Inquisición Científica – El Caso Velokovsky
Por Lamberto García del Cid

En 1950, Immanuel Velikovsky conmocionó a la comunidad científica de los EE.UU. con su libro Words in Collision (Mundos en colisión), libro que venía a subvertir las teorías científicas y sociológicas de su tiempo. Los conceptos cosmológicos e históricos vertidos en él, constituyeron un violento asalto a ciertas teorías establecidas dentro de los campos de la astronomía, la geología y la biología histórica, poniendo en entredicho a los genios consagrados de tales especialidades, entre ellos Newton y Darwin. El establishment científico se alzó en armas y lo hizo no sólo contra las nuevas teorías vertidas, que hubiera sido en cierto modo normal, sino principalmente contra su lucubrador. Y así, no escatimaron esfuerzos para impedir la diseminación de tales teorías, incluso penalizando a quienes las apoyaban, fueran éstos universidades, sociedades científicas, editoriales, o medios de difusión. El establishment científico consiguió finalmente erigir un muro de hostilidad alrededor del investigador.
Immanuel Velikovsky
El argumento central del libro que causó semejante revuelo podía resumirse así: entre los siglos XV y XVIII antes de Jesucristo, la tierra experimentó una serie de importantes catástrofes naturales. Parte de su superficie se calentó hasta llegar a fundirse y hubo mares que hirvieron y se evaporaron. Surgieron nuevas cadenas montañosas mientras otras desaparecieron. Se elevaron continentes, que causaron inundaciones de ámbito intercontinental e incluso la tierra cambió sus polos magnéticos. Velikovsky apoyaba su descubrimiento con un rico bagaje de noticias escritas, cuyas fuentes se remontan a la Biblia hebrea, los Vedas hindúes, mitos griegos y romanos, y otras leyendas de pueblos antiguos. También aportaba evidencias tomadas del campo de la geología y la paleontología. Lo que causó las referidas catástrofes fue, según Velikovsky, una serie de sucesos astronómicos de extraordinaria importancia. En ese tiempo debió ocurrir una colisión, o casi colisión, de planetas dentro del sistema solar y la tierra fue rozada por la cola de un cometa que terminó por convertirse en el planeta Venus. Estos sucesos, de acuerdo con Velikovsky, ocasionaron un cambio en la órbita terrestre, que es la causa de la actual inclinación de su eje.
CRONOLOGÍA DE LA POLÉMICA
I) Velikovsky firmó el contrato para su libro Mundos en colisión con la editorial Macmillan en 1946. En 1950 el libro estaba listo para ser publicado. En Enero de ese año la revista Harper’s Magazine publicó dos artículos condensando distintos pasajes del libro, bajo el título: “El día que el sol se detuvo”. La edición se agotó. Diversos periódicos de los EE.UU. volvieron a publicar los artículos, a los que siguieron nuevas divulgaciones e incluso una versión para el Readers’ Digest. La mayoría de estas crónicas exageraban las sorprendentes novedades hasta límites sensacionalistas; tanto es así que el mismo Velikovsky amenazó con no hacerse responsable del contenido de los mismos si no se moderaba el tono. Cuando estas sensacionales historias hubieron calado en la imaginación popular, el establishment científico reaccionó. Poco antes de ser lanzado el libro, Macmillan recibió una carta de un tal Harlow Shapley, profesor de astronomía de la Universidad de Harvard, manifestando su asombro porque una casa tan seria como Macmillan se aventurase en el mercado de la mistificación científica. Recomendaba a la editorial que investigase primero el curriculum y los datos personales del Dr. Velikovsky ya que era muy probable que el libro constituyera un “fraude intelectual”.

Harlow Shapley
II) En Febrero de 1950, la revista Science News Letter, editada por el mismo Harlow Shapley, lanzó un ataque contra las teorías de Velikovsky por medio de cinco autoridades científicas pertenecientes a los campos de la arqueología, los estudios orientales, la antropología, la geología y el propio Shapley defendiendo el punto de vista de la astronomía. Este artículo fue publicado para coincidir con la salida al mercado del libro de Velikovsky, libro que, todo sea dicho, ninguno de sus detractores había visto todavía. Si Velikovsky se hubiera contentado con dar al asunto un tratamiento superficial, quizás los académicos le hubieran ignorado por considerar su obra una mera fantasía. Pero Velikovsky basaba sus teorías en investigaciones muy detalladas que abarcaban diferentes disciplinas: historia, antropología, geología, astronomía, biología, etc.
