la denominada conversión sólo fue caer en la cuenta de que los judeocristianos perseguidos tenían razón cuando proclamaban en Jerusalén y Galilea –en contra de todas las expectativas y creencias judías- que el ajusticiado Jesús era en verdad el mesías. Además, la “llamada” llevó a Pablo a aceptar también que como a Jesús, en su vida terrenal y por las circunstancias de la maldad del pueblo, no se le había permitido cumplir plenamente la misión a él otorgada por la divinidad, él tendría que venir de nuevo a la tierra a llevarla a cabo en su totalidad. Esta llamada le designaba como mensajero y proclamador de esta verdad a todos, primero a los judíos naturalmente, pero si éstos no oían a los gentiles, si estaban dispuestos a escuchar.

Es interesante a esta luz leer el comienzo de la Epístola a los Romanos:

« “Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios, que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas” »

¿Cuándo se produjo esta “llamada”?

Creo que he dicho ya que para calcular cronológicamente en qué fecha se produjo esta “llamada”, los estudiosos hacen referencia a la primera estancia de Pablo en Corinto según nos cuentan Hch 18. Una vez calculada la fecha de esta estancia, como veremos ahora, se empieza a calcular hacu¡ia delante y hacia atrás.

Allí, en Corinto, tuvo Pablo un incidente con los judíos de la ciudad, a quienes les molestaba su predicación Los judíos lo acusaron de desórdenes públicos ante el procónsul de la provincia romana de Acaya –cuya capital era Corinto- llamado Galión.

Una inscripción tallada en griego sobre una piedra de mármol, hallada en Delfos a mediados del siglo pasado, dice que Galión fue procónsul de Acaya desde junio del 50 d.C. a junio del 51 d.C. (durante el reinado del emperador Claudio). A partir de ahí se calcula que la llamada reunión o “concilio de Jerusalén”, descrito en Hch 15, tuvo lugar en el año 49.

Luego basándose en los datos, más o menos imprecisos del capítulo 1 de Gálatas se piensa que entre la “llamada” y la estancia de Pablo en Corinto pasaron unos 15-17 años.

Luego se calcula la muerte de Jesús como referencia básica. Como sólo dos opciones parecen posibles (tuvo que caer la luna llena a mediados del mes de nisán, cuando fue crucificado Jesús, pues era muy cerca de la Pascua), a saber o bien 7 de abril del año 30, o bien 3 de abril del año 33.

La mayoría de los autores se decanta por esta última fecha porque el Evangelio de Juan da a entender que quizá Jesús tuviera al morir algún año más que los que, benévolamente, supone Lucas. Según Juan, le dice a Jesús un adversario dialéctico: “Aún no tienes cincuenta años…” (Jn 8, 57). Por tanto, podemos elegir la última fecha, año 33, momento en el que Jesús tendría entre 36-39 años (no 33), es decir más cerca de los cincuenta.

Si la muerte de Jesús fue en el año 33, y la estancia de Pablo en Corinto coincide con los años 50-51… y entre ésta y el inicio de su vida como cristiano pasaron unos 15/17 años, hubieron de pasar unos dos o tres años desde el acontecimiento de la cruz y su denominada “conversión”.

Por tanto: ésta debió de ocurrir entre los años 35/36 de nuestra era. Y Pablo debió de morir hacia el 64, en Roma, a manos de Nerón, cuando este emperador inició una persecución local contra los cristianos a quienes acusó del incendio de Roma, que él mismo había provocado.

Según M. Hengel (pp. 265-6), se debe adelantar la muerte de Jesús al año 30, manteniendo a la vez las fechas insinuadas por el capítulo 1 de Gálatas. Por tanto, según esta hipótesis, Pablo tuvo unos tres años más de vida misionera (hasta el 64 d.C.): era tres años más joven cuando recibió la llamada. Y ya dijimos que Pablo era un “joven” (no sabemos cómo hay que entender exactamente esta palabra), según Lucas en Hch 7,58, cuando estuvo presente en la lapidación de Esteban. ¿Cuántos años tendría Pablo como “joven”?

1 Corintios 15,3-8 deja entrever que pasó un cierto tiempo entre la muerte de Jesús y la “conversión de Pablo”, pero que no fueron muchos años. He aquí el texto:

« Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; 5 que se apareció a Cefas y luego a los Doce; 6 después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. 7 Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. 8 Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo. 9 Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. »

Seguiremos con los cálculos en la próxima nota. Saludos cordiales de Antonio Piñero.

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Antonio Piñero
Lunes 09 Febrero 2009

“Personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo” (Gálatas 1,22)

“Personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo” (Gálatas 1,22) (3-06-L)

Hoy escribe Antonio Piñero

En nuestra opinión, y a pesar del denodado esfuerzo de Hengel por demostrar lo contrario, el centro del problema en torno a la primera estancia jerosolimitana de Pablo -testimoniada sólo por Lucas/Hechos de los apóstoles y de la que hemos estado hablando en notas anteriores- permanece aún sin resolver.

La bien trabada argumentación del profesor Hengel (me parece admirable la solidez de su reconstrucción partiendo de ciertos supuestos) no nos llega a convencer en su conjunto. Afirmamos que el núcleo de la dificultad radica en la discusión de Gál 1,13ss y en especial de 1,17-23. De la conclusión que se obtenga de este texto depende si merece la pena o no seguir argumentando largamente en pro de esa estancia previa de Pablo en Jerusalén y de su formación sinagogal farisaica en lengua griega, en la ciudad santa.

A pesar del hilo argumentativo del libro que comentamos, y del que nos hemos hecho eco hasta ahora, las claras palabras del Apóstol en Gál 1,17ss: “Ni subí a Jerusalén…”, “Personalmente era desconocido de la iglesias de Judea que vivían en Cristo…” (v. 22) me siguen pareciendo imposibles de casar con el relato de los Hechos de los apóstoles canónicos.

Es evidente que en una iglesia en sus orígenes, tan exigua en su número de adeptos, se conocían prácticamente todos los miembros de ella, sobre todo aquellos sobresalientes por su celo y temperamento y elaboración ideológica, precisamente como Pablo. El v. 22 de Gál 1 ha de referirse sobre todo a la iglesia de Jerusalén, la más notable entre las pocas que había a la sazón en Judea (había otras en Galilea, pero sobre ellas apenas si tenemos noticias).

Tampoco me resulta absolutamente claro que Rom 15,19b sea una argumento definitivo en pro de esa primera estancia de Pablo en Jerusalén. El texto dice así:

« ”De forma que desde Jerusalén y, describiendo un círculo, hasta el Ilírico, he llevado el evangelio de Cristo hasta el final” (Rom 15,19b) »

Hengel refiere estas palabras a Hch 9,26-28:

« “Llegó Pablo a Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor en el camino y que le había hablado y cómo había predicado con valentía en Damasco en el nombre de Jesús. Pablo andaba con ellos por Jerusalén, predicando valientemente en el nombre del Señor ”. »

En mi opinión, las discusiones de Pablo con los judeocristianos “helenistas” en Jerusalén descritas en ese texto no encuentran hueco entre los acontecimientos descritos en Gál 1,17-22.

Y el texto de Rom 15,19b tampoco es una prueba en este sentido, es decir, que refrende la idea de una estancia formativa de Pablo en Jerusalén durante años y empezara allí mismo, en la capital de Judea, su etapa de predicador cristiano. El pasaje de Romanos tiene un sentido global, generalizante, en la acepción de “desde un extremo a otro”, pero no es una prueba irrefutable (de modo que haya que forzar y reinterpretar Gálatas) de una primera etapa en Jerusalén, es decir, que Pablo empezara allí a predicar a Jesús.

Por tanto, la frase “Desde Jerusalén y en todas direcciones hasta el Ilírico he dado cumplimiento al Evangelio de Cristo” no hay que entenderla como una indicación que Jerusalén fue su punto de partida para su tarea misionera, de su ligazón personal con esa ciudad que había desempeñado en su vida una función especialísima, y a la que desea volver, a pesar de los peligros que comporta para su vida, antes de viajar al lejano occidente.

No veo ningún argumento constriñente para entenderlo así, a pesar que gustosamente hay que conceder que Jerusalén desempeñó una función especial en su vida, como se deduce por otra parte de Gálatas 1 y 2, puesto que la comunidad originaria de donde procedía el cristianismo estaba allí, allí residían los apóstoles también originarios (Pedro y Juan) y allí se había celebrado el llamado “concilio de Jerusalén” (Hch 15).

El texto de Hch 8,1-5 que habla de una persecución de Pablo “a la iglesia” permite una exégesis diversa a la propuesta por Hengel. El pasaje es el siguiente:

« Saulo aprobaba su muerte (la de Esteban, narrada en el capítulo 7). Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Pero Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel. Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. Llegados a Salamina anunciaban la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan que les ayudaba. »

Como se observa, Lucas sitúa también a Pablo en el contexto de la primera persecución “anticristiana” que comienza contra la iglesia de Jerusalén (propiamente sólo contra la rama judeocristiana helenista).

Pero –obsérvese también- después de “hicieron gran duelo por él”, el pasaje sigue con un “Pero” (en griego: de que significa aquí tanto “pero” como “entretanto”, como traduce la Biblia de Jerusalén). Además tras la dispersión de los creyentes por “Judea y Samaría”, la frase adquiere un tono general: se habla de Samaría y Salamina de Chipre. De ello concluyo que todo el episodio de la persecución de Saulo/Pablo del que habla el texto arriba transcrito de los Hechos de los apóstoles no tiene por qué referirse precisa y exclusivamente a la iglesia en Jerusalén.

Ciertamente, esta persecución es histórica en el sentido de que Pablo la admite en sus cartas y se denomina a sí mismo “perseguidor”( Gál 1,13s), pero lo que está en juego en la discusión en torno a la fiabilidad histórica de los Hechos de los Apóstoles es precisamente esa estancia previa de Pablo en Jerusalén que parece negada por la epístola a los Gálatas.

Todo este conjunto nos lleva de la mano a tratar con más detenimiento el último aspecto del Saulo/Pablo precristiano: su faceta de perseguidor de la Iglesia.

Seguiremos, pues. Saludos cordiales de Antonio Piñero.

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Antonio Piñero
Sábado 07 Febrero 2009

Pablo, “fariseo e intachable según la Ley” (Pablo precristiano)

Pablo, “fariseo e intachable según la Ley” (Pablo precristiano)

Hoy escribe Antonio Piñero 

Seguimos con la discusión del sentido de ciertas frases paulinas, conforme a lo que dijimos –y transcribimos- en la nota del día anterior. Según M. Hengel, en el siglo I un judío piadoso sólo se podía formar como fariseo estrictamente en Jerusalén, no en la Diáspora.

Primer argumento:

Según este investigador, la descripción de Gálatas 1,14

« ”Cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres”, »

Es decir, Pablo:

• Hacía progresos en el judaísmo
• Sobrepasaba en estos progresos a sus contemporáneos judíos
• Era celoso en las tradiciones de sus padres
• Era un farise impecable (a partir del texto de Flp 3,4b-6. Especialmente el v. 6: “En cuanto a la justicia de la Ley, intachable”),

(Repito: según M. Hengel, en el siglo I un judío piadoso sólo se podía formar como fariseo estrictamente en Jerusalén, no en la Diáspora), o dicho de otro modo: apenas es concebible antes del año 70, cuando fue destruido el Templo, sere fariseo fuera del ámbito de Jerusalén: “Antes de tal destrucción el único lugar para que un fariseo estricto pudiera estudiar la ley de Moisés fuera de la capital de Judea” (Hengel, p. 222 de la edición alemana, que estamos comentando).

Respuesta:

Opino que este argumento tiene cierta fuerza, pero que no es definitivo. Pienso, por ejemplo, en los estrictísimos judíos de Alejandría, en donde había incluso un grupo parecido a los esenios (los denominados “terapeutas”, descrito por Filón de Alejandría en su obra “Sobre la vida contemplativa), una ciudad donde se había producido el fenómeno del surgimiento de las obras de ese mismo Filón, el cual era superjudío y fidelísimo a su fe y a las “tradiciones de sus padres” sin necesidad de salir de Alejandría y sin ni siquiera saber apenas hebreo los judíos; y pienso en los judíos que dieron su vida por su fe en los diferentes pogromes antijudíos de los que nos habla el mismo Filón en su “Contra Flaco” y “Embajada a Gayo (Calígula)”.

Y pienso también en los judíos de la Cirenaica (la actual Libia que promovieron a principios del siglo II una gran revuelta judía contra el Imperio Romano) y en los de Chipre, que habían producido judíos tan estrictos como Bernabé (Hch 4,36), compañero de Pablo durante mucho tiempo (Hch 14,12), etc., para quedar convencido de que se podía ser judío estricto, “intachable según la Ley”, fuera de Judea.

Segundo argumento:

El problema respecto a ser “estricto fariseo” fuera de Judea es, como señala M. Hengel en p. 225, que no tenemos ni un solo texto que nos indique que “fuera de Judea” hubiera fariseos estrictos…, o ¡ni siquiera fariseos!

Se apunta a que un pasaje de ese estilo podría ser Mt 23,15:

“«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!”

Que podría indicar un cierto espíritu misionero fuera de Judea por parte de los fariseos anteriores al año 70. Pero en general, se suele opinar que tal pasaje de Mateo se refiere no a un fariseísmo constituido como tal en la Diáspora, sino sólo a casos aislados.

