¿Qué es el Tribunal de Cristo?”

Pregunta: “¿Qué es el Tribunal de Cristo?”

Respuesta: Romanos 14:10-12 dice, “… Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo….. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.” 2 Corintios 5:10 nos dice, “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” En el contexto de ambas Escrituras, está claro que se refieren a cristianos, no incrédulos. El Tribunal de Cristo no determina la salvación; esa fue determinada por el sacrificio de Cristo a nuestro favor (1 Juan 2:2), y nuestra fe en Él (Juan 3:16). Todos nuestros pecados están perdonados y nunca seremos condenados por ellos (Romanos 8:1). No debemos mirar el Tribunal de Cristo como el juicio de Dios a nuestros pecados, sino más bien como la recompensa de Dios por nuestras vidas. Si, como dicen las Escrituras, tendremos que dar cuenta de nuestras vidas. Parte de esto seguramente será responder por los pecados que cometimos. Sin embargo, ese no va a ser el principal enfoque en el Tribunal de Cristo.

En el Tribunal de Cristo, los creyentes son recompensados en base a cuán fielmente sirvieron a Cristo (1 Corintios 9:4-27; 2 Timoteo 2:5). Las cosas por las que creo que seremos juzgados serán; qué tan bien obedecimos a la Gran Comisión (Mateo 28:18-20), qué tan victoriosos fuimos sobre el pecado (Romanos 6:1-4), qué tanto controlamos nuestra lengua (Santiago 3:1-9), etc. La Biblia habla de creyentes recibiendo coronas por diferentes cosas, basadas en cuán fielmente sirvieron a Cristo (1 Corintios 9:4-27; 2 Timoteo 2:5). Las diferentes coronas son descritas en 2 Timoteo 2:5; 2 Timoteo 4:8; Santiago 1:12; 1 Pedro 5:4 y Apocalipsis 2:10. Santiago 1:12 es un buen resumen de cómo debemos pensar acerca del Tribunal de Cristo, “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

gotquestions.org

Ceferino Namuncurá. Parte II

Ceferino Namuncurá. Parte II

A Ceferino,le tocó vivir tiempos muy dificiles luego de que los indios fueron derrotados por los soldados y sus tierras erradicadas. En sus notas, se vislumbra la piedad religiosa, donde cita su veneración por María.Lamentablemente, esto es algo nada extraño dentro de los círculos católico romanos.

El vivió «angustias en carne propia, al lado de su padre viejo y humillado. Por eso en 1897, cuando todavía estaban en Chimpay, Ceferino “lagrimeaba al ver la miserable condición de los indios … ante el apremio del padre imposibilitado de aliviar los necesidades de su gente hambrienta”, y entonces dijo a su padre:

“Papá, ¡cómo nos encontramos después de haber sido dueños de esta tierra! Ahora nos encontramos sin amparo. ¿Por qué no me llevas a Buenos Aires a estudiar? … Y yo podré estudiar y ser un día útil a mi raza .[0]

Tiempo después, el día que llegó a Buenos Aires y un grupo de indígenas fue a recibirlo a la estación de tren, Ceferino les dijo con contundencia: “Vengo a estudiar para bien de los de mi raza” »[1]

Esta actitud solidaria y generosa nunca desapareció del corazón de Ceferino. Varios testimonios resaltan el afecto que le tenía a su padre y a su familia: 

“Lo que varias veces llamó mi atención fue el cariño tan especial que demostraba a su anciano padre” [2].

“¡Cuánto amaba a su querido y anciano padre, a su buena madre, hermanos y hermanas y a toda la gente de su tribu!”[3]
En una carta, le dice a su padre Manuel: 
“Quisiera en estos momentos encontrarme a su lado y manifestarle el deseo de mi corazón … Yo nunca me olvido de usted y familia … Recuerdos a toda la familia
 (carta del 22108/1904). 

A Mons. Cagliero Ie agradece porque “me quiere a mí, a mis parientes y a toda la gente de mi tribu” (carta del 26/08/1903).

Cuando su padre le mandaba buenas noticias de la familia, le respondía: “Me causó un inmenso júbilo y alegría saber que todos están bien de salud”  (carta a su padre, del 2710417905). 

¿Quién era la madre de Ceferino? Esta es otra herida en el corazón del indiecito bueno. Se llamaba Rosario Burgos. Los testimonios indican que era una indígena o mestiza chilena y que Manuel Namuncurá la había raptado en un malón en 1879, cuando ella tenía unos 18 años. Pero luego Manuel tomó otra esposa más joven con la cual se casó en 1900. Su hijo Aníbal cuenta que “una vez que el cacique Manuel se casó ante el civil y ante la Iglesia con doña Ignacia, entonces doña Rosario pasó a la tribu de Yanquetruz … Allí se casó con un tal Francisco Coliqueo y con él se fue a Comallo”[4]

«En el corazón de Ceferino se mezclaban el cariño y la admiración que sentía por su padre, y el dolor que le habrá provocado pensar en su madre abandonada por otra mujer y errante con otro hombre.

Poco antes de morir le manda a su madre una tarjeta postal. De un lado le dice: “A mi querida mamá Rosario … ¡Felicidad!. Del otro lado le habla de su “amor, cariño y gratitud”, y le pide a Dios y a la Virgen que “le concedan felicidad’. Dos veces le desea “felicidad” a esa madre que había llevado una vida tan sufrida, como esperando que al menos en sus últimos años gozara de un poco de consuelo.»[5]

Pero la idolatría hacia su persona no tiene nada que ver con política,ni con la crisis de los indios, ni siquiera con la figura de este joven piadoso indígena, sino con la falta de conocimientos bíblicos, y los dogmas de las religiones de los  hombres.

«Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, más no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen mas no oyen, tienen narices, mas no huelen, manos tienen, mas no palpan. Semejantes a ellos son los que los hacen y cualquiera que confia en ellos».(Sal.115)

«Todo hombre se ha infatuado, y no tiene ciencia; se averguenza todo artífice de su escultura, porque mentira es su idolo, no tiene espíritu» (Jer. 51:17)

Todo estas prácticas paganas, se iniciaron en Roma en el siglo cuarto, y no tienen nada de cristianas.Roma ya era pagana en los tiempos del Señor Jesús.

«Con el desarrollo de la preponderancia militar y sus consecuentes contactos con la civilización griega, se produjo una fusión de deidades bajo la influencia dominante del panteón griego. Júpiter, el dios del cielo, se identificó con el Zeus griego; Juno, su esposa, con Hera; Neptuno, el dios del mar, con Poseidón; Plutón, el dios de los infiernos, con Hades, etcétera. Toda la lista de las deidades homéricas se fusionó con sus similares romanas. Gobernando Augusto se erigieron nuevos templos y se establecieron nuevas clases de sacerdotes. Había muchos adoradores fieles a los antiguos dioses, romanos o griegos, a los que rendían homenaje.
La adoración de los dioses griegos había empezado a declinar en el tiempo que apareció Cristo. Sus vulgares inmoralidades e insignificantes riñas, que los presentaban como hombres y mujeres superiores nada más, los exponían a la burla de los satíricos y al escarnio de los filósofos. Platón, más de tres siglos antes de Cristo, había afirmado que las historias de los dioses deberían excluirse del Estado ideal porque tendían a corromper a la juventud con sus males ejemplos. Los sabios filósofos no dejaron lugar para los dioses en el cuadro de cosas que idearon, y notoriamente los convirtieron en objeto de burla. No cabe duda que todavía quedaban muchos devotos adoradores de esas deidades, pero su número, más que crecer, decrecía.»[6]

La idolatría en la Iglesia Católica Romana

Si el creyente, le reza a Ceferino Namuncura, al gauchito Giles, a la difunta Correa,a San Expedito o a María, la madre del Señor , es idolatría.

Asi lo  explica el filósofo argentino Ladislao Vadas, desde un correcto punto  de vista antropológico.

«…pero si el creyente reza a la Virgen y a los santos de toda laya, en lugar de dirigirse directamente al Dios Unico, se convierte en un politeísta en la práctica, aunque en teoria la iglesia sostenga lo contario. El catolicismo es un politeísmo perfecto en la práctica,porque se adora y se reza al dios Padre, al dios Hijo, al dios Espíritu Santo, a la diosa Virgen María y a todos los santos cual diositos menores, y nadie me puede contradecir es este aspecto de las creencias desde el punto de vista antropológico.»[7]

Escrito esta en la palabra de Dios.

“Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.” (Tito 1:13-14)

“Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.” (Tito 2:15)

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2° Tim. 4:1-5)

continúa…

Notas.

0.Confidencia del primo de Ceferino y secretario de su padre, llamado Juan Coñuel, al padre Pagliere: Testimonios, serie primera, p. 90., citado en http://www.curas.com.ar/Documentos/Ceferino.htm

1 Ibidem

2. Testimonios, serie primera, p. 52.,Ibidem

3. Testimonios, serie segunda, pp. 20ss.,Ibidem

4. Testimonios, serie segunda, p. 92.,Ibidem

5. Ibid

6. Merril C.Tenney,  “Nuestro Nuevo Testamento“,ed. Portavoz, p.89,USA 1989.

7.Ladislao Vadas , ¿Dios creo al hombre o el hombre creó a Dios?, editorial reflexiones, Buenos Aires,p.143-144

DETECTAR INTELIGENCIA

DETECTAR INTELIGENCIA

En el  artículo anterior razonamos que:

La INTELIGENCIA es algo que no podemos ver ni tocar ni explorar directamente, pero que sabemos que “está ahí” y que “existe” porque lo detectamos de forma INDIRECTA y lo que compartimos de forma INTERSUBJETIVA.

Es una capacidad compleja que la podemos desglosar en muchos constructos teóricos según lo operativos que deseemos ser al valorarla, pero que globalmente lo DEFINIMOS como”la capacidad de adquirir conocimiento o entendimiento y de utilizarlo en situaciones novedosas” “Es una capacidad de adquirir una información de la realidad con el FIN de ADAPTARSE a esta realidad“.

Las definiciones que usamos son una descripción INDIRECTA en base a lo que OBSERVAMOS en los resultados y hechos resultado del constructo teórico Inteligencia, al cual sólo tenemos acceso directo de una forma subjetiva que compartimos con los demás.

Esta definición la podemos concretar de forma más operativa para MEDIR la inteligencia. Lo hacemos según el éxito en superar situaciones específicas y novedosas por permitirnos la capacidad de adaptarnos al ambiente, según la información recibida y en función de un FIN que nos proponemos.

Si la inteligencia la reducimos a los dos componentes, indirecto (FIN) e directo (adaptarse), YA tenemos un factor claramente en la naturaleza de esos dos: la ADAPTACIÓN evolutiva y las FINALIDADES que podemos inferir y que incluso se ve en los mecanismos materiales más básicos.

La ciencia , como ya hemos discutido en otros puntos, presupone que existe un orden natural y busca leyes constantes, aunque sea en forma probabilística. Es un presupuesto que no se discute, pero que se refuerza por el mismo avance de la ciencia. Si no existiera ese orden natural inteligible, la ciencia no sería posible.