III) A los pocos meses de la publicación del libro, todos los periódicos del país recogían comentarios en contra de las teorías expuestas en él, ataques provenientes de las plumas de renombrados científicos y sus ladradores lebreles. Pero pocos de estos autores se centraban en los hechos expuestos por Velikovsky, sino que sus ataques iban dirigidos a ridiculizar a su autor. Por ejemplo, Paul Herget, director del observatorio de la Universidad de Cincinati afirmaba que las ideas astronómicas del libro de Velikovsky eran “dinámicamente imposibles”, pero no ofrecía ninguna explicación de por qué. El físico californiano H.P. Robertson, por su parte, escribió que el libro era tan ridículo que no merecía refutación, ahorrándose así el tener que exponerla. El físico nuclear Harrison Brown informó a los lectores del Saturday Review of Literature aunque evitó especificar uno sólo de ellos. Que los errores tanto de hecho como de concepto que contenía el libro de Velikovsky podrían llenar treinta folios,
IV) Martin Gardner contra Velikovsky. Traemos a colación este apartado porque Martin Gardner persiguió a Velikovsky (también lo haría con Wilhelm Reich y otros heterodoxos) durante mucho tiempo con su diatribas y porque conforma, junto con Carl Sagan, el tipo de fundamentalista científico contra quienes va dirigido este artículo. Gardner mantuvo desde el principio que el libro de Velikovsky era únicamente una defensa de la interpretación judía ortodoxa del Antiguo Testamento, una burda tentativa de explicar el milagro de Moisés cuando abrió las aguas del Mar Rojo o el de Josué cuando detuvo el sol y la luna. En ningún momento se refiere a las teorías científicas expuestas en el libro, teorías en su mayor parte verificables como veremos más adelante.

Carl Sagan
Siguiendo su conocida táctica de desprestigio, Gardner incluye en los artículos donde ataca a Velikovsky a tipos como Wilbur Glenn Voliva, quien creía que la tierra tenía forma de bizcocho, Frank Scully, autor de un libro titulado “Más allá de los platillos volantes” y que sostenía que éstos venían hacia nosotros pilotados por habitantes de Venus. También mezcla a Velikovsky, sin venir a cuento, con L. Ron Hubbard, el creador de la Cienciología, un credo bajo sospecha de conformar una secta y que posee ideas peculiares sobre el universo. Este método de desprestigio lateral llega al siguiente extremo. Como Velikovsky cita en su apoyo ciertos datos del geólogo George McCready Price, Gardner rebate su fuente de la siguiente manera: “Price comenzó su carrera como conserje y chico de los recados en un colegio adventista de Loma Linda, California, donde ayudaba a poner ladrillos para levantar edificios”. Con este comentario, sin mayor explicación, zanja la autoridad de Price como geólogo. Como puede apreciarse, una forma muy “científica” de rebatir cualquier argumento.
En uno de sus muchos artículos contra Velikovsky, Gardner nos da quizás la clave de por qué los ataques se centran más sobre la persona de Velikovsky que contra sus teorías: “Tanto para los astrónomos como para los físicos, sin excepción, el escenario de Velikovsky resulta tan loco que la mayoría de ellos no han encontrado ninguna razón para perder el tiempo leyéndole”. ¿No es increíble? ¿Cómo puede atacarse, o considerar loca, una teoría que no se ha tenido la delicadeza de leer primero? Y es que debe ser penoso, por lo visto, leer “Mundos en colisión”, pues añade Gardner: “Carl Sagan se molestó no solamente en leer a Velikovsky…” La palabra significativa es “molestó”. ¿Lo habrá leído Gardner? Da lo mismo. Eso no le hubiera impedido emitir el siguiente juicio: “El hecho de que se produjera una catástrofe sísmica mundial a la escala requerida por la teoría de Velikovsky (aprox. 1500 años a. d. C.) está tan absolutamente descartada por la evidencia geológica que ni un solo geólogo “respetable” (el entrecomillado es mío) ha tomado semejante idea en serio”. Claro que nos imaginamos lo que entiende Mr. Gardner por geólogo (o científico) “respetable”.
