Don de lenguas – Conceptos generales y definiciones


Don de lenguas – Conceptos generales y definiciones:

«Es una retahíla de sonidos ininteligibles pronunciados en un estado de exaltación religiosa. Los psicólogos lo llaman glosolalia y el fenómeno ha tenido una larga y variada historia. Los primeros profetas hebreos tuvieron conocimiento de que los  filisteos eran aficionados a las danzas frenéticas y a la glosolalia (I Samuel 10:5). En las antiguas Grecia y Roma, oráculos, adivinos y fieles de las religiones mistéricas gorjeaban verdaderos galimatías en sus trances de éxtasis. Los Maulawiya, o Derviches Giróvagos del sufismo Islámico, acompañan sus molinetes de éxtasis con glosolalia. Los más extremistas Rifa’iya, o Derviches Suplicantes, no sólo aúllan en “lenguas ininteligibles”, sino que además se azotan con látigos, se cortan con cuchillos, caminan sobre fuego, comen cristales y juegan con serpientes, convencidos de que Alah les protegerá. Los antropólogos han constatado la existencia de glosolalia en los ritos religiosos de muchas tribus primitivas.

[...] Respecto a Marcos 16:17, Los fundamentalistas creen que Jesús se estaba refiriendo proféticamente a los “dones” del Espíritu Santo, que fueron otorgados a los discípulos el día de la fiesta judía de Pentecostés, tal como se describe en el libro segundo de los Hechos de los Apóstoles. Se produjo primero “un ruido como el de un viento impetuoso”. Cuando “hendidas lenguas como de fuego” se posaron sobre ellos, “quedaron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas…”.

“Lenguas extrañas” no significa aquí lo que San Pablo más tarde denominará la Lengua Incógnita. Claramente se refiere a que los discípulos hablaban en lenguas que ellos no sabían. Pues los que les escuchan dicen:

Todos estos que hablan ¿no son galileos? Pues ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra propia lengua? “» (1)

Este es el relato completo de lo que sucedió aquel día

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. “(Hch. 2:1-13 RVR 1960)

Respecto a este fenónemo sucedido, «los psicólogos llaman a esto xenoglosia o xenoglosolalia. Algunos estudiosos de la Biblia interpretan este pasaje en el sentido de que los apóstoles hablaban en su lengua vernácula, pero los oyentes los entendían en las suyas propias, en la que cada cual “había nacido” -un fenómeno milagroso conocido como heteroglosia o hetereoglosolalia.

La Lengua Incógnita, un lenguaje sobrenatural sólo entendido por Dios y los ángeles, se menciona por primera vez en Corintios I de San Pablo, una carta escrita a los fieles de Corinto. En el capítulo doce hace un listado de los dones del Espíritu Santo, entre los cuales incluye el don de curar, el de hablar en “diversos géneros de lenguas”, y la capacidad de interpretar lo que dicen. En el capítulo decimocuarto exhorta a los Corintios a no abusar de la glosolalia, “Porque el que habla en lenguas habla a Dios, no a los hombres, pues nadie le entiende”. Aunque la glosolalia hace bien al que habla, Pablo llega a decir que no hace bien a los demás. Es como el que habla al aire.

He aquí cómo traduce Edgar Goodspeed un célebre pasaje de la carta de Pablo:

“Doy gracias a Dios de que hablo en éxtasis más que cualquiera de vosotros. Pero en el culto público, preferiría decir cinco palabras con sentido para instruir a otro a pronunciar diez mil palabras en éxtasis” (2). Para citar un versículo mucho más conocido, Corintios I, 13:1 (tomado de la King James Bible): “Si hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe”.

Aunque la glosolalia fue ampliamente practicada por los cristianos del siglo primero, se marchitó gradualmente excepto durante un breve revival en el siglo segundo entre los frenéticos seguidores de Montano de Frigia y de sus dos profetisas, Priscila y Maxímina. El montanismo fue un movimiento adventista centrado en el inminente advenimiento de Jesús; como quiera que el Señor faltó a su obligación de aparecer, la secta se desvaneció pronto. En el siglo cuarto San Agustín pensaba que la glosolalia fue otorgada solamente a la Iglesia primitiva, pero que este don había sido retirado por aquel entonces. Este punto de vista llegó a ser el oficial de la Iglesia Católica y de los Reformadores Protestantes. No hay ninguna evidencia de que Lutero o Calvino hayan intentado hablar en lenguas, a pesar de que la práctica emergió aquí y se reproduce en el siglo diecisiete, principalmente en Francia entre los protestantes camisards y entre los convulsionarios del movimiento jensenista católico, así como entre los oradores populacheros ingleses.

En el siglo dieciocho la glosolalia fue revitalizada por los Metodistas, y pronto floreció en el seno de una franja de sectas tales como los Cuáqueros, Shakers, Irvingistas y Mormones. Después de 1900 brotaron en Estados Unidos una variedad de iglesias de campesinos pobres y analfabetos, en las que prendió el don de lenguas y la curación por la fe. Así llegaron a constituirse las denominaciones ahora llamadas pentecostales. Hoy hay unas 35 denominaciones, la mayor de las cuales es la Asamblea de Dios. Las denominaciones pentecostales son la rama de la cristiandad que se desarrollado más rápidamente, no sólo aquí, sino a través de todo el mundo, en particular en África, Corea y América Latina.

Hacia 1960 sucedió algo asombroso. De repente la glosolalia invadió las denominaciones Católica, Episcopaliana y la principal línea Protestante. Estos hombres carismáticos, apacibles glosolalistas, la mayor parte blancos de clase media con fuertes opiniones conservadoras en política, fueron dignificados; con frecuencia se les denomina neo-pentecostales para distinguirlos de los pentecostales “clásicos”. Doctrinalmente mantienen lealtad con sus iglesias, pero variando ampliamente el espectro de sus creencias desde el fundamentalismo más duro hasta el liberalismo. Están débilmente organizados, con sus propios periódicos y con centros en lugares tan inverosímilmente académicos como Notre Dame y la Universidad de
Michigan.» (3)