En el universo vemos seres que se proponen fines de forma consciente como los seres humanos. Los animales también buscan fines, pero sin “teorizar” sobre ellos o sin tener consciencia de ellos.. Las plantas tienen una coordinación dirigida a determinados objetivos buenos para el organismo y para la especie con el fin de sobrevivir.

La existencia de la finalidad en todos los seres vivos es más que evidente, e incluso los anti-finalistas como Monod (“el azar y la necesidad”) reintroducen el concepto con nombres como “teleonomía”. No lo pueden negar, aunque luego tengan que reinterpretarlo como una “aparciencia”.

Los seres vivos conforme aumentan en complejidad, están constituidos una cantidad astronómica de células, con funciones diversas, pero que se coordinan de forma armoniosa para conseguir mantener un cuerpo con vida durante años. Lo consiguen de forma asombrosa a pesar de las agresiones del medio.

La célula inicial de la que precedemos cada uno, el zigoto, tiene la información, las instrucciones para que se desarrollara nuestro cuerpo. Parece que es el ADN el que integra toda esa información, pero no está solo sino que pertenece a un medio celular que a su vez es una compleja maquinaria que se integra para mantenerse en funcionamiento ¿Tienen inteligencia ese ADN para conseguir producir esos resultados tan desproporcionados? ¿Tienen inteligencia esas estructuras en las que se integran todos esos procesos que darán lugar al organismo plenamente desarrollado y lo mantendrán con vida?

Seguramente la mayoría estaremos de acuerdo en que el ADN no sabe nada ni le podemos atribuir directamente inteligencia. Pero ese ADN actúa como si supiera muchísimas cosas y extraordinaria complejidad, que ni sospechábamos hace pocos años.

Hay muchos ejemplos y cuanto más progresa la ciencia más asombroso resulta ese orden natural y nuestra capacidad para avanzar en su conocimiento. Ese orden natural que descubrimos está ahí sin que se deba a nosotros porque , al fin y al cabo, nosotros sólo podemos “crear” en base a un orden natural que ya estaba allí.

De forma análoga a la forma en que inferíamos indirectamente inteligencia, la podemos inferir del mundo natural. Vemos extraordinarios mecanismos que se ordenan a fines y que podemos entender. Esa inteligencia que vemos en el mundo material difícilmente la atribuiremos directamente a la propia materia y de esa reflexión podemos legítimamente inferir una Inteligencia subyacente al Universo material y que ha sido condición de su configuración. Es el tipo de plantemiento que plantee en mi posicionamiento acerca del argumento del diseño. Este planteamiento es el que nos sirve de base para conocer racionalmente a Dios , en virtud de la finalidad natural que observamos en el Universo y que no podemos atribuir a agentes que claramente no poseen inteligencia ni capacidad de conocer.

Respuesta a un ateo que en un diálogo pone en duda las finalidades en lo natural:

Finalidades en los seres vivos:

-El corazón tiene la finalidad de bombear sangre.

-El intestino la finalidad de digerir y absorber nutrientes.

-El riñon de eliminar tóxicos por la orina.

-El pulmón de intercambiar O2 y CO2 con el ambiente. etc,etc,etc.

…todo eso con el propósito de que el organismo funicione y sobreviva el máximo que permitan sus posibilidades.

-Y además las gónadas con el propósito para que se reproduzca y sobreviva la especie.

Conclusión:

Infinidad de recursos biológicos se autoorganizan y colaboran para conseguir un fin común.

¿Te parecen poco evidentes las finalidades de toda las maquinarias vivas o necesitas pruebas extraordinarias?…o piensas que todo esto es sólo errático…o sólo un antropomorfismo.

¿¿Piensas que el que tú seas un organismo que tiene la finalidad de demostrar que no hay finalidad es una pura descripción?? ¿Un antropomorfismo?

O necesitas pruebas para ver que la evolución es una maquinaria complejísima y flexible con una capacidad de autoorganización de la materia progresiva y con la finalidad de generar seres vivos que buscan sobrevivir y reproducirse. 

¿O realmente crees que todo eso es “errático”, sin finalidad?

Las mutaciónes al azar son erráticas, la presión ambiental es errática.

A partir de esto se produce la selección. El problema es que con esto no has explicado el fenómeno. La presión ambiental y las mutaciones se producen sobre la propia fuerza evolutiva que hay que explicar. 

La capacidad autoorganizadora de la materia hacia lo biológico. Desde tu óptica reduccionista materialista ni te das cuenta de ello.

Fuente: http://deismo.iespana.es/detectarinteligencia.htm

INTELIGENCIA

INTELIGENCIA

En el argumento del diseño se usa el término Inteligencia y durante las discusiones con ateos/agnósticos que intentan poner objeciones ellos hablan también de inteligencia y de diseñoides.

Diseño:

sería aquello que efectivamente debe su configuración a una inteligencia y

Diseñoide:

sería aquello que aparenta diseño, pero sabemos que no se debe a una inteligencia.

Algunos de ellos asumen que inferir inteligencia no se puede hacer si no sabemos efectivamente, porque lo hemos visto, que algo está diseñado. Niegan la posibilidad de una teoría del diseño inteligente entendida en general, es decir, que a partir de unos RASGOS que podemas detectar en cualquier ente o proceso NO creen que sea posible inferir una inteligencia.