Respuesta:

Opino, sin embargo, que aunque el pasaje de Mateo no valga ciertamente para sostener rotundamente que existían fariseos en la Diáspora, no deja de ser un puntal seguro para afirmar que podían darse casos aislados de fariseísmo en familias piadosas fuera de Judea. El caso de Pablo podría ser uno de ellos. No puede excluirse.

Tercer argumento

Opina Hengel que e no vale para argumentar la existencia de fariseos en la Diáspora el pasaje de Flavio Josefo, Antigüedades 20,34-38, que habla de la conversión al judaísmo del rey Izates de Adiabene, puesto que también es un hecho aislado y en el pasaje en cuestión no se habla de fariseos, sino de conversión al judaísmo en general.

Respuesta:

Estoy de acuerdo

Cuarto argumento

Lo que caracterizaba a los fariseos estrictos era su deseo de transportar a la vida diaria la pureza cultual que todo judío piadoso vivía, sobre todo los sacerdotes, cuando se ponía en contacto con el Templo de Jerusalén. Por ello, un fariseo estricto es difícil que pudiera vivir en tierras no judías, rodeados por doquier de paganos, que –por ejemplo por el contacto con los muertos y por sus prácticas sexuales- estaban en continuo estado de impureza ritual y contaminaban de esa impureza a los judíos observantes que vivían a su lado.

Respuesta

Puede ser verdad; pero también es verdad que los fariseos de la diáspora vivían en guetos totales, en ocasiones, como en Alejandría. Dentro del guetto estaban como en otro estado: podíasn er tan puros ritualmente como qusieran.

Quinto argumento

En las fuentes llegadas hasta nosotros no hay pruebas de fuera de Israel hubiera –antes del año 70- escuelas de fariseos, en cuyo entorno se pudiera aprender las maneras de interpretar y vivir la Ley y la tradición al modo fariseo.

Respuesta:

También es cierto que lo que hemos afirmado de Alejandría podría extenderse por inducción, aunque no haya pruebas estrictas a otras ciudades de la Diáspora con fuertes colonias de judíos observantes, como Antioquía o incluso Roma.

Por último, aunque ya hemos dedicado alguna nota anterior a la posibilidad de que Pablo pudiera haber recibido una cierta formación en griego, tanto acerca de la Biblia, como de la interpretación de ella, en la misma Jerusalén, tengo la impresión de que el dominio del griego en Pablo –a pesar de su estilo un tanto raro para los gustos de los puristas de entonces- es de tal calibre, y su utilización preferente de la Biblia de los LXX, es decir, en su versión alejandrina, es tan sobresaliente y constante –se la sabia seguro de memoria- que es difícil pensar que todo ello lo aprendió en la capital de Judea.

En síntesis, opino que no es en absoluto inverosímil que Pablo pudiera ser “en cuanto a la justicia de la Ley, intachable” (Flp 3,6) sin haber tenido que estudiar en Jerusalén y sin haber tenido que vivir allí, ni haber estado mucho tiempo “a los pies de Gamaliel” como argumenta Hch 22,3…, ya que todos esos argumentos -a los que además he respondido- ceden el paso a una comprensión sencilla de Gálatas 1,22, que es un pasaje absolutamente clave:

“Personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo”.

Lo veremos el próximo día.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

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Los Hechos Apócrifos y la cultura cristiana

Los Hechos Apócrifos y la cultura cristiana

Hoy escribe Gonzalo del Cerro

Corrientes literarias en la literatura apócrifa

Como iremos viendo a lo largo de nuestros comentarios, los escritores cristianos,
también los autores de los Hechos Apócrifos, están imbuidos en el espíritu y en la letra de los libros canónicos hasta extremos insospechados. Como lo estaba Pablo cuando escribía sus cartas o predicaba sus discursos de misión. Las expresiones estaban ya hechas para muchos conceptos, algunos de ellos nuevos. El contexto en que se movían era para ellos natural; la terminología resultaba inevitable. Cuando, más adelante, empezaron a proliferar las obras de cuño cristiano, el fenómeno se extendió con tanta mayor fuerza cuanto que al estilo de los LXX se añadía el respeto que por él manifestaban los escritos del NT.

Estos escritos, en los que confluían las tendencias de los LXX y las propias fórmulas novedosas de la nueva fe, eran el mundo literario y religioso en el que se mueven los escritores de los nuevos tiempos. A estos dos fenómenos hemos de añadir, por lo que se refiere a los HchAp, el influjo literario de los sistemas de moda impuestos por la Segunda Sofística así como los hábitos literarios de la novelística de aquella época.

Interés renacido por los Hechos Apócrifos

Por todo ello, y el hecho ya comentado de que muchas tradiciones cristianas, teológicas, litúrgicas, iconográficas y hasta folclóricas, hunden sus raíces en las páginas de estos Hechos, la ciencia moderna les presta en la actualidad una atención que obviamente escapa a los ojos profanos. Menciono, a modo de ejemplo, al equipo de estudiosos de la “Suisse romande”, que estudia los Hechos Apócrifos de los Apóstoles de forma paralela al equipo francés que desde hace unos años han tomado la decisión de traducir, comentar y publicar los Evangelios Apócrifos. Ya aludimos en otra ocasión a la organización AELAC (Asociación para el Estudio de la Literatura Apócrifa Cristiana), surgida en 1981. Parte de sus métodos y objetivos aparece en el interesante volumen publicado bajo los auspicios de la universidad de Ginebra y la dirección de F. Bovon, Les Actes Apocryphes des Apôtres. Christianisme et monde païen, Ginebra, 1981.

Diversos aspectos de los HchAp fueron abordados durante el encuentro celebrado en el Instituto Patrístico de Roma en 1983. Varios estudiosos especialistas de la antigüedad cristiana trataron sobre “Los apócrifos cristianos y cristianizados”. Sus conclusiones fueron publicadas en la revista Augustinianum, XXIII, 1983.

En el año 1986, dedicaba la revista Semeia un volumen monográfico al tema de los HchAp con el título genérico The Apocryphal Acts of the Apostles. En él se estudian aspectos nuevos de la investigación de estas obras y se presta una atención especial al mundo social en el que surgen. Una mujer, Virginia Burrus, profundiza en el sentido que podría tener la reiterativa actitud encratita de las heroínas de los Hechos. La Profesora Burrus se pregunta si la conducta de las mujeres coprotagonistas de los HchAp se debería más a un afán de autonomía que a un deseo ascético de perfección.

Ese mismo interés justifica la atención que dedica a los HchAp la colección enciclopédica Aufstieg und Niedergang der römischen Welt (Ascenso y decadencia del mundo romano) al recoger varios artículos de grandes especialistas sobre la literatura apócrifa. Junod-Kaestli escriben sobre los Hechos de Juan; G. Poupon, sobre los de Pedro; J. M. Prieur, sobre los de Andrés; y Y. Tissot, sobre los de Tomás. De la misma manera la editorial de Brepols Turnhout en su afán por crear una Migne moderna, ha publicado ya los Hechos de Juan (1983), de Andrés (1989) y de Felipe (1999).

Esta actitud de la ciencia moderna corrige el injustificado silencio de siglos, motivado por las sospechas de los Padres y las condenas a que estos libros se vieron sometidos por parte de la iglesia oficial. Recordamos una vez más la emitida por el Concilio II de Nicea, VII de los ecuménicos, celebrado el año 787, y en el que se debatió el tema sobre el culto de las imágenes contra la postura de los iconoclastas. No es que fuera un tema importante en el contexto de los HchAp, pero la extrema dureza con que el Concilio se expresó contra los Hechos de Juan salpicó a los demás. Además, la calificación de “apócrifos” marcó estos libros, como ya hemos visto, con un estigma negativo de inauténticos y hasta de falsos.

Pero es una realidad que, a pesar de todo, la literatura apócrifa en general fue portadora de tradiciones que llegaron a constituir doctrinas y prácticas firmes en la historia de la Iglesia. Dogmas, devociones, prácticas, costumbres y la abundancia de copias de los libros apócrifos demuestran que ni las condenas oficiales ni los juicios peyorativos lograron anular su influjo. Repetimos, pues, una vez más que quien quiera profundizar en el conocimiento del desarrollo del cristianismo no puede prescindir de esta literatura.

Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro

Antonio Piñero
Jueves 05 Febrero 2009

Evolución biológica. Una interpretación metafísica y teológica (II). La visión de Plotino

Biofilosofía

Evolución biológica. Una interpretación metafísica y teológica (II). La visión de Plotino
Plotino
No vamos a describir interesante biografía de Plotino que nació en Egipto, entonces provincia romana, Septimio Severo reinante, en la ciudad de Licópolis, hoy Assuit, en la margen izquierda del Nilo, entre la segunda mitad del año 203 d.C. y la primera mitad del 204 d.C., en un mes sin precisar. De cultura greco-latina y ciudadano romano, estudió en Alejandría, se estableció en Roma donde floreció y murió a los 66 años, en los últimos meses del 269 d.C. en una finca de la Campania próxima a Roma. Su vida ha sido detalladamente narrada por su discípulo y biógrafo Porfirio y pueden consultarla los lectores en Vida de Plotino, Porfirio, Biblioteca Clásica Gredos, nº 57, Madrid, 1992. Es de fácil acceso.

No obstante y a modo de frontispicio, nos parece interesante narrar sus últimas palabras dirigidas a su queridísimo discípulo y a la vez médico, Eustaquio que constituyen su testamento espiritual: “Esfuérzate por elevar lo que de divino hay en nosotros a lo que de divino hay en el Universo”.

Palabras finales de último gran filósofo no-cristiano (no seremos nosotros quien le denominemos pagano) del pensamiento occidental greco-latino. Dan que pensar y nos han dado mucho que pensar en el curso de nuestra vida.

Otra cuestión importante es que la indagación metafísica ha de ser forzosamente explicada en artículos cortos porque somos conscientes de su gran complejidad para el lector no estrictamente familiarizado. Para nosotros es fácil ver e imaginar el sistema de Plotino y disfrutar con él, pero la cortesía, la piedad y el respeto hacia nuestros queridos lectores nos aconsejan suministrarlo en pequeñas dosis.

Por último quiero rendir un homenaje a la memoria del profesor P. Jesús Igal, S.J., fallecido en 1986 prematuramente y a quien debemos la mejor interpretación y traducción de Plotino en lengua española. Estas páginas y las que seguirán, mientras tengamos abierta la cuestión de la metafísica plotiniana, deben mucho a su magisterio e inspiración.


1. La renovación y actualización de la metafísica clásica por Plotino.

Las postreras palabras de Plotino son un compendio de su propia filosofía cuyo núcleo básico es platónico: huída y ascenso del alma. Para Plotino la huída platónica cobra una significación más profunda que consiste en una separación afectiva y real del cuerpo mediante la realización de un viaje interior, un viaje a las infinitas profundidades de nosotros mismos que todos poseemos por nuestra propia naturaleza humana y que no solemos realizar nunca. Entiéndase pues la huída platónica como entrada en si mismo, condición necesaria para elevarse, subir, trascender…Ese ascenso se realiza en dos etapas:

-La primera etapa va de lo sensible a lo inteligible.

-La segunda etapa va de lo inteligible hacia su cima: el Bien.

Ahora bien Plotino entiende este ascenso no como algo externo a uno mismo sino como una remontada escalonada a través de una estructura metafísica caracterizadora de toda su filosofía: las tres Hipóstasis divinas constitutivas de la realidad trascendente que se encuentran presentes de manera latente en el alma del hombre, presencia que, además, debe actualizarse. Esas tres Hipóstasis divinas son para Plotino el Alma, la Inteligencia y el Bien, presentes, aunque ocultamente, en el alma humana. Jesús Igal describe con certera precisión el núcleo central de la filosofía plotiniana como una mística de la Inmanencia encuadrada en una metafísica de la trascendencia.

Ciertamente los elementos fundamentales de la metafísica de Plotino son platónicos, sobre todo el dualismo ontológico, propio del diálogo medio y refinado en los posteriores, sobre todo en el “Timeo”. No vamos a entrar a considerar la riquísima pero complicada metafísica platónica porque eso corresponde a otro lugar. Lo cierto es que Plotino transformó el platonismo de una manera bastante singular e innovadora de la que de momento interesa resaltar dos operaciones: una de vertebración y otra de vitalización por las que renovó y perpetuó las doctrinas platónicas.

-Vertebración: Plotino unifica de manera radical la realidad platónica (mundo real para Platón según sistema dualista, lo diferente al mundo sensible) y la reduce genéticamente (en el sentido de génesis) a la unidad de un solo principio y la estructura jerárquicamente en un sistema muy bien definido que logra una síntesis original y coherente de manera que los elementos platónicos, más o menos dispersos e inconexos, quedan ensamblados y reestructurados.

Plotino entiende que el mundo trascendente está constituido por tan sólo tres Hipóstasis divinas, lo que fija y llena de contenido las la triada que desde dos siglos se consideraba en círculos filosóficos avanzados sobre todo entre los neeopitagóricos. Estas tres Hipóstasis son: el Uno-Bien; la Inteligencia, Espíritu o Nous, que de las tres maneras las veremos escritas en los diferentes tratados; y el Alma. Esta hipostatización simplificadora , trata por un lado de conciliar conceptos platónicos como el del Receptáculo del Devenir con la idea aristotélica de la materia; por otro, el animal cósmico del “Timeo” con el mundo físico de los estoicos concebido como sistema de fuerzas.