«El catolicismo define Don de lenguas como el don concedido a una persona por obra del Espíritu Santo para hablar en todos los idiomas al mismo tiempo (del mismo modo en que lo hace Dios) y, de este modo, ser oída por cada oyente solamente en su idioma nativo y en su propio idiolecto sin que el hablante esté al tanto de estarse expresando en otro idioma y SIN que el oyente sepa que el hablante desconoce su idioma (cfr. Hechos 2: 1-13). Debido a las características de este fenómeno, es imposible para una persona estar al tanto de que está empleando este don, salvo bajo circunstancias tales como que el mismo oyente haga notar su sorpresa al hecho de que el hablante conociera tan bien su idioma. Este fenómeno supone que la interpretación/traducción a todos los idiomas es realizada por obra de Dios sin intervención lingüística del hombre; ya que el hombre, en su incapacidad para conocer verdaderamente un idioma por cuestiones de semiótica y bajo el entendido de que el único lenguaje verdadero es el de los significados sin los significantes, depende de la completa labor de Dios el transmitir Su mensaje de evangelización entre distintos hablantes. No debe confundirse con la “capacidad” de hablar otros idiomas o incluso lenguas muertas o “inexistentes” sin haberlas estudiado o siquiera oído (salvo ciertas posibles excepciones del gusto propio de Dios) ya que esta “capacidad” es considerada como proveniente del demonio y suele ocurrir cuando se realizan ciertas actividades sacrílegas, como pueden ser actividades esotéricas, invocación de espíritus, satanismo; también puede observarse esta “capacidad” demoníaca en personas poseídas en alto o menor grado, o, aún más, en algunos exorcistas que de algún modo se han visto afectados por los espíritus infernales, ya sea por falta de ayuno, oración, vida sacramental o un mal exorcismo, entre otros posibles factores. En la antigüedad el Don de lenguas era muy necesario, no sólo para trasmitir el evangelio sino para mostrar del poder de Dios a aquellos que desconocían de Él y no querían creer en Él. Debido a que las circunstancias no son las mismas y no existe la misma situación, este Don ya no es nada común. Como lo dice Pablo en I Cor: 21-22.

En la Ley de Dios dice:

“Hablaré a este pueblo por medio de otros idiomas y por boca de extranjeros; pero ni así me escucharán. “(Is. 28:11-12)

Y el Apóstol Pablo a los corintios, les dice lo mismo:

“En la ley está escrito: «Por medio de gente de lengua extraña y por boca de extranjeros hablaré a este pueblo, pero ni aun así me escucharán», dice el Señor.” (I Cor. 14:21 NVI)

Entiendan, pues, que el hablar en lenguas es una señal destinada a aquellos que se niegan a creer, y no a los creyentes, mientras que la profecía es señal para los creyentes y no para los que se niegan a creer”.

El cristianismo lo define como la capacidad dada por Dios a un ser humano de hablar una lengua angelical. Nota: El cristianismo considera que existen dos clases de lenguas glossas a saber: Las humanas, como el español, inglés, etc. y las angelicales.

El propósito del don de lenguas es transmitir una idea a otra persona sin utilizar el lenguaje humano, es un lenguaje de alto nivel originado en nuestro ser espiritual, incomprensible para el sentido del oído, pero que el espíritu es capaz de entender y guardar la idea en nuestro cerebro.

El propósito fundamental era el de transmitir el evangelio por todo el mundo, sin que fuese una barrera el idioma, hoy en día hemos sustituido esa herramienta (don) por los interpretes de lenguas humanas en los cuales el sentido del evangelio se puede malinterpretar. Esta creencia tiende a pensar que de nada sirve escuchar a una persona hablar en lenguas, porque humanamente no se entiende, es necesario que exista alguien con el don de interpretación de lenguas, para que lo traduzca a los que solo oyen humanamente.

[...] El don de lenguas es una lengua semejante a la que hablaba el ser humano antes de la construcción de la Torre de Babel. La comprensión de una idea a través de la revelación es el resultado de la comprensión del evangelio del reino de la misma manera en que se comprende una idea transmitida a través de las lenguas angelicales.» (4)

«La palabra griega “lenguas” traducida, literalmente significa “idiomas”. Por tanto, el don de lenguas es hablar en un idioma que una persona no conoce, a fin de ministrar a alguien que habla ese idioma. En I Cor. cap. 12 al 14, donde Pablo habla de dones milagrosos, comenta, “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablase con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” (1ª Corintios 14:6). De acuerdo con el Apóstol Pablo, y de acuerdo con las lenguas descritas en Hechos, hablar en lenguas es valioso para aquel que escucha el mensaje de Dios en su propio idioma, pero es inútil para todos los demás – a menos que sea interpretado / traducido.

Una persona con el don de interpretar lenguas (I Cor.12:30) podría entender lo que uno que habla en lenguas está diciendo, aunque no conozcan el idioma que está siendo hablado. El intérprete de las lenguas comunicaría entonces el mensaje del que habla en lenguas a todos los demás, de manera que todos pudieran entender. “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla” (I Cor. 14:13). La conclusión de Pablo en cuanto a lenguas no interpretadas es poderosa, “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (I Cor. 14:19).» (5)

En un artículo titulado “Don de Lenguas”, el sacerdote católico Padre Jordi Rivero, escribe lo siguiente, acerca del don de lenguas, en el portal Web de la fe católica corazones.org:

«Se le llama “don de lenguas” a diferentes dones que se deben distinguir para evitar confusión:

1- El don milagroso de hablar un idioma que no se ha aprendido por la vía natural. Este don se manifestó en Pentecostés.

“Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. (Hch. 2:4)

Se trata de un don milagroso…

2- Profecía en lenguas. Es el don de pronunciar profecías en un lenguaje ininteligible o desconocido por los que están presente. Estas palabras pueden ser interpretadas por alguien con el don de interpretación (sea porque conoce el lenguaje naturalmente o por un don especial). Entonces el mensaje edifica a la iglesia. Si no se interpreta, este don de lenguas se dirige solo a Dios y no a la comunidad.

Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; … a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. (I Cor.12: 8,10)

Según San Pablo estos dones (lengua y su interpretación) son parte del don de profecía pero advierte que debe estar sometido al orden de la iglesia. No deben, por ejemplo, varias personas hablar en este tipo de lenguas al mismo tiempo.

3-Orar en lenguas o canto de júbilo. Este don es muy diferente a los de arriba. Por medio de el se expresa, con sonidos ininteligibles, la devoción que no se puede poner en palabras. Se ha comparado con el canto gregoriano, cuando este extiende las sílabas en una hermosa armonía de alabanza.