LO curioso de todas estas conversaciones es que todos parecemos tener claro QUÉ ES INTELIGENCIA. Y parece que tenemos claro cómo valorar si algo ha sido diseñado o no. Los que atacan el D.I., al decir que sólo podemos saber si algo está diseñado si se ha visto diseñar por alguien, asumen que si les presentan algo que nunca han visto diseñar, pueden inferir que ha sido diseñado porque tiene muchas “similitudes estructurales” con algo que han visto diseñar. En realidad están ya inconscientemente dentro del marco mental del D.I., pero sólo con una DIFERENCIA CUANTITATIVA en cuanto a la posibilidad de inferencia. Digamos que son más estrictos. El problema viene cuando tenemos que definir de forma operativa el concepto de “similitudes estructurales”…

Centrándonos en la Inteligencia propiamente dicha, resulta que es un constructo teórico que inferimos a partir de la observación de datos producidos por el ser humano. En realidad, los psicólogos YA están en el marco del D.I. en cuanto que infieren Inteligencia a partir de datos que observamos…conductas verbales, motoras, etc.

Nos encontramos pues, con una abstracción teórica y constructo hipotético que nos resulta útil. Pero, ¿existe realmente? La mayoría diremos que sí. Claro que existe la inteligencia. Subjetivamente la experimentamos como evidente….pero algunos ponen en duda que responda a algo real…La confusión radica en la misma naturaleza de la ciencia, que pretende ser lo más objetiva posible, lo que parece que genera confusión en algunos. Es curioso que los que dicen que estos “constructos teóricos” o “hipotéticos” (inteligencia,mente,etc) pueden no coincidir con algo real, sean después los que aseguran que todo lo construimos con nuestra mente. En realidad, para ellos lo MÁS REAL tendría que ser lo mental…

Dejando claro que el tema tiene su complicación, parece disparatado discutir la realidad de lo mental, aunque no conozcamos su naturaleza (o sólo superficialmente) y las definiciones y desarrollos no sean todo lo precisos que desearíamos…En realidad, eso pasa en muchas ciencias, como por ejemplo con la polémica acerca de la selección natural en biología y el concepto de refuerzo en conducta humana (el refuerzo es lo que hace que sea más frecuente una conducta y…¿qué es lo que hace más frecuente una conducta?…el refuerzo).

Cómo definimos INTELIGENCIA. Definiciones de expertos:

-Stern

“capacidad de ADAPTAR el pensamiento a las necesidades del momento presente”.

-Köhler y Koffka

“capacidad especial para ADQUIRIR conocimientos nuevos”.

-Weschler

“capacidad conjunta o global del individuo para actuar con una FINALIDAD , pensar racionalmemte y para relacionarse de manera efectiva con el ambiente.”

De entrada, las definiciones son algo DIFUSAS e incluyen otros térmimos que a su vez habría que definir, pero de entrada pueden ser primeras aproximaciones útiles.

De estas definiciones y otras que se exponen en los libros de psicología destaco varias palabras clave:

1º ADAPTAR, ADQUIRIR, FINALIDAD.

2º CAPACIDAD, PENSAMIENTO, CONOCIMIENTOS, GLOBAL, RACIONALMENTE.

Por una parte definen inteligencia primero por conductas observables (pero hasta cierto punto que se pueden interpretar) y por otra parte con nominalizaciones (parece que hablas de una cosa cuando hablas de un proceso) que no son más que OTROS CONSTRUCTOS TEÓRICOS O HIPOTÉTICOS como lo son las palabras “pensamiento” o “racional”.

En realidad, la inteligencia no se estudia como tal en Psicología científica. Los CONSTRUCTOS TEÓRICOS que usan son: aprendizaje, atención, percepción, memoria, pensamiento (categorización, resolución de problemas e razonamiento deductivo e inductivo) ,lenguaje, conocimiento (representación mental), motivación y emoción.

Estos constructos son procesos que se pueden distinguir en nuestra mente y que están INTERRELACIONADOS. A pesar de que se perciben con cierta autonomía, no se dan aislados los unos de los otros.

Entonces, ¿qué es INTELIGENCIA?

Una definición más operativa es “la capacidad de adquirir conocimiento o entendimiento y de utilizarlo en situaciones novedosas”. Esta definición permite que podemas MEDIR la inteligencia según el éxito en superar situaciones específicas y novedosas. Es la capacidad de adaptarse al ambiente, según la información que recibes, en función de un FIN que nos proponemos.

Como se puede ver, los constructos citados antes, están todos relacionados con la inteligencia en mayor o menos medida. Pensamiento, memoria, aprendizaje y lenguaje son el conjunto más directamente relacionados y los tests de medida de inteligencia suelen medir aspectos relacionados con esos constructos: capacidad verbal, numérica, espacial,…

Pero, está claro que los otros constructos, atención, motivación y emoción, son muy importantes, hasta el punto que últimamente se usa mucho el término “inteligencia emocional”.

Por todo eso podemos decir que, en realidad, la INTELIGENCIA es una CAPACIDAD GLOBAL que sería un factor común de muchas aptitudes diferenciadas. En realidad, la medida cuantitativa suele inferirse a partir de medir habilidades valoradas independiente o resolución de problemas que combinan varias de esas habilidades.

En realidad, el tema es complejo y a pesar de que todas las definiciones tienen un fondo común, hay diferentes opiniones y matices según se enfoquen a la capacidad biológica de adaptación, cuestiones psicométricas que permitan diferenciar a los individuos o a criterios operacionales de solución de problemas específicos.

Fijémonos, que la inteligencia NO la medimos directamente, sino INDIRECTAMENTE a través de sus manifestaciones EXTERNAS en cuanto a su capacidad de ADAPTARSE a un FIN. Y si nos fijamos, eso es lo que se pretende al analizar la realidad o la naturaleza para INFERIR DISEÑO. Lo pretendemos hacer a través de manifestaciónes INDIRECTAS. En el caso de inferir diseño esa medida sería MÁS INDIRECTA. Es decir, el D.I sería inferir inteligencia de no directamente de la fuente inteligente, sino a partir de los RASTROS O RASGOS que ha dejado en aquello que produce.
Hablamos en general, tanto si nos referimos al tema que nos ocupa de Dios o a inteligencia de otros seres humanos o de posible inteligencia extraterrestre (SETI)

Ahora bien, cuando hablamos de INTELIGENCIA, ¿nos referimos sólo a esto de lo que hemos estado hablando?