Como puntualiza R. A. Wilson: “Gardner posee un método infalible para reconocer la ciencia verdadera y la pseudo-ciencia. Ciencia verdadera es aquella que se adapta a su Ídolo y pseudo-ciencia la que lo desafía”. Todos (el subrayado es mío) los geólogos y astrónomos del país. ¿Todos? ¿Del país? La primera afirmación es falsa, pues algunos científicos pertenecientes a esas ramas apoyaron a Velikovsky; la limitación geográfica nos remite a una idea provinciana de la ciencia que parece poseer Gardner y que no va con la reconocida universalidad de ésta. En otro lugar Gardner afirma que el libro de Velikovsky constituye tal entramado de absurdos que así lo han reconocido
V) A pesar de las campañas de desprestigio (o quizás con su ayuda) el libro “Mundos en colisión”Doubleday, editorial que, al carecer de libros de texto, estaba exenta de la presión de las autoridades académicas. permaneció en la lista de los libros más vendidos durante 20 semanas consecutivas. No obstante, cuando más se estaba vendiendo el libro, Velikovsky fue llamado a las oficinas de Macmillan. La editorial le comunicó que los profesores de ciertas universidades importantes se negaban a recibir a sus vendedores, lo que suponía una grave contrariedad para ellos, pues los libros de texto constituían una parte importante de su negocio. Esta circunstancia les obligaba a ceder los derechos de publicación del libro a otra editorial,
Martin Gardner describe este incidente de la siguiente manera: “Bajo la presión de algunos científicos, Macmillan traspasó el libro a Doubleday”. Y añade que las editoriales no deberían publicar libros de este tipo sin la evaluación previa a cargo de científicos competentes. ¿Y quienes serían, deberíamos preguntar al señor Gardner, estos científicos competentes? ¿No se estaría así impidiendo el acceso al público, junto con pseudo-ciencia basura que todos admitimos que existe, de nuevos posibles “paradigmas”, en terminología de Kuhn, que normalmente tardan lustros en ser aceptadas por el establishment científico?

Martin Gardner
Pero ahí no acabaron los problemas en Macmillan. James Putnam, el editor que contrató el libro de Velikovsky, y que llevaba 25 años en la casa, fue despedido sin previo aviso. Macmillan todavía tuvo que realizar otros actos conciliatorios, como patrocinar conferencias y convenciones científicas, para aplacar la ira académica y conservar el negocio de los libros de texto.
LOS HECHOS CIENTÍFICOS
En la época en que Velikovsky escribió su libro, los astrónomos creían que Venus era un planeta viejo y que la temperatura de su superficie era tan fría como la de la Tierra. Se suponía también que su atmósfera se componía en gran medida de vapor de agua o bióxido de carbono. En 1946, repasando el texto de su libro, Velikovsky trató de conseguir la ayuda de científicos que estuvieran en posición de contrastar experimentalmente sus teorías. Para ello hizo públicas tres predicciones sobre el planeta Venus, todas verificables por medios experimentales:
1) Si Venus, como sus teorías conjeturaban, era un planeta relativamente nuevo, la temperatura de su superficie tendría que ser todavía muy alta.
2) Derivado de lo anterior, su atmósfera estaría compuesta principalmente por nubes de hidrocarbono (restos de la cola del cometa).
3) El planeta debería poseer un movimiento de rotación anómalo, perturbación debida a su reciente puesta en órbita.
En 1953, durante una conferencia a los alumnos de la Universidad de Princeton, Velikovsky añadió dos nuevos fenómenos que se derivaban de sus teorías, también susceptibles de verificación:
1) El campo magnético de la Tierra alcanzaría hasta la órbita de la Luna.
2) El planeta Júpiter (del que, según él, se originó el cometa que daría origen a Venus) emitiría en un rango de frecuencia de radio dentro del espectro electromagnético.
¿Qué tienen que ver estos retos científicos expuestos por Velikovsky con la reiterada afirmación de Martin Gardner de que las teorías de éste sólo tratan de restablecer la precisión histórica del Antiguo Testamento de cara a católicos, protestantes y judíos?