A diferencia del don antes mencionado, este tipo de lenguas pueden ejercerlo varias personas o muchas, de igual manera que se expresa el canto en la comunidad. Mientras unos alaban en lenguas, otros pueden alabar con palabras del vernáculo o cantar. Es un don muy sencillo por el cual el Espíritu Santo nos asiste en la oración, particularmente en la alabanza. Este don se manifiesta con frecuencia en los grupos de oración carismáticos.

Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios. (Ro. 8:26-27)

Este don de lenguas es a la vez una forma de oración bajo la influencia del Espíritu Santo y bajo el dominio de la voluntad del sujeto. Dios no viola su libertad, por lo que la persona utiliza sus facultades normales. Es por eso que la persona debe rezar en lenguas utilizando su discernimiento en cuanto al momento y la forma apropiada para ejercerlo. Puede, por ejemplo elegir rezar en lenguas en alta voz o en silencio según sea o no una distracción para otros. No se trata por lo tanto de un milagro propiamente hablando sino de un don que se acopla a las capacidades normales de la naturaleza. En la oración en lenguas no se utiliza el intelecto para formular el lenguaje. El intelecto se absorbe en adoración.

San Agustín, Padre de la Iglesia del siglo IV, incluye el don de lenguas en el canto de “júbilo”:

Mas he aquí que él Mismo (Dios) te sugiere la manera que has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.

El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que pueden es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo. (S. Agustín Salmo 32, sermón 1, 7-8: CCL 38, 253-354)

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Como todo don, las lenguas pueden utilizarse bien o mal.

No se debe exagerar ni minimizar la importancia de ningún don. Cada uno tiene su lugar en al plan de Dios y debe utilizarse solo a su servicio. Ningún don es prueba de santidad.

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. (I Corintios 13:1).

Debemos aceptar con gratitud todos los dones de Dios y usarlos bien. San Pablo dice:

Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros (I Cor. 14:18)

Habiendo clarificado gratitud por el don de lenguas que el mismo posee, San Pablo escribe en el próximo versículo:

“pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua”. (I Cor. 14:19)

En las reuniones de cristianos todo don tiene su lugar en el orden que debe existir. (Cf. I Cor 14:39-40)

El don de lenguas también es una gran ayuda en la oración privada.

Los ministros y líderes de grupos tienen una responsabilidad de enseñar el uso correcto de los dones. Deben ayudar a vencer las dudas y otros obstáculos como también advertir sobre los excesos. De igual manera, no es justo condenar un don de Dios porque algunos lo hayan mal usado o mal interpretado.

Las lenguas no son una “señal” para los creyentes

San Pablo escribió:

“Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.” (I Cor. 14:22)

San Pablo no está sugiriendo que no se use el don entre creyentes. Solamente dice que no se tenga entre ellos como señal. Y es que algunos enseñan falsamente que el don de lenguas es señal de elección o de santidad o asumen que si no hay oración en lenguas no está actuando el Espíritu Santo. Estos errores se deben condenar. San Pablo exhorta a la madurez, a valerse con gratitud de todos los dones pero no fascinarse con los dones más visibles, sino reconocer el lugar de cada uno. El de lenguas es inferior a los demás dones y virtudes.» (6)

«La palabra don de lenguas viene de la unión de dos palabras: glosa que quiere decir lengua y de la palabra LALIA que es el acto de hablar (del verbo laléo de la lengua griega), que, juntando las dos palabras, leemos: “glosolalia”, Por lo tanto, Glosolalia es el don de hablar lenguas.

“El don de lenguas es un milagro divino en que, en el ejercicio de la voluntad y sabiduría divina, el Espíritu Santo concede a algunos creyentes el poder de hablar en idiomas que no aprendieron por los procesos naturales, y esto con el fin de testimoniar de Jesús Cristo delante de los que no creen.” (Juan F. Soren).

“Don de lenguas es la divina capacitación de se poder expresar en una lengua extranjera”. (Elemer Hasse).

Podemos decir así: El don de lenguas es la posibilidad que el Espíritu Santo concede al creyente para hablar un idioma totalmente desconocido para el. Ese don consistía de poderes milagrosos conferidos a los apóstoles para predicar el Evangelio a todas las naciones en sus respectivas lenguas. Por eso, es bueno que se sepa que este don no es necesario para la salvación de la persona, sino que una concesión dada por Dios para llevar la salvación a otros. Dijimos no necesaria a la salvación, debido a este fenómeno ocurre también entre las religiones paganas, y aún en el mundo antiguo del Antiguo Testamento.

“El fenómeno glosolálico es universal, en el sentido que aparece en las mas variadas circunstancias, tiempos y lugares. Lo encontramos en el Antiguo Testamento. Lo descubrimos en las religiones paganas y étnicas. Repunta en sectas neopaganas en diversos ramos y grupos del cristianismo primitivo, medieval y moderno. Lo constatamos aún en manifestaciones psicopáticas y psiconeuróticas, sin cualquier influencia religiosa”. (Juan F. Sorem, en el libro: La Doctrina del Espíritu Santo).

Pero si los dones son concedidos por Dios para edificación de la iglesia (I Cor.14:12 y 26), El puede conceder privilegio de hablar lenguas para testificar a Su favor, desde que esto se haga necesario, pero en ningún lugar la Biblia enseña que toda persona bautizada con el Espíritu Santo tendría necesariamente que hablar lenguas extrañas. Si esto es verdad, ¿ por que los pentecostales declaran de manera enfática que los cristianos que reciben el Espíritu Santo precisan hablar lenguas? Dicen ellos:

“Un cristiano que no fue bautizado con el Espíritu Santo, (teniendo como prueba de eso el hablar lenguas), es débil espiritual, comparado con aquello que podría ser, caso fuese bautizado con el Espíritu Santo, de acuerdo con Hechos 2:4.”

Es dogma entre las iglesias pentecostales, que el bautismo en el Espíritu Santo siempre viene acompañado de las lenguas. La constitución de una de esas Asambleas, afirma: “El bautismo en el Espíritu Santo es testimoniado por la señal física inicial de hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo de Dios les conceda.”» (7)

En un artículo científico titulado El don de lenguas, publicado en el portal Web Findesemana Libertad Digital Suplementos, su autor Enrique Coperías escribe que: «El don de lenguas o glosolalia (de las voces griegas glossa, “lengua”, ylalein, “hablar”) es en su origen un término religioso que aparece mencionado en el Nuevo Testamento y que hace referencia al don que otorgó el Espíritu Santo a los apóstoles -y éstos a terceros mediante la imposición de manos – para poder hablar fluidamente idiomas extranjeros sin haberlos aprendido, como en Pentecostés.