Sí, pero también a algo más.
Prestemos atención a que la inteligencia la podemos reducir a unas pocas palabras clave:

capacidad-finalidad-adaptarse-ambiente.

Tenemos unos aspectos que inferimos indirectamente y que son internos ( capacidad de dirigirse hacia un fin, propósito ) y unos resultados que captamos directamente que son externos, conductuales ( adaptarse al ambiente).

Al hablar de la inteligencia humana hay un factor más añadido a todos los anteriores y que le da cohesión, es el “Yo”, la sensación de unidad psíquica y la identidad. Es lo que sirve de base para la CONSCIENCIA, es decir, el darse cuenta de que piensas.Podemos decir que todos los procesos y rasgos que caracterizan a la inteligencia humana se unifican gracias a la CONSCIENCIA.
Pensamos y nos damos cuenta que pensamos.

Podemos expresar elementos matemáticos simbólicos, estéticos, artísticos, religiosos, etc y a la vez podemos reflexionar acerca de esto, podemos auto-observar nuestros propios procesos mentales gracias a lo que llamamos CONSCIENCIA.

Estos aspectos más internos los conocemos a veces indirectamente por manifestaciones externas , pero a veces por una percepción subjetiva que compartimos (INTERSUBJETIVA). Por ejemplo: los sueños de los demás no los vemos directamente, sólo medimos fases REM cerebrales. Sabemos que existen los sueños, tal como los vivimos, porque los compartimos todos INTERSUBJETIVAMENTE. Nadie pone en duda que soñamos, pero no lo demostramos directamente. De hecho,de los otros mamíferos podemos inferir indirectamente que algo pasa en sus mentes cuando duermen en base a analogías de lo que nos pasa a nosotros, pero no tenemos ni certeza directa ni indirecta porque no nos lo explican y no podemos compartir intersubjetivamente con ellos la experiencia.

CONCLUSIÓN:

La inteligencia es algo que no podemos ver ni tocar ni explorar directamente, pero que sabemos que “está ahí” y que “existe” porque lo detectamos de forma INDIRECTA y lo que compartimos de forma INTERSUBJETIVA.

Es una capacidad compleja que la podemos desglosar en muchos apartados según lo operativos que deseemos ser, pero que globalmente lo definimos como capacidad de procesar una información del ambiente con el FIN de ADAPTARSE a éste.

Fijemonos en que las definiciones son una descripción INDIRECTA en base a lo que OBSERVAMOS en los resultados y hechos resultado del constructo teórico Inteligencia, al cual no tenemos directo acceso a no ser que sea de forma SUBJETIVA e intersubjetiva.

Fuente: http://deismo.iespana.es/inteligencia.htm

Resuellos después de Hitler

 Resuellos después de Hitler

Presentación de la teoría crítica de la sociedad
Rubén Jaramillo Vélez
Argumentos No. 2. Bogotá, 1982

Argumentos es una serie periódica y monográfica —no propiamente una revista— fundada en 1982 y dirigida desde entonces por Rubén Jaramillo Vélez. Los cinco fascículos que han aparecido hasta el momento reflejan claramente los propósitos críticos de la publicación y el espacio espiritual en que se sitúa. Esos propósitos y ese espacio no son gratuitos: provienen ambos de la personalidad intelectual de Jaramillo Vélez, formada en el pensamiento alemán contemporáneo. Por eso su insistencia en la cultura alemana y en la dimensión crítica que la caracteriza, en especial a partir de Marx, Nietzsche y Freud. Hasta ahora Argumentos ha publicado trabajos de su director sobre Heinrich Mann, la Escuela de Francfort y Nietzsche, y textos, traducidos por el propio Jaramillo Vélez, de Karl Marx y Max Horkheimer.

Rubén Jaramillo Vélez es profesor en la Universidad Nacional de Colombia. Su formación profesional en filosofía la obtuvo inicialmente en la Universidad de los Andes. Pero fue su larga permanencia en Alemania la que le posibilitó adueñarse de unos conocimientos rigurosos en filosofía y en historia contemporánea que le permiten ofrecer al público colombiano su análisis conceptual de la cultura moderna.

Presentación de la teoría crítica de la sociedad es un ejemplo del trabajo intelectual de Jaramillo Vélez. En ella se combinan el análisis filosófico, el recurso a los procesos históricos y su claridad expositiva. La teoría que sobre la sociedad y el Estado sustenta la Escuela de Francfort, por estar tan imbricada en las características de la historia contemporánea, hace necesaria una presentación sistemática de sus tesis fundamentales para el público profano. Es lo que se ha propuesto Jaramillo Vélez sin que su claridad estilística haya sucumbido a la tentación de la frivolidad.

La primera parte de la Presentación de la teoría crítica está dedicada a los aspectos históricos de la Escuela de Francfort. En ella se ofrece la silueta de la personalidad intelectual de las principales figuras del grupo: Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse. Hace el recuento de sus inicios en Alemania y la peregrinación del grupo después del ascenso del nazismo hasta su instalación en los Estados Unidos. Como lo anota Jaramillo Vélez, “la voluntad de mantener viva la tradición humanística de la cultura y la lengua alemanas, que los nazis habían degradado, fue uno de los propósitos expresos del Instituto durante el exilio”.