-Vitalización: Tan importante o más que la vertebración, es la vitalización de la realidad. En efecto, si el Bien platónico es la meta a la que aspira toda alma, literalmente como Platón refleja en “República”, y el Dios aristotélico es el motor inmóvil que mueve finalísticamente como objeto de amor, Aristóteles dixit en su “Metafísica”, el Uno-Bien plotiniano es, simultáneamente, “el de donde y el adonde de toda alma” . Pero no sólo de toda alma. Es a la vez el principio del que provienen y penden todas las cosas, al que aspiran, y al que deben retornar.

Plotino concibe la realidad como vida, actividad y energía. Una vida activa y pendiente de un doble principio:

-Uno centrífugo, de expansión o diastólico; esto es, de avance o proódico

-Otro centrípeto, de concentración o sistólico; esto es, de retroceso o epistrófico.

Esto nos conducen a un punto clave en el filosofar de Plotino: el establecimiento preciso del concepto y propiedades de la procesión. Hay que rechazar la propuesta de muchos tratadistas ilustres que utilizan el término emanación, quizá más literario pero muy desorientador y generador de graves equívocos, en vez del verdaderamente correcto que es el de procesión en el sentido de procedencia.

2. La Procesión Plotiniana.

La visión que Plotino tiene del Uno-Bien es, con matices no desdeñables, parecida a la nuestra y a la de muchos no-reduccionistas, aunque a priori la desconozcan. Miren que fácil es: Plotino ve al Uno como una fuente que mana agua ininterrumpidamente, como la raíz inmóvil y vivificadora de un árbol. La realidad la entiende como una corriente que fluye y refluye permanentemente y perennemente entre dos extremos:

-El Uno-bien, principio de toda vida y de todo ente, que se halla más allá de la propia vida y de todos los entes y que, por lo tanto, no es vida en sentido estricto sino algo singular que ni en su época ni ahora admite una definición directa. Es un concepto primario como lo es el de la unidad matemática.

-La materia, que ya no es vida porque es el final de todo y para Plotino no era sino indeterminación absoluta, situada por debajo de toda vida. Esto es más problemático porque la actual complejidad de la materia y las cada vez más difusas fronteras de la vida, hacen complicado el establecimiento de este extremo inferior. Ahora bien los problemas sobrevenidos por la posibilidad de crear vida de manera artificial, que serán tratados en su momento y lugar, no nos preocupan demasiado. Ya explicaremos por qué.

Para mejor comprender la naturaleza de este flujo vital entre los extremos tenemos que considerar el mecanismo de la procesión propuesto por Plotino y los principios que lo gobiernan.

2.1. Principio de la doble actividad. La realidad en su conjunto presenta estadíos o niveles. Si la realidad para Plotino es además de vida y energía, también actividad, habrá que ver en cada nivel de realidad como se acomoda la actividad. Plotino distingue en cada nivel de realidad dos clases de actividad: “la de la esencia de cada cosa”, constitutiva de de la esencia de cada cosa y consustancial con ella y, “la resultante de la esencia de cada cosa”, derivada de la primera pero distinta de ella . En su día, en Francia, trabajamos mucho sobre el artículo de Rutten “La doctine des deux actes dans la philosophie de Plotín” publicado en “Revue Philosophique” nº 146, 1956. A partir de lo dicho por Rutten éste concluye sintetizando lo anterior muy brevemente con tan sólo cinco palabras: actividad inmanente y actividad liberada .

Para no ser descorteses con el lector, nos parece apropiado poner un ejemplo sencillo. Consideremos una fogata; hay dos calores, uno está en el propio fuego (o lo que es lo mismo es inmanente a él) y otro es liberado y transmitido por el propio fuego y nos calienta a los que la rodeamos. Por cierto que el ejemplo es del propio Plotino consciente de la dificultad de su propuesta ya que ra un excelente maestro, un ser especial.

Este principio es de validez universal pero de aplicación analógica tal como establece el mencionado Rutten.

-Por ser de validez universal, sirve para explicar la procesión como transmisión en cadena del flujo vital porque cada término, a la vez que está constituido esencialmente por una actividad, es a su vez liberador y transmisor de una nueva actividad. Por ser de aplicación analógica, Plotino efectúa esa aplicación nada menos que al primer principio con toda la dificultad que esto conlleva. Y es dificultoso porque ese primer principio, la Unidad, se halla más allá de la esencia, de la vida y del cosmos por lo que no cabe hablar, siendo rigurosos, de una actividad constitutiva de su esencia cuando sabemos que trasciende toda esencia y todo lo pensado y lo por pensar, porque tampoco cabe al hablar o pensar en ese Uno como algo que está relacionado con el espacio y el tiempo; en realidad se halla fuera de toda dimensión o limitación. Habría que hablar, para entendernos y con mucha inexactitud, de una pre-vida, pre-actividad y pre-esencia, que son en realidad supra-vida, supra-actividad y supra-esencia, esto es vida, actividad y esencia, por analogía. En otras palabras, en el Uno, plenitud total si al término plenitud le suprimimos límite alguno, hay algo no aprehensible por la mente que se corresponde con lo que en estadíos inferiores de la realidad es vida, actividad y esencia. Es decir, en estos niveles inferiores hay como un reflejo, una semejanza que he leído en otro libro muy singular, Y Vds., amigos lectores, me entienden y si no, pregunten.

2.2. Principio de productividad de lo perfecto La actividad segunda es liberada por la primera por pura necesidad ya que “todas las cosas que son perfectas, engendran” , principio que Plotino establece mediante una inducción en el reino de lo sensible. Nos detenemos. Hay que explicar, buscar analogías; veamos algunas. Los animales y las plantas, una vez alcanzada la madurez, engendran un nuevo ser semejante a ellos. Incluso muchos seres inanimados como el fuego, la nieve, los perfumes y las drogas emiten de si y hacia su entorno un efecto semejante y asemejador con el que tratan de perpetuarse. Si esto puede predicarse de las cosas sensibles situadas en los niveles inferiores de la realidad, de la misma manera pero con mucha más razón puede predicarse lo mismo de la causa primera a la que todos los entes, en todos los niveles y subniveles, se limitan a emular como pueden. La misma idea la expresa Plotino con la metáfora del desbordamiento. El Nous o Inteligencia procede del Uno-Bien, y el Alma procede del Nous como un desbordamiento, una sobreabundancia de sus respectivos principios.

2.3. El principio de la donación sin merma. La energía liberada por el principio emisor se emite sin pérdida alguna de su propia integridad. Precisamente es aquí donde se cierra cualquier posibilidad de considerar a Plotino como emanatista y a su filosofía como emanatista aunque algunos tratadistas, que no lo han leído, hacen. Y escribir dos o tres líneas coherentes sobre Plotino sin una lectura profunda de su única obra, las “Ennéadas”, resulta poco menos que imposible. Cuando se relee el “Timeo” de Platón, y es algo que no debe descuidarse, al llegar al 42 e 5-6, se observa una frase que dice “se quedó en su habitual estado” que se aplica al Demiurgo una vez finalizada su tarea. Quedarse en su propio estado o simplemente quedarse es la expresión favorita de Plotino al aludir en las “Ennéadas” al principio de la donación sin merma. Este principio de validez universal, se aplica ante todo al Uno-Bien “como fuente inagotable que se da a todos los ríos y no se consume en ellos” . Los productos que dimanan de Él no lo merman en absoluto. El mismo razonamiento es válido para las otras dos Hipóstasis. En la “Ennéada” V 2, 2, 1-2, se advierte que este principio es de aplicación universal: en la cadena que discurre de principio a fin, cada término se queda siempre en su propio sitio.

2.4. Principio de la degradación progresiva. En este pasaje de la “Ennéada” V que acabamos de citar se enuncia a continuación del expresado en el apartado 2.3., otro principio que se denomina de la degradación progresiva. Cada nuevo término es siempre un término inferior. Lo generado es siempre más imperfecto que lo generador. El avance a partir del Uno-Bien es un descenso continuo . Éste comienza en el supra-ser, es decir el Uno-Bien, pasa por grados cada vez menos perfectos del ser y se diluye en el no ser, esto es, la materia informe, zona fronteriza entre el ser y la nada. También lo podemos explicar recurriendo a una imagen favorita de Plotino, aunque nosotros pensemos que no es la más afortunada de entre las suyas, consistente en un movimiento de expansión que, partiendo de un centro, se expande en círculos concéntricos cada vez más débiles hasta desvanecerse en una última circunferencia. Esta degradación es continúa, sin hiatos ni saltos, de manera que el Uno-Bien engendra algo no superior a Él pero si lo más perfecto después de Él y por eso no hay nada intermedio entre el Uno-Bien y el Nous, como tampoco lo hay entre Éste último y el Alma

2.5. Principio de la génesis bifásica. La actividad segunda o actividad liberada no es automáticamente constitutiva de la esencia del nuevo término, sino que la génesis completa de cada nuevo grado de realización, se desarrolla en dos fases, entiéndase fases lógicas y no cronológicas.

-Fase proódica o primera fase, en la que la actividad generada es todavía indeterminada e informe porque carece de contenido.

-Fase epistrófica o segunda fase, en la que el término generado se convierte a su progenitor y, vuelto hacia él, se llena de contenido, se configura y se perfecciona. Es ya actividad perfecta dentro de su rango y, por serlo, genera a su vez una nueva actividad en virtud del principio de productividad de lo perfecto. De ese modo la procesión continúa casi automáticamente. La segunda fase se inicia pues con la conversión o epistrophê del término generado por añoranza de su progenitor y culmina con su propio perfeccionamiento o telelôsis. Este esquema, que se cumple puntualmente en la génesis del Nous y el alma, se quiebra parcialmente, como tendremos ocasión de ver, en la génesis del mundo sensible, debido a la indeterminación absoluta de la materia , carece ésta de capacidad epistrófica o reflexiva.

El principio de la génesis bifásica es una adaptación ingeniosa del esquema aristotélico de la génesis artesanal al mecanismo de la procesión . En efecto, la actividad recién liberada por el principio emisor es en su primera fase, algo así como una materia informe que debe ser configurada y una especie de ente en potencia que debe ser reducido a acto.

3. La naturaleza de la realidad. Vida y actividad intelectiva y contemplativa.

Para Plotino la realidad es intelección y contemplación. O usando las palabras griegas, nóēsis y theōria. Hay que hacer dos puntualizaciones. La primera es que, en el presente contexto, intelección y contemplación, al igual que vida y actividad, no son términos unívocos. Pero tampoco son equívocos. Representan, sobre todo, una serie escalonada de grados de realidad. Hay una intelección de primero, segundo, tercer y cuarto grado en correspondencia con el grado respectivo de vida. Toda vida es una forma de intelección, sólo que una intelección es más borrosa que otra, como también la vida . La vida más perfecta es la de la inteligencia, que es intelección intuitiva.

Le siguen los tres niveles de vida del Alma, racional, sensitivo y vegetativo, a los que corresponden tres niveles de intelección cada vez más borrosa: dianoética , sensitiva y vegetativa . Plotino toma de Aristóteles de la gradación escalonada de los niveles de vida ; pero, en lo suyo, en lo que le interesa, interpreta estos niveles como de pura intelección. Por eso llega a decir que hasta las plantas contemplan, porque el alma que anida en ellas es contemplativa. Si para Aristóteles la vegetatividad equivale a nutrición y reproducción, para Plotino es ante todo contemplación, todo lo borrosa y desvaída que se quiera, pero contemplación al fin y al cabo.

La segunda puntualización, es que, como ya hemos observado antes de hablar de la vida, la realidad discurre entre dos extremos opuestos: el Uno-Bien y la materia. De la misma manera que el Uno-Bien es supra-vida, necesariamente habrá de ser también supra-intelección. Y de hecho así es como Plotino define al primer principio: hiper-nóēsis, una especie de ensimismamiento y de autoconciencia, sólo que sin asomo de dualidad. Por debajo de este nivel supremo se hallan los cuatro grados de contemplación antes enumerados. Más abajo, la forma sensible del cosmos es contemplación en el sentido de objeto de contemplación.

Y más abajo todavía, el fondo opaco de la materia ya no es ni contemplación ni objeto de contemplación y sólo es captado, según él, por un razonamiento bastardo basado en una pseudo intelección. Dura e injusta esta reflexión plotiniana que no podía saber que la materia es también bella, incluso la más informe, y cuando nos adentramos en ella hasta el nivel atómico y subatómico podemos contemplar la grandeza de sus leyes y, valga la redundancia, su sustrato inherente e inmanente de naturaleza matemática y por lo tanto paradójicamente inmaterial.