Los Hechos narran cómo ese día los Apóstoles, reunidos con otras personas en Jerusalén, “quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar otras lenguas”(2,4). Se trata de verdaderos idiomas hablados en determinados países, diferentes de aquellos que habitualmente hablaban los seguidores de Jesús, pues los oyentes les oyen hablar sus propias lenguas y se admiran del hecho de oírlas en labios de galileos (2,8-9). Este poliglotismo milagroso se repite en la Iglesia primitiva, así como en otras religiones del mundo grecorromano.

En estas últimas se recogen casos de glosolalia como los de la pitonisa de Delfos y la Sibila de Cumas. Se creía que una divinidad entraba en esos oráculos y que, sirviéndose de las voces de éstos, se comunicaba con los mortales en un idioma misterioso, que tenía que ser interpretado por sacerdotes especializados. En la actualidad, algunas sectas, en concreto las pentecostales, que tienen muchos adeptos en el continente americano, inducen el don de lenguas entre los seguidores. » (8)

Billy Graham., el conocido evangelista bautista norteamericano, explica que: «El hablar en lenguas (o “glosolalia”, término derivado de los vocablos griegos equivalentes) figura solamente en dos libros del Nuevo Testamento: Hechos de los Apóstoles y 1 Corintios (si bien se lo menciona en Mar. 16:17, que la mayoría de los eruditos creen que no figura en el manuscrito original). La palabra pareciera ser aplicada de dos maneras diferentes. Una de ellas estaría en relación con los sucesos acontecidos en Pentecostés, cuando se produjo la prometida llegada del Espíritu Santo. Un cuidadoso estudio de ese pasaje en Hch. 2 nos dice que las “lenguas” eran idiomas conocidos, entendidos por los visitantes extranjeros en Jerusalén. Así, pues, el pequeño grupo de cristianos recibió la sobrenatural capacidad de hablar en otros idiomas.»(9)

«” Hablar en lenguas” es nada menos que tener las facultades parlantes tan completamente bajo el control del Espíritu Santo que una persona pueda articular un lenguaje desconocido para él mismo. Las palabras no son elegidas conscientemente por quien habla, sino que más bien articula palabras directamente dadas por Dios. Independientemente del lenguaje hablado, el hablar en lenguas es una forma de profecía. La palabra “profecía” se usa más comúnmente en la Escritura para cualquier mensaje hablado de parte de Dios. Ocasionalmente, como en I Cor. 14, se usa en sentido más técnico. Se refiere a la comunicación de una revelación divina en lenguaje que los oyentes entienden comúnmente. En ese pasaje se distingue del “hablar en lenguas”. De todos modos, ambas son formas de comunicación divina para el hombre.» (10)

La enciclopedia católica define de la siguiente manera el don de lenguas: «El don de lenguas y la interpretación de lenguas (colectivamente conocidos como glossolalia) son descritos extensamente en I Cor 14. Y ¿en qué consistía la glossolalia exactamente?

Era hablar, en vez de estar silente (I Cor. 14:28), pero no siempre en un idioma extranjero.

El día de Pentecostés los Apóstoles realmente hablaron los varios idiomas de los que escuchaban, pero los gentiles que aún no habían sido bautizados en la casa de Cornelius se pusieron a “hablar en lenguas y glorificar a Dios”(Hch. 10:46) y los doce efesios recién bautizados hablando en lenguas y profetizando (Hch. 19:6) no tenían razón para usar lenguas extrañas. De nuevo, en vez de la expresión “hablando en lenguas” Pablo usa la frase hablar “en lengua” (1Cor. 14:2, 4, 13, 14, 27). El objeto del don no era transmitir ideas a los que escuchaban, sino hablarle a Dios en oración (1 Cor. 14: 2, 4) un objetivo para el cual un idioma extranjero es innecesario. Finalmente — y este argumento parece conclusivo — Pablos compara la glossolalia, por su efecto, a hablar en un idioma desconocido; por lo tanto, no es ella misma un idioma desconocido. (I Cor.14:11).

Era una lengua articulada, ya que el que hablaba oraba, cantaba, y daba gracias (I Cor.14:14-17).

El que hablaba estaba como en un trance — “si oro en lengua, mi espíritu [pneuma] ora, pero mi mente [nous, mens] queda sin fruto” (I Cor. 14: 14).

En los no creyentes glossolalia ocasionaba la impresión de lo maravilloso; quizás les recordaba los delirios religiosos de hierofantas: “Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles;… Si, pues, se reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?” (I Cor 14:22,23).

El don de lenguas es inferior al de profecía: “el que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea reciba edificación” (I Cor 14:5).

El carisma de interpretación es, entonces, el complemento necesario de glossolalia; Cuando no hay interpretación, el que habla en lenguas debe callar (I Cor 14:13, 27, 28). La interpretación es el trabajo del que habla o de otro (I Cor 14:27). Toma la forma de un discurso inteligible; la explicación debía seguirle al hablar en lenguas tan regularmente como el discernimiento de espíritus seguía la profecía. (I Cor 14:28-29).

Entre los Patriarcas es sententia communissima que el hablar en lenguas era hablar lenguas extranjeras. Su interpretación está basada en la promesa en Marcos 16:17 “hablarán en lenguas nuevas”, y en su cumplimiento en el don de lenguas de los apóstoles (he 2:4). Una nueva lengua, sin embargo, no es necesariamente una lengua extranjera, y un don que tuvo uso especial el día de Pentecostés parece sin propósito en asambleas de personas de un mismo idioma. Hay, además, objeciones textuales a la opinión común, aunque, debemos admitir, no convencedoras [ver el segundo punto arriba]. Muchas explicaciones de este oscuro carisma son ofrecidas, pero ninguna de ellas está libre de objeción. Puede ser que haya algo de verdad en todas ellas. San Pablo habla de “tipos de lenguas”, que puede implicar que la glossolalia se manifestaba en muchas formas: por ejemplo, en la forma de lenguas extranjeras cuando lo requerían las circunstancias, como con los Apóstoles; como una nueva lengua — “un tipo de locución distintiva de la vida espiritual y distinguida del habla común, la cual para los sentimientos exuberantes de la nueva fe parecían inadecuada para la comunicación con Dios”( Wizsacker); o como la manifestación de los gemidos inefables del Espíritu, pidiendo por nosotros, y causándonos gritar “Abba, Padre” (Ro. 8:15,26). » (11)

Dennis & Rita Bennet, nos explican acerca del uso de los dones de expresión: «Los dones de expresión —lenguas, interpretación y profecía— no están dados para que nos sirvan como guías para nuestra vida, sino para ayudarnos a conocer a Dios en profundidad y asistirnos en nuestra respuesta a él. Nos inducen a volvernos a Dios y nos infunden un temor reverente del Señor.