Filosofía y sociedad

En la segunda parte se nos ofrece la exposición del núcleo de la teoría crítica, según sus principales creadores, y sus orígenes en el pensamiento de Marx y Engels. Se trata de una teoría que, en palabras de Jaramillo Vélez, somete “a un severo análisis la circunstancia social que caracterizaba en ese momento el mundo capitalista: la crisis”. Pero no es un análisis histórico sino conceptual. Aquella introducción de la circunstancia social de la reflexión y de su objeto, tiene los propósitos en el pensamiento de Horkheimer —verdadero fundador de la Escuela— de “escapar efectivamente al solipsismo”.

El ensayo termina con unas conclusiones, en las que se nos ofrecen los elementos de lo que podríamos llamar una “ética del intelectual” en épocas de crisis. El pensamiento de Jaramillo Vélez al respecto está enraizado —podríamos decir que es una consecuencia suya— en la teoría crítica de la sociedad expuesta en las páginas anteriores, pero también en el compromiso del escritor, cuyos lineamientos esenciales nos ofreció Sartre. Esa ética del intelectual postula como única función de éste la de promover, por medio de la crítica, el proceso emancipatorio del hombre.

Sólo quisiera agregar una anotación eminentemente formalista: quizás una voluntad exagerada de rigor o de conceder siempre la palabra a los protagonistas de la teoría crítica en aquellos aspectos fundamentales, conduce al profesor Jaramillo Vélez al recurso desmedido de las citas, hasta el punto de que muchas páginas de su ensayo producen la sensación de ser una antología de textos esenciales.

RUBÉN SIERRA

Fuente: http://www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/boletin/boleti3/bol1/resuello.htm

La imagen nazi

La imagen nazi – La propaganda totalitaria del III Reich

María Victoria Mejía Arango
Universidad de Antioquia, 1986, pág. 157.
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El tema del libro lo dice a cabalidad su título: se trata de los sistemas y formas de propaganda utilizados por el nazismo desde 1933 hasta su caída. El objetivo es estudiar la propaganda nazi apoyándose en la hipótesis de Jacques Ellul: “la propaganda, para que sea efectiva, debe ser total”, pero sin quedarse en el pasado, ya que la autora quiere simultáneamente provocar una “reflexión sobre el uso de distintas estrategias, valores, técnicas y medios que se utilizan actualmente para llegar al individuo, al grupo y la masa con ideas políticas, cívicas o religiosas, pregonadas por quienes buscan engrosar la lista de adeptos a su causa y lograr, así, un mayor poder político”.

El desenvolvimiento de la obra es tan directo como el mismo enunciado de los objetivos. En el prólogo propone la hipótesis de Ellul y, a continuación, en ocho capítulos muy breves, describe el uso de todos los medios, de los sistemas de difusión y formación, de los valores, técnicas psicológicas e instrumentos de motivación con que Hitler y Goebbels llegaron a todos los segmentos de la opinión. Todo para demostrar lo que se pretendía: que la propaganda nazi fue total. En el último capítulo saca las conclusiones, tanto para el caso histórico como para técnicas actuales.

Lo primero que impresiona en el libro de María Victoria Mejía es la cantidad de información recopilada sobre el tema, desde panfletos y volantes hasta cine, pasando por discursos, prensa, radio, carteles, todo queda consignado. Ese es, sin duda, el gran aporte. Las dudas, sin embargo, comienzan en ese mismo campo: ¿era necesario escribir un libro para comprobar que el nazismo utilizó todos los medios y técnicas de persuasión a su alcance? La ventaja que ofrece sobre otros escritos es que aquí queda todo muy bien organizado y en forma muy sintética.

Las dudas crecen a medida que se avanza en la lectura. Es evidente que la autora no quiere o no juzga necesario meterse en debates teóricos; simplemente acepta el postulado de que la propaganda es efectiva cuando es total y cuando se realiza en circunstancias sociales favorables. Esas circunstancias son, en la época de Hitler, el ansia alemana de recuperar el poderío perdido después de la primera guerra, el afán de borrar las humillaciones recibidas desde 1919, la fuerza que estaban adquiriendo las tesis antisemitas y anticomunistas y la depresión económica de los años treinta, factores que explican por qué Alemania “esperaba con ansiedad a alguien, un segundo mesías que la rescatara de la postración política y económica en que se hallaba sumida” (pág. 12).

Sucede que hoy en día esa teoría se juzga demasiado simple, por concebir que la relación entre los mensajes de los medios y los receptores actúa según la fórmula conductista de causa y efecto. Un debate en este sentido se echa de menos en el libro, y ese vacío es lo que le permite sobrevalorar el alcance de los medios y de las técnicas de oratoria hasta llevarla a aceptar sin discusión el concepto de Reimann: “el nacionalsocialismo llegó a ser grande gracias a sus oradores principales” (pág. 50), de lo cual se podría colegir que todo se reduce al dominio de unas técnicas: “Goebbels ponía en sus discursos, tristeza, emoción, énfasis, humor, ironía, sarcasmo, histeria, amenaza, según lo exigieran las circunstancias” (pág. 49). Al simplificar tanto las cosas, se le escapan datos que podían cuestionarle el postulado inicial. En la página 73 cuenta que, cuando se estimuló a los soldados para que compusieran canciones a la patria, crearon la famosa Lilii Marlene, que “contó con el rechazo de Goebbels y con la prohibición del régimen”, pese a lo cual se constituyó en una especie de himno sentimental y en un símbolo de los combatientes. Era casi elemental pensar que en ese tipo de hechos afloraba algo, una actividad de los soldados que se salía del control no sólo del poder del régimen sino de la propaganda nacionalista. Pero pensarlo implicaba tener que revisar el principio teórico sobre el cual se estaba montando la demostración.