4. Contemplación y producción.

La actividad inmanente constitutiva de la esencia de cada cosa es una intelección de un nivel determinado. Así mismo, la actividad resultante de cada cosa o actividad liberada es también una intelección, sólo que de nivel inferior, que en una primera fase está indeterminada, vacía de contenido, intelección en potencia, mientras que en una segunda fase ya es contemplación en acto, visión en acto de su progenitor; con ello se perfecciona, y al perfeccionarse produce una nueva intelección. Pero téngase en cuenta siempre que lo que la hizo perfecta y, por lo tanto, productiva, fue la contemplación en acto. Por eso dice Plotino que “la producción es contemplación” , porque la contemplación en acto, por el hecho de serlo, es perfecta en su rango y, por ser perfecta, es productiva. Contemplación y producción no son dos actividades distintas, sino dos caras de una misma actividad

5. Carácter original de la procesión plotiniana.

La procesión plotiniana se asemeja a la emanación pero no es emanación porque no hay emisión de partículas con pérdida de la propia sustancia, ni emisión de energía con desgaste o pérdidas. Tampoco es creación artesanal pese a que Plotino por inercia platónica utiliza este esquema. Se parece bastante a la creación ex nihilo porque el nuevo ser es originado en su totalidad y no a partir de un material dado, pero tampoco es creación ex nihilo porque en ésta el nuevo ser es sacado de la nada y en virtud de un acto libre por el creador, mientras que en la procesión el nuevo ser procede, y ello implica la existencia de su inmediato anterior. Finalmente se asemeja a la generación en la que el ser generado procede de su progenitor, pero difiere de ella en que el ser generado es siempre inferior a su progenitor y no de la misma especie como sucede en la generación. 

Evolución biológica. Una interpretación metafísica y teológica

Evolución biológica. Una interpretación metafísica y teológica

Retornamos al foro tras una meditación de seis meses y lo hago para proponer una conciliación, que creo muy necesaria, entre aquellos presupuestos científicos que conforman la teoría de la evolución biológica y las posiciones metafísicas y teológicas que algunos mantenemos y que consideramos perfectamente compatibles con los avances de las ciencias exactas, físicas y naturales. Hemos de decir que nuestros estudios sobre la obra de Wilber expuestos en el blog, han resultado decisivos para dar este paso y elaborar una propuesta totalmente propia que iremos desarrollando con Vds., queridos lectores, porque como dice Peter Sloterdijk, los libros y los artículos son –aunque en este caso estén digitalizados- cartas a los amigos, y dadas las circunstancias y el poder del medio utilizado que constituye prestigiosa revista digital, fáciles de contestar.

1. Un breve repaso a la metafísica 

La Metafísica (del latin “metaphysica”, proveniente del griego metá que significa “tras, más allá”, y phýsis que significa “naturaleza”, es decir, “lo que viene después de la naturaleza”,”más allá de lo físico”). La metafísica, como su nombre lo indica, se define como algo que está más allá de lo físico, dedicando su estudio a lo abstracto del Ser y de Dios. Es una parte fundamental de la filosofía que trata el estudio del Ser en cuanto tal y de sus propiedades, principios, causas y fundamentos primeros de existencia. Desde nuestro punto de vista mantiene una estrecha vinculación con la teología aunque las consideramos ciencias diferentes.

La metafísica aborda los problemas centrales y más profundos de la filosofía, tales como los fundamentos (presupuestos, causas y “primeros principios”), las estructuras más generales (leyes y principios), el sentido y la finalidad de la realidad toda y de todo ser. El principio básico de la metafísica se sustenta en la no-contradicción, razonamiento que establece la imposibilidad de que algo sea y no sea, simultáneamente.

A su vez, la metafísica comprende dos grandes ramas, la 1ª es la Ontología, que es el estudio del Ser y su esencia, y la 2ª es la Teología, que es el estudio de Dios y su esencia. Por tanto la metafísica es el estudio científico que trata lo relativo al Ser y Dios en su forma concreta (en la ciencia lo abstracto es lo que no podemos tocar ejp: el pensamiento, y lo concreto es lo físico ejp: un árbol). Desde el punto de vista cartesiano y experimental, no sería una ciencia específicamente demostrativa.

Aunque cabe alguna discusión al respecto, es un tópico que la palabra “metafísica” fue empleada por primera vez por Andrónico de Rodas (siglo I adC). En sus primeras utilizaciones, “metafísica” era el nombre de los libros de Aristóteles colocados después de los de física. Esto es, dado que en la antigüedad los tratados se conservaban en legajos cilíndricos, ocurrió que Aristóteles había titulado todos excepto aquél que trataba de los asuntos del alma y la personalidad. Cuando acudían sus discípulos a la biblioteca para consultarlo, dado que no podían pedirlo por su título, decían “el que está al lado de Física” (meta-physica), puesto que en su colocación en la estantería el legajo se hallaba junto al otro tratado aristotélico, el de Física.

No obstante, es muy posible que Andrónico utilizara esta palabra sobre la base de una idea del sentido y contenidos de la obra aristotélica. El Estagirita (como se conoce a Aristóteles por su origen) sólo empleó las expresiones “filosofía primera” y “teología” para designar el saber de que se ocupan esos catorce libros titulados “Metafísica” por Andrónico.

Metafísica es, desde entonces, el nombre del saber más elevado que cabe intentar de alcanzar. La cuestión esencial consiguiente es: ¿y dónde se encuentra ese saber?, es decir, ¿sobre qué debe versar y cómo se puede alcanzar? Es aquí donde, como es comprensible, comienzan las interminables discusiones entre los metafísicos. Platón, antes que Aristóteles, es el precursor de la metafísica como tal y la expresa con su idea del mundo inteligible.

La Metafísica trata las “cuestiones últimas”; pero, ¿cuáles son esas cuestiones? Hay muchos modos de presentarlas, y no todos estos enfoques son compatibles entre sí: ¿Por qué existen las cosas? ¿Por qué es el ser y no más bien la nada? ¿Existe un Dios y qué características poseería en caso de existir? ¿Cuál es la diferencia entre materia y espíritu? ¿La voluntad del hombre es libre? ¿Todo está en permanente cambio o existen cosas o relaciones que permanecen invariables a pesar del cambio?, etc.

El campo de trabajo de la metafísica comprende los aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación científica. Según Kant una afirmación es metafísica cuando afirma algo sustancial o relevante sobre un asunto (“cuando emite un juicio sintético sobre un asunto”), que por principio escapa a toda posibilidad de ser experimentado (por los sentidos) por el ser humano (cfr. trascendencia). Simultáneamente surge la pregunta: ¿cómo el ser humano, a pesar de sus limitadas capacidades mentales, podría participar o alcanzar las verdades metafísicas que pretende fundamentar con la ayuda de la filosofía?

En los tratados metafísicos tempranos se consideraba que el núcleo de todas las disciplinas filosóficas debía estar en la formulación de fundamentos últimos válidos universalmente.
Se dice que el ser humano tiene una predisposición natural hacia la metafísica. Kant la calificó de “necesidad inevitable”, Schopenhauer incluso llegó a definir al ser humano como a un “animal metafísico”, Martin Heidegger ha replanteado todos los asuntos metafísicos introduciendo en ellos una transformación radical que necesariamente tiene que tomarse en cuenta.

2. Un breve repaso a la teología

La teología es un conjunto de técnicas y métodos de naturaleza humana filosófica que pretenden alcanzar conocimientos particulares sobre las entidades divinas. Etimológicamente proviene del griego: theos y logos, que significan dios y tratado, estudio.

Este término fue usado por primera vez por Platón en «La República» para referirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de sus poetas coetáneos. Más tarde, Aristóteles empleó el término en numerosas ocasiones con dos significados:

• Teología como la rama fundamental de la Filosofía, también llamada filosofía primera o ciencia de los primeros principios, más tarde llamada Metafísica por sus seguidores.
• Teología como denominación del pensamiento mitológico inmediatamente previo a la Filosofía, en un sentido peyorativo, y sobre todo usado para llamar teólogos a los pensadores antiguos no-filósofos (como Hesíodo y Ferécides de Siros).

San Agustín tomó el concepto teología natural (theologia naturalis) de la gran obra «Antiquitates rerum divinatum», de M. Terencio Varrón, como única teología verdadera de entre las tres presentadas por Varrón: la mítica, la política y la natural. Sobre ésta, situó la teología sobrenatural (theologia supernaturalis), basada en los datos de la revelación y por tanto considerada superior. La teología sobrenatural, situada fuera del campo de acción de la Filosofía, no estaba por debajo, sino por encima de ésta, y la consideraba su sierva, que la ayudaría en la comprensión de Dios.

Teodicea es un término empleado actualmente como sinónimo de teología natural. Fue creado en el s. XVIII por Leibniz como título de una de sus obras: «Ensayo de Teodicea. Acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal», si bien Leibniz se refería con teodicea a cualquier investigación cuyo fin fuera explicar la existencia del mal y justificar la bondad de Dios.

El término teología, por tanto, no es inicialmente de origen cristiano. Sólo a través de un proceso progresivo se impone tanto en Oriente como en Occidente el uso cristiano del término “teología”. Para Clemente de Alejandría, indica el “conocimiento de las cosas divinas”. Para Orígenes expresa la “verdadera doctrina sobre Dios y sobre Jesucristo como Salvador”. Corresponde a Eusebio el privilegio de haber aplicado por primera vez el atributo theologos a Juan Evangelista, ya que en su evangelio escribió una “eminente doctrina sobre Dios”. A partir de él, la Iglesia Católica afirma que la teología indica la verdadera doctrina, la cristiana, en oposición a la falsa doctrina que enseñaban los paganos y los herejes.

El término teología es una palabra compuesta que, en su significado literal, puede indicar un hablar de Dios, o bien un discurso sobre Dios. Si en términos generales la teología es una reflexión sobre Dios (y en este sentido existe también una teología filosófica), en el sentido más corriente de la Iglesia Católica es una reflexión que intenta conocer y comprender la fe a partir de la razón.

Así pues, la teología católica presupone la fe como fundamento experiencial e intenta en ella y a través de ella el conocimiento y la comprensión de la fe. En otras palabras, es una actividad intelectual, metódica y crítica que presupone la adhesión a la fe catolica. Para indicarla sintéticamente, se resume a menudo a la fórmula de Anselmo: “Fides quaerens intellectum”: (la teología es la voluntad de la fe de comprender).

3. Un breve repaso a la evolución biológica.

La evolución biológica es el proceso continuo de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones, y que se ve reflejado en el cambio de las frecuencias alélicas de una población.

Generalmente se denomina evolución a cualquier proceso de cambio en el tiempo. En el contexto de las Ciencias de la vida, la evolución es un cambio en el perfil genético de una población de individuos, que puede llevar a la aparición de nuevas especies, a la adaptación a distintos ambientes o a la aparición de novedades evolutivas.

A menudo existe cierta confusión entre hecho evolutivo y teoría de la evolución. Se denomina hecho evolutivo al hecho científico de que los seres vivos están emparentados entre sí y han ido transformándose a lo largo del tiempo. La teoría de la evolución es el modelo científico que describe la transformación y diversificación evolutivas y explica sus causas.

Charles Darwin y Alfred Russel Wallace propusieron la selección natural como principal mecanismo de la evolución. Actualmente, la teoría de la evolución combina las propuestas de Darwin y Wallace con las leyes de Mendel y otros avances genéticos posteriores; por eso es llamada Síntesis Moderna o Teoría Sintética. En el seno de esta teoría, la evolución se define como un cambio en la frecuencia de los alelos en una población a lo largo de las generaciones.

Este cambio puede ser causado por una cantidad de mecanismos diferentes: selección natural, deriva genética, mutación, migración (flujo genético). La Teoría Sintética recibe una aceptación general en la comunidad científica, aunque también ciertas críticas. Ha sido enriquecida desde su formulación, en torno a 1940, por avances en otras disciplinas relacionadas, como la biología molecular, la genética del desarrollo o la paleontología.

El Lamarckismo, la suposición de que el fenotipo de un organismo puede dirigir de alguna forma el cambio del genotipo en sus descendientes, es una posición teórica ya indefendible, en la medida en que es positivamente incompatible con lo que sabemos sobre la herencia; y también porque todos los intentos por hallar pruebas de observación o experimentales, han fracasado.

El creacionismo, la posición de que en un grado u otro, los seres vivos tienen un autor personal consciente (léase Dios), es una posición religiosa o filosófica que no puede probarse científicamente, y no es por tanto una teoría científica. No obstante, en el marco de la cultura popular protestante y anglosajona, algunos se esfuerzan por presentarlo como tal; pero la comunidad científica en su conjunto considera tales intentos como una forma de propaganda religiosa.

La posición Católica es bien diferente: A partir de 1950 la Iglesia Católica Romana tomó una posición neutral con respecto a la evolución con la encíclica Humani generis del Papa Pío XII. “El Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios—”.

El Papa Benedicto XVI ha afirmado que “existen muchas pruebas científicas en favor de la evolución, que se presenta como una realidad que debemos ver y que enriquece nuestro conocimiento de la vida y del ser como tal. Pero la doctrina de la evolución no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde al gran interrogante filosófico: ¿de dónde viene todo esto y cómo todo toma un camino que desemboca finalmente en el hombre?”.

4. La formulación inicial de nuestra hipótesis

La visión del mundo que ofrece la ciencia contemporánea se centra en varias premisas fundamentales pero yo destacaría como verdaderamente centrales en los estadíos actuales de nuestro conocimiento –nuevos descubrimientos pueden modificarlas, de ahí la inseguridad permanente de la ciencia que no puede afirmar verdades sino veracidades- dos de ellas:

4.1. La hipótesis del Big Bang o teoría de la gran explosión es un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espaciotemporal. Técnicamente, se trata del concepto de expansión del Universo desde una singularidad primigenia, donde la expansión de éste se deduce de una colección de soluciones de las ecuaciones de la relatividad general, llamados modelos de Friedmann- Lemaître – Robertson – Walker.