Analizaremos al mismo tiempo los dones de lenguas y de interpretación, desde el momento en que nunca deben ir separados en una reunión pública. Algunos sostienen que hablar en lenguas e interpretar lenguas son los dones de menor jerarquía, porque están anotados en último lugar en la lista de dones de I Cor. 12:7-11. Si hubiera una razón especial por la cual estos dones aparecen últimos en la lista, una explicación mas lógica sería que fueron los últimos dones dados a la Iglesia. Los primeros siete dones de la lista aparecen en el Antiguo Testamento y en los Evangelios, pero estos dos últimos no fueron dados hasta después de Pentecostés.

Hay dos maneras de hablar en lenguas. La más común es la que se usa como un lenguaje devocional para edificación propia, y no hace falta interpretación. (I Cor. 14:2.) Queremos referirnos, más bien, a la manifestación pública de hablar en lenguas, es decir la que debe ser interpretada. A esto llamaremos el “don de lenguas”. Cuando un cristiano bautizado en el Espíritu Santo siente la inspiración de hablar en lenguas en voz alta y en presencia de otros, a lo cual sigue generalmente la interpretación, estamos en presencia del don, de lenguas. (I Cor. 14:27-28; 12:10.) El don de lenguas es transmitido o dado a los oyentes, que son edificados al escuchar la interpretación que sigue, hecha por quien tiene ese don (El don de lenguas también puede aplicarse como oración o alabanza a Dios).

Es preferible que los dones de hablar en lenguas y de interpretación no se empleen en grupos de incrédulos o de creyentes no suficientemente instruidos, sin una explicación previa sobre su significado, ya sea antes o después de sus manifestaciones.

Hay formas principales, para expresar el don de lenguas en la congregación:

1. Por medio del don de lenguas y de interpretación, Dios puede hablar a los incrédulos y/o a los creyentes.

Si bien Dios no habla en lenguas (cómo podría haber un lenguaje desconocido para él’?) estimula al cristiano dócil a que lo haga, y de esa manera —mediante las lenguas y la interpretación— habla a su pueblo hoy en día. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento dan testimonio conjunto de que Dios habla a su pueblo mediante estos dones. Así dice Isaías:

“Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo.” (Is. 28:11.) San Pablo cita esa referencia cuando explica lo que significa hablar en lenguas e interpretar: “Está escrito: en otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo . . .“ (1 Cor.14:21); la traducción literal del griego dice así: “En otras lenguas y en labios de otros hablaré a este pueblo . . .“ Además la Escritura da por sobreentendido que el don de lenguas, sumado al don de interpretación da por resultado una profecía, lo cual sigue siendo siempre Dios hablando al pueblo. (I Cor. 14:3.)

En don de lenguas no es una señal para el creyente, desde el momento en que el creyente no necesita do una señal, pero puede ser una señal para el incrédulo (generalmente no buscada), que lo induce a aceptar al Señor Jesucristo. “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos…“ (I Cor. 14:22.)

¿De qué manera el don de lenguas puede ser una señal para el incrédulo?

a. La lengua puede ser un lenguaje comprensible al incrédulo, Por el cual Dios le habla directamente a él.

La lengua puede ser un lenguaje incomprensible, pero el Poderoso impacto del lenguaje hablado en lenguas, que Como norma se acompaña siempre de interpretación puede alcanzar al incrédulo y actuar Como una señal para él.

Cuando el don de lenguas es un mensaje de Dios, que alcanza al incrédulo, sea por su conocimiento del lenguaje (una traducción), sea por la inspirada interpretación de un creyente, y en algunos casos sin contar con la interpretación o traducción, Constituye una señal para el incrédulo de que Dios es real, vivo, y está preocupado por él.

2. El don de lenguas también puede ser oración pública a Dios.

La mayoría de nosotros prefiere oír relatos del cielo que relatos de la tierra; preferiríamos oír a Dios hablándonos, que oír al hombre hablar a Dios.

Sin embargo, leyendo las Escrituras, observamos que el dori de lenguas es utilizado en reuniones públicas de oración y necesita interpretación para que los otros creyentes puedan asentir. (I Cor. 14:13- 16.) De ahí se desprende que el don de lenguas, complementado por la interpretación, puede también ser una oración, acción de gracias o alabanza a Dios, lo cual estimula a la congregación. El don de lenguas en tanto sea oración o alabanza, puede ser un lenguaje conocido por los incrédulos, como ocurrió en el día de Pentecostés: “Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.” Pablo también establece que alguno en la reunión Puede cantar su alabanza a Dios utilizando el don de lenguas; también la interpretación puede ser cantada, lo cual es de gran inspiración.

Cualquier creyente bautizado en el Espíritu Santo puede “cantar en el Espíritu”. Esto significa permitir al Espíritu Santo no solamente guiar nuestra palabra, sino también cantar mientras él dirige las palabras y la tonada. En un grupo de creyentes bien instruidos, varias personas pueden orar o alabar a Dios, hablando o cantando en lenguas al unísono, sin necesidad de interpretación. Y en algunas ocasiones, cuando todo el grupo se une “cantando en el Espíritu”, permitiendo al Espíritu Santo no solo guiar las voces individualmente, sino combinándolas a todas ellas, se logra una armonización tan sublime que semeja el canto de un coro angélico.

Es motivo de perplejidad para algunos, cuando unas pocas palabras en lenguas son seguidas de una larga respuesta en el idioma vernáculo. Varias razones explican este hecho. Pudiera ser que el lenguaje dado por el Espíritu Santo fuera más conciso que el lenguaje más elaborado del intérprete. También pudiera ser que la interpretación misma fuera seguida por palabras proféticas. Otra explicación más es la de que al hablar en lenguas era en realidad una oración privada, y la presunta interpretación era, en la realidad, una profecía.