La ambigüedad va minando el texto del libro. En la página 102 narra que la propaganda dejó de funcionar cuando comenzaron las derrotas alemanas. Para explicar esta resistencia al bombardeo persuasivo, la autora afirma que la palabra tiene que ir acompañada de la acción; si ésta falla, la primera también se derrumba. Pero páginas más adelante, en la 111, vuelve a la noción de eficacia: “a través de los mitos los nazis sustituyeron la realidad y la ajustaron a sus intereses”.

Y así llegamos, por este camino zigzagueante, al capítulo de las conclusiones, que se inicia con una pregunta: “De que la propaganda política del III Reich fue totalizadora no queda la menor duda… ¿pero fue verdaderamente efectiva?”. La respuesta parece tan obvia, que no se necesitaban escribir 154 páginas para encontrarla: los fracasos de la propaganda fueron los mismos fracasos político-militares.., la propaganda no pudo vencer las fuerzas externas que causaron la caída del III Reich. Al final del libro lo único que queda claro es que Hitler utilizó todos los medios de comunicación, todas las formas y técnicas de propaganda pero nos quedamos sin saber cómo funcionó la relación propaganda-sociedad más allá de la explicación mecánica que nos pinta a un Hitler y a un Goebbels malos y maquiavélicos que logran hipnotizar a un pueblo pasivo y manejable. Porque cuando se piensa en esta clase de fenómenos como relación entre causa y efecto se termina por polarizar así las fuerzas: el fuerte y el débil, el verdugo y la víctima, hasta que llega el vengador —los aliados—, que abre los ojos de las víctimas al derrotar al malo. Por fuera de este esquema queda todo lo que es aceptación activa de la sociedad y todas las formas de resistencia que se dieron en los años del nazismo.

MARTHA BOSSIO

¿Colombia nazi o Colombia yanqui?

¿Colombia nazi o Colombia yanqui?

Colombia nazi
Silvia Galvis y Alberto Donadío 
2ª edic., Planeta, Bogotá, 1986, 367 págs.
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Se pregunta uno si el periodismo investigativo puede abarcar el campo de la historia; si, abarcándolo, puede liberarse del lastre del “presente informativo”. Llamo “presente informativo” a un tipo de parcialidad que no es el obvio condicionamiento histórico, sino la ilusión subjetiva de que los hechos del presente pueden ser corroborados por los hechos del pasado, manifiesta, no a través de un seguimiento estructural o sincrónico de los procesos, sino, precisamente, mediante la “información” de hechos, datos, fechas, objetos-indicio. En cambio, no dudo de que el historiador es una suerte de periodista investigativo, no del pasado (que es el mito de los “hechos”), sino de los procesos verificados en una interminable red de relaciones, que es preciso delimitar para apreciar un objeto de investigación. La historia tiene que ser interesada (y yo defiendo la historia como arte), pero nunca es parcial. Es decir, el historiador parte, en principio, de unos prejuicios básicos, delimitantes y orientadores del tema; después vienen los datos del periodismo investigativo. Este reportero del pasado debe servir apenas de auxiliar al historiador, cuyos vínculos con la materia de estudio son, ante todo, pasionales; “intuitivos”, diría Croce; “fatales”, diría Spengler.

El periodista que se enfrenta a la historia corre el riesgo de ser parcial, llevado por el prurito del “hecho”, de la “prueba”, e ignorar que mostrar no es interpretar, que analizar no es concluir. El que nos ocupa es un loable trabajo investigativo, pleno de sorprendentes sondeos en archivos y documentos que ofrecen el carácter revelador de ser primicias en el campo de la historia, de haber cumplido recientemente su plazo para la apertura al público. Pero, por más sorprendentes que fueran las revelaciones, era más fácil extraer de ellas reflexiones políticas de corto vuelo que lograr ofrecer un panorama correspondiente a lo que el tema sugería.

El tema del nazismo sigue hoy teniendo un aberrante tratamiento publicitario, o bien para desprestigio de una época de nuestra historia reciente, que aún nos golpea, o bien como “gancho” para conseguir lectores morbosos: editores oficiales y piratas se disputan el mercado de Mi lucha, de los diarios de Hitler, de los bestsellers novelados y periodísticos sobre el tercer Reich, los, últimos días de Hitler y la segunda guerra mundial. El autor de esta reseña no duda en ningún momento de la seriedad del trabajo periodístico e investigativo de dos de los más prestigiosos periodistas del país, su esfuerzo por dar una visión de conjunto de los conflictos sociopolítícos de Colombia durante la segunda guerra mundial. Pero me temo que, tanto el título del libro, como el manejo forzado de algunos temas, respondieron exclusivamente a esa pasión coprófaga —y que, por supuesto, fue alentada por un periodismo internacional maniqueo de posguerra— que identifica nazismo con judíos incinerados, fosas comunes, bombardeos de película, despliegue militar y caricaturas crueles investidas de poder. ¿Por qué? Hablar de “Colombia nazi” es suponer, dentro de las circunstancias sociohistóricas de la Colombia de la segunda guerra, la asimilación de un proceso, tan complejo como europeo, que siempre fue más que ideología, más que racismo, más que realidad bélica. Realmente, en todo el libro no sólo no aparece, sino que se cuestiona a menudo, una acción directa del partido nacionalsocialista en Colombia, independiente, claro está, de casos aislados —”nazis comprobados”— o simpatías pobres que jugaban como ligeros tensores de los conflictos partidistas, y también, y esto porque fue la óptica y el blanco del libro, independiente de lo visto, estudiado, opinado y propalado por el gobierno de los Estados Unidos.