El término “Big Bang” se utiliza tanto para referirse específicamente al momento en el que se inició la expansión observable del Universo (cuantificada en la ley de Hubble), como en un sentido más general para referirse al paradigma cosmológico que explica el origen y la evolución del mismo.
La idea central del Big Bang es que la teoría de la relatividad general puede combinarse con las observaciones de isotropía y homogeneidad a gran escala de la distribución de galaxias y los cambios de posición entre ellas, permitiendo extrapolar las condiciones del Universo antes o después en el tiempo.

Una consecuencia de todos los modelos de Big Bang es que, en el pasado, el Universo tenía una temperatura más alta y mayor densidad y, por tanto, las condiciones del Universo actual son muy diferentes de las condiciones del Universo pasado. A partir de este modelo, George Gamow en 1948 pudo predecir que debería de haber evidencias de un fenómeno que más tarde sería bautizado como radiación de fondo de microondas.

Para llegar al modelo del Big Bang, muchos científicos, con diversos estudios, han ido construyendo el camino que lleva a la génesis de esta explicación. Los trabajos de Alexander Friedman, del año 1922, y de Georges Lemaître, de 1927, utilizaron la teoría de la relatividad para demostrar que el universo estaba en movimiento constante.

Poco después, en 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble (1889-1953) descubrió galaxias más allá de la Vía Láctea que se alejaban de nosotros, como si el Universo se expandiera constantemente. En 1948, el físico ruso nacionalizado estadounidense, George Gamow (1904-1968), planteó que el universo se creó a partir de una gran explosión (Big Bang). Recientemente, ingenios espaciales puestos en órbita (COBE) han conseguido “oír” los vestigios de esta gigantesca explosión primigenia.

Dependiendo de la cantidad de materia en el Universo, éste puede expandirse indefinidamente o frenar su expansión lentamente, hasta producirse una contracción universal. El fin de esa contracción se conoce con un término contrario al Big Bang: el Big Crunch o Gran Colapso. Si el Universo se encuentra en un punto crítico, puede mantenerse estable ad eternum.

La teoría del Big Bang se desarrolló a partir de observaciones y avances teóricos. Por medio de observaciones, en los 1910, el astrónomo estadounidense Vesto Slipher y, después de él, Carl Wilhelm Wirtz, de Estrasburgo, determinaron que la mayor parte de las nebulosas espirales se alejan de la Tierra; pero no llegaron a darse cuenta de las implicaciones cosmológicas de esta observación, ni tampoco del hecho de que las supuestas nebulosas eran en realidad galaxias exteriores a nuestra Vía Láctea.

Además, la teoría de Albert Einstein sobre la relatividad general (segunda década del siglo XX) no admite soluciones estáticas (es decir, el Universo debe estar en expansión o en contracción), resultado que él mismo consideró equivocado, y trató de corregirlo agregando la constante cosmológica. El primero en aplicar formalmente la relatividad a la cosmología, sin considerar la constante cosmológica, fue Alexander Friedman, cuyas ecuaciones describen el Universo Friedman-Lemaître-Robertson-Walker, que puede expandirse o contraerse.

Entre 1927 y 1930, el padre jesuita belga Georges Lemaître obtuvo independientemente las ecuaciones Friedman – Lemaître – Robertson – Walker y propuso, sobre la base de la recesión de las nebulosas espirales, que el Universo se inició con la explosión de un átomo primigenio, lo que más tarde se denominó “Big Bang”.

En 1929, Edwin Hubble realizó observaciones que sirvieron de fundamento para comprobar la teoría de Lemaître. Hubble probó que las nebulosas espirales son galaxias y midió sus distancias observando las estrellas variables cefeidas en galaxias distantes. Descubrió que las galaxias se alejan unas de otras a velocidades (relativas a la Tierra) directamente proporcionales a su distancia. Este hecho se conoce ahora como la ley de Hubble (véase Edwin Hubble: Marinero de las nebulosas, texto escrito por Edward Christianson).

Según el principio cosmológico, el alejamiento de las galaxias sugería que el Universo está en expansión. Esta idea originó dos hipótesis opuestas. La primera era la teoría Big Bang de Lemaître, apoyada y desarrollada por George Gamow. La segunda posibilidad era el modelo de la teoría del estado estacionario de Fred Hoyle, según la cual se genera nueva materia mientras las galaxias se alejan entre sí. En este modelo, el Universo es básicamente el mismo en un momento dado en el tiempo. Durante muchos años hubo un número de adeptos similar para cada teoría.

Con el pasar de los años, las evidencias observacionales apoyaron la idea de que el Universo evolucionó a partir de un estado denso y caliente. Desde el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas, en 1965, ésta ha sido considerada la mejor teoría para explicar el origen y evolución del cosmos. Antes de finales de los años sesenta, muchos cosmólogos pensaban que la singularidad infinitamente densa del tiempo inicial en el modelo cosmológico de Friedman era una sobreidealización, y que el Universo se contraería antes de empezar a expandirse nuevamente. Ésta es la teoría de Richard Tolman de un Universo oscilante. En los años 1960, Stephen Hawking y otros demostraron que esta idea no era factible, y que la singularidad es un componente esencial de la gravedad de Einstein. Esto llevó a la mayoría de los cosmólogos a aceptar la teoría del Big Bang, según la cual el Universo que observamos se inició hace un tiempo finito.

Prácticamente todos los trabajos teóricos actuales en cosmología tratan de ampliar o concretar aspectos de la teoría del Big Bang. Gran parte del trabajo actual en cosmología trata de entender cómo se formaron las galaxias en el contexto del Big Bang, comprender lo que allí ocurrió y cotejar nuevas observaciones con la teoría fundamental.

A finales de los años 1990 y principios del siglo XXI, se lograron grandes avances en la cosmología del Big Bang como resultado de importantes adelantos en telescopía, en combinación con grandes cantidades de datos satelitales de COBE, el telescopio espacial Hubble y WMAP. Estos datos han permitido a los cosmólogos calcular muchos de los parámetros del Big Bang hasta un nuevo nivel de precisión, y han conducido al descubrimiento inesperado de que el Universo está en aceleración.

El Big Bang como teoría científica no se encuentra asociado con ninguna religión pero tampoco contradice a muchas de ellas. Mientras algunas interpretaciones fundamentalistas de las religiones entran en conflicto con la historia del universo postulada por la teoría del Big Bang, la mayoría de las interpretaciones son favorables.

A continuación sigue una lista de varias interpretaciones religiosas de la teoría del Big Bang.

-En el antiguo testamento aparecen dos versículos que hablarían del big bang y el big crunch: «Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar» (Isaías 40.22). «Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera» (Isaías 34.4).

-La Iglesia Católica Romana ha aceptado el Big Bang como una descripción del origen del Universo. Se ha sugerido que la teoría del Big Bang es compatible con las vías de santo Tomás de Aquino, en especial con la primera de ellas sobre el movimiento, así como con la quinta.

-Algunos estudiantes del Kabbalah, el deísmo y otras fes no antropomórficas, concuerdan con la teoría del Big Bang, conectándola por ejemplo con la teoría de la “retracción divina” (tzimtzum) como es explicado por el judío Moisés Maimónides.

-Algunos musulmanes modernos creen que el Corán hace un paralelo con el Big Bang en su relato sobre la creación: «¿No ven los no creyentes que los cielos y la Tierra fueron unidos en una sola unidad de creación, antes de que nosotros los separásemos a la fuerza? Hemos creado todos los seres vivientes a partir del agua» (capítulo 21, versículo 30). El Corán también parece describir un universo en expansión: «Hemos construido el cielo con poder, y lo estamos expandiendo» (52.47).

-Algunas ramas teístas del hinduismo, tales como las tradiciones vishnuistas, conciben una teoría de la creación con ejemplos narrados en el tercer canto del Bhagavata Purana (principalmente, en los capítulos 10 y 26), donde se describe un estado primordial se expande mientras el Gran Vishnu observa, transformándose en el estado activo de la suma total de la materia (prakriti).

-El budismo posee una concepción del universo en el cual no hay un evento de creación. Sin embargo, no parece ser que la teoría del Big Bang entrara en conflicto con la misma, ya que existen formas de obtener un universo eterno según el paradigma. Cierto número de populares filósofos Zen estuvieron muy interesados, en particular, por el concepto del universo oscilante.

4.2. Los mecanismos de la evolución de la vida sobre la Tierra los últimos tres mil quinientos años parten de las propuestas de Charles Darwin y Gregor Mendel. En la época de Darwin, los científicos no conocían cómo se heredan las características. Actualmente, el origen de la mayoría de las características hereditarias puede ser trazado hasta entidades persistentes llamadas genes, codificados en moléculas lineales de ácido desoxirribonucleico (ADN) del núcleo de las células. El ADN varía entre los miembros de una misma especie y también sufre cambios o mutaciones, o variaciones producidas a través de procesos como la recombinación genética.

a) Mutación genética, recombinación y variación de la expresión génica

Mutación

Darwin no conocía la fuente de las variaciones en los organismos individuales, pero observó que parecían ocurrir aleatoriamente. En trabajos posteriores se atribuyó la mayor parte de estas variaciones a la mutación. La mutación es un cambio permanente y transmisible en material genético (usualmente el ADN o el ARN) de una célula, que puede ser producida por errores de copia en el material genético durante la división celular y por la exposición a radiación, químicos o virus, o puede ocurrir deliberadamente bajo el control celular durante procesos como la meiosis o la hipermutación. En los organismos multicelulares, las mutaciones pueden dividirse en mutaciones germinales, que se transmiten a la descendencia, y las mutaciones somáticas, que (cuando son accidentales) generalmente conducen a malformaciones o muerte de células y pueden producir cáncer.

Las mutaciones introducen nuevas variaciones genéticas, siendo la principal fuente de evolución. En la teoría sintética, la mutación tiene el papel de generar diversidad genética sobre la cual actúa la selección natural, y también la deriva. Las mutaciones que afectan a la eficacia biológica del portador, y por tanto son objeto de la selección natural, pueden ser deletéreas (negativas) o beneficiosas. Las mutaciones beneficiosas son las menos frecuentes, aunque se conocen muchos ejemplos que afectan a rasgos variadísimos, como la resistencia a enfermedades o a estrés, la longevidad, el tamaño, la capacidad para metabolizar nuevas sustancias, una cicatrización eficiente de las heridas, etc. La mayor parte de las mutaciones son mutaciones neutras; no afectan las oportunidades de supervivencia y reproducción de los organismos, y se acumulan con el tiempo a una velocidad más o menos constante.

La mayoría de los biólogos creen que la adaptación ocurre fundamentalmente por etapas, mediante la acumulación por selección natural de variaciones genéticas ventajosas de efecto relativamente pequeño. Las macromutaciones, por el contrario, producen efectos drásticos, fuera del rango de variación normal de la especie. Se ha propuesto que quizá hayan sido responsables de ciertos rasgos adaptativos o de la aparición de novedades evolutivas, aunque, dado que las mutaciones suelen tener efectos muy nocivos o letales, esta vía se considera actualmente poco frecuente.

Recombinación genética

La recombinación genética es el proceso mediante el cual la información genética se redistribuye por transposición de fragmentos de ADN entre dos cromosomas durante la meiosis –y más raramente en la mitosis–. Los efectos son similares a los de las mutaciones, es decir, si los cambios no son deletéreos se transmiten a la descendencia y contribuyen a la diversidad dentro de cada especie.
Variaciones en la expresión de los genes, involucrados en la herencia.

También existen formas de variación hereditaria que no están basadas en cambios de la información genética. El proceso que produce estas variaciones deja intacta la información genética y es con frecuencia reversible. Este proceso es llamado herencia epigenética que resulta de la trasmisión de secuencias de información no-ADN a través de la meiosis o mitosis; y puede incluir fenómenos como la metilación del ADN o la herencia estructural. Se sigue investigando si estos mecanismos permiten la producción de variaciones específicas beneficiosas en respuesta a señales ambientales.

De ser éste el caso, algunas instancias de la evolución podrían ocurrir fuera del cuadro típicamente darwiniano, que evitaría cualquier conexión entre las señales ambientales y la producción de variaciones hereditarias; aunque recordando que indirectamente el origen del proceso en si mismo estarían involucrados genes, como por ejemplo los genes de la enzima ADN-metiltransferasa, histonas, etc.

b) Selección natural

La selección natural consiste en la reproducción diferencial de los individuos, según su dotación genética, y generalmente como resultado del ambiente. Existe selección natural cuando hay diferencias en eficacia biológica entre los individuos de una población, es decir, cuando su contribución en descendientes es desigual. La eficacia biológica puede desglosarse en componentes como la supervivencia (la mortalidad diferencial es la tasa de supervivencia de individuos hasta la edad de reproducción), la fertilidad, la fecundidad, etc.

La selección natural puede dividirse en dos categorías:

-La sexual ocurre cuando los organismos más atractivos para el sexo opuesto debido a sus características se reproducen más y aumentan la frecuencia de estas características en el patrimonio genético común.

-La ecológica ocurre en el resto de las circunstancias (habilidad para obtener o procesar alimento, capacidad de ocultación, huida o de defensa, capacidad para resistir fluctuaciones ambientales, etc.)