Si bien es cierto, que todos los creyentes deberían hablar diariamente en lenguas durante sus oraciones, no todos pueden ejercitar el don de lenguas en una reunión pública. (I Cor. 12:30.) Sabremos que Dios nos está inspirando a manifestar el don de lenguas cuando sentimos con toda claridad en lo más intimo de nuestro ser el avivamiento o el testimonio del Espíritu Santo. Esto no significa que tengamos que hacer nada impulsivamente. Debemos hablar al Señor tranquilamente y pedirle, para el caso de que él quiera utilizarnos de esta manera, que nos brinde la oportunidad, durante el servicio, de oficiar en el ministerio. Nunca debemos interrumpir cuando otra persona esté hablando. Tal como lo dice David duPlessis, “iEl Espíritu Santo es un caballero!” Debemos preguntarle al Señor si éste es el don particular que quiere para este grupo determinado.

Al utilizar cualesquiera de los dones orales del Espíritu Santo —lenguas, interpretación o profecías—. hablemos con voz suficientemente alta para que todos nos escuchen, pero no seamos innecesariamente ruidosos ni cambiemos el tono de nuestra voz natural. El ser ruidosos o afectados asustará a la gente y podrán impugnar la genuinidad del don. Evitará que oigan lo que Dios quiere decirles. Hablemos con el máximo de preocupación por el bienestar de todos y en el amor de Dios. Si creemos que Dios quiere que manifestemos el don de lenguas, debemos estar preparados para orar también por el don de interpretación, para los casos en que no hubiera otra persona presente suficientemente entregada para hacerlo. (I Cor. 14:13.)

La interpretación de lenguas es dar, en una reunión pública, el significado de lo que se ha dicho por el don de lenguas. Una persona se siente movida a hablar o a cantar en lenguas, y la misma u otra persona recibe del Espíritu Santo el significado de lo que se ha dicho. El que interpreta no entiende la lengua. No es una traducción sino una interpretación, dando el sentido general de lo que se ha dicho. El don de la interpretación puede hacerse presente directamente en la mente de la persona, en su totalidad, o de lo contrario tan sólo algunas pocas palabras al comienzo, y cuando el intérprete, confiando en el Señor, comienza a hablar, se materializa el resto del mensaje. De esta manera se parece a hablar en lenguas: “Tú hablarás, y el Señor pondrá en tu boca las palabras.” La interpretación puede presentarse también en forma de imágenes o símbolos, o por un pensamiento inspirado, o el intérprete puede escuchar el discurso en lenguas, o parte del mismo, como si la persona estuviera hablando en el idioma vernáculo. La interpretación dará el mismo resultado que una declaración profética, es decir de “edificación, exhortación, consolación” (I Cor. 14 3-5.) Recordemos que los dones no han sido dispuestos para que nos sirvan como guía de nuestras vidas, sino para confirmar lo que Dios ya nos está diciendo en nuestro espíritu y por medio de las Escrituras. Dios actúa como quiere, pero se ajusta a ciertas pautas generales que nosotros podemos detectar. Algunos han denominado a I Cor. 14 como las reglas de oro carismáticas del cristiano. Por ejemplo, I Cor. 14:27, dice así: “Si alguno habla en una lengua, su número debe estar limitado a dos, o a lo sumo a tres, y cada uno (esperando su turno), y que alguien explique (lo que se ha dicho)” (Biblia Amplificada). Esta escritura establece normas específicas. Limita el número de intervenciones en lenguas e interpretaciones a dos o tres veces en una reunión. Algunos estiman que el próximo versículo significa que después de dos o tres dones de lenguas, un “intérprete oficial” deberá brindar una sola interpretación para los dos o tres discursos en lenguas, pero el versículo 13 indica que cualquiera que está acostumbrado a manifestar el don de lenguas, también puede orar pidiendo el don de la interpretación. Esto es importante que lo tengamos en cuenta, desde el momento en que puede haber otros en la reunión que no se sienten suficientemente entregados en ese momento para hacer la interpretación que se necesita. A fin de evitar la confusión que produciría entre los incrédulos y los creyentes no instruidos la falta de interpretación del don de lenguas (vers. 23, 33), parece que es bíblico que cada vez que se hable en lenguas hay que hacer la interpretación separadamente. Además se tornaría muy difícil retener la interpretación por un período demasiado prolongado. El hablar en lenguas sería reconocido más como idioma conocido si hubiera alguien presente que supiese ese lenguaje y pudiera traducirlo. También es posible que en alguna medida el hablar en lenguas sea en el “lenguaje de ángeles”. (I Cor.13:1.) Sabemos que en el mundo hay alrededor de 3.000 idiomas y dialectos, de modo que no puede sorprender a nadie que muy pocos idiomas puedan ser reconocidos en una localidad en particular; en realidad es sorprendente que se puedan reconocer tantos. En el día de Pentecostés había alrededor de 120 personas hablando en lenguas, pero sólo fueron reconocidos catorce lenguajes (Hch. 1:15; 2:1, 4, 7-14), a pesar de que había “judíos piadosos” de todas las naciones del mundo conocido. Este es más o menos el porcentaje de idiomas conocidos identificados hoy en día. Orando con personas pidiendo la bendición de Pentecostés, y habiendo asistido a numerosas reuniones carismáticas en muchas partes del mundo durante los pasados diez años, hemos conocido gente que han hablado en lenguas en latín, castellano, francés, hebreo, vasco antiguo, japonés, arameo, chino mandarín, alemán, indonesio, dialecto chino foochow, griego neotestamentario inglés (por un orador no inglés) y polaco.

A veces, los que han recibido la experiencia de Pentecostés, deben soportar el desafío de algunos que no comprenden el propósito de hablar en lenguas, con preguntas tales corno la siguiente: “Si realmente le ha sido dado un nuevo lenguaje, ¿por qué no lo hace analizar, descubre a qué país pertenece y va a ese país como misionero a predicar el evangelio en ese idioma?” Otros preguntan: “Si Pentecostés es tan poderoso, ¿cómo es que los misioneros con esta experiencia tienen que estudiar Un idioma en la Universidad?” Estas personas no se dan cuenta que el don de lenguas es manifestado al incrédulo solamente cuando es dirigido por el Espíritu Santo, y aún en el caso de que una persona pueda ser utilizada una sola vez para hablar un determinado lenguaje, y con ello alcanzando a alguien para Cristo, no tiene ninguna manera de saber si le será dado hablar alguna vez más en la vida ese lenguaje específico.