Me parece que en Colombia nazi hay más pruebas contra la política estadounidense (si tomamos el “contra” en relación con la demostración de presencia del elemento foráneo tomándose a nuestro país) que contra el nazismo. Por un lado, estamos ante el análisis, relacionado con época y problemas concretos, de la política del “buen vecino”, ya tan trajinado desde el año de aparición del libro de David Bushnell, Eduardo Santos y la política del buen vecino; por otro lado, la mayor parte de la sustentación de fuente que ofrece el libro son los archivos y documentos estadounidenses (FBI, departamento de Estado, embajada de los Estados Unidos en Colombia, archivos nacionales, etc. . .) que fueron tejiendo, durante la guerra y después de ésta, sus propias versiones acerca de las actividades del tercer Reich en América Latina y, concretamente, en Colombia: es decir, dos hilos argumentales por destacar: la denuncia de la intervención estadounidense y la denuncia de la intervención nazi, vista y construida por los estadounidenses como argumento firme para mantener y justificar la política del “buen vecino” que, en últimas, autorizaba la intervención. Veamos.

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A partir de unas cuantas menciones de nombres, cuya ilación entre sí no está comprobada, se entra en un tema de mayor extensión, cual es el de la “cacería” del FBI, siguiendo las huellas que estos nombres, supuestamente espías del Reich, van dejando, sin más importancia que unas escasas transmisiones clandestinas de informes generales. Los Estados Unidos pretextan la defensa de la zona del canal de Panamá de posibles ataques del Eje; a través del célebre embajador Braden, Estados Unidos advierte, con informes que siempre están en discusión, a Colombia sobre la amenaza nazi, pero, ante todo, y porque la amenaza, como digo, no está plenamente demostrada, sobre la necesidad de establecer un “pacto de caballeros” —en principio y finalmente clandestino, no conocido por el Congreso colombiano— que permita a las fuerzas militares estadounidenses la invasión a territorio colombiano en caso de ataque. Por supuesto, lo tocante a la invasión militar nunca es puesto en consideración en Colombia, pero se mantiene a lo largo de la guerra como una situación de hecho, situación natural, tanto más atribuible a imperativo ofensivo de la política estadounidense, cuanto que ni Santos ni López Pumarejo aceptan nunca de manera rotunda el “pacto”. Caso aparte serán la presencia y la actividad de los agentes de Estados Unidos, camuflados como “asistentes de cónsul”, el sistema de la lista negra, las sanciones económicas a simpatizantes del Eje (que en muchos casos eran más bien antiestadounidenses). Los informes enviados por los agentes de Estados Unidos, su fanatismo y paranoia en el descubrimiento de “nazis” (siempre mejor, antiestadounidenses) por gestos desprevenidos, afinidades con Alemania, etc.. , son bien aleccionadores. Como, por ejemplo, el informe de William Paley, quien, resignado a la carencia de pruebas, advierte sobre la posibilidad de una revolución pro-nazi, dadas las características de debilidad de estos gobiernos, características que parecen consistir, para él, en la cercanía del canal de Panamá. Posteriormente, la supuesta alma pro-nazi colombiana se identificará con el partido conservador y con la figura de Laureano Gómez, censurado y sometido a corrección en los Estados Unidos. De este esbozo de vigilancia estadounidense algo queda claro en el libro: es más fácil delinear la presencia yanqui, que se va expandiendo en los diferentes campos supuestamente amenazados por los nazis (caso ejemplar: el sistema de sustitución de empresas y capital alemanes declarados en fideicomiso después de Pearl Harbor, por empresas y capital estadounidenses); es más fácil, decía, dibujar semejante presencia, que confirmar las versiones de una Colombia nazi.

Respecto a ésta última, muy pocos datos son claros y éstos no son necesariamente los elaborados por los investigadores estadounidenses: el capítulo sobre espías nazis carece de incidencia verídica en el tema propuesto; baste con recordar que Schwartau y Rullhusen llegan a ser espías por la fuerza de las circunstancias económicas y no por convicción. Ninguno de ellos realiza una actividad delatora de planes específicos del Eje respecto al tercer mundo; los “saboteadores nazis” jamás entraron en acción. Nunca se comprobó el abastecimiento de combustible de submarinos alemanes en costas colombianas y queda descartada la tesis de que el hundimiento de tres goletas colombianas ocurriera dentro de “actos de guerra” nazis. Las conspiraciones difícilmente nos hacen pensar en acciones nacionalistas “nazis” más que en los rumores y tretas de los aliados para fustigar la persecución antinazí, como lo demuestra el caso del golpe en Bolivia, supuestamente atribuible a un general pronazi, por maniobras inglesas que al fin fueron desenmascaradas. Tampoco se comprobó la existencia de pistas de aterrizaje clandestinas, desde las cuales obrarían militarmente aviones alemanes; en cambio, el rumor, delatado como netamente estadounidense, prendió la polémica de la amenaza a la soberanía nacional que constituía el interés por divulgar semejante noticia. Ni el falangismo de Laureano Gómez ni el antisemitismo de López de Mesa tienen en el libro una sustentación ideológica en el nazismo, diferente de la estadística y de la coincidencia de intereses parciales, así como las presuntas revueltas de orientación nazi-fascista que encararon los gobiernos de Santos y López Pumarejo: el mismo trabajo estadístico confirma que se trataba de movimientos eclécticos —incluso con la Iglesia católica como integrante—, puestos en el contrapeso que a la oficialidad liberal hacía el partido conservador, teniendo como base la crítica a la dependencia de Estados Unidos y, su correlativo y coincidente con un elemento nazi, el nacionalismo.

Una “Colombia nazi”, donde el nazismo no asoma una faz de conjunto, pero donde la realidad de dependencia de los Estados Unidos y su opuesto, los sentimientos antiestadounidenses, conforman todo el cuadro.


OSCAR TORRES DUQUE

http://www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/boletin/boleti3/bol12/colombia.htm

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