La selección natural trabaja con mutaciones en diferentes formas:

-La purificadora o de fondo elimina las mutaciones perniciosas de una población.
-La positiva aumenta la frecuencia de mutaciones benéficas.
-La de balanceo mantiene las variaciones dentro de una población a través de mecanismos tales como:
-La sobredominancia o vigor híbrido,
-La selección dependiente de la frecuencia,

El papel central de la selección natural en la teoría de la evolución ha dado origen a una fuerte conexión entre ese campo y el estudio de la ecología.

Las mutaciones que no se ven afectadas por la selección natural son llamadas mutaciones neutras. Su frecuencia en la población está dictada por su tasa de mutación, por la deriva genética y el flujo genético. Se entiende que la secuencia de ADN de un organismo, en ausencia de selección, sufre una acumulación estable de mutaciones neutras. El efecto probable de mutación es la propuesta de que un gen que no está bajo selección será destruido por las mutaciones acumuladas. Éste es un aspecto de la llamada degradación genómica.

La selección de organismos por sus características deseables, cuando es provocada por el hombre, por ejemplo para la agricultura es llamada selección artificial.

La evolución baldwiniana también llamada ontogenética es una teoría evolutiva propuesta por el psicólogo norteamericano James Mark Baldwin, quien propuso un mecanismo para la selección de habilidades de aprendizaje. La descendencia seleccionada tendería hacia una mayor capacidad para aprender nuevas habilidades y no estar constreñida a habilidades genéticamente codificadas y relativamente fijas, poniendo el énfasis en el hecho de que el comportamiento sostenido de una especie o grupo puede modelar la evolución de las especies.

4.3. ¿Y que relación guardan estas disciplinas con la metafísica, la teología y el reconocimiento de una Causa Primera, Bien, Motor Inmóvil, Uno, Dios, Brama?

Ciertamente muchos hoy no ven necesidad alguna en preocuparse ni siquiera por la posibilidad de que pudiese haber alguna relación. Hay personas formadas científicamente que entienden que las explicaciones ofrecidas por la moderna biología hacen innecesaria la existencia de una Causa Primera. También hay personas religiosas que defienden la literalidad absoluta de sus textos sagrados y rechazan cualquier idea de evolución.

Por último está el grupo más numeroso, hoy numerosísimo, que rechaza o no se plantea ni las posturas científicas ni las metafísico-religiosas porque les aburren, no las entienden, comportan esfuerzos y/o compromisos y prefieren vivir su propia animalidad, más bien “bestialidad”, sólo sometiéndose a cierto proceso de domesticación, que no educación, por obligación, pura conveniencia, por instinto de conservación, egoísmo, ambición, avaricia, hipocresía, vanidad o por los grandes males de nuestro tiempo: el personismo y el buenismo. O lo que es lo mismo, para satisfacer el instinto primario de poder.

Pero también hay otros entre los que nos encontramos, que consideramos arbitrarias, cicateras, cuando no pérfidas y sumamente peligrosas estas posturas. Por eso estamos dedicando una parte sustancial de nuestra producción intelectual, ciertamente modesta en nuestro caso, a buscar la manera de conciliar las mejores ideas de la biología con la metafísica y la teología más depurada, de forma que pueda surgir una síntesis razonable y esclarecedora.

La cuestión central es filosófica y teológica a la vez y surgen de esta unas preguntas muy concretas:

¿Qué significado tiene para un auténtico sentido de la trascendencia, esto es para una teología de Dios la aceptación del hecho evolutivo?

¿Puede el Uno de Plotino o el Dios de Jesús de Nazaret leído en Juan crear a través de mutaciones aleatorias y selección natural?

¿Qué planteamiento metafísico o teológico puede mantenerse fiel a los textos religiosos y asumir las perspectivas científicas actuales para integrarlas y conciliarlas?

Pues bien la respuesta que ofreceremos en los siguientes capítulos se halla en una teología relacional que comprenda interacciones divinas mutuas sustentadas en las tres hipóstasis divinas planteadas por Plotino desde una metafísica no cristiana pero si profundamente religiosa, en la teología de las relaciones mutuas que constituye el núcleo del evangelio de San Juan y la teología trinitaria del filósofo medieval Ricardo de San Victor.

En el próximo capítulo abordaremos el estudio de las hipostasis divinas entrelazadas de Plotino.       

Fuente: http://www.tendencias21.net/biofilosofia/Evolucion-biologica-Una-interpretacion-metafisica-y-teologica_a48.html

Utilizan la meditación para tratar el estrés postraumático de veteranos de guerra

Utilizan la meditación para tratar el estrés postraumático de veteranos de guerra

La práctica de yogis y monjes comienza también a aplicarse contra el déficit de atención

La revista Search ha publicado recientemente un artículo en el que se hace un repaso al uso de la meditación como terapia para determinados trastornos psicológicos. En los últimos años, se está extendiendo cada vez más como técnica de curación de los trastornos por estrés postraumáticos de los veteranos de guerra norteamericanos, y también se ha demostrado que ayuda a superar el déficit de atención en jóvenes hiperactivos. Los neurocientíficos señalan que el secreto está en que esta práctica mejora la interacción entre la corteza del cerebro y el sistema límbico, permitiendo a los meditadores alejarse de las emociones traumáticas o desarrollar la capacidad de centrar su atención. Los beneficios de la meditación, además, no son sólo mentales, porque tiene efectos indirectos sobre el organismo. Por Yaiza Martínez. 

Utilizan la meditación para tratar el estrés postraumático de veteranos de guerra
La revista Search, de ciencia, religión y cultura, ha publicado un artículo firmado por el periodista estadounidense Nick Street, en el que se describe cómo una serie de investigadores norteamericanos están aplicando la meditación para ayudar a los veteranos de la guerra de Irak que han vuelto a casa traumatizados.

La sección de atención a veteranos de guerra del sistema sanitario de Estados Unidos podría estar pasando de los antidepresivos a las técnicas de meditación para tratar de ayudar a sus soldados traumatizados, señala Street.

Por ejemplo, explica el periodista, científicos de la Universidad de Emory y del Hospital V.A. de Atlanta han sometido a voluntarios diagnosticados con trastorno por estrés postraumático a entrenamientos en técnicas de atención y ejercicios de respiración, como medio de reducción de sus síntomas psicológicos.

Así, los soldados están conectando con las antiguas tradiciones de monjes y yogis, activando los intrincados sistemas neuronales de ciertas partes de sus cerebros, encargadas de la regulación de la atención y de la emoción.

Estas técnicas les permiten cultivar la atención en la respiración, volver sobre sus sentimientos dolorosos, y desarrollar en sus mentes un espacio de tranquilidad, incluso ante situaciones que les generen estrés. Según Street, más de doscientos centros médicos de Estados Unidos ofrecen actualmente programas de reducción del estrés basados en la meditación.

Explicación neurocientífica

La explicación neurocientífica de la utilidad de la meditación para el tratamiento del estrés postraumático es la siguiente: tres redes de neuronas de una región del cerebro llamada la corteza prefrontal serían las responsables de diversos aspectos de la atención, como la alerta, la orientación o el control ejecutivo.

Los datos obtenidos de imágenes del cerebro tomadas con exploraciones de resonancia magnética funcional (fMRI) han demostrado que a medida que la sangre rica en oxígeno llega a estas redes neuronales durante la meditación, la actividad en la amígdala y otras estructuras del sistema límbico (asociado con las emociones y los recuerdos de sucesos emocionales) comienza a disminuir.

Según explica Susan Smalley, investigadora de la Universidad de California en Los Ángeles y fundadora del Mindful Awareness Research Center, lo que se ha descubierto es que la corteza prefrontal puede aquietar a la amígdala, y que este sistema de retroalimentación parece modular toda la estructura límbica (el sistema límbico está formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales).

En otras palabras, que ejercer este tipo de meditación atenta permite “calmar” las emociones y controlar las respuestas fisiológicas correspondientes.

También para personas con déficit de atención

Pero la meditación no resultaría útil sólo para los veteranos de guerra. Susan Smalley, que se especializó en trastornos psiquiátricos infantiles y que ha estudiado los efectos de la práctica de la atención en grupos de niños con déficit de atención con hiperactividad (TDAH), ha descubierto que la meditación puede ayudar también a los adolescentes con este trastorno.

Según Smalley, parece como si la práctica de la meditación afectara directamente a la atención ejecutiva en personas con TDAH. De hecho, afirma, cuantas más dificultades de atención presenta un niño, más puede beneficiarse de esta práctica.

En concreto, la meditación que aplica Smalley consiste en entrenar a las personas para que, simplemente, noten sus pensamientos, de manera que puedan observarlos desde un lugar más neutral. Con el tiempo, esta práctica permite que los meditadores centren su atención más allá de aquellos pensamientos relacionados con hechos del pasado, en la experiencia del momento presente.

A medida que avanzan en sus prácticas, la relación recíproca entre la atención ejecutiva y el sistema límbico mejora, por lo que la gente comienza a sentirse menos “inundada” por sentimientos o pensamientos no deseados.

Cuerpo y mente

Pero los científicos van más allá, y señalan que no sólo los veteranos de guerra o las personas con déficit de atención pueden beneficiarse de la meditación porque una parte significativa de la población está traumatizada por experiencias que, simplemente, forman parte de nuestra sociedad.

La inestabilidad económica y política y, en general, el ruido de fondo de la era moderna, juegan un papel importante en nuestra vida, que se refleja en comportamientos adictivos, en la violencia vial o doméstica y otras muchas expresiones de ansiedad y depresión.

Asimismo, los neurocientíficos afirman que la meditación favorece cambios no sólo en el cerebro, sino también en el resto del cuerpo: a medida que se incrementa el flujo de sangre en los centros de atención de la corteza prefrontal y se altera el sistema límbico, también se modifican los sistemas cardiovascular y nervioso del cuerpo.

Todo esto acaba modificando sutilmente las interrelaciones funcionales del resto del organismo. Según Smalley, estos cambios fisiológicos en el cuerpo incluso podrán generar cambios genéticos que llegarán a influir en todo el organismo.


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Viernes 13 Febrero 2009
Yaiza Martínez

La física de la materia ordinaria produce la conciencia

La física de la materia ordinaria produce la conciencia

El descubrimiento del quinto estado de la materia y otros fenómenos de macrocoherencia cuántica posibilitan una neurología cuántica de la mente

Hace más de un siglo que la física comenzó a cuestionar la naturaleza corpuscular de la materia. El nacimiento de la física cuántica abrió nuevos horizontes científico-filosóficos con una novedosa visión de la materia. Cada intento por escudriñar el último rincón profundo de la materia para encontrar un último reducto corpuscular abre nuevas empresas que cuestionan la idea de partícula elemental. Actualmente los conceptos de la Teoría Cuántica de Campos se ordenan en una nueva interpretación de la materia con mayor énfasis en su naturaleza campal. El descubrimiento del quinto estado de la materia y otros fenómenos de macrocoherencia cuántica son evidencias empíricas de un comportamiento coordinado de la materia con importantes consecuencias para una futura neurología cuántica de la mente. Por Manuel Béjar.

Observación directa de la condensación Bose-Einstein. MIT.
La historia moderna de la física de partículas comienza a finales del siglo XIX cuando grandes físicos comienzan a romper la materia en pequeños laboratorios. Es la época del descubrimiento del electrón en Cambridge mientras J. J. Thomson trabajaba con rayos catódicos. La baja energía de estos rayos fueron suficiente para arrancar electrones de la prisión atómica. Desde que Dalton propusiera su teoría atómica para explicar las propiedades físico-químicas de los gases a comienzos del XVIII, el concepto de materia formada por entidades fundamentales indivisibles era bien parecido a la clásica idea de Demócrito en el siglo V a.C. Durante dos largos milenios la humanidad confió en una interpretación reduccionista y corpuscular de la materia. Con los trabajos de Thomson se abrió la veda a una sucesión de experimentos que refutaron la indivisibilidad del átomo. La historia empezó a cambiar. 

La era nuclear de la primera mitad del siglo XX

El descubrimiento de la radiactividad sirvió de nueva fuente energética para bombardear la estructura atómica con partículas radiactivas de energía un millón de veces superior a la de los rayos catódicos. Esta energía fue suficiente para que Rutherford y Chadwick identificaran al protón y al neutrón en la prodigiosa década de los veinte. En el primer tercio del siglo XX el hombre alcanzó la frontera nuclear y descubrió que el átomo es un denso núcleo de protones y neutrones, protegido por una pantalla de electrones. Siendo el electrón la primera partícula atómica descubierta resulta comprensible por qué fue la electrodinámica la pionera teoría cuántica de campos. La segunda era de la física de partículas se propuso el reto de penetrar la esfera nuclear. Pero, ¿cómo conseguir la energía?

La mirada se puso en el cielo. Con frecuencia la Tierra es bombardeada por rayos cósmicos procedentes del espacio exterior. La energía media de estos rayos es suficiente para romper el núcleo atómico y poder observar su interior. Sin embargo, es imposible predecir el lugar y el momento exactos donde caerá un rayo cósmico. Fue en los años sesenta cuando la tecnología de los aceleradores de partículas consiguió controlar energías de alcance nuclear. El resultado fue el descubrimiento de dos nuevas interacciones físicas de mayor y menor intensidad que la electromagnética: la nuclear fuerte y la nuclear débil.

Bajo estas condiciones energéticas impuestas por los experimentadores el protón sufre una resonancia inexplicable para una partícula fundamental. Se descubrió que el protón no era una partícula elemental como a Demócrito le hubiese gustado. Cada protón está constituido por tres quarks ligados por interacción fuerte residual. Entre 1977 y 1996 se ha confirmado experimentalmente la existencia de seis tipos de quarks que, además de carga eléctrica, tienen carga electrodébil, de sabor y de color. El primero y último de ellos, los quarks b y t, se descubrieron en el Fermilab de Chicago.

Los aceleradores de partículas rompen la barrera nuclear

Con energías aún mayores, en las profundidades subnucleares las partículas experimentan la interacción débil. De menor alcance e íntimamente relacionada con la electromagnética, la interacción débil causa las desintegraciones nucleares más fácilmente detectables, las desintegraciones beta de protones y neutrones. Fue Fermi quien dio nombre a una nueva partícula resultante de estas interacciones: el neutrino. Los neutrinos son exóticas partículas de masa despreciable, predichas por Pauli en los años treinta y descubiertas en 1956 por los nobel en física, Clyde Cowan y Frederick Reines.

El carácter fundamental de las partículas es un concepto histórico que depende de la energía máxima de los aceleradores del momento. A energías próximas a la de los modernos aceleradores, toda la materia ordinaria o fermiónica se compone de tres tipos de partículas: electrones, neutrinos y quarks. A diferencia de electrones y neutrinos, los quarks nunca se dejan ver solos, sino formando dúos o tríos. El protón es el producto resultante de la interacción de un quark d y dos u, densamente confinados por interacción fuerte. Los tres quarks del protón apenas suponen una millonésima parte del volumen del protón. El volumen efectivo del protón está lleno de un campo de energía de confinamiento.

Partículas mediadoras que producen campos físicos

El campo de energía mediador entre fermiones tiene una naturaleza física distinta bien descrita por un nuevo tipo de partícula denominado bosón. Todas las partículas interaccionan gravitatoria y débilmente, pero sólo los quarks experimentan la interacción fuerte. Las partículas fundamentales fermiónicas se ligan unas con otras a través del intercambio de otras partículas denominadas bosones mediadores. Cada tipo de estos bosones produce una de las cuatro interacciones fundamentales. Las partículas interaccionan al tener al menos una carga física susceptible a la presencia de algún mediador. Así, dos electrones interaccionan electromagnéticamente por sus cargas eléctricas cuando un fotón hace de mediador entre ellos. Del mismo modo los gluones son bosones con carga electrodébil y de color que aglutinan los quarks de los protones. A energía de un trillón de electronvoltios es posible alcanzar los escondrijos del núcleo atómico hasta sentir la presencia de las interacciones fuerte y débil que experimental los quarks en el núcleo profundo.

El alcance de las cuatro interacciones fundamentales depende de la masa de sus respectivos bosones. De acuerdo con el Principio de Heisenberg, cuanto mayor sea su energía en reposo, menor es el tiempo de vida media y, por tanto, pueden recorrer distancias menores, reduciéndose su alcance. Las interacciones de alcance ilimitado son la electromagnética y gravitatoria, mediadas respectivamente por el fotón y el hipotético gravitón, que carecen de masa. Los bosones débiles son realmente masivos. Por ello, la interacción débil queda limitada al interior del núcleo. Los mediadores sólo pueden conectar partículas a distancias típicas de la escala subnuclear. De igual manera, los gluones sólo hacen interaccionar a quarks que comparten el mismo recinto nuclear. A diferencia de los bosones débiles, los gluones carecen de masa, pero debido a interacciones entre ellos se forma una masa efectiva equivalente no nula que limita el alcance de la interacción. Podemos decir que el gluón desnudo de masa nula es revestido con una energía de interacción que lo dota de masa y, en consecuencia, la interacción fuerte se hace de corto alcance.

Un zoológico de partículas elementales

El espectro de partículas es amplísimo. Por cada partícula elemental existe una compañera con cargas físicas opuestas. Son las partículas de antimateria que, al interaccionar con la materia ordinaria, se transforman en radiación electromagnética. Los bosones mediadores coinciden con su antipartícula salvo el bosón débil y fuerte. Al resto de las partículas fundamentales le corresponde una antipartícula distinta. Por ejemplo, el positrón es una partícula de antimateria con la misma masa y espín que el electrón, pero con carga eléctrica positiva. Igualmente existen antiquarks, con cargas eléctricas, de isoespín y color opuestas a la de los quarks: el compañero de antimateria de un quark con carga de color roja es un antiquark antirrojo. Un quark y su antiquark de color opuesto pueden formar estados ligados y originar mesones, sin carga de color: los piones, kaones, los mesones …

Un caso importante fue gypsy, un sistema quark-antiquark, cuyo estudio supuso importantes avances en cromodinámica cuántica. El último tipo de partículas elementales, los neutrinos también tiene su respectiva compañera de antimateria, aunque aún no está clara su verdadera naturaleza. Al ser una partícula neutra, el opuesto de su cargas coincide con el original y, por tanto, parece ser que neutrino y antineutrino coinciden (neutrinos de Majorana). De tener algún número cuántico que los diferenciara serían neutrinos de Dirac. El debate sigue su curso y tendrá importantes consecuencias en las nuevas teorías generalizadas de partículas.

Existen partículas que permanecen estables durante un brevísimo periodo de tiempo hasta desintegrarse por interacción fuerte en partículas más estables como protones, neutrones y piones. Son las partículas delta y sigma, que son resonancias bariónicas de mayor energía que las fundamentales. Es posible, incluso, que existan un número ilimitado de estas resonancias con mayor masa y espín. A energías mucho más elevadas que la de los modernos aceleradores no sería posible otorgar el calificativo de fundamental a los electrones, neutrinos y quarks frente a las resonancias. Por tanto, el atributo elemental de las partículas depende de la energía del entorno en cuestión.

El modelo estándar de partículas en el siglo XX

El conocimiento físico de la materia está recogido canónicamente en el denominado modelo estándar de las partículas elementales, a excepción del gravitón. La interacción gravitatoria no puede aún explicarse físicamente en el mismo marco que las otras tres. Esta limitación del modelo estándar exige y justifica una especulación físico-metafísica que trasciende la frontera científica (véase Penrose sienta las bases de una biofísica cuántica de la mente en Tendencias 21, 23 Febrero 2007) . La teoría cuántica de campos es la construcción científica más importante. Su potencia de predicción y su capacidad para desentrañar la realidad física microscópica están rigurosamente confirmadas por los resultados experimentales. Cualquier análisis de la materia requiere, por su potencial y precisión, partir de sus presupuestos teóricos. El modelo estándar es la teoría cuántica de campos de las partículas fundamentales. La teoría de campos unifica la teoría cuántica con la Relatividad especial de Einstein, el Principio de Heisenberg y el Principio de Causalidad. La teoría cuántica de campos explica el amplio espectro de partículas a partir de las doce partículas fundamentales y tres bosones mediadores.

La elementalidad de las partículas fundamentales depende de la energía. No es algo absoluto. A altísimas energías, la física de partículas no puede distinguir los elementos básicos de la materia. Todo es un energético dinamismo que hace emerger multitud de partículas denominadas resonancias. Incluso, en situaciones de menor energía, cuando las interacciones físicas determinan las partículas fundamentales por su mayor estabilidad, podemos seguir hablando de la naturaleza emergente de la materia desde un soporte básico primario. El protón no es la mera suma de tres quarks, pues su individualidad carece de sentido. Es, más bien, el todo surgido de una sinergia física que, a su vez, dota al protón de una cierta individualidad y propiedades físicas bien definidas. En su dinámica desde un soporte energético fundamental, la materia emergente evoluciona hacia estados de mayor definición física como consecuencia de sus interacciones cuánticas básicas. Se va adquiriendo una mayor individualidad sin anular definitivamente el potencial emergente de su verdadera ontología.

La emergencia de la materia en un fondo dinámico de energía

El camino recorrido hacia la esencia ontológica de la materia conduce hasta un fondo energético pseudo-espaciotemporal dominado por el Principio de Incertidumbre. Al hablar de fondo de energía nos referimos al mar de energía planckiano de elevadísimas energías. No es una energía independiente, sino un campo de energía ligado con la materia fenoménica, tanto corpuscular como campal.

Esta energética actividad física recuerda a los fenómenos de fluctuaciones del vacío cuántico. Es precisamente esta física del vacío cuántico el límite fronterizo usado por David Bohm (véase La biofísica cuántica de la conciencia, explicada desde la teoría cuántica de David Bohm en Tendencias 21, 19 Marzo 2007) para distinguir entre su física y metafísica. El análisis físico de la materia desemboca finalmente en el estudio de las fluctuaciones de la energía de fondo. Las propiedades físicas de la materia son el producto resultante de las interacciones de esta energía. Cualquier partícula fundamental no es una entidad individual independiente de este fondo de energía. No es tanto una individualidad cuanto el producto de una necesaria coexistencia. Por ello, los físicos de partículas niegan que la masa de una partícula libre sea un observable. Carece de sentido físico porque cualquier partícula está siempre en interacción. Por tanto, al referirse a la masa de una partícula se entiende la masa efectiva que resulta bajo la acción del entorno energético. Las partículas son concentraciones locales del fondo de energía revestidas de fluctuaciones. Dejan de asemejarse a las inmutables esferas de Parménides-Demócrito y se comprenden hoy como campos localizados de energía.

Las propiedades físicas están, pues, íntimamente ligadas con el entorno. La física de partículas no concibe partículas desnudas independientes como si tratara de pequeños corpúsculos indivisibles. Las partículas, cuya naturaleza física fundamental es siempre relativa, son objetos materiales revestidos o apantallados por la actividad del vacío. En síntesis, podemos concluir que cada partícula es más un todo a través de su ligazón a una ontología capaz de hacer emerger materia, que un mero constituyente. La materia es en sí misma más interacción que individualidad, aunque la materia pueda gozar de una relativa independencia a través de estructuras más complejas surgidas en este orden físico holístico.

Comportamiento cuántico coherente de la materia

El desarrollo tecnológico va corroborando las ideas físicas sobre la materia. Sistemas artificiales, en las condiciones físicas adecuadas, presentan un comportamiento cuántico inexplicable desde el conjunto de leyes clásicas. El estudio de estos sistemas cuántico-tecnológicos pone de manifiesto las propiedades físicas coherentes de la naturaleza cuántica subyacente. La materia se estructura de tal forma que los resultados macroscópicos se agrupan en estados discretos. Todo el vasto conjunto de electrones se agrupa de tal forma, que el material sólo adquiere valores bien definidos a partir de la constante de Planck. El efecto Josephson muestra cómo es posible mantener la coherencia cuántica de un sistema incluso cuando es escindido en dos por una barrera de potencial. Este efecto resulta especialmente importante por su sensibilidad de adaptación a la radiación electromagnética del medio.

La materia presenta unas propiedades físicas especiales cuando su dinámica está regida por fluctuaciones del fondo de energía. Un sistema físico guiado por esta dinámica desde un estado crítico puede producir estados de macrocoherencia cuántica en condiciones ambientales extremadamente adversas. Es de notar la relevancia de estas transiciones en sistemas unidimensionales y sus repercusiones en el carácter emergente de la naturaleza campal de la materia.

Fenómenos cuánticos macroscópicos de coherencia cuántica

Los condensados Bose-Einstein son el quinto estado físico de la materia donde se alcanzan niveles elevados de coherencia cuántica y la materia presenta un comportamiento más campal. Resultan especialmente importante los resultados obtenidos en condensados generados a partir de redes ópticas. La interacción de los bosones con la radiación electromagnética permite la existencia de oscilaciones de coherencia cuántica. Los condensados ópticos sufren transiciones reversibles BEC-Mott entre estados coherentes y no coherentes, de tal manera que el sistema oscila entre estados de naturaleza campal y corpuscular. Se hace, pues, manifiesto el doble comportamiento complementario de una misma unidad material, regulada últimamente por el fondo de energías.

Junto a los condensados Bose-Einstein los fenómenos de superconductividad y superfluidez son dos ejemplos paradigmáticos de experimentos que muestran la unidad física coherente de la materia bajo ciertas condiciones técnicas. En ambos casos, la materia presenta una coherencia cuántica para un número macroscópico de partículas clásicas, que dotan al sistema cuántico de una integridad intrínseca con relativa autonomía frente al medio. Más allá de las condiciones físicas ideales para mantener estos agregados cuánticos macroscópicos, en una fase de transición cuántico-clásica, los sistemas coherentes reaccionan positivamente a las perturbaciones externas, generando estructuras físicas (vórtices) que logran mantener la unidad coherente macroscópica. La materia deja de seguir patrones de interacciones corpusculares y se comporta como un todo unitario donde no es posible diferenciar componentes elementales. Nos referimos a los estados macroscópicos de coherencia cuántica.

La naturaleza campal de la materia

El carácter emergentista de los fenómenos físicos apoya una naturaleza ontológica dinámica de la materia que conforma el universo. Los fenómenos macroscópicos de coherencia cuántica revelan a nivel experimental las propiedades fundamentales de la materia como sustrato ontológico capaz de dirimir la relativa individualidad de sus componentes para enlazar coherentemente nuevas realidades campales con un dinamismo unitario. La dimensión campal holista de la materia permite conexiones que conforman un entramado cuánticamente interconectado capaz de realizar instantáneamente complicados procesos. Estos fenómenos cuánticos, junto a la incesante actividad física del fondo de energía nos presentan una naturaleza física de la materia con propiedades emergentes.