Si bien el creyente bautizado en el Espíritu Santo puede hablar en su privada lengua devocional, tanto en éste como en el don de lenguas la elección del lenguaje que hable no puede ser regulado por el individuo.» (12)

El Dr. Pablo Deiros, un reconocido teólogo, historiador y el pastor principal de la Iglesia Bautista del Centro, en Bs. As., Argentina y el Dr. Carlos Mraida, su copastor, citan en una nota Nº 1 de pie de la pagina Nº 219, del libro Latinoamérica en Llamas, que «“uno de los más importantes teólogos que ha sostenido que las obras extraordinarias en la vida de la iglesia cesaron con el fin de la era apostólica (aproximadamente año 150 d. de C.) fue el presbiteriano Benjamín B. Warfield. Sus conferencias fueron reimpresas de 1917 a 1918 en Benjamin W.Warfiewld, Counterfelt Miracles (Falsos milagros), The Banner of Truth Trust”

Luego ellos citan a Kevin y Dorothy Ranaghan, autores del libro Pentecostales católicos pp.150-152), quienes definen el don de lenguas:

“El hablar en Lenguas es una forma de orar que, según creemos nosotros, debe ser una ocurrencia diaria de la vida del cristiano verdadero que está lleno delEspíritu. Sin embargo, a primera vista este don parece tan fuera de lo común, tan extraordinario, que la simple mención de él evoca inquietud, curiosidad, escepticismo, y hasta hostilidad abierta… es uno de los dones del hablar, una expresión del Espíritu por medio del hombre, con una diferencia mayor. Los otros dones del hablar, usan el idioma de la persona que habla, mientras que en este don el sujeto no conoce el idioma en que habla. Tanto la forma como el contenido, son dones del Espíritu. El don de lenguas se usa solamente para oración y alabanza. Con el don de interpretación puede convencer al incrédulo y fortificar, consolar, enseñar o conmover la comunidad de fe. La interpretación de lenguas es un don complementario que se puede esperar en la comunidad. Sin éste, el don de lenguas tiene que limitarse al uso privado devocional. El don de interpretación no es una traducción de un idioma extranjero. La traducción, con la comprensión literal de las palabras habladas ha ocurrido en nuestros grupos; pero esto no es el don de interpretación… Al usar el don de interpretación dado por el Espíritu, el idioma queda tan extraño al que interpreta como al que habla. Sin embargo, el que interpreta entiende el sentido y el impacto del mensaje. No es una traducción o comprensión palabra por palabra; varía más bien de una idea vaga de lo que el Señor quiere decimos, a una comprensión total, dependiente de nuestro estado de corazón ante el Señor. La receptividad al ejercicio de este don tiene un crecimiento progresivo. Tenemos que aprender cómo actuar en fe, y hablar las primeras palabras débiles que vienen a nosotros. Dios proveerá lo demás.” En el siguiente capítulo del mismo libro, se hace una observación interesante sobre el don de lenguas: “En cuanto al don de lenguas, Pablo no se opone al hablar en lenguas, y da gracias a Dios que lo practica más que los corintios. Pero limita y regula el uso público de las lenguas (I Cor 14). Creemos que este don, como el resto de los carismas, tiene vigencia hoy. La persona que recibe el don, hará de la oración en lenguas, una parte de su vida devocional, junto a la lectura bíblica, la oración y la alabanza periódicas. El que habla no es una herramienta pasiva en manos del Espíritu. Según la enseñanza paulina, el creyente que tiene este don posee control del mismo. Lo usa para alabar a Dios y para edificación propia. A menos que haya quien interprete, el que habla en lenguas debiera abstenerse de hacerlo en una reunión pública.

Muchos pentecostales y carismáticos afirman la obligatoriedad de tener el don de lenguas, para que un creyente sea lleno del Espíritu Santo. Pero la Biblia afirma que el Espíritu reparte los dones como Él quiere (I Cor 12.11). Es más, niega que todos deban hablar en lenguas (I Cor 12.30). En ninguna parte se nos dice que todo creyente debiera tener el don de lenguas u otro carisma en vistos como intolerantes o poco amorosos. Piensa que la dificultad radica en la incapacidad aparente de algunos líderes carismáticos para distinguir entre un espíritu crítico y el don de discernimiento. Es perceptible en algunos cristianos pentecostales y en algunos carismáticos, un sentimiento de cierta superioridad espiritual sobre el resto de los cristianos, que no han vivido esa experiencia. A la luz de las Escrituras, es claro que cuando los dones espirituales se convierten en ocasión para contiendas y divisiones en la iglesia, lejos de ser canales para el crecimiento, por su mal uso son signos de inmadurez. Una lectura cuidadosa de Ro. 12.3-8 y 1 Cor. 12.14-26, excluye el orgullo espiritual de aquellos más dotados en ese aspecto. Es justo reconocer que esta soberbia espiritual, y las consecuentes divisiones, no son patrimonio exclusivo de los pentecostales y carismáticos. Muchos “antipentecostales” o “anticarismáticos” miran con desprecio a los hermanos pertenecientes a estos movimientos, y los consideran como inferiores en lo intelectual.” »(13)

Peter Wagner, en su libro “El Avance del Pentecostalismo en Latinoamérica”; nos comenta sobre las lenguas, en lo que el llama una “corta apología sobre las lenguas en la liturgia pentecostal”:

«El hablar en lenguas es algo tan común en los cultos pentecostales de América Latina que algunos quizá se pregunten por qué lo tratamos aquí como un asunto por separad La mayor parte del hablar en lenguas se produce durante la oración,; de manera que hubiera sido más natural incluirlo bajo la oración; pero, puesto que este libro se escribe tanto para los pentecostales como para los que no lo son, es necesario que digamos un par de cosas al respecto.

Para muchos miembros de la clase obrera latinoamericana, la vida puede convertirse con facilidad en una rutina tediosa y monótona. Puesto que carecen de dinero suficiente para gastarlo en muebles y otros artículos para el hogar, automóviles, vacaciones o diversiones, son pocos los momentos de esparcimiento que sacan a una persona de la rutina monótona de la vida cotidiana. Con frecuencia, la gente del mundo se enfrenta al aburrimiento y la monotonía con las bebidas embriagantes, las peleas y una vida liviana. Sin embargo, muchos han descubierto que el cristianismo les ofrece una liberación similar, y que el adorar a Dios puede convertirse en un éxtasis El don de lenguas produce muchas satisfacciones espirituales para numerosas personas, y los creyentes no pentecostales debieran proceder con cautela, como lo recomienda el apóstol Pablo mismo, al tratar de prohibirles a otros que hablen en lenguas (I Cor. 14:39).