Estas predicciones fueron tomadas por los científicos de la época como una prueba de la ignorancia o demencia de Velikovsky, o quizás de ambas. Harlow Shapley se negó a involucrarse en cualquier experimento tendente a probar dichas afirmaciones, aduciendo que algunas de ellas violaban las leyes de la mecánica y que de tener razón Velikovsky, el resto de los científicos tenía que ser una pandilla de ignorantes.
Sin embargo, en poco más de una década desde la publicación de “Mundos en colisión”, todas las predicciones hechas por su autor fueron confirmadas. La nave Mariner, en 1963, determinó que la temperatura de la superficie de Venus rondaba los 800 grados Fahrenheit y que su gruesa atmósfera se componía de pesadas moléculas de hidrocarbono.
En abril de 1955, los doctores B.F. Burke y K.L. Franklin anunciaron a la Sociedad Astronómica Americana el descubrimiento accidental de una señal de radio emitida por Júpiter. En 1962, el Laboratorio de Investigación de la Marina en Washington y la Estación de Seguimiento de Goldstone, en el sur de California, anunciaron que observaciones radiométricas mostraban que la órbita de Venus tenía un ligero movimiento de retracción.
En el mismo año, el satélite Explorer detectó el campo magnético de la Tierra a una distancia de al menos 22 radios terrestres. En 1965 este campo fue detectado en las cercanías de la Luna.
Y ahora de nuevo demos la palabra a Mr. Gardner: “Estoy dispuesto a admitir que Velikovsky no siempre está equivocado”. Pero añade: “Por cada predicción trivial (nótese el desprecio) de Velikovsky que ha sido confirmada hay cientos de ellas que han resultado falsas”. ¿Triviales las predicciones mencionadas? ¿Y dónde están las falsas? Por supuesto, no las nombra.
Resulta interesante, y aleccionador, examinar el comportamiento de algunos de los vociferantes críticos de Velikovsky durante y después de la controversia. El director del Observatorio del Colegio de Harvard, Donald Menzel, trató de refutar las teorías astronómicas de Velikovsky afirmando que si éste tuviera razón, el sol tendría que tener una potencia de 10 billones de billones de voltios, lo cual, en opinión de Menzel, era imposible y, por lo tanto, Velikovsky estaba equivocado.
Por una casualidad extraordinaria, en 1960, V.A. Bailey, profesor emérito de física de la Universidad de Sydney, Australia, anunció el descubrimiento de que el sol poseía carga eléctrica y que en su superficie ésta alcanzaría una potencia de 10 billones de billones de voltios, exactamente la cantidad calculada por Menzel.

Donald Menzel
Menzel, a quien este descubrimiento le dejaba como un tonto, respondió al profesor Bailey en el Harper’s Review, aportando en su defensa una retahíla de cálculos y pidiendo al profesor australiano que se retractase de lo dicho. Bailey contestó por medio de la citada revista, mostrando un error en los cálculos de Menzel que invalidaban sus argumentos, y ratificándose Bailey en sus propios cálculos.
Este mismo Menzel, sobre la predicción de que Júpiter emitiese en ondas de radio dentro del espectro electromagnético, adujo que el acierto de Velikovsky se debía a mera casualidad. En cuanto a la alta temperatura de la superficie de Venus, Menzel argumentó que lo de “alta temperatura” era un término relativo. Olvidó mencionar que él, en 1950, había estimado esta temperatura en aproximadamente 120 grados Fahrenheit, en vez de los 800 detectados por el Mariner. Sobre la extensión del campo magnético de la Tierra, Menzel sostuvo en su día que éste no excedería la distancia de varios diámetros terrestres. El satélite Explorer confirmó que el campo magnético de la Tierra llegaba hasta la Luna.
LOS DEFENSORES
Pero hubo también científicos que tomaron en serio el libro de Velikovsky. Bernard Cohen, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Harvard, escribió con simpatía y entusiasmo sobre “Mundos en colisión” (cambió luego drásticamente de opinión, supuestamente presionado por la institución que le contrataba).