Supuesta esta ontología física emergente, resulta natural explicar el origen y evolución del universo como un producto de este substrato metafísico que se hace explícito a través de procesos cuánticos consolidados en el régimen clásico de la experiencia. Las estructuras físicas, los seres vivos, el psiquismo animal y la conciencia son productos que últimamente emergen de esta ontología dinámica. La incesante actividad de esta realidad subyacente dinamiza todo el proceso evolutivo del cosmos, generando estructuras clásicas más complejas y estables, capaces de resonar las propiedades cuánticas de su naturaleza material, tal y como los fenómenos cuánticos macroscópicos mantienen sus propiedades cuánticas a nivel de experimentación.

Materia y conciencia

Análogamente, las propiedades psíquicas de los animales superiores o la formación de sofisticados estados conscientes en el hombre son productos resultantes de la evolución cósmica de estructuras materiales. Las estructuras psíquicas son resonadores más finos capaces de explicitar las propiedades psíquicas de la ontología material. No sólo canalizan la actividad física de la materia, como durante miles de millones de años hizo el universo físico, sino que activan la dimensión psíquica de la materia. En este sentido, la actual neurología propone una coordinación entre las regiones del cerebro más primitivo (físico) y del moderno neocórtex, más susceptible al comportamiento psíquico.

Una explicación científica, coherente con el esquema evolutivo del cosmos, debe centrarse en el paradigma emergentista para poder explicar todas las propiedades psíquicas de los animales superiores, irreducibles a meras conexiones de corte mecano-clásico. Así, sobre aún leves pero prometedores resultados neurológicos experimentales, la neurología cuántica tantea la posibilidad de comprender cuánticamente el cerebro, en la línea vanguardista de los modelos de Bohm y Penrose. La física de microtúbulos y las sinapsis cuánticas (uniones gap) ofrecen nuevas posibilidades para entender el enigma de la conciencia.

Manuel Béjar es miembro de la Cátedra CTR


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Lunes 09 Febrero 2009
Manuel Béjar 

La religión es un eficaz regulador del comportamiento humano

La religión es un eficaz regulador del comportamiento humano

Ochenta años de investigaciones confirman que los individuos religiosos son más persistentes y más eficientes en la consecución de los objetivos

Las personas religiosas tienen mayor capacidad de autocontrol que las no religiosas, señalan los resultados de la revisión de las investigaciones realizadas a este respecto en los últimos ochenta años. Así, se ha descubierto, por ejemplo, que ciertos rituales religiosos –como la oración o la meditación- afectan a partes de la corteza del cerebro humano que resultan claves en la autorregulación y el autocontrol. Por otro lado, las religiones contribuyen al autocontrol porque proporcionan a los individuos modelos claros de comportamiento. Esta autorregulación permite que los individuos religiosos sean más persistentes y más eficientes en la consecución de los objetivos que para ellos resultan “sagrados”. Una vez conocido el mecanismo, según los científicos, éste puede ser “copiado” por cualquier individuo para implementar cualquier resultado. Por Yaiza Martínez.



La religión es un eficaz regulador del comportamiento humano
Un estudio reciente realizado por especialistas de la Universidad de Miami, en Estados Unidos, señala que las personas religiosas tienen mayor capacidad de autocontrol que las no religiosas. 

La presente investigación ha sido dirigida por el profesor de psicología de dicha universidad Michael McCullough, que lleva años estudiando la relación entre la religión y la psicología del ser humano.

McCullough es autor de diversos libros al respecto, como The Psichology of Gratitude o Handbook of Religion and Health.

Según declaraciones del investigador para The New York Times, sus motivos para el estudio de la religión no son religiosos sino profesionales, y surgen del deseo de comprender el porqué de las religiones y de que éstas parezcan ayudar a tanta gente.

Persistencia y eficacia

Investigaciones realizadas en distintas partes del mundo han demostrado que las personas más devotas tienden a tener un mejor rendimiento escolar, a vivir durante más tiempo y, en general, a ser más felices, asegura McCullough.

Ahora, la revisión por parte del investigador y de su colaborador, Brian Willoughby, de estudios realizados en las últimas ocho décadas ha permitido concluir que la fe religiosa y la devoción fomentan, además, el autocontrol.

Según escriben los científicos en un artículo publicado en el Psychology Bulletin de la American Psychological Association (APA), los resultados obtenidos señalan que la gente religiosa, en general, es más persistente y capaz de alcanzar aquellos objetivos a largo plazo importantes para ellos y para sus grupos religiosos.

Este hecho podría ayudar a explicar porqué las personas religiosas tienden a presentar tasas más bajas de abuso de sustancias, mejor rendimiento académico, niveles más bajos de delincuencia, mejores hábitos de salud, menos depresión y una mayor esperanza de vida.

Religiosidad en todo el mundo

Para el estudio, McCullough y Willoughby evaluaron investigaciones sobre la religión realizadas en los últimos ochenta años, con personas de todas partes del mundo.

Así, se obtuvieron evidencias en diversos campos (como las ciencias sociales, la neurociencia, la economía, la psicología y la sociología) de que las creencias religiosas y sus prácticas hacen que la gente ejerza un mayor autocontrol y regule de manera más eficiente sus actitudes y emociones, con la finalidad de conseguir objetivos para ellos valiosos.

Según McCullough, la importancia del autocontrol y de la autorregulación para la comprensión del comportamiento humano es bien conocida por los sociólogos, pero la posibilidad de que exista un vínculo entre la religiosidad y ese autocontrol no ha recibido aún una atención explícita.

Los científicos insisten en que el presente estudio proporciona evidencias muy claras de que la religión está positivamente relacionada con el autocontrol y con otras características como la amabilidad o la rectitud, consideradas por muchos teóricos los sustratos básicos de la capacidad de autocontrolarse.

La fuerza de los objetivos “sagrados”

Algunas de las conclusiones más importantes derivadas del análisis de resultados señalan, por ejemplo, que los rituales religiosos –como la oración o la meditación- afectarían a partes de la corteza del cerebro humano que resultan claves en la autorregulación y el autocontrol.

Otros estudios sugieren, además, que las imágenes religiosas y la lectura de los libros sagrados potenciarían funciones auto-reguladoras similares.

Por otro lado, se ha detectado que cuando la gente cree que sus objetivos son “sagrados”, emplea más energía y esfuerzo en alcanzar dichos objetivos, por lo que actúan de forma centrada, y finalmente son más efectivos en sus logros.

Además, los estilos de vida religiosos contribuyen al autocontrol porque proporcionan a los individuos modelos claros de comportamiento. La gente está así más atenta a lo que hace, e incluso puede sentir que Dios vigila su forma de actuar.

Estos modelos de comportamiento varían entre unas religiones y otras, pero algunos valores específicos resultan de gran importancia para diversas religiones, como la judía, la cristiana o la musulmana. En todos estos casos, se valora más las relaciones sociales positivas y la armonía social que el individualismo y el hedonismo, que requieren menor autocontrol.

Autocontrol secular

La revisión de las investigaciones sobre religión y autocontrol realizada por McCullough contribuye además a comprender mejor cómo la misma fuerza social que motiva actos de caridad y generosidad puede también provocar que la gente llegue incluso a llevar bombas pegadas al cuerpo para hacerlas estallar en sitios públicos.

Según los investigadores, si se piensa que la religión ayuda a controlar los impulsos personales para servir a objetivos mayores, se comprende que pueda motivar a los individuos a hacer cualquier cosa, positiva o negativa.

Desde una perspectiva más optimista, en The New York Times McCullough recomienda, para cualquiera que desee aumentar su autocontrol, copiar algunos de los mecanismos religiosos que lo posibilitan, como la meditación o la vinculación a organizaciones con grandes ideales.

Las personas religiosas, afirma, se autocontrolan más no sólo por el miedo al juicio de Dios, sino porque están absorbidas por ideales de sus religiones respectivas, que han ido incorporando a sus propios sistemas de valores.

Estos ideales les dan a sus objetivos personales un aura de sacralidad que garantiza su dedicación y persistencia. A cualquier persona, encontrar sus propios “valores sagrados”, aunque no sean religiosos, podría ayudarle en el mismo sentido.


tendencias21.net

Miércoles 14 Enero 2009
Yaiza Martínez

La religión interpreta al mundo y transforma la conciencia

La religión interpreta al mundo y transforma la conciencia

Ken Wilber analiza en un reciente artículo las dos facetas de la religión

Ken Wilber, famoso pensador norteamericano autor de libros como “Los tres ojos del conocimiento” o “Cuestiones cuánticas”, hace una reflexión en la revista EnlightenNext acerca de las dos facetas de la religión. Una primera faceta, la interpretativa, es la que permite al “yo” separado otorgar sentido al mundo. Una segunda faceta, la transformadora, es la que origina una verdadera transformación de la conciencia en los individuos. Ambas aproximaciones a la espiritualidad deben combinarse para legitimar el mundo, y también para desafiar nuestras propias legitimaciones. Por Yaiza Martínez.


La religión interpreta al mundo y transforma la conciencia
El famoso escritor y pensador Ken Wilber, autor de libros tan conocidos como “La conciencia sin fronteras”, ha escrito recientemente en la revista EnlightenNext un artículo, en el que reflexiona sobre las dos facetas de la religión.

Según Wilber, la religión tiene dos funciones muy importantes, aunque también muy diferentes entre sí. Por un lado, la religión actúa como un medio de creación de sentido para el “yo” separado: mitos, relatos, rituales y otros elementos de las religiones nos sirven como consuelo, dan sentido a nuestra existencia, y nos ayudan a resistir los altibajos del destino.

Sin embargo, esta faceta de la religión, señala el autor, no cambia el nivel de conciencia de las personas. Es la segunda función, la función “transformadora” de la religión, la que produce una liberación y una transformación radicales de la conciencia, escribe Wilber.

Interpretación y transformación

La primera función de las religiones sería, por tanto, una especie de “movimiento horizontal” (creación de sentido para el yo), mientras que la segunda sería una suerte de “movimiento vertical”, un movimiento que puede percibirse hacia lo “alto” o hacia las “profundidades” de la conciencia.

A la primera faceta de las religiones Wilber la denomina “interpretación” y, a la segunda faceta, “transformación”. Con la interpretación, el “yo” aprende a percibir y a pensar de una manera determinada la realidad.

Con la transformación, en cambio, el “yo” es examinado, cuestionado e incluso se hace desaparecer para que el individuo alcance una nueva autenticidad.

Ambas funciones de la religión son igualmente indispensables, escribe Wilber. Por su parte, la faceta de la interpretación otorga integridad y seguridad al yo, un sentido para el mundo. Pero, señala el autor, en algún punto del proceso de maduración del individuo esta interpretación deja de funcionar, y ya no ofrece consuelo.

En ese momento, las creencias, los paradigmas, los mitos y las ideas dejan de servirnos, y la trascendencia del “yo” se convierte en el único camino posible. Empieza entonces la búsqueda de la segunda función de la religión, búsqueda que ha sido culminada por muy pocos individuos a lo largo de la historia.

Espiritualidad revolucionaria

Wilber describe la espiritualidad transformadora señalando que ésta no busca legitimar ninguna visión del mundo sino proporcionar verdadera autenticidad. Para ello, cuestiona todo aquello que el mundo entiende como legítimo. Esta espiritualidad sería, por tanto, revolucionaria por naturaleza.

La espiritualidad transformadora, por otro lado, ha sido y es seguida por un número verdaderamente pequeño de personas. El resto de la población religiosa se encuentra implicada en la primera faceta de la religión, la faceta de la interpretación, caracterizada por prácticas mágicas, creencias míticas, oraciones, rituales, etc.

Según Wilber, esto se debe a que la verdadera espiritualidad transformadora es y ha sido extremadamente rara en cualquier momento de la historia, y en cualquier lugar del mundo. Sólo personajes como Padmasambhava, Santa Teresa de Jesús o Maimónides la han llegado a experimentar y a expresar.

El aspecto transformador –raro y revolucionario- de la religión es asimismo difícilmente trasladable a otros, es decir, que aunque cualquier individuo llegue a vivenciar esa segunda faceta de la religión, difícilmente podrá hacer entender a otros de qué se trata y, en su intento, habrá de acudir a la faceta religiosa de la “interpretación”.

Combinación espiritual

Por tanto, aunque seamos críticos con las religiones meramente “interpretativas”, escribe Wilber, hay que darse cuenta de que es necesaria una aproximación integral a la espiritualidad humana, que combine lo mejor de la faceta horizontal y de la vertical, lo interpretativo y lo transformador, lo legitimado y lo auténtico.

Wilber señala la importancia de, en ese camino, no caer en el error de creer como tales “ofertas” espirituales transformadoras, que en realidad son sólo interpretativas.

Expresiones como “nuevo paradigma que cambiará el mundo” y “gran transformación”, que aparentemente ofrecen medios efectivos de desmantelamiento del yo para encontrar su autenticidad, en realidad son nuevas formas religiosas interpretativas, advierte Wilber.

Según él, la faceta transformadora de la religión siempre conlleva y reclama una deuda al que la practica: se debe permitir que penetre hasta el interior del individuo, y que desde él se extienda alrededor de cada uno.

Este camino de expansión se hace desde la autenticidad, no desde esa profunda hipocresía que se esconde en el juego de tomar una nueva interpretación, y llamarla “gran transformación”, advierte Wilber.


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Jueves 18 Diciembre 2008
Yaiza Martínez

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