¿Cómo se produce el hablar en lenguas? Ofrecemos aquí el testimonio de un pentecostal latinoamericano que podría considerarse típico de la experiencia de hablar en lenguas:

Cierta vez me hallaba orando en una reunión. Creía muy poco en el hablar en lenguas y tenía muchas dudas al respecto. Sin embargo, el 20 de mayo de 1967, durante un culto de oración en la iglesia, mientras oraba con fervor, sentí de repente como si alguien me hubiera puesto delante un poderoso reflector que me quemaba. Quería hablar en español, pero no podía. No podía ver otra cosa que llamas de fuego a mi alrededor, y tenía la sensación de estar ardiendo. Luego comencé a hablar en lenguas. Estaba consciente, pero en éxtasis.

Algunos creyentes no pentecostales prohíben el hablar en lenguas, sosteniendo que no es un don apropiado para la iglesia de) hoy.’ La Biblia Scofield, que ha sido traducida al español, dice en su nota de referencia a I Cor. 14:1 que “el don de lenguas y los dones que sirven de señal tienen que cesar”, y muchos evangélicos sinceros así lo creen. No me propongo ocuparme aquí de si tienen razón o no. Tienen derecho a sus opiniones; aunque sus actitudes hacia quienes están en desacuerdo debieran ser de amor y tolerancia.

Sin embargo, hay otros que sostienen que el hablar en lenguas podría ser apropiado en la actualidad; pero que los pentecostales latinoamericanos abusan de ello como lo hicieron los corintios, por lo que se les debe reprender y corregir. El determinar si realmente abusan de ese don es un asunto de juicio personal. Creo que, en su mayor parte, no lo hacen. Según lo entiendo, el problema que se expone en I Cor. 12:14 consistía en que los corintios dividían a los creyentes en categorías de primera y segunda clase, según si tenían el don de lenguas o no.

El error de los corintios era que tenían la tendencia a considerar las lenguas como el don espiritual de mayor importancia, un error que no he observado personalmente entre los pentecostales latinoamericanos; aunque es evidente que la tentación de caer en ese error está latente, y pudieran citarse varios casos para demostrar que algunos de ellos cayeron en extremos. Cuando esto ha ocurrido, alguien debe exhortar y reprender a estos hermanos, pero en el Espíritu.

Asimismo, según I Cor.14, las lenguas deben ir acompañadas por la interpretación si se quieren usar como vehículos para comunicar verdades de Dios a la congregación, como sucede con las profecías. Esto es cierto, pero Pablo sigue diciendo que si no hay ningún intérprete presente, las lenguas deberán utilizarse para hablar “para sí mismo y para Dios” (1 Corintios 14:28). Según entiendo, eso es exactamente lo que hacen los pentecostales cuando oran al unísono y algunos lo hacen en lenguas. Podrían hacer esto con la misma eficiencia si se encontraran en sus devociones privadas, pero las instrucciones dadas en I Cor. no se limitan sólo a esto.

Basta en lo que respecta a mi corta apología sobre las lenguas en la liturgia pentecostal. Permítame repetir lo que ya dije antes: el hecho de que lo hagan los pentecostales no quiere decir que tengan que hacerlo también todos los creyentes. La experiencia ha demostrado que las lenguas constituyen, sin la menor duda, el aspecto más amenazador del pentecostalismo para los no pentecostales. Pues bien, incluso sin las lenguas (que constituyen sólo uno de ocho subtítulos de uno de los capítulos de este libro), los pentecostales han descubierto muchos otros secretos del crecimiento de las iglesias que pueden aplicar los creyentes que prefieren no hablar en lenguas Si tan sólo debido a las lenguas alguien dice que no quiere tener ninguna relación en absoluto con los pentecostales, me temo que el remedio sea peor que la enfermedad.» (14)

Notas:

1 Editor General: Hayford, Jack; Autor: Snider, Joseph, Poder del Reino: Recibamos el poder de la promesa [Un estudio de Hechos], (Nashville, TN: Editorial Caribe) 1996

Documento electrónico titulado “La Glosolalia”, de Martín Gardner, del portal arp-sac.org, sociedad para el avance del pensamiento crítico, http://www.arp-sapc.org/publicaciones/lar20.html

Ibíd.

Artículo publicado en el portal de la Enciclopedia electrónica Wikipedia, titulado “Don de lenguas” http://es.wikipedia.org/wiki/Don_de_lenguas

5 Artículo publicado en el portal Web de Got Question Ministeries, ministerio cristiano de enseñanza de la Palabra de Dios a través del Internet, titulado “¿Cuál es el don de hablar en lenguas?” http://www.gotquestions.org/Espanol/hablar-en-lenguas.html

Artículo titulado “Don de Lenguas”, del sacerdote católico Padre Jordi Rivero, del portal de la fe católica corazones.org,http://www.corazones.org/espiritualidad/espiritualidad/lenguas.htm

Documento electrónico titulado “La Glosolalia”, de Martín Gardner, del portal arp-sac.org, sociedad para el avance del pensamiento crítico, http://www.arp-sapc.org/publicaciones/lar20.html

Artículo científico titulado El don de lenguas, publicado en el portal Web Findesemana Libertad Digital Suplementos, autor Enrique Coperías,http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276232602

9 Artículo titulado “El verdadero don de lenguas”, publicado en el Portal de la fe cristiana adventista adventist@s,http://www.galeon.com/adventista/estudios/profecia/13.htm

10 Señales de los apóstoles, Págs. 35-36, Walter J. Chantry, edit. The Banner Of Truth Trust

11 Artículo titulado “Charismata”, de la Enciclopedia Católica,http://www.enciclopediacatolica.com/c/charismata.htm

12 El Espíritu Santo y Tu, Dennis & Ritta Bennet, Págs. , Edit. Vida, 2ª reimpresión 1988.

13 Latinoamérica en Llamas, cap. X, Págs.218-219, y cap. XI, Págs. 228-229, Pablo Deiros, Carlos Mraida, 1994, Editorial Caribe

14 “El Avance del Pentecostalismo en Latinoamérica”, Peter Wagner, Págs. 76-78, Edit. Vida, Segunda Edición 1987

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. leonel
    jun 06, 2009 @ 22:32:16

    muchas gracias muy interzante que Dios les BENDIGA Y les GUARDE, amen

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