También apoyó a Velikovsky el profesor de la Universidad de Princeton H. H. Hess. En 1962, el físico de Princeton Valentin Bargmann y el astrónomo de la Universidad de Columbia, Lloyd Motz, escribieron conjuntamente una carta al editor de Science dejando constancia de que fue Velikovsky el primero en predecir las altas temperaturas de Venus, las emisiones de radio de Júpiter y la gran extensión del campo magnético de la Tierra. El editor de Science, sin embargo, no quiso publicar esta carta. En su lugar insertó un artículo del novelista Paul Anderson satirizando los descubrimientos del Velikovsky. La revista Scientific American también dejó entrever por qué 50 años antes se había reído de los hermanos Wright. Esta revista no sólo se negó a incluir publicidad del libro “Mundos en Colisión”, sino que en 1956 publicó un duro artículo contra Velikovsky escrito por el físico Harrison Brown, y cuando Velikovsky quiso utilizar sus páginas para responder, le negaron este derecho aduciendo que Velikovsky ya había obtenido demasiada publicidad para su libro en otros medios de comunicación.
En relación a los ataques contínuos de Martin Gardner a Velikovsky, para quien el libro (no se cansa de repetirlo) solo trata de respaldar la historicidad de los milagros del Antiguo Testamento, Velikovsky tuvo también sus defensores. Lynn E. Rose, profesor de filosofía de la Universidad del Estado de Nueva York en Búfalo, en una carta al New York Review of Books de Octubre de 1979, defendía a Velikovsky del calificativo “fundamentalista” acuñado por Gardner en esa misma revista. Tras traer a colación palabras del propio Dr. Velikovsky: “No soy fundamentalista en absoluto, y me opongo al fundamentalismo”, Rose añade que Gardner no conoce los puntos principales de la teoría sobre la que está hablando. En la misma publicación y fecha, Daniel L. Kline, del Centro Médico de la Universidad de Cincinati, se pregunta: “¿Es posible que Velikovsky haya dado con el origen de parte de nuestras tradiciones aun cuando su explicación carezca de base científica? Algunos científicos sensatos están empezando a reconsiderar la teoría cósmica de Velikovsky y se están preguntando, como científicos objetivos, si una idea tan estimulante (el subrayado es mío) podría ser modificada de forma que no resultaran violadas las leyes básicas de la naturaleza.” Y trae Kline en su apoyo la opinión del matemático Dr. Michael Robinson aparecida en Nature, quien sugiere que tales revisiones son posibles.
CONCLUSIÓN
Como puede apreciarse, la “inquisición científica” no sólo está formada por honorables profesores con puestos relevantes en las instituciones científicas, sino que parte de este intransigente tribunal lo forman las revistas encargadas de transmitir al público los hallazgos y conquistas científicas, así como varios free-lancers de la apología científica como Martin Gardner y Carl Sagan.
Velikovsky es sólo una muestra, quizás la más documentada y clarificadora, pero hay más víctimas. Porque como señaló el Dr. Ray Hyman de la Universidad Estatal de Washington en su disertación sobre “Ciencia patológica” en la Conferencia de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, celebrada en 1980, la conspiración para suprimir los libros del Dr. Velikovsky fue más patológica que las herejías del propio Dr. Velikovsky. Y es que resulta difícil de explicar cómo una microscópica “blasfemia”, si tal fuera, pudo desencadenar semejante esfuerzo persecutorio por parte del establishment científico.
Porque es cierto que Velikovsky examinó los mitos bíblicos (entre otros) y especuló sobre la posibilidad de que éstos contuvieran algunos sucesos reales, sucesos exagerados y distorsionados quizás por múltiples transmisiones orales, pero hechos que pudieron acontecer realmente. Quizás la nueva inquisición tema que si un hecho bíblico se confirmase, incluso parcialmente, retornase la superstición religiosa a dominar el planeta. Newton también pensaba que su modelo de universo reconciliaba la ciencia y la Biblia y ahí está, convertido en un símbolo de la Ciencia. La nueva casta sacerdotal, los científicos, han creado una nueva inquisición e inmolan sin piedad a quienes osan salirse del estrecho sendero de conocimientos que ellos defienden, o comprenden.
¿Podéis imaginaros lo que estos modernos paladines de la objetividad y el conocimiento empírico hubieran hecho con Giordano Bruno, Galileo o Miguel Servet? Si tuvieran poder para inmolar en hogueras, el mundo científico actual olería a chamusquina. De hecho el olor a quemado de los libros de Wilhelm Reich todavía permanece en el ambiente